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GERSHOM SCHOLEM LAS GRANDES TENDENCIAS DE LA MISTICA JUDIA 1 ere atin ee : \ litico de fuerzas reac Novena ConrERENCIA EL HASIDISMO: LA ULTIMA ETAPA NINGUNA otra etapa en el desarrollo del misticismo judio ha sido descrita tan amplia y minuciosamente como Ia iiltima: Ia del movimiento hasidico. Como ya he dicho al final de la Tercera Conferencia, este hasidismo polaco y ucra- niano de los siglos xvi y xix no guarda ninguna relacién con el hasidisino medieval de Alemania, El nuevo hasidismo fue fundado hacia mediados det siglo xvi por el famoso santo y mistico Israel Ba‘al Shem, “Maestro del San- to nombre”, que murié en 1760 y que a lo largo de su vida imprimié al movimiento la marea de su personalidad, asi como Shabbetay Tsebi habia defi- nido el cardcter del shabetaismo. Gran parte de los judios rusos y polacos fueron atraidos hacia la rbita del movimiento, especialmente hasta mediados del siglo x1x, si bien esta forma de misticismo nunca logré implantarse fuera de los pafses eslavos y de Rusia. La cantidad de libros sobre el hasidismo ha aumentado enormemente, en particular durante las iltimas tres décadas. Diversos autores han escrito traba- jos serios y eruditos sobre el tema, Las obras de Martin Buber, de Simén Dub- now, de $. A. Horodezky, de Jacob Minkin y otros," nos han proporcionado una comprensién ms profunda del espiritu del hasidismo que la que tenemos actualmente de los movimientos que lo precedieron. Hoy en dia conocemos muy bien su historia, Jas peleas con sus adversarios, las figuras de sus grandes santos y lideres ¢ incluso su decadencia hasta convertirse en un instrumento po- onarias. Si tenemos en cuenta que el hasidismo como fe- némeno vivo todavia existe entre nosotros, resulta menos sorprendente que ios estudios mas cientificos del misticismo judio hayan tenido su punto de partida cn esta viltima fase y hayan avanzado desde alli hasta Hegar a los primeros esta dios, A pesar de su decadencia, sigue siendo una fuerza viva en la vida de muchos miles de miembros de nuestro pueblo. Es mas, algunos escritores tibe- rales, no todos necesariamente eruditos, nos han ensefiado, como resultado de sus investigaciones, que debajo de las peculiaridades superficiales de fa vide hasidica, se conserva un sustrato de valores positives, que fueron pasados por alto con demasiada facilidad en la lucha feroz entre la “ilustracién” raciona- lista y ef misticismo que surgid en el siglo x1x. Se sabe que el mundo emocional del hasidismo ejercid una gran fascinacién sobre hombres preocupados bésicamente por la regeneracién espiritual del ju- dafsmo. Ellos percibieron en seguida que los escritos de los hasidim contenfan ideas mas fecundas y originales que los de sus adversatios racionalistas —los maskilim— y que la renaciente cultura hebrea podfa encontrar muchos elemen- 264 I 2scrita tan co. Como 20 y uera- hasidismo iados de} 9 del San- primié al tabia defi- y polacos mediados arse fuera mente, en rito traba- mén Dub- corcionado = tenemos onocemos ts grandes nento po- como fe- te que los de partida eros esta~ a vida de tores libe- sultado de le Ia vida sados por raciona- ascinacién ral del ju- contenfan stas —los 0s elemen- EL HASIDISMO: LA OLTIMA ETAPA 265 tos valiosos cn ef legado del hasidismo. Incluso un critico tan contenido como ! ‘Ahad Ha‘am escribié lo siguiente alrededor de 1900, en un ensayo critico sobre la literatura hebrea moderna:? Para vergiienza nuestra, es necesario reconocer que si hoy dia quisiéramos en- contrar siquiera una sombra de literatura hebrea original, tendrfamos que recu- rrir a la literatura hasidica; ahi més que en la literatura de la Haskald* aparece ocasionalmente, ademés de una gran cantidad de material puramente fantasioso, lun verdadero pensamiento profundo que tiene la marca del genio judio original més accesibles al lego que Ia literatura cabalistica anterior, cabe’ mencionar sobre todo dos. Uno es el estilo relativamente moderno de Jos autores hasi- dicos més importantes; otro, su aficién por los epigramas o aferismos. En el/ caso de la mayoria de los autores cabalistas ‘mas antiguos, ¢! lector tiene que hacer el esfuerzo para dejarse transportar a un mundo de un simbolismo extra- fio; Ia mente debe adaptarse a un vocabulario mistico complicado y a menudo oscuro y aun asi muchas veces es de dificil comprensién. El hasidismo supone una excepcién. A pesar de sus defectos evidentes en cuestiones de gramatica hebrea, muchos de los tratados hasidicos ¢ incluso algunos de fos més impor- tantes estan escritos con un estilo fascinante. Aunque seria muy engafioso\, llamarlo perfecto, en general el estilo de los libros hasidicos es més facil y brillante que el de las primeras obras literarias cabalisticas. A pesar de su misticismo, hay en ellos lo que podriamos Hamar un aire de modernidad. Sabriamos mas acerca de la Cébala antigua si entre sus figuras representativas hubicra habido maestros con un estilo epigramético incisivo como rabi Pinhds de Koretz, rab, Nabmén de Brazlava, rabi Méndel de Kotzk y otros lideres del asidismo. Pero aunque, como he dicho, hay libros sobre el tema en todos los idiomas algunos de ellos escritos en forma magistral, todavia son posibles nuevas inter- pretaciones del hasidismo, particularmente en retacién con el misticismo judio en conjunto. No deseo competir con las excelentes recopilaciones de anéc- dotas y epigramas hasidicos que gozan, hoy dia, de tan amplia difusién. Us: tedes no esperarin, por cierto, que yo agregue algo al caudal de cuentos y enseiianzas hasidicos que aparecen, por ejemplo, en los libros de Martin Buber 0 en Ia voluminosa Hasidic Anthology de Louis Newman,? Esto no quiere decir que yo tendria dificultades en afiadir algo a ello, puesto que esta literatura es muy vasta. Pero en esta conferencia me gustaria limitarme a algunos puntos que tienen una relacién mas directa con nuestro problema. Lo cierto es que durante algin tiempo se intent negar el caracter mistico de] hasidismo.