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LA NUEVA RURALIDAD EN LOS ESTUDIOS TERRITORIALES EN MÉXICO1

Adriana Salas Stevanato


Mtra. en Geografía
Estudiante de Doctorado en Sociología
Posgrado de la FCPyS-UNAM, México
e-mail: asalasadriana@hotmail.com
VII Congreso Latinoamericano de Sociología Rural
(ALASRU)

Abstract.

Because of the necessity to explain the social reality and leave behind the
dichotomic point that prevailed for a long time, where raise in one hand the
existence of a traditional scope (field-agriculture-rural) and in another hand, a
modern scope (city-industry-urban) coexisting in the same territorial context,
various authors in the last decades, propose a theoretician scope denominated
New Rural Situation, it explains from different perspectives the transformation that
are in the rural spaces, which are: the deficient rural work, the urbanization of the
field, the introduction of technological innovations, the economic diversity, the
consolidation of agro-industries, the conservation of environment, the sort problem,
the occupational diversity (increase of the secondary activities), the ethnic question
and the activation of the earth markets among others. From this theoretician
approach, this work pretend to explain, the dynamics of the rural space, concretely
in five municipalities of the state of Morelos, Mexico.

Resumen.

Ante la necesidad de explicar la realidad social y dejar atrás el enfoque dicotómico


que prevaleció durante mucho tiempo, donde se planteaba, por un lado, la
existencia de un ámbito tradicional (campo-agricultura-rural) y por el otro, un
ámbito moderno (ciudad-industria-urbano), coexistentes en un mismo contexto
territorial, diversos autores en las últimas décadas, han propuesto un enfoque
teórico denominado Nueva Ruralidad, el cual, busca explicar desde diversas
perspectivas las transformaciones que se presentan en los espacios rurales, como
son: la precarización del empleo rural, la urbanización del campo, la introducción
de innovaciones tecnológicas, la diversidad económica, la consolidación de las
agroindustrias, la conservación del medio ambiente, el problema de género, la
diversidad ocupacional (aumento de las actividades secundarias), la cuestión
étnica y la activación de los mercados de tierra entre otras. Es a partir de este
enfoque teórico, que el presente trabajo pretende explicar, la dinámica del espacio
rural, concretamente en cinco municipios del estado de Morelos, México.

1
Este trabajo se inserta en el marco del proyecto de investigación: La transformación socioespacial de la
sociedad rural: estructura productiva, cambio tecnológico y nuevos usos del suelo en los Altos de Morelos,
coordinado por la Dra. Estela Martínez Borrego del IIS-UNAM.

1
1. Introducción.

Los distintos ámbitos de nuestras sociedades cambian constantemente, algunos


espacios más rápido que otros, ante estas transformaciones, surge una inquietud
constante, ¿cómo analizar hoy día lo que acontece en el medio rural? Sin duda,
una pregunta difícil de responder. Algunas respuestas y explicaciones se han
intentado desde diversas disciplinas, donde investigadores reconocidos han
propuesto teorías para explicar la realidad del medio rural, lo cierto, es que en el
contexto actual, la dicotomía entre ciudad-campo, no es más un tema de
discusión.
En el México rural, al igual que en el de muchos países de América Latina
se han presentado importantes cambios en los últimos años, no solo en la
estructura social y cultural, sino también en lo que respecta a las políticas que en
materia agrícola se han impulsado; en México, dichos cambios van desde las
modificaciones al artículo 27 constitucional, pasando por la nueva ley agraria,
hasta la creación y reestructuración de instituciones para regular la propiedad de
la tierra2, lo que ha traído consecuencias en la composición física de la tierra, es
decir, en el territorio rural, pero que no podemos desvincular de ninguna manera
de los aspectos sociales.
Al igual que en muchas teorías, en la nueva ruralidad, existe una
conceptualización amplia de términos y categorías utilizadas, pues según el tipo
de análisis que se pretende se utilizan palabras como: rusticidad, urbanización,
suburbanización, contraurbanización, relación urbano-rural, natururbanización,
entre otros, esta variedad representa la principal confusión para utilizar
adecuadamente la noción de nueva ruralidad en el análisis de los espacios
rurales. Por ello, más que definir conceptos o categorías, en el presente trabajo se
pretende explicar a partir de este enfoque teórico cuál es la dinámica del espacio
rural y cómo es abordada por algunos de los principales autores, que en México,
estudian el espacio rural, para lo cual, exponemos el caso de cinco municipios del
estado de Morelos, México.

2
Al respecto Cf. Rodríguez, 2006.

2
Finalmente, debo señalar que, este trabajo se realizó mediante una
investigación documental en diversas fuentes, también se llevaron a cabo várias
salidas a campo, por ello se han incluido en el documento comentarios de algunos
de los productores rurales entrevistados entre el año de 2004 y 2005.

