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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR


INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS
DOCTORADO EN CULTURA LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA

EL CARIBE: MUCHO MÁS QUE UNA NOTA AL MARGEN EN LA DISCUSIÓN


SOBRE EL SER LATINOAMERICANO

Autor:
Nazaret Álvaro Ferreiro Rodríguez

RESUMEN

En la obra de distintos autores latinoamericanos se puede apreciar dos enfoques sobre lo

que significa ser latino. A un lado están los escritores que expresan una estimación de lo

autóctono regional bajo los supuestos de una unidad histórica, lingüística y cultural. Por el

otro lado están los críticos del desarrollo de los países latinos así como de la idea de la

unidad latinoamericana. Asumiendo que la concomitancia de estos enfoques ha generado

un debate sobre las visiones de lo latinoamericano se considera que la discusión se debe

llevar más allá de la dialéctica de los dos posicionamientos incluyendo otro elemento: el

reconocimiento del caribe como sustrato cultural de lo Latino. Para ello, se evidenciará de

manera interpretativa en el abordaje de distintos textos la influencia de lo caribeño en la

discusión sobre el ser Latinoamericano.

Descriptores: Latinoamérica, Caribe, Discurso, Literatura


El Problema de la Nota al Margen

Durante el proceso de formación académica como docente para el área de Lengua y

Literatura noté siempre que en la ensayística de distintos autores latinoamericanos hay dos

orientaciones en la visión de lo latinoamericano. Por una parte, se puede agrupar a un

conjunto de escritores que expresan una vindicación de lo autóctono regional cuya

delimitación geográfica abarca a Latinoamérica bajo los supuestos de una unidad histórica,

lingüística y cultural. A estos intelectuales se les llamará en este trabajo los

“latinoamericanistas”. Por otra parte, se puede identificar a otro grupo de escritores que

destacan el “atrasado desarrollo” de los países americanos que se hallan el sur de EEUU,

partiendo desde México y llegando hasta las pampas argentinas. Intelectuales que, al mismo

tiempo, cuestionan el supuesto de la unidad latinoamericana. A este segundo grupo se les

calificará como los “americanistas”. De estas dos visiones, la latinoamericanista ha sido

preeminente por varias razones. La primera razón está en el hecho de es suscrita por la

mayoría de los escritores debido a un evidente reclamo de valoración de lo propio. La

segunda razón tiene que ver con el auge que generaron las obras “latinoamericanistas” a

partir del fenómeno conocido como “Boom latinoamericano de los 60 y 70”. Auge del que

emergió la noción “Ser latinoamericano” y se puso de moda en las academias y en el

mundo del arte en general hasta acuñarse como una categoría para el estudio de los

productos intelectuales que se han producido desde el sur del río Bravo hasta la Argentina.

La preeminencia del Latinoamericanismo no ha anulado al Americanismo. De hecho, se

debe decir que la coexistencia de estos dos enfoques ha generado, desde sus orígenes, una

diatriba sobre las intenciones y posicionamientos filosóficos y axiológicos de quienes


asumen una u otra visión de lo latinoamericano. Recuérdese como llamaba José Martí a los

periodistas de su época (“sietemesinos increíbles”), o como Domingo Sarmiento rebatía

desde lo racial la propuesta “Nuestroamericanista” de Martí, y posteriormente, Vasconcelos

haría lo mismo con Sarmiento. Debate que ha afianzado cada posición pero que ha perdido

de vista el origen de la discusión: el Ser Latinoamericano. Concepto que debe revisarse más

allá de la dialéctica de los dos enfoques e incluir otro elemento que sí se ha soslayado en el

debate: el reconocimiento de lo caribeño como área cultural que alimenta el sustrato de lo

Latino. Se dice “soslayado” porque no se ha ignorado del todo. La presencia de lo caribeño

sólo se ha vindicado en la discusión a través de la voz sus pensadores más reconocidos:

José Martí, Alejo Carpentier, Dereck Wallcott, entre otros. Autores a quienes, por cierto, se

les ubica más como “intelectuales latinoamericanos de origen caribeño”. Apreciación que

no es desacertada pero que soslaya la influencia cultural del caribe en la perspectiva que

los citados autores manifestaron en sus diversos estudios y escritos. El hecho es que en el

plano discursivo sólo se ha referido el caribe como una nota al margen sobre el origen de

algunos intelectuales latinoamericanos. Razón por la que resulta necesario evidenciar lo

caribeño en la discusión sobre el ser Latinoamericano de manera que se pueda resignificar

la noción en cuestión recurriendo a todos los elementos definitorios.

