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02 de abril de 2018

Oscar Conde, poeta, ensayista y estudioso del habla popular argentina

“El lunfardo es un
fenómeno lingüístico
único”
Tenía apenas once años cuando supo que quería dedicarse a las palabras, a
jugar con ellas, a entenderlas, a difundirlas. Conoce el lunfardo como pocos.
Aquí, su análisis de un vocabulario muy particular, “memoria viva de la historia
de la Argentina”.

En diálogo con PáginaI12, Oscar Conde, poeta, ensayista y profesor


universitario, viaja en el tiempo hacia los años de 1880 y descansa un rato en
los albores del siglo XX para ubicar el nacimiento del lunfardo, de la mano de
la llegada de inmigrantes europeos a la Argentina. El origen del lunfardo, el
argot en las clases sociales, el rol de los medios en su difusión, la renovación
del lenguaje, su exquisitez y su costado lúdico. Además, mitos, género y
violencia alrededor de un “habla popular creada al margen del vocabulario
oficial”.

– ¿Qué es el lunfardo?

–La palabra lunfardo es una palabra derivada del romanesco lombardo, una palabra
del habla romana, que quería decir “ladrón”. Esto tiene que ver con una larga
tradición europea, más que italiana solamente. Según esta tradición, como los
lombardos fueron los primeros tipos que se convirtieron en banqueros y, por lo tanto,
en prestamistas, a los ojos del resto de la sociedad eran considerados estafadores,
ladrones; de ahí que en el siglo XIX en Roma corriera la palabra con el sentido de
ladrón. Pero su uso es incluso muy anterior. Ya en la literatura italiana, en el siglo XIV,
El Decamerón incorpora la palabra lombardo como persona poco confiable,
estafadora. La palabra técnica desde el punto de vista lingüístico es argot, un habla
popular creada al margen del vocabulario oficial.

–¿Cuándo nace y en qué contexto?


–Podríamos decir que el lunfardo se forma entre 1870 y 1880, cuando empiezan a
llegar las primeras tandas de inmigrantes europeos, específicamente de italianos. En
la primera etapa, el lunfardo contiene aproximadamente un 50 por ciento de palabras
del italiano estándar, lo que sería el toscano o el genovés. Son las dos lenguas que
más le aportan al lunfardo los primeros 30 años de existencia. En otros casos hay
toda una adecuación a la fonética del hablante del español del Río de la Plata. Y hay,
además, un sustrato previo, un vocabulario popular previo, compuesto por palabras
que no provenían del italiano sino que eran tomadas del habla popular, o del habla
de los esclavos africanos, brasileñismos, o palabras del ámbito rural, posiblemente
españolas en un origen pero que después pasaron por el Martín Fierro y por toda la
literatura gauchesca. De alguna manera, el lunfardo fue conformando una síntesis
lingüística, una memoria viva de la historia de la Argentina, que da cuenta de los
distintos grupos sociales que han ido dando forma a nuestro país y que nos recuerda
a cada instante quiénes somos y de dónde venimos. Este es el único vocabulario
popular del mundo formado originariamente y en un alto porcentaje por términos
inmigrados, traídos por inmigrantes europeos, especialmente italianos y españoles,
pero no deben olvidarse las sucesivas migraciones internas hacia la ciudad de Buenos
Aires y el Gran Buenos Aires, que tuvieron lugar en la Argentina en particular durante
la primera mitad del siglo XX. Así es como el lunfardo recibió el aporte de lenguas
aborígenes, como los quichuismos pucho –colilla–, cache –de mal gusto–, o cancha –
habilidad, o tomadas del guaraní, como matete –desorden–, o del araucano,
pilcha –ropa.

–¿Por qué tango y lunfardo están tan asociados en el imaginario colectivo?

–El lunfardo es un poco hermano del tango. Uno y otro son producto de la
inmigración. Nacen aproximadamente al mismo tiempo, en la década de 1870, y se
van consolidando hasta que en las décadas de 1910, tibiamente, y de 1920, casi como
una explosión, están en las bocas y los oídos de todos los rioplatenses. Creo que no
es necesario volver sobre el carácter híbrido del tango y las distintas influencias que
confluyeron para darle forma al género. Lo cierto es que los músicos que concluirán
esa tarea y desarrollarán la codificación del tango como género musical y cantable
serán inmigrantes o hijos de inmigrantes. La inmigración italiana aporta mucho, sobre
todo lo musical a los tangos originarios, aunque mezcla con muchas otras vertientes
como pueden ser la habanera cubana, el cuplé español, y por supuesto ritmos
africanos que están ahí en el mundo del tango. No es que lo africano no exista en el
lunfardo, lo que ocurre es que mayormente casi todo llega vía Brasil, salvo algunas
palabras como milonga, o tango, que son originariamente africanismos.

