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TRASTORNOS DISOCIATIVOS

Carlos BAMBARÉN VIGIL


Eric A. BRAVO BASALDUA

INTRODUCCIÓN
La importancia clínica de estos trastornos se manifiesta en el hecho de haber sido objeto
de estudio continuo a lo largo de la historia médica y, en el nivel conceptual, en la
consideración de la patogenia psíquica.

1. DEFINICIÓN Y ANTECEDENTES HISTÓRICOS


Los trastornos disociativos se caracterizan por una pérdida parcial o completa de la
integración psíquica normal, en especial de la memoria y de la conciencia de la propia
identidad o personalidad. Obedecen a un origen probablemente psicógeno y muestran una
estrecha relación temporal con acontecimientos traumáticos, problemas insolubles,
insoportables o relaciones interpersonales alteradas. Su formulación diagnóstica implica
malestar clínico significativo o deterioro en el plano social, laboral o en otras áreas del
desarrollo personal. Se conserva intacto el contacto con la realidad.

2. CONCEPTO DE LA HISTERIA
Las primeras descripciones que relacionan los estados mórbidos con los entonces
supuestos desplazamientos internos del útero, se encuentran en la medicina del antiguo
Egipto y Mesopotamia, 2000 años A.C. Muy similares referencias se ha obtenido de la
medicina hipocrática y romana, y luego en la medicina occidental, que concuerdan en
considerar al útero como órgano responsable de variada sintomatología, habiendo sido los
griegos quienes denominaron a este cuadro Histeria (del griego hysteron: útero). Durante
la Edad Media, la nosogenia, no sólo de los trastornos disociativos sino de todos los
trastornos mentales, fue asociada a la brujería, hechicería, al pecado o a la posesión
demoniaca. En Inglaterra, en el siglo XIV, Jordan y Burton ubicaron las manifestaciones
histéricas en el dominio de las aflicciones mentales y Cheyne, en la segunda mitad del siglo
XVIII, asoció sus síntomas a factores como el clima y las tensiones de la vida cotidiana. Ya a
inicios del siglo XVII, Charles Lepois anticipaba que la histeria no estaba restringida al sexo
femenino.

Pero es a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, que se incrementan los estudios médicos,
planteándose diversos enfoques patogénicos y delimitándose sus formas clínicas; así,
Wilhelm Griesinger plantea la existencia de alteraciones cerebrales como causa de estas
entidades. En la perspectiva patogénica psíquica destaca Ernst von Feuchtersleben,
considerado iniciador de la psicología médica, quien propone entre los factores
patogénicos importantes de la histeria, al egoísmo, la saciedad, el aburrimiento, la
actividad intelectual excesiva y los infortunios de la existencia. Mesmer, Puységur y Braid
proponen no solamente las posibilidades terapéuticas mediante la hipnosis, sino también
un modelo patogénico de la histeria consistente en la sugestión posthipnótica, fenómeno
interesante en el cual una persona realiza acciones sin ser consciente de seguir las órdenes
que le fueron indicadas previamente, mientras estuvo hipnotizado. Vale decir, que
experiencias no concientes continúan ejerciendo influencia en la conducta humana
conciente.
Charcot resalta la noción de "trauma psíquico" y la enorme sugestibilidad y tendencia a la
imitación exhibida por las pacientes histéricas que compartían ambientes hospitalarios con
otras afectas de diversas formas clínicas de epilepsia. Asimismo, filósofos y poetas ingleses
y alemanes, a principios del siglo XIX, plantean germinalmente el concepto de inconsciente
que luego sería desarrollado por el psicoanálisis, con la aparente solitaria anticipación de
Paracelso entre finales del siglo XV e inicios del siglo XVI.

3. ETIOLOGÍA Y PATOGÉNESIS
Formulaciones neurobiológicas indican una excesiva sensibilidad cortical, alteración de
circuitos de retroalimentación negativa entre la corteza cerebral y la formación reticular
ascendente, aunque estos datos no trascienden el nivel de hipótesis. Los planteamientos
psíquicos patogénicos son de mayor reconocimiento; entre sus autores destacan Janet y
Freud, quienes concuerdan en la existencia de una psicodinamia activada por fenómenos y
procesos inconscientes. Destaca la teoría freudiana en tanto ofrece una estructura
conceptual de mayor desarrollo y coherencia, incorporando al dinamismo del concepto de
inconsciente los de represión, ganancia primaria y secundaria.