Nuestra Cosa Latina: Un Sentir, Un Pensar

Una revisión seria de las ideas sobre el Ser Latinoamericano pasa por la lectura de

los distintos textos que traten el tema. En el caso de este trabajo, por razones de espacio y

tiempo, se considerará una reducida selección de escritos de orientación ensayística o


reflexiva. El primer texto que se abordará será Nuestra América (1891) de José Martí. En

su escrito Martí expresa: a. Una condena a la ignorancia porque permite el dominio de un

ser sobre otro. Al respecto, Martí (2005) dice: “la masa inculta es perezosa, y tímida en las

cosas de la inteligencia, y quieren que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima se lo

sacude” (p.33) b. la valoración del pensar y el estudio “Estos tiempos no son para acostarse

con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, (....) las armas del juicio,

que vencen a las otras. Trincheras de ideas” (p.31). Así se entiende que haga una

exhortación al estudio como una forma de pensar a partir del conocimiento. Por eso dice

“Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento es el único

modo de librarlo de las tiranías” (p.34). De esta manera el conocimiento sirve para la

liberación social. Por ello, plantea que tal educación debe partir de c. el Conocimiento de lo

propio, de lo autóctono para adecuar la legislación a la naturaleza de nuestros rasgos

característicos resultando el principio rector para el gobierno de los países de lo que -en su

época- se conocía como América Meridional d. Condena al conformismo del “aldeano

vanidoso” es decir al americano meridional que bien aprecia a su tierra pero con el

simplismo de no buscar el progreso para la misma y la molicie que no critica a formas de

gobiernos antinaturales o eurocentristas e. Condena a “los que no tienen fe en su tierra”. Es

decir, a la juventud “sietemesina increíble” que habiendo estudiado siente un deplorable

desarraigo que va desde el renegar de su propia gente hasta el irse del país y que, en el

menor de los peores casos, se queda en su nación pero juzga sus situaciones a partir de

cómo hacen las cosas en Norteamérica o Europa resultando juicios que Martí llama

antinaturales y que hoy diríamos impropios o impertinentes a nuestro espíritu,


características y condiciones f. Exhortación a consolidar la unidad latinoamericana o “unión

tácita y urgente del alma continental”(p.39), para finalmente, concretar la esperanza de una

América nueva en el provenir. Planteamiento transversal en todas las proposiciones

anteriores que se pueden apreciar en el texto de Martí.

Otras ideas sobre el ser y pensar a Latinoamérica se pueden tomar del discurso de

aceptación del premio Nobel de 1982 por parte del escritor Gabriel García Márquez. En

dicho texto, llamado La Soledad de América Latina, García Márquez plantea que lo que

caracteriza a la realidad latinoamericana es: a. La exaltación de la maravilla natural

latinoamericana que, históricamente, ha sido materia de inspiración para nativos y foráneos.

Para García Márquez la exuberancia de la naturaleza despierta la imaginación y

sublimación de quien transita dichas tierras b. Denuncia del “delirio áureo” (García, 2010,

p.22) que despierta la maravilla natural de estas tierras. “Delirio áureo” es una

denominación interesante con la que se puede designar al afán de obtención de las riquezas

naturales que ofrecen las tierras latinoamericanas. Este afán ha sido una constante histórica

en la américa latina. De acuerdo con el Gabo tal delirio se inició con el dominio español en

la colonia y culminó con la hegemonía comercial del petróleo que impuso EEUU.

