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UNIVERSIDAD NACIONAL

“SANTIAGO ANTUNEZ DE MAYOLO”

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES, EDUCACIÓN


Y COMUNICACIÓN
ESCUELA COMUNICACIÓN, LENGÜÍSTICA Y LITERATURA

CURSO : LITERATURA LATINOAMERICANA I

DOCENTE : Lic. CAURURO SANCHEZ WILDER

ESTUDIANTE :
SEGURA GUILLEN, EMIRD GUILLEMO

CICLO : VI

HUARAZ-PERÚ

2017-II
“CULTURA MUISCA Y SU
LITERATURA PRECOLOMBINA”
A la literatura, que no sé qué es.
INTRODUCCION

Es sorprendente observar los fuertes nexos entre los mitos, la imagen de la

naturaleza y la percepción de lo sagrado en la cultura muisca. Este nexo hace

posible que el mundo representado en las cosmogonías y antropogonías

muiscas esté caracterizado particularmente por un sentido sagrado. El nativo

inspirado en la observación e interacción con su medio ambiente geográfico

elaboró esta particular percepción. Esta compenetración hombre y medio

geográfico, se puede considerar que es una visión privilegiada entre las

culturas precolombinas de esta zona. Indicios de esta compenetración se

observan en el arte muisca, en su expresión simbólica de la naturaleza y del

cuerpo humano; indicios que luego dan cuenta del concepto de naturaleza

sagrada entre esta comunidad primitiva. Los muiscas, entre sus

manifestaciones culturales, gustaban guardar sus creencias y, se observa,

que algunas de estas creencias manifiestan con claridad la concepción de una

naturaleza sagrada que fue admirada con especial devoción, por esta gente,

cosa que sus vecinos no desarrollaron. Entre ellos, como se analizará más

adelante, varios de los elementos constitutivos del entorno ecológico, en

particular el agua, los bosques y los ríos, tienen una especial significación e

importancia, y esa importancia genera una actitud sociocultural que puede

calificarse como una actitud ecológica.


LOS MUISCAS

El muisca o «muexca, en su lengua es lo mismo que hombre en la nuestra

castellana», dice en sus Noticias Historiales el cronista Simón. Del primer

contacto del conquistador español con el nativo del altiplano afirma además

que esto hizo que «de allí en adelante se llamasen Moscas, y la tierra que

habitase la provincia de los Moscas» .De esta denominación se deduce luego

el vocablo muisca. Las razones concretas por las que el conquistador elaboró

este nombre pueden ser varias. (Simón, Fray pedro, pág. 261)

«Naturalmente tuvo que sucederse el siguiente diálogo entre españoles e indios: -

Ustedes, ¿Quiénes son?... preguntarían los primeros.- Muiscas (gente) debieron

contestar los indios; pero los españoles aun no bien convencidos de lo que los indios

le dijeron, volvieron a interrogarlos: ¿Qué gente son ustedes? Chiba Chas, debieron

volver a decir los indios, lo cual etimológicamente equivale a decir: mirad, varones,

vean que somos hombres»

La procedencia concreta de los muiscas como grupo étnico es todavía

discutida. Los muiscas o chibchas son un pueblo indígena que habitó el

altiplano cundiboyacense y el sur del departamento de Santander, en

Colombia, desde el siglo VI a. C., y cuyos descendientes directos viven

actualmente en localidades del distrito de Bogotá como Suba y Bosa, y en

municipios vecinos como Cota, Chía y Sesquilé.

Una parte importante de la población actual de la Cordillera Oriental de

Colombia es resultado del mestizaje de los muiscas con otros pueblos,

particularmente con los españoles. La lengua original de este pueblo fue el

MUYSKKUBUN, de la familia lingüística chibcha.4 Actualmente es una lengua

muerta, pues el 16 de abril de 1770, mediante Real Cédula, el rey Carlos III
de España prohibió el uso de lenguas indígenas en sus dominios. Sin

embargo, existen proyectos para revitalizar la lengua, tal como se hizo en el

caso del idioma hebreo.