4. PREVALENCIA
Sus índices han mostrado variabilidad a lo largo de los años; sin embargo, su incremento se
ha asociado a elevada sugestibilidad, puntuaciones altas de hipnotizabilidad y
acontecimientos sociales estresantes reales o subjetivos. Por ejemplo, existe consenso
respecto a una mayor prevalencia ocurrida durante la segunda guerra mundial.

5. CLASIFICACIONES DE LOS TRASTORNOS DISOCIATIVOS


Según el DSM-IV la sintomatología esencial de los trastornos disociativos consiste en una
alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la
percepción del entorno. Puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica. Según la CIE-
10 el rasgo común es la pérdida parcial o completa de la integración normal entre ciertos
recuerdos del pasado, la conciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas
y el control de los movimientos corporales.

La diferencia más importante entre ambos sistemas es la ubicación del trastorno por
conversión. En el DSM-I y DSM-II estaba junto a los trastornos disociativos con el nombre
histeria de conversión (DSM-I) y neurosis histérica (DSM-II). Sin embargo en el DSM-III y
DSM-IV está en la categoría de los trastornos somatoformes. En la CIE-10 la etiqueta
“trastornos disociativos” está acompañada de un paréntesis (de conversión).

Tyrer propone una clasificación basada en la función afectada:


1. La disociación de la personalidad: se incluye la personalidad múltiple
2. Disociación de conductas complejas: se incluyen la fuga y estado de trance
3. Disociación de movimientos o sensaciones: se incluye la histeria de conversión
4. Disociación de la función cognitiva: se incluye la amnesia psicógena
5. Disociación de la percepción: se incluye la despersonalización
6. Otros tipos de disociación: se incluye el trance y los estados de posesión, estados
disociativos de corta duración en adolescentes y jóvenes y la pseudodemencia
histérica o síndrome de Ganser.
Kihlstrom propone otra clasificación:
1. Anestesia disociativa: incluye ceguera psicógena, sordera psicógena, analgesia
psicógena y otros trastornos funcionales de la sensación y percepción.
2. Parálisis disociativa: incluye afonía psicógena y otros trastornos funcionales de la
función motora.
3. Amnesia disociativa: incluye amnesia psicógena, fuga psicógena, personalidad
múltiple, despersonalización y disociación, y otros trastornos funcionales de la
memoria y la consciencia.

FORMAS CLÍNICAS. El DSM-IV considera los tipos siguientes:

Amnesia Disociativa (Amnesia Psicógena). Se caracteriza por la presencia de uno o más


episodios de amnesia reversible que impide al paciente recordar experiencias previas,
generalmente de naturaleza traumática o estresante, demasiado amplia para ser explicada
por el olvido ordinario. Janet la subdivide en: Amnesia localizada, cuando el olvido
comprende una etapa delimitada de la vida; Amnesia generalizada, si el olvido incluye la
biografía completa; Amnesia sistematizada, en la que la ausencia de recuerdo está
vinculada a un tema determinado; y, Amnesia continua, si la falta de recuerdo se establece
a partir de determinado momento.
La amnesia psicógena es un componente común en los trastornos disociativos, pero hay
casos en los que es la característica predominante y por tanto constituye el diagnóstico
principal.

Los criterios señalados en el DSM-IV-TR son:


 La alteración predominante consiste en uno o más episodios de incapacidad para
recordar información personal importante, generalmente de naturaleza traumática
o estresante demasiado extensa como para ser explicada a partir del olvido
ordinario.
 La alteración no ocurre exclusivamente durante el curso de un trastorno disociativo
de identidad, ni de fuga disociativa, ni durante el TEP, ni forma parte del TEA, ni del
trastorno por somatización y no es debida a efectos de sustancias o a una condición
médica general.

Ocupa la primera posición en la clasificación de los trastornos disociativos. No existen


diferencias con el CIE-10. En cuanto al DSM-III-R, en éste no se señala que los hechos no
recordados son de naturaleza traumática o estresante y la incapacidad se define como
"repentina". Además se sitúa después del trastorno de personalidad múltiple y de la fuga
psicógena.

