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Ernesto Laclau geeeos SO sow EMANCIPACION Y DIFERENCIA pe ay? oer ea arn Se een Arid Dorie] Sawer May © se e « € € ¢ € € € € € e € © € € € € ei ei e- e: € € € «| € € € € € € € e ‘ © Exnesto Laclau, 1996 stouana ees excusivs deen 2 z reservados para América latina: 0 b08 onpana Ears pasa Calpe Aopen 3 Primera edison: abril de 1996 Fico el deposito que prevé la ley 1.723 ISBN 950-9122-28-6 Tmpreso en la Argentina HEEARER KALI RD e Gove EnGOKs = = = . «© e oe © © © © ©; © € © e e a y 2 > a et » o < . SOPvyuvTsds ss Reconocimientos “Mas alla de la emancipacién” fue originaria- mente presentado como ponencia a un coloquio que tuvo lugar en el Institute of Social Studies, La Haya, el 30/31 de enero de 1991 y fue publicado en Jan Nederveen Pieterse (ed.), Emaneipations, Modern and Postmodern, Londres, Sage, 1992, “Universalismo, particularismo y la cuestion de la identidad” fue originariamenie presentado en un simposio que tuvo lugar el 16/17 de no: viembre de 1991 en la City University de Nueva York. Fue publicado en John Rajehman (ed), The Identity in Question, Nueva York y Londres, Routledge, 19 “Por qué los significantes vacios son impor- tantes para la politica?” fue originariamente pu blcado en Jeffrey Weeds (ed.), The Lesser Evtl ‘and the Greater Good. The Theory and Politics of Social Diversity, Londres, Rivers Oram Press, 1994. “sujeto de la politica, politica del sujeto” fue presentado en el Vil Encuentro de Fuosofos del Es Pep del Oeste, que verso sobre “Democracia y jus Hea ana exploracion floséfica” y tuvo lugar en Honolulu entze el 9 y el 23 de enero de 1995 bajo epatrootnio del Department of Philosophy, Unie stimity of Hawai, en cooperacién con el East-West Canter, Fue pubiicado en Differences, 7-1. prima vera de 1996. TEI tiempo esta dislocado” fue presentado Leeds of 9 de setiembre de 1995 como conferen- tee elausura del coloquio sobre “Ghosts” orga ado por el Centre for Critical and Cultural Theory. University of Wales, Cardiff y 1a Univer- ty of Leeds, Fue publicado en Diacritics, vol. 25, N° 2, verano de 1995. “poder y representacion” fue originariamente presentado en el Critical Theory Institute, Unt- Preity of California, Irvine, en 1989. La presente ve una version expandida de esa conferencia, {que fue publicada en Mark Poster (ed), Polite, Theory and Contemporary Culture, Nueva York, Columbia University Press. 1993. “La comunidad y sus paradojas: la ‘utopia It eral de Richard Rorty” fue originariamente Pus fieado en Mian Theory Collective (ed.), Comartuc Flty at Loose Ends, Minnesota University Press. 1981. SIP POV OTIS Sevepnoy et Prefacio (as vamaseeer et angete protesta multicultural en Norteamérica, Yn del apartheid en Sudafrica, oe pene aaa eee eben de los diversos particularismos —étnic = sie ince nie cee Jvetes toa antes que. habian, dominade, en lao 7 Podriamos decir que la Guerra Fria constituyé de alin modo, en la ideologia de sus dos protago- nristas, la altima manifestacién del Thuminismo: es decir, que se trato de ideologias que distribuian al Conjunto de las fuerzas operantes en la arena his erica en dos campos opuestos, y que tdentifica- ban los propios objetivos con los de una emanct: pacién humana global. Tanto el "mundo libre" como a “sociedad comunista’ eran concebidos por sus defensores como proyectos de una socie~ ad sin fronteras nil divisiones internas, Es la “globalidad” de estos proyectos lo que ha centrado en crisis, Cualquiera haya de ser el sig. no de Ja nueva vision de la politica que esta emergiendo, esté claro que una de sus dimensio: nes basicas habra de ser la redefinici6n de la re- Tacién existente entre universalidad y particula. ridad, 2Cémo pensar Ja unldad —tan relativa ‘coma se quiera-— de la comunidad, cuando cual- quier aproximacién a la misma debe partir de particularismos sociales y culturales que no solo Son mas acentuados que en el pasado sino que ‘son también el elemento que define el imaginario central de un grupo? ¢No excluye este imagina- Ho toda identificacién con valores humanos mas tuniversales? Y, visto desde el otro angulo, cla misma proliferacion de antagonismos, el mismo hecho de que no haya yuxtaposicion exacta entre el grupo cultural y la comunidad global, no quiere un lenguaje de “derechos” que debe in cluir Ia referencia universalista que esta cuestio- nada? Estos ensayos fueron eseritos en la convieeién de que particularismo y universalismo son dos dimensiones inerradicables en la construccion 8 @ VSVVESe £ ele ele «72 ela ele elo ee ef° els sie els pa el? €) 2? > a 3 ’ 3 > 4 €° ) 9 > 3 de las identidacles potiticas, pero que la forma de Ia arliculacion entre ambas esta lejos de ser evi- dente. Algunos de los ensayos resumen breve- mente las etapas historicas mas importantes en el pensamiento de esa articulacion. Refiriéndonos a la escena contemporanea. po driamos decir que las tendencias dominantes se hhan polarizado en torno a dos posiciones. Una de ellag, que privilegia de modo unilateral al unt- versalismo y que ve en un proceso dialogico el modo de lograr un consenso que vaya mas alla de todo particularismo (Habermas); la otra, ab- sorbida en la celebracion de un