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1. Personalidad.

a) Definición:
Es la investidura jurídica que surge por el nacimiento de una persona, o aun antes
(ciertos efectos de la concepción), y otorgada por el derecho objetivo, al darse los
requisitos para su existencia como tal.

b) Teorías para determinar cuándo principia la personalidad:

1) Teoría de la concepción: que se basa en el principio de que la personalidad se


inicia desde el momento de la concepción, es decir, desde el momento en que se
da existencia a un nuevo ser humano por medio de la fecundación.

2) Teoría del nacimiento: que expone que en el momento en que la criatura nace,
es el momento en que principia la personalidad (esta teoría estaba consagrada en
el artículo 1° del Proyecto de Código Civil presentado por el Lic. Federico Ojeda
Salazar).

3) Teoría de la viabilidad: agrega esta teoría, al hecho físico del nacimiento, el


requisito de que el nacido tenga condiciones de viabilidad, de que sea viable, es
decir, que haya nacido con aptitud fisiológica para seguir viviendo fuera del vientre
materno, por sí solo.

4) Teoría ecléctica: que trata de conjugar las teorías anteriores. En su expresión


más generalizada, fija el inicio de la personalidad en el momento del nacimiento,
reconociendo, desde la concepción, derecho al ser aún no nacido, bajo la condición
de que nazca vivo. Otra tendencia, dicho con distintas palabras, otra modalidad de
esta teoría exige, además del nacimiento, las condiciones de viabilidad, que el ser
sea viable, apto para seguir viviendo.

c) Teoría que adopta nuestro Código Civil:


El artículo 1° del Código Civil expone que: “La personalidad civil comienza con el
nacimiento y termina con la muerte; sin embargo, al que está por nacer se le
considera nacido para todo lo que le favorece, siempre que nazca en condiciones
de viabilidad”. Podría decirse que nuestro código acepta una teoría ecléctica,
puesto que expone la teoría del nacimiento al decir que la “personalidad...
comienza con el nacimiento”; a su vez, la de la concepción al señalar que “al que
está por nacer se le considera nacido para todo lo que le favorece”; y, por último,
la de la viabilidad el resaltar que al ser que está por nacer y le favorece un derecho
será investido con personalidad jurídica siempre y cuando “nazca en condiciones
de viabilidad”. Es menester hacer notar que la redacción en el Proyecto era mucho
más clara y acertada al aceptar la teoría del nacimiento, que en la actualidad
tiende a predominar.

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Conacencia: La ley parte del supuesto general de que nazca un solo ser humano,
varón o mujer, después del proceso de la gestación. Empero, en realidad no es
nada raro que nazcan dos o más personas de un mismo parto (doble o múltiple), y
tengan vida propia cada una, lo cual sucede aun en el caso del nacimiento de
siameses. En especial para efectos hereditarios, es importante determinar si existe
o no, legalmente, procedencia en cada uno de esos nacimientos. Sin embargo,
como bien lo apunta el Lic. Ojeda Salazar, “desaparecida la institución del
mayorazgo en las legislaciones contemporáneas, carece de mayor importancia
determinar la prioridad del nacimiento, pues no se reconocen derechos superiores
ni privilegios al hijo mayor o primogénito; todos gozan de los mismos derechos”.
Es por ello que nuestro Código Civil, en su artículo 2°, expone que: “Si dos o más
nacen de un mismo parto, se consideran iguales en los derechos civiles que
dependen de la edad”.

d) Comorencia: Así como el nacimiento ocurrido en un mismo parto puede ser de


dos o más personas (conacencia), puede ocurrir, por hecho accidental o
premeditadamente provocado que dos o más personas fallezcan en y por causa del
mismo (comorencia). Así, pues, nuestro Código Civil, artículo 3°, establece que:
“Si dos o más personas hubiesen fallecido de modo que no se pueda probar cuál de
ellas murió primero, se presume que fallecieron todas al mismo tiempo, sin que
se pueda alegar transmisión alguna de derechos entre ellas”.

e) Regulación legal:
Todo lo relativo a la personalidad civil o jurídica está regulado en los artículos 1°,
2°, 3°, 399 y 400 del Código Civil vigente, contenido en el Decreto – Ley Número
106 del Jefe del Gobierno de la República.

2. Capacidad e incapacidad civil de las personas individuales.

Capacidad

a) Definición: Es la aptitud para ser titular de facultades y deberes.

b) Clasificación: La capacidad jurídica puede ser de dos clases:

1) Capacidad de goce o de derecho:


Es la facultad que las normas jurídicas reconocen a la persona jurídica
individual para poder adquirir deberes y derechos. Capacidad que vista
aisladamente constituye una parte de la capacidad total, ya que está limitada
al goce y no al ejercicio directo. La capacidad de goce se adquiere desde el
momento de la concepción del nuevo ser y se mantiene, generalmente, como
única hasta que se cumpla la mayoría de edad (véase el artículo 8° del Código
Civil).

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2) Capacidad de ejercicio, de hecho o de obrar:
es el reconocimiento legal para el ejercicio directo de los deberes y facultades,
que generalmente se adquiere con la mayoría de edad, la cual es común
obtenerla entre los 18 y 21 años –para nuestra legislación es a los 18 años–
(véase el artículo citado anteriormente).

c) Causas modificativas de la capacidad:


Son circunstancias determinantes de la capacidad: el sexo (ahora, por la evolución
de las instituciones jurídicas, sin mayor relevancia, salvo los casos de capacidades
relativas, en que a la mujer se le habilita a más temprana edad para contraer
matrimonio, por ejemplo); la edad (que es determinante para fijar la mayoría de
edad y autorizar a los menores para la celebración de ciertos actos); la
nacionalidad (también ahora sin mayor importancia para los efectos civiles, a no
ser en ciertos casos de excepción: los extranjeros no pueden ser propietarios o
poseedores de los bienes inmuebles a que se refiere el artículo 123 de la
Constitución Política de la República de Guatemala, obligada publicidad del
matrimonio que desean contraer en el país según el artículo 96 del Código Civil);
el domicilio (uno de cuyos efectos principales es el de precisar el lugar o lugares
en que se han de cumplir las obligaciones); el parentesco (que generalmente da
lugar a ciertas prohibiciones: marido y mujer no pueden celebrar contratos de
compraventa entre sí, o determina el orden de la prestación de alimentos o de la
sucesión intestada, por ejemplo); y, enfermedades físicas y mentales (estas
últimas, en especial, pueden tener relevancia cuando alcanzan a constituir causa
de incapacitación).

Incapacidad

a) Definición: Es el defecto o falta total de capacidad, de aptitud legal para ejercer


derechos y contraer obligaciones.

b) Clasificación: Al igual que la capacidad, la incapacidad puede ser:

1) Incapacidad de goce: que no es más que la prohibición legal o la ineptitud


personal que priva de poder ser titular de determinado derecho. Así, la indignidad
constituye incapacidad para gozar de la sucesión.

2) Incapacidad de ejercicio: es la imposibilidad jurídica de ejercer directamente el


derecho del cual se es titular, que requiere para su efectividad un representante
legal o la asistencia de determinada persona.

c) Declaración judicial del estado de interdicción: Es el estado de una persona a


quien judicialmente se ha declarado incapaz, privándola de ciertos derechos, por
razón de enfermedad mental, congénita o adquirida, que la despoja de
discernimiento o por abuso de bebidas alcohólicas o de estupefacientes, si la
persona se expone ella misma o expone a su familia a graves perjuicios económicos.
Esta declaración se tramita a través del proceso judicial especial, en jurisdicción

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voluntaria, denominado “declaratoria de incapacidad”, de conformidad con lo
establecido en los artículos 406 al 410 del Código Procesal Civil y Mercantil.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a la capacidad o a la incapacidad se encuentra


regulado en los artículos 8° al 14, 81, 94, 218, 259, 303 y 1619 del Código Civil;
150 del Código de Trabajo; y, 143, 406 al 410 del Código Procesal Civil y Mercantil.

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3. Estado civil.

a) Definición: Es la situación en que se encuentra la persona, dentro de la sociedad,


en relación con los diferentes derechos o facultades y obligaciones o deberes que
le atañen. Toda persona jurídica individual tiene un estado civil, comprendiendo
como tal a la relación que guarda ésta con la familia (soltero, casado, padre, hijo,
abuelo, etc.), con el Estado (nacional o extranjero) y consigo misma (capaz o
incapaz).

b) Características:

1) Significado personal: incluso cuando se deriva de instituciones con propios


principios (por ejemplo: matrimonio, filiación, nacionalidad), pues afecta a la
capacidad de obrar. Cada persona ha de ser encajada en alguna de las casillas que
contienen los distintos tipos de estado, para saber el trato jurídico que le
corresponde.

2) Su regulación se considera de orden público: se hace mediante disposiciones


imperativas, que excluyen fundamentalmente la autonomía de la voluntad.

3) Ha de tener eficacia general: La que se procura ordenando y facilitando la


inscripción de todos los hechos concernientes al estado civil de las personas y
haciendo posible su conocimiento a cualquier interesado.

c) Medios de comprobación: De conformidad con lo regulado en el primer párrafo


del artículo 371 del Código Civil las “certificaciones de las actas del Registro Civil
prueban el estado civil de las personas”.

d) Posesión notoria de estado: La posesión de estado no es más que el conjunto


de circunstancias de hecho que poseen valor de derecho en relación con el estado
civil de las personas. Así, pues, nuestro Código Civil, artículo 223, establece que:
“Para que haya posesión notoria de estado se requiere que el presunto hijo haya
sido tratado como tal por sus padres o los familiares de éstos y que, además,
concurra cualquiera de las circunstancias siguientes: 1° Que hayan proveído a su
subsistencia y educación; 2° Que el hijo haya usado, constante y públicamente, el
apellido del padre; y, 3° Que el hijo haya sido presentado como tal en las
relaciones sociales de la familia”.

e) Acciones del estado civil: La expresión acciones de estado debería, en realidad,


referirse a la facultad de toda persona para exigir el reconocimiento de
cualesquiera de los estados que conforme a la ley pueda tener (por ejemplo: estado
de nacionalidad, estado de libertad). No obstante, se acepta en el derecho civil
restringiéndola a ciertos aspectos del estado de familia, denominándolas
generalmente acciones del estado civil. En ese orden de ideas, la acción de estado
no es más que la acción procesal típica del derecho de las personas y de familia y
que sirve para dilucidar el estado de las personas. Las acciones del estado civil son
las que tienen por objeto las cuestiones relativas al nacimiento, defunción,

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matrimonio o nulidad de éste, unión de hecho, filiación, reconocimiento de preñez,
tutela, adopción, divorcio y separación, patrimonio familiar y ausencia; en segundo
lugar para modificar, rectificar o anular los actos del Registro Civil; y, en tercero
para garantizar, impedir o restituir en el goce a los poseedores de un estado.

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4. Identificación de la persona:

a) El nombre: La identificación de la persona (aparte de los rasgos naturales que la


caracterizan), se obtiene mediante el nombre, que es el medio de individualizarla en
las relaciones familiares y sociales, así como en las jurídicas. En ese orden de ideas, el
artículo 4° del Código Civil, reformado por el artículo 1 del Decreto Número 38-95
del Congreso de la República, en la parte conducente de su primer párrafo expresa
que: “La persona individual se identifica con el nombre con que se inscriba su
nacimiento en el Registro Civil,...”. Sin embargo, es menester aclarar que el nombre,
por sí solo, no cumple su objeto fundamental: identificar, sin lugar a dudas, a la
persona, dado, por ejemplo, que pueden existir varias personas con los mismos
nombres propios y apellidos (homónimos). Es por ello que se han ideado sistemas
complementarios de identificación, utilizándose, aislada o conjuntamente, huellas
digitales y fotografías, y en algunas oportunidades, números. En Guatemala, la cédula
de vecindad y el pasaporte son documentos que la ley acepta como medios para
identificar a una persona, y se ha generalizado la práctica de aceptar con ese objeto
la licencia de conducir. La ley también permite como sistema complementario de
identificación de una persona, dos testigos conocidos por el notario y, por ende, de
la persona que interviene en el instrumento público (véase el artículo 29, numeral 9,
del Código de Notariado; así como la Ley de Cédula de Vecindad y su reglamento).

b) Origen y definición: En épocas remotas, el nombre constaba de una sola palabra


(por ejemplo: Noé, Abraham, Ciro, Nabucodonosor), y no era transmisible ni
significaba nexo familiar alguno. Los romanos idearon y regularon un sistema
completo (quizá el más completo) del nombre, que consistía en integrarlo de la
siguiente manera: prenombre (nombre propio o de pila), nombre (especie de apellido
común) y conombre (segundo nombre), utilizado por la escasez de prenombres
masculinos. Posteriormente, al desaparecer el imperio romano, volvió a utilizarse el
sistema de un solo nombre. En la época moderna, el nombre propio y los apellidos
constituyen la esencia de cada sistema. Los nombres propios (Juan, María, José, Inés,
por ejemplo) surgieron como denominaciones aisladas. Los apellidos, en cambio,
surgieron como derivaciones de nombres propios (Rodríguez, de Rodrigo; López, de
Lope), por referencia a ciudades o regiones (Madrid, Valencia, Galicia), a colores
(Blanco, Moreno), a minerales (Mármol), a plantas (Olivares, Olmo), a características
personales (Calvo, Izquierdo, Lerdo) o por otra clase de referencias (Cuevas, Bosque,
Peña, León), sin que sean escasos los apellidos de cuya derivación se desconoce el
origen. Ahora bien, diremos que nombre, en sentido amplio, engloba el nombre
propio y los apellidos, está constituido por el conjunto de palabras con las que, en el
plano jurídico y con carácter oficial, se identifica y designa a cada persona. En sentido
estricto —conocido también como nombre propio— individualiza a la persona,
distinguiéndola en su caso de los restantes hijos de los mismos padres. El nombre de
la persona es el que se otorgue al nacido, el que se imponga en el momento de la

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inscripción de nacimiento. La elección se deja al libre arbitrio de las personas con
potestad para imponerlo, siempre que no dificulte la identificación de la persona. De
modo excepcional, se puede instar el cambio de nombre propio, requiriéndose para
ello una causa justificada y que no provoque perjuicio a terceros. Así, pues, el Código
Civil en su artículo 4°, reformado por el artículo 1 del Decreto Número 38-95 del
Congreso de la República, nos explica que el nombre “se compone del nombre
propio y del apellido de sus padres casado o del de sus padres no casados que lo
hubieren reconocido. Los hijos de madre soltera serán inscritos con los apellidos de
ésta. Los hijos de padres desconocidos serán inscritos con el nombre que les dé la
persona o institución que los inscriba”. Lo interesante de la reforma es que,
erradicando todo tipo de discriminación y en concordancia con el principio
constitucional de igualdad, ahora permite a la madre soltera inscribir a su hijo menor
de edad con sus dos apellidos, evitando así lo molesto que resulta decir la famosa
frase “de único apellido”.

c) El sobrenombre y seudónimo: El sobrenombre, alias o apodo, se caracteriza, a


diferencia del seudónimo como veremos más adelante, en que por regla general es
impuesto a determinada persona por otra u otras, en expresión que se generaliza,
casi siempre con el objeto de poner de manifiesto una característica personal o cierta
actividad a la cual se dedica quien recibe el sobrenombre (por ejemplo: el manco, el
cojo, el chato). Por su parte, el seudónimo (etimológicamente, falso nombre) es una
autodenominación distinta del nombre verdadero, del nombre legal; es un nombre
especial creado y popularizado por impulso propio. No siempre consiste el
seudónimo en uno o varios nombres y apellidos; puede consistir en simples iniciales
o en designación especial que viene a ser en realidad un sobrenombre autoimpuesto.
Generalmente, el seudónimo es utilizado por los hombres de letras y los artistas, y
en menor grado por deportistas y políticos (por ejemplo: Salomé Jil cuyo verdadero
nombre era José Milla y Vidaurre, o Charlie Sheen cuyo verdadero nombre es Carlos
Irwin Estévez).

d) Escuelas que explican la naturaleza jurídica del nombre:

1) Derecho de propiedad: en virtud que el nombre pertenece a la persona a quien


se le ha asignado (nombre propio) o por la ley le corresponde (apellido); no obstante
que otra u otras tengan el mismo nombre, que también les pertenece, es lógico que
sea considerado como un derecho de propiedad, exclusivo e inviolable. Las
expresiones mi nombre, su nombre, parecen afianzar esta opinión.

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2) Atributo de la persona: así es considerado por quienes opinan que la persona
no es un concepto creado por el derecho, sino preexistente a éste, que no hace más
que admitirlo, y reconocer sus cualidades características.

3) Institución de policía civil: es el criterio de Planiol, quien pone énfasis en la


obligatoriedad del nombre. Esta designación oficial es una medida que se toma tanto
en interés de la persona como en interés de la sociedad a que pertenece. La ley lo
establece, más que en interés de la persona, en interés general, y es para ella una
institución de policía, la forma obligatoria de la designación de las personas. Por
supuesto, la palabra policía ha de entenderse, no en el sentido corriente, sino como
poder que tiene el Estado para utilizar medios que le permitan un adecuado control
del estado civil de las personas que nacen en su territorio, y en ciertos casos fuera de
él.

4) Derecho de familia: esta opinión adhiere el nombre a la familia que lo usa, no


importando, o, dicho en otra forma, sin tener relevancia la repetición del mismo en
otra u otras familias, porque la filiación es determinante para su uso exclusivo, por lo
cual viene a ser el signo interior distintivo del elemento del estado de las personas
que resulta de la filiación.

e) Características:
1) Oponible erga omnes: su oponibilidad contra todos, o, en otras palabras,
ser exclusivo de la persona que lo usa para identificarse (sin perjuicio, como
antes quedó expuesto, de la posibilidad de homónimos, que a su vez pueden
ejercitar el mismo derecho en lo que a ellos concierne).
2) No tiene estimación pecuniaria: es decir, su inestimabilidad en dinero.
3) Expresa una relación familiar: aunque excepcionalmente puede no suceder
así, como en el caso de cambio de nombre y de los expósitos a quienes se les
da un apellido distinto al que les corresponde.
4) Su obligatoriedad: si no determinante en cuanto al uso del mismo, dados
los casos de uso público de nombre distinto al inscrito en el registro, sí en lo
concerniente a la obligación de registrar el nombre asignado.
5) Su inmutabilidad: en cuanto a su objeto.
6) Imprescriptible: es decir, que no se puede prescribir.
7) Intransmisible: por acto entre vivos, ha de entenderse.

f) Cambio de nombre e identificación de persona: Expresa nuestro Código Civil


en su artículo 6° que: “Las personas no pueden cambiar sus nombres sino con
autorización judicial. La persona a quien perjudique un cambio de nombre, puede
oponerse a la pretensión del solicitante en la forma que dispone el Código Procesal

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Civil y Mercantil”. Para el trámite del cambio de nombre deberá seguirse en
jurisdicción voluntaria judicial o notarial (véanse los artículos 401 al 405, 438 y 439
del Código Procesal Civil y Mercantil; y, 1 al 7, 18 al 20 de la Ley Reguladora de la
Tramitación Notarial de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria); sin embargo, si el trámite
se hace en la vía judicial la solicitud se deberá presentar ante un Juez de Primera
Instancia del Ramo Civil, de conformidad con el artículo 24 del CPCYM. Ahora bien,
sigue expresado el Código Civil, artículo 5°, modificado por el artículo 1° del Decreto-
Ley Número 72-84, que: “El que constante y públicamente use nombre propio o
apellido distinto del que consta en su partida de nacimiento, o use incompleto su
nombre, u omita alguno de los apellidos que le corresponden, puede establecer su
identificación por medio de declaración jurada hecha en escritura pública, por la
misma persona si fuere mayor de edad o por sus padres que ejercieren la patria
potestad. También podrá hacerse por cualquiera que tenga interés en la
identificación conforme el procedimiento establecido por el Código Procesal Civil y
Mercantil”. La norma transcrita es clara, ya que si la identificación es realizada por la
misma persona o sus representantes legales –si fuere menor de edad–, ésta deberá
constar mediante declaración jurada hecha escritura pública ante notario hábil;
empero, si la identificación es hecha por cualquier persona que tenga interés en la
misma, ésta se hará a través del proceso especial de jurisdicción voluntaria, ya sea en
la vía judicial o en la vía notarial (véanse los artículos 24, 401 al 405, 440 al 442 del
CPCYM). El primer caso se conoce en la práctica como Identificación de la propia
persona o, simplemente, Identificación de persona, y el segundo caso se conoce
también en la práctica como Identificación de un tercero o, llanamente, Identificación
de tercero.

g) Regulación legal: Todo lo relativo a la identificación de la persona está regulado


por los artículos 4° al 6°, y 404 del Código Civil; 24, 401 al 405, 438 al 442 del CPCYM;
y, 1 al 7, 18 al 20 de la Ley Reguladora de la Tramitación Notarial de Asuntos de
Jurisdicción Voluntaria.

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5. El domicilio.

a) Definición: El Código Civil (artículo 32) establece que el domicilio “se constituye
voluntariamente por la residencia en un lugar con ánimo de permanecer en él”. Más
sencillamente diremos que el domicilio es la circunscripción departamental en la cual
radica la persona jurídica individual, para determinar a qué autoridades judiciales y
administrativas está sometida.

b) Elementos:

1) Elemento de carácter geográfico: o sea la residencia de una persona en un lugar


determinado.
2) Elemento de carácter temporal: que consiste en la habitualidad de ese residir.
3) Elemento de carácter intencional: la intención de permanecer, que se descubre
generalmente a través del anterior, pero que tiene autonomía y puede acreditarse
por otros medios.

c) Clasificación:

1) Natural o Voluntario: cuando la persona fija determinado domicilio o renuncia al


legal, para el cumplimiento de algunas obligaciones.
2) Legal, necesario o derivado: dispuesto por la ley.
3) Especial, de elección, electivo o contractual: es el que las personas, en sus
contratos, pueden designar para el cumplimiento de las obligaciones que éstos
originen.
4) Judicial: el que se establece por autoridad judicial.

d) Diferencia entre domicilio, residencia y vecindad: Como dijimos al principio el


domicilio lo constituye la circunscripción departamental en la cual una persona
reside; por su parte la residencia (o habitación) no es más que el edificio o parte de
él que se destina a la vivienda; y, por último, vecindad es la circunscripción municipal
en que una persona reside y se rige por las mismas leyes que el domicilio.

e) Regulación legal: Todo lo relacionado con el domicilio está enmarcado del artículo
32 al 41 del Código Civil.

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6. Ausencia.

a) Definición: El Código Civil (artículo 42) precisa el concepto de ausencia en


los siguientes términos: “Es ausente la persona que se halla fuera de la
República y tiene o ha tenido su domicilio en ella. Se considera también
ausente, para los efectos legales, la persona que ha desaparecido de su
domicilio y cuyo paradero se ignora”.

b) Clasificación: 1) Declaración de ausencia para la representación en juicio:


que se refiere al simple hecho de que la persona obligada en alguna forma
o con derechos susceptibles de ser ejercitados en la República, se ausente
de ella y no deje mandatario con facultades suficientes para hacer valer
esos derechos o cumplir con las respectivas obligaciones (véase el artículo
43 del Código Civil). 2) Declaración de ausencia para la guarda y
administración de bienes del ausente: que se da cuando una persona ausente
tenga bienes que deban ser administrados. Esta declaración puede hacerse
a instancia de cualquier persona capaz o la Procuraduría General de la
Nación.

c) Declaración de la ausencia: Como vimos anteriormente, existen dos casos


de declaración de ausencia. En el primer caso, la declaración de ausencia
tendrá como único objeto nombrar defensor judicial al ausente para los
casos en que deba responder a una demanda o hacer valer algún derecho en
juicio, nombramiento que recaerá preferentemente en el mandatario sin
facultades suficientes que hubiese dejado, y en su defecto en una persona
de notaria honradez, arraigo y competencia. Las funciones del defensor
judicial están circunscritas al litigio de que se trate. Su actuación termina
desde que termine el litigio en que se le nombro, o bien desde que se provea
de guardador de bienes al ausente o desde que éste se apersona por sí o por
medio de apoderado con facultades suficientes. En el segundo caso, el
Código Civil tiene poca claridad y precisión en el desarrollo de este
apartado, cuyos aspectos procesales sí son tratados ordenada y lógicamente
en el Código Procesal Civil y Mercantil. Conforme a la primera de dichas
leyes, pueden distinguirse los siguientes aspectos:
la denuncia de la ausencia puede hacerla cualquier persona capaz o la
Procuraduría General de la Nación, cuando el ausente tenga bienes que
deban ser administrados; el nombramiento, por el juez, de un defensor
específico que exclusivamente tendrá a su cargo la representación judicial
del presunto ausente, y de un depositario, que puede ser el mismo defensor
(si el ausente hubiese dejado apoderado sin facultades suficientes, se
procederá como en los casos de declaración de ausencia para

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representación en juicio); la declaración de la ausencia, que conlleva el
nombramiento definitivo de guardador de los bienes del ausente, la
representación de éste será asumida por el guardador, cesando en sus
cargos el defensor específico y el depositario provisional (el representante
del ausente, o sea el guardador, es administrador de los bienes de aquél y
tiene las mismas obligaciones, facultades y prohibiciones de los tutores, en
lo que fuere aplicable); la terminación del cargo de guardador de los bienes,
que puede ocurrir cuando se apersona el ausente por sí o por medio de
apoderado, cuando se extinguen los bienes o dejan de pertenecer al
ausente, cuando fallezca el guardador, se le admita la renuncia o se le
remueva del cargo, en cuyos casos el juez procederá de oficio a nombrar
nuevo guardador y cuando se da la administración de los bienes a los
parientes; y, la remoción del guardador, que puede ser solicitada por la
Procuraduría General de la Nación y los parientes del ausente, denunciando
al juez las causas de la remoción.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a la ausencia está regulado en los artículos


42 al 77 del Código Civil; 401 al 405, 411 al 417 del Código Procesal Civil y
Mercantil; 1 al 10 de la Ley Reguladora de la Tramitación Notarial de Asuntos
de Jurisdicción Voluntaria; y, 1 del Decreto Número 25-97 del Congreso de
la República de Guatemala.

7. Personas jurídicas colectivas, morales, sociales o abstractas.

a) Definición: Son las asociaciones o instituciones formadas para la


consecución de un fin y reconocidas por el ordenamiento jurídico como
sujetos de derecho. En ese orden de ideas, el artículo 16 del Código Civil
establece que: “La persona jurídica forma una entidad civil distinta de sus
miembros individualmente considerados; puede ejercitar todos los
derechos y contraer las obligaciones que sean necesarias para realizar sus
fines y será representada por la persona u órgano que designe la ley, las
reglas de su institución, sus estatutos o reglamentos, o la escritura social”.

b) Clasificación: El Código Civil vigente, en su artículo 15, dispone que son


personas jurídicas: “1° El Estado, las municipalidades, las iglesias de todos
los cultos, la Universidad de San Carlos y las demás instituciones de Derecho
Público creadas o reconocidas por la ley; 2° Las fundaciones y demás
entidades de interés público creadas o reconocidas por la ley; 3° Las
asociaciones sin finalidades lucrativas, que se proponen promover, ejercer
y proteger sus intereses sindicales, políticos, económicos, religiosos,
sociales, culturales, profesionales o de cualquier otro orden, cuya
constitución fuere debidamente aprobada por la autoridad respectiva. Los
patronatos y los comités para obras de recreo, utilidad o beneficio social
creados o autorizados por la autoridad correspondiente, se consideran

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también como asociaciones; y, 4° Las sociedades, consorcios y cualesquiera
otras con fines lucrativos que permitan las leyes”.

c) Creación, nombre, capacidad, domicilio, duración y extinción: 1) Creación:


el acto de creación de toda persona jurídica colectiva está necesariamente
precedido de un proceso de volición, de uno o varios órganos estatales si se
trata de la formación de un ente de derecho público, o de una o varias
personas individuales si se trata de la formación de un ente de derecho
privado (fundación, una voluntad; asociación, varias voluntades, por
ejemplo). Cuando ese proceso formativo culmina en la decisión de organizar
y dar vida a una nueva persona jurídica colectiva, se procede, ya en los
caminos del derecho, a la elaboración de un proyecto de ley, de un acta
constitutiva, de un proyecto de estatutos o de escritura pública, según la
naturaleza de la misma. 2) Nombre: es necesaria la identificación plena de
las personas, sean estas individuales o colectivas, y para el caso de las
colectivas, casi siempre el mismo, está ligado a la actividad o finalidad que
desempeñan o persiguen. Por ejemplo: Colegio de Abogados y Notarios de
Guatemala, Universidad de San Carlos de Guatemala, Ingenio Azucarero “La
Esperanza”, Sociedad Anónima, etc. 3) Capacidad: es la aptitud para ser
sujetos de derechos y obligaciones de acuerdo a la naturaleza de la persona
jurídica colectiva. Es de advertir, que la capacidad de este tipo de personas
está circunscrita al objetivo que persiguen y que les ha sido reconocido, no
pudiendo actuar fuera de tal marco de referencia, salvo que tengan relación
íntima con su finalidad. La persona jurídica colectiva tiene capacidad de
goce, la cual está limitada al objetivo o finalidad que persigue y por
consiguiente su representación siempre corresponde a una persona jurídica
individual, que reúna los requisitos que para el efecto establecen las leyes,
según la naturaleza de la misma: Comité Ejecutivo, Gerente, Mandatario
Judicial, etc. 4) Domicilio: ya indicamos que es la circunscripción
departamental en la cual radica la persona, con el objeto de determinar las
autoridades judiciales y administrativas a que queda sometida. 5) Duración:
ésta está determinada en el instrumento que da nacimiento a la persona
jurídica colectiva; algunas veces puede ser por un plazo determinado o, caso
contrario, por un término indefinido. 6) Extinción: de las personas jurídicas
colectivas que enumera el artículo 15, el Código Civil solamente se refiere
en forma expresa a la extinción de las asociaciones, disponiendo que podrán
disolverse por la voluntad de la mayoría de sus miembros y por las causas
que determinan sus estatutos, y que los bienes que le pertenezcan tendrán
el destino previsto en esas normas, y si nada se hubiese dispuesto, serán
considerados como bienes vacantes y aplicados a los objetos que determine
la autoridad que acuerde la disolución (artículos 25 y 26 del Código Civil).
La clausura, conforme el artículo 31 del citado código, de las compañías o
asociaciones extranjeras establecidas en Guatemala, no puede entenderse

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como disolución, sino como el fin de la autorización concedida para ejercer
sus actividades en el país.

d) Regulación legal: Todo lo concerniente a las personas jurídicas colectivas


está regulado distintas Leyes, como por ejemplo: el Código Civil, el Código
de Comercio, la Ley General de Cooperativas, entre las más importantes.

8. De la familia.

a) Definición: La familia es aquella institución que, asentada sobre el


matrimonio, enlaza, en una unidad total, a los cónyuges y sus descendientes
para que, presidida por los lazos de la autoridad y sublimada por el amor y
respeto, se dé satisfacción a la conservación, propagación y desarrollo de la
especie humana en todas las esferas de la vida.

b) Derecho de Familia: Es la parte o rama del Derecho Civil relativa a los


derechos y deberes y, en general, a la institución fundamental que la familia
constituye en toda sociedad.

c) Su ubicación en la sistemática jurídica: Tradicionalmente –y es esa la


postura de nuestro Derecho– ha sido considerada la familia como una parte,
quizá la más importante, del derecho civil; o sea, como una parte del
derecho privado.

d) La tesis de Antonio Cicu: Ésta afirma que el derecho de familia debe ser
estudiado y expuesto sistemáticamente fuera del derecho privado así como
del derecho público; creándose así una tercera rama, autónoma e
independiente a las otras dos grandes ramas en que tradicionalmente se
divide el Derecho.

9. El matrimonio.

a) Definición: El artículo 78 del Código Civil no expresa que: “El matrimonio


es una institución social por la que un hombre y una mujer se unen
legalmente, con ánimo de permanencia y con el fin de vivir juntos,
procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse entre sí”.

b) Naturaleza jurídica del matrimonio: Existen tres criterios para determinar


la naturaleza jurídica del matrimonio, los cuales son: 1) El matrimonio es
un acto jurídico mixto o negocio jurídico complejo: ésta es la opinión que
acepta el civilista hondureño Gautama Fonseca, quien la expone en los
siguientes términos: “Se distinguen en el Derecho los actos jurídicos

15
privados, los actos jurídicos públicos y los actos jurídicos mixtos. Los
primeros se realizan por la intervención exclusiva de los particulares; los
segundos por la intervención de los órganos estatales; y, los terceros por la
concurrencia tanto de particulares como de funcionarios públicos en el acto
mismo, haciendo sus respectivas manifestaciones de voluntad. El
matrimonio es un acto mixto debido a que se constituye no sólo por el
consentimiento de los consortes, sino también por la intervención que tiene
el Alcalde municipal. Este órgano del Estado desempeña un papel
constitutivo y no simplemente declarativo, pues podemos decir que si se
omitiese en el acto respectivo la declaración que debe hacer el citado
funcionario, no existiría desde el punto de vista jurídico”. 2) El matrimonio
es un contrato: es tesis de origen canónico, del derecho de la Iglesia, la
cual, a fines del Imperio romano, en lucha contra la posibilidad de
proliferación de la bigamia, hizo obligatorias las proclamas de matrimonio,
y más tarde (Concilio de Trento, 1563) obligó a la celebración pública del
mismo, ante párroco y en presencia de dos testigos (concepción del
matrimonio adoptada por la Revolución francesa; se trata, dicen sus
seguidores, de un contrato especialísimo, en el que es un elemento básico
el consentimiento). 3) El matrimonio es una institución: un numeroso sector
doctrinario sustenta esta opinión; debe partirse de un punto de vista: el
matrimonio como institución, o, dicho en otra forma, la institución del
matrimonio, no constituye una persona jurídica del tipo institucional. La
palabra institución se emplea, respecto al matrimonio, en el sentido de una
situación o estado regida por un conjunto especial de reglas impuestas por
el Estado. Conforme a la legislación de Guatemala, el matrimonio es una
institución social, es decir, que nuestro Derecho acepta este criterio.

c) Clasificación del matrimonio: 1) El matrimonio religioso: que sólo admite el


matrimonio celebrado ante la autoridad eclesiástica, o por lo menos sólo al
mismo reconoce efectos. 2) El matrimonio civil: surgido de la Revolución
francesa, que establece la obligatoriedad del matrimonio civil (en su
variedad pura, debe celebrarse antes que el religioso, sin ser éste de
ninguna manera obligatorio; otra variedad admite que pueda celebrarse
después del religioso). 3) El matrimonio mixto: surgido como resultado de
la existencia y reconocimiento de los matrimonios religioso y civil, a manera
de que, en casos determinados, uno u otro surtan plenos efectos. Las
variedades de este sistema son: el sistema de matrimonio civil facultativo
(varón y mujer pueden casarse a su elección ante un ministro religioso o
ante un funcionario del Estado) y el sistema del matrimonio civil por
necesidad (cuando admite el matrimonio civil solamente para las personas
que no profesan la religión del Estado, la religión oficial).

d) Requisitos legales para su celebración: 1) Requisitos personales para la


validez del matrimonio: estos requisitos son: el consentimiento expreso de

16
ambos contrayentes (artículos 81 al 84, 94 y 99 del Código Civil; y, 425 del
Código Procesal Civil y Mercantil); la capacidad de los contrayentes para
contraer matrimonio (artículos 81 al 84, y 94 del Código Civil); que no
existan impedimentos matrimoniales (artículos 88 al 91 del Código Civil); y,
que no exista insubsistencia del matrimonio (artículo 144 del Código Civil).
2) Requisitos formales y solemnes para la validez del matrimonio: estos
requisitos son: los requisitos formales, o sea, el expediente matrimonial
(artículos 92 al 97 del Código Civil); y, los requisitos solemnes, o sea, la
celebración del matrimonio (artículos 98 y 99 del Código Civil).

e) Deberes y derechos que nacen del matrimonio: 1) Derechos y obligaciones


de ambos cónyuges: el vivir juntos, esto es, hacer vida en común, cohabitar;
el procrear, alimentar y educar a los hijos –el derecho y la obligación de
alimentar a los hijos deben entenderse extensivos a los hijos por adopción–
; el auxiliarse entre sí; la representación conyugal; la obligación de atender
y de cuidar a los hijos, durante la minoría de edad de estos últimos; y, la
fidelidad recíproca entre los cónyuges (artículos 78, 109, 110, último
párrafo, 155, numeral 1°, y 230 del Código Civil). 2) Derechos y obligaciones
del esposo: el marido tiene la obligación de proteger y de asistir a su mujer
y de suministrarle todo lo necesario para el sostenimiento del hogar de
acuerdo con sus posibilidades económicas (artículo 110, primer párrafo, del
Código Civil); y, Derechos y obligaciones de la esposa: la mujer tiene el
derecho de agregar a su propio apellido el de su cónyuge y de conservarlo
siempre, salvo que el matrimonio se disuelva por nulidad o por divorcio;
tiene, asimismo, la obligación de contribuir equitativamente al
sostenimiento del hogar, si tiene bienes propios o desempeña algún empleo,
profesión, oficio o comercio –sin embargo, deberá cubrir todos los gastos
con los ingresos que reciba, si el marido estuviere imposibilitado para
trabajar y careciere de bienes propios–; tiene el derecho preferente sobre
el sueldo, salario o ingresos del marido (de cualquier naturaleza), por las
cantidades que correspondan para alimentos de ella y de sus hijos menores;
y, el derecho a desempeñar un empleo, ejercer una profesión, industria,
oficio o comercio –esto en virtud al principio de igualdad, ya que la
excepción que impedía este derecho quedó derogada por el artículo 2 del
Decreto Número 27-99 del Congreso de la República– (artículos 108, 111 y
112 del Código Civil).

f) Regulación legal: Todo lo relativo al matrimonio está regulado en los


artículos 47, 49 y 56 de la Constitución Política de la República de
Guatemala; y, 78 al 172 del Código Civil.

10. Impedimentos para contraer matrimonio.

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a) Insubsistencia del matrimonio: Según el Código Civil, en enumeración
tipificante de casos de insubsistencia del matrimonio, tienen impedimento
absoluto para contraer matrimonio (artículo 88): “1° Los parientes
consanguíneos en línea recta y en la colateral, los hermanos y medio
hermanos; 2° Los ascendientes y descendientes que hayan estado ligados
por afinidad; y, 3° Las personas casadas y las unidas de hecho con persona
distinta de su conviviente, mientras no se haya disuelto legalmente esa
unión”. La declaratoria de insubsistencia puede hacerla de oficio el juez,
con intervención de los cónyuges y de la Procuraduría General de la Nación
(artículo 144). Asimismo, el Código Civil en su artículo 89 trata de los casos
en que no podrá ser celebrado el matrimonio. Nótese la diferencia. Los casos
de insubsistencia están referidos a la relación parental entre las personas
que pretenden contraer matrimonio, en los casos anteriores expuestos. Las
de prohibición de que el matrimonio sea celebrado, inciden en
responsabilidad del funcionario que autorice el acto, no obstante la
existencia del impedimento, y de las personas culpables de la infracción,
según lo dispuesto en el artículo 90.

b) Anulabilidad del matrimonio: Expresa el Código Civil (artículo 145) que es


anulable el matrimonio: “1° Cuando uno o ambos cónyuges han consentido
por error, dolo o coacción; 2° Del que adolezca de impotencia absoluta o
relativa para la procreación, siempre que por su naturaleza sea perpetua,
incurable y anterior al matrimonio; 3° De cualquier persona que padezca
incapacidad mental al celebrarlo; y, 4° Del autor, cómplice o encubridor de
la muerte de un cónyuge, con el cónyuge sobreviviente”.

c) Diferencias: Como expresamos anteriormente, los casos de insubsistencia


están referidos a la relación parental entre las personas que pretenden
contraer matrimonio y procede antes de la realización del mismo; en cambio
la anulabilidad es una condición del matrimonio –por supuesto ya celebrado
éste– que puede ser declarado nulo e ineficaz por existir en la constitución
del mismo un vicio (error, dolo o coacción), defecto (impotencia sexual o
incapacidad mental) o circunstancia delictiva anterior (el partícipe en un
delito doloso que produzca la muerte de un cónyuge y que pretenda casarse
con el cónyuge supérstite) capaz de producir tal resultado.

d) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto está regulado en los
artículos 88 al 91, 144 al 150, 370, 423, último párrafo, y 1257 al 1268 del
Código Civil.

11. Regímenes económicos del matrimonio.

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a) Definición: Con esa designación se alude concretamente a la organización
patrimonial que rige el matrimonio dentro de los diversos sistemas legales
adoptados por cada país.

b) Regímenes que adopta nuestra legislación: 1) Comunidad absoluta: en el


régimen de comunidad absoluta, todos los bienes aportados al matrimonio
por los contrayentes o adquiridos durante el mismo, pertenecen al
patrimonio conyugal y se dividirán por mitad al disolverse el matrimonio.
Bajo este régimen, ambos cónyuges administrarán el patrimonio conyugal,
ya sea en forma conjunta o separadamente. Cada cónyuge tiene la libre
disposición de los bienes que se encuentren inscritos a su nombre en los
registros públicos, sin perjuicio de responder ante el otro por la disposición
que hiciere de los bienes comunes. 2) Separación absoluta: en el régimen
de separación absoluta cada cónyuge conserva la propiedad y administración
de los bienes que le pertenecen y será dueño exclusivo de los frutos,
productos y accesiones de los mismos. Serán también propios de cada uno
de los cónyuges los salarios, sueldos, emolumentos y ganancias que
obtuviere por servicios personales o en el ejercicio del comercio o industria.
3) Comunidad de gananciales: mediante el régimen de comunidad de
gananciales, el marido y la mujer conservan la propiedad de los bienes que
tenían al contraer matrimonio y de los que adquieren durante él, por título
gratuito o con el valor de unos y otros; pero harán suyos por mitad, al
disolverse el patrimonio conyugal los bienes siguientes: 1° Los frutos de los
bienes propios de cada uno de los cónyuges, deducidos los gastos de
producción, reparación, conservación y cargas fiscales y municipales de los
respectivos bienes; 2° Los que se compren o permuten con esos frutos,
aunque se haga la adquisición a nombre de uno solo de los cónyuges; y, 3°
Los que adquiera cada cónyuge con su trabajo, empleo, profesión o
industria. A falta de capitulaciones matrimoniales sobre los bienes, se
entenderá contraído el matrimonio bajo el régimen de comunidad de
gananciales (régimen subsidiario). Al igual que en la comunidad absoluta,
bajo este régimen, ambos cónyuges administrarán el patrimonio conyugal,
ya sea en forma conjunta o separadamente. Cada cónyuge tiene la libre
disposición de los bienes que se encuentren inscritos a su nombre en los
registros públicos, sin perjuicio de responder ante el otro por la disposición
que hiciere de los bienes comunes.

c) Capitulaciones matrimoniales y esponsales: 1) Capitulaciones


matrimoniales: expone el artículo 117 del Código Civil que: “Las
capitulaciones matrimoniales son los pactos que otorgan los contrayentes
para establecer y regular el régimen económico del matrimonio”. Es decir,
en otras palabras, que es el convenio matrimonial hecho antes o en el acto
de la celebración del matrimonio y mediante escritura pública o en acta
levantada ante el funcionario que haya de autorizar el mismo, por el cual

19
se establecen las futuras condiciones de la sociedad conyugal, en cuanto al
régimen patrimonial de ésta. Las capitulaciones matrimoniales son
obligatorias en los siguientes casos: 1° cuando alguno de los contrayentes
tenga bienes cuyo valor llegue a dos mil quetzales; 2° si alguno de los
contrayentes ejerce profesión, arte u oficio, que le produzca renta o
emolumento que exceda de doscientos quetzales al mes; 3° si alguno de
ellos tuviere en administración bienes de menores o incapacitados que estén
bajo su patria potestad, tutela o guarda; y, 4° si la mujer fuere
guatemalteca y el varón extranjero o guatemalteco naturalizado. 2)
Esponsales: Nuestra legislación no nos da una definición de lo que es
esponsales, por lo que tenemos que acudir a la doctrina que expresa que
esponsales “es la promesa de casarse que se hacen el varón y la mujer con
recíproca aceptación”. Esponsales deriva del verbo latino spondeo, que
significa prometer. El Código Civil (artículo 80) al tratar este tema nos dice
que: “Los esponsales no producen obligación de contraer matrimonio, pero
dan lugar a demandar la restitución de las cosas donadas y entregadas con
promesa de un matrimonio que no se efectuó”. A su vez, el artículo 1872
en su parte conducente no expresa que: “No son revocables las
donaciones... que se hacen con motivo de matrimonio que se ha efectuado
y los obsequios que se acostumbra por razones sociales o de piedad”. Esto
quiere decir, que una vez efectuado el matrimonio las cosas donadas no
pueden ser restituidas.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto está regulado en los artículos
80, 116 al 143, 370, 424, 425, 1792 y 1872 del Código Civil.

12. Modificación y disolución del matrimonio.

a) Separación: Denominada separación de los cónyuges, separación de


cuerpos, separación de personas o, simplemente, separación; esta figura es
definida como la interrupción, de hecho o de Derecho, de la cohabitación
entre los cónyuges, entendida como acceso carnal y como unidad de
domicilio, a consecuencia de la nulidad del vínculo, de la discrepancia
personal o de una causa forzosa, como por ejemplo la condena a reclusión
o prisión; si bien en algunos sistemas penitenciarios modernos tiende a
atenuarse la “incomunicación corporal” entre los consortes. Su
característica fundamental consiste en que, a pesar de traer como
consecuencia la terminación de la vida en común, deja vigente el vínculo
matrimonial. Nuestra ley civil vigente (artículo 153) nos indica que: “El
matrimonio se modifica por la separación...”.

b) Divorcio: Del latín divortium, del verbo divertere, separarse, irse cada uno
por su lado. Puede definirse como la ruptura de un matrimonio válido

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viviendo ambos esposos. Ello señala ya una distinción fundamental entre
divorcio y anulabilidad del matrimonio en que no cabe hablar de disolución,
por no haber existido jamás legalmente, a causa de impedimentos
esenciales o insubsanables. Nuestro Código Civil (artículo 153) estipula que:
“El matrimonio... se disuelve por el divorcio”.

c) Diferencias: El divorcio es la disolución en vida de los esposos, de un


matrimonio válido. La separación es el estado de dos esposos que han sido
dispensados por los tribunales de la obligación de vivir juntos o cuando uno
de los cónyuges abandona el hogar, por su voluntad o de común acuerdo con
el otro, a efecto que cese la vida en común, sin mediar en todo caso previa
resolución judicial; difiere del divorcio solamente en que los lazos del
matrimonio se debilitan sin romperse, y suprimiendo la obligación relativa
a la vida en común.

d) Clasificación de la separación y del divorcio: 1) Clases de separación: puede


distinguirse claramente dos clases de separación afectantes del matrimonio:
la separación de hecho y la legal o de Derecho. 1° La separación de hecho
se tipifica cuando uno de los cónyuges abandona el hogar, por su voluntad o
de común acuerdo con el otro, a efecto que cese la vida en común, sin
mediar en todo caso previa resolución judicial; y, 2° La separación legal,
separación de Derecho, separación de cuerpos o divorcio relativo es aquella
que es declarada judicialmente y es modificativa del matrimonio, por
cuanto hace desaparecer el ánimo de permanencia de la unión conyugal y
el fin de vivir juntos marido y mujer, dos principios rectores de la institución
matrimonial consagrados en el artículo 78 del Código Civil. La separación
legal modifica el matrimonio, pero deja subsistente el vínculo matrimonial,
la institución en sí. La separación legal puede ser solicitada y declararse por
mutuo acuerdo o consentimiento de los cónyuges o por voluntad de uno de
ellos mediante causa determinada (cualquiera de las causales del divorcio);
en el primer caso (separación por mutuo acuerdo), no podrá pedirse sino
después de un año, contado desde la fecha en que se celebró el matrimonio
(artículo 154, párrafo final, del Código Civil), disposición cuya razón de ser
puede encontrarse en el deseo del legislador de establecer un plazo
determinado suficiente a los efectos de lograr la permanencia de una unión
prematuramente en conflicto. 2) Clases de divorcio: puede distinguirse aquí
–al igual que en la separación legal– también dos clases de divorcio: por
mutuo acuerdo o consentimiento de los cónyuges y por voluntad de uno de
ellos mediante causa determinada.

e) Causas: Expresa el artículo 155 del Código Civil que: “Son causas comunes
para obtener la separación o el divorcio: 1° La infidelidad de cualquiera de
los cónyuges; 2° Los malos tratamientos de obra, las riñas y disputas
continuas, las injurias graves y ofensas al honor y, en general, la conducta

21
que haga insoportable la vida en común; 3° El atentado de uno de los
cónyuges contra la vida del otro o de los hijos; 4° La separación o abandono
voluntario de la casa conyugal o la ausencia inmotivada, por más de un año
(es decir, la separación de hecho, véase el artículo 156); 5° El hecho de que
la mujer dé a luz durante el matrimonio, a un hijo concebido antes de su
celebración, siempre que el marido no haya tenido conocimiento del
embarazo antes del matrimonio; 6° La incitación del marido para prostituir
a la mujer o corromper a los hijos; 7° La negativa infundada de uno de los
cónyuges a cumplir con el otro o con los hijos comunes, los deberes de
asistencia y alimentación a que está legalmente obligado; 8° La disipación
de la hacienda doméstica; 9° Los hábitos de juego o embriaguez, o el uso
indebido y constante de estupefacientes, cuando amenazaren causar la
ruina de la familia o constituyen un continuo motivo de desavenencia
conyugal; 10° La denuncia de delito o acusación calumniosa hecha por un
cónyuge contra el otro; 11° La condena de uno de los cónyuges, en sentencia
firme, por delito contra la propiedad o por cualquier otro delito común que
merezca pena mayor de cinco años de prisión; 12° La enfermedad grave,
incurable y contagiosa, perjudicial al otro cónyuge o a la descendencia; 13°
La impotencia absoluta o relativa para la procreación, siempre que por su
naturaleza sea incurable y posterior al matrimonio; 14° La enfermedad
mental incurable de uno de los cónyuges que sea suficiente para declarar
la interdicción; y, 15° Asimismo, es causa para obtener el divorcio, la
separación de personas declarada en sentencia firme”.

f) Efectos comunes y propios de la separación y del divorcio: 1) Efectos civiles


comunes de la separación y del divorcio: 1° La liquidación del patrimonio
conyugal; 2° El derecho de alimentos a favor del cónyuge inculpable, en su
caso; y, 3° La suspensión o pérdida de la patria potestad, cuando la causal
de separación o divorcio la lleve consigo y haya petición expresa de parte
interesada. 2) Efectos propios de la separación: 1° La subsistencia del
vínculo conyugal; 2° El derecho del cónyuge inculpable, a la sucesión
intestada del otro cónyuge; y, 3° El derecho de la mujer de continuar usando
el apellido del marido. 3) Efectos propios del divorcio: 1° La disolución del
vínculo conyugal, que deja a los cónyuges en libertad para contraer nuevo
matrimonio; sin embargo, es preciso aclarar que para que la mujer pueda
contraer nuevas nupcias deben transcurrir trescientos (300) días contados
desde la disolución del matrimonio anterior; y, 2° La mujer divorciada no
tiene derecho a usar el apellido del marido.

g) Regulación legal: Todo lo concerniente a este punto está regulado en los


artículos 56 de la Constitución Política de la República de Guatemala; 153
al 172, 370, 404 y 423, último párrafo, del Código Civil; y, 401 al 405, y 426
al 434 del Código Procesal Civil y Mercantil.

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13. Unión de hecho.

a) Definición: Es aquella situación o estado en virtud de la cual un hombre y


una mujer, con capacidad para contraer matrimonio, se unen con el objeto
de procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse recíprocamente,
previo a ser declarada por ellos mismos ante el alcalde de su vecindad o un
notario, para que produzca efectos legales, siempre que exista hogar y la
vida en común se haya mantenido constantemente por más de tres años ante
sus familiares y relaciones sociales (artículo 173 del Código Civil).

b) Declaración de la unión de hecho: 1) Declaración voluntaria o extrajudicial:


es la expresada por ambas personas (hombre y mujer) ante el alcalde de su
vecindad y que debe constar en acta levantada por este funcionario; o, bien,
ante un notario, que la hará constar en escritura pública o acta notarial. Los
documentos públicos relacionados anteriormente deberán llevar los
siguientes requisitos: identificados en forma legal, declararán bajo
juramento sus nombres y apellidos, lugar y fecha de nacimiento, domicilio
y residencia, profesión u oficio, día en que principió la unión de hecho, hijos
procreados, indicando sus nombres y edades, y bienes adquiridos durante la
vida en común. El alcalde o notario deberá dar aviso al Registro Civil
jurisdiccional dentro de los quince días siguientes, para que se proceda a la
inscripción de la unión de hecho, oficina que entregará a los interesados
constancia de dicha inscripción, la que producirá iguales efectos que la
certificación de matrimonio. Es preciso aclarar, que para la unión de
menores los alcaldes o notarios no podrán aceptar la declaración de unión
de hecho de éstos, sin el consentimiento de los padres o del tutor o, en su
caso, autorización del juez. 2) Declaración judicial: es la solicitada ante el
Juez de Primera Instancia competente por una sola de las partes, ya sea por
existir oposición o por haber muerto la otra. El juez hará la declaración de
la unión de hecho en sentencia, si hubiere sido plenamente probada y,
además, fijará en la misma el día o fecha probable en que la unión dio
principio, los hijos procreados y los bienes adquiridos durante ella. La
certificación de la sentencia favorable al demandante, deberá presentarse
al Registro Civil jurisdiccional y al de la Propiedad si hubiere bienes
inmuebles, para que se proceda a las respectivas inscripciones. La acción
para solicitar la declaración de la unión de hecho, deberá iniciarse antes de
que transcurran tres años desde que la unión cesó, salvo el derecho de los
hijos para demandar en cualquier tiempo la declaración judicial de la unión
de hecho de sus padres, para el solo efecto de establecer su filiación.

c) Cese de la unión de hecho: La unión de hecho puede cesar por mutuo


acuerdo de varón y mujer, en la misma forma que se constituyó, o por
cualquiera de las causas señaladas en el artículo 155 del Código Civil para
el divorcio y la separación, en cuyo caso la cesación deberá ser declarada

23
judicialmente. La cesación de la unión de hecho por mutuo acuerdo deberá
hacerse constar ante el Juez de Primera Instancia del domicilio de los
convivientes, o ante un notario, pero para que se reconozca y se ordene la
anotación respectiva en el Registro Civil, debe cumplirse previamente con
la presentación de un proyecto de convenio que contenga los puntos
enumerados en los artículos 163 del Código Civil y 429 del Código Procesal
Civil y Mercantil, con respecto al divorcio de los cónyuges.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto esta regulado en los artículos
48 de la Constitución Política de la República de Guatemala; 173 al 189,
370, 436 y 437 del Código Civil; y, 425 y 429 del Código Procesal Civil y
Mercantil.

14. Patrimonio familiar.

a) Definición: Es el resultante de la afectación que una o más personas hacen


de determinados bienes, en la forma y cuantía previstas por la ley, con el
objeto de asegurar un mínimo de garantía para la subsistencia de la familia.
Por su parte, el Código Civil (artículo 352) expresa que: “El patrimonio
familiar es la institución jurídico-social por la cual se destina uno o más
bienes a la protección del hogar y sostenimiento de la familia”. El
patrimonio familiar puede constituirse sobre las casas de habitación, los
predios o parcelas cultivables, los establecimientos industriales y
comerciales, que sean objeto de explotación familiar, siempre que su valor
no exceda de la cantidad máxima fijada en el artículo 355 del Código Civil,
reformado por el artículo 1 del Decreto Número 14-96 del Congreso de la
República. Los bienes constituidos en patrimonio familiar son indivisibles,
inalienables, inembargables y no podrán estar gravados ni gravarse, salvo el
caso de servidumbre.

b) Requisitos legales para su constitución: 1) Requisitos formales: 1° El


patrimonio familiar puede establecerse hasta por un máximo de cien mil
quetzales (Q 100,000.00); 2° Sólo puede fundarse un patrimonio para cada
familia, por el padre o la madre sobre sus bienes propios, o por marido y
mujer sobre bienes comunes de la sociedad conyugal (también puede
constituirse por un tercero, a título de donación o legado); 3° El
establecimiento del patrimonio familiar no puede hacerse en fraude de
acreedores; 4° Los bienes deben estar libres de anotación y gravamen, y la
gestión del instituyente solicitando la aprobación judicial, será publicada
para que llegue a conocimiento de los que puedan tener interés en
oponerse; 5° Los miembros de la familia beneficiaria están obligados a
habitar la casa o a explotar personalmente el predio agrícola, o la industria
o negocio establecido, salvo las excepciones que el juez permita

24
temporalmente por motivos justificados; 6° Si el inmueble constituido en
patrimonio familiar fuere inscrito únicamente a nombre del cabeza de
familia, se entenderá que ha sido constituido para el sostenimiento del
cónyuge, de los hijos menores o incapaces y de las personas que tengan
derecho a ser alimentadas por aquél; 7° Cuando haya peligro de que la
persona que tiene obligación de dar alimentos, pierda sus bienes por mala
administración o porque los esté dilapidando, los acreedores alimentistas
tienen derecho a exigir judicialmente que se constituya patrimonio familiar
sobre determinado bien del obligado; 8° Para la constitución del patrimonio
familiar se requiere la aprobación judicial y su inscripción en el Registro de
la Propiedad, previos los trámites que fije el Código Procesal Civil y
Mercantil (sin embargo, cuando el Estado proceda al parcelamiento y
distribución de un bien nacional, podrá darle a cada parcela el carácter de
patrimonio familiar y bastará esa calificación legal, para su constitución y
registro); 9° El representante legal de la familia será el administrador del
patrimonio familiar y representante a la vez de los beneficiarios en todo lo
que al patrimonio se refiera; y, 10° El patrimonio familiar a término fijo,
debe comprender el término indispensable para que el menor de los
miembros actuales de la familia alcance la mayoría de edad, pero en ningún
caso podrá constituirse un patrimonio familiar por un término menor de diez
años. 2) Requisitos procesales: Los requisitos procesales necesarios están
previstos en el Libro 4°, Título I, Capítulo II, Sección 6ª, del Código Procesal
Civil y Mercantil, en los artículos 444, 445 y 446, que disponen cuales son
los requisitos que deben cumplirse en la solicitud y los documentos a
presentarse con la misma, la publicación de aquélla, lo relativo a la
oposición si la hubiere, y, cuando proceda, la declaratoria de que ha lugar
a constituir patrimonio familiar, ordenando el otorgamiento de la escritura
pública respectiva, determinando la persona del fundador, los nombres de
los beneficiarios, bienes que comprende, valor y tiempo de duración del
patrimonio. Conviene aclarar que los artículos 24 al 27 de la Ley Reguladora
de la Tramitación Notarial de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria, contempla
la constitución del patrimonio familiar ante notario. Conviene recordar
también que la Procuraduría General de la Nación intervendrá en la
constitución, extinción y redacción del patrimonio familiar.

c) Terminación del patrimonio familiar: El patrimonio familiar termina: 1°


Cuando todos los beneficiarios cesen de tener derecho a percibir alimentos;
2° Cuando sin causa justificada y sin autorización judicial, la familia deje
de habitar la casa que debe servirle de morada, o de cultivar por su cuenta
la parcela o predio vinculado; 3° Cuando se demuestre la utilidad y
necesidad para la familia, de que el patrimonio quede extinguido; 4° Cuando
se expropien los bienes que lo forman; y, 5° Por vencerse el término por el
cual fue constituido. Conviene aclarar que una vez terminado el derecho al
patrimonio familiar, los bienes sobre que fue constituido, volverán al poder

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de quien lo constituyó o de sus herederos; pero si el dominio corresponde a
los beneficiarios, tendrán derecho de hacer cesar la indivisión. Cuando el
patrimonio se extinga por expropiación del inmueble, la indemnización
respectiva se depositará en una institución bancaria mientras se constituye
un nuevo patrimonio familiar. Asimismo, puede disminuirse el valor del
patrimonio familiar cuando por causas posteriores a su establecimiento, ha
sobrepasado la cantidad fijada como máxima (Q 100,000.00), o porque sea
de utilidad y necesidad para la familia dicha disminución.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto está regulado en los artículos
47 y 119, literales d), g) y j), de la Constitución Política de la República de
Guatemala; 352 al 368 del Código Civil; 444, 445 y 446 del Código Procesal
Civil y Mercantil; 24 al 27 de la Ley Reguladora de la Tramitación Notarial
de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria; y, 1 del Decreto Número 25-97 del
Congreso de la República de Guatemala.

