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Grupos sociales o religiosos del primer siglo

LOS FARISEOS
El nombre “fariseo” aparece primeramente en el contexto de los primeros reyes sacerdotes asmoneos. La
palabra “fariseo” significa separado.
Los fariseos y saduceos aparecen como partidos distintos en la última mitad del siglo II a.C., aunque
representan tendencias que se pueden seguir mucho más atrás en la historia del judaísmo, tendencias
que se acentuaron después del retorno de Babilonia (537 a.C.). Los progenitores inmediatos de los dos
partidos fueron, respectivamente, los jasideos y los helenistas; los últimos, antecesores de los saduceos,
tenían la intención de eliminar la estrechez del judaísmo, y participar en las ventajas de la vida y cultura
griegas. Los jasideos, una transliteración del término hebreo jasidim, esto es, los piadosos, eran un grupo
de hombres celosos de la religión, que actuaban bajo la conducción de los escribas, en oposición al impío
partido helenizante; se refrenaron de oponerse al legítimo sumo sacerdote incluso cuando este se puso
de parte de los helenistas. Así, los helenizantes eran una secta política, en tanto que los jasideos, cuyo
principio fundamental era una separación completa de los elementos no judíos, eran el partido
estrictamente legal entre los judíos, y llegaron finalmente a ser el partido más popular e influyente. En su
celo por la ley casi llegaron a deificarla, y su actitud se tornó meramente externa, formal y mecánica.
Ponían el énfasis no en la rectitud de la acción, sino en su corrección formal. Como consecuencia, fue
inevitable su oposición a Cristo; su manera de vivir y su enseñanza.
Sufrieron grandemente bajo Antípater y Herodes (Josefo, Guerras de los judíos 1. 647–655), y
evidentemente comprendieron que no se puede lograr fines espirituales mediante medios políticos,
porque después de la muerte de Herodes algunos de ellos piden un gobierno romano directo. Por la
misma razón la mayoría de ellos se opuso a la rebelión contra Roma (66–70 después de Cristo). En
consecuencia, Vespasiano favoreció a Yohanán ben Zakkai, uno de los líderes de ellos, y le permitió
establecer una escuela rabínica en Jamnia (Yavneh). Para entonces las controversias entre el partido del
riguroso Shammai y el del más liberal Hillel habían terminado en un acuerdo, los saduceos habían
desaparecido, y los zelotes estaban desacreditados—después de la derrota de Barcoquebá en 135
después de Cristo ellos también desaparecieron de modo que los fariseos se convirtieron en los líderes
incuestionados de los judíos. Para el año 200 después de Cristo judaísmo y fariseísmo constituían
términos
sinónimos.
Para la concepción farisaica de la religión resultaba básica la creencia de que el exilio bábilónico tuvo su
origen en el hecho de que Israel no guardó la Tora (la ley mosaica), y guardarla constituía una obligación
individual como también nacional. Pero la Torá no era simplemente “ley” sino también “instrucción”, es
decir consistía no sólo en mandamientos fijos sino que se adaptaba a las condiciones cambiantes, y de
ella podía inferirse la voluntad de Dios para situaciones no mencionadas expresamente. Esta adaptación o
inferencia era la tarea de quienes habían hecho un estudio especial de la Torá. Y la decisión de la mayoría
debía ser acatada por todos; una de las primeras tareas de los escribas fue la de determinar el contenido
de la Torá escrita. Establecieron que contenía 613 mandamientos, 248 positivos, 365 negativos. El paso
siguiente consistió en “poner una cerca” alrededor de ellos, es decir interpretarlos y complementarlos de
tal modo que se eliminara la posibilidad de quebrantarlos por error o por ignorancia. El ejemplo más
conocido lo constituyen las frecuentemente citadas treinta y nueve especies principales de actos
prohibidos en el día de reposo. Los fariseos estaban convencidos de que tenían la recta interpretación de
la Torá, y sostenían que esta “tradición de los ancianos” (Mr. 7.3) provenía de Moisés en el Sinaí.
La reprobación de que fueron objeto por parte de nuestro Señor (* Hipócrita) tiene que interpretarse a la
luz del hecho indudable de que éticamente ocupaban una posición más elevada que la mayoría de sus
contemporáneos. El lugar destacado que los fariseos asignaban al diezmo, y su negativa a comprar
comestibles a los no fariseos, o a comer en sus casas, por temor a que la comida no hubiese sido
diezmada, como ocurría con frecuencia, se debía a las muy pesadas cargas creadas por los diezmos,
agregados al régimen impositivo introducido por los asmoneos, los herodianos, o los romanos. Para el
fariseo diezmar plenamente constituía una marca de lealtad a Dios.
Los fariseos defendían la doctrina de la predestinación, que estimaban compatible con el libre albedrío.
Creían en la inmortalidad del alma, en la resurrección corporal, en la existencia de los espíritus, en las
recompensas y en los castigos en el mundo de ultratumba. Pensaban que las almas de los malvados
quedaban apresadas debajo de la tierra, en tanto que las de los justos revivirían en cuerpos nuevos
Hechos 23:8.Estas doctrinas distinguían a los fariseos de los saduceos, pero no constituían en absoluto la
esencia de su sistema. Centraban la religión en la observancia de la Ley, enseñando que Dios solamente
