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Rol, funciones y habilidades del psicólogo escolar/educacional

Raúl Zuleta Cortés

González, González y Vicencio, en su artículo del 2014, emplean una definición del rol profesional
entendido como un conjunto de conductas que realiza una persona o que se espera que ésta realice en función de
la posición que ocupa debido a su profesión, definición que tiene un claro componente social al dejar de
manifiesto el peso que poseen las expectativas de la profesión en la delimitación de las funciones y actividades
de la misma. En estrecha relación con esto se encuentra el concepto de rol percibido propuesto por Mielgo Ortiz
& Ramos (2001) que se entiende como "Un patrón de conductas posibles asociadas, o esperadas por una persona
que ocupa una posición determinada " (p. 398).

Reconociendo entonces que el entrelazamiento de la psicología con la educación ha traído para el


contexto educativo la figura del psicólogo escolar surge la pregunta acerca de su rol profesional, dado que es
reconocido por los actores lo difuso del rol y la necesidad de esclarecerlo (González, González y Vicencio,
2014). Es así que Araujo y Evangelista (2009) señalan que la identidad del psicólogo escolar y la especificidad
de su actuación son dadas, sobre todo, por la configuración de un campo de actuación profesional, y no por un
campo de saberes delimitado por un enfoque teórico y/o metodológico, asumiéndose así que la escuela es el
principal contexto de actuación del psicólogo escolar, si bien no es el único, pudiendo desempeñarse también en
investigación y/o docencia.

Observando el rol desde una perspectiva histórica se encuentra que la inserción de la psicología en las
escuelas fue marcada por objetivos fuertemente adaptacionistas, en los que predomina la necesidad de corregir y
adaptar el alumno a la escuela (Pacheco, Pontalti, Lucatto, Alves, Martinho y Almeida, 2017), al que usualmente
se reconocía como portador de un problema de aprendizaje. Esta práctica psicológica se caracterizaba por la
aplicación de recursos psicométricos, los cuales eran vistos como la función exclusiva del psicólogo (Araujo,
2005), razón por la cual se habla de una migración de lo clínico hacia la escuela (Banz, 2002). Pese a que con el
paso de los años la formación y actuación del psicólogo se ha ido alejando cada vez más de esta función de
evaluación, adaptación y normalización, definir el papel del psicólogo escolar y establecer la relación que
sostiene con su campo de actuación se presenta como una tarea compleja debido a que, en su desarrollo, la
relación entre psicología y educación se ha encontrado atravesada por ideologías, objetivos, teorías y prácticas
encontradas entre sí (Araujo, 2005), dando como resultado que coexistan diferentes posicionamientos sobre lo
que es la Psicología Escolar y las funciones del profesional que se desempeña en esta área (Pacheco et al, 2017).
Dentro de estos posicionamientos podemos encontrar algunos como los de Mitjáns (2003 citado en
Araujo y Evangelista, 2009), quien señala que la especificidad de lo que se entiende por psicología escolar está
dada por la conjunción de dos elementos: su objetivo de contribuir a la promoción del proceso educativo y su
contexto de actuación, a saber, las instituciones del sistema escolar, planteando que la psicología escolar debe
expresar su compromiso con la realidad social a través de la transformación de los procesos educativos y la
efectividad de los cambios implementados que demanda la mejora de la calidad de la educación a nivel país
(Mitjáns, 2009). Para lo cual conocer e intervenir sobre las concepciones de naturaleza deterministas y
reduccionistas de los profesores, por ejemplo, es una posibilidad de contribuir a la transformación de prácticas
que se mantienen rígidas e inmutables independientemente de los sujetos involucrados (Araujo, 2005).

Otros autores como Araujo y Evangelista (2009) proponen que la actuación del psicólogo escolar debería
caracterizarse por tres funciones principales, la primera de ellas es una función preventiva que aparece como
diferenciada de la visión de control y normalización; y que se caracteriza por acciones que busquen a) facilitar e
incentivar la construcción de estrategias de enseñanza diversificadas, b) promover la reflexión y la
concientización de funciones, roles y responsabilidades de los sujetos y c) superar, junto con el equipo escolar,
los obstáculos a la apropiación del conocimiento. La segunda función que se propone aparece vinculada a
contribuir a la transformación de prácticas a través de favorecer procesos de cuestionamiento y de
concientización, de los profesores, acerca de las concepciones deterministas de desarrollo y aprendizaje que
puedan estar presentes en las comprensiones de las quejas escolares y prácticas pedagógicas. La tercera función
guarda relación con la promoción de la salud mental enfocándose de forma mayoritaria en la identificación de
los factores que están comprometiendo y dificultando el trabajo docente, factores específicamente asociados al
fenómeno del burnout docente en línea con la perspectiva preventiva expuesta anteriormente, diferenciándose de
la perspectiva terapéutica o clínica susceptible de realizarse en otros contextos.

