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Prácticas Científicas y Procesos Sociales.

Susana Murillo

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Índice
Práctica Científicas y Procesos Sociales. 1
Susana Murillo 1
Índice 2
Dedico este libro a mi abuela Remedios y a mi abuelo Manuel.Capítulo I 3
Capítulo I 4
Introducción: El conocimiento científico como práctica social. 4
Capítulo II. 7
El problema del conocimiento científico en tiempos del nacimiento de las Ciencias Naturales en la época clásica. 7
1. La transición del feudalismo al capitalismo. 7
2. La revolución científica. 15
3. El problema del método. 21
4. El problema del progreso científico. 23
Las Ciencias naturales y la tecnología a partir de la primera revolución industrial. 30
Introducción. 30
1. La primera revolución industrial 30
2. Técnica y tecnología. Paradigma tecnológico y revolución industrial. 33
3. Las ciencias, la revolución industrial y los Estados nacionales. 36
4. Los problemas planteados a las ciencias físicas por la revolución industrial. 38
6. La segunda revolución industrial. Algunos desarrollos en las ciencias físicas y en la química. 41
7. Las Ciencias de la vida 44
8. Un lugar para la reflexión. El nacimiento de la epistemología. 48
9. Una epistemología con historia. El nacimiento del positivismo 49
9.1. El Positivismo lógico o la higiene del pensamiento. 52
9.2 El falsacionismo 56
Capítulo IV 60
La cuestión social y la emergencia de las Ciencias Sociales. 60
1. La cuestión social 60
2. Nuevas funciones del Estado moderno: biopolítica y anatomopolítica. 61
3. Las Ciencias sociales y la cuestión social. Alienismo e Higienismo. 63
4. La ciencia de la eugenesia y la cuestión social. 65
5. La emergencia de las ciencias sociales. 67
6. Las ciencias Sociales. Algunos problemas en la producción de sus saberes. 68
7. Las escisiones epistemológicas y ontológicas. 71
8. El período de entreguerras. 73
9. El mundo de la posmodernidad y la tercera revolución industrial. 75
Bibliografía 78

2
Dedico este libro a mi abuela Remedios y a mi abuelo Manuel.

3
Capítulo I

Introducción: El conocimiento científico como práctica social.

Una manera de comprender el problema del conocimiento en general y el del conocimiento científico
en particular, consiste en pensarlo como una práctica social. O mejor dicho como emergente de un conjunto
de prácticas sociales.
A menudo se lo ha concebido como si fuese el producto de la acción individual de un sujeto que refleja
como en un espejo el mundo exterior. Esta manera de acercarnos al conocimiento científico supone que los
seres humanos somos fundamentalmente individuos aislados y que por otra parte podemos reflejar el
―afuera‖ de modo más o menos adecuado.
Ésta es tal vez la manera cotidiana en que pensamos acerca de nosotros mismos. Así como solemos
estar convencidos de que cada individuo puede elegir de modo absolutamente libre qué ver, leer, pensar,
escuchar. Creencia que se expresa en la alocución cotidiana que dice que el oyente o el televidente ―es libre
de cambiar el dial o de canal‖. Las investigaciones contemporáneas no avalan esa creencia y si bien los
científicos sociales (sociólogos, psicólogos, economistas, historiadores), así como los filósofos no tienen una
posición uniforme sobre estas cuestiones, hay algunas afirmaciones que podemos hacer con cierto grado de
plausibilidad.
En primer lugar, no parece cierto que los seres humanos seamos ante todo individuos aislados, átomos
que más tarden se unen para constituir eso que solemos llamar ―sociedad‖. Antes bien, lo fundante es la
relación social y sólo en ella el sujeto individual se constituye como tal. Quiero decir, todo ser humano viene
a este mundo en una familia que está inserta en un complejo plexo de relaciones con otros familiares y no
familiares. Ese entramado relacional supone una historia y unos códigos culturales, que contemporáneamente
suelen ser caracterizados como ―orden simbólico‖. El orden simbólico implica normas, modos de hacer y no
hacer, códigos, costumbres, mitos, creencias, tipos de instituciones, entre otros aspectos de la cultura
humana. Cultura que se transforma históricamente y que es variada, diversa aun en un mismo momento
cronológico. Así un hombre del Amazonas, una mujer musulmana o una joven habitante de Buenos Aires
tienen por ejemplo, en un mismo tiempo cronológico, visiones y códigos diversos respecto de las relaciones
amorosas. Todas esas concepciones son producto de historias diversas, cada una de ellas sólo puede ser
entendida al interior de su cultura, ninguna puede ser juzgada con los parámetros de otra. Esto contraría la
idea de que habría países ―civilizados‖ o ―pueblos adelantados‖ en tanto otros serían ―retrasados‖ o
―bárbaros‖. La única barbarie consiste en imponer al otro nuestras propias normas culturales.
Este tipo de análisis que pone énfasis en el valor de cada cultura y que desecha cualquier visión lineal y
progresiva de la historia, si bien tiene antecedentes, cobró importancia a partir de mediados de siglo XX,
cuando una serie de pueblos se levantaban contra viejas opresiones coloniales y en el campo de la historia del
pensamiento cobraba relevancia una corriente denominada ―estructuralismo‖. Los representantes más
conocidos de tal postura han sido Claude Levi Strauss (1908- 2009) en antropología, Michel Foucault (1926-
1984) en filosofía, historia y sociología, Jacques Lacan (1901-1981) en psicoanálisis y Louis Althusser
(1918- 1990) en el marxismo. También han sostenido y sostienen parecidas importantes intelectuales
sociólogos y filósofos latinoamericanos actuales tales como el venezolano Edgardo Lander, el argentino
Enrique Dussel y el peruano Aníbal Quijano entre otros.
Pero bueno… decimos esto para tratar de introducir la idea sencillamente expresada por Joan Manuel
Serrat en una hermosa canción, en la cual se reconoce que venimos al mundo con una carga de lenguaje,
dioses y creencias que no hemos elegido, sino que sencillamente nos encontramos con ella. En otras
palabras: que somos a partir del conjunto de relaciones sociales en las que estamos insertos y que el mito de
Robinson Crusoe,1 esconde, entre otras cosas, el hecho de que el tal Robinson pudo sobrevivir en la isla pues
1
Robinson Crusoe es una novela del escritor inglés Daniel Defoe, publicada en 1719. Es una autobiografía ficticia del
protagonista, un náufrago inglés, que pasa veintiocho años en una remota isla tropical y logra sobrevivir. Robinson es un mito
de la modernidad liberal: se trata de la ficción de que la fortuna o reveses de un individuo dependen solo de su inteligencia y
esfuerzos personales.
4
llevaba tras de sí el bagaje de su propia cultura que había incorporado, se le había hecho carne, en prácticas
sociales. En ese sentido claramente podemos afirmar con buena parte de la sociología y el psicoanálisis
contemporáneo que la idea de ―individuo‖ es una abstracción. Pensar al individuo aislado es un modo de
separarlo de ese plexo de vínculos sin el cual no sería nada.
Un ejemplo sencillo podría iluminar la idea. Está probado que un bebé humano criado entre lobos
puede sobrevivir, pero jamás podrá caminar y mucho menos hablar. ¿Por qué? Sencillamente porque no ha
tenido un semejante humano con quien identificarse. Somos a partir de identificarnos con nuestros
semejantes y nos convertimos en seres humanos cuando introducidos en nuestra cultura, incorporamos sus
códigos fundamentales a partir de los cuales los otros se convierten en prójimos para nosotros.
Ahora bien, ¿qué se quiere decir cuando se afirma que los seres humanos emergemos de relaciones
sociales? ¿Qué significa ―relación social‖? Se trata de relaciones entre seres humanos y relaciones de los
seres humanos con las cosas, considerando que las relaciones de los hombres con las cosas están presentes,
median en las relaciones entre los hombres. Quiero decir con esto que una relación social es siempre una
articulación entre seres humanos, pero los humanos necesitamos para vivir, satisfacer una serie de
necesidades (beber, comer, dormir, abrigarse). Para satisfacer estas necesidades los humanos necesitamos de
las cosas (agua, arena, trigo, leche, algodón) de la naturaleza y del trabajo humano que las transforma y
permite, a través de su actividad colectiva construir bienes (dispositivos de riego, computadoras, alimentos
procesados, ropa) y todo aquello que sirve a las necesidades generadas a lo largo de la historia. No hay
humanidad sin cosas que obtenidas de la naturaleza hayan sido procesadas por el trabajo humano colectivo
en complejos y diversos modos de relacionarse para obtener aquello que se requiere para vivir. También
debemos reflexionar acerca de si acaso toda relación social no es una relación política, en el sentido de que
siempre implica una relación de fuerzas que no es necesariamente equilibrada sino despareja, asimétrica.
Así entonces, tenemos hasta aquí que somos seres en relación con otros y que esa relación con otros
está mediada por nuestro trato con las cosas. Que esas relaciones tienen una historia y una complejidad de la
cual no podemos tener jamás un conocimiento acabado y que sin embargo pesa en nosotros. Somos entonces
seres sociales que incorporan su cultura en prácticas que no son necesariamente armoniosas, sino que
suponen relaciones de poder, pero de las cuales y de cuya historia jamás tenemos plena conciencia. En esa
historia y en esas relaciones nos constituimos como individuos responsables, pero es necesario no perder de
vista que esa individuación se produce siempre desde ese complejo de relaciones sociales. El conocimiento
emerge en esas condiciones. El conocimiento humano supone así una enorme carga de desconocimiento que
pesa en cada acto de conocer.
Ahora bien, si el conocimiento es un emergente de prácticas sociales que tienen además una carga
histórica en la que está presente también un profundo proceso de desconocimiento, de aquí podemos inferir
que mucho de lo que hoy damos como conocimiento ―verdadero‖ o ―indubitable‖ no lo haya sido siempre.
Además permite pensar que hay diversas formas de conocimiento y que el conocimiento científico es sólo
una forma más, él tiene una larga historia, pero lo que actualmente entendemos por tal tienen menos de
quinientos años.
Es sobre algunos aspectos de la constitución histórica de esta forma de conocimiento sobre lo que
vamos a transitar en este texto.
Si partimos del supuesto de que todo conocimiento es emergente de prácticas sociales y si esas
prácticas varían históricamente, deberemos situarnos históricamente para comprender cómo se han
constituido algunas de las disciplinas que llamamos hoy ―ciencias‖. Evitaremos hablar de ―la ciencia‖ pues
ello nos instalaría de entrada en una visión unificante del problema. Y esa visión es engañosa, a juicio de
diversos historiadores de la ciencia y epistemólogos. Complejos son los meandros de la cultura humana. De
modo análogo, diversas son las formas de abordar eso que se llama ciencia o conocimiento científico. Ahora
bien, el problema es entonces: ¿cómo lo caracterizaremos?
Es un supuesto habitual, que es necesario partir de la definición de algo, para luego desplegar sus
partes a través de un análisis. Este modo de exposición parece engañoso dado que supone que las cosas
tienen un modo de ser estático: ignora que los fenómenos humanos, entre ellos el conocimiento científico, se
constituyen en la historia. Por otra parte, tal modo de exponer un problema hace que quien escribe brinde sin
aviso previo, su propia visión del problema y la imponga al lector. El pensamiento social y filosófico
contemporáneo ha sostenido, no sin fundamento, que es imposible escribir sin tomar posición alguna. Todo
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ser humano es alguien que está situado en el mundo y cuya razón tiene límites. De modo que es inevitable
escribir desde una posición tomada.
En este caso trataremos de desplegar las características del llamado conocimiento científico en la
modernidad abordándolo en varios niveles en cada capítulo: en primer lugar exponiendo algunas de sus
condiciones de posibilidad a nivel histórico, algo que algunos epistemólogos llaman ―historia externa de la
ciencia‖. En segundo lugar, expondremos algunos momentos fundantes en la constitución de las ciencias
modernas, algo que ha sido denominado la ―historia interna de la ciencia‖, luego trataremos de esbozar su
relación con la denominada ―historia externa‖ y por último esbozaremos algunas construcciones
metodológicas y epistemológicas2 emergentes de tal situación.
Para comenzar sólo diremos que eso que se llama ciencia en la modernidad es una forma de
conocimiento que tiene siempre un método, es decir un conjunto de reglas que tienen la misión de
fundamentar aquello que se dice. En la vida cotidiana–especialmente en los ámbitos televisivos– existe el
hábito de sostener o afirmar opiniones diversas sin necesidad de fundamentarlas o dando argumentaciones
que suelen ser psicológicamente convincentes, pero que a poco que se las analice no se sostienen. Así es
frecuente, en economía o en política, escuchar que un sujeto individual es caracterizado como la causa de
algunos o todos los problemas que nos afligen. ―La corrupción‖ (cual si ésta fuese un ser que camina entre
nosotros) suele también ser invocada también como causa de problemas sociales. Muy frecuentemente lo es
―la pobreza‖. Y sin embargo estas afirmaciones son engañosas ficciones, a veces inconscientes a veces no,
que congelan la compleja de red de procesos sociales; ficciones que obturan la posibilidad de leer esos
procesos y los cosifican. ―Cosificar‖ significa precisamente eso: transformar un entramado complejo de
relaciones que está en constante cambio, en una cosa o también decimos en una ―substancia‖. Cosificar o
substancializar los procesos es no apreciar las relaciones y congelarlas atribuyéndolas a un individuo, a un
ser fantasmal como la corrupción, o a un efecto de algo más complejo como la pobreza, etc.
El conocimiento científico en principio es una forma de conocer, entre otras, que debería fundamentar
sus afirmaciones y que debería evitar substancializar los procesos (esto no significa que siempre lo logre, las
condiciones de posibilidad del conocimiento humano son limitadas). Para ello debe utilizar un método. No
obstante, aun cuando esto es objeto de debates, en estos capítulos nos guiará la idea sustentada por
pensadores quienes a partir de una seria a lectura de la historia de las ciencias parecen demostrar que no hay
un único método.
Tampoco el conocimiento científico, en el sentido moderno del término, es un conocimiento verdadero
o indubitable, es sólo una forma de conocer que aspira a ser fundada a través de un método que puede ser
compartido por otros seres humanos que conozcan el método utilizado así como el significado del lenguaje
utilizado. En ese sentido, suele afirmarse que el conocimiento científico es público (Bunge, 1960), aunque
como veremos, esta última característica tiene sus limitaciones. El conocimiento científico es una forma de
conocer que sabe que tiene límites y que debe autocriticarse siempre, en ese sentido es un saber crítico (o
debiera serlo). ¿Pero por qué esa necesidad de fundamentación? ¿Por qué ese afán de autocrítica? Para
responder a estas preguntas debemos internarnos en algunas de las condiciones históricas que hicieron que
esta práctica social surgiera.

2
Suele entenderse por ―método‖ un conjunto de reglas que conforman el modo de acercarse al conocimiento de los objetos que
cada ciencia desea abordar (el cuerpo humano, los fenómenos, químicos o físicos, las relaciones sociales en un momento
histórico, etc). La palabra ―epistemología‖ alude a una disciplina filosófica que estudia el conocimiento científico y sus
métodos. Sobre estos términos volveremos, tratando de mostrar cómo ellos van surgiendo en la llamada modernidad, pues
entendemos que es imposible comprender un concepto si no se ve su construcción paulatina a través de la historia.
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Capítulo II.
El problema del conocimiento científico en tiempos del nacimiento de las Ciencias
Naturales en la época clásica.
1. La transición del feudalismo al capitalismo.
Las ciencias naturales, tal como hoy las conocemos, dan sus primeros pasos entre los siglos XVI y
XVII y sus exponentes más importantes son en ese momento la astronomía y la física, que alcanzarán su
madurez con la Mecánica Clásica de Isaac Newton (siglo XVIII). El período histórico en el cual surgen las
ciencias modernas, está caracterizado por la profunda modificación, que, en las relaciones sociales, produjo
la lenta transición del modo de producción feudal al modo de producción capitalista. Este fue un proceso
lento y contradictorio, pero subvirtió la totalidad de las relaciones sociales.
El proceso en que la astronomía, la óptica y la física modernas alcanzan su madurez, se da entonces
en la etapa durante la cual el sistema feudal se está desintegrando y al mismo tiempo, está emergiendo y
consolidándose el capital mercantil y manufacturero. Este proceso desembocará, a fines de siglo XVIII, a
partir de la revolución francesa y la revolución industrial, en el capitalismo industrial. Éste dio nacimiento a
la industria en gran escala, a la aplicación de las fuerzas naturales a propósitos de la producción industrial, a
la mecanización y a una más pormenorizada división del trabajo.
El proceso no fue lineal, no se dio de una vez y para siempre, tampoco se dio en todos los países al
mismo tiempo, ni con las mismas características. Suele mencionarse o nombrar a este proceso como la
―entrada en la modernidad‖ o ―la época clásica‖ moderna y suele caracterizarse a este tiempo como signado
por un profundo fenómeno de secularización. Suele también afirmarse que ella señala el momento en que el
hombre se libera de cadenas de opresión y entra en el sendero de la luz de la razón. Suele afirmarse, y no sin
fundamento, que la modernidad significó un profundo conocimiento del mundo natural y de ruptura con
viejas convicciones, quiebre que se expresa simbólicamente a menudo en el siglo XVII en la figura de
Renato Descartes (1596- 1650), un filósofo y matemático racionalista que habría colocado al yo pensante
(ego cogito) como fundamento del conocimiento, con independencia de cualquier criterio de autoridad.
Entonces el hombre, cuenta la leyenda, se hizo dueño de sí mismo, pensó por sí mismo más allá de cualquier
yugo religioso o de otra índole. Pero es necesario pensar que la modernidad comienza en 1492 y que el ego
cogito (yo pienso) pronunciado por un hombre europeo en el siglo XVII, hubiese sido imposible sin el ego
conquiro (yo conquisto) con el que las nacientes burguesías europeas se atribuyeron el derecho a apoderarse
del mundo (Dussel, 2000). Los actuales estudios post- coloniales afirman que sin la conquista de América,
África y países de Asia el capitalismo europeo no hubiese podido desarrollarse. En esa clave de pensamiento
se afirma hoy que eso que llamamos ―hombre‖ fue la representación que de sí mismos hacían los grupos
triunfantes en Europa. Que los rasgos de ese ―hombre‖ expresaban el modo en que los sectores hegemónicos
se veían a sí mismos y que a partir de esta fantasmagórica imagen intentaban (e intentan) domeñar cualquier
―insurrección de conducta‖ (Foucault, 2007).
Esto no pretende ser un discurso moralizante, sólo constata un hecho: el conocimiento filosófico y el
científico no son formas de conocer neutrales y avalorativas, ellas están profundamente imbricadas con las
luchas por el poder, esto es un dato de la historia. No supone un juicio moral sobre ningún individuo.
Simplemente se trata de acercarse a ver que la realidad es compleja. No significa renegar de la ciencia o de la
filosofía –ello sería tonto y disparatado y nos impediría por ejemplo concurrir al médico cuando estamos
enfermos– se trata simplemente de intentar mirar de frente a los procesos humanos. Porque las ciencias son
un producto del quehacer de la humanidad que a través de métodos refinados intenta conocer la naturaleza
para dominarla y conocer a los hombres para conducirlos. Aunque también las ciencias son modos de resistir
a formas diversas de dominación. Nada humano es definitivamente simple, bueno o malo, la ambigüedad y la
contradicción están en las entrañas de la historia humana.

7
Es en esa clave de análisis que planteamos que el magnífico desarrollo de las ciencias naturales y de la
técnica, durante los siglos XVI y XVII, estuvo en buena medida relacionado a la desintegración de la
economía feudal, al desarrollo del capital mercantil, a las relaciones marítimas internacionales, a las
conquistas de nuevos territorios, a la consolidación de los Estados Nacionales, a las luchas religiosas, a las
transformaciones culturales , a la guerra entre esos Estados, sí como a las necesidades de control social hacia
el interior de los mismos y a la conquista de colonias.
El proceso histórico que culminará con la revolución industrial, duró siglos y puede rastrearse
hasta la llamada "Edad Media"3 en la cual el modo de producción hegemónico era el feudal.

Momentos en la transición. Analizando el proceso de transición desde el modo de producción


feudal al capitalismo, se suelen establecer varios momentos, a través de los cuales se van consolidando
una serie de separaciones o rupturas.
El primer momento en la conformación del capitalismo consistió en la separación de la producción
respecto del intercambio y la consiguiente formación de una clase especial, los comerciantes. La
consecuencia de ello fue que las ciudades comenzaron a establecer relaciones entre sí. Surgió entonces la
necesidad de vías de comunicación seguras y medios de transporte adecuados. Se conformaron
asociaciones entre ciudades en las que cada una desarrolló una esfera especial de producción.
El segundo momento en el establecimiento de la economía capitalista se produjo al afianzarse el
capital mercantil y manufacturero. La emergencia de la manufactura, fue la inmediata consecuencia de la
división del trabajo entre el campo y las ciudades. Lo cual a su vez generó el establecimiento de
relaciones monetarias entre capitalistas y asalariados.
La revolución científica que ocurre entre los siglos XVI y XVIII y que culmina con el modelo
newtoniano, se produce, en medio de este proceso, en el segundo momento de la transición del
feudalismo al capitalismo, mencionado en el párrafo anterior. Por ello la comprensión de los problemas
de ese período, nos llevará de modo inevitable a los momentos anteriores.

El Feudalismo. El feudalismo fue un modo de producción dominado por la hegemonía de la tierra,


donde ni el trabajo ni los productos del trabajo eran mercancías4. El productor directo (campesino) estaba
unido a los medios de producción (tierra) de modo inmediato por una relación social específica: estaba
adscripto a la gleba (tierra); esto significaba que los siervos tenían una movilidad jurídicamente limitada.
Los campesinos no eran propietarios de la tierra. La propiedad de la misma estaba controlada por una
clase de señores feudales que extraían un plus producto del campesino por medio de relaciones de
compulsión político-legales. Esta coerción extraeconómica tomaba la forma de prestaciones de trabajo,
rentas en especie u obligaciones consuetudinarias hacia el señor. Lo característico era la fusión entre la
relación económica y la autoridad política.
Al mismo tiempo, los derechos del señor sobre la tierra eran sólo de grado, pues él debía prestar
servicios de caballería a un noble de mayor rango, quien le otorgaba la investidura de sus derechos. En
otras palabras recibía su tierra en calidad de feudo, a su vez el noble de mayor rango debía obligación de
vasallaje a un superior feudal y así hasta llegar al punto más alto: el monarca, en una cadena unida por los
servicios de guerra y la propiedad superpuesta de la tierra. De modo que la soberanía política no se
asentaba en un único centro. De ahí la existencia de tierras comunales y la división feudal de soberanías
con fronteras superpuestas. De este modo no había una división en clases, ni una forma homogénea de
propiedad, ni un sistema jurídico único. Todo esto emergerá con el capitalismo desarrollado.
La parcelación de soberanías produjo en Europa occidental el fenómeno de las ciudades
medievales que ejercían el comercio y la manufactura y gozaban de autonomía política, militar y

3
Hoy los historiadores, están dejando de darle el nombre de "Media", pues él mismo implicaba una subvaloración de tal
período histórico, en este texto se usará esa denominación sólo para evitar la discusión acerca del tema, que creemos que aquí
no es pertinente.
4
En este texto al mencionar el término ―mercancía‖ aludimos a bienes producidos con la finalidad exclusiva de ser
intercambiados por otros o por dinero en el mercado. En ese sentido no es lo mismo tejer una bufanda para uso personal, que
hacerlo a los efectos del intercambio en el mercado. En el primer caso no estamos ante una mercancía sino ante un bien de uso.
Sólo en el segundo estamos frente a una mercancía.
8
económica respecto de la nobleza y la iglesia. De esa manera, el modo de producción feudal estuvo
caracterizado por la oposición entre una economía urbana controlada por gremios y una rural controlada
por nobles y organizada en señoríos; durante el feudalismo, la preponderancia fue de la economía rural
(Anderson, 1990: 151).
Durante las primeras centurias del medioevo, no sólo las relaciones rurales sino también la
economía urbana estuvieron basadas en el consumo personal. La producción con propósitos de cambio
surgió mas tarde. De aquí las formas de producción autosubsistentes y estáticas y el aislamiento local
respecto del mundo externo. La conexión de los productores era puramente local: los estados feudales y
la comuna en el campo, las guildas (organizaciones de oficios) en las ciudades. El trabajo de la tierra y la
guerra eran las actividades principales. Pero en tanto el intercambio no era el objetivo principal de la
producción, no fue fuerte el impulso al desarrollo técnico aplicado a la agricultura o las
comunicaciones.

Las ciudades medievales. El siglo XI, marca el momento de surgimiento de las ciudades. El
éxodo rural, el desarrollo demográfico, la activación del comercio, coadyuvaron a ello. Ellas fueron
pobladas por hombres que habían dejado de ser siervos y se acogieron a la ciudad, al burgo, por ello
fueron llamados "burgueses". En las ciudades se fueron adquiriendo lentamente libertades de
movimiento, de matrimonio y de comercio. Se desarrollaron actividades nuevas como el comercio,
servicios y profesiones. El régimen de libertades posibilitó el uso de las propias capacidades para
desarrollar la riqueza dineraria y no la riqueza en términos de la posesión de la tierra, como era
característico de los señores feudales. Las ciudades crecieron sostenidamente hasta el siglo XIV y luego
la mayoría declinó. En esa primera etapa el mundo burgués no cubría grandes áreas. Era un mundo rural
con ciudades que se comunicaban entre sí.
La revolución burguesa operada desde las ciudades del mundo feudal, generó la emergencia de
un capital mercantil basado en la acumulación de dinero como producto del intercambio de mercancías
por el comercio. Mientras duró el proceso expansivo hasta las primeras décadas del siglo XIV, una
incontenible movilidad social fue su principal característica. El ciclo de la producción encontró un
complemento cada vez más importante en el de la distribución y este último comenzó a desarrollarse
desmesuradamente. En relación con ello, aumentó el consumo. Paralelamente fueron surgiendo
necesidades de desarrollo de las comunicaciones, como así también de minerales para la acuñación de
moneda.
Dos siglos duró esta euforia, al comenzar el siglo XIV hubo signos de una contracción económica.
Guerras y rebeliones fueron moneda corriente en esos días. Hacia mediados de siglo XV comenzó
lentamente una nueva etapa de expansión, y en esa atmósfera reverdecieron las burguesías con poder
suficiente para instalarse en la esfera de los Estados territoriales, colaborar en el fortalecimiento de las
monarquías y promover la expansión oceánica hacia la búsqueda de territorios para colonizar. El ego
conquiro (el yo que conquista o centra su identidad en el orgullo de conquistar basado en la violencia),
hizo sentir su mano (Dussel, 2000). Esto comenzó a plantear problemas técnicos vinculados a la
navegación tales como la seguridad de los buques, el conocimiento de las mareas y la elaboración de
cartas oceánicas que garantizasen viajes seguros.
El fenómeno más significativo de la época de contracción económica, que empezó a comienzos
del XIV y hasta la 1ª mitad del XV, fue la intensa agitación que sacudió a las ciudades. Es lo que Michel
Foucault (1926-1984) ha llamado ―insurrecciones de conducta‖ (2007). La lucha fue por la
supervivencia. Pero también por el ascenso social y económico. Con ello, el problema del gobierno de los
hombres y el de la legitimidad del poder comenzó a ser objeto de las reflexiones. Los trabajos de Nicolás
Maquiavelo (1469-1527), particularmente El Príncipe (Maquiavelo, 1513) pertenecen a este período.
Tal vez podríamos pensar que con Maquiavelo nace la moderna Ciencia Política, aunque aún su
mirada acerca de los problemas del gobierno de los hombres se centra más en la posesión de territorios
por parte del príncipe, que en el control exhaustivo de las poblaciones que habitan tales territorios
(Foucault, 1981). La suya es aún en buena medida la lógica de la guerra de los señores feudales: la
violencia directa extraeconómica ejercida sobre los que se rebelan; por el contrario, el problema del poder
en la modernidad se centrará crecientemente en el control de los sujetos a través de la sujeción económica
9
y la persuasión ideológica, con ello, a partir del siglo XVIII y fundamentalmente desde el XIX, se
constituirán, como veremos, las condiciones de posibilidad para la emergencia de las ciencias sociales.
Cuando en la segunda mitad del siglo XV comenzó una nueva etapa de expansión económica, un
nuevo sector social, el patriciado (burgueses adinerados), ya había consolidado su posición y había
impuesto límites precisos a la movilidad social. La experiencia urbana nutrió el nacimiento y
ordenamiento del primitivo Estado moderno, en medio de un proceso, en el cual la estructura social se
transformaba.

El mundo feudoburgués: su estructura estamentaria. A pesar de todo, este proceso de


transformación, en Europa occidental el sistema feudal siguió siendo el elemento organizativo
fundamental de la sociedad agraria, aunque con innovaciones. En el curso de los siglos XV, XVI y XVII
no se disolvió la sociedad feudal, sino que se organizó estamentalmente, fue reglamentada y ordenada por
el nuevo sistema de poder y por el capitalismo naciente; se modificó el diagrama de poder que la
organizaba al mismo tiempo que los intereses económicos atenuaron las dependencias feudales y
generaron el mercado mundial. Pero la disolución definitiva del orden feudal sólo será posible al surgir
una sociedad pacificada con ayuda del poder Estatal y ello ocurrirá definitivamente recién luego de la
revolución inglesa (1648- 1688) y de la francesa de 1789 (Hobsbwaum, 1991).
Testigos de la época, advirtieron en la primera mitad del siglo XV los cambios que se habían
producido en las actitudes de los grupos sociales. Especialmente en las áreas urbanas, la sociedad adquirió un
aire abigarrado. Se trataba de la sociedad feudoburguesa (Romero, 1980). La sociedad, tal como se
constituyó a fines del siglo XV y comienzos del XVI, era una sociedad estamental. Su rígida división en
estratos sociales era producto de la diferenciación social, resultado del naciente Estado y la economía de
mercado que se desarrollaba y que por vez primera adjudicó a cada estamento un papel definido. Se
constituyó una neta separación entre los estamentos de campesinos, burgueses y nobles que se
consideraban estratos sociales con rasgos culturales propios y hereditarios.
La revolución desencadenada por las nuevas burguesías había logrado constituir y consolidar ciertos
grupos sociales llamados 'estamentos'. Ciertamente, los nuevos estratos sociales se diferenciaban y se
multiplicaban; pero no suprimían a los antiguos. De manera un tanto esquemática, los principales estamentos
sociales eran la vieja nobleza, la nueva nobleza (hombres de bajo linaje que por su capacidad, por su
astucia o por protección real alcanzaban grandes dignidades, mercenarios de guerra recompensados por
sus servicios con mercedes, personas de oscuro origen que habían tenido éxito en la carrera eclesiástica);
el Patriciado (burgueses de gran fortuna, pero a menudo de origen plebeyo); los estamentos urbanos
dependientes (los oficios organizados: tejedores, orfebres, carniceros, constructores navales, tintoreros; a
ese mismo nivel social pertenecían los medianos y pequeños comerciantes; también las profesiones
liberales de médicos y boticarios, notarios y abogados formaban parte de este grupo social, así como los
párrocos, los monjes mendicantes y los funcionarios públicos); en un nivel más bajo, los que trabajaban
como dependientes, los compañeros y los aprendices y finalmente los pobres y vagabundos (abundaban
en las ciudades, víctimas de expropiaciones masivas de tierras feudales, de hambrunas y epidemias).
Durante el período de la contracción del siglo XIV, la sociedad puso límite a su movilidad. Del
patriciado urbano, nacen las burguesías de las florecientes monarquías territoriales. Pero los mercados
existentes no fueron suficientes para la capacidad expansiva de las nuevas burguesías. Entonces
comenzó, la expansión colonial, particularmente a partir del siglo XV. La industria de guerra, la minería y
la navegación, fueron sus consecuencias.
En este contexto los modelos de pensamiento medievales, ligados a la Física, la Metafísica y la
Política desarrolladas por Aristóteles (384- 322 a.C.) en la antigüedad y continuados por diversos autores
en el medioevo, resultaron insuficientes. Por otra parte, el sistema filosófico y religioso que avalaba las
prohibiciones legales de la práctica de la usura y condenaba el atesoramiento de riquezas dejó también de
ser adecuado a los nuevos tiempos. La antigua idea, común a la astronomía de Aristóteles y al
pensamiento cristiano, según la cual los procesos en la naturaleza ocurren porque ellos cumplen una
finalidad determinada (visión ―finalista‖, también denominada ―teleológica‖ de la naturaleza), comenzó a
entrar en crisis, si bien sobrevivió mucho tiempo. Si los entes naturales tienen un fin predeterminado y
más aún, si ese fin depende en última instancia de un designio trascendente, la apropiación y dominio de
10
la naturaleza en beneficio propio no se justifica. Al mismo tiempo la visión finalista o teleológica de la
naturaleza no permitía explicar adecuadamente la caída de un cuerpo o el curso de un proyectil y estos
fenómenos debían ser conocidos para dominar al adversario en la batalla por el lucro.

El desarrollo de la economía urbana. En la creciente economía de mercado, las ciudades


desempeñaron un papel primordial, ellas fueron los núcleos de la red. El proceso de expansión se
desarrolló entre el siglo XI y el XIII, entonces el ciclo económico llegó a un límite infranqueable
establecido por la relación entre la producción, la distribución y el consumo, fases cuya mecánica era
ignorada por la ciencia de la época y que recién comenzarían a ser exploradas en el siglo XVIII, entre
otros por Adam Smith (1723-1790) –uno de los fundadores de la Economía Política como ciencia en la
modernidad–, quien partiría precisamente del modelo de la mecánica newtoniana en su consideración de
las relaciones sociales.
A partir del comienzo del XIV, las economías urbanas acusaron los primeros signos de contracción,
las causas de la misma radicaron en factores económicos y extra-económicos.5 El hambre y las
enfermedades crecieron. Se dislocó la vida urbana, se produjo la escasez de todos los productos,
especialmente de alimentos, se despoblaron los campos y empequeñecieron las ciudades. La contracción
favoreció la concentración de la riqueza en los sectores altos. Los jefes de bandas armadas se beneficiaron
con saqueos, los proveedores de ejércitos y allegados al poder con negocios ilícitos.
La concentración dio al patriciado un sólido poder de compra que llegó a artículos suntuarios y todo
lo que permitiese alardear de poder y riquezas. La producción artesanal debió responder a las exigencias del
nuevo boato. Asimismo creció la demanda de construcciones y en ellas floreció el diseño arquitectónico con
el consecuente desarrollo de técnicas como la perspectiva.
En el siglo XIV, comienza a establecerse en los países del Mediterráneo la producción capitalista.
No obstante ésta se afianza recién en el siglo XVI, particularmente en Inglaterra, país que realizará en primer
término y un siglo antes que Francia, su revolución burguesa. El desarrollo del comercio y la demanda de
bienes suntuarios habían impulsado la manufactura, particularmente la textil, como consecuencia de ello en
el siglo XVI aumenta el precio de la lana. El aumento de los precios textiles impulsó a los señores feudales,
particularmente en Inglaterra, a expulsar a los campesinos de los territorios feudales y a usurpar las tierras
comunales, a fin de transformar las tierras de labor agrícola en pastura de ovejas. Ello generó un proceso de
desplazamiento de grandes masas de campesinos hacia las ciudades, muchos de los cuales se transformaron
en vagabundos desocupados, con el consiguiente auge de conflictos sociales (Marx, 1988: 891/931). El
proceso se dio también en otros países como Francia, aunque tuvo características diferentes, allí fue el
endeudamiento y no la expulsión violenta, lo que arrojó a miles de campesinos a las ciudades en busca de
trabajo en las manufacturas aunque no alcanzaban para contenerlos.
Las pinturas de Peter Brueghel el Viejo y de Hieronymus Bosch (El Bosco) han dejado un tremendo
y bello testimonio de un período en el que un mundo moría y otro nacía. Momento en el que diversas
creencias se entremezclaban: magia, alquimia, nueva ciencia, cálculo, fe, hambrunas, violencia, deseo de
poder, rebeliones. Mundo en el que las palabras de la magia y la alquimia se confundían con el orden de
las cosas. Mundo en el que también el cálculo interesado hacía nacer la contabilidad como técnica y el
conocimiento comenzaba a constituirse como una ―mera representación‖del mundo real. No obstante,
para las mayorías aún se trataba de un mundo poblado de dioses, duendes, demonios, brujas y hadas. Un
mundo y una materia animados en el que lo mineral, lo vegetal, lo animal, lo humano y lo demoníaco se
confunden. Un territorio encantado en el que las palabras y las cosas estaban en una íntima comunicación,
tanto que pronunciar una palabra era actuar sobre las cosas (esto es precisamente el mundo de la magia).
Así, hacia el siglo XVI, la existencia de una fuerte concentración de la riqueza acompañada de una
creciente mano de obra barata excedente de la actividad agrícola, impulsó más aún el incipiente desarrollo de
la manufactura. La misma se vio estimulada por las demandas provenientes de los sectores de mayores
ingresos. El intento de diferenciación social y el aumento de la demanda fueron fenómenos

5
- Con ella se relacionan muchas obras posteriores que giran en torno del triunfo de la muerte, el juicio final y la danza macabra. El
tema literario quizás más antiguo, pero adquiere un nuevo tono en esos años(S.M.)

11
interdependientes. En primer lugar tuvo importancia el auge de la construcción ocasionada por la
urbanización en relación al crecimiento de ciudades como Londres, Madrid y Ámsterdam. La indumentaria
también fomentó la industria, surgieron empresas del lino, el estambre y la seda. Otra novedad fue la
industria del armamento, como consecuencia de los nuevos planteamientos estratégicos del siglo XVI. Las
nuevas tácticas de guerra demandaban gran cantidad de armas de fuego y cañones. Surgen numerosas
fortificaciones que fueron las empresas más costosas de los siglos XVI y XVII. El comercio de ultramar hizo
crecer la demanda de productos industriales a cambio de oro y plata, provenientes de América, lo cual gestó
en el siglo XVI un incipiente mercado mundial, necesitado de buenas formas de comunicación y una minería
desarrollada.
Se trató de un proceso en el que se constituyó el deseo de riqueza individual como un signo de
superioridad. El movimiento de los llamados ―Humanistas‖ del Renacimiento se caracterizó, entre otras
cosas, porque criticó esa nueva actitud ante la vida, que ocupaba a algunos sectores sociales en el amor del
vil dinero; el Humanismo renacentista sostuvo una fuerte crítica a ese nuevo orden social en el que algunos
grupos para conseguir dinero empleaban los medios más infames. Así aparece expresado por ejemplo en
Elogio de la locura de Erasmo de Rótterdam (166/69- 1536).
Pero en esa carrera tras el lucro, que permitió la expansión del mercado, la contracción económica
forzó la tendencia a regularlo por medio del poder político o de las fuerzas económicas organizadas
políticamente. El mercado había descubierto la ley de la oferta y la demanda y la controló políticamente. En
muchas ciudades se establecieron medidas para resolver los problemas económicos y sociales. Se pretendió
regular las modalidades de la producción: la compraventa, los salarios, la habilitación de ferias, la exactitud
de pesas y medidas. Se reguló el trabajo, de modo que en los gremios cada vez era más difícil acceder a una
maestría y a la producción de una obra maestra. La consecuencia de todo ello fueron las reacciones violentas,
huelgas y motines. Los sectores dominantes experimentaron de modo creciente, la necesidad de ejercitar un
control social efectivo que asegurara una mayor regularidad a los negocios, en relación a ello vio la luz la
moderna ciencia política que por entonces se denominó “Filosofía”, pero que en autores como Thomas
Hobbes (1588-1679), autor de Leviatán(1651) donde evidencia la preocupación por la organización del
Estado y el ―disciplinamiento del egoísmo‖ con el fin de que la industria y la propiedad prosperen en paz.
Por otra parte, la organización del poder político garantizó la realización de obras de infraestructura y
la constitución de fuerzas armadas que garantizaran el control de los mercados y de los medios de
comunicación que crecían. Se constituyeron circuitos regulares que integraban zonas de economía
complementaria. Todo ello demandó la construcción de caminos seguros por tierra y medios de navegación
más rápidos por agua.
Tratados y acuerdos entre Estados podían favorecer los negocios. No obstante, a menudo la
competencia económica se resolvía por guerra. La actividad bélica fue moneda corriente. Ella aseguró el
dominio de territorios y la hegemonía en el comercio.
En relación a todo ello la organización paulatina de Estados territoriales favoreció el desarrollo
económico. Del mercado urbano se pasó poco a poco a un mercado nacional.
Cuando la concentración de capitales y el crecimiento de su volumen lo sugirieron, apareció el
designio de explorar nuevas rutas. Ello llevó a la constitución de los grandes imperios coloniales, que
establecieron áreas políticas que eran también económicas.
Los mecanismos financieros utilizados en todo este proceso, fueron obscuros durante mucho tiempo.
Los hombres dedicados a las finanzas databan del último tercio del siglo XIII, ellos operaban acompañando
el comercio internacional y se apoyaban en el poder político para facilitar sus negocios. De ese modo
financiaron a reyes y señores, pero también hicieron operaciones de crédito comercial e industrial. En el
siglo XV se inicia una nueva etapa, en la que los mecanismos del crédito comenzaron a ser conocidos.
Instrumento de la intercomunicación del mercado fue la moneda. Las ciudades más ricas habían
comenzado a acuñar monedas de oro durante el XIII. Pero a medida que se acentuaba la reactivación
económica se vio que el volumen de oro era exiguo con respecto al comercio internacional. Fue el
descubrimiento de las riquezas metalíferas de América lo que cambió la estructura financiera de Europa al
comienzo del XVI.
Correlativamente a todo ese proceso se fue perfilando desde fines del siglo XIV una actitud cada vez
más diferenciada de la que era tradicional en la economía señorial. En tanto que en ésta, era el sistema
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productivo el que impregnaba la estructura social, la nueva economía se organizó sobre la intermediación
montada sobre una creciente concentración de riquezas en manos de quienes manejaban el comercio y el
crédito. La posesión de la tierra siguió siendo decisiva, pero al mismo tiempo surgió otro elemento que
revolucionó la estructura tradicional: el dinero, que poco a poco se constituyó como capital.
En la medida en que el mercado urbano transcendió las fronteras locales, advirtió que debía aceptar
la tutela del poder político y comenzó a negociar con él. Así se fue configurando la política económica del
mercantilismo: proteccionista, monopolista y programada desde el Estado.

