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El culto de

Nuestra Señora de Huajicori

Mtr. Efraín Rangel Guzmán

Comunicación Optima
2008
Indice

Agradecimientos ................................................................... 4
Introducción .......................................................................... 6

I.- Reconstrucción del culto de Nuestra Señora de Huajicori


a la luz de la historia local ................................................. 1

1.Orígenes del culto .............................................................. 32

a) . Las incursiones iniciales. La fundación del convento de


Acaponeta en 1580 y de la misión de San Sebastián de Huajicori
en 1595 ................................................................................. 3
b)La rebelión indígena de 1616-1619 y la fundación del convento
de Huajicori en 1621 ............................................................ 59
c)El templo, testigo de la pobreza de la doctrina hasta el siglo
XX ........................................................................................ 76
d) Los indios y las tierras del pueblo de Huajicori .............. 90
2.La virgen desplaza a los santos locales ............................ 109

a)Las veneraciones religiosas locales................................... 109


-San Sebastián ...................................................................... 111
3
Efraín Rangel Guzmán

-La Candelaria ...................................................................... 16


-San José ............................................................................... 126

b)El culto a la virgen: manifestación de la religión popular 130

II: Historia mítica de Nuestra Señora de Huajicori ....... 143

1.El mito fundacional entre los mestizos ............................. 145

2.El mito y la cosmogonía indígena ..................................... 167

a) La Virgen de Huajicori y San Francisco ......................... 167

b) Los otros mitos de la ruta cosmogónica........................... 180


-El camino de los muertos .................................................... 181
-El señor de la sal ................................................................. 206
-La Virgen de Guadalupe ...................................................... 211

3.Conclusión. Ser mestizo o indígena, condición reflejada en los


mitos ..................................................................................... 215

4
Agradecimientos

Para la elaboración de este trabajo siempre conté con el apoyo de


profesores, familiares y amigos. En el campo académico tengo
deuda con el Dr. Francisco Miranda y con el Dr. Jorge Uzeta. Mi
agradecimiento especial a la Dra. Chantal Cramaussel quién me
orientó puntualmente en todo el proceso de redacción de la tesis,
las observaciones y recomendaciones que me hizo siempre fue-
ron útiles. No ha de faltar mi reconocimiento y gratitud a los pro-
fesores del Centro de Estudios de las Tradiciones del Colegio de
Michoacán que me impartieron cursos y seminarios en el docto-
rado: Dra. Rosa Lucas, Dra. Nora Jiménez, Dr. Herón Pérez, Dr.
Carlos Herrejón, Dr. Alberto Carrillo, Dr. Hans Roskamp, Dr.
Álvaro Ochoa, Mtro. Moisés Franco, Mtro. Salvador Pérez y Mtro.
Pedro Márquez.
En la Universidad de Nayarit agradezco a la Dra. Lourdes C.
Pacheco Ladrón de Guevara y al Mtro. Pedro López González. Y
en la Universidad Juárez del Estado de Durango al Dr. Miguel
Vallebueno quién al igual que la Dra. Chantal Cramaussel me
acompañó en un recorrido por la sierra de Durango. Externo mi
reconocimiento al Lic. Néstor Chávez Gradilla, al Lic. José Mo-

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Efraín Rangel Guzmán

rales Sánchez Hidalgo, al †Sr. Baldomero Pineda de Acaponeta,


Nayarit y al médico Jorge Macías de Escuinapa, Sinaloa. Tam-
bién para mi principal informante de Sinaloa, Profesora Teresa
Osuna Crespo.
Mi gratitud para los ancianos del pueblo de Huajicori y del
municipio en general, en especial para mis abuelas María de Je-
sús Cortez, †Ignacia Partida, mis abuelos †Pedro Guzmán Juárez
y †Gregorio Rangel Vasquez, los cuales fueron mis informantes
de cabecera. También para don Baldomero Gurrola, †Petra Aguilar,
Adela Rangel, Felicitas Gurrola, Reyes de los Santos, †Ruben
Salas, Manuel Beltrán, Micaela Cortez, †Margarito Flores, y
muchos ancianos más que no desmerecen mi agradecimiento. En
la sierra de Durango agradezco a la profesora de Sihuacora, Jua-
na Reyes, Eliodoro Solís, René Solís y a todos los habitantes de
la comunidad mencionada: en San Francisco de Ocotán al gober-
nador tradicional Zeferino Galindo de la Cruz, al segundo gober-
nador Pedro Soto Aguilar y al Sr. Antonio Rodríguez; en San
Francisco de Lajas al profesor Oscar Pineda y familia, al Sr.
Calixtro Cervantes y esposa, a las autoridades tradicionales y
comunidad en general.
Gracias al CONACYT por haberme proporcionado la
beca para culminar satisfactoriamente los estudios de doctorado
y la investigación que aquí presento.
La deuda más grande la tengo con mi familia quienes me
apoyaron en todo lo que estuvo a su alcance, en especial para mi
madre Filiberta Guzmán Partida, para mi papá Mauricio Rangel
Cortez y mi tía Guadalupe Guzmán, para mis hermanos que nun-
ca escatimaron en brindarme su apoyo: Juan, Uldarico, Maribel,
José Ángel, Gregorio, Armando y la más pequeña Yadira.
Finalmente hago externo mi agradecimiento a mi amigo Jorge
Luis Marín, Amaruc Lucas, Rutilio García y para las zacatecanas
Lilia Delgado y Gabriela Omaira. Pido disculpa a todos aquellos
que no mencioné, es una lista interminable de personas que apor-
taron su granito de arena para armar el trabajo y concluirlo
Este trabajo se lo dedico a mi abuelo Pedro Guzmán Juárez
por haberme orientado desde mi niñez con sus buenos consejos,
por haberme enseñado a valorar la tierra que me vio nacer, por

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

haberme ilustrado en la lectura del paisaje y por haberme com-


partido sus experiencias y saberes más sagrados de toda su vida
en las largas pláticas que tuvimos. †

7
Introducción

México es un país lleno de tradiciones religiosas. Cada rincón de


él es un lugar donde se desarrollan devociones, algunas muy lo-
cales, otras regionales, y otras, en casos muy especiales, naciona-
les y hasta internacionales. Los fenómenos religiosos, salvo
contadas excepciones, estuvieron durante mucho tiempo alejados
de los intereses de los académicos, pues tal vez no se considera-
ban temas importantes para trabajarse desde algún enfoque cien-
tífico. Aun más alejados de los intereses de los investigadores
estuvieron las formas de religiosidad popular, es decir, la manera
de en que el pueblo vive la religión a través de expresiones que se
distancian de los cánones establecidos por la institución eclesiás-
tica. Por ello, trabajos realizados desde varios enfoques como los
de Lafaye, Jacques, Quetzalcóal y Guadalupe; Miranda Godínez,
Francisco, Dos cultos fundantes: Los Remedios y Guadalupe
(1521-1649); Rubio, Miguel Ángel, La morada de los santos.
Fiestas de los pueblos indígenas. Expresiones del culto religioso
en el sur de Veracruz y Tabasco; Nájera Espinoza, Nájera, Mario
Alberto, La Virgen de Talpa: Religiosidad local, identidad y sím-
bolo; Tapia Méndez, Aureliano, Nuestra Señora de la Esperan-

9
Efraín Rangel Guzmán

za,1 entre muchos otros, son valiosos en este campo.


Gracias a estos estudios hemos conocido lugares de México
que antes sólo existían para sus pobladores. Posiblemente los ha-
bitantes de esos sitios pensaban como alguna vez comentaron los
nativos de Huajicori «aquí no es la gran cosa, pues no hay algo de
importancia». Sin embargo en cada poblado puede haber un fe-
nómeno que estudiar, que ante los ojos de los lugareños pasa des-
apercibido pues lo ven y lo viven todos los días. Ese es el caso del
epicentro del culto de Nuestra Señora de Huajicori.

Mapa 1.

1 Lafaye, Jacques, Quetzalcóal y Guadalupe, México, FCE, 1985; Miranda Godínez, Francisco,
Dos cultos fundantes: Los Remedios y Guadalupe (1521-1649), Zamora, Michoacán, México, El
Colegio de Michoacán, A.C., 2001; Rubio, Miguel Ángel, La morada de los santos. Fiestas de los
pueblos indígenas. Expresiones del culto religioso en el sur de Veracruz y Tabasco, México, Instituto
Nacional Indigenista, 1995; Nájera Espinoza, Mario Alberto, La Virgen de Talpa: Religiosidad
local, identidad y símbolo, México, El Colegio de Michoacán y Universidad de Guadalajara, 2003;
Tapia Méndez, Aureliano, Nuestra Señora de la Esperanza, Monterrey, El Troquel, 1997.

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

HUAJICORI
El pueblo de Huajicori, cabecera del municipio del mismo
nombre, es un punto perdido en el mapa del noroccidente de
México, al norte del estado de Nayarit, y desconocido en el resto
del país, pero de gran importancia en una determinada región por
la Imagen que provoca devoción entre los habitantes que moran
en ella. Se encuentra a 162 km. de la capital del estado (Tepic) y
a 18 km. de la ciudad de Acaponeta, a una altura de 62 (msnm),
puede decirse que es una frontera entre la sierra y la costa, ya que
se sitúa en un punto intermedio entre esas dos zonas geográficas.
Los accidentes geográficos, tipos de suelo, movimientos de po-
blación, y las distintas actividades económicas que se desarrollan
en ese pueblo, son factores importantes para comprender la devo-
ción a la Virgen.
El municipio de Huajicori se ubica en la vertiente oeste de la
Sierra Madre Occidental, al norte colinda con Escuinapa, Sinaloa
y Pueblo Nuevo, Durango; al sur con El Mezquital, Durango y
con Acaponeta, Nayarit; al oeste con Acaponeta y Escuinapa. En
cuanto al suelo que posee, en su mayoría es cerril y montañoso,
lo que hace que sea poco apto para el desarrollo a gran escala de
la agricultura, sin embargo resulta satisfactorio para el pastoreo
de ganado vacuno y caprino. También cuenta con importantes
yacimientos de oro, plata, cobre y zinc en los centros mineros de
Cucharas, El Tigre, Providencia, El Indio, que a finales del siglo
XIX y hasta los años ochentas del siglo XX, tuvieron su principal
repunte. Respecto a la extensión territorial de la municipalidad,
ésta cuenta con 2,267.507 km² que representan el 9.43% de la
superficie total del estado. Tiene como coordenadas geográficas
extremas, latitud norte 22°32’ y 23º00 y del meridiano 104°53’,
al 105°31’ de longitud oeste. El clima es cálido, semicálido y, en
una pequeña porción de la región serrana, templado. La precipi-
tación media anual es de 1,478 mm, 92 % de las lluvias caen
durante los meses de julio a septiembre. La temperatura media
anual es de 23.1° C.2

2Los municipios de Nayarit, Colección: Enciclopedia de los municipios de México, México, Secretaría
de Gobernación y Gobierno del Estado de Nayarit, 1988, p, 26.

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Efraín Rangel Guzmán

La jurisdicción de Huajicori comprende lugares montañosos


como: el Cerro Sapo Grande que llega a los 2180 (msnm), el Ce-
rro el Toloache 2060 (msnm), Cerro Cajones con 1880, Mesa del
Perico con 1560 (msnm), así como otros de menor altura.3 Por
esos rumbos habitan los grupos étnicos tepehuanos, también lla-
mados o’dam o audam según su variante dialectal y mexicaneros.
Estos grupos se extienden en buena parte de la sierra del estado
de Durango. Según el Censo de Población y Vivienda del 2007,
la municipalidad cuenta con 10, 561 habitantes. En la cabecera se
concentra la mayor cantidad de población, 2, 371 y en cada una
de las demás localidades, se registran alrededor de 600 habitan-
tes. Las localidades consideradas como más importantes del mu-
nicipio son: Huajicori, San Andrés Milpillas, Quiviquínta, Mineral
de Cucharas, San Francisco del Caimán y Santa María de Pica-
chos.
En el censo aplicado en 1995, se registran 855 habitantes que
hablan lengua indígena. Mientras que en el II Conteo de Pobla-
ción y Vivienda, practicado en el 2005, se observa una acelerada
disminución de personas hablantes de lengua indígena, ya que
sólo se reportan un total de 545. Al parecer, el aculturamiento se
ha desarrollado rápidamente en el siglo XX y en lo que va del
XXI, los tepehuanos están siendo absorbidos por el grupo domi-
nante (mestizos), así como el grupo «mexicanero» casi extinto
como tal en la zona de Huajicori. Es triste la situación por la que
está pasando el grupo indígena tepehuano de Huajicori y el futu-
ro parece ofrecer pocas esperanzas de conservación a ésta étnia si
en un lapso de diez años casi el 50% de sus integrantes desapare-
ce al dejar de autodenominarse como tal.
El municipio se encuentra dentro de aquellos con más alto
grado de marginación en el estado pues no logra ofrecer condi-
ciones capaces de retener a su población. Las situaciones preca-
rias en las que viven los habitantes del municipio, provocan una
fuerte migración, principalmente a los Estados Unidos y a otros
entidades de la república en busca de mejores alternativas.

3INEGI, Cuaderno estadístico municipal, Huajicori, Gobierno del estado de Nayarit, INEGI y H.
Ayuntamiento Constitucional Huajicori, 1998. p. 3

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

La intensión de ésta investigación, precisamente, es dar a co-


nocer la manera en que se desarrolla un culto regional, El Culto
de Nuestra Señora de Huajicori, tema que deriva de un estudio
previo realizado en la etapa de maestría en el Centro de Estudio
de las Tradiciones del Colegio de Michoacán, el cual se intituló
La fiesta de Huajicori: símbolo de identidad de un pueblo.
Con el primer trabajo se logró un acercamiento a la compren-
sión de la celebración religiosa dedicada a la imagen patrona del
lugar, que es la Virgen de la Candelaria más reconocida como
Virgen de Huajicori. Esta festividad llega a cohesionar y/o cons-
truir una identidad entre los habitantes del pueblo de Huajicori.
Los huajicorenses han conservado y transformado la tradición de
la fiesta conforme el transcurrir del tiempo, le han agregado nue-
vos significados y han reconstruido los escenarios donde se desa-
rrollan los rituales festivos.
La idea de estudiar la fiesta más importante que se celebra en
dicho lugar, surgió en un principio de la observación directa que
por espacio de muchos años había venido realizando. Tomé parte
en estos procesos sociales que fueron determinantes en el arraigo
de las costumbres y tradiciones de los pobladores. Ví como por
regla social año con año desde meses previos a la celebración los
habitantes del pueblo se organizan para los festejos de la virgen.
En Huajicori la mayoría de la población está involucrada en ta-
reas de índole agrícola tanto en temporada de aguas como en se-
cas y en la cría de ganado, mientras que otros migran a los Estados
Unidos de Norteamérica en busca de mejores alternativas de vida.
Una pequeña parte de los huajicorenses se dedica al comercio, la
industria de muebles, algunos otros trabajan en el Ayuntamiento,
otros como docentes, y en programas de empleo temporal u oca-
sional. Así obtienen recursos para el sustento diario de sus fami-
lias y para costear los gastos que se requieren para celebrar de la
manera más digna posible las fiestas religiosas y cívicas que mar-
ca el calendario festivo local. Una parte importante del dinero
que obtienen con las cosechas o con las actividades laborales a lo
largo del año, lo emplean para preparar y disfrutar plenamente la
fiesta de la Candelaria.
Pude demostrar que la fiesta juega un papel importante

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Efraín Rangel Guzmán

en la vida sociocultural de los huajicorenses. Es considerada un


símbolo identificador del pueblo, cohesiona a sus habitantes y le
da sentido a su existir en el ámbito individual y comunitario.
Considerando lo anterior, tomé como líneas centrales aquellos
elementos más relevantes que marcaron el horizonte en el deve-
nir histórico de Huajicori, sin profundizar demasiado. Dichos ele-
mentos resultaron ser indispensables para comprender la trenza
social de la fiesta y descubrir los distintos significados que ésta
tiene para los nativos. Traté de interpretar el culto o devoción de
Nuestra Señora de Huajicori en el ámbito local, y sentar al mismo
tiempo las bases para su interpretación en lo regional que es mi
propósito principal en este trabajo doctoral.
Empeñado en la investigación, fui acercándome a los ele-
mentos esenciales que integran el fenómeno del culto a la Virgen
de Huajicori. De estos existen dos que articulan a todos los de-
más en lo local y en lo regional, estos son: la devoción a la Virgen
de la Candelaria y la celebración de la fiesta del 2 de febrero.
Ardua tarea fue decidir cuál de los dos aspectos privilegiar para
elaborar la tesis doctoral. Después de analizar concienzudamente
la viabilidad de ambas temáticas y de sopesar mis intereses, deci-
dí abordar el tema del «culto de Nuestra Señora de Huajicori»,
pues pienso que el culto engloba tanto a la fiesta en sus diferentes
manifestaciones como los procesos de resignificación de espa-
cios e ideas sobre el mundo. La fiesta es una importante manifes-
tación del culto en el sentido práctico, es el escenario donde se
reúnen los motivos y se recrean los significados. En la fiesta se
expresan suplicas, promesas, milagros, pago de compromisos de
los creyentes a la Virgen de la Candelaria. La fiesta es encuentro
de culturas, de expresiones lúdicas y sagradas. Es el lugar donde
interactúan los distintos modos de asimilación de la creencia, la
fe hacia la sagrada imagen. La «fiesta, en efecto, es un símbolo
en la medida en que expresa las realidades que el ser humano
vislumbra y anhela: la vida, la libertad, la plenitud, la felicidad,
un orden nuevo».4 En todo caso, la fiesta viene siendo parte esen-
cial del culto y éste sin el ritual festivo dejaría de existir. Mas, la

4 Pérez Martínez, Herón (editor), México en Fiesta, El Colegio de Michoacán, A. C. 1998, p. 45-46.

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

fiesta no es el destino, el destino es la virgen, la idea de esas


prácticas es el culto que se le rinde a la imagen.
El culto es definido como «cualquier conjunto de creencias o
prácticas asociadas a un dios o grupo de dioses particular, que
forma parte distintiva de un cuerpo religioso amplio».5 Puede
entenderse también como el reconocimiento, reverencia y vene-
ración a Dios o los dioses. Por otro lado, implica una diversidad
de actividades como la alabanza, adoración, confesión, acción de
gracias, intercesión, y petición;6 no olvidando, por supuesto, el
ya mencionado ritual festivo
Se decidió que la temporalidad del estudio del culto de Nues-
tra Señora de Huajicori fuera la misma que la elegida en la inves-
tigación anterior: el siglo XX, periodo en el que se observa una
dirección más definida del culto en el ámbito local y también
regional. Mas, para poder comprender el sentido de la devoción
fue necesario retomar algunos aspectos históricos acerca del sur-
gimiento de la devoción a la imagen y su evolución desde épocas
coloniales hasta nuestros días. Para tal caso, se toma en cuenta la
existencia de un tiempo largo7 en el que se construyen la tradi-
ción y el culto a Nuestra Señora de Huajicori y un tiempo corto
en que se reorganiza este último en términos de un espacio social
identificable. La manifestación del culto siguió un proceso largo
para consolidar una estructura, «una organización, una coheren-
cia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y ma-
sas sociales»8 . Tuvo que transcurrir un tiempo para que las piezas
sueltas del fenómeno se incorporaran a un solo ensamblaje, se
decidiera el horizonte, se establecieran las marcas específicas para
armar así la devoción popular masificada con carácter de identi-
ficación colectiva.
El culto de Nuestra Señora de Huajicori se desarrolla en un
espacio social y geográfico que traspasa los límites locales. A la

5 Diccionario Espasa, Religiones y creencias , Espasa Calpe, Madrid, 1997. p. 204.


6 Diccionario Espasa, 1997: 204.
7 Para La idea de los tiempos largos me apoyo en Fernand Braudel, el cual menciona que «cada

<<actualidad>> reúne movimientos de origen y de ritmo diferente: el tiempo de hoy data a la vez de
ayer, de anteayer, de antaño». Braudel Fernand, La historia de las ciencias sociales
, Madrid España, Alianza Editorial, 4ta. Edic. 1979. p. 76.
8 Braudel, 1979: 70.

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Efraín Rangel Guzmán

vez, el efecto que produce la devoción en el espacio social hace


que se construya una plataforma religiosa popular que cohesiona
a los conglomerados humanos que lo habitan y se deja ver una
región que simpatiza con la imagen, a la cual se le puede denomi-
nar región cultual. De tal modo, ante la necesidad de determinar
el área de estudio, es decir, la región cultual, apliqué en el pueblo
de Huajicori en el 2004, 100 encuestas al azar durante la celebra-
ción del 2 de febrero. Esto, con el objetivo de identificar la proce-
dencia de los visitantes y el motivo que los impulsa a asistir año
con año a la festividad. Resultó que la gran mayoría viene del
norte de Nayarit, Sur de Sinaloa y sur de Durango y el motivo
principal que los mueve de sus lugares de origen es venerar a la
virgen de la Huajicori y unirse a los festejos religiosos y profanos
que se desarrollan en el lugar.
Así, el espacio elegido para llevar a cabo el estudio, quedó
conformado por algunos municipios del norte de Nayarit, sur de
Sinaloa y sur de Durango. El espacio que abarca el estudio es
interestatal: toca partes de tres estados del noroccidente de Méxi-
co. Las bendiciones de la virgen llegan a zonas costeras como
Acaponeta, Tecuala, Rosamorada, Tuxpan y Santiago Ixcuintla,
en Nayarit; Escuinapa, Rosario y Mazatlán en el sur de Sinaloa;
lugares ubicados al pie de la sierra como Ruiz, o el mismo
Huajicori, de Nayarit, y Concordia en Sinaloa; o municipios que
se ubican en zonas serranas del sur de Durango, principalmente
Pueblo Nuevo y Mezquital, donde residen los indígenas
tepehuanos. Se entiende que el culto no se limita sólo a estos
lugares pues la devoción se deja escurrir por los espacios que los
mismos creyentes van ocupando, sin obedecer, en el mayor de los
casos, a determinaciones políticas.
De la Peña discute sobre los espacios donde se desenvuelve
un hecho social, y menciona que «en el hombre el espacio no es
meramente categoría a priori de conocimiento sino experiencia
acumulada, proyecto de cotidianidad que puede continuarse o
transformarse».9 En el mismo sentido, para Gladis Lizama las
9De la Peña, Guillermo, «Los estudios regionales y la antropología social en México», en Pérez
Herrero, Pedro (comp.), Región e Historia en México (1700-1850). Métodos de análisis regional,
Instituto Mora y Universidad Metropolitana, México, 1991. p. 127.

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

regiones se extienden hasta los confines donde los actores socia-


les ejercen un dominio sobre el territorio físico.10 Una región se
configura a partir de la organización de las relaciones sociales en
un espacio geográfico dado, con lo que se otorga primacía al hom-
bre, a los actores sociales, en la constitución de una región y se
tiene al medio físico como condicionante y nunca como determi-
nante o articulador principal. Ellos dan vida a un espacio.11 En-
tonces, «el concepto de espacio es socialmente creado porque es
socialmente vivido».12 Por lo tanto, «la conformación regional es
un proceso histórico pero no puede percibirse sin experimentar
los desplazamientos en el espacio y la observación del paisaje
que condiciona las relaciones humanas y brinda el sustento».13
Una región, así como nace y prospera, también tiende a desapare-
cer. Todo depende del dinamismo, de la defensa común de los
intereses esenciales y de la incorporación de nuevos elementos
útiles para su perduración en el tiempo.
La hipótesis que defiendo es que la explotación minera en los
distritos mineros de Huajicori, el levantamiento armado cristero
y la migración de personas de distintas partes de la región a los
trabajos agrícolas en la costa del norte de Nayarit en el siglo XX,
fueron los factores determinantes que impulsaron la propagación
y/o fortalecimiento del culto a nivel regional. Entonces, para po-
der probar lo planteado tuve a la vez que formularme preguntas,
las cuales me guiaran en el trabajo. Así emergieron interrogantes
que me ayudaron a comprender la singularidad del culto que se
desarrolla en el espacio ya indicado. Me pregunté ¿Cómo se cons-
truyó el culto a Nuestra Señora de Huajicori en la región?, ¿De
qué manera los actores sociales ejercen control cultual en el es-
pacio regional, donde se desarrollan una serie de relaciones eco-
nómicas, políticas, religiosas y culturales?, ¿Cómo se logró
construir una estructura religiosa en torno a la Virgen de

10 Lizama Silva, Gladis, «Región e historia en el Occidente de México», en Relaciones, No. 60, El
Colegio de Michoacán, 1994, p. 26.
11 Lizama, 1994: 27.
12
De la Peña, 1991: 127.
13 Cramaussel, Chantal, «La región de San Francisco de Lajas. Los tepehuanos audam de la vertiente

occidental de la sierra madre», en revista Transición, No. 25, Durango, México, Universidad Juárez
del Estado de Durango, diciembre, 2007, p, 26.

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Efraín Rangel Guzmán

Huajicori?, ¿Cuál es la condición del culto en los distintos espa-


cios, los que están colindando con Huajicori, (centro amalgamador
existente donde se encuentra el santuario y donde se celebra la
fiesta de la Candelaria) y los que están más alejados?, ¿Cuál es el
grado de apropiación de la devoción en los distintos espacios so-
ciales que forman parte de la región cultual?, ¿Cuáles son los
canales de transmisión de la devoción?, ¿Cuáles fueron las rutas
que utilizaron los arrieros y comerciantes para penetrar las geo-
grafías accidentadas de la región con el fin de llevar y traer mer-
cancías, a los centros mineros o a poblaciones muy apartadas?,
¿Cuáles son los caminos que han utilizado los indígenas de la
sierra de Huajicori y sur de Durango para intercambiar produc-
tos, obtener la sal o emplearse como jornaleros en la costa?, ¿Cuá-
les son los mitos que se cuentan sobre la virgen en la región u
otros relacionados con las rutas del culto?
Se plantearon los siguientes objetivos: 1) identificar cuáles
fueron los aspectos que influyeron en la conformación de la re-
gión cultual; 2) definir el espacio de influencia que abarca el cul-
to en el norte de Nayarit, sur de Sinaloa y sur de Durango; 3)
precisar cómo se vinculan las distintas zonas tanto bajas como
altas y a la vez los conglomerados humanos que las habitan; 4)
conocer el proceso histórico del desenvolvimiento del culto en
los distintos espacios que conforman la región de estudio y los
factores influyentes e; 5) identificar por qué declina la devoción
en algunos lugares y a qué se debe su expansión en nuevos espa-
cios.

SOBRE LA HERRAMIENTA METODOLÓGICA

Tomando en cuenta que el fenómeno del culto de Nuestra Se-


ñora de Huajicori se construye con base en las complejas relacio-
nes e interdependencias inherentes a la vida social de los actores
con su medio, decidí utilizar como herramientas metodológicas
principales: la investigación cualitativa, la investigación biblio-
gráfica y la investigación hemerográfica. Se privilegió la investi-

18
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

gación cualitativa, mediante entrevistas etnográficas clásicas,14


observación participante 15 y entrevistas enfocadas o centradas. 16
Debo confesar que la información recabada en archivos fue
poca porque los archivos locales fueron destruidos. Sólo conser-
van en el mayor de los casos documentación de la segunda mitad
del siglo XX. La gran mayoría de los datos aquí utilizados fue-
ron localizados en obras de cronistas de la época colonial como
Fray Diego Muñoz, Fr. Antonio Tello, Fr. Antonio Arias y
Saavedra; posteriores como Fr. Atanasio López, Alberto
Santoscoy; y contemporáneos como Thomas Calvo, Jean Meyer,
Peter Gerhard, Chantal Cramaussel, entre otros. La amalgama de
todo, junto con investigación hemerográfica, bibliográfica, y un
poco de trabajo en archivo me ayudó a comprender el conjunto
de realidades constituyentes del culto de Nuestra Señora de
Huajicori.
Siendo mi objeto de estudio una realidad dinámica, donde los
elementos que participan en él son seres humanos modeladores
de su medio, llenos de emociones, inquietudes, intereses, subjeti-
vidades, necesidades, experiencias, etc.; una Imagen religiosa que
trasciende la mera materia de la que está hecha y que funge como
la cohesionadora de los individuos que viven y hacen vivir la

14 Menciona, Vela Peón, Fortino, «Un acto metodológico básico de la investigación social: la entrevista
cualitativa», en Tarres, María Luisa, (Cord.) Observar, escuchar y comprender sobre la tradición
cualitativa en la investigación social, México, FLACSO/ECM/PORRUA, 2004, p. 74. Que este
tipo de entrevistas es una estrategia para platicar con la gente de lo que ellos conocen. Las entrevistas
etnográficas pueden asumir la forma de una entrevista estructurada o de una no estructurada, la
mayor parte de las veces las mismas toman la segunda de estas modalidades, pues generalmente no
se le considera como un simple evento aislado o independiente, sino como parte de un proceso de
observación participante. Por ello, en su forma clásica, la entrevista etnográfica se lleva a cabo de
manera natural, en lugares donde se desenvuelve normalmente el entrevistado, esto es en el campo de
la investigación.
15 Señala Sánchez Serrano, Rolando, «La observación participante como escenario y configuración

de la diversidad de significados», en Tarres, María Luisa, (Cord.)


Observar, escuchar y comprender sobre la tradición cualitativa en la investigación social, México,
FLACSO/ ECM/PORRUA, 2004, p. 99. Que la
comprensión de los fenómenos sociales se pretende lograr mediante el uso de métodos cualitativos y
uno de ellos es la observación participante, que permite dar cuenta de los fenómenos sociales a partir
de la observación de contextos y situaciones en que se generan los procesos sociales; es decir se trata
de observar hechos, acontecimientos, estructuras, intersubjetividades, etc. La observación relaciona
al observador y al actor.
16
Vela, 2004: 77. En este tipo de entrevista se asume una posición directiva conduciéndola a un área
limitada o materia de interés, donde la persona entrevistada cuenta con mayor libertad para informar
sobre el tema que el entrevistador define. Estas entrevistas se han aplicado principalmente a
funcionarios públicos.

19
Efraín Rangel Guzmán

devoción; un medio físico y social donde se desarrollan todo tipo


de relaciones que se crean y recrean a través del tiempo y en el
tiempo; culturas que se encuentran, se fusionan, y expresan lo
que el mundo es en distintas formas; la investigación cualitativa
me ha parecido la herramienta metodológica más apropiada para
estudiar el culto de Nuestra Señora de Huajicori, pues con ella se
puede rescatar la naturaleza profunda de las realidades sociales,
no rescatables de otro modo, o al menos no con la misma profun-
didad.
La entrevista etnográfica, como parte de las técnicas de la in-
vestigación cualitativa, ha sido una de mis herramientas primor-
diales para el presente trabajo. Platicar en una relación horizontal
con los informantes, cuyas experiencias y saberes son de vital
importancia en un tipo de estudio como el que aquí se plantea. A
fin de cuentas, ellos son los portadores de la tradición, los que la
han venido alimentando de generación en generación, con los to-
nos representativos de cada época y espacio donde se ha desen-
vuelto. Esta gente de pueblo, parroquia o patria chica como señala
González y González en su Pueblo en Vilo, trae consigo los testi-
monios vivos, ha estado atenta a los acontecimientos y a cada
uno de los testimonios orales que se han venido gestando de pa-
dres a hijos por generaciones: en su memoria está calcado el tiempo
de su permanencia. Por el simple hecho de existir, las personas
jóvenes o ancianas tienen presente una realidad que interpretan
de acuerdo a la concepción del mundo que comparten. Los suje-
tos además cuentan su historia desde su punto de vista, ofrecen
esa parte de la historia con la que se identifican como miembros
de un grupo social determinado.
Como nativo del lugar, he estado inmerso en el proceso de
desenvolvimiento del fenómeno, como miembro activo, viviendo
y haciendo vivir la tradición de la que hablo. Ahora bien, toman-
do una debida distancia para observar las distintas dinámicas,
desde perspectivas diferentes, he buscado estar en un adentro y
un afuera, haciendo ejercicios de observación participante-críti-
ca. Gracias a ello, he podido mirar situaciones difíciles o imposi-
bles de percibir e interpretar siendo un miembro común. Por otro
lado, ser un observador participante, me permitió ser testigo de

20
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

sucesos que no hubiera podido percibir estando completamente


fuera.
Las entrevistas enfocadas o centradas, por su parte, me sirvie-
ron para trabajar temas específicos con algunos informantes, de
quienes necesitaba obtener información puntual, dirigiendo las
charlas hacia objetivos concretos. No de poca importancia fue
elaborar historias de vida con la información proporcionada por
los informantes. Gracias a ellas pude rescatar vivencias significa-
tivas, testimonios de distintas épocas que me permitieron cons-
truir la memoria histórica de la devoción; su forma de vivir la
tradición y las maneras de expresarla en circunstancias cambian-
tes.
Los resultados a los que llegué, se sustentan sobre todo en los
datos recopilados por medio del trabajo etnográfico con los acto-
res participantes del culto.

SOBRE EL TRABAJO DE CAMPO

Esta investigación es resultado, principalmente, del arduo e


intenso trabajo de campo que llevé a cabo en distintas fases que
van de octubre del 2005 a octubre del 2007, periodo en el que
recabé información en Santiago Ixcuintla, Ruiz, Tuxpan,
Rosamorada, Tecuala, Acaponeta y Huajicori, en el norte del es-
tado de Nayarit; algunas comunidades de los municipios de El
Mezquital (Anexo Sihuacora y San Francisco de Ocotán), Pueblo
Nuevo (San Francisco de Lajas y San Bernardino de Milpillas
Chico) al sur del estado de Durango; y Escuinapa, El Rosario,
Concordia, Mazatlán y Culiacán en el sur de Sinaloa. Sin embar-
go, los resultados que aquí se plasman son también producto de
información recabada desde 1998, fecha en la que comencé a
desarrollar un proyecto de rescate de memoria oral en el munici-
pio de Huajicori, titulado «un siglo en Huajicori, memoria histó-
rica de un pueblo», patrocinado por el PACMYC. Una vez
terminado éste, seguí en contacto con las personas que entrevisté
y el deseo por conocer más acerca de la historia local siguió cre-
ciendo. Por suerte, cuando ingresé al Colegio de Michoacán, en-

21
Efraín Rangel Guzmán

tre varios temas, perduró entre mis intereses el seguir conociendo


a mi patria chica. De esa manera, mi proyecto de investigación
durante la maestría, de 2002 a 2004, fue La fiesta de Huajicori:
símbolo de identidad de un pueblo, por lo que seguí buscando la
información que se ha constituido en el antecedente de este traba-
jo. Así, el contacto con las personas no se perdió, sino que se fue
incrementando notablemente con el tiempo.
Para la etapa de doctorado, el pueblo de Huajicori fue el cen-
tro de operaciones, de ahí visualicé la región en términos espa-
ciales, reflexioné sobre la composición cultural de una zona y
otra, de los posibles lazos que unía a los grupos indígenas y mes-
tizos, en el proceso que siguió el culto para consolidarse en lo
local y luego en el regional. Fui consciente que la tarea que me
había propuesto era muy ambiciosa y difícil a la vez, ya que la
geografía que pretendía explorar era amplia, los habitantes tenían
maneras de vivir y de expresar las realidades de forma distinta.
Además moraban en zonas geográficas diferentes: en el altipla-
no, la planicie y el pie de sierra.
En el campo académico, tomé consejos de quienes fueron mis
profesores en el Centro de Estudio de las Tradiciones. Las orien-
taciones del Dr. Jorge Uzeta quién fungió como lector de mis
avances de la tesis doctoral en una ocasión, fueron de mucho pro-
vecho en el ramo de la antropología. Disciplina que no era mi
fuerte, pero que iba siendo necesaria cada vez más en la investi-
gación, para comprender el entramado de rituales festivos, mani-
festaciones culturales y simbolismo. El empuje que me había dado
la Dra. Lourdes Pacheco, cuando fue mi maestra en la Universi-
dad Autónoma de Nayarit y cuando participé en algunos de sus
proyectos desarrollados en zonas indígenas y en los campos taba-
caleros de Nayarit, realizando entrevistas y aplicando encuestas
fue de gran utilidad.
Sin embargo, en el ramo de la experiencia pueblerina los apo-
yos para mi aprendizaje fueron también muy grandes. A mi abue-
lo materno Pedro Guzmán Juárez, quien fuera la persona más
anciana de todo el municipio de Huajicori, fallecido en mayo del
2006 a la edad de 101 años, se le debe mucho de lo que en este
trabajo se concentró. Se podría decir que era una enciclopedia

22
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

andante porque sabía de todos los acontecimientos que se habían


gestado a lo largo del siglo XX en Huajicori y en la región. A él
le tocó combatir como soldado de la defensa rural en contra de
los cristeros; fue un arriero que conocía muchas comunidades
serranas y las veredas más recónditas que comunicaban la sierra
con las partes bajas; tenía amplios saberes relacionados con los
efectos de la luna para sembrar y cosechar; conoció de pi a pa
todo el proceso histórico de la fiesta de Huajicori y la devoción
de la Virgen en el pueblo, las costumbres y las tradiciones. Por su
parte, María de Jesús Cortez Mesa, mi abuela paterna, quien tie-
ne 98 años a la fecha, aunque más joven que mi abuelo Pedro, no
se queda atrás en sabiduría. Los temas de mujeres y vida cotidia-
na están bien presentes en su memoria. Ellos dos, al igual que los
estudios académicos fueron mis libros de cabecera. Desde 1998
hasta el 2006 tuve la oportunidad de entablar largas charlas con
mi abuelo Pedro, y a mi abuela María de Jesús, a quién todavía
sigo consultado. La información que me han proporcionado y la
mayoría de las charlas con los demás entrevistados del pueblo y
otros lugares de la región, las grabé en audio y en video.
Gregorio Rangel, mi abuelo paterno dedicó parte de su vida a
la fayuqueada, como él denominaba a la actividad comercial, que
más bien tenía carácter de trueque porque trasladaba variados
productos a lomo de burros y mulas a las comunidades indígenas
y los cambiaba por chivos, gallinas, puercos o lo que fuera. Los
contactos que establecí en la sierra del municipio de Huajicori y
sur de Durango, como en Sihuacora, en San Francisco de Ocotán
y en San Francisco Lajas principalmente, fueron a través de él y
de mi abuelo Pedro. Reanudé algunos contactos con personas
pertenecientes a los grupos mexicanero y tepehuano, gracias a las
relaciones de parentesco por parte de los Rangel o de los Juárez
que es el segundo apellido de mi abuelo Pedro, lo cual redundó
en gran apoyo para mí, durante el trabajo de campo.
Una vez decidido el enfoque de mi trabajo, recorrí varios lu-
gares en mi camioneta Toyota, que no era 4X4, ni de 8 cilindros,
pero que me respondió bien tanto en la costa y en la sierra. En la
planicie costera del norte de Nayarit no tuve mayores dificulta-
des para desarrollar la labor investigativa, tampoco en la serranía

23
Efraín Rangel Guzmán

huajicorense. Era mi medio, lo que más conocía y lo que terminé


de conocer cuando me desempeñé como coordinador académico
en el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) des-
de enero del 2001 hasta julio del 2002. Allí, fui responsable de la
educación a nivel primaria y preescolar, impartida por instructo-
res de esta institución en la región norte del estado, compuesta
por los municipios de Acaponeta, Huajicori, Rosamorada, y
Tecuala. En estos municipios me correspondía atender comuni-
dades de la costa y también de la sierra, eso representó una venta-
ja para mi posterior investigación. Por eso decidí trabajar primero
en esa zona, mientras afinaba mejor las estrategias de investiga-
ción para lanzarme a explorar los lugares que desconocía, en el
sur de Sinaloa y en el sur de Durango.
Después de visitar la costa nayarita, me interné en los munici-
pios del sur de Sinaloa. En esta ocasión, el contacto que me reco-
mendó el historiador acaponetense Néstor Chávez Gradilla, en la
ciudad de Escuinapa, fue clave para continuar satisfactoriamente
la investigación en las tierras sinaloenses, el médico Jorge Macias,
cronista de Escuinapa, personaje que ha escrito la mayoría de
artículos y libros existentes sobre la vida histórica y cotidiana del
municipio. En las largas charlas que tuvimos, me dibujó el pano-
rama de cómo se vive y se ha venido desarrollando la devoción
de Nuestra Señora de Huajicori en el lugar así como en otros
municipios del sur de la entidad. Así me di cuenta que la región
norte de Nayarit está vinculada con los procesos
transformacionales del sur de Sinaloa, y es parte de la región
geoeconómica del Noroeste de México. También, históricamen-
te, forma parte de un mismo bloque intercultural que pervive has-
ta nuestros días. Además, existen muchas similitudes geográficas
entre las dos zonas. No había que extrañarse entonces de que los
vecinos sinaloenses simpatizaran con la imagen de Huajicori y le
rindieran culto especial.
El mismo Jorge Macías me conectó con las personas ancianas
de Escuinapa para explorar más respecto a la presencia del culto
en esa ciudad e indagar sobre los posibles aspectos que influye-
ron en la propagación de la devoción en la zona. Macías como
miembro de la «Crónica de Sinaloa», conocía muy bien a los cro-

24
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

nistas e historiadores de los demás municipios, como Rafael y


Leopoldo Bouttier en El Rosario, la maestra María Zatarain en
Concordia, y Francisco Martínez en Quilá. Cada una de estas
personas me dio pistas para localizar a otros informantes, que
con su experiencia de vida y buena disposición para platicar cuan-
do se los pedí, me ayudaron a robustecer una idea centrada en la
condición del culto de Nuestra Señora de Huajicori en el sur de
Sinaloa. También logré identificar otros cultos locales importan-
tes, como el de la Virgen del Rosario, de la Virgen de Pánuco, de
la Virgen de Agua Caliente de Garate, y otro de trascendencia
regional, el de Nuestra Señora de Quilá, imagen que se venera en
el centro y parte del norte de la entidad sinaloense.
Una vez que exploré el sur de Sinaloa, decidí emprender
la travesía por la sierra de Huajicori y el sur de Durango en enero
del 2006. Primeramente tome la ruta que va de Huajicori a San
Francisco de Ocotán. Del sur de Durango sólo sabía lo que había
leído en algunos artículos y libros escritos por estudiosos de los
tepehuanos del sur,17 pero jamás había caminado en esos espa-
cios, hecho que me preocupaba mucho porque era un área que no
debía quedar excluida del trabajo general de investigación. Uno
de los grandes temores que tuve antes de partir, era verme en-
vuelto en alguna problemática relacionada con el narcotráfico,
aspecto del que se hablaba mucho en las partes bajas y que se
consideraba propio de la sierra. Aun cuando sabía que peligraría
mi vida en esos lugares, no di marcha atrás a mi proyecto, confié
en los consejos de mis abuelos y me sentí mejor al saber que
había amigos y familiares dispersos en la serranía. El pretexto
primario que me impulsó a ir a la sierra era el mito de la Virgen de
Huajicori que contaban las personas del pueblo, el cual indicaba
que «la Virgen venía de juida de allá de Sihuacora, un pueblito
17
Por ejemplo,Lumholtz, Carl, El México desconocido. Cinco años de exploración entre las tribus
de la Sierra Madre Occidental; en la tierra caliente de Tepic y Jalisco, y entre los tarascos de
Michoacán, trad. Balvino Dávalos, Tomo I, Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1904; Sánchez
Olmedo, José Guadalupe, Etnografía de la Sierra Madre Occidental: tepehuanes y mexicaneros,
Colección Científica, No. 92, etnología, México, SEP-INAH, 1980; Reyes Valdez, Antonio,
Tepehuanes del Sur, pueblos indígenas del México contemporáneo, México, CDI, 1999, otras del
mismo autor producidas en (2004, 2006, 2007); Chantal, Cramaussel y Ortellis, Sara, (Coords), La
Sierra tepehuna. Asentamientos y movimientos de población, México, COLMICH-UJED, 2006.
Entre otros autores que han abordado temáticas de la zona.

25
Efraín Rangel Guzmán

de indígenas que está en la mera sierra [...] porque según


platicaban que una vez en la fiesta de ella algo hicieron que no le
gustó a la Virgen y se les vino».18
Por suerte, antes de marchar hacia la sierra, a través de
mi tía Guadalupe Guzmán contacté a unas personas originarias
del rumbo de Sihuacora en la ciudad de Acaponeta, quienes ha-
bían ido por unos días a dicho lugar a abastecerse de productos
alimenticios para trasladarlos a la comunidad. Pronto los busqué
y les expliqué mi interés de ir a Sihuacora, con la mejor disposi-
ción aceptaron guiarme el joven Rene, instructor de Conafe en la
comunidad de Cimientos y el Sr. Eliodoro Solís de Sihuacora.
Me equipé como lo hace un explorador y traté de no olvidar nada.
Lo primero y principal en lo que pensé fue en el comestible, por-
que me habían comentado que en las poblaciones serranas el ali-
mento era muy escaso y aunque llevara dinero no se resolvía el
problema porque no había que comprar. Reuní mercancías sufi-
cientes para un mes de permanencia en la sierra para mí y mi
sobrino Toño Guzmán. Ese fue el plan. Preparamos lámparas,
buena dotación de baterías, dos machetes, dos palas, dos picos o
talaches, buenas cobijas y abrigos, etc. Partimos dos días antes de
que iniciara el novenario de la Candelaria en enero del 2006.
Manejé todo un día de Huajicori a la comunidad de Cimientos, el
último lugar donde podía circular la camioneta y última pobla-
ción de Nayarit. Del pueblo de La Mesa de los Ricos a Cimientos
la brecha estaba en muy mal estado, en ocasiones entre los cuatro
nos poníamos a arreglarla, así avanzamos a vuelta de rueda hasta
llegar.
En Cimientos nos tocó vivir nuestra primera experiencia difi-
cil, no había donde dormir y las personas no tenían que comer, lo
que consumían eran camotes silvestres muy amargos que con sólo
probar poquito desaparecían los parásitos de cualquier individuo.
También comían bayusas, que es la flor del maguey. Improvisa-
mos una tienda de campaña, pero aun así el frío calaba hasta los
huesos, el cambio de clima fue radical: de 80 (msnm) en Huajicori,

18Sra. María de Jesús Cortez Mesa, 79 años, originaria de Acaponeta y vecina de Huajicori desde
hace 80 años, (entrevista aplicada en el pueblo de Huajicori en 1998).

