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El maravilloso juego de palabras

“La Universidad de Puerto Rico ha de ser una universidad abierta”


señala el magnánimo presidente de nuestra institución educativa. La
pregunta obligada es ¿qué es una universidad abierta y cuáles son los
cambios pertinentes para lograrla? Si la apertura del centro docente más
importante del país es pensada exclusivamente desde el aspecto
físico/estructural pues imagino que se eliminarán portones, paredes, verjas,
en fin toda construcción que entorpezca el tráfico de vehículos e individuos.
Este acontecimiento nos podría dirigir a otras interrogantes ¿Cuál es la
utilidad de remover las verjas del recinto universitario? ¿Responde a motivos
de seguridad, intereses políticos, lógicas de dominación? Seguramente ya
muchos de ustedes conocen la respuesta a estas preguntas. Ciertamente el
discurso del honorable y distinguidísimo señor De la Torre resulta algo
ofensivo para la inteligencia de muchos alumnos de la institución.

En primer lugar, si la concepción de apertura, que posee el presidente,


sobre las instituciones educativas gira exclusivamente en torno al plano
físico, CUIDADO, pues podemos estar enfrentados a un caso extremo de
ceguera intelectual peligrosamente contagioso. En segundo lugar, parece ser
altamente insultante promover una universidad abierta cuando
precisamente todos los procesos internos de la misma apuntan hacia una
reducción sustancial de su potencial educativo. En tercer lugar, la agenda
política de esta administración, evidentemente, tiene como norte la
desarticulación del sistema de educación superior pública del país. Este
asunto nos remite a una nueva serie de interrogantes ¿Qué puede suceder
en un país donde los ciudadanos no se preparan académicamente? ¿Qué
sucede con la cultura? ¿De dónde va surgir la mano de obra puertorriqueña?
Y en último lugar, como de costumbre en nuestro país… ¿Qué va a suceder
con el pensamiento crítico de las generaciones futuras? ¿Quiénes van a ser
los responsables de cargar el peso del país de aquí a 30 años? Es altamente
improbable que estas necesidades sociales surjan por creación espontanea,
caigan del cielo o se adquieran por el proceso de osmosis.
Entonces, cuál es el problema fundamental al que intentamos
referirnos durante este relato. En primer lugar, a la importancia innegable de
la educación para el desarrollo de los individuos y consecuentemente de las
sociedades. En segundo lugar, a la falta de juicio de nuestra clase dirigente
cuyo norte parece estar dirigido cómodamente hacia la hecatombe y el
asesinato de todo un país. En tercer lugar, a la clarísima insensatez y falta de
respeto reflejada por el presidente de la Universidad de Puerto Rico al querer
tomar al estudiantado por ingenuo. Estimado señor De la Torre, la
universidad no está compuesta de muros ni ladrillos, la universidad es el
estudiantado, sus profesores, todos aquellos individuos que de una forma u
otra luchan por el enaltecimiento del pensar. Es un lugar que no necesita de
una infraestructura porque el conocimiento no se almacena en recipientes
físicos. Es la institución responsable de preservar la humanidad dentro de un
país que la pierde a pasos agigantados. Así que estimado presidente,
reconsidere y reformule sus planteamientos, bañados en demagogia, y evite
de esta forma ofender el intelecto de muchos puertorriqueños amantes del
saber. Respete el derecho a preservar la humanidad y sobre todo el derecho
a conocer y expandir los horizontes del raciocinio.

Reciba, de mi parte, un cordial saludo


Atentamente Víctor A. Meléndez.
Estudiante de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid egresado
de la Universidad de Puerto Rico en Rio Piedras

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