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Bendición de un hogar

El Celebrante, miembros de la familia, y amigos se reúnen en la sala (en la cual se ha preparado una mesa
para celebrar la Santa Comunión).
El Celebrante saluda a los congregados.
El Señor sea con ustedes.
Pueblo Y con tu espíritu.
Celebrante Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, concede a este hogar la gracia de tu presencia, para que te conozcan como
residente de esta morada y defensor de esta familia; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu
Santo vives y reinas, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Puede decirse una o dos de las lecciones siguientes
Antiguo Testamento Génesis 18:1 -8
Epístola 3 Juan 1-6a, 11, 13-15
Bendición de un hogar 171
Entre las lecturas, o después de la lectura, si solamente se lee una, se dice o canta el salmo 112:1-7, u otro
apropiado. Si se celebra la Comunión, siempre se incluye un pasaje del Evangelio.
Los siguientes son apropiados:
Evangelio San Juan 11:5;12:1-3, o San Mateo 6:25-33
Cuando sea apropiado, el Celebrante puede decir la siguiente invocación:
Que el incontenible poder del Santo Dios esté presente en esta morada para que destierre de él todo
espíritu inmundo, lo limpie de todo vestigio de maldad y lo haga un lugar seguro para quienes moran en él;
en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
A la entrada
Antífona
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, dice el Señor. Si oyes mi voz y abres, entraré a tu casa, y comeré
contigo, y tú conmigo.
V. El Señor velará tu salida y tu entrada:
R. Desde ahora y para siempre.
Oremos. (Silencio)
Señor soberano, tú eres el Alfa y Omega, principio y fin: Envía a tus siervos de este lugar a sus varias
labores, y en camino sé su constante compañero, y sean bienvenidos a su regreso, para que en el ir y venir
sean protegidos por tu presencia, oh Cristo nuestro Señor. Amén.
En un oratorio, capilla o santuario
Antífona
Que me construyan un santuario y yo moraré en su medio.
V. Eleven sus manos en el lugar sagrado:
R. Y bendigan al Señor.
Oremos. (Silencio)
Dios todopoderoso, de ti viene toda buena oración y derramas sobre todos los que desean, el espíritu de
gracia y súplica: Líbrales, cuando se acerquen a ti en este lugar de tibieza de corazón y divagaciones de la
mente, para que con firmes pensamientos y calurosos afectos puedan adorarte en espíritu y en verdad; por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En el estudio biblioteca
Antífona
Enséñanos, oh Señor, dónde se encuentra la sabiduría y muéstranos el lugar del entendimiento.
V. Busca al Señor tu Dios, y lo encontrarás:
R. Búscale con todo tu corazón y con toda tu alma.
Oremos. (Silencio)
O Dios de verdad, fundamento eterno de todo lo que existe más allá del tiempo y del espacio y aún ellos,
trascendiendo todas las cosas y sin embargo penetrándolas: Manifiéstate a nosotros, porque andamos en
la ignorancia; revélate a nosotros, porque tú eres a quien buscamos, oh Trino Dios, Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Amén.
En un dormitorio
Antífona
Guíanos, Señor, despiertos, y guárdanos mientras dormimos; que despiertos velemos con Cristo, y
dormidos descansemos en paz.
V. Me acuesto y me entrego al sueño:
R. Me despierto de nuevo, porque el Señor me protege.
Oremos. (Silencio)
Oh Dios de vida y amor, verdadero descanso de tu pueblo: Santifica las horas de descanso y solaz de tus
siervos, su dormir y su despertar; y concede que, fortalecidos por la presencia de tu Espíritu Santo, puedan
levantarse y servirte todos los días de su vida; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En la habitación de un niño
Antífona
Jesús dijo, "Dejen a los niños venir a mí, y no se lo impidan, porque de ellos es el reino de los cielos".
V. Alaben al Señor, hijos de Dios:
R. Alaben el Nombre del Señor.
Oremos. (Silencio)
Padre celestial, tu Hijo nuestro Salvador tomó a niños en sus brazos y los bendijo: Bendice con tu
inagotable amor al niño de quien es esta habitación, protégele de todo peligro, y llévale con seguridad a
cada nuevo día, hasta que salude con alegría el grandioso día de tu reino; por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Una habitación de huéspedes
Antífona
No descuiden la hospitalidad, porque algunos han hospedado ángeles sin saberlo.
V. Abran sus casas el uno al otro sin queja alguna:
R. Usen los dones recibidos de Dios para el bien de otros.
Oremos. (Silencio)
Dios amante, nos has enseñado a darnos la bienvenida el uno al otro, así como Cristo nos la da: Bendice a
los que ocasionalmente comparten la hospitalidad de este hogar. Que tu cuidado paternal les proteja, el
amor de tu querido Hijo les preserve de todo mal y la dirección de tu Espíritu Santo les mantenga en el
camino que conduce a la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En el cuarto de baño
Antífona
Rociaré sobre ustedes agua limpia, y serán limpios.
V. Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza sin desfallecer:
R. Habiendo lavado nuestros cuerpos con agua pura.
Oremos. (Silencio)
Oh Santo Dios, en la encarnación de tu Hijo nuestro Señor hiciste nuestra carne el instrumento para tu
propia revelación: Danos reverencia y respeto propio para nuestros cuerpos mortales, manteniéndolos
limpios y en buen estado, sanos y fuertes; para que glorificándote con ellos, podamos confiadamente
esperar ser revestidos con un cuerpo espiritual, cuando aquello que es mortal sea transformado para vida;
mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En un taller
Antífona
Hay muchos que confían en sus manos y son diestros en su trabajo.
V. Prospera, oh Señor, el trabajo de nuestras manos:
R. Prospera nuestra obra.
Oremos. (Silencio)
Oh Dios, tu bendito Hijo trabajó con sus manos en el taller de Nazaret: Te rogamos que estés presente con
aquellos que trabajan en este lugar, para que trabajando contigo, puedan compartir el gozo de tu creación;
mediante Jesucristo nuestro Señor Amén.
En la cocina
Antífona
Comerán hasta saciarse, y alabarán el Nombre de su Dios, el cual hizo maravillas con ustedes.
V. Los ojos de todos esperan en ti, oh Señor:
R. Y les das su comida a su tiempo.
Oremos. (Silencio)
Oh Señor, nuestro Dios, tú abasteces nuestras necesidades de acuerdo con tus abundantes riquezas:
Bendice las manos de los que trabajan en este lugar, y danos corazones agradecidos por el pan de cada
día; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En el comedor
Antífona
El Dios vivo les dio lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría sus corazones.
V. El produce el alimento de la tierra, y vino para alegrar nuestros corazones:
R. Aceite para alegrar nuestro semblante, y pan para fortalecer el corazón.
Oremos. (Silencio)
Bendito eres tú, oh Señor, Rey del universo, porque nos das alimento y bebida para sostener nuestra vida:
Haznos agradecidos por todas tus misericordias y conscientes de las necesidades de otros; mediante
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
En una terraza o un jardín
Antífona
Como la tierra germina, o los arbustos en el jardín florecen, así el Señor Dios hará que florezca la justicia y la
alabanza en todas las naciones.
V. Mis fronteras encierran una tierra agradable:
R. Verdaderamente, tengo una magnífica herencia.
Oremos. (Silencio)
Jesús, nuestro buen compañero, en muchas ocasiones te retiraste con tus amigos para gozar de quietud y
solaz: Sé con tus siervos en este lugar, al cual vienen buscando confraternidad y recreación; y te rogamos
hagas de él un sitio de serenidad y paz; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En la sala
Antífona
¡Oh cuán bueno y agradable es convivir los hermanos en unidad!
V. Por encima de todo, ámense sinceramente unos a otros:
R. Porque el amor cubre muchos pecados.
Oremos. (Silencio)
Imparte tu bendición, Señor, a todos los que comparten esta habitación, para que estén estrechamente
unidos en fraternidad aquí en la tierra, y juntos en comunión con tus santos en el cielo; mediante Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
Bendición de la casa
Cuando la procesión haya regresado a la sala, o inmediatamente después de la homilía (e invocación), el
Celebrante termina la bendición de la casa como sigue:
Antífona
El fruto de la justicia será la paz, y el resultado de la justicia tranquilidad y confianza para siempre. Mi
pueblo permanecerá en moradas seguras y en sitios de descanso.
V. Si el Señor no edificare la casa:
R. En vano trabajan los que la edifican.
Oremos. (Silencio)
Visita, oh bendito Señor, este hogar con el gozo de tu presencia. Bendice con el don de tu amor a todos los
que aquí viven; concédeles que puedan manifestar tu amor [los unos a los otros y] a todos con quien se
relacionen. Que puedan crecer en tu gracia, amor y conocimiento; guíales, consuélales, fortaléceles y
presérvales en paz, oh Jesucristo, ahora y por siempre. Amén.
El Celebrante dice entonces al pueblo:
La paz del Señor sea con ustedes.
Y con tu espíritu.
Si la Gran Plegaria Eucarística provee un prefacio propio, puede usarse aquél o éste:
Mediante Jesucristo nuestro Señor, quien alcanzó la perfecta humanidad en el hogar de sus padres de
Nazaret, y en el hogar de sus amigos de Betania se reveló como la Vida y Resurrección.
En vez de la acostumbrada oración de poscomunión, puede decirse la siguiente:
¡Qué maravilloso eres, oh bondadoso Señor, en el trato con tu pueblo! Te alabamos y te damos gracias hoy
porque en el bendito sacramento del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Salvador Jesucristo, has visitado
esta casa y la has santificado con tu presencia. Quédate con nosotros, te suplicamos, para que nos unas
en tu amor y paz. Que te sirvamos a ti y a otros en tu nombre, mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.