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Juan David Botero Gómez

ID 000311874

Universidad Pontificia Bolivariana

Maestría Bioética y Bioderecho

Fundamentos de la Bioética y el Bioderecho

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Dentro de la reflexión que se ha suscitado a lo largo del siglo XX en el dromológico


desarrollo de la tecnología y la informática, en el cual la robótica ocupa un gran papel,
emergen elementos antropológicos de amplia discusión, al querer atribuir facultades
humanas a los productos de la robótica. Tales elementos los manifiesta justamente, el padre
de la Inteligencia Artificial (I.A.), Alan Turing (1950) al plantear el siguiente interrogante:
“¿Pueden pensar las máquinas?” (p.2) Con esta cuestión Turing introduce en su ensayo -
Maquinaria computacional e inteligencia-, el juego de la imitación de las máquinas por
medio del lenguaje, sumergiendo al hombre en un dilema que lo ha conllevado a
problematizar su naturaleza misma.

Sin lugar a dudas, al examinar detenidamente la pregunta de Alan Turing, es


necesario abordar los conceptos de máquina y pensamiento, de donde surgen una serie de
interrogantes que nunca antes, en la historia del conocimiento del hombre, se había
planteado, sin negar que, si bien, la diferencia entre el hombre y el animal por medio del
elemento racional e instintivo era suficiente para determinar la particularidad de cada uno,
con la creación de la máquina, un ente sin vida propia, surge un cambio de paradigmas
llevando a interrogar el proceso del conocimiento, la categoría del pensar, además de dudar
de la pertenencia única a la especie humana del pensamiento autónomo.

Es por ello que, en cuanto a las máquinas se refiere, abordar la posibilidad del
pensamiento autónomo en algún artefacto creado por el hombre para mejorar las
condiciones de vida de los humanos, la especificación en el ensayo de Turing de
“máquinas pensantes” es importante para aclarar a qué tipo de máquinas se ha de referir al
plantear este dilema. Turing afirma que no pueden ser creadas con cualquier técnica de
ingeniería, es decir, no cualquier máquina recibe el calificativo de pensante, solo aquellas a
las que se le puede llamar Computadora digital que contengan Almacenamiento-Unidad
ejecutiva y Control. (Turing, 1950, p.4) identificando el almacenamiento con el fenómeno
mental de la memoria; la unidad ejecutiva con la voluntad, y el control la racionalidad para
ejercer las instrucciones.

Así pues, teniendo como base estas especificaciones del padre de la Inteligencia
Artificial, el cual prevé lo que se vendría a finales del siglo XX: “cuando lleguemos a
finales de siglo, el uso de las palabras y la opinión educada general habrán cambado tanto
que uno podrá ser capaz de hablar de máquinas pensantes sin esperar ser contradicho”
(Turing, 1950, p.8) Esto, refiriéndose exclusivamente a las computadoras digitales, siendo
necesario considerar si en verdad el pensamiento es de carácter exclusivo o no del hombre.

De esta manera, entrarían en discusión todo tipo de argumentos de corte teológico el


cual afirma que solo el alma inmortal del hombre es sujeto del acto mismo del pensar; de
corte matemático en cuanto a si pueden o no fallar, y a quién le pertenece el acto del fallar;
el argumento que evoca que solo el hombre es consciente de sí, que solo es sujeto de
emociones, que solo el hombre es capaz de pensar sobre sí mismo, además de la
informalidad de la conducta, lo que se puede y se debe hacer en cada circunstancia. Siendo
estas situaciones puntos neurálgicos de discusión en la posibilidad que en las máquinas se
pueden dar o no.

Y es que se podría asemejar el acto del pensar, a un conjunto de sistemas físico


químicos, bien sea que estén compuestos por neuronas que responden de una determinada
manera a las circunstancias corporales propias y ajenas, algo que se podría aplicar por
medio del desarrollo de una ingeniería a una máquina, tal como se realizó con el sistema
neuronal artificial en 1943 con Warren Mc Culloch y Walter Potts, proporcinando una
representación simbólica de la actividad cerebral.

Así, Alan Turing, afirma cómo el problema del pensamiento en una máquina se
debe a la capacidad de almacenamiento de información. Así lo afirma: “muchas de estas
limitaciones [discapacidades múltiples] se encuentran asociadas a la capacidad de
almacenamiento de la mayoría de ellas [máquinas]” (Turing, 1950, p.12) En este sentido, el
desarrollo de la ingeniería se ha de especializar en este punto para asemejarse cada vez más
al comportamiento humano.

Esta última intuición del científico de la computación, va en consonancia con lo


expuesto por John McCarthy, quién acuñe el término de I.A en la conferencia de Dartmouth
en el verano de 1956, al referirse a todas aquellas acciones humanas que implican
inteligencia y que una máquina pueda hacer, algo que necesariamente necesita mayor
almacenamiento de la información (Rajaraman, 2014, p. 198).

Con esta reunión en Hanover (Estados Unidos) se abre una gama de posibilidades
para adelantar investigaciones en cuanto al asemejar cada vez más el comportamiento
humano al actuar de una máquina, mostrando con este punto cómo ya no solo la I.A es
objeto de la tecnología y de las ciencias de la computación y la informática, sino cómo
traspasa los límites al campo de otras disciplinas, tomando una connotación interdisciplinar
tales como la bioética, el derecho, la psicología, filosofía, entre otros.

De esta manera en cuanto a la bioética se refiere, el punto neurálgico a tratar en


relación a la I.A. es la manipulación y los nuevos temas que emergen de especial cuidado
para la autonomía de estos artefactos en relaciones éticas con el hombre. Así lo corrobora
Villalba:

Uno de los grandes problemas que emergen a nivel bioético, es el relacionado con la
creación, uso y manipulación de la tecnología, se han observado los avances que en
IA y los aspectos biotecnológicos del transhumanismo, que, en su fin último,
propician la extensión de las capacidades humanas, convergiendo entonces en un
punto de análisis para evaluar sus implicaciones en su uso o manipulación.
(Villalba, 2016, p.143-144)

De esta manera es necesario hacer un seguimiento de cerca por parte de la ética a los
avances que emergen de la tecnología y la informática, sin caer en extremos que impidan su
desarrollo, así como se afirmó en la VIII Convención de Directivos y Entrega de Premios
ADEA en 2017 en el Palacio de congreso de Zaragoza, “La estrecha vigilancia y las
consideraciones éticas deben estar presentes en la Inteligencia Artificial, sin poner límites
innecesarios que detengan la innovación y el progreso positivo”. (ADEA, 2017, p.6)
Así pues, en este punto, es necesario considerar la importancia de establecer normas
que regulen la robótica y la I.A. puesto que en la medida que su autonomía incremente,
“tendrán menor dependencia de los fabricantes, propietarios y usuarios” (Santos, 2017,
p.25) algo que marcaría un hito en la historia de la humanidad.

Por esta razón y por una futura convivencia, se hace urgente prever los efectos
directos e indirectos de la fase que se avecina en la historia de la humanidad que, según
Santos (2017) “va a consistir en que las cosas (robots) interactúen con el entorno de manera
autónoma e independiente del control humano, con la posibilidad de que incluso las
personas se combinen con robots para mejorarse (cyborg)” (p.27)

Al día de hoy solo existe vestigios de una regulación hecha en la UE del año 2016 la
cual fue aprobada en febrero de 2017: “El primer paso importante a nivel Europeo ha sido
la elaboración de un informe el 31 de mayo de 2016 en que se recogen recomendaciones
destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica con el fin de
“asegurar que los robots estén y sigan estando al servicio de los seres humanos. Este
informe ha sido aprobado el 17 de febrero de 2017” (Santos, 2017, p.28-29)

Este informe sirve como modelo para llevar a cabo comités tanto de políticas
continentales como nacionales que se adelanten desde todo punto de vista a los retos y
desafíos que la I.A. con sus distintas manifestaciones puede traer, haciendo esto parte de lo
que denomina Sánchez Pascal (1995) como “la ética orientada al futuro” (p.9)

En uno de estos apartados de esta comisión celebrada en 2016, hay un compromiso


avalado que serviría de modelo para la implementación de códigos y protocolos a seguir,
como lo expresa bien, desde su fase de diseño hasta el desarrollo de estos artefactos:
“Recoge una Carta sobre Robótica para la identificación, la supervisión y el cumplimiento
de los principios éticos fundamentales desde la fase de diseño y desarrollo” (Santos, 2017,
p.29)

En este mismo orden de ideas y a manera de particularización que impacte la


academia y el campo de producción de estos artefactos que contengan I.A., se propone la
realización de un protocolo que sirva, a modo de réplica de la U.E., para la identificación,
la supervisión y el cumplimiento de los principios éticos sobre todo en la etapa de diseño y
producción en las facultades de ingeniería nanotecnológicas, ingeniería de sistemas,
ingeniería robótica, las cuales se comprometan con principios éticos en la creación de estos
artefactos, esto a manera de costumbre, la cual pueda tomar fuerza de ley en la medida que
los años avancen, para que posteriormente se legisle en cada uno de estos casos.

Estos protocolos han de tener como base el principio de responsabilidad con el


hombre, puesto que, como bien lo propone Andrés Sánchez Pascal (1995) en la
Introducción realizada a la obra Principio de Responsabilidad de Hans Jonas, se han de
establecer principios positivos y negativos que ayuden al compromiso de quienes producen
estos artefactos para efectos de la responsabilidad del hombre consigo mismo. Tales
principios con los cuales podrían comprometerse estos diseñadores de I.A. podrían ser, por
ejemplo: “Obra de tal manera que no pongas en peligro las condiciones de la continuidad
indefinida de la humanidad en la Tierra”, “Incluye en tu elección actual, como objeto
también, la futura integridad del hombre” (p.9)

Aquel protocolo que se implemente ha de tener los compromisos firmados por


aquellos miembros de las facultades encargadas de diseñar, fabricar y desarrollar proyectos
en robótica y demás tecnologías que implementen la I.A. De esta manera queda como reto
diseñarlo e implementarlo en algún programa que esté dispuesto a llevarlo a cabo, de modo
que se haga costumbre, y así, tener luego fuerza de ley.
Trabajos citados

Rajaraman, V. (2014). John McCarthy- Father of Artificial Intelligence. Resonance, 198-207.

Turing, A. (2010). Maquinaria computacional e inteligencia. Universidad de Chile , 1-22.

Villalba, J. A. (2016). Problemas bioéticos emergentes de la Inteligencia Artificial. Perspect.Psicol.,


137-147.

ADEA (2017). Inteligencia Artificial, el futuro ha llegado. VIII Convención de Directivos y entregas
ADEA. 1-24

Sánchez, A. Introducción en Jonas, H. (1995). El principio de Responsabilidad. Ensayo de una ética


para la civilización tecnológica. Herder.