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MUJER TAURO HOMBRE TAURO

El hombre Tauro marcha enérgicamente, en línea recta, rumbo a su meta, paso a paso, y no a saltos. Se conforma con
recoger la cosecha de sus bien ganadas recompensas en la estación oportuna, y el infortunio o la mala suerte rara vez
perturba su sosiego. Puede llevar sobre sus espaldas una pesada carga de responsabilidades y de deberes
fatigosos, que acepta valerosamente, y su gran corazón puede estar abrumado casi hasta el límite de resistencia por
el doloroso recuerdo de una miríada de desencantos pasados, pero el Toro robusto sigue marchando, como si nunca
hubiera sucedido nada. La mayoría de las veces, el dulce éxito corona finalmente sus afanes sistemáticos y pacientes.
Uno evoca al Toro de la Naturaleza, igualmente bravo y tenaz. Se planta allí, perplejo pero firme… enloquecido por el
dolor y el hambre, enfrentando a los toreros sádicos… desdeñando cualquier manifestación de debilidad, negándose
a caer aunque docenas de aguzadas banderillas le perforen el cuerpo… arremetiendo una y otra y otra vez contra la
capa roja desafiante, con atónita confusión… enfurecido y al mismo tiempo aterrorizado por los gritos de la multitud…
hasta que lo ejecutan misericordiosamente al final de la macabra ceremonia.
El típico Toro varón posee la misma fuerza de voluntad serena y silenciosa que su símbolo astrológico, si se trata de
un Tauro espiritualmente evolucionado. Aunque sea un Tauro mutante, como Adolfo Hitler, la poderosa tenacidad se
sigue manifestando. Sobre el hombre Tauro medio influyen visiblemente el coraje y la voluntad de hierro de su símbolo
taurino, y él los aprovecha admirablemente. Este hombre sabe lo que quiere, y está dispuesto a sacrificar todo lo que
sea necesario, sin gemir ni quejarse, con tal de alcanzar las verdes praderas que busca. Nada podría inspirarle más
cariño a la mujer Tauro. Ésta se siente impresionada. No importa que las otras chicas se estremezcan en un rapto de
éxtasis romántico ante los profetas descalzos que pasan todo el día tumbados en la hierba, dejando pasar
ocasionalmente las horas, hilvanando cuentas de amor, y rasgueando sus guitarras. A ella denle un Toro práctico, que
calza zapatos. Cuando él le cuelgue del cuello un rosario de cuentas de amor, éstas no consistirán en granos secos de
café. Procederán de una auténtica joyería, y estarán totalmente pagadas. Si él rasguea una guitarra, será para
ganarse el pan como músico, y no sólo para aullarle a la Luna en una noche cualquiera. Estos dos tienen mucho en
común. Por ejemplo, ella no suelta su monedero, y él se aferra a su billetera con ambas manos. Como ambos son
amantes de la Naturaleza, les enloquece plantar cosas verdes y ver cómo se multiplican… sobre todo si se trata de
billetes de banco. Éste es otro elemento que tienen en común.
Es fácil caer en las celadas de los Toros, así que no se dejen engatusar. Por ejemplo, respecto de los clubes
nocturnos. Tal vez crean que los Toros fascinantes que ven frecuentar lugares crepitantes, ruidosos, tumultuosos y
belicosos—tan obviamente incompatibles con la imagen de los grillos que rechinan alegremente en el crepúsculo
bucólico— son la negación viviente de sus signos solares terrenales. No saquen conclusiones apresuradas. Tauro
nunca lo hace. Detrás del fulgor superficial de la ocupación o carrera (incluida la política) el Toro sigue su camino a la
granja y oculta el sueño latente, cada vez más acuciante, de huir de la ciudad hacinada rumbo a la paz y la frescura
bienaventuradas del campo aromático. El sueño puede aflorar en cualquier tramo de la vida del Tauro, pero lo que es
seguro es que aflorará… aunque se aplace hasta lo que las compañías de seguros nos hacen creer engañosamente
que es el último tercio del «presunto» ciclo vital. Si el hombre Tauro tarda un poco más de lo previsto en edificar las
bases del futuro compartido, en la música, en el arte, en los negocios, en la banca, en la política o en lo que sea, la
mujer Tauro será tan paciente como él. Probablemente a esta mujer no la fastidiará trabajar unos pocos años para
mantener a su Toro, siempre que él esté fuera del hogar apilando simbólicamente el heno y esforzándose realmente
por reverdecer la hierba de su evasión conjunta. Ella esperará, en general, sin quejarse. Todo lo cual suena muy bien,
¿no es cierto? Se trata de una pareja bien avenida… e indestructible.
