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Caravelle

Argentina ’78: la Nación en juego


Lía M. Ferrero, Daniel Sazbón

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Ferrero Lía M., Sazbón Daniel. Argentina ’78: la Nación en juego. In: Caravelle, n°89, 2007. pp. 139-155;

doi : 10.3406/carav.2007.3164

http://www.persee.fr/doc/carav_1147-6753_2007_num_89_1_3164

Document généré le 01/06/2016


C.M.H.L.B. Caravelle
n° 89, p. 139-155, Toulouse, 2007

Argentina ’78: la Nación en juego


PAR

Lía M. FERRERO & Daniel SAZBÓN


Centro de Estudios del Deporte,
Universidad Nacional de San Martín, Argentina

Los distintos abordajes respecto a la problemática de la nación señalan


la diversidad de sus registros posibles;1 indiquemos al menos dos. Por un
lado, la conocida utilización de mecanismos de inclusión por parte de los
sectores social y políticamente dominantes, quienes desde el Estado
harán uso de prácticas de identificación colectivas para constituir y
mantener la solidez e integración de los conglomerados sociales de los
cuales se presentan como encarnación y representación. Por otra parte
existen, en tensión con tales iniciativas estatales, toda una serie de
prácticas y representaciones colectivas que las desbordan, y que son al
mismo tiempo tanto el objeto como el insumo de los esfuerzos de
Estados y clases dirigentes por imponer un sentido y dirección últimos a
la idea de nacionalidad; este espacio se constituye de este modo en un
conjunto inarticulado, inestable y de siempre frágil sutura de disputa
entre significados y contenidos. Si en la discusión sobre el sentido último
de la idea de nación, entonces, le cabe siempre un papel de relevancia a la
esfera estatal, dicha supremacía nunca es definitiva ni se ejerce en una
única dirección; se encuentra siempre acotada y en tensión con
representaciones y prácticas que remiten a dimensiones que la exceden.

1 En aras de la brevedad, indiquemos solamente los trabajos de Eric Hobsbawm, en


particular su Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica, 1991; Benedict
Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo,
México, FCE, 1993; y Ernest Gellner, Nations and Nationalism, Oxford, Basil Blackwell,
1983.
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En este sentido, el conjunto de elementos que buscará ser consagrado


como contenido de dicha tradición nacional será siempre el producto de
un proceso de luchas y negociaciones entre la dimensión estatal –cruzada
a su vez por tensiones internas de naturaleza propia– y dichas prácticas
«externas». La coincidencia histórica entre los procesos de constitución
de «sociedades nacionales» y el de la conformación de «sociedades de
masas» contribuye a la complejidad de la operación, del mismo modo
que la coexistencia en la misma de una diversidad de actores. Esta
distinción cobra particular relevancia en el caso de las naciones «nuevas»,
en las que el proceso de «invención de una tradición», presente también
en otros contextos, se desarrolló con características propias.

Nacionalismo y sociedad de masas: la prensa y el deporte


En países «nuevos» como Argentina, la preocupación por el
contenido y los alcances de su identidad nacional cobra particular
significación luego de la relativamente exitosa tarea de construcción y
consolidación de su estatalidad. Así, luego de un proceso marcado por
una dinámica que se desarrolla al ritmo que le impone el mercado
mundial, caracterizado fundamentalmente por la preponderancia de las
perspectivas asociadas al liberalismo y el cosmopolitismo, Argentina
enfrentará, a comienzos del siglo XX, los problemas derivados de dicho
movimiento. Será así como, con particular dinamismo en los años que
rodean la celebración del primer centenario de su independencia (1910),
los debates sobre el significado de nuestra nacionalidad comenzarán a
ocupar el centro de la escena política, al tiempo que se empiezan a
implementar las primeras iniciativas públicas para enfrentar el nuevo
escenario, caracterizado por la masiva incorporación de inmigrantes al
territorio nacional; es así como tiene lugar en este período la aparición de
un primer nacionalismo, «de elites».2
De esta forma, los sectores dirigentes irán construyendo una suerte
de ritualidad patriótica, encarnada en una simbología nacional, un relato
histórico sobre los orígenes de la especificidad de los rasgos autóctonos
–encarnado paradigmáticamente en los valores representados por el
interior rural, en la imagen del gaucho, depositario de la tradición a la
que deberían acoplarse los recién llegados, que entraban y permanecían
en las ciudades-puerto– y una narrativa oficial acerca de las posibilidades
asimilacionistas de una nación que se creía y quería abierta a todo aquel

2 Siguiendo la clasificación propuesta, entre otros, por María Inés Barbero y Fernando
Devoto en Los nacionalistas, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983; cf.
también Lilia Ana Bertoni, Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. La construcción de la
nacionalidad argentina a fines del siglo XIX, Buenos Aires, FCE, 2001.
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que aceptara integrarse en el «crisol de razas». La educación pública y el