* Aunque no estoy de acuerdo con estas opiniones, me parece que se puede decir algo en su favor. Es mas, pienso que esas opiniones tienen un valor precisamente porque nos indican que nos encontramos frente a un problema. En mi opinion, el problema es el de la popularizacién del pensa- miento cabalistice 0, para decirlo de otra manera, el de Ia funcién social de Entre los factores que contribuyeron a que los escritos hasidicos “ae * Haskald, en hebreo, ilustracién, iluminismo. (E.1 a 266 NOVENA CONFERENCIA. las ideas misticas, Pero antes de proseguir, permitanme recordar el tema de las dos iltimas conferencias. El cabalismo luriano, el shabetaismo y el hasidismo son, después de todo, tres etapas de un mismo proceso, Como hemos visto, en C] | et primero ya habia una tendencia proselitista. El rango distintivo del eabalisaie luriano fue el importante papel que desempefis el elemento mesidnico. Fl lurianismo, como he dicho antes, atrafa a las masas porque daba expre- sion a su ansia de Hiberacién al acentuar el contraste entre el estado desga- frado e imperfecto de nuestra existencia y su perfeccionamiento en el proceso 2 de ticin. En el movimiento shabetaico este impulso de redencin “en nuestra 3 Epoca” se convirtié en la causa de las aberraciones. A pesar de la gran influen- cia que tuvo el shabetaismo, estaba destinado a fracasar en tanto que movimien to misionero. Su extravagante forma paradéjica, que sobreestimé ta paradoja fundamental inherente a cada forma de misticismo, fue preocupacién de solo ( euent grupos relativamente pequefios. Por otro lado el hasidismo, en términos generales, representa un intento de hacer accesible a las masas ¢l mundo de \ ja Cébala mediante una cierta transformacién o reinterpretacién, y en esta \tarea tuve un éxito extraordinario durante algin tiempo. | | Creo que se puede decir, que después del ascenso y Ja caida del shabetais- { i i i i | mo quedaron s6lo tres caminos abiertos a la Cabala, sin contar con el de la aceptacién de las contradicciones en las que se vieron erivueltos irremedia- blemente los nuevos creyentes y adeptos de Shabbetay Tsebf. Uno era fingir Uque no habfa ocurrido nada en especial; esto fue, en realidad, lo que trataron Ye hacer muchos cabalistas ortodoxos. Ellos continuaron en el aatiguo ca- ino sin preocuparse demasiado de las nuevas ideas. Pero la pretension fra cas6; 1a explosin del elemento mesidnico que contenia el cabalismo turiano + era un hecho que dificilmente podia negarse. ‘Otro camino fue el de renunciar a todo empefio de crear un movimiento de masas, a fin de evitar que se repitieran las desastrosas consecuencias que sé 1 | guieron a timo de estos intents; Este fue Ia atitud de algunos de los repre- Sentantes més importantes del cabalismo posterior, que renunciaron comple- tamente a los aspectos més populares del lurianismo y trataron de alejar a ta |, Cabata de la calle para devolverta a la soledad de una eelda sermimonéstica i mistico. En Polonia, y en particular en aquellas regiones en Tas que shabetaismo ¥ el hasidismo se encontraban a sus anchas, se formé una vez ms un centro espiritual a mediados del siglo xvul, que ejercid una gran autoridad, especial mente en Galitsia entre 1750 y 1800. Alli florecié un cabalismo ortodoxo antishabetaico que tuvo seguidores entusiastas. Esta fue la gean época del klaus, : el “claustzo”, en Brody; no se trataba de una ermita, como Ja palabra parece sugerir, sino de una pequena habitacién (contigua a Ja gran sinagoga) donde los cabalistas estudiaban y rezaban. Segiin Aharén Marcus, el “claustro” de Bro~ dy constituyé una especie de “invernadero paradisiaco en el cual el ‘Arbol de la Vida’ [como se lamaba el magnum opus de Luria] florecié y dio frutos”* (Bere, representante cisio de est tendencia fue rabi Shalom Sharabi, un abalista yemenita que vivid en Jerusalén a mediados del siglo xvut y fundé \un centro cabalista que todavia existe.® Se trata de Bet-El, ahora un lugar olvi- dado en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde incluso en ef momento de escribir tema de las 1 hasidismo os visto, en al cabalismo ssidnico. Bl 2 laba expre~ tado desga- 1 el proceso “en nuestra sran influen- e movimien~ Ja. paradoja jén de sdlo cn términos 1 mundo de y en esta el shabetais- zon el de la s irremedia- o era fingir que trataron antiguo ca- stensién fra- smo luriano movimiento acias que si- de los repre- ron comple- e alejar a la ronastica del shabetaismo as un centro ad, especial- no ortodoxo ca del Klaus, labra parece goga) donde stro” de Bro- el ‘Arbol de dio frutos”.