–¿Tango es un africanismo?

–Sí, la mayor parte de las palabras que hoy reconocemos dentro del lunfardo como
africanismos vienen vía de Brasil. La palabra quilombo, por ejemplo, empieza a usarse
en el lunfardo primero con el sentido de prostíbulo, y luego con el sentido de lío,
alboroto. En Brasil, se llamaban quilombos a los lugares a donde se iban a refugiar los
esclavos que huían de las plantaciones, entonces formaban como aldeas de esclavos
escapados, fugitivos, y a esos lugares se lo llamaba quilombos. Vaya a saber a partir
de qué rara asociación la palabra llegó al Río de la Plata con el sentido de prostíbulo.

–¿Cuántas palabras en lunfardo existen aproximadamente?

–Entre 6 mil y 7 mil palabras, más unas 3 mil locuciones o expresiones, tales como
tirar los perros, remarla en dulce de leche, pisar el palito. Existen otras palabras que
en algún momento fueron muy populares y que con el tiempo cayeron en desuso.

–¿Por ejemplo, cuáles?

–Bondi,en alusión a tranvía, fue una palabra muy popular en los años 20 y 30 pero
que poco a poco empezó a desaparecer. En los años 60 y 70 no se usaba para nada, y
en la década de 1980 volvió, esta vez con el significado de colectivo u ómnibus. Otras
palabras que fueron muy populares pero que en la década del 50 habían
desaparecido son, por ejemplo, canfinflero –proxeneta–, percanta –mujer joven de
condición humilde–, cotorro –habitación–, y lunfardo –ladrón–. Y luego hay otras que
ya no se usan pero que eran comunes en mi infancia. En los 60/70 se usaban mucho
torrar –dormir–, yetatore –persona de mal agüero–, melonazo –muy torpe–, entre
tantas otras. El lunfardo es muy divertido, y su existencia siempre enriquece el
idioma. Tanto que el lema de la Academia Porteña del Lunfardo es “el pueblo agranda
el idioma”.

–¿Qué hace que un término se vuelva lunfardo?

–En los últimos años este punto lo develó José Gobello, que fue el primero en estudiar
seriamente el lunfardo, a partir de su libro Lunfardía que publicó en 1953. Para que
un término se vuelva lunfardo tiene que estar presente esta idea de rebelión, esta
idea de jugar con el lenguaje. Canillita, que es una palabra lunfarda que inventa
Florencio Sánchez en su obra Canillita (1902), es la historia de un nene que vende
diarios y al que llaman así porque es muy flaco, usa pantalones cortos y se le ven las
canillitas de los pies. De ahí que a los diarieros se los llame canillitas. En general las
palabras de un argot tienen un contenido afectivo, que puede ser positivo o
despectivo, burlón, irónico, picaresco. Tienen diferentes matices, según la palabra y el
contexto. En muchos casos hay razones impensadas para que un vocabulario muy
marginal aparezca y empiece a ser usado por todo el mundo. Fenómenos como la
existencia de programas como “Policías en acción”, o la cumbia villera, fenómenos
que de repente extienden palabras que tienen un uso socialmente muy restringido en
su origen pero que luego, aunque no las usemos, las entendemos todos.
–¿Es un mito la creencia popular que sostiene que el lunfardo nace en la cárcel?

–El lunfardo no es un léxico ladronil, y no lo es porque desde su mismo origen las


palabras que lo integran exceden el campo semántico del delito. Sucede que aquí la
palabra empieza a usarse como sinónimo de ladrón; “mirá ese lunfardo”, se decía.
Normalmente, los argot nacen en las grandes ciudades, e incluyen formas de
expresión que se rebelan contra las leyes de la lengua. Hay mucho de lúdico en los
argot, hay mucho de joder con el lenguaje, de darlo vuelta. Muchos tipos que
estudiaron el lunfardo –como Benigno Lugones, Luis María Drago o Fray Mocho más
tarde–, sostienen que el lunfardo es el vocabulario de los delincuentes. Unos
extraviados llevan esa idea todavía más allá y dicen que se trata del lenguaje de la
cárcel. Hay argotólogos en Francia que piensan lo mismo, y hay muchos otros que
dicen que se trata de un lenguaje secreto. Lo cierto es que no hay nada de lenguaje
secreto, y la creencia de que “los presos van cambiando las palabras todo el tiempo
para que los guardiacárceles...” es completamente mentira. Si uno toma palabras que
se usaban en la cárcel hace cien años y las que se usan hoy, lo que observa es que la
mitad de ellas son las mismas. El lunfardo debe ser entendido más bien como un
modo de expresión popular. Yo lo defino como un repertorio léxico integrado por
palabras y expresiones de diverso origen, utilizadas en alternancia con las del español
estándar y difundido transversalmente en todas las capas sociales y centros urbanos
de la Argentina. Aunque su origen pueda ubicarse en Buenos Aires, este vocabulario
se ha extendido ya a todo el país.