servicio militar obligatorio funcionaron en este sentido como los
principales mecanismos por los cuales el Estado lograría mantener la
iniciativa en este proceso de «construcción» de la nacionalidad argentina.
Pero esta iniciativa no tenía lugar en soledad, ya que junto con el
desarrollo de estas políticas públicas, y en parte a partir de sus resultados,
como por ejemplo la alfabetización de los sectores populares, tendrán
lugar una serie de prácticas características de la «sociedad de masas» que
se construye simultáneamente en estos mismos años. Se irá
conformando así una cultura de masas, no necesariamente en conflicto
con la dimensión estatal, aunque sí en un espacio que reconoce una
centralidad exterior a la misma, a pesar de las numerosas intersecciones
que evidentemente se darán entre ambos niveles. Ya sea desde el punto
de vista de sus productores, en su mayoría provenientes de una cada vez
más robusta clase media, como evidentemente del de sus consumidores,
la indudable distancia respecto a las iniciativas implementadas por los
sectores dirigentes desde el Estado permiten entender la incomodidad
con la que estos últimos percibirán el nuevo escenario de una sociedad
mucho menos dócil y moldeable que lo imaginado.
Es en este espacio, paralelo pero en constante articulación con el
estatal, donde tenemos que situar la pertinencia de las prácticas
deportivas en la constitución del imaginario colectivo, que se conformará
asociado a la idea de lo que se identificará progresivamente con «lo
argentino». En primer lugar las actividades deportivas mismas son un
fenómeno que revela por sí solo la complejidad de las relaciones entre las
prácticas de los sectores dominantes y las de los sectores populares. 3
Pero esta complejidad se ve sobre todo en la forma como dichas
prácticas deportivas empezarán a ser recogidas y difundidas por parte de
los medios masivos de comunicación, verdaderos constructores de una
narrativa sobre la «argentinidad», paralela pero no enfrentada, respecto a
la oficial.4
Así, una serie de relatos sobre la especificidad vernácula se irán
articulando en las páginas de los principales medios populares, teniendo
como uno de sus elementos principales, aunque no único, las prácticas
deportivas que en forma creciente se irán desarrollando en nuestro país
y, significativamente, en encuentros que permitirán el cotejo de los
deportistas locales con sus contrapartes del exterior.5 Toda una mitología

3 Cf., por ejemplo, Julio Frydenberg, «La fundación de los clubes de fútbol, ¿fenómeno
de cultura popular?», III Jornadas de Historia, Universidad de Buenos Aires, 1991.
4 Seguimos aquí el argumento desarrollado por Pablo Alabarces en Fútbol y patria. El
fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2002.
5 Como indica Eduardo Archetti: «Lo ‘nacional’ a través de la introducción de prácticas
corporales creadas fuera de las fronteras del país puede entenderse como un ejemplo de
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«plebeya» se conformará alrededor de estas prácticas, que crecientemente


serán presentadas y tomadas como representativos metonímicos de la
totalidad nacional de la que forman parte. Los éxitos resonantes, como la
gira europea de Boca Juniors en 1925, 6 o las derrotas consideradas
injustas, como la pelea de boxeo Firpo-Dempsey en 1923, la rivalidad
futbolística contra los equipos uruguayos, etc., formarán esta urdimbre
que se irá tejiendo al mismo tiempo con la búsqueda de una «esencia»
argentina a la que le correspondería una forma particular de práctica
deportiva, específicamente la futbolística. 7
A fines de los años ’20, cuando la crisis global sacuda, en Argentina
como en todo el mundo, los fundamentos mismos del ideario político y
económico liberal sobre el que se había basado el proceso de
constitución del Estado nacional, y consecuentemente su mitología sobre
los rasgos propios de dicha nacionalidad, puede considerarse completada
la asociación entre la particularidad de lo «propiamente argentino» y el
ejercicio de un estilo específico de práctica deportiva, en el marco de una
cultura popular que se masifica. Si bien no se podrá hablar de identidad
plena, puesto que por su naturaleza se trata de entidades de carácter
múltiple y variable, a partir de estos años la relación entre Nación y
Deporte (es decir, en nuestro caso, Nación y Fútbol), posee una firmeza
que ya no iría a perder en lo sucesivo.

Dictadura y Mundial
Si, como se indicara más arriba, en el proceso de constitución de las
nacionalidades le corresponde un lugar central a la esfera estatal, ello no
puede menos que reforzarse cuando –como ocurrirá recurrentemente en
nuestro país desde 1930– tanto los fundamentos ideológicos que les dan

una suerte de modernidad radical que va a permitir a la Argentina participar en la


expansión de un ámbito global deportivo, primero a través de los Juegos Olímpicos y,
posteriormente, a través de las competiciones que, en los diversos deportes, permiten
coronar a los mejores del ‘mundo’», en «El deporte en Argentina (1914-1983)», Trabajo y
Sociedad. Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas 6:7,
VI, junio-septiembre 2005, Santiago del Estero, Argentina.
6 Un análisis sobre la construcción del carácter «nacional» que adoptará la gira del equipo
de Boca Juniors en 1925 puede encontrarse en Julio Frydenberg, «Boca Juniors en
Europa: el diario Crítica y el primer nacionalismo deportivo argentino», História: Questões
& Debates 39:91-120, Curitiba, 2003.
7 En particular en las páginas de la revista El Gráfico; al respecto, remitimos a los trabajos
de Eduardo Archetti, sobre todo «Estilo y virtudes masculinas en El Gráfico: la creación
del imaginario del fútbol argentino», Desarrollo económico 35:139, Buenos Aires, octubre-
diciembre 1995, luego incorporado a Masculinidades; cf. también Martín Bergel y Pablo
Palomino,«La revista El Gráfico en sus inicios: una pedagogía deportiva para la ciudad
moderna», Prismas 3, 2002.
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sustento como las propias prácticas políticas del ejercicio de gobierno se