15. Paternidad, maternidad y filiación.

a) Definición: 1) Paternidad: es la relación parental que une al padre con el


hijo; y que puede ser legítima cuando está concebido en el matrimonio o
ilegítima cuando es concebido extramatrimonialmente. 2) Maternidad: es la
relación parental que une a la madre con el hijo; y, al igual que la
paternidad, puede ser legítima cuando el hijo es concebido en el
matrimonio, o ilegítima cuando es concebido extramatrimonialmente. 3)
Filiación: es el vínculo existente entre padres e hijos; o, bien, el lazo de
descendencia que existe entre dos personas, una de las cuales es el padre o
la madre de la otra.

b) Clasificación de la filiación: 1) Matrimonial o legítima: es la del hijo


concebido durante el matrimonio, aunque éste sea declarado insubsistente,
nulo o anulable (artículo 199 del Código Civil). 2) Cuasimatrimonial o
legitimada: es la del hijo nacido dentro de la unión de hecho debidamente
declarada y registrada (artículo 182 del Código Civil). 3) Extramatrimonial o
ilegítima: la del hijo procreado fuera del matrimonio o de la unión de hecho
no declarada y registrada (artículos 182 y 209 del Código Civil). 4) Adoptiva:
es la del hijo que es tomado como hijo propio por la persona que lo adopta
(artículo 228 del Código Civil).

c) Impugnación de la paternidad: El nacido dentro de los ciento ochenta días


siguientes a la celebración del matrimonio, se presume hijo del marido si
éste no impugna su paternidad. La impugnación no puede tener lugar: 1° Si
antes de la celebración del matrimonio tuvo conocimiento de la preñez; 2°
Si estando presente en el acto de la inscripción del nacimiento en el Registro

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Civil, firmó o consintió que se firmara a su nombre la partida de nacimiento;
y, 3° Si por documento público o privado, el hijo hubiere sido reconocido.
La filiación del hijo nacido después de los trescientos días de la disolución
del matrimonio, podrá impugnarse por el marido; pero el hijo y la madre
tendrán también derecho para justificar la paternidad de aquél. El marido
no puede impugnar la paternidad del hijo concebido o nacido durante el
matrimonio, alegando el adulterio de la madre, aun cuando ésta declare en
contra de la paternidad del marido, salvo que se le hubiere ocultado el
embarazo y el nacimiento del hijo, en cuyo caso sí podrá negar la paternidad
probando todos los hechos que justifiquen la impugnación. Si al marido se
le hubiere declarado en estado de interdicción, podrá ejercitar ese derecho
su representante legal. La acción del marido negando la paternidad del hijo
nacido de su cónyuge, deberá intentarse judicialmente, dentro de sesenta
días, contados de la fecha del nacimiento, si está presente; desde el día en
que regresó a la residencia de su cónyuge, si estaba ausente; o, desde el día
en que descubrió el hecho, si se le ocultó el nacimiento. Los herederos del
marido solamente podrán continuar la acción de impugnación de la
paternidad iniciada por él, pero este derecho podrán ejercitarlo únicamente
dentro de sesenta días contados desde la muerte del marido. Podrán
asimismo los herederos del marido impugnar la filiación, si el hijo fuere
póstumo, o si el presunto padre hubiere fallecido antes de que transcurriera
el plazo señalado en el artículo 204 del Código Civil. Los herederos deberán
iniciar la acción dentro de sesenta días, contados desde que el hijo haya
sido puesto en posesión de los bienes del padre, o desde que los herederos
se vean turbados por el hijo en la posesión de la herencia.

d) Investigación de la paternidad y la maternidad: Como ya quedó anotado la


paternidad se presume dentro del matrimonio o de la unión de hecho
debidamente declarada y registrada y fuera de él ha de tener que probarse,
si el padre no reconoce voluntariamente al hijo nacido fuera del matrimonio
o de la unión de hecho; sin embargo, la maternidad siempre se afirma en
virtud que es la madre la que lleva en su vientre al hijo que nace.

e) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto está regulado en los
artículos 50 y 52 de la Constitución Política de la República de Guatemala;
199 al 227, 370, 391 al 404, y 426 al 429 del Código Civil; 435 al 437 del
Código Procesal Civil y Mercantil; y, 14 al 17 de la Ley Reguladora de la
Tramitación Notarial de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria.

16. Técnicas modernas biológicas de procreación.

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a) Definición: Comprende una serie de procedimiento científicos, efectuados
algunos de ellos en el laboratorio, a través de los cuales se pretende facilitar
la fertilidad en el ser humano.

b) Inseminación artificial: Es el procedimiento científico por el cual se prepara


el semen del hombre de tal forma que los mejores espermatozoides se
concentren en un volumen muy pequeño y se introducen en el útero un día
determinado. Esto, para garantizar que existan suficientes espermatozoides
al momento de la ovulación. Requiere que las trompas estén en condiciones
de absorción. Con respecto a los métodos de inseminación propiamente
dicho, existen tres variedades, ellas son: 1° Inseminación intrauterina; 2°
Inseminación endocervical; y, 3° Inseminación exocervical. Es preciso
aclarar, que el semen utilizado puede ser recién emitido o haber estado
conservado mediante congelación, y ser descongelado minutos antes de
efectuar la inseminación. A la vez la inseminación artificial puede hacerse
con semen del marido con lo que se llama inseminación artificial homóloga,
o bien, con semen de un tercero (donante), y que recibe el nombre de
inseminación artificial heteróloga. Procede la inseminación artificial cuando
entre la pareja (hombre-mujer), se hace imposible el acceso sexual o uno
de ellos padece de alguna deficiencia fisiológica, química o física, que no le
permite ser fértil.

c) Fertilización in vitro: Es la tecnología de reproducción asistida en que se


fecundan uno o varios óvulos fuera del organismo materno. Durante décadas
se ha usado en embriología animal experimental, y desde 1978 se ha
aplicado con éxito en la reproducción humana. Se estimula la maduración
de muchos óvulos mediante inyección diaria de hormonas (se puede hacer
con un solo óvulo). Los óvulos se extraen mediante técnicas ecográficas (lo
más frecuente) o mediante laparoscopia (introducción de un sistema óptico
y quirúrgico por una incisión de 1-2 cm en la pared abdominal). Los óvulos
extraídos se mantienen en un medio líquido especial al que se añade semen
lavado e incubado. Después de 18 horas se extraen los óvulos, se cultivan
en un medio adecuado y se examinan 40 horas después. Los óvulos
fecundados y con desarrollo embrionario normal se implantan en el útero
materno. Por lo general, se transfieren múltiples embriones para
incrementar la probabilidad de gestación. Si hay más de cuatro embriones
normales se pueden congelar algunos para futuros intentos, y así se evita el
riesgo de embarazos múltiples. Tras la implantación, se administran
inyecciones de progesterona todos los días. La probabilidad de que una
gestación llegue a término es del 20%. Hay técnicas similares de
reproducción asistida. En la implantación intratubárica de gametos la
técnica es similar pero los óvulos y el esperma se introducen directamente
en las trompas de Falopio, y se produce la fecundación en el interior de la
madre. En la implantación intratubárica de cigotos la metodología es

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idéntica a la anterior, pero la fecundación tiene lugar en el laboratorio y se
implantan los óvulos recién fecundados (cigotos). Otra técnica consiste en
la introducción intrauterina de esperma tratado con procedimientos
especiales en mujeres con ovulaciones múltiples gracias a las inyecciones
hormonales. En algunos países se autorizan los bancos de óvulos y/o de
esperma; a ellos acuden aquellas personas con problemas de reproducción.

d) Madres sustitutas: El recurso a este procedimiento ocurre porque la mujer,


miembro de la pareja corriente y arrendataria de los servicios de incubación
en útero ajeno, no puede llevar a cabo el embarazo, de suerte que la propia
comitente conviene con una tercera persona, un contrato de gestación, en
útero ajeno, con la finalidad de que se implante el embrión en la matriz de
ésta y lo desarrolle hasta su nacimiento, de modo que, posteriormente y en
virtud de lo estipulado, lo entregue a la pareja comitente.

e) Efectos legales en el Derecho de Familia guatemalteco: En la legislación


guatemalteca no se contempla este tipo de situaciones y procedimientos
científicos, es por ello que la regulación de estas técnicas es impostergable,
y para que se lleve a cabo es necesario efectuar un análisis profundo, no
olvidando que la dignidad del ser humano es el punto de partida para
resolver cualquier cuestionamiento, conflicto de valores o diarquía de
derechos que se pueda presentar. En conclusión, es necesaria la regulación
legal de la inseminación artificial, la fecundación o fertilización in vitro y el
contrato de gestación o maternidad subrogada (madres sustitutas), tomando
siempre en cuenta que su finalidad es corregir una patología, es decir,
solucionar problemas de infertilidad de la pareja, por lo tanto en primer
término se debe resolver el problema atinente a su utilización, resuelto
éste, se debe inevitablemente discutir quienes pueden ser los destinatarios
de estas técnicas.
f) Legislación comparada: En el ámbito internacional existen algunos intentos
para crear pautas de legislación comunes sobre la procreación asistida y la
embriología humana. La Asociación Internacional de Leyes, en la 60
Conferencia de agosto de 1988, adoptó una resolución en este sentido,
proponiendo un código internacional de conducta en materia de tecnologías
de reproducción humana. En ella, sugerían que el cuerpo competente de la
Organización Mundial de la Salud, adoptara las recomendaciones propuestas
en su Resolución como Código Internacional para la Protección del Material
Genético Humano. 1) Países con legislación específica vigente sobre las
técnicas de reproducción asistida y/o experimentación embrionaria: Suecia,
Dinamarca, Noruega, España, Inglaterra y Alemania. 2) Países en donde
existen proyectos de ley: Francia, Portugal, Italia, Austria y Bélgica, siendo
Francia la nación donde la discusión del Proyecto en el Parlamento es
inminente. 3) Países europeos que incluyen enmiendas en el Código Civil,
reconociendo la paternidad legal del varón que consintió la inseminación

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artificial de su mujer con semen de donante: Bélgica, Bulgaria, Grecia,
Hungría, Luxemburgo, Holanda, Portugal, Suecia, Suiza, Yugoslavia, Bosnia,
Croacia, Servia y España. 4) Países europeos sin legislación vigente, que se
rigen por recomendaciones de tipo ético emitidas por asociaciones de
profesionales médicos: Irlanda y Suiza.

17. Patria potestad.

a) Definición: Es el conjunto de derechos, poderes y obligaciones conferidos


por la ley a los padres para que cuiden y gobiernen a sus hijos desde la
concepción hasta la mayoría de edad o la emancipación, así como para que
administren sus bienes en igual período. La palabra proviene del latín
patrius, a, lo relativo al padre, y potestas, potestad, dominio, autoridad. El
Código Civil no define la patria potestad. Se concreta a exponer (artículo
252) que: “La patria potestad se ejerce sobre los hijos menores,
conjuntamente por el padre y la madre en el matrimonio y en la unión de
hecho; y por el padre o la madre, en cuyo poder esté el hijo, en cualquier
otro caso. Los hijos mayores de edad permanecerán bajo la patria potestad,
solamente que hayan sido declarados en estado de interdicción”. Conviene
aclarar que en nuestra legislación no se regula lo relacionado a la institución
de la emancipación, es decir, a la acción o efecto de libertar de la patria
potestad, de la tutela o de la servidumbre a las personas que estaban
sometidas a ellas.

b) Contenido de la patria potestad: En el contenido de la patria potestad se


pueden apreciar cinco aspectos: 1) Personal: en este aspecto deben los
padres velar por sus hijos: cuidarlos en forma correspondiente a su edad y
circunstancias; tenerlos en su compañía y prodigarles un trato afectuoso;
alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral, o sea, física,
moral e intelectual, en la medida de sus posibilidades. Están facultados para
corregirlos de un modo razonable y con moderación; en correspondencia,
éstos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo potestad, y
respetarles siempre (artículos 252, 253 y 263 del Código Civil). 2)
Patrimonial: los padres deben administrar los bienes de los hijos con la
misma diligencia que los suyos propios. En casi todos los países ha
desaparecido el usufructo de los padres sobre los bienes de los hijos, pero
éstos deben contribuir al levantamiento de las cargas familiares cuando sea
preciso (artículos 264 al 267 del Código Civil). 3) Representación: en los
asuntos personales y patrimoniales el hijo no emancipado no puede actuar
por sí y en lugar suyo actúa su padre o madre, que lo representan. No pueden
representar los padres al hijo cuando exista conflicto de intereses con él;
en estos casos se nombrará al hijo un tutor especial (artículos 254 al 262, y
268 del Código Civil). 4) Tutela: la tutela es la institución ordinaria de

30
guarda legal de los menores de edad que sean huérfanos o cuyos
progenitores se hallan privados de la patria potestad, así como los
incapacitados por locura o sordomudez, cuando no están sometidos a la
patria potestad prorrogada. A los dementes mayores de edad, en cambio,
no se les puede nombrar tutor sin previa incapacitación. La tutela es de
ejercicio permanente y habitual: no se nombra tutor para un acto o negocio,
sino para cuidar de modo global de las incumbencias patrimoniales y
personales del sujeto a tutela. Se organiza mediante un órgano ejecutivo y
de asistencia inmediata: el tutor,
y otro que establece al primero y lo vigila: el juez. El tutor se nombra entre
los familiares más próximos y lo deciden la ley o el juez. La ley establece
un orden de preferencia para ser nombrado tutor, que el juez puede alterar
con carácter excepcional. Es una persona física, aunque pueden serlo las
personas jurídicas sin finalidad lucrativa dedicadas a la protección de
menores e incapacitados. Puede haber varios tutores, con la misma
competencia, o con competencias diferentes. Al tutor le incumbe el cuidado
directo del incapaz cuando resulte necesario; la gestión inmediata de sus
negocios y administración de sus bienes, y su representación. La relación
con el pupilo muestra, en la tutela de menores, semejanza con la
paternofilial. Actúa en lugar del pupilo siempre que éste no pueda hacerlo
por sí, como representante legal. Es administrador legal del patrimonio;
para los actos más importantes precisa autorización judicial y debe rendir
cuentas al finalizar la tutela (artículos 269 al 277, y 293 al 351 del Código
Civil). 5) Guarda de hecho: esta figura se contempla en el Código civil
español en el capítulo V, título X, libro I. Sin constitución de tutela, cuyas
formalidades en la vida real sólo se han venido cumpliendo cuando hay que
enajenar bienes, muchos menores y algunos discapacitados viven en el hogar
bajo la hipotética potestad de los cabezas de familia. A estas situaciones
atiende el artículo 303 del Código civil español, autorizando al juez para
pedir informes en relación con la persona y bienes del seudo-pupilo y
establecer medidas de control y vigilancia del seudo-tutor. "Los actos
realizados por el guardador de hecho en interés del menor o presunto
incapaz no podrán ser impugnados si redundan en su utilidad" (artículo 304
del Código civil español). Conviene aclarar que la figura de la guarda de
hecho no está contemplada en nuestra legislación civil vigente, haciendo
hincapié que, si bien esta situación no está regulada, en la realidad se da
con mucha frecuencia, por lo que se debería hacer una revisión de la ley
reguladora de la materia y así hacer las reformas y modificaciones
pertinentes, todo ello, con el fin primordial de proteger la salud física,
mental y moral de los menores de edad, garantizándoles su derecho a la
alimentación, salud, educación, seguridad y previsión social (véase el
artículo 51 de la Constitución Política de la República de Guatemala).

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c) Suspensión, pérdida, terminación y rehabilitación: 1) Suspensión: la patria
potestad se suspende: 1° Por ausencia del que la ejerce, declarada
judicialmente; 2° Por interdicción, declarada en la misma forma; 3° Por
ebriedad consuetudinaria; y, 4° Por tener el hábito del juego o por el uso
indebido y constante de drogas estupefacientes. 2) Pérdida: la patria
potestad se pierde: 1° Por las costumbres depravadas o escandalosas de los
padres, dureza excesiva en el trato de los hijos o abandono de sus deberes
familiares; 2° Por dedicar a los hijos a la mendicidad, o darles órdenes,
consejos, insinuaciones y ejemplos corruptores; 3° Por delito cometido por
uno de los padres contra el otro, o contra la persona de alguno de sus hijos;
4° Por la exposición o abandono que el padre o la madre hicieren de sus
hijos, para el que los haya expuesto o abandonado; 5° Por haber sido
condenado dos o más veces por delito de orden común, si la pena excediere
de tres años de prisión por cada delito; y, 6° Cuando el hijo es adoptado por
otra persona. 3) Terminación: la patria potestad finaliza: 1° Con la mayoría
de edad de los hijos, siempre y cuando no hayan sido declarados en estado
de interdicción; 2° Por la muerte del hijo menor o el mayor incapaz; y, 3°
Por la muerte de los dos padres, pues si es uno solo de ellos no se extingue
la patria potestad, pues que, como sabemos, la ejerce el sobreviviente. 4)
Rehabilitación: El juez en vista de las circunstancia de cada caso, puede, a
petición de parte, restablecer al padre o a la madre en el ejercicio de la
patria potestad en los siguientes casos: 1° Cuando la causa o causas de la
suspensión o pérdida hubieren desaparecido y no fueren por cualquier delito
contra las personas o los bienes de los hijos; 2° Cuando en el caso de delito
cometido contra el otro cónyuge, a que se refiere el inciso 3° del artículo
274 del Código Civil, no haya habido reincidencia y hubieren existido
circunstancias atenuantes; y, 3° Cuando la rehabilitación fuere pedida por
los hijos mayores de catorce años o por su tutor, siempre que la causa de
pérdida de la patria potestad no estuviere comprendida dentro de los casos
específicos que determina el inciso 1° del artículo 277 del Código Civil. En
todos los casos debe probarse la buena conducta del que se intente
rehabilitar, por lo menos en los tres años anteriores a la fecha en que se
presente la solicitud respectiva.
d) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto se encuentra regulado en los
artículos 252 al 277 del Código Civil.

18. El parentesco.

a) Definición: Es el estado jurídico de las personas jurídicas individuales y


como tal de carácter general, permanente y abstracto, pues crea vínculos
jurídicos no sólo entre los miembros de la relación sino respecto de terceros;
el estado que se deriva del parentesco constituye un atributo de la
personalidad conocido como estado civil o familiar. Nuestro Código Civil no

32
define el parentesco, únicamente expresa (artículo 190) que: “La ley
reconoce el parentesco de consanguinidad dentro del cuarto grado, el de
afinidad dentro del segundo grado, y el civil, que nace de la adopción y sólo
existe entre el adoptante y el adoptado. Los cónyuges son parientes, pero
no forma grado”.

b) Clasificación: El Código Civil reconoce tres clases de parentesco: 1) El


parentesco consanguíneo: parentesco de consanguinidad es el que existe
entre personas que descienden de un mismo progenitor. 2) El parentesco de
afinidad: es el vínculo que une a un cónyuge con el otro y sus respectivos
parientes consanguíneos. El parentesco de afinidad se computa del mismo
modo que el de consanguinidad, y concluye por la disolución del
matrimonio. 3) El parentesco civil: es el nacido de la adopción y que sólo se
establece entre adoptante y adoptado. Conviene aclarar que son fuentes del
parentesco: la filiación, el matrimonio y la adopción.

c) Sistemas para computarlo: 1) El grado: el parentesco se gradúa por el


número de generaciones; cada generación constituye un grado. Es decir, en
otras palabras, que es la forma de conocer la cercanía o distancia que existe
entre un pariente y otro, la forma de establecerse atiende a las
generaciones que separan a los parientes, cada generación forma un grado,
así entre padre e hijo hay una generación que constituye el parentesco en
primer grado, entre el abuelo y el nieto el parentesco es de segundo grado,
lo mismo entre hermanos, pues para contar el grado de parentesco debe
salirse de la rama de uno hasta el padre y bajar al otro hermano, por lo que
habiendo un grado en cada rama el parentesco entre ellos es el segundo
grado. La línea: es la serie de generaciones o grados procedentes de un
ascendiente común; la línea es recta, cuando las personas descienden unas
de otras (hijos, nietos), y colateral o transversal, cuando las personas
provienen de un ascendiente común, pero no descienden unas de otras
(hermanos, tíos, primos), o sea, que es cuando sin descender uno de los
otros tienen un progenitor común. En la línea recta, sea ascendente o
descendente, hay tantos grados como generaciones, o sea tantos como
personas, sin incluirse la del ascendiente común. En línea colateral los
grados se cuentan igualmente por generaciones, subiendo desde la persona
cuyo parentesco se requiere comprobar hasta el ascendiente común y
bajando desde éste hasta el otro pariente.

d) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto se encuentra regulado en los


artículos 190 al 198 del Código Civil.

19. La adopción.

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a) Definición: Expresa nuestra ley sustantiva civil (artículo 228) que: “La
adopción es el acto jurídico de asistencia social por el que el adoptante
toma como hijo propio a un menor que es hijo de otra persona. No obstante
lo dispuesto en el párrafo anterior, puede legalizarse la adopción de un
mayor de edad con su expreso consentimiento, cuando hubiere existido la
adopción de hecho durante su minoridad”. Es decir, que la adopción es el
vínculo jurídico creador del parentesco civil, entre adoptante y adoptado y
que confiere los derechos y deberes establecidos entre padres e hijos. Esta
institución cuenta con remotos antecedentes, aunque con el tiempo ha
evolucionado, de ser una forma de suplir la falta de descendientes y por lo
tanto de herederos y conservadores del culto familiar a una forma de
asistencia de menores e incapacitados. La adopción es una institución
jurídica que ha tenido sus alternativas en la legislación de Guatemala.
Aceptada en el Código Civil de 1877, quedó suprimida en el libro 1° del
Código Civil sancionado por el Decreto del Ejecutivo Número 921, de fecha
30 de junio de 1926, supresión que se confirmó en el Código Civil contenido
en el Decreto Número 1932 de la Asamblea Nacional Legislativa, del 13 de
mayo de 1933. La Junta Revolucionaria de Gobierno restableció la adopción
por medio del Decreto Número 63, del 24 de febrero de 1924, disposición
que el Congreso aprobó el 5 de mayo de 1947, emitiendo el Decreto Número
375, que era la Ley de Adopción que estuvo vigente hasta la entrada en vigor
del Código Civil que actualmente nos rige. Las Constituciones de 1945, 1954,
1965 y 1985 (vigente), establecen la adopción en beneficio de los menores
de edad, consagrándola definitivamente como institución que debía
incorporarse a la legislación guatemalteca (artículo 54 de la Constitución).

b) Clases: 1) Según los efectos que produce: 1° Plena, es la que reviste


características de consanguinidad, es irrevocable, crea lazos de parentesco
con todas las personas afines o consanguíneas de los adoptantes y, en
general, otorga exactamente todos los derechos y obligaciones de la
filiación biológica; y, 2° Simple o menos plena, que no crea lazos de
parentesco sino con los adoptantes, es revocable y, en general, tiene
limitaciones en cuanto a derecho y obligaciones de los hijos biológicos. 2)
Según el origen de los adoptados: 1° Privada, que es cuando el niño
adoptado es entregado a los adoptantes directamente por los padres
biológicos o bien por alguna institución no gubernamental, pero que tiene
la tutela sobre el adoptado; y, 2° Estatal, es cuando el niño adoptado es
entregado a los adoptantes por una institución estatal que tiene sobre el
niño adoptado la tutela; en Guatemala esta institución estatal es el Hogar
Elisa Martínez o el Hogar Rafael Ayau, dependencias de la Dirección de
Bienestar Infantil y Familiar de la Secretaría de Bienestar Social. 3) Según
la nacionalidad de los adoptantes y adoptados: 1° Nacional, que es cuando
tanto los adoptantes como el adoptado pertenecen a una misma
nacionalidad y la adopción se lleva a cabo en su país de origen; y, 2°

34
Internacional, es cuando los adoptantes y el adoptado pertenecen a
nacionalidades diferentes y la adopción se lleva a cabo generalmente en el
país de origen del adoptado. 4) Según el funcionario ante quien se realiza el
trámite: 1° Judicial, es la que se tramita ante un tribunal (en nuestro país,
ante un Juzgado de Familia); y, 2° Extrajudicial o Notarial, es la que se
tramita ante los oficios de un notario. Es importante aclarar que en nuestro
país se dan todas estas clases de adopción, con la excepción que en
Guatemala sólo se admite la adopción simple o menos plena, ya que la ley
civil reconoce la existencia de parentesco únicamente entre el adoptante y
el adoptado; y, a su vez, que la adopción puede ser revocada por las causales
que señala dicha ley (artículos 190, 229, 247 y 258).

c) Requisitos legales para su constitución: La adopción se establece por


escritura pública, previa aprobación de las diligencias respectivas por el
juez de familia o, en su caso, por el notario ante quien se haya seguido el
trámite. A la solicitud de adopción deberá acompañarse certificación de la
partida de nacimiento del menor y se propondrá el testimonio de dos
personas honorables para acreditar las buenas costumbres del adoptante y
su posibilidad económica y moral para cumplir las obligaciones que la
adopción impone. Si el menor tiene bienes, el adoptante deberá presentar
inventario notarial de los mismos y constituir garantía suficiente a
satisfacción del juez. Si el solicitante hubiere sido tutor del menor, deberá
presentar los documentos en que conste que fueron aprobadas sus cuentas
y que los bienes fueron entregados. Los padres del menor, o la persona
(individual o colectiva) que ejerza la tutela deberán expresar su
consentimiento para la adopción. La Procuraduría General de la Nación
examinará las diligencias y si no opusiere objeción alguna, el juez o el
notario declarará haber lugar a la adopción y mandará que se otorgue la
escritura respectiva. En la escritura de adopción deberán comparecer el
adoptante y los padres del menor, o la persona que ejerza la tutela. Firmada
la escritura, el menor pasa a poder del adoptante, lo mismo que los bienes
si los hubiere, y el testimonio será presentado al Registro Civil para su
inscripción, dentro de los quince días siguientes a la fecha del otorgamiento.

d) Cesación: La adopción termina: 1° Por mutuo consentimiento de adoptante


y adoptado, cuando éste haya cumplido la mayoría de edad; y, 2° Por
revocación.

e) Revocación: La adopción puede revocarse: 1° Por atentar el adoptado contra


la vida y el honor del adoptante, su cónyuge, ascendientes o descendientes;
2° Por causar maliciosamente al adoptante una pérdida estimable de sus
bienes; 3° Por acusar o denunciar al adoptante imputándole algún delito,
excepto en causa propia o de sus ascendientes, descendientes o cónyuge; y,
4° Por abandonar al adoptante que se halle física o mentalmente enfermo

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o necesitado de asistencia. La revocación será declarada por el tribunal, a
solicitud del adoptante con intervención de la Procuraduría General de la
Nación y de las personas que prestaron su consentimiento para constituir la
adopción. La resolución que declare la revocación de la adopción, o la
pérdida o suspensión de la patria potestad del adoptante, obliga al juez a
tomar inmediatamente las providencias oportunas para que el menor vuelva
al poder de sus padres si existieren, o quede bajo la tutela de algún pariente
hábil o del centro asistencial que corresponda. La rehabilitación del
adoptante para el ejercicio de la patria potestad, deja en vigor la adopción
en los términos establecidos en la escritura respectiva. Las resoluciones
judiciales a que se refieren los artículos 248, 249 y 250 del Código Civil,
deberán certificarse para que el Registro Civil y de la Propiedad, en su caso,
hagan las anotaciones respectivas.

f) Regulación legal: Todo lo concerniente a este punto está regulado en los


artículos 54 de la Constitución Política de la República de Guatemala; 190,
228 al 251, 258, 370 y 435 del Código Civil; 401 al 405 del Código Procesal
Civil y Mercantil; 28 al 33 de la Ley Reguladora de la Tramitación Notarial
de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria; y, 1 del Decreto Número 25-97 del
Congreso de la República de Guatemala.

20. Tutela.

a) Definición: Es la institución parafamiliar que tiene por objeto el cuidado de


la persona de los menores de edad no sujetos a patria potestad y de los
mayores incapacitados, la administración de sus bienes y su representación
en sus negocios jurídicos y actuaciones judiciales. Por tanto, son sujetos de
la tutela los menores de edad que no estén sometidos a la patria potestad
de sus padres o abuelos excepto cuando éstos tengan un interés opuesto al
de sus descendientes, pues en este caso debe nombrarse un tutor especial
para el caso. Los emancipados por razón de su matrimonio requieren tutor
para sus negocios judiciales. Los mayores de 18 años que tengan incapacidad
natural y legal, previa declaración judicial de interdicción.

b) Clasificación: La tutela puede ser de cinco clases: 1) Testamentaria: es


aquella que se establece por testamento, por el padre o la madre
sobreviviente, para los hijos que estén bajo su patria potestad; por el abuelo
o la abuela, para los nietos que estén sujetos a su tutela legítima; por
cualquier testador, para el que instituye heredero o legatario, si éste
careciere de tutor nombrado por el padre o la madre y de tutor legítimo; y,
por el adoptante que designe heredero o legatario o su hijo adoptivo. Los
padres y los abuelos, en su caso, pueden nombrar un tutor y un protutor
para todos o para varios de sus hijos o para cada uno de ellos. Pueden

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también nombrar varios tutores y protutores para que ejerzan el cargo uno
en defecto de otro, respectivamente, en el orden de su designación.
Conviene aclarar que si hallándose en ejercicio un tutor legítimo o judicial
apareciere el testamentario, se transferirá inmediatamente a éste la tutela.
2) Legítima: es la que se confiere a falta de tutela testamentaria y recae en
los parientes y cónyuge del incapaz o del menor cuando no hay quien
desempeñe la patria potestad.
Corresponde la tutela legítima de los menores al abuelo paterno, al abuelo
materno, a la abuela paterna, a la abuela materna y a los hermanos, sin
distinción de sexo, siendo preferidos los que procedan de ambas líneas y
entre éstos el de mayor edad y capacidad. La línea materna será preferida
a la paterna para la tutela de los hijos fuera de matrimonio. Sin embargo,
mediando motivos justificados para variar la precedencia, puede el juez
nombrar tutor al pariente que reúna las mejores condiciones de
conocimientos y familiaridad con el menor, solvencia, idoneidad y
preparación, que constituya una garantía para el desempeño satisfactorio
de su cargo. La tutela de los mayores de edad declarados en interdicción
corresponde al cónyuge, al padre y a la madre, a los hijos mayores de edad
y a los abuelos, en el orden establecido en el artículo 299 del Código Civil.
3) Judicial: ésta procede por nombramiento del juez competente, cuando
no haya tutor testamentario ni legítimo. Para este efecto, la Procuraduría
General de la Nación y cualquier persona capaz deben denunciar a la
autoridad el hecho que da lugar a la tutela no provista. Para la designación
de la persona del tutor, el juez deberá tomar en cuenta las circunstancias
que se mencionan en el artículo 299 del Código Civil. 4) Legal: los directores
o superiores de los establecimientos de asistencia social, que acojan
menores o incapacitados, son tutores y representantes legales de los
mismos, desde el momento de su ingreso, y su cargo no necesita
discernimiento. Los institutos de asistencia pública pueden confiar al menor
internado, que carezca de padres, ascendientes y hermanos, a persona de
notoria moralidad, que disponga de medios económicos para proporcionarle
alimentos, instrucción y educación. La dirección del establecimiento debe
estar frecuentemente informada de las condiciones en que se desarrolla la
vida del menor y, en caso de abandono, o cambio de circunstancias,
recogerlo e internarlo de nuevo. 5) Específica: cuando hubiere conflicto de
intereses entre varios pupilos sujetos a una misma tutela, el juez les
nombrará tutores específicos; asimismo, si surge conflicto de intereses
entre hijos sujetos a la misma patria potestad, o entre ellos y los padres, el
juez nombrará un tutor especial. Mientras no se nombre tutor y protutor y
no se disciernan los cargos, el juez de oficio, o a solicitud de la Procuraduría
General de la Nación, deberá dictar las providencias necesarias para el
cuidado de la persona del menor o incapacitado y la seguridad de sus
bienes. Conviene aclarar que las dos últimas clases de tutela referidas son,
en verdad, de naturaleza excepcional, y que el legislador puso énfasis en

37
las grandes categorías consagradas históricamente, al enumerarlas en el
artículo 296 del Código Civil.

c) Elementos personales: Para el desempeño de la tutela intervienen los


siguientes órganos: Juez de Familia, Procuraduría General de la Nación,
Tutor y Protutor.

d) Regulación legal: Todo lo relacionado con la tutela está regulado en los


artículos 51 de la Constitución Política de la República de Guatemala; y, 293
al 351, 370, 397, 430 y 431 del Código Civil.

21. Los alimentos.

a) Definición: Su connotación jurídica es más amplia que la de comidas y


bebidas para el sostenimiento de la vida. Para el Código Civil (artículo 278):
“La denominación de alimentos comprende todo lo que es indispensable
para el sustento, habitación, vestido, asistencia médica y también la
educación e instrucción del alimentista cuando es menor de edad”. La
obligación de darse alimentos se deriva del matrimonio y el parentesco; los
cónyuges se deben dar alimentos, así como los ascendientes a sus
descendientes y éstos a aquéllos, la obligación se extiende a los hermanos.
La adopción es otra fuente de esta obligación, pero sólo entre adoptante y
adoptado.

b) Características: Conforme al Código Civil, son características de los


alimentos: 1° La indispensabilidad (artículo 278); 2° La proporcionalidad
(artículos 279, 280 y 284); 3° La complementariedad (artículo 281); 4° La
reciprocidad (artículo 283); 5° La irrenunciabilidad (artículo 282); 6° La
intransmisibilidad (artículo 282); 7° La inembargabilidad (artículo 282); y,
8° La no compensabilidad (artículo 282). Sin embargo, pueden compensarse,
embargarse, renunciarse y enajenarse las pensiones alimenticias atrasadas
(artículo 282).

c) Creación y término de la obligación alimentaria: 1) Creación: el derecho de


alimentos puede provenir de la ley –matrimonio, parentesco y/o adopción–,
de testamento o de contrato. Por principio general, proviene de la ley. Sin
embargo, por ley o por testamento o por contrato, puede crearse la
obligación alimenticia respecto a personas no comprendidas en la
enumeración legal, respecto a personas no ligadas por parentesco alguno o
por parentesco que no las obligara legalmente a suministrarse alimentos
(artículo 291 del Código Civil). Trátase, por supuesto, de casos
excepcionalísimos, que se rigen conforme el artículo citado, por las
disposiciones legales sobre la materia, salvo lo pactado u ordenado por el

38
testador o por la ley (ha de entenderse que se trataría de una ley especial).
Conviene aclarar que la obligación de dar alimentos será exigible, desde que
los necesitare la persona que tenga derecho a percibirlos. El pago se hará
por mensualidades anticipadas, y cuando fallezca el alimentista, sus
herederos no estarán obligados a devolver lo que éste hubiere recibido
anticipadamente. 2) Término: cesará la obligación de dar alimentos: 1° Por
la muerte del alimentista; 2° Cuando aquél que los proporciona se ve en la
imposibilidad de continuar prestándolos, o cuando termina la necesidad del
que los recibía: 3° En el caso de injuria, falta o daño grave inferidos por el
alimentista contra el que debe prestarlos; 4° Cuando la necesidad de los
alimentos dependa de la conducta viciosa o de la falta de aplicación al
trabajo del alimentista, mientras subsistan estas causas; 5° Si los hijos
menores se casaren sin el consentimiento de los padres; 6° Cuando los
descendientes han cumplido dieciocho años de edad, a no ser que se hallen
habitualmente enfermos, impedidos o en estado de interdicción; y, 7°
Cuando a los descendientes se les ha asegurado la subsistencia hasta la
misma edad (18 años).

d) Orden de prestación de alimentos: Cuando dos o más alimentistas tuvieren


derecho a ser alimentados por una misma persona, y ésta no tuviere fortuna
bastante para atender a todos, los prestará en el orden siguiente: 1° A su
cónyuge; 2° A los descendientes, del grado más próximo; 3° A los
ascendientes, también del grado más próximo; y, 4° A los hermanos. Si los
alimentistas concurrentes fuesen el cónyuge, o varios hijos sujetos a la
patria potestad, el juez atendiendo a las necesidades de uno y otros,
determinará la preferencia o la distribución.

e) Regulación legal: Todo lo relacionado con la obligación de los alimentos está


regulado en los artículos 55 de la Constitución Política de la República de
Guatemala; 73, 128, 278 al 292, 936 y 1099 del Código Civil; 199 al 210, y
212 al 216 del Código Procesal Civil y Mercantil; y, 242 del Código Penal.

22. Registro Civil.

a) Definición: Es la institución de orden público dotada de fe pública,


encargada de anotar en formas o libros especiales los hechos o actos
jurídicos que inciden en el estado de las personas, creando o modificando
su estado civil o familiar. Nuestro Código Civil (artículo 369), a este
respecto, expresa que: “El Registro Civil es la institución pública encargada
de hacer constar todos los actos concernientes al estado civil de las
personas”; y, que (artículos 370): “El Registros Civil efectuará las
inscripciones de los nacimientos, adopciones, reconocimientos de hijos,
matrimonios, uniones de hecho, capitulaciones matrimoniales,

39
insubsistencia y nulidad del matrimonio, divorcio, separación y
reconciliación posterior, tutelas, protutelas y guardas, defunciones e
inscripción de extranjeros y de guatemaltecos naturalizados y de personas
jurídicas”. Las constancias, copias certificadas de las actas expedidas por
los encargados que tienen fe pública, constituyen, en la actualidad, la forma
auténtica de probar el estado civil, el nombre y el parentesco de las
personas jurídicas individuales o físicas, con exclusión de cualquier otro
medio de prueba, salvo los casos expresamente permitidos que son
excepciones a la regla general (véanse los artículos 371 del Código Civil; y,
186, primer párrafo, del Código Procesal Civil y Mercantil).

b) Principios que lo informan: 1) Principio de publicidad: este es el principio


registral por excelencia, pues no se concibe sin el Registro Civil. El registro
ha de revelar la situación o estado jurídico de las personas; y toda persona,
sea o no tercero registral o interesado, tiene derecho de que se le muestren
los asientos del registro y de obtener constancias relativas a los mismos
(artículos 369, 388 y 441 del Código Civil). 2) Principio de inscripción: por
inscripción se entiende todo asiento hecho en el Registro Civil. También
significa el acto mismo de inscribir. Los hechos, derechos y actos nacidos
extrarregistralmente, al inscribirse, adquieren mayor firmeza y protección,
por la presunción de exactitud de que son investidos, por la fuerza
probatoria que el registro les da (artículos 370 y 371 del Código Civil; y, 186,
primer párrafo, del Código Procesal Civil y Mercantil). 3) Principio de
especialidad: se le ha llamado también principio de determinación, porque
la publicidad registral exige determinar con precisión a la persona objeto
de la inscripción (artículos 376 al 382, 398, 404, 412, 422 al 425, 427, 430,
432, 433, 435, 436, 437 y 439 del Código Civil). 4) Principio de
consentimiento: consiste este principio en que para que el registro se
realice, debe basarse la inscripción en el consentimiento de las demás
personas que intervienen en el hecho o el acto a inscribirse; por ejemplo,
el consentimiento que debe existir en el matrimonio entre ambos cónyuges,
previo a inscribirse en el registro. 5) Principio de tracto sucesivo: a este
principio también se le llama de tracto continuo. Es un principio de sucesión,
de ordenación. Es un derivado del principio de consentimiento, por el que
el o los interesados quedan inmunizados (protegidos) contra todo cambio no
consentidos por ellos. 6) Principio de rogación: el registrador no puede
inscribir de oficio, aunque conozca el acto o hecho que válidamente haya
de dar origen a un cambio en los asientos del registro. Se requiere que
alguien se lo pida; que alguien haga una solicitud. Esta necesidad de
instancia, es lo que se conoce con el nombre de “Principio de Rogación”
(artículo 378 del Código Civil). 7) Principio de legalidad: este principio
impide el ingreso al registro de actos inválidos o imperfectos y así,
contribuye a la concordancia del mundo real con el mundo registral. Se
llama así, porque conforme a él se presume que todo lo registrado lo ha sido

40
legalmente; y el medio de lograrlo es someter los documentos que se
presenten para inscribir un hecho o acto, a un examen riguroso, que es lo
que se llama calificación registral. Para los efectos que el principio de fe
pública registral produce, son indispensables el principio de legalidad y la
calificación registral. 8) Principio de fe pública registral: el registrador civil
es un funcionario que tiene fe pública, por disposición expresa de la ley.
Consecuentemente, ésta dispone que las certificaciones de las actas del
registro prueban el estado civil de las personas. Ahora bien, la fe pública
registral no es más que la facultad o investidura que la ley otorga al
registrador civil para certificar y autenticar los actos que ante él se realicen;
sus aseveraciones tienen la presunción de ser la verdad en lo que a sus
funciones se refiere (artículos 371 y 375 del Código Civil).

c) Organización: Expresa el artículo 373 del Código Civil, reformado por el


artículo 1 del Decreto Número 124-97 del Congreso de la República, que:
“Los registros del estado civil se llevarán en cada municipio y estarán a
cargo de un registrador nombrado por el Concejo Municipal. En los lugares
en donde no sea necesario el nombramiento especial de Registrador,
ejercerá el cargo el Secretario de la Municipalidad. En la capital y, cuando
fuere posible, en las cabeceras departamentales, el Registrador Civil
deberá ser abogado y notario colegiado activo, siendo de reconocida
habilidad para el ejercicio de su profesión, guatemalteco natural y de
reconocida honorabilidad e idoneidad”. Seguidamente, expone nuestra ley
sustantiva civil (artículo 374) que: “Los agentes consulares de la República
en el extranjero, llevarán el registro de los nacimientos, matrimonios,
cambios de nacionalidad y defunciones de los guatemaltecos residentes o
transeúntes en los países en que aquéllos ejerzan sus funciones. De cada
partida que asienten en sus libros, remitirán copia certificada al Registro
Civil de la capital de la República, por medio del Ministerio de Relaciones
Exteriores, dentro de los ocho días siguientes para que se hagan las
inscripciones que corresponden”. Asimismo, el artículo 390 de la citada ley
manifiesta que: “El reglamento del Registro Civil contendrá las demás
disposiciones que deben normar su funcionamiento y regular su perfecta
organización en todos los municipios de la República”. Por último, es
conveniente aclarar, que según nuestro Código Civil vigente el Registro Civil
deberá llevar los siguientes registros: de nacimientos, de defunciones, de
matrimonios, de reconocimiento de hijos, de tutelas, de extranjeros
domiciliados y naturalizados, de adopciones, de uniones de hecho y de
personas jurídicas (colectivas) a que se refiere los numerales 3° y 4°, y
párrafo final del artículo 15 del Código Civil.

d) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado


en los artículos 369 al 441 del Código Civil.

41
RESUMEN DE DERECHO CIVIL II

PRIMERA PARTE:
DEL PATRIMONIO, LOS BIENES, LA PROPIEDAD Y DEMÁS DERECHOS REALES.

1. DEL PATRIMONIO.

a) Definición: Es el conjunto de derechos subjetivos de una persona


susceptibles de valoración pecuniaria que constituyen una universalidad
jurídica. La anterior definición, aceptada por numerosos autores, no
considera las obligaciones o deudas como parte del patrimonio, pues las
consideran cargas del mismo que deben ser consideradas y deducidas de los
bienes, constituyendo el patrimonio sólo el remanente líquido. Empero, hay
otros tratadistas que definen al patrimonio como un conjunto de derechos
y obligaciones de una persona apreciables en dinero que constituyen una
universalidad de derechos (universitas juris). De esta definición se deduce
que el patrimonio está conformado por un conjunto de bienes y de derechos
por un lado (elemento activo), y de obligaciones y cargas por otro (elemento
pasivo), siendo indispensable que los mismos sean susceptibles de ser
apreciados monetariamente. Sin embargo, no importando la definición que
aprobemos, se puede colegir que el patrimonio es una entidad abstracta,
distinta de los bienes, de las obligaciones que lo integran, estos pueden

42
cambiar, disminuir, desaparecer íntegramente, mas no el patrimonio que
permanece siempre, uno mismo durante toda la vida de la persona.

b) Doctrinas: La naturaleza jurídica de esta institución ha sido tratada por dos


posiciones encontradas que son las siguientes: 1) Teoría clásica o del
patrimonio personalidad: Esta doctrina, de origen francés, expone que el
patrimonio es la emanación de la personalidad y la potestad jurídica de que
está investida una persona como tal. 2) Teoría moderna o del patrimonio
afectación: Esta teoría ve en el patrimonio una universalidad que descansa
sobre la común destinación de los elementos que la componen. La noción
de patrimonio ya no se confunde con la personalidad ni se le atribuyen las
mismas características de indivisibilidad e inalienabilidad, propias de la
persona. Así, pues, el maestro mexicano Rafael Rojina Villegas define el
patrimonio aceptación como “un conjunto de bienes y deudas
inseparablemente ligados, porque todos ellos se encuentran afectados a un
fin económico”. Como vemos el concepto de patrimonio como emanación
de la personalidad y equiparable a la capacidad de adquisición ha sido
superada por los hechos. El llamado patrimonio afectación ha substituido la
noción del patrimonio personalidad, especialmente en las características de
divisibilidad: el activo y pasivo se consideran puramente términos contables,
pues quien tiene más deudas que bienes en realidad carece de patrimonio.

c) Elementos del patrimonio: Los elementos del patrimonio tienen un carácter


pecuniario. No todo lo que la persona posee o soporta es patrimonio, dado
que solamente puede ser elemento constitutivo del patrimonio todo lo que
sí tiene una apreciación económica. Los elementos constitutivos del
patrimonio son: 1) El activo: donde están considerados los derechos y los
bienes; y, 2) El pasivo: que son las obligaciones o deudas y cargas de diversa
naturaleza. También se consideran como elementos del patrimonio los
derechos reales y los personales, pero estos pueden enmarcarse dentro del
activo del patrimonio, considerados en poder de la persona que aprovecha
estos derechos; y, dentro del pasivo, considerado desde el punto de vista de
la persona que los soporta.

d) Indivisibilidad del patrimonio: Como vimos, la escuela clásica fundamenta


que el patrimonio es indivisible, deduciéndose de esta afirmación que una
persona no puede tener más de un patrimonio, por cuanto que las
obligaciones y derechos al vislumbrar en el campo jurídico tendrán que ser
agregados a los ya existentes, constituyendo un todo con relación a una
persona determinada. Frente a la teoría clásica francesa del patrimonio
personalidad se levantaron numerosos críticos que se amalgaman en la
concepción del patrimonio de afectación, como el conjunto de bienes de
contenido económico pertenecientes a una o varias personas dedicados o
afectados, a un fin que puede ser altruista, científico, cultural o puramente

43
económico independiente y separado de los patrimonios personales, con lo
que se rompen distintos principios esenciales del patrimonio personalidad,
pues una persona puede ser titular de varios patrimonios afectos a diversos
fines con lo que el patrimonio dejaría de ser único e indivisible.

e) Subrogación real: En materia de patrimonio la subrogación real se produce


cuando una persona adquiere bienes nuevos que vienen a acrecentar su
patrimonio, en este momento los bienes adquiridos no gozan de ningún
privilegio, sino que soportan las mismas cargas, los mismos gravámenes que
tienen los bienes anteriores. Por ejemplo: si una persona es deudora de
cierta cantidad de dinero a una empresa y vencido el plazo para el
cumplimiento de la obligación no se hace efectiva la misma, procedería
iniciar juicio que daría lugar al embargo, pero si los bienes anteriores no
alcanzan a cubrir el monto de la obligación, los bienes nuevos adquiridos
también sufrirán este embargo ya que se produce una subrogación real y
estos bienes no gozarán de ningún privilegio, pues vienen a acrecentar el
patrimonio del deudor y soportarán las mismas cargas que los otros bienes,
dada la universalidad del patrimonio.

2. DE LOS BIENES.

a) Definición: Nuestro Código Civil (artículo 442) expresa que: “Son bienes las
cosas que son o puedan ser objeto de apropiación, y se clasifican en
inmuebles y muebles”. Cabe aclarar que la definición que da nuestra ley
sustantiva civil es poco precisa, puesto que son bienes tanto las cosas como
los servicios o derechos subjetivos sobre conducta ajena a los que el Código
Civil denomina hechos al establecer que son objeto de los contratos, las
cosas y los hechos. No todas las cosas son bienes, pues para que sean
considerados tales se requiere que puedan ser objeto de apropiación, es
decir, que estén o puedan ser objeto de los actos jurídicos, o sea estar en
el comercio jurídico; están fuera del comercio por su propia naturaleza las
cosas que no pueden ser poseídas por algún individuo exclusivamente (el
aire atmosférico, el mar, los astros) y por disposición de la ley cuando ésta
los declara fuera de la propiedad particular (véanse los artículos 443 y 444).
Los hechos o derecho a ellos han sido llamados cosas o bienes incorporales.

b) Clasificación: 1) Por su naturaleza: 1° Corporales, aquéllos que tienen una


existencia física apreciable por nuestros sentidos (un vestido); y, 2°
Incorporales, aquéllos que aún no teniendo manifestación concreta y
tangible, producen efectos jurídicos determinables (los derechos de autor).
2) Por su determinación: 1° Genéricos, aquéllos a los que se alude
identificándoles por su naturaleza común (una máquina de escribir); y, 2°
Específicos, aquéllos que se particularizan por elementos de exclusiva

44
pertenencia a su naturaleza (una máquina de escribir marca Brother). 3) Por
las posibilidades de uso repetido: 1° Consumibles, aquéllos en los que su uso
altera su substancia de tal manera que impide su ulterior aprovechamiento
(la gasolina); y, 2° No consumibles, aquéllos en los cuales, a pesar del uso
que de ellos se hace, mantienen su naturaleza intacta (las máquinas) –véase
el artículo 713 del Código Civil–. 4) Por su posibilidad de substitución: 1°
Fungibles, aquéllos que por no tener una individualidad propia y
determinada, pueden ser substituidos por otros de su mismo género (los
cereales); y, 2° No fungibles, los que teniendo una individualidad propia,
precisa y concreta, no pueden ser representados o substituidos por otros (La
Gioconda o Mona Lisa de Leonardo Da Vinci) – véase el artículo 454 del
Código Civil–. 5) Por la posibilidad de fraccionamiento: 1° Divisibles,
aquéllos que pueden dividirse en partes, sin detrimento de su naturaleza
(una finca rústica); y, 2° Indivisibles, aquéllos que no deben dividirse porque
ello produciría menoscabo en su uso y naturaleza (un cronómetro). 6) Por su
existencia en el espacio y posibilidades de desplazamiento: 1° Inmuebles o
raíces, aquéllos que no pueden trasladarse de un punto a otro sin deterioro,
a su vez han sido divididos en inmuebles por su naturaleza (el suelo y
subsuelo), por su incorporación (las construcciones, los árboles), por su
destino, cuando un mueble está incorporado a un inmueble formando parte
de él (los aparatos eléctricos o hidráulicos de los edificios), por el objeto al
cual se aplican (los semovientes cuando están al servicio de una finca, los
abonos, semillas, tractores, bombas, etc.), se trata de muebles cuyo objeto
es su incorporación o aprovechamiento en un inmueble, y por analogía o por
disposición de la ley son inmuebles los derechos reales sobre inmuebles (la
hipoteca), es decir, que son bienes incorpóreos que por constituir derechos
sobre inmuebles se asimilan a éstos; y, 2° Muebles, aquéllos que son
susceptibles de trasladarse de un punto a otro sin menoscabo de su
naturaleza (un vehículo). –véanse los artículos 442, 445, 446, 447, 451, 452,
453 y 455 del Código Civil–. 7) Por su constitución y contenido: 1° Singulares,
que son comprensivos de los simples y los compuestos. Los primeros son
aquéllos constituidos por un todo orgánico (un caballo). Los segundos
integrados por la fusión de varios simples (un motor); y, 2° Universales, son
los bienes que están constituidos por varios elementos entre los que no
existe una vinculación pero que forman un todo (una biblioteca, un rebaño).
8) Por la jerarquía en su relación: 1° Principales, cuando lo bienes son
independientes y tienen mayor importancia y valor en relación con otros
bienes (un vestido con relación a los botones del mismo); y, 2° Accesorios,
cuando los bienes dependen de uno principal y su existencia está
condicionada a la existencia del principal –véanse los artículos 449, 687,
688, 691 y 692 del Código Civil–. 9) Por su existencia en el tiempo: 1°
Futuros, aquéllos que si su existencia no es real, deben racionalmente
esperarse que pueda tenerla, como susceptibles de venir a la vida (la
cosecha de una finca); y, 2° Presentes, aquéllos que gozan de existencia

45
actual, viven la realidad del orden físico o legal en el momento de ser
tenidos en cuenta como tales al constituirse una relación jurídica
(maquinaria, fincas). 10) Por la susceptibilidad de tráfico: 1° Dentro del
comercio, los que son susceptibles de tráfico mercantil; y, 2° Fuera del
comercio, los que no son susceptibles de tráfico mercantil. Absoluta,
cuando por ningún motivo pueden ser objeto de transacción comercial (los
astros, los planetas). Relativa, cuando para su tráfico deben someterse a
ciertas disposiciones (las drogas y estupefacientes) –véase el artículo 444
del Código Civil–. 11) Por el carácter de su pertenencia: 1° Bienes de
dominio público, aquéllos cuyo dominio se atribuye al Estado o al municipio.
Pueden ser; de uso público común (calles, parques, plazas) y de uso público
no común (subsuelo, yacimientos de hidrocarburos); y, Bienes de propiedad
privada, aquéllos que son pertenencia de los particulares (una televisión) –
véanse los artículos 457, 458, 459 y 460 del Código Civil–. 12) Por el titular
de su propiedad: Bienes del Estado, o bienes de corporaciones, como los
bienes de las municipalidades; y, 2° Bienes de particulares, alude a los
bienes de propiedad privada –véase el artículo 456 del Código Civil–.

c) Importancia de la clasificación y su aplicación a casos concretos: Como


vimos, en nuestro Código Civil son recogidos varios de los criterios de
clasificación anteriormente expuestos, encontrándose los mismos
esparcidos en diversos capítulos de su contexto. La trascendencia de la
aceptación de los mismos reside en que cada uno de ellos encuentre una
proyección concreta en nuestra legislación.