2. La nueva ruralidad y sus principales exponentes.

Durante más de tres décadas el tema central en las ciencias sociales giró en torno
a la dicotomía entre lo rural y lo urbano, actualmente la forma de analizar ambas
realidades ha dejado de darse a través de las contradicciones, porque ya no se
define más lo rural como aquello que no es urbano, los análisis sobre lo rural,
tratan de entretejer y resaltar las relaciones que existen entre ambos territorios,
más que destacar sus diferencias, se intenta, el análisis a partir de la
complementariedad de dos territorios que son heterogéneos.
En América Latina y particularmente en México, la discusión en torno a la
nueva ruralidad y a la nueva relación que se establece entre campo-ciudad es algo
reciente; por ejemplo, en México, desde los años ochenta, los análisis mostraban
la importancia de las actividades manufactureras en las principales zonas
metropolitanas y en conglomerados urbanos del centro y occidente del país, lo que
ha comenzado a alterar la estructura económica y la imagen rural de los pueblos y
su entorno netamente rural, en zonas urbanizadas que crecían incesantemente
como producto del dinamismo industrial de las pequeñas empresas familiares
(Ávila, 2005:20).
Los espacios se alteran y se modifican, aunque quizás lo hacen a un ritmo
distinto, como también es distinta la manera de abordar los territorios, según el
contexto de cada época; en lo que respecta al ámbito rural, algunos investigadores
desde sus diferentes disciplinas, se han dado a la tarea de plantear teorías que
permitan explicar y entender lo que sucede en el mundo rural, una de las
principales teorías, como se ha señalado, es la llamada “nueva ruralidad”.
Uno de los principales exponentes de esta teoría es Luis Llambí, quien
señala, que la nueva ruralidad aparece vinculada al surgimiento de nuevas

3
actividades, nuevos agentes sociales, y nuevos entes regulatorios en los espacios
que anteriormente estaban dedicados casi exclusivamente a las actividades
agrícolas. Según el autor, las características principales de la nueva ruralidad son:
que los espacios permanecen vinculados a los grandes complejos
agroindustriales; que son áreas que se están reestructurando en función de
intereses turísticos y ambientales; y que han sido redefinidos según la
terminología oficial de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE, hoy
Unión Europea-UE) como áreas “deprimidas”, “marginales” o “sin uso económico
potencial” (Llambí, 1996:89)
Para Llambí (1996) la nueva ruralidad, en América Latina, tiene que ver con
procesos de transformación, como son los cambios en los patrones productivos y
en las técnicas de producción inducidas por las políticas de ajuste en la
agricultura; las repercusiones en el ambiente, en la calidad de vida, así como en
las transformaciones socioeconómicas, es decir, tanto de las condiciones de
producción y reproducción de los habitantes rurales; reconoce que este enfoque
puede caer en contradicciones si se hace mucho hincapié en las especificidades
locales olvidando su inserción en los procesos globales; y también se puede
otorgar un peso exagerado a la capacidad de actuación de los actores locales
(Ibid:91).
Otro investigador que ha contribuido en el nivel teórico, para el análisis del
mundo rural es Carton de Grammont (2004), quien considera que el campo no
puede pensarse más sectorialmente, esto es, solo en función de la actividad
agropecuaria y forestal, por el contrario, señala que deben tomarse en cuenta
todas las demás actividades que la población realiza3, y la nueva ruralidad
representa esta transformación; aunque, reconoce que la discusión en torno a la
nueva ruralidad es compleja, ya que involucra distintos aspectos y fenómenos que
sintetiza en los siguientes puntos:

1) desaparece la dicotomía: el campo y la ciudad, son diferentes pero


complementarios4;

3
Actividades no agrícolas, la mayoría de ellas insertadas en, o relacionadas con, el sector terciario.
4
Son diferentes en muchos aspectos, pero no siempre son complementarios.

4
2) se habla de la urbanización del campo porque se incrementan las
ocupaciones no agrícolas; los medios masivos de comunicación llegan
hasta las regiones más apartadas; las migraciones (sobre todo las
internacionales) permiten hablar de comunidades transnacionales;
también se habla de ruralización porque muchas ciudades, sobre todo en
América Latina, parecen ranchos grandes por la falta de desarrollo urbano;
3) la tecnología revoluciona la vida en el campo y son las empresas
transnacionales quienes establecen las reglas del mercado, a través del
control de las cadenas productivas y de la agricultura por contrato;
4) la población rural no agrícola adquiere mayor importancia, pues se
reproduce a partir de la combinación de las diferentes actividades
económicas de sus miembros;
5) desigualdad social, pobreza y marginación prevalecen y sustituyen la idea
del desarrollo y de la integración nacional;
6) el problema de género y la cuestión étnica adquieren otros matices, y un
mayor interés;
7) la conservación del medio ambiente cobra mucha importancia, lo que ha
obligado a algunas instituciones nacionales e internacionales a buscar
otros mecanismos para definir las políticas públicas correspondientes
(Carton de Grammont, 2004:280-281).

