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¿POR QUÉ CREER EN LA DOCTRINA DEL SANTUARIO?

:
LA IMPORTANCIA DE LA COMPRENSIÓN DE LA DOCTRINA

Wilfredo J. Marchan Carrillo


Estudiante del 5to año de Teología (2011)
Editor de la revista “Berit Olam”
willy.marchan@gmail.com

Aspectos introductorios

El tenaz intento por desacreditar la veracidad de la doctrina del santuario, y las


acusaciones de que la Iglesia Adventista del Séptimo Día1 inventó esta creencia para
excusar y resolver lo sucedido en el “Gran Chasco” de1844; es un motivo que debe
impulsar a que todo miembro de la IASD reflexione en ¿Por qué los momentos más
críticos de la teología adventista se han suscitado cuando se ha cuestionado la veracidad
de la doctrina del santuario?2
Naturalmente, ante tal pregunta, es de notar que la doctrina del santuario
sostenida por la IASD ha adquirido mucha importancia en su medio, como para tener la
certeza de que si esta creencia es cuestionada y derrumbada por falsos argumentos, la
iglesia pasará por una fuerte crisis que conllevará la desintegración completa del
movimiento adventista. De esta manera, es correcto pensar que si se eliminan “las
doctrinas de la purificación del Santuario Celestial y el juicio investigador de la teología
adventista, [se] pondría en tela de juicio… la integridad del Movimiento Adventista”.3
Por lo tanto, así como lo expresa Goldstein, “sea que nos guste o no, que lo aceptemos o
no”, la esencia misma del adventismo es “el servicio del santuario”;4
En virtud de lo expuesto, en el párrafo anterior, ¿por qué los adventistas deben
creer en la doctrina del santuario?, simplemente, porque es importante; sin embargo, para
cada adventista es vital comprender esta importancia con mayor profundidad debido a
que la compresión bíblica de la doctrina del santuario es “el fundamento y el pilar central
de la fe adventista”.5

1
De aquí en adelante IASD.
2
Miguel Ángel Núñez, La verdad progresiva: Desarrollo histórico de la teología
adventista (Lima: Ediciones Fortaleza, 2007), 41.
3
Dale Ratzlaff, The cultic doctrine of Seven-day Adventist (Glendale, AZ: Life
Assurance Ministries, 1996), 20, citado en Núñez, 41.
4
Clifford Goldstein, Desequilibrio Fatal: La verdad acerca del juicio del
santuario y la salvación, trad. Mario Collins (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1992), 18.
5
White usa estas palabras al referirse al versículo bíblico de Daniel 8:14, el cual
tiene una estrecha vinculación con la doctrina del santuario; de esta manera, se puede
decir que White asume la importancia de la doctrina del santuario. Véase Elena G. de
Hablar de la importancia de algo, es poner en relieve la trascendencia, la
relevancia y el valor del tema. Así pues, la presente investigación tiene como propósito
mostrar la importancia del Santuario para los adventistas, asignando el correcto valor que
le corresponde. Por consiguiente, (1) se analizarán aspectos que tienen una amplia
relación con la doctrina; seguidamente, (2) se responderá a modo de conclusión y
resumen, la pregunta: ¿Por qué creer en la doctrina del santuario?

El Santuario y su Diseñador: Dios como un ser ontológicamente temporal

A partir de la evidencia bíblica se sabe explícitamente que el Santuario Celestial