3. DERECHOS REALES.

a) Definición: El derecho real ha sido definido por los autores, pues los códigos
no lo hacen, como el poder directo e inmediato sobre una cosa frente a
cualquiera (erga omnes) que está obligado a respetar y no estorbar su
ejercicio, es decir, que es oponible a terceros. El derecho real típico es la
propiedad o dominio.

b) Naturaleza jurídica: La naturaleza jurídica de los derechos reales se ha


explicado a través de la teoría clásica, la teoría personalista, anticlásica u
obligacionista y la teoría ecléctica.

c) Doctrinas: 1) Teoría clásica: de acuerdo a esta teoría el titular de un


derecho real ostenta un poder inmediato sobre la cosa; hay, por lo tanto,
una relación directa entre persona y cosa. 2) Teoría personalista, anticlásica
u obligacionista: ésta parte de la afirmación de que sólo cabe relaciones
jurídicas entre personas y no entre personas y cosas, quedando destruido el
concepto clásico del derecho real y en su lugar se crea un vínculo personal

46
entre el titular del derecho real y los demás hombres, consistente en una
obligación por parte de éstos de abstenerse de perturbar el derecho real;
se caracteriza por tanto al derecho real, como una obligación pasiva
universal, razón por la cual recibe esta teoría el nombre de personalista y
obligacionista. 3) Teoría ecléctica: o integral, por la cual se llega a
soluciones armónicas, conciliando la teoría clásica y la personalista,
neutralizando lo exagerado de cada una de ellas, explicando que la teoría
clásica desconoce que el derecho se da entre hombres, que el derecho es
un producto de la cultura y que el derecho existe para regular la convivencia
humana; pero la teoría personalista confunde el deber jurídico con la
obligación patrimonial, es decir, que confunde el deber general de
abstención de todas las personas con la obligación patrimonial. La relación
de propiedad se produce entre el propietario y las demás personas, pero el
objeto de dicho derecho es un bien sobre el cual el propietario tiene un
poder directo e inmediato por consecuencia del cual las demás personas
están obligadas a respetar su derecho.

d) Características: Tomando en cuenta la posición ecléctica respecto de los


derechos reales, podemos señalar como características de los mismos las
siguientes: 1) La singularidad de la adquisición: los derechos reales
necesitan de un elemento objetivo que es la transmisión de la posesión, las
figuras contractuales que giran alrededor de los derechos reales necesitan
para su perfeccionamiento la entrega efectiva del bien. 2) El escaso poderío
creador de la voluntad humana: porque en su generalidad están
determinados por la ley los derechos reales siguiendo la orientación
moderna y no pueden crearse a capricho como sucede con los contratos,
aunque sea su objeto lícito. 3) Derechos de preferencia y persecución:
derecho de preferencia aquel que permite al titular excluir a todos aquellos
que no tengan más que un derecho de crédito o un derecho real posterior
en fecha o clasificado en inferior categoría; y, el derecho de persecución es
el que faculta al titular de un derecho real a que, mediante el uso de las
acciones legales respectivas, recupere el bien objeto de su derecho de quien
se hubiere apoderado de él sin título o con título sin valor. 4) La posibilidad
de abandono: se refiere esta característica a la circunstancia de que el
propietario de un bien puede eximirse de los gravámenes constituidos sobre
el mismo, abandonando el derecho que le corresponde.

e) Diferencias entre derechos reales y derechos personales: Como vimos, el


derecho real es la potestad personal sobre una o más cosas, objetos del
Derecho; y, el derecho personal, como contrapuesto a derecho real, es el
vínculo jurídico entre dos personas, que pueden ser acreedores o deudores
de manera unilateral o recíproca, si existe bilateralidad entre los nexos o
las prestaciones. Con amplitud, en los derechos personales entra todo el
Derecho de Familia y el de las Obligaciones.

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f) Clasificación: Los derechos reales, teniendo en cuenta el contenido o
facultades más o menos amplias que lo integran, se clasifican de la siguiente
manera: 1) Derechos reales de goce y disposición: que es el derecho de
propiedad o dominio y equivale a los derechos reales en sentido estricto,
siendo derecho real pleno. 2) Derechos reales de mero goce: donde están
enmarcados el usufructo, uso, habitación y servidumbre, los cuales
confieren facultades de inmediata utilidad sobre el bien ajeno, siendo
derechos reales limitativos. 3) Derechos reales de garantía: donde se
encuentran la prenda y la hipoteca, estos derechos solamente otorgan la
posibilidad de obtener el valor de la cosa a través de la facultad de promover
su venta, sin que en cambio otorguen facultades inmediatas sobre el bien,
siendo, al igual que los anteriores, derechos reales limitativos.

g) Enumeración de los derechos reales: El problema de determinar el número


de derechos reales en forma taxativa en las legislaciones, o de permitir en
forma amplia la creación de los mismos, ha sido motivo de discusión, al
respecto existen dos sistemas: 1) Legislación de número abierto (numerus
apertus): que permite crear a los particulares otros tipos diversos de
derechos reales, además de los que la ley regula. 2) Legislación de número
cerrado (numerus clausus): que solamente admite como derechos reales
aquéllos regulados y consagrados por la ley. 3) Orientación del derecho civil
guatemalteco: la orientación que sigue nuestra legislación es la del sistema
de numerus clausus, en cuanto que el Código Civil tiene dedicado un libro
completo (Libro II) a los bienes, la propiedad y demás derecho reales,
contenidos por supuesto en el mismo cuerpo de leyes.

4. EL DERECHO REAL DE GOCE Y DISPOSICIÓN (LA PROPIEDAD).

a) Definición: Expresa nuestro Código Civil (artículo 464) que: “La propiedad
es el derecho de gozar y disponer de los bienes dentro de los límites y con
la observancia de las obligaciones que establecen las leyes”. Es decir, que
la propiedad es la facultad que corresponde a una persona, llamada
propietario, de obtener en forma directa de una cosa, toda la utilidad
jurídica y material que es susceptible de procurar.

b) Evolución histórica: 1) Propiedad colectiva, familiar e individual: En los


albores de la historia de la humanidad, apenas si se puede concebir la
propiedad, ya que resultaba incompatible el nomadismo de los pueblos
primitivos con un estado jurídico de propiedad; sin embargo, a medida que
el ser humano se vuelve más sedentario y busca un lugar de asentamiento,
principia a tener mayor sentido la propiedad, especialmente, la propiedad
inmobiliaria, ya que la propiedad mobiliaria desde la primera etapa

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(nómada) tenía alguna significación, primordialmente con los objetos de uso
personal. En la etapa sedentaria predomina una orientación colectiva de la
propiedad, se da en forma comunal (propiedad colectiva), lo que se hace
necesario y de suma utilidad al igual que el trabajo común, para alcanzar el
éxito en las empresas realizadas, cosecha, pesca, construcción de viviendas.
En esta etapa primitiva, el trabajo aún no ha alcanzado todavía la
productividad necesaria para permitir la división de la sociedad en clases y
por ello, si bien es cierto que existen algunos jefes, éstos no ejercer ningún
derecho de propiedad sobre las cosas ni las personas. Resulta entonces, que
la noción misma de la propiedad privada, en la etapa primitiva escapa a
estos seres, la repartición de los bienes cuando no pueden ser utilizados en
grupos, se hace de manera espontánea, sin que nadie acapare todo para sí,
puntualizándose, durante milenios de años, relaciones de cooperación, en
donde prevalecen los intereses de la colectividad. Luego, cuando la
sociedad primitiva se va extendiendo en gens, clanes, tribus y familias,
aparece la propiedad familiar propiamente dicha, pero siempre se mantiene
alguna orientación de tipo colectivo, ya que los bienes pertenecían a la
entidad familiar, y no a ninguno de sus miembros individualmente; por
ejemplo, si una familia no hacía uso de la tierra que poseía y no la cultivaba,
ésta pasaba de nuevo a la comunidad. En el momento en que el trabajo
humano proporciona un excedente constante sobre el consumo del
trabajador y otro se lo apropia, nace la división de la sociedad en clases y
con ello la propiedad individual, siendo detentada la propiedad de los
medios de producción por la clase dominante y principia a desarrollarse la
explotación del hombre por el hombre a través del sistema esclavista. 2) De
la Edad Media a la época actual: En la Edad Media se produce una
significativa transformación del concepto y características de la propiedad
surgida especialmente por la contradicción de clases y la invasión del
Imperio romano, quienes a través de esas invasiones se apoderaron de
grandes extensiones de tierra, que hicieron necesario el trabajo del siervo
para hacerlas producir; nace, pues, un nuevo orden de cosas, una nueva
concepción de la propiedad, nace el sistema feudal como una nueva forma
de servidumbre y explotación, por el grado de dominación que ejerce el
señor feudal, como detentador de la propiedad de los medios de producción,
que duró los siglos medios. Específicamente en cuanto a la propiedad se
refiere, paralelo al dominio directo, que ejercía el señor feudal, se da otro
dominio, llamado dominio útil, que corresponde al siervo que cultiva, era
un derecho de disfrute, que más bien trata de disfrazar la explotación de
que era objeto el siervo por parte del señor feudal, ya que éste tenía y era
obligado a entregar parte de lo que producía al señora feudal. Con la
Revolución francesa, queda abolido este sistema feudal (que en América
Latina sigue teniendo vigencia a través de algunas manifestaciones). En la
Edad Moderna se vuelve al sentido unitario de la propiedad y pasa la
propiedad a ser exclusivamente del terrateniente (propiedad inmobiliaria).

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En la época actual se caracteriza el derecho de propiedad,
fundamentalmente, por el sentido social que se le asigna al mismo, y que
se traduce en una serie de limitaciones en el uso de la propiedad mobiliaria,
que anteriormente apenas si podía compararse con el valor de la propiedad
inmobiliaria. 3) En nuestra legislación: La Constitución de la República de
Guatemala, de 1945, aceptó el criterio de la época actual al disponer
(artículo 90) que: “El Estado reconoce la existencia de la propiedad privada
y la garantiza como función social, sin más limitaciones que las
determinadas en la ley, por motivos de necesidad o utilidad públicas o de
interés nacional”. En las Constituciones de 1956, 1965 y 1985 (vigente), no
aparece este principio.

c) Teorías que justifican la existencia de la propiedad privada: Bajo este rubro


se aglutinan los siguientes criterios: 1) Teoría de la ocupación: expresa esta
teoría que la propiedad privada se fundamenta en la apropiación que el
hombre primitivo hizo de las cosas que no tenían propietario (res nullius),
para servirse de ellas en la satisfacción de sus necesidades y que de una
mera apropiación pasajera, pasó a integrar una relación permanente y
estable, garantizada por respeto de cada uno de las adquisiciones de los
demás. Esta teoría explica el aparecimiento de la propiedad, mas no
justifica su existencia. 2) Teoría del trabajo: esta teoría afirma que el
derecho a la propiedad privada es justo y legítimo, porque el hombre
adquiere los bienes mediante su esfuerzo personal, por consiguiente es
equitativo que los conserve y que pueda transmitirlo a sus descendientes.
Se le critica a esta teoría que muchos bienes, y los grandes imperios
financieros, han sido producto de la explotación del hombre por el hombre
y no de su esfuerzo personal. Seguidores de esta teoría son Adam Smith
(1723-1790) y John Stuart Mill (1806-1873). 3) Teoría de la ley: esta teoría
dice que la propiedad se funda en la ley, ya que únicamente la ley puede
sancionar la renuncia de todos y servir al goce de uno solo. Seguidores de
esta corriente son Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-
1755), Jeremy Bentham (1748-1832) y Honoré Gabriel Riqueti, conde de
Mirabeau (1749-1791). 4) Teoría de la convención: esta teoría encuentra la
razón de ser del derecho de propiedad en el mismo fundamento de la
sociedad, esbozado por JeanJacques Rousseau (1712-1778), autor que lo
contenía en un contrato social tácitamente otorgado por el hombre. Según
este filósofo francés, el hombre en un estado primitivo de naturaleza,
disfrutó de la absoluta independencia, pero mediante una convención
colectiva impuso limitaciones a este libertad, a fin de encontrar una
garantía real y efectiva a sus derechos, entre los cuales se encuentra el de
propiedad. Esta teoría encuentra, así, el fundamento de la propiedad en la
humana comprensión, puesto que según ella, los hombres se han dado
cuenta que si cada cual se pudiese apropiar de los bienes que quisiera a su
libre arbitrio, el conflicto se enseñorearía en la colectividad humana. 5)

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Teoría moderna: esta teoría afirma que si el derecho a la propiedad debe
ser individual, su ejercicio debe ser social, es decir, que el propietario tiene
el deber de tomar en cuenta el interés de los demás, y el legislador puede
hacer que el propietario lo recuerde al establecer algunas limitaciones; pero
esta intervención del legislador tiene un límite que no puede ser rebasado.
Seguidores de esta doctrina son Leroy, Beaulieu, Cimbali y D'Agnano.

d) Sentido social del derecho de propiedad: El carácter absoluto de la


propiedad, según la doctrina moderna, consiste en que como todo derecho
real es oponible a todos, los que están obligados a respetarlo por un deber
de abstención, en el sentido de no realizar actos que perjudiquen o
restrinjan las facultades del propietario. El concepto de absoluto no es
sinónimo de ilimitado, pues la propiedad debe usarse de tal manera que su
ejercicio no dé otro resultado que pueda causar perjuicios a un tercero;
además, está restringido por modalidades y limitaciones. En ese orden de
ideas, la función social de la propiedad mira a que su ejercicio respete las
exigencias de los intereses generales del Estado, la utilidad pública y las
necesidades colectivas, por considerar que el propietario tiene el bien en
nombre de la sociedad y puede servirse y disponer de ella, siempre y cuando
su derecho sea ejercitado en forma concordante con los intereses generales.
El propietario adquiere la obligación de ejercitar su derecho de manera que
contribuya al bien colectivo (por ejemplo: un propietario no podría
mantener improductivo un predio agrícola que está apto para producir, en
Guatemala la mayor parte de las tierras productivas son ociosas) y que no
perjudique. Un tercero, protegiendo no sólo los intereses materiales, sino
que también su salud y tranquilidad, evitando los perjuicios ocasionados por
el mal uso de la propiedad. Fue el papa León XIII (1810-1903), papa de 1878
a 1903, quien, en la encíclica sobre la condición del trabajo, Rerum novarum
(1891), propuso que la propiedad privada era un derecho natural, dentro de
los límites de la justicia, pero condenaba al capitalismo como causa de la
pobreza y degradación de muchos trabajadores, dando así al derecho de
propiedad, un sentido social.

e) Facultades que integran el derecho de propiedad: 1) Facultad de


disposición: es una de las facultades típicas del dominio, aunque no
exclusiva de él, y tradicionalmente es considerada en las legislaciones. El
artículo 464 del Código Civil la contempla al expresar que: “La propiedad es
el derecho de gozar y disponer de los bienes dentro de los límites y con la
observancia de las obligaciones que establecen las leyes”. 2) Facultades de
goce y aprovechamiento: dichas facultades consisten en la más adecuada
utilización de los bienes para la satisfacción de las necesidades (véase otra
vez el artículo citado).

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f) Extensión y limitaciones de las facultades dominicales y, en particular, de
la propiedad inmueble: Como vimos anteriormente, el derecho de
propiedad se hace extensivo hasta el goce, disposición y aprovechamiento
de los bienes; sin embargo, dicha extensión se ve limitada por las
prohibiciones (derivadas de la naturaleza misma del dominio, por la utilidad
pública o privada, las voluntarias, y las de orden legal y judicial) que en
cada caso se establezcan tanto en su uso, como en su disposición, llegándose
incluso a la prohibición de alienar o enajenarlos. Con relación a los límites
de la propiedad inmueble, según la teoría clásica, el propietario de un
predio tenía derecho al suelo en el área limitada por sus linderos, al subsuelo
en todo lo que hubiera bajo su suelo “hasta el centro de la tierra”,
incluyendo minerales, hidrocarburos, aguas, etc., y al cielo o vuelo
correspondiente a los límites del suelo sin limitación en la altura. Esta
concepción teórica es antihistórica; pues de hecho nunca se pudo ejercer y
el derecho sufrió innumerables limitaciones que en la actualidad han
restringido los límites de la propiedad al aprovechamiento del suelo, con las
limitaciones administrativas que las leyes fijan a la edificación y al uso del
suelo. Por lo que se refiere al vuelo, la altura de las construcciones es
materia de regulación municipal, servidumbre de paso de cables de energía
eléctrica y comunicaciones, incluyendo los reglamentos de aviación y
tratados internacionales de naves espaciales y satélites. Con lo anterior el
uso del espacio aéreo del propietario ha quedado restringido a las
edificaciones asentadas en el suelo hasta la altura autorizada por los
reglamentos urbanos. En cuanto al subsuelo, desde el antiguo régimen de
minas limitó el derecho de los propietarios; las tendencias y regulaciones en
el aprovechamiento de los recursos naturales excluyeron al propietario de
los materiales de naturaleza distinta a los componentes de los terrenos,
como los minerales, metales, metaloides, salinas, los combustibles sólidos,
el petróleo y los hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos, así como de las
corrientes y mantos acuíferos, con lo anterior ha quedado al propietario tan
sólo el aprovechamiento de la superficie del terreno, el subsuelo y el
sobresuelo, con las limitaciones que fijen las leyes (véanse los artículos 121
al 128 de la Constitución). Nuestro Código Civil regula, como limitaciones
de la propiedad, aquellas que son propiamente limitaciones, con
prohibiciones al y obligaciones del propietario. La materia está regulada en
los artículos 473 al 484, cuya lectura se desprende si se trata de limitaciones
al derecho de propiedad, de prohibiciones o de obligaciones del propietario.
Las limitaciones a la propiedad pueden ser: legales, o sea las que establecen
las leyes, y en ciertos casos los reglamentos; y, voluntarias, o sea las
establecidas por decisión del propietario, como en el caso de las
servidumbres. Conviene aclarar que el Código Civil reconoce como derechos
fundamentales del propietario: el derecho de defender su propiedad por los
medios legales y de no ser perturbado en ella, si antes no ha sido citado,
oído y vencido en juicio (artículo 468); el derecho de reivindicar (recuperar

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o reclamar) la cosa de cualquier poseedor o detentador (artículo 469); y, el
derecho del propietario a los frutos de sus bienes y a cuanto se les incorpore
por accesión (artículo 471).

g) Propiedad del suelo, sobresuelo y subsuelo: El Código Civil establece en su


artículo 473, que: “La propiedad del predio se extiende al subsuelo y al
sobresuelo, hasta donde sea útil al propietario, salvo disposiciones de leyes
especiales”; con lo cual se está reconociendo la propiedad del subsuelo y
del sobresuelo, así pues, el propietario podrá hacer las excavaciones para
los usos que le convengan, pero siempre sometiéndose a las limitaciones de
orden legal y que favorecen los derechos de minería, aguas y patrimonio
histórico y cultural.

5. MODOS DE ADQUIRIR LA PROPIEDAD.

a) Definición: Son aquellos actos o hechos jurídicos a los cuales la ley reconoce
la virtud de hacer surgir el dominio en un determinado sujeto.

b) Clasificación: 1) Originarios y derivados: 1° Primitivos u originarios, es


cuando la cosa no ha estado en el patrimonio de determinada persona; no
ha tenido dueño (ocupación, accesión); y, 2° Derivados, es cuando la
transmisión del dominio supone una transmisión de un patrimonio a otro
(contrato, herencia, prescripción, adjudicación). 2) A título universal y a
título particular: 1° Universal, se transfiere el patrimonio como
universalidad jurídica (herencia); y, 2° Particular, se transmiten bienes
determinados (contratos, legados). 3) A título gratuito y a título oneroso:
1° Gratuito, el adquirente recibe un bien sin tener que cubrir una
contraprestación (donación, herencia, legado); y, 2° Oneroso, el adquirente
paga un cierto valor en dinero, bienes o servicios, a cambio del bien que
recibe (contratos onerosos, compraventa). 4) Intervivos y por causa de
muerte: 1° Intervivos, son transmisiones por acto entre vivos (acto jurídico
en general); y, 2° Por causa de muerte, son transmisiones que se dan por el
fallecimiento del propietario de un bien (herencia legítima, testamentaria
y legado).

6. LA OCUPACIÓN.

a) Definición: Es la aprehensión de una cosa corporal que no tiene dueño, con


ánimo de adquirir la propiedad. Es el modo originario de adquirir la
propiedad mediante la aprehensión o apoderamiento de una cosa que carece
de dueño, por no haberlo tenido nunca o ignorarse quien es, o por haber
hecho abandono de la misma su último propietario.

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b) Naturaleza jurídica: La ocupación es un modo originario o primario de
adquirir la propiedad de una cosa.

c) Elementos: 1) Sujeto: en relación con el sujeto, se requiere capacidad para


adquirir y propósito o intención de apropiarse la cosa. 2) Objeto: con
relación al objeto, se requiere que la cosa no pertenezca a nadie o que
pertenezca a dueño ignorado o a dueño que la haya abandonado.

d) Cosas susceptibles de ocupación: 1) Ocupación de bienes muebles: las cosas


muebles o semovientes (ganado de cualquier especie) que no pertenecen a
ninguno, pueden adquirirse por ocupación, de conformidad con lo dispuesto
en leyes especiales. Cabe aclarar, que los bienes inmuebles no pueden
adquirirse por ocupación (los que no estén reducidos a propiedad particular
pertenecen a la Nación). Pueden ser objeto de ocupación las piedras,
conchas y otras substancias que se encuentran en las riberas del mar, de los
ríos y arroyos de uso público y que no presentan señales de dominio anterior.
También pueden ser objeto de ocupación las cosas cuya propiedad abandona
voluntariamente su dueño. 2) Ocupación de tesoro: el tesoro encontrado en
terreno propio pertenece íntegramente al descubridor (o sea al mismo
dueño del terreno). El tesoro encontrado en terreno ajeno se dividirá por
partes iguales entre el dueño del terreno y la persona que haya hecho el
descubrimiento. Sin embargo, el descubridor no tendrá derecho a su porción
sino cuando el descubrimiento sea fortuito, o cuando haya buscado el tesoro
con permiso del dueño del terreno. Nadie puede buscar tesoro en terreno
ajeno, sin permiso escrito del dueño. El interesado que obtuviere permiso y
presentare garantía a satisfacción del propietario, podrá hacer excavaciones
para sacar dinero, alhajas u objetos preciosos, que alegare pertenecerle.
No probándose el derecho sobre dichos dineros, alhajas u objetos preciosos,
serán considerados como bienes perdidos y como tesoros encontrado en
suelo ajeno, según los antecedentes y señales. En el segundo caso anterior,
deducidas las costas se dividirá el tesoro por partes iguales entre el
denunciador y el dueño del suelo; pero no podrá éste pedir indemnización
de perjuicios, a menos de renunciar a su porción. 3) Ocupación de bienes
mostrencos: el bien mostrenco es el mueble o semoviente que, por parecer
extraviado y no tener dueño conocido, se adjudica al Estado o éste se
atribuye. La persona que encuentre un bien mostrenco deberá presentarlo
a la autoridad municipal más próxima al lugar donde hubiere tenido lugar el
hallazgo. La autoridad que reciba el bien encontrado, pondrá el hecho en
conocimiento público, y si transcurrido el término fijado no se presentare
persona que justifique su dominio, se procederá a su venta en pública
subasta. El dueño que recobre lo perdido o su precio, está obligado al pago
de los gastos y a abonar a quien lo halló el diez por ciento (10%) del valor
de la cosa o del producto de la venta. Leyes especiales de carácter

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administrativo regulan la ocupación de animales sin dueño, tales, por
ejemplo, las relativas a la caza y pesca, enjambres de abejas, etc.

e) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto está regulado en los artículos
589 al 611, y 680 del Código Civil.

7. LA ACCESIÓN.

a) Definición: Aunque el Código Civil no la define, podemos decir que la


accesión es el derecho que tiene el propietario de un bien a adquirir todo
lo que el bien produce, se le une o incorpora natural o artificialmente.

b) Naturaleza jurídica: Se discute la naturaleza jurídica de la accesión en


cuanto algunos autores opinan que se trata de un modo de adquirir el
dominio; mientras que otros sostienen que es simplemente una facultad
dominical; y, una tercera posición que considera la accesión discreta como
facultad dominical y la continua como modo de adquirir la propiedad.

c) Clases: Nuestro Código Civil (artículo 471) regula dos clases de accesión,
como una facultad dominical, al establecer que: “El propietario de un bien
tiene derecho a sus frutos (accesión discreta) y a cuanto se incorpora por
accesión (continua), de conformidad con lo dispuesto en el capítulo
respectivo de este Código”. 1) Accesión discreta: establecida la accesión
discreta como una facultad dominical, el fundamento de ésta es el mismo
que el de la propiedad, pues si existe este derecho es precisamente por
razón de las utilidades que pueden obtenerse de los bienes. Por el derecho
de accesión se adquieren los frutos que producen los bienes, éstos, según la
ley (artículo 655), pueden ser: 1° Frutos naturales, que son las producciones
espontáneas de la tierra, las crías de los animales y demás productos que se
obtengan con o sin la industria del hombre; y, 2° Frutos civiles, que son los
rendimientos que se obtienen de una cosa o de un tercero mediante una
relación jurídica entre el propietario o titular del derecho y otra persona;
por ejemplo: el alquiler de los edificios, el precio del arrendamiento de
tierras y el importe de rentas perpetuas (vitalicias). 2) Accesión continua:
así se denomina a la adquisición de la propiedad sobre lo que une o
incorpora, natural o artificialmente, a una cosa nuestra, en calidad de
accesorio y de modo inseparable. Tradicionalmente se han venido
distinguiendo tres clases de accesión continua: 1° De inmueble a inmueble:
avulsión, cuando la parte de un predio o terreno, susceptible de
reconocerse, es arrastrada por la corriente de un arroyo, torrente o río e
incorporada a otro (artículos 676 y 677 del Código Civil); aluvión, cuando los
predios o terrenos por los que pasa una corriente de agua, se acrecienta su
superficie por la decantación o separación de las materias que la corriente

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transporta (artículo 679 del Código Civil); mutación de cauce, cuando un río
varía su cauce en forma natural (artículos 673, 674 y 675 del Código Civil);
y, formación o nacimiento de isla, ya sea por aluvión o por formación de
una nueva corriente, y se produce por sucesiva acumulación de arrastres
superiores (artículo 678 del Código Civil); 2° De mueble a inmueble:
construcción o edificación, la construcción en terreno ajeno con materiales
propios, o sea, la edificación con materiales pertenecientes a una persona
en el fundo de otra; plantación, la hecha a través de árboles que pertenecen
a una persona en el fundo de otra; y, siembra, que se hace a través de
semillas de una persona en el fundo de otra; y, 3° De mueble a mueble:
unión, adjunción o conjunción, se produce cuando se unen dos cosas
muebles de diversa naturaleza y pertenecientes a distintos dueños,
formando una sola cosa, pero con la posibilidad de separarlos o de que
subsistan después con independencia; contraria a esta definición el Código
Civil guatemalteco, regula en su artículo 689 sobre las cosas que pueden
separarse; especificación, cuando alguien empleando su trabajo transforma
la materia ajena creando una especie nueva; por ejemplo: el joyero que con
el oro y piedras preciosas crea un collar; aceite del coco; muebles de la
madera; y, conmixtión o mezcla, cuando se mezclan varios sólidos
pertenecientes a distintos propietarios, de tal forma que no se puedan
separar; si la mezcla es de líquidos la doctrina le denomina confusión.

8. LA POSESIÓN.

a) Definición: Para algunos autores la posesión es un estado o un poder de


hecho, pero fundamentalmente la exteriorización de la propiedad, del
derecho de propiedad; o, en cierto sentido y en ciertas oportunidades, que
la posesión es el inicio de la propiedad. Ahora, en su sentido intrínseco, no
se admite que la posesión sea la exteriorización de la propiedad. Tiende a
afirmarse que la posesión es una presunción legal de propiedad. El Código
Civil (artículo 612) define como poseedor al que ejerce sobre un bien todas
o algunas de las facultades inherentes al dominio. Esta definición es
resultado de una síntesis de las doctrinas clásicas sobre la posesión que han
preocupado a los juristas por más de un siglo. Las tesis de Savigny y la de
Von Ihering fijaron el concepto.

b) Elementos: En el estudio del concepto de la posesión, como expresamos


anteriormente, Savigny y Von Ihering estudian dos elementos
fundamentales: 1) El corpus (elemento material): que para Savigny es el
poder físico o de hecho sobre la cosa, su tenencia, en suma, la relación
directa entre el poseedor y el bien poseído; sin embargo, para Von Ihering
no es sólo tal poder sino todos los hechos que conducen al aprovechamiento
de la cosa, aunque de hecho no la tenga en su poder. 2) El animus (elemento

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intencional): que para Savigny es la voluntad de conservar la cosa, de actuar
como propietario. Como vemos para Savigny el ánimo de la posesión es un
animus domine, es decir, con intención a título de dueño, sólo es posesión
la que tiene tal carácter, los que tienen la cosa sin tal ánimo no son
poseedores, son detentadores o precarios. Para Von Ihering el animus es de
poseer, es decir, tener la cosa no sólo como propietario sino por cualquier
otro título o intención como el depositario o arrendatario. El que posee a
título de propietario tiene una posesión originaria, el que tiene la cosa por
entrega del primero tiene la posesión derivada. A este respecto, expresa el
profesor Federico Ojeda Salazar que: “El concepto del Código, expresado
en el artículo 479 (se refiere al Código Civil de 1933), es el tradicional
referido a la posesión. En efecto, exige la tenencia o goce de un bien y el
ánimo de conservarlo para sí; es decir, requiere la concurrencia del animus
y el corpus, que son los elementos que integran la posesión según la
doctrina de la escuela clásica, en la que se inspiraba también el Código del
77. El proyecto abandona este concepto tradicional de la posesión e
incorpora en el artículo 595 (actualmente el 612), el principio sustentado
por la doctrina moderna, que es el seguido por los códigos inspirados en el
alemán, como son los de Brasil, Perú y México, entre los latinoamericanos.
Es poseedor, dice el mencionado artículo, el que ejerce sobre un bien, todas
o algunas de las facultades inherentes al dominio. El corpus y el animus se
toman en cuenta en la teoría tradicional y en la moderna; pero en esta
última es bastante el uso de la cosa según su destino económico para
presumir el ánimo o voluntad de tenerla como propia. La tenencia misma
presume el ánimo del poseedor sin necesidad de recurrir a un elemento
subjetivo muy difícil de probar. La manifestación del animus por actos
externos, como son el aprovechamiento económico total o parcial del bien,
es suficiente para proteger la posesión”.

c) Naturaleza jurídica: De acuerdo a la más reciente doctrina, se nos indica


que la posesión no es un simple hecho, no es sólo una relación material, sino
que también es un derecho. Se afirma que también es un derecho, por las
consecuencias jurídicas de la posesión, entre ellas: 1° El derecho del
poseedor a los frutos; 2° El derecho del poseedor para el reintegro de
las mejoras y gastos causados; y, 3° La responsabilidad del poseedor por los
deterioros sufridos en la cosa.

d) Medios de protección posesoria: La intensidad de la protección posesoria


(defensa de la posesión cuando se priva de ésta por vías de hecho a una
persona), depende de cada criterio legislativo sobre la posesión. Y cada uno,
necesariamente, está influenciado en el grado en que se considere la
posesión como reflejo de la propiedad, o bien, simplemente un hecho no
necesariamente relacionable con la propiedad. Pero, de todas maneras, la
tendencia predominante es la proteger jurídicamente al poseedor,
cualquiera sea el título a que posea o aun sin poseer título, siempre que el

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acto de poseer tenga alguna apariencia de legalidad. Y, por regla general,
como es lógico, la protección posesoria no está vinculada al derecho de
propiedad sobre la cosa y la subsiguiente posesión legal. La teoría clásica
sobre el fundamento de la protección posesoria atribuida a Savigny, se basa
en el principio de que nadie está capacitado legalmente para hacerse
justicia por sí mismo. Quien se ve privado de la posesión, en consecuencia,
debe acudir a la justicia para que se le restituya el bien o derecho del cual
fue desposeído. En aparente incongruencia, la ley protege primero al
usurpador. En realidad, se trata de la aplicación de la tesis de que el
poseedor, en el caso el usurpador que se transforma en tal, tiene una
apariencia de legitimidad en su situación, la cual debe atacar por la vía
judicial el verdadero propietario o legal poseedor. La teoría moderna sobre
el fundamento de la protección posesoria, atribuida a Von Ihering, considera
que la propiedad se ejercita por lo general a través de actos o de hechos
derivados o expresivos de la posesión. El principio general es considerar
propietario a quien está poseyendo. De ahí que la ley proteja al poseedor,
a sabiendas de que en algunas cosas puede por lo menos temporalmente
proteger al usurpador. A este respecto, el profesor Federico Ojeda Salazar
expone que: “La protección que se concede al poseedor atiende a una doble
necesidad: la de asegurar el orden público y la de proteger al presunto
propietario. El poseedor de hecho goza de los interdictos para asegurar su
posesión entre tanto que no se demuestre el mejor derecho del que
demanda la entrega del bien; y éste deberá respetar la posesión del que la
tenga sin quitársela por su propia mano, sino acudiendo a los jueces para
probar su derecho”. Como se puede apreciar, el redactor del proyecto de
nuestra ley sustantiva civil tomó en cuenta las dos teoría aludidas (la clásica
de Savigny y la moderna de Von Ihering), aceptando los puntos de vista de
ambas, que nada tienen de irreconciliables. En ese orden de ideas, podemos
decir que existen dos formas procesales de proteger un derecho posesorio,
las cuales son: 1) El interdicto: del latín interdictum, que quiere decir
entredicho; constituye un procedimiento en materia civil encaminado a
obtener del juez una resolución rápida (en nuestro medio en juicio sumario),
que se dicta sin perjuicio de mejor derecho, a efectos de evitar un peligro
o de reconocer un derecho posesorio. Los interdictos que contempla nuestra
legislación son: amparo de posesión o de tenencia, despojo, apeo o deslinde,
obra nueva y obra peligrosa (véanse los artículos 229, numeral 5°, y 249 al
268 del Código Procesal Civil y Mercantil). 2) La acción publicana: en el
Derecho romano, era la acción que podía ser ejercitada por quien adquiría
de buena fe, para reclamar del poseedor actual la restitución o devolución
de la cosa que tenía sin derecho a con título dudoso.

e) Vicios de la posesión: Vicio no es más que la mala conducta con probables o


seguros perjuicios para el cuerpo o el espíritu, o bien, en lo civil, el defecto
que anula o invalida un acto o contrato, sea de fondo o de forma. En ese

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orden de ideas, la posesión será viciosa cuando fuere de cosas muebles
adquiridas por hurto, estelionato o abuso de confianza; y, de cosas
inmuebles, cuando sea adquirida por violencia o clandestinamente, y siendo
precaria, cuando se tuviese por abuso de confianza. 1) Vicios en la posesión
de bienes muebles: 1° Hurto, que no es más que tomar, a escondidas sin
intimidación ni violencia y sin la debida autorización, cosa mueble, total o
parcialmente ajena; 2° Estelionato, incurre en estelionato quien contrata
de mala fe sobre cosas ajenas, como si fueran propias, o sobre cosas
gravadas como si se encontraran libres, siempre que la otra parte hubiese
aceptado la promesa de buena fe; la palabra estelionato fue tomada por el
jurista argentino Dalmacio Vélez Sarsfield (quien compuso el Código Civil de
su país) de la vieja legislación española vigente a la época de la sanción del
Código Civil argentino, vigente desde 1871, pero ha desaparecido de la
terminología penal moderna y en la actualidad representa una modalidad
de la estafa –caso especial–; y, 3° Abuso de confianza, existe abuso de
confianza cuando la persona que ha recibido una cosa a título de acreedor
(arrendatario, comodatario, depositario, etc.) invierte un título y pretende
tener sobre la cosa un verdadero derecho de posesión; es decir, que no se
trata de la negativa del tenedor a restituir la cosa, en tanto se limite a
defender su derecho de tenedor precario de la cosa; el abuso de confianza
consiste en pretenderse poseedor pleno de ella. 2) Vicios en la posesión de
bienes inmuebles: 1° Violencia, la posesión es violenta cuando es adquirida
o tenida por vías de hecho acompañadas de violencias materiales o morales
o por amenazas de fuerza, sea por el mismo que causa la violencia, sea por
sus agentes; la violencia a la que se alude es la realizada contra las personas,
es decir, contra el anterior poseedor, o sus representantes o empleados; 2°
Clandestinamente, la posesión es clandestina cuando los actos por los cuales
se tomó o se continuó fueron ocultos o se tomó en ausencia del poseedor o
con precauciones para sustraerla al conocimiento de los que tenían derecho
a oponerse; lo que caracteriza a la clandestinidad es el sigilo, el
ocultamiento con que ha procedido el poseedor; y, 3° Abuso de confianza,
el abuso de confianza en los bienes inmuebles se da en igual forma que en
los bienes muebles, ya que para que haya abuso de confianza, el detentador,
a nombre ajeno debe haber invertido su título, convirtiéndose en poseedor.

f) Efectos jurídicos de la posesión: El poseedor de buena fe que haya adquirido


la posesión por título traslativo de dominio, goza de los derechos siguientes:
1° Hacer suyos los frutos percibidos, mientras su buena fe no sea
interrumpida; 2° De que se le abonen todos los gastos necesarios y útiles,
teniendo derecho de retener la cosa poseída hasta que se haga el pago; 3°
Retirar las mejoras voluntarias, si no se causa daño en el bien mejorado, o
reparando el que se cause al retirarlas; 4° Que se le abonen los gastos
hechos por él para la producción de frutos naturales y civiles que no haga
suyos por estar pendientes al tiempo de interrumpirse la posesión, teniendo

59
derecho al interés legal sobre el importe de esos gastos desde el día en que
los haya hecho; 5° No ser desposeído de la cosa, si antes no ha sido citado,
oído y vencido en juicio; 6° Ser preferido a cualquier otro que la pida con
igual derecho, excepto el caso en que deba darse posesión indivisa; 7°
Servirse de la posesión como medio para adquirir el dominio por
prescripción; y, 8° Ser considerado dueño de los muebles que posee.

g) Titulación supletoria (inscripción de la posesión): Expresa la Ley de


Titulación Supletoria, contenida en el Decreto Número 49-79 del Congreso
de la República de Guatemala, que (artículo 1°): “El poseedor de bienes
inmuebles, que carezca de título inscribible en el Registro de la Propiedad,
podrá solicitar su titulación supletoria ante el Juez de Primera Instancia
jurisdiccional del lugar en que se encuentre ubicado el inmueble. El
interesado deberá probar la posesión legítima, continua, pacífica, pública,
de buena fe y a nombre propio, durante un período no menor de diez años,
pudiendo agregar la de sus antecesores, siempre que reúna los mismos
requisitos”. Asimismo, el Código Civil permite que pueda registrarse la
posesión de bienes inmuebles a través del procedimiento que se conoce
como de titulación supletoria. Dice el artículo 633 que tratándose de bienes
inmuebles, la posesión por diez años, con las demás condiciones señaladas
en el artículo 620, da derecho al poseedor para solicitar su titulación
supletoria a fin de ser inscrita en el Registro de la Propiedad. Estas
diligencias de titulación supletoria deberán sujetarse al procedimiento que
señala la Ley de Titulación Supletoria y la resolución aprobatoria de las
mismas es título para adquirir la propiedad (véase el artículo 634 del Código
Civil).

h) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado


en los artículos 612 al 641 del Código Civil; y, la Ley de Titulación Supletoria.

9. LA USUCAPIÓN, PRESCRIPCIÓN POSITIVA O ADQUISITIVA.

a) Definición: Antes de entrar a definir los que es la usucapión, expondremos


los que se entiende por prescripción en un sentido general. La prescripción
no es más que el medio de adquirir un derecho o de liberarse de una
obligación por el transcurso del tiempo que la ley determina; y que es
variable según se trate de bienes muebles o inmuebles, y según también que
se posean o no de buena fe y con justo título. La prescripción llámase
adquisitiva cuando sirve para adquirir un derecho; y, es liberatoria cuando
impide el ejercicio de la acción para exigir el cumplimiento de una
obligación. Estos plazos liberatorios son muy variables, conforme a la acción
que se trate de ejercitar. En ese orden de ideas, diremos que la usucapión
o prescripción positiva o adquisitiva es el derecho por el cual el poseedor

60
de una cosa adquiere la propiedad de ella por la continuación de la posesión
durante el tiempo fijado por la ley. Generalmente los plazos prescriptivos
son menores o mayores según que la posesión se haya o no ejercido con
buena fe y justo título, y que se trate de bienes muebles o inmuebles. De
manera pues, que reconociendo el Código Civil (artículos 642 y 650) a la
usucapión como un modo de adquirir el dominio, puede, en la vía
contenciosa, hacerse valer la prescripción adquisitiva ya sea como acción o
como excepción. En el primer caso se tratará de una acción de tipo
declarativo. Pero, aparte de lo anterior, también permite el Código Civil
(como lo vimos en el punto anterior, literal “g”) que pueda registrarse la
posesión de bienes inmuebles a través del procedimiento (en la vía
voluntaria) que se conoce como de titulación supletoria.

b) Bienes que prescriben: Expresa el Código Civil (artículo 643) que: “Son
susceptibles de prescripción todas las cosas que están en el comercio de los
hombres”.

c) Condiciones: 1° Los que tienen capacidad para enajenar, pueden renunciar


a prescripción consumada, pero el derecho de prescribir es irrenunciable;
los acreedores, y cualquiera otra persona interesada en hacer valer la
prescripción, podrán utilizarla a pesar de la renuncia del adquirente; 2° El
que posee a nombre de otro no puede adquirir por prescripción la cosa
poseída, a no ser que legalmente se haya mudado la causa de la posesión;
se dice mudada legalmente la causa de la posesión cuando el que poseía a
nombre de otro, comienza a poseer legalmente a nombre propio, pero, en
este caso, la prescripción no corre sino desde el día en que se haya mudado
la causa; 3° Si varias personas poseen en común alguna cosa, no puede
ninguna de ellas prescribir contra sus copropietarios o coposesores, pero sí
puede prescribir contra un extraño y, en este caso, la prescripción
aprovecha a todos los partícipes; 4° Para que la posesión produzca el
dominio se necesita que esté fundada en justo título, adquirida de buena
fe, de manera continua, pública y pacífica y por el tiempo señalado en la
ley; y, 5° El que alega la prescripción debe probar la existencia del título
en que funda su derecho; es justo título para la usucapión, el que siendo
traslativo de dominio (la compraventa, la permuta o la donación entre
vivos), tiene alguna circunstancia que lo hace ineficaz para verificar por sí
solo la enajenación. Conviene aclarar, nuevamente, que la prescripción una
vez perfeccionada, produce el dominio de la cosa adquirida, y con la acción
que nace de él, puede reivindicarse, recuperarse o reclamarse de cualquier
poseedor y utilizarse como acción o excepción por el usucapiente.

d) Casos en que no corre la prescripción: No corre la prescripción: 1° Contra


los menores y los incapacitados, durante el tiempo que estén sin
representante legal constituido (los representantes serán responsables de

61
los daños y perjuicios que por la prescripción se causen a sus representados);
2° Entre padres e hijos, durante la patria potestad; 3° Entre los menores e
incapacitados y sus tutores, mientras dure la tutela; 4° Entre los consortes
o cónyuges; y, 5° Entre copropietarios, mientras dure la indivisión.

e) Interrupción de la prescripción: La prescripción se interrumpe: 1° Si el


poseedor es privado de la posesión de la cosa, o del goce del derecho
durante un año; 2° Por notificación de la demanda o por cualquier
providencia precautoria ejecutada, salvo si el acreedor desistiere de la
acción intentada, o el demandado fuere absuelto de la demanda, o el acto
judicial se declare nulo; y, 3° Si la persona a cuyo favor corre la prescripción
reconoce expresamente, de palabra o por escrito, o tácitamente por hechos
indudables, el derecho de la persona contra quien prescribe. Es menester
aclarar, que el efecto de la interrupción, es inutilizar, para la prescripción,
todo el tiempo corrido antes de ella.

f) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto está regulado en los artículos
612 al 654 del Código Civil.

10. LA PROPIEDAD INTELECTUAL.

A) DERECHOS DE AUTOR.

a) Definición: Expresa el artículo 470 del Código Civil que: “El producto o valor
de trabajo o industria lícitos, así como las producciones de ingenio o del
talento de cualquiera persona, son propiedad suya y se rigen por las leyes
relativas a la propiedad en general y por las especiales sobre estas
materias”. Es decir, que el derecho de autor (o como comúnmente se le
conoce como Copyright) es el derecho de propiedad que se genera de forma
automática por la creación de diversos tipos de obras y que protege los
derechos e intereses de los creadores de trabajos literarios, dramáticos,
musicales y artísticos, grabaciones musicales, películas, emisiones radiadas
o televisadas, programas por cable o satélite y las adaptaciones tipográficas
de los libros, folletos, impresos, escritos y cualesquiera otras obras de la
misma naturaleza. También se ha llamado derecho de autor a todo el
sistema de comercio de las creaciones intelectuales. El derecho de autor
precisa estar registrado. Una vez que un trabajo ha sido creado de una forma
tangible –un libro, una pintura, un programa o una grabación de una pieza
musical, por ejemplo– los creadores o titulares de derechos pueden
guardarse para sí mismos (o autorizar a otros) la potestad exclusiva de
copiar, publicar, representar, emitir por radio o televisión, o adaptar su
obra.

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b) Naturaleza jurídica: Existen tres teorías que explican la naturaleza jurídica
del derecho de autor, las cuales son: 1) La patrimonial: unos ubican este
derecho dentro del tradicional concepto de propiedad, comparando al
escritor que vendía un libro con el agricultor que vendía la cosecha; otros,
consideran este derecho como un monopolio fundamentado por la ley,
aunque estas ventajas económicas sean derivadas del talento. 2) La
personalista: argumenta que es un derecho de propiedad emanado de la
personalidad del autor; se opone a la teoría patrimonio señalándole su
exceso al legislar protegiendo la obra y olvidando los derechos
personalísimos del autor o derechos morales según la doctrina francesa (esta
teoría incurre en el error de unilateralidad de apreciación que imputan a los
patrimonialista); 3) La ecléctica: que fusiona las posiciones referidas de la
siguiente manera: 1° Un derecho moral, que incluye publicar o no su obra,
que figure su nombre o bien ocultarlo, impedir deformaciones o atentados
espiritualmente dañosos y arrepentirse de una publicación ya hecha; y, 2°
Un derecho patrimonial, que incluye, derecho de traducción a diversos
idiomas, derecho de adaptación, derecho de ejecución y de continuidad.

c) Teorías que explican este derecho: Son las mismas que explican la
naturaleza jurídica y que tratamos en el literal anterior.

d) Derechos que corresponden al autor: El derecho de autor comprende los


derechos morales y pecuniarios o patrimoniales, que protegen la
paternidad, la integridad y el aprovechamiento de la obra. 1) El derecho
moral: el derecho moral del autor es inalienable, imprescriptible e
irrenunciable, y comprende todas las facultades enumeradas en el artículo
19 de la Ley de Derechos de Autor y Derecho Conexos (al fallecimiento del
autor, únicamente se transmite a sus herederos sin límite de tiempo, el
ejercicio de los derechos que se refieren las literales “a” y “b” del citado
artículo; a falta de herederos, el ejercicio de esos derechos corresponde al
Estado). 2) El derecho pecuniario o patrimonial: confiere al titular del
derecho de autor las facultades de utilizar directa y personalmente la obra,
de transferir total o parcialmente sus derechos sobre ella y de autorizar su
utilización por terceros. Sólo el titular del derecho de autor o quienes
estuvieron expresamente autorizados por él, tendrán el derecho de utilizar
la obra por cualquier medio, forma o proceso, por consiguiente,
les corresponde autorizar cualquiera de los actos enumerados en el artículo
21 de la citada ley.

B) LA PROPIEDAD INDUSTRIAL.

a) Definición: Es la propiedad que adquiere el inventor o descubridor con la


creación o descubrimiento de cualquier producto relacionado con la
industria, y el productor, fabricante o comerciante con la creación de signos

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especiales con los que aspira a diferenciar los resultados de sus trabajos de
otros similares. La propiedad industrial designa los derechos sobre bienes
inmateriales que se relacionan con la industria y con el comercio: de una
parte, los que tutelan el monopolio de reproducción de los nuevos productos
o procedimientos que por su originalidad y utilidad merecen tal
exclusividad; de otra, las denominaciones del producto o del comerciante
que sirven de atracción y convocatoria para la clientela. Los derechos de
propiedad intelectual son derechos absolutos o de exclusión que requieren,
para su válida constitución, la inscripción en un registro especial, relativo a
la propiedad en cuestión. Por otra parte, el interés general exige que las
concesiones exclusivas de propiedad industrial no sean perpetuas, y ello
determina que las leyes concedan a los derechos citados un tiempo de
duración distinto según las distintas modalidades que discriminen esta
propiedad especial y temporal. Transcurrido el tiempo de existencia legal,
caducan los derechos. La caducidad puede resultar por efecto de otros
motivos, como la falta de pago de las anualidades o cuotas
correspondientes, el no uso por el plazo que la ley determine en cada caso,
y la voluntad, por ende, de los interesados. Las modalidades de propiedad
industrial son las siguientes: derechos que recaen sobre las creaciones
industriales, como patentes, modelos de utilidad, y modelos y dibujos
industriales y artísticos. Mediante las citadas creaciones, enriquece el
actuar humano, para convertirlo en más fácil, eficaz o rápido –patentes y
modelos de utilidad– o se solucionan problemas de diseño, como en el caso
de los dibujos industriales y artísticos. Por último existen los derechos que
recaen sobre los signos distintivos de la mercancía, del origen del producto
o del vendedor, que no representan creación industrial alguna y son simples
medios de identificación frente al público adquirente, como la marca de un
producto o servicio, un nombre comercial o el rótulo de un establecimiento.
Próximo al campo de la propiedad intelectual se encuentra el conflicto que
plantea la competencia desleal, que defiende bienes inmateriales, aunque
no afecte a su régimen jurídico. La propiedad industrial, que se centra en
el ámbito de la industria, ha de distinguirse de la propiedad intelectual, que
tiene por objeto las creaciones literarias y artísticas, las cuales
corresponden a su autor por el mismo hecho de haberlas creado, sin que se
requiera, para ello formalidad alguna. En materia de propiedad industrial
en el orden internacional, fue fundamental el Convenio de la Unión de París
de 20 de marzo de 1883, revisado en distintas ocasiones (Acta de Estocolmo
de 1967, completado a su vez por el Acuerdo de Estrasburgo de marzo de
1971). En lo que atañe a las marcas, y conforme los principios rectores de
Derecho comunitario, se establece un régimen único de concesiones para
eliminar en la Unión Europea el efecto desviacionista que pudiera derivarse
de los títulos nacionales de protección. Así, herederos del Convenio de
Munich de 1975 (nunca aplicado) y del Acuerdo de Luxemburgo de 1989 son
el Reglamento del Consejo de 1993 y el Reglamento de 1986 sobre control

64
aduanero, este último concebido para confiscar todo producto procedente
de terceros Estados que imiten marcas de la comunidad europea. Conviene
aclarar que, en nuestro medio, todo lo relativo a la propiedad industrial está
a cargo del Registro de la Propiedad Industrial, que es una dependencia del
Ministerio de Economía, que tiene la categoría de Dirección General, y su
regulación está enmarcada en el Convenio Centroamericano para la
Protección de la Propiedad Industrial, suscrito en la ciudad de San José,
República de Costa Rica el 01 de junio de 1968, así como en la Ley de
Patentes de Invención, Modelos de Utilidad, Dibujos y Diseños Industriales,
contenida en el Decreto Ley Número 153-85 del Jefe de Estado.

b) Marcas, nombres comerciales, expresiones y señales de propaganda e


inventos: 1) Marcas: marca es todo signo, palabra o combinación de
palabras, o cualquier otro medio gráfico o material, que por sus caracteres
especiales es susceptible de distinguir claramente los productos, mercancías
o servicios de una persona jurídica individual o colectiva, de los productos,
mercancías o servicios de la misma especie o clase, pero de diferente
titular. En la doctrina se dan diferentes clases de marcas; pero nuestro
derecho positivo regula las siguientes: 1° Marcas industriales o de fábrica,
que son las que distinguen las mercancías producidas o elaboradas por una
determinada empresa fabril o industrial; 2° Marcas de comercio, que son las
que distinguen las mercancías que expende o distribuye una empresa
mercantil, no importa quien sea su productor; y, 3° Marcas de servicios, que
son las que distinguen las actividades que realizan las empresas dedicadas
a dar satisfacción de necesidades generales, por medios distintos de la
manufactura, expendio o distribución de mercancías. 2) Nombres
comerciales: nombre comercial es el nombre propio o de fantasía, la razón
social o la denominación con la cual se identifica una empresa o
establecimiento. 3) Expresiones y señales de propaganda: se entiende por
expresión o señal de propaganda toda leyenda, anuncio, lema, frase,
combinación de palabras, diseño, grabado o cualquier otro medio similar,
siempre que sea original y característico, que se emplee con el fin de atraer
la atención de los consumidores o usuarios sobre un determinado producto,
mercancía, servicio, empresa o establecimiento. 4) Inventos: se entiende
por invento a aquella creación aplicable en la práctica para solucionar un
problema técnico; podrá ser un producto o un procedimiento, o estar
relacionado con ellos. Conviene aclarar que la patente es el derecho
exclusivo que otorga el Estado para la protección de un invento.

c) Regulación legal: Todo lo concerniente a la propiedad intelectual y a la


propiedad industrial se encuentra regulado en los artículos 42 de la
Constitución Política de la República de Guatemala; 470 del Código Civil; el
Convenio Centroamericano para la Protección de la Propiedad Industrial; la
Ley de Patentes de Invención, Modelos de Utilidad, Dibujos y Diseños

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Industriales (Decreto Ley 153-85); y, la Ley de Derechos de Autor y Derechos
Conexos (Decreto N° 33-98 del Congreso).

11. FORMAS ESPECIALES DE PROPIEDAD.

a) La copropiedad: 1) Definición: Existe copropiedad según el Código Civil


(artículo 485), cuando un bien o un derecho pertenece pro indiviso (no está
dividido) a varias personas. Es decir, existen tantos propietarios como
personas tienen derecho a una cuota o parte del bien. Esta concepción de
la copropiedad tiene su origen en la concepción romana de la propiedad
como derecho individual indivisible, así cada copropietario tiene derecho a
cada partícula del bien en proporción al valor de su derecho. La concepción
germana del derecho de los copropietarios, se basa en un concepto
comunitario de la que los copropietarios serían socios en una sociedad de la
que sería propiedad la cosa común. Nuestro sistema participa de ambas
posturas, pues de la definición que del Código Civil se deduce que cada
copropietario es dueño absoluto de su porción y sólo tiene la obligación de
respetar el derecho del tanto de sus copropietarios en caso de disposición
de su derecho, pero para la administración y disposición de la cosa es
necesaria la voluntad común, lo que se asemeja a la sociedad, pues la
voluntad mayoritaria de personas e intereses obliga aun a los disidentes;
otra característica de la concepción romana, es que no puede obligarse a
los copropietarios a permanecer en la indivisión y si la cosa no admite
cómoda división debe adjudicarse al que tenga la mayor porción o venderse
para dividir el precio. 2) Derechos y obligaciones de los copropietarios: 1°
Derechos: el derecho a los beneficios de los comuneros es proporcional a
sus respectivas cuotas (las cuotas de los partícipes se presumen iguales);
derecho de cada partícipe a servirse de las cosas comunes, siempre que
disponga de ellas conforme a su destino y de manera que no perjudique el
interés de la comunidad ni impida a los copropietarios usarla según su
derecho; derecho de cada condueño a la plena propiedad de la parte
alícuota (proporcional) que le corresponda y la de sus frutos y utilidades,
pudiendo, en consecuencia, enajenarla, cederla o gravarla y aun ceder
únicamente su aprovechamiento, salvo si se tratare de derecho personal;
derecho de cada copropietario a pedir en cualquier tiempo que se divida la
cosa común, salvo los casos en que la indivisión esté establecida por la ley
o por pacto (no mayor de 3 años, pero prorrogable) entre los condóminos, o
cuando la división de la cosa común produzca menoscabo en su uso y
naturaleza; derecho de los condueños de vender la cosa común, cuando ésta
sea de naturaleza indivisible, repartiéndose entre sí el precio de su venta;

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derecho de cada uno de los comuneros a pedir que se acote (reserve) una
parte proporcional a su cuota, para explotarla en labores agrícolas; y,
derecho de cada condueño para adquirir la parte alícuota que se enajene
con preferencia a los compradores y por el mismo precio (derecho de
tanteo), este derecho debe ejercitarse dentro de los 15 días siguientes de
haber sido notificados del contrato que se pretende celebrar; y, 2°
Obligaciones: cada partícipe debe contribuir a los gastos necesarios para la
conservación de la cosa común, salvo la facultad de liberarse de esta
obligación con la renuncia de la parte que le corresponde en el dominio;
ninguno de los condueños puede sin el consentimiento de los demás, hacer
alteraciones que modifiquen la cosa común, aunque de ellas pudieran
resultar ventajas para todos, a no ser que fueren aprobadas por la mayoría
de los copropietarios que represente; y, para la administración del bien
común, son obligatorios los acuerdos de la mayoría de los partícipes, que
representen por lo menos las dos terceras partes del valor total de la cosa.
3) Regulación legal: Todo lo relacionado con la copropiedad está regulado
en los artículos 485 al 504 del Código Civil. Conviene aclarar que la
copropiedad cesa por la división de la cosa común; por su pérdida,
destrucción o enajenación; y, por la consolidación o reunión de todas las
cuotas en un solo copropietario.

b) La medianería: 1) Definición: Acerca de la copropiedad se ha dicho que ésta


puede ser voluntaria, cuando ha sido constituida gracias a un pacto de
indivisión, el que en nuestra legislación no puede ser mayor de tres años;
forzosa, cuando los bienes sobre los que recae no son susceptibles de
división o bien al operarse la misma, pierden por entero su valor; toda
copropiedad voluntaria tiene que ser temporal, mientras que las forzosas,
lógicamente, serán permanentes. Dentro de las copropiedad forzosas
permanentes se encuentra la medianería y la propiedad horizontal. El
profesor Rafael Rojina Villegas expresa que hay medianería “cuando una
pared, zanja o seto (cerca) divide dos predios y no puede establecerse a
quien pertenecen pro indiviso a los dueños de ambos predios”. Por su parte,
nuestro Código Civil (artículo 505) expone que: “Hay copropiedad en una
pared, foso o cerca que sirva de límite y separación a dos propiedades
contiguas; y mientras no haya prueba o signo exterior que demuestre lo
contrario, se presume: 1° En las paredes divisorias de los edificios
contiguos, hasta el punto común de elevación; 2° En las paredes divisorias
de los jardines o corrales situados en poblado o en el campo; y, 3° En las
cercas, vallados y setos vivos que dividen los predios rústicos”.
2) Naturaleza jurídica: La medianería es una copropiedad forzosa y
permanente; lo primero, porque el dominio de la cosa común (por ejemplo:
una pared que divide a dos casas de distintos dueños) es necesaria e
ineludible, y lo segundo, porque subsiste hasta que cesa la copropiedad (por
ejemplo: por la demolición de ambas casas). 3) Regulación legal: Todo lo

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relacionado con la medianería esta regulado en los artículos 505 al 527 del
Código Civil.

c) La propiedad horizontal: 1) Definición: Denominación difundida para


designar el derecho, común en parte y privativo en otra, resultante de
corresponder los distintos pisos, departamentos y habitaciones de un mismo
edificio de más de una planta, susceptibles de aprovechamiento
independiente, a diferentes propietarios, dueños exclusivos cada uno de
ellos. La ley sustantiva civil a este respecto expresa (artículo 528) que: “Los
distintos pisos, departamento y habitaciones de un mismo edificio de más
de una planta, susceptibles de aprovechamiento independiente, pueden
pertenecer a diferentes propietarios, en forma separada o en condominio,
siempre que tengan salida a la vía pública o a determinado espacio común
que conduzca a dicha vía”. 2) Naturaleza jurídica: Al igual que la
medianería, la propiedad horizontal es un copropiedad forzosa y
permanente. 3) Constitución: El régimen de propiedad horizontalmente
dividida puede originarse: 1° Cuando el propietario o los propietarios
comunes de un edificio decidan someterlo a este régimen para efectuar
cualquier negocio jurídico con todos o parte de sus diferentes pisos, una vez
que se hayan inscrito en el Registro de la Propiedad como fincas
independientes; 2° Cuando una o varias personas construyan un edificio con
el mismo propósito; y, 3° Cuando en disposición de última voluntad se
instituya a los herederos o a algunos de ellos como legatarios de pisos de un
mismo edificio susceptible de propiedad horizontal. Todo inmueble, para
que pueda organizarse en el régimen de propiedad horizontal, debe
encontrarse libre de gravámenes, limitaciones, anotaciones o reclamaciones
de cualquiera naturaleza. En caso contrario, deben prestar su
consentimiento expreso las personas a cuyo favor aparecieren inscritos tales
gravámenes, limitaciones o reclamaciones. El régimen de la propiedad
horizontal se debe constituir por escritura pública, que ha de inscribirse en
el Registro de la Propiedad y debe llenar los requisitos enumerados en el
artículo 531 del Código Civil. Conviene aclarar que, según la ley, se entiende
por piso el conjunto de departamentos y habitaciones construidos en un
mismo plano horizontal, en un edificio de varias plantas; por departamento,
la construcción que ocupa parte de un piso; y, por habitación el espacio
constituido por un solo aposento (cuarto o pieza de una casa o
departamento). 4) Regulación legal: Todo lo relacionado con la propiedad
horizontal se encuentra regulado en el artículo 528 al 559 del Código Civil.

DERECHOS REALES DE GOCE

12. EL DERECHO DE USUFRUCTO.

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a) Definición: Es el derecho real temporal de hacer suyo una persona los frutos
naturales y civiles de los bienes pertenecientes a otra, que se produzcan en
forma ordinaria y extraordinariamente, salvo las limitaciones establecidas
en el título en que se constituya (véase el artículo 703 del Código Civil). Se
ha dicho también que por naturaleza es vitalicio, pero esta característica
puede ser modificada en el título constitutivo –ya que puede constituirse
también por tiempo fijo–, pero sin quitarle su carácter temporal, pues lo
único que se prohibe es que sea perpetuo ya que ello equivaldría a asimilarlo
a la propiedad.
b) Naturaleza jurídica: Aunque antiguamente en el Derecho romano era
considerado como una servidumbre, servidumbre de carácter especial,
denominándole servidumbre personal, en su evolución quedó establecido
como un derecho real independiente, corriente que se consolidó con la
Revolución francesa y manteniéndose hasta la fecha; fue suprimido el
nombre de servidumbre personal no sólo por conducir a equívoco con las
servidumbres propiamente dichas, sino porque el movimiento revolucionario
francés deseaba borrar todo aquello que recordara el régimen feudal.

c) Clasificación: 1) Por la persona: el usufructo puede ser: 1° Simple, el que


es atribuido a una sola persona; y, 2° Múltiple, que es atribuido a varias
personas y que a su vez puede ser simultáneo y sucesivo. 2) Por las cosas: el
usufructo puede ser: 1° Propio o normal, cuando recae en cosas no
consumibles; 2° Impropio o anormal (cuasi-usufructo), si recae sobre cosas
consumibles; 3° Singular, si recae sobre cosas determinadas; y, 4°
Universal, si recae en un patrimonio. 3) Por el objeto: el usufructo puede
ser: 1° Usufructo sobre cosas, todas las cosas que estén en el comercio de
los hombres y que sean susceptibles de producir un goce o bien, una utilidad,
pueden ser objeto de usufructo; y, 2° Usufructo sobre derechos, puede
constituirse este tipo de usufructo siempre que los derechos no sean
personalísimos o intransmisibles. 4) Por su origen: el usufructo puede ser:
1° Legales, los constituidos por la ley; y, 2° Voluntarios, los constituidos a
través de actos volitivos intervivos (contrato) o mortis causa (testamento).
5) Por su duración: el usufructo puede ser: 1° Vitalicio, que son la regla
general; y, 2° Plazo fijo. Conviene aclarar que, cuando en la constitución
del usufructo no se fije tiempo para su duración, se entiende constituido
por toda la vida del usufructuario; el usufructo que no sea vitalicio y el
constituido a favor de personas jurídicas colectivas no podrá exceder de
treinta años, salvo que se trate de bienes nacionales, en cuyo caso podrá
ser hasta por cincuenta años.

d) Derechos y obligaciones del usufructuario y del nudo propietario: 1)


Derechos y obligaciones del usufructuario: 1° Derechos, éstos se encuentran
regulados en los artículos 703, 709, 710, 711, 712, 714, 715, 716, 717 y 728
del Código Civil; y, 2° Obligaciones, éstas se encuentran reguladas en los

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artículos 711, 712, 713, 718, 720, 725, 726, 728, 731, 734 y 737 del Código
Civil. 2) Derechos y obligaciones del nudo propietario: 1° Derechos, éstos se
encuentran regulados en los artículos 722, 723, 729 y 734; y, 2°
Obligaciones, éstas se encuentran reguladas en el artículo 727 del Código
Civil.

e) Modos de extinguir el usufructo: El usufructo se extingue: 1° Por muerte


del usufructuario; 2° Por vencimiento del plazo por el cual se constituyó, o
por realizarse la condición resolutoria a la cual estaba sujeto el usufructo;
3° Por la reunión del usufructo y de la propiedad en una misma persona,
pero si la reunión se verifica en una sola cosa o parte de lo usufructuado,
en lo demás subsistirá el usufructo; 4° Por prescripción; 5° Por renuncia del
usufructuario, salvo lo dispuesto respecto de las renuncias hechas en fraude
de acreedores; 6° Por la pérdida de la cosa usufructuada; 7° Por la anulación
o cesación del derecho del que constituyó el usufructo; y, 8° Por el abuso
que usufructuario haga de su derecho, deteriorando los bienes o dejándolos
perecer por falta de las reparaciones ordinarios (en este caso, la extinción
del usufructo no procede de hecho, sino que debe ser declarada por
resolución judicial).

f) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto está regulado en los artículos
703 al 744 del Código Civil.

13. EL DERECHO DE USO Y DE HABITACIÓN.

a) Definición: 1) Uso: El uso da derecho de servirse de cosa ajena o de


aprovecharse de los frutos de ella, en cuanto basten para las necesidades
del usuario y las de su familia. 2) Habitación: Como derecho real
desmembrado de la propiedad, es la facultad concedida a su titular de usar
toda o parte de una casa para habitarla junto con su familia, pero sin
posibilidad de darle otro uso, se trata de un derecho que no puede ser
enajenado, ni gravado, ni arrendado y tampoco embargado por los
acreedores. Nuestro Código Civil a este respecto únicamente expresa que:
“La habitación se limita a lo que sea necesario para quien tiene el derecho
y para su familia, aun cuando no la haya tenido en el momento de
constituirse el derecho”.

b) Diferencias entre usufructo, uso y habitación: El uso y la habitación


constituyen derechos intransmisibles, es decir, que el usuario y el
habitacionista no pueden gravar, enajenar, ni transmitir su derecho, o sea,
que son derechos inalienables; por el contrario, el derecho de usufructo
puede enajenarse, gravarse, cederse, es decir, que es un derecho
transmisible. El uso y el usufructo pueden constituirse sobre bienes muebles

70
e inmuebles, y la habitación sólo puede constituirse sobre inmuebles. El uso
y el usufructo pueden constituirse a título oneroso o gratuito, y la habitación
por esencia es gratuita.

c) Derechos y obligaciones del usuario y del habitacionista: 1) Derechos: 1°


Uso, el derecho de servirse de cosa ajena o de aprovecharse de los frutos
de ella, en cuanto basten para las necesidades del usuario y las de su
familia; y, 2° Habitación, el derecho se limita a lo que sea necesario para
el habitacionista y para su familia, aun cuando no la haya tenido en el
momento de constituirse tal derecho. Los derechos de uso y habitación, se
regulan por el título que los constituye; sin embargo, si el título no
determina la extensión de estos derechos, se regularán conforme a lo
estipulado en el artículo 748 del Código Civil que dice: “Los derechos de uso
y habitación no se pueden enajenar, gravar ni arrendar”. 2) Obligaciones:
1° Para gozar de los derechos de uso y habitación, debe prestarse
previamente garantía y hacerse formal inventario y descripción del estado
de los inmuebles, con citación del propietario (en cuanto a la garantía rigen
las mismas prescripciones que para el usufructo); y, 2° Si quien tiene el uso
de un fundo tomare todos sus frutos, o si quien tiene derecho de habitación
ocupare toda la casa, estará obligado a hacer los gastos de cultivo o de
reparaciones ordinarias y a pagar las contribuciones (si no tomare más que
una parte de los frutos, o no ocupare más que una parte de la casa,
contribuirá en proporción de lo que goce).

d) Extinción del uso y de la habitación: Expone el artículo 750 del Código Civil
que: “Los derechos de uso y habitación se establecen y se pierden de la
misma manera que el usufructo”. Esto quiere decir que en cuanto a la
constitución del uso y de la habitación, deberá hacerse por medio de
contrato o por acto de última voluntad (testamento); y, con respecto a su
extinción se estará a lo dispuesto en los artículos 738 y 739 del Código Civil
(véase el literal “e” del punto 12 de este trabajo).

e) Regulación legal: Todo lo relacionado en este punto se encuentra regulado


en los artículos 745 al 751 del Código Civil.

14. EL DERECHO DE SERVIDUMBRE.

a) Definición: Expresa nuestra ley sustantiva civil (artículo 752) que:


“Servidumbre es el gravamen impuesto sobre un predio para uso de otro
predio de distinto dueño o para utilidad pública o comunal. Sin embargo,
el propietario de dos fincas puede gravar una de ellas con servidumbre en
beneficio de la otra. El inmueble a cuyo favor está constituida la
servidumbre se llama predio dominante; el que sufre, predio sirviente”.

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Sobre tal definición cabe decir que en ella se evidencia el vicio de encuadrar
la servidumbre desde su aspecto pasivo en exclusiva, olvidándose de su
esencia constituida por su naturaleza de derecho real. Además se consigna
en el párrafo segundo del artículo referido que el propietario de dos fincas
puede gravar una de ellas con servidumbre en beneficio de la otra,
señalamiento que carece en absoluto de lógica, puesto que como dice el
tratadista español Federico Puig Peña respecto a la regla “nemine res sua
servit” (nadie es servidor de una cosa suya): “desde el derecho romano
viene imperando esta regla, que tiene su justificación lógica en que las
cosas sirven a su propietario por derecho de propiedad, pero no por derecho
de servidumbre...”, es decir, resulta absurdo hablar de servidumbre sobre
cosas propias, y un argumento sólido a favor de este señalamiento es la
figura de la consolidación que al producirse, extingue las servidumbres; sin
embargo, a este respecto expone el profesor Federico Ojeda Salazar que:
“Esta innovación acepta clara y categóricamente la servidumbre del
propietario, cuyo primer paso fue dado por las legislaciones que
reconocieron el llamado destino del padre de familia...”. Háblese también
en la norma comentada, que la servidumbre implica el gravamen impuesto
sobre un predio para el uso de otro predio, abrazándose con esta frase la
posición tradicional, ya superada, de que el gravamen se constituye entre
predios, siendo que, como ya se dijo, el derecho se otorga al propietario del
predio dominante y se impone al dueño del predio sirviente.

b) Naturaleza jurídica: La mayoría de autores concluyen y participan de la


teoría que indica que la servidumbre es un derecho real de goce, al igual
que el usufructo, el uso y la habitación.

c) Constitución: Dentro del marco de nuestra legislación, las servidumbres


pueden surgir en atención a tres circunstancias: 1) Por la ley: son las
establecidas y regidas por el Código Civil (la de acueducto, la de paso, la de
estribo, la de abrevadero y de saca de agua, la de comunicación telefónica,
la de conducción de energía eléctrica y la de desagüe) o por leyes y
reglamentos especiales, para utilidad pública o comunal. 2) Por la voluntad
humana: las servidumbres que tienen por objeto el interés de los
particulares, pueden ser establecidas, derogadas o modificadas por la
voluntad de éstos, siempre que tengan capacidad para disponer de sus
bienes. 3) Por prescripción: las servidumbres continuas y aparentes se
adquieren por cualquier título legal, inclusive la prescripción por el
transcurso de diez años; no así las continuas no aparentes y las discontinuas,
sean o no aparentes, que sólo podrán adquirirse por otro título legal.

d) Clasificación de las servidumbres: Nuestro Código Civil clasifica las


servidumbres de la siguiente forma: 1) Por el ejercicio: 1° Continuas, son
aquéllas cuyo uso es o puede ser incesante, sin intervención de ningún hecho

72
actual del hombre (luz de un edificio); y, 2° Discontinuas, aquéllas cuyo uso
necesita algún hecho actual del hombre (paso de gente o semovientes). 2)
Por las evidencias de su existencia: 1° Aparentes, son las que se anuncian
por obras o signos exteriores dispuestos para su uso y aprovechamiento
(caminos o canales); y, 2° No aparentes, las que no presentan signo exterior
de su existencia (canales subterráneos). 3) Por la forma de su constitución:
1° Voluntarias, las que tienen por objeto el interés de los particulares,
pueden ser establecidas, derogadas o modificadas por la voluntad de éstos,
siempre que tengan capacidad para disponer de sus bienes; y, 2° Legales,
las establecidas y regidas por el Código Civil o por leyes y reglamentos
especiales, para utilidad pública o comunal.

e) Extinción de las servidumbres: En cuanto a la extinción de las servidumbres,


nuestro Código Civil (artículo 817) sólo regula lo concerniente a las
voluntarias, en el que se incluyen las siguientes causas: 1° Por el no uso
(cuando la servidumbre fuere continua y aparente, por el no uso de tres
años, contados desde el día en que dejó de existir el signo aparente de la
servidumbre; cuando fuere discontinua o no aparente, por haber ejecutado
el dueño del fundo sirviente acto contrario a la servidumbre, o por haber
prohibido que se usare de ella; si no hubo acto contrario o prohibición,
aunque no se haya usado de la servidumbre, o si hubo tales actos, pero
continúa el uso no corre el tiempo de la prescripción); 2° Cuando los predios
llegaren sin culpa del dueño del sirviente a tal estado que no pueda usarse
la servidumbre (si en lo sucesivo los predios vuelven a su estado anterior de
manera que pueda usarse de ella, el día que pudo volverse a usar, haya
pasado el tiempo suficiente para la prescripción); 3° Por la remisión gratuita
u onerosa, hecha por el dueño del predio dominante; y, 4° Cuando
constituida en virtud de un derecho revocable, se vence el plazo, se cumple
la condición o sobreviene la circunstancia que debe poner término a aquél.
Conviene aclarar que las servidumbres legales establecidas por utilidad
pública o comunal, se pierden por el no uso de cinco años, si se prueba que
durante este tiempo se ha adquirido, por el que disfrutaba aquéllas, otra
servidumbre de la misma naturaleza por distinto lugar.

f) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado


en los artículos 752 al 821 del Código Civil.

DERECHOS REALES DE GARANTÍA

15. LA HIPOTECA.

a) Definición: Expresa nuestro Código Civil (artículo 822) que: “La hipoteca es
un derecho real que grava un bien inmueble para garantizar el

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cumplimiento de una obligación”. La definición que da el Código Civil,
determina la naturaleza jurídica de la hipoteca, al considerarla como
derecho real y de carácter inmobiliario.

b) Características y extensión: 1) Características: 1° La hipoteca es un derecho


real: porque se encuentra en ella importantes elementos de todo derecho
real, como son la inmediatividad, la absolutividad, como sujeción directa
de la persona sobre el bien; 2° La hipoteca es de carácter inmobiliario:
posee dicha característica por la naturaleza de los bienes en que recae, o
sea, bienes inmuebles (aunque en la doctrina moderna se habla ya de
hipoteca mobiliaria); 3° La hipoteca es un derecho accesorio: esta
característica hace referencia al carácter dependiente de este derecho,
puesto que su existencia está supeditada al negocio principal que contiene
la obligación a cumplir, cuya seguridad está fincada en la hipoteca; y, 4° La
hipoteca es indivisible: esta característica alude a la circunstancia de que
mientras no se cumpla totalmente con la condición u obligación, la garantía
hipotecaria subsiste íntegra sobre todas y cada una de las partes del
inmueble. Así, pues, nuestro Código Civil (artículo 825) estipula que: “La
hipoteca es indivisible y como tal, subsiste íntegra sobre la totalidad de la
finca hipotecada aunque se reduzca la obligación”; sin embargo, sigue
expresando la citada ley (artículo 826) que: “El deudor tiene el derecho
irrenunciable de pedir al acreedor la reducción de la garantía mediante la
liberación del gravamen hipotecario que pesa sobre alguna o varias fincas,
cuando hubiere pagado más del 50% de la deuda y siempre que el valor de
los inmuebles que continúen gravados, guarden una justa relación con el
saldo del deudor. Si la determinación de las fincas que deben quedar
excluidas de la hipoteca no pudiere hacerse de común acuerdo, se hará
judicialmente por medio de juicio oral”. Asimismo, el artículo 827 del
citado código señala que: “Cuando se hipotequen varias fincas a la vez por
un solo crédito, todas ellas responderán conjuntamente de su pago. Sin
embargo, los interesados podrán asignar a cada finca la cantidad o parte de
gravamen que debe garantizar. En este caso, el acreedor no podrá ejercer
su derecho en perjuicio de tercero sobre las fincas hipotecadas, sino por la
cantidad que a cada una de ellas se le hubiere asignado; pero podrá
ejercerlo sobre las mismas fincas no mediando perjuicio de tercero, por la
cantidad que alguna de ellas no hubiere alcanzado a cubrir”. 2) Extensión:
La hipoteca afecta únicamente los bienes sobre que se impone, sin que el
deudor quede obligado personalmente ni aun por pacto expreso (no hay
saldo insoluto). La hipoteca se extiende: 1° A las accesiones naturales y
mejoras; 2° A los nuevos edificios que el propietario construya y a los nuevos
pisos que levante sobre los edificios hipotecados; 3° A los derechos del
deudor en los excesos de la superficie del inmueble; 4° A las
indemnizaciones que se refieran a los bienes hipotecados, concedidas o
debidas al propietario por seguros, expropiación forzosa o daños y

74
perjuicios; y, 5° A las servidumbres y demás derechos reales a favor del
inmueble.

c) Formalidades para constituirla: Expresa el artículo 1125, numeral 2° en su


parte conducente, del Código Civil que: “En el Registro (de la Propiedad) se
inscribirán: 2° Los títulos... en los que se constituyan... hipoteca...”.
Asimismo, el artículo 1576 en su primer párrafo, del citado cuerpo legal,
establece que: “Los contratos que tengan que inscribirse o anotarse en los
registros, cualquiera que sea su valor, deberán constar en escritura
pública”; y siendo que la hipoteca además de ser un derecho real, es un
contrato accesorio, ésta deberá constar necesariamente en escritura
pública y, por ende, estar inscrita en el Registro de la Propiedad. La
escritura pública en que se constituya una hipoteca deberá llenar, por lo
menos, los siguientes requisitos: 1° Número de orden, lugar, día, mes y año
en que se otorga; 2° Comparecencia del deudor y propietario del inmueble
que se hipoteca; y, del acreedor o, en su caso, del mandatario legal si éste
se encontrare ausente o de su representante legal si se tratare de persona
jurídica colectiva, con especificación de los nombres, apellidos, edad,
estado civil, nacionalidad, profesión, ocupación u oficio y domicilio de cada
uno de los otorgantes (si alguno o ambos de los comparecientes es
mandatario o representante legal, el notario dará razón de haber tenido a
la vista los documentos fehacientes que acrediten la representación legal
de los comparecientes en nombre de otro, describiéndoles e indicando
lugar, fecha y funcionario o notario que los autoriza, haciendo constar que
dicha representación es suficiente conforme a ley y, a su juicio, para el
contrato); 3° Confesión de la obligación contraída, detallándola en
cantidad, clase de moneda, plazo, intereses si se convienen, forma y lugar
para el pago de los mismo y del capital; si es o no prorrogable, casos en que
puede darse por vencido el plazo, prohibiciones en que se convenga sobre
usufructo, uso, habitación, arrendamiento o nuevas hipotecas, renuncia del
domicilio y las demás que se acuerden, teniendo presente que ni los
términos ni los procedimientos que la ley establece para las ejecuciones son
renunciables; e indicando si la obligación es o no cedible sin necesidad de
dar noticia al deudor; 4° Constitución expresa de la hipoteca a favor del
acreedor, identificando el inmueble hipotecado y citando el número, folio
y libro de su inscripción en el Registro de la Propiedad; si la hipoteca se
constituye sobre dos o más inmuebles conviene determinar la suma de que
responderá cada uno; 5° Declaración expresa del propietario del inmueble
sobre el orden de preferencia que corresponda a la hipoteca que constituye
y de que aquél no tiene ningún gravamen o limitación que pueda afectar los
derechos del acreedor; o si los tuviere, especificarlos detalladamente; 6°
Aceptación expresa del acreedor de la hipoteca que se constituye a su favor;
7° Advertencia de que para el caso de ejecución se estará a los

75
procedimientos establecidos en el Código Procesal Civil y Mercantil y que
los gastos de la escritura, su registro y cobranza judicial o extrajudicial,
son por cuenta del deudor; y, 8° El notario dará fe: de todo lo contenido en
el instrumento público; de tener a la vista el título de propiedad del
inmueble hipotecado y de que advirtió a los otorgantes de los efectos legales
del contrato y lo relativo a la presentación del testimonio en el Registro de
la Propiedad para su inscripción; de que el instrumento fue leído a los
interesados; la lectura así como la firma, se harán en un solo acto estando
reunidos los otorgantes y el notario, quien la dará también de que fue
ratificado, aceptado y firmado por todos los que intervienen en él. Cuando
alguno de los otorgantes no sepa o no pueda firmar, pondrá la impresión
digital de su dedo pulgar derecho y en su defecto, otro que especificará el
notario, firmando por él un testigo.

d) Bienes y derechos no hipotecables: No podrán hipotecarse: 1° El inmueble


destinado a patrimonio de familia; y, 2° Los bienes adquiridos por herencia,
legado o donación, cuando el causante haya puesto dicha condición, pero
ésta no podrá exceder del término de cinco años. Para los menores de edad
dicho término se cuenta desde que cumplan la mayoría de edad.

e) Contenido: El contenido de una institución se puede sintetizar en los


derechos y obligaciones, tanto del acreedor como de deudor hipotecario. 1)
Derechos y obligaciones del acreedor: 1° Derechos, están regulados en los
artículos 824, 845 y 849 del Código Civil; y, 316 del Código Procesal Civil y
Mercantil; y, 2° Obligaciones, la única obligación que deriva para el
acreedor hipotecario es la aceptación del pago cuando se cancela
totalmente la obligación garantizada. 2) Derechos y obligaciones del deudor
hipotecario: 1° Derechos, están regulados en los artículos 826, 836, 1408,
1409 y 1946 del Código Civil; y, 2° Obligaciones, están reguladas en los
artículos 845, 854, 1387 y 1946 del Código Civil.

f) Subhipoteca (hipoteca de crédito): Expresa el Código Civil (artículo 852)


que: “El crédito garantizado con hipoteca puede subhipotecarse en todo o
en parte, llenándose las formalidades aplicables establecidas para la
constitución de la hipoteca”.

g) Hipoteca mobiliaria: La hipoteca mobiliaria es aquélla que se constituye


sobre bienes muebles. Nuestro Código Civil, no incluye este tipo dentro de
las clases de la hipoteca que contempla. Sin embargo, del estudio global e
integral de nuestra legislación, específicamente del artículo 904 –la prenda
sin desplazamiento–, se concluye que el mismo contempla la hipoteca
mobiliaria, aun cuando no lo legisla expresamente, por lo extensivo de dicha
norma, ya que el precitado artículo, indistintamente abarca bienes, tanto
de la hipoteca mobiliaria como de la prenda sin desplazamiento.

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h) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto está regulado en los
artículos 822 al 879 del Código Civil.

16. LA PRENDA.

a) Definición: Expresa nuestra ley sustantiva civil (artículo 880) que: “La
prenda es un derecho real que grava bienes muebles para garantizar el
cumplimiento de una obligación”. Es decir, que la prenda no es más que el
contrato por el cual el deudor de una obligación, cierta o condicional,
presente o futura, entrega al acreedor una cosa mueble o un crédito en
seguridad de que la obligación ha de ser cumplida.

b) Clasificación: Nuestra legislación admite las siguientes clases de prenda: 1)


La prenda común o típica: es un derecho real que grava bienes muebles para
garantizar el cumplimiento de una obligación. 2) La prenda sucesiva: cuando
un objeto puede darse en prenda a varias personas sucesivamente, con
previo aviso en forma auténtica a los acreedores que ya tienen la misma
garantía. Los acreedores seguirán el orden en que han sido constituidas las
prendas para el efecto de la preferencia en el pago. El primer acreedor
tendrá derecho de sustituir al depositario. 3) La prenda de títulos
nominativos: se constituirá por medio de endoso al celebrarse el contrato
que es objeto de la garantía y el deudor recibirá un resguardo con el fin de
hacer constar el objeto del endoso. En este caso, el deudor dará aviso de la
pignoración a la institución emisora para que no se haga ningún traspaso de
los títulos pignorados, mientras estén afectos a la obligación que garanticen.
La prenda de títulos al portador se hace por la mera tradición de éstos,
describiéndolos en el contrato respectivo, y el deudor recibirá un resguardo
para su propia garantía. 4) La prenda de créditos: siempre que la prenda
fuere un crédito, el depositario estará obligado a hacer lo que sea necesario
para que no se altere ni menoscabe el derecho que aquél representa. Las
cantidades que reciba las aplicará a la amortización de intereses y capital,
si fuere el caso, salvo lo que las partes convengan en el contrato. 5) La
prenda de facturas: cuando la garantía consista en facturas por cobrar, el
depositario de la prenda hará el cobro, retendrá su valor en depósito y lo
hará saber a los interesados. Si consistiere en facturas de mercadería por
recibir, tomará la mercadería y la conservará en prenda, dando aviso a los
interesados. 6) La prenda constituida por un tercero: si el bien pignorado no
pertenece al deudor sino a un tercero que no ha consentido en el gravamen,
la prenda no subsiste y el acreedor podrá exigir que se le preste otra
garantía a su satisfacción, o se le pague inmediatamente su crédito; pero si
el acreedor hubiere procedido de mala fe, no tendrá los derechos a que se
refiere el artículo 889 del Código Civil. El tercero no podrá exigir del

77
acreedor la restitución de la prenda sin reembolsar a éste el valor del
crédito y sus intereses, cuando el que prestó la garantía negocie en cosas
análogas o las hubiere adquirido en feria o venta pública. 7) La prenda
abierta: puede constituirse prenda en garantía de obligaciones futuras a
favor de instituciones bancarias. En este caso, es indispensable designar al
acreedor, el monto máximo de las obligaciones que se garantizan y el
término de vigencia de la garantía. Cuando se creen las obligaciones o se
otorguen los préstamos, deberá consignarse en el respectivo título o
contrato que ellos están garantizados con la prenda preconstituida y que
cada obligación o préstamo quedará sujeta además a las estipulaciones que
se hubieren especificado en el contrato o título respectivo. 8) La prenda sin
desplazamiento (agraria, ganadera o industrial): es el derecho real que
grava bienes muebles ajenos de difícil identificación, que, situados en lugar
determinado, continúan en poder de su propietario en calidad de depósito,
y que mediante la inscripción registral garantiza el cumplimiento de una
obligación. A este respecto el artículo 904 del Código Civil expresa que:
“Puede constituirse prenda con independencia de los inmuebles a que
pertenezcan y quedan en posesión del deudor, sobre los bienes siguientes:
1° Los frutos pendientes, futuros o cosechados; 2° Los productos de las
plantas y las plantas que sólo pueden utilizarse mediante corte; 3° Las
máquinas, aperos o instrumentos usados en la agricultura; 4° Los animales
y sus crías; 5° Las máquinas e instrumentos usados en la industria; 6° Las
materias primas de toda clase y los productos en cualquier estado de las
fábricas o industrias; y, 7° Los productos de las minas y canteras. También
puede constituirse prenda sobre vehículos y además muebles fácilmente
identificables que constituyan garantía de una operación comercial”.
Conviene aclarar que aunque la finca esté hipotecada, pueden pignorarse
los bienes a que se refiere el artículo transcrito anteriormente, mas debe
darse la preferencia al acreedor hipotecario, quien puede ejercer este
derecho dentro de 5 días contados desde que el deudor le haga saber en
forma auténtica, las bases del contrato que proyecta celebrar. Si el
acreedor hipotecario no concede el crédito, no puede oponerse a que el
deudor lo obtenga de otra persona sobre las mismas bases.

c) Constitución: La prenda debe constar en escritura pública o documento


privado, haciéndose constar la especie y naturaleza de los bienes dados en
prenda, su calidad, peso, medida, cuando fueren necesarios, y además datos
indispensables para su identificación; nombre del depositario y
especificación de los seguros que estuvieren vigentes sobre los bienes
pignorados. La aceptación del acreedor y del depositario deberá ser
expresa. Sin embargo, conviene aclarar que si la prenda a constituirse es sin
desplazamiento (agraria, ganadera o industrial), ésta deberá hacerse
constar en escritura pública, llenando con los requisitos que establece el
artículo 50 del Código de Notariado.

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d) Contenido: El contenido de una institución se puede sintetizar en los
derechos y obligaciones, tanto del acreedor como de deudor hipotecario.
1) Derechos y obligaciones del acreedor: 1° Derechos, éstos están regulados
en los artículos 882, 883, 889, 890 y 898; y, 2° Obligaciones, éstas pueden
simplificarse en las siguientes: el acreedor tiene la obligación de devolver
el bien recibido en prenda cuando está pagada totalmente la obligación
garantizada; el de cuidar los bienes pignorados (los bienes pignorados, al
constituirse la garantía, deberán ser depositados en el acreedor o en un
tercero designado por las partes, o bien en el propio deudor si el acreedor
consiente ello); y, cuando la garantía consista en factura por cobrar, el
depositario de la prenda hará el cobro, retendrá su valor en depósito y la
hará saber a los interesados (si consistiere en facturas de mercadería por
recibir, tomará la mercadería y la conservará en prenda, dando también
aviso a los interesados). 2) Derechos y obligaciones del deudor: 1° Derechos,
éstos están regulados en los artículos 891, 893, 898, 899, 900 y 901 del
Código Civil; y, 2° Obligaciones, éstas pueden resumirse en las siguientes:
el deudor pignoraticio tiene como obligación satisfacer la deuda garantizada
con la prenda; y, el deudor está obligado al saneamiento de la cosa dada en
prenda mientras no haya pagado la totalidad de la deuda, salvo que siendo
varios los bienes pignorados, los interesados hubieren convenido en asignar
a cada cosa la cantidad por la que se debe responder.

e) Extensión: La prenda afecta únicamente los bienes sobre que se impone,


cualquiera que sea su poseedor, sin que el deudor quede obligado
personalmente, salvo pacto expreso (saldo insoluto). Si para obtener nueva
maquinaria, vehículos o semovientes destinados al servicio de la finca
hipotecada, se dieren en prenda los frutos pendientes, la garantía prendaria
se entenderá extendida a los nuevos bienes adquiridos.

f) Regulación legal: Todo lo relativo a este punto se encuentra regulado en los


artículos 880 al 916 del Código Civil.

SEGUNDA PARTE:
DERECHO DE SUCESIONES (SUCESIÓN MORTIS CAUSA).

1. DERECHO DE SUCESIÓN.

a) Definición: Es la subrogación o substitución que a consecuencia de la muerte


de una persona se produce en otra de los derechos y acciones transmisibles
de los que aquélla era titular. Nuestro Código Civil (artículo 917) entiende

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por sucesión hereditaria lo siguiente: “La sucesión por causa de muerte se
realiza por la voluntad de la persona, manifestada en testamento y, a falta
de éste, por disposición de la ley. La primera se llama testamentaria y la
segunda, intestada, comprendiendo en uno y otro caso, todos los bienes,
derechos y obligaciones que no se extinguen por la muerte”.

b) Teorías: El fenómeno sucesorio ha sido explicado por teorías objetivas y


teorías subjetivas y luego por teorías intermedias que concilian ambas. 1)
Teorías subjetivas: que explican el fenómeno hereditario ligado a la persona
del causante, identificando al heredero con el causante o como una
continuación de la personalidad del causante; entre las que se encuentran:
la teoría de la identificación de la persona del difunto con el heredero, la
teoría de la continuación de la personalidad del difunto y la teoría de la
representación. 2) Teorías objetivas (o modernas): consideran al heredero
como un sucesor de los bienes del causante, entre las teorías objetivas están
las siguientes: la teoría de la adquisición de una universitas juris
(universalidad de derecho) y la teoría de la adquisición de una totalidad o
suma de los bienes (universitas honorum). 3) Teorías intermedias: las
teorías intermedias, que tratan de conciliar las dos anteriores, son
explicadas por José Castán Tobeñas diciendo que: “La herencia se presenta
como la continuación o sucesión por modo unitario, en la titularidad del
complejo formado por aquellas relaciones jurídicopatrimoniales activas y
pasivas de un sujeto fallecido que no se extinguen por su muerte, sucesión
que produce también ciertas consecuencias de carácter extrapatrimonial y
atribuye al heredero una situación jurídica modificada y nueva en
determinados aspectos”.

c) Presupuestos de la sucesión: Son condiciones necesarias que deben


producirse para que tenga lugar el fenómeno de la sucesión: 1° La muerte
del causante o autor de la herencia (artículo 918 del Código Civil); 2° La
capacidad por parte del heredero (artículo 923 del Código Civil); y, 3° Que
el heredero no sea indigno (artículo 924 y 928 del Código Civil). La primera
es una condición o presupuesto necesarísimo y fundamental (condictio sine
qua non), en cuanto es lo que determina la apertura de la herencia y opera
la transmisión de la propiedad y posesión de los bienes a los herederos y
legatarios.

d) Incapacidades para suceder por indignidad: La indignidad son acciones u


omisiones por parte del heredero en contra del causante que privan del
derecho de suceder, y que generalmente entrañan una conducta delictiva o
inmoral del sucesor para con el causante. Nuestro Código Civil señala nueve
causas de incapacidad para suceder por indignidad; al analizar las mismas
nos damos cuenta que encuadran dentro de conductas típicas, antijurídicas
y culpables (delitos) sancionados en el Código Penal. De la lectura del
artículo 924 del Código Civil nos damos cuenta que estas nueve causas rigen

80
tanto para la sucesión ab intestato (sin testamento) y testada, en virtud de
que habla tanto de herederos como de legatarios. El Código Civil regula las
causas de indignidad para suceder como incapacidades para suceder en
forma testada e intestada, independientemente de las causas de
incapacidad para suceder por testamento, que son distintas (artículo 926),
pues las primeras tienen su origen en la actitud poco respetuosa, inmoral o
conducta delictiva del sucesor para el causante, en cambio las segundas
tienen fundamento independiente de la actitud o conducta del sucesor, que
incluso podríamos calificar a algunas de esas causas como circunstancias
accidentales. En cuanto a las causas de incapacidad por indignidad, existe
la excepción en su aplicabilidad según lo establece el artículo 925 del Código
Civil.

e) Clasificación: Doctrinariamente se hace la clasificación siguiente: 1) Por su


forma: 1° A título universal: se produce una transferencia en cascada o en
bloque sobre la persona del sucesor, de todos lo derechos, bienes y
obligaciones de que era titular el causante. En este caso el sucesor se
denomina heredero; y, 2° A título particular o singular: consiste en la
transmisión de determinadas relaciones jurídicas, es decir, que es llamado
a bienes concretos y determinados, en este caso el sujeto pasivo se
denomina legatario. Conviene aclarar, que la diferencia entre ambas no es
cuantitativa, sino que cualitativa; es decir, que no depende de que en la
sucesión a título universal se adquiera una pluralidad de relaciones
jurídicas, y a título particular adquiera una sola, porque el sucesor a título
universal adquiere un conjunto de relaciones jurídicas o una fracción
aritmética de dicho conjunto tanto activo como pasivo, pero sin
determinación concreta de qué bienes o qué derechos, sucede en derechos
abstractos e indeterminados; y, al adquirir a título particular se es llamado
a bienes concretos, individualizados y determinados. 2) Por su origen y
causa: 1° Voluntaria: está determinada por la voluntad del hombre, en este
caso recibe el nombre de testamentaria; 2° Legal: está determinada por la
ley, la ley estipula quién o quiénes son las personas llamadas a suceder; ésta
recibe el nombre de intestada, ab intestato (sin testamento) o legítima; y,
3° En parte testada y en parte intestada: es una forma que puede producirse
perfectamente en la práctica, las dos clases de sucesión pueden concurrir
respecto de un mismo patrimonio, siendo ambas admisibles y compatibles.
En este caso el causante dispone a través de testamento de una parte de su
patrimonio, pero por olvido u otra razón no dispone de la otra parte, en
consecuencia, respecto de esta otra parte del patrimonio, tendrá que
abrirse la sucesión intestada, legal o legítima. Nuestro Código Civil acepta
esta forma de sucesión en el artículo 919, último parágrafo.

f) Representación hereditaria: El derecho de representación hereditaria, es el


que tienen los descendientes de una persona para heredar en lugar de ella,

81
si hubiere muerto antes que su causante. Igual derecho existe cuando el
heredero ha renunciado la herencia o la ha perdido por indignidad. En estos
casos, los hijos o descendientes tendrán derecho a heredar representando
al repudiante o al excluido. La persona que por indignidad perdiere el
derecho a heredar, en ningún caso tendrá la administración de
los bienes de los que entren a representarlo. En la línea colateral
corresponde la representación solamente a los hijos de los hermanos,
quienes heredarán por estirpes (en una sucesión hereditaria, conjunto
formado por la descendencia de un sujeto a quien ella representa y cuyo
lugar toma) si concurren con sus tíos. Si los sobrinos concurren solos,
heredarán por partes iguales. No hay representación en la línea ascendente
ni de ningún otro pariente fuera de los mencionados en los artículos 929 y
930 del Código Civil. Siempre que se herede por representación en la línea
recta descendente, la división de la herencia será por estirpes de modo que
el representante o representantes no hereden más de lo que heredaría su
representado si viviese. Las disposiciones del Capítulo III, Título I, Libro III,
del Código Civil rigen para la sucesión intestada y testamentaria, pero la
representación en caso de testamento, sólo se efectuará cuando los
herederos y legatarios sean parientes del testador.

2. SUCESIÓN TESTAMENTARIA.

a) Definición: Es aquella sucesión en que la vocación o disposición sucesoria es


determinada por la voluntad del causante, con las únicas limitaciones que
pueden surgir de disposiciones precisas de la ley. El derecho de testar no
debe confundirse con la libertad absoluta en la disposición testamentaria;
pues la mayoría de los códigos civiles la limitan partiendo del sano propósito
de proteger los intereses de los llamados herederos legitimarios. Como
vimos, se diferencia de la sucesión intestada; pero puede coincidir
plenamente con ella (véase nuevamente el último párrafo del artículo 919
del Código Civil).

b) Fundamento de la sucesión testamentaria: En el fundamento de la sucesión


testamentaria, o sea, de donde proviene la potestad testamentaria de las
personas, ha imperado la doctrina llamada del poder creador de la voluntad
humana, que se apoya en la potestad absoluta de creación de la voluntad
del ser humano en el área jurídica, y al respecto existen tres tesis: 1) La
religiosa: la cual dice que la voluntad sobrevive, porque ésta pertenece al
alma y el alma es inmortal. 2) La contractual: la cual dice que la figura
testamentaria es un contrato en el que existe la voluntad del testador y la
voluntad del heredero que acepta la herencia; pero una de sus críticas es
que no puede ser un contrato porque en la generalidad de las veces el
heredero no sabe que lo es y además porque existe la revocabilidad. 3) De

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la ley: la cual es la más aceptada y dice que es el legislador el que concede
a los ciudadanos la facultad para ordenar su designio testamentario con
amplia libertad y con sólo las restricciones que el orden público y familiar
exigen.

c) El testamento: 1) Definición: Es un acto jurídico unilateral solemne,


personalísimo, revocable y libre por el cual el testador dispone de sus bienes
y derechos y declara o cumple deberes para después de su muerte. A este
respecto, el artículo 935 del Código Civil expone que: “El testamento es un
acto puramente personal y de carácter revocable, por el cual una persona
dispone del todo o de parte de sus bienes, para después de su muerte”. 2)
Características: 1° Es un acto jurídico unilateral de carácter muy especial:
en cuanto es una declaración de voluntad para crear, modificar o extinguir
derechos y obligaciones que no debe ser hecha conjuntamente con otra
persona, ya que expresamente se prohibe que testen dos personas en un
mismo acto (véase el artículo 938 del Código Civil); 2° Es solemne: pues sólo
puede testarse en las formas expresamente reglamentadas por la ley,
cualquier otra forma de expresión de voluntad no será testamento (véase
por ejemplo el artículo 937 del Código Civil); 3° Es personalísimo: pues sólo
el autor puede otorgarlo, no así su representante, la testamentación
llamada pupilar o cuasi pupilar, por la cual el que ejercía la patria potestad
o la tutela podía testar a nombre del menor o incapacitado ha sido abolida;
y, 4° Es revocable: en tanto que el autor puede modificar su testamento
tantas veces como desee sin que se le pueda obligar por contrato a no
hacerlo y es libre en nuestro sistema jurídico pues no tiene límites su poder
de disposición de sus bienes que no se extinguen con la muerte, ya que no
se impone obligación de destinar determinada parte a ciertos herederos
(legítima), fuera de la obligación de dar alimentos que se prolonga más allá
de la vida del obligado (véase el artículo 936 del Código Civil). 3)
Incapacidades para testar: Están incapacitados para testar: 1° El que se
halle bajo interdicción; 2° El sordomudo y el que hubiere perdido el uso de
la palabra, cuando no puedan darse a entender por escrito; y, 3° El que sin
estar bajo interdicción no gozare de sus facultades intelectuales y volitivas,
por cualquier causa, en el momento de testar. 4) Incapacidades para
suceder por testamento: Son incapaces para suceder por testamento; 1° Los
ministros de los cultos, a menos que sean parientes del testador; 2° Los
médicos o cirujanos que hubieren asistido al testador en su última
enfermedad, si éste falleciere de ella, salvo que sean parientes del testador;
3° El notario que autoriza el testamento y sus parientes, y los testigos
instrumentales; 4° El tutor, el protutor y los parientes de ellos si no se
hubieren aprobado las cuentas de la tutela, a no ser que fueren parientes
del pupilo; y, 5° Las instituciones extranjeras, cualquiera que sea su
finalidad.

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d) Clasificación del testamento: 1) Testamentos comunes: 1° El testamento
abierto: es el que se otorga ante notario y dos testigos. El testador expresará
su voluntad en forma oral ante el notario y los testigos, el notario redactará
el testamento en su protocolo, lo leerá y manifestará la conformidad del
otorgante, lo firmará junto con el notario y los testigos. Este testamento
debe ser usado en el caso de los ciegos –deberá intervenir
un testigo instrumental más–, sordos y mudos; puede recurrir a él el que
desconozca el idioma español dando intervención a dos intérpretes elegidos
por el testador (véanse los artículos 954 al 958, y 1193 del Código Civil; y,
29, 31, 37 literal “a”, 42, 44, 45 y 75 del Código de Notariado); y, 2° El
testamento cerrado: es el testamento redactado por escrito, ya sea por el
autor u otra persona a su ruego. Debe presentarse en pliego cerrado (plica)
ante un notario y dos testigos, y los intérpretes en su caso, manifestando
que ese sobre contiene su última voluntad. De lo anterior se tomará nota (o
razón) en el protocolo notarial y el sobre que contiene el acta de su
otorgamiento, con las firmas del testador, los testigos, los intérpretes si los
hubiere, y del notario quien también pondrá su sello, se devolverá al
testador para su guarda por sí o por persona de su confianza. A este
testamento puede recurrir el sordomudo que sepa leer y escribir, pero tanto
el testamento como el acta de la plica o sobre deben ser escritos y firmados
por el testador, de su puño y letra (véanse los artículos 954, 959 al 964, del
Código Civil). 2) Testamentos especiales: 1° Testamento militar: es el
otorgado por un militar o asimilado al tiempo de estar en campaña, en plaza
sitiada o prisioneros en poder del enemigo. Puede hacerse verbalmente
(abierto) ante el oficial bajo cuyo mando se encuentre, o –si estuviere en
destacamento– ante el que manda el destacamento o pelotón aunque éste
sea subalterno, o ante el facultativo que lo asista, o ante un oficial de
cualquier categoría (estos dos últimos casos, si el testador está enfermo o
herido) y siempre con la intervención de dos testigos que sepan leer y
escribir; o por escrito (cerrado). El testamento otorgado en esta forma,
deberá ser remitido con la brevedad posible al Cuartel General y por éste
al Ministerio de la Defensa Nacional. En caso de fallecimiento del testador,
el Ministro de la Defensa Nacional remitirá el testamento al juez del último
domicilio del difunto y, no siéndole conocido, a cualquier Juzgado de
Primera Instancia del Ramo Civil del departamento de Guatemala, para que,
de oficio, cite a los herederos y demás interesados en la sucesión. Los
herederos y demás interesados deberán solicitar que el testamento se
protocolice en la forma prevenida en el Código Procesal Civil y Mercantil –
artículo 472–. El testamento sólo surtirá efectos si el autor fallece durante
las situaciones previstas en el Código Militar, o dentro de los treinta días
posteriores a la cesación de ellas (véanse los artículos 965 y 966 del Código
Civil; 572 al 579 del Código Militar, contenido en el Decreto Presidencial N°
214 de fecha 01 de agosto de 1878; y, 472 del Código Procesal Civil y
Mercantil); 2° Testamento marítimo: cuando alguno desee hacer

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testamento en alta mar a bordo de un buque de guerra o, en su caso,
mercante, podrá hacerlo: en el primer caso (buque de guerra), ante el
contador o ante el que ejerza sus funciones, en presencia de dos testigos
que sepan leer y escribir, y que vean y entiendan al testador (el comandante
del buque o el que haga sus veces, pondrá además su “visto bueno”); y, en
el segundo (buque mercante), ante el capitán o el que haga sus veces, con
asistencia también de dos testigos como se expresa anteriormente. En uno
y otro caso, los testigos se elegirán entre los pasajeros, si los hubiere. En
ambos casos, se seguirán las formalidades del testamento abierto o del
cerrado. Los testamentos abiertos, hechos en alta mar, serán custodiados
por el comandante o por el capitán, y se hará mención de ellos en el diario
de navegación. En el testamento hecho en el mar, es nula toda disposición
a favor de cualquier persona que ejerza autoridad a bordo, a no ser que sea
pariente del testador (véanse los artículos 967 al 970 del Código Civil); 3°
Testamento en lugar incomunicado; los que se hallen en lugar incomunicado
por motivo de epidemia, podrán testar ante el juez local y en presencia de
dos testigos que sepan leer y escribir (véase el artículo 971 del Código Civil);
4° Testamento de preso: si el testador se halla preso podrá en caso de
necesidad, otorgar testamento ante el jefe de la prisión pudiendo ser
testigos, a falta de otros, los detenidos o presos, con tal que no sean
inhábiles por otra causa y que sepan leer y escribir. En este testamento es
nula toda disposición hecha a favor de los que tienen autoridad en la prisión,
a menos que sean parientes del testador. Los testigos especiales a que se
refieren anteriormente, sólo son válidos si el testador muere durante el
cumplimiento de la pena de prisión o dentro de los noventa días posteriores
a su libertad (véanse los artículos 972 y 973 del Código Civil); y, 5°
Testamento hecho en país extranjero: puede otorgarse siguiendo las leyes
del lugar y por tanto ser válidos según la regla locus regit actum (artículo
28 de la Ley del Organismo Judicial), o bien, según las leyes guatemaltecas
ante los agentes diplomáticos o consulares, que sean notarios, para los
nacionales guatemaltecos o para actos que deban tener efecto en territorio
nacional. No será válido en Guatemala el testamento mancomunado que los
guatemaltecos otorguen en país extranjero, aunque lo autoricen las leyes
de la nación donde se hubiere otorgado (véanse los artículos 974 al 976 del
Código Civil).

e) Solemnidad del testamento del ciego y del sordo: 1) Testamento del ciego:
en el testamento del ciego debe intervenir un testigo más de los que se
requieren para el testamento abierto (es decir, que aquí serán entonces tres
los testigos instrumentales), será leído en alta voz dos veces; la primera por
el notario autorizante, y la segunda, por uno de los testigos elegido al efecto
por el testador. Se hará mención especial de esta circunstancia (véase el
artículo 957 del Código Civil). 2) Testamento del sordo: si un sordo quiere
hacer testamento abierto, deberá leer él mismo en voz inteligible (es decir,

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que puede ser entendido, que se oye clara y distintamente), el instrumento,
a presencia del notario y testigos, lo que se hará constar (véase el artículo
958 del Código Civil). Conviene recordar, que el ciego y la persona que no
sepa leer y escribir no pueden hacer testamento cerrado; no así las personas
que no pueden hablar, pero que sepan leer y escribir, quienes si pueden
otorgar este tipo de testamento (artículos 960 y 961 del Código Civil).

3. SUSTITUCIÓN HEREDITARIA.

a) Definición: Es el llamamiento que hace el testador a favor de otra persona


distinta del heredero, bien por si éste no llega a serlo, bien para después
que éste lo sea. Otra definición anunciada por el maestro español Federico
Puig Peña nos dice que: “Es la disposición testamentaria en virtud de la cual
el causante llama a la titularidad de la herencia a un posterior heredero en
defecto del primeramente nombrado o después de él”. El origen
etimológico de la palabra está en las voces latinas sub e institutio, que
significa una institución que está debajo o subordinada.

b) Naturaleza jurídica: Respecto de la naturaleza jurídica de esta institución


no hay unidad de criterio entre los tratadistas que la han estudiado, diciendo
unos, que es una institución condicional en que el evento puesto como
condición consiste en que el primeramente llamado a la herencia o legado
no llegue a ser heredero o legatario, otros autores manifiestan que en este
caso de sustitución sólo hay una liberalidad, es una simple previsión de que
el primeramente instituido no llegue a heredar.

c) Clasificación: 1) Sustitución vulgar o directa: es la designación que el


testador hace en su testamento de segundos o ulteriores herederos para el
caso que los primeramente llamados no lleguen a serlo; es decir, que el
testador además de instituir un heredero, nombre un sustituto al mismo
para el caso de que el heredero primeramente instituido no llegue a asir
(aceptar) la herencia; cuando el primer heredero instituido sí acepta la
herencia, la persona que fue nombrada como sustituto pierde toda
posibilidad de adquirir la herencia. 2) Sustitución pupilar: es aquel
nombramiento que hacen los padres y demás ascendientes para sus
descendientes menores de 14 años, previendo el caso de que mueran antes
de llegar a dicha edad. 3) Sustitución ejemplar: es una derivación de la
anterior, se le conoce con el nombre de sustitución cuasi pupilar, la cual
puede definirse como el nombramiento de heredero hecho por un
ascendiente a su descendiente mayor de 14 años legalmente incapacitado
por causa mental para el caso de que muera sin recobrar la razón. 4)
Sustitución fideicomisaria: esta sustitución es llamada también oblicua o
indirecta, y es aquella disposición por virtud de la cual el testador ordena

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una doble o múltiple vocación o disposición sucesoria, estableciendo que el
heredero primeramente llamado conserve y transmita los bienes a un
segundo o ulterior heredero, bien para el caso de fallecimiento de aquél,
cuando ocurra un suceso o llegue un día determinado establecido en el
testamento; en esta clase de sustitución hay varias personas llamadas
sucesivamente en el tiempo de modo efectivo al disfrute de la herencia y la
adquisición del primeramente instituido no es definitiva ni plena, sino que
dura mientras llega el momento en que la herencia pasa al siguiente
favorecido, tampoco el primeramente instituido como heredero puede
disponer libremente de la herencia, o sea, que no hay una libre circulación
patrimonial.

4. ACEPTACIÓN DE LA HERENCIA.

a) Definición: Es aquella declaración unilateral de voluntad, de carácter


irrevocable, por cuya virtud el llamado a una herencia manifiesta su deseo
de investirse de la cualidad de heredero, asumiendo la posición jurídica que
la misma presupone.

b) Formas de aceptación: 1) Por su forma: 1° Expresa: se produce cuando la


aceptación se hace a través de un documento público o privado; éste sería
el caso de que una persona aceptara la herencia a través de su
representante legal, cuyo mandato y facultad para aceptar la herencia en
nombre de aquél estaría contenido en una escritura pública, faccionada por
un notario (véase el artículo 1027 del Código Civil); y, 2° Tácita: se produce
cuando la persona llamada a adquirir la herencia realiza actos que suponen
necesariamente la voluntad de aceptar, o actos que no podrían ejecutarse
sin la cualidad de heredero; por ejemplo: vender, ceder o donar su derecho
a una tercera persona (véase el artículo 1028 del Código Civil). 2) Por sus
efectos: 1° Simple y pura: en esta forma de aceptación se produce una
ilimitada responsabilidad del heredero, quedando obligado a pagar las
deudas y demás cargas de la herencia con sus propios bienes; esta
aceptación puede hacerse expresa o tácitamente; y, 2° Bajo beneficio de
inventario: en esta forma de aceptación se permite al heredero aceptar la
herencia, pero no responder de las cargas y deudas de la herencia, más que
hasta donde alcance el activo de la misma para cubrirlas; además
desaparece por la aceptación la situación de herencia yacente, y su
diferencia fundamental respecto de la aceptación simple y pura estriba en
que la responsabilidad queda limitada exclusivamente a lo que constituye
el activo económico de la herencia, mientras que en la aceptación simple y
pura se responde en forma ilimitada.

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c) Plazo de la aceptación: El plazo o término de la aceptación de la herencia
está determinado en la ley, que confiere al adquiriente un plazo para que
realice su manifestación de voluntad respecto de si acepta o renuncia la
herencia. Nuestro Código Civil en su artículo 1031, señala que: “El término
para aceptar la herencia es de seis meses a contar de la muerte del
testador, si el heredero se encuentra en el territorio de la República y de
un año si está en el extranjero. Si pasa el término de la aceptación sin que
nadie se presente a reclamar la herencia, ni haya heredero a quien
minifestamente pertenezca, o han renunciado los que tenían derecho a
ella, se declarará vacante, arreglándose a las prescripciones del Código
Procesal”. Sin embargo, existe un caso que podría decirse que es de carácter
excepcional en el cual el término antes indicado se abrevia y se
da cuando alguno (podría ser un acreedor el causante) tiene interés en que
el heredero declare si acepta o renuncia a la herencia; en este caso, el
interesado puede pedir, pasados nueve días de la apertura de la herencia,
que el juez fije un plazo, que no debe exceder de treinta días, para que
dentro de él haga su declaración el heredero, bajo apercibimiento de que
si no lo hace se tendrá la herencia por aceptada. Consúltense los artículos
1026 al 1040 del Código Civil; 482 al 487 del Código Procesal Civil y
Mercantil; y, 36 de la Ley sobre el Impuesto de Herencias, Legados y
Donaciones (Decreto N° 431 del Congreso de la República).

5. RENUNCIA DE LA HERENCIA.

a) Sus efectos: Sobre esta materia, dispone el Código Civil: 1° Pueden


renunciar la herencia y legados los que tengan la libre disposición de sus
bienes (el término para renunciar la herencia es el mismo que el de la
aceptación; asimismo, la renuncia debe ser expresa y hacerse por escrito
ante el juez o por medio de escritura pública); 2° La renuncia de la herencia
dejada a menores e incapacitados deberá hacerse con aprobación judicial e
intervención de la Procuraduría General de la Nación; 3° La renuncia de la
herencia solamente, no priva al que la hace de reclamar los legados que se
le hubieren dejado; 4° El acreedor del heredero o legatario que renuncia a
la herencia o al legado, puede reclamar la parte que cubra su crédito; 5° El
que es llamado a una misma herencia por testamento o intestado, si
renuncia la una se entiende que renuncia las dos; y, 6° Si el heredero
renuncia la herencia en perjuicio de sus acreedores, pueden éstos, siempre
que sus créditos fueren anteriores a la renuncia, pedir al juez que los
autorice para aceptar en nombre de aquél (en este caso, la aceptación sólo
aprovechará a los acreedores hasta el monto de sus créditos,
correspondiendo el exceso, si lo hubiere, a los herederos que sean llamados
por la ley).

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b) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado
en los artículos 1029 último párrafo, 1031, 1033, 1034, 1035, 1036, 1037,
1038, 1039 y 1040 del Código Civil.

6. LEGADOS.

a) Definición: Son los bienes, cosas o derechos que el testador otorga a título
particular. El legado lo constituyen siempre cosas concretas y determinadas,
susceptibles de ser individualizadas. Se distingue de la herencia en que ésta
transmite un patrimonio o parte de él. El legado por ser siempre de cosa
concreta se sujeta a reglas que no rigen para el heredero; así el legado
puede ser a cargo de la masa hereditaria, a cargo
de alguno de los herederos e incluso a cargo de otro legatario. A este
respecto, establece nuestro Código Civil (artículos 919 parte conducente, y
1002) que: “...la asignación a título particular se llama legado”, y que: “El
testador puede disponer de una cosa, o de una cantidad, o del todo o de
una parte de sus bienes, a título de legado, a favor de una o más personas
individuales o jurídicas”.

b) Clasificación: Existe una prolija clasificación de los legados atendiendo a


diversos factores lo que da lugar a varias reglamentaciones. 1) Legado de
cosa cierta: es el más frecuente, junto con el de dinero; se trata del que
individualiza perfectamente uno o más bienes muebles o inmuebles del
testador (véase el artículo 1002 del Código Civil). 2) Legado de cosa
indeterminada: se refiere al caso de indicarse lo que se lega únicamente por
el género: un traje, un vehículo; no se considera indeterminado si sólo existe
algo de esa especie en la sucesión y resulta verosímil que el testador se
refiera a ello (véase el artículo 1006 del Código Civil). 3) Legado de crédito:
cuando se deja mortis causa un crédito, se transmiten con ello todas las
acciones y garantías existentes; el crédito lleva, como accesorio, los
intereses desde la muerte del causante (véase el artículo 1007 del Código
Civil). 4) Legado de perdón de deuda: el que constituye una remisión de uno
o más créditos del testador a favor de su deudor; se limita a lo subsistente
al morir el testador (véase el artículo 1007 del Código Civil). 5) Legado
remuneratorio: cuando lo establece el testador para compensar algún
servicio del legatario, se le da tratamiento preferencial en el pago y se
observan las reglas sobre donaciones de este género –artículos 1856 y 1872
del Código Civil– (véase el artículo 1008 del Código Civil). 6) Legado de
deuda: cuando el testador lega una deuda pendiente al verdadero acreedor;
con ello se comprometen expresamente los bienes hereditarios y se otorga
un título escrito –u otra más– al titular del crédito; conviene aclarar que
según nuestra legislación, el legado hecho a un acreedor tiene efecto sin
perjuicio del pago de su crédito (véase el artículo 1009 del Código Civil). 7)

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Legado de pensión (incluida aquí la de alimentos) y renta vitalicia: tienen
en común que deben ser cumplidos por pagos periódicos y se garantizan en
los términos de las obligaciones civiles análogas, pueden ser por plazo
determinado o mientras subsista la necesidad que los motivó (véase el
artículo 1011 del Código Civil).

c) Aceptación, revocación y renuncia del legado: 1) Aceptación: el legado se


acepta expresamente, cuando se pide; y, tácitamente, cuando se recibe la
cosa legada. 2) Revocación: según el artículo 1025 del Código Civil, la
revocación para los legados se regirá por lo dispuesto para la revocación de
las disposiciones testamentarias. 3) Renuncia: la renuncia debe ser expresa
y hacerse por escrito ante el juez o por medio de escritura pública.

7. ALBACEAZGO.

a) Definición: Es una institución característica del Derecho sucesorio


encargado de la administración y liquidación del patrimonio del difunto
según la voluntad del testador, los herederos o la ley. A este respecto,
expresa nuestro Código Civil (artículo 1041) que: “Albacea o ejecutor
testamentario, es la persona a quien el testador encarga el cumplimiento
de su voluntad. Los albaceas tendrán todas las facultades que expresamente
les haya conferido el testador, y no sean contrarias a las leyes”. Las
funciones del albacea son complejas, pues actúa como depositario,
administrador, representante y auxiliar de la administración de justicia.

b) Clasificación: Nuestra legislación sustantiva civil contempla las siguientes


clases de albacea: 1) Testamentario: es el nombrado en el testamento
(véase el artículo 1041 del Código Civil). 2) Legítimo: es cuando el cargo de
albacea recae en los propios herederos, a falta de albacea testamentario, o
por falta de posibilidad o de voluntad del albacea nombrado (véanse los
artículos 1045 y 1046 del Código Civil; y, 509 último párrafo, del Código
Procesal Civil y Mercantil). 3) Dativo: es el nombrado por el juez a falta de
los anteriores (véanse los artículos 1042 al 1044 del Código Civil). 4)
Mancomunados: cuando deben actuar conjuntamente (véase el artículo 1047
del Código Civil). 4) Provisional: es el nombrado por el juez mientras se
presenta el testamentario o se elige el legítimo; en nuestro medio se le
conoce como administrador provisional, administrador de la herencia
yacente o, simplemente, administrador (véanse los artículos 503, 505, 506,
508 y 509 del Código Procesal Civil y Mercantil).

c) Requisitos para ser albacea: Para ser albacea se necesita haber cumplido
dieciocho años de edad, poder legalmente administrar bienes, no ser
incapaz de adquirirlos a título de herencia, y no estar en actual servicio de

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funciones judiciales o de la Procuraduría General de la Nación, aunque se
halle con licencia temporal, salvo en los casos de que se trate de las
sucesiones de sus parientes (véanse los artículos 1048 del Código Civil; y, 1
del Decreto N° 25-97 del Congreso de la República).

d) Facultades y atribuciones: Las facultades y atribuciones de los albaceas,


además de las que designe el testador, serán las siguientes: 1ª Disponer y
pagar los funerales del testador, con arreglo a lo ordenado por éste, y en
defecto de tal disposición, según las costumbres del lugar y las posibilidades
de la herencia; 2ª Hacer las gestiones necesarias para la inmediata seguridad
de los bienes; 3ª Hacer el inventario, con intervención de los herederos, y
cuando no los haya, con la de los interesados en los bienes; 4ª Pagar las
deudas y legados; y, 5ª Administrar
los bienes, hasta que los herederos tomen posesión de ellos (véase el
artículo 1050 del Código Civil). Asimismo, los albaceas podrán dar poderes
especiales con relación a los actos que a ellos les competen, siendo
personalmente responsables por los actos del mandatario; y, una vez
aprobados el inventario y la cuenta de administración, el albacea debe
hacer inmediatamente la partición de la herencia (véanse los artículos 1056
y 1085 del Código Civil).

e) Plazo: El cargo de albacea debe ejecutarse dentro del plazo que fija el
testador. Sin embargo, el albacea, a quien el testador no haya fijado plazo,
deberá cumplir su encargo dentro de un año contado desde su aceptación,
o desde que terminen los litigios que se promovieren sobre la validez o
nulidad del testamento o de alguna de sus disposiciones. Si el testador
quisiere ampliar el plazo legal, deberá señalar expresamente el de la
prórroga. Si no lo hubiese señalado, se entenderá prorrogado el plazo por
un año. Si transcurrida esta prórroga, no se hubiese todavía cumplido la
voluntad del testador, podrá el juez conceder otra por el tiempo que fuere
necesario, atendidas las circunstancias del caso. Los herederos y legatarios
podrán, de común acuerdo, prorrogar el plazo del albaceazgo por el tiempo
que crean necesario, pero si el acuerdo fuese sólo por mayoría, la prórroga
no podrá exceder de un año (véanse los artículos 1058 al 1060 del Código
Civil).

8. SUCESIÓN INTESTADA, LEGÍTIMA O LEGAL.

a) Definición y fundamento: 1) Definición: Dícese de la sucesión por causa de


muerte en que no hay testamento, el que existe no comprende la
distribución total de los bienes del difunto o por alguna razón resulta
ineficaz, como en los casos de nulidad del testamento, cuando el heredero
designado es incapaz de heredar, repudia la herencia o muere antes que el

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testador; es pues, una forma de heredar supletoria del testamento y la ley
substituye la voluntad del difunto; a falta de una manifestación expresada
en el testamento se supone una presunta voluntad basada en la probable
forma en que la mayoría hubiera distribuido sus bienes de haber
manifestado su última voluntad (véanse los artículos 1068 y 1069 del Código
Civil). 2) Fundamento: La antigua doctrina consideró que el fundamento de
la sucesión intestada radica en la presunción, contenida en la ley, de
expresión de última voluntad de la persona que no otorgó testamento, o que
habiéndolo otorgado resulta nulo o ineficaz. Se decía que esa presunción
era la resultante de considerar que la persona había tácitamente testado.
La doctrina moderna se inclina en el reconocimiento de vínculos familiares,
tomando en cuenta, subjetivamente, la relación entre el causante y sus
parientes más cercanos.

b) Casos en que tiene lugar: La sucesión intestada tiene lugar: 1° Cuando no


hay testamento; 2° Cuando falta la condición puesta a la institución de
heredero, o el instituido muere antes que el testador, o es incapaz de
heredar, o repudió la herencia; fuera de los casos de sustitución,
representación y acrecimiento con arreglo al Código Civil; 3° Cuando en el
testamento no hay heredero instituido y el testador no ha dispuesto de todos
sus bienes en legados; y, 4° Cuando el testador ha dejado de disponer de
alguno o algunos de sus bienes. Conviene aclarar, que en los casos de los
numerales 3° y 4° mencionados anteriormente, el interesado sólo procede
respecto de los bienes de que no dispuso el testador.

c) Orden de la sucesión intestada: Son llamados a la sucesión intestada, según


lo dispone el Código Civil: 1° En primer lugar, los hijos, incluyendo a los
adoptivos, y el cónyuge supérstite o sobreviviente que no tenga derecho a
gananciales; quienes heredarán por partes iguales; 2° En segundo lugar, a
falta de descendencia, sucederán los ascendientes más próximos y el
cónyuge, por iguales porciones y cuando sólo hubiere una de esas partes,
ésta llevará toda la herencia; 3° En tercer lugar, a falta de los llamados a
suceder, según la situación anterior, sucederán los parientes colaterales
hasta el cuarto grado (véanse los artículos 1074, 1078 al 1080, del Código
Civil).

d) Herencia yacente: Cuando todavía el heredero no ha entrado en posesión de


la herencia, se dice que la misma está yacente; así como también cuando,
siendo varios los herederos, no se han practicado todavía las particiones
(véanse los artículos 503 al 511 del Código Procesal Civil y Mercantil).

e) Herencia vacante: Es aquél conjunto de bienes que pertenecieron a un


titular que ha fallecido sin que se conozca quiénes son sus herederos, o
cuando conocidos éstos no la aceptan. Cuando existe una herencia vacante,

92
los llamados a suceder ab intestato son el Estado y las Universidades de
Guatemala, por partes iguales; y, su procedimiento se regirá de conformidad
con los artículos 482 al 487 del Código Procesal Civil y Mercantil (téngase
presente aquí también lo regulado en el artículo 1031 del Código Civil).

9. MASA HEREDITARIA Y PARTICIÓN.

a) Definiciones: 1) Masa hereditaria: Es el conjunto de los bienes y derechos


sucesorios de la persona de que se trate. La integran los bienes en poder del
causante en el momento de su fallecimiento, más algunos que habían dejado
de pertenecerle –por la colación pertinente– o que con posterioridad
afluyen, por obligaciones o acciones pendientes. Tras la administración
temporal de esta masa, la partición le pone fin y transmite
a otro u otros patrimonios de la masa de la herencia (véase el artículo 1105
del Código Civil). 2) Partición hereditaria: Llámese así en el Derecho
sucesorio a la parte del proceso sucesorio en el que se reparten los bienes
heredados entre los legatarios y herederos, nombrado el albacea definitivo
o universal y terminados los pasos de la liquidación: inventarios y avalúos y
pagos de las deudas sucesorias, se conoce el caudal líquido que corresponde
a los legatarios y herederos (véanse los artículos 1085 al 1123 del Código
Civil; y, 507, 512 al 515 del Código Procesal Civil y Mercantil).

b) Procedencia de la partición: 1) Judicial: A petición de parte procederá la


partición judicial, siempre que el testador no la hubiere hecho antes –
artículo 1098 del Código Civil–. Para su trámite, se estará a lo dispuesto por
los artículos 220 al 224 del Código Procesal Civil y Mercantil, en lo que fuere
aplicable –estos artículos se refieren al juicio oral de la división de la cosa
común–. 2) Extrajudicial: La partición deberá hacerse después de haberse
practicado las operaciones que tiendan a determinar exactamente el caudal
partible, dichas operaciones, como ya vimos, son: inventario, avalúo,
liquidación, división y adjudicación; una vez aprobado el inventario y la
cuenta de administración del albacea, se procederá a la partición de los
bienes hereditarios.

c) Suspensión de la partición: Expresa el artículo 1086 del Código Civil que:


“Sólo puede suspenderse una partición, en virtud de convenio expreso de
los interesados y por un término que no pase de tres años”.

d) Rescisión y nulidad de la partición: Nuestro Código Civil, regula tanto la


nulidad como la rescisión de la partición. La nulidad la regula o la
contempla, mejor dicho, en un solo caso: cuando el heredero es falso o se
creyó que una persona era heredera cuando no lo era (véase el artículo
1122). En cuanto a la rescisión, cuando se trata de una partición

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extrajudicial nos remite a los casos por los que pueden ser rescindidos los
contratos en general; y, contempla nuestra ley sustantiva civil el caso de la
rescisión de la partición judicial, que solamente procede cuando en el caso
de saneamiento u otra causa legal regulada en la parte correspondiente a
los efectos de la partición (véanse los artículos 118 y 119 del Código Civil).

RESUMEN DE DERECHO CIVIL III

I. NOCIONES GENERALES

1. CONCEPTO DEL DERECHO DE OBLIGACIONES. POSICIÓN DEL CÓDIGO CIVIL.

a) Concepto del derecho de obligaciones: Es la rama del Derecho Civil que trata
de las relaciones entre deudor y acreedor, en todas sus especies, de los
derechos personales que se concentran en la exigencia ajena de hacer o de
no hacer, de dar o no dar algo.

b) Posición del Código Civil: A tenor del artículo 1319 del Código Civil que
expresa que: “Toda obligación resultante de un acto o declaración de
voluntad consiste en dar, hacer o no hacer alguna cosa”. Tal precepto legal
no contiene propiamente una definición, pero resalta los tres aspectos
objetivos de la obligación: dar, hacer o no hacer alguna cosa, de evidente
raigambre romana.

2. CARACTERES DEL DERECHO DE OBLIGACIONES. PATRIMONIALIDAD DE LA


PRESTACIÓN. CORRIENTE UNIFICADORA DEL DERECHO CIVIL Y MERCANTIL EN
MATERIA DE OBLIGACIONES.

a) Caracteres del derecho de obligaciones: 1) Compromete al deudor en lo


personal: el deudor está determinado por su identidad personal; el obligado
a la prestación puede ser José Rodríguez o Francisco Sánchez, en cuanto a
que son ellos mismos y nadie más, sino ellos, quienes soportan el débito. 2)
Compromete todo el patrimonio del deudor: si éste no paga, el acreedor

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podrá hacer efectiva la obligación, trabar ejecución y embargar
cualesquiera de los bienes afectables que figuren en el activo patrimonial
del deudor en el momento del secuestro, pues es un principio el hecho de
que es el deudor quien debe responder de sus deudas con la totalidad de su
patrimonio. 3) Puede ser transmitida sólo mediante un contrato que se llama
cesión o asunción de deudas.

b) Patrimonialidad de la prestación: Como vimos anteriormente el derecho de


obligaciones, personal o de crédito, compromete todo el patrimonio del
deudor; si el obligado no paga, el acreedor podrá hacer efectiva la
obligación afectando la totalidad del patrimonio del deudor.

c) Corriente unificadora del derecho civil y mercantil en materia de


obligaciones: La corriente o tendencia actual es la de volver a la unificación
del derecho privado de las obligaciones, pero subordinando el derecho civil
al mercantil o comercial, que es más evolutivo y más ágil. No obstante, las
razones principales que invocan algunos juristas para oponerse a la
unificación pueden resumirse así: las normas de uno y otro derecho
responden a relaciones jurídicas procedentes de manifestaciones
económicas distintas; las obligaciones comerciales surgen de hechos
inspirados en un interés específico, el derecho comercial es universal y el
local el civil, aquél progresivo y éste estático; la relación jurídica civil
muere en los sujetos de la relación mientras que la relación jurídica
comercial tiene proyecciones en la colectividad; la unificación pretendida
no responde a ninguna necesidad real.

II. NATURALEZA DE LA OBLIGACIÓN

1. DEFINICIÓN DE LA OBLIGACIÓN. EVOLUCIÓN HISTÓRICA. CONCEPCIONES


SUBJETIVA Y PATRIMONIAL.

a) Definición de la obligación: Es la relación jurídica en virtud de la cual una


persona (deudor) debe una determinada prestación a otro (acreedor), que
tiene la facultad de exigirla, constriñendo a la primera a satisfacerla.
b) Evolución histórica: El derecho romano fue el escultor del derecho de
obligaciones; y, para éste la obligación era una liga de Derecho, vinculum
juris, que constriñe a una persona para con otra, a dar, a hacer o a no hacer
alguna cosa. Antiguamente la obligación se designaba con el término nexum
o nexus, de nectere, que significaba atar, vincular, después hallamos
empleada, con cierta generalidad, la palabra obligatio (de ob y ligare), con
la cual se está dando a entender que su esencia está en la sujeción del
deudor a los poderes o derechos del acreedor. Del lado activo de la
obligación se encuentra un creditum o nomen, que le corresponde al

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acreedor (creditor); y, del lado positivo, un debitum, que constituye el
deber jurídico del deudor (debitor). Sin embargo, en la actualidad ha
surgido la tendencia de conceptualizar a la obligación como una relación y
no como el derecho romano lo conceptuó al decir que ésta era un vínculo,
y que el hacer énfasis en el aspecto activo y en el pasivo de la obligación,
no son meramente cuestiones de terminología. Aparte que en la actualidad
se trata de erradicar toda idea de sometimiento personal del deudor. En
suma, el derecho romano vio en la obligación un vínculo entre personas;
pero el moderno (en especial el germánico), tiende a destacar el
compromiso objetivo de crédito o deuda, estimándolo más bien que como
una voluntad ligada a otra, como un vínculo entre dos patrimonios,
considerados como personalidades abstractas.

c) Concepciones subjetiva y patrimonial: 1) Concepción subjetiva: como


dijimos anteriormente (derecho romano), esta concepción ve en la
obligación un vínculo entre personas, existiendo un sometimiento personal
del deudor para con el acreedor. 2) Concepción objetiva o patrimonial: que
considera el derecho del acreedor como un derecho sobre los bienes del
deudor, es decir, sobre su patrimonio. A este respecto, expresa el profesor
Federico Ojeda Salazar, en su meritoria exposición de motivos del Proyecto
de Código Civil, que: “Si la obligación es una necesidad o una relación
jurídica o un vínculo patrimonial, etc., es la doctrina la que debe
investigarlo; en el Código lo único que interesa precisar con claridad es el
concepto objetivo de la misma y ese propósito lo consideramos conseguido
con la redacción que hemos adoptado en el artículo 1319”.

2. ELEMENTOS DE LA OBLIGACIÓN.

a) Elemento subjetivo o personal (sujetos): El elemento subjetivo o personal


en toda obligación determinada, tiene dos polos: el activo y el pasivo. Al
primero se le denomina sujeto activo o acreedor, por ser el titular del
derecho subjetivo creado por el surgimiento de la obligación. Al segundo se
le denomina sujeto pasivo o deudor, porque su actitud, desde el nacimiento
hasta la extinción de la obligación, se contrae a observar una conducta que
sólo tenga por objeto el cumplimiento de aquellos a que se obligó.

b) Elemento objetivo o real (objeto o prestación): En la actualidad se admite


generalmente que el elemento real u objetivo de la obligación lo constituye
la prestación, o sea, aquella conducta o comportamiento a que el deudor se
comprometió y que el acreedor está legalmente capacitado a exigir de él
(dar, hacer o no hacer alguna cosa).

c) Elemento formal (relación jurídica): Se ha considerado admisible que el


contenido de la relación de la deuda sea uno y el de la responsabilidad otro,

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citando al efecto el caso en que la responsabilidad aparece limitada, o
concretada a determinados objetos del patrimonio. Del problema de la
distinción entre el débito y la responsabilidad, si no se puede decir que
carece en absoluto de interés práctico, cabe, por lo menos, decir que no
tiene aquel que exigiría una investigación más amplia por nuestra parte,
dada sobre todo la circunstancia de que para nuestro sistema jurídico civil
la distinción no tiene relevancia particular.

3. FUENTES DE LA OBLIGACIÓN. POSICIÓN DEL CÓDIGO CIVIL.

a) Fuentes de la obligación: 1) Definición: son aquellos elementos por cuya


virtud una persona aparece constreñida u obligada a realizar una
determinada prestación (acerca de cuáles han de ser esos elementos a los
que el derecho objetivo vincula aquella consecuencia jurídica es sobre lo
que gira todo el contenido de dicha teoría de las fuentes. 2) Clasificación
de las fuentes de la obligación en el Derecho romano: se considera, según
las Instituciones de Gayo, como fuente de la obligación: el contrato, el
delito y varias otras figuras de causas. La realidad jurídica diaria hizo que
se estimara insuficiente esa clasificación trimembre (de tres miembros), o,
mejor dicho, que se precisaran esas otras figuras. Dícese que Justiniano (en
sus Instituciones) al tratar de las fuentes de las obligaciones, se refiere al
contrato y al cuasi contrato; al delito y al cuasi delito. Procede observar
que modernamente existe cierto consenso en el sentido de que esa
clasificación cuatrimembre (de cuatro miembros), que adiciona al contrato
y al delito las figuras del cuasi contrato y del cuasi delito. 3) Clasificación
de las fuentes de la obligación en el Derecho moderno: el movimiento
codificador del derecho civil, culminante con la promulgación el 24 de
marzo de 1804 del Código Civil francés (que en 1807 cambio su
denominación a la de Código de Napoleón), aceptó plenamente la referida
división cuatrimembre originada del Derecho romano (Las Instituciones del
Código de Justiniano), pero adicionando una nueva fuente: la ley, para
justificar el origen de obligaciones que no tienen por causa las otras fuentes.
Surge entonces la siguiente clasificación de las fuentes de las obligaciones:
la ley, el contrato, el cuasi contrato, el delito y el cuasi delito (es la
denominada clasificación quíntuple).

b) Posición del Código Civil: Resulta ilustrativo leer lo que dice la exposición
de motivos del Proyecto de Código Civil (explicada por el profesor Federico
Ojeda Salazar), que dice: “La parte resultante que enumera y clasifica las
fuentes de las obligaciones, ha quedado suprimida. Sin necesidad de hacer

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la enumeración que nunca podría ser taxativa, hemos agrupado las fuentes
de las obligaciones en tres apartados que son: a) Las que provienen de
contratos; b) Las que proceden de hechos lícitos sin convenio; y, c) Las que
se derivan de hechos ilícitos. Esta separación determina la fuente
inmediata y directa de la obligación, dejando a la doctrina que señale o
establezca si la ley y el contrato son las únicas fuentes verdaderas de las
obligaciones o si fuera de éstas o dentro de éstas existen otras, como
piensan y afirman connotados autores”. Nótese que en la evolución
doctrinal sobre las fuentes de las obligaciones, prácticamente han
desaparecido las figuras denominadas cuasi contratos y cuasi delitos,
substituidas, puede decirse, por las denominaciones hechos lícitos sin
convenio y hechos y actos ilícitos. Ello se debió a una fuerte reacción contra
aquellas figuras: el cuasi contrato (actos o hechos lícitamente voluntarios
en los cuales falta el común acuerdo de las partes, como en la gestión de
negocios); y, el cuasi delito (hechos y actos ilícitos surgidos sin intención del
autor, pero con culpa y sin que sea tipificante de un delito). Estas figuras
han sido consideradas antitécnicas y de muy difícil determinación práctica.
La doctrina moderna se inclina a sustituir esas clásicas denominaciones por
las más comprensivas y amplias de lo lícito y lo ilícito (hechos lícitos y
hechos y actos ilícitos). Consúltese el Libro V, Primera Parte, Títulos V, VI y
VII, del Código Civil vigente.

4. OBLIGACIONES PROVENIENTES DE HECHOS LÍCITOS SIN CONVENIO.

a) Gestión de negocios (negotiorum gestio): 1) Definición: Conocida también


en la doctrina italiana como representación sin poder. Llámase así la
intervención de un tercero en negocios ajenos sin mandato del dueño
(dominus negotii). Se considera como fuente de obligaciones
extracontractual, pues crea derecho y obligaciones tanto para el gestor
como para el dueño por lo que se le denominó cuasi contrato desde el
Derecho romano. El gestor está obligado a actuar de acuerdo con los
intereses del dueño, terminar la gestión y rendir cuentas; el dueño debe
reembolsar los gastos y sus intereses, si la gestión fue útil o la ratificó (esta
ratificación produce los efectos del mandato expreso y opera
retroactivamente), en ambos casos debe cumplir las obligaciones que a su
cargo se derivan del negocio gestionado. A este respecto nuestro Código
Civil (artículo 1605) manifiesta que: “El que sin convenio se encarga
voluntariamente de los negocios de otro, está obligado a dirigirlos y
manejarlos útilmente y en provecho del dueño”. Es decir, por ejemplo, que
una persona puede comparecer en nombre de otra, como gestor de
negocios, en un contrato de compraventa si en el mismo está adquiriendo
el bien objeto del contrato; no obstante, éste –el gestor de negocios– jamás
podrá actuar como tal si en dicho contrato traslativo de dominio se está
enajenando algún bien del dueño, ya que la función de la gestión de

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negocios será siempre en provecho de este último y no en pérdida de algún
derecho o bien constitutivo del patrimonio del mismo (véanse los artículos
1605 al 1615 del Código Civil). 2) Fundamento: La gestión de negocios se
fundamenta en el hecho de que una persona se ocupa de los intereses de
otra persona, sin haber recibido mandato para ello. 3) Elementos: 1°
Subjetivo o personal: El elemento subjetivo o personal en la gestión de
negocios está conformada por: el gestor, que es la persona que se encarga
voluntariamente de los negocios de otra persona, sin haber recibido
mandato para ello; y, el dueño del negocio, que es la persona titular del
negocio o pluralidad de negocios en los que interviene el gestor; y, 2°
Objetivo o real: Está constituido por el negocio jurídico, que no es más que
el acto de una o más voluntades que pretenden algún efecto jurídico
reconocido por la ley. 4) Efectos: Podemos distinguir dos efectos: 1° El
dueño del negocio tiene una acción directa (actio directa negotiorum)
contra el gestor, para demandarle las cuentas de su gestión, cuando éste
verifique operaciones distintas del giro habitual de sus negocios, cuando el
gestor hubiere pospuesto el interés del dueño al suyo propio, o cuando el
gestor inició la gestión contra la voluntad manifiesta o presunta del dueño;
y, 2° El gestor de negocios tiene una acción contraria (actio contraria
negotiorum gestorum) para hacerse pagar (indemnización) los gastos
necesarios y útiles que hubiere hecho y los perjuicios que hubiere sufrido en
el desempeño de la gestión.

b) Enriquecimiento sin causa o ilegítimo: 1) Definición: Es considerado como


una de las fuentes extracontractuales de las obligaciones. El Código Civil
(artículo 1616) clasifica como enriquecimiento sin causa: “La persona que
sin causa legítima se enriquece con perjuicio de otra, está obligada a
indemnizarla en la medida de su enriquecimiento indebido”; es decir, que
el enriquecimiento ilegítimo es el pago de lo indebido, obligando al que
recibió una cosa a la que no tenía derecho y que se le entregó por error a
devolverla. Si el que se enriqueció procedió de buena fe en la creencia de
su derecho al pago, sólo está obligado a devolver lo equivalente a su
enriquecimiento; pero si procedió de mala fe debe abonar el interés legal o
los frutos percibidos a los dejados de percibir, así como responder por el
deterioro de la cosa que se produzca por su causa (véanse los artículos 1616
al 1628 del Código Civil). 2) Fundamento: El fundamento del
enriquecimiento sin causa parte de la teoría conforme a la cual nadie puede
enriquecerse con perjuicio de otro. La consecuencia es la obligación de
indemnizar a aquél en cuyo perjuicio se verifica este enriquecimiento. Esta
obligación está sancionada por una condictio sine causa. 3) Elementos: En
el principio general que regula el Código Civil, debemos determinar la
relación que existe entre el enriquecimiento y el empobrecimiento. Los
elementos lógicamente son los siguientes: 1° Que haya empobrecimiento de

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un patrimonio; 2° Que exista enriquecimiento de otro; y, 3° Que no exista
una causa que justifique ese desplazamiento patrimonial.

c) Declaración unilateral de la voluntad: 1) Definición: En los actos jurídicos


la declaración unilateral de voluntad ha sido considerada como fuente de
obligaciones de carácter restringido; sólo es reconocida como tal en los
casos expresos señalados por el Código Civil, éstos son: oferta al público
que adopta las formas de oferta de venta; promesa de recompensa simple y
en concurso; y, títulos al portador que omiten el nombre de su titular, que
por ello pueden transmitirse por simple tradición o entrega (véanse los
artículos 1629 al 1644 del Código Civil). Conviene aclarar, que también el
testamento se ha considerado como un acto unilateral de voluntad que
genera efectos jurídicos antes de la aceptación de los mismos por el
beneficiario, aunque, en este caso, sólo habrán de actualizarse a la muerte
del testador, quien en cualquier momento puede revocar o modificar su
voluntad sin que esté sujeto a más plazo que su propia supervivencia
(consúltese el artículo 935 del Código Civil). 2) Antecedentes históricos: El
derecho antiguo –hecha especial referencia al Derecho romano–, fue
renuente en términos absolutos a considerar la declaración unilateral de
voluntad como fuente de obligaciones. Se exigía el consenso de por lo menos
dos personas para la creación de un vínculo obligatorio, a través,
generalmente, del contrato, área en que ahora se estima que con mayor
énfasis la declaración unilateral de voluntad puede producir efectos
jurídicos. Así, pues, el Derecho romano contemplaba como fuentes de las
obligaciones derivadas de actos o hechos lícitos no convencionales: la ley y
los cuasi contratos; y de estos últimos eran únicas fuentes principales la
negotiorum gestio (gestión de negocios) y la condictio sine causa
(enriquecimiento sin causa). Mas ahora, tanto la doctrina como la
legislación han abierto sus puertas a la teoría de la declaración unilateral
de voluntad como fuente de obligaciones, en ciertos casos que con mayor o
menor amplitud regula el derecho positivo en aras de la seguridad de los
negocios jurídicos. 3) Concepciones doctrinarias: 1° Tesis Unilateralista
Radical: o sea la que le atribuye a la voluntad unilateral la fuerza vinculante
de todas las obligaciones que puedan nacer de un negocio jurídico, tanto los
unilaterales como los bilaterales; 2° Tesis Unilateral Moderada o
Restringida: que la acepta sólo para casos de naturaleza excepcional en que
así lo exija el interés del tráfico jurídico; y, 3° Tesis Negativa: que niega
que de la voluntad unilateral puedan nacer obligaciones; es la concepción
bilateralista que descansa en la fuerza tradicional de las instituciones del
Derecho romano. 4) Posición del Código Civil: El Código Civil, dentro del
título relativo a la obligaciones provenientes de hechos lícitos sin convenios,
admite en forma expresa que la declaración unilateral de la voluntad es
fuente de obligaciones, en los casos siguientes: 1° Oferta al público: que se
tipifica en el sentido que la persona que ofrezca al público objetos en

100
determinado precio, queda obligada a sostener su ofrecimiento (artículo
1629); 2° Promesa de recompensa: que se tipifica en el sentido que quien
hace oferta por la prensa u otro medio de difusión, de remunerar una
prestación o un hecho, contrae la obligación de cumplir lo prometido
(artículos 1630 al 1637); y, 3° Títulos al portador: aquellos que no están
expedidos a favor de persona determinada, contengan o no la cláusula “al
portador”, que se transmiten por la simple tradición y obligan al emisor a
pagar a cualquiera que le presente y entregue el título, salvo que hubiera
sido notificado judicialmente para retener el pago (artículos 1638 al 1644;
asimismo, con relación a estos artículos, véanse los artículos 436 al 440 del
Código de Comercio).

5. OBLIGACIONES QUE PROCEDEN DE HECHOS Y ACTOS ILÍCITOS.

a) Concepto de hecho y acto ilícito: 1) Hecho ilícito: Primeramente, diremos


que hecho es toda acción u omisión, engendrada por la actividad humana o
puramente natural, que es objeto del acto jurídico; y, éste es ilícito cuando
es contrario a las leyes de orden público o a las buenas costumbres. 2) Acto
ilícito: Previamente, diremos que acto jurídico es una manifestación
exterior de voluntad, bilateral o unilateral, cuyo fin directo consiste en
engendrar, con fundamento en una regla de Derecho o en una institución
jurídica, a cargo o en provecho de una o varias personas, un estado; es decir,
una situación jurídica permanente y general, o por el contrario, un efecto
de Derecho limitado, relativo a la formación, modificación o extinción de
una relación jurídica; y, éste es ilícito cuando los efectos que la norma
establece son contrarios a la voluntad de los autores, pues su conducta es
sancionada y nace la obligación de restituir la cosa y reparar el daño
material y moral causado. Los actos jurídicos ilícitos suelen clasificarse así:
delito, que es una acción antijurídica, típica, culpable y sancionada con una
pena (por ejemplo: el robo, el hurto, etc.); y, cuasi delito, que es un acto
ilícito que, sin ser delito, está prohibido por la ley (por ejemplo: el daño a
las personas, o en sus bienes por acción personal, por poner en movimiento
máquinas o maquinarias que por su velocidad, por su naturaleza explosiva o
inflamable, o por otras causas análogas, causen daño a las personas o a las
cosas). Por último, conviene aclarar que no todos los hechos ni los actos
humanos son jurídicos. Muchos de ellos son irrelevantes para el Derecho.
Son jurídicos cuando con ellos se realiza la hipótesis o supuesto jurídico
contenido en la norma positiva.

b) Responsabilidad civil: Es la situación jurídica que obliga a algunos a


responder del daño causado por sus propios hechos ilícitos, los de otros
sujetos a él y por sus cosas y animales. La responsabilidad civil se distingue
de la penal en que puede darse con culpa o sin ella, el daño producido es
de carácter privado y su efecto se agota en la reparación; mientras que la

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responsabilidad penal implica culpa, el daño es de carácter social y además
de la reparación implica la aplicación de una pena. Para que nazca la
obligación de reparar se requiere además de la responsabilidad del sujeto
la existencia del daño que es la lesión de un derecho subjetivo valorable en
dinero, por otra parte, el daño puede ser producido por hecho o abstención
del propio responsable o de otro sujeto a aquel que tenga obligación de
elegir o vigilar (culpa en eligende, culpa in vigilando) o por cosas o animales
de su propiedad. A este respecto expone nuestra ley sustantiva civil (artículo
1645) que: “Toda persona que cause daño o perjuicio a otra, sea
intencionalmente, sea por descuido o imprudencia, está obligada a
repararlo, salvo que demuestre que el daño o perjuicio se produjo por culpa
o negligencia inexcusable de la víctima”; asimismo, el artículo 1434 de la
citada ley nos indica que: “Los daños que consisten en las pérdidas que el
acreedor sufre en su patrimonio, y los perjuicios, que son las ganancias
lícitas que deja de percibir, deben ser consecuencia inmediata y directa de
la contravención, ya sea que se hayan causado o que necesariamente deban
cuasarse –estos daños se denominan compensatorios–”. En ese orden de
ideas y atendiendo a lo contemplado en Código Civil, la responsabilidad civil
puede ser: extracontractual, cuando el carácter de la norma transgredida
(el tipo de antijuricidad dado) es una norma de observación general (por
ejemplo: quien da muerte a una persona por acción u omisión lícitas y en
virtud de su imprudencia, negligencia o impericia; será responsable
penalmente del delito de homicidio culposo y, consecuentemente, lo será
también civilmente); y, contractual, es la proveniente de la transgresión de
una cláusula particular, de una norma jurídica de observancia individual, de
un contrato u otro acto jurídico de derecho privado (por ejemplo: si en un
contrato de promesa se establece una cláusula de indemnización, la parte
que no cumpla con su respectiva obligación deberá pagar la suma pactada
a la otra, para compensar los daños y perjuicios causados). Es conveniente
aclarar, que la acción para pedir la reparación de los daños o perjuicios
derivados de la responsabilidad civil, prescribe en un año, contado desde el
día en que el daño se causó, o en que el ofendido tuvo conocimiento del
daño o perjuicio, así como de quien lo produjo (véanse los artículos 1645 al
1673 del Código Civil).

c) Abuso de derecho: Aun cuando la terminología ha sido combatida por ser,


como dijo Marcel Planiol, una logomaquia (discusión en que se atiende a
las palabras y no al fondo del asunto), pues abuso y derecho son términos
que se excluyen por ser antagónicos, ya que si se ejercita un derecho
subjetivo no se abusa, pues el abuso empieza donde el derecho termina; sin
embargo, con esta denominación nuestro Código Civil (artículos 1653 y 1654)
plasma esta idea cuando establece que: “El exceso y mala fe en el ejercicio
de un derecho, o la abstención del mismo, que cause daños o perjuicios a
las personas o propiedades, obliga al titular a indemnizarlos./ Si la persona

102
que reclama la indemnización ha contribuido a causar el daño o perjuicio,
la obligación de repararlo se deducirá en proporción a su participación en
él” (véase también el artículo 18 de la Ley del Organismo Judicial). Esta
postura reconoce que el ejercicio del derecho tiene un límite no jurídico
sino moral; la teoría de los llamados actos de emulación, se fundó en la
intención de dañar a terceros con el ejercicio del derecho sin utilidad para
el titular, actualmente se considera que no es necesaria la intención de
dañar (teoría subjetiva) sino que basta el daño, si el ejercicio no produce
utilidad al titular. Por ejemplo: en el caso de quien, so pretexto de lo
absoluto de su derecho dominical, destruye o desnaturaliza un bien de su
pertenencia en perjuicio de otro o del interés social.

d) Teoría subjetiva y teoría objetiva o del riesgo creado: 1) Teoría subjetiva:


Esta teoría expone que la responsabilidad es la fundada en el proceder
culposo o doloso del responsable; y por ello opuesta a la responsabilidad
objetiva. 2) Teoría objetiva o del riesgo creado: Ahora bien, en el Derecho
moderno, que empezó a desarrollarse hacia el último tercio del siglo XIX,
frente al concepto tradicional de la responsabilidad subjetiva, surgió la
teoría, ya acogida por la generalidad de las legislaciones, de la
responsabilidad objetiva, llamada también responsabilidad sin culpa, cuya
primera manifestación en la práctica fue tal vez la regulada en las leyes de
accidentes de trabajo (véase el artículo 1649 del Código Civil), según las
cuales el patrono responde por los daños físicos que reciben los trabajadores
en la realización de sus labores o como consecuencia de ellas, con entera
independencia de que haya mediado culpa o negligencia y aun cuando se
hayan producido por imprudencia o la culpa no grave de la propia víctima.
Esta forma de responsabilidad objetiva es llamada también responsabilidad
por el riesgo creado. Claro es, que esta teoría ha adquirido en su aplicación
un creciente desarrollo debido a los avances de
la civilización en su aspecto científico. El dueño, poseedor, usuario de
automóviles y otras máquinas crea en su propio provecho, y en contra de
terceros, un peligro nuevo por el que debe responder en caso de que el daño
se produzca; y ello, asimismo, independientemente de que en la producción
haya mediado o no su culpa o su negligencia; pues, lo mismo que en el caso
de los accidentes de trabajo, la culpabilidad se presumen siempre y será el
propietario quien, para eximirse de responsabilidad, tendrá que probar que
el siniestro estuvo ocasionado por la culpa de la víctima. En suma, podemos
decir que la responsabilidad objetiva, sin culpa o por el riesgo creado, es
la tendencia relativamente moderna que se aparta del fundamento forzoso
en culpa o dolo para exigir el resarcimiento de los daños y perjuicios.

e) Posición del Código Civil: Los hechos y actos ilícitos son el delito que casi
siempre apareja responsabilidad civil y los daños que se causan sin malicia
ni intención de producirlos. La acción civil proveniente de los delitos está

103
regulada en el Código Penal (artículos 112 al 122); pero el principio general
de responsabilidad lo declara el artículo 1645 de nuestro Código Civil: todo
daño debe repararse; y tanto daño origina el que intencionalmente lo
produce como el que sin intención también lo causa por omisión, descuido
o imprudencia. En ese orden de ideas, existen, como ya vimos, dos clases
de responsabilidad civil por el elemento o dato en que se afinca la necesidad
de resarcir los daños: 1° La responsabilidad subjetiva, cuando éstos han sido
causados por una conducta culpable, antijurídica y dañosa, que tiene por
fuente el hecho ilícito y por soporte esa noción subjetiva de la culpa; y, 2°
La responsabilidad objetiva, si los daños provienen de una conducta lícita
jurídica, inculpable, consistente en aprovechar un objeto peligroso que crea
riesgo de daños, responsabilidad fincada en dicho riesgo y que por
consiguiente se llama responsabilidad objetiva, por tener su apoyo en un
elemento externo como en el riesgo creado. De ello se sigue que, en nuestro
derecho positivo, la responsabilidad civil (la obligación de indemnizar) tiene
dos posibles causas o fuentes: el hecho ilícito y el riesgo creado.

III. CLASIFICACIÓN DE LAS OBLIGACIONES

1. CON RELACIÓN AL SUJETO.

a) Simples o sencillas: Son aquellas obligaciones en que existe un solo sujeto


activo o acreedor (por ejemplo: quien da a otro cien quetzales en calidad
de préstamo); y un solo sujeto pasivo o deudor (por ejemplo: quien recibe
dicha cantidad y se obliga a devolverla en el tiempo y forma convenidos).
Los artículos 1320 al 1333 del Código Civil, parecen referirse a esta clase de
obligaciones por estar expresados en singular al referirse a deudor y a
acreedor. Mas, no debe olvidarse que esas disposiciones legales son
aplicables también a la obligaciones en que intervienen más de dos personas
como sujeto activo o como sujeto pasivo.

b) Mancomunadas: Llamadas también múltiples, colectivas o compuestas. Son


aquellas en que la titularidad de la obligación –titularidad activa, pasiva o
ambas–, corresponde a dos o más persona. Se tipifica una obligación de esta
clase cuando, por ejemplo, tres personas copropietarias de una casa la dan
en arrendamiento (alquiler) a dos o más personas conjuntamente. A este
respecto expresa nuestro Código Civil (artículo 1347) que: “Hay
mancomunidad cuando en la misma obligación son varios los acreedores o
varios los deudores”. La mancomunidad puede presentarse en dos formas,
que son: 1) Mancomunidad simple o a prorrata: Se dice que existe
mancomunidad simple o a prorrata (a parte o porción fija), cuando por
razón de la obligación creada entre más de dos personas, la prestación, en
su aspecto negativo o deudor, se presenta en forma tal que cada obligado

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lo está únicamente en la parte o proporción que le corresponde según los
términos de la relación obligatoria. El Código Civil (artículo 1348), dispone
que: “Por simple mancomunidad no queda obligado cada uno de los
deudores a cumplir íntegramente la obligación, ni tiene derecho cada uno
de los acreedores para exigir el total cumplimiento de la misma. En este
caso, el crédito o la deuda se consideran divididos en tantas partes como
acreedores o deudores haya, y cada parte constituye una deuda o un crédito
separados”. 2) Mancomunidad solidaria: Se ha dicho que son obligaciones
solidarias (o mancomunadamente solidarias) aquellas en que, existiendo
varios acreedores o deudores (o unos y otros), cada acreedor puede exigir y
cada deudor debe entregar íntegramente la prestación, de tal forma que la
obligación queda totalmente extinguida por la reclamación de un solo
acreedor y el pago de un solo deudor, sin perjuicio del posterior abono o
resarcimiento que el cobro o el pago determinen entre el que lo realiza y
sus cointeresados (véase el artículo 1358 del Código Civil). A tenor del
artículo 1352 del Código Civil: “La obligación mancomunada es solidaria
cuando varios deudores están obligados a una misma cosa, de manera que
todos o cualquiera de ellos pueden ser constreñidos al cumplimiento total
de la obligación, y el pago hecho por uno solo libera a los demás; y es
solidaria con respecto a los acreedores cuando cualquiera de ellos tiene el
derecho de exigir la totalidad del crédito, y el pago hecho a uno de ellos
libera al deudor”. En dicho precepto legal quedan englobadas las tres clases
generalmente reconocidas en la doctrina y la legislación, de solidaridad en
materia de obligaciones: 1° Solidaridad activa: en que existen varios
acreedores y un solo deudor; 2° Solidaridad pasiva: cuando un acreedor está
ante varios deudores; y, 3° Solidaridad mixta: si existe pluralidad de
acreedores y de deudores. Sin embargo, es conveniente aclarar que en
materia civil la solidaridad no se presume; debe ser expresa por convenio
de las partes o por disposición de la ley (véase el artículo 1353 del Código
Civil). A contrario sensu, en materia mercantil o comercial la solidaridad se
presume; no necesita ser expresa como lo manda el Código Civil, en virtud
de lo regulado en el artículo 674 del Código de Comercio que establece: “En
las obligaciones mercantiles los codeudores serán solidarios, salvo pacto
expreso en contrario. Todo fiador de obligación mercantil, aunque no sea
comerciante, será solidario con el deudor principal y con los otros fiadores,
salvo lo que se estipule en el contrato”. Lo anterior no excluye el derecho
de repetir que reconoce el artículo 1358 del Código Civil. También es
especialidad que el Código de Comercio sólo regule la presunción de la
mancomunidad solidaria en el sujeto pasivo de la obligación (deudores), no
así en el sujeto activo (acreedores).

2. CON RELACIÓN AL OBJETO.

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a) Obligaciones específicas y genéricas: Estas obligaciones se caracterizan,
unas y otras, porque la determinación o indeterminación de la prestación,
o de lo que ésta en realidad involucra como esencia de su contenido,
resultan determinantes para su cumplimiento voluntario o forzoso. 1)
Obligaciones específicas: Son aquellas obligaciones en las cuales su objeto
está individual y precisamente determinado a manera que el cumplimiento
sólo puede resultar por el hacer o no hacer o por el dar una cosa cierta,
identificada en su estricta y verdadera identidad (por ejemplo: en la
compraventa de un automóvil identificado por la marca y números de
registro, motor y serie, y otras características que lo individualicen aún más,
el vendedor debe cumplir su obligación entregando al comprador ese y no
otro automóvil). 2) Obligaciones genéricas: Son aquellas obligaciones en las
que la prestación queda constituida con relación a cosa indeterminada en
su especie (por ejemplo: la compraventa de un quintal de azúcar, dicho sólo
así, y aún expresando de qué ingenio procederá). En síntesis, y como su
nombre lo indica, la prestación está referida a un género, sin incidir
propiamente en una especie dentro del mismo. Sin mencionarlas por su
nombre, el Código Civil, trata de estas obligaciones en el artículo 1321, al
disponer que: “En las obligaciones de dar cosa determinada únicamente por
su especie, la elección corresponde al deudor, salvo pacto en contrario. El
deudor cumplirá eligiendo cosas de regular calidad, y de la misma manera
procederá el acreedor, cuando se le hubiere dejado la elección”.

b) Obligaciones conjuntivas o conjuntas: Es conjuntiva la obligación en que el


deudor está obligado a prestar varios hechos o entregar varias cosas a la vez
y no se libera de su compromiso mientras no cumpla todas las conductas
requeridas. Debe prestar todo un conjunto de comportamientos y por eso se
llaman conjuntivas las obligaciones que tiene tal contenido. Tal situación es
la frecuente en los contratos típicos y complejos; como la compraventa, el
arrendamiento, la sociedad, en que existe un cúmulo de obligaciones que
cada parte puede exigir a la otra hasta el agotamiento del nexo jurídico.

c) Obligaciones alternativas y facultativas: 1) Obligaciones alternativas: Son


las que tienen por objeto dos o más prestaciones independientes y distintas
unas de otras en el título; de modo que la elección que debe hacerse entre
ellas quede desde el principio indeterminada. El obligado alternativamente
por varias prestaciones sólo ha de cumplir íntegramente una de ellas. La
elección le pertenece en principio al deudor; pero, de ser imposible una de
dos o todas menos una, se debe la posible al acreedor. Si la elección es del
acreedor, éste puede optar –en caso de desaparecer la alternativa por culpa
del deudor– por la subsistente o por el valor de la frustrada (véanse los
artículos 1334 al 1340 del Código Civil). 2) Obligaciones facultativas: La
obligación facultativa tiene un solo y único objeto, pero por concesión
especial del acreedor, el deudor puede entregar otra prestación

106
determinada si así lo desea. Es una facultad que concede el acreedor a su
deudor, prevista de antemano en el contrato, de libertarse con una
prestación determinada y diferente de la que es el objeto de la obligación
(véanse los artículos 1341 al 1346 del Código Civil). 3) Diferencias entre
ambas: Un examen superficial podría inducirnos a confundir las obligaciones
facultativas con las alternativas, puesto que en ambas el deudor se puede
libertar a su elección, con el pago de una cosa u otra. Sin embargo, mientras
en la alternativa ambas prestaciones son objeto de la obligación, de modo
que si una de las dos se pierde por caso fortuito o fuerza mayor, la deuda
se concentra en la otra; en la obligación facultativa, el objeto de la
obligación es uno solo y el deudor está facultado, si es que así lo desea, a
pagar con algo diverso, previsto de antemano, que el acreedor admite como
pago en vez del objeto mismo de la obligación.

d) Obligaciones divisibles e indivisibles: 1) Obligaciones divisibles: Son aquellas


obligaciones que admiten debido cumplimiento a través de la ejecución
parcial de las mismas sin ser afectada la esencia de la relación obligatoria
(por ejemplo: en una compraventa de cualquier objeto, si el precio
convenido es pagadero por abonos mensuales). Apegándose a la doctrina
moderna, el Código Civil (artículos 1373 parte conducente, y 1374) dispone
que: “Las obligaciones son divisibles cuando su objeto es susceptible de
cumplirse parcialmente.../ El deudor no puede obligar al acreedor a recibir
por partes el pago de una deuda aunque ésta sea divisible, salvo convenio”.
De lo anterior se deduce que la divisibilidad de la obligación (el ser
jurídicamente posible su cumplimiento por partes) ha de surgir en virtud de
un pacto contractual, o bien, cuando de la obligación en sí se infiera
tácitamente que por su naturaleza el cumplimiento es divisible, tomándose
en cuenta además los términos del vínculo obligatorio. 2) Obligaciones
indivisibles: Son aquellas obligaciones cuyo cumplimiento (en virtud de
pacto o por disposición de la ley) no pueden efectuarse parcialmente, o no
puede efectuarse en esa forma por no permitirlo la naturaleza de la
prestación (por ejemplo: la compraventa de un semoviente, en lo que al
propietario se refiere, puesto que la obligación del comprador –pagar el
precio– puede ser divisible si se pactó por mensualidades; si se convino el
pago del precio al contado, esta obligación también deviene indivisible). Al
igual que respecto a la obligación divisible, el Código Civil, en concordancia
al criterio que aplicó aquélla, dispone (artículo 1373, parte conducente)
que: “Las obligaciones son... indivisibles si las prestaciones no pueden ser
cumplidas sino por entero”. Nótese la poca fortuna con que fue redactado
ese precepto legal. Y, precisando, el artículo 1376 del Código Civil ha
previsto que: “La obligación se considera indivisible: 1° Cuando tiene por
objeto la entrega de un cuerpo cierto; 2° Cuando uno solo de los deudores
está encargado de ejecutar la prestación; y, 3° Cuando las partes convienen
expresamente en que la prestación no pueda satisfacerse parcialmente o

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cuando por la naturaleza de la obligación sea imposible su cumplimiento
parcial”. Consúltense los artículos 1373 al 1379 del Código Civil.

e) Obligaciones positivas y negativas: En esta clase de obligaciones la


distinción radica en que la voluntad sea actuante o pasiva. Puede afirmarse
que toda obligación es, por razón de la prestación de que se trate, positiva
y negativa: 1) Obligaciones positivas: Se define como aquella obligación en
la cual se requiere que la voluntad del deudor sea manifestada en forma
activa para el debido cumplimiento de la misma. Sus variedades son: 1°
Obligaciones de dar: son aquellas en las que la voluntad del deudor se
manifiesta, en el proceso de cumplimiento, procurando dar y dando alguna
cosa (véanse los artículos 1320 y 1321 del Código Civil); y, 2° Obligaciones
de hacer: son aquellas en las que la voluntad del deudor se manifiesta
realizando o ejecutando algo (véanse los artículos 1323 al 1325 del Código
Civil). 2) Obligaciones negativas: Es aquella obligación en que la voluntad
del deudor, lejos de manifestarse activamente, debe contraerse a una
abstención en el dar o en el hacer alguna cosa (por ejemplo: si el propietario
de un terreno se obliga a no levantar pared en la parte que colinda con otra
propiedad, para que ésta no pierda determinada vista del paisaje). Este tipo
de obligaciones se encuentran reguladas en los artículos 1326 al 1328 del
Código Civil y se conocen como obligaciones de no hacer.

f) Obligaciones principales y accesorias: El Código Civil no trae un concepto


de esta clase de obligaciones. Ello resultaría innecesario si se considera que
las disposiciones legales sobre obligaciones se refieren en principio a la
obligaciones principales. 1) Obligaciones principales: Son aquellas
obligaciones que surgen a la vida jurídica con un determinado fin que
generalmente sólo guarda relación con él mismo y no depende de otro para
su legal existencia creadora del vínculo obligacional (por ejemplo: en la
compraventa la obligación de entregar el precio convenido, y desde otro
ángulo, la cosa vendida). 2) Obligaciones accesorias: Son aquellas
obligaciones creadas en adición a una obligación principal, o sea,
complementaria de ésta o, en ciertos casos muy especiales, sustitutivas por
equivalencia (por ejemplo: en el contrato de mutuo –entrega de dinero u
otras cosas fungibles, con el cargo de devolver igual cantidad, artículo 1942
del Código Civil–, con garantía de un bien inmueble, obligación accesoria es
la obligación resultante de la hipoteca, adicional a la principal).

3. CON RELACIÓN AL VÍNCULO.

a) Obligaciones naturales y civiles: 1) Obligaciones naturales: La obligación


natural es una obligación jurídica que consiste en la necesidad de prestar
una conducta a favor de un acreedor, quien puede obtener y conservar lo
que el deudor le pague, pero no puede exigirlo por medio de la fuerza

108
pública. El Código Civil, en el artículo 1614, al disponer que: “Cuando sin
conocimiento del obligado a prestar alimentos, los diese un extraño, tendrá
derecho éste a reclamarlos de aquél, a no constar que los dio por motivo
de piedad y sin ánimo de reclamarlos”, ha tipificado las características de
la obligación natural. Es menester, conforme a ese precepto legal, para que
surja tal obligación (natural), además de la falta de conocimiento del
obligado, que conste en alguna forma que quien dio los alimentos lo hizo
inducido por un sentimiento de piedad y sin albergar el ánimo de reclamarlos
posteriormente, aspectos subjetivos cuya constancia o existencia la ley
exige. Otro ejemplo de obligación natural encuéntrase en el artículo 2145
del Código Civil, que dispone: “No hay acción para reclamar lo que se gane
en apuestas o juegos. El que pierde no puede repetir lo que haya pagado
voluntariamente, a no ser que haya mediado dolo, o que fuere menor o
inhabilitado para administrar sus bienes”. Son, por lo tanto, circunstancias
que han de concurrir para tipificar en ese caso una obligación natural; que
el perdidoso en apuestas o en juegos, pague voluntariamente, sin instancia
expresa; que no hay mediado dolo, o sea engaño que influya sobre la
voluntad; y, que no sea menor o inhabilitado para administrar sus propios
bienes. 2) Obligaciones civiles: Llamadas también patrimoniales,
propiamente dichas o perfectas. Son aquellas que surgen a la vida jurídica
con los requisitos necesarios para su validez y exigibilidad. O dicho en otras
palabras, son aquellas obligaciones que están plenamente reconocidas por
el Derecho, en el sentido de ir acompañadas de toda la gama de recursos
que el mismo posee para exigir este cumplimiento. A ellas se refiere
esencialmente todo el estudio del derecho de obligaciones (por ejemplo: el
señor Juan Pérez se reconoce deudor, por mil quetzales, del señor Pedro
García, conforme a los términos del documento respectivo).

b) Obligaciones unilaterales y bilaterales o recíprocas: 1) Obligaciones


unilaterales: Son denominadas así las obligaciones en las cuales una persona
ocupa solamente el polo activo (acreedor) o bien el polo pasivo (deudor), o
a la inversa, sin que haya entrecruce de prestaciones (por ejemplo: en el
contrato gratuito de depósito, la persona –depositario– que recibe la cosa
para su guarda y conservación –artículo 1974 del Código Civil–, tiene
solamente la calidad de deudor porque debe conservar y devolver la cosa,
en tiempo oportuno, sin que el dueño de la misma – depositante– tenga
alguna obligación a favor de aquél). 2) Obligaciones bilaterales o recíprocas:
Son denominadas así las obligaciones en las cuales las personas que
intervienen en las mismas, creándolas, tienen a la vez la calidad de acreedor
y de deudor de determinadas prestaciones (por ejemplo: en el contrato de
suministro de energía eléctrica, la empresa es acreedora por el valor del
consumo mensual suministrado, y es deudora porque está obligada a
proporcionar al consumidor e fluido eléctrico, a su vez, el consumidor es

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acreedor porque tiene derecho a recibir ese suministro, y deudor porque
debe pagar cada mes el valor del consumo que hizo de energía eléctrica).

c) Obligaciones condicionales: Son generalmente definidas como aquellas


obligaciones cuya eficacia depende de la realización o falta de realización
(no-realización) de un acontecimiento futuro e incierto o “del
acontecimiento que constituye la condición”, según expresa el artículo 1269
del Código Civil (por ejemplo: la donación de una casa bajo la condición de
que el donatario se reciba de médico y cirujano). Consúltense los artículos
1269 al 1278 del Código Civil.

d) Obligaciones a plazo: Son aquellas obligaciones cuya eficacia y debido


cumplimiento se postergan a una fecha, cierta o incierta, en que debe
ocurrir (caso excepcional) un suceso necesariamente futuro (por ejemplo:
el pagar una cantidad de dinero seis meses de firmado el contrato). Nótese
que en las obligaciones condicionales el suceso que tipifica la condición
puede o no ocurrir, y por lo tanto la obligación puede o no tener eficacia,
plenos efectos, aunque formalmente tenga validez lega. En cambio, en las
obligaciones a plazo, el vencimiento de éste necesariamente tiene que
ocurrir y la eficacia de la obligación tiene necesariamente que surgir por el
simple hecho de llegar la fecha o momento en que deba cumplirse.
Consúltense los artículos 1279 al 1283 del Código Civil.