El nacimiento del Estado moderno. El proceso de transformación social, de feudal a capitalista, se


comenzó a hacer patente en el siglo XVI. En ese momento empiezan a constituirse los Estados territoriales
centralizados que durante largo tiempo aún tuvieron fronteras cambiantes (Van Dulmen, 1984: 154).
El primitivo Estado moderno se desarrolló a partir del sistema político de la sociedad de la Alta Edad
Media, fue un producto de la organización de las prácticas feudales. Pero su emergencia tiene que ver con
una constelación de problemas sociales. Este cúmulo de problemas estuvo relacionado con la diferenciación
social, tal como antes se ha descripto, así como con su polarización y con la necesidad creciente de obtener
poder en los mercados internacionales.
El Estado, con su nueva organización administrativa, fue una respuesta a nuevas situaciones
conflictivas del siglo XVI, que por un lado se debían al aumento demográfico y las subas de precios y por
otro a las luchas económicas, religiosas y sociales, tanto de los campesinos, como de los burgueses y nobles.
La Reforma protestante y la Contrarreforma católica deben ser comprendidas en este complejo entramado en
el que un mundo está desapareciendo y otro se está construyendo. Las luchas religiosas, no fueron
―exclusivamente religiosas‖ sino que expresaban diferencias culturales, económicas y políticas. Las leyendas
que habla de los horrores de la Inquisición frente a la benevolencia de las religiones protestantes, son
leyendas establecidas por el vencedor. El período está atravesado por luchas sin piedad, en la que el Otro, el
diferente puede y debe ser aniquilado.
Si Giordano Bruno (1548-1600) o Galileo Galilei (1564- 1642) fueron perseguidos y el primero
muerto en la hoguera, merced a las acciones de la Inquisición; Miguel Servet (1511-1553) murió también en
la hoguera víctima de las persecuciones de los calvinistas. Los historiadores actuales muestran que en el
período murieron más mujeres acusadas de brujería en los países protestantes (los que avanzaban más
rápidamente hacia el capitalismo) que los muertos por la Inquisición en países católicos (Van Dulmen, 1984).
Se trataba en su mayoría de mujeres campesinas que habían perdido a su tierra y cuyos maridos habían
emigrado a las ciudades en busca de trabajo. Pero aquí no se intenta hablar de números, ni de justificaciones,
sólo se trata de pensar que se está produciendo una profunda mutación histórica y que en ese
resquebrajamiento del viejo orden, la violencia estuvo a la orden día y que en todo caso la ley vino a
sancionar el derecho de los vencedores.
Finalmente, el Estado fue una respuesta al incremento de la complejidad social, razón por la que él
mismo absorbió cada vez mayor cantidad de funciones que tenían que ver no sólo con la economía, sino
también con la guerra, la administración y la moral del país. Las funciones básicas del primitivo Estado
fueron la de guerra y paz, justicia y economía.
Este Estado significó:
a) el paso de las soberanías tradicionales más abiertas y divididas, características del feudalismo,
a un Estado territorial cerrado;
b) el desarrollo de una organización central de gobierno y la administración integrada con
funcionarios con formación jurídica;
c) la implantación de un sistema tributario extendido a todo el territorio que abarcó por primera
vez a todos los súbditos, sometiéndolos a un poder central. Fueron características del primitivo Estado
moderno, que se configuró a partir del Siglo XVI, la centralización de la administración y las finanzas, el
control social de los súbditos, y la monopolización de los poderes legítimos.
En ese período, la soberanía estatal cobra por primera vez una fuerza dinámica propia en la historia
europea. Ese Estado requirió, a la par que la legitimación religiosa tradicional, una legitimación laica: la
nueva teoría política de la soberanía, la cual justificó su desarrollo hacia adentro y hacia afuera. La teoría
política de Thomas Hobbes en Inglaterra o de Jean Bodino (1529/30-1596) en Francia fueron expresión de
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ello, en la misma el mecanicismo de Galileo (que más adelante expondremos) es un modelo teórico que se
transfiere a la explicación de lo político-social.
Una de las vías, aunque no la única forma que adoptó el primitivo Estado moderno, fue la vía
absolutista, que no se dio sin resistencia popular. Los movimientos de oposición, fueron constitutivos de la
gestación del Estado moderno; forman parte de su genealogía la protesta generalizada por causas y objetivos
diversos. Todas las protestas se dieron en general contra la presión de un sistema centralista, que ponía en
peligro la autonomía de poder de los antiguos estamentos y condiciones de vida del pueblo. Si bien es cierto
que su política favorecía también a algunos de esos estamentos.
Según las interpretaciones más actuales, el absolutismo habría sido esencialmente: un aparato
reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su
posición social tradicional. El Estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesía ni,
un mero instrumento de la naciente burguesía contra la aristocracia: fue el nuevo caparazón político de la
nobleza amenazada por el campesinado rebelde y los intereses de las nacientes burguesías (Althusser,
1968:97).
La transición del feudalismo al capitalismo, trajo aparejado como se ha apuntado arriba, conflictos
sociales y políticos de todo tipo, fuerte movilidad social y expropiaciones masivas de tierras. Asimismo
generó la necesidad de organizar la administración, las fuerzas armadas y la economía a partir de las
necesidades del mercado. El poder de clase de los señores quedó a menudo amenazado. El resultado fue un
desplazamiento de la coerción política en un sentido ascendente hacia una cima centralizada y militarizada:
el Estado absolutista. La coerción diluida en el plano de la aldea se concentró en el plano nacional. Se
constituye así un aparato reforzado de poder real, cuya función política permanente fue la represión de las
masas campesinas y plebeyas, una organización capaz de destruir y disciplinar a individuos y grupos dentro
de la misma nobleza.
Con el desarrollo de las relaciones mercantiles, la disolución de los lazos primarios entre
explotación económica y coerción político-legal, propias del feudalismo, condujo no sólo a una creciente
proyección de la coerción sobre la cúspide de la monarquía, sino también a un fortalecimiento compensatorio
de los títulos de propiedad que garantizaban aquella explotación. Los miembros individuales de la clase
aristocrática, que perdieron progresivamente los derechos políticos, registraron avances en la propiedad. Los
Estados del Renacimiento fueron ante todo instrumentos modernizados para el mantenimiento del dominio
nobiliario sobre las masas rurales.
Es significativo, que entre 1450 y 1500, cuando surgen las primeras monarquías absolutas, fueran los
años en que se superó la crisis larga de la economía feudal gracias a una nueva combinación de los factores
de producción, entre los que por primera vez jugaron un papel central los avances técnicos específicamente
urbanos: el proceso seiger para separa la plata del cobre, que permitió quintuplicar la producción monetaria
de Europa entre 1460 y 1530; el desarrollo de los cañones de bronce, que redujo a un anacronismo a los
castillos; la imprenta y los galeones de tres mástiles.
Ésta es la época en que en un país tras otro aparece la unidad política y la autoridad: Luis XI en
Francia, los reyes Católicos en España, Enrique VII en Inglaterra y Maximiliano en Austria.

Inmensamente engrandecido y reorganizado, el Estado feudal del absolutismo estuvo, a


pesar de todo, constante y profundamente sobredeterminado por el crecimiento del capitalismo
en el seno de las formaciones sociales mixtas del primer período moderno. Estas formaciones
eran, una combinación de diferentes modos de producción bajo el dominio de uno de ellos: el
feudalismo. (Anderson, 1990: 35)

La aparente paradoja del absolutismo en occidente fue que representaba fundamentalmente un aparato
de protección de la propiedad y los privilegios aristocráticos, pero podía asegurar simultáneamente los
intereses básicos de las nacientes clases mercantil y manufacturera.
Si la dominación del Estado absolutista representó la dominación de la nobleza feudal en la época de
transición al capitalismo, el final del estado absolutista señala la crisis de poder de esa clase y la llegada de
las revoluciones burguesas con la consecuente aparición del Estado capitalista.

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Los hitos que señalan el establecimiento del capitalismo, son, en términos del historiador Eric
Hobsbwaum, tres: la revolución inglesa, la revolución francesa y la revolución industrial. La revolución
inglesa y francesa significaron el fin de la hegemonía política de la nobleza y la caída por ende del Estado
absoluto; la revolución industrial significó el surgimiento de la producción en base a la máquina de vapor lo
cual implicó el trastrocamiento de las relaciones sociales de producción. Algunos pensadores
latinoamericanos colocan como primer paso de la consolidación del capitalismo a la llegada de los españoles
a América en 1492 (Lander: 2000)
La revolución de 1648 y la de 1789, no fueron inglesa o francesa, ellas fueron esencialmente
europeas. Ellas indican una nueva estructura política en Europa. Revelan la victoria de la burguesía y este
proceso implica el advenimiento de un nuevo régimen social: la abolición de los derechos feudales de
propiedad, el triunfo de la nación sobre el provincialismo, de la competencia sobre las corporaciones, la
división de la propiedad sobre la primogenitura, la libre circulación de mano de obra frente a las sujeciones
feudales.
La revolución inglesa de 1649-1688 dio poder a los financistas que habían surgido de los
comerciantes y terratenientes. Ella significó la destrucción definitiva del sistema feudal en el campo.
La Bill of rights (Carta de Derechos o Declaración de Derechos) establecida en Inglaterra 1689
señala el fin de la revolución inglesa y con ella el fin del absolutismo en Inglaterra. La Bill of rights es de
esencia contractual y se mantuvo hasta 1832, ella fue considerada como una ley fundamental de la
constitución acumulativa de Inglaterra. En ella se fortalecía el parlamento frente al peligro de pretensiones
absolutistas por parte de los monarcas. Se la suele considerar uno de los antecedentes de las modernas
declaraciones de Derechos. Eso equivalía a rechazar una monarquía de derecho divino, liberada de todo
impedimento institucional. La fórmula fue contractual, pues el pueblo quedaba en libertad de rebelión en
caso de que el parlamento fuese avasallado.
En 1689, Isaac Newton (1642-1727), como miembro del parlamento de la Convención, prestó
juramento de lealtad ante el rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, Guillermo III de Orange (1650-1702). En
ese juramento evocaba un estatuto del siglo XIV y sometía su obediencia a la "ley del país". Decía: "si la
lealtad y la fe fuesen más allá de lo que la ley exige, juraríamos en forma de esclavos, el rey (sería) absoluto.
Y esto es incompatible con el juramento de «hombres libres» de acuerdo con la ley". 6

2. La revolución científica.
Todo lo arriba expuesto, se vincula con algunos problemas que debió afrontar el modelo de ciencia
hasta entonces dominante. Llamaremos, siguiendo a Tomas Kuhn (1922-1996), ―paradigma científico‖ a un
cierto modelo de hacer ciencia que supone tanto conocimientos teóricos como métodos para ponerlos a
prueba y también supuestos metafísicos implícitos en ellos. Así entonces, diremos que en el siglo XVI
comienza a desarrollarse un paradigma científico que tiene a uno de sus primeros expositores en Johannes
Kepler (1571-1630) y que alcanzará su madurez con Isaac Newton (1643- 1727). Siendo uno de sus
exponentes más brillantes Galileo Galilei (1564- 1642).
Cosmología aristotélica.
Este nuevo paradigma venía a resolver los nuevos problemas técnicos que el modelo aristotélico del
mundo no podía ya solucionar. Aristóteles (384- 322 a.C.) había concebido en la antigüedad –visión que se
mantuvo con algunas modificaciones hasta los siglos XVI y XVII – el concepto de que el universo era finito
y circular, la tierra estaba en el centro de él, era redonda e inmóvil. A este modelo del cosmos se lo denomina
―geocéntrico‖. La tierra estaba conformada por cuatro elementos fundamentales, indivisibles: agua, aire,
tierra y fuego (esta idea sólo será desmedida empíricamente por la química de Lavoisier en el siglo XVIII,
cuando descubra que el agua puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno, con ello Lavoisier da origen a la
química moderna). El mundo terráqueo fue llamado por Aristóteles ―sublunar‖ y en él se produciría la
corrupción de los cuerpos debido a los cuatro elementos que lo conformaban. El movimiento en la Tierra se
produciría porque las cosas ―buscan su lugar natural‖ (por ello los gases ascenderían y los sólidos caerían).
Alrededor de la tierra giraban según la visión aristotélica –completada y corregida entre otros por Ptolomeo

6
citado por Barudio, 1989: p. 341.

15
(85- 165 o 100- 170 según diversas fuentes) – la luna, los planetas conocidos entonces y el sol, hasta llegar a
un cielo de estrellas fijas, que no son sino las estrellas cuyos movimientos, por su lejanía respecto de la tierra,
no pueden advertirse a simple vista estando en puntos diversos respecto de la tierra en distintos momentos
del año. Todos los cuerpos celestes girarían en torno de la tierra de manera circular y con movimiento
uniforme, por ser el círculo representación de la perfección y según Aristóteles el movimiento perfecto es
que gobernaría el cosmos. Todo en el universo ocurriría teniendo una finalidad, como si un ser inteligente lo
hubiese programado, este concepto se denomina ―teleología‖. Los cuerpos celestes estaban conformados por
éter, una substancia que no se degradaba a diferencia de los elementos que conforman a la tierra.

Ya desde la antigüedad, diverso tipo de observaciones planteaban dudas respecto de la circularidad del
movimiento planetario. Pero tal movimiento fue sostenido mediante una corrección del modelo introducida
por Apolunio de Perge a finales del siglo tercero a.C., basándose en la teoría geocéntrica del astrónomo
Claudio Ptolomeo con la idea de ―epiciclo‖.
Los epiciclos

Según esa versión del sistema planetario, cada planeta se mueve sobre el epiciclo (la línea de puntos
pequeña en el gráfico), que a su vez se mueve sobre el deferente (la línea de puntos grande en el gráfico).
El centro del deferente es X, pero el movimiento angular del epiciclo es uniforme sólo respecto al punto ·
16
que es el equante. De modo que según esta corrección se mantenía el concepto de movimiento circular
perfecto y se justificaba porqué algunas observaciones hacían creer que el mismo no tenía esas
características. Esto es lo que en la historia de la ciencia se conoce como ―hipótesis ad hoc‖: cuando una
teoría plantea problemas que no puede resolver y puede ser refutada, suelen elaborarse hipótesis al sólo
efecto de salvarla. La hipótesis de los epiciclos fue una hipótesis ad hoc destinada a salvar la idea de
movimiento circular, supuesto básico de la visión aristotélica del mundo. Concepto ligado, como puede
analizarse, no a mediciones rigurosas, sino a supuestos metafísicos ligados a la cultura griega y medieval:
el círculo es expresión de la perfección y los astros son expresión de la misma, ellos y sus movimientos
no tienen manchas ni carencias.

Se inicia una revolución científica. Hacia el siglo XVI ya esas visiones del universo resultaron
fallidas, debido precisamente a las necesidades planteadas por la guerra, la navegación, las construcciones
y todos los problemas concretos que hemos revisado brevemente en el apartado anterior.
Fundamentalmente tres de sus núcleos centrales cayeron estrepitosamente: En primer lugar Giordano
Bruno afirmó la infinitud del universo; en segundo lugar Copérnico dedujo que la tierra giraba alrededor
del sol y no a la inversa; en tercer lugar Johannes Kepler demostró basándose en observaciones muy
rigurosas realizadas por el astrónomo Tycho Brahe (1546-1601) que el movimiento planetario era elíptico
y no circular y que el sol no se encontraba en el centro de manera equidistante de las órbitas, sino en un
foco.

El sistema solar según Tycho Brahe

Caían de este modo los tres grandes conceptos que habían sido aceptados durante siglos en Europa: la
finitud y esfericidad del universo, la centralidad de la tierra y la perfección manifestada en el cosmos por la
presunta circularidad de las órbitas planetarias. Con ello el hombre había dejado de ser el centro del universo,
para transformarse en una brizna de polvo perdida en la infinitud. Con ello las afirmaciones sostenidas bajo
el criterio de autoridad de Aristóteles y avaladas por el Papa y la Biblia se desgarraban al mismo tiempo que
la vieja estructura social.
Lo que es preciso saber es que estos astrónomos eran creyentes y alquimistas, aun cuando no acordasen
con las creencias teológicas establecidas. Tal el caso de Kepler o el de Newton. Sería un error pensar que
llegaron a estos descubrimientos únicamente guiados por un riguroso método empírico y racional. Así la
centralidad del sol está ligada a creencias alquimistas y de la magia erudita, muy frecuente en ese período en
el cual se consideraba al universo como un inmenso ser animado en todos sus meandros donde moraba Dios
de quien el Sol sería la máxima expresión. Pero también todas estas afirmaciones están basadas en cálculos
matemáticos, de modo que muchas de ellas carecieron durante tiempo de confirmación en la experiencia.
Será Galileo Galilei quien perfeccionará un telescopio y elaborará una serie de experimentos que le
permitirán confirmar empíricamente muchas de las aseveraciones de sus antecesores a la vez que generar
nuevos descubrimientos, pues a través de la observación y la experimentación pudo determinar que en la luna
había montañas, que el sol tenía manchas y que por ende nada en ellos significaba perfección divina, sino que

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los planetas y el sol eran seres naturales de modo semejante a la tierra. A través del cálculo matemático pudo
establecer con precisión la altura de las montañas en la luna. Estudió el movimiento de proyectiles y
péndulos. La trayectoria de objetos en el vacío. Observó las estrellas y sus movimientos, destruyendo la idea
de la existencia de estrellas fijas. Descubrió que esa franja inmensa y fantasmal que se desparramaba de
horizonte a horizonte–llamada ―Vía Láctea‖– era un mar de estrellas apretujadas, sólo interrumpido por
grandes manchones brillantes o decididamente oscuros; la Vía Láctea, aquel mítico camino que según la
mitología griega era leche derramada del pecho de Hera, la esposa de Zeus, se transformaba en un cúmulo de
cuerpos semejantes a la Tierra. También estudió Galileo el movimiento de cuerpos que flotan. A diferencia
de sus antecesores pensó al universo como una inmensa maquinaria, cuyo movimiento dependía de las
relaciones entre las partes de la misma: el principio de acción y reacción.
El mundo se había ―desencantado‖ en la cosmología, a la par que lo hacía en las relaciones sociales
que se tornaban crecientemente laicas y centradas en el cálculo egoísta. La materia que poblaba el universo
galileano, ya nada tenía de viviente, sino que era una materia inerte. La naturaleza de la tierra y el mundo de
los astros es la misma, es una materia inerte, escrita en caracteres matemáticos y los hombres a través de la
matemática, combinada con la observación, los pueden conocer y manipular. A esa visión del mundo se la
conoce como ―mecanicismo‖. Con ella ocurrió como lo que suele ocurrir con muchas ideas geniales: fue
trasladada a diversos ámbitos (la historia, la psicología, la vida animal, la política) y con el correr del tiempo
cayó en descrédito.
No es posible inventariar aquí el valor y la producción de la obra de Galileo. Salvó su vida de morir en
la hoguera a cambio de renegar de sus teorías. No había corrido la misma suerte Giordano Bruno (1548-
1600), quien fue ejecutado de esa manera. Recientes investigaciones parecen mostrar que los patricios
enriquecidos se disputaban el poder y sabían que los conocimientos lo otorgaban, por ello luchaban por
apoderarse de la conciencia de estos hombres. La película ―Giordano Bruno‖ de Gioliano Montaldo, filmada
en 1973, muestra cómo Giordano fue víctima de su negativa a servir a los patricios venecianos. También se
sabe que las luchas académicas por el poder al interior de la denominada ―comunidad científica‖ de la que
Galileo solía burlarse con estridencia habría sido la causa de su procesamiento. La obra de teatro Galileo
Galilei, del dramaturgo alemán Bertold Brecht (1898-1956), por su parte, sostiene la hipótesis de que todos
estos saberes eran aprovechados tanto por los señores de la iglesia como por sus enemigos; Galileo habría
caído en desgracia sobre todo cuando la difusión popular de sus conocimientos habría generado temor en los
poderosos, pues los saberes de Galileo cuestionaban los saberes establecidos. En los ―carnavales‖ de la obra
de Brecht el pueblo canta alborozado su liberación de los saberes que sostienen al poder tradicional. Veamos
cómo lo plantea Brecht:
―La miseria de la gente es vieja como las montañas, y desde el púlpito y la cátedra se predica que
es también tan indestructible como las montañas. Por eso nuestro nuevo arte de la duda cautivó a las
multitudes. Nos arrancaron el telescopio de las manos y con él enfocaron a sus opresores. Y de pronto,
aquellos hombres egoístas y brutales que se aprovechaban ávidamente de los frutos del trabajo
científico, sintieron que la fría mirada de la ciencia detectaba y denunciaba una miseria milenaria pero
artificial, que podía fácilmente ser eliminada si se los eliminaba a ellos mismos. Nos cubrieron entonces
de amenazas y sobornos, que resultaron irresistibles para las almas débiles. ¿Pero acaso podemos
negarnos al pueblo y al mismo tiempo seguir siendo hombres de ciencia? Los movimientos de los
cuerpos celestes son ahora más fáciles de calcular, pero los pueblos todavía no pueden calcular los
movimientos de sus señores. La lucha por medir el cielo ha sido ganada, pero las madres del mundo
siguen siendo derrotadas día a día en la lucha por conseguir el pan de sus hijos. Y la ciencia debe
ocuparse de esas dos luchas por igual. Una Humanidad que se debate en las tinieblas de la superstición
y la mentira, y es demasiado ignorante para desarrollar sus propias fuerzas, no será capaz tampoco de
dominar las fuerzas de la naturaleza que ustedes los científicos descubren y le revelan. ¿Con qué
objetivo trabajan ustedes? Mi opinión es que el único fin de la ciencia consiste en aliviar la miseria de
la existencia humana. Si los científicos se dejan atemorizar por los tiranos y se limitan a acumular el
conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se convertirá en un inválido y las nuevas máquinas
sólo servirán para producir nuevas calamidades. Tal vez, con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir
todo lo que hay para descubrir, pero ese progreso sólo los alejará más y más de la Humanidad. Y el
abismo entre ella y ustedes los científicos puede llegar a ser tan profundo que cuando griten de felicidad
ante algún nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido de espanto universal... (Bertold
Brecht, Galileo Galilei – 1938-1939)
18
Las interpretaciones de la condena de Galileo y otros hombres del Renacimiento, como Tomás Moro
(1478- 1535), ejecutado por orden del monarca absoluto de Inglaterra Enrique VIII (1491- 1597) por su
oposición a la iglesia anglicana en Inglaterra o de Miguel Servet en Ginebra, a manos del dictador Juan
Calvino, son variadas y seguramente pueden atribuirse a razones complejas y diversas en cada lugar
concreto. Pero los historiadores actuales evitan caer en las viejas simplificaciones que oponen de manera
diádica y simple una Iglesia retrógrada frente a una ciencia progresista.
Los problemas de la mutación cultural, las luchas entre distintos estamentos, el descubrimiento del
poder que genera el saber, así como los enfrentamientos al interior de las comunidades científicas y de
algunos de sus miembros con grupos poderosos, son parte de una compleja comprensión del proceso en el
que aquí no podemos profundizar, pero respecto del que queremos sugerir que nada en la historia humana
puede entenderse de manera lineal y mucho menos substancializar en una institución, sea cual sea (la iglesia,
el Estado o individuos aislados), la causa mecánica de los procesos. También hay un elemento que no es
posible ocultar: el deseo de lucro individual fue estimulado con la paulatina instalación del nuevo orden
social y este proceso es un orden objetivo que a menudo va más allá de las decisiones personales.
La revolución científica de la cual sólo hemos trazado algunos rasgos tiene como protagonistas a un
número importante de filósofos, matemáticos, físicos astrónomos. Todos los cuales aun hablaban de
―Filosofía natural‖ al referirse a sus conocimientos.
El nuevo paradigma llega a su madurez con Isaac Newton (1643-1727), quien además de filósofo,
físico y matemático fue alquimista. Autor de los Philosophiae naturales principia matemática, conocidos
como Principia. Allí propuso la hipótesis de la gravitación universal y sentó las bases de la mecánica clásica
que se transformaría en el modelo de ciencia durante mucho tiempo, al menos hasta el siglo XIX. Estudió la
naturaleza de la luz, hizo desarrollos en el campo de la óptica y desarrolló el cálculo matemático. Newton fue
el primero en demostrar que las leyes naturales que gobiernan el movimiento de la Tierra y las que gobiernan
el movimiento de los cuerpos celestes son las mismas.
Tal vez los hallazgos de los Principia pueden resumirse en tres grupos de temas de creciente nivel de
abstracción que venían a resolver muchos de los problemas planteados por las transformaciones sociales
esbozadas más arriba.
Un primer grupo de temas está referido a la transformación de los metales, navegación, construcción,
guerra, movimiento de los cuerpos, circulación monetaria, construcciones, bombas de agua, equipos de
ventilación, relojes de péndulo, cronómetros, diques y canales.
En un segundo nivel temático, vinculado con el anterior, pero de un mayor nivel de generalidad,
encontramos cuestiones referidas al movimiento de los cuerpos en el vacío o en un medio resistente, en el
agua, en el aire, problemas de flotación, de caída de cuerpos, de presión de gases y líquidos y de mecánica de
los astros.
Finalmente en un nivel más alto de abstracción, las leyes básicas de una mecánica universal, de
carácter eminentemente teórico.
La sola mención de estas cuestiones muestra que ellas no son ajenas a los problemas de los Estados
durante los siglos XVI, XVII y XVIII: desarrollo del comercio nacional e internacional, con la consecuente
necesidad de perfeccionar los medios de transporte, particularmente de la navegación; estímulo a las
urbanizaciones; papel central jugado por la guerra y toda la industria a ella vinculada; problemas fiscales e
importancia creciente de la moneda, así como necesidad de oro; incipiente desarrollo de la industria del
hierro y el cobre; necesidad de establecer un orden jurídico, económico, militar y fiscal que fuese regular.
Si bien no es posible comprender el devenir de las Ciencias sólo a partir de su historia externa, es
necesario reconocer que ella planteó problemas que impulsaron avances en la física, la astronomía y la
óptica, ligados a desarrollos en los siguientes campos:
1) En la navegación:
a- El crecimiento de la capacidad de los barcos y de su velocidad.
b- Mejoramiento de la capacidad de flotación, disminución de su balanceo, capacidad
de respuesta a la dirección, facilidad de maniobra; todo lo cual se tornó fundamental para los
barcos de guerra.
d- Capacidad de determinar la posición en el mar, la latitud, la longitud, la desviación
magnética, los tiempos de marcha y de las mareas.
19
e- El perfeccionamiento de medios acuáticos internos y marítimos; la construcción de
canales y diques.
f- Perfeccionamiento de los mapas celestes (Hessen, 1989).
2) En el campo de la minería, ligada a las necesidades de la circulación monetaria y a la construcción
de maquinarias de guerra se replantearon la ciencia los siguientes problemas.
a- La necesidad de desarrollar métodos para ventilar las minas.
b- El bombeo de agua.
c - a transformación de métodos de producción.
d- La extracción de minerales con la ayuda de maquinaria (Hessen, 1989)
3) Por su parte, el arte de la guerra generó los siguientes problemas vinculados a la balística:
a- Estudio del proceso que ocurre en un arma de fuego cuando se dispara.
b- La estabilidad combinada con el peso de las armas de fuego.
c- Adaptación para lograr una buena puntería.
d- Trayectoria de un objeto a través del vacío.
e- Trayectoria de un objeto a través del aire.
f- Relación de la resistencia del aire con la trayectoria de un objeto.
g- Desviación de un objeto respecto de su trayectoria. (Hessen, 1989)
En síntesis:
Todos eran problemas mecánicos y esto fue un estímulo básico para que se comenzase a pensar en
una mecánica universal; el universo entero, inclusive el cuerpo del hombre (según Renato Descartes) y el
cuerpo de los Estados (según Thomas Hobbes) también estarían sometidos a esa mecánica.
Por supuesto que otros problemas también preocuparon: la óptica, la electricidad estática y el
magnetismo. Pero por su naturaleza, estos temas tuvieron una importancia subsidiaria: por la extensión de
sus investigaciones y desarrollos matemáticos (con la excepción de ciertas leyes de óptica geométrica, los
que fueron importantes para la construcción de instrumentos ópticos) estuvieron en principio retrasados
respecto de la mecánica. La óptica recibió impulso a partir de problemas técnicos de la navegación marítima
(en relación al problema del telescopio).

El problema del movimiento, el desarrollo técnico y los límites del mecanicismo. En el reino de la
física de Galileo y Newton las investigaciones giran en torno a una única forma de movimiento que es la
transposición mecánica; el modelo mecánico se extiende, por otra parte, a la explicación de los fenómenos
tanto naturales como sociales; se trata del mecanicismo (eje del tercer núcleo temático arriba señalado) que
no contiene ninguna concepción del desarrollo y transición desde una forma de movimiento a otra diferente y
en cuya perspectiva sobre la naturaleza la concepción de la evolución está ausente. Tampoco existe en ese
modelo la ley de conservación de la energía (Hessen, 1989).Mientras la física se manejó con un único
concepto de movimiento (el mecánico) no podía plantearse la correspondencia de éste con otras formas de
movimiento. Al hacerlo surgía la tendencia a presentar a este modo de movimiento más simple y mejor
estudiado, como el tipo único y universal. Ello ocurre así en Descartes, Huygens y Newton. Este último
plantea que sería deseable deducir de los principios de la mecánica el resto de los fenómenos naturales.
Entre los siglos XVI y XVIII, la ciencia física y el mecanicismo habían llegado a coincidir; ello
implica que un fenómeno no podía ser explicado científicamente e incluso no podía ser ubicado en el campo
de las ciencias naturales salvo en la medida en que pudiese reducirse a fenómenos mecánicos. El
mecanicismo era el modelo explicativo de la ciencia constituida desde el Renacimiento, que había hecho
uso de este concepto para liberarse de toda concepción teleológica de la naturaleza.
En ese modelo explicativo lo que constituye la materia es una cantidad de elementos últimos (los
átomos), cualitativamente homogéneos, o sea carentes de cualquier diversidad cualitativa, e incluso carentes
de toda propiedad que no sea la de ser sostén del movimiento, es decir la de ser "móviles"; los átomos no
sufren ningún tipo de transformación, salvo en la dirección y velocidad del movimiento, por ende son
indeformables, impenetrables y elásticos. El cambio en los fenómenos del universo es explicado por las
variaciones en las posiciones reciprocas de los átomos, no por los cambios de las características de los
mismos, lo determinante de los cambios del universo son las influencias externas de unos átomos sobre otros;

20
esas influencias pueden manifestarse como choques, presión de un cuerpo en un ambiente elástico
(Descartes) o atracción y repulsión (Newton).
El mecanicismo, es la reducción de todos los fenómenos naturales al funcionamiento de una máquina
gigantesca, en la cual cada pieza está determinada por las otras. Todo hecho es rigurosamente determinado
por otros y determina en forma precisa a los hechos posteriores. Ese determinismo, es decir, la
concatenación necesaria de los hechos es expresado en las leyes naturales; la ciencia tiene como objetivo
prever infaliblemente los hechos futuros a partir del conocimiento de los presentes. La mecánica fue la teoría
fundamental en el paradigma de la física moderna, no se redujo a ser el modo de explicación del movimiento
de algunos cuerpos, sino que se tornó mecánica universal. Con Descartes, la mecánica intentó explicar el
cuerpo de los hombres y de los animales en general; con Hobbes trató de fundamentar el movimiento de los
Estados. A partir de Galileo y Newton la mecánica, partiendo de la matemática, se transformó en instrumento
de explicación de toda la realidad, inclusive la social y política, pero curiosamente no devino necesariamente
en un materialismo a ultranza, sino que se concilió a menudo con visiones teológicas (para Newton, por
ejemplo, el universo mecánico y determinado habría sido puesto en movimiento por un Dios relojero que
sólo habría actuado en ese momento). En Inglaterra el determinismo mecanicista fue generalmente aceptado,
pero al mismo tiempo articulado con el dogma religioso. Esta peculiar combinación se encuentra en Newton.
La visión mecanicista y determinista de la ciencia se mantendrá durante siglos y tiene aún
representantes en la actualidad que no aceptan dar el valor de conocimiento científico a ninguna forma de
conocer que tenga esas características. No obstante, aun en el campo de la física tal posición ha sido
descartada en el siglo XX por Ilya Prigogine (1917- 2003) premio nobel de química en 1977.ímica en 1977.

3. El problema del método.

Los desarrollos de las ciencias entre los siglos XV y XVIII fueron acompañados por diversas
reflexiones acerca de las características que debía tener el método científico para garantizar un adecuado
conocimiento de la naturaleza. A los hombres de ciencia europeos ya no les interesaba contemplar el
mundo para salvar sus almas, como podría haber ocurrido con algún sabio griego o algún místico
medieval. El científico europeo del Renacimiento y comienzos de la modernidad, inmerso en un proceso
de profunda secularización y laicización de la sociedad toma conciencia de que el saber es inseparable del
poder y de las resistencias contra éste, pero que en cualquier caso, el poder y las resistencias suponen
unos saberes tanto de la naturaleza como de los hombres, que es necesario conocer en el primer caso en
sus leyes y en el segundo en sus probables formas de comportamiento. Esta afirmación no intenta
desmentir o desdeñar de ningún modo el placer o el amor por el conocimiento, tampoco se trata de
valorar el puro delirio que a nada conduce; por el contrario, el placer por conocer existe y posibilita
comprender el mundo, las relaciones humanas y con ello la posibilidad a veces de salvar vidas o mejorar
su calidad. Nada de lo que aquí se dice acuerda con un pesado pesimismo que asuela la cultura actual. Es
lamentable que en nuestros tiempos buena parte de la población haya sido encauzada a despreciar o
confundir el ansia de saber con la vaga ―opinología‖ de algunos ―comunicadores sociales‖. Simplemente
aquí se intenta señalar la necesidad de no idealizar los fenómenos humanos y de tratar de comprenderlos
en sus diversas dimensiones.
Bien, retomemos el hilo. Decíamos que el avance científico impulsó reflexiones acerca del método
adecuado para conocer. Las reflexiones acerca del método y los criterios adecuados para caracterizar a un
conocimiento como científico han sido denominados epistemología. Esta disciplina que reflexiona acerca
del conocimiento científico y las condiciones que debe reunir un saber para ser considerado como tal, se
sistematizará recién entre los siglos XIX y XX, o al menos adquirirá este nombre en ese momento, como
veremos. No obstante, las reflexiones sobre el método son bien antiguas y renacen con toda fuerza en la
modernidad al compás de las necesidades culturales, técnicas y científicas arriba planteadas.
Forzosamente debemos ser esquemáticos en el análisis y desdeñar la profusa riqueza de
pensamientos en torno a esta problemática entre los siglos XVI y XVIII, es por ello que elegimos exponer
brevemente el modo en que pensaron al método dos grandes direcciones de pensamiento de fuerte
influencia en nuestra cultura el racionalismo y el empirismo.

21
La deducción. La tradición racionalista que tiene antecedentes entre los griegos y reconoce como
un exponente al ya mencionado a Renato Descartes (1596-1650), pondrá énfasis en el método deductivo.
El método deductivo es el modo de conocer propio de las matemáticas, y recordemos que Galileo sostenía
que la naturaleza estaba escrita en caracteres matemáticos. Descartes, por su parte, había adherido al
sistema de Galileo y sostuvo que la filosofía debía seguir el ejemplo de este científico quien a través del
método matemático habría producido ingentes avances en el conocimiento. Es cierto que Descartes no
valoró suficientemente el rol cumplido por la observación y la experimentación en Galileo, pero bueno, es
que Descartes mismo era un importante matemático y ello a la vez lo llevó a desconfiar de los datos de
los sentidos y poner la clave del conocimiento en la razón7.