es el “verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Heb 8:2). Y aunque
no siempre es necesario conocer al diseñador para entender el significado de un objeto o
edificio, “tal conocimiento puede añadir profundidad al significado”.1 Por lo tanto,
conocer al Diseñador del verdadero santuario, considerando las limitaciones humanas, se
torna en un asunto sumamente crucial para una compresión más plena de este edificio
celestial y de lo que allí se realiza. Desde esta perspectiva, se debe conocer al Diseñador
respondiendo interrogantes ontológicas (ontología, estudio del ser) del ser de Dios que
ayuden a obtener una correcta percepción sobre este asunto y que influirá en el
entendimiento del santuario y las demás doctrinas.
Las Escrituras en su conjunto afirman la existencia de Dios como un ser
ontológicamente temporal, que experimenta el espacio y el tiempo; es decir, Dios como
un ser histórico compatible con el tiempo y el espacio de su creación;2 no obstante, la
incógnita instantánea podría ser: ¿Habrá algún problema sí se cree lo contrario (un
concepto atemporal)3 con relación al santuario? Sí, puesto que concebir a Dios como un
ser atemporal (Dios como un ser que no experimenta el espacio, ni el tiempo),
desencadenará una total inconsistencia dentro del sistema teológico bíblico, el cual
agrupa diferentes verdades que encajan armónicamente una con otra (entre ellas, la
doctrina del santuario); de esta manera, se desarrolla una incongruencia con la unidad
teológica de las Escrituras. Todo esto debido a que el Dios que las Escrituras describen
no es un ser atemporal, sino temporal.

White, El conflicto de los siglos: Durante la era cristiana (Buenos Aires: Asociación
Casa Editora Sudamericana, 1993), 462.
1
Este enunciado es usado por Canale con relación a los escritos y no a edificios u
objetos; sin embargo, en esta investigación se asume que esta premisa también puede ser
tomada en el este sentido. Véase Fernando Canale, “Revelación e inspiración”, en
Entender las Sagradas Escrituras: el enfoque Adventista, ed. George W. Reid, trad.
Cantábriga (Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2009), 60.

Fernando L. Canale, “Deconstrucción y teología: Una propuesta metodológica”,


2

DavarLogos 1, no. 1 (2002), 22.


3
Para una mayor información sobre el concepto temporal y atemporal de Dios.
Véase Fernando Luis Canale, A Criticism of Theological Reason: Time and Timelessness
as Primordial Presuppositions, Andrews University Seminary Doctoral Dissertation
Series (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1987).
En cuanto a la doctrina bíblica del santuario, al observar la revelación bíblica bajo
la presuposición de que Dios es un ser atemporal, el intérprete se verá forzado a creer en
la no existencia de un santuario real en el cielo en el cual se desarrolle el plan de
salvación para la humanidad, ya que el ámbito de existencia de Dios no tiene relación con
el de la humanidad. En otras palabras, desde esta perspectiva atemporalista, la existencia
de un santuario real y físico (lo que se relaciona con el espacio), así como el inicio del
juicio desde 1844 en adelante (lo que se relaciona con el tiempo), quedan sin ningún
valor real; de este modo, se tergiversa la doctrina bíblica del santuario con pensamientos
estrictamente filosóficos griegos,1 razón por la que este punto de vista atemporal es
totalmente incorrecto e inaceptable desde una perspectiva bíblica.2
Explícitamente, la Palabra de Dios en su completa unidad teológica, sostiene
como presuposición, solamente una concepción temporal del ser de Dios (y no
atemporal).3 En armonía con esto, se encuentra que la expresión “verdadero tabernáculo”
de Hebreos 8:1, 2, también indica la existencia de un santuario celestial; no metafórico, ni
abstracto, sino como un lugar real4 “en un lugar del universo que une lo finito con lo
infinito”.5 Adicionalmente, el hecho de que el santuario celestial fuera el modelo para la
construcción del santuario terrenal, presume la realidad física de la existencia de este
edificio divino, en el que “debe haber un tipo de relación estructural entre ambos”.6
Cada cristiano que sostenga esta presuposición bíblica (temporalidad de Dios)
como suya al momento de analizar las Escrituras, podrá afirmar y creer en la existencia
de una “morada de Dios” 7 histórica en el cielo, física, real y no metafórica.8

1
Norman Gulley, Systematic Theology: Prolegomena (MI: Andrews University
Press, 2003), 1-12.
2
Para una mayor comprensión en cuanto a porque los evangélicos no creen en la
doctrina del santuario, véase en esta revista Roy Graf, El santuario desde la perspectiva
evangélica.
3
Canale, “Deconstrucción y teología: Una propuesta metodológica”, 22.
4
Asociación ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo
Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa
Editora Sudamericana, 2007), 350.
5
Rodríguez, 434.
6
Rodríguez, 433-4.
7
Ángel Manuel Rodríguez, “Santuario” en Tratado de Teología adventista del
séptimo día, ed. Raoul Dederen (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana,
2009), 433.
8
Este concepto de la temporalidad de Dios está lejos de concebir a un Dios
limitado como sus criaturas en el tiempo y el espacio, Canale, “Deconstrucción y
teología: Una propuesta metodológica”, 23.
Por otro lado, es necesario aclarar que no se sabe acerca de su apariencia, pues
sólo se ha revelado que existe.1 Además, el santuario terrenal no era una copia exacta
(Heb 8:5), ya que las palabras “figura” y “sombra” indican que el terrenal sólo era una
sombra imperfecta comparada con la realidad celestial.2
En síntesis, al vislumbrar el asunto desde esta perspectiva, es importante creer en
la doctrina del santuario porque sirve de argumento para corroborar la existencia de Dios
como un ser temporal, quien a su vez es el Diseñador de una majestuosa obra en cielo en
la que se lleva a cabo un proceso salvífico en favor de los justos. Además que, creer en la
atemporalidad de Dios sería el primer paso para desintegrar el mensaje adventista y por
ende, al movimiento que predica ese mensaje. 3

Un gran engranaje en el sistema

Desde los comienzos del adventismo, los pioneros del movimiento entendieron la
centralidad teológica de la doctrina del santuario en su sistema doctrinal.4 Ellos
observaron y establecieron una conexión entre esta doctrina y enseñanzas bíblicas tales
como el sábado, el estado de los muertos, y la segunda venida de Cristo.5
Es digno notar una larga trascendencia de este concepto desde los inicios de la
IASD hasta la actualidad en los escritos de algunos autores quienes han definido al
Santuario con dicha centralidad.6 La pregunta es ¿porqué esta doctrina es vista como el
eje central para la comprensión de las demás? Este es un proceso que puede ser descrito
de la siguiente manera:

1
Cristhian Álvarez Zaldúa, Preparados para presentar defensa (Buenos Aires:
Asociación Casa Editora Sudamericana, 2010), 172.
2
Álvarez, 173.
3
Los pioneros introdujeron la concepción de un Dios temporal, consciente o
inconscientemente, al afirmar la existencia de un santuario en el cielo el cual era un lugar
físico con dos compartimientos en el que Cristo había comenzado a obrar partir de 1844
en el segundo departamento. Véase Paul A. Gordon, The Sanctuary, 1844 and the
Pioneers (Hagerstown, Maryland: Review & Herald Publishing Association, 2000), 50.
4
Pioneros del adventismo tales como Bates; Jaime White; R. F. Cottrell; Urías
Smith; y J. N. Andrews; Véase Alberto R. Timm, El santuario y el mensaje de los tres
ángeles: Factores integradores en el desarrollo de las doctrinas de la iglesia adventista
del séptimo día (Lima: SALT & Escuela de Posgrado – Universidad Peruana Unión,
2004), 2.
5
Una demostración de cómo la compresión correcta de la doctrina santuario
simplificaría en gran medida otras cuestiones fue hecha por Urias Smith en el año 1881.
Véase Gordon, 48.
6
Timm, 3.
(1) En primer lugar, el cristiano con el propósito de mantener una relación con su
Señor necesita conocer de Él. Sin embargo, la barrera del pecado imposibilita una
comunión directa con Dios, por lo que el creyente necesita de la revelación
especial, ya que, “mediante las Escrituras Dios penetra en nuestras limitaciones
mentales, morales y espirituales, comunicando su anhelo de salvar a la
humanidad,1 como también su carácter de amor y justicia.
(2) Por consiguiente, la revelación bíblica presentará a Jesucristo como el foco de
las Escrituras señalándolo como el autor de la salvación (Heb 2:10), revelando
“alguna fase de su obra y carácter”.2
(3) De este modo, para comprender la obra y el ministerio salvífico de Cristo, se
hace necesario analizar los servicios del santuario terrenal, ya que Dios utilizó sus
servicios para enseñar el evangelio (Heb 4:2).3
(4) Al analizar los servicios del santuario, en las Escrituras (expuestos
principalmente en los libros de Levíticos, Daniel, Hebreos y Apocalipsis), se
puede comprender que éstos ilustraban “las tres fases del ministerio de Cristo” 4:
(a) Cristo como sacrificio vicario, (b) la mediación sacerdotal, y (c) el juicio final.
(5) Al establecer que el Santuario muestra e ilustra todo el plan histórico de la
redención divina (explicitando el ministerio de Cristo) desde que es presentado
como sacrificio hasta la culminación de todo el proceso judicial (vindicación de
los justos y del carácter divino), se puede observar que se revelará “un sistema
completo de verdades, conectado y armonioso”5; verdades bíblicas tales como: La
segunda venida de Cristo, La ley de Dios, El sábado, El remanente y su misión,
La Naturaleza humana, etc.
Esta centralidad se debe a que la doctrina del santuario es de carácter
estrictamente soteriológico al mostrar el desarrollo del perfecto y completo plan de
salvación, en otras palabras, el mensaje de esta doctrina “es un mensaje de salvación”. 6
En síntesis por lo explicado anteriormente, la doctrina del Santuario es la clave
para la comprensión de muchas otras verdades por las conexiones que se pueden
establecer entre esta y otras enseñanzas.

