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Arnaldo Serrano Sanabria

Durante los primeros meses de 1873 la Asamblea Nacional de la República debatió un

proyecto para la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. A pesar de los opositores, la

Asamblea aprobó un proyecto en tal sentido el 22 de marzo de ese año. La Ley de la

Abolición disponía los siguientes puntos:

 Quedaba abolida para siempre la esclavitud en la Isla.

 Los libertos , en número de 30,000, debían contratarse con sud antiguos amos, con

otros particulares o con el Estado por un periodo no menor de tres años.

 Los poseedores de esclavos serian indemnizados con di eros del Tesoro de Puerto

Rico. Se suponía que el dinero se repartiera sin demoras; pero en la realidad pasaron

muchos anos antes de que el gobierno compensara a todos los amos de esclavos por

sus pérdidas.

 Los libertos disfrutarían de todos los derechos políticos después de cinco años de

promulgada la ley.

Es importante señalar que esta nueva ley no ordenaba la libertad absoluta e inmediata para

los esclavos de Puerto Rico. Se imponían obligaciones muy fuertes a los libertos, cuyo fin

era evitar que se alterara la producción. Se les compensaba monetariamente, unos 200

pesos por cada esclavos, a los amos, mas no a los libertos, quienes deberían empezar una

nueva vida en condiciones tanto difíciles.

La publicación de la Ley de la Abolición produjo un júbilo casi general en la Isla. Hubo

fiestas publicadas en algunos pueblos y banquetes privados en ciertas haciendas , a los que

asistieron los libertos y otros trabajadores. En la hacienda de Guillermo Lee en Ponce,

Baldorioty de Castro fue el orador invitado; en sus discurso advirtió a los libertos que la

Abolición les imponía la sagrada obligación de trabajo. Tal parece que los abolicionistas
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mas rectos temían que los libertos tomaran una actitud indiferente hacia las labores

productivas, algo que los esclavistas habían alegado siempre. Esto les preocupaba aun mas,

en vista de que el gobierno estaba a punto de abolir el régimen de la Libreta, hecho que se

consumió en junio de 1873.

Después de lo mencionado queda preguntarnos ¿en que condiciones quedaron los libertos?

Hubo mejorías en las condiciones de vida y de trabajado de aquéllos, respecto al régimen

anterior. Se dieron casos en que los libertos se negaron a trabajar para sus antiguos amos, a

menos que se cumplieran ciertas condiciones, como por ejemplo:

 Salarios mas altos

 Pagos de los sueldos en efectivo

 Jornadas más cortas

 Suministro de comidas mientras estuvieran trabajando

 En algunos casos hasta la provisión de una casa o pedazo de terreno.

En principio la mayoría de los esclavos permanecieron en sus lugares de trabajo

acostumbrados. Las estadísticas del Gobierno indican que había 21,594 libertos contratados

a fines de 1873, de los cuales cerca de un 60 por ciento se había quedado con sus antiguos

amos. Esto se debe a dos posibles razones:

 Tal vez los amos accedieron a sus demandas

 O porque algunos libertos creyeron que era mejor malo conocido, que bueno por

conocer.

Se cual sea la razón , no cabe duda que las exigencias de los libertos hicieron aumentar el

costo de la mano de obra, incrementando los gastos que los trabajadores ocasionaban a los
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hacendados. Muchos de estos clamaron nuevamente por la reglamentación del trabajo al

estilo de régimen de la Libreta. Temiendo que dicha reglamentación ocasionara tensiones

sociales innecesarias , el gobierno de Madrid se opuso esta vez a tales proyectos. Mientras

tanto, algunos hacendados optaron por importar trabajadores de la Antillas británicas

cercanas a Puerto Rico (por ejemplo , las Islas Vírgenes británicas). Pero tras surgir varios

disturbios en los que se vieron involucrados dichos trabajadores, las autoridades coloniales

decidieron limitar la importación de braceros de las Antillas vecinas.

Los hacendados seguirían quejándose de la falta de mano de obra durante años. No

obstante, los historiadores han descubierto que existía una realidad indudable tras esas

quejas: Los trabajadores se resistían a laborar en las sofocadas tareas de cañaverales e

ingenios por un salario que fluctuaba alrededor de 50 a 60 centavos diarios. Como la

jornada de trabajo duraba de sol a sol, ello representaba a lo sumo 4 o 5 centavos por hora.

En el fondo , pues, había un problema de desigualdad entre patrones y trabajadores, que

estos trataban de corregir cada vez mas combativamente.