La Inducción. Una corriente diversa, pero en cierto modo complementaria al racionalismo, buscó
la fuente de los conocimientos en los sentidos. Esta posición es el empirismo. El empirismo tuvo y tiene
un importante impulso especialmente en el ámbito anglosajón. Del empirismo derivó en varios casos el
método de la inducción. Su origen está profundamente ligado a las ciencias de la naturaleza, en especial a
la biología, no obstante sus aplicaciones se extendieron a las ciencias sociales. En la actualidad tiene
aplicaciones en la contabilidad y la matemática financiera (Tua Pereda, 1995) y suele servir como
justificación para ciertos ―experimentos sociales‖8.
La inducción si bien fue planteada por Aristóteles en la antigüedad fue sistematizada entre otro por
Francis Bacon (1561-1626) en Novum Organum o Indicaciones relativas a la interpretación de la
naturaleza (1620) y más tarde por Johm Stuart Mill (1806–1873).
Bacon critica el modo en que la inducción fue desarrollada por Aristóteles y algunos pensadores
medievales, a partir de los cuales suele caracterizársela un tanto apresuradamente como el tipo de proceso
en el cual a partir de una serie de observaciones de casos singulares, se establece una generalización (una
afirmación que ya no refiere a un caso sino a todos los casos del mismo tipo).
La crítica de Bacon es parte de una declaración de principios inseparable de la crítica a la tradición,
el significado del concepto de ciencia recibida del pasado, de su validez y de las dificultades que han
obstruido su progreso y su perspectiva hacia el porvenir. Bacon establece las reglas que ha de seguir la
experimentación a fin de que la observación empírica sea rigurosa y permita escalonadamente alcanzar
unos principios más generales.
Bacon, al contrario de Descartes no dio apoyo a las teorías de Galileo, tampoco fue un científico
como Descartes, sin embargo tuvo el sostén de Royal Society de Londres. Las sociedades científicas que
surgían por entonces al amparo de las monarquías, impulsaban investigaciones científicas y el desarrollo
del método, bajo la convicción de que tales conocimientos serían un valioso aporte para la expansión de
los Estados que luchaban por la hegemonía de Europa y la colonización de América y otras tierras.
John Stuart Mill (1806-1873), economista, político, historiador, escritor, editor y filósofo inglés, fue
empleado de la Compañía de las Indias Orientales por más de treinta años (1823-1858), finalmente

7
La lógica actual cuando habla de ―deducción‖ más que de un ―método de conocimiento habla de un tipo de
razonamiento y precisamente afirma que él consiste en una estructura en la cual una conclusión se deriva de una o más
premisas de modo forzoso o necesario, sólo en base a su estructura lógica, de manera que la conclusión puede ser ésa y no otra.
Ejemplos sencillos de lo afirmado son:
Juan es mayor que Pedro
Pedro es mayor que Luis
En consecuencia: Juan es mayor que Luis
Abstrayendo el contenido del razonamiento, nos queda su estructura que puede escribirse así:
A>B
B>C
A>C
Lo interesante de estos razonamientos es que reemplazando la estructura por cualquier contenido, siempre que las
premisas sean verdaderas, si ellos están bien estructurados (como una máquina bien programada), garantizarán que la
conclusión es verdadera. Esto es así pues su forma o estructura es tal que la conclusión no agrega información a la que ya
había en las premisas. Podríamos decir que la conclusión explicita lo que ya está dicho en lo anterior.
8
Como los realiados en diversos lugares de América Latina en los años ‘90 en lo referente a Políticas económicas y sociales.
22
miembro del Parlamento británico (1865) en los tiempos en los que ya Inglaterra era la primera potencia
mundial, el capitalismo había entrado en su faz industrial y los problemas sociales se habían agudizado.
Basado en profundas convicciones liberales, (según las cuales el progreso social y el orden político
deberían basarse en el conocimiento científico y no en la costumbre, la autoridad o la revelación)
reorganizó el método inductivo. La operación central en El sistema de Mill es la inducción, que descansa
en el principio fundamental de la uniformidad de la naturaleza, que postula que lo ocurrido una vez
volverá a ocurrir cuando las circunstancias sean suficientemente semejantes. Este principio es también
empírico y se deriva de un proceso natural y primitivo, el principio de inducción, iniciado cuando
observamos unas cuantas regularidades y predecimos que seguirán ocurriendo en el futuro; si nuestra
predicción resulta correcta, a partir de ella se generaliza proponiendo que en vista de que algunos eventos
se han dado en patrones recurrentes, todos los eventos futuros se darán también en patrones recurrentes.
La inducción fue pensada tanto como instrumento para el control de la naturaleza como para el
conocimiento y control de conflictos sociales. Muestra en este punto la profunda vinculación entre
conocimiento científico, método y relaciones de poder.
Un ejemplo de cómo el razonamiento inductivo funciona en el método científico lo da Louis
Pasteur (1822- 1895) cuando intentado probar una vacuna contra la rabia, la aplica a un número diverso
de animales enfermos y todos ellos curan. La conclusión sería que la vacuna es efectiva contra la rabia en
todos los casos posibles. Sin embargo, Pasteur sabía que esto era sólo probable. Tanto conocía este
fenómeno Louis Pasteur que cuando había realizado numerosos experimentos con animales para elaborar
la vacuna contra la rabia, se negó a aplicársela a un niño que había sido mordido por un lobo rabioso. El
argumento del científico consistió en que sólo era probable que la vacuna fuese efectiva en humanos, pues
no alcanzaba con haberla probado en gran número de casos, sino también en gran variedad, constatando
los casos en que la cura se presentaba, los casos negativos y los grados posibles de efecto.9
La lógica actual no considera a la inducción un método sino un modo de razonamiento que forma
parte del método científico, el cual se complementa siempre con la deducción. El razonamiento inductivo,
contrariamente a la deducción se caracteriza porque la conclusión agrega más información que la que han
proporcionado las premisas. Esto permite avanzar en el conocimiento de los hechos que se presentan a
nuestra experiencia, pero sus conclusiones son siempre probables, jamás forzosas. De modo que es
menester ser cautelosos con ellas. No obstante ello, es frecuente su utilización con fines propagandísticos
o publicitarios, así por ejemplo es posible leer en documentos de organismos internacionales como el
Banco Mundial que se presentan conclusiones con carácter de necesidad a partir de la observación de
algunos casos particulares (así por ejemplo se sostiene que es una característica específica de todos los
gobiernos de Latinoamérica el ser corruptos debido a la deficiencia de sus instituciones, a diferencia de
las instituciones norteamericanas) (Banco Mundial, 2004).
La inducción ha generado debates, en especial acerca de si es un método de descubrimiento o si
sólo sirve para justificar hipótesis ya formuladas. En los hechos una numerosa cantidad de observaciones
sobe hechos puntales, puede llevar a descubrimientos interesantes. Pero la inducción no puede garantizar
que esto ocurra. En cuanto a la justificación de hipótesis, como se ha apuntado, la inducción puede
garantizar cierto grado de plausibilidad, siempre que se efectúen una serie de controles, pero no puede
verificar necesariamente ninguna generalización.

4. El problema del progreso científico.

El concepto del progreso acumulativo de las ciencias. De un modo algo esquemático –


recordemos siempre que los meandros de la historia humana son mucho más complejos que lo que un
simple texto puede describir– podríamos afirmar que todas las reflexiones acerca del método científico
que en este capítulo han sido señaladas suponen que el avance de las ciencias se da de modo

9
La historia es interesante pues la madre del niño rogó a Pasteur que le inoculase la vacuna, pues de todo modos moriría. El
científico finalmente accedió y la aplicación fue exitosa. El niño con el tiempo se transformó en ayudante de Pasteur, y luego
en cuidador de su tumba- museo. El niño, ya anciano, murió a manos de las tropas alemanas que pretendían violar la tumba de
sabio francés.
23
acumulativo. Sea por inducción, deducción o la articulación de ambas, el supuesto sigue basándose en la
idea de la uniformidad de los acontecimientos y en la capacidad humana de reflejarlos como en un espejo,
de modo que la ciencia avanzaría acumulando conocimientos admitidos a partir de los hechos y
desechando otros desmentidos también por los hechos.

Historia interna e historia externa de la ciencia. Esta visión de la historia de las ciencias basada
en la acumulación de conocimientos a partir del juicio de los hechos, se complementa con otro concepto
que sostiene la división entre lo que suele denominarse la ―historia interna‖ y la ―historia externa‖ de la
ciencia. Según una visión muy difundida en los centros académicos internacionales, la historia ―interna de
la ciencia‖ alude al conjunto de sus descubrimientos, así como de las refutaciones de hipótesis probadas
como falsas.
Esta visión habla del ―progreso científico‖, término afín a otro usado a partir del siglo XIX – por
razones que ya veremos en capítulos posteriores– que sostenía (y aún sostiene) la idea de ―progreso de la
humanidad‖. En esta concepción la humanidad y con ella la ciencia avanzaría por etapas en las cuales
cada momento de la historia significaría un creciente movimiento hacia la mayor racionalidad y libertad
de los hombres. Esta concepción historiográfica, tuvo sus derivaciones en el campo de las ciencias y llevó
como veremos en próximos capítulos a pensar en una ciencia unificada aunque dividida en función de sus
objetos de estudio (el hombre o la naturaleza, por ejemplo), pero con un único método como conjunto de
reglas y la idea de que ella progresaría paulatinamente hacia un mejor conocimiento del universo, con la
sola fundamentación a partir de los hechos. La historia interna de la ciencia sería la historia de sus logros
y la de los fracasos que con el tiempo podrían derivar en nuevos logros. La historia interna ha sido
estudiada con frecuencia con independencia de la historia externa. Ésta alude al contexto histórico en el
que una ciencia se despliega. Quienes establecen una rígida división entre la historia interna y la historia
externa de la ciencia no aceptan analizar las condiciones de posibilidad histórico- concretas como
facilitadoras u obstaculizadoras del llamado ―progreso científico‖.

Los contextos de las ciencias. Los epistemólogos que han sostenido estas posiciones, a menudo
también han distinguido en la ciencia lo que se denominan ―tres contextos‖. El contexto de
descubrimiento: que alude a las condiciones históricas, psicológicas o de cualquier otros tipo que
posibilitan que en un momento dado un hombre y no otro ―descubra‖ un determinado conocimiento (así
el hecho de ser alquimista habría sido una importante influencia en Kepler para impulsarlo a sostener la
centralidad del sol; otro ejemplo: todos los problemas mencionados en el punto 1 de este capítulo
conformarían el contexto de descubrimiento de lo esbozado en el punto 2). El contexto de
descubrimiento ha sido considerado a menudo, parte de la historia externa de la ciencia Este primer
contexto no puede ser controlado metodológicamente, dado que obedece a cantidad de factores cuya
contingencia no puede ser prevista o conducida.
El contexto de justificación: alude al desarrollo metodológico de los modos de poner a prueba las
hipótesis en ciencia. Los pasos a dar sí pueden establecerse rigurosamente y controlarse. Él es el núcleo
de la denominada historia interna de la ciencia.
El contexto de aplicación: refiere a los diversos ámbitos, particularmente en el campo de la
tecnología, en los que los descubrimientos científicos se aplican. Por ejemplo la fabricación de
medicamentos por parte de laboratorios o de semillas transgénicas por parte de empresas multinacionales.
En general (aunque ésta no es una posición monolítica), en diversos medios académicos a nivel
mundial ha predominado la idea de que el progreso en ciencia debe analizarse sólo a nivel de la historia
interna de la ciencia y en su despliegue sólo debería tomarse en cuenta el contexto de justificación, dado
que es el único factible de ser sometido a control mediante las reglas del método para poner a prueba
hipótesis. Ni las condiciones del descubrimiento ni las del de aplicación serían objeto de análisis para el
estudio del ―progreso‖ científico. Todo ello en relación con la idea de que la actividad científica es un
proceso neutral y avalorativo en el que sólo la rigurosa prueba empírica y las demostraciones matemáticas
cuentan como instrumentos aceptables. Ni la ideología, ni las relaciones de poder o las demandas

24
históricas contarían. Esta posición por supuesto no ha sido unánime y ha tenido, tantos sus matices10
como sus detractores durante los últimos siglos, sin embargo ha sido de algún modo hegemónica en los
medios académicos y particularmente en el campo de la epistemología durante el siglo XIX y el XX.

El desarrollo científico a partir de rupturas o revoluciones. La polémica contra esa visión del
―progreso científico‖, se hizo visible en los medios académicos hegemónicos cuando un físico
norteamericano -Tomas Kuhn (1922-1996)- la cuestionó en algunos trabajos, probablemente motivado
por un hecho de su propia vida personal, así como por un riguroso estudio de la historia de la ciencia y en
particular de la revolución científica de la que hemos hablado muy someramente en el punto 2.
En lo relativo a su historia personal parece que en alguna ocasión debió convivir durante un tiempo
con científicos del ámbito de las ciencias sociales. A Kuhn, hombre formado en el campo de la física, le
sorprendió que en el campo de las ciencias sociales, los científicos, estudiantes y docentes, solían (y
suelen) discutir y no acordar respecto de posiciones teóricas y metodológicas. Por contraste, en su
formación como físico difícilmente se debatía acerca de los que los manuales y libros exponían sobre la
ciencia. Esta sencilla pero brillante observación parece haber motivado a Kuhn a repensar el problema del
progreso científico. Reitero, este problema ya había sido planteado de diversos modos durante más de un
siglo, al menos, sin embargo fue tal vez la posición de Kuhn en los medios científicos y la de la ciencia y
las universidades norteamericanas y su influencia en algunos medios académicos, la que le dio relevancia
y modificó en muchos epistemólogos la visión del progreso científico. Referiremos brevemente algunos
de sus aportes.

Un lugar para la historia. El resultado del trabajo de Kuhn es una revolución en la concepción de
la historia y las prácticas científicas. Lo que diferencia a diversas escuelas según Kuhn (como la
aristotélica y la galileano- newtoniana, arriba esbozadas) no son errores metodológicos sino el hecho de
que toda escuela trabaja con un paradigma o matriz disciplinar. Así para Kuhn, la escuela aristotélica es
tan científica como la de Galileo, pues ella estuvo en posesión de un paradigma. Veamos.
Kuhn ha definido de diversos modos a los paradigmas, esbocemos algunas de sus caracterizaciones
sólo a los efectos de comprender qué nos quiere decir:
Los paradigmas son realizaciones científicas universalmente reconocidas, que, durante cierto
tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica (Kuhn, 1992: 16)
Los paradigmas implican modos inconmensurables de ver el mundo y de practicar las ciencias
(Kuhn, 1992: 25). Así el modo de ver el mundo y practicar la ciencia en los aristotélicos y en los
científicos de la escuela galieano- newtoniana son claramente diversos. La observación y la experiencia
pueden limitar el número de creencias admisibles, pero ellas por sí solas no determinan el número el tipo
de conocimientos admitidos en ciencia, ellas se enmarcan en un conjunto de conceptos teóricos y
metodológicos. Un elemento aparentemente arbitrario, sostiene Kuhn, compuesto de incidentes
personales e históricos, es siempre uno de los ingredientes de formación de las creencias sostenidas por
una comunidad científica. Sin embargo, el elemento arbitrario no indica que cualquier grupo puede
practicar la profesión sin un conjunto de creencias adquiridas. La investigación efectiva no puede
plantearse casi antes de haya respuestas firmes a por ejemplo a: cuáles son las entidades fundamentales
que componen el universo (si planetas semidivinos o seres naturales, como hemos visto); cuál es la
interacción entre entidades (si hay teleología o simple causalidad mecánica); cuáles son las preguntas que
legítimamente pueden plantearse (¿porqué siendo el movimiento de los astros de carácter circular, sin
embargo los registros parecen a veces mostrar lo contrario?, o ¿cómo justificamos que es circular a pesar
de las apariencias?, se preguntaría un aristotélico, pero no un newtoniano); y qué técnicas a utilizar
(Galileo combinaba el cálculo matemático con la observación a través de instrumentos como el telescopio
y la experimentación, estas técnicas no corresponden al modelo aristotélico). Ahora bien, dice Kuhn, todo
ello se recibe por educación. La formación que se recibe desde que se ingresa a la universidad (y aun

10
Gregorio Klimovsky, por ejemplo, si bien distingue los tres contextos, asume que un trabajo metódico de prueba puede
llevar a un descubrimiento y que las aplicaciones tecnológicas en sus triunfos y fracasos pueden ser consideradas parte del
contexto de justificación (Klimovsky, 1997: 29-30)
25
antes), deja una marca en los que practican una ciencia, que les hace actuar y pensar respecto de los
problemas y objetos de la ciencia como si ello fuese natural, pocas veces nos cuestionamos las raíces, los
fundamentos de nuestra formación. De modo que la mayor parte de quienes conforman una comunidad
científica (estudiantes, profesores, investigadores), suele tener criterios similares, no porque ello sea así y
no pueda ser de otra manera , sino porque los miembros de la comunidad científica han sido formados en
las prácticas científicas de modo similar.
En ese sentido la función de un paradigma es indicar qué entidades contiene o no la naturaleza.
Proporciona un mapa de la misma, sin él no es posible observar y experimentar, dado que la naturaleza es
demasiado compleja y variada. En síntesis el paradigma supone: teoría, método y normas y se adquiere
de modo casi inconsciente en la educación antes, durante y luego del paso por la universidad.
Pero ni los paradigmas ni la educación son prácticas aisladas de los procesos históricos, ellos surgen
en relación a problemas planteados por los procesos histórico-concretos (así el paradigma galileano-
newtoniano emerge en relación a una serie de cuestiones que los comienzos del capitalismo planteaban y
que el modelo aristotélico no podía resolver).
Kuhn denomina ciencia normal, a un largo período de tiempo durante el cual la comunidad
científica actúa bajo la dirección de un mismo paradigma y en ese sentido utiliza unos principios
generales (por ejemplo, el movimiento de los planetas es circular para el aristotelismo) y unas técnicas (la
geometría analítica, la observación a través del telescopio para la astronomía de galileano- newtoniana),
que no se cuestionan. Lo que sí puede transformarse en ese período son leyes especiales derivadas de las
anteriores (la trayectoria de los proyectiles o el movimiento de los péndulos). La ciencia normal es en
palabras de Kuhn, una tentativa tenaz de hacer entrar a la naturaleza en estos parámetros. Ese modo de
proceder asegura que la ciencia normal no será suprimida durante mucho tiempo. Durante este período,
un paradigma hegemónico proporciona modelos de los que surgen tradiciones coherentes. El
conocimiento del paradigma prepara al estudiante para ser miembro de la comunidad científica y a la
inversa para ser miembro de ella es crucial la adhesión al paradigma hegemónico. En el período de
ciencia normal la investigación está basada firmemente en una o más realizaciones que alguna
comunidad científica particular reconoce durante cierto tiempo. Las reglas y normas para la práctica
científica sujetan a los hombres a una misma comunidad científica, estos requisitos y el consentimiento
aparente son condiciones para pertenecer a la comunidad científica. Consentimiento que no es una
elección consciente, dado que el mismo se ha construido de modo inconsciente a través de la educación
(hoy en el campo de la economía, el estudio de los principios y métodos de la economía neoliberal es una
especie de lugar común, sin que la mayoría de los estudiantes y profesionales se pregunten si hay un
modo alternativo de abordar tal ciencia y con ella los problemas que afligen a la humanidad).
La ciencia normal tiene un profundo carácter acumulativo, en ella se producen verdaderas
novedades, que Kuhn se niega a llamar ―descubrimientos‖, pues son el producto de un arduo trabajo
colectivo, que posibilita que en un momento determinado un cierto fenómeno se haga visible y tenga un
nombre. La frase el ―oxígeno fue descubierto‖ induce a error: sugiere que el mismo es un acto simple
realizado por un individuo, en realidad hay un complejo trabajo de años y lo que se necesita para dar a luz
eso que llamamos ―descubrimiento‖ es un nuevo lenguaje, nuevos conceptos, nuevo vocabulario. Sólo
cuando las categorías conceptuales pertinentes están preparadas, puede decirse qué es esto, qué existe y
qué es, así surge esa ―novedad‖ que fue por ejemplo el llamado ―descubrimiento del oxígeno‖ (Kuhn,
1992: 97).
Así, el trabajo durante el período de ciencia normal es importante por el alcance y precisión de un
paradigma. Pero no hay novedades substantivas que alteren sus principios básicos. Sin embargo en ese
proceso se resuelven enigmas: instrumentales, conceptuales y matemáticos (Kuhn, 1992: 70) Veamos que
supone la resolución de enigmas: 1) En primer lugar implica que la comunidad acuerda un criterio para
seleccionar un problema (los problemas no tienen un valor intrínseco, sino que dependen de ese acuerdo);
2) para ser un enigma debe tener más de una posible solución; 3) también debe haber reglas que limiten
las soluciones aceptables; 4)asimismo deben existir tipos de instrumentos y modos de utilizarlos; 5)
también hay ciertos compromisos metafísicos implícitos que limitan el tipo de problemas y respuestas
posibles. La existencia de compromisos instrumentales, metodológicos, conceptuales es una fuente de la

26
metáfora que relaciona a la ciencia normal con la resolución de enigmas. Debido a que dicen a quien
practica la ciencia cómo son el mundo y la ciencia (Kuhn, 1992: 78).
La ciencia normal puede plantearse y resolver ciertos enigmas pues también el paradigma plantea
cuáles son las entidades que contiene el universo y las que no contiene. Además cuáles son las
características de esas entidades, así como supuestos metafísicos (recordemos el tema del movimiento
circular en Aristóteles o la visión mecanicista del universo en Galileo y Newton).
De todo esto se infiere que los hechos y las teorías no son categóricamente separables. Una
comunidad científica ve el mundo durante el período de ciencia normal a través de un paradigma, las
hipótesis que confirma o rechaza a través de hechos es una compleja operación en la cual todos los
supuestos del paradigma están implicados. La conclusión más fuerte es que no hay hechos puros, no hay
un ver que no suponga categorías teóricas e incluso supuestos metafísicos, el a priori histórico está ahí.
Pero todo paradigma presenta problemas o enigmas que se resisten a ser resueltos (recordemos el
problema del movimiento circular en la escuela aristotélica) y a menudo se construyen hipótesis ad hoc
para lograr adaptar lo que se observa al paradigma hegemónico (recordemos la hipótesis de los epiciclos).
Así, Kuhn, basándose en investigaciones del filósofo e historiador ruso Alexandre Koyré (1892 – 1964)
constata que ya desde el siglo XIII había serias objeciones al modelo de Aristóteles y Ptolomeo, no
obstante sucesivos ajustes lo mantuvieron vigente; pero será sólo en el siglo XVI cuando esos problemas
ya no podrán ser soslayados. Aquí la historia cobra importancia. Hay momentos históricos en los que
tales problemas ya no pueden ser dejados de lado pues no posibilitan resolver cuestiones económicas,
políticas o sociales y se constituyen en lo que Kuhn denomina anomalías. La visibilización de la anomalía
desempeña un papel central en la percepción de nuevos fenómenos: la astronomía de Ptolomeo implicaba
una visión del cosmos que impedía ver una serie de fenómenos en el universo, que el cambio de visión a
partir de Copérnico posibilita apreciar (como el hecho de que la luna tuviese montañas, el sol manchas o
los planetas girasen de modo elíptico; la antigua astronomía tampoco permitía trazar un adecuado mapa
de los cielos para los navegantes, ni construir un calendario adecuado para los grandes viajes
interoceánicos). Aquí es uno de los puntos centrales donde Kuhn hace intervenir a la historia: son las
condiciones histórico-concretas las que requieren una transformación en el paradigma (recordemos lo
expuesto en los puntos 1 y 2 de este capítulo), en esos momentos la ciencia normal se extravía frente a los
problemas y ya no los puede pasar por alto, estamos frente a una anomalía y ella conduce a una crisis del
viejo paradigma.
Es entonces cuando surgen investigaciones extraordinarias: se producen indagaciones por fuera del
paradigma vigente, llevadas adelante fundamentalmente por miembros más jóvenes de la comunidad
científica, que suelen atraerse el malestar de quienes dominan el mundo de la ciencia (recordemos las
dificultades atravesadas por Galileo, Bruno, Kepler o Servet); ello implica un paulatino cambio en las
reglas que regían la práctica y en los modos de conceptualizar el mundo y plantear problemas (tal como
pudimos apreciarlo en los aportes de Kepler, Copérnico, Bruno y Galileo).
Lo que paulatinamente se va gestando es una revolución científica: Kuhn toma este término de la
idea de ―revolución política‖ pues en ella ocurre algo semejante, según su criterio. No se trata de un
incremento de algo que continúa procesos o visiones del pasado, se trata de una verdadera reconstrucción
y reevaluación de teorías y hechos anteriores que hace que la ciencia normal entre en crisis. Se trata de
una mutación o ruptura histórica partir de la cual los fenómenos se perciben de otro modo, en otras
relaciones y con otro lenguaje. Aun cuando algunas palabras se mantengan, su significado cambia pues
depende de la nueva visión del mundo y de las nuevas prácticas científicas. Así por ejemplo, la palabra
―planeta‖ o ―estrella‖ está tanto en el modelo aristotélico, como en el galileano, pero sus significados son
diversos; lo mismo ocurre en economía con términos como ―valor‖ o ―trabajo‖ en los economistas
clásicos y en Marx.
El abandono de un viejo paradigma y la adscripción a uno nuevo (del aristotelismo al modelo de
Copérnico, Galileo y Newton) es lo que Kuhn denomina ―revolución científica‖, ella implica una
mutación en las prácticas científicas, no una acumulación de elementos anteriores. Ella supone un
proceso largo, que no tienen un único protagonista, como hemos visto. Su actor fundamental es a juicio
de Kuhn la comunidad científica. En ese complejo proceso la competencia entre sectores de una
comunidad es la que da como resultado el rechazo de un paradigma y la adhesión a otro. Kuhn, ve con
27
toda claridad que los problemas del poder al interior de la comunidad juegan un papel central, al punto
que la aceptación del nuevo paradigma está muy condicionada no sólo porque éste resuelve mejor los
problemas prácticos que la historia plantea, sino por la posición que los más poderosos dentro de la
comunidad, asumen (el lugar de Newton en Inglaterra y la posición de este país a fines de siglo XVII, son
en este punto significativos). Una vez que los más prestigiosos popes han asumido el nuevo paradigma,
dice Kuhn, suelen producirse algo así como ―conversiones en masa‖, al modo de las conversiones
políticas en un proceso revolucionario.
En este punto Kuhn, hace una interesante observación que nos hace pensar en el modo de ser de los
seres humanos. Ningún paradigma es dejado de lado, excepto que haya otro candidato. No son los
ejemplos en contrario, ni el veredicto de los hechos los que muestran la supuesta falsedad de un
paradigma, en realidad los problemas irresueltos generan fuerte irritación que permite un análisis nuevo
de la ciencia. Muchos científicos son incapaces de tolerar la crisis, no soportan un mundo desorientado. El
rechazar un paradigma sin reemplazarlo es rechazar la ciencia misma, ello resulta intolerable. Así la
crisis finaliza cuando la mayor parte de la comunidad asume un nuevo paradigma. Entonces surge un
nuevo plexo de relaciones no sólo en el modo de ver el mundo y practicar la ciencia, sino entre los
miembros de la comunidad científica, o tal vez deberíamos decir de ―las comunidades‖, dado que al
menos en el período de la revolución arriba descripta, la pertenencia a una determinada nacionalidad tenía
un peso muy fuerte en la conformación de comunidades científicas.
La revolución científica es un episodio no acumulativo en el que un viejo paradigma es
reemplazado total o parcialmente por otro. Las razones del rechazo no se derivan de la estructura lógica
del sistema científico. La nueva teoría es incompatible con la anterior. Así, para Kuhn, Newton y la
dinámica de Einstein son incompatibles, a diferencia de lo que plantean otros epistemólogos, partidarios
de la visión acumulativa de la ciencia (Klimovsky, 1997), según la cual la segunda engloba a la primera.
Para Kuhn la derivación del segundo paradigma respecto del primero es ilegítima pues los conceptos son
diversos, cambian las leyes y por ende los elementos estructurales que conforman el universo: a)
diferentes entes que pueblan el mundo; b) diversos modos de comportarse de esos entes; c) distintos
métodos, d) disímiles problemas, e) distintas normas, f) heterogéneos lenguajes. En síntesis, se redefine
el concepto de ciencia y algunos problemas son declarados no científicos. Con ello cambia la percepción
del mundo, también las prácticas de los estudiantes y del mundo de los científicos en general.
El cambio de percepción permite ver objetos nuevos y hacer nuevos descubrimientos, plantear
problemas nuevos y requiere de nuevos técnicas. El cambio de visión no supone cambios de carácter
individual, lo que se modifica es el mundo, o “la interpretación del mundo‖. De modo que la experiencia
no es recepción pasiva ni neutral. Los conocimientos no son lo dado por la experiencia sin más, sino lo
reunido, seleccionado, elaborado con dificultad.
Las revoluciones científicas suelen pasar desapercibidas, la mayoría de las autoridades intentan
disimular la importancia y la presencia de una revolución (los poderosos en la comunidad científica en
tiempos de Galileo, intentaban disimular su molesta presencia).
Puede haber investigación científica sin un paradigma dominante. No obstante, para Kuhn, la
hegemonía de un paradigma y por ende la normalización de la comunidad científica, es un signo de
madurez en el desarrollo de cualquier campo científico. Así los estudiantes aprendían que la electricidad
era un movimiento ondulante transversal, concepto fundado en el paradigma óptico del siglo XIX; luego
de Einstein, Planck y otros, la luz es entendida por los alumnos como entidades mecánico- cuánticas. No
hay ciencia madura cuando hay varios paradigmas como antes de Newton que no hubo una concepción
óptica única sobre la naturaleza de la luz (Kuhn, 1992: 37). Todos esos antecedentes aportaron conceptos,
fenómenos y técnicas al paradigma para la óptica física fuese elaborado por Newton y luego aceptado
uniformemente. Pero, según Kuhn, en los momentos previos a Newton al no haber un caudal común de
creencias acerca de la óptica, cada escritor se sentía obligado a crear su campo y empezar de cero, sus
observaciones eran relativamente libres. A falta de un paradigma hegemónico todos los hechos que
pueden parecer pertinentes para el desarrollo de una ciencia tienen probabilidades de mostrarse como
igualmente importantes, pero aunque hayan sido importantes, son en realidad un marasmo que yuxtapone
hechos. De ahí la importancia de la “normalización” de la comunidad (Kuhn, 1992: 41).

28
Así, luego de una crisis y un proceso revolucionario, se vuelve o se entra en un nuevo período de
ciencia normal en el cual se van constituyendo reglas, entendidas como una red de compromisos
conceptuales, instrumentarles, teóricos y metodológicos compartidos por la comunidad científica. De
este modo en un momento dado hay un conjunto de ilustraciones recurrentes y casi normalizadas de
diversas teorías en sus aplicaciones. Se trata del nuevo paradigma de la comunidad revelado en sus libros
de texto (Kuhn, 1992: 81) que son vehículos para la ciencia normal. Ellos por tanto, luego de una
revolución deben ser reescritos. Entonces, en parte por selección y en parte por distorsión, los científicos
del pasado son presentados como si hubieran trabajado sobre el mismo conjunto de temas fijos y con el
mismo conjunto de conceptos fijos y de acuerdo con el mismo número de cánones fijos. La tentación de
escribir una historia lineal hacia atrás está siempre presente, el resultado es una tendencia a presentar la
historia de la ciencia como lineal y acumulativa (Foucault, 1991) y así es presentada pedagógicamente a
los estudiantes.
En síntesis: Kuhn mostró algo que ya había sido elaborado previamente por distinguidos
epistemólogos como Gastón Bachelard (1884-1962), entre otros: que la historia de la ciencia no es lineal, ni
acumulativa; que ella transcurre por revoluciones tras las cuales cambia la percepción del mundo y del
quehacer científico; que no son los hechos ―puros‖ los que refutan o corroboran hipótesis, sino los hechos
imbricados en teorías y métodos; que no son los individuos los protagonistas de la historia, sino las llamadas
―comunidades‖; que éstas no son un mundo de armonía sino de luchas por el poder; que la historia externa
juega un rol fundamental en el estímulo u obstáculo al planteo de problemas y a pensar de ciertos modos la
realidad; de ello es posible inferir que la ciencia es una práctica social entre otras (aunque con sus reglas
propias) y que la distinción entre contexto de descubrimientos, justificación y aplicación es sólo analítica
pero no ―refleja‖ tres momentos efectivamente diversos. Sin embargo Kuhn, no desarrolló ni la historia
externa de la ciencia ni las luchas por el poder al interior de las comunidades, se limitó a mencionarlos en
algunos pasajes. En todo caso ése no era su objeto de estudio, o tal vez el paradigma en el que había sido
formado le obstaculizaba adentrarse en tales indagaciones.
En los últimos años se ha vulgarizado la extensión del término ―paradigma‖ a diversas disciplinas.
Sin embargo sería prudente pensar que Kuhn lo trabajó sobre la base de la historia de las ciencias
naturales – sobre todo a partir del análisis de la revolución científica que va desde Kepler hasta Newton–
y que muchas de sus conclusiones, en particular la referida a la idea de ―ciencia madura‖ no se aplican a
las ciencias sociales. ¿Es esto una falla de estas disciplinas? Creemos que no, pues la índole de las
ciencias que se ocupan de problemas humanos es bien diferente y el contexto de su desarrollo es otro.
Pero trataremos de fundamentar y desarrollar esto en los capítulos que siguen.

29
Capítulo III
Las Ciencias naturales y la tecnología a partir de la primera revolución industrial.
Introducción.

En el capítulo II hemos analizado algunos rasgos del proceso de transición desde el modo de
producción feudal al capitalismo. Allí vimos que se suelen establecer varios momentos a través de los
cuales este orden social se consolida. El primero está ligado a la formación de una clase especial, los
comerciantes y al desarrollo de las ciudades. El segundo momento se produjo al afianzarse el capital
mercantil y manufacturero. La emergencia de la manufactura, fue la inmediata consecuencia de la
división del trabajo entre el campo y las ciudades. Lo cual a su vez generó el establecimiento de
relaciones monetarias entre capitalistas y asalariados. Afirmamos que la revolución científica que
ocurre entre los siglos XVI y XVIII y que culminó con el modelo newtoniano se produce, en este segundo
momento de la transición. Vimos que esa revolución significó el nacimiento de las modernas ciencias
naturales, básicamente la física y la astronomía, así como su desarrollo no fue ajeno a los problemas que
planteaban las transformaciones sociales. La nueva ciencia posibilitó un profundo conocimiento de la
naturaleza y dio a los poderosos un nuevo poder de manipulación. Al mismo tiempo se transformó en el
modelo que todo intento científico debía emular. Sin embargo, esta práctica no fue unánime ni definitiva
como veremos.
La disolución definitiva del orden feudal, como hemos visto, sólo fue posible al surgir una
sociedad ―pacificada‖ con ayuda del poder Estatal y ello ocurrió definitivamente recién luego de la
revolución inglesa (1648- 1688) – iniciada por Oliverio Cromwell (1599-1658) y que culminó con el
ascenso de la monarquía de los Orange al trono afines de siglo XVII, -una monarquía limitada por el
parlamento y que ya respetaba los derechos de propiedad propios de capitalismo- y de la revolución
francesa de 1789. De modo que los hitos que señalan el establecimiento del capitalismo, son, en términos
del historiador Eric Hobsbwaum, tres: la revolución inglesa, la revolución francesa y la revolución industrial.
La revolución inglesa y francesa, como hemos mencionado en el capítulo I, significaron el fin de la
hegemonía política de la nobleza y la caída del estado absoluto; la revolución industrial significó el
surgimiento de la producción en base a la máquina de vapor lo cual implicó el trastrocamiento de las
relaciones sociales de producción. Ambos procesos le plantearían interrogantes a las ciencias.
Estas revoluciones indican una nueva estructura política en Europa. Revelan la victoria de la
burguesía y este proceso implica el advenimiento de un nuevo régimen social: la abolición de los derechos
feudales de propiedad, el triunfo de la nación sobre las escisiones feudales del territorio, la libre circulación
de mano de obra frente a las sujeciones feudales; la paulatina escisión en clases propietarias de los medios de
producción y de otras que sólo poseen una mercancía para vender: su fuerza de trabajo, en el medio el
surgimiento de un conjunto de clases más cercanas a los propietarios (profesionales, gerentes, capataces) y
otros más cercanos a los trabajadores carentes de todo (pequeños comerciantes, artesanos). Así el siglo XIX
planteará nuevos problemas sociales, políticos y económicos y al compás de ellos las ciencias y sus
paradigmas se transformarán.

1. La primera revolución industrial

Las repercusiones de la revolución industrial no se hicieron sentir de modo claro hasta 1830 o 1840.
Sólo en 1830 la literatura y las artes comienzan a ocuparse del fenómeno, así lo atestigua "La comedia
humana de Balzac" que es de esa década. También en la década del ‘40 en Inglaterra se habla de tal
revolución en los Bluebooks; en Francia se publica el Tableau de l'etat physique et moral des ouvriers de
Villermé, también se publica la Condition of the Working Class in England de Federico Engels y los
informes de observadores que viajan por Alemania, España y Estados Unidos y se horrorizan del estado de
vida de los trabajadores. Es en ese período en que aparece el concepto de "Revolución industrial", pero como
suele ocurrir, los nombres emergen como consecuencia de prácticas sociales y no al revés.
30
En realidad la Revolución Industrial comienza a constituirse aun antes de la Revolución Francesa
(1789). Entre 1780 y 1790, por primera vez en la historia de la humanidad el poder productivo de las
sociedades humanas se comenzó a liberar de los límites naturales: la mano de obra, las materias primas, la
energía y las condiciones del clima. Si bien los antecedentes de esta revolución pueden rastrearse hasta el año
1000, es a mediados del XVIII cuando el proceso se acelera y se produce un cambio cualitativo en el modo
de producción. Ese proceso concluye con la construcción del ferrocarril y la formación de una industria
pesada en Inglaterra en la década de 1840. Es interesante hacer notar que la primera patente de una máquina
a vapor es de 1630 (Ramsay), pero que la misma no se transformó en una innovación 11 hasta fines del siglo
XVIII. Esto indica que no fueron los grandes inventos o descubrimientos los que determinaron los procesos
sociotécnicos, en este trabajo se sostiene que fue la transformación de las relaciones sociales lo que
posibilitó la selección y hegemonía de inventos que de ese modo se transformaban en innovaciones, es decir
en inventos que ingresaban al ámbito de la producción y tenían éxito en el mercado.
Durante el Siglo XVIII los ministros y funcionarios de cada monarquía europea, desde Portugal hasta
Rusia, impulsaron el avance industrial y comercial. No obstante, la delantera la llevó Inglaterra, pero no
porque estuviese a la cabeza en el desarrollo científico-técnico, pues por ejemplo en las ciencias naturales los
franceses eran en muchos aspectos más adelantados.
La revolución industrial dio un lugar indiscutible a la ciencia. Los franceses realizaban inventos
originales como el telar de Jacquard (1804), los alemanes disponían de instituciones para la enseñanza de la
técnica y los franceses crearon con la Revolución, la Escuela Politécnica. La educación inglesa de Oxford y
Cambridge por el contrario, era en muchos aspectos de carácter escolástico, intelectualmente retrasada. Pero
la Revolución Industrial, no necesitó en sus comienzos de la Ciencia, pues durante sus inicios se basó en los
inventos de artesanos que gestaban pequeñas innovaciones al compás de su propia labor, tal vez como un
modo de aliviar su cansancio, o como manera de dirigir su inteligencia hacia cuestiones interesantes que
rompieran de algún modo lo aburrido de la rutina diaria: así la lanzadera volante, la máquina de hilar, el huso
mecánico son inventados y perfeccionados por trabajadores. Hasta la primera máquina científica, la de vapor
de James Watt (1784), no se requirieron conocimientos científicos, la verdadera teoría de la máquina de
vapor la desarrollaría el francés Carnot recién en 1820.

La hegemonía de Inglaterra. ¿Por qué entonces Inglaterra tomó la delantera en esta revolución? Es
plausible pensar que la respuesta está en el proceso previo que hizo que ese país lograse revolucionar las
condiciones económicas, sociales y políticas, mucho antes que el resto de Europa. En Inglaterra había pasado
un siglo desde que el beneficio privado y el desarrollo económico habían sido aceptados como el objetivo
supremo de la política de gobierno. Ése fue uno de los logros de la revolución inglesa iniciada por Oliverio
Cromwell y que culminó con el establecimiento de una monarquía que debía compartir el poder con el
parlamento en el que la nueva burguesía tenía un peso decisivo. En ese proceso, un grupo de terratenientes
con mentalidad comercial, monopolizaba la tierra, cultivada por arrendatarios que a su vez empleaban gentes
sin tierra o propietarios de pequeñísimas parcelas. La agricultura estaba preparada para cumplir funciones
fundamentales de la era industrial: aumentar la producción y la productividad para alimentar a una población
no agraria en creciente aumento, proporcionar un amplio cupo de reclutas para la industria urbana y
suministrar un mecanismo para la acumulación de capital, utilizable por los sectores más modernos de la
economía. Inglaterra poseía además una economía fuerte y un Estado agresivo con una armada (legal y de
piratas) que le posibilitaban apoderarse del mercado de sus competidores. Poseía además una industria
equipada como para acaudillar la revolución industrial, en una coyuntura económica que se lo permitía: se
trató fundamentalmente de la industria algodonera.
El comercio colonial había creado la industria del algodón y la seguía sosteniendo. El siglo XVIII
desarrolló el comercio de esclavos, a través de puertos como Glasgow, Bristol y Liverpool. La esclavitud y el
negocio del algodón marcharon juntos durante todo ese periodo. Los esclavos se compraban en buena parte

11
La bibliografía actual especializada en el tema habla de ―innovación, cuando una transformación tecnológica, se incorpora
al mercado y se expande en él. En ese sentido diferencia ―innovación‖ de ―descubrimiento‖ e ―invención‖. Algo puede
descubierto o inventado y no expandirse en el campo de la producción o los servicios. Sólo será considerado innovación,
cuando tal expansión ocurra. La máquina de vapor ejemplifica este proceso.
31
con algodón indio, cuando éste faltaba por cualquier motivo, comenzaba a jugar el proveniente de
Lancashire. Así la industria del algodón fue impulsada por el comercio colonial, ello incitaba a los
empresarios a adoptar técnicas revolucionarias, a fin de aumentar la cantidad y calidad de su producción sin
aumentar en lo posible sus inversiones. Entre 1750 y 1769 la exportación de algodones británicos aumentó
diez veces. Por otra parte, Hispanoamérica vino a depender completamente de las exportaciones británicas.
La India, antigua proveedora de algodón, fue sistemáticamente desindustrializada y se convirtió en mercado
para el algodón de las colonias inglesas del norte de América. Los funcionarios ingleses quebraron los dedos
de miles de tejedoras indias que competían con sus manufacturas. Durante este período, todo el oriente
comienza a jugar el mismo papel, sólo China, intentó rebelarse a ello y los comerciantes occidentales
apoyados en las fuerzas armadas descubrieron el producto que podía ser exportado en masa desde India a
Oriente y que evitó cualquier forma de resistencia digna: el opio12.
En Inglaterra los nuevos inventos que revolucionaban la producción eran relativamente baratos. Las
fábricas de algodón además se abastecían con materia prima de bajo precio que provenía de lugares donde
imperaba la esclavitud (América del Norte). El camino de la expansión industrial durante el siglo XVIII fue
el sistema de trabajo a domicilio en el que los trabajadores elaboraban el material en bruto en sus casas con
medios propios o alquilados, recibiéndolo de y entregándolo a mercaderes que luego se convertirían en
empresarios. Pero, en todas partes el tejer se mecanizó luego de una generación.
Las principales invenciones en la industria textil se realizaron entre 1735 y 1780. Esto supuso entonces
que el trabajo del tejido dejó de hacerse a domicilio y se realizaba en lugares donde muchos trabajadores
asalariados trabajaban para alguien que tenía capital dinerario. Nacían las grandes manufacturas primero, y,
luego, con la difusión de la máquina de vapor, la era industrial.