Al reconocer la manera en que hoy se presentan estos aspectos y


fenómenos, Carton de Grammont afirma que, la nueva ruralidad es una nueva
relación “campo-ciudad” en donde los límites entre ambos ámbitos de la sociedad
se desdibujan, sus interconexiones se multiplican, se confunden y se complejizan;
se trata pues, de importantes cambios que se dan en el campo y que parecen
marcar una “nueva y diferente etapa” en su relación con la ciudad y la sociedad en
general, en los distintos niveles, como el económico, el social, el cultural y por
supuesto el político; se trata de un término que alude tanto a la complejidad de la
organización social como a su capacidad de cambio (Ibid. 281 y 289-290).
Para otros autores, más que estudiar los cambios en sí, o la complejidad de
éstos, parten del análisis de la relación campo-ciudad a partir de los actores
sociales, Patricia Arias, por ejemplo, señala que, la nueva relación que se
establece entre el campo y la ciudad es consecuencia de tres procesos que están
muy ligados. En primer lugar, es resultado de la manera en que ciertos grupos
sociales locales han captado las tendencias y enfrentado los cambios externos en

5
los que sus sociedades se encontraban inmersas. En segundo lugar, se trata de la
habilidad de los grupos (sociales) para reelaborar y readecuar las trayectorias
locales para insertarse en las tendencias actuales de la economía y el trabajo.
Finalmente, se relaciona con la forma en cómo los grupos (sociales) han logrado
redefinir su especialidad y rediseñar sus articulaciones espaciales (territoriales)
(Arias, 2005:129).
A partir de estas relaciones la autora considera que la nueva ruralidad, para
el caso de México, es el resultado de procesos locales intensos y muy complejos,
que buscan alternativas económicas y de sistemas de trabajo que han podido
mitigar la pérdida de actividades y empleos agropecuarios por parte de las
localidades, su gente, su historia y sus recursos (ibid).
Arias, también analizó el trabajo y las actividades complementarias
realizadas en el campo; estudió los quehaceres de tipo “tradicional”, donde
concluyó que, en algunas regiones del país la elaboración de artesanías adquieren
mayor importancia entre la población rural, pero no dejan de lado su actividad
agrícola; aunque la existencia y el papel de estas actividades complementarias
han estado siempre presentes (Arias, 1992:59-60), lo novedoso es que hoy son
más evidentes y sobre todo van adquiriendo una importancia mayor dentro de la
reproducción económica y social de los habitantes del campo, como consecuencia
del declive de las actividades agrícolas.
El territorio rural, como señalé, ya no debe estudiarse como opuesto a lo
urbano, la nueva ruralidad consiste en una ampliación de la interacción entre estos
dos territorios, se trata de una complementariedad de espacios que se necesitan
mutuamente5; y se caracteriza por permitir: la diversificación ocupacional; la
permanencia de la tenencia de la tierra, aunque su uso sí se modifique; el
desplazamiento de las actividades agropecuarias como soporte fundamental del
sustento familiar; el incremento además de la demanda de servicios públicos; y se
presenta una expansión urbana sobre el suelo rural (Sobrino, 2003).

5
Aunque no es materia de este trabajo entrar al fondo del debate sobre la complementariedad, ni cuestionar
que territorio necesita más del otro.

6
En este sentido, se observa que, si bien el trabajo no agrícola va cobrando
importancia6, las actividades agropecuarias no desaparecerán, en tanto que
garantizan la reproducción familiar a través del autoconsumo y por medio de la
venta de excedentes en los mercados locales; pero, también existen nuevas
estrategias que tratan de implementar las sociedades rurales, ello ante las
demandas que la globalización impone. Su lógica de manejo sustentable de los
recursos regionales y locales, es una alternativa al empobrecimiento individual y a
la degradación ambiental, que descansa en tres principios: la autonomía, la
autosuficiencia y la diversificación productiva (Barkin, 2005), principios que hacen
evidente la claridad con que los campesinos están enfrentando los problemas,
adaptándose pero sin perder su sus sistemas productivos tradicionales y su
cultura.
En el territorio rural se amplía la gama ocupacional al diversificarse el trabajo,
y las actividades agropecuarias pasan a segundo plano, aunque no en todos los
territorios ocurre así, pues para algunos campesinos, tan importante es la
actividad no agrícola como el cultivo de la tierra, así se observa en el siguiente
testimonio de un productor agrícola, que además vende nieve en el centro de su
pueblo, al preguntarle que actividad le agradaba más:

“…las dos cosas, sí, porque mientras descansamos de por allá (de la
tierra), nos venimos acá (a vender nieve)… porque es nuestra vida el
campo… porque nosotros solitos nos mandamos y no hay quien nos
mande, trabajamos a fuerza de voluntad, nos gusta trabajar a todos (se
refiere a su familia)… para mi significa mucho (cultivar la tierra) porque
yo me distraigo, ando más tranquilo y me gusta cosechar; es una
satisfacción el tener las tierras y trabajar, para mi es una satisfacción7.

En este testimonio también podemos observar, que el arraigo con la tierra


permanece, pues sigue siendo un elemento importante de la reproducción

6
Aunque como señala Pacheco (2002), las ocupaciones vinculadas al empleo no agrícola son (en muchos
casos) eventuales, fragmentados, mal remunerados, a destajo, basados en la subcontratación y sin ningún tipo
de derechos. Y muchas veces se contrata mano de obra femenina, pues acepta casi cualquier condición de
trabajo (Lara, 1998, citado por Pacheco, 2002).
7
Entrevista realizada en trabajo de campo, el 29 de abril del 2005 al Sr. Anselmo Zamora quien es productor
agrícola y vendedor de nieve en el municipio de Totolapan, Morelos.

7
campesina, pero cabe destacar que, al menos en el caso de México, este arraigo
permanece principalmente entre la población mayor de 45 años, pues los jóvenes,
buscan en su entorno o fuera de éste otras actividades paralelas o alternas al
trabajo agrícola, además, en las áreas rurales la reproducción de la fuerza de
trabajo se hace fuera del ámbito del capital, lo que permite emplear trabajadores
de manera temporal o eventual8 y pagar salarios que están por debajo de lo
necesario para la subsistencia9.
Como se puede observar, son varios los aspectos que permiten hablar de
una nueva ruralidad, pero se trata de algo que va mas allá del auge de las
actividades no agrícolas, es el conjunto de cambios que ocurren en los distintos
niveles que conforman el medio rural (el económico, el social, el cultural y el
político), y según Carton de Grammont (2004), existen tres diferentes enfoques
para el estudio de la nueva ruralidad. En el primer enfoque se estudian
básicamente las transformaciones económicas, sociales y políticas de la sociedad;
se enfatiza el estudio de la relación local-global con sus respectivas cadenas
productivas y los efectos de las migraciones, el autor lo considera como un
enfoque societal.
Sobre este primer enfoque, Delgado (2003)10, señala que aquí es donde
pueden ubicarse los análisis sobre la globalización: la articulación local-global
mediante cultivos de exportación, de la tecnificación de las actividades agrícolas,
del retiro de la intervención del Estado y su sustitución, en la práctica, por la
acción de agencias internacionales, y sobre todo, de la aparición de nuevas
formas espaciales como resultado de esos procesos (Delgado, 2003:76).
El segundo enfoque se centra en estudiar cuáles deben ser las políticas
públicas que respondan no sólo a las nuevas situaciones que prevalecen en el
campo, sino también para que éste cumpla con todas las funciones que hoy se le
atribuyen, por ejemplo, en América Latina se busca, fomentar un desarrollo más
equitativo y en segundo lugar, la conservación del medio ambiente; este enfoque

8
Cf. Martínez R., 2005.
9
Pero este es otro tema, del cual no nos ocuparemos porque no es objetivo de este trabajo.
10
Delgado (2003) denomina este enfoque como: Globalización y neoliberalismo, y en su análisis establece
otros dos enfoques: nuevas tecnologías y agricultura; y patrones espaciales.

8
parte del análisis del territorio y enfatiza sus preocupaciones en el desarrollo
sustentable, prevalece una visión de la economía política y de las políticas
públicas (Carton de Grammont, 2004:282); en algunos países se habla de un
desarrollo social sustentable, donde se pretende cubrir otras áreas, además de la
agropecuaria.
Carton de Grammont considera que, estos dos primeros enfoques deberían
ser complementarios, pero reconoce que existe una gran dificultad para lograrlo,
pues existen diferencias a nivel metodológico y también en cuanto a la conexión
para lograr aplicaciones concretas; sin embargo, cabe resaltar que algunos
esfuerzos se han realizado, en México, por ejemplo, podría decirse que uno de los
primeros intentos es la Ley de Desarrollo Rural Sustentable y los Distritos de
Desarrollo Rural, que si bien, no se han aplicado con eficacia, al menos puede
reconocerse el esfuerzo, y esto puede permitir lograr avances significativos para
lograr un desarrollo más equitativo en el largo plazo.
Por último, el tercer enfoque al que hace referencia Cartón de Grammont
(2004), es el que considera que la nueva ruralidad corresponde más bien a una
mirada distinta sobre la vieja ruralidad latinoamericana. Lo nuevo no parece
significar la emergencia de transformaciones amplias y profundas, sino más bien
muestra algunas facetas de la realidad social rural que quedan ocultas en los
enfoques agraristas (muy de moda en los sesentas y setentas). Lo que parece
indicar que se trata de un concepto que hace referencia a una forma distinta de
percibir los espacios rurales y sus problemas contemporáneos y no
necesariamente a la emergencia de nuevos acontecimientos (Riella y Romero,
2003, citados por Carton de Grammont, 2004:283)11.
Si bien no todo es nuevo, lo que cambia es la importancia de cada fenómeno
y el contexto general en que se sitúa, por eso el panorama rural es muy distinto,
pues se han construido nuevos territorios, nuevos actores sociales, nuevas
relaciones sociales, en fin, una nueva sociabilidad no solo en el campo mismo,
sino en su relación con la ciudad (Ibid). Aquí es donde nos enfrentamos con un
problema, el reconocer las diferencias y los aspectos comunes de esta nueva

11
Este trabajo se inserta dentro de este enfoque por los datos que se analizan en el siguiente apartado.

9
relación, y no basta hacerlo solo a nivel local, sino también a nivel nacional y para
el conjunto de los países Latinoamericanos, pues a pesar de ser realidades y
contextos muy distintos, existen entre nuestros países semejanzas que pueden
permitir desarrollar políticas generales con aplicaciones particulares.
Reconocer, por ejemplo, la existencia de “nuevos estilos de vida”, tiene que
ver con cambios significativos, en la esfera económica, en el aspecto ideológico y
cultural, se trata de una revalorización o vuelta al campo; para el caso de América
Latina, se considera que se trata de un fenómeno periurbano, geográficamente
limitado y socialmente circunscrito a las clases altas, quienes pretenden disfrutar
en los poblados rurales de todas las comodidades propias de la ciudad12 (Ibid), por
ello buscan, principalmente, aquellas áreas próximas a la gran metrópoli, donde la
misma demanda fortalece y mejora las vías de comunicación, lo que facilita no
solo el acceso a los territorios “campiranos”, sino que también provoca cambios
significativos en el paisaje.
Finalmente, es necesario destacar una última postura al respecto de la nueva
ruralidad, se trata de la propuesta de Ramírez (2005), para quien la relación rural-
urbana es un visión que no es nueva, más bien es otra, dada la forma que ha
adoptado en el momento contemporáneo el crecimiento de las ciudades y los
elementos que cambian y se integran en su transformación conjunta (Ramírez,
2005:63).
Se observa por tanto, que abordar la relación rural-urbana a partir de una
visión distinta y reconociendo que hay actividades y prácticas que siempre han
estado presentes en la vida de los habitantes del medio rural, es un gran avance;
pero lo que intento señalar, es que también existen posturas y planteamientos
teóricos que se acercan desde distintas disciplinas, al análisis y a la explicación
del territorio rural, y que toman en cuenta no solo la relación rural-urbana, sino que
pretenden indagar desde el interior de cada uno de estos territorios, en otras
palabras, el espacio (o territorio) es el mismo, la mirada y la forma de abordarlo, es

12
Esto tiene que ver más con cuestiones de calidad de vida y segundas residencias, quienes tienen los recursos
de contar con una buscan tranquilidad y descanso los fines de semana y en periodos vacacionales.

10
distinta, y es ahí donde la nueva ruralidad tiene mucho que aportar para el análisis
de estos territorios.

3. La nueva ruralidad en cinco municipios de Morelos.

El estado de Morelos, se localiza en la región centro de México, y ha


desempeñado un papel muy importante en la historia del país, quizá lo que más
ha beneficiado al estado es su ubicación geográfica, pues su proximidad con la
capital de la república, es un factor que ha sido decisivo en la existencia de
importantes vínculos que determinan lugares y funciones específicas, dentro de la
jerarquía que marca la principal metrópoli del país.
Morelos colinda al norte con el Estado de México y el Distrito Federal; al
este nuevamente con el Estado de México y Puebla; al sur con Guerrero y Puebla;
al oeste con el Estado de México y Guerrero. Está integrado político-
administrativamente por 33 municipios (Sarmiento, 1997), en el siguiente mapa,
podemos observar la división político administrativa de Morelos, y los estados con
los que colinda.