otorga su gracia a aquellos que se ajustan a sus preceptos. De esta manera, la piedad se hizo formalista,
dándose menos importancia a la actitud del corazón que al acto exterior. La interpretación de la Ley y su
aplicación a todos los detalles de la vida cotidiana tomaron una gran importancia.Los comentarios de los
doctores judíos acabaron formando un verdadero código autorizado. Josefo, él mismo un fariseo, dijo que
los escribas no se contentaban con interpretar la Ley con más sutilidad que las otras sectas sino que
además imponían sobre el pueblo una masa de preceptos recogidos de la tradición, y que no figuraban en
la Ley de Moisés.
Jesús declara que estas interpretaciones rabínicas tradicionales no tienen ninguna fuerza (Mt. 15:2-6).
Los primeros fariseos expuestos a la persecución se distinguían por su integridad y valor, eran la élite de
la nación. El nivel moral y espiritual de sus sucesores descendió. Los puntos débiles de su sistema se
hicieron hegemónicos y les atrajeron duras críticas. Juan el Bautista llamó a los fariseos y a los saduceos
«raza de víboras». Jesús denunció su orgullo, hipocresía y su negligencia de los elementos esenciales de
la ley, en tanto que daban la mayor importancia a puntos subordinados (Mt. 5:20; 16:6, 11, 12; 23:1-
39).En la época de Cristo los fariseos formaban una astuta camarilla que tramó una conspiración contra
Él (Mr. 3:6; Jn. 11:47-57). Sin embargo, siempre hubo entre ellos hombres sinceros, como Nicodemo
(Jn. 7:46-51). Antes de su conversión, Pablo fue fariseo. Hizo uso de ello en sus discusiones con los
judíos (Hch. 23:6; 26:5-7; Fil. 3:5). Gamaliel, que había sido su maestro, era también fariseo (Hch.
5:34).
LOS SADUCEOS
Partido sacerdotal y aristocrático del judaísmo cuyas doctrinas y prácticas eran opuestas a las de los
“fariseos”.
Su Origen:
Josefo se refiere por primera vez a los saduceos en Antigüedades XIII.x.5-7, donde describe la decisión
de Hircano I (rey macabeo de los judíos, 135-105 a.C.) de aliarse con ellos. De allí se ve que la secta
existía antes de dichoreinado.Antes se pensaba que el nombre se había derivado del sacerdote Sadoc,
contemporáneo de David y Salomón (2 S 15.27; 19.11; 1 R 1.8), cuyos descendientes eran considerados
como la línea pura ( Ez 44.15) y los conservadores del sacerdocio hasta la rebelión de los macabeos. Sin
embargo, varias dificultades filológicas e históricas obligan a buscar otra explicación. T.W. Manson
propone que la derivación del nombre debería encontrarse en la palabra griega, syndikoi, que significaba
“autoridades fiscales” en el estado de Atenas desde el siglo IV a.C. En Israel también los saduceos
controlaban los impuestos al principio los saduceos no eran un grupo religioso, pero con el tiempo, para
defender sus intereses, apoyaron al sumo sacerdote. Hasta la mitad del siglo I después de Cristo
controlaban el sanedrín. Después, al serles quitado el poder secular, primero por los Zelotes y después
por los romanos, desaparecieron del judaísmo.
Su Enseñanza
La mayoría de los sacerdotes de los primeros siglos (a.C. y d.C.) pertenecían a esta secta, aunque no
todos los saduceos eran sacerdotes. Por lo general constituían un núcleo de personas altamente
privilegiadas, por ejemplo, comerciantes ricos y funcionarios gubernamentales. Su actitud hacia las
tradiciones de los padres se centró en el mantenimiento del culto en el templo. Su interpretación de la
Ley (aceptaban solo el Pentateuco como autoritativo) giraba alrededor de la ley ritual. Su actitud
negativa hacia ciertas doctrinas del Antiguo Testamento se debía, en parte, a la tensión entre ellos y los
fariseos, quienes las afirmaban.Acerca de su doctrina, Josefo afirma que “los saduceos enseñan que el
alma perece con el cuerpo”; “niegan la continuidad del alma después de la muerte”. El Nuevo Testamento
es más preciso: señala que los saduceos negaban la resurrección del cuerpo (Hechos 23.8), y también la
existencia de mediadores espirituales entre Dios y el hombre (Hechos 23.8). Además, para los saduceos,
Dios era casi un “dios ausente” dado que “no puede ni hacer ni prevenir el mal”. En cambio el hombre
ejerce su libre albedrío para hacer el bien y el mal.Su ideal político era el estado teocrático encabezado
por el sumo sacerdote. Por eso veían con sospecha la esperanza mesiánica que amenazaba con derrotar
el orden social y político existente. La mayoría del pueblo común los odiaba porque colaboraban con los
romanos y sus reyes, introdujeron y permitieron algunas costumbres que no eran judías y porque se
comportaban entre el pueblo con arrogancia.
En El Nuevo Testamento
Varias veces los saduceos se aliaron con los fariseos en oposición a Jesucristo (Marcos 11.18, 27; 14.43;
15.1; Lucas 9.22). Sin embargo, el conflicto de Jesús con los saduceos se agudizó mayormente en la
última semana de su ministerio, cuando su popularidad entre el pueblo (Marcos 12.12) parecía amenazar
la paz de Jerusalén. En cambio el conflicto entre Jesús y los fariseos, debido a la influencia de estos entre
el pueblo común, se advierte desde el principio de suministerio.Los cristianos culparon a los saduceos y a
los fariseos de la muerte de Jesús. Fueron ellos los que más intentaron detener el creciente movimiento
de la iglesia primitiva (Hechos 4 y 5; 22.5).