26
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

pasamos a 2000. En la comunidad de Cimientos habitan familias


tepehuanas y mexicaneras. Nos hospedamos con parientes de
Eliodoro y Rene. Los dos días que permanecimos allí comparti-
mos nuestros alimentos porque verdaderamente daba tristeza ver
como sobrevivía la gente por en esos rumbos. Luego tomamos a
pie el camino rumbo a Sihuacora, pedimos prestados dos burros,
les cargamos el comestible y en mochilas sobre la espalda lleva-
mos lo que pudimos de ropa. De ahí en adelante las perspectivas
del trabajo de campo cambiaron totalmente: me estaba enfrentan-
do a otra realidad, sólo en las descripciones etnográficas de
antropólogos había leído algo parecido. Hasta la fecha, ningún
investigador había tenido la fortuna de trabajar en la zona. Estos
lugares bien pudieran formar parte de la lista de los que integran
el «México desconocido». Allá, los apoyos institucionales son
casi nulos, los médicos del Programa de Atención a Comunida-
des (PAC) se apersonan una vez al año cuando no les da flojera
llegar hasta las comunidades, los encuestadores de INEGI, se paran
en los cerros y observando sólo el paisaje hacen el llenado de la
documentación ignorando realmente cuantas personas habitan en
las poblaciones que divisan a lo lejos y en qué condiciones
socioculturales viven. Todo el medio es material de estudio, cada
paso que di en la larga caminata durante 8 horas para llegar a
Sihuacora, era cuestionamiento y a la vez respuesta para mi. La
geografía de dominio indígena, está muy bien delimitada y se
diferencia de la mestiza, cada una posee sus propios significados,
y los procesos históricos se han vivido de manera distinta. Eliodoro
fue mi guía y a la vez mi maestro, por medio de él comencé a leer
el paisaje geográfico y cultural indígena tepehuano.
Arribamos a Sihuacora en tiempos que realizaban los prepara-
tivos de la celebración de la Candelaria y también el cambio de
autoridades tradicionales. Cuando llegamos al poblado, nos con-
fundieron con médicos, ya que ellos son las únicas personas ex-
ternas con las que tienen contacto los sihuacorenses, aunque de
manera irregular. Ese día pasó algo muy curioso, desde el mo-
mento que nos vieron, sin percatarse si éramos médicos o no, un
integrante de la comunidad se movilizó con urgencia para dar
aviso a los habitantes de poblaciones aledañas que el día siguien-

27
Efraín Rangel Guzmán

te se reunieran en Sihuacora porque habían llegado los médicos e


iban a hacer una reunión. En la mañana del siguiente día ya esta-
ba concentrada en la casa de salud una multitud de personas es-
perando que los médicos iniciaran la plática. Los mentados
médicos acudieron entonces al lugar, acompañados por el auxi-
liar de salud para explicarles que se había producido una confu-
sión. Pero de cualquier manera le sugerí al auxiliar que les diera
algo de medicamento a unos niños que traían problemas de gripa
y tos.
La grabadora de audio, cámara fotográfica y de video fueron
mis principales instrumentos de trabajo para registrar entrevistas
y ceremonias, que no tenían mucho parecido a las que estaba acos-
tumbrado a presenciar en el medio mestizo. Entre estos indíge-
nas, los motivos, las reglas, principios y fines de los rituales se
enmarcan en lógicas muy particulares que tienen íntima relación
con su manera de concebir el mundo. Allá, si un mestizo viola
algún precepto muchas veces no vive para contarlo. En mi caso
tuve una experiencia en Sihuacora de ese tipo: entusiasmado con
lo que estaba observando y viviendo, quería registrarlo todo en
mi cámara fotográfica y de video, como si estuviera en mí medio.
Al parecer por el abuso de alcohol, un joven andaba haciendo
desmanes, transgrediendo los reglamentos de las autoridades co-
munitarias. Como castigo por la falta, lo amarraron al pie de un
árbol, de pies y manos. Se me hizo fácil tomarle algunas fotogra-
fías y video. En eso se acercó un pariente de él con pistola en
mano y me dijo: «bajas la cámara o te la tumbo de un balazo». Sin
decir nada, la bajé. Entendí que hay cosas que sólo se pueden
observar y luego registrarlas en el cuaderno de notas, pero no
documentarlas como pretendía hacerlo.
El apoyo que me brindaron Eliodoro y toda su familia para
relacionarme con las autoridades y demás personas, me fue muy
útil. Con todas las carencias en que viven, amablemente nos hos-
pedó en su casa, un lugar maravilloso durante la estancia. La
maestra de Sihuacora, Juana Reyes (tepehuana) fue otro contacto
muy valioso, sin ella no habría podido concluir la investigación
en esa zona. Ella y su hijo Adán fueron mis guías y a veces tra-
ductores en la travesía que realicé de Sihuacora a San Francisco

28
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de Ocotán, población que, queda a día y medio de camino de la


primera. Las bajadas y subidas son incontables desde Sihuacora
hasta San Francisco. A veces para subir una cuesta tardábamos
cuatro horas y para bajar otras tantas. Allí agarra uno condición
física a fuerzas y queda uno listo hasta para competir en las
olimpiadas.
San Francisco representa una realidad distinta, allá hay más
vida, más comercio y el número de habitantes es mayor, además
de ser ese asentamiento tepehuano pueblo-cabecera de Sihuacora
y de otros anexos. La conexión con la capital de Durango por vía
carretera permite satisfacer necesidades básicas de los poblado-
res con mayor facilidad que en el resto de sus anexos. Todas las
personas de la ruta que seguí son tepehuanos y aunque la mayoría
eran bilingües, las costumbres indígenas las tienen muy arraiga-
das, lo mismo que el traje tradicional las mujeres, los hombres en
cambio lo usan muy poco y principalmente en las ceremonias. En
ese lugar el apoyo del gobernador tradicional Zeferino Galindo
de la Cruz y el segundo gobernador Pedro Soto Aguilar, fue muy
necesario para poder relacionarme con las personas. A pesar de
que algunos ancianos querían una remuneración a cambio de las
conversaciones (300 o 500 pesos, mas para esos días y en ese
lugar sólo contaba con 200 pesos en el bolsillo), las autoridades
mencionadas lograron que fueran gratis las pláticas. Regresar de
este pueblo a Sihuacora fue una proeza titánica que tuve que rea-
lizar porque a las personas que me acompañaban ya no las tuve al
regreso, precisamente ese día que arribamos a San Francisco a la
maestra Juana le comunicaron que su mamá había fallecido en el
Hospital General del ISSTE en la ciudad de Durango y tuvo que
trasladarse de inmediato hacia allá. Por mi parte, ante la necesi-
dad de seguir investigando, me quedé unos días más en San Fran-
cisco de Ocotán.
Al tiempo, un día antes de emprender el camino de regreso, no
dormí, pensando en las dificultades que tendría para poder llegar
de nuevo a Sihuacora. Unas partes del camino las habíamos to-
mado de noche y otras de día a la ida, de modo que no me había
aprendido bien la ruta. Con todo y eso, hice uso más de lo debido
del dicho «preguntando se llega a Roma» y llegué; pero en oca-

29
Efraín Rangel Guzmán

siones estuve a punto de rodar en las barrancas con todo y una


bestia mular que llevaba, la cual había dejado encargada la maes-
tra en la comunidad de Alacranes, lugar donde vivía su suegra. Al
principio hice caso a mi intuición para tomar los caminos, pero
eso no me favoreció mucho porque me perdí en varias ocasiones.
Después deje que el animal siguiera el camino que él conocía.
Esta travesía fue más peligrosa que la de Huajicori a Sihuacora,
porque sin quererlo, en ocasiones atravesé sembradíos de amapo-
la o marihuana. A pesar de todo, no sufrí problemas serios, a
excepción del hambre, y cansancio por la caminata porque no
soportaba cabalgar mucho tiempo el macho. Después de arribar
nuevamente a la comunidad de Sihuacora, pronto regresé a
Huajicori.
A fines de enero del año siguiente la Dra. Chantal Cramaussel,
investigadora del Centro de Historia del Colegio de Michoacán y
el Dr. Miguel Vallebueno, investigador de la Universidad Juárez
del Estado de Durango y yo, emprendimos camino desde Huajicori
hasta el otro extremo del sur de Durango del lado oeste del río
Mezquital, esta vez pretendíamos llegar a la comunidad tepehuana
de San Francisco de Lajas. Nuestro objetivo era presenciar la fiesta
de la Candelaria y hacer un registro de ella de acuerdo a los inte-
reses y temáticas de dominio de cada uno. Nuevamente la camio-
neta Toyota hizo milagros para llevarnos hasta allá, aunque antes
de llegar al pueblo de San Andrés Milpillas del municipio de
Huajicori, se averió. Pero gracias a dos personas autodidactas del
lugar buenas conocedoras del ramo de la mecánica, se resolvió el
problema. Las atenciones de mi prima Yolanda Rangel y de su
esposo Dionisio y toda su familia en San Andrés, fueron muy
gratas. Ellos y otras personas nos orientaron para llegar a nuestro
destino temporal y nos pusieron al tanto de las dificultades que
tendríamos para transitar en ese vehículo la carretera que nos con-
ducía hasta Lajas que no aparecía en el mapa 1:250.000 del INEGI.
Tomando en cuenta las advertencias señaladas, emprendimos
el viaje por esa serranía desconocida para los tres. Las subidas y
bajadas estaban muy pronunciadas; además la carretera de la que
nos habían hablado, parecía brecha porque estaba en muy mal
estado, lo que dificultaba mucho la circulación de vehículos pe-

30
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

queños como el que llevábamos. Así avanzamos lentamente, a


ratos entre los tres arreglábamos grandes tramos de la carretera
con pico y pala. Fueron 9 horas de tormento y desesperación,
pero finalmente llegamos a San Francisco de Lajas el 27 de enero
a media noche. Ahí contactamos al maestro Oscar Pineda, super-
visor de la zona escolar, hijo de uno de mis informantes de
Acaponeta y amigo de mi abuelo Gregorio. Esa misma noche nos
puso al tanto de lo que debíamos hacer y no hacer durante la
estancia en el lugar. Además nos relacionó con las autoridades
tradicionales y de esa manera pudimos desarrollar nuestra inves-
tigación sin ningún contratiempo. El maestro Oscar Pieneda y
don Calixtro Gurrola fueron nuestros principales informantes,
cualquier duda que teníamos nos la aclaraban. Después de la ce-
lebración partimos a la ciudad de Durango, atravesamos toda la
sierra. Eran 12 horas en lugar de 9 pero el camino estaba en mejor
estado. Una vez que llegamos a la capital, el Dr. Miguel se quedó
allí; por nuestra parte, la Dra. Chantal y yo nos dirigimos por la
carretera Durango-Mazatlán a Concordia Sinaloa, y posteriormen-
te a Acaponeta, Nayarit, donde ella tomó su camión a Zamora
Michoacán mientras yo retorné a Huajicori.
En esas condiciones realicé el trabajo de campo. Fue difícil,
pero finalmente logré elaborar una radiografía regional del culto
de Nuestra Señora de Huajicori, al mismo tiempo que identifiqué
las distintas apreciaciones que se tienen de la devoción y las for-
mas particulares de vivirla y expresarla. Al comprender cómo se
conectan los espacios en la geografía y la historia fue más fácil
seguir las articulaciones por donde fluyó el culto desde su epi-
centro hacia zonas geográficas periféricas.
Los largos recorridos que realice en camioneta y las cansadas
caminatas por la región de estudio no fueron en vano, los plantea-
mientos hipotéticos que me hice al principio del trabajo de cam-
po, ahora los puedo demostrar.
En el estudio general, se hacen notar cuatro dimensiones: di-
mensión histórica, que nos permitirá ubicar un tiempo histórico
en que el culto de la Virgen de Huajicori transita por un proceso
de construcción local, y luego por una etapa de consolidación
regional; dimensión política, la cual hace hincapié en cómo el

31
Efraín Rangel Guzmán

espacio social regional se ve afectado por determinaciones políti-


cas, como en el caso del movimiento cristero; dimensión econó-
mica, que muestra el desenvolvimiento económico que
experimentó la región en el siglo XX, una vez que se propició la
explotación minera en Huajicori, el auge agrícola en la costa nor-
te de Nayarit y el desarrollo comercial; dimensión simbólica, que
ilustra el significado de la Virgen de Huajicori para los creyentes
en las distintas zonas de la región y cómo éste es expresado en el
culto a través de mitos, milagros, revelaciones de la imagen, pe-
regrinaciones, mandas, etc., expresiones que están escudadas en
la llamada religiosidad popular. Con estas cuatro dimensiones se
pretende explicar la conformación del espacio social regional y
el significado que adquiere en términos de culto el símbolo de
Nuestra Señora de Huajicori.
SOBRE LA ESTRUCTURA DEL CAPITULADO
En este trabajo compartimos un mar de experiencias que nos
ofrecen los devotos, en sus distintos modos de concebir y
resignificar la devoción. Pues el culto de Nuestra Señora de
Huajicori es un fenómeno que obedece a cánones eclesiásticos,
pero también se regula por las propias reglas creadas desde el
plano de la religión popular. Sin embargo, para entender esto se
requiere recuperar los testimonios del pasado que nos llegan des-
de distintas vías, principalmente orales y escritas.
Efectivamente, la idea de historizar el culto, se desprende pre-
cisamente de la inquietud por encontrar los remanentes de aque-
llos eventos que dieron origen e impulso a la tradición de la
devoción. Las incursiones de los colonizadores y misioneros fue-
ron punto de encuentro entre dos culturas, la primera con mira
firme de imponer control sobre los colonizados y la segunda siem-
pre con la terquedad de resistir los embates que las nuevas cir-
cunstancias habían puesto en marcha. Tuvo que transcurrir un
largo proceso histórico, que implicó huidas y persecuciones de
los nativos en la región. Con la propagación incansable del evan-
gelio se consolidaron fundaciones de casas religiosas; aunado a
ello, se intentó suplir las deidades de los aborígenes con imáge-
nes religiosas europeas. Pero la asimilación de la religión entre
los nativos de estas tierras no quedó exenta de la incorporación

32
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de elementos culturales propios, lo cual dio como resultado un


tipo de religión resignificada, que puede calificarse de religión
popular. El objeto de mi primer capítulo, a través de los pasajes
históricos más significativos que tuvieron lugar en el epicentro
del culto que es el pueblo de Huajicori y en los que se registraron
en las zonas circundantes, es ilustrar al lector sobre la forma en
que se ha ido construyendo y desarrollando la devoción a la vir-
gen. Es decir, retroalimentar la visión actual, entender el contex-
to histórico en el que se efectúan las prácticas rituales y los modos
particulares de percepción de la devoción generaron.
Las historias que se cuentan sobre una imagen tan importante
como lo es la Virgen en la región de estudio, son una fuente signi-
ficativa para reconstruir el cómo se ha ido formando la región,
para conocer sus rutas de enlace, zonas de influencia y en gene-
ral, la manera en que el culto se ha expandido. Por ello, en el
segundo capítulo, mostramos un caudal de historias míticas so-
bre Nuestra Señora de Huajicori, defendidas y compartidas entre
mestizos e indígenas que habitan los diferentes lugares donde se
desarrolla el culto. Por tal motivo, en esta parte explicamos al
lector el papel que juegan los mitos en la apropiación y delimita-
ción de espacios, y en la resignificación de los procesos históri-
cos que conforman las identidades particulares. Las historias
míticas reflejan la manera cómo los conglomerados humanos tra-
zan sus propias rutas cosmogónicas dando así doble significación
al territorio y a los caminos por los que trasladan productos de un
lugar a otro o por donde se hace posible el intercambio comer-
cial. Esta otra forma de concebir las realidades, también es otra
manera de dibujar el mundo, de reforzar las identidades y de ac-
tuar en el espacio circundante donde tienen asiento los grupos
sociales.
Empero, como lo dije anteriormente, la fiesta viene siendo
parte esencial del culto y éste sin el ritual festivo dejaría de exis-
tir. En el tercer capítulo, presentamos una radiografía de la fiesta
de Huajicori o fiesta de la Candelaria, la cual es dinamizada por
los tipos de organizaciones que se crean alrededor de ella y por
los intereses que en cada una se escudan. En la fiesta podemos
apreciar dos elementos fundamentales que forman el esqueleto

33
Efraín Rangel Guzmán

de la trama festiva: el primero se deriva de la religión y el otro


surge del paganismo; es decir, aquello que no es religioso y que
se presenta una expresión libre de vivir los eventos festivos en
los pueblos, y que tiene que ver en el mayor de los casos con el
aspecto lúdico. A través de un sinfín de elementos y expresiones
que confluyen en los escenarios de la celebración se llegan a crear
estructuras coherentes que permiten la cohesión de los
interactúantes y la reivindicación de identidades. En la festivi-
dad, se concentran los distintos modos de sentir y expresar el
culto de la Virgen de Huajicori, pero también se unen a los prime-
ros las formas variadas de sentir los procesos históricos y las rea-
lidades socioculturales de los grupos que participan en la
celebración.
Aunque en el capítulo primero se habló del proceso histórico
del culto, es especialmente en el siglo XX cuando se observa que
hay una fuerte expansión de la devoción de la imagen de la Vir-
gen de Huajicori y se da la consolidación de la región cultual.
Para explicar esto, en el cuarto capítulo, hacemos un recuento de
los principales aspectos que influyeron en la propagación y/o for-
talecimiento del culto en la región durante el siglo XX, los cuales
se ven reflejados en procesos económicos, políticos y culturales.
A través de la guerra cristera, el auge de la minería en Huajicori y
el repunte de la agricultura en la costa norte de Nayarit, la región
se dinamiza y se multiplican los lazos de comunicación entre la
sierra y la llanura costera. Es así como las redes de parentesco se
amplían y las vías carreteras llegan hasta lugares inhóspitos. Au-
nado a lo anterior, prospera la circulación de mercancías de los
centros productores hacia los lugares consumidores ubicados en
la planicie y en el altiplano. Todos estos aspectos producen entre
los grupos humanos que moran en la región, intercambios cultu-
rales y relaciones de todo tipo. También en este capítulo, dibuja-
mos la región de influencia de la Virgen de Huajicori y las demás
regiones cultuales colindantes, como la de Nuestra Señora de Talpa
al sur de ésta, y la de Nuestra Señora de Quilá al norte. Finaliza el
capítulo con una descripción etnohistórica de cada uno de esos
cultos y de las devociones menores existentes en la región de
influencia de Nuestra Señora de Huajicori.

34
I
Reconstrucción del culto de nuestra señora
de Huajicori a la luz de la historia local

La fundación del convento franciscano de San Sebastián de


Huajicori se remonta al siglo XVII y el culto a la virgen data
probablemente de la segunda mitad de la misma centuria. Es im-
portante por lo tanto contar en detalle el proceso de la coloniza-
ción española en la región para comprender los orígenes del culto
que se encuentra extendido ahora tanto entre los indígenas como
entre los mestizos. También debemos dar cuenta del proceso de
evangelización con el fin de explicar la incorporación del culto a
las creencias de los indios.
La virgen desplazó a San Sebastián, patrón del pueblo, proba-
blemente cuando se trasladó la iglesia a su lugar actual en el siglo
XVII. Hoy el santo patrono ya no se festeja. Sólo se celebra a San
José cuyo culto fue impulsado recientemente, durante el siglo
pasado, pero que se ha transformado en una fiesta más a la Vir-
gen. No insistiremos en este primer capítulo en la propagación
del culto a la Virgen de Huajicori en regiones vecinas, problema
del que nos ocuparemos en el cuarto capítulo, sólo trataremos a
continuación de precisar el momento en el que surgió el culto y
cómo y cuándo creció la devoción. Para ello, fue necesario re-

35
Efraín Rangel Guzmán

construir los principales eventos que marcaron la vida de Huajicori,


desde su primera fundación como misión de indios en 1595, has-
ta la conformación del ejido en el siglo XX. Las devociones son
también reflejos de procesos sociales muy complejos porque im-
plican la fe popular la cual de alguna manera queda fuera del
control de la Iglesia.
No existe a la fecha ninguna historia local de Huajicori de
modo que toda la información que hemos reunido a continuación
constituye el único texto donde se trata de relatar el pasado colo-
nial remoto del pueblo. Ofrecemos datos acerca del tipo de socie-
dad a la que se enfrentaron los españoles. Enmarcamos en el
contexto histórico la aparición y el surgimiento del culto, tema
que volveremos a abordar en el capítulo II. Cabe remarcar que se
menciona reiteradamente en esas fuentes tempranas el fuerte vín-
culo que unía a los indios de la tierra caliente con los de la sierra.
Esta relación es muy importante para comprender los mitos tanto
indígenas como mestizos acerca de la Virgen de Huajicori que
serán objetos del segundo capítulo del presente estudio.

1. Orígenes del culto

La relación que escribió fray Diego Muñoz en 1583, sobre la


Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán y sobre la
Nueva Galicia, la Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de
Xalisco escrita por fray Antonio Tello en la primera mitad del
siglo XVII y los documentos inéditos recuperados del Archivo de
Indias por fray Atanasio López en su obra intitulada las Misiones
o Doctrinas en Jalisco en el siglo XVII así como los Fragmentos
de la Crónica de la Sancta Provincia de Jalisco de fray Francis-
co Mariano de Torres son las principales fuentes bibliográficas a
las que podemos recurrir para construir la historia religiosa de
Huajicori en la época colonial. A éstas se suma el estudio con-
temporáneo de Peter Gerhard intitulado La frontera norte de la
Nueva España, que incluye un recuento sintético de la historia
local durante el periodo virreinal. Cabe recalcar que las fuentes
de primera mano sobre los acontecimientos del siglo XVI son

36
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

sólo la relación de Fr. Diego Muñoz y las que retoma Salvador


Álvarez en su artículo sobre Chiametla. Fr. Antonio Tello al que
la mayor parte de los historiadores recurren, escribe más de me-
dio siglo después y debe ser considerado por lo tanto como fuen-
te secundaria. Pero todos los autores coinciden en que la
evangelización de la Nueva Galicia y el proceso de pacificación
de la región estuvieron estrechamente unidos.19

Con los conventos de Acaponeta y Quiviquínta, el convento


de Huajicori estuvo al origen del surgimiento y de la propaga-
ción del culto a la Virgen del lugar.

a) Las incursiones iniciales. La fundación del convento de


Acaponeta en 1580 y de la misión de San Sebastián de Huajicori
en 1595

Las primeras incursiones españolas en lo que sería después el


norte de la Nueva Galicia fueron realizadas en 1524 por Francis-
co Cortés de San Buenaventura, sobrino de Hernán Cortés. Las
huestes de San Buenaventura salieron de Colima para adentrarse
en regiones donde los indígenas estaban desprovistos de la fe ca-
tólica y desconocían desde luego el castellano. El principal obje-
tivo de los conquistadores fue en un primer momento el de
reconocer el área. Penetraron hasta el sur y centro de lo que hoy
es Nayarit y esta expedición al parecer resultó menos sangrienta
que la que dirigió posteriormente Nuño de Guzmán en 1530.
Nuño de Guzmán conquistó el occidente de México con su
innumerable ejército de indios subyugados que colocó bajo el
mando de reacios compañeros de armas llamados Cristóbal de

19Muñoz, Fr. Diego O.F.M, Descripción de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán,
en las Indias de la Nueva España, Crónica del siglo XVI, Guadalajara Gráfica, 1950; Tello, Fr.
Antonio, Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco, Libro II, Cap. X, UNED, 1973;
Tello, Fr. Antonio, Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco, libro IV , México, Editorial
Font, 1946; López, Atanasio Fr. Misiones o Doctrinas en Jalisco en el siglo XVII, Guadalajara, Jal.
México, Rev. Estudios históricos, 1960; De Torres, Fr. Francisco Mariano, Fragmento de la Crónica
de la Sancta Provincia de Xalisco, folletines de la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana
de Geografía y Estadística, Guadalajara, 1939; Gerhard, Peter, La frontera norte de la Nueva España,
México, Universidad Autónoma de México, 1996; Álvarez, Salvador, «Chiametla: una provincia
olvidada del siglo XVI», en revista Trace, No. 22, 1992.

37
Efraín Rangel Guzmán

Oñate, Cristóbal Flores, Hernán Cherino, Cristobal de Barrios,


Juan Fernández de Hijar, Francisco de Ulloa, entre otros. Men-
ciona Thomás Calvo, que fue una conquista «a sangre y fuego»20;
los españoles fueron abriéndose camino tierra adentro con el ar-
cabuz, las espadas y las lanzas y redujeron a cenizas las poblacio-
nes que se resistían a reconocer su autoridad. Los señoríos de
Zenticpac, Aztatlán y Chametla corrieron con la misma suerte
que el del Cazonzi en Michoacán, ya que fueron desarticulados y
sometidos por la violencia al dominio de los conquistadores. El
ejército de Guzmán tuvo muchas bajas, pero se registraron más
todavía entre los indios rebeldes que cubrieron con incontables
cadáveres llanos y serranías. La saña que demostraron Guzmán y

(Tenochtitlán).

Ilustración 1: Lienzo de Tlaxcala que muestra el enfrentamiento entre el ejercito de Nuño de Guzmán
contra los indígenas de Aztatlán. Autor Alfredo Chavero, citado por Yañes Rosales, 2001: 65.

20

38
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

muchos otros conquistadores nacía de su anhelo de explorar las


tierras de la costa del pacífico ya que «en alguna parte del norte,
debía existir un reino tan grande y rico como el de México»21
La mayor resistencia la encontraron los conquistadores en el
septentrión de la Nueva Galicia. Las armas y la cruz no fueron
suficientes para lograr una rápida reducción de los nativos e im-
plantar la nueva religión, porque eran todos los de aquella tierra
como dice Tello, indios chichimecos, gente más dada al arco y a
la flecha que a labrar la tierra.22 Así también por su condición de
nómadas, les era fácil a los indios remontarse a la serranía, escu-
rrirse por las barrancas, u ocultarse en selvas impenetrables de
donde difícilmente se les podía sacar. Pero según Tello, su dios
no les fue de gran ayuda. En la tierra caliente de Acaponeta,
Pitzintli o dios hijo, que en la lengua de los indios quería decir
«Dios Niño» tenía forma de zorrillo. Ese ídolo
cuando ya estaba por entrar la cristiandad mostró tanto sentimiento,
que se apareció caído en tierra y con la corona de medio lado; y
preguntándole los indios que ¿cuál era la causa por qué tan gran
señor estuviese así? Respondió que, porque iba llegando el tiempo
de que le arrojasen de sus corazones; pero supieran cierto que a los
que admitieran otra ley había de cargar de trabajos y desampararlos;
y respondiéndoles sus infelices cautivos que nunca le dejarían, por-
que le tenían muy arraigado en sus corazones, les pidió por muestra
de su lealtad, sacrificio de un gran número de mancebos y doncellas
y que se publicase seis días de sacrificio, que quería ver cuántos se
le ofrecían de su propia voluntad. Obedeciéronle los infelices in-
dios, y, a más de los muchos mancebos y doncellas forzados que le
ofrecieron, fueron infinitos los que de todos sexos y edades se sacri-
ficaron a la muerte, por dar a entender a su ídolo lo mucho que lo
estimaban, y la gran fidelidad que siempre le guardarían.23
Los misioneros afirmaban ese Dios confería a los indios de
aquella tierra caliente el más estúpido y ciego espíritu.24 La hues-
te de Guzmán avanzó hasta el señorío de Aztatlán donde se en-

21 Álvarez, Salvador, «Chiametla: una provincia olvidada del siglo XVI», en revista Trace, No. 22,
1992, p. 7.
22 Tello, Fray Antonio, Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco, libro IV, México,

Editorial Font, 1946, p. 169.


23
De Torres, Fr. Francisco Mariano, Fragmento de la Crónica de la Sancta Provincia de Xalisco,
folletines de la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística,
Guadalajara, 1939, p. 36-37.
24 De Torres, 1939: 68.

39
Efraín Rangel Guzmán

frentó a los nativos hasta que le sorprendió una terrible inunda-


ción. El hambre y una devastadora epidemia acabaron con más
de la mitad del ejército. Sin embargo, Guzmán logró asolar con
los soldados que le quedaban a innumerables poblaciones situa-
das al margen del río Acaponeta, de modo que sólo un número
reducido de indígenas locales lograron salvarse. Señala Tello,
que duró este diluvio seis días, y quedó la tierra tan cenegosa, que
con tan trabajo pudieron retirarse a unas lomas donde secarse;
pero, estando en ellas, sobrevinieron tales plagas de innumera-
bles sapos, y otras sabandijas, que no podía la gente entenderse; y
lo que fue, que como era tanta el hambre comenzaron muchos a
comer de ellas y se les soltaron cámaras de sangre con las que
murieron tantos indios del ejército que, de veinte mil que eran,
con el diluvio, con el hambre, con la pestilencia, quedaron muy
pocos.25
Este mismo acontecimiento es reseñado por Salvador Álvarez
quien retoma el relato de Francisco de Arceo, uno de los acompa-
ñantes de Guzmán, el cual atestigua durante el juicio del rey de
España contra su antiguo jefe militar. Arceo cuenta que
pasados tres días abajo el agua y su furia torno el río a su lugar
y quedaron los campos en mucha partes llenos de pescado y ve-
nados y liebres y otros animales ahogados … de los indios ami-
gos que eran veinte mil o más, las tres partes de ellos murieron en
el trabajo que es dicho, y por humedad de la tierra y por el ham-
bre y perderse todos los bastimentos.26
Guzmán junto con los sobrevivientes de la inundación fueron
en busca de alimentos al pueblo de Acaponeta donde se les reci-
bió pacíficamente. Ahí se les dotó de carne y maíz, y hasta los
indígenas serranos que eran considerados rebeldes les ofrecieron
su ayuda. Fray Mariano de Torre, hace referencia a la difícil si-
tuación en la que se encontraba Guzmán y su gente después del

25 Tello, Fray Antonio, Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco , Libro II, Cap. X,
UNED, 1973, p. 8.
26 Álvarez, 1992: 8. La relación de Francisco de Arceo fue compilada por Razo Zaragoza, José Luis,

en su libro Crónicas de la conquista de la Nueva Galicia en territorio de la Nueva España. H.


Ayuntamiento de la ciudad de Guadalajara, Instituto Jalisciense de Antropología e Historia,
Guadalajara.

40
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

desastre. Cristóbal de Oñate trató entonces de animar al líder de


la expedición:
Vuestra Señoría no desmaye, que el hombre valeroso tan bue-
na cara ha de hacer a la fortuna en siendo mala, como se la hiciera
siendo buena: para estos casos se hizo el ánimo y la conformidad.
Mire Vuestra Señoría, que si Vuestra Señoría se deja morir, mori-
remos todos: busquemos pues, parte más cómoda, donde halle-
mos mantenimiento y algún resguardo a las aguas, que, pasadas
estas, fácil será, con la ayuda de Dios Nuestro Señor, reforzarnos
de gente y lo necesario con que prosigamos la conquista. Oídas
estas razones cobró ánimo Don Nuño de Guzmán, y sacudiendo
de sí sus pesadumbres, mandó que guiasen para Acaponeta, y la
bondad infinita de Dios Nuestro Señor dispuso que los indios de
este pueblo lo recibiesen pacíficamente, y no solamente ellos,
sino los de la sierra, que eran muy indómitos y crueles, les traían
maíz y carne con que pudieron mantenerse hasta salir de allí.
Cuando la desesperación se apoderó de Guzmán al ver que su
ejército había mermado bastante, dice Fr. Mariano de Torre que
decidió enviar al alguacil mayor Juan Sánchez de Olea a México
para que informara a la Audiencia acerca de lo sucedido. Al mis-
mo tiempo solicitó a la provincia de Ávalos y a Colima le remi-
tieran una gran cantidad de indígenas de guerra y tamemes. El
mismo De Torre afirma que fueron seis mil hombres los que con-
dujo Sánchez de Olea a Acaponeta donde lo esperaba Guzmán.27
En el grupo se enlistó fray Juan de Padilla, primer religioso en el
que recayó la tarea de evangelización de los indios de Aztatlán,
Acaponeta, Chametla y otras poblaciones de Sinaloa. También se
mencionan en las crónicas a fray Miguel de Bolonia y a fray Martín
de Jesús.28 Relata Tello que fray Juan de Padilla salió del pueblo
de Zapotlán en 1532 y dejó su administración a cargo de fray
Miguel de Bolonia y a fray Juan de Vadillo:

27De Torre, 1939: 8-9. Menciona, que pasadas las aguas envió el gobernador al alguacil mayor Juan
Sánchez de Olea para la Audiencia de México con cartas en que constaba sus trabajos y pedía socorros
de gente y bastimentos, y se los enviaron muy cumplidos, y con orden de dicho Juan Sánchez para
que sacase de Tlaxomulco, de la Provincia de Ávalos y de la de Colima, hasta seis mil indios: hízole
así y con tan buen despacho y mucha prontitud, llegó a Acaponeta, siendo de su gobernador y de
todos sus compañeros recibidos con el placer que, más que de decirse, puede considerarse.
28 De Torre, 1939: 37.

41
Efraín Rangel Guzmán

Fray Juan de Padilla, el cual dejando la administración que


tenía de su cargo en Zapotlán a los venerables Padres Fray Mi-
guel de Bolonia y Fray Juan Vadillo, se fue, año de mil quinientos
y treinta y dos, en compañía de los indios de guerra que de esta
provincia de Ávalos, sacó Juan Sánchez de Olea, para restaurar a
Don Nuño de Guzmán la gente que con el diluvio había perdido
en el año antecedente de treinta y uno […].29
En 1583 fray Diego Muñoz hizo una relación de los primeros
religiosos que había tenido la Nueva Galicia entre los cuales se
encontraba fray Juan de Padilla. Tello recogió probablemente esos
datos:
No se ha descubierto tierra en estas partes de Nueva Galicia,
Vizcaya y Cíbola, que no hayan sido en ella los primeros maes-
tros de doctrina Religiosa de nuestra Orden, y la primera piedra
del fundamento el derramamiento de su sangre y glorioso marti-
rio por amor de nuestro Señor, que con el buen celo de servirle en
la conversión de los infieles pasaron a tierras incógnitas, ocultas
y remotas y uno de los dignos de perpetua loa y recordación es
Fray Juan de Padilla, de la Provincia Bética, Religioso muy apro-
bado y observante, que siendo Guardián del Convento de Zapotlán
el primero que se fundó en la parte de Xalisco […] alcanzada la
licencia de su Prelado, pasó al descubrimiento de Cíbola, en de-
manda de las cinco ciudades, seiscientas leguas, la tierra adentro
hacia el Norte y con él otros Religiosos, uno de los cuales fue Fr.
Daniel[…]30
A su llegada a Acaponeta y Aztatlán fray Juan de Padilla ob-
servó que los indios estaban muy necesitados de catecismo. Les
mandó construir una iglesia en Aztatlán, cabecera de aquel seño-

29De Torre, 1939, 37.


30Muñoz, Fray Diego O.F.M, Descripción de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán,
en las Indias de la Nueva España, Crónica del siglo XVI, Gráfica, Guadalajara, Jalisco, 1950, P. 30.
El comentario que hace José Ramírez Flores, persona que realiza la introducción de esta edición,
menciona que fray Diego Muñoz fue originario de la ciudad de Cholula (criollo de Puebla), y nació al
finalizar la cuarta década del siglo XVI, cuando nuestro país, recién conquistado, era conocido por
Nueva España. Desempeñó el cargo de guardián en varios conventos y dos veces fue electo Provincial.
En la primera al celebrar Capítulo en el propio convento de Santa Ana Tzintzuntzan, presedido por el
Comisario General fray Pedro de Pila, en el año de 1602. También fue reconocido por Comisario
General de la Nueva España y filipinas, hasta el año siguiente de 1602 – según dice Torquemada—
en que llegó por sucesor fray Diego Caro, hijo de la Santa Provincia de de Santiago. También se dice
que fue el primer Provincial electo en Tzintzuntzan.

42
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

río, donde comenzó a predicarles y bautizarlos para sacarlos de la


vana creencia que profesaban a los ídolos. Tello dice que esas
tierras estaban habitadas por naciones de totorames, tepehuanes,
coras y sayahuecos que sumaban más de doscientos mil indios,
de los cuales fray Juan bautizó a los párvulos y a los que halló
capaces de recibir el sacramento.31 En esas condiciones de cris-
tiandad dejó a toda esa gente y prosiguió su viaje con Nuño de
Guzmán hacia Chametla y lo que vendría a ser la villa de San
Miguel de Culiacán. Don Francisco Pantecatl32 menciona en su
relación «que fue a Tierra Caliente un religioso de nuestra orden
(de San Francisco) llamado fray Gerónimo, a proseguir la ense-
ñanza y doctrina que había principiado el padre Juan de Padilla y
otros religiosos que después de él anduvieron por aquellas nacio-
nes de Tierra Caliente [...]».33 Fr. Jerónimo fue por lo tanto al
parecer el fraile que sustituyó a Juan de Padilla en la región de
Acaponeta.
Fray Bernardo de Olmos desde el convento de Xalisco, funda-
do en 1540 con advocación a San Juan Bautista realizó también
entradas hacia lo que era entonces el septentrión de la Nueva
Galicia. De hecho, la región de Acaponeta marcaba el límite nor-
te de la Audiencia y gobernación de la Nueva Galicia cuya sede
se encontraba en Guadalajara. El convento de Jalisco había sido
construido con la ayuda de Cristóbal de Oñate, teniente de gober-
nador y capitán general de la Nueva Galicia por Francisco Vázquez
Coronado. En Oñate fueron encomendados todos los indios del
31 Muñoz, 1950: 31 Por su parte, Matías de la Mota Padilla, en su obra Historia del Reino de la
Nueva Galicia en la América Septentrional, escrita en 1742. Menciona, que cuando llegó Guzmán
«tenía la provincia de Acaponeta veinte mil indios, hoy son muchos menos, y por fronterizos de la
costa y de la sierra del Nayarit, no pagan tributo, porque sólo me he valido de los padrones,
eclesiásticos, y por ello hay dos mil personas sin los muchachos, y poco más de doscientos españoles,
y de otras calidades son sus pueblos, Tecuala, Ollita (Olita), Culiacán, Azcatlán (Aztatlán), Azulan,
San José, San Francisco y San Nicolás […]» Capitulo XIV, p. 76.
32 Tello, Libro II, Caps. III-CXCII. Los datos expuestos en el fragmento corresponden a la relación

que dejó don Francisco Pantecatl hijo del cacique Xonacatl que gobernaba la Provincia de Acaponeta
cuando vinieron los españoles a conquistarlos. Fr. Antonio Tello, recurrió a la relación de este cacique
para mencionar algunas situaciones que se presentaron en las tierras de Acaponeta.
33 Tello, Libro II, Caps. III y CXCII. Señala Muñoz, que «Fr. Ángel de la Salzeda y Fr. Gerónimo, el

primero que escribió y supo la lengua de Mechuacán, y Fr. Joan Badia, francés de la Provincia de
Equitania, Fr. Miguel de Bolonia y Fr. Joan de Padilla, se extendieron por todo el reino a ensanchar
la santa fe católica, y haciendo juntar los ídolos que había en él y en la corte, los mandaron quemar
públicamente, y las ofrendas de oro y plata y piedras inestimables que les habían ofrecido y dedicado,
echaron en una profundisima laguna por borrar del todo la memoria de la idolatría». (Pp. 20-21).

43
Efraín Rangel Guzmán

Valle de Matatipac (Tepic), Ahuacatlán, Xala, Compostela, Valle


de Banderas, Tzenticpac, Itzcuintlan, Acaponeta así como los de
la provincia de Chiametla. Olmos se encargó de la enseñanza y
doctrina de estas poblaciones durante diez años (1540 a 1550),
tiempo en el que fungió como guardián del convento de Xalisco.
Continuaron con la evangelización otros frailes más como el fray
Luis Menor, fray Esteban Clemente, fray Juan de Ayora o fray
Juan de Tapia, entre otros. 34
Finalmente en 1569 se fundó el convento de Zenticpac (seño-
río llamado por Guzmán Nueva España la Mayor, hoy Centispac)
donde fray Juan de Badajoz fue primer guardián. Los indios que
habitaban todos los lugares de aquella tierra caliente al norte de
la Nueva Galicia fueron atendidos entonces desde ese nuevo con-
vento que dependía de la provincia de San Pedro y San Pablo de
Michoacán. «Itzcuintlan y sus sujetos, todos los de Ayotuchpan
(Tuxpan), los de Acaponeta, los de Quiviquinta y Chametla, has-
ta Culiacán» [...] pasaron a depender de Zenticpac.35
Al decaer las encomiendas de Cristóbal de Oñate, éstas
quedaron vacantes y su reasignación por la Corona data de la
segunda mitad del siglo XVI, tres décadas después que pasara
por estas tierras Nuño de Guzmán. La audiencia de Guadalajara
entre 1559 y 1561 nombró primero a un corregidor para los pue-
blos de Acaponeta, Quibitoque (Quiviquinta),36 Totorame (real
minero) y otras poblaciones aledañas con cien pesos de salario en
los tributos.37 Pero uno de los antiguos conquistadores, llamado
Tomás Gil seguía al frente de una encomienda que había recibido

34 Calvo, Thomas, Los Albores de un Nuevo Mundo: siglo XVI y XVII, México, Universidad de
Guadalajara, 1990, Pp. 215-219. El texto que expone sobre la fundación del convento de San Juan
Bautista de Xalisco, corresponde a la relación que escribió fray Diego Muñoz en 1583. Menciona
Muñoz, que Fr. Juan de Tapia estuvo también en el convento de Zacatecas, que «entraba a tierras
muy ásperas y desviadas y trujo a un Capítulo que se celebró en el convento de Guadalajara, Indios
infieles chichimecas, para que, viendo la necesidad que tenían de doctrina, le diesen licencia para
volver entre ellos y proseguir en la continuación de su buen propósito, y así se le concedieron. Y
yendo a la entrada, pasó por tierras de otros infieles salteadores, y le mataron a flechazos. Recibió la
muerte hincado de rodillas con un Crucifijo en las manos». (Pp. 47-49)
35 Tello, Libro II, Cap. VI, p. 75. Aunque la demarcación del obispado de la Nueva Vizcaya se había

establecido por el capitán Francisco de Ibarra y la provincia de Chametla no estaba anexada a este
nuevo obispado, los religiosos de Acaponeta continuaron con la campaña de evangelización buen
tiempo después de 1564, ya que la jurisdicción eclesiástica no se ve interrumpida por la civil. En esta
última se estableció como límite para la Nueva Galicia y Vizcaya, el río de las Cañas, límite que hasta
la fecha es útil para la división estatal entre Nayarit y Sinaloa.

44
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de Guzmán en 1570, como lo señala Peter Gerhard.38 Respecto a


este encomendero, don Francisco Pantecatl de Acaponeta, en su
relación recuperada por Tello, menciona, que
En este año de mill y quinientos y sesenta y çinço, tenían ya
encomendero, y se llamaba Thomé Gil, el qual compusso en la
división de las tierras de que ya ellos tenían hecho repartimiento,
y les hiço poner cruces por mojoneras, y les dio a entender lo que
a cada uno de los caciques y a sus agentes pertenecía, mandando
cuidasen mucho de las cruces, y limpiassen los alrrededores de
ellas […] 39
Sin embargo, según otro informe de 1570, se dice que
Acaponeta aparece como posesión de la corona40, con cincuenta
indios tributarios.41 Seis años más tarde, los tributos de dicho
pueblo, junto con otras aldeas de tepehuanes que se encontraban
en franca rebelión, se encontraban atribuidos a medias entre el
rey y Juan Fernández Flamenco.42
No sólo los indios hacían la riqueza de la región, los recursos
naturales representaban también un atractivo importante en la costa
del Pacífico. En 1582 el corregidor de la villa de Acaponeta era
también «alcalde mayor de las salinas reales» (de Chametla) y al
año siguiente se designó al mismo personaje «comandante del
presidio de Acaponeta». Se había establecido ese fuerte militar
para proteger la frontera de los pueblos de las montañas y para
salvaguardar el camino de la costa.43 Al igual que en la Nueva
España el corregidor era un oficial de la corona encargado de la
recaudación del tributo y de la administración de justicia en uno
o más pueblos indios durante un año más o menos, lapso en el

36 Fernández Sotelo, Rafael Diego, La Primera Audiencia de la Nueva Galicia 1548-1572,


Guadalajara, El Colegio de Michoacán, Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi y Cámara de Comercio
de Guadalajara, 2006, p. 174. El pueblo de Quiviquinta y Totorame es la primera vez que se
mencionan y para esa fecha ya son pueblos tributarios.
37
Fernández, 2006: LXV.
38 Gerhard, Peter, La frontera norte de la Nueva España, Universidad Autónoma de México, 1996,

p. 78.
39 Calvo, 1990: 71.
40 Gerhard, 1996: 78.
41
Fernández, 2006; 298.
42 Gerhard, 1996: 78. En la misma página se menciona que para la fecha de 1580, todas esas poblaciones

pasaron nuevamente a manos de la corona. También se menciona, que Olita y Teacapan formaban
parte de las posesiones de Manuel Fernández de Ijar. En 1608 la encomendera era Petronila de Haro.

45
Efraín Rangel Guzmán

que el beneficiario trataba de enriquecerse lo más pronto posi-


ble.44 El corregidor de Acaponeta disponía en la práctica para ello
de la fuerza militar de los soldados del presidio a su cargo. Tenía
además jurisdicción sobre las salinas mientras que la evangeliza-
ción seguía a cargo de los franciscanos de Zenticpac.
El número de encomenderos existentes en la zona de Astatlán,
incluyendo los pueblos sujetos fueron aumentando con el tiempo
a la par con el número de tributarios. Había 100 indios tributarios
en 1570 y 204 en 1605. Tributaban familias de las poblaciones de
Aztatlán, de Olita y de Teacapán, mientras que las familias indí-
genas de las montañas exentas de tributo, dada su recién conver-
sión, rebasaban el millar. 45
Crecía la necesidad de religiosos para administrar las reduc-
ciones de indígenas al norte de la Nueva Galicia. Los pocos frai-
les que habían desempeñado la labor evangélica inicial ya no
podían atender cabalmente las nuevas poblaciones de indios que
se estaban formando. Los frailes de la Nueva Galicia enviaron
varias sendas cartas al Consejo de Indias para que se les proveye-
ra de más religiosos. Solicitaron asimismo la separación total de
esa provincia de la de San Pedro y San Pablo de Michoacán. La
justificación que daban al respecto, según Diego Muñoz, era la
siguiente:
en estas dos partes de mechuacán y nueba galicia (existen)
diferentes leguas y cada una de estas partes tiene conventos para
poder cada una por si ser provincia pues tiene cada una de estas
dos partes veinte y tres conventos (1583) a. v. mag. Tenga por
bien dividir estas dos partes y hacerse probincias porque en la
parte del nuebo Reino de galicia ai muchas gentes bárbaras que
convertir y ai más de siscientas leguas hasta las cinco ciudades
que se dicen de cíbola toda tierra de ynfieles y aunq. los religio-
sos trabajasen lo posible y cada día vienen a pedir doctrina y

43 Gerhard, 1996:78. Tello presenta en su crónica un documento de 1595, donde se solicita al capitán
del presidió de Acaponeta que establezca una villa en Acaponeta. Es decir, primero se fundó el
presidio en 1580 al igual que el convento y en 1595 se establece la villa. La fecha en que se funda la
villa (1582) según Gerhard, no concuerda con el documento que presenta Tellos en su crónica.
44 Yañez Rosales, Rosa H, Historia de los pueblos indígenas de México. Rostro palabra y memoria

indígena. El occidente de México: 1524-1816, México, CIESAS, INI, 2001, p. 142.


45 Gerhard, 1996: 79.

46
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

bautismo estos yndios ynfieles son tan pocos los religiosos que
no pueden aiudar a todo, […]46

En 1580 se fundó finalmente el convento franciscano de


Acaponeta con advocación a la Asunción de María, sería el pri-
mer establecimiento de ese tipo en el norte de la Nueva Galicia.
Su fundador y primer guardián fue Fr. Andrés de Medina, el cual
tenía entonces tan sólo 25 años, y le ayudaba el padre Francisco
Clavijo.47 El objetivo de dicha fundación era el de catequizar más
directamente a los moradores de las partes bajas y altas del río
Acaponeta donde se encuentra hoy el municipio de Huajicori.
Como lo señala Tello:
siendo guardián de Acaponeta, a sus tiempos hacía entradas
entre los bárbaros infieles, discurriendo por las parttes circunve-
cinas a su doctrina y a veces engolfándose en las serranías de los
tepehuanes y coras, predicando y catequizando a estas naciones y
persuadiéndoles a que se congregassen en pueblos, donde con
comodidad pudiesen ser administrados y bautizados, y con su
buena maña, zelo y espíritu congregó un pueblo que llaman las
Milpillas de Don Alonso48, que dista de Acaponeta dos días de
camino, y augmentó de esta gente y nación, que iba congregando
otro pueblo que está más zerca, llamado Hachichilco.49
Desde el nuevo emplazamiento los religiosos se dieron a la
tarea de congregar a los indios de la región en los siguientes
pueblos: «Tequala, El Caimán (San Francisco del Caimán), Colita

46 Muñóz, 1950: 71.


47 Tello, Libro IV, Cap. 22, 1946, p. 118. A Fr. Andrés de Medina, por su destacado desempeño en la
campaña evangelizadora de los indios de las partes bajas y serranas de Acaponeta y Huajicori, Alberto
Santoscoy le nombra héroe al corista criollo de Jacona, Michoacán. También, por ser el segundo
religioso, después de fray Luis de Navarro que en 1581 y 1582 pudo penetrar las tierras de los coras
y tepehuanos. Dentro de los frutos que obtuvo con sus afanosas entradas a la sierra una vez que se
nombró guardián de Acaponeta, logró congregar en población a numerosos serranos en las Milpillas
de don Alonso, Tlachichilco, Ayotuxpan, Cuyutlán, Mamorita, Guaxicori y Ontitlán, empleando en el
catequismo de estas pobres gentes catorce o quince años de su vida (1581 u 82 a 1595), con grave
riesgo de sufrir en ocasiones la misma suerte que los desalmados guainamotecos hicieron padecer a
los mártires fray Andrés de Ayala y fray Francisco Gil el año de 1584 (los cuales fueron acribillados
por los indios guainamotecos). Santoscoy: 1986; 954.
48
Después hacia el siglo XIX se le llamó Pueblo Viejo, para diferenciarlo de Pueblo Nuevo Dgo. En
el siglo XX adquiere el nombre de San Andrés Milpillas, haciendo honor al santo patrono que mora
en la iglesia del lugar.
49 Tello, Libro II, Cap. CCXI, p. 132. Conservamos la ortografía original del texto.