Quien redacta estas líneas considera que la demencia del delirio áureo no ha

culminado para Venezuela. Si bien alguna vez tal delirio fue dorado, en los actuales

momentos es ebúrneo. Más aún si se considera la actual coyuntura política que vive la

patria de Bolívar. Coyuntura enmarcada en el posicionamiento del Gobierno venezolano

respecto a la tenencia, administración y comercialización del petróleo, el gas, los bienes de

consumo, las divisas y otras industrias. Posicionamiento que incide –al menos
discursivamente- los planes y proyectos de la administración pública. Tal orientación, debe

señalarse, ha alejado al país de los centros económicos hegemónicos mundiales dominantes

después de la guerra fría (tales como EEUU, Canadá, Alemania, Francia, Israel, entre otros)

pero, por otra parte, le ha llevado a asociarse con los centros económicos emergentes

(China, Rusia, Bielorrusia, India, Uruguay, etc.). Situación que ha sumergido a la nación

en una constante diatriba política sobre la administración pública. Eventualidad que

materializa lo que García Márquez llama “demencia” del delirio áureo y que, ya se ha

dicho, en el caso de Venezuela se trata del delirio ebúrneo.

Otras ideas que se pueden tomar del mencionado discurso del Gabo son: c.

Presencia de lo extraordinario en la realidad. La extraordinariedad es quizá el tópico más

desarrollado tanto en el discurso que se está referenciando como en la obra de García

Márquez. Para el Gabo esta cualidad increíble de la realidad es la fuente de la inventiva

cotidiana -que en el plano estético se manifiesta sobre todo en la ficción literaria- en la que

están inmersos los habitantes de la América Latina d. Denuncia de la exclusión social por

parte de los gobiernos locales. De acuerdo con el Gabo tal exclusión se nota en “la

insuficiencia de recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida... nudo de nuestra

soledad” (García Márquez, 2010, p.25). Por ello, se asume desde la consideración de los

ejemplos que menciona en su discurso, una suerte de denuncia de prácticas económicas

(Obviamente, circunscritas a las reglas económicas impositivas de los centros económicos

dominantes) que han incidido en la injusta distribución de los recursos ocasionando una

aguda desigualdad social contenida opresivamente. Sin embargo, para el Gabo, tal nudo de

soledumbre, al mismo tiempo, signa la extraordinariedad de la realidad latinoamericana.


Desde esta perspectiva, se reconoce otra idea de García Márquez; e. La reivindicación de

una esencia de la dificultad. Esencia que emana de las dificultades socio-económicas

sustantivando el ser latinoamericano. Por otra parte, al igual que Martí, advierte f. La

necesidad de buscar un “método válido para interpretarnos” (García Márquez, 2010, p.26).

Tal método debe alejarse del eurocentrismo. Aspecto en el que concuerda con Martí quien

señalaba a los “sietemesinos increíbles” que juzgaban la realidad propia a partir de una

visión norteamericanista o europeísta. Por ello el Gabo plantea que los europeos y los

latinos deben revisar a profundidad la “manera de vernos” (Ídem, p.27). Se puede decir que

culmina García Márquez sus planteamientos con un tono sentido pero no pesimista y,

finalmente, esperanzador cuando g. Convoca a “la creación de una utopía contraria. Una

nueva y arrasadora utopía de la vida” (Ídem, p.29). Tal utopía debe entenderse como una

reversión de la “opresión, el saqueo y el abandono” (Ídem p.28) constituyendo el “objetivo

latinoamericano”. Debe señalarse que este planteamiento coincide complementariamente

con la exhortación Martiniana de consolidación de la unión latinoamericana.

Otro autor que necesariamente se debe tomar en cuenta en cualquier revisión de las

ideas sobre Latinoamérica, es el antillano Dereck Walcott. Se tomará como referencia para

precisar sus ideas su texto de aceptación del premio nobel de 1992 Las Antillas:

Fragmentos de una Memoria Épica. La selección de este texto se justifica en el hecho de

que expresa una reflexión sobre el ser antillano desde el propio contexto insular. Walcott

toma como punto de partida para sus reflexiones un evento turístico teatral que ocurre una

vez cada año en una aldea trinitaria llamada Felicity: la famosa Ram Leela, una

representación dramática del poema épico hindú Ramayana. Entre las reflexiones de
Walcott se vindica: a. La condición de originalidad quintaesencial. Quien redacta este

trabajo acuña la denominación anteriormente presentada para establecer una diferencia

respecto a la palabra mestizaje. Se asume el cuestionamiento que hace Walcott de la idea

mestizaje por considerarlo racial ya que no reconoce el sincretismo -lo cultural- sino que se

limita a un reduccionismo biológico que propende al desconocimiento e incorrecta

interpretación de lo Antillano. Por otra parte, tal acepción de originalidad antillana, hace

recordar la noción de originalidad como rasgo característico de lo latinoamericano que

planteó Arturo Uslar Pietri en su ensayo La Novedad y la Extrañeza, b. Sentido espiritual.

Para Walcott quienes actuaban en la Ram Leela “No eran actores aficionados; eran devotos

de una fe. No había vocablo teatral para designarlos. No habían tenido que mentalizarse

para hacer sus papeles (...) Creían en lo que actuaban, en la esencia sagrada del texto”

(Walcott, 2005, p.2). Desde esta perspectiva, la Ram Leela de Felicity es más que una

exótica dramatización turística producto de la mera preservación cultural porque trasunta

un acto de fe auténtico y sincero. Tal apreciación de Walcott se encuentra con otro rasgo

distintivo de lo latinoamericano que planteó José Vasconcelos en su ensayo La Raza

Cósmica: el sentido de espiritualidad con que los latinoamericanos conciben la vida a

manera de cosmovisión. Desde esta perspectiva, se asume que el nobel de Santa Lucía

reconoce en el área Caribeña, como rasgo de lo latinoamericano, una visión espiritual del

mundo. Retomando el discurso de Walcott -y el propósito de este trabajo- se hallan otros

elementos latinoamericanistas delimitados al área de Trinidad; c. fascinación por la belleza

de la naturaleza caribeña. En palabras de Walcott (2005): “La maravilla visual (...) natural

en el Caribe; acompaña al paisaje” (p.2). Naturaleza que fascina tanto que incide en las
expresiones culturales antillanas. Debe decirse, siempre fiel al propósito de este trabajo,

que este rasgo fue el primero que se notó en el discurso de García Márquez. No obstante,

Walcott le da un desarrollo más extenso a esta idea. Argumentación que resulta interesante

porque valida la particularidad de este rasgo en el Caribe. Parafraseando al Nobel de

Castries -como también se le conoce a Walcott- la naturaleza es un espacio para la creación

en el que no existe la ilusión de lo civilizatorio de las ciudades norteamericanas o europeas

y del que emerge con frescura y originalidad una poesía de “dos acentos: caliente y

húmedo” para cantar la recomposición de una historia entre vestigios coloniales, o la

condición multiétnica como afirmación identitaria autóctona y propia, o la sobrevivencia en

una economía de la necesidad, o la descripción utopista de la geografía trinitaria. Así, la

naturaleza se encuentra con la poesía dándole una materialidad en un contexto que, si bien

es caribeño, se encuentra con el telurismo de poesías latinoamericanistas como las Silvas

del venezolano Andrés Bello, el Martín Fierro del argentino José Hernández, la Oda al

Niágara del cubano José María Heredia, el Tabaré del uruguayo Juan Zorrilla de San

Martín, Los Heraldos Negros del peruano César Vallejo o la América del Chileno Pablo

Neruda, entre muchos otros. Sin embargo, el telurismo -o tema de la tierra elemento

determinante y/o concomitante en la vida del hombre- contiene dos tópicos que, en sí

mismos, revelan otros dos aspectos de la Latinoamérica Antillana: d. La denuncia historia

invisibilizada por sus implicaciones de colonialidad sangrienta (Planteamiento que coincide

con el del conocimiento de lo propio a que llamaba Martí) y e. La denuncia de una

economía de sobrevivencia. Debe señalarse que esta denuncia, más o menos en los mismos

términos, se relaciona con una planteada por García Márquez. Vinculación interesante
porque genera como conclusión parcial que ¡los excluidos de las administraciones

gubernamentales orientadas por los centros de poder dominante practican una economía de

sobrevivencia! Por ello Walcott -y he aquí su último planteamiento- propone f. la