Este grupo religioso de judíos, relativamente pequeño, pero importante, porque muchos de ellos eran
“Sumos Sacerdotes”. Creían exclusivamente en la ley, y rechazaban todo tipo de tradición oral; niegan la
resurrección, la inmortalidad del alma y el mundo espiritual: (Marcos 12:18, Lucas 20:27, Hechos
23:8).Fueron denunciados por Juan Bautista y por Cristo: (Mateo 3:7, 16:6,11,12). Ellos se opusieron a
Cristo y a su Iglesia: (Hechos 5:17,33). Apoyaron a los Macabeos en su lucha para liberar materialmente
a Israel.
Los modales de los saduceos eran bastante groseros, eran descorteses con sus iguales como si estos
fuesen extranjeros, y consideraban una virtud disputar con sus maestros. No tenían seguidores entre las
masas populares, sino solamente entre los de buena posición económica. Eran más severos en sus juicios
que otros judíos. Muchos de los sacerdotes, aunque no todos, eran saduceos; pero casi todos los
saduceos parecen haber sido sacerdotes, especialmente de las familias sacerdotales más poderosas. Bajo
los primeros asmoneos algunos saduceos desempeñaron cargos en la gerousia (cuerpo de “ancianos”,
“senado”, o sanedrín).
La marca religiosa de los saduceos fue su conservadurismo. Negaban la validez permanente de toda ley
que no formara parte de los escritos del Pentateuco. Rechazaban las doctrinas tardías del alma y su
existencia en el más allá, la resurrección, las recompensas y retribuciones, los ángeles y los demonios.
Creían que no existía el destino, que el hombre podía elegir libremente entre el bien y el mal, y que la
prosperidad y la adversidad eran resultado de las propias acciones del hombre.
LOS ESENIOS
Secta judía acerca de la que existe poca información histórica clara; florecieron 150 antes de Cristo hasta
70 después de Cristo. Por la época de Cristo, estaba constituida por hombres que se daban al ascetismo
en mayor o menor grado. Con la esperanza de escapar a las impurezas rituales, se constituían en
colonias separadas. El desierto de Judá, en las cercanías de En-gadi, era su lugar de residencia favorito,
aunque estaban también establecidos en diferentes pueblos de Judá. Cada agrupación tenía su propia
sinagoga, un refectorio para la comida en común y para las asambleas, con una instalación para los
baños diarios en agua corriente. El que entraba en la comunidad abandonaba todos sus bienes. Leían
constantemente la ley de Moisés y se esforzaban en observarla en todos los detalles de su existencia.
Vivían, vestían y se alimentaban de forma sencilla. Se dedicaban a la agricultura y a otros trabajos útiles.
Los esenios subvenían sus propias necesidades, y prácticamente podían vivir sin utilizar el dinero.
Cuando viajaban, eran hospedados y alimentados gratuitamente por los miembros de la comunidad en
los otros lugares. No poseían esclavos, pues no reconocían diferencias de condición, excepto en el plano
moral, en el que distinguían entre puros e impuros. Los esenios no menospreciaban el matrimonio, pero
se abstenían de él, a excepción de algunos entre ellos. Sus normas morales eran de tipo ascético, con
muchas exigencias sobre sí mismos. Prometían «honrar a Dios, ser justos hacia el prójimo, no herir a
nadie, ni siquiera cuando eran provocados, detestar el mal, alentar el bien, ser leales, especialmente
hacia las autoridades, amar la verdad, desenmascarar a los hipócritas, no hurtar nada, abstenerse de
toda ganancia ilícita». Esperaban un Mesías para establecer el reino de los justos.
Filón y Plinio el Mayor son los únicos historiadores contemporáneos que nos han dejado descripciones de
las prácticas y creencias de las comunidades de los esenios, bastante diversas entre sí. Pero el
descubrimiento de rollos que guardó una secta, que casi todos identificaban como esenia, en las cuevas
de QUMRÁN, ha permitido verificar los datos aportados por loshistoriadores.Después de la guerra de los
Macabeos, triunfó el separatismo (observancia estricta de la Ley Mosaica) entre los tres partidos:
saduceos, fariseos y esenios. Estos últimos, antes del 76 antes de Cristo, rompieron con los demás y
criticaron su laxitud. Luego, protegidos por Herodes el Grande, realizaron campañas de misión y fundaron
comunidades en casi todos los poblados de Judea. Sus seguidores ascendieron a unos cuatro mil, pero los
grupos individuales, que vivían por lo general en guetos o en las afueras de los pueblos, no pasaban de
doscientos miembros. La guerra con Roma (66-70 después de Cristo) acabó con estas comunidades. Los
sobrevivientes se cree que se integraron en las distintas agrupaciones judeocristianas y judías.
Los esenios se consideraban como el pueblo escatológico de Dios, el de un nuevo pacto. Extremadamente
escrupulosos, creían que su cumplimiento de la Ley traería la intervención divina, en forma de guerra,
que pondría fin al mundo. Por tanto, para la admisión a la secta se requería un noviciado de dos o tres
años, la renuncia a la propiedad privada, en muchos casos al matrimonio y un juramento de obediencia
incondicional a los superiores. Una vez aceptado, el nuevo miembro trabajaba en agricultura, artes
manuales, etc., pero sobre todo se dedicaba al estudio de las Escrituras y participaba en las discusiones
comunitarias. Abluciones diarias y exámenes de conciencia garantizaban su pureza levítica.
Tras el descubrimiento de los célebres manuscritos del mar Muerto se iniciaron excavaciones en Khirbet
