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Educación para la Libertad en Venezuela y

La Pedagogía Crítica de Paulo Freire.

LA PEDAGOGÍA CRÍTICA

La Pedagogía Crítica es una manera de tratar la vida diaria incluyendo la escolar que posibilita a los
estudiantes y jóvenes formar conciencia crítica. En otras palabras, es una herramienta para reflexionar
sobre sus vidas y experiencias, haciendo énfasis en lo individual y lo colectivo, comprendiendo cómo se
relaciona la comunidad global. Ello permite desarrollar subjetividad y ciudadanía crítica. Decidir ser agentes
de la historia y participar en la transformación de la sociedad en otra más justa y equitativa, libre y digna;
conceptualización esta que es afín con lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela (1999) sobre el protagonismo que han de desempeñar educandos, docentes y demás actores
educativos, en la construcción de la Nueva República.

Asimismo, la praxis de la Pedagogía Critica se vincula con la teoría marxista, la lucha de clases desde la
educación, formando conciencia crítica en jóvenes y estudiantes. Actualmente, a través de educadores como
McLaren (1997) y Giruox, esta pedagogía está filtrando los movimientos estudiantiles para formar a los
nuevos hombres en una lucha de clases para transformar al mundo en otro de carácter socialista como una
alternativa al capitalismo.

Uno de los primeros educadores que trata la dominación impuesta por el imperialismo en los E.E.U.U.
es Giroux, a través de narraciones dominantes enfocando la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort
(Habermas, Marcuse, Horkheimer y Adorno); pero con una mentalidad democrática, no marxista. Crea
espacios para impulsar la formación de la ciudadanía civil, a través de la transformación de la cultura;
asimismo, trabaja la relación de los medios de producción en su relación con el desarrollo humano.

Por otra parte, Peter McLaren (1997), trabaja la Pedagogía Critica al igual, que Giroux, pero desde un enfoque
marxista. Sus estrategias son las mismas, apoyándose en el trabajo dentro de las universidades, especialmente
en estados Unidos, pero con la esperanza de convertir al mundo en un mundo socialista. Formar un hombre
nuevo de mentalidad socialista que luche contra la dominación del imperialismo norteamericano.

PAULO FREIRE: NI OPRESORES, NI OPRIMIDOS

Dentro de ese contexto, un aporte valioso a la Educación Bolivariana, en el marco de la pedagogía crítica,
Paulo Freire desarrolla toda una teoría que invita a la lucha de clases desde la educación, criticando lo
instituido en el campo educativo, en su obra Pedagogía del Oprimido (1970). Allí presenta sus ideas
revolucionarias, sosteniendo que hay construir una opción ética y política realizables, organizando las masas
y movilizándolas. Para ello es necesario que cada ciudadano use ese mínimo de poder que posee, como una
manera de liberarse del yugo del opresor, o que al menos éste no invada ese pequeño espacio de poder.

Es así como en lo ético, sugiere crear un sueño entre los responsables de educar al hombre nuevo, al Nuevo
Republicano, de manera que ese sueño pueda direccionar las acciones de los actores educativos,
especialmente a docentes y estudiantes. Pero esta debe ser una opción donde sujeto y objeto se confunden
en una misma esencia, una opción de quienes sueñan con ser considerados como sujetos; donde no haya
opresores, ni oprimidos; que el autoritarismo se desvanezca y reine la democracia y el compartir entre
los seres humanos. Pero ¿hasta qué punto nuestros docentes sienten el deseo de ser sujetos? La experiencia
que hemos vivido en las escuelas y liceos es que carecen de sensibilidad para actuar en ese sentido y que no
han sido formados para abordar, con pensamiento crítico y activo, la comunidad.

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Se está hablando de una opción pedagógica y filosófica donde los niveles de poder se achatan y nace
un sentimiento de corresponsabilidad; basado en la libertad de pensamiento y acción; es la aplicación de los
principios organizativos de carácter plano, horizontal, que mejora los niveles de comunicación entre los
miembros de la organización; donde el diálogo los hace más parecidos, compartiendo objetivos comunes
y criticando este mundo para crear otro con mayor libertad; como expresa Freire ( 1970), no para hacer lo
que cada quien quiere; sino para construir entre todos lo que necesitamos.

No obstante, en Venezuela, debe darse un proceso más auténtico,; es decir, trabajar sobre un plan
auténtico de liberación del hombre, sea opresor u oprimido, partiendo de una visión conjunta del mundo en
que viven. En este caso, explica Freire que “es importante destacar que la intención del oprimido es
superarse, no liberarse para convertirse en opresor, sino para compartir una misión de transformar al mundo”.
Evitar convertirse, luego, en opresor es clave en el proceso. Siendo tolerante con el que posee una idea
diferente y manejar niveles adecuados de alteridad. No se debe excluir al que piensa diferente, pues es en la
diversidad donde se logra la unidad. Es un enfoque ético, donde yo soy feliz, pero el otro también , con sus
propias ideas,. Eso no quiere decir que no debo tratar de convencerlo, pero no de coaccionarlo. De modo que
éticamente, en Venezuela pudiera estar lejano el día que los ciudadanos tomen esta opción, pues lo que es
evidente en el contexto es el intercambio de poderes y oportunidades de un grupo político a otro de turno. La
cultura del venezolano pareciera constituirse en una barrera para implementar los principios de la Pedagogía
Crítica de Paulo Freire, pues quien piensa diferente no tendría oportunidad para participar. El oprimido se ha
convertido en opresor, pues desde hace tiempo se reflejaba en aquél. Sin embargo, no hay cambio sin sueño,
ni cambio sin esperanza, dice el, pedagogo Freire.

CREAR ESPACIOS PARA CONSTRUIR LA TRANSFORMACIÓN

Si la esperanza es a largo plazo, en las acciones de mediato se requiere crear un ambiente educativo donde
docente y estudiante se conecten para dialogar y construir en conjunto. En otras palabras, el diálogo es la vía,
la horizontalidad y el contacto que se genera de la comunicación entre estos protagonistas. Se trata de un
ambiente de intercambio de ideas, conocimientos y experiencias, entre otros, donde cada quien desempeña
su rol y existe un respeto del uno por el otro; existe un respeto y unos límites en la interacción docente-
estudiante. Se colocan al mismo nivel; practican su libertad; pero cada uno está consciente de su papel.
Freire indica que para actuar en un escenario de esta índole es necesario establecer límites, criterios y
poderes.

El modelo educativo bolivariano establece como estrategia escolar los proyectos educativos, y abre la
escuela al pueblo como un “centro de quehacer comunitario”; lo cual se considera como una fortaleza del
diseño; ya que esta estrategia permite generar los espacios, dentro y fuera de las instituciones educativas,
para el trabajo ético, productivo y transformador. Espacios donde docente y educando interactúan para
desarrollar conocimiento y sabiduría, promoviendo un acercamiento entre ellos; rompiendo el silencio y
construyendo en colectivo. Al comienzo del proceso de instalación de la metodología de proyectos se desconfió
de la eficacia de ese contacto más humano entre docente y estudiante, pero luego el mismo docente se
percató que era necesario para aprender unos de otros.

Al respecto, el autor explica que él no redujo educador y educando a un mismo nivel, pues no son la misma
persona; sino que debe haber un respeto entre ellos. El educador y educando aprenden juntos; el
educador habla y estimula al estudiante a salir de su silencio; el educador eleva su voz de sabiduría e invita
a la vez al educando a expresar sus ideas. Todo dentro de unos límites que los coloca en diferentes roles.
Existen unos límites, pues sin límites no se puede vivir en paz; eso sí, rehusando una serie de límites de tipo
ético, político, cultural, social entre otros, que se han creado falsamente para alejar a los actores del proceso
pedagógico; que coartan la libertad del estudiante para romper su silencio y expresarse.

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La tarea pedagógica es cambiar esos límites, pero dejando claro que cambiar los límites significa cambiar
otras cosas, especialmente en las interacciones humanas. La tarea pedagógica es definir roles para la praxis
de la pedagogía crítica, como una vía para introducir los cambios requeridos en la sociedad venezolana.
Desplazar nuestra mentalidad individualista hacia una mentalidad colectiva, corresponsable y solidaria; con
desempeños claramente definidos para cada actor educativo, sensibilizados para preocuparnos por la escuela
y desde la escuela por la comunidad.

UN PROCESO DIALÉCTICO

Es el caso que, en nuestra educación tradicional venezolana, predomina la presunción de creer que hay
que cambiar las cosas internas de la escuela; mientras que Freire plantea que hay que cambiar dentro y fuera.
Desde la escuela hacia la comunidad y desde ésta hacia la escuela, lo cual implica involucrar a padres,
representantes y comunidad en general en el proceso educativo. Se trata de una transformación dialéctica,
para lo cual hay que establecer un diálogo entre los diferentes estamentos de la sociedad. Sin embargo, el
sistema educativo que impera actualmente, no permite ese diálogo, esa dialéctica, pues la escuela
tradicional funciona en forma aislada de la comunidad. La estructura organizativa no permite el diálogo; es
demasiado vertical y estática; por lo tanto hay que cambiar también la estructura de nuestras instituciones
educativas.

Frente a esa posibilidad, la resistencia que se observa cuando se intenta cambiar las estructuras de
relaciones y la práctica pedagógica es notable. Existe un autoritarismo anárquico que se resiste a cambiar por
otro sistema que promueva el diálogo; objetando que ese modelo abierto es negativo y atenta contra la
calidad educativa; otros dicen que no hay tiempo para eso. Entonces, si la estructura no sirve para el diálogo
es necesario cambiar esa estructura, porque de verdad así como están organizadas las instituciones educativas,
así no se puede dialogar para transformar.

ESTAMOS DESTINADOS A SER LIBRES - NADIE LO SABE TODO

Para ello, se puede comenzar por dos principios filosóficos de diferentes corrientes: de Sartre
(2001), estamos destinados a ser libres y lo importante no es lo que han hecho con nosotros, sino lo que
hacemos con lo que han hecho de nosotros; y de Paulo Freire (1970), nadie lo sabe todo…nadie lo ignora todo.

Ello permitirá avanzar hacia un cambio de mentalidad permita formar espacios para criticar lo que tenemos
como Educación y, hasta como Filosofía; dirigiéndonos hacia la construcción de un nuevo ambiente de
aprendizaje, donde el diálogo y el respeto se encuentren para establecer el reino de la libertad, la comprensión
y el desarrollo integral de las potencialidades del ser humano. Es contar con un docente que propicie una
actitud crítica sobre lo sucedido en el pasado, sin quedarnos paralizados, sino que invite a movilizarse,
abandonado la actitud autoritaria, directiva, y convertirse en un animador que medie entre el educando y el
conocimiento, entre la dominación y la emancipación del ser humano, pero desde el amor, aplicando el
principio de que el amor es la trasformación definitiva.

En ese orden de ideas, se puede inferir que la Pedagogía Critica de Freire, tiene un tinte humanista, pues
reivindica al ser humano, en su estado de opresión; lo emancipa y lo encamina hacia la libertad, haciendo
énfasis en que el trabajo del docente comienza con el “ser”. Explica que para ayudar a ser, hay que ser. Para
trabajar con la comunidad hay que aprender a dialogar y acercarse para intercambiar “palabras”. Desde ese
punto de vista, la educación venezolana se ha declarado humanista, y orientada por la Teoría Crítica Reflexiva
de Habermas, Horkheimer, Marcuse y Adorno, donde el hombre es sujeto y objeto, centro del proceso
educativo, para su formación integral; es decir, en conformación holística: bioespiritupsicosocial; la
metodología es de proyectos y en éstos, después de seleccionar el tema se hace una diagnosis de los

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conocimientos previos que posee cada educando sobre dicho tema, lo cual es coincidente con lo que sostiene
Freire(1970), quien explica que se ha de partir del nivel donde se encuentra el educando, diagnosticando el
nivel cultural donde se encuentra. Siendo amoroso, siendo “esteta”; amando para enseñar a amar; amando
la educación. Como dijo Pablo: Sólo educa el que ama. El docente de hoy debe tener un alto gusto por la
educación, ésta es una obra de arte. Para ello no debe olvidar que existen límites, respetar los límites del
educando; no puede entrar en él e irrespetarlo. Sólo tocando su corazón, puedo entrar en él, generando
confianza, para trabajar su silencio y sus miedos. Para trabajar sus sueños. El docente, entonces debe ser un
terapeuta, para detectar sus miedos y sus angustias, encontrando el camino para entrar en su silencio.

En ese propósito, para establecer un diálogo con el joven o el adolescente que participa de la Educación
Bolivariana, es necesario hablarle; regalarle nuestra voz, nuestros mensajes; luego invitarle a expresar sus
inquietudes y miedos. No importa si la educación actual no es la mejor; el educador de hoy tiene una inmensa
tarea: rehacer, redibujar, rediseñar la educación para que el educando pueda conectarse con la realidad, desde
una conciencia crítica que le permita intervenirla y luego transformarla en otra más ética, justa y equitativa.

Sin embargo, para lograr tales fines, se requiere crear un ambiente de enseñanza y aprendizaje más
humano, desarrollador de nuevos conocimientos, generador de posibilidades para practicar la libertad
e internalizar valores, mediante prácticas pedagógicas motivantes, articuladas con las demandas de las
comunidades; un espacio de aprendizaje donde el docente no lo sabe todo, no es el único que sabe y estimula
el desarrollo de los saberes en los educandos, haciendo que éste practique su derecho a la libertad, a
través de la participación activa y la “democracia cognitiva”. Que lo ayude a abandonar el silencio y, mediante
el desarrollo de una conciencia crítica, pueda participar en la reconstrucción de un nuevo mundo. Como dice
Quiroz Miranda (2008), “un nuevo mundo es posible”. Otro mundo donde el amor sea la guía principal de la
educación y, por ende, del educador.

Como se puede observar, se trata de avanzar hacia una nueva concepción y estructura de la Educación en
Venezuela, que forme para la reflexión, que dé suma importancia a la libertad del ser humano, tal como lo
entiende el “existencialista” Sartre, J. (2008), al exponer que: “estamos condenados a ser libres”, ante lo cual
emerge una interrogante: ¿Podrá el educador tener una mayor conciencia de su labor educativa? ¿Será
necesario formar docentes con pensamiento crítico y libre, que sean capaces de transitar de la educación
tradicional a la educación crítica que transforma?

VALORES

El segundo problema fundamental de la filosofía de la educación; la pregunta por los medios, por lo
axiológico. En la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su preámbulo se establece el modelo
de sociedad que se aspira, consolidando los valores de: Libertad, independencia, bien común, paz, solidaridad,
equidad, justicia, solidaridad, respeto, territorialidad, entre otros.

El estudiante es el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje. Se responde a sus necesidades e


intereses como una manera de asegurarle las mayores posibilidades de felicidad individual y utilidad social,
donde la Filosofía de la Educación tiene la responsabilidad de analizar al sujeto y la realidad donde se
desenvuelve. No se puede practicar una pedagogía desvinculada de la formación en valores, especialmente
del contexto donde vive el educando, lo cual obliga a observar, experimentar e investigar para educar para la
libertad.

Hay esperanzas de que a través de programas de formación permanente, tales como el Programa del Tercer
Motor que amplía su dominio en el campo de los valores sociales; se pueda sensibilizar al docente en esa
dirección; pero habrá de esperar si el Estado Venezolano descubre con prontitud que en este camino, la

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autenticidad es clave para llegar al corazón de los maestros; que el docente se sienta un verdadero
esteta, pero además, libre, en su manera de pensar y actuar, sin miedos ni angustias, pues estas son
trasmitidas a los educandos y por ende a los venezolanos. Un docente libre no es aquel que hace lo que quiere,
sino que actúa con pensamiento crítico, reflexivo y transformador, haciendo política de ciudadanía civil.

TELEOLOGÍA DEL CURRICULO BOLIVARIANO

El tercer problema de la filosofía de la educación es la pregunta por los fines, dilema sujeto a la Teleología
de la educación que sirve como bitácora para señalar la llegada a todo esfuerzo educativo. En este País, su
finalidad es formar niños y niñas, activos, creativos, reflexivos, críticos e independientes, que sean cada vez
más participativos, protagónicos y corresponsables en su actuación en la escuela, familia y comunidad; con
sentimientos de amor y respeto en sus diferentes manifestaciones hacia la Patria, sus compañeros(as) y el
ambiente, entre otros; también cualidades tales como la de ser responsables, honrados, honestos y solidarios,
adquiriendo o reafirmando sus hábitos de higiene individual y colectiva y todos aquellos que favorezcan su
salud preventiva e integral, que los prepare y forme para la vida acorde con los fines e ideales de la CRBV.

Este problema filosófico se articula con la dimensión política que explica Paulo Freire, al enfatizar que: es
importante entender que todos los educadores somos, por praxis, políticos. Al hacer educación, hacemos
política de estado. La educación en su debilidad, toma fuerza para convertirse en un instrumento de
transformación que organiza y moviliza a la, ciudadanía para transformar al mundo. Los problemas de la
Educación no son solamente pedagógicos, son también políticos y éticos. Pero se debe entender por Política
en su sentido originario (griego) ciudadanía, civitas, “politikós” (ciudadano, civil), que quiere decir ciudadano
que transforma. En otras palabras, un docente que participa activamente en procesos de transformación de
la sociedad y del mundo en general, como fines teleológicos de la educación, con la finalidad de crear una
sociedad con mayores opciones de vida.

EDUCERE SI….EDUCARE NO.

Sin embargo, en Venezuela, tal como está concebido el currículo que aún no termina de morir, no se puede
transformar, pues la praxis pedagógica se queda en la trasmisión de contenidos y conocimientos terminados
que no permiten al educando reflexionar sobre la realidad social y sobre su propia transformación, de lo cual
depende la transformación de la sociedad. Según Freire (1970), nuestra educación actual responde a un
enfoque bancario que deposita información en la mente de los educandos. Como lo expresa Pérez, E. (2006):
la educación debe diferenciarse del educare y desviar su atención hacia el Educere, que significa “sacar de”,
en vez de “meter en”. El Educare se corresponde con la educación bancaria, depositaria de contendidos, de
información, que no estimula la creatividad y la construcción del conocimiento, menos el deseo de participar
para transformar la institucionalidad disfuncional. Este tipo de educación castra la capacidad de pensar y por
lo tanto no permite capturar la esencia de los hechos que suceden en la realidad social, objeto de
transformación. Mientras más se dé a los jóvenes los contenidos ya hechos, más se castrará las posibilidades
de reflexionar sobre los fenómenos sociales.

TEORIA CRÍTICA REFLEXIVA BOLIVARIANA

En la Educación Bolivariana, significa abandonar la Pedagogía Tradicional trasmisora de información, por otra
pedagogía de acción donde el pueblo venezolano actúa con conciencia política para la construcción de un
modelo de sociedad socialista para la formación de la Nueva República y el Nuevo Republicano; partiendo del
proceso de formación de la persona, la familia y la sociedad. Significa, además, que el pueblo con conciencia
política se incorpora activamente en los procesos de cambio y transformación social, donde priva la
supremacía del hombre por encima del mercado y del capital; para crear una sociedad en la que el ser humano

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es centro de la misma dejando de ser mercancía predilecta del capitalismo y pasa a ser sujeto de su
propia transformación.

Al respecto, Carr y Kemmis (2008), sostienen que para transitar de la Pedagogía Tradicional a la Pedagogía
Crítica, se debe incorporar la Investigación Acción a las formas de enseñar con el fin de posibilitar el análisis
crítico en las prácticas educativas. Esta posición coincide con las intencionalidades del Currículo Bolivariano;
pues a través de los Seminarios de Investigación de Desarrollo Endógeno, propone como estrategia de
aprendizaje, lo que la escuela de Fráncfort denomina la Investigación Acción, un baluarte de la Teoría Critica
Reflexiva que promueve una educación crítica, liberadora y transformadora.

Según Habermas, Jurgen (1971), educar implica una comprensión crítica del mundo, que contiene una
intención de transformación de la realidad social para que todos tengan el poder y, por ende, tengan la
libertad. La comprensión del mundo se logra al democratizar la enseñanza y el aprendizaje, construyendo una
democracia cognitiva que comparte saber. Esta es una tarea social, pero que parte de lo individual. Para
transformar hay que ser libres de hacer lo que debemos hacer, para ello debemos tener el poder de hacerlo
y éste se logra a través de la pequeña dosis de poder que poseo ahora. Freire sostiene que la única manera de
aumentar el poder es usando el mínimo de poder que poseemos y, para usar el poder es necesario
aprehender críticamente al mundo.

Mientras que en la teoría tradicional se pretende la inmediatez entre el sujeto y el objeto, en la teoría
crítica, se firmará que todo conocimiento está determinado por mediaciones, porque la producción teórica no
puede existir independientemente de los procesos socio-históricos y económicos dentro de los cuales han
surgido. Esto significa que el contexto histórico determina el objeto y la finalidad de toda investigación y
proceso educativo de manera tal que ninguna teoría puede ser “imparcial” sino que está signada por
diferentes intereses, aun cuando una objetividad aparente oculta su inevitable carácter ideológico. Además,
el investigador, tampoco puede sustraerse de manera radical, siempre será parte mima del objeto social
investigado. Docentes y educandos venezolanos, están llamados a formar parte de este paradigma, donde ya
el sujeto no mira la realidad o comunidad desde afuera, sino que se involucra en ella para transformarla.

Ante esa expectativa, aplicar otro modelo pedagógico, implica necesariamente aprender. La educación es
casi siempre poner en práctica un conocimiento; lo cual requiere acercarse al educando y el medio donde
vive. Él que aprende necesita del educador y éste necesita del educando. Ambos se educan. Aunque las tareas
sean diferentes, pues el educador enseña y el educando aprende. La cuestión es saber cómo debe darse esa
relación, para que sea una práctica democrática. Esto implica ciertas cualidades del educador, como por
ejemplo: aplicar un modelo de investigación acción que prepare a ambos para conocer e intervenir la realidad
social.

En el despliegue curricular que se ha realizado para implementar los programas de la Educación Bolivariana,
se consideran metodologías e instrumentos curriculares que se relacionan con la Pedagogía Crítica y la Teoría
Crítica Reflexiva, pues esta es la que sustenta este currículo bolivariano; se puede hacer mención del trabajo
directo que se realiza con la comunidad, partiendo de un diagnóstico de la misma; los Seminarios de
Investigación de Desarrollo Endógeno que buscan potenciar la vocación productiva de cada localidad o región
del País; el sujeto como parte del objeto que se estudia o se requiere transformar; el análisis de los factores
de producción en cada localidad para su aprovechamiento; en fin, varios aspectos que conjuntamente con una
metodología de proyectos, convierten el proceso en una investigación, donde educadores y educandos son
viven y retroalimentan sus experiencias, para sistematizarlas y utilizarlas luego en situaciones similares,
generando de esa manera nuevo conocimiento.

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La Pedagogía Crítica

La Pedagogía Crítica
En el ámbito teórico respecto de la práctica pedagógica, existe un amplio predominio de una noción de
práctica instrumental o funcional a un sistema educativo que requiere que los docentes actúen como
ejecutores de las políticas y programas diseñados centralizadamente. La pedagogía crítica aparece como una
propuesta alternativa que pretende provocar transformaciones en el sistema educativo. En Latinoamérica,
Freire es un importante referente, en tanto es considerado por muchos como uno de sus fundadores. La
propuesta de Paulo Freire de la educación como praxis liberadora es considerada un aporte que funda la
pedagogía crítica, la que se inscribe dentro de la perspectiva teórica general de la teoría crítica. Aunque no
constituye un campo teórico unificado, se constituye como un cuerpo de ideas comunes formuladas y
difundidas por autores tales como Paulo Freire, Henry Giroux, Peter McLaren, Michael Apple y otros.

La concepción tradicional de la enseñanza involucra un concepto de aprendizaje neutral, transparente y


apolítico. En la pedagogía crítica, en cambio, se concibe el aprendizaje como un proceso vinculado a los
conceptos de poder, política, historia y contexto. Se promueve un compromiso con formas de aprendizaje y
acción en solidaridad con los grupos subordinados y marginados, con centro en el auto-fortalecimiento y en
la transformación social.[1] Giroux[2] propone que los docentes puedan adquirir la categoría de intelectuales
transformativos para lograr que “lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico”[3], lo que
significa insertar la enseñanza directamente en la esfera política, en tanto representa una lucha por la
determinación de significado en un contexto de relaciones de poder, y utilizar una forma de pedagogía que
involucre intereses políticos de naturaleza liberadora.

Aunque toda la obra de Paulo Freire está transversalizada por la importancia de la práctica educativa, en
“Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa”, se acerca a la práctica educativa
de una manera más directa, específica y actualizada, para presentar los saberes que considera indispensables
en la práctica docente de educadoras y educadores críticos o progresistas y reafirma su propuesta de una
pedagogía fundada en la ética y el respeto a la dignidad y autonomía del educando. Los saberes
fundamentales que Freire enumera y discute, considera que “deben ser contenidos obligatorios de la
organización programática docente.” [4] La cuestión es cómo lograr que los docentes en formación inicial o
los que están en actual ejercicio profesional consigan apropiarse de estos saberes para desarrollar una
práctica pedagógica crítica coherente.

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Los pedagogos críticos norteamericanos Henry Giroux y Peter McLaren plantean una propuesta en la que se
piensa la educación del profesor como parte de un proyecto político contra hegemónico o una política
cultural que definen como la creación de esferas públicas alternativas.[5] Están comprometidos en la
articulación de un lenguaje que contribuya a “examinar el campo de la educación del profesor como una
nueva esfera pública que trata de recobrar la idea de democracia crítica como un movimiento social en pro
de la libertad individual y la justicia social.”[6] Para ello proponen que como forma de política cultural, el
currículum de la educación del profesor se fundamente en la creencia de que los profesores puedan actuar
como intelectuales. La implementación de una propuesta análoga, en el contexto chileno, pasaría por la
necesidad de enfrentar estratégicamente dificultades de mucho peso en el sistema educativo,
particularmente en el contexto de las relaciones de poder involucradas en el ámbito de la formación de los
profesores. Por otra parte, la pregunta abierta en el actual contexto, que en primer lugar habría que intentar
responder, consiste en cuáles serían las condiciones que posibilitarían contribuir a la formación de
profesores con la capacidad pedagógica para actuar como intelectuales transformativos.

PEDAGOGÍA CRÍTICA

“Teoría que propone a través de la práctica, que los estudiantes alcanzan una conciencia crítica dentro de su
sociedad.”

La pedagogía crítica encuentra su sustento en la teoría crítica. Esta teoría inventó una nueva manera de leer
la realidad, capaz de responder a las problemáticas sociales del mundo moderno; esta corriente se ha
constituido en un punto de referencia en la búsqueda de una educación desde el enfoque crítico. Surgió,
entonces, la pedagogía crítica como una pedagogía respondiente, porque implica una reacción generada
desde una reflexión consciente y responsable.

Algunas de las CARACTERÍSTICAS que conforman esta teoría son:

- Es necesaria la formación de la autoconciencia para lograr crear un proceso de construcción de significados


apoyados en las experiencias personales.

- Está encaminada a la transformación social en beneficio de los más débiles. La educación debe considerar
las desigualdades sociales existentes en el mundo globalizado, así como adquirir un compromiso con la
justicia y la equidad.

- Debe permitir a los profesores, y a la comunidad educativa en general, identificar las limitaciones y
potenciar las capacidades de tal forma que éstas sean la base para la autosuperación.

Algunos de los elementos FUNDAMENTALES de la Pedagogía Crítica son:


- Participación
- Comunicación

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- Humanización
- Transformación
- Contextualización

Es preciso aclarar lo que H. Giroux asume como contexto: espacio geográfico donde el individuo realiza sus
acciones; también contempla las redes de significados –espacios culturales que incluyen elementos
históricos, religiosos, sicológicos, ideológicos, etc.– que reconocen y aceptan los sujetos que comparten un
mismo espacio físico.

Lo que un individuo interioriza a través del proceso de socialización depende del contexto en el que éste está
inmerso (familiar, social, cultural y educativo). Cada individuo interactúa e interpreta de diferente manera la
realidad en la que vive; esta interpretación se basa en las representaciones internas que construye. Según
sean estas interpretaciones, así serán las actuaciones que realice; por ello, un individuo es más competente
en la medida en que sus representaciones internas favorecen una mejor actuación sobre su vida.

“La educación debe tener presente estas relaciones y determinar cómo las condiciones estructurales de la
sociedad influyen en el proceso educativo.”