En la época prehispánica, los muiscas cultivaban maíz, papa, quinua y

algodón, entre otros productos agrícolas. Eran excelentes orfebres,

practicaban el trueque de mantas, sal, esmeraldas con los pueblos vecinos

(muzos, panches, sutagaos, guayupes, tecuas, achaguas, tunebos).

ORGANIZACIÓN SOCIOPOLÍTICA.

La confederación muisca era la unidad político-administrativa conformada al

momento de la llegada de los conquistadores, en 1537. Eliade menciona que

“La conformación presupuso el predominio de los psihipkua, jefes principales, que

gobernaban sobre otros menores llamados uzaque (caciques) zibyntyba (capitanes mayores)

y tybarague (capitanes menores).” (Pág. 124)

El territorio muisca comprendía las planicies de Bogotá y Tunja, los valles de

Fusagasugá, Pacho, Cáqueza y Tenza, todo el territorio de los cantones de

Ubaté, Chiquinquirá, Moniquirá y Villa de Leiva, y desde Santa Rosa de

Viterbo y Sogamoso hasta lo más alto de la cordillera oriental, desde donde

se divisan los llanos del Casanare. El centro de poder comercial se ubicaba

en la ciudad de Hunza, actual ciudad de Santiago de Tunja, capital de Boyacá;

en el ámbito militar, el asentamiento de Bacatá, actual Bogotá, con capital en

Funza, y como centro religioso principal estaba Sogamoso, donde había un

gran templo dedicado al Sol.


ORFEBRERÍA

Para los orfebres muiscas, el arte tenía un doble significado: expresión

estética y simbolismo religioso. El oro que obtenían por intercambio con los

pobladores de las riberas del río Magdalena, lo trabajaban con el cobre,

obteniendo la tumbaga una aleación de color bronceado. Sobresalían en la

técnica de la cera perdida y utilizaban matrices de piedra. Las piezas:

Tunjos

Son las más pequeñas y representativas de los muiscas, que muestran casi

siempre un personaje humanoide, generalmente elaborados para ofrendar a

los dioses.

La factura es siempre similar: sobre una plancha se dibujan las formas

humanas y su atuendo con hilo de tumbaga.

La terminación es descuidada pues muestra las rebabas de la fundición.

Pectorales

Los pectorales muestran un meditado diseño y una acabada terminación. Son

imágenes humanoides, que aluden a seres míticos o a personajes de su

sociedad.

Están realizados con planchas gruesas y fundidas en tumbaga.

Colgantes y narigueras.

Simbolizaban jerarquía y alcurnia para sus poseedores. Las narigueras, se

objetivan abstracciones de aves y entramados de chapa e hilo trenzado junto

a colgantes adosado. Los colgantes presentan un similar sentido ornamental

pero mayor cuidado en la terminación.


CERÁMICA

Los grandes talleres de cerámica estaban en los territorios de Tocancipá,

Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, cuyas arcillas les ofrecían

una materia prima excelente. (Triana, Miguel, pág. 35)

“Sus productos eran para uso doméstico, ofrendas a los dioses, o intercambio comercial”

Elaboraron su cerámica modelando directamente el barro, o por medio de

rollos de arcilla en espiral.

En lugar de cántaros fabricaban jarras de cuello alto, se hallaron fruteras con

un pequeño pie, ollas de múltiples asas, vasijas en forma de hombres, a las

cuales les abrían un agujero, en el vientre o en la cabeza, para guardar en

ellas los tunjos y esmeraldas. Son frecuentes figuras humanas sobre cuyo

pecho había una insignia en "X".

Algunas piezas fueron adornadas con aplicaciones de patillaje y con

incisiones; cuando están pintadas, tienen fondos terracota y dibujos espirales

predominantes en negro.

TEXTIL ERÍA

Las evidencias textiles muiscas, provienen de cuevas en los páramos y tal vez

de santuarios; por las crónicas sabemos que las mantas eran preciadas,

presentes como regalo en los festejos, las usaban coloradas en señal de luto

y los cortesanos de Tunja muy ricas y decoradas. Las momias eran envueltas

en finos tejidos de algodón.

Emplearon para tejer fibras vegetales como el algodón y el fique, el primero lo

usaron principalmente para la fabricación de mantas y el segundo para

cuerdas y mochilas.
En el proceso del hilado para la elaboración de la fibra, utilizaron husos cuyos

volantes eran de piedra con los que produjeron hilos muy finos de excelente

calidad. Manejando una compleja técnica producían telas de una sola pieza

con innumerables entretejidos, muy resistentes.

Desarrollaron la tintorería, para darle color usaron colorantes y pigmentos

naturales de origen vegetal y mineral obteniendo una gama variada de

colores. Las pinturas eran motivos geométricos, al parecer de carácter

simbólico.

En las mantas, introdujeron hilos de urdimbre tinturados generalmente de

color marrón oscuro formando rayas angostas, que en algunos casos

limitaban el espacio donde se pintaba la tela.

Hasta el momento no existe el hallazgo arqueológico de un telar muisca y no

se conoce ninguna cita de cronista al respecto.

AGRICULTURA, CAZA Y PESCA

La alfarería fue una actividad importante pero también lo fueron la agricultura

la caza y la pesca esto lo deducimos por la base de la alimentación.

En Tocancipá los Muiscas fueron excelentes agricultores y administradores

de la tierra.

Si bien es cierto el maíz es un cultivo importante. No era el único fundamento

de la alimentación, pues este se mezclaba con la yuca y los fríjoles, se

incorporaba además a su dieta verduras y frutas.

Hibias, cubios, papas, ahuyamas, melones todo ello contenido en la ofrenda

de la princesa y proteína animal: venados, curies, perros mudos, zaínos y


pecarí; peces y aves como perdices, patos, pavos y pajaritos, por tal motivo

la niñez se criaba lúcida y hermosa, los adultos de gran fortaleza y las mujeres

muy fértiles tenían un parto cada año.

Dentro de sus actividades combinaban muy bien la caza, con la pesca, frutas,

verduras y raíces. La caza era abundante: faizanes, codornices, conejos,

pavas, tórtolas, paloma torcaz, muchas otras aves, venados, puercos

monteces y armadillos.

GOBERNANTES MUISCAS

Al llegar los europeos, había dos confederaciones principales, la de Hunza

(hoy Tunja), cuyo soberano era el Zaque y la de Bacatá (hoy Bogotá), cuyo

soberano era el Zipa. Ambas confederaciones tenían relaciones políticas

estrechas dada la afinidad étnica y cultural, pero mantenían rivalidad.

Además de las dos principales ciudades Bacatá y Hunza, los cronistas refieren

la existencia de las federaciones de Tundama (hoy Duitama), y Suamox (hoy

Sogamoso), cuyo jefe era el Iraca, sucesor de Bochica. Estas confederaciones

tenían un carácter más religioso que administrativo o militar

IDIOMA.

El idioma muisca (autoglotónimo muyskkubun), pertenece a la familia

lingüística de lenguas chibchas, que se extendió por varias regiones de

Centroamérica y el norte de Suramérica.

Los tayrona y los U'wa, que pertenecen a la misma familia muisca, hablan un

idioma relacionado, lo que permitió que los tres pueblos establecieran fuertes

nexos de intercambio económico y cultural.


Pese a la imposición del castellano (sukubun20), el muyskkubun como lengua

de sustrato se adaptó a la fonología del español y dejó su huella en el habla

de gran parte de los habitantes del Altiplano Cundiboyacence en relación con

topónimos, antropónimos, verbos, y sustantivos en general, que son los que

ahora son calificados de muisquismos

RELIGIÓN MUISCA.

Los sacerdotes se formaban desde la infancia y eran los responsables de

dirigir las principales ceremonias religiosas. Nadie más que los sacerdotes

podía entrar al interior del templo. La religión muisca contemplaba los

sacrificios humanos, pero es probable que a la llegada de los españoles estos

hubieran desaparecido tiempo antes y los relatos de sacrificios humanos entre

los muiscas sean historias transmitidas por tradición oral, pues no existe un

testimonio de primera mano que mencione un sacrificio humano

contemporáneo a la presencia de los españoles.

