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Sin pensarlo ahí estaba yo, sentado frente a ella, momento perfecto.

No recuerdo una sola palabra


de lo que dijo en ese espacio de veinte segundos, ese momento en el cual quedé helado por fuera,
cálido al interior.

¿Por qué el tiempo pareció detenerse? Me dediqué a observarla, la música de fondo, una voz
femenina, no recuerdo la canción pero en aquel momento fue el fondo perfecto. El cielo
comenzando a oscurecer con ese azul profundo que juega entre la viveza y la negrura; ese
momento neutro entre el día y la noche. El viento, día caluroso, viento reconfortante, brisa que
trae su aroma acariciando mi rostro; en esa bocanada de aire el tiempo se detuvo.

Música de fondo, cielo moribundo, viento con aroma a ella. Mi mirada concentrada sobre su
rostro, cuanta perfección!!!

Su boca murmuraba no sé qué, mi cabeza se propuso guardar ese momento perfecto, conjurar
cada elemento.

No sabía si un momento así se repetiría pero vaya que lo deseaba, lo sigo deseando, la nostalgia se
sigue apoderando de mí.

Que forma tan perfecta aquella con la cual preparaba su café, podría observar cautivado esa
escena cada mañana, cada tarde, cada noche.

Llega a molestarme el fumar de las personas, sin embargo podría verla fumar cada día, podría
enamorarme como hice aquella tarde al ver como prendía un cigarro, luego otro.

No, fresas, frambuesas y zarzamoras no son lo mismo como se lo afirmé aquella noche naciente,
pero borrar esas diferencias provocaba su argumento, su discurso, sus ejemplos, mi mirada
atrapada.

Cada mañana recuerdo un tema nuevo tratado aquel día: frutas semejantes, alergias imposibles,
vejez incontrolable. Algo presiona dentro de mí, me quiebro al saber que no viviré otro momento
con ella pero, dos tazas de café, tres o cuatro cigarros y un par de sillas en aquel ocaso presente
bastaron para sentir eso que llaman amor, experimentar el anhelo de un cuerpo, el deseo de una
presencia, aceptar el destino (hasta antes fatídico) de compartir la vida.

Cierro los ojos y recuerdo aquel momento tan perfecto, aquí estoy recordado, fracturado por su
ausencia.