® Sharabi, un vit y fund6 n lugar olvi © de escribir : EL HASIDISMO: LA ULTIMA ETAPA 267 estas Iineas, hombres conipletamente “modernos” por su forma de pensar pueden inspirarse en la contemplacién de Yo que tat vez sea la oracién judia Py su forma més sublime. Pues aqui se hizo hincapié nuevamente y més que nunca en Ja préctica de la plegaria mistica, en fa contemplacién mistica del elegido. “Bet-EI”, dice Ariel BensiOn, el hijo de uno de sus miembros, “era una comunidad decidida a vivir en unidad y en santidad. De aquéllos que quetian atravesar sus puertas, exigia el conocimiento del sabio y la abnegaciéa ropia del asceta, Por lo tanto se alejé de las masas.’7 Tenemos documentos firmados por 12 miembros del grupo en el siglo xvii, en los que los signatarios se comprometen a construir, a través de su vida comin, el cuerpo mistico de Israel y a sacrificarse el uno por el otro, “no sélo en esta vida sino en todas, jas vidas por venir”.* El cabalismo se convierte, al final de su camino, en lo que fue en sus comienzos: un esoterismo genuino, una especie de religion-mis- terio que trata de mantener al profanum vulgus a distancia. Seria diffcil en- contrar un solo escrito de los cabalistas sefarditas de esta escuela, que ha gjercido una influencia considerable sobre Ja juderia oriental,® que pudiera ser entendido por el hombre comin. Finalmente, habia un tercer camino y éste fue el que tomd el hasidismo, \ especialmente durante su periodo clisico. En este caso, 1a Cébala no renuncié a su misin proselitista; por el contrario, el hasidismo —un tipico movimien- to de despertar religioso, cuyo fundador no tenia estudios rabinicos supe- riores— apuntaba desde cl comienzo a una esfera de influencia Jo més amplia posible. Mas adelante diré algo acerca de la forma en que el hasidismo alcanzé este objetivo y del precio que tuvo que pagar por ello. Pero primero veamos lo que distingue a este movimiento de los anteriores. Esto también nos propor- cionard un punto de partida para saber lo que Ios une. Tal como yo lo veo, el hasidismo representa un intento de preservar aquellos elementos del cabalismo capaces de despertar una respuesta popular, pero des- pojados de su sabor mesidnico al que debieron sus principales éxitos durante et periodo anterior. Me parece que éste es el punto esencial. Bl hasidismo traté de climinar el elemento mesiinico —con su destumbrante pero excesivamente peli- ‘grosa amalgama de misticismo y espiritu apocaliptico— sin renunciar al atractivo popular del cabalismo posterior. Quiz4 seria mejor hablar de una “neutralizacién” del elemento mesidnico. Espero no ser mal interpretado. No es mi intencién sugerir que la esperanza mesidnica y la creencia en la redencién desapareci ron de fos corazones de los hasidim. Eso seria completamente falso; como vere- mos més adelante, no hay un solo elemento positivo de Ia religion judia que esté del todo ausente en el hasidismo, Pero una cosa es asignar un nicho a la idea de redencién y otra muy distinta colocar este concepto, con todo lo que implica, en el centro de la vida y del pensamiento religiosos. Esto fue lo que ocurrié con la teorfa del ticiin en el sistema luriano como en el mesianismo paraddjico de los shabetaicos. No hay duda acerca de cul fue Ia idea que los sacudié més profundamente, los motivé y condicioné su gran influencia. Y esto es precisamente To que el mesianismo dejé de hacer por el hasidismo, aun- que algunos grupos y dos © tres de sus lideres se trasladaron a Palestina en 1777. Es caracteristico de esta nueva actitud respecto al mesianismo el ) 3 f 4 268 NOVENA CONFERENCIA hecho de que rabi Baer de Meseritz, el discipulo del Ba'al Shem y maestro de los lideres antes mencionados, solfa insistit en una idea més ‘bien sor- prendente: que servir a Dios en el Exilio era més facil y estaba por lo tanto més al alcance del devoto que rendirle culto en Palestina. Del mismo modo, la antigua doctrina luriana de la “elevacién de las chispas sagradas” fue despo- jada de su significado mesiénico intrinseco al introducir una diferenciacién entre dos aspectos de Ia redencién, Uno, se decia, era la redencién individua- {) tista ©, mejor dicho, la salvacién del alma, El segundo era Ja verdadera re- dencién mesiénica que es, naturalmente, un fendmeno que concieme a toda la comunidad de Israel como grupo, y no al alma individual. El primer te6- rico del hasidismo, rabi Ya'acob Yosef de Polna consideraba que Ja eleva- cién de las chispas conducia sélo al primer aspecto de la’ redenci6n, en contra- posicién con Ia salvacién mesidnica, que puede forjar solamente Dios y no la accién de Ios hombres. Esta desviacién de la doctrina mesiénica del cabalismo hacia Ja literatura hasfdica de las primeras épocas no ha sido considerada su- ficientemente por los diversos autores modernos del hasidismo. 