11
En el último conteo de población y vivienda del año 2005, según datos del
INEGI, el estado de Morelos registró un total de 1,612,899 habitantes, de los
cuales el 51.9% son mujeres y el 48.1% son hombres. Los municipios más
poblados fueron Cuernavaca, Jiutepec y Cuautla. La capital del estado, que es la
ciudad de Cuernavaca, registró un total de 349,102 residentes habituales, lo que
representa el 21.6% del total de la población de esta entidad y que crece a una
tasa media anual del 0.53%; Jiutepec cuenta con 181,317 habitantes, que
representan el 11.2% del total estatal, con una tasa de crecimiento de 1.1%; y
Cuautla, es la tercera ciudad más poblada del estado, cuya tasa de crecimiento es
de 0.8%, pero representa el 9.9% de la población morelense con 160,285
personas.
En Morelos, siete de cada diez personas residen en las Zonas
Metropolitanas de Cuernavaca y Cuautla, ciudades que según Ávila y Gaona
(2004) forman parte de la estructura territorial megalopolitana de la Ciudad de
México; en la entidad 224,820 personas viven en poblados de menos de 2,500
habitantes y 1,388,079 personas viven en poblados de 2,500 y más (INEGI, 2006).
También se han manifestado importantes cambios tanto en la estructura
territorial como en la social, cambios que obedecen a fenómenos ligados a la
reestructuración productiva que tiene lugar en el contexto nacional, lo que
repercute en las distintas regiones del país. En el estado se fortalece dicha
reestructuración, particularmente en la industria. Se mantiene el peso dominante
de la urbanización y las ciudades continúan creciendo rápidamente (Ávila y
Gaona, 2004), sobretodo la ciudad de Cuernavaca, Cuautla, Jiutepec, Tepoztlán,
Jojutla, Puente de Ixtla y Zacatepec, pues se han desarrollado en una relación
íntima con la riqueza de sus tierras, y en el caso particular de Cuernavaca, ser la
capital del estado, así como su ubicación geográfica en la ruta México-Acapulco,
le imprime otro matiz al desarrollo urbano e industrial que ha tenido desde tiempos
remotos.
En este contexto, lo que se observa en Morelos, y de manera particular en
los municipios de Totolapan, Atlatlahucan, Tlayacapan, Yautepec, y Tepoztlán, es

12
un aumento significativo de las actividades no agrícolas, y es que cada día se
hace más evidente que la actividad agrícola está perdiendo la capacidad de
ocupar a la mayoría de la población que habita éstos municipios, y para lograr su
reproducción la gente busca ocuparse en actividades que podrían ser
consideradas como urbanas, como el comercio, y los servicios, la fuerza de
trabajo se incorpora a un conjunto muy variado de actividades económicas y
productivas, que no necesariamente tienen que ver con el cultivo de la tierra, y
cada vez menos ligadas a la unidad de producción (Schneider, 2001, citado por
Méndez, 2005).
Es importante señalar que las actividades complementarias que realizan los
habitantes de estos municipios, responde a la necesidad de subsistir y a la
búsqueda de alternativas económicas, pues la parcela no garantiza más el
autoconsumo para la reproducción de la familia. Tres aspectos permiten afirmar lo
anterior, la superficie sembrada, que en los últimos años ha tenido una
disminución, el producto interno bruto estatal por sector, así como la población
económicamente activa por sector (PEA).
En primer lugar, nos referiremos a la superficie sembrada en Morelos, la cual
durante la década de los noventa presentó altibajos, de 1990 a 1993, la superficie
sembrada disminuyó de manera significativa, pero en el año siguiente y hasta
1997 aumenta considerablemente, alcanzando su punto más alto justo en este
último año, pero a partir del año siguiente y hasta el 2003, la superficie sembrada
se ha mantenido más o menos estable, como se observa en la tabla 1.

Tabla 1.
Superficie sembrada y producción obtenida en Morelos: 1990-2003.
Años Superficie (has.) Producción (Ton.)
1990 111,330 551,319
1991 111,163 491,174
1992 101,704 515,359
1993 100,750 488,192
1994 107,179 479,311
1995 108,825 538,762
1996 121,746 581,608
1997 126,261 501,007
1998 114,402 509,549
1999 104,741 541,144

13
2000 111,631 583,385
2001 113,297 737,786
2002 116,225 1,411,732
2003 110,739 1,587,001
Fuente: elaboró Rodríguez, 2005, con base en SAGARPA,
1990-2003.