La máquina de vapor y el surgimiento de la gran industria. La máquina de vapor había sido usada
originalmente para extraer agua de las minas. Pero durante el siglo XVIII, James Watt (1736- 1819), un
matemático e ingeniero escocés y el ingeniero británico Mathew Boulton (1728- 1809) establecieron un
convenio con los dueños de las minas de carbón que consistía en que recibirían la tercera parte de la suma
que se obtenía por el ahorro de combustible, a cambio del diseño de una máquina que posibilitase tal ahorro.
¿En qué consistió lo esencial de la innovación llamada ―máquina de vapor‖? ¿Cuál es la especificidad
de este instrumento, que posibilita hablar de revolución en el modo de producir? Lo fundamental consistió en
que los cambios en la estructura de la máquina permitieron una creciente independencia del proceso
productivo respecto de las limitaciones naturales. La primera máquina de hilar era movida por agua, pero el
agua como cualquier recurso natural tiene los límites e irregularidades propios de la naturaleza. Con la
máquina de Watt, en cambio, la industria minera y la textil, se independizaron paulatinamente de dos
limitaciones naturales: del hombre y de las contingencias climáticas (hoy la tecnología, a través de los nuevos
materiales posibilita una mayor independencia de ellos y también de las limitaciones de la materia prima).
Entre 1780 y 1815 las máquinas de la industria algodonera se dedicaban a hilar, cardar y alguna otra
operación secundaria. Poco a poco surgieron nuevas demandas derivadas de la industria del algodón, esto es,
surgieron exigencias de perfeccionar bienes de capital: construcción, máquinas, alumbrado industrial, buques
para transportar los productos, todo ello contribuyó al gran adelanto industrial de Inglaterra.
A diferencia de lo acontecido durante el período de hegemonía del capital mercantil, que tiende –
como vimos– al reforzamiento de la posición monopolista y al dominio sobre las colonias para obtener
metales; la emergencia del capital industrial prestó atención al proceso productivo y en particular a la

12
Las Guerras del Opio son también llamadas Guerras Anglo- Chinas, se trató de dos situaciones bélicas entre 1839
a 1842 y 1856 a 1860 respectivamente,. Gran Bretaña desplegó fuertes operaciones de contrabando de opio a
China, pese a la oposición del gobierno chino. La difusión del opio en la población destruía los esfuerzos contra
Inglaterra y sus pretensiones. Francia apoyó a Inglaterra en la segunda guerra y China fue derrotada, merced a lo
cual este páis debió tolerar el comercio de opio. Además coaccionó al gobierno de China a aceptar tratados
desiguales que le obligaron a abrir las puertas de ese país al libre comercio y a entregarle Hong Kong ( un lugar
estratégico a nivel geopolítico) a Gran Bretaña.

32
cuestión de los costos de producción. Ello influiría notablemente con el tiempo en el planteo de
interrogantes en el ámbito de las ciencias físicas, así como constituiría el horizonte de posibilidad de la
emergencia de las ciencias de la vida y de las ciencias sociales.
La gran industria universalizó la competencia y con ello se tornó necesario producir lo mejor y al
menor costo posible. La invención y difusión de las máquinas posibilitó un aumento de la productividad del
trabajo, con el consiguiente descenso del costo de las mercancías.
El punto de partida de la manufactura había sido la fuerza de trabajo, el punto de partida de la
industria en cambio fue el instrumento de trabajo. La manufactura preparó a través de la división del trabajo,
la revolución del proceso productivo, ésta se completó durante la revolución industrial y en ella la máquina
jugó un papel importante pero no fue el elemento determinante del proceso.
La máquina de vapor adquiere un rol central, porque la división del trabajo producida en la
manufactura elevó la productividad e hizo necesaria la presencia de un instrumento ejecutor que la aumentara
aun más en un contexto en que la búsqueda de ganancia era ya el único incentivo de la producción. La
máquina de vapor que había nacido en relación a problemas de minería, se difundió como aplicación y se
transformó en un motor.
El capitalismo industrial creó la necesidad de un motor universal: este motor tuvo su primera expresión
en la máquina de vapor, ella posibilitó la emergencia de un primer paradigma tecnológico vinculado a la
primera revolución industrial.

2. Técnica y tecnología. Paradigma tecnológico y revolución industrial.

En este trabajo distinguiremos entre ―técnica‖ y ―tecnología de acuerdo con bibliografía actual:
―Técnica‖ es un conjunto de conocimientos adquiridos por la experiencia y puestos al servicio de la
pregeneración o transformación de una cosa o proceso (el zapatero y el pintor poseen en ese sentido diversas
técnicas). ―Tecnología‖, es un término que surge en el siglo XIX en el campo de la industria química y alude
a conocimientos científicos aplicados a la producción de mercancías.
También hablaremos de "patrón" o "paradigma tecnológico", un concepto tomado de la teoría de
Kuhn, pero aplicado al ámbito sociotécnico.13 El paradigma tecnológico es definido como un conjunto de
innovaciones incrementales (o paulatinas) cuyas transformaciones permiten el aumento de la productividad y
la acumulación de capital modificando pero no transformando la matriz insumo-producto14. El cambio de
paradigma (cada revolución industrial) será considerado como un conjunto de innovaciones mayores que
forman un nuevo sendero, transformando la matriz de insumo-producto15. Cada nuevo paradigma
tecnológico aumenta la productividad y reduce los costos, cuando el paradigma anterior ya no lo permite. En
consecuencia la condición para el surgimiento de un nuevo paradigma tecnológico está vinculada a la caída
en el dinamismo de acumulación de capitales. Todo paradigma tecnológico tiene un factor llave o insumo
clave, se dice que éste es aquel complejo tecnológico que cumple con las siguientes condiciones:
1) costo relativo bajo y con tendencia decreciente
2) oferta aparentemente ilimitada
3) universalidad del uso, masiva y evidente
4) factor base de un conjunto de innovaciones tecnológicas.
Un paradigma o patrón tecnológico dominante, es aquel que asegura o tiende a asegurar las
características fundamentales y especificas de una formación social determinada; una revolución tecnológica
o industrial consiste en la difusión de un factor llave, que es el que produce la consolidación de un nuevo
paradigma tecnológico que resuelva los problemas que trababan la reproducción de una formación social.

13
Utilizo la palabra ―sociotécnico‖ pues entiendo que todo cambio técnico o tecnológico supone una serie de transformaciones
en las relaciones sociales. Nada es puramente técnico, o dicho de otro modo la técnica y la tecnología son modos en los que los
hombres se relacionan entre sí y con la naturaleza.
14
―Matriz insumo- producto‖ refiere a la materia prima que ingresa al proceso productivo (por ejemplo algodón) y lo que se
produce como consecuencia del mismo (telas de algodón)
15
Así una revolución industrial posibilita generar productos que no existían previamente o que existían con características bien
diversas. Tal es el caso de nuevos tipos de telas que surgen luego de la primera revolución industrial. O las semillas
transgénicas, que emergen de la tercera revolución producida en los años de 1970.
33
En el caso de la primera revolución industrial, el insumo clave fue el carbón (últimas décadas del siglo
XVIII). En el caso de la segunda fue la electricidad (fines del siglo XIX). En la tercera es el conocimiento
científico (a partir de la década de 1970 aproximadamente).
Ahora bien, la acumulación de capital como consecuencia de sus necesidades intrínsecas tiene una
tendencia secular hacia la búsqueda de independencia de toda restricción proveniente de la naturaleza como
insumo de la acumulación. En general, esta restricción puede identificarse como: conjunto de recursos
naturales, por un lado y fuerza de trabajo, por otro.
Con respecto a la fuerza de trabajo, durante el capitalismo, el proceso productivo ha tendido a
independizarse de sus limitaciones orgánicas y de sus limitaciones históricas, dadas las peculiaridades de la
fuerza de trabajo en cada sociedad. La tecnología jugó en este sentido un papel fundamental: ha posibilitado
al capital depender cada vez menos de la cantidad, calidad y docilidad de la mano de obra, así como de modo
creciente ha permitido prescindir de las limitaciones y contingencias climáticas, de los ciclos naturales, etc.
Las crisis cíclicas del capitalismo y el desarrollo tecnológico. El desarrollo capitalista ha tenido y
tiene como único motor, la ganancia. El aumento de la tasa de ganancia supone, como requisito, el descenso
de lo pagado en términos de salarios, o dicho en otros términos, producir más en la misma unidad de tiempo.
Pero el descenso en el salario real, produce una disminución del consumo, ello a su vez implica un descenso
en la demanda de mercancías. Este proceso, tuvo y tiene como consecuencia inevitable, crisis periódicas. El
núcleo de las crisis está, entre otros aspectos, precisamente en el hecho de que desarrollo tecnológico
posibilita una mayor productividad, ella una sobreproducción y al mismo tiempo una menor intervención de
la fuerza de trabajo. Ello genera desocupación, endeudamiento de las mayorías y mayor enriquecimiento de
grupos minoritarios. Pero esto a su vez produce sobreproducción de bienes o servicios que nadie puede
consumir (Marx, 1988). Entre 1830 y 1840 se suscitan grandes problemas sociales en Europa, fue el período
de la primera gran crisis capitalista (1929 fue la fecha emblemática de otra gran crisis y el año 2008 comenzó
la mayor que ha asolado a la humanidad en este orden social, aunque ésta tiene características algo diversas a
las que ocurrían en el siglo XIX la primera mitad del XX).
Las más graves consecuencias fueron (y son) de carácter social: miserias y descontento. La revuelta
estalló bajo la forma de levantamientos espontáneos de los pobres en las zonas industriales y dio origen a la
revolución de 1848 en Europa continental y al movimiento cartista en Inglaterra16 (sobre esto volveremos al
hablar de la emergencia de las ciencias sociales). No sólo los pobres, también los pequeño-burgueses y
negociantes, fueron afectados por la crisis (del mismo modo que en la crisis de comienzos del siglo XXI).
Los trabajadores reaccionaron destruyendo máquinas, muchos comerciantes, granjeros y pequeños patronos
simpatizaron con esta actitud (hoy miles de ―Indignados recorren las calles de Europa y EE. UU y los
movimientos sociales en América Latina claman contra medidas injustas que empobrecen a la población). En
la época que mencionamos comenzó a verse que las crisis en el capitalismo eran un fenómeno periódico y
regular en el comercio y las finanzas. Sin embargo aún se atribuían a errores particulares o a interferencias
extrañas. Más tarde las ciencias sociales comenzarán a buscar sus razones estructurales y será Karl Marx
(1867-1894) quien por fin las explicará no reduciéndolas a un ―mero fenómeno económico‖ sino analizando
por primera vez las crisis cíclicas del capitalismo incluyendo los procesos sociales, políticos, subjetivos y
económicos implicados en estos procesos. Luego, economistas liberales y neoliberales comenzarán a generar
experimentos sociales para resolverlas (tal es el caso de Keynes en la década de 1930 y los economistas
neoliberales a partir de 1970, o los intentos desesperados de algunos gobiernos europeos y el estadounidense
desde fines del siglo XX y comienzos del XXI).
La crisis que provocaba un descenso en la tasa de ganancia podía reducirse por una disminución directa
de jornales, por la substitución de obreros caros por otros más baratos y el reemplazo de trabajadores por las

16
El Cartismo (chartism en inglés) fue un movimiento de la reforma social y política en el Reino Unido que se desarrolló
entre 1838 y 1858. Su nombre proviene de la Carta del Pueblo (The People's Charter) de 1838 en la que petinionaban seis
puntos: a) Sufragio universal masculino desde los 21 años; b) votación por medio de sufragio secreto; c) que no fuese
necesario ser propietario para ser miembro del parlamento; d) dieta para los miembros del paralamento; e) parlamentos
anuales y f) Circunscripciones electorales de igual tamaño.

34
máquinas. El desarrollo tecnológico redujo el salario semanal de los tejedores en algunas ciudades inglesas
de 33 chelines en 1795 y 14 en 1815 a 5 y 6 en 1829-1834. Pero había un límite fisiológico a tales
reducciones, si no se quería que los trabajadores murieran de hambre como ocurrió a 500.000 tejedores
manuales. Sólo si el costo de vida descendía, (y por ende el costo de la subsistencia de los trabajadores),
podían descender más allá de ese punto los jornales. Es así que entre 1838 y 1846, se anulan en Inglaterra, las
leyes de cereales, que mediante tarifas protegían a los terratenientes ingleses de los cereales importados. El
objetivo de este procedimiento legal era hacer descender el mínimo necesario para la subsistencia de los
trabajadores y con ello hacer descender el salario real (hoy se aplican tecnología para aumentar la
productividad de la tierra y ello está generando problemas serios a nivel socio ambiental y por ende en la
salud y modoi de vida de millones de seres humanos).
No obstante, el descenso del costo de los alimentos no fue inmediato y sólo se produjo con la
construcción del ferrocarril y los vapores, que posibilitarían traer abundantes materias primas de zonas (como
América latina y en especial Argentina) donde las mismas se conseguían a precios mucho más baratos.
Bajo estas circunstancias la industria se vio obligada a mecanizarse, lo que reduciría los costos al
disminuir el número de obreros, a racionalizarse y aumentar su producción y sus ventas. Se hizo entonces
evidente que ninguna economía industrial puede desenvolverse más allá de cierto punto sin una adecuada
capacidad de bienes de producción (máquinas que producen máquinas). Pero esto supone mayores
dificultades ya que el mercado de bienes de capital es más restringido que el de los bienes de consumo. Por
otra parte requiere desarrollos en la metalurgia, sobre todo del hierro. Ésta requirió a su vez unas pocas
sencillas innovaciones, como la pudelacion17 y el laminado en la época de 1780-90.

El ferrocarril y el barco a vapor. En este ámbito el carbón era la fuente del poderío industrial del
siglo XIX y el combustible doméstico más importante. Así las minas fueron las primera en usar la máquina a
vapor. El poderío de la industria minera inglesa en 1800 era inmenso. Esta industria era lo suficientemente
grande como para estimular la invención básica que iba a modificar a las industrias de mercancías: el
ferrocarril. Las minas necesitaban medios de transporte adecuados para trasladar el carbón. A las vagonetas
que servían para transportar carbón, se le adosó un motor y así surgió el primer ferrocarril en 1825. Las
primeras líneas cortas se abrieron en EEUU en 1827, Francia 1828 y 1835, Alemania y Bélgica en 1835 y en
Rusia en 1837.
Entre 1830 y 1850 la producción de hierro en Inglaterra se triplicó, lo mismo ocurrió con la de
carbón. Ese impresionante aumento se debió al tendido de vías. De ese modo los hombres de negocios se
lanzaron a la construcción de ferrocarriles de modo súbito y en una carrera desesperada. En 1830 había una
docena de vías en el mundo, en 1850 había 23.500. Hubo un frenesí especulativo conocido como las "locuras
del ferrocarril". La mayoría se construyó con capital, técnicos hierro y máquinas británicas (aunque buena
parte de los capitales provinieron de países cuyos productos interesaban a Inglaterra, tal el caso de Argentina
que pudiendo construir sus propios ferrocarriles se endeudó innecesariamente con ese país y desarrolló un
trazado que sólo beneficiaba a los negocios de exportación e importación entre empresarios de ambos países
(Scalabrin Ortiz, 2001) (Puiggrós, 1986).
No obstante, el beneficio que dejaba el ferrocarril no era muy alto,¿cuál era la razón entonces de la
fiebre inversora? La causa estribaba en que las dos primeras generaciones de la revolución industrial inglesa
acumularon tantas rentas y tan rápido que no había cómo gastarlas o invertirlas. La clase feudal y
aristocrática, sin duda malgastó las ganancias, pero las clases medias, que eran el núcleo de los inversionistas
en ferrocarriles, eran ahorrativas. (Hobsbawm, 1991:48).
Entre 1840 y 1850 la ciencia agronómica y la ingeniería alcanzaron por su parte la mayoría de
edad. Fue posible mediante la adopción de métodos descubiertos a principios del siglo anterior para la
racionalización y expansión de áreas de cultivo. Pero todo ello dependió de una transformación social antes
que técnica: por la desaparición de los cultivos comunales medievales y el establecimiento del cercado de
tierras. Este proceso, produjo por otra parte la emigración de mano de obra desocupada desde el campo a la
ciudad, este proceso aumentó el número de brazos disponibles para la industria, lo cual posibilitó el descenso
del salario y la baja en los costos de la misma. Tal descenso en el costo del salario fue facilitado también por

17
Pudelación: técnica de refinado del hierro en altos hornos que permiteobener hierro forjado.
35
dos hechos: la anexión de las tierras de Irlanda y, como decía el economista clásico David Ricardo, la
construcción de relaciones con un mundo de bellas y productivas praderas: Argentina.

Las disciplinas. Pero para el desarrollo industrial, el aumento del número de trabajadores y la baja en
el costo del salario no es suficiente, también es importante que todo trabajador actúe de modo eficaz. Los
empresarios ingleses se quejaban entonces de la indolencia de la fuerza de trabajo. Para contrarrestar ese
hecho la solución fue el establecimiento de una disciplina laboral estricta y la práctica de bajar el salario al
mínimo indispensable, para obligar a trabajar intensamente. En las fábricas, donde el problema de la
disciplina era importante, se utilizó el empleo de mujeres y niños, más dúctiles y más baratos que los varones
adultos. Este proceso puede analizarse en las novelas de Charles Dickens, muchas de ellas llevadas al cine.
Otra práctica fue transformar a los trabajadores expertos en los capataces de los inexpertos auxiliares. El
capataz tomó a su cargo la función de vigilancia y tenía como objetivo evitar que los operarios flaqueasen.
Se desarrollaron también múltiples estrategias de moralización de la clase trabajadora: valorización
del lugar de la mujer como madre abnegada que a través de su presencia logra que el marido salga de la calle
y los motines, estímulo a las parejas a que se casan y abandonen el concubinato, se crearon institutos de
reforma de menores, se trató de establecer una alianza entre el médico y la madre en la organización de una
vida ordenada de acuerdo a hábitos sanos (volveremos sobre este tema al hablar del nacimiento de las
ciencias sociales).
La burguesía ahora triunfante, utilizó a la ciencia y a la tecnología como herramientas para su
desarrollo. Se constituye así un modo de producción nuevo, sobre ―los huesos y la sangre de las rebeldes
manos de trabajo" (Hessen, 1989: 138). Las revoluciones industriales, tuvieron una consecuencia inevitable y
estructural: el aumento del desempleo y la creación de un ejército industrial de reserva que permite el
descenso del costo de la mano de obra.

3. Las ciencias, la revolución industrial y los Estados nacionales .


No sostendremos que la evolución de las ciencias pueda ser analizada exclusivamente desde el punto
de vista de la sociedad en la que emergen ( El planeta Neptuno es descubierto en 1846 gracias a las tablas de
Bouvard que mostraban desviaciones en el planeta Urano y no por razones externas a la astronomía)
(Hobsbawn, 1991). No obstante, de modo análogo a lo planteado en el capítulo I, es plausible sostener de
acuerdo con algunos epistemólogos e historiadores que los procesos sociales funcionan al menos como
posibilitantes de que ciertas preguntas emerjan en el ámbito científico e incluso de que se destinen recursos
humanos, técnicos y económicos a resolver esos problemas. Las transformaciones científicas, como hemos
visto, están vinculadas a nuevas maneras de plantear problemas, nuevos campos de investigación, nuevos
procedimientos, nuevos instrumentos teóricos y prácticos, luchas al interior de la comunidad científica y todo
ello puede estar influido por factores externos a la ciencia. Vimos que algo de esto planteaba Thomas Kuhn,
si bien no lo desarrolló.
En el período que llega hasta 1850, las ciencias físicas avanzan mayoritariamente de modo
acumulativo (tal el caso de la astronomía que progresa dentro del paradigma newtoniano). Pero hubo también
puntos de ruptura o puntos de partida radicales en algunos campos del pensamiento (como la matemática);
algunas ciencias construyeron un nuevo paradigma (como la química); y surgieron algunas nuevas (como las
ciencias de la vida y las ciencias sociales).

Ciencia básica, aplicada y tecnología. Las instituciones científicas, el Estado y las empresas.

Desde algunas posiciones epistemológicas se suele escindir a la Ciencia en: Ciencia Básica, Ciencia
Aplicada y Tecnología, como tres instancias diversas. La primera sería una actividad destinada sólo a la
obtención de conocimientos teóricos, sin que ello implique su aplicabilidad (por ejemplo ciertos desarrollos
en matemática o en la teoría genética); la ciencia aplicada sería un proceso que a partir de los avances de la
ciencia básica intentaría resolver ciertos enigmas que propone la sociedad o la naturaleza, por ejemplo
cuando a partir de los principios de la genética se intenta conocer cómo se da la reproducción humana, cuáles
son las probabilidades de que nazcan determinadas personas con cierto tipo de caracteres según su
genealogía; finalmente la tecnología sería la aplicación de estos saberes para producir mercancías que
36
tendrían impacto en el mercado. Para algunos epistemólogos los límites entre estas tres esferas serían claros
y particularmente la ciencia básica se buscaría por el puro afán de conocer, a diferencia de la tecnología que
estaría movida por intereses concretos (Bunge, 1960). La historia efectiva de la ciencia parece poner en duda
esta división e indicar, en especial en los tiempos actuales, que tal escisión difícilmente sea plausible.
Precisamente en el siglo XXI son las necesidades de las grandes empresas en el mercado, las que hoy indican
las líneas tecnológicas a desarrollar y éstas determinan campos de investigación aplicada y básica.
Tampoco el período que estamos analizando parece autorizar la idea de que la ciencia básica se
busque sólo por el afán de saber. Sí es cierto que a los científicos individuales puede moverlos tal aspiración,
pero la ciencia como práctica social, en los hechos no parece estar desligada de los intereses concretos.
Durante los siglos XVIII y XIX, las peticiones hechas a los científicos por los gobiernos y la industria
tuvieron un fuerte impacto. La Revolución francesa movilizó a los científicos: Carnot fue puesto al frente del
esfuerzo de guerra que Francia emprendió para conquistar Europa, el matemático y físico Monge fue
ministro de marina entre 1792 y 1793; un equipo de matemáticos y químicos condujeron la producción
bélica, así como antes el químico y economista Lavoisier había preparado el cálculo de la renta nacional. Ésa
es la primera vez en la historia en que expertos científicos pasan a formar parte de los gobiernos. Ellos van a
conformar un verdadero funcionariado de Estado. En Inglaterra por su parte, la revolución en el ámbito
textil, del carbón, del hierro, del ferrocarril y de los navíos, utilizó en sus comienzos a personas
experimentadas, más que a científicos.
No obstante, la ciencia se benefició de la importancia dada a la educación científica y técnica. La
Revolución francesa, por ejemplo, creó la Escuela Politécnica (1795) y el primer esbozo de la Escuela
Normal Superior (1794), que sería parte de la reforma de la enseñanza media y superior realizada por
Napoleón. También revivió a la Real Academia (1795) e instituyó el Museo nacional de Historia Natural
(1794), primer verdadero centro de investigaciones fuera de los ámbitos de las ciencias físicas. La
supremacía de la ciencia francesa durante ese período se debió a todas estas innovaciones. La influencia de
la Revolución Francesa también se hizo sentir en Prusia, donde en 1810 se creó la Universidad de Berlín, ella
se convirtió en modelo de las universidades alemanas, las que a su vez serían el patrón de las instituciones
académicas del mundo entero. La misma influencia se hizo sentir en Praga, Viena, San Petesburgo,
Estocolmo, Copenhague, Bélgica y EEUU (Massachusets). Esto no ocurrió así en Inglaterra, hasta que se
fundó la Royal Institution, en 1799. Ese lugar dio facilidades a la investigación, transformándose en un
laboratorio de investigación ejemplar donde trabajaron Davy y Faraday. Otras entidades para el progreso de
la ciencia como la Sociedad lunar de Birmingham y la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester,
obtuvieron el apoyo de los industriales de la zona. El fundador de la teoría atómica, John Dalton, procedía de
esta última. El grupo de Jeremías Bentham (pensador de indudable influencia en el campo de las técnicas de
control social, como veremos) fundó en Londres la Institución Mecánica de Londres como escuela para
técnicos, la Universidad de Londres surgió como contrapeso al retraso de Oxford y Cambridge, así como en
1831 se fundaba la Asociación británica para el progreso de la Ciencia.
No eran instituciones creadas para buscar desinteresadamente el conocimiento, sino para formar
técnicos al servicio de la industria. La construcción de instituciones en las que la comunidad científica
pudiese desarrollar sus hipótesis, debatir y actuar fue esencial para la construcción de paradigmas científicos.
Pero esas instituciones jamás han sido ni son absolutamente ajenas a exigencias gubernamentales y
empresariales.
En el período que va hasta 1850 se extendió la ciencia en dos direcciones. En primer lugar, el progreso
del comercio y la exploración abrió nuevas zonas del mundo a los estudios científicos. En segundo lugar el
universo científico se ensanchó para abarcar pueblos y países que antes no participaban. La ciencia pareció
reflejar el ascenso de las culturas nacionales, al mismo tiempo las comunidades científicas dejaron de ser
cosmopolitas como lo habían sido entre los siglos XVII y XVIII. En adelante los científicos permanecerían
en sus áreas lingüísticas y geográficas, el siglo XIX y aun el XX serían testigos de hondos enfrentamientos
entre científicos, que más que reflejar divergencias teóricas, expresaban enfrentamientos entre naciones. La
ciencia se transformó en un elemento de prestigio nacional y estatal. A menudo fue cultivada no sólo por las
ventajas económicas o la preeminencia bélica o los problemas sociales a los que podía dar respuesta, sino que
también cumplió una función de ascendencia para los Estados.

37
Durante el siglo XVIII y sobre todo el XIX se consolidaron tres tradiciones científicas diferentes: la
alemana, la francesa y la inglesa. Los franceses hicieron de la máquina la analogía fundamental para concebir
el universo e incluso los fenómenos humanos que poco a poco entraron dentro del marco de la ciencia. Los
ingleses siguieron una dirección pragmatista y empirista, pero no descartaron ni negaron por ello, la visión
metafísica o religiosa del universo. Los alemanes fueron en general más introspectivos, se interesaron
crecientemente por la actividad propia del espíritu humano y llegaron a concebir el universo como saturado
de una actividad espiritual análoga a la humana (Mason, 1964).
En Argentina las ciencias tendrán un importante impulso a partir de 1880, momento de creación del
Estado Nación y de integración del país al mercado europeo, fundamentalmente a partir del desarrollo de la
navegación y en particular de barcos frigoríficos que posibilitaron la exportación de carnes a Inglaterra.
Período en el que también han comenzado a llegar las grandes oleadas migratorias de Europa. Momento en
que las condiciones de vida en Buenos Aires y Rosario generan atroces epidemias y problemas sociales. Las
ciencias médicas tendrán en este contexto un importante desarrollo. Aunque como en ellas se delinearon
diversas corrientes, algunas se centraron más en los factores físicos que daban origen a esos fenómenos y
otros en los factores socioambientales. De ahí que disciplinas como la criminología y la psicología, tienen ya
desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, aportes centrales en la Argentina aun cuando, la creación de
la facultad de psicología será muy posterior en el tiempo. Sin embargo la institución universitaria, así como
otras creadas a tal fin darán impulso a las investigaciones.

4. Los problemas planteados a las ciencias físicas por la revolución industrial.


Las ciencias físicas, durante el período de la revolución industrial, continuaron dentro del paradigma
newtoniano, no obstante dentro de ellas se abrió un nuevo campo el de la electricidad o del
electromagnetismo. Cinco fechas indican el proceso: en 1786 Galvani descubre la corriente eléctrica; en
1799 Volta construye la batería; en 1800 se inventa la electrólisis; en 1820 Oersted descubre la conexión
entre electricidad y magnetismo y en 1831 Faraday establece la relación entre estas fuerzas y explora un
acercamiento a la física en términos de "campos" más que de impulsos mecánicos.
Lo más importante fue el descubrimiento de las leyes de la termodinámica, es decir de las relaciones
del calor y la energía.
Podríamos preguntarnos si hay vinculación entre los procesos técnicos de la revolución industrial y
estos avances de la física en el siglo XIX. La respuesta parece ser afirmativa. El paradigma newtoniano había
estudiado una forma de movimiento: el mecánico. Entre los siglos XVI y XIX ciencia física y mecanicismo
habían llegado a coincidir; ello implica que un fenómeno no podía ser explicado científicamente, e incluso no
podía ser ubicado en el campo de las ciencias naturales, salvo en la medida en que pudiese reducirse a
fenómenos mecánicos, era el ideal de la ciencia constituida desde el renacimiento, liberándose de toda
concepción teleología de la naturaleza. En ese paradigma, como vimos, el mecanicismo, es la reducción de
todos los fenómenos naturales al funcionamiento de una máquina gigantesca, en la cual cada pieza, está
determinada por las otras. Todo hecho es rigurosamente determinado por otros y determina en forma precisa
a los hechos posteriores. Ese determinismo o concatenación necesaria de los hechos es expresado en las
leyes naturales; la ciencia así pensada tiene como objetivo predecir con precisión los hechos futuros a partir
del conocimiento de los presentes.
Ahora bien, en la naturaleza existe una variedad de formas de movimiento de la materia. En el caso de
las que estudia la física hay movimiento térmico, mecánico y electromagnético. Desde comienzos del siglo
XIX había una serie de hechos que no podían explicarse sólo desde el mecanicismo: fenómenos técnicos
ligados a la máquina de vapor, que eran de carácter lumínico, eléctrico y magnético. Los problemas surgieron
porque el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, eran considerados substancias, es decir materias
sutiles, fluidas e imponderables, explicadas así como parte de la mecánica en tanto fueron consideradas
vibraciones de los corpúsculos que constituyen la materia de los cuerpos.
No obstante pronto estas explicaciones entraron en crisis: al mecanicismo se le opone el energetismo.
La hipótesis de la constitución mecánica de la naturaleza es substituida por la de la constitución eléctrica.
La mecánica estudia una forma de movimiento que consiste en el desplazamiento de los cuerpos en el
espacio. Pero hay otras formas de movimientos, en las cuales el desplazamiento mecánico queda en segundo
plano. Por ejemplo, el movimiento de los electrones, aunque tiene relación con la mecánica, no se reduce a
38
ella. El desplazamiento mecánico es solo una forma parcial de movimiento. En la naturaleza, cualquier forma
de movimiento se halla siempre vinculada con la transición de una forma de movimiento a otra.
Con el desarrollo de la Revolución industrial, surgió la necesidad de estudiar esas nuevas formas de
movimiento de la materia y el uso de las mismas para las necesidades de la producción. La máquina de
vapor impulsó el estudio de una nueva forma de movimiento: la térmica.

La máquina de vapor y el desarrollo científico. Hay una fuerte vinculación entre el desarrollo de la
termodinámica y la difusión de la máquina de vapor. A diferencia de las máquinas mecánicas, como la polea
y la palanca, en las que un tipo de movimiento se transforma en otro tipo igual de movimiento (mecánico);
en la máquina de vapor un tipo de movimiento, térmico, se transforma en otro tipo: mecánico. Ello se vincula
al problema de la energía y sus transformaciones (Hessen, 1989).
Cualquier máquina consta de tres partes: motor, mecanismo de transmisión y el instrumento ejecutor.
La cuestión vista desde el punto de vista histórico radica en que en diferentes épocas la máquina tiene
diversos objetivos. Hasta la época de Newton la literatura habla de cinco máquinas simples: la palanca, el
tornillo, las poleas, el torno y la cuña. Ellas servían fundamentalmente para elevar y trasladar pesos. Las
máquinas de la revolución industrial en adelante tienen un propósito diferente: la modificación de la materia
de la cual se obtiene el producto. Esa transformación debía ser hecha con el menor gasto de energía posible.
Por otra parte las máquinas previas a la revolución industrial, tienen un motor externo; aquello que
engendra en ellas el movimiento es algo diferente de ellas mismas: un elemento natural como la fuerza
humana o la del viento. Las máquinas de la revolución industrial en adelante tienen un motor interno, movido
por un elemento o insumo clave (el carbón, luego la electricidad, hoy el microchip) que las hace
paulatinamente independientes de los avatares de la naturaleza, pero que requiere por ello mismo, de la
intervención del conocimiento humano. Esto equivale a decir, que a partir de la primera revolución
industrial, el conocimiento científico se transformó de modo creciente en un insumo clave para el desarrollo
tecnológico.
En la primera mitad del siglo XIX el interés de los físicos se concentró en la fuerza motriz del calor;
por un lado era evidente que el calor puede engendrar trabajo mecánico (los motores de vapor) y por otro el
trabajo mecánico genera calor (por ejemplo en el movimiento mecánico de fricción de dos manos, genera
calor).
A diferencia de Newton, Watt, se dedicó en el laboratorio de la universidad de Glasgow, al estudio
minucioso de las propiedades termodinámica del vapor, de este modo sentó las bases de la termodinámica
como parte de la física. Llevó a cabo experimentos acerca de la temperatura de ebullición del agua e
introdujo el estudio de las propiedades físicas del vapor de agua.
Emerge así el estudio detallado de los procesos físicos de la máquina de vapor y una teoría general de
las máquinas y su rendimiento, que fue llevado adelante por Carnot (Sobre la potencia motriz del fuego,
1824). Este científico plantea el problema acerca de si la potencia motriz del fuego es limitada o infinita, o
sea, se refiere a la capacidad de rendimiento del motor. ¿Pueden las máquinas perfeccionarse de modo
ilimitado? Carnot sostiene que las máquinas cuyo motor es la fuerza del hombre o del viento o del agua,
pueden ser estudiadas por medio de la mecánica teórica y todos sus movimientos pueden ser previstos y
subsumidos bajo principios generales. Pero la teoría que explique los movimientos de la máquina de vapor,
no existe. Para ello sostiene Carnot, la física debe ampliarse: nuevos trozos de realidad deben explorarse y
nuevas leyes deben concebirse.
En este punto se plantea claramente la relación entre tecnología y ciencia, entre ciencia y
necesidades planteadas por el desarrollo económico y social. Aquí estamos asistiendo al comienzo de lo que
se denominará "tecnología", es decir la articulación de conocimiento científico y desarrollo técnico al
servicio de la producción.
Todo lo anterior puede sintetizarse en la idea de que la sucesión histórica del estudio de diferentes
formas de movimiento físico de la materia haya sido la siguiente: mecánica, calor, electricidad. De modo
paulatino surgió la hipótesis, no mecánica, de que el calor era un movimiento de las partículas de los cuerpos
y no una substancia.
Así emerge la categoría "energía" como uno de los problemas fundamentales de la física, ella surge
cuando aparece el problema de la correlación de las diferentes formas de movimiento. El concepto de energía
39
está indisolublemente unido con la transformación de una forma de movimiento en otra y con la medida de
esta transición. La física contemporánea subraya el aspecto cuantitativo y constata la constancia de la energía
durante sus transformaciones (Hessen, 1989).
Ya Descartes había adelantado la idea de la constancia cuantitativa y la invariabilidad de la cantidad
de movimiento. Pero fueron Mayer y Helmhotz, quienes en el siglo XIX introdujeron la novedad en la física,
de que en las transformaciones de las formas de movimiento, la cantidad de energía permanece constante.
Esto es lo nuevo y no la simple constatación general de su constancia.
Entre 1842 y 1843 se formula el primer principio de la termodinámica, según el cual existe
equivalencia entre el trabajo consumido y el calor producido o entre el calor que se consume y el trabajo que
se produce. Luego se amplió y se convirtió en el principio de conservación de energía, según el cual la
cantidad de energía en el universo permanece constante, no puede aumentar ni disminuir, sólo
transformarse. La demostración de ese principio le cupo a los físicos alemanes Robert Mayer y Herman von
Helmhotz. Éste, en su memoria "Sobre la conservación", de 1847, dio al primer principio de la
termodinámica su formulación general: como el trabajo es calor (y también electricidad), se puede
transformar el uno en otro; vale decir, son manifestaciones diversas de una misma energía, la cual, sin
embargo, permanece inmutable en su cantidad.
A partir de la elaboración de este principio, diferentes fuerzas de la física (el calor, la electricidad, la
energía mecánica), que se consideraban hasta ese momento inmutables, del mismo modo que se
consideraban inmutables las especies biológicas, pasaron a concebirse como formas de movimiento
interrelacionadas, capaces de transformarse unas en otras, de acuerdo con determinadas leyes. La física y la
astronomía, llegaron a la conclusión de que el resultado último es un ciclo eterno de la materia en
movimiento. Así el problema de la energía se coloca en primer plano.
El problema de la energía y el movimiento se extendió a otros ámbitos, por ejemplo al de la Historia y
al de la Vida. El siglo XIX verá plantear y desarrollar en el ámbito de la filosofía el problema de la historia y
el cambio, el problema de si éste es finito o infinito, como uno de los problemas centrales del siglo. Así
primero Kant en el siglo XVIII y luego Laplace plantearon que el sistema solar es resultado de un desarrollo,
lo cual implica una visión, diferente a la de Newton, acerca de que la naturaleza es inmodificable. Con ellos
penetra por primera vez en las ciencias naturales la idea de desarrollo. El sistema solar no es una creación
divina, como pensaba Newton, sino que proviene en su devenir, de causas naturales. Dios deja de ser
necesario para explicar el universo, así lo afirma Laplace, en su "Sistema del mundo".
Pero, si el sistema solar es producto de un desarrollo, se ve problematizada la idea de un universo
inmutable y de la eterna repetición de los mismos procesos. A partir de investigaciones realizadas por Carnot
18
en Francia y Clausius en Alemania (entre otros) se mostró que en una máquina el proceso de
transformación de trabajo para generar calor no es íntegramente reversible pues siempre habrá una pérdida
de cierta cantidad de calor.
Más tarde, las investigaciones mostraron que el proceso de transformación del trabajo en calor no es
íntegramente reversible, si invertimos trabajo para aumentar la temperatura de un cuerpo, sólo podremos
obtener en parte la transformación inversa. Siempre habrá una cantidad de calor que no podrá ser
convertida otra vez en movimiento. Aplicado esto al universo implica que al ser la degradación de la energía
continua, se llegará un punto en que la nivelación de la temperatura interrumpirá la condición de la
transformación de la energía y por lo tanto el devenir de la naturaleza. El universo dejará de existir, se trata
de la muerte térmica del universo. Las discusiones sobre la eventualidad de una catástrofe general, se
suspendieron cuando se consideró que nada justifica tal muerte térmica, pues nada justifica científicamente,

18
Ya antes de 1824 Carnot intuye el denominado segundo principio de termodinámica. Una máquina térmica sólo produce
trabajo cuando el calor pasa de un cuerpo de temperatura más elevada (caldera) a uno de temperatura más baja (heladera); no habría
trabajo si existiese la misma temperatura en todas las partes de la máquina, porque entonces el calor no podría pasar de una a otra. Y
además, en una máquina térmica perfecta es necesario poder llevar el calor de una temperatura más baja a otra más alta por medio
del consumo de un trabajo igual al que se podría producir mediante el paso de la temperatura más elevada a la más baja. Dicho de
otro modo , en una máquina térmica, el sistema debe poder ser reversible, de modo que se constituya un ciclo. Este principio
intuido por Carnot, fue formulado por Rudolf Clasius, alemán, y por ende lleva el nombre de principio de Carnot-Clausius.

40
la idea de que el universo sea un sistema cerrado (sin comunicación con el exterior, de donde puede
recuperar de alguna forma la energía perdida). El principio de Carnot vale sólo para sistemas cerrados.
La ley de la degradación de la energía, planteó serios problemas al paradigma de Newton, pues éste
parte del supuesto de que los fenómenos son reversibles, por ejemplo la tierra describiría en sentido inverso
la misma órbita que describe en sentido directo, si las condiciones iniciales de su movimiento se invirtieran.
De modo que a la luz de la mecánica, no se explica la degradación de la energía, la disminución de la energía
utilizable.

6. La segunda revolución industrial. Algunos desarrollos en las ciencias físicas y


en la química.