Janet, propone 4 categorías para describir las distintas formas en que puede manifestarse.
La amnesia localizada es el tipo más común. Consiste en un fallo en recordar hechos que
ocurrieron durante un periodo específico de tiempo, normalmente el de las primeras horas
siguientes al trauma. Es corriente entre supervivientes de catástrofes naturales o de delitos
violentos. La amnesia selectiva es similar pero hay un recuerdo parcial de los hechos que
ocurrieron en ese periodo. En la amnesia generalizada hay una pérdida completa de
memoria del pasado del paciente. Suele estar presente en la personalidad múltiple. Y en la
amnesia continua la pérdida de memoria se extiende desde un punto concreto del pasado
hasta el presente incluyéndolo. Es el único caso en el que existe amnesia anterógrada de
carácter psicógeno (en todos los demás la amnesia es retrógrada).

Nemiah distingue 3 tipos de amnesia psicógena. La localizada afecta a un periodo de tiempo


variable (desde horas a semanas). La sistematizada afecta sólo a acontecimientos
específicos y al material relacionado con ellos. Y la generalizada implica una pérdida
transitoria de memoria de la vida completa del individuo.
La amnesia psicógena puede ser un síntoma del TEP. Se pueden encontrar casos en los que
la amnesia funcional o psicógena se asocie a daño cerebral. Existen signos que ayudan a
diferenciar la amnesia psicógena de la orgánica: 1) pérdida de identidad personal (poco
frecuente en las orgánicas), 2) afectación del aprendizaje de material nuevo (poco
frecuente en las psicógenas), y 3) la información olvidada puede ser recordada en el caso
de las psicógenas mediante barbitúricos o hipnosis.
Hay que distinguir la amnesia psicógena de la simulada.

Fuga Disociativa (Fuga Psicógena). A la forma clínica anterior se asocian viajes repentinos
e inesperados, lejos del hogar o del centro de trabajo. Se puede presentar confusión sobre
la identidad personal e, incluso, la asunción de una identidad distinta.

La fuga disociativa se caracteriza por un estrechamiento de la conciencia, errando lejos del


entorno habitual, con amnesia posterior para lo ocurrido. El sujeto muestra
comportamiento normal, aunque a veces desinhibido. Puede darse pérdida de identidad o
asunción de una identidad falsa. La duración puede ser variable, desde pocas horas hasta
varias semanas, y el sujeto puede viajar distancias considerables. Los estados de fuga
muestran marcadas diferencias en incidencia y presentación entre culturas y suelen estar
relacionados con estresores importantes, como en el TEP.

Los criterios establecidos por el DSM-IV-TR son:


 La alteración predominante es la existencia de un viaje repentino e inesperado lejos
del hogar o del lugar habitual de trabajo, con incapacidad para recordar el propio
pasado.
 Confusión sobre la identidad personal o asunción de una identidad nueva.
 La alteración no ocurre exclusivamente durante el curso de un trastorno disociativo
de identidad y no es debida a efectos de sustancias o a una condición médica
general.
 Los síntomas producen malestar cínico significativo o deterioro social, laboral o de
otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Una diferencia con la CIE-10 es que ésta resalta que no se deteriora el mantenimiento del
cuidado básico de sí mismo ni la interacción simple con extraños (poner gasolina, preguntar
por una calle…). La única diferencia con el DSM-III-R es que en éste no se incluía el criterio
2 y que lo sitúa después del trastorno de personalidad múltiple.

Fisher, distingue 3 tipos de fugas. En la primera se daba amnesia para la propia historia
personal, acompañada de un cambio de identidad y un nuevo domicilio. La segunda
implicaba amnesia acompañada por la pérdida (pero no cambio) de identidad personal. Y
la tercera reflejaba una regresión a un periodo anterior de la propia vida, con amnesia pero
sin cambio de identidad. Este último caso es difícil distinguirlo de la amnesia psicógena.
La "recuperación” de la fuga suele presentarse como una consciencia espontánea de la
situación. Cuando la situación se resuelve, el paciente sufre amnesia lagunar para el
periodo de la fuga. Los principales factores predisponentes según Kopelman son estresores
precipitantes, estado de ánimo deprimido, intentos de suicidio, historia previa de trauma
craneal, epilepsia, historia previa de abuso de alcohol y tendencia a mentir.