En todo caso las fuentes coinciden en que cada familia debía ofrecer un hijo

a los sacerdotes, el cual era criado por ellos como persona sagrada y a los 15

años era sacrificado a Xue, lo que constituía un honor para la familia y para la

víctima. Junto a las actividades religiosas, los sacerdotes participaban de la

vida de la comunidad con recomendaciones acerca de la agricultura o

mediando en casos de conflicto entre los líderes políticos.


LA MITOLOGÍA

La mitología muisca estaba muy bien documentada gracias a que el territorio

de la Confederación muisca fue escogido como sede de la administración

colonial en una nueva unidad administrativa de un territorio más vasto

conocido como Nuevo Reino de Granada. Ese factor permitió que los más

destacados cronistas se establecieran en Bogotá y recopilaran mucha

información de primera mano.

Sue (El Sol): era el padre del partenón muisca y su templo estaba

en Sugamuxi o Suamox (Sogamoso), ciudad sagrada del sol. Era este el dios

más venerado, especialmente por los súbditos del Zaque que se

consideraban hijos de Xue y que le rendían culto a base de sacrificios

humanos muy sangrientos y del consumo de ojos de niños, los cuales eran

extraidos en el momento mismo del ritual.

Chía (La Luna): su templo estaba en lo que hoy conocemos como el municipio

de Chía y era venerada especialmente por los súbditos del zipa, que se

consideraban sus descendientes.

Bochica: este misterioso personaje no era propiamente un dios, pero era digno

de gran veneración. Como sucede con seres mitológicos de otros pueblos,

quizá se trate de un antiguo jefe o héroe inmortalizado en los relatos que

protagoniza. Dice de él el relato que en la sabana, vivían los muiscas, pero se

habían cansado de las inundaciones, que podían ser causadas o por Huitaca,

la hermosa y malvada mujer, o Chibchacum (el protector de los agricultores).

Entonces, del cielo salió un arco iris, y de él bajó un hombre blanco, con

barbas blancas y túnica. Éste dijo llamarse Bochica y les enseñó a tejer.
Bochica escuchó las quejas de los muiscas sobre las inundaciones, y con su

bastón de oro partió dos piedras al borde del precipicio donde terminaba la

sabana y salió toda el agua, creándose el salto de Tequendama. Bochica

castigó a Huitaca y Chibchacum. A la primera la convirta en lechuza, y

obligándola a cargar el cielo. A Chibchacum, lo obligó a cargar la tierra, y cada

vez que se la cambia de hombro, la tierra tiembla. Se creía que los zipas eran

descendientes de la luna (Chía) y los Zaques del sol (Xue).

La estatua de la Diosa del Agua fue tallada en piedra por la escultora bogotana

María Teresa Zerda. La Diosa del Agua - Sie se identifica con Bachué.

Bachué: la madre de los muiscas. Dice de ella el relato que un día, de la

laguna de Iguaque, salió una mujer esbelta y bella, con un niño en sus brazos.

Ella (Bachué), se sentó a la orilla de la laguna y esperó hasta que su hijo

creciera. Cuando este alcanzó la edad suficiente, se casaron y tuvieron

muchos hijos, siendo estos hijos los muiscas. Bachué les enseñó a cazar,

cultivar, respetar las leyes y adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que

los mismos muiscas se referían a ella también como Furachoque (‘mujer

buena’, en chibcha). Cuando ya eran muy viejos, Bachué y su Hijo-Esposo

decidieron volver a Iguaque y se convirtieron en serpientes sumergiéndose en

el lago. Ese día los muiscas, a pesar de su tristeza sabían que Bachué, su

madre, era feliz. De la leyenda existen otras versiones. Por ejemplo aquella

que dice que después de sumergirse en Iguaque, Bachué asciende al cielo

para converirse en Chía, mientras que en otras versiones Chía es una diosa

diferente de Bachué.
BACHUÉ

La laguna de Iguaque, caracterizada por su paisaje frío, alguna vez se llenó

de flores y plantas de colores, el agua comenzó a burbujear como si hirviera

y apareció una hermosa mujer delgada, de cabello largo y esbelto. En su brazo

derecho tenía un niño de cinco años. Caminaron sobre el agua hasta la orilla.

Eran Bachué y su hijo, venían a poblar la tierra.

Cuando el niño creció y fue un hombre contrajo matrimonio con Bachué,

tuvieron muchos hijos, pues en cada parto tenía cuatro, cinco, seis hijos y

hasta más. Primero se instalaron en la sabana y después recorrieron todo el

imperio Chibcha. Poblaron cada rincón con sus hijos. Ella enseñó a sus hijos

a tejer, construir bohíos, amasar el barro, cultivar y trabajar los metales. Su

esposo entrenó guerreros y les enseñó los valores de la vida.

Cuando Bachué consideró que la tierra estaba lo suficientemente poblada,

dispuso todo para volver a la laguna de Iguaque. Acompañada por una

multitud, regresó al sitio del que salió y en compañía de su esposo se lanzó al

agua y desaparecieron.

Tiempo después Bachué y su esposo se convirtieron en una serpiente que

salió a la superficie y la recorrió en presencia de todos, dejando como mensaje

que siempre los acompañarían.

La laguna de Iguaque se convirtió en un lugar sagrado y allí se celebraban

ceremonias en honor a Bachué.


La sociedad chibcha se rigió por el matriarcado; por eso el nombre del esposo

es desconocido. La mujer era la encargada de transmitir las tradiciones y

costumbres a los descendientes. Ella era considerada una diosa, pero

además una maestra, a quien debían el tipo de organización, las tradiciones

y valores de su cultura.
POEMA PERDIDO

BACHUE

Serena noche de Iguaque, vestida de plata, brillante y ajena;


guardas en la palpitante distancia el origen divino de la prole humana,
se reviste en ti cada noche el enfoque del que surge la luz en la bella laguna,
el solsticio como un imagen, Bachue, calcada en el espejo es eterna.

II
De tu vientre al nacer, de tu cuerpo el amor,
y, en el parto desaparece el dolor,
por cada hijo se pinta el día en su terrible color,
es el rojo vivo de sangre, Muisca en esplendor.

III
Se aligeran las horas, el frio, la sangre y tú creciendo a tus hijos,
multiplicación de la vida, fortaleza de tu raza,
Espectral recuerdo de luz, de enseñanza, de calor y de cobijos.

IV
Ya el helado hogar en agua se convierte, es mi hogar, es mi casa;
Ahora y en esta hora abriendo mí pecho, mis venas y mis estresijos,
De mi corazón te entrego el carmín sin quejido que cicatriza y pronto pasa.
Según a quien se lea y de acuerdo con lo que se quiera creer, los muiscas

fueron, como forjadores de cultura, como modelo de organización política o

como creadores de un edificio intelectual, ejemplos de los extremos más

alejados que sea posible concebir. Aquí no vamos a intentar dilucidar quién

pueda tener la razón, ni nos interesa proponer otra interpretación más sobre

su historia; lo que queremos examinar es la oralidad de su interpretación.

A lo largo de esa historia los muiscas han sufrido muchos altibajos, se los ha

enaltecido y se los ha vituperado por igual, a tal punto que al comparar entre

sí unos y otros autores se creerían que se está hablando de gentes distintas.