particularismo ¥ ccontextualisino puros, que proclaman la muerte de lo universal (como en ciertas formas de pos- modernismo). Por razones que son presentadas in extenso en estos ensayos, ninguna de estas dos posiciones extrenias me parece aceptable. Pero lo que es importante determinar es la logica de una posible mediacién entre ambas. La tesis, central de estos ensayos es que esa mediacion sélo puede ser una mediacién hegeménica (que implica una referencia a lo universal como lugar ‘vaciol, y que la operacion que ella realiza modii- ca las identidades, tanto de lo particular como de Io universal. Corresponde al lector juzgar acerca de los logros de este tipo de enfoque. Una tiltima palabra acerca de las ocasiones cen que estos ensayos fueron escritos. En todos los casos se trat6 de intervenciones circunstan- clales, que tuvieron lugar en torno a un evento conereto, Deben ser vistas como exploraciones provisorias mas que como productos teéricos acabados. como respuesias al imperativo ético y politico de intervenir en debates acerca de trans- 9 formaciones que se estaban productendo ante nuestros ojos. De ahi su caracter ad hoe, sus inevitables repeticiones, y sus lagunas. Espero, en todo caso, que puedan ser utiles en arrojar cierta Iuz sobre algunos de los problemas politt- ‘cos mis acuciantes de nuestro tempo. Princeton, octubre de 16 10 GPSVSPVISE woo VSUSCES SCO HOSBOG Mas alla de la emancipaci6n Veo a la “emancipacién” —una nocién que ha sido por siglos parte de nuestro imaginario politt- co y a cuya desintegracién estamos asistiendo actualmente— como organizada en torno a sels, distintas dimensiones. La primera es la que po: Griamos denominar dimension dicotémica: entre ‘el momento emaneipatorlo Vel orden social que To ha precedido hay una censura absoluta, una discontinuldad radical. La segunda puede ser considerada como. dimenstn tolalizante: la emaneipacion afecta todas las areas de la vida social y hay una relacién de imbricacién esencial entre los contenides de estas diferentes areas. Podemos referirnos a la tercera comocaimensién. de transparencia: si la allenaeién en suis varios aspectos —religiosos, politicos, econémicos, ete-— hha sido radicalmente erradicada, sélo resta la absoluta coineidencia de la esencia humana con- ‘sigo misma y no hay lugar para ninguna relacian ya sea de poder 0 de representacion, La emanct- 0 pacidn presupone la eliminacion del poder, ta abolicion de Ia distincién sujeto/objeto y la ges- tidn de tos asuntos comunitarios —sin ninguna ‘opacidad o mediacion— por parte de agentes so- Ciales identificados con el punto de vista de la to- talidad social. Es en este sentido que en el mar- xismo, por ejemplo, comunisme y extincion del Estado se implican mutuamente. Una cuarta di- mension es la preextstencia de lo que debe ser emaneipado respecto al acto emancipatorio. No hay emancipacion sin opresién, y no hay opre sion sin la presencia de algo cuyo libre desarrollo fes coartado por las fuerzas opresivas. En quinto lugar podemos hablar de una dimension de fur damento que es inherente a iodo proyecto de emancipacion radical. Si el acto emaneipatorio es verdaderamente radical, si va a dejar real- mente atrés todo lo que lo precede, tiene que te- net lugar al nivel del “fundamento” de lo social. Si no hubiera fundamento, si el acto revolucio- nario dejara un residuo que esta mas alla de la capacidad de transformacién de la praxis eman- cipatoria, la idea misma de una emancipacion radical pasaria a ser contradictoria, Finalmente, podemos hablar de una dimension racionalista. Este es el punto en el que los discursos emanci- atorios de las escatologias secularizadas se se- paran de las escatologias religiosas. Para las s- catologias religiosas, la absorcién de lo real dentro de un sistema total de representacién no requiere Ia racionalidad de este tltimo: es suf clente que los designios inescrutables de Dios nos hayan sido trasmitidos por revelacion, Pero en una escatologia secular esto no es posible, | Como ta idea de una absoluta representabilidad SUTEVPe Ee de Jo real no puede apelar a nada externo a lo real mismo, sélo puede coincidtr con el principio de una absoluta racionalidad. De tal modo, la emancipacion plena es simplemente el momento en que lo real cesa de ser una positividad opaca ‘que nos enfrenta, y en que su distancia respecto @ lo racional es finalmente eliminada. Bn qué medida estas seis dimensiones cons. tituyen un todo légicamente unificado? gForman cllas una estructura coherente? Intentaré mos- trar que éste no es el caso, y que la clasica no. in de emancipacion, en sus diversas variantes, hha implicado la afirmacion de postulades incom: atibles. Esto no debe condueimos, sin embar- 0, a un simple abandono de la légica de 1a emaneipacion. Es, por el contrario, moviendonos dentro de ese sistema de incompatibilidades 16g cs, que podemos abrir un camino que nos con. duzca a nuevos discursos de liberacion que no presenten las antinomias y los callejones sin sa- lida a que la nocién clasica de emancipacién ha conducido, Comencemos con la dimensién dicotémica. La dicotomia que encaramos es de un tipo muy es. Pecial. No es la simple diferencia entre dos ele- mentos o estadios