En un abrir y cerrar de ojos, están muy enamorados. Y antes de que tengan tiempo de reponerse de la sorpresa, ya
están plantados frente a un cura, pastor, rabino o Registro Civil, mirándose plácidamente a sus ojos serenos y
murmurando: Sí, quiero. Inmediatamente a continuación, la luna de miel ha terminado y ambos han empezado a decir:
No quiero. En diversos contextos. Ella desea tener hijos, pero él piensa que es más prudente aplazar la ampliación de
la familia hasta que su cuenta bancaria sea más abultada… así que ella engendra un bebé o dos, igualmente, sólo
para demostrar que él no puede manejarla a ella. Ella quiere comprar un costoso órgano electrónico porque le gusta
tocar y cantar, y él dice: «No. Sencillamente no podemos darnos ese lujo». Si ella lo halaga, él dira : ¡NO!, en voz un
poco más alta. Entonces, ella abre una cuenta de crédito (después de calcular cuidadosamente la forma de acomodar
las cuotas mensuales en el presupuesto familiar) y se hace enviar el órgano, a pesar de todo. Al día siguiente él lo
manda de vuelta a la tienda, sólo para demostrar que ella no puede manejarlo a él. (A veces se trata de un costoso
mueble. Tanto da.) Quizás ella desea ver determinada película. Entonces le planta unos besos en la mejilla y le susurra
unas zalamerías íntimas en sus orejas de Toro, pegadas al cráneo, aunque las tenga realmente gachas y aplastadas
por la cólera. «Oye, mi dulce-encanto-mimoso-de mamá, ¿vamos esta noche al cine? Te lo pido por favor, cuchi-cuchi-
gatito-mío.» (No todos los amantes Tauro, pero sí la mayoría, tienden a utilizar un lenguaje infantil, como los amantes
Libra. Esto es producto de la influencia de Venus sobre ambos signos.)
ÉL: No.
ELLA: ¿Por qué no, mi bichito adorado?
ÉL: Porque no quiero.
Esto pone punto final a la discusión, durante el resto de la tarde. Más tarde, después de que se han metido en la cama
y apagado las luces, él exclama: «¡ Eh! Has olvidado darme el beso de las buenas noches. Me siento muy romántico,
gatita mía. Bésame, y verás lo que pasa». (La mayoría de los Toros no se valen de eufemismos para hablar de
asuntos sexuales… en privado, claro está.)
ELLA: (dulce, melodiosamente) No.
ÉL: ¿Por qué no, conejita?
ELLA: Porque no quiero. ( unos minutos de abrumador silencio… y entonces)
ÉL: Me voy a un hotel.
ELLA: (súbitamente alarmada) ¿Por qué?
ÉL: Porque quiero.
Y se cierra otro capítulo. A veces por esa noche, cuando él se aleja coléricamente y pisando fuerte, envuelto en su
manta favorita, no más allá de la sala de estar. A veces durante varias semanas o varios meses, si se instala
realmente en un hotel, como amenazó hacerlo (¡y es posible que lo haga!). Todo depende.
Conozco a una pareja enamorada (y ésta, doy mi palabra de druida, es una historia absolutamente veraz, en la que
sólo introduje un par de cambios secundarios para proteger a los inocentes… o a los culpables). Ambos son Tauro. Él
es compositor de piezas musicales, de canciones y de partituras. Ella trabajó como reportera, hasta que abandonó su
carrera. Cuando «convivían», el Toro se negó reiteradamente a casarse con ella. Pensaba que antes de dar un paso
tan drástico debían poner a prueba la estabilidad de su amor durante un lapso «razonable» (que se prolongó durante
varios años). Su dama Tauro lloraba, suplicaba, rogaba, se encolerizaba… y procuraba razonar con él. Él no cedía. «¿
No piensas en mí?». Sí. Pensaba en ella, apasionadamente. Pero el Toro sencillamente no estaba preparado para
asumir un compromiso matrimonial, y punto. Ahora (al escribir estas líneas) han transcurrido más de diez años. Siguen
muy enamorados y tienen cuatro hijos: dos varones y una pareja de mellizas. Aún no se han casado legalmente. Él ha
llorado, suplicado, rogado, se ha encolerizado… y ha procurado razonar con ella. Ella no ha cedido ni un ápice. Él
incluso le ha pedido a su «suegra» que hable con ella, que razone con ella y que trate de vencer el empecinamiento de
la actual madre de sus hijos… lo cual para un Toro implica una concesión gigantesca.
ELLA: Los chicos utilizan legalmente tu apellido, tienen dos padres cariñosos, figuran en tu testamento y en tu póliza
de seguros, nosotros tenemos un hermoso hogar y ésta es una familia cariñosa, unida y feliz. No necesitamos un trozo
de papel para legalizarla.
ÉL: ¿Me amas, cariño?
ELLA: Claro que te amo. Muchísimo.
ÉL: Pero querida, si tú me amas y yo te amo a ti, si somos tan felices juntos, y si tú sabes que esto es definitivo, y si
tenemos cuatro hijos que necesitan la seguridad emocional que sólo pueden darles unos padres casados, ¿por qué
no te casas conmigo?
ELLA: Porque no quiero.
Por supuesto, no todas las parejas Tauro llegan a semejantes extremos, pero la posibilidad siempre existe porque,
como les he dicho, la situación que acabo de describir ha sido copiada de la vida real. El hombre y la mujer Tauro
comunes exigirán habitualmente un respaldo legal antes de asociarse en una empresa conjunta, ya sea comercial o
matrimonial, y la mayoría de los Toros ven una franca similitud entre la una y la otra. En una relación amorosa entre
Tauro y Tauro, habrá muchas oportunidades en que su obstinación recíproca y la negativa a contemplar la versión de
la otra parte los encauzará por los callejones cerrados del prejuicio mental y emocional, y les resultará difícil
comunicarse. Igualmente, una de las cualidades maravillosas de los Toros consiste en que tienen la aptitud de
despreocuparse de la frustración y aprender de la experiencia. