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La historia de H.M.

, como era conocido cuando vivía para garantizar su anonimato, empieza a


sus 9 años, cuando fue atropellado por un ciclista y empezó a sufrir convulsiones y crisis
epilépticas que se fueron agravando con el paso de los años, impidiendo que pudiera hacer
una vida normal. A los 26 años fue operado de forma experimental (actualmente se llamaría
negligencia, por no decir algo peor). La cirugía a la que fue sometido Molaison consistía en la
extirpación de la amígdala, la mayor parte del hipocampo y la corteza del parahipocampo, en
ambos hemisferios cerebrales.

Por otra parte, en su vida del día a día, Henry Molaison se encontraba con la situación de
despertarse cada día y vivirlo como si fuera único. Podía contarle la misma historia a la misma
persona varias veces, sin recordar que ya lo había hecho anteriormente y sin entender porque
le causaba aburrimiento a su interlocutor. Cada día le visitaban los mismos profesionales
médicos, los cuales tenían que volver a presentarse una vez tras otra porque Henry no les
conocía, no recordaba sus caras ni ningún otro dato que le ayudara a relacionar a su pobre
masa gris lo que estaba viendo.

Así, a partir del año 1953 en el que HM se sometió a esta operación experimental, se convirtió
en el paciente más famoso de la historia de la neurociencia.

En 1962, los médicos realizaron otro experimento con Henry: le colocaron delante, sobre una
mesa, un folio con una estrella dibujada y en vertical un espejo enfocando hacia él, en el que
se veía reflejada la estrella, pero no le dejaban mirar a la estrella del folio sino a su reflejo, y le
dieron un lápiz para que trazase su contorno en el propio folio. El experimento no era fácil,
pero a fuerza de repetirlo muchas veces, nuestro paciente acabó ejecutándolo con facilidad,
de forma motora (igual que cuando una persona no olvida como montar en bici aunque pase
mucho tiempo).

¿Quien era Solomon Shereshevsky? Lo mas probable es que no os suene tal nombre, y
posiblemente ni siquiera sepáis pronunciarlo, pero este hombre natural de Moscú fue todo un
hallazgo científico en la década de 1920.

Solomon, o como se referían a el durante este estudio científico, “S“, padecía de hipermnesia
(exceso de memoria). Durante 30 años fue estudiado por el neurólogo y psicólogo Alexander
Romanovich Luria.

Luria recoge sus primeras impresiones en el libro Small book about a large memory, donde nos
cuenta que “S” pertenecía a una familia de clase media-alta, con unos padres bien educados y
con varios hermanos y hermanas que, sin embargo, poseían una memoria normal. A primera
vista, el joven “S” daba la impresión de tener cierto retraso, timidez y sorpresa por ese
excesivo interés por su memoria, ya que él creía que era tan normal como cualquier otra
persona.

Solomon recordaba sin ninguna dificultad números de 9 cifras que solo había visto una vez y
durante pocos segundos y, ademas, recordaba datos ocurridos hasta con 15 años de diferencia
temporal. “S” es la memoria mas fabulosa de la que se ha tenido constancia y fue todo un reto
para el neurólogo A.R. Luria. Su método memoristico también se asociaba a la sinestesia
(mezcla de sentidos), es decir, para “S”, las palabras tenían texturas, olores y formas.

Desgraciadamente, la memoria perfecta no es tan ideal, ya que a “S” le costaba muchísimo


mantener una simple conversación, le resultaba imposible concentrarse por la avalancha de
diferentes sensaciones que recibia, para él cualquier ambiente tenia un exceso de
distracciones imposibles de evitar.

Lo ultimo que se sabe de Solomon es que acabo convertido en taxista de las frías calles de
Moscú y falleció en 1958, en el mas completo anonimato.

Clive Wearing no tiene oportunidad. Es el ejemplo de infortunio donde un hombre vive en la


misma semana, el mismo día y el mismo minuto una y otra vez. Pese a todo, algo le mantiene
atado al mundo: el amor y la música.

Quiso la mala suerte que siendo Clive Wearing, un reputado director de orquesta, contrajera
un virus en Marzo de 1985. Un virus que desgraciadamente puso el centro de su diana en el
cerebro del músico, transformando lo que podía haber sido un resfriado corriente en un
herpes simplex encephalitis.

El señor Wearing no solo era director de orquesta, también pianista, director de coro y se hacía
cargo de un programa de música en la radio de la BBC. Toda su vida se esfumó en el momento
en que, por culpa del virus, la memoria se convirtió en una enemiga en vez de una
acompañante de vida.

El ser humano tiene distintos tipos de memoria según el contenido, el tiempo de retención y la
forma en la que manejamos la información y la recuperamos. En el caso de Clive, varios
sistemas de memoria quedaron seriamente dañados.

Según las crónicas de aquel tiempo, parece ser que una fuerte gripe azotó el norte de Londres.
Los primeros síntomas señalaban que Clive había enfermado como casi toda la población de la
zona. Sin embargo, tras cuadro días con una fiebre muy alta, perdió la consciencia. Al
despertar, no recordaba a su mujer. Tardó un tiempo en volver a reconocerla.

Los médicos no sabían lo que sucedía siendo el caso más extraño que jamás habían visto.
¿Cómo un hombre trabajador incansable, con un alto ritmo de vida y sin descanso de repente
se les aparecía como un ser desvalido y vulnerable? La confusión y la angustia dominaron esos
primeros días tras el apagón de memoria.

En su momento, comenzó a escribir un diario en el que anotaba la hora y la sensación que


tenía en ese instante. Esta actividad la ha mantenido a lo largo de los años por buscar
coherencia y sentido a su vida. Pese a sus esfuerzos, la sensación siempre es la misma: primera
vez que ve el diario

La frustración, la angustia y la agresividad se han ido reduciendo con el paso de los años. Hoy
en día no le importunan las preguntas sobre personas o cosas que se supone que debería de
saber. Simplemente, acepta la situación y la tolera en un ejercicio de adaptación emocional
increíble.

Con el paso del tiempo, las dificultades de convivencia y sentimiento de frustración


provocaron que su mujer se alejara de él. Sin dejar de perder el contacto, emigró a Estados
Unidos en busca de una nueva vida. Sin embargo, jamás pudo olvidar a Clive. Volvió al Reino
Unido, renovaron los votos matrimoniales y se instaló cerca de la residencia para lesiones
cerebrales donde permanece atendido.
Pese haber perdido la memoria y ser incapaz de recordar el día de su boda, Clive sabe que esta
casado con ella. Sabe que es su mujer, sabe que la quiere. Sin recuerdos de episodios
concretos de su vida conjunta, en el fondo de su ser, permanece el recuerdo y la sensación de
cariño y amor.

¿Y su día a día? Sin películas, sin libros…. es incapaz de seguir una escena o un diálogo. Sin
embargo, hay algo distinto: la música, su otra pasión en vida, a parte de su mujer. No sabe que
podría reconocer notas musicales y no recuerda que ha dirigido orquestas en eventos
importantes. Sin embargo, sentado al piano es capaz de seguir una pieza musical dejando que
los dedos hablen por encima de los recuerdos y su consciencia.

Se han grabado dos documentales, se han escrito muchos artículos y mucha gente se ha
aproximado al caso de Clive. Pese a lo particular de su caso, empatizar con él y su familia no
resulta nada complicado.

Al final, las emociones hablan por encima de los diagnósticos. Los gestos de cariño, la paciencia
y la bondad que rodea a una situación nacida de la frustración, la ira y el sentimiento de
injusticia, muestran la extraordinaria capacidad del ser humano para sobreponerse a
obstáculos inimaginables.

Jeremy, no tiene memoria reciente ya que un accidente cerebral le dejo dañado una zona
cercana al hipocampo, puede recordar los recuerdos que no están almacenados en el
hipocampo, pero ahora no puede acumular nuevos recuerdos. Registra cada momento del día
en una grabadora, que, sin la cual, no sabría que acaba de ocurrir hace tan solo una hora o
pocos minutos. Necesita tomar nota de todo (de cuando come), pero como su memoria lejana
no está dañada, reconoce perfectamente a sus amigos.

