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CALDEANDO EL AMBIENTE PARA LA

SUBLEVACIÓN
Debo reconocer que afrontar este periodo de la historia ha significado para mí un gran
esfuerzo, hasta el extremo que, exponer las conclusiones me resulta extremadamente
dificultoso dado que la maraña de fechas y acontecimientos complican muy
especialmente el asunto.

Ciertamente puede hacerse la reseña de otro modo que simplifique la cuestión, pero me
parece interesante, parte esencial para comprender la barbaridad, crear en quién acceda
a la lectura de este trabajo, la sensación de trasladarse al momento tratado y observar
cómo los acontecimientos nos apedrean la mente sin darnos tiempo siquiera a
reponernos de un golpe cuando han hecho blanco en nuestro cuerpo, un, dos, tres
guijarros nuevos.

Y todo en, escasamente, un año.

En abril de 1873 se produjo una gran agitación en Madrid, hasta el punto que el día 23
se aprestaba una insurrección, que fue finalmente atajada, produciéndose un acoso a los
parlamentarios radicales, y a la comisión permanente del parlamento que apoyaban
aquella insurrección y que se vieron como objetivo de una insurrección de signo
contrario, encabezada por los Voluntarios de la República. Como consecuencia, el día
24 era disuelta la comisión permanente.

En estas fechas, en Málaga, Sevilla, Granada y Cádiz habían proclamado la federación,


y en Madrid el general Contreras amenazaba con sublevarse si no se imitaba esa
actuación en Madrid, mientras el mismo general Contreras fundaba una asociación
secreta llamada Dirección Federativa Revolucionaria, destinada a provocar en las
provincias insurrecciones federales. (Blasco 1892: 701)

Como hemos visto, el cantonalismo tenía dos vertientes: el cantonalismo moderado


(también conocido como organicista) reconocía cierto sometimiento a la república, y el
cantonalismo intransigente o radical, que acabaría imponiéndose, proclamaba el cantón
como república democrática federal social.

La respuesta fue dispar; destaquemos una:

Ante el intento de golpe de estado radical, dirigentes y autoridades sevillanas


ofrecieron su apoyo al gobierno y crearon una comisión permanente que
velase por la seguridad y formase una junta revolucionaria proclamando el
Cantón de Andalucía en caso de que el gobierno fuese derrotado. (Arias
1989:24)

Quince días más tarde, el 10 de mayo de 1873 se celebraron elecciones generales a


cortes constituyentes cuyo resultado fue una aplastante mayoría de los federales, que
era consecuencia del retraimiento practicado por los radicales, alfonsinos y carlistas.

La participación electoral fue sólo de un 25%, la más baja de toda la historia


parlamentaria española. El nuevo Gobierno trató de satisfacer al mismo tiempo la
aspiración de la derecha: orden, y la de la izquierda: federación. El empeño era
complicado, además el gobierno tenía que enfrentarse simultáneamente a la guerra
carlista, a las conspiraciones alfonsinas y a los federalistas intransigentes, que habían
iniciado ya el movimiento revolucionario cantonalista.

Grandes manifestaciones se produjeron en toda España, y en especial en Cartagena, en


defensa de la república y el 29 de mayo de 1873, auspiciados por el diputado Gálvez
Arce, en contacto con Roque Barcia, se produjeron dos conatos de insubordinación en
las fragatas Victoria, y Almansa. Una parte de la dotación, al grito de "Abajo los
galones", trató de sublevarse sin éxito, pues fueron sofocados por los oficiales.

En sintonía con lo que venía aconteciendo, el 1 de junio de 1873 las Cortes proclamaron
la República Federal y se constituyó una comisión de parlamentarios presidida por
Castelar cuya misión sería elaborar un Proyecto de Constitución republicana federal,
que finalmente fue aprobada dos días más tarde que no llegaba a las expectativas de
organizar cantones independientes. (Ver texto del proyecto en Anexo I)

En 1893, evocando los acontecimientos de este año, decía Emilio Castelar:


Hubo días de aquel verano en que creíamos completamente disuelta nuestra
España. La idea de la legalidad se había perdido en tales términos que un
empleado cualquiera de guerra asumía todos los poderes y lo notificaba a las
Cortes, y los encargados de dar y cumplir las leyes desacatábanlas,
sublevándose o tañendo a rebato contra la legalidad. No se trataba allí, como
en otras ocasiones, de sustituir un Ministerio existente ni una forma de
gobierno a la forma admitida; tratábase de dividir en mil porciones nuestra
patria, semejantes a las que siguieron a la caída del Califato de Córdoba. De
provincias llegaban las ideas más extrañas y los principios mas descabellados.
Unos decían que iban a resucitar la antigua Corona de Aragón, como si las
fórmulas del derecho moderno fueran conjuras de la Edad Media. Otros decían
que iban a constituir una Galicia independiente bajo el protectorado de
Inglaterra. Jaén se apercibía a una guerra con Granada. Salamanca temblaba
por la clausura de su gloriosa Universidad y el eclipse de su predominio
científico en Castilla. Rivalidades mal apagadas por la Unidad nacional en
largos siglos surgían como si hubiéramos retrocedido a los tiempos de zegríes
y abencerrajes, de agramonteses y beamonteses, de Castros y Laras, de
capuletos y montescos; la guerra universal. Villas insignificantes, apenas
inscritas en el mapa, citaban a asambleas constituyentes. La sublevación vino
contra el más federal de todos los Ministerios posibles, y en el momento
mismo en que la Asamblea trazaba un proyecto de Constitución, cuyos
mayores defectos provenían de la falta de tiempo en la Comisión y de la sobra
de impaciencia en el Gobierno.

Y esa crítica era formulada por alguien como Castelar… Un personaje cuya actuación
no le permitía sentirse ajeno a la responsabilidad de donde había sido abocada España.

El caso es que al día siguiente, dos de junio,

En Andalucía especialmente, la efervescencia federal tomaba un carácter


peligroso. En Granada los voluntarios republicanos habían desarmado el 2 de
junio mil carabineros, y en Málaga, las facciones que seguían a Carvajal y a
Palanca se hacían cruda guerra, pero se coaligaban para impedir que penetrara
ni un soldado en la ciudad. En Cádiz y en Sevilla también era imponente el
espíritu de las masas. (Blasco 1892: 733)
Un espíritu de las masas que arrasaba incluso con quienes lo habían promovido

Generalmente, cuando se proclama el Cantón, se procede de inmedíato a la


destitución de las autoridades fieles al Gobierno central. En algún caso, las
fuerzas populares deben combatir con las guarniciones locales para tomar el
poder y establecer las nuevas juntas revolucionarias. En cuanto a los objetivos
perseguidos, los fundamentales pueden resumirse en los que expresa la
proclama del Comité de Salud Pública, de Cádiz, que preside F. Salvochea:
El Comité se ocupará sin descanso en la adopción de las medidas necesarias
para salvar la República y contrarrestar el espíritu centralizador de las
organizaciones políticas pasadas y salvar para siempre al pueblo español de
todas las tiranías. (Lacomba 2001: 1)

En esa situación, de normalidad, según el gobierno, el once de junio, en reunión del


gabinete, el presidente Figueras, harto ya de la situación, espetó: “senyors, estic fins els
collons de tots nosaltres” (señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros), y se
marchó. La siguiente noticia del presidente fue un telegrama que envió desde París
indicando que se encontraba bien.

Ante la evidencia de haberse quedado sin presidente, se eligió un nuevo gabinete,


nombrado por las Cortes y presidido por Francisco Pi y Margall, que no empezaba con
buen pie; recibió el apodo de Gobierno de los Pájaros, debido a la asonancias de los
apellidos de varios de los ministros: Pi, Chao (Fomento), Sorní (Ultramar) y Tutao
(Hacienda).

Pi y Margall estaba apoyado por el Partido demócrata republicano Federal, cuyo ideario
era la República y el estado laico, por la pequeña burguesía y por el movimiento obrero
y campesino. Su gobierno duró treinta y siete días, si bien fue muy intenso, no en
aciertos, pero sí en barbaridades.

Como queda señalado, el uno de junio de 1873 se abrieron las Cortes Constituyentes.
Durante la primera semana se presentaron las credenciales de diputados que
evidenciaron tres sectores en el hemiciclo: derecha (Castelar), centro (Pi) e izquierda
(Orense y los intransigentes).

El día 7 presentó la dimisión el gobierno Figueras, y ese mismo día se presentó en las
Cortes una proposición de ley para que se proclamara España república federal.

España quedaba organizada en 17 Estados y uno de ellos era Cuba. Cada uno tendría su
propia Constitución, quedando para el presidente un cuarto poder, el de “relación”, para
mantener el equilibrio. El poder emanaría de 3 niveles diferentes: municipio, estado
regional y estado federal. El Estado regional tenía autonomía política, económica y
administrativa.