que coexisten contempordnea © sucesivamente y que de tal modo contribuyen a la constitucion de la identidad difereneial de cada uno de ellos. Si estamos hablando de una verdadera emancipacion, el “otro” que se opone a la identidad emacipada no puede ser un otro Puramente positivo 0 neutral sino, por el contra. rio, un “otro” que impide la plena constitueion de Ja Identidad det primer elemento, En tal caso, la icotomia implicada por el acto emancipatorio, B esta en una relacion de solidaridad logica con nuestra cuarta dimension —la preexistencia de la identidad que debe ser emancipada respecto al acto emancipatorio. Bs facil ver por qué: sin esta preexistencia no habria identidad a reprimir oa coartar en su libre desarrollo, y la misma no- cign de emancipacion careceria de sentido. Aho- ra blen, una conclusion inevitable se sigue de es- to: una real emancipacion requiere un verdadero ‘otro” —es decir, un “otro” que no pueda ser re- ducido a ninguna de las figuras de lo “mismo” Pero, en tal caso, entre la identidad a ser eman- cipada y el “otro” que se le opone,no puede ha- ber ninguna objetividad positiva subyacente que ‘constituya la identidad de los dos polos de la di- cotomia. Una simple consideracion puede ayudar a aclarar este punto. Supongamos por un momen: to que hay un proceso objetivo mas profundo que da su sentido a ambos polos de la dicotomta. En tal caso, la separacién que constituye la dico- tomia plerde su cardeter radical. Si la dicotomia no es constitutiva sino que es la expresion de un. proceso positivo, el “otro” no puede ser un verdar dero otro: dado que la dicotomia se funda en una necesidad objetiva, la dimensién oposicional es también necesaria, y en tal sentido es parte de Ia identidad de las dos fuerzas que se confrontan, La percepcion del otro como radicalmente otro sélo puede ser una cuestién de apariencia. Si una piedra se quiebra cuando choca con otra, seria absurdo decir que la segunda pledra niega Ja identidad de la primera —por el contrario, guebrarse en cierlas cireunstancias expresa tan- to la identidad de la piedra como permanecer “4 HAPOMAOO ARADO AEE OPSIATSSLOATA EE HOHMMMHMAMRHKMHNHAAMANMHHOHHRHHRANHRAAIRO DOLE @ ee) SoeDyvase SSSHSSORSSeEODY inalterada si las circunstanclas son diferentes. La caracteristica de un proceso objetivo es que él ‘Yeduce a su propia logica la totalidad “ientos constilutives. El “otro" solo puede ser el resultado de una diferenciacion interna de to “idéntico” y, como tal, est enteramente subord- nado a este siltimo. Pero ésta no es la alteridad que la division del acto emancipatorio requiere. No habria ruptura, no habria verdadera emanct pacién si el acto constitutive de esta itima fuera tan sélo el resultado de la diferenciaetdn interna de un sistema opresivo. Esto puede expresarse de un mode ligeramen- te diferente diciendo que st hay verdadera eman: cipactén ella sera incompatible con todo tipo de explicacién “objetiva’. Podemos sin duda explicar un conjunto de circunstancias que hicieron post ble la emergencia de un sistema opresivo. Pode- ‘mos también explicar cémo fuerzas antagénicas ‘a ese sistema se constituyeron y evolucionaron. __Pero el momento estricto de la eonfrontacién en- tre ambas, si el corte es radical, sera refractario a ualquier tipo de explicaci6n objetiva, Entre dos “discursos incompatibles, en los que cada tno de ellos constituye un polo del antagonismo que los ‘separa, no hay medida comin y el momento es- tticto de la oposicion entre ellos no puede explt- carse en términos objetivos. A menos, desde lue- 0, que cl momento antagénico sea una pura ‘cuestiOn de apariencias y que el conflicto entre fuerzas sociales sea asimilado a un proceso na: tural, como en el choque de las dos Piedras. Pe- ro, segin dijimos, esto es incompatible con Ia al teridad requerida por el acto fundante de la emancipacion. 15 | A x Ahora bien, si la dimension dicotomica re- quiere la radical alteridad de un pasado que de- bbe ser eliminado, esta dimenstan es incompatible ‘con la mayoria de las otras que hemos presenta- do como siendo constitutivas de 1a nocién clasica fde emancipacién. En primer lugar, radicalismo dicotomico y funcamento radical son incompati- bles. Como hemos visto, la irreduetible alteridad del sistema opresivo que es rechazado, es la con: Glicibn del corte radieal que la ldgica emancipato- ria requiere. Pero, en tal caso, no puede haber ln tinico fundamento que explique a la vez el or- iden que es rechazado y el orden que la em: pacién inaugura. La alternativa es clara: 0 bien la emancipacion es radical, y en tal caso tiene que ser su propio fundamento y reducir Io que excluye a la radical alteridad constituida por el mal o la irracionalidad, o bien hay un fundamen- to mas profundo que establece las conexiones racionales entre el orden preemancipatorio, el nuevo orden “emaneipado" y la transiciOn entre Jos dos —en cuyo caso la emancipacién no pue- de ser considerada como un acto de Instituctor radical. Los Blésofos del Iluminismo eran perfec ‘tamente consecuentes cuando afirmaban que si tuna sociedad racional habia de ser un orden ple: no resultante de tn corte radical con el pasado, cualquier organizacion previa a tal