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Contexto de las migraciones indígenas en Colombia

Las migraciones internas de comunidades indígenas a lo largo y ancho del territorio


nacional se han consolidado como una constante antes, durante y después de la
constitución del 1991, carta magna en la que se declara según el artículo 63 la
propiedad y uso colectivo de las tierras comunales de grupos étnicos y los territorios
de resguardo como inalienables, imprescriptibles e inembargables.

A pesar de que la expropiación de los territorios indígenas, una de las primeras causas
que desembocan en la migración forzada de éstas comunidades y que se materializan
en el término “desplazamiento”, se ha dado desde la época de la colonización de
América desde el siglo XVI, es necesario resaltar que el surgimiento y perpetuación del
conflicto armado interno colombiano (1960-Actualidad) es un hito que interpela las
condiciones sociodemográficas de los indígenas en el país de manera contundente y
determina sus condiciones territoriales en la actualidad.

Históricamente los principales actores armados1 que han erigido al conflicto armado
colombiano como estructura fundamental para comprender la historia de mediados
del siglo XX y lo que lleva del siglo XXI en Colombia, se han arraigado de manera
profusa en lo que se pueden catalogar como zonas periféricas del país, donde
confluyen mayoritariamente comunidades rurales, indígenas y afros.

Durante el año 2016, el Departamento Nacional de Planeación elaboró un índice de


incidencia del conflicto armado en Colombia con el fin de generar información que
permitiese realizar un seguimiento y evaluación de las políticas públicas de carácter
territorial enfocadas en la construcción de paz. Dicho índice identifica los municipios
colombianos de acuerdo con la afectación a causa del conflicto armado en el periodo
2002-2013. El estudio se realizó en el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2014-
2018 “Todos por un nuevo país”. El estudio concluye que han sido 15 regiones del país
que han tenido un mayor impacto del conflicto armado y que se elucidan en el
siguiente listado:

1. Sierra Nevada de Santa Marta. 2. Catatumbo y sur del Cesar. 3. Arauca. 4. Montes de María. 5. Sur
de Bolívar. 6. Bajo Cauca antioqueño y Nudo de Paramillo. 7. Urabá chocoano. 8. Oriente
antioqueño. 9. Alto, Medio y Bajo San Juan. 10. Sur de Tolima y Norte del Cauca. 11. Pacífico
caucano. 12. Tumaco y pacífico nariñense. 13. Ariari, Guayabero y Guaviare. 14. Caquetá. 15.
Medio y Bajo Putumayo. (DNP, 2016)

Para comprender desde una óptica más amplia la incidencia del conflicto en zonas
periféricas, el estudio determina que en los departamentos de Nariño, Putumayo,
Caquetá, Guaviare y Arauca, han sido los anfitriones de los actores armados y sus
contiendas belicosas. A continuación se presentan los mapas que surgieron producto
del índice de incidencia del conflicto armado:

1 Entiéndase por actores armados las FARC-EP, ELN, AUC, Ejercito Nacional de Colombia, Bandas criminales,
narcotraficantes y todos aquellos que hayan empuñado las armas tanto auspiciados por el Estado como por los
grupos armados ilegales.
Ahora bien, realizando una comparación cartográfica con los asentamientos
territoriales indígenas, es loable considerar que, o bien los departamentos de
incidencia del conflicto armado coinciden con los asentamientos indígenas, o por lo
menos colindan o son zonas fronterizas de los mismos. El siguiente mapa elaborado
por la Human Rights Everywhere (HREV) durante el año 2011 no identifica la totalidad
de territorios indígenas del país sino de aquellos de los que se dispone de cartografía y
permite plantear el paralelismo anteriormente mencionado así como también la
compresión del concepto de zonas periféricas al abordar la territorialidad indígena.
De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR) en su ponencia realizada durante el año 2006, Colombia, Desplazamiento
indígena y política pública: Paradoja del Reconocimiento, la relación entre la
territorialidad indígena y el conflicto armado colombiano dan lugar al éxodo masivo
de estas comunidades a zonas de mayor presencia de Estado o de menor índice de
violencia pues como bien se declara:

Durante este período [1996-2002, 997 indígenas fueron víctimas de homicidio3 y entre 12.4694
y 16.3625 fueron desplazados de sus territorios6 . Estos hechos, concurrieron con dolorosas
cifras de secuestro (19.000 personas), homicidios por masacres (6.000 personas), muertes
violentas (182.00 personas), y un total de 1.168. 673 desplazados internos. (ACNUR, 2006)

Y posteriormente añade:

Hoy, es una cifra pública el homicidio de 1.641 indígenas entre 1985 y 2006, el 60% ocurrido
durante los últimos 5 años, así: 421 kankuamos; 235 nasas; 122 embera chamís; 93 emberas; 91
wiwas; 89 embera katios; 82 witotos; 77 koreguajes; 63 pijaos; 61 awas; 41 ingas; 36 puinaves;
30 wayús; 20 zenús; 18 kofanes; 18 pastos; 12 yanaconas; 10 kogis; 9 uwas; 8 betoyes; 8 kamtsá;
y 117 indígenas más de los cuales se desconoce su pertenencia étnica. Los homicidios se han
atribuido principalmente a las FARC-EP y a grupos paramilitares (AUC). (ACNUR, 2006).

Es en este panorama que las migraciones indígenas se construyen como una forma imperativa
de supervivencia de las comunidades y conllevan a la necesidad de adaptarse tanto cultural
como socialmente para poder subsitir. Siguiendo con la ponencia de la ACNUR:

Y es que el desplazamiento indígena en general, y en particular, el reciente y progresivo éxodo


de indígenas hacia las grandes ciudades colombianas, enfrenta al país, a los ciudadanos a las
instituciones y a los funcionarios con el Otro país; el país donde la presencia estatal ha sido
menor, el país de la diversidad cultural y ambiental, el país “pobre”, el país donde ha crecido lo
ilícito, el país donde se concentra hoy en día buena parte de la confrontación armada en
Colombia. (ACNUR, 2006).