2 { No se puede Hamar accidente al hecho de que el movimiento hasidico haya aparecido primero en regiones cn las que el shabetafsmo se habia arraigado més profundamente: Podolia y Volhynia. Israel Ba‘al Shem, el fundador del \ movimiento, surgié en‘una época en la que el shabetafsmo, incesantemente perseguido por la ortodoxia rabinica, se habia vuelto cada vez més nihilista. Hacia el fin de su vida tuvo lugar una gran explosién de antinomismo que encontré su expresién en el movimiento frankista. El fundador del hasidismo ly sus primeros discfpulos, por lo tanto, debieron de tener plena conciencia del poder destructivo inherente al mesianismo mistico extremo, y de esta experien- ‘cia ellos sin duda sacaron ciertas conclusiones. Actuaron entre a misma gente a Ja que el shabetaismo intentara, y en parte consiguiera, convertir; y no es de ningtn modo imposible que al comienzo algunos miembros se pasaran de un movimiento a otro, Esos grupos de la juderia polaca, que ya antes y durante la época de la primera aparicién del Ba'al Shem se lamaban a si-mismos hasidim™ contaban con muchos shabetaistas, aunque no tuviesen en verdad un cardcter enteramente criptoshabetaico, e hizo falta algin tiempo para que se percibiera la diferencia entre los nuevos hasidim del “Ba‘al Shem” y los antiguos. Durante ese intervalo, hubo tiempo para que los partidarios de cada uno de Jos grupos hiciera un balance. Lo que cuenta Shelomé Maimén de uno de estos hasidim “pre-hasidicos” —Yosel de Kletzk— muestra. claramente que, en principio, no habia diferencias entre los“ y Jos hasidim del grupo de rabi Yehuda Hasid, que organiz6 una cruzada mis- tica a Tierra Santa en los afios 1699 y 1700. Pero por lo que respecta a este ialtimo grupo, tenemos buenas razones para creer que la mayorfa de sus miem- bros cran en realidad shabetaistas."* Es més, un descubrimiento inesperado nos ha proporcionado una refe~ BL HASIDISMO: LA ULTIMA FARA i ‘ion son rencia Witil en Jo que respecta a las relaciones entre estas dos formas de hasi- aria taaia dismo y por lo tanto entre el hasidismo y el shabetaismo. En pocas palabras, Basa se ata de lo siguiente. En las Jeyendas biograficas relativas a la vida del Ba'al fue despo- Shem, escritas mucho después de su muerte, se menciona con frecuencia a un penaneas misterioso santo, rabi Adam Ba‘al Shem, cuyos escritos mfsticos se dice que el individu Ba‘al Shem guardé como un tesoro sin haber conocido a su autor perso- Sindarin: nalmente. El nombre rabi Adam, que era muy raro entre los judios de aquella pai época, parecia demostrar que el llamado rabi era, en realidad, una figura eine: legendaria, y yo personalmente tiendo a pensar que toda Ja historia de su le- ee gado literario fue producto de la imaginacién, No obstante, hace poco tiempo hemos tenido noticia de un hecho muy curioso. en contra~ y . : ayn % Como se sabe, muchos de los seguidores de los seguidores del Ba‘al Shem, cavalieme discipulos de sus discfpulos, se convistieron en los fundadores de dinastias ica ee hasidicas en Jas cuales el liderazgo de grupos hasidicos grandes y pequefios era y todavia es transmitido, més o menos automaticamente, de padres a hijos. Una de las dinastias m4s importantes, la de los descendientes de rabi Shelomé de Karlin, tiene en su poder una gran cantidad de manuscrites hasidicos y otros documentos que egaron a manos de su fundador y de su hijo a fines del siglo xvi A diferencia de las innumerables falsificaciones descaradas que ee se han publicado en los tiltimos afios, estos documentos tienen, al menos, la / sidico haya inestimable ventaja de ser legitimos. Es verdad que contienen tevelaciones + arraigado menos sensacionales que el caudal de fabulas que pretenden pasar por cartas, ndador del escritas por rabi Israel Ba'al Shem e incluso por el propio mistico rabi Adam ‘Santemente Ba‘al Shem, como Jas que fueron recientemente ofrecidas a un ptblico inge- is nihilista, nuo.® Los archivos de los tsadiquim de Karlin contienen documentos menos mismo que asombrosos pero mas dignos de confianza. No obstante, a mi me reservaban hasidismo algo estimulante porque tuve noticia, para mi gran sorpresa, de 1a existencia, retencia del entre otros documentos, de un voluminoso manuscrito Hamado Séfer Ha-Tsore}, a experien- escrito por rabi Heshel Tsoref de Vilna, que murié en 1700, justamente cuando tisma gente nacia el Ba‘al Shem. Sus 1400 paginas versan, en su mayoria, sobre los mis. ir; y no es terios cabalisticos relativos al Shemd Israel.* El copista de] manuscrito cuenta! aran de un su historia en detalle y no hay motivo para no creerle. Nos enteramos entonces y durante de que uno de los manuscritos del libro legs, después de 1a muerte de Heshel, si_mismos a manos del Baal Shem, que lo guardé como un tesoro mistico muy preciado. en verdad El debio de haber ofdo hablar mucho de Heshel Tsoref, que durante sus tiltimos i > para que afos Ilevé la vida retirada de un santo, en un pequefio cuarto del Bet Ha- 1em” y los Midrash** en Cracovia. El Ba‘al Shem pretendia que el voluminoso y en parte os de cada criptogratico manuscrito fuese copiado por uno de sus amigos, el famoso t6n de uno ~ cabalista rabi Shabbetay Rashkover, pero su proyecto no se concreté y el ma- claramente nuscrita pasé a manos del nieto del Ba‘al Shem, Aharén Tutiever, quien fi- ados antes nalmente ordené copiarlo. El ejemplar que tenemos se basa en aquella primera | uzada mis- copia que pasé a ser propiedad de otro famoso lider hasidico. rabi Mordejay ecta a este de Tchemnobil. Hasta aqui todo est perfectamente claro, pero hay ademas un : sus miem- * La plegaria que comienza con tas palabras “Escucha, Israel..." (T.] ‘i ++ Escuela de altes estudios rabinicos, habitualmenie funciona en una sin wna refe- como tal. [E.