Qumran (Ruinas de Qumrán), sobre una meseta margosa de farallones calcáreos que dominan el mar
Muerto al noroeste. Se cree que se pueden identificar los importantes vestigios descubiertos con el
hábitat de los esenios. González Lamadrid no duda en afirmar que nos hallamos en Qumrán con un
verdadero monasterio esenio, lo mismo que G. Vermes y M. Dupont-Sommer, que afirman que entre los
manuscritos descubiertos, el «Manual de Disciplina» y el «Comentario de Habacuc» tienen una relación
directa con esta secta. El descubrimiento de Qumrán permite pensar que los esenios fueron otro
movimiento judío extremadamente legalista, hasta el punto que puede calificarse en justicia de «forma
superlativa del fariseísmo».
La Biblia no los menciona, pero los describe Josefo, Filo y los manuscritos del Mar Muerto: (muchos de
ellos de los Esenios). Plinio y Filón también nos describen su vida y costumbres: Observaban la Ley, se
abstenian de los placeres de la carne, y algunos renunciaban al matrimonio, menospreciaban las
riquezas, eran trabajadores, preferentemente del campo, no hacían comercio, y sostenían la doctrina de
la inmortalidad del alma: (doctrina extraña al judaísmo).Algunos creen que Juan el bautista y Jesús eran
de esta rama de los esenios aunque muy contradictorio con el pensamiento de Cristo en cuanto a la
doctrina que tenían los Esenios
Algunos manuscritos antiguos celosamente guardados por la iglesia tradicional afirman que Maria y Jose
eran ESENIOS esto para argumentar la virginidad de Maria.
La Virgen María y San José, iban a casarse, pero con votos de no tener relaciones matrimoniales. Por eso
la pregunta de María al ángel en Lucas 1:34: “Cómo podré tener un hijo, si no conozco, ni pienso conocer
varón? Versión antigua Biblia en Latín.
LOS ZELOTES
(gr.gr. griego zeµloµteµs). A uno de los doce apóstoles se le llama Simón el Zelote (Lc. 6.15; Hch. 1.13;
ya sea a causa de su temperamento celoso o apasionado o por alguna asociación con el partido de los
zelotes (* Cananita). Pablo dice de sí mismo que fue celoso en lo religioso (Hch. 22.3; Gá. 1.14), y a los
muchos miembros de la iglesia de Jerusalén se los describe como “celosos por la ley” (Hch. 21.20).
El partido de los zelotes, descrito por Josefo como la “cuarta filosofía” entre los judíos.Se les llamaba
zelotes porque seguían el ejemplo de Matatías y sus hijos y seguidores, que manifestaron celo por la ley
de Dios cuando Antíoco IV intentó suprimir la religión judía (1 Mac. 2.24–27), y el ejemplo de Finees, que
evidenció un celo parecido en momentos de apostasía en el desierto (Nm. 25.11; Sal. 106.30.
El movimiento, no mencionado como tal en el Nuevo Testamento, comenzó cuando Judas el galileo
encabezó una sublevación contra los romanos en el año 6 después de Cristo (Hch 5.37), considerándose
el sucesor espiritual de los macabeos. Cuando aplastaron la sublevación, los zelotes quedaron como el ala
extremista de los fariseos, dispuestos a recurrir a las armas antes que pagar tributo.
Los zelotes tomaron parte activa en la gran rebelión de 66–73 después de Cristo en contra de los
romanos, siendo los últimos en ser reducidos en su fortaleza de Masada, cerca del mar Muerto,
recientemente investigada por los arqueólogos. Simón debe de haber sido miembro del partido antes de
acudir a Jesús. El fanatismo de los zelotes contribuyó a desencadenar la guerra entre judíos y romanos.
Los zelotes eran vistos como un partido de patriotas judíos militantes del primer siglo. Su movimiento
comenzó con Judas de Calilea en los días de Quirino como una oposición clandestina al poderío romano.
Ellos sostenían que la violencia era justificada si libraba a la nación de sus opresores extranjeros. Josefa
los describió como fanáticos cuyas extravagantes demandas y destemplada imprudencia se
transformaron en obstáculos para su propia causa.
En doctrina eran muy parecidos a los fariseos a causa de su interpretación nacionalista en extremo del
Antiguo Testamento, y en espíritu eran como los macabeos. Su intenso deseo de un reino independiente
pudiera, haber llevado a algunos de ellos a buscar la compañia de los discípulos de Jesús. Por lo menos a
uno de ellos, Simón, se distingue de Simón Pedro por ser llamado “el zelote” (Lc. 6:15; Hch. 1:13).
PUBLICANOS
Publicano (en latín, publicanus, pl. publicani), en Roma, era nominado genéricamente así quien obtenía,
mediante locatio (arrendamiento), alguna delegación jurisdiccional del estado para efectuar la
recaudación de tributos del tipo vectigalia (es decir, los ingresos regulares). Esta práctica de gestión del
Aerarium incluía los ámbitos del ager publicus, la administración provincial, afectaba el comercio y por
ende toda la economía en la Antigua Roma. Esta concesión representaba un cargo de alto prestigio y
responsabilidad, estos podían requerir y comisionar auxiliares entre los naturales de la región, dando
lugar a una segunda clase de publicanos, que aunque no eran los titulares del contrato público, formaban
parte lata del concepto.
Otra actividad complementaria de los publicanos era constituir «compañías comerciales» que operaban
en las provincias, con «accionistas» romanos y presididas por un Princeps publicanorum del ordo
equester, las «sedes» estaban en Roma y existía cierto grado de monopolio y opacidad.