Pero los intransigentes exigían más y más deprisa; así, se inició el movimiento en
Cartagena.

El 4 de julio se produjo la sustitución de las fuerzas del ejército que hacían


guardia en los castillos y fortalezas de Cartagena por voluntarios móviles,
cuyos jefes, en gran número, eran partidarios de los republicanos
intransigentes. Conseguido esto, por la propia debilidad del gobierno, ante la
presión de los voluntarios, la iniciación de la revolución cantonal en Cartagena
estaba servida en bandeja, pues las defensas de la inexpugnable ciudad militar
habían sido entregadas sin lucha por el gobierno, a sus adversarios Políticos.
(Pérez 1990: 93)

La situación se estaba yendo de las manos del gobierno a pasos acelerados, si es que
acaso la había controlado en algún momento.

También para el cuatro de julio de 1873 estaba previsto un movimiento cantonalista en


Madrid dirigido por Contreras, y que fue cortado por Pi Margall, lo que ocasionó la
defección de los 57 diputados más exaltados, que abandonaron las Cortes. Hasta
Castelar afirmaba que había un exceso de libertad y democracia, y definía a Pi como
hombre anárquico, peligroso y funesto.

Sólo tres días después, el día 7 de julio, una huelga general exige la dimisión de la
corporación municipal de Alcoy, ocasionando un serio enfrentamiento en el que
acabaron siendo asesinadas varias personas, entre ellas, el alcalde Agustín Albors,
republicano revolucionario, al tiempo que se iniciaba un proceso colectivista siguiendo
la doctrina de la AIT.

La situación ya había tenido un precalentamiento cuando

El 15 de junio, una semana después de la proclamación de la República


Federal, el boletín de la Federación Alcoyana publicaba una “Protesta”
afirmando que carlistas y republicanos eran una misma cosa, alentando al
pueblo a la acción revolucionaria contra la sociedad y la política burguesa.
(Tormo: 30)

Pero fue el día ocho de julio cuando, triunfante la huelga general, los comités represivos
impidieron trabajar a aquellos que deseaban hacerlo.

El asunto no quedó ahí. Los huelguistas se hicieron con el poder municipal, cometiendo
todo tipo de excesos, y ocasionando que fuese el ejército quién tomase cartas en el
asunto, acabando con la revuelta el día trece, de la que se dan más datos en el capítulo
relativo a la conflictividad social.

Todo tenía cabida mientras fuese estrambótico. En ese sentido, el 9 de julio de 1873,
decía Emilio Castelar en las Cortes:

Señores, después de todo, ¿qué es la República federal? Es aquella forma de


gobierno, mediante la cual todas las autonomías existen, y coexisten como
existen los astros en el cielo, sin chocarse jamás. En la República federal todo
lo individual pertenece al individuo todo lo municipal pertenece
exclusivamente al municipio todo lo regional pertenece al Estado y todo lo
nacional pertenece a la Nación. Y como quiera que en la ciencia política
moderna todos estos derechos y todas estas facultades se encuentran
completamente definidas y completamente clasificadas, ni padece el
individuo,
ni padece el municipio, ni padece el Estado ni padece la Nación de ninguna
manera en una República verdaderamente federal.
Un mes escaso después de la proclamación de la República Federal y ante la tardanza en
crear un texto constitucional que recogiera las exigencias del sector republicano
federalista, varios diputados pertenecientes al núcleo intransigente crearon el Comité de
Salud Pública de Madrid que se dispuso a preparar la insurrección cantonal. (Ver texto
del llamamiento en anexo dos).

Así, se puede aseverar que la insurrección cantonal fue un movimiento revolucionario


influenciado por el republicanismo federal más extremo. Ante la lentitud en la
implantación del modelo federal que establecía la recién creada Primera República y
apoyado por una constitución que nunca llegó a entrar en vigor, los sectores más
radicales se levantaron en armas en favor de un sistema federal basado en la asociación
de ciudades convertidas en cantones independientes.

El movimiento cantonal fue obra de los republicanos intransigentes y comenzó


el 12 de julio en Cartagena. Seis días después se levantó Valencia, formó una
junta revolucionaria del cantón valenciano, proclamado en el paraninfo de la
Universidad (el rector Pérez Pujol formaba parte de ella), integrada por
personalidades moderadas dentro del republicanismo, con la sola presencia de
un miembro de la Internacional. Por esos mismos días tenía lugar la revuelta
del petróleo en Alcoy, en la que murieron el alcalde Albors y otras quince
personas, siendo reprimida dos meses después. (Ramírez 2008: 402)