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Esteban Orlando Mancera Ramírez (Código: 25351956)

LA VOZ EN LOS LAZOS SOCIALES


Danza y musicoterapia

El autor plantea una doble vocación en el llamado que nos hace humanos, la continuidad de
las vocales se opone a la discontinuidad significante de las consonantes. El mundo que le es conferido
al bebé tendrá siempre algo de lo continuo y lo discontinuo. Con lo continuo, el sujeto conoce la ley
de la diferencia, aquella que discrimina todas las cosas, el bien del mal, la ausencia de la presencia;
mientras tanto, de lo continuo poco sabe el sujeto del inconsciente, porque está fragmentado.
Dice el autor que lo continuo es conocido cuando el sujeto se topa con la música. El sujeto
acepta la presencia de la música en el cuerpo, ella es, en primera instancia, una extraña absoluta, tan
extraña como lo es el mismo sujeto de lo inconsciente. Más adelante, Didier-Weill expresa que la
música, al subvertir las relaciones dualistas, nos puede ensañar algo con respecto al síntoma. Explica
que una diferencia entre el síntoma que ocupa al psicoanálisis y el de origen orgánico es que, en el
primero, el sujeto advierte una causa interna, algo que lo priva de un objetivo; aquí el sujeto tiene la
percepcióni de un determinismo inconsciente que pudo de alguna forma podría haberse ignorado, esto
atañe a la libertad del sujeto, y esta es la esencia de síntoma: una percepción de perdida de continuidad
entre las intersecciones de los registros Real, Simbólico e Imaginario. Lo terapéutico de la música y
la danza en este caso es que puede sustraer al sujeto de aquel estado de discontinuidad, la música
primero habita al sujeto, baila en su cuerpo y después le permite a este sujeto que baile en ella.
Esto me invitó a preguntarme por el otro tipo de padecimientos mencionado por el autor,
aquel en el que el síntoma no es una percepción, sino que es una expresión de un daño en Lo Real del
cuerpo, particularmente en el Sistema Nervio que Freud consideró el Real-Ich que debe garantizar la
homeostasis del organismo. Este asunto me evoca entonces algún curso de neurología geriátrica. En
lo referente al envejecimiento patológico, en donde las estructuras físicas se alteran hasta el punto de
reducir prácticamente hasta la nada la funcionalidad del sujeto, recuerdo que la docente nos explicaba
como la musicoterapia y el uso de la danza eran opciones terapéuticas recurrentes, y los pacientes,
aún cuando perdían autonomía en la realización de funciones vitales como comer, solían como
mínimo zapatear al ritmo de la tonada utilizada para el ejercicio. (Recuerdo también que se evitaba
utilizar el término rehabilitación, puesto que la condición de estos pacientes devenía en posibilidades
nulas de mejora, así que estos procedimientos se enmarcan en la categoría de estimulación).
Lo anterior me genera pregunta con respecto a lo que ocurre en estos sujetos, pues aún en su
senectud, ellos siguen sujetos a un lenguaje, a alguna palabra que alguna vez colonizó sus sistemas
nerviosos, sus cerebros, sus cueros. Los abordajes fenomenológicos que se han hecho a estas
enfermedades encuentran una ajenidad de los sujetos con respecto a sus cuerpos, y quizá, aún cuando
la noción de percepción de discontinuidad entre registros ya mencionada no sea igual para estos casos,
sí se pueda hablar de una ruptura en la continuidad entre el cuerpo y el sujeto que pueda ser resuelta
por la música. Quizá la razón de ser de estos intentos terapéuticos sea la tesis del autor, el sujeto al
cuál aquí se hace referencia se relaciona aún con el mundo (aunque sea de forma limitada) mediante
los agujeros del cuerpo, las estructuras de borde de las cuales parte el empuje pulsional. Ellos también
escuchan y asumiendo que antes del advenimiento de su enfermedad fueron habitados por la palabra
y la musicalidad de la sonata materna, puede por ese instante en el que ellos escuchan, la música
habite sus cuerpos y baile en ellos, y que invite a ser bailada.
Siendo la experiencia más cercana al inconsciente, puede que la pulsión invocante empuje
aún hacia cierto lugar en estos casos.

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Quizá aquí sea necesario tomar con pinzas este término, en cuanto la percepción no puede ser equiparada
al proceso psicológico