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El doble de presos por drogas en 15 meses, reformas incidieron en el

incremento

Dos gramos y medio de cocaína fueron suficientes para que a Cecilia la detuvieran el 10 de
septiembre del 2016, en Ibarra. A sus 38 años y con dos hijos menores, puede enfrentar una
pena de hasta cinco años por tráfico de drogas. Esa es una de las sanciones que fija el Código
Integral Penal (COIP) para quienes trafican con pequeñas cantidades de narcóticos, tras haberse
endurecido la ley en la última reforma del 1 octubre del 2015. Desde entonces, las cifras del
Ministerio de Justicia revelan un incremento en el número de detenidos por este delito.
Actualmente hay más de 9 087 personas encerradas por vender o poseer drogas. Antes de
octubre del 2015 había 4 376. Este aumento no solo coincidió con esta reforma. Un mes antes,
en septiembre del 2015, hubo dos cambios más: se disminuyeron las cantidades de la tabla de
drogas, que determinan si una persona es traficante de mínima, mediana, alta y gran escala. Y se
permitió que los jueces sumen años de cárcel según los tipos de sustancia que el sospechoso
porte. Antes, una persona era juzgada por la sustancia con más peso. Es decir, si se le
encontraba con dos gramos de cocaína y 10 de marihuana, solo se le sancionaba por vender
marihuana. Ahora se suma todo para definir la sentencia. La ministra de Justicia, Rosana
Alvarado, reconoció que estos tres cambios legales incidieron en el aumento de arrestados. El
catedrático Jorge Paladines opina igual. “Nunca el incremento de la tasa de encarcelamiento es
positivo. Los centros se llenan de personas de estratos socio-económicos bajos; de
microtraficantes, mulas o consumidores”, dice. Actualmente, según el último reporte entregado
por el Ministerio de Justicia a este Diario, una de cada tres personas recluidas en las 34 cárceles
del país enfrenta procesos por drogas. Ana Gabriela, de 24 años, fue condenada a 10 años de
prisión por guardar 23 gramos de heroína debajo del tanque de gas de su cocina. La sentencia
del Tribunal del Guayas confirmó que la joven padecía adicción desde la adolescencia a esta
sustancia, pero también argumentó que la cantidad era excesiva para su uso personal. Antes de
las tres reformas del 2015, el Gobierno había dado pasos para suavizar su política de drogas:
prohibió criminalizar a los consumidores, creó dos tablas para diferenciar a los usuarios de
narcóticos de los pequeños expendedores y redujo las penas para este último grupo. Eso
permitió reducir el número de presos, sobre todo a partir de la vigencia del COIP, en agosto del
2014. Ese mes había 6 136 detenidos por estupefacientes. Ocho meses más tarde, el número
cayó a 3 809. Mauro Andino, exasambleísta, asegura que esa política permitió sacar de la cárcel
a más de 2 100 sentenciados por tráfico de pequeñas dosis, entre el 2014 y 2015. “En ese tiempo
se vio el problema desde un enfoque de salud”, recuerda. Luis Eduardo, quien tenía un problema
de adicción, fue uno de los beneficiados en ese entonces. En el 2008, él recibió una condena de
20 años por llevar 18,9 gramos de cocaína que eran para su uso. Pero con el COIP su condena se
redujo a seis meses. Estuvo siete años en cárcel, hasta abril del 2015, cuando fue liberado. Las
reformas del 2015 iniciaron días después de que el entonces presidente Rafael Correa
cuestionara las tablas. Apartir de septiembre del 2015, el microtráfico, por ejemplo, pasó a ser
sancionado con una pena de uno a tres años de cárcel; antes la pena era de dos a seis meses. Es
decir, los sospechosos pagan hoy condenas más duras. Uno de estos casos es el de María Elena,
quien fue detenida con 10,9 g de cocaína en septiembre del 2016, en Quito. Antes de las
reformas, su sanción máxima hubiera sido de tres años, por estar dentro del tráfico de mediana
escala, pero ahora se enfrenta a una pena de hasta cinco años. Este Diario consultó a
asambleístas que votaron a favor del endurecimiento de las sanciones. La exlegisladora Gina
Godoy, por ejemplo, señala que las reformas fueron una respuesta a “la necesidad de castigar a
expendedores tanto de mínima como de gran escala, porque atentan contra los jóvenes”. Para
ella, los meses que han pasado desde octubre del 2015 son todavía poco tiempo para evaluar si
la nueva política fue o no efectiva. La ministra de Justicia también votó a favor. Ahora Alvarado
dice que está en contra de eliminar las tablas de drogas, porque permite diferenciar al
consumidor del microtraficante. También aclara que eso no resolvería el problema del consumo.