corte s6lo po: dia ser concebida como el producto de Ia igno- rancia y la locura de los hombres, 1o que la prt vaba de toda racionalidad, La dificultad, sin embargo, es que si el acto instituyente de una sociedad plenamente racional es concebido como la victoria sobre las fuerzas irracionales del pa- sado —fuerzas que no guardan ninguna medida 6 26) © € e € € & e © e e e & © € € € € € e QORSROAene on el nuevo orden social vietorioso— el acto ins- utuyente en cuanto tal no puede ser racional si- no que depende de una relacién de poder. En tal caso, el orden social resultante de la emancipa- clon pasa también a ser puramente contingente, y no puede ser considerada caine la liberacion de ‘ninguna auténtica esencia humana. Estamos en el mismo dilema que antes: st queremos afirmar la ractonalidad y permanencia del nuevo orden social que estamos estableciendo, tenemos que extender esa racionalidad al propio aeto institu yente y, como consecuenela, al orden social que hha sido derribado —pero en tal caso la radicalt dad de ta dimensién dicotémiea desaparece, S por el conirario; afirmamos esia iiltima radical dad, tanto el acto instituyente como el orden s0- cial resultante de él pasan a ser enteramente contingentes; es decir, que se han creado las condiciones para un exterior estructural perma- nente y Io que entonces desaparcce es la dimen- sién de fundamento de la nocion clasica de emanespacion, Esta incompatibilidad, en el interior del dis. curso de la emancipacion, entre la dimensién di cotomica y la dimensién de fundamento, crea dos matrices fundamentales en torno a las cua- les se organizan todas las otras dimenstones. Co- mo hemos visto, Ia preexistencia del oprimido respecto a la fuerza opresora es tin corolario de a radicatidad det corte requeride por la dimen- sion dicot6mica; si el oprimido no preexistiera al orden opresivo, seria un efecto de este ailtimo, en tal caso el corte no seria constitutive. (Una _| ‘cuestién diferente es si el corte no es representa: do por el oprimidio a través de formas de identifi v cacion que presuponen la presencia del opresor. Volveremos mas adelante sobre este punto.) Pero todas las otras dimensiones requieren logica- ‘mente la presencia de un fundamento positive y son, en consecueneia, incompatibles con la constitutividad del corte requerido por la dimen- sion dicotémica, La totalizacion seria imposible a menos que un furdamento positive de lo social tunificara, en un conjunto autosuifletente, Ja mul- tipicidad de sus aspectos parciales, incluyendo los antagonismos y a las dicotomfas, Pero en. 7 tal caso el corte tiene que ser interno al orden, (social y no la linea divisoria que separa a este il- timo de algo exterior a st mismo. La transparen- cia requiere plena representabilidad, y no hay posibilidad de lograrla si la opacidad inherente a fa alteridad radical es constitutiva de las relacio- nes sociales. Finalmente, como hemos visto, ple- na representabilidad es equivalente, en las esca- tologias secularizadas, a conocimiento pleno —entendido como total reduceién de Io real a lo racional— y esto sélo puede lograrse si lo “otro” cs reducido a lo "mismo" De tal modo, vernos que los discursos emancl- patorios se han constituido historicamente a tra- ves de la asimilacién de dos lineas de pensa~ miento incompatibles: una que presupone la objetividad y plena representabilidad de lo social; la otra, cuya validez depende de mostrar que hay tun corte que hace que toda objetividad social sea, en la ultima instaneia, imposible. El punto portante es, sin embargo, que estas dos lineas optestas de pensamiento no se fundan en simples errores analiticos, de modo tal que pudiéramos elegir entre una 0 otra y formular un discurso 8 SUGVIVSDS lhe ahaa AD AAMAMAMAANMMMAAMA MMA MMAARAKAREAREH O9SSECSCBSCC BEES DDESDE emaneipatotio que estuviera bre de incoheren- cias légicas. La cuestion es mucho més complica da. porque las dos lineas de pensamiento son gualmente necesarias para la produceién de un discurso emanetpatorio. Es sélo afirmando la vall- dez de ambas que un discurso emancipatorio puede tener sentido. La emanelpacion significa, 4al mismo tiempo, fundacién radical y radical ex. clusion; es decir, que ella postula, al mismo tiempo, un fundamento de lo social y su imposi- | bilidad. Es necesario que una sociedad emanet-{_ pada sea plenamente (ransparente a si misma y al mismo tiempo, que esa transparencia se cons. tituya a través de excluir una opacidad esencial, de lo que resulta que la linea de exclusion no Puede ser pensada del lado de la transparencia y | que la transparencia misina pasa a ser opacidad, | Es necesario que la sociedad racional sea una totalidad autorreferida, que subordine a si mis. ma la totalidad de sus procesos parciales: : pero los limites de esta configuracién totalizante —sin los cuales no habria configuracién en absoluto— s6lo pueden ser establecidos diferenctando a es- ta ultima de un exterior que es trracional y sin forma, Debemos concluir que las dos lineas de pensamiento son légicamente incompatibles ue, sin embargo, se requieren mutuamente: las dos deben estar presentes para que la nociin de ‘emancipacién no se desintegre. Qué se sigue, sin