En los municipios seleccionados, también ha presentado una variación


interesante de la superficie sembrada para el periodo de 1994 a 2003, así se
observa en la siguiente gráfica. El municipio de Atlatlahucan, por ejemplo, se
mantuvo más o menos estable, solo en el año de 1998 disminuyó
considerablemente la superficie sembrada, pasando de 2,750 has, sembradas en
1994 a 1,698 has., y para el 2004 la superficie fue de 3,395 has. En tanto que.
Tepoztlán, tuvo un aumento paulatino en el periodo, y es en 2003 que disminuyó
significativamente la superficie, en 1999 se sembraron 2,391 has., para el año de
2002 fueron 3,475 has., y para el siguiente año la superficie sembrada diminuyó
en 1,477 has., lo que significa que apenas se sembraron 1,998 has. en total.

Gráfica 1
Superficie sembrada en municipios seleccionados: 1994-2003

8,000.0

7,000.0

6,000.0
Atlatlahucan
5,000.0
Tepoztlán
has.

4,000.0 Tlayacapan

3,000.0 Totolapan
Yautepec.
2,000.0

1,000.0

0.0
1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
años

Fuente: elaboración propia con base en SAGARPA, Delegación Morelos 2004.

Tlayacapan, también se mantuvo estable en la superficie sembrada, siendo


los años de 1998 y 2001 cuando la superficie disminuye, en esos años se
sembraron 2,048 has. y 1,535 has. respectivamente. En el municipio de
Totolapan se observa que es el año de 1998 cuando mayor superficie se siembra,

14
pues llegan a ser 4,815 has., y en el año 2000 hay una disminución significativa,
ya que en ese año la superficie sembrada fue de 3,125 has., y para el último año
del periodo se registra un ligero aumento, el total de la superficie sembrada llega a
4,483 has. Finalmente en el municipio de Yautepec la situación respecto a la
superficie sembrada es distinta, pues entre 1994 (5,189 has.) y 1997 (7,230 has.)
hay aumento considerable en la superficie, siendo el año de 1999 el que menor
superficie sembrada registra con apenas 5,103 has., y aunque vuelve a aumentar
los siguientes años, en 2003 se observa nuevamente una disminución de la
superficie, 4,707 has.
Por otra parte, si analizamos el PIB del estado por sector, observamos que el
sector terciario es el que tiene una participación mayor en la economía de la
entidad, pues en el periodo de 1997 a 2002 las actividades del sector aportaron el
65.02% de los ingresos estatales, en tanto que las actividades primarias y
secundarias tuvieron una baja considerable, aportando el 10.50% y el 25.21%
respectivamente, para el mismo periodo (Rodríguez, 2005:104).
En lo que respecta a la PEA, se observa en Morelos y en los municipios
seleccionados, un importante cambio en el porcentaje de las actividades de los
distintos sectores; para el año de 1990 en el estado, el porcentaje de personas
ocupadas en el sector primario era del 22.7% y en el sector terciario del 49.9%,
para el año 2000 es muy significativo el cambio, pues el porcentaje de personas
dedicadas al sector primario disminuyen casi a la mitad pasando a 13.9%, en tanto
que en el sector terciario la PEA aumenta al 59.3%, como se muestra a
continuación.

Tabla 2.
Porcentaje de la PEA, según sector económico en Morelos
y municipios seleccionados: 1990 y 2000.
Estado de Municipios Estado de Municipios
Morelos seleccionados* Morelos seleccionados*
Sector 1990 2000
Primario (agricultura y 22.7 32.0 13.9 17.2
ganadería)
Secundario (industria) 27.9 26.2 26.8 38.0
Terciario (comercio y 49.9 41.8 59.3 44.8
servicios)
Total 100 % 100% 100% 100%
*Atlatlahucan, Tepoztlán, Tlayacapan, Totolapan y Yautepec.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de INEGI, 1990 y 2000.

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En la tabla 2 podemos observar que la PEA de los municipios seleccionados,
también registró cambios, sobre todo en el sector primario, pues para 1990 la PEA
ocupada en este sector de la actividad correspondía al 32.0% y para el año 2000
disminuyó considerablemente quedando en a penas 17.2%; si bien, en el sector
terciario el aumento no es demasiado entre una y otra década, sí se aprecia que
va en aumento, pues en 1990 la PEA en el sector terciario era del 41.8%, para el
año 2000 paso a ser de 44.8%.
Como se ha señalado, los cambios registrados en los últimos años en
Morelos permiten hablar de la nueva ruralidad, y otro dato que no se puede pasar
por alto, es el referente a la población rural y urbana, en la siguiente gráfica se
presenta el registro de la población rural y urbana, donde se observa que en
Morelos, durante el año de 1995 se reportaron, según datos del INEGI, 6.1
habitantes urbanos por cada habitante rural; para el año 2000, se registran 5.9
habitantes urbanos por cada habitante rural.
Se debe destacar que el incremento de la población urbana fue significativo a
lo largo del periodo 1910-2000, destaca el año de 1970, cuando se da un
incremento del 264% con respecto a 1950. Para 1990 es notable la
desaceleración con respecto a 1995, cuando se incrementa únicamente en 21% la
población urbana; y de 1995 a 2000 solo avanzó el 7%.