También Araujo (2005) identifica 7 competencias principales que, a su juicio, debe poseer el psicólogo
que se encuentre en el contexto escolar, estas son: 1) concientización de las posibilidades y capacidades; 2)
capacidad de autonomía frente a situaciones de conflicto o decisiones; 3) capacidad de análisis, aplicación, re-
elaboración y síntesis del conocimiento psicológico al contexto de intervención profesional; 4) claridad de la
relación entre las concepciones teóricas sobre el conocimiento psicológico y el trabajo a ser adoptado; 5) postura
crítica acerca del hombre, del mundo y de la sociedad, en el contexto social en que se está inserto; 6) estrategias
interdisciplinares de comunicación y acción que integren y legitimen la intervención; 7) lucidez sobre la función
político-social transformadora de su profesión, ejerciéndola éticamente en el campo educativo. Competencias
que se espera sean entregadas por la formación académica, existiendo propuestas como la de Juliá (2006) que
consiste en un proyecto de innovación académica orientado hacia un currículum basado en el desarrollo de
competencias, buscando capacitar al psicólogo escolar para las especificidades que su actuación exige.
Con respecto a las habilidades o competencias Del prette y Del prette (1996) en su texto Habilidades
involucradas en la actuación del psicólogo escolar/educacional señalan que la actuación profesional del
psicólogo escolar se da, básicamente, a través de las interacciones sociales y que la eficiencia y la eficacia de
esas interacciones dependen, en gran parte, de lo que se denomina capacidades analíticas e instrumentales.
Dentro de las primeras se entienden aquellas habilidades que permiten identificar los elementos inherentes o
ajenos a la naturaleza del proceso educativo y las metas de la institución escolar en el contexto sociopolítico,
también evaluar necesidades y posibilidades de cambio en ese proceso y en esas metas y planificar alternativas
de intervención orientadas a la concretización de esos cambios. En cuanto a las capacidades instrumentales éstas
se refieren a las habilidades técnicas tanto disponibles en la literatura como entregadas a lo largo de la formación
académica, tales como aplicación de pruebas, conducción de entrevistas y observaciones; y las habilidades
interpersonales, por ejemplo, liderazgo, cooperación y participación el trabajo colectivo, coordinación de grupos
de trabajo, conducción de interacciones significativas, resolución de problemas interpersonales, toma de decisión
en grupo.

Por su parte Arvilla, Palacio y Arango (2011), a través de una revisión bibliográfica, identifican 8
funciones del psicólogo escolar: 1) participar en la búsqueda de soluciones a los problemas tanto académicos
como conductuales que se presentan en los alumnos; 2) guiar a los docentes y directivos de la escuela sobre
estrategias de solución de problemas tanto de la institución educativa como de los procesos de enseñanza-
aprendizaje; 3) estimular la creatividad, el interés hacia los aspectos académicos a través de técnicas
motivacionales; 4) buscar soluciones a los problemas de convivencia escolar en conjunto con la directiva
escolar; 5) ofrecer una formación constante y colectiva a través de talleres, así como formar parte del diseño de
programas educativos en diferentes niveles, proponiendo estrategias pedagógicas orientadas hacia el aprendizaje;
6) interactuar con la comunidad educativa para orquestar el abordaje de estudiantes con necesidades educativas
especiales; 7) realizar investigaciones para ampliar el desarrollo del conocimiento y 8) diagnosticar y
proporcionar tratamiento adecuado a niños que presenten dificultades en su desarrollo.