–¿Todos los países tienen su lunfardo, todas las sociedades tienen su argot?

–Sí, aunque más que hablar de países, habría que hablar de grandes ciudades. El
argot es un fenómeno urbano, nunca rural. En cualquier parte del mundo, el hombre
de campo trata de hablar lo más correctamente posible porque vive en una zona
alejada de las novedades de todo tipo, también de las lingüísticas, y entonces en las
sociedades rurales el lenguaje es mucho más conservador que en las grandes
ciudades. Además, porque en el hombre de campo muchas veces existe un
sentimiento de inferioridad que hace que trate de expresarse correctamente. Pero el
argot es algo propio de las grandes ciudades. Tenemos el argot de París, de donde se
toma la palabra porque fue el primero en ser estudiado. Ya a comienzos del siglo XIX
en Francia hay muchos libros escritos por profesores de la universidad que lo toman
como un objeto digno de ser estudiado, también asociándolo al habla de los
delincuentes o, por lo menos, marginales. En esos libros que empiezan a aparecer a
fines del siglo XIX y comienzos del XX está muy claro que el argot lo comprende todo
el mundo, y que incluso lo usan los cantores populares de los cabarets. Con el
lunfardo sucede lo mismo: primero es recogido por el sainete, por el teatro, y luego
por el tango. Y lo que consigue el tango es algo que prácticamente no existió para
otros argots, que es darle una difusión extraordinaria. De ser un argot del Río de la
Plata, de Buenos Aires, de Rosario, de La Plata, de Montevideo, de estas ciudades, con
el tiempo se convirtió en un argot nacional. En las provincias se adopta el habla
hegemónica, lamentablemente. Así como en Buenos aires se impone la moda, se
impone el habla. En casi todos los idiomas existe un vocabulario de este tipo. En
Francia el argot, en Brasil la giria, en Chile la coa, en Estados Unidos el slang. Todos
son repertorios léxicos creados al margen de la lengua general, pero básicamente
compuestos de términos que pertenecen a esa misma lengua. Pero el lunfardo,
comparado con ellos, es un fenómeno lingüístico único.

–¿Por qué?

–Porque en sus primeras décadas de existencia el lunfardo se constituye básicamente


como un sistema de préstamos lingüísticos, que mayoritariamente proceden de un
mismo país: Italia. Para decirlo en pocas palabras, el léxico lunfardo del siglo XIX –por
más que incorpora prelunfardismos (voces populares de uso corriente en Buenos
Aires antes de la inmigración europea masiva) de diversos orígenes– se compone
mayoritariamente de palabras y expresiones tomadas del toscano, del genovés, del
napolitano, del siciliano. En los primeros años del siglo XX, recién se incorporan con
fuerza los préstamos del español popular, del gallego y los juegos idiomáticos tan
productivos y característicos como el vesre o la paranomasia, por ejemplo.

–Recién analizaba la influencia del tango y de la cumbia villera más


recientemente. ¿Cómo se difunde el lunfardo hoy?

–La difusión está en manos de los medios, la tele básicamente y, en los últimos años,
Internet en sus diferentes sentidos y plataformas. Por supuesto que la renovación del
lunfardo siempre estuvo en los jóvenes, desde su origen. Los que inventan el lunfardo
no son tipos de 60 años; el 99 por ciento de los neologismos del mundo lo inventan
los jóvenes menores de 25 años. Son ellos quienes renuevan el lenguaje a partir de
una necesidad de dar nombre a realidades desconocidas para las generaciones
anteriores. Claro que en toda renovación hay palabras que duran un mes, dos meses,
un año, y desaparecen. Y otras que perduran y que ese pibe que tiene 15 seguirá
usando cuando tenga 65. En ese uno por ciento restante tenemos aquellas palabras
que nacen por necesidad, son nombres científicos o nombres aportados por los
avances científicos. Para que una palabra sea lunfarda tiene que haber surgido en la
Argentina. Y para que una palabra se convierta en lunfardo tienen que pasar por lo
menos cinco años y tener algunas apariciones estelares en algún lado para que se
instale: en la tele, la literatura, el teatro..