El santuario y las Escrituras

Resulta muy significativo que al observar la doctrina del santuario, que es


presentada de manera penetrante en el Antiguo y Nuevo Testamento,1 desde el Génesis

1
Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 13.
2
Ibíd.
3
Ibíd., 350.
4
Ibíd.
5
White, El conflicto de los siglos: Durante la era cristiana, 476.
6
Ibíd.
hasta el Apocalipsis (de modo muy notable en los libros: Levítico, Daniel, Hebreos y
Apocalipsis); se pone de relieve, la unidad y consistencia teológica que las Sagradas
Escrituras poseen en su totalidad. En este sentido, esta doctrina provee apoyo para
sostener el principio de la totalidad de las Escrituras (Tota Scriptura).
Al afirmar la unidad teológica que se encuentra presente en el todo consistente de
las Escrituras y la centralidad de la doctrina del santuario; se puede aseverar que al
observar al santuario, se logrará percibir los propósitos de la obra de Dios en ese edificio:
(1) La vindicación de los justos; (2) la vindicación del carácter de Dios ante el universo
entero; (3) la manera de cómo Dios trata con el problema del pecado para erradicarlo
definitivamente.

Plan de salvación para la vindicación de los justos

El deseo de Dios de salvar a la humanidad es presentado en su Palabra como un


tema universal,2 bosquejado en la presentación del Santuario terrenal y sus servicios, 3 el
cual prefiguraba la obra de Cristo en su Santuario Celestial, donde se presenta el
verdadero sacrificio, se realiza la verdadera intercesión y se lleva a cabo el juicio (el día
de la expiación o Yom Kippur anti-típico) realizado para decidir contra los malvados y en
favor de los justos;4 de esta manera, se decidirá quienes pertenecen al “campamento de
los santos del Altísimo”.5
De este modo, se puede apreciar que el Santuario tiene el propósito de restaurar la
condición edénica pre-lapsariana (antes de la caída) del ser humano, restableciendo la
comunión con Dios,6 además de la armonía universal.
Si bien es cierto, la vindicación de los justos resulta beneficiosa para ellos
mismos; este beneficio, además, es para los seres no caídos, quienes expectan con mucha
atención lo que sucede en esta tierra (1 Cor 4:9; Dan 7:10),7 ya que, después del justo

1
Roy Adams, prefacio a The Sanctuary Doctrine (MI: Andrews University Press,
1981), ii.
2
Ivan T. Blazen, “La doctrina de la salvación”, en Teología: Fundamentos
bíblicos de nuestra fe, ed. Raoul Dederen, trad. David P. Gullón (Bogotá: Asociación
Publicadora Interamericana, 2008), 3:117.
3
Francis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista, trad. Víctor E. Ampuero
Matta (Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1990), 4:29; Rodríguez, 454-5.
4
William Shea, Daniel: Una guía para el estudioso, trad. Raúl Lozano Rivera
(México: Gema Editores, 2009), 191.
5
Shea, 194.
6
Rodríguez, 433.
7
Los libros en el cielo son para “certificar su justicia con lo registrado ante los que
son juzgados y el universo que es testigo de su juicio celestial” (la cursiva ha sido
añadida), Merling Alomía, Daniel: el varón muy amado de Dios (Lima: Ediciones
juicio de Dios, ellos tendrán la seguridad de que los seres humanos salvos no iniciarán
nuevamente una rebelión, pues en ese juicio Su pueblo ha sido lavado con la sangre del
Cordero.1

Vindicación del carácter divino ante el universo entero

Las acusaciones de Satanás se han basado en declarar que Dios es injusto y que su
gobierno es arbitrario.2 Sin embargo, después del juicio, al analizar el impacto de la cruz,
se llega a la conclusión que “Dios es misericordioso, justo y santo”, 3 y que en cada
proceso judicial ha obrado con justicia.4 De esta manera, uno de los grandes propósitos,
por sobre todo, es la vindicación del carácter divino ante el universo entero.5
Por lo tanto, el juicio pre-advenimiento realizado en el Santuario Celestial
proclamará la justicia y la misericordia de Dios alrededor del universo, quedando
vindicado el carácter de Dios, el cual Satanás puso en tela de juicio.6

Dios trata el problema del pecado

Desde que el pecado se originó este ha sido un real problema universal. En


relación a esto, Blazen argumenta que: “El pecado es el mayor problema humano, para el
cual la única solución es la salvación divina… [ya que] El resultado [del pecado] ha sido
la condenación y muerte universales”.7
A través de los servicios del santuario terrenal se ilustra claramente este proceso
en el que Dios trata con el problema del pecado para su erradicación total y definitiva.8

Teológika, 2010), 225. En este sentido, se puede apreciar que este acto divino de registrar
los actos humanos, es una evidencia de Dios quiere que quede bien en claro ante el
universo que: (1) Dios es justo, (2) el fallo dado a los seres humanos es una muestra de
Su carácter justo (2) El pecado no se volverá a levantar de entre los justos salvados.
1
Rodríguez, 453.
2
Elena G. de White, Patriarchs and Kings (Mountain View, CA: Pacific Press
Publishing Association, 1943), 49.
3
Rodríguez, 453.
4
Rodríguez, 453.
5
White, El conflicto de los siglos: Durante la era cristiana, 714; Rodriguez, 453;
Francis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista, trad. Víctor E. Ampuero Matta
(Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1990), 6: 1014.
6
Gerhard Pfandl, Daniel: The Seer of Babylon (Hagerstown: Review and Herald
Publishing Association, 2004), 93.
7
La cursiva ha sido añadida. Blazen, 125.
8
Rodríguez, 436.
En estos servicios se podía apreciar la transferencia simbólica del pecado. Así pues, en el
servicio diario había una transferencia del pecado desde el pecador hasta el santuario a
través del sacrificio y el sacerdote; para que en el servicio anual todos los pecados del
pueblo acumulados en el santuario fueran transferidos al macho cabrío que representaba a
Azazel, el cual era dejado lejos del campamento israelita en el desierto. De esta manera
se observa que “el servicio diario y anual en el santuario israelita estaban entrelazados en
la solución del problema del pecado en el Antiguo Testamento”,1 con el propósito de
señalar la misma dinámica de transferencia del pecado que ocurriría en el verdadero
tabernáculo. Por lo tanto, en la solución escatológica, será sobre el verdadero Azazel que
recaerá toda la responsabilidad del problema del pecado. “Entonces, el pecado y los
pecadores, junto con el autor e instigador del pecado son erradicados del universo”. 2