El siglo XIX fue también testigo de los desarrollos de la teoría de la luz, la electricidad y el
magnetismo. Todos ellos habían sido considerados fluidos imponderables capaces de ejercer acción a
distancia, análoga a la gravitación newtoniana. En los primeros decenios del siglo XIX se examinó la
relación entre electricidad y magnetismo. A ello le siguió inmediatamente la fabricación de electroimanes y
en la universidad de Pisa, Antonio Pacinotti inventa la primera dínamo y Galileo Ferraris, en la universidad
de Turín, concibe el primer motor eléctrico.
Este último invento habría de revolucionar la tecnología y daría lugar al segundo paradigma
tecnológico que generaría a fines de siglo XIX, la segunda revolución industrial, en la cual el insumo
fundamental fue la electricidad (recordemos que en la primera había sido el carbón). La electricidad fue
fundamental pues permitió a las fábricas trabajar durante veinticuatro horas, superando, de este modo, las
limitaciones de la luz.
En relación a la electricidad surgieron hipótesis en las que la constitución atómica de la materia, que
era una de las bases del mecanicismo tradicional, comenzó a ser modificada radicalmente. Al mismo tiempo
el concepto de campo electromagnético cobró relevancia.

Una revolución científica. La teoría atómica de la constitución de la materia. A mediados de siglo


XVIII, el viejo paradigma de la química sostenía como principio básico que el aire, el agua, la tierra y el
fuego eran los ―elementos últimos‖ de la naturaleza. La revolución iniciada por un equipo de trabajo
encabezado por Lavoisier durante la segunda parte del siglo XVIII romperá con ese paradigma. Lo esencial
de la ruptura fue el cambio en el concepto de elemento: el agua, el aire, la tierra y el fuego habían sido
considerados desde la antigüedad (excepto en la tradición de los atomistas) como las substancias últimas de
lo real; a partir de esta revolución científica, dejarán de ser substancias últimas para convertirse en
compuestos (por ejemplo el agua está compuesta por hidrógeno y oxígeno).
La ruptura fue posibilitada por un refinado sistema de experimentación con pesas y balanzas aplicable
al estudio de los gases y líquidos, por ejemplo a una gota de agua. Estos exquisitos instrumentos permitían la
descomposición y análisis de algunos de los llamados ―elementos‖. El proceso fue acompañado por la
construcción de un lenguaje artificial propio de la química. Pero no sólo hay una transformación en los
principios básicos, en el lenguaje y en los instrumentos, también se transforma el método de investigación.
En 1768, Lavoisier se incorpora a la Academia Real de Ciencias. Allí produce una importante
revolución metodológica: impone la modalidad de trabajo en equipo siguiendo una investigación
previamente planificada. Lavoisier funda la química experimental, con la introducción de la balanza como
elemento de prueba para el estudio de los gases. A partir de esa introducción, la experimentación es
concebida como un proceso necesario para decidir acerca de la verdad o falsedad de una hipótesis. A partir
de que en el laboratorio comienza a descomponer y pesar diversos elementos líquidos y gaseosos, construye
el principio de conservación de la materia. Este principio estaba ya en los antiguos atomistas, pero ahora es
sujeto a prueba empírica. Ahora es formulado así: ―En toda reacción química, la masa se conserva, es
decir, la masa consumida de los reactivos es igual a la masa obtenida de los productos‖.
El proceso revolucionario en la química no fue ajeno, tampoco en este caso, a las necesidades
planteadas por el marco social, y político. La monarquía absoluta de Francia (al igual que otros gobiernos
europeos), durante el siglo XVIII había comprendido la utilidad de la ciencia como elemento de prestigio al

41
mismo tiempo que como un factor de desarrollo económico, bélico y de acción social. Lo mismo ocurrirá
más tarde luego de la Revolución Francesa.
Lavoisier, fue una expresión de ese proceso de comprensión de la utilidad de la ciencia para el
desarrollo de la acción estatal y empresarial. Alrededor de 1765 realiza experiencias en agronomía para
aumentar el rendimiento de la tierra. La ciencia deviene, poco a poco un instrumento de experimentación
agrícola y social.
Lavoisier era miembro de una familia burguesa acaudalada, su padre le compró un título de nobleza
durante la monarquía. La lectura de los escritos de Lavoisier muestra que sus intereses son científicos y
económico-políticos. Sostuvo que ambos tipos de procesos deben ser estudiados bajo el mismo modelo de
explicación. Así en su Elogio de M. Colbert de 1771, describe el comercio internacional como un sistema de
cambios y de flujos en el cual la cantidad de riqueza se conserva constante. Extiende así el principio de
conservación de la materia al campo de lo social y sostiene que "nada se crea, nada se pierde, todo se
transforma", es una afirmación adecuada para las explicaciones económicas. Del equilibrio natural se pasa
al equilibrio económico y a la idea de que ninguna revolución es capaz de alterar ese equilibrio.
Durante la monarquía absoluta Lavoisier había sido nombrado asistente en uno de los
departamentos cobradores de impuestos del gobierno y luego miembro titular en pleno de la Ferme
Générale, la principal agencia recolectora de impuestos. Esto le valió el odio popular y finalmente fue
ejecutado durante la Revolución Francesa con uno de cuyos grupos colaboró en los comienzos.
Los estudios sobre los gases de Lavoisier estaban vinculados a la idea de construir un aerostato,
como arma de guerra y medio de transporte de la monarquía francesa. También las investigaciones sobre
el agua y el aire, estaban relacionadas con la necesidad de combatir las atroces epidemias que asolaban las
ciudades europeas como Londres o París. Ellas eran el producto de las degradantes condiciones de vida de
los trabajadores –sobre las que volveremos. El aire y el agua eran considerados agentes conductores de
las epidemias (y a veces ―generadores‖ de las epidemias, de ahí la expresión ―aire viciado‖ que alude al
―vicio moral‖ como probable causa de muchas enfermedades). Puede verse algo de ese mundo en las
novelas del escritor conservador inglés Charles Dickens, algunas de las cuales fueron llevadas al cine,
aunque no siempre con la calidad adecuada a la grandeza que alcanza la obra de ese literato.
El carácter experimental de los estudios de Lavoisier fue aplicado a un fenómeno: la combustión. El
1º de Noviembre de 1772, remite a la Academia un texto acerca del rol del aire en la calcinación. Allí
propone un programa de investigaciones que denomina "una revolución en física y en química". A partir de
dos experiencias con el fósforo y con el azufre, Lavoisier intenta avanzar en una explicación general de toda
combustión y de toda calcinación. Con este programa hace entrar en crisis el paradigma hegemónico respecto
de los fenómenos referidos a la combustión. 19

19
En los fenómenos de combustión, hasta la época de Lavoisier, el flogisto era considerado un principio del fuego que al ser
liberado por el mismo durante el proceso de combustión produciría los fenómenos del calor y la luz. El fuego, por otra parte era uno
de los cuatro elementos-principios de la naturaleza y ello era sostenido todavía en la época de Lavoisier, no sólo por la Filosofía
especulativa, sino también por la química analítica. En efecto, Stahl (1660-1734), había sostenido una química que suponía una
filosofía de la materia de carácter corpuscular pero no mecánica. Stahl, admitía la existencia de partículas indivisibles, pero
combatía la idea de una materia única y uniforme. El suponía diversos tipos de átomos, individualizados por su cualidad y no por
sus propiedades geométricas, estos átomos determinarían las propiedades de las substancias mixtas, tales como el agua, el aire, la
tierra o el fuego. Es estudiando estos elementos complejos como pueden deducirse los elementos simples y no como sostenía
Descartes, partiendo de los elementos simples como se llega a los complejos. En efecto, los corpúsculos últimos, son para la
química de Sthal, incognoscibles, sólo son imaginables, no se los puede aislar. Sthal supone una serie de grados en la composicion
de la materia hasta llegar a los elementos básicos que sí resultan cognoscibles a través de la experiencia: el aire, el agua, la tierra, el
fuego. De donde en la modernidad, partiendo de la teoría del átomo vino a sostenerse la antigua teoría de los elementos- principios
de Aristóteles. De ese modo en pleno siglo XVIII la doctrina de los cuatro elementos triunfa no contra o a pesar del desarrollo de la
química analítica experimental, sino gracias a ella. Por otra parte, hasta mediados de siglo XVIII, excepto en Boyle, no se había
juzgado importante al aire en los fenómenos químicos. En 1774, Priestley publica una memoria acerca de las diferentes clases de
aire y es en ese año que aísla y caracteriza a lo que luego será llamado oxigeno. Lo mismo hacia Scheele en Suecia. Poco después
Cavendish aísla el hidrogeno. Pero Priestley interpreta su experiencia, como producto de una combinación de aire con flogisto y
llama al futuro oxigeno:"aire desflogistizado". Ello implica que sigue moviendose dentro del paradigma de los cuatro elementos
tradicionales. Lavoisier, quien había planeado cuidadosamente experiencias en el laboratorio, que incluian finísimas balanzas,
duda de esa doctrina. A partir de sus experiencias, observa que todas las substancias pueden existir en los tres estados: sólido,
liquido y gaseoso, no obstante en los fenómenos de la combustión no se desprende de la teoría del flogisto.
42
La revolución científica, tiene un punto central en el campo de la química cuando entre 1783 y 1789
Lavoisier, como producto del trabajo en equipo, elabora un Tratado elemental de química. Allí parte del
estudio de la composición del agua, por medio del cual destituye el viejo concepto de que agua, aire y fuego
son los elementos últimos que componen la naturaleza. Los experimentos acerca de la composición del agua,
se desarrollaron apoyados por la Comisión de estudios para el perfeccionamiento de los aerostatos, creada
por orden del rey. Los problemas de los aerostatos llevaban a la siguiente pregunta: ¿cómo fabricar el
hidrogeno en cantidad? A partir de ese problema, se perfeccionan aparatos de laboratorio y se realizan
experiencias de analizar y sintetizar el agua. El resultado es que el agua no es un elemento, sino un
compuesto.
Una vez realizado ello, Lavoisier se involucra en una tarea profundamente revolucionaria: la reforma
del lenguaje de la química. Lavoisier estaba convencido de la importancia de las palabras para la formación
de las ideas a partir de sus lecturas del empirista Condillac . Por ello deja de lado los nombres usuales y
construye un lenguaje artificial, forjado sobre las bases de su teoría. El resultado es un trabajo que se conoció
en 1787 como Methode de nomenclature chimique. Se trata de una nomenclatura fundada sobre la
necesidad de escapar al caos de denominaciones múltiples que no permiten estudiar ordenadamente los
fenómenos químicos. La reforma es una revolución pues introduce un espíritu nuevo. Es más un método para
denominar que una nomenclatura.
La ruptura en este caso es una verdadera revolución científica, pues los químicos en una generación
olvidaron su lengua habitual. Pero también produce una ruptura en el campo social: la química académica se
desarrolla en el cuadro de la nueva nomenclatura y en un espacio institucional sostenido desde el Estado y los
grandes empresarios, separada de la química artesanal de los fabricantes de drogas y perfumistas que
continúan usando el viejo lenguaje.
Los "elementos", son concebidos y definidos por Lavoisier, no como la última partícula elemental de
la naturaleza en sí misma, sino como la última partícula de la naturaleza, que ha sido aislada hasta ahora por
medios experimentales. Con esta definición Lavoisier rompe con la Historia Natural. A partir de ahora la
química crea su objeto, fabrica su propio universo.
El físico italiano Amedeo Avogadro, por su parte, logra determinar el peso de los átomos y constituye
el concepto de molécula, ella es la última partícula física de la materia. El átomo por su parte es la última
partícula de las reacciones químicas de la materia. Este último no está sujeto a ningún tipo de modificación.
Tomando el peso atómico del hidrógeno, que es el más liviano de los elementos, se pueden determinar en
relación a él, los pesos atómicos de los demás elementos.
Entre 1869 y 1938 diversos aportes de Mendeliev, Rontge, Becquerel y el matrimonio Curie, entre
otros, permitieron concluir que los átomos se han formado por evolución y pueden inversamente disgregarse
y transformarse en otros. Ellos no son ―elementos últimos‖ sino radiaciones invisibles, o sea energía emitida
por ciertos cuerpos, lo cual implica que la materia de la que están compuestos sufre transformaciones,
debido a las cuales se producen nuevas substancias que tienen un peso atómico inferior y con propiedades
físicas y químicas diferentes a las originales. Esta energía radiactiva depende de la desintegración del
átomo, el cual, es por ende un elemento complejo y no simple, un sistema con propiedades, provisto de
estabilidad imperfecta, capaz de desintegrarse (por medio de la emanación radiactiva) y convertirse en una
nueva substancia.20

20
En 1869 Dimitri Mendeleiev presentó la llamada "clasificación periódica" de los elementos. Dispuso en orden creciente de
peso atómico los 63 elementos conocidos (desde el hidrogeno hasta el uranio) y reunió en 6 grandes grupos a los elementos, según
propiedades semejantes. De aquí resultó que en la clasificación, se repetían a distancias oportunas, las propiedades físicas y
químicas. La simetría de la tabla llevó a establecer 92 casillas, 29 de las cuales estaban desocupadas, ningún elemento conocido
presentaba el peso atómico correspondiente. Mendeleiev sostuvo que esos elementos debían existir y con el tiempo se descubrirían.
Efectivamente en 1938, fue completada la tabla de Mendeleiev. Este descubrimiento corroboraba la hipótesis de que entre la
estructura de los diversos átomos existen relaciones de dependencia recíproca. Por ende, se podía inferir la unidad de composición
de los elementos, lo cual implica que los átomos se han formado por evolución y pueden inversamente disgregarse y transformarse
en otros. Esto se vio confirmado por el descubrimiento de los rayos X (Rontgen 1895 y Becquerel en 1896) y de los cuerpos
radiactivos (Curie, 1898). Se trataba de radiaciones invisibles, o sea energía emitida por ciertos cuerpos, lo cual implicaba que la
materia de la que estaban compuestos sufre transformaciones, debido a las cuales se producen nuevas substancias. El átomo dejó
de ser “un elemento” último.

43
Así el átomo pasó a ser considerado, no como un corpúsculo material, sino como un pequeñísimo
espacio ocupado por cargas eléctricas positivas llamadas protones y cargas eléctricas negativas llamadas
electrones. Por este camino surgió la "teoría eléctrica" de la materia.
Materia y energía se prestan así a ser consideradas como dos formas distintas de una misma
substancia. La materia es la forma estable de la energía, pero la misma, mediante la disolución de los átomos
puede tornarse en lo inestable que es conocido como luz, calor, electricidad, etc. Lo esencial no es ya la
energía cinética (como en el mecanicismo clásico), sino la eléctrica.
Las investigaciones en física desmentían la reversibilidad de los procesos, el rígido mecanicismo y el
inmutable determinismo. Pero sobre todo el movimiento ya no podía ser analizado de una manera mecánica
o necesaria. Esto se complejizaría con la investigación del mundo social.

7. Las Ciencias de la vida

Las ciencias físicas y la química estudiaban fenómenos naturales en los que la materia aparece como
inanimada, sin embargo al mismo tiempo, otro tipo de procesos caerá bajo la atenta mirada de los científicos:
se trata de la vida en sus diversas formas: vegetal, animal y humana. No es posible aquí inventariar los
desarrollos de estas ciencias, sólo mencionaremos algunos aspectos.
La vida no puede ser comprendida con los mismos paradigmas que los aplicados en la física o la
química inorgánica. Si bien ciertos niveles de la vida suponen procesos físico-químicos, el mundo de los
seres vivos plantea nuevos problemas que no pueden reducirse a esos niveles.
Hasta mediados del siglo XIX predominaron explicaciones acerca del mundo de la vida basadas en el
paradigma vitalista, según el cual la vida no es reductible a simples fenómenos físico-químicos, sino que en
ella los procesos son generados por la acción de una "fuerza vital" capaz de coordinar al organismo hacia un
fin último que es su propia conservación. En esta perspectiva no se podían utilizar los métodos mecanicistas
del mundo inorgánico. Esto cambiará paulatinamente con la introducción del método experimental en la
observación y experimentación de los fenómenos ligados a vegetales, animales y humanos.

El método experimental y la profesionalización de los sabios. Claude Bernard (1813-1878)


utilizando la experimentación en laboratorio mostró que el calor animal deriva de la combustión del azúcar y
es regulado por un mecanismo nervioso que actúa sobre el flujo de sangre, todo ello podía explicarse según
Bernard como un riguroso mecanismo de causas y efectos. Conducir el método científico de modo riguroso y
planificado –de manera análoga a lo que hemos visto en el caso de Lavoisier– se mostró como la única forma
de investigar en el área de los fenómenos vitales, entonces el argumento de la fuerza vital fue considerado
una artimaña para evitar el trabajo del rigor metodológico. Según Bernard existe un determinismo necesario
en las condiciones de los fenómenos de la vida. Pero, Bernard avanzó más allá: sostuvo que los fenómenos
vitales no son completamente reductibles a los factores físico-químicos, pues son más complejos.
De ese modo comienza a nacer la fisiología. Ella surge constituyendo el concepto de experiencia o
experimentación ahora aplicado al campo de los seres vivos. La fisiología evolucionó desde ser una ciencia
que toma como modelo a la física, en la cual el viviente es una máquina, hasta la emergencia de una
disciplina que tiene como objeto a lo viviente en su especificidad. Esta ciencia tiene dos puntos de apoyo: por
un lado todo lo vinculado al movimiento y al calor y por otro a la justicia y la moral. La cuestión de lo
viviente además de jurídica y moral es científica.
Desde este último punto de vista puede vincularse a la clínica y a la anatomía patológica (el hombre
enfermo). Lo concerniente al hombre "normal" se vincula la fisiología. Pero los estudios sobre la
―normalidad‖ están motivados por su otro: el anormal. Durante el siglo XIX adquiere relevancia el estudio
de los ―anormales‖ (así se llamaba a hermafroditas, locos, delincuentes, prostitutas, bandidos rurales,
anarquistas, homosexuales, comunistas) que ya se habían transformado para entonces en objeto de
preocupación para científicos, filósofos, funcionarios de Estado y hombres de empresa.
Para analizar el nacimiento de la fisiología, es menester pensar que se trata del momento en que los
conceptos médicos se separan de lo que Kuhn denominó la prehistoria y la arqueología de la biología. En esa
prehistoria no hay una visión unificada sobre los fenómenos de la vida, no hay un único paradigma
hegemónico. Para encontrar tal visón homogénea es necesario registrar el nacimiento de una institución
44
fundamental: se trata de la Academia21 científica que ha sido fundada para responder a las exigencias de la
Ciencia, de modo crítico y experimental, pero ligada al poder político y a la ideología. Una vez creada la
Academia deviene por naturaleza y dinamismo propio en condición de posibilidad teórica y práctica de un
cierto número de disciplinas.
La Academia y otras instituciones científicas marcan, ya antes de la Revolución Francesa, una
naciente profesionalizaron de los sabios, una definición progresiva de los medios de enseñanza y de difusión
de la ciencia. Los valores no preexisten a la institución, ellos emergen de las prácticas que en ella se van
instituyendo. La Conciencia profesional que se va constituyendo en las instituciones es tan importante que
ella hace la mayor parte de la unidad y el programa científico antes de hacer surgir las disciplinas especificas
por métodos controlados.

El laboratorio. En esta línea de análisis el laboratorio se constituyó en un lugar de observación y


experimentación. A comienzos del siglo XVII, la palabra ―laboratorio‖, que data de 1620, alude a un lugar,
donde se elabora la química del fuego en continuas experiencias. Designa un espacio de habitación y una
estructura compleja de función social, religiosa, económica y afectiva. Es también el lugar de hospedaje, real
o nominal, de quienes hacen experiencias y no son químicos. Es por ejemplo el lugar por donde pasan las
despensas y provisiones de los anatomistas. En 1688 es ya la oficina química del boticario. En 1733 ha
perdido el carácter de oficina que lo liga al arte del boticario y lo especificaba para los trabajos químicos,
designa el lugar de ejercicios de experiencia, cualquiera que pueda ser su naturaleza. Deviene así un lugar
científico de connotación experimental, pierde, de este modo la perspectiva química preponderante, no
obstante el sentido químico de los laboratorios es constante hasta fines del XVIII. En la Enciclopedia de los
Iluministas del siglo XVIII,22 el laboratorio es un lugar de química. Sentido tributario de la tradición
alquímica vinculada al misterio.
Es importante no olvidar que la alquimia y sus secretos han definido el lugar de las experiencias antes
que la física. Ésta estuvo más ligada desde sus inicios a la construcción de los grandes observatorios. Uno se
siente tentado de pensar que el tiempo de la historia se encuentra ritmado del lado de la mecánica y de las
máquinas, de modo que la experiencia significa una intervención reglada desde el principio. Esto es sólo una
ilusión retrospectiva. La edad clásica preindustrial vivía espontáneamente esta unidad: el laboratorio de la
ciencia es también el escrito, el libro, la discusión, la disputa y el viaje, tanto como el pulido de lentes, el
fuego o el torno de mano del artesano del cual el técnico hace el objeto de investigación. Todo era ciencia: la
ciencia especulativa y las descripciones de instrumentos, el comentario teórico y la representación grabada, el
discurso y el libro. El libro es el lugar imaginado, real, eficaz, concreto, de todos los saberes. El libro es
objeto científico real. Las descripciones de la Enciclopedia son los lugares de experiencia en los que la
ciencia se elabora.
En la segunda mitad del reino de Luis XIV, la utilización del libro para la propaganda católica y real es
considerable. En la empresa enciclopédica, el saber técnico y científico es simultáneamente meta y pretexto:
revelar lo secreto, exponer la racionalidad y sus exigencias en nombre de la verdad y del método, pasar por la
criba de la historia la autoridad sagrada o profana. En el siglo XVIII la estrategia enciclopédica parte del
principio de que las verdades científicas y el saber técnico, en tanto se difundan, pueden ser instrumentos de
un subrepticio cuestionamiento de la autoridad por parte de la burguesía ascendente. La empresa

21
La academia es una sociedad científica, literaria o artística establecida con patrocinio privado o público. Su rol como
institución consiste en el fomento de una actividad cultural (literatura, lengua, danza) o científica. En este último caso tiene
como objetivo promover una ciencia o una especialidad científica determinada.

22
Se ha denominado ―Iluminismo” a la corriente intelectual de pensamiento que dominó Europa (en especial Francia e
Inglaterra) durante casi todo el siglo XVIII y que abarca desde el Racionalismo y el Empirismo (mencionados en capítulo II)
hasta la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y el Liberalismo. Los Iluministas confiaban en la ―luz de la Razón‖ y
por ende en la Ciencia como instrumento para liberar al mundo de obscuras opresiones. La Enciclopedia publicada en Francia
entre 1751 y 1777 por Diderot y D‘Alembert, fue el máximo emblema del Iluminismo. Se trata de una obra de 28 volúmenes
(17 de textos y 11 de láminas), en la que se incluía tanto textos científicos como dibujos de las nuevas máquinas.

45
enciclopédica con su homenaje a la ciencia y a la técnica, no es pura, es un fenómeno colectivo científico y
comercial.
Pero poco a poco el laboratorio se transformó en un lugar de experiencias químicas, físicas y
fisiológicas. En él se combinaron la observación y las experiencias, de este modo se transformó en un lugar
cómodo para trabajar con animales vivientes y cadáveres.
El trabajo con cadáveres humanos se hizo común. Esta actividad inspiró una interesante literatura,
como Frankenstein o El Moderno Prometeo, de la escritora inglesa Mary Wollstonecrfy Séller, publicada
en 1818.
Poco a poco el laboratorio se constituye en un lugar de consignación de hechos, en el que se aspira a
observarlos y manipularlos, tratando de no intervenir en lo que presuntamente sería su curso natural. Con
ello se aspira a suprimir toda especulación puramente teórica. Las experiencias, son consideradas
ilustraciones de las teorías y ellas suponen tres principios:
1. La verdad científica no se liga a lo posible, la experiencia es un resultado
necesario, repetitivo y cierto.
2. Los fenómenos son todo esto que nosotros descubrimos en los cuerpos con la
ayuda de nuestros sentidos, la teoría es el resultado del uso abusivo del poder de
abstracción.
3. Los hechos demuestran que no hay nada sobrenatural. La física experimental
tiene por meta desarraigar la superstición.
El abate Nollet (1700- 1770)23 –a tono con los pensadores de la Ilustración– sostiene que, como
consecuencia de la difusión del conocimiento científico, la superstición fundada sobre la ignorancia
disminuirá y que por ende aumentará en el mundo la cantidad de personas que conozcan las causas y efectos
de los fenómenos de la naturaleza. Todo lo cual será beneficioso para la sociedad, pues se sabe que la
superstición causa males a la sociedad.
A mitad de siglo XIX la anatomía y la fisiología adoptarán esos tres principios mencionados, al
tiempo que adoptan y utilizan los aparatos de la física. Constituyen de ese modo el laboratorio de manera
definitiva. Éste es el lugar de ensamblaje de los instrumentos necesarios para la realización de experiencias y
en un sentido dinámico se transforma en un espacio común a las disciplinas experimentales. En él se hace
posible mostrar la evidencia de un proceso, gracias a su carácter artificial que permite seleccionar los factores
que se consideran decisivos. Para ello la ciencia se adhirió ante todo a los instrumentos matemáticos, ópticos,
y mecánicos.
El laboratorio, según Nollet, debe hacer primar la exactitud. Debe servir para enseñar más que para
sorprender o descubrir. En él, el mismo investigador, como Nollet, construye sus instrumentos. El laboratorio
para el abate Nollet es ya la condición de posibilidad material, instrumental de la experiencia, cualquiera
que sea, el lugar especifico de la investigación experimental. Supone materiales, modelos y obras.
La consecuencia es una instrumentalizacion común de disciplinas diferentes ligadas al estudio de la
vida. Entonces la máquina deja de ser el modelo de lo viviente para devenir su medio de exploración.
Las epidemias y las epizootias24 son las dificultades fundamentales que suscitaron la construcción de
laboratorios para observar la vida y para ello requirieron de la intervención de las casas reales a través de
subsidios. Esos problemas se transformarán en dificultades centrales y serán abordadas en dimensiones
nacionales y en correspondencia con el resto de los países, pues las epidemias y epizootias se transmiten a
través de las fronteras, llevadas por los migrantes, los animales, los vientos y las aguas. No sólo Europa, sino
EEUU y América Latina serán objeto de estudios para establecer las causas de las epidemias y sus posibles
remedios. Argentina vio desarrollarse la matriz de lo que más tarde se denominaría ―política científica‖

23
Eclesiástico y físico francés. Comenzó a enseñar física en el colegio de Navarra. En 1743 publica su obra Lecciones de física
experimental. Descubrió la difusión de los líquidos y observó como el sonido puede propagarse en un medio líquido. En 1750
inventó un electroscopio con láminas de oro. Realizó reformas en la botella de Leyden (el primer condensador).

24
Enfermedad contagiosa que ataca a los animales.
46
(Murillo, 2001) ligada a este tema desde fines de siglo XIX, en ella la facultad de Medicina de la Universidad
de Buenos Aires jugó un papel central.
Un concepto interesante durante el siglo XIX es que cuando se habla de las causas de las ―epidemias‖
ellas refieren tanto a factores ―físicos‖ como ―morales‖. No hay unanimidad en la consideración de los
fenómenos que las provocan, ello en parte está ligado al imperfecto conocimiento del funcionamiento del
cerebro, el cual es estimado el punto articulador de los aspectos orgánicos y ―morales‖ (Murillo, 2001).
Algunas corrientes de investigación pondrán el acento en causas orgánicas o físicas, ligadas al clima, al agua
y al aire (como elementos de transmisión de enfermedades) y otras, como veremos, se centrarán en factores
sociales: hacinamiento en las viviendas, relaciones familiares, abandono de niños y otros fenómenos que
llevan a hablar de los pobres que pueblan las calles de las grandes ciudades como ―las clases peligrosas‖.
Todo esto se constituye en una condición de posibilidad para el pleno desarrollo de la estadística. La
estadística o ―ciencia del Estado‖ es el complemento del método experimental y de la observación. Ella jugó
y juega un rol central en las ciencias de la vida y, como veremos, en las ciencias sociales. Ella permitió
sistematizar los resultados de investigaciones acerca de la vida, en especial la de las poblaciones humanas.
Ella puede rendirle los servicios más importantes al Estado, y por su intermedio a los comerciantes e
industriales . Ella puede medir y calcular cantidades y tasas de enfermos de sífilis, coqueluche, cólera, fiebre
amarilla, pero también brindar información sobre cantidad de prostitutas, delincuentes, locos, bandidos,
homosexuales y cualquier tipo de rebelde.
En este contexto, el método experimental aplicado a las ciencias biológicas, por obra de Pasteur dio
importantes resultados en el campo de la medicina y de la industria. Por medio del microscopio pudieron
observarse microorganismos y ello dio nacimiento a la microbiologia. Ella tuvo y tiene importantes
aplicaciones en el campo de la cura o prevención de epidemias y epizootias que como dijimos asolaban
ciudades y campo, generando no sólo mortalidad entre humanos, sino pérdidas cuantiosas a granjeros y
comerciantes. Siguiendo el camino de Pasteur, Lister introdujo en la cirugía el método antiséptico (hasta
entonces, los hospitales eran horribles lugares en los que se contagiaban las más tremendas enfermedades) y
Koch descubrió el bacilo de la tuberculosis.

El darwinismo. Un apartado especial requiere en las ciencias de la vida la teoría de la evolución de


Charles Darwin (1809- 1882), que tendrá aplicaciones al ámbito natural y social. El paradigma que lleva su
nombre ha sido y es objeto de debates que no pueden aquí agotarse de ningún modo.
Antes que Darwin, en el siglo XVIII Cuvier afirmaba el fijismo de las especies, sin embargo
Lamarck sostenía que las mismas evolucionaban. Pero Lamarck afirmaba que los caracteres adquiridos
podían heredarse, así entonces, la adaptación al ambiente influiría en la evolución (el largo cuello de la jirafa,
por ejemplo, sería efecto de la necesidad que este animal experimentó de alzarlo cada vez más, a medida que
no conseguía alimento a su altura). Charles Darwin, por el contrario, defendió la explicación de la
diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo
largo de las sucesivas generaciones; evolución que no proviene de la herencia de los caracteres
adquiridos, sino a mutaciones azarosas en la estructura de los seres vivos. Aquellas transformaciones que
sean más adecuadas a la adaptación de una especie al medio serán las que permitan que esa especie y no otra
se continúe a través del tiempo25. Este proceso es denominado ―selección natural‖.
La revolución iniciada por Darwin es fruto de un cambio en los métodos de investigación que habían
regido hasta el siglo XVIII y los primeros 30 años del XIX en el campo de las nacientes ciencias de la vida.

25
La teoría de la evolución por selección natural de Darwin parece tener su primera inspiración teórica en la idea de Thomas
Malthus (1766-1834) economista inglés, creador de la primera cátedra de Economía Política, quien sostuvo que el aumento de
los alimentos en el planeta se producía en progresión aritmética, en tanto que la procreación de seres humanos (y otros
animales) lo hacía en progresión geométrica, por lo tanto las crías nacidas de cualquier especie competirían intensamente por la
supervivencia. Malthus propuso entonces que se limitara la reproducción de los seres humanos. Sus ideas dan origen a la
planificación familiar que intenta de diversos modos limitar la reproducción –especialmente de la población en los países
pobres y en el mundo entero entre los sectores más indigentes (aunque no exclusivamente). Esta posición es conocida como
―maltusianismo‖, también ―darwinismo social‖ y tiene en la actualidad diversos cultores y métodos para ―eliminar a los más
débiles‖.

47
Hasta entonces el zoólogo, se encontraba subordinado al sabio de museo o de academia. De ese modo una de
las grandes rupturas de Darwin es la observación de la vida allí donde ella transcurre. Con Darwin el
mundo se transforma en un inmenso observatorio. Darwin realiza un viaje a bordo de la goleta Beagle
enviada por la corona británica para realizar una cartografía de América del Sur. Su función en esa travesía
que duró cinco años era la de naturalista encargado de observar las especies. Sin embargo, en su momento
Darwin no estuvo seguro de si debía hacer pública la teoría que lo hizo famoso. A su regreso del viaje en el
Beagle no estaba dispuesto a oponerse a las ideas creacionistas imperantes en Gran Bretaña, por lo que
demoró más de veinte años la difusión de su obra. En ese tiempo, escribió varios cuadernos de notas, en los
cuales esbozó la teoría de la selección natural con ayuda de sus observaciones acerca de los ñandúes, los
pinzones, los sinsontes, las tortugas y los fósiles que encontró en América del Sur y en las Galápagos.
Al analizar su diario de viaje, se reconoce el dispositivo metódico. Sus observaciones sobre lo mínimos
corales en la isla Galápagos, le indican que no fueron los seres más grandes, ni los más fuertes los que
pudieron sobrevivir, sino individuos que por fenómenos erráticos se transformaron; excluyó de ese modo el
determinismo como principio explicativo de la evolución. Grupos que sufrieron transformaciones azarosas
en su estructura y que facilitaron una mejor adaptación a los cambios del medio son los que sobrevivieron y
dominaron. Así las mutaciones de las especies son casuales, y las especies que sobreviven son aquéllas
cuyas transformaciones se adaptan mejor a los cambios en el medio: lo adquirido no se hereda.
Los descubrimientos de Darwin revolucionaron las ciencias en la modernidad. Sigmund Freud (1856-
1939) ha sostenido que los aportes de la astronomía galileano- newtoniana, los del evolucionismo de Darwin
y los del psicoanálisis (encabezados por el mismo Freud) han significado tres grandes heridas narcisísticas
inferidas al hombre: la revolución acaudillada entre otros por Copérnico le quitó al hombre la idea de que
habitaba en el centro del universo; la de Darwin le mostró que era un ser de la naturaleza como cualquier otro
y la de Freud le indicó que la conciencia y la razón no son los únicos mecanismos que guían sus acciones, ya
que el inconsciente condiciona muchas de las actividades humanas sin que lo sepamos.
La figura de Darwin ha sido objeto de muchas polémicas. En su tiempo fue rechazado por quienes,
como en tiempos de Galileo, pensaban que de conocerse sus teorías por ―el vulgo‖, éste se rebelaría, pues se
vería libre de ataduras religiosas (posición adoptada igualmente por católicos, protestantes, liberales y
conservadores). Más tarde Darwin fue y es objeto de otras discusiones no menos interesantes. Veamos.
Un importante continuador y difusor del darwinismo fue Ernst Haeckel (1834-1919), un pensador
alemán de indudable influencia en los medios científicos argentinos. En sus trabajos, el hombre es presentado
como la recapitulación entera de los estadios anteriores de la vida. Con ello se sostiene la unidad de lo
orgánico. El desarrollo del embrión pasa por las diferentes formaciones evolutivas. La ley fundamental
biogenética nos enseña, según Haeckel, que la marcha de la evolución de la historia genealógica se verifica
en pequeño en la historia de todo ser individual. El microcosmos celular es la imagen reducida y deformada
del macrocosmos de las especies en el curso de su filogénesis. Haeckel asimila naturaleza y sociedad. De ese
modo las características de la humanidad no-europea son parte de un estadio evolutivo inferior próximo a los
primates.
Haeckel y muchos otros darwinistas diferenciaron la selección natural y la artificial de las especies.
La seleccion artificial es a juicio de estos pensadores perniciosa. Ella se expresa por ejemplo en: a) la
selección militar en el estado moderno tiene consecuencias indeseables, pues cuanto más fuerte es un joven
más probabilidad tiene de ser muerto por las balas, por el contrario, los enfermos, viciosos, etc. son
desdeñados por la selección militar; b) la medicina y sus avances sobre las enfermedades (por ejemplo a
través de vacunas) es una oportunidad para el triunfo de los mas débiles.
Haeckel es parte de un giro hacia corrientes conservadoras que ven en indios y negros, entre otros, a
seres con una mayor proximidad psicológica con los vertebrados superiores (los simios y los perros).
Haeckel es un verdadero eugenista (veremos en el próximo capítulo qué es la eugenesia).
Desde su perspectiva, una vez que el mecanismo de selección-adaptación ocurría, sólo el mecanismo
de la memoria explicaba la transmisión de las adquisiciones. Las ideas de Haeckel se expanden entre fines
del XIX y comienzos del XX.

8. Un lugar para la reflexión. El nacimiento de la epistemología.

48
Los desarrollos científicos que hemos mencionado tuvieron importancia capital para la expansión
de los Estados más poderosos del mundo, como ya hemos visto. Ahora bien, el campo de la Academia no
tiene sus fronteras en la ciencia, él se amplía en la Filosofía quien en uno de sus capítulos reflexiona
acerca del conocimiento. Así, los avances en diversas disciplinas no dejarían de tener efectos en el campo
de la Filosofía. Como consecuencia, nace a finales del siglo XIX en este ámbito, la denominada
―epistemología‖ (del griego ―episteme‖: ciencia). El término ―epistemología‖ sustituye paulatinamente a
la denominada ―teoría del conocimiento‖. El significado de la palabra epistemología tiene varias
acepciones. A menudo coincide con un estudio acerca del conocimiento, sus límites y condiciones de
posibilidad. Pero más frecuentemente se considera que la epistemología estudia un tipo específico de
conocimiento: el científico. Algunas corrientes dentro de la epistemología sostienen que su objeto
específico es la metodología científica, identificando el conocimiento científico y la ciencia con el
método. Lo cual significa establecer con precisión cuáles son los parámetros a los que debe ajustarse un
saber para ser considerado científico, en tanto el método permite justificar su validez.
La emergencia de la epistemología como una especialidad dentro de la Filosofía no es ajena al
nacimiento del laboratorio experimental y al establecimiento de una observación reglada como hemos
visto más arriba. De modo que en este sentido la epistemología tendrá por objeto establecer criterios
firmes para comprobar la validez de los procesos utilizados para obtener saberes científicos. A medida
que las ciencias se desarrollan y adquieren el apoyo de los poderosos, sus métodos se tornan más
convencionales y la Academia se constituirá en un organismo de control que posibilite demarcar el
conocimiento científico del que no lo es. En ese sentido las prácticas sociales que en ella se despliegan no
dejarán de incidir en los problemas que cada ciencia se plantea y en el modo en que se abordan. Hemos
visto que las jerarquías dentro de la denominada ―comunidad científica‖, tiene según muestra Kuhn,
influencia en el desarrollo de la Ciencia. Ahora agregaremos que esas jerarquías no son ajenas a las
luchas por el poder en el interior de cada comunidad, o entre diversas comunidades.
De modo que la capacidad de instaurar ciertas definiciones de ciencia, si bien debe probar una
eficaz capacidad de resolver problemas (como vimos lo hacían Lavoisier o Galileo), está también ligada
al poder que un grupo tiene dentro de las diversas comunidades científicas. Así, la epistemología no
permite ―reflejar especularmente‖ el modo más adecuado de trabajar. No es entonces una disciplina
absolutamente neutral y avalorativa. Afirmamos esto sin por ello denigrar al conocimiento científico y a
su búsqueda rigurosa, por el contrario, sólo se desea advertir acerca de la idealización que a veces se hace
del científico y sus prácticas.
A menudo también se incluye dentro de la epistemología no sólo a las cuestiones estrictamente
ligadas al método científico, sino también todo lo relacionado con las circunstancias histórico-sociales o
psicológicas que llevan a la obtención de conocimientos (Kimovsky, 1997).
En síntesis, podemos afirmar que suele aplicarse el nombre de ―epistemología‖ a una disciplina
filosófica a través de la cual se estudian formas de validar y consecuentemente los modos de producir
conocimientos y darle el estatuto de científicos (Heler, 2005; Klimovsky, 1997).
Podemos afirmar con cierto grado de plausibilidad que así como las diversas disciplinas científicas
se van conformando no sólo al ritmo de su historia interna, sino también en relación a condiciones de
posibilidad históricas que plantean demandas a científicos y organizaciones de este tipo, del mismo modo
–digo– es plausible sostener que la epistemología como rama de la filosofía sólo maduró cuando
condiciones de posibilidad, ajenas a la filosofía, se constituyeron en su ―a priori histórico‖, esto es en
condiciones de posibilidad para su emergencia y transformaciones. Al punto que existen intentos de
reducir la filosofía sólo a la epistemología.

