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TESIS PARA UNA DISCUSIÓN.

EL PROCESO ELECTORAL 2018-19 Y


LA NECESIDAD DE UN NUEVO PROYECTO POLÍTICO.
El Cambio Social y la Democracia.

Foro Nacional por un Nuevo Proyecto Político (FNP)


San Salvador, febrero 2018
Foro Nacional por un Nuevo Proyecto Político (FNP) Página: 2

Contenido

I- ELECCIONES Y PESIMISMO SOCIAL................................................................................................... 3

II-LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA JUSTICIA SOCIAL ............................................................................ 4

III- LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA DEMOCRACIA SUSTANCIAL ......................................................... 5

IV- CRISIS POLÍTICA Y DEMOCRACIA FORMAL ..................................................................................... 7

V-UN NUEVO PROYECTO POLÍTICO: ¿Alternativa o Quimera? ........................................................... 7

VI- LAS ELECCIONES Y EL CAMBIO SOCIAL......................................................................................... 10


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TESIS PARA UNA DISCUSIÓN.

"EL PROCESO ELECTORAL 2018-19 Y LA NECESIDAD DE UN NUEVO PROYECTO POLÍTICO. El Cambio


Social y la Democracia."(1)

I- ELECCIONES Y PESIMISMO SOCIAL


1- El Salvador se encuentra en una nueva contienda electoral por lo que el momento es
propicio para reflexionar sobre el papel y los alcances de las elecciones en un proceso de
construcción democrática y su relación con el cambio social; proceso que se caracteriza por su
inestabilidad, incertidumbre y contornos difusos (algo así como una construcción sin diseño); esta
contienda no es otra más dentro de las sucedidas desde 1994, pues presenta singularidades que la
hacen decisiva para el futuro del país, una de las cuales es el clima de pesimismo social sobre el valor
del sufragio para avanzar por la ruta de un desarrollo económico con libertad y justicia social.-

2- La sociedad salvadoreña ha vivido en las tres últimas décadas dos momentos de


optimismo con respecto a la democracia y a la justicia social: la firma de los Acuerdos de Paz en 1992
que pusieron fin a la guerra civil y modernizaron el régimen político, y la alternancia política con el
ascenso del FMLN al Órgano Ejecutivo en el 2009, con un programa moderado de reforma social de
corte progresista. Un balance de lo sucedido a partir de ambos momentos, en términos de sus
resultados, nos arroja un saldo contradictorio: avances democráticos precarios en el marco de una
creciente conflictividad social y un prolongado estancamiento económico con un reformismo
redistributivo marginal. -

3- Hemos afirmado que El Salvador vive una coyuntura crucial(2), es decir , definitoria de su
rumbo inmediato, pues en ella no sólo se decidirá cuál de los dos partidos principales conducirá el
rumbo del país en los próximos años y con qué correlación de fuerzas legislativas lo hará, sino
principalmente, más allá de quien gane, si se continuará con la dinámica de la polarización partidaria
o se configurará un escenario propicio para un entendimiento nacional sobre una estrategia de
desarrollo económico-social que desmonte las causas de la crisis estructural.

4- En la mayoría de la población prevalece un estado sicosocial de frustración dadas las


expectativas que despertaron esos dos momentos de optimismo, que se acompaña de un cierto
convencimiento que la responsabilidad recae en el liderazgo político y económico que ha dirigido los
destinos de la nación durante casi dos siglos, por haber sido incapaz de asumir los retos para hacer
de El Salvador una sociedad moderna y humana.

1
documento de circulación restringida al NPP
2
Ver documentos al respecto (dic. 2016 y nov. 2017)
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5- Además, en la población ya se genera y desarrolla la idea de que el relevo partidario entre


ARENA y el FMLN, en el Órgano Ejecutivo, no es un mecanismo que "per sé" sea eficaz para abrir la
ruta hacia un cambio social sostenible; el cambio de funcionarios y de correlación de fuerzas en el
aparato del Estado no posibilita un rumbo que conduzca a fortalecer la democracia y garantizar
justicia social. La discusión no es si se puede acceder al Gobierno mediante elecciones periódicas,
libres, transparentes y competitivas, sino si la alternancia derecha e izquierda es la ruta institucional
idónea para sacar al país de su crisis histórica o si las elecciones son un juego de apariencias que hace
de la democracia inviable para hermanar la libertad con la igualdad.