IV. CUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES.

1. EL PAGO.

a) Definición: Previamente a definir lo que es pago, debemos conceptualizar


lo que se entiende por cumplimiento de la obligación, que constituye un
deber jurídico calificado, pues es evidente que las obligaciones, sean
extracontractuales o contractuales, se establecen para ser cumplidas por el
deudor de las mismas. De ahí que si el cumplimiento no se hace
voluntariamente, la ley establezca no sólo los medios judiciales para que el
acreedor exija el cumplimiento, sino también las responsabilidades de orden
pecuniario en que incurre el deudor. En ese orden de ideas, diremos que el
pago es el cumplimiento de la prestación que constituye el objeto de la
obligación, ya sea ésta una obligación de hacer o un obligación de dar.
Nuestra legislación civil, al igual que la generalidad de la doctrina, toma
como sinónimos los vocablos pago y cumplimiento.

b) Naturaleza jurídica del pago: Para algunos autores, el cumplimiento o pago


de la obligación es sólo y simplemente un hecho. Un hecho que produce la
extinción de la obligación (tal el caso de un carpintero que se obliga a

110
construir una mesa por un precio determinado, y la entrega; aquí, la entrega
de la mesa y el consiguiente pago del precio son considerados simples
hechos). Para otros autores, el pago o cumplimiento de la obligación
constituye siempre un negocio jurídico en razón de tener por objeto, en
todos los casos, producir efectos jurídicos (extinción de la obligación, y los
derivados de esa extinción). Para la doctrina ecléctica, que como tal tiende
a conjugar los criterios discrepantes, el pago es a veces nada más un hecho
(como en el contrato de prestación de servicios), y a veces constituye en
realidad un negocio jurídico (como en el contrato de promesa de venta, en
que se cumple la obligación otorgando el contrato de compraventa
prometido). El criterio ecléctico, por su amplitud y comprensión, es
considerado generalmente como el aceptable para determinar la naturaleza
jurídica del pago o cumplimiento de las obligaciones.

c) Clases: 1) Pago en moneda extranjera: En principio diremos que todo pago


en efectivo o dinero debe hacerse en moneda nacional; sin embargo, si el
pago tuviere que hacerse en moneda extranjera, cumplirá el deudor con
entregar su equivalencia en moneda nacional, al tipo de cambio que rija en
la plaza el día del pago (véanse los artículos 1395 y 1396; la Ley Monetaria,
Decreto N° 203 del Congreso; y, la Ley de Especies Monetarias, Decreto N°
139-96 del Congreso). 2) Pago con cheque: El pago hecho por medio de
cheque, queda sujeto a la condición de que éste se haga efectivo a su
presentación. En ese sentido, estipula nuestro Código de Comercio (artículo
410) que: “Los títulos de crédito (incluido aquí el cheque) dados en pago se
presumen recibidos bajo la condición: salvo buen cobro, cualquiera que sea
el motivo de la entrega” (véanse los artículos 1394 del Código Civil; y, 494
al 543 del Código de Comercio). Conviene aclarar que, quien entrega un
cheque sin provisión de fondos cuando constituya un ardid o engaño para
alcanzar un beneficio ilegítimo, en perjuicio de otro, es responsable del
delito de estafa mediante cheque (artículo 268 del Código Penal), sin
perjuicio de las responsabilidades civiles en que incurre por tal acción. 3)
Pago en especie: Si el pago tuviere que hacerse en especie y hubiere
imposibilidad de entregar la misma cantidad y calidad, el deudor satisfará
el valor que la cosa tenga en el tiempo y lugar señalados para el pago, salvo
que se haya fijado precio al celebrarse el contrato (véase el artículo 1397
del Código Civil).

d) Pago por el deudor y pago por tercero. Legitimación para recibir el pago:
1) Pago por el deudor y pago por tercero: Implícita, no explícitamente, el
Código Civil consagra el principio de que el pago ha de hacerlo es deudor.
En efecto, el artículo 1380, con el que se inicia el capítulo concerniente al
cumplimiento de las obligaciones, dispone que el pago puede ser ejecutado
por un tercero, tenga o no interés y ya sea consintiéndolo o ignorándolo el
deudor. En consecuencia, el pago (cumplimiento de la obligación) puede

111
hacerlos el deudor (principios general) o un tercero (principio excepcional),
caso este último en que puede efectuarse consintiéndolo el deudor, es
decir, con previo conocimiento y con su anuencia, o ignorándolo, esto es,
cuando el tercero actúa sin el consentimiento previo y anuencia del deudor.
2) Legitimación para recibir el pago: El pago, necesariamente, debe hacerse
al acreedor o a quien tenga mandato (apoderado o mandatario) o
representación legal (padres en ejercicio de la patria potestad, tutor o
personero de una persona jurídica colectiva). El pago hecho a quien no
tuviere facultad de recibirlo, es válido si el acreedor lo ratifica o se
aprovecha de él (véase el artículo 1384 del Código Civil). Conviene aclarar,
que la doctrina en torno a los elementos personales es uniforme, y reconoce
que dos son los sujetos a distinguir con claridad: 1° El que paga (sujeto
activo), denominado solvens (pagador); y, 2° El que recibe (sujeto pasivo),
denominado accipiens o destinatario (acreedor).

2. FORMAS ESPECIALES DE PAGO.

a) Imputación de pagos: En caso de pluralidad de obligaciones entre un mismo


acreedor y un mismo deudor, es preciso saber a cuál de dichas obligaciones
se refiere el pago, en el caso de que por ser de igual especie las prestaciones
debidas, no pueda deducirse del hecho mismo del pago (por ejemplo: entre
varias prestaciones pecuniarias de igual cantidad). Se requiere entonces la
designación o imputación del pago a una de esas varias deudas iguales. Es
decir, en otras palabras, que la imputación del pago no es más que la
facultad que corresponde al deudor de varias deudas con respecto a un
mismo acreedor para determinar a cuál de ellas debe afectarse el pago que
realice, todo ello dentro de las condiciones determinadas por la ley. Así,
pues, dispone el Código Civil (artículos 1404 al 1407) que: “El deudor de
diversas obligaciones a favor del mismo acreedor, tiene derecho a declarar
al hacer el pago, a qué deuda debe aplicarse./ Si el deudor, no obstante la
imputación hecha por él, aceptare recibo del acreedor imputando el pago
a alguna deuda especialmente, no puede pedir que se aplique a otra, a
menos que hubiere causa que invalide la imputación hecha por el
acreedor./ No expresándose a qué deuda debe hacerse la imputación, se
entenderá aplicado al pago a la que sea de plazo vencido; si hay varias de
plazo vencido, a la que fuere más onerosa para el deudor; si son de igual
naturaleza, a la más antigua; y si todas son iguales, el pago se imputará
proporcionalmente./ El que debe capital e intereses no puede, sin
consentimiento del acreedor, aplicar el pago al capital antes que a los
intereses, ni éstos antes que a los gastos”.

b) Pago por consignación: Llámase así al que se hace depositando


judicialmente la suma adeudada, lo cual puede tener lugar: 1° Cuando el
acreedor se negare a recibir la cantidad o cosa que se le debe; 2° Cuando
el acreedor fuere incapaz de recibir el pago y careciere de representación

112
legal; 3° Cuando el acreedor no se encuentre en el lugar en que debe
hacerse el pago y no tuviere en dicho lugar apoderado conocido; 4° Cuando
fuere dudoso el derecho del acreedor y concurrieren otras personas a exigir
el pago, o cuando el acreedor fuere desconocido; 5° Cuando la deuda fuere
embargada o retenida en poder del deudor, y éste quisiere exonerarse del
depósito; 6° Cuando se hubiere perdido el título de la deuda; 7° Cuando el
rematario o adjudicatario de bienes gravados quiera redimirlos de las cargas
que pesan sobre ellos; y, 8° En cualquier otro caso en que el deudor no
puede hacer directamente un pago válido. Es preciso aclarar, que
ofrecimiento de pago y consignación son dos instituciones distintas, aunque
se encuentren estrechamente ligadas la una a la otra. El ofrecimiento no es
realmente pago, aunque tenga que ver con él, por el contrario, lo es la
consignación. El ofrecimiento es no solamente anterior, sino también
necesariamente previo a la consignación. No hay consignación legalmente
posible sin el previo ofrecimiento del pago. El ofrecimiento y la consignación
son dos instituciones jurídicas íntimamente relacionadas, pero
independientes. El ofrecimiento sin la subsiguiente consignación es
totalmente ineficaz a los efectos del pago, la consignación sin el previo
ofrecimiento lo es igualmente. El ofrecimiento de pago no tiene señalada
una forma determinada en nuestra legislación civil. Debe hacerse, desde
luego, de manera que conste fehacientemente, con la intervención notarial
o con la de dos testigos idóneos. Conviene aclarar también, que el trámite
procesal del pago por consignación se encuentra normado en los artículos
568 al 571 del Código Procesal Civil y Mercantil; y, 135 al 140 de la Ley del
Organismo Judicial. Dicho procedimiento puede resumirse de la siguiente
manera: 1° Se debe presentar memorial ante juez competente, con todos
los requisitos de una primera solicitud (artículo 61 del CPCYM); 2°
Promovido el incidente, el juez dará audiencia al consignatario por el plazo
de dos días (artículo 138 de la LOJ); 3° Si las partes pidieren apertura a
prueba o el juez lo considera necesario –esto sólo si el incidente se refiere
a cuestiones de hecho–, se señalará la recepción de las pruebas en no más
de dos audiencias que se verificarán dentro de los diez días hábiles
siguientes (artículo 139 de la LOJ); 4° El juez, sin más trámite, resolverá el
incidente dentro de tercer día de concluido el plazo a que se refiere el punto
“2°” de este procedimiento, o en la propia audiencia de prueba, si se
hubiere señalado (artículo 140 de la LOJ); y, 5° La resolución es apelable y
se plateará en el término de tres días (artículos 140 de la LOJ; y, 602 del
CPCYM). Para concluir, podemos señalar que la consignación goza de un
trámite incidental sui generis, y decimos esto último por cuanto el incidente
se abre sin requerirse existencia de un juicio o negocio principal, cual es el
espíritu que deja traslucir la Ley del Organismo Judicial en su artículo 135.
(véanse los artículos 1408 al 1414 del Código Civil).

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c) Pago con subrogación: Se entiende por tal el que hace un tercero, a quien
se transmiten los derechos del acreedor. Nuestro Código Civil regula a la
subrogación en la transmisión de las obligaciones (artículo 1453): “La
subrogación tiene lugar cuando el acreedor sustituye en el tercero que
paga, todos los derechos, acciones y garantías de la obligación”; de lo
anterior se colige que nuestra ley sustantiva civil no estima que sea una
forma de pago, sino que la cataloga como una forma de transmisión de
obligaciones. La subrogación puede ser voluntaria (o convencional) o legal.
En cuanto a la primera, puede ser consentida, sea por el acreedor sin
intervención del deudor (lo que sucede cuando el acreedor recibe el pago
de un tercero, a quien transmite expresamente todos sus derechos respecto
de la deuda), sea por el deudor (como ocurre cuando éste paga la deuda de
una suma de dinero con otra cantidad que ha tomado prestada, y subroga al
prestamista en los derechos y acciones del acreedor primitivo) – véanse los
artículos 1453 y 1455, numeral 3°, del Código Civil–. La subrogación legal se
produce sin dependencia de la cesión expresa del acreedor: 1° Cuando el
que es acreedor paga a otro acreedor que le es preferente; 2° Cuando el
tercero que paga tiene interés jurídico en el cumplimiento; 3° Cuando el
tercero interesado en la obligación paga con anuencia del deudor; y, 4°
Cuando un heredero paga con sus bienes propios alguna deuda de la herencia
–véanse los artículos 1455, 1456 y 1457 del Código Civil–.

d) Dación en pago: La dación en pago (datio in solutum) es el acto jurídico


mediante el cual el deudor entrega al acreedor una prestación diferente de
la debida, con el consentimiento de éste. Recibe también la dación en pago
la denominación de adjudicación en pago. Esta modalidad requiere el
consentimiento del acreedor. De acuerdo con nuestro Código Civil (artículo
1386): “No se puede obligar al acreedor a aceptar cosa distinta de la que
se le debe, aunque el valor de la ofrecida sea igual o mayor, salvo
disposición especial de la ley”. Como vemos, el principio contenido en la
norma transcrita, rompe la forma especial de pago aquí tratada.

e) Pago por cesión de bienes: Es la dejación o abandono que un deudor hace


de todos sus bienes a sus acreedores, cuando se encuentra en la
imposibilidad de pagar sus deudas. Es una forma de pago. Así, pues, nuestro
Código Civil (artículo 1416) expresa que: “El deudor puede hacer cesión de
bienes a sus acreedores cuando se encuentre en la imposibilidad de
continuar sus negocios o de pagar sus deudas”. La cesión de bienes puede
ser: 1) Extrajudicial: Aquí se ponen de acuerdo el deudor con sus acreedores
y realizan un contrato en escritura pública, fijándose las bases y el
procedimiento, y cuyos efectos son la extinción de las deudas (artículo 1418,
numeral 4°, del Código Civil) y el rescate de los bienes (artículo 1421 del
Código Civil). 2) Judicial: Que se hace en un tribunal competente y el
procedimiento es el establecido para el concurso voluntario de acreedores

114
–artículos 347 al 370, inclusive el 392, del Código Procesal Civil y Mercantil–
, y cuyos efectos están contenidos en el artículo 1418 del Código Civil
(véanse también los artículos 1419, 1420 y 1422 del citado cuerpo legal).
Conviene aclarar, que las diferencias existentes entre la dación en pago y
el pago por cesión de bienes son las siguientes: 1° En la dación en pago el
deudor no se encuentra insolvente; en el pago por cesión de bienes el deudor
debe estar insolvente; 2° En la dación en pago se transmite la propiedad del
bien; en el pago por cesión de bienes no se transmite la propiedad de los
bienes, sólo se da la posesión; 3° En la dación en pago no se extiende a todo
el patrimonio y no hay varios acreedores; en el pago por cesión de bienes se
extiende a todo el patrimonio y son varios los acreedores; y, 4° En la dación
en pago la obligación queda cumplida y se extingue sin necesidad de
aprobación judicial; en el pago por cesión de bienes las deudas quedan
extinguidas, aunque lo que alcance cada acreedor no baste para el pago
completo, desde el momento en que se aprueba la cesión.

V. INCUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES

1. INCUMPLIMIENTO.

a) Definición: El incumplimiento no es más que la inejecución de obligaciones


o contratos. Nuestro Código Civil (artículo 1423), a este respecto, expresa
que: “El incumplimiento de la obligación por el deudor se presume por
culpa suya mientras no pruebe lo contrario”. De lo expresado por norma
transcrita, se hace necesario estudiar, en su orden: 1) El dolo: Es toda
sugestión o artificio que se emplee para inducir a error o mantener en él a
alguna de las partes (véase el artículo 1261 del Código Civil). El Código Civil,
en el desarrollo del capítulo relativo al incumplimiento de las obligaciones
(Libro V, Primera Parte, Título II, Capítulo VII), no hace referencia expresa
al dolo. Sí trata de él en las disposiciones relativas a los vicios de la
declaración de voluntad, considerando el dolo como una causa de
anulabilidad del negocio jurídico (véanse los artículos 1257 al 1268 del
Código Civil). 2) La culpa: Consiste en una acción u omisión, perjudicial a
otro, en que se incurre por ignorancia, impericia o negligencia pero sin
propósito de dañar (véase el artículo 1424 del Código Civil). Conforme al
Código Civil, en la culpa tiene papel relevante: la ignorancia, impericia o
negligencia del deudor (elemento subjetivo); y en el caso resultante de
cualesquiera de esas causas, el no oportuno y debido cumplimiento de la
obligación (elemento objetivo). Dispone el Código Civil (artículo 1425) que:
“La responsabilidad por culpa debe graduarse atendiendo a la naturaleza
de la obligación y a las circunstancias de las personas, de tiempo y de
lugar”. Necesariamente, esa graduación de la culpa debe hacerla el juez.
La prueba de la culpa está imputada al deudor (véase nuevamente el

115
artículo 1423 del Código Civil); sin embargo, el deudor no es responsable de
la falta de cumplimiento de la obligación por caso fortuito o fuerza mayor,
a no ser que en el momento en que ocurriere, hubiere estado en mora (véase
el artículo 1426 del Código
Civil).

b) Clases: 1) Incumplimiento imputable al deudor: Este incumplimiento se


tipifica cuando, para el surgimiento del mismo, la conducta del deudor,
manifestada o evidente en el sentido que no cumplirá la prestación debida,
es determinante en la no extinción normal de la obligación. Esa conducta
del deudor puede obedecer: al deliberado propósito del deudor de incumplir
la obligación, que se manifiesta en un consciente actuar o no actuar que
tiende a ese objeto (incumplir), tipificándose la figura que se denomina
dolo; o a una negligente actitud del deudor, que lleva en último grado al
incumplimiento de la obligación, tipificándose la figura que se denomina
culpa. El Incumplimiento no definitivo de la obligación lleva al estudio de la
mora. Si el deudor incumple temporal o defectuosamente la prestación
debida, esa circunstancia (tal incumplimiento), debe constar
fehacientemente, en la forma que la ley determina. Nótese que en caso la
obligación no pueda ser definitivamente cumplida por el deudor, la mora no
tiene relevancia alguna; sí la tiene, cuando la obligación puede ser
cumplida, aunque con retardo. Generalmente se acepta la definición de la
mora como el retraso culpable en el cumplimiento de la obligación. Esto es,
que haya transcurrido el tiempo previsto, en el contrato o en la ley, para
que el deudor cumpliere la obligación. La mora, por lo general, se estudia
respecto a la conducta del deudor, en los casos que la misma lleva al no
cumplimiento temporal de la obligación (mora del deudor); pero, también
la conducta del acreedor, caso menos frecuente, puede hacer que el
deudor, contra su voluntad de cumplir, se vea compelido a no poder cumplir
la obligación en tiempo (mora del acreedor) –véanse los artículos 1428 y
1429 del Código Civil–. Es importante hacer notar que (según el artículo 1430
del Código Civil): “El requerimiento para constituir en mora al deudor o al
acreedor, debe ser judicial o notarial. La notificación de la demanda de
pago equivale al requerimiento”. Conviene aclarar, que en materia
mercantil el requerimiento para constituir la mora no es necesario, en virtud
de lo regulado en el artículo 677 del Código de Comercio, que dice: “En las
obligaciones y contratos mercantiles se incurre en mora, sin necesidad de
requerimiento, desde el día siguiente a aquél en que venzan o sean
exigibles. Se exceptúan de lo dispuesto en este artículo los títulos de
crédito y las obligaciones y contratos en que expresamente se haya pactado
lo contrario” –el subrayado es nuestro–. 2) El cumplimiento anormal o
forzoso: Más que una clase es un efecto derivado del incumplimiento
imputable al deudor, no producido por fuerza mayor o mora del acreedor.
El cumplimiento forzoso tiene por objeto que la obligación, aunque

116
tardíamente, con retardo, sea cumplida primordialmente en la forma
pactada, o bien según lo estipulado entre las partes previendo el incumplir
del deudor, o lo dispuesto en la ley. En ese orden de ideas, se hace necesario
distinguir si se trata de obligaciones específicas o genéricas (véanse los
artículos 1323, 1381 y 1433 del Código Civil). 3) El cumplimiento por
equivalencia: Éste también es un efecto derivado del incumplimiento
imputable al deudor. Pude suceder que el deudor, por culpa imputable a él,
quede colocado en situación de serle imposible el cumplimiento de la
obligación, y por consecuencia no pueda el acreedor recurrir al
cumplimiento forzoso de la misma. En tal caso, la ley permite que el
acreedor pueda atacar, dígase así, el patrimonio del deudor mediante el
resarcimiento de los daños y perjuicios, cuya base legal, en forma más
amplia, en lo concerniente a las obligaciones de carácter personal y de
acuerdo con el Código Civil, radica en la figura denominada prenda general
patrimonial, que es contemplada en el artículo 1329 al disponer que: “La
obligación personal queda garantizada con los bienes enajenables que posea
el deudor en el momento de exigirse su cumplimiento”. Asimismo, dispone
el Código Civil (artículo 1433) que: “Establecida legalmente la situación de
mora, el deudor está obligado a pagar al acreedor los daños y perjuicios
resultantes del retardo, y corren a su cargo todos los riesgos de la cosa”.
Nótese que en esta previsión legal, los daños y perjuicios a pagar por el
deudor han de ser los resultantes del retardo, no del incumplimiento de la
obligación, porque ésta se supone exigible, incluso después de cuando debió
ser cumplida y no se cumplió. 4) Incumplimiento no imputable al deudor: Se
da cuando el incumplimiento de la obligación ocurre por causa no imputable
al deudor; éste no es responsable por razón de tal circunstancia, ya se
tipifique el incumplimiento temporal o el definitivo, caso este último que
produce la extinción de la obligación. Esa causa no imputable al deudor es
precisa terminológicamente, en la doctrina y en la ley, con las
denominaciones de caso fortuito y causa (o fuerza) mayor (véase
nuevamente el artículo 1426 del Código Civil). El caso fortuito es el suceso
que no ha podido preverse o que, previsto, no ha podido evitarse. Los casos
fortuitos, lo mismo que los de fuerza mayor, pueden ser producidos por la
naturaleza o por el hecho del hombre. Para algunos autores no existe
diferencia ni teórica ni práctica entre el hecho fortuito y la fuerza mayor,
ya que esta última también es consecuencia de un hecho imprevisible.
Jurídicamente, la distinción entre una y otra tiene escasa importancia, ya
que ambas pueden ser justificativas del incumplimiento de una obligación.
Otros autores estiman que el caso fortuito guarda mayor relación con los
hechos de la naturaleza (por ejemplo: el desbordamiento de un río, los
terremotos, las tempestades, las pestes, los incendios); en tanto que la
fuerza mayor se origina en hechos lícitos o ilícitos del hombre (por ejemplo:
la guerra, la coacción material y otros similares). Nuestra legislación
sustantiva civil sigue el criterio primeramente planteado, al considerar

117
ambas figuras con iguales efectos en cuanto eximen la responsabilidad al
deudor por falta de cumplimiento de la obligación. Si bien el Código Civil no
define o precisa el concepto de caso fortuito o fuerza mayor, puede
afirmarse que los contempla al disponer: “Cuando las condiciones bajo las
cuales fuere contraída la obligación cambiaren de manera notable, a
consecuencia de hechos extraordinarios imposibles de prever y de evitar,
haciendo su cumplimiento demasiado oneroso para el deudor, el convenio
podrá ser revisado mediante declaración judicial (artículo 1330)”; “Si la
obligación de hacer resultare imposible sin culpa del deudor, la obligación
queda extinguida (artículo 1325, primera parte); y, “La pérdida o deterioro
de la cosa objeto de la obligación antes de la entrega, se regirá por las
reglas siguientes: 1° Si se pierde sin culpa del deudor, la obligación quedará
sin efecto y se devolverá lo que se hubiere recibido por cuenta del
convenio;... 3° Si la cosa se deteriora sin culpa del deudor, el acreedor
podrá rescindir el convenio o recibir la cosa en el estado en que se
encuentre, con indemnización de daños y perjuicios en ambos casos, o
disminución proporcional del precio si lo hubiere (artículo 1331)”.

2. PROTECCIÓN DE LAS OBLIGACIONES.

a) Concepto: El derecho ha creado diversas formas o figuras que tienden a


garantizar y proteger el interés legítimo del acreedor, cuando la actitud y
el actuar o no actuar del deudor no se adecúan al cumplimiento previsto,
esperado y adecuado. Esas figuras constituyen efectivas garantías para la
protección de las obligaciones. Las garantías pueden ser reales, personales
y procesales.

b) Garantías de naturaleza real: 1) Arras: Se denominan arras a las cosas, y en


especial el dinero, que se entregan como señal o garantía del cumplimiento
de una obligación. Dispone el Código Civil (artículos 1442) que: “Las arras
dadas en garantía del cumplimiento de una obligación, constituyen el
equivalente de los daños y perjuicios provenientes de la inejecución,
siempre que mediare culpa; y si el incumplimiento procediere de quien las
recibió, éste deberá restituir el doble de lo que hubiere recibido”. 2)
Derecho de retención: Entiéndase por derecho de retención aquella facultad
que la ley otorga en ciertos casos al acreedor para mantener en su poder un
bien propiedad del deudor, negándose a entregarlo en tanto su crédito no
sea cubierto por éste. Aparentemente, esta figura podría apreciarse como
la legalización en ciertos casos, y excepcionalmente, del principio
enunciado afirmándose que nadie puede hacerse justicia por sí mismo. En
realidad y jurídicamente, no es así, porque en el ejercicio del derecho de
retención, el acreedor simplemente se resiste a entregar uno o más bienes
del deudor, hasta que éste le haga pago, sin que por la retención adquiera
ningún derecho sobre los bienes. El Código Civil reconoce el derecho de

118
retención en los casos siguientes: 1° Al mandatario, quien podrá retener las
cosas que son objeto del mandato hasta que el mandante realice la
indemnización y reembolso a que está obligado (artículos 1713 al 1715); 2°
Al comprador, cuando éste fuere perturbado en la posesión o hubiere motivo
justificado para temer que lo será, podrá el juez autorizarlo para retener la
parte del precio que baste a cubrir la responsabilidad del vendedor, salvo
que este último haga cesar la perturbación o garantice el saneamiento
(artículos 1828 y 1829); 3° Al comprador, quien tiene derecho de retener el
precio mientras se le demora la entrega de la cosa (artículo 1832); 4° Al
comodatario, quien no puede retener la cosa en seguridad ni en
compensación de lo que le debe el comodante, pero si la deuda procede de
gastos extraordinarios e indispensables en beneficio de la misma cosa, podrá
retenerla en calidad de depósito mientras no se le haga el pago (artículo
1971); 5° Al depositario, quien podrá retener la cosa depositada mientras
no se le hayan pagado o garantizado los gastos o los daños y perjuicios a que
se refiere el artículo 1981 del Código Civil (artículo 1982); y, 6° Al
constructor de una obra mueble, quien tiene derecho de retenerla mientras
no se le pague, y su crédito será cubierto preferentemente con el precio de
dicha obra (artículo 2026). Obsérvese, con base en los preceptos legales
anteriormente referidos, que la legislación sustantiva civil guatemalteca no
sistematizó el derecho de retención, concretándose a enumerar
casuísticamente y en forma dispersa los casos en que un acreedor puede
ejercerlo; en cambio, en la ley mercantil, la institución está sistematizada
en la parte general que el Código de Comercio dedica a las obligaciones y
contratos mercantiles (Libro IV, Título I, Capítulo Único), el cual, en sus
artículos 682 y 687, expresa que: “El acreedor cuyo crédito sea exigible,
podrá retener los bienes muebles o inmuebles de su deudor que se hallaren
en su poder, o de los que tuviere la disposición por medio de títulos de
crédito representativos./ El que ejercite el derecho de retención queda
obligado a pagar las costas, los daños y perjuicios: 1° Si no entabla la
demanda dentro del término legal. 2° Si se declara improcedente la
demanda”; asimismo contempla un caso aislado (artículo 870), concerniente
al contrato de hospedaje, al regular que: “Los equipajes y efectos del
huésped responden preferentemente al hotelero por el importe del
hospedaje y a ese efecto podrán ser retenidos por éste mientras no se le
pague lo que el huésped adeude”. 3) Derecho real de hipoteca: Que se
constituye sobre bienes inmuebles, para garantizar con ellos la efectividad
de un crédito en dinero a favor de otra persona. Generalmente el inmueble
gravado es propiedad del deudor; pero también una persona que no es la
deudora puede constituir hipoteca sobre un inmueble suyo para responder
de la deuda de otra persona (véanse los artículos 822 al 879 del Código Civil).
4) Derecho real de prenda: Contrato por el cual el deudor de una obligación,
cierta o condicional, presente o futura, entrega al acreedor una cosa mueble
o un crédito en seguridad de que la obligación ha de ser cumplida (véanse

119
los artículos 880 al 916 del Código Civil). 5) Derecho real de anticresis: Es el
concedido al acreedor por el deudor, o un tercero por él, poniéndole en
posesión de un inmueble y autorizándolo a percibir los frutos para
imputarlos anualmente sobre los intereses del crédito si son debidos; y en
caso de exceder, sobre el capital e intereses, o sobre el capital solamente
si no se deben intereses. Esta figura jurídica se encontraba regulada en el
artículo 2008 (y subsiguientes) del Código Civil de 1933 (Decreto legislativo
1932), así como en los artículos 904 al 912 del Proyecto de Código Civil para
la República de Guatemala, presentado por el connotado jurista
guatemalteco Licenciado Federico Ojeda Salazar, y que comprendía el
Capítulo V (De la anticresis), Título V (Derechos reales de garantía), del
Libro II (De los bienes, de la propiedad y demás derechos reales) de dicho
proyecto; sin embargo, la Comisión Revisora (integrada por los Licenciados
Arturo Peralta Azurdia y José Vicente Rodríguez, y el Doctor Mario Aguirre
Godoy) que estudió y dictaminó sobre el mencionado proyecto de ley,
suprimió el capítulo relacionado con la anticresis, porque ésta había sido
una institución que no tenía aplicación práctica en nuestro medio y por
estimarse que otros contratos, por ejemplo el fideicomiso, podían sustituirla
con mayor ventaja. 6) Anotación preventiva: Es el asiento temporal y
provisional de un título en el Registro de la Propiedad, como garantía
precautoria de un derecho o de una futura inscripción (véanse los artículos
1124, 1125, 1126, 1139, 1149 al 1166 del Código Civil; y, 526 del Código
Procesal Civil y Mercantil). 7) Embargo preventivo de bienes: En su acepción
procesal, es preventivo cuando tiene por finalidad asegurar los bienes
durante la tramitación del juicio. Es ejecutivo, cuando su objeto es dar
efectividad a la sentencia ya pronunciada (véase el artículo 527, así como
los artículos 297 al 312, todos del Código Procesal Civil y Mercantil).

c) Garantías de naturaleza personal: 1) Cláusula de indemnización: La cláusula


de indemnización (terminología usada por el Código Civil), tradicionalmente
ha sido denominada cláusula penal (de la expresión latina stipulatio poene);
y, se refiere al supuesto en que una persona, para asegurar el cumplimiento
de una obligación, se sujeta a una pena o multa de retardar o no ejecutar
la obligación. Siguiendo ese orden de ideas, nuestro Código Civil (artículo
1436) expresa que: “Las partes pueden fijar anticipadamente una cantidad
que deberá pagar el que deje de cumplir la obligación, o no la cumpla de
la manera convenida, o retarde su cumplimiento, la cual, en tales casos,
compensa los daños y perjuicios”. En cuanto a sus características, éstas se
encuentran enmarcadas en los artículos 1387, primera parte, y 1436 al 1442
del Código Civil. 2) Fianza: Más que como medio para garantizar una
obligación, se estudia la fianza como un contrato especial de garantía, en
sistemática seguida por el Código Civil (artículo 2100, primer párrafo), al
disponer que: “Por el contrato de fianza una persona se compromete a
responder por las obligaciones de otra”; es decir, vista de otra manera, que

120
es una obligación accesoria que uno contrae para seguridad de que otro
pagará lo que debe o cumplirá aquello a que se obligó, tomando sobre sí el
fiador, verificarlo él en el caso de que no lo haga el deudor principal, el que
directamente estipuló para sí. La fianza puede ser personal (responsabilidad
personal patrimonial ilimitada del fiador, hasta el monto de la obligación o
hasta el monto o modalidad en que se comprometió); o real, cuando el
fiador limita su responsabilidad constituyendo prenda o hipoteca
(responsabilidad patrimonial limitada del fiador) –artículos 2101 y 2103 del
Código Civil–. Aunque la ley tipifique la fianza como un contrato especial,
no cabe duda que su objeto radica esencialmente en garantizar el
cumplimiento de una obligación. Tiene, por regla general, naturaleza de
garantía personal, que se transforma en real, excepcionalmente, cuando se
presta constituyendo prenda o hipoteca.

d) Garantías de naturaleza procesal: 1) Acción subrogatoria u oblicua: Llamada


también indirecta, es aquella que permite a los acreedores ejercer todos
los derechos y acciones de su deudor, con excepción de las inherentes a su
persona. Tiene como finalidad la defensa, por vía judicial, de sus propios
intereses pecuniarios. Se ha dicha, por algunos autores, que es una acción
de integración patrimonial, en virtud que mediante ella el patrimonio del
deudor se incrementa con ciertos bienes que por inactividad de él podrían
no llegar a su patrimonio, en perjuicio del acreedor. En efecto, un deudor
puede a su vez ser acreedor o heredero de otra persona, o por cualquier
título estar en posibilidad legal de incrementar su patrimonio, y no lo hace,
por negligencia, indiferencia u otra razón. En tal caso, un acreedor de esa
persona puede encontrarse en situación que para el debido cumplimiento
de la obligación a su favor, el incremento patrimonial de su deudor sea
necesario, pues de otro modo podría quedar impago, en razón de la
insuficiencia o falta de bienes del deudor. Un ejemplo claro de esta
institución, se encuentra plasmado en el Código Procesal Civil y Mercantil
(artículo 455, primer párrafo) que estipula: “Pueden promover el proceso
sucesorio los que tengan interés en la herencia, tales como el cónyuge
supérstite, los herederos, el Ministerio Público (de conformidad con el
artículo 1 del Decreto N° 25-97, debe entenderse que se refiere a la
Procuraduría General de la Nación), los legatarios, los acreedores, el
albacea o por otro concepto similar” (el subrayado es nuestro). 2) Acción
revocatoria o pauliana: Es la que corresponde a los acreedores a efectos de
que sean revocados todos los actos que en su perjuicio haya realizado dolosa
o fraudulentamente el deudor, con el propósito de reducir sustancialmente
su patrimonio a tal manera que el o los acreedores no puedan hacer efectiva
la prestación a que tengan derecho. El Código Civil (artículo 1290) tipifica
esta figura al disponer que: “Todo acreedor puede pedir la revocación de
los negocios celebrados por el deudor en perjuicio o fraude de sus derechos.
Sólo los acreedores cuyos créditos sean anteriores al negocio impugnado,

121
pueden ejercitar la acción revocatoria”. La forma y características de la
acción pauliana se encuentran enmarcadas en el artículo citado y del 1291
al 1300 de dicho cuerpo legal. En cuanto a los efectos de la acción
revocatoria en el ámbito registral, expresa el Código Civil (artículo 1147,
numeral 2°) que: “Las acciones rescisorias o resolutorias no perjudicarán a
tercero que haya inscrito su derecho, exceptuándose: ...2° La acción
revocatoria de enajenación en fraude de acreedores, cuando el tercero haya
sido cómplice en el fraude o el derecho lo haya adquirido a título gratuito.
En los dos casos del inciso 2° no perjudicará a tercero la acción revocatoria
que no se hubiere entablado dentro de un año, contado desde el día de la
enajenación fraudulenta”.

e) Nota aclaratoria final: Por último, es menester aclarar, que en la actualidad


no existe criterio unificado, ni en la doctrina ni en la legislación, para el
desarrollo sistemático de la materia relativa a la protección o garantías de
las obligaciones. Nuestra legislación civil, tanto sustantiva como adjetiva, y
mercantil contiene varias garantía protectoras de las obligaciones, pero
dispersas en sus respectivos articulados. Es por ello, que diremos que las
únicas que tienen ubicación conceptual en la parte general del derecho de
obligaciones, son las arras, el derecho de retención, la cláusula de
indemnización, la fianza, la acción subrogatoria u oblicua y la acción
revocatoria o pauliana.

VI. TRANSMISIÓN DE LAS OBLIGACIONES

1. CESIÓN DE DERECHOS O DE CRÉDITOS.

a) Concepto: En doctrina, esta figura es denominada cesión o transmisión del


crédito. Es la transferencia de una parte a otra del derecho que le compete
contra su deudor, con entrega adicional de título, cuando exista. Se rige por
la compraventa, si es por precio; por la permuta, si se recibe un derecho
equivalente; y por la donación, cuando se realiza gratuitamente. El Código
Civil (artículo 1443) reconoce que: “El acreedor puede ceder sus derechos
sin el consentimiento del deudor, salvo que haya convenio en contrario o
que no lo permita la ley o la naturaleza del derecho. En la cesión se
observarán las disposiciones relativas al negocio jurídico que les dé origen,
en lo que no estuvieren modificadas en este capítulos”.

b) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto está regulado en los
artículos 1443 al 1452 del Código Civil.

2. SUBROGACIÓN.

122
a) Nota aclaratoria: Según la ubicación que le dé el derecho positivo, esta
figura es estudiada o como modalidad o forma especial del pago (pago con
subrogación), o como una modalidad de la transmisión de las obligaciones,
criterio este último adoptado por el Código Civil. Sin embargo,
didácticamente la subrogación es estudiada como una forma especial de
pago y que en el presente trabajo, quedó tratada en el Capítulo IV
(Cumplimiento de las Obligaciones), Punto 2 (Formas especiales de pago),
Literal “c)” (Pago con subrogación). Ahora bien, lo interesante e importante
de tratar esta figura jurídica dentro de este capítulo, es el hecho de exponer
las diferencias existentes entre la cesión de derechos y la subrogación, que
son: 1° La cesión de derechos es forzosamente un contrato. La subrogación
no, salvo los casos de subrogación convencional; 2° En la cesión de derechos
el acreedor siempre transmite voluntariamente su crédito al cesionario.
Mientras que en la subrogación legal el acreedor se ve desplazado, incluso
contra su voluntad, del crédito al ser desinteresado por el pago recibido; 3°
En la cesión de derechos no existe forzosamente un pago (por ejemplo: la
cesión gratuita). En la subrogación media forzosamente un pago; 4° En la
cesión de derechos se puede sujetar a un plazo suspensivo el pago del
precio. En la subrogación debe hacerse el pago, pues no existe mientras no
la hay; 5° La cesión de derechos es una operación de especulación, el
cesionario podrá cobrar la integridad del crédito aun cuando hubiese pagado
una cantidad menor por él. El tercero subrogante sólo podrá obtener el
monto del pago que efectuó y éste es un efecto reconocido generalmente
por los tratadistas; y, 6° La cesión de créditos impone el cumplimiento de
la forma y de las acciones publicitarias de notificación al deudor y de la
fecha cierta para que produzca efectos. La subrogación no está sujeta a
tales requisitos.

b) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado


en los artículos 1453 al 1458 del Código Civil.

3. TRANSMISIÓN DE DEUDAS.

a) Concepto: Es el contrato mediante el cual un nuevo deudor asume las


obligaciones de una deuda ya existente, remplazando al que hasta entonces
había sido deudor. Es decir, que la transmisión de la deuda (o asunción de
la deuda) ocurre cuando una persona sustituye a otra en la posición o calidad
de deudor, liberando al primitivo del nexo obligatorio, y manteniéndose la
identidad de la obligación y las garantías del crédito, salvo las puramente
personales y las reales otorgadas por un tercero si no media el
consentimiento de éste. Nuestro Código Civil (artículos 1459 y 1460) a este
respecto dice que: “La sustitución del deudor en una obligación personal y
su liberación, se verifican por convenio entre el acreedor y el tercero que

123
se sustituye./ La sustitución también puede convenirse entre el deudor y el
tercero, siempre que el acreedor consienta expresa o tácitamente”.

b) Regulación legal: Todo lo relativo al presente punto está regulado en los


artículos 1459 al 1468 del Código Civil.

VII. EXTINCIÓN DE LAS OBLIGACIONES

1. COMPENSACIÓN.

a) Concepto: Se ha definido esta figura como la extinción, hasta el límite de la


menor, de dos deudas, existentes en sentido inverso entre las mismas
personas. Constituye, pues, una de las formas de extinción de las
obligaciones. En ese sentido, nuestro Código Civil (artículo 1469) expresa
que: “La compensación tiene lugar cuando dos personas reúnen la calidad
de deudores y acreedores recíprocamente y por su propio derecho”. Esto
es, surge la compensación cuando una persona acreedora de otra, deviene,
por distinta relación jurídica, deudor de su deudor, quien a su vez deviene
acreedor de su acreedor. Un ejemplo aclarará esa situación. Si “A” es
acreedor de “B” por dos mil quetzales, y, posteriormente, “B”, por compra
de un crédito u otra causa, se transforma en acreedor de “A” por igual
cantidad, dos mil quetzales, las acreedurías de ambos quedan compensadas
y las respectivas obligaciones se extinguen. Como se puede ver, no es
necesario, para que opere la compensación, que las cantidades o cosas
debidas sean iguales.

b) Clases: Doctrinariamente se distinguen tres clases de compensación: 1)


Legal: Que tiene lugar cuando dos personas reúnen la calidad de deudores y
acreedores recíprocamente y por su propio derecho (en terminología del
artículo 1469 del Código Civil). 2) Judicial: Que es la declarada por el juez
cuando, no cumplidos al iniciarse el juicio los requisitos necesarios para su
existencia, se cumplen en el transcurso del mismo. 3) Convencional: Que
tiene lugar cuando los interesados acuerdan la compensabilidad de sus
créditos, aún no teniendo los requisitos que la ley exige para su
compensación.

c) Regulación legal: Todo lo relativo con este punto está regulado en los
artículos 1469 al 1477 del Código Civil.

2. NOVACIÓN.

124
a) Concepto: Es una de las formas de extinción de las obligaciones, consistente
en la sustitución de una obligación preexistente, que se extingue, por otra
nueva que se crea. Así, pues, la novación supone una obligación anterior
que le sirve de causa y que es, precisamente, la que, con sus accesorias,
queda extinguida. La novación tanto puede referirse al cambio en el objeto
de la obligación cuanto al de las personas obligadas: al del anterior deudor
por otro a al del acreedor precedente por uno distinto.

b) Clases: Las clases de novación que la doctrina admite, son las siguientes: 1)
Novación subjetiva: Puede ser activa: si el acreedor y deudor convienen
posteriormente en un cambio de acreedor (por ejemplo: si “A” se obligó a
pagar a “B” la cantidad de mil quetzales, y después convienen que, en lugar
de “B”, el acreedor sea “C”); y, pasiva: si acreedor y deudor convienen
posteriormente en un cambio de deudor (por ejemplo: si “A” se obligó a
pagar a “B” la cantidad de mil quetzales, y después convienen que, en lugar
de “A” el deudor sea “C”). 2) Novación objetiva: Ocurre cuando acreedor y
deudor convienen en modificar sustancialmente la obligación original, o en
sustituirla por otra nueva (por ejemplo: si “A” se obligó a pagar a “B” la
cantidad de mil quetzales, y ambos convienen después que “A” entregará a
“B”, o bien seiscientos quetzales y una máquina de escribir, o bien, en lugar
de dicha cantidad –mil quetzales– una motocicleta). Nuestro Código Civil
admite solamente la novación objetiva, en su aspecto más característico, al
disponer (artículo 1478) que: “Hay novación cuando deudor y acreedor
alteran sustancialmente la obligación sustituyéndola por otra. La novación
no se presume; es necesario que la voluntad de efectuarla resulte
claramente del nuevo convenio, o que la antigua y la nueva obligación sean
de todo punto incompatibles”. Resulta lógico que el Código Civil no admita
la novación subjetiva, puesto que, como se anotó, regula expresamente la
cesión de derechos (cambio de acreedor) y la transmisión de deudas
(sustitución de deudor).

c) Efectos: Son efectos de la novación, conforme al Código Civil: 1° Extinguir


las garantías y obligaciones accesorias, a menos que el acreedor y deudor
convengan expresamente en la reserva, la cual no tendrá validez si la
garantía la hubiere prestado un tercero que no acepte expresamente la
nueva obligación (artículo 1479); y, 2° La novación no altera el orden y
preferencia de las garantías constituidas por el deudor cuando se trata de
bienes de su propiedad o bienes de terceros que hayan prestado su
consentimiento para la nueva obligación (artículo 1480). Los artículos 1481,
1482 y 1485 del Código Civil prevén los casos de modificación de la
obligación original, que no constituyen novación.

d) Regulación legal: Todo lo concerniente a este punto está regulado en los


artículos 1478 al 1488 del Código Civil.

125
3. REMISIÓN.

a) Concepto: De la misma manera que el titular de un crédito puede transmitir


el mismo a favor de un tercero, puede también disponer de él
en beneficio del deudor, liberándolo del vínculo obligatorio. Así, pues, la
remisión es el acto del acreedor extintivo de la obligación, por el cual éste
–el acreedor– renuncia voluntariamente, y por lo general en forma gratuita,
a todo o parte de su derecho contra el deudor, y que puede efectivizarse
mediante la entrega del documento original en que constare la deuda, si no
hubiere sido pagada, o por cualquier otro procedimiento fehaciente. La
remisión –llamada asimismo condonación de la deuda o, como se decía en
nuestro viejo derecho civil, quitamiento– de la deuda hecha al deudor
principal, libera a los fiadores; pero no a la inversa. Desde el punto de vista
gramatical, ambos términos, remisión y condonación, vienen a tener el
mismo significado; remitir (en su concepto de perdonar), eximir, condonar,
libertar de una obligación. Asimismo, puede ser definida la remisión de la
deuda como el convenio entre acreedor y deudor, mediante el cual,
voluntaria y espontáneamente, el acreedor condona generosamente al
deudor, de la obligación contraída por éste. En ese orden de ideas, nuestra
ley sustantiva civil (artículo 1489) expresa que: “La remisión de la deuda
hecha por el acreedor y aceptada por el deudor, extingue la obligación”.

b) Regulación legal: Todo lo relacionado a este punto se encuentra


reglamentado en los artículos 1489 al 1494 del Código Civil.

4. CONFUSIÓN.

a) Concepto: Llamada más ampliamente como confusión de derechos, es una


de las formas típicas de extinción de las obligaciones. Tiene lugar cuando se
reúne en una misma persona, por sucesión universal o cualquier otra causa,
la calidad de acreedor y deudor; así como también cuando una tercera
persona sea heredera del acreedor y del deudor. Más sencillamente se
define como el modo de extinguir una obligación cuando en una misma
persona se reúnen las cualidades de acreedor y deudor, siempre que tal
reunión no se proyecte sobre entidades patrimoniales autónomas.
Adaptándose a ese concepto, el Código Civil (artículo 1495) dispone que “La
reunión de una misma persona de la calidad de acreedor y deudor, extingue
la obligación”. Como vimos, los casos más frecuentes de confusión ocurren
en el derecho sucesorio, aunque pueden ocurrir en el campo de los derechos
reales, tal el caso de las servidumbres y del usufructo y la nuda propiedad,
y en el ámbito del derecho mercantil, por razón de las múltiples situaciones
que las operaciones comerciales e industriales pueden provocar.

126
b) Efectos: Son efectos de esta figura jurídica, según el Código Civil: 1° Que la
confusión verificada en el deudor principal aprovecha a los fiadores (artículo
1497); 2° Que la confusión verificada en la persona del fiador no extingue
la obligación principal ni la de los demás fiadores (artículo 1498); 3° Que si
concurre la calidad de acreedor en uno de varios deudores simplemente
mancomunados, no quedan libres los demás sino en la parte que
correspondía a su codeudor (artículo 1499); y, 4° Que los créditos y deudas
del heredero que no hayan sido instituidos a título universal, no se
confunden con las deudas y créditos hereditarios (artículo 1500).

c) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto está regulado en los
artículos 1495 al 1500 del Código Civil.

5. PRESCRIPCIÓN EXTINTIVA, NEGATIVA O LIBERATORIA.

a) Concepto: Es el medio de liberarse de una obligación por el transcurso del


tiempo que la ley determina; y que es variable según se trate de bienes
muebles o inmuebles. La prescripción extintiva, negativa o liberatoria
impide el ejercicio de la acción para exigir el cumplimiento de una
obligación. Generalmente se da cuando el acreedor no ejerce su derecho de
crédito durante el tiempo que en cada caso señala la ley. Para que empiece
a correr el tiempo de prescripción se requiere que la deuda sea exigible por
haberse llegado el plazo o realizado la condición, es decir, que se trate de
una deuda vencida, que el acreedor no la hubiera exigido, para que opere
se requiere que el deudor no hubiere renunciado al plazo transcurrido,
reconociendo el derecho del acreedor y que en caso de demanda judicial el
deudor no oponga la excepción de prescripción, pues el juez no puede
invocarla ex officio. Nuestro Código Civil no la define; sin embargo,
establece en su artículo 1501 que: “La prescripción extintiva, negativa o
liberatoria, ejercitada como acción o como excepción por el deudor,
extingue la obligación. La prescripción de la obligación principal produce la
prescripción de la obligación accesoria”. Es decir, que ésta puede
ejercitarse como acción (demandando ante juez competente que sea
declarada), o como excepción (a manera de defensa en juicio iniciado para
que se cumpla una obligación que por el transcurso del tiempo ha prescrito).

b) Términos legales: Nuestro Código Civil menciona entre los términos legales
más importantes de prescripción, los siguientes: 1° La prescripción extintiva
se verifica en todos los casos no mencionados en disposiciones especiales,
por el transcurso de cinco (5) años, contados desde que la obligación pudo
exigirse; y si ésta consiste en no hacer, desde el acto contrario a la
obligación (artículo 1508, asimismo véanse los artículos 1509 al 1512 y el
1516); 2° Prescribe en un año la responsabilidad civil proveniente de delito

127
o falta y la que nace de los daños o perjuicios causados en las personas. La
prescripción corre desde el día en que recaiga sentencia firme condenatoria,
o desde aquel en que se causó el daño. Sin embargo, si se tratare de
funcionarios o empleados públicos, la responsabilidad civil de éstos
prescribirá en un término de veinte (20) años (artículos 155 de la
Constitución; y, 1513 del Código Civil); 3° Prescriben
en dos (2) años: los honorarios, sueldos, salarios, jornales y otras
retribuciones por prestación de cualquier servicio; la acción de cualquier
comerciante para cobrar el precio de los objetos vendidos; la acción de los
dueños de hoteles y toda clase de casas de hospedaje para cobrar el importe
de las pensiones y la de los fondistas y demás personas que suministran
alimentos, para cobrar el precio de éstos; y, las pensiones, rentas y
alquileres y cualesquiera otras prestaciones periódicas no cobradas a su
vencimiento, ya se haga el cobro en virtud de acción real o de acción
personal. En estos casos la prescripción corre desde el día en que el
acreedor puede exigir el pago (artículo 1514); 4° La obligación de rendir
cuentas que tienen todos los que administran bienes ajenos, y la acción para
cobrar el saldo de ellos, prescriben por el término de tres (3) años (artículo
1515); 5° La obligación garantizada con hipoteca prescribirá a los diez (10)
años contados desde el vencimiento de la obligación o de la fecha en que
se tuviere como vencido en virtud de lo estipulado (artículo 856); 6° El
término para aceptar la herencia es de seis (6) meses a contar de la muerte
del testador, si el heredero se encuentra en el territorio de la República y
de un (1) año si está en el extranjero (artículo 1031); 7° La acción
revocatoria prescribe en un (1) año, contado desde la celebración del
negocio o desde la fecha en que se verificó el pago o se hizo la renuncia del
derecho (artículo 1300); 8° El derecho de pedir la nulidad relativa dura dos
(2) años contados desde el día en que se contrajo la obligación, salvo los
casos en que la ley fije término distinto. Si la nulidad se fundare en violencia
o temor grave, el término es de un (1) año, contado de la fecha en que la
violencia cesó o el temor grave ha debido razonablemente desaparecer
(artículo 1312); 9° La acción para pedir la rescisión dura un (1) año, contado
desde la fecha de la celebración del contrato, salvo que la ley fije otro
término en casos especiales (artículo 1585); 10° La acción para recobrar lo
indebidamente pagado prescribe en un (1) año, contado de la fecha en que
se hizo el pago indebido (artículo 1628); 11° La acción para pedir la
reparación de los daños o perjuicios a que se refiere el Título VII, Capítulo
Único, del Libro V del Código Civil, prescribe en un (1) año, contado desde
el día en que el daño se causó, o en que el ofendido tuvo conocimiento del
daño o perjuicio, así como de quien lo produjo (artículo 1673); 12° La acción
para exigir el cumplimiento de la promesa, deberá entablarse dentro de los
tres (3) meses siguientes al vencimiento del plazo convencional o legal
(artículo 1684); 13° Puede también estipularse en el contrato que la venta
se rescindirá a solicitud del vendedor si dentro de un término fijado hubiere

128
quién dé más por la cosa. Este término no podrá exceder en ningún caso de
seis (6) meses si se tratare de inmuebles o de tres (3) si se tratare de otros
bienes, y se contará de la fecha de la celebración del contrato (artículo
1847); y, 14° La acción para pedir la reducción o rescisión de la donación
dura seis (6) meses, contados desde el día en que sobrevino el motivo de la
reducción o rescisión (artículo 1879).

c) Efectos: Son efectos o consecuencias jurídicas de la prescripción extintiva:


1° El principal efecto es que extingue la obligación principal y por lo tanto
también la accesoria (artículo 1501 del Código Civil); 2° Las personas
impedidas de administrar sus bienes, pueden reclamar contra sus
representantes legales, cuyo dolo o negligencia hubiere sido causa de la
prescripción (artículo 1502 del Código Civil); y, 3° Los que tienen capacidad
para obligarse pueden renunciar la prescripción ya adquirida, pero no el
derecho de prescribir para lo sucesivo (artículo 1503 del Código Civil).

d) Interrupción: La prescripción se interrumpe: 1° Por demanda judicial


debidamente notificada o por cualquier providencia precautoria ejecutada,
salvo si el acreedor desistiere de la acción intentada, o el demandado fuere
absuelto de la demanda, o el acto judicial se declare nulo; 2° Si la persona
a cuyo favor corre la prescripción, reconoce expresamente, de palabra o por
escrito, o tácitamente por hechos indudables, el derecho de la persona
contra quien prescribe; y, 3° Por el pago de intereses o amortizaciones por
el deudor, así como por el cumplimiento parcial de la obligación por parte
de éste. Conviene aclarar, que el efecto de la interrupción es inutilizar para
la prescripción todo el tiempo corrido antes de ella (véanse los artículos
1506 y 1507 del Código Civil).

e) Suspensión: No corre el término para la prescripción: 1° Contra los menores


y los incapacitados, durante el tiempo que estén sin representante legal
constituido; 2° Entre padres e hijos, durante la patria potestad; 3° Entre los
menores e incapacitados y sus tutores, mientras dure la tutela; 4° Entre los
copropietarios, mientras dure la indivisión; y, 5° Entre los cónyuges,
durante el matrimonio; y entre hombre y mujer, durante la unión de hecho
(véase el artículo 1505 del Código Civil).

f) Diferencia con la caducidad y con la prescripción adquisitiva, positiva o


usucapión: 1) Con la caducidad: 1° La caducidad fija de antemano el tiempo
durante el cual puede la acción ser ejercitada útilmente. La prescripción
tiene como fin extinguir un derecho por no haber sido ejercitado por el
titular; 2° A la caducidad no se le aplican la suspensión ni la interrupción.
En cambio a la prescripción si se le aplica la interrupción y la suspensión; y,
3° La caducidad se aplica más que todo en lo procesal, ya que extingue

129
actos procesales. La prescripción extingue derechos y obligaciones. 2) Con
la prescripción adquisitiva, positiva o usucapión: Por la prescripción
adquisitiva, positiva o usucapión se adquieren derechos (por ejemplo: el
derecho por el cual el poseedor de un bien inmueble adquiere la propiedad
de él por la continuación de la posesión durante el tiempo y las condiciones
fijadas por la ley). En cambio, por la prescripción extintiva, negativa o
liberatoria el deudor o constreñido se libera de alguna obligación (por
ejemplo: la obligación garantizada con hipoteca se extingue por el
transcurso del tiempo señalado en la ley, sin que el acreedor hipotecario
exija el cumplimiento de tal obligación). Conviene aclarar, que la
prescripción extintiva, negativa o liberatoria, la caducidad y la prescripción
adquisitiva, positiva o usucapión gozan de las siguientes similitudes o
semejanzas: 1° Sus efectos se producen siempre por el transcurso del
tiempo que es siempre determinado en la ley; 2° Todas se deben solicitar
ante juez competente; y, 3° Todas aparecen reguladas tanto en el derecho
sustantivo (civil) como en el derecho adjetivo (procesal).

130
RESUMEN DE DERECHO CIVIL IV

GENERALIDADES DEL NEGOCIO JURÍDICO

1. EL NEGOCIO JURÍDICO CIVIL.

a) Definición: En la moderna literatura jurídica se da este nombre a todo acto


voluntario y lícito realizado de conformidad con una norma jurídica que
tenga por finalidad directa y específica crear, conservar, modificar,
transferir o extinguir derechos y obligaciones dentro de la esfera del
Derecho Privado.

b) El negocio jurídico como especie del acto jurídico: El concepto de acto


jurídico ha sido en los últimos tiempos motivo de amplia especulación
doctrinal, abarcando campos tan amplios como el Derecho Público y el
Derecho Privado, tanto en su aspecto patrimonial como el familiar. Nuestro
Código Civil considera al acto jurídico tanto desde el punto de vista
patrimonial (contratos, declaración unilateral de voluntad) como el familiar
(matrimonio, reconocimiento de hijos, adopción) y desde luego aquella
parte que funde ambas nociones en el testamento y la sucesión intestada.
La expresión “negocio jurídico”, dice Puig Peña, ha ganado el favor de la
doctrina e incluso el de las legislaciones. En Francia tardaron mucho en
adoptar el término “negocio jurídico”, y todavía muchos tratadistas
emplean la frase, ya en ellos tradicional, de “acto jurídico”. En Italia hubo
también dudas al principio; pero ya es general la expresión “negocio
jurídico”, cosa que también sucede en nuestra patria. Como vemos por lo
expresado por el maestro español Federico Puig Peña, la expresión “acto
jurídico” fue por mucho tiempo sinónimo de “negocio jurídico”; pero en la
actualidad legislaciones como la francesa, la italiana, la alemana y, por qué
no decirlo, la guatemalteca aceptaron la frase “negocio jurídico” para
encuadrar aquí todos los actos voluntarios lícitos, que tienen por fin
inmediato establecer entre las personas relaciones jurídicas, crear,
modificar, transferir, conservar o extinguir derechos; y, concibiendo como
“acto jurídico”, todo acontecimiento del hombre en el cual interviene su

131
voluntad en forma directa y que, por la motivación que hace de un supuesto
jurídico, produce consecuencias de derecho. Entendiéndose así, que el
“negocio jurídico” es producto del “acto jurídico”, cuya acepción es mucho
más amplia en la actualidad.

c) El negocio jurídico como género del contrato: El Código Civil guatemalteco


considera al contrato como especie del negocio jurídico. Así el contrato se
halla inmerso en el orden jurídico y aunque los contratantes no lo
establezcan, las consecuencias de sus declaraciones de voluntad implican la
actualización de todas las consecuencias legales y no sólo las queridas, esta
concepción puede compaginarse con la idea del contrato como norma
individualizada en cuanto, en caso de incumplimiento, se está ante un hecho
ilícito y se puede obtener el fin querido o su equivalente por medio de la
ejecución forzosa.