} 270 NOVENA CONFERENCIA interesante comentario det copista en el colofén del manuscrito, donde alaba esta profunda obra cabalistica. No obstante, lo que el copista ignoraba era que el autor era sin duda uno de los principales profetas del shabetaismo mode- rado. Mencioné su nombre en la conferencia anterior.'* Como muchos otros, 4 parece haber conservado en secreto su fe en Shabbetay Tsebi durante la iiltima parte de su vida, pero sabemos por testimonios fidedignos que esta fe encontré expresidn simbélica en su libro,”* del que algunos autores contempo- rdneos hablan con profunda veneracién, Pues bien, todo esto permite afirmar que el fundador del hasidismo conservé el legado literario de un destacado criptoshabetaista a quien apreciaba profundamente. Aparentemente, aqui tene- mos la base objetiva de la leyenda de rabi Adam Ba‘al Shem. El histérico rabj Heshel Tsoref, que en realidad era como un Be‘al Shem, fue convertido en figura mitica cuando se supo, para gran escdndalo de los hasidim, que era “sospechoso” de shabetaismo.*? Me parece muy importante el hecho de que entre los nuevos y los viejos hasidim, a los que pertenccia rabi Heshel Tsoref, hubiera un vinculo, aunque fuera inconsciente —si suponemos que las creen- ss shabetaicas de rabi Heshel fuesen tan poco conocidas por el Ba‘al Shem como por sus seguidores, a uno de los cuales se atribuye incluso un intento frustrado de imprimir la obra. Heshel Tsoref, sin embargo, no fue la Gnica autoridad shabetaica en la que Jos nuevos hasidim depositaron una gran confianza. También estaba rabi Ya‘a- cob Koppel Lifshits, un mistico famoso de esa época y autor de una intro- duccién muy interesante a lo que se suponia que era la cdbala luriana. Este libro fue publicado unos 60 afios después de su muerte por los discipulos de rab{ Baer de Meseritz, Ia ciudad en la que el autor tambiéa vivi6 los dltimos afios de su vida y en la que murié. Aunque el libro fue considerado con alguna des- confianza por Jos cabalistas ortodoxos fuera del campo hasidico, goz6 de un gran prestigio entre los hasidim. Pero hace poco, Tishky demostré de manera concluyente que el autor era un importante criptoshabetaista que, en gran me- dida, bas6 su doctrina en los escritos shabetaicos de Natin de Gaza. También en este caso, la vieja tradicién hasidica afirmaba que el Ba‘al Shem habia ma- nifestado un gran entusiasmo respecto a sus escritos, cuando los vio durante tuna visita a Meseritz, algunos afios después de la muerte del autor. hasidismo se apartan de Ia escala de valores rabinica, a saber, su concepeiéa ( Existe otro punto muy importante en el cual tanto el shabetaismo como el { \ | \ \ del.tipo ideal de hombre al que atribuyen Ja funcién de lider. Para los judios rabinicos, especialmente en aquellos siglos, el tipo ideal, reconocido como lider espiritual de Ja comunidad es el erudito, el estudioso de la Tord, el docto rabi. De € no se exige ningtin despertar interior; 1o que le hace falta. es un conocimiento muy profundo de las fuentes de 1a Ley Sagrada, a fin de que pueda indicar el camino justo a la comunidad e interpretar para ella la pala- bra eterna e inmutable de Dios. En lugar de estos maestros de Ja Ley, ef nuevo movimiento generé un nuevo tipo de lider: el iluminado, el hombre cuyo cora- z6n fue tocado y transformado por Dios, en una palabra, el profeta, Ambos movimientos contaron también con eruditos en sus filas, y paraddjicamente el shabetaismo tuvo entre sus adeptos a un mimero mayor de espititus excep © alaba era que + mode- s otros, sante la esta fe atempo- afirmar sstacado ui tene- ristérico nvertido que era de que ‘Tsore, Screen al Shem intento 1 Ta que bi Yao. a intro- aa. Este oulos de nos afios una des- 6 de un manera xan me- También bia ma- durante como el reepeién 1s judios mo lider al docto aes un de que la pala- el nuevo yo cora- Ambos nente el 3 excep- | i | | | EL HASIDISMO: LA OLTIMA ETAPA 21 cionales que el hasidismo, por Jo menos durante el apego del movimiento hasfdico. Pero para ellos lo que contaba no era la sabiduria ni la erudicién, sino, mas bien, una cualidad irracional, el carisma, el bendito don del “des- pertar “religioso”. Desde que los corazones fueron profundamente conmovidos en el afio 1666 y las fuentes ocultas de la emocién comenzaron a fluir, en- contramos muchos analfabetos entre los predicadores de la doctrina shabe- taica. Al fin y al cabo, ,no fueron ellos los que encabezaron la lucha por colocar la fe por encima del ‘conocimiento en la escala de valores, ahora que era necesario defender una realidad interior que, en la perspectiva de la razén y el conocimiento, habria de parecer absurda y paraddjica? Predicadores ins~ pirados, hombres de espiritu santo, profetas —en una palabra, pneumiticos, para emplear el término utilizado habitualmente en Ja historia de Ja religign— condujeron el movimiento shabetaico; no los rabies, aunque éstos no faltaran en el movimiento. Cuando ambos tipos se combinaban en una sola persona,! como ocurrié més de una vez, mucho mejor, pero esto no era considerado! esencial. El hasidismo, como todo movimiento nacido de un impulso religioso profundo y original adopté este ideal de liderazgo pneumitico de los shabe- taicos pero, como tendremos oportunidad de ver, la concepeién de este ideal iba a sufrir en seguida un gran cambio. 