II-LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA JUSTICIA SOCIAL


6- Siguiendo a Norberto Bobbio podemos reducir la historia política de la humanidad a una
lucha por conciliar la libertad con la igualdad (o excluir una de otra, en casos extremos); a partir de la
edad moderna (1789: la revolución francesa) interviene un tercero en discordia que es la seguridad,
que ve en la libertad individual un peligro para el orden que requiere la sociedad y, en la igualdad, un
peligro para la propiedad privada. En términos de ideologías políticas, la libertad individual es el
núcleo axiológico del liberalismo (clásico y reformado); la igualdad del socialismo marxista
(revolucionario y reformista); y la seguridad, del conservadurismo ( tradicional y moderno). En la
edad contemporánea (1910...1917...) y hasta la época actual, este conflicto se ha traducido en
encuentros y desencuentros entre la democracia y la justicia social (justicia redistributiva, igualdad,
solidaridad).-(3)

7- La democracia ( Grecia, siglos VI-IV a.c) como régimen político y como ideología política es
una respuesta contundente a las preguntas ¿quién es el titular del poder político?; esa respuesta es
el "pueblo" (conjunto de ciudadanos o titulares de los derechos políticos); su valor ético-político es la
autodeterminación personal, para decidir cómo se organiza el Estado y quien gobierna; su principio
fundamental es la "soberanía popular"; la principal regla de la democracia( formal) es el " predominio
de la mayoría" y "el respeto a los derechos de las minorías"; esta norma básica se operativiza
mediante las elecciones que deben respetar a ciertas reglas de juego: periódicas, libres, competitivas,
transparentes, entre otras. Como podrá advertirse, la democracia descansa en el respeto, garantía y
tutela de los llamados derechos políticos o de participación (el sufragio, etc.), cuyo titular es el
ciudadano. Esta es la llamada democracia procidemental.-

8- La burguesía inglesa (siglo XVII) al igual que los antiguos ciudadanos griegos, se hizo otra
pregunta: ¿cuáles son los límites del poder político? , es decir, de la monarquía absoluta; la respuesta
fue también contundente: los derechos naturales del individuo y la ley (el derecho subjetivo y el
derecho objetivo); tales derechos son los civiles, llamados también de abstención, pues el Estado
(ente público) sólo de manera excepcional y reglada puede intervenir en la vida privada de las
personas; su valor ético-político es la libertad individual y su principio fundamental es la división de
poderes.-

3
La justicia social es la traducción contemporánea que el Estado Benefactor o Social de Derecho hace
de la igualdad (económico-social), que es el valor ético-político central del socialismo marxista. Esta
igualdad (equidad) no debe ser confundida con las igualdades proclamadas por el liberalismo: de
derechos, ante la ley,ante la justicia y de oportunidades(liberalismo social), que tampoco son ajenas
al socialismo democrático.-
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9- El liberalismo y la democracia no siempre han tenido una relación amigable. El sufragio


universal (pilar de la democracia) fue una conquista arrancada al liberalismo por el socialismo; el
liberalismo clásico sólo otorgaba este derecho a quienes pagaban impuestos (voto censitario). A
pesar de sus conflictos , en la actualidad no se puede construir ni sostener un régimen democrático
sin respeto y garantías de los derechos individuales y sin división de poderes( régimen autocrático);
por ejemplo, no pueden desarrollarse procesos electorales con las características señaladas sin
libertad de organización, de movilización, de expresión de pensamiento y de información; estos son
los presupuestos liberales de la democracia; por su parte, el liberalismo , por lo menos el político,
tampoco puede subsistir por mucho tiempo en un régimen no democrático ( autoritario, dictatorial,
totalitario,...)

10- Esta democracia procedimental, hasta hace poco se entendía separadamente de la


justicia social (“ la democracia no da de comer", solía decirse). Según Carlos Pereira (4), se caracteriza
por las siguientes notas: es política, indirecta, formal y plural, participativa y electoral, agregariamos.
Política, porque está constituida por reglas de juego sobre cómo acceder y ejercer el poder político,
por lo que nada tiene que ver con la justicia social; indirecta , porque en la realidad se ejercita a
través del mecanismo de la representación(5) o delegación que hace el ciudadano en el funcionario
público, a través de las elecciones; formal , porque es un conjunto de reglas y procedimientos para
operativizar el principio de soberanía popular (predominio de la mayoría, el respeto a las
minorías,…); plural, porque es excluyente con la existencia de un partido único o dominante , pues el
ejercicio efectivo del sufragio supone la posibilidad real de escoger libremente entre dos o más
opciones organizativas ideológicas-políticas distintas; participativa, porque la voluntad popular se
expresa a través de la intervención activa de los ciudadanos decidiendo quienes son sus gobernantes
y cuáles son las normas básicas que deben regular la relación gobernante-gobernados; y electiva,
como consecuencia de ser representativa ante la inviabilidad práctica de la democracia directa.

III- LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA DEMOCRACIA SUSTANCIAL


11- Esta democracia procedimental o formal fue el modelo que se adoptó en la Constitución
de 1983 y que se intentó fortalecer con los Acuerdos de Paz y desarrollar en la posguerra con las
deformaciones de la partidocracia. Este modelo es una forma de respuesta a las preguntas nodales
que deslindan un régimen político democrático de otro no democrático; ¿quién elige?, ¿cómo se
elige? Las respuestas son: los ciudadanos a través de elecciones libres, competitivas, periódicas,
transparentes, con reglas ciertas y resultados impredecibles. Sin embargo, este modelo es limitado
porque si bien las primeras dos condiciones son necesarias para que haya democracia, no son
suficientes para que tal democracia sea real; esto porque se soslaya otra pregunta fundamental: el
¿qué?, es decir, ¿cuál es el objeto de elegir al funcionario, es decir, el contenido de la decisión, y
cuáles son los límites del mandato? La respuesta la da la llamada “democracia sustancial” (6), la que

4
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, oct.-dic. 1987, pag. 13- 32
5
Para Carlos Pereira es una confusión conceptual hablar de democracia social, cuyo contenido sería
el de la igualdad económica, a no ser que se entienda por tal a la extensión de las reglas de la
democracia a los organismos intermedios, tal como hace Norberto Bobbio.
6
Ver a Luigí Ferrajioli, en "Democracia Constitucional y Derechos Fundamentales. La Rigidez de la
Constitución y sus Garantías"
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plantea que el funcionario se elige para que garantice y tutele los derechos fundamentales de la
persona (derechos constitucionalizados); ¿cuáles son esos derechos? , pues son los derechos civiles,
políticos, económicos, sociales y culturales. Esta ampliación del concepto de democracia pone un
límite al poder de la mayoría, pues ésta no puede decidir limitar o conculcar éstos derechos, aun
cuando se trate de una minoría. Es esta idea la piedra angular del Estado Constitucional de Derecho
que se asienta sobre el principio de la dignidad humana, de la garantía de los derechos
fundamentales frente al poder político. En este punto también se encuentra la democracia con la
justicia social, pues no se concibe la dignidad humana si no se garantizan derechos como la salud, la
educación, el trabajo, etc.; la democracia, pues, para ser sostenible no sólo debe dar oportunidades
(liberalismo reformado), sino debe asegurar el acceso real de todos a los bienes y servicios de calidad
que aseguren una vida digna. El debate actual sobre la democracia está planteado no sólo en
términos de democracia representativa o participativa, sino principalmente en términos de
democracia formal vrs. democracia sustancial.-

12- Así las cosas, la construcción de la democracia en el país exige su profundización y esto
significa terminar con la partidocracia y hermanar la democracia con la justicia social. Lo primero
para recuperar para el ciudadano la titularidad real de los derechos políticos (la formal está en la
Constitución de la República: art. 71 y 72 Cn.), terminar con el secuestro del sistema electoral por los
partidos políticos y reasignar a éstos su papel de intermediarios de la voluntad popular; lo segundo,
apostarle a la democracia sustancial propia de un Estado Constitucional de Derecho (democrático y
social), que se caracteriza por la tutela y garantía efectiva de los derechos fundamentales de la
persona y los grupos sociales, la supremacía constitucional y el control jurisdiccional del poder
político.-

13- A partir del 2009, ha habido avances en esta dirección por la vía de la jurisprudencia
constitucional, en defecto de la legislativa que sería la normal; esto en materia de derechos políticos
(candidatos no partidarios, voto cruzado,voto por rostro, etc.) y en materia de derechos económicos,
sociales, ambientales (derecho al trabajo, a la salud, a la seguridad social, al agua, etc.). Estos avances
son inestables y precarios, pues se sostienen por la visión democrática y progresista de una Sala de lo
Constitucional excepcional, cuya consistencia jurídica y jurisprudencial seguramente entrará en crisis
cuando la nueva Asamblea Legislativa, en junio de este año, decide sobre su composición para los
próximos nueve años.

