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Carmen M. Mirete IES.

La Flota

TEMA 11 TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS DEL SIGLO XIX: LAS


DESAMORTIZACIONES.

I. INTRODUCCIÓN.
La desamortización fue un largo proceso histórico-económico iniciado en España a finales
del siglo XVIII por Godoy y cerrado en el siglo XX (Estatuto Municipal de Calvo Sotelo de
1924). Consistió en poner en el mercado, mediante una subasta pública, las tierras y
bienes no productivos, en poder de las llamadas “manos muertas”.
La desamortización fue un hecho fundamental en el proceso de la revolución burguesa.
Significó un cambio en el sistema de propiedad de las tierras. Su finalidad fue acrecentar la
riqueza nacional y crear una burguesía y clase media de labradores propietarios. Además,
utilizar los fondos obtenidos para reducir el déficit de la Hacienda pública, y pagar los
gastos producidos por las guerras carlistas. Pero no se consiguieron buena parte de los
objetivos.
Los reformistas ilustrados del siglo XVIII, hablaban de la necesidad de cambiar el sistema señorial
de propiedad de la tierra. En el Antiguo régimen una gran parte de las tierras eran de “manos
muertas”, la desamortización de esos bienes permitía convertir esas tierras en bienes de
propiedad privada, que se podían vender y comprar, con ello el Estado podría disminuir su
déficit. El primer paso era la promulgación de leyes para desvincular los bienes de la nobleza
y desamortizar los bienes eclesiásticos y municipales. El proceso suponía dos fases:
- En primer lugar el Estado se adueñaba de esos bienes, que se convertían en bienes
nacionales.
- Después salían a la venta mediante subasta pública, los beneficios se destinarían a los
gastos del Estado.
Tanto José I como las Cortes de Cádiz, decretaron desamortizaciones, que al igual que la
del Trienio Liberal (1820-23), no tuvieron efecto.
II. DESARROLLO: DESAMORTIZACIÓN DE ÁLVAREZ MENDIZÁBAL Y LA DE PASCUAL
MADOZ.
Durante el reinado de Isabel II hubo dos desamortizaciones, primero la de Álvarez
Mendizábal y después la de Madoz.
Juan Álvarez y Mendizábal, fiel partidario del liberalismo progresista, participó en el
levantamiento de Riego (1820). Se tuvo que exiliar en Londres donde hizo una importante
fortuna. En 1835 se encarga de la cartera de Hacienda; después fue presidente del consejo de
Ministros en 1836-37. A lo largo de su carrera política tuvo enfrentamientos con miembros de su
partido lo que le llevó al exilio de nuevo en 1847.

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Por la ley de Mendizábal del 1836, conocida como la desamortización eclesiástica, se


decretó la disolución de las órdenes religiosas, excepto las dedicadas a la enseñanza y a la
asistencia hospitalaria y se declaró en venta todos los bienes pertenecientes al clero
regular (frailes y monjas). Los bienes del clero secular se declararon nacionales y se
subastaron. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción, con la venta de los bienes del
clero secular (curas, obispos...)
Mendizábal se proponía varios objetivos con la desamortización:
– Destinar los fondos obtenidos a pagar la deuda pública y la guerra contra el
carlismo.
– Ampliar los apoyos al liberalismo, al crear un sector de propietarios que se sintieran
unidos al régimen liberal isabelino y que hicieran rentable la tierra.
Fue finalmente con la vuelta de los moderados, en 1844, cuando se suspendieron las subastas,
aunque el gobierno del general Narváez garantizó las ventas ya realizadas. Se había amortizado
el 62% de las propiedades de la iglesia. Las fincas fueron tasadas por peritos de Hacienda y
subastadas después, alcanzando una puja media del 220% sobre el precio de salida. Dado el
distinto tamaño de los lotes, eran en teoría asequibles para grupos sociales de bajos
ingresos, pero en la práctica los propietarios y los inversores burgueses acapararon las
compras, puesto que eran los únicos que tenían liquidez, sabían pujar y podían controlar
fácilmente las subastas. Comprar era un excelente negocio: sólo se abonaba el 20% al
contado.
Lo que ocurre es que el ministro no buscaba ni un reparto de las tierras ni una reforma
agraria, sino beneficiar a quienes, como él mismo, pertenecían a la elite financiera y
comercial, y buscan consolidar su prosperidad económica con la compra de bienes inmuebles.
Las consecuencias de la desamortización fueron muy variadas:
1. Desmantelamiento casi completo de la propiedad de la Iglesia y de sus fuentes de
riqueza, toda vez que el diezmo fue igualmente suprimido en 1837.
2. La desamortización no resolvió el problema de la deuda, pero si contribuyó a atenuarlo.
3. La desamortización no produjo un aumento espectacular de la producción agraria, contra
lo que pretendían sus promotores. Los nuevos propietarios, en general, no emprendieron
mejoras, sino que se limitaron a seguir cobrando las rentas y las incrementaron. Muchos de los
nuevos propietarios vivían en las ciudades, completamente ajenos a las actividades agrícolas.
4. La desamortización acentuó el latifundismo en Andalucía y Extremadura y el
minifundismo en el Norte.
Los que desde luego no compraron fueron los campesinos: o no recibían información de las
subastas, o no sabían pujar, o no tenían dinero para hacerlo.
En las ciudades ocurrió lo mismo. La mayoría de los inmuebles estaba en el centro urbano, la
desamortización contribuyó a un urbanismo discriminador. La alta burguesía acaparó los
mejores edificios del centro, excluyendo a las clases medias, confinadas en las viejas
viviendas, y dejando para los obreros los arrabales de la periferia.
La segunda gran desamortización iniciada con la Ley Madoz (conocida como
desamortización civil) de 1855, que formó parte del programa del gobierno progresista del
bienio. En 1855 el ministro de Hacienda Pascual Madoz, progresista, promulgó su ley de
desamortización general. Se llamaba general, porque se ponía en venta por subasta pública
todos los bienes de propiedad colectiva: los de los eclesiásticos que no habían sido vendidos en
la etapa anterior, y los bienes de los pueblos ( los bienes propios (proporcionaban rentas a los
ayuntamientos) y los bienes comunes (utilizados por los vecinos del lugar).
El procedimiento utilizado para las ventas fue similar al de Mendizábal.
Las consecuencias de esta segunda desamortización fueron: un empeoramiento
considerable de la situación económica del campesinado, y en segundo lugar, una ruptura
de las relaciones con la Iglesia.
El proceso desamortizador contribuyó claramente al cambio hacia una sociedad burguesa.
Significó el traspaso de una enorme masa de tierras a los nuevos propietarios y la fusión
de la antigua aristocracia feudal con la burguesía urbana.

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III. Conclusión.
Las consecuencias de las desamortizaciones fueron diversas: uno de los objetivos era que
la masa de compradores formaran una nueva clase de pequeños y medianos propietarios
que apoyarían al régimen de Isabel II, sin embargo no se consiguió, al adquirir la mayor
parte de las tierras desamortizadas, particularmente en el sur de España, los grandes
propietarios.
Se consolidó el latifundio (centro y sur de España), se elimina a los pequeños propietarios
con la privatización de los bienes comunales que pertenecían a los municipios, muchos
campesinos se vieron afectados al verse privados de unos recursos que contribuían a su
subsistencia (leña, pastos, etc. Se produjo la emigración hacia zonas industriales o a
América. Se puso en cultivo de nuevas superficies (trigo y vid).
Hubo un aumento de la conflictividad social (campesinos fuera del mercado de propietarios)
revueltas agrarias. El Estado recaudó mucho dinero con el que poder hacer frente a los
gastos de la guerra carlista. Se equilibró los presupuestos del Estado y se produjo un
pequeño desarrollo de la agricultura española. Otras consecuencias, la transformación del
modelo de ciudad, se pasó de la ciudad con grandes edificios religiosos, a la ciudad burguesa,
con construcciones de más altura, ensanches y nuevos espacios públicos gracias a los derribos.
Los antiguos edificios religiosos pasaron a tener otros usos, o fueron demolidos para la
apertura de nuevas calles o el ensanche. Muchos cuadros y libros de monasterios fueron
vendidos a precios bajos y acabaron en otros países. Quedaron abandonados numerosos
edificios de interés artístico

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