47
Efraín Rangel Guzmán

(Olitas), Ayacapan (Teacapán), Chimapa, Ayoacán, Atztatlán (San


Felipe Aztatán), Zaulam, San Joseph (San José de Gracia), San
Francisco, San Nicolás, Ytztapilla, San Diego (San Diego de
Alcalá) y San Antonio» (San Antonio Quiviquinta).50 Aunque se
sabe por Peter Gerhard, que los misioneros, tanto de Xalisco como
de Zenticpac «empezaron a trabajar entre los tepehuanos arriba
de Acaponeta desde mediados del siglo XVI, pero se vieron obs-
taculizados por una rebelión que empezó en 1576 y se prolongó,
intermitentemente, durante una década».51 La congregación de
los indios en pueblos tenía dos objetivos principales, el primero
era su evangelización y el segundo era el transformarlos en «ban-
cos de mano de obra» para las haciendas en tiempos de siembra y
de cosecha, donde llegaban por vía del repartimiento».52
El lugar elegido para establecer el convento de Acaponeta,
estaba rodeado por los ya en esta fecha tan sonados indios
«chichimecas».53 La denominación «chichimeca», dice Salvador
Álvarez, evocaba a la vez elementos de tipo geográfico (en este
caso relacionados con el norte) y rasgos de corte descriptivo rela-
cionados con el carácter rústico y al mismo tiempo guerrero que
se atribuía a esas poblaciones. Con más firmeza se utilizó este
mote para los indígenas que habitaban las zonas serranas, los cua-
les en su mayoría gozaban de condición nómada y eran más da-
dos a la caza y a la recolección que a la vida sedentaria y a la
agricultura.
En referidas ocasiones, llegaron noticias a la Audiencia de
50 Tello, Libro IV, p. 119.
51 Gerhard, 1996: 78.
52 Yañez, 2001: 143
53
Este tema lo aborda Salvador Álvarez en su artículo «De «Zacatecos» y «Tepehuanes». Dos dilatadas
parcialidades de Chichimecas norteños». Pp. 97-128. El origen y significado de esa palabra son
bastante inciertos. Según el diccionario de Rémi-Simeón, por ejemplo, chichimeca provenía del náhuatl
chichimecatl <<el que chupa o mama>>. Pero independientemente de su etimología, el hecho es que
se trataba de un término que había sido comúnmente usado desde tiempos prehispánicos. Refiriéndonos
específicamente a los indígenas de la zona, menciona el autor, que lo mismo a indígenas que habitaban
la «Provincia de Guaynamota», e igualmente a los llamados tecuales y a los cuanos habitantes de la
región serrana de Xora, al norte de la zona de Tequila. Eran, desde luego pueblos conocedores de la
agricultura pero al mismo tiempo tan montaraces, indómitos y fieros que llegaron a adquirir fama de
antropófagos y terribles guerreros. Todos, son embargo, lo mismo los «civilizados» habitantes de
Xalisco que los «antropófagos» (como se les llegó a denominar) de las costas o las montañas, entraban
para los españoles dentro de la misma categoría de «chichimecas». Véase el artículo, en Cramaussel,
Chantal y Orteli, Sara (coordinadoras), La Sierra Tepehuana, Asentamientos y movimientos de
población, COLMICH, UJED, Zamora, Michoacán México, 2006.

48
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Guadalajara y al mismo virrey, que contingentes de serranos


chichimecas atacaban constantemente las poblaciones de indios
que habían sido reducidos y convertidos a la fe católica. La pro-
pagación del evangelio no había podido desarrollarse cabalmente
por los franciscanos, ni los encomenderos habían logrado explo-
tar como se debiera los recursos naturales de la zona. Fue por esa
razón para proteger los intereses de la corona y avanzar con la
catequización, que por órdenes del virrey se había establecido un
presidio en Acaponeta, como ya lo mencionamos arriba. Este se
componía de un capitán y de veinte soldados como lo indica la
cédula real de 1583:54

EL REY

Presidente y oidores de nuestra Audiencia Real que reside en


la ciudad de Guadalaxara, de la Provincia de la Nueva Galicia: la
carta que nos escribisteis en 26 de março del año pasado, de mi
data de 1530 (1580) y se ha recibido y hacéis bien de darnos de
ordinario, particular quenta del estado de las cosas de esa tierra,
continuaréislo así, pues entendéis quan necesario es para que mejor
se pueda acertar en lo que de acá se ha de proveer.
Bien hicisteis de enviar al capitán y veinte soldados y demás
gente que dice, aprender y castigar los salteadores que habían
hecho los daños que referís en a serranía que desciende [de]
Acaponeta, y pues esos han sido tan grandes y en que los
comarcanos han recibido tanto daño, haréis que prosiga esta dili-
gencia hasta que sean habidos y castigados como lo merecen tan
grandes delictos, y de lo que sucedieren nos avisaréis.
Decís que por no ser suficiente la cantidad de penas que en
essa Audiencia se aplica para los estrados dellas, para pagar sus
salarios al letrado y procurador de pobres, solicitador y fiscal,
capellán y portero, no se les pagaren en penas de cámara, y por-
que siendo assí, proveréis y faltando las dichas penas de estrado,

54Muñoz, 1950: 19. En esta fecha de 1583, el padre Muñoz hace una relación de los monasterios
existentes de Jalisco en pueblos de sólo indios, donde llama a Acaponeta como (San Francisco de
Acaponeta). No sé porqué razón le nombra así, si su advocación desde 1580 fue la Asunción.

49
Efraín Rangel Guzmán

se paguen de las dichas penas de estrados se vuelva a la parte


donde se sacare que a los nuestros oficiales de esa Provincia,
mandamos que cumplan lo que en esta conformidad se ordenare.
Fecha en Madrid, a 26 de abrill de 1583 años. Yo, el Rey.— Por
mandado de su Majestad. Antonio de Erazo.55
El presidio de Acaponeta a finales del siglo XVI fue él más
alejado de la sede de la Nueva Galicia, ya que se encontraba a
una distancia de ochenta leguas (320 Km) de la ciudad de
Guadalajara. En 1562 fue creada la gobernación de la Nueva Viz-
caya con capital en Guadiana o Durango. Su primer gobernador,
el capitán Francisco de Ibarra, murió en el mineral de Pánuco
donde poseía prósperas minas el 17 de agosto de 1575.56 De modo
que poco a poco se fue poblando parte de las tierras al norte de la
Nueva Galicia, como la antigua provincia de Chiametla conquis-
tada por Nuño de Guzmán, mientras que San Miguel de Culiacán
permaneció como un enclave de la Nueva Galicia en Nueva Viz-
caya. Pero los pueblos en los que recaía la evangelización de los
franciscanos siguieron siendo los mismos. Así, una parte de pue-
blos que visitaban los religiosos del convento de Acaponeta como
lo eran todos los de la provincia de Chametla, quedaron fuera de
la jurisdicción civil de la Nueva Galicia, pero continuaron siendo
administrados en lo espiritual por la orden franciscana. Ese traslape
de jurisdicciones muy común en la época colonial siguió por
muchos años hasta que se asignaron religiosos de la provincia
franciscana de Zacatecas para que se hicieran carga de los indios
de Chametla.
Se cree que el interés principal que tuvo el capitán Francisco
de Ibarra de conquistar estas tierras de Sinaloa y Durango, era la
existencia de ricos yacimientos de oro y plata. Para ello, como lo
afirmaba Tello: «coxió la tierra que quiso, sin perdonar lo que los
conquistadores de Guzmán habían descubierto por la Galicia»57
en años anteriores. Al amparo de una cédula firmada por el vi-
rrey, integró a su jurisdicción un gran territorio desde el río de las

55
Tello, Libro II, Cap. CCXVI, p.155.
56 Figueroa, José Ma. y López Alanís, Gilberto (coords.), Concordia, Encuentros con la Historia,
Gobierno del Edo. de Sinaloa y Archivo Histórico del Edo. de Sinaloa, 2002, p. 19.
57 Tello, Libro II, Cap. CLXXXIX, p. 42.

50
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Cañas (que marca actualmente la división entre Nayarit y Sinaloa)


hasta la villa de San Miguel Culiacán y todo lo que conocemos
hoy como el estado de Durango y parte del estado de Chihuahua
y Coahuila. En una parte de la cédula se dice textualmente:
todos los pueblos donde no hubiese iglesia ni doctrina, los
metiese en su jurisdicción y los repartiese; y assí repartió quanto
halló de paz y fue cercando todo lo que los encomenderos de
Culiacán tenían hasta las puertas de la Villa, y lo repartió todo
hasta el pueblo de Chiametla, aunque vissitaban los religiosos de
Acapponeta y era de Alonso de Alvarez de Ovalle, y se le quitó y
dio encomienda a Pedro de Usseta, y de allí fue a cercenar las
faldas de la ciudad de Compostela, y puso mojones en el río de
las Cañas, desta partte de la puncta de Matarén hasta la mar y
puerto de Matzatlán, sin que la Audiencia se lo resistiese en cossa.
Entró en lo de Cacalutlán [Cacalotán que era de Compostela) y
coxió para sí, sin más autoridad que habercitado a la Audiencia.
Aplicó las salinas de Chiametla para el Rey y habiendo hecho
todo esto volvió a la Villa de Culiacán [...]»58
La conquista de los indios de la Nueva Vizcaya no fue nada
fácil para Ibarra y su ejército, tuvo muchos enfrentamientos cruen-
tos con los indios pero al fin logró imponer la paz hispánica en la
región. El mítico reino del norte Cíbola que a tantos conquistado-
res les había llamado la atención, no fue encontrado, pero sí se
descubrieron los ricos yacimientos de oro y plata de la región de
Copala. Este hallazgo provocó que se fundara la villa de San
Sebastián (hoy Concordia) en 1565, la cual pronto se convertiría
en cabecera de la provincia. En 1567 Ibarra recibió finalmente
por cédula del marqués de Falces, el pleno dominio de la Provin-
cia de Chametla. Se anuló así la pretensión de Pedro Morones,
oidor de Guadalajara quien reclamaba que se integrara Chametla
a la Audiencia de la Nueva Galicia, tal y como lo establecía la
cédula de 1557. Morones fue acusado de no haber tomado nunca
posesión de ese territorio e Ibarra aprovechó la ocasión para in-
corporar Chametla en la que descubrió minas, a la Nueva Vizca-
ya.59

58 Tello, Libro II, Cap. CLXXXIX, p. 43.

51
Efraín Rangel Guzmán

A raíz del descubrimiento por los hombres de Ibarra de las


ricas minas de San Sebastián, Copala, Pánuco, Charcas y
Cacalotán, la zona sufrió un extraordinario cambio. La provincia
de Chametla por su destacada producción minera, en 1574 se con-
sideró la más rica de toda la Nueva Vizcaya y dos años después
entre las provincias con mayor producción minera de la Nueva
España. Fue tan grande el prestigio que adquirió que para el año
de 1579 se instaló una caja real en la villa de San Sebastián. La
extracción minera siguió en aumento hasta 1585, fecha en que
los indios costeros y serranos se rebelaron dañando seriamente la
infraestructura minera. Al igual que la producción minera, la ex-
tracción de sal que era también un importante producto de expor-
tación hacia muchos lugares de la Nueva Vizcaya y Galicia, se
vio afectada. Los levantamientos indígenas comenzaron a dismi-
nuir hacia 1588, pero ya habían muerto buena cantidad de mine-
ros y todos los reales de minas se encontraban destruidos. Los
alzamientos indígenas ocurridos durante los siglos XVI y XVII
en la Nueva Galicia y Vizcaya, fueron causados por los abusos y
malos tratos que recibían los indios de los encomenderos y espa-
ñoles en general.
Pero mientras que los nativos tomaban en sendero de la guerra
en el norte de la guardianía de Acaponeta, la evangelización con-
ducida por el padre fray Andrés de Medina progresaba en la re-
gión. Dice Tello, que en el año de 1584 Medina «se fue a capítulo
de donde le sucedió el padre fray Miguel de Herrera por guardián
en Acapponeta, el cual también tuvo mucha inclinación y buen
deseo de continuar y acudir a la doctrina e buen gobierno, y edi-
ficios y adornos [...]»60 En dicho capítulo enviaron al padre Medina
para acompañar al padre Liñán a Colima donde permaneció dos
años. En 1586 regresó a Acaponeta para tomar su antiguo puesto
de guardián. Y así continúo la evangelización de la tierra calien-
te, una labor muy difícil para los franciscanos pero poco a poco
fueron fundando nuevos pueblos de indios convertidos.
El convento de Acaponeta para el año de 1594 tenía como

59 Álvarez, 1992: 12.


60 Tello, Libro II, Cap. CCXXIII, p. 179. *

52
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

guardián a fray Pedro Gutiérrez, el cual solicitó al virrey una do-


tación de víveres e instrumentos de labranza. El virrey Luis de
Velasco (hijo), teniendo noticia por todos los que conocían aque-
lla tierra, de la enorme necesidad que existía de pacificar a los
indomables chichimecas, lo cuales tanto daño habían hecho a los
frailes y a las poblaciones recién asentadas. El virrey les envió
todo lo que habían solicitado y autorizó también la fundación de
la villa de Acaponeta, en el sitio del presidio que existía desde
1583.
En dos cartas que envía el Virrey don Luís de Velasco al doc-
tor Santiago de Vera, presidente de Guadalajara y de la Audiencia
Real en 1594 y 1595, da respuesta favorable a las peticiones que
se le habían hecho. La primera carta dice de manera literal:

CARTTA

Dos carttas de Vuestra Majestad (vuestra merced)* recibí ayer


con Pedro Gutiérrez, y con ellas contento como lo hago, con las
que me traen buenas nuevas de la salud de Vuestra Majestad, a
quien la de Dios tan entera como puede, por muchos años.

«De Pedro Gutiérres tenía buen concepto, y no le desayudará


la aprobación que Vuestra Majestad hace de su persona.
«Acertado ha sido despachar al cappitán Juan Ochoa de
Aramburu con el socorro de maíz que llevó para remediar la ne-
cesidad y hambre de los naturales de la Provincia de Acaponeta,
sin esperar el despacho que había de ir de acá, sobre ello, que ya
Vuestra Majestad le habrá recibido; y agora envío a Vuestra Ma-
jestad la comissión que tenía mía esa Audiencia para que con
particular pueda Vuestra Majestad acudir a todo lo que convenga
a la pacificación de los indios de aquella Provincia, y nuevas po-
blaciones que el capitán Aramburu va haciendo que todo lo remi-
to / en conformidad de la comisión: a Vuestra Majestad para que
acuda a ello como más convenga, como quién lo tiene más cerca
y lo provea con su authoridad y prudencia; y no envío a Vuestra
Majestad traslado de las relaciones que el capitán Juan Ochoa me
ha escripto, y porque entiendo las habrá dado a Vuestra Majestad

53
Efraín Rangel Guzmán

y particular razón de todo, y agora le escribo lo haga de nuevo;


téngole por hombre bien intencionado y de buen zelo, y útil para
lo que allí conviene al servicio de Dios y de su Majestad y bien de
los indios, y que merece ser honrado, favorecido y ayudado en
todo lo que se pudiere; Vuestra Majestad se sirva de hacerlo assí.
Las cosas que me propone conviene se hagan por ahora son po-
blar una Villa en Acaponeta con algunos españoles61, y que se
les den doscientos pesos de ayuda de costa, y las comodidades de
indios que se pueda, y que se provean; algunos indios ladinos que
enseñan la doctrina a los que se redujeren y se les dé tres pesos de
salario cada mes.
Que hagan un hospital; que el provincial de la Orden de
San Francisco de Michoacán, envié allí a fray Andrés de Medina
y a fray Miguel de Herrera, que son dos religiosos que han estado
otras veces en aquella Provincia y saben la lengua, y les tiene los
indios afición; y esto yo lo escribo al padre provincial que se le
provea de pólvora y sayal, y de aquí se llevan dos arrobas de
pólvora; y a los oficiales reales de Chiametla les escribo les en-
víen doscientas anegas de sal; que se le envíen catorce campanas,
y he escritto a Michoacán a Don Rodrigo de Rivero, mi sobrino,
que las compre y las remita a Nuestra Majestad. Pide también
colores para pintar siete retablos y estos se han comprado aquí y
las lleva Francisco Barreto, portador de esta. Así también se pue-
ble un sitio de estancia de ganado mayor por cuenta de Su Majes-
tad, y que se le haga una cassa fuerte en ella, y que haya veinte
mulas que por tener bastimento que sea necessario, y representa
la traza que se podía dar en ello y lo mucho que importará, y que
será a muy poca costa de Su Majestad en el principio y que des-
pués se excusará. Todo lo mande Vuestra Merced advertir y con-
siderar, informándose de ello con la particularidad que sea
menester, y lo proverá como entendiere convenir al servicio de
Dios y de Su Majestad y bien de aquellos Naturales; y de lo que
se hiciere / y de lo que se ofrezca, en que yo pudiera acudir desde
acá me mandara dar aviso para que acuda a ello. Dios guardes a
Vuestra Merced, México, 13 de abril de 1594. Don Luis de

61 Las negritas son mías.

54
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Velasco. Al Doctor Santiago de Vera, pressidente de Guadalaxara


y Audiencia Real, Virrey. Corregido con el original. Juan Sala-
do.62

En el año de 1595 el padre Medina dejó Tzapotitlán donde


había estaba de guardián para regresar otra vez a la tierra caliente
de Acaponeta. Al decir de Fr. Antonio Tello, el cambio se efectuó
por las peticiones que los indios tepehuanos de esa tierra habían
hecho al P. provincial Fr. Clemente de la Cruz y a la Real Audien-
cia de Guadalajara. Cuenta Tello que en 1594, muchos gentiles se
querían bajar de la sierra y bautizarse, alegando que los padres
que ahí han estado «no tenían inclinación e industria para poblar-
los y acariciarlos, por lo cual padecían mucho desconsuelo».63 Al
no conseguir respuesta del Provincial ni del oidor Santiago de
Vera, se reunió una comitiva de setenta indios y un principal para
ir a hacer la petición directamente al virrey a la ciudad de Méxi-
co. Para esto, el mismo virrey enterado de las innumerables soli-
citudes anteriores autorizó directamente se trasladara fray Andrés
a Acaponeta y puso a su disposición lo necesario para que em-
prendiera el viaje. Prometió entregarle también todo lo que re-
quiera para la provincia de Acaponeta, donde estaba fungiendo
como alcalde mayor el capitán Juan Ochoa Aramburu.64 La otra
carta que envió el virrey don Luis de Velasco al presidente de
Guadalajara y de la Audiencia Real, el 5 de octubre de 1595,
dice:

CARTTA
Luego que recibí la que trajo fray Andrés de Medina, guardián
de Acaponeta, con el memorial del capitán Gerónimo de Arciniega
y suyo, de los medios que se podían en la conversión y quietud de
los indios chichimecos que en aquella Provincia andan revela-
dos, mandé que se llevasse a el acuerdo de hacienda, donde, ha-
biéndose visto y tratado que el de mayor importancia es traer a

62
Tello, libro II, Cap. CCXXXIII, p. 205-207.
63Tello, Libro II, Cap. CCXXXIV, p. 209.
64 El capitan Juan Ocho Aramburu muere poco antes de la venida del Fr. Andrés y lo sustituye el

capitán Jerónimo de Arciniega

55
Efraín Rangel Guzmán

esa gente a poblar en las tierras llanas donde fuesen doctrinados y


con comodidad, se les administrasen los Sanctos Sacramentos, se
decrettó de que en esta Ciudad se compren por el factor de Pedro
de los Ríos y se despachen en la requa de Francisco Ramírez,
quatrocientos sombreros y ducientas coas, y veinte y quatro ha-
chuelas, y diez y ocho rejas de arar, y ciento cincuenta pesos de
sinavajas, para hacer cobijas a las indias, con que ellas y los varo-
nes, gozando de esto que se les da graciosamente, vengan a reco-
nocer el bien que se les resulta de quitarse y recibir la doctrina
evangélica, y lo que más se advierte por el memorial y pide se
provea para dar buen fin a este negocio, se remita a Vuestra
Merced como a quién por la comisión que ya tiene y zercanía /
para entender lo más conveniente, podrá mejor acudir a proveer
en lo que yo le dejo, y para esto envío el traslado del mismo
memorial, que supuesto ser la obra tan de servicio de Dios y bien
universal y para seguridad de los que por aquella Provincia ca-
minan a la de Culiacán y Nueva Vizcaya, la favorecerá Vuestra
Merced, y a los ministros que de ella tratan, y siendo tan necesa-
ria la asistencia del capitán Arsiniega, podrá Vuestra Merced con-
formándose con la comisión, señalarle salario competente para
que no desampare a los religiosos, antes los ayude a hacer las
congregaciones que en orden de esto fundaren, animándole y fa-
voreciéndole para que lo hagan con el zelo que piden estas obras.-
Guarde Nuestro Señor de Vuestra Merced etc. y de México 5 de
octubre de 1595 años.- Don Luis de Velasco.- Al Doctor Santiago
de Vera, del Consejo de su Majestad, Presidente de la ciudad de
Guadalaxara, y Audiencia Real de Xalisco, Virrey.65

Antes de que llegara fray Andrés de Medina con los bastimentos


solicitados al virrey y al presidente de la Audiencia, al capitán
Ochoa le sorprendió la muerte de modo que quedó vacante el
puesto de capitán del presidio de Acaponeta. Para pronto el obis-
po y el presidente de la Audiencia de Guadalajara le informaron a
Medina de lo sucedido y le pidieron su opinión acerca de la per-
sona que pudiera sucederle a Ochoa en tanto que alcalde y capi-

65 Tello, Libro II, Cap. CCXXXIV, p. 210-211.

56
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

tán de aquella tierra caliente. Conocedor de las hazañas del capi-


tán Jerónimo de Arsiniega dio el nombre de ese último a las auto-
ridades para que ocupara el cargo de nuevo alcalde y capitán de
la villa.66 Se esperaba entonces que «con el convento y el presi-
dio de Acaponeta pondrán un cerrojo definitivo sobre la provin-
cia y garantizaran la seguridad a lo largo del eje costero».67
Constatamos aquí una vez más la estrecha relación entre conquis-
ta militar e evangelización en la región bajo estudio.
El religioso había mandado hablar en repetidas ocasiones a
los indios que se habían remontado en la sierra para que poblaran
los llanos y partes donde fuera menos difícil su administración.
Pero estos más de una vez lo engañaron con vanas promesas y no
atendieron con prontitud la súplica del fraile. Molesto, Medina
envío a la sierra a otro grupo de indios principales, entre ellos a
don Miguel Senecan, nativo de Acaponeta, y a su cuñado con el
mismo mensaje. Los indios se rehusaban a bajar, porque ya ha-
bían sufrido los atropellos de los encomenderos, y éste había sido
el motivo de su huida a la sierra. Al ver que los indios no bajaban,
el padre intentó persuadirlos diciéndoles que les prometía buen
trato y si se seguían resistiendo les impediría el paso a la costa y
así ya no podrían abastecerse de sal, pescado, chiles y algodón
que tanta falta les hacía para la supervivencia. También les comu-
nicó, que mandaría que se les aprendiera y los llevaran hasta su
presencia para que se les castigara con todo rigor. Amenazó tam-
bién con encarcelarlos por ser apostatas de la fe y desobedientes
a los ministros de Dios.68 Finalmente, al sentir tal presión, los
indios le contestaron a través del principal don Luis que están
dispuestos a bajar para formar sus poblaciones en las partes bajas
así como se les había indicado.
Las campañas de congregación de indios en pueblos, no se
lograban con la sola autoridad de los misioneros, estos en repeti-
das ocasiones requerían el auxilio de los soldados presidiales para
someterlos a la fuerza. Así con la nueva campaña de reducción
emprendida con las armas en el año de 1595 logró fundar el fraile
66 Tello, Libro II, Cap. CCXXXIV, p. 212.
67 Calvo, 1990: 81.
68 Tello, Libro II, cap. CCXXIII, p. 178.

57
Efraín Rangel Guzmán

el pueblo de Mamorita (La Morita), junto a Acaponeta, con más


de cien indios, y erigió otro con más de cien personas al cual puso
como nombre San Sebastián de Guaxicori porque colocó ahí el
santo Sebastián Mártir. Cien indios fueron también los que fun-
daron Ontetitlán y el fraile logró hacer bajar a sesenta nativos
más a Quiviquinta.69 En las inmediaciones de Acaponeta en este
mismo año
fundó otro con sesenta indios, llamado San Gabriel, y con cin-
co leguas de Acaponeta otro, llamado San Pablo, con más de se-
senta indios, y les puso maestros, imágenes y campanas; y también
pobló las Milpillas (Pueblo Viejo o San Andrés Milpillas), sobre
los indios que halló allí, puso otros ochenta que sacó de la sierra,
de a diez y doce leguas; púsoles maestros y catequizolos; y des-
pués de muy bien instruidos, los baptizó en el año de noventa y
seis (1596).70

Surgió así en 1595 el pueblo de San Sebastián de Huajicori,


en tanto que convento, es decir cabecera de doctrina según infor-
mes de Tello y otros autores, fue hasta 1621 después de la rebe-
lión indígena de la cual vamos a hablar más adelante.
Con gran ánimo prosiguió la catequización el padre Medina y
se lanzó nuevamente a la sierra de Quiviquinta, pueblo donde
congregó a más de doscientos indios casados tepehuanos y cua-
renta totorames de los tantos que andaban alzados. En Tlachichilpa
(Tachichilpa) reunió a unos ochenta más y fundó con la misma
cantidad el pueblo vecino de San Francisco del Caimán. A me-
diados de junio de ese año de 1595 ya estaban reducidos a pue-
blos una considerable cantidad de indígenas quienes contaban
con casas y sus respectivas iglesias.71 En ese mismo mes estando
ya a punto de irse a capítulo, el religioso Medina bautizó a más de
mil doscientos indios entre chicos y grandes a los cuales dejó a
cargo de su compañero fray Alonso Cuellar y al capitán Arsiniega.
Partió rumbo a México con el objetivo de entrevistarse con el
virrey don Gaspar de Zuñiga y Acevedo, conde de Monterrey,
69 Tello, Libro II, Cap. CCXXXV, p. 213.
70 Tello, Libro II, Cap. CCXXXV, p. 215.
71 Tello, Libro II, Cap. CCXXXV, p. 215

58
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

llevando consigo una relación de las necesidades que había en las


tierras de Acaponeta y en todos los lugares que estaban bajo su
administración. Regresó en noviembre72 del mismo año con una
serie de cosas que había conseguido con el virrey: más de nueve
mil pesos de sayales, sombreros, sinabajas, retablos, campanas,
hachas, coas, cuchillos y salarios para once maestros de doctri-
na.73
La idea del padre era que los indígenas tuvieran la herramien-
ta necesaria para hacer más fácil la labranza de la tierra, construir
sus casas, cortar la leña para el consumo, elaborar su vestimenta,
y pudieran abastecer al mismo tiempo al convento y al presidio.
Con ello, se quería evitar nuevas rebeliones y el regreso de los
indios a la sierra. Las encomiendas obtendrían así mayores bene-
ficios, lo mismo que la guardianía.
Pero en 1610 se rebelaron los indios tributarios de la corona y
de encomienda en buena parte de la Nueva Galicia. Entre ellos se
encontraban los de Centicpac con 328 tributarios, y los de
Acaponeta con 173, en la Astatlán con 60 tributarios y Olita con
32.74 Pero faltan todavía estudios para estimar los alcances y las
consecuencias de ese nuevo alzamiento. Al parecer pronto se
aplacó.
Los resultados de evangelización en la Nueva Galicia durante
el primer siglo de la conquista habían sido muy disparejos. Desde
el centro del actual estado de Nayarit hasta la ciudad de
Guadalajara, en los confines de los valles, se gozaba un tranquilo
ambiente de paz, los indios ya estaban asimilando la idea de tri-
butar a la corona y cambiar su religión idolátrica por la católica
que profesaban los frailes. Mientras tanto, en las montañas de
todo lo que conocemos hoy como Nayarit, Sinaloa y Durango,
los esfuerzos de los franciscanos no estaban rindiendo el mismo

72 Cuando regresó «el mes de noviembre, halló toda la gentte quieta y pacífica, y visitando estos
pueblos sobredichos y los demás pueblos de gente ya antigua en la fee, el resto de las secas revolvió
sobre los pueblos de Motaje, San Francisco, Soyamotta, Maya, y Teponahuastla [...]»
73 Tello, Libro II, Cap. CCXXXV, p. 214. «Al fin estuvo esta vez nueve años de golpe, y en este

tiempo doctrinó y enseñó muchos muchachos que tenía en escuela, que de ordinario tenía quarenta o
cincuenta de que tenían después para cantores en toda la tierra y frontera, donde no los había, y para
que también sirviesen de doctrineros, como servían».
74 Yañez Rosales, 2001: 300-302.

59
Efraín Rangel Guzmán

fruto que en las partes bajas. Los moradores de la sierra aun se


resistían a abandonar de golpe sus rituales paganos para conver-
tirse a la fe cristiana. Los nativos una y otra vez dejaban las po-
blaciones que con sacrificio habían logrado fundar los religiosos
en los llanos o las partes más accesibles de la vertiente occidental
de la sierra. Además, los indios rebeldes no dejaban de molestar a
los recién convertidos, constantemente quemaban sus jacales, in-
cendiaban las pequeñas iglesias con techo de palma, e incitaban a
los neófitos a abandonar su nueva religión para retornar a la prác-
tica de sus ritos tradicionales.
En particular la serranía del Nayar habitada por los coras se-
guía dando mucho de qué hablar en la Audiencia y en el Consejo
de Indias. A lo largo del siglo XVI, había sido poco el contacto de
los indios que la habitaban con los españoles, los franciscanos
aún con sus mejores estrategias de evangelización estaban regis-
trando resultados poco alentadores. El padre Tello, refiere por
ejemplo a las andanzas de Fr. Miguel de Aranzu en Nayarit y cita
los obstáculos a los que tuvo que enfrentarse dicho religioso para
propagar la fe católica en aquellas tierras:
En este año, el padre fray Miguel de Aranzu hizo dos entradas
en la serranía donde está la nación cora, a quien impropiamente
los que no saben de estas materias, llaman nayaritas; todos los
que habitan aquella serranía, es gente infiel y bárbara; tiene aque-
lla de subida más de cuatro leguas, hasta llegar hasta donde está
rancheada la mayor parte de esta nación, a donde llegó, y vió
que tenían por capitán a un indio muy viejo llamado Nayarit [...].
Los días que estuvo con ellos, les predicó dejasen sus idolatrías y
se convirtiesen a nuestra santa fé católica, y se bautizasen y baja-
sen a poblar los llanos; más aunque los deseos y buen espíritu del
dicho padre eran grandes, ningún efecto hicieron en ellos, por ser
nación dura y pertinaz; y querían más andarse a sus anchas, sin
que los españoles los vean ni los ministros les impidan sus abo-
minaciones y borracheras...75

Se llamaría reiteradamente «indios infieles», «apostatas» y

75 Tello, Libro II, Cap. CCLXII, p. 771.

60
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

«bárbaros» a todos aquellos indígenas que habitaban las zonas


serranas o a los que de una u otra forma mostraban resistencia a
aceptar el evangelio. Los coras, por ejemplo, serán denominados
así en forma despectiva por los franciscanos y demás españoles a
lo largo de los siglos XVI y XVII, en razón del mucho daño y de
las trabas que pusieron al avance de la evangelización. Junto con
los tepehuanos se trataba del grupo más difícil de la comarca bajo
estudio. A pesar de todas las estrategias implementadas para pa-
cificarlos y reducirlos en pueblos poco se logró. El arraigo de las
prácticas rituales ancestrales entre esos indios era muy fuerte.
Todos los intentos catequísticos fracasaron en el primer siglo de
la colonia y hasta buena parte del segundo en las tierras de los
coras.
En la guardianía de Acaponeta el padre Medina, como ya que-
dó asentado arriba, fundó una serie de pueblos donde construyó
iglesias durante los nueve años en los que administró la provin-
cia. A fines del siglo XVI eran más de veintisiete los pueblos que
había logrado reducir, unos estaban ubicados en la costa y otros
tantos en lo alto de las montañas de lo que es hoy el municipio
Huajicori, Acaponeta, Rosamorada, sur de Durango y sur de
Sinaloa. La doctrina de Acaponeta había crecido y extendido su
administración en una vasta región que requería de más religio-
sos. Cuando visitó la guardianía el provincial Fr. Juan López, pudo
darse cuenta que el padre Medina ya no podía atender a todos los
indios congregados, por lo que era necesario crear otra doctrina
anexa que estuviera situada al pie de la sierra para que desde ahí
catequizaran los religiosos a los indios que vivían en la parte alta
de la misma. De Acaponeta mantendría su vigilancia el alcalde
mayor, es decir el capitán Arsiniega y su ejército, para evitar po-
sibles ataques de los indios forajidos. El padre provincial mandó
se estudiara el proyecto de fundar otro convento en el pueblo de
Quiviquinta, puesto que ese lugar era el que contaba con mayor
número de indígenas después de Acaponeta. El padre Tello des-
cribió la propuesta que hizo el provincial a fray Andrés sobre la
fundación de dicho convento:
Siendo provincial el padre fray Juan López, fue a vissitar a
aquella Provincia de Acaponeta y llegó hasta Quiviquinta, y visto

61
Efraín Rangel Guzmán

que había muchos indios en aquellos pueblos que el padre Medina


había fundado, quando volvió trató con los padres de fundar allí
un convento y que se le adjudicasen otros cinco pueblos, porque
la guardianía de Acapponetta tenía veinte y siete pueblos y todos
los administraba el padre Medina con mucho trabajo, porque en
tiempo de nueve años no tuvo compañeros, sino fueron tres que,
en veces estuvieron con el dos años. Determinó el padre provin-
cial que el padre Medina fuese a poblar y fundar aquel convento,
donde fue y hizo iglesia y parte del convento en el lugar donde
estuvo cuatro años, y doctrinó toda aquella gente, que era de la
nación Tepehuana, y estuvo allí hasta que por su poca salud y
trabajos que había tenido renunció tres veces todas aquellas con-
versiones y guardianías, habiendo hecho por sus propias manos
las iglesias, por ser los indios tan poco ladinos y no haber albañi-
les entre ellos.76
La idea de erigir un convento Quinviquinta le parecía afortu-
nada. Este se fundó en 1600 con advocación a San Antonio, en un
paraje ubicado en medio de los pueblos de visita y rancherías del
convento de Acaponeta, al pie de la sierra de los tepehuanos y
coras, desde donde con mayor facilidad se podría desempeñar la
actividad religiosa entre los gentiles de las partes altas. Pero en
1607 abandonó fray Andrés de Medina la guardianía para ir a
prestar sus servicios a la doctrina y convento de Ixcuintlán (San-
tiago Ixcuintla). 77 Asumió el cargo de primer guardián de
Quiviquinta el padre Fr. Miguel de Aranzú quien prosiguió con
las tareas de evangelización y construcción del convento y mora-
da de los religiosos dejados inconclusos por el padre Medina.
Tello, menciona, que [...] él sólo con sus manos y con ayuda de
los muchachos de la doctrina, sin costa alguna que hiciese a Su
Majestad, edificó el convento y vivienda de los religiosos, por-
que era muy ingenioso en lo tocante a edificios; y lo mismo hizo
con el convento de Isquintlán, y en el [de] Guaximic [...] y aun-

76Tello, Libro II, Cap. CCXXXV, p. 215.


77
Señala el presbítero Luis Enrique Orozco en su libro, Iconografía mariana de la Arquidiócesis de
Guadalajara, 1954, que al cabo de muchos años a la edad de 80 años muere Fr. Andrés de Medina
en compañía de su hermano de religión Fr. Melchor Castañón en el convento de Atoyac, Jalisco en el
año de 1635. P. 435.

62
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

que este bendito padre estaba tan ocupado en la administración y


manutenencia de éstos y partido de Quiviquinta, no por eso deja-
ba de discurrir por toda aquella serranía Tepehuana y Cora [...]78
La comprometida misión apostólica que habíamos ob-
servado en Fr. Andrés de Medina se equiparaba con los ánimos
proselitistas del padre Miguel de Aranzú. Este fraile fungió como
arquitecto en la construcción de iglesias al mismo tiempo que
congregaba en pueblos a muchos indígenas antes dispersos en la
serranía. Fundó Tzapacuachi, a tres días de camino de Quiviquinta,
Tiburen y Picachos (Santa María de Picachos) a cinco leguas de
distancia de la cabecera de la doctrina.79 Miguel de Aranzú en la
primera década del siglo XVII administraba solo la doctrina de
Quiviquínta junto con sus doce pueblos de visita. La flotilla de
jóvenes catecúmenos y cantores indios que había formado el pa-
dre Medina, fueron inicialmente de gran apoyo para Aranzú así
como para todos los que estarían a cargo de la guardianía de
Acaponeta y doctrina de Quiviquinta, para brindar a la numerosa
feligresía los servicios evangélicos necesarios. Los pueblos que
pasaron al cuidado espiritual del convento de Quiviquinta una
vez que se fundó en 1600 fueron: Guaxicori, Tlachichilpa, Los
Picachos, Totorame, Tzapacuachi, Tiburen, San Francisco del
Caimán, San Francisco de Muça, San Blas, San Juan, Tetitlán y
Las Milpillas de Don Alonso o (Milpillas Grande).
Refugio de la Torre, apoyándose en una relación de fray Fran-
cisco del Barrio, afirma, que en
1604 Milpillas (San Bernardino de Milpillas), pueblo encona-
do en lo alto de la sierra tepehuana del sur de Durango, era pue-
blo de visita del recién establecido convento de Quiviquínta –en
las inmediaciones de Acaponeta—, perteneciente a la provincia
franciscana de Xalisco.80

78 Tello, Libro II, Cap. CVL, p. 279. Fr. Miguel de Aranzú, «era de condición appcible y manso, gran
trabajador y arquitecto, hizo por su mano el convento de Quiviquinta dos veces, por haberse quemado
la una de un rayo [...] él mismo echaba los cordeles en las paredes, y ponía los adobe, y enseñaba a
los chichimecas como habían de obrar y carpintear [...]» p. 302
79
Tello, Libro II, Cap. CCLXVI, p, 280.
80 De la Torre Curiel, José Refugio, «La presencia franciscana en la misiones del sur», en Cramaussel,

Chantal y Orteli, Sara, (coordinadoras) La Sierra tepehuana. Asentamientos y movimientos de


población, Zamora, Mich. México, COLMICH-UJED, 2006. p. 151.

63
Efraín Rangel Guzmán

Mapa 2.

Sin embargo el autor de la relación no se refiere al pueblo de


Milpillas Chico o San Bernardino de Milpillas, sino a «las
Milpillas», es decir, el pueblo de Las Milpillas de don Alonso o
Milpillas Grande, administrado desde un principio por los reli-
giosos de Acaponeta. Al fundarse el convento de Quiviquinta pasó

64
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Milpillas a formar parte de esa jurisdicción, en tanto que pueblo


de visita, el más alejado de la cabecera. Dice Barrio:

[…] llegué al pueblo de las Milpillas81 , tanbién de la nación


tepehuana, aviendo asta bista del Nombre de Dios, y del mal paiz,
y a divisar los llanos de Guadiana. Esta jente o pueblo es bisita de
un conbento nuevo, llamado Quiviquínta, desta provincia,
parecieronme buenos indios, aunque bien abia aqui que advertir.
Mas por no hacer larga mi relación, pasaré con ello. Solo digo
que no es de maravillar si algunos descuidos ay o se allaren entre
esta jente nueva, porque, como estan distantes de la cevecera e
combento, no pueden a todas beces ir los padres y asi hay entre
ellos mucha quiebra, […] De aquí de las Milpillas bine al
combento o pueblo de Quiviquínta, desendeindo la serrania
tepehuana, y pasé por los sujetos y bisistas de esta casa que son
las Millpillas que arriva dixe, Tlachesilpan, los Caimanes, Tetitlán,
San Sebastián, y en todos estos pueblos hay muy poca gente para
que se hubiera separado de cómo primero estaba sujeto todo a
Caponeta, porque todo se podia comodamente rejir sin que se
hubiese aumentado nueva guardianía […]82

Las poblaciones por las que pasó el fraile cuando fue descen-
diendo de las Milpillas, se sitúan a la vereda de una de las rutas
antiguas que conecta la parte baja costera con la sierra de
Guadiana. Es un camino que todavía utilizan actualmente los in-
dígenas tepehuanos del sur de Durango. Los habitantes del pue-
blo de San Francisco de Lajas, en los años sesentas y setentas del
siglo XX, se trasladaban por esa vía hacia los centros agrícolas
de Acaponeta. Por allí transportaban también los productos de la
costa, tales como maíz, fríjol, sal y pescado.
81
Las negritas son mías.
82Calvo, 1990: 268-269. Relación de fray Francisco del Barrio, «de las cosas sucedidas en las serranías
de choras y tepehuanes e de las costrumbres y riitos destas naciones y de la disposición y sitios de las
tierras». Continúa diciendo, que si esta fundación se hiciese en las Milpillas, se siguirian todos apuestos
bienes que cada qual de por si es esencial: el primero estar los religiosos en frontera y a la puerta de
ynfieles para convertirlos, porque espero en Dios se hiciera fruto colmado. El segundo, el no bolber
la gente congregada y bautizada otra bes a la sierra a comunicar con los ynfieles y sus ynfidelidades,
y lo tercero que el relijioso y los demás estavan más acomodados por estar en sus tierras ques
templadas.

65
Efraín Rangel Guzmán

El padre Francisco del Barrio argumentaba a principios del


siglo XVII que la fundación del convento de Quiviquinta no ha-
bía sido necesaria pues se ubicaba a tan sólo cinco leguas de
Acaponeta, su cabecera, las cual no contaba con más de 210 in-
dios. Concluía que no se ameritaba por lo tanto la construcción
de una nueva casa religiosa porque los pueblos de visita bien po-
dían administrarse desde Acaponeta. Milpillas hubiera sido un
sitio más apropiado ya que estaba ubicado en el corazón de la
sierra donde se requerían mayores trabajos. Además argüía que
como las condiciones geográficas y climáticas eran muy distintas
entre las partes bajas y la sierra, los indígenas de las montañas
sufrían muchas penuarias para lograrse adaptar a la tierra calien-
te donde se pretendía congregarlos. Al respecto señala Barrio,
que
esto con fin, no de acrecentar casas o combentos, sino de que
sirbiera de frontera y entrada para todos los demás Tepeuanes
comarcanos, que son muchos. Y desta fundación redundara mu-
cha gloria a Dios nuestro señor, y mucho servicio al Rey, demás
soy testigo que muchos de los yndios tepeuanes se suben a la
sierra porque yo he topado lgunos, y preguntandoles porque se
yban, me dezian porque no podían sufrir el calor y los mosquitos
de la tierra, y no me espanto […] porque toda aquesta jente
tepeuana, ques la que abita en aquella guardania, ques la jente
que bajo desta serrania tepeuana el capp[ita]n Ochoa, es gente
criada en parte fria […]83

Contrariamente a lo que sucedía en la región de Acaponeta,


más al sur la evangelización había progresado de manera sensible
y la Nueva Galicia gozaba de estabilidad económica. Sin embar-
go, todos los conventos de la gobernación dependían todavía de
la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán. No fue sino
hasta 1606 que por fin se atendió la petición que desde el siglo
XVI habían venido haciendo los religiosos al rey, para crear una
provincia independiente en el occidente de la Nueva España.
Menciona Refugio de la Torre, que hacia 1606, los definidores

83 Calvo, 1990: 269.

66
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

del Capítulo de la orden celebrado en Toledo aprobaron la eleva-


ción de la custodia de Xalisco al rango de provincia. En 1607, se
separaron formalmente las provincias de Xalisco y Michoacán
mediante capítulo provincial y se eligieron ministros superiores
distintos en ambas demarcaciones. Xalisco tendría como primer
ministro a fray Juan de la Peña quien provenía de la provincia de
Santiago de Galicia, España. La nueva provincia se formó con 32
conventos fundados con igual número de doctrinas; 16 de esos
conventos pertenecían a la jurisdicción de la Nueva España y otros
tantos a la Nueva Galicia.84
La palabra de Dios se fue extendiendo rápidamente por las
nuevas tierras, debido a la constante propaganda que hacían los
franciscanos y los indígenas convertidos. Fr. Miguel de Aranzú85
abandonó en 1614 el convento de Quiviquinta para atender el de
Guaximic (Huajimi). Asumió en su lugar el cargo fray Antonio
Ramos. Antes de la rebelión indígena de 1616-1619, todos los
lugares que formaban parte de la doctrina de Acaponeta y
Quiviquinta habían permanecido en relativa paz desde la funda-
ción de Acaponeta en 1580. Las rebeliones habían sido general-
mente cortas y muy localizadas.

b) La rebelión indígena de 1616-1619 y la fundación del con-


vento de Huajicori en 1621

Entre 1616 y 1619 los indígenas de gran parte de la Nueva


Vizcaya y de la Nueva Galicia unieron sus fuerzas para rebelarse
contra el yugo español. Este levantamiento irrumpió la tranquili-
dad que había tenido en general la región de los coras, los
tepehuanos y sus vecinos durante más de dos décadas. Los alza-
dos arremetieron contra los religiosos doctrineros, españoles, y
destruyeron pueblos y conventos, dejando muchas perdidas hu-
manas. Existía un rencor enconado de parte de los indígenas ha-
cia los españoles que no había podido cicatrizar. Muchas fueron
las causas que provocaron esta rebelión, el indígena se había can-
84De la Torre, 2001: 53-54. También menciona, que las 32 casas entonces integradas a la provincia
tenían el estatuto de «casa de voto» o «guardianía», lo que significaba que todas tenían posibilidad de
enviar un representante a las a las juntas capitulares.

67
Efraín Rangel Guzmán

sado de recibir tanto atropello, de haber sido presa de la esclavi-


tud, de trabajar a la fuerza en las actividades más pesadas e inhu-
manas y de practicar una religión que no era la propia.
Christope Giudicelli en «Alianzas y asentamientos durante la
guerra de los tepehuanes» afirma que siempre se dijo en la época
que no cabía la menor duda que el responsable de tan desastroso
levantamiento no podía ser menos que el diablo en persona, el
padre de la mentira, el demonio en traje de bárbaro, de modo que
los alzados no eran sino instrumentos en sus manos. En otras pa-
labras, el demonio era el culpable de tantas atrocidades y los re-
beldes eran sus secuaces.86 Los indígenas habían sido calificados
desde las primeras incursiones de los españoles como belicosos,
de poco razonamiento y por lo mismo salvajes. Para la
historiografía contemporánea, en cambio, las causas de las rebe-
liones indígenas son otras. Felipe Castro en su libro, La rebelión
de los indios y la paz de los españoles, menciona que los motivos
de la rebeldía se encuentran en la naturaleza misma de la domi-
nación colonial. Desde cualquier punto de vista, los indígenas
tenían suficientes motivos para levantarse en armas contra un
sistema que los colocaba en el nivel más bajo de la sociedad, los
sometía a las infinitas humillaciones de la discriminación y a las
cotidianas violencias que ello implicaba.87
Chantal Cramaussel, en su artículo «La rebelión tepehuana de
1616. Análisis de un discurso», comenta que el levantamiento
comenzó en la sierra de Durango el 16 de noviembre de 1616 con
el ataque a unos arrieros que transitaban por el camino de Topia y
prosiguió hasta el 21 de ese mismo mes en la zona Papasquiaro-
Atotonilco-El Zape-Guanaceví.88 Después de estos primeros bro-

85 Orozco, 1954: 435. Menciona que el padre fray Miguel de Aranzu, murió y fue sepultado en el
convento de Sayula, Jalisco en 1622.
86 Giudicelli, Christophe, «Alianzas y asentamientos durante la guerra de los tepehuanes», en

Cramaussel, Chantal y Sara Ortelli, La sierra tepehuana, asentamientos y movimientos de población,


Zamora, Mich. México, COLMICH-UJED, 2006, p. 170. El discurso de los tepehuanes rebeldes
encajaba perfectamente con cierta perspectiva mesiánica que era el de los evangelizadores,
convencidos de que libraban una guerra contra Satanás en estas y otras tierras de infieles.
87 Castro, Felipe, La rebelión de los indios y la paz de los españoles, México, CIESAS-INI, 1996, p.

23.
88 Cramaussel, Chantal, «La rebelión tepehuana de 1616. Análisis de un discurso», en Cramaussel,

Chantal y Sara Ortelli, La sierra tepehuana, asentamientos y movimientos de población, Zamora,


Mich. México, COLMICH-UJED, 2006, p. 181.

