Está en la página 1de 3

El pito: sus problemas y las soluciones

Claudio Spivak

Dos escritos autobiográficos de Jorge Baron Biza nos permiten orientarnos en torno al

tratamiento del goce fálico, cuando la palabra fracasa. El más conocido es su libro “El

desierto y su semilla”. El otro texto, “Carta al Pito”, es un fragmento de su segundo

libro, nunca editado.

La “Carta” se ubica en la pubertad del autor. Allí relata los problemas que le trae el goce

fálico. La irrupción de este huésped deja en evidencia algunas cuestiones: el púber no

entiende nada de lo que le sucede. Y esto que le ocurre es causa de padecimiento,

quejas, y empuje a un trabajo de masturbación, en apariencia, sin fin. Nada de placer

queda en el escrito. Tampoco culpa. Hay queja y angustia ante un exceso, un

acontecimiento que lo saca de la niñez.

En esta línea escribe: “Me complicas la vida. A veces me viene como bronca, bronca de

verdad, y preferiría que no estés. No te corto, porque entonces yo sería una mariquita,

pero a veces sueño con que no estás más, como cosa de magia: no estás pero tampoco

soy mariquita...”. Sueño, magia, automutilación… lo que sea para librarse.

El antes del mundo infantil, curiosamente, estaba envuelto de palabras. Las erecciones

infantiles son comparadas con canciones de cuna o el murmullo de la profesora de

italiano. Las erecciones de la pubertad son impredecibles. Es “un globo de carne

caliente” que no da paz, que no tiene palabra ni acepta distracciones.

Una segunda escena, escrita en “El desierto y su semilla”, tiene lugar en la habitación de

una clínica. A sus 22 años deviene acompañante de una mujer quien, luego de haber

recibido una rociada de ácido en rostro, inicia un tratamiento de reconstrucción facial.

El autor se emborracha regularmente desde hace cuatro años. Antes de la escena ha


protagonizado un escándalo, debido al exceso de su beber, que implicó la intervención

policial y un traslado en ambulancia.

En alguna hora de la noche es despertado por una polución nocturna. Sigilosamente, se

lava e intenta disimular el semen. Hay en él un sentimiento de indignación. Hace años

que nada de esto le sucedía. También vuelve la queja. Escribe: “si uno se toma la

molestia de beber hasta que lo suben a una ambulancia, lo menos que puede pedir en

compensación es que no le sucedan estas cosas tan repugnantemente húmedas”. Aquí se

transcribe la denuncia de una solución fallida: bebe en abundancia para no ser asaltado

por el goce fálico y sus productos. Añade que seguirá bebiendo y que nunca más será

despertado por estas humedades.

Entre 1973 y 1975 el Dr. Lacan, en diversas intervenciones, menciona al caso Hans. En

estas siempre aparece la vinculación entre la emergencia del goce fálico y la angustia.

La angustia, en estos casos, es derivación de la exsistencia del nudo.

En una conferencia que dicta en Estados Unidos señalará al goce fálico como

traumático. En lo traumático está la idea de algo que viene del exterior; algo exterior al

cuerpo. Agrega que este goce puede tener consecuencias desastrosas si no es domado,

de alguna forma, por las palabras. Allí hará referencia al querer darle sentido de Hans.

El sentido aparece como un modo de tratamiento. También como una suplencia de lo

que no hay.

En la conferencia sobre El Síntoma dará cuenta del rechazo con el que Hans da

tratamiento a este goce hetero, extraño. Hans sigue sin entender nada. Lacan explica que

seguramente debido al tipo de madre y de padre que tiene. Este rechazo es segundo a la

angustia que le produce. La intervención de Freud, mediada por el padre, dará alguna

solución: lo calmarán. Sin embargo, dirá Lacan que, por más lejos que se vaya con el

sentido, ese goce será igualmente vivido como exterior.


En La Tercera, mientras Lacan habla de la relación entre la imagen del cuerpo y el goce

fálico, traerá un dato de la experiencia. Dice que hay tipos que nunca olvidarán su

primera masturbación. La intensidad de este goce hace estallar la pantalla. La pantalla

hace referencia al cuerpo como imagen, al cuerpo que se tiene. El goce fálico ya había

quedado ubicado como uno a parte por su intensidad. Aquí hay una deriva. La imagen

del cuerpo, como consistencia, aparece siendo algo que puede deshacerse o estallar.

Pocos meses después Lacan volverá a referirse a esta vinculación entre angustia y goce

fálico, debida a la exsistencia del nudo. Allí dirá que Hans está aquejado por ese

matrimonio entre el cuerpo y el goce fálico. Introducirá entonces una definición de la

droga. Dirá que el éxito de droga está en que permite romper el matrimonio con el

pequeño pipi.

Mas adelante indicará que la imagen del cuerpo es soporte de lo imaginario. Y en tanto

el cuerpo se desanuda del goce fálico, lo imaginario puede tener consistencia. Otro

modo en que subsista lo imaginario es cuando hay menos de falo, a partir de la

operación castración, la que se hizo posible en Hans.

En esto, romper con el goce fálico, devuelve la consistencia y saca de la angustia, pero

de una forma distinta a la castración. Es la vía que encontró Jorge Baron Biza.