embargo, de esta incompa- Uubilidad logica? yin qué medida la nocién de emaneipacion se desintegra coma resultado de ella? Resulta claro que solo se desintegra en un, terreno légioo, pero no se sigue en absoluto que esto sea suficiente para poner en cuestion st 9 Z operatividad social —a menos, desde nego, que adoptaramos la hipdtesis absurda de que el terre ro soctal esta estructurado como un terreno Tog €o y que proposiciones contradictorias no pueden tener efectividad social. Debemos, en este punto, distinguir con cutdado dos aftrmaciones muy dis- tintas. La primera es que el principio de contra: diccién no se aplica a la socedad y que, en con- secuencia, alguien puede estar y a la vez no estar en el mismo lugar, o que un documento legislati- vo ha sido promulgado y a la vez no promulgado, etc. No creo que haya nadie tan osado como para formular este tipo de proposicién, Pero una pro- posicion completamente diferente es la afirma- clon de que las practicas sociales construyen conceptos € instituciones cuyas légicas intrinse- ‘eas se basan en la operacién de incompatibilida- des légicas. ¥ aqui no hay, obviamente, ninguna negacion del principio de contradiccion, ya que decir lo contrario seria afirmar que es logicamen- te contradictorio sostener propostciones eontra- dictorias, lo que ciertamente no es el caso. Ahora bien, si la operacion de légicas contradictorias puede perfectamente bien estar a la base de mu- Chas insiituciones y practicas sociales, el proble- ma que surge es el de los limites de esta opera- clon, gPodria ser el caso que logicas incompatibles operan en el interior de la sociedad. pero no pueden ser extendidas a la sociedad en su conjunto: es decir, que formular proposiciones contradictorias en clertas elrcunstancias es un requerimiento logico para que la sociedad en su. conjunto no sea contradictoria? Aqu{ estariamos cerca de la astucia hegeliana de la razén. Pero es- 14 claro que en este caso estarfamos consideran- 20 aanee HAMAR HHORHAHHHAAHRMHRRARREANE SOES #' SVCCSCITE LOVELESS Seeee S¢Ssess do una hipsiesis ontolégica y no un requertmien: to légico, Y esta hipétesis ontologica no es otra cosa que una reformulacion de la “dimension de fundamento” que ya hemos discutido, ¢Pero qué podemos decir de la hipotesis como tal? gis ella logicamente impecable y nuestra tni- ea tarea es delerminar si ella es correcta 0 inco- recta? Evidentemente no, porque todo lo que he- mos dicho acerca de la légiea del fundamento y ‘sus dimensiones concomitantes —transparencia, totalizacion, etc.— se aplica aqui plenamente. La transparencia, como hemos visto, se constituye como terreno a través de la exelusién de la opa- cidad, gPero qué podemos decir del acto de ex: clusién en cuanto tal, de la diferencia constituti- va entre transparencia y opacidad: es ella transparente u opaca? Esta claro que la alterna- tiva es indecidible, y que los dos movimientos 16- gicos que son igualmente posibles —hacer lo ‘opaco transparente o hacer lo transparente opa- co— desdibujan la nitidez de la alternativa, Tora esta digresion acerca del status de las contradicciones légicas en la sociedad es impor- tante para tornarnos conscientes de dos aspec- tos que es necesario tener en cuenta cuando nos referimos a los juegos det lenguaje que resultan, pposibles dentro de la loglea de 1a emancipactén. EL primero es que si el término “emancipacién’ puede seguir tentendo sentido, es imposible re- unciar a ninguna de sus dos dimensiones in- compatibles, Tenemos, por el contrario, que ha- cer operar una contra la otra en formas que tenemos que especiiicar. EI segundo aspecto es que este requerimiento doble y contradictorio no es algo que simplemente debemos aceptar si la a | | emanetpacehabra de mabtenerse como tr fo polio rlevante,Sieate Rea todo el Yo- Lr Cmaneipacion sean concept vi yaflmnan- SS —Lrt—~—<“<~—srs————SCS onsideradas separadainent, Pero esto preci oF ___T a ha levado a a conclusion de que son las a rr Fequleren la presencia yl nemo tempo la.ex oC _ sees condicion de posibilda ya condicon de Mtpooibldad de la otra, Bs decir, que 10 nos tnfentamos simplemente eon una incompatb tide loge omo con tna Teal Geeta en {te la ds dimensiones. sto ya nop indica de Lr Gmancipacion, cbervando los eecios que se st Sr —————C ‘Kcompatibes por parte del oto. 4 postlldad oe |_ tion anes qué la operacion socal de dos logcas oF, Simple de sus efectos respective sno en uncon Junto espeatioo de deformaciones mutes. B10 ta prectsemente To que entendemos por subver™ hr ——— Sreompeutlespresupesiera una plena operacion Seg reser gore Cndujera a una sere ordenada de eects sub- feroivo sobre Ta eetucturatnterna de ambas. els clare que al anaizar ests efectos subverst- LL ———— totalmente nucro que deja a amas leas FL 2 aaee PRASOHHMHOHEHLOFFERMUE THANG HERES 3 a a 2 a 3 a a e 3 3 a a a a a a 2 SOSESCCSTTEESED respecto a lo que hublera sido, en auseneia de esos efectos, una operacién sin trabas. Antes de describir el médulo general de este ‘movimiento de deriva debemos considerar, sin embargo, como los discursos emancipatorios cli sicos encararon la incompatibilidad entre nues- tras dos dimensiones basicas —incompatibilidad que, clertamente, no pasé