68
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

tes, los focos de rebeldes se registraron en una zona mucho más


amplia, «participan en la guerra todos los grupos tepehuanes, desde
el valle de San Pablo hasta Guazamota y Acaponeta.»89 Los
tepehuanes del sur y norte de Durango, junto con los tarahumaras,
xiximes, coras y tepehuanes de Nayarit fueron también protago-
nistas de la sublevación. A los europeos no les quedó más reme-
dio que replegarse en sus presidios y conventos para defender lo
que les quedaba.
La suerte que corrieron muchos pueblos y casas de doctrina
no fue nada placentera. Por ejemplo, el joven convento de
Quiviquinta, a tan sólo 17 años de haberse construido, fue devas-
tado por los rebeldes junto con el pueblo el 23 de abril de 1617
cuando estaba como guardián el padre fray Antonio Ramos. El
mismo destino tuvo el convento y el pueblo de Acaponeta tres
días después, fray Francisco de Morga su guardián no pudo im-
pedir el desastre, las llamas lo embistieron con todo, dejando en
total ruina aquello que antes había sido morada de los indígenas y
de los religiosos.
El ataque que sobrevino sobre Quiviquinta, lo describe Tello
de la siguiente forma: «a veinte y tres de abrill, cerca de la festivi-
dad de San Marcos, entraron en dicho pueblo gran suma de
chichimecos guerreros, apostatas de la fee, que venían de hacia
las partes del norte y Guadiana, y asolaron el pueblo de Quiviquinta
[...]»90 Percatándose de la desesperada situación en la que se en-
contraba Quiviquinta y sus alrededores, fray Antonio Ramos huyó
hacia el presidio de Acaponeta llevando consigo los pocos orna-
mentos del convento que pudo rescatar. Al llegar al presidio in-
formó al capitán Arsiniega y a fray Francisco de Morga
[...] la mucha gente de guerra que venía, y como habían que-
mado la iglesia, y el convento, y las casas del pueblo, diciendo
que estuviesen apercibidos, porque según lo que habían entendi-
do de alguno sin Dios christiano de esa guardianía, venían los
revelados apostatas de la fee, con ánimo de entrar en Acapponeta
y asolarlo dentro de dos días [...]91
89 Giudicelli, 2006: 173.
90 Tello, Libro II, Cap. CCLXVI, p. 317.
91 Tello, Libro II, Cap. CCLXVI, p. 317

69
Efraín Rangel Guzmán

También menciona Tello que los indios levantados habían sido


persuadidos por el demonio el cual se les había aparecido en va-
rias ocasiones bajo figura humana. Llegó finalmente el día de la
destrucción de Acaponeta, en la madrugada del 25 de abril como
había informado fray Antonio Ramos al capitán del presidio. Se
escudaron los indígenas tras el pretendido ídolo que les asegura-
ba, que
[…] matarían a todos los españoles, y que de los que de ellos
muriesen en la guerra, resucitarían a los siete días, y así, fiados de
esta promesa, después de haber destruido la Nueva Vizcaya y
mucha parte de la Galicia, capitaneados de un indio, o mestizo,
llamado Gogogito (o Gogoxito), llegaron de repente una madru-
gada a dar asalto en el pueblo de Acaponeta, el que se amparó del
fuerte y presidio, metiendo en él los religiosos y todas las muje-
res españolas y indias, y se defendieron matando cantidad de in-
dios, y los más valientes, entre los cuales murió uno que saliendo
de la iglesia que habían ya quemado, y convento, con una imagen
de un santo Christo en las manos, dando saltos, haciendo mofa,
burla y escarnio de él, le tiró un soldado llamado Christóbal de
Lerma a trecho de doscientos pasos un arcabuzazo, dando con él,
muerto en el suelo, lo cual se atribuyó a milagro, por ser mucha la
distancia [...]92
Al caer muerto el indio que traía el santo cristo arrastrando,
Lerma montó su caballo y con una lanza se abalanzó contra la
multitud de chichimecos, y junto con él otros españoles, resultan-
do al final veintiséis muertos en el bando de los enemigos indios
y tres del lado de los españoles que resguardaban el fuerte. El
combate terminó al retirarse los rebeldes cuando se dieron cuenta
que las promesas de su dios que los había incitado a combatir a
los españoles no se cumplían: los guerreros muertos no resucita-
ban como se esperaba. Los indios alzados se fueron no sin antes
asegurar a los vecinos de la villa que regresarían a vengar la muerte
de los suyos que habían caído durante el combate. Además, «el
daño que hicieron en el convento de Acapponetta y en la villa, fue
grande, porque asolaron el convento, que era de altos y

92 Tello, Libro IV, Cap. XXII, p. 118-119.

70
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

enmaderado con vigas de cedro, quemaron el retablo, rasgaron


las imágenes, robaron las casas de los vecinos españoles e in-
dios».93
Una vez pasada la tormenta, en Acaponeta y sus alrededores
reinó el desconcierto, las llamas habían acabado con las iglesias,
los conventos y las casas. Se respiraba la inseguridad por doquier
porque los indígenas forajidos habían dado una probada de su
poderío. Al enterarse el presidente de la Audiencia de las condi-
ciones en las que había quedado el presidio y la villa de Acaponeta,
así como el convento de este último lugar y el de Quiviquinta,
decidió enviar a Acaponeta una partida de veinte soldados bajo el
mando del capitán Jerónimo Velásquez para apoyar al ejercito de
Arsiniega que sólo contaba en ese momento con ocho soldados y
algunos indios auxiliares. Esta rápida movilización se debió a
que los soldados habían sido informados por las autoridades de
la Nueva Vizcaya que los revoltosos atacarían nuevamente dicho
presidio. En el afán de brindar socorro a aquellos lugares
desprotegidos y amenazados, el propio gobernador de la Nueva
Vizcaya se sumó al auxilio y envió a otra tropa de soldados junto
con seis indios flecheros de la nación concha. Se reunieron todos
en el fuerte por cerca de cuarenta días, sin tener que repeler nin-
gún ataque sorpresivo de parte del enemigo. Ya no volvió a ser
asediado el presidio, pero previendo otro suceso como el apenas
pasado, la Audiencia de Guadalajara mandó traer treinta mosque-
tes y demás pertrechos de guerra necesarios de la ciudad de México
para guarnecer mejor el presidio de Acaponeta.94
Las campañas que realizó el gobernador de la Nueva Vizcaya
con su ejército por toda la sierra donde andaban los indígenas
rebelados, fueron claves para frenar el avance de la rebelión.
Guillermo Porras en su obra Las fronteras con los indios de la
Nueva Vizcaya, anota que el 22 de marzo de 1617, el gobernador
de Alvear emprendió una nueva campaña en el suroeste de la
provincia, entre los hinas, que habitaban las profundas barrancas
del rincón de Zamora y de allí pasó a socorrer al presidio de

93 Tello, libro II, Cap. CCLXVI, p. 313.


94 Tello, libro II, Cap. CCLXVI, p. 313.

71
Efraín Rangel Guzmán

Acaponeta,95 el cual había sido incendiado por los enemigos. Se


tienen noticias también, que en esa campaña dicho gobernador
recorrió parte de la costa del pacífico para detener la rebelión. De
no haber sido así, el levantamiento se hubiera propagado más al
sur en la Nueva Galicia.96
Nadie dudaba ya de la fuerza de los indios. El levantamiento
como dice Alberto Santoscoy se había extendido «desde las cer-
canías de Nuevo México hasta la Nueva Galicia, y provincias de
Avalos, por más de doscientas leguas, pues habían llegado hasta
la Magdalena los tlatoles de guerra, el convento de Quiviquinta y
el de Acaponeta, habían sido quemados».97 Tello al referirse a
este suceso asienta:
[...] convenía que con todo secretto convocasen todas las na-
ciones que pudiesen, para que no pudiesen tener prevención los
españoles, como lo hicieron, enviando / de pueblo en pueblo el
idolillo que queda referido (el que los había incitado a combatir)
y que llegó hasta el pueblo de la magdalena, habiendo caminado
con todo secretto más de ducientas y cinqüenta leguas, en que fue
fuerza detenerse mucho tiempo, por haber andado en todas las
poblaciones y rancherías, sin que ningún indio y pueblos de los
de paz diesse avisso de lo que pasaba a los españoles; de que se
sigue que todos admitieron el ídolillo y la voz del alzamiento de
buena voluntad, y consintieron en él, y que estaban a la mira de lo
que iba sucediendo, para alcanzarse (alcarse)* todos; que por esta
causa se recelaron los españoles de Acapponeta de los indios del
pueblo, y por eso metieron las indias en el fuertte, y como le
sucedió mal en lo de Acapponetta, desmayaron todos; y si suce-
diera lo contrario, hubiera habido mucho trabajo, y se hubieran
puesto los españoles en muchos cuidados».98

95
En la fecha que acudió al auxilio del presidio de Acaponeta, el gobernador Alvaer poco después de
haber sido destruidos los pueblos de Acaponeta y Quiviquínta. Fue precisamente a finales de abril y
mayo, durante los cuarenta días que permanecieron resguardando el presidio para evitar nuevos
ataques, como señala Tello.
96 Porras, Guillermo, Las fronteras con los indios de a Nueva Vizcaya, México, Fomento Cultural

Banamex, 1980, pp. 152-153.


97 Santoscoy, Alberto, Obras completas, México, UNED, 1986, p. 956.
*

98 Tello, Libro II, Cap. CCLXVI, p. 314-315.

72
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

El poder de convocatoria de los nativos recordaba la rebelión


anterior del Miztón, ocurrida en 1540, en la que se unieron innu-
merables grupos indígenas para combatir al invasor español. Se-
tenta años después, el alzamiento de los tepehuanes y sus aliados
echó por tierra muchos de los avances que se habían logrado en
materia de evangelización y congregación de pueblos. Además
de romper con la paz, se dispersaron los indios reducidos que
habitaban los pueblos de la serranía y la tierra caliente. Las igle-
sias fueron devastadas y las imágenes que habían sido el pilar
fundamental donde recaía toda práctica de fe también sufrieron
daños. Los indígenas belicosos reclamaban su territorio, lucha-
ban por la defensa de sus rituales ancestrales y pedían volver a
los adoratorios que habían sido destruidos por los franciscanos.
Aquellos indios bautizados e instruidos en el catecismo, no ha-
bían modificado sus esquemas de pensamiento y de fe como lo
esperaban los religiosos.
Se requería con urgencia para afianzar la presencia española
establecer un plan que asegurara para la posteridad que no se
repitieran otro acontecimiento como el apenas librado. La pobla-
ción indígena se encontraba exageradamente mermada, debido a
la dura explotación por parte de los conquistadores, al azote de
epidemias y a las constantes guerras en las que se habían visto
envueltos los nativos. Yáñez Rosales, recupera un informe de
don Lázaro de Arregui, donde se hace mención de la epidemia
del cocoliztle que asoló a los indígenas en plena rebelión y acele-
ró sin duda el fin del alzamiento:
Los indios naturales son pocos, respecto de [debido a] las gran-
des mortandades que han tenido y tienen que, aún los años pasa-
do de [1]618 y [1]619 hubo una gran dolencia entre ellos que
opacó mucho la gente en ese reino, sin las de atrás que redujeron
a cuenta un número que, por las relaciones y ruinas que vemos,
parece debía de ser innumerable de gente.
Llaman los indios a estas enfermedades cocolistle, y lo que es
su pestilencia, es un género de calentura muy fuerte, que parece
aquella que los médicos llaman sínoco, y dales con un dolor en el
vientre y flujo sanguíneo de él, con la cual en ocho días se mue-

73
Efraín Rangel Guzmán

ren y algunos en dos o tres.99


En lo que respecta a la doctrina de Acaponeta y a todas las
misiones que habían sido afectadas por la rebelión, fue necesario
concentrar nuevamente a los indios dispersos en la serranía para
reducirlos a sus antiguos pueblos de visita o reubicarnos en nue-
vas congregaciones. Gran parte del desarrollo de la colonia espa-
ñola dependía de la mano de obra que prestaban los indígenas en
las haciendas agrícolas y mineras.
Pero la desconfianza de los indígenas creció fuertemente ha-
cia los españoles y los daños provocados por la guerra hicieron
que el rencor se agudizara. A la más minina sugerencia para que
retornaran a poblar sus antiguos pueblos, los indios oponían re-
sistencia como lo revelan informes acerca de la pacificación de la
Nueva Vizcaya recopilados por Atanasio G. Saravia, en su libro
Obras. Apuntes para la historia de la Nueva Vizcaya. Se mencio-
na en esas fuentes que el capitán del presidio de Acaponeta, don
Luis Ponce de León, se vio en serias dificultades para poder paci-
ficar a los tepehuanos que habían abandonado los pueblos de la
guardianía en 1618. Por órdenes del virrey había enviado en va-
rias ocasiones llamamiento de paz a los alzados fronterizos a su
presidio, sin que los indios la admitieran, sino que por el contra-
rio dieron muerte a los mensajeros.100
El apoyo del capitán Jerónimo Román, el cual tenía el título
de capitán y justicia mayor del presidio de Guazamota y del dis-
trito de la nueva provincia de San José del Nayarita, fue de gran
ayuda para someter a los indios de la provincia de Acaponeta que
andaban desperdigados. Se sabe, que el capitán Román escribió
una carta al capitán del presidio de Acaponeta, don Luis Ponce,
en la cual le informaba que los indígenas de dicha provincia se
habían presentado ante él, en el pueblo de San Gaspar, para darse
de paz. También le comentaron esos indios a Román que habían
huido hasta esas tierras porque los soldados del presidio de
Acaponeta les causaron mucho mal y porque los rebeldes habían
quemado sus pueblos. Los indios reunidos en San Gaspar asegu-
Yánez, 2001: 149. Informe de don Lázaro de Arregui.
99

Saravia, Atanasio G. Obras. Apuntes para la historia de la Nueva Vizcaya, México, Universidad
100

Autónoma de México, 1979, p. 198.

74
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

raban ser de los siguientes pueblos: Muisatuam, Otanteura, Euatán,


Picachos, Soiatitán, Sapaquaepi, Milpillas Grandes, Guajicora,
Quiviquinta, Guacera, Yonaija, Gueicorita, Saunicacumate,
Tepoma, Guastla, Taguerita y de otras rancherías pequeñas.
Al enterarse Román del lugar de procedencia de los indios, les
solicitó que bajaran a residir nuevamente en sus pueblos y les
prometió conducirlos hasta Acaponeta para que se abastecieran
en esa villa de sal, carne, maíz y de todo lo que necesitaran. Se
comprometió también a platicar con don Luis Ponce para que ya
no se les molestara en sus pueblos. Acordaron concentrarse todos
los indios en Picachos el 3 de enero de 1619, donde los esperó
don Luis con su ejército para conducirlos junto con Jerónimo
Román hasta Acaponeta. Se describe el encuentro de los dos ca-
pitanes y los indios de paz de la siguiente manera:
…aun mismo tiempo llegó el capitán Don Luís Ponce de León,
con los soldados de su Presidio y con sesenta indios amigos, don-
de se hicieron la salva con la arcabucería, clarín a usanza de gue-
rra, habiéndoles mandado el capitán Jerónimo Román a los indios
que había bajado de paz llevasen una cruz por delante, muy bien
enramada, yendo toda la gente en dos hileras; y habiendo llegado
cerca del capitán Don Luís Ponce, se apeo el capitán Jerónimo
Román y los soldados de su compañía, y adoraron de rodillas la
cruz, y lo propio hizo el capitán Don Luís Ponce de León y los
soldados de su presidio, y el capitán Jerónimo Román les mandó
a los indios que había bajado de paz dejasen los arcos y flechas y
uno a uno fuesen adorando la santa cruz y abrazando luego al
capitán Don Luís Ponce de León; y así lo hicieron; y por ser ya un
poco tarde, le dijo el capitán Jerónimo Román al capitán Don
Luís Ponce de León que asentasen los Reales y tratasen lo que
más convenía al servicio de Su Majestad y paz de aquella provin-
cia, porque toda la gente de la sierra estaba a la mira de agasajos
que se les hacía (a) aquella gente que él había bajado de paz en
conformidad de las ordenanzas que tenía el señor Rafael de
Guasque, factor de la Real Hacienda, Maese de campo, Teniente
de Capitán general de la Nueva Vizcaya, y que para que los in-
dios se asegurasen de paz que les había dado, era muy importante
el bajar con ellos al Pueblo de Acaponeta para que perdiesen el

75
Efraín Rangel Guzmán

recelo que tenían de que les hiciese algunas vejaciones, y que


juntamente les quería proveer de sal, carne (y) maíz, para que
volviesen contentos y corriese la voz en la sierra para que se baja-
se la demás gente que estaba retirada en ella […]
[…] llegaron a este pueblo de Acaponeta víspera de pascua
de Reyes el dicho capitán Jerónimo Román con todos los indios
que traía de paz, a donde el dicho capitán Jerónimo Román les
dio todo lo que hubiera menester, como fue carne, sal, y maíz, y
los envío muy contentos a sus pueblos…101
Después de la rebelión, parte de los conventos e iglesias des-
truidas se edificaron de nuevo desde sus primitivos cimientos
mientras que otros se trasladaron a sitios más apropiados. El tem-
plo de Quiviquinta, devastado junto con el pueblo del mismo nom-
bre fue refundado hacia 1621 en Huajicori, lugar considerado
como más seguro y apto para la supervivencia de los indios cris-
tianos, así como mejor ubicado para la realizar tareas evangéli-
cas. Se encontraba además a cuatro leguas102 del convento y
presidio de Acaponeta, de donde se le pudiera dar pronto auxilio
en caso de registrarse otro nuevo acontecimiento bélico.
Menciona el padre Tello respecto a la opción de fundar el con-
vento en Huajicori:
Con la ocasión desta guerra y levantamiento, por haber asola-
do el pueblo de Quiviquinta y habérseles agregado a los
chichimecos apóstatas algunos pueblos que eran visita de aquella
guardianía, y eran de su misma nación, quedó extinguida, hasta
que cuatro años adelante, se erigió convento en otro puesto más
acomodado, quatro leguas de Acaponeta, fundando un pueblo de
las reliquias de la gente que había quedado en Quiviquinta, y no
quisieron apostatar de la fee; y pusieron por nombre a este pueblo
Guaxicori, que tiene seis o siete visitas. Y el año de 1621, el pa-
dre fray Pedro Gutiérrez, siendo provincial envió al padre fray
Marcos de San Juan, para que tratasse de la pacificación y reduc-
ción de aquellos indios, […]103

101Saravia, 1979: 201-202.


102Una legua es la medida itineraria que equivale a 5, 572 metros.
103 Tello, Libro II, Cap. CCLXVI p. 14.

76
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Como queda dicho en el párrafo anterior, fray Pedro Gutiérrez


quiso que se estableciera para que fuera cabecera de doctrina el
nuevo convento en la tierra llana de Huajicori a los márgenes del
río Acaponeta. Para ello, envió al padre fray Marcos de San Juan
al ruinoso lugar donde antes estaba la misión, con el fin de que
explorara el sitio, platicara con los indígenas y les convenciera
que bajaran a poblar allí. Se alegó que Quiviquinta estaba situado
en «tierra áspera, fragossa y poco segura»104 mientras que Huajicori
contaba con más recursos para asegurar su permanencia:
El pueblo de Guaxicori está a cinco leguas de Acaponeta, a la
parte del norte, a orillas del mismo río que pasa por Acaponeta, y
a las faldas de la sierra de los coras y tepehuanes; su asiento es en
un llano, cógese mucha sandía, melones y algodón, que los natu-
rales siembran a orilla de aquel río, en el cual pescan también
mucho pescado y muy bueno, y cogen algún maíz, fríjol y otras
legumbres, [...]

Durante los dos años que estuvo en San Sebastián de Huajicori,


fray Marcos de San Juan se esforzó en reducir a los indios que se
habían dispersado. Logró reunir una buena cantidad de ellos, más
de un millar en total, y comenzó a catequizarlos y a bautizar a los
que no contaban con este sacramento. En 1623 fue enviado el
padre Fr. Francisco de Fuentes, «mancebo virtuoso y de mucha
satisfacción, por lo qual había sido maestro de novicios de
Guadalaxara, de donde salió para aquella conversión, y trabajó
mucho, y acabó de reducir y asentar a todos los indios alzados, y
fundó el convento en la forma que hoy está; y luego en el primer
capítulo fue elegido por primer guardián de él».105 Posterior-
mente se le asignó como compañero a fray Diego Rodríguez a
Fuentes.
Para que el obispo aprobara la construcción del nuevo edificio
de la iglesia en Huajicori, se tuvo que realizar una serie de inda-
gaciones con el fin de ver las conveniencias e inconveniencias

104
Tello, Libro. II, Cp. CCLXXX, p. 373.
Tello, Libro. II, Cp. CCLXXX, p. 373. En este tiempo se dividió el obispado de la Nueva Galicia,
105

se asigna un espacio de la Galicia para que se erija la Nueva Vizcaya con sede en la ciudad de
Durango (antes Guadiana).

77
Efraín Rangel Guzmán

de dicho proyecto. Se recabaron las opiniones de los religiosos


que en años anteriores habían ejercido su misión apostólica en
esas tierras o que de una o de otra forma tuvieron noticia de la
situación que había padecido el convento de Quiviquinta hasta su
destrucción en 1617. En el libro de Misiones o Doctrinas en Ja-
lisco en el siglo XVII escrito por el padre Atanasio López, se
recopilan documentos inéditos sobre la sublevación de los indí-
genas antes citada, y se reúnen algunas declaraciones que hicie-
ron una serie de personas en los pueblos de visita del desaparecido
convento de Quiviquinta sobre la conveniencia de fundar el nue-
vo convento de Huajicori. Las noticias que da el padre fray Fran-
cisco de Fuentes, fundador y constructor del convento de
Huajicori, en la información recopilada por Atanasio López, nos
ayudan a ampliar los datos que nos ofrece Tello en su Crónica.
En el Archivo de Indias, señala fray Atanasio López, existe
una serie de documentos concernientes a la edificación del con-
vento e iglesia de Huajicori donde se asienta la importante inter-
vención que tuvo el padre Fr. Francisco de Fuentes en ese proyecto.
Se indica que fray Francisco solicitó al procurador general de la
Provincia de Santiago de Nueva Galicia que se le diera de forma
legal, traslado de los documentos concernientes para edificar la
iglesia y convento en el nuevo puesto. En uno de los escritos se
menciona que el 20 de agosto de 1626 Fr. Pedro Coca, procura-
dor general de la Nueva Galicia presentó al Marqués de Cerralvo,
virrey de la Nueva España, una solicitud que le había hecho fray
Francisco de Fuentes, relacionado con la fundación del convento
en el sitio ya indicado. El 26 de septiembre del mismo año, el
marqués de Cerralvo da contestación a la petición, giró un docu-
mento a Agustín Zavala, teniente de capitán general del reino de
la Galicia donde da a conocer su determinación. Al mismo tiem-
po pide que se encargue de hacer llegar el documento resultante a
fray Francisco y al capitán Diego Díaz del presido de Acaponeta
para que el segundo proceda a estudiar la conveniencia o no con-
veniencia de realizar la fundación de la nueva casa religiosa en el
puesto mencionado. A continuación presentamos el escrito así
como fue redactado para no perder su originalidad.106

78
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralvo del Con-


sejo de Guerra, Virrey, lugarteniente del Rey nuestro señor, Go-
bernador y Capitán general de nueva España y Presidente de la
Audiencia y Chancillería Real que en ella recide etc.— Por quanto
fray Pedro de Coca, procurador general de la orden de san Fran-
cisco de la Provincia de Santiago de la Nueva Galicia, me á he-
cho relación que los religiosos de dicha orden an començado a
reedificar en el puesto de Guaxicore, donde se van congregando
los indios que allí estaban reduicidos de paz, y se despoblaron
con la ocasión de la guerra que movieron los tepeguanes y coras,
que destruyeron y despoblaron el puesto Quiviquinta, de suerte
que se van rediciendo y conbirtiendo a nuestra santa fe cathólica
muchos indios bárbaros, y para que esta población y conversión
vaya adelante, convendrá reedificar la dicha yglesia y proveerla
de ornamentos, calices, campanas y dar la limosna ordinaria a
quatro religiosos que precisamente son necesarios para la dicha
conversión y reducción, porque al presente ay más de mil en el
dicho puesto de Guaxicore, sin otros muchos que por medio de
dichos religiosos se van convirtiendo a nuestra santa fe católica;
y aunque en el dicho pueblo de Quiviquinta solia aver dos religisos,
son necesarios quatro, y aun muchos más, por ser muchos los
infieles que se van descubriendo por aquella serrania, como
constava de una información y otros recaudos de que hiço pre-
sentación, pidiendo mandase librar tres mil pesos de oro común
para reedificar la dicha yglesia y proveher de ornamentos, calices
y campanas, dando la limosna ordinaria a quatro religiosos que
allí an de asistir para su sustento, como se da a otros de nuevas
conversiones. Y por mi visto, y lo que respondió el licenciado
don Iñigo de Argüello Caruajal, fiscal de esta Audiencia, a quién
mandé dar traslado de todo lo susodicho, en que consiste de pro-
vean de dichos ornamentos, y que en cuanto a la obra de la dicha
yglesia será necesario averiguar la necesidad que hay de hacerse
y lo que será menester para ponerla en perfección, y que se veri-
fique los indios que asistan reducidos de paz, para que conforme
esto, se señalen los religiosos que los an de administrar. Por tan-
to, por el presente mando a vos el capitán del presidio de Acaponeta

79
Efraín Rangel Guzmán

veais y visiteis el dicho puesto de Guaxicore, donde se pretende


reedificar la dicha yglesia y convento, y si es más a propósito que
el que se despobló, y si ay necesidad desta fundación con las
demás conveniencias o inconvenientes que de ella seguiran, ha-
ciendo sobre ello las diligencias que conuengan, las quales
remitireis a Agustín de Çauala, mí Teniente de Capitán general
del dicho nueuo Reyno de Galicia, para que los vea y envie ante
mi con su parecer, para que visto prouea lo que conuenga.— Fe-
cho en México a veinte y seis días del mes de septiembre de mill
y seiscientos y veinte y seis años.— El Marqués.— Por mandado
de su Exª. Luis de Touar Godínez.
El anterior documento llegó a las manos del capitán Díaz del
presidio de Acaponeta el 29 de diciembre de 1626, tres meses
después de que fuera girado por el marqués. Mientras que el 2 de
enero de 1627, el capitán Díaz llevó a cabo las averiguaciones
necesarias. Obtuvo así una amplia relación de opiniones sobre la
pertinencia de fundar el convento en Huajicori, lugar más cerca-
no a Acaponeta, más fértil y geográficamente mejor ubicado que
el de Quiviquinta.
La decisión final de establecer o no el convento en Huajicori,
se deriva del contenido de las narraciones que recopiló dicho ca-
pitán. Al parecer todos los testigos coincidieron en la pertinencia
de que se construyera la casa religiosa en el mencionado pueblo.
Huajicori quedaba en el camino estratégico que comunicaba la
costa y la tierra caliente con la provincia de Guadiana. Al mismo
tiempo el sitio resultaba propicio para el intercambio comercial
que desde hace muchos años se venía practicando entre los indios
de los altos y de la costa. Había mencionado Lázaro de Arregui
antes que Tello, que por este camino se atraviesa la sierra para
salir a Guadiana por una nueva población llamada los picachos, y
las Milpillas, que también se despoblaron con el alzamiento [...]
(y) por donde estas provincias llevan sal, pescado y fruta a
Guadiana y Sombrerete (Zacatecas), que por esta travesía están
de Acaponeta poco más de 50 leguas casi al nordeste.107
106Para ver los documentos que aquí se citan, remítase a la obra Misiones o doctrinas en Jalisco en
el siglo XVII por Fray Atanasio López, Pp. 3-13.
107 Lázaro de Arregui, Domingo, Descripción de la Nueva Galicia, estudio preliminar de Francois

Chevalier, Gobierno de Jalisco, Secretaría General, 1980, p. 145.

80
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Movidas por el interés de trasladar el convento de su antiguo


lugar al nuevo puesto que se ha propuesto, comparecieron en
Huajicori ante el capitán Díaz varias personas cuyas declaracio-
nes fueron las siguientes:

PRIMER TESTIGO
<<Pedro de Solís, vecino del pueblo de Caponeta, del qual fue
recibido juramento, y él le hiço por Dios y por la señal de la cruz
en forma y prometió de decir verdad y... dixo que tiene noticia del
dicho alçamiento que se causó por los indios tepehuanes, por cuya
causa se revelaron los que avía poblados en esta jurisdicción del
pueblo de Quiviquinta, y se fueron a la sierra, y después aca,
mediante el cuydado de los capitanes que á avido en este presidio
de Caponeta, con la fuerça de los soldados y vecinos del dicho
pueblo, se an fundado los pueblos siguientes que son el de
Guaxicore y el de los Picachos y Millpillas y San Francisco Muça
y San Diego, San Blas y San Juan en esta manera: el de Guaxicore
y Picachos los fundó el capitán don Luis Ponce de Leon, el de
San Francisco y San Juan el capitán Benito Flores, y el de San
Diego, San Blas y Millpillas el capitán Diego Días, que al presen-
te lo es desde dicho presidio; y después de edificados los dichos
pueblos ay hoy mucha cantidad de indios, lo qual an echo los
padres fray Juan Marcos de San Juan y el P. fray Francisco de
Fuentes, que al presente es guardián deste convento, y por su
doctrina se esperan yran cada día viniendo más gente y reducién-
dose a la paz y convirtiéndose a nuestra sancta fe cathólica, de
manera que por los padrones de los dichos pueblos ay oy más de
mill doscientas almas, y ay deste pueblo al de Quiviquinta dos
leguas poco más o menos, y del de Caponeta quatro leguas, y las
doctrinas mas cercanas a este pueblo son las de Caponeta, quésta,
como dicho es, quatro leguas, y luego el convento de Ayotupa
que dista de este pueblo once leguas. Y saue este testigo que el
poblar en este pueblo es mucho mejor, porque como hay muchas
tierras por la orilla del rio que pasa cerca de este pueblo, porque
tienen lugar de sembrar por la vega del rio maiz, frisol, algodón y
cañas dulces y otras semillas de que se sustentan, y el puesto de
Quiviquinta está muy descarnado de tierras que las pocas que

81
Efraín Rangel Guzmán

auia se las llevó una avenida que traxo el rio, demás de que este
pueblo está del presidio quatro leguas y el de Quiviquinta siete. Y
asimismo sabe este testigo que de poblarse este dicho pueblo se
le sigue a él mucho provecho de los pasajeros que pasan por él
para la Provincia de Guadiana, que no ay otro camino, sino que
hay en el distrito desde dicho pueblo capacidad para muchos in-
dios, aunque sean dos mill, y deste pueblo se va a los Picachos, y
de los Picachos a las Millpillas, para yr a la Provincia de Guadiana,
que es en el alto de la sierra. Y le parece a este testigo que con mil
pesos que dé su majestad, se acavará la obra del convento, fuera
de los ornamentos, calices y retablos y campanas, que no save
este testigo lo que podrán costar, y le parece, por lo que tiene
dicho, que en este pueblo estará muy bien el convento, y no en
otra parte. Y esto saue este testigo, porque es vecino del pueblo
de Caponeta, y quando el alçamiento fue soldado, y se alló en
muchos alcançes que se dieron, y de muchos años antes á estado
y está en el dicho pueblo de Caponeta. Y esta es la verdad de lo
que saue so cargo del juramento que hiço, en que se afirmó y
retificó, y lo firmó, y declaró ser de edad de treinta y quatro años.
Firmolo el dicho capitán Diego Díaz.— Pedro de Solis.— Ante
mi Juan Piñero, escribano de guerra.

Como se constata con la simple lectura del documento ante-


rior, las refundaciones de los pueblos que habían sido abandona-
dos por los indios a causa de la rebelión, se realizaron al amparo
de los soldados del presidio. Fue bajo la fuerza militar que se
poblaron de nueva cuenta los ruinosos lugares. Los capitanes par-
ticiparon directamente en esa empresa que podría aparecer a pri-
mera vista de carácter meramente misional:
[…] Me mediante el cuydado de los capitanes que á avido en
este presidio de Caponeta, con la fuerça de los soldados y vecinos
del dicho pueblo, se an fundado los pueblos siguientes que son el
de Guaxicore y el de los Picachos y Millpillas y San Francisco
Muça y San Diego, San Blas y San Juan en esta manera: el de
Guaxicore y Picachos los fundó el capitán don Luis Ponce de
Leon, el de San Francisco y San Juan el capitán Benito Flores, y

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El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

el de San Diego, San Blas y Millpillas el capitán Diego Días, que


al presente lo es desde dicho presidio […]

Los demás testigos llamados para ser interrogados por el capi-


tán Díaz, declararon lo siguiente:

SEGUNDO TESTIGO
En el pueblo de Huaxicori, dicho día, mes y año compareció a
declarar Alonso de Morales, vecino del pueblo de Acaponeta, y
confirma lo declarado por el testigo anterior. Entre los misione-
ros franciscanos, a demás de los dos mencionados, pone al P. Fr.
Pedro Gutiérrez, los cuales «con mucha doctrina y buen trata-
miento y demasia de trauajo que an tenido en predicarles (a los
indios tepehuanes) y a monestarles en sus rancherias, se an vaxado
muchos indios, assi de los alçados como otros que se an converti-
do a nuestra santa fee...» Este testigo tenía más de sesenta años
de edad.

TERCER TESTIGO
Declaró también lo mismo que los dos testigos anteriores An-
drés de Grageda, vecino del pueblo de Acaponeta, donde residía,
hacía veinte años, y se halló presente a la sublevación de los in-
dios tepehuanes << y de muchos antes y después del nunca á
salido del mas que dos meses, cuando mucho; y a la saçon que los
tepehuanes vinieron al pueblo de Caponeta, estaua este testigo en
él>>. Tenía cincuenta años de edad.

CUARTO TESTIGO
El 2 de Enero de dicho año compareció a declarar Juan de
Orozco, vecino también de Acaponeta y soldado del capitán Luis
Ponce de León, que coincide en todo con los otros testigos.

QUINTO TESTIGO
El mismo día (2 de enero) se presentaron a declarar varios
indios, actuando como intérprete Lorenzo Núñez de Acosta. De-
claró el indio Alonso Gutiérrez, natural del pueblo de Huaxicori,

83
Efraín Rangel Guzmán

y dijo tener noticia de la sublevación de los indios y de la quema


y destrucción del convento de Quiviquinta, <<y los naturales de
él se fueron a la sierra, y él persuadido dellos se fue con ellos
también, y alcabo de muchos días, a persuasión del capitán don
Luis Ponce de León, se baxó este testigo con cantidad de más de
cincuenta indios, y dieron la paz al dicho capitán don Luis Ponce
de León, y asentaron este pueblo de Guaxicore, donde siempre an
vivido, y despues aca an vaxado muchos indios que estauan reti-
rados en la sierra de los alçados y otros que han venido a bautiçarse,
y esto a persuasión de los Padres fray Marcos de San Juan y el
Padre Fray Pedro Gutiérrez y el P. fray Francisco de Fuentes...>>

SEXTO TESTIGO
Declaró por medio de intérprete, el indio don Diego, natural
de Huaxicori, y dijo que cuando los indios tepehuanes se suble-
varon <<él estaua en el pueblo de Muça en la sierra, y sabe que
los tepehuanes quemaron el pueblo de Quiviquinta, y el convento
lo abarsaron y quemaron, y esto lo saue porque los indios natuales
del pueblo de Quiviquinta, que se fueron a la sierra, se lo dixeron
a este testigo; y saue que después de muchos días, por la diligen-
cia del Capitán don Luis Ponce de León, se vajó este pueblo y se
asentó también el de los Picachos, y después de asentados, los
Padres fray Marcos de San Juan estuvo en el pueblo de Muça tres
meses predicandoles y doctrinandoles, a cuya causa vinieron otros
muchos indios, así de los alçados como de los que de antes se
estauan alla, que agora an reciuido la fe y se an bautiçado, y lo
propio an echo los Padres fray Pedro Gutiérrez, y fray Francisco
de Fuentes guardián que al presente lo es deste pueblo, que me-
diante su doctrina de an vaxado, assi en este pueblo como en los
de los picachos, Millpillas, San Francisco y San Diego, San Blas
y San Juan muchos indios que se vaxaron...>>

SÉPTIMO TESTIGO
El indio don Pedro, natural del pueblo de los Picachos, decla-
ró también por medio de intérprete, y en general conviene su tes-
timonio con el de los anteriores. Dice que cuando acaeció la
rebelión de los tepehuanes, estaba él, <<en la sierra en una

84
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

rancheria que se dice Tecore, y de los indios que se fueron huyen-


do, supo este testigo como los tepehuanes avian quemado el pue-
blo de Quiviquinta y el convento que avia en él>>. Añade además
que los misioneros franciscanos redujeron a muchos de los indios
sublevados, y que el P. Fray Marcos de San Juan estuvo en Muça
(Muca) tres meses, y en el pueblo de los Picachos tres años.

OCTAVO TESTIGO
También prestó declaración, como los anteriores, don Tomás,
indio principal del pueblo de las Millpillas. Dice que presenció la
rebelión de los tepehuanes <<y con el aluoroto se fue a la sierra
con los demás, y allá supo de los naturales del dicho pueblo de
Quiviquinta lo sucedido>> Habla del buen trato y doctrina que el
P. Fr. Francisco de Fuentes da a los indios, y dice <<que cada día
se vernan (vendrán) reduciendo como lo hacen, y que su doctrina
hace mucho efecto entre los indios que estan en la sierra derra-
mados por las rancherías, que son muchos...>>

Una vez obtenidos y revisados minuciosamente todos los tes-


timonios, el capitán don Diego Gutiérrez quedó convencido del
lugar en el que se debía fundar el nuevo asentamiento. Para ello
se necesitaban cuatro religiosos, dos que estuvieran de ordinario
en él y otros dos para que atendieran los pueblos de visita. El 29
de enero de 1627 Gutiérrez remitió las averiguaciones a don
Agustín Zavala, caballero del hábito de Santiago y teniente de
capitán general del virrey, el cual se encontraba en la ciudad de
Nuestra Señora de los Zacatecas. Zavala analizó por mandato del
virrey todos los autos y concluyó que resultaba favorable fundar
en el pueblo de Huajicori el convento que mucha falta les hacía a
los indios chichimecas de esa zona. Dos meses después, el 16 de
abril de ese mismo año, la lista de testimonios llegó a manos del
fiscal de la Audiencia de México quien dio el último visto bueno,
aprobó definitivamente la fundación y ordenó el virrey D. Rodrigo
Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo, abastecer de todo lo que
fuera necesario a las autoridades locales para que se llevara a
cabo la edificación de la iglesia y convento en el pueblo de
Huajicori.

85
Efraín Rangel Guzmán

En esa misma ocasión, junto con la lista de testimonios antes


descritos, el padre fray Francisco de Fuentes, entonces guardián
del pueblo de Huajicori, anexó un memorial donde informaba la
situación en la que se encontraba la guardianía en materia de evan-
gelización. Lo mismo que un listado de los objetos sagrados que
estaban en su poder y que se habían logrado recuperar del con-
vento de Quiviquínta cuando la invasión indígena. Y por último,
asentó la cantidad de dinero y materiales requeridos en el con-
vento para ejercer cabalmente el culto divino tanto en la cabecera
como en las poblaciones de la sierra. El documento se cita tex-
tualmente y dice lo siguiente:
<<El convento de Guaxicore tiene dos calices que eran de
Quiviquínta y dos misales.— Falta dos calices y dos misales,
quatro ornamentos de Sacerdotes y altares de sedas y lienço.—
Quatro pares de candeleros de bronce y un incensario de bronce,
tres campanillas chicas.— Dos ciriales de madera y una cruz alta
con su manga.— Quatro linços de dos varas y media en alto, uno
de San Sevastián, otro de mi Padre San Francisco, otro de la lim-
pia Concepción nuestra Señora.— Tres ternos de Chrismeras de
oja de lata los cofrecitos en que vayan.— Un terno de trompetas
con que solemniçar las fiestas.— Quatro toallas de brea de a tres
baras. También es necesario se mande pagar el flete asta que se
entregue al Padre Provincial.
En la información que traigo echa por mandamiento de
V. Exª. se ve que quatro pueblos an salido de gente nueua donde
ay más de mill yndios. Para estos son menester tres campanas de
a quintal de peso, que las de los pueblos de Quibiquinta y sus
visitas, quando se dieron de paz, las lleuaron y tienen en el circui-
to del pueblo de Caponeta, y la de Quibiquinta, que quedó despo-
blado, mandaron dar a Guaxicore. Suplico a V. Exª. que por sola
esta vez nos mande dar ocho fraçadas y tres bestias mulares apa-
rejadas para traer los ornamentos y ropa de dormir por aquella
tierra tan aspera, que con cien pesos que se dan para cada minis-
tro, no se puede pasar al presente sin esta ayuda. También suplico
a V. Exª. que por tiempo de dos años se dé para dos yndios que
enseñen la doctrina y culto divino el dinero y maíz que se les
suele dar.

86
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Faltan quatro palias y quatro corporales, quatro velos de seda


para sobre los calices.— Fray Francisco de Fuentes.
También suplico a V Exª. que el maíz y dinero para sustento y
vestuario de los ministros, y el vino, cera y aceite para el culto
divino, se dé adelantado, como a nueuas conversiones, y alli es
mas neceario, que se cierra el passo de Acaponeta en entrando las
aguas asta Navidad.— Fray Francisco de Fuentes>>.
Queda de manifiesto que el convento carecía de una serie de
cosas necesarias para llevar a cabo el culto y que prácticamente
había que comenzar desde cero. Pero de acuerdo con los infor-
mes, por la cantidad de dinero en oro, ornamentos, campanas,
imágenes, sacerdotes y demás cosas que se solicitaron a la Au-
diencia y al virrey, el convento y la iglesia no iban a ser construc-
ciones cualesquiera. El proyecto se había diseñado para crear una
doctrina en forma, segura y con una buena iglesia y convento
para administrar el evangelio a los indios de toda la jurisdicción.
Es necesario señalar aquí que entre las imágenes solicitadas
no se encontraba la Candelaria que dio origen al culto de la vir-
gen de Huajicori. La imagen mariana que se menciona es la de
Nuestra Señora de la Concepción, la cual muy posiblemente se
solicitó para colocarse en el hospital de indios, no aluden los do-
cumentos a la existencia de éste, pero debió estar junto a la igle-
sia o convento. También pudo ser la imagen que en el transcurso
de los años adoptó la advocación dela Candelaria, como sucedió
con muchas imágenes en esas épocas, lo cual fue promovido por
frailes u obispos. De acuerdo a un dato que rescatamos de la
Descripción de San Pedro y San Pablo de Michoacán, en las
Indias de la Nueva España, crónica del siglo XVI, de Fr. Diego
Muñoz, hace alusión a la edificación de hospitales anexos a las
iglesias en toda la provincia y de los beneficios que obtenían los
indios en estos al atenderse los problemas de salud (todavía para
esa fecha en que escribe 1585, la provincia de San Pedro y San
Pablo y de la Nueva Galicia no se habían separado totalmente) y
que todos los hospitales tenían vocación por Nuestra Señora de
Concepción108. Es decir, en todos se fomentaba la veneración a la

108 Muñoz, 1950: 27.

87
Efraín Rangel Guzmán

Inmaculada Concepción de María.109 En la segunda parte de este


capítulo, cuando retomemos el tema sobre la Virgen de la Cande-
laria, haremos una breve descripción de cómo se implanta la de-
voción a María y cómo surgen los cultos marianos en la Nueva
Galicia. Mientras tanto proseguiremos con lo tocante a la cons-
trucción del convento de Huajicori.
En conformidad con las solicitudes realizadas por el capitán
Díaz y por el padre fray Francisco de Fuentes, que apoyaban las
declaraciones de los moradores de Huajicori y de sus alrededo-
res, el virrey autorizó en 1627 la construcción del convento de
Huajicori y ordenó a los oficiales reales de la Audiencia de
Guadalajara que proveyeran de todo lo necesario al misionero
para que echara a andar el proyecto. De igual manera, el mismo
virrey ordenó a las autoridades de la provincia franciscana de
Zacatecas destinaran cuatro religiosos a Huajicori y enviaran los
ornamentos y utensilios indispensables para el servicio evangéli-
co de los indígenas tepehuanos de aquella nueva guardianía.
Se sabe que el franciscano después de administrar durante seis
años la doctrina de Huajicori (1623-1628) y de haber puesto en
marcha el proyecto de construcción de la casa religiosa, al año
siguiente murió cuando visitaba un pueblo de la sierra (1628).110
Posteriormente asumió el cargo de guardián, según Luis Enrique
Orozco, el padre fray Plácido de Santa Ana, hijo de la Provincia
Franciscana de Roma. Pero este último permaneció sólo un año
en Huajicori, debido al rigor del clima también «se enfermó de
fatiga» y lo trasladaron a Acaponeta para curarlo y allí luego

109 Nájera Espinoza, Mario Alberto, Los santuarios, aspectos de la religiosidad popular en Jalisco,
Guadalajara, Jalisco, Las Culturas Populares de Jalisco, 2006, p. 32.
110 Orozco, Luis Enrique, 1954: 440-441. El autor retoma de Fr. Antonio Tello, que el fraile Francisco

de Fuentes en esa ocasión salió a la sierra de los coras a bajar unos indios, llevando a un indio por
guía y a su regreso para Huajicori, caminado siempre a pie y descalzo, por el excesivo calor se fatigó
tanto que le apareció una vehementísima sed y comenzó a desmayarse por lo que se sentó debajo de
un árbol rogando al guía le procurara un poco de agua y partiendo el indio a buscarla y no hallándose
regresó encontrando a Fr. Francisco de Fuentes sin habla y casi en agonía por lo que no pudo
montarlo en su cabalgadura y dejándolo allí acudió a Huajicori y dio noticia al P. Fr. Diego Rodríguez
quién acudió presto y lo encontró ya sin sentido. Y de aquella suerte lo llevaron al convento de
Huajcori a donde el dicho padre le dió el Santísimo Sacramento de la Extremaunción y poco después
dio su alma al creador quedando todos los indios con mucho sentimiento y dolor y todos los que lo
conocieron lo sintieron en extremo por la mucha devoción que le tenían y le aclamaban por santo y
muy siervo de Dios. La fecha de su muerto fue en el año de 1628, quedando sepultado en la iglesia de
Huajicori.

88
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

murió.111

c) El templo, testigo de la pobreza de la doctrina hasta el siglo


XX

No sabemos en qué estado de avance quedaron los edificios


en la fecha en que murió el padre Francisco de Fuentes porque no
contamos con documentos que nos lo señalen. Pero así como los
documentos expuestos anteriormente que rescató del Archivo de
Indias el padre Atanasio, existen otras fuentes coloniales más que
muestran el proceso que se siguió para lograr la erección del con-
vento en Huajicori. Por ejemplo, se sabe que los indígenas loca-
les prestaron sus servicios como peones en la construcción de
algunos conventos, tanto de la parte alta de la sierra como de las
partes bajas como se señala en dos cartas dirigidas al Illmo. Sr.
Dr. D. Juan Ruiz Colmenero obispo de la Santa Iglesia Catedral
de Guadalajara en 1649, que recopiló Santoscoy. Esas cartas fue-
ron escritas originalmente en cora y se atribuyen a don Francisco
Nayarit o rey Nayarit, personaje real o mítico cora, acerca del
cual se ha discutido mucho.112 Sólo importa aquí retomar la infor-
mación relacionada con los servicios que prestaron los indígenas
de la región cora y tepehuana para construir el convento y la igle-
sia de Huajicori.
En la segunda carta del Nayarit, se menciona que sus súbditos
ayudaron a los religiosos en la construcción de algunos conven-
tos como el de Guazamota y Huajicori:
[...] Sr. Obispo, ahora te contaré, como tu buen hijo, que ya
llegó tiempo que se hizo convento en Guasamota y traído un Pa-
dre de Guadiana, que se llama Francisco Fila, y en llegando a
Guasamota le dí mis subditos que le ayudaran a hacer el conven-
to, y sirven al Rey y a la casa de Dios, y le doy tapixques, y le
hago bien, y los coras del mismo modo. Y los de Ayotúxpan tam-
bién tienen conventos, y mis subditos sirven al Rey, y los de
Ayotúxpan y Cora.