ven interrumpidos por una serie de golpes de Estado que se inician en tal
fecha. La explícita recusación que se hará del modelo liberal se
corresponderá así, aunque no de modo privativo, con el predominio que
tendrán en la esfera estatal dos instituciones, la Iglesia y el Ejército, cuya
relación con el proceso de modernización y reforzamiento de la
autoridad estatal es, por lo menos, compleja. 8 Para el período que nos
interesa, esto es, la dictadura militar iniciada con el golpe de Estado del
24 de marzo de 1976, la apelación a un esencialismo autóctono (el ser
nacional) amenazado por el peligro exterior y, fundamentalmente, el
enemigo interno, será de este modo capital en el discurso con el que el
gobierno buscará legitimarse.
El 25 de Junio de 1978, Argentina le ganaba a Holanda por 3-1,
obteniendo el título de campeón mundial de fútbol otorgado por la
FIFA. Era la primera vez que el fútbol argentino era premiado de esa
manera. Se terminaba así con una larga y amarga trayectoria de ausencia
de premios: Argentina era campeón mundial; nuestro fútbol finalmente
obtenía el reconocimiento y respeto mundial, al que estaba, desde la
retórica nacional, predestinado. El triunfo habría sido el resultado del
arduo trabajo realizado en los años anteriores por el técnico, César Luis
Menotti, y por los jugadores de la Selección Nacional; se trataba del
«reencuentro con los valores del fútbol argentino»9. En la construcción
simbólica del juego argentino, aquel logro significó la realización del mito
interno. Se ganó jugando con el «estilo nacional».
En este contexto, y recordando la ya referida centralidad de la
dimensión futbolística en la construcción de la identidad nacional
argentina, la celebración del campeonato mundial de fútbol de 1978, y
sobre todo el éxito alcanzado en la competencia por la representación
local, implica evidentemente una amplificación de la carga contenida en
los mecanismos identificatorios asociados a la categoría «nación». El
juego de equivalencias que se producirá en ocasión de la competencia,
que permitirá el deslizamiento entre la organización del evento, y
posteriormente el triunfo alcanzado, y una idea de totalidad nacional
comprometida en su realización, será característica de la implementación
de tales mecanismos. De este modo, si la campaña gubernamental y el
propio himno de la competencia apelarán a la identificación entre ambos
registros («25 millones de argentinos/jugaremos el Mundial»), del mismo

8 Cf., entre otros, Loris Zanatta, Del Estado liberal a la nación católica. Iglesia y Ejército en los
orígenes del peronismo 1930-1943, Universidad Nacional de Quilmes, 1996; Christian
Buchrucker, Nacionalismo y peronismo, Buenos Aires, Sudamericana, 1987; Fernando
Devoto, Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina moderna, Buenos Aires, Siglo
XXI, 2002.
9 Clarín, Grandes Hechos Siglo XX. 30-10-2002.
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modo operará, en el sentido inverso, la recusación a los intentos de


boicot contra el acontecimiento, significativamente organizados desde el
extranjero10 (la así llamada «campaña antiargentina en el exterior»). 11
De este modo, tanto desde las más altas autoridades (el propio
presidente de facto, General Videla, en el partido final, se refería a «una
Nación que en plenitud de su dignidad, se ha encontrado consigo
misma») como desde los principales medios de comunicación, en su
abrumadora mayoría, la identificación entre ambas dimensiones es plena.
Por ejemplo, a pocos días de haberse iniciado la competencia, la revista
El Gráfico operaba en un doble nivel de equivalencias: si de una parte se
identificaba a la nación con la realización del torneo, por otro lado se
colocaba, a quienes dudaban «desde adentro» de esas posibilidades, en el
plano de la alteridad por definición, «los de afuera»:
Para los de afuera, para todo ese periodismo insidioso y malintencionado
que durante meses montó una campaña de mentiras acerca de la
Argentina, este certamen le está revelando al mundo la realidad de
nuestro país y su capacidad de hacer, con responsabilidad y bien, cosas
importantes... Para los de adentro, para los descreídos que teníamos en
nuestra propia casa, estamos seguros de que el Mundial ha servido para
sacudirlos, emocionarlos y enorgullecerlos. Un país como el nuestro tan
golpeado y tan caído después de las duras experiencias pasadas, se está
demostrando a sí mismo sus enormes posibilidades de realización. Y esto
no tiene nada que ver con los resultados futbolísticos. Argentina ya ganó
su Mundial.12
Un similar movimiento de identificación puede apreciarse en el diario
La Nación, a pocos días del final de la competencia; si aquí no se hace
mención a foco alguno de exterioridad enfrentada a la nación, la

10 Notablemente en el caso de Francia; cf. al respecto Marina Franco, «Testimoniar e


informar: exiliados argentinos en París (1976-1983)», Cahiers Amérique Latine Histoire et
Mémoire 8, Université Paris-VIII, 2004; también, de la misma autora, «Between Urgency
and Strategy. Argentine Exiles in Paris, 1976-1983», Latin American Perspectives 34:4, 2007.
11 Particularmente notable en la «defensa» de la nación frente a los «ataques» que estaría
recibiendo desde el exterior fue la publicación Para Ti; por ejemplo, en abril de 1978, bajo
el título «Defienda su Argentina», se afirmaba: «Casi no pasa un día sin que algún diario,
o revista, o canal de televisión europeo, aluda directamente a la situación de nuestro país.
Denuncian presuntos atropellos a los derechos humanos. Intentan sabotear, con
mentiras infantiles, la realización del Mundial de fútbol. Publican listas falsas de
supuestos detenidos y torturados. Nadie puede ser tan ingenuo como para pretender que
la Argentina atraviesa una etapa idílica de su historia. Pero nadie, tampoco, puede ser
ingenuo como para no advertir la falta de espontaneidad de una campaña que sólo
persigue difundir una imagen tramposa de nuestra realidad»; en el mismo sentido, tras la
final, el 26/6/78, Clarín publicaba: «este deporte tenía la ventaja adicional de concentrar
la atención mundial, permitiendo borrar a la vez imágenes falaces que se propalan sobre
nuestro país en el exterior, y las propias sensaciones, interiorizadas de quietismo o
incapacidad».
12 El Gráfico, 6/6/78.
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apelación a los símbolos patrios y figuras históricas oficia en el mismo


