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EY H. Formes hallucinatoires des expériences délirantes. Evolut. Psychiat., 37, 4,
1972: 655-673

(Nota: En este texto Ey reitera y precisa páginas del Tratado de las Alucinaciones (7301,
pp.383-397), considera la evolución del pensamiento psicopatológico en las escuelas francesa,
alemana y fenomenológica para concluir en que las alucinaciones delirantes solo pueden ser
descriptas como estructuras delirantes)

(I) Escuela francesa: concepto de un sustrato del delirio y de la alucinación.


(a) De 1890 a 1904 la alucinación era un fenómeno de epilepsia sensorial, no efecto
sino posible causa del delirio. Las relaciones alucinación y delirio, y delirio y lesiones
cerebrales eran lineales. Lo esencial de esa concepción (expresada pot G de Clérambault
de modo sistemático) es que no hay delirio porque debajo del delirio está la alucinación
y debajo de la alucinación la excitación mecánica de los centros nerviosos. Esa
contradicción aparece cuando las alucinaciones delirantes son reducidas a ser solo
‘eidolias alucinósicas’ que producen el delirio.
(b) Otro modelo ‘lineal’ es el que interpreta a la alucinación como expresión del
deseo ya que en ese caso tampoco hay lugar para el delirio. De hecho el delirio es
volatilizado cuando la alucinación es reducida al delirio y este al Inconsciente, y por
último al lenguaje y a las cadenas de significantes; todo es reducido a la raíz común de
toda estructura de relación. El problema entonces es disuelto pero no resuelto.
(c) Una tercera posición invierte el planteo haciendo del delirio el fundamento de la
alucinación . Cuando se destaca el carácter negativo (deficitario) del delirio es cuando la
alucinación aparece solidaria de una desorganización de la experiencia vivida
(‘trastorno de la conciencia’) o bien como efecto de una disolución de las funciones de
lo real. Una vez que las ‘eidolias alucinósicas’ se retiran de la masa de las alucinaciones
estas aparecen en su naturaleza delirante, en el ‘estado primordial de delirio’. Los
clínicos destacan el concepto de ‘proceso’ lo que en la escuela psicoanalítica se olvida
cuando se trabaja excesivamente sobre esa modalidad de no ser que constituye el mundo
de los procesos primarios del Inconsciente (lo que lleva a tener una teoría hedónica e
idílica de la psicosis porque se rechaza la noción de patológico).

(1) Moreau de Tours: ‘estado primordial de delirio’ (cf 4702, 6811).


Este autor estudiando los efectos del hachís dice que existe una lesión primitiva del
entendimiento de la que derivan todos los fenómenos de la alienación mental, lo que
denomina ‘el hecho primordial’. ‘Cuando un cuerpo o el espíritu se disuelven, el todo
completo y armónico se fragmenta… Movilidad creciente de los actos del pensamiento,
debilitación gradual del libre arbitrio… oscurecimiento de la conciencia íntima…
transformación del Yo (Moi) que, en lugar de la vida real del estado de vigilia se limita
a la vida de la imaginación... la vida del dormir’. ‘Estado de semi-dormir que –dice
Moreau de T.- considero como el delirio, la alienación mental. Sobreviene un estado de
sueño, pero de sueño sin dormir, y entonces ‘solamente sobrevive y adquiere una
energía ilimitada la imaginación (la folle du logis) de lo cual resulta: a) que existe un
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estado alucinatorio y no alucinaciones, b) donde la alucinación es un fenómeno que solo


es una cara de la actividad del alma viviendo solamente de la vida intra-.cerebral’. ‘En
el estado normal, imaginar estar impresionado por algo es diferente a estar
impresionado realmente, pero en el estado de sueño no hay diferencia; en el estado
normal, pensar es hablar interiormente en cambio en el estado de alucinado es hablar en
voz alta’. ‘Todas las creaciones de la imaginación adoptan necesariamente formas
sensibles. Ese estado alucinatorio implica que todos los poderes intelectuales pueden
estar alucinados, lo que significa que la actividad alucinatoria integra el estado
primordial de delirio. El delirio no está ‘fuera de la organización’ y por eso solo pueden
captarse como efectos de la desorganización del ser consciente. Lo esencial del delirio
no es la idea delirante sino el estado delirante (como matriz de las alucinaciones).

