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John Locke.

Empirismo
Publicado el 27/06/2017 por Grupo Akal

John Locke nació en 1632, hijo de un


abogado inglés de provincias. Contó con patronos acomodados, hecho que le
permitió recibir una buena educación, primero en la Westminster School de
Londres y luego en Oxford. Impresionado con la orientación empírica de la
ciencia que había adoptado el pionero de la química Robert Boyle, le ayudó en
sus trabajos experimentales y contribuyó a difundir sus ideas.

Aunque las ideas empíricas de Locke son importantes, lo que le hizo famoso fue
su obra política. Propuso una teoría del contrato social para legitimar al
gobierno y la idea del derecho natural a la propiedad privada. Locke huyó de
Inglaterra en dos ocasiones como exiliado político, pero regresó en 1688, tras el
acceso al trono de Guillermo y María. Permaneció en Inglaterra, donde escribió
y ocupó varios cargos gubernamentales, hasta que falleció en 1704.
El conocimiento del hombre no puede ir más allá de
su experiencia
 Rama: Epistemología
 Orientación: Empirismo
 Antes
 380 a.C. – Platón, en el diálogo Menón, afirma que recordamos
conocimiento de otras vidas.
 Mediados del siglo XIII – Santo Tomás de Aquino defiende que «lo que
está en nuestro intelecto tiene que haber estado antes en nuestros sentidos».
 Después
 Finales del siglo XVII – Según Gottfried Leibniz, pese a que la mente
pueda parecer una tabula rasa (tabla rasa) al nacer, cuenta con un
conocimiento innato que la experiencia descubre gradualmente.
 1966 – Noam Chomsky presenta su teoría de la gramática innata
en Lingüística cartesiana.
Tradicionalmente, se incluye a John Locke dentro del grupo de los empiristas
británicos, junto a dos filósofos posteriores, George Berkeley y David Hume. Por
lo general, se entiende que los empiristas mantienen que la totalidad del
conocimiento humano tiene que proceder, de una manera directa o indirecta, de
la experiencia del mundo que únicamente adquirimos a través de los sentidos.
Este argumento contrasta con el razonamiento de los filósofos racionalistas,
como René Descartes, Benedictus de Spinoza o Gottfried Leibniz, que afirman
que, al menos en principio, es posible adquirir conocimiento exclusivamente por
medio de la razón.

En realidad, la división existente entre ambos grupos no es tan clara como


acostumbra a darse por sentado; por ejemplo, todos los racionalistas aceptan
que, en la práctica, nuestro conocimiento del mundo procede de la experiencia,
y sobre todo de la investigación científica. Locke llega a sus opiniones
características sobre la naturaleza del mundo aplicando a los datos obtenidos
por medio de la experiencia sensorial un proceso de razonamiento que
posteriormente se denominó abducción (inferir la mejor explicación partiendo
del conjunto de pruebas disponibles). Locke, por ejemplo, se propone demostrar
que la mejor explicación del mundo que experimentamos es la teoría
corpuscular, según la cual todo está compuesto por partículas submicroscópicas,
o corpúsculos, que no podemos conocer directamente, pero cuya existencia
explica fenómenos que de otro modo resultaría muy difícil, si no imposible,
explicar. La teoría corpuscular fue ampliamente aceptada por el pensamiento
científico del siglo XVII y es fundamental en la explicación del mundo físico que
ofrece Locke.

Ideas innatas

Atribuir a Locke la afirmación de que


el ser humano no es capaz de conocer nada más allá de su experiencia puede,
por lo tanto, parecer erróneo o, al menos, exagerado. Sin embargo, en
su Ensayo sobre el entendimiento humano, Locke rebate ampliamente la teoría
que proponen los racionalistas para explicar cómo se puede acceder al
conocimiento sin la experiencia: la teoría de las ideas innatas.
La opinión de que los seres humanos nacemos con una serie de ideas innatas
que permiten que conozcamos el mundo que nos rodea, independientemente de
cuál sea nuestra experiencia, se remonta a los principios de la filosofía. Platón
ya desarrolló un juicio según el cual tenemos en nuestro interior todo el
conocimiento genuino, pero cuando morimos el alma se reencarna en otro
cuerpo y el trauma del nacimiento hace que lo olvidemos todo. Por consiguiente,
la educación no consiste en adquirir información nueva, sino en recordar, y el
educador es más una comadrona que un maestro.