111 Orozco, 1954: 438.


112 Veanse las cartas en Santoscoy, Obras completas, Tomo II, 1986: 969-971.

89
Efraín Rangel Guzmán

Y también cuando se hizo el convento de Guaxicori todos


mis súbditos sirvieron al Rey en su casa, y dí tapixques.
Y esto quiero que sepas, Sr. Obispo, para que te huelgues. Y
con esto doy fin á mi razonamiento, porque lo sepas. [...]
Cuando el Nayarit redactó esas cartas en 1649 se encontraba
en la sierra pacificando a los indios levantados junto con los capi-
tanes Miguel Caldera y Bartolomé Suárez quienes habían sido
padrinos de bautizo del propio Nayarit y de su hijo Miguel Jeró-
nimo.
Otro de los documentos con el que contamos es el memorial
de fray Felipe de la Torre que habla sobre la conveniencia de
fundar el convento en Huajicori, el cual fue leído en el Consejo
de Indias el 28 de noviembre de 1633. Se retoma a continuación
una parte de este documento en donde se destaca:
que el dicho puesto de Guaxicore era mas a proposito para los
yndios, por estar cercas del rrio y tener una vega de muchas tie-
rras donde poder sembrar maíz, frisoles, algodon, cañas dulces y
más semillas para su sustento y buena conservación, y por el apro-
vechamiento que podrán tener, por ser el passo para los Picachos
y Millpillas y para la Provincia de Guadiana, quues lo alto de la
sierra, y por estar dos leguas del dicho puesto de Quiviquínta y
quatro leguas del presidio de Acaponeta, muy necesario para el
freno de los de los dichos tepeguanes, ques nación belicossa, y
por el dicho respeto empesaron a rredificar la Iglesia donde ad-
ministrar y catequizar los yndios, y dieron cuenta a vuestro Vi-
rrey de la Nueva España para que les diesse los ornamentos y
demás cossas necesarias, y para que labrase la diha iglesia y con-
vento, y el estipendio de limosna para quatro religiosos para la
dicha administración de los yndios del dicho puesto y de los de
los Picachos, S. Francisco, S. Juan, San Diego, S. Blas y Milpillas,
para subir a la sierra. […]113
Muñoz, 1950: 12-16. El mismo P. Fr. Felipe de la Torre presenta otros memoriales correspondientes
113

a los sacerdotes y coristas que hay en la Nueva Galicia en el año de 1623. También escribe otro
memorial referente a los conventos que tiene la Provincia de Santiago de la Nueva Galicia en el
mismo año. Primeramente. el de Ntro. P. S. Francisco de Guadalaxara; el Teiul; Pontzintlan; Axixil;
Tzaqualco; Amacueca; Aatoyalac; Tuchipan; Tzapotitlan; Auatlán; Coculan; Etzatlan; Auactlan;
Xalisco; Viuaximil; Tzicuitlan; Acaponeta; Xuchipilan; Chapalan; Tlajomulco; Techalutlan; Tzacilan;
Tzapotlan; Coliman; Chacalan; Techolotlán; Ayabaylulco; La Magdalena; Xalan; Viuaynamota;
Tzentuquipaque; Ayotuchpan. Las Vicarías son las siguientes: Primeramente Oconaual: Tamacolan;
Huaxicori; Teocuitlatan; Tzapotiltic; Amatan.

90
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Se puede apreciar que los documentos aportan evidencias de


que si se trabajó en la construcción de la iglesia y convento en el
siglo XVII, pero no podemos determinar cuál fue el avance de las
construcciones en dicho siglo. Lo que si nos damos cuenta es que
existió una iglesia de adobe anterior a la que actualmente conoce-
mos. Ésta se localizaba al poniente del emplazamiento de la ca-
becera del actual pueblo de Huajicori, en un lugar que comúnmente
se conoce como «el verano de los Juárez». Allí aseguran los po-
bladores más ancianos que estuvo el antiguo asentamiento de los
indios de Huajicori. Las dimensiones de la antigua construcción
no eran muy grandes, más bien se trataba de una capilla humilde,
en donde fue colocado en 1595 por primera vez el santo patrono
del pueblo San Sebastián por Fr. Andrés de Medina, personaje
que realizó la primera fundación del pueblo y el que sabemos le
dio el nombre de «San Sebastián de Guaxicori».
La antigüedad de la iglesia de Huajicori es discutida por algu-
nos autores. Luis Enrique Orozco, apoyándose en el trabajo de un
autor del que no menciona el nombre, realiza una descripción de
la iglesia y afirma que es un edificio de estilo barroco, que se
inició en el siglo XVII.114 Por otro lado, el Ing. Benjamín Cortina,
coincide con el autor anterior en que la antigüedad de dicho edi-
ficio se remonta al siglo XVII. La afirmación la sustenta también
con una descripción que realiza sobre la construcción. Retomamos
una parte de ésta, la cual se lee de la siguiente manera:
Es uno de los más antiguos y bellos del Estado de Nayarit. Es
una hermosa iglesia barroca del siglo XVII aunque pudo suceder
que su construcción se haya iniciado a finales del siglo XVI, como
lo sugiere la ausencia de la cúpula y crucero y los rasgos
platerescos y góticos de la fachada principal y en la portada late-
ral respectivamente. En esta última con su arco de acceso
trilobulado de estirpe mudejar (morocristiana).
La iglesia debe haberse terminado a mediados del siglo XVII,
ya con varios ornamentos barrocos en la portada principal y en
las torres son sus columnas salomónicas (en espiral).
Los detalles platerescos están en las columnas candelabro si-

114 Vease Orozco, 1954: 439.

91
Efraín Rangel Guzmán

tuadas en las esquinas.


La iglesia de Huajicori está construida de piedra roja y sus
hermosas portadas labradas en cantera rosada. La portada princi-
pal está formada en dos cuerpos y remate, este último evidente-
mente de construcción posterior. El primer cuerpo tiene el acceso
con arco de medio punto (medio círculo), cuya clave está bella-
mente esculpida en la cantera representados a dos angelitos que
sostienen una corona papal. Un poco más arriba, en la parte me-
dia del friso con triglifos y metotas y precisamente sobre la clave
del arco está labrada, un tanto deforme, la bicéfala Águila de
Carlos V, lo que da la idea de la antigüedad del templo. […]115

El dato que señala Benjamín Cortina, de que posiblemente se


haya comenzado a construir el recinto a finales del siglo XVI
resulta un tanto arriesgado afirmarlo. Sin embargo en el siglo XVII
si es probable que se haya iniciado en el tiempo que dio la autori-
zación el marqués de Cerralvo en 1627.
Por su parte el historiador Miguel Vallebueno, asegura que
«un dato más convincente es que la iglesia data de 1730–1740
(menos la torre) según su semejanza a la iglesia de Santa Mónica
que se encuentra en Guadalajara. Al tipo de edificaciones como
la de Huajicori se le llama «barroco florido» que desde Guadalajara
se expandió a otros lugares como a Santa Cruz de las Flores, en la
región sur de Jalisco y este sería un cambio hacia el norte por la
costa. […]».116

La construcción tuvo varias etapas, debió haberse iniciado en

115 Vease más sobre la descripción en el artículo del Ing. Benjamín Cortina, «El templo de Huajicori,
hermosa iglesia barroca del siglo XVII», en El Eco de Nayarit, (edición especial), agosto 29 de
1993, p. 21.
116 Vallebueno, Miguel, «Santuario de la Virgen de la Candelaria de Huajicori», (es parte de un trabajo

aun no publicado), 2007. El pueblo de Huajicori se encuentra situado entre el piamonte de la Sierra
Madre Occidental y la faja costera nayarita, en las márgenes del río Acaponeta. Debido a esta posición
estratégica, fray Marcos de San Juan estableció un convento, en 1621, para reocupar la región después de
la rebelión tepehuana (1616-1619). A fray Francisco de Fuentes, su sucesor, se le atribuye haber llevado
la imagen de la virgen de la Candelaria que adquirió veneración regional. Un dato más convincente es que
la iglesia data de 1730-1740 (menos la torre) según su semejanza con la iglesia de Santa Mónica que se
encuentra En Guadalajara. Al tipo de edificaciones como la de Huajicori se le llama «barroco florido» que
desde Guadalajara se expandió a otros lugares como Santa Cruz de las Flores, en la región sur de Jalisco
y este sería un cambio hacia el norte por la costa.

92
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

La portada de la iglesia es de cantería rosada, propia del área, de dos cuerpos y un remate. El primero
está formado por un arco de entrada, rebajado y moldurado, la clave esculpida, significa, a María como
reina con una corona sostenida por dos angelitos. Las jambas están formadas por pilastras cajeadas con
.....en su interior.A los lados hay dos medias columnas de fuste estriado, divididas con un anillo fitomorfo.
Destacan en los pedestales cajeados que las sostienen, unas grandes flores. Los labrados de hojarascas en
las enjutas permiten el juego de la luz sobre la piedra. Presenta un doble entablamento formado por
cornisas mixtilíneas, con peanas al centro y apoyos redondeados a los lados. Sobre la primera cornisa
descansa una flor que asemeja un sol o custodia. En la orilla, unos apoyos redondeados reciben unos
florones ornamentados que contienen ramos florales. Esta misma solución se encuentra disminuida en el
arquitrabe, lo que le da al conjunto mayor volumen. El friso está a su vez conformado por goterones,
triglifos y metopas; estas últimas formadas por flores, unas cuadrangulares y otras, como rehiletes,
contribuyen a darle movimiento. Esa misma sensación le dan las guirnaldas entreveradas con flores de lis,
que se ubican entre los florones. Como figura protectora del santuario aparece el águila bicéfala de los
Habsburgo, respaldada por guirnaldas, cuya figura emblemática continuó durante la siguiente dinastía
imperial.
La ventana coral está formada a partir de unas pilastras cajeadas de las que sobresale un arco rebajado
con una flor en pinjante. De estas columnas emergen unos ramos florales, cuyos follajes se encuentran
sobre la ventana. Junto al vano coral hay unas hornacinas con amplias peanas estriadas terminadas en
volutas y veneras cerrando el espacio. Ocupando sus lugares correspondientes se localizan los patronos
menores, san Sebastián, mártir cristiano aseteado en tiempos del emperador romano Diocleciano, y a
quien estuvo dedicada la misión en sus orígenes. Del otro lado se observa al fundador Francisco de Asís,
con la calavera como atributo. Las medias columnas del segundo cuerpo son entorchadas a base de unas
guirnaldas con frutas, que les dan vuelta. Los capiteles están formados con hojas de acanto y hojarascas,
sobre ellos se posan unas águilas bicéfalas. En la cornisa superior se vuelven a repetir las formas redondeadas,
sin embargo en el centro se encuentra esta vez una ménsula y abajo un grueso bocel. Tenía una inscripción,
hoy parcialmente borrada, donde probablemente se leía el nombre del maestro alarife constructor y de la
que actualmente solamente quedan los nombres: «Marya y José».
El remate está terminado por una moldura mixtilínea doble, que sirve de base para un hasta bandera,
donde se coloca una insignia blanquiazul con motivo de los fiesta de la Purificación de María, el 2 de
febrero. Al centro se abre otro nicho ocupado por la talla de la Candelaria, de buenos vuelos barrocos, a
quien se dedica la celebración.
El cubo de la torre está significado con una pilastra colosal, tritóstila y moldurada, con triglifos y
metopas bajo la cornisa. En la esquina tiene colocada una fuerte columna sobre las que descansa un
pedestal para sostener un enorme e inacabado san Cristóbal, tal como se encuentra en el templo de Santa
Mónica de Guadalajara, construido hacia el tercio del siglo XVIII y probablemente contemporáneo de
esta edificación. Del lado contrario la esquina ésta formada por una columna más débil, de formas
redondeadas, que brota de un macetón. Hay dos ventanas mixtilíneas a ambos lados para permitir la
entrada de la luz a las capillas del interior. La iglesia ha perdido sus enjarres en pos de mostrar la mampostería
con que fue fabricada. La torre de dos cuerpos se desplanta a partir de una balaustrada que la rodea. El
primer cuerpo está ornamentado con medias columnas salomónicas que sostienen una cornisa quebrada
con tres aristas en la esquina. Haciéndole juego tiene unos petatillos en la parte de abajo. Los arcos del
campanario tienen esgrafiados en las dovelas y ¿? en la clave. Las jambas presentan motivos fitomorfos.
En el segundo cuerpo las columnas son lisas para centrar la atención en la cornisa hexagonal. Igualmente
los vanos están sin ornamentación. Termina el conjunto una media naranja con un cruz de hierro forjado.
En el interior de la torre está la inscripción: «Esta torre se concluyó el 20 de enero de 1824 P. Julio
García: siendo cura el Prsb. Guadalupe de Mancilla «, lo que indica que el templo estuvo inacabado
durante una larga temporada. La cantería de la torre es también diferente al del resto de la construcción.
Un vano mixtilíneo, semejante al remate de la portada, da acceso a la sacristía. Las jambas tienen
adiamantados y en las enjutas hay motivos florales. El entablamento se encuentra sostenido por pilastras
cajeadas con capiteles compuestos, que se repiten hacia los lados, como si fueran dobles. Para reforzar
este efecto están otros adiamantados. Un arquitrabe con gruesas molduras da lugar a un friso recorrido por
guirnaldas, terminadas con flores en la cornisa.
El interior es de una nave de tramos, techada de bóveda. La que se localiza sobre el
presbiterio está ornamentada con gajos labrados. El altar mayor, levantado en el siglo XIX, está compuesto
por columnas lisas pareadas, con capiteles jónicos con guirnaldas. El entablamento tiene un frontón triangular
con una mandorla en medio. Al centro se localiza la titular, la virgen de la Candelaria, imagen de amplias
vestimentas, como las de Zapopan y San Juan de los Lagos, advocaciones promovidas también por los

93
Efraín Rangel Guzmán

la primera mitad del siglo XVII como lo indican los documentos


y los datos que nos aportan los estudiosos que hemos citado. Se
concluyó gran parte del edificio en la primera mitad del siglo
XVIII, excepto la torre que sabemos por una inscripción que tie-
ne al interior que fue edificada hasta a principios del siglo XIX.
La inscripción se lee: Esta torre se concluyó el 20 de enero de
1824 P. Julio García: siendo cura el Prsb. Guadalupe de Manci-
lla.
Jean Meyer en el libro Nuevas Mutaciones en el siglo XVIII,
capítulo V titulado «Misceláneas Cotidianas» concentra varios
documentos recuperados en el archivo de la Real Audiencia de
Guadalajara. Entre los documentos obtenidos, aparece uno sobre
la doctrina de Huajicori de 1726, ahí se quejan ante el padre Pro-
vincial los naturales de Huajicori del sacerdote Fr. Antonio
Enríquez por las enormes exigencias de trabajo que los obliga a
hacer, pagos exagerados por los servicios sacramentales, les da
malos tratos y los obliga a aportar dinero y alimentos más del
necesario para su manutención. En este mismo informe mencio-
nan que el sacerdote los tiene trabajando en una construcción sin
paga y no les proporciona la alimentación necesaria. Esta cons-
trucción de la que hablan bien puede ser la iglesia o convento que
aún en esas fechas siguen vigente los trabajos de construcción.
Extrajimos una parte que dice: «pedimos a nuestro guardián para
que tome cuenta del dinero y limosna de la virgen santísima tene-
mos noticia que no hay dinero para la fábrica que está haciendo y
nos tiene a todos trabajando casi sin comer a media semana se
nos sacaba tres barriles de maíz y un real de carne que nos da
viernes y sábado no comemos y no nos da fríjol para estos dos
días».117 El informe completo se lee de la siguiente manera:
Huajicorí: Malos tratos de los naturales por el ministro de
doctrina. 1726.

franciscanos de la provincia de Guadalajara. A los lados se encuentran las figuras de los santos José y
Francisco de factura reciente. Están adosados sobre el transepto otros altares neoclásicos con.....
Por su parte la Enciclopedia de México Tomo IX, (Pp. 361-362), asienta que «el más interesante
templo barroco del Estado es del de Huajicori y que es muy similar a la iglesia que se encuentra en
Santa Mónica, Guadalajara.
117 Meyer, Jean, Nuevas Mutaciones: el siglo XVIII, México, Universidad de Guadalajara, Centre

D’Estudes Mexicaines et Centraméricaines, 1990, p. 278.

94
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Autos seguidos por los naturales del pueblo de Huajicorí que-


jándose del padre cura ministro de doctrina sobre malos trata-
mientos y llevarles obsesiones dándole tazación y servicio.
Los alcaldes de Huajicori, Quiviquínta, Milpillas y Caimán
«todos soldados gozan del privilegio de no pagar R. tributos a su
M. (que Dios guarde) quienes a cualquiera invasión de enemigos
así del Nayarit o de piratas del mar del sur, están prontos con sus
armas a la defensa y ayuda que se necesite»…sus quejas de las
grandes opresiones que padecen por las pensiones que les tienen
impuestas el reverendo padre ministro de dichos pueblos fray
Antonio Enriquez por lo que hemos ocurrido por segunda vez al
reverendo padre provincial sin haber conseguido el alivio…las
vejaciones son las siguientes:
1era. Cada semana le han de contribuir y pagar siete reales
con título de que son para la paga de la cosinera.
2da. Cada semana por cada alcalde un pollo, pescado, huevos
y fríjol con título de su ración.
3ero. Que en todos y cualesquiera viajes que se le ofrecen a
Guadalajara se van de correos o con cargas y no les paga el debi-
do flete y la mula que se muere o pierde la pagan dicho pueblo.
4to. Sirviéndose de todos los hijos de dichos pueblos sin nin-
guna paga ni alimento, en sacar vinos de mezcal, dentro del mis-
mo convento en siembras de maíz, algodón e hilados y tejidos.
5to. Que el alcalde de Quiviquinta le quitó la vara y lo azotó
en presencia de todos los hijos del pueblo, por no haber enviado
el servicio corriente de todas las semanas que son dos pesquis
para moler, un caballo pisque que es el que cuida, un tapisque que
es el que trae leña, portero y campanero.
6to. Que todas las pascuas y algunos días de primera clase le
han de dar diez reales por cada alcalde.
7mo. Que ninguno de los dichos pueblos se hallan totalmente
sin ninguna iglesia por no darles treguas dichas ocupaciones y
trabajos en solicitar las pensiones expresadas con otros agravios
y quejas de procesarse y parecer en la justicia.
Para darnos la comunión era menester pagarle medio real, cinco
pesos misa de difuntos y dos reales siete candelas, el bautismo
tres reales, los casamientos son seis pesos y seis tomemes. La

95
Efraín Rangel Guzmán

misa de nuestra señora de los sábados ya se pagan a un peso y


antes no se pagaban…forzadamente nos hace darle reses para que
como nuestro guardián cuando le pedimos licencia para matar
una res para los enfermos no quiere darla…pedimos a nuestro
guardían para que tome cuenta del dinero y limosna de la virgen
santísima tenemos noticia que no hay dinero para la fábrica que
está haciendo y nos tiene a todos trabajando casi sin comer a
media semana se nos sacaba tres barriles de maíz y un real de
carne que nos da viernes y sábado no comemos y no nos da frijol
para estos dos días.
No hay resolución, al parecer mandaron llamar a cura a
Acaponeta y se mostró arrepentido de sus faltas y pidió permiso
para volver a su puesto. (ARAC, C 36-6, exp. 459, f. 16)118

El mismo autor recuperó en la Biblioteca del Estado de Jalis-


co un manuscrito de 1744, tomo II de los anales franciscanos
(Ms. 54/2) del cual entresacó unos textos sobre algunas poblacio-
nes de Nayarit. Uno de esos documentos describe la situación en
la que se encuentra la doctrina de Huajicori. Los datos más rele-
vantes que ahí se informan, es que es una doctrina muy pobre,
que lo que produce esta doctrina obencional tan solamente alcan-
za para mantenerse con mediana decencia, los religiosos, que en
dicho convento viven, los forzosos gastos de la yglesia, y con-
vento, y el culto del Divinísimo. Y también las precisas colectas
con que contribuie este convento, para el colegio seminario, en-
fermería de los religiosos gastos capitulares, y transporte de mi-
sión y demás presisos de provincia, motibos por que no se pueden
mantener, más de dos religiosos.

También señala que el convento y la iglesia se incendiaron en


septiembre de 1743, sólo se pudieron rescatar la virgen y el cajón
de ornamentos. Así también un año antes, en el mes de octubre se
registró una terrible inundación que dañó seriamente la infraes-
tructura del convento y de la misma iglesia. Por lo anterior, el
vicario Fr. Miguel Villegas informa a la provincia de Xalisco que

118 Meyer, 1990: 277-278.

96
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

las construcciones requieren de un reparo general para poder ce-


lebrarse el culto divino y al mismo tiempo para hacer habitable el
convento.
Y tanbien haverse quemado la yglesia, y convento en el año
de quarenta y tres por el mes de septiembre, sin dejar más que a la
Virgen y el cajón de ornamentos; que fue lo que se pudo sacar, y
el años de quareta y dos por el mes de octubre la copiosa lluvia
[se lle]bo toda la yglesia y convento dexando mui maltratada su
fabrica, que necesitó de un general reparo para poderse celebrar
en ella y havitar en el dicho convento.119
Por otro lado, se sabe por una información que presenta Refu-
gio de la Torre en su libro Vicarios en entredicho, que la provin-
cia de Xalisco autorizó en 1758 recursos para ampliación de
algunas casas religiosas entre ellas se encontraba la de Huajicori.
Dicho informe dice: «en 1758 se aprobó por la Provincia de
Xalisco la ampliación de las casas religiosas de Santa Anita (de-
pendiente de Tlajomulco), Jocotepec (visitado desde Axixic),
Huaxicori (visita de Acaponeta), y Santa Cruz de Tepic (depen-

119Meyer, 1990: 245-247. El documento original de se lee de la manera siguiente: «Frai Miguel
Villegas padre cura ministro y vicario de esta doctrina de Guaxicori y su pheligresia perteneciente a
esta santa provincia de Santiago de Xalisco de la sagrada religión de Nuestro Santo Padre San Francisco
peresco ante Vuestra Merced, en toda forma y digo: que para los efectos, que convengan a esta
nuestra provincia, y convento, y que donde mejor convenga conste el estado posibilidad y forma de
este dicho convento y doctrina de Guaxicori, se ha de servir Vuestra Merced de certificar, y en toda
forma que haga fe a continuación de este mi escrito, lo que en él referiré y contubiere, según que a
Vuestra Merced constare, como alcalde mayor de toda esta jurisdiccion, pues como es notorio y
verdadero esta doctrina se compone de sinco pueblos, que son el pueblo de Picachos, el pueblo de
Milpillas, el pueblo de Quiviquinta, el pueblo de el Caiman y este pueblo de Guaxicori cabesera de
toda esta doctrina, y en donde esta situado el convento, en donde viven los religiosos, que le hasisten
continuamente, como el presente lo soi yo, y el padre frai Juan Rodrigues de mi compañero, asi para
la administración de los Santos Sacramentos a todos los pheligreses de esta dicha doctrina, como
somos pare ello dedicados, y con quien toda ella esta mui bien administrada sin falta alguna y con
toda promtitud y vigilancia, y sin que pare ello se necesiten de más religiosos ministros como por ser
una de las vicarias, que tiene esta dicha santa provincia de Jalisco: asi mismo consta, que esta cavesera,
y sus pueblos todos estan unos en clima, y temperamento muy calido y humedo; y otros en clima
sumamente frio; unos proximos a costas de el mar y otros en la cima de de la cierra, llenos de muchas
y diversas pecuarias, y riesgos, ya de animales molestos, quales son gegen, sancudo, mosquito,
garrapata y comejen; ya de animales ponzoñosos, quales son alacranes, vivoras, sorquates, escorpiones,
tarántulas, salamanquesas y otras diversidades de arañas; ya de animales feroces, quales son caimanes,
cocodrilos, tigres, leones, xabalies, gatos monteses, con más diversos ríos caudalosos y otros diversos
arroios, lagunetas, esteros que todos en tiempo de aguas, y algunos hasta en tiempo de secos amenasan
peligro de vida, y presisan transitarlos en balsa, o nado, por no tener canoas y también muchos
pantanos y fosos, y los caminos tan cerrados, por lo montuoso de ellos que hasta en sus esperesas se
suelen perder los caminantes. No siendo de menos consideración las distancias, en que estan los
pueblos de esta cavesera, siendo así que está en medio de la jusrisdicción, pues estos son ya de

97
Efraín Rangel Guzmán

diente de Xalisco).120 Aunque en el caso de las casas religiosas de


Huajicori no necesariamente requerían de ampliación, mas bien
reparación total, porque los dos acontecimientos, primero la inun-
dación y luego el incendio habían dañado severamente la infraes-
tructura de los dos edificios.
El sitio donde se encuentra la iglesia actual fue elegido preci-
samente cuando se ordenó al capitán Díaz del presidio de
Acaponeta en 1627, las averiguaciones correspondientes para
edificar el convento y la iglesia en el lugar más apropiado. Enton-
ces al aprobarse la construcción de las casas religiosas, tuvo que
haberse movido el pueblo de la rivera del río Acaponeta donde
antes estaba ubicado a unos 100 metros de la corriente, al lugar
en el que ahora se localiza. Esto para evitar que las inundaciones
que se registraban en la temporada de aguas, mismas que en va-
rias ocasiones ya habían afectado la rustica iglesia de adobe y la
infraestructura del poblado no siguieran causando problemas. Sin
embargo, aun con la construcción de los edificios en el nuevo
emplazamiento, las aguas del río pudieron perjudicar los edifi-
cios y seguramente también el poblado en 1742 como lo refiere el
documento que recuperó Meyer.
quinze, ya de dose, ya de ocho, y la que menos de quatro leguas; y constan opuestos temperamentos
en todo el año, que hasta las gentes nativas de la tierra; unas vezes admiten mucha ropa y otro nada,
por el sumo calor, y frio que en distintos tiempos acomete la tierra. Añadese a esto a lo general y
grande pobreza, que en toda esta jurisdicción se padese, por el poco trato y comercio, que ai, como
por la mucha omision, y ninguna aplicación de la gente de ella al tributo, y la carestía de los bastimentos
causa porque aunque siendo los aranceles de este obispado, por extremo cortos ni aun estos los
pagan, en las obenciones, que se les ofrecen cabalmente, y en muchas ocasiones, la mas parte o todo
se pierde, por la referida pobreza; y porque todos los pueblos se componen de indios, y no en cresido
numero porque las pestes los han consumido; sin haver gente de razon, mas que quatro ranchitos, y
asi lo que produce esta doctrina obencional tan solamente alcanza para mantenerse con mediana
decencia, los religiosos, que en dicho convento viven, los forzosos gastos de la yglesia, y convento,
y el culto del Divinísimo. Y también las precisas colectas con que contribuie este convento, para el
colegio seminario, enfermería de los religiosos gastos capitulares, y transporte de misión y demás
presisos de provincia, motibos por que no se pueden mantener, más de dos religiosos. Otrosí, los
riesgos de vida que padecen los religiosos y de cautividad ya por tierra, por estar a l falda de la cierra
Madre, toda la mas llena de indios infieles, ya por el pueblo de el Caiman por estar hacia el mar. Y
tanbien haverse quemado la yglesia, y convento en el año de quarenta y tres por el mes de septiembre,
sin dejar más que a la Virgen y el cajón de ornamentos; que fue lo que se pudo sacar, y el años de
quareta y dos por el mes de octubre la copiosa lluvia [se lle]bo toda la yglesia y convento dexando
mui maltratada su fabrica, que necesitó de un general reparo para poderse celebrar en ella y havitar
en el dicho convento». Este mismo informe lo cita Laura Rueda, en su libro Descripciones franciscanas
de la provincia de Santiago de Jalisco, siglo XVIII, Guadalajara, Jalisco, México, El Colegio de
Jalisco, 1996, Pp. 98.101.
120 De la Torre Curiel, Refugio, Vicarios en entredicho , México, El Colegio de Michoacán-Universidad

de Guadalajara, 2001, p. 138.

98
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Fotografía 1: Iglesia de Nuestra Señora de Huajicori. Fotografía tomada por el Sr. Salvador Chávez
de Acaponeta, 1940. Se aprecia el ala derecha aun no concluida y la mayaoría de las personas que
se observan visten calzón blanco de manta, típico en el lugar en esas fechas. (Archivo personal Néstor
Chávez Gradilla)

A raíz del proceso de secularización que se efectuó de 1754 a


1860 en la provincia franciscana de Xalisco de la Nueva Galicia,
la desventura se apoderó de guardianías, doctrinas y casas de asis-
tencia religiosa que atendían los prelados de la orden regular. La
determinación de secularizar las doctrinas administradas por los
regulares de las diócesis de Indias fue tomada el primero de fe-
brero de 1753 por Fernando VI en su palacio de Buen retiro.121

121
De la Torre, 2001: 128. Menciona De la Torre, «que lo que reflejaba la cédula de 1753 era un
ejercicio de poder que llevaba el patronato indiano a sus extremos. En este documento se concebía la
evangelización de las Indias como una concesión por parte de la Corona. Al presentar al monarca
como el promotor de esa empresa, se le atribuía también la facultad de rescindir los privilegios
concedidos para reasignarlos a un nuevo destinatario. En su parte más polémicas, la cédula expresaba
el deseo del monarca de «exonerar enteramente» a los frailes del cuidado de las doctrinas, es decir,
plantear la secularización universal.
El agravante que mayores perjuicios causaría a los regulares en los primeros años de aplicación de
esta medida fue el designio de secularizar tanto los curatos vacantes «como en los demás que
comprendieseis se debe o conviene desde luego aplicar esta providencia». Finalmente el monarca
cerraba a los religiosos las posibilidades de apelar a esta disposición ante los tribunales locales, toda
vez que se declaraban inhabilitados para conocer a esta causa. En un solo acto había dispuesto el
monarca revertir los privilegios y autonomía que por más de dos siglos habían obtenido las provincias
de religiosos. El objetivo inmediato de la reforma era claro y así de manifestaba en el documento; se
buscaba «que las parroquias y sus curas queden omnímodamente sujetas a los respectivos diocesanos,
y a cargo de clérigos seculares, que dependan de sus juzgados». Con ello se reducía el clero regular
al menor número posible de conventos y se eliminaba su influencia entre la sociedad». Pare ver más
información al respecto, remitirse a las. Pp. 113-225.

99
Efraín Rangel Guzmán

Señala De la Torre, que en el caso de la provincia franciscana de


Xalisco, es posible distinguir por lo menos tres etapas en el pro-
ceso de secularización de doctrinas. La primera comprenderá el
periodo de 1754-1775 lapso durante el cual la provincia pierde la
mayoría de sus doctrinas, y se ve en la necesidad de llevar ade-
lante varias reformas administrativas orientadas a minimizar los
efectos de la cédula expedida por el rey en 1753. Posteriormente
se presentaría un periodo de recomposición que se prolongaría
hasta 1796, coincidiendo en su mayor parte con la gestión
episcopal de fray Antonio Alcalde, para dar paso a un tercer lapso
de diez años en que adquiere la provincia la conformación que
hubo de tener hasta el momento de la exclaustración en 1860.122
La doctrina de Huajicori fue una de las que se secularizó
en la primera oleada que señala De la Torre, año de 1769, estando
como guardián del convento Fr. Ignacio Cubas.123 Mientras que a
la de Acaponeta le tocó hasta principios de 1799.124 En 1804 la
provincia franciscana de Xalisco, en el mapa que nos presenta
Mylène Péron-Nagot, en su artículo «El proceso de seculariza-
ción de las doctrinas regulares en el imperio de Indias durante el
siglo XVIII: el ejemplo de la provincia franciscana de Jalisco
(México)», estaba mutilada. La mayoría de las doctrinas habían
pasado al control de clérigos seculares, sólo los lugares que apa-
recen en el mapa con el símbolo negro remarcado seguían siendo
administrados por franciscanos.125

122 De la Torre, 2001: 128.


123 De la Torre, 2001: 134.
124
De la Torre, 2001: 182.
125 Vease Péron-Nagot, Mylène, «El proceso de secularización de las doctrinas regulares en el imperio

de Indias durante el siglo XVIII: el ejemplo de la provincia franciscana de Jalisco (México)», en


revista Trace, No. 3, diciembre 1996, pp. 37-53.

100
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Mapa 3. Provincia franciscana de Jalisco, 1804

La fotografía que aparece abajo de este párrafo, posiblemente


fue tomada en 1930, según afirmaron algunos ancianos del pue-
blo una vez que se les mostró. Esta nos indica con claridad en que
condiciones se encontraba el interior del templo, verdaderamente
se nota pobreza. El comentario sobre la pobreza del templo y de
la doctrina en general siempre lo había reiterado los prelados que
habían permanecido ahí en el siglo XVII, XVIII, XIX y buena

101
Efraín Rangel Guzmán

parte de la primera mitad del XX. Aseguraban que se encontraba


Huajicori entre las doctrinas con mayores necesidades económi-
cas de toda la provincia de Xalisco, con dificultades podían man-
tenerse decentemente la población y dos religiosos en el convento.

Fotografía 2: Fotografía tomada posiblemente en 1930 (au-


tor anónimo)
Localizada en el archivo de la diócesis de Tepic

Se aprecian claramente unas bancas confeccionadas rústica-


mente y el piso de adobe. Al frente, en el altar sólo se observa la
imagen de Nuestra Señora de Huajicori, el resto del espacio prác-
ticamente está desierto de adornos e imágenes. El interior del

102
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

recinto tiene mucha semejanza con el tipo de templos que pode-


mos ver en la actualidad en la zona indígena tepehuana del sur de
Durango, en los cuales se aprecian sólo la imagen principal y
muy escasa ornamentación. La situación de la iglesia, se debe en
parte a que la administración del pueblo estaba bajo la autoridad
de los caciques y el común de la población tenía reducida partici-
pación en toma decisiones, en lo político y religioso. También,
esto obedece a que el lugar en la fecha indicada era considerado
indígena, por lo que, muchos aspectos de orden sociocultural se
relacionaban con prácticas correspondientes al grupo étnico de la
zona (tepehuanos). En nuestros días, existen algunos reductos
tepehuanos en la parte alta del municipio de Huajicori.
Todavía a mediados del siglo XX, el ala derecha de la iglesia
no estaba concluida como se observa en la fotografía de 1940 que
tomó el acaponetense Salvador Chávez. Pero en el periodo que
administró la doctrina el padre Fr. Margarito Soria (1950), con el
apoyo de las personas del pueblo construyeron bardas de ladrillo
y se puso techo de cemento a dicha parte, con el fin de proteger la
construcción de la humedad.
[...] en donde hicieron el bautisterio los españoles y arriba le
hicieron un piso y todavía quedaba iglesia pa’rriba y ya no le
hicieron y ya no le siguieron de piedra, ya no le siguieron, así
quedó. Un padre llamado Margarito Soria que estuvo ya después,
este ordenó que subieran ese y se formó otro cuarto, otro cuarto
arriba pero por eso ta’ de ladrillo, es ladrillo el que tiene allí. Ahí
iba a ser la otra torre [...] estaba haciendo esa escuadra así pa’que
estuviera parejita arriba, no pos así le dejaron así y después le
emparejaron con ladrillo, huu...duró mucho tiempo, yo me hice
viejo y estaba el cuadro ese así todavía destapado, ahí subía al
caracol y salían a ese cuadro y podía ver uno pal cielo y pa’abajo.
Luego subían a otro batientito así pa’entrar al coro y después le
emparejaron arriba con ladrillo, eso fue ahora después, siempre
ya hace mucho, ya tiene mucho. Creo que fue como en 1950
cuando estuvo el padre Soria como ya dije. Y eso lo hizo que
porque ahí se subían las parejas de muchachos a besarse y a hacer
cochinadas, sabe, yo nunca me subí a eso.126

103
Efraín Rangel Guzmán

Fotografía 3: Iglesia de Huajicori restaurada con cantera del


ala derecha, 2006.
En ese estado permaneció el templo como lo dejó Soria, hasta
que en el 2002 un grupo de personas del pueblo organizados como
«Junta vecinal» solicitaron apoyo al gobierno del estado para cu-
brir de losetas de cantera las paredes de ladrillo, las cuales daban
mal aspecto y le quitaban elegancia a la arquitectura barroca. Este
mismo grupo gestionó recursos para restaurar también el techo
del curato.
La situación de la parroquia de Huajicori cambió en la segun-
da mitad del siglo XX, ya que en dicha época el culto de Nuestra
Señora de Huajicori se expandió geográficamente. La región cul-
tual de la Virgen de Huajicori quedó conformada por el norte de
Nayarit, sur de Sinaloa y sur de Durango. Hoy es el culto más
importante de la Prelatura del Nayar, jurisdicción eclesiástica a
la que pertenece desde 1962. La parroquia posee muy buenas ins-
talaciones y los ingresos que recibe de donaciones y limosnas por
parte de los fieles el 2 de febrero día de la Candelaria y el 19 de
marzo no son nada despreciables.
La historia de la construcción del templo es un argumento más
para sostener como lo hacemos a lo largo de esa tesis que la
devoción a la Virgen, en tanto que culto regional data del siglo
XX. La expansión del culto se da cuando el pueblo indígena pasa
a ser ejido mestizo como vamos a ver en el siguiente apartado.

d) Los indios y las Tierras de los naturales del pueblo de


Huajicori

Las dos cartas enviadas al obispo Ruiz Colmenero en 1649, en


las que menciona a los indios de Huajicori fueron supuestamente
escritas en lengua cora antigua por don Francisco «Rey Nayarit».
En ellas se menciona la situación de paz en la que se encontraban
los indios coras, se citan los lugares donde tenía súbditos a su
servicio y se recalca la obediencia que profesaban hacia el rey de
España. Aseguraba también el jefe cora no revolverse con los
tepehuanes, porque ellos conformaban un grupo muy belicoso y
dañino que entorpecía la propagación del evangelio y la coloni-

104
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

zación española:
[...] Y también has de saber como estoi en el estado de
Christiano conforme me puso el Rei, y como me lo dijo aquel Sr.
Marqués para que no me revolviese con los Tepeguanes.
Sr. Marqués, he sabido que se dice que los míos los comu-
nican: la verdad es que tal no pasa ni comunico esa gente, sino
que estándome quieto, ellos me andan (mandan) a buscar, que de
verdad son malos los Tepehuanes, y yo soy de los coras, y los
demás mis subditos, los Guasamotas, Coras, Ayotuxpas y
Guajicoras están quietos; y así quiero que lo sepas. [...] 127

En los documentos que se han revisado del siglo XVI y XVII,


se asienta, en cambio que la mayoría de los indígenas que habita-
ban los pueblos de la doctrina de Huajicori y Acaponeta pertene-
cían al grupo tepehuano. Pero parte de la doctrina de Huajicori
estaba habitada también por indios totorames, tales como el Cai-
mán y el propio asentamiento que llevaba el mismo nombre
Totorame, cerca de Quiviquinta, aunque la mayoría de ellos habi-
taban la zona costera. Afirma Santoscoy, que los indios de
Quiviquinta, en una petición escrita en mexicano el año de 1562,
se denominan igualmente totorames.128
En lo que respecta al pueblo de Huajicori, en el informe de la
visita episcopal de Juan Ruiz Colmenero a mediados de siglo, se
encuentra una relación de las lenguas que se hablaban en los dife-
rentes pueblos de la extensa diócesis de Guadalajara. Se asienta
en ese documento, que en Huajicori se hablaba tepehuán y cora.
Es probable por lo tanto, que como se relata en la primera carta
que envía don Francisco de Nayarit al obispo Juan Ruiz Colmero
en 1649, que parte de los indios de Huajicori fueran sus súbditos,
al igual que los de Guazamota, Tuxpan y Jora. Sin embargo salvo
estas dos fuentes no se han encontrado otras en las que se relacio-
na étnicamente a los indios de Huajicori con los coras.
En otro informe rendido por el padre Antonio Arias y Saavedra,
acerca del estado de la sierra del Nayarit, en el siglo XVII, se
hace una relación de las poblaciones que pertenecían a la nación
tepehuana. Comienza Arias por nombrar los pueblos de la tierra
caliente hasta lo alto de la sierra de Guadiana:

105
Efraín Rangel Guzmán

Está Cercada la Nación Chora Nayalyta de la Nación tepehuana


la qual empieza desde un pueblo que llaman San Joseph desta
Doctrina de Acaponeta, i luego se sigue Chybichynta— mylpillas
grandes— Pueblo de Lajas— thenara— Yoynary— mylpillas
chicas— Mesquitán— Santa María Ocotán— San Francisco
Ocotán— Moroata— Nyara— San Antonio Huasamota—
Huejuquilla— Tzenxompa— Mezquitic— Monte de Escobedo—
Noxta— Camotán— Colotlán— Peyotán— Sapotlán— San Juan
tuametla— Nextalpa […]129

Se observa que en ese documento no se menciona a Huajicori;


ni tampoco en la lista donde se registran los pueblos hablantes
del cora. Sólo aparecen entre los pueblos tepehuanos,
Chybichyntla (Quiviuinta) y Mylpillas Grande los cuales perte-
necían a la guardianía de Huajicori. Por otra parte, el asunto de
quién hablaba una u otra lengua en la región, no parece nada fácil
determinar hoy con exactitud. Es probable que los hablantes de
una lengua no ocuparan todo un territorio, se podían encontrar
distintos grupos en una misma zona. Por ejemplo, se encontraban
poblaciones habitadas por indios que hablaba el totorame130, como
era el caso de El Caimán, dentro del territorio considerado de la
nación tepehuana, mientras que había tepehuanes en medio de
pueblos de la nación cora y viceversa. Se dice también, que los
totorames se extendían, según el P. Arias, desde Chametla y
Maloya, hasta el pueblo de Autlán, perteneciente a Tepic.
Por otro lado, el significado de la palabra Huajicori, es discu-
tido por Nestor Chávez Gradilla y Méndez Lugo, viene de «Huaxi
– Mi», compuesto de «Xícori», sinónimo de payol «Viznaga lla-
mada Peyote», «Hua», que indica la denominación «Mucho Peyote
o donde hay Mucho peyote».131 La palabra Huax-xícori quiere
decir «Lugar de peyoteros» o «lugar de consumidores de peyote».
Huax (mucho), xicori (peyote), son palabras que pertenecen a la
lengua cora antigua.132 Los indios de estas tierras eran por lo tan-
to como los actuales coras y tepehuanos de la sierra, consumido-
res de peyote, éste es utilizado hoy todavía regularmente en la
celebración de ceremonias tradicionales por los coras y huicholes

106
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

principalmente.
Así también, señala Luis Enrique Orozco, que el pueblo de
Huajicori, se cree «fue llamado de esa manera en memoria del
Rey (o Cacique) Xochitepac, famoso por haberse opuesto de en
forma valiente a la conquista española».133 Pero no se menciona a
qué grupo de indios pertenecía. Por las anotaciones anteriores, es
posible que el nombre de Huaxicori tenga su raíz en la lengua
cora.
Respecto a las tierras de los indios de la comunidad de
Huajicori, se sabe por un documento de 1693 que poseen los
ejidatarios y que fue validado por la Comisión Nacional Agraria
como título primordial de posesión de tierras, que desde esa fe-
cha la corona española dotó de tierra a la comunidad de Huajicori.
Pero como pasó con muchos pueblos durante la colonia, gran parte
de sus tierras estuvieron usufructuadas por terratenientes-hacen-
dados que con base en el soborno de autoridades las trabajaban.
Una porción importante de las tierras de los vecinos de Huajicori,
las siguieron explotando los caciques hasta la primera mitad del
siglo XX, de modo que los campesinos del lugar trabajaban como
peones en sus propios terrenos. El 24 de marzo de 1917 los
pueblerinos se acercaron a la instancia agraria del estado de
Nayarit, con el afán de recuperarlos, mostrando un título, cons-
tancia y mapa de 1761, anexos a su solicitud de restitución de
tierras. Para realizar dicha gestión se ampararon en la Ley del 6
de enero de 1915 y el artículo 27 constitucional. La solicitud que
presentaron en letra manuscrita dice lo siguiente:
Ciudadano General del Territorio de Tepic.

Los que suscribimos mallores de edad y indigenes matricula-


dos del pueblo de San Sebastián de Huajicori los que
respetivamente benimos ante Ud pormedio de la presente de la
presente instancia amanifestarle que ase como 20 años, que fui-
mos despojados de nuestros terrenos de comunidad, y nos obliga-
ron a que pagaramos comosi ubieramos sido arrendatarios,
pagamos los solares los sembradijos y algunos de los indigenes
tenian algunas tierras de sembradijo selas denunciaron y selas

107
Efraín Rangel Guzmán

adjudicaron a otros y todo esto lo ycieron con atropello para ena-


jenarse, estando en posion algunos de los indigenes de algunas
pequeñas tierritas, selas quitaron y selas adjudicaron a otros,
ynteresados de mala fe, para esto se balio de miles de artimañas
aprobechandose de nuestra inosencia y de nuestra in capacidad: y
todavía estan estos indibidos con la esperanza queste nuevo go-
bierno les sea faborable para esclabisarnos mas; porlo expuesto
suplicamos a Ud Ciudadano general del Territorio de Tepic. Or-
dene a quien, corresponda la debolucion de todo nuestro terreno:
y de darnos la orden para sujetarnos y reconoser todo loque sea
dentro de mejoramientos conforme alas medidas que marque nues-
tra antigua escrituras y limpiar nuestras mojoneras En gracia y
justicia que pidemos prostentando lo nesesario: San Sebastián de
Huajicori Marzo 24 de 1917.

Firman: Hilario Rojas, Isidoro Sánchez, Higinio González,


Raymundo González, Pedro Guzmán, Zeferino Rangel, Herculano
Rangel, Ignacio González, Siberiano López, Marcelino
Mondragón, Pedro Juárez, Marcos Juárez, Merced Martínez, Fran-
cisco González, Gabino Escalera.134

En esa misma ocasión presentaron una lista de 84 personas


mayores de edad que solicitaban tierra y que no sabían firmar,
aparte de las 15 que si sabían firmar y que aparecen al final del
documento antes citado. En total eran 99 los campesinos que pe-
dían restitución de sus tierras en la comunidad de Huajicori para
formar el ejido. Luego de enlistar a todas las personas, se señalan
en el documento cuales son las medidas en varas castellanas des-
de la iglesia hacia cada una de las mojoneras coloniales que están
ubicadas a los cuatro vientos: norte, sur, oriente y poniente. Ini-
ciaba la medición en la cruz de piedra que se encontraba en el
atrio de la iglesia donde antiguamente se hallaba el cementerio,
según el título que presentaron como primordial, en el que se
inducía un mapa y una constancia. Al final de la solicitud estaba
otro listado de las personas que solicitaban solares y el nombre
de las que poseían terrenos y veranos135. También señalan las

108
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

colindancias con los terrenos de otras personas.


Los que suscribimos mayores de edad naturales y vecinos del
pueblo de Huajicori con el respeto correspondiente comparece-
mos para solicitar conforme lo previene la ley del seis de enero
de mil novecientos quince lo que expresa se nos den ejidos á las
familias; debido al desfalco permitido por las autoridades que
existian en tiempos de D. Prorfirio Diaz: vendian los jefes milita-
res las pertenencias de los pueblos como pasó aquí, y además, las
pertenencias que puedan y son del pueblo las tiene el ayunta-
miento.
El pueblo de Huajicori en antigua posesión al Norte 5218.
cincomil docientas dieziocho varas, castellanas, alSur 4614,
Cuatromil seis cientas catorce varas, Al Oriente, 8316, ochomil
trecietas diez y seis varas, al Poniente 6443, seismil cuatrocientas
cuarenta y tres varas.
y así como muchos pueblos han sufrido los mismos destrosos
que el nuestro nos parece ahora en la misma petición un ligero
informe de los solares, veranos y terrenos denunciados y reteni-
dos aun de tiempos anteriores que se han apropiado con perjuicio
de terceros por los avales no nos ha sido posible nuestra devolu-
ción.

El grupo de los que poseían terrenos y parcelas cultivables no


excedía los 15 individuos, mientras que los nativos mayores de
edad que requerían tierras era cinco veces más numerosos. Juan
Osuna y familiares, Roman Coronado, el sacerdote del pueblo
Pbro. Fernando de los Ríos, Nicanor Estrada, Victorio Navarro,
Atilano Partida, la familia Ledón, familia de los Aguiares, fami-
lia de los Mayorquines, familia Cantabrán, entre otros, eran las
personas que explotaban las tierras laborables y de agostadero de
los pobladores. Esos caciques estaban respaldados por las autori-
dades del ayuntamiento, que se oponían a las peticiones y recla-
mos de los campesinos. Muchas de ellas eran originarias de la
vecina villa de Acaponeta.
El título y mapa del año de 1761 con el que respaldaron los
indígenas la solicitud de restitución de tierras del 24 de marzo de

109
Efraín Rangel Guzmán

1917, se sometió a un estudio paleográfico y el jefe de la oficina


de paleografía de la Comisión Nacional Agraria, dictaminó que
tanto el mapa, título y constancia eran apócrifos, y que segura-
mente correspondían a la muy conocida colección de documen-
tos falsos «Ramírez Arellano». Los documentos fueron rechazados
y se acordó reabrir el caso hasta que presentaran otros fidedig-
nos.
El historiador Néstor Chávez Gradilla rescató en el archivo de
la parroquia de Acaponeta un título, un mapa y una constancia de
1761, los cuales muy probablemente pueden ser una copia de los
que tenían en su poder los nativos de Huajicori y que presentaron
en 1917.136 Señala Chávez que aunque están muy deteriorados
por la humedad y carcomidos severamente de algunas partes por
la polilla pudo leer lo siguiente:
Títulos de Guaxicori: Cesión de tierras a los naturales de
Guaxicori en el año de 1761.