inadvertida, Fue con el cristianismo que emergid, por primera vez, un discurso de emancipacién radical, y su forma es- peeifica fue Ja saluacién. Con elementos parcial- ‘mente heredados de la apocaliptica judia, el cris- tianismo habia de presentar la imagen de una humanidad —o poshumanidad— futura de la que el mal habria sido radicalmente erradicado, Tanto la dimension dicotémica eomo la de fun damento estan aqui presentes: la historia unt- versal es la lucha permanente entre los santos y las fuierzas del mal, y no hay terreno comtn en- tre ellos; la sociedad futura sera una sociedad perfecta, sin divisiones internas, sin ninguna opacidad o alienacion: las varias alternativas en la lucha contra las fuerzas del mal y el triunfo f nal de Dios nos son asequibles a través de la re- velacion. En el interior de este cuadro totalizante vemos la emergencta, sin embargo, de una difi- cultad que no es sino el reconacimiento teolégico de la incompatibilidad de nuestras dos dimensio- hes. Dios es todopoderoso y, al mismo tempo. absoluta bondad, el ereador ex nihilo de todo lo que existe y el fundamento y fuente absoluta de todos los seres creados. En ial caso goomo expli- ‘camos la presencia del mal en el mundo? La alter nativa es clara: o blen Dios es todopoderoso y la fuente de todo lo que existe —y en tal caso no B puede ser absoluta bondad porque es responsable de la presencia del mal en el mundo—; 0 no es responsable por esta tiltima, y en tal caso no es todopoderoso. Verios aqui emerger el mismo pro- blema que nos habiamos planteado en términos no teologicos: 0 bien la dicotomia que separa al bien del mal es radical, sin fundamento comin entre sus dos polos; o existe un tal fundamento, ‘en cuyo caso la oposielén entre el bien y el mal se desdibuja. El pensamiento cristiano, confron- tado con esta alternativa, oscllé entre afirmar que los designios de Dios son inescrutables lo que equivale a dejar de lado, sin soluctén, el pro- blema—e intentar una solucién, que si iba a ser minitnamente coherente s6lo podia mantener la imagen de Dios como fuente absoluta afirmando al mismo tiempo, de una manera u otra, el ca ricter necesario del mal. Erigena, al afirmar du- rante el renacimiento carolingio que Dios alcan- za su perfeccion a través de fases de transicion necesarias que tmplican la finitud, la contingen- fa y el mal, comenzé una tradicion que, pasan- do por el misticismo nérdico, Nicolas de Cusa y Spinoza, alcanzaria su punto mas alto en Hegel y Marx. La visién eristlana de Ia historia debié enfren- ‘tarse también con otro problema —esta vez sin contradiecion— que es el de 1a Inconmensurabi- lidad existente entre la universalidad de las ta- reas a realizar y Ja Limitaci6n de los agentes fink tos que deben Hlevarlas a cabo. La categoria de “encarnacién” fue elaborada para mediar entre estas dos realidades inconmensurables. El para- digma de toda encarnacién es, desde Iuego, el advenimiento del propio Cristo, pero cada uno de ™ eeenaneed) SSHSCSSCTUSSHHDIESSIISG PORCH HHOCHEHHHEE HE EHREREE ea Ao eho a sat ® los momentos de esta historia universal esta marcado por Intervenciones divinas a través de Jas cuales cuerpos finitos tienen que asumir ta- reas universales que no estaban en absohuta pre- determinadas por su finitud conereta. La dialéc- lica de la encarnacién presupone la distancia infinita entre el cuerpo encarnante y la tarea en- carnada. Bs sélo la mediacién divina la que esta- blece un puente entre las dos, por motives que escapan a a razon humana. Volvienda a nues- tras varias dimensiones de la emancipacién, po: demos decir que en el discurso eristiano la transparencia es asegurada al nivel de la repre- sentacion pero no al nivel del conocimiento, La revelacion nos da una representacion de la tota- Iidad de la historia, pero la ractonalidad que se cexpresa a través de esa historia nos escapara por siempre. Por eso es que la dimensién racionalts ta tenia que estar ausente de las versiones teolé- gicas de la salvacion. Es este hiato entre representacin y raciona- lidad el que las modernas escatologias intenta- ran colmar. Puesto que Dios ya no estd en el centro de la escena para garantizar una repre- sentabilidad completa, el fundamento tiene que ‘mostrar su capacidad totalizante sin apelar a una distancia infinita respecto a lo que él abar- ca. Es decir, que una representacién total sélo es posible como total racionalidad. La primera consecuencia en este giro moderno es que el ‘movimiento insinuado en las versfones panteis: tas 0 semipanteistas del cristianismo, es llevado ahora hasta sus conclusiones légicas. Si hay un fundamento a partir del cual la historia huma- ra se muestra como siendo puramente racional 5 cen consecuencia, como pura autotranspa- reneia—, el mal, la opacidad, la altenacién, s6lo pueden ser el resultado de representactones parciales y distorsionadas. Cuanto mas se impo- he la dimension de fundamento, tanto mas Ia irrecuperable alteridad del corte inherente a la dimension dicotomica tendra que ser desechado ‘como “falsa conciencia". Hemos mencionado an- teriormente la “astucia de la razn" en Hegel, pe~ +o las versiones marxistas del mismo principio “no son muy diferentes. Es suficiente