3 Pero volvamos a nuestro punto de partida. Sabemos que ciertos discipulos del seguidor més importante del Ba‘al Shem, rabi Baer cl Magguid, o predicador popular de Meseritz, tenfan un comportamiento que sus contemporéneos con- sideraban extrafio y que parecia justificar la sospecha de que se trataba de una nueva forma de antinomismo shabetaico. Abraham Kalisker era el lider de un grupo de hasidim que tenian-el hibito “de manifestar —segiin palabras de uno de sus amigos hasidicos, que estaba absolutamente en desacuerdo con esta costumbre— desprecio hacia los estudiosos de la Tord y hacia los eruditos, al ponerlos en ridiculo de distintas maneras y hacerles pasar vergiienza; ademés, en las calles y cn los mercados de Kolusk y de Liozna daban maromas, y se permitian, en general, todo tipo de bromas de mal gusto y de burlas en pii- blico”?” Y, sin embargo, hay una diferencia fundamental incluso entre estos grupos radicales y los shabetaicos: sus méviles son completamente distintos. Para los seguidores del “Gran Magguid”, el mesianismo como fuerza activa de un attactivo inmediato ya no tenia ninguna importancia. Lo que inspiraba y escandalizaba a sus adversarios cra el entusiasmo primitivo de los misticos “amigos de Dios”. Ya he mencionado que, en sus comienzos, el hasidismo tuvo muchas de las caracteristicas de un movimiento de despertar religioso. Su fun~ dador habla creado una nueva forma de conciencia religiosa en la que Ja sabiduria rabfnica, cualquiera que fuese su significado intrinseco, no desem- pefiaba un pape! fundamental. Para confirmar su experiencia inmediata se re- mitié a los libros cabalisticos, que le ayudaron a dar expresién a su emotivo entusiasmo, El Ba‘al Shem profesa las ideas del tsimtsum de Dios, de la cle-/ ( m2 NOVENA CONFERENCIA vacién de las chispas caidas, la concepcién de debecut como el valor religioso més elevado, y otras nociones que ya he mencionado. Para el yuelo sublime del alma a partir de los mundos creados en el acto del tsimssum, no hay limites. “Aquél que rinde culto a Dios ‘a la manera grande’, reine todo su poder inte- rior y se eleva en su pensamiento, se abre camino por todos los cielos en un solo acto y sube mas alto que los angeles, los serafines y los tronos y ésta es la adora- cin perfecta”. Y: “En la plegaria y en el mandamiento que una persona cumple, hay una manera grande y una fequefia [...] pero la ‘manera gran- de’ es la de 1a correcta preparacién y el entusiasmo a través de cual él se une con Jos mundos superiores.”=1 El reflejo més claro de este entusiasmo se encuentra en la plegaria hast dica que parece ser una antitesis casi total de Ia oracién mistica creada apro- ximadamente al mismo tiempo en Jerusalén por los cabalistas sefarditas de Bet-El. Esta ‘tltima es pura contencién, mientras que la otra es puro mo- vimiento, Casi se podria hablar de un contraste entre estados de animo “de- presivos” y “extéticos", en Ia acepcién literal del término extdtico —“estar fuera de s{"— si no fuera porque se considera que esos términos opuestos son siempre dos aspectos de la misma cosa. Para la mentalidad hasfdica, debecut y kavand eran fundamentalmente valores emocionales, un significado que no siempre habian tenido antes. “La esencia de debecut es que, cuando un hom- bre cumple los preceptos o estudia la Tord, el cuerpo se convierte en un trono para el alma [...] y el alma en un trono para Ja luz de ta Shejind que esta encima de su cabeza y la luz de algin modo fluye a todo su alrededor y él se sienta en el centro de Ja luz y se regocija, trémulo.”*? Los primeros $0 aiios del hasidismo después de la muerte de su fundador (1760-1810), su periodo verdaderamente heroico, se caractetizan por este es- piritu de entusiasmo en el que el acento puesto en la antigua idea de ta inma- nencia de Dios en todo lo que existe encontré expresién y al mismo tiempo justificacién. Pero este entusiasmo era todo menos mesidnico, No se basaba en expectativas quilidsticas. Por eso cuando entré en conflicto —lo que era casi inevitable— con el espiritu sobrio y algo pedestre de la ortodoxia rabinica representada por la escuela lituana, el hasidismo consiguié resistir e incluso afirmarse. Hemos visto como el shabetaismo giré en torno a la esperanza de una redencién mistica, En consecuencia, no era posible, y ni siquiera concel un pacto al respecto. Pero, con la decadencia del elemento mesidnico, volvié a surgir la posibilidad de un entendimiento entre el judaismo rabinico y el mistico. Esto dejé de ser una posibilidad para convertirse en una realidad, después de que el movimiento hasidico superé su primer periodo tempestuoso de creci- miento y pas del despertar activo a la organizacién religiosa, aunque todavia con una base pneumética y mistica. Esporddicamente, un individuo se conver- tia en portador de esperanzas mesidnicas, pero el movimicnto cn conjunto se habia reconciliado con el galut. No obstante, esta éiltima etapa del hasidismo es el periodo de los tsaddiquim y sus dinastias, lo que en ciertos aspectos importantes esté més préximo al shabetafsmo que los primeros estadios del movimiento. Fue e! episodio del frankismo en particular el que contribuyé a darle una cierta semejanza, Como eligioso sublime Lismites, er inte. un solo cadora- persona a gran se une ia hast a apro- fitas de ro mo- 30 “de~ —“estar stos son debecut que no 1 hom- fn trono ue est lor y a andador este es a inma- tiempo saba en era casi cabinica incluso. anza de cebible, volvi6 a mistico, pués de e creci todavia conver- unto se ddiquim sréximo idio del . Como EL HASIDISMO: LA ULTIMA ETAPA 273 sabemos, el shabetaismo no perecié en una nube de gloria, sino en la tragedia del movimiento frankista, cuyo fundador encarna todas las horrendas poten- cialidades de un mesianismo corrompido y despético. Ya‘acob Frank (1726- 1791) €s un Mesias con sed de poder; en realidad, su vorazanhelo de poder Jo dominé ‘hasta el punto de excluir cualquier otro mévil. Esto convierte su conalidad en algo tart fascinante como innoble, Hay cierta grandeza demo- niaca en este hombre. El rasgo esencial que lo diferencia de Shabbetay Tsebi aparece muy claro en una frase que se le atribuye: “Si Shabbetay Tsebi habia’ de experimentar todo en este mundo, {por qué no experiment6 1a dulzura del poder?” Este amor casi sensual por el poder, que Frank tenia en el grado més alto, ¢s el estigma del nihilismo. Para Frank, el gran gesto del Iider lo es todo. | Lo importante aqui es que la evolucin del tsadiquismo tomé un rumbo similar, después de que el hasidismo se convirtiera en una organizacién rel giosa de grandes masas. Aunque io cierto es que el poder ilimitado y Ia autor dad del tsaddic sobre sus seguidores no se adquiria al precio de paradojas tan des- tructivas como las que Frank tuvo que defender. El tsadiquismo pudo lograr sus objetivos sin entrar en un conflicto abierto con los dogmas bésicos del ju- daismo tradicional. Pero este hecho no debe cegarnos en cuanto a sus impli- caciones doctrinarias. La pasién por el poder actua incluso sobre los profundos te6ricos del tsadiquismo que desarrollaron 1a doctrina del tsaddic, el santo y el lider espiritual de la comunidad hasfdica, como el Mesfas no mesiénico y, tal como. acostumbraban, Io levaron al limite. Un hombre de genio como rabi | Nahman de Bratislava nos impresiona por sus extravagantes referencias al | poder del tsaddic, pero lo hace porque en su caso se percibe una preocupacién } evidente por los aspectos. espirituales del tsadiquismo. En muchos otros, sin! embargo, este cardcter espiritual es muy tenue o casi imperceptible, y la figura mayor y més impresionante del tsadiquismo clasico, Israel de Rishin, el Ha- mado rabi de Sadagora no ¢s, para decirlo claramente, mds que otro Ya‘acob Frank que consiguié milagrosamente seguir siendo un judio ortodoxo. Todos los misterios de la Tora desaparecieron 0, mejor dicho, fueron eclipsados y absorbidos por el gesto magnificente det lider mato. EI sigue siendo inge- nioso y rapido de respuesta, pero el secreto de su poder esté en el misterio die su personalidad magnética y dominante y no en cl misterio det fascinante mnaestro. 4 Pero me estoy adelantando a mis propios pensamientos. Volvamos, por un momento, a la cuestién de lo que significa y lo que no significa et hasidismo. Hay dos aspectos del movimiento especialmente interesantes. Uno es el hecho de que dentro de un area geograticamente pequefia y, ademés, en un periodo sorprendentemente corto, el ghetto generé toda una constelacién de santos- misticos, cada uno con una individualidad sobrecogedora. La increible inten: dad del sentimiento religioso creador, que se manifesté en el hasidismo entre 1750 y 1800, produjo una abundancia de tipos religiosos verdaderamente ori nales que, en,ia medida en que podemos juzgar, superd incluso la det periodo 274 NOVENA CONFERENCIA / clésico de Safed. Debe haber tenido lugar algo asf como una rebelidn de la ener- ( gia religiosa contra los valores religiosas petrificados. Sin embargo, no es menos sorprendente el hecho de que este florecimien- to de energia mistica no produjera nuevas ideas religiosas, por no hablar de nuevas teorias del conocimiento mistico, Si me preguntaran cudl fue la nueva doctrina de estos misticos, cuya experiencia era evidentemente més directa que Ia de muchos de sus predecesores, 0 cuales fueron sus nuevos principios ¢ ideas; si me hicieran esas preguntas, dificilmente sabria cmo contestar, En las con- ferencias anteriores, siempre fue posible esbozar un esquema, por asf decirlo, de Ja arquitectura espiritual del tema y dar una definicién mds o menos precisa de su aspecto ideolégico. En el caso del hasidismo, sin duda un mo- vimiento religioso creador, no podemos hacerlo sin repetirnos incontables veces Es precisamente esto lo que convierte al hasidismo en un problema especial ( para nuestra interpretacién. La verdad es que no siempre es posible distinguir entre los elementos revolucionarios y los elementos conservadores del hasi- dismo, 0 mejor dicho, el hasidismo en conjunto es una reforma del misticismo \ anterior, pero al mismo tiempo sigue siendo mas o menos idéntico a éste Podemos decir que eso depende de cémo se mire. Los propios hasidim eran conscientes de ello. Incluso algo tan nuevo como el surgimiento de los tsaddi- quim y a doctrina del tsadiquismo les parecié, a pesar de su novedad, que estaba completamente dentro de la tradicién cabalistica. Es claro que los segui- dores de estos hasidim se convirtieron en verdaderos predicadores de la nueva fe, Rabi Israel de Koznitz, un cabalista tipico entre los tsaddiquim, solia decir que habia