Tributos en Roma

Primeramente se estableció el tributim in capita que se pagaba por cada uno en particular (capitación).
Los tributos eran unos impuestos directos a los hombres libres, por razón de su habitación o de su arte, y
otros por los fundos. Las dos rentas ordinarias del estado eran , los cánones o «ley fija», y el
«repartimiento» o indiction que señalaba el senado. La oblación u «ofrenda» era voluntario. Los
extraordinarios se imponían cuando había urgente necesidad o razón singular y por esto solían llamarse
superindicta o ultra. Después el derecho romano hacia diferencia entre tributos y vectigalia, que eran
legislados por cualquier otro título.

Moneda
La primera fue la unidad de ganado, llamada pecua o pecunia. Hasta los dos primeros siglos no se
conocía moneda en la antigua roma. No se acuñaron piezas de cobre hasta el reinado de Servio Tulio, y
no se empleó la plata para el mismo uso hasta cinco años antes de la primera guerra púnica. Finalmente,
el oro amonedado tuvo curso en época de Escipión el Africano.3
Conceptos publicanos
Tres términos son usados comúnmente en las fuentes romanas que tratan sobre la pública contratación:
manceps, redemptor y publicanus. El término redemptor se relaciona con el ámbito de las adjudicaciones
de obras públicas, donde se perfila como contratista o intermediario que adelanta la ejecución de la
contrata para recibir a continuación el pago. Debe distinguirse esta figura de la del publicano, que es
quien, de entre los ingresos ordinarios del erario romano (vectigalia pública populi romani), tomaba en
arriendo los que consistían en impuestos, fuera sobre algunos aprovechamientos de tierras públicas,
como el pastoreo, los cultivos o la minería, o sobre actividades de los particulares, como el comercio. 4

Historia

Cada quinquenio, los censores sacaban a subasta la recaudación de rentas de la república romana,
estando excluidos los senadores, se adjudicaba comúnmente a los caballeros (équites).6Estos arrendaban
los tributos del pueblo romano por cierta suma que se obligaban a pagar, formando entre sí una
compañía, unos iban a las Provincias y otros se quedaban en Roma, donde siempre estaba el maestro de
la compañía.7