Y, no obstante, lo único seguro es que los muiscas simplemente fueron ellos

mismos y que los vestigios sobre los cuales se han construido las diversas

interpretaciones no han variado radicalmente en los últimos ciento cincuenta

años. Ha habido, por supuesto, desde 1850 hasta ahora, una buena cantidad

de nuevas excavaciones y prospecciones arqueológicas, se han obtenido

fechas absolutas y se han hallado algunos documentos coloniales inéditos,

pero estas y aquellos han contribuido sobre todo a precisar detalles y de limitar

mejor los contornos de algunos aspectos, sin cambiar en lo básico el cuadro

general. Las fuentes que tuvo Ezequiel Uricoechea en 1850 no eran

sustancialmente diferentes de aquellas con las que contó Luis Duque

Gómez cien años más tarde. En este sentido asombra comprobar que muchos

de los hallazgos de hace uno o dos años, que actualmente nos maravillan, ya

habían sido reseñados a mediados del siglo XIX aun cuando no, por supuesto,
con toda la precisión y profundidad con que se ha hecho en los estudios

recientes.

El padre José Domingo Duquesne tuvo la fortuna, como cura párroco, de

convivir de cerca con comunidades campesinas entre las cuales aún

permanecían muy cercanos los recuerdos de los ancestros indígenas. Su obra

de 1795 contiene muchos datos curiosos y algunas interpretaciones de

objetos materiales que hicieron carrera en el ámbito académico europeo. Más

allá de estos asuntos, lo que nos interesa es la valoración que de este pueblo

hizo, basada, sobre todo, en el calendario, cuyos principios describió en

detalle. Para él, este logro se puede comparar con ventaja con los sistemas

calendáricos de otras culturas:

¡Qué articio! ¡Qué invención tan nueva y rara conservar sin añadir ni quitar ninguna luna, la

adición de aquella luna tan extraordinaria que se les hizo dificultosa de entender con el tiempo

a los otros, y que hubieron de abandonarla con vergonzosa ignorancia aun aquellos pueblos

que han sido reputados por mas políticos y sagaces!, ¡Cuántas veces perdieron el hilo!

¡Cuántas pretendieron hallarlo de nuevo! Entre tanto los Moscas usaron de las reglas de sus

mayores por tantos siglos, sin tener que variar jamás el primer método que recibieron.

Siempre lograron sus cosechas, siempre tuvieron bien conocidas sus respectivas estaciones,

siempre conservaron el orden de su cronología en aquella parte que necesitaron, y aun en

toda la larga carrera de sus años se hubiera hallado arreglada tal vez de algún modo, si se

hubiesen descubierto sus quipus que ocultaron, y en que llevaban una cuenta tan sencilla

como segura en todos los negocios que consideraban de alguna importancia (Duquesne,

1795/1948).

Los muiscas aparecen aquí como dotados de una inteligencia práctica muy

elevada, capaces de construir y conservar en terrenos en los cuales otros

pueblos fracasaron. Se llega hasta adjudicarles la manufactura de quipus, sin


que importe que para justificar su ausencia física se tenga que recurrir al

argumento de que se ocultaron y jamás, ni uno de ellos, se pudo encontrar.

La admiración de Duquesne por los muiscas es tal que, incluso al describir los

sacrificios, lo hace con objetividad y detalle, dejando de lado cualquier

prejuicio que su condición de cura católico pudiera haberle impuesto.

Duquesne sentó las bases de la reivindicación de los muiscas que, después

de la Conquista y de dos y medio siglos de Colonia, estaban muy

desprestigiados. Lo hizo, además, en los albores de la Independencia, cuando

se comenzaba a necesitar una historia propia que pudiese contraponerse a la

historia española. Otros habrían de seguir su camino.


BIBLIOGRAFÍA

Arango Cano, Jesús.Mitología en América precolombina. Aztecas,chibchas e


incas.Bogotá: Plaza y Janes, 1989.

Beltrán Peña, Francisco. «La Cosmovisión de los Muiscas (I)». En:Análisis:


publicación semestral de investigación e información. Bogotá.

Eliade, Mircea.Lo sagrado y lo profano.Bogotá: Editorial LaborS.A., 1996.Mitos,


sueños y misterios. Buenos Aires: Compañía GeneralFabril Editora,
1961.

Duquesne, José Domingo, “Disertación sobre el origen del calendario y geroflicos


de los Moscas”, en Liborio Zerda El Dorado, Bogotá, 1795/1948.

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