No obstante, un gran número de pensadores posteriores rebatieron la teoría de


Platón y propusieron que no todo el conocimiento puede ser innato y que
únicamente existe una cantidad limitada de conceptos que pueden serlo, por
ejemplo el concepto de Dios y de una figura geométrica perfecta, como el
triángulo equilátero. En su opinión, este tipo de conocimiento puede adquirirse
sin experiencias sensoriales directas, en el sentido de que podemos idear una
fórmula matemática utilizando únicamente el poder de la razón y de la lógica.
René Descartes, por ejemplo, declara que, aunque cree que todos poseemos una
idea de Dios grabada en nosotros, como la marca del artesano en una vasija de
arcilla, el conocimiento de la existencia de Dios sólo puede llegar a nuestra
mente consciente a través de la razón.

Las objeciones de Locke

Locke creía que la mente humana es como un lienzo en blanco, o tabula rasa, al nacer. Afirma
que nuestro conocimiento del mundo sólo puede proceder de la experiencia, a través de los
sentidos. Entonces somos capaces de racionalizar ese conocimiento para formular ideas nuevas.

Locke estaba en desacuerdo con la creencia de que el ser humano posea ningún
tipo de conocimiento innato. Parte de la idea de que, cuando nacemos, nuestra
mente es una tabula rasa, una pizarra o una hoja de papel en blanco sobre la
que se escribe la experiencia, de la misma forma que la luz crea imágenes sobre
una película fotográfica. Según Locke, el ser humano no aporta nada a este
proceso, a excepción de la capacidad humana básica de aplicar la razón a la
información que obtenemos a través de los sentidos. Sostiene que no hay la
menor prueba empírica capaz de demostrar que la mente de un recién nacido no
esté totalmente en blanco, y añade que lo mismo puede decirse acerca de los
discapacitados mentales, de los que cree que «no tienen la menor comprensión
ni pensamiento». De ahí que declare que toda doctrina que apoye la existencia
de ideas innatas es necesariamente falsa.
Locke también rebate el concepto
mismo de idea innata, que, en su opinión, es incoherente. Afirma que, para que
algo pueda ser considerado una idea, primero debe haber estado en la mente de
una persona en algún momento. Sin embargo, subraya, cualquier idea
verdaderamente innata debería preceder a toda forma de experiencia humana.
Locke acepta que, tal y como sostiene Gottfried Leibniz, una idea puede existir
en la memoria a tal profundidad que acceder a ella durante un tiempo pueda ser
difícil o, incluso, imposible, por lo que la mente consciente no es capaz de llegar
hasta ella. Por otro lado, se cree que las ideas innatas existen de algún modo y
en algún lugar, con anterioridad a cualquier tipo de mecanismo capaz de
concebirlas y de llevarlas a la conciencia.

Quienes defienden la existencia de las ideas innatas suelen afirmar también que,
como están presentes en todos los seres humanos cuando nacen, deben ser
universales por naturaleza, lo que significa que se encuentran en todas las
sociedades humanas y en todos los momentos de la historia. Platón, por
ejemplo, proclama que, potencialmente, todo el mundo tiene acceso al mismo
cuerpo de conocimiento, por lo que niega cualquier diferencia entre hombres y
mujeres o entre esclavos y hombres libres. Del mismo modo, en tiempos de
Locke, solía plantearse la teoría de que como las ideas innatas tan sólo pueden
llegar a nosotros a través de Dios, tienen que ser universales, porque Dios no
sería tan injusto de ofrecérselas únicamente a una élite.
Locke refuta el argumento de las
ideas universales haciéndonos notar, una vez más, que una simple observación
del mundo que nos rodea nos muestra que tales ideas no existen. Defiende que,
incluso si hubiera conceptos, o ideas, comunes a todos los seres humanos,
tampoco podríamos concluir categóricamente que, además de universales, son
innatas. Declara que siempre podríamos hallar otras explicaciones a su
universalidad, como, por ejemplo, que se derivan de la forma más básica en que
el hombre experimenta el mundo que le rodea, algo que todos los seres
humanos debemos compartir.

En 1704, Gottfried Leibniz atacó la argumentación empírica de John Locke en


Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano. Leibniz sostiene allí que las
ideas innatas son el único modo claro de adquirir conocimiento no basado en la
experiencia, y que Locke se equivoca al afirmar su imposibilidad. El debate
sobre si el ser humano puede llegar a conocer nada más allá de lo que percibe
con los cinco sentidos aún continúa.