Los publicanos o sus asociaciones, tenían el monopolio del dinero y del poder económico: la renta del
suelo de Italia, y del mejor suelo de las provincias; la renta de los préstamos; las ganancias comerciales
en todo el territorio romano; y (cuando lo tenían arrendado) la parte correspondiente de las rentas del
tesoro público. Algunos publicanos alcanzaron capitales inmensos (de hasta cien millones de sestercios,
cuando una fortuna senatorial media era de unos tres millones de sestercios, y la de un caballero medio
de dos millones de sestercios). Los mercaderes italianos eran miles en todas las provincias, pero, como
excepción, en las de Hispania Citerior e Ulterior eran poco numerosos.

El Estado les confió, mediante contrato, todo el sistema de ingresos, suministros, pagos y contribuciones.
Los particulares acudieron a los publicanos o a sus asociaciones para sus construcciones, recolección de
sus cosechas, liquidaciones de herencias, quiebras, etc. El empresario tomaba todo el activo y asumía
todo o parte del pasivo.

Con el tiempo todos los arrendamientos del Estado (minas, recaudaciones, transportes, etc.) quedaron en
manos exclusivas de las sociedades de publicanos. Estas sociedades formaron distintas alianzas para
cada ramo de actividad y tendieron a ejercer el monopolio del producto y a fijar su precio.

Las sociedades también se hicieron mayoritarias en el ámbito privado. Y las gentes ricas invertían sus
capitales en estas sociedades.

Hacia el siglo I de nuestra era los publicanos comenzaron a ser corregidos, y para el final del siglo II los
publicanos como grupo habían desaparecido.
Historia en el cristianismo[editar]

Detalle de un fresco de Masaccio, El tributo, que retrata a un recaudador de impuestos.

Reducida la Judea a provincia de Roma Augusto hizo un censo para establecer los tributos al modo
romano, lo que dio motivo a que Judas el Galileo extendiese una secta llamada de los «Galileos o
Herodianos» que propugnaba cosa ilícita pagar los tributos a Roma.

Enviados por los escribas plantearon a Jesús el dilema de pagar al César o a la nación,
en vista de la imagen grabada en la moneda dio la celebre respuesta: al César lo que es
del César (...).

Los de «segunda clase» y como recaudadores de impuestos que abusaban de su poder (éstos eran
odiados, ya que cobraban más de lo que la ley les exigía, y al estar amparados por ella, las personas no
tenían defensa. Por otra parte, eran odiados por los judíos, ya que cobraban de más a su propio pueblo
en beneficio de los invasores). Mateo, 5:46

Del evangelio consta que en tiempo de Jesús había muchos publicanos en Judea, siendo Zacheo el
principal, Matheo uno de los comisionados y que en su casa se reunían varios, así también aparecen en el
Nuevo Testamento y en la parábola del fariseo y el publicano. En los textos del Nuevo Testamento, los
publicanos, además de pertenecer a un grupo social bien definido, poseen una identidad simbólica:
"representan a los seres humanos separados de Dios, ligados a los bienes materiales sin temor a preterir
a sus semejantes. Como sus vecinos, los 'pecadores', forman el reservorio de futuros conversos, el
potencial con el que espera alegrarse el cielo".8

LOS POBRES

El número de pobres era grande. Entre ellos, los más numerosos, figuraban los jornaleros; el jornal
medio de un denario de plata venía a cubrir aproximadamente las necesidades mínimas de una familia
reducida. De no encontrar trabajo en varios días, el jornalero quedaba en la miseria más absoluta.

Los esclavos y los libertos, estos últimos sobre todo en el período inmediato a su emancipación, no tenían
hacienda ni ingresos y quedaban por ello obligados a vivir de la ayuda ajena. Los esclavos judíos se
encontraban en las casas judías bajo el amparo de la ley y eran considerados como jornaleros que
vendían su trabajo por un período determinado; el año sabático, que se repetía cada siete años, les traía
la libertad si su amo era judío. Más grave era la posición de los esclavos paganos, quienes trataban
frecuentemente de mejorarla con su conversión al judaísmo, haciéndose prosélitos. A estos no les
alcanzaba la protección del año sabático. Sus amos podían aplicarles castigos corporales. No tenían
ningún derecho. Pero, en todo caso, el número de esclavos no pudo ser muy grande en Palestina.

