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,

KRISTELLER


Traducción de
FtDERICO PATÁN LóPEZ
PAUL OSKAR KRISTELLER

EL PENSAMIENTO
REN ACENTIST A Y SUS
FUENTES
'
Compilador
M1cnAEL MooNEY

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA



MEXI CO

1

Primera edición cn iog)éa, 1979


Primera ed.icióo en cspaiiol, 1982

A la memoria de Ernest Abrahamson

• •

L.

f(tulo original:
Renais..sance Thou61u ond Íl.s Source.s
© 1979, Columbia Univc.-.ity Pre9'1, Nueva York
ISBN 0-231-04512·3
-
O. R. © 198!; FONOO Pt CULTURA E CONÓMICA
Av. de la Univcrsidad. 975; 03100 México. D. F.

ISBN 968-16· l O14·8 •

' en México
lmpreso

I I
..

• PREFACIO DEL EDITOR

No HAY problema ni duda alguna en recordar cuál fue el origen de


El pensamiemo renaceruista y sus fuentes. Poco después de que, en
1976, Paul Oskar Kristeller completara la conferencia final de "La
literatura filosófica del Renacimiento", un curso para graduados muy
popular, que a partir de 1939 había impartido en la Universidad de
•1 Columbia casi cada dos afios, le pregunté lo obvio: ;,No le interesaría
ahora, dado eL ocio relativo que su jubilación le permite, preparar el
estudio definitivo sobre la f ilosofía renacentista? Su reacción fue inme·
diata y reveló en ella una cierta sorpresa: desde luego que no, replicó.
No estamos -con esto se refería al grupo de especialistas en el tema-
listos para llevar a cabo tal empresa. Quizá tu generación esté prepa·
rada para ello, agregó un tanto juguetonamente, pero no la mía. De
cualquier manera, cualquier cosa que sobre el tema pudiera decir estaba
ya publicado. Es una lástima, pensé, pues los ensayos a los cuales se
referia se encontraban dispersos y algunos incluso fuera de circula-
ción, aparte de que ninguna obra por sí sola permitia una visión totali-
zadora del pensamiento renacentista y sus f uentes, como la que él había
logrado en su curso para graduados.
Dos acontecimientos ocurridos en 1977, casi simultáneamente, die-
ron nueva vida a mi esperanza de 1tener un texto general. Una mención
casual de esta idea a John D. Moore, encargado general de la Columbia
University Press, llevó a cabo una serie de pláticas y, a la larga, al
planteamiento de una propuesta; en el mientras, la carta de un editor
inglés al profesor Kristeller, en la cual le preguntaba a éste si no esta·
ria interesado en reimprimir algunos títulos agotados, se unió a lo
anterior y de ambos sucesos se derivó la idea de este volumen y del
plan para su publicación.
Aunque en un principio pensamos en un libro de mayores dimensio-
nes, el conjunto de ensayos que decidimos nos f ue dado prácticamente
hecho. En el transcurso de los últimos veinticinco afios el profesor Kris·
teller había dado varias series de conferencias pagadas, y más por coin·
cidencia que por premeditación, el orden de esas invitaciones habia
formado una secuencia sistemática de las fuentes del pensamiento rena·
centista, así como un panorama de sus temas centrales. Las Martin
Classical Lectures, de 1954, trataron "Los clásicos y el pensamiento re·
nacentista"; la Wimmer Lecture, de 1961, estuvo dedicada a "La filoso·
9

-
10 PREFACIO DEL EDITOR PREFACIO DEL EDITOR 11

fía renacentista y la tradición medieval"; dos conferencias dadas en expuestos en el libro de un modo sumario. Sirve de introducción al libro
la Fundación Cini, de Venecia, en 1963, tocaron la relación entre el un ensayo donde el profesor Kristeller examina los cincuenta afios de
pensamiento renacentista y Bizancio; las Arensberg Lectures, de 1965, su vida como. intelectual, enumera los cambios que ha notado en sus
exploraron "Los conceptos de hombre en el Renacimiento"; y tres propias percepciones y en el campo de los estudios renacentistas, e identi-
seminarios universitarios realizados en 1975, en la Universidad de Colo- fica los retos a los que, piensa él, se enfrenta en este momento ese campo
rado, en Boulder, examinaron " La filosofía y la retórica de la Antigüe- de especialización.
dad al Renacimiento". Agregando a esto un artículo acerca de "El hu- Lo que el autor escribe allí de si mismo y de su .campo servirá para
manismo y el escolasticismo", de justa fama desde su publicación en dar apoyo a lo que considero el aspecto vital dei libro como un todo.
1944, teníamos la estructura de ese panorama que nos proponiamos, En el transcurso de su larga y distinguida carrera, el profesor Kristeller
así como la presentación integrada que buscábamos. se ha ganado -y ha atesorado- la reputación de ser un historiador
De no ser por sus origenes tan diversos, incluso habríamos podido de las ideas cuidadoso y meticuloso; un Geisteswissenchaftler en la
llamar orgánicos a los ensayos que el libro abarcaria. La Primera Parte mejor tradición alemana, dada su magnífica preparación en filosofía,
expone las f uentes clásicas del pensamiento renacentista y da la f isono- filología e historia y su domínio de las lenguas clásicas y varias mo-
mia esencial, indicando las tradiciones humanista, aristotélica y plató- dernas. Entre sus colegas se le conoce como un erudito de eruditos, que
nica a las cuales se refiere continuamente el resto de los ensayos que no se asusta ante la ·tarea de preparar, como lo ha venido hacien-
f orman el volumen. Las partes Segunda y Tercera presentan el pensa- do en los últimos veinte afios, una "Lista de manuscritos humanísticos
miento renacentista en su contexto inmediato - la Edad Media, tanto del Renacimiento sin catalogar o insuficientemente catalogados, exis·
griega como latina- y muestra la continuidad y la singularidad de sus tentes en las bibliotecas italianas y de otros lugares" (!ter ltalicum,
corrientes representativas dentro de los movimientos entonces existentes. 2 volúmenes a la fecha [Londres: The Warburg Institute; Leiden:
Contra dicho telón de f ondo, la Cuarta Parte of rece un estudio temá- E. J. Brill, 1963-1967 J y cuatro en preparación). Este amor por los
tico del pensamiento renacentista, examinándose en ella tres elementos textos y el íntimo conocimiento que de ellos tiene explican, desde luego,
de una cuestión que ha servido con f recuencia para atribuir a los pen· por qué el profesor Kristeller es tan toler,ante en su modo de aproximar-
sadores renacentistas una originalidad de ellos exclusiva: la concepción se al pensamiento renacentista; el porqué, digamos, no puede aceptar
de hombre: la dignidad, el destino y la visión de la verdad que éste la idea de que el humanismo renacentista es una fi losofía única;
poseía. La Quinta Parte resume el todo, pero desde la perspectiva de un se trata de una realidad muy amplia, que cuenta con demasiados repre-
tema que se encuentra en el núcleo mismo de la vida intelectual dei sentantes y expresa demasiados intereses para que podamos definiria
Renacimiento, por no decir de la tradición occidental como un todo: mediante un conjunto de ideas filosóficas comunes.
la relación del lenguaje con el pensamiento, de las palabras con las Ahora bien, sin sacrificar un ápice de ese cauto espíritu erudito, el
ideas, de la prudencia con la ciencia y de la retórica con la filosofia. profesor Kristeller manifiesta sus preferencias y es capaz de aplicar
Con ayuda de tales divisiones, se explora la ya vieja y aparentemente a los pensadores renacentistas -como a los de cualquier otra época-
insoluble contienda entre la tradición literaria y la filosófica; de hecho, aquellos criterios mediante los cuales él mismo juzga qué es verdadero
un paragone que identifica mucha de la erudición renacentista. En las y de valor perdurable. Desde su tesis doctoral sobre Plotino y sus
páginas f inales se of recen algunas meditaciones acerca de la forma y estudios de posgrado sobre Ficino hasta su lectura constante de Kant,
dei resultado que ese conflicto presenta en nuestros tiempos. nunca guardó en secreto sus simpatias por esas ideas que conocemos
Dado que los ensayos f ueron escritos en distintos contextos y en mo- como la tradición "platónica": la creencia de que la realidad siempre
mentos diversos, hay cierta repetición en la presentación de los temas; es algo más de lo que parece ser; que con esf uerzos y persistencia
pero pareciéndonos esto más bien instructivo que molesto, no intentamos terminamos conociéndola y conociéndola en verdad; que existen un
eliminar toda huella de su presencia. Sin embargo, el texto f ue revisado deber y un decoro ideales ordenadores de nuestras acciones, que debe-
en detalle y se hicieron algunos cambios ocasionales; se revisaron y pu- mos procurar conocer y seguir; finalmente, que en el universo existe una
sieron al día las notas, que incluyen un buen número de obras relacio- unidad última tal, que nada, por insignificante que sea, se pierde. Su
nadas con los temas y que sirven para documentar mejor aquellos puntos aceptación de Platón y de los seguidores de éste sobrenada suavemente

[
PREFACIO DEL EDITOR 13
12 PREFACIO DEL EDITOR
las líneas clâsica, escolástica y humanista (Nueva York, Harper Torch-
en las páginas de este libro, pero sin oscurecer o perjudicar la exposi· books, 1961), pp. 92-119. Hubo versiones ai italiano, alemán y japo·
ción histórica; mas allí la tenemos, revoloteando, hasta que en las pá- nés en las colecciones arriba mencionadas, en las cuales se incluyeron
ginas finales se le permite expresarse plenamente, cuando se habla de los capítulos de la Primera Parte. La versión italiana apareció primera-
la modernidad y sus tendencias. Esta mezcla donosa de severa erudi· mente en Humanita.s 5 (1950), pp. 988·1015. Está en preparación una
ción histórica y firme compromiso con un conjunto de valores es en nues- ' versión ai hebreo.
tros tiempos un arte casi perdido; resulta vivificante el ver que con "La filosofia renacentista y la tradición medieval" ( ensayo vi) f ue
tanta fortuna se lo lieva a cabo aquí. dada originalmente en la 15th Wimmer Lecture, en St. Vincent's Col-
lege, Latrobe, Pa., el 25 de octubre de 1961; se la publicó, con el mismo
A excepción dei ensayo introductorio, preparado especialmente para título, en The Archabbey Press, Latrobe, Pa., en 1966. También apa·
1 este volumen, el resto f ueron en su origen conferencias, algunas repeti- ,. reció en los conceptos de hombre en el Renacimiento y otros ensayos
!t

l das en numerosas ocasiones; todas e lias pasaron por un proceso bastante


continuo de purificación, que las llevó a la forma con que aquí las
(Nueva York, Harper Torchbooks, 1972), pp. 110·155. En la misma
colección que contiene los capítulos de la Primera Parte salió una ver·
presentamos. Nunca antes fueron publicados los ensayos xii, xiii y xiv. sión ai alemán, y la traducción ai italiano, de Simonetta Salvestroni, ha
Los demás han sido publicados con anterioridad, algunos en varios sido incluída en el volumen reciente Concetti rinascimentali dell'uo-
idiomas. mo e altri saggi (Florencia, La Nuova ltalia, 1978), pp. 81-133.
Los ensayos que forman la Primera Parte, "El pensamiento rena. Los ensayos vii y viii, que aquí constituyen la Tercera Parte, "El
centista y la antigüedad clásica", fueron escritos originalmente para pensamiento renacentista y la erudición bizantina", fueron conferencias
las Charles Beebe Martin Classical Lectures, dei Oberlin College, da- originalmente dadas en italiano, en la Fondazione Giorgio Cini, en Ve-
das dei 22 al 26 de febrero de 1954; se los publicó con el título de los necia, el 13 y 14 de septiembre de 1963. El primer ensayo ( el vii)
clásicos y el pensamiento renacentista (Cambridge, Mass., Harvard fue publicado en italian,o, en Lettere ltaliane 16 (1964), pp. 1-14; se lo
University Press, 1955) y más tarde reimpresos, junto con oiros ensa· reprodujo, sin notas, en Venezia e l' Oriente fra Tardo !t1edioevo e Ri-
yos, en El pensamiento renacentista: las líneas clásica, escolástica y nascimento, a cargo de Agostino Pertusi (Florencia, Sansoni, 1966),
humanista (Nu eva York, Harper Torchbooks, 1961), pp. 3-91. Tam· pp. 19-33, volumen (pp. 103-116) en el cual también apareció el segun·
bién fueron traducidos ai italiano por Fabrizio Onofri, apareciendo do ensayo (el viii), asimismo sin notas. Fueron publicadas por primera
como La tradizione classica nel pensiero dei Rinascimento (Florencia, vez en inglês, y con notas, en Los conceptos de hombre en el Renacimienr
La Nuova ltalia, 1965) ; la versión alemana estuvo a cargo de Renate to y otros ensayos (Nueva York, Harper Torchbooks, 1972), pp. 64-85
Schv;eyen-Ott: Humanismus und Renaissance, 1: Die antiken und mit- y 86-109. La versión alemana estuvo a cargo de Renate Schweyen-Ott:
telalterlichen Quellen, editada por Eckhardt Kessler (Munich: Wilhelm • Humanismus und Renaissance, /: Die antiken und mittelalterlichen Quel-
Fink, 1974), pp. 11-86; la versión japonesa fue de Morimichi Wata· len, editado por Eckhardt Kessler (Munich: Wilhelm Fink, 1974), pá-
nabe: Runessansu no shiso (Tokio, University of Tokio Press, 1977). ginas 145-176.
Está en preparación una edición húngara. Los ensayos que forman la Cuarta Parte, "Los conceptos de homhre
La Segunda Parte, "El pensamiento renacentista y la Edad Media", en el Renacimiento'', fueron dados originalmente como las Arensberg
une dos ensayos de espíritu similar, pero de distinta procedencia. "El Lectures, auspiciadas por la Francis Bacon Foundation, en la Claremont
humanismo y el escolasticismo en el Renacimiento italiano" ( ensayo v) Graduate School y el University Center, el 17, 19 y 21 de mayo de 1965.
fue originalmente una conferencia dada en el Connecticut College el 9 Se las publicó por primera vez en el libro los Conceptos de hombre en
de marzo de 1944, y repetida el 14 de diciembre dei mismo aõo en la el Renacimiento y otros ensayos (Nueva York, Harper Torchbook~,
Universidad de Brown. Se lo publicó por primera vez en Byzantion 17 1972), pp. 1-63. Se dispone ya de una versión ai italiano, hecha por
( 1944-1945), pp. 346-374, y luego pasó a la Bobbs-Merrill Reprint Simonetta Salvestroni: Concetti rinascimentali dell'uomo e ahri saggi
Series, en la sección de historia europea. Apareció, además, en Estudios (Florencia, La Nuova Italia, 1978). pp. 3-78.
sobre el pensamiento y las letras renacentistas (Roma, Edizioni di Storia Los Ires ensayos de la Quinta Parte, "La filosofía y retórica de la
e Letteratura, 1956), pp. 553-583, y en El pensamiento renacentista:
14 PREFACIO DEL EDITOR

Antigüedad ai Renacimiento", fueron originalmente conferencias dadas


en un coloquio universitario de la Universidad de Colorado, en Boulder, · INTRODUCCIÓN
dei 27 ai 29 de noviembre de 1975; se los publica aqui por pri·
mera vez.
Los ENSAYOS reunidos en este libro fueron concebidos, en un principio,
La preparación de este libro nos ha hecho incurrir en cierto número de como conferencias; ello explica que los temas tratados sean tan amplios
deudas, que nos place reconocer. En primer lugar, vaya nuestro agrade· y totalizadores. No es posible documentar a f ondo los enunciados ge·
cimiento a las distintas instituciones y editoriales que nos permitie· nerales presentados en el transcurso de cada conferencia y, si acaso,
ron reproducir material cuyos derechos de autor poseían: el Oberlin se trata de aproximaciones que requieren de muchos matices y ajustes,
College, de Oberlin, Ohio; la Harvard University Press, de Cambridge, dado lo rico y variado dei material original, que ningún erudito puede
Mass.; la revista internacional Byzantion, de Bruselas; St. Vincent's pretender dominar u ofrecer. No se piensa que esos enunciados sean pro-
l College, de Latrobe, Pennsylvania, y su Archabbey Press; la Francis posiciones abstractas y en si mismas cumplidas, a las cuales pueda sa·
l
1
Bacon Foundation, de Claremont, California, y la Harper & Row Publi·
shers, de Nueva York. Mientras preparábamos las conferencias sobre
carse dei texto y discutir sin referencia a los hechos y a las fuentes
históricas concretos que intentan describir.
1
j
"La filosofia y la retórica de la Antigüedad ai Renacimiento" y las Como cada ensayo constituye una unidad en sí, en ocasiones se so·
i revisábamos para su publicación aqui, el profesor Kristeller recibió breponen, y hay algunas repeticiones más o menos considerables que el
; mucha información útil de los profesores James Hutton, Stephan Kuttner lector, confio yo, pasará por alto o perdonará. Además, dado que escri·
y Emil Polak, así como de colegas de la Universidad de Colorado, en bí los ensayos en momentos diferentes y con un enfoque distinto, acaso
r Boulder, donde por primera vez dio estas conferencias; lo mismo ocu· se presenten ciertas inconsistencias o contradicciones obvias. De hecho,
rrió en la Folger Shakespeare Library, de Washington, en Dumbarton en ocasiones se me ha criticado de inconsistente por haber dicho o
Oaks, la Universidad de Delaware, la de Virgínia, la Georgia State escrito cosas diferentes en mo~entos diferentes, ocurriendo que tam·
University y la decimotercera conferencia sobre estudios medievales, bién se me haya criticado por un exceso de consistencia cuando, a lo
en la Western Michigan University, donde repitió la última ponencia. largo de los afios, no he cambiado mis puntos de vista. Me agrada pensar
Hugh van Dusen, de Harper & Row, y John D. Moore, de la Columbia que en ese tiempo he mantenido mis puntos de vista f undamentales,
University Press, nos dieron su apoyo amistoso cuando estábamos pia· pero a la vez cambiando aqui y aliá el subrayado debido ai choque oca·
neando este volumen. Dalli C. Bacon volvió a mecanografiar las notas sionado por fuentes y problemas recién estudiados, así como en respues·
cu ando fue necesario, y Debra Ann Bolka participó ampliamente en la ta, más a menudo negativa que positiva, a las modas cambiantes.
preparación dei índice. Escribí los ensayos entre 1944 y 1975; la investigación que les sirve
El libro está dedicado a la memoria de Ernest Abrahamson, amigo de base se remonta, por lo menos, a 1931, cuando por vez primera
íntimo y colega dei profesor Kristeller en Heidelberg, quien, ai igual llegué a la especialización en estudios renacentistas; acaso algunas de
que este último, pudo abandonar Alemania, pasar a ltalia y desde allí las premisas tengan su origen en mis primeras investigaciones como
emigrar a nuestro país, donde hasta su prematura muerte, en 1956, estudiante de filosofia y de los clásicos, aliá por los veinte. Dado
ensefió en la Howard University, el St. John's College y la Washington
que estoy presentando aquí los resultados parciales de casi cincuenta
! University, de San Luis.
M. M. l aiios de labor, viene ai caso explicar brevemente eL modo en que
1 llegué a mis puntos de vista y el modo en que los desarrollé.
Nueva York, marro de 1979
1,. Fui educado en un Humanistische$ Gymnasium, en Berlin; allí apren-
di mucho sobre las literaturas griega, latina, francesa y alemana, así
como sobre historia y matemáticas. Por cuenta propia leí ampliamente,
adquiriendo con ello un interés por la música clásica y la historia dei
arte que me ha acompafiado toda mi vida. En el momento de graduarme,
15
16 INTRODUCCI• N . INTRODUCCiôN 17
1

había leído a Platón en la escuela y a Kant en casa. En la universidad pruebas de que Ficino y el platonismo florentin<,>, aparte d~ su conoci-
estudié filosofia antigua guiado por Ernst Hofí man, Kant con la ayuda da dependencia dei platonismo antiguo y medieval y dei pr.n?er hum.a-
de Rickert, Hegel con Kroner, el existencialismo con J~spe~s y He~deg­ nismo renacentista, tenían nexos directos con el escolasllc1smo ar1s-
ger, la literatura clásica con J aeger y Norden y la his_tor1a med1ev~ totélico, siendo és te el tema de la primera conferencia que di y publiqué
con Hampe y Baethgen. Mi tesis estuvo dedicada a Plotir10 y la pubh· en este país, por invitación de Roland Bain. . . .
caron en 1929. Cuando, en el otoiio de 1939, llegué a la Un1vers1dad de Col umb1a,
Entré ai campo de los estudios renacentistas en 1931, cuando decidí 1 me animaron a ampliar mi interés por Ficino y el platonismo florentino
1
estudiar a Marsilio Ficino como representativo dei platonismo rena· hasta no cubrir el campo, mucho más extenso, de la filosofia y la histo·
centista: para entonces había estudiado ya a Platón y a Plotino, a 1
1 ria intelectual dei Renacimiento. Tuve que dar un curso informativo so-
quienes Ficino habia traducido e interpretado. Por aquella época se l bre el tema, di~igir tesis, leer artículos y reseiiar libros para varias pu-
consideraban fundamentales los trabajos de Burckhardt y de Voigt, y blicaciones y participar en distintas aventuras bibliog~áficas. Me hi·
Bertalot y' otros continuaban una detallada in vestigación dei huma· '\ cieron compartir las actividades dei ]ournal o/ the H1slory of Ide~,
nismo italiano. Por otra parte, los estudios de Dilthey y su método de fundado por Arthur Lovejoy e inspira~o por su obra, y colaborar .en
Gei.stcsgeschichLe ejercieron una influencia enorme sobre especialistas varias empresas cuya meta era organizar y desarrollar los estud1os
pertenecientes a campos diversos, y Hans Baron publicaba en.tonces sus renacentistas sobre la base de una acción interdepartamental : la New
priinr. ras contribuciones ai estudio dei humanismo florentino. Ernst England Renaissance Conference y el Renais~a~c.e Commi_tt~e. of the
Cassirer, quien en su primera historia de la epistemologia había_ ~res· American Council of Learned Societies, ambos 1n1c1ados y d1ng1dos por
tado mucha atención a pensadores renacentistas olvidados, publico ~n
1927 un importante estudio sobre la filosofia renacentista en una serie l
..'
Leicester Bradner; el Columbia University Seminar on the Renaissance,
fundado por John Randall, Marjorie Nicolson y otros; y más tarde la
de la Bibliothek W arburg, que incluía otros estudios importantes sobre 1
Renaissance Society of America, organizada por Josephine Bennett y
el arte y el pensamiento renacentistas, escritos por Panofsky, Saxl y oiros. Además de todo lo anterior, m~ familiaricé con la obra de
algunos más. Hube de enf rentarme también. a las investigaci?nes ita· Dean P. Lockwood, de B. L. Ullman, de Ernest K. Wilkins y de varias
lianas dedicadas a Ficino y su época, que iban desde traba JOS ante· especialistas estadunidenses más que se habían dedicado al huma-
riores, como el de Della 1'orre, hasta estudios más recientes como los nismo renacentista.
de Saitta y oiros. 1 Me impresionaron la obra de Ha~kins y ,!horndike y las acti~idad.es
E! período que pasé en lt~lia de 193~ a 1939 me permitió fa~ilia­ 1 de la Mediaeval Academy of Amer1ca; la revuelta de los medievalis-
rizarme con el trabajo erudito de Gent1le y. Mercat1, ~e Novatl, _de ' tas" contra el culto y contra el concepto mismo de Renacimiento me
Sabbadini y muchos más, así como con los pr1meros escritos de Cario. 1 impulsó a intentar una interpretación dei Renacimiento q.ue t~mara en
i
Mientras terminaba mi libro sobre la filosofia de Ficino y preparaba ''
1 cuenta las legítimas objeciones antepuestas por los medievalistas. La
sus obras inéditas, mi interés se ampliá hasta incluir a los asociados Y 1 amplia lista de Traducciones y Comentarias Latinos Medievales y Rena·
contemporáneos de Ficino, así como las f uentes y la influencia de éste, centistas, un gran proyecto internacional que ayudé a organizar co~ el
por lo cual lei muchos textos escolásticos y humanistas. Ello me per· 1 auxilio de J ames Hutton, Martin McGuire, Mario Cosenza y otros, llene
mitió apreciar cuál había sido la contribución de la historia local y l como objeto documentar la tradición de todos los autores antiguos e? el
de los conocimientos dei siglo XYni, tan indispensable para todo estu- 1 Occidente, y establecer con base en hechos la parte que a c~da s1glo
dio de lo italiano. Me di cuenta, además, de la riqueza de manuscritos le corresponde en esa tradición. Gracias a mis relaciones íntimas con
inéditos y desatendidos que si bien preservados en bibliotecas italianas John Randall y Ernest Moody, terminé por apreciar la importancia dei
y de otros lugares, a la vez yacían casi escond.idos. De esta manera.' el \ aristotelismo renacentista, y de las tradiciones doctas que se remontan
terreno estaba listo para sacar a la luz una serie de textos humanislicos a Renan y Duhem. Me interesé por Pomponazzi y por la tradición a l~
( tarea que continúa) y preparar una lista considerable de manuscritos cual pertenece, llevándome esto a investigar la historia de las universi-
sin catalogar (de la cual han aparecido a la fecha dos volúmenes). dades italianas y, en especial, sus planes de estudio, así como el desa-
Cuando, en 1939, llegué a los Estados Unidos, acababa de encontrar rrollo y las interrelaciones de las varias disciplinas académicas espe-
18 JNTRODUCCION JNTRODUCCION 19

cializadas reflejadas en esos planes, en las profesiones eruditas y en sos y la correspondencia-, seguro estoy de haber sido afectado e
las clasificaciones de las artes y de las ciencias. Si bien esos estudios influido, más de lo que me supongo, por el trabajo de otros especialis-
nunca terminaron en un libro, sí f ueron el fundamento de muchas tas, viejos y jóvenes, asi como por el cambio y el progreso constantes
de mis conferencias y artículos. ocurridos en la naturaleza de la investigación erudita. A partir dei
Así llegué a la conclusión, por primera vez resumida en lo que momento en el cual comencé a manejar temas dei Renacimiento, e in·
constituye el ensayo v de este volumen, de que en la Italia renacentis· cluso tras haber formulado por primera vez mis interpretaciones gene·
ta, el humanismo y el escolasticismo aristotélico no eran tanto dos co· rales, ha aparecido un buen número de libros y artículos que tuve que
rrientes ideológicamente opuestas - y mucho menos representantes de estudiar y examinar con espíritu crítico; algunos f ueron muy estimu-
una filosofia nueva y otra antigua-, sino dos campos de interés coexis· lantes y otros muy instructivos. Tal vez tengan incluso más importan-
tentes. El humanismo tenía como base los studia humanitatis ( es decir, la cia que los estudios totalizadores sobre el pensamiento renacentista
gramática, la retórica, la poesía, la historia y la filosofia moral), las monografias, las ediciones de textos y las bibliografias que han
y· el escolasticismo aristotélico las disciplinas filosóficas ( es decir, la aparecido en las últimas décadas. Las publicaciones especializadas, mu·
lógica, la filosofia natural, la metafísica y, una vez más, la filosofia chas de ellas nuevas, son hoy tan numerosas y diversas que resulta casi
moral). Un análisis de la producción !iteraria, así como de las activi- imposible estar ai dia en ellas de un modo satisfactorio. He dedicado
dades pedagógicas asociadas con los humanistas y con los escolásticos, mis mejores esfuerzos a aprender de los nuevos estudios según venían
mostrá que provenían, ai menos en parte, de dos ramas de la erudición a mis manos, así como a tomarlos en cuenta cuando volvia a exponer
que habían florecido en la ltalia medieval: e! humanismo estaba unido mis puntos de vista generales acerca del tema respectivo. Pero la pre·
a la retórica medieval dei ars dictandi y e! ars arengandi; la filoso- sión de tener que leer nuevos estudios secundarios dificulta cada vez
fia escolástica al aristotelismo secular de las escuelas médicas de Sa· más seguir leyendo las fuentes primarias, muchas de las cuales sólo
lerno, Bolonia, Padua y oiros centros. están a disposición dei especialista en ediciones muy antiguas y raras
Investigaciones adicionales de textos y manuscritos específicos, que o incluso en manuscritos.
pude llevar a cabo en mis visitas a muchas bibliotecas europeas, me
permitieron completar muchos detalles y agregar unos cuantos mati· Sin embargo, cuando comparo el estado en que se encuentran los estu·
ces; mas a pesar de much.as objeciones, no me he visto obligado a caro· dios especializados hoy en dia con la situación de hace cincuenta anos,
biar mis puntos de vista f undamentales. Acaso se debe esto a lo terco la diferencia no está meramente en el número de libros y artículos
de mi carácter o a lo estrecho de mis miras, pero también se debe a mi sumados al cuerpo de materialesi ya existente, ni en los cambios ocurri-
convicción (tal vez otro aspecto dei mismo problema) de que tales cues- dos en las interpretaciones y las opiniones, ni en la importancia dada
tiones no dependen, ni deben depender, de opiniones o preferencias, a ciertos problemas o a ciertos campos de investigación. Según opino,
sino dei testimonio de los textos y los documentos. La historia, y en no s6lo ban ocurrido algunos cambios fundamentales en el contenido y
especial la historia dei pensamiento y de la filosofia, tiene su pro- en el método de las investigaciones, sino tamhién en el estilo y en la
pio "método científico". Una interpretación histórica deriva su validez organización externa. Esos progresos no son, ni mucho menos, peculia·
de que coincide con las f uentes primarias, es decir, con los textos y los res dei estudio dei pensamiento renacentista, o incluso de los estudios
documentos originales, venidos dei pasado, no porque arranque de la renacentistas en general, sino que caracterizan el mundo dei saber
autoridad de los especialistas que la apoyan o porque concuerde en au totalidad, y simplemente afectan nuestro campo por ser éste
con puntos de, vista convencionales (acaso equivocados) o con modas parte de la esfera mayor. Hoy en dia esos cambios se han vuelto tan
pasajeras ( qu~ cambian constantemente). Procuré formular mis puntos penetrantes, que los especialistas jóvenes los toman como algo natural;
de vista con base en esas fuentes primarias, y dispuesto estoy a cam- pero permítaseme subrayar que varios becbos pertenecientes a la vida
biarlos (o a ver cómo los cambian otros) cu ando los confronte con intelectual presente -sean buenos o malos-- f}O existían. O no existían
f uentes primarias que los contradigan. en igual medida, cuando comencé mi carrera de especialista; por tanto,
Aparte dei curso seguido por mi propia obra - a menudo demorada, he visto c6mo se b.an desarrollado y, en consecuencia, est<!)' consciente
..,. pero también estimulada por la ensefianza, las conferencias, los congre· de cuán novedosos son, comparativamente hablando.

••
20 INTRODUCCiôN INTRODUCCiôN 21

Cuando comencé a trabajar en Alemania y en ltalia, la erudición jóvenes, e incluso a los viejos, la oportunidad de centrar por uno o dos
era, en cualquier campo -se tratara de la fil?:ofía o de la histor~a, aiios sus esfuerzos en los proyectos pro pios.
de la f ilología clásica o de la romance-, cuest1on de unos cuantos 1n- No es menos importante el progreso logrado, en décadas recientes,
dividuos que trabajaban en grupos pequenos; cada uno de esos grupos en lo que toca a la instalación de bib~iotec~s .Y al c~ntrol biblio.grá·
tenía como base una universidad o un instituto y, cuando prestaba fico de la literatura pertinente. La Un1on L1st of Seriais y, en hem-
atención a los demás círculos, era para criticarlos. Había menos confe- pos más recientes, el National Union Catalogue facilitan el loc~lizar
rencias por profesores visitantes y, relativamente hablando, n~enos con- y pedir en pr~stamo cualquier li?~o exi~tente en lo~ E.stad,os Un1d~s;
gresos. Para que un intelectual conociera a oiro, se neces1taba una los catálogos 1mpresos por la Br1t1sh L1brary, la B1bliotheque Nat10-
presentación formal o que la casualidad lo permitiera. nale y los centros bibliográficos de Roma, Madrid y Berlín Este ayu·
En Estados Unidos, la vida intelectual f ue siempre más inf orm3l y a dan a localizar libros raros y a obtener microfilmes de los mismos. En
la vez más gregaria. El considerable número de colegios, universid.ades los últimos cincuenta anos ha progresado mucho la catalogación de
y oiros institutos, tan diseminados unos respecto de oiros, favorecia la manuscritos, aunque siguen existiendo lagunas importantes, que sólo
práctica de tener conferenciantes invitados y de organizar sociedades podrán subsanarse mediante viajes de estudio o circulares. Ad~m.ás, los
profesionales en los distintos campos de actividad, sociedades que cele- eruditos estadunidenses tienen acceso hoy dia a muchas b1bl1otecas
bran convenciones anuales, fomentando con ello los contactos personales universitarias y de oiro tipo, que a lo largo de muchas décadas f ueron
y un amplio intercambio de info.rmación y d.e ideas. Cuando esas reu· construidas con visión dei futuro y con generosidad, llegando a tener
niones de nível nacional se volv1eron demasiado numerosas, y por lo un tamano y una calidad que permite compararias con las mejores de
mismo impersonales y carentes de carácter, comenzaron a celebrarse Europa, excepto por el f ondo de manuscritos y libros raros; nuestras
convenciones y conferencias menores en número cada vez mayor, algu· bibliotecas superan a las europeas por la calidad de sus catálogos y de
nas de nive 1 nacional, pero limitadas a temas específicos; otras, regio· sus servicios de consulta, así como por su sistema de acceso a los ana·
nales o locales. En epoca más reciente vino la moda de conferenrias queles. En muchos campos las obras de consulta bibliográfica y de refe·
pequenas o cenida~ a temas muy especializados, cuyas actas. suelen rencia, que incluyen bibliografias en nível nacional, f ~cilitan el enc~n­
publicarse. Los congresos internacionales, no dei todo desconoc1Jos en trar muchos libros -cuando no todos- y también arllculos necesar1os
el pasado, han sido más f recuentes a partir de la segunda Guerra !\1un· para el estudio de algún tema en lo pa~ticula~; se pres~me incluso más
dial, cuando pareció necesario volver a establecer contactos y coopera· de las plantillas de catálogos y b1bliograf1as obten1bles de compu-
ción entre especialistas de diferentes países. El organizar y a~i~tir a tadoras.
congresos de este tipo se ha convertido en una ocupación importante, y Pero los cambios ocurridos en el quehacer intelectual a lo largo de
1
?e
muchas personas están convencidas de que el exam~n. probl~m·ª" º.cu-
1
los cincuenta anos sobrepasan el mero aspecto organizativo, pues Iene·
rrido en congresos de todo tamano o toda compo~1c1on 1nstru1ra t' ilu- mos un cambio a la vez gradual y profundo en el contenido de las
minará a los participantes de un modo imposible de lograr cuandu, investigaciones recientes y e~ el tipo de problemas que se enfo;an. De-
ai escritorio o en una biblioteca, se dcdican por si solos a leer, pensar seo singularizar dos perspectivas no dei todo ~epa radas ent~e s1, amb.as
o escribir. Algunas personas llegan a suponer, inclu$o, que las conven· muy importantes para el estudio ?el pensa~1ento ren~cen~1sta: la his-
ciones de especialistas, como los sínodos eclesiástico~ y los con~ejo- de toria de las ideas y la tendenc1a a realizar estud1os 1nterdeparta·
la Antigüedad, resolverán debates y controversias y confirmarán con· mentales.
clusiones que son resultado de trabajos anteriores, y que tal \'eZ sir\'an E! programa de Ceistesgeschichte, inspirado por la obra de Dilthey,
como punto de partida para investigaciones posteriores. recibió un impulso poderoso en Alemania en los veinte. Con matices un
Otros tipos de desarrollo, ocurridos en décadas recientes, han ten- tanto distintos en nuestro país lo tomó Arthur Lovejoy, quien le dio
dido también a favorecer la investigación en todos los niveles, y a los cuerpo en su ~bra y en el ]ournal o/ the Historr of l deas, que él f un·
estudios renacenti~tas les ha tocado ~u parte en ello. Con el transcurso dó y que sigue las líneas def inicias por él y sus colegas má~ cerca no~.
de los anos se han multiplicado los institutos de investigación espe- La historia de las ideas en medida incluso mayor que el Ce1stesgesch1-
ciali?.ados y las becas de po!'grado, dándose con ello a los especialistas chte, trata de coordina; los trabajos llevados a cabo en campos dife·
22 INTRODUCC!óN INTRODUCC!óN 23

rentes: digamos, la historia de la filosofía y de las ciencias, de la interdepartamentales. Quizá comenzaran en los veinte con el A ltertum-
religión y de las artes. No sólo atiende ai pensamiento de los filósofos stuissenschaft y el programa de la Bibliothek W arburg y hallaran su
profesionales, sino también ai de científicos y teólogos, economis· continuación en la obra realizada en la Mediaeval Academy y en la
tas y teóricos, poetas y artistas. Va de la Antigüedad a nuestro siglo, Renaissance Society, así como en las contrapartes regionales y locales
y si bien centra su atención en e! mundo occidental, no excluye explo- que en los Estados Unidos existen. Tal como una comprensión total de la
raciones dei pensamiento oriental y dei primitivo. Arranca de suponer Antigüedad griega y latina exige estudiar historia, arqueología y otras
que si bien los problemas, conceptos y términos están sujetos a un disciplinas especiales, y no sólo dominar esa erudición clásica conven·
cambio y a un desarrollo constantes, representan a la vez un mundo cional que se limita a la literatura de la Antigüedad, el estudio de la
de discurso viviente que nos es comprensible e importante, y que nos Edad Media y dei Renacimiento pide una síntesis cabal de los cono-
ayuda' a interpretar el pasado y a formular nuestro pensamiento, que cimientos que sobre cada uno de esos períodos aportan disciplinas tan
.vive en continuidad con él. variadas como la política, la economía y la historia institucional; las
Si bien en la historia dei pensamiento la vieja tradición intelectual literaturas inglesa, germánica y romances; la historia de la Iglesia y
se centraba en los sistemas ideados por los pensadores más importantes, la teología; la historia dei arte y de la música, de la filosofía y de las
la historia de las ideas examina el modo en que una variedad de
. .
c1enc1as.
pensadores -grandes o pequenos, 'profesionales o populares- ha tra· Una mera yuxtaposición de esos hallazgos es fácil, pero no tiene
tado problemas y conceptos específicos. Este enfoque ha sugerido sentido. Más importante y más difícil es lograr una síntesis y una in·
campos de investigación, totalmente nuevos e incluso investigacio- terpretación general de los resultados conseguidos en las diferentes
nes bibliográficas. Ha dado más importancia a muchos pensadores disciplinas, siendo esto, por lo menos ai comienzo, un programa y un
menores o marginales debido ai modo que tuvieron de manejar cierto ideal antes que un hecho cumplido. No obstante, este empeno en los es·
problema o concepto, problema que acaso ocupara un lugar menor en tudios y programas interdepartamentales ha sido beneficioso para los
los sistemas de los pensadores principales, quienes por tradición han estudios renacentistas por varias razones. Primero, facilitó el intercam-
dominado e! estudio de la historia de la metafísica, la cosmología, la bio de información y métodos entre distintas disciplinas. Segundo, fo-
epistemologia o 1a lógica. · mentó en los estudiantes de literatura inglesa -que en este país
Además, la historia de las 1deas facilita e! examinar la historia de significan un gremio muy popular- el abandonar los terrenos sobre·
la filosofía dentro de un contexto y teniendo como telón de fondo una poblados de ese campo específico y el atender a temas y problemas me·
historia intelectual de límites más amplios, pues sabido es que los filó- nos cultivados, pertenecientes a campos vecinos. Tercero, ha impulsado
sofos profesionales tomaron muchos de sus conceptos e ideas de la civi- a los estudiantes de literatura italiana para que presten mayor aten-
lización que los rodeaba, tal y como, a su vez, sus ideas originales ción a ciertas tareas olvidadas de ese campo inmenso, pues dichas áreas
influyeron sobre esa civilización y la transformaron. Por tanto, la histo- adquieren mayor interés como fuente o contraparte de avances impor·
ria de las ideas es un complemento bien recibido de la historia de la lantes ocurridos f uera de I tal ia. Además, el sistema actual de disciplinas
filosofía, aunque cierto es que no la sustituye. AI igual que las ciencias y departamentos académicos, junto con sus programas de estudio, está
o las artes, la filosofia tiene su propia tradición específica, y se com· muy lejos de ser completo o adecuado. Omite muchos aspectos de la
prenden mejor ciertos puntos esenciales dei pensamiento de cada filó- civilización medieval y de la renacentista, o no consigue descubrirlos
sofo moderno en la relación de éstos con sus predecesores de la Anti· porque no tienen los mismos nombres que sus contrapartes de hoy en
güedad o de tiempos posteriores, que en relación con las vagas ideas de día. Por oiro lado, un programa interdepartamental puede incluir mate-
sus contemporáneos no filósofos. Por así decirlo, para comprender a rias tan necesarias como la paleografía o la literatura neolatina ~ue
un filósofo, un artista o un científico es necesario atender a dos dimen· ningún departamento apoyará fácilmente-, o la historia de la retórica
siones, y lo ideal es combinar ambas o atender a una de ellas sin negar o de la gramática, mínimamente tomadas en cuenta y esto gracias a que
la otra. las llamamos crítica !iteraria y lingüística.
La otra línea de desarrollo reciente a la que hemos aludido, y que Finalmente, pocos filósofos y pocos departamentos de filosofía en·
afecta el estudio dei Renacimiento, es el surgimiento de los estudios senan la filosofía dei Renacimiento aunque, ésta tenga un lugar firme
r 24 INTRODUCClôN

en cualquier programa de estudios renacentistas en el cual los estudian-


INTRODUCCiôN 25

texto exacto, mientras que la edición crítica no sólo entregará un texto


tes del arte y de la literatura deseen conocer algo de la f ilosofía del correcto, sino las notas necesarias respecto a variantes y f uentes.
período; además, los maestros de literatura y de la historia, de historia Se requieren nuevas monografias sobre muchísimos pensadores dei
del arte y de musicología seguirán estudiando las f uentes filosóficas Renacimiento, algunos de ellos importantes; monografias cuya base sea
de ese período los ayuden o no, los guíen o no sus colegas filósofos. un conocimiento directo y total de los escritos de esos pensadores. Los
Con base en mi propia experiencia puedo decir que entre los estudian- estudios dei pasado son a menudo poco confiables y en más de un
tes de historia, literatura, arte y música he encontrado un interés caso se ha demostrado que una lectura directa de las obras de un autor
mayor por la filosofía del Renacimiento que entre los filósofos profe- eliminará sin dilaciones ciertas etiquetas y juicios convencionales que
sionales, y temo que en mi obra se refleja la circunstancia de que más han sido repetidos por siglos. Es necesario emplear con sumo cuidado
a menudo he impartido mis cursos y dado mis conferencias a estu- e incluso evitar los nombres dados a ciertas escuelas -como los del pla·
•'
diantes y colegas de disciplinas cercanas que a filósofos profesionales. tonismo, averroismo o nominalismo-, para dar paso a la .descripción
detallada y exacta de las opiniones verdaderas que un autor expresó
Habiendo hablado ya de los cambios que han ocurrido en el campo de en sus obras. ·
los estudios renacentistas en los últimos cincuenta afios o poco más o Aparte de las monografias dedicadas a pensadores individuales,
menos, me gustaría aõadir algunos comentarios acerca de las tareas requerimos elucidar la historia de muchos conceptos y problemas, así
futuras y de las perspectivas, hasta donde sea posible suponerlas desde como la historia de ciertas escuelas y corri entes que como tales f ueron
nuestro punto de vista. En el pasado reciente se ha logrado mucho en reconocidas por sus miembros y sus contemporáneos, y no simplemente
el estudio de la historia intelectual del Renacimiento, pero mucho más por historiadores posteriores. El influjo de ciertos pensadores de la
queda por hacer, en parte siguiendo las mismas líneas de investigación Antigüedad y del medievo sobre el Renacimiento requiere de estudios
hasta el momento obedecidas. Para darle una base firme al estudio de adicionales, y deberá prestarse atención a las copias y ediciones de
las fuentes, es necesario continuar y complementar, hasta donde sea sus escritos, a las traducciones, los comentarios y los resúmenes produ-
posible, la tarea bibliográfica de enumerar los manuscritos pertinentes cidos durante el Renacimiento, así como a las citas que de sus obras
y las primeras ediciones impresas. y no sólo es cuestión de enumerar hayan hecho los pensadores renacentistas. A la vez, necesitamos más
los manuscritos y las ediciones, sino de hacer referencias cruzadas por estudios sobre la influencia que los pensadores renacentistas ejercieron,
autores y por temas, de modo que se facilite el estudio adicional de en los siglos subsecuentes, en la Ilustración, cl romanticismo y el pen·
pensadores y problemas individuales. Además, esos índices permitirán samiento moderno y contemporâneo. Necesitamos más trabajos acerca
ver la popularidad relativa de un autor o de un problema dado en de la historia de las varias disciplinas filosóficas y acerca de sus
su época, cosa que no siempre coincide con la importancia que, con relaciones múltiples con otras ramas del conocimiento, de las ciencias
razón o sin ella, le otorgan los historiadores de hoy en día. y de las artes. Un estudio adicional del lugar que la filosofía ocupa
Si bien es necesario enumerar todos los textos, trátense de manus- en las universidades ayudará mucho a reducir la brecha que existe
critos o de ediciones, no todos merecen un estudio detallado e incluso entre la historia intelectual y la institucional o social. Una síntesis
es menor el número de los que justifican el esf uerzo considerable de de los hallazgos intelectuales hechos, a la cual se dé forma de enci·
una nueva edición crítica. Sin embargo, sigue siendo desiderátum de la clopedia o de manual detallado, debe ser una de nuestras metas y
labor erudita el publicar ediciones críticas de los pensadores más im· tarde o temprano habrá de intentarse cumplirla, si bien el estado actual
portantes y de las obras más significativas o influyentes de los pensa- de nuestros conocimientos no hace alentar mucha esperanza de un
dores menores. Es necesario completar las ediciones ya en proceso de éxito rápido o perdurable, en especial si lleva a cabo tal esfuerzo
Petrarca, Bruni, Valla, Manetti, Cusano, Landino, Ficino, Pico, Pom· un especialis·ta o, incluso, un grupo pequeõo de eruditos.
ponazzi y oiros; debiera disponerse de buenas ediciones de un cierto No obstante, en todos esos esfuerzos por estudiar la filosofia rena-
número de oiros filósofos y humanistas más o menos importantes. Cierto centista, guiará nuestra orientación el interés en los problemas y las
que hoy día es posible leer en microfilme cualquier edición o manus· tradiciones nucleares que remontan a la filosofía griega, y a los cuales
crito antiguo, pero cierto también que ningún manuscrito ofrece un la filosofía renacentista, situada entre la medieval y la moderna,
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26 INTRODUCCiôN INTRODUCCiôN

intentó hacer su pro pia contribución. De esta manera, se refutará la dei filósofo analítico. Hay una búsqueda general de síntesis amplias
crítica negativa de que nos lleva un simple interés de anticuario por y un desprecio por los detalles y los matices; se deplora constantemente
ideas pasadas de moda; aparte de esto, cualquier idea pasada de moda, la especialización, pero a la vez sé la practica, como ha venido ocurrien-
si tiene algún mérito, en cualquier momento puede volver a ponerse do desde, por lo menos, el siglo XII.
de moda. Debemos confiar en que no prevalezcan estas amenazas contra el
'•
El progreso conseguido en anos recientes en los estudios sobre el futuro de nuestro trabajo; en que se las mitigará, ai menos en cierta
Renacimiento, así como el talento y la preparación de varias generacio- medida. Esperamos una educación mejor, tanto para la población en
nes de eruditos más jóvenes que yo, debe hacernos tener mucha con- general como para nuestros futuros sabios, pues con ello comprenderá
>
i,_ f ianza en que nuestro campo de especialización seguirá desarrollándose. mejor la gente lo que estamos tratando de hacer, y una mayor toleran-
Por otra parte, varios f actores de naturaleza más general representan cia dentro de la comunidad académica, lo que permitirá preservar o res-
una seria amenaza para la erudición en general y, por lo mismo, tam- taurar el lugar que nuestra especialidad necesita para existir y seguir
bién para la erudición sobre el Renacimiento. La declinación constante desarrollándose. Finalmente, no deberán restringirse las_ investigacio-
de nuestro sistema educativo dificulta cada vez más que los futuros nes académicas excusando motivos políticos o ideológicos. AI igual que
especialistas adquieran las habilidades lingüísticas y de otro tipo esen- el científico, el erudito tiene el derecho y el deber de seguir su curio·
ciales en todo ejercicio serio de los estudios históricos; asimismo, la sidad natural, y no la obligación de satisfacer un interés popular
atención exclusiva presentada ai mundo contemporáneo, que ha alcan· o favorecer una causa política específica. Deberá gozar de libertad
zado las proporciones de una revolución cultural, mina cualquier in- para investigar los problemas que le interesan y enriquecer los conoci-
terés que el público pueda tener por el pasado. El erudito se ve sujeto mientos hasta donde pueda. Si se llega a pensar que esos conocimien-
a una presión constante; mas no para que adquiera nuevos conoci· tos tendrán consecuencias po!Hicas o sociales indeseables, es res·
mientos mediante investigaciones nuevas, sino para que comunique ai ponsabilidad dei estadista y del ciudadano (y también dei erudito en
público en general todo aquello que se sabe (como a ese erudito le co· tanto que ciudadano) evitar esas consecuencias, mas no el impedir la
rresponde hacer), y a comunicarlo de ur: modo diluido y en ocasiones búsqueda y adquisición de conocimientos en si.
distorsionado (como no le corresponde hacerlo). De esta manera, debido
Una curiosidad natural, las perspectivas cambiantes y una combina-
a la presión popular y a una preparación débil, puede verse obligado a ción nueva de los distintos elementos que componen los conocimientos
cultivar una especie de erudición falsa en lugar de la verdadera: recu-
antiguos permitirán abrir caminos a temas y problemas nuevos, a nue-
rrirá a traducciones en lugar de ir a los textos originales, se basará en
vos métodos e interpretaciones, y hará que se preste atención a f uentes
f uentes secundarias y no primarias, en lugares comunes vagos en lugar
hasta el momento descuidadas, así como que se corrijan teorías venidas
de conceptos precisos, en fórmulas abstractas en lugar de matices con-
cretos, y buscará las teorías y las ideologías dei momento en lugar dei pasado, pero ya improcedentes. No debemos reemplazar "la eru-
de los hechos y los documentos históricos, prestando atención a pro- dición tradicional" por métodos y teorías nuevos, como algunas perso-
. blemas artif iciales puestos de moda, pero poco relacionados con los nas afirman, sino utilizar métodos viejos y nuevos para lograr el mayor
l acontecimientos históricos y, por lo mismo, incapaces de aportar una
enriquecimiento posible de nuestros conocimientos. Las generaciones
jóvenes de estudiantes y especialistas competentes necesitan mostrar
solución satisfactoria.
En el mundo académico la erudición histórica, !iteraria y filosófica capacidad y deseo de aprender de sus maestros aquello que debe apren-
- por lo común llamada humanidades- tiene que competir con disci- derse; ya- pasarán luego a proponer contribuciones nuevas, como hi-
plinas prácticas como la ley y la medicina, con los programas de adies- cimos nosotros, los eruditos viejos, cuando éramos jóvenes. No deberá
tramiento práctico de los ingenieros, los comerciantes, los periodis- decidirse la validez de las contribuciones intelectuales mediante las
tas y los trabajadores sociales y, más directamente, con las ciencias ideas preconcebidas de camarillas o claques académicas, o por la
naturales y sociales. Incluso en el propio campo de las humanidades proclividad cambiante de quienes deciden las modas intelectuales o
el historiador tiene que defenderse contra las pretensiones, a menu do conforman la opinión pública; decidirá dicha validez el juicio incorrup·
excesivas e intolerantes, dei historiador social, dei crítico literario y tible de los eruditos futuros que estén dispuestos a reexaminar las prue-
28 INTRODUCClôN INTRODUCC!ôN 29

bas y sean capaces de hacerlo. Confío en que contaremos con ese tipo ticos, sino esperar pacientemente el veredicto de nuestros sucesores. No
de eruditos y yo, por mi cuenta, estoy dispuesto a someterme a su jui- tenemos poder sobre el futuro. Pudieran diluirse nuestras esperanzas
cio y a que corrijan los errores que haya podido cometer. y los frutos de nuestra labor verse rechazados u olvidados. Desearía·
En bien de la salud futura de nuestra profesión necesitamos refle- mos creer que el pasado y el presente contribuirán siempre ai futuro y
xionar, además, sobre los métodos de la erudición histórica y sobre que en él se verán incluidos; además, lo pasado tiene vida y un futuro
cuál es su lugar en el sistema de nuestra cultura y de nuestras expe· potencial. Se trata de una f e imposible de comprobar, pero que puede
riencias. lniciaron este camino filósofos de la historia desde \ ' ico hasta darnos soporte. Sólo podemos saber y hacer aquello que se nos ha otor.
Hegel, metodólogos de la historia desde Droysen hasta Marrou y gado, y debemos dejar el resultado en manos de las f uerzas naturales
desde Dilthey y Rickert hasta Cassirer. En este país y en décadas re· y humanas que gobiernan el mundo y que, esperamos, quizás estén
cientes hemos visto una extraiia falta de interés por esos problemas. guiadas a su vez por una ley y una providencia superiores.

Como resultado de ello, las disti ntas disciplinas intelectuales ignoran
su propio método; es decir, tanto los rasgos metodológicos comunes
a todos los campos, como aquellos peculiares de uno o de algunos de
ellos. No se han aclarado las af irmaciones contrapuestas de los hechos
y de la interpretación, de las pruebas y de la teoría. Por otra parte,
filósofos de cuiio reciente -dedicados a la lógica o a la filosofía de
la ciencia- tienden a ignorar o a interpretar erróneamente los métodos
de la investigación histórica y la naturaleza de las pruebas sobre cuya
base asientan la validez de su especialidad como rama dei conoci.
miento. Necesitamos una epistemología de la erudición histórica que
permita unir las diferentes disciplinas en una empresa común y le
asigne a éste un lugar adecuado en una teoría y una íilosofía de la cul-
tura totalizadoras.
El mundo de la erudición, alguna vez llamado república de las
letras, es o debiera ser autónomo. Tiene su dominio y su tradición pro·
pios, sus reclutas y sus fuerzas leales, sus enemigos y sus traidores.
1
Si cede a la presiones políticas o sociales, lo hace a riesgo propio,
y debe tomar en cuenta el precio que se le exige y si vale la pena pa·
garló. Pues, como intelectuales, es nuestra tarea conservar y mantener
vivo lo que es valioso en nuestra tradición cultural. Nuestra civiliza·
ción, especialmente en sus aspectos externos --como son monumentos,
bibliotecas e instituciones-, se ha visto expuesta y continúa viéndose
expuesta a la destrucción y a la transformación continua. Son las ideas
nuevas las que producen esos cambios, pero tamhién la simple sucesión
de diferentes generaciones humanas. Es tarea de los filósofos e historia-
dores continuar el examen de problemas viejos y nuevos en el marco de
nuestro pasado. Esa tarea depende de la transmisión de conocimientos
y de la conservación de los 1ibros.
Tenemos el derecho y el deber de comunicar nuestros hallazgos y de
expresar nuestros puntos de vista lo mejor que podamos. No debemos
hacerles una propaganda superior a sus méritos o retar a nuestros crÍ·
PRIMERA PARTE

EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGÜEDAD


CLÁSICA

1
1


INTRODUCCIÓN

' DESDE la época en la cual me enseíiaron filosofía clásica y escribí mi


tesis doctoral sobre un filósofo griego, he mantenido, de cara a los vien·
tos cambiantes de la opinión a la moda, una creencia firme en el valor
continuo de los estudios clásicos y de la educación clásica. Por lo
mismo, nunca dejé, en mi propósito de comprender a ciertos escrito·
res filosóficos del periodo renacentista, de prestar la debida atención
• a las influencias ejercidas sobre ellos por la antigüedad clásica; me
gustaría presentar en estos ensayos, de un modo más completo, mis
puntos de vista acerca de este importante tema, haciéndolo tan cabal·
mente como el espacio disponible y el estado de mi inf ormación me
lo permitan.
Como pudiera suceder que las exploraciones filosóficas, históricas
y, en no menor medida, políticas peligraran hundirse en la conf usión
debido ai uso de ideas vagas y mal defi nidas; dado que, por otra parte,
me veo incapacitado de examinar mi tema sin recurrir a algunos de los
términos generales que es tradicional aplicarle, quisiera explicar, en
primer lugar, de quê modo me propongo utilizar algunos de ellos.
En tiempos recientes, el significado dei término Renacimiento ha
sido motivo de una interminable controversia entre los historiadores,
quienes han estado discutiendo el valor, las características distintivas,
los límites temporales y la existencia misma de ese periodo histórico.1
No repeti ré ni ref utaré ninguno de los argumentos propuestos por otras
• personas; me limitaré a informar que por Renacimiento com prendo
aquel periodo de la historia de Europa occidental que abarca, aproxi-
madamente, de 1300 a 1600, sin permitirme ning una idea preconce·
bida respecto a las características o méritos de ese periodo o de aque-
llos que lo precedieron y lo siguieron. No pretendo afirmar que hubo
una ruptura súbita ai comienzo o ai final dei Renacimiento o negar

l Jacob Burckbairdt, Die Cultur der Renaissance in Italien, Basilea, 1860; trad. por S. G.
C. Middlemore como The Civilitalion o/ the Renaissa11ce in ltaly, Londres, 1878, y otras mu-
cha.s edicíones en ambos idiomas. Joban Huízínga, The JP'aning o/ the Middle Ages, Londres,
• 1924. Wallace K. Ferguson, The Renaissance ill Historica1 Thought, Boston, 1948. Símposío
sobre el Renacimiento por Dana B. D11rand, Hans Baron y otros, en Jour11-0l o/ the History o/
ldtos, 1943, núm. 4, pp. 1-74. Erwin Panofsky, Renausance and Renascences in JP'estern Art,
Estocolmo, 1960. August Buck, ed., Zu Begrilf und Problem der ReMissance, Oarmstadt,
1969. François Masai, "La notion de Renaissance" en Lu catégories en histoire, B~
las, 1968, pp. 57-86.
33
1
EL PENSAltiIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGOEDAD CUSICA INTRODUCCiôN

que hubo mucha continuidad. Incluso estoy dispuesto a admitir que, en la filosofía en su sentido estrecho y técnico, caracterizado por las tra.
algunos sentidos, los cambias ocurridos en los siglas xn y XIII o xv11 diciones profesionales y la disciplina dei método, pasando al vasto
y xv111 f ueron más profundos que los dei x1v y xv. Simplemente in. campo dei pensamiento general representado por los escritos de poetas
sisto en que el llamado período renacentista tiene una f isonomía pro· y prosistas, de eruditos, de científicos y de teólogos. En cierta me·
pia, y que la incapacidad de los historiadores para encontrar una defi. dida, el historiador de la f ilosof ía se ve obligado a seguir ese curso,
nición sencilla y satisfactoria de dicho período ~10 nos autoriza a dudar ya que el significado mismo de f ilosof ía, el subrayado que hace de
de su existencia; de otra manera, y siguiendo la misma línea de pen· ciertos problemas, su relación con otros campos dei quehacer intelec·
samiento, tendríamos que dudar de la existencia de la Edad Media y tual, el sistema que ocupa en el sistema de cultura suf rirán probable·
dei siglo XVIII. mente un cambio continuo. Por otra parte, nuestra tarea se simplifica
El Renacimiento es una época muy compleja y abarca, justo como la dado que no tomamos el pensamiento renacentista en su aspecto ori.
Edad Media o cualquier otro periodo, muchísimas diferencias crono· ginal o en todo su contenido, sino simplemente en sus relaciones con
lógicas, regionales y sociales. Centraré mi atención, aunque no de un la Antigüedad clásica.
modo exclusivo, en la Italia dei siglo xv y de principias dei XVI. Si A su vez, dicha relación pide un comentaria preliminar adicional.
bien las diferencias culturales entre ltalia y la Europa dei norte no Desde luego, el mundo de la Antigüedad clásica, y en especial su lite·
fueron menos considerables durante la alta Edad Media que durante el ratura y su f ilosof ía, parece dueíío de una realidad sólida que, como
Renacimiento, Italia, junto con los Países Bajos, llegó en el sjglo xv a una elevada cadena montafiosa, ha estado por muchos siglos dominando
ocupar una posición de líder intelectual en la Europa occidental que el horizonte. Ahora bien, una inspección hecha de más cerca permite
no había gozado en la época precedente. Si durante la Edad Media, ver que el empleo dado a esta herencia por generaciones posteriores
Europa tuvo uno o varias renacimientos, como creen algunos especia· ha estado sujeto a muchos cambias. Cada periodo of rece una selección
listas, la parte de Italia en esos "renacimientos" anteriores f ue bas· y una interpretación dif crentes de la literatura antigua, y en distintas
tante limitada. Por otra parte, si el Renacimiento dei siglo xv, visto épocas han tenido flujos y reflujos más o menos considerables en su
contra el telón de fondo de la Edad Media francesa, no parece a algu· popularidad los autores griegos y latinos, junto con sus obras. Por
nos historiadores un renacimiento de Europa, si pareció a quienes en· tanto, no nos sorprenda enterarnos de que la actitud renacentista bacia
tonces vivían un renacimiento de ltalia, pues lo comparaban con la la Antigüedad clásica se diferencia en muchos sentidos de la medieval
Edad Media de este país. o de la moderna. El clasicismo moderno, que surgió en el siglo xvm
Por otra parte, no me limitaré a examinar el Renacimiento sobre la y sigue influyendo en nuestro enfoque de los clásicos, si bien modificado
base de unos cuantos pensadores y escritores sobresalientes y muy cono· a partir de entonces por distintas corrientes dei quehacer intelectual
ciclos, sino que procuraré trazar un mapa cultural del periodo, tomando histórico, arqueológico y antropológico, ha tendido a centrar nues·
en cuenta para ello la vasta cantidad de inf ormación oculta en las bi- tra atención en la literatura y el pensamiento griegos que van dei pe·
bliografías de las primeras ediciones, en las colecciones y en los catá· riodo primero y clásico hasta el siglo IV a.e.; y, en menor medida,
logos de libras manuscritos y en los archivos de colegios, universi· en la literatura romana hasta el siglo 1 d.e. Ocurre entonces que las
dades y otras instituciones académicas. Este enfoque nos permitirá fases posteriores de las literaturas griega y romana, y en especial de
observar a los grandes escritores dei período desde una perspectiva su literatura doctrinal y científica, están comparativamente olvidadas.
más adecuada, así como juzgar en cada caso si estamos tratando con Por otra parte, la Europa medieval vivió por muchos siglos sujeta a
la expresión representativa de una corriente de pensamiento amplia o la tradición directa de la antigüedad romana, utilizó el latín como medio
con la contribución aislada y original de una mente en lo particular. de aprendizaje y para una buena parte de su literatura y de sus
Cuando intentamos com prender el pensamiento y la filosofía dei Re· transacciones comerciales y conoció muy ampliamente algunos -no
nacimiento, o de cualquier otro periodo, nos enfrentamos, claro está, todos- de los poetas y prosistas romanos antiguos, ocurriendo que, con
a una variedad de corrientes y escritores individuales que desafia unas cuantas excepciones, estuviera poco familiarizada con el griego
cualquier intento de descripción general. La tarea se vuelve incluso y con su literatura clásica. Además, la temprana Edad Media, desde la
más compleja si llevamos nuestro punto de vista más aliá del campo de época de los Padres de la Iglesia latinos, estuvo dedicada ai problema

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36 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGtlEDAD CLASICA lNTRODUCClôN 37

de reconciliar el estudio de los clásicos paganos con las ensenanzas y los Como re;;ultado de este amplio interés, los estudios clásicos tuvieron en.
mandatos dei cristianismo, problema que alcanzó mayor urgencia por· el Renacimiento un lugar más central en la civilización de aquel pe-
que la sabiduría de la época estaba casi por completo en manos de la ríodo, estando unidos de un modo más íntimo con otras tendencias y
clerecía católica. Durante la tardía Edad ~1edia, y más específicamente logros intelectuales que en cualquier otro período de la historia de
entre mediados dei siglo XI y f inales del x111, se produj"eron cambios Europa occidental, sea anterior o posterior.
profundos en la cultura intelectual de Europa occidental. En la filo·
sofía y las cienqias surgió un interés profesional cada vez mayor, que
f ue fomentado por la influencia árabe y nutrido por un diluvio de tra·
ducciones latinas dei árabe y dei griego, gracias a las cuales los estu.·
diantes dei mundo occidental dispusieron por primera vez de muchas
obras de Aristóteles y de unos cuantos filósofos griegos más, de Eucli· 1
des y Ptolomeo, de Galeno y de Hipócrates. Este interés tardío de la '
época medieval por las obras de ciertos filósofos y científicos griegos
debe quedar claramente diferenciado de anteriores estudios medie·
vales de los poetas y prosistas latinos clásicos. De hecho, hubo un con·
flicto entre los representantes de las artes --es decir, de las artes libe-
rales y de las disciplinas científicas y filosóficas- y los seguidores
de los aldhores --es decir, de los grandes libros-; en el siglo XIII la
última. tendencia había sufrido una derrota decisiva, aunque tal vez
temporal.'
La actitud renacentista bacia los clásicos heredó algunos rasgos de
la Edad Media, pero se dif erenciaba de los enfoques medievales pri·
mero y último, así como dei adoptado por el clasicismo moderno. Los
eruditos dei Renacimiento continuaron o reanudaron el estudio de los
autores latinos cultivados por los gramáticos medievales, pero amplián·
dolo y mejorándolo mucho, a la vez que prosiguiéndolo por el gusto de
hacerlo. No eran anticristianos, pero, en tanto que legos, no subordi·
naban el desarrollo de la sabiduría secular a su amalgamamiento con
la doctrina religiosa o teológica. Además, agregaron a lo anterior el
estudio del griego y de toda su literatura, sobrepasando en mucho
los limites de la ciencia y de la f ilosof ía aristotélicas. Finalmente,
guiados por el entusiasmo que les producía todo lo antiguo, así como
por un programa consciente de imitación y revivificación de la erudi·
ción y la literatura antigua, los intelectuales renacentistas tenían un
interés mucho más cabal por la literatura antigua que los estudiosos
medievales o modernos. No despreciaron a los autores posteriores o
menores, a pesar de una preferencia muy difundida por Cicerón o Vir·
gilio, e incluso aceptaron como auténticas muchas obras apócrifas.
• The Bali/e o/ the Seven ArtJ.. , by Henri 'd' Ande/i, L. ]. Paetow, Berkeley, 1914.
Eduard Norden, Die tllltike Kun•tpro•a vom YT. /ahr/w.ndert v. <.:Ar. bi• in dit: Zeit ikr
RenaiJ$0ll.Ct, 2 vols. Leipt.ig, 1898, núm. 2, pp. 688 y ss, pp. 724 y ss.
~
I! EL MOVlMIENTO HUMANISTA 39

1. EL MOVIMIENTO HUMANISTA
r categorias y clasificaciones que o bien se nos han vuelto poco familia-
res, o bien han adquirido connotaciones diferentes.
En lo que al término "humanismo" toca, sus antepasados históricos
han quedado bastante claros como resultado de estudios recientes. El
Sr QUEREMOS comprender el papel que tuvieron en el Renacimiento los 1 educador alemán F. J. Niethammer acufió en 1808 el término Huma·
estudios clásicos, dehemos comenzar por el movimiento humanista. El nism.Us para significar que la educación secundaria atendia ante todo
término "humanista" ha estado asociado por más de cien afios con el Re- f a los cJ.ásicos griegos y latinos, oponiéndola así a las crecientes deman·
nacimiento y sus estudios clásicos, pero en tiempos recientes ha venido
a ser causa de mucha confusión filosófica e histórica. En el discurso
I· das de que la educación f uera más práctica y más científica.' En este
sentido, muchos historiadores dei siglo XIX aplicaron la palabra a los
de hoy dia, casi cualquier clase de interés por los valores humanos f hombres de estudio dei Renacimiento, que tamhién habían defendido
recihe el calificativo de "humanista" y, en consecuencia, una enorme y establecido el papel central de los clãsicos en los planes de estudio, y
variedad de pensadores -religiosos o antirreligiosos, científicos o anti· que en algunas ciudades alemanas habían fundado, en el siglo xvr,
científicos- se siente con derecho a lo que se ha vuelto un marbete aquellas escuelas que en el XIX seguían manteniendo la misma tradi-
de alabo bastante vago. ción. No podemos hacer de lado el término Humanismus, en su sentido
Tal vez pudiéramos pasar por alto esta confusión ocurrida en el específico de un programa y un ideal de educación clásica, porque lenga
siglo XX si no f uera por su repercusión directa en los estudios histó-
ricos. Para muchos historiadores, por saber que el término "humanis-
l un origen comparativamente reciente. Proviene de una palabra similar,
"humanista", cuyo origen remonta al Renacimiento mismo. El latín hu-
mo" ha es-tado asociado tradicionalmente con e! Renacimiento, y al ver manista y sus equivalentes vernáculos en italiano, francés, inglés y otros
que algunos rasgos de la noción moderna de "humanismo" parecen idiomas fueron términos de aplicación común, durante el siglo xvr, a
tener su contraparte en el pensamiento de aquel período, han aplicado quienes eran profesores, maestros o estudiantes de humanidades; tal
graciosamente el término "humanismo", en su vago sentido moderno, uso siguió vivo y era bien comprendido hasta el siglo xvrn.ª La pala·
ai Renacimiento y a otros períodos dei pasado, hablando dei humanismo bra, a juzgar por la primera aparición de la que tenemos noticia, parece
renacentísta, dei humanismo medieval o dei humanismo cristiano de haber surgido de la jerga estudiantil de las universidades italianas, en
un modo que desafía cualquier definición y poco o nada parece conser- las cuales el profesor de humanidades terminá por ser llamado uma.
var dei significado clásico fundamental que tenía e! humanismo dei nista por analogia con sus colegas de disciplinas más antiguas, a quienes
Renacímiento.1 Paréceme éste un ejemplo dafiino de esa tendencia ge· por siglos se habían aplicado los términos de legista, jurista, canonista y l
neral que hay entre los historiadores a imponer ai pensamiento del artista. 1

pasado los términos y las etiquetas de la época moderna. Si queremos ~ El término humanista, acufiado en el apogeo del Renacimiento, pro·
1

comprender la filosofia dei Renacimiento, o de cualquier otro período, venía, a su vez, de otro anterior: es decir, de "humanidades" o stu.dia 1

no sólo debemos procurar separar la interpretación dei pensamiento humanitatis. Autores romanos tan antiguos como Cicerón y Gelio em· 1

autêntico de aquel período de la evaluación y crítica de sus méritos, sino plearon este término con el sentido general de una educación liberal
volver a captar el significado original dado por aquella época a ciertas o !iteraria, uso que continuaron los sabios italianos de f inales dei si·
1 Se tienen algunas definiciones importantes de humanismo, con las cuales no e1toy de glo xrv .' En la primera mitad del siglo xv stu.àia humanitatis vino a
acuerdo, en ~tienne Gilson, Saint Thomas cfAquin, Paris, 1925, pp. 6·1; id., "Humanisme significar un ciclo claramente definido de disciplinas intelectuales -a
médiéval et Renaissance", Les idées el les /e1tres, Paris, 1932, pp. 189 y ss ; Douglas Bush, saber, la gramática, la retórica, la historia, la poesia y la filosofia
The Renaissance and Eng/iJh Humani.sm, Toronto, 1939, p. 39 y ss; id., Classical ln/luencts
in Renai.ssance Literature, Cambridge, Mass.. 1952, pp. 48 y ss; Gerald G. Walsb, Medieval i Walter Rüegg, Cicero und der Humanismus, Zurich, 1946, p. 1 y ss.
-HumaniJm, Nueva York, 1942, p. 1: "En términos generales, considero que humanismo e1 la • V;a,,e capítulo v. Augusto Campana, "The Origín oi the Word 'Humanist' ", Joumal
idea de que un ser humano debe conseguir, en vida, una buena medida de felicidad bu· o/ 1he 1? arburc and Courtauld /nslitutes, 1946, núm. 9, pp. 60·73.
mana" (de acuerdo con esta definición, Aristóteles es un humanista, pero Petrarca no); • Wemer Jaeger, Humanism and Theol-Og)', Milwaukee, 1943, p. 20 y ss, p. 72 y ss. Rudolf
Paul Renucci, L'Aventure de rhumanisme européen au M,,,en Age, Paris, 1953, p. 9. Pfeiffcr, 1lurntVii/4s Emsmiana, Leipzig-Berlin, 1931.
38

••
40 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA EL MOVIMIENTO HUMANISTA 41

moral- ª entendiéndose que el estudio de cada una de esas materias


r primer plano el significado renacentista de "humanidades" y "huma·
incluía la lectura e inter~retación de los escritores latinos usuales y, r nista" cuando me vea emplear el término "humanismo" en estos ensa-
en grado menor, de los gr1egos. Este sentido de studia humanitatis estu. yos, y oi vi dar tanto como le sea posible los usos modernos de esa
vo en uso general en el siglo XVI y posteriormente, y ecos tenemos de palabra. . . . . . .
él en el empleo que damos ai término "humanidades". Quizá el mejor modo de e1emphf1car la 1mportanc1a capital de los
Por tanto, el humanismo renacentista no era, como tal, una tendencia intereses literarios del humanismo renacentista sea examinar la posi-
' o un sistema filosófico, sino más bien un programa cultural y educa- ción que, como profesionales, tenian los humanistas -;-una mayoría
tivo, en el cual se enfocaba y desarrollaba un campo de estudios im- de los cuales trabajaba bien como maestros de humanidades en las
portante pero limitado. Dicho campo tenía como centro un grupo de escuelas secundarias o en las universidades, bien como secretarios de
materias cuyo interés primero no eran ni los clásicos ni la filosofia, príncipes o de ciudades- y asimismo el volumen de escri~os ~xis­
1. sino algo que podriamos describir aproximadamente como literatura. tentes que consistia en discursos, cartas, poemas y obras h1stór1cas,
Esta singular preocupación literaria dio su carácter peculiar a ese es· en pa;te aún inéditos e incluso sin clasificar.. Escapa a las intenciones
••
tudio tan intenso y extenso que los humanistas dedicaron a los clásicos de este libro dar idea de las actividades profesionales de los huma-
griegos y, en especial, a los latinos, diferenciándolo esto del de los nistas o de su contribución a la lite~atura neolatina y a las distintas
eruditos dedicados ai mundo clásico desde la segunda mitad del si· litera:uras vernáculas. Simplemente deseo indicar que es necesario
glo XVIII. A mayor abundancia, los studia humani.latis incluían una dis· comprender el humanismo renacentista como una {ase característica de
ciplina filosófica -es decir, la moral-, y excluían por definición lo que podriamos llamar la tradición retórica de la cultura occi-
campos como la lógica, la filosof ía natural y la metafísica, así como las dental. Dicha tradición remonta a los sofistas griegos y sigue llena
• matemáticas, la astronomia, la medicina, las leyes y la teologia, por de vida en nuestros días, bien que la palabra "retórica" resulte desa·
,,! sólo mencionar aquellas áreas de estudio firmemente establecidas en gradable a muchas personas. Los cursos de lengua y composición, ~e
\ las actividades universitarias y en los esquemas de clasificación de ese redacción y de escritura creadora, de propaganda y de corre~pondenc1a

1
periodo. En mi opinión, hecho tan insistente aporta pruebas irref u- comercial i qué son sino variedades. modernas de la ant1gu~ tarea
ta bles contra los intentos repetidos de identificar e) humanismo rena- retórica, que trataba de enseiíar la expresi?~ oral y la escrita me-

!
1
centista con la f ilosof ía, la ciencla o el saber del periodo como un todo.•
Por otra parte, si deseamos aplicar el término renacentista "huma-
nista" ai período medieval, que no lo usaba, quizá Uamemos "hu·
diante regias y modelos? Dado que los retor1cos prometen hablar y
escríbir de cualquier cosa y los filósofos intentan pensar sobre cual·
quier tema, siempre han sido rivales en que presumen de proporcionar
manistas" a ciertos sabios carolíngios como Alcuino o Lupo de Fe- a la mente una práctica universal. Esta rivalidad aparece ya en la
rreira; o a ciertos autores de! siglo XII, como Juan Salisbury o los polémica de Platón contra los sofistas ; la tenemos en todos los siglos
1 gramáticos de Orleáns y Chartres, dehido a la afinidad existente entre posteriores de la antigüedad clásica griega, representada por las escue-
sus intereses intelectuales y los de los humanistas italianos dei Renaci· las rivales de los filósofos y los retóricos;' en gran medida quedó hun-
1
• miento. Pero si a Santo Tomás de Aquino lo llamamos "humanista" a dida en el olvido entre los romanos y sus sucesores de la temprana Edad
ca~ d!! la deuda que tiene con el filósofo griego Aristóteles, igual Media, por la senciUa razón de que contaban con una sólida tradici?n
razon tendremos para aplicar el calificativo a cualesquier oiros fi ló- retórica, mas no asi filosófica; en la alta Edad Media reaparece de d1s·
sofos aristotélicos de la tardía Edad l\1edia, así como a todos los ma- tintas maneras, dado el surgimiento de los estudios filosóficos,' y la
temáticos, astrónomos, autores médicos o juristas medievales, ya que tenemos nuevamente en el Renacimiento, cuando la erudición huma-
dependen de autoridades anteriores tales como Euclides, Ptolomeo,
1 Hans von Arnim, Leben und Werke d.eJ Dfo 11011 Pru.ra, Berlin, 1898, PP· 4·114. Heinrich
Galeno o el Corpus /uri.s. Con ello, hahremos escamoteado una distin·
Gomperz, SophiJtik und Rhetorik, Leipzig, 1912. Wemer Jaeger, Pai.deia: The ldealJ of
ción verdaderamente útil. De aqui que pida ai lector mantener muy en Greek Culture, trad. por Gilbert Highet, 3 vols., Oxford, 1939·1944, num. l, PP· 286.331 Y
a Véost copítulo '" núm. 3, pp. 46-70, pp. 132-155. ( Hay traducción el espai\ol: Paideia, México, O. F.. Fondo
• Esto lo hi:w ya, en cierto medida, F.ugenio Cario, Dtr Ttalieni.sche Humanismus, Berna,
• de Cultu:ra Económica). Vérue capitulo xu.
1947. a Richard McKeon, " Rethoric in the Middle Ages", Speculum, 1942, núm. 17, PP· 1-32.
EL PENSAMIENTO RENACENI'ISTA Y LA ANT!GtlEDAD CL.ASICA EL MOVIMIENTO HUMANISTA
nística comenzó a competir con la tradición escolástica de la f ilosofía del Renacimiento a los estudios clásicos, ayudará el diferenciar entre
aristotélica. Complica las relaciones entre estas dos tradiciones el hecho lo latino y lo griego. En el campo de los estudios latinos había una
de que los retóricos, a partir de Isócrates, se han interesado por la reiación mucho más estrecha con los intereses retóricos y prácticos
. moral y han gustado de llamarse filósofos, mientras que, a partir de arriba mencionados, asi como las tradiciones intelectuales de la Edad

Aristóteles, los filósofos tienden a ofrecer su versión de la retórica como Media, sin olvidar que esas tradiciones habian sido menos cultivadas en
parte de la filosofia. Italia, cuna del humanismo renacentista, que en los países dei norte,
No comprenderemos cabalmente la importancia histórica de la retó· y que, incluso en Francia, habian suf rido una caída durante el período _,.
rica de no tomar en consideración -aparte de las teorias retóricas de r inmediatamente anterior ai Renacimiento.
filósofos como Aristóteles y sus sucesores escolásticos o de los retóri- f Mucha atención se ha prestado al descubrimiento, por parte de los
cos que intentaron combinar la retórica y la filosofia, como Cicerón- la humanistas, de autores latinos clásicos desconocidos o hechos de lado
retórica de los retóricos; es decir, de los autores por oficio dedicados f en la Edad Media. Se ha menospreciado indebidamente el mérito de esos
a la práctica de la oratoria y de la escritura. En la Italia medieval descubrimientos a socapa de que los manuscritos encontrados por los
este oficio estuvo representado sólidamente, a partir de finalt'ii del humanistas f ueron escritos durante la Edad Media y que, en conse·
siglo xr, por los llamados dictadores, quienes con base en libros de cuencia, los autores respectivos no eran desconocidos ni necesitaban de
texto y en modelos enseiiaban y practicaban el arte, eminentemente descubrimiento alguno. Ahora bien, si un texto latino antiguo sobre-
9
práctico, de componer documentos, cartas y discursos públicos. Gra- vivió únicamente en uno o dos manuscritos carolingios, y si sólo conta-
cias a investigaciones recientes, ha quedado claro que los humanistas mos con huellas escasas de que se lo haya leido durante los siglos pos-
.~ del Renacimiento eran los sucesores de los dictadores italianos de la teriores, el que un humanista lo encontrara y pusiera a l~ ~isposición
. , Edad Media, de quienes heredaron las distintas pautas de la epistolo- \ de muchos gracias a copias numerosas, sí es un descubr1m.tento. Por
grafia y la oratoria, todas ellas determinadas en mayor o en menor otra parte, el que algunos autores latinos --como Virgilio, Ovidio;
medida por las costumbres y por las nece~idades prácti?as de la socie- Séneca o Boecio- fueran muy conocidos en la Edad Media no refuta
dad medieval última. Sin embargo, los d1ctadores med1eva1es no eran el hecho igualmente obvio de que los• humanistas descubrieron a auto;es
estudiosos de lo clásico rú empleaban en sus composiciones modelos como Lucrecio, Tácito o Manilio. Equivocado seria sostener que la lite-
clásicos, La contribución de los humanistas consistió en aportar la firme ratura clásica estuvo olvidada como un todo, durante la Edad Media,
creencia de que, para escribir y hablar bien, era necesario estudiar o negar que se estudió un cierto núcleo de ella. Igualmente equivocado
e imitar a los antiguos. Esto nos permite entender por qué en el Renaci- sería negar que, como resultado de los descubrimientos humanistas, el
miento los estudios clásicos rara vez, si es que alguna, estaban sepa- patrimonio de literatura latina con que contamos hoy, f ue ampliado
rados del objetivo literario y práctico de los retóricos: escribir y entonces hasta casi esos limites, y que los escritos agregados al núcleo
hablar bien. Este nexo práctico y profesional constituyó un in centivo medieval incluyen, al lado de textos menos importantes, algunos otros
••
pujante para los estudios clásicos y ayudó a proporcionarles la energia muy importantes e influyentes. Además, el caso de Cicerón prueba que
humana que necesitaban para desarrollarse adecuadamente. No puedo la línea divisoria entre el núcleo medieval y los descubrimientos huma-
sino sentir que los logros de una nación o de un período determinado l nistas puede separar incluso las obras individuales de un mismo autor.
en ciertas ramas de la cultura dependen, aparte dei talento individual, Si bien algunas de sus obras, como De invenlione y De officiis, er~n
de que haya canales y tareas a los cuales llevar a los talentos existentes de uso común en la Edad Media, el Brutus, sus cartas y muchos dis-
y en los cuales prepararlos, Es un aspecto al que los historiadores de cursos f ueron redescubiertos por los humanistas.
la cultura y de la 'sociedad no han prestado, obviamente, la atención Si bien menos sensacional, acaso haya sido más ef ectiva la tre-
debida. • menda actividad de los humanistas como copistas, y posteriormente
1 como editores, de los clásicos latinos.' La amplia difusión y popula-
Si deseamos examinar las contribuciones hechas por los humanistas
G Alfredo Gallelli, L' Elo11uenza dalle origi,.; ai XF'I >ecalo / Storia dei generi letterari
italiani, Milán, 1901·1938.
l ridad de los clásicos latinos en el siglo XVI y posteriormente habría
sido imposible sin la imprenta. Un ef ecto similar tuvo, durante los
siglos XIV y xv, la introducción dei papel como material de escritura
••
EL MOVIMIENTO HUMANISTA
1 44 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA
griego por los contactos intelectuales que tenían con sus colegas bizan-
más barato, así como la organización de un comercio regular de libros 1 tinos. Es imposible estimar aún el grado de dicha influencia, sea en
manuscritos; el enorme número de copias manuscritas de los clás; oos la adquisición de conocimientos particulares, sea en el enfoque y en
latinos provenientes de esos siglos ha escapado a la atención general la actitud de los ··ruditos occidentales respecto a la literatura griega.12
porque rara vez las han empleado los editores modernos, dado su ori· Como bien se sabe, ! is humanistas introdujeron el griego en los planes
gen tardío. Aparte de la copia y edición de autores latinos, los huma· de estudio de todas las u1r:versidades y de las mejores escuelas secun·
nistas desarrollaron las técnicas de la crítica textual e histórica, y darias de la Europa occidental; además, del Oriente bizantino y poste·
estudiaron la ortografia, la gramática y la retórica latinas; la historia .. riormente turco, importaron -mediante compras y procedimientos
antigua. y la mitologia, e igualmente la arqueologia, la epigraf'a y las
.. . menos honorables- un bue. ::-lirrlero de manuscritos, en los cuales tene·
cuestlones anhcuar1as. mos casi todo el cuerpo de la lit~ratura griega existente; dicho material
- Finalmente, los humanistas produjeron un vasto cuerpo de comen· fue depositado en las bibliotecas ;ie Occidente y difundido a través de
tarios sobre los autores latinos, comentarios que son resultado directo copias manuscritas y de ediciones impresas.
de la actividad ped{lgógica y en los cuales incorporaron sus conoei· Mas como el conocimiento del griego f ue comparativamente escaso,
,_IJÜentos filosóficos e históricos, por no hablar de su juicio crítico. No incluso durante el Renacimiento, y el latín continuá siendo el medio
· hay duda de que este conjunto literario se encuentra relacionado con usual de estudio y aprendizaje, la dif usión general de la literatura
los comentarios de autores latinos escritos por los gramáticos me· griega dependia por igual de las traducciones al latín que de las edi-
dievales, pero está por investigarse el grado de tales nexos, habiendo ciones de los textos en griego. De esta manera, el que los eruditos del
razones para suponer que los comentarios humanistas gradualmente se Renacimiento tradujeran gradualmente al latín casi toda la literatura
volvieron más críticos y eruditos según transcurría el Renacimiento.1º griega entonces conocida, y la introdujeran en la corriente central del
El estudio humanista de lo griego se vio mucho menos af ectado por pensamiento occidental es un logro importante, el cual todavia no se
la tradición de la práctica retórica o por los precedentes medievales aprecia lo suficiente. En la Antigüedad pocos f ueron, comparativamen·
del Occidente. En la Edad Media eran excepcionales los libros griegos te hablando, los escritos traducidos del griego al latín; ahora bien, en la ,
· y la ensefianza del griego. 11 En consecuencia, la obra de los humanig. tardia Edad Media se llevó a cabo un buen volumen de ~ales traduccio· ·
tas parece mucho más original cuando se centra la atención en los clá- nes, dedicadas ante todo a escritos sobre matemáticas, astronomia y me· .
sicos griegos por encima de los latinos. Por otra parte, en el Oriente dicina, aparte de las obras filosóficas de Aristóteles. Los humanistas del
bizantino floreció de un modo más o menos continuo, durante los siglos Renacimiento aportaron muchas versiones nuevas de obras ya traduci·
de la Edad Media, el estudio de los clásicos griegos; los humanista! 1 das antes; los méritos relativos de' esas traducciones medievales y hu·
renacentistas se encuentran claramente influídos en sus estudios de lo manistas que entre sí compiten ha sido cuestión de discusiones bastante
10 Remigio Sabbadini, Le scoper1e dei codici lotiini e greci ne' stcoli XIV e XV, 2 vola., 1 apasionadas, si bien las investigaciones al respecto siguen siendo insu·
Florencia, 1905·1914. Maximilian t.fanitius, Hondschriflen untiker Autoren in mútelat1erli- ficientes. 1 ª Más obvios resultan los méritos de los humanistas en aquellos
chen Biblio1heksk111alogen, Leipzig, 1935. Giuseppe Billanovich, "Petrarch and the Textual
Tradition o/ Livy", foumo/ o/ the /Parburg and Courtauld /nstitutes, 1951, núm. 14, pp. 137· 11 Karl Krumbacber, Geschichte der by:ontinischen Leteratur, 2• cd., .Munich: .1897. ~uit
208. Ca14logus Translatümum et Commentariorum, 3 vols., P. O. Kiristeller y F. Edward Cranz., Bréhier La ci.Rlis4tion byzantine, Paris, 19SO. Aleksandr Aleksandrov1cb Vas1~'.t!V' Hutory
Washington, D. C., 1960-1976, en especial el enSllyo eobre Juvenal eecrito por E•a M. oi ihe 'By:41lrine Empire, Madisoo, Wis., 1952, pp. 7!3-722. !ean Verpcaux, Byza~ce et
Sanford, vol. l, y el dedicado a Persio, de Dorotby M. Robatban y F. Edward Cranz, vol 3. l'bumanisme", BuUetin de l' Associaiion Guillaume Bude, 3' sene, octubre de 1952, num. 3,
D~ KommenlDr in der RenaisS1111ce, ed por Au,11ust Buck y Otto Herding, Boppard, 1975.

l
pp. 25-38. Yéase capitulo Vll. . 34
u Louise R. Loomis, Medieval HeUenism, Lancaster, Pa., 1906. Los valiosos estudios que u Maurice De Wulf, Histoire de la philosophie médürole, 6• cd~. 3 vols., Lov~ma, 19
recientemente publicaron Roberto Weiss y oiros no alteran, en lo fundamental, esta imagen. 1947, vol. 1, pp. 64·80 y vol. 2, pp. 25·58 (en la 1raducción estadun1dense oo se mcluye~on
No obstante, en tal sentido Sicilia y el sur de Italia ocupan un lugar propio. V éa.se de Weisii completas esta.ti valiosas secciones escritu por Auguste Pelzer). George Sarton, Intro~uauin
.~Tbe Greek Culture of South Italy in the Later Middle Ages", Briti.sh Acodemy, Proc~e<iúigs, 1 10 the Historr o/ Science, 3 vols., Baltimore, Md.,,, 1927·48. Joseph . Thomas M~ckle, Gr:
1951, núm. 37, pp. 25·50. Robert Devreesse, Les manu.scrits grecs de fltalie méridional~ / Bi· 1 Worka Translated Oirectly loto Latin Before 1350 , Medieval Studies, ~942, nu~. 4, PP·
blioteca Vaticana, Studi e Testi 183 / , Ciudad dei Vaticano, 1955. Kennetb M. Setton, "Tbe 42 1 1943, núrn. S, pp. 102-114. George Lacombe y otros, Aris~oteles ~al':'", Codice.s, ~ vol:
Byzantine Background to the Italian Renaissance", Proceedings of the American Philo· Roma, 1939; Cambridge, 1955; Bruiaa y Paris, 1961. Eugen10 Gaa1n, Le Traduz1om uma
:wphical Society, 1956, núm. 199, pp. 1-76. 1


46 EL PENSAMrENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CL.ASICA EL MOVIMIENTO HUMANISTA 47

casos numerosos en que por primera vez tradujeron obras griegas anti· La mayoría de esos tratados -sean sus autores Petrarca o Salut~ti,
guas. Dado el estado presente de nuestras investigaciones, aún no po· Bruni o Valia, Poggio o Fidelfo, Francesco Barbaro o Leone Bathsta
demos ofrecer el catálogo de esas traducciones, pero es casi seguro que Alherti- son obras de escritores y sabios consumados, si bien a los
el material por primera vez traducido entonces incluye prácticamente ojos de un lector acostumbrado a las obras de los grandes filós?~os
toda la poesía, la historiograf ía y la oratoria griegas, gran parte de la • griegos, escolásticos o modernos puedan ~arecer u.n. tan!o de ~fic10·
teologia patrística y de la íilosofia neoaristotélicá e, incluso, algunas
obras adicionales sobre matemáticas y medicina. Entre los autores cu·
l nados. A menudo se dirá que carecen no solo de or1ginalidad, sino de
coherencia, método y sustancia, y cuando intentamos resumir sus argu.
mentos y conclusiones -dejando aparte citas, ejempl~s, lugares corou·
ya obra completa o casi completa vino a ser conocida, gracias a esto, por
los lectores occidentales tenemos a Homero y Sófocles; Herodoto y Tu· l· nes, adornos literarios y digresiones-, con f recuenc1a nos quedamos
cidides; Jenofonte, Isócrates, Demóstenes, Plutarco y Luciano; Epicuro, ' con las manos vacias. Por tanto, no me han convencido los intentos de
Sexto y Plotino, por sólo mencionar unos cuantos de mérito o influencia intepretar esos tratados humanistas como .contr~uciones ~l pensami~·
obvios. Una vez más, la línea divisoria entre las obras traducidas en la to especulativo, o por encontrar en la filologia humarusta l~s semi·
Edad Media y las traducidas por primera vez en el Renacimiento suele lias de la filosofia dei lenguaje expuesta por Vico, aunque c1erto sea
separar escritos hechos por el mismo au·tor, como es el caso de Platón, que los íilósofos del siglo XVIII heredaron de los humanistas su erudi-
1
Hipócrates, Galeno, y Ptolomeo, con muchos comentadores aristotélicos 1 ción y su interés en la historia y en la literatura. No obstante, los
y teólogos patrísticos e incluso con Aristóteles. Esto dejará claro que, tratados humanistas son importantes por muchas razones y merecen un
tanto en el campo de lo latino como en el de lo griego, la Edad Media estudio más completo que el recibido. Son obras que comp~ac;~ por. la
tenia a su disposición una selección importante de f uentes clásicas, pero elegancia y claridad de su estilo, por su sabor personal e h1storico vivo
que el humanismo renacentista amplió nuestros conocimientos ai res· y por su bien elegida y madura sabiduría clásic.a. Además, exponen o
pecto hasta cubrir casi todo lo que hoy existe; es decir, hasta el punto expresan opiniones interesantes acerca de cuesllones que ocuparon el
donde la erudición moderna ha hecho descubrimientos adicionales con corazón y la mente de esos autores y sus contemporáneos. Tienen im-
base en palimpsestos y papiros. portancia adicional porque algunos de los problemas genuínos y más
Cuando nos abocamos a medir las contribuciones hechas por los hu· concretos de la filosofia moral f ueron obviamente hechos de lado por
manistas ai pensamiento filosófico del Renacimiento, es necesario men· los filósofos profesionales de la época, y los humanistas prepararo~ el
cionar de pasada los intentos de reformar la lógica que debemos a terreno para que filósofos pos!eriores trataran de un m?do más siste-
Valia, Agrícola, Ramus y Nizolio, quienes en parte estuvieron guiados mático esos mismos problemas. Tal parece ser la f unc~ón de poetas,
por consideraciones retóricas, pero cuyo esfuerzo representa un episo· escritores y pensadores aficionados cuando, en cualqu1er época, los
dio de gran importancia histórica. Pese a todo l.o anterior, la expresión filósofos profesionales se encuentran absortos en ciertas sutilezas y se
más amplia y directa del pensamiento humanista en si ocurre en un niegan a comentar algunos problemas f undamentales.
grupo de escritos que aún no hemos mencionado: a saber, sus tratados Si recordamos los limites y el alcance de la sabiduría y la literatura
y sus diálogos, muchos de los cuales están dedicados, como era de su· humanistas, no nos sorprenderá enterarnos de que lsócrates, Plutarco y
poner, a cuestiones morales, que incluyen problemas pedagógicos, po· Luciano contaban entre sus autores favoritos, siendo Cicerón, no obstan·
liticos y religiosos." ' te, el escri·tor antiguo por quien mayor admira.ción ~ntían. El huma·
uistiche di Aristotele nel secolo xv", A11i t Memorie dtllAccodemia FioreTllino di Scitnzt nismo renacentista representa una época de c1cero~1smo, en la cua!
M<mlli "IA Colombatia" 16 Ia.e. 2 I ( 1947·1950, publicado eo 1951): pp. SS.lM. Catalogw el estudio y la imitación de Cicerón constituían un 1nterés general, si
Tra1ula1ionum, ed. por Kristeller y Cram, en especial el ensoyo sobre Alejandro de Afro· bien lo exagerado de dicha tendencia tamhién produjo críticas. La in·
disia, escrito por F. Edwa:rd Cran.z, •oi. L
14 GiovaQni Gentile, La /ilo$o/ia / Storia dei gtntri /e1terari italiani /, Miláa., 19(}~1915, íluencia de Cicerón en el Renacimiento ha sido tema de más de un
reimpreso como el volumen 11 de sus Opere coo el título de Storia delta fi/oro/ia italiana
(fino a Lorenio Valia), 2a. ed., Vito A. Bellez:za, F1oreocia, 1962; con el mismo título apa· tki Beneri litterari italiani /, 2 vols., Milán, 1947. Giuseppe Saitta, li pen.sUro italiano
recló como parte de la Storia dei/a /iloJOfia iftliiana, Eugenia Garin, 2 vols., Florencia, 1969, nell'Umanesimo e nel RinascimeTllo, 3 vols., Bolouia, 1949·1951. Charles Triokaue, Adversi~s
oúm. 1, pp. 3·216; Eugeoio Garin, Der italieni$che Humanismw; id., La filosofia / Storia Noblemen, Nueva York, 194(}; id., ln Our lmage and Likeness, 2 vais., Clieago, 1970.
4S EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CUSICA
r , estudio,1 º y no podemos aquí sino intentar enunciar en unas cuantas
EL MOVIMIENTO HU?.iANIST A 49

.. f icos sólidos que procedían de orígenes diferentes. 11 Es mi opinión que


\ · palabras·algunos de los rasgos principales de esa influencia. En primer el examen del humanismo renacentista, en su sentido original, sufre de
lugar, las obras retóricas de Cicerón aportaron la teoría; sus discursos, conf usiones porque se ha querido hacer de esos filósofos parte integral
cartas y diálogos los modelos concretos para las ramas principales de .' de él, buscándose así identificar el humanismo con toda o casi toda la
la literatura en prosa; y en todo tipo de composiciones !iterarias se ' filosofía renacentista. Por otra parte, es necesario tomar en cuenta a
imitó la estructura de sus bien moduladas oraciones. Mediante sus esos pensadores si deseamos comprender la influencia directa dei hu-
escritos filosóficos sirvió de f uente de inf ormación acerca de varias manismo en el pensamiento renacentista, influencia que en muchos sen-
escuelas filosóficas griegas y, además, de modelo a ese tipo de pensa- tidos fue más importante incluso que la contribución directa.
. miento ecléctico listo a recoger migajas de conocimiento donde pudiera La penetrante influencia dei humanismo en todos los aspectos de la
Lencontrarlas, y que asimismo caracteriza a muchos tratados humanistas. cultura renacentista, y en especial en su pensamiento filosófico, es un
Finalmente, la síntesis de filosofia y retórica hallada en sus obras pro- vasto •tema, dei cual sólo podemos mencionar unos cuantos puntos
porcionó a los humanistas su ideal favorito: el combinar la elocuencia sobresalientes. Algunos aspectos influyentes dei humanismo renacentista
con la sahiduría, ideal que domina tanto de la literatura renacentista. son característicos de la época y no necesariamente enlazan con influen-
Cierto que muchos de los humanistas menores quedaban plenamente cias clásicas. Tenemos la importancia dada al hombre, a su dignidad
·, satisfechos con la simple elocuencia, o con la idea de que sin mayores y a su lugar privilegiado en el universo, que tan vigorosamente expre-
esf uerzos ésta aportaria sabiduría suficiente; muchos oiros tomaban san Petrarca, Manetti y otros humanistas, y que más tarde bordaran o
como sabiduría los lugares comunes más huecos. Pero debemos recordar criticaran muchos filósofos.18 No hay duda de que esta idea conllevaba,
que muchos de los grandes humanistas -como Petrarca y Salutati, y se relacionaba con el concepto y el programa de los studia humani-
Valia y Bruni, Alberti y Pontano, Erasmo, Moro y Montaigne- agre- tatis, y ha sido puerta de entrada para muchas interpretaciones moder-
garon a su elocuencia una sabiduría genuína. nas dei humanismo, cuando se dejaba fuera el contenido específico de
A partir de mediados dei siglo xv, la influencia de la erudición las humanidades.
humanista desbordó los límites de los studia humanitatis en todos los Otro rasgo característico es la tendencia a expresar, y a considerar
campos de la cultura renacentista, incluyendo la filosofía y las distintas digna de expresión, la singularidad concreta de los sentimientos, las

ciencias. Esto no se debió tan sólo al prestigio en boga de las humani-


l
1
opiniones, las experiencias y las circunstancias propios, tendencia que
dades, sino también a que prácticamente todo estudioso recibía en la es- aparece en la literatura biográfica y descriptiva de la época, así como
cuela secundaria una preparación humanística, antes de que se le r en la pintura de retratos, que está presente en todos los escritos de los
diera una f ormación profesional en cualquiera de las otras disciplinas f humanistas y que encuentran su expresión filosófica más plena en Mon-
taigne, quien afirma que su yo es el tema central de su filosofía. 1•
universitarias. Por otra parte, algunos de los humanistas comenzaron
Burckhardt describió adecuadamente esa tendencia; la llamó "indi-
a comprender la necesidad de agregar a los studia humanitatis un l
vidualismo", y quienes han explorado el individualismo del Renaci-
estudio detallado de la f ilosofía. 'ª En consecuencia, en el siglo XV
miento pierden de vista por completo este punto cuando por él com-
tenemos una serie de pensadores importantes - como Cusano, Ficino prenden la mera existencia de grandes individuas, o la insistencia
y Pico--, a los que se aúnan muchos más dei XVI, que combinaron una nominalista en la realidad de los objetos particulares en oposición
preparación humanista más o menos completa con unos logros f ilosó- a los universales.
Sin embargo, son más pertinente;; con nuestro propósito aquellos
u Charles Lenient, De Ciceroniano beUo apud recentiores, Paris, 1855. Remigio Sabbadini,
Storia dei ciceronianismo, Turín, 1885. Tadeusz Zielinski, Cicero im Wandel der Jahrhunderte, aspectos de la influencia humanista directamente relacionados con el
3' ed., Leipzig, 1912. Hans Baron, "Cicmo and the Roman Civic Spirit in tbe Middle Ages
11 P. O. Kristeller, "Florentine Platonism and Its Relation! with Humanism and Scbolas-
and Early Renaissance", Bu.lletin n/ the John Rylands Library, 1938, núm. 22, pp. 72-97.
ticism", Church History, 1939, núm. 8. pp. 201-211.
Rüegg, Cicero und der Humanismus. hora Scott, Conuoversies Over 1he lmitaJion o/ Cicero,
18 Giovanni Gentile, "II conceito dell'uomo nel Rinascimento", ll pensiero italiano dd
Nue•a York, 1910.
Rinascimento, 3' ed., Florencia, 1940, pp. 47· 113. Véase también el capítulo IJt.
1e Ahmanno Rinuccini, Le11ere ed Orazi-Oni, Vito R. Giuatiniani, Florencia, 1953, p. 97.
11 Cf. "Du . ",
repent1r E.swi.s,
. rn, p. 2.
..
50 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CUSICA EL MOVIMIENTO HUMANISTA 51

clasicismo fundamental de esta época. Me inclino por encontrar sus a influir en el pensamiento moderno hasta la época de Bayle y Hume,
huellas en el gusto que había por un estilo y una forma !iteraria ele- se adoptaron varias especies del escepticismo antiguo. Esta misma ten·

gantes, limpios y claros, gusto que distingue las obras de muchos, si no dencia aporta tamhién ese contexto más amplio en el cual se mueven
es que todos, los científicos y filósofos renacentistas, y que no siempre algunos aspectos del platonismo, del aristotelismo y del cristianismo
significa un mero rasgo externo. Es más obvia la ubicuidad de las · ·renacentistas.
fuentes, citas e ideas clásicas en e! pensamiento renacentista, que fue- Por todo esto, quisiera entender el humanismo renacentista, por lo
ron introducidas o popularizadas por la obra de los humanistas. Sin menos en sus orígenes y en sus representantes típicos, como un amplio
menoscabar la originalidad de lo conseguido, ese elemento clásico movimiento cultural y literario que, por su esencia, no era filosófico,
aparece, de una u otra manera, en todos los terrenos, desde las artes pero sí conllevaba importantes nociones y consecuencias filosóficas.
visuales hasta las distintas ciencias. Si bien casi nada se sabia acerca No he logrado descubrir en la literatura humanista ninguna doctrina
de la música antigua, se emplearon las teorías musicales del pasado filosófica general, a no ser la creencia en el valor dei hombre y de las
para justificar ciertas innovaciones del presente, y la reforma huma- humanidades y en la renovación de la sabiduría antigua. Cualquier
nista ocurrida en la letra manuscrita, de la cual se derivan nuestros enunciado en lo particular, espigado de la obra de un humanista puede
caracteres romanos, tuvo como base las minúsculas carolingias, a las ser contradicho por af irmaciones halladas en los escritos de alguno
que conf undieron con la escritura de los antiguos romanos. Livio y Po· de sus contemporáneos o incluso en su misma obra. Por otra parte, en
libio af ectaron el pensamiento político de Maquiavelo; Platón el de el caso de cada autor es posible combinar la orientación cultural y los
Tomás Moro; Tácito el de los teóricos de finales del siglo XVI. No hubo antecedentes comunes con cualquier conjunto de opiniones o cogniciones
en este siglo pensador que no recurriera -aparte de los textos tra· filosóficas, científicas o teológicas, y de hecho hacer un corte transver·
dicionales de Aristó1eles, Cicerón y Boecio- a las obras recién apa· 1 sal en todas las divisiones nacionales, religiosas, filosóficas e incluso
reciclas de Platón y los neoplatónicos, de Plutarco y Luciano, de Dió· profesionales del período. Como toda la gama de la literatura filosó-
genes Laercio, de Sexto y Epicteto, o a las obras apócrifas atribui das a f fica y científica griega quedaba de un modo más completo a disposi·
los pitagóricos, a Orfeo, a Zoroastro y a Hermes Trismegisto. ción del Occidente que en la Edad Media o en la antigüedad romana,
Un efecto más, ejercido por el humanismo en el pensamiento rena· había un abundante número de ideas y nociones que probar y adquirir
centista, consistió en los intentos repetidos por dar nueva vida o nueva antes de que la lección se agotara; este proceso de f ermentación intelec-
expresión a las doctrinas filosóficas de ciertos pensadores o escuelas tual es el que caracteriza el periodo y el que explica, ai menos en
antiguas en particular, que en cierto sentido representa la aplicación parte, las diferencias que tenemos entre Tomás de Aquino y Descartes.
de la filosofía de la revivificación o renacimiento de la sabiduría Porque ocurre que sólo tras haberse completado este proceso pudo la
antigua, que era uno de los lemas favoritos de los humanistas, y dei cual f ilosof ía del siglo XVII tener un nuevo comienzo con base en la primera
deriva su origen el muy debatido nombre dado hoy ai periodo. Si bien etapa de la física, mientras que la herencia venida del Renacimiento
la tendencia de una mayoría de los humanistas era más bien ecléctica, continuó alimentando hasta el siglo XIX muchas corrientes secundarias
algunos de ellos -y con ellos ciertos ~ilósof os con una preparación del pensamiento.
humanista- preferían volver a enunciar alguna doctrina antigua en
lo particular. Tenemos así un epicureísmo cristiano en Valia; la filo-
' .
sofía natural de Epicuro encontró defensor, ya acabado el Rena·
miento propiamente dicho, en Gassendi, e incluso llegó a influir en
algunos aspectos de la física de Galileo. La filosofia estoica ejerció
una amplia influencia en el pensamiento moral dei Renacimiento, hasta
que encontró un intérprete sistemático y erudito, hacia finales mismos
dei período, en la persona de Justo Lipsio, cuyos escritos mucho influ-
yeron en los moralistas de los siglos siguientes. Si bien con varias modi-
ficaciones a manos de Montaigne, Sánchez y otros antes de que vinieran
LA TRADICION ARISTOTE:LICA 53

samiento posterior a él, debemos recordar algunos hechos curiosos rela-


cionados con la transmisión de sus escritos.1 Cuando Aristóteles muere
II. LA TRADICióN ARISTOTÉLICA en 322 a.e., deja una obra sumamente extensa, compuesta de dos
...
cuerpos por completo distintos. Por una parte, un grupo considerable
de diálogos y de otros tratados populares, publicados en vida de este
ENTRE los muchos filósofos de la antigüedad clásica, dos ejercieron en filósofo y que f ueron muy leídos por siglos, hasta que hacia finales de
la posteridad una influencia más amplia y más profunda que el resto: • ' t
la Antigüedad se perdieron. Esos escritos populares de Aristóteles f ue·
Platón y Aristóteles. La controversia y la acción recíproca entre el ron celebrados por su elegancia literaria; al parecer, el Estagirita com·
pla·tonismo y el aristotelismo han ocupado un lugar central en muchos puso el más famoso de ellos cuando joven, y estaba relativamente más
periodo.s del pensamiento occidental, e incluso un estudiante de hoy dia •
próximo a Platón en cuanto a opiniones filosóficas. El segundo grupo
que reciba una explicación superficial de la filosofía griega entrará de obras de Aristóteles, el que ha llegado a nosotros, representa un con·
inevitablemente en contacto con el pensamiento, y con algunos escritos, junto de cursos basados en conferencias, que impar.tió en su escuela de
de Platón y de Aristóteles. Dos f actores, en cierto sentido relacionados '
Atenas. Esos cursos no tenían un propósito literario, y sí son suma·
entre sí, explican esta importancia avasalladora · de Platón y Aris- mente técnicos por naturaleza, muy detallados en su razonamiento y
tóteles: la grandeza intrínseca de sus mentes y el que se hayan conser· en la información que aportan y bastante sistemáticos en su orden ge·
vado sus escritos. Aparte de autores tales como Sexto Empírico, Epic· neral, pues f orman una vasta enciclopedia de conocimientos filosó-
teto, Alejandro de Afrodisia y los neoplatónicos, que representan ficos y científicos. La obra sistemática de Aristóteles no f ue publicada
las etapas últimas del pensamiento antiguo, Platón y Aristóteles son los en vida de éste, y por siglos estuvo únicamente en la biblioteca de su
únicos filósofos griegos importantes cuyas obras se han conservado, escuela, donde la estudiaron alumnos y sucesores; también se encontra-
sea en su totalidad o en un grado considerable. Ni predecesores como ba en algunas bibliotecas de consulta grandes, como la de Alejandría,
Heráclito, Parménides o Demócrito, ni sucesores como Crisipo, Panecio donde disponían de ella estudiosos de la f ilosofía de nivel avanzado.
o Posidonio tuvieron tanta fortuna; otros, como Teofrasto y Epicuro, La obra aristotélica, tal como la conocemos, fue publicada finalmente
gozaron de una suerte ligeramente mejor. en el siglo r a.e., pero incluso tiempo después de tal fecha parece
Los historiadores del pensamiento occidental han expresado a me· habérsela leído o estudiado poco. Hasta el siglo n d.e., y f uera del
-'·~ nudo la opinión de que el Renacimiento f ue, básicamente, una época círculo de eruditos preparados en la escuela aristotélica, los escritos
- -t:n que reinó Platón, siendo la Edad Media la época de Aristóteles. No 1 sistemáticos de este filósofo ejercieron poca influencia en el desarrollo
es posible ya mantener tal punto de vista sin matizarlo considerable· r del pensamiento antiguo, y seria un anacronismo suponer que esa in·
mente. A pesar de una revuelta general contra la autoridad de Aris· fluencia fue un f actor importante en la Academia platónica, en el
tóteles, la tradición del aristotelismo continuó siendo muy f uerte a todo estoicismo, en el epicureísmo, en el escepticismo, en Filo o en los
lo largo de la época renacentista, y en algunos aspectos incluso aumen· i' .
primeros pensadores cristianos. AI mismo tiempo, una larga serie de
tó. Por otra parte, el platonismo tenía raíces y precedentes medievales filósofos aristotélicos pertenecientes a la escuela de Aristóteles estudió,
propios, e incluso durante el Renacimiento es un tanto azaroso y difí. interpretó, complementó y transmitió la obra y el pensamiento de este
cil definir su ·posición precisa y el grado de su influencia, a pesar de filósofo; entre esos seguidores los más conocidos son, el primero, Teo·
su indudable arraigo y vigor. No obstante, la influencia de Aristóteles frasto, y el último, Alejandro de Afrodisia. Alejandro, quien vivi ó
en el Renacimiento estaha unida claramente a una tradición origi· ! hacia 200 d.e., f ue el más autorizado de los comentadores de Aristó-
nada en la tardia Edad Media; los representantes del p1atonismo y sus teles; fue él quien modificó la doctrina aristotélica, dándole un sesgo
contemporâneos entendían que éste era una revitalización. Esas circuns· 1
1
más naturalista y antiplatónico y negando, por ejemplo, la inmorta·
tancias pueden explicar por qué voy a estudiar la influencia de Aristó-
1 Wemer Jaeger, Aristotle, 2' ed.. Oxford, 1948. logemar Düring, Aristotle in the Ancient
teles antes que la de Platón, aunque aquél haya sido discípulo de éste
Biographical Tradition, Gotemburgo, 1957. Paul Moraux, Der Aris101elismus bei den Criechen
y en muchos aspectos tenga como base Ia filosof ía de su maestro. oon Andronikos bis Ale:r.ander 11011 Aphradisias, vol. 1, Berlín. 1973.
Si queremos comprender las repercusiones de Aristóteles en el pen· t
1
52 1

l
'
1
EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGüEDAD CLASICA LA TRADICION ARISTOTf:LlCA 55

, lidad dei alma, punto acerca dei cual Aristóteles se había mostrado un que ejerció cierta influencia en los estudios aristotélicos dei Renaci·
tanto amhiguo. •
m1ento •
en una etapa posterior.
'~
'
El surgimiento de la escuela neoplatónica, fundada en el siglo 111 d.e. La historia de Aristóteles entre los árabes es muy diferente y, por
y que dominó el pensamiento griego hasta finales de la Antigüedad, sus repercusiones en la Edad Media de los países .occidentales, más ~m·
,..
' en el siglo v1, significa una fase importante en la historia dei aristo· portante.' Cuando los árabes comenzaron a trad~cir la~ ?bras de la hte- .
1
telismo. En ese periodo el aristotelismo desapareció como una tradi· ratura griega que les interesaban, en gran medida orruheron a los poe-
ción aparte; no obstante, los neoplatónicos estaban comprometidos con tas, oradores e historiadores griegos, y concentraron sus esf uerzo~ en
.•, una síntesis de Platón y Aristóteles. En consecuencia, se estudiaban los escritores de mayor autoridad en campos tales co~~ las mat~máuc:85
con igual cuidado las obras sistemáticas de Aristóteles que los diálogos y }a astronomía, la medicina, la astrología y la alqu1m1a, y la f ilosof1a.
' de Platón; a la vez, se apropiaron extensamente de la doctrina de Aris· Las obras griegas traducidas constituyeron el núcleo de los .temas tra·
tóteles, en especial de su lógica y de su f ilosofía natural, y algunos tados en esas disciplnas, agregando subsecuentemente los arabes su;
de los mejores y más voluminosos comentarios sobre Aristóteles -como ptopias contribuciones. En lo que a la f.iloso~ía toc;a! los árabe.s ~dqui­
los de Simplicio- fueron hechos por miembros de esta escuela. Un rieron el conjunto casi total de los escritos s1stemabcos de Ar1sto~eles,
tratado neoplatónico, la introducción de Porfirio a las Categorías, casi así como algunos comentarios neoplatónicos ~ ~e oiros sobre ellos, JUnto
terminó por ser parte integral de la obra aristotélica. con un cierto número de tratados neoplatonicos. De eéte modo, l~s
El que los neoplatónicos se apropiaran de Aristóteles y, en cierto árabes beredaron a Aristóteles de la tradición neoplatónica de la últi-
sentido, lo conservaran, dejó huellas profundas en la historia posterior ma etapa de la Antigüedad y, en consecuencia, su modo de e~tenderla
dei aristotelismo. Cuando seguimos dicha historia a lo largo de la Edad estuvo afectado por interpretaciones y agregados neoplat6n1cos que
i Media, debemos diferenciar -y debemos hacerlo con todo escrito filo· nunca pudieron eliminar por completo. .
sófico y científico de la antigüedad griega- Ires tradiciones principa· Por otra parte, Aristóteles alcanzó entre los árabes. u.~ª autor~dad
les: la bizantina, la árabe y la latina.' Hasta donde yo sé, el lugar de y una preponderancia doctrinal que .nunca tuvo .en la antigueda? gr1ega,
Aristóteles en la tradición bizantina no ha sido investigado suficiente· ni siquiera ai ·final de ésta. Es obVJo <JU:e l.os arabes no ~b~v1eron las
mente.' Sin embargo, es obvio que los escritos de la producción aristo· obras completas de Platón y de los p~1nc1pales. neoplato~1cos, y por
télica f ueron conservados y transmitidos, en el texto griego original, lo mismo el volumen mismo de los escritos de Ar1st6teles, JUnto con los
, por eruditos y copistas bizantinos, y un cierto número de comentarios comentarios y el material apócrifo, superó el de la demás literat~ra
' bizantinos sobre Aristóteles que ha llegado a nuestras manos prueba filosófica griega de que los árabes disponían. Además, esos ~cr1t~s
que el estudio de su pensamiento y de sus obras de ningún modo estaba se impusieron por la solidez de su contenido y por el carácter .s1ste~a­
marginado. Hasta donde me es posible determinarlo, entre los bizanti· tico y enciclopédico de su conjunto, que se prestaba a un estud10 minu-
nos el estudio de Aristóteles no estaba separado de) de Platón y de los cioso y que incluía -apar-te de disciplinas tales como la lógica, la retó·
poetas griegos antiguos, ni tampoco era opuesto a él; asimismo, no rica, la poética, la ética y la metafísica- otras varias. qu~, ~esde
• estaba relacionado especialmente con la teoiogía, excepto en au~ores entonces se han separado de la filosofía y ban formado c1enc1as 1nde·
l muy posteriores, sujetos ya a las influencias occidentales y latinas. Si
no me equivoco, f ue este Aristóteles bizantino, aliado ai neoplatonismo y
pendieni'es, como son la economia, la psicología, la física y .l~ historia
natural. El cuerpo aristotélico, complementado por la med1c1na Y las
a la literatura como parte integral de la herencia clásica, el que algunos matemáticas, parecia representar una enciclopedia completa dei. a~ren·
eruditos griegos dei siglo xv llevaron consigo ai exílio en Italia y el dizaje, cuyos varios escritos coincidían con las ramas dei conoc1m1ento
• CI. Raymond Klibonky, The Continuity o/ tlae Pla1onic Tradition d11rinc the Middle • Morilz Steinscbneider, Die arabischen Obersetzuni;en aus dem Criechischen I Beihe/te
At:es, Ollford, 1939, p. 13. 1 :um Centralblatt /ü.r Bibliothekswessen, Leipzig, 1890, núm. 5, pp. 51-82 y Leipzig, 1893,

~ Basile Tatakis, La philosophie byzantine; f;mile Brébior, Histoire de la phi.losophie, nútn. 12; reimpreso por Graz, 1960, pp. 129·240. Richard Walzer, "Arabic Transmissioo
segundo fascículo complementario, Paris. 1940. Klaus Oehler, "Aristoteles in Byzanz", An- of Greek Tbougbt to 1'Iedieval Europe", Bulletin o/ the John Rylands Library, 1945-1946,
like Plilo•ophie und byzantinisches Mittelnlter, Munich, 1969, pp. 272-286. André Wartelle, núm. 29, pp. 160-183; id., Creek into Arabic, Oxford, 1963. 'Abd al-Ra~mãn Badawi, La
/nventaire des man.uscrits i;recs d' AriJtote et de ses commenta·ires, Paris, 1963.
1
transmúsion de la philosophie i;recque au 171-0nde arabe, Paris, 1968.
t
1
~
1 •
~!> t.:L l'ENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGOEDAD CL.ASICA LA TRADIClôN ARISTOTtLICA 57 i
como tales: Es ~robable que la autoridad de Aristóteles se haya visto Durante la temprana Edad Media el Occidente lati~o estuv? ~n gran
realzada_ aun mas a causa de Galena, quien estaba sumamente influido parte separado de la tradició? griega, que era más n;ª.•
y lu~1tado a
por la filosofia aristotélica y ejerció una influencia similar en la me- las f uentes indígenas de la hteratura romana, tan deb1l en f1losofia,
di?in~ árabe, en espec_ial dado que algunos de los pensadores árabes como hemos visto. El cuerpo de la erudición secular, concentrado en
mas importantes comb1naron en su obra la filosofia con la medicina. las escuelas monásticas catedralicias dei periodo, estaba limitado a
De esta manera, los principales filósofos árabes, como Avicena y la enciclopedia elemental de las siete artes liberales: la gramática, la

Aver~oes, eran comentadores y seguidores de Aristóteles, .Y el último retórica la dialéctica, la aritmética, la geometria, la astronomia
• mencionado incluso ~~ndía. a reducir las. ediciones neoplatónicas y a y la mú,sica. En este esquema, que perduró hasta el siglo XI, la gramá·
lograr una comprens1on mas pura de Aristóteles. Como bien se sabe tica era la materia principal y, a veces, incluía el estudio de los poetas
71 aristo~elismo de los árabes, y en especial el de Averroes, ejerció un; latinos. La f ilosofía estaba representada por la dialéctica; es decir,
1nfluenc1a poderosa en el pensamiento judio de la tardia Edad ~fedia, por la lógica elemental, basada ante todo. en ~os tratado~ aris~otélicos
cuando ~aimónides era el principal representante dei aristotelismo, y traducidos por Boecio. Se encontraba cas1 olv1?ada la _f1losof1a en el
afect6 vigorosamente la filosofia dei Occidente cristiano incluso des. amplio sentido que a la palabra daban los anllguos gr1egos, Y Escoto
pués de que su tradición tuvo un f inal súbito en el mundo islámico Erígena, el único autor que hizo una ~ontribu~ión genuina ai p~n7a·
! ;om? resultado de nuevos desarrollos religiosos y políticos. ' miento filosófico de la época, era una' f 1gura a1slada, a la cual d1st1n·
i
!
51 deseamos comprender la historia dei pensamiento y dei saber en guia su f amiliaridad con el neoplatonismo griego. .
1
'
la Edad Media latina occidental, primero debemos darnos cuenta de La situación expuesta cambió completamente grac1as ai notable sur·
que tuvo su base en la antigüedad romana, no en la griega. Sujetos a gimiento de estudios filosóficos, teológicos y científicos que se i~ició en
las repercusiones de los modelos griegos, los romanos produjeron en la segunda mitad dei siglo XI y culminó en el x111. En ese per1odo, el
p~esía y en P:~sa una li~e:atura disting~ida; se apropiaron los conoci· volumen de conocimientos se amplió ºincesantemente, hasta sobrepasar
m1entos _gramallcos y retor1cos de los gr1egos y en el campo de la juris· los limites tradicionales de las siete artes. Se tradujo dei árabe y dei
prudenc1a hicieron una contribución original perdurable, pero no desa. griego un elevado número de obras sobre f ilos~fia, cie?cias y seudo·
rrollaron una tradición filosófica significativa. Tanto Roma como los ciencias lo que significó disponer de un material precioso, hasta ese
o~ros centros ~ccidentales tenían florecientes escuelas de retórica, pero moment~ inconseguible en latín; esto tendió a estimular y transfor·
?1nguna de f1losofía comparable a las de Atenas o Alejandría. Los mar el pensamiento occidental.ª Entre los autores ~ilosóficos traduc.idos
1~ten~o~ de crear en latín un vocabulario técnico para el discurso estahan bien representados Proclo . y otros escritores. neoplat6n1cos,
f1losof1co quedaron en sus primeras etapas hasta finales de la Anti- pero la presencia más completa e importante en la hteratura era la
güedad. obra casi total de Aristóteles, acompafiada de unos cuantos comenta·
AI latín se tradujeron pocas obras sobresalientes de los filósofos rios griegos y un volumen mucho mayor de ~omentari~s ~rabes, en
g~ie~os, y la iiter~tur~. filosófica producida por los romanos f ue mayo· especial los de Avicena y de Averroes. Los escntos de Anstoteles ~ de
r1_tar1amente d_e d1fus1on por su naturaleza. Comparado con los plató. sus comentadores griegos, así como los de Proclo, f ueron traduc1dos
n1cos, los es.to1co.s, los escépticos o los epicúreos, Aristóteles ocupa un en parte, sin duda alguna, dei texto original, pero la elección de temas
lugar muy 1nfer1or entre las f uentes griegas de dicha literatura. No y de autores refleja más claramente la tradición filosófica árabe que
parec~ qu~ lo cono~can! o le den importancia, Lucrecio, Séneca o San la griega. · .
Agustln i incluso C1ceron parece más familiarizado con las obras de 1 AI mismo tiempo, surgieron instituciones nuevas de nivel académico
Aristóteles hoy perdidas, y apenas menciona los escritos sistemáticos más elevado - las universidades-, que se diferenciaban notablemente
que predominan en la tradición posterior. La única excepción impor· de las escuelas anteriores por sus planes de estudio, sus libros de texto
lante está representada por uno de los últimos escritores de la antigüe-
f
• • J'écue la nota 13 dei capitulo 1, Morile Steimcbneider, "Dlo Olll'Opilecben Obee8CU-
dad r~m~na: Boecio; tradujo éste por lo menos dos de las obras lógicas
de Ar1 to teles: las Categorías y el tratado De la interpretación, junto ~ ungen au 9 dem Arabischen", Sitzungsberichte der kaüerlichen Akademie der _Wissenscha/ten
in l?ien, Philosophisch-Historische K/asse, 1904, núm. 4, p. 149 Y 1906, num. 1. p. 151;
con la introducción de Porf irio. (reimpreso por Graz, 1956).
58 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA
LA TRAD!ClóN ARISTOTÉLICA 59

y sus métodos de ensefianza.• La instrucción se centraba alrededor de mo, así como porque tenemos la tendencia a enfocar demasiado nues·
la lectura (es decir, la lectura y exposición continuas de un texto f ijo) tra atención en Santo Tomás de Aquino y su escuela.
y la disputaiio ( examen público de una tesis obligatoria, con ayuda de Los filósofos aristotélicos de los siglos xrr1 y XIV estaban dedicados
argumentos formalizados). Estos estilos de ensefianza dieron lugar a a examinar numerosos problemas pormenorizados, especialmente en los
los dos tipos principales de literatura erudita de la Edad Media: el campos de la lógica y la física, y of recían una gran variedad de solu·
comentario y el debate. La temática de la instrucción universitaria que· ciones a cada uno de ellos. Si bien cabe el agruparlos de un modo apro·
dó f ijada en el siglo XIII en París y en otras universidades del norte ; ximado de acuerdo con la posición que adoptan ante una cuestión deter·
consistía en cuatro facultades: teología, leyes, medicina y artes o filo· minada, tal vez manifiesten un orden muy diferente cuando se trata
sofía. La ensefianza de la teología tenía como base la Biblia y las de otra cuestión.1 Tomás de Aquino f ue quien más avanzó, entre sus
Sentencias de Pedro Lombardo; la de leyes, el Corpus /uris de Justi· contemporáneos, en el intento de reconciliar la f ilosofía aristotélica
niano y el Decretum de Graciano; en medicina y en f ilosof ía la instruc- con la teologia cristiana, sucediendo a la vez que sus escritos se dis·
ción se asentaba en algunas de las traducciones recientes del grie~o y tinguen por su claridad y su coherencia. Pese a ello, en su época no
del árabe. De esta manera, las disciplinas fi losóficas f ueron, por pri· gozó de una autoridad o de una ortodoxia monopolista, y sus ensefianzas
mera vez en e! mundo latino, cuestión de una ensefianza separada y, competían con las de muchos oiros, viéndose en ocasiones condenadas;
Iras cierta resistencia, los textos adoptados f ueron los escritos de Aris· además, de acuerdo con las normas medievales, mucho de su obra per·
tóteles, junto con los de Averroes y oiros comentadores. La lógica y la tenece más a la teologia que a la f ilosofía. Dentro de la orden dominica
filosofía natural fueron los temas principales, quedando como cursos pronto quedó establecida su autoridad; pero, f uera de ella, influian
optativos la ética y la metafísica. Así, para mediados del siglo Xllr las mucho más las doctrinas de Duns Escoto y de Guillermo de Occan1;
obras de Aristóteles habían sido aceptadas en las universidades como por otra parte, el notable desarrollo de la lógica y de la física ocurrido
base de la ensefianza filosófica. No debieron tal situación meramente al durante el siglo xrv en Oxford y en P aris tuvo como razón principal
ejemplo dado por los árabes, sino también a la solidez de su contenido la escuela occamista.
y a lo sistemático y enciclopédico de su carácter. Aristóteles no era Averroísmo es el térlJ!ino más ambiguo y polémico de todos; los his·
el "gran libro", sino un texto que servía como punto de partida para toriadores lo aplican a una rama particular dei aristotelismo medieval.ª
comentarios y debates, que aportaba un marco de referencia para todos Si por averroísmo entendemos el empleo de los comentarios de A verroes
los filósofos expertos, incluso cu ando se aventuraban a reinterpretar lo acerca de Aristóteles, todo seguidor medieval de Aristóteles era ave·
o a apartarse de su doctrina, de acuerdo con sus propias opiniones. rroísta, incluyendo a Tomás de Aquino. Si limitamos el término a aque·
AI aristotelismo de la tardía Edad Media lo caracterizó menos un sis· llos pensadores que trazaban una distinción nítida entre razón y f e,
tema de ideas común que un material de origen, una terminologia, un entre la f ilosof ía aristotélica y la teologia cristiana, prácticamente
conjunto de definiciones y problemas y un método de examinar esos todos los profesores de filosofía - a diferencia de los teólogos- adop·
problemas comunes. Existía una variedad de interpretaciones para mu·
chos pasajes de Aristóteles, así como varias soluciones para los proble· • Se tienen algunos ejemplos curiosos en Ernest A. Moody, "Galileo and AvempÍlce",
mas más debatidos, algunos de los cuales más procedían de las preocu· !ou.mal o/ the History o/ ldeas, 1951, núm. 12, pp. 163·193 y 375-422.
paciones filosóficas medievales que de los escritos de Aristóteles en s Emest Renan, Averroes et r averroisme, 3~ ed., París, 1867. Pierre Mandonnet, Sicer
de Brabant et raverroisme latin au XII/e siecle, 2~ ed., Lovaina, 1908·1911. Fernand Van
sí. En aiios recientes se ha progresado mucho en la comprensión de esta
vasta y compleja literatura filosófica, pero sigue creando obstáculos
\ Steenberghen, Les oeuvrts et la doctrine de Siger de Brabant, Bruselas, 1938; id., Siger de
Brobont tfapris ses oeuvres inédi1es, 2 vols., Lovaina, 1931·1942. Bruno Nardi, Sigieri di
el que ·no logremos distinguir claramente entre filosofia y teología Brabante nel pensiero dei RiMscimento italiano, Roma, 1945; id., "Averroismo", Enciclopedia
-que eran disciplinas separadas- porque confiamos excesivamente en Cattolica 2, Ciudad dei Vaticano, 1949, pp. 524-530. A:nneliesee Maier, "Eine italienische
denominaciones tales como tomismo, escotismo, ocêamismo y averroÍS• Averroistenschule aus der ersten Hiilfte des 14. Jahrhunderts", Die V or/.õ.ufer Calileis im 14.
Jahrhundert, Roma, 1949, pp. 251·278. P. O. Kristeller, "Petrarcb's 'Averroists' ", Biblio·
• Hastings Ra.shdall, The Universities o/ Europe in the Midále Aces, 2i ed., 3 vols. Fre- 1heque cfllumanismc et Renaissance, 1952 núm. 14, pp. 59·65. Zdzislaw Kuksewicz,
derick rowicke y Alfred B. Emden. Oxford, 1936. Heinrich S. Denifle y Émile Chatelain, Averrolsme Bo/onais au XV/e siecle, " 1rodaw, 1965 ; úl., De Sige1 de Brabant à Jacques
Char1u/a1ium Univasi'<iris PariJien.sis, 4 \'OI., Paris, 1889·1897. de Plaisance, Wroclaw, 1968.
f 60 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA LA TRADICiôN ARISTOTtLICA
61

taron esa posición, desde f inales del siglo XIII hasta el XIV e incluso pensadores 0 algunas escuelas, no habiendo conciencia en ~eneral de
posteriormente. Como punto final, si por averroísmo queremos decir cuán amplia es esta tradición y de cuál es su parte proporc1o~al en.!a
la adhesión a una doctrina distintiva de Averroes -es decir a la uni· literatura filosófica del Renacimiento. Hay huellas de esa ? r1entac1on
dad del intelecto en todos los hombres-, estamos singulariz~ndo a un aristotélica de los filósofos universitarios en Paris,ª Lova1na Y ~tros
grupo de pensadores mucho menor, que siguen diferenciándose entre aentros hasta ya muy entrado el siglo XVI, si bien no se las h~ estu~1ad?
sí debido a las numerosas cuestiones restantes qu'e ocupaban y divi- mucbo. Dicha orientación desaparece en Oxford y en Cambridge f1nal1-
dían a los filósofos aristotélicos dei período. Por tanto, prudente será zado el si lo x1v, aunque bay razones para creer que se debe a ~n de~;
utilizar esas etiquetas con gran cautela, así como insistir en que la cuido de ~ 08 eruditos, y no a la falta de _prueb~~ o de mater1ales.
tradición aristotélica de la tardia Edad Media abarca una amplia varie- Floreció, en íntima alianza con la teologia ,catohc'7 en S~lamanca,
dad ?e pensadores y de ideas, a la que mantiene unida el tener un origen Alcalá y Coimbra hasta muy entrado el siglo x~n; la 1nflu~nc1a de.este
comun en las obras de Aristóteles, que constituían el material de lec- neoescolasticismo espaiiol se extendió -grac1as a Francisco Suarez,
tura y discusión fundamental en las disciplinas filosóficas. su representante más famoso-- mucbo má~ allá de las .íron~eras de la
Se diria que he dedicado una indebida cantidad de espacio a exa- península ibérica o dei catolicismo.11 Tamb1én en la~ un1vers1dades ale.
minar cuestiones más bien medievales que renacentistas. Fue mi inten· manas el aristotelismo se mostró fuerte y produchvo a lo largo dei
ción, no obstante, demostrar que para principias dei sigla x1v Aristó- siglo xv, y siguió floreciendo mucbo después de la R~f~rma protest_ante,
teles se habia convertido en "seiior de quienes saben", para con ello pues a pesar de la aversión de Lutero por el esc~lashc1smo y grac1~s ~
subrayar un hecho adicional y menos conocido: que si bien expuesta la influencia de Melancbton, Aristóteles si~ui? s~endo ~a f ?~nte p,rinci..
a ataques y sujeta a transformaciones, esa tradición aristotélica conti· pai de la enseiianza académica en las d1se1phnas f1l?sof1cas. Por
nuó fuerte y vigorosa hasta finales del siglo XVI e incluso posterior· tanto, no es de sorprender que incluso filósofos pos~er1ores m~y .ale-
mente. Varias razones explican que no se aprecie ese hecho. Al igual jados del escolasticismo --<:orno Bacon, Descartes.• Sptnoza o Le1bn1z--
que los periodistas, los historiadores tienden a concentrarse en las muestren en su terminologia, en sus argumentac.1ones y ~n algunas de
noticias dei dia y a olvidar que existe una situación compleja y gene- sus doctrinas huellas de esa tradición, que conhnuaha viva en las es·
ral, que no es afectada por los acontecimientos dei momento. Además, cuelas y las universidades de aquel tiempo; pero ~ebemos. darn?s cuenta
por un tiempo se interesaron más en el origen que en la continuación de que esos pensadores absorbieron, a la vez, .u1fluenc1as d1f ere.ntes,
del desarrollo intelectual y de otro tipo. Dicho de un modo más espe- e de un modo aproximado podríamos descr1b1r como humanistas,
qu • · ia
cífico, muchos historiadores del pensamiento dieron su simpatia a los platónicas, estoicas o escephcas. . .
oponentes renacentistas del aristotelismo, mientras que una mayoría No hemos bahlado aún del lugar que ocupa el ar1stotehsmo ~n ltalia,
de los defensores de la filosofia medieval limitaron sus esf uerzos a las país que se diferencia dei resto de Europa. en muchos ~entldos, in·
primeras etapas, antes de concluir el siglo XIII, dejando que los escolás· cluso durante la Edad Media, y que en el per1odo renacent1sta ocupara
ticos posteriores fueran víctimas de las críticas de sus contemporáneos t Riurdo G.a rcla Villodada, La Uniuersidad de Paris duron1e los esiudios de fl"IJll~
y de sus adversarios modernos. ih l'ilQria, Roma, 1938.
Su~ede que estudios recientes nos han hecho ver que el progreso 10 William T. Costello, Tlle ScliolaJ1ic Curriculum Ili Emly Seomic_enrli·~Olltuy ~'."""

principal logrado a finales del sigla XIV en el campo de la lógica y en bridie. Cambridge, Mala., 1958, Mark H. Curtis, OJC/ord and Cambrúlse in TraMllWll,
el de la filosofia natural tiene por causa el aristotelismo y, de un Oúord. 1959. •
11Cario Gi•con, La seconda scola.Slica, 3 vols., Mila~, 1944-.19~. .
modo más especifico, la escuela occamista de Paris y la de Oxford. 1t Peter Peter!!On, Geschicllre der ori.s101elisclim Pll1losopll1e ~ proiesiantUCMn DeuU.
Durante los siglos XV y XVI la instrucción universitaria en las discipli· c/Jatld, Leipzig, 1921. Max WW1dt, Die dewclle Scllulmeiapliysik des n. /a/irlwNlerts,
nas filosóficas seguia teniendo por base, en todos los sítios, las obras Tubinga, 1939. · d •
u~· GºJ·~ ttaules sur le rôle de la pensée métlióvale daM la Jor1'1111ton " •)llUIM
de Aristóteles ; en consecuencia, una mayoria de los profesores de filo· .. uenne 1 - · • M 1111 1914.
corl~ P arís 1930. Mauhiaa Meier, Descartes und die Renawance. ue er,
sofi a continuaron la tradición aristotélica, utilizaron su terminología L. Blanchet, Le; oritecédeNJ /iis1oriques du "}e perise, donc Je sui/', Paris, 1920. H. A~lll'Jll
y su método, examinaron sus problemas y dedicaron comentarias y Wolfeon, Tlle P/iilosop/iy o/ Spirwza, 2 ~ois., Cambridge, Ma~, 1934.. Joae~h P ohtella,
0

debates a Aristóteles. Hasta el momento sólo se han estudiado a)gunos Plalonism, Arislolelionism, arid Cabalism in 1/ie Pliilosop/iy o/ Leibmz, F1ladelf1a, 1938.
LA TRADIClôN ARlSTOTÊLICA 63
62 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA .
r una posición tan importante. Los puntos de vista usuales acerca dei Re- está relacionada con la organización de las universidades, junto con sus
nacimiento italiano f ácilmente podrian hacernos creer que el escolas· f acultades o escuelas. En Paris y en los otros centros del norte se ense·
ticismo aristotélico floreció en la Italia medieval como en el norte naba la filosofia en las f acultades de arte, que incluian asimismo lo
y que en Italia se lo abandoná primero que en cualquier otro siti~ que quedaba de las siete artes liberales, y que servían c-0mo prepara·
debido a las repercusiones dei humanismo renacentista. Los hechos ción para pasar a las tres f acultades superiores: la de leyes, la de
sugieren casi exactamente lo contrario. Hasta las últimas décadas dei medicina y la de teologia, en especial esta última. En Bolon1a y en los
siglo XIII, la enseiianza dada en las universidades italianas se encon· otros centros italianos sólo habia dos f acultades, la de leyes y la de
'\ trah~ !imitada casi por entero a la retórica formal, a las leyes y a la artes. Nunca existió una de teologia. En la f acultad de artes la me-
med1c1na. La teologia escolástica se encontraha confinada en buena dicina era la materia más importante, quedando la lógica y la filo·
me?ida a las escue.las de las órdenes mendicantes; y ciertos teólogos sofia natural en un lugar secundario, como cursos prepara.torios para
y f1lósofos escolásticos famosos, que por coincidencia fueron italianos la medicina; en el último puesto venian la gramática, la retórica, la
--como Lanfranco, Anselmo, Pedro Lombarda, San Buenaventura filosofia moral las matemáticas, la astronomía, la teologia y la meta·
Y Sa~to Tomás de ~quino-, cumplieron una mayoria de sus estudios y física. AI igual que en el norte, se consideraha que la lógica y l a filo·
1 ensenanzas en Paris y en otros centros dei norte. Después de una tem· sofía natural eran las disciplinas filosóficas más importantes, y se las
i prana aparición en Salerno y en Nápoles, la filosofia aristotélica se ensenaha a partir de Aristóteles y sus comentadores, aunque eran mate·
l. estable~ió /irmemente por primera vez en Bolonia y en otras universi· rias unida11 siempre a la medicina y sin +elación ninguna con la teol~gia.
da?es 1tahanas hacia finales dei siglo x111;" es decir, al tiempo que las " En los últimos cien anos, o poco más o menos, se han estud1ado
pr1meras sefiales de estudio de los clásicos latinos comenzaron a anun· algunas fases del aristotelismo italiano con el nomhre enganoso de
1 "averroismo paduano" ; mas ocurre que sigue sin puhlicarse o leerse
ciar el próximo surgimiento dei humanismo italiano. Simultáneamente
con el humanismo, el aristotelismo italiano se desarrolló sin pausa a lo una buena parte de la literatura que produjo. Consiste ésta en co~en·
largo del siglo x1v, sujeto a la influencia de Paris y de Oxford; en el tarios y debates de las obras de Aristóteles, asi como de tratados 1~de·
1
si.glo xv se hizo más independiente y productivo,1 ª y consiguió su má· pendientes sobre prohl~mas afines. L.os nombres ,que se le ~phc~n
x1mo desarrollo en el siglo XVI y principios dei xvn, siendo ejemplo -como tomismo, escotismo y occam1smo, averro1s~o y ale1andr1s-
de esto pensad~r.es relativamente conocidos como Pomponazzi, Zaba· mo-- son, inevitablemente, inadecuados. Su obra consiste, como la de
rella y Cremon1n1. En otras palahras, en lo que a I talia toca, el escolas· los predecesores y contemporáneos del norte, en un examen det~llado
ticismo aristotélico, justo como el humanismo clásico, es ante todo un de muchas cuestiones menudas, en el que cada tema en lo particular
fenómeno del Renacimiento, cuyas raices primeras pueden ser seguidas solía dar lugar a muchas soluciones y a un ordenamiento diferente de
en un desarrollo continuo hasta la fase última de la Edad Media. cada pensador en lo individual. Una vez más, todos ellos concuerdan
Aparte del momento en el cual surgieron y declinaron, la diferencia en su método y en su terminologia, asi como en sus con.stante_s ri;
principal entre el aristotelismo italiano y su contraparte en el norte ferencias a Aristóteles y sus comentadores, pero pocas doctr1nas f1loso·
ficas les son comunes. Se mantuvo consistentemente la separación entre
>• Martin Crabma nn, MittelalterlicMs Gti.stesleben, vol. 2, Municb, 1936, pp. 2!9.2TI; U. filosofia y teologia, entre razón o Aristóteles y ~e.~ au~oridad religiosa,
wGentile da Cingoli", Sittungsberich1e der bayeriJcMn Alcademie der Wi.ssen..cha/ten, Pbilo- sin que ello !levara a un conflicto o a una opos1c1on d1recta. Aparte de
sophi9Cb·Histori1ehe Abteilung, Jahrgang, 1940, núm. 9; Munich, 1941; Ui., wL'Avenoismo la argumentación racional, se hacia ~in~apié ~n .que la perc~p~ión o la
italiano ai tempo di Dante", Rivüta do filosofia neo-•cowtica, 1946, núm. 38, pp. 26().277. experiencia sensorial era la f uente pr1nc1pal o un1ca de conocun.1ento na-
Bruno Nardi, "L'averroismo bolognese nel secolo xn1 e Taddeo Alderotto", Ri.-sta di storia
de/la fil~sofia, 1931, núm. 23, pp. 504·517. P. O. Kristeller, "A Pbilosophice.J Treatise from \ tural, lo que nos justificaria si considerár~mos esto una var1edad .de .
Bologna Dedicnted to Guido Cavalcanti" en Medioevo e Rinascimento, Studi in Onore di empirismo. En el siglo xvt seguia argumentandose acerca de la do~tr~na ·
Bruno Nardi, 2 vols., F1orencia, 1955, vol. l, pp. 425-463. Véase también la nota 8. de la unidad del intelecto de todos los hombres, de Averroes, s1 b1en
,'ª Marshall Ci3gett, Giovanni Marliani and Late Medieval Phrsics, Nueva York, 1941, \ sólo la aceptaban algunos filósofos aristotélicos. AI mismo tiempo, el
S1lvestro da Valsanzibio, Vita e Dollrina di Caetano di Thiene, 2' ed., Padua, 1949. Curtia problema afin de l a inmortalidad fue cent~o de.discusiones debido ~ un
Wilson, William Heytesbury, Madison, Wis., 1956. Theodore E. James. "De primo et ultimo
instanti Petri Alboini Mantuani" (tesis de doctorado, Columbia University, 1968).
tratado famoso y polémico de Pomponazz1, qu1en rechazaba la un1dad
64 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGOEDAD CLASICA LA TRADIClóN ARISTOTE:LICA 65

dei intelecto, mas afirmando que era imposible demostrar la inmorta· centista en lo que toca a sus relaciones con la tardia Edad Media, me·
lidad dei alma con base en princípios racionales o aristotélicos. Aris· gustaria mencionar los cambios y las modificaciones que suf rió como
totélicos posteriores, como Zaharella, participaron en el debate sobre la consecuencia de las nuevas actitudes dei período, en especial dei
naturaleza dei método cognoscitivo, y f ormularon como doctrina que humanismo clásico. Petrarca hizo sonar las notas clave de ese cambio,
el conocimiento natural surge de un análisis que va de los fenómenos pues sugirió que Aristóteles era mejor que sus traductores y comen·
observados a las causas deducidas, para regresar mediante una sintesis tadores, siendo la tendencia general sacar a Aristóteles de su aisla-
de las últimas a los primeros, doctrina en parte enraizada en la tradi- miento como libro de texto rector, y ponerlo en compaiiía de otros
1
ción aristotélica y que, a su vez, influyó sobre un cientifico tan aristo· filósofos y escritores de la Antigüedad. '
télico como Galileo. 1• Los erud~tos occidentales aprendieron de sus maestros bizantinos a
Entre. los filósofos aristotélicos dei Renacimiento italiano las influen· estudiar las obras de Aristóteles en su original griego. Los profesores
cias más poderosas provinieron, claramente, dei occamismo y dei lla- humanistas comenzaron a dar conferencias sobre Aristóteles tomándolo
mado averroismo, que se vieron gradualmente modificados por varios como uno de los autores griegos clásicos; filósofos aristotélicos que
desarrollos entonces ocurridos. AI mismo tiempo, el tomismo y el esco· habían gozado una educación humanista terminaron por ir ai texto
tismo continuaban floreciendo entre los teólogos. El segundo parece original de su principal autoridad. Si bien prácticamente toda la obra
haber sido la corriente .más activa y difundida, pero el Renacimiento de Aristóteles habia sido traducida ai latin en la tardia Edad Media, los
italiano produjo tomistas tan autorizados como Cayetano; por otra humanistas dei Renacimiento aprovecharon su creciente conocimien·
parte, la enseíianza dominica aí ectó a muchos otros teólogos, asi como to dei idioma y de la literatura griegos para aportar versiones nuevas
a filósofos no tomistas como Ficino y Pomponazzi. Si agregamos a de Aristóteles en latin que compitieron con las de sus predecesores
esto la autoridad concedida a Tomás por los jesuítas y por el Concilio medievales y gradualmente penetraron en los planes de estudio de las
de Trento, asi como la creciente preferencia por su Summa en lugar de universidades. Desde entonces se han venido discutiendo los méritos '"
las Sentencias de Pedro Lombardo como libro de texto de teologia, bien de esas traducciones humanistas en relación con las medievales; es
podemos decir que el siglo XVI significa un avance notable, respecto obvio que tales méritos varían de acuerdo con la capacidad de cada
ai XIII y ai x1v, en el papel y la importancia dei tomismo, asi como un traductor en lo particular. Muestran up mejor conocimiento de la sin·
paso muy conspícuo hacia la adopción dei tomismo como filosofia taxis, de los modismos y de las variantes textuales, así como mayor
oficial de la lglesia Católi'ca, hecho codificado finalmente en 1879.u
• libertad en el orden de las palabras, en el estilo y en la terminologia.
Terminado este demasiado breve examen dei aristotelismo rena· Los cambios en la terminologia resultaban cuestión seria en un autor
que era texto oficial en filosofia; el resultado neto f ue presentar un
1• John Hennan Randall, Jr., "Thc Dcvclopmcnt of Scientific Mctbod in tbc Scbool oi Aristóteles diferente ai de la tradición medieval.
Padua", Journal o/ 1/ie Hütory o/ /dew, 1940, núm. l, pp. ln·206, incluido cn su Tlic Por otra parte, hubo algunas adiciones ai corpus aristotélico y unas
Scliool o/ Pad1UJ Olld IM Emert1encc o/ Modem Scic.n ce, Padua, 1961, pp. 13-68. William F.
cuantas de las obras ya disponibles adquirieron importancia o un lugar
Edwards, "Tbc Logic oi Jacopo Zabarella" (tcsis de doctorado, Columbia UniversilJ, 1960).
P. O. Kristeller, "Renaissance Aristoteliani!lln", Creek, Ramon, and Byzrmtine Sr..din nuevo en el sistema de aprendizaje. Por' primera vez se tradujo la Ética
1965, núm. 6 PP. 157-174. Edward P. Maboney "The Early Psycbology of Agostino Nifo" a Eudemo, así como la Mecánica y otros escritos de la primera escuela
(tesis de doctorado, Columbia University, 19661. Charles B. Scbmitt, A Crilical S~ and aristotélica. La Teologia de Aristóteles, obra apócrifa de origen árabe
Bibliogroplly o/ Renaüsonce Aristotclianism, Padua, 1971. Herbert S. Matsen Alessandro y tendencia neoplatónica, f ue utilizada para realzar el acuerdo entre
AcliiUW (1463-1512) and Hü Doctri~ o/ "Uni~ersall' and "Transccnden1als", 'Lcwisburgh,
Platón y Aristóteles; con el mismo propósito se reunieron los f rag·
Pa., 1974. Yê(ue también Charles H. Lobr, "Renabsance Laún Aristotle Commentaries", S1udic:s
in lhe RenaiJJ011ce, 1974, núm. 21, Rcnaüsance Quarlerly, 1975, núm. 28; ibiJ., 197ti, mentos de los primeros escritos de Aristóteles, ya para entonces per-
núm. 29; ibid, 1971, núm. 20, y por continuarsc, F. Edward Cranz, A Bibliot1rapliy o/ didos.'º Los humanistas que consideraban la filosof ía moral parte
Aristotle Editions 1501-J(i()O, Baden·Baden, 1971. de su dominio y continuaban impartiendo la cátedra de ética, seguían
17 Frani Ehrle, Der Scn1enxcnkommcn1ar Petcrs von Candia, Muenster, 1925, p. 114 y ss.
recurriendo a la Ética a Nicómaco y a la Política como textos princi-
Ricardo Garcia Villoslada, La Universidad de Paris durante los es1udios de Franci.sco de
Yi1oria, PP. 279-307. P. O. Kristeller, Medieval AspeclS o/ Renais$1111ce Lcarning, ed. y trad. u P. O. Kristeller, S1uáies in Renaissance Thought and Lctters, Roma, 1956, pp. 337·353.
por Edward P. Mahoney, Dllll'ham, N. C., 1974, pp. 29-91. 11 Francesco Patriii, Discussiones Peripa'tttiooe, Basilea, 1581.
l- - - - - - -- - - - - - - - - -- -·- -·-
66 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTICOEDAD CLASICA
LA TRADICiôN ARISTOT~LICA 67
pales, con lo cual dieron .ª la do~tr!na de Aristóteles una parte impor·
lante en sus puntos de vista eclecllcos acerca de cuestiones morales el propio Alejandro _y, además, Temistio, Simplicio y muchos otros--
educativas y políticas. ' eran aprovechados cada vez más para explicar a Aristóteles. En un
. La Reu5ric_a de Aristótele~, en la Edad Media preferida por los retó· sentido más especializado, la idea específica de Alejandro de que el
ricos prof es1onales y considerada por los filósofos escolásticos un alma humana es mortal recibió más atención de los filósofos aristoté·
?péndice de la Ética y de la Política, se volvió en el sigla xv1 un texto licos. De esta manera, el cambio y el aumento de las fuentes aristoté·
importante para los retóricos humanistas.,º La Poética, no dei todo des· lic6dS llevó, en muchos casos, a un cambio doctrinal en la interpreta·
conocida .en. la Edad Media latina,'' como lo suponían hasta hace poco ción dei filósofo o en la posición filosófica defendida en nomhre de
los espec1ali~tas, pero hasta cierto punto olvidada, adquirió, gracias· la razón, de la naturaleza y Aristóteles. Esos cambias doctrinales
a ~o~ humanistas, amplia difusión y, en el sigla xv1, se volvió e) texto se vieron realza~os adicionalmente por las repercusiones de ideas
of1c1.al, dand~ lugar ª. enorme volumcn de argu?'1entaciones críticas y clásicas y contemporáneas de origen no aristotélico. De esta manera,
de literatura. Es curioso observar que la autor1dad de la Poética de P omponazzi, a quien con toda justeza se considera un notable repre·
Aristóteles llegó ,ª. su p~nto cul min~nte en ese sigla xv11 que presenció sentante de la escuela aristotélica, hace hincapié en doctrinas no aristo·
la calda de su Fis1ca. Finalmente, s1 vamos de los eruditos humanistas !éticas co~o son la posición central dei hombre en el universo y la
a_ los filó~of os y científicos prof esionales, se diría que la obra de Aris· 1mportanc1a, para la f elicidad humana, dei intelecto práctico sobre
el especulativo, ambas de origen humanístico; defiende la doctrina de
tot~les ma~ avanzada en cuanto a la lógica se refiere, la Analítica pos·
terior, rec1bió mayor atención en el sigla xv1 que antes; ai mismo tiem· destino estoica contra los ataques de Alejandro de Afrodisia, y sigue
a Platón y a los estoicos en subrayar que la virtud moral es recompensa
po, un ;studio creciente de los escritos de Aristóteles sobre biologia
de sí misma y el vicio su propio castigo.'• Suelen presentarse amalga·
acompana el avance que en botánica, zoologia e historia natural ocurre
en ese tiempo.., mas de diversas doctrinas en cualquier tradición filosófica genuina mãs
En lo que toca a las obras de Aristóteles, que eran y siguieron siendo dedicada a la búsqueda de la verdad que a la ortodoxia, y se vuelven
centro de la ensenanza en la lógica y en la f ilosofía natural, los cam· dafiinas únicamente cuando se las usa para distorsionar los hechos his·
bios más importantes ocurrieron en razón de que, entre fines dei si· tóricos o apoyar las afirmaciones dogmãticas de una tradición en lo
glo xv y terminación dei xvt, la obra de los antiguos comentadores particular. 1

griegos fue vertida en su totalidad ai latín, empleándosela cada vez La naturaleza gradual del cambio que af ectó al aristotelismo rena·
más para equilibrar las interpretaciones de los comentadores árabes y centista, y que he tratado de describir, queda clara cuando compara·
latinos medievales. En la Edad Media se había conocido la obra de mos las obras de dos filósofos aristotélicos sobresalientes, uno de prin·
aquellos primeros en selecciones muy limitadas o gracias a citas hechas cipios y otro de finales dei sigla xv1. Jacopo Zabarella, que repre-
por Averroes. La traducción completa de Temistio, realizada por Ermo· senta la fase posterior, había logrado un domínio total dei Aristóteles
lao Barbara, y la versión hecha por Girolamo Donato de De Anima griego y de sus comentadores antiguos; por lo mismo, los eruditos mo·
de Alejandro, estaban entre las más importantes de las muchas lleva: dernos lo han alahado no sólo como buen filósofo, sino por ser uno
das a cabo. Cuando los historiadores modernos hablan dei alejandrismo de los comentadores de Aristóteles mejores y más lúcidos de todos los
• como una corriente dei aristotelismo renacentista opuesta al averroís· tiempos. Pietro Pomponazzi, quien murió en 1525, no sabia griego y
mo, en parte los justifica el que los comentadores griegos --es decir, estaba profundamente empapado en las tradiciones dei aristotelismo
'º Yiaruc los capituloc x111 y xrv.
21 Aristóteles, De arte poelico, tr1d. por Cuillelmo de ~toerbeke y ed. por E" e Valgi· u Léontine Zanta, La renai"4nce du ltoicume au XYle liecle, Parú, 1914. P . O. Kri•
migli, Ezlo Francescbiní y Lorenzo Mínio-Paluello, Aris101tles Lotinw, vol. 33, Brujas y teller, StuJies i,. Renaissance Though1 and Le11ers, pp. 279-286; id., "A New Manuacript
Paris, 1953. Source for Pompooazzi's Tbeory oi the Sou! ... ", Revue ln1ema1ionale tk Phüosophie,
:n Joel Elias Spingam, A History o/ Li1erary Crilicism in 1he RenaisMnce, 2a. ed., Nueva vol. 2, fascículo 2, 16 de la serie, 1951, pp. 144-157; id., "Two Unpublished Questiol\9 on
the Sou! by Pietro Pomponazzi', Mediemlia et HumaniJtica, 1955, núm. 9. pp. 76-101 y
York, 1908. Giuseppe Tolfanin, 1.a fi ne ilêlru"'f'nesimo, T'urin, 1920. Bernard Weinbcrg,
A HiJtory o/ Literary Criticism in 1he 1talian Renaissance, 2 vols., Chicago, 1961.
1956, núm. 10, p. 151. John Herman Raodall, Jr., "Pietro Pomponazzi: Introduction", eo
ª" Por ejemplo, en la obra de Ulisse Aldrovandi. The Renaissance Philosophie o/ Man, ed. Ernst Cassirer, P. O. Kristeller y J. H. Ran.
dall, Jr., Chicago, 1948•• pp. 257-279.
68 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA LA TRAD!ClóN ARISTOttLICA 69

medieval, pero ello no le impidió aprovechar el nuevo material ori- estado floreciente de la filosofia aristotélica en la ltalia dei Rena·
ginal aportado por sus contemporáneos humanistas, y derivar de cimiento, nos inclinaremos a ver esta polémica en su perspectiva ade·
Alejandro la idea de que la inmortalidad dei alma humana es indemos- cuada, es decir, como una expresión muy comprensible de la rivalidad
', trable con base en principios aristotélicos o racionales. De esta manera, entre departamentos, así como una fase en la batalla interminable de
la erudición clásica de los humanistas, aplicada a Aristóteles y a sus las artes, de la cual podemos citar muchos otros ejemplos pertene·
l
comentadores griegos, ejerció un ef ecto indirecto pero poderoso en la cientes a los tiempos antiguos, medievales y modernos. 24 Sólo en contadas
continua tradición dei pensamiento aristotélico filosófico durante el ocasiones los humanistas renacentistas consiguieron atacar a sus opo-
1 siglo XVI y posteriormente. nentes escolásticos en su propio terreno. Hubo una tendencia persistente,
1 que comenzó con Valia y culminó con Ramus y Nizolio, a reformar la
Nuestro cuadro de la actitud renacentista hacia Aristóteles estaría
incompleto si no examináramos las sólidas corrientes de antiaristote· lógica aristotélica con ayuda de la retórica, y durante la última parte
!ismo que, si bien a menudo exageradas o incomprendidas, ocupan un dei siglo XVI y buena parte dei XVII el ramismo fue un rival serio
lugar importante en el pensamiento renacentista. A decir verdad, la de la lógica aristotélica en las escuelas de Alemania, Gran Bretafia y
rebelión contra la autoridad de Aristóteles o, por lo menos, contra sus Norteamérica.21 Por otra parte, en su De tradendis díscíplinis el huma·
intérpretes medievales es un rasgo recurrente en los escritos de muchos nista espafiol Vives quiso cumplir el ambicioso intento de substituir
pensadores renacentistas, desde Petrarca hasta Bruno y Galileo. Cuan- el conocimiento medieval por una enciclopedia clásica y humanista de la
do en cada caso representativo de esta polémica examinamos las ra- sabiduría, y ejerció en toda la educación occidental una influencia
zones, el contenido y los resultados en lugar de aceptar los cargos y profunda y vasta.
las defensas en su valor superficial, llegamos a la conclusión de que El platonismo renacentista, que muchos historiadores se han incli-
al antiaristotelismo dei Renacimiento preparó el terreno para ciertos nado a oponer al aristotelismo medieval, no f ue tan persistentemente
desarrollos posteriores, de ello no hay duda, pero que en su tiempo antiaristotélico como supondríamos. Sus representantes más influyentes
no estuvo unificado ni f ue efectivo. Cuando leemos los ataques de ' f ueron impresionados por la síntesis neoplatónica de Platón y Ar is·
Petrarca contra Aristóteles y sus seguidores medievales, tendemos a tóteles, o estuvieron af ectados directamente por el aristotelismo medie·
olvidar que el aristotelismo atacado por Petrarca no llevaba cien afios vai. Así, Marsilio Ficino seguia a Platón y Aristóteles, pero concediendo.
de haber sido establecido en las universidades y, en ltalia, contaba el lugar más elevado al primero, consideración que se ve reflejada
i
con menos tiempo. Por tanto, una generación más joven suele creer que en la Escuela de Atenas, de Rafael; Pico della Mirandola def endió ex·
se está derribando una tradición de muchos siglos, cuando en realidad presamente el aristotelismo medieval de los ataques humanistàs de
la habían establecido sus padres o sus abuelos. Ermolao Barbaro.28
V a rios documentos dei siglo xv, que van de Leonardo Bruni a En el siglo XVI el aristotelismo comenzó a suf rir ataques en su
Ermolao Barbaro, nos permiten conocer los ataques humanistas contra propio territorio; es decir, en la filosofia natural. Una serie de pen·
el escolasticismo, de los cuales Aristóteles se veía con f recuencia libe· sadores brillantes, en cierta medida af ectados por el aristotelismo o por
rado.2 6 Esa polémica resultó ineficaz en el sentido de que los huma· otras tradiciones, pero originales en su intención fundamental -gente
nistas criticaban el mal estilo de sus oponentes, su ignorancia de las
2e The Bartle o/ lhe Seven Arrs ... by Henri â Andeli, ed. L. J. P aetow, Berkeley, 1914.
f uentes clásicas y su preocupación por cuestiones supuestamente nimias, Lynn Tbomdike, Science and Thought in the Fi/1eenth Century, Nueva York, 1929, pp. 24-58.
pero ninguna contribución positiva hizo a las disciplinas filosóficas Eugenio Garin, La disputa dei/e arti nel Quallrocento, F1orencia, 1947.
y científicas que a los escolásticos interesaban. Si tenemos en cuenta 2 1 Perry Miller, The New England Mind, Nueva York, 1939. Walter J. Ong. Ramus,

las divisiones culturales y prof esionales de ese periodo, así como el M'.thod, ll1lll the Decar o/ Dialogue, Cambridge, Mass., 1958; id., Ramus and Talon /nven-
tory, Cambridge, Mass., 1958.
2~ Respecto a Bruni, véase Eugenio Garin, Prosacori lacini dei Quaurocento,. Milán, 1952, 29 P. O. Kristeller, "Florentine Platonism and lts Relations witb Humanism and Scho-
p. 41 y •ss. Para E nnolao, véase Quirino Breen, "Giovanni Pico della Mirandola on the lasticism", Church History, 1939, núm. 8, pp. 201-211; id., "Tho Scholastic Background
Conllict oi Philosophy and Rethoric. . .", Journal· o/ 1he Histcry o/ Jdeas, 1952, núm. 13, oi Marsilio Ficino", Studies in Renaissance Thousht ll1lll Lettefl, pp. 35-97. Eugenio Ga.rin,
pp. 384-426, reimpreso e n su libro Chrillümity and Huma~m. Grand Rapids, Mich., 1968, Giovanni Pico della Mirandola, Florencia, 1937. Avery Dulles, Princeps Concordiae, Cam·
!Jp. J.68. bridge, Mass., 1941; Breen, "Giovanni Pico della Mirandola . .. "
70 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGtJEDAD CUS!CA ' LA TRADIC!ôN ARISTOT~LICA 71

como Paracelso, Telesio, Patrizi, Bruno y otros- , comenzaron a pro- la física y la biología. Incluso ocurrió que el desarrollo de esas dos
poner sistemas cosmológicos y de filosof ía natural ri vales del aristoté- ciencias tomó un camino diferente respecto ai aristotelismo. En la
lico, que dejaron huella en los contemporáneos de esos pensadores y biología se avanzó mucho durante el siglo XVI , e incluso posteriormente,
,.. han sido de interés perdurable para los historiadores del pensamiento dentro del marco trazado por la tradición aristotélica. Por otra parte,
renacentista.'"' No lograron acabar con la tradición aristotélica en la en la física f ue necesario derribar la concepción misma de física aris·
j .
• f ilosofía natural, mas no de bido a que se vieran perseguidos o por- to télica para hacer lqgar a la moderna. La física aristotélica de la
.,.
~
que sus oponentes prefirieran los intereses creados y los hábitos menta· ta rdia Edad Media y del Renacimiento no f ue tan absurda o anticuada
les a la verdad, sino porque esas doctrinas impresionantes carecían de la como suponen eruditos del pasado; tampoco estuvo Galileo liberado de
base firme que da un método aceptable. La filosofía natural aristo- su influencia en e.l grado que él mismo o alguno de sus admiradores
télica, rica en materiales y sólida en sus conceptos, era imposible modernos cree.'' Para los aristotélicos la física era cuestión de cuali-
l. de erradicar de los planes de estudio universitarios mientras no hubiera
un volumen comparable de doctrina impartible que poner en su lugar.
dades, no de cantidades, y sus objetos en la tierra diferían esencial-
mente de las estrellas en el cielo. En consecuencia, la física aristotélica
Ni los humanistas ni los platónicos ni los filósofos naturales de fines se encontraba muy unida a la lógica formal y, a la vez, separada de
del Renacimiento, que mellaron pero no rompieron la tradición aristo- las matemáticas e incluso, en cierta medida, de la astronomía.

télica, pudieron aportar dicha doctrina. El ataque decisivo contra la Galileo, ese matemático y astrónomo profesional que afirmaba ser
filosofía natural de los aristotélicos vino de Galileo y de otros físicos un filósofo natural, postulá una física,nueva, basada en los experimen-
del siglo xvn. tos y en los cálculos, una física de las cantidades que, como funda·
Este importante suceso en la historia dei pensamiento moderno ha mento, no tenía la lógica formal, sino las matemáticas, y que terminaría
sido representado a menudo, de un modo bastante torpe, como una por relacionarse íntimamente con la astronomía. 32 Cuan_do los métodos
victoria de la "ciencia" y dei "método científico" sobre la superstición de esta física nueva. quedaron establecidos firmemente y comenzaron a
o sobre una tradición equivocada. No existe tal ciencia o método aportar cada vez más resultados específicos, f ue su destino el minar el
!~ científico, sino un cuerpo complejo de variadas ciencias y de otras prestigio de la física aristotélica tradicional y, con el tiempo, arreba-
formas de conocimiento, cuya unidad sigue sienâo un programa ideal;
'1. hay, además, varios métodos ·para obtener conocimientos valiosos y
tarle su lugar en los planes de estudio. Esto ocurrió a lo largo de) si-
glo xvn y a princípios del xv111, mas no podría haber sucedido en
u
'. juzgar su validez. En el período que precedió a Galileo, al cual nos el xv1. Nuestro entusiasmo apresurado por los logros conseguidos en ~n
i estamos dedicando aquí, la.s ciencias existentes se dif erenciaban por período posterior no deben incitarnos a retrotraerlos a una época ante-
sus tradiciones y por sus ' relaciones mutuas. Las matemáticas y la rior o a culpar a ésta de no haberlos anticipado. Desde luego, hay pen-
astronomía estaban en gran medida separadas de la filosofía y de la tra- sadores espaces de comprensiones súbitas sorprendentes, pero cuando
dición aristotélicas, y en el siglo XVJ consiguieron avances notables sin se trata de un grupo numeroso de personas, tiende a cambiar con lenti-
afectar seriamente esa tradición.' 0 La medicina era otra ciencia apar- tud sus modos de pensar, a menos que lo sacuda súbitamente una moda,
tada de la f ilosofía, aunque más íntimamente unida a ésta porque se una experiencia violenta o un apremio político.
t consideraba que ambas eran parte dei mismo estudio y de la misma Por tanto, podemos sacar en conclusión que la autoridad de Aristó·
• carrera, y porque autoridades médicas como Galeno y Avicena eran teles se vio puesta en duda durante el Renacimiento de distintas ma-
aristotélicas. No obstante, hubo un progreso notable en disciplinas neras y por razones diferentes, pero que se mantuvo muy f uerte, espe·
médicas tales como la anatomia y la cirugía, que se basaban en la cialmente en el campo de la filosofia natural. Se debió esto menos a
observación y estaban relativamente apartadas de las teorías filosóficas la inercia prof esional que a la riqueza y solidez de los temas abarcados

)
y médicas de aquellos tiempos. por las obras aristotélicas, a las cuales, por algún tiempo, sus críticos
t Por otra parte, la f ilosofía natural, según se la entendía y enseiiaba no pudieron oponer nada comparable. Los conceptos y los métodos que
a partir de las obras de Aristóteles, comprendía ciencias tales como terminarían por abatir la física aristotélica comenzaba a ser motivo
'"' Ernst CassiTer, Das ErkeruuniJproblem, vol. l, Bcrlín, 1922. n Moody, "Galileo and Avempace".
10 Edward W. Strong, ProcedurtJ and Metaphysics, Berkeley, 1936. 32 Alexandre Koyré, tcudes Galüéennes, 3 vols., Paris, 1939.
72 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA

de examen y preparación durante el siglo XVI, pero no dieron fru:tos


perdurables y visibles antes dei XVII. La revolución antiaristotélica, que
III. EL PLATONISMO RENACENTISTA
sefiala el comienzo de la época moderna en las ciencias físicas y en la
filosofía, clava algunas de sus raíces y tiene algunos de sus precursores
.~n el Renacimiento, pero no se vigariza sino posteriormente. En mu·
LA INFLUENCIA de Platón en el pensamiento occidental ha sido tan vasta
.]hos sentidos, el Renacimiento sigue siendo una época aristotélica, que
y tan profunda y, a pesar de la opinión en contra de voces ocasionales,
en parte mantuvo las tendencias dei aristotelismo medieval y en parte
tan continua, que un gran pensador contemporâneo afirmó que es
les dio una dirección nueva debido a la influencia dei humanismo clá·
sico y a otras ideas. posible caracterizar la historia de la filosofía occidental como una su·
cesión de notas ai pie de página puesta a Platón.1 Sin embargo, si exa·
min?mos las ideas realmente expresadas por aquellos pensadores confe·
sadamente deudores dei filósofo ateniense, o que han recibido o se han
dado el nombre de platónicos, no sólo encontraremos -como es de su·
poner- una serie de interpretaciones y reinterpretaciones diferentes de
las ensefianzas y los escritos de Plalón, sino que a la vez nos enfren·
taremos a un hecho que causa perplejidad: los distintos platónicos han
elegido, subrayado y desarrollado en las obras de Platón doctrinas
o pasajes diferentes. Difícilmente encontraremos una idea de las que
asociamos con Platón presente en todos los platónicos: ni la existencia
trascendente de las formas universales, ni el conocimiento directo de
esas entidades inteligibles, ni el amor espiritual, ni la inmortalidad dei
- alma y, mucho menos, su bosquejo dei estado perfecto. Por lo mismo,
posible es que dos pensadores convencional, y quizás legítimamente,
clasificados como platónicos tengan filosofías muy diferentes o, incluso,
que no tengan en común ninguna doctrina específica. Platonismo no es
un término mediador que se preste bien para la aritmética o la silo·
gística de las fuentes y las influencias,'ª menos de exponerse en todos
sus detalles los textos y las ideas específicos que participan en cada
ca~o.

Adem ás, desde la antigüedad clásica, los filósofos platónicos han in-
tentado menos repetir o replantear las doctrinas de Platón en su forma
original, que combinarlas con ideas de origen diverso; esas acreciones,
como los tributarias de un rio cada vez más ancho, se vuelven parte
integral de la tradición en marcha. Tan necesarias son para una com·
prensión adecuada de la historia dei platonismo, como enganosas resul·
,1 tarían si se las usara sin juicio alguno para interpretar a Platón. Ha
sido en los últimos 150 afios cuando la actividad intelectual moderna
'
.
:•
ha procurado podar el pensamiento genuino de Platón de todo el ramaje
de la tradición platónica. Esos esf uerzos han redituado, en parte, resul·
tados muy sólidos; mas comenzamos a pensar que se tendió a exagerar
1 Allred N. Whitehead, Process and Realily, Nueva York, 1941, p. 63.
73

''
f 74 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA EL PLATONISMO RENACENTISTA 75
1

las diferencias entre Platón y el platonismo posterior, y a pasar por alto recer, ni su misma ensefianza oral era de carácter dogmático, la tradi-
ciertos rasgos genuinos dei pensamiento de Platón que tal vez seau ción filosófica de su academia estaba sujeta a mayores cambias y fluc·
ajenos a la ciencia y la filosofía modernas, pero que sirvieron como tuaciones que la de otras escuelas filosóficas de la Antigüedad. Los
punto de partida a sus intérpretes dei pasado.2 A modo de ejemplo, sucesores inmediatos de Platón en la Academia modificaron su doc·
digamos que cuando un arqueólogo está quitando la castra puesta sobre trina, tal como la conocemos, ligeramente menos que oiro alumno,
una estatua griega por los siglas transcurridos, debe cuidar de no daíiar Aristóteles,' y en el transcurso dei siglo 111 a.e., dicha Academia adop·
la superf icie incomparablemente sutil de la pieza. tó un escepticismo más o menos radical, ai que se atuvo por más de
Se debe, en parte, esta naturaleza compleja e incluso huidiza de la doscientos anos. Mi entras tanto, los diálogos de Platón fueron leídos y
tradición platónica ai carácter dei pensamiento y de los escritos de admirados fuera de su escuela y afectaron enormemente el pensamien·
Platón. Entre los filósofos griegos de mayor altura hasta Platino, Platón to de filósofos estoicos tales como Panecio y Posidonio.
tuvo la fortuna singular de que, hasta donde nos es dado afirmaria, Hacia principias de nuestra era una variedad de platonismo popular
sus obras nos llegaran completas. Se trata de composiciones !iterarias y un tanto ecléctico había tomado prestado varias elementos de AristÓ·
escritas y publicadas en diferentes momentos de una vida larga y llena teles, y en especial dei estoicismo, había eliminado el escepticismo de
de acontecimientos. Tienen forma de diálogo y en ocasiones parecen la Academia ateniense, bahia establecido una especie de escuela en Ale·
terminar sin que se llegue a una conclusión; en ellas, distintas personas jandría -y tal vez en oiros centros- y había comenzado a penetrar
proponen y examinan distintos puntos de vista. Como Platón rara vez en el pensamiento de un círculo de escritores filósofos y populares
habla en su nombre, parece difícil identificar sus opiniones perso- cada vez más amplio.• Este movimiento, hoy en día llamado general·
nales definitivás, o poder separarias de las expresadas por Sócrates, mente platonismo medio, hizo cuando menos una aportación importante
Parménides y otros personajes. Además, algunos de los pasajes más a la historia dei platonismo, pues formulá la doctrina -desde enton·
coherentes están presentados en la forma ambigua de mitos, símiles o ' ces atribuida a Platón, pero que apenas aparece en sus diálogos-
digresiones. Finalmente, los diálogos, si bien en alguna medida rela· de que las ideas trascendentes o las formas inteligibles son conceptos de
cionados por su temática, no sugieren ningún orden o secuencia que una inteligencia divina. El platonismo medio tenía muchos elementos
pudiera llevarnos a un sistema filosófico. La erudición moderna ha' en común con el neopitagorismo, que floreció durante los primeros siglas
tratado de resolver esas dificultades mediante el método histórico, esta· de nuestra era, y falsificá muchas obras platonizantes, a las que puso
bleciendo la secuencia cronológica de los diálogos auténticos y comple- el nombre de Pitágoras y de sus primeros discípulos; también se rela·
mentando el contenido de éstos con ayuda de la inf ormación dada por cio nó con el hermetismo, un círculo de teólogos paganos que f loreci6
Aristóteles y oiros acerca de las enseíianzas orales de Platón. Este en- en Alejandría y compuso un conjunto de escritos que atribuían a Hermes
foque histórico era ajeno a los especialistas en Platón de la antigüedad Trismegisto, una divinidad egípcia.° Cuando Filo el Judío -y tras él
clásica, quienes se limitaban a reunir en una edición única las obras atri- Clemente y Orígenes, padres de la lglesia alejandrina- llevó a cabo
buidas a Platón, dándole así la apariencia de un orden sistemático los primeros intentos de combinar las ensefianzas de la religión bíblica
que hoy nos parece artificial. De esta manera, varias escritos apócrifos con la filosofia griega, fue el platonismo entonces popular el que
entraron ai conjunto de obras de Platón e influyeron en la tradición aportá los elementos doctrinales más numerosos e importantes. De esta
subsecuente, pese a que ya en la Antigüedad se había cuestionado la manera, el terreno estaba bien preparado, tanto entre los paganos como
autenticidad de ciertos escritos platónicos. entre los cristianos, para el resurgimiento dei platonismo filosófico
La influencia de Platón en el pensamiento griego posterior no sólo . que Amonio Sacas y su gran discípulo Platino llevaron a cabo en Ale·
dependió de sus diálogos, que en términos generales estaban a la dispo· jandría, en el siglo 111 d.e.
sición dei público lector, sino también de la escuela que fundó y que, Esta escuela, que a sí misma se llamó platónica y a la cual los his-
como institución, perdurara por siglas, hasta el afio 529 d.e. Como toriadores modernos llaman neoplatónica, para subrayar sus diferencias
Platón no dejó a su escuela ninguna obra sistemática, y como, ai pa· • Harold Cberniss, The RiJJJe o/ the Early Aaulemy, Berkeley, 1945.
• Willy Tbeiler, Die _I'orbereitu.ng des Neup/Jllonilrrw.s, Berlín, 1930.
• Pbilip Merlan, From Platonism to Neoplozonism, La Haya, 1953. • A.. J. Festugiere, ÚJ rivrwtion i!Hermes Trümi&Ute, 4 volt., Paríl, 19#1954.

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- ---- --- -- -------------------- ------------------------~


1
76 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTlGOEDAD CUSICA EL PLATONISMO RENACENTISTA 77

con Platón, adoptó los diálogos de éste como principal autoridad filo· los poetas griegos antiguos y con el de Aristóteles.ª El que Platón pre·
sófica, pero a la vez intentó adaptar las dispersas doctrinas de Platón valeciera sobre Aristóteles en la síntesis hecha de los dos tiene su razón
en un sistema coherente, incorporándole a la vez ideas derivadas de los en el precedente neoplatónico; por otra parte, los autores patrísticos
estoicos, y, en especial, de Aristóteles. Como síntesis totalizadora dei griegos aceptaron sin reservas la tendencia a armonizar a Platón en
l
pensamiento griego, el neoplatonismo dominó la fase postrera de la mayor medida que a Aristóteles con la teologia cristiana. En el si·
filosofía antigua y legó su herencia a las épocas siguientes. Bajo la su- glo XI, Miguel Psellos reavivó el interés en la filosofia platónica y
...' perf icie de esta tradición común tenemos en la doctrina muchas dif e- asentó un precedente de mucha influencia ai combinarle los Oráculos
rencias importantes, que no han sido exploradas a f ondo. A los elemen- Caldeos, atribuidos a Zoroastro, y el Corpus Hermeticus. En los si-
tos genuinos derivados de Platón, Plotino trajo una insistencia más glos XIV y xv, Gemisthos Plethon intentó reavivar nuevamente la filo·
explícita en la existencia de un universo jerarquizado, que a través de sof ía de Platón con base en Proclo y en Psellos. Incluso quiso llevar .
varios niveles desciende desde el Dios trascendente o Único hasta el a cabo una reforma filosófica dei decadente lmperio griego y propuso,
mundo corpóreo; subrayó también una experiencia interna y espiritual siguiendo el modelo de Proclo, una explicación alegórica de las divi-
1 que permitía al yo ascender por el mundo intangible y llegar ai Su- nidades griegas; esto hizo que se lo acusara de querer reimplantar
1
premo; por otra parte, se concibe el mundo físico, probablemente el paganismo antiguo.• Desde luego, estaba convencido de que Platón y
debido a la influencia de Posidonio, como una red de afinidades ocultas sus seguidores antiguos representaban una teologia pagana muy vieja,
originadas en un alma general y en otras almas cósmicas. Con Proclo, de lo que eran testimonio los escritos atribuidos a Hermes Trismegisto,
uno de los últimos dirigentes de la escuela ateniense, el neoplatonismo a Zoroastro, a Orfeo y a Pitágoras, mismos que por su edad y su conte·
'' nido igualan la revelación contenida en las Escrituras hebreas y cristia·
llega a su perfección más sistemática e incluso esquemática. En sus
obras Elementos de teología y Teologia platónica define con nitidez nas. Gracias a sus enseiianzas y sus escritos, gracias a sus discípulos y
todas las cosas y sus relaciones mutuas y las sitúa en su lugar adecua· gracias a la reacción violenta de sus oponentes teológicos y aristotélicos,
do y en el orden que les toca; por otra parte, utiliza los conceptos de Plethon hizo mucho por despertar la erudición y la filosofia platónicas
la lógica y la metafísica de Aristóteles, si bien desnudos de sus refe· en las últimas décadas del imperio bizantino; por otro lado, debido a
.•. rencias específicas y concretas, como elementos de una ontología suma. la estancia de Plethon en Italia y a las actividades del cardenal Be-
mente abstracta y totalizadora.• En tanto que comentador, Proclo aplicó sarión, su discípulo, y de otros eruditos griegos dedicados a Plethon
este sistema pulcro y escolástico a algunos de los diálogos de Platón, o a él opuestos, esta línea de Qesarrollo tuvo repercusiones imEortantes
tal como otros miembros de su escuela lo aplicaron a Aristóteles. Por en el Occidente hasta finales del siglo xv e incluso después. 0
ser la filosofia rectora de aquel período, el neoplatonismo aportó prác- Entre los árabes Platón tuvo una posición inferior a la de AristÓ·
ticamente todos los padres y teólogos de la lglesia griega con sus teles y, en consecuencia, menos impor\ante que en la Antigüedad o que
términos y conceptos filosóficos; y sobre todo, ese oscuro padre de la en la Edad Media bizantina.11 Mi entras que la obra de Aristóteles f ue
mayoría dei misticismo cristiano que se oculta bajo el nombre de Dio· traducida al árabe casi en su totalidad, de Platón se disponía de unos
nisio el Areopagita, cuyos escritos deben su tremenda autoridad ai nom- cuantos libros - la República, las Leyes y el Timeo-, completados por
bre de su supuesto autor, discípulo directo de San Pablo Apóstol. un cierto número de otros escritos platónicos. Por otra parte, los árabes
En la Edad Media la tradición platónica, motivo de muchos estudios a Jléase la nota 12 dei capítulo 1, y la 3 dei capítulo n.
recientes, siguió tres líneas de desarrollo.' El oriente bizantino dispu· 9 Milton V. Anastos, "Pletho's Calendar and Liturgy", Dumbarton Oaks Papers, 1948,
so siempre de las obras originales de Platón y los neoplatónicos, y es núm. 4, pp. 183-305. François Masai, Plé1hon el le PúJ1oni.sm de Misera, Paris, 1956. Ea
seguro que el estudio dei primero se combinara a menudo con el de obvio que respecto al concepto de teologia pagana, Plethon (ai igual que Fiei no) eataba en
deuda con Proclo. J1 éase H D. Saffrey, "Notes platoniciennes de Marsile Ficin dans un
6 Proclo, The Elements o/ Theology, ed. y trad. por E. R. Dodds, Oxford, 1933. m.anuscrit de Proclus'', Bibliotheque á'Humanisme e1 Renaissance, 1959, núm. 21, pp. 161-184.
? Raymond Klibansky, The Continuity o/ the Platonic Tradition during the !tfiddle Ages, 10 Ltldwig l\1ohler, Kardinal Bessarion, 3 vols., Paderborn, 1923-1942, John MonfRsani,
Londres, 1939, 1950. Este librito es la fuente más importante, si bien no la única, dei pre- worges o/ Trebi.sond, Leyden, 1076.
sente libro hasta el siglo xv. Jléase también Pat.l Shorey, Platonism Ancient and Modem, 11 JI éase la nota 4 dei capítulo II. Franz Rosenthal, "On the Knowledge oi Plato's Philo·
Berkeley, 1938. sophy in the lslarnic W~dd'', l slamic Culture, 1940. núm. 14, pp. 387422.

'

!'
,.'' EL PLATONISMO RENACENTISTA 79
78 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGtJEDAD CLASICA

derivaron muchos conceptos platónicos de los comentadores aristoté- latina antigua.1 3 Tanto en los primeros escritos filosóficos como en los
licos y poseían, por bajo, dos apócrifos atribui dos a Aristóteles: el últimos escritos teológicos de San Agustín se af irman persistentemente
Liber de causis y Theologia Aristotelis, cuyo contenido doctrinal se ' doctrinas platónicas típicas, como la presencia eterna de las formas uni-
..' l versales en la mente de Dios, la captación inmediata de esas ideas por
•l basaba por completo en P roclo y en P lotino. Algunos filósofos árabes, t
'
como Alf arabi, escribieron paráf rasis de las l:eyes, e incluso un co-
1
1 la razón humana y la naturaleza incorpórea y la inmortalidad dei
mentador de Aristóteles tan fiel como lo f ue Averroes compuso una alma humana; y no son menos platónicas porqµe se las combine con
paráf rasis de la República, de P latón. Debido a la influencia de la tra- "
1 variados conceptos bíblicos o específicamente agustinianos, o porque
1 San Agustín haya rechazado otras doctrinas platónicas o neoplatónicas
dición árabe, el pensamiento judío medieval incluía una vigorosa co-
que parecían incompatibles con el dogma cristiano. La repetida afirma-
rriente de neoplatonismo. Avicebrón (ben Gabirol ), cuya Fueme de la
í" vida ejerció poderosa influencia en su versión latina, pertenece también "
ción hecha por San Agustín de que el platonismo se encuentra más

l'
'l
a esta tradición; además, esa forma peculiar de misticismo judío me-
dieval, conocido como cábala, contiene varias ideas derivadas del neo-
platonismo y de otras f ilosofias antiguas posteriores.12 A más de lo
cercano a la doctrina cristiana que cualquier otra filosofia pagana
ayudó mucho a justificar intentos posteriores de combinar o reconci-
liar ambos.
En la temprana Edad Media, cuando la Europa occidental no cultiva-
anterior, entre los árabes y entre sus discípulos judíos las ciencias ocul-
ba mucho los estudios filosóficos, el texto de mayor importancia tradu-
tas de la astrologia, la alquimia y la magia eran cultivadas en íntima
cido del griego fue el conjunto de escritos atribuidos a Dionisio el Areo-
unión con las disciplinas filosóficas y científicas genuinas. Esas seudo-
pagita, también identificado con el santo patrón de San Denis, cerca de
ciencias también tomaban sus tradiciones de las fases últimas de la P arís.1' El único autor de importancia filosófica, J uan Escoto Erígena,
antigüedad griega, y f ueron o quedaron asociadas con las filosofias
estaba muy empapado de conceptos neoplatónicos, a los que tuvo acce-
platónica y hermética, con las cuales compartieron nocioues tales como
so en· sus f uentes griegas originales. Cuando, debido ai surgimiento del
el alma general y la creencia en los numerosos poderes ocultos o afini-
escolasticismo en la segunda mitad del siglo XI, los estudios filosóficos
dades y antipatias específicas de todas las cosas naturales. comenzaron a 'florecer, el agustinismo, que incluía muchos elementos
• •
La antigüedad romana, aunque pobre en logros filosóficos especí- platónicos, se convirtió en la corriente dominante, cosa muy natural,
ficos, como ya hemos visto, aportó una contribución mayor a la tradi- ya que las obras de Agustín representaban el conjunto más sólido de
ción platónica que a la aristotélica. Cicerón, cuando f ue estudiante en ideas filosóficas y teológicas existentes en latín. Lo completaba la
la Academia ateniense, reflejó en sus escritos filosóficos, aparte del Consolación de Boecio, sus obras de lógica y sus traducciones de Aris-
escepticismo que había dominado a esa escuela por siglos, las primeras tóteles y Porf irio, así como la traduêción parcial y el comenta rio hechos
fases de ese platonismo ecléctico o medio que comenzaba a reemplazar por Calcidio dei Timeo de Platón. Así, antes de que se dispusiera de
a dicho escepticismo. Otras ideas del platonismo medio aparecen en las traducciones del árabe y dei griego, el estudio filosófico contaba
Apuleyo~ ocasionalmente en Séneca y asimismo en el comentario hecho con un cierto número de materiales originales, materiales en su ma-
por Calcidio ai Timeo ; el neoplatonismo, por su parte, fue fundamento yoría de carácter platónico y que, por lo menos, incluían una obra de
de las obras de Macrobio y de la influyente Consolación de la filo- Platón: el Timeo. Por lo mismo, es significativo que en uno de los
sofía, de Boecio. Respecto a las obras dei propio Platón, los lectores centros más importantes del primer escolasticismo, sito en la escuela
latinos disponían, gracias a Cicerón y a Calcidio, de versiones parciales de la catedral de Chartres, se u' ilizara el Timeo como libro de texto
dei Timeo; la versión de Plotino atribuida a Victorino no fue, proba- para la filosofia natural, como parecen indicarlo varias glosas y co-
blemente, extensa y, desde luego, sobrevivió por corto tiempo. San '
1
mentarios provenientes de esa escuela.15 En el mismo siglo parece ha-
Agustín, quien reconocía su deuda con Platón y Plotino de un modo
lS De Civitate Dei, nu, pp. 5.9 y ss., 1x, p. 1; x, p. 1. V.' " t.. . ' Pierre Coureelle,
más franco que una mayoría de sus admiradores teológicos modernos, Recherches sur les Confessicn.s de Sainr Augustin, Perís, :;;~~t ::~
es el representante más importante dei platonismo en la literatura l' Gabriel Théry, Btw:le.s Dionysiennes, 2 vols., Paris, ~~i'i937. " ~
15 Toni Schmicl, "Ein Timaioskommentar in Sigtttna'i(i~c.11.,ai> iaevalia, _1948,
i • Gershom Scholem, Major Trends in Jewish Mrsticism. Jerusalén, 1941. núm. 10, pp. 220.266.

L>
80 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA EL PLATONISMO RENACENTISTA 81

berse compuesto una extraiía, y por mucho tiempo hecha de lado, obra durante el siglo XII, tenían lect?res atentos. Pero aunque algunos ele·
platónica: el llamado Altividio.1° mentos del platonismo medieval hayan sobrevivido en el Renacimiento,

En el momento en que las nuevas traducciones trajeron un vasto sería pasar por alto los aspectos nuevos o diferentes del platonismo rena·
aumento de la literatura filosófica y científica, Aristóteles y sus co- centista. Se debieron, en parte, esos aspectos, a las repercusiones del .
mentadores conquistaron el terreno, como ya hemos visto, y de aquí pensamiento y de los conocimientos bizantinos, pues los eruditos orien·
que durante el siglo XIII el aristotelismo f uera la corriente dominante tales que mediado ya el siglo XIV vinieron a ltalia, para residir en ella
en el pensamiento occidental. Pero, al mismo tiempo, el platonismo temporal o definitivamente, familiarizaron a sus alumnos occidentales
también ganó con esas traducciones. Las versiones hechas d«;l griego con las obras y las enseiianzas de Platón, así como con la controversia
incluían dos diálogos de Platón -el Fedón y el Menón-, la obra acerca dê los méritos de Platón y de Aristóteles. Mientras permaneció
de Nemesio de Emesa y varios tratados de Proclo, como los Elementos de en Italia, Crisoloras sugirió la primera traducción al latín de la Repú·
teología y el comentario al Parménides, que contiene parte del texto blica de Platón. La visita de Plethon a Florencia, ocurrida en 1438,
de Platón.1' Por otra parte, entre las versiones venidas del árabe tenemos, (
dejó una honda impresión; después, sus alumnos y sus oponentes, así
aparte de los comentadores aristotélicos, donde hay mucho material como sus seguidores occidentales, continuaron el debate acerca de

' neoplatónico, el Liber de Causis, el Fons vitae de Avicebrón y un vas·


to conjunto de literatura sobre astrología y alquimia, que transmitía, o
Platón y Aristóteles. En esta controversia la defensa de Platón lievada
a cabo por Besarión f ue el documento más importante; se aprovecha·
ban en él las f uentes occidentales y ejerció cierta influencia hasta el
pretendía transmitir, muchas ideas de origen platónico o hermético. No
nos sorprende, pues, hallar ideas agustinianas o neoplatónicas incluso· siglo xv1.19 Otros documentos relacionados con este debate atrajeron la
en el pensamiento de muchos filósofos aristotélicos del siglo x111 y atención de los estudiosos hace poco tiempo, o siguen necesitando una
.. exploración más detltllada.
principios del XIV. Por otra parte, la tradición agustiniana continuó,
como corriente secundaria, durante ese periodo; así, el misticismo es· De mayor importancia f ue el impulso recibido de los humanistas
peculativo del maestro Eckhart y de su escuela debe mucha de su ins· italianos de aquel per iodo. Petrarca no estaba muy familiarizado con
piración al Areopagita, a Proclo y a otras fuentes neoplatónicas. las obras o con la filosofía de Platón, pero f ue el primer intelectual
Durante el Renacimiento, esas corrientes medievales sobrevivieron en de Occidente que poseyó un manuscrito griego de Platón, que le había
muchos lugares. En los Países Bajos el misticismo especulativo alemán enviado un colega bizantino;'º en el ataque que lanzó contra la auto·
se vio sustituido por el mucho más práctico Devotio Moderna, que ejer· ( rida d de Aristóteles entre los filósofos de su tiempo, lo menos que
ció una amplia influencia en el norte de Europa.~8 En la teología y en la hizo f ue emplear el nombre de Platón. Sus sucesores humanistas com-
metafísica la l ínea agustiniana continuó sin interrupciones; la creciente pletaron este programa, pues estudiaron a Platón en griego y, por
literatura religiosa escrita para los !egos incluía sólidos elementos agus· \
primera vez, muchos de los diálogos f ueron traducidos al latín en la
tinianos, e incluso algunas obras platonizantes, escritas en Chartres primera mitad del siglo XV; entre ellos, la República, las Leyes, Gorgias
y parte del Fedro. Algunas de esas traducciones -digamos, las de
te Eugenia Garin, "Una fonte ermeiica poco nota", Lo Rinascita, 1940, núm. 13, pp. 202· Leonardo Bruni- gozaron de mucha popularidad.n También se dis·
266.
17 Corpus Platonicum Medii Aevi, Plato Latinus, ed. por Raymond Klibansky, 4 vols., , 19 Ludwig Mohler, Kardinal Be$$0ri.on, 3 vols., Paderbom, 1923·1942.
Londres, 1940-1962, vol. 1: Meno interprete Henri.co Ari.stippo, ed. por Victor Kordetiier y 20 Giovanni Gentile, ªLe l!raduzíoni medievali di Platone e Francesco Petrarca", Studi sul

Carlotta Labowsky, 1940; vol. 2: Phaedo interprete Henrico Aristippo, ed. por Lorento Rinascimento, 2a. ed., F1orencia, 1936, pp. 23-88. Lorenzo Minio·Paluello, "D Fedone latino
0

Minio-Paluello, 1950; vol. 3: Parm.enides ... nec non ProcU Commen.carium in. Parrnenüiem, con note autografe dei Petrarca", Accademia Naiioo4le dei Lincei, Rendiconli della Classe
pars ultima adhuc inedita interprete Guillelmo de Moerbeka, ed. por Raymond Klibansky di Scienze mcrGli, storiche e filo/ogiche, 1949, serie 8, núm. 4, pp. 107-113.
y Carlotta Lobowsky, 1953, y vol. 4: Timaeus, () Calciàio translatus comm.encaricqiu irutruc- 2 1 Se tiene una lista de las versiones humanistas de Plat6n en P. O. Kristeller, Supple·

tus, ed. por J. H. WaStink, 1962. Véase también Proclo, Elementatio Theologica, ed. por mentum Ficinillnum, vol. l, Florencia, 1937, pp. clvi·clvii. Eugenia Garin, "Ricerche sulle
C. Vansteenkiste, Tijdschrift voor Philosophie, 1951, núm. 13, pp. 263-302, 491-531. ?roclo, traduzioni di Piatone nella prima metà dei sec. xv", en M edi-Oevo e Ri nascimento, Studi
,,. in Onore di Bruno Nordi, Florencia, 1955, vol. 1, pp. 339-374. P. O. Kristeller. "Marsilio
Elementatio physica, ed. por Helmut Boese, Berlín, 1958. Proclo, Tria opuscula, ed. por Hei·
mut Boese, Berlín, 1960. .' Ficino as a Beginning Student of Plato", Scrip1orium, 1966, núm. 20, pp. 41-54. Respecto

ª
1 Albert Hyma The Christian Rem;issance, Grand Rapids, Mich. 1924.
.,

a las versiones de Bruni, véase Leonardo Bruni Aretino, Humanistisch-Philosophische Schrif·
82 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA r..
EL PLATONISMO RENACENTISTA

puso por entonces de nuevas versiones al latín de otros autores platô· pleta, al latín, de Platón y de Plotino, agregando a ello varias obras
nicos de la Antigüedad y así, en el pensamiento ecléctico de los huma· neopla·tónicas. Al adoptar de Plethon la idea de una tradición teológica
nistas literarios, Platón y sus seguidores terminaron por ocupar el pagana anterior a Platón, tradujo asimismo las obras atribuídas a
lugar que les correspondia. Finalmente, en un momento en el cual Pitágoras y a Hermes Trismegisto, que compartieron la popul aridad
estaba en el orden del día una revivif icación de todo lo antiguo, cuando y la influencia del platonismo renacentista. En su Teologia plat-Onica
se intentaba un replanteamiento de muchas f ilosofías del pasado como dio a sus contemporâneos un resumen muy autorizado de la filosofia
secuencia filosófica dei humanismo clásico, era inevitable que se diera, platónica, en la cual se subraya la inmortalidad del alma y se reafi~a
en una u otra forma, un resurgimiento dei platonjsmo. en cierto grado la posición tomista contra los averroístas. Su Academia
Sin embargo, no debe tomarse el platonismo renacentista, a pesar de platónica, gracias a los cursos y a los debates en ella celebrados, f ue
sus íntimos nexos con el humanismo clásico, como un sim pie fragmento por varias décadas un centro institucional cuya influencia se hizo sentir
o una ramif icación dei movimiento humanista, pues posee una impor· en toda Europa, debido a las cartas y a otros escritos de este pensador.
tancia individual como movimiento filosófico, y no só lo erudito o lite· Como asignaba al alma humana un lugar central en la jerarquía del
rario. Se relaciona con las tradiciones agustiniana y aristotélica de la 1 universo, dio expresión metafísica a una idea muy favorecida po'r sus
filosofia medieval y, gracias a los esf uerzos de tres pensadores impor· predecesores humanistas; al mismo tiempo, su doctrina dei amor espi·
tantes de finales dei siglo xv, se volvió un factor central en la historia ritual en el sentido que Platón le daba, y para el cual acufió el térmi·
intelectual del xv1 e incluso en la posterior. no de amor platónico, f ue uno de los conceptos más populares en la
El primero y más grande de estos pensadores, Nicolás Cusano, estaba literatura posterior del Renacimiento. Su insistencia en que mediante
~n deuda con el misticismo alemán, con el holandés y, asimismo, con un ascenso interior el alma sube hacia Dios gracias a la contempla:
el humanismo italiano. 22 En su filesofía, que presenta muchos rasgos ción lo une a los misticos, mientras que su doctrina de la unidad del
originales, tienen un lugar importante ideas derivadas de Platón, de mundo conseguida a través del alma influyó en los filósofos naturales
~roclo y dei Areopagita. Para Nicolás Cusano las ideas existentes en la del siglo XVJ.
mente divina constituyen un arquetipo único, que se expresa de un modo Giovanni Pico della Mirandola, contemporâneo de Ficino, si bien
diferente en cada cosa en lo particular; este filósofo subraya la certeza más joven que él, aunque en muchos sentidos se dif erenciaba de su co·
y la condición ejemplar dei conocimiento matemático puro, para sólo lega, estaba íntimamente asociado con la Academia florentina.'' En s.u
mencionar unas cuantas facetas de su complejo pensamiento, en el cual pensamiento, que no alcanzó la madurez plena, intentó una síntes1s
observamos la unión que existe con la tradición platónica. del platonismo y del aristotelismo. Su curiosidad abarcaba asimismo
Marsilio Ficino es el representante central y más influyente del pla· idiomas y el pensamiento árabe .y hebreo y, como primer erudito occi·
tonismo renacentista, ya que en él se unen en una síntesis novedosa la dental familiarizado con la cábala judia, intentó el influyente paso de
herencia filosófica y religiosa medieval y las ensefianzas del platonis· reconciliar ésta con l a teologia cristiana y asociarla con la tradición
mo griego.11 Como traductor, dio ai Occidente la primera versión com· platónica. Su Discurso sobre la dignidad del hombre fue la expresión
más famosa del credo humanista, al cual aportó una interpretación
iem, ed. Hans Baron, Leipzig·Berlin, 1928, pp. 161, 163, 172-174. Ludwig Bertalot, "Zur Bi·
bliographie der Obersetzungen des Leonardus Brunus hetinus", Qiullen und Forschunsen filosófica nueva con base en la libertad que el hombre tenía de elegir
ou.s italianischen Archill<!n urad Bibliorheken, 1937, núm. Z7, pp. 180-184. Respecto a la ver· su propio destino.''
sión que de Parménides hizo Trapezuntio, véase Rarmond Klibansky, "Plato's Parmenides in
filosofia delfumanesimo, 3a. ed., Bolonia, 1954, i\1ichele Schiavone, Problemi /ilosofici in
the Middle Ages and the Renaissance", Mediaeool and Ren4Wance Studies, l~, núm 2,
Morsilio Fic:ino, Milán, 1957. Daniel Pickering Walker, Spiritual and Demonic Mosic /rom
pp. 289·304.
Ficino to Campanel/a, Londres, 1958. Raymond Marcel, Marsile Ficin, Paris, 1958.
•• Edmond Vansteenberghe, Le Cardinal Nicolas de Cues, París, 1920. P. O. Kristeller,
• • Eugenio Garin, Giovanni Pico MI/o Mirando/a, Florencia, 1937. Eugenio Anagnine,
"A Latin Trnnslation of .Gemiston Plelhon's De fato by Johannes Sophianos dedicated to Giovanni Pico della Mirando/a, Bari, 1937. L'opera 1e i.l pensiero di Giooonni Pico delta
Nicholas oi Cusa" en Nico/o Cusano asli inizi del mondo moderrw, Florencla, 1970,
Mirando/a nella $IOria detrUmanesimo, 2 vols., Mirandola, Convegno Intemationale, dei
pp. 175·193. 15 ai 18 de septiembre de 1963, Florencia, Istituto nazionale di studl sul Rinaecimento, 1965.
23 P. O. Kristeller, The Philosophy o/ Marsilio Ficino, Nueva York, 1943; id., ll Pen·
2a Joannes Picus, Orario de hominis disnitate, con traducción ai inglés por Elizabeth L.
sierq /iloso/i.co di Marsilio Ficino, Florencia, 1953. Giu.seppe Saitta, Marsilio Fic:ino e la Forbes, Lexington, Ky., 1953. Véase capítulo rx.
'1
r.
84 EL PENSA~llENTO RENACENTISTA Y LA ANTJGOEDAD CLASICA EL PLATON ISMO RENACENTISTA 85

El lugar que ocupa el platonismo en el pensamiento del siglo XVI es pensamiento y dei aprendizaj~, aunque resultaría d.ifícil, por no, decir
una cuestión compleja de describir.'ª A diferencia del humanismo o que imposible, dar a esas varias faceta~ dei platon1sm? un comun de·
aristotelismo no estaba identificado con las tradiciones de enseíianza nominador o establecer entre ellas relaciones muy precisas.
de las disci;linas )iterarias o filosóficas, y sus nexos institucionales · Entre los filósofos tenemos algunos que trataron de combinar a
eran débiles y un tanto inciertos. Algunos de los diálogos de Platón se Platón con Aristóteles, como Francesco Verino, J acopo Mazzoni Y el
encontraban entre los textos en prosa que se leían en todos los cursos francés Jacobo Carpentario, más conocido por el siniestro papel q~e
de griego de las universidades y de las escuelas secundarias de aquel tuviera en la noche de San Barlotomé. Otros declaraban su lealtad in·
per iodo, lo que explica la amplia dif usión .de las .ide~s ~ilosóficas .de divisible por Platón, como Francesco de Diacceto, sucesor de Ficino
ese pensador. En las academias -un nue~o t1p.o de 1nslltuci6?, a medias e11 Florencia; el espaíiol Sebastián Fox Morcillo y el más grande de
sociedad intelectual y a medias club hterario, que florecieron espe· todos ellos, F rancesco Patrizi. Sin embargo, la influencia de Platón y
cialmente en ltalia a lo largo de ese siglo y posteriormente-- eran un el platonismo fue mucho .más allá dei círcu~o. ~e aquell~s. que deseaban
elemento común las conferencias y los cursos sobre lo que se llamaba ser conocidos como seguidores de esa trad1cion. Los f1losof os natura·
la filosofía del amor, que a menudo se basaba en poemas platonizantes les de aquella época mejor conocidos por sus originales especulac~o?~s
y que siempre estaba influida por el Simposio, de Platón, ! por sus -como Paracelso, Telesio o Bruno- estaban en deuda con la tradicion
comentadores. Esto ocurrió mt~y especialmente en Florencia, donde platónica. Telesio, quien diferencia entre dos almas, es un empirista
nunca se olvidó la memoria de la Academia de Ficino. Pese a esto, los cabal cuando se dedica al alma inferior, a la cual asigna nuestras fun·
intentos de Francesco P atrizi por introducir cursos de f ilosofía plató· ciones y actividades cotidianas; pero cuando habla dei alma superior e
nica en las universidades de Ferrara y de Roma f ueron de corta du. inmortal sigue a los platónicos. Bruno es pl~tónico no sólo e~ su Entu·
ración · un curso similar impartido por varias décadas en Pisa estuvo en siastas heroicos, donde desarrolla una teoria del amor derivada del
manos 'de eruditos que, ai mismo tiempo, enseii~ban a Ari:tóteles; c~n Simposio y sus intérpretes, sino también en su metafísica, en la cual
ello, se sentían inclinados a comparar y a combinar a Platon con Ans· tomó prestado de Plotino el concepto dei alma general y sigue a Cusano
tóteles, en lugar de dar le ai primero un apoyo .indiviso: . en otros puntos importantes." La amplia corriente de literatu:a astro·
No obstante, sería un error subestimar la importanc1a dei platonis· lógica y alquímica, que continuó e incluso aumentó durant~ el s1glo XVI,
mo dei siglo xv1 o el pasar por alto su presencia casi ubicua, que a presupone ideas tales como el alma general, los poderes inte:nos y las
menudo está combinada con el humanismo, con el aristotelismo o con afinidades de las cosas celestes, elemcntales y compuestas, 1deas que
otras tendencias o ideas, aunque siempre reconocible en su propia fiso-. proceden de fuentes árabes todavía muy en uso en esos círculos,, pero
nomía distintiva. En el ·transcurso dei siglo se imprimieron y volvie· que gozaron de un nuevo ímpetu y dignidad gracias a los ~~critores
ron a imprimir en el original griego y en trad,ucciones ai latí~ las o~ras griegos y a los platónicos modernos, así como a las obras hermellcas con
de Platón y de les platónicos dei pasado, as1 como los ~scri~o~ afines ellos asociadas.
atribuídos a Orfeo y a Zoroastro, a Hermes y a los p1tagor1cos ; lo . Por otra parte, notamos que ciertos filósofos aristotélicos, como Nifo,
mismo ocurrió con los escritos de algunos platónicos dei Renacimiento que deseaban defender la inmortalidad dei alma,, aprov:c~aron el. a~gu·
-como Cusano, Ficino y Pico-, quienes f ueron muy leídos y dif un· mento dado en el Fedón de Platón y en la Teologia platonzca de Ficino;
<lidos y algunos de cuyos materiales incluso fueron traducidos a len· además incluso los más "naturalistas" de los aristotélicos renacentistas
guas vernáculas, en especial ai f rancés y al italiano. Para entonces, '
-como Pomponazzi o Cremonini- estaban dispuestos a aceptar cier·
.
este conjunto de obras literarias dio a los eruditos y a los lectores tas doctrinas platónicas específicas. Para los hum ani~tas enemigos de
la alternativa -o el complemento- más amplio y sustancial a las obras la tradición aristotélica, Platón y su escuela fueron s1empre muy atra·
de Aristóteles y sus comentadores. No es de sorprender que s_us reper-
cusiones se hayan sentido en muchos campos y en muchas areas dei t1 Sidney Greenberg, Tlte ln/inile in Giordano Bruno, Nueva York, 1950. Dorothy W.
Singer, Giordano Bruno, Nueva York, 1950. John C. Nelson, Renaissance Theory o/ Love,
•• P. O. Kristeller, StiuLies in Renaiss1111ce Thought and Letters, Roma, 1956, PP· 287-336. Nueva York, 1958. P. O. Kri~teller, Eight Philosophers o/ the ftalian Renaissonce, Stanford,
Nesca A. Robb. Neoplatonism o/ the ftalian Renailsance, Londres, 1935. John C. Nelson, Cal., 1964. Frederick Pumell, "Jacopo Maaoni and his Compari!On of Plato and Aristotle"
Renaissonce Tlteory o/ Love, Nueva York, 1958. (tesis de doctorado, Columbia Uni•enity, 1971).
'
'
86 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA 1 E!.. PLATONISMO RENACENTISTA 87

yentes. J ohn Colei quedó sumamente impresionado con el Areopagita, Viterbo avaló y posiblemente inspiró la decisión, oponiéndose a ella
y tenemos pruebas directas de que estuvo en contacto con Marsilio Cayetano, guia dei tomismo,ªª pues diferia en tal respecto, junto con
Ficino.11 Sir Tomás Moro tradujo al inglés la vida y unas cuantas cartas oiros, de la posición adoptada por Aquino y seguía a Pomponazzi e_n
de P ico, y su célebre Utopia, por original que sea su contenido, difícil· afirmar que era imposible demostrar la inmortalidad del alma.
mente habria sido concebida sin el conocimiento de la República," de Aparte de los teólogos profesionales, el llamado dei platonismo a la
P latón. Erasmo, en el Enquiridión y en la última parte del Elogio contemplación y a la experiencia interna impresionó a escritores y poe·
de la locura avaló una forma de platonismo un tanto diluida cuando tas religiosos como Margarita de Navarra, los poetas dei círculo de
opone la locura superior de la vida espiritual interna a la locura infe· Lyon y Joachim Du Bellay.3 ' La idea sustentada por Ficino respecto ai
rior de la existencia ordinaria; por su parte, Pedro Ramus utilizó, amor platónico --es decir, que el amor espiritual de un ser humano
por lo menos, el nombre de Platón en su audaz intento de remplazar por otro esmero disfraz dei amor dei alma por Dios- y algunos otros
en las escuelas la lógica aristotélica tradicional. En F rancia, eruditos de sus conceptos hallaron eco en poetas contemporáneos de él,_ como
tales como Lef evre d'Etaples, Charles de Bouelles, Symphorien Oiam· Lorenzo de Médicis y Girolamo Benivieni ; esta poesia platonizante tiene
pier y otros recibieron muchas de sus ideas de Cusano y de F icino;'° entre sus sucesores dei siglo XVI a Miguel Ángel y a Spenser, aparte de
al parecer, Pico influyó en Zwinglio, 31 y Reuchlin y muchos otros teólo· muchos otros autores italianos, franceses e ingleses menores, en quienes
gos platonizantes adopta~on su cabalismo cristiano." Algunos eruditos no siempre es fácil diferenciar el elemento platónico dei patrón "petrar·
dicen haber descubierto elementos platónicos en la teologia de Calvino." quista" común.•TEs incorrecto afirmar, como lo hacen algunos eruditos,
Teólogos como Ambrosio Flandino, que se oponian a P omponazzi y a que Dante, Cuido Cavalcanti o P etrarca f ueron poetas del amor platÓ·
Lutero, escribieron comentarios acerca de Platón; Egidio de Viterbo, nico; sin embargo, como tales los entendieron Ficino, Landino y oiros.
general de los eremitas agustinos, escribió un comentario ~e las Sen· De aquí que a sus imitadores del siglo XVI les f uera posible mezclar
tencias "ad mentem Platonis".~' Cuando el Concilio de Letrán, en 1513, su estilo y sus imágenes con los de la tradición platónica genuína.
condenó la unidad dei intelecto defendida por A verroes y promulgó La doctrina dei amor platónico postulada por Ficino no só lo f ue
la inmortalidad dei alma como dogma oficial de la l glesia, nos incli· repetida y desarrollada en muchos sonetos y poemas del siglo XVI, sino
namos por ver en tal acontecimiento un influjo dei platonismo renacen· también en un buen número de obras en prosa surgidas alrededor de
tista en la teologia católica, sobre todo porque el platónico Egidio de las academias literarias y puestas de moda por el público lector: los
Tratatti d'amore." En esos diálogos o tratados se examina, de diferentes
1a Raymond Marcel, "Lcs 'découvcrtes' d' Erasmo en Anglaterre", Bibliotheque d' Huma- maneras, la naturaleza y los efectos beneficiosos dei amor espiritual
ni.sme et Renaissance, 1952, núm. 14, pp. 117·123. Sears R. Jayne, John Colet and !tfarsêJio
a la manera platónica, asi como una variedad de doctrinas platónicas
Fiàno, Oxford, 1963.
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88 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA EL PLATONISMO RENACENTISTA 89

eia y el conocimiento de las Ideas puras. Entre los numerosos autores nexos precisos con la tradición filosófica. Sin embargo, vale la pena
que contribuyeron a tal literatura y tendieron a popularizar, y diluir, indicar que Ficino era un músico aficionado muy entusiasta, que escri·
••• las enseiianzas del platonismo, tenemos, aparte de muchos hoy olvida· bió varios tratados breves sobre teoria musical. Es concebible e in·
r. dos, escritores de tanta influencia como Bembo y Castiglione, para cluso probable que los pasajes dedicados en el Timeo de Platón a las
;
1 quienes la f ilosofía platónica f ue una moda pasa jera; también está proporciones musicales, junto con los amplios comentarios que de ellos
j Tasso, cuya prosa filosófica no ha sido suficientemente estudiada, hiciera Ficino, impresionaran vigorosamente a músicos profesionales con
!·1. y filósofos muy se rios como Francesco de Diacceto, León Hebreo y una educación !iteraria, familiarizados con la fama y con la autoridad
~ Francesco P atrizi. Eroici Furori, de Giordano Bruno, tamhién perte· de Platón y de su escuela.
nece a esta tradición. Finalmente, la doctrina de la locura divina, que Es de interés incluso mayor la repercusión del platonismo renacen·
Platón expresara en el lón y en el Fedro, atrajo a muchos poetas y crí· tisla en las ciencias, tema sobre el cual mucho han debatido los his·
ticos literarios, que o bien agregaron esta doctrina platónica a un toriadores modernos. Una vez más, es necesario diferenciar entre las
sistema poético por todas las demás razones aristotélico, o bien la em· distintas ciencias, que entonces y ahora tanto difieren en métodos, ma·
,•j plearon como piedra angular de una teoría antiaristotélica, como hizo ' terias, f uentes y tradiciones. Desde luego, la historia de la tecnologia
Patrizi." y la ingenieria no muestra huellas de platonismo o, ya que en estas
En la teoría de la pintura y de las otras artes visuales, que aún no andamos, de aristotelismo.•• En la historia natural, donde dominó la
estaba combinada con la poética para formar un sistema estético único tradición aristotélica, apenas se sintió el platonismo. Ahora bien, en
-como sucederia en el siglo xv111-,'n la analogía entre las concepcio· las teorias médicas, astrológicas y alquímicas e jerció mucha influencia
nes dei artista y las ideas del creador divino, que aparecen en Cicerón, en aquella época; los escritos médicos de Ficino, que incluían algunos
Séneca, Plotino y oiros autores dei platonismo medio o del neoplato· de sus puntos de vista filosóficos y astrológicos, f ueron muy lei dos,
nismo, f ue adoptada por Durero y por muchos críticos posteriores.º especialmente en Alemania". Sin embargo, y como era de suponer, el
A mayor abundancia, en la iconografia de las obras de maestros tales platonismo tuvo sus reflejos más vigorosos en las ciencias matemáticas,
como Botticcelli, Rafael y Miguel Ángel se ha examinado y en parte muy cultivadas y respetadas por Platón y sus seguidores.•º Los matemá·
establecido la expresión de i deas filosóficas de origen platónico.•• ticos interesados en la situación teórica y filosófica de su ciencia, y
Si pasamos de las artes visua1es a la teoria de la música, que en el filósofos que deseaban subrayar la certeza e importancia dei conoci-
siglo xv1 era una rama aparte de la literatura, sin relación con la miento matemático, se inclinaban por recurrir ai simbolismo numérico
poética o con la teoría de la pintura, volvemos a notar que Franchino de los pitagóricos, asociado como estaba desde la A~tigüedad con el
Gaf urio, Vincenzo Galilei -padre dei gran científico- y otros teóricos platonismo, o por creer en la validez y en la certeza 'no empíricas y
musicales de la época alaban y citan a Platón!' No se ha investigado a priori de los conceptos y de las proposiciones matemáticas que se
la amplitud de este "platonismo musical", y están por decidirse sus , . retrotraían ai propio Platón y habían sido destacadas por algunos re·
st Franccsco Patrizi da Cherso, Dtlla Poetica, D. Aguu.i Barbagli, 3 vols., Florencia, presentantes de la tradición platónica. Plotino y Ficino compartían esta
1969·1971. creencia, pero no insistieron en ella, pues se interesaban más por otros
•• P. O. Kristeller, "The !\iodem System oi the Arts", Joumal of the Hütory o/ Ideas, rasgos de la tradición platónica; sin embargo, Cusano la expresó y
1951, núm. 12, pp. 496-527 y 1952, núm. 13, pp. 1746, reimpreso en su- libro Renaissance aplicó vigorosamente.
Thought li, Nueva York, 1965, pp. 163.227.
" Erwin Panolsky, Jdea, Lcipiig-Berlín, 1924. En el siglo XVI, cuando se compararon entre sí las doctrinas de
42 E. H. Gombrich, "Bouicelli's Mythologies", )ournal o/ the Warburg and Couriaul.d Platón y de Aristóteles, la superioridad dei conocimiento cuantitativo
lnstilutes, 1945, núm. 8, pp. 7-60. Dcoclccio Redig de Campos, "li conceito platonico,cristiano
della Stania dclla ScgnatUrQ'', Ra/f~lo e Michelangelo, Roma, 1946, pp. 9-27. Elrwin Pa· '4 La actitud de Leonardo da Vinci bacia el humanismo y el platoni8mo ba sido causa
nofsky, Studies in l conology, Nueva York, 1939, pp. 171 y ss. André Chastel, !tfarsile Ficin de controversias. Se tiene una posición más positiva en André Chastel, "Léonard et la cu).
et CArt, Pari~. 1954. ture" en LéotUJrd de Yiaci el re:ipérience scientifique ou seizieme siecle, Paris, 1953,
u Oito Kinkeldey, "Franchino Gafori and Marsilio Ficino", Harvard Library Bulletin, pp. 251-263.
1947, núm. l, pp. 379-382. Kristeller, Studies in Renoissance Thought and Letters, pp. 451· '6 Eanst Ca.ssirer, Das Erkenntnisproblern, vol. l, Berlin, 1922. E. A. Burtt, T he Meta..
470, Walker, Sµiritual and Dc""'nic Magic. pp. 3 y ss. physical Foundafions o/ Modern Physica/ Science, Nueva York, 1951.


p
90 EL PENSAMl.ENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA EL PLATONISMO RENACENTISTA 91

sobre el cualitativo era tomada como una característica de la posición debido a su conocido rechazo de la tradición aristotélica, Galileo ten-
platónica; situando esto como telón de f ondo, es muy significativo día a atribuirle a Aristóteles puntos de vista a los cuales se oponía y
que el platónico Patrizi insistiera en la prioridad y superioridad teó- que no siempre concuerdan entre sí o con el texto de Aristóteles. Es de
ricas de las matemáticas sobre la física:• La potencialidad de tal posi- admitir, asimismo, que Galileo tomó de esa tradición mucho más
ción era considerable en una época de rápido progreso de las matemá· de lo que se supone, incluyendo ideas tan importantes como la distin.
ticas, época en que surgió la cuestión de si remplazar la física cualita· ción entre análisis y síntesis en el método dei conocimiento científico.
tiva de la tradición aristotélica por la física cuantitativa basada en la Su atomismo y su distinción entre cualidades primarias y secundarias
matemática y, en cierto sentido, a ésta reducible. No deberá sorpren- proceden, en última instancia, de Demócrito; por otro lado, su convic-
dernos entonces que algunos fundadores de la física moderna se sin- ción de que es posible reproducir con exactitud las relaciones matemá·
tieran atraídos por este rasgo dei platonismo. ticas mediante condiciones materiales se opone radicalmente a Platón.
En el caso de Kepler, no hay duda posible de que su cosmologia tiene P or otra parte, su defensa de la certeza absoluta dei conocimiento
raíces en el platonismo renacentista, dei cual no sólo tomó su conc.ep· matemático es verdaderamente platónica, y su petición de que se estudie
ción matemática dei universo, sino su idea de la armonia cósmica y, ai la naturaleza en términos cuantitativos y matemáticos no está menos
menos en su primer periodo, la creencia en el simbolismo numérico y en linea con la posición platónica de su época porque rechace el sim-
en la astrología. Para entender la validez de las leyes dei movimiento bolismo numéri~o pitagórico con que suele asociársela. Finalmente, en
planetario expuestas por Kepler, el estudiante de astronomia de hoy el famoso pasa Je donde se refiere a la teoría de la reminiscencia, de
día no necesi·ta preocuparse de la cosmologia platónica. Sin embargo, el Platón, no se limita a afirmar que los primeros principios son evidentes
historiador de la ciencia hará bien en reconocer que los descubri· sin demostración, como cualquier seguidor de Aristóteles habria acep-
mientos científicos positivos dei pasado siempre estuvieron relacionados tado, sino que para él la mente humana los conoce y produce espontá-
con las suposii:iones teóricas y filosóficas dei científico investigador, neamente, siendo esto específicamente platónico:ª El que en el pensa·
f ueran ciertas o f a Isas desde nuestro punto de vista y las hubiera expre· miento de Galileo haya elementos aristotélicos, democríticos y nuevos
sado conscientemente o se encontraran tácitamente aceptadas por él. no refuta que en él estén presentes además ideas platónicas, y mientras
Incluso aunque deseemos afirmar que Kepler descubrió sus leyes a nos inclinemos por atribuir cualquier importancia a esas nociones
pesar de su cosmologia platónica, y no gracias a ella, como historia· últimas, tenemos derecho a asignarle a Galileo un lugar en la historia
dores no podemos interesarnos tan sólo por aquellas partes de su obra dei platonismo.
y de su pensamiento aceptadas como ciertas por científicos posteriores; Con el inicio en el siglo xvn de un nuevo periodo dei pensamiento
debemos, asimismo, comprender sus errores, que son parte integral de filosófico y científico, la tradición platónica cesa de dominar el desarro-
su pensamiento científico y filosófico. De otra manera, la historia llo como un movimiento aparte, pero continúa influyendo en un cierto
de la ciencia se convierte en un catálogo de hechos dispersos o en una número de corrientes secundarias y en el pensamiento de muchos pen-
versión hagiográfica moderna. sadores de primera línea. En el caso de Descartes, hoy día se admite en
En términos generales, se ha admitido -y con frecuencia lamen·
History o/ Science and úarning in Honor o/ Gcorsc Sarton, Nueva York, 1946, pp. 279·297.
tado- el nexo de Kepler con la tradición platónica; ha sido cuestión En lo que toca ai uso que Calileo hizo en sus prirne ros cuadernos de los comentados jesuitu
de mayor controversia el platonismo de Galileo." Se ha seiialado que, sobre Aristóteles, véase Wi lliam A. WaUace, Galüco's Early Nocebooks, Notre Dame, Ind.
.. Benjami n Jlrickman, An /ntroduccion co Francesco Patritts Nooo de Univ<:rsis Plúlo- 1977.
$0phia, Nueva York, 1941. Fredcrick Purncll. "Jacopo Mazzoni and Galileo", Phrsu, .a "Quando uno non !4 la verila da per si:, ê impossible che altri glie ne faccia sa·
1972, núm. 14, pp .. 273·294. pere [ ... ) Le vere [cose), cioê. le necessarie, cio/: quelle che e iropossibile ad cr.trere
•• John Herm•n HunJall, Jr., "Thc Oerelo pmenl o ( Scientlfic 1\1ethod in the School of u.ltl'irnt nti, ogui rn~<liocrc Uiscor~ <.1 lt sa t!c -s? o ~ i111po..:--ll11lc t•lii:: t·i 11.: ~ªl'pia 1uai.• . •":
Padua", Journal o/ the Hiscory o/ l dcas. 194-0, núm. I, pp. 177-206, reimpreso cn su libro Dia/oco sopra i due mauimi sistemi dei mondo, sr.gunúa jornada en Calileo Calilei,
The School o/ Padua (111d che Emcrsl'Tlee o/ t.fodern Scien.ce, Padua, 1961, pp. 13·68. Emest Le Opere vn, F1orencia, 1933, p. 183. Calileo Calilei, Dialogue Concern~nc the Two Chie/
A. Moody, "Galilto nnd Avcmpacc", lournal o/ che Hiscory o/ /deas, 1951, núm. 12, World Srstems, trad., por Stillman Drake, Dt<rk tley, Cal., 195.l . pp. 157·158. Culileo Gali.
pp. 163.193, 375.422. AlexRndre Kuyré. "f.elileo ·and Plato", Jou.rna/ oi the Hi ,torr o/ Jdeas, lt i, Dialogue on the Grcat Wor/d Sys1cms, trad. ~or Thomas Salu~bury, Giorgio de Santi·
l\143, núrn. 4. l•P· 400·428. Ern,t Cus~irrr, "Galileo'; l'latonism", eu Studies arid Essays in the " lluna, Chicago, 1953, p. 172.

'"'
92 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGüEDAD CLASICA

general su deuda con la terminología y los debates escolásticos; tam·


bién se ha demostrado, aunque se conozca menos, que en la ética tomó IV. PAGANISMO Y
. CRISTIANISMO
prestados importantes elementos de los estoicos, y del platonismo para
la epistemología y la metafísica.' 9 El pensamiento de Spinoza contiene
muchos elementos platónicos, y su idea dei amor intelectual de Dios FÁCIL será que mis lectores planteen la cuestión de si el problema qúe
ha sido relacionada con las especulaciones acerca dei amor ocurridas me propongo estudiar en este capítulo viene al caso, dado el tema ge·
en el Renacimiento y, en especial, con León Hebreo. Mucho más fácil neral de estos ensayos; por otro lado, no hay duda ninguna de que me
es sefialar los elementos platónicos existentes en Malebranche, Leibniz, considero mal preparado para poderio manejar adecuadamente. Sin
Kant y Goethe. Incluso Inglaterra -cuya tradición f ilosófica y cien- embargo, aunque el pensamiento filosófico tenga su propio núcleo dis-
tífica prevaleciente parece estar representada por Bacon, Locke y tintivo, el cual es obligatorio abordar siempre a partir de sus propios
Hume, junto con Boyle y Newton- produjo en el siglo xvu un grupo términos, rara vez podrá comprenderse su historia, en un sentido más
de pensadores interesante, los llamados platónicos de Cambridge, que amplio, si no se toman en cuenta las corrientes religiosas, así como
confesaban su alianza con el platonismo y f ueron en realidad la fase más científicas y !iterarias, de una época en lo particular. En el período
importante del platonismo declarado después de la Academia floren- que hemos venido examinando en estos ensayos f ueron de tal importan·
tina.õO Por tanto, no debe extrafiarnos encontrar f uertes tendencias pla· eia acontecimientos como las Reformas protestante y católica, y causa
tónicas en la etapa tardía de Berkeley, en Shaftesbury y en Coleridge, de tantos debates su significación en relación con el Renacimiento,
autores que a su vez ejercieron una influencia bastante considerable. .. que cualquier explicación acerca del pensamiento renacentista, por
Coníío, con todo esto, haber dejado claro que el platonismo rena· breve y superficial que f uera, estaria incompleta si no se prestara
centista, a pesar de su naturaleza compleja y un tanto elusiva, f ue un cierta atención a la Reforma. Algunos eruditos parecen haber evitado
fenómeno importante en su propio per iodo y en los siglos siguientes, el problem.a diciendo que la Reforma es una época nueva, diferente
hasta llegar a 1800. Hemos de resignarnos ai hecho de que, en una dei Renacimiento y en cierto sentido opuesta a él. Preferimos conside··
mayoría de los casos, los elementos platónicos dei pensamiento están rarla como un suceso importante de ese amplio período histórico que
combinados con doctrinas de un origen y un carácter diferentes, y que llega, por lo menos, a f inales dei siglo XVI y que, si bien con ciertos
incluso ni el platonismo declarado expresó el pensamiento de Platón reparos, seguimos llamando Renacimiento.
en toda su pureza, según lo entienden los eruditos modernos, sino Desde luego, no puede ser nuestra tarea describir las contribuciones
combinado con ideas más o menos similares que se le han sumado en la originales hechas por los reformistas ai pensamiento religioso, para.
etapa final de la Antigüedad, en la Edad Media o en tiempos más recien· no hablar de los cambios que en las instituciones eclesiásticas provoca·
tes. No obstante, si comprendemos el platonismo aceptando todos esos ron con su iniciativa, o de los f actores políticos y sociales que expli·
matices y en un sentido amplio y flexible, veremos que f ue una po- can su popularidad y buen éxito. En línea con nuestro tema general,
derosa f uerza intelectual a través de los siglos, y entenderemos mejor simplemente procuraremos comprender los modos, sean positivos o
su naturaleza si nos damos cuenta de que, hasta el surgimiento de los negativos, en que el clasicismo dei Renacimiento influyó en el pensa·
estudios modernos sobre Platón, éste atraía a sus lectores no sólo debido miento religioso de la época, y en especial en la Reforma.
ai contenido de sus diálogos . inimitables, sino a causa también de las Muchos historiadores del siglo pasado se inclinaron por asociar el
ideas variadas y a menudo complejas que sus comentadores y segui· Renacimiento y el humanismo italiano con algún tipo de irreligiosidad,
dores han asociado con su nombre hasta los siglos XVI y xvn. y a interpretar las Reformas protestante y católica como expresiones
de una revivif icación religiosa que retó a la cultura no cristiana dei
1
. .• período precedente, a la cual finalmente derrotó. Se supuso que las
•9 Véase la nota 13 dei capítulo u
l Expresa puntos de vista similares acerca dei Renacimiento Reinhold Niebuhr en The
•o Ernst Cassirer, Die platonische Renaissani:e in England und die Schule von Cambridge, Nature and Desciny o/ Man, 2 vols., Nueva York, 1941-1942, vol. 1, pp. 61 y ss. y vol. 2,
Leipzig, 1932, trad. por J. J. Pettegrove como The Placonic Renaissance in England, pp. 15 7 y ss.
Austin, Tex., 1953. ·1.
Q3
94 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTJGüEDAD CLASICA PAGANISr.ctO Y CRISTIANISMO 9S

ideas morales y las alegorias !iterarias aparecidas en las obras de los pero no me inclino a suponer que esto sea un rasgo distintivo dei pe·
humanistas eran expresiones, reales o potenciales, francas o encubier- riodo renacentista.
tas, de un nuevo paganismo, incompatible con el cristianismo. Se El nú~leo verdadero de la tradición relacionada con el paganismo
pensaba que la nítida separación entre razón y fe defendida por los renacenllsta es algo muy diferente: se trata dei crecimiento constante
filósofos aristotélicos era un expediente hipócrita con el que se queria e irresistible de intereses intelectuales no religiosos, no tanto opuestos
encubrir un ateísmo secreto, caracterizándose de panteísmo el apoyo a al contenido de la doctrina religiosa como competidores de la misma
una religión natural, común a todos los hombres, encontrado en las en la obtención de la atención individual y pública. Más que de algo
obras de los platónicos y de los estoicos! Esta imagen de un supuesto fundamentalmente nuevo, era cuestión de grado y de subgrado. No hay
paganismo renacentista, que los historiadores trazaron con gran horror duda de que la Edad Media f ue una época religiosa, pero seria errÓ·
o con gran entusiasmo, dependiendo esto del vigor de sus convicciones neo suponer que las preocupaciones religiosas, por no hablar de las
religiosas o irreligiosas, en parte puede ser eliminada si la tomamos teológicas, ocupaban toda la atención de los hombres. Aparte de catedra-
como resultado de leyendas y prejuicios posteriores. En cierta medida l~s y monasterios, los arquitectos medievales construían castillos y pala-
tiene su origen en los cargos que contra los humanistas y filósofo~ c1os. Incluso cuando los clérigos tuvieron el monopolio de la ense-
lanzaron gente de su época, hostil y estrecha de miras, cargos que no iianza, cultivaron la gramática y otras' artes liberales aparte de la
pueden ser aceptados al pie de la letra. 3 teologia, y en la alta Edad Media, al comenzar a surgir la especializa·
Historiadores posteriores adoptaron un punto de vista muy diferente ción, ganó terreno la literatura no religiosa. El siglo XUI no sólo
respecto a esta cuestión.' Desde luego, en la literatura del Renacimien- produjo ·a Tomás de Aquino, como algunas personas parecen creer, u
to se habla mucho de dioses y héroes paganos, justificándose la ten· oiros teólogos escolásticos, sino también una vasta literatura sobre leyes
dencia mediante el recurso familiar de la alegoría y ref orzándosela romanas, medicina, lógica y física aristotélicas, matemáticas y astro·
con la creencia en la astrología; pero muy pocos pensadores, si hay 1 '
nomía, e! género epistolar y la retórica e incluso poesía en 1atin, por
1

.alguno, se propusieron seriamente revivir los antiguos cultos paganos. ' ' no mencionar las crónicas y las historias, la poesía lírica y épica en
P or entonces aún no se inventaba la palabra panteísmo,6 y si bien se latín y en las lenguas vernáculas. Estas tendencias progresaron aún
más en el Renacimiento, como f ácilmente se verá echando una ojeada al •
empleaba generosamente la palabra ateísmo en las polémicas de fina-
inventario de manuscritos o a una bibliografia de libros impresos; esa
les dei siglo XV l, 6 probablemente durante el Renacimiento f ueron pocos
corriente avanzó sin obstáculos durante la Reforma y después de ella
los ateos verdad~ros y unos cuantos los panteístas. Lo mejor y lo peor
no importa qué hayan opinado acerca de ella los teólogos de entonce~
que podemos dec1r es que hubo algunos pensadores a los que podríamos
y los de tiempos posteriores. Si una época en la cual los intereses no
considerar, o consideramos, precursores dei lihrepensamiento del xvu1.
religios?~ q?e por siglos han v.enido de~a.rrollándose logran una especie
Desde luego, hubo entonces, como lo hubo antes y después, un cierto de ~qu1hbr10 con el pensam1ento religioso y el teológico, o incluso
grado de indiferencia religiosa y de simple adhesión nominal a las com1enzan a sobrepasarlo en vitalidad y en atractivo, ha de ser lia·
doctrinas de la Iglesia. Hubo también muchos casos de conducta pÚ· ma da pagana, el Renacimiento Íue pagano, o lo f ue, al menos en
blica y privada que no obedecían los mandatos morales dei cristianismo ciertos lugares y fases. Sin embargo, dado que se conservaron o tr~ns·
y, por otra parte, muchos abusos en la práctica eclesiástica misma; f ormaron las convicciones religiosas dei cristianismo sin que nunca se
1 '
J..R. Charbonncl, La pensêe itulitn11e au Xl'le siicle et le couranl libertin, Paris, 1919.
llegara a atacarias verdaderamente, parece conveniente llamar al Rena·
s P. O. Kristcllcr, "Thc M)'th of Renai!sance Atheism and the French Tradition an Free cimiento una época fundamentalmente cristiana.
Thought", Joumol o/ the Hiuory of Philosophy, 1968, núm. 6, pp. 233-243. Para .P:obar ese ~unto, es pe~tinente e~ a~irmar en primer lugar que
• Ernst Walscr, Ctlammelte Studien :ur Ceistesgeschichte der Renaissance, Basilea, 1952; la~ trad1c1~n~s med1evales ~ont1nuaron s1n 1nterrupciones, en el pensa-
vêase en especial pp. 48·63 ("Christcntum und Antike in der Auffassung der italienischen !
m1ento rehg1oso y en la literatura, hasta la Reforma e incluso des·
Frührenaissarwe") y pp. 96·128 ("Studicn zur \Vehanscbauung der Renaissance").
6 John Toland ncuiiú el términe panteísta en 1705. Cf. The Oxford English Dictionary,
pués, y que Italia no f ue una excepción a la regia. El estudio de la
vol. 7, Oxford, 1933, v. 430.
teología y dei derecho canónico, así como de la producción !iteraria
6 Charbonnel, Lu pcnsée ilolie11ne. de él resultante, tendió a incrementarse, no a disminuir, hecho que
96 EL PENSA1vflENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGOEDAD CLASICA PAGANISMO Y CRISTIANISMO

suele pasarse por alto porque quienes trazan la historia de esos temas según hemos tratado de describirlo en el primer capítulo, participá en
han prestado menos atención a ese periodo que a los anteriores, ex- provocar esos cambios en el pensamiento religioso.
cepto en lo que toca ai material directamente relacionado con las No cabe defender la idea de que el movimiento humanista f ue esen·
controversias de la Reforma. En el periodo que nos ocupa, en los Países cialmente pagano o anticristiano. Los propios humanistas ref utaron con
Bajos el misticismo alemán fue seguido por la más práctica y menos éxito tal opinión cuando defendieron su obra y su programa contra los
especulativa Devotio Moderna, movimiento que produjo un documento cargos de teólogos hostile3 contemporâneos suyos. El punto de vista
tan importante como la lmitación de Cristo y contribuyó a reformar la opuesto, que en aiios recientes ha tenido defensores muy influyentes, es
educación secundaria en todo el norte de Europa, ejerciendo una in- decir, que el humanismo renacentista íue en su origen un movimiento
fluencia formativa en pensadores tales como Cusano y Erasmo.' En religioso, 11 o incluso una reacción religiosa contra ciertas tendencias
toda la ltalia dei siglo xv predicadores expertos hicieron una impre· antirreligiosas de la Edad l\ledia,11 me parece igualmente equivocado
sión profunda en sabios e ignorantes por igual, y en ocasiones fueron o exagerado. Estoy convencido de que el humanismo no f ue, en su centro
causa de despertares religiosos y de repercusiones políticas, de los mismo, ni religioso ni antirreligioso, sino una orientación literaria . e
cuales Savonarola es el caso más famoso, pero de ninguna manera el intelectual que podia ser, y en muchos casos era, llevada a cabo s1n
único.• En Italia, en igual medida que en el resto de Europa, los gre· ninguna referencia explícita a ,temas religiosos por parte de individuos
mios religiosos dirigían las aclivid~des de la laicid~~ y ejerciero~ una que, a la vez, eran miembros íervientes o nominales de una de las igle-
influencia tremenda en las artes v1suales, en la musica y en la !itera· sias cristianas. Por otra parte, hab[a muchos eruditos y pensa<lores de
tura. • En parte relacionada con esos gremios, circuló una amplia li·te· preparación humanista que ten[an un interés genuino en los problemas
ratura religiosa de carácter popular, compuesta igualmente por clérigos religiosos y teológicos, y es mi opinión que la manera en la cual apli-
o por !egos, pero siempre estaba dirigida a estos últimos y solía ser caron su preparación humanista al material original y a los temas de
escrita en las lenguas vernáculas. Esos hechos, junto con la persisten- la teologia cristiana fue uno de los f actpres causantes de los cambios
cia de la doctrina, las instituciones y el culto de la lglesia mucho prue- suf ridos por ei cristianismo durante ese periodo.11 Los elementos más
ban cuántas preocupaciones religiosas había en el Renacimiento. importantes en el enfoque humanista de la religión y la teologia Íueron
Sin embargo, menos nos interesa la indudable supervivencia dei el ataque ai método escolástico y la insistencia en la vuelta a los
cristianismo medieval en el Renacimiento que los cambios y las trans· clásicos, que en este caso significaba los clá;;icos cristianos o, en otras
formaciones que afecta ron el pensamiento religioso durante ese pe· palabras, la Biblia y los Padres de la lglesia.
riodo. Según lo expresara un eminente historiador,1 º el cristianismo, Para comprender la importancia de esas actitudes, debemos volver
aparte de medieval, es antiguo y moderno, posibilitando esto que du- una vez más a la Antigüedad y a la Edad Media. El cristianismo se
rante el Renacimiento el pensamiento cristiano dejara de ser medieval originó en una Palestina judia que, políticamente hablando, era parte
en muchos sentidos y, pese a ello, que continuara siendo cristiano. Tal del lmperio romano y, culturalmente, dei mundo helénico. Cuando la
novedad es clara en las doctrinas e instituciones nuevas creadas por nueva religión comenzó a difundirse por el área mediterrânea, sus es-
las Reformas protestante y católica, tema que no i~t~ntaré prose&uir. critos sagrados, que iban a formar el canon del Nuevo Testamento, f ue-
Me limitaré, simplemente, a demostrar que el mov1m1ento humanista,
ron · redactados en griego ---es decir, en una lengua que llevaba las
' Albert Hyma, Tlte Christian Rtnaisj(Jnce, Crand Rapids, hticb., 1924. huellas de una larga tradición !iteraria y fi losófica- y, en parte, por
s Jacob Burckhardt subraya debidamente este punto en The Civi/iUllion o/ tlte Renoi.ssonce
in ltaly, Londres, 1878, parte VI, cap. 11. n Konrad Burdach, Re/ormation, RttlaWance, Humani.smw, 2a. ed., Bc.r1In·Leip1ig, 1926.
• Genoaro Maria Monti, Le confrattrnite medievoli deito/ta e media ltolia, 2 vol!., u Giuseppe Toffanio, Stotia ddl'utntJN•imo, 3 vols., Bolonia, 1950; id., Che co•a /u
Venecia, 1927. rurnanesimo, F1orencia, 1929; id., HiJtory o/ Hurnanism, t rad. de Elio Giaoturco, Nue•a
10 Wallace K. Ferguson, "The Reviva! of Classical Antiquity or the First Century of York, 1954.
Humanism'', Tlte Canadian HiJtorical Association, Repari o/ the Annual Meetins lleld at ts Siro A. Nulli, Er1"mo e il RinascilltClto, Turio, 1955, p. 445: "Parlare di umanesimo cri.s.
Ottawa, }une 12·15, 1957, pp. 13-30: '"En ocasiones es necesario indicar que el cristianismo ti.mio ha lo lltellO - e
cbe parlare di geomet.ria cattolica o di cbimica crietiaoa: una calli•a
no fue una invención medieval, y que la Edad Media no tenía el mooopolio de la fe cristia. C91>reeeiooe io•ece di d.ire: atti•ità filologica e culturale etercitata dn iodivldui che si profeasaoo
tia" ( !>. ~4). eeguací dei cattolicismo circa argomeoâ che apparteogooo alia 1toria delle Cbieee."
1 'li

98 EL PENSAJ',UENTO RENACENTlSTA Y LA ANTIGOEDAD CUSJCA PAGANISMO Y CRIS'TIANISMO


'

autores como Pablo, Lucas y Juan, que habían tenido una educación ción de la lglesia y a controversias teológicas con los heréticos de su
literaria y tal vez hasta f1fosófica. En los siglos siguientes, los prl- .
r•,

meros apologistas, los Padres griegos y los grandes concilios tuvieron


,. tiempo.
. Así pues, en los primeros seis siglos de su existencia el cristianismo,
como tarea definir y desarrollar la doctrina cristiana, para hacerla ' que aún pertenecía al período de la Antigüedad clásica, absorbió una
.·.
aceptable en todo el mundo de habla griega. De esta manera se aprobó buena cantidad de ideas filosóficas griegas y de tradiciones literarias
finalmente, con ciertas reservas, la lectura y el estudio de los poetas y grie,gas y latinas, de modo que algunos historiadores han hablado, con
prosistas griegos, mientras que las enseiianzas de las escuelas filosóficas }
.l

cierta justificación, del humanismo de los Padres de la lglesia. En aiios
.'" griegas estuvieron sujetas a un examen cuidadoso, rechazándose todo
aquello que pareciera incompatible con la doctrina cristiana y, a la vez,
recientes ha sido costumbre entre los teólogos e historiadores ignorar
o disminuir la deuda que Filo, Agustín y otros escritores cristianos
aprovechándose para dar apoyo a la teologia cristiana todo aquello de los primeros tiempos tienen con la filosofia griega.1 ª Debo dejar en
que pareciera compatible. Con base en el pre~edente de Filo. e.l· Judio, manos de los teólogos de hoy dí.a, y de sus seguidores, el juzgar si ver·

1
Clemente de Alejandría y los otros Padres gr1egos mucho h1c1eron en daderamente están sirviendo a su causa cuando intentan eliminar ·de la
11
1
el sentido de agregar métodos e ideas f ilo9Õf icas griegas, en especial teologia cristiana toda idea originalmente derivada de la filosofia
estoicas y platónicas, a las enseiianzas doctrinales, históricas e insti· griega. Desde luego, es posible corregir la opinión de historiadores
tucionales contenidas en la Bíblia, para crear a partir de esos elementos que siguen una tendencia similar y niegan la importancia de la filoso-
variados un punto de vista cristiano y coherente respecto a Dios, al uni- fia griega en el pensamiento cristiano de los primeros tiempos: basta
. verso y al hombre. con un estudio objetivo de las f uentes.
ií AI mismo tiempo, los Padres latinos de la lglesia occidental logra- Como hemos visto, en la temprana Edad Media el Occidente latino es
ron una síntesis similar de los elementos antiguos y cristianos. Escri- t de muy escaso interés filosófico y científico; continuó, hasta donde le
tores como Arnobio, Cipriano, Lactancio y Ambrosio ponían en sus era posible, los estudios gramaticales y teológicos aprobados por Agus-
obras la mejor experiencia gramática y retórica, cuya base eran los tín y los Padres latinos; a la vez, cierto número de eruditos espaõoles,
"
" poetas y los oradores latinos de que disponían en su época. Jerónimo irlandeses, anglosajones y carolíngios se distinguió en este terreno. En
agregó a su consumada educación literaria latina aquella erudición la historia de la teologia se presenta un notable cambio en el parr6n
griega y hebrea que le permitió traducir toda la Bíblia de las lenguas del período patrístico ai surgir el escolasticismo después dei siglo Xt. u ·
originales al latin. Agustín, el más importante y complejo de todos No estaba mezclado aqui tali sólo el influjo de f uentes e ideas filosó-
ellos, no era tan sólo un retórico excelente y muy culto de acuerdo con ficas adicionales, tanto platónicas como aristotélicas, de las cuales
el nível de sus tiempos, sino que además recurría al método alegórico 1
• hablamos en ensayos precedentes, sino una tendencia nueva y mucho
para justificar el estudio de los poetas y prosistas romanos." Más aún, más importante: transformar la ma teria prima de la teologia cristiana
Agustin era un filósofo y teólogo erudito y productivo, que dejó para la en un sistema dispuesto por temas y lógicamente coherente. De esto no
posteridad un considerable volumen de obras, en el cual la doctrina habia antecedentes ni en la Bíblia ni en Ia literatura patrística, aunque
religiosa tradicional estaba enriquecida con ideas teológicas de mayor ciertos escritores griegos como Orígenes y Juan Damasceno habían
complejidad, como la Ciudad de Dios, el pecado original y la preâes· preparado el terreno. El deseo de un orden temático halló expresión
tinación, así como con conceptos filosóficos de origen griego y, en espe- ''
ta Charles N. Cochraoe, Chri.stianitr and Classical Culture, Londres, 1944; tiéa.ie nü reseiia
cial, latino, como el de las formas eternas en la mente divina, la incor- en la loun11Jl o/ Philosophy, 1944, núm. 41, pp. 576-581. Harry A. Wolfsoo, Phüo, 2 vôls., Cam.
poreidad e inmortalidad del alma, ideas que sobresalen más en sus .

. bridge, J',fass., 1947; véase mi reseiia en la loumal o/ Philosophy, 1949, oúm. 46, pp. 359-363.
primeros escritos, los filosóficos, pero que no abandonó del todo ni 1 _:'
Tambiéo podría examinarse la manera eo que ttienne Gilson, en Les Métamorp/wues de 14 cité
1 •
de Dieu, Lovaina-París, 1952, pp. 6 y ss., trata de ocultar la obvia cootribución dei estoicismo
siquiera en aiios posteriores, cuando estaba dedicado a la administra· . • a la idea de solidaridad humana .
'l ,. H..J. Marrou , Saint Augustin et la /in de la culture antiq~, Paris, 1938. Paul Renucci,
1e Martin Grabmann, Die Geschichte der katholischen Theologie, Friburgo, 1933, pp. 15
y ss. Joseph de Ghellinck, Le mouvement théologique du XI/e sücle, 2a. ed., Bruselas·París,
11 L'Aventure de fHUJT11Jnisme européen au Moren Ages, Paris, 1953. Martin R. P. McGuire, . 1948. Artbur M. Laod!lll'af, Einführunc in die Geschichte der theologischen Literarur der
"Medieval Humanism~, The Catholic Historical Review, 1953, núm. 38, pp. 397-409. '' FrüJischolastik, Regeosburg, 1948.
PAGANISMO Y CRISTIANISMO 101
100 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTlGtlEDAD CLASICA
humanistas italianos y a Erasmo, a Melanchton, Calvino,19 Hooker y
en una colección de sentencias y dogmas eclesiásticos que culminó, en los primeros jesuitas.
el siglo XII, en el Libri Sententiarum, de Pedro Lombardo, y en el Si intentamos evaluar las contribuciones positivas hechas por los inte·
Decretum, de Graciano, que por muchos siglos sirvieron como textos lectuales humanistas a la teologia renacentista, debemos insistir, sobre
oficiales de teologia y de derecho canónico. Al mismo tiempo, el cre· todo, en los logros ~ue obtuvieron en lo que podríamos llamar la filo-
ciente interés en la lógica aristotélica llevó a la empresa --cultivada logía sagrada.'° Valla abrió camino con sus notas sobre el Nuevo Testa·
por primera vez en las escuelas de Bec, Lyon y Paris- de aplicar mento, en las cuales critica varios pasajes de la Vulgata de Jerónimo
los métodos recientemente refinados de la argumentación dialéctica al con base en el texto griego. Detrás de él vinieron Manetti, quien hizo
tema de la teologia, que, de acuerdo con las normas de la época, se una nueva traducción dei Nuevo Testamento del griego al latín, y de los
volvió una verdadera ciencia. Es el método de Anselmo, Abelardo y Salmos del hebreo al latín, obra que aún no se estudia lo suficiente.n
Pedro Lombardo, método que domina la tradición teológica de la Edad Se conoce muy bien la edición· que Erasmo hizo dei Nuevo Testamento
Media alta y postrera, incluyéndose en ello a Buenaventura, Aquino, griego. Esta tradición humanista de la filologia bíblica proporciona
Duns Escoto y Occam, y no el antiguo método de Pedro Damián o de San los antecedentes y el método para la versión alemana que de la Biblia
Bernardo, quienes en vano trataron de detener la creciente marea del 1 •
hizo Lutero, quien partió del hebreo y dei griego, así como para la
escolasticismo y cuya influencia, por lo mismo, quedó confinada a revisión oficial de la Vulgata, lograda por los escritores católicos de
campos más populares y prácticos, pero menos científicos, de la li tera· la segunda mitad del siglo xvr,"" y para la versión inglesa oficial, com·
tura religiosa posterior. pletada en el reinado de Jacobo 1. La exégesis teológica de la Biblia
Si recordamos estos hechos pertenecientes a la historia de la teologia y de sus varias partes ba sido siempre una rama importante de la
en el Occidente, comprenderemos lo que .significaba para un humanista literatura cristiana desde la época patrística. En los cursos teológi·
del Renacimiento que tuviera convicciones religiosas el atacar la teolo- cos de la tardia Edad Media se vio temporalmente eclipsada, aunque
gia escolástica y defender un regreso a las f uentes bíblicas y patrísticas de ninguna manera eliminada, por el predominio que lograran las
del cristianismo. Significaba que esas f uentes, después de todo ellas Sentencias, de Pedro Lombardo; mas en el siglo xvr adquirió nueva
mismas producto de la Antigüedad, eran tomadas como los clásicos f uerza cuando la teologia protestante insistió en ir a la fuente original
cristianos, que compartian el prestigio y la autoridad de la antiglie· de la doctrina cristiana. En qué grado la exégesis dei periodo haya
dad clásica y a los cuales podían aplicarse los mismos métodos de estado afectada por los métodos y normas nuevos de la filologia hu-
análisis histórico y filológico." De este modo, Petrarca esquiva a los manista parece cuestión que no ha sido suficientemente investigada.••
teólogos medievales, excepción hecha de San Bernardo y oiros cuantos El abundante conjunto de literatura cristiano·griega dei periodo pa-
escritores preescolásticos, y en sus comentarios religiosos y teológicos trístico y bizantino ofreció a los eruditos humanistas un campo de
cita únicamente a escritores cristianos de los primeros tiempos.18 Valla 1t Quirinus Breen, loh11 Calvin: A Study in French Huma11ism, Grand Rapids, Mich.,
se lamenta de la influencia dafiina de la lógica y la filosofía en la 1931. Paul Wernle, Die Renaissance d es Chri.slmtu= im 16. ]ohrhunderl, Tublnga·Leipzig,
1904; este autor subraya ese aspecto en Erasmo y Zwinl!lio, eepecialmente.
teologia y propone una alianza entre la f e y la elocuencia. Erasmo ataca 20 Krísteller, Studies in Renoi.ssonce Though1 orid Le11ers, pp. 355·372. Pontien Polman,
una y otra vez a los teólogos escolásticos e insiste en que los primeros L'élément hi.s1orique dons la contro~se religieuse du XP/e siede, Cembloux, 1932.
escritores cristianos eran gramáticos, no dialécticos. En este rechazo n Umberto Cassuto, Gli Ebrei o Firenze Mll'età dei rinoscimento, Florencia, 1918,

de la teologia escolástica y en esta defensa de la autoridad de las pp. 275 y ss. Salvatore Garolalo, "Gli umanisti italiani dei secolo xv e la Bibbia", Biblico,
1946, núm. Z'I, pp. 338-375, reproducido en IA Bibbio e il Concilio di Trento, Roma, 1947,
Escrituras y de los Padres, tanto Lutero como John Colet se muestran pp. 38-75. Aparte de los manuscritos vaticanos citados por Garofalo, la versión de los
. de acuerdo con los humanistas, mientras que el intento de combinar Salmos becha por Manetti aparece también en dos manuscritos contemporâneos más, lo cual
el estudio de la teología con un estilo latino elegante y un conocimiento indica que gozó de cierta difusión: Florencia, Biblioteca Marucelliana, ms. C. 336;
Bruselas, Bibliotheque Royale, ms. 10745.
completo de los clásicos griegos y latinos caracteriza, aparte de muchos 22 Grabmann, Die Geschiclue der katholüchen Theologie, pp. 155 y ss. Ludwig voo Pastor,

r Geschichte der Pii,,.1e, vol. 10, Frib1>rgo, 1926, pp. 147 y ss. y pp. 560 y ss.
1 u P. O. Krísteller, S1tulies in Renaissance Thought ond Leuer., Roma, 1956, pp. 355·372. , I ., Polman, L'élément hi.storique.
j
ia Pierre de Nolhac, Pétrorque et fhurnonisme, 2a. ed., Paris, 1907.
"'


102 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CUSICA PACANISMO Y CRISTIANISMO 103

'
estudio incluso más amplio. Parte de este material fue traducido ai cias a la actividad de los humanistas, los escritos de los Padres de la
latín bacia {inales de la Antigüedad y, una vez más, durante el si· Iglesia latina habían sido conocidos a lo largo de la Edad Media y
glo XII. No obstante, es un hecho establecido, mas no suficientemente nunca dejaron de ejercer una influencia notable en teólogos y otro
conocido o apreciado, que una buena proporción de la literatura pa· tipo de P.scritores. Sin embargo, en este campo también la erudición
trística griega f ue traducida al latín, la primera vez, por los humanistas humanista produjo cambios significativos. Los humanistas estaban ple-
y los teólogos de educación humanística de los siglos XV y xv1.'' Se namente conscientes de que autores como Ambrosio y Lactancio, y en
aplica esto a muchas obras importantes de Eusebio, Basilio y Juan Cri· especial Jerónimo y Agustín, pertenecen al buen periodo de la lite·
sóstomo, de Gregorio Nacianceno y Gregorio Niceno, por no mencionar ratura latina antigua y, por lo mismo, se los debe considerar como
muchos autores posteriores o de menor estatura, o las obras conocidas "clásicos cristianos". En consecuencia, se incluyeron algunas de sus
antes, pero en ese momento vueltas a publicar en versiones latinas obras en los plànes de estudio de la escuela humanista, como la de
presumiblemente mejores. Guarino,te y con regularidad se los incluPa en las listas de lecturas que
A princípios del siglo xv Leonardo Bruni tradujo una carta de Ba- recomendaban educadores humanistas tales como Bruni, Valla, Erasmo
sílio en la cual se defendía la lectura de los poetas paganos por parte y Vives. De este modo, los Padres latinos f ueron leídos en el periodo
de los estudiantes cristianos; este oportuno apoyo al programa huma· humanista tanto como antes, pero se los agrupaba más bien con los
nista, venido de un distinguido autor de la Iglesia, f ue muy difun· escritores latinos clásicos que con los teólogos medievales, hecho que
d ido e, incluso, se lo utilizó en cursos dados f uera de Italia.•• Por la necesariamente produjo un cambio en el modo en el cual se los leia y
misma época, Ambrosio Traversari, un monje con preparación en los comprendía.
clásicos, dedicó una considerable parte de su energia a traducir los es- Más aún, también se aplicaron a los Padres de la Iglesia latinos
critores cristianos griegos, dando as[ ejemplo a muchos eruditos, clé- los nuevos métodos filológicos de publicar y comentar, que los huma·
rigos y legos posteriores por igual. Esas versiones latinas lograron una nistas habían creado al estudiar a los autores antiguos. Sabemos, en
gran popularidad, como lo prueban las numerosas copias manuscritas el caso de Agustín, que muchas copias manuscritas y ediciones impre·
y ediciones impresas existentes. Solían venir, tras ellas, traducciones sas del siglo xv existen gracias a los esfuerzos de los eruditos huma-
vernáculas y, en el siglo XVI, ediciones de los textos griegos originales. nistas, y que Vives compuso un comentaria filológico a la Ciudad de
De esta manera, podemos sacar en conclusión que el Renacimiento Dios con el cual, se decía, había vuelto a dar a San Agustín su anterior
poseía un conocimiento mucho mejor y más completo de la literatura integridad de un modo verdaderamente humanista. La aplicación ~e
y de la teología cristianas en lengua griega que la edad precedente; la erudición humanista a la literatura patrística latina culminó en la
resulta cuestión interesante, por tanto, una que, hasta donde yo sé, no obra de Erasmo, quien preparó ediciones críticas de las obras completas
ha sido explorada: en qué grado las ideas recientemente difundidas de de varias de los escritores más importantes. Siguieron su ejemplo eru-
esos autores griegos ejercieron una influencia en los debates y las con· ditos protestantes y católicos por igual y más tarde, en el siglo XVI, el
troversias teológicos dei período de la Reforma. Papa nombró un comité de eruditos especial, cuya tarea era publicar
Si bien una proporción considerable de la literatura cristiana griega las obras de los Padres en nuevas ediciones críticas.''
quedó, de esta manera, a disposición del pensamiento occidental gra- El estudio de la historia eclesiástica fue otro campo en el cual se
aplicó la erudición humanista a los problemas relacionados con las
•• Crabmano, Die C&chichte der katholischen Theologie, pp. 185 y SJ. Albert Slegmuod,
Die Oberlie/erung der griJ:chischen chrisllichen Li1emtur in der la1tinische11 Kirche bis zum iglesias y los teólogos. V alla, en su famoso ataque contra la donación
IVIÕl/len /arhrwukrt, Muoicb.Passiog, 1949. Herman• Agoes Clare Way, "S. Gregorlua Na- de Constantino, aplicó por primera vez a la historia de la Iglesia los
:áanzeous", Catalogu.s Tron.Jat:Wnam et Commenrariorum, P. O. Kri1teller y F. Edward
Cranz, vol. 2, Washington, D. C., 1971, pp. 43-192. Charles L Stioger, Hum011ism and rk "' Remigio Sabbadini, Lo Jcuolo e gli stuJ& tli Cuarino Guarini I'eroneJe, Catania, 1896,
Church Falhers: Ambrosio Traver110ri (1386-14311) and Chrislian Antiquity in 1he l111lian pp. 138 y ss. William Harri!IOn Woodward, l'i11orino da Feltre Olld Oth~r Humanist Edu.
RtMi.ssance, Albany, N. Y., 1977. calors, Cambridge, 1897; UI., Swdie5 in Education during the Age of 1/ae Renaissonce, Cam-
u Leonardo &uni Aretioo, Hurrumistisch-Philosop}Msche Schriflen, ed. por Hans &roo, bridge, 1906.
Leipzig-Berlín, 1928, pp. 99 y ss. pp. 160 y u. Luzi Schucan, Das Nachlebe11 11011 Basilw.i ir Von Pastor, Geschiclue der Pãpste, vol. 10, p. 189. Polman, L'élémt:lll historique,
MogllllS "ad adolescentes", Cinebra, 1973. pp. 392 y ss.
1'
' '
104 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGOEDAD CLASICA PAGANISMO Y CRISTIANISMO 105

métodos críticos desarrollados por los humanistas para escrihir la escritor de base retórica que halla justificación al estudio de los
historia antigua y medieval con base en documentos y pruebas contem· poetas paganos, un teólogo sistemático que continuó la obra de los Pa-
poráneos auténticos. En el siglo XVI los centuriadores de Magdeburgo dres griegos, y un oponente vigoroso de las herejías, quien planteó o
µ.tilizaron este método para volver a escribir toda la historia de la aí inó las doctrinas del pecado original, de la gracia y de la predesti·
Iglesia desde un punto de vista protestante; más tarde, en ese mismo nación. Todos esos elementos eran fuentes potenciales de inspiración
siglo, el cardenal Baronio y sus ayudantes se dedicaron a cumplir la para los futuros lectores de las obras de Agustín.
misma tarea para la par·te católica.28 Durante la temprana Edad Media la influencia de Agustín se dejó
El interés humanista en la primera literatura cristiana no estaba limi- sentir, sobre todo, en los campos de la teologia propiamente dicha, de la
tado a preocupaciones de orden filológico e histórico, sino que tuvo con• educación y dei pensarriiento político. En los siglos XI y XII, cuando el
secuencias doctrinales en la filosofia y la teología. Tal y como el estudio surgimiento dei escolasticismo, las obras de Agustín f ueron la prin-
filológico de los filósofos paganos llevó a una revivificación del plato- cipal inspiración filosófica y teológica, y con toda justeza se ha llama·
nismo y de otras filosofias antiguas y, de un modo más específico, a un do agustinianos a los primeros escolásticos. En los siglos XIII y x1v,
nuevo tipo de aristotelismo, el estudio humanístico de la Biblia y de los cuando Aristóteles predominó entre los filósofos y teólogos, el agusti-
Padres de la Iglesia permitió nuevas interpretaciones del primer pen- nismo sobrevivió como una importante corriente secundaria, e incluso
samiento cristiano, tan características del Renacimiento y de la Refor· los aristotélicos conservaron muchas huellas de la influencia de Agus-
ma. De esta manera, eruditos como Ficino, Colet y Erasmo hicieron tín. AI mismo tiempo, la teología de los místicos y la amplia corriente
el intento de interpretar las Epístolas de Pablo sin el contexto y sin de literatura religiosa popular siguieron fi~les al espíritu de Agustín y
la superestructura de la teologia escolástica antes de que ejerciera no fueron aíectadas por Aristóteles.
sobre la obra de Lutero su poderosa y decisiva influencia." Pero f ue La influencia de Agustín durante el periodo renacentista siguió,
más importante y de mayor alcance la influencia ejercida por San en parte, las líneas asentadas durante los siglos precedentes. En el
Agustín durante el Renacimiento y, por lo mismo, quiero examinar, tan siglo xv e incluso posteriormente se nota la huella de la corriente
brevemente como me sea posible, algunos aspectos dei agustinismo re· agustiniana en la f ilosof ía escolástica y en la teología; en ese mismo
nacentista."0 periodo aumentó el volumen de literatura religiosa popular aíectada
Los términos "agustinismo" o "tradición agustiniana" abarcan casi por sus ideas. Agustín f ue, después de la Biblia, la máxima autoridad
tantos significados diferentes como el término "platonismo", ya que entre los dirigentes de la Devotio Moderna en los Países Bajos; lo
muchas razones permiten llamar agustiniano a un pensador. La causa mismo había ocurrido con San Bernardo y los místicos alemanes.
de tal ambigüedad es similar a la existente en el caso de Platón: la Sin embargo, junto a estas líneas , tradicionales de la influencia
gran variedad y complejidad de la obra de Agustín. Antes de ser agustiniana, cuya importancia rio debemos subestimar, notamos bacia
·· obispo y volverse teólogo dogmático, Agustín hab[a sido un retórico, Agustín ciertas actitudes que parecen de un tipo diferente. Para Pe-
un filósofo y un herético que suf rió una conversión; todos esos ele- trarca, quien no gusta de la teología escolástica y la pasa por alto,
mentos y experiencias dejaron huella en sus escritos. Agustín es un pre- aunque haciendo hincapié siempre en sus propias convicciones religio·
dicador, un profesor de moral, un pensador político, un expositor de sas, Agustín f ue un autor favorito, que ejerció una influencia decisiva
la Biblia, un autobiógrafo, un filósofo escéptico y neoplatónico, un en el desarrollo espiritual del poeta italiano. Aparte de las citas
za Polman, L'élé~t hi.Jtorique, pp. 539 y " · "A la considerer dans son (l(rientation hi~ numerosas, dos casos merecen mención especial. Cuando Petrarca com·
torique, l a controverse bistorlque du XYle siêcle se rattache à l'humanisme". Eduard Fueter, puso su obra más personal, Secretum, le dio la forma de un diálogo
Geschichte der nueren Historiographie, Munich, 1911, pp. 246 y "· pa9a por alto el pro- entre Agustín y su autor; es el primero quien toma la parte de guía
blema al afinnar que el humanismo ígnoró a la lglesia y que la historiografia eclesiáatica, espiritual y resuelve todas las dudas y preguntas del segundo. En la
como hija de la Reforma, era independienle dei humanismo.
2& Frederic Seebohm, The Ox ford Reformers, Londres, 1887. Walter Dress, Die Mysfik des
carta famosa en que describe su subida al monte Ventoux, Petrarca
Marsilio Ficino, Rerlin-Leipzig, 1929. P. A. Duh amel, "The Oxford Lectures on John Colet", narra cómo sacó del bolsillo las Confesiones de Agustín, las abrió ai
Journol of the History of /deos, 1953, núm. 14, pp. 493·510. azar y topó con un pasaje que expresaba adecuadamente los sentimien·
ao Kristetle.r, Studics in Renoissonce Thought ond Letters, pp. 355·372. tos dei poeta: "Los hombres admiran la altura de las monta fias, los
106 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CLASICA PAGANISMO Y CRISTIANISMO 107

grandes movimientos dei mar, las costas dei océano y las órbitas de i•
oratorianos derivaron ideas teológicas muy diferentes de su interpre·
las estrellas, y se olvidan de sí mismos." De esta manera, f ue el Agustín tación dei pensamiento agustiniano. Cierto que esos desarrollos teoló·
de las Confestones, el hombre que con elocuencia expresaba sus senti· gicos estaban muy apar.tados de los intereses y de las ideas dei huma·
mientos y experiencias, y no el teólogo dogmático, el que impresionó nismo renacentista, pero parece razonable recordar que la autoridad
a Petrarca y a otros humanistas posteriores, y los ayudó a reconciliar concedida a Agustín, a los otros escritores patrísticos y a las Escrituras
sus convicciones religiosas con sus gustos literarios y su opiniones per· mismas algo tiene que ver con la insistencia humanista en ir a las
sonales. Solamente Erasmo, quien tanto había hecho por el texto de f uentes antiguas, así como con su desprecio por la tradición medieval
Agustín, se mostró indiferente bacia la teología de este último y a su ae la teología escolástica.
interpretación de la Bíblia, prefiriendo la de San Jerónimo; es signi· Pienso que, finalmente, estamos preparados ya para of recer una
ficativo que ésa sea la causa de que católicos y protestantes por igual interpretación significativa de la expresión "humanismo cristiano", tan
lo censuraran. a menudo aplicada al Renacimiento o a períodos anteriores. 81 Si, de
Entre los platonistas dei periodo tenemos otra variedad de influencia acuerdo con el significado dado por el Renacimiento a las palabras
• agustiniana en el Renacimiento. Todos los filósofos que simpatizaban humanista y humanidades confinamos el término humanismo a las
con el platonismo, desde Besarión hasta Patrizi, citaban afanosamente preocupaciones retóricas, clásicas y morales de los humanistas del Re·
la opinión de Agustín en favor de Platón y de los platónicos, opinión nacimiento, sin tomar en cuenta las opiniones filosóficas o teológicas

l
!
ya utilizada por Petrarca contra la autoridad de Aristóteles. Algunos
de esos platónicos derivaron de los escritos de Agustín importantes ideas
filosóficas. Así por ejemplo, Cusano, a quien de muchas maneras afectó
que en lo particular sostenía cada humanista, y sin parar en la prepa·
ración teológica, filosófica, científica o jurídica que cada erudito pue·
de haber combinado con su educación humanista, bien podríamos llamar
~
el pensamiento de Agustín, tomó de u.na carta de éste el término "igno- humanistas cristianos a todos aquellos intelectuales que aceptaron las
rancia erudita'', que empleó para descif rar el método característico - ensefianzas del cristianismo y eran miembros de alguna de las igle·
de su especulación. Ficino no só lo afirma que su alianza con la escuela sias, sin que por ello examinaran necesariamente temas religiosos o
platónica estaba determinada en parte por la autoridad de Agustín, sino 1 • teológicos en sus escritos literarios o ensayísticos. Si aplicamos tal nor·
i que, además, agrega que algunos elementos esenciales de su propia ma, prácticamente todos los humanistas del Renacimiento, anteriores y
t
1
f ilosofía derivan de una lectura directa de las obras de Agustín, como
f ácilmente se verá mediante un análisis detallado de las de Ficino.
j
posteriores a la Reforma, eran humanistas cristianos, ya que son raros y
dudosos los supuestos casos de paganismo franco o de presencia àe
' Demos un ejemplo: cuando, en el prefacio a su obra filosófica princi- t convicciones ateas. Pero probablemente convenga emplear la expresión
pal, Ficino anuncia su intención de interpretar la f ilosof ía de Platón humanismo cristiano en un sentido más específico, limitándola a aque·
sobre todo a partir dei alma y de Dios, está siguiendo claramente la llos intelectuales con una preparación clásica y retórica humanista que
guía de San Agustín. No obstante, es característico que Ficino parezca de un modo explicito examinaron en todos o algunos de sus escritos
conocer a Agustín con base, ante todo, en obras tan difundidas como problemas religiosos o teológicos. En este sentido, ni Aquino ni Lutero
las Confesiones, la Ciudad de Dios y De Trinitate, así como en esos pri- f ueron humanistas cristianos por la sencilla razón de que, como teólo-
meros escritos filosóficos y platónicos que han sido minimizados por gos, no eran humanistas según se entendía entonces esta denominación,

1 los admiradores .teológicos de ese gran Padre de la Iglesia; obviamente, aunque Lutero presupone ciertos logros eruditos dei humanismo. Por
l Ficino muestra menos interés por los escritos teológicos posteriores otra parte, entre los humanistas cristianos no sólo debemos enumerar a
Erasmo, Vives, Budé, Moro y Hooker, sino también a Calvino, ese ele·
de Agustín.
Fue muy diferente, aunque no menos poderosa, la influencia que gante escritor latino y comentador de Séneca; a Melanchton, defensor
Agustín ejerció en los escritores teológicos, tanto protestantes como de la retórica contra la filosofía, quien influyó en muchos aspectos de la
católicos, de los siglos XVI y xvn. Lutero, Calvino y los sucesores de Alemania luterana más que el pro pio Lutero, y quien f ue causa- de
ambos tomaron la teología de los escritos últimos de Agustín, que tanto la tradición humanística existente en las escuelas protestantes alemanas
insistían en la predestinación, el pecado y la gracia; por el contrario,
•1 féa$e la nota 1 dei capítulo r.
los teólogos de la Reforma católica y, más tarde, los jansenistas y los
108 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ANTIGOEDAD CUSICA PAGANISMO Y CRISTIANISMO 109
basta el siglo XIX; y, finalmente, los padres jesuítas, muchos de los había sobrepasado ya los logros de los antiguos- y las artes --en las
cuales fueron excelentes como especialistas en lo clásico y como escri. cuales nunca se conseguirá sobrepasarlos, aunque el igualarlos quizá
tores en latín, y quienes deben parte de su éxito a la buena educación
si f uera _posible-. En consecuencia, cuando en el siglo XVIII surgi6 una
que ofrecían sus escuelas y colegios en las disciplinas humanísticas por nueva ola de clasicismo, quedó limitada a la literatura y a la poesia,
entondes en boga. a las artes visuales y al pensamiento político, omitiéndose las ciencias
La tradición de la enseiianza humanista de ninguna manera concluyó naturales, en las cuales ya no era posible considerar maestros a los
cuando las Reformas protestante y católica, como parecería ser el caso •
anhguos.
si tan sólo atendemos a los encabezados dei suceder histórico. Sobre· Vi vimos unos tiempos en que esta ola de clasicismo dieciocbesco. ha
vivió tan vigorosa como la tradición dei escolasticismo aristotélico, agotado casi todas sus f uerzas. La erudición clásica se ba convertido
atravesando todas las divisiones religiosas y nacionales, floreciendo en una berramienta sumamente especializada, puesta en las manos de
por igual en Leiden y Oxford q11e en Padua y Salamanca, y e~er· unos cuantos expertos valerosos que ban ampliado ~nside,rablemente
ciendo una influencia igualmente formativa en las mentes de los f1l6- los conocimientos de sus predecesores, ai menos en c1ertas areas. de su
sofos y científicos educados en las escuelas y universidades de los disciplina, pero que parecen haber ido perdiendo terre~o cada vez en
siglos XVII y XVIII. mayor medida ante los no especialistas y ante ~l público en gen~~al,
aunque no sea de ellos la culpa. Quienes no estudtaron filologia clas1ca
Hemos llegado, finalmente, a la terminación de nuestro largo y rápido tienen razones para envidiar el conocimiento dei latín que se. tenia ~n
viaje; bóra es de que resuma mis impresiones y memorias. Podemos cualquier siglo de la Edad Media; y hay mu.~os ed,uc~dores profes10-
afirmar brevemente que el período llamado Renacimiento logró un co· nales y muchos sectores importantes de la op1n16n publica qu~ ~are~n
nocimiento mucho más exacto y completo de la literatura latina antigua no tener la más remota idea de que existe un campo de espec1ahzac1on
y, en especial, de la griega dei que había sido posible en époc~s pr~· humanística; y si no saben de su existcncia, menos aún saben de su
cedentes. Por medio de unos cuantos ejemplos tomados de la h1stor1a importancia. Es tal la situación, que razó~ tienen en p~eocuparse ~u·
de la filosofia y la teologia, hemos procurado demostrar que tal cono· chos eruditos con un sentido dei deber. S1n embargo, hendo a corú1ar
cimiento no fue una simple cuestión de estudio e imitación, sino que y a esperar que continuará el interés en los clásicos y en el s~er histó-
las ideas encarnadas en la literatura antigua sirvieron como fermento rico y que incluso revivirá, pues estoy firmemente convencido de su
e inspiración dei pensamiento original surgido en ese periodo, y que mérito intrínseco y opino que no podrán sino volver a imponerse, aun·
explican, ai menos en parte, los cambios intelectuales que se dieron con que quizá de un modo diferente al que estamos acostumbrad~s, un
cierta lentitud en el siglo xv y con mayor rapidez en el XVI. Fácil sería modo más adaptado a las necesidades y los intereses de nuestro hempo
multiplicar esos ejemplos con base en la historia de la filosofia, así y de nuestra sociedad. Por lo mism~, el estudio de _la historia de la
como a partir de les demás campos de la historia intelectual y cultural. civilización y la lectura de los clás1cos en tr aducc1ones cumple un
En el siglo xvn se inicia un nuevo período en la historia de la útil servicio en la educación universitaria. Es probable que la rueda
ciencia y la filosofia occidentales, y van quedando como trasf ondo las de la moda, que en los tiempos actuales parece haber sustituid~ a la de
tradiciones dei Renacimiento. Desde mediados dei siglo XVI los eruditos la fortuna que con tanta f recuencia aparece en el arte y en la bt~ratura
comienzan a estar más conscientes de la originalidad propia y a captar de la Edad l\fedia y dei Renacimiento, en algún momento tra1ga de
los progreaos que, comparada con la Antigüedad clásica, su época lo· vuelta ese gusto por la claridad, la sencillez y la concisión en la lite.
graha.u Se subraya mucho que la invención de la imprenta y el des· ratura y en cl pensamiento que siempr'e ban tenido su terreno nutrício
cubrimiento de América ilustraron dicho progreso, y en el siglo XVII en las obras de la Antigüedad.
la famosa batalla de los antiguos y los modernos permitió una dis- El deseo natural de vencer, tanto en el tiempo como en el esracio,
tinción más clara entre las ciencias - en las cuales la época moderna los limites de nuestra perspectiva pueblerina pudiera estimular e inte-
rés por los clásicos, ya que éstos no sólo ejercen un atractivo directo
12 J. B. Bury, The Jdea o/ Procress, LondrC8, 1920. Richard F. Jones, Anaents and en nuestra época, sino que incluyen mucbas claves para la compren-
Modern.J, San Luis, 1936.
sión dei pensar.t\ento medieval y dei moderno en sus principios, los que
.
PAGANISMO Y CRISTIANISMO 111
110 EL PENSAMlENTO RENACENTIST A Y LA ANTIGüEDAD CLASICA

a su vez contienen las raíces directas de nuestro propio mundo contem- razón de los dolores que debemos sufrir, las decisiones que debemos
porá11eo. Cierto tam.bién que cada generación posee un mensaje propio tomar, las acciones y los trabajos que debemos cumplir sin poder saber
y que cada individuo puede hacer una contribución original. El efecto el re~ultado o el valor que tendrán cuando aparezcan, si aparecen, ante
los OJOS de un futuro observador como un pasado ya decidido y fijado.
de la influencia clásica en el pensamiento y en la literatura renacen·
Todas esas objeciones y dudas son cierlas, y siempre deberemos recor-
tistas a~so no~ indique cuá~ pos~le es aprender dei pasado y ser origi-
! .
nal ai mismo ttempo. La onginah dad es muy de admirar, pero se trata darias. No obstante, confío en que se acepte con paciencia este alegato
de un don concedido por la naturaleza o por la providencia; no se la en favor de la erudición clásica y de los conocimientos históricos pues
puede enseíiar y mucho dudo que la daiie el conocimiento o la aumente proviene de una persona que no es miembro de un gremio de f ilÓlogos
o historiadores. Permítaseme concluir con unas palabras que Erasmo
la ignorancia.
No es mi deseo dar la impresión de que busco elevar el ideal de la pronunció como respuesta a los teólogos que cri-ticaban su ideal de eru-
erudici6n a costa de otros ideales más f undamentales y totalizadores; dición, y que nos será fácil adaptar a esta situación un tanto diferente :
"La oración, desde luego, es el arma poderosa ( en nuestra lucba contra
o que ignoro las limitaciones dei quehacer histórico. Todos somos, o
deseamos ser, ciudadanos, personas que trabajan, personas que piensan el vicio) [... ] no obstante, igual de necesario es el conocimiento. ,,..
y seres humanos, y no simplemente eruditos o filósofos. Como ya lo dijo
Jacob Burckbardt, el conocimiento histórico no nos hace más listos
para la siguiente ocasi6n, sino sabios para siempre.ªª No nos da res-
puestas o soluciones para los problem as morales, sociales o intelectua-
les a que nos enfrentamos, pero s[ una perspectiva. Ningún volumen de
informaci6n nos ali~iará la tarea de elegir ai juzgar y ai actuar, tarea
que debemos cumpl1r todos los días. Existen en la vida externa y espiri-
tual de cada persona sentimientos y experiencias únicos que nunca o
muy rara ':'ez, y entonces imperfectamente, han expresado los pensado-
res y escritores dei pasado. El mundo de la civilización occidental,
amplio y rico en comparación con la época y la sociedad actuales, que
son parte de él, resulta a su vez pequeno y limitado cuando lo compara-
mos con toda la historia de la bumanidad, con la existencia en nuestro
planeta de animales, plantas y una natu raleza silenciosa, o con la enor-
me, cuando no infinita, amplitud en el espacio y en el tiempo de nues·
tro universo visible. El sólo interesarnos por los conocimientos históricos
podría ai~lamos de todas aquellas personas que, por razones geográ-
ficas, soc1ales o educativas, no pueden participar de ellos y que sin
embargo, como seres humanos, exigen de nosotros una comprensión
cordial.
Finalmente, ese registro del pasado en el cual se deciden todas las
hatallas y se olvidan todos los dolores -sucediendo que los personajes,
los actos y las obras más disti nguidos sobresalen con mayor claridad
y de un modo más definitivo que en su propia época-, podría ador- f-1 "Duo praecipue par anda sunt arma cui sit [ .•. ] cum universo vitiorum cohorte pug·
nandum [. .. ] precatio et scientia [. .. ) Sed precatio qu,ldem potior, ut quae cum Deo eermo·
mecernos y hacernos caer en una falsa seguridad y en la indolencia en
nes misceat, at scientia non minus necessaria tamen", Deaiderio Erasmo, "Encbiridion
80 1 militis Cbristiani", 1503, A.usgewilhl1e 11'erke, Hajo y Annemarie Holborn, Municb, 1933,
Jacob Burckbardt, 11'el1geschich1liche Be1rach1un1Jen, Leipzig, 1935, p. 10; id., Force 1 '
p. 29.
and Freedom, trad. por James H. Nichols, Nueva York, 194.3, p. 86.
SEGUNDA PARTE

': EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA


' 1

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V. EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO
. . EN EL RENACIMIENTO ITALIANO

DESDE 1860, cuando Jacob Burckhardt publicó su famoso libro sobre 1a


civilizaéión dei Renacimiento en ltalia,1 ha habido una controversia
. • 1
"
• entre los historiadores respecto ai sentido y a la importancia dei Rena-
cimiento italiano. 2 Casi todos los eruditos que han participado en esta
discusión pensaron que era su deber proponer una teoría nueva y dife-
rente. Tal variedad de puntos de vista tuvo como causa, en parte, el
1 •
peso dado por los especialistas a diferentes personalidades o corrientes
1
históricas o a diferentes aspectos y desarrollos dei Renacimiento italiano.
'.
1 Sin embargo, la razón principal de esta controversia acerca dei Renaci-
''
miento -por lo menos, la causa principal en las fases más recientes-
ha sido el progreso considerable conseguido en las últimas décadas en
el campo de los estudios medievales. No se piensa ya que la Edad Media
f uera una época oscurantista y, en consecuencia, hay muchos especia-
.
' listas que no ven la necesidad de esa luz nueva y de ese resurgimiento
que el nombre mismo de Renacimiento parece sugerir. Por ello, ciertos
medievalistas han puesto en duda la existencia misma dei Renaci-
miento y gustarían de borrar completamente ese nombre dei vocabulario
de los historiadores.
Dado ese ataque poderoso, los estudiosos dei Renacimiento han adop·
tado una nueva línea de defensa. Han demostrado que la idea encarna-
da en el término "Renacimiento" no f ue una invención de ciertos entu·
siastas historiadores dei siglo pasado, sino una idea expresada de modo
general en la literatura del Renacimiento. Los humanistas mismos ha-
blaban continuamente dei resurgimiento o renacer de las artes y de la
erudición conseguido en su tiempo, tras un largo periodo de decaden-
cia." Acaso se objete que también en la literatura medieval tenemos
Dúi Cültur der R~ in ltalien, Basilea, 1860, trad. por S. G. C. Middlemore como
1
TM Civili:ation o/ tM Re11aiSS011<:e in ltair, Londres, 1878; bay mucbas ediciones poste-
riores en ambos idiomas.
2 Hans Baron, "Renei-oce in ltalien", Archiv fü.r Kulturgeschi.chle, 1927, núm. 17, pp.

226-252 y 1931, núm. 21, pp. 95-119, Joban Huizinga, "Das Problem der Renai!l88nce",
IYep tkr Klllrw1eschkh1e, tred. por Wemer Kaegi, Municb, 1930, pp. 89·139. Ym...
también la di9Cusión publicada en el loumal o/ History o/ ldeas, 1943, núm. 4, pp. 1-74.
Wallace K. Ferguson, The Renais5ance in Historical Thought, Boston, 1948. Yéase la nota l
de la introducción a la Primera Parte.
3 Konrad Burdacb, Re/ormanon, Re11aissance, Humtmismiu, 2a. ed., Berlín-Leipug, 1926.

115
116 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 117

afirmaciones ocasionales de un renacimiento intelectual.• Sin embargo, a disminuir la deuda que el Renacimiento tiene con la tradición me·
queda el hecho de que, durante el Renacimiento, los intelectuales y los dieval.
J
escritores hablaron de tal resurgimiento y renacer con mayor persisten- A más de lo anterior, me gustaría volver a examinar la relación exis·
cia que la presente, en cualquier otro periodo de la historia europea. tente entre la Edad Media y el Renacimiento a la luz de la siguiente
Incluso aunque estuviéramos convencidos de que se trataba de una consideración: los estudiosos se han acostumbrado tanto a subrayar el
afirmación vacía y de que los humanistas no consiguieron un Renaci· universalismo de la lglesia y de la cultura medievales, y a considerar
miento verdadero, f orzados nos veríamos a admitir que esa ilusión f ue el Renacimiento como un fenómeno europeo, que tienden a olvidar
característica del periodo, y que el término Renacimiento posee, por las profundas diferencias regionales presentes incluso durante la Edad
lo menos, un significado subjetivo. Media. No hay duda de que Francia f ue el centro de la civilización
Sin cuestionar la validez de ·tal argumento, pienso que hay razones medieval, y que los demás países de la Europa occidental siguieron su
más objetivas para defender la existencia y la importancia del Renaci- liderazgo, desde la época carolingia hasta los comienzos del siglo XIV.'
miento. El concepto de estilo, en el sentido con que tan afortunada- Desde luego, Italia no fue una excepción a esa regia; pero si los otros
mente lo aplican los historiadores del arte,ª podría ser empleado de un países -y en especial Inglaterra, Alemania y los Países Bajos- par-
modo más general en otros campos de la historia intelectual, permitién- ticiparon activamente en las principales exploraciones culturales del
donos esto, quizá, reconocer los cambias importantes producidos por período y siguieron un mismo desarrollo general, ltalia ocupó una
el Renacimiento, sin que ello nos obligue a despreciar la Edad Media o posición un tanto peculiar! Antes del siglo xu1, su participación activa
en muchos aspectos importantes de la cultura n1edieval iba muy atra·
Wallaco K. Fergu90n, "Huma·nist Vi~ws of the Renai!l88nce", American Hi.storical Reuiew,
1939·1940, núm. 45, pp. 1·28; U., The Renai5$(1Jlce in Hi.sco.-ú:al Thought, pp. 1 y s.s. Véa~
sada de la de otros países. Se observa esto en la arquitectura y en la
tamhién Herbert Weisinger, "The Self·Awarenesa of the RenaiseanceM, Papers of 1he !.ti. música, en el drama religioso y en la poesia en latín y vernácula en
chiran Academr of Science, Arts, and Letters, 1944, oúm. 29, pp. 561-567; i.d, ''Who bega.o lo general,ª en la filosofia escolástica y• en la teologiaª e incluso, pese
the Reviva! of Learniog'', ibid., 1945, oúm. 30, pp. 62S-ó38; id., "Reoai9S&nce Accounts a la opinión usual, en los estudios clásicos.
of the Reviva) of Leaming", Studies in Philology, 1948, núm. 45, pp. lOS.lJ8; i.d., '"The Re- Por otra parte, ltalia poseía una tradición propia estrecha pero
naiee•nce Theory of the Reactioo against the Middle Ages .. .'', Speculum, 1945, núm. 20,
persistente, que remontaba a la Roma antigua y encontró su expresión
pp. 461 ·467; id., "ldeas of History duriog the Renai!l88oce", / oumal o/ the Hi.story o/
Ideru, 1945, núm. 6, pp. 415·435. Franco Simone, La ccscienza della Rill4.!cira negli Umanisti • ttieone Gilson, "Humaoisme médiéval et Renaissance", Les ldées et les lettres, Paris,
/rortcesi, Roma, 1949. Eugenio Gario, "Umaoesimo e Rinascimento" en Problemi ed orienta· ' . 1932, pp. 171-196. E. R. Curtius, Europiiische Literatur und lateini.sr.hes Mittelalter, Berna,
menti critici di lingua e di lettera1ura italiana, ed. por Attilio Momigliano, vol. 3: Quesiiom 1948, pp. 41 y 1S., y pp. 387 y sll., trad. por Willard R. Trask como European Literature a11d
e correnti di storia letteraria, Miláo, 1949, pp. 349-404. Una mayoría de los p1198jes que estos 1/ae La1in Middle Ages, Nueva York, 1953.
eruditos citan soo postaríores a los comieoros del sigla xv. Sín embargo, ya en 1330 el 1 Karl Vossler ha comentado e) aislamieoto de Italia eo la Edad Media y la relativa

hermaoo Guida da Pisa, en su comentario a Dante, escribió: "Per isturo eoim poetam resus· escasez de Bntecedentes italianos en Dante en su libro Mediaeval Culture, trad. por W. C
cita.ta est mortua poeeis [. .. ) lpee vero poeticam sci.eotiam suacitavit et antiquos poet~ Lawtoo, vol. 2, Nueva York, 1929, 1960, p. 4 y ss. Cf. Vossler, Die gõuliche Komõt!Ae, vol. li,
io meotihus oostris lt'e'liviscere fecit", Oraz10 Bacci, La Critica let1errrria, Milán, 1910, Parte I, Heidelherg, 1908, pp. 582 y s.s.
p. 163. "lpse enim mortuam poesiam de tenebris reduxit ad lucem, et in hoc fuit imitatus s Hay excepciones notables -<:omo Guido de Areuo, Alfano de Saleroo y Heorico de
Boetium, qui philosophiam mortuam suo tempore suscitavitM, Guido da Pisa, E%posi1iones Settimello--, pero no cambian el cuadro general. Respecto a la participacióo de Italia
el glose super Comediam Dantis, Vioce02.0 Cioffarri, Albany, N. Y~ 1974, p. 4.. en la cultura latina medieval anterior ai siglo XIII, 11éase Franceso Novati y Angelo Monte·
• Los intentos que hace Burdach de derivar el coocepto de Renacimieoto de las tradi· verdi, Le Origini, Milán, 1926. Antonio Viscardi, Le Origini, Milán, 1939. Maximiliam
ciones religiosas o místicas ya no me cooveoceo. Sin embargo, un poeta caroliogio escribió Manitius, Geschichte der lateinischen Literatur des !tfittelalters, 3 vais., Muoich, 1911·1931.
la siguieote línes: "Aurea Roma itarwo reoovata reoascitur orbiM (E. K. Rand, "Renais· & Si bien varios de los representantes más famosos de la teologia escolástica fueron ita·
eance, why not?" R~ce, 1943, oúm. l, p. 34). Milo Crispinus dice eo ao biografia lianos -.:omo Laofraoco, A118Clmo, P..dro Lombardo, Tomás de ACJllino y Bueoaventura-,
de Lanfranc: "quem Latlnitas in aotiquwn acientiae statum ab eo restituta lota 111.1premum llevaroo a cabo gran parte de sus estudios y enseiiaozas eo Fraocia. Respecto a Laofranco,
debito cum amore agnoscit magistrum" (Migne, P. L., CL, 29). Eo cuaoto al aspecto poli· 11éose Francesco Novati, "Rappons littêiraires de I'ltalie et de la Frs.nce au :ue siecle",
tico dei cooceplo, lliose P. E. Schramm, Kai.ser, Rom und Rtm01J0lio, 2 vols., wpz:ig, Acadérrúe des lrucripti.ons et Belles-Leures, Comp1es Rcwlus des Séances de rannée 1910,
1929. J:'~ también el juicio de Agustío eohre Ambrosio (Sollloquia, Il, 14, 26) : "ille in pp. 169-184. Pedro Damián fue un represeotaote típico de la teologia italiana dei siglo XI;
quo ipsam eloqueotiao quam mortuam dolebamus perfectam revi.xi.s,,e cognovimus." su preparación era más bieo jurídica y retórica que filosófica; tléose J. A. Endres, Petrus
1 Erwin Paoofsky, RenaissaACe and Renasc~ces in l'estem Art, Estocolmo, 1960. Damiani und die weltliche Tl'issenschafl, Münster, 1910.
118 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA ' '
EL HUMANiSMO Y EL ESCOLASTICISMO 119

mejor en ciertas ramas de las artes y de la poesía, de la educación lianos de aquella época comprendían a fondo este desarrollo general,11
laica y de las costumbres legales, así como en el estudio de la gramá· y debemos tener en cuenta constantemente ese desarrollo si queremos
tica y de la retórica. 1 º ltalia estuvo expuesta a la influencia bizantina comprender la historia de la erudición durante el Renacimiento italiano.
más directa y continuamente que cualquier otro país de la Europa occi· El movimiento humanista es el aspecto más característico y general
dental. Finalmente, a partir dei siglo XI, Italia desarrolló una vida pro· dei Renacimiento italiano en el campo intelectual. lnnecesario es decir
pia, cuya expresión tenemos en el comercio y en la economía, en las que el término humanismo cuando es aplicado al Renacimiento italiano,
instituciones políticas de sus ciudades, en el estudio de la ley civil, no significa esas nociones vagas y confusas que hoy suelen ir asocia-
dei derecho canónico y de la medicina, en las técnicas epistolares das con él. En el Renacimiento tenemos tan sólo unas cuantas huellas
y en la elocuencia secular.11 La influencia de Francia ganó poder en el de ellas. Por humanismo queremos significar simplemente la tendencia
siglo XIIJ, cuando surgen sus huellas en la arquitectura y en la música, general de esa época a darle la mayor importancia a los estudios clá-
en la poesía vernácula y en latín, en la filosofía y la teología y en sicos, a considerar a la Antigüedad clásica como norma y modelo común
el campo de los estudios clásicos.1' Por lo mismo, podrán comprenderse para guiar todas las actividades culturales. Será nuestra tarea com-
muchos productos típicos dei Renacimiento italiano como resultado de prender el significado y el origen de este movimiento humanista, usual·
las tardías influencias medievales recibidas de Francia, pero injerta- mente asociado con el nombre de Petrarca.
das y asimiladas por una tradición nativa menos amplia, más terca y Entre los historiadores modernos tenemos dos interpretaciones dei
diferente. Puede afirmarse lo anterior de la Divina Comedia de Dante, humanismo italiano. La primera lo considera como el simple surgi-
dei drama religioso que prosperó en Florencia durante el siglo xv y de 1
i miento del estudio de lo clásico, logrado durante el periodo dei Re·
la poesía cahalleresca de Ariosto y de Tasso. '1' nacimiento. No es muy popular hoy en día este punto de vista, que
Se nota un desarrollo similar en la historia de la erudición. Por defendió una mayoría de los historiadores de la erudición clásica. El
tanto, no deberá examinarse el Renacimiento italiano únicamente en resurgimiento de los estudios clásicos no es, desde luego, un hecho que
sus contrastes con la Edad Media francesa, sino también en sus rela- impresione a una edad como la nuestra, que prácticamente ha abando·
ciones con la Edad Media italiana. La rica civilización de la Italia dona do la educación clásica; resulta fácil, por tanto, ala bar la sabi-
renacentista no brotó directamente de la igualmente rica civilización duría clásica de la Edad Media en un momento en el cual, excepto por
de la Francia medieval, sino de las ·tradiciones mucho más modestas de un diminuto grupo de especialistas, se sabe menos de la Antigüedad
la ltalia medieval. Es hacia princípios dei siglo XIV cuando ltalia pasa \ ' clásica que en la Edad Media. Además, en una época como la presente,
por un aumento tremendo de todas sus actividades culturales, lo que le menos interesada en la erudición que en los logros prácticos, en la escri-
permite, por un tiempo, arrebatar a Francia el liderazgo cultural de
la Europa occidental. En consecuencia, no hay duda ninguna de que 13 Teras alabar a Dante y a Petrarca como restauradores de la poesia, Boccaceio agrega:
1'
"inspice quo Romanum corruerit imperium [ ... ] quid insuper philieophorum celebres titnlO&
existió un Renacimiento italiano; es decir, un Renacimiento cultural de
et poetarum myrthea laureaque serta mcditari [ ...] quid in memoriam rnocare milita·
ltalia no tanto en contraste con la Edad Media en general o con la Edad rem disciplinam [ .•. ] quid legum auctoritatem [ ... ] quid morum conspicuum apecimen.
Media francesa sino, muy definitivamente, encontraste con la Edad Me- Haec omnia [ ... ] una cum Italia reliqua et libertai.e caeleat.i a maioribua nostria [ .•. 1 ne-
dia italiana. Una carta de Boccaccio permite suponer que algunos ita- glecta aunt et a nationibus exteris aut sublata aut turpi conquinata labe aordescunt [ ..• 1
et si omnia resarciri nequeant, hoc aaltem poetici nominis fulgore [ •.• ) inter barbar88
10 En lo que toca a la historia de la educación en ltalia, lléase Giueeppe Manae«da, nationes Roma saltem aliquid veteris maiestatis poasit ostendere" {carta a Jacopo Pit:tinghe
S1orio della scuola in ltalia, 2 partes, Milán, s. L Gunzo de Novara y Anselmo el Peripaté- '1 en Le lettere edite e inedite di Messer Gictianni Boccaccio, Francesco Con:zz:ini, Florencia,
tico 900 representantes típicos de la retórica italiana de los siglos x y Xl. Piénsese que la 1877, p. 197). I'éa.se Konrad Burdach, Rienzo und tlie geistise Trondluns $Ciner Zrit I I'om
biblioteca de Bobbio, dei siglo x, era rica en tratados de gramática, pero -~ en Mittelalter :ur Re/ormation, vol. 2, Berlín, 1913-1928, pp. 510 y ss. Incluso Salutati, en su
poetas clásicos, Gustav Becker, CatDIDsi Biblio1hecarum antiqui, Bonn, 1885, p. 64 y ss. carta a Pedro de Mantua y tras haber admitido que Roma ha perdido su poder militar,
11 Charles H. Hasl<ins, The Renais.sance o/ 1/ae Twd/th Century, Cambridge, l\{ass., 1927. dice que ninguna excusa hay para que otraa naciones la superen en distinción !iteraria.
u Respecto a las influencias francesas en el siglo xru, véase Giulio Bertoni, II D~­ MGaudebam igitur apud nos emergere qui barbaris illis quondam geniibus aaltem in hoc
cento, lla. ed., Milán, 1939. Muchos poelll.lS y obras en prosa de autores italianos fueron palman eriperet, qualem me tibi (léa$e: te mihi) fama et multorum aelatio promittit'', dico
C8Critoa en 6rancés; asimismo, de modelos fraoCC9CS deriva mucha de la poeoia y la ~ aludiendo a los logros de Pedro de Mantua en e! campo de la lógica. (Epistofario di Coluc·
vemáculas primeras escritas en italiano. cio Salutati, Francesco Nova ti, vol. 3, Roma, 1896, pp. 319 y ss.)
120 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 121
tura "creadora" y en el pensamiento "original", un simple cambio de por completo ai campo de las matemáticas, de la astronomía, de la
orientación, incluso un incremento de conocimiento en el campo de la ' astrología, de la medicina y de la filosoíía aristotélica.11
erudición no parece tener importancia histórica ninguna. Sin embargo, En el Renacimiento cambió rápidamente tal situación. El estudio de
la situación era muy distinta en el Renacimiento, cuando adquirió una la literatura clásica griega, cultivada en el Imperio bizantino durante la
importancia tremenda el crecimiento de los estudios clásicos y el inte· tardía Edad Media, comenzó a diíundirse por el Occidente pasada
rés por ellos. ya la primera mitad dei siglo XIV, ocurriendo esto gracias a los eru-
A decir verdad, varios hecbos históricos dan apoyo a esa interpreta· ditos bizantinos que f ueron a Europa occidental por una corta estan·
• ción, que considera el movimiento humanista como un surgimiento de eia o para radicarse en ella, y gracias a eruditos italianos que f ueron
,,• 1
los estudios clásicos. Los humanistas erari especialistas en lo clásico a Constantinopla en busca de la sabiduría clásica griega. ' Como resul-
y contribuyeron ai surgimiento de los estudios clásicos.1 ' En el campo tado de esto, el idioma y la literatura griegos tuvieron un lugar
de los estudios latinos volvieron a descubrir un cierto número de textos fijo en los planes de estudio de los colegios y las universidades de
importantes, que apenas habian sido leídos durante la Edad Media.1 ' Occidente, lugar que no perdieron ya sino en nuestro siglo. De las
En el caso de au~ores latinos generalmente conocidos en la Edad Media, bibliotecas dei Oriente vino a las de Occidente un buen número de ma·
los humanistas les dieron mayor difusión mediante numerosas copias nuscritos griegos, que constituyó la base de una mayoría de nuestras
manuscritas19 y ediciones impresas, mediante sus estudios gramaticales ediciones de los clásicos. En una etapa posterior, los humanistas pu-
y anticuarios, mediante sus comentarios y mediante el desarrollo y la blicaron ediciones impresas de los autores griegos, escribieron comen·
aplicación de una crítica íilológica e histórica. tarios acerca de éstos y ampliaron sus estudios gramaticales y anti-
Fue inclus~ más notable el impulso dado por los humanistas ai estu· cuarios, asi como sus métodos de crítica filológica e histórica de la
dio dei griego. A pesar de las relaciones políticas, comerciales y ecle- literatura griega.
1 siásticas tenidas con el lmperio bizantino, era comparativamente pe· Igual import.ancia tuvieron, aunque ahora se las aprecia menos, las
queíio el número de personas que en la Europa occidental de la Edad numerosas versiones ai latín de textos griegos, versiones debidas a los
Media conocía el griego, y prácticamente ninguna de ellas estaha inte· humanistas dei Renacimiento. Gracias a esto se tradujo por primera vez
1 resada en la literatura clásica griega o familiarizada con ella. En la casi totalidad de la poesía, la oratoria, la historiografía, la teología
las escuelas y universidades de Occidente apenas existia la enseííanza y la íilosofía no aristotélica griegas, quedando remplazadas por nue-
dei griego, no habiendo casi manuscrito griego alguno en las. bihliote· vas traducciones humanistas las traducciones medievales de Aristóteles
J y de los científicos griegos. Esas versiones ai latín hechas en el Rena·
cas occidentales.1 ' En los siglos xn y xm se tradujo ai latín un gran
número de textos griegos, fuera direotamente o a través de traducciones SI Respecto a las traduccionee dei s!glo xu, véOJe Charles H. Haskins, StuditU . in the
árabes intermediarias; ahora hien, esa actividad estaba confinada casi Hí.J1ory of Mediaetlal Science, 2a. ed., Cambridge, •Mass., 1927. En lo que toca al mglo :an,
véase Maurice De Wulf, Histoire de l.a philosophie médiémle, 6a. ed., vol. 2, Lovaina, 1936.
t• Respe.:to a los estudios clásicos de los humanistas, !lé4S4 Georg Volgt, Die 'lrieder· El tener W1a bibliografia de las traducc!ones ai ladn de textos griegos sigue siendo un desi·
1 bl!!lebung dei chwc/&en Altmhunu, 3a. ed., vol. 2, Berlín, 1893, pp. 373 y .ss. Sir I. E. derátum muy importante, si bien recientemente se ban becho algunas contribuciones par·
~ Sandys, A History o/ Classical Scholarship, vol. 2, Cambridge, 1908., pp. 1 y ss.
n Esos descubrimientos incluyen a Lucrecio, Tácito, Manlio, varias obru de Plauto y
ciales. Yéase en especial J. T. Muckle, "Greek Works translated directly into Latin before
1350'', Medi~ Studies, 1942, núm. 4, pp. 33-42, y 1943, núm. 5, pp. 102-114. Cazalogw
varios ~iscur.ios y obru ntóricas de Cicerón. Yéase Remigio Sabbadini, IA -~ dei Tran.slati011um et Comtnenlariorum, P. O. Kristeller y F. Edward Cranz, 3 vols., Washington,
codici lazin4 e greci M' 1ecoli XIY e XY l, 2 vols., Florencia, 190.5-1914. Muimilian Mani· D. C., 196().1976. Respe.:to ai est~dio dei griego en la Edad Media, véatue los articulos de
tius, HaNl.xhri/tm antiMr Ãlt.loren in mi.uelaJurlü:hm Biblioth.el..luita~g<m. Leipsig, 1935. Roberto Weiss citados en la nota 11 dei capitulo 1.
,.
t~ En general no ae está ai tanto de que los manuscritos dei siglo xv sobre autorea clá· ie En lo que toca ai estudio de la literatura clásica griega en la Constantinopla medieval,
sicos latinos son probablemente más numerosos que los de todos los siglos anterieres en véase Karl Krumbacher, Geschichte der Õy%0ntinischen Literatur 2a. ed., Munich, 1897,
conjunto. Los editores modernos bacen de lado esos manuscritos, y tal vez &ea menor su pp. 499 y ... No bay duda posible sobre la influencia dírecta de esta tradición bizantina
valor para estableoer un texto critico. Sin embargo, su existencia misma es un fenómeno en los estudios griegos de los humanistas italianos. Aparte de lo anterior, acaso se baya
importante, pues refleja cuán amplia difusión ten.ían los autores clásicos durante e) Re- dado alguna influencia bizantina indirecta en los estudios latinos de los humanistas. La
nacimiento. amplitud de intereres de los humanistas se parece a la de mucbos eruditos bizantinos.
1' Louise R. Loomis, Medieval Hellenism, Lancaster, Pa., 1906. V éase el capítulo vu.

! '
.
\ 122 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 123

cimiento fueron la base de casi •todas las traducciones vernáculas de los no, que el mejor modo de lograr la elocuencia estaba en imitar los
clásicos griegos, y se las leyó con mucha mayor amplitud que los textos modelos clásicos; por tanto, se vieron obligados a estudiar los clásicos
originales. Porque, a pesar de ese notable incremento, el estudio dei y a fundar la filologia clásica. Tal vez sus ideales retóricos y sus logros
griego no alcanzó, ni siquiera durante e! Renacimiento, la misma im- no correspondan ya a nuestros gustos, pero esos ideales f ueron el punto
portancia general que el estudio del latín, pues este último estaba de partida y la fuerza motriz de su actividad, quedando como inci-
enraizado en la tradición medieval de Occidente. No obstante, sigue dental su preparación en lo clásico.
siendo un hecho n()table que los humanistas de Europa occidental to· Más ambiciosa, aunque en mi opinión menos sólida, es la otra inter·
maran en sus manos el estudio de los clásicos griegos justo cuando pretación dei humanismo italiano, que prevalece entre los historiadores
en e! Oriente lo afectaba la declinación y caída dei lmperio bizantino. de la filosofía y es aceptada, también, por muchos otros especialistas.
Si nos preocupamos de recordar estos hechos taB impresionantes, En ella se considera el humanismo como la nueva filosofia del Rena·
de ninguna manera podremos negar que los humanistas italianos fueron cimiento, sur~ida en oposición al escolasticismo, la vieja filosofia de la
los antepasados de los filólogos e historiadores modernos. Incluso un Edad Media.•
historiador de la ciencia no podrá despreciarlos, excepto si elige recor- Desde luego, existe el hecho innegable de que varios humanistas
dar que la ciencia es su tema de estudio, olvidando que la historia famosos -como Petrarca, Valla, Erasmo y Vives- fueron críticos
es el método que está aplicando a ese lema. violentos de la sabiduria medieval, y tendían a remplazarla por la clá·
Sin embargo, los humanistas italianos no limitaban su actividad a sica. Más aún, no hay duda que los humanistas poseian ideales de
lo clásico; por tanto, esa teoria que interpreta el movimiento humanista aprendizaje, educación y vida diferentes a las maneras de pensar me·
simplemente como un surgimiento de los estudios clásicos no es dei dievales. Escribieron tratados sobre cueationes morales, educativas, po·
todo satisfactoria, pues no explica ese ideal de elocuencia persistente- líticas y religiosas que dif erían, por su tono y su contenido, de los tra-
mente buscado en los escritos de los humanistas, no explicando tam· tados medievales dedicados a temas similares.
poco la abundante literatura de tratados, cartas, discursos y poemas Pese a todo esto, esa interpretación del humanismo como una nueva
I· producidos por los humanistas.'º Esas obras son mucho más numerosas
1
filosofia deja sin explicar varios hechos obvios. Por una parte, vemos
'• que las contribuciones de los humanistas al campo de lo clásico, y no a lo largo dei Renacimiento italiano la supervivencia terca de la filo·
~ se las puede explicar como una consecuencia necesaria de los estudios
clásicos. No se espera de un especialista moderno en lo clásico que embargo, esos especialistas notaron sobre todo que los retóricos medimlee m•nifiestan
escriba un poema en latín alabando a su ciudad, que dé la bienven1da ! algunas de las características pereooales que suelen allribuirao a los humanista&. Me gustaría
t a un distinguido visitante extranjero con un discurso en latin o que ) ir más aliá y supooer un nexo profesiooal y literario d.lrecto, dei cual aorían meros
sintomas las similitudes pers0oalee. La opiolóo común es muy diferente. y una mayoría de
1 escriba un manifiesto político para su gobierno. Suele hacerse de lado los historiadores hablf dei ar1 dictaminis como si no hubiera uoa ret&rica humanista o vice·
! este aspecto de la actividad de los humanistas con uri comentario sar- vem. Yéa!e la nota 38 dei capítulo XIU.
l' cástico sobre la vanidad de éstos o sobre su fantasia para componer tt En lo que toca a las cootribuciooe9 de los humanistas a la filosofia, oéase Friedrich

discursos. No niego que eran vanos y amaban el echar discursos, pero Ueberweg, GrundrisS der Gescltichle der Philosophie, 12a. ed., vol 3, Berlin, 1924, pp. 6 y ss.
me inclino por darle una explicación diferente a este aspecto de su Cuido De Ruggiero, Storia deUa filosofia, Tercera Pwrte,. 2a. ed., 2 vols., Bari, 1937. Cio·
ftDlli Ceotile, Scoria deJJa fi/osofi:o italiana, Eugeoio Cario, 2 vols., Florencia, 1969, vol 1,
actividad. Los humanistas no eran eruditos de lo clásico que, por razo- pp. 111·216. Ernst c:.u.ôn:r, Individawn und Kosmos in der Pltilosoplaie der Rerwiuaru:e,
J nes personales, tenían el ansia de la elocuencia, sino al contrario: eran Berlío·Leiprie, 1927. Si se deeean máa lectlll"as sobre el tema de la filosofia reoacentista.
retóricos profesionales, herederos y sucesores de los retóricos medie- vécue P. O. Kn.teller y J. H. Rao.&&11 Ir., "The Study of the Phllosophies of the Renais-
vales, 21 personas que creyeron, algo por aquel entonces nuevo y moder- aa.nce", /ournal o/ tàe History o/ Ideas, 1941, oú.tn. 2, pp. 449-496. Eugeoio Cario, La
{ílo$0/ia / Sioria dei generi le11erari izaliaN /, vol 1, Miláo, 1947, pp. 169-274; id., Der ita/ie.
to Rospecto a la producción )iteraria de los humanistas, véase Voigt, Die IPiederbelebunc nisclie Humanismus, Berna, 1947; id, Filosofi it.aliani dd QIUJllroctrnto, Floreocia, 194.2.
des c~clten Altertltums, vol. 2, pp. 394 y ss. Vittorio Rossi, Il Quattrocelllo, 2a. ed., Milão, Cleto Carbonare., Il secolo XV, Milán, 1943. Ciuseppe Saitta, ll pcuiero italiano nell'·
1933. umane.simo e nel rinascimenzo, vol. 1, L'UTT11Jnesimo, Bolooia, 1949. Yéase tambiéo Charles
z1 Muy pocos especi9listas - entre ellos F raocesco Novati, Heleoe Wieru.szowski y Emst Triokaus, Adversitis 1Voblemen, Nueva York, 1940; id., /11 Our lmage and Likeness, 2 vols.,
• Kantorowici - liun reconocido el nexo entre los humanistas y los retóricos medievales. Sin Chicago, 1970.
.'
.'
124 EL PENSAMIENTO' RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 125

l sofía escolástica, hecho incómodo que suele explicarse hablando de la presentada, por ejemplo, por el ars dictamini y el ars arengandi, pero

1 inercia in1electual de los filósofos respectivos, a quienes casi nadie dándole una dirección nueva, que buscaba las normas y los estudios
! ha leído por siglos y cuyo número, cuyos problemas y cuya produc- clásicos, posiblemente debido a la f uerza de las influencias recibidas de
'
ción literaria casi todos los historiadores desconocen por completo. Por Francia mediado ya el siglo x111. Tras ese nuevo desarrollo del campo
otra parte, una mayoría de las obras de los humanistas es ajena a la vino un crecimiento enorme, tanto en cantidad como en calidad, de.
f ilosofía, incluso en el sentido más vago posible que pueda dársele la enseiíanza y de la producción }iteraria. Como resultado de ese cre·
al término. Si lo leemos, veremos que incluso sus tratados sobre temas cimiento, aumentó considerablemente, asimismo, lo que los humanistas
1 filosóficos parecen, en la mayoría de los casos, bastante superficiales e reclamaban para su campo de estudios. Pedían, y por un tiempo consi·
••
inconcluyentes si los comparamos con las obras de los filósofos clásicos guieron, el predominio categórico de su campo en la educación pri·
• maria y secundaria, y una participación mayor en la prof esional y uni·
o medievales, hecho que acaso le resulte indiferente a un historiador
general, pero que de ninguna manera podrá pasar por alto un historia· versitaria. Esa tendencia en el campo de los estudios gramaticales y
dor de la f ilosof ía. ) . retóricos terminá por af ectar otras ramas del aprendizaje, aunque sin
Pienso que, debido a los últimos avances y a la influencia de la desplazarlas. Pasada la primera mitad del siglo xv tenemos u~ número
aversión hoy día manifestada contra el escolasticismo, se ha dado la ten- creciente de juristas, médicos, matemáticos, filósofos y teólogos profe·
dencia a exagerar la oposición de los humanistas a aquél, y a adjudi- sionales que cultivaron los estudios humanísticos junto con sus campos
carles una importancia en la historia dei pensamiento científico y filo- de estudio especializados. Fue consecuencia de esto que en todas esas
ciencias comenzara a notarse la influencia humanis·ta. La tenemos en la
sófico que ni podían lograr ni lograron. Fue inevitahle la reaccíón
estudiada elegancia de la expresión literaria, en el uso creciente de
contra tal tendencia pero ha resultado igualmente equivocada. Los
materiales clásicos, en un conocimiento mayor de la historia y de los
eruditos que, al leer los tratados de los humanistas, notaron la ausen- métodos críticos y, ocasionalmente, en la importancia dada a los pro·
..
cia relativa de un pensamiento científico o filosófico, llegaron a la con- 1
hlemas nuevos. No cabe duda de que esa influencia del humanismo en
clusión de que los humanistas eran malos científicos y filósofos, inca· las otras ciencias fue importante, pero no af ectó ni el contenido ni la
paces de cumplir lo que pretendían o lo que de ellos esperaban sus sustancia de las tradiciones medievales que esas ciencias incluían. Ocu·
defensores modernos. Me inclino por sugerir que los humanistas italia- rría que los humanistas, por ser aficionados en todos esos campos, nada
nos no eran ni buenos ni ma los como filósofos; simplemente no eran podían of recer en substitución del contenido y la temática tradicionales.
filósofos. 2 ª La crítica humanista a la ciencia medieval suele ser arrolladora, pero
El movimiento humanista no surgió en el campo de los estudios filo- nunca toca los problemas ni los asuntos específicos. Sus cargos prin·
• '
1 '' sóficos o científicos, sino en aquel de los gramáticos y retóricos.2 4 Los cipales consisten en atacar el mal estilo latino de los autores medie·
'•
:1

humanistas continuaron en esos campos con la tradición medieval, re· vales, la ignorancia de éstos en cuestiones de historia y literatura anti·
gua y su interés en cuestiones supuestamente inúliles. Por otra parte, ni
" u Esta afirmacióo oo significa, como ha insinuado Eugeoio Gario ( Giomale criÂco, 1952, siquiera los científicos profesionales más influidos por el humanismo
p. 99). que niego la importancia filosófica dei periodo renaceotista. Véa$e capítulo L
l 2 ' Richard McKeon ha seiiulado correctamente este punto en "Renaissance and Method
sacrificaron nunca la tradición medieval existente en su campo. Es muy
! in Philosophy", Studies in the Hisr.crr o/ /deus, 1935, núm. 3, pp. 37-114. "Este cambio de
significativo que Pico, representante de la filosofia humanista, y Al-
8ubrayado en las tres artes, ese paso de la dialéctica a la gramática, basta eo si para ciato, representante de la jurisprudencia humanis·ta, consideren nece·
explicar los cambios que, se dice, e] Renacimiento provocó" ( p. 87). No me convence e] sario defender a sus predecesores medievales contra las críticas hechas
ioteoto de McKeon de dífeirenciar en el Renacimiento dos teodeocias separadas: uo ioterés por los retóricos humanistas.''
en la gramática, representado por Erasmo, y otro en la retórica, representado por Nizolio.
li El carácter gramático del humanismo italiano inicial, así como su surgimiento antes de la u Y éa.u la deleosa que Pie.o bace de lo8 filósofos medievales aote la crítica de Ermolao
' época de Petrarca, hao quedado ilustrados eo los estudios de Roborto Weiss, TM Dawn Barbaro en P. O. Kri9teller, ".Florentioe Platonism aod its Relatioos witb Humanism anel
o/ Humanism in ltaly, Londres, 1947 ; ià., "Lineameoti per una storia dei primo umaoesimo Scbol88ticism", Clwrch History, 1939, oúm. 8, pp. 203 y "· Quirinus Breco, "Giovanni Pico
fioreotino", Rivista storica italiana, 1948, núm. 60, pp. 349-366; id., ll primo secolo de[f. della Minndola on tbe coofiict of Philosophy and Rhetoric", Journal o/ the Hislory of llkas
' umanesimo Roma, 1949. 1952, oúm. 13, pp. 384-426, reimpreso eo eu libro Chrüliani1y and Humanism, GTaod Rapids,
'
·''
126 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 127

Ahora bien, si los humanistas eran aficionados en la jurisprudencia, ficos. Cuando investigamos acerca de los humanistas, a menudo oímos
la teología, la medicina y hasta la f ilosofía, eran prof esionales en varios afirmar que se trata de escri1ores que trabajaban por cuenta propia y
otros campos. Dominaban el de la gramática, el de la retórica, el de la crearon en la sociedad renacentista una clase social totalmente nueva. 21
poesia, el de la historia y el dei estudio de los autores griegos y latinos. Tal afirmación es válida, si bien matizándola en ciertos sentidos, para
Además, invadieron el campo de la filosofía moral y de vez en cuando un número muy reducido de humanistas sobresalientes, como Petrarca,
inten1aron pasar ai campo de la lógica, intentos que consistían sobre Boccaccio y Erasmo. Sin embargo, éstos constituyen una excepción: la
todo en reducir ésta a la retórica." vasta mayoría de los humanistas ejercía una de dos profesiones, y en
Sin embargo, ninguna contribución directa hicieron a las otras ramas ocasiones ambas. O eran secretarios de príncipes o de ciudades, o eran
de l a f ilosofía o de la ciencia, Además, gran parte de la polémica hu· maestros de gramática y retórica en universidades o escuelas secunda·
29
manista contra la ciencia medieval no tenía como propósito criticar el rias. Esa opinión, tan a menudo repetida por los historiadores, de que
contenido o los métodos de dicha ciencia, sino que simplemente repre· el movimiento humanista tuvo su origen f uera de las escuelas y univer·
senta una fase de la "batalla de las artes"; es decir, una propaganda sidades es un mito, ai que ningún apoyo dan las pruebas concretas.
ruidosa en favor de la erudición, que los humanistas lanzaron para Más aún, en tanto que cancilleres y maestros, los humanistas, lejos de
neutralizar y vencer las pretensiones de las ciencias rivales. 21 De aqui representar una clase nueva, eran herederos y sucesores prof esionales
que me incline a considerar a los humanistas como retóricos profesio- de los retóricos medievales, los llamados dictatores, que seguían una
nales poseedores de una idea nueva y clasicista de cultura, quienes carrera exactamente en esas dos profesiones. El humanista Coluccio
intentaron afirmar la importancia de su campo de actividad e imponer Salutati ocupó en la sociedad y en la cultura de su tiempo justo el
sus normas a otros campos dei aprendizaje y la ciencia, incluyendo la mismo puesto que, ciento cincuenta afios antes, ocupara el dictator
0
f ilosofía, y no como filósofos en quienes una curiosa falta de ideas f i· Pedro de Vineis.' No obstante, entre ellos había una diferencia impor·
losóf icas iba acompaiiada de una peculiar inclinación por la elo· lante. El estilo literario de Salutati es muy diferente al de Pedro de
cuencia y por el estudio de los clásicos. Vineis o al de Rolandino P assageri. Además, el estudio y la imitación
Trataremos de apoyar este bosquejo con algunos hechos más especi· de los clásicos, de tan poca o de ninguna importancia para los dictatores
Micb., 1968, pp. 1·92. Reepecto a la defen91 de los juristas medievale9 contra Valia, becha
medievales, f ue uno de los principales intereses de Salutati. Finalmente,
por Alciato, uéase Remigio Sabbadini, Sroria dei ciceronianismo, Turín, 1885, pp. 83-92.
Biagio Brugi, Per la sloria deUa giunsprudenza e deUe uniuersiià italiane: Nuoui ""8ci •a ] acob Burckhardt, Die Kullur der Renais»nce in ltalien, 131. ed., Stuttgart, 1921,
p. 151.
Turln, 1921, pp. 111 y ss.
1 20
H Valia, Agrícola, Niz.olio y Ramus repre9entan esta lógica humanista. Respecto a Nizolio, Respecto a las carreras de los humanistas, véase Voigt, Die ll'iederbelebung deJ
ué0$e Rich>rd McKt...,,n. "Renuissancc and Method in Philosophy~, Studits in 1he llistorr o/ clasischen Alterthums, y RO!Si, ll QuClltrocenta.
90
ldeas, 1935, núm. 3, pp. 105 y ss. Mario Nizolio, De lltris prineipüs, Quirinus Brcen, 2 vols., En lo que toca a la relación de Salutati coo la tradición medieval dei ars diciaminiJ
Roma, 1956. Para Ramus, lléaJe Perry Miller, The Nt:llJ England Mind, Nue•a York, 1939, 7 el ars notaria, véa..se Franccsco Novati, La &iovirinza di Colaccio SalUl4ti, Turín, 1888,
pp. 154 y u . 'Walter J. Ong, Ramus, Method, and 1Ae Decuy o/ Dialogue, C•mbridge. Mass., PP· 66 y ss. Se reprodujo este capítulo, si bieo con omisiones importantes. en su libro
1958. Frcchi e m.inii dei DUfento, Milán, 1900, pp. 299-328. Hay en Nápolea un manuoorito de
27
Respecto a la batalla de las artes, uéa.se The Baule o/ the Seuen A rts .. . by Henri princípios dei siglo Xv, transcrito para un joven estudiante de retórica, que incluye las cartas
tf Andeli, L. J. Paetow, Berkeley, 1914. Existió una rivalidad entre la medicina y las leyes, de Pedro de Vineis, junto coo las de Salutati y las de Pellegrino Zambeccari, contemporáneo
en la que no intervinieron directamente los humanistas. Véase Lynn Tbomdike, "Medicine de este último (Ludovico Frati, "L'epistolario ine<lito di Pellegrino Zambeccari", Alli e
versus Law at Florence", Science and Thought in the Fifteenth Century, Nueva York, 1929, Memorie della R. Depau11:ione di Storio patria per le prouincie di RomofM, 4• ed., 1923,
pp. 24-58. Tras este tipo de literat1>ra tencmos la rivalidad de las varias facultadcs y cien· núm. 13, pp. 169 y ss.) . Existe otro manuscrito con el mi!Dlo contenido en La Rara (Epást&-
cias que componían laa universidades, rivalidad expre91da en las conferencias inicialee lario di PeUe~M Limbeccari, Ludovico Frati, Roma, 1929, pp. xvii y ss.). Debo esta infor·
con que cada aiio cada profesor abria su curso, ala bando su propio campo de actividad. mación a Ludwig Bertalot. Aunque tenemos que rechai.ar el intento de Burdach por bacer
Una de esas conferencias, dei humanista F'ilippo Beroaldo el Viejo, quien fue profesor de Cola di Rienzo la figura central dei Renacimiento italiano, es de aeiialar que Cola fue
eo Bolooia, lleva por titulo "Declamatio philosophi, mediei et oratoris" (en su li bro Varia notario de profesión, y debe mucho de su reputación ai estilo de sus caTtas y sua ~
Opascula, Basilea, 1513) . Desde luego, el premio va a manos de! orador. l'éase también Burdacb, qllien aubraya la influencia de las ideas joaquinistas en Cola, no logra refutar b
Coluccio Salutati, De nobilitate legum et medicinae, ed. por Eugenio Carin, F'lorencia, 1947, objeción de que Cola ae familiarizó con csas ideas después de su huida de Roma (Rienzo
PP· xlvi Y ss.; id., La Disputa delle Arti nel Quat1rocen10, F'lorencia, 1947. ..nd die geistige ll'andlung seiner Zeic, Berlin, 1923·1928, p. 10).
128 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA
EL HUMANISMO Y E L ESCOLASTICISMO 129
mientras que los dict<Uores medievales tuvieron una importancia consi· la instrucción escolar dei Renacimiento, como lo había sido durante la
derable en la política y la administración, los humanistas -gracias a Edad Media. 83
su preparaci6q clásica- consiguieron para su clase un prestigio cul- Ese nexo entre los humanistas y los retóricos italianos medievales,
tyral y social mucho mayor. De esta manera, los humanistas no inven- que vemos en el campo de lo epistolografía, aparece también en el de
taron un campo de estudio o una actividad profesional nuevos, sino que la oratoria. Una mayoría de los historiadores de la retórica da la im·
introdujeron en las tradiciones de la retórica italiana medieval un estilo presión de que la retórica medieval se interesaba exclusivamente por
nuevo, clasicista. El culparlos de no haber inventado los estudios de el género epistolar y los sermones, representados por el ars dictaminis
retórica equivaldria a culpar a Giotto de no haber inventado la pintura. ' 1 y el un tanto más joven ars praedicandi, y que en la Edad Media no
Confirma ese mismo resultado un examen de la producción !iteraria había una oratoria secular.3 • Por otra parte, una mayoría de los histo·
de los humanistas, cuando tratamos de identificar los antecedentes me· riadores dei humanismo renacentista piensa que la abundante produc·
dievales de los tipos de literatura que cultivaban.u Si hacemos de lado ción de oratoria humanista, aunque de valor un tanto dudoso, era una
las ediciones y las traducciones de los humanistas, sus intereses en lo innovación conseguida en el Renacimiento gracias al esfuerzo de los
clásico están representados, sobre todo, por sus numerosos comentarios humanistas por revivificar la oratoria antigua, así como debida a la
de los autores antiguos, asi como por cierto número de tratados misce· vana fantasia que tenían para la preparación de discursos. 36 Ha sido el)
láneos y sobre la Antigüedad. Son muy f recuentes las obras teóricas afios recientes cuando algunos especialistas comenzaron a darse cuenta
sobre gramática y retórica, en su mayoría escritas para usarias en la de que en la Edad l'vtedia habia un considerable volumen de oratoria
escuela; más numerosa es la literatura dedicada a la historiografia secular, especialn1ente en Italia. 36 No dudo en sacar como conclusión
humanista. Los diálogos y los tratados sobre cuestiones de f ilosofía que la elocuencia de los humanistas f ue una continuación de la ars
moral, educación, política y religión han atraído gran parte de la aten- arengandi medieval, tal y como su epistolografia continuaba la tradi-
ción de los historiadores modernos, pese a tan sólo representar una ción dei ars dicta:minis. Cierto es que, ai tomar en sus manos un tipo
proporción relativamente pequeõa de la literatura humanista. Coo mu- de producción !iteraria desarrollado por sus predecesores medievales,
cho, los poemas, los discursos y las cartas representan la parte mayori· los humanistas modificaron el estilo de acuerdo con su gusto y con las
taria de esa literatura, aunque estén relativamente olvidados y en parte
ss Hay muchos tratados humanistas de epistolografía, así como muchas colecciones de
inéditos. "salutalionsh en los manuscritos humanistas. Las cartas de una mayoría de los principales
Si buscamos los antecedentes medievales de esos varios tipos de lite· humanistas fueron reunidas e imprimidas, ante todo, como modelo para la imitación lite-
ratura humanista, tendremos que volver, en muchos casos, a los gra· .
rana.
S• Charles S. Baldwin, Medieval Rheroric and Poetic, Nueva York, 1928, pp. 206 y ss;
máticos y retóricos italianos de la tardia Edad Media. Esto resulta de lo
pp. 228 y ss, en esp~ial la p. 230. Richard McKeon, "Rethoric in the Middle Ages",
más obvio en los tratados teóricos sobre gramática y retórica.u Igual- S~cu.lu.m, 1942, núm. 17, pp. 27 y ss. Respecto ai ors dictaminu en Italia, especialmente
mente obvio, aunque menos reconocido en lo general, es el nexo entre durante el siglo xu, vé<ue Charles H. Haski:ns, Sru.dies in Medieval Culture, Oxford, 1929,
la epistolografia humanista y el ars dictaminis medieval. Desde luego, pp. 17(}.192. Yéase también Ernst Kantorowicz, "An 'Autobiograpby' of Guido Faba", Me.
el estilo es diferente y en el Renacimiento ya no se utilizaba el tér- dieuol and Renaissance Sru.dies, 1943, núm. l, pp. 253·280; id., "Anonymi 'Aurea Gemma' ",
Medievo/ia el H1<ma11is1ica, 1943, núm. l, pp. 41·57. Helene Wieruszowski, "Ars dicromúús
mino medieval dictamen, pero la f unción !iteraria y política de la carta in the time of Dante", ibid., pp. 95-108. Res~to ai ars praedicandi, véase Harcy Caplan,
era básicamente igual; a la vez, la capacidad de escribir una carta en Medieool Artes Proedicanài. 2 vols., lthaca, N. Y., 1934-1936. Thomas M. Charrland, Artes
latín correcto y elegante seguía siendo una de las metas principales de proedicanài, París-Ottawa, 1936. AI parecer, la contribución de ltalia a la literatura sobre
la predicación fue pequena y tardía.
• 6 Voigt, ~ Wiederbelebung des c/.assischen Alterthums, pp. 436 y ss. Se tiene una
n En lo que toca a la producción !iteraria de los human.lstas, véase Voigt, Die Fieflet·
belebung des c/.ass~chen Alrerrhums, y Rossi, ll Quatrrocento. Respecto a la historiografia, colección típica de di~cursos humanistas en Ludwig Bertalot, "Eine Sammlung Paduaner
'' Reden des XV. Jabrhunderts", Qu.ellen und Forschungen au.s italienischen Archiven unà Bl-
fléase Eduard Fueter, Geschichte der neueren H j$1oriographie, 3a. ed., Munich, 1936.
'' bliatheken, 1936, núm. 26, pp. 245-267.
u Sobre los ~studios de gramática de los humanistas en su relación con la Edad Media, ' se Y éonse los estudios de Ernst Kantorowicz y Helene Wieruszowski, así como, en espe·
véase Remigio Sabbadini, ÚJ scuo/.a e gli studi di Guarino Guarini Yeronese, Catania,
eia!, Alfredo Galletti, L'eloqu.enzo dalle origini ol XY I secolo, Srorío dei generi litierari
1896, pp. 38 y ss.
itoliani, Milán, 1904-1938, pp. 430 y ss.
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130 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 131

normas clásicas. Sin embargo, la práctica de elaborar discursos no f ue d~ esos tipos tenían su modelo clásico, pero otros -por ejemplo, los
una invención de los humanistas, claro está, pues difícilmente estará discursos académicos pronunciados ai comienzo dei afio 1 de un curso
ausenté en alguns sociedad humana; en la Italia medieval se la puede en lo particular o cuando se confería o recibía un grado académico-
retrotraer por lo menos ai sigla x 1.s1 no tenían ningún antecedente clásico, y todos ellos estaban enraizados
Incluso la teoria de la oratoria secular, representada por regias e ins· e~ ~~stumbres e inst!tuciones de la Itali~ medieval muy específicas.
trucciones, así como por modelos de discursos, aparece en Italia ya ~1f1c1lment~ habrán inventa~o los humanistas alguno de esos tipos de
en el sigla x111. A decir verdad, prácticamente todos los tipos de oratoria discursos; ~unplemente se hmitaron a aplicar sus normas de estilo y
humanista tienen sus antecedentes en esta literatura medieval: discursos de _eleganc1a a una forma de expresión literaria ya existente, satis·
para bodas y f unerales, discursos académicos, discursos políticos por f ac1endo con ello una necesidad, tanto práctica como artística, de la
parte de f uncionarios o embajadores; discursos decorativos en ocasio· sociedad de su tiempo. Los eruditos de hoy en día tienden a comentar
nes solemnes y, finalmente, discursos jurídicos.º Desde luego, algunos desdeiiosamente esta oratoria humanista, exponiéndola como una retÓ·
rica vacía y carente de "pensamie!'ltos profundos". Sin embargo, los
s1 Gale1ti, L'eloquenta. humanistas se proponían tan sólo el hablar bien, de acuerdo con sus
se Galle1ti examina algunos de los tratados y modelos de retórica dei siglo XIII en
gustos y con la ocasión, y queda por verse si tuvieron menos fort una
L'eloquenza, pp. 454 y u. El libro de Cuido Ftba Parlamenli ed epistole, ed. por Augusto
Gaudenzi, J suoni, le forme e le parole dell'odiemo diale110 della cillà di Bologna, Turin, en este sentido que sus predecesores medievales o que sus sucesores
1889, incluye varioe discursos modelo. Se ban insertado modelos de discursos políticos y mod~rnos. Aunque ~uestras de "retórica vacía", sus discursos nos pro-
funerales en el anónimo "Oculus Pastoralis" y en oiros tratados escritos para instruir a porc1onan una sorprendente cantidad de inf ormación sobre la vida per·
funcionarios de )a ciudad (Fritz Hertter, Die Podes1àli1era1ur /uiliens in 12. und 13. sona! e intelectual de aquellos tiempos.
Jahrhundert, Leipzig-Bcrlin, 1910) . Se tiene un ejemplo de la primera oratoria académica
«in Hermann Kantorowic:t, "The Poetical Sermon of a Mediaeval Jurist", Joumal o/ the
Los humanistas sucedieron a los cronistas medievales mediante su
1Tarburg lns1itu1e, 1938-1939, núm. 2, pp. 22·41. En lo que toca ai discun!O de un embajadoir, historiografía; se. dif erencian de estas últimos tanto en los méritos
89

j 11éase G. L. Haskina y Ernst Kantorowicz, "A Oiplomatic Mission of Francis Accursiua and
hi.s Oration before Pope Nicholaa III", English Historical Review, 1943, núm. 58, pp. 424-
447. Froncesco Brandileone estudió los antecedentes !e.gales medÍevales de los di9Cursos nup.·
como en las deficiencias. Caracteriza la historiografia humanista
el interés retórico por manejar un latín elegante, asi como por la
cialC8 de los humanistas en Saggi sulla .rioria della celebrazione dei matrimonio in luilia, aplicación de la crítica filológica a los materiales que servían de f uente
Milán, 1906, pero no menciona ningún discurso nupcial prehumanista. En .Jgunas de las a la historia. En ambos sentidos, son predecesores de los historiadores
0
primeras instrucciones dadas a los abogados se iocluían regias y modelos retóricos; véase modernos.• El combinar los requerimientos de un buen estilo con los
M. A. voo Bethmann-Hollweg, Der Ciuilprozess des gemeinen Rechts in geschichtlicher de una investigación cuidadosa era tan raro y difícil entonces como
Efllwicklung, vol. 6, Bonn, 1874, pp. 148-159. La Rhetorica Novíssima, de Boncompagno,
Augusto Gaudenzi, Bibliotheca iuridica medii ae11i: $cripta Anecdota glossatorum, vol. 2,
ahora. Sin embargo, ese nexo entre la historia y la retórica, que parece
Bolonia. 1892, no es un tratado sobre el dictamen, como parecen supooer mochos pudito11, tan típico dei Renacimiento, f ue obviamente una herencia medieval.
sino un instructivo retórico para los abogados. Tambiéo el tratado de Jacques d~ Dinant, No ocurre tan sólo que en las escuelas medievales la enseiianza de la
publicado por André Wilmart, Anatecta Regine11$Ía, Ciudad dei Vaticano, 1933, pp. 113-151, historia estuviera subordinada a la de la gramática y la retórica, sino
cubre la oratoria judicial.
• Suele afirmarse que los humanistas no culti•aron la oratoiria judicial (Rossi, li QutJttro·
que tenemos bastantes historiógrafos y cronistas que eran gramáticos y
' cento, p. 154) ; sin embargo, contradice tal idea un pasaje de Jovio CBurckhardt, Die Kultur
àana di Firenze, Roma, 1887-1917, núm. 195, p. 296); "contractus Guarini Veronensis pro
der Renaissance, p. 176), y hay unos cuantos ejemplos de discursos judiciales compuestos
comite Jacopino, Ric", 421 f. 43. EI título de oiro discurso modelo indica que también el
par humanistas (Leonardo Bruni Aretino Humanistisch·Philosophische Schri/ten, Hana
famoso discurso de Pico pertenece a un tipo formalmente establecido: "ad collígendos
Baron, Leipz.ig, 1928, p. 179; Jules Paquier, De Phil.ippi Beroaldi lunioris vita et Jcriptis,
audicntíum animos in disputatione fienda", Ric, 421 f. 28.
Paris, 1900, pp. 96-113). No se ha lle,ado a cabo una investigación sistemática de la ora.
toria humanista y de sus antecedentes medievales. Deberá incluir un estudio de las rela- ª' Fueter no examina las relaciones entre la historiografia medieval y la human.ista.
ciones mutuas entre la elocuencia sagrada y la secular, así como de las posibles influenciaa •o Quisiera mencionar a Carolus Sigonius debido a su exa.men maestro de la cédula falsifi·
bizantinas. J'éase Krumbacher, Die Geschichte der byzantinischen Lileratur, pp. 454 y s.s, y cada de Teodosio ll para la Univemdad de Bolonia (Opera Omnia, vol. 6, Milán, 1787,
pp. 470 y ss. A veces aparecen en los títulos el respaldo legal de los discursos nupciales; o. g., pp. 985 y ss.). Su comentario sobre la tarea de la historia, hecho en relación con l<i donación
! "contractus matrimonialis compillatus per Manfredum de Justis Veronensem" (cod. Laur. de Constantino, es una cita tomada de Cicerón: "Primam legem histariae esse ui ne quid
falsi audeat, ne quid veri non audeat" (ibid., p. 985: cl. De Oratore, II, 15, 62).
~•.
Asbb. 271; cf. Cesare Paoli, 1 codici Ashburnhamiani della R. Biblioteca !i!ediceo-Laurm-
132 EL PENSAllfIENTO RENACENTIST A Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 133

retóricos profesionales.•1 Incluso la costumbre renacentista de que prín- hasta el siglo x 111 f ue bastante modesta su participación en la poe-
cipes y ciudades nombraran historiógrafos oficiales, que escribieran su sia rítmica y didáctica.•• Es ya pasada la primera mitad del siglo XIII
historia, parece tener algunos antecedentes en la l talia medieval." cuando percibimos en l talia notable aumento de la producción de poe-
Una mayoría de los tratados y los diálogos filosóficos de los huma- sia en latín, así como el surgimiento de la enseiianza de la poes{a en
nistas no pasa de ser, en realidad, tratados morales; y muchos de escuelas y universidades. Este desarrollo coincide con las primeras hue-
ellos están dedicados a temas ya estudiados en la literatura moral de la llas dei humanismo italiano, y grande es la tentación de atribuirlo a
Edad Media. Desde luego, hay diferencias importantes en el estilo, la influencia francesa.•• ·
en el tratamiento, en las f uentes y en las soluciones. Sin embargo, no Lo mismo puede decirse, aunque con mayor confianza, de los comen-
conviene pasar por alto los rasgos comunes que tienen los temas y los tarias sobre los clásicos latinos, que son resultado directo de la ense-
patrones literarios. Hasta donde yo sé, todavia no se lleva a cabo un iianza escolar. A ·menudo se afirma que, a lo largo de la Edad Media,
estudio comp·arativo total de los tratados morales medievales y renacen- Italia estuvo más cerca de la tradición clásica que cualqúier otro país
tistas, aunque en algunos casos específicos se ha seiialado l~ relació~ europeo. Sin embargo, cuando tratamos de encontrar en la Edad 'Media
existente." Una vez más. es necesario agregar que el nexo mismo hab1- huellas del tipo de comentaria humanista existente, en Italia apenas
do entre retórica y filosofia moral, t.an claro en el Renacimiento, tiene tenemos comentarias sobre un poeta o un prosista latino antes de la
sus antecedentes en la Edad Media. En no menor medida que la retó- segunda mitad del siglo XIII; por otra parte, a partir del ex tenemos
rica antigua, la medieval citaba e inculcaba continuamente sentencias muchos comentarias _de esa clase en Francia y en los otros países occi-
que interesaban a autores y lectores debido a su contenido y a su forma. dentales que siguieron el desarrollo f rancés." Fue después de 1300
Más aún, hay algunos casos en que los retóricos medievales escrib.ieron
•• Novati y Monteverdi, Le Origini, Francesco Novati, L'in/lusso dei pensiero '4tino sopra
tratados sobre temas de la f ilosofía moral, o discutieron las m1smas
la ci'lliltà italiafl4 nel Media Evo, 2a. ed, Milán, 1899. Umberto Ronca, Cultura medioevale e
cuestiones morales en que ejercitaron sus plumas y sus mentes sus poesia latina d'ltalia nd secoli X I e XII, 2 voJs.:, Roma, 1892. F. J. E. Raby, A His1«7 o/
sucesores, los humanistas del Renacimiento... Secular úuin Poetry in 1~~ Midák A1es, 2 vols., Oxford, 1934,
Es menos claro el nexo entre los humanistas y los retóricos italianos .. En l talia, el aurgimiento de la poesia en latín se da con d grupo paduano de los
medievales en el campo de la poesia en latín. Con base en las pruebas "prebumanistas". V éase Bertoni, ll Duecento, pp. 272 y u. Natalino Sapegno, li Trccent-O,
Milán, 1934, pp. 149 y ss.
existentes, se diría que, hasta el siglo x111, la composición de versos se
" Es un desiderátum de primer orden un estudio totalizador de la literatura medieval
cultiva menos en las escuelas italianas que en las francesas. En la tem- Y <renacentista compuesta por los comentarios sobre los autores clásicos. Se tieno mucha
prana Edad Media se compusieron en l talia épicas históricas y pane- información dispena respecto a los comentarios acerca de autores particulares. Manitius
gíricas, así como epitafios en verso, en abundancia, pero, al parecer, enumeró los comentarios escritos antes dei aiio 1200 eo Gescllicllte der lateiniscllm Lüe-
rotur des Mittelalters. Hay un interesante panorama de csos comentarias, hasta 1300, ~­
n Por ejemplo Boncompagno de Signa CLiber de obsidione A nconae, C. C. Zimolo, dido en cl libro do B. H. (Hauréau), Histoire ü11éraire de la Fronce, 1885, núm. 29,
Bolonia, 1937) y RoJ.indino de Padua (Cronica, Antonio Bonardi, Ciuà di CosteUo, l~ pp, 568-583. Hauréau enumera un solo comentario que considere proveniente de I talia.
1908). También aon de origen italiano ciertas glosas legales sobre Séneca, escrita& en el si·
•• Ciulio Berton~ /l Duecento, p. 263. Maquiavelo estaba en la nómina de la Universi- glo xu (Cario Pascal, Letteratura latina medievale, Catania, 1909, pp. 150.154) . Existen
dad de Pisa p•ra cscrihir su historia florentina. asimismo alguoos ·comentarios italianos sobre Marciano Capella pero más se refieren a la
, , Allan H. Cilbcrt, Mochiovell••s Prince and /u Forerunners, Durham, N. C., 1938. La •
enscnanz.a de las " artes" que de 1os " autores" • .....,,,
' ·· paduanos comenzaroo a cstudiar
· las
cuestión De nobilitate, tan apreciada por los humanisras dei siglo n , fue explorada Ja en t ragedias de Séneca y, terminado el siglo x111, comenzó a aumentar el número de comen·
el siglo xnr (Ciulio Bertoni, "Una lettera amatoria di Pier della Vign'A'', Ciomale storico tarios eohre los clásicos. Que esos primeros comentadores italianos estaban familiarizados
delta lelleratura italiana, 1911, núm. 58, pp. 33 y ss.). En los tratados humanistas 60bre la con la obra de sus predecesorcs franceses ha sido demostrado, en e) caso de Giovann i dei
dignidad y la felicidad dei bombre se continuaron, también, los debates mcdievales (Cio· Virgilio, por Fausto Chisalberti ("Giovanni dei Virgilio espositore delle 'Metamorfosi' ",
1 vanni Centilo, "íl conceito dell'uomo nel Rinascimento", ll ~nsiero italiano dei Rinasci· Ciomale Dantesco, 1933, núm. 34, pp. 31 y ss. ), Eva M. Sanford notó que hay relaciones
J m.enio, 3a. ed~ Florencia, 1940, pp. 47·113).
H Boncompagi10 de Signa escribió dos tratados morales: Amicilia, ed. por Sarina Nathan,
entre los comentarios medievales y los humanistas ("The Manuscripts oi Lucan: Accessus
and Marginalia", Speculum, 1934, núm. 9. pp. 278-295). En lo que toca a la historia y la
Roma, 1909, y De maio senectutis ed senii ed. por Franccsco Novati, Rendiconti della Reale forma de los comentarios medievales, 11ta1e E. A. Quain, "The Medieval Accessus ad
1 Accademia dei Lincei, Classe di Scien:e Moroli, Storiclle e Filologiclle, 5a. serie, 1892, . ~ auctorcs", Traditio, 1945, núm. 3, pp. 215-264. R. W. Hunt, "Tbe Introductions to the
' 'All'tes' in the Twelfth Century", Studia Mediaevalia in hC1norem admodum Reverendi Patris
l núm., l, pp. 50·59.
1 ·,

1
134 EL PENSA MIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 135

--o sea, tras la primera f ase dei humanismo- cuando ltalia produjo de Montecasino, las bibliotecas italianas estaban peor abastecidas de
un número creciente de esos comentarios. Además, muy pocas pruebas los poetas clásicos latinos que algunas de Francia y Alemania; se
existen de que en Italia se hicieran estudios dei pasado antes de la ha notado que los humanistas dei siglo xv descubrieron una mayoría
segunda mitad dei siglo x111." de sus manuscritos en otros países, no en Italia. Parece inevitable sacar
Si contamos con información abundante sobre la lectura de poetas en conclusión que el estudio de los autores latinos clásicos estuvo com·
y prosistas latinos en las escuelas medievales de F rancia y otros países parativamente descuidado en ltalia en la temprana Edad Media, y que
occidentales, y si centros tales como Chartres y Orleáns debieron mu- se lo trajo de F rancia en la segunda mitad dei siglo x111." De esta
cha de la fama que tenían en el siglo XII y princípios dei XIII al estudio manera, los humanistas italianos tomaron en sus manos la li1bor de sus
de los clásicos latinos:• las f uentes italianas están calladas durante predecesores franceses medievales justo cuando en Francia comenza ba
ese mismo período, y únicamente comienzan a hablar pasada la pri- a declinar el estudio de los clásicos. Y si bien la erudición clásica de
mera mitad del siglo x111.'º Fue a comienzos dei siglo XIV cuando en las los primeros humanistas estaba, por su alcance y su metodología, más
escuelas y universidades italianas quedó firmemente establecida la cerca de la tradición medieval, la del Renacimiento posterior f ue mu-
.l cho más allá de cualquiera de los logros conseguidos en la Edad Media.
1, enseiianza de la poesia y de los autores clásicos, enseiianza que conti·
En consecuencia, si tomamos en cuenta toda la producción !iteraria de
,•i' nuó sin interrupciones durante todo el Renacimiento.• 1 Excepto por la
los humanistas italianos, !legamos a la conclusión de que el movi-
Raynwndi losephl Martin, Brugis, e. 1949, pp. 85·112. R. B. C. Huygens, "Acce9Sus ad miento humanista parece haberse originado de una fusión entre el
Auclores", Latomw, 1953, núm. 12, pp. 296-311, 460-484. Cf., lambién Ludwig Ber1alo1, 1 '
interés novedoso por el estudio de los clásicos, importado de F rancis
'
Deutsche Literatur:oitung, 1911, núm. 32, pp. 3166-3169. bacia fines dei siglo XIII, y las tradiciones muy anteriores de la retó-
EI manuscrito 404 de la Biblioteca Picrponl Morgan, de Nueva York, es una excepción rica italiana medieval. ·
impor1an1e, que merece mayor esludio, pues fue escrito en la Italia dei siglo xn y conriene
las obras completas de Horacio, con glosas muy .tempranas (Meta Harrsen y George K.
Hemos visto qu~ los humanistas no vivieron f uera de las escuelas
Boyce, ltalian Manuscripts in the Pkrpc>int Morgan Libr01)', Nueva York, 1953, núm. 7, y universidades, sino que estuvieron íntimamente ligados a ellas. Los
p. 6. Luisa Banli me ha confirmado la fecha dei manuscrito.. Véase también Ca1alo11W humanistas solían encargarse de las cátedras de gramática y retórica;º
Transla1ionum et Commentariorum, ed. por P. O. Kristeller y. F. Edward Cranz, 3 vols., es decir, las mismas ocupadas por sus predecesores medievales los
'
f)1
Washington, D. C., 1960-1976. Der Kommentar in der Renai3sance, ed. por Augus1 Buck y
dieta.tores. De esta manera, es en la historia de las universidade~, de
1,, Ot10 Herding, Boppard, 1975.
.'"'j"
' '' 41 Y é<ue Sabbadini, Le 1coperie.

•• Jules Alexandre Clarva~ w écoles de Cltartres au ~ ã~, Paria, 1895. Leopold O...
las escuelas y de sus cátedras donde se vuelve más clara la relación
de los humanistas con la retórica medieval. Sin embargo, dada la in-
•;' lisle, "Lcs écoles d'Orléans au douzieme e t au l'reiziemc siiclc", Annuaire-Bulletin de k> St>- fluencia dei humanismo, esas cátedras suf rieron un cambio que afectó
• ciéu de lhistoire de Fronce, 1969, núm. 7, pp. 139-154. VéaJe también The Baule o/ the Seven sus nombres, así como su contenido y sus propósitos. Hacia comienzós
Ârls, ed. por Paelow. En lo que loca ai conlraslc cnlre artes y authores, véase Eduard dei siglo XIV la poesia aparece en las universidades italianas como un
Nordcn, Die antike Ku.nstproJa, vol. 2, Leipt.ig, 1898, pp. 688 y s.s., pp. 724 y s.s. AI malcrial
ya muy conocido que se tiene sobre cl esrudio de los authore1 cn la Francia medieval,
tema de enseiianza especial. A partir de allí, se consideró que la ense-
me gustaría agregar el siguicnte pasajc, tomado dei cronista Landulfo Junior, ai que ai iianza de la gramática era, sobre todo, tarea de los profesores de los
• parecer nadie le ha prestado alcocióo: "revocare Yordanum de Clivi a província que primeros niveles, quedando en manos de los humanistas las cátedras
dici1ur Sancli. Egidii in qua ipse Yord>anus lcgebat lcctioncn auctorum oon divinorum 8ed
paganorum" (Hi<tora Mediolaneni.s, Cario Casliglioni, Bolonia, 1934, p. 18). EI acon1eci- Uni~erJities,Urbana-Champaigne, 1910, p. 60). A dccir verdad, la promesa si IC cumplió
micn10 dcbc lener una fecha ligeramentc posterior a 1100 d.e. en la cvolución dei humanismo italiano. En ltalia nunca cesó la enseiianu de los aurores
•• Tal Tez la prueba más antlgua de que en una cscuela italiana . de la Edad Media se clásicos a partir de esa fecha memorable que coincide con la época aproximada co que
leia a los aurores clúicos sea un registro criminal dei robo de "tre& libras de Ovidio" Petrarca estudiaba en Bolonia.
62 Respecto a las influencias franctl'as en el humanismo italiano dei siglo iuv, véase
sufrido por un profesor de gramática de Bolonia ( 1294) ; véase O. Ma22oni Toselli, Raccol\IÍ
.:·1 stotici estratli dalrarchiuio criminale di Bolosna, vol. 3, Bolonia, 1870, pp. 39 y s.s. también B: L. Ullman, "Some Aspects of the Origin oi halinn Humanism", Philological
' 61 En 1321 Giovanni dei Virgílio fue nombrado profesor en Bolonia, siendo sus malerias Quarttrly, 1941, núm. 20, pp. 20-31. Es de fecha incluso anterior ( 1277) la conespondencia
'I' entre dos notados respecto ai préstamo de un manuscrito de las i'rfetamor/osis, de Ovídio
' versificación, Virgílio, Es1acio, Lucaoo y Ovídio ' ( Ghisalberti, "Giovanni dei Virgílio",
pp. 4 Y .ss. ). L. J. J>aerow comenta ese documento de la siguiente manera: "Era un buen (li Notarwlo a Perugw, Roberto Abbondanza, Roma, 1973, núm. 199, pp. 252·254).
63 Burckhardt, Die Kultur der Renaissance in l talien, p. 154.
principio [. .. ) pero aquella promesa no llegó a cumplirse" (The Arts Course ai Medic1111l
136 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 137

mucho más avanzadas de poesía y de elocuencia. Esta última era el equi· de la Antigüedad contaban entre los prosistas que era usual estudiar
valente de la escritura en prosa y dei discurso. La ensefianza de la en las escuelas. La f ilosofía moral tuvo siempre una cátedra aparte,
poesía y de la elocuencia era a la vez teórica y práctica, pues el prof e· y solía estudiársela con base en la Ética y en la Política de Aristóteles.
sor humanista instruía a sus alumnos en la composición de versos y de Sin embargo, comenzado ya el siglo xv, muy a menudo eran los huma·
discursos mediante regias y modelos. Como se consideraba a los auto· nistas quienes ocupaban la cátedra de f ilosofía moral, por lo común
res latinos clásicos los principales modelos por imitar, su lectura estaba combinándola con las de retórica y poesía. 6 ' Dicha combinación refleja
inseparablemente relacionada con la ensefianza teórica y práctica de la la expansión dei saber humanista ai campo de la filosofía moral. Tam·
poesía y de la elocuencia. bién eran los humanistas quienes comúnmente impartían las cátedras
De esta manera, podemos comprender por qué los humanistas de los de lengua y de literatura griegas, que f ueron una innovación llevada
siglos x1v y xv pref irieron llamar poesía a su campo de estudio, y a cabo en el siglo XIV. Esta ensefianza no se encontraba tan íntima·
1
por qué a menudo se los consideraba poetas, aunque no componían obras mente unida ai aspecto práctico de la composición de versos, discursos
1 o cartas como el estudio dei latín y, por consiguiente, era de índole más
que, en el sentido moderno de la palabra, permitieran clasificarlos
como tales. 6 ' Con ayuda de este telón de f ondo es como debe compren· estrictamente erudita y filológica. Por otra parte, a partir dei siglo xv
derse la coronación de poetas hecha en e! Renacimiento. 66 AI principio tenemos varios casos en que los humanistas que enseiiaban griego daban
se la tomaba como una especie de grado académico, y no se la concedía asimismo cursos sobre textos filosóficos y científicos griegos, invadien·
tan sólo porque se hubieran escrito composiciones poéticas originales, do así el territorio de campos rivales.68
sino además porque se hubiera hecho un estudio competente de los Más tarde se dio un nombre nuevo y más ambicioso al campo de
' . oe
poetas cl as1cos. estudio cultivado por los humanistas. A partir de ciertas expresiones
No se ensefiaba la historia como un tema separado, sino que f ormaba halladas en Cicerón y en Gelio, ya en el siglo XIV los humanistas comen·
parte dei estudio de la retórica y la poesía, ya que los historiadores zaron a llamar a su campo de actividades estudios humanos o estudios
'
11• dignos dei ser humano ( studia humanitatis, studia humani.ora) .69 Desde
6• Karl Vossler, Poetische 1'heorien in der itaüenischen Frührenais.ionce, Berlín, !900. luego, ese nombre nuevo conlleva posiciones y programas nuevos, pero
Augusl Buck, ltalienische Dichtungslehren vom Miuelalter bis zum Ausgang der Renais· abarcaba un contenido que había existido desde hacía mucho tiempo,
sance, Tubinga, 1958.
si bien designado entonces con los nombres más JI}Ddestos de gramática,
56 La ohTa de Vincenzo Lancelli Memorie intomo ai poeti laureati d'ogni tempo e d'ogni
na.ione (Milán, 1839) resulta ya anticuada, pero no hay ninguna que tome su lugar. Fran· retórica y poesía. Aunque algunos eruditos modernos no estuvieran
ce11Co Nova ti hiw algunas contribuciones importantes: "La suprema aspirazione di Dante", conscientes de este hecho, los humanistas sí lo estaban, y varios testi·
lrulagini e poscil/e df11ltesche, Bolonia, 1899, pp. 83 y ss.; también E . H. Wilkins, "The Corona- monios de aquellos tiempos prueban que los studia humanitatis eran
tion of Petrarch", Speculum, 19~3. núm. 18, pp. 155-197. Creo que la ceremonia de la considerados equivalentes de la gramática, la retórica, la poesía, la
1· coronación surgió de los recitales públicos y de las aprobaciones de libros ocurridas en los
' historia y la filosofía moral.ºº
universidades medievales ( respeclo a tales aprobaciones, véase Lynn Thorndike, "Public
Readings of New Works in Mediaeval Universities", Speculum, 1926, núm. 1, pp. 101-103, y 6r Por ejemplo, Barzizza y Filelfo ocuparon la cátedra de filosofía moral.
notas adicionales por Hanskins y Thomdike, ·i bid., pp. 221 y 445 y ss.), Tenemos el ealabón 68 Marsuppini, Argyropulos y Politian dieron en Florencia conferencias sobre los textos
intermediario en la coronación dei libro aprobado, como en el caso de Boncompagno en Bolo· griegos o latinos de Aristóteles y otros autores filosóficos; en Bolonia hizo lo mismo Codro
ni·a., en 1215 (Novati, /ndagini, pp. 86 y s.). Hay pruebas definitivas de que a Mussato no Urceo, y en Padua Leonico Thomaeus.
sólo lo coronaron por su tragedia Eccerinis, sino también por su obra histórica sobre Enri· •& Respeclo a las humanita• en lo antigüedad romana, véase Wemer Jaeger, Humanúm
que II. También el diploma otorgado a Petrarca en su coronación se refiere a él, una y otra and Theology, Milwaukee, 1943, pp. 20 y Jl., y pp. 72 y s. Msx ~neidewin, Die an1ike
vez, como poeta y citmo historiador (Opera Omnia, Basileu, 1581, Cuorta Parte, pp. 6-7), Humanitii1, Berlín, 1897, pp. 31 y ss. Richard Reitzenstein, IPerden und WeJen der Hu·
y hay casos posteriores en que se coronó a personas como poetas y oradores. manitã1 im Al1er1um, Estrasburgo, 1907. I. Heinemann, "Humanitas", en Pauly·Wissowa,
•6 Petrarca fue examinado por el rey Roberto de Nápoles, y llevó a Roma las cartas Real·Encyclopéidie der classüchen Al1erlunuwissenscha/1, Supplem.entband 5, Stuttgart, 1931,
testimoniales de éste; es decir, siguió en huena medida el procedimiento usado en el col. 282·310. Joseph Niedermann, Kullur, Florencia, 1941, pp. 29 y ss.
1
reino de Nápoles para otorgar los grados académicos. Su diploma se parece a los de • oo Se tiene el enunciado más claro en el famoso Cllnon bibliotecario que Nicolás V com·
doctorado y le da autorización "tam in dieta a!l'te paetica quam in dieta histories arte [ ... ) pullO en su juventud para Cosme de Médicis, Iras enumerar muchos libros sobre teologia;
legendi, disputandi atque interpretandi vete rum scripturas el novas ( léase: novoa) a las obras de Aristóteles sobre logicis, physicis, mel(lphr•ica y moralibus; los comentarios
seipso [. . .) libros el poemata componendi". (Opera Omnia, IV, 6-7.} ârabes y griegos a Aristóteles; otras obras filosóficas traducidas dei griego y obras de mate·
138 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 139
Estas aíirmaciones prueban, asimismo, otro punto en el que han de su campo en comparación con el de otras ciencias e invadir el te-
causado conf usión la mayoría de los historiadores modernos: los h u· rritorio de éstas, pero, en términos generales, no negaban la existencia
manistas, ai menos en Italia o antes dei siglo xv1, nunca proclamaron o la validez de dichas ciencias.
que estuvieran sustituyendo la enciclopedia de saber medieval por otra Ese lugar de los studia humanitatis tan bien definido queda reflejado
nueva;n a la vez, estaban conscientes de que su campo de estudio ocu· en el nuevo término humanista, ai parecer acuíiado durante la segunda
paba un lugar bien definido y limitado en el sistema de ensefianza de mitad dei siglo xv, y que fue ganando popularidad a lo largo dei XVI.
6
aquellos tiempos. ' Claro está que procuraban subrayar la importancia Parece ser que el término surgió de la jerga hablada por los estudiantes
máticas, continúa así: "de studiis autem humanitatis quantum and grammaticam, rethori·
universitarios y que gradualmente penetró en el uso oficial.68 Se lo
cam, historicam et poeticam spectat ac moralem ..." (Giovanni Sfona, "La patria, la famiglia acufió siguiendo el modelo de términos medievales tales como legista,
ed i parenti di papa Nicolõ V", Atti della Reale Accademia Lucchese di Soi.enze, Lettere " jurista, canonista . y artista y designaba al · maestro encargado de los
ed Arti 23, 1884, pp. 1-400 y 380). studia humanitatis. Así, el término humanista, en este sentido limitado, .--·-
Una caTta de privilegio educativa de los jesuitas, d e 1591, habla d e "studia humanitatis,
hoc est grammaticae, historiae, poeticae et rhetoricae" (citado por Karl Borinski, Die Antike '
,,.
es necesario ir dei estudio de la gramática y la retórica ( "ubi oostrorum homioum plerique
in Poetik und Kunsttheorie, vol. 2. Leipzig, 1924, p. 327). Pierre Bersuire llama a Petrarca gradum sistere consueverunt") ai de la filosofia (Le11ere ed Oru:ioni, ed. por Vito R. Giusti·
Mpoetam utique et oralorem egregium in omni morali philo~ophia nec non et historica et niani, Floreocia, 1953, p. 97). En su diálogo A.egidius Pootano bahia de la declinaci6n de la
poetica disciplio& eruditum" (Fausto Ghisalberti, "L'Ovidius moralizatus di Pierre Ber- elocuencia cu ao do termina el lmperio Roma oo: "cum tameo disciplinae ipsae io booore
suire", Studi Ro1714nzi, 1933, núm. 23, p. 90). A la muerle de Leonardo Bruni, según dice esseot habitae, id quod pbysicorum theologorumque multitudo quae poet Boetium extitit plane
su epitafio en S. Croce, "historia luget, eloquentia muta est, ferturque Musas tum Graecas declarai, tum in Hispaoia, tum in Galliis Britaniisque ipsaque in Germaoia" (/ dialoghi,
tum Latinas' lacrimas tenere non potuisse". Eu 1456 Pcter Luder anunciô en Heidelberg Carmelo Previtera, Florencia, 1943, p. 259) .
cur90s públicos de "studia humanitatis id est poeta<rum oratorum ac bystoriographorum •a Rossi, /l Quallrocento, pp. 6 y 15, cita un poema de Ariosto ( 1523) como primer
libros", y eo Leipzig, eo 1462, de "studia humanitatis, hiystoriograpl1os, orntores scilictt et puoto donde aparece el término umanista en it aliano, así como uo epigrama de fioales dei
poetas" (Ludwig Bertalot, "Humanistische Vorlesungsaokündigungen in Deutschlaod im 15. siglo xv como primera aparici6n dei término humanista eo latío. No he podido verificar este
'
Jabrhuodert", Zeitschri/t /Ür Geschichte der Eniehunc und des U nterrichts, 1915, núm. 5, último pasaje, pero sí encontré el siguieote en una cana en vernáculo, escrita eo Im
.•
fj
pp. 34) . por el rector de la universidad de Pisa a los funcionarios de Floreocia: "avendo le S. V.
• La fuente manuscrita de Giovanni Sforza para el "lnventarium Nicolai pape V quod e
condocto quello Humanista che DOO veouto", esto será una decepci6o para muchos ~IU·
••
ípse composuit ad iostaotiam Cosme de Medieis ut ab ipso Cosma audivi die XII oovembr. diaotes extranjeros que hao venido "per udire humaoità" (Aogelus Fabrooius, HistoriJJ
r 1463 ego frater Leooardus Ser Uberti de F'lorencia O. P. presente R. o palre fratre Saote
de Floreotia priore Sancti Marci F'lor(entini) eiusdem ordliois)" es cod. Coov. Soppressi
Academiae Pisane, !, Pisa, 1791, pp. 369 y u). La carta original (Archivo di Stato, Florencia,
Studio Fiorentino e Pisano, XI, f. 14) fue enviada por Andreas dai Campo nol4rius studii a
J. VII 30 (S. Marco) de la Biblioteca Nai.ionale de Florencia, f. 180·185v (la referencia los Officiali dello Studio el 4 de diciembre de 1490. El original incluye "ooo "'96elldo
dada por Sfol'UI, "Ui patria...", p. 359, es enganosa). También es caracteristico el título veouto" y otras variantes ajeoas a ouestro tema.
.
dado por Filelfo a uno de sus discursos: "oratio de laudibus historie poetice philosophie et Eo eJ siglo XVI el término latino humanista aparece eo los documentos de las universi-
que hasce complectitur eloquentie" (cod. Vallicell. F. 20 f. 213v). Charles Triokaus, MA dades de Bolooia y Ferrara. Eo su dicciooario italiaoo-ioglés Juan Florio tieoe l a siguieote
Humaoist's Image of Humanism: The Inaugural Oratioos of Bartolommeo della Fonte", entrada: "Httmaoista, uo humanista o profe90r de humanidades" (A li'orlde o/ li'ordes,
'1
. Studies in the Renaissance, 1960, nÚnL 7, pp. 90-147 . Londres, 1598, p. 164). Augusto Campana da otros eiemplos de tal uso (en "The Origin
n Sio embargo, Vives ioteot6 esto en e) siglo XVI, eo su obra De tradendis disciplinis. of the Word 'Humaoist' '', foumal o/ the Warburc and Courtauld lnstitutes, 1946, oúm. 9,
~· AI comparar a Dante con Petrarca, e) humanista Leonardo Bruni atribuy6 ai primero
i mayores conocimieotos de filosofia y matemáticas: "perocche nella scienia delle lettere e
pp. 60·73 ); llega a la misma conclusión respecto ai origeo y significado dei término. Este
aparece repetidamente en Epistolae obscurorum viorum (Karl Brandi, Das Tl'erden dt:r
i nella cognigzione della lingu.a latina Dante fu molto inferiore ai Petràrca" ( Le Yüe di Dante, ReMissance, Cotinga, 1908, p. 23). El significado original seguia vigente eo el siglo XVIII.
Petrarca et Boccaccio, ed. por Angelo Solerti, Milán, s. f., pp. 292 y ss.) . Para Bruni, la prepa- , Salvino Salvini ( Fasti Consolari delfAccademia Fiorentina, Floreocia, 1717, p. xiv) men·
l racióo de Petruca oo es universal, y no incluye la filosofia. En su primera carta a Antonio da
.,
ciona a Francesco da Buti, llamándole "dottore in grammatica, come allora si decevano gli
t S. Mioiato, Ficioo habla de abandonar su anterior estilo retórico y cxpresarse como filósofo
( "deinceps · philosophorum more loqu.amur verba ubique contempnentes et gravíssimas in
Umanisti"; y Leibniz afirma de Valia "qu'il n'étoit pas moins Philoaophe, qu'Huroa-
niste" (Essais de Théodicée, § 4-05). Como ejemplo espaiiol perteoecieote a fioales dei
medium sententias adducentes", Forli, Biblioteca Comunale, Autografo Piancastelli, núm. 907; siglo XVI o priocipios dei xvn teoemos el siguieote título: "Discllll'so de las letras bumanas
véase P. O. Kristeller, Studies in Renaissonce Thoughl and Letters, Roma, 1956, p. 146). llamado e) humanista, compuesto por el maestro Francisco Cespedes, Catbedratico de prim11
' J
Eo su prefacio a De recimine sanitatis, Antonio Benivieoi relata que pas6 d e 1a "oratorie de Rhetorica eo la Uoiversidad de Salamanca" (Pedro Roca, Catálogo de ws manuscritos que
artis studia" a la filosofia y la medicina (Luigi Belloni, Turín, 1951, p. 19). Alamanno pertenecieron a D. Pascual de Gayancos hoy en la Biblioteca Nacional, Madrid, 1904,
Rinuccini, en carta a su hijo Filippo - carta que es un llr'8tado de educación....'.., insiste en que p. 227; oúm. 643, hoy tiene el cod. 17736, según informe recibido de Ramón Paz) .

l
EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 141
140 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA

f ue creado durante el Renacimiento, mientras que el término humanis· establecieron escuelas de teologia y filosofia en muchas ciudades ita·
mo f ue usado por primera vez por los historiadores del siglo XIX. 04 •
lianas; mas, a diferencia de las francesas y las inglesas, esas escuelas
Si no me equivoco, el nuevo término humanismo refleja la concepción italianas fundadas por f railes carecieron por mucho tiempo de nexos
moderna y falsa de que el humanismo renacentista f ue, fundamental- '. con las universidades de ltalia. En las universidades italianas no hubo
mente, un nuevo movimiento filosófico; debido a la influencia de tal cátedras regulares de teologia antes de la primera mitad del siglo x1v
idea, el viejo término humanista ha sido erróneamente interpretado, e, incluso después de dicho período, la enseiianza universitaria de la
creyéndose que designa al representante de un nuevo Wellanschauv.ng. teologia continuó siendo circunstancial e irregular.
Por otra parte, el viejo término humanista refleja el punto de vista Si bien no dei todo desconocida en Salerno hacia f inales del si·
contemporâneo más modesto, pero a la vez correcto, de que los huma- glo XII, la filosofia aristotélica hizo su aparición regular en las univer·
nistas f ueron los maestros y los representantes de una cierta rama del sidades italianas en la segunda mitad del siglo XIII, en íntima relación
saber que en aquel entonces se aplicaba y estaba en boga, pero a la vez con la ensefianza de la medicina. 05 Creo' que no hay peligro ninguno
tenia un tema bien limitado. El humanismo no representaba la suma en suponer que la filosofia aristotélica vino de Francia por aquel enton·
total de la sabiduría existente en el Renacimiento italiano. ces, sucediendo lo mismo con el estudio de los autores clásicos y muchas
Si procuramos ir más allá del campo de las humanidades y pasar otras variedades de actividad intelectual.u Comenzado ya el siglo XIV,
a aquellos otros que se cultivaban durante el Renacimiento italiano; es
este aristotelismo italiano tomó una forma más definitiva." La ense·
decir, si pasamos a los campos de la jurisprudencia, la medicina, la
teologia, las matemáticas y la f ilosofía natural, encontramos una obvia ; ' eG Respectu a la relad6n entre teologia, medicina y filo!Klf!a en ltalia, véase HastingS
1 continuación de la actividad intelectual medieval, a la que, por lo Rashdall, The Universities of Europe in 1he Middle Ages, 2a. ed., ed. por F. M. Powicke y
1 1
mismo, bien pudiera llamarse escolasticismo. Como el término ha sido A. B. Emden, vol. l, Oxford, 1936, pp. 261 y ss. Hay cierto aristotelismo en las obras de
causa· de controversia, deseo aclarar que no le atribuyo ninguna con· Urso y de otros maestros de Salemo (cf. Kristeller, Studies in Renaissance Thou1h1 an4
1 Letters, pp. 517·519), y en el siglo xn bubo en Bolonia un grupo de teólogos canonistas
notación desf avorable. Como característica de dicho término no tomo en
influido por Abelardo. Sin embargo, la relación regular en!Jre medicina y filosofia aristo·
cuenta ninguna doctrina en lo particular, sin.o más bien un método télica, que seria caracterlstica de la ciencia italiana, aparece por primera ve:t en los
J específico o, en otras palabras, el tipo de argumentación lógica repre· eacritos de Tadeo de Flocrencia (!inales dei siglo xnt). Jléa.se Bruno Nardi, "L'averroismo
~
1 sentada en el Questio. _ bolognese nel secolo xnt e Taddeo Alderotto", Rivista di Storia <klla Filosofia, 1949, núm. 4,
• pp. 11·22.
1 Es bien sabido que, a partir del siglo XIII, el contenido de la filosofia
' escolástica tenia como base, en buena medida, las obras de Aristóteles .., Es necessrio investigar más a fondo la influencia de la eecuela de Paris en los prim&-
ros aristotélicos italianos. A 1 parecer, el primer dato tangible es que Centile da Cingoli,
•{
f
y que, a partir del siglo XII, el desarrollo de la citada filosofia estuvo quien seria maesllro de lógica y filo90fía en Bolonia bacia 1300, asisti6 a un cur90 90bre
relacionado con las escuelas y las universidades de Francia e Ingla- Aristóteles impartido por Johannes Vate, quien eittwo en Paris por 1290 (Martin Crabmann,
terra, Y. especialmente con las universidades de Paris y de Oxford. Mittelalterliches Geis1eslebe11, vol. 2, Munich, 1936, pp. 265 y ss). Es bien sabido que Pedro
Sin embargo, el lugar ocupado por ltalia en la historia y el desarrollo de Abano, supuesto fundador de la eecuela de Padua, estudió en Paris y tuvo relaciones
peraonales con Jean de Jandun. Se dice que en fecha !AD posterior como 1340 el médico
l de la· filosofia escolástica se conoce menos. Entre los más famosos
filósofos y teólogos de los siglos XII y x111 tenemos varios italianos,
Gentile da Foligno aconsejó ai regidor de Padua que enviara doce jóvenes a Paris, para que
estudiaran arte y medicina ( Heinrich Denifle y tm.ile Cbatelain, Chartulal"ÜUn U11it1e1rsilali.s
pero casi todos ellos estudiaron y ensefiaron en Francia. Si bien ltalia PariJieruis, II, Paria, 1891, p. 558).

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'

i
tenía florecientes escuelas de retórica, jurisprudencia y medicina en
el siglo xu y princípios del XIII, no tuvo un centro dedicado a los
estudios fiiosóficos. Después de 1220 la nuevas órdenes mendicantes
º' Martin Crabmann, "Studien über den Averroisten Taddeo da Parma", Mittelalterliches
Geistesleben, voL 2, pp. 239-260; id~ uDe.r Bologneser Averroist Angelo d'Arei:ro", ibid.,
pp. 261.271. AI mismo período pertenecen Pedro de Abano y Centile da Cingoli. Urbano
de Bolonia parece pertenecer a la segunda mitad dei siglo XIV. Anneliese Maier, "Eine
italienische Averroistenschule aus der ersteo Halfte dP.s 14. Jahrhunderts", Die JIorlilufer
u AI parecer, F. J. Niethammer acuiió el término Human~1mus en 1808 para dtsignar
la teoria educativa que defendía el lugar tradicional dado a los estudios clásicos en los Galileis im .14. Jahrhunderl, Roma, 1949, pp. 251-278; Martin Grabmann, "Gentile da
planes de estudio (Walter Rüegg, Cícero und der Hum1111ismus, Züricb, 1946, pp. 2 y u.). Cingoli, ein italienischer Aristoteleserldirer aus der Zeit Dantes", Sitz.ungsberichte der
Goethe (Dichtung und 11'ahrheit, libro XIII, pu.blicado en 1814) emplea el término en el bayerischen Akademie der IFissenschaften, Philosophisch·llis1orische .ifbteilung, Jahrgang
aentido de humanitarismo (Dino Bigongiari trajo a mi atención este pasaje). 1940, Heft 9 (publicado en 1941). P. O. Kristeller, "A Philo90phical Treatise from Bologna
,
• r,
142 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 143
i
fianza de la lógica y de la f ilosofía natural se volvió una parte bien Petrarca y Bruni lanzaron contra los lógicos de su tiempo; en general
establecida de los planes de estudio universitarios, e incluso se di- se cree que dichos ataques representan un nuevo y vigoroso movimiento
f undió a algunas escuelas secundarias. Un número creciente de comen- de rebelión contra viejos y endurecidos hábitos dei pensamiento. Sin
tarios y planteamientos acerca de las obras de Aristóteles refleja esta 1 embargo, el método dialéctico inglés era tan novedoso en las escuelas
tradición pedagógica; la misma tendencia general y los mismos antece- J italianas de aquellos tiempos como los estudios humanistas defendidos
dentes manifiestan numerosos tratados sistemáticos sobre temas filo- por Petrarca y Bruni.1° Así pues, ese ataque humanista era en igual
eóf icos. En los siglos XIV y xv se recibieron más influencias de París medida cuêstión de rivalidad entre dos departamentos, que un choque
en el campo de la filosofia natural, asi como de Oxford en el campo de ideas filosóficas opuestas. Bruni llega a insinuar en un punto, in·
de la lógica.68 De la última parte dei siglo XIV en adelante contamos con cluso, que no habla del todo en serio.n
una tradición continua de aristotelismo italiano, que abarca los si- Esas controversias, por interesantes que resulten, no pasan de signi-
glos xv y x1 y buena parte dei xvu." ficar meros episoClios de un largo periodo de coexistencia pacífica entre
Una vez más, los hechos desnudos ref utan la idea general de que el humanismo y el escolasticismo. A decir verdad, los humanistas pe-
el escolasticismo, en tanto que filosofia venida dei pasado, f ue substi- leaban entre sí tanto como con los escolásticos. Más aún, equivocado
tuido por la nueva filosofia dei humanismo. El escolasticismo italiano seria pensar que esas controversias f ueron batallas serias respecto a
surgió hacia fines dei siglo XIII; es decir, más o menos ai mismo tiem- principios f undamentales; muchas de ellas significaron meros feudos
po que el humanismo italiano. Ambas tradiciones se f ueron desarro- personales, simples torneos intelectuales o simples ejercicios de retó-
llando lado a lado a lo largo de todo el Renacimiento e incluso ya •' • rica. l<'inalmente, f racasará cualquier intento de reducir esas controver·
concluido éste. sias a una cuestión única, ya que las discusiones abordaban temas
Ahora bien, las dos tradiciones tienen su lugar y su centro en dos muy diversos y sobrepuestos.' 2 Por tanto,, no debe sorprendernos que el
sectores distintos de la actividad intelectual: el humanismo en el cam- aristotelismo italiano sobreviviera callada y vigorosamente a los ata-
'po de la gramática, la retórica, la poesia y, en cierta medida, en la ques de Petrarca y de sus sucesores humanistas.
f ilosofía moral, y el escolasticismo en los campos de la lógica y de 10 Suele atribuirse a Pablo de Venecia la introduccióo de la dialéctica inglesa eo Italia,
la filosofia natural. Todo el mundo conoce los elocuentes ataques que en Padua después de 1400. Sio embargo, Pedro de Mantua, a quien Praotl y Dubem coo-
sideran uo autor dei siglo :xv en razón de la fecha de públicacióo de sus tratados, vivió en
Dedicated to Cuido Cavalcanti", en Medit>evo e Rinascimento: Studi in Onore di Bruno el XIV y probablemeote murió en 1400. Enseiíó en Bolooia y pudo beber sido el primer
Nordi, vol. l, Florencia, 1955, pp. 425·463. Véase también Zdzislaw Kuksewicz, Averroi.me italiano en seguir la escuela de Oxford. Yéose la carta que !e dirigiera Salutati (nota 13)
Bolonais au X/Ve sücle, Wroclaw, 1965; id., De Siser de Brobonl à Jacques de Plaúonc•, y la nota ai pie de página de Novati, que da varios daÍoa biográficos y referencias de
Wroclaw, 1968. manuscritos, todos ellos desconocidos por los historiadores de la filoeofía, Eo las Bibliotecae
e8 Pierre Duhem, "La tradition de Buridao et la science italienne au XV!e siecle'', Etudu de la Columbia Uoiversity hay un manuacríto CQD obras de lógica de Pedro. EI texto dei
sur Uonard de Yinoi, vol. 3, Paris, 1913, pp. 113-259; id., "La dialectique d'Orlord et la "loyca Ferebrigh" se encueotra en la biblioteca de los franciscanos, en Asís, donde apareci6
ecolastique italienne'', Bulletin /ialien, 1912, núm. 12; 1913, oúm. 13. Marshall Clagett, ya en 1381 ( cf. Giuseppe Maoacorda; Stoirio deUa sc~lo in 1talia, Milán, !. f., Segunda
Giovanni Morlioni oad Late Medi~vol Physics, Nueva York, 1941. Curtis Wilson, /YilJiam Parte, p. 361) . Sin embargo, se sabe que Pedro de Maotua estudió en Padua antes de CO·
Heytesbury, Madisoo, Wis., 1956. Theodore E. James, "De primo et ultimo iostaoti Petri menzair a eoseiíar eo Bolonia eo 1392. Y é~ Roberto Cessi, Athenaeum, 1913, núm. I.
Alboini Mantuani" ( tesis doctoral, Columbia University, 1968). pp, 130·131. A. Segarizzi, Atti delta /, R. Accademio di Scien:e, Lettere ed Arti deifli AKiati
" En lo que toca a este aristotelismo italiano, véose Friedricb Ueberweg, Grundr'W der in Ro11ereto, 3a. serie, 1970, oúm. 13, pp. 219·248. Cesare Vasoli, "Pietro degli Alboin,i da
Geschichte der Philosophie, 12a. ed., vol 3, Berlín, 1924, pp. 22 y ss. Jakob Brucker, Mantova 'echolastico' delis fine dei Treceoto e un'Epistola di Coluccio Salutati", lürwuci-
Hislotia critica philosophiae, vol. 4, Primera Parte, Leipzig, 1743, pp. 148 y ss. Carl voo mento (s. e. 3), 1963, núm. 14, pp. 3-21. James, "De primo et ultimo instanti Pellri Al.boini
Prantl, Geschichie der Losik im Abendlonde, vol. 4, Leipzig, 1870, pp. 118 y ss., pp. 176 Mantuani".
y ss., pp .. 232 y ss. Ernest Reoao, Averroes el l'overroisme, Paris, 1852; ed. rev., 1861. n Tras bromear coo 101 nombree b&rbaros de loa lógicos logleeea, Bruni cootinúa:
Clagett, Giovanni Marlioni. Eugenia Garin, La filosofia, Milán, 1947, vol l, pp. 338-352 y "Et quid Colucci ut baec ioca omittam quid est ioquam in dialectica quod oon Britaooicis
vol. 2, pp. 1-65. Bruno Nardi, Sigieri di Brabante nel pensiero dei Rinoscimento italiano, sopbismat.ibus conttrrbatum sit?" (Leonardi Bruni Aretini Dinilogus de tribus vatibus Floren..
Roma, 1945. P. O. Kristeller, "Renaissance Aristotelianism", Greek, Romon ond Byzontine tinii, Karl Wotke, Viena, 1889, p. 16 ).
Studies, 1965, núm. 6, pp. 157-174. Carlos B. Schmitt, A Critical Surver ond Bibliography 12 Se tieoen alguoas d e las controversias humanistas eo Remigio Sabbadini, Storio dei

of Studies on Renai.5sonce Ari.stotelianism, Padua, 1971. ciceroniani.smo, Turin, 1885.


- - --
144 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 145

Sin embargo, el aristotelismo del Renacimiento no quedó virgen de los científicos y filósofos del siglo xvn. Sólo unas cuantas figuras f amo-
la influencia nueva dei humanismo. Los filósofos comenzaron a apro- sas -como Pietro Pomponazzi- parecen resistir este veredicto general.
vechar abundantemente los textos griegos y las nuevas traducciones lati- Se ha dado la tendencia a presentar a Pomponazzi y otros cuantos
nas de Aristóteles, de sus antiguos comentadores y de los oiros pensa· pensadores como, en esencia, distintos de los otros aristotélicos de su
dores griegos. El renacer de las filosofias antiguas que el movimiento tiempo, y como íntimamente relacionados con los humanistas o con
humanista trajo como cauda -y en especial el renacer dei platonismo cientif icos posteriores. Se trata de un mero intento de reconciliar el
y dei estoicismo- dejó una huella profunda en los filósofos aristoté- respeto que se tiene por Pomponazzi con los prejuicios modernos contra
licos dei Renacimiento.11 Mas, a pesar de esas modificaciones impor- los aristotélicos del Renacimiento. En realidad, Pomponazzi no perte·
tantes, el aristotelismo renacentista continuá la tradición escolástica nece a los humanistas o a los científicos posteriores, sino a la tradición
medieval sin ninguna brecha visible. Mantuvo su firme dominio de las del aristotelismo medieval y renacentista. Es comparativamente peque-
cátedras universitarias de lógica, filosofia natural y metafísica, e in- no el número de especialistas modernos que ha leído algunas de las
cluso los profesores humanistas de filosofia moral siguieron Lasando obras de los aristotélicos italianos. E l estudio más influyente y com-
sus conferencias en Aristóteles. La actividad !iteraria de esos filósofos pleto de este grupo aparece en el libro que Renan dedica a A verroes y
aristotéli~os está representada por un gran número de comentarias, el averroismo, libro de considerable mérito para su época, pero que a
planteam1entos y tratados. Esta literatura es de difícil abordaje y de la vez incluye varios errares y conf usiones que se han venido repitien·
lectura ardua, pero a la vez es rica en problemas y doctrinas f ilosó- do desde entonces.,. ~i queremos juzgar los méritos y las limitaciones
f icos. Representa el grueso y el cogollo dei pensamiento filosófico de del aristotelismo renacentista, deberemos llevar a cabo una nueva inves-
aquellos tiempos, pero ha sido muy olvidada por los historiadores mo- tigación directa de los materiales que sirven de f uente, y no seguir
dernos. Los eruditos hostiles a la Edad Media la consideran una triste repitiendo juicios ya anticuados. Será necesario estudiar en detalle
supervivencia de las tradiciones medievales, 11ue no hay peligro nin- las cuestiones examinadas por esos pensadores, entre ellas la doctrina
guno en hacer de lado; sin embargo, sucede que en la literatura de los de la inmortalidad y su demostrabilidad, el problema de la doble ver-
humanistas tenemos el verdadero espiritu moderno dei Renacimiento. dad y el método de la prueba científica." Además, debe prestarse la
Por otra parte, los medievalistas se han concentrado en las primeras atención debida a las contribuciones que los filósofos aristotélicos
fases de la filosofia escolástica, sacrificando sin pena alguna a los hicieron a la medicina y la historia natural, asi como a la influencia
escolásticos posteriores, tan criticados por los humanistas y los seguido- 1' Erncst Reoan, Averroes el faverrois-, 2• ed., Paris, 1861. En lo que toca ai aiglo x111,
res modernos de éstos, tendencia todavia más acentuada por el hábito la obra de Reoan ha sido superada por la de Pierr~ Mandonoet, Si1:er de Braban1 e1 f aw-
actual de identificar el escolasticismo con el tomismo. "oüme lalÚI ou XII/e mel~. 2a. ed., 2 Yols., Lovaina, 1908.1911. Ex.iste la creencia genttal \

En consecuencia, casi todos los eruditos modernos han condenado a de que 'Mandoonet supcró a Renan por completo, pero esto reauha obviamente faJ.. ree-
los filósofos aristotélicos renacentistas sin oírlos, calificándolos de per- pecto a los aigloa x1v y posteriores. Tampoco elimina a Reoan un articulo más rec:ientc,
de M. M. Corce, "Averroisme", Dict.Wnnaire tl'HiJloire e1 .U Céo1:1aplaie Ecclúi4.tique,
geiiadores vacíos y de seguidores de un pasado muerto, de seres incapa· 1931, núm. S, pp. 1032.1092, aunque aí lo completa en unoa cuantos detallea. Con:e aigue
ces de comprender los problemas reales de su tiempo. Por ello, trabajos a Renan en el periodo último y no corrige nioguno de eua principales erroru. Hay una
recientes sobre la civilización dei Renacimiento repiten a menudo los Uteratura bastante ntensa dedicada a Pomponuzi, aai como una monografia aobre Ceare
cargos hechos contra los filósofos aristotélicos por los humanistas de Cremonini, escrita por Léopold Mabilleau, ttude Ãistorique sur lo pAilosoplWe de la Re-
noWince m ltaUe, Paris, 1881 Via.se tambiéo Bnino Nardi, Sa1ii 1ullAristotelismo pa.ik-
aquellos tiempos, e incluso dan a dichos ataques un significado mucho UllllO da.l 1ecolo XIV al XVI, F1oreocia, 1958. M. . A. Dei Torre, Studi 1u Cesare Crernollini,
más extremo de lo que originalmente se intentaba. Otros eruditos que Padue, 1968.
se muestran igualmente desfavorables a los humanistas incluyen a esco- " J. H. Randall, jr. ha publicado una importante contribución ai último problema:
lásticos y humanistas en una sentencia sumaria que refleja los juicios de "Tbe Development of Scientific Method ln t he School of Padua", Journal o/ tlte Hiltory
o/ /dt4J, 1940, núm. l, pp. 177·206, reimprCIO en TAe Scliool o/ Pad1111 anti 1Ae Ern.erpn·
ce o/ Modero Scicmce, Padua, 1961, pp. 13-68. Giovanni di Napoli, L'immortalit4 ddl'ariima
73Respeclo a los elementos estoicos en Pomponazzi, véase Léontine Zanta, La reoois.sance
nel Rill4Scirn.elll0, Turln, 1963; Martin Pine, "Pletro Pomponuzi and lhe Immónality
du S1oicüme au XV/e s~cle, Pari!, 1914. En lo que loca a los elementos platónicos eu
Controveniy" ( tesia doct<mil, Columbia Un1versity, 1965).
Pomponau.i, véase el capítulo 11.
146 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISMO Y EL ESCOLASTICISMO 147

que ejercieron en científicos como Galilei y Harvey.1 6 Será necesario Por tanto, podemos sacar en conclusión que el humanismo y el esco-
volver a exa1:ninar y posiblemente abandonar nociones sobre la perma· lasticismo dei Renacimiento surgieron en la Italia medieval por la mis·
nencia dei tomismo entre los aristotélicos, sobre la controversia entre ma época; es decir, hacia f inales dei siglo XIII. Que coexistieron y se
los averroístas y lo~ alejandristas, sobre la continuidad y la uni- desarrollaron durante el Renacimiento y más aliá como ramas distintas
f ormidad de la escuela de Padua e incluso el concepto mismo de ave· de la erudición de aquella época. La controversia entre ellos existente,
rroísmo. También habrán de investigarse los orígenes y la validez de mucho menos persistente y violenta de como suele representársela,
una creencia muy difundida: que los aristotélicos italianos eran ateos 1 es una simple fase en la batalla de las artes y no una lucha por la exis-
y librepensadores que, simplemente, no se atrevían a expresar su pen· " tencia. Podemos compararia con los debates sobre las artes presentes
samiento.11 ' '
en la literatura medieval, con las pretensiones rivales de la medicina
y de la ley en Ja·s universidades o con la af irmación hecha por Leo-
'" Respecto a las contribuciones de los aristotélicos a la ciencia dei siglo XVI, véase Lynn nardo en su Paragone, donde proclamaba la superioridad de la pin·
Thorndike, A History of Magic and E:tperimental Science, vols. S.6, Nueva York, 1941. En lo
que toca a los nexos de Galilei con el aristotelismo italiano, véase Randall, "Tbe Development
tura respecto a las otras artes. Desde luego, el humanismo tenía la
of Scientific in tbe Scbool of Padua ". Quiero agrega·r el siguiente detalle: todos tendencia a influir en las otras ciencias y a crecer a costa de ellas, pero
conocen la afirmación becba por Galilei, que la nobleza de una ciencia depende más de la entre el humanismo y el escolasticismo eran posibles todo tipo de
c"rteui de su método que de la dignidad de su tema ' (Opere, Edizione Nazionale, vol. 6, 1896, a juste y combinación. Y se los llevó a cabo con fortuna. Fue después
p. 237 y vol. 7, 1897, p. 246). A1 recordar esa afirmación, me sorprendió encontrar entre las dei Renacimiento, al surgir la ciencia y la filosofía modernas, cuando el
cuestiones de Pompona:r:i:i sobre el primer libro de anima de Aristóteles la siguiente: "Nobili·
tas scientiae a · quo sumator. Quaestio est a quo sumatur magis nobilitas scientiae, ao a " aristotelismo se vio gradualmente desplazado, ocurriendo que el huma·
nobilitate subiecti an a certitudine demonstrationis vel aequaliter ab ambobus" (Luigi Ferri, nismo perdiera poco a poco sus antecedentes retóricos y se convirtiera
"lntorno alle dottrine psicologiche di Pietro Pomponazii", Atti della Reale Academia dei en la f ilología y la historia modernas.
Litlci, 2a. serie, 3, 1875-1876, Terceira Parte, p. 423). A diferencia de Galilei, Pomponazzi no Así pues, tanto el humanismo como el escolasticismo ocupan un lugar
í,'
da una respuesta clara; pero es obvio que la afirmación de Galilei no constituye un aforismo
importante en la civilización dei Renacimiento italiano, sin que nin-
aislado, sino una respuesta consciente dada a una cuestión tradicional que se debatia en las
cscuelas de filosofia aristotélica. Y éase Eugenio Cario, La Disputa deUe Arti nel Quattro- guno de ellos dé una imagen unificada y sin que ambos, juntos, repre·
cento, Florencia, 1974, pp. xiii y s.s. !
senten la totalidad de la civilización renacentista. Tal como el hu-
' ' Una mayoría de estas ideas llegan a Renan, y ba sido repetida desde entonces, en manismo y el escolasticismo coexisten como ramas diferentes de la
especial por los eruditos franceses. Como espero baber demostrado en otro sitio, no bay l cultura, tenemos otras ramas importantes y acaso hasta más importantes.
,1
pruebas de que en el siglo xv1 existiera una escuela alejandrina; apenas tenemos IJ%la Pienso en el desarrollo de las bellas artes, en la literatura vernácula,
tradición averroísta uniforme, especialmente en el sentido dado ai término por Renan, quien
"
no consigue diferenciar entre el uso becbo por Averroes como comentador y la aceptación j
en las ciencias matemáticas, en la religión y en la teología. Muchas
de doctrinas averroístas específicas, como la de la unidad dei intelecto. E.o. Padua no bubo interpretaciones equivocadas han resultado de los intentos de interpre·
una escuela distintiva, sobre todo en el siglo XIV; bubo meramente un amplio movimiento tar o criticar el humanismo y el escolasticismo a la luz de esos oiros
de aristotelismo italiano, en el cual la universidad de Padua tuvo un papel de primera línea 1: . desarrollos. Demasiados historiadores han tratado de realizar el papel
en e) siglo XVI. Mucbos de los filósofos ~numerados por Renan como representativos de la J
' de las bellas artes, de la poesía vernácula, de la ciencia o de la religión
escuela paduana nunca vivioron, de hec!ló, en tal ciudad. La tradición de que los aristoté·
licos padwinos eran ateos y Iibrepensaddres tiene como base, mayo mente, anécdotas e insi·
en oposición a la "erurlición de las escuelas". Es necesario rechazar
nuacipnes surgidas en Francia durante los siglo xvu y xv111, cuando los librepensadores de tales intentos. Los problemas religiosos y teológicos de las Reformas
ese periodo buscaban antecesores, y cuando sus oponentes ortodoxos no tenían raión alguna protestante y católica difícilmente se relacionan con las cuestiones exa-
para defender la memoria de aquellos pensadores que h~bían intentado un coll'.!promiso minadas en la literatura filosófica de ese periodo, y tenemos de-
entre la razón y la fe de un modo que ninguno de esos grupos consideraba ya pormísible fensores y enemigos de la erudición humanística y de la filosofía
o Jiosible. P. O. Kristeller, "Petrarcb's 'Aver oists"', Bibliotheque t!Humanisme et Renoi.s· ,,
aristotélica en los seguidores de ambos grupos religiosos. En Italia, el
:;ance 14, Mélanges Augustin Renaudet, 1952. pp. 59·65; id., ''Tbe Mytb of Renaissance •

Atbeism aod tbe Frencb Tradition of Free Tbougbt", /oumal of the History of Philosophy, \' . '
desarrollo de la poesía vernácula no suf rió oposiciones o demoras
1968, núm. 6, pp. 233-243; id., "Paduan Ave11roism. and Alexandrism in the Light of Receot a causa de los humanistas: como afirma la mayoría de los historia-
Studies" en Aristotelismo Patúivono e Filosofia Aristotelica: Atti dei XII Congresso Interna• '
!' dores de la literatura. Desde luego, algunos humanistas insistieron en
1
;;ionale di Filosofia, Floreocia, 1960, núm. 9, pp. 147·155. la ~uper i oridacl dei latín, pero pocos de ellos, si hubo alguno, pensa-
j'

1{

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148 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA EL HUMANISr.10 Y EL ESCOLASTICISMO 149

ron seriamente en abolir el volgare dei habla o de la escritura. Por otra física debía tener como base las matemáticas y no la lógica era algo
parte, entre los defensores dei volgare tenemos muchos humanistas, y más que una mera idea novedosa, pues vino a revolucionar los conceptos
un buen número de autores continuá escribiendo en ambos idiomas. mismos que servían de fundamento a los planes de estudio de escuelas y
Una vez más, los historiadores modernos han querido interpretar como universidades. Lógico resulta que se le opusieran los físicos aristoté-
una lucha por la existencia lo que no pasa de ser una rivalidad entre
.. licos de su época, quienes consideraron su método una invasión llevada
f armas de expresión diferentes.7 8 a cabo por los matemáticos dei domínio que por tradición le correspon-
El desarrollo admirable de las bellas artes, gloria principal dei Re- dia a ellos. Por otra parte, no hay prueba de que Galileo encontrara
i nacimiento italiano, no surgió de ninguna idea exagerada acerca dei t una resistencia seria en su propio campo -el de las matemáticas y la
1
genio creador dei artista o acerca de su papel en la sociedad y en la \ astronomia-, cuyas cátedras principales f ueron ocupadas pronto por
cultura. Esas ideas son producto dei movimiento romántico y de sus sus discípulos. Si queremos comprender y juzgar estas desarrollos, nece-
antecesores dei sigla xv111, resultando en gran medida ajenas ai Rena- ., sitamos conocer los temas y las tradiciones prof esionales existentes
cimiento italiano. 79 Los artistas de!' Renacimiento f ueron, ante todo, •
l
en la alta Edad Media y en el Renacimiento .
·- artesanos, y si a menudo acababan en científicos, no era porque gracias La erudición moderna ha sido demasiado af ectada por todo tipo de
a su genio superior anticiparan el destino moderno de la ciencia, sino prejuicios: contra el uso dei latín, contra el escolasticismo, contra la
porque ciertas ramas dei conocimiento científico -como la anatomia, Iglesia medieval; además, también la af ectaron los intentos sin base
1 la perspectiva o la mecánica- eran consideradas un requisito indispen- por ver en el Renacimiento el origen de ciertos acontecimientos poste·
' sable en el desarrollo de su arte. Si algunos de esos artistas científicos riores, como la Reforma alemana, el libertinaje francés o el liberalis-
.l hicieron contribuciones considerables a la ciencia, ello no significa que mo y el nacionalismo dei sigla XIX. Un estudio directo y, posiblemen-
se mostraran por completo independientes o despreciativos de la ciencia te, objetivo de las fuentes originales es el único modo de comprender
y de la erudición existentes en su tiempo. el Renacimiento. No tenemos ninguna justificación real que nos per·
1 Finalmente, durante el sigla xv1 las matemáticas y la astronomia mita tomar posiciones en las controversias dei Renacimiento y realzar

! lograron avances notahles y adquirieron cada vez más importancia en el humanismo a costa dei escolasticismo, éste a costa de aquél o la
sus aplicaciones prácticas, en la literatura de su tiempo y en los planes ciencia moderna a costa de ambos. En lugar de esforzarnos por reducir
de estudio de escuelas y universidades. Si tal desarrollo no af ectó de todo a una o dos cuestiones, que es el privilegio y la maldición de las
inmediato la f ilosofía, nada tiene que ver ello con la estupidez o • controversias políticas, debemos intentar desarrollar una especie de
la inercia de. los filósofos contemporáneos, y sí con el hecho de que la • 1
pluralismo histórico. Es fácil alabar todo .aquello dei pasado que se
física o la filosofia natural eran consideradas como parte de la filo- parezca a nuestras ideas favoritas dei presente, o el ridiculizar y redu-
sofia, no habiendo casi ningún nexo tradicional entre las ciencias ma- cir ai mínimo lo que con ellas no esté de acuerdo. Pero ese método no
temáticas y la filosofia. Galileo f ue un estudiante y un maestro de es ni justo ni útil para comprender adecuadamente el pasado. Igual-
matemáticas y astronomia, no un filósofo. Su afirmación de que la mente fácil es caer en una especie de idolatria dei éxito y hacer de lado,
con un encogimiento de hornbros, ideas derrotadas o rechazadas; pero,
78 En lo que toca a la cuestión dei latín y el volgare desde el punto de vise& humanista, ai igual que en la historia política, ese método no hace justicia ni a
!liase Remigio Sabbadini, Storia dei ciceronianismo, pp. 127·136. No estoy de acuerdo con los vencidos ni a los vencedores. En lugar de culpar a cada sigla por
el modo en que presenta el problema. Los discursos de Romolo Amaseo y el similar de no haber anticipado los logras dei siguiente, la historia dei intelecto
Sigonio fueron, ante todo, defensas dei latín como campo de estudio, sin que bubiera inten·
ción ninguna de abolir el ool€fJre. Seguimos a la espera de una historia del lenguaje lite•
debe registrar pacientemente tanto los errares como las verdades dei
rario italiano que muestre la expresión gradual de t\ste a costa dei latín y, asimismo, de pasado. Probablemente sea imposible una objetividad total, pero ésta
los dialectos locales; que lo baga por las varias regiones de Italia y según las distintas ramas debe seguir siendo la meta y la norma permanentes de los historia-
de la e:rpresión !iteraria. Burcklia.rdt formul6 el problema en Die Kultur der Renaüsance, dores, de los filósofos y de los científicos.
p. 4la J'bue Kristeller, Studies in Renawance Though1 and Letters, pp. 473·493.
" P. O. Kri.lteller, "Tbe Modem System of tbe Arts", lournal o/ lhe History o/ ldew,
1951, núm. 12, pp. 496-527 y 1952, núm. 13, pp. 17·46; reimpreso en Renaissance Thoughl
li: Papen iA Hurnoni3m anil IM Aru, Nueva York, 1965, pp. 163·227.

LA FILOSOFlA RENACENTISTA Y LA TRADIClôN t.lEDIEVAL !SI

de la civilización europea, en esos lugares se encontraban los centros de


gravitación cultui:ales, mismos que, en épocas anteirores o posteriores,
VI. LA F'ILOSOF'fA REN ACENTISTA Y L<\ TRADICió N estaban en F'ranc1a o en algunos oiros países.
MEDIEVAL . Además, en el periodo renacentista más amplio, que abarca varios
s1glos, hay fa.ses diferentes con fisonomías distintas. No bay duda que,
c~n Dante e incluso con P etrarca y Salutati, el siglo XIV f ue más me-
S1 B IEN me considero un realista en metafísica, soy un nominalista total dieval y menos moderno que el xv con Bruni, Valia y Alberti, o que

• respecto a los varios términos que el discurso histórico utiliza. Por el xv1 ?ºn E~asmo y M?n~aigne. Sucede que aun en una misma época y
1 consiguiente, también es necesario definir el significado de los que he una m1sma area geograf1ca los temas y profesiones diferentes no pre-
1
empleado en el título de este capítulo. sentan un cuadro homogéneo. No encontramos, y no cabe esperar que
El t~rmino Renacimien~o .ha sido causa de muchas discusiones y con- en.contraremos, un desarrollo paralelo en 1a historia política y econÓ·
trovers1as, y se lo ha def1n1do de modos muy variados. Como resulta- mica, en la teología, la filosofia y las ciencias; en la literatura y las
do de ello, el llamado problema dei Renacimiento se ha convertido artes. Tal como en nuestra época, o en cualquier otra, debemos estar
en tema de toda una literatura.' No pienso participar ahora en tal preparados para bailar en el Renacimiento cierto número de contra·
debate, sino decir meramente que por Renacimiento quiero significar, corrientes y de corrientes en lucha, incl uso tratándose dei mismo
poco más o menos, el periodo de la historia europea occidental que va lugar, tiempo y tema. Desde luego, es necesario definir y demostrar
de 130~ o 1350 a .160~. La~ controversias respecto ai significado de aparte de sii_nplemente afi_rma~, ese espíritu dei Renacimiento ai qu~
este per1od? de la h1st~r~a occ1dental se deben en parte a ideales y prefe- gu~tan ref er1rst; algunos h1stor1adores. Sabido sería, además, tratar la
r~nc1as nac1?nal~s, religiosas y profesionales, que han influido en el jui- un1dad dei per1odo como una idea reguladora en el sentido kantiano,
c10 de los h1stor1adores ; en parte también, es causa de e lias la enorme y no con:io un. hec~o establecido; considerarlo'como algo que guiará
comp.lejidad y diversidad dei periodo en sí, que inevitablemente queda nuestras 1nves!Jgac1ones y que esperamos obtener debido al resultado de
refle1ada en las opiniones de los historiadores modernos, de acuerdo nuestros estudios, y no como algo que damos por hecho el comienzo
con los aspectos que és tos pref ieren subrayar. En· el Renacimiento tene- de nuestra labor.
~os muchos individuos sobresa1ientes, muy diferentes a sus contempo· Si mi último comentario sonó agradablemente en los oídos de los
raneos; pese a ello, no creo que pueda decirse de ningún individuo que m~dievalistas, temo q~e .el siguiente. los decepcione, pues lo dicho por
represente a su época. Existen demasiadas diferencias nacionales reli- m1 respect? ai Rena.c1m1ento se aplica en medida incluso mayor a la
g~osas e incluso locales. Además, la elección que bagamos de ;ais 0 Edad Media, un per1odo de la historia mucho más extenso usualmente
c1udad en el cual centrar n.uestra atención creará grandes diferencias s!tuado entre el ano SOO y el 1300 o el 1350. Aunque n~ suele insis-

~
en nuestro modo de explicar el periodo. Pese a ello, algún sentido tiene tlrse en ello, no puedo menos que reparar en que el periodo medieval,
el insistir en el papel predominante de Italia y los Países Bajos en el como un todo, es tan complejo como el renacentista, o más. Con fre·
Renacimiento, 2 y el reconocer que, dentro dei marco mucho más amplio cuencia se bahia de la cultura medieval como de un fenómeno universal
o internacional, pero de ninguna manera están ausentes en él diferen·
t 1 Véase, en tre muchos otros estudios, el simpos io dirigido por Dana Durand y Hans Baron
publicado "' l uurtial o/ the lliJtory o/ /deus, 1943, núm. 4, pp. 1.74, Wallace K. Ferguso~ cias regionales; sucede, simplemente, que se oculta ese hecho cu ando un
e l ai., The RenaisSDnce, Nueva York, 1953 y 1962. The Renoissancc. Tinsley Helton Ma· historiador, supuestamente dedicado a describir la historia de la Edad
1• dison, Wis., 1961. Herbert Weisinger. "Renaissance Accounts of the Reviva) of Lear~ing", Medi~, n~rra en r~alidad. la histor~a medieval de su respectivo país.
Swdies in Philology, 1948, núm. 44, pp. 105· 118. Se tiene una historia complet• dei con.
{ cepto de R enacímiento en W. K. Ferguson, The Renaissance in His1orical Thou(lltt, Boston, Mas aun, las d1ferenc1as, por e1emplo, entre el período de las inva·
• 194a Zu Bet1ril/ und Problem der Rcnaissance, ed. por August Buck, Darmstadt, 1969. siones bárbaras, de la época carolingia y dei siglo xn o XIII parecen
1 Dos libros clósicos sobre cl siglo xv - Jncob Burckhardt, Die Kuliur der Renaisj{)nce mayores que las existentes entre los siglos XIV y XVI. Y en el siglo x111,
i n lialien, Basilea, 1860, y muchas ediciones posteriores, y Johan Huiz inga, Thc Wanin(I o/ ya surgidas las universidades, la especialización intelectual y el des·
lhe Middle Â(ltS, trad. por F. Hopman, Londres, 1924- · enfocan ltalia y los Pa.íses Bajos
arrollo tan diverso de los diferentes ~ectores de la civilización fueron
=peclivamente; de este hecho se desprende la considerable diferencia de perspect iva que
presentan. tan grandes, o casi tan grandes, como en el Renacimiento.
150
1 152 EL PENSAJ\.11ENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOF1A RENACENTISTA Y LA TRADICióN MEDIEVAL 153
l En otras palabras, no existe una tradición medieval única. Más bien sonas nuevas son quienes deciden qué conservar y qué cambiar, qué
l
tenemos muchas tradiciones diferentes, algunas muy opuestas entre sí. abandonar y qué destruir de lo recibido de sus predecesores. Deberán
l En realidad, debemos hablar de tradiciones medievales, en plural, o
definir en cada caso la que tengamos en mente. Si cierto es que, en "I'
conservarse las tradiciones siempre que representen valores genuinos, y
no todas ellas lo hacen. Para que esos valores sobrevivan, deben apro-
muchos de sus aspectos, el Renacimiento puede quedar unido a pre- piárselos las nuevas generaciones, y con ello quedan inevitablemente
1 cedentes medievales, como procuraré confirmar en este ensayo, igual· transformados. Por otra parte, en un sentido las tradiciones pueden re-
mente cierto resulta que esos fenómenos medievales ai parecer anuncia- sultar ef ectivas, incluso aunque no se las continúe y, por el contrario,
~ J dores de ciertas evoluciones del Renacimiento no necesariamente ocupan se reaccione en contra de ellas.
l el centro del escenario en su respectivo período o, en especial, duran- Cuando nos preguntamos lo que la tradición o las tradiciones me-
te la fase medieval inmediatamente anterior ai Renacimiento. 3 En con- dievales significaron respecto al Renacimiento, debemos procurar com-
secuencia, cuando le buscamos ai Renacimiento precedentes medieva- prender cuántas de esas tradiciones conservó dicha época, y qué con·
l
les, acaso veamos la Edad Media con una perspectiva diferente a la servó de ellas. Desde luego, el Renacimiento retuvo algunas, quizá

l que solemos aplicarle cuando la tomamos en sí y con ref erencia a las


tendencias en ella dominantes. Esa perspectiva diferente puede ser muy
instructiva mientras no pretendamos que es la única · legítima; igual-
muchas de las tradiciones medievales, pero no todas. E hizo cambias.
P or tanto, debemos tomar en cuenta los cambias y la continuidad. Acaso
sean sutiles y difíciles de descri bir. Mas al igual que en la vida y en
mente instructivo fue el considerar en ocasiones la Antigüedad clásica el arte, en la historia los matices son tan importantes como los hechos
desde una perspectiva medieval o renacentista, muy diferente a la que directos. Y si resultan difíciles de describir, más imperativa se vuelve
de sí tenía o a la que los siglos XIX y XX supusieron cierta.' la necesidad de un estudio penetrante.
Quisiera ahora dedicar unas cuantas palabras al término tradición, Cuando afirmo que el Renacimiento hizo algunos cambias, no me
que ha sido favorito de muchos eruditos, no excluyéndome yo. A últi- ref iero tan sólo a los elementos originales introducidos por él, o a esos
mas fechas los historiadores tienden a insistir en la continuidad de la otros que parecen aproximarlo a la época moderna. Deseo incluir asi-
historia y a subrayar el hecho de que, incluso tras un cambio tan radical mismo el fortalecimiento de las influencias clásicas, que habían sido
como una revolución o una conquista, se conservan ciertos rasgos del menos efectivas durante la Edad Media; el nuevo enfoque de f uentes ya
orden social anterior. Sin embargo, no olvidemos que en la historia familiares, como, por ejemplo, las obras de San Agustín," l a impor-
hay discontinuidades, y que incluso continuidad significa continuidad tancia c;lada a ciertos elementos de la tradición medieval que habían
en el cambio y no mera estabilidad. Ésta quiere decir inercia, algo estado presentes en la Edad Media, pero sin sobresalir mayormente y,
relacionado con las cosas, con las instituciones, mas no con los seres finalmente, volver a combinar y a ordenar ' los viejos elementos, pero
humanos. Además, ninguna fase de la historia humana es perfecta, al dándoles una imagen total nueva y diferente.
grado de que deban conservarse todos sus aspectos, incluso de ser po- La estabilidad de las tradiciones toca, ante todo, patrones tan gene-
sible esto. Una de las causas de cambio más obvias - y que los soció- rales como los géneros literario y artístico, los intereses y los métodos
académicos y p rofesionales ( aunque también se encuentren sujetos a
logos suelen olvidar- es que los seres humanos son mortales y se ven
1:g remplazados por personas o generaciones nuevas. A la larga, esas per- cambio) ; ahora bien, en esos patrones generales pueden darse cambias
y diferencias de estilo, calidad, posición, prestigio y hasta cantidad
fi .considerables. Algunos de los cambios ocurridos de la Edad Media al
l/l 8 Por ejemplo, el humanismo clásico ocupó una posición mucho más central en el
siglo xv que el ars dictaminis en los siglos xu y XIII, aunque pue4a considerarse el último, Renacimiento pudieran parecer menores desde nuestra perspectiva
en cierta medida, como predecesor dei primero. Además, los historiadores que acentúan los moderna, pero en su época parecieron importantes. Acaso se deba esto
antecedentes medievales dei humanismo renacentista, probablemente los encuentren má8
en el siglo xu que en el XIII. g Por ejemplo, San Agustín ocupa un lugar muy importante en la obra de Petrarca;
• Llevó a cabo esto, en gran escala, E. R. Curtius en Europ(Jische Literatur und l111eiflis. pero el enfoque de aquél hecho por éste es muy diferente ai de una mayoría de los segui-
clies Mi11ela4er, Berna, 1948, ttad. por Willard R. Trask como European Literature and IM dores medievales de San Agustín. Cf. Nícolae lliescu, ll canzoniere petrarchesco e
latin Middle Ages, Nueva York, 1953, Cf. P. O. Kristeller, "Renaissanceforschung und San( AsostiM, Roma, 1962. P. O. Kristeller, Studies in Renaissance Though.1 and Leuers,
Altertumswissenschaft", Forschuncen. und Fortschritte, 1959, núm. 33, pp. 363·369. Roma., 1956, pp. 355-372; y en este libro, capítulo 1v, pp. 105·106.
154 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFIA RENACENTIST A Y LA TRADICION 1.!EDIEVAL 155

al escorzo producido por la distancia que nos separa de ambos periodos. otros temas y su situación independiente dentro de un sistema de pen·
Desde luego, el Renacimiento comparte con la Edad Media la ausencia , samiento y cultura más amplio y complejo.
de todos esos elementos de la civilización moderna que fueron resul- AI examinar nuestro tema, no intentaré abarcar de modo individual
tado del desarrollo posterior. Si el Renacimiento carece de la física y las principales escuelas y corrientes de la filosofía renacentista, ni
la filosofía del siglo XVII y de la tecnología, la economía industrial describiré en cada caso las ideas principales y su relación con el pensa·
o la democracia política de periodos posteriores, esto no lo convierte miento medieval. Tal procedimiento exigiría un espacio con el que no
en más medieval, como no convertiría a la Edad Media en un periodo cuento. En lugar de ello, procederé de una manera que acaso parezca
antiguo o prehistórico. más ambiciosa y para la cual me encuentro menos calificado. Es decir,
intentaré examinar brevemente algunas de las principales tradiciones
Finalmente, no considero que los juicios de valor sean parte de la
intelectuales de la Edad Media, y exploraré qué ocurrió con ellas du-
tarea de un historiador, y deseo evitar los en lo posible. Cuando un gran ., rante el Renacimiento. AI aplicar tal enfoque, estaremos viendo la
medievalista afirmó que el Renacimiento ~ra la Edad Media menos 1
Edad Media desde una perspectiva renacentista, pero también el ·Rena·
la presencia de Dios,6 emitió un juicio de valor injusto, aparte de
cimiento desde una perspectiva medieval. No significa esto que me
haber cometido un error de hecho. Hemos de registrar los aconteci-
proponga pasar por alto o subestimar aquellos aspectos dei pensamiento
mientos dei pasado tal como se nos entregan, gustemos de ellos o no.
renacentista que ninguna relación tenían con la tradición medieval o
Desde luego, no podemos quedarnos con dos posiciones: afirmar que el que prepararon el camino para el desarrollo moderno ocurrido poste·
Renacimiento no es diferente de la Edad Media y, a la vez, decir que riormente. Ahora bien, mi tarea me hará ser menos explícito en la
era inferior a ella. Nuestras preferencias y antagonismos son inevita- atención que les preste. Temo, asimismo, que ai formular mi tema de
bles y dif ícilmente materia de discusiones; pero no vienen al caso en un modo tan general caiga yo en un exceso de generalización y me
nuestra labor de historiadores, y tampoco harán desaparecer aquellos vea f orzado a reducir un gran número de pensamientos y pensadores
acontecimientos que, por alguna causa, nos disgustan. Más aún, debe- a su común denominador menor, ya que una perspectiva demasiado
mos admitir que el progreso humano tiene limitaciones y que pagamos amplia hace que todo parezca igual y casi vacío. Espero lograr un grado
todo progreso genuino con la pérdida de algo. de concreción mayor prestando cierta atención a corrientes y problemas
El último término que habremos de examinar es el m'ás difícil de específicos. Sin embargo, el intento mismo de comparar periodos con·
todos: f ilosofía. Sabido es que cada filósofo, a partir de su filosofía, siderables y tradiciones amplias nos f orzará a subrayar los patrones
ba dado una def inición diferente de su tema. Aparte de esto, la filo· generales que los caracterizan en su totalidad, y no aquellas ideas espe·
sofía se encuentra unida a muchos otros aspectos dei hacer humano: la cíficas que, siendo más impresionantes, distinguen más bien a un pen·
religión y la teologia, las leyes y la política, las ciencias y la erudición, sador en lo particular que a una escuela o un periodo.
la literatura y las artes. Esos lazos están sujetos al cambio histórico. Este panorama debe comenzar atendiendo ai desarrollo de los estu-
Al mismo tiempo, la f ilosofía posee su propia tradición específica dios gramaticales y retóricos, ya que dicho desarrollo se encuentra ínti-
y profesional, que la diferencia de todas aquellas actividades con las mamente ligado, como veremos, ai movimiento intelectual más pe-
cuales se ha visto relacionada de un modo más o menos íntimo netrante del Renacimiento: el humanismo. Además, en la Edad Media
en las distintas etapas de su historia. Si deseamos comprender el papel esas actividades representaron la tradición inicial y más continua. En
de la filosofía en la Edad Media y en el Renacimiento, debemos tomar la instrucción escolar romana la gramática y la retórica f ueron los te·
en cuenta los dos aspectos de la filosofía; es decir, su íntima unión con mas de estudio principales. Su enseiíanza incluía la lectura e interpreta-
ción de los poetas y prosistas latinos clásicos, así como ejercicios prácti·
' t E:tienne Gilson, Les ·idées et les lettres, 2a. ed., Paris, 1955, p. 192: "La Renaissaoce, cos de oratoria y escritura! El futuro jurista o estadista disponía de una
telle qu'on nous la décrit, n'est pas le moyen âge plus l'bomme, mais le moyeo âge moins 1
preparación en leyes, pero no se habían establecido escuelas de filo·
Dieu... " Estoy consciente de la observación becba ("telle que l'on oous la décrit), y de los
comentarios mucbo más perceptivos que el mismo erudito bizo en otros lugares, en especial 1 Charles S. Baldwin, Ancient Retoric ond Poetic, Nueva York, 1924. Donald L. Clark,
en su artículo "Le moyen âge et le naturalisme antique", Are/tives d'/Ws1oire doctrinale et Rhetoric in Greco·Roman Educa1ion, Nueva York, 1951. H.·J. Marrou, Hisroire de féducalion
liuéraire du Moyen Age, 1932, núm. 7, pp. 5-37. dans rantiquité, Paris, 1948. Jléase capítulo xu.

i (
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156 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA F1LOSOF1A RENACENTISTA Y LA TRADIClôN J\fEDIEVAL 157

sofía, medicina o matemática en la parte occidental dei imperio, dizan los conocimientos acerca de la obra !levada a cabo por los hom·
escuelas que sí existían en el Oriente griego. Es importante recordar bres de letras irlandeses y carolingios, y acerca de las contribuciones
este hecho negativo porque la Edad Media tuvo una base romana y hechas por las escuelas catedralicias hasta la llegada del siglo xn.
latina, y no directamente griega. 8 Los eruditos latinos cristianos de Tenemos esas pruebas en la forma y el contenido de los escritos que
finales de la etapa antigua, quienes f undaron la Edad Media, habían de aquel siglo han llegado a nuestras manos, en los manuscritos de
absorbido la enseiianza gramática y retórica de las escuelas paganas. autores antiguos copiados y a menudo glosados durante dicho periodo,
Algunos de ellos -como Agustín y Boecio- podían agregar a lo ante· en los catálogos de sus bibliotecas y en los testimonios que acerca de
rior un conocimiento pleno de importantes sectores de la filosof ía sus escuelas existen. El surgimiento, en el siglo xn1, de las universida-
griega, que habían adquirido mediante sus amplias lecturas. Gracias a des y dei escolasticismo provocá la decadencia de los estudios grama-
sus enseiianzas y su ejemplo, esa herencia pasó a los siglos venideros.9 ticales y clásicos. Ahora bien, ya comenzado el XIV, reasumen esta
'•
En la temprana Edad Media la enseiianza f ue, en gran medida, un tradición los prehumanistas y los humanistas del Renacimiento italiano
• •
monopolio de la clerecía, ya que las escuelas más importantes eran las en sus prtmeros t1empos.
que dependían de los monasterios de la orden benedictina. La instrue· Parece obvia la relación entre gramáticos franceses dei siglo XII
ción en ellas dada tenía como base el esquema de las llamadas siete y los humanistas italianos, pero no se ha explorado suficientemente la
artes liberales, consideradas suma total de la sabiduría secular, las naturaleza y los límites precisos de tal relación. Necesitamos un aná·
que se identificaban con la fi losofía.1º En este ciclo de materias, que lisis detallado del contenido y las f uentes de los escritos debidos
incluía la lógica y las disciplinas matemáticas, la gramática y la retó· a los prehumanistas y humanistas italianos, y en especial de sus co·
rica -aunque de modo especial la gramática- ocuparon una posición mentarios a los autores latinos clásicos. No hay duda de que una com-
seiiera. Para entonces el latín había dejado de ser la lengua hablada de paración entre sus comentarios y los hechos en siglos precedentes ayu-
la Europa occidental, aunque por siglos continuó siendo la lengua de la dará mucho a demostrar que hay úna cierta continuidad en la forma
Iglesia y dei quehacer intelectual, de la administración y de la diplo- y el contenido de la actividad intelectual, así como en la enseiianza que
•'
• macia internacional. De esta manera, el estudio dei latín terminá siendo permitió la transmisión de dicha actividad.12
• la parte más elemental, pero a la vez más importante, de la enseiianza Sin embargo, una vez reconocido el nexo formal que hay entre los

gramatical.11 Sin embargo, los estudios medievales de la gramática estudios gramaticales de la Edad Media y el humanismo renacentista,
incluían así mismo, en su mejor expresión, la lectura e interpretación necesario será no pasar por alto las diferencias presentes. Aunque
.
1 de los autores latinos clásicos, así como la composición de prosa y algunos de los patrones formales parezcan iguales, queda por precisar
• verso en latín a par tir de la imitación de estos últimos. de qué manera se compara la cantidad y la calidad de la erudición
La orientación gramátical y retórica de la cultura medieval en sus humanista con la dei período medieval. Es importante darse cuenta -y
princípios se ha ido haciendo cada vez más evidente según se profun· esto no lo han logrado muchos estudiosos dei Renacimient~ de que, ~
en un aspecto de su actividad, los humanistas dei Renacimiento f ueron
8 H.-J. Marrou, Saint Augustin et /,a fin de la culture antique, Paris, 1938. Pierre Cour- los herederos profesionales de los gramáticos medievales. Mas igual
<'elle, Lcs lettres 11recqucs e11 Occide11t: De M1tcrobe à Cassiodore, Porls, 1943. William H. de necesario es comprender -y a esto se han negado muchos medieva-
Stahl, Roman Science, Madison, Wis., 1962. listas- que, en el conocimiento dei latín y de los clásicos latinos, los
9 E. K. Rand, Founders o/ the Middle Ages, Cambridge, J\fass., 1928.
'º Joseph Mariéta n, Probleme de la classi/ication des sciences d' Aristote à St. Thomas, 1' Fausto Ghisalberti, "Giovanni dei Virgilio espositore delle 'Metamorfosi"', Ciorntil•
Fribur(!:o, 1901. Martin Grabmann, Geschichte der scholastischen Methode, vol. 2, Friburgo Dantesco, 1933, núm. 34, pp. 31 y .u. Eva M. Sanford, "Tbe Manusoripts of Lucan", Specu·
de Brisgovia, 1957, pp. 28-54. Maorou, Saint Auguscin, pp. 187 y ss. P. O. Kristeller, "The lum, 1934, núm. 9, pp. 278-295; eadem, "Juvenal" en CataloBW Trarulali<>num et Corrimer..
Modern System of the Arts", en Renaissance Thought 11: Papers on Huma,,.ism and the Arts, tariorum, vol. 1, P. O. Kristeller, Washington, D. C., 1960. pp. 175·238. Cf., la nota 47 dei
Nueva York, 1965, pp. 163-227. Artes Libera/es, ed. por Josef Koch. Leiden y Colonia, 1959. capitulo v. El punto de vista pn:valeciente de que los estudios clásicos declinaron en e!
Arts /ibéraux et philosophie au Moyen Age, Actes du quatrieme congres international de siglo x1n ba sido moderado en clerta medida por E. K. Rand en "Tbe Claaslcs iD tbo
philo8ophie médiéva le, Montreal, 1967, Montreal y Paris, 1969. 'Ilüitffntb Century", Speculum, 1929, núm. 4, pp. 249-269. J'étue también Helene Wieru.
11 En la lengua vernácula italiana de los siglos Xllt y XIV la palabra "grammatica" signi- m'Wlld, "Rhetoric and tbe Claalca ln Itallu Edncatlon of tbe Tbimentb Csuury", SA.Ulia
ficaba el idioma latí n. GNtion 11, ColleClllMta StepMit ICUUMr 1, Bolonla, 1967, pp. 169-207.
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1
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158 EL PENSAJl-HENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFfA RENACENTISTA Y LA TRADICiôN MEDIEVAL 159
1

humanistas dei Renacimiento lograron avances considerables en com· pio de esto Aristóteles y algunos de sus comentadores. Se ha demostrado
paración con sus predecesores medievales. que, en algunos casos, los humanistas no pasaron de revisar algunas
Sobresale más la diferencia existente entre el saber clásico de los 1 ' traducciones medievales de las que disponían. 16 Pero,'en términos gene-
humanistas y el de los gramáticos medievales cuando pasamos dei rales, no estamos aún en posición de poder juzgar los méritos relativos
estudio dei latín ai estudio dei griego. No estaba por completo ausente •
de las traducciones medievales y humanistas de, digamos, Aristóteles,
en la Edad Media el conocimiento dei griego, como lo han probado pues, hasta donde yo sé, nadie se ha tomado la molestia de compararias
convincentemente estudios recientes; pero nunca llegó a ser tan común entre sí o con el texto griego. En tales circunstancias, deben conside·
o tan difundido como en la antigüedad romana o en el Renacimiento. u rarse gratuitos los juicios ai respecto hechos por los eruditos modernos.
En la Edad Media se tradujeron dei griego ai latín muchos textos im· No hay duda de que, en muchos aspectos de su conocimiento dei griego,
portantes, en especial durante los siglos XII y XIII. Esas traducciones los humanistas dei Renacimiento deben mucho a la tradición bizan-
tuvieron un papel importante en el estudio de la filosofía aristotélica tina; pero se trata de un tema insuficientemente estudiado y que no se
y de las ciencias, como ya veremos." Aun así, f ueron mucho más lejos relaciona directamente con nuestro asunto. 11
los estudios griegos hechos por los humanistas dei Renacimiento, quie- Los estudios de retórica se encontraban relacionados con los de gra-
nes en verdad dominaron la lengua griega y sus expresiones idiomá· mática de muchas maneras; mas, debido a una tradición antigua, se
ticas. Además, su actividad como traductores cubre toda la gama de la los consideraba más avanzados. AI terminar la Antigüedad, llegó a su
literatura griega antigua, llenándose así las lagunas dejadas por los fin la práctica dei discurso público, para el cual se había creado espe·
traductores medievales; con ello, por primera vez estuvieron a disposi- cialmente la retórica romana. Por tanto, la primera retórica medieval
ción de los lectores occidentales muchos autores y textos importantes.
quedó reducida a una teoría de la composición en prosa, y como tal
Con base en los manuscritos y las ediciones impresas, actualmente se
tuvo un lugar importante en los planes de estudio. Cuando muy avan-
explora mucho más a fondo el número y la dif usión de las traducciones 1 zado el siglo XI, la tarea sumamente práctica de escribir cartas de
humanistas dei griego. 16 Además de todo lo anterior, los humanistas '
negocios y documentos f ue ma teria de una rama especial de la retórica,
llevaron a cabo versiones nuevas de textos ya traducidos, siendo ejem-
llamada dictamen, que, ai parecer, se originó en Montecasino y, a
t3 Louise R. Loomis, Medieval He/lenism, Lancaster, Pa .. 1906. Bemhard Bischoff, "Das partir de allí, pasó a la curia papal y a las escuelas de Italia, Francia
griechische Element in der abendliindischen Bildung des Mittelalters", 8ywn1inische Zeit·
y otros países.1 ª La abundantísima literatura dei dictamen, compuesta
schrift, 1951, núm. 44, pp. 27-55. K. M. Setton, "The Byzantine Background to the ltalian
Renaissance", Proceedings of rhe American Philosophical Socieiy, 1956, núm. 100, pp. l-76.
ie Respecto a la9 traducciones que Leonard Bruni hizo de la Oeconomica seudoaristo-
Roben Devreesse, Les manuscrits grecs de CI1aüe méridionale, Biblioteca Vaticana, Srudi
télica, véase Hans Baron, Humanistic and Political Literature in Florence arul I'enice at tlae
• e Testi 183, Ciudad dei Vaticano, 1955. Roberto Weiss, "The Greek Cuhu.re oi South ltaly in
Beginning o/ 1/ae Quattrocento, Cambridge, Mass., 1955. Josef Soudek, "The Genesis and
the Later Middle Ages", British Academy, Proceedings, 1951, núm. 37, pp. 23-50; ú!., "The
Tradition of Leonardo Bruni's Annotated Latin Version oi the (Pseudo·) Aristotelian 'Ec:o-
Study of Greek in England during the Fourteenth Century", Rinascimento, 1951, núm. 2,
nomice'", Scriptorüun. 1958, núm. 12, pp. 260-268; ül., "Leonardo Bruni and His Puhlic: A
pp. 209·239.
Statistical and Interpretative Study oi bis Annotated Latin Veraion of the (Pseudo·)
" J. T. Muckle, "Greek Works Translated Directly into Latin belore 1350", Meáiaevd
Aristotelian Economics", Stu.dies i11 Medieool ond Renoissa11ce History, 1968, núm. 5, pp. 49-
Studies, 1942, núm. 4, pp. 33-42 y 1943, núm. 5, pp. 102-114. Respecto a traducciones dei 136. '
árabe y otras lenguas, véasc Moritz Steinschneider, Die europaischen Ubersetzungen aw dem
Arabischen bis Mitte des 17. l ahrhunderts, Graz, 1956. George Sarton. (ntroducrian to the
11K. M. Settoo, "The Byuotine Backgrouod to the ltalian Renaissance". Deno J.
Geanakoplos, Greek Scholars in Y enice, Cambridge, Mass., 1962. I'éase también el capítu·
Hisrory o/ Science, 3 vols.. Baltimore, 1927-1948.
to Catalogus Translarionum e! Commen1ariorum, 3 vols., ed. por P. O. Kristeller y
lo vu. Se tiene una comparación entre las traducciones medievales y las humanistas de
Aristóteles en P. O. Kristeller, Studies in Renoi.ssance Thought and Letters, Roma, 1956,
F. Edward Cranz, Washington, D. C., 1960-1976, en especial el artículo sobre Alejandro de
Afrodisia escrito p<>r F. Edwa rd Cranz, vol. 1, pp. 77-135, el artículo sobre Gregorio pp. 339 y u.
11 Respecto a la retórica medieval en general, véase Charles S. Baldwin, Medieval
Nacianceno de la hermana Agnes Clare '\Vay, vol. 2, pp. 43-192 y el dedicado a Teofrasto,
escrito por Charles B. Schmitt, ,·oi. 2, pp. 239-322. v,:ase tanouién R. J. Durling. "A Chrono· Rfaetoric and Poetic, Nueva York, 1928. lüchard McKeon, "Rhetoric in the llfiddle Ages",
logical census of Renaissance Edition• and Translations oi Galen", fournal o/ the Warburg SP,,culurn, 1942, núm. 17, pp. 1·32. En lo que toca ai ars dictaminis, véase Charles H.
ond Courtauld lnstit11tcs. 1961, núm. 24, pp. 230-305. Vito R. Giustini~ni, "Sulle traduzioni Ha...Júna, Studies in Medieval Culture, Oxford, 1929. Otras lecturas: P. O. Kristeller, "Mat·
ui
!atine delle 'Vite' Plutarco ntl Quattroctnto", Rinascimento 12, s. e. I, 1961, pp. 3-62.
'
• teo de 'Llbri, Bolognese Notary oi the Thirteenth CentuTy, and bis Artes Dictuminis",
160 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFfA RENACENTIST A Y LA TRADICiôN MEDIEVAL 161

de tratados teóricos y de colecciones de modelos, ha sido motivo de con- !i


' profesionales; además, y por buenas razones, la estudiaron en relación
siderables estudios, en especial en su periodo primero. Una vez más, 1' con las obras de Aristóteles dedicadas a la filosofía moral. 22 No obs-
como en el caso de los comentarios sobre los clásicos latinos, existe tante, se trata de un riachuelo si es comparado con la amplia corriente
un nexo formal entre la literatura medieval dei dictamen y la episto- dei dictamen, que gradual pero directamente llevó a la igualmente am-
lografía de los humanistas. He encontrado y publiqué un tratado sobre ' plia corriente de la retórica y la epistolografía humanistas. Cierto que
"
el dictamen escrito por uno de los principales prehumanistas, en el cual el dictamen ninguna relación guarda con la filosofía aristotélica, siendo
parece confirmarse dicho nexo.19 Sin embargo, la persistencia de un muy escaso su contenido filosófico; pero resulta históricamente signi-
patrón formal no deberá llevarnos a pasar por alto las considerables ficativo que, en sus prólogos, los dictatores tuvieran algunas preten-
diferencias de estilo y calidad !iteraria que separa a la epistolografía siones y demandas respecto a su disciplina. 2 ª Por vacías que nos pa-
de los humanistas renacentistas de sus predecesores medievales. Los rezcan esas demandas, aparte de unir a los dictatores con la primera
primeros eran consumados especialistas de los clásicos, y de los dic- tradición medieval de las Artes Liberales, los unen al programa de la
, . . .
tatores medievales no. Además, los humanistas componían sus cartas retor1ca anhgua y renacenhsta.
ateniéndose en lo posible a los modelos clásicos, y no a la práctica co· La práctica dei hablar en público, que desapareció hacia f inales de
mercial de las chancillerías medievales. 2 º La literatura de dictamen la Antigüedad, junto con las instituciones políticas y legales de las
merece respeto y atención considerables debido a su gran importancia cuales dependía, renació en la ltalia de finales dei medievo, ai surgir
práctica y cultural; sin embargo, ningún lector poseedor de una prepa· las ciudades-repúblic~s y ai renacer la ley romana en el siglo xur, si
ración mediana en el campo de lo clásico podrá dejar de encontrar no es que antes.2• Pronto f ue ma teria de la instrucción teórica y prác-
más interesantes y divertidas las cartas de los humanistas. ! tica. Los tratados sobre ars arengandi y los modelos de discurso que
Quiero insistir en que el corazón de la tradición retórica medieval han sobrevivido no se comparan ni por su número ni por su difusión con
está en el dictamen .• y no en el estudio de la Retórica, de Aristóteles, la vasta literatura de dictamen; aun así, su mera existencia basta para
que ha recibido mucha más atención de algunos historiadores espe- probar el surgimiento y la importancia relativa de la oratoria secular
21
cializados en este tema. La Retórica de Aristóteles fue estudiada en como fenómeno histórico, el cual, hasta hace muy poco, estaba olvi-
los siglos XJll y XIV por filósofos aristotélicos, y no tanto por retóricos dado por una mayoría de quienes estudiaban la retórica medieval.
Todavía se encuentra en sus primeras etapas el estudio de este material,
Miscellanea Giovanni Golbi4li m, Milán. 1951, pp. 283·320; id., "Un'Ars Dictamirai.s di pero es fácil demostrar que todas las variedades importantes de oratoria
Giovanni dei Virglllo", ltalia mcdior:vale e umanimca, 1961, oúm. 4, pp. 181-200. renacentista surgieron por primera vez en la Italia medieval, y que
Hasta donde yo ..é, no se ba visto que Gunr.o de Novara (siglo x), en su muy conocida
existe un nexo formal intimo y directo entre la oratoria y la huma-
carta a los monjes de Reicbenau, siga el esquema de las partes de una carta que máa
tarde seria común en los tratados teóricos sobre el dictamen (Guru.o, Epistola od Augien- 22 Esto ts muy evidente a partir de los manuscritos que contienen la Retórica y están
ses ••. ed. por Kad Manitius, Weimar, 1958). Desde luego, eae esquema tieoe como base descritos en el Aristoles Latinus, Godices, 3 vo!s., ed. por George Lacomba y otros, Roma,
la doctrina antigua de las ptwrtes dei discurso. Pero es algo nuevo ai emplear esas partes 1939; Cambridge, 1955; Brujas y Paris, 1961. Compusieron comenta·rios sobre la Retórica de
como elementos de una carta, agregándole el saludo, que no tiene equivalente en el diB- Aristóteles filósofos escolásticos tales como Egidio Romano, Cuido Vernano de Rímini y
curso. Por tanto, se diria que la práctica de eacribir cart88 precede en este sentido (y tal Juan de Janduno, pero no lo hiio ninguno de los retóricos profesionales o dictatores antes
vez en oiros) a la teoria dei dictomm, y que el origen de teorias tan caracteristiC88 como dei siglo xv. En la tradición de manuscritos en griego la Retórica no aparece entre las
la de las seis partes de la ca~I:& comienu.n mucbo antes de los primeros escritores de obras éticas de Aristóteles. JI écue André Wartelle, lnventaire des manuscrits crecs d'À ristote
dictamen conocidos. et de ses commentateurs, Paris, 1%3.
1• Kristeller, hUo' Ars Dictaniinis dí Giovanni dei Virgilio". ª
2 Varios diccacores conceden importancia lilosófica a su 1ema en los pre!acios que

ao Se tiene un c:u.men característico de esta cuestión en P. O. Kristeller, ..An Unknown escribieron. CI., Helene Wieruszowski, "Ars Dictaminis in 1he Time of Dan1e", A-fedietoli.a
Correepondence of Alessandro Braccesi with Niccolo Michelo22i, Naldo Naldi, Bartolommeo el Hul7Ulnistica, 1943, pp. 95·108 y 105.
Scala, and other Humanists ( 1470·147'2) in Ms. Bodl. Auct. F. 2. 17" en Cla.ssical, Meditval, " Véanse los capítulos v, XIII y XIV. Véase tamliién Alfredo Gal!eni, L'Eloquenza Julie
ond Re'WWance Studies in Honor o/ Berthold Louis UU111411, Tol 2, Roma, 1964, pp. 311·363. oricini ai XVI secolo/Storia· dei generi letterari italiani, Milán, 1904·1938. Respeclo a la
n füchard McKeon, "Rhetoric in the Middle Ages", Speculum, 1942, núm. 17, pp. 1-32, retórica humanista, véase Charles S. Baldwin, Renaissance Licerary Theory and Praccice,
apenas examina el dictomen. J'éase abora Jamee J. Murphy, Rhetoric in tht Middle A~i. Nueva York, 1939. Donald L. Clark, Rhetoric and Poetry in the Renaissance, Nueva York,
Berkeley, Cal., 1974.. 1922. O. B. Hardison, The Endurinc Monument, Chapei Hill, N. C., 1962.
162 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA F1LOSOFtA RENACENTIST A Y LA TRADIC!ôN MEDIEVAL 163

nista. Una vez más debemos agregar que los discursos humanistas son frente a las vigorosas tradiciones de otras actividades. Tal es el signi-
muy distintos de sus contrapartes medievales y que, en mi opinión, los ficado de la li amada defensa de la poesia por parte de los primeros
superan en estilo y en contenido, si no en interés histórico. humanistas (significando aqui poesia el saber humanista), y la razón
El surgimiento de los estudios humanísticos no fue, en el Renaci- de sus repetidos ataques contra el escolasticismo.
miento, un fenómeno limitado ai campo de la gramática y la retórica, Loi. humanistas estaban dedicados a transformar todo el sistema de
como pudieran hacer creer algunos de mis comentarios ant~ri~res, sino educación secundaria y a imponer sus normas intelectuales y estilistas
que f ue de consecuencias tremendas para todas las demas areas dei a las demás disciplinas académicas; en cierta medida, tuvieron éxito.
saber y' de la civilización, incluyendo la f ilosof ía. Prácticamente todas Ahora bien, no llegaron a remplazar los temas tradicionales de esas
las f uentes de la filosofia griega f ueron conocidas entonces bien por disciplinas, aunque uno de sus últimos y más brillantes representantes,
primera vez, bien gracias a traducciones nuevas y, ~egún se opina, me· el espaiíol Vivés, intentó conseguirlo.
jores. Muchos medievalistas son incapaces de apreciar ese desarrollo, o En lo que a la f ilosofía toca, los humanistas consideraban e) pen-
no se dan cuenta de que las f uentes de pensamiento antiguo a disposi- samiento moral una província que les correspondia. Es muy voluminosa
ción de los pensadores medievales eran muy limitadas e indirectas en la literatura de tratados, diálogos y ensayos morales que produjeron.
comparación con el volumen de literatura griega hoy existente, aunque Las ideas morales de Petrarca y Salutati, Bruni, Valia y Alberti, así
los siglos XII y x111 hayan manifestado u.na gran activ!dad en el c~mpo como de Erasmo, Montaigne y muchos otros eruditos representan la con-
de la traducción. A remolque dei humanismo renacenhsta se conoc1eron tribución más directa dei humanismo renacentista a la historia dei
mejor y resurgieron filosofias antiguas ajenas a la de Aristóteles; pensamiento occidental.
hablamos dei estoicismo, dei epicureísmo y dei escepticismo, por no Aparte de un cierto número de importantes ideas específicas que
mencionar el platonismo, que tenía un lugar propio y ai que más ade· son propiedad de algunos humanistas y no de todo el movimiento, di·
lante examinaremos. ríamos que la pri.ncipal contribución dei humanismo renacentista está en
Sujetos a la influencia de sus ideales retóricos y culturales, los hu· la tremenda dif usión de la cultura y la sabiduría seculares ocurrida
manistas provocaron un cambio total en la f ilosofía; pero no sólo res- en los campos de la literatura, la historiografia y el pensamiento mo-
pecto a las fuentes, sino también. en el estilo, en la terminologia y en ral. Esa evolución no f ue totalmente nueva, y en alguna medida se la
los géneros. Acuiíaron para sus estudios ( con base en antecedentes puede retrotraer a la tardia Edad Media. Aun así, alcanzó su momento
clásicos) el término de studia humanitatis (humanidades),'' y formu· culminante durante el Renac.imiento.
laron ideales educativos y culturales nuevos, que en mucho ayudaron a Cierta justificación hay en afirmar que el programa y la contribución
elevar el prestigio y la influencia de que g~z~?an, ª Estos ho~bres
2
de los humanistas fue, en su centro, más bien cultural que filosófica.
afirmaban haber logrado un renacer de la erud1c1on y las letras, s1endo Omitió varias problemas y aspectos que son parte integral de la filo·
con ello causa dei nombre Renacimiento con que hoy conocemos a ese sof ía según se la entendia anterior o comúnmente, incluyendo a la vez
período.'" muchos asuntos - de la erudición )iteraria e histórica- que no suelen
AI reclamar para sí tales reconocimientos, no hay duda de que los !'t>r tomados como parlr de la filosofia. Sin embargo, en nuestra época,
• humanistas eran injustos con sus predecesores medievales; mas estaban t:uando mucha~ personas aceptan los alabos dados a las ciencias como
procurando establecer la importancia de su campo, las humanidades, un sustituto ele la filo~ofía, bien podemos perdonar a los humanistas
que hayan hecho lo mismo con las humaniclades. Después de todo, en
•• Augusto Campana, "The Origin oi the Word 'Humanist' ", ]ournal u/ the Warburg j las humaniJades hay problemas y aspectos filosóficos, como también
and Courtauld /n•litule•, 1946, núm. 9, pp. 60·i3. Ciuseppe Billanovich, "Da autori.ia ad los ha y en la~ ciencias.
1 umanista". en Wort und Te.t i, Fesuchri/1 /ür Fritz Schalk, Frandort, 1963, PP· 161.166.
El interés de los humanistas dei Renacim iento por los clásicos y
Véansr. tamhií•n PI'· 9' y 283-284.
to W. H. Woodwanl. Scudie• in Education during the Age o/ tht Renaissance, Cambridge, por la sabiduría secular hizo que muchos críticos contemporáneos e
' 1906. F:11ge11io Cari11, ll 1~nsiero pedasogico delio umanesimo, Florencia, 1958. historiadores modernos consi deraran pa~anos a csos hombres, acusación
! 21 Ferguson, The Renaissance in Historical Thoughc. Herbert Weisinger, "Renaissance
Accounls oi 1he Reviva! of Learning", Scudies in Philology, 1948, núm. 45, pp. IQS.118.
dificilmente def endible a la luz de la información que poseemos. Si lia·
n1amos a Alberti pagano porque en sus escritos morales no menciona
164 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFIA RENACENTISTA Y LA TRAD!ClóN MEDIEVAL 165
'
f uentes cristianas, lo mismo habría de decirse de Boecio. Está de moda actitudes de Juan de Salisbury o de San Bernardo' de Clairvauv indican
hoy en día, en ciertos círculos populares, sostener que toda nuestra he- que esa tendencia encontrá resistencia incluso entre eruditos de inte·
rencia espiritual y moral tiene como origen la tradición judeocristiana. gridad intelectual y religiosa incuestionable.
'fal afirmación revela una ignorancia abismal de la historia verdadera Otro cambio que acompaiió a esa evolución fue el esfuerzo por trans·
dei pensamiento occidental. Ocurre que las raíces de muchas de nuestras formar la doctrina cristiana en un cuerpo de enunciados coherente y
ideas fundamentales están en la filosofía griega; esas ideas jamás han sistemático, a partir de los dispersos pronunciamientos existentes en las
dejado de ejercer una influencia directa y las tradiciones judías y cris- Escrituras, en los concílios y en los Padres de la Iglesia. Dicho proceso
tianas las han asimilado de distintas maneras.28 culminá en las Sentencias, de P edro Lombardo, el texto teológico que
Ha llegado el momento de decir algunas palabras acerca de la tra- sirvió de guía en los siglos posteriores, y en la Summa Theologiae
dición medieval de la teologia cristiana y acerca de su transf ormación de Santo Tomás de Aquino.
durante el Renacimiento. El origen y crecimiento de la religión cris· En los siglos XIII y XIV se enseiió la teologia en Paris y en otras
tiana, la evolución de sus principales doctrinas teológicas y su sintesis universidades junto con algunas disciplinas más. Tendió por entonces
con las tradiciones !iterarias y filosóficas de los griegos y los romanos a hacer de lado su antigua confianza en los escritos de San Agustín y a
pertenecen a las fases postreras de la Antigüedad clásica. Ese proceso aliarse en grado cada vez mayor con la filosofía aristotélica. San Al-
quedá concluído casi por completo a comienzos de la Edad Media. El berto Magno, Santo Tomás de Aquino, Juan Duns Escoto, Guillermo
cristianismo y el catolicismo son en igual medida medievales que anti- de Occam y el averroísta Siger de Brabante representan tipos y fases
gu~s o modernos. Si bien nadie negará que la religión y la teologia distintos de esa teologia aristotelizante.
tuv1eron papeles dominantes en la Edad Media, cada vez está más claro Cuando pasamos de la tardía Edad Media ai Renacimiento, notamos
que el pensamiento y la sabiduría medievales nunca se vieron limitados que continúan con todo vigor las tradiciones de la teologia escolástica
exclusivamente a la teología. Incluso en la temprana Edad Media se o aristotélica. Tienen numerosos seguidores las escuelas teológicas dei
estudiaban la gramática y otras artes liberales como cuestión aparte tomismo, dei escotismo y dei occamismo. Se puede demostrar que,
de la teologia, aunque siempre, asimismo, como preparación para ella. durante ese período, el tomismo comenzó a ejercer una influencia
En la alta Edad Media la t~ología en sí suf rió cambios importan- mucho mayor fuera de la orden dominica que durante el siglo XIII o
30
tes.'9 En los siglos XI y XII el estudio de la lógica y de la dialéctica XtV. Se ha demostrado que la teología de Lutero estuvo influída por
comenzó a crecer a costa de la gramática y la retórica, especialmente el vigoroso occamismo de las universidades alemanas del siglo xv. 31
en las escuelas dei norte de Francia; se desarrolló más a f ondo la Con ello, se ha puesto de moda llamarle un pensador medieval. Por
forma dada a los planteamientos y a los comentarios, y se aplicá otra parte, la teologia católica pasó por un robusto renacer durante el
el nuevo método de la argumentación lógica ai tema de la teologia. siglo X vr, Iras haberse fundado la orden jesuíta y haber ocurrido
Tal es el significado preciso de la expresión teologia escolástica. Las el Concilio de Trento, en especial en las universidades de Espaiia y de
P ortugal. Este renacer se une de muchas maneras a las ideas y los
28 Saul Liebcrman, Grttk in }twi>h Paltstint, Nueva York, 1942; iJ., Htlltnism in Jewüh métodos de Santo Tomás y de oiros teólogos medievales.n
Paltstint, Nucva York, 1950. F. C. Crant, Roman Htlltnism and tht Ntw Tts111men1,
Nueva York, 1962. Edwin ff3tch, Tht ln/lutnct o/ Greek ldeas on Chrü1iani1y, ed. por 10 Franz Ehrle, Der Sentenzenkommtntar Peters 110n Candia, ~fünster, 1925. Ricardo
F'. C. Crant, Nuev3 York, 1957. Charles N. Cochrane, Chris1ia.nil1 <rnd Classical Culrurt, Garcia Villoslada, La Universidad de Paris duraMe loJ estudios de Francisco dt Vitoria,
Londres, 1944, airibuyc a los Padres de 13 lglesia e incluso a San Agustín originalidad filo- Roma, 1938. P. O. Kristeller, Le Thomisme ti la pensie italienne de la Rtnaissance, ~fon·
.!>Ófica en muchos puntos, cuando, de hecho, dependen de fuentes estoicas o neoplatónicas; tr~al y Pari•, 1967; aparece en la traducción ai inglês sin los dos textos de apoyo en latin,
véase mi resciia en The Journal o/ Philosophy, 1944, núm. 41, pp. 576-581. La literatura en Meditt10l Aspects o/ Renais$(Jnce Leaming, etl. y trad. de Edward P. M&honey, Durham,
dedicada a 13 influencia clá!ica en los Padres de la Iglesia es demasiado extensa para que N. C., 1974, pp. 27-91.
podamos citaria aquí en deralle. Jt Roland H. Bainlon, Here / Stand: A Li/e o/ 1'rfartin Luther, Nueva York, 1950. Heiko

•~ l\brtin Crabmann, Die Geschichre der karholischen Theologie, Friburgo, 1933; reim· A. Oberman, The Harvesr o/ Medieval Theolocr, Cambridge, M as~ .. 1963.
pre~o en Darmstadt, 1961. A. l\of. Landgraf, E:in/Ührunc in die Geschichtt der theologi.schen 32 Crabmann, Die Geschichte der katholischtn Theologie. Cario Ciacon, La seconÚ<i sco·

l.itteratur der Frühscholustik, Regensburgo, 1948. Joseph de Ghellinck, Le mouvement théo· lastica, 3 vols., Milán, 1944·1950) . Frederick Copleston, A History o/ Philosophy, vol. 3,
logique du XI/e siêcle, 2a. ed., Bruselas y Paris, 194&. W~5tminsler, Md., 1953.

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166 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA
LA F1LOSOF1A RENACENTISTA Y LA TRADIClôN MEDIEVAL 167
Sin embargo, será un error pasar por alto la influencia dei movi-
miento humanista en la teología dei Renacimiento. Los humanistas ex· t~l expresión. Porque para él, claro está, si la teología era cristiana, la
plicitamente interesados en cuestiones teológicas (a quienes bien po- f1losofía era aristotélica. Y la cuestión no estaba en poner la filosofia
dríamos llamar humanistas cristianos) de ninguna manera se opon!an cristiana en lugar de la aristotélica, sino en determinar su relación y en
a la religión o la teologia en si, aunque sí criticaban a la teología esco· reconciliarias hasta donde fuera posible.
lástica en razón de una piedad sencilla y de una sabiduría religiosa Este problema de la relación entre filosofia y teologia siguió preo-
que estahan de acuerdo con los ideales de ellos. Preferian a San Ber- cupando a los pensadores dei Renacimiento, tal como habia preocupado
nardo a los escolásticos, consideraban a los Padres de la Iglesia como a Santo Tomás de Aquino y los oiros escolásticos. La existencia misma
clásicos dei cristianismo, insistian en que más bien eran gramáticos que ~el proble~a demuestra que, en contra de lo afirmado hoy dia, ya en el
dialécticos en el sentido medieval y def endian el estudio directo de s1glo XIII, s1 no es que antes, la filosofia era una cuestión distinta a la
la~ Escrituras. Ade más, aplicaron los nuevos métodos dei quehacer filo- teologia, si bien nunca opuesta y si subordinada a ella. En e! siglo XIV
lógico e histórico ai estudio e interpretación de las Escrituras y de los la enseiianza de la filosofia se f ue divorciando cada vez más de la teo-
primeros autores eclesiásticos. 33 l~gia, incluso en Paris. ~n!re los filósofos fue la tendencia prevale-
Este enfoque humanista de la teologia va de Petrarca a Erasmo, y c1ente reconocer la super1or1dad fundamental de la teologia, pero afir·
fue de enormes consecuencias en el catolicismo y el protestantismo. Ni mando a la vez la relativa independencia de la filosofía dentro de su
Lutero se salvó de él, siendo fácil discernir su influencia en Melanch- propio dominio. Tal es la posición de Siger de Brabante, a la cual suele
ton, en Cal vi no y en algunos teólogos espaiioles. ' llamarse averroísmo o la doctrina de la doble verdad.ªª
Acaso el Renacimiento haya producido algunos eruditos y pensadores Los aristotélicos italianos dei Renacimiento -como Pomponazzi-
indiferentes ai cristianismo o ajenos a algunas de sus enseiianzas. Pero, heredaron esa posición de sus predecesores medievales. 3 ' Por otra parte,
en términos generales, lejos está el periodo de ser anticristiano, como los platónicos renacentistas subrayaban la armonía habida entre la re-
en ocasiones se lo ha representado. Cierto que la expresión filoso· ligión y la filosofia, quedando por ello más cerca de la posición de
fía cristiana, recientemente utilizada para caracterizar el pensamien· Santo Tomás, aunque su tendencia era conceder a la filosofía más igual-
to medieval," huhiera sido entendida con mayor f~cilidad por algunos dad e independencia que la considerada por los teólogos medievales."
humanistas dei Renacimiento que por los escolásticos medievales. Fue Tencmos aqui un hermoso ejemplo de cuán inadecuadas resultan las
Erasmo quien hahló de la Filosofia de Cristo, como en el siglo 11 lo etiquetas que suelen utilizarse en el discurso histórico respecto a estos
hiciera Justino Mártir.u Santo Tomás de Aquino no podía usar ni usó temas; vemos, además, que hay varias tradiciones medievales y distintas
filosofias renacentistas. Cada una de esas filosofias renacentistas tiene
33 Viase capitulo IV. E. H. Harbison, The Chrütian Scholar in the Age o/ the Refor· sus propias f uentes y antecedentes medievales; e incluso si consiguié-
matwn, Nucva York, 1956. Pontien Polman, L'i liment hütorique dan.s la conuoverse rtÜ· ramos establecer las relaciones correctas, la presencia de un nexo no
gieuse du XY /e siécle, Gerobloux, 1932. Albert Hyma, The Christian Renaissance, Nueva significa que un determinado sistema de pensamiento ocupara en su
York, 1924.
" Especialmente por ttienne Cilson en L' esprit de la philosoph~ midiit-ale, 23 ed.,
tiempo el mismo lugar que su predecesor en el periodo anterior.
Paris. 1944; id., Hi.story o/ Christian Philosophy in IM htiddlc Ages, Nueva York, 1955. Sólo brevemente atenderemos otra rama dei saber que tuvo gran
Desde luego, no niego que los filósofos medievales fueran cristianos y que su filosofia. por
ÕS14 Y otras rftzones, dcbe ser diferenciada de las de sus contemporâneos islâmicos y judÍo'I. Justino Y lo~ otros apologistas de la época, viase M. V. F.ngelh.trdt, Das Chrisrenthum Jus·
Sin embargo. hasta donde yo sé, ninguno de los pensadores medievales que Gilson tiene en IW des t.féirtyrers, Erlengen, 1978, pp. 223-231. Carl Christian Clemen, Die reli8ionspliiloso·
mente usa cl término "filosofia <·ris1iana", hecho que me parece importante. phische Bedeutung des stoisch-christlichen Eudaemonismus in lustins Apologie, Leipzig, 1890.
35 &asmo emplea una y otra vez los términos philosophia Chri.sti y philosophia Chf'i.sria. J. Quasten, Patrology, vol. !, l;trecht, 1950, pp. 196, 220.
38 Ernest Renan, Averroes et raverroisme, Pari~. 1852. Pierre Mandonne1, Siger de Br(J,
na, e~pecialmente en los prefacias ai Enquiridión y en su edición dei Nuevo Testal'Mnlo,
Ausgewéihlte Wtrke, ed. Annemarie y llnjo Holbom, Munich, 1933, pp. 5-7, 9, 139 y ss. bant et faverroisme latin au XII/e siecle, 2~ ed., Lovaina, 1908·191!. Stuart MacC li ntock,
Respecto a Justino Márti r, el pasaje deci.üvo se encuen1ra en Dialogus cum Tryphone, Perversity and Error: Studies on rhe ~ Averroist" John o/ /aruiun, Blooming1on, Jnd., 1956.
'1 Bruno Nardi, Si8ieri di Brabante nel pen.1iero dei Rinascimento italiano Roma 1945 ·
vol. 1, cap. v111, ed. por George~ Archambauh, Paris, 1909, p. 40: "(>LaÀoy1l;6µtvóç ~e tt()Õ; • • •
tµavtôv to\iç ).óyou~ avtoü tUIÍ'!'l)V µóvt)V dlQLO'KO-V cp1Àoaocptuv á.acpu).~ tt xal <JÚµcpoQO'V. id., Saggi sulf Aristotelismo Pado.ano del seco/o X IV ai XVI, Florencia, 1958.
Oi.\twç õ"i xut li1à tuifta <P•ÀÓOocpo; tvw." En lo que toca a la e•prtsión de la idea en la P. O. Kristeller, li pensicro /ilosofico di Marsilio Fici110, Flcxrencio, 1953, pp. 18-20,
346·349.
168 EL PENSAMIENTO RENACENTIST A Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFJA RENACENTIST A Y LA TRADICION MEDIEVAL 169

importancia durante la Edad Media y el Renacimiento, pero que, por La importancia filosófica de la tradición legal radica, sobre todo, en
distintas razones, mantuvo una relación tenue con la corriente central el campo del pensamiento político; y es significativo que algunos de los
del pensamiento filosófico durante ambos periodos: la jurisprudencia. pensadores políticos más sobresalientes del siglo XVI ~orno Jean
En la temprana Edad Media el estudio de la ley civil y dei derecho canÓ· Bodin- hubieran estudiado leyes." Podemos agregar a todo esto el
nico estuvo un tanto sumergido y, al parecer, se lo llevaba a cabo, en concepto de ley natural, una idea importante cuyo origen está en la
buena medida, dentro del marco de las siete artes liberales. Después filosofía estoica y que de las f uentes estoicas pasó al texto mismo de
del siglo XI el estudio dei derecho canónico tuvo una evolución similar la ley romana.' 3 Cuando San Agustín la adoptó, fue interpretada des·
a la de la teología: quedó sujeto a los nuevos métodos de la dialéctica, de una perspectiva neoplatónica,.. forma con la cual llegó a las ma·
y se le dio un orden y una disposición sistemáticos en el Decretum, de "
nos de Tomás de Aquino y otros teólogos medievales. La revigorización
Graciano, y en otras importantes colecciones canónicas.39 En el caso de esta doctrina en el siglo xvu debe mucho al pensamiento legal y
de la ley civil, el hecho principal, aparte de la aplicación dei método teológico dei XVI. Hoy en día está de moda considerar anticuada la
dialéctico, f ue la adopción del Corpus l uris romano como texto de en· doctrina de la ley natural; sin embargo, no veo cómo podamos sujetar
sefianza oficial de Bolonia y en otras escuelas de leyes, así como su a una crítica moral una ley positiva determinada si no mantenemos una
aceptación como un código legal válido en Italia y otros lugares.•º norma moral universalmente válida con la cual juzgarla y mediria.
Cuando pasamos de la Edad Media ai Renacimiento, vemos que la
Las tradiciones científicas de la Edad Media, que debemos meneio·
enseiíanza legal continúa sin interrupciones y que se ha acumulado un nar aunque sólo sea de pasada, han sido motivo de muchos estudios en
enorme volumen de comenta rios, planteamientos y opiniones ( consilia)
tiempos recientes; además, tienen un papel central en las controversias
legales, que han sido clasificados mínimamente en lo que toca al se·
gundo periodo, a los que se ha estudiado y cuya existencia parece no generalmente muy encendidas que hay respecto a la relación entre l a
tener valor alguno para los historiadores. Edad Media y e l Renacimiento, así como respecto a los méritos y las
contribuciones de esos dos periodos!º Deseo subrayar que, en mi opi·
Aparte de esta tradición legal, a menudo llamada mos ltalicus por
estar representada más sólidamente en las escuelas de leyes italianas, nión, no existe la Ciencia así, con C mayúscula; hay una variedad de
el humanismo renacentista influyó mucho en la jurisprudencia, culmi· ciencias distintas, cada una con su tradición y con su especial evolu·
nando esto en el mos Gallicus en el siglo XVI. Su tendencia principal ción histórica. Sólo dos ciencias, o grupos de ciencias, han tenido desde
era el remplazar el método dialéctico abstracto de los juristas medie· la Antigüedad una historia propia relativa, si no completamente inde·
vales por una interpretación filosófica e histórica de las f uentes de la
ley romana. Si, según se dice, los lazos entre la práctica legal y la ley
02 Pierre Mesnard, L'essor de la philosophie politique au X li' e siêcle, Paris, 1936.
1 • 3 Se conserva la oración inicial dei tratado que Crisipo dedicó a las leyes porque está
romana se f ueron debilitando a causa de tal evolución, no hay duda inserta ai pie de la letra en el Corpus luris (Dig., I, 3, 2, cita de "Marcianus libro primo
i'
de que,' por otra parte, hubo un progreso tremenda en la comprensión de inslitutionum"). Cf. Hans von Arnim, Stoicorum Veterum Fragmenta, vol. III, Leipzig, 1903,
la ley romana en ni vel histórico." p. 77, núm. 314 (quien menciona a Marciano, pero no el Corpus luris) .
... D e ordine, II, 8, 25. D e vera religione, 31, 58. De libero 11rbierw, I, 6. Cf. ~tienne Gil·
39 J. F. von Schuhc, Die Ceschicht.: der f u.ellen und literatur des canonischen Rechts, son, ln1roduc1ion à ftlude de Saint Augusiin, 3a ed., Paris, 1949, p. 168. Santo Tomás de
3 vols., St uttgart, 1875-1880. Stephan Kuttner, Repertorium der Ka11011is1ik, vol. I, Ciudad Aquino, Summa TheologÚJe, Ia-Iaae, q. 91·95. Cf. tambiên Graciano, Decre1um, Dist. I, C.7.
dei Vaticano, 1937. Joseph de Ghellinck, le mouvemen1 théologique au Xlle siecle, 2' ed., •• Pierre Duhem, ttudes sur Léonard de Vinci, 3 vols., Paris, 1906·1913. Emest Moody,
Bruselas y Paris, 1948. "Galileo and Avempace", /oumal of the Hisiory of ld-eo.s, 1951, núm. 12, pp. 163-193, 375.
•° Friedrich Karl von S•vígny, Geschichte des riim.ischen Rechts im Miuelalter, 2' ed., 422. Marshall Clagett, Giovanni Marliani and Late Medieval Physics, Nueva York, 1941);
7 vols., Heidelherg, 1834-1851. Herinann Kantorowicz, Studies in the Clossators of the Ro· id., The Science o/ Mechanics in the Middle Ages, Madison, Wis., 1959. Anneliese Maier,
man law, CamliriJge, 1938. DorndJ R. Kdly, Foundutions o/ Modem lli.storical Scholar- Die Vorwufer Galileis im 14. /ahrhundert, Roma, 1949; eadem., An der Grenze von Scho·
ship, Nueva York, 1970: id., "Historical Thought and Legal Scholarship in Sixteenth·Cen· las1ik und Nalurwissenschaft, 2a ed., Roma, 1952; eadem, lwischen Philosophie und Mech·
tury Francc" ( te~is doctora I, Columbia Uni\'ersity, 1962) . anik, Roma, 1958; eadem, Ausgehendes Mi11elalter, 2 vols., Roma, 1964·1977. A. C. Crombie,
•1 Guido Kisch, /lun11Jnismus und /urisprudenz, Basilea, 1955: id., Erasmus und die Augustine 10 Galileo, Londres, 1952. Edward Rosen, "Renais.sance Scitnce As Seen by Burck·
/urisprudenz seiner Zeit, Basilea 1960. Domenico Maffei, Gli inizi delfumanesimo giuridico, hMdt .and His Successors", en The Renaissance, ed. Tinsley Helton, Madison, Wis.s., 1961 ,
Milán, 1956. 1 t>p. 77·103.
LA FlLOSOF1A RENACENTISTA Y LA TRADIClóN MEDIEVAL 171
170 EL PENSAMIENTO RENACENTJSTA Y LA EDAD MEDIA

pendiente de la filosofia: la medicina y las disciplinas matemáticas, Por otra parte, en el siglo XVI tuvieron un progreso continuo la ana·
con la inclusión en estas últimas de la astronomía. tomía y la cirugía, que se benefician menos de la teoria que de la
La temprana Edad Media apenas recibió una porción pequena de la observación y la práctica. Una figura como la de Paracelso demuestra
rica herencia de la antigua medicina griega. Solía considerarse la teoria que puede tenerse cierto éxito con base en una emancipación real o
médica como un apéndice de las siete artes liberales y, a menudo, la imaginaria de las autoridades antiguas.
práctica médica estaba en manos de personas sin conocimientos o sin Fue de mucha mayor importancia histórica el desarrollo de las dis-
un adiestramiento teórico formal. ... Una vez más, los cambios principa· ciplinas matemáticas, incluyendo la astronom ía. En las primeras es·
les ocurrieron en el siglo XII. Se tradujo dei griego y dei árabe un con- cuelas medievales se las estudiaba como parte de las siete artes libe·
junto respetable de tratados médicos más o menos avanzados, que f ue- rales, y constituían una de las dos subdivisiones principales dei sistema,
ron adoptados como libros de texto para la enseiianza de la medicina. el llamado cuadrivio. Sin embargo, si se le compara con los logros de la
AI mismo tiempo, la teoría médica recibió la influencia de la lógica antigüedad griega, el contenido real de esa instrucción era elemental
escolástica y halló expresión !iteraria en comentarios y planteamientos. en extremo, cosa que no nos sorprenderá si recordamos que incluso los
La escuela de Salermo, que en una etapa anterior había surgido como romanos tuvieron una participación modesta, si es que la tuvieron, en
una sociedad de practicantes, manif iesta dicha transf ormación en direc- esos logros.• 9
ción a la teoria y el escolasticismo a lo largo dei siglo xu; lo mismo El surgimiento de los estudios matemáticos y astronómicos está unido
ocurrió en Montpellier y en otros centros donde se estudiaba medicina. en el Occidente, asimismo, con las traducciones de escritos científicos
AI mismo tiempo, la rnedicina se alió con la fi losofia aristotélica, rasgo griegos y árabes, hechos durante los siglos XII y XIII. A partir de esas
que f ue característico de las universidades italianas hasta muy entrado bases, los científicos medievales absorbieron la geometria euclidiana,
ya el Renacimiento." Esa alianza explica, ai menos en parte, el carácter el álgebra árabe, la astronomia tolemaica y, ai menos en parte, la mecá·
secular y averroísta dei aristotelismo italiano, carácter que muchos nica de Arquimedes, haciendo contribuciones propias, especialmente en
historiadores han notado. el campo de la mecánica, como se ha subrayado en estudios recientes. 50
A pesar de esa continuidad, la medicina renacentista suf rió la in- Sin embargo, parece indudable que algunos de los tratados griegos
f luencia dei humanismo en igual medida que la teología o las leyes. de matemáticas más avanzados no f ueron traducidos hasta el siglo XV I;
Se conocían muy bien ya varios escritos de Hipócrates y Galeno desde en ese mismo siglo tenemos los primeros logros notables en que se sobre·
el siglo XII, o incluso antes; otros más a partir dei XIV y un número sor- pasaba a los antiguos, corno son la solución de las ecuaciones cúbicas
prendentemente grande de sus obras fue traducido por primera vez en y la nueva astronomía de Copérnico, Tycho Brahe y Kepler.51
los siglos xv y xv1.'1 Se verá claramente la importancia de ese hecho Hacia fines dei siglo XVI Galileo había dado el paso trascendental
cuando se estudie y evalúe con todo cuidado la contribución de esos que. f ue fundamento de la primera ciencia moderna; es decir, la apli-
recién traducidos escritos antiguos sobre conocimientos médicos, algo cac1ón de los métodos matemáticos a la física, que hasta aquel entonces
que apenas acaba de empezar. había sido considerada parte integral de la f ilosofía aristotélica. Si
queremos insistir en que los sabios medievales de los siglos XIII y XIV
" L. C. t.facKinney, Early Mediewl MediciM, Bahimore, 1937. Henry E. Sigerist, "The habían anticipado algunos de esos avances, afirmación que de ninguna
Latin t.fedical Literature of the Early t.fiddle Ages", /ournal o/ tlae History o/ M~diciM, manera ha sido aceptada por todos los estudiosos con competencia en
1958, núm. 13, pp. 127.146. Augusto Beccaria, I codici di medicina dei periodo presalerni·
tano, Roma, 1956.
la materia,' 2 no deberíamos culpar a los humanistas de haber retar-
• 1 Cf. Kristeller, Studies in R<'naiuance Thoug/11 and Letters, pp. 495 y ss. P. O. Kri,..
48 W. H. Stahl, Roman Science, Madison, Wis., 1962.
teller, "Beitrag der Scbule von Salerno zur Entwicklung der scholastischen Wissenschaft
• 0 George Sarton, lntroductio.n to the History o/ Science, 3 vols., Baltimore, 1927·1948.
im 12. Jahrhundert", en Artes Liberales, Josef Koch, Leiden y Colonia, 1959, pp. 84·90.
Marshall Clagett, The Science o/ Mechanics in the 1"fiddle Ages, Madison, Wis., 1959; id.,
•a Respecto a Galeno, 11éase R. ]. Durling, "A Chronological Censu~ oi Renaissance Edi·
Archimedes in the 1"liddle Ages, vol. l, Madison, Wis., 1964, y vol. 2, Filadelfia, 19i'6.
tions and Translations of Galen", !ounial o/ the Warburg and Courtauld lnstitutes, 1961. 41
Paul Lawrence Rose, The lta/ÍJJn Renaissance o/ Mathematics, Cinebra, 1975.
núm. 24, pp. 230·305. Para Hipócrates, véase Pearl Kil>re, "Hippocratic Writings in the
•• Alexandre Koyré, ttudes Galiléennes, 3 vols., Paris, 1939. Edward Rosen, "Renais-
Middle Ages" , 8ulletin o/ the History o/ Medicine, 1945, núm. 18, pp. 371-412; eadem,
sance Science as Seen by Burckha.Tdt and His Successors", en The Renaissunct, Ti n~ley
"Hippocrates Latinus", Traditio, 1975·1977, núms. 31 y 33 y continúa.
172 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFJA RENACENTISTA Y LA TRADICION MEDIEVAL 173
dado en cien aiios el progreso de la ciencia, sino estudiar la muy mia y a la medicina, y se volvió parte integral de la cosmologia. Si bien
olvidada obra de los matemáticos, los astrónomos y los físicos aristoté- encontró oposición durante la Edad Media, ai igual que antes y des·
licos del siglo xv, especialmente de Italia. Es obvio que debieron ser los pués de ella, recibió también el reconocimiento público e incluso se la
transmisores al siglo XVI dei saber del siglo x1v." enseiió en varias universidades. Ni la alquimia ni la magia consiguieron
Sólo de pasada mencionaremos el progreso constante hecho en cam- nunca esa posición académica, y se plegaron más abiertamente a las
pos tales como la tecnologia y la geografia, ya que apenas están relacio- ambiciones materiales de príncipes y ciudadanos.
nados con la filosofia y dependen, en gran medida, de la práctica y de Durante el Renacimiento las ciencias ocultas toparon con una oposi-
la experiencia. En el caso de la geografia, vale la pena hacer notar ción ocasional venida más bien de teólogos y humanistas que de cientí·
que las mejores fuentes griegas, Ptolomeo y Estrabón, fuerun traducidos ficos. Mas, en términos generales, su influencia y su atractivo continua-
por primera vez por los humanistas dei siglo xv."' Esas traducciones ron, e incluso aumentaron, en comparación con lo ocurrido en el
f ueron sumamente populares, y con probabilidad ayudaron a acre- periodo anterior. La cosmologia de muchos platonistas renacentistas y
centar el interés por los viajes y las exploraciones, que culminó con el filósofos de la naturaleza del XVI planteab·a un universo animado por
descubrimiento dei Nuevo Mundo. un alma universal y unido por ocultas f uerzas de afinidad, que los
Antes de pasar a las otras ciencias y a la filosofia aristotélica de sabios eruditos y con un adiestramiento adecuado podían descubrir y
la cual son parte, debemos examinar brevemente las llamadas seudo- dirigir.•• De esta manera, los escritos árabes sobre lo oculto f ueron tan
ciencias; es decir, la tradición de lo oculto. Por mucho tiempo ridicu- populares en el siglo XV I como lo habían sido antes.
lizadas como un monumento de la superstición medieval, se ha reco· Fue la f ísica de los siglos XVII y XVIII la que trajo una separación
nocido actualmente que esas disciplinas eran acompaiiantes íntimas de neta entre las ciencias genuinas y las falsas, poniéndose fin así a la
las ciencias contemporâneas. Las oposiciones que hayan podido suf rir fantástica cosmologia de la Edad Media y del Renacimiento. A partir
tuvieron por causa razones religiosas, no científicas.•• de su desaparición del campo de la ciencia, esta cosmologia ha seguido
No f ue idêntica la evolución de varias disciplinas, en especial de la ejerciendo una atracción nostálgica, conservando una vida precaria en
astrologia, la alquimia y la magia. Desde un punto de vista intelectual, la poesia moderna y en el ocultismo, tal como los dioses y los mitos pa·
la astrologia era la más respetada y tenía sus antecedentes en las eta- ganos sobrevivieron en la Edad Media y el Rcnacimiento cristianos una
pas últimas de la Antigüedad; la alquimia y la magia, por su parte, vez que cesaron de ser objeto de una creencia y un culto religioso
eran de naturaleza más práctica y depenpían mucho de las autoridades actuantes."
árabes. Es posible que todos esos estudios hayan encontrado terreno Si volvemos de lo oculto a las ciencias genuinas, encontramos al
fértil en el pensamiento simbólico y alegórico que era habitual a prin- mismo tiempo una de las dos grandes tradiciones filosóficas, el aristo-
cipios del medievo, pero no se desarrollaron con vigor sino a partir telismo. Ocurre que el estudio de la física y de la biologia siguió
del siglo XII, cuando comenzaron a traducirse dei árabe numerosos tra- durante la tardía Edad Media como parte integral de la filosofia aris·
tados dedicados a esos temas. La astrologia estaba aliada a la astrono· totélica, de modo igual que la lógica, la ética o la metafísica.
A lo largo de la etapa postrera de la Antigüedad se reconoció, de un
Helton, Madison, Wi5., 1961, pp. 77.103. Anneliese J\1aier también se muestra más modesta
que Duhem u oiros. modo general, la grandeza de Aristóteles como filósofo, si bien no se
•• Marshall Clagell, Cwuonni Mar/.iani and Late Medieval Physics, Nueva York, 19-Jl. conocieron muy ampliamente sus escritos sistemáticos más importantes
J. H. Randall, Jr., The School o/ Padu.a und the E-rgence o/ Modern Science, Padua, por varios siglos después de su muerte. Aristóteles dejó Iras si una
1961 ; id., The Career o/ Philosophy: From the Middle Ages to the Enlightenment, Nueva escuela organizada, que floreció por un largo periodo. Sus principales
York, 1962. Curtis Wil90n, /Pi/liam Heyttsbury, Madison, Wis., 1956.
•• Dana B. Durand, "Trad ition and lnnovation in Fiheenth·Century ltaly'', Journol o/ H D, P. Walker, Spirituai and Demonic Magic from Ficino to Camponella. Londres. 1958.
thc History o/ ldeas, 1943, núm. 4, pp. 1-20. "Strabo", de Aubrey Diller y P. O. Kristeller Frances Yates, Ci-Ordano Bruno and the Hermetic Tradition, Londres, 1964.
en Catalogue Translotionum et Commentariorum, vol. 2, ed. por P. O. Kristeller y F. Edward 6f F1'iedrich von Bewld, Das Fortleben der antiken Cotter im mittelalterlichen Humanis-
Cranz, Washington, D. C., 1971, pp. 225.233. mus, Bonn, 1922. Jean Seznec, La survi110nce des dieux antiques, Londres, 1940, trad. por
. •• Véase la monumental obra de Lynn Thorndike, A History o/ Magic and Experimental Barbll:l'a F. Sessions como The Survi110l o/ the Pagan Cods, Nueva York, 1953. Edgar Wind,
Science, 8 vols., Nueva York, 1923·1958. Pagan Mysteries in the Renaissance, Nueva Haven, 1958.
li4 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFIA RENACENTIST A Y LA TRADICiôN MEDIEVAL 175

obras f ueron objeto de comentarios detallados por parte de miembros aristotélicos de Paris dieron en el siglo XIV los primeros pasos en el
de su escuela y, más tarde, por parte de los neoplatónicos, quienes te· terreno de la física y prepararon el camino para que entrara la ciencia
nían gran respeto por Aristóteles y ·tendían a combinar las enseiianzas moderna, si bien las opiniones varían mucho respecto ai grado en el
de éste con las de Platón y las de la tradición platónica. Sin embargo, cual anticiparon la obra de Galileo y de Newton. 90 Si Galileo estuvo
f ue entre los árabes donde Aristóteles tuvo una autoridad predominan· influido en parte por la obra de la escuela aristotélica, como parece
te, ai grado de excluir a los otros filósofos griegos. Entre los árabes se haberlo estado, se debió a la tradición aristotélica que floreció en las
le conocía como "el filósofo". universidades italianas durante los siglos xv y xv1."' Los aristotélicos
La temprana Edad Media recibió de la Antigüedad la traducción que italianos dei Renacimiento prosiguieron e hicieron evolucionar la obra
Boecio hiciera de los dos primeros tratados dei Organon, junto con la de sus predecesores franceses e ingleses del siglo x1v. En lugar de cu).
introducción de Porfirio a las Categorias. Se llamó a este grupo de es· par a los humanistas por no haber contribuido a la física (lo que equi·
critos Logica Vetus, y constituyó la base dei estudio y la enseiianza valdría a culpar a historiadores, críticos literarios o filósofos existen·
lógicos hasta finales dei siglo XI. E! grueso de los escritos de Aristóte· cialistas coetáneos por no haber promovido el progreso de la física
les, así como de sus comentadores árabes y los de varios comentadores atómica o de la tecnologia) debemos estudiar esa obra por tanto tiempo
griegos, fueron traducidos ai latín apenas en los siglos XII y x111. 61 Cuan· olvidada de los contemporáneos de los humanistas, quienes estaban pro·
do en el siglo x111 las universidades medievales alcanzaron su desarrollo f esionalmente dedicados ai estudio de la física. Sólo así podremos com·
pleno, se adoptaron las obras de Aristóteles como textos fijos de las prender la historia de la física anterior a Galileo y evaluar las contri-
disciplinas filosóficas. Así, por primera vez en -el Occidente, se enseiió buciones hechas durante ese periodo.
la f ilosofía como una disciplina independiente, separada de las artes Por otra parte, en el Renacimiento no tenemos la mera continuación
liberales y de la teologia; no es simple coincidencia el que los nom· dei aristotelismo medieval. Los humanistas aportaron nuevas versiones
bres modernos de varias disciplinas filosóficas y científicas corres· de Aristóteles92 y tradujeron a todos los comentaristas griegos de éste,
pondan a los títulos de aquellas obras de Aristóteles usadas como textos: muchos de ellos por primera vez.º De esta manera, surgió la tendencia
física, ética, metafísica. a preferir el Aristóteles griego original por encima de sus traduc-
Gracias a esas obras de Aristóteles el Occidente adquirió, aparte tores y comentadores medievales, f ueran árabes o latinos.
de un gran cuerpo de problemas e ideas específicos, una terminologia Además, se dieron varias olas de antiaristotelismo, que tendieron
evolucionada, un método estricto de razonamiento y un marco sistemá· a disminuir la autoridad de Aristóteles, aunque no tuvieron un éxito
tico y razonablemente completo, dentro dl:l cual tratar y examinar todo inmediato en derribarlo de su posición. Muchos humanistas atacaron la
rrohk'ma prrtinl'ntl'. EI estudio de la biologia, y en especial la gran tradición aristotélica de la f ilosofía natural en nombre de los intereses
labor lievada a rabo en la física durante los siglos x111 y xrv, f ueron morales dei hombre y de la sabiduría !iteraria. El debate bizantino
cumplidos, como todos sabemos, por estudiosos e intérpretes de Aris- MI I'ianse notas 45 y 51.
tóteles. En mu<·ho!' caso!' se apartaron dei texto y la doctrina de éste, y 61
l'ianse notas 52 y 53. Respecto a la influenci 3 de Buridán en halia. véast G. Federici
crearon tt>oría, propia;:, corno la <lel írnpetu en e! movimicnto de• los pro· Vescovini, "Su alcuni manoscrilli di Buridano", Rivista critica di s1oria dtlla filosofia, 1960,
yectile~.'·" En térn1ino> ~enerales, hoy ~e r.stú dt' acuerdo en que lo~ num. 15, pp. 413.427. William A. Wallace estudi6 la deuda dei primer Calileo con los CO·
mcniadores jesuíta! de la Física de Aristóteles dei siglo xv1 en Ga/ilto's Early Noiebooks,
: ..... . ·lr;.\(O/t•lt-.~ l .tr!i11,·1.t . l .'1•cfirt.'·'· :~ \ tJI"' .. t'll. plir (;t·c>J'l!t' L acOnltH· ) õ tro.:, lto111\.I , 1939 : No1rc Dame, lnd., 1977.
61
C:i 11d11 id~"· 195'i ll r11•1, ) Pari-. l'J(,], Lo11·nzo ~l i 11i o·PJl1w ll". 01m.-r11la An1 •1rrJ:1 m, 19~2. Kris1eller, Stutlies in Renaissance Thousht and Le11ers, pp. 339·342. Soudek, "The
Si;.:tJ1·1\ .,.j,.,,~Jt1 f11111fo1111 1·11:.1lc·... Ju ... 1 Jt1Í ltllo~ t•:-tri10.: i•or t'I dt• ... a1la1·(•fidc, n1 1n .. t'Ô 1r Auguste Genegis and T radition oi Leonardo Bruni's Annotated Latin Vetsion" ; id., "Leonardo Bruni
l'c.·J,,,·r 1 1 ar~1 Ju .. ,j,,.. 1+ri111111t.. ,,.l•'t1111·1tt' .. <11· J.1 fJl>i·a tlc.· 1\l.t111i.·c· J>f" \'\'11lf. lli<t1,ir<• Je lu 11hi· • and Hi, P uhl ic". F. Ed,.·ard Crant ha reunido mucho material bibliográfico y de otro tipo
/0~1111/iir m,:J;,:,y,J,.. <o.o. '"'·· '. ,.,J...
l.(lr:iin~. 11!31 191-. '1•1 1. l'I' (1~-RO ,. \OI. li. l•Jl. 25-58: !'OUre lss traduccione~ humanistas de Aristóteles, pero aún no lo publica. Eugenio Garin,
J,~ t·~ ··:111i111lu ..... 1· flr1111•· ,.1 ..,.!!11:1tlu ,.,1 b 1rnt.lu1·rit'111 ai ;1,~1,: ... tlt- E. e·.
~1 ..._, 11~,·r. l .c111rlres. " Le tradutioni umaniot1che di Aristotele ntl secolo xv", Atti e Mt:'morit dell'Accademia
1935-19.'.8. D1· L 1r.11l11n·io11 ...tdiui1i,·a" 1le ~f•·•~n~r.r -ólo "' ha 1•n~lirudo d primer Fioren1ina di Scientt Morali 'La Colombario' 16, s. e. 2, 1947·1950, PI'· 50·104.
6
\())111111'11 . ~I H'\';! ) ' 11rk,
J'J52, ~ En lo que toca a Alejandro de Afrodisia, viase F. Edward Cranz en C01alogus TrQ11S·
'·'' ,\nn1·li1·"· \b i1•1, Zwri G11111dpru!.lcmr d er $cholustiscloe" Nuwrpl1ilu.<opl1ie. 2a. ed., lutiorium et Commt ntariorum. ,-oi. 1, ed. por Kristeller, pp. 77-135 y vol. 2, ed. por Kristeller,
l \ ru11~1. 1<J5 l . y Kranz, pp. 411.422.
176 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOF!A RENACENTISTA Y LA TRADICióN MEDIEVAL 177

respecto a quién era superior, si Platón o Aristóteles, tuvo repercusiones na Edad Media. El estudio de la lógica tenía como base la Logica V etus,
en el Occidente; y el surgimiento dei platonismo en el siglo xv, si bien a la que nos hemos referido ocasionalmente, y, debido a ello, fue de
no necesariamente antiaristotélico, sí ejerció un efecto limitativo en la carácter bastante elemental por largo tiempo. Ahora bien, el surgi·
autoridad de Aristóteles. Finalmente, en el siglo XVI y principios miento dei primer escolasticismo, ocurrido durante la última parte dei
dei XVII, los grandes filósofos de la naturaleza, desde Cardano y 'fele- siglo XI en las escuelas catedralicias de Francia, tuvo como causa, en
sio hasta Bruno y Campanella, se opusieron constantemente a la autori· gran medida, un incremento en el estudio de la lógica y la tendencia
dad y la doctrina de Aristóteles, e intentaron crear sistemas nuevos dei a aplicar los refinados métodos de ésta a otras disciplinas, incluyendo
universo físico que remplazaran ai de Aristóteles y su escuela. ' la teologia. Gracias a las nuevas traducciones hechas en el siglo xn,
Sin embargo, f ue Galileo quien finalmente logró dar a la física una el Occidente se hizo de los escritos lógicos más avanzados de AristÓ·
firme f undamentación nueva, de naturaleza matemática y experimental. teles, en especial· la Analítica anterior y la posterior. De esta manera,
Con él llega a su f in la tradición aristotélica en la física, no importa se dio base nueva a las investigaciones lógicas dei período siguiente.
cuál haya sido su deuda parcial con ella.•• Si bien no podemos afir· En el siglo XIII tenemos los inicios de un progreso adicional en la
mar que Galileo represente ai Renacimiento, no hay duda de que su lógica, que f ue más aliá de Aristóteles y está asociado con el nombre
obra debe tanto ai pensamiento renacentista como ai aristotelismo me· de Pedro Hispano: el terminismo.ee En el siglo XIV florecieron los es·
dieval y, de un modo más específico, a los nuevos avances en matemá· tudios de lógica avanzada, sobre todo en Inglaterra. La labor de lo
ticas y astronomia en el siglo xv1, así como el conocimiento entonces que podriamos llamar la primera escuela de lógica oxfordiana consistió
reciente de Platón y de Arquimedes.•• en una doctrina formal sumamente técnica, que se centraba en las
Si en la física el final dei Renacimiento trajo una revolución anti· formas de inferencia, en las argumentaciones falaces y en intentos muy
aristotélica, cuyos efectos seguimos sintiendo hoy en dia, en la biolo· interesantes por desarrollar fórmulas lógicas e incluso cuantitativas
gía la autoridad de Aristóteles continuó prevaleciendo durante el Re- mediante grados de calidad, así como para la transición gradual de una
nacimiento y hasta el siglo XVIII. No significa ello que en el primero etapa cualitativa a otra. 01
dejaran de agregarse conocimientos a este campo. Basta con recordar Suele pasarse por alto el hecho de que en sus etapas últimas, la
los estudios de las hasta entonces desconocidas flora y fauna dei hemis- tradición oxfordiana de la lógica medieval, gozó de una moda tremenda
ferio occidental, descritas con gran cuidado y atención. Sin embargo, en las universidades italianas entre finales dei siglo XIV y principios
los principales biólogos procuraron adecuar los nuevos datos ai patrón dei XVI, cuando ya por mucho tiempo había estado inactiva la escuela
familiar de la biologia aristotélica, y no crear conceptos o teorias '' inglesa. Tal como en la física, en este campo los aristotélicos italianos
nuevos. continuaron vigorosamente la obra de sus predecesores septentrionales,
Una vez examinadas esas disciplinas aristotélicas que en la época dei siglo XIV, como demuestran en abundancia registros universitarios,
moderna se han vuelto ciencias independientes, a las cuales ya no se manuscritos y primeras ediciones. Un estudio más detallado de esos
trata como partes de la filosofia, debemos pasar a esos temas que siguen materiales nos ayudará a comprender mejor la influencia que la ló-
siendo considerados dominio de la filosofia. El campo de la lógica, gica dei siglo XJV haya podido ejercer sobre lo ocurrido posteriormente
que es un buen punto desde el cual arrancar, fue la única discipl_ina en ese campo, así como en otrl\s disciplinas filosóficas y científicas.
fil osófica de origen griego con un lugar en el esquema de las s1ete 80 J. P . MuUally, The Summulat Logicales o/ Peter oi Spain, Notre Dame, Ind., 1945.
artes liberales, artes que dominaban los planes de estudio en la tempra· 1. M. Bochenski, Formale Logik, Friburgo y Mu.nich, 1956, trad. por Ivo Thomas como
A History o/ Formal Logic, Notre Dame, Ind., 1961. Emest A. Moody, Truth and Corue·
&< Emest Moody, "Galileo and Avempace", fournal of the History o/ ldeas, 1951, núm. 12, quence in Medú:oeval Logic, Amsterdam, 1953. Philotheus H. Boehner, Medieval Logic,
pp. 163-193, 375-422. Chicago, 1952. Lorenzo Minio-Paluello, Twelfth Century Logic, 2 vol.9., Roma, 1956-1958.
es Alexandre Koyré, ttudes Guliléennes, 3 vols., Paris, 1939. Ernst Cassirer, Das Erkennt· Lambertu.s M. De Rijk., Logica Moclernorum, vol l, Assen, 1962. Pedro Hispano, Traclatus,
nisproblem, vol. !, 3n. ed., Berlín, 1922; id., ~Galilco's P latonism", en Studies and Essays ed. por Lambertus M. de Rijk., Assen, 197'2.
in the History o/ Science, 0/fered in Homage to George Sarcon, Nueva Yark, 1946, pp. 276· n Curtis Wilson, 117iUiam Heyresbury, Madison, Wis., 1956. Respecto a las repereusionea
297. Respecto a la9 !!amadas influencias pitagóricas, véuse también Erich Frank, Plato und posteriores de la tradición lógica medieval, véase tamhién Neal W. Gilbert, Rrnai.mnce
die sogenannten Pythagoreer, Halle, 1923. . Conceprs o/ Method, Nueva York, 1960.


'
171! 1:1. Pf.NSAMIENTO HENACENTISTA Y LA El>AD MEDlA LA FILOSOFIA RENACENTISTA Y LA TRADICION MEDIEVAL 179

Sin embargo, equivocado seria atribuir a las tradiciones de la ló· la inmortalidad dei alma, que tuvo un lugar central en el pensamiento
gica aristotélica o terminista todo progreso importante logrado en la de f inales dei siglo xv y princípios dei xv1, incluía la interpretación de
renacentista. Las tendencias antiaristotélicas funcionaban en este cam- Aristóteles y de Platón; ejemplifica el caso, en abundancia, la centro·
po con igual vigor que en la f ilosofía natural. Incluso la crítica hu· versia entre Pomponazzi y sus oponentes. La cuestión de la superioridad
manista contra el aristotelismo, que en el campo de la filosofia natural dei intelecto y de la voluntad fue cuestión de argumentaciones no sólo
f uc en gran medida retórica e ineficaz, permitiú intentos influyentes, entre los seguidores de Santo Tomás y de Duns Escoto, sino también en·
si bien no demasiado afortunados, de reformar e innevar radicalmente Ire varies humanistas y entre los platónicos de la Academia florentina.' º
la lógica. El tratado sobre dialéctica de Valia fue el primer intento Sin embargo, aunque se trataba de los mismos problemas, las soluciones
de ese tipo que logró remplazar la lógica de los aristotélicos; Valia solían ser distintas; e incluso cuando las soluciones sonaban igual,
tuvo varies seguidores y sucesores en el siglo xv1. Uno de ellos, Marie existían diferencias importantes en los argumentos, en el énfasis dado
Nizolio, atrajo la atención de Leibniz."' Otro de esos reformadores de a vari·os aspectos de un problema y en las razones por las cuales se exa·
la lógica, Pedro Ramus, f ue origen de una escuela de lógica que mina o resuelve un problema de cierta manera.
ejerció una amplia influencia, hasta el siglo XVIII, en varios países El papel que tuvo la Ética de Aristóteles fue más complejo y acaso
europeos y en Estados Unidos en sus princípios.e• En tiempos recientes más importante. Antes dei siglo XII I, los escritos sobre temas morales
hemos aprendido mucho acerca de Ramus y su escuela; se ha visto cla- estaban influídos, ante todo, por Cicerón, Séneca y Boecio; por ciertas
ramente que el propósito principal de las reformas hechas por los nociones teológicas y por códigos de conducta populares, como el de
humanistas en la lógica fue, característicamente, simplificar la lógica la caballería . Tras stirgir, en el siglo XIII, ~l escolasticismo y las univer·
en bien de la enseiianza y de la presentación !iteraria, y e! relacionaria sid ades, la filosof ia moral se convirtió en una disciplina académica for·
o incluso subordinaria a la teoría de la retórica. mal por primera vez en el Occidente; su base eran la Ética a Nicórnaco
Si bien la física y la lógica eran las principales disciplinas filosó- y la Polúica, de Aristóteles, y en grado menor la Retórica y la Econo·
ficas que todo estudiante, supuestamente, estudiaba, se consideraban rrúa que se le atribuían.
la metafísica y la ética cursos optativos. De aquí que el influjo de la Como los humanistas consideraban que la f ilosofía moral era parte
obra de Aristóteles en esos campos haya sido sido menos poderoso, de sus actividades, f ue en este campo, y no en el de la lógica o la física,
hecho que quizá sorprenda ai estudiante de hoy dia. donde se sintió el efecto dei humanismo en el pensamiento filosófico. La
La tradición de la metafísica aristotélica está íntimamente unida a Ética, la Política y la EcoMmía fueron las primeras obras de Aris·
la de la teologia, como era de esperar. Pero equivocado será suponer tóteles en ser traducidas de nuevo, ahora por los humanistas.11 La ver·
que ambas disciplinas son idénticas. Como el propio Aristóteles aplica sión que de la Ética hizo Bruni encendió el primer gran debate acerca
el término teología a, por lo menos, parte de la temática de este libro, de los méritos relativos de las tradiciones medieval y humanista, debate
fácil fue considerarlo como un tratado de teologia natural. Pero el es· 'º Giovanni di Napoli, L'immortalità delraninuJ nel Rinascimento, Turin, 1963. Martin
tudio de la metafísica aristotélica no fue el mismo que el de la teologia Pine, "Pietro Pomponazzi and the l mmortality Controversy" ( tesis doctoral, Columbia Uni·
cristiana, con base en las Sentencias, de Pedro Lombardo, y en la Sum· ve~ity, 1965). P. O. Kri&tellcr, "Pier Caodido Dccembrio and His Unpublished Tcreatiae oo

rrui, de Tomás de Aquino. La diferencia está en el material, en e! méto- the lmmortality of the Sou!", en The Classical Tradition: Literary and Historiral SJtudies
in Honor o/ Horry Caplan, lth&ca, N. Y~ 1966, pp. 536-558. J'éase capitulo x. P. O. Krís-
do y en las fuentes de conocimiento. Si deseamos encontrar un Jazo entre teller, "A Thomist Critique of Marsilio Ficino's Theory of Will and lntellect", en Harry
el pensamiento renacentista y la tradición aristotélica en la metafísica, Austryn Wol/son lubilee Volume, Enl!lish Section, voL 2. Jerusalên, 1965, pp. 463-494; id.,
basta con mencionar algunos de los problemas cuyo examen continuaba Le Thomisme et la pensée italienne de la RenaÜSO/lce, l\1ontreal y P&rís. 1967, pp. 104-123;
o que, incluso, adyuirieron mayor importancia. La discusión acerca de id., Medieval Aspects of Renais:sonce Learning, ed. y trad. por Edward P. Mahoney,
Durham, N. C.. 1974, pp. í7-90.
11 Cf. Leonardo Bruni Aretino, Hurnanistisch·Philosophi.sche Schri/ten . por Hans
ca Mn rio N1zolio, De 1~ris principiis. 2 vols .. ed. 11or Quirino Breen, Roma, 1956.
~• Perr~ Miller. The N,,,. E.'nf(land Mind, 2 vols., Cambridge, Mass., 1939-1953. Walter J. Baron, Leipzig y Berlin, 1928. Eugenio Garin, "Le lraduzioni umanist · \?~ÍL..f;l)l tele nel
011g, R11m11s: 1\1e1h111) 111ul tht Dctuy of Diuloguc, Cambridge, Mass., 1958; id., Ramus and ~ecolo xv", Atti e Merrwrie delrAccademia Fiorentifl-0 di Scienze iO't,')i( /j baria'
'/'ofon 1n11r11Wr)". Cuniliridge, ~1ass., 1958 ; Gilben, Uenaissuncr Concepis o/ Method, Wil· (~. e. 2). 1947-1950, núm. 16, pp. 55·104. CI. también los estudios ,..."'.@Sc:I SoulfeI<i,. tados
helni Ri<~. Dic Loi;ik der N tu:eit, S1 u1ti;ar1, 1964. en la nota 16.

-- •
180 EL PENSAMIENTO RENACENTJSTA Y LA EDAD MEDIA LA nLOSOFIA RENACENTISTA Y LA TRADICiôN MEDIEVAL 181
en el cual los historiadores modernos siguen tomando partido." Cu- que lo comprendo y lo describo, e incluso en la. i~portancia ~istóri·
bierto por ese ropaje humanista, Aristóteles, ;n tanto que .fil?sofo ca que le atribuyo. Si lo comparamos con las trad1c1ones humanistas o
moral, tuvo muchos seguidores entre los humanistas dei Renac1m1ento, aristotélicas, no es fácil describir ai platonismo en términos institucio·
y de ninguna manera es una coincidencia que estos últimos siguieran nales. En cierto sentido resulta intangible, aunque no por ello menos
usando la Ética de aquél como texto en sus cursos de filosofia moral. importante u omnipresente.
Sin embargo, muchos de ellos preferían combinar los puntos de ~ista En la Antigüedad clásica f ue la escuela de Pl!ltÓn la de vida más lar·
éticos de Aristóteles con los otros filósofos antiguos, en una espec1e de ga, y los escritos de aquél muy leídos en todo tiempo, incluso f uera de
combinación ecléctica; algunos más se oponían a la ética de Aristóte·
los muros de dicha escuela. La temprana Edad Media heredó de los ro·
les o la ignoraban, f avoreciendo el estoicismo, el epicureísmo o algún manos una traducción fragmentaria dei Timeo," pero varios escritores
. 13
otro punto de vista.
latinos transmitieràn, de un modo más o menos preciso, muchas ense-
Espero haber dejado claro que la influencia de Aristóteles no f ue .iianzas de P latón y su escuela; entre ellos mencionaremos a Cicerón,
un fenómeno unificado. Esa influencia, junto con la reacción que con· Boecio y, sobre todo, San Agustín, quien siempre habló con respeto de
tra ella hubo, era sumamente distinta en las varias disciplinas filosó· los platónicos y quien, a pesar de sus incuestionables piedad y originali·
ficas y científicas que el griego examinó en sus ob:a~. Vale la pe.na da d, les debió muchas de sus ide as filosóficas. La continuidad de la
subrayar que f ue apenas en el siglo xvr cuando la Poetica y la Retortca tradición platónica durante la Edad Media, que en afios recientes ha
de Aristóteles - la primera prácticamente desconocida en la Edad Me- sido ampliamente estudiada y subrayada,'° depende en grado conside.
dia, y la última en gran medida considerada como obra de filoso.fía rable, aunque no de un modo exclusivo, de la autoridad y la in0uencia
moral- se volvieron libros de texto importantes para la teoria lite· de San Agustín y sus escritos. 'fai hecho gana en importancia s1 recor·
raria. ,. Adquirieron carácter de autoridad a finales dei XVI y en el XVII; damos que, en el primer escolasticismo, antes de que se introdu jera a
es decir, ai mismo tiempo que era criticada y fina lmente eliminada la Aristóteles y f uera <;lei campo de la lógica, San Agustín f ue la. f uente
autoridad de Aristóteles en 1a física. y la inspiración principales del. pensamiento filosófico Y, dei teol ógi.c~,
Para resumir el tema asaz complejo de Aristóteles en el Renaci· por la buena razón de haber sido, probablemente, el mas grande f 1lo·
miento, quizá lo mejor sea afirmar que continuaron las tradiciones sofo latino de la Antigüedad clásica.
aristotélicas de la tardía Edad·Media (especialmente en los campos de Sin embargo, hubo otros f actores, aparte de la influencia de San
la física y de la lógica) ; que ai lado de ellas surgió un nuevo aristote· Agustín. Las obras atribuídas a Dionísio el Areopagita, compuestas por
!ismo humanístico, basado en las nuevas traducciones y con su cent~o en un místico cristiano sumamente influido por el neoplatonismo, f ueron
la ética, la retórica y la poética; y, finalmente, que hubo un crec1ente traducidas una y otra vez desde el siglo v111,'" con lo cual ejercieron
movimiento antiaristotélico, compuesto de varias oleadas muy diferen· una influencia continua en la teologia medieval. J uan Escoto Erígena,
tes, el que consiguió cierto éxito en la lógica y, poco a poco, preparó el pensador más grande de la época carolingia, era neoplatónico en su
el terreno para que en el siglo xvu se acabara con la física de Aris· orientación general. En la escuela de Chartres, donde acaso lograra
tóteles. su mayor evolución el primer escolasticismo, la especulación ~osmoló­
Antes de hablar dei platonismo, esa otra gran tradición filosófica gica tomó mucho dei Timeo de Platón y de su comentador latino, Cal·
dei pensamiento occidental, debo admitir mi parcialidad hacia él. A la cidio. Además, la gran ola de traducciones de los siglos XII y XIII in·
vez, debo decir que esa parcialidad puede haber influído en el modo cluyó, por lo menos, dos obras más de Platón: el Fedón y el Menón, y
varias obras de Proclo, entre ellas su importante Elementos de teología
" Kristrller, Studies in RenaÍs$llnCe Thought and Leuers. pp. 340-341.
u P. O. Kristeller, "The Moral Thought of Renaissance Human.ism", Renaissance Tholl8hl 16 Timaew a Calc:iáia translatu.s commen1arioq1U initructus, ed. por J. H. Waszink (Plat<>
li: Papers on Humonism and the Aru, Nueva York, 1965, pp. 20.68. Latinu.s, ed. por Raymond Klibansky, vol. 4, Londres, 1962.
u Respecto a la influencia de la Poétira de Aristóteles en el siglo x vr, lléase Baxter

i
' ' Raymond Kliban!ky, The Continuity o/ the Platonic Tradition durinB the MidJJJe A1e1,
Hathaway, The Age o/ Criticism, hhaca, N. Y, ·1962; en especial Bernard Weinberg, A Londres, 1939. réase también capítulo Ili.
lli.story o/ Literary Critici.sm in the /talian Renais$llnce, 2 vols., Chicago, 1961. Hasta donde n Dionynaca, 2 vola., Paris y Brujas, 1937, donde, junto con el texto griego, se dan en
1
&é, ningún estudio análogo se ha hecho aún de su Retórica. Yéase capítulo XIV. colum naa paralel.aa todas las traduccionee ai latín conodda1.
182 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD J\-fED[A LA FILOSOFIA RENACENTISTA Y LA TRADICION MEDIEVAL 183

y su comentario al Parménides de Platón, comentario que incorporaba pasar por alto el hecho ele que el platonismo renacentista fue, en mu·
parte del texto platónico.18 chos sentidos, diferente del medieval. Desde luego, los pensadores rena·
En el siglo XIII el agustinismo y el platonismo cedieron ante la po- centistas tuvieron acceso, poco a poco, a to<lo el cuerpo ele la literatura
derosa avenida dei aristotelismo. Sin embargo, la escuela de teología platónica griega, y en especial a las obras de Platón 8 ~ y de Plotino.
franciscana mantuvo, ai menos en parte, una orientación agustiniana. De seguro na<lie duelará que no hay diferencia entre que un platónico
Y hace poco aprendimos que incluso Santo Tomás, aparte de conservar haya leído a todo Platón (y Plotino) o sólo unos cuantos de sus escri·
en su teología importantes elementos dei agustinismo, tomó prestados tos junto con las explicaciones secundarias <la<las ele esa <loctrina.
varios conceptos de su filosofía de las por entonces recién traducidas En segundo lugar, los platónicos del Renacimiento estuvieron ple·
obras de Proclo. 79 A princípios dei siglo XIV un dominico alemán com· namente influídos por otras corrientes intelectuales que no habían afec-
puso un voluminoso comentario sobre los Elementos de teología, de tado a sus pre<lecesores medievales; por e jemplo, el aristotelismo hu·
Proclo.80 El maestro Eckhardt, otro dominico, cuya obra inspiró todas manista e incluso el escolástico.ª•
las corrientes medievales posteriores dei misticismo alemán y de los Finalmente, los platónicos renacentistas más importantes fueron pen-
Países Bajos, derivó muchas de sus ideas fundamentales de Proclo y sadores sumamente originales, y debemos juzgarlos con base en aque-
del Areopagita. llas ideas específicas que encontramos expresadas y desarrolladas en
sus escritos. El que se liame platónicos a eso~ dos pensadores, o el
Con ese telón de fondo es como debemos comprender el platonismo
que hayan leído a San Agustín u otra fuente :platónica cualquiera no
de Cusano, Ficino y otros platónicos dei Renacimiento. Sabemos que
basta si el propósito está en comprender o describir la contribución que
Cusano leyó a Proclo y a Dionísio ;81 es muy obvio que los escritos de
hicieron a la historia de la filosofía. Por tanto, Cusano, Ficino, Pico,
San Agustín estuvieron entre las f uentes de inspiración primeras y más Patrizi y Bruno pertenecen, en un sentido amplio, a la tradición pla-
importantes de Ficino.80 tónica, pero ésta asume en ca<la uno de ellos un rostro distinto. El espa·
A pesar de esos elementos concretos de continuidad, no debemos cio no me permite -aparte de que no es mi tema- el examinar o
incluso el mencionar las ideas filosóficas de esos pensadores; quien
18 CorpUJ Platonicum Medii Aevi, Plato L• tinus, ed. por Raymond Klibansky, 4 vols.
Londres, 1940·1962. Proclo, The Elemen!S o/ Theology, ed. por E. R. Dodds, Oxford, 1933,
por esto se interese podrá acudir a la literatura monográfica que sobre
ed. rev. 1963. Proclo, Tria OpUJcula, ed. por Helmut Boese, Berlín, 1960 ; cf. mi reseiia en el tema dei platonismo renacentista existe.
The Journal of Philosophy, 1962, núm. 54, pp. 74-78. Proclo, Elementatio Theologica, trans· Ahora bien, sí examinaré una idea característica, pues parece per·
lata a GuiJ.elmo de Moerbeke, ed. por C. Vansteenkiste, Tijdschri/t voor Philosophie, 1951, tinente ai problema general que sirve ele base a mi conferencia. Ocurre
núm. 13, pp. 263-302, 491·531. que los platónicos renacentistas parecen haber formulado el concepto
"" Arthur Little subraylt el platonismo de Aquino en The Platonic Heritage o/ Thomism,
mismo de tra<lición fi losófica, que ha esta<lo tan sujeto a cambios y va-
Dublín, 1949; R. J. Henle )e atenúa en Saint Thomas and Platonism, La Haya, 1956. Otros
estudios han permitido ver que la doctrina de la pa:rticipación de Aquino está influida por riaciones, sin por ello perder su unif ormida<l y continuidad básicas. Los
Proclo, y ocupa un lugar importante en su pensamiento. Véase L..B. Geiger, La parúci- escritos apócrifos compuestos en los últimos sif:los ele la Antigüe-
pation daris la philosophie de S. Thomas d'Aquin, Paris, 1942. Cornelio Fabro, La nazione cla<l, y atribuidos a autores tan venerables como Hermes Trismegisto,
metaJi.sica di partecipazione secondo S. Thomma.s<> d' Aquino, Milán, 1939; 2a. ed., Turín, Zoroastro, Orfeo y Pitágoras, contienen muchos elementos <lei pensa-
1950; 3a. ed., Turín 1963; id. Participalion et aw.salité selon S. Thomas d' Aquin, Lo.
vaina, 1961.
miento platónico, que fueron absorbi<los de un modo muy natural dei
80 Proclo, Elements o/ Theology, ed. por Dodds, p. xxxii. Klibansky, ContiMity of 1he
ambiente alejan<lrino en que varios de ellos se originaron.86 El neopla·
Platonic Tradilion, p. 28. Lo:ris Sturlese está preparando una edición dei texto. •3 F.:ugcnio Garin, "Ricerche sulle tradiz.ion i di Platone nellu prima ml'là dei scc. xv". en
81 Edmond Vansteenberghe, Le cardinal Nicolas de Cues, Paris, 1920, en especial pp. 413. Medioevo e Rinascimento: Studi in onore di Bruno Nardi, \'OI. I, Florencia, 1955. pp. 339-
416 y 436·438. Véase también Nicolás de Cusa, De docta ignora11tia, ed. por Ernst Hoffman 374; Supp{em•ntum Ficinianum, ed. por I'. O. Kristeller, vol. 1, Florenci•, 1937; reirnpreso
y Roymond Klibansky, Leipzig, 1932, donde hay referencias en el aparato crítico y en e) en 1973, pp. d vi-cl"i i.
índice. P. O. Krist~ller, "A Latin Translation of Gemistos Plethon's De falo by Johannee .. Kristeller, Studies in Renaüsance Thought and [.euers. pp. 3R y ss. ; id.., ''f'loren tine
Sophianos dedicatro to Nicholas of Cusa", en Nicolo Cusan.o agli inizi dei Mondo Modemo, Platonism and lts Relations with Humanism and Scholasticism", Church flisrory, 1939,
Florcncia, 1970, pp. 175-193. núm. 8. pp. 201·211.
on Kristellor, Studies in Renoissance Thought and Letters, pp. 368-371. S• A..J. Festugiere, La r.;véla1ion á'flermes Trismégiste. '1 vol~ .. Paris. 1950-1051-. Wilhclm

''
184 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA LA FILOSOFlA RENACENTISTA Y LA TRADICióN MEDIEVAL 185

tónico Proclo y oiros aceptaron el origen de esas obras sin ponerlo en Desde luego, no deseo a valar esos puntos de vista fantásticos que
duda, considerando que los supuestos autores eran sabios antiguos y, a los platónicos dei Renacimiento tenían sobre Hermes Trismegisto y
la vez, los primeros testigos de la sabiduría platónica, incluso ante· oiros sabios de la Antigüedad; pero sí pienso que la tradición platónica
ri ores a Platón; por ello mismo, precursores y origen de este último. merece el nombre de philosophia perennis en igual medida que otras
Marsilio Ficino tomó esta idea de Proclo y de los platónicos bizantinos, tradiciones que se han apropiado el nombre para sí. Sea como f uere,
e incluso la llevó más adelante.õe Para él, los sabios de la Antigüedad el nombre y la concepción que le sirve de base indican que el plato·
no eran tan sólo precursores de Platón, sino representantes de una vene· nismo renacentista estaba plenamente consciente de ser parte de una
rable f ilosofía y teología paganas. Estaba convencido, ade más, de que tradición; y se daba clara cuenta de que ésta, aunque antigua por su
la filosofía y la teología platónicas, cuya base era la razón humana, origen, había tenido una vida más o menos continua a lo largo de la
concordaban en lo fundamental con la religión y la teología judías y Edad Media. Podemos afirmar, por tanto, que el tema de este capítulo
cristianas, cuya base eran la f e y la revelación. Ambas tradiciones eran recibe conf irmación explícita gracias a la interpretación histórica que
instrumentos de la providencia divina igualmente antiguos y perdu- los platónicos dei Renacimiento dieron a la obra y a los logros propios.
rables. Así, Ficino pudo considerarse un eslabón nuevo en una tradi- En resumen, podemos decir que, durante el Renacimiento, el pen·
ción filosófica que comenzaba con los sabios de la Antigüedad, culmi- samiento filosófico fortaleció sus vínculos con las humanidades, las
naba con Platón, continuaba a través de las escuelas platónicas de la ciencias y, agregaremos, la literatura y las artes, sin abandonar sus
Antigüedad, pasaba por San Agustín y los platónicos árabes y latinos Jazos teológicos, volviéndose con ello cada vez más secular en su pers-
medievales y llegaba a él. 8 ' pectiva. La continuidad parcial de las tradiciones medievales, la in-
Esa idea fue clara para muchos platónicos dei siglo xv1; por lo troducción de f uentes y problemas nuevos, y la búsqueda cada vez
mismo, la traducción que dei Corpus Hermeticum hizo Ficino tuvo por más abundante de soluciones nuevas e ideas originales hacen que el
un tiempo una autoridad y una dif usión iguales, e incluso superiores, Renacimiento sea más bien una época de f ermentación que de síntesis
a las de sus versiones de Platón y de Plotino.88 Fue en este contexto respecto a la filosofía. Cuando, en el siglo XVII, la f ilosofía y las cien-
donde Agostino Esteuco, teólogo católico dei sigl.o xv1 sumamente aten· cias físicas comienzan desde oiro punto de arranque, abandonan cons-
to a la tradición platónica y seudoplatónica de la f ilosof ía, acuíió el cientemente las tradiciones de la Edad Media y dei Renacimiento. Sin
término de philosophia pereruiis y lo adoptó como título de su obra embargo, fácil sería demostrar que la filosofía dei Renacimiento ayudó
principal.89 a preparar el terreno para esos cambios, y que su influencia persistió
en muchos campos dei pensamiento europeo hasta el siglo xv111. 00
Kroll, De oraculis Chaldaicis, Breslau, 1894. Hans Lewy, Chaldaean Oracles and Theurt:r, Espero que por este ensayo, tan general y tan amplio en lo que trata,
EI CaW-o, 1956.
8& Kristeller, li pensiero filosofico di Marsilio Ficino, pp. 16·20. 1935; A. S. Ebert, "Agostino Steuco und seine Philosophia perennis", Philosophisches
81 Véwe la carta a Martino Uranio reproducida por Klibansky en Con1inui1y of the Jahrbuch, 1929, núm. 42, pp. 342-356, 510.526 y 1930, núm. 43, pp. 92-100. Julien Eymard
Pla1onic Traclition, pp. 45.47. d' Angers, "Epictete et Séneque d'apres te De perenni philosophia d' Augustin Steuco ( 1496·
as KristeUer, Studies in Renaissance Though1 and Leuers, p. 223. 1549)", Revue des Sciences Religieuses, 1961, núm. 35, pp. 1·31; Charles B. Schmitt, "Peren·
so Agostino Esteuco, De perenni philosophia, en 10 libros, con un prefacio a Paulo III, nial Phi losophy: From Agostino Steuco to Leibniz", !ournal o/ the Hi.story of ldeas, 1966,
Lyon, 1540; reimpreso en Basilea, 1542. La edición de 1552 citada en el catálogo de la núm. 27, pp. 505.532; id., "Prisca Theologia e Philosophia Perennis: due temi dei Rlnas-
Bibliotheque Nationale, no existe. Examiné la copia respectiva, que tiene el código R 1782, cimento italiano e la loro fortuna", en ll pensiero itali.ano dei Rinascimento e il tempo n-0stro,
y resultá ser una copia de la edición de 1542, en la cual se ha:bía borrado el numeral ro· ed. Giovannangiola Tarugi, Florencia, 1970, pp. 211.236. Giovanni di Napoli, "II concetto
mano x en la página titular, haciendo que el aiio l>IOXLU apareciera como 1>10 UI, con un di 'Philosophia Perennis' di Agostino Steuco nel quadro delta tematica rinascimentale", en
espacio en blanco. Tambiên se la incluye en la Opera omnia dei autor, Paris, 1578; Venecia, Fiioso/i.a e cultura in Umbria ira Medioevo e Rinascimen10 / A11i dei quarto Convecno
1591, 1601. En la edición de 1951 el texto aparece en el vol. III, f. 1·207v. Agustín Esteuco cü S1udi Umbri, Gubbio, 1966, pp. 399489.
nació en Gubbio hacia 1497 y murió en Venecia en 1548. En 1538 Paulo III lo nombró oo Matthias Meier, Descartes und die Renaissance, Münster, 1914. Léon Blanchet, Les
prefecto de la Biblioteca Vaticana y obispo de Kisamos, en Cretll. Véa.H: Enciclopedia antécédents hi.s1oriques du "/e pense, donc je suil', Pari•, 1920. Joseph Politella, Platonism,
ltali.ana 32, Roma, 1936, p. 726 (por Giuesppe Riciotti); Enciclopedia Ca110/ica 11, Ciudad Aris101eli.onism tl1ld Caboii.sm in the Philosophy of Leibniz, Filadelfia, 1938. Ernst Cas.sirer,
dei Vaticano, 1953, columnas 1332·1333 (por Gioacchino Paparetli); Tb. Freudenberger, ~ p/otoni.sche Renaúsance in England und die Schule von Cambridge, Leipzig, 1932, trad.
Âugustinus Steuchu.s/Reforma1ionsgeschichtliche Studien und Texte, pp. 6~65, Münster, por Jamee Pettegrove como The Platonic Renai.ssance in Encland, Nue•a York., 1955.
186 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA EDAD MEDIA

sea ejemplo de la continuidad de una tradición viviente que, ai mismo


tiempo, se encuen1ra en un proceso de transformación constante. E! pen-
TERCERA PARTE
samiento dei Renacimiento, visto como un todo, trabajó con algunos
de los materiales antiguos que !e proporcionó e! pensamiento medieval,
pero de éste produjo algo nuevo y diferente, en lo que expresaba sus EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDICIÓN
ideas y sus aspiraciones propias. BIZANTINA
E! concepto de tradición, que halla expresión en la idea de philoso·
phia perennis, puede servir aún como modelo y guía. Larga es la his-
toria de nuestra tradición filosófica occidental; pienso y confío en que
tendrá un futuro, aunque éste se vea incluido en un marco más amplio
y totalizador de cultura mundial dei que conocemos. Esa philosophia
perennÍs no sólo incluirá e! pensamiento de la Edad Media, sino tam·
bién e! de la Antigüedad, e! dei Renacimiento y e! mejor que produzcan
los tiempos actuales; y no sólo porque está allí, sino porque contiene
un núcleo de verdad que no podemos permitirnos perder. Esta philo·
so11hia p<•rennis incluirá, opino yo, a Platón y Aristóteles, a San Agustín
y Santo 1' omás, a Spinoza y Leibniz, a Kant y 1-Iegel, y a muchos otros.
1'al vez se refuten u olviden alg unas de las ideas de estos hombres;
4uizá lleguen a per<lerse algunos de sus escritos, pues ocurre que la
expresiún material de una idea cualquiera está sujeta a destrucción en
igual medida que las obras de arte o las ciudades. Estoy tan profun-
damente entristecido como cualquier otra persona por la cantidad de
destrucción que hemos sufrido en nuestro tiempo y que acaso habremos
de enfrentar en e! futuro. Sin embargo, me conforta la i dea de que la
historia y la tradición preservan una parte inestimable de la vida y
la experiencia pasadas.
Si se me permite concluir con una conf esión personal, diré que, en
mi opinión, nada de lo que alguna vez fue pue<le ser deshecho total·
mente. Incluso aunque haya quedado destruido en e! mundo material
y haya sido olvidado por los hombres, permanece y permanecerá vivo
en la memoria de ese ser infinito para quien e! pasado y e! futuro son
siempre presente, y que, por ello, es e! más grande, e! único historia·
dor \'erdadero, guardián de esa tradición eterna de la cual son meras
sombras e imágenes, pur usar una frase platónica, incluso las mejores
tradiciones humanas. ·
VII. EL HUMANISMO ITALIANO Y BIZANCIO 1

EL MOVIMIENTQ humanístico italiano dei Renacimiento ha sido tema


de muchos estudios y exámenes recientes; parece haberse llegado al
acuerdo general de que f ue un movimiento cultural amplio y totali·
zador, que afectó a la vez la literatura y la f ilosofía, la actividad
historiográfica y filológica de la época y que, además, f ue de repercu·
siones extensas en la teología, la ciencia y las artes. En un intento por
determinar las f uentes y la originalidad dei humanismo italiano y
europeo, los historiadores lo han comparado, sobre todo, con la Edad
Media latina, procurando a la vez definir las afinidades y las diferen·
cias que hay entre la cultura humanística y la cultura occidental de la
etapa anterior. La cuestión de los contactos con Bizancio y de las in·
fluencias por éste ejercidas se impone, por obvias razones, en un
aspecto único de la cultura humanística: los estudios griegos. Por tanto,
necesario será limitar nuestra atención, en este ensayo, casi por com-
pleto a ese campo, siendo tema dei siguiente capítulo los contactos entre
Bizancio y el Renacimiento italiano en el área de la filosofía.
El examen dei tema que nos proponemos parece muy oportuno, pues
en las últimas décadas se han cultivado mucho los estudios sobre
Bizancio. Sin embargo, esos estudios cubren un periodo que duró más
de mil afios, y se concentran, en su mayoría, en la historia política y
económica, en las instituciones religiosas y en las doctrinas teológicas,
en la literatura, la música y las artes visuales, quedando un tanto rele·
gadas la erudición clásica y la filosofía. Por tanto, muchas cuestiones
que, desde nuestro punto de vista, son de importancia especial siguen,
hasta donde yo sé, sin resolverse y esperando investigaciones adi-
cionales.1
l Como bibliografia general de nuestro tema quie-ro citar las siguientes obras: N. H.
Bayoes, Brzantine Studies C111d Other Essars. Londre9, 1955. Byzantium, ed. por N. H. Bar·
oes y H. SL L. B. Moss, Oxford, 1949. H. G. Beck, Kirche und theologische Literotur im
bytanrinischen Reich, Municb, 1959. R. R. Bolgar, The Clossicol Heritage and lts Bene/i·
ciaries, Cambridge, 1954. Robert Devreesse, /ntroduction à f étude des manuscrits grecs, Paris,
1954; id., Les manuscrits de fltalie méridionale, Ciudad dei Vuicano, 1955. Albert Ehrhard,
Oberlie/erung and Bestand der hagi.ographiJchen und homiletischen Literalur der grie·
chischen Kirche von den An/iingen bis wm Ende des 16. lahrhU11derts, 2 vols., Leipz:ig.,
1937-1952. Karl Kru mbacher, Geschichte der byzantiraischen Literatur, 2a. ed. Munich, 1897.
tmile Legrand, Bibliographie heUénique, 4 •ois., Paris, 1885-1906. Remigio Sabbadioi, Le
1
scopert.e dft codici latini e greci ne' secoli XIJI e XV, 2 vols~ Florencia, 1905·1914. J. E.
Saodys, A History o/ Classical Scholarship, 3' ed,. •oL 1, Cambridge, 1921. Thor Sevcenko,
189

l
190 EL PENSAMlENTO RENACENTISTA Y LA ER UDICION BIZANTl NA EL HUMA!\'ISMO ITALIANO Y BIZANCIO 191

Para comprender el estado y la etapa de evolución de los estudios en ese periodo han subrayado, con toda razón, los contactos contínuos
griegos en el Occidente durante la Edad Media y el Renacimiento, debe· o renovados de Occidente con Bizancio en cuestiones políticas y econó·
mos regresar a la Antigüedad clásica; es decir, a la cultura griega de micas, eclesiásticas y artísticas, insistiendo asimismo en la presencia
los romanos, pues la f undación de la cultura occidental medieval f ue constante de la lengua y de la cultura griega en Sicilia y en algunas
latina, no griega. Durante la última república y los primeros siglos dei partes dei sur de Italia. Además, las Cruzadas y la conquista latina
lmperio, una mayoría de los romanos educados conocía el griego y tlel lmperio bizantino repercutieron en el campo de la historia intelec·
muchos de ellos incluso lo escribían, como en el caso de Marco Aurelio. tua!. En ese período se llevó a cabo un buen número de traducciones
AI mismo tiempo, la literatura latina f ue evolucionando debido a la latinas de antiguos textos griegos, nunca antes traducidos en la Anti·
influencia constante de los modelos griegos; el breve número de escritos güedad o en la temprana Edad Media . Algunas de esas versiones f ueron
latinos dedicados a temas filosóficos o científicos deriva por completo hechas dei árabe y otras directamente dei griego. Es obvio que las tra·
de fuentes griegas.2 Fue dei Oriente griego, asimismo, de donde el cris· 1 ducciones greco-latinas presuponen cierto conocimiento dei griego por
tianismo latino derivá sus Escrituras y su teología. 1 parte de los traductores, y cierta disponibilidad de los textos griegos.4
AI terminar la Antigüedad y comenzar la Edad Media, el Occidente Hubo, asimismo, varios intentos por introduci r la enseiianza dei griego
latino no sólo se apartá dei Oriente greco-bizantino en un sentido polí- en alg_unas de las principales universidades, en especial por la época
tico, sino que perdió todo conocimiento de la lengua griega y, por lo 1 dei Concilio de Viena.
mismo, todo acceso directo a la cultura griega antigua.' De aqui que Es necesario tomar en consideración esos hechos, pero dándonos
los primeros siglos medievales, hasta mediados dei siglo x1, se vieran cuenta de s1i significación limitada y sin exagerar su importancia.
reducidos casi por completo a las fu entes !iterarias, filosóficas y cien· Otros ejemplos medievales y modernos nos hacen saber que los contactos
tificas de la tradición latina. Ésta era rica en conceptos e ideas, en políticos y económicos, e incluso las influencias artísticas, no exigen
formas !iterarias, en teorias y prácticas retóricas y poéticas de origen un conocimiento profundo de la lengu a, o la civilización dei país de
griego, sucediendo a la vez que poseía o, acaso, preservaba unas cuan· origen. De aqui que no siempre conduzcan a influencias científicas o
tas traducciones de textos griegos. Los latinos tenían, sobre todo, la !iterarias, ya que las últimas dependen de tal conocimiento y presupo·
Biblia y muchos escritos de los Padres Griegos, una parte dei Timeo nen además, en quien está aprendiendo, un interés genuino en los valo·
de Platón, las Categorias y la De inter pretatione de Aristóteles, la res característicos de la civilización extranjera. El que se hablara griego
/ntroducción a las Categorías escrita por Porfirio y traducida por en Sicilia y en el sur de Italia no prueba, por sí mismo, un estado
Boecio, y algunas obras médicas y matemáticas. Aquella parte abun· floreciente de los estudios clásicos griegos, a menos que a la vez se
dante e importante de la literatura griega clásica que no había sido diera cierto conocimiento del griego clásico, un cierto número de textos
traducida ai latín f ue desconocida en los primeros siglos de la Edad clásicos griegos en las bibliotecas de la región y cierta tradición de
Media, habiendo escapado la signif icación de tal hecho a la atención estudios clásicos, y no sólo eclesiásticos, en las escuelas monásticas o
de algunos historiadores modernos de ese importante período. · citadinas dei área. Recientemente hemos aprendido mucho acerca de
La situación arriba descrita cambiá un poco, pero tan sólo un poco, las bibliotecas, los manuscri1os y la producción !iteraria de la Italia
en el período que va de la segunda mitad dei siglo XI a finalés dei griega, pero sigue siendo po~o lo que sabemos acerca de sus escuelas y
siglo x111 o la primera mitad dei x1v. Los historiadores especializados

"Thc Declin< of Byz.antium Setn through thc Ey<s of lts lntell<ctuals.., Dumborton Oolu
1 • Charles H. Haskins, Studies in the Hi..story o/ Mediaeval Seience, 2a. ed.. Cambridge,
J'.1 a5!., 1927. J. T. l'.1uckle, "Greek Works Translated Oirtctly into Latin btfore 1350..,
Pa~rs. 1961, núm. 15, pp. 167·186. Basile Tatakis, La philosophie byr.tlllline, Paris, 1949. Mediaeval Srudies, 1942, núm. 4, pp. 334 2 y 1943, núm. S, pp. 102-114. George Sarton,
Marie Vogel y Viktor Gardthaustn, Di< griechischen Schreiber des MittelalterJ und der lnuoducàon 10 rhe /li31ory o/ Science, 3 vols., Baltimore. Md., 1927·1948. A. Siegmund,
Renai.ssance, Leipzig, 1909. Georg Voigt, Die Wiederbelebung des classischen Alterthum.s, 1 Die Oberlii:ferung der griechischen christüchen lirerarur in der lateinischen Kirclae bis
3a. ed., 2 vols., Brrlin. 1893. :um zwôlften Jahrhundert, Munich-Pasing, 1949. Moritt Steinschnejdm-, Die europiii.sclaen
' William H. Swh l, Ramon Science. l'>fodi'iOn, Wis.• 19'2. Oberseizungen aus dem Arabischen bis Mi11e des 17. Jahrhunderrs, Graz, 1957. Catalogus
3 Pitrré <:ourcelle, Les leures grecques en Occident, De Macrobe à Cassiodore, Pari~. Translationum er Commentariorum, ed. por P. O. Kristelln )' F. Edward Crant, 3 vol~.•
1943. Washington. D. C., 1960-1976.
192 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDICiôN BIZANTINA EL HUMANISJ',fO ITALIANO Y BIZANCIO 193

sus estudios.• Con base en el estado actual de nuestros conocimientos, de sus traducciones es sumamente limitado. Éstas abarcan de un modo
no estoy convencido de que los estudios clásicos griegos del Occidente casi exclusivo los campos de la teología, de las ciencias y de la f iloso-
estuvieran tan influidos por la Italia griega como por Grecia misma, f ía; entre los escritos filosóficos predominan las obras de Aristóteles.
y en especial por Constantinopla. No hay duda de que la Italia griega Los otros filósofos griegos antiguos están representados de un modo
contribuyó a la civilización bizantina, y no sólo en el campo de la exiguo, y se ha omitido casi por completo a los poetas, oradores e histo·
teología; mas en el caso de algunos de sus representantes más notables ri adores de la Grecia antigua. 8 Tales preferencias, tanto en lo que
-como Juan !talos y Barlaam de Calabria-, es probable que recibie- incluyen como en lo que excluyen, reflejan en parte un sólido inte-
ran su educación clásica, ai menos en parte, en Constantinopla y no rés teológico y, en parte, un interés científico de origen árabe. 9 Esas
en su país. Hasta donde sé, no hay prueba alguna todavía de que la traducciones están movidas por un interés didáctico y escolástico. Los
ltalia griega poseyera una tradición propia en el campo de los estudios traductores eligen tratados llenos de un contenido propio para la memo·
clásicos, como f ue el caso en el saber eclesiástico o en la literatura rización y el desarrollo. Está por completo ausente aquello que habría
bizantina. de caracterizar a los humanistas: el interés por la literatura y por un
Si pasamos de la Italia griega al resto de la Europa latina, son en pensamiento diverso y fluido, así como el gusto por la forma y por los
verdad muy escasas las huellas de saber griego. 6 Los decretos cuyo matices del idioma, dei estilo y del pensamiento.
propósito era introducir el estudio del griego en las universidades f ue- En el siguiente periodo, que va de la mitad del siglo XIV a f inales
ron, en su inmensa ma yoría, letra muerta; no contamos en Occidente dei XVI, sufrió un' çambio profundo el estado de los estudios griegos
con ningún caso claro de tradición en los estudios griegos antes de la en la Europa occidental. Para el siglo XVI la ensefianza de la lengua y
segunda mitad dei siglo XIV. En los inventarios de las bibliotecas me- la literatura griegas clásicas se había establecido firmemente en las
dievales son sumamente raros los manuscritos griegos, y en una mayorí.a principales universidades y en muchas escuelas secundarias. Las prin-
de los casos lo que tenemos son evangelios o salterios bilingües. Res- cipales bibliotecas de Occidente abundaban en manuscritos clásicos
pecto a quienes traducían dei griego, sabemos que adquirieron el griegos, y una buena parte de los textos griegos clásicos eran distribui.
idioma y los libros griegos con que trabajaban, bien en Sicilia, bien en dos amplia mente en ediciones impresas.• Todos ellos f ueron traducidos
Oriente. Además, su conocimiento de la lengua era muy limitado, como al latín y a varias lenguas nacionales, bien por primera vez, bien en
vemos cuando estudiamos sus traducciones y las cotejamos con los ori· versiones más exactas que las anteriores; esas traducciones tuvieron
ginales griegos. Traducían literalmente, sin ninguna sensibilidad por una dif usión incluso mayor que los textos originales. Se desarrolló,
la sintaxis o la f raseología dei griego clásico.' Además, el contenido asimismo, una tradición de erudirión griega precisa que constituye
la primera fase de la f ilología griega en el Occidente, y que no só lo
• Robert Devreesae, Les monuscrits 8fCCS de rltalie méridioMle, Ciudad dei Vaticano, tuvo expresión en ediciones críticas y traducciones de los textos, sino
1955. J',farcello Gigante, Poeti italobizantini dei seco/o XIII, Nápoles, 1953. Barlaam Calabro,
también en comentarios, en estudios misceláneos, en tratados de his-
Epistole greche, ed. por Giuseppe Schirõ, Palermo, 1954. Ke1u1eth Setton, "The Byzantine
Background to the Italian Renaissance", Proceedincs o/ the American Phüosophical Society, toria y mitologia, en la gramática y en la retórica, en la f i]osofía y
1956, núm. 100, pp. l· 76. en la teologia.
6 Be.rnhard Bischoff, "Das griechische Element in der abendliindischen Bildung des Esta situación floreciente de los estudios griegos en el Occidente,
Mittelalters", Byzantinische Zeiuchrijt, 1951, núm. 44, pp. 27.55. Louis R. Loomis, Medieval
Hel/enism, Lancaster Pa., 1906. Roberto Weiss, ''The Translators from the Greek of the Londres, 1940-1962. Véanse mis reseiias en Joumal o/ Phüosophy, 194-0, núm. 37, pp. 695-697,
Angevin Court of Naples'', Rinascimento, 1950, núm. l, pp. 195-226; id~ ''The Study of Greek 1956, núm. 53, pp. 196·201 y 1965, núm. 62, pp. 14·17.
in England during lhe Fourteenth Century'', Rinascimento, 1951, núm. 2, pp. 209·239; iJ., 8 Platón, Proclo y Sexto Empírico son las excepciones principales en los filósofo~ griegos
"The Greek Culture of South ltaly in the Later Middle Ages", ProceedinBS of the British no relacionados con la tradición aristotélica, y Demetrio (de elocUlione) e Isócrates (ad
Academy, 1951, núm. 37, pp. 23·50; id., "England and the Decree of the Council of Vienno Demoni.c um) en los autores <retóricos. Cf. Muckle, "Greek Works Translated into Latin",
on the Teaching of Greek, Arahic, Hebrew and Syriac", Bibliotheque d'Humanisme et Re· Sabbadini, Le scoperte, nú.m. 2, p. 264 (para lsócrates). Durante la Edad J',fedi"' no se tradujo
naissance, 1952, núm. 14, pp. 1·9; id., "Lo studio dei greco all'·abbazia di San Oionigi durante íntegramente a ninguno de estos autores. Véanse las notas 52 y 53 dei capítulo XIII.
il medio evo'', Rivista di sroria tkUa chiesa in ltalia, 1952 núm. 6, pp. 426·438; id., "Lo • Moritz Steinschneider, Die arabischen Vbersetzungen aus dem Griechischen, Graz, 1960.
studio dei greco all'Universita di Pcigi", Convivium, s. e., 1955, núm. 2, pp. 146-149. Richard Walzer, Greek into Arabic, Oxford, 1962. 'Abd al·Rahmãn Badawi, La transmi.ssion
t Corpus Plalonicum Medii Aaii, Plato Latinus, ed. por Raymond Klibansky, 4 vols., de la phiJosophie grecque au monde arabe, Paris, 1968.
194 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDIClóN BIZANTINA EL HUMANISMO ITALIANO Y BIZANCIO 195

que sobrepasa cualquier cosa que se hubiera visto en esa parte del el griego clásico o, por lo menos, un griego clasicista parecido al de la
mundo, f uera durante la antigüedad romana o durante la Edad Media, Antigüedad. Por tanto, el estudio de los clásicos no estaba impulsado
coincide con la caída y destrucción del lmperio bizantino, así como por una mera curiosidad histórica o literaria, sino además por los
con la emigración de muchos sabios bizantinos al Occidente, y en espe· requerimientos prácticos de la imitación lingüística y )iteraria. De esta
cial a Italia. De aquí surge la pregunta que es motivo de este ensayo: manera, tenemos manuales de gramática griega compuestos por eru-
len quê contribuyó la tradición bizantina ai rico desarrollo de los estu· ditos bizantinos para uso de sus estudiantes, cuya lengua hablada no era
dios griegos ocurrido en el Occidente entre los siglos x1v y xv1 y en y a el griego clásico. Por tanto, no es mera coincidencia que pertenezcan
gran parte motivado por la labor de los humanistas italianos y de otras al periodo bizantino los diccionarios más importantes de griego antiguo.
partes de Occidente? Los eruditos bizantinos eran, además, editores críticos de textos clási·
Para responder a esa pregunta será necesario estudiar la historia cos en el sentido propio dei término, y basta citar la Anthologia Palatina
de la erudición clásica durante la Edad Media bizantina, tema que no o la Bibliotheca, de Focio, para recordar que debemos a esas edicio·
conozco a f ondo y que acaso no está debidamente explorado, ni siquiera nes la preservación y trasmisión de dichos textos, o, al menos, de sus
por los especialistas de la historia bizantina. Me limitaré a unos cu~~tos resúmenes. Si agregamos a ello la crítica textual representada por los
hechos bien establecidos, que tal vez basten para nuestro propos1to. manuscritos y los comentarios bizantinos, así como los conocimien-
En el largo per iodo que va de f inales del siglo v111 al XIV y xv, los tos históricos, mitológicos y retóricos que aparecen en las enciclopedias,
estudios clásicos pasaron, claro está, por periodos más o menos largos obvio resulta que, pese a sus limitaciones, la erudición bizantina re·
de declinación1 pero nunca se los abandoná por completo. Sabemos que presenta un periodo floreciente e importante de la historia de los
muchos textos clásicos se perdieron en el periodo que va de fines de la estudios griegos, y que en el Occidente nada hay comparable a esto
Antigüedad al siglo v111, y muchos oiros después de este último. Pero que podamos ofrecer, sea en la antigüedad romana, sea en la Edad
la mayoría de los autores griegos con que hoy contamos, excepción Media latina. Además, a pesar de su declinación política y la pérdida
hecha de los textos recientemente recuperados por los papirólogos, f ue- continua de territorios importantes, el lmperio bizantino gozó durante
ron conservados gracias a la labor de los eruditos bizantinos, quienes sus últimos siglos, y en especial durante el x1v, un renacer y no una
aparte de coleccionarlos y guardarlos en sus bibliotecas, los copiaban, declinación de los estudios clásicos. Precisamente a ese período perte·
leían y estudiaban. Sabemos, además, que en las escuelas de Constanti· nece un buen número de los eruditos bizantinos mejor conocidos. Y es,
nopla y oiros sitios se leía a los poetas y prosistas clásicos por lo menos asimismo, en ese periodo cuando percibimos por primera vez una in·
a partir dei siglo IX; parece característico de las escuelas bizantinas fluencia occidental. Son traducidos por primera vez al griego varios
que se leyera a los filósofos, tanto Platón como Aristóteles y los autores latinos, como Cicerón, Ovídio, San Agustín y Boecio; algunas
Padres de la lglesia, junto con Homero, los trágicos, los historiadores de esas traducciones f ueron obra de autores tales como Máximo Pia·
y los oradores. De hecho, no sólo tenemos comentarios y escolios sobre nudes, quien a la vez f ue uno de los estudiosos de la literatura griega
Aristóteles y Platón, sino también sobre Homero, Píndaro y Sófocles; clásica mejor preparados.'º
esos comentarios y escolios, que en parte tienen como base la erudición Si tenemos en mientes el estado floreciente de los estudios filoló·
de los sabios de la antigua Alejandría, han sido aprovechados por los gicos en el Oriente, f ácilmente c~mprenderemos po.r quê los h~manist~s
eruditos clásicos modernos en sus obras sobre los mismos autores. italianos, cuando comenzaron a interesarse en la literatura gr1ega anil·
Debemos tener en mente, además, un hecho importante respecto a la gua, acudieron a Bizancio para obtener los textos y par~, además,
historia de la lengua griega. Tal como ocurrió con el latín en Occi· adquirir los conocimientos lingüísticos y filológicos nece~ar1os para la
dente, la lengua hablada en la Edad Media bizantina por muchos siglos lectura y comprensión de ese material. Sabemos de los pr1m~ros esf ue~­
se había venido apartando dei griego clásico, f uera ático o helenístico; l zos de Petrarca, quien estudió griego con Barlaam de Calabr1a y adqut·
un estudiante que quisiera leer a los autores clásicos tenía que aprender
primero la gramática y el vocabulario del griego clásico. Y justo como 10 En lo que toca a laa traducciones de Planudes, véaJe Krumbacber, Ceschicllle tkr
byzanlÚlischm Literotur, pp. 544-546. Para las traduccionea griega3 de San Aguatín,
en el Occidente latino, hubo en el Este la tradición continua de no uéa.se Michael Rackl, "Die griechiscben Augustinusübersetzungen", en M·i.sceU1111ea Fron·
emplear como lenguaje literario el idioma hablado o popular, sino ceJco Ehrle, 1, Biblioteca Vaticana, Studi e Te.s1i 37, Roma, 1924, pp. 1·38.

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196

EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDICION BIZANTINA l EL HUMANISl\fO ITALIANO Y BIZANCIO 197

rió manuscritos griegos de Homero y Platón ; 11• Boccaccio recibió en su telli y, sobre todo, Francesco Filelfo, quien ca~ó co~ la. hija de su maes-
casa a Leoncio Pilato e hizo que ensefiara griego en Florencia y tradu- tro bizantino y f ue uno de los pocos humanistas italianos capaces de
jera a Homero ai latín.12 Más importante aún fue que Manuel Criso· escribir cartas, y hasta poemas, en griego clásico.'$
!oras llegara a Italia, como importante f ue su actividad de maestro en Cuando hablamos de los viajes griegos de Guarino, Filelfo y muchos
Florencia y oiros lugares. 13 Entre sus discípulos tenemos a algunos de oiros solemos insistir en el hecho de que aprendieron griego y traje·
los mejores humanistas y especialistas de lo griego de principios dei XV; ron consigo un número importante de manuscritos griegos clásicos. De·
a pesar de la corta duración de su estancia, sus enseiianzas tuvieron hemos agregar a lo anterior que también aprendieron de sus maestros
un efecto perdurable. Prueba de ello es la vasta dif usión de la gramá- bizantinos el método filológico que les permitía leer, comprender Y tra-
tica griega que compusiera para sus estudiantes italianos, así como la ducir los textos antiguos. Lo mismo puede decirse de los eruditos bi·
obra de sus alumnos. Pensemos, por ejemplo, en la traducción de zantinos a partir dei propio Crisoloras, que vinieron como profeso-
la República, de Platón, hecha por Uberto Decembrio, que Crisoloras res a Florencia, Padua y otras universidades italianas y europeas. Estas
sugirió y la cual quizás incluso comenzara. Con Crisoloras se inicia, personas no sólo enseiíaron a sus estudiante~ occidentales el griego ~lá­
más de siglo y medio antes de la caída de Constantinopla, el éxodo sico, que era estonces una lengua aprendida, mas no hablada, sino
hacia ltalia de eruditos bizantinos, movimiento que siguió sin interrup· también el método de interpretación de los textos clásicos que había
ciones por varias décadas y que aumentara, primero, con el Concilio creado la tradición filológica bizantina. Estoy convencido de que la
de Ferrara y Florencia en 1438 y, después, con la catástrofe de 1453.u selección de autores griegos leída por los estudiantes, e incluso la elec·
Pero ocurre, a la vez, que con Crisoloras comienza un movimiento en ción y secuencia de los tex:tos de los autores preferidos, pasaron de esta
1
dirección opuesta. Cuando regresa de ltalia a Constantinopla, lo acom· manera de las escuelas bizantinas o las occidentales. • Demos un ejem-
paiian varios alumnos italianos, entre ellos Guarino. Desde ese momento plo: la lectura de Aristófanes comenzaba siempre p~r e! Pluto y .l~ de
y hasta finales dei lmperio bizantino, e incluso posteriormente, cuando Eurípides con Hécuba; y aparte de las razones .º?vias de l~ ~acihdad
e! mandato turco, hubo un visitar constante de humanistas italianos a y la decencia, había en esto un elemento de tradición pedagogica.
Constantinopla y otras ciudades griegas. Entre los viajeros tenemos al· Hay, además, una cierta idea de la enseiíanza que, aparte de estar
gunos de los mejores especialistas griegos de la época: Aurispa, Tor- reflejada en la elección de autores y textos, queda expresa~a. _en el
agrupamiento y la relación de los temas ensenados. L~ op1n1on d~
11 E. H. Wilkins, Li/e o/ Peuarch., Chicago, 1961, pp. 33-34, 136. Giovanni Gentile, ~Le que los poetas y los prosistas de~en ser tema de cur~os di~erentes esta
traduzioni medievali di Platone e Francesco Petrarca", Studi sul Rinascimento, Florencia, presente en los planes de estudio de la Eda~ Media _lallna.; ?ero la
1936, pp. 23-88. Lorento l\finio-Paluello (Plato Latinus, vol. 2, Londres, 1950, p. xii) ba tendencia a tratar a los filósofos - y en especial a Platon, Anstoteles y
ident ificado como Paris. lat. 6567 A el manuscrito de Petrarca coo la versión latina me·
dieval dei Fedón. Agostino Pertusi (leon:io Pilato /ra Petrarca e Boccaccio, Venecia y los autores patrísticos-- junto con los poetas ~ ora~ores f ue carac~e~~s­
Roma, 1964, pp. 62-72) identificó como Arnbr. J 98 inf. el manuscrito gTiego de Petrarca tica de la escuela bizantina, y parece haber 1nfluido en la erud1c1on
con obra de Homero ; de un modo más tentativo, tlisabeth Pellegrin (La Biblwtheque des griega, y :tal vez incluso la latina, d~ l~s humanistas dei R~nacimiento.
Visconti et des SJorza, Ducs de Milan, au XVe siecle, Paris, 1955, p. 310. Cf. Pertusi, Leon· Me inclino por pensar que los conocimientos de los humanistas dei .Re·
zio Piloto /ra Petrarca e Boccaccio, p. 18) identificó el Platón griego de Petraa-ca como
nacimiento, en la amplitud y limitación de sus intere~es y en su aclltu~
Paris, gr. 1807.
u Pertusi, Leonzio Pil.ato /ra Petrarca e Boccaccio. Gene A. Brucker ( "Florence .and Its
hacia los textos estudiados, presentan nexos más íntimos con la tradi-
University, 1348-1434", en A ction and Conviction in Early Modern Europe, Essays i.ti Mernory ción didáctica bizantina que con la dei escolasticismo medieval. Se
o/ E. H. Harbison, ed. por Theodore K. Rabb y Jerrold E. Seigel, Princeton, N. J., 1969, trata de observaciones menores, muy difíciles de probar dado el estado
pp. 220-236 y 231-233) documentó recientemente el hecho de que Pilato no fue tan sólo actual de nuestros conocimientos. Sin embargo, estoy co~ve?cido d~ q~e
tutor de Boccaccio, sino que también lo nombraron las autoridades de Florencia "ad docen· deben ser y serán investigadas en cuanto nuestros conocim1entos b1bh~­
dam grammaticam ~recam et licteras grecas" y recibió un salario de 1360 a 1362.
gráficos de manuscritos y de textos impresos, así como nuestro conoc1·
13 Giuseppe Cammelli, I do11i bizantini e le origini dell'umanesimo, 3 vols., F1orencia,
1941-1954. 10 Sabbadini, Le Jcoperte, I, pp. 43-71. E. W. Bodnar, Cyriacus o/ Ancona and Athens,
H En lo que toca ai último periodo, véase Deno J. Geanakoplos, Greek Scholars in Bruselas, 1960.
Venice, Cambridge, Mass., 1960. 10 Fue James Hutton quien me sugirió esta ides.
198 EL PENSAMlENTO RENACENTISTA Y LA ER UDIClóN BIZANTINA EL HUMANISMO ITALIANO Y BIZANCIO 199

miento documental acerca de las universidades y otras escuelas esté más mán conservó las lecciones introductorias dadas por Calcocondilas en
completo que hoy en dia. Padua;u tenemos, asimismo, algunas de las lecciones introductorias
En el siglo XIV denemos en Italia meramente los principios dei estudio dadas por Argiropoulos en Florencia.19 En Alemania se conserva un
de lo griego; los siglos xv y xv1 tra jeron consigo un desarrollo pleno de manuscrito basado en las conferencias paduanas de Gregoropoulos; en
la f ilología griega en el Occidente, desarrollo en buena medida debido tiempos recientes se las ha estudiado, descubriéndose el hecho impor-
a la influencia de la f ilología bizantina y el humanismo italiano. Indi- tante de que también habló sobre Aristófanes y los trágicos.'º Es de
quemos brevemente cuál f ue la dif usión de lo griego durante el Renaci- esperar que surjan inf ormaciones adicionales de los manuscritos grie-
miento en sus varios aspectos. Comenzaremos por las escuelas. gos donde hay glosas o traducciones en latín, así como de los manus-
En la primera mitad dei siglo xv la ensefianza dei griego era muy
esporádica, incluso en las universidades más importantes; ahora bien,
en la segunda mitad de ese mismo siglo se volvió más o menos continua,
l critos en latín que contienen notas en griego. Por ejemplo, hace algunos
anos estudié los manuscritos de la Ética y la PolUica de Aristóteles,
hoy en Nueva York, que Ermolao Barbaro utilizó en sus cursos de
y en el trancurrir del XVI se dif undió además fuera de Italia. Entre los Padua." Me f ue posible demostrar que no trabajó a partir dei texto
maestros de griego tenemos a varios eruditos bizantinos de fama: Teo- I griego o de la versión latina hecha por Bruni, como a menudo se había
supuesto, sino con base en las traducciones medievales. Por otra parte,
doro Gaza en Ferrara; Juan Argiropoulos en Florencia y en Roma;
Demetrio Calcocondilas en Padua, Florencia y Pavía; Constantino Las- las glosas de Ermolao dejan claro que sí utilizó el texto griego y l a
caris en Mesina, y Marco Musuro en Venecia y Padua, por sólo versión de Bruni para corregir el texto latino cuyo deber era explicar
mencionar algunos de los más famosos. Sin embargô, ya en la primera a sus estudiantes.
mitad dei siglo xv tenemos humanistas italianos entre los maes•ros Son de igual importancia, aunque tal vez se los haya estudiado más
de griego; sobre todo, los alumnos directos o indirectos de los maes- a f ondo, los problemas relacionados con los libros griegos y las biblio-
tros bizantinos, como, por ejemplo, Guarino en Venecia y Ferrara; Filei- tecas dei Renacimiento. En los siglos xv y XVI no sólo tenemos las mi-
! o en Bolonia, Florencia y Milán, y Poliziano en Florencia. A esto graciones de eruditos bizantinos hacia el Occidente, sino a la vez el
debemos agregar un cierto número de eruditos que han sido menos éxodo de muchos manuscritos griegos hacia los países occidentales. Los
estudiados, pero cuya preparación probablemente era igual, como Lia- eruditos bizantinos que f ueron a Italia llevaron consigo sus libros;
noro Lianori, quien ensefió griego en Bolonia y lo conocía suficiente- los humanistas italianos que f ueron a Grecia regresaron a Italia con
mente bien como para escribir cartas en él.11 manuscritos griegos y, en ocasiones, con bibliotecas completas de ma-
Es obvio que la ensefianza dei griego comenzaba con el estudio ele- nuscritos griegos. Los príncipes y mecenas italianos comenzaron a co-
mental de su gramática, y tenemos como prueba numerosos manus- leccionar dichos manuscritos. Compraron éstos traídos de Grecia por
critos y copias impresas de gramática griega, desde la bizantina de eruditos, monjes y mercaderes, e incluso llegaron a enviar eruditos a
Moscópoulos hasta los breves tratados escritos por profesores de griego, Grecia con el único propósito de adquirir tales manuscritos. Tenemos
como Crisoloras, Gaza y Constantino Lascaris, para sus alumnos italia- el ejemplo más conocido de esto en la misión que Juan Lascaris llevó
nos. Nuestra inf ormación acerca de los autores griegos elegidos como
1A Deno J. Geanakoplos, "The Discol.la'Se of Demetrius Chalcondyles on the Inaugu.ration
lectura es menos firme, ya que los documentos escolares no suelen ser oi Greek Studies at the University of Padu·a, in 1463", S1udies in the Renaismnce, 1974,
muy explícitos ai respecto; por otra parte, los textos de conferencias, núm. 21, pp. 118·124.
cursos y comentarios son raros y no se los ha estudiado mayormerite 19 Karl Müllner, Reden und Briefe italienischer Humani.tten, Viena, 1899, pp. 3-56.

aún. Al parecer, Homero, Platón, Jenofonte y Demóstenes estaban entre zo Berlín, ms. lat. oct. 374. Véase Herbert Meyer, "Ein Kollegheft des Humanisten Cono",
Zentralblact für Bibli.o1hekswesen, 1936, núm. 53, pp. 281·284. Alexandre Oleroff, "L'Hu·
los autores favoritos. Es probable, ai menos en el siglo xv, que algunas
maniste dominicain Jean Conon et le Crétois Jean Grégoropoulos", Scriptorium, 1950,
de las traducciones dei griego f ueran producto de las escuelas y se las núm. 4, pp. 104-107. Hay informaciôn sobre oiro manuscrito de Cono en hermana Agnes
empleara para ayudar a los estudiantes primerizos. Un estudiante ale- Clare Way, "Gregorius Nazianzenus", Ca1alogus Translacionum et Commentariorum, vol. 2,
ed. por P. O. Kristeller y F. Edward Crani, Washington, D. C., 1971, pp. 43-192 y 113
lT Tenemos algunas cartas griegas de Lianoro a Tortelli en el conocido manuscrito VaL 142-143.
lat. 3908. zi P. O. Kristeller, Studies in Renaissance Thought and Letters, Roma, 1956, pp. 337.353,
200 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDICiôN BIZANTINA EL HUMANISMO ITALIANO Y BIZANCIO 201

a cabo a nombre de Lorenzo de Médicis, transcurridas varias décadas copiados por eruditos bizantinos o italianos son importantes para tra·
ya de la conquista turca. 21 Ese mismo siglo XVI, Francesco Patrizi reu- zar la historia de los textos y para enmendarlos. En algunos casos,
nió manuscritos grie~os en Chipre y otros lugares, y los vendió des· cuando no existen manuscritos anteriores, sirven incluso como base
pués a Felipe II de Espafia.'ª En otras palabras, el comercio con manus- para la edición dei texto.
critos griegos no cesó con la caída de Constantinopla; y debemos recor· Esos manuscritos griegos reflejan asimismo la influencia de la tra·
dar que, tras 1453, varias áreas de habla y civilización griegas -como dición bizantina en el campo de la paleografía. La mayoría de los
Eubea, Morea, Chipre, Rodas y Creta- continuaron sujetas por lapsos manuscritos griegos con que contamos fueron escritos en minúsculas
más largos o más cortos ai domínio de Venecia. bizantinas, una letra de uso general en los textos literarios a partir
El núcleo de las grandes colecciones de manuscritos griegos creadas dei siglo IX. Seguía siendo la letra utilizada por los eruditos bizan·
en Europa surge en los siglos XV y xv1; en el siglo xv se f ormaron las tinos dei siglo xv; los eruditos italianos y de otros países la adoptaron
bibliotecas Lorenziana y Vaticana, así como la Marciana, cuyo punto de e imitaron cuando aprendieron a escribir griego. Esas minúsculas bi·
partida fue la colección de Besarión; en el XVI se formaron las colec· zantinas son la base de los caracteres griegos empleados por Aldo y
ciones de París, el Escorial, Munich y Viena; poco después, las de los otros editores e impresores de textos griegos dei siglo XVI, tal
Oxford y Leiden. Hoy mismo los editores de textos griegos antiguos como los caracteres romanos y cursivos utilizados por los primeros
recurren a los manuscritos de esas bibliotecas, así como a los que aún impresores estaban derivados de las dos letras humanistas comúnmente
siguen en las bibliotecas de Grecia y de otros países orientales que empleadas en los libros manuscritos latinos de la Italia del siglo xv.
tienen o tuvieron lazos con la lglesia y con la cultura griegas, como Aparte de ciertas abreviaturas y ligaduras convencionales abando·
Rusia y Turquía. nadas en tiempos más recientes, la minúscula bizantina sigue siendo
Las colecciones occidentales de manuscritos griegos no sólo contie· origen reconocible de los caracteres de imprenta utilizados en las
nen los que fueron redactados en Grecia y luego llevados a Occidente, ediciones modernas de los clásicos griegos.
sino también algunos escritos en la Italia y la Sicília griegas durante La última observación nos lleva a otro factor importante en la difu-
la Edad Media, así como un número considerable de otros copiados en sión de la sabiduría griega durante el Renacimiento: la impresión. Los
Occidente a partir de manuscritos anteriores, como dejan ver las fechas primeros textos clásicos griegos fueron impresos en Florencia y en
y los colofones de los mismos. 'En su mayoría son obra de eruditos Milán, pero muy pronto, gracias a Aldo y otros impresores expertos,
bizantinos exiliados, quienes se ganaban la vida como copistas; pero tanto griegos como italianos, Venecia se convirtió en el centro de impre·
abundan los hechos por eruditos occidentales, quienes copian los textos sión de textos griegos más activo. Posteriormente tuvo que compartir
griegos para uso propio. Tenemos manuscritos griegos copiados o anota· esta posición con París, Amberes y Leiden, tal y como en el campo de
dos por Poliziano, Ficino, Ermolao Barbaro e incluso Leonardo Bruni." la impresión de textos en latín compartía su predomínio con Lyon y
A pesar de su fecha relativamente reciente, esos manuscritos griegos Basilea.25 Cuando Erasmo quiso mejorar su conocimiento dei griego,
fue a Venecia, a la imprenta de Aldo,' episodio muy significativo, que
22 K. K. Mueller, "Neue Mittheilungen Ober Janos Laskaris und die Mediceische Biblio· en estudios recientes ha recibido la atención que merece. En la vasta
thek". Zentral•Latt jür Bibliothekswesen, 1884, núm. 1, pp. 332-412. Bõrje Knõs, Un
ambassadeur de l'hellénisrne, Janus lascaris, et la uadition gréco-bywntine IÚJns rhUITl4- graph Manuscripts of Marsilio Ficino" en Stucü di Bibliografia e di Storia in Onore di Tam·
nisme /rançais, Uppsala y Paris, 1945. maro De Morinis, vol. 3, Verona y Ciudad dei Vaticano, 1964, pp. 5-33. Respecto a Ermolao
2 ª Emil Jacobs, "Francesco Patricio und seine Sammlung griechischer Handschriften in
Barbaro, véase la nota 21. Para Leonardo Bruni, véa.se Cosimo Stomaiolo, Cod.ices Urbinate•
der Bibliothek des Escorial", Zenrralblott für Bibliothekswesen, 1908., núm. 25, pp. 19-47; Gra'1cí Bibliothtcae Jlaticanae, Roma, 1895, p. 38 (cod. 32), p. 39 (cod. 33) p. 48
J.-Th. Papademetriou, "The Sources and the Character of Dei Governo de'Regni", Tran•· (cod. 42) y pp. 149-150 (cod. 97) , Sotheby & Co., Catalogue o/ Nineteen Highy Distingui-
actions and Proceedi"lfs o/ the American Philologica! Association, 1961, núm. 92, pp. 422- shed Medieval and Renaissance AfcmuscripU .. , The Property o/ Sir Sydney Cockerell •• ,,
439 y 434-437. \
Londres, 3 de abril de 1957, p. JS, núm. 10, donde se cita la opinlón de la sei\orita Barbour.
" Respecto a PoliW.no, véase Mostra dei Poliriano, Florencia, Istituto Nationale di Se supone que Martin Bodmer (Ginebra-Colonia) había adquirido el manuscrito pero a una
studi sul Rinascimento, Catalogo, Alessandro Perosa, Florencia, 1955. Para Ficino, véase pregunta que le hice a Bodmer dio una respuesta evasiva.
Martin Sicherl, "Neuentdeckte Handschriften von Marsilio Ficino und Johannes Reuchlin", 25 Lo stampa greca a Jlenezia nei secoli XJI e XVI, Catalogo di Mostra, Venecia, Centro de

Scriptorium, 1962, núm. 16. pp. 50-61. P. O. Kristeller, "Some Original Letters and Auto· artes y ofícios, Fundación Giorgio Cini, ed. por Marcello Finaui, Yenecia, 1968.
202 EL PENSAMlENTO RENACENTISTA Y LA ERUDJCJON BIZANTINA EL HUMANISMO ITALIANO Y BIZANCJO 203

~roducción ~e las pre.nsas durante el final dei siglo xv y todo el XVI, los aún esa comparación entre las traducciones medievales y las humanistas
bbros en gr1ego conshtuyen un porcentaje pequeno, pero su distribución por un lado y los originales griegos correspondientes por el otro. De
es un elemento decisivo en la historia dei progreso de la cultura en aqui que nuestra opinión respecto a los méritos relativos de esas traduc-
ese periodo. Podemos decir, sin exageraciones, que en el transcurso dei ciones sea bastante tentativa. Podemos concederle a ciertos admiradores
siglo XVI quedaron a la disposición de los eruditos occidentales casi de la Edad Media que algunas traducciones humanistas, como las ver-
todos los textos importantes de la Grecia antigua preservados por la siones de Aristóteles hechas por Bruni, son bastantes libres y no insisten
Edad Media bizantina; ocurrió esto gracias a los manuscritos de las suficientemente en usar una terminologia precisa y consistente. Por
principales bibliotecas occidentales, y gracias a las ediciones impresas otra parte, tras examinar las versiones medievales de Platón y Proclo,
publicadas por los grandes helenistas dei periodo, ediciones que llegaron quedo convencido de que los humanistas tenían un conocimiento mucho
incluso a las bibliotecas mucho más modestas de las escuelas y de los más avanzado dei griego clásico que sus predecesores medievales, tanto
eruditos. · en vocabulario como en sintaxis, fraseologia y estilo." Debemos recor·
Si deseamos com prender la dif usión de la literatura griega durante dar, asimismo, que la vasta empresa de traducir al latín los autores
el Renacimiento, debemos tomar en cuenta las traducciones a los idio- griegos clásicos no f ue labor exclusiva de los helenistas italianos y de
mas occidentales, y en especial al latín. Aun en el siglo xv1, cuando la otros países occidentales, sino también de muchos eruditos bizantinos
cultura griega f ue difundida ampliamente por el Occidente más que que habían adquirido latín suficiente para cumplir tal propósito, siendo
nunca, eran una minoria los eruditos que conocían el griego y lo cono- ejemplo de esto Jorge de Trebisonda, Gaza, Argiropoulos y el propio
cían bien; el latín, por lo contrario, lo sabia más o menos bien toda Besarión, a quien debemos algunas traducciones de Aristóteles y Jeno-
persona que hubiera recibido una educación humanista o universitaria. f onte.
Por tanto, fácil es comprender que las traducciones latinas de los auto- La rivalidad entre las traducciones medievales y las humanísticas
res griegos, f uera por sí mismos o junto con el texto griego, tuvieran plantea un cierto número de problemas, en especial tocante a Aristó-
una difusión mayor que los pro pios textos griegos.2ª Si la dif usión de teles y algunos autores científicos, como Hipócrates, Galeno, Arqui-
éstos f ue un hecho totalmente nuevo, que nunca se habia dado en la medes y Ptolomeo. No sabemos con toda precisión en qué medida los
Edad Media, las traducciones latinas dei griego de ninguna manera traductores humanistas utilizaron traducciones anteriores, cuando dis-
eran desconocidas en el medievo, como ya vimos. ponían de ellas, y en qué medida lograron sustituir la obra llevada a
Si queremos asentar la diferencia existente entre la Edad Media y cabo por sus predecesores medievales.'ª Sabemos que, en algunos casos,
el Renacimiento en este campo, debemos subrayar dos facetas diferen- las traducciones humanistas y medievales sobrevivieron hasta muy en-
tes de la cuestión. En el caso de los textos griegos conocidos antes trado ya el siglo XVI en una especie de coexistencia, y que maestros y
gracias a las traducciones latinas dei medievo, será necesario compa· erudi~os las usaban simultâneamente; pero sabemos también que las
rar las traducciones de los mismos textos hechos por los humanistas traducciones medievales copiadas o impresas en los siglos xv y XVI
con las anteriores. Resulta bastante curioso que no se haya intentado solían quedar sujetas a revisiones más o menos considerab'les. La biblio-
graf ía y la historia textual de esas traducciones dan pie a estudios
2• En el caso de Alejandro de Afrodisia y de unos cuantos autores más, .,.;,,.,re Catalogu.J adicionales, siendo esto, a la vez, una cuestión de gran importancia.
Translationum et Commentariorum, 3 vols., ed. por P. O. Kristeller y F. Edward Cranz,
Washington, D. C., 1960·1976, en especial los artículos por Cranz., vol., 1, pp. 77.135 y
.Es importante determinar el peso de las nuevas traducciones, que habían
vol. 2, pp. 411·422. En lo que toca a las traducciones de Aristóteles, véase Ari.stoteles La· hecho cambios en la terminologia y en la interpretación, en la compren·
tinus, ed. por George Lacombe y otros, 3 vols., Roma, 1939; Cambridge, 1955; Brujes y
Paris, 1961. Eugenio Garin, "Le traduzioni umanistiche di Aristotele nel .ecolo xv", Atti e 21 En lo que toca • Ploto Larinus, véase la nota 7. Proclo, Trill Opuscula, Helmut Boeae
Memorie del!Accademia Fiorentina di Scienze Morali "La ColombariaR, 16, a. e., 2, 1947· Berlín, 1960. Yéase mi reseiia en lournal of Philosophy, 1962, núm. 59, pp. 74.78.
1950, publicado en 1951, pp. 55·104. Respecto a las traducciones de Platón, ..n.e Plato '
ta Se tiene un ejemplo importante en Josef Soudek, "The Genesis ·and Tradition of
Latinas, ed. por Klibansky. Raymond Klibansky, The Continuity of the P/atonic Traáilion Leonardo Bruni's Annotated Latin Version of tbe ( Paeu.do-) Aristotelian 'Economics' ",
áuring the Midd!e Ages, Londres, 1939 y 1950. Eugenio GOO'in, "Richercbe sulle traduzioni Sciiptorium, 1958, núm. 12, pp. 26().268; UI., "Leonardo Bruni and His Public: A Stati!·
di Platone nella primo metà del secolo xv" en Medioevo e Rinascimento, Stuái in onore tical and Interpreta tive Study of His Annotated Latin Veirsion of the (Pseudo-) Aristotelian
di Bruno Nardi, vol. l, Florencia, 1955, pp. 339.374, .Economics", Studies in Medieval and Renaissance History, 1968, núm. 5, pp. 49·136.
204 EL HUMANISMO ITAIJANO Y BIZANCIO 205
EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUDIClúN BIZANTINA

sión de los textos filosóficos y científicos fundamentalmente y, por tanto, considerará todo lo anterior un desarrollo cultural de primerísimo
en el pensamiento filosófico y científico mismo, en gran medida formu- orden, hecho que debemos recordar a esos numerosos historiadores que
lado aún con base en la interpretación de esos textos. 29 Lo mismo puede insisten en dar al humanismo y al Renacimiento un carácter esencial-
decirse de las nuevas traducciones de la Biblia y de los Padres de la mente medieval.
l glesia griegos, y de su influencia en el pensamiento teológico del A esta disponibilidad cada vez mayor de los textos, ocurrida gracias
periodo. a la influencia del humanismo, debemos, a menudo en parte, la gran
Es más obvia y acaso más importante la contribución humanista en riqueza !iteraria dei Renacimiento y la época moderna, así como esa
el caso de aquellos textos griegos no traducidos al la1ín durante la variedad mucho mayor de ideas filosóficas modernas si se compara con
Edad Media. Muchos historiadores que han estudiado el problema pare- las alternativas rnucho más rígidas y limitadas del aristotelismo medie-
cen haber subestimado en demasía el volumen y la importancia de esos val. En las disciplinas científicas· f ue necesario absorber y digerir los
textos, que contienen incluso algunos de Corpus Aristotelicum, como la avanzados textos matemáticos, astronómicos y médicos de la Grecia
Mecánica (y en cierta manera la Poética), así como un buen número de antigua antes de que pudieran superarse sus conclusiones. En esos
comentarias griegos sobre Aristóteles,"º por no mencionar muchas obras carr_ipos habría sido imposible, antes dei siglo xvr, la batalla entre
de aquellos autores científicos ya conocidos en la Edad Media gracias anllguos y modernos, y la idea de progreso.
a otros escritos, como es el caso de Hipócrates, Galena, Arquímedes y Si la herencia recibida de la cultura griega antigua, en todos sus
Ptolomeo.' ' Además, y aparte de Aristóteles, hay otros filósofos de la aspectos, sigue siendo parte esencial de nuestra civilización, a pesar
Antigüedad que la Edad Media conocía únicamente a través de algunas de los agregados y de las transf ormaciones traídos por los siglos poste-
obras, como ocurre con Platón, Sexto y Proclo. De oiros nada se co- riores, es algo que debemos a los humanistas renacentistas italianos
nocía, siendo ejemplo de ello Epicuro, Epicteto o Platino o, si incluimos y de otras partes de Occidente, así como a sus predecesores bizantinos.
a los autores más populares y leídos, Jenofonte, Plutarco o Luciano. Debemos recordar, a la vez, una contribución más limitada, pero no
Si volvemos la vista a la literatura griega propiamente dicha, todo era menos importante, que los eruditos dei Renacimiento trasmitieron a
nuevo y desconocido desde el punto de vista occidental: Lisias, lsó- los siglas posteriores: la filologia griega, que incluye la crítica de tex-
crates, Demóstenes y los otros oradores; Herodoto, Tucídides y Polibio; tos, el método de interpretación y el método de investigación histórica
Homero y Hesíodo; los trágicos y Aristófanes; Píndaro y los poetas y de la Antigüedad. Esta f ilología pasó de los eruditos bizantinos a los
líricos, por no mencionar la antología de epigramas griegos o muchos humanistas italianos, de éstos a los filólogos franceses y holandeses
poetas y prosistas de menor estatura. En otras palabras, una persona del siglo xv1, de allí a los ingleses y alemanes y, finalmente, a los
instruida dei siglo xv1, supiera o no leer griego, tenía a su disposición estadunidenses de épocas más recientes. Cada edad y cada país agregá
todo el patrimonio de la literatura y la ciencia griegas clásicas. Quien- algo nuevo a esa tradición común; nos gusta pensar que los métodos de
quiera que aprecie la literatura y la fi losofía no aristotélica griegas, investigación han ido mejorando y ref inándose sin cesar a lo largo
de los siglas, y que han probado su validez cuando se los aplica ai
., F. Edward Crant es1á preparando una vasta bibliografia de las ediciones en griego estudio de lenguas y culturas distintas a las de la Antigüedad clásica.
y la1ín que de Aris1ó1eles se hicieron en los siglos xv y xv1. Yéast su A Bibliography o/ Hay dos razones entonces -la influencia continua de la literatura y
Aristotle Editions J5()J.J6QO, Baden·Baden, 1971. la cultura griegas en la civilización occidental moderna, y el impulso
ao Kris1eller, Studits in Re11aissance Thought and Le11ers, pp. 340-342. Paul Lawrence dado a los estudios clásicos, filológicos e históricos- por las cuales
Rose Y S1illman Drake, "The Pseudo·AO'isloleliun Questions in J.fechan ics in Renaissonce
Culture", Studies in the RenoisJance, 1971, núm. 18, pp. 65-104.
el humanismo bizantino y el italiano, diferentes y a la vez próximos,
u Respeclo a Caleno, vêase R. J. Durling, "A Chronological Census of Renaissance Edi- tienen una importancia perdurable en la historia de la civilización
lions and Translalions oi Calen", Journal o/ the Warburo• and Courtauld ln•titutes • 1961 • europea. Por tanto, bien valdrá la pena explorar mucho más a f on·
núm. 24, pp. 230.305. En lo que loca a la Geografia de P1olomeo, véase Dana B. Durand, do esos movimientos ricos e interesantes, especialmente en aquellos
''Tradilion and l nnovalion in Fiheenlh·Cenlury ltaly, 'li primalo dell'halia' in 1he Field oi aspectos que aún no han sido estudiados o comprendidos adecuada-
Science", }ournaJ oi the llütory o/ ldeas, 1943, núm. 4, pp. 1-20 y p. 4. Respeclo a Hipó-
crates, vease Pt~rl KiLr~. " Hi ppocrares Latinus", Traditio, 1975-1977, núms. 31 y 33, que
mente.
conlinúa.
EL PLATONISMO BlZANTINO Y EL OCCIDENTAL 207

contraste entre el pensamiento medieval y el renacentista, en el Occi·


dente, queda más o menos descrito como un contraste entre el aristote·
VIII. EL PLATONISMO BIZANTINO Y EL OCCIDENTAL lismo y el· platonismo. El pensamiento escolástico medieval estaba do-
EN EL SIGLO XV minado por ''el duefio de quienes saben" ;ª el Renacimiento, por su
parte, descubrió a "Platón, quien en ese grupo es el que más cerca que.
da de la meta tal vez alcanzable por quienes el cielo favorece".' Sucede .
LA HISTORIA del platonismo bizantino y dei occidental es tema impor- que esa fórmula tan sencilla y placentera ha sido demolida por las
tante, de ninguna manera olvidado por los historiadores de lo intelec· mucho más detalladas investigaciones de los historiadores modernos.
tual; pero en ocasiones resulta un tanto difícil y complicado, y muchas Sabemos ahora que durante la Edad Media hubo una corriente de pia·
de sus f acelas han quedado insuficientemente exploradas. Contamos con tonismo más o menos constante' y que, por otro lado, la escuela
un cierto número de monografias recientes sobre los principales repre· aristotélica siguió siendo muy f uerte durante el siglo xv1 y que, incluso,
sentantes del platonismo bizantino e italiano,1 pero aún son compara- f ue en ese periodo cuando pasó por algunas de sus etapas más carac·
tivamente desconocidas varias figuras menores que ocuparon un lugar terísticas.• Sin embargo, en éste como en oiros casos, no debemos !levar
importante en el desarrollo intelectual del período. Además, carecemos nuestro revisionismo a extremos, quedándonos la tarea de comprenderlo
de una historia completa y documentada dei platonismo renacentista, y y explicarlo. Cusano, Ficino y Pico fueron los pensadores más vigoro·
no existe una historia moderna de la controversia respecto a quién era sos del siglo xv, siendo poderosa su influencia durante aquella época
superior, Platón o Aristóteles.~ En otras palabras, conocemos en cierta y en siglos posteriores, si bien es un tanto difícil describir esa influen-
medida el pensamiento de Plethon y Besarión, de Ficino y de Pico. Pero cia especialmen1e si se hace en términos de tradiciones académicas e
aparte de muchos aspectos del pensamiento de esos autores que aún ins;itucionales. Además, cuando empleemos la palabra platonismo, no
siguen en la oscuridad o son dudosos, ignoramos los lazos exactos que debemos consideraria una categoria fija y rígida. Démonos cuenta que
los relacionan entre sí o con oiros pensadores anteriores o posteriores; Iras ese nombre debemos esperar en cada caso una combinación dife·
además, en buena medida desconocemos cuáles f ueron sus fuentes y sus rente de ide as y doctrinas que está por identif icarse y explicarse. De-
influencias. En lugar de intentar una síntesis, que resultará prematura bemos admitir, asimismo, que el nombre y la autoridad de Platón
en este momento, prefiero reconocer el carácter preliminar de nuestros cubren al mismo tiempo la vasta tradición dei neoplatonismo antiguo
conocimientos -y en especial de mi conocimiento del tema- e indi- y posterior y que, por esa misma razón, la gente considera el plato·
car, lo más claramente que me sea posible, cuáles problemas ameritan nismo una especie de filosofía perenne (término inventado por un
in vestigaciones adicionales. obispo platonizante del siglo xv1, Agostino Esteuco) ;7 además, existe
Si leemos algunos manuales de historia de la f ilosofía, veremos por la tentación de asociarlo con muchas ideas filosóficas, teológicas y cien·
lo general que afirman (o afirmaban hasta hace unos afios) que el tíficas de origen muy diferente.
1 MiJton V. Anastos "Pletbo'a CalendaT and Liturgy", Dumbarton Oaks Papers, 1948,
núm. 4, pp. 183-305. François Masai, Pléthon et le Platonisme dtt Mistra, Paris, 1956. Ludwig • Dante, ln/ttrno, 1v1 p. 131.
Mobler Kardinal Bessarion als Theolose, HulM1Wt und StaatsmaM, 3 vols., Paderborn, • Petrarca, Trion/o de/la Fama, 111, pp. 4·6. Cf. P. O. Kristeller, Eislll Philosophers of
1923-1942. P. O. Kristeller, ll peruiero /iloso/ico di Marsi.lio Fkino, Florencia, 1953. Eugenio the 1141ian Renaissance, Stanford, 1964, p. 169.
Cario, Giovanni Pico dei/a Mirando/a, Florencia, 1937; L'opero e iJ ~ro di GiOtV11ni a Raymond Klibansky, The Continuity o/ rhe Platonic Tradition Durins the Middle Ages,
Pko dei/a Mirando/a Mlla storio delf Umanesimo, 2 vols, P.lirandola, Convegno interna· Londres, 1939.
zionale. 15 a 18 de septiembre de 1963; Florencia, Istituto nazionale di studi sul Rina• • Bruno Nardi, Sas8' sulfaristouli.smo podoucmo d4l seco/o XIV ai XVI, Florencia, 1958.
cimento, 1965. Bohdan Kieszkowski, Studi sul Platonismo dei Rinascimento in 1141io, Flo- J. H. Randall, Jr., The Schoal o/ Padua and the Emersence o/ ltfodern Science, Padua, 1961.
rencia, 1936. P. O. Kristeller, La tradirione arisrocelica nel Rinascimenlo, Padua, 1962; id., "Renaissance
, &adile Tatakis, La philosophie by111111ine, Paris, 1949, pp. 281·314. Cf. M. 8?ivin le Aristotelianism", Creek, Roman and Bywntir.e Stiulies, 1965, nútn. 6, pp. JSi-174. 11éase tam-
Cadet "Querelle des philosophes du quin1iême siêcle", Mémoires d.: Li1énuure nrés dei biéo el c.a pítulo 11. Charles B. Scbmitt, A Criticai Survey and Bibliography o/ Studies on
resiJ1;es de f Académie R<Yfale des lnscriprioru et Belles-Lettres, 1736, núm. 2, pp. 715-729. Renaissance Aristotelionisrri, Padu~. 1971.
Cf. ibid., 1772, oúm. 3, pp. 281-287, donde se publica una carta relacionada con la con· T Charles B. Schmitt, wPerenoial Philosopby", l oumal o/ the History o/ /deas, 1966.
troversia de Besarión. Nioguna de esas exposiciones es adecuada o completa. núm. 27, pp. 505·532. Cf. Capítulo vt.
206
208 EL PENSAt.flENTO RENACENTISTA Y LA ERUDIClôN BIZANTINA EL PLATONISt.íO BIZANTINO Y EL OCCIDENT AL

Si queremos comprender la evolución dei platonismo durante el Re- Esto nos permite comprender íácilmente que la íilosofía y la teolo-
nacimiento, necesitamos regresar por un momento a la antigüedad ro- gía medievales hayan obedecido, hasta el siglo XII, a una tendencia
mana y a la Edad Media la1ina. 1'enemos asomos de influencias plató- neoplatónica íuerte, mientras que la influencia de Aristóteles se dejó
nicas y platonistas en algunas de las obras filosóficas y retóricas de sentir casi exclusivamente en el campo de la lógica, en especial cuando
Cicerón, quien tradujo, incluso, una parte dei Timeo, de Platón.8 Los ya se conocieron de un modo general todos los tratados dei Organón.
tratados filosóficos de Apuleyo cuentan entre las f uentes más impor· Sin embargo, en el siglo XII tenemos a la vez los comienzos de una
tantes que se conservan de esa escuela de la filosofía antigua que últi- revolución intelectual cuyos resultados se disf rutarían en los dos siglos
mamente ha recibido el nombre de platonismo medio.• Pasa Apuleyo siguientes. En el vasto número de textos filosóficos y científicos que por
por ser, asimismo, el traductor dei diálogo Asclepio, única f uente com· aquel entonces se tradujo por primera vez dei griego y dei árabe ai
pleta dei hermetismo que conocieron los lectores occidentales en la la·tín,1" los de mayor importancia en el campo de la filosofía f ueron
E da d Media.'º A finales de la Antigüedad se f ortaleció el conocimiento los de Aristóteles y sus comentadores. Así, el Occidente adquirió el
de Platón gracias a la traducción parcial y a los comentarios que Cal- Corpus completo, o casi completo, de las obras de Aristóteles que se
cidio hizo dei Timeo, obra cuya tremenda influencia es hoy día cuando conservaban, junto con muchos de los comentarios a ellas hechos. Cuan·
podemos apreciar, dada la edición crítica que de ella se ha hecho. 11 do en las nuevas universidades dei siglo XIII se introdujo una instruc-
También repercutió en el Occidente latino el neoplatonismo de Plotino ción sistemática en las disciplinas filosóficas, en especial en la lógica y
12
y su escuela. Aparte de Victorino y Macrobio, debemos hacer men- en la f ilosofía natural, íue razonable que se adoptaran como textos prin·
ción especial de San Agustín, cuyo pensamiento filosófico estuvo mucho cipales los escritos de Aristóteles, f upción para la cual se adaptaban
más influido por Platón y Plotino de lo que están dispuestos a admitir sumamente bien debido a lo completo de su contenido y a la precisión
algunos de sus intérpretes teológicos de hoy día; 1 ª también muestra el y consistencia de su método y de su terminologia. El aristotelismo de
reflejo de esa escuela Boecio, cuya Consolación de la filoso/ía f ue muy las universidades -según evolucionó en los siglos x111 y x1v y conti-
leída por entonces. Si se comparan con estos íuertes elementos d$ pla- nuó, si bien perdiendo gradualmente su importancia, a lo largo dei
tonismo, las huellas de Aristóteles son bastante escasas en la liter~tura Renacimiento y hasta el siglo xv111- era menos un sistema compacto
filosófica de la antigüedad latina. Notamos que hay un cierto conoci- de doctrinas uniformes que una tradición de ensefianza diversificada,
miento de la lógica aristotélica en Cicerón, Agustín, y sobre todo, basada en una terminología común y en un conjunto común de temas y
Boecio, quien tradujo los dos primeros tratados dei Organón, la problemas.
Jntroducción que ai primer tratado puso el neoplatónico Porfirio y, Los traductores de los siglos xn y XIII no olvidaron por completo
probablemente, las partes restantes de esa colección.'• los escritos de la escuela platónica. El siciliano Henrico Aristipo tra·
dujo el Menón y el Fedén de Platón, y Guillermo de Moerbeke, un mon·
• Se tienen los pasajes más platónicos en Somnium Scipionis, en Tusculan Disputalions je dominico flamenco, tradujo en distintas ocasiones a Proclo ;'• se ha
y en Oralor. La traducciôn dei Tirneo cubre las partes 27d·37c, 38c4 3b, 46b-47b dei texto.
1• Moritz Stein!Chncidcr, Die europãische11 Obersetwnge11 auJ dcm Arabi.sche<, Gra~
• Apuleyo, De <ko Socratis ; De Plawne et eius dogmote. Cf. Willy Theilcr, Die Yorbe-
1956, ]. T. Muckle, "Greck Worb Translated Dircctly into Latin bcforc 1350", Mediaeval
reirung des Neuplaronism11s, Berlin, 1930. Studies, 1492, núm. 4, pp. 33-42 y 1943, núm. ?. pp. 102·114.
to Herniês Trismé;;iste cd. por A. D. Nock y A.·J. Festugiere, \'oi. 2, Paris, 1945,
1~ Corpus Pla1011icu111 Medii Aeui, Plato Latinus, ed. par Raymond Klibansky, 4 vola.,
PP• 296·355. Londres, 1940-1962, •oi. 1: MeM interprete Henrico A ristippo, ed. por Victor Kordeuter Y
11 ( Platonis} Tim"eus a Calcidio translatus comme11rarioque insiructus / Corpus P/ato· Carlotta Labowaky, 1940; vol. 2: Pha.edo interprete Hentico Ari.stippo, cd. por Lorenzo
nicum Medii Aeoi, Pla10 Lalinus, ed. por Raymond I<libarW:y; vol. 4, ed. por ]. H. Wu:ink, Minio-Paluello, 1950; vol. 3: Par111enides wque ad /i11tm primae hypothesi.s nec110n Prodl
Londres y Leiden, 1962. La traducciôn !lega a la parte 53c de !texto. Co~ in Parmenidem, Pars ultima adhtu: inedito interprete Cuile/mo tk Moerbeko,
1t En lo qu e toa ·a Victorino, véose su Traitis thiologiques •ur la Trilliti, 2 •ois, cd.. cd. por Raymond Kliball!ky y Carlotta Labowsky, 1953; vol 4 : Ti1114tus, o Calcitlio lnJJU·
por Paul' Henry y Pierre H•ilot, Paris, 1960. la1u.s co~ue iMtrUCfUJ, ed. por J. H. Wasnnk, 1962. Proc.lo, Trio OpuscuJa. ~.
u Cf. P. O. Kristeller, Srudies in RCLais1WU:e Thought and Letters, Roma, 1956, pp. 355- por Helmut Boese, Bcrlín, 1960. Proclo, The E/ements o/ Theolon, cd. por E. R. Dodde,
372. 2a. cd., Oxford, 1963. Proclo, Ele1nen101io Theolcgica, lranJICl'4 o CuU!elmo de Moerbekt,
I• Corpus Philosophorum Medii Aeui, Aristoteles ú11i11us, Codices, 3 vols. ed. por George ed. por C. Vansteenkiste, Tijdschri/r uoor Philosophie, 1951, núm. 13, pp. 263-301, 492-531.
Lacombe y oiros, Roma, 1939; Cambridge, 1955; Brujas Y Paris, 1961. Martin Grabmann, Cu&lielrno di Moerbeke O. P, Roma, 1946.
210 EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y LA ERUOJCJúN BIZANTINA EL PLATONISMO BIZANTINO Y EL OCCIDENTAL 211

demostrado que estas traducciones ejercieron influencia en los autores textos originales de Platón y de su escuela durante aquellos largos
místicos e incluso en Tomás de Aquino.11 Pero, sin olvidar esas excep· siglos en que eran casi desconocidos en el Occidente. Petrarca había
ciones, tenemos el hecho fundamental de que la filosofía académica y recibido ya del Oriente un manuscrito griego que contenía algunos diá-
científica del Occidente latino estuvo dominada, durante la tardía Edad logos de Platón, y se trata probablemente del primero que viniera
Media, por los escritos de Aristóteles, a un grado cuyos antecedentes al Occidente desde la época de la antigüedad romana. 21 Cuando, en el
tenemos entre los árabes, pero a la vez de una manera por completo Occidente, la ensefianza del griego recibió de Manuel Cri~oloras su
diferente de las tradiciones de la antigüedad griega y romana, y según primer impulso perdurable,22 algunos de sus primeros frutos fueron
veremos, de las bizantinas. las traducciones de Platón llevadas a cabo por los discípulos de aquél;
Desde luego, las preocupaciones del nuevo movimiento humanista merecen mención especial la de la República, hecha por Uberto Decem·
que se iba consolidando en oposición a la tradición escolástica eran brio, y las de la Apología, el Critón, el Gorgias y otros realizadas
en parte !iterarias e intelectuales, pero también en parte filosóficas por Leonardo Bruni.'ª Cuando el platónico bizantino Gemistos Plethon
y en especial morales. La rebelión contra el escolasticismo adoptó en vino, en 1438 y 1439, al Concilio de Ferrara y Florencia, despertó
Petrarca la forma de alabar a Platón por encima de Aristóteles, aun· entre los humanistas italianos a los que conoció tanto interés por la filo·
que sucediera que Platón y sus obras f ueran comparativamente desco- sofía platónica, que Marsilio Ficino dijo, décadas después, que la
nocidos. No sólo en El triunfo de la fama, del cual cüé algunas líneas impresión causada por Plethon en Cosme de Médicis f ue causa de que
anteriormente,'ª aparece es