Don… por la gracia de Dios y… de León, de Toledo, de Aragón,


de la Provincia de Galicia, de Mayorca, de… de Gibraltar, de las
diócesis dellas y tierra firme del mar océano, Conde de Barcelo-
na de Flandes y del Tirol:
A vos, don Joaquín de Monserrat, Marqués de Cruillas,
pariente mio, Virrey, Gobernador y Capitán General Teniente de
Nueva España y Presidente de mi Audiencia Real y Cancillería,
que reside en la ciudad de México, sabed: que por parte de los
naturales del pueblo que se llama de San Sebastián de Guaxicori
en la Provincia de la Nueva Galicia, en esos mis reinos se nos ha
hecho mui cumplida y cabal relación de que tienen fundado un
pueblo en exidos y solares que les dio vuestro ilustre antecesor el
Marqués de Cadereita hacia el año de 1639 pero que… compren-
didas en terrenos que siempre a majestad este pueblo de San
Sebastián de Guaxicori… proviene de no tener… regla los linde-
ros de sus… pertenencias, por ende yo os entrego y mando que
luego que resibays esta mi cédula, hagays marcar dichos exidos a
los cuatro vientos según es usanza de estos mis reynos y señoríos
de la Nueva España y dello lo que resulte me dareys majestad

110
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

quenta para proveer lo que hubiere lugar de acuerdo con los seño-
res de Nuestro superior consejo de Indias con quienes tenemos
acordado.— En Toledo a 8 dias del mes de henero de 1761.— Yo
el Rey por mandado de Su Majestad Enrique Rangel y Arauxo.—
Signada con tres nombres de los señores del consejo.

Otro documento manuscrito que rescató el autor se denomina


«constancia», que se refiere a un alegato sobre las tierras que
tienen en su posesión los indios de Palmillas (Sinaloa), según los
testigos que declaran pertenecían al pueblo de Huajicori. Más de
la mitad del documento no se pudo leer.
Sepan que… como lo… Don Juan de Angulo jus… de la Villa
de Acaponeta, y don… Cardoso y Valle, justicia del pueblo de
Ixcuinapac, y Don Cristóbal de la Rosa catzique del pueblo de
San Joseph, ante Vuestra Excelencia parecemos y en el Sancto
nombre de Dios juramos que por viso y antecedentes nos consta
que las tierra que hoy litiga el rancho de Palmillas siempre an
pertenecido al pueblo de Guaxicori.— Y también nos consta que
dichos habitantes tenían en regla sus títulos y papeles primordia-
les, pero estos perecieron quando se quemó el archivo deste pue-
blo en el año passado de 1752 como bien lo sabe su señoría.
También nos consta que dichos primordiales estaban
firmados por el Excmo. Sr. Don Lope Díaz de Armendáriz, maqués
de Cadereita.
(Todo lo demás está totalmente dañado sólo al
final se pudieron leer algunos nombres): Prieto y Santillán,
Marmolejo y Sierra y Luis de Rivas, Secretario.

También aparecen otros pedazos que seguramente integraban


una solicitud y un documento de posesión avalado por el juez
privativo de tierras y aguas de la Nueva Galicia. En la parte legi-
ble se dice:
Auto. Nos, el Presidente y Oidores desta Audiencia de
Guadalajara, en esta ciudad de Guadalajara provincia de la Nue-
va Galicia, y a los doce dias del mes de julio del año del Señor de
1765 pareció ante nos el Sr. Licenciado Don Carlos de Portilla y

111
Efraín Rangel Guzmán

Texeda, quien en representación de los naturales del pueblo de


San Sebastián de Guaxicori, presenta una Real Cédula de su ma-
jestad en la que el Rey Nuestro Señor hace merced a dichos natu-
rales de darles ciertas tierras para exido y fundo legal dellas, y
nos ordena lo conveniente para la fiel majestad della.
Posesión. En el pueblo de San Sebastián de Guaxicori a los
diez días del mes de Septiembre de 1761 años, día de Nuestro
Padre San Nicolás de Tolentino, yo, el Capitán Don Albino
Villegas y Alconedo, Juez Privativo de Tierras y Aguas por su
Majestad desta provincia de la Nueva Galicia y su partido asocia-
do a los (no se pudo leer un pedazo pero al parecer comienzan a
indicar las medidas del terreno en varas a los cuatro vientos)…
De su majestad desta provincia, en la forma siguiente: entrando
por centro al punto… de la cruz de Piedra… al dicho cementerio
dimos al norte 5218 varas castellanas que colindan con tierras
que son del rancho de los Medina. Al sur dimos 4614 varas caste-
llanas a lindar con pertenencias del rancho la Bayona, y final-
mente al poniente dimos 6443 varas castellanas a lindar con tierras
de Palmillas cuyas tierras en conjunto forman una extensión agra-
ria de doce sitios mas ciento y catorce caballerías de tierra… (si-
gue casi media hoja ilegible)… y esto se toma en Acaponeta
para… Real de todo lo que en ella está para perpetua memoria.
Capitán Villegas.— Juan Xola, testigo.— Macario Villaruel, tes-
tigo.— Ante mí, Joseph Gal… y Rionda, escribano Real y Públi-
co.

Señala Chávez, que después del testimonio anterior sigue la


certificación de don Joseph Juan Palma, secretario del juzgado
del pueblo de Acaponeta, y otra certificación de Tepique, de la
que por estar en extremo deterioro sólo se pudo leer al final que
dice, «año de 1761, Tepique, prov. De la Nueva Galicia». Este
pedazo puede referirse a la certificación que presentaron los nati-
vos de Huajicori en 1917 y que resultó apócrifo. En el expediente
3 y 4 sobre restitución y dotación de tierra a los pobladores de
Huajcori de 1952, se cita un fragmento que dice: Cuaderno cuar-
to.- En cuatro fojas útiles y un mapa correspondientes al pueblo

112
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de San Cristóbal de Huajicori en la jurisdicción de Tepique, Pro-


vincia de la Nueva Galicia (año de 1791).
Los documentos anteriores que logró rescatar Chávez, esta-
ban acompañados de un mapa también deteriorado, pero se pu-
dieron leer casi todas leyendas que tenía. Por ejemplo, señala con
línea punteada las medidas hacia los cuatro rumbos, partiendo
desde la cruz de piedra del cementerio hasta las mojoneras y las
colindancias. En la parte superior izquierda tiene una inscripción
que se lee: Las tierras i aguas son de los naturales del pueblo de
Huajicori, año de 1671.
Al norte de la cruz del cementerio hasta la mojonera mide
5218 varas castellanas y colinda con el rancho de los Medinas; al
sur son 4614 varas y colinda con las tierras del rancho la Bayona;
al poniente 6443 varas y colinda con tierras del rancho de
Palmillas, Sinaloa, pasando la mojonera el río las Cañas. La parte
del documento en donde se especificaban las varas que medía el
terreno hacia el oriente no fue legible, pero en el mapa aparece
punteada la línea y establece una mojonera que colinda con las
tierras de los vecinos de Quiviquínta. Pero podemos asegurar que
las varas medidas hacia el oriente eran 8316, mismas que estable-
ce la solicitud de 1917. Todas las medidas que indican los solici-
tantes en el documento del 17 coinciden con el documento
rescatado por Chávez.
Plano 1: El plano fue dibujado a partir del original por
Néstor Chávez Gradilla, 1991.

Respecto a la antigüedad de los documentos que recuperó


Chávez en el archivo de la parroquia de Acaponeta menciona que
podrían tener poco más de 200 años por el tipo de escritura y el
tipo de papel. Sin embargo cuando fueron analizados en 1917 por
el C. Tomás Alarcón, perito de paleografía de la Comisión Na-
cional Agraria, dictaminó lo contrario. Éste justificó su dictamen
argumentando lo siguiente:
debo manifestar que los documentos y mapa de referencia son
netamente apócrifos pues hasta para comprobarlo la simple vista
de ellos y una ligera comparación con los otros documentos res-

113
Efraín Rangel Guzmán

pecto a la clase de papel correspondiente a la época a la que se


refiere, forma de la letra, así como la redacción que es de la más
disparatada, bastando afirmar como lo hago que pertenecen a la
muy conocida colección de documentos falsos (Ramírez
Arellano).137

Posteriormente, la misma Comisión Local Agraria remitió a la


Comisión Nacional Agraria otros títulos que los campesinos pre-
sentaron, los cuales resultaron ser auténticos, según el dictamen
que rindió el C. Jefe de la Oficina de Paleografía de la citada
comisión, en la que se manifiesta:
[…] Que la real Provisión que concede título legal de pose-
sión al pueblo de Huajicori, en dicho título se contienen el despa-
cho de comisión librado por el Sr. Juez Privativo del Reino de la
Nueva Galicia, Dr. Dn. Tomas Pizarro Cortés, en Guadalajara el
15 de diciembre de 1693 con cita de haberse hecho saber al Capi-
tán Dn. Vicente Cosío Marmolejo, Sub-Delegado de la Provincia
de Acaponeta, para que en ella, sus pueblos, estancias y demás
tierras comprendidas en dicha Provincia ejecutara las diligencias
convenientes en cumplimiento de la Real Cédula de su Comi-
sión, mediante el cual despacho relativo, para la medida y amojo-
namiento de todas las tierras. El Sub-Delagado Magrovejo, previo
obededimiento (obedecimiento) y paso del Alcalde Mayor de
Acaponeta de 19 de febrero de 1694 de su Comisión y Auto de la
misma fecha, para los pregones de ella y edicto relativo en dili-
gencia prácticada en Acaponeta a 23 de febrero del citado año de
1694, publicados por pregón dicho edicto, citándose a los natura-
les de Huajicori, quienes nombraron su interprete, mediadores y
Contador, cuya diligencia dio principio el 3 de marzo (1694),
midiendose por 4 vientos, tomando como punto de partida la puerta
de la Iglesia, de donde se tiró un cordel por la parte del Poniente,
midiendo 30 cordeles de a 50 varas, cada vara de cinco tercia,
llegando a un cerro nombrado de San Nicolás; por la parte del
Oriente se verificó la segunda medida en igual forma que la ante-
rior hasta llegar a un ojo de agua Caliente; prosiguiendo la medi-
da del Sur se llegó a un arroyo que le llaman del Mazatán el Nuevo,

114
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

nombrado hoy San Antonio, y por último tomando por el Norte se


midió y se llegó a un cerro que lleva el nombre El Zopilote, co-
rriendo por la falda de este el Río de Acaponeta. En la forma
descrita quedó localizada un sitio de ganado mayor, que por mer-
ced le fue concedido al precitado pueblo de Huajicori, siendo una
superficie de 1755-61-00 Hs. Misma que está considerada en el
título respectivo.138

El 26 de julio de 1924 según un acta levantada en dicha fecha,


las autoridades del ayuntamiento de Huajicori, hicieron entrega
formal de los ejidos a los moradores del pueblo, estando presente
el Ing. Ignacio Rivera de la Comisión Nacional Agraria. Se les
hizo entrega de un total de 1,347.61 has., sin poder recuperar
hasta la fecha las tierras que estaban en poder de los señores:
Felipe Navarro en el predio El Rodeo; Nicanor Estrada en las
Pilas o Picachos; las tierras administradas por el Ayuntamiento;
las de Melchers Sucs, poseídas mancomunadamente por los su-
cesores de Miguel. H. Sierra; las de Ramón López Portillo y Pra-
do Coronado en los predios El Potrero Grande y Potrerillos; y la
parte correspondiente al predio La Estancia de don Atilano Parti-
da.
El acta levantada en las instalaciones de la presidencia muni-
cipal a las veintidós horas de la fecha antes mencionada, dice lo
siguiente:
En el pueblo de Huajicori del municipio del mismo nom-
bre Estado de Nayarit, a los veintiséis días del mes de Julio de mil
novecientos veinticuatro, siendo las veintidós horas y reunidos
en el local que ocupa la Presidencia Municipal del pueblo referi-
do, Juan Gómez, Juan de la Paz, Manuel Andalón Regidores del
H. Ayuntamiento Síndico José Chávez, Joaquín Serafín, Secreta-
rio; Isidro García Presidente del Comité Particular Ejecutivo,
Pedro Guzmán y José González, secretario y Vocal de dicho co-
mité; o Ignacio Rivera, Primer Ingeniero de la Comisión Nacio-
nal Agraria, asesor de dicho Comité, hacen constar: que con esta
fecha el H. Ayuntamiento de este lugar, hace entrega formal de
los ejidos de este pueblo, que administraba el propio ayuntamien-

115
Efraín Rangel Guzmán

to, ejidos cuyos linderos son los siguientes: partiendo la mohonera


de la «Calera» ubicada al Suroeste de esta Población por la mar-
gen derecha del rió de Acaponeta y en la falda del cerro de
«Tamasole» rumbo al Este hasta la mohonera del Cerro del
«Tlacuache» ubicada en el copo de dicho cerro, y al Sur Este de
este lugar; de este punto y en línea recta rumbo al Norte hasta la
mohonera conocida con el nombre del «Otatito», Ubicada en el
cerro del mismo nombre, quedando intermedia entre las mohoneras
de «Tlacuache» y «Otatito» la mohonera conocida con el nombre
de «Ventana»; y de la mohonera del «Otatito» en linea recta hacia
el Oeste, hasta la mohonera ubicada en el cerro del «Ojo de agua»
de este punto, en linea recta y rumbo al sur, hasta llegar a la
mohonera de la «Calera» que fue el punto de partida. Los terre-
nos colindantes con los egidos de este pueblo son: por el sur, Con
terrenos de el «Rodeo» propiedad de el señor Victorio Navarro,
Terreno de la «Iguerita» propiedad de los señores Aguiar; por el
Oriente con terreno de «Caramota» propiedad Sierra y socios;
por el Norte con Terreno Nacional intermedio entre los egidos de
este pueblo y el Quiviquínta; y por el Poniente, con terreno de
«Propiedad de López Portillo Pardo y Coronado, conocido con el
nombre de «Potrero Grande». La entrega de los egidos a que se
refiere la presente Acta, la hace el H. Ayuntamiento al Comité
Particular Ejecutivo ya referido.
Para constancia se levanta la presente por triplicado fir-
mando de conformidad los que en ella intervienen, quedando un
tanto en poder del H. Ayuntamiento, otro tanto en poder del Co-
mité Particular Ejecutivo y el otro en poder del Ingeniero asesor
de dicho Comité. (Abajo firman todas las personas referidas al
principio del acta)139

En el expediente No. 5 correspondiente a la restitución y dota-


ción de tierras a Huajicori, se menciona que el 28 de julio de
1932 los solicitantes lograron que la Comisión Local Agraria
comisionara a un ingeniero (Santiago Maldonado Iñiguez) para
que hiciera la medición de los terrenos amparados a favor del
pueblo según el título colonial validado por un estudio

116
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

paleográfico, se midieron el conjunto de las demás fincas rústi-


cas comprendidas en un radio de 7 kms., alrededor de la iglesia.
El resultado de esta comisión fue que en cuanto a las 1,755.61
has. del pueblo según su titulación, los vecinos se encontraban en
posesión de 1,347.61 has. faltándoles las siguientes extensiones
que han venido ocupando los señores: Felipe Navarro en el pre-
dio denominado El Rodeo, 36.20 has.; Nicanor Estrada en Las
Pilas o Picachos 198.60 has., estando incluidas en esta superficie
10,51.90 Has. que administraba el Ayuntamiento de Huajicori;
Melchers Sucs. 173.20 has. poseídas mancomunadamente por los
sucesores de Miguel H. Sierra. El total de estas superficies sus-
traídas a la posesión del pueblo era de 408 has. que debían serle
restituidas.140
Plano 2: Plano original que presentaron los vecinos de
Huajicori a la Comisión Agraria en 1917.

En el mismo expediente se señalaba, que además de las tierras


tituladas (1,755.61) has. se le deben reconocer al ejido 857.40
has. más, que había tenido en posesión desde veinte años atrás de
manera quieta y pacífica. La Comisión Local Agraria consideró
que debía confirmársele derechos al pueblo por las hectáreas arriba
mencionadas. También propuso que se le dotara
complementariamente a la comunidad con 1,164 has. de los pre-
dios inmediatos, en la forma siguiente: del predio Potrerillos 1,000
has. y del predio La Estancia 164 has.141 Finalmente, la posesión
provisional se ejecutó en los términos apegados a la ley el 29 de
noviembre de 1932. El deslinde se practicó según el acta levanta-
da, el 1 de diciembre del mismo año. El documento de posesión
provisional se publicó en el Periódico Oficial del Estado el 10 de
septiembre del mismo año.142 Sin embargo, el poblado beneficia-
do expuso su inconformidad con la dotación provisional en acta
levantada el 17 de de enero de 1934, basándose en la mala cali-
dad de las tierras, cuyo documento se envió a la instancia agraria
con oficio No. 165 de fecha 25 de enero de dicho año.143
Asegura el Sr. Pedro Guzmán que fundar el ejido no fue nada
fácil, porque tenían que hacer reuniones en secreto, en el monte a

117
Efraín Rangel Guzmán

las afueras del pueblo para que los ricos que tenían en su poder
las tierras no se dieran cuenta y así evitar tener enfrentamientos
violentos con ellos. Los caciques no les querían entregar las tie-
rras por más que gestionaban en México y en Tepic. Su papá
Eugenio Guzmán y Pedro Guzmán (respectivamente padre y tío
del narrador), Jobo Fraile, José González, Ignacio González, Isi-
dro García y otros cuantos, fueron los que lucharon sin descanso
hasta que les reconocieron el gobierno y los caciques sus docu-
mentos antiguos. Al respecto menciona:
Lo que mejor me acuerdo es que mi padre era agrarista, y
había una oficina de ellos para el lado de la iglesia con una ban-
dera en rojo y negro; entonces mi padre junto con esa gente se
iba para el monte a hacer sus juntas para lograr el reparto de tie-
rras y se fundara el ejido. Yo cachorrito le llevaba las gordas para
que comieran. Lograr fundar el ejido no fue nada fácil, porque
después que dejaron de huir; eso yo lo vi, los papeles los metían
en un bordón, pobrecita gente, para llevarlos hasta México, allá
se tatemaron (asesinaron) unos dos, pero quedaron otros y no paró
la lucha, siguió, no se rajaron.
Después que se logró fundar el ejido y lo brecharon, todos los
ranchos trabajaron para hacer las brechas, andaba un ingeniero
de apellido Maldonado (Santiago Iñiguez) que era el encargado.
Yo le llevaba a mi papa y mi tío Pedro Guzmán la comida, y
Bocho Cantabrana le llevaba al del, después nos poníamos a ayu-
darles. De Huajicori abrimos brecha al Potrero Grande, de ahí a
Potrerillos, a Canterías que queda yendo pa’Quiviqiunta y de ahí
tazpanando (abriendo brecha con machete), tazpanando hasta la
Mesa del Hacha que está rumbo al Caimán esto fue lo último.; en
el rancho del señor Telesforo Astorga, nos quedamos a dormir
para después seguirle con las brechas pa’aca pa este lado de
Mazatán […].144

Pocos años después de que se les midiera el terreno a los veci-


nos solicitantes de Huajicori. El día 28 de noviembre de 1946, se
turnó la documentación a la Comisión Agraria Mixta de la ciudad
de Tepic, para darle marcha a la revisión y resolución definitiva

118
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de sus tierras. Esta vez propusieron los demandantes se modifica-


ra el mandamiento hecho por el gobernador de Nayarit el 24 de
agosto de 1932, cuando se les autorizó la posesión provisional de
las tierras. Esto a efecto de que no se hiciera ninguna confirma-
ción oficial de derechos y se beneficiara al poblado con una su-
perficie de 9,664 has. tomando el predio Potrero Grande o
Potrerillos 5,628 has. de agostadero con el 15% laborable y 4,036
has. de cerril pastal con 5% laborable del predio Coyotes y
Caramota para constituir con las tierras laborables 122 parcelas
de 12 has. cada una, para 121 capacitados y la escuela y dejando
a salvo los derechos de 256 capacitados restantes, por lo que se
refiere a tierras de uso individual.145 En ese mismo año 1946, se
levantó un censo agropecuario formado de conformidad de las
disposiciones vigentes, tanto el poblado como sus anexos:
Mazatán, Pachecos, Caramota, El Terrero, Palo Blanco, La Co-
fradía, Las Pilas y Potrero Grande, arrojó un total de 1,082 habi-
tantes. De ellos 242 eran jefes de familia y 277 personas
debidamente capacitadas para recibir parcela ejidal.146 Muchas
de las personas que requerían tierra para trabajar o solares para
construir viviendas en el poblado, pertenecían a los grupos de
familias que habían migrado de poblaciones de los estados veci-
nos de Durango, Zacatecas y Jalisco principalmente cuando es-
talló la guerra cristera. También este flujo migratorio se debió al
descubrimiento de los ricos yacimientos de oro y plata en la zona
de Cucharas, El Tigre y el Indio.
En la fecha antes mencionada no se dio solución a la petición
que hicieron los huajicorenses. Sin embargo, al no tener respues-
tas satisfactorias, el comisariado ejidal de Huajicori el 8 de no-
viembre de 1951 entregó un escrito al delegado del Departamento
Agrario de Nayarit, en el cual solicitó una vez más se resolviera
su expediente en definitiva concediéndoles tierras de mejor cali-
dad que las que le fueron entregadas al pueblo en posesión provi-
sional en 1932. Ya que de los 358 individuos que resultaron con
derecho a parcela, únicamente 40 habían podido hacer siembras
en el ejido provisional, por ser las tierras de éste en su gran mayo-
ría impropias para la agricultura, pidieron que en definitiva se les

119
Efraín Rangel Guzmán

concediera terrenos del predio Potrero Grande. Acompañaron


esta gestión con una copia del acta levantada en el ejido para el
mismo efecto, desde el día 17 de enero de 1934.147
En atención a todas las solicitudes y gestiones que habían ve-
nido realizando desde varios años atrás los vecinos de Huajicori
ante la instancia agraria del estado y de la capital del país, el 17
de septiembre de 1952 en el periodo presidencial del Lic. Miguel
Alemán, por fin se autorizó la resolución definitiva de restitución
y dotación de tierras al mencionado poblado. Presentamos al pie
de página unas partes del documento de la «resolución presiden-
cial» publicado en el Diario Oficial el 15 de mayo de 1953.148148
RE
SOLUCIÓN sobre restitución y dotación de tierras al poblado
de Huajicori, Municipio del mismo nombre, Estado de Nayarit,
1952

Al margen un sello que dice: Poder Ejecutivo Federal.


—Estados Unidos Mexicanos.
—México.
—Departamento Agrario.

VISTO para resolver en definitiva el expediente de restitu-


ción y dotación de tierras solicitadas por vecinos del poblado de
Huajicori, Municipio del mismo nombre, del Estado de Nayarit;
y

RESULTADO PRIMERO.
—Por escrito de fecha 24 de marzo de 1917, vecinos del po-
blado de que se trata, solicitaron al Gobernador del Estado resti-
tución de tierras. La estancia de remitió a la Comisión Local
Agraria, la que inició el expediente respectivo, habiéndose
publicado la solicitud en el Periódico Oficial del Estado surtien-
do efecto de notificación el 8 de noviembre de 1945. El organis-
mo de referencia procedió a la formación del censo general
diligencia que se practicó el 10 de febrero de 1932, arrojando un

120
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

total de 358 capacitados en materia agraria; asimismo, se ejecuta-


ron los trabajos técnicos de localización de predios afectables.
Por su parte los solicitantes presentaron los títulos de propiedad d
e las tierras que constituyen el poblado.

RESULTADO SEGUNDO.
—Terminados los trabajos mencionados en el resultado ante-
rior,
la Comisión Local
Agraria tomando en cuenta que los títulos de propiedad pre-
sentados, previo estudio paleográfico de ellos resultaron auténti-
cos, emitió su dictamen el 28 de julio de 1932 y lo sometió a la
consideración del Gobernador del Estado, quien con fecha 24 de
agosto del mismo año dictó su fallo confirmativo restituyendo al
poblado
408 hectáreas
que indebidamente vienen poseyendo los señores Felipe Na-
varro, Nicanor Estrada, Melchers sucesores y los sucesores del
señor Miguel H. Sierra y una fracción administrada por el ayun-
tamiento del lugar; confirmado a favor del poblado una superfi-
cie de 1,347.61 hectáreas que amparan los títulos presentados;
confirmando además la posesión de 857.40 hectáreas que viene
disfrutando el poblado en forma quieta y pacífica por más de 20
años; y concediendo por concepto de dotación 1,000 hectáreas
que se tomaron del predio denominado Potrero Grande o
Potrerillos y 164 hectáreas de la finca de La Estancia. La pose-
sión provisional se ejecutó el 29 de noviembre de 1932.

RESULTADO TERCERO.
—Revisados los antecedentes, se llegó a conocimiento de lo
siguiente: que los títulos presentados por los solicitantes son au-
ténticos y amparan una superficie total de 1, 755.61 hectáreas;
que el núcleo de que se trata fué despojado de 64 hectáreas de
humedad, 122 hectáreas de temporal y susceptibles de cultivo y
202 hectáreas de agostadero y monte, además de 20 hectáreas de
la zona urbana, en total 408 hectáreas; que dentro del radio de 7

121
Efraín Rangel Guzmán

kilómetros el predio afectable es el denominado Potrero Grande


o Potrerillos propiedad del señor Ramón López Portillo y Prado
Coronado; y que practicada una nueva diligencia censal y revisa-
da la documentación resultaron 227 capacitados que carecen de
tierras que sirven de base a este fallo, cuyos nombres son los
siguientes: […]
(después de la lista de las 227 personas que solicitan tierra
dice el documento, que)

Con los elementos anteriores, el Cuerpo Consultivo Agrario


emitió su dictamen
en el sentido de este fallo; y

CONSIDERANDO PRIMERO.
—Atendiendo a que los títulos de propiedad presentados por
los solicitantes, son auténticos, y que por otra parte, quedó debi-
damente comprobado el despojo de las tierras cuya restitución
pretenden, debe restituirse al poblado una superficie total de
408 hectáreas
que indebidamente vienen poseyendo los señores Felipe Na-
varro, Nicanor Estrada, sucesores, los sucesores de Miguel H.
Sierra y el ayuntamiento del lugar, que están clasificados como
sigue:
64 hectáreas
de humedad,
122 hectáreas
de temporal y susceptibles de cultivo,
202 hectáreas
de agostadero y monte y
20 hectáreas
ocupadas por la zona urbana.

CONSIDERANDO SEGUNDO.
—El derecho del núcleo solicitante para ser dotado de tierras,
se ha demostrado plenamente al comprobarse que radican en él
227 capacitados en materia agraria, cuyas necesidades agrícolas
no han sido satisfechas, no encontrándose dicho núcleo en ningu-

122
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

no de los casos de incapacidad a que se refiere la Ley Agraria en


vigor.

CONSIDERANDO TERCERO.
—Atendiendo a que el predio afectable es el denominado
Potrero Grande o Potrerillos que cuenta con una superficie dispo-
nible de 5,628 hectáreas de agostadero y monte con 15% de cul-
tivo, procede fincar en dicho predio la dotación en definitiva, a
favor de los vecinos del poblado de Huajicori, con una superficie
igual a la mencionada para formar con las tierras de humedad de
la restitución y las de temporal y laborables, 91 unidades de dota-
ción de 6 y 12 hectáreas cada una en las tierras de humedad y
laborables respectivamente, para 90 capacitados y la escuela del
ejido, destinándose el resto de las tierras, excluyendo las corres-
pondientes la zona urbana, para los usos colectivos del núcleo
solicitante, modificándose en estos términos el mandamiento del
ejecutivo local. En la inteligencia de que la selección de los 90
capacitados que se benefician con esta sentencia, deberá hacerse
en asamblea general de ejidatarios.

Por lo expuesto, y con apoyo además de los artículos 46, 50,


51 interpretado en sentido contrario, 57, 59, 61, 62, 80, 81, 85, 3º
transitorio y demás relativos del código de la materia, se resuel-
ve:

PRIMERO.
—Se modifica el fallo del Gobernador del Estado de fecha de
agosto de 1932.

SEGUNDO.
—Se restituye al poblado de Huajicori, Municipio del mismo
nombre, del Estado de Nayarit, 408 Hs. (cuatrocientos ocho hec-
táreas) que indebidamente vienen poseyendo Felipe Navarro, los
sucesores del señor Nicanor Estrada, Melchers, los sucesores del
señor Miguel H. Sierra y el ayuntamiento del lugar, clasificadas
como sigue: 64 hectáreas de humedad, 122 hectáreas de tempo-
ral y susceptibles de cultivo, 202 hectáreas de agostadero y mon-

123
Efraín Rangel Guzmán

te y 20 hectáreas que constituyen la zona urbana.

TERCERO.
—Se dota al núcleo de población antes mencionado con una
superficie total de 5,628 Hs. (cinco mil seiscientas veintiocho
hectáreas) de agostadero y monte con 15%
de cultivo, que se tomaran del predio Potrero Grande o
Potrerillos, propiedad del señor Ramón López Portillo, y Prado
Coronado, para formar con las tierras de la dotación, 91 unidades
de 6 y 12 hectáreas en las tierras de humeda y laborables respec-
tivamente, para 90 capacitados y la escuela del ejido, destinándo-
se el resto de las tierras excluyendo las correspondientes a la zona
urbana para los usos colectivos del poblado gestor, decretándose
para este efecto la expropiación correspondiente.

Las superficies concedidas por concepto de restitución y do-


tación, deberán localizarse de acuerdo con el plano aprobado por
el Departamento Agrario, y pasará a poder del núcleo solicitante
con todas sus concesiones, usos, costumbres y servidumbres.

CUARTO.
—Expídanse a los 90 capacitados que en asamblea general de
ejidatarios resulten seleccionados y para la escuela del lugar los
certificados de derechos agrarios y oportunamente sus títulos
parcelarios.
Desde 1952 las tierras que reclamaban los pobladores de
Huajicori pasaron a su administración, excepto las 2,556.00.00
hectáreas del predio «Coyotes y Caramota» que fueron respalda-
das con documentación por los presuntos dueños José Cruz Ortiz
Escobedo y Salvador Jiménez Partida. En nuestros días los
ejidatarios continúan un juicio legal en el tribunal de justicia para
recuperar las tierras del predio en disputa. Los ejidatarios alegan,
que[…] los trabajos topográficos y del plano informativo elabo-
rado por el Ing. Ricardo Álvarez Ramírez, respecto a los trabajos
topográficos los linderos comunales los señaló dentro de nues-
tras propiedades no obstante existir cercas de alambre de púas así

124
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

como mojoneras que datan desde antes de 1953, y con base en


ese plano el Ing. topógrafo encargado del deslinde recientemente
y el Lic. Julián Guardado Velásquez hicieron brechas y
amojonaron, como si nuestras propiedades fueran terrenos comu-
nales o como si se tratara de una dotación de ejidos, sin tomar en
cuenta que el reconocimiento y titulación de Bienes Comunales
en las resoluciones de éste carácter no son constitutivas, sino
declarativas de los derechos cuya existencia reconocen; además
nuestras propiedades cuentan con certificados de inafectabilidad
ganadera permanente y en vigor hasta este día.149

Las tierras recuperadas definitivamente por los vecinos de


Huajicori en 1952 son: tierras de humedad 64.00 has.; tierras de
temporal y laborables 966.20 has.; tierras de agostadero y cerri-
les 4 985.80 has.; y tierras ocupadas por el caserío 20.00 has.
Todas hacen un total de 6036.00 has.
La resolución presidencial les otorga pleno derecho a los
huajicorenses de administrar las tierras en su totalidad con apego
a la ley agraria. De esa fecha en adelante, las autoridades ejidales
tomaron el control de la administración del espacio de la zona
urbana y de las tierras ubicadas a varios kilómetros a la redonda
del poblado como ya se constató en el apartado. Además vamos a
ver en el capítulo tercero como a raíz de la recuperación de las
tierras, el ejido lideró la administración de las festividades de la
Virgen de Huajicori del 2 de febrero y del 19 de marzo, porque
éstas se realizan en terreno de la zona urbana. Este hecho vino a
reforzar la devoción en la misma población y en los municipios
circunvecinos de Nayarit y Sinaloa principalmente. También la
presencia del ejido en Huajicori permitió mayor participación al
común de los habitantes en la toma de decisiones en el pueblo,
que antes se reservaba sólo a los caciques y al ayuntamiento.
Los habitantes del pueblo de Huajicori en los distintos docu-
mentos que presentaron a las instancias agrarias para solicitar la
restitución de las tierras se observa que se autodenominan indí-
genas. Aunque en el siglo XX esa denominación más bien era un
mote que utilizaban los de la vecina villa de Acaponeta para refe-

125
Efraín Rangel Guzmán

rirse a los moradores del mencionado poblado. Ellos también para


diferenciarse de los acaponetences preferían llamarse indígenas,
aunque para esas fechas ya habían perdido gran parte de los usos
y costumbres del grupo étnico. Sin embargo según Carl Lumholtz
todavía en el siglo XIX, Huajicori, Quiviquinta y una serie de
pueblos anexos a éstos eran considerados asentamientos de indí-
genas tepehuanos.150
Los ancianos del lugar señalan que en la primera mitad
del siglo XX la mayoría de los habitantes ya no hablaban la len-
gua indígena, había algunas personas que si lo hacían, pero eran
principalmente aquellas que bajaban de la sierra y se establecían
allí. Más bien se les consideraba indígenas por su condición de
pobreza, vivían aún en casas de palma, vestían calzón de manta y
se alimentaban en el mayor de los casos de los frutos de la tierra.
El hecho de atodenominarse indígenas los arraigaba más a su
pueblo y los hacía consciente de que apenas hacía muy pocos
años que habían dejado de hablar la lengua tepehuana o
mexicanera que es la que practicaban los grupos étnicos que pre-
dominaban en la zona.
La institución ejidal al parecer en la actualidad en muchos
estados de la república ha desaparecido como tal, sin embargo en
los municipios de la entidad Nayarita dicha institución sigue siendo
la encargada de administrar las tierras en los pueblos. En los últi-
mos años principalmente durante el gobierno de Vicente Fox, la
figura del ejido se ha visto afectada por las nuevas políticas gu-
bernamentales. La política promovida a través del Programa de
Certificación de Derechos Ejidales (PROCEDE) augura a los cam-
pesinos regularles los terrenos y parcelas de cultivo excediéndo-
les un certificado que los designa dueños legítimos. En el caso
del municipio de Huajicori algunos ejidos se resisten a que ingre-
se dicho programa, porque si lo hacen la organización dejaría de
existir o perdería dominio sobre los terrenos que por muchos años
han defendido. El programa PROCEDE ofrece dos opciones de
regulación de las tierras: 1) mide y certifica la totalidad de la
superficie de suelo con que cuenta el ejido; 2) mide y certifica
terrenos, parcelas y solares con que cuenta cada uno de los

126
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

ejidatarios y personas no ejidatarias que tienen solares en la ju-


risdicción de éste. Algunos han optado por las dos maneras y otros
sólo por la primera porque dicen que es más conveniente.
La situación particular del ejido de Huajicori es muy especial,
porque todo el terreno donde está asentanda la zona urbana de la
cabecera municipal y varios kilómetros a la redonda como ya se
ha indicado en más de una ocasión, legítimamente pertenecen a
la institución ejidal. En el pueblo no se paga impuesto predial al
gobierno por solares, parcelas de cultivo o terrenos de agostadero
en general. Sólo los beneficiados otorgan anualmente una peque-
ña cuota al comisariado. Los ejidatarios alegan, que si ingresa
PROCEDE principalmente con la segunda modalidad, por ley
tendrían que pagar impuesto predial, además todos las tierras que
poseen los pequeños propietarios y las que están enjuiciadas las
podrían perder con facilidad. También se podría dar el caso como
en otros ejidos, que los pequeños propietarios se adueñen poco a
poco de los terrenos, ya que los ejidatarios teniendo en mano un
certificado expedido por este programa pueden rentar, pasar a
medias o vender los bienes agrarios. Los estatutos del ejido
huajicorense no permiten a ningún integrante vender, porque las
tierras también se amparan con título de bienes comunales.
La organización ejidal en Huajicori prácticamente se sostiene
de las cuotas que pagan los habitantes del pueblo por solares,
parcelas y terrenos; por el servicio que presta la maquinaria agrí-
cola de ésta a los productores; y por el cobro de piso donde se
instala la puestería en la celebración de la Candelaria y de San
José. Esta es el principal motivo por el que no les conviene por el
momento certificar las tierras de su jurisdicción.

2. La Virgen desplaza a los santos locales


a) Las veneraciones religiosas locales

En este apartado daremos una pequeña explicación de cómo


se introduce el culto a San Sebastián Mártir, a la Virgen de la

127
Efraín Rangel Guzmán

Candelaria y a San José en el pueblo de Huajicori. Al mismo


tiempo haremos hincapié en la jerarquía que ocupa cada una de
las devociones en el espacio cultual que definen los creyentes.
También abordaremos el tema de la religiosidad popular y cómo
esta manera de sentir y expresar la religión formula prácticas en-
tre creyentes e instituciones para propagar o mantener viva la
devoción hacia dichas imágenes. Por la necesidad de sustentar
algunos planteamientos, retomaremos citas ya mencionadas en la
primera parte de este capítulo, sin pretender caer en vanas repeti-
ciones.
La propagación del cristianismo en las culturas del mundo, se
fundamentó desde tiempos muy antiguos en la creencia de Dios,
intercedido por Jesucristo hijo, María virgen y madre. A Jesucris-
to y la Virgen María se les colocó en el mundo terrenal como las
principales deidades cristianas, negando por completo la idola-
tría que se había venido practicando en los pueblos prehispánicos.
La vida de Jesucristo, su sufrimiento y enseñanzas, fueron el íco-
no ejemplar, pilar de la nueva religión, considerado lo más per-
fecto y su vida ejemplar la debían seguir los hombres para acceder
a Dios en el reino de los cielos. Con base en esto, desde las pri-
meras épocas los cristianos pensaron cómo imitar a Cristo, entre-
gándose en cuerpo y alma. Algunos santos elegidos por la Iglesia,
optaron por seguir el camino de la piedad, dolor y martirio para
honrarlo, y al tiempo se les calificó como santos.
Pero el cristianismo también se apropió, moldeó y recreó la
retórica pagana para promover el mensaje de las nuevas enseñan-
zas. Así nace primero la retórica del martirio y luego el «yo su-
friente», aspectos fundamentales para institucionalizar prácticas
y creencias.151 De ahí que las historias piadosas sobre la vida de
Cristo, los apóstoles, los mártires y la Virgen fabrican imágenes
que conmueven y mueven a la acción.152 La propagación del cris-
tianismo cobró innumerables vidas, muchos de sus defensores y
promotores fueron perseguidos y masacrados por los paganos. El
martirio en este caso, ejemplifica una justicia retributiva de la
época y con el tiempo estos mártires se convertirán en interceso-
res. Señala André Vauchez, que las vidas de los santos y las co-

128
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

lecciones de milagros apuntan a conformar a los servidores de


Dios a modelos, cada uno de los cuales corresponde a una cate-
goría reconocida de la perfección cristiana—mártires, vírgenes y
confesores, etc.—y, más allá a la figura de Cristo. Cada santo o
santa que merece este nombre ha buscado en vida, si no identifi-
carse con la persona del Hijo de Dios, sí, por lo menos, aproxi-
marse lo más posible a esta norma absoluta.153
A Jesucristo, a la Virgen (es) y a los santos, los evangelizadores
los insertaron como sucesores de los dioses paganos. Con esta
justificación se modificaron los lugares sagrados, las cuevas, las
lagunas, los riachuelos, los árboles, dejaron de ser adoratorios de
ídolos petrificados o de otra índole. Las iglesias desde ese mo-
mento fueron considerados los centros sagrados por excelencia,
donde se albergó a las imágenes cristológicas, marianas y a los
santos para rendirles culto especial.

-San Sebastián
La imagen de San Sebastián llegó a Huajicori en 1595 con Fr.
Andrés de Medida, a dicho franciscano se le atribuye la funda-
ción del pueblo bajo la advocación de ese santo en el antiguo
emplazamiento que estaba ubicado a escasos cien metros de la
corriente del río Acaponeta, hoy conocido como el verano de los
Juárez. El padre Fr. Andrés quién llevó San Sebastián a la iglesia
de Huajicori, fue el personaje que logró muchos frutos en materia
de evangelización y fundación de pueblos en la provincia de
Acaponeta. A él también se le debe la conversión de miles de
indígenas de toda la zona tanto de la costa como de la sierra. En el
tiempo que permaneció en la mencionada zona, logró fundar el
convento de Acaponeta en 1580 con advocación a Nuestra Seño-
ra de la Asunción y en 1600 el de Quiviquinta con advocación a
San Antonio, dato que ya se asentó en apartados anteriores. Gra-
cias a su labor, en la guardianía de Acaponeta y doctrina de
Quiviquinta existían más de 30 pueblos de visita en el siglo XVII.
San Sebastián es un ejemplo de santos mártires que entrega-
ron su vida a Dios, propagando las enseñanzas de Cristo en tiem-

129
Efraín Rangel Guzmán

pos de los emperadores Diocleciano y Maximiliano, época difícil


en que aún los cristianos eran perseguidos por profesar la reli-
gión cristiana. El santo Sebastián nació en Narbona de Francia en
el siglo III d. de C., se avecindó en Milán, y siempre fue fiel al
cristianismo. Se incorporó a la milicia romana, por su don de
guerrero y buena persona se ganó la confianza de los emperado-
res Diocleciano y Maximiliano y lo ascendieron a capitán en la
corte. Su función era escoltarlos en todas sus correrías. Pero a
parte de ser militar al servicio de la corte, también fue un soldado
de Cristo, ya que ejercía el apostolado entre sus compañeros mi-
litares, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por la
causa de Cristo.154
La práctica idolátrica era una cosa común entre los individuos
de ese tiempo, pero él nunca participó en ella, porque consideró
que era un camino que llevaba a los practicantes por la vana ver-
dad. Mantuvo la fe a Cristo en secreto, lo mismo que su promo-
ción, pero en la ocasión en que habían sido condenados a muerte
sus hermanos Marco y Marcelino por profesar el amor a Jesucris-
to, declaró públicamente su apegó al cristianismo, a través de sus
discursos pregonaba la lealtad a la nueva religión. En medio de la
multitud suplicó a sus hermanos no flaquear por su destino «no
renunciéis a la corona eterna que estáis a punto de conseguir». Y
luego exclamó a sus padres:
_No temáis: estos hijos vuestros no se separarán de vosotros;
lo que hacen es apresurar el paso para llegar cuando antes al cielo
y preparar mansiones eternas para vuestras almas. […] los con-
tratiempos que puedan afectarnos son pasajeros. Esta misma per-
secución que estamos padeciendo los cristianos no va a durar
siempre; cierto que hoy presenta un alto grado de violencia, pero
mañana la situación se apaciguará. Lo que en estos momentos
nos parece un volcán en erupción, día llegará en que deje de vo-
mitar fuego; la hostilidad de que somos objeto irrumpió de repen-
te y de repente cesará. En cambio las llamas del infierno son
eternas, y dotadas de capacidad constante de tortura para que no
mengüen los tormentos. La lumbre que las produce está viva a
fin de que siempre quemen. Fomentemos en nuestras almas el

130
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

deseo del martirio. Cuando alguien muere martirizado, el diablo


piensa que ha obtenido una gran victoria; pero se equivoca, por-
que ha ocurrido cabalmente lo contrario: estima él que ha con-
quistado, retenido, vencido, torturado y matado a alguien, y en
realidad el conquistado, retenido, vencido, torturado y matado ha
sido él.155

Al mencionar estas palabras muchos personas de la multitud


se acercaron a Sebastián, arrepentidos de sus malos actos, lo com-
pararon con un ángel que había sido enviado para protegerlos y
curarlos como lo hizo con Zoé la mujer muda que pudo hablar;
Tranquilino su padre que fue curado de su enfermedad que lo
tenía desahuciado; lo mismo que Cromasto y muchos más que se
le acercaron. El suceso mencionado agudizó la persecución de
los cristianos, porque después de esto el prefecto lo denunció ante
Diocleciano, el cual ordenó que lo llevaran preso a su presencia.
Lo destituyó de todo cargo en la corte, sin escuchar el emperador
ninguna razón del acusado, mandó que lo sacaran al campo, lo
desnudaran, lo ataran a un árbol y una cuadrilla de soldados dis-
parara sus arcos contra él y lo matara a flechazos. El ejercito cum-
plió la orden y clavaron muchas cantidades de flecha sobre su
cuerpo, y creyendo que ya había fenecido se marcharon a dar la
noticia. Pero pese a la gravedad del tormento a que fue sometido,
no llegó a fallecer, alguien lo desató del árbol y lo liberó.156
Días después se presentó ante los emperadores en el pa-
lacio, sorprendidos del hecho, se preguntaban uno al otro que no
era posible que estuviera vivo. Les contestó Sebastián, «Si […]
Soy yo, sabed que Dios me devolvió la vida y la salud para que
viniese a reprenderos por la conducta que seguís con los servido-
res de Cristo». Las palabras que les exclamó a los emperadores,
provocó de nuevo su enojo y ordenaron que lo apresaran y lo
apalearan hasta que le quitaran totalmente la vida. Después de
muerto arrojaran su cuerpo en el canal de las aguas negras de la
ciudad para que nadie de sus seguidores lo pudiera encontrar y lo
honraran como mártir. Sin embargo, el santo se apareció a Santa
Lucía, le indicó el lugar donde se encontraba su cadáver, pidió

131
Efraín Rangel Guzmán

que lo sacaran de ahí y lo sepultaran al lado de los apóstoles.157 Se


cree que su muerte acaeció, en el año 288 d. de C. y se dedicó en
su honor el día 20 de enero para su celebración.158 Es invocado
universalmente contra la peste, ya que uno de los grandes mila-
gros que se le atribuyen fue haber liberado a toda Italia de una de
estas epidemias. Se cree que «alguien, por revelación divina, co-
noció que la peste no terminaría hasta que se erigiera en Pavía un
altar en honor a él. Construyeron el altar en la iglesia de San
Pedro ad Víncula y la epidemia comenzó a desaparecer. En re-
cuerdo a este hecho posteriormente, a dicho altar fueron traslada-
das desde Roma todas las reliquias del santo».159
Por las hazañas que tuvo Sebastián en vida, al ser un fiel
defensor de la Iglesia y por los beneficios que ofreció a los fieles
en la cura de enfermedades y hacer cesar las epidemias, San
Ambrosio compuso en su honor el siguiente prefacio: «¡Ho Se-
ñor adorable! La sangre de tu santo mártir Sebastián fue derrama-
da por dos motivos: porque él confesó tu nombre, y para dar
ocasión a que se manifestase tu poder milagroso. Por eso, me-
diante el testimonio del martirio de este santo y por su interce-
sión, conviertes nuestra debilidad en fortaleza, nos haces creer en
virtud y otorgas la salud de los enfermos».160 Dice Duran, que el
martirio que experimentaban santos mártires como San Sebastián,
se justificaba con un discurso que decía, que ellos representaban
el dolor como facultad, como autoridad, y la muerte como una
victoria.161 También, que
Las pasiones de los mártires enseñan cómo y porqué proceso
la carne está ligada y puede ser elevada al mundo espiritual. Aquí,
la verdadera realidad del sufrimiento y de la muerte proveen el
equilibrio a una evidencia «científica» para convencer a los es-
cépticos de las realidades del más allá. La muerte era el gran ga-
rante vendedor: las enseñanzas de los cristianos debían de ser
ciertas ya que nadie moriría por una doctrina falsa, ni voluntaria-
mente ofrecería su vida sin un propósito verdadero.162

Los santos vienen a participar desde luego en la mediación


única de Cristo ya que están investidos de la bondad operante de

132
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

Dios y por eso mismo asociados a su actuación en la Iglesia. La


misma Iglesia nos sugiere a los santos no sólo señalándolos como
ejemplo para una determinada categoría de cristianos, sino hasta
declarándolos patronos de esa categoría, que confía a sus cuida-
dos particulares. A través de su contacto se espera intensificar la
ascensión a Cristo y a Dios.
Cuando el convento de Quiviquinta dejó de funcionar por causa
de la rebelión de los tepehuanes de 1616-1619, que hemos rese-
ñado en la primera parte del presente capítulo, se estudió la con-
veniencia de refundarlo en Huajicori, lugar más idóneo y donde
se habían concentrado más de mil indígenas. El convento y doc-
trina se dedicó en 1621 a San Sebastián Mártir, que ya veneraban
en el lugar desde fines del siglo XVI. El 29 de enero de 1627 Fr.
Francisco de Fuentes solicitó al marqués de Cerralvo ornamentos
para acondicionar el nuevo convento de Huajicori, entre estos
pedía cuatro lienzos, uno de San Sebastián, de San Francisco, de
la Inmaculada Concepción y otro que no se especifica. El docu-
mento dice:
<<El convento de Guaxicore tiene dos calices que eran de
Quiviquinta y dos misales.— Falta dos calices y dos misales,
quatro ornamentos de Sacerdotes y altares de sedas y lienço.—
Quatro pares de candeleros de bronce y un incensario de bronce,
tres campanillas chicas.— Dos ciriales de madera y una cruz alta
con su manga.— Quatro linços de dos varas y media en alto,
uno de San Sevastián, otro de mi Padre San Francisco, otro
de la limpia Concepción nuestra Señora.163— Tres ternos de
Chrismeras de oja de lata los cofrecitos en que vayan.— Un terno
de trompetas con que solemniçar las fiestas.— Quatro toallas de
brea de a tres baras. También es necesario se mande pagar el flete
asta que se entregue al Padre Provincial.