–¿Existe un lunfardo según clases sociales o el lunfardo es uno y algunos lo usan


y otros no?

–Es un punto muy interesante. Cuando el lunfardo surge, lo hace casi como un
sociolecto de las clases populares. O sea, es un habla en la boca de los pobres, los
desclasados, los habitantes de los conventillos, del arrabal, del suburbio. Cuando se
piensa en el arrabal, no es el de González Catán. El arrabal de Buenos Aires es
Floresta, Flores, Saavedra, y también los conventillos que están en el centro de la
ciudad. Originalmente fue un habla popular de estas clases populares donde había
mucho inmigrante, y eso explica por qué había tantas palabras del gallego y el
español popular. Yo diría que en la década del 40 el lunfardo es policlasista y atraviesa
todas las edades: el que empezó a usar el lunfardo cuando tenía 10, hoy tiene 60 y
sigue hablando en lunfardo; lo mismo pasa con el tango. En determinado momento
se decía que el tango era música de viejos. Creo que esa es un poco la sensación que
instala el Club del Clan en la década del 60 o el rock nacional en los 70. Pero
originariamente todos escuchaban tango, los jóvenes y los viejos, porque era la
música de todos. Y el lunfardo era el modo de hablar de todos. Esto perdura. Sucede
que el lunfardo está tan incorporado que a veces ni nos damos cuenta que lo usamos.
Hay lunfardismos muy antiguos que tenemos totalmente incorporados, a tal punto
que los hablantes no saben que son lunfardismos. Pienso en palabras como laburar,
pibe...

–¿Hay lunfardo que puede ser considerado ya parte del diccionario?

–Sí, claro. Palabras como pibe, conventillo, malevo, tango. Estas palabras
originariamente eran palabras lunfardas. Conventillo fue incluida por el diccionario de
la Real Academia Española (RAE) en la década del 50. No se usa en otras partes de
América. Aunque se trata de una palabra que perdió su sabor lunfardo, en su origen
lo fue. Con pibe sucede lo mismo, una palabra que tiene, además, triunfos en el
exterior. A Valderrama, el famoso jugador de la selección de fútbol de Colombia en la
década del 90, se lo llamaba “el pibe” porque le gustaba el fútbol argentino. Y hoy en
España sobre una chica linda y joven se dice que es un pibón, como calco de minón.
Hay palabras que tienen vida propia. En el lunfardo pibón no se usa, en España sí, y
viene de nuestro lunfardo.

–En paralelo a su costado lúdico, el lunfardo tiene un costado sexista y agresivo.

–Solía ser así, pero hace unos 50 años esa tendencia empezó a cambiar.
Efectivamente, en 1910, 1920, estaba muy mal visto que una mujer dijera una palabra
lunfarda. Pero esto no tiene que ver con el lunfardo sino con la mentalidad de la
sociedad en ese momento. Existen malas palabras que por lo general pueden ser muy
ofensivas para la mujer, terriblemente ofensivas con el homosexual masculino, y un
poco menos con el homosexual femenino pero también fuertes y violentas, pero creo
que esto tiene menos que ver con el lunfardo que con la mentalidad de la gente. En
los últimos años me dediqué a investigar cómo aparece el lunfardo en los orígenes
del diario Crítica, año 1913, 1914. Si uno lo analiza ve una cosmovisión, una mirada
muy particular sobre Buenos Aires, sobre el suburbio, una mirada terriblemente
violenta, donde está naturalizada la violencia contra la mujer. Aparecía como algo
normal, incluso era tomado a risa, que a la mujer le pegaran o la explotaran. En el
lunfardo de aquellos años también se veía un antisemitismo brutal. Cada referencia a
un judío estaba repleta de “es un rufián”, “explotador de mujeres”, “dueño de
prostíbulos”. Y del mismo modo un desprecio por el inmigrante italiano o gallego.

– ¿El lunfardo se adecua a los cambios de época?

–Creo que sí. Hay una adecuación que se va dando poco a poco. La violencia de
género que uno podía encontrar en aquel lunfardo era aceptada por todo el mundo.
Alguna vez en un congreso sobre tango una investigadora norteamericana dijo: “el
lenguaje del tango es muy machista”. Qué curioso, ¿usted diría eso de Hollywood?
Porque en todas las películas de Hollywood de esa época, el cine mudo y luego el cine
sonoro, un tipo le pega a una mujer; en todas. Entonces decir que el tango era
machista... ¡La sociedad entera! Y no solo la sociedad de Buenos Aires o la argentina,
el mundo entero lo era. Hoy tenemos otra mirada sobre la vida; es otra época.

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