9. Una epistemología con historia. El nacimiento del positivismo

Tal vez una de las corrientes inaugurales de la epistemología es el Positivismo. Preferiría no hablar
de ―el Positivismo‖, sino decir ―los Positivismos‖, dado que el análisis de documentos y de bibliografía
parece mostrar que no hubo una única forma de pensar en esto que se denomina ―Positivismo‖. En los
últimos años se ha vuelto un lugar común usar la expresión: ―es un positivista‖ a modo de adjetivación
peyorativa. Esta no es la postura que se asume en este trabajo, la lectura de documentos y bibliografía
49
permite pensar que esto que llamamos ―positivismo‖ fue, como habitualmente ocurre en la historia, una
corriente densa, contradictoria, discutible, pero que también hizo aportes interesantes y dio batallas
teóricas y políticas no despreciables, batallas sobre las que aún está por escribirse una historia algo
desapasionada. En general, se lo ha ensalzado o denostados como si ―el Positivismo‖ fuese una cosa, un
héroe o un villano. El río de la historia suele ser más complejo, no es posible aquí abordar esa
complejidad, sólo se desea marcar una vez más que nada en lo humano es blanco negro, bueno o malo y
que los esquemas preconcebidos, así como las modas filosóficas o pseudo-científicas no son ajenas a las
jugarretas en la agonística del poder.
Dicho esto enunciaremos una escueta y esquemática caracterización de qué se entiende por
―Positivismo‖ hacia fines de siglo XIX, dejando sentado que ella no lo agota. El Positivismo es una
corriente o escuela epistemológica que sostiene que el único conocimiento que puede aceptarse como
válido es el conocimiento científico y que tal conocimiento solamente puede surgir del trabajo riguroso
realizado sobre los ―hechos positivos‖ a través del método científico. ¿Qué son los hechos positivos?
Aquéllos que pueden observarse o experimentarse a través de ese mismo método.
Ahora bien, qué características deberá tener el método. Esto se desprende de lo que hemos visto
hasta aquí. La epistemología no precedió a las prácticas sociales de la ciencia, sino que se constituyó a
partir del modo en que tales prácticas se habían dado en el campo de las ciencias físicas y las ciencias de
la vida. De modo que el método científico deberá regirse, según los cánones del Positivismo, por una
rigurosa verificación de cualquier hipótesis a través de los hechos. En este punto es necesario aclarar que
―hipótesis‖, significa en este contexto de ideas ―un enunciado de carácter universal que debe poder ser
probado en la experiencia de laboratorio o en la observación‖. Un ejemplo sencillo es: ―Todos los cuerpos
se dilatan con el calor‖. Una afirmación como ―La justicia es el fundamento del Derecho‖ es para un
positivista una afirmación no científica dado que no hay nada como ―la justicia‖ que pueda ser observado
o sometido a prueba experimental. En este sentido, como veremos, el motor de la conformación del
Positivismo está en los problemas que presentan las Ciencias Sociales, aunque su primer modelo fueron
las Ciencias Naturales.
Es en ese sentido que en principio podemos ver, a través del análisis de documentos y bibliografía,
que en el positivismo, al menos durante el siglo XIX, hay tres tendencias: una centrada en el modelo de
las ciencias físicas y en particular de la astronomía. A esta tradición corresponde Augusto Comte (1798-
1857), a quien suele atribuirse la fundación del positivismo y la de la sociología. Comte dice
explícitamente en Discurso sobre el espíritu positivo, escrito en 1844 en medio de crecientes conflictos
sociales en Europa, que su modelo de ciencia es la astronomía y analiza el gobierno de la sociedad en
términos de ―física social‖. Sin embargo las ciencias de la vida también influyeron en el positivismo y así
tenemos autores como Émile Durkheim (1858-1917), –otro de los padres fundadores de las Ciencias
Sociales –que analizan los fenómenos sociales partiendo de la idea de ―organismo vivo‖, ya no de
máquina o fenómenos físicos. Pero también, por ejemplo en el plano de la criminología y la psicología,
podemos leer autores que tuvieron renombre internacional, como José Ingenieros (1877-1925), que aun
partiendo de una lectura biologista de la sociedad, muy influenciada por el darwinismo, sin embargo por
diversas razones que aquí no podemos exponer, darán un giro hacia una explicación de los fenómenos de
la locura o el delito basándose en los factores psico-sociales. Así encontramos un positivismo fisicalista,
uno biologista y uno psico- socio genético. Lo importante es que en cualquiera de esas posiciones cada
afirmación debe verificarse rigurosamente a través de la observación (así Ingenieros crea un ―Depósito de
observación de Alienados‖ en Buenos Aires, precisamente para observar y clasificar a distintos sujetos
que presentarían alguna ―anormalidad‖) o de la experimentación rigurosamente planificada en el
laboratorio (tal como vimos que el laboratorio se organizaba a partir de Lavoisier o de Pasteur).
Se trate de la observación (la cual presuntamente no conlleva ninguna interferencia extraña en el
objeto o proceso observado) o se trate del experimento (donde de manera artificial se intenta reproducir
fenómenos naturales), el positivista sostiene que los enunciados científicos deben ser verificables. Esto
significa que entre el enunciado –producto de la observación o del experimento– y la realidad debe haber
adecuación y la verdad es una correspondencia entre lo que el lenguaje enuncia y lo que las cosas son.
En ese sentido ―verificable‖ significa que un enunciado científico es factible de ser probado por
observación o experimentación en todos los casos de la misma especie. Así por ejemplo, si se afirma
50
como lo hacía Cesare Lombroso (1835- 1909) que los delincuentes tienen una constitución orgánica que
los impele a tal condición (de delincuentes), esto debería probarse en los hechos y en todos los casos
posibles. (Hay al respecto anécdotas muy divertidas que muestran la falsedad de tal hipótesis,26 pero aquí
no podemos relatarlas, sin embargo lo mencionamos pues la hipótesis lombrosiana ha sido resignificada
en los últimos tiempos, aunque con variantes, y en muchos grupos sociales forma ya parte del sentido
común).
Tanto la técnica de la observación (que como vimos tiene su origen en las ciencias físicas) como la
de la experimentación (que como describimos tiene sus orígenes más relacionados a las ciencias de la
vida) se inscriben como instrumentos del método inductivo al cual hemos hecho referencia en el capítulo
II. Fue John Stuart Mill quien lo sistematizó durante el siglo XIX, recordemos que él estableció cuáles
deberían ser los cánones del método inductivo y que sus argumentos se sostenían en el principio
fundamental de la uniformidad de la naturaleza, que postula que lo ocurrido una vez volverá a ocurrir
cuando las circunstancias sean suficientemente semejantes. Este principio, según Mill permitía elaborar
un principio de inducción, según el cual si observamos unas cuantas regularidades podremos predecir que
seguirán ocurriendo en el futuro; si nuestra predicción resulta correcta, a partir de ella se generaliza
proponiendo que en vista de que algunos eventos se han dado en patrones recurrentes, todos los eventos
futuros se darán también en patrones recurrentes.
Una visión ingenua de la inducción hace que a menudo ésta sea presentada como partiendo de la
observación sin ningún presupuesto previo. Algo así como si el científico inductivista creyese que la
ciencia consiste en observar todo sin ningún presupuesto previo. Nada de esto se confirma en la lectura de
documentos y bibliografía. Comte en Discurso acerca del Espíritu Positivo, en coincidencia con Mill
rechaza el chato empirismo y afirma:
El verdadero espíritu positivo en el fondo está tan lejos del empirismo como del
misticismo (…) la verdadera ciencia , lejos de estar formada de simples observaciones,
tiende siempre a dispensar, en lo posible, de la exploración directa, sustituyendo ésta
por la previsión racional que constituye en todos los aspectos, el carácter principal del
espíritu positivo, como nos los hará ver claramente el conjunto de los estudios
astronómicos (Comte, 1984: 44).

Así, jamás existe una observación hecha sin algún presupuesto o hipótesis que guíe al científico. Lo
mismo hemos podido constatar que afirmaban diversos médicos en sus tesis presentadas en la
Universidad de Buenos Aires entre 1869 y 1905, todos ellos inscritos en una posición positivista (Murillo,
2001). Podemos simplemente pensar en la elección de lo que va a observarse se juegan ya presupuestos.
Las previsiones metodológicas de los positivistas están ligadas a la búsqueda de un conocimiento
libre de prejuicios, lo más objetivo posible, desarraigado de concepciones religiosas, pero que evite
también cualquier afirmación que intente subvertir u obstaculizar el orden social. Así Comte en el texto
citado liga a los movimientos socialistas y comunistas que por entonces se gestaban en Europa con una
posición metafísica, que no conoce la realidad social y que teoriza vanamente sobre ella, trayendo, según
su criterio, más caos y confusión que la religión (Comte, 1984: 32 yss.).
Ese conocimiento objetivo deberá ser capaz de explicar (dar las causas o razones de ocurrencia de
un determinado fenómeno, por ejemplo de un motín) y predecir (esto es, prever la posibilidad de que si se
reiteran determinadas condiciones, ciertos fenómenos podrán volver a producirse). Para ello la ciencia
deberá producir leyes universales, entendidas como enunciados verdaderos que establecen ciertas
regularidades entre los fenómenos –relaciones invariantes que siempre se repetirían, a partir precisamente
de la inducción; de modo tal que si se da A (cercanía de un cuerpo al calor; o contacto con el bacilo de
Koch), se dará B (el cuerpo se dilatará; se contraerá la tuberculosis)
Vimos también que la gran preocupación de Mill al establecer las bases de la inducción eran los
fenómenos sociales y políticos. Lo mismo ocurre con Comte en Francia quien escribe en un período
pletórico de conflictos sociales. De modo que es plausible concluir que el nacimiento del Positivismo

26
Puede leerse con respecto a esto la historia de la muerte del anarquista Severino Di Giovani, narrada por Osvaldo Bayer
(1989).
51
como corriente epistemológica está no sólo vinculado a la madurez de las ciencias físicas y a las de la
vida, sino a la cuestión social que estallaba en Europa y con ella al desbloqueo epistemológico de las
Ciencias Sociales. De ello nos ocuparemos en el próximo capítulo.

9.1. El Positivismo lógico o la higiene del pensamiento.


En el contexto de entreguerras, a partir del primer tercio del siglo XX, el positivismo profundiza sus
análisis. Se trata de la tarea del Círculo de Viena conformado por un conjunto de científicos y filósofos
que impulsaron un tipo de reflexión conocida como empirismo o positivismo lógico.

Un objetivo fundamental del empirismo lógico fue establecer una línea de demarcación entre
ciencia y pseudo ciencia; o entre ciencia y metafísica (la metafísica es una forma de saber que hace
afirmaciones acerca de cuestiones que van más allá de lo que podría probarse de algún modo en la
experiencia, así por ejemplo afirmaciones sobre Dios o el alma serían metafísicas y no científicas, dado
que no hay nada en la experiencia que se correlacione con esos dos términos).
Para esta corriente epistemológica las teorías científicas están formadas por enunciados. A menudo
―enunciado‖ y ―proposición‖ son tomados como sinónimo (es el criterio que seguiremos aquí). ¿A qué se
llama ―proposición‖ en este contexto de ideas?, al contenido de una oración enunciativa, lo cual significa
una oración que afirma o niega algo de algo y ello puede ser probado de algún modo (por ejemplo ―el
libro está sobre la mesa‖ o ―la vacuna elaborada por Pasteur cura la rabia‖ o ―la mayoría de los
encuestados votará al candidato Pérez‖, ―el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de
los catetos‖). Las proposiciones son en esta corriente de ideas, enunciados que nos dan información y esa
información puede ser verdadera o falsa, lo cual supone concordar o no con aquello que se informa. En
este sentido las oraciones expresivas, las órdenes o las preguntas no son enunciados, en tanto no nos dan
información, no son verdaderas o falsas, se puede aceptarlas o no, responderlas o no, pero no son
proposiciones , dado que no proporcionan información sobre el mundo..
Ahora bien, para el empirismo lógico un enunciado puede formar parte de la ciencia sólo si es
―cognitivamente significativo‖. Este concepto tiene dos dimensiones: o bien un enunciado tiene
significado porque es verificable a través de la experiencia (sea a través de la observación o del
experimento programado) o bien es de carácter analítico (se trata de proposiciones cuyo predicado está
implícito en el sujeto como ―El triángulo es una figura de tres lados). Las teorías de las ciencias
fácticas27 deben contener enunciados del primer tipo y las ciencias formales28 (lógica y matemática)
deben estar formadas por enunciados del segundo tipo. Todo enunciado que no pueda verificarse a través
de los sentidos o que no constituya una oración analítica (es decir, una proposición cuyo predicado está
implícito en el sujeto y que por ende no puede ser sino verdadera, como por ejemplo ―un triángulo es una
figura de tres ángulos‖), es una pseudoproposición y por ende carece de sentido.
En esta clave de ideas, la epistemología tiene como tarea el estudio del lenguaje, a fin de realizar
un análisis de los enunciados con el objeto de establecer si estos cumplen con los requisitos arriba
mencionados (si tienen correlato empírico o si son analíticos), con el objeto de determinar si pueden ser
proposiciones científicas o no. De este modo, los empiristas lógicos emprendieron la tarea de superar la
metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje. De ahí el nombre de ―empirismo lógico‖.
Los términos del lenguaje deberán ser analizados a fin de evitar la vaguedad (el hecho de que no
estén claros los límites de aplicación de un término y por ende no quede bien establecido a qué
experiencia concreta remite) y la ambigüedad (la existencia de diversos significados de un término que

27
―Fáctico‖ significa ―hecho‖. Ciencias fácticas son denominadas por el empirismo lógico, aquellas que se ocupan de hechos
que tienen existencia independientemente del conocimiento humano. El supuesto es que existen cosas, procesos, relaciones
(un mineral, la erupción de un volcán o un movimiento social) que ocurren con independencia de que se las conozca o no. En
ellas se incluyen las ciencias naturales de las que nos hemos ocupado hasta ahora y las ciencias sociales que abordaremos en el
próximo capítulo.
28
Se denominan Ciencias Formales pues su objeto de estudio son formas‖ o ―estructuras‖ conformadas por símbolos
construidos por las ciencias, pero que no tienen un referente fuera de esa estructura simbólica. Tal el caso de la línea, el punto,
una ecuación o una fórmula matemática o lógica.
52
puede hacer que en un texto dicho término pueda ser interpretado de modos diferentes). La filosofía
deberá asegurarse de que los términos específicos utilizados en la ciencia carezcan de vaguedad y
ambigüedad a fin de que quede claro a qué experiencias concretas remiten.
Lo anterior también supone establecer un criterio de verdad, es decir un criterio que permita trazar
una línea de demarcación entre lo verdadero y lo falso o entre proposiciones científicas de las que puede
decirse que son verdaderas o falsas y que a su vez posibilite diferenciarlas de las ―pseudoproposiciones‖,
aquéllas de las que no puede predicarse la verdad o la falsedad y por ende no son científicas sino
metafísicas.
¿Cómo podemos establecer que un enunciado como ―el jazmín tiene flores‖ es verdadero?
Simplemente porque podemos verlas, tocarlas, olerlas. Ese enunciado tiene sentido, porque podemos
saber si es verdadero o es falso. Y lo sabemos porque hay un modo de establecerlo a través de la
experiencia. Del mismo modo podemos saber si la proposición ―la vacuna elaborada por Pasteur cura la
rabia‖ es falsa si la aplicamos a un grupo de diversos animales afectados por la enfermedad y ninguno de
ellos sana luego. Por el contrario, cuando decimos: ―el orden social actual es injusto‖, según el empirismo
lógico, no hay experiencia directa a través de los sentidos del concepto ―orden social‖ y mucho menos de
―justicia‖ o ―injusticia‖. Este enunciado carece de sentido, no puede ser científico, correspondería a la
metafísica o a la pseudo- ciencia, según el empirismo lógico. Esta corriente de pensamiento sostiene que
las ciencias fácticas sólo pueden informarnos acerca del mundo a través de enunciados que remitan a
experiencias sensoriales del mismo.
Se introduce así, subrepticiamente, una especie de ―higiene del pensamiento‖ que limita o al menos
genera problemas ante la posibilidad de aceptar como plausible todo aquello que no sea lo establecido-
más allá de las intenciones de algunos hombres que conformaron esta corriente de ideas. El pensar como
tarea humana creativa, se deshace en una rígida sumisión a lo dado, a lo establecido. Los problemas de la
metafísica, sostiene el positivismo lógico, son pseudoproblemas: no pueden resolverse, sino que deben
―disolverse‖ pues nos llevan a controversias inútiles dado que nos conducen a pensar sobre problemas
inexistentes o soluciones imposibles. Esta posición no carece de consecuencias sociales, pues obtura la
posibilidad de plantearse hipótesis que rompan con lo aceptado, se acerca peligrosamente a una posición
conservadora en la que metafísica y utopías deben ser desterradas. El pensamiento humano corre el riesgo
de ser encerrado en unos límites establecidos por la epistemología que podría operar como una ―policía
del discurso‖.
Las consecuencias de estas afirmaciones tuvieron profundos efectos en el campo del derecho, la
política, la ética, el psicoanálisis, la economía política y todas las disciplinas que afectan a lo humano. Un
problema que es necesario pensar es cómo concebir la justicia, dado que no hay ningún elemento de
carácter empírico que se correlacione con esa palabra. Estas consideraciones llevaron a sostener por
ejemplo el pragmatismo jurídico que afirma que nada es justo o injusto en sí mismo y que la función del
Derecho es gestionar la fuerza sobre las poblaciones, posición que en el período de entreguerras y en el
presente no ha sido ni es ajeno a los postulados de la eugenesia (Bunge, 1916).
Es menester observar que estas consecuencias y otras van más allá de algunos de quienes pensaron
o concibieron estas ideas, dado que fue precisamente Bertrand Russell, uno de los más distinguidos
empiristas lógicos, un valiente luchador por la paz mundial. Esta breve reflexión apunta a señalar una vez
más que las ideas, los conceptos, las teorías son un producto social más que individual y que sus efectos
suelen ser independientes de las intenciones de los individuos, precisamente porque las teorías, los textos,
las ideas, como veremos, co-construyen la realidad social y se integran en sus complejas dimensiones, a
menudo de manera impensada por los individuos que aparecen como sus ―autores‖.
En suma, para el empirismo lógico, el significado de una proposición se establece empíricamente y
para que tenga sentido debe remitir a términos que aludan a datos de la experiencia relacionados entre sí
por otros términos, que aun cuando no refieren a nada fuera de sí cumplen la función de conectar palabras
o proposiciones o cuantificarlas. Por ejemplo en la proposición ―algunos perros son negros‖, el término
―algunos‖ o ―son‖ tienen funciones de cuantificador y de conector respectivamente pero no remiten a
ningún objeto de experiencia, sólo contribuyen a hacer significativo el enunciado que sí contiene términos
empíricos como ―perros‖ ―negros‖. Sólo este tipo de proposiciones pueden ser verificables a través de la
experiencia y por ende formar parte del cuerpo de la ciencia.
53
Lo anterior supone un principio de verificación. Este principio debía consistir en afirmar que para
que una hipótesis sea considerada verdadera debería ser probada en todos los casos posibles de la
experiencia. Ahora bien, los empiristas lógicos conocían los argumentos acerca de la limitada posibilidad
que tiene la inducción de verificar un hipótesis en todos los casos posibles del universo, de ahí que Alfred
Ayer (1910- 1989), uno de los fundadores del positivismo lógico, haya postulado un principio de
verificación ―modificado‖, el cual afirma que una hipótesis científica no necesita ser verificada en
forma concluyente, sino que debe haber alguna experiencia sensible posible que sea pertinente para
determinar su verdad o falsedad. (Ayer, 1971).

Lo empírico y lo teórico. Un problema para el empirismo lógico. Estos conceptos acerca del
valor de la verificación trajeron problemas adicionales, también en el campo de las ciencias fácticas. El
empirismo lógico partió de criticar la idea del positivismo del siglo XIX, para el cual ―sólo lo dado es
real‖ y por ello precisamente el principio de verificación nos dice que debe haber ―alguna experiencia
sensible posible‖. Lo cual implica que si algo no está aún verificado, es plausible pensar que con los
medios técnicos adecuaos se logrará hacerlo. Ahora bien, esto supone admitir, como lo hizo en nuestro
medio Gregorio Klimovsky (1997), que es menester distinguir en nuestro conocimiento, no sólo entidades
empíricas sino también teóricas. Las primeras están conformadas por objetos empíricos que nos son
dados directamente a la experiencia (una mancha luminosa, por ejemplo ) y las segundas son
denominadas ―objetos indirectos‖ a los que accedemos por medio de nuestro aparato conceptual y a través
herramientas construidas por la tecnología (el concepto de célula, el de átomo, el de gravitación universal,
el de anomia). La incorporación de tecnología a la ciencia para hacer observaciones y experimentos, así
como el lenguaje específicamente científico distancian al investigador en sus prácticas concretas de lo
―dado‖. Por ejemplo, si tras mirar un microscopio, nos dice Gregorio Klimovsky (1997) un biólogo nos
invitara a mirar una célula, cualquiera de nosotros tras observar por medio del aparato podría replicar que
sólo está percibiendo una mancha luminosa de forma más o menos circular. ¿Cómo sortear este
problema? Para ello, se ha sostenido (aunque no todos los epistemólogos empiristas lo hayan aceptado)
que debemos asumir la distinción entre zona empírica y zona teórica. Así, cuando afirmamos ―esto es una
mancha luminosa‖ estamos en la zona empírica y cuando el biólogo nos dice refiriéndose a esa mancha:
―esto es una célula‖, hacemos una afirmación de carácter teórico. ¿Cómo justificar tal salto desde lo
empírico a lo teórico? El salto es indispensable, es necesario para pronunciar enunciados científicos y
construir teorías las cuales son una articulación coherente de enunciados teóricos y empíricos, de los
cuales pueden inferirse observaciones y predicciones acerca de la realidad. El empirismo lógico sortea el
problema afirmando la existencia de enunciados que vinculan el ámbito empírico con el teórico, a los que
denomina ―reglas de correspondencia‖ o ―hipótesis puente‖. Esto significa que quien ha aceptado
determinadas teorías ópticas o biológicas, también acepta reglas de correspondencia que tienen la forma
―A si y sólo si B‖. Donde A es un componente empírico (mancha luminosa que percibo a través de mis
sentidos) y B un componente teórico (célula para la biología). El enunciado ―A si y sólo si B‖ es el
enunciado que asume que siempre que esté presente A (mancha luminosa) estará también B (célula) y
viceversa. O, dicho de otro modo: siempre que determinado elemento de la zona empírica esté presente
asumimos que lo está también el de la zona teórica y viceversa. De modo que nuestro biólogo cuando
mira a través del microscopio hace un razonamiento del siguiente tipo:

A si y sólo si B (si está presente la mancha luminosa es porque hay una célula y viceversa)

A (está presente la mancha luminosa)

B (por consiguiente hay una célula)

Así las reglas de correspondencia vinculan un objeto de la experiencia directa con términos
teóricos construidos por la ciencia como el de ―célula‖. Por ende, admitieron algunos partidarios del
empirismo lógico, se puede extender el término ―observación‖ en sentido amplio, a estas situaciones en
las que en la práctica las técnicas utilizadas median entre el observador y lo observado y hablamos de
54
objetos indirectos que son nombrados mediante términos teóricos construidos por la ciencia (célula,
masa, protón, neutrón) (Klimovsky, 1997).

En síntesis una teoría está formada por tres tipos de enunciados: 1) empíricos que remiten a hechos
singulares (inoculamos la vacuna contra la rabia ideada por Pasteur a10 perros rabiosos y todos
mejoraron; al tiempo que otros 10 aquejados de la misma enfermedad y no vacunados n mejoraron) 2)
luego a partir del uso de la inducción se conformarían enunciados generales (―la vacuna ideada por
Pasteur cura la rabia‖) y 3) en un tercer nivel habría enunciados teóricos que remiten a los enunciados
empíricos a través de reglas de correspondencia y conforman las leyes científicas (la ley de gravitación
universal, las leyes de a genética, leyes acerca de la reproducción de microorganismos, por ejemplo). Los
enunciados empíricos y generales estarían formados por términos que aluden a objetos directos. Por su
parte los enunciados teóricos estarían formados por términos que aluden a objetos indirectos (conceptos
que aunque no remiten de modo directo a una experiencia, sirven para explicar y predecir fenómenos
observados en la experiencia, por ejemplo el concepto de pulsión y el de inconsciente en Freud (1856-
1939) – quien por cierto no era u empirista lógico sino el fundador del psicoanálisis- le permitieron
explicar ciertos fenómenos observados en sus pacientes en la clínica, pero esos conceptos no aluden a
nada perceptible empíricamente, por ejemplo, nadie puede percibir algo así como el aparato psíquico o el
inconsciente, así como no es posible percibir la gravitación universal (Freud, 1915), ni la plusvalía. Es
menester aclarar que no todos los positivistas lógicos aceptaron ni aceptan la existencia de enunciados
teóricos, no obstante lo cual ellos existen en las ciencias, dado que ellos son realmente útiles para guiar la
explicación de fenómenos, sabiendo que esa explicación está limitada dentro de esas categorías
construidas y que también pueden actuar como obstáculos para analizar los fenómenos, esto es, siempre
que se asuma la limitación del propio dispositivo teórico.

Como consecuencia de lo propuesto por el empirismo lógico, es posible pensar en un progreso


acumulativo de la ciencia, la cual se desarrollaría por etapas, cada una de las cuales fundamentaría a las
posteriores. La historia de la ciencia sería ―una reconstrucción racional de la misma‖, no un recuento de lo
que efectivamente ha pasado. Esa reconstrucción racional nos podría mostrar como la ciencia a partir de
la observación ha ido produciendo teorías que permitan explicar fenómenos de la experiencia y cómo
estas teorías guían a las siguientes observaciones en sentido amplio. Pero a su vez estas observaciones
permitirían desechar viejos conocimientos y obtener otros nuevos, de modo que la zona empírica y la
zona teórica van transformándose a través de la historia, así como las reglas de correspondencia
(Klimovsky, 1997) .

La observación en sentido amplio supone tres requisitos para que un enunciado pueda considerarse
científico: a) efectividad: que la verdad o falsedad de un enunciado sea decidible en un número finito de
pasos; b) repetibilidad: los datos o situaciones que corresponden a la ciencia deben poder ser reiterados;
c) intersubjetvidad: ningún dato científico debe provenir de un único observador, sino que debe poder ser
captado por cualquiera en condiciones semejantes (Klimovsky, 1997).

Siendo esto así, el empirismo plantea un proyecto: reducir toda la ciencia a enunciados empíricos,
también llamados ―protocolares‖ y constituir la unidad de la ciencia. Dado que toda a ciencia podría ser
reducida a enunciados protocolares, entonces la ciencia natural sería vista como un extenso conjunto de
tales enunciados obtenidos a través de la observación. La inducción de la que hemos hablado en el
capítulo II, cobra un lugar central en el método científico; junto a ella se torna nuclear el análisis del
lenguaje a fin de establecer la licitud o ilicitud del uso de ciertos términos.

Todo este planteo trae una serie de controversias que llegan hasta el presente, acerca del lugar de la
experiencia y el conocimiento de la realidad, no nos es posible adentrarnos en estos debates aquí, pero sí
dejar en claro que desde esta posición el análisis del lenguaje a fin de establecer qué términos pueden
tener legitimidad teórica y cuáles no, así como la determinación de qué observaciones empíricas son
correctas y cuáles no, tienen consecuencias importantes. No se trata de una mera disquisición filosófica.
55
Esta discusión tiene, efectos en todos los campos de la vida humana, pues la declaración de que un
término es ilegítimo científicamente, o una experiencia no es válida en tal sentido, tiene consecuencias en
el derecho, la política, la ética, la economía y cualquier ámbito de la vida en el que la ciencia se
constituya en un instrumento para tomar decisiones (por ejemplo en un juicio por homicidio, o para
establecer la identidad de una persona, o la justicia o injusticia de un aumento de tarifas, o el peligro de
producir alimentos transgénicos) y para difundir esas decisiones como correctas incorrectas. No
olvidemos que la ciencia goza de prestigio, esto se ve cuando alguien a fin de sostener la certidumbre de
una afirmación dice: ―esto es científico‖ o ―‖está avalado por la ciencia‖. Más aún, hay campos donde la
toma de decisiones está a menudo sustentada por aquello que se entiende como científico (por ejemplo la
baja de la edad de imputabilidad de los jóvenes; o la decisión de castrar a los violadores).

9.2 El falsacionismo

Hemos visto que la inducción juega un rol central en la verificación para el positivismo del siglo
XIX y para el positivismo lógico en el siglo XX. Ahora bien, el empirismo tenía en claro, ya desde el
siglo XVIII (a través de los análisis del empirista David Hume- 1711-1776) que la inducción no puede
justificar el pasaje de enunciados empíricos singulares (este cuervo es negro) a enunciados generales
(todos los cuervos son negros). Pues la inducción se basa en experiencias y éstas siempre son relativas a
un espacio- tiempo de modo que nada garantiza su constancia en el futuro (siempre puede aparecer un
cuervo que no sea negro y de hecho ello ocurrió).Vimos precisamente en el capítulo II que las
conclusiones de la inducción son probables, pero no necesarias, de modo que ellas no pueden garantizar
que aquello que afirman se cumpla necesariamente. Más aún la inducción puede resultar engañosa pues
alguien puede afirmar algo: por ejemplo ―todos los políticos cometen actos ilícitos‖ y en su afán de
verificar inductivamente, puede buscar (deliberadamente o no) los casos que confirman su enunciado,
ignorando los que lo refutan. Sin embargo, los casos que pueden confirmar o disconfirmar un enunciado
son infinitos, de modo que la inducción debe ser cuidadosamente tratada y utilizada.

Karl Popper (1902-1994), muy vinculado al Círculo de Viena, pero que nunca se asumió como
positivista, partió justamente de este problema que el empirismo, en sus debates no había logrado
resolver. Afirmó junto al positivismo la necesidad de establecer un criterio de demarcación entre
enunciados científicos y metafísicos, pero asumió que estos últimos tenían sentido, dado que
precisamente ejercían y ejercen influencia en la vida cotidiana de los hombres. De hecho muchos creemos
en la justicia y hacemos afirmaciones acerca de ella cotidianamente. También de hecho muchos seres
humanos dan su vida por aquello que consideran justo, sin detenerse a pensar si ella es un término
metafísico. De modo que para Popper era imperioso trazar un nuevo criterio de demarcación.

Frente a la centralidad de la inducción Popper planteó la primacía de la teoría. Sostuvo que la


ciencia no avanza por observaciones, sino que parte de teorías, que presentan o plantean problemas
(incógnitas que la ciencia hasta ahora no ha resuelto, recordemos al respecto algunos de los ejemplos
vistos en los capítulos II y III), de modo que frente a estos enigmas, el científico o equipo de científicos
deben dar una respuesta. Esta respuesta es una hipótesis, la cual sólo puede construirse cuando alguien
participa de la práctica científica y conoce las teorías (ninguno de nosotros podría elaborar hipótesis
acerca de la física atómica sino está involucrado en el conocimiento y la práctica de esta ciencia). La
ciencia avanza por conjeturas y refutaciones. Dicho de otro modo: la teoría es una guía para la
investigación, cuando surgen problemas, los científicos deben plantear hipótesis (que surgen de la teoría)
y el método científico consiste precisamente en poner a prueba esas hipótesis. Aquí ―poner a prueba‖
significa cotejar las hipótesis con los hechos a fin de establecer si las hipótesis resisten frente a ellos o no.
Si resisten se dirá que están corroboradas (término que a diferencia de ―verificadas‖, significa sólo que
hasta ahora una hipótesis ha resistido la prueba de la experiencia, pero que puede resultar falsa en el
futuro) , sino que están refutadas. Pero lo central consiste en pensar que no se trata de buscar los casos
que verifiquen la hipótesis, sino por el contrario se trata de pensar si existen contraejemplos que puedan
hacerla falsa.
56
Estamos ante lo que se denomina versión hipotético- deductiva de la ciencia o falsacionismo.
Popper puso el acento en la idea de que numerosas teorías políticas, entre ellas el marxismo hacían
afirmaciones acerca de la pobreza, la explotación y que para justificarlas buscaban ejemplos que
confirmaran sus enunciados, pero ello resultaba engañoso, a juicio de Popper, pues efectivamente si
alguien desea probar lo que dice buscará los casos confirmatorios y no los disconfirmatorios.

En este punto se advierte la vinculación de la epistemología, no sólo de la ciencia, con las prácticas
sociales de diverso tipo: políticas, económicas, sociales (tal como veíamos en el capítulo I). Popper fue
miembro del grupo Mont Pelerin, fundado en la década de 1940, organización formada por un reducido
número de eminentes intelectuales, entre los que se encontraban Ludwig von Mises (1881-1973), Milton
Friedman (1912- 2006) y Friedrich Hayeck (1899-1992). Esta organización, que subsiste hasta hoy día y
cuyos encuentros no son públicos, fue la encargada de construir un plan ―para terminar con todos los
planes del Estado‖, organizó una estrategia vigente hasta el presente para divulgar y efectivizar el
neoliberalismo y combatir al comunismo, al socialismo, así como al Estado de Bienestar. Esta
organización sostuvo que el núcleo de los procesos sociales debía (y debe) estar liderado por el mercado y
que el Estado sólo puede ser un ―socio‖ o cliente‖ del mismo que lo sostenga en sus avatares; también
afirma como premisa la libertad individual absoluta y la competencia. Los aportes de Karl Popper a esta
estrategia fueron fundamentales para combatir teóricamente las políticas sociales de carácter universal(
derecho a la educación, a la vivienda, al ocio, a la salud), pues ellas estarían basadas en conceptos
―metafísicos‖ como la justicia o la igualdad de los seres humanos que construirían un Estado totalitario
que aplastaría la libertad individual, cuya expresión más clara es la libertad de mercado (Popper, 1945;
von Mises: 1949; Friedman (1979); Hayeck (1960) .

La línea de demarcación entre hipótesis científicas y no- científicas debe pasar entonces por saber si
los enunciados son susceptibles de ser puestos a prueba en la experiencia y encontrar contraejemplos o
no. Dicho de otro modo, una hipótesis para ser científica debe ser falsable, lo cual implica que frente a
una hipótesis deberíamos poder afirmar qué debería ocurrir para declararla refutada. Una hipótesis es
para Popper un enunciado de carácter universal que puede ser falsado. La hipótesis falsable es aquélla
que nos permite imaginar situaciones concretas que la hagan falsa. Así falsable no es lo mismo que
falsada: falsable significa que puede ser falsada, pues nos da información acerca del mundo y ella puede
resultar falsa, aun cuando hasta ahora no haya ocurrido tal situación; falsada significa que ya ha sido
refutada por los hechos. Pero todo enunciado para ser científico debe ser falsable. Las hipótesis o teorías
que no sean falsables serán pseudocientíficas, mientras que las falsables serán científicas y podrán ser
refutadas o corroboradas conforme se realicen experimentos, los cuales irán dirigidos a conseguir su
refutación. De modo que una hipótesis científica se rechazaría si es refutada, lo cual se consigue a través
de un experimento que la contradiga.

Esto nos lleva a lo central del método científico según Popper: la puesta a prueba. Este proceso
implica construir consecuencias observacionales que se desprenden de la hipótesis, pero que pueden
contradecirlas. Así, si sostengo como hipótesis que la vacuna x cura la Gripe A, deberé ser capaz de
imaginar situaciones en las que esta afirmación pueda ser refutada. Para ello deberé ser capaz de construir
escenarios en los que un factor llamado variable independiente (vacuna) entre en relación con otro
llamado variable dependiente (la cura de los animales), a fin de establecer si la variable dependiente se
modifica a la par que la independiente. Por ejemplo, puedo diseñar un proceso de investigación en que la
vacuna sea inoculada una variada cantidad de animales afectados por la gripe A, supongamos cien. De
ellos elegiré cincuenta a los que les aplicaré la vacuna y cincuenta a los que no. ¿Qué debería ocurrir?
Que aquellos animales vacunados deberían sanar y en los no vacunados la enfermedad debería seguir su
curso. En una versión algo estrecha o ingenua del método científico se diría que todos los vacunados
deberían curarse.

En este punto es menester tomar en cuenta las prácticas científicas efectivas. Generalmente un
científico no abandona sus investigaciones ante la primera refutación, por el contrario suele insistir. De
57
ahí que los epistemólogos han sostenido una primera versión del falsacionismo, al cual han llamado
ingenuo pues el mismo sostuvo que un solo caso podía falsar una hipótesis, precisamente porque las
hipótesis son enunciados universales a los cuales un solo caso contradictorio puede falsar. Por ejemplo, si
digo ―todos los cuervos son negros‖, un solo cuervo no negro hace falsa a la proposición. Pero las
prácticas científicas muestran que las cosas no funcionan así, a menudo los científicos insisten y vuelven
a poner a prueba sus hipótesis, surge entonces en la epistemología el llamado ―falsacionismo
sofisticado‖(Lorenzano, 1995).

Precisamente, en un análisis más ajustado de las prácticas científicas se considera que en el


momento de ejecutar el experimento hay una cantidad de factores que pueden incidir en la refutación o no
de la hipótesis (en nuestro ejemplo, la cura o no de los animales). A estos factores se los llama variables
intervinientes, ellas aluden a factores que pueden influir en la relación entre la variable indpendiente y la
dependiente. Como en el momento de poner a prueba una hipótesis, sólo se está analizando la posible
influencia de una variable llamada independiente (vacuna) sobe otra llamada dependiente (la cura del
animal), el hecho de que la cura se produzca o no, no debería llevarnos forzosamente a rechazar de plano
la hipótesis, pues podrían intervenir otros factores no tenidos en cuenta (el estado de salud, o la edad de
algunos de los animales, o el estado de alguna substancia que compone la vacuna u otros factores), a esos
factores se los denomina variables intervinientes.

Así entonces, será necesario controlar las variables intervinientes: para lo cual en la práctica existen
diversas estrategias, por ejemplo una de ellas consiste en homogenizar las muestras con las que se trabaja
(―muestra‖ es el conjunto de individuos con los que se experimenta o a los que se observa y que deben
ser seleccionados de modo que sean representativos de la población total a la cual pertenecen, por sus
características y por su número); esto significa que si trabajamos con dos grupos de animales ellos
deberían tener características semejantes en cuanto a edad, estado de salud o cualquier otro factor que
consideremos que puede intervenir sobre la relación entre la variable independiente y la dependiente.
Claro que siempre existe una cantidad de variables que no podremos controlar. El falsacionismo coloca
entre paréntesis a esos factores, lo considera constantes aun cuando sabe que no lo son, pero de otro modo
no podría explicar cómo trabajan efectivamente los científicos quienes inevitablemente deben ir
poniendo a prueba hipótesis en las que sólo se experimenta la relación entre una variable independiente y
una variable dependiente por vez, (un ejemplo sencillo de esto lo tenemos cuando alguien padece una
enfermedad y los médicos van experimentando con un antibiótico por vez, a fin de establecer cuál es
efectivo en ese caso) y donde no es posible controlar los innumerables factores que pueden afectar al
experimento.

De lo afirmado por Popper y los partidarios del falsacionismo se infiere que las hipótesis científicas
no pueden ser jamás definitivamente probadas o rechazadas. En tanto una hipótesis ha resistido las
pruebas se la considerará corroborada, lo cual significa que hasta el momento ha resistido las pruebas,
pero esto no implica que en el futuro a partir de nuevos conocimientos y técnicas la misma resulte
refutada. Paralelamente una refutación no hace definitivamente falsa a una hipótesis, puede también en el
futuro, con nuevas técnicas tornarse corroborada. De modo entonces que las hipótesis son aceptadas o
rechazadas por convención en relación a las teorías, instrumentos y criterios racionales comúnmente
aceptados en el momento por la comunidad científica. El problema que esto introduce consiste en
establecer cómo se logra tal convención. Es aquí cuando otra vez debemos pensar en las ciencias como
prácticas sociales y, como ya hemos visto, leer estas prácticas en relación a complejos procesos históricos
de poder dado que las prácticas científicas formas parte de una compleja red social, política y económica.

Ahora bien, en la perspectiva falsacionista, según lo que hemos visto, las hipótesis científicas
permanecen siempre en estado de problema, no es posible afirmar que las denominadas leyes científicas
sean verdaderas. Por ello son siempre hipótesis. La ciencia avanza a través de proponer hipótesis y la
posterior refutación o corroboración de las mismas a partir de hechos construidos por las teorías
científicas. Corroboración o refutación que a pesar de no ser definitiva deviene del consenso científico.
58
Esta concepción del progreso de la ciencia supone que la historia de la misma se desarrolla de modo
acumulativo. Este progreso está ligado a la prueba de hipótesis, de modo que la historia de la ciencia es la
historia del contexto de justificación (ver capítulo II). El contexto de descubrimiento no estría relacionado
al método científico y por ende a la historia de la ciencia. Ésta es narrada en esta perspectiva como una
historia ―interna‖ de la verdad (ver capítulo II) no entran en consideración para analizar el progreso
científico, las condiciones históricas o psíquicas que llevan a proponer problemas o a plantear ciertas
hipótesis. El compromiso científico debe superar o ser independiente de problemas políticos o religiosos.
De ahí una ambigua relación de Popper con la verdad.