En la portada de la iglesia de hoy se localizan esculturas más


tardías de san Sebastián, san Francisco y de la Virgen de la Can-
delaria, las podemos apreciar en la imagen que presentamos a
continuación.
Al lado izquierdo se encuentra san Sebastián Mártir atado en

133
Efraín Rangel Guzmán

el tronco del árbol y traspasado por una flecha de uno de sus


costados, representa el martirio que sufrió en tiempos del empe-
rador Diocleciano; al lado derecho se localiza el fundador de la
orden franciscana, Francisco de Asís, con la calavera como atri-
buto. En la parte superior donde está la base que sirve como hasta
de bandera y donde se coloca una insignia blanquiazul con moti-
vos de la fiesta de la Purificación de María, el 2 de febrero, ahí se
abre un nicho ocupado por la Virgen de la Candelaria.
Al parecer el santo Sebastián no alcanzó importante devoción
entre los fieles de la doctrina de Huajicori en el siglo XVII. Se
sabe muy poco de él, sólo conocemos lo que ya hemos menciona-
do, que fue colocado por primera vez en Huajicori por Fr. Andrés
de Medina en 1595 y luego cuando se decidió fundar el convento
en Huajicori se nombró patrono de la misión. De ahí en fuera no
sabemos nada del santo, pero parece no haber impactado su culto
en la doctrina. En cambio desde principios del siglo XVIII tene-
mos noticias del culto a Nuestra Señora de Huajicori (que es Vir-
gen de la Candelaria), y su devoción en esas fechas es notable en
el norte de Nayarit y sur de Sinaloa como veremos en el siguiente
apartado y posteriores capítulos.
El santo Sebastián Mártir se tomó como escudo en las corre-
rías que hacían los evangelizadores en las ásperas y difíciles tie-
rras de la doctrina de Huajicori. Siempre se dijo que los indios de
la zona eran practicantes de la idolatría, por eso se promovió en-
tre los infieles el mensaje que había dejado con su vida ejemplar
san Sebastián. Fue un soldado de Cristo y por Cristo murió mar-
tirizado en mano de los paganos.

-La Virgen de la Candelaria

El nombre de la Candelaria, surge de la solemnidad de la Pu-


rificación de la Virgen María que se celebra cuarenta días des-
pués de las fiestas de Navidad. Señala De la Vorágine, que son
tres los nombres que desde épocas muy antiguas se le dan a dicha
celebración: fiesta de la Purificación, fiesta de las Candelas o las
Luces y fiesta de Hipopante o Encuentro.164 El sentido que tienen

134
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

los tres nombres, el primero; connota la idea de salvación o libe-


ración del pecado, el segundo declara expresivamente el concep-
to de luz o iluminación que en el alma produce la gracia, y el
tercero; nos hace pensar en la gloria que constituirá nuestra re-
compensa.165
La fiesta de la Purificación, se llama así porque a los cuarenta
días de que dio a luz la Virgen María acudió al templo a purificar-
se. Esto porque de acuerdo a un precepto contenido en el capítulo
XII del Levítico ordenaba que toda mujer que hubiese concebido
mediante concurso de varón sería considerada impura durante los
siete días inmediatamente siguientes al parto; antes de los siete
días, no debería salir de su casa, mucho menos podía ingresar al
templo. Una vez que cumplió los siete días, quedaba parcialmen-
te, más no totalmente purificada, podía salir a la calle, platicar
con la gente del exterior, pero ingresar al templo hasta treinta y
tres días después. El ritual en el que consistía la purificación cuan-
do llegaban las madres a los cuarenta días, se acercaban al templo
y hacían la ofrenda a Dios de su hijo y de otros objetos. Uno de
los significados de los cuarenta días, es que se creía que la cria-
tura de sexo masculino se formaba a los cuarenta días; lo mismo
que a los cuarenta días de ser concebido viene a él el alma y entra
en él como en un templo; a los cuarenta días de nacido es necesa-
rio que el niño ingrese al templo material de Dios, etc.166
Aunque la regla de la cuarentena y las exigencias rituales que
emanaban de ésta para alcanzar la purificación, no valían para la
Virgen María, puesto que ella había concebido al niño Jesús por
obra del Espíritu Santo y sin pecado original. Pero se sometió a
las leyes como toda pecadora porque la cultura judía así lo de-
mandaba. Al someterse a dicha ley ella como madre y su Hijo
dieron una lección de humildad, y con ello alentaron el cumpli-
miento de los cánones establecidos. El niño Jesús fue mostrado
con toda debilidad de un pobre niño al igual que los demás, fue
circuncidado, como pecador aunque no lo era y vivió como sier-
vo.
La fiesta de la Candelaria tiene un origen muy antiguo, surge
de la solemnidad que se llamaba fiesta de las Luces o fiesta de las

135
Efraín Rangel Guzmán

Candelas. Menciona De la Vorágine, que en la religión cristiana


con el deseo de suplantar una costumbre pagana comenzaron a
celebrar la fiesta de la Candelaria el 2 de febrero. Demuestra que
antiguamente los romanos, a principio de febrero cada cinco años,
para honrar a Februa, madre de Marte, a quien consideraban dios
de la guerra, iluminaban las calles de la ciudad durante la noche
con antorchas y teas.167 A través de este ritual pedían a Marte que
por los méritos de las honras tributadas a su madre les concediera
la victoria de guerra sobre los enemigos del imperio.168 De igual
manera, los mismos romanos en febrero ofrecían sacrificios a
Febrio, que era el dios Plutón y a otros dioses infernales para que
trataran bien a las almas de sus antepasados. También en este
ritual pasaban noches enteras sosteniendo en sus manos antor-
chas encendidas y cantaban alabanzas.169
Otras de las cosas de las que se cree también dió origen a la
celebración de la Candelaria, es la que señala el papa Inocencio.
Él indica que las mujeres de los romanos, todos los años, al prin-
cipio de febrero celebraban una fiesta a la que llamaban las luces.
Esta fiesta tenía su origen en la leyenda puesta en circulación por
algunos poetas antiguos; Plutón dios infernal, se enamoró de
Proserpina, mujer muy bella y movido por la fuerza de su pasión
la raptó y la convirtió en diosa. Mientras tanto sus padres la bus-
caron día y noche por doquier con teas y linternas. Para conme-
morar el rapto de Proserpina las mujeres romanas celebraban cada
año los primeros días de febrero dicha fiesta.170
Las costumbres paganas aun en pleno apogeo del cristianismo
no desaparecían completamente. Entonces, viendo esto el papa
Sergio lo difícil que resultaba desapartarlos de tales prácticas, le
dio un sentido distinto a la fiesta de las luces. Inculco a los cre-
yentes, que los cortejos luminosos que se organizaban en Roma
en los días de febrero, los hicieran el 2 de febrero cada año en
honor a la Madre de Cristo, en forma de procesiones llevando en
sus manos candelas previamente bendecidas. Desde ese entonces
la fiesta de las luces, luego Candelaria se celebra el día 2 de fe-
brero con un sentido cristiano, y hasta nuestros días se conserva
como una de las celebraciones más importantes del calendario

136
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

litúrgico.171
Con lo ya expuesto podemos darnos una idea de cuál fue ori-
gen de la celebración de la Candelaria y también el surgimiento
de la advocación a la Candelaria Virgen María. Es bien cierto que
en nuestros días muchos de los elementos primigenios se han
modificado, debido a que cada una de las culturas le adhiere pro-
pios que tienen que ver con su cosmovisión e identidad, ya que es
una manera de asimilar la celebración y darle un sentido particu-
lar.
Respecto al origen histórico de Nuestra Señora de Huajicori o
Virgen de la Candelaria, según fray Nicolás Antonio de Órnelas,
asegura que el donador de la imagen al pueblo indio de Huajicori
fue el padre Fr. Francisco de Fuentes.172 El misionero llegó en
1623 a Huajicori a hacerse cargo de la refundación del convento
que antiguamente estaba establecido en Quiviquínta, el cual ha-
bía sido quemado cuando la rebelión indígena en 1617 como ya
se mencionó.
Los primeros datos que conocemos sobre el culto de la Virgen
de Huajicori en la región, fueron escritos y un siglo después por
fray Nicolás Antonio de Órnelas en 1719-1722. Al respecto seña-
la, que la imagen, que hoy se venera por único remedio de cuan-
tos males, trabajos, desdichas y miserias caben en nuestra
naturaleza: de toda aquella tierra, real de minas de El Rosario,
Chametla, Provincia de Tzinaloa, Tierra de el Nayarit, y toda tie-
rra caliente vienen a visitarla, y lo común es, que no entra perso-
na alguna en el Santuario, que no salga muy consolada, remediada,
contenta; es del mismo tamaño que las dos que están ya en poder
de los señores clérigos: San Juan y Tzapopan: no muy parecidas
no sólo en los milagros, sino en el tamaño, en los rostros y en ser
todas tres franciscanas.173
El mismo autor vuelve a hablar de esa relación entre las imá-
genes en las páginas que dedica en su crónica a Nuestra Señora
de Santa Ana Tistac. Ahí señala que la imagen de Santa Ana Tistac
también «es del tamaño y hermosura de las otras tres, la de San
Juan, la de Tzapopán y Huaxicori».174
Fotografía 5: Representación al óleo de Fr. Francisco de Fuen-

137
Efraín Rangel Guzmán

tes. El cuadro fue donado por la Basílica de Zapopan a la iglesia


de Huajicori en la segunda mitad del siglo XX.

Es evidente, que la Virgen de Nuestra Señora de Huajicori se


veneraba en las fechas que menciona Antonio de Ornelas. Porque
en el documento de 1726 que rescató Meyer y que presentamos
en el apartad correspondiente a la fundación del convento de
Huajicori, piden los nativos al padre guardián que tome dinero
de los fondos de la virgen para que costee los gastos de la cons-
trucción que está llevando a cabo y que no les exija difíciles tra-
bajos sin pago alguno. Dichos trabajos de construcción creemos
que son todavía de la iglesia, porque que aun en esa fecha no se
había terminado completamente. El escrito dice: «[…] pedimos a
nuestro guardián para que tome cuenta del dinero y limosna de la
virgen santísima tenemos noticia que no hay dinero para la fábri-
ca que está haciendo».175
En otro documento de 1742 que también localizó Meyer y que
ya citamos en el caso anterior se habla de un incendio que se
registró en la iglesia y convento de Huajicori en 1743, del que
sólo pudieron salvar la virgen y el cajón de ornamentos. Dice el
escrito, […] tanbien haverse quemado la yglesia, y convento en
el año de quarenta y tres por el mes de septiembre, sin dejar más
que a la virgen y el cajón de ornamentos; que fue lo que se pudo
sacar […].
Sin embargo, los sacerdotes como ya indicamos en el otro apar-
tado El templo, testigo de la pobreza de la doctrina hasta el siglo
XX, siempre se quejaron de la doctrina de Huajicori por su extre-
mada pobreza. Aunque existía una cofradía de virgen de donde
obtenían algunos ingresos los curas para su manutención y para
satisfacer otras necesidades de la iglesia y convento. Lo anterior
podría indicar que la fiesta de la virgen no atraía a muchos fieles
fuera de la jurisdicción. En el siglo XX, la situación era ya distin-
ta. Porque en un documento de 1917 que localizamos en la ofici-
na del Registro Agrario en Tepic, fecha muy posterior a las
anteriores, se habla de extensiones de tierras cultivables y de
agostadero que administraba el presbítero Fernando de los Ríos

138
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

en Huajicori.176 Dichas tierras, todavía antes que estallara la re-


belión cristera en 1926, seguían en poder de la cofradía de la
virgen que administraba el cura del lugar, Fr. Esteban Lamas. Los
moradores señalan que los potreros donde pastaba el ganado de
la virgen se localizaban en el recinto de Mazatán y La Loma Lar-
ga. Además que no eran una ni dos las reses, sino cientos de ellas,
inclusive los ranchos ganaderos de la virgen eran considerados
los más grandes que existían en Huajicori. Ya que todos los años,
meses antes a la celebración de la Candelaria, tenían la costum-
bre los padres pasar a todos los ranchos a recoger el diezmo (era
algo simbólico para la fecha) y los que tenían vacas le entregaban
una mancuerna de becerros (as) y los más humildes, sacos de
maíz, pollos, puercos, chivos, huevos, y así lo que estuviera a su
alcance.
Continuando con el asunto del origen histórico de Nuestra
Señora de Huajicori, el Presb. Luis Enrique Orozco, autor muy
posterior al padre Antonio Tello y a De Órnelas, parece confir-
mar en 1954, que «[…] esta Imagen Mariana (de Huajicori) se
remonta al siglo XVII y data de los años de refundación del pue-
blo, Iglesia y Convento de San Sebastián de Huajicori realizados
por el V. P. Fr. Francisco de Fuentes».177 Además le consta a este
autor por un testimonio del siglo XVIII, (el cual no especifica)
que la Imagen fue una donación del V. P. Fr. Francisco de Fuen-
tes, O.F.M, en el tiempo que administró a Huajicori, de 1623 a
1628 año en que falleció. El franciscano la había adquirido en
Michoacán, tal vez en Pátzcuaro donde existía un taller de escul-
turas elaboradas de pasta de caña de maíz o «tatzingueni» en len-
gua tarasca.178
Orozco también hace mención, que el historiador Dávila Garibi,
cuando se refiere al culto mariano en el obispado de Guadalajara
en la época colonial, menciona varias imágenes marianas de gran
veneración, respecto a la Virgen de Huajicori escribe: «De…la
Virgen de los Remedios venerada en Huajicori, Doctrina
Franciscana de la antigua Provincia de Santiago de Jalisco, y de
otras varias Imágenes de reconocida antigüedad y veneración,
constantemente llegaban a la Mitra de Guadalajara halagadoras

139
Efraín Rangel Guzmán

noticias con las cuales los Sres. Obispos se daban cuenta exacta
de que el culto Mariano en su diócesis, en trayectoria siempre
ascendente, producía óptimos frutos».179 Muy posiblemente el
nombre adoptado por los religiosos de Huajicori, para llamar a la
Virgen de Huajicori, «Virgen de los Remedios», puede derivarse
del comentario anterior de Dávila Garibi.
Por su parte, el mismo Orozco nos aclara por medio de una
descripción detallada que realiza a la imagen, que la advocación
de Nuestra Señora de Huajicori, por las características de la ima-
gen, corresponden a una Virgen de la Candelaria.
Esta antigua imagen mariana es pequeña, como todas las de
su tiempo, y no pasa de 40 ó 50 Ctms. de altura. Representa a la
Virgen de pie con el Niño Jesús hacia el lado izquierdo [...] según
parece, los brazos de lienzo de donde penden las manos, lo que
no se acostumbró en tales imágenes durante el siglo XVI. Su ros-
tro moreno manifiesta lineamientos de imperfección escultórica
y es más bien oval, con sus labios cerrados, ojos muy abiertos,
medios saltados y expresivos, de aspecto sonriente en su actitud.
La visten de telas de seda y brocados de recamadas de bordados
de seda y oro adornados de perlas y pedrería y con la túnica suel-
ta. El manto le pende de los hombros y desciende hacia abajo en
forma piramidal, con galones y flecos de oro en sus orillas y larga
cauda hacia atrás. Vístenla de diversos colores. [...] al modo que
se ve Nuestra Señora del Rosario de Talpa y muy del gusto de los
nayaritas para que le presten mayor galanura. [...] Lleva zarcillos
de oro en las orejas y una cabellera sobrepuesta en la cabeza que
cae sobre la espalda y una corona de metal dorado, de forma im-
perial y de mala ejecución, adornada con pedrería falsa de las que
antaño venían de Francia. [...] colocan una pequeña candela, in-
signia de su propio título de la Candelaria. Completa su adorno
una aureola dorada, metálica, alrededor de su cabeza formada
por un círculo en que alternan flores de lis con 12 tradicionales
estrellas y a sus pies se eleva una media luna de plata, obra de
orfebrería antigua, con un medio rostro en el centro y estrellas en
sus extremos y la cual como también la Virgen se asientan en una
peaña de madera laminada de plata, de planta hexagonal, adorna-

140
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

da de repujados y en cada ángulo del hexágono una asa en forma


de flor de lis. De su base sigue un zócalo achaflanado y el extre-
mo superior es idéntico al de la base, aunque más reducido, con
lo que se realza más la antigüedad de la imagen. Su propio título
es el de «Nuestra Señora de la Purificación o Candelaria» como
lo testifican tanto la candela de cera que lleva en la mano dere-
cha, como su festividad que siempre se ha llevado el 2 de febrero,
Festival Litúrgico de la Purificación de María o de la Candela-
ria.180

A la fecha no podemos dar un dato exacto sobre la antigüedad


de la imagen de Huajicori, el asunto seguirá en discusión mien-
tras no se realice un estudio por un especialista. Sólo podemos
decir, que cabe la posibilidad que el culto se comenzó a promover
en la segunda mitad del siglo XVII, porque para antes de los
veintes de la siguiente centuria como lo demuestra Antonio de
Órnelas, ya era una devoción popular en el sur de Sinaloa y norte
de Nayarit principalmente. Sin embargo, la difusión del culto en
la región, no se logró sino hasta el siglo XX fortalecido por una
serie de aspectos que tienen que ver con procesos económicos,
políticos y culturales.
Entre los aspectos que propiciaron la promoción y/o fortaleci-
miento de la devoción a Nuestra Señora de Huajicori, se puede
mencionar, la recuperación de las tierras en 1952 por los vecinos
de Huajicori. Al efectuarse dicho evento, las autoridades ejidales
tomaron el control de las tierras ubicadas a varios kilómetros a la
redonda del poblado, además de 20 has. de la zona urbana, que
también fueron reconocidas en la resolución presidencial. Desde
esa fecha el ejido cuenta con facultades para decidir cómo admi-
nistrar el espacio de la zona urbana y todo lo que se lleva a cabo
en él, como la fiesta de la Candelaria y la de San José. Este hecho
favoreció bastante la devoción de la Virgen de Huajicori, porque
las autoridades ejidales tomaron participación en la administra-
ción del culto. Porque la imagen es el elemento principal que da
vida a la fiesta de febrero y marzo, de las cuales obtienen jugosos
ingresos, por el cobro de uso de suelo a los comerciantes. En el

141
Efraín Rangel Guzmán

capítulo III describiéremos más a detalle la participación de auto-


ridades locales y otro tipo de organizaciones, en las festividades
religiosas y en el misma devoción.
La Virgen de Huajicori desplazó totalmente a San Sebastián,
el que se sabe es el patrono del lugar. Desde principios del siglo
XVIII, el culto de la virgen se expandió en espacios fuera de lo
local. La virgen, aunque no era la patrona del pueblo, suplantó
por mérito de sus dones milagrosos al santo y subió al trono que
le había sido destinado en un principio a San Sebastián. De acuerdo
a los documentos que hemos revisado desde el siglo XVI a la
fecha, no hay uno solo que haga mención de celebraciones a San
Sebastián en su día. Ni los pobladores más ancianos lo recuerdan,
sólo tienen presente que es el patrono del lugar aunque ya no le
rindan culto. Está tan olvidado, que muchas de las personas no
saben que la figura de cantera que se encuentra arriba al lado
izquierdo de la portada de la iglesia y al frente de la lateral iz-
quierda cerca del altar es la de San Sebastián. Pero la devoción al
santo no terminó porque los pobladores así lo hayan decidido,
más bien su olvido se debe a que convenía más a la Iglesia pro-
mover el culto de Nuestra Señora de Huajicori.
Señala Nájera, que desde el siglo XVI y hasta cuando menos a
mediados del XVII florecieron imágenes religiosas en gran parte
del occidente de México. En la obra de Matías de Escobar, se da
cuenta de la emergencia de vírgenes y cristos a partir de raíces,
ramas, troncos de árboles, etc.181 También hace mención este au-
tor apoyándose en Bouza, del clima de renovación católica y de
exaltación del sentimiento religioso que siguió el Concilio de
Trento (1545-1563) como reacción contra el protestantismo, se
impulsó entonces el fervor por la virgen y los santos como inter-
mediarios entre el creyente y Dios.182
No hay que olvidar que los españoles trajeron consigo el fer-
vor mariano, porque España es un país que tiene mucha inclina-
ción por las imágenes marianas. Este fervor lo promovieron en
todas las colonias americanas, pero en cada espacio fue tomando
características y particularidades locales. Por ejemplo, en el cen-
tro de la Nueva España se fundan al principio de la evangeliza-

142
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

ción, dos cultos importantes: la Virgen de los Remedios y la


Guadalupana. De acuerdo con Miranda Godínez, «la imagen ve-
nerada en Los Remedios tiene relación en la conquista y honra la
maternidad divina de María, mientras que la de Guadalupe es la
interpretación indígena del misterio de la Inmaculada Concep-
ción» 183 y la relacionaron con la diosa Tonantzin. El primero, al
paso de los siglos declinó y el segundo se afianzó en territorios
cada vez más distantes del epicentro cultual, hasta convertirse en
el símbolo del México independiente.
En el caso de la Nueva Galicia, el culto de la Inmaculada
Concepción pasó de la doctrina diseñada para la población indí-
gena, a la población mestiza y criolla en las ciudades. Al tiempo
se multiplicó en diversas advocaciones tradicionalmente venera-
das en la península: Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora
de los Ángeles, Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora del
Pilar, Nuestra Señora de la Merced, Nuestra Señora de Loreto,
Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora de Aranzazu,
Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de la Asunción, Nues-
tra Señora del Patrocinio, Nuestra Señora de la Candelaria, Nues-
tra Señora de la Expectación, etc.184
Todas estas imágenes fueron fomentando devociones y sur-
gieron festividades locales en barrios y poblaciones, desde
Guadalajara hasta Zacatecas, Aguascalientes, Charcas, Huaxicori
en el Nayar, Texas, Poncitlán, Guachinango, Etzatlán, Mascota,
Santa Ana Tictac, en fin hacia todos los horizontes de la nueva
Galicia.185 No hay que olvidar, que misioneros y obispos simpati-
zantes de María madre de Dios trabajaron con la población nati-
va para imponer la devoción a la Virgen y varias de las
advocaciones. Por ejemplo, sabemos que entre 1648 y 1649, el
obispo de la Nueva Galicia Juan Ruiz Colmenero, realizó un re-
corrido por toda la diócesis que duró un año. La visita sirvió para
dar mayor impulso a la devoción de María y lo cierto es que su
acción trascendió más allá de la simple promoción de imágenes:
tuvo un carácter fundante, y al vigorizar la mariolatría neogallega,
se estableció una fuerte identidad regional.186 Este rincón de la
Nueva España, en siglos posteriores, tendría santuarios impor-

143
Efraín Rangel Guzmán

tantes como el de Nuestra Señora en San Juan de los Lagos, Nues-


tra Señora de Zapopan, Nuestra Señora de Talpa en Jalisco y en el
norte de Nayarit Nuestra Señora de Huajicori, entre otros.
Los santos no fueron igualmente socorridos en la Nueva Galicia
como las imágenes marianas. Los únicos que merecieron mayor
promoción entre los fieles fue Santiago en representación de ca-
ballero de guerra contra los infieles y San Francisco patriarca de
la orden franciscana. La Virgen María, «constituía la posibilidad
de protección y abrigo, de paz materna en medio de un caos de
proporciones dramáticas para los pueblos y naciones indígenas».187
Pero varios autores han señalado, que las formas religiosas
novohispanas, remite a las diversas configuraciones sincréticas
resultantes del proceso de evangelización colonial, contexto en el
que la reinterpretación de algunas diosas mesoamericanas en
advocaciones de la Virgen María alcanzó singular importancia.188
Por ejemplo, tenemos en un caso, quizá el más popular, que co-
menta Miranda Godínez, que el Tepeyac, donde se aparece la
Virgen de Guadalupe, era un lugar sagrado dedicado a la diosa
Tonantzin. Lo mismo que en Toltepec, donde se encuentra a la
Virgen de los Remedios, existía un cu o adoratorio de deidades
prehispánica.189
Es así, como los fieles, el pueblo, no veneran a una diosa.
Veneran a María que representa y recoge valores de la diosa (lo
simbolizado por la diosa), pero rebosándolos y trascendiéndolos,
cristianizándolos.190 La Virgen en todo momento refleja amor
maternal, consuelo, clemencia y perdón. Por estos atributos ma-
ternales y por muchos otros más tuvo gran aceptación en las po-
blaciones indias recién convertidas al cristianismo en la Nueva
España. En fin, las imágenes se muestran a los fieles como seres
vivientes, las cuales tienen dones taumatúrgicos para curar enfer-
medades y confortar el espíritu, porque son mediadores de Dios
en el cielo y la tierra.
Ante el desconocimiento de las sociedades que antecedieron a
la llegada de los españoles, no podemos afirmar que el culto a la
Virgen de Huajicori fue el resultado de una reinterpretación de
un culto local, pero tampoco descartamos que así fuera.

144
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

-San José
La devoción a San José ha ido creciendo con el tiempo en el
seno de la Iglesia católica, en Huajicori las festividades en su
honor datan del siglo XX. El primer surgimiento de la devoción a
San José, se produce en sentido pleno entre los siglos XII y XV,
propiciado por el retorno a la veneración de la humanidad de Cristo
y el culto a la Santa Virgen impulsado especialmente por San
Bernardo de Claraval en el siglo XII, San Francisco de Asís, en el
siglo XIII, y diversos autores de la «Devotio Moderna». Sin em-
bargo a partir de los siglos XV y XVI, en la época de las reformas
católicas, es cuando se empiezan a producir trabajos enteramente
dedicados a San José.191
En 1555 al haberse celebrado el Primer Concilio Provin-
cial Mexicano se nombró a San José patrono del virreinato de la
Nueva España. Se le consideró abogado e intercesor contra las
tempestades, truenos y rayos. Dice una parte del primer concilio
donde aprueban el Arzobispo de México, fray Alonso Montufar,
D. Vasco de Quiroga de Michoacán, D. fray Martín de Hoja Cas-
tro de Tlaxcala y D. fray Tomás Casillas de Chilapa el patronazgo
de San José.
Y porque de parte de toda la República así eclesiástica como
seglar, con grande instancia nos fue suplicado mandásemos guar-
dar y celebrar la fiesta del glorioso San José, esposo de Nuestra
Señora, y le recibiésemos por abogado y patrón de esta Nueva
Iglesia, especialmente para que sea abogado e intercesor contra
las tempestades, truenos, rayos y piedra, con que esta tierra es
muy molestada y considerando los méritos y prerrogativas de este
glorioso Santo, y la grande devoción que el pueblo le tiene, y la
veneración con que de los indios y españoles ha sido y es venera-
do APROBANDOLO EL SANTO CONCILIO RECIBIMOS AL
DICHO GLORIOSO SAN JOSE POR PATRÓN GENERAL DE
ESTA NUEVA IGLESIA.192

En esa ocasión se pidió a obispos y misioneros de todo el Ar-


zobispado y Provincia, que se celebra su fiesta a San José de do-

145
Efraín Rangel Guzmán

ble mayor o primera dignidad, y se guarde de la manera, que las


otras fiestas solemnes de la Iglesia se mandan guardar y celebrar.
Además quedó establecido que el 19 de marzo sería su celebra-
ción conforme la institución romana lo estipulaba.193
La celebración del santo, primeramente fue una fiesta simple,
y fue prontamente elevada a un doble rito por Inocencio VIII
(1484-92), declarada por Gregorio XV, en 1621, como una fiesta
obligatoria, a instancia de los emperadores Fernando III, Leopoldo
I y el Rey Carlos II (1679) de España, y fue elevada al rango de
fiesta doble de la segunda clase por Clemente XI (1700-21). Ade-
más, Benedicto XIII, en 1726, agregó el nombre en la Letanía de
los Santos.194 El mismo Carlos II mandó jurar que San José fuera
declarado y recibido por titular en todos sus dominios. Señala
Jaime Cuadriello, que según la tradición franciscana, la figura
del patriarca San José desde el mismo siglo XV, fue muy popular
y se le consideraba decisiva en la conquista espiritual de los natu-
rales.195
Por la buena aceptación que había tenido la devoción de San
José en el orbe, una de los primeros actos del pontificado de Pío
IX, siendo él mismo particularmente devoto del santo, fue hacer
extensiva a toda la iglesia la fiesta del Patrocinio en 1847.196 El 7
de diciembre de 1870, de acuerdo con los deseos de los obispos y
de toda la feligresía, el mismo papa declaró al Santísimo Patriar-
ca Patrono Universal de toda la Iglesia Católica después de la
Santísima Virgen María. Dispuso que la fiesta del 19 de marzo
que se efectuara en su honor, debiera de ahí en adelante ser cele-
brada con rito doble de primera clase, pero sin octava por razón
de la cuaresma.197 Posteriormente, siguiendo sus predecesores,
León XIII y Pío X quisieron agregar sus propios elementos más a
la devoción de San José. El primero, permitiendo en ciertos días
la lectura del Oficio Votivo del santo y el segundo, aprobando el
18 de marzo de 1909, una letanía en honor de aquel cuyo nombre
él recibió en su bautismo.198
En 1950 el papa Pío XII fijó el 1 de mayo como la fiesta
de San José Obrero, y encomienda a los obreros de todo el mundo
al patrocinio de San José. Posteriormente, el 19 de marzo de 1961,

146
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

el papa Juan XXIII lo proclama patrono del Concilio Ecuménico


Vaticano II. Es también en el siglo XX cuando se promueve el
culto a la Sagrada Familia, Jesús, María y José en la iglesia ca-
tólica.
La breve revisión que realizamos de la devoción de San José
en la Iglesia Católica y en México, fue con el fin de ubicar
historiadamente el proceso que siguió el culto hasta arribar a
nuestros días. Además nos interesaba asentar cómo surge la fiesta
en honor al santo el 19 de marzo.
En el pueblo de Huajicori según los moradores, la devoción a
San José se introdujo por el padre Margarito Soria a mediados
del siglo XX. Ese sacerdote fue probablemente influenciado por
la promoción que le dieron a la veneración de la Sagrada Familia.
También recuerdan que el día de la festividad el padre oficiaba
misa de alba y por la tarde sacaban al santo a un recorrido por las
calles del lugar. Una vez que arribaba la peregrinación al recinto
sagrado el sacerdote volvía a celebrar otra misa. Aseguran que no
era una fiesta muy popular, porque regularmente los que asistían
eran las personas del municipio. Pero los prelados que estuvieron
después de Soria, difundieron la celebración entre los devotos de
lugares que tradicionalmente visitan a Nuestra Señora de Huajicori
el 2 de febrero. De esta forma fueron acudiendo más personas de
la región, al grado que en la actualidad es la segunda fiesta más
importante del poblado, después de la celebración de Candelaria.
Hay feria comercial, diversión en salas de baile, juegos mecáni-
cos, entre otras cosas, pero en menor proporción que el 2 de fe-
brero.
Sin embargo, nos damos cuenta que durante la festivi-
dad, los visitantes no son atraídos al lugar por el santo, sino por la
virgen. La Virgen de Huajicori, es el principal pretexto por el que
año con año asisten a la celebración de San José. Inclusive ni en
la población local está arraigada la devoción de San José, reali-
zan algunos rituales en su honor, pero la mayoría de ellos son
promovidos por los religiosos y por el obispo de la Prelatura del
Nayar para que no decline la popularidad de la fiesta.
En la fiesta de San José, a la virgen la visten con atuendos de

147
Efraín Rangel Guzmán

gala, lo mismo que en Febrero y la bajan del altar para que los
peregrinos la veneren. Es decir, aunque se sabe que el día se dedi-
ca al santo, la importancia que le dan a la Virgen es superior a la
que se manifiesta a San José. Finalmente, la fiesta de San José, es
otra fiesta que promueve el culto de la virgen. En capítulos poste-
riores trataremos con mayor detalle la devoción a la Nuestra Se-
ñora de Huajicori y los distintos aspectos que integran y tienen
que ver con su culto en el ámbito local y regional.
b) El culto a la virgen: manifestación de la religiosidad popu-
lar

Muchos aspectos que se van a plantear en capítulos posterio-


res tienen que ver con la religión popular hacia Nuestra Señora
de Huajicori. En un culto las directrices o normativas no emanan
sólo de la religión institucionalizada, también se integran aque-
llas prácticas e ideas populares particulares que sirven para afian-
zar, y/o reinterpretar las ideas generales eclesiásticas.
El tema de la religiosidad popular ha sido discutido por mu-
chos especialistas en la actualidad y quizá nunca contemos con
un concepto o definición que valga para todas las realidades so-
ciales que tienen que ver con esa otra manera de vivir y expresar
la religión. En cada cultura, en cada pueblo, existen costumbres,
tradiciones, valores que surgen de cosmovisiones diferenciadas y
de antiguo arraigo, las cuales se quiera o no, se integran a la reli-
gión oficialista, formando así lo que algunos han llamado una
religión católica sincrética. Rodríguez Becerra comenta, que «el
fenómeno religioso, tanto en sus expresiones externas –rituales o
de culto— como en el campo de las creencias, es una realidad
viva que se modifica en interrelación con la economía, la políti-
ca, las formas de organización de la sociedad, los cambios
ecológicos y todos los elementos que constituyen la cultura».199
Por consiguiente, señala Mandianes Castro, que «tal vez nadie
vive la religión en el estado puro de las ideas; se vive en un espa-
cio y en un tiempo determinados; por eso de alguna manera, la
religión, o es popular o no es nada».200
La religión popular está llena de ritos y ceremonias, que sir-

148
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

ven como auxiliares para pedir a las divinidades la fecundidad, la


salud, la cosecha, combatir tempestades, pedir la lluvia, alejar a
los malos espíritus, etc. Estos se celebran en lugares concretos, se
peregrina por las calles del pueblo, por las parcelas, se reza al pie
de un árbol, a la orilla de un río, al pie de una cruz, y en todo tipo
de espacios que se considera son sagrados. De tal manera, que
unas veces la religión popular puede ser vista como un conjunto
de restos de creencias arcaicas, que tienen que ver con otros siste-
mas religiosos, pero que perduran como parte indispensable de la
identidad de los grupos humanos. Que al contacto con la religión
dominante u oficial resulta un producto híbrido, ese resultado se
asimila, se entiende y se expresa en una ideología que se mueve
con preceptos institucionales y al mismo tiempo populares.
En definitiva, retomando a Mandianes Castro, podemos decir,
que la religión popular es un ente con plena autonomía; se opone
a la religión popularizada que practica la gran masa influida por
la predicación de los ministros de las religiones reveladas; es un
conjunto de supersticiones y de gestos mágicos venidos de paga-
nismo y conservados por el mundo rural aislado. Es un conjunto
anti-intelectual, afectivo, pragmático, de creencias adversas a la
objetivización sistemática: la religión popular no tiene dogmas ni
catecismos. Es un complemento dialéctico de la religión oficial y
sólo se puede estudiar dentro de su contexto sociopolítico, eco-
nómico y cultural. La religión popular es la religión vivida y se
opone a la religión canónica.201 Entonces, la religiosidad popular,
se puede entender como el conjunto de expresiones que la feli-
gresía católica ha encontrado en cada época para manifestar su
fe, para: venerar a las imágenes, a las reliquias, visitar santuarios,
peregrinar, rezar, etc. En ese sentido es cambiante y su evolución
está en estrecha relación con la historia local. Es lo que demostra-
remos en el caso de la Virgen de Huajicori.
Dentro del esquema pragmático de la religiosidad popular, la
intervención de la institución eclesiástica, así como instituciones
estatales y locales, grupos de poder o de otros órdenes no está
exenta. Dichas instituciones buscan por un lado, mantener con-
trol en algunas prácticas, a veces para que no se transgredan pa-

149
Efraín Rangel Guzmán

trones rectores oficiales, o para velar por intereses apremiantes.


Es por eso que en algunas ocasiones observamos, que se les da
mayor prioridad e impulso a ciertos aspectos del conjunto de las
prácticas, ya que es ahí donde se quiere reforzar, inculcar o re-
afirmar alguna idea, porque así conviene a las necesidades
institucionales.
Pero aun y con las normas de control impuestas en este caso
por la Iglesia a la llamada religiosidad popular, rebasa los límites
establecidos por la institución. Porque el sentido que ofrece la
institución eclesiástica no es suficiente para responder a las pro-
blemáticas de los fieles. Ellos quieren satisfacer necesidades co-
tidianas y espirituales, que en muchos casos el término eclesial
no contempla del todo. Reconstruyen así el esquema católico de
salvación y explican con sus propias vivencias la realidad sagra-
da. Altera o modifica principios, surgen regularmente pugnas en-
tre las dos instituciones, aquella que nace y se promueve como
oficial y aquella que se ha construido en el pueblo, que se llama
religión popular. La última se populariza en el mayor de los ca-
sos, por autoridades propias que no están oficializadas por la Igle-
sia como los grupos de danzas tradicionales, jefes de barrio, ejido,
etc., como vamos a ver en el capítulo III.
El control de espacios sagrados, imágenes, y bienes eclesiales,
ha provocado por ejemplo enfrentamientos reales entre ministros
de la Iglesia y los nativos de los pueblos.
En el poblado de Huajicori en 1944 se desarrolló un evento,
en el cual estuvieron involucrados los ministros de la iglesia y la
población del mencionado lugar. El problema fue antecedido por
una terrible inundación que se registró en octubre de 1943 y que
afectó severamente la ciudad de Acaponeta y la mayoría de las
poblaciones costeras que se localizaban en la margen del río
Acaponeta. Al ver los habitantes de Acaponeta que el agua estaba
acabando con sus comercios y con toda la infraestructura de la
ciudad, invocaron a la Santísima Virgen de Huajicori para que
calmara la creciente y como pago de acción de gracia le prome-
tieron trasladarla a la ciudad para celebrarle una fiesta en su ho-
nor el 25 de diciembre de 1943. Al parecer el obispo de la diócesis

150
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

de Tepic, Dr. D. Atanasio Hurtado y Robles, dio autorización para


que se llevara a cabo dicho evento, así como lo habían solicitado
los acaponeteneses. El sacerdote de Acaponeta, Leandro Rocha
comunicó la idea al cura de Huajicori Juan Guardado Cisneros y
a la feligresía del mismo lugar, la cual fue anunciada en tres oca-
siones y aceptada por los huajicorenses.
Al recibir la noticia los habitantes de la ciudad, que procedía
el plan, realizaron todos los preparativos para la recepción de la
virgen. Y el sacerdote Rocha, el 24 de diciembre de 1943 acudió
a Huajicori a celebrar la misa de gallo, para el día siguiente con-
ducir a la imagen a Acaponeta. Pero a última hora se arrepintie-
ron los huajicorenses y no les permitieron a los curas que extrajeran
del templo a la virgen. Se sabe, que después de la celebración del
rosario de ese día 24, comenzaron a amotinarse las personas en la
iglesia liderados por dos nativos influyentes y comenzaron agre-
dir a los curas. Como lo señala una circular202 que difundió el
obispo el 10 de enero de 1944 en la diócesis, para dar noticia de
los sucesos en Huajicori y de otras problemáticas de la jurisdic-
ción eclesiástica. En ese documento se mencionan literalmente
los insultos que profirieron los fieles de Huajicori a los curas y al
obispo en esa ocasión. «Que Nuestra Señora no necesitaba de los
sacerdotes; que Ella sola lleva a la gente; que por los P. (padres)
está la Iglesia de Huajicori como está; que todos los sacerdotes
han dispuesto de las limosnas; que en eso de la Virgen ni el Sr.
Obispo tiene nada qué ver».203 Ni la autorización del obispo, ni
todas las razones que dieron los sacerdotes hicieron cambiar de
parecer a los pueblerinos: la imagen no salió de la iglesia.
Ese acto como otros ocurridos en la feligresía de la diócesis,
fueron calificados de indisciplina y desobediencia por el obispo
en la circular distribuida en toda la jurisdicción eclesiástica. El
prelado revisó los reglamentos establecidos por los cánones de la
Iglesia, y haciendo uso de su autoridad castigó a los habitantes
del pueblo por haber desconocido las leyes católicas y por los
insultos con los que cubrieron a los sacerdotes locales, a su pro-
pia persona y a la institución. Hurtado informó a los fieles de
Huajcori los castigos que se les impondrían y lo que tenían que

151
Efraín Rangel Guzmán

realizar para enmendar el error. En la circular No. 81 se expresa


lo siguiente:
A los Sres. Sacerdotes y fieles de la Diócesis

Es muy doloroso para mí tener que tratar en esta Circular de


un asunto, tal vez por la ignorancia de los mal aconsejados fieles
de Huajicori, ha revestido ciertos caracteres de gravedad, según
las noticias que he recibido.
Es el caso que, con ocasión de la terrible inundación que su-
frió la ciudad de Acaponeta el día 9 de octubre de año próximo
pasado, el Sr. Cura y los fieles de aquella Parroquia prometieron
a la Sma. Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de
Huajicori, que si los libraba del gravísimo e inminente peligro en
que se hallaban, llevarían a la Parroquia su Sagrada Imagen y le
ofrecerían una solemne función de acción de gracias, siempre que
la Autoridad Eclesiástica concediera el necesario permiso.
El Prelado, considerando justa la causa alegada y juzgando
que tal homenaje daría mucha gloria a la Sma. Virgen, cuya Ima-
gen iba a ser tan solemne honrada, concedió la licencia por una
vez, si los fieles de Huajicori convenían en ello. Todos estuvieron
de acuerdo, incluso las personas principales del lugar, y por tres
veces se dió al Sr. Cura de Acapopneta la seguridad de que todo
estaba arreglado. De aquí se avisara a los fieles de Acaponeta que
el día 25 de diciembre sería la función de acción de gracias, con
la presencia de la Venerable Imagen de Ntra. Señora de Huajicori,
noticia que fue recibida con desbordante entusiasmo y alegría.
Así las cosas, el P. Vicario de Acaponeta, a quienes deben
muchos favores no menos que a su párroco los fieles de Huajicori,
fue allá el día 24 para celebrar la Misa de Gallo y otra al día
siguiente, y en seguida trasladar con el debido respeto y seguri-
dad la S. Imagen. Pero en la misma noche, después del Rosario,
los fieles de Huajicori, movidos y azuzados ocultamente por dos
de los vecinos influyentes que antes también dieron su consenti-
miento, se amotinaron contra el Padre y lo injuriaron, poniéndolo
en muy grave peligro, y lanzaron insultos contra los Sacerdotes y
el Prelado.

152
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

En medio de aquel tumulto, los fieles de Huajicori se opusie-


ron a que la V. Imagen visitara a Acaponeta y entre injurias afir-
maban: que Ntra. Señora no necesitaba de los Padres; que Ella
sola lleva a la gente; que por los Padres está la Iglesia de Huajicori
como está; que todos los sacerdotes han dispuesto de las limos-
nas; que en eso de la Virgen ni el Sr. Obispo tiene nada que ver,
etc.
Al día siguiente se presentó en el pueblo el Sr. Cura de, acom-
pañado de dos personas católicas y de representación, convoca-
ron a los habitantes, les hablaron con buenas razones, los invitaron
a manifestar las causas que tenían para haber cambiado de pare-
cer; pero todo fue en vano; ni expusieron razones, ni alegaron
causa alguna; sólo insultos y risas burlescas fue lo que se obtuvo,
según me han informado.
Ahora bien; como esos actos de indisciplina y desobediencia,
por no llamarlos de rebeldía, contra la Autoridad Eclesiástica y
las leyes de la Iglesia, van multiplicándose en la Diócesis, pues
ya son tres los que se han registrado: uno, en Mixtlán, Jal., contra
el Párroco que trataba de cumplir una disposición del Prelado,
dictada en la Sta. Visita Pastoral; otro, en San Vicente, de la Pa-
rroquia de Rosamorada, contra mandatos expresos del Prelado,
contenidos en dos Moniciones Pastorales relativas a una Imagen
que decían haberse renovado; y el tercero, en Huajicori, según
queda narrado antes; y como una de las causas principales de
estos lamentables sucesos, entre otras varias, es la tremenda ig-
norancia religiosa que cada día va acentuándose más entre los
fieles, junto con el espíritu de rebeldía y las disolventes doctrinas
que ha predicado e infiltrado por todas partes la Revolución, el
socialismo, el comunismo y la escuela atea, envenenando el am-
biente y las almas principalmente de la personas sencillas e igno-
rantes; he juzgado de mi más estricto deber el urgir la observancia
de las leyes eclesiásticas y condenar esos abusos que se van in-
troduciendo contra la disciplina eclesiástica, sobre todo en lo
que se refiere a la obediencia a los legítimos superiores eclesiás-
ticos, al culto de Dios, de la Virgen Santísima y de los Santos y a
la enseñanza de la Doctrina Cristiana, para que se conserve la

153
Efraín Rangel Guzmán

pureza de la Fe y de las costumbres en el pueblo cristiano (c. 336)

Prohíbe el obispo a los sacerdotes de Huajicori celebrar misas


en el santuario; a los fieles ir en peregrinaciones; entregar donati-
vos y cualquier cosa que tenga que ver con ofrendas; pagar man-
das los fieles locales y externos en dicho lugar. Es decir el culto
de Nuestra Señora de Huajicori, al parecer quedó en total desam-
paro durante un año. Sólo los ministros tenían autorización para
atender a los enfermos del lugar. El castigo no se les levantó, sino
hasta que los nativos mostraron arrepentimiento cuando solicita-
ron al alto jerarca de la diócesis que se reanudaran todos los ser-
vicios de culto.
Y volviendo al asunto de Huajicori, claro está que debo defen-
der, porque es de justicia, los fueros de la verdad, de los Sacerdo-
tes y de la Iglesia, contra las recriminaciones que se les lanzaron.
Ante todo conviene recordar que los Obispos que son los su-
cesores de los Apóstoles, puestos por derecho divino al frente de
la Iglesias particulares, que gobiernan con potestad ordinaria bajo
la autoridad de Romano Pontífice; y que los Obispos Residencia-
les son los Pastores ordinarios e inmediatos en sus Diócesis (cc.
329-334), y, por consiguiente, ejercen su autoridad sobre sus súb-
ditos, Sacerdotes y seglares, de manera directa, sin ningún inter-
mediario; y que los Párrocos, bajo la autoridad del Ordinario,
ejercen de oficio la cura de almas respecto a sus feligreses no
exentos legítimamente (c. 464), siendo auxiliados en esto por sus
Vicarios y otros Sacerdotes, bajo su autoridad; y que el culto que
se tributa a Dios, a la Sma. Virgen y a los Santos se ha de sujetar
a las leyes de la Iglesia de manera que no se introduzca en él
ninguna práctica supersticiosa, ni cosa alguna que sea contraria a
la Fe, o esté en desacuerdo con la tradición eclesiástica, o tenga
apariencia de lucro indigno (c. 1261), dependiendo de los Minis-
tros de la Iglesia únicamente de sus Superiores Eclesiásticos en el
ejercicio del culto (c. 1260)
Mienten, por lo tanto, los que afirmaron que la Sma. Virgen
no necesita de los Sacerdotes; porque los Sacerdotes son parte
esencial de la Iglesia de Cristo, y de la Virgen Sma. Sólo acepta y

154
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

se complace en el culto que se le tributa conforme a las prescrip-


ciones de la Iglesia, cuyo cumplimiento está encomendado a los
Sacerdotes.
Mienten los que afirmaron que la sola Imagen de Ntra. Señora
lleva la gente a Huajicori; porque no es la Imagen material e in-
animada la que concede favores y gracias y atrae a los fieles; sino
la Madre de Dios que está en el cielo es la que obra esas maravi-
llas valiéndose de su Imagen como de un instrumento.
Mienten y calumnian quienes afirmaron que los Sacerdotes se
han apropiado de las limosnas y que por es la Iglesia está como
está; pues existen las cuentas que desmienten tal afirmación, y
ahí están las obras de reparación que varios Sacerdotes en distin-
tos tiempos han hecho, y aún se hacen al Santuario, las cuales
obras han costado mucho dinero, que no era por cierto de los de
Huajicori.
Mienten, por último, quienes afirmaron que el Obispo nada
tiene que ver con la S. Imagen que se venera en Huajicori; porque
el Obispo Residencial, aunque indigno, es el único que, bajo la
autoridad del Sumo Pontífice y después de El, tiene pleno dere-
cho para disponer y ordenar, de acuerdo con el Derecho Canóni-
co, cuando exija el bien de las almas y de la Diócesis, sin excepción
de personas, ni de lugares, ni de cosas, fuera de los legítimamente
exentos, y, consiguientemente, al Obispo corresponde el derecho
de vigilar y ordenar lo que toca a esa Imagen y a todas las demás
Imágenes que existen en las Iglesias de la Diócesis.
Y a fin de obtener la conversión y enmienda de los culpables
y poner un remedio, aunque doloroso, a tan grave mal me ha pa-
recido necesario dictar las siguientes disposiciones que «DURA-
RAN MIENTRAS LOS FIELES DE HUAJICORI NO
RECONOZCAN LA AUTORIDAD DE SU PÁRROCO Y DE
SU OBISPO Y PROMETAN SINCERAMENTE LA OBEDIEN-
CIA Y ENMIENDA:

1º._ A partir de esta fecha los Sres. Sacerdotes se abstendrán


de celebrar la Santa Misa en el Santuario de Huajicori; pero sí se
atenderá y auxiliará a los enfermos de dicho pueblo.