Una tarde en el despacho de su profesor , sufrió unas fuertes convulsiones y cayó al suelo
inconsciente. En su cerebro se había roto un vaso sanguíneo y dañó las vías neuronales
conectadas con el hipocampo. Por lo que la grabadora sustituyó el papel que su cerebro no
podía cumplir y tuvo que grabar todo lo que sucedía, todo lo que hablaba y las conversaciones
las pasaba por escrito.

Hace dos años, Paul Bolding, de 63 años, estaba de vacaciones con su esposa Kirsty en
Croacia, visitando una playa en una pequeña isla. Decidieron ir a bucear, turnándose
para entrar al mar mientras el otro cuidaba de sus pertenencias.
Paul se bañó y luego se durmió en una estera de playa en los guijarros por un rato.
Cuando despertó no tenía ni idea de dónde estaba ni cómo había llegado allí. Lo
sorprende que Paul estuviera tan asustado. Su esposa lo llevó a sentarse a la sombra,
tratando desesperadamente de encontrar una manera de calmarlo y de averiguar qué
le estaba sucediendo.
Kirsty le contó en el programa All In the Mind de la BBC que pronto se dio cuenta de
que su esposo no era capaz de generar nuevos recuerdos porque hacía las mismas
preguntas una y otra vez: "¿Crees que tengo insolación? ¿Crees que me quedé
dormido al sol?".
Esto sucedió más de 20 veces.

Temiendo que tuviera que pasar el resto de la vida cuidándolo, lo llevó al pueblo
donde se hospedaban, esperando que un entorno más familiar despertara su
memoria.
.

Tuvo que pedirle el almuerzo, porque él no sabía qué pedir.


No podía recordar ninguno de los 10 días anteriores de sus vacaciones, a pesar de que
parte de ese tiempo había incluido una reunión con algunos familiares por primera
vez.

A última hora de la tarde comenzó a sentirse mejor. Incluso sugirió ir a la caminata que
habían acordado el día anterior, lo que indicaba que su memoria estaba retornando.
En menos de una hora todo había vuelto a la normalidad, menos el recuerdo faltante
de aquellas seis horas que hasta el día de hoy nunca ha retornado.
Ya en casa en Reino Unido, visitó a su médico, quien le dijo que había tenido un
episodio de amnesia global transitoria, una condición que es más común en personas
mayores de 50 años (el caso de Paul).

Las salas de emergencias de los hospitales están acostumbradas a atender dos o tres
casos mensuales.

Durante un episodio, las personas pueden hacer cosas como conducir y hablar, pero en
un caso típico como el de Paul no pueden recordar lo que han estado haciendo en los
días anteriores.

Las preguntas repetitivas, como las de Paul en la playa, son un síntoma para este
diagnóstico.
La causa tiene todavía no está completamente clara.
Inicialmente los médicos pensaron que estos ataques podrían ser un síntoma
de epilepsia o migraña, o incluso un miniaccidente cerebrovascular.

Pero ahora se considera que no están relacionados con otros problemas de salud.
Se cree que el hipocampo, con forma de caballito de mar, procesa nuestros recuerdos
autobiográficos permitiéndonos almacenarlos a largo plazo, es la clave.
"Lo que pensamos que sucede es que el hipocampo se apaga temporalmente", dice
Adam Zeman, profesor de Neurología Cognitiva y Conductual en la Facultad de
Medicina de la Universidad de Exeter, Reino Unido.

"El caso de Paul es clásico. Pierdes el recuerdo de las últimas dos semanas y no puedes
generar nuevos recuerdos mientras el episodio continúa".
Los estudios de imágenes cerebrales apoyan esta teoría, revelando anomalías
temporales en el hipocampo durante un episodio.
istoria actual
Paciente de 73 años de edad valorado en la consulta de Neurología de forma periódica
a lo largo de 2 años y asiste a una clínica cardinal consistente en temblor de reposo de
predominio en miembro superior derecho, rigidez, bradicinesia y alteración de reflejos
posturales. Seguía tratamiento con levodopa y selegilina con adecuado control de sus
síntomas.