sentido: mucho más que una mera competencia deportiva, lo que está en
juego en esos días es la Patria misma:
Que la insignia gloriosa de Belgrano cubra con sus colores el ámbito
entero del país, agitada por el fervor que ansía verla ondear airosa en el
mástil mayor del escenario en el que se pondrá término al certamen
deportivo que viene librándose. Tantos miles y miles de banderas y
escarapelas como las que engalanan los edificios y las vidrieras de las
comercios, flamean en los automóviles y lucen gallardas en los pechos de
los niños y las personas mayores, constituyen mucho más que la
expresión de júbilo popular del momento o de la adhesión exaltada al
seleccionado nacional.13
Si este juego de equivalencias no puede sorprendernos, lo
significativo del caso del campeonato de fútbol de 1978 radica en el
grado de éxito alcanzado por la operación, en el sentido del eco popular
del evento en sí, primero, y luego por el enorme festejo producido a
partir del triunfo deportivo. Al igual que ocurrirá cuatro años después en
ocasión del conflicto militar provocado a partir del intento de
recuperación de las Islas Malvinas, suerte de reverso trágico del mundial
de fútbol, la participación masiva de amplios sectores de la población en
convergencia con los dispositivos de identificación articulados o
usufructuados por el régimen de facto ha generado una notoria
incomodidad para aproximarse al estudio de estos acontecimientos.
Es así como los abordajes del Mundial ’78 se han inscrito, en lo
fundamental, en dos grandes modos de ver la sociedad durante los años
de la dictadura militar: o bien como sociedad «victimaria», es decir
cómplice, por acción u omisión de los actos del gobierno, o bien como
«víctima» de tales actividades, sometida al ejercicio de la brutalidad y la
violencia del régimen.14 En ambos casos, la sociedad es vista en bloque,
o como confabulada, conspirando contra sus propios compatriotas, o
como totalmente pasiva, presa total de los destinos que le indiquen sus
gobernantes. Cualquiera de estas posturas oscurece y minimiza la
densidad y complejidad que implica el fenómeno deportivo en sí mismo;
ya que, o bien lo aísla totalmente del contexto, o lo reduce a ser
meramente un dispositivo ideológico de Estado. 15

13 La Nación, 20/8/78.
14 Existe una tercera opción, según la cual la participación popular en la competencia y
en las celebraciones por el éxito alcanzado serían indicativas de mecanismos encubiertos
de resistencia al régimen, ocupando el espacio público aprovechando la momentánea
laxitud de los mecanismos de control social; cf. Osvaldo Bayer, Fútbol argentino, Buenos
Aires, Sudamericana, 1990.
15 Basta una lectura de los nombres de algunas obras publicadas para tener una idea de la
dirección principal que hasta ahora ha seguido el análisis del Mundial ’78: Ezequiel
Fernández Moores, ¿La fiesta de quiénes?; Cernadas Lamadrid, Los militares y el mundial; Ariel
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El ya señalado carácter relativamente autónomo de ciertas


manifestaciones sociales en relación con las iniciativas provenientes de
las autoridades estatales, en particular con respecto a las prácticas
deportivas, permite entender las limitaciones intrínsecas de este tipo de
aproximaciones al fenómeno. El funcionamiento del fútbol como
«hecho social» con características propias requiere comenzar por
reconocer su especificidad, aun en el marco de una dictadura con rasgos
tan terribles como la iniciada en Argentina en 1976.16 Dicha autonomía
constituye un factor que agrega una complejidad al análisis de la
celebración del campeonato mundial de fútbol de 1978, una complejidad
que se pierde cuando se apela a este tipo de simplificaciones; de lo que se
trata es de avanzar sobre ella, no de abandonarla.

Nación y Mundial: los contenidos del «nosotros»


Volveremos más adelante sobre la necesidad de superar este tipo de
enfoques; indiquemos por ahora que el examen de las fuentes de la
prensa escrita de la época nos permite distinguir una serie de operaciones
realizadas simultáneamente en ocasión de la competencia deportiva. Más
allá del éxito obtenido por el hecho de haber sido coronados como
campeones mundiales, existe un conjunto de elementos asociados que se
funden en la caracterización sobre la planificación precisa y detallada
realizada por parte de las autoridades del gobierno de facto; en este
sentido, de lo que se habla en los medios de comunicación al referirse al
Mundial es de una renovación/recuperación de la imagen de nación,
diferenciándola del pasado inmediato.
Como ejemplo de esta operación sirve la siguiente cita, tomada de
una de las publicaciones de mayor circulación durante el período
militar.17 Poco después de la finalización de la competencia, en un
editorial a dos páginas, la revista Gente presentaba la siguiente
enumeración celebratoria del logro alcanzado, y de los obstáculos
enfrentados exitosamente:18

Scher, El fútbol como política; Roberto Gasparini y José Luis Ponsico, El DT del Proceso;
Pablo Llonto, La vergüenza de todos; Abel Gilbert y Miguel Vitagliano, El terror y la gloria.
16 A pesar de que suele citarse como ejemplo en sentido contrario, conviene aquí
recordar que el régimen fascista italiano experimentó siempre una fuerte incomodidad
ante la práctica del calcio, no logrando nunca encuadrarlo bajo su control; cf. al respecto la
tesis inédita de Paul Dietschy, Football et société à Turin 1920-1960, Université Lyon II,
1997.
17 Sobre la revista Gente y sobre el papel de la prensa durante la dictadura militar, puede
consultarse, entre otros, Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, Decíamos ayer. La prensa
argentina bajo el proceso, Buenos Aires, Colihue, 1998.
18 Gente, Buenos Aires, junio 1978.
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A pesar de todo lo que pasó antes del 24 de marzo de 1976: caos,