Entre los pobres había también muchos doctores de la ley o escribas. La incompatibilidad entre el estudio
de la Torá y el ejercicio de una profesión se impuso muy pronto. Como la enseñanza de la ley debía ser
gratuita, los maestros tenían que vivir de las ayudas que les dieran, que consistían, más o menos, en la
invitación a tomar parte en los banquetes celebrados en otras casas y en el apoyo que recibían de sus
administradores y secuaces. Así parece mostrarse en la vida de Jesús y sus discípulos, ya que Jesús era
considerado como un rabí. Los doctores de la ley estaban incluidos en el reparto del diezmo de los
pobres, al que se destinaba cada tres y seis años el importe de los diezmos. Su pobreza despertaba en
ellos cierta codicia y les inducía a abusar de la hospitalidad; por ejemplo, la de las viudas, cuyos derechos
se declaraban dispuestos a representar, un hecho que Jesús especialmente recrimina. En cambio, los
doctores de la ley que estaban al servicio del Templo tenían ingresos regulares; no obstante, su número
no era grande, puesto que también había doctores de la ley entre los sacerdotes.

Un papel especial desempeñaban los mendigos. En su mayoría eran ciegos, tullidos o mutilados, que se
veían obligados a la mendicidad. No existía una previsión social de carácter oficial. Si estos individuos no
querían representar una carga para su familia, tenían que pedir limosna. En realidad, la familia abusaba a
menudo de su situación, ya que la caridad y la limosna eran tenidas en gran estima por los judíos como
acciones especialmente meritorias. Un buen puesto de mendigo a las puertas del Templo, en los caminos
de los peregrinos o en los lugares de purificación, como en la piscina de Betsaida, o a la salida del canal
de Siloé, podía ser muy rentable. Con los mendigos verdaderamente pobres se entremezclaban
simuladores, que se hacían pasar por ciegos y tullidos, holgazanes e individuos insociales, que explotaban
la caridad especialmente en las festividades religiosas. Los ciegos, los tullidos o los mutilados de verdad
se encontraban en una dura situación no sólo económica, sino también religiosa. La ley les prohibía que
entraran en el santuario. También los aquejados de lepra figuran en la serie de pobres y excluidos, a
quienes se relega a vivir de la caridad. Sobre el telón de fondo de semejantes disposiciones cobran las
historias de milagros que se refieren a Jesús todo su aspecto conflictivo: con su curación se les abría a
los enfermos el acceso al reino de Dios.

La pobreza en los tiempos de Jesús fue aumentando paulatinamente. Contribuyeron grandemente a este
hecho la explotación abusiva del país por los reyes y gobernadores, así como las guerras y los saqueos
que sobre ella se sucedieron una y otra vez durante los agitados acontecimientos de este período. Todo
ello trajo consigo el hambre y la carestía, así como la mutilación corporal de no pocos de sus moradores.
Pero no faltaron intentos de prestar ayuda cuando surgían grandes catástrofes. Prestaciones de ayuda
similares se refieren de Herodes el Grande durante la grave crisis de hambre del año 25-24 a.C. Se
estimuló la beneficencia privada, que gozó de gran estima. Se dio una sanción jurídica a la aspiración de
los pobres a compartir las cosechas. Se dejaba para ellos sin recolectar un rincón de las fincas, que
podían recoger en los sembrados y en las viñas después de la cosecha. Las uvas caídas durante la
vendimia les pertenecían. También las comunidades cultuales hicieron esfuerzos para ayudar a los pobres
o a la gente empobrecida. Conviene también aquí recordar que Jesús, en sus predicaciones, no fue
indiferente a esta realidad de su pueblo. A través de sus enseñanzas se adivina la existencia de mucha
gente que vive en la más extraña pobreza y su preocupación por la ayuda social, como el caso de la
viuda pobre que hace una ofrenda al templo.