No se referían fluctuaciones motoras ni complicaciones de tipo psiquiátrico a lo largo


de este tiempo de seguimiento, durante el cual había podido mantener sus actividades
habituales (gerente de una empresa familiar) sin limitaciones significativas.

En la última visita, la familia que lo acompaña relata que a lo largo de los últimos 6-8
meses, lo vienen notando triste, poco comunicativo, "perezoso" y con escasa ilusión a
la hora de iniciar actividades nuevas. Han notado que pasa horas ensimismado, sin
llegar a concluir la tarea que estuviera realizando. Se muestra incapaz de programar las
actividades que ha de realizar al día siguiente o las realiza a destiempo, de forma
desorganizada. Parece mostrarse poco reactivo ante los problemas, disgustos o
alegrías cotidianas, como si nada le importara…

Sin embargo él no se ha quejado de desánimo, astenia, ni tristeza. En las últimas


vacaciones fue incapaz de alternar las diversas aficiones que antes tenía,
manteniéndose casi todo el tiempo viendo la TV, pero mostrándose poco crítico con
respecto a noticias, acontecimientos, etc.

Se muestra olvidadizo, tiende a usar dietarios y notas cada vez con mayor asiduidad,
sin que esto haya impedido el haber olvidado citas importantes o tareas inexcusables
en su negocio.

Mujer de 60 años de edad, sin antecedentes de interés, que acude a la consulta


acompañada de sus familiares porque le notan deterioro de memoria de al menos tres
años de evolución.
Los primeros datos apuntan a despistes en la recepción de mensajes (olvidaba recados
que le dejaban o los transmitía a destiempo, a veces de forma reiterada a la misma
persona). En varias ocasiones venía de la compra habiendo olvidado artículos básicos
que precisaba. Terminó por llevar una lista exhaustiva de la que antes no dependía,
pero aún así se liaba con los cambios monetarios y en último término tenía que ir
siempre acompañada, sobre todo cuando acudía a realizar alguna tarea bancaria (en
ocasiones había realizado ingresos o reintegros por la misma cantidad varias veces en
poco tiempo). Por vergüenza acumulaba ese dinero en casa, pero varias veces olvidaba
dónde lo guardaba y lo encontraba su familia.
Empezaba a aquejar trastornos afectivos (sentimientos de inutilidad, frustración,
tristeza), pero los síntomas depresivos mejoraban sólo transitoriamente con los
tratamientos intaurados.
Varias veces se había retrasado al llegar a casa porque había tenido dificultades al
regresar, habiéndose perdido y precisando de ayuda para volver en una ocasión.
En su domicilio, fallaba en tareas como cocinar (olvidaba ingredientes o condimentaba
en exceso) y se dejaba encendidos los electrodomésticos a menudo. Realizaba
preguntas repetitivas sobre un mismo tema, hecho que motivaba en ocasiones la
deseperación de su familia, que la acusaba de no prestar atención en las
conversaciones. Ella se irritaba y se quejaba frecuentemente de que la trataban con
desdén.
Con el paso del tiempo, se iba mostrando cada vez más despreocupada en su cuidado
personal. Vestía de manera desordenada, utilizaba prendas poco adecuadas al tiempo,
mal combinadas, a veces abotonaba las camisas de forma irregular.
Poco a poco, sus habilidades comunicativas (era una gran conversadora) se habían
reducido: le costaba trabajo mantener el hilo conductor de las conversaciones y le era
difícil encontrar las palabras adecuadas al contexto, no acertando con la nominación
de objetos de uso común, lo que salvaba con circunloquios.
Por la calle recibía saludos de amigos que veía con relativa frecuencia a los que no
respondía por considerarlos extraños.