violencia, falta de garantías, atraso, corrupción.
A pesar de los dos años perdidos sin levantar un solo ladrillo del
Mundial.
A pesar del asesinato del general Actis, presidente del EAM. Un crimen
que intentó vanamente detener la marcha del Mundial.
A pesar del boicot contra el Mundial organizado por terroristas en varias
capitales de Europa.
A pesar de la falta de fe de muchos argentinos, que hasta una semana
antes repetían: No se hace, lo suspenden.
A pesar de tropiezos menores que se magnificaron: por ejemplo, el error
que provocó la quema del pasto de River.
A pesar de que no pudimos terminar el Aeropuerto de Ezeiza.
A pesar de que nos molestó la campaña que nos persuadía de que
tratáramos bien al turista. Nunca los tratamos mal pero la campaña
fue positiva: esta vez los tratamos mejor que nunca.
A pesar de la sana polémica entre el doctor Juan Alemann y el general
Antonio Luis Merlo sobre hacer o no hacer el Mundial. Los dos,
desde sus distintas posiciones, estaban a favor del país.
A pesar de nuestro vetusto sistema telefónico: hay que admitir que
ENTel hizo más de lo que puede, y que gracias a eso hoy se puede
hablar en minutos a cualquier parte del mundo.
A pesar de los cortes de tránsito que tanto nos molestaban. Gracias a
esos cortes hoy tenemos formidables avenidas, y llegar y salir de los
estadios es fácil y rápido.
A pesar de la bomba que estalló en el Centro de Prensa.
A pesar de los que fueron detenidos por revender entradas.
A pesar de los 700 millones de dólares que costó. Por primera vez los
argentinos sabemos lo que cuestan las cosas, y pagaremos esa deuda
aunque no resulte fácil.
A pesar de la polémica de los papelitos, que después de todo aportó
humor.
A pesar de las dudas de los expertos en mundiales, que dijeron, «no hay
tiempo»
A pesar de las precipitadas ofertas de otros países para ser escenario de
recambio porque «Argentina no llega al primero de junio con todo
listo».
A pesar de las consignas subversivas que circularon clandestinamente
con instrucciones para alterar el orden.
A pesar de nuestra falta de experiencia para televisar a gran nivel: las
cámaras funcionaron como engranajes bien aceitados, casi, a 10
puntos.
A pesar de nuestra escasa infraestructura hotelera: en menos de dos
años, levantamos hoteles modelos y vencimos una enfermedad que
parecía crónica.
A pesar de nuestros aviones siempre llenos y con lista de espera cerrada:
nadie se quedó a pie.
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A pesar de los prejuicios de ciertos periodistas extranjeros que


empezaron criticando y ahora elogian.
A pesar de los que proponen la falsa opción: «en lugar del mundial,
hospitales». Podemos hacer las dos cosas.
A pesar de todo y contra todo..............................
………...... los argentinos hicimos el mundial.

De esta enumeración se desprende un cuadro variado de los múltiples


elementos de identificación colectiva que se despliegan en ocasión de la
competencia deportiva de 1978; «los argentinos», como se observa,
aparecen en relación polémica con una alteridad múltiple: el pasado, el
atraso, los extranjeros, los subversivos, los que no tenían fe, los
terroristas… Sin ser contradictorias entre sí, su superposición y
solapamiento no implica su reducción a la unidad; si todas ellas se
funden en la definición futbolística, ello se debe a la particular plasticidad
de esta última dimensión para articular elementos diversos, así como a la
relevancia que tiene en la particular configuración que adoptó en nuestro
país la construcción identitaria nacional.
En el mismo sentido, dos días antes del partido final, en el que la
selección argentina debía enfrentar al combinado holandés, la revista El
Gráfico, de indudable importancia en el espacio del periodismo deportivo
local, publicaba en su editorial:
Llegamos al final. No solamente los jugadores, sino todos. Se acabaron
los YO refugiados atrás de aislados gritos. Ahora somos NOSOTROS,
sin distinción de colores, como debimos ser siempre. Goleamos al
destino y derrotamos a las sombras.19
Al igual que en el caso anterior, el colectivo inclusivo al que apelan
tanto El Gráfico como Gente («nosotros», «todos», «los argentinos»)
contiene en su interior una multiplicidad de niveles, fundidos todos en la
simbología y las metáforas de raíz deportiva. En tal sentido, proponemos
distinguir las siguientes dimensiones, que toman cuerpo en ocasión del
mundial de fútbol, en cada caso frente a una alteridad desde la que se
definen, oponiéndose:
1. La relación entre Argentina y el «resto del mundo»; si por un lado se
reiteran los llamamientos, sean o no oficiales, que procuran mostrar
«nuestro mejor rostro» frente al extranjero que nos visita con ocasión
del Mundial, por el otro en todo el período se percibe con claridad
una sensación de amenaza ante la mirada o las actividades de quienes
provienen de ese «afuera» al que se quiere agradar, pero a quien al
mismo tiempo se le teme. La así llamada «campaña anti-argentina en
el exterior», de importante presencia en los medios durante las

19 Cf. Alabarces, Fútbol y patria…, p. 127.


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semanas previas a la inauguración del Mundial, es un buen ejemplo en


este sentido; pero también lo es la importante cobertura que recibe la
supuesta pretensión de algunas delegaciones de ingresar al país con
servicios de custodia propios, que será rechazada con airados
reclamos de soberanía interior.
Al mismo tiempo, la caracterización de las delegaciones y visitantes
provenientes del exterior revela una combinación característica: un
sentimiento de superioridad motivado por el convencimiento de las
virtudes propias del territorio local y sus habitantes, unido a las
suspicacias que inspira la mirada ajena, a la que se busca contentar a
la vez que mantener a prudente distancia. Una suerte de
«provincianismo» receloso de los vicios inherentes al mundo exterior,
que contrasta a todas luces con la tradición cosmopolita que
caracterizara en el pasado la vida urbana en nuestro país.
Así, la competencia deportiva será también un ajuste de cuentas con
estas miradas reprobatorias, escépticas o directamente hostiles que se
cree percibir; y al mismo tiempo, funcionarán como dispositivo de
neutralización de la disidencia interna, que será vista en esta clave
como funcional a estas desconfianzas externas. El «contrera» interno
funciona de este modo como vicario del observador externo
admirado/rechazado/temido, y en este sentido, toda autonomía
resulta siempre sospechosa de parcialidad, frente al postulado
unanimismo de la nación.20
2. La identificación del «estilo» del seleccionado de fútbol con los
atributos esenciales de la nacionalidad –así como su triunfo
deportivo– deben ser también entendidos respecto a esta constante
búsqueda de legitimación por parte de ese mundo exterior que se
observa con desconfianza. En efecto, las reiteradas alusiones al
carácter eminentemente autóctono del fútbol practicado por el
equipo nacional demuestran la supervivencia de las preocupaciones
identitarias que pueden encontrarse en la historia argentina desde
prácticamente sus orígenes, con particular relevancia en lo que hace a
la historia del fútbol.

20 Recordar en este sentido el personaje interpretado por Juan Carlos Calabró en la


película La fiesta de todos, referida al Mundial, en ocasión de su primer aniversario; si sus
reiteradas apariciones a lo largo del film están marcadas por una actitud escéptica
respecto a las posibilidades deportivas del seleccionado local, su final asume
características ejemplificadoras: ante una nueva reiteración de sus críticas al equipo
argentino, esta vez en vísperas del partido final, recibirá su (¿merecido?) castigo, a manos
de los enardecidos pasajeros del colectivo, medio de transporte público popular por
excelencia.
150 C.M.H.L.B. Caravelle

En este sentido, y como ya ha sido planteado anteriormente,21 resulta


significativa la coincidencia entre la preocupación tradicionalista por
recuperar un «estilo de vida» que se habría pervertido en las últimas
décadas a partir de un desvío de su cauce «natural», y un similar
intento de restauración de una tradición momentáneamente
abandonada en lo que hace a la práctica del fútbol. De este modo, al
esencialismo que supone la búsqueda de recuperación y preservación
de un «ser nacional» amenazado por prácticas disolventes de carácter
«extranjerizante»,22 le corresponde una «vuelta» no menos mítica
referida a las fuentes del estilo propio de juego.23
3. Uno de los elementos más destacados por la prensa gráfica es el que
alude a la radical transformación que sufre la apariencia exterior de las
principales ciudades del país, con el propósito de «estar a la altura» del
momento histórico. Este costado «modernizador» del gobierno
militar no se circunscribe, desde luego, a la competencia deportiva:
sin embargo, la remodelación o construcción de nuevos estadios
futbolísticos, las obras en infraestructura hotelera, la modernización
en las telecomunicaciones y el mejoramiento de la red terrestre de
comunicaciones interurbanas constituyen transforma-ciones
específicas para la realización del evento que nos ocupa.
Este aspecto que pretendió simbolizar el gobierno militar, en cuanto
a la transformación de una Argentina atrasada, estancada y anclada en
el pasado de los conflictos internos y la falta de eficiencia económica
hacia un país moderno, pacificado, emprendedor y eficiente, tuvo su
correspondencia en la prensa gráfica en lo que hace a la realización
del mundial. Si bien se tolera una tenue crítica hacia lo que desde
algunas miradas es considerado como un «derroche» de recursos
públicos para fines poco relevantes para el desarrollo del país, en
general se impone una mirada autocelebratoria acerca de las múltiples
formas de progreso técnico, edilicio, comunicacional, de
infraestructura, etc., que quedarían como saldo del evento.

21 Alejandro Turner, «25 millones de argentinos. Fútbol y discurso en el Mundial 78», en


Pablo Alabarces (comp.), Deporte y sociedad, op. cit.; también, Pablo Alabarces, Fútbol y
patria….
22 Entre muchos ejemplos recordemos la simbología adoptada en ocasión del
campeonato de fútbol: la mascota oficial fue una representación de un pequeño gaucho.
De todos modos, conviene recordar que el tradicionalismo presente en la referida
recuperación del «ser nacional» convive con un proceso de transformaciones de carácter
modernizador que pretenderán (y en cierto sentido lograrán) modificar profundamente
las estructuras sociales, políticas y culturales del país; cf. infra.
23 Respecto a la construcción del mito del estilo autóctono de juego, remitimos a la ya
mencionada obra de Eduardo Archetti, Masculinidades. Fútbol, tango y polo en la Argentina,
Buenos Aires, Antropofagia, 2003.
MUNDIAL DE FÚTBOL: ARGENTINA ’78 151

Serán estas modificaciones las que contribuirán a fortalecer el juego


de equivalencias que se quiso fijar entre los términos de Gobierno
Militar –Mundial ’78– Modernidad. En este sentido, como en otros,
el «triunfo» por conseguir era más que deportivo: se trataba de dejar
atrás el país del atraso –esto es, el de la violencia política «subversiva»,
el del «desgobierno» de los políticos y la «demagogia»– para entrar de
lleno en el mundo del progreso y la eficiencia. Como se advierte, el
aspecto formal y estético de las transformaciones llevadas adelante
por el gobierno militar tiene una profunda relevancia en lo que hace a
la legitimidad que haya podido intentar construir en el período.
4. Finalmente, y en cierto sentido como corolario de los puntos
anteriores, tanto desde los editoriales de los principales medios de
comunicación como desde las notas que específicamente se refieren a
los pormenores de la competencia, los valores implicados en el
ejercicio de la actividad deportiva –comunión, cooperación, entrega,
unión– aparecen más o menos abiertamente como simbolizando un
triunfo que, más allá de ser futbolístico, supone ser una muestra de
superioridad de la totalidad de la Nación por encima de las
particularidades que la conforman, y que sólo ha sido posible en esta
«nueva etapa» de la historia, en la cual, habiendo quedado atrás las
negativas divisiones internas, el conjunto puede mirar hacia delante
con confianza en el futuro.
En tal sentido, la etapa por superar es la de las divisiones políticas,
vale decir, la de la política a secas, identificada con esas variables de
atraso y conflictividad que deben quedar en el pasado; lo que debe
reemplazarla es el protagonismo del conjunto indivisible, la Nación,
identificada en el momento con su representativo futbolístico.
Como se observa, existen varios planos simultáneos en los
dispositivos que operaban conjuntamente produciendo la identificación
colectiva ya referida; bajo la misma manifestación, cohesionadas por el
peso de los símbolos futbolísticos, funcionarían distintos registros que
hacen que la significación del acontecimiento «Mundial ’78» varíe de
acuerdo a la importancia relativa de cada uno. Entendemos que cualquier
avance en la distinción de estas «capas» –o en la delimitación de otras
nuevas– contribuiría en gran medida a lograr una mejor comprensión de
un fenómeno que hasta ahora ha sido más objeto de referencias que de
estudios.

Una perspectiva aún ausente: la mirada de los protagonistas


Todavía no se ha realizado un estudio que profundice, a partir del
espectáculo futbolístico, en aquellas representaciones y prácticas con las
152 C.M.H.L.B. Caravelle

que los protagonistas identificaron la Nación. Esto significaría pensarlo


desde la recepción, y no sólo desde la producción-reproducción del
hecho, problematizando el momento de la recepción como producto de
una lucha por los significados que allí se ponen en juego. Como se dijo
más arriba, en los años que siguieron al final de la dictadura militar, el
objeto «Mundial ’78» apareció siempre en referencia a un tema mayor: el
golpe de 1976 y las prácticas criminales de la dictadura militar que
gobernó el país hasta 1983. Desde estas aproximaciones el campeonato
Argentina ’78 aparece asociado discursivamente a la caracterización del
gobierno militar, y fundamentalmente a la funcionalidad que habría
tenido en pos de lograr una mayor adhesión y aceptación por parte del
público a las premisas dictatoriales; así como también una demostración
hacia el exterior, acerca de lo que «realmente» estaba ocurriendo en el
país.
Es así como las caracterizaciones harán uso de categorías como
«utilización», «manipulación», «encubrimiento», «distracción», etc. Más
que del acontecimiento deportivo/futbolístico en sí, tales abordajes se
centran en la apropiación que se pudo realizar sobre el hecho mismo
desde espacios que exceden su dimensión específica (políticos, militares,
gubernamentales, económicos, etc.). 24 Este tipo de lecturas es muchas
veces tributario de una visión negativa sobre el deporte en general y el
fútbol en particular, a partir de las cuales se lo homologa con una especie
de «falsa conciencia» funcional al orden hegemónico vigente, ya sea
como característica intrínseca o como virtualidad que no se puede evitar
por la injerencia de tales «externalidades».25
Creemos entonces que de lo que se trata es de restituirle al
acontecimiento «Mundial ’78» la complejidad intrínseca a todo episodio
histórico, relevando en él la multiplicidad de dimensiones que la
polarización arriba recusada no puede dejar de ocultarnos. Un fenómeno
de estas características merece un abordaje que dé cuenta de la
variabilidad de factores que intervinieron y formaron parte en el mismo.
Una posibilidad hasta ahora no contemplada consiste en adoptar la
perspectiva desde el punto de vista de los protagonistas, entendiendo por
ello, no a los jugadores ni a las autoridades de organización del evento,
sino fundamentalmente al público en general, a quienes vivieron el

24 Curiosamente, esta tensión ya se apreciaba en las fuentes del momento, en las que se
puede observar la oposición entre las caracterizaciones empleadas para referirse al
acontecimiento –«hazaña», «fiesta popular», «alegría», «conquista», «días inolvidables»,
«fe», «fiestas del deporte», «adelantos tecnológicos», «estadios remodelados»,
«acompañamientos populares», «entusiasmo sin precedentes», «júbilo», «el país real»,
«tierra de paz, libertad y justicia»– y la deplorada politización «foránea»: «es en Europa,
no aquí, donde se hace política con el Mundial».
25 Ejemplo característico de tal punto de vista lo constituye el texto de Juan José Sebrelli,
Fútbol y masas, Buenos Aires, Galerna, 1981.
MUNDIAL DE FÚTBOL: ARGENTINA ’78 153

acontecimiento en calidad de espectadores, «hinchas», observadores


distantes o apasionados. Esto implicaría recuperar los conceptos de
«experiencia próxima» de los protagonistas, ponerlos en tensión con los
de «experiencia distante», para llegar a una explicación que dé cuenta de
la complejidad antes mencionada26. Un análisis de este tipo, no implica
bajo ningún punto de vista hacer desaparecer del horizonte el contexto
en el que se desarrolla el Mundial, la dictadura militar y sus prácticas
represivas. Pero dará prioridad a la actividad deportiva desde la
perspectiva del público; así, los elementos que componen el fenómeno
complejo (los «hinchas», la selección nacional, los jugadores, el título
obtenido, los estilos de juego, el ritual futbolístico, etc.) serían enfocados
desde la perspectiva nativa, a partir de la recuperación de las vivencias y
experiencias del espectador/participante.
Desde luego, a casi treinta años de producido el acontecimiento, una
perspectiva como la sugerida supone una puesta en juego de las difíciles
relaciones entre memoria e historia como dos maneras de interpelar y
recuperar el pasado. Pasado que suele ser una reconstrucción realizada
desde el presente, e inclusive teniendo en cuenta acontecimientos
futuros, en la que participan agencias e intereses particulares, que no
deben ser dejados de lado. Problematizamos aquí la idea de que el
pasado en sí mismo puede ser preservado en las memorias individuales,
ya que para hablar de sus recuerdos las personas viviendo en sociedad
utilizan el lenguaje; y la existencia del lenguaje implica la existencia de
todo un sistema de convenciones sociales negociadas y aceptadas por la
mayoría, pre-condición necesaria para el pensamiento colectivo. Es a
través del lenguaje como se pueden expresar los recuerdos y por ende,
reconstruir el pasado.
La memoria sería entonces un hecho social, colectivo; con marcos
sociales propios dentro de los cuales los individuos pueden seleccionar y
reproducir sus recuerdos. O lo que es lo mismo; el individuo trae sus
recuerdos a la mente apoyándose en los marcos sociales de la memoria, y
de esta manera reconstruye el pasado27. Esta reconstrucción no implica
una reproducción idéntica de lo sucedido en el pasado; al contrario,
muchas veces el mismo acto de reconstrucción implica una distorsión. Y
ello está íntimamente ligado con el hecho de que el punto de partida de
la memoria, en tanto actividad racional, se encuentra en las condiciones
socio-históricas presentes de una sociedad. Sólo subsisten aquellos

26 Clifford Geertz, «Desde el punto de vista del nativo: Sobre la naturaleza del
conocimiento antropológico», en Conocimiento local, Barcelona, Paidós, 1994.
27 Siguiendo la posición planteada originalmente por Maurice Halbwachs, cf. por
ejemplo, La mémoire collective, París, PUF, 1967.
154 C.M.H.L.B. Caravelle

recuerdos que se pueden reconstruir desde los marcos sociales


contemporáneos de una sociedad determinada. 28
Teniendo en cuenta todo lo anterior, pensar el Mundial de fútbol
1978 desde el lado de la recepción, implica recuperar las lógicas que
llevaron a los espectadores e hinchas –más allá, e inclusive independien-
temente, de las razones que pudieran tener los organizadores del evento–
a apoyar y adherir explícitamente a la Selección Nacional de fútbol. Si
consideramos que el fútbol es un producto cultural capaz de resaltar,
generar y posibilitar pertenencias e identificaciones particulares29, lo
interesante del abordaje planteado es pensar cómo aquellos argentinos
que participaron del evento, en el contexto de la dictadura militar, se
apropiaron tanto de aquel Mundial jugado en «casa» y del primer título
de campeón mundial obtenido por la Selección, como de la Nación
misma30.

RESUMEN - El artículo discute determinados mecanismos de identificación


colectiva articulados con el nacionalismo deportivo fomentado por el gobierno
militar y la prensa a raíz del Mundial de Fútbol celebrado en Argentina en 1978.
A partir de la discusión sobre la noción de nación e identidad nacional, se
plantea la posibilidad de un abordaje alternativo al existente, en el cual, más allá
de la evidente recuperación política del evento por parte de las autoridades, se
intenta recuperar la perspectiva de los espectadores involucrados en el torneo.

28 Antonius Robben considera que en sociedades post traumatizadas (como la nuestra)


las memorias no dominadas son heridas abiertas que generan efectos muy dolorosos y
deben ser interpretadas; esto puede denominarse auto desintoxicación, y ayuda a reducir
el enigma a una narrativa histórica. La narración toma el lugar de la experiencia. De esta
manera hay un sentido de control sobre el pasado y por ende del futuro. Esa dominación
es lo que se ejerce en los ritos conmemorativos. Dominar el pasado, de esa manera el
pasado tiene un lugar y se puede pensar en el futuro. Antonius Robben, «Memoria y
resistencia en sociedades post-traumatizadas», conferencia IDES, Buenos Aires, mayo
2000.
29 Aquí seguimos el argumento de Christian Bromberger, en Significación de la pasión
popular por los clubes de fútbol, Buenos Aires, Libros del Rojas UBA. 2001.
30 Este tema es actualmente objeto de investigación por parte de los autores del artículo.
MUNDIAL DE FÚTBOL: ARGENTINA ’78 155

RÉSUMÉ - Discussion de divers mécanismes d’identification articulés au


nationalisme sportif suscité par le pouvoir militaire et la presse lors de la coupe
du monde de football organisée par l’Argentine en 1978. A partir de la réflexion
sur l’idée de nation et d’identité nationale, propositioin d’une possible
perspective qui romprait avec l’analyse habituelle et qui, dépassant l’évidente
récupération politique de l’événement par le pouvoir, chercherait à retrouver le
regard des spectateurs impliqués dans la compétition.

ABSTRACT - Discussion about different identification mechanisms linked to


sporting nationalism provoked by the military power and the press at the time
of the World Football Cup in Argentina in 1978. Based on thoughts about the
idea of nation and national identity, it proposes a possible perspective which
would break apart from the usual analysis and which, going beyond the evident
political recuperation of the event by the government, would try to find the
impressions of fans involved in the competition.

PALABRAS CLAVES: Argentina, Identidad Nacional, Fútbol, Política,


Perspectiva del actor.