Karl Popper no fue una persona indiferente, sino una figura con inquietudes políticas fuertes. Por
eso aun cuando sostuvo que toda hipótesis permanecía siempre en estado de problema, jamás dejó de
sostener la idea de verdad, y ello por razones que van más allá de la ciencia. Escuchemos sus palabas:

―Desearía contraponer aquí al relativismo una postura que casi siempre se confunde con él, pero
que es radicalmente distinta a éste. He denominado a menudo esta posición como pluralismo; pero ello
precisamente ha conducido a esos malentendidos. Por eso quiero caracterizarte aquí como un
pluralismo crítico. Mientras que el relativismo, que procede de una tolerancia laxa, conduce al
dominio de la fuerza, el pluralismo critico puede contribuir a la domesticación de la misma. La idea de
verdad es de una significación decisiva para la contraposición entre el relativismo y el pluralismo
crítico.
El relativismo es la postura según la cual se puede aseverar todo, o casi todo, y por tanto nada.
Todo es verdad, o nada. La verdad es algo sin significado. El pluralismo crítico es la postura según la
cual, en interés de la búsqueda de la verdad, toda teoría –cuantas más teorías mejor– debe admitirse en
competencia con otras teorías. Esta competencia consiste en la discusión racional de la teoría y su
eliminación crítica. La discusión es racional, y esto significa que se trata de la verdad de las teorías
competidoras: la teoría que, en la discusión crítica, parezca acercase más a la verdad es la mejor, y la
mejor teoría elimina a las teorías peores. Se 'trata, pues, de la verdad.‖
La idea de la verdad objetiva y la idea de la búsqueda de la verdad son aquí de una
importancia decisiva. (…)
La verdad es objetiva: la verdad es la correspondencia de lo que digo con los hechos, aunque yo
sepa o no que la correspondencia existe. (Popper, 1984) (la cursiva es nuestra)

59
Capítulo IV
La cuestión social y la emergencia de las Ciencias Sociales.
1. La cuestión social

Los desarrollos de las ciencias fácticas y de las matemáticas, así como la epistemología ligada a
diversas modalidades del Positivismo y su deriva en el falsacionismo, tuvieron y tienen influencia en la
construcción de las Ciencias Sociales. Sin embargo una mirada aguzada de las mismas puede mostrar que
su emergencia y despliegue está fundamentalmente ligada a otro proceso: la cuestión social y que en todo
caso las Ciencias Sociales, a veces se inspiran en algunas de las formas del Positivismo, pero muy a
menudo no lo hacen. En ese sentido las Ciencias Sociales no constituyen en ninguna de sus variantes
(Economía, Sociología, Antropología, Psicología) una Ciencia Normal como querría Kuhn, y ello no
constituye un ―defecto‖, sino por el contrario una virtud, ya que su pluralidad nos habla de la pluralidad
del pensamiento humano sobre los problemas que afectan a los hombres. Pluralidad que nos invita a no
subordinarnos ciegamente a nada. Pluralidad que nos muestra que los humanos, en la tarea de hacer
Ciencias Sociales, piensan ―lo social‖ y con ello hacen y rehacen su mundo.
Podemos pensar que el objeto de investigación de las Ciencias Sociales es ―lo social‖. Sin embargo,
a poco que nos adentremos en la indagación veremos que este término encierra una enorme complejidad.
Lo social como problema específico de la ciencia se plantea en el siglo XIX. ¿Cuáles fueron las
condiciones de posibilidad de la emergencia de las Ciencias Sociales? Veamos.
El siglo XIX es uno de los períodos en los que la Historia de la Medicina registra mayor cantidad
de enfermedades ligadas a problemas laborales y al hacinamiento en las ciudades en las que las industrias
crecen. Junto a las epidemias y enfermedades ―físicas‖, en las adversas condiciones de vida para las
poblaciones trabajadora, aumenta también lo que los médicos higienistas llamaban la ―enfermedad
moral‖: la prostitución, la locura, el robo, el homicidio, entre otros. También son considerados parte de
esa enfermedad moral los motines y levantamientos, que, como vimos en el capítulo III, alcanzan en
Europa momentos álgidos en 1830, 1848 y 1871 y que se manifiestaron también en Nuestra América,
particularmente a partir de la revolución mexicana.
Dicho en otras palabras, las condiciones de vida y trabajo en Europa y América producen el
estallido de lo que se conoce en Ciencias Sociales como ―la cuestión social‖. Este proceso a su vez
impulsará a la emergencia de las denominadas Ciencias Sociales.
¿Qué es la cuestión social? Ella surge con relación a las contradicciones entre el nivel de lo fáctico
y el de los principios teóricos del contractualismo liberal. El ideario liberal político construido en parte
por el movimiento filosófico y político conocido como la Ilustración y que se desarrolló contra el
absolutismo durante el siglo XVIII, tenía sus núcleos en los conceptos iluministas (los ―términos
―iluminista‖ e ―ilustración‖, aluden a la luz que la razón despliega sobre procesos sociales y naturales y se
contrapone a lo que ese mismo movimiento llamó ―el obscurantismo medieval‖) de libertad, igualdad y
propiedad como derechos naturales y universales del Hombre. El pensamiento de la Ilustración planteaba
a la ley establecida en el Derecho como universal y al Estado como neutral respecto de los intereses de la
sociedad civil. La abstracción y formalidad del Derecho suponía la idea de una racionalidad universal,
vinculada a la idea de un Sujeto Humano que tenía como atributos ciertos derechos naturales universales.
De ese modo el Estado y la ley se presentaban guardianes de los intereses particulares y a la vez como
trascendentes a ellos.
Precisamente, la cuestión social emerge pues de la realidad efectiva: a nivel histórico, la sociedad
no posibilitaba ni posibilita el acceso igualitario al trabajo y la propiedad. Lo anterior conduce a que en
los hechos igualdad y propiedad entren en colisión. Efectivamente, en esa estrategia discursiva la
igualdad entraba en contradicción con la realidad efectiva, tal como se hizo visible en diversos
acontecimientos sangrientos como la Comuna de París en 1848 y 1871, mientras en Nuestra América la
revolución mexicana explotaba a comienzos de siglo XX, pero cuyos antecedentes se remontaban hasta la
década de 1870. Los conflictos sociales mostraban que el acceso a la propiedad no era algo real y
60
efectivamente consumado de manera igual para todos los ciudadanos. La igualdad efectiva en el acceso a
la educación, la vivienda, el tiempo libre no se concretaba (Murillo, 1999).
La cuestión social es entonces la brecha entre los principios proclamados por el ideario liberal y la
realidad efectiva (Donzelot: 1994). Ahora bien, esa brecha entre los principios y la historia concreta no es
sino la desigualdad efectiva que niega en los hechos la igualdad proclamada a nivel discursivo por la
Ilustración y el liberalismo. Esa brecha es la enfermedad que corroe al cuerpo social y de la que emergen
los diversos síntomas plasmados en protestas y formas diversas de resistencias. Estos síntomas han
generado distintos modos de intentar contenerlos. Para lograrlo se han plasmado políticas sociales
diversas. De manera que los remedios pensados para resolver la cuestión social son parte también de ella.
Remedios que han cambiado en la historia contemporánea, precisamente en relación a los avatares de la
relación entre capital y trabajo y a las luchas intercapitalistas.
Tales remedios han sido las diversas políticas sociales que en la historia del capitalismo, a partir de
fines del siglo XIX, han intentado mantener, al tiempo que contener, las diversas formas de desigualdad.
Esas reparaciones intentaron durante más de un siglo construir una trama, una red que contuviese a la vez
que mantenía las diferencias producidas por la desigualdad concreta. A esa trama se la ha denominado lo
social. Es en este sentido que algunos autores (Donzelot, 1994) sostienen que lo social surge como una
carencia, como una falta, como una llaga que debe ser suturada: es a la vez el remedio y la enfermedad
que lo requiere. Es una ausencia y la trama que intenta obturar esa falta. Lo social como trama
contenedora y reparadora de las desigualdades se hace entonces visible, precisamente cuando los ideales
de la cultura del siglo XVIII que habían sostenido ideológicamente a la libertad y a la igualdad de todos
los hombres como núcleos de lo humano, se vieron tronchados durante el desarrollo de la sociedad
industrial y la expansión neocolonial de los Estados más poderosos de la tierra.

2. Nuevas funciones del Estado moderno: biopolítica y anatomopolítica.

Los problemas planteados por la cuestión social generaron una serie de publicaciones médicas en
Europa, que se difunden sobre todo luego de los levantamientos populares en París en 1848. Entonces la
medicina, bajo el paradigma epistemológico positivista (ver capítulo III) cobra un lugar relevante en tanto
ella se presentaba como un conocimiento científico y por ende neutral y avalorativo que puede intervenir
en la vida privada de los sujetos, ahí cuando los principios liberales inhiben al Estado; se erige en un
saber capaz de curar las enfermedades físicas y morales que aquejan a la sociedad. Dicho de otro modo: la
carencia de lazo social producto de la brecha entre los principios de propiedad, igualdad y libertad en
confrontación con la realidad efectiva fue leída o comprendida como ―enfermedad social‖, una
enfermedad a su vez física y moral. Los remedios debían ser también de esos dos tipos: físicos y morales.
La población y el individuo pasan a ser considerados problemas a conocer, diagnosticar y curar en sus
probables enfermedades físicas y/o morales. (Murillo, 2001).
Para ello se trata de saber cuáles son, por un lado a nivel poblacional, los índices de mortalidad,
morbilidad, nacimientos de hijos ilegítimos, delitos, prostitución, locura, huelgas, levantamientos y todo
aquello que pueda significar un riesgo para al buen orden que conduce al progreso; o dicho de otro modo:
para que los flujos del mercado de los productos industriales, intercambiados por materias primas
provenientes de países periféricos, se desenvuelvan libres de obstáculos. Complementariamente, se trata
de conocer la historia, la biografía de sujetos individuales a fin de detectar si entrañan algún grado de
peligrosidad para esos flujos de bienes y hombres que se despliegan fuertemente en la sociedad industrial.
Así el conocimiento y el tratamiento de enfermedades sociales tomará un doble rumbo: totalizante e
individualizante (Foucault, 1981-1982 y1991 b). La idea de riesgo es adjudicada a grupos y la de
peligrosidad a individuos
Se difunden así lo que Michel Foucault ha denominado dos tecnologías de intervención sobre las
poblaciones y los individuos. La biopolítica y la anatomopolítica. Ellas conforman dos rostros de una
estrategia de análisis y control de las poblaciones y de los sujetos que las conforman. La palabra
―tecnología‖ cobra aquí una dimensión nueva: no es sólo un conjunto de saberes destinados a producir
mercancías, artefactos elaborados para el mercado; tecnología alude aquí a un conjunto de
procedimientos que tienen como fin moldear las conductas de individuos y poblaciones. Estos
61
procedimientos tendrán como sustento el conocimiento provisto por la estadística, las ciencias sociales y
las naturales (Foucault, 1981-2). Sin embargo no deberíamos pensar que la biopolítica y la
anatomopolítica son una consecuencia mecánicamente pensada por los científicos sociales; en la hipótesis
de Foucault, que él demuestra con un riguroso estudio histórico, ellas emergen desde diversos lugares
(manicomios, escuelas, universidades, cárceles), son parcialmente sistematizadas por las Ciencias
Sociales, aplicadas y vueltas a transformar constantemente.
La biopolítica es una tecnología de gobierno de las poblaciones que fundamentalmente toma como
objeto o blanco a la vida. Ella, a través de la estadística establece tasas de natalidad, mortalidad,
morbilidad, delincuencia y la construcción de esos datos es analizada en función de lograr un cuerpo de la
población sano. La biopolítica desplegada por el liberalismo ya no intentará erradicar la enfermedad, la
muerte, la pobreza, la delincuencia o la prostitución. Afirmará que ellas pertenecen a la naturaleza de las
cosas (Foucault, 2006). Ellas, como otros tantos problemas sociales, deben ser conocidas en sus rasgos
distintivos y en sus vaivenes, así como se deberá establecer cuáles son las tasas óptimas para ser toleradas
en una sociedad. La biopolítica toma así como objeto a la vida, su blanco fue la población humana –hoy
lo son todas las especies vivas. Su fin es y fue controlar los procesos de la vida, dejarlos actuar, pero
dentro de los márgenes deseables y óptimos, que no son otros que los que conservan el orden social tal
como está establecido o con las modificaciones necesarias que nada cambien (Foucault,2007).
Precisamente los márgenes tolerables de desviación son los que permiten construir normas de
acuerdo a las cuales se intentará formar a los sujetos. El concepto de normal y el de anormal surgen así de
las medidas estadísticas que establecen cuándo determinados eventos han caído dentro de la media
esperable para la población o se han desviado de ella. El concepto de ―normal‖ y el de ―anormal‖, que
tuvieron una fuerte influencia en la constitución de las ciencias sociales y de las políticas sociales surgen
de aquí. Desviado o anormal es aquel sujeto que cae fuera de la media normal esperable para la población
y que al hacerlo pone en peligro a los demás o a sí mismo.
Para prevenir la anormalidad, o resocializarla cuando ella se produce, se difunden las disciplinas o
anatomopolítica que tomaron y toman como blanco ya no a las poblaciones sino a los cuerpos
individuales, con el objetivo de moldearlos de acuerdo a las normas emanadas de la Biopolítica. Esta
modelación se realiza en instituciones disciplinarias como la familia, la iglesia, la escuela o la fábrica; y a
quienes se requiere desde esta perspectiva ―resocializar‖, en el manicomio, la cárcel o el reformatorio,
cuando la familia o la escuela hayan fallado en su función de normalización. Las disciplinas apelan a
ejercicios, construyen rutinas y generan hábitos en los sujetos en función de normas que operan como
modelos a seguir en relación a las necesidades de controlar a la población. La vigilancia constante y el
examen, acompañado de sistemas de premios y castigos llevan a los sujetos a incorporar ciertas rutinas
que implican modos de pensar, decir y actuar que se introyectan desde el momento del nacimiento y que
los sujetos vivencian como ―naturales‖.
La disciplina no supone forzosamente formas de coacción, ella puede actuar, y a menudo lo hace, a
partir de la identificación con modelos deseables (la hermosa actriz que incita a efectuar algún tipo de
gimnasia o a desarrollar cierto tipo de dietas, es un ejemplo habitual). La precisa distribución de los
cuerpos en el espacio y la puntillosa organización del tiempo son los instrumentos de las disciplinas (así
funcionaban, al menos hasta hace unos años la escuela primaria y secundaria). Un interesante problema
consiste en preguntarse si estas instituciones educativas tienen hoy una función disciplinaria), pues ese
orden reiterado permite, a través del hábito, incorporar (in: en, introducir; corpore: cuerpo) formas de
actuar adecuadas a los lugares por los que se transita. De esta manera, los sujetos adquieren una
―seguridad‖ o ―tranquilidad‖ acerca de que en sus prácticas serán reconocidos y aceptados por los otros.
Los objetivos de las disciplinas son fundamentalmente dos: construir sujetos dóciles y a la vez
socialmente útiles. Las disciplinas moldean el cuerpo de los sujetos de acuerdo a las funciones que
desempeñarán en la sociedad, en ese sentido otorgan cualidades (saber tocar el piano o trabajar con un
torno), pero también sus rutinas imponen de manera lenta y subrepticia la docilidad necesaria para que
esos flujos de bienes y personas necesarios al movimiento del mercado, no sean obstruidos por rebeldía
(Foucault, 1991 d).
A fin de evitar que las tasas de enfermedad social no superen el riesgo poblacional tolerable, se
desplegaron desde el siglo XIX diversas tácticas que tuvieron uno de sus centros en la formación del niño,
62
futuro ciudadano (educación escolar, formación de las mujeres como futuras madres, fijación de los
trabajadores-padres de familia a un lugar, inculcación de hábitos de ahorro, combate a la prostitución,
campañas para estimular los casamientos, formación de hábitos higiénicos, entre otras medidas
(Foucault, 1991c). En síntesis, la imposición de la higiene física y moral desde el momento del
nacimiento, desplegada en diversas instituciones (escuela, familia, hospital, Iglesia), se tornó un elemento
central a la hora de construir lazos sociales y evitar conflictividad política.

3. Las Ciencias sociales y la cuestión social. Alienismo e Higienismo.

Este proceso de difusión de la anatomopolítica y la biopolítica, necesariamente complementarias, se


desplegó en una profunda articulación entre instancias estatales y privadas, pero fue conformando
paulatinamente una política científica (mucho antes de que tal nombre se constituyese) destinada a
conformar cuerpos sociales sanos.
Desde fines mediados del siglo XIX en buena parte de Europa y desde fines del mismo siglo en la
Argentina, sobre la base del pensamiento positivista, se construye una triple dimensión de lo que mucho
más tarde se denominará ―política científica‖ en el área social: (a) de carácter discursivo, (b) de formación
de profesionales en las universidades y (c) de prácticas institucionales. El discurso médico alienista e
higienista fueron centrales en la constitución de esa triple estrategia, cuyo objetivo fue la regulación de la
población en las ciudades y sus enfermedades físicas y morales.
Esos discursos y prácticas, emergieron en un proceso en el cual el Estado llevó adelante políticas
sociales, articulado con organizaciones privadas (laicas y religiosas), en una estrategia donde el poder se
ejerció con un carácter crecientemente individualizante a la vez que totalizante ; ―individualizante‖ pues la
disciplina se centró en la formación de individuos dóciles y útiles, ―totalizante‖ pues la biopolítica apuntó a
regular el cuerpo de las poblaciones. De modo que esta estrategia utilizó las tecnologías anatomopolítica y
biopolítica, arriba mencionadas. Se trataba de normalizar a los individuos en función del cálculo de los
problemas sociales. Cálculo que supuso el desarrollo de la estadística (de statistique: ciencia del Estado)
como modo de controlar los niveles de riesgo social que habitan en los diversos grupos sociales. Así una
sociedad puede tolerar ciertos grados de delincuencia, prostitución o locura. Pero cuando esos óptimos
tolerables son superados es necesario construir normas en base a las cuales moralizar a los individuos a fin
de prevenir las enfermedades físicas y morales de la población (Foucault, 2006).
La matriz teórica que posibilitó tal proceso, la produjo la ciencia médica, la cual en base a parámetros
de normalidad, posibilitó el diagnóstico exacto de los sujetos. Como consecuencia de ello, a los que caían
fuera de la media esperada, se trató, al menos en lo discursivo, de regenerarlos, de readaptar al orden social.
El Alienismo y el Higienismo fueron dos corrientes médicas que gravitaron profundamente en la
construcción de estos procesos. Ellas se desarrollaron dentro de un marco positivista que supuso una
Epistemología y una Ontología que coloca a la Ciencia en el lugar de la verdad, pues el supuesto es que la
Ciencia permitiría conocer y planificar la realidad social, a través de tácticas, cuya estrategia final sería la
conformación del individuo normal y la regeneración del desviado. Como la herramienta más avanzada
del Progreso, la Ciencia posibilitaría la perfectibilidad tanto moral como social del Hombre, así como el
socorro de los ―caídos‖ en la ―lucha por la existencia‖ (Murillo, 2001). Ella puede tomar como objeto de
estudio a la sociedad y dar elementos que legitimen la acción del Estado sobre individuos.
La apelación a la Ciencia por parte del positivismo, tuvo un instrumento fundamental: la
medicalización de la sociedad. El médico y su prestigio llenaron los vacíos entre el planteo teórico del
igualitarismo liberal y el funcionamiento efectivo de la sociedad. La medicina vino a salvar la paradoja de
que siendo el contrato social, producto de individuos libres e iguales, en los hechos el Estado no puede
garantizar tal igualdad, dado que la falta de ésta dependería de ―enfermedades morales‖ que es menester
subsanar. Complementariamente vino a sortear el problema de que siendo todos los ciudadanos libres, el
Estado puede actuar sobre la vida privada de ellos cuando ésta se presenta como peligrosa para el orden
social: el juez acompañado del médico pueden intervenir por ejemplo en un hogar considerado poco
apropiado, en nombre del conocimiento científico pues éste se presenta como neutral y apolítico y por
ende no violatorio de los derechos políticos de los ciudadanos.

63
La medicina, y particularmente dentro de ella, la psiquiatría alienista (nacida en los asilos para
―enfermos mentales‖, surgidos a fines de siglo XVIII) unida al higienismo, mostrará que aun cuando el
sujeto humano tiene una base física inmodificable, el carácter y el medio social pueden ser cambiados. En
ese punto, los profesionales médicos, incluidos en organizaciones estatales, diseñaron la matriz de
políticas sociales, que sólo lograron cumplirse parcialmente. Allí donde la ley se mostraba como
insuficiente y la familia fallaba en su función de construir sujetos normales, debía operar el médico,
avalado por el prestigio de la Ciencia. El médico debía transformarse en uno de los pilares del Estado,
pues él encarnaba un problema indisoluble: médico y social.
Junto a este prestigio médico emergió el valor del espacio como agente de ordenamiento social, no
sólo el del espacio abierto de los intercambios, y a partir de allí el valor del urbanismo; sino también el
del espacio cerrado (manicomios, cárceles, hospitales), al cual se le asignó un valor terapéutico. En él la
clausura tiene carácter instrumental terapéutico. Posibilita la regeneración. El prestigio científico de la
medicina hará que se vea como razonable el secuestro de personas y su encierro en la cárcel o el hospital,
en un contexto en que la libertad era conceptualizada como un atributo inalienable del hombre.
Ocurre que el encierro en las llamadas ―instituciones de secuestración‖, aun cuando se haga en
nombre de la ley, está fundado en el nombre de la Ciencia y ésta es caracterizada como neutral y
avalorativa, sus saberes tienen la presunción de ser objetivos, pues devolverían la salud física y moral.
El modelo de intervención médica surgió del alienismo que fue un movimiento de carácter
hospitalario caracterizado por una triple estrategia. (1) Precisa distribución de los sujetos en el espacio en
relación a las características o síntomas que los pacientes presentaban. 2) Clasificación de las
enfermedades. 3) Relación personal entre médico y paciente, consistente en el tratamiento moral. Para
ello la tecnología alienista, planteó que era necesario aislar al enfermo y confinarlo en un orden asilar
constituido en base a la disciplina. En el aislamiento, la relación de autoridad entre el médico y el
enfermo tendría un valor terapéutico, pues permitirá reconstruir el orden familiar fallido y causante de la
enfermedad. Ese procedimiento fue transferido a otras instituciones: cárceles, correccionales, institutos de
menores. Pero también tuvo influencia en el desarrollo de la escuela y en las transformaciones de las
relaciones familiares.
El alienismo se anuda a la fisiología y la psicología, su fundamento es el empirismo y el
positivismo. Se centra en la observación de los síntomas y en la inducción de leyes generales.
El establecimiento de tales criterios, se tornó central, dado el rol político que la medicina toma a
partir del siglo XIX, en relación al Estado y la sociedad. El médico fue percibido como alguien que podía
reducir la miseria, educar al pueblo a través de un plan de vida racional e higiénico, luchar contra las
fuerzas del oscurantismo e imponer en última instancia un orden racional en los individuos dentro de un
orden social.
En esta matriz teórico-política emerge el Higienismo, el cual sobre la base del iluminismo, el
empirismo inglés y la teoría de que una vida sana, moral, limpia, decente influye en los aspectos físicos,
de tal manera que uno es causa del otro y viceversa. Todo lo cual llevaba a la idea de controlar el medio
social, a fin de que la vida fuese más racional y por ende más sana (tanto en un sentido físico, como
moral). Se constituye así, una ―especie de ciencia intermedia entre la Legislación y la Medicina‖, la
misma es denominada ―medicina política‖. Los hombres que organizarán este movimiento tienen clara
conciencia de su rol político. En ese sentido definen precisamente la labor del higienismo:
La medicina no sólo tiene por objeto estudiar y curar las enfermedades sino que tiene
también íntima relación con la organización social; algunas veces ayuda al legislador a concertar
leyes, frecuentemente ilustra al magistrado en su aplicación, y siempre vela, junto con la
Administración, por el mantenimiento de la Salud Pública‖( Prospecto de Annales d’ hygiene
publique et de medecine légale, N° 1, Enero de 1829, citado por Castel, 1980: 148).

De modo que el higienismo postula dos puntos de aplicación de su tarea sobre cuerpo social: la
enfermedad física y la enfermedad moral. Desde aquí se articula con el rol del legislador, el jurista, el
criminólogo, el maestro, el reformador social, el psicólogo y el psiquiatra. Su objetivo es la planificación
social poniendo el acento en la idea de prevención. Todo esto hace necesario organizar la ayuda pública y
reformar el sistema de asistencia de las poblaciones pobres.
64
Desde el punto de vista higienista el "progreso" genera "necesariamente desigualdades", debido a
las diferencias "naturales" y a la existencia del "trabajo libre" que es la "fuente de la prosperidad". El
triunfo de los más aptos es correlativo de los fracasos de los menos aptos. A estos hay que socorrerlos, a
fin de reinsertarlos si es posible y si no, separarlos de la libre circulación. El alienismo aporta a este
movimiento, una de las primeras tecnologías aplicadas a cuestiones sociales basadas en la persuasión. El
tratamiento psiquiátrico nacido del alienismo se transformará progresivamente en matriz de diversas
formas de ―tratamiento‖ en las de las prisiones, reformatorios de menores y otras instituciones de encierro
(Murillo, 2001).
En Europa, el higienismo tuvo diversas líneas. Una de ella, postuló un sistema de Higiene dividido
en cuatro ramas: higiene moral, dietética, social y policía sanitaria. La higiene social, tiene por objeto el
bienestar de la sociedad, para lo cual las estadísticas deben efectuar un riguroso seguimiento de la vida
social. En nuestro país, los Censos y Anales de higiene Pública fueron elaborados siguiendo este criterio.
Con ello, los higienistas iniciaban los estudios sociales de carácter cuantitativo en Argentina (Murillo,
2001).
La tarea de la higiene social tiene que ver con la prevención de las denominadas enfermedades
sociales (prostitución, delincuencia). Para ello hay dos requisitos: la constitución global del individuo y
las relaciones de propiedad. En relación a esto los higienistas postularon que era menester que la higiene
social terminase con la pobreza, en tanto ésta era considerada la causa fundamental de las denominadas
―enfermedades sociales‖ como el delito y la prostitución (es notable analizar cómo el sentido común
actual reedita ese prejuicio que liga la pobreza a formas diversas del crimen y la contravención). No
obstante, en las últimas décadas del siglo XIX las hipótesis que ponían el acento en las condiciones
sociales como causantes de desviaciones fueron discutidas, en parte por razones políticas y en parte
debido al éxito de la bacteriología, que hizo pensar que se podía tratar la enfermedad y obviar las
condiciones de vida del paciente, tal era la posición adoptada hacia 1893 por Emil Adolf von Behring
creador de la inmunología como ciencia (Murillo, 2001).
La Higiene tuvo un carácter fundamentalmente preventivo. Su acción no se redujo a combatir las
pestes o suprimir la mortalidad evitable, ella implicaba "tomar todos los medios de protección a los
individuos y las colectividades, para preservar a la raza humana de todas las causas de degeneración física
y moral" (República Argentina. Departamento Nacional de Higiene, Anales de Higiene pública y
medicina legal, Buenos Aires, 1892: 279). La labor fundamental del higienismo es concebida como
educativa y preventiva.
De ese modo las medidas sanitarias deberán evitar que la ciencia sea una mera especulación
teórica y lograr que se constituya fundamentalmente un saber aplicado y encarnado en severas medidas
administrativas vinculadas a la vida cotidiana. La educación de los pueblos será en ese sentido esencial,
pues ella posibilitará que los individuos conozcan y comprendan la obligación de cumplir con los preceptos
higiénicos adquiriendo así hábitos de limpieza y ―buenas‖ costumbres.

4. La ciencia de la eugenesia y la cuestión social.

Los desarrollos del higienismo en su objetivo de mejorar las condiciones de vida y remediar las
enfermedades físicas y morales que aquejaban a la población, desembocaron por obra de Sir Francis
Galton en Inglaterra y bajo la creciente influencia del darwinismo social 29, en el objetivo de mejorar a la
salud física y moral de la población. Este mejoramiento adquiere en la eugenesia, el carácter de un
perfeccionamiento de la raza, bajo la convicción, de que existen pueblos más o menos aptos y dentro de
cada uno de ellos, grupos sociales también más o menos avanzados en su adaptación a un régimen de vida
sano y por tanto racional.
La higiene, se sostuvo, debe ser de carácter social, e incluir aspectos tales como nutrición,
profilaxis, atención médica, higiene del trabajo, de la infancia, de la juventud, la salud pública y la teoría

29
―Darwinismo social , éste término alude a la extensión de las teorías de Darwin a los fenómenos sociales. Ello conduce a
diferenciar razas o pueblos superiores e inferiores y dentro de cada pueblo individuos o grupos también de diversa calidad. Los
superiores serían los más aptos para la lucha por la existencia y los inferiores, los menos dotados.
65
de la degeneración, patología constitucional e higiene sexual. La higiene, se afirmó, no puede ser sólo
físico- biológico sino también social. Pero uno de los mayores problemas de la higiene social, se dijo, es
la degeneración física y social.
Se tematizó a la degeneración como el problema central de los estudios de patología social y se
planteó la planificación cuantitativa y cualitativa de la reproducción humana en relación con lo valioso o
disvalioso de determinados grupos; se programó también la planificación cuantitativa de la reproducción,
en relación con el incremento o disminución de la población según su presunta aptitud para llevar
adelante un vida sana o enferma (actualmente tales ideas han sido revitalizadas bajo ropajes diversos,
pero que apuntan al mismo objetivo: evitar la reproducción de grupos sociales que por diversas razones
pueden obstaculizar los fenómenos del mercado; en esa clave, los organismos internacionales plantean la
necesidad de controlar la reproducción de pueblos que habitan zonas de Nuestra América, pletóricas de
recursos naturales).
De este modo las propuestas se hacen cada vez más racistas. Sus principios básicos fueron tres:
1) La herencia tiene fuerte influencia en los individuos y también lo adquirido por la experiencia.
2) El progreso de la especie depende de la selección natural y del triunfo de los más aptos.
3) La modernidad ha reemplazado la selección natural por la selección artificial y ésta influye en la
degeneración de las especies, pues a través de vacunas y diversas formas de mejoramiento de vida hace
que los menos aptos se reproduzcan más; este proceso se complementa con el hecho de que a las guerras
son enviados los individuos mejor dotados y ello genera la sobrevivencia de los menos aptos; también los
derechos humanos que tienden a igualar a todos los seres humanos le dan ventajas artificiales a los
―naturalmente inferiores‖ (como a locos y delincuentes, idea que vuelve a tener vigencia en estos
tiempos).
Los planteos eugenésicos atribuyen de manera creciente las causas de las enfermedades a los
factores biológicos y a las condiciones sociales que las facilitan. De ahí que la eugenesia –continuando
algunos planteos higienistas– proponga un desarrollo de políticas públicas que planifique rigurosamente
la reproducción atendiendo a la mejora de la raza.
El punto de partida de tal movimiento fueron los problemas de Inglaterra, en relación a la cuestión
social y a los problemas de ese país con los habitantes de sus colonias (proceso que señalamos en el
capítulo III); así como en EE UU, la problemática de la ―cuestión india‖ y en Alemania, el programa de
seguridad social de Otto von Bismarck (1815-1898) quien es considerado el fundador del Estado alemán
moderno. Así, la eugenesia fue un programa destinado a evitar la reproducción de ciertos grupos
humanos, ella fue y es una respuesta a los problemas planteados por la cuestión social, que se ampliaba en
los conflictos generados a nivel de las colonias de los países centrales, proceso éste que podemos
denominar ―cuestión colonial‖.
Se despliegan desde fines de siglo XIX y durante el siglo XX, en pleno período de expansión de los
países industrializados, programas de eugenesia ligados a la reproducción diferencial de grupos
considerados más o menos apreciables o peligrosos. Paulatinamente, las ideas se expandieron al resto de
Europa y no tardaron en hacerse sentir en Nuestra América. Particularmente EE UU, a través de Cuba, a
comienzos de siglo XX, hizo llegar sus planes eugenésicos a esta región, un importante intercambio
científico entre médicos y organizaciones eugenésicas norteamericanas y cubanas tuvo influencias en las
primeras décadas del siglo XX sobre Cuba y desde allí sobre Nuestra América (García González et al,
2005). En Argentina esas ideas se desarrollaron apenas comenzado el siglo bajo la influencia de algunos
médicos higienistas y alienistas que habían desarrollado pare de su formación en Europa (lo cual no
implica que el higienismo en masa haya sido partícipe de programas eugenésicos).
A medida que avanza el siglo XX, se verá perfilar la tendencia eugenésica en numerosos textos de
difusión popular en los que se trata de evitar el casamiento de tuberculosos, sifilíticos, alcohólicos,
parientes consanguíneos, menores de edad, mayores de cincuenta años, delincuentes y dementes. Pero que
también intenta reducir la reproducción de grupos sociales considerados ―inferiores‖ ―racialmente‖:
judíos, gitanos, negros, indios, mulatos. Hoy día estas ideas, aunque presentadas como políticas sociales
racionales, se aplican en particular a evitar la reproducción de poblaciones pobres, en particular: a)
aquéllas que habitan zonas ricas en biodiversidad, y b) cuando esos grupos expulsados de sus territorios

66
originarios por empresas transnacionales son empujados a trasladarse a zonas urbanas donde viven en
condiciones de subhumanidad.
Se ha sostenido que la eugenesia no es una ciencia; sin embargo, ella constituyó y constituye un
paradigma presentado sobre la base de conceptos teóricos, experimentos ejemplares (desarrollados en
campos de concentración, entre otros lugares), avalado por la comunidad científica internacional,
sostenido y transmitido por distinguidas publicaciones y tratado en innumerables congresos, así como
desplegada de modo más o menos manifiesto en políticas públicas (Palma: 2005). El nazismo alemán fue
tal vez su expresión más grosera, pero es un error reducir la eugenesia a ese proceso político. Este
paradigma científico aplicado a las políticas sociales tuvo y tiene, aunque con variaciones, desarrollos en
todos los países del mundo en relación precisamente a los avatares de la cuestión social.

5. La emergencia de las ciencias sociales.

Vimos que ―lo social‖ se constituye en el siglo XIX y XX como algo que falta, como una trama de
relaciones de la que se carece, pero que es a la vez necesario construir. En relación a este problema vimos
emerger a la ciencia médica y en particular al Higienismo y su derivado la eugenesia, como dos corrientes
científicas que trataron de remediar la cuestión social. Es bajo este concepto que sostendremos que la
matriz de desarrollo de buena parte de las ciencias sociales estuvo en las ciencias médicas, en tanto éstas
se erigieron durante el siglo XIX en detentadoras de los saberes capaces de amortiguar las enfermedades
sociales. No sólo esto, sino que los Estados conformaron un funcionariado médico, que desde sus
entrañas desplegó conocimientos y políticas sociales.
Esto no significa afirmar que todos los científicos y corrientes sociales tendieron y tienden a oprimir
a los seres humanos. Ni que el positivismo o la eugenesia fueron las únicas maneras de pensar lo social.
Nada en la historia es blanco o negro, todo tiene matices sobre los que es menester reflexionar. También
hubo y hay formas de pensar lo social que surgen en franca colisión con el orden establecido. Así como
otros que intentan plantear reformas para mejorar la calidad de vida de las poblaciones.
Nombres como Malthus, Smith, Ricardo, Comte, Durkheim, Weber, Marx o corrientes como la
sociología funcionalista norteamericana o el neoliberalismo alemán y norteamericano, o el
estructuralismo francés, suponen distintas visiones que responden con diversos diagnósticos y propuestas
al problema de ―lo social‖. O mejor a la cuestión social. No podmos desplegar aquí esta enorme variedad,
sólo presentarla. En esa clave hubo posiciones que intentaron solucionar el problema oprimiendo
decididamente a la masas (tal el caso de la eugenesia), otros que intentaron ambivalentemente reformar
las condiciones de vida de las poblaciones. Para ello promovieron reformas políticas y sociales (tal el
caso de muchos higienistas que lucharon valientemente contra los intereses económicos que posponían el
bienestar social). Otros, en fin, no estuvieron de acuerdo en construir una trama contenedora de las
desigualdades, de modo que se enfrentaron y se enfrentan a lo establecido (tal fue el caso de Karl Marx
(1818- 1883), Antonio Gramsci (1891- 1937) y muchos de sus seguidores). Pero en ninguna de esas
posiciones hay unanimidad de criterios. No existe, en síntesis hasta el presente una ―ciencia normal‖ en
el campo de las Ciencias Sociales. ¿Será esto una falla de este tipo de conocimientos o estará vinculado a
las características de su empresa? La historia parece indicar que la segunda opción es la adecuada.
Las teorías sociales no parecen ser meras espectadoras que observan, explican y predicen
fenómenos; por el contrario, ellas en su diversidad están vinculadas al mantenimiento, a la reforma o a la
revolución de lo establecido. En este sentido, brotan inevitablemente de prácticas sociales y se modifican
al compás de ellas, sobre las que a su vez inciden, tanto en sus procesos conservadores, reformadores
como revolucionarios. En esta perspectiva, las ciencias sociales se han mostrado como co- construyendo
la realidad social. Los fenómenos sociales no son algo dado de una vez y para siempre, son procesos en
los que las prácticas colectivas e individuales hacen y rehacen la realidad. Las ciencias sociales, en tanto
también son prácticas tienen efectos en la configuración de los procesos sociales. Alrededor del problema
de ―lo social‖ en el siglo XIX y hasta el presente es posible ver con toda claridad el modo en que la teoría
social más que ―reflejar‖ la sociedad la co-construye. Tomemos dos ejemplos, el de Karl Marx (1818-
1883) y el de uno de los fundadores de la sociología, Èmile Durkheim (1858- 1917).

67
En el diagnóstico de Marx las agitaciones sociales que sacudían a Europa se inscribían en la lógica
de la lucha de clases que enfrentaba a la burguesía (dueños de los medios de producción) y al proletariado
(productores de la riqueza social que, sin embargo, son enajenados del producto de su trabajo y obligados
a vivir en condiciones de pauperismo). Así, en los eventos revolucionarios en la Europa de 1830, de 1848
o de 1871 lo que se expresaba era no sólo la explotación de una clase por otra, sino también la
contradicción fundamental que habita la sociedad capitalista: quiénes desarrollan la riqueza (las fuerzas
productivas) son despojados de los frutos de su trabajo (mediante la legalización de la propiedad privada
de los medios de producción). El ―sepulturero‖ de esa sociedad y de ese modo de relación entre los
hombres sería, en términos de Marx, el proletariado que por su lugar histórico y estructural estaba
llamado no sólo a liberarse como clase sino a liberar a la humanidad entera, restituyendo el trabajo como
actividad libre (fin de la vida humana) y no ya como actividad forzada (medio para la mera subsistencia
biológica).
En síntesis: la ―resolución‖ de la cuestión social vendría de un movimiento revolucionario que
transfiguraría de raíz la sociedad humana. El conocimiento científico, sería en esta perspectiva, un
proceso en constante transformación en relación a las luchas sociales y un arma para la revolución.
Otra sería la posición de Èmile Durkheim, para quien la crisis social generalizada, lejos de avizorar
el fin de las sociedades capitalistas, era producto de la inmadurez de las nuevas formaciones sociales y de
la velocidad con la que se habían dado ciertos cambios. Este autor hablaba de una crisis ―anómica‖ (falta
de normas, nomos en griego) producto de la inexistencia de valores colectivos acordes a la época.
Ciertamente, las viejas formas de cohesión social ya no existían o no servían para contener a los
individuos en una instancia colectiva que los normara a la vez que los integrara. Concretamente: la
religión durante muchos siglos (especialmente en llamado medioevo) había cumplido ese papel; luego del
triunfo de la burguesía y la laicización de las relaciones sociales ya no podía hacerlo, sostenía Durkheim.
Había, sin embargo, incipientes y nuevas formas de lazo social que, según el sociólogo, podrían
sustituirla. Se trataba básicamente de la interdependencia funcional que ata a los individuos entre sí una
vez que se ha desarrollado extensamente la división del trabajo social ¿Qué hacer, entonces? En gran
parte de su obra, Durkheim se dedica a demostrar el papel de la sociología como observadora neutra y
objetiva de la sociedad y que por ello puede establecer científicamente las reformas que más convienen
para que las incipientes formas de solidaridad puedan consolidarse. Con ello, el lazo social faltante se
constituiría, al tiempo que el orden social se mantendría.
Estas dos formas de entender qué es lo que está en juego en la cuestión social (tomamos a Marx y a
Durkheim como ejemplos –sumamente claros y relevantes-) recorre gran parte del siglo XIX y el siglo
XX e influyeron en diversos diagnósticos y propuestas desplegadas desde el Estado, las empresas y/o
grupos contestatarios. Hasta el presente esas proposiciones no se han podido unificar en una sola manera
de ver el mundo. Algo que tal vez es sumamente saludable, pues de otro modo todos los seres humanos
tendrían una única visión de lo que ocurre. Sin embargo esa situación, hace que a menudo se impugne el
lugar de las llamadas ―ciencias sociales‖.