Gráfica 2
Población rural y urbana de Morelos: 1910-2000

1,400,000
1,200,000
1,000,000
población

800,000 urbana
600,000 rural
400,000
200,000
0
1910 1930 1950 1970 1990 1995 2000
años

Fuente: elaboración propia con base en SAGARPA, Delegación Morelos 2004.

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En la gráfica 2 también se observa que, durante el periodo de 1910-1930, la
población rural no sufrió un serio decremento, como ocurrió en el caso de la
población urbana (48.8%). Sin embargo, el crecimiento de la población rural ha
sido menos precipitado, excepto en el caso del periodo 1970-1990, donde se
registra un decremento del 7.2%, pero a lo largo del periodo se ha dado de
manera paulatina, de acuerdo con los siguientes datos estadísticos, entre 1950 y
1970 se registra un aumento de la población rural del 19.8%; para el siguiente
periodo de 1970 a 1990 por el contrario, hay un decremento de 7.2; y entre 1990 y
1995 nuevamente se registra un aumento poblacional de 18.3; finalmente en los
años de 1995 a 2000, se observa un incremento en la población, aunque menor,
de apenas 11.4 (SAGARPA, 2004).
Todo lo anterior, evidencia que la gente del campo ya no se dedica,
principalmente, a la agricultura. Las “viejas” labores están siendo desplazadas por
“nuevas” actividades económicas, esto no significa que antes no existieran, lo que
sucede es que hoy las demandas y necesidades de los habitantes del campo son
otras y por ello las actividades no agrícolas están adquiriendo mayor importancia,
pues las oportunidades de empleo ya no se reducen a las que se ofrecen en los
lugares de residencia, también existe una movilidad importante de la fuerza de
trabajo; estamos frente a un proceso de trasformación del territorio rural que es
complejo y seguirá siendo tema de discusión.

4. A manera de conclusión.

De la discusión precedente, podemos concluir que es innegable que la relación


entre campo y ciudad se da actualmente de manera diferente, en América Latina,
y particularmente en México, pues nos encontramos ante nuevas expresiones
culturales que están incorporando patrones de consumo y hábitos de vida
distintos, el constante y continuo crecimiento de las ciudades y de los sistemas
urbanos, el progreso de las comunicaciones y la creciente movilidad de la
población, han inserido en los patrones de organización del territorio rural,

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desplazando o desdibujando los límites entre lo rural y lo urbano, lo que dificulta
cada vez más saber, dónde termina un territorio y dónde comienza el otro.
Sin embargo, el asunto es más complejo de lo que parece, pues no se trata
solamente de caracterizar los territorios, o mencionar que los límites se pierden,
no debemos seguir pensando el territorio rural como sinónimo de atraso, se debe
analizar bajo otra ótica, considerando que sus necesidades y sus actores son
distintos, y que no necesariamente deben integrarse al modelo que dictan las
políticas desde el centro.
En el caso de México, los proyectos productivos y de servicios que se han
desarrollado, a través de las distintas Secretarias, cuyos recursos son de carácter
federal, estatal e incluso local, están destinados a impulsar actividades de
comercio y de servicios, por ejemplo, en Morelos se ha impulsado y establecido
estéticas, talleres de costura y de reparación de imágenes, cafés Internet, entre
otros; donde los interesados solicitan el recurso a través de las instancias
correspondientes y ellos contribuyen con otra parte del capital, y después de
analizarse la viabilidad del proyecto, se aprueba y finalmente se ejecutan.
De este modo, observamos que la mano de obra rural está buscando
alternativas para reproducirse, pues el cultivo de la tierra es cada vez menos
rentable y tampoco garantiza el autoconsumo. Las demandas de los habitantes del
campo siguen siendo agua y tierra, pero también encontramos nuevas demandas
como calles y caminos pavimentados, alumbrado público, red de agua potable,
entre otras. Este es el escenario del territorio rural, habitantes que lo mismo
trabajan como albañiles, jardineros, comerciantes, etc., que como agricultores;
habitantes que se incorporan a otros sectores de la economía, que dividen su
tiempo entre la parcela y otra actividad, pero que no dejan de reconocerse como
trabajadores rurales.

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