Respecto al suicidio, nunca ha ocurrido durante la fuga, sin embargo puede darse una vez
que el sujeto “ha vuelto en sí”, lo que lleva a sugerir que la fuga puede ser un sustituto del
suicidio en los cuadros depresivos. También hay que destacar la relación entre haber
padecido previamente un síndrome amnésico y la probabilidad de padecer en el futuro una
fuga psicógena en presencia de depresión o factores estresantes, lo que señala la dificultad
que a veces conlleva separar las amnesias orgánicas de las psicógenas.

El diagnóstico de fuga disociativa no es difícil cuando están todos sus elementos, aunque
algunas podrían fingirse. También hay que diferenciar el estado de fuga de otros estados
como la fuga epiléptica y poriomanía (vagar a causa de una epilepsia). El inicio de la
poriomanía suele ir precedido de un aura y su duración es sólo de unos pocos minutos. En
ambos casos de epilepsia los pacientes se comportan como si estuviesen intoxicados, sin
rumbo. También es frecuente que muestren movimientos azarosos y conductas violentas.

Otro problema disociativo muy similar es el frenesí (correr como un frenético). Es más
frecuente en hombres y se caracteriza porque la persona parece estar en estado de trance,
a menudo agrede e incluso puede llegar a matar. Después de este trance la persona no
recuerda el episodio.

Trastorno de Identidad Disociativa (Personalidad Múltiple). La manifestación esencial es


la existencia de dos o más identidades o personalidades, cada una de las cuales asume el
control del comportamiento del sujeto a su turno. A menudo, el estrés psicosocial produce
la transición de una identidad a otra. Cada una de las personalidades que emerge suele
tener un nombre y características distintas de la original.

El trastorno de personalidad múltiple es infrecuente. Parece iniciarse en la infancia, aunque


no llama la atención hasta mucho más tarde. Suele diagnosticarse con mayor frecuencia en
mujeres.

Criterios diagnósticos según el DSM-IV-TR:


 Presencia de 2 o más identidades distintas o estados de personalidad.
 Por lo menos 2 de estas identidades toman el control de la conducta de la persona
de forma recurrente.
 Incapacidad para recordar información personal importante que es demasiado
extensa como para ser explicada por un olvido ordinario.
 No es debida a efectos directos de una sustancia o de una condición médica general.
En los niños los síntomas no se atribuyen a compañeros de juego imaginarios o a
otros juegos con fantasía.

Las diferencias con el DSM-III-R es que no incluía los criterios 3 y 4. Además no hablaba de
identidades sino de personalidades, y se ubicaba en primera posición dentro de los
trastornos disociativos.
La personalidad múltiple es el único trastorno de personalidad específico que es
diagnosticado como trastorno mental. La rapidez y reversibilidad de los cambios separa
este trastorno de los trastorno de personalidad, que muestran rasgos duraderos desde la
adolescencia. Las personalidades pueden mostrarse de forma simultánea o de forma
sucesiva. Ellenbergner clasifica este trastorno en 3 categorías. En la primera se dan
personalidades múltiples sucesivas con amnesia simétrica o asimétrica (en función de si las
personalidades conocen o no a las otras y comparten su memoria). Es el caso más usual.
En la segunda se dan personalidades simultáneas. Es el caso más infrecuente. Y la tercera
se refiere a agrupaciones de personalidades.

Respecto al tipo de conocimiento entre personalidades, puede ser mutuo, es decir, las
personalidades se conocen entre sí y puede existir un continuo de memoria. Aquí se
producen las "conversaciones” entre personalidades. Si las personalidades son
mutuamente amnésicas (amnesia simétrica) ninguna personalidad sabe nada de la otra.
Finalmente, cuando hay amnesia en una sola dirección (amnesia asimétrica), la
personalidad A no sabe nada de la personalidad B, pero B sabe de A y comparte sus
memorias.

Uno de los problemas de este trastorno es discernir qué "yo" es el "primario". Existe cierta
tendencia a identificar la personalidad primaria con aquella que tiene más cualidades
convencionales y socialmente deseables, pero existen también otros criterios como el de
asignar esta denominación a la personalidad que controla la identidad durante más tiempo
o que es más frecuente.
Otro aspecto es el estado de consciencia de una personalidad cuando no está dominando
la conciencia. Se supone que la personalidad que no está dominando permanece inactiva
en el inconsciente. Sin embargo algunas veces puede vivir una existencia separada "por
debajo de la superficie", mientras que la otra personalidad domina la conciencia y está en
contacto con el mundo exterior. Es decir, una personalidad puede seguir funcionando,
pensando, aunque sea la otra la que controle la vida mental en ese momento. Esto se llama
co-conciencia.
Aquí es importante el concepto dinámico de ganancia secundaria: las personalidades
suelen tener un propósito protector y a menudo siguen a algún acontecimiento traumático.
Existe cierta duda sobre la autenticidad de la personalidad múltiple, a menudo considerada
iatrogénica (creada por el interés que el clínico muestra en el caso) o simulada.

