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AL SERVICIO DE DIOS

Una de las verdades fundamentales del cristianismo es que Dios nos ha hecho
promesas eternas, no pasajeras. Así que el cristiano desde ya goza de ciertos
privilegios, pero aún hay mucho de esto que está por venir. El cristiano ya es
salvo en Cristo, pero también está siendo salvado cada día y espera la salvación
eterna. El cristiano ya es santo en Cristo, pero está siendo santificado día tras
día y un día estará en la santidad eterna. El cristiano ya es perfecto en Cristo,
pero está siendo perfeccionado en esta vida y llegará a la perfección en la
gloria. Y es la misma esencia del cántico que en el cielo se eleva al Cordero.
En Apocalipsis 5:10 Juan continúa describiendo las palabras gloriosas de esta
alabanza y dice que allí se canta: “De ellos hiciste un reino; los hiciste
sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra».”
¿Quiénes son aquellos con quienes Cristo ha hecho “un reino”? Los que el
Cordero ha comprado con su sangre. Pero por supuesto las personas mirarán
a los salvos aquí en esta tierra y no verán ninguna corona en sus cabezas, ni
vestidos de realeza, mucho menos palacios y riquezas; por el contrario, verán
a personas que se asemejan a Cristo cuando estuvo en esta tierra.
Pero es aquí donde llega lo más importante. El error más grande de las
personas es mirar a Cristo como un rey terrenal, y muchos creen que ser
cristianos nos hace reyes con Cristo aquí ahora en esta tierra. Cristo es Rey y
nosotros reinamos con Él, pero al igual que su reino que no es de este mundo,
tampoco lo es para nosotros. La canción que aquí se entona declara que de los
que Cristo compró con su sangre ha hecho “un reino”, pero ¿Dónde se canta
esta canción? En los mismos cielos. Este reino sin lugar a dudas es el reino de
los cielos. Un rey de una nación no deja de ser rey por estar en otro lugar, pero
ese no es el lugar de su reinado; tal como Cristo, quien, siendo el Rey de los
cielos, vino a esta tierra, no dejó de ser Rey, solo que su palacio no se
encontraba aquí, Él a este mundo vino a salvar a los suyos para llevarlos
seguros a su reino eterno. Así mismo nosotros que pertenecemos al reino de
Cristo, no un reino de esta tierra sino uno celestial debemos anhelar con todas
las fuerzas llegar a la patria celestial para reinar con Cristo en la gloria eterna.
Sí, ya somos reyes con Cristo, pero el reino está por venir.
Cuando estuvo en este mundo Jesucristo mismo dijo en Juan 18:36 “Mi reino
no es de este mundo”. Esta es la misma realidad que proclama la Iglesia de
Cristo, nuestro Rey está en los cielos y allá es a donde pertenecemos. Esto sin
lugar a dudas fue un grande consuelo para la Iglesia en el primer siglo, lo sigue
siendo para la Iglesia de nuestros días, y lo seguirá siendo hasta que la Iglesia
entre a la eternidad con el Rey de la Gloria. Pero no solo pertenecemos a su
reino, sino que la canción sigue diciendo: “los hiciste sacerdotes al servicio de
nuestro Dios”. Estas son palabras que muchas veces ignoramos. ¿Quiénes son
estos sacerdotes? Una vez más, son los mismo que Cristo ha comprado con su
sacrificio. El oficio de sacerdote ya no es más una particularidad de unas
cuantas personas aquí en esta tierra; Cristo nos ha comprado y nos ha dado el
oficio sagrado de vivir separados para Dios y de rendir culto al Creador; ahora
toda la Iglesia, en todo el mundo, donde quiera que se encuentre tiene esta
gran labor de proclamar el Santo nombre de Dios. En el Antiguo Testamento
el sacerdote es descrito en los libros de Éxodo, levítico y Números; allí se habla
de su llamamiento, de sus funciones, requisitos, indumentaria, cómo eran
sostenidos, su consagración y las advertencias a su comportamiento. También
allí encontramos que había un sacerdote principal al que se le llamaba el Sumo
Sacerdote. Solo había uno y su privilegio era muy grande. Así como todo lo que
hay en el Antiguo Testamento, esto era solo sombra de lo que había de venir.
Es por esto que tal como dice el escritor a los Hebreos en el capítulo 4,
versículos 14-16 y como lo repite en todo el capítulo 8; Cristo es nuestro Sumo
Sacerdote y todos los suyos sacerdotes de Dios. Por eso ahora para los
sacerdotes de Dios, es decir, para toda la Iglesia comprada a precio de sangre
por el Cordero a quien se da toda la alabanza; el llamamiento, las funciones,
requisitos, indumentaria, sustento, consagración y comportamiento, están
implicados en la acción espiritual. Ya no son cosas externas las que nos
identifican como sacerdotes, ya no son los llamados de los hombres, ya no es
una posición en esta tierra, es un llamamiento santo a la Gloria eterna.
Sin embargo, hay también una gran verdad en todo esto, ya que en esta parte
de la canción que se eleva en el cielo, termina con las siguientes palabras: “y
reinarán sobre la tierra”.
El reino ya es real en el cielo y es eterno, al creer en Cristo somos sacerdotes
de Dios sin lugar a dudas, y esto es una verdad espiritual y celestial; pero
también hay una promesa futura terrenal. No debemos olvidar que esta tierra
un día pasará, por eso hablamos ahora de un reino espiritual; pero cuando la
gloria llegue; todo será hecho nuevo, habrá cielos nuevos y tierra nueva, y
ahora, en ese nuevo lugar, sin duda alguna reinaremos con Cristo por toda la
eternidad. Entonces ¿el reino es en los cielos o en la tierra? Sí, en los cielos,
pero también en la tierra, simplemente en la gloria eterna Cristo es Rey sobre
toda la creación. Una creación renovada, una creación inimaginable. Es que, a
fin de cuentas, en la gloria eterna, en donde quiera que nos encontremos, en
Cristo tenemos el más grande privilegio. Ya estamos al servicio de Dios, pero
un día lo haremos a la perfección, porque por su sangre el Cordero nos ha
hecho por toda la eternidad, reyes y sacerdotes “AL SERVICIO DE DIOS”.