155
Efraín Rangel Guzmán

2º._Igualmente los fieles se abstendrán de ir en peregrinación


al Santuario de Huajicori, y no darán limosnas, ni cera, ni otras
ofrendas a dicho Templo.

3º._Quienes deban mandas (o votos) a Nuestra Señora de


Huajicori, concedo que las paguen en las iglesias del lugar donde
viven o en su Parroquia.

4º._ Exhórtese a los fieles a estudiar y a instruirse en la Doc-


trina Cristiana y a obedecer dócilmente a la Santa Madre Iglesia
Católica, Apostólica Romana. Esta Circular se leerá en todas las
Misas, como de costumbre, el domingo siguiente a su recibo. Dios
guarde a Uds. Muchos años.

† Anastasio, Obispo de Tepic. Bibiano M. Mena, Vice-Canci-


ller.204

La actitud que manifiestan los habitantes del pueblo, resulta


de su sentir particular de la religión. Para ellos, el hecho de no
estar de acuerdo con las disposiciones de los curas, no puede
traducirse en pecado, desobediencia o indisciplina como lo cali-
ficaron los religiosos y el obispo, porque están defendiendo algo
que consideran como suyo. Al pensar que la imagen se iba a ale-
jar de ellos, se inquietaron y temieron ser despojados de ella. La
imagen, es apreciada aquí como un símbolo que constituye su
identidad, la consideran autoridad, guía, esperanza y doctora que
alivia los problemas espirituales y sociales. El sentido de perte-
nencia lo justifican los pueblerinos, con el hecho de que la ima-
gen no la llevaron los frailes a la iglesia, sino que su llegada
responde a un acto divino. La virgen arribó al pueblo milagrosa-
mente, ella eligió Huajicori para quedarse, porque así lo asienta
la historia mítica que conservan en la tradición que en el siguien-
te capítulo vamos a exponer.
Alegan los huajicorenses que los sacerdotes y el obispo no
tienen nada que ver con la virgen, porque no es de su propiedad.
Además, ellos no entienden que los administradores de la Iglesia

156
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

tienen pleno dominio sobre las casas religiosas y todo lo que ten-
ga que ver con el culto divino. Para ellos no tienen valía los pre-
ceptos que establece el Código de Derecho Canónico, porque ni
siquiera los conocen. Por ejemplo el que dice, que
«los Ordinarios de los lugares deben vigilar para que se obser-
ven fielmente las prescripciones canónicas referentes al culto di-
vino; asimismo han de vigilar de un modo particular para evitar
la introducción de alguna práctica supersticiosa en el culto pú-
blico205 o privado206*
y en la vida cotidiana de los fieles, y no han de tolerar cosa
alguna que sea contraria a la fe, que esté en desacuerdo con la
tradición eclesiástica o tenga apariencia de lucro indigno.207

En el contexto de la religión popular en cambio, los sujetos de


la religión son muchos; de modo que no se puede dejar de lado la
tensión que se establece entre la religión popular y la religión
oficial.208 Los que viven la religión popular, fijan sus propias nor-
mas y los alcances de éstas son distintos a las que regula la Igle-
sia; se expresa el catecismo, la devoción o fe en planos distintos;
sienten a las imágenes como parte importante de sí; no entienden
por qué los ministros eclesiales limitan los sentimientos indivi-
duales en la forma que lo expresan, si es una entrega total; no se
explican por qué los administradores de la doctrina tienen más
poder en el control de las imágenes, si éstas se encuentran en sus
pueblos y son consideradas elementos preponderantes en su vida
socio-cultural y espiritual; además llegaron a ellos milagrosamente
y no por medio de las autoridades eclesiásticas. En fin, los fieles
quieren vivir la religión de forma desbordante, sin límites, lo úni-
co que interesa es alcanzar a Dios con los méritos que creen nece-
sarios y verdaderos.
A continuación presentamos la versión que defienden los
huajicorenses sobre el suceso.
La Virgen de Huajicori es muy milagrosa, porque cualquier
favor que uno le pide se lo concede por más difícil que parezca.
Aquí en el pueblo creemos mucho en nuestra Virgen, desde que
se apreció aquí siempre ha estado en su templo y nosotros la cui-

157
Efraín Rangel Guzmán

damos mucho.
Mira, una vez pasó un caso cuando estaba aquí el padre Juan
Cisneros, y en Acaponeta estaba el señor cura Leandro Rocha.
Ah, pos resulta que por el mes de octubre entre el siete y el nueve
más o menos de 1943 azotó un fuerte ciclón que después se con-
virtió en inundación muy fea. Entonces todos esos lugares de
Acaponeta para abajo, como siempre, se inundaron. ¡Ah! Pos ya
se apaciguó la tempestad y como a los dos meses se deja venir de
Acaponeta el P. Leandro Rocha con el brete de llevarse a la Vir-
gen para Acaponeta, alegando que ya tenía el permiso del Padre
de aquí [...] y del señor obispo. Entonces el padre Cisneros le
dijo al padre Rocha: yo no respondo si los indios de aquí se eno-
jan porque se llevan su Virgen». Y contestó, no que se van a eno-
jar, en la iglesia uno manda y la gente no tiene nada que decir. A
pos ese alboroto fue en diciembre en los días de la navidad.
Así pasó, el padre Rocha no entendió razones, él a fuerza la
quería sacar aunque no fuera del consentimiento de la gente del
pueblo. Pero al poco ratito se van dando cuenta de ese cosa los
que eran más allegados a la virgen, [...] los que formaban el Co-
mité de la Vecindad (Junta vecinal) pues, llegó el rumor primero
con ellos, y ellos no perdieron tiempo se encargaron de avisarle a
todo el pueblo y al poco ratito ya estaba todo el gentío en la puer-
ta de la iglesia suplicando que no la bajaran del altar. Algunos se
armaron y decían: «a la virgen no la sacan de aquí».
La gente muy alebrestada ya, en eso sacó una hoja que según
el padre Rocha venía de con el Obispo que decía: que le presta-
ran unos días la Virgen a los de Acaponeta y que luego la regre-
saban. La gente no entendía razones, al poco ya medio se calmaron
y el cura Rocha ordenó bajarla del altar, y hay la traen pa’fuera,
pero que al llegar a la puerta mayor se les hizo grande, no cupo en
la puerta y la volteaban de un modo y de otro y pos nomás no la
pudieron sacar. También dizque cada paso que daban, zas, zas, se
le caía la luna de oro, con nada se la podían detener. El caso que
la Virgen no quiso caminar y el cura de Acaponeta enojado por-
que a fuerzas quería cargar con ella. Hasta que al último dijeron
los que la llevaban, señor cura, la Virgen no quiere caminar, la

158
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

luna se le cae cada rato, hay que regresarla al altar.209

Señalan los de Huajicori, que no fue por su oposición sino que


por un acto milagroso la imagen no decidió salir del templo. No
se debió tanto al hecho de que ellos no hayan obedecido a la deci-
sión de los sacerdotes, la imagen se resistió a salir, porque, por
más que intentaron sacarla, milagrosamente empezaron a suce-
der una serie de cosas, que no fueron provocadas por voluntad
humana, sino por razón sobrenatural.
El principal temor que tenían los nativos, es que ya no les
regresaran a la virgen. Y si sucedía eso, se quedarían desampara-
dos y al mismo tiempo ya no celebrarían la fiesta de la Candelaria
en el lugar, que es parte fundamental de su patrimonio cultural y
financiero como veremos en el capítulo III. En la decisión que
tomaron los nativos, se conjuntaba por un lado, el temor al des-
amparo espiritual y al mismo tiempo, al desamparo económico.
Porque la virgen era símbolo de fe, pero también les permitía
obtener mayores recursos durante la celebración de febrero.
Y el motivo del padre de querer tener allá a la virgen, era nomás
dejarla allá y celebrarle allá mismo la fiesta del 2 de Febrero, del
Día de la Candelaria para que le cayeran los dineros de la limosna
allá. Porque lo que sea, la Virgen de Huajicori en la fiesta [...]
como recibe muchísimas limosnas y eso era lo que quería ese
padre, apoderarse de la Virgen y de la fiesta. También como la
imagen es muy milagrosa, la fiesta es muy grande y bonita, pos
que mejor que se celebrara allá, decía el padre Rocha. Pero la
gente de aquí, ¡nombre que iban a dejar que se la llevaran! Prime-
ro yo creo que los mataban que arrancárselas de las manos, eso
porque la gente la quiere mucho y así nomás porque si se la iban
a llevar, ni cuando. Y pues eso hizo que se enojaran los curas.210

En la ocasión del suceso, como ya lo asentamos, castigó el


obispo a los feligreses de Huajicori, suspendiendo el culto en el
santuario de Nuestra Señora. El obispo y el sacerdote de Acaponeta
principalmente, intentaron detener a la gente de la ciudad para
que ya no fueran a visitar la imagen a Huajicori. Para esto, el

159
Efraín Rangel Guzmán

padre Rocha mandó pintar un cuadro con la virgen211, para que la


veneraran en la parroquia y evitaran ir al pueblo. Pero la devo-
ción estaba tan arraigada entre los habitantes de Acaponeta, que
nunca dejaron de ir a Huajicori.
Pasó ese milagro de la Virgen, que no quiso salir del templo y
el padre se fue muy enojado, yo creo que hasta chispas aventaba
de coraje, porque no pudo con la Virgen, mucho menos con la
indiada de Huajicori. El cura no se quedó conforme, entonces
mandó hacer una pintura grande de la Virgen de Huajicori y la
puso en la pura entrada de la iglesia de Acaponeta. Según la fina-
lidad fue, de que las personas de allá ya no vinieran a venerarla a
Huajicori y además para que no vinieran a la fiesta. Pero de nada
le sirvió todo ese chistecito que hizo, la gente no le importó se-
guían viniendo a ver a la Virgen a Huajicori y también a la fiesta
ni un año faltaron. Y eso es porque los de Acaponeta quieren más
a la Virgen de Huajicori que a la de ellos, la Virgen de la Asun-
ción. Eso se puede confirmar cuando se llega el día de la fiesta de
Huajicori, que la ciudad de Acaponeta se vacía, toda se viene
para acá y todos los alrededores quedan solos, la gente se va pa-
gar las mandas a la Virgen o a verla aunque sea, pero casi nadie se
queda en sus casas. Pos así pasó esa cosa, yo ya estaba grande
porque eso fue por ahi como el cuarenta y tres, cuando hubo esa
inundación que inundó todo Acaponeta como todos los años les
pasaba a los pobres.212

El castigo impuesto a los vecinos de Huajicori, duró un año.


Señala el padre Enrique Orozco, que «con las radicales medidas
que se aplicaron, decayó el culto, menguaron las peregrinaciones
y se entibió la devoción a Nuestra Señora de Huajicori; pero al
mismo tiempo resultaron muy saludables y la reacción del vecin-
dario muy plausible y después de un año de tan lamentable situa-
ción, lleno de consuelo y alegría el corazón del Obispo de Tepic,
Dr. D. Atanasio Hurtado y Robles como lo comunicó en otra Cir-
cular del 25 de enero de 1945»,213 levantó el castigo en la fecha
indicada porque los fieles de Huajicori arrepentidos de sus actos
solicitaron que reabriera el culto, para celebrar como todos los

160
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

años la tradicional fiesta de la Candelaria en febrero.


La circular dice lo siguiente:
Con verdadera alegría de mi alma hago del conocimiento de
todos que, Gracias a Dios Nuestro Señor y a su Madre Santísima,
bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción de los
Remedios, que se venera en el Santuario de Huajicori, Nayarit,
los fieles de dicho pueblo, arrepentidos de sus graves faltas co-
metidas en los días 24 y 25 de diciembre de 1943, han solicitado
que se les levante el castigo que, por medio de la Circular Núm.
81 de fecha 10 de enero de 1944, se les impuso como consecuen-
cia de su indisciplina y desobediencia contra la Autoridad Ecle-
siástica, y de las injurias y aún calumnias lanzadas contra sus
sacerdotes a quienes tantos favores debían y contra el mismo Pre-
lado. La Virgen Santísima de Huajicori, sin duda alguna, se ha
interesado por aquellos sus hijos culpables y les ha alcanzado de
su Divino Hijo el arrepentimiento sincero, ya que por cartas,
memoriales y comisiones, han reconocido la Autoridad de la Santa
Iglesia y del Prelado, han protestado la obediencia debida a ellos,
a su Párroco y a los demás sacerdotes, legítimamente nombrados;
han dado una pública satisfacción por las injurias y calumnias de
que hicieron objeto a sus Superiores Eclesiásticos como consta
por el Documento publicado en «PRENSA LIBRE»; y han pro-
metido seriamente que no se repetirán tan bochornosos hechos.
En vista de todo lo expuesto, para mayor gloria de Dios, honor de
su Madre Santísima y bien de las almas, me ha parecido conve-
niente disponer:
1º.—A partir de esta fecha, los Sres. Sacerdotes podrán ya
celebrar la Santa Misa y demás actos de Culto Católico en el
Santuario de Nuestra Señora de Huajicori.
20.—Quedan sin efecto las otras disposiciones contenidas en
la Circular Núm. 81.
3º.—Celébrese en el Santuario de Nuestra Señora de Huajicori
un Tridui en Acción de Gracias a la Santísima Virgen por este
grande beneficio que ahora concede a sus hijos y devotos. Este
Triduo preceda a la Fiesta de Nuestra Señora de Huajicori, que se
celebra el 2 del próximo febrero.

161
Efraín Rangel Guzmán

4º.—Exhórtese muy encarecidamente a los fieles del expresa-


do pueblo a recibir con disposiciones debidas los Santos Sacra-
mentos de la Confesión y de la Sagrada Comunión en esos días y
a abstenerse de escándalos, embriagueses y otros desórdenes con
que suelen profanarse las fiestas religiosas, porque a la Santísima
Virgen debe honrarse y Ella sólo acepta y se complace en el culto
que se tributa conforme a las prescripciones de la Santa Iglesia.
Esta Circular se leerá en todas las misas como de costumbre, el
domingo siguiente a su recibido. Dios Nuestro Señor guarde a
Uds. Muchos años † Anastasio, Obispo de Tepic. Bibiano M.
Mena, Vice-Cancelario214

Con lo anterior nos queda claro, que el poder civil es final-


mente incompetente, en todos los aspectos que tengan que ver
con organización o reglamentación del culto divino. Es decir, a
los ojos de la Iglesia, los fieles no tienen ninguna facultad para
decidir sobre algún culto determinado. Es aquí, entonces, donde
entran en conflicto el poder de la religión oficial y el que ejercen
los individuos que viven la religiosidad popular. Por eso, para
evitar que se contaminen los principios y conductas regidas por
el régimen eclesiástico, con aquellas manifestaciones propias del
paganismo, la Iglesia «somete a su control y dominio las expre-
siones populares de la religión».215 Pero no siempre lo logra, o
quizá tenga la Iglesia el poder de reprimir las prácticas pero no
puede regir las creencias que sostienen y animan la religión po-
pular.
En fin, la tradición mariana de Nuestra Señora de Huajicori ha
venido avanzando en el tiempo y se ha sometido a reestructura-
ciones que el propio devenir histórico exige. Por ejemplo, la doc-
trina de Huajicori antiguamente formaba parte de la provincia de
la Nueva Galicia; una vez que se fundó el obispado de Guadalajara
se integró a éste; luego en 1891, cuando se creó la diócesis de
Tepic fue anexada a ella, y en la segunda mitad del siglo, en 1962
incorporaron a Huajicori a la Prelatura del Nayar.216 En la actua-
lidad el obispo y sacerdotes de la Prelatura, discuten la idea de
trasladar la sede de Jesús María del Nayar a Huajicori. Ya que el

162
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

culto de Nuestra Señora de Huajicori, por tener amplia populari-


dad en la región, atrae buenos ingresos principalmente en la cele-
bración de febrero, día de la Candelaria y en marzo, día de San
José. Otro de los aspectos que fortalece la inquietud, es la ubica-
ción del lugar, al pie de sierra donde las vías de acceso y medios
de comunicación son más favorables que los de Jesús María que
está enclavado en lo alto del Nayar entre los coras. Además las
instalaciones con las que cuenta la iglesia de Huajicori también
son mejores.

Conclusión

En este capitulo, intentamos destacar los eventos históricos


más sobresalientes que acontecieron en la región de estudio, des-
de el siglo XVI hasta entrado el siglo XX. No pretendimos en
ningún momento realizar un estudio histórico detallado, porque
ésta no era nuestra intensión. Al asentar en este capítulo los pro-
cesos históricos, procuramos siempre que fuera la base para com-
prender todos los aspectos que abordaremos en los capítulos
posteriores. La pretensión principal era la de construir un capítu-
lo donde se concentraran los antecedentes de la evangelización
en el área, aspecto impulsor de muchos sucesos que repercutie-
ron en la vida sociocultural de los nativos. A través de ella, se
transformaron los espacios sagrados paganos, en espacios de cul-
to cristiano, los indios considerados infieles se convirtieron en
fieles, muchas de las lenguas autóctonas tuvieron que morir al
introducirse la lengua hispana, lo mismo que miles de naturales
para que se propagara el catecismo. La creación del ejido fue
fundamental en la propagación del culto que estimularon tam-
bién las autoridades civiles como observaremos en el capítulo III.
El proceso de mestizaje todavía incompleto a principios del siglo
XX cuando se consideraba Huajicori como pueblo indígena, es
esencial para entender como se combinan en el culto a la virgen
tradiciones mestizas e indígenas tema que será objeto del siguiente
capítulo.
Vimos también como evolucionaron en Huajicori las de-

163
Efraín Rangel Guzmán

vociones primero a San Sebastián, luego a Nuestra Señora de


Huajicori o a la Candelaria y últimamente a San José. Constata-
mos que la Virgen desplazó tanto a San Sebastián como a San
José. Evocamos finalmente a la religión popular en la cual se
enmarca el culto bajo estudio.

164
II
Historia mítica de Nuestra Señora de
Huajicori

En las distintas culturas se forjan mitos relacionados con las


realidades sociales y culturales. Estos son el medio más práctico
para rememorarse el pasado, marcar los eventos iniciáticos que
forjan el ser de las sociedades. Los mitos son parte de la
cosmovisión de los pueblos, pero estos no siguen un orden
cronológico-lineal, el tiempo se marca por «un tiempo
cualitativamente diferente»217 y funcional para los portadores. «El
mito se considera como una «historia sagrada» y, por tanto, una
historia verdadera, puesto que se refiere siempre a realidades».218
Cumple el papel de ordenador de la vida humana y manifiesta
una realidad que está implícita y explicita en la actuación los in-
dividuos. En un relato de estructura mítica los seres divinos im-
portan por lo que hacen, no por lo que son. La Virgen de Huajicori
no tuviera significación para sus devotos sin sus milagros, sin sus
bondades, sin su historia que le da el nombre y la hace diferente
de otras. Es decir, estos seres son personajes dramáticos, su fun-
ción es otorgar un sentido a las realidades significativas de una
cultura dada. Es el medio con el que se hace coherente la existen-
cia de las sociedades, es otra manera de sentir la historia, de re-

165
Efraín Rangel Guzmán

cordar y hacer significativos los acontecimientos que tienen ma-


yor peso en la conciencia individual y colectiva. Por ello, el fac-
tor mito se encuentra impregnado en muchas de las prácticas
religiosas y culturales que llevamos a cabo día a día. «En medio
de los quehaceres cotidianos sancionados por la sociedad como
la realidad más objetiva, encontramos nuestro mundo estructura-
do por muchos de los mitos y leyendas».219
Por su parte, el mito ni es ciencia ni es historiografía.
Aunque se conozca el origen causal de la realidad, el mito lo
ignora, pasando a su origen primordial. Es por eso que el aconte-
cimiento originario narrado en el mito no explica, sino que trans-
significa.220 En esencia estas historias contadas pueden ser la
expresión de una vinculación de la comunidad con una imagen,
pero no sólo eso, también expresan la vinculación de la comuni-
dad con un espacio, un territorio, lugares sagrados y ceremonia-
les, y al mismo tiempo rituales específicos. Como lo veremos en
el caso bajo estudio, la imagen elige a sus fieles, establece límites
en el territorio, un lugar determinado para quedarse y pone con-
diciones para erigir su culto. En fin, las imágenes siempre están
ocupando el mundo celestial y el humano el mundo terrenal. Pero,
los espacios elegidos por las divinidades están «caracterizados
por la existencia de puntos sagrados susceptibles de ser usados
como centros, cuyo objeto es el de servir de lugar de encuentro
entre los entes sobrenaturales y los seres humanos».221
El culto a Nuestra Señora de Huajicori se compone de un
sin fin de elementos que le dan vida, forma, trascendencia en
espacios sociales y circunstancias históricas. Uno de estos ele-
mentos es el mito que lo caracteriza. La historia mítica de la Vir-
gen de Huajicori contada por los moradores y creyentes, nunca
ha sido escrita, porque quizá su función era más bien permanecer
en la memoria y trasmitirse como un texto oral. Respecto a mitos
sobre la virgen se han podido recuperar algunos en la parte alta
del sur de Durango, específicamente en el municipio de Mezquital
y en el municipio de Huajicori, Nayarit. Los relatos que cuentan
los indígenas tepehuanos y los mestizos tienen cierta relación,
pero la interpretación y significado que cada uno maneja presen-

166
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

ta algunas variaciones. Las variaciones son fruto de las maneras


particulares de concebir el mundo desde el espejo de su cultura,
de las creencias, de los espacios de orden cotidiano y sagrado, de
las deidades que dan sentido a su existir individual y colectivo.
En el primer apartado trataremos los mitos conocidos por los
mestizos, el significado y funcionalidad que tiene para ellos. Pos-
teriormente se describirá el mito que saben los indígenas, las ca-
racterísticas particulares que posee para así establecer las
semejanzas y diferencias entre uno y otro. Se hace hincapié en la
zona correspondiente al municipio del Mezquital y al municipio
de Huajicori. Porque posee una singularidad especial, la cual se
debe a que los grupos humanos que la habitan a lo largo de la
historia han tenido mucha movilidad, han establecido vínculos
culturales, comerciales y de otra índole. Regularmente el indíge-
na es el que va hacia los mestizos buscando el sustento para sus
familias, en cambio la presencia del abajeño no se registra en la
sierra con la misma intensidad, pero aún así fluyen saberes y
mercancías entre los dos grupos. En este mismo capítulo se abri-
rá un espacio para hablar de otros mitos recuperados en la parte
indígena que tienen una enorme significación en este grupo y se
relacionan con el de la virgen. En ellos se expresa el sentimiento
indígena hacia los símbolos sagrados católicos, se discute el sen-
tido de pertenencia al grupo indígena o mestizo y el significado
de la vida y el otro mundo existente después de la muerte.
A lo largo de este capítulo utilizaremos la palabra «tepehuanos»
para denominar al grupo étnico que habita el sur de Durango y
sierra de Huajicori. Ya que los nativos de las partes bajas de
Nayarit, especialmente los huajicorenses comúnmente así le lla-
man a dicho grupo, contrario a «tepehuanes» como se les nombra
en obras y artículos que han elaborado estudiosos sobre ellos.
También los mestizos del norte de Nayarit suelen identificar a los
indígenas indistintamente del grupo que sean como «poblanitos»
o «coritas».

1. El mito fundacional entre los mestizos

167
Efraín Rangel Guzmán

Primer relato
Las narraciones contadas sobre el origen de Nuestra Señora
de Huajicori, de acuerdo a su estructura señalan un principio, un
desenlace y un final. En uno de los mitos que cuentan los viejos
huajicorenses, la llegada de la imagen al pueblo se dio a través
del agua. Cuentan que un día, (nunca se menciona la fecha) es-
tando una indígena lavando en la orilla del río Acaponeta vio que
venía flotando sobre la corriente algo, al principio no pudo ase-
gurar que era. Pero cuando aquella cosa pasó frente a ella pudo
percatarse que era un «guaje» (o bule partido por la mitad) el que
flotaba, la curiosidad la obligó a que fuera tras él, lo atrapó y en
ese instante pudo darse cuenta que en su interior estaba la virgen
que posteriormente llamaron «Virgen de Huajicori». Tomó el re-
cipiente con todo y virgen, al momento se dirigió a darles la noti-
cia a los pobladores los cuales se vieron muy impresionados. El
relato ya no da más detalles sobre qué pasó luego con la ima-
gen.222

Segundo relato
El otro mito que conocen los huajicorenses ilustra mejor el
origen de la virgen, la travesía que emprende para llegar al pue-
blo y las condiciones que establece a los nativos para quedarse
con ellos. La virgen decide huir de su lugar primigenio en busca
de sus fieles y de un espacio más apropiado para establecer el
culto. El mito lo dividiremos en cuatro etapas fundamentales: en
la primera se describen las condiciones en que se encontraban los
moradores de Huajicori antes de la aparición de la virgen; en la
segunda se aborda las causas que originaron el abandono de los
indígenas de Sihuacora y la ruta que siguió la imagen para llegar
al pueblo; en la tercera, se describirá el momento de la aparición;
y en la cuarta, el establecimiento del culto en el lugar elegido por
la imagen.

a) Primera etapa- Aparición en el guaje

Señalan los nativos que «en el verano223 de los Juárez» había

168
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

una capilla donde se veneraba a San Sebastián. Fue la primera


capilla y primera imagen que se tuvo en el lugar.224 Una vez en
temporada de aguas duró varios días lloviendo y creció tanto el
río que arremetió contra la iglesia y el pueblo, se llevó todas las
casas de palma, animales y hasta el santo, quedó desierto el lugar.
En ese tiempo el pueblo estaba por la rivera del río Acaponeta,
protegido por un malecón natural de paredones de tierra y peñas-
cos. Cuando pasó la terrible inundación los indígenas quedaron
muy desconsolados al ver que todos sus bienes se habían ido en
el río, la iglesia había sufrido grandes daños y el santo pues había
desaparecido junto con las demás cosas. Al poco tiempo pasó un
acontecimiento muy extraño, resulta que a las afueras del pueblo,
en el monte se apareció la virgen al pie de un «guaje o árbol
cuastecomate225». Un indígena la encontró, llevó el aviso al pue-
blo, la recogieron y la trasladaron a la iglesia ruinosa de San
Sebastián.
El suceso milagroso les trajo alivio y pensaron que se había
aparecido para ocupar el lugar de San Sebastián. Pero a los pocos
días los sorprendió una nueva noticia, se dieron cuenta que los
indígenas de la comunidad de Sihuacora andaban buscándola
porque se había venido de con ellos y la querían regresarla a su
pueblo. Decían que había huido porque cuando le estaban cele-
brando su fiesta el dos de febrero los indígenas cometieron algu-
nas faltas que no fueron de su agrado, se enojó y los abandonó.226

b) Segunda etapa- Cuando abandona a los indígenas de


Sihuacora

Al haber presenciado la imagen las faltas que cometieron los


indígenas sihuacorenses durante la fiesta, se enoja y los castiga
abandonándolos. Estas faltas seguramente fueron graves porque
la determinación que tomó la divinidad fue muy radical y pesar
del arrepentimiento que le demostraron los nativos posteriormente
no lograron convencerla para que se quedara. La virgen se des-
aparece así de la comunidad de Sihuacora, los indígenas no saben

169
Efraín Rangel Guzmán

nada de su paradero, la buscan por todos los alrededores de la


serranía y no la encuentran. Hasta que un día fue encontrada por
un indígena en un lugar que se llama Cimientos, se localiza a seis
horas de distancia de Sihuacora por el camino que siguen los in-
dígenas para ir a Huajicori. Pronto van por ella, la colocan en el
altar de la iglesia, la Virgen pasa el día en el lugar pero en la
noche se desaparece y vuelve sola a Cimientos. La regresaron en
tres ocasiones pero la imagen ya no quiso estar con ellos. Enton-
ces optan porque se le construya una capilla en el sitio que que-
ría, los indios comienzan a hacer los trazos y a construir los
cimientos. La Imagen no convencida que ese es el lugar ideal
para quedarse, nuevamente se desaparece y continúa la ruta. Al
poco tiempo es encontrada por otro indígena en un punto que
nombran los Altares, cercas de la comunidad del Riyito y lejos
de Cimientos.
En el sitio de Cimientos como queda dicho se comenzó a edi-
ficar su iglesia, pero quedó en cimientos, por este hecho recibió
tal nombre el lugar. En los Altares los narradores no indican que
se le haya edificado alguna capillita, sólo se menciona que dicho
sitio corrió la misma suerte que los anteriores, fue abandonado.
Ahora hace escala en Tierra Blanca, punto ubicado cerca del pue-
blo de Picachos (hoy Santa María de Picachos). Aquí, al contra-
rio de los otros puestos, no es sólo uno el personaje que presencia
el hallazgo, sino que son varios indígenas que andaban recolec-
tando leña. Sorprendidos de ver a la imagen se dirigen a dar aviso
a los indios picacheros, todos acuden a confirmar el acto mila-
groso y deciden construirle una rustica capillita de madera en el
sitio donde se había aparecido. Pero poco les duró el gusto, por-
que la virgen continuó su camino hacia la tierra caliente, esta vez
ya no hizo ninguna escala se fue directo hasta Huajicori. La apa-
rición se efectuó a las afueras del poblado, en un monte donde se
abastecían los nativos de leña y madera para construir cercos y
sus viviendas. En esa ocasión andaba un indígena del lugar cor-
tando leña, cuando a poca distancia de él pudo apreciar un res-
plandor sobre un «guaje» que estaba a la orilla de una laguna
pequeña, se acercó asombrado y se dio cuenta que era la virgen.227

170
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

c) Tercera etapa- Elige el lugar donde quiere quedarse

Finalmente la virgen concluye su viaje, encuentra el espacio


buscado. Pero el trabajo de la divinidad no ha terminado, es el
momento de preparar a los fieles para que fijen el lugar sagrado
donde quiere que se le rinda culto. Para esto pone a prueba a sus
nuevos devotos para convencerles por completo de que ese es su
destino final.
En Huajicori, el indígena que había encontrado la imagen si-
gue el mismo procedimiento que los anteriores personajes de los
otros sitios, lleva el aviso a los habitantes del pueblo y los condu-
ce a donde se encuentra. Al percatarse los pobladores que efecti-
vamente es real lo manifestado, deciden trasladarla a la iglesia
de San Sebastián, pero dicho recinto sagrado estaba en malas con-
diciones materiales por la fuerte inundación que había azotado el
poblado. Al parecer el espacio sagrado no es de su gusto, durante
la noche se desaparece y se regresa al guaje. Los indígenas salen
a buscarla y la encuentran en el lugar donde se aparece por pri-
mera vez, nuevamente la llevan a la iglesia y al día siguiente re-
torna al guaje. Este acto lo repitió en tres ocasiones, finalmente
los huajicorenses se convencen que no desea estar en el viejo
puesto del santo, que quería su propio edificio y no quedaba duda
que tenía que ser donde estaba el árbol. En este momento la elec-
ción del lugar era incuestionable, es una elección atribuida al sím-
bolo, el espacio donde se ubicaba el guaje resultó para la imagen
el más apropiado para que se le edificara su iglesia.228

d) Cuarta etapa- Se erige el templo

Una vez que ha localizado el lugar concreto, la imagen es


reificación de lo sagrado, pero el lugar objetualiza aún más al
símbolo y la vinculación símbolo-lugar se hace indisoluble.229 En
este momento el lugar del hallazgo se convierte en centro de cul-
to. La determinación de la imagen era indiscutible, ahora la po-

171
Efraín Rangel Guzmán

blación tenía que apegarse a sus exigencias, para transformar el


espacio sagrado y elevarlo al rango que se merece junto con la
imagen protectora.
Al ver los lugareños que la virgen no quería estar en la
iglesia de San Sebastián, estos optaron por mover el poblado de
la orilla del río al sitio que ella había elegido. Pero las condicio-
nes económicas en las que se encontraban los indígenas y la ca-
rencia de conocimiento para edificar iglesias los obligo a solicitar
ayuda a los españoles, ya que ellos sabían de arquitectura. El
convenio que establecieron con los europeos, fue que les daban
libertad de explotar los yacimientos mineros de la zona a cambio
de su colaboración para construir el recinto sagrado, además los
indígenas pondrían la mano de obra. Así fue como cumplieron
con las exigencias de la imagen y con su sueño de tener una igle-
sia impresionante para rendirle culto. Indiscutiblemente desde el
momento en que la virgen desea quedarse con ellos pasa a ser su
imagen y recibe el nombre del lugar, es ya la «Virgen de
Huajicori».230

Análisis
Para realizar el análisis tomaremos en cuenta los puntos indi-
cativos que expresan los narradores a lo largo de los relatos y así
explicar la idea central que quieren comunicarnos. Los elemen-
tos claves de la narración se escribirán en una tabla de registro
siguiendo la secuencia de las etapas en que se dividió el relato.
La existencia de sucesos míticos sobre símbolos sagrados se
considera una expresión del interés social, a través de estos los
miembros de las comunidades reafirman la vinculación con el
ente sobrenatural y el sentido de pertenencia. Las narraciones
«de hallazgos y apariciones de imágenes son, a la vez que la
justificación de un lugar de culto, un contenido de creencia que la
comunidad asume como suplemento al dogma católico».231 El
valor de verdad de este tipo de relatos recae sobre todo en el
sentido que le atribuye la comunidad portadora, por tal razón cues-
tionar el mito es como cuestionar la credibilidad particular que
fundamenta la cosmovisión de los pueblos. Para los huajicorenses

172
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

parece no haber bastado el origen oficial de la imagen, la idea


que la virgen fue donada por los religiosos franciscanos al anti-
guo pueblo de San Sebastián de Guaxicori o Huaxicori no tiene
especial importancia pero sí lo adquiere el aspecto mítico. En sus
referentes culturales la palabra mito no existe, ignoran su signifi-
cado. Sin embargo el relato del origen de la virgen lo asocian más
con una historia o cuento, que tiene que ver con la fundación del
culto a la imagen, refundación del pueblo y que es parte funda-
mental de su identidad. El contenido del relato «es la interpreta-
ción de una experiencia específica»232 de la idea de mundo que
ellos comparten.

1) Interpretación del primer relato


El primer relato que cuentan los huajicorenses no es extenso
pero si muestra algunos puntos indispensables que permiten esta-
blecer una idea significativa del origen del culto en el lugar. Por
ejemplo, el personaje (testigo del hallazgo), el oficio de éste, lu-
gar específico de aparición, señales previas a la aparición, reci-
piente donde aparece y receptores del mensaje. Todos estos
elementos marcan el principio y proceso de desenvolvimiento del
acontecimiento sobrenatural y el momento concluyente.

Cuadro 1. Indicadores: primer relato de Nuestra Señora


de Huajicori entre los mestizos.

Personaje del hallazgo Indígena (mujer)


Oficio del personaje Lavandera
Lugar de aparición Río (agua)
Recipiente Guaje
Símbolo sagrado Virgen
Receptores del mensaje Indígenas del pueblo

La narración habla de un hecho milagroso, en donde la


participación de un personaje que actúa como testigo primario
del evento es de vital importancia. Regularmente en este tipo de

173
Efraín Rangel Guzmán

relatos los personajes que experimentan por primera vez el ha-


llazgo son miembros de la comunidad que no tienen importante
representación social, de condición humilde, a veces son pasto-
res, niños, campesinos o desempeñan algún oficio de poco remu-
neración como se demuestra en el relato que estamos analizando,
en donde la persona que encuentra a la virgen es una indígena
lavandera.
Así también tenemos el caso de la aparición de la Virgen de
Guadalupe, la cual no decide manifestársele a un ministro de la
iglesia, a un individuo de nivel económico alto o a un individuo
que goza de popularidad en la comunidad, sino al indio que en el
mito se identifica con el nombre de Juan Diego. Por ejemplo, la
condición de la lavandera y Juan Diego, antes de experimentar el
acontecimiento no aparecen como figuras especiales dentro del
grupo, pero desde el momento en que son elegidos por las imáge-
nes como testigos y mensajeros de sus dones milagrosos se con-
vierten en intermediarios entre la divinidad y los demás miembros.
Estos también se encargan de multiplicar el mito y la creencia,
son los que muestran las pruebas para hacer verídico el hallazgo.
La figura del mediador supone la santidad de la revelación, ya
que no cualquiera puede ser elegido por las imágenes para que
trasmita a los demás la gracia divina.
Las historias míticas con esta constante abundan en nuestro
país y en el mundo. Tienen la característica de ser misteriosas,
nada está preestablecido o planeado para que ocurra tal y como
se presentan los hechos. Por ejemplo, la presencia de la lavande-
ra en la orilla del río es ocasional, no tuvo una revelación previa,
(aunque suele pasar también) que le indicara que precisamente
en ese sitio iba a encontrar a la virgen flotando en el «bule» sobre
la corriente. En este caso se entiende, que la elección del perso-
naje, del lugar y de la manera de llevarse a cabo el encuentro fue
decisión de la virgen. También al hecho de pasar el bule por la
corriente justo cuando la indígena realizaba su tarea fue algo in-
esperado objeto de casualidad, pero en el fondo simboliza una
señal enviada por la divinidad, la cual tenía la función de provo-
car admiración en el testigo presencial. Al mismo tiempo preten-

174
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

día modificar el estado de ánimo de la testigo, ya que la quietud


se transformó en inquietud al momento de desear saber realmen-
te que era eso que había aparecido de la nada. De esta manera la
imagen pudo inducirla a que se lanzara al agua para rescatar el
objeto que a primera vista parecía no tener alguna importancia.
Pero más bien la intensión era llevarla hasta ella para ser descu-
bierta y así hacer más significativo el acontecimiento.
El primer relato nos indica el momento primordial de la llega-
da de la imagen al pueblo. La historia mítica transmitida por la
tradición oral tiende a oponerse a la historia escrita, ya que en la
segunda se establece que el origen de dicha imagen no es fruto de
una aparición, más bien su llegaba se atribuye a una donación
que el padre franciscano Francisco de Fuentes hizo al pueblo in-
dígena de Huajicori como lo afirma Antonio de Órnelas en su
Crónica de Santiago de Xalisco (1719-1722).233
Este mito es el resultado de la interpretación de las realidades
que los huajicorenses realizaron con fines muy particulares. Los
nativos para asimilar las enseñanzas de la fe católica, reconocer
como suya la imagen, recurren a la transformación de la idea
cristiana creando el suceso maravilloso. Este se apega más al
pensamiento del grupo, le imprimen los matices culturales y
elementos que son significativos para los miembros.

2) Interpretación del segundo relato


El presente relato es más extenso en comparación al primero,
enuncia mejor el origen de la imagen, ya que nos muestra toda
una serie de aspectos enfocados a crear una idea general del
tiempo, espacio y situaciones concretas en que se desarrolla el
evento sobrenatural. Cada elemento que forma parte del mito es
materia importante en el andamiaje de vivencias que se expresa
en él. A través de estos elementos se determinan los espacios
sagrados y sociales, los límites y conciencia de un territorio
determinado, los atributos y funcionalidad que desempeñan cada
una de las cosas que hacen posible la realidad significante del
grupo social. En las cuatro etapas en las que se dividió el relato,

175
Efraín Rangel Guzmán

se expresan momentos de sucesión y determinantes de cambio,


al mismo tiempo se lleva a cabo una transformación de las
realidades internas y circundantes. La interpretación que realizan
los nativos sobre el mito, responde en mucho a la ubicación y
condiciones geográficas, y al pensamiento cultural heredado de
sus antepasados.

a) Primera etapa

Por ejemplo, en la primera etapa, el mito muestra una


radiografía de lo que era la comunidad de Huajicori antes de la
llegada de la imagen. Este primer momento es un intento de
justificación del porqué sucedió el evento tal y como se demuestra,
los aspectos propiciadores de los cambios materiales en el espacio
y en la conciencia de los huajicorenses. Aquí se hace hincapié en
el corte que sufre la historia lineal del lugar, al puntualizar la
existencia de una realidad anterior y una que surge después del
suceso sobrenatural.

Cuadro 2. Indicadores: primera etapa- Aparición en el árbol


de guaje
Ubicación del poblado Rivera del río
Ubicación de antigua iglesia «Verano de con
los Juárez» (parcela)
Símbolo sagrado San Sebastián
Estatus de la imagen Patrón
Pobladores Indígenas
Desastre natural Inundación
Condiciones del poblado Devastado
Condiciones de la iglesia Destruida
Situación del santo Desaparecido
Remedio de los males Aparición de la
virgen
Lugar de aparición Guaje (árbol de
cuastecomate)
Motivo de la llegada Búsqueda de

176
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

un nuevo espacio
Estado de ánimo de los lugareños Desconsuelo/
alivio

El relato nos señala que el Huajicori antiguo estaba


ubicado en la rivera del río Acaponeta. Para establecer el lugar
exacto recurrimos a los hallazgos arqueológicos, los cuales
establecen que el caserío indígena estaba asentado a unos cien
metros de distancia del río. Además éste se extendía por la franja
del mismo, desde el punto que le nombran «picacheros» hasta la
«culebra» ubicado al sur (río abajo). En las parcelas que cultivan
en la actualidad la familia Juárez, Sánchez, Guzmán, Aguilar y
Gurrola, se han encontrado cimientos de fincas rusticas, pedacera
de tepalcates, restos de obsidiana, malacates y figuras de ídolos
de barro. La altitud entre el asentamiento humano y el río era de
escasos quince a veinte metros. La poca distancia y altura hacía a
este poblado muy inseguro y propenso a ser afectado por las
inundaciones que se registraban en temporada de lluvias.
Respecto a inundaciones el historiador acaponetense
Néstor Chávez Gradilla hace un recuento de todas las que
afectaron la zona desde el siglo XVI hasta el siglo XX, en su
libro Breve bosquejo histórico descriptivo de la ciudad de
Acaponeta y de los pueblos y lugares circunvecinos del norte del
Estado de Nayarit.1 Puede ser que el desastre natural que
exterminó toda la infraestructura del poblado se haya registrado
a finales del siglo XVII o en el XVIII, porque los ancianos del
lugar que nacieron en la segunda mitad del XIX y a principios
del XX aseguran haber visto aún restos de la antigua iglesia como
paredes de adobe y cimientos de cantera. El punto exacto donde
se dice que estaba el pueblo es reconocido en nuestros días como
el «verano de los Juárez». Se le da tal nombre al espacio porque
desde mediados del siglo XIX ha sido tierra de cultivo de la familia
Juárez, considerados por los nativos y de acuerdo al árbol
geológico de dicha familia como unos de los fundadores del
pueblo de Huajicori que actualmente conocemos.2 En el lugar
primigenio se erigió la primitiva iglesia que se sabe tuvieron los

177
Efraín Rangel Guzmán

lugareños, rustica, construida de adobe y con techo de palma como


era usual en la zona, por la abundancia de ese tipo de materiales.
El mito en este caso concuerda en muchos aspectos con
documentación histórica, aunque las pretensiones de los
pobladores no es hacerlo coincidir totalmente con los datos
oficiales. Ya hemos reiterado en más de una ocasión en este
capítulo que la intensión de los mitos no es fijar cronológicamente
los eventos, sino hacer las realidades prácticas y significativas
para el grupo que las comparte. El aspecto mítico tiene un
trasfondo que se relaciona con el pensamiento popular e identidad
que comparten los husajicorenses, mientras que los documentos
históricos buscan registrar cronológicamente los acontecimientos
históricos. Por ejemplo, el mito reconoce que el primer santo que
veneraban los huajicorenses era San Sebastián y poseía el título
de patrono. En su caso la historia escrita demuestra que el pueblo
fue fundado por el padre franciscano Andrés de Medina a finales
del siglo XVI, colocó en él a San Sebastián y en honor al santo el
lugar recibió el nombre de «San Sebastián de Guaxicori».
También el relato reitera que el lugar estaba poblado por
indígenas, este mismo aspecto se reafirman en los documentos
coloniales. Todavía en el siglo XIX, como ya se indicó en el
capítulo anterior Huajicori y una serie de pueblos anexos a éste
eran considerados asentamientos de indígenas tepehuanos. En
nuestros días muchas de las poblaciones de la zona se han
integrado al modelo mestizo, aunque aún reflejan rasgos indígenas
en muchas de sus prácticas cotidianas.
Finalmente, la primera etapa justifica la serie de cambios
que se llevan a cabo en el pueblo una vez que sucede el
acontecimiento milagroso. Es el momento de enganche, se anuncia
que viene lo más interesante de la trama. Resulta lógico que si el
caserío, la iglesia y el santo habían sido arrebatados por la
inundación, lo más factible era reconstruir o renovar todo de
nuevo. Sin embargo las transformaciones no se realizan por
iniciativa de los nativos, sino que las impulsa la imagen recién
llegada. La sustitución de San Sebastián por la virgen, no se
llevó a cabo por vía del arrebato o lucha de poderes entre las

178
El Culto de Ntra. Señora de Huajicori

divinidades, sino que la segunda aprovechó el espacio vacante


para reconstruir la infraestructura espiritual.
La imagen prefiere no aparecerse en el lugar sagrado que
ya había estado ocupado por otra divinidad, y donde además de
por sí resultaba poco seguro. Para ganarse el titulo de patrona
requería su propio espacio, distinto al anterior, retirado de la
comunidad y del río que siempre amenazaba con sus crecientes.
En este caso, «el lugar aparece como lugar elegido, por tanto
incuestionablemente la pertenencia está definida». 3 El sitio es
por otra parte la determinación histórica del (relato), es decir, su
prueba, su condición de verdad aprobada.4

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de Huajicori desde hace 80 años, (entrevista aplicada en el pueblo de
Huajicori en 1998).

Sra. María Enríquez González, 75 años, originaria de Sihuacora, Mpio. de


Mezquital, 2006.

Sr. Margarito Flores, 95 años, originario de Huajicori, Nayarit, (entrevista


aplicada el 5 de enero del 2000).

Sra. Julia de la Cruz, 85 años, tepehuana monolingüe, comunidad de Cimientos,


2006.

Profesora Juana Reyes Flores, originaria de Charcos, municipio del Mezquital,


radica en la comunidad tepehuana de Sihuacora, 2006.

Gabino de la Cruz Gutiérrez, Las Anonas, Anexo de Sihuacora, 70 años, lugar


de aplicación de la entrevista Sihuacora, El Mezquital, Durango. Enero
del 2006.

Antonio Rodríguez Galindo, 60 años, originario de San Francisco de Ocotán,


municipio del Mezquital, Durango, (entrevista aplicada en San Francisco
de Ocotán, 2006).

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