recordar la deseripcion de la emergencia y desarrollo de las ‘Sociedade antagénicas: el comunismo primitivo tenia que desintegrarse a los efectos de desarro- ar las fuerzas productivas de la humantdad, el desarrollo de estas altimas requeria, como con: icin historica y logica, el pasaje a través del in- fierno de los sucesivos regimenes de explotactén: yy es sdlo al final del proceso, cuando la historia Hlega a la cumbre de un nuevo comuntsmo que representa un nuevo punto en el desarrollo de Jas fuerzas produetivas, que se muestra final- ‘menie el sentido y la racionalidad de todo el su- frimiento anterior. Visto desde el punto de mira de Ia historia universal, todo —la esclavitud, el oscurantismo, el terrorismo, la explotactén, ‘Auschwitz revela su sustancia racional. El re ‘chazo radical, el antagonismo, las incompatibili- dades éticas, en suma: todo aquello ligado a la dimenstén dicotémica, pertenece al reino de las Superestructuras, al modo en que los actores ‘Sociales viven (de modo distorsionado) sus rela- ‘clones con sus condiciones reales. Como se afir- mé en un texto famoso: 1% 7 3 ) > HOORAORO CHP HLEH ETE & ee Al cambiar la base ccondmica, se reolucion mas o menos rdpidamente, todo et mmenso ei Gio eit sobre la Cus se estas sf voluciones, ay que distinguirslempre entre Ios Cambios materiales cures en las conielones econémicas de prodcelon y que pueden apne, ‘arse con la exacltud propia de lab cence ns turalesy las formas juridica, politeas, rig. sas, artisicas o Hlosdfens, en tna palabra ina formas kdeolgieas en que los hombres adguleren concent ete otto y ich por fate ly del mismo modo que no podesnas jugar a sun ndviduo por lo que é! pensa de sto Sode ‘mos jusgartampoco a estas epocas de Feveluion por su conciencia, sino que, por el conta, Hey Gue exper es contencin por la conta clones de la vida material, por el conlicla exo tente entre las fuerzas products soclalesy Iss relaciones de produccisn.” , De tal modo, Ja dimensién dicotémica pasa a ser, en esta lectin a, una “superestructura” de la dimension de fundamento, y la emancipacion se torna tun mero omamento retérico de un proceso sustantivo que debe ser entendido en términos totalmente diferentes. Como resultado de esto, el ‘segundo requerimiento logico de este giro esen- Gialista es que debemos desechar enteramente la Gialéctica de la encarnacién. Como hemos visto, Ja encarnacion requiere Ia conexién entre dos Glementos través de um tercero externo a am- , de modo tal que hay una distancia insalva ble entre Jos primeros dos elementos si ellos son Ubrados a sf mismos. La encarnacién era posible "Mans Proogo “Contrbuctin Ia erica de a economia politi’, en ieyoduocn general ala 4a eoonomla politcal 1887, Cordoba. Pasade y Prescnts, i ecm pl rdoba. Pasado ¥ Presente, 2 uf OOSUBDYIGHS cen la medida en que Dios era parte det expla rans, pero si él desaparece del horizonte explica- tivo, la conexion entre la untversalidad encarna- da y el cuerpo encarnante resulta imposible. Es decir, una escatologia plenamente racionalista y secular tiene que mostrar la posibilidad de un actor universal que esta més alla de ta contra- cion, pero esto sélo explica la emergencia del proletariado como posicion de sujeto particular en el seno de la sociedad capitalista, no sts emer~ gencia como sujeto emaneipatorio, Para obtener a este ultimo, necesitamos mos- tar que el capitalista niega en el obrero algo que diceién entre particularidad y universalidad, 0 et ~wra Termlivologiar necesitamos mostrar que hay ‘mas bien, uno cuya particularidad expresa de gf ‘una dicotomia antagoniea que no es reducible a modo directo, sin ningin sistema de mediaclo: g ? lun fundamento tinico. Bs deci, que la condlicion hes, la esencia humana pura y universal. Este t de una verdadera emaneipacion es, como hemes actor es para Marx el proletariado, cuya particu: = @ ‘mencionado antes, una opacidad consttutiva que laridad expresa lo universal en forma tan direc- ningiin fundamenio puede erradicar. Esto signifi ta, que su advenimiento es concebido como clin gy + ‘ca que las dos operaciones de cierre que estan a de la necesidad de todo proceso de representa- Ja base del discurso politica de la mademnidad, tic- Gone Ninguna encamnacién puede tener aquilu. = @ nen que ser deconstruidas. Si, por un lado, le mo: gar Pero si miramos la cuestion mas de cerca ddernidad comenz6 ligand de modo estrict la re- YVeremos que este actor, que es presentade como g presentabilidad al conacimiento, la opacidad el unico que puede levar a cabo un verdadero constitutiva resultante de la dialéctica de la proceso de emancipacion, es precsamente aquel — @ emancipacion implica ‘no slo que la socedsd ya para quien Ia emancipacion ha pasado a serun no es transparente al conocimtento, sino tambien {érmino sin sentido. gCémo construimos la iden- puesto que Dios ya no esta presente para susti- tidad de este actor? Como hemos vst, laident- | ‘ur al conocimienio por la revelacion— que toda ‘dad del agente de la emancipacion tiene que ser ‘ representacién sera necesariamente parcial y ten- obstaculizada en st constitucion/desarrollo por @ dr lugar contra el fondo de una irepresentabilt- la existencia de un régimen