lefdo 800 libros cabalisticos antes de acudir ante su maestro, el “Gran Magguid de Meseritz", pero que, en realidad, no habia aprendido nada en ellos. No obstante, si nos limitamos simplemente a leer sus libros vemos que no existe la menor diferencia doctrinaria entre sus ensefianzas y las de los “viejos autores que fingia menospreciar. En consecuencia, el nuevo elemento no debe buscarse en el plano tesrico y literario, sino en la experiencia de un des- pertar religioso interior, en la espontaneidad del sentimiento generado en las mentes sensibtes por el encuentro con las encarnaciones vivientes del misticismo. El testimonio de Shelomé de Luzk, que preparé Ia edicidn de los eseritos del Magguid de Meseritz,* arroja mucha luz sobre la actitud det hasidismo con respecto al problema de su relacién —o Ja de sus grandes maestros— con el cabalismo en conjunto, En principio, él condena a los cabalistas posteriores por su actitud arrogante en relacién con los documentos anteriores del caba: lismo; pero también parece considerar nuevamente los escritos de rabi Baer de Meseritz, como puramente cabalisticos’y de ninguna manera como un nuevo punto de partida. En general, al leer a los autores hasidicos, tenemos Ia impresién de que la continuidad del pensamiento cabalistico no fue real- mente interrumpida, ( Por otra parte, seria completamente errénco considerar como contribucién original y nueva det hasidismo a la religién el haber popularizado las ideas cabalisticas de una vida mistica con Dios y en Dios. Aunque fuera verdad que esta tendencia haya celebrado su mayor victoria con el movimiento hasidico y con su literatura, sus antecedentes se remontan a otra época. Se presta elemento no i misticismo, 5 posteriores es del caba- © rabi Baer no fue real- contribucién nto hasidico * BL HASIDISMO: LA ULTIMA ETAPA 215 muy poca atencién al hecho de que la popularizacién de ciertas ideas misticas habia comenzado mucho antes de| surgimiento del hasidismo y que, hacia el momento de su primera aparicién, ya habjan encontrado su més grandiosa en- carnacion literaria, Me refiero aqui a los escritos, ahora casi olvidados, de Yehudé Loew ben Betsalel de Praga (alrededor de 1520-1609), el “Exaltedo rabi Loew", de la leyenda del Golem. En cierto sentido, podriamos decir que & fue el primer escritor has{dico, Seguramente no es casualidad que tantos ~ santos hasidicos se sintieran atraidos hacia sus obras. Algunos de sus tratados ms voluminosos, como el gran libro Gueburot Adonai, “Las poderosas obras de Dios”, no parecen tener otro propésito que expresar ideas cabalisticas sin hacer un uso exagerado de la terminologia cabalistica.* Lo hizo tan bien que muchos no percibieron el cardcter cabalistico de sus eseritos. Algunos Ile- garon a negar que él se ocupara en absoluto de ideas cabalisticas. Los propios hasidim no fueron tan lejos en la popularizacién del pensa- miento cabalistico como el Exaltado rabi Loew, que parece haber renunciado al lenguaje cabalistico con la tnica finalidad de dar la mayor difusién posible a la doctrina cabalistica. En algunas ocasiones, ellos también se apartan de la terminologia clasica del cabalismo, especialmente donde ésta se ha petrificado; hay una sutileza y una ambigiiedad en sus escritos que no se encuentran en autores anteriores, pero en general permanecen razonablemente préximos a las viejas formulas, Cuando estudiamos los escritos de rab Baer de Meseritz, el discfpulo més importante del Ba'al Shem y el verdadero organizador del movi- miento, vemos inmediatamente que en ellos los viejos conceptos ¢ ideas —todos estos rigurosamente mencionados— perdieron su rigidez y recibieron una nuc~ va infusién de vida’ al atravesar la corriente fogosa de un espiritu. verda- deramente mistico. Sin embargo, ni siquiera esta popularizacién del lenguaje, cabalistico es un producto especifico del movimiento hasidico, sino que se | remonta a Ia literatura de los Ilamados libros de musar (tratados moralizantes), en particular los escritos durante el siglo anterior al surgimiento del hasidismo. Alli encontramos obras y opiisculos sobre conducta moral y ética judia, escritos para un piblico més amplio, He dicho anteriormente que desde el periodo de Safed, este tipo de lite- ratura fue escrita en su mayor parte por hombres que habian recibido la influencia de la Cabala y cuyos escritos propagaban doctrinas y valores es- peeificos del cabalismo. Dado que los hasidim se acercaron més a estos libros que a la literatura metafisica y teosdfica del cabalismo, al analizar tas doc- ttinas hasidicas no podemos permitirnos el lujo'de omitirlos. Lamentable- mente, todavia no ha habido ningén proyecto serio de establecer la verda- dera relacién entre los elementos tradicionales y los elementos nuevos. del pensamicnto hasidico; el que yo conozco” fracasé por completo. En ausen- cia de un estudio serio y minucioso sobre el tema, estamos limitados a generalizaciones peligrosas de impresiones mas 0 menos vagas y a imagenes fu- gaces, intuitivas y casuales del estado de cosas. La impresién es que ningan cle~ mento del pensamiento hasidico es completamente nuevo, mientras que al mi mo tiempo todo se ha transformado de alguna manera; ciertas ideas estén més | acentuadas que antes, mientras que otras se han relegado a segundo plano. Hay