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INSTITUTO SUPERIOR BIBLICO

LARRY CEDERBLOM

ASAMBLEAS DE DIOS DE PANAMÁ

JUAN PABLO VERGARA

8-776-158

TAREA 2
LOS NOMBRES DEL ESPIRITU SANTO

MATERIA
PNEUMATOLOGÍA

PROFESOR:
PATRICIO EDGEHILL

MIERCOLES 31 DE ENERO DE 2018.


Los nombres del Espíritu Santo

Espíritu: Para entender quién es el Espíritu Santo es necesario hacer primero una
definición de términos. Básicamente su nombre es Espíritu. El calificativo “santo” se agrega
al nombre. La palabra castellana “espíritu” viene del latín spiritus. En el Antiguo
Testamento, la palabra hebrea es ruach. Este vocablo originalmente significaba aliento; más
tarde viento o aire; y finalmente, espíritu, como ya observamos. La palabra aparece unas
370 veces en el Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento la palabra griega que se traduce como “espíritu” es pneuma. Su
significado es similar al del hebreo. El vocablo aparece unas 385 veces en los escritos del
Nuevo Testamento, de las cuales 244 citas se refieren al Espíritu Santo.

Santo: En cuanto al adjetivo “santo,” los vocablos hebreo y griego que se utilizan
respectivamente en el Antiguo y Nuevo Testamento llevan la idea de separación, de apartar
o dedicar al servicio de Dios. Originalmente, estos vocablos tenían una connotación moral,
ya que incluso se referían a los hombres y mujeres que eran consagrados para los cultos
degenerados a las deidades de la fertilidad. Cuando estas palabras comenzaron a usarse
con relación al Señor, se les asoció el concepto moral de justicia. No obstante, se conservó
la idea básica de separación o dedicación para el Señor. Es interesante notar que mientras
en el Antiguo Testamento “santo” se refiere mayormente a cosas, en el Nuevo Testamento
se refiere a personas.

Importancia de estos nombres.


El lenguaje es algo vivo, ya que se desarrolla como resultado del esfuerzo humano por
expresar las realidades de la vida según se las experimenta y entiende. En el desarrollo de
estos términos para referirse al Espíritu de Dios ocurrió esto mismo. Alguien se dio cuenta
de que el aliento está asociado con la vida, ya que si una persona respiraba eso era
indicación de que vivía, mientras que si dejaba de hacerlo esto era evidencia de que estaba
muerta. Así, pues, el aliento se relacionó con la fuerza invisible de la vida. Además, el aliento
expresa el elemento intangible de la naturaleza humana, la fuerza que la mueve, su espíritu.
Por otro lado, el ser humano sabe lo que es el viento. Por experiencia, todo ser humano
puede percibir al viento como una brisa suave o como un huracán que lo destruye todo.
Toda persona reconoce que el viento es una fuerza básica e invisible de la naturaleza. En
este sentido, representa poder, un poder que puede ser para bendición o destrucción,
según la manera en que uno lo experimente.
Dios se revela al ser humano conforme a la capacidad del mismo de entenderlo. Así, pues,
como poder y presencia invisible, él se reveló como ruach o pneuma. Dios es espíritu (en
griego, pneuma ho theós, Jn. 4:24). Como “aliento”, él es la fuente de la vida total del ser
humano. Él es la fuerza conductora que opera tanto dentro como a través del ser humano.
El Espíritu de Dios mora en el espíritu del ser humano, de manera tal que éste en su
naturaleza básica se muestra como un ser creado a la imagen de Dios. Es a través del Espíritu
de Dios que el ser humano caído puede, por medio de Cristo, llegar a ser un hijo de Dios.
Como “viento,” Dios es el poder divino invisible que obra en el universo. La relación del ser
humano con el Espíritu determina si su poder resultará para bien o para mal. Jesús apeló a
esta naturaleza dual del pneuma para ilustrar de qué manera esta presencia de Dios
invisible, pero poderosa—opera para el bien del ser humano. Según él lo enseñó: “El viento
sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va”, y
agregó: “Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu” (Jn. 3:8). No podemos ver al
pneuma de Dios, sea el viento de la naturaleza o la persona del Espíritu Santo. Pero sí
podemos ver y experimentar los resultados de la manifestación de ambos.
En razón de que el Espíritu es el Espíritu de Dios, él es santo, así como Dios es santo. De allí
su nombre: Espíritu Santo.
Mucha de la doctrina referente al Espíritu Santo se puede deducir de los nombres
que le designan las Escrituras. Podemos notar los siguientes: el Espíritu Santo (Lc. 11:13); el
Parakleto: Abogado y Consolador (Jn. 14:16 y 26); el Espíritu de Cristo (Ro. 8:9); el Espíritu
de Dios (Ro. 8:14); el Espíritu de Dios viviente (2 Co. 3:3); el Espíritu del Hijo (Gá. 4:6); el
Espíritu del Señor (2 Co. 3:17); el Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13); el Espíritu eterno
(He. 9:14); el Espíritu de gloria (1 P. 4:14); el Espíritu de gracia (He. 10:29); y el Espíritu de
verdad (Jn. 15:26).
Los nombres y términos para el Espíritu Santo se refieren a su poder, actividad y
presencia en el mundo, a menudo indican la naturaleza de sus acciones o los dones que él
transmite a los creyentes.
Títulos que relacionan al Espíritu Santo con Dios
• El Espíritu de Dios
• El Espíritu del Señor
• El Espíritu otorga poder a los jueces para liberar al pueblo.
• El Mesías será lleno de poder por el Espíritu
• Las formas de referirse al Espíritu de Dios
• Mi Espíritu
• Su Espíritu
• Tu Espíritu
• El Espíritu de vuestro Padre
• La promesa del Espíritu Santo
• El Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos
Los títulos revelan la naturaleza esencial del Espíritu Santo
• El Espíritu de verdad
• El Espíritu de santidad Ro 1:4
• El Espíritu de vida Ro 8:2
• El Espíritu de gloria 1 P 4:14
• El Espíritu eterno He 9:14

Los títulos que muestran la naturaleza de la actividad del Espíritu Santo


• El Consejero.
• El Espíritu de sabiduría y de inteligencia
• El Espíritu de gracia y oración
• El Espíritu de adopción
• El Espíritu de juicio y de fuego