Mendes, Euzébios, Lacerda y Souza (2009) identifican, a través de una revisión bibliográfica, las
siguientes perspectivas de actuación para el psicólogo en el área educacional: a) asesoramiento en la elaboración,
aplicación y evaluación de programas especiales de enseñanza y de programas dirigidos a los padres; b) acciones
dirigidas a la mejora de las relaciones funcionales entre los distintos segmentos de la escuela; c) realización de
entrenamiento y desarrollo técnico-profesional de los profesores; d) apoyo a los profesores, alumnos e
instituciones escolares en cuestiones relativas al desarrollo humano; y e) los programas de prevención. Sumado a
todo esto los autores destacan también el papel de la investigación ya que proporciona información importante
que pueden orientar prácticas para la intervención. Sin embargo esto contrasta con los resultados de su
investigación empírica en la cual se buscó comprender cómo los alumnos de la enseñanza básica percibían el rol
del psicólogo en la escuela, ya que los alumnos caracterizaban al psicólogo como un profesional que 1) conversa
con los actores de la comunidad educativa sobre distintos aspectos de la vida, de lo cotidiano; 2) ayuda cuando
existen problemas; 3) orienta sobre situaciones específicas y 4) actúa como un profesor, por ejemplo,
enseñándole a los alumnos que no saben leer o escribir.

Con respecto al rol del psicólogo en el marco de la reforma Banz (2002) plantea que el psicólogo escolar
puede y debe ayudar al sistema y al profesorado a responder frente al desafío que la reforma educacional les
plantea, trabajando a través de la promoción de las capacidades de las personas, de los grupos y de la institución
misma, siendo un agente de cambio al interior del sistema educativo. Lo anterior implica una variación en la
manera de enfocar una serie de aspectos relacionados con la intervención, para lo cual la autora propone el
cambio de lo individual a lo sistémico, de lo remedial a lo preventivo y del trabajo aislado al trabajo en equipo.

Más allá del plano de reflexión teórica se encuentran experiencias de investigación empíricas acerca del
rol del psicólogo, como la de González, González y Vivencio (2014) en la cual se realizaron entrevistas
semiestructuradas a 20 psicólogos de distintas áreas con la finalidad de describir el rol autopercibido del
psicólogo en sus diferentes ámbitos de desempeño profesional. A través de un análisis de contenido a un nivel
descriptivo los autores concluyeron que en general, los entrevistados coinciden en describir el rol como
promotor del bienestar de los otros, como flexible, amplio y variante en función del contexto de actuación. Sin
embargo estas características del rol no se componen de elementos exclusivos de la psicología, además de esto
los autores concluyen de los hallazgos que los psicólogos entrevistados utilizan el concepto de rol en distintos
niveles de abstracción, ya sea en el sentido de misión, o en un nivel más concreto como sinónimo de tareas y
funciones.

Otra experiencia de investigación empírica es la llevada a cabo por Pacheco et al (2017) donde,
utilizando un cuestionario aplicado a 264 estudiantes de pregrado, se buscaba identificar las representaciones
sociales sobre la actuación del psicólogo en la escuela. En los resultados se da cuenta que la función asociada,
con mayor frecuencia, al psicólogo dentro del contexto escolar era la de “resolución de problemas”, reforzando
lo señalado por Banz en el 2002 sobre que tradicionalmente la percepción tenida del psicólogo escolar es la de
un profesional que resuelve problemas en una oficina. La segunda función que apareció con mayor frecuencia se
definía como “nula/confusa”, concluyendo de esto los autores que todavía no se tiene un papel claro, tanto del
psicólogo escolar en general como el papel que juega en el proceso de inclusión escolar, señalando que es de
extrema importancia definir el papel del psicólogo en la escuela.

Pese a lo diverso de las posturas, y respetando las particularidades del contexto de cada autor/a, la
mayoría coincide en la idea central de que es extremadamente necesario, para el profesional psicólogo inserto en
el contexto escolar, abandonar las concepciones y prácticas que entienden los fenómenos educativos sobre el
prisma individual y disociado del contexto en el cual se inserta, apuntando a una comprensión más sistémica de
los distintos fenómenos. Siendo necesario para el psicólogo escolar comprometerse con la modificación del
proceso de culpabilización y de la exclusión de los alumnos que prevaleció como foco de actuación del área en
otros momentos históricos. Se observa la necesidad de ocuparse de la individualidad de los sujetos sin
desarticularlos de sus redes de relaciones y de su historia (Araujo y Evangelista, 2009). Así mismo generar
reflexión constante sobre las acciones y prácticas emprendidas, potenciar el trabajo colaborativo con los
profesores, generar una re-calibración de la formación inicial docente para que se presente en sintonía con el
nuevo paradigma de la inclusión (Gomes y Souza, 2011).

Referencias

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