reivindicación de una poética de -y sobre- la vida. En esta proposición se encuentran, a

manera de justificación, los cinco elementos anteriores del discurso Walcottiano, en una

suerte de reflexión comprensiva y afirmadora de la poética-ser del antillano. Se puede

comprender como un sentido estético orientado por la espiritualidad pero como una

reivindicación de la fe para sobrellevar la realidad, la reconstrucción de la historia y la

esperanza en el futuro. Debe señalarse, sobre este aspecto en particular, que el mismo

coincide, en mayor grado con la invitación a “la utopía de la vida” del Gabo y, en menor

grado, con la exhortación Martiniana a la unidad Latinoamericana. Esta apreciación se

entiende en la coincidencia de la reflexión esperanzadora y espiritual sobre la vida como

una poética del ser y estar en Latinoamérica.

Otros autores, de los tantos que hay en la patria grande, manifiestan similares o

diversos planteamientos que expresen la idea de un pensamiento latinoamericano, que hasta

ahora, se puede entender como un pensar a Latinoamérica. Sin embargo, como se dijo al

inicio, por razones de espacio y tiempo, sólo se tomarán las ideas de los autores reseñados

anteriormente como punto de partida para una reflexión inicial sobre la denominación en

cuestión. Así, se deben hacer ciertas precisiones sobre estos primeros (diecinueve hasta

ahora) planteamientos hallados. La primera observación es que ninguna idea es antitética.

La segunda es que varios de los planteamientos son reiterativos. La tercera apreciación es

que las proposiciones que no son reiterativas son complementarias o se concatenan en una
visión, más o menos colectiva, sobre lo que es y debe ser la América Latina. Otra reflexión

es que las propuestas se distancian de USA como país pero no como la región Norte del

continente Americano. En cualquier caso, cuando se le menciona directa o indirectamente,

se toma como una referencia distinta, ajena y lejana, tanto como Europa, por su

posicionamiento económico determinante del establecimiento de reglas económicas

internacionales impositivas y dominantes.

Vistas en conjunto, estas ideas evidencian más que una mera observación de la

realidad latinoamericana al trasuntar y/o exponer una intención y posicionamiento de sus

autores respecto al hecho de “ser latinoamericano”. Este posicionamiento intencional es

cualitativamente comprensivo y empático respecto a su objeto de reflexión. Por ello se

puede decir que tales planteamientos, en su conjunto, resultan desde la retórica, un Discurso

Latinoamericanista, más que un discurrir filosófico sobre el pensamiento o el “pensar” de

los latinoamericanos sobre sí y/o su entorno inmediato. Esta reflexión, se debe reconocer,

no es nueva. Ya Leopoldo Zea en 1942 mediante su ensayo En torno a una Filosofía

Americana planteaba:

De que exista o no una Cultura Americana, depende el que exista o no una


Filosofía Americana. Pero el plantearse y tratar de resolver tal tema,
independientemente de que la respuesta sea afirmativa o negativa, es ya hacer
filosofía americana puesto que trata de contestar en forma afirmativa o negativa
una cuestión americana (Zea, 1984, p.63)

Desde esta perspectiva, el ser Latinoamericano implica un “Pensamiento

Latinoamericano” que debe restringirse, en honor a la verdad, a una arquitectura filosófica

del saber latinoamericano. Ya el propio Zea reconocía antecesores de esa búsqueda en los

intelectuales Samuel Ramos de origen mexicano y Francisco Romero de nacionalidad


argentina. Búsqueda que Zea dinamizó en su registro ontológico de fuentes históricas hasta

el punto de convertirlo en un tópico moderno de la filosofía. Debe señalarse, así mismo,

que a Zea se le debe un legado de críticas que permite, aún hoy la reinterpretación de la

filosofía o pensamiento de Latinoamérica. De acuerdo con Juan Bautista Libano (s/f) el

principal detractor de Zea fue Augusto Salazar Bondy quien plantea que es imposible una

filosofía latinoamericana ya que, en sí misma, la filosofía es europea. Bautista Libano

señala que Salazar Bondy y su visión también ha tenido sus seguidores y reconoce, en

forma particular, a Mario Vargas Llosa. Así, desde la deconstrucción de los planteamientos

de Salazar Bondy y Vargas Llosa, Bautista plantea:

debemos preguntarnos por los motivos de la descalificación ontológica (...)