Los pobres, marginados, o clase baja


Causas de exclusión. En la Palestina del tiempo de Jesús, al igual que en casi todas las sociedades
actuales conocidas, existía una marginalidad estructural, es decir, un colectivo de personas a las que la
institucionalización social vigente excluía de la vida comunitaria. Las causas de exclusión eran
fundamentalmente de dos tipos distintos, una económico político y otra religioso.
Causas económico políticas. La ideología económica de las clases dirigentes y el control político que
directa o indirectamente ejercían los romanos sobre la región produjo un deterioro creciente en las
condiciones de vida del pequeño campesino independiente. Los campesinos sin tierra solían sobrevivir un
periodo corto de tiempo como obreros no especializados o jornaleros del campo para terminar, casi
siempre, cayendo en la indigencia. De ahí pasaban a engrosar el número de mendigos, prostitutas,
salteadores y guerrilleros.
Causas religiosas. Todas aquellas personas que por trabajar al servicio de las instituciones romanas o
tratar frecuentemente con extranjeros habían asimilado costumbres paganas, eran considerados
pecadores, impuros o israelitas renegados. Como tales, se les consideraba excluidos de la comunidad
religiosa de Israel y del culto en el Templo. Evidentemente, cuanto mayor era el rechazo moral que
experimentaban por parte de sus correligionarios, más fuerte era su tendencia a buscar apoyos y
amistades entre los extranjeros, lo cual reforzaba a su vez los motivos del rechazo.
La vida de estas personas era muy dura. Además de su miseria material, la gente los consideraba
impuros. Pensaban que si estaban enfermos era porque habían cometido un pecado y Dios les había
castigado. Por eso nadie se acercaba a ellos ni dejaban que se acercasen.
Entre este tipo de marginados se encontraban algunas clases de recaudadores de impuestos,
especialmente aquellos que operaban en las fronteras, ya que trataban casi a diario con comerciantes y
soldados no judíos. Jesús buscó entre ellos amigos con quienes compartir mesa y colaboradores
cercanos, lo cual le valió en más de una ocasión el reproche de los judíos piadosos.
La mayor parte de la población en Palestina era gente pobre: Jesús recorría todos los pueblos y aldeas,
enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del reino y curando toda dolencia y
enfermedad. Viendo el gentío, le dio lástima de ellos porque andaban fatigados y decaídos como ovejas
sin pastor (Mt.9,35-36). Entre ésta gente se encontraban los que pertenecían a la escala social más baja;
es decir, los pobres y marginados.Los pequeños artesanos de aldea: como herreros, carpinteros,
albañiles, etc. A este gremio pertenecía José, esposo de María.
Los campesinos: Poseían algunas tierras de cultivo, que apenas les proporcionaban lo suficiente para
sobrevivir.
Eran considerados por los sacerdotes como ignorantes de la ley e incapaces de cumplirla, sobre todo la
ley del sábado, la pureza ritual y el pago de los impuestos.
Los jornaleros o trabajadores, eran asalariados que ganaban el sustento con el trabajo, se les pagaba
por días y el abono era diario, trabajaban de sol a sol por un denario y la comida. Permanecían
frecuentemente sin trabajo.
Los escribas no tenían un oficio ni ejercían el comercio, como la enseñanza de la Ley debía ser gratuita,
estos escribas eran generalmente pobres y vivían de las ayudas que recibían de sus admiradores y
seguidores, de la hospitalidad espontánea que les ofrecían, de las invitaciones a tomar parte en los
banquetes celebrados en otras casas.
Habían fariseos pobres, pero con cabeza de rico: amigos del dinero los llama el evangelio y escribas
parásitos que se aprovechaban de la hospitalidad de las personas económicamente modestas: que se
comen los bienes de las ciudad con pretexto de largos rezos (Mc.12,40).
Las mujeres, los niños, y los esclavos no judíos, la mayoría árabes.
Los esclavos, la mayoría de ellos estaban en el palacio de Herodes, venían a ser como criados
domésticos no libres. Los judíos sólo podían ser esclavos durante seis años, y si el dueño no era judío, el
esclavo debía ser rescatado por sus parientes. El servicio de esclavo no era considerado deshonroso,
inclusive, el jornalero vivía mucho más inseguro que el esclavo.
El Templo no tenía esclavos, en el campo casi no había y en la ciudad eran pocos.
Las pecadoras (prostitutas, adúlteras) y los publicanos: estos últimos encargados de recaudar los
impuestos.
Los mendigos y los enfermos: Los mendigos, eran los que no trabajaban y no podían trabajar. La falta
de alimento y de higiene en las capas más bajas de la sociedad traía como consecuencia que, además de
hambrientos, la mayor parte de los mendigos estuviera enferma. Estas enfermedades podían ser físicas
como la ceguera y la lepra, o psíquicas como las afecciones mentales o nerviosas. Por falta de
conocimientos de estas últimas enfermedades, los enfermos que las padecían eran considerados
poseídos.
Jerusalén era ya en tiempos de Jesús un centro de mendicidad. Los mendigos se concentraban en torno
al Templo, en las puertas exteriores de la explanada, en el atrio de los paganos y vivían de la limosna de
gente piadosa. La limosna era una de las tres prácticas fundamentales de la piedad judía, junto con la
oración y el ayuno.
Por toda esta gente es por la que Jesús sentía una predilección especial, hasta jugarse la vida por ellos.
Los publicanos, o cobradores locales de impuestos. La mayor parte de los que hacían este trabajo eran
pobres o esclavos empleados por una agencia de recaudación de algún gran arrendatario, y los despedían
al menor problema. Por lo general los publicanos eran gente pobre, pertenecían a una clase social tan
desfavorecida que tenían que aceptar este trabajo deshonroso para sobrevivir.
Palestina sufría un sistema de impuestos verdaderamente opresivo, había que pagar derechos de aduana
y de peaje a la entrada de los pueblos, en los puentes, los vados, los cruces de caminos. El hostigamiento
de los publicanos era molesto y también muy costoso, pues los recaudadores tenían que exigir una
cantidad superior a la tarifa oficial si querían quedar satisfechos con las ganancias.
Es de notar también que el pueblo no conocía con certeza la ley romana de impuestos, y tampoco se
atrevía a reclamar, ya que los recaudadores estaban apoyados, por los romanos.