14- Los Acuerdos de Paz engendraron la partidocracia y ésta deformó la construcción de la


democracia en el país. En el período de la posguerra, los partidos mayoritarios coincidieron
objetivamente en un pacto implícito de mutua conveniencia alrededor de la partidocracia, que
propició una especie de convivencia conflictiva que ha sido llamada "hegemonía compartida" o
"doble hegemonía”, que le dio una relativa estabilidad al país, pero no posibilitó acuerdos de nación
encaminados a superar la crisis estructural.

Este proceso de transición, aperturado en 1992, no es tal, pues no ha conducido ni siquiera a


la democracia electoral o procedimental, tal como ya se definió, sino a un régimen partidocrático de
corte autoritario y conservador, en donde las posibilidades de avanzar hacia la justicia social se ven
socavadas por la polarización partidaria, que es la hermana gemela de la partidocracia.
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IV- CRISIS POLÍTICA Y DEMOCRACIA FORMAL


15- Siguiendo a Luigi Ferrajoli, la democracia como un método de formación de decisiones
públicas, es un conjunto de "reglas de juego" que atribuyen a una mayoría del pueblo, el poder
directo o a través de representantes, de asumir esas decisiones. Esta democracia procedimental es
una tarea inconclusa en El Salvador y tiene como límite una crisis política corporativizada en la
partidocracia, engendrada por los Acuerdos de Paz de 1992 y que se manifiesta como la
subordinación de los intereses ciudadanos a los intereses partidarios mediante la usurpación de los
derechos políticos y el secuestro del sistema electoral. Esta partidocracia ha deformado la
construcción de este tipo de democracia limitada o electoral y ha obstaculizado el incipiente Estado
Constitucional de Derecho, que es la condición para que funcione la democracia que hemos llamado
"sustancial".

16- Esta crisis política no es sinónimo de crisis de las "reglas del juego" democrático, pues éstas
son cumplidas en gran medida debido, principalmente, al control que los partidos se ejercen
recíprocamente dentro de un sistema electoral basado en la desconfianza; lo que está en crisis es el
principio rector de este tipo de democracia que es la representación popular(art. 86 Cn.), que se
traduce en una crisis de los partidos políticos dada su incapacidad de cumplir el papel de
intermediarios de la voluntad con el ejercicio del poder público; no se trata de una crisis orgánica,
sino funcional, pues siguen reproduciéndose normalmente como maquinarias empresariales-
electorales eficientes, lo que no implica que cumplan con legitimidad el principal papel que la
Constitución de la República les asigna de manera casi exclusiva (Art. 85 Cn.), que es representar los
intereses ciudadanos.

17- Aunado a lo anterior, han llevado la política al fracaso (entendida como administración del
conflictivo mediante el entendimiento entre adversarios), en tanto no han cumplido su función de
ser los artífices de consensos básicos en un parlamento por definición ideológicamente plural. Esto
ha producido una separación entre la política y el poder, pues no han sido capaces de lograr
acuerdos sobre una agenda de nación encaminados a superar la crisis estructural y, en los pocos
casos que se han logrado, no ha habido capacidad institucional de cumplirlos.

18- Esto que hemos llamado "el fracaso de la política", entendida como el divorcio de la
política del poder, sería uno de los principales factores que en el período de posguerra explicaría la
incapacidad del liderazgo económico y político del país de propiciar un nuevo acuerdo nacional sobre
la agenda y la ruta de un proceso de modernización que desmonte las causas estructurales de la
crisis histórica que ha impedido el desarrollo de la sociedad salvadoreña. Es esta falta de voluntad
para administrar el conflicto y hacer de éste un negocio partidario, lo que hace irrelevante las
elecciones para avanzar en la superación de esa crisis, en la medida que la alternancia en el gobierno,
independientemente del signo ideológico de quien triunfe en las urnas, no es un mecanismo eficaz
para equilibrar libertad e igualdad; esto porque la obstaculización de la gestión pública será siempre
la divisa del perdedor y el control del aparato institucional será la del ganador.-

V-UN NUEVO PROYECTO POLÍTICO: ¿Alternativa o Quimera?