curioso es que, conscientes de la diversidad cultural, no reparemos en los
verdaderos motivos del conflicto cultural. La globalización pretende abarcar
todo, imponer su lógica y volverse regla universal, pero (...) Cuando una cultura
domina acaba marginando a la otra, (...) el grupo minoritario, o más débil,
acaba siendo definido como desviado o incorrecto (Bautista Libano, s/f)

Por eso, parafraseando a Bautista Libano la óptica eurocentrista sobre el asunto de

la filosofía Latinoamericana es eminentemente política. Entonces, como sujeto político

Bautista considera necesario seguir generando una crítica ética y descolonizadora de un

discurso político neoliberal, globalista y excluyente corriendo el riesgo del “reto constante

para quienes pretenden refundar conceptos o construir un lenguaje filosófico propio,

regional, superar –en términos de José Gaos- el "imperialismo de las categorías europeas”

(Idem). Desde esta perspectiva, el término “pensamiento latinoamericano” se debe referir a

una filosofía de autores sobre Latinoamérica (siendo provenientes y habitantes de ella)

reconociendo como campo la obra intelectual, particularmente la literaria, que se produce


en la América Latina. Planteamiento según el cual pensar a Latinoamérica casi se limita a la

acción de pensar minimizando lo cultural y contextual ¡como si eso fuese posible! Debe

destacarse que estas apreciaciones son de autores suramericanos pero no caribeños (Zea,

Libano, Salazar Bondy y Vargas Llosa). Así se revela que el problema del reconocimiento

de lo caribeño no está en la concepción del ser latino sino en la discusión sobre el pensar a

Latinoamérica.

La Influencia del Gran Caribe

Ahora bien, ser y pensar o pensar siendo latinoamericano y admitiendo la necesidad

de reconocer lo caribeño del ser latino requiere precisar que las consideraciones geográficas

resultan insuficientes para diferenciar regionalmente a ese inmenso golfo insular-

continental que nace en el sur de Norteamérica, culmina en el norte de Suramérica y que

colinda con el mar mediterráneo. Ser latino desde lo caribeño es validar una cultura

sustanciada por elementos históricos y sociales. Desde esta perspectiva se debe reconocer

como rasgos distintivos; tanto el sustrato africano que dejó el esclavismo en América

durante los siglos XVIII y XIX, así como el sustrato indígena que legaron los habitantes

originarios de las costas y la tierra firme.

Lo “afro” surgió de la cadencia rítmica de los tambores con que se comunicaban los

Calipsonyan en sus cantos de retreta al terminar las crueles jornadas de trabajo, de la

voluptuosidad fisonómica del esclavo, de la sensorialidad cultural verificable en la calidez

del trato personal así como los bailes, en lo colorido en la preferencia de los atuendos, en la

predilección por la oralidad, entre otros elementos. Lo “afro” figura como el componente
importante –el más reconocido- en las expresiones culturales caribeñas dejando de lado lo

indígena hasta el punto de sobrevivir en la toponimia del nombre: “Karibs” que es una voz

indígena costera. Sin embargo, el reconocimiento de lo indígena en la cultura caribeña debe

ser mayor ya que forma parte de esa quintaesencia identitaria que, en mayor o menor grado,

yace a lo largo de todo el continente americano. Sólo en la gastronomía debe resaltarse la

presencia de la papa, el maíz, el pescado y diversos tubérculos como la yuca, el ñame y

otros que conforman la variedad de platos de la región gran caribeña. Lo mismo ocurre con

la música y los Mono ritmos que conforman composiciones o partes de estilos musicales.

No debe perderse de vista lo evidente que resultan las composiciones estróficas trasuntas en

las letras del calipso, el mare-mare o las garífunas de Centroamérica. Esto sólo por

mencionar algunos de los elementos indígenas más obvios. Por ello, debe enriquecerse la

apreciación de lo caribeño revisando más a fondo lo indígena que es decir; lo originario.