opresivo. Pero si el proceso de desintegracion de este regimen y el proceso de formacion del actor de la “emancipa- cén* es el mismo, dificilmente podemos decir que €1 es oprimido por el mismo régimen que Io constituye. Podemos, desde luego, perfectamente bien argumentar que el proletariado es el pro- ducto del desarrollo capitalista, ya que solo este ‘altimo crea la separacion entre el productor di- recto y la propiedad de los medios de produc- dad esencial, Por el otro lado, esta opacidad cons titutiva subvierte el terreno que habia hecho Posible ir mas alla de la dialéctica de la encarna- ion, dado que ya no puede postularse una socie~ dad teansparente en. la que lo universal se mos- traria a si mismo de un modo directo y no ‘mediado, Pero nuevamente, como Dias ya no esta presente, asegurando a través de su palabra el eo- nocimiento de un destino universal que escapa & Ja razin humana, la opacidad no puede tampoco SSCCOC CTO CUCL SSYEHOUEUY 28 9 OR PS2OH HORE no es el mero producto del capitalismo. En nues- _ nN conducir a tna restauracion de la dialéctica de la encarnacién, La muerte del fundamento parece ‘conducir a la muerte de lo universal y a la disolu- tlén de las tuchas soctales en un mero particula rismo, Esta es la otra dimension de la lgica emaneipatoria que antes sefialamos: si la, ausen= ‘Ga de un fandamento es la condicion de la eman- ‘ipacién radical, la radicalidad del acto emaneipa- orio no puede ser concebida de otro modo que ‘como un acto de fundacion. Pareciera pues que, cualquiera sea la direc ‘ion que tomemos, la emancipacién es igualmen- te imposible, Hesttamos. sin embargo, antes de extender un certifiade de defuncion. Porque. ‘aunque hemos explorado las consecuencias logi- ‘cas que se siguen de cualquiera de las dos alter- rnativas consideradas separadamente, no hemos atin dicho nada acerca de los efectos que po- rian derivarse de la interacetén social de estas dos imposibilidades simétricas. Consideremos la ‘cuestién con culdado, La emancipacion est es- trictamente ligada al destino de Jo universal. Ya ‘sea que la dimension de fundamento prevalezca, fo que la emaneipacion resulte de un verdadero facto de fundacién radical, su presencia no puede provenir de la accion de ningin agente social particularizado. Hemos visto que estas dos di- | mensiones —fundamento y corte radical— son fen realidad incorpatibles, pero ambas alternati- vas requieren igualmente la presencia de fo uni- versal. Sin la emergencia, en el terreno histérico, de lo universal, la emancipacion seria imposible. En el pensamiento teologico. como hemos visto, esta presencia de lo universal estaba garantizada ‘por la logica de la encarnacién, que mediaba en- 0 ROAR AHO AAA AOLSl ODO Ol OOS CLL, tre finitud particularistica y tarea universal. En Jas escatologias secularizadas lo universal tenia que emerger sin ningdn tipo de mediacion: Ia “clase universal” en Marx puede asumir la tarea emaneipatoria porque ha pasado, precisamente, a ser pura esencia humana despojada de toda pertenencia particularistica. Ahora bien, la im- posibilidad Jogica, en la ultima instancia, ya sea de un corte verdaderamente radical 0 de la diso- Iueton de la emaneipacion en alguna version de a “astucta de la razén", pareciera destruir Ia po- sibilidad misma de todo efecto totalizante. Con esto, el Unico terreno en que lo universal podria, ‘emerger —es decir, la totalidad social~ aparen- temente ha desaparecido. ¢Signifiea esto que es- ta muerte de Jo universal, con la imposibilidad de la emancipacién como Su corolario necesario, nos deja en un mundo puramente particularisti- co, en el que los actores sociales persiguen sola~ ‘mente objetivos Iimitados? Un momento de refle- xiOn ¢s suficiente para mostrarnos que ésta no, fs una conclusion adecuada. “Particularismo" es ‘un concepto esencialmente relacional: algo es particular en relacion a otras particularidades y €l conjunto de ellas presupone una totalidad so cial dentro de la cual todas ellas se constituyen. ‘De macio que st fo que esta en cuestion es la no- clon misma de totalidad social, la nocion de, identidades “particulares” estA igualmente ame- nazada. La categoria de totalidad nos persigue a través de los efectos que se siguen de su propia ausencia. Esta tiltima observacion abre el camino hacia. una forma de coneebir la relacion entre univer salismo y particularismo que diflere tanto de una 3 encarnai no enor co de in sacion de a siferenela queen, ls he Shon la pootblidad de nuevos discursoe de ibe taolén, Botos van, certamente, mas ala dela ranean, pose ensign mediante ne shmientas que enon lugar denise del sistema de ater te aula cena. Cmencenos test anise conser nang Socal euler por empl. ora re Sa pai por an at to, Hay un core entre ambos, y ya sbemos gus a rt—“CeET exact l e da anon press fa limes que tes separa Supongamos que en trerto momento otras fuerzas angie a —Lrr——— ta hostles, et intevienen La minaia acl fal week ag eotas fuereasantagneas com Smenazaa equlbalentes ou propia tentidad, SF ,LLrtrt~t~t—S™—s—sOOOCS aves ae Ing mds vero Retz alagoneas a Lrr—— rent comin sn embargo. no puede or ago Pato pore ee pnt doit dee Faagos pentivs concretea cada una de estas —h—rtrt