Locke y el Empirismo: Locke formuló la ideología que acompañaba a la


ciencia newtoniana, lo que favoreció que la actitud empirista formara
parte del sentido común de la gente educada. La misma actitud
antidogmática conformó las influyentes ideas de Locke respecto a la
tolerancia religiosa: como resulta tan difícil saber qué es la verdad,
argumentaba Locke, a la gente se le debería permitir, en la medida de
lo posible, creer lo que elija creer.
La afirmación central de Locke respecto al conocimiento es que no
existen las ideas innatas. Con ello pretende afirmar dos cosas: la
primera es que es preciso incorporar las creencias a través de la
experiencia del mundo. La segunda es que, cuando uno nace no tiene
conceptos en la mente. Muchos filósofos habían asumido que los
conceptos más básicos, como la idea de que una cosa es idéntica a sí
misma, formaban parte del mecanismo pensante de la mente. Locke
argumentó que incluso esos conceptos tenían que ser adquiridos: al
nacer, la mente es una tabula rusa, una pizarra en blanca.
En su Ensayo sobre el conocimiento humano (1689).. Locke proporcionó una
serie de razones para negar la existencia de las ideas innatas. Señaló
que los niño, asimilan los principios abstractos contenidos en conceptos
básicos hasta que alguien se los enseña. Los niños de dos años no
dicen que «cada cosa es idéntica a sí misma» o «que cuatro ángulos
rectos forman una circunferencia completas. Tampoco los recién
nacido» parecen albergar en su mente ningún tipo de concepto porque,
de hecho, no parecen pensar.
En cuanto iideas sobre las propiedades de los objetos, como su forma,
peso y solidez, Locke argumentaba que en la mente de los adultos
sofisticados se producen complejas combinaciones de ideas. La idea de
una forma triangular, por ejemplo, se basa, en parte, en el aspecto que
tiene diversos objetos triangulares vistos desde distintos ángulos; en
parte, en la sensación que producen, y en parte, en la experiencia de
caminar por rutas triangulares. Sólo combinando todo lo interior la
persona puede hacerse una idea de lo que es un triangulo.
George Berkeley (1685-1753) fue un filósofo y activista social irlandés nacido cerca de
Kilkenny, Irlanda. Estudió en el Trinity Collage de Dublín y llegó a ser nombrado “Fellow”.

Fue ordenado como sacerdote anglicano y ocupó el cargo de decano de Dervy.

Vivió tres años en América con el propósito de fundar una misión,


propugnando la educación de los nativos y afroamericanos. En su
honor, en California, existe la ciudad de Berkeley.

Fue obispo de Cloyne, retirándose posteriormente a Oxford, donde


falleció en 1753.

Combatió el ateísmo y el escepticismo creyendo en la percepción


como la fuente del conocimiento oponiéndose al mecanicismo
psicofísico de Locke.

A diferencia de Locke, no creía que existiera la materia fuera de la mente sino que creía
que los objetos consistían en un conjunto de ideas sensibles.

Berkeley une al empirismo con el sensualismo y un peculiar espiritualismo. Su doctrina


se basa en que la existencia se fundamenta en la percepción, que la materia no existe en
si misma y que la realidad es de naturaleza espiritual.

El ser de los objetos materiales consiste en ser percibidos.

Reconoce una regularidad de permanencia natural cuyo fundamento es la percepción


universal, que es independiente del espíritu que la percibe y que culminan en Dios, creador
de esa regularidad y de su manifestación.

Su fe religiosa lo inspiró para afirmar que si no existiera ningún ser humano que perciba un
objeto, Dios sí lo percibe, con lo cual asegura la existencia continua del mundo físico
aunque no sea percibido por un ser contingente.

Considera que es imposible llegar a conocer la explicación causal de los fenómenos,


siendo posible mostrar únicamente las leyes de la regularidad.

Berkeley, junto con John Locke y David Hume fueron los fundadores del empirismo
moderno inglés.

La doctrina empirista admite que la fuente del conocimiento es la experiencia. Pero el


significado de la palabra experiencia en este contexto tiene un significado más amplio.
Expresa lo contrario de todo tipo de conocimiento innato y la afirmación que solamente se
puede llegar al conocimiento estando en contacto con la realidad sensible.

El empirismo inglés tiene un sello propio y fue el que Kant introdujo en la filosofía del
continente europeo, realizando una síntesis entre el empirismo y el racionalismo.

Para el empirismo inglés, la fuente del conocimiento es la sensación y la reflexión, las


ideas simples son copias de las sensaciones y las complejas son las asociaciones de
ellas.

El empirismo ha gozado de gran aceptación en el mundo científico y del interés de los


filósofos, deseosos de dotar a la filosofía de precisión científica.

Surgen también numerosas corrientes conocidas como empirismos, que eliminan toda
distinción entre sujeto y objeto y centrando el conocimiento en la experiencia pura,
eliminando también todos los supuestos metafísicos.