19- Ante un futuro político tan poco promisorio para el país, la pregunta que se impone es
¿qué hacer para salir del callejón en que nos hemos entrampado? No importa que partido gane las
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elecciones del 2018-19, la igualdad social seguirá reñida con la igualdad política, mientras no se
replantee el concepto de la democracia a que le apostamos, mientras no se supere la idea de la
democracia como procedimiento y se asuma la democracia sustancial como el paradigma por el cuál
luchar.

20- Para hacer ese giro, se requiere una profunda reforma de los partidos políticos en
términos de su democracia interna, regularización del acceso a los medios de comunicación social y
la transparencia de su financiamiento; pero, principalmente, una reforma de su concepción,
encaminada a que dejen de ser maquinarias empresariales-electorales y se conviertan en
organizaciones ciudadanas, en instrumentos reales de representación de la voluntad popular.

21- Lo anterior no basta, a mediano plazo hay que construir un nuevo proyecto político que
abandone el viejo paradigma de "Tomar el poder para transformar el país en beneficio del pueblo" y
sustituirlo por un nuevo paradigma: "Transformar el país, construyendo con el pueblo, el poder del
pueblo". Los objetivos principales del nuevo proyecto serían profundizar la democracia y conquistar
la justicia social. Por lo primero debe entenderse un proceso de redistribución del poder político que
recupere para el ciudadano la titularidad de los derechos políticos y resituar a los partidos políticos
en su papel constitucional de intermediarios de la voluntad popular. Por lo segundo debe entenderse
garantizar a la población un mínimo de vida digna: acceso a la salud y a la educación de calidad,
empleo productivo y justamente retribuido, alimentación nutritiva, techo seguro, seguridad pública,
ambiente saludable, acceso a una justicia pronta y cumplida e identidad cultural; para ello deberá
concertarse e impulsarse un nuevo modelo económico-social productivo, sostenible, incluyente y
equitativo capaz de promover el crecimiento económico y abatir la desigualdad social, que recupere
"el trabajo" como el principal criterio de redistribución de la riqueza social.-

22- Esos paradigmas obedecen a dos concepciones distintas de como impulsar el cambio
social; el primero parte de la idea de que hay primero que acceder al poder político para introducir
"desde arriba" las transformaciones; el segundo plantea que las transformaciones deben comenzarse
"desde abajo" mediante la organización socio-productiva-autónoma de la población, tanto territorial
como sectorial; esos caminos no son excluyentes, pues pueden encontrarse en una sola dirección;
pero el problema es que hasta la fecha se ha ignorado el segundo, como si la construcción de poder
fuera un asunto exclusivo de las élites partidarias . Estas dos concepciones guardan relación también
con el peso distinto que el liberalismo económico y el socialismo ortodoxo le dan a la producción y
distribución de la riqueza social; para el primero, el bienestar de la población será el resultado
natural del derrame de riqueza que se produce al elevar el crecimiento económico; por lo tanto la
distribución y el consumo están asegurados mediante el desarrollo tecnológico y el trabajo
asalariado; en cambio para el segundo, el problema es de distribución, pues la riqueza social ya está
depositada en las manos de una élite económica privada; por lo tanto, el problema consiste en tomar
el poder político y, a partir del control del aparato de Estado, apropiarse de esa riqueza y
redistribuirla en la población. En ambas visiones, para cada efecto, la organización y participación
autónoma de la población trabajadora no importa; para el liberalismo, el papel del trabajador se
reduce a ser un sujeto productivo; para el socialismo tradicional, su papel se reduce a ser un
militante obediente del partido y será éste el que garantizaría ese proceso de reasignación de la
riqueza social; el problema de la distribución y la producción no son tales, según el caso.
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23- La necesidad histórica de ese nuevo proyecto político descansa en la constatación


empírica de que los dos proyectos dominantes - de derecha e izquierda- han fracasado para alcanzar
los objetivos señalados, que deberían ser inherentes a una agenda común de nación; esto no significa
que sus instrumentos partidarios se hayan agotado, pues, a pesar de sus problemas internos, gozan
de buena salud como maquinarias empresariales-electorales; lo que significa de que no han sido
eficaces -porque no quieren o no pueden- para poner al país en la ruta de su modernización y el
desarrollo económico social.

