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1- El hecho religioso y el hecho cristiano

Religión

A) Definición: Religión es el conjunto de creencias, celebraciones y normas ético-morales por


medio de las cuales el ser intelectual reconoce, en clave simbólica, su vinculación con lo divino
en la doble vertiente, a saber, la subjetiva y la objetivada o exteriorizada mediante diversas
formas sociales e individuales.

1) En toda religión hay verdades que hay que creer, normas (mandamientos, consejos, etc.)
reguladoras de la conducta que hay que cumplir y ritos sagrados que hay que celebrar. Hay
religiones en las que predomina lo racional sobre el sentimiento y el irracionalismo religioso,
etc. Son las que poseen un corpus doctrinal.

Así acontece, de ordinario, en las que podrían ser llamadas —y de hecho lo son— «religiones
de libro» sagrado e irreformable: cristianismo, islamismo, zoroastrismo, budismo, hinduismo,
etc. Otras (las mistéricas, etc.), en cambio, poseen libros rituales con las normas que precisan
cómo han de realizarse sus ritos, pero o no tienen o apenas tienen libros doctrinales. Sus
creencias, generalmente míticas, se transmiten por tradición oral.

2- El sujeto de lo religioso: el ser intelectual. Se precisa así el sujeto de la religión, a saber, los
ángeles, los demonios, entre los seres espirituales, también los genios según los musulmanes.
De los seres somáticos o dotados de materia, sólo el hombre es capaz de religiosidad, y lo es
en virtud de su racionalidad. La razón básica de la religiosidad es la esencial limitación e
indigencia o contingencia del hombre y, consecuentemente, su dependencia, real o al menos
creída, respecto del Absoluto, de lo Divino.

La religión es una manifestación específica del hombre.

La religión responde a interrogantes formulados en la entraña misma del hombre: ¿De dónde
vengo? ¿Adonde voy? ¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de la existencia, de la muerte, del
sufrimiento, del ansia de verdad, bondad, belleza, felicidad, justicia, del mal y de los males,
etc.?

3) En clave simbólica o metafórica. La actitud religiosa se hace consciente y se expresa


exterior e interiormente mediante símbolos. La única vía de acceso racional a lo divino y de
expresión de lo mismo se nos abre gracias a los símbolos, producto de la analogía.

Las formas simbólicas de lo religioso deben conjugar la «necesidad» de las mediaciones


simbólicas para comunicarse con lo divino y la condición «relativa» de cualquier símbolo
religioso. Si no lo hacen y se inclina por uno de los dos elementos: significante o significado,
anulando al contrario, caerán en una de las dos direcciones opuestas y extremas de la
expresión de lo divino y de nuestra relación con ello, a saber:

a) la actitud iconoclasta

b) La actitud idolátrica.

4) Lo divino. Uso «divino», como podía haber empleado «Misterio, Divinidad,


Trascendencia/Inmanencia, etc.», a fin de que sea compatible con cualquier conceptualización
de la divinidad: monoteísta, henoteísta, politeísta, panteísta, etc., tanto masculina como
femenina y neutra. Lo divino desborda las virtualidades de cualquier idioma y de su gramática.
El sujeto de lo religioso es el hombre y todo el hombre, o sea, la vinculación del hombre con lo
divino afecta a todas sus vertientes.

a) Lo «lógico», racional, o la inteligencia/razón: Ni la religión natural (racional) ni la


sobrenatural (revelación divina, fe) se reduce a una sumisión ciega a algo o alguien sin
justificación, sino la adhesión racional a realidades misteriosas al mismo tiempo que
«razonables» y «razonadas» en la medida de lo posible.

b) Lo «lingüístico»: Lo religioso en su vertiente lógica, el «pensar la religión», necesita de un


entramado lingüístico o el lenguaje interno, el de las ideas, perceptible a veces a través de las
palabras pronunciadas o escritas.