(2) Charles Blondel: la experiencia delirante y alucinatoria primaria en su concepción


de la ‘conciencia mórbida’.
Según este autor lo carácterístico de la conciencia normal es que está ‘socializada’ (o
sea que es conforme a la experiencia colectiva y a sus modos de categorización
obtenidos del lenguaje y del medio social –Durkheim, Lévy-Brühl-). La conciencia
normal puede formarse según las leyes de la comunidad y nunca es vivida solo
individualmente, sino hablada colectivamente. La ‘conciencia mórbida’ es la
individualización de la experiencia, su alienación. Lo que fundamenta las experiencias
delirantes primarias es la invasión de la conciencia por la masa de ‘eso psicopatológico’
puro (el Inconsciente: el ‘micelio’ freudiano o las cadenas de significantes donde la
relación intersubjetiva se pierde en la metáfora y en la metonimia). El ‘Ello’ habla en un
nivel de automatismo que escapa a la comprensión común. Lo impensado como
categoría primordial del ser solo por la palabra puede dejar de ser no-pensado e
impensable. En la raíz del delirio hay una inadecuación de la vivencia y del lenguaje,
porque la experiencia delirante y alucinatoria es vivida a nivel preverbal, a nivel de lo
impensado. Estados mentales que son, dice Blondel, incomprensibles porque el
elemento colectivo no juega su rol reductor y de rechazo de la ‘masa cenéstesica en el
inconsciente’. Entonces, ese elemento colectivo que requiere los marcos conceptuales
no puede ser figurado por no poder desprenderse de esa ‘masa cenestésica’. Lo mórbido
no es el estado doloroso de la cenestesia sino el que persiste rebelde a toda red
conceptual (no es posible superar la subjetividad).
Son estados afectivos de un tipo nuevo porque persisten radicalmente individuales,
por lo cual cuando los interpretamos en base a nuestras experiencias afectivas normales
no es porque estas sirvan, sino porque son las que menos desentonan con esos estados
afectivos. Ese brote de afectividad pura inunda de angustia y misterio todos los estados
de la ‘conciencia mórbida’.
Ey señala que los análisis de Ch. Blondel son tan válidos como los del ‘proceso
primario’ del Inconsciente. Unos y otros nos refieren a una opacidad, a una obliteración
original de la intencionalidad expresiva en la que el delirante sucumbe encerrándose en
un modo de vivir hermético, ‘forcluido’, ininteligible, descifrable solo recuperando el
eco de la metáfora que el alucinado percibe.
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(3) Paul Guiraud: experiencias delirantes y alucinatorias (cf 6605).


‘La enfermedad delirante es el resultado de una anomalía parcial o global del
dinamismo psíquico primordial que lo vuelve inadaptable a la realidad’. ‘Los estados
delirantes no son reconocidos como personales ni como enfermos sino experimentados
como xenofóbicos’ Guiraud entiende que esa dificultad de reconocimiento se debe a una
anomalía del componente instintivo primordial que se expresa a niveles inferiores de
pensamiento. ‘Ese conjunto de ideas, recuerdos, imágenes, emergen en forma infra-
lógica (oniroide, onírica, paranoide e incluso paranoica porque en esos casos solo es
aparentemente lógico). Los estados tímicos (desconfianza, humillación, etc.) teñidos
xenopáticamente penetrarían en la conciencia como significantes delirantes.
Para Guiraud (como para C. von Monakow y R. Mourgue) lo esencial del delirio es
manifestar una modificación indecible de la experiencia vivida que solo la alucinación
manifestaría.

(II) 1910-1930. K. Jaspers: experiencia delirante primaria y el problema del delirio


‘primario’ en la escuela alemana.
El término Wahn etimológicamente tenía el sentido de deseo, y especificándose
como ‘idea delirante’ conservó el sentido de una positividad, de una intencionalidad que
se impone como tal. Por eso la idea de que el delirio verdadero es el Wahn, como decía
Wernicke una ‘idea autóctona’.
K. Jaspers acentuó ese carácter de ‘primario’, original de la idea delirante verdadera
(echte Wahn) como opuesta a las ideas delirantes simples… secundarias a los trastornos
afectivos. Pero Jaspers fundamentando la idea delirantes en una vivencia identificó
alucinación y delirio como desorganizaciones de la vida mental. La experiencia
delirante primaria es vivida como un estado del alma (Wahnstimmung) de acuerdo a
diversas modalidades: -las percepciones delirantes (Wahnwarhnemungen), -
representaciones delirantes (Wahnvorstellungen), e –intuiciones delirantes
(Bewusstheiten). Distinciones que son algo artificiales porque no es posible separar en
esa vivencia y su expresión lo que es pensado de lo que es imaginado y de lo que es
captado en su idea. En realidad la experiencia delirante debe ser captada en su esencia
que es un ‘casi-percibido’ radicalmente falso en su forma y contenido.
La noción de experiencia delirante primaria ha generado debates. La escuela de
Heidelberg con W.Gruhle y K.Leonhard han prestigiado la idea de que el delirio
primario brota sin relación con otros fenómenos psíquicos, sin motivo (ohne Anlass),
como un fenómeno cristalino. En cambio la experiencia delirante primaria en Jaspers es
juzgada como primaria, original (por su impenetrabilidad) pero secundaria a una
vivencia más global.
Ese es el antagonismo de las concepciones clásicas del delirio: a) en K. Jaspers y la
teoría afectiva la experiencia está sumergida en un aura afectiva, b) en la teoria
intelectualista el delirio es planteado como ideas que surgen sin articulación con otros
fenómenos. Ey acuerda con Jaspers en que la experiencia delirante primaria se da como
vivencia y nunca como imaginario, y que es de carácter pático e incoerciblemente
significativa. En E. Bleuler el delirio se define como un proceso de desorganización del
ser consciente.
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Es decir que tanto las escuelas francesa como la alemana han afirmado y confirmado
lo que planteaba Moreau de Tours: el carácter heterogéneo del delirio en relación con
las creencias, los errores y las ideas originales de los normales.

(III) 1930-1960. la experiencia delirante y alucinatoria y la fenomenología.


Los análisis existenciales son el leitmotiv de la psiquiatría contemporánea (aportes
husserlianos y heideggerianos). Algunos análisis (cf Binswanger) evidencian la unidad
y el sentido del movimiento psicótico en que convergen todos los fenomenos que
componen lo extraño y lo fantástico. Otros (E. Minkowski) consideran el movimiento
de desorganización de las estructuras formales del pensamiento, del tiempo y del
espacio vivido.
Pero todos, incluso quienes ‘comprenden’ más allá de los límites marcados por los
clásicos se refieren a un desorden fundamental del ‘Dasein’, a un ‘temblor de tierra’
ontológico. (a) Binswanger se refiere a la metamorfosis que cambia el mundo de Susan
Urban en mundo aterrador que constituye la experiencia vivida fundamental; (b) E.
Minkowski busca desprender el trastorno fundamental del delirio lo que lleva al ‘estado
primordial’ de Moreau de Tours y a la’conciencia mórbida’ de Blondel; (c) J.P. Sartre
señala que el delirio laucinatorio solo puede ser vivido furtiva y absurdamente ya que la
conciencia temática le es negada al acontecimiento alucinatorio; (d) P. Matussek no
duda en fundar el delirio sobre una alteración radical del conocimiento; (e) Müller-Suur,
J. Zutt, K. Conrad, J. Wyrsch, R. Kuhn insisten sobre la destrucción de la existencia y
especialmente de la coexistencia. Unos y otros señalan que lo auténtico del delirio es la
modificación de la experiencia o del Dasein que sufre el delirante y que significa una
metamorfosis objetivante de su subjetividad.
El radical común de los estudios fenomenológicos es que la experiencia delirante es
heterogénea, que como irrupción de algo que es ‘otra cosa’ es incomprensible: es de
otro mundo, que interfiere con el mundo común, que lo reemplaza.

(IV) Concepto de experiencia delirante en sus relaciones con la actividad alucinatoria.


El delirio (tanto como delirio-estado y como delirio-idea) envuelve las alucinaciones
delirantes (diferentes a las eidolias alucinósicas) que solo pueden ser descritos como
estructuras delirantes y alucinatorias. Solo pueden considerarse como un fenómeno
secundario al delirio del cual son su efecto.
Y para describir en el delirio su esencia (su ‘deliriosidad’) hay que distinguir entre
estructuras delirantes de tipo experiencia vivida y estructuras delirantes de tipo idea
delirante. Las experiencias delirantes primarias son ‘primarias’ en el sentido de que son
matriciales (como lo es la desestructuración hípnica del campo de la conciencia para el
sueño), y aunque en su presentación clínica las ideas delirantes parecen autóctonas,
originales (‘primarias’) en realidad siempre son secundarias a un trabajo ideo-verbal. Un
delirio en segundo grado. Es la alteración del sistema de la realidad lo que fundamenta
el delirio y más allá del delirio, la alucinación.
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Ey concluye diciendo que lo que se trata de saber es la cuestión práctica y doctrinaria


fundamental de si, lo que constituye el delirio son las fuerzas inconsciente o las formas
de desorganización del ser consciente.
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