Con esto, sólo se pretende ampliar lo distintivo cultural del caribe más allá de lo afro. Para

ello, debe recurrirse como señala Martínez y Valdez (2013) a una “decolonización

epistémica para lograr visibilizar y estudiar los complejos fenómenos y procesos regionales

con otros ojos y otras miradas” (p.25). Es decir, se debe proponer un episteme

descolonizado y comprensivo que permita apreciar con mayor profundidad los rasgos

identitarios de los Caribeños a efectos de la construcción de un porvenir más pertinente a

su conformación cultural.

El Latinoamericanismo: Hacia un Discurso Comprensivo y Decolonial

Se asume, a manera de conclusión, la denominación Discursiva Latinoamericanista


para designar a los planteamientos de los distintos intelectuales de la América Latina que

escribieron sobre el ser latinoamericano desde una perspectiva valorativa de lo propio,

vindicadora de una ética espiritual crítica de la dominación y esperanzadora sobre el

porvenir. Se opta por esta denominación para diferenciar a estos planteamientos de los que

cuestionan o banalizan la valoración o comprensión de lo latinoamericano. Una

conceptualización más profunda permite decir que la Discursiva Latinoamericanista, se

entiende como el conjunto de ideas cualitativamente comprensivas y empática de la

realidad latinoamericana que de modo expreso o tácito manifiestan una intención y

posicionamiento de sus autores respecto al hecho de “ser latinoamericano”. Así, el conjunto

de ideas de la Discursiva Latinoamericanista comprende, entre otros, los siguientes

planteamientos: a. La exaltación de la maravilla natural latinoamericana b. La

reivindicación de una esencia quintaesenciada en lo racial, lo espiritual y las dificultades c.

Exhortación al conocimiento de lo propio d. Reconocimiento y promoción de bailes,

celebraciones, comidas, tradiciones y otras manifestaciones culturales originarias de las

sociedades del golfo-continente que se replican en el mundo de dos formas distintas: La

llamada “diáspora caribeña” de Norman Girvan (o núcleos emigrantes del caribe con

reconocimiento de comunidad en distintos países destino) y/o el “rizoma caribeño” de

Edouard Glissant (ocurrencia de una manifestación cultural caribeña reconocible en

cualquier país) e. Denuncia de la exclusión social y su colateral economía de sobrevivencia

generada por los gobiernos locales f. Condena a la ignorancia, al conformismo eurocentrista

y al desarraigo g. Advertencia sobre el delirio áureo dorado y ebúrneo h. Presencia de lo

extraordinario en la realidad i. necesidad de buscar un método para la interpretación de la


latinoamericanidad j. valoración del pensar y el estudio k. Exhortación a consolidar la

unidad latinoamericana en la formulación de una utopía de la vida.

El reconocimiento de estos planteamientos no tiene intención o finalidad

homogeneizante o totalitaria sino el del establecimiento de un punto de partida amplio

entendido como un marco referencial inicial que puede –y debe- ser sustanciado por el

avance académico.

Referencias

Bautista, J. (s/f) ¿Es posible el pensamiento Latinoamericano? [Documento en

línea]. Disponible: http://www.cecies.org/articulo.asp?id=333 [consulta: 17 de

febrero de 2013]

García, G. (2010) Yo no Vengo a Decir un Discurso. Barcelona: RAMDOM HOUSE

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AYACUCHO

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Suárez, L. y Amézquita, G. (2013) El Gran Caribe en el Siglo XXI. Buenos Aires:

Grupos De trabajo de CLACSO.

Universidad Pedagógica Experimental Libertador (2010) Manual de Trabajos de


Especialización y Maestria y Tesis Doctorales. Caracas: Fedeupel

Walcott, D. (2005) Las Antillas: Fragmentos de una Memoria Épica [Documento en

línea]. Disponible: http://revistadepoesiaclave.com/ no4/ derek walcott las antillas.htm/

[consulta: 14 de diciembre de 2012]

Zea, L. (1984) Filosofía de lo Americano. México: CEESTEM/Editorial Nueva Imagen.

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