La viabilidad de este proyecto depende en gran medida de la confluencia de esas condiciones


objetivas con otras condiciones de carácter subjetivo que se manifiestan en la existencia o no de un
sujeto colectivo que lo promueva, sostenga y conduzca; la debilidad principal consiste en que el
desarrollo de estas condiciones se encuentra estancado y deformado desde el fin de la guerra civil y,
en el mejor de los casos, es incipiente o muy retrasado con respecto a las primeras condiciones. La
tarea estratégica del momento consiste precisamente en la construcción de este “sujeto de la acción
colectiva”, por lo que el liderazgo del nuevo proyecto debía darle atención prioritaria a esta tarea si
se quiere darle perspectivas reales al proyecto.

24-Esa tarea es a mediano plazo y compleja, pues exige un proceso organizativo, por lo
menos, en cuatro planos con desarrollos desiguales y combinados:

1° - La reconstrucción del tejido social-organizativo que destruyó la represión gubernamental,


la guerra civil, la institucionalización del liderazgo popular y la terciarización de la economía
producida por el modelo neoliberal mercantilista. Este sujeto, al principio difuso y disperso
orgánicamente, fue el que se conformó en el siglo pasado, que posibilitó el surgimiento y desarrollo
de las organizaciones frentistas e insurgentes y posterior fundación del FMLN en octubre de 1980;
fue este sujeto el que sostuvo la guerra civil que desmontó la dictadura militar y abrió cauce a la
reforma del régimen político salvadoreño. No se trata de reproducir mecánicamente la experiencia
de esos años, pues no se podría ignorar una profunda recomposición de la estructura de clase de la
sociedad salvadoreña como resultado de fenómenos como la terciarización de la economía, la
informalización del trabajo y la migración, entre otros; pero lo que se debe tener claro que si no se
asume con responsabilidad ese reto no habrá posibilidades reales de un nuevo proyecto político.-

2°- Sobre la base de la reconstrucción del tejido social-organizativo, organizar un


“movimiento popular” con vocación de poder, integrado por los liderazgos y contingentes
políticamente más avanzados del movimiento social. -

3° Este movimiento popular será la base organizativa de un partido político de nuevo tipo.
Este sería un partido plural, democrático, de tendencias o partido frente, cualitativamente diferente
a los partidos tradicionales, pero con la misma función de representación popular y de participación
ciudadana en los procesos electorales. -

4° - Este partido frente debe ser uno de los ejes articuladores de una amplia alianza de
fuerzas patrióticas, democráticas, progresistas y revolucionarias que converjan en una agenda
mínima común de modernización y transformación del país. -
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Esta alianza debe ser el embrión de un nuevo bloque de clase que ocupe el vacío de
hegemonía dejado por la recomposición actual del bloque tradicional y autoritario que ha fracasado
como promotor del desarrollo nacional y ha llevado a la profundización de la actual crisis histórica. -

VI- LAS ELECCIONES Y EL CAMBIO SOCIAL


25- La experiencia política salvadoreña de la posguerra, nos enseña que el relevo partidario
derecha-izquierda en el Gobierno, producto de elecciones más o menos democráticas, no se
muestra como un mecanismo institucional que propicie el cambio social. Esto no supone
descalificar las elecciones como un mecanismo necesario para que la voluntad popular se
exprese para decidir quién gobierna y por cuánto tiempo; mucho menos supone descalificar la
democracia como el régimen político más idóneo para la convivencia social y la administración
de los diferencias inherentes de las sociedades plurales; lo que si supone es que si bien no puede
haber democracia representativa sin elecciones libres y periódicas, esta libertad política no basta
para que la desigualdad económica-social se abata y deje de ser un cáncer para la misma
democracia formal.

26- Hasta la fecha lo que nos consta es que la justicia social parece ser excluyente con un
régimen democrático formal. Este divorcio no es porque se haya planteado un cambio
"revolucionario" o por vía jacobina, sino un cambio por la vía reformista, es decir, concertado,
gradual, reversible y por la vía institucional. El problema no radica, pues, en el método del
cambio (violento o pacífico), sino en el cambio mismo, en su contenido, en el alcance de sus
objetivos, que los vuelve radicales dados los intereses que afectaría profundizar la democracia,
transitando de la democracia formal a la sustancial, y garantizar un "minimum vital" (de justicia
social) a la mayoría de la población salvadoreña, reduciendo la brecha de la desigualdad
económica-social a un nivel compatible con la dignidad humana.

27- Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos y dados los signos prevalecientes en el proceso
electoral en curso, que la "coyuntura crucial”, entendida como una oportunidad para enrumbar
al país por una ruta que en lo inmediato conduzca a concertar una agenda que inicie el
desmontaje de la crisis estructural, que hace inviable cualquier proyecto de desarrollo nacional,
será desperdiciada por el liderazgo de las dos fuerzas políticas de cuya voluntad depende tal
concertación. Esto no obstante que una lectura superficial de desarrollo de los principales
procesos que se articulan en esta coyuntura (crisis migratoria, crisis política, guerra criminal,
crisis hídrica, crisis ética, etc.) anuncian en el horizonte inmediato una "tormenta perfecta" que
complicará aún más cualquier gestión gubernamental que surja de los resultados electorales del
2018-19. Este desenlace pesimista se apoya en la percepción de que ambos partidos dominantes
le apuestan a la confrontación para dirimir sus conflictos y que esta polarización seguirá
prevaleciendo después de marzo de 2019. Tal parece que la convivencia futura de ARENA y el
FMLN estará signada por sus coincidencias objetivas en cuanto a mantener la partidocracia,
pero, al mismo tiempo, por sus diferencias sobre la necesidad del cambio social.
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28- Los dos escenarios previsibles del desenlace electoral no anticipan buenas noticias para el
país. Si la correlación de fuerzas en la aritmética legislativa favorece a ARENA y a los otros
partidos de derecha, si además el FMLN pierde el Ejecutivo, las condiciones estarían dadas para
otro período en que el aparato de Estado se pondría al servicio de los negocios de la gran
empresa privada; en este caso, el FMLN regresaría a hacer una oposición confrontativa de
desgaste al Gobierno,, que cree, condiciones para su retorno en el 2021-24; si por el contrario, el
FMLN se mantiene en el Ejecutivo y gana un número de diputados que impida a la derecha
lograr una mayoría calificada, lo que puede anticiparse es que continuaría con su afán de control
del aparato gubernamental para ponerlo al servicio de los intereses partidarios; en cambio,
ARENA profundizaría sus líneas de confrontación y desgaste de la gestión hasta hacer
prácticamente ingobernable al país.

29- La única variable que puede cambiar estos escenarios es el fenómeno "Nayib Bukele" que se
perfila como un movimiento-partido capaz de producir una recomposición de fuerzas políticas
que quiebre el bipartidismo y abra espacio para otras opciones de izquierda y de derecha. Pero
esta posibilidad no depende sólo del liderazgo de este personaje, sino también de su capacidad
de promover una amplia alianza alrededor de una organización propia, con un perfil diferente a
los partidos tradicionales que articule precisamente esa alianza y le dé cohesión alrededor de
una plataforma mínima de democratización y cambio social del país. Por de pronto, tal parece
que la miscelánea de personajes y grupos que se aglutinan alrededor de Nayib, indicaría que se
estaría reproduciendo una neo versión de los partidos tradicionales que, al final, produciría una
nueva frustración a las expectativas de recuperar el sentido de la política como servicio público y
el partido como un instrumento ciudadano para canalizar esa práctica.

30- Si ese desenlace electoral y sus consecuencias se dan se estaría configurando nuestra
principal hipótesis: que las elecciones, en las condiciones prevalecientes de partidocracia, y el
consecuente relevo partidario en el Gobierno estarían objetivamente agotados como
mecanismo para alcanzar la justicia social, lo que haría insostenible a mediano plazo cualquier
régimen formalmente democrático. De constatarse empíricamente esta afirmación en los años
venideros, podría producirse una ruptura de conciencia en la población sobre esta caducidad,
que se traduzca en organización y lucha por un nuevo proyecto político en favor de una
democracia sustancial que equilibre libertad política e igualdad económico-social. Este es un
debate que debe darse en los próximos meses en el movimiento social y ciudadano, para
aprovechar esta coyuntura electoral como una oportunidad de educación cívica que trascienda
la la ritualidad electoral reproductora de la misma cultura política y encubridora de la
responsabilidad histórica del liderazgo económico y político que por casi doscientos años ha
conducido los destinos del país.

Foro Nacional por un Nuevo Proyecto Político (FNP)


San Salvador, febrero 2018