c) Lo «volitivo» o la voluntad: Dios no es evidente en sí ni por sí mismo; no está al alcance


directo de los sentidos. Se halla lo suficientemente claro y al alcance de la razón como para
que pueda descubrirlo el dotado de buena voluntad, para quien lo desee, pero al mismo
tiempo tan oscuro como para que no lo descubra quien no quiera.

d) Lo «mítico» o la imaginación: El mítico es una forma legítima de conocimiento humano,


más aún, el más específicamente humano. mito es el conocimiento natural menos inadecuado
de lo incognoscible por medio de los sentidos y de la razón. Por las solas fuerzas naturales, las
realidades y verdades espirituales, trascendentes, sólo están al alcance del conocimiento
mítico.

En el mito hay colorido, fantasía, imaginación, una especie de vistosa pirueta pirotécnica que
ilumina fugazmente la noche de lo «incognoscible». Por eso, lo mí- tico está al alcance de
cualquiera, también de los niños.

e) Lo «místico», vivencial o el sentimiento/afectividad: Es el conocimiento experiencial de lo


divino; un modo de conocimiento no propia ni primeramente intelectivo, sino vivencial, en el
cual el hombre está como absorto en lo divino al modo del carbón/hierro convertido en brasa
ardiente. Puede darse en un individuo aislado, con o sin fenómenos externos (éxtasis, trance,
etcétera) como en un grupo o colectividad.

f) Lo somático o corporal: Lo religioso acentúa la interioridad. Pero el hombre se relaciona con


lo divino no sólo en una dimensión humana, sino en cuanto hombre, que, además de alma o
espíritu, es materia. Lo religioso interior o primario se trasluce en lo corpóreo; a su vez, esto
influye o repercute en lo religioso.

5) La dimensión subjetiva (lo religioso primario) y la objetivada, exteriorizada (lo religioso


secundario). El hecho religioso, por su ser humano, se estructura como en dos vertientes. Una
es la subjetiva, el reconocimiento interior de lo divino y de la religación del hombre con ello.
Por otra parte, la dimensión subjetiva de lo religioso se exteriorice en la misma persona
(gestos oracionales, palabras, acciones, danzas sagradas, etc.) y en obras externas, que, una
vez hechas, subsisten al margen de su autor (altares, templos, estatuas, etc.).

En resumen, religión es una realidad o institución en la cual haya un sistema de verdades que
hay que creer, un conjunto de normas ético-morales que hay que cumplir y una serie de ritos
que hay que celebrar con tal que acepte una cierta trascendencia y supervivencia del hombre
o de alguno de sus elementos constitutivos tras la muerte.
He aquí los criterios principales de la religión

Se han señalado una serie de rasgos o señas de identidad que permitan identificar a la religión
verdadera

— Las religiones son como un «hacia», una especie de marcha, de caminos hacia la realidad
divina. Será religión verdadera la que conduzca derechamente hacia Dios y en la medida en
que sea constitutiva de la relación adecuada, recta, con la realidad trascendente, divina29 El
cristianismo encaja aquí por la singularidad de Jesucristo, «el Camino, la Verdad, la Vida» (Jn
14,6), hombre perfecto y Dios verdadero, si bien a esto se llega por la fe

— «La verdad» de la relación o religación, que es la religión, se refleja en una serie de


«verdades» (la verdad de las creencias), en un conjunto de normas ético-morales (la verdad
existencial o de la coherencia) y de ritos (la verdad cultual). Mediante la confrontación de las
diversas religiones en esos tres planos es posible perfilar la excelsitud de la religión verdadera.

Por último, La existencia de «la religión verdadera» no implica que las demás sean falsas,
totalmente falsas. Aunque no todas las religiones sean ni —dada sus divergencias en cuanto al
concepto de lo divino, etcétera — puedan ser «la religión verdadera», son «verdaderas» en
cuanto contienen destellos de la Verdad.