Trastorno de Despersonalización. En él destacan episodios persistentes o recidivantes


caracterizados por una sensación de extrañeza o distanciamiento de uno mismo, tanto en
lo psíquico como en la corporeidad. En sus autodescripciones los pacientes señalan sentirse
como autómatas, o estar como viviendo un sueño o en una película. El individuo mantiene
inalterado su contacto con la realidad. El síndrome de despersonalización puede aparecer
como síntoma de un trastorno mayor, en cuyo caso el diagnóstico de Trastorno de
Despersonalización no se justifica.
La despersonalización designa un cambio particular en la consciencia de sí mismo, en el que
el individuo se siente como si fuera irreal. El paciente pierde el sentimiento de realidad que
tenía de sí mismo o del entorno.

Criterios diagnósticos según el DSM-IV-TR:


 Experiencias persistentes o recurrentes de sentirse distanciado, o como si uno fuera
observador externo de su propio cuerpo o de los propios procesos mentales.
 Durante la experiencia de despersonalización permanece intacto el sentido de la
realidad.
 Causa molestias significativas y deterioros en la vida social, laboral y en otras áreas.
 No puede ser explicado por otro trastorno (esquizofrenia, trastorno disociativo de
identidad, TEP u otro trastorno de ansiedad), y no es debido a efectos de sustancias
ni a una condición médica general.

La CIE-10 incluye tanto experiencias de desrealización como de despersonalización (DSM-


IV, solo despersonalización). Además no considera que se asocie a molestias notables
(puede ser agradable cuando es autoinducido mediante drogas psicodélicas). Ambas
clasificaciones enfatizan la despersonalización como un síntoma que ocurre en el trastorno
por angustia, depresión, esquizofrenia, TAG, fobias… Sin embargo hay ocasiones en las que
parece ser la experiencia primaria.

La despersonalización es difícil de describir tanto para el clínico como para el paciente. Éste
a veces inicia sus intentos de descripción con afirmaciones inseguras. Tiene cierta
coocurrencia con síntomas de déjà vu. También puede asociarse a distorsiones en la
sensación y en la percepción, cambios en la experiencia del tiempo personal, memoria
intensificada del pasado personal y cambios en la imagen corporal.
Tyrer señala que la despersonalización parece fuera de lugar dentro de los trastornos
disociativos. Argumenta que este trastorno es un estado de percepción alterada casi en
una forma pura.

El trastorno de conversión (la histeria de conversión)


Los criterios de diagnóstico son:
 Uno o más síntomas o déficit que afectan a una función motora o sensorial, lo que
da jugar a pensar en una condición médica general o neurológica.
 Se considera que los factores psicológicos pueden estar asociados con el síntoma o
déficit, debido a que la iniciación o exacerbación del síntoma o déficit está
precedido por conflictos o por otros estresores.
 El síntoma o déficit no está producido o fingido intencionalmente.
 El síntoma o déficit no puede explicarse, tras una investigación clínica adecuada,
por una condición médica general o una condición neurológica, y no es una
conducta o experiencia sancionada por la cultura.
 El síntoma o déficit causa molestias clínicamente significativas o deterioro en el
funcionamiento social, ocupacional o en otras áreas importantes, o garantiza
valoración médica.
 El síntoma o déficit no se limita a dolor o alteración de la función sexual, ni ocurre
exclusivamente durante el curso de un trastorno de somatización, y no se puede
explicar por otro trastorno mental.

Además, habría que especificar la presencia de los siguientes cuatro tipos de síntomas o
déficit:
1. Síntomas o déficit motores.
2. Ataques o convulsiones.
3. Síntomas o déficit sensoriales.
4. Presentación mixta.
El síndrome de Ganser
Descrito por Ganser, diagnosticó así a 3 prisioneros en espera de juicio, quienes en sus
respuestas a las preguntas mostraban rasgos de Vorbeireden, es decir, daban respuestas
aproximadas o pararrespuestas (erróneas pero muy cercanas a la respuesta correcta).
También se le llamó Síndrome de las respuestas aproximadas. En la descripción original de
Ganser también estaban presentes trastornos de conciencia, "estigmas histéricos",
amnesia para ese periodo, historia reciente de daño cerebral, estrés emocional severo y
alucinaciones auditivas o visuales.

En el DSM-IV está incluido dentro de los "trastornos disociativos no especificados", pero


sus síntomas son también comunes en un amplio rango de trastornos psiquiátricos, como
la depresión y la esquizofrenia y trastornos orgánicos cerebrales, y en tales casos se debe
clasificar con la patología primaria.

Trastorno Disociativo no Especificado. En este tipo, el trastorno no reúne los criterios


diagnósticos de las formas clínicas antes descritas.

6. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El problema con el diagnóstico de los Trastornos disociativos y los somatoformes es que el
investigador no recibe información diagnóstica positiva más allá del primer estadio del
diagnóstico: la presentación del síntoma. Aunque el paciente esté fingiendo, hay que tener
en cuenta que la mayoría de los fingidores tienen otros problemas psiquiátricos. Sin
embargo, el problema de la simulación se vuelve más importante cuando entramos en el
campo de la psicología forense. Los problemas legales asociados con los trastornos
disociativos son especialmente serios. También es importante distinguir entre trastornos
disociativos y síndromes orgánicos mentales.

Diferencias entre trastornos disociativos y síndromes orgánicos mentales

Trastornos disociativos Síndromes orgánicos mentales


Pérdida de memoria limitada al material Pérdida de memorias con significado, así
psicológicamente significativo. como no importante.

Memoria a largo plazo y memoria a corto Memoria a corto plazo más deteriorada que
plazo igualmente afectada. la memoria a largo plazo

Trastornos de identidad (desorientación Sólo ocurre la desorientación personal si


personal) sin desorientación temporal y también se dan la desorientación temporal y
de lugar. lugar
Los síntomas agudos mejoran Los tranquilizantes exacerban los síntomas
temporalmente con tranquilización.

La pérdida de memoria, la confusión o el Los síntomas se desarrollan en el contexto de


cambio de personalidad se desarrollan en una enfermedad física o por el uso de
el contexto de estrés emocional. frecuentes sustancias psicoactivas

No hay fluctuación de síntomas Los síntomas fluctúan impredeciblemente


Puede haber historia anterior de No hay historia de síntomas mentales o
conversión u otros síntomas psicógenos físicos psicógenos
Existen otros síntomas que tienen cierta similitud con los síntomas disociativos, como los
delirios de pasividad (delirios de control que suelen ocurrir en la esquizofrenia). En ambos,
la experiencia de actividad se vivencia como fuera del control personal. Sin embargo, en la
pasividad esquizofrénica la acción se lleva a cabo bajo condiciones en las que existe
conciencia del sí mismo, la persona muestra consciencia normal del tiempo y tiene
completa memoria para acciones posteriores.
Lo que ocurre es que se da una pérdida de atribución personal. Sin embargo, en los estados
histéricos hay una disociación del sí mismo, el ego del paciente no es consciente del acto y
del sí mismo al mismo tiempo, es decir, se produce un deterioro en la unidad del sí mismo.

Incluye la esquizofrenia, principalmente la forma catatónica y los episodios de manía.


Asímismo, las crisis parciales complejas de epilepsia, amnesia postconmocional y los
trastornos amnésicos inducidos por la ingesta de sustancias. No existe un criterio definido
diferencial con la simulación, por lo cual se debe tomar en consideración la realización de
una adecuada historia clínica, precisar el tipo de personalidad premórbida y el contexto en
que ocurre el cuadro.

7. Curso y pronóstico
Con frecuencia, los episodios se repiten presentando una duración variable. El pronóstico
es bueno para las amnesias y fugas disociativas, y menor para el trastorno de identidad
disociativa.

8. Tratamiento
De ser necesario se puede utilizar psicofármacos, particularmente antidepresivos y
ansiolíticos, pero el tratamiento principal es la psicoterapia, que intenta identificar y ayudar
en la solución de los conflictos básicos responsables de la generación del cuadro. Se ha
informado de buenos resultados con aplicaciones de electroshock.