6. Las ciencias Sociales. Algunos problemas en la producción de sus saberes.

Las Ciencias Sociales suelen ser cuestionadas, ya que sus prácticas no se avienen a lo que se estila
considerar el método standard de la Ciencia ligado a los cánones del Positivismo del siglo XIX y XX, tal
como los describimos en el capítulo III. Más allá de reiterar lo dicho en el capítulo I, acerca de lo
discutible que es hablar de ―la Ciencia‖ como si ese proceso constituyese una unidad sin fisuras, me
gustaría reflexionar acerca de algunos problemas ligados a ese modo de pensar las prácticas de las
Ciencias Sociales.
En primer lugar es necesario plantear algunas reflexiones acerca del objeto de las ciencias sociales.
Ellas apuntan a conocer lo social entendido como una trama de relaciones, como lazo complejo y
contradictorio. Los hechos sociales se conforman en creencias y prácticas constituidas colectivamente, en
un proceso histórico producido con independencia de la voluntad individual, presentándose al individuo
con el carácter de algo que existe objetivamente más allá de sus decisiones, sin que pueda afirmarse que
hay un ―autor‖ o un ―general‖ que las haya establecido.
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Pensemos en fenómenos como la moda o como una revolución social: podemos asumir que hay
―diseñadores‖, ―precursores‖, ―ideólogos‖, ―generales‖, es cierto. Pero ni una moda, ni una revolución, ni
una crisis de valores son procesos gestados o dirigidos por un individuo. No obstante, esos procesos se
imponen a las diversas singularidades más allá de sus deseos (más aún, podríamos afirmar que ―los
deseos‖ son también en buena medida productos de esos procesos sociales). Aquí es necesario tomar en
cuenta algo señalado por Durkheim: lo social menta lo colectivo no lo general (Durkheim, 1997). Lo
general emerge a partir de una comparación entre hechos singulares y se constituye en una abstracción de
algún aspecto común (inducción); lo colectivo alude a un entramado de relaciones que adquiere
características variadas en diversos grupos sociales y que se presenta como ―algo dado‖ de modo que
adquiere un carácter ―objetivo‖. Algo existe por relación a los sujetos. Pero eso que se nos aparece como
―dado‖ (el lenguaje, la moda o la guerra) son siempre el producto de relaciones previas, que son a la vez
relaciones de poder (ver capítulo I).
Ahora bien, la tarea de conocer lo social es tal vez más compleja que la del conocimiento de la
naturaleza, dado que las variables intervinientes en el proceso son numerosas, su articulación difícilmente
predecible y sus efectos en la realidad obligan al saber de lo social a modificarse a sí mismo.
La segunda cuestión que me gustaría proponer es cuál es el es problema central que deben afrontar
las Ciencias Sociales al estudiar los hechos sociales. Se trata aquí de la pregunta acerca de cómo articular
lo singular subjetivo con lo colectivo- histórico. ¿Cómo comprender, sin caer en reduccionismos varios, la
sutil imbricación entre ambos procesos? En este punto, es necesario señalar dos peligros en los que puede
recaer el investigador (incluso hoy día): por un lado el holismo que lleva a deducir cualquier situación
concreta (una huelga, un aumento de precios, una crisis financiera) de un esquema predado acerca de lo
social y por otro, el individualismo teórico y metodológico que coloca el núcleo de lo social en los
individuos autointeresados, comprendidos como átomos.
Pero la aprehensión de la realidad social es un proceso complejo y difícil, también por su cercanía
con el sujeto o el conjunto de sujetos que la exploran. Más aún, diversas tendencias en las ciencias
sociales cuestionan que en estas disciplinas exista la posibilidad de escisión entre el sujeto que conoce y
el objeto a conocer. El objetivo en ellas no ha sido conocer por el conocer, sino como todo conocimiento
científico, ha tenido como finalidad transformar la realidad. Esto supone producir conocimientos con base
empírica que permitan gestar explicaciones plausibles y predicciones en el mismo sentido, aun cuando
estas predicciones y explicaciones sean mucho menos probables que cualquier predicción o explicación
en ciencias naturales.
Podemos entonces señalar cuatro tipos de problemas propios de las Ciencias Sociales:
a) Gnoseológicos: qué grado de certeza posibilitan las explicaciones en ciencias sociales y en qué
medida son sus predicciones confiables.
b) Metodológicos: cómo construir métodos propios de cada objeto de conocimiento; cómo no
subordinarse a los métodos de aquéllas ciencias que cuentan ya desde hace siglos con el aval de tales.
c) Epistemológicos: ¿es posible la neutralidad, la capacidad explicativa, la universalidad, la
plausibilidad, la capacidad predictiva en ámbitos donde, como en las relaciones sociales, los factores
intervinientes son innumerables y dónde las acciones de sujetos colectivos e individuales no son
necesariamente racionales?
d) Políticos: estos saberes que nacen de las entrañas de las relaciones sociales y a ellas vuelven en
una realidad centralmente conflictiva, agonística: ¿en qué instancias de poder se inscriben?
En tercer lugar desearía exponer cuál es el probable fundamento de estos problemas. Se trata del
hecho de que tanto el sujeto, como el objeto de conocimiento, forman parte del mismo entramado de
relaciones. El sujeto que conoce es un ser histórico, atravesado por contradicciones, en un plexo de
relaciones que debe conocer; ellas son también relaciones históricas y contradictorias y el sujeto forma
parte de ellas. Problema que tiene varias consecuencias:
Por un lado, esto genera la inevitable pluralidad de perspectivas teórico-metodológicas. Todo
intento de ―higienizar‖ el pensamiento social ha sido vano. No hay ―normalidad‖ posible, precisamente
por ese carácter histórico y contradictorio de las relaciones sociales y porque ellas no se presentan como
―transparentes‖ para una conciencia que las aprehende desde dentro. Esa pluralidad es además deseable,
en tanto nos permite pensar en una humanidad no unificada dentro de un cerrado universo.
69
Por otro lado, es menester señalar que los conocimientos producidos por el sujeto en las ciencias
sociales afectan inevitablemente a su objeto. Sería contradictorio pensar otra cosa. Si el conocimiento
tiene como objetivo transformar la realidad y no sólo contemplarla (al menos es así desde el siglo XVI y
tal vez siempre lo ha sido), sería vano e ilusorio pretender un conocimiento que no se ―ensuciara‖ en sus
vinculaciones con la realidad. Esto se atestigua desde la realización de experimentos sociales, de los
cuales Nuestra América tiene incontables ejemplos, hasta la denominada ―profecía autocumplida‖ que por
ejemplo, anticipa la caída de un grupo de bancos o empresas y termina produciéndola.
En esta perspectiva es plausible afirmar que las Ciencias Sociales nunca han estado escindidas de
los juegos de poder. Sea para oponerse a formas hegemónicas, sea para sustentarlas, sea para reformarlas.
Sea con conocimiento de los científicos sociales o sin que ellos tomen conciencia de su lugar, esta
realidad afecta el tipo de problemas, el método, la organización institucional en la que se desenvuelven, el
tipo de políticas que se implementan para impulsarlas o desalentarlas (así por ejemplo, los EE UU
brindaron el modelo más elocuente al respecto cuando el Comité Científico del Congreso votó la
supresión de los fondos destinados a las Ciencias Sociales para el año fiscal 1997, uno de los argumentos
esgrimidos por el Presidente del Comité fue que la investigación en Ciencias Sociales "no es ciencia de
verdad" ).
Esto no significa que los científicos sociales en masa sean algo así como amanuenses del poder,
dado que en realidad no hay poder sin resistencias y que el ingreso en la máquina del saber suele hacerse
con diversas motivaciones subjetivas: interés, asombro, deseo de saber, afán por colaborar con la
humanidad. Esto sólo significa que en la consideración de ellas no es posible prescindir del análisis del
poder y menos aún que sea lícito analizarlas desde una posición moralizante que emita juicios de valor
acerca de las acciones de los científicos e ignore las condiciones objetivas y materiales en las que las
prácticas científicas, entendidas como prácticas sociales, se desarrollan.
De todo lo anterior se infiere que cuestiones tan importantes como la objetividad y la ausencia de
ideología a la hora de practicar las Ciencias Sociales, deban ser repensadas. En ese sentido es menester
señalar el inevitable carácter político de la más inocente encuesta en estas Ciencias, lo cual conlleva
complejas cuestiones de ética que no pueden ser eludidas.
Todo lo referido suele generar el concepto acerca de la presunta inferioridad de las ciencias
sociales respecto de las ciencias naturales por: falta de objetividad, de generalidad, de neutralidad, de
capacidad explicativa y predictiva. No obstante, no parece que esta posición sea acorde con lo que la
historia indica. Se podrían dar diversos ejemplos, pero me centraré en un informe elevado a la UNESCO
en 1995 por la denominada Comisión Gubelkian dirigida por Inmanuel Wallerstein. El documento critica
la organización actual de las ciencias sociales en el sentido de que ella no se adecua a las necesidades
políticas, a las del mercado y a las de la sociedad civil, sino que han quedado constituidas en las formas
de trabajo y en las tradiciones teórico-metodológicas heredadas del siglo XIX y retocadas tras la Segunda
Guerra Mundial. En esa clave ligada a las políticas del mercado, la sociedad civil y los problemas
políticos, se alienta a que las Ciencias Sociales se aboquen a una tarea análoga – se afirma- a la que las
ciencias naturales han desempeñado en el campo del desarrollo tecnológico; según el mencionado
informe, las tecnologías habrían mejorado la calidad de vida de la población.
Nada de ello estarían haciendo las Ciencias Sociales; ¿qué habría cambiado en la humanidad si
Habermas, Foucault o Giddens no hubiesen existido?, se pregunta la comisión que elaboró el informe y la
respuesta es: ―nada‖. Es por eso, se sostiene, que los científicos sociales deben trabajar codo a codo con
el sector privado, las instancias públicas y la sociedad civil. Esta crítica fue efectivamente asumida por
numerosas instituciones de producción de Ciencias Sociales. En realidad las líneas de financiamiento de
investigación y producción en área social, en particular desde la década de 1990 han dirigido la
producción de conocimientos desde diversos organismos internacionales, nacionales gubernamentales y
no–gubernamentales hacia esos objetivos planteados por UNESCO, finalidades que han cercenado
crecientemente el pensamiento crítico y han tendido a sustentar los intereses del mercado.
Lo anterior también implica que no es posible separar la Historia interna y la Historia externa de las
ciencias sociales y mucho menos pensar en términos de ―ciencia normal‖.

70
7. Las escisiones epistemológicas y ontológicas.

Todo lo arriba planteado puede comprenderse en términos de las condiciones de emergencia de las
ciencias sociales. El surgimiento de este tipo de saberes supuso una división en áreas de conocimiento que
influyó en las creencias y prácticas sociales y políticas. De modo que aquí sostendremos siguiendo a
Edgardo Lander (2000) que las ciencias sociales nacen constituyendo una escisión no sólo en el campo
del conocimiento, sino en el dominio de la realidad social misma, es por ello que las escisiones no son
sólo de carácter gnoseológico (en el campo del conocimiento y en particular del conocimiento científico),
sino también en lo ontológico (el campo de la realidad, de lo que es). Pues, como ya se ha señalado, los
aportes de las ciencias sociales han influido en las políticas hegemónicas, así como en los grupos
contestatarios a ellas. Dicho de otro modo: las ciencias sociales son co- constitutivas de la realidad social.
Por un lado, tal como veíamos más arriba, el siglo XIX es el período en que el liberalismo advierte,
en medio del estallido de la cuestión social, la importancia de la población como problema a conocer y
gestionar. En esas condiciones surgen en Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y EE UU las Ciencias
Sociales.
El biopoder (que es la articulación entre biopolítica y anatomopolítica) se instaló y difundió bajo
los auspicios de la medicina, la sociología, la pedagogía, la psicología, la criminología y
fundamentalmente el instrumento de todas ellas: la estadística. Este proceso de nacimiento se dio bajo el
modelo del desarrollo de las ciencias naturales que habían alcanzado sus mayores éxitos ya desde el siglo
XVII, lo cual hacía pensar en la necesidad de emularlas.
No obstante, en los países donde emergían las ciencias sociales en siglo XIX existían “tradiciones”
culturales diversas y estas diferencias llevaron a pensar lo social de diferente modo. Cada uno de los
Estados en los que surgieron estas ciencias, estimulaba estudios académicos que estaban y están aún
atravesados por múltiples creencias y prácticas sociales, que incluso se han planteado como adversas.
Este fenómeno ha influido en el modo de concebir a las ciencias y en particular a las ciencias sociales.
Entre mediados de siglo XIX, luego de la Comuna de París (1848), la Primera Guerra Mundial y la
Revolución Rusa (1917) se produce el divorcio de las ciencias sociales respecto de la filosofía. Ellas
adquieren entonces el estatus de disciplinas independientes, capaces de conocer los hechos sociales.
El Positivismo es entonces hegemónico y transforma al modelo de conocimiento científico
constituido en Europa a partir del siglo XVII en un patrón cognoscitivo universal. La ciega aplicación del
modelo positivista a las Ciencias Sociales posibilitó y posibilita la naturalización de cierto tipo de
relaciones sociales. Dicho de otro modo: la traslación acrítica del modelo de las Ciencias naturales a las
Sociales ha tenido como efecto la consideración de que ciertos patrones de conducta o características
sociales propias de una cultura o un pueblo o grupo se hayan considerado como los atributos naturales, y
por ende deseables, de toda la población humana. Este proceso es contemporáneo a la reinvención de las
universidades y construcción de las disciplinas en base a varias escisiones que son de tipo teórico-
metodológico pero que implican unas escisiones en el campo de lo ontológico. Escisiones que se
mantienen casi inconmovibles en nuestro medio académico actual.

a) Escisión presente/pasado: surgen en esta clave por un lado las ciencias sociales: economía –
sociología y política, ellas debían ocuparse de fenómenos sociales actuales. Pero correlativamente se
desarrollan prácticas y creencias que toman a los fenómenos políticos, sociales y económicos como
diversos e incluso desconectados entre sí. Por otro lado emerge la historia cuya finalidad consistiría en
abordar procesos pasados pero cuyo registro está dado por la escritura, con ello muchos procesos y
pueblos quedaron fuera de la historia, precisamente por carecer de escritura. La historia positivista, tal
como se constituye en el siglo XIX pone el acento en el estudio de acontecimientos singulares (como
batallas) y ve a los procesos humanos como desplegándose de manera lineal y progresiva, tal perspectiva
culmina precisamente con la construcción de los Estados modernos como la forma más ―desarrollada‖ de
la historia. La centralidad del hombre europeo medio quedaba así consolidada como modelo histórico. A
ello se sumó la aspiración positivista que sostuvo la necesidad de asemejar las Ciencias Sociales a las
naturales por su objetividad, neutralidad, universalidad y capacidad explicativa y predictiva, utilizando la

71
cuantificación (el análisis de los resultados de las estadistas, por ejemplo). Esta pretensión de
universalidad naturalizaba lo que eran características o aspiraciones de unos grupos en un momento
histórico–concreto y, con ello obturaba esa misma operación al revestirlas con el carácter de objetividad y
neutralidad. Este criterio, por otra parte, hace perder valor al estudio de regiones como la Alemania del
siglo XIX o la España del XVI, o Nuestra América en el pasado precolombino, pues sus procesos no se
adecuan a unos esquemas universales, construidos a partir del estudio de un caso o situación.

b) ) La separación entre el estudio del mundo "Occidental" y el del no Occidental La anterior


escisión dejaba fuera el estudio de los pueblos considerados pre- históricos, así llamados pues era
evidente que no todos los pueblos de mundo poseían la escritura, la propiedad privada y las normas
jurídicas europeas. Surge, en relación con ello, y en vinculación con las necesidades de los países
hegemónicos, la antropología, ¿cuáles fueron sus propósitos?
El primero y más obvio fue el de estudiar al llamado “mundo primitivo”. A éste se lo define de un
modo bastante simple: en la práctica son los habitantes originarios o no blancos que pueblan las colonias
o los territorios propios o que desean conquistar los países centrales durante el siglo XIX (Inglaterra,
Francia, Alemania, Italia, EE UU). Teóricamente, su objeto fue definido como aquellos pequeños grupos
de bajo nivel tecnológico que carecían de escritura antes de sus contactos con Occidente y que no tenían
creencias religiosas que fueran más allá del propio grupo. Se presumía que estaban estancados y el
tiempo no transcurría para ellos. En fin, son ―gente muy extraña‖, que habla lenguas bastante raras desde
el punto de vista de las potencias europeas y de EE UU. El investigador debía entonces internarse en
aquellos exóticos lugares, hacer observación y describir las características de esos pueblos, basado en la
presunción de que ellos eran ahistóricos. Al tiempo que debía coleccionar objetos raros que son hoy
patrimonio de museos de los países patrocinantes de la investigación.
Estas actividades ayudarían a comprender una gran parte del mundo, pero no todo el mundo, puesto
que obviamente había zonas que no eran acordes a los criterios arriba esbozados. China, India, el mundo
árabe, Persia. Todos ellos comparten un conjunto de características. Tienen en la actualidad, o tuvieron en
el pasado, uno o más grandes imperios burocráticos en su territorio. Como resultado de ello tienen
escritura y múltiples textos que se han preservado. Además, todos ellos tienen —para usar una expresión
del siglo XIX— ―religiones mundiales‖. Lo único que no tenían era modernidad (sistemas de propiedad,
leyes, formas de gobierno, costumbres y hábitos acordes a los que emergen con la consolidación de la
burguesía en Europa y EE UU).
El estudio de esta clase de sistemas sociales se fue construyendo en un campo al que no se lo
definía propiamente como ―ciencia social‖, pero que de hecho era la ciencia social más amplia al
ocuparse de todas esas áreas del mundo: los estudios orientales. La mejor forma de hacerlo era
penetrando en su civilización, lo que en principio significaba leer y aprender los textos –la filología llegó
a ser una técnica de gran importancia– y presentarlos al resto del mundo, mientras se explicaba por qué no
habían llegado a ser modernos. Esos mundos tendieron a ser vistos como civilizaciones congeladas y por
lo tanto ahistóricas. Con lo cual tenemos configurada esa segunda delimitación básica: la historia por un
lado y la antropología y los estudios orientales relacionados con el resto del mundo por otro. Al mismo
tiempo emergía una escisión entre el mundo occidental y oriental que se asume como algo ―evidente‖ y
―natural‖ y cuya construcción se ignora habitualmente, al tiempo que los modos de ser de los seres
humanos que habitan el denominado ―mundo oriental‖ son juzgados según los parámetros considerados
naturales por los habitantes del llamado ―occidente‖.

c) Separación entre lo colectivo e individual. Aquí tenemos el nacimiento de las disciplinas ―psi‖
que deberían estudiar al sujeto en su evolución como individuo, a diferencia de las disciplinas sociales
que incluyen la ciencia política (o politología), economía, sociología, criminología. Las disciplinas ―psi‖
se estucturaron, del mismo modo que las anteriores sobre el modelo del europeo considerado ―normal‖,
que atraviesa necesariamente ciertas etapas evolutivas y que es por ende un sujeto jurídicamente apto.
Esto tenía efectos en el modo en que los seres humanos se ven a sí mismos: se naturalizaba la idea de
individuo como algo ajeno, distinto a la sociedad e incluso como átomo de la misma.

72
8. El período de entreguerras.

Si la última parte del siglo XIX había gestado la fe en el progreso de la humanidad y con ello en el
valor de la ciencia para sostener este avance, el estallido de la Primera Guerra Mundial hizo añicos esas
ilusiones.
Muchos fueron los efectos de la primera guerra mundial en la cultura europea, es imposible
inventariarlos, así como analizar las diversas corrientes de pensamiento que desde entonces y hasta ahora
se abrieron en el campo de las Ciencias Sociales. Sólo mencionaremos algunos rasgos distintivos que
muestran de qué manera ellas son un campo de disputas constante acerca de las características de la
sociedad y los seres humanos. O, dicho en otras palabras, su relación con los procesos sociales hace que
inevitablemente, más allá de los intentos de neutralidad, producen una constante tensión en sus saberes.
Tensión que ejemplificábamos más arriba con los ejemplos de Durkheim y Marx. Tensión que no es sino
una expresión más del conflicto, que es parte inseparable de la condición humana. Conflicto que nos
invita a evitar las visiones cerradas y unidimensionales del quehacer de las Ciencias y de todo quehacer
humano.
Por un lado un efecto de la guerra fue la desconfianza en el progreso y con ella las críticas al
positivismo. Particularmente en el campo de la historia fue cuestionada la concepción lineal de la historia
vinculada a la ficción del progreso y al rol de los Estados nacionales. Entonces, se multiplican las
reflexiones sobre la historia, surgen preguntas acerca de si en ella existen invariantes, si la historia es un
conocimiento de hechos singulares o de procesos sociales. La primera guerra mundial eliminó una visión
lineal y acontecimiental de la historia que el positivismo, con pretensiones inductivistas, había creado.
Surgieron así corrientes como la Historia Social, sostenida por la Escuela de Annales en Francia que
valoraron los conocimientos provenientes de diversas ciencias como la geografía y la economía, se
reapropiaron de importantes investigaciones marxistas acerca de la historia y se eliminó toda visión
monótona y direccional del curso de los acontecimientos humanos, poniendo el acento en procesos
complejos de diversos niveles duración temporal: acontecimientos como una batalla, fenómenos de
mediana duración como una curva de salarios durante un período de varios años y de larga duración como
la conformación de procesos neocoloniales en América que duran siglos.
Al mismo tiempo Edmundo Husserl (1859-1838) en el campo de la Filosofía (2008) asociaba la
crisis mundial al valor que se le había dado desde el positivismo a la matematización del universo
olvidando la diversidad del mundo de la vida. Su perspectiva tendría una notable influencia en diversas
corrientes de pensamiento y llevaría, en el campo de las Ciencias Sociales a la resignificación de la
hermenéutica, nacida mucho antes. La hermenéutica fue introducida en las Ciencias Sociales pues desde
esta perspectiva se plantea la necesidad de comprender los procesos sociales y culturales. Comprender
significa aprehender los sentidos de los procesos culturales y no reducir los conocimientos a la
explicación a la manera de las ciencias naturales; la comprensión trata de encontrar la multiplicidad de
relaciones que atraviesan a los fenómenos sociales, tomando en cuenta el sentido que tales procesos
tienen para los sujetos y por ende, los efectos que tales significados comportan. En ese sentido la
comprensión es considerada como un método que se ocupa de significaciones, relaciones y complejos de
sentidos, a diferencia de la explicación, que concierne a relaciones causales entre hechos. La
comprensión es, en esa perspectiva, una herramienta fundamental para desarrollar investigaciones
cualitativas destinadas a comprender tendencias, actitudes y hábitos de diversos grupos sociales. Por ello
se usa en diversas disciplinas desde la antropología hasta el marketing.
Por su parte, en el campo de las disciplinas ―psi‖, el psicoanálisis había nacido a fines de siglo XIX
y mostrado que los seres humanos no somos absolutamente racionales ni conscientes de nuestras
motivaciones, los procesos inconscientes son fenómenos que atraviesan nuestras ideas y acciones sin que
lo sepamos. Esta sola idea había trastrocado muchas de las pretensiones acerca del progreso y la
objetividad del conocimiento. Esto se profundiza luego de la Primera Guerra cuando Sigmund Freud, tras
reflexionar sobre la presencia de la muerte en las guerras, construía una teoría del aparato psíquico en la
cual dos serían los principios fundamentales del psiquismo humano: la pulsión de vida que lleva a
construir, amar elaborar, crecer establecer relaciones y la pulsión de muerte que, por el contrario se

73
manifiesta en acciones destructivas o agresivas El malestar en la cultura, texto escrito en 1930
(contemporáneamente a una de las crisis cíclicas del capitalismo que hemos mencionado), daba cuenta de
este concepto, que quizás como ningún otro muestra la decepción respecto del optimismo decimonónico
en la racionalidad y el progreso necesario de la humanidad.
Como una sola muestra de la constante tensión que late en las Ciencias Sociales, es interesante
pensar que contemporáneamente al psicoanálisis, ya desde comienzos de siglo XX, en EE. UU. nacía el
conductismo. Esta corriente de la psicología, negaba, al contrario del psicoanálisis, todo factor
inconsciente en el psiquismo humano y se centraba (y centra) en la necesidad de conocer y modelar las
conductas humanas. Desde esa perspectiva, el conductismo primero y neoconductismo luego han
intentado conducir las conductas en base a un esquema según el cual éstas se despliegan en una relación
estímulo- respuesta, en la cual los refuerzos positivos (premios) favorecen la reacción a determinados
estímulos y los negativos (castigos) los desaniman. Sus desarrollos han aportado y aportan elementos
fundamentales para la publicidad y la propaganda política. También se utilizan en educación y
criminología. Un sencillo ejemplo del refuerzo positivo de una conducta puede verse en el presunto
premio que un comprador de una determinada bebida cola recibirá eventualmente al destapar la botella.
El conductismo y neoconductismo, en general han considerado que un signo de salud es la capacidad de
adaptación del individuo al medio.

El período posterior a la segunda guerra mundial. La internacionalización de las Ciencias


Sociales.

Luego de la segunda guerra mundial las ciencias sociales desarrollarían una enorme diversidad de
direcciones y polémicas. Una de las líneas fundamentales fue el estructuralismo que, en el campo de la a
antropología y el marxismo (Claude Levi- Strauss 1908- 2009 y Louis Althusser, 1918-1990) negaron el
etnocentrismo propio del positivismo con nuevos desarrollos provenientes de la lingüística y el
psicoanálisis. Sus aportes cuestionaron la idea de ―pre- historia‖, así como la de una ―mentalidad
primitiva‖, mostrando que los procesos humanos son siempre históricos y que cada cultura tiene sus
códigos, en ese sentido la historia humana no es la del despliegue de una única Razón que a través de
etapas permita clasificar a los pueblos en ―primitivos‖ o ―desarrollados‖. Estos y otros aportes
apuntalaron el respeto por la diversidad humana.
Pero paralelamente a estos procesos la Segunda Guerra erosionó la rígida escisión Occidente- no
Occidente. Junto a ello, los intereses de los países triunfadores, y en particular la hegemonía de EE UU
(que desarrolló modos diversos de intervenir en territorios a través de la cultura) impulsaron los estudios
de áreas como modo de organización mediante el cual se pueden producir con rapidez gran número de
investigaciones que llegan a acumular algún saber sobre África, Asia, América Latina, Rusia China y
cualquier otra región. Se trató, particularmente en las universidades de los países centrales, de inducir a
los estudiantes de posgrado a que se especialicen en las áreas y adquieran conocimiento sobre ellas
dándoles al menos un año más a los requeridos normalmente. Si se estaba interesado en la India, se tenía
entonces que aprender algo de historia de la India, de la sociología de la India, de su economía, de su
ciencia política y de su idioma. Surgen así los llamados estudios multidisciplinarios. Los estudiantes
adquirían ese conocimiento, inmediatamente obtenían su título y luego se esperaba que continuasen con
su trabajo empírico sobre la misma zona, ya como sociólogos, como economistas o historiadores. Este
programa fue considerado exitoso por EE. UU y se extendió a otros países centrales. La delimitación
mundo civilizado/resto del mundo se deshizo. Los estudios de áreas fueron y son contrarios a lógica de
las disciplinas. Los estudios orientales pierden su nombre, los investigadores se unen a otras divisiones y
se convierten en historiadores o en profesores de religión.
Esto lleva paulatinamente en los países centrales, a cuestionar las divisiones entre departamentos y
facultades. Con posterioridad a 1945 las empresas y los Estados habían comprendido como nunca antes,
en relación a la expansión de la economía mundial, el valor de la ciencia aunada a la tecnología. Esto
significó inversiones extraordinarias en el sistema universitario y su articulación a polos científico-
tecnológicos (en Argentina se constituyó a fines de los años ‘50). De ese modo desde 1945 se produjo un
incremento en progresión geométrica en el número de universidades, profesores universitarios y
74
estudiantes, de estudios de posgrado. Nació entonces el concepto de ―Política Científica‖, precisamente
en relación a la vinculación entre el Estado, la investigación científica y el desarrollo tecnológico, en
relación a los problemas sociales y al mercado.
En ese período el concepto de Política Científica estuvo ligado a la idea de que la Investigación
Básica, impulsada fundamentalmente por los Estados debía producir conocimientos que produjeran
avances en la investigación aplicada a la producción de tecnologías ligadas a la resolución de problemas
sociales, económicos, culturales.

9. El mundo de la posmodernidad y la tercera revolución industrial.

La década de 1970 inicia una profunda mutación a nivel histórico que ha afectado al planeta entero.
Esas transformaciones tienen como una de sus expresiones la sombra que se abatiría en Nuestra América
a partir de 1973 con el golpe de estado que sacudió a Chile y se replicó en diversos lugares, entre ellos el
de 1976 en Argentina. Este proceso tuvo graves consecuencias para las Ciencias Sociales, en cuanto a que
una generación entera de universitarios fue desaparecida, expulsada o silenciada. Con ella, muchos
saberes se perdieron. Luego vinieron las democracias, la caída del Muro de Berlín, el Consenso de
Washington en 1989 que son indicadores de esa profunda mutación en el curso de la historia que implicó
el despliegue del neoliberalismo sobre la mayor parte del planeta. Un texto de Francis Fukuyama (1952-),
avalaba el neoliberalismo en lo económico y lo político, planteaba la necesidad de una apertura
internacional (globalización) que diese competitividad a los mercados y el acompañamiento de estos
procesos por el Estado el cual debía recodificar sus funciones a fin de permitir que el capital privado se
moviese con la mayor libertad jurídica posible. El rol del Estado debía ser fundamentalmente garantizar la
gobernabilidad de las poblaciones y la facilitación de los flujos del mercado. Como premisa y conclusión
de ello Fukuyama decretaba entonces el ―fin de la historia‖ y la ―muerte de las ideologías‖ (Fukuyama:
1992).
Esta transformación que se conoce como ―neoliberalismo‖ no es una mera teoría económica, sino
toda una escuela de Ciencias Sociales que apunta al gobierno de los comportamientos humanos. Ella, tuvo
y tiene gran influencia en los dirigentes de las más grandes potencias mundiales, de los directivos de
organismos internacionales, así como en profesionales de diversas disciplinas (comunicación,
entretenimiento, Sociología, Criminología, Politología, Psicología, Filosofía). Desde esta posición de
poder (sostenida además en un poder bélico como nunca antes se vio en la historia) trastrocó todos los
conceptos y las prácticas sociales, centrando la vida humana en la idea de que el mundo es un juego de
competencia entre seres individuales y desiguales. Si bien el neoliberalismo se desplegó en el mundo a
partir de los años ‘70 y como un modo de evitar las rebeliones que desde los años ‘50 azotaban al orden
social capitalista tanto en los países centrales como en los periféricos, los comienzos del neoliberalismo
pueden rastrearse al menos hasta los años ‘30 (aunque con antecedentes en el siglo XIX), cuando un
grupo de economistas ordoliberales (liberales del orden) se reunían en Francia en el llamado Coloquio
Walter Lipmann con el fin de analizar cuáles eran las limitaciones que el liberalismo presentaba para
lograr un efectivo gobierno de la cuestión social (Foucault, 2007). Es en ese encuentro en el que nació el
término ―neoliberalismo. El grupo se amplió en 1948 cuando se crea una organización llamada ―Mont
Pelerin‖ (en alusión a un lugar en Suiza donde se reunieron), que como hemos visto, estaba formada por
un puñado de intelectuales, entre los que se encontraba Karl Popper.
Si el viejo liberalismo debió enfrentar la cuestión social como consecuencia de la contradicción
entre la igualdad como principio y la desigualdad como situación efectiva, el neoliberalismo eliminó la
cuestión social al naturalizar la idea de que todos los seres humanos son naturalmente desiguales
(Murillo, 2008). La escuela alemana conocida como ―ordoliberalismo‖ (liberalismo del orden) es una de
sus bases teóricas, el ordoliberalismo había planteado que la acción humana tiene una estructura que es la
misma en todos los momentos de la historia, ella consiste en la búsqueda del propio interés por parte de
los individuos, búsqueda en la cual luchan entre sí; la competencia es considerada el núcleo y motor de
los procesos sociales; por otra parte el papel de la historia debería radicar en estudiar cómo esas conductas
competitivas se desarrollan en cada momento histórico y en cada lugar según su cultura. La economía se
conforma así en la ciencia que debe estudiar los comportamientos humanos en cada lugar a fin de
75
favorecer la competencia en el mercado (von Mises, 1968). La competencia supone la desigualdad entre
individuos la cual proviene de factores heredados y adquiridos. Todos ellos conforman para cada ser
humano lo que las ciencias sociales caracterizan como ―capital humano‖. La teoría del capital humano
fue desarrollada por la Escuela norteamericana de Chicago y encabezada por Gary Becker (1930-) y
Theodore Schultz (1902- 1998); esta teoría vino a plantear como verdad científica que la relación
económica de costo- beneficio debía ser trasladada a todas las esferas de la vida humana. Con ello, todo:
desde el amor hasta el estudio fueron y son analizados en términos de la renta que puede otorgar a un
sujeto. La educación dejó de ser considerada un proceso de crecimiento humano para ser pensada como
una inversión, lo mismo que un casamiento apropiado o un conjunto de amistades adecuadas (Schultz,
1959), (Becker ; Becker, 1975). Junto a la idea de ―capital humano‖ se desarrolló la de ―capital social‖
ella fue acuñada por el sociólogo Pierre Bourdieu (1930- 2002), pero resignificada y reapropiada desde
diversos organismos internacionales. El concepto de ―capital social‖, tal como es utilizado en el marco del
neoliberalismo, alude al conjunto de relaciones más o menos institucionalizadas que un sujeto tiene y que
pueden sostenerlo y permitirle avanzar en el juego de la competencia entre desiguales. Así, en los
problemas relativos a la pobreza y al desempleo en la década de 1990 numerosos trabajos de sociólogos y
de organismos internacionales como el Banco Mundial han apelado a la construcción de capital social
como modo de paliar las desventuras de la desocupación y la precarización laboral.
Éstas y otras pautas centradas en el individuo interesado que compite fueron el marco teórico en el
que en 1989 el llamado ―Consenso de Washington‖ decretó ―la muerte de la sociedad‖. Ya no era
necesario, según el juicio de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, un Estado que a través de políticas
universales regulase el entramado de lo social tratando de paliar las desigualdades. El juego libre del
mercado, en el cual son centrales la competencia y la oferta y demanda libres, derramaría sus riquezas
sobre el mundo. Muy otras son y fueron hasta el presente los efectos de tal política. Se iniciaba una de las
épocas más difíciles de la historia de la humanidad, período que aún no ha concluido. La crisis
económica, política y social que se inicia en 2008 y azota a Europa y EE UU es una prueba de ello, los
―indignados‖ que en diversas regiones claman por derechos son la prueba de que la historia no concluye,
ni los humanos pueden ser transformados en marionetas. Las ideologías siguen vivas y la historia
continúa con las contradicciones que caracterizan a los humanos.
Un proceso que actuó como condición de posibilidad de esta mutación histórica que aún transitamos
es la tercera revolución industrial mencionada en el capítulo III. Ella comienza a desplegarse en la década
de 1960. Tuvo como novedad la ―automatización programable a través de computadoras‖. Esta
revolución dio a luz tres nuevas tecnologías: el complejo electrónico, la biotecnología y los nuevos
materiales. Estas tecnologías generaron transformaciones en los requerimientos de fuerza de trabajo: por
un lado reducirían la necesidad de trabajadores, quienes serían reemplazados por procesos maquínicos;
por otro lado polarizaron los requerimientos de fuerza de trabajo, disminuyendo la necesidad de
trabajadores calificados y semicalificados; todo ello comportó crecientes niveles de desocupación y
precarización laboral a nivel mundial. El fenómeno generaría una creciente ola de pobreza, así como una
paulatina manipulación de la naturaleza. La privatización de servicios y bienes comunes de la naturaleza
y el crecimiento desmedido del capital especulativo generarían crisis y descontentos a nivel global.
Neoliberalismo y globalización, procesos iniciados en los años ‘70 pero profundizados en los ‗90,
dejaron sus marcas indelebles. Paulatinamente las ciencias sociales se volvieron hacia los estudios de los
pueblos originarios, los marginados, la pobreza, los problemas de género. Se multiplicaron las áreas y
esos temas fueron fuertemente subsidiados por organismos internacionales. Muchos investigadores
sociales pasaron a transformarse en consultores de Tanques de Pensamiento (Think Tanks) 30, consultoras
privadas y Organismos Multilaterales de Crédito.

30
Los tanques de Ideas fueron impulsados por la sociedad Mont Pelerin, aunque en la actualidad son subvencionados por
diversas organizaciones. Su objetivo es la investigación en Ciencias Sociales; pueden estar vinculados a partidos políticos y/o
organizaciones privadas que actúan como grupos de presión para imponer algún tipo de conceptos ante la opinión pública; su
actividad consiste en la reflexión intelectual orientada por algún supuesto ideológico sobre asuntos estratégicos en economía,
cultura o política nacional o internacional. De ahí resultan consejos que son utilizados por esas organizaciones y son difundidos
a través de los medios de comunicación a toda la población, con el fin de crear ―sentido común‖ sobre diversos temas.
76
En el área de la economía una creciente matematización apartó a las jóvenes cabezas de toda
reflexión acerca de los humanos reales y concretos. En ese contexto, paradojalmente se dio en las
Ciencias Sociales, la predominancia del llamado ―Giro Lingüístico‖ que niega toda determinación
económica de los procesos sociales y concibe a lo social como discurso. Junto a ello se dio el auge de los
estudios culturales. No es posible desarrollar aquí estas corrientes de pensamiento, sólo apuntaremos que
paradojalmente al tiempo que la economía se transformaba en el modelo de toda acción humana y
condicionaba todos los comportamientos (von Mises, 1968), algunos desarrollos de las Ciencias Sociales
negaban el condicionamiento económico y reducían toda la realidad social a juegos discursivos (Lyotard,
1993), (Anderson, 2000).
Al mismo tiempo, en este contexto parece comenzar a borrarse la partición en disciplinas propia del
siglo XIX. O al menos éstas son las recomendaciones que provienen de los más altos círculos del saber
científico. También se percibe, al menos en los países periféricos, un fuerte impulso a las investigaciones
centradas en casos y un progresivo abandono de la construcción de teorías en relación con los avances
empíricos. Todo lo cual no puede ocurrir sin consecuencias para la comprensión de los problemas que
afligen a los seres humanos a comienzos de siglo XXI.
Sin embargo, particularmente en Nuestra América, surgieron ya desde mediados de 1990
resistencias a ese orden monolítico que el liberalismo y la globalización mundial intentan constituir y
junto a ellos numerosos intelectuales han cuestionado los modos de pensar el mundo desde las ciencias
Sociales. Edgardo Lander en Venezuela, Aníbal Quijano desde Perú, Enrique Dussel y José Seoane en
Argentina, entre otros y toda una generación de jóvenes investigadores son parte de un movimiento que
cuestiona, aun con matices diferentes, el mundo de la globalización neoliberal. En este punto
suspendemos la escritura e invitamos al lector a interesarse por lo que ocurre, preguntarse, leer, cuestionar
y cuestionarse la propia vida y los valores dominantes.

Los «tanques de pensamiento» a menudo están relacionados con laboratorios militares, empresas privadas, instituciones
académicas o de otro tipo. Normalmente se trata de organizaciones en las que trabajan varios teóricos e intelectuales
multidisciplinares que elaboran análisis o recomendaciones políticas.

77
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