El santuario, su verdadero sacrificio y su real sumo-sacerdote

¿Qué sería del santuario celestial sin Cristo? Es una pregunta que tiene mucho
significado, ya que sólo Cristo es el completo y verdadero sacrificio ofrecido en la cruz
del calvario (Ro 5:8), y solo Él es nuestro verdadero y mayor Sumo-sacerdote (Heb 8:1,
2; Ro 8:34).
A través de la experiencia de Abraham (Gen 22), se muestra que Dios mismo es el
proveedor del sacrificio sustitutivo (Gn 22:13-18) que tipifica la provisión de Dios (Juan
3:16) del verdadero sacrificio, Cristo, provisto en la cruz del calvario (Fil 2:8) en favor de
la humanidad (Ro 5:8). Ya que, Cristo amó a la humanidad, y “se entregó a sí mismo…
[como] ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef 5:2).
Desde el santuario se revela el papel protagónico de la obra de Cristo como
sacrificio, como Sumo sacerdote en el lugar Santo (desde su ascensión) y en el lugar
santísimo (desde 1844) siendo Él, el único y verdadero intercesor en favor y en
representación del hombre ante Dios, con el fin de cumplir los propósitos divinos
señalados anteriormente.
En armonía con lo expuesto, así como para cada israelita, el acto de encontrarse
con Dios en el santuario era un acto de adoración (Sal 95:6). Actualmente cada cristiano
creyente debe tener un sentido de adoración más pleno para con Dios, al conocer que el
tipo se encontró con su anti-tipo,3es decir, que estamos en el real día de la expiación;4
sabiendo además, que es gracias a estas realidades que tenemos libre acceso5 al Santuario
Celestial, siendo Cristo “fiador de un mejor pacto” (Heb 7:22).

1
Rodríguez, 439.
2
Rodríguez, 453.
3
White, El conflicto de los Siglos: Durante la era cristiana, 375-6.
4
Elena G. de White, El verdadero reavivamiento: La mayor necesidad de la
iglesia (Asociación Casa Editora Sudamericana, 2011), 12-3.

Alwyn P. Salom, “Sanctuary Theology”, en Issues in the book of Hebrews, ed.


5

Frank B. Holbrook (Silver Spring: Biblical Research Institute, 1989), 210-2.


El santuario como centro de equilibrio

Clifford Goldstein considera que el más grave problema con respecto a la doctrina
del santuario es que muchas veces la presentación de esta por varios adventistas es
desequilibrada.1 Y en efecto, presentar solamente uno de los aspectos de la obra de Cristo
(su sacrificio, su labor sacerdotal, o sumo-sacerdotal) más que otro entre ellos mismos,
conllevará a un desequilibrio de la doctrina, y por lo tanto, una tergiversación en la
presentación del evangelio y la ciencia de la salvación; corriendo el riesgo de enfatizar
más la justificación que la santificación; trasladando la actitud cristiano-adventista en una
secularización de su “estilo de vida”2, o viceversa; la santificación más que la
justificación, lo que tornará al “estilo de vida” cristiano-adventista en un legalismo
desenfrenado.3

El Santuario y quienes lo predican

Desde sus inicios, la IASD, ha sido la única en concebir la doctrina del Santuario
hasta hoy.4 Esta doctrina ayudó a que los adventistas tuvieran una clara identidad, pues
ésta resolvió el problema del “Chasco” de 1844, revelando además un sistema de
verdades bíblicas que armonizaban entre sí.5
Las palabras “La hora de su juicio ha llegado” de Ap 14:7 muestran parte del
contenido del mensaje escatológico del remanente. Este juicio anunciado en Apocalipsis
es el mismo juicio de Dn 7:9-11, lo que a su vez, tiene una amplia relación con la
purificación del santuario de Dn 8:14;6 dicho de otro modo, la predicación del mensaje
escatológico por parte del remanente, la IASD, también consiste en restaurar la verdad
del santuario ante “los moradores de la tierra”, aquella que ha sido oscurecida por la obra
del cuerno pequeño (Dn 8:11-12); esto afirma una identidad profética por la naturaleza de
su mensaje teológico.