2. NOCIONES GENERALES DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Concepto y definición de contrato: Previamente a definir qué es el contrato


es necesario señalar que el término analizado tiene en la práctica jurídica
diversas acepciones como norma individualizada, como documento y, en el
derecho mexicano, como acto jurídico. Asimismo, que el contrato es una
institución jurídica que excede los límites de la esfera civil, existiendo
además contratos mercantiles, laborales, administrativos, etc.; es decir,
que en un sentido amplio por contrato o relación contractual se considera
como contrato todo acuerdo de voluntades, tanto en el Derecho Privado
como en el Derecho Público con contenido patrimonial o extrapatrimonial.
El contrato en su significación semántica (es decir, del significado de la
palabra), es el pacto o convenio entre las partes sobre materia o cosa
determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas. Son variadas
las tendencias de los tratadistas del derecho civil para definir al contrato;
algunos lo identifican con la convención o pacto, otros los separan y otros
los combinan. De donde se deduce que no es fácil definir al contrato civil,
a pesar de su aparente sencillez. Etimológicamente deriva del latín
contractu, que deriva a su vez de contrahere, que significa reunir, lograr
concentrar. En ese orden de ideas, podemos definir al contrato civil
diciendo que es aquel acuerdo de voluntades divergentes anteriormente,
por medio del cual las partes crean, modifican o extinguen una relación
jurídica de carácter patrimonial. Por último, diremos que el Código Civil
(artículo 1517) da una definición de contrato en sentido estricto, al decir
que: “Hay contrato cuando dos o más personas convienen en crear,
modificar o extinguir una obligación”. Hay que tomar en consideración que
el Código Civil no diferencia al contrato de la convención, es decir, que
borra toda diferencia legal entre los mismos dejando todo en simple
terminología.

132
b) Evolución histórica: En Roma ya existía un numerus clausus de contractus
(contratos nominados), pero no una categoría general de contrato, y los
demás acuerdos eran nudum pactum (pactos), es decir, sin ninguna eficacia
jurídica. Mas tarde se logró dar cierta eficacia jurídica a los simples
acuerdos mediante formas solemnes, como la stipulatio, tipo de promesa
sometida a reglas muy estrictas (denominados contratos verbis). En este
mismo sentido apareció la forma literal (o sea, los contratos litteris), por
la cual se inscribía en el libro (codex) de contabilidad doméstica del deudor
la obligación, y la forma real (el mutuum o préstamo de consumo, el
contrato de fiducia, el comodato o préstamo de uso, el depósito y la
prenda), por la que al entregar un bien surgía la obligación de restituirlo.
Todo lo anterior no son más que ritos y procedimientos usuales, que
otorgaban una vinculación jurídica a la obligación que mediante ellas se
constituía, pero esa vinculación provenía de la forma, y no del propio
acuerdo de voluntades. Con los años se concretaron y especificaron en Roma
los contenidos contractuales, que eran los más básicos para una sociedad
como la romana: compraventa, arrendamiento de bienes y servicios,
mandato y sociedad. Junto a ellos se desarrollaron los contratos
innominados, que podían estar dentro de alguna de estas clases: do ut des,
facio ut facias, do ut facias y facio ut des. En este momento de la historia
seguía sin perfilarse la figura del contrato y sólo podemos hablar de
contenidos contractuales, unos típicos y otros innominados, pero en ningún
caso la voluntad era suficiente para obligarse. La llegada del Derecho de los
pueblos germanos implicó un retroceso respecto a la incipiente evolución
hacia la categoría de contrato, por cuanto estas comunidades mezclaban un
fuerte elemento formal con elementos simbólicos, e incluso el miedo a la
venganza privada era una de las razones para que se procediera al
cumplimiento de los acuerdos. Una influencia mucho más modernizadora
supuso la del Derecho canónico, que mantenía la obligación de veracidad y
la de respetar la palabra dada. En la recepción del Derecho canónico se
pretendía ir “vistiendo” los nudum pactum romanos, hasta llegar a los pacta
vestita. Hay que tener en cuenta que la figura actual del contrato, tal como
la conocemos, no deriva de los contractus romanos, sino de los pactos. Así,
en las Decretales del papa Gregorio IX (1234) se sancionaba la obligatoriedad
de respetar los pactos cuando se adoptaran mediante juramento. El
problema en este caso derivaba de que los pactos se debían cumplir, no por
su fuerza obligatoria, sino por subordinarse al juramento del que emanaba
el auténtico vínculo jurídico, por lo que no quedaba clara la solución cuando
se hiciera un pacto inválido a la luz del Derecho, unido a un juramento
válido. En el ámbito del Derecho mercantil existían los tribunales de
comercio para juzgar todas las materias que le concernieran y su
jurisprudencia fue la primera en reconocer que solus consensus obligat
(basta el acuerdo para obligar). Por las exigencias del tráfico mercantil, no

133
se podía vincular la eficacia jurídica de los pactos al cumplimiento de ciertas
formalidades y por ello es claro que en esta rama del Derecho se comenzara
a admitir la eficacia de los simples pactos. En la edad moderna, los teóricos
del Derecho natural, que en cierta medida secularizaron las ideas previas al
Derecho canónico, admitieron sin reserva la voluntad como fuente de
obligaciones. Fue Hugo Grocio quien, en su obra “De iure bello ac pacis”
(Sobre el derecho de la guerra y la paz, 1625), fundó todo su sistema en la
“necesidad de cumplir las propias promesas”. Aparece por tanto el contrato
como categoría donde el pilar básico es la simple voluntad de obligarse.
Estas ideas se mostraron en consonancia con el pensamiento individualista
y revolucionario de todos los juristas que influyeron en la redacción del
Código de Napoleón (1804), como Loysel, Domat o Pothier. Hemos de
recordar que en esta época el contrato era una institución tan valorada, que
incluso se situaba en el fundamento constitutivo de la sociedad política (el
contrato social) o se hablaba del matrimonio como contrato matrimonial.
Fruto de todas estas influencias, el artículo 1134 de dicho Código afirma:
“las convenciones formuladas conforme a las exigencias de la legalidad
adquieren fuerza de ley entre las partes”. Este artículo supone una
definición de la moderna categoría del contrato, que además gozaba de
grandes virtudes para los revolucionarios, pues rompía obstáculos para la
contratación del Antiguo Régimen y favorecía a la clase en ascenso, la
burguesía, reforzando la dinámica del desarrollo industrial. De este modo
se llegó al concepto de contrato hoy vigente que ha pasado a todos los
códigos modernos y que puede sintetizarse con palabras sencillas en la
fórmula antes citada: acuerdo de voluntades destinado a producir efectos
jurídicos. En la actualidad se habla de la crisis de la figura del contrato, o
más bien, de la crisis de los presupuestos que originaron el contrato. De
hecho, el acuerdo que representa la base del contrato, se suponía que debía
tener lugar entre voluntades libres e iguales, lo cual no es del todo cierto
hoy en día. La realidad social muestra que la libertad, a la hora de contratar,
no existe o está muy limitada en casos. Por ejemplo, en los contratos de
suministros de gas, agua, electricidad, en los que es habitual que operen
compañías en régimen de monopolio, o en otros, donde solo se alcanza una
cierta capacidad para elegir entre unos muy reducidos oferentes (por
ejemplo: las compañías aéreas). Por otro lado, la igualdad no existe
tampoco entre un empleador y alguien que necesita trabajar para ganar su
sustento o entre un banco y una persona necesitada de un préstamo. De
todo ello se deduce que si bien la figura general del contrato sigue vigente,
se han creado otras modalidades de acuerdo como son los contratos en
masa, forzosos, normados o normativos. También los legisladores han
acogido esta problemática dictando leyes que en muchos aspectos limitan
la antigua autonomía contractual donde sólo la voluntad dictaba el
contenido de los pactos y compromisos, como las leyes en defensa de la
competencia o las de protección de consumidores.

134
c) Principios de la contratación: 1) Consensualismo o consentimiento: Es el
acuerdo de voluntades que por su etimología proviene de sentire cum: sentir
juntos, querer la misma cosa. En materia contractual el consentimiento es
un requisito básico del contrato, y supone: una pluralidad de partes con
capacidad para contraer un acuerdo, que forman una única voluntad
contractual (unión de las voluntades singulares que deben ser libres y
conscientes) y se manifiesta a través de una declaración expresa y tácita,
de tal forma que exista concordancia entre la voluntad interna y la
declarada. La capacidad para prestar consentimiento no es universal,
habiendo siempre restricciones que suelen englobar a los menores no
emancipados, sordomudos que no sepan leer o escribir, y a los locos o
dementes, por considerarse en todos estos casos que el consentimiento no
puede ser del todo libre y consciente. Por otro lado, también hay una serie
de supuestos en los que se excluye el consentimiento por existir una
divergencia entre la voluntad interna (lo querido en realidad) y la voluntad
declarada, como son: el error, la violencia física irresistible y la declaración
emitida sin seriedad (por ejemplo, la iocandi causa) o con reserva mental.
Hay otro conjunto de supuestos en los que, aun habiendo perfecta
concordancia entre lo que se quiere decir y lo que se dice, se entiende que
el consentimiento ha sido viciado por error, intimidación (al inspirar en uno
de los contratantes el temor racional y fundado de sufrir un mal inminente
y grave en su persona o bienes o en su cónyuge o parientes si no contrata),
o por la utilización de palabras o maquinaciones insidiosas para inducir al
otro contratante a celebrar el contrato. 2) Formalismo: Se llama así a los
requisitos o solemnidades que acompañan o revisten los contratos y que son
específicamente determinados por la ley. En algunos casos, también
especialmente previstos, su omisión puede acarrear hasta la nulidad del
contrato. De acuerdo con la tesis general imperante en el Derecho positivo,
rige el principio de libertad de las formas, es decir que las partes pueden
escoger la que estimen más conveniente, salvo cuando la ley prescribe
alguna determinada. Sin embargo, es menester aclarar que en cuanto al
principio de libertad de las formas, éste opera en lo que a contratación
mercantil se refiere, no así en la contratación civil puesto que ésta es mucho
más rigurosa y solemne en sus formas, que son siempre establecidas en la
ley. En ese orden de ideas, el autor alemán Rudolf Von Ihering resume las
ventajas e inconvenientes del formalismo de la manera siguiente: 1°
Ventajas: Es una garantía de seguridad. Que los pactos no se concluyan con
precipitación, pues la forma es una llamada de atención sobre las
consecuencias del acto. Los compromisos no quedan en la memoria, se
pueden probar, son precisos. Permite una inscripción de registros, dando así
una garantía a los terceros; y, 2° Inconvenientes: Peligro es cuando a la
suerte que corran los actos jurídicos, pues la exigencia de la forma legal
implica el riesgo de que el contrato sea anulado cuando carezca de ella y

135
no producirá los efectos jurídicos que las partes esperaban, quedando una
de ellas, probablemente de buena fue, sometida al riesgo de ser sorprendida
por la otra, conocedora de la ineficacia del acto de la ausencia de forma.
Incomodidad para la celebración del acto. 3) Autonomía de la voluntad o de
la libertad contractual: Es la potestad que tienen los individuos para regular
sus derechos y obligaciones mediante el ejercicio de un libre arbitrio,
representada en convenciones o contratos que los obligue como la ley misma
y siempre que lo pactado no sea contrario a la ley, a la moral, al orden
público o a las buenas costumbres. Es decir, que la autonomía de la voluntad
no es más que la facultad que tienen las partes de todo contrato para
perfeccionar un convenio a su libre albedrío, quedando condicionada dicha
voluntad a factores y principios de orden legal, ético y social. 4) Posición
del Código Civil: En cuanto al principio del consensualismo o
consentimiento, nuestra ley sustantiva civil (artículos 1251, parte
conducente, 1252, 1253, 1254 y 1518) expresa que: “El negocio jurídico
requiere para su validez: ...consentimiento que no adolezca de vicio.../ La
manifestación de voluntad puede ser expresa o tácita y resultar también de
la presunción de la ley en los casos en que ésta lo disponga expresamente./
El silencio no se considerará como manifestación tácita de voluntad sino en
los casos en que existe, para la parte a quien afecta, la obligación de
explicarse./ Toda persona es legalmente capaz para hacer declaración de
voluntad en un negocio jurídico, salvo aquéllas a quienes la ley declare
específicamente incapaces./ Los contratos se perfeccionan por el simple
consentimiento de las partes, excepto cuando la ley establece determinada
formalidad como requisito esencial para su validez”. En cuanto al principio
de formalismo, el Código Civil guatemalteco (artículos 1574 al 1578)
establece que: “Toda persona puede contratar y obligarse: 1° Por escritura
pública; 2° Por documento privado o por acta levantada ante el alcalde del
lugar; 3° Por correspondencia; y, 4° Verbalmente./ El contrato cuyo valor
exceda de trescientos quetzales, debe constar por escrito. Si el contrato
fuere mercantil puede hacerse verbalmente si no pasa de mil quetzales./
Los contratos que tengan que inscribirse o anotarse en los registros,
cualquiera que sea su valor, deberán constar en escritura pública. Sin
embargo, los contratos serán válidos y las partes pueden compelerse
recíprocamente al otorgamiento de escritura pública, si se establecieren
sus requisitos esenciales por confesión judicial del obligado o por otro
medio de prueba escrita./ Deberán constar en escritura pública los
contratos calificados expresamente como solemnes (el mandato, la
sociedad, la donación de bienes inmuebles y la renta vitalicia), sin cuyo
requisito esencial no tendrán validez./ La ampliación, ratificación o
modificación de un contrato debe hacerse constar en la misma forma que
la ley señala para el otorgamiento del propio contrato”. Por último, en
cuanto al principio de la autonomía de la voluntad o de la libertad
contractual, nuestra Constitución Política de la República (artículos 5°,

136
parte conducente, y 44) establece que: “Toda persona tiene derecho a
hacer lo que la ley no prohibe; no está obligada a acatar órdenes que no
estén basadas en ley y emitidas conforme a ella.../ Los derechos y garantías
que otorga la Constitución no excluyen otros que, aunque no figuren
expresamente en ella, son inherentes a la persona humana. El interés social
prevalece sobre el interés particular (limitación al principio de la autonomía
de la voluntad). Serán nulas ipso jure las leyes y las disposiciones
gubernativas o de cualquier otro orden (los contratos, por ejemplo) que
disminuyan, restrinjan o tergiversen los derechos que la Constitución
garantiza”. Asimismo, este principio se encuentra consagrado en los
artículos 1251 al 1256 del Código Civil, los cuales ya fueron expuestos
anteriormente; y, 1593 al 1604 del mismo cuerpo legal.

3. ELEMENTOS DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Generalidades: Se denominan elementos del contrato a los requisitos o


condiciones que en éste deben concurrir para su existencia. Constituyen,
pues, estos elementos, las partes esencialmente integrativas del contrato.
Los elementos del contrato se clasifican corrientemente en esenciales,
naturales y accidentales.

b) Elementos esenciales: Son aquellos sin los cuales el contrato no puede


producirse (por ejemplo: el consentimiento, la capacidad negocial, el
objeto lícito y la causa).

c) Elementos naturales: Son los que le acompañan normalmente, como


derivados de su índole peculiar, y se sobrentienden por la ley, pero puede
ser excluidos por la voluntad de las partes.

d) Elementos accidentales: Son los que sólo existen cuando los contratantes
los agregan expresamente para limitar o modificar los efectos normales del
acto.

4. ELEMENTOS ESENCIALES DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Generalidades: Expresa el Código Civil (artículo 1251) que: “El negocio


jurídico requiere para su validez: capacidad legal del sujeto que declara su
voluntad, consentimiento que no adolezca de vicio y objeto lícito”. De lo
expuesto por el Código se deduce que los elementos esenciales o comunes
de todo negocio jurídico contractual son: la capacidad para contratar, el
consentimiento, el objeto y la causa (este último, sólo es doctrinal, ya que,
como se puede apreciar, no aparece en la norma legal transcrita por las
razones que se expondrán más adelante).

137
b) La capacidad legal del sujeto que declara su voluntad: Que no es más que
la facultad concedida por el Derecho para que un sujeto de derecho o
persona, sea susceptible de adquirir derechos subjetivos o contraer
obligaciones. Así, pues, el concepto de capacidad jurídica se identifica con
la personalidad, es así que el Código Civil (artículo 1°) establece que la
personalidad civil de las personas individuales se adquiere con el nacimiento
y se pierde con la muerte, o sea, que los seres humanos son personas desde
que nacen y por tanto tiene capacidad jurídica; sin embargo, el mismo
Código Civil (artículo 8°) especifica que: “La capacidad para el ejercicio de
los derechos civiles se adquiere por la mayoría de edad. Son mayores de
edad los que han cumplido dieciocho años. Los menores que han cumplido
catorce años son capaces para algunos actos determinados por la ley”. En
consecuencia, la incapacidad de ejercicio o negocial supone la capacidad
de goce, es decir, que el sujeto esté legitimado para obrar pero por su
menor edad o por otra causa legal o natural esté privado de la posibilidad
de atender personalmente de sus negocios (véanse los artículos 9° al 14 del
Código Civil).

c) El consentimiento que no adolezca de vicio: Esto implica la expresión


externa de las voluntades que coincidan con el objeto del acto, pues no
basta la expresión de voluntad unilateral si no hay acuerdo sobre la materia
o naturaleza del acto y sobre la identidad de la cosa (error obstáculo) o
sobre el negocio y la cosa a realizar. Sin embargo, el consentimiento no
debe adolecer de vicios, reputándose así todas aquellas situaciones o
sucesos que hacen que la expresión de la voluntad creadora del negocio
jurídico se vea afectada disminuyendo su eficacia, aun cuando la falta de
capacidad puede afectar a la voluntad e invalidar el negocio jurídico; el
Código Civil considera sólo como vicios de la declaración de voluntad el
error, el dolo, la simulación y la violencia (véanse los artículos 1251, 1257
al 1268, y 1284 al 1289). Como vimos anteriormente (artículo 1518 del
Código Civil), los contratos se perfeccionan por el simple consentimiento de
las partes, salvo cuando la ley establece determinada formalidad como
requisito esencial para su validez. En consecuencia, una vez dado ese
consentimiento mutuo entre las partes, obliga a éstos al cumplimiento de
lo convenido, siempre que esté dentro de las disposiciones legales relativas
al negocio celebrado, debiéndose ejecutar de buena fe y según la común
intención de los contratantes. Se hace necesario señalar aquí también que
la persona que propone a otra la celebración de un contrato fijándole un
plazo para aceptar, queda ligada por su oferta hasta la expiración del plazo
–si no se ha fijado plazo, el autor de la oferta queda desligado si la
aceptación no se hace inmediatamente–. Por último, es conveniente
establecer que el efecto que produce un contrato consentido por las partes
es: la obligación de concluirlo y a resarcir los daños y perjuicios resultantes

138
de la inejecución o contravención por culpa o dolo (véanse los artículos 1517
al 1537 del Código Civil).

d) El objeto lícito: Declara sobre el tema el Código Civil (artículo 1538) que:
“No sólo las cosas que existen pueden ser objeto de los contratos, sino las
que se espera que existan; pero es necesario que las unas y las otras estén
determinadas, a lo menos, en cuanto a su género. La cantidad puede ser
incierta con tal que el contrato fije reglas o contenga datos que sirvan para
determinarla. Los hechos han de ser posibles, determinados y en su
cumplimiento han de tener interés los contratantes”; todo lo anterior en el
supuesto que consistan en la obligación de dar, hacer o no hacer alguna
cosa. En suma, podemos afirmar, con carácter más genérico, que son
susceptibles de constituir objeto de los contratos todas las cosas o bienes
en el comercio de los hombres y todos los servicios no contrarios a la ley o
a la moral.

e) La causa: En materia de obligaciones y contratos, se conoce como causa:


para unos autores, el fin mediato que se busca en el contrato o que produce
la obligación; para otros, posiblemente con mejor propiedad, el propósito o
razón que motivó a cada una de las partes a celebrar el contrato. La causa
constituye un elemento esencial, hasta el punto de que, faltando la misma,
el contrato no produce ningún efecto. La causa de las obligaciones y
contratos tiene que ser verdadera, lícita y no opuesta a la moral y a las
buenas costumbres. A este respecto, expresa el profesor Federico Ojeda
Salazar (Exposición de Motivos del Proyecto de Código Civil de la República
de Guatemala) que: “La causa que enumera el artículo 1406 del Código del
77, como requisito para la validez del contrato, la suprimimos en el
Proyecto. Tomada como el motivo jurídico, la obligación de cada una de las
partes tiene por causa la obligación de la otra, y en este sentido se ha
interpretado la causa en nuestro Código. A pesar de la autonomía de esta
circunstancia proclamada por eminentes autores causalistas, la discusión
con los no menos grandes civilistas que sostienen su falsedad, sigue
interminable y no se llega a una conclusión definitiva, por lo que siguiendo
el ejemplo de códigos tan importantes y modernos como el alemán, el suizo
de las obligaciones, el mexicano, el brasileño y el peruano, decidimos no
mencionarla, tomando en cuenta que en los contratos onerosos la causa se
confunde con el objeto y en los gratuitos, con el consentimiento”.

5. FORMA DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL. SISTEMAS DE CONTRATACIÓN.

a) Forma del negocio jurídico contractual: Se llama así a los requisitos o


solemnidades que acompañan o revisten a los negocios jurídicos
contractuales y que son específicamente determinados por la ley. En
algunos casos, también especialmente previstos, su omisión puede acarrear
hasta la nulidad del contrato.

139
b) Sistemas de contratación: Existen muchas clasificaciones con respecto a los
sistemas de contratación; sin embargo, en nuestra opinión los tres más
importantes son: 1) El sistema formalista: En el que se distinguen dos
períodos, el predominantemente religioso y el predominantemente civil; se
caracteriza por la exigencia rigurosa de determinadas formalidades externas
como requisito de la existencia del contrato. 2) El sistema espiritualista:
Que se desinteresa de las formas para tomar sólo en consideración el
consentimiento, de cualquier manera que se haya manifestado. 3) El sistema
ecléctico: Es el que prevalece en la actualidad y aspira a mantener el
conveniente equilibrio entre la necesidad de asegurar la certeza y la
seriedad del contrato y la de evitar que un formalismo exagerado pueda
ocasionar nulidades rigurosas susceptibles de producir graves perjuicios a
los contratantes. Es decir, que de acuerdo con la tesis general imperante en
el Derecho positivo, rige el principio de libertad de las formas, es decir que
las partes pueden escoger la que estimen más conveniente, salvo cuando la
ley prescribe alguna determinada (como por ejemplo: en los casos de
donaciones de bienes inmuebles en que la ley exige que debe otorgarse y
aceptarse por escritura pública).

6. EFECTOS DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Entre las partes: Esencialmente, el efecto de los contratos consiste en la


creación, extinción o modificación de los derechos de las partes que
contratan y en surgimiento de obligaciones (véase el artículo 1517 del
Código Civil). Sin embargo, nuestra ley sustantiva civil (artículo 1534 –
Efectos del contrato–) expresa que: “Los que celebren un contrato, están
obligados a concluirlo y a resarcir los daños y perjuicios resultantes de la
inejecución o contravención por culpa o dolo”.

b) Con relación a terceros (contrato a favor y a cargo de tercero): Expone el


Código Civil (artículos 1530 al 1533), en relación con el tema, que: “Se
puede prometer por el hecho de un tercero con cargo de indemnización si
éste no cumple. La responsabilidad del promitente cesará desde el
momento en que el tercero acepte la obligación./ El que estipulare a favor
de un tercero tiene derecho a exigir el cumplimiento de la obligación. El
mismo derecho incumbe al tercero cuando así resulte del fin contemplado
en el contrato./ Cuando se dejare al tercero favorecido por el contrato el
derecho de reclamar la ejecución de lo pactado, no dependerá del
estipulante exonerar al deudor./ El estipulante puede reservarse el
derecho de subsistir al tercero designado en el contrato,
independientemente de la voluntad de éste y del otro contratante”.

c) Ejecución forzosa y resolución por incumplimiento: El cumplimiento forzoso


tiene por objeto que la obligación, aunque tardíamente, con retardo, sea
cumplida primordialmente en la forma pactada, o bien, según lo estipulado

140
entre las partes previendo el incumplir del deudor, o lo dispuesto en la ley.
A tal fin, se hace necesario distinguir si se trata de obligaciones específicas
o genéricas. Si se trata de una obligación específica de dar, la cosa debida
ha de estar todavía en el patrimonio del deudor para que sea exigible. Si se
trata de una obligación de hacer, ha de determinarse si la misma es
personalísima (por ejemplo: la obligación adquirida por un científico de
renombre para hacer un experimento sobre materia de su especialidad), o
no lo es (por ejemplo: la obligación adquirida por el dueño de un aserradero
para hacer un número determinado de vigas de pino, con ciertas medidas).
En el primer caso (obligación específica y personalísima de hacer), la
voluntad del deudor tendiente al cumplimiento no puede ser suplida, y de
ahí que, por el incumplir, el acreedor no puede ser compelido a recibir la
prestación o el servicio de un tercero, por haber sido la calidad y
circunstancias de la persona del deudor motivo determinante al establecer
la obligación, conforme a lo dispuesto en el artículo 1381 del Código Civil.
En este caso, el incumplimiento culposo da derecho al acreedor a exigir el
pago de los daños y perjuicios resultantes del retardo, según el artículo 1433
del citado cuerpo legal. En el segundo caso (obligación genérica), la
prestación debida pero incumplida por el deudor, puede ejecutarse por el
acreedor o por medio de un tercero, a costa del deudor, por ser indiferente
la calidad de quien inicialmente debió hacerla (artículo 1323 del Código
Civil). Por tercero, y en casos muy especiales, puede tenerse al juez que
otorga una escritura pública en rebeldía de quien debió otorgarla y no lo
hizo en su oportunidad y posteriormente no acató el mandamiento judicial
de que compareciera a otorgarla.

7. INTERPRETACIÓN DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Generalidades: Interpretar significa desentrañar el sentido de una expresión


de voluntad. Los contratos (los actos jurídicos en general) necesitan ser
interpretados para establecer el alcance preciso de la voluntad común
contenida en sus cláusulas. Cuando las fórmulas utilizadas por las partes
contratantes son claras y congruentes no hay en realidad problema de
interpretación; éste surge cuando la expresión de voluntad es ambigua,
incierta o contradictoria.

b) Criterios doctrinarios: 1) Teoría de la voluntad real o interna: Si se opta por


proteger a los contratantes y respetar sus propósitos, debe predominar la
voluntad real o interna sobre los términos de la declaración, y no debe
considerárseles ligados por la voluntad declarada que no era el fiel reflejo
de sus deseos. 2) Teoría de la voluntad declarada: Como reacción a la tesis
anterior, surgió en Alemania y postulada por la Escuela Histórica, la teoría
de la voluntad declarada, que mantiene el punto de vista antitético (que
denota o implica antítesis, es decir, oposición de sentido entre dos términos

141
o dos proposiciones) al afirmar que, en caso de divergencia entre la voluntad
real y la cual ha sido exteriorizada, es esta última la que debe predominar,
puesto que ha sido la única que ha podido ser conocida, pues la voluntad
interna está fuera del campo del Derecho. La tesis tiende a proteger a los
terceros que confiaron en la declaración de voluntad y se atuvieron a sus
términos conocidos. 3) Teoría ecléctica: En nuestro país, el artículo 1593
del Código Civil recoge la teoría de la voluntad real o interna con las debidas
limitaciones que reclama la protección de los intereses de tercero y la
salvaguarda de la seguridad de la contratación; el precepto dice: “Cuando
los términos o conceptos del contrato son claros y no dejan lugar a duda
sobre la intención de los contratantes, se estará al sentido literal de sus
cláusulas. Si las palabras fueren diferentes o contrarias a la intención
evidente de los contratantes, prevalecerá ésta sobre aquéllas”. Como se
ve, sólo deberá predominar la voluntad real de las partes sobre la declarada,
en el supuesto de que aquélla sea evidente; ello implica que también la
voluntad real fue exteriorizada, declarada de alguna manera, y que existe
una contradicción entre dos declaraciones o dos expresiones de voluntad.
No se requiere, conforme al sistema acogido por nuestro legislador, que el
intérprete sea un psicólogo ni que haga una labor de investigación de una
voluntad que no fue externada; deberá predominar la voluntad real cuando
sea evidente, cuando se haya manifestado con transparencia y claridad, de
modo que existan pruebas demostrativas de tal realidad visible, objetiva.

c) Posición del Código Civil: Nuestro Código Civil sigue la posición de la teoría
ecléctica en relación con la interpretación de los contratos, tal y como se
desprende de lo expuesto por el Licenciado Federico Ojeda Salazar
(Exposición de Motivos del Proyecto de Código Civil de la República de
Guatemala): “Los preceptos que regulan la interpretación de los contratos
están desapareciendo de los códigos modernos y la doctrina se orienta en
el sentido de abandonarlos por su ineficacia, pues dada la complejidad de
elementos de las más diversas especies que reclama la función
interpretativa, aquellos preceptos pueden devenir arbitrarios, o si se
formulan en términos de gran generalidad, resultan inservibles, por lo cual
los más recientes códigos se abstienen de dar fórmulas sobre el particular.
(Puig Peña, tomo IV, 2, pág. 42). Por otra parte, se trata de conocer la
voluntad de los contratantes y esta finalidad subjetiva, que consagra la
autonomía de la voluntad hoy en crisis, debe ser sustituida por la finalidad
objetiva, que indaga cómo la conducta de las partes, reflejada en el
contrato, es entendida por la generalidad de las gentes (Autor citado, pág.
41). Sin ignorar esta tendencia puesta en práctica por los códigos de
Alemania, Suiza, Argentina, Perú y Brasil, hemos tomado el articulado del
párrafo II, título XV del Código Civil del 77, tomando la redacción de algunos
preceptos del Código Civil mexicano que no suprimió esta materia. La
autonomía de la voluntad limitada con prescripciones restrictivas en los
contratos más usuales, hace desaparecer, en parte, el defecto que los

142
civilistas han encontrado en las reglas de interpretación de los códigos de
tipo clásico. Si lo que las partes han querido contraviene a leyes de orden
público o a principios de la legislación contractual, es evidente que la
voluntad averiguada y esclarecida, no puede dar vida al contrato, ni éste
surtir ningún efecto, como queda de manifiesto en el capítulo relativo a la
nulidad de los negocios jurídicos. Estimando que no dañan la tendencia
avanzada del Código las reglas de interpretación contenidas en el capítulo
V, las hemos conservado. Hacemos especial mención del artículo 1600 del
Proyecto, que se refiere a los contratos cuyas cláusulas están preparadas
en formularios impresos, como sucede en los contratos de seguro, en la
venta a plazos, etc., casos en los cuales se dispone que las cláusulas oscuras,
ambiguas o contradictorias, se interpretarán a favor del otro contratante,
aceptante del contrato” (consúltense los artículos 1593 al 1604 del Código
Civil).

8. INEFICACIA DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Nulidad absoluta y relativa: Se habla de nulidad de los contratos con


referencia a las causas que privan de validez a los mismos por vicios
existentes ab initio (desde el comienzo); a diferencia de la resolución y
rescisión, que los extinguen por circunstancias sobrevinientes. El contrato
es nulo y carente de todo efecto jurídico cuando le falta alguno de los
elementos necesarios para su constitución; ya sea por falta de capacidad de
los contratantes, por falta de consentimiento, por falta de causa, por
ilicitud de la causa, por defecto de forma o por falta, imposibilidad, ilicitud
o indeterminabilidad de la prestación (objeto). A este respecto nuestro
Código Civil (artículo 1303) expresa que: “El negocio jurídico es anulable:
1° Por incapacidad relativa de las partes o de una de ellas; y, 2° Por vicios
del consentimiento (el error, el dolo, la simulación y la violencia).” La
nulidad del negocio jurídico contractual, según nuestro Código Civil, puede
ser: 1) Nulidad absoluta: Hay nulidad absoluta en un negocio jurídico,
cuando su objeto sea contrario al orden público o contrario a leyes
prohibitivas expresas, y por la ausencia o no concurrencia de los requisitos
esenciales para su existencia (capacidad legal del sujeto que declara su
voluntad, consentimiento que no adolezca de vicio y objeto lícito). Los
negocios que adolecen de nulidad absoluta no producen efecto ni son
revalidables por confirmación (véanse los artículos 1251, 1301 y 1313 al
1318). 2) Nulidad relativa: La nulidad relativa se fundamenta en la
protección a un interés privado, por lo cual los negocios jurídicos surten
algunos efectos a pesar de que adolecen de algún vicio legal y pueden ser
convalidados mediante el transcurso del tiempo señalado para la
prescripción de la acción –dos años contados desde el día que se contrajo la
obligación– (véanse los artículos 1304 al 1318). Conviene aclarar, que la
nulidad puede ser declarada de oficio por el juez cuando resulte manifiesta;
puede también ser alegada por los que tengan interés o por la Procuraduría

143
General de la Nación (véanse los artículos 1302 del Código Civil; y, 1 del
Decreto N° 25-97 del Congreso).

b) Rescisión: Es una de las formas de extinción de los mismos por causas


sobrevinientes después del perfeccionamiento de aquéllos. En sentido más
concreto, la expresión hace referencia a la extinción del contrato
anulándolo por lesión. La rescisión contractual que se apoya en un precepto
legislativo o en cláusula de la convención, aparece como subsidiaria en
principio; a falta de otro medio para la subsistencia del nexo o la reparación
del perjuicio. En ese orden de ideas, nuestro Código Civil (artículo 1579)
expresa que: “Los contratos válidamente celebrados, pendientes de
cumplimiento, pueden rescindirse por mutuo consentimiento o por
declaración judicial en los casos que establece este Código (véase el artículo
1927 del Código Civil)”. Consúltense también los artículos 1580 al 1586, y
1844 al 1851 del Código Civil. Estos últimos artículos, se refieren al pacto
comisorio, es decir, a aquel que autoriza a cada una de las partes
contratantes a optar por la resolución del vínculo obligatorio en el caso de
que la otra parte haya incumplido la obligación que le incumbía. Según
afirma Raymundo Salvat M., “es la cláusula en virtud de la cual se estipula
que el contrato será resuelto si una de las partes no cumple con sus
obligaciones” (Tratado de derecho civil argentino, Buenos Aires, 1928). En
la legislación guatemalteca, el pacto comisorio se da cuando: “Pueden las
partes estipular en el contrato que la venta se rescindirá si no se paga el
precio en cierto día determinado. Sin embargo, el comprador de bienes
inmuebles podrá pagar el precio después del día señalado mientras no
hubiere incurrido en mora en virtud de requerimiento”. Por último, es
importante hacer mención que la acción para pedir la rescisión dura un año,
contado desde la fecha de la celebración del contrato, salvo que la ley fije
otro término en casos especiales.

c) Resolución: Una de las acepciones gramaticales del verbo resolver es


deshacer, destruir. En consecuencia, resolver un contrato equivale a
deshacerlo o destruirlo. La resolubilidad de los actos jurídicos en general y
la de los contratos en particular, es consecuencia de la naturaleza del acto
(negocio jurídico) o de la condición resolutoria agregada al mismo por las
partes. La resolución del contrato concluye una de las formas de quedar sin
efecto este acto jurídico. La condición resolutoria puede ser no sólo
expresa, sino también tácita, pues como es sabido en los contratos
bilaterales si una de las partes no cumple, la otra puede pedir el
cumplimiento de lo convenido o la resolución del contrato. La resolución
produce efectos, unas veces, ex tunc (expresión latina que significa “desde
entonces”; se emplea para indicar que una ley, un acto, un contrato, tienen
efectos retroactivos al momento en que fueron originados) y otras ex nunc
(expresión latina que significa “desde ahora”; y con ella se alude a que una

144
ley, contrato o condición no tiene carácter retroactivo, sino que producen
sus efectos desde el momento de la iniciación o perfeccionamiento de la
relación jurídica). La resolución del contrato tiene naturaleza judicial,
siendo en todo caso su pretensión un acto de carácter facultativo, puesto
que puede ejercitarse o no por el interesado. Siguiendo ese orden de ideas,
nuestra ley sustantiva civil (artículos 1535, 1536, 1537, 1581, 1582 y 1583)
expresa que: “En todo contrato bilateral hay condición resolutoria y ésta
se realiza cuando alguna de las partes falta al cumplimiento de la
obligación en lo que le concierne. El interesado puede pedir la resolución
del contrato o reclamar su ejecución, y en ambos casos, el pago de daños y
perjuicios, si los hubiere./ También se podrá pedir la resolución del
contrato, aun después de haber optado por reclamar el cumplimiento, si
éste resultare imposible con posterioridad a la demanda./ El que ha dado
motivo para la falta de cumplimiento o invalidez de un contrato, no podrá
invocar en su favor esa causa para pedir su resolución./ La condición
resolutoria convenida por los contratantes deja sin efecto el contrato desde
el momento en que se realiza, sin necesidad de declaración judicial./ La
resolución de un contrato por efecto de la condición resolutoria implícita,
debe ser declarada judicialmente./ Verificada o declarada la rescisión o
resolución de un contrato, vuelven las cosas al estado en que se hallaban
antes de celebrarse; en consecuencia, las partes deberán restituirse lo que
respectivamente hubieren recibido. Los servicios prestados deberán
justipreciarse ya sea para pagarlos o para devolver el valor de los no
prestados”.

d) Revocación: Constituye una de las formas de extinción de los contratos


mediante la anulación por quien se había obligado en forma unilateral. Es
especialmente aplicable a los contratos de donación y de mandato. Sin
embargo, es preciso diferenciar la revocación de la acción pauliana o
revocatoria, que es la que corresponde a los acreedores a efectos de que
sean revocados todos los actos que en su perjuicio haya realizado dolosa o
fraudulentamente el deudor. En ese orden de ideas, nuestro Código Civil
(artículo 1290) estipula que: “Todo acreedor puede pedir la revocación de
los negocios celebrados por el deudor en perjuicio o fraude de sus derechos.
Sólo los acreedores cuyos créditos sean anteriores al negocio impugnado,
pueden ejercitar la acción revocatoria”. Consúltense los artículos 982, 983,
1290 al 1300, 1699, 1717 numeral 3°, 1718, 1719, 1721, y 1866 al 1874 del
Código Civil.

9. CLASIFICACIÓN DEL NEGOCIO JURÍDICO CONTRACTUAL.

a) Unilaterales y bilaterales: Los contratos, desde el punto de vista de las


obligaciones que generan, se clasifican en unilaterales o bilaterales. Si
generan obligaciones para ambas partes es bilateral o sinalagmático (por

145
ejemplo: la compraventa); si sólo generan obligaciones para una de las
partes y derechos para lo otra es unilateral (por ejemplo: la hipoteca). No
deben de confundirse los actos en que sólo interviene una voluntad (por
ejemplo: el testamento), o sea, los actos monosubjetivos con los actos
unilaterales, y aquellos en que intervienen dos o más voluntades o
plurisubjetivos (por ejemplo: la sociedad), con los actos bilaterales; ya que
una clasificación obedece al número de voluntades que intervienen en el
acto y la otra a las obligaciones que genera un contrato, aunque en
ocasiones también se les llama a los actos en que sólo interviene una
voluntad, actos unilaterales, y a los que intervienen dos, actos bilaterales.

b) Solemnes, formales y consensuales: Desde el punto de vista de la manera


en que puede o debe manifestarse la voluntad y por ende el consentimiento,
los contratos se clasifican en solemnes, formales o consensuales. Cuando la
ley exige una forma determinada y no otra diferente para que se produzcan
ciertas y determinadas consecuencias y prevé que si no se satisface esa
forma, no se producirá esas consecuencias el acto se califica de solemne
(por ejemplo: el mandato debe constar siempre en escritura pública –
artículo 1687, primer párrafo, del Código Civil; véase también el artículo
1577 de dicha ley–). Cuando la ley exige una forma determinada y no otra
diferente para que se produzcan determinadas consecuencias, pero esas
consecuencias se producen también aunque no se satisfaga la forma prevista
y sólo se establece la nulidad del contrato por la falta de tal forma,
destruyéndola retroactivamente esos efectos cuando se pronuncie por el
juez la nulidad, el contrato se clasifica y califica como formal (por ejemplo:
cuando el Código Civil, artículo 1576, establece que: “Los contratos que
tengan que inscribirse o anotarse en los registros, cualquiera que sea su
valor, deberán constar en escritura pública. Sin embargo, los contratos
serán válidos y las partes pueden compelerse –obligarse– recíprocamente al
otorgamiento de escritura pública, si se establecieren sus requisitos
esenciales por confesión judicial del obligado o por otro medio de prueba
escrita”). Cuando la ley no exige forma determinada para la validez de un
contrato, sino que deja a las partes la libertad más absoluta para darle la
forma que ellas determinen, el contrato será consensual, sin que esto
signifique que el contrato pueda celebrarse sin forma (por ejemplo: la
donación de bienes muebles, ya que la ley sólo especifica que deberá
otorgarse y aceptarse por escritura pública la donación de bienes inmuebles
–artículo 1862 del Código Civil–). Una subclasificación de este tipo de
contratos, desde el punto de vista de la entrega de la cosa como un
elemento constitutivo del contrato o como una obligación nacida del
contrato, es la siguiente: contratos reales y contratos consensuales. Cuando
la entrega de la cosa en los contratos en los que el contenido de la
prestación de alguna de las partes sea transmitir el dominio o el uso o goce
de un bien, sea indispensable para el perfeccionamiento del contrato, se

146
clasifica como real (por ejemplo: la prenda, el mutuo, el comodato y el
depósito). Si la entrega no es un elemento constitutivo del contrato, sino
que es una obligación que nace del mismo, se entiende que el contrato se
perfeccionó por el simple acuerdo de voluntades y se clasifica como
consensual (por ejemplo: la compraventa, el arrendamiento), es decir, que
basta el consentimiento de las partes para que sea perfecto.

c) Gratuitos y onerosos (conmutativos y aleatorios): Los contratos, desde el


punto de vista de los provechos y gravámenes que genera, se clasifican en
gratuitos u onerosos. Si sólo genera provechos para una de las partes y
gravámenes para la otra, es gratuito (por ejemplo: la donación pura y
simple). Si genera provechos y gravámenes recíprocos, es oneroso (por
ejemplo: la compraventa). No deben confundirse los contratos unilaterales
con los gratuitos, ni los onerosos con los bilaterales. Una clasificación es
desde un punto de vista estrictamente jurídico y la otra es desde un punto
de vista económico; una atiende a las obligaciones y la otra a los provechos
y gravámenes que genera. Pueden existir contratos que sean gratuitos y al
mismo tiempo bilaterales, como el comodato, ya que no obstante que se
generan obligaciones para ambas partes, sólo existen gravámenes para el
comodante y provechos para el comodatario (véanse
los artículos 1957 al 1973 del Código Civil). También pueden existir
contratos que sean onerosos y al mismo tiempo unilaterales, como el mutuo
(véanse los artículos 1942 al 1956 del Código Civil). Asimismo, los contratos,
desde el punto de vista de la certeza de los provechos y gravámenes que
generan, se clasifican en conmutativos y aleatorios (ésta es una
subclasificación de los contratos onerosos). Si los provechos y gravámenes
que genera para las partes son ciertos y conocidos desde la celebración
misma del contrato, será conmutativo (por ejemplo: la compraventa, la
permuta, el arrendamiento). Si esos provechos y gravámenes no son ciertos
y conocidos al momento de celebrarse el contrato, sino que dependen de
circunstancias o condiciones fortuitas posteriores a su celebración, será
aleatorio (por ejemplo: la renta vitalicia, las loterías y rifas, las apuestas y
juegos, y la compraventa de esperanza –véase el artículo 1805 del Código
Civil–).

d) Típicos y atípicos: Desde el punto de vista de la reglamentación que haya o


deje de hacer un determinado ordenamiento de los contratos, se clasifican
en típicos o nominados y atípicos o innominados. Si la ley reglamenta un
contrato conceptuándolo y señalando sus elementos y determinando sus
consecuencias y, en su caso, sus causas de terminación, se dice que el
contrato es típico o nominado (por ejemplo: todos los contratos que
aparecen regulados en el Libro V, Segunda Parte –artículos del 1674 al 2177–
, del Código Civil guatemalteco). Si la ley no lo designa con denominación
especial ni es objeto de una reglamentación que lo individualice y distinga

147
de los demás, el contrato será atípico o innominado (por ejemplo: el
reconocimiento de deuda, la adjudicación de bienes en pago de
gananciales).

e) De libre discusión y de adhesión: El contrato de libre discusión es aquel en


que las partes examinan detalladamente las cláusulas o condiciones del
contrato, presentando consideraciones favorables y contrarias para ambas
(por ejemplo: la compraventa de un bien mueble –vehículo automotor–, con
pacto de reserva de dominio). El contrato de adhesión constituye una típica
y cada vez más frecuente modalidad de la contratación, que se caracteriza
por el hecho de que es una de las partes la que fija las cláusulas o
condiciones, iguales para todos, del contrato, cuya celebración se propone,
sin que quienes quieran participar en él tengan otra alternativa que
aceptarlo o rechazarlo en su totalidad; es decir, adherirse o no a los
términos del contrato preestablecido, sin posibilidad de discutir su
contenido (por ejemplo: los contratos de seguros, de transporte, de
suministro de agua potable, electricidad y otros servicios públicos –véase el
artículo 1520 del Código Civil–). No deben confundirse los contratos de
adhesión con las escrituras de adhesión, siendo estas últimas en la que
ambas partes realizan un negocio jurídico y convienen en que se rija por las
cláusulas de una escritura tipo que ha sido previamente redactada (por
ejemplo: las escrituras públicas que contienen empréstitos otorgados por
instituciones bancarias o de crédito, en nuestro medio, es muy común que
deben elaborarse de acuerdo a la minuta, extracto o borrador que se hace
del negocio jurídico a realizar, anotando las cláusulas o partes esenciales,
para copiarlo después y extenderlo con todas las formalidades necesarias a
su perfección).

f) Principales y accesorios: Desde el punto de vista de la dependencia o no de


la existencia de una obligación, los contratos se clasifican en principales o
accesorios. Los contratos principales son aquellos que su existencia y validez
no dependen de la existencia o validez de una obligación preexistente o de
un contrato previamente celebrado; es decir, son contratos que tienen
existencia por sí mismos (por ejemplo: la compraventa, el arrendamiento,
el mutuo, el comodato). Los contratos accesorios son los que no existen por
sí solos, sino que dependen de la existencia de otro, llamado contrato
principal (por ejemplo: la hipoteca, la prenda y la fianza).

g) De tracto único y de tracto sucesivo: Desde el punto de vista del


cumplimiento en un solo acto o en un plazo determinado, de las obligaciones
de las partes, los contratos se clasifican en de tracto único, de ejecución
instantánea o instantáneos y de tracto sucesivo, de ejecución sucesiva o de
ejecución escalonada. Son contratos de tracto único, de ejecución
instantánea o instantáneos, aquellos en que las prestaciones de las partes

148
se ejecutan o se cumplen en un solo acto (por ejemplo: la compraventa al
contado). Los contratos de tracto sucesivo, de ejecución sucesiva o de
ejecución escalonada, son aquellos en que las prestaciones de las partes o
las de una de ellas se ejecutan o cumplen en un lapso determinado (por
ejemplo: el arrendamiento).

h) Individuales y colectivos: Los contratos individuales, son aquellos en que


interviene solo una voluntad (por ejemplo: el testamento); más que un
contrato es una verdadera declaración unilateral de voluntad. Los contratos
colectivos, son aquellos en que intervienen dos o más voluntades (por
ejemplo: el contrato de sociedad civil o mercantil).

DE LOS NEGOCIOS JURÍDICOS CIVILES EN PARTICULAR

A. CONTRATOS PREPARATORIOS.

1. DE PROMESA Y DE OPCIÓN.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Contrato de promesa: Es aquel por el


cual una de las partes (unilateral) o ambas (bilateral) se obligan a concluir
en el futuro, entre ellas mismas o con un tercero, otro contrato, llamado
principal, definitivo o futuro. Es decir, que el objeto de la obligación es la
celebración del contrato (por ejemplo: la promesa de venta de un bien). 2)
Contrato de opción: Denomínase así aquel por virtud del cual el propietario
de una cosa o derecho concede a otra persona, por tiempo fijo y en
determinadas condiciones, la facultad exclusiva de adquirirlo o de
transferirlo a un tercero, obligándose a mantener, mientras tanto, lo
ofrecido a su disposición en las condiciones pactadas (por ejemplo: el
arrendamiento con opción de compra). 3) Naturaleza jurídica de ambos
contratos: En cuanto a la naturaleza de ambos contratos, diremos que se
trata de verdaderos contratos preliminares o preparatorios. Es importante
señalar, que la acción para exigir el cumplimiento de la promesa (o de la
opción, si se tratare de promesa unilateral), deberá entablarse dentro de
los tres meses siguientes al vencimiento del plazo convencional o legal (que
no puede exceder de 2 años si se tratare de bienes inmuebles o derechos
reales sobre los mismos; y, de 1 año, si se tratare de otros bienes o
prestaciones). Vencido el este plazo, sin que la acción se haya ejercitado,
las partes quedan libres de toda obligación. En este caso, si hubo arras, las
devolverá quien las recibió. Cuando en la promesa o la opción –promesa
unilateral– se conviene en el pago de una multa sin expresar que este pago
es sin perjuicio del cumplimiento del contrato, pagada la multa cesa la
obligación de celebrar el contrato prometido. Conviene señalar, que el
artículo 706 del Código de Comercio de Guatemala establece una diferencia

149
con la opción (promesa unilateral) del Código Civil (artículos 1676 y 1681)
en cuanto al plazo, pues en ésta no puede exceder, como ya vimos, de dos
años si se trata de inmuebles o derechos reales sobre los mismos; y de un
año, si se trata de otros bienes o prestaciones. En cambio, en la opción de
compraventa de cosas mercantiles, el artículo indicado dice que las partes
son libres de pactar el plazo sin límite alguno. Es interesante señalar
también que, como promesa de contrato, no se encuentra una figura
específica en el Código de Comercio, más que el señalado en ese artículo.
Ello no quiere decir que en la práctica no pueda celebrarse un negocio para
prometer la celebración de otro, aplicando lo previsto en el Código Civil y
tomando en cuenta las características de las obligaciones y contratos
mercantiles.

b) Regulación legal: Todo lo relacionado con este punto se encuentra regulado


en los artículos 1674 al 1685 del Código Civil.

B. CONTRATOS DE GESTIÓN.

1. EL MANDATO.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el mandato, una persona


encomienda a otra la realización de uno o más actos o negocios. El mandato
puede otorgarse con representación o sin ella. Naturaleza jurídica: En
cuanto a su naturaleza jurídica diremos que el mandato es un verdadero
poder de representación o representación contractual, ya que para que el
negocio jurídico celebrado por una persona pueda producir inmediatamente
sus efectos con respecto a otra en cuyo interés y en cuyo nombre se ha
obrado, es necesario que aquélla esté facultada para representar a ésta. Es
por ello que no debemos confundir la representación sin poder, como se
hace comúnmente, con el mandato; puesto que aquélla sucede cuando
alguno obre en nombre e interés de otro sin poder del mismo, como en el
momento que alguno intenta únicamente proveer a los intereses de una
persona (gestión de negocios o negotiorum gestio); o cuando cree
erróneamente que tiene el poder de representación, sin tenerlo
(representación aparente, propia del derecho mercantil –artículo 406 del
Código de Comercio–); o cuando rebasa por error o a sabiendas los límites
del poder que le confirió el mandante, o que deriva de la ley (exceso de
mandato, celebración de actos en interés del incapaz sin las autorizaciones
especiales que el representante necesita).

b) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° El mandato se da sólo en interés


del que lo confiere, y en la confianza de que el mandatario se sirva de él
sólo en interés del primero (por eso es esencialmente revocable); 2° El
mandato está circunscrito por los límites establecidos por la voluntad del

150
que lo confirió (teniendo en cuenta esos límites, la representación puede
ser general o especial); y, 3° El contrato que confiere el mandato debe ser
conocido del tercero, o sea de la persona que trata con el mandatario. 2)
Requisitos: El mandato debe constar en escritura pública como requisito
esencial para su existencia, y puede ser aceptado expresa o tácitamente.
No es necesaria la escritura pública: 1° Cuando se trate de asuntos cuyo
valor no exceda de mil quetzales, en cuyo caso puede otorgarse el mandato
en documento privado, legalizado por notario, o en acta levantada ante el
alcalde o juez local, con las formalidades legales. Sin embargo, si el
mandato se refiere a la enajenación o gravamen de bienes inmuebles o
derecho reales sobre los mismos, es obligatorio el otorgamiento del poder
en escritura pública; y, 2° Cuando la representación se confiere por cartas-
poderes para la asistencia a juntas y demás actos en que la ley lo permite.
En el mandato para asuntos judiciales sólo pueden ser mandatarios: los
abogados; el cónyuge, el conviviente en la unión de hecho declarada y
registrada, y los parientes dentro de los grados de ley del mandante; y,
cualquier persona cuando el mandato se otorgue para ejercitarlo ante los
juzgados menores y únicamente en asuntos que no excedan de quinientos
quetzales (Q 500.00) o ante jueces o tribunales en cuya jurisdicción no
ejerzan más de tres abogados. Sin embargo, en materia laboral y cuando la
cuantía no exceda de trescientos quetzales (Q 300.00) el mandato podrá
extenderse por medio de carta-poder firmada por el propio interesado, pero
si no pudiere o no supiere firmar, deberá hacerlo por acta levantada ante el
secretario del respectivo tribunal; conviene aclarar, que cuando se tiene
que accionar ante un juzgado o tribunal de trabajo y previsión social,
también pueden ser mandatarios judiciales, aparte de los abogados y los
parientes dentro de los grados de ley, los dirigentes sindicales de los comités
ejecutivos de las asociaciones profesionales –sindicatos–.

c) Sustitución y revocación del mandato: 1) Sustitución: La sustitución no es


más que el nombramiento de mandatario hecho en reemplazo de otro
nombramiento de la misma índole. Este reemplazo es conferido por el
primer mandatario o mandatario original, siempre y cuando haya sido
facultado expresamente por el mandante para sustituirlo. El mandato se
puede sustituir en otra persona; sin embargo no autoriza al mandatario para
dar facultades no comprendidas en el mandato, ni más amplias que las que
le fueron conferidas. También el mandatario original puede otorgar
poderes, si esta facultad le fue otorgada expresamente, bajo las mismas
condiciones que la sustitución. 2) Revocación: El mandato es esencialmente
revocable (anulable), aun cuando se haya conferido con plazo o para asunto
determinado; pero si hubiere sido aceptado, la revocación sólo producirá
efecto desde la fecha y hora en que se notifique al apoderado.

151
d) Clasificación: 1) Según la cantidad de poderes otorgados: 1° General,
cuando comprende todos los negocios del poderdante (el poder general
necesita cláusula especial para enajenar, hipotecar, afianzar, transigir,
gravar o disponer de cualquier otro modo la propiedad del mandante, y para
todos los demás actos en que la ley lo requiera); y, 2° Especial, cuando se
contrae a uno o más asuntos determinados (los representantes de los
menores, incapaces o ausentes, no pueden dar poder general sino solamente
especial para asunto determinado que no pueda ser atendido personalmente
por ellos; y, se necesita poder especial para donar entre vivos –la donación
puede hacerse por medio de apoderado, pero el poder debe designar a la
persona del donatario y especificar los bienes objeto de la donación y
condiciones a que queda sujeta–, contraer matrimonio, otorgar
capitulaciones matrimoniales, pactar las bases referentes a la separación o
al divorcio, demandar la nulidad o insubsistencia del matrimonio, constituir
patrimonio familiar, reconocer hijos y negar la paternidad). 2) Según el tipo
de representación con que se otorga: 1° Con representación, cuando el
mandatario obra en nombre del mandante y los negocios que realice dentro
de las facultades que se le hayan conferido, obligan directamente al
representado; y, 2° Sin representación, cuando el mandatario obra en
nombre propio, sin que los terceros tengan acción directa contra el
mandante. 3) Según que el mandatario sea retribuido económicamente o
no: 1° Oneroso, cuando consiste en atribuciones o funciones conferidas por
la ley al mandatario, en trabajos propios de la profesión lucrativa del
mandatario o de su modo de vivir; y, 2° Gratuito, cuando no se hubiere
convenido cosa distinta, es decir, cuando el mandatario hace constar
expresamente que lo acepta de ese modo. 4) Según la forma de aceptación
del mandato: 1° Expreso, si el mandatario comparece en la escritura que
contiene el mandato aceptando los poderes y facultades que se le confieren;
y, 2° Tácito, si el mandatario no comparece en la escritura que contiene
dicho mandato, pero que por hechos positivos, externos e indudables
comienza a ejecutar los poderes y facultades conferidos.

e) Regulación legal: Todo lo relacionado con el contrato de mandato se


encuentra regulado en los artículos 1686 al 1727 del Código Civil; 188 al 195
de la Ley del Organismo Judicial; 323 del Código de Trabajo; y, 81 numeral
8, del Código de Notariado. Conviene aclarar en este rubro, que de
conformidad con el artículo 1° del Acuerdo N° 31-95 de la Corte Suprema
de Justicia, de fecha 13 de septiembre de 1995, que el valor de inscripción
de un contrato de mandato, sea de cualquier clase, es de Q 40.00 + IVA
(10%) = Q. 44.00.

2. LA SOCIEDAD CIVIL.

152
a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: La sociedad es un contrato
por el que dos o más personas convienen en poner en común bienes o
servicios para ejercer una actividad económica y dividirse las ganancias. 2)
Naturaleza jurídica: Para explicar la naturaleza jurídica de la sociedad (sea
civil o mercantil), se han dado dos teorías que parecen las más importantes:
1° La teoría contractual: Para ésta, la sociedad gira en torno a la idea del
contrato, también la sociedad se puede decir que es un contrato (esta es la
posición que adopta nuestro Código Civil en su artículo 1728); y, 2° La teoría
institucional: En cambio ésta, prescinde del acto contractual, que sólo sirve
de punto de partida, y afirma que la sociedad es una institución que se
desenvuelve en un medio determinado (esta teoría, tomada del Derecho
Público, es la que mejor explica todas las relaciones jurídicas que se
originan ante la existencia de una sociedad, la que si bien surge de un
contrato, tiene la cualidad de ser una persona jurídica colectiva que es
sujeto de imputación dentro del sistema jurídico).

b) Su diferencia con la asociación y con la sociedad mercantil: 1) Asociación y


sociedad: Suelen usarse los términos asociación y sociedad como sinónimos;
y en la práctica ambas entidades pueden realizar actividades lucrativas. Es
necesario entonces, establecer la diferencia. En principio debemos decir
que tanto la sociedad como la asociación son manifestaciones de un mismo
fenómeno asociativo, pero con una trama orgánica diferente. En un plano
más estricto, se puede afirmar que la diferencia es de género a especie: la
asociación sería el género; y la sociedad, la especie. Conforme al sistema
jurídico guatemalteco y haciendo un análisis del artículo 15 del Código Civil,
la diferencia entre una asociación y una sociedad estriba en que la primera
no tiene finalidad lucrativa; mientras que en la segunda, esa es la razón de
su existencia.
Pero en la práctica puede suceder que una asociación practique actividades
generalmente lucrativas, situación que podrá confundir, no obstante la
claridad de la ley sustantiva civil. Para orientarnos en este problema
afirmamos lo siguiente: cuando una sociedad lucra, después de deducir los
gastos de las operaciones sociales y cubrir las reservas de utilidades, el
remanente de la ganancia es repartido entre los socios en forma de
dividendos; en cambio, si una asociación obtiene lucro o ganancia, no se
reparte entre los asociados, sino que sirve para aumentar el patrimonio
propio de la asociación y para el cumplimiento de los fines que motivaron
su fundación. En otras palabras, las dos pueden lucrar; pero en la sociedad
es para los socios; en la asociación, para ésta. 2) Sociedad civil y sociedad
mercantil: Debido a que el concepto legal de la sociedad se encuentra en el
Código Civil de Guatemala (artículo 1728) en forma genérica; y que el
Código de Comercio no define lo que debe entenderse por sociedad
mercantil, se hace necesario establecer la diferencia entre estos dos tipos
de sociedades, de manera que ese concepto genérico sea aplicable tanto a

153
la sociedad civil como a la sociedad mercantil. Tres son los criterios que la
doctrina a consagrado para establecer la diferencia entre sociedad civil y
sociedad mercantil, a saber: profesional, objetivo y formal. Por la categoría
del presente trabajo (resumen), sólo estudiaremos el que orienta a nuestro
derecho positivo. El criterio formal, también llamado constitutivo, es el
más aceptado por las legislaciones modernas, dentro de las que debe
incluirse al Código de Comercio de Guatemala, promulgado en el año de
1970. Este criterio, quizá menos científico pero más práctico, no confronta
la dificultad de los criterios profesional y objetivo, ya que una doctrina no
se pone de acuerdo en la delimitación del concepto de comerciante (criterio
profesional) y la otra en el acto objetivo de comercio (criterio objetivo).
Además, en éste el procedimiento para establecer la diferencia es sencillo.
La ley mercantil establece una serie de tipos de sociedades consideradas de
naturaleza mercantil, fuera de cualquier otra calificación o circunstancia
especial. Al celebrarse el contrato de sociedad, si en el contexto del
instrumento público se adopta una de las formas establecidas en el Código
de Comercio, la sociedad es mercantil; de lo contrario, la sociedad será
civil. En otras palabras hay que buscar la diferencia en la constitución de la
sociedad: si es conforme al Código de Comercio o al Código Civil; siendo
irrelevante la actividad a que se dedique (criterio objetivo). No se busca
tampoco si son o no profesionales del comercio (criterio profesional),
porque esa calidad la tienen por investidura legal. El Derecho Mercantil
guatemalteco sigue esta tendencia y lo comprobamos en los artículos 3° y
10 del Código de Comercio, que dicen: “Artículo 3°– Comerciantes sociales.
Las sociedades organizada bajo forma mercantil tienen la calidad de
comerciantes, cualquiera que sea su objeto./ Artículo 10.– Sociedades
mercantiles. Son sociedades organizadas bajo forma mercantil,
exclusivamente las siguientes: 1° La sociedad colectiva. 2° La sociedad en
comandita simple. 3° La sociedad de responsabilidad limitada. 4° La
sociedad anónima. 5° La sociedad en comandita por acciones”. Si una
sociedad no adopta en su constitución ninguno de los tipos o formas
anteriores, estamos ante una sociedad civil. Ello tiene sus efectos en el
ámbito registral pues las sociedades mercantiles se inscriben en el Registro
Mercantil; y las civiles en el Registro Civil.

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Elemento personal: El elemento


personal de la sociedad lo constituye la persona individual o jurídica llamada
“socio”. En las diversas legislaciones, incluyendo la nuestra, se exige
pluralidad de personas para formar la sociedad; y, 2° Elemento patrimonial:
La sociedad para cumplir su objetivo necesita de un fondo propio, el que se
forma con los aportes de los socios capitalistas. A este fondo se le llama
capital social, y no es más que la suma del valor de las aportaciones o del
valor nominal de las acciones en que está dividido. 2) Requisitos: La
sociedad debe celebrarse por escritura pública e inscribirse en el Registro –

154
Civil– respectivo para que pueda actuar como persona jurídica (se refiere a
la personalidad jurídica de la sociedad). La escritura de sociedad deberá
expresar lo siguiente: 1° Objeto de la sociedad; 2° Razón social; 3°
Domicilio de la sociedad; 4° Duración de la sociedad; 5° Capital y la parte
que aporta cada socio; 6° Parte de utilidades y pérdidas que se asigne a
cada socio, fecha y forma de su distribución; 7° Casos en que procederá la
disolución de la sociedad antes de su vencimiento; y las bases que en todo
caso de disolución deberán observarse para la liquidación y división del
haber social; 8° Cantidad que puede tomar periódicamente cada socio para
sus gastos personales; 9° Modo de resolver las diferencias que surjan entre
los socios; y, 10° La forma de administración de la sociedad, y los demás
pactos que acuerden los socios. La razón o firma social se formará con el
nombre y apellido de uno de los socios; o los apellidos de dos o más socios,
con la agregación de las palabras “Sociedad Civil”.

d) Características: Al contrato de sociedad se le asignan los caracteres


siguientes: 1° Es consensual, porque se perfecciona con el simple
consentimiento de las partes; 2° Es plurilateral, porque las partes se obligan
entre sí en una misma posición cualitativa y a veces cuantitativa; 3° Es
principal, porque subsiste por sí mismo; 4° Es oneroso, porque se recibe un
beneficio como contrapartida del aporte; 5° Es absoluto: porque no está
sujeto a condición; 6° Es de tracto sucesivo, porque sus efectos se prolongan
en el tiempo; 7° Es solemne, porque en su celebración deben cumplirse los
requisitos establecidos en el Código Civil y el Código de Notariado, para que
tenga validez; y, 8° Es de responsabilidad subsidiaria, ilimitada y solidaria,
porque las obligaciones sociales se garantizan con los bienes de la sociedad;
y si éstos no fueren suficientes, con los bienes propios de los socios.

e) Regulación legal: Todo lo relativo a la sociedad civil se encuentra regulado


en los artículos 1728 al 1789 del Código Civil; y, 13, 14, 29, 31 y 46 del
Código de Notariado.

C. CONTRATOS TRASLATIVOS DE DOMINIO.

1. LA COMPRAVENTA.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el contrato de


compraventa el vendedor transfiere la propiedad de una cosa y se
compromete a entregarla, y el comprador se obliga a pagar el precio en
dinero. 2) Naturaleza jurídica: En cuanto a su naturaleza jurídica, diremos
que la compraventa es un contrato traslativo de dominio por excelencia.

b) Características: 1° Es un contrato consensual, por cuanto se perfecciona por


el consentimiento de las partes respecto a las condiciones del negocio; así,

155
pues, el Código Civil (artículo 1791) expresa que: “El contrato de
compraventa queda perfecto entre las partes desde el momento en que
convienen en la cosa y en el precio, aunque ni la una ni el otro se hayan
entregado. Queda prohibido el pacto de retroventa”; 2° Es un contrato
bilateral o sinalagmático, porque exige prestaciones recíprocas (la entrega
de la cosa de parte del vendedor, y la entrega del precio de parte del
vendedor); 3° Es un contrato oneroso, desde el momento que requiere por
una parte la entrega de una cosa y por la otra el pago de un precio; y, 4° Es
un contrato conmutativo, pues las recíprocas prestaciones han de ser
ciertas.

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Personales: Los elementos


personales de la compraventa son el vendedor y el comprador. Obligación
del vendedor es entregar la cosa; y, del comprador, pagar el precio; 2°
Reales: Los elementos reales son la cosa y el precio. La cosa son los bienes
o derechos vendidos; y, el precio, la contraprestación a cargo del
comprador; y, 3° Formales: La forma del contrato de compraventa varía
según la naturaleza de la cosa enajenada. Si es un bien inmueble o mueble
identificable, se hace constar en escritura pública; si se trata de un vehículo
automotor, se hace constar en el “Certificado de Propiedad de Vehículos”,
el cual es proporcionado por la Superintendencia de Administración
Tributaria (SAT), con legalización de firmas hecha por notario (véanse los
artículos 57, tercer párrafo, de la Ley del Impuesto al Valor Agregado; y, 24
de la Ley del Impuesto sobre Circulación de Vehículos Terrestres, Marítimos
y Aéreos, ambos artículos reformados por el Decreto N° 39-99 del Congreso);
si se trata de un televisor, por una simple factura; la compra de un refresco,
es verbal. No hay pues, una fórmula general. Depende del negocio jurídico
en particular. 2) Requisitos: Como vimos al tratar el elemento formal, los
requisitos de este contrato varían según la naturaleza de la cosa a enajenar.

d) Efectos: Cabe vender todas las cosas que pueden ser objeto de los contratos,
aun futuras, siempre que su enajenación no esté prohibida, y a condición de
que sean propias, ya que no se pueden vender cosas ajenas. Entre las cosas
cuya venta está prohibida, se encuentran todas las que están fuera del
comercio por su inalienabilidad absoluta o relativa; como las de dominio
público del Estado o de las municipalidades, las afectadas a servicios
públicos, las sagradas, las robadas, las herencias futuras o los bienes que las
integran.

e) Clasificación: 1) Compraventa al contado o la vista: Es la forma más genuina


y predominante aún, al menos en las compraventas de valor escaso o
mediano, en que el vendedor entrega la cosa y el comprador abona el precio
total, de modo simultáneo o con mínima dilación, por algún trámite del pago
o disposición de la cosa para la entrega. 2) Compraventa por abonos o a

156
plazos: Es aquella en que la entrega de la cosa o el pago del precio no
pueden ser exigidos en el momento de realizarse la operación (lo que
constituiría una compraventa al contado), sino que se difieren para otro u
otros momentos posteriores. Sin embargo, se entiende que es la
compraventa por abonos o a plazos cuando el comprador puede ir pagando
el precio al vendedor en períodos o cuotas posteriores a la entrega de la
cosa vendida. Llámase también compra a crédito. Según nuestra legislación
sustantiva civil, el contrato de compraventa en abonos sin reserva de
dominio, puede resolverse o deshacerse por falta de pago de cuatro o más
mensualidades consecutivas si el contrato fuere de bienes inmuebles (en
este caso el vendedor devolverá al comprador el precio recibido
descontándose una equitativa compensación por el uso de la cosa, que fijará
el juez oyendo el dictamen de peritos, si las partes no se ponen de acuerdo);
si la venta fuere de bienes muebles, el vendedor tiene en caso de resolución
del contrato, de hacer suyos los abonos pagados, como indemnización por
el uso y depreciación de la cosa (sin embargo, el vendedor queda obligado
a reintegrar al comprador cualquier excedente que obtuviere en la reventa,
después de hacerse pago del saldo del precio que motivó la resolución del
contrato más los gastos realizados y comprobados para lograr la reventa –si
el precio de la reventa se paga al contado, el pago se hará inmediatamente
al acreedor, y si se pacta en amortizaciones, en la misma forma se hará el
pago–). 3) Compraventa con reserva de dominio: Modalidad de ese contrato
que se da a veces cuando la compra no se hace al contado, sino con el pago
del precio por abonos o a plazos. Consiste esa cláusula (pacto de reserva de
dominio) en mantener el vendedor su propiedad sobre la cosa vendida hasta
obtener el pago total por parte del comprador (quien sólo obtiene la
posesión y uso de la cosa), no obstante la entrega a éste de la cosa vendida.
Nuestra legislación sustantiva civil expone que cuando el precio se paga
totalmente o se cumple la condición, la propiedad plena se transfiere al
comprador sin necesidad de ulterior declaración (en este caso, el vendedor
deberá dar aviso por escrito al Registro de la Propiedad, dentro de los ocho
días de haberse cancelado totalmente el precio, para que se haga la
anotación respectiva –la falta de cumplimiento de esta disposición será
sancionada por el juez con multa de diez quetzales–). Asimismo, sigue
expresando nuestra ley civil, que el contrato de compraventa en abonos con
reserva de dominio, puede resolverse o deshacerse por falta de pago de
cuatro o más mensualidades consecutivas si el contrato fuere de bienes
inmuebles (en este caso el vendedor devolverá al comprador el precio
recibido descontándose una equitativa compensación por el uso de la cosa,
que fijará el juez oyendo el dictamen de peritos, si las partes no se ponen
de acuerdo); si la venta fuere de bienes muebles, el vendedor tiene en caso
de resolución del contrato, de hacer suyos los abonos pagados, como
indemnización por el uso y depreciación de la cosa (sin embargo, el
vendedor queda obligado a reintegrar al comprador cualquier excedente

157
que obtuviere en la reventa, después de hacerse pago del saldo del precio
que motivó la resolución del contrato más los gastos realizados y
comprobados para lograr la reventa –si el precio de la reventa se paga al
contado, el pago se hará inmediatamente al acreedor, y si se pacta en
amortizaciones, en la misma forma se hará el pago–). 4) Compraventa a
término: Es aquella en la cual el vendedor se obliga a entregar la cosa en
momento ulterior al de la perfección del contrato; o el comprador a pagar
el precio, de una sola vez, en época posterior determinada. Esa
circunstancia del pago en una sola vez diferencia esta especie de la
compraventa por abonos o a plazos. 5) Compraventa sobre muestras: Se
entiende por muestra a aquella pequeña cantidad de una mercancía que se
enseña para dar a conocer su calidad. En ese orden de ideas, nuestro Código
Civil (artículo 1800) expresa que: “La compra sobre muestras, lleva
implícita la condición de resolver el contrato si las cosas no resultaren
conformes con las muestras”. 6) Compraventa a ensayo o prueba: Es la
caracterizada por la reserva favorable al comprador eventual de probar o
ensayar la cosa para verificar si le satisface, si reúne las cualidades deseadas
por él. Se está ante un contrato condicional, bajo cláusula suspensiva, que
se perfecciona cuando el interesado manifiesta su conformidad; y que se
resuelve, o no se concreta, cuando expresa su negativa. En ese sentido,
nuestro Código Civil (artículo 1799) regula que: “Las cosas que se
acostumbra comprar al gusto, o que las partes convienen sujetar a prueba
antes de comprarlas, no se consideran vendidas hasta que el comprador
quede satisfecho. El plazo para la prueba, salvo estipulación, es de tres
días, contados desde que el vendedor las ponga a disposición del comprador;
y si éste no aceptare dentro de dicho término, se le tendrá por desistido
del contrato”. 7) Compraventa mercantil: Es aquel contrato por el cual el
vendedor transfiere la propiedad de una mercadería o cosa mercantil al
comprador, cuya obligación es pagar el precio. Conviene aclarar, que la
compraventa mercantil se diferencia de la compraventa regulada en el
Código Civil en el sentido que, como elemento personal de la primera, los
dos o uno de los sujetos tiene que ser comerciante y encontrarse actuando
dentro de su actividad empresarial. De la compraventa mercantil existen las
especies siguientes: venta contra documentos, venta de cosas en tránsito,
venta FOB (free on board = libre a bordo; que es aquella en que el vendedor
se compromete a poner por su cuenta la mercadería vendida a bordo del
barco o vehículo que la ha de transportar, en cuyo momento empieza a
correr por cuenta del comprador), venta FAS (free along side = libre al
costado; que es aquella en que el vendedor se compromete a entregar por
su cuenta la mercadería al costado del buque o vehículo que la ha de
transportar, o también en el muelle designado al efecto; desde que dicha
mercadería ha sido colocada al costado del buque o en el muelle, empieza
a correr por cuenta del comprador), venta CIF (cost, insurance, freight =
costo, seguro, flete; en la que el precio de la mercadería comprada incluye

158
el costo, el seguro y el flete) y venta CAF (cost and freight = costo y flete;
en la que el precio cotizado sólo incluye el costo y el flete; o sea que se
suprime el seguro –a esta modalidad se aplica todo lo expuesto para la
compraventa CIF, omitiendo las directrices legales que se refieren al seguro–
). Esta clase de compraventa se encuentra normada en los artículos 669 al
706 del Código de Comercio de Guatemala.

f) Pactos de rescisión: Según nuestro Código Civil (artículos 1844 y 1845):


“Pueden las partes estipular en el contrato que la venta se rescindirá si no
se paga el precio en cierto día determinado. Sin embargo, el comprador de
bienes inmuebles podrá pagar el precio después del día señalado mientras
no hubieren incurrido en mora en virtud de requerimiento –judicial o
notarial, según sea el caso–./ La venta de cosas que no sean inmuebles se
entenderá rescindida sin necesidad de requerimiento, si a la expiración del
término convenido no se presentó el comprador a pagar el precio”. Esta
estipulación en el contrato de venta se denomina “pacto comisorio”, y es
aquel que autoriza a cada una de las partes contratantes a optar por la
resolución del vínculo obligatorio en el caso de que la otra parte haya
incumplido la obligación que le incumbía.

2. LA PERMUTA.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: La permuta es un contrato


por el cual cada uno de los contratantes transmite la propiedad de una cosa
a cambio de la propiedad de otra. Cada permutante es vendedor de la cosa
que da y comprador de la que recibe en cambio; y cada una de las cosas es
precio de la otra. Este contrato se rige por los mismos principios del contrato
de compraventa, en lo que fueren aplicables. 2) Naturaleza jurídica: Al igual
que la compraventa, la permuta, permutación o trueque es un contrato
traslativo de dominio. Es importante aclarar, que la permuta permite
cambiar una cosa por otra, sin que en el cambio entre dinero, porque
entonces se estaría frente a un contrato de compraventa, a no ser el
necesario para igualar el valor de las cosas cambiadas.
b) Características: 1° Es un contrato consensual, porque se trasmite la
propiedad por el solo acuerdo de los permutantes respecto a las cosas; 2°
Es un contrato principal, porque subsiste por sí mismo; 3° Es un contrato
bilateral, porque origina derecho y obligaciones recíprocos; 4° Es un
contrato oneroso, porque también crea provechos y gravámenes
correlativos; 5° Es un contrato generalmente conmutativo, porque recae
sobre cosas cuyo valor puede determinarse para conocer de antemano el
alcance y la cuantía de las prestaciones; y, 6° Es un contrato aleatorio,
porque es posible cambiar una cosa presente, por otra futura, tomando el
permutante el riesgo de que no llegue a existir, o bien, cambiarse una cosa
determinada por los productos inciertos de otra (en todos estos casos, la

159
permuta es aleatoria para una de las partes, pero puede serlo para ambas,
cuando cambian entre sí cosas futuras).

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Genéricos: Son los elementos para


todo contrato: consentimiento, capacidad y objeto; y, 2° Específico: El
elemento específico y esencial de este contrato consiste en la transmisión
del dominio y, por lo tanto, se puede caracterizar en términos semejantes
a la compraventa, sólo que en cada uno de los contratos traslativos de
dominio este elemento reviste un carácter especial: en la compraventa hay
transmisión de dominio para adquirir por un precio; en la permuta existe
recíproca transmisión de dominio respecto a cosas; y, en la donación la
transmisión del dominio es sin esperar adquirir un valor equivalente. 2)
Requisitos: El artículo 1852, última parte, del Código Civil expresa que:
“Este contrato –la permuta– se rige por los mismos principios del contrato
de compraventa, en lo que fueren aplicables”. Sin embargo, conviene
aclarar que si la cosa que se entrega se ha de pagar parte en dinero y parte
en otros bienes, el contrato será de permuta siempre que la porción
estipulada en dinero no llegue a la mitad del precio. El permutante que
sufra evicción de la cosa que recibió o que la devuelva en razón de sus vicios,
puede reclamar a su elección, la restitución de la cosa que dio, si se halla
aún en poder del otro permutante, o el valor de la cosa que se le hubiese
dado en cambio, con el pago de daños y perjuicios.

d) Regulación legal: Todo lo relacionado al contrato de permuta está regulado


en los artículos 1852 al 1854 del Código Civil.

3. LA DONACIÓN ENTRE VIVOS.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: La donación entre vivos es


un contrato por el cual una persona transfiere a otra la propiedad de una
cosa, a título gratuito. 2) Naturaleza jurídica: La donación entre vivos es un
contrato traslativo de dominio, por su naturaleza, más la transmisión no es
esencial que aparezca en el momento de la celebración y perfeccionamiento
del contrato. Lo anterior da a entender que siempre que se perfeccione un
contrato de donación, deberá hacer la transmisión del dominio respecto del
bien o derecho objeto del contrato, pero que este efecto puede diferirse o
suspenderse a cierto tiempo por voluntad de las partes o por la naturaleza
de las cosas.

b) Características: 1° Es un contrato unilateral, porque la obligación recae


solamente en el donante; 2° Es un contrato consensual, porque basta el
consentimiento de ambas partes (donante, que traslada el dominio de la
cosa; y, donatario, que acepta expresamente la cosa donada y que dicha
aceptación, si fuere posterior, sea debidamente notificada al donante); y,

160
3° Es un contrato a título gratuito, porque el provecho es solamente para
el donatario. No obstante, estas características son más bien especiales de
la donación pura y simple; por lo que podríamos decir que las notas
esenciales que distinguen a la donación (sea ésta pura y simple,
remuneratoria u onerosa) y la diferencian de cualquier otro contrato, son
las siguientes: 1° Es un contrato, por naturaleza, traslativo de dominio; 2°
Es un contrato que implica siempre una liberalidad por parte del donante
(la transmisión de propiedad es gratuita); y, 3° El objeto del contrato debe
de recaer sobre bienes o derechos presentes de carácter patrimonial que
sean propiedad del donante en el momento de la celebración del contrato.
c) Elementos y requisitos: Son elementos y requisitos esenciales de la donación
los siguientes: 1° El donatario puede aceptar en el momento de la donación
o en acto separado. Si aceptare con posterioridad, para que el contrato
quede perfecto debe notificarse la aceptación al donante en forma
auténtica; 2° La donación puede hacerse por medio de apoderado y
únicamente a través de mandato especial, pero el poder debe designar a la
persona del donatario y especificar los bienes objeto de la donación y
condiciones a que queda sujeta; 3° La donación que se haga a los menores,
incapaces o ausentes, la aceptarán sus representantes legales; pero, cuando
se trate de donaciones condicionales y onerosas, deberá preceder
autorización judicial, como en el caso de utilidad y necesidad; 4° La
donación de bienes inmuebles debe otorgarse y aceptarse por escritura
pública; y, 5° Toda donación será estimada; y si comprendiere todos o la
mayor parte de los bienes o los más productivos, deberán detallarse en el
instrumento en que se otorgue el contrato.

d) Efectos: 1° Si el donante muere antes que el donatario haya aceptado la


donación, puede éste, sin embargo, aceptarla y los herederos del donante
están obligados a entregar la cosa donada; 2° El donatario se subroga o
substituye en todos los derechos y acciones que en caso de evicción
correspondan al donante. Éste, en cambio, no queda obligado al
saneamiento de las cosas donadas, salvo si la donación fuere onerosa o
remuneratoria, en cuyo caso responderá el donante de la evicción hasta la
concurrencia del gravamen; y, 3° El donatario quedará obligado con los
acreedores y alimentistas del donante y con el hijo nacido con
posterioridad, solamente hasta el valor de los bienes donados al tiempo de
hacerse la donación, si el donante no tuviere medios para cumplir estas
obligaciones; pero podrá eximirse de responsabilidad haciendo abandono de
los bienes donados o de la parte suficiente para cubrirlas.

e) Clasificación: 1) Donación pura y simple: Es el acto jurídico en virtud del


cual una persona (donante) transfiere gratuitamente a otra (donatario) el
dominio sobre una cosa, y ésta lo acepta. Más llanamente diremos que es la
donación en la que no se impone condición ni carga alguna al donatario. 2)

161
Donación remuneratoria: Es aquella que el donante hace en atención a
determinados servicios prestados por el donatario, estimados en dinero, y
que no tenía obligación de remunerar. El donante agradece y recompensa
(no paga) los servicios prestados por el donatario (por ejemplo: los
obsequios que se le entregan al médico que jamás nos quiso cobrar). 3)
Donación onerosa: Es la que impone al donatario alguna carga, gravamen o
prestación inferior al valor o utilidad que de lo donado obtiene; porque, en
otro supuesto, de corresponderse lo impuesto o exigido con lo dado, se
estaría ante un contrato conmutativo o frente a uno innominado de do ut
des (“doy si das” o “doy para que me des”) o do ut facias (“doy si haces” o
“doy para que hagas”). Es el caso del donante que regala al donatario una
finca, pero le exige que entregue todos los años parte de la cosecha al asilo
de ancianos del pueblo. 4) Donación condicional: La donación condicional es
la que se plantea dependiendo de que ocurra un determinado suceso dudoso
(por ejemplo: cuando se dona un automóvil, pero a condición de que el
favorecido apruebe todas las asignaturas de la carrera antes de una
determinada fecha). 5) Donación a título particular y a título universal: La
donación a título particular, es aquella que se celebra respecto de cierto y
determinados bienes del donante; y, la donación a título universal, es la que
hace el donante respecto de la totalidad de sus bienes presentes. 6)
Donación “mortis causa” o por causa de muerte: Es aquella que se hace ante
el riesgo de muerte del donante. El donatario sólo adquiere los bienes
donados tras el fallecimiento de aquél. Es importante aclarar, que este tipo
de donación no está contemplada dentro de los contratos en particular, sino
dentro del derecho de sucesiones, en lo concerniente a las declaraciones
unilaterales de última voluntad (véase el artículo 943 del Código Civil).

f) Revocación: La revocación o anulación de la donación se rige por los


siguientes principios: 1° La donación gratuita, y la onerosa en la parte que
constituya la donación efectiva, pueden ser revocadas por causa de
ingratitud del donatario. Esta facultad es personal del donante e
irrenunciable, y se otorga en los casos siguientes: a.- Si el donatario comete
algún delito contra la persona, la honra o los bienes del donante, su
cónyuge, conviviente de hecho, sus ascendientes o descendientes. b.- Por
acusar o denunciar de algún delito al donante, salvo que el delito se hubiere
cometido contra el donatario, su cónyuge, conviviente de hecho, sus
ascendientes o descendientes. c.- Por negarse indebidamente a alimentar
al donante que careciere de bienes, o si lo desamparare o abandonare
cuando estuviere necesitado de asistencia; 2° La revocación de la donación
por ingratitud sólo puede hacerse contra el donatario; sin embargo, si
hubiere sido iniciada en vida de éste, podrá continuarse contra los
herederos; 3° Cuando el donatario causa voluntariamente la muerte del
donante, se invalida por el mismo hecho la donación; 4° La revocación que
haga el donante por causa de ingratitud, no producirá efecto alguno si no se

162
notifica al donatario o a sus herederos dentro de los sesenta días siguientes
a la fecha en que se otorgue la escritura pública de revocación; 5° El
donatario o sus herederos podrán oponerse a la revocación que haga el
donante, contradiciendo las causas que éste invoque, para que
judicialmente se decida sobre el mérito de ellas; 6° Queda consumada la
revocación que no fuere contradicha dentro de los sesenta días siguientes a
la fecha en que sea notificada al donatario o sus herederos; 6° No son
revocables las donaciones remuneratorias, las que se hacen con motivo de
matrimonio (donación “ante nuptias” y donación por razón de matrimonio)
que se ha efectuado –véase el artículo 80 del Código Civil– y los obsequios
que se acostumbran por razones sociales o de piedad; 7° La revocación de
la donación perjudica a tercero desde que se presentare al Registro la
escritura, si se tratare de bienes inmuebles, y desde que se hiciere saber a
los terceros o se publicare la revocación, si se tratare de otra clase de
bienes; y, 8° La facultad de revocar la donación por causa de ingratitud dura
seis meses, contados desde que el donante tuvo conocimiento del hecho que
la motiva.

g) Regulación legal: Todo lo relacionado a las donaciones se encuentra


regulado en los artículos 80, 943 y 1855 al 1879 del Código Civil.

4. EL MUTUO.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el contrato de mutuo una


persona entrega a otra dinero u otras cosas fungibles (aquellas cuya
posibilidad de reemplazo es por otras de la misma calidad y cantidad; por
ejemplo: los cereales), con el cargo de que se le devuelva igual cantidad de
la misma especie y calidad. 2) Naturaleza jurídica: De acuerdo con su
definición, ya expuesta, el contrato de mutuo es traslativo de dominio, ya
que produce la salida de determinadas cosas de la esfera de una persona
(mutuante) para ser transferida a la de otra persona (mutuario); pero debe
entenderse que esta transferencia de la propiedad no es la misma que la
realizada en la compraventa, porque en el mutuo el traslado de la propiedad
es medio para el consumo (véase el artículo 1943 del Código Civil) y no fin
u objeto de la relación jurídica creada.

b) Características: 1° Es un contrato real, porque para su perfeccionamiento


se requiere la entrega del dinero o del bien fungible; 2° Es un contrato
unilateral, porque la obligación recae solamente sobre el mutuario, quien
queda obligado a devolver igual cantidad de la misma especie y calidad de
la recibida; 3° Es un contrato oneroso, porque en el se estipulan provechos
y gravámenes recíprocos para ambas partes; y, 4° Es un contrato
eventualmente gratuito, sólo en el caso que las partes convengan
expresamente que no se pagará ningún interés.

163
c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Personales: Los elementos
personales del contrato de mutuo, conocido en la doctrina también como
empréstito o préstamo de consumo, lo constituyen el mutuante (es la
persona que da alguna cosa mediante contrato de mutuo) y el mutuario (es
la persona que recibe alguna cosa en virtud de contrato de mutuo); y, 2°
Reales: El elemento real del mutuo es el dinero o el bien fungible que se
entrega para el consumo y posterior devolución condicionada a que sea de
igual cantidad de cosas de la misma especie y calidad. 2) Requisitos: Para
la constitución del contrato de mutuo pueden observarse todas las formas
establecidas en los artículos 1574 al 1578 del Código Civil; sin embargo, si
el mutuo se otorgare con constitución de hipoteca, prenda o fianza, deberán
observarse los requisitos y formalidades que son inherentes para dichos
contratos accesorios.

d) Efectos: El efecto primordial del contrato de mutuo es la entrega de dinero


o de bien fungible para el consumo, con la condición que el mutuario debe
devolver dichas cosas, en el tiempo convenido y en igual cantidad de la
misma especie y calidad (por ejemplo: si una persona presta a otra la
cantidad de Q 10,000.00 a un plazo de 6 meses, sin intereses; esta última
deberá devolver Q 10,000.00 al vencimiento de dicho plazo). Sin embargo,
es importante tener presente los siguientes principios que rigen para este
tipo de contratos: 1° La cosa objeto del mutuo se transmite para su consumo
al mutuario y queda a su cargo la mejora, deterioro, depreciación o
destrucción que sobrevenga después; 2° El mutuante es responsable de los
daños que sufra el mutuario por la mala calidad o vicios ocultos de la cosa
prestada, si conoció los defectos y no le dio aviso oportunamente. No se
reputan vicios ocultos los que el mutuario ha podido conocer por él mismo;
3° Si el mutuante ignoraba los vicios ocultos de la cosa, sólo está obligado
a sufrir la reducción proporcional de su valor; 4° Salvo pacto en contrario,
el deudor pagará intereses al acreedor y, a falta de convenio, se presumirá
que las partes aceptaron el interés legal; 5° El interés legal es igual al
promedio ponderado o equilibrado de las tasas de interés activas publicadas
de los bancos del sistema al día anterior a la fecha de su fijación, reducido
en dos puntos porcentuales. En defecto de su publicación o en caso de duda
o discrepancia, se solicitará informe a la Superintendencia de Bancos el cual
tendrá carácter definitivo; 6° Las partes pueden acordar el interés que les
parezca. Cuando la tasa de interés pactada sea manifiestamente
desproporcionada con relación al interés corriente en el mercado, el juez
podrá reducirlo equitativamente tomando en cuenta la tasa indicada en el
artículo 1947 del Código Civil y las circunstancias del caso; 7° Si en el
contrato no se ha fijado plazo la restitución de lo prestado, se entenderá
que es el de seis meses si el mutuo consiste en dinero; y si lo prestado fueren
cereales u otros productos agrícolas, la devolución se hará en la próxima

164
cosecha de los mismos o semejantes frutos o productos; 8° En los prestamos
de dinero, el pago de los intereses caídos o de los incurridos después del
vencimiento del plazo, no implicará prórroga de éste; 9° Si se han prestado
cosas fungibles que no sean dinero, se deberá restituir igual cantidad del
mismo género y calidad, aunque el precio de ellas haya bajado o subido;
10° Si las cosas fueren apreciadas al tiempo del contrato, el deudor está
obligado a satisfacer el valor que se les dio aunque valgan más o menos al
tiempo del pago; 11° Si no fuere posible al mutuario restituir en género,
podrá pagar el valor que la cosa prestada tenga el día que debiera ser
devuelta; 12° El préstamo en dinero se arreglará para la restitución a lo
establecido en los artículos 1395 y 1396 del Código Civil; y, 13° El deudor
de una suma de dinero puede anticipar el pago, pero cubriendo los intereses
respectivos por todo el tiempo que falte para el vencimiento del plazo.

e) La usura: Si la palabra usura tiene gramaticalmente el sentido lícito de


interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o
préstamo, tiene también una acepción peyorativa (que empeora) que se
refiere al interés excesivo en un préstamo (véase el artículo 1948 del Código
Civil, reformado por el artículo 10 del Decreto N° 29-95 del Congreso). Este
segundo significado es el de uso corriente y el que contiene más importantes
derivaciones jurídicas; entre ellas, la anulabilidad del acto cuando una de
las partes, explotando la necesidad, ligereza o inexperiencia de la otra,
obtenga una ventaja patrimonial desproporcionada y sin justificación
(véanse los artículos 1257 al 1268, 1284 al 1289, y 1301 al 1318 del Código
Civil). En ese orden de ideas, nuestra legislación sustantiva penal (artículos
276 y 277), protegiendo el patrimonio de las personas, establece que:
“Comete delito de usura quien exige de su deudor, en cualquier forma, un
interés mayor que el tipo máximo que fije la ley o evidentemente
desproporcionado con la prestación, aun cuando los réditos (renta, utilidad
o beneficio renovable que rinde un capital) se encubran o disimulen bajo
otras denominaciones. El responsable de usura será sancionado con prisión
de seis meses a dos años y multa de doscientos a dos mil quetzales./ La
misma sanción señalada en el artículo que antecede, se aplicará: 1° A
quien, a sabiendas, adquiere, transfiere o hiciere valer un crédito usurario.
2° A quien exigiere de su deudor garantías de carácter extorsivo”.

f) Regulación legal: Todo lo relacionado con el contrato de mutuo se encuentra


regulado en los artículos 1942 al 1956 del Código Civil.

D. CONTRATOS DE CESIÓN DE USO O GOCE.

1. EL ARRENDAMIENTO.

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a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: El arrendamiento es el
contrato por el cual una de las partes se obliga a dar el uso o goce de una
cosa por cierto tiempo, a otra que se obliga a pagar por ese uso o goce un
precio determinado (llamado renta). Todos los bienes no fungibles (los que,
inversamente a los fungibles, no pueden ser sustituidos por otros de la
misma calidad) pueden ser objeto de este contrato, excepto aquellos que
la ley prohibe arrendar y los derechos estrictamente personales. La renta o
precio del arrendamiento debe consistir en dinero o en cualquiera otra cosa
equivalente, con tal que sea cierta y determinada (de donde se deduce que
es conmutativo). 2) Naturaleza jurídica: Por su naturaleza, el arrendamiento
es un contrato conmutativo. Insistimos una vez más en que el carácter
conmutativo no depende del dato económico de la ganancia o pérdida en la
operación celebrada, sino de que los provechos y gravámenes sean ciertos y
determinados al celebrarse el contrato. El arrendamiento es el contrato que
se ha considerado como tipo de los llamados contratos de tracto sucesivo,
por cuanto que necesita por su naturaleza misma, una duración
determinada, para que pueda tener vigencia.

b) Características: 1° Es un contrato consensual, porque basta el


consentimiento de las partes para que sea perfecto; 2° Es un contrato
bilateral o sinalagmático, porque en él ambas partes se obligan
recíprocamente (el arrendador, arrendante o locador en dar el uso o goce
de una cosa por cierto tiempo; y, el arrendatario o inquilino a pagar por ese
uso o goce un precio determinado); 3° Es un contrato oneroso, porque en él
se estipulan provechos y gravámenes recíprocos; 4° Es un contrato
conmutativo, porque las prestaciones que se deben las partes son ciertas
desde que se celebra el contrato, de tal suerte que ellas pueden apreciar
inmediatamente el beneficio o la pérdida que les cause éste; y, 5° Es un
contrato de tracto sucesivo, porque las obligaciones se van cumpliendo
dentro de un término o plazo que se prolonga después de celebrado el
contrato.

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: Por lo que se refiere a los elementos


esenciales, sólo trataremos el objeto, puesto que el consentimiento y la
capacidad siguen en esto las reglas generales relativas a su formación. En
cuanto al objeto, en principio (exceptuando las cosas consumibles por su
primer uso, las prohibidas por la ley y los derechos estrictamente
personales) todos los bienes muebles o inmuebles, corporales o
incorporales, pueden ser objeto de ese contrato. 2) Requisitos: El contrato
de arrendamiento es generalmente formal, puesto que debe constar por
escrito (en documento privado –con o sin firmas legalizadas– o por acta
levantada ante el alcalde del lugar) y expresará el nombre y generales del
locador (arrendador o arrendante) y del inquilino (arrendatario); los datos
necesarios para la exacta identificación de la vivienda o local arrendado; el

166
destino de éstos; precio de la renta y todas las modalidades del convenio;
además, cuando se trate de viviendas o locales, el locador deberá obtener
previamente autorización escrita de Sanidad Pública, en la que conste que
el bien reúne las condiciones sanitarias mínimas exigidas por la ley y los
reglamentos respectivos (esta autorización deberá extenderse en un
término no mayor de diez días contados de la fecha de recepción de la
solicitud). La falta de contrato escrito de arrendamiento o de
subarrendamiento, será imputable al locador, quien incurrirá por esa
omisión en una multa equivalente a un mes de renta. Los contratos en que
se estipule una renta mensual de diez quetzales (Q 10.00) o menos, estarán
exentos del impuesto de papel sellado y timbres. Sin embargo, conviene
aclarar, que el contrato de arrendamiento o subarrendamiento deberá
inscribirse en el Registro de la Propiedad, y consecuentemente constar en
escritura pública, cuando lo pida uno de los contratantes y
obligatoriamente, cuando sea por más de tres años o que se haya anticipado
la renta por más de un año.

d) Efectos: El efecto principal del contrato de arrendamiento es el siguiente:


el arrendador (arrendante o locador) está obligado a entregar la cosa en
estado de servir al objeto del arrendamiento (la entrega debe hacerse
inmediatamente si no se fija plazo; pero si el arrendatario debe pagar la
renta anticipadamente o prestar garantía, mientras no cumpla estas
obligaciones, no estará obligado el arrendador a entregar la cosa); y, el
arrendatario (inquilino) está obligado a pagar la renta desde el día en que
reciba la cosa, en los plazos, forma y lugar convenidos (a falta de convenio,
la renta se pagará vencida, a la presentación del recibo firmado por el
arrendador o su representante legal).

e) Cesión del arrendamiento y el subarrendamiento (diferencias): El


subarrendamiento es el contrato por virtud del cual una persona llamada
subarrendador, se obliga a conceder el uso y goce temporal de un bien, del
que a su vez es arrendataria en diverso contrato, a otra persona llamada
subarrendataria, quien se obliga a pagar como contraprestación un precio
cierto. El subarrendamiento siempre implica la existencia de dos contratos;
el celebrado entre arrendador y arrendatario y el celebrado entre el
arrendatario que recibe el nombre de subarrendador y un tercero que recibe
el nombre de subarrendatario. En esto se diferencia de la cesión de derechos
del arrendatario, en que sólo subsistirá entre arrendador y cesionario
arrendatario. En ese orden de ideas, el Código Civil (artículo 1890) expresa
que: “El arrendatario podrá subarrendar en todo o en parte la cosa
arrendada si no le ha sido prohibido expresamente, pero no puede ceder el
contrato sin expreso consentimiento del arrendador. El subarriendo total o
parcial no menoscaba los derechos ni las obligaciones que respectivamente
corresponden al arrendador y al arrendatario, ni altera las garantías

167
constituidas para seguridad del contrato de arrendamiento”. Como se
puede apreciar de la norma transcrita, para que el arrendatario pueda
subarrendar un bien, total o parcialmente, se requiere que en el contrato
no aparezca prohibición expresa para hacerlo; sin embargo, para que el
arrendatario pueda ceder el contrato de arrendamiento, es necesario el
consentimiento expreso del arrendador para efectuar tal cesión.

f) La tácita reconducción y el derecho de tanteo: 1) La tácita reconducción:


Para la Real Academia Española, reconducir significa, en términos forenses,
prorrogar tácita o expresamente un arrendamiento. En consecuencia,
cuando esa prórroga no ha sido expresamente establecida, sino que se
produce automáticamente, sin determinación previa, se origina una
prórroga tácita, o sea una tácita reconducción, originada por el simple
hecho de que el arrendatario continúe en el disfrute de la cosa arrendada,
después de vencido el plazo del arrendamiento, sin que el arrendador se
oponga. Siguiendo ese orden de ideas, el Código Civil guatemalteco (artículo
1887) expresa que: “Vencido el plazo del arrendamiento, si el arrendatario
no devuelve la cosa y el arrendador no la reclama y, en cambio, recibe la
renta del período siguiente sin hacer reserva alguna, se entenderá
prorrogado el contrato en las mismas condiciones, pero por plazo
indeterminado. La prórroga del contrato por voluntad expresa o tácita de
las partes, extingue las fianzas y seguridades que un tercero haya prestado
para garantizarlo, salvo que el fiador se obligue expresamente”. 2) El
derecho de tanteo: Para la Real Academia Española, tanteo significa, en
términos forenses, facultad que, por ley o costumbre jurídica, tiene una
persona para adquirir alguna cosa con preferencia a los compradores y por
el mismo precio que éstos. Sin embargo, para el profesor José Castán
Tobeñas es el derecho de preferencia que una persona tiene para la
adquisición de una cosa en el caso de que el dueño quiera enajenarla. En
Guatemala se ha legislado (artículo 1886, último párrafo, del Código Civil)
el derecho de tanteo, con relación al contrato de arrendamiento, al
establecer que el arrendatario tendrá derecho de tanteo para la renovación
del contrato por un nuevo plazo, siempre que haya cumplido
voluntariamente todas las obligaciones que contrajo a favor del arrendador.

g) Ley de inquilinato: A la par de las normas reguladoras del contrato de


arrendamiento establecidas en el Código Civil (artículos 1880 al 1941 –este
último en especial–), existe una ley especial denominada Ley de Inquilinato,
la cual está contenida en el Decreto Número 1468 del Congreso de la
República de Guatemala (de fecha 22 de junio de 1961), que regula el
arrendamiento de viviendas y locales urbanos. Lo especial de esta ley es que
es de naturaleza tanto sustantiva como adjetiva o procesal; porque,
primeramente, regula los derechos y obligaciones correspondientes al
locador y al inquilino, y seguidamente establece normas especiales del

168
procedimiento judicial de desocupación, al cual puede optarse según lo
establecido en el artículo 237, segundo párrafo, del Código Procesal Civil y
Mercantil. Las características generales de esta ley son más bien limitativas
que protectoras en relación con el inquilino.

2. EL COMODATO.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el contrato de comodato


una persona entrega a otra, gratuitamente, algún bien mueble no fungible
(los que, inversamente a los fungibles, no pueden ser sustituidos por otros
de la misma calidad) o semoviente (toda clase de ganado), para que se sirva
de él por cierto tiempo y para cierto fin y después lo devuelva. 2) Naturaleza
jurídica: El comodato es considerado, desde el punto de vista de nuestra
legislación civil, un contrato gratuito, traslativo de uso y goce, principal,
bilateral, consensual y de tracto sucesivo. El comodato es considerado como
un contrato de beneficencia, en el sentido de que cualquier género de
retribución destruiría la naturaleza esencialmente gratuita del mismo y, por
consiguiente, en tal caso, dejaría de ser comodato para convertirse en
arrendamiento.

b) Elementos y requisitos: El comodato, llamado también préstamo de uso,


goza de los siguientes elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Personales:
Los elementos personales de este contrato son el comodante (persona que
entrega la cosa para ser usada gratuitamente) y el comodatario (persona
que la recibe para tal fin exclusivo); y, 2° Reales: Pueden ser objeto del
comodato todas las cosas no fungibles (con mayor precisión, no
consumibles), quedando excluidas las que se consumen por el uso, pudiendo
serlo éstas, sin embargo, cuando se entreguen ad pompam. 2) Requisitos: El
comodato no se encuentra sujeto a ningún requisito en relación con la
forma. No es por lo tanto el comodato un contrato formal. En él, el
consentimiento puede manifestarse en cualquier forma en que los
contratantes lo deseen. Puede ser expreso o tácito. La entrega de la cosa
exigida por algunos códigos civiles extranjeros para la perfección del
contrato de comodato no es un requisitos necesario para tal efecto entre
nosotros, pues, según nuestro Código Civil, este contrato existe aun antes
de dicha entrega.

c) Diferencias con otras instituciones: 1° Con el arrendamiento, en que,


siendo ambos contratos de uso y goce, el comodato es eminentemente
gratuito y el arrendamiento no; 2° Con la donación pura y simple, en que,
siendo ambos de naturaleza consensual y gratuitos, en el comodato se
adquiere el uso y goce de una cosa por cierto tiempo determinado y en la
donación se transfiere el dominio de la cosa a perpetuidad, salvo el caso de
revocatoria; y, 3° Con el mutuo, en que el comodato es esencialmente

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gratuito y recae sobre bienes no fungibles y el mutuo es eminentemente
oneroso y recae sobre bienes fungibles, es decir, consumibles.

d) Regulación legal: Todo lo relativo al contrato de comodato está regulado en


los artículos 1957 al 1973 del Código Civil.

E. CONTRATO DE CUSTODIA.

1. EL DEPÓSITO.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el contrato de depósito


una persona recibe de otra alguna cosa para su guarda y conservación, con
la obligación de devolverla cuando la pida el depositante, o la persona a
cuyo favor se hizo o cuando lo ordene el juez. 2) Naturaleza jurídica: El
depósito es un contrato de naturaleza real, pues se perfecciona mediante
la entrega de la cosa para su custodia.

b) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° El consentimiento: Es el acuerdo


de voluntades de dos sujetos, uno para recibir, conservar y restituir un bien
(depositario) y el otro para remunerar esos servicios o pactar expresamente
que no exista esa remuneración (depositante); y, 2° El objeto: El objeto
como contenido de las prestaciones de las partes, puede consistir en toda
clase de bienes muebles o inmuebles. 2) Requisitos: La ley no establece para
el perfeccionamiento de este contrato una forma determinada; lo que
significa, que las partes pueden libremente escoger cualquier manera al
efecto.

c) Clasificación: De conformidad con varios ordenamientos jurídicos diferentes


al Código Civil, el depósito puede ser: 1° Depósito mercantil; 2° Depósito
administrativo; 3° Depósito judicial; 4° El llamado secuestro convencional;
5° Depósito irregular; y, 6° Depósito de garantía.

d) Regulación legal: Todo lo relativo al depósito se encuentra regulado en los


artículos 1974 al 1999 del Código Civil; y, 714 al 717 del Código de Comercio
de Guatemala.

F. CONTRATOS DE SERVICIOS.

1. LA OBRA O EMPRESA.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: Por el contrato de obra o


empresa, el contratista se compromete a ejecutar y entregar una obra que

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le encarga otra persona, mediante un precio que ésta se obliga a pagar. 2)
Naturaleza jurídica: Las notas que caracterizan al contrato de obra frente
a los demás son: 1° Que se trata de un contrato consensual meramente
productor de obligaciones; 2° Que su objeto no lo constituye la actividad
humana en sí misma, sino en cuanto dirigida a un resultado (obra) o
únicamente el resultado de tal actividad (empresa); y, 3° Que se exige una
contraprestación determinada o determinable.

b) Diferencia con el contrato de trabajo: Si existe dirección y dependencia del


dueño de la obra, será un contrato de trabajo; pero si los materiales
empleados son del empresario, la dirección es por su cuenta y los riesgos de
la obra son a su cargo, será un contrato de obra a precio alzado.

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Personales: Figuran como tales en


este contrato el contratista (empresario) y el comitente (dueño de la obra
a realizar); y, 2° Reales: La obra y el precio son los elementos reales de este
contrato. 2) Requisitos: Nuestro legislador a este respecto expresa que el
contratista está obligado a hacer la obra de entera conformidad con las
especificaciones del contrato y, a falta de ellas, en la forma, condiciones y
calidades acostumbradas en el lugar en que la obra se ejecute y que sean
necesarias para el uso a que se destina. El contratista está obligado, además
a sujetarse a los principios de la técnica y al plano o diseño que haya acepta
el dueño. Aceptado por el dueño el presupuesto, plano o diseño, no podrá
ser modificado sino por convenio expreso de ambas partes, y por escrito si
el contrato constare en esa forma.

d) Regulación legal: Todo lo relacionado al contrato de obra o empresa se


encuentra regulado en los artículos 2000 al 2026 del Código Civil.

2. LOS SERVICIOS PROFESIONALES.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: El contrato de prestación de


servicios profesionales es un contrato por virtud del cual una persona
llamada profesional o profesor se obliga a prestar un servicio técnico a favor
de otra llamada cliente, a cambio de una retribución llamada honorario. 2)
Naturaleza jurídica: Este, como su nombre lo señala, es un contrato de
prestación de servicios. Los servicios que se obliga a prestar el profesional
son siempre actos técnicos y, por regla general, actos materiales como los
que realiza un médico en una intervención quirúrgica, un arquitecto en la
construcción de un conjunto habitacional, o un notario en la redacción de
una escritura. El profesional siempre actúa en nombre propio y obra por su
propia cuenta al hacer ejercicio de una actividad profesional,
independientemente de que como consecuencia del contrato celebrado con
su cliente, su trabajo deba aprovechar y sea en beneficio de éste.

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b) Diferencia con el contrato de trabajo: Si existe dirección y dependencia de
la persona que utiliza el servicio del profesional y dicho servicio es
remunerado con un sueldo o salario, será un contrato de trabajo; pero si en
la relación jurídica contractual sólo existe un vínculo o nexo entre
profesional y cliente, y la retribución que recibe el profesional por el
servicio prestado es un honorario, será un contrato de servicios
profesionales.

c) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° El consentimiento: Como en todo


contrato debe existir un acuerdo de voluntades y con relación a este
contrato el acuerdo debe ser para la realización de ciertos actos de carácter
técnico y el pago de una remuneración por parte del cliente que toma el
nombre de honorario; y, 2° El objeto: El objeto indirecto de este contrato
(que es contenido de las prestaciones de las partes) es doble: por una parte
el servicio profesional y por la otra los honorarios. 2) Requisitos: La manera
de exteriorización o socialización del consentimiento en este contrato es
libre, no impuesta; por lo tanto, puede manifestarse en forma expresa o
tácita. La ley solamente exige que por la prestación de servicios, el
profesional emita una factura o tiquete (tique o tíquet) en el momento en
que éste perciba la remuneración (véase los artículos 1, 2 numeral 2, 3
numeral 2, y 4 numeral 1, de la Ley del Impuesto al Valor Agregado, Decreto
N° 27-92 del Congreso).

d) Responsabilidades profesionales: Los profesionales en el ejercicio de la


misma pueden incurrir en: responsabilidad penal, responsabilidad civil,
responsabilidad administrativa y responsabilidad disciplinaria.

e) Ley de Colegiación Profesional Obligatoria: El reconocimiento de los


colegios profesionales se encuentra, en primer término, en el artículo 90 de
la Constitución Política de la República de Guatemala, cuando establece que
la colegiación de los profesionales universitarios es obligatoria y establece
sus fines: la superación moral, científica, técnica y material de las
profesiones y el control de su ejercicio. Además les señala que deberán
contribuir al fortalecimiento de la autonomía de la Universidad de San
Carlos de Guatemala y a los fines y objetivos de todas las universidades del
país. Específicamente los define como “asociaciones gremiales con
personalidad jurídica”. En ese orden de ideas, el Congreso de la República
de Guatemala, en el ejercicio de sus funciones legislativas, promulgó el
Decreto Número 62-91, que contiene la Ley de Colegiación Profesional
Obligatoria en la que se desarrolla la normativa respectiva a los colegios.

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G. CONTRATOS QUE RESUELVEN CONTROVERSIAS.

1. LA TRANSACCIÓN.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: La transacción es un contrato


por el cual las partes, mediante concesiones recíprocas, deciden de común
acuerdo algún punto dudoso o litigioso, evitan el pleito que podría
promoverse o terminan el que está principiado. 2) Naturaleza jurídica: La
transacción es un contrato accesorio, bilateral y oneroso.

b) Elementos y requisitos: 1) Elementos: 1° Personales: Los elementos


personales de la transacción son los sujetos de la controversia que se trata
de terminar o prevenir; y, 2° Reales: El objeto de la transacción se
desprende naturalmente de la definición legal de la misma. 2) Requisitos:
Para que la transacción sea válida se requiere: 1° Que las partes tengan
capacidad para disponer de lo que sea objeto de la transacción; 2° Que las
cosas o cuestiones sobre las cuales se transige, sean dudosas o litigiosas; 3°
Que las partes se prometan, cedan o den algo recíprocamente; y, 4° Que,
cuando se celebre por medio de mandatario, éste tenga facultad especial,
no sólo para transigir, sino para los actos y contratos derivados de la
transacción que necesiten facultad especial. La transacción debe redactarse
por escrito, sea en escritura pública o en documento privado legalizado ante
notario; o bien, mediante acta judicial, o petición escrita dirigida al juez,
cuyas firmas estén autenticadas por notario.

c) Diferencias con otras instituciones: 1) Con el compromiso: Mientras en la


transacción son las mismas partes las que resuelven las diferencias que las
separan, en el compromiso, por el contrario, se encarga a una o más
personas la resolución del desacuerdo. 2) Con el desistimiento: La
transacción es un contrato que opera extrajudicialmente (salvo la llamada
transacción judicial), en tanto que el desistimiento es una actuación
judicial, de carácter unilateral. 3) Con la aceptación de la demanda o
allanamiento: Con esta figura la transacción tiene exactamente la misma
diferencia que con el desistimiento. Por consiguiente, estaremos aquí a lo
dicho en el numeral anterior. 4) Con el pago: El pago indudablemente que
consigue como fin, si es realizado antes que se pronuncie la sentencia, el
poner fin al litigio; pero como acto unilateral que es, no puede confundirse
con la transacción. 5) Con la condonación: Con la condonación o remisión
de deudas, la transacción tiene las diferencias a que: a.- La condonación no
presupone ningún litigio que se haya producido ni que esté en perspectiva;
y, b.- La falta de sacrificios recíprocos en la condonación, dado que en ésta
únicamente el acreedor cede. 6) Con la renuncia de derechos: La renuncia

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de derechos es un acto de carácter unilateral que puede ser revocado por
la sola voluntad del renunciante; por consiguiente, se diferencia de la
transacción en que en dicha renuncia no hay bilateralidad. 7) Con la
donación: El carácter de gratitud de la donación,
la diferencia tajantemente de la transacción, en la cual necesariamente hay
onerosidad, dado que ambas partes ceden recíprocamente. 8) Con la cosa
juzgada: Con la transacción las partes sustituyen su juicio al del juzgador,
y pareciera que entre ellas no hay diferencia; sin embargo, la transacción
es un contrato, mientras que la cosa juzgada no lo es, sus efectos también
difieren radicalmente.

2. EL COMPROMISO.

a) Definición y naturaleza jurídica: 1) Definición: La Ley de Arbitraje (artículo


10, numeral 1), contenida en el Decreto Número 67-95 del Congreso, sólo
establece que el acuerdo de arbitraje deberá constar por escrito y podrá
adoptar la fórmula de un “compromiso” o de una “cláusula compromisoria”;
entendiéndose esta como aquella en que las partes interesadas convienen
en que las diferencias que puedan surgir entre ellas, generalmente como
consecuencia de la interpretación o del cumplimiento de un contrato, serán
dirimidas en juicio arbitral (de árbitros o de amigables componedores), y no
ante la jurisdicción ordinaria. Asimismo, dicha ley (artículo 4, literal 1)
expresa que: “«Acuerdo de Arbitraje», o simplemente «Acuerdo», es aquél
por virtud del cual las partes deciden someter a arbitraje todas o ciertas
controversias que hayan surgido o puedan surgir entre ellas respecto de una
determinada relación jurídica, contractual o no contractual”. 2) Naturaleza
jurídica: El compromiso es un acuerdo bilateral, oneroso y accesorio (esto
último, en el sentido en que habla de la accesoriedad de la transacción).

b) Nota aclaratoria: De conformidad con el artículo 55 de la Ley de Arbitraje


quedaron derogados los artículos 2170, 2171, 2175 y 2176 del Código Civil,
relativos al contrato de compromiso; así como otros artículos relacionados
con el tema y que estaban consagrados en el Código de Comercio y en el
Código Procesal Civil y Mercantil. Por lo tanto, todo lo relacionado con el
tema del compromiso se deberá estar a lo reglamentado por dicha ley
(Decreto N° 67-95 del Congreso).

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