1
Goldstein, 19.
2
Para una comprensión más amplia sobre la secularización del “estilo de vida”
con relación a los conceptos de justificación y santificación, Véase Fernando L. Canale,
“¿Porqué los adventistas del séptimo día están adoptando los estilos de vida seculares?”,
Theologika 26, no. 1 (2011): 105-27.
3
Para un mayor estudio de este equilibrio, Véase el libro completo de Clifford
Goldstein, Desequilibrio Fatal: La verdad acerca del juicio del santuario y la salvación.
4
Los adventistas del séptimo día responden preguntas sobre doctrinas, ed.
Anotada (Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2008), 26.
5
White, El conflicto de los siglos: Durante la era cristiana, 476.
6
Oscar Mendoza, “El mensaje del remanente en el tiempo del fin: el mensaje de
los tres ángeles de apocalipsis 14: 6 – 12 – parte I”, Estrategias 6, no 2 (2009), 83.
En otras palabras, la doctrina del santuario desde los inicios del adventismo ha
sido importante porque la existencia de una amplia vinculación con el cumplimiento de la
misión,1 brindando una identidad profética2 y teológica definida al remanente de Dios, la
IASD. En última instancia, White aseveró que “la correcta comprensión del ministerio
del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe”.3

Conclusión

A modo de responder la pregunta ¿Por qué creer en la doctrina del santuario?, en


base a lo analizado anteriormente, se puede responder lo siguiente:
(1) Porque al presentar la existencia de un santuario real en el cielo y no
metafórico, se entiende la existencia de un Dios como un ser temporal, así como la obra
real que Él realiza en favor de la humanidad. Y a su vez el sentido real que tiene el hecho
de que el remanente, la IASD, anuncie este mensaje.
(2) Porque posee una centralidad fundamental en las Escrituras que encaja junto a
las demás verdades bíblicas, que a su vez demuestran el principio de Sola y Tota
Scriptura, reflejando una sólida unidad teológica.
(3) Porque muestra los propósitos de Dios al final del juicio divino: Vindicación
del carácter divino y de los justos ante todo el universo (seres no caídos), así como la
manera en que Dios trata con el problema del pecado para darle una solución total y
definitiva para su completa erradicación.
(4)Porque presenta a Cristo en cada una de sus fases salvíficas; es decir, presenta
a Cristo como el verdadero sacrificio proporcionado por Dios mismo y a Cristo en su
labor sacerdotal y Sumo-sacerdotal para la consumación de los propósitos anteriormente
tratados, lo que debe crear en el creyente una actitud de adoración a Dios.

1
Jack Blanco, “The sanctuary and the mission of the church”, Journal of the
Adventist Theological Society, 9, no. 1–2 (1998): 243-59.
2
Robert Olson señala que dos doctrinas fundamentales del adventismo son: (1) la
creencia de que Cristo comenzó un ministerio especial en el Santuario celestial, el 22 de
octubre de 1844, que incluía una obra de juicio, y (2) la autoridad de Elena G de White
como mensajera inspirada. Vale decir que el santuario, el juicio investigador y el
llamamiento profético de White son única y exclusivamente de la IASD; si éstas se
eliminan, se perdería la identidad profética de la IASD; ya que, si la enseñanza de que
Cristo comenzó su ministerio en el segundo departamento en el año 1844 es equivocada,
entonces el don de profecía manifestado en Elena de White también lo sería; pues White
reafirmó por parte de Dios como profeta, que la doctrina del santuario era correcta. Por
otro lado, los adventistas creen que Dios guio al movimiento profético del adventismo a
través del Don profético de Elena de White. Véase Robert W. Olson, 101 preguntas
acerca del santuario y Elena G. de White (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1982), 7-8.
3
La cursiva ha sido añadida. Elena G. de White, Evangelism (Washington, D.C.:
Review and Herald Publishing Association, 1946), 221.
(5) Porque brinda un equilibrio en la presentación y en la vivencia del evangelio,
enfatizando no solamente lo logrado en la cruz del calvario, sino también, todo el proceso
realizado por Cristo en el Santuario Celestial, especialmente la armonía entre los
conceptos de justificación y santificación. Para evitar caer dos extremos totalmente
errados (liberal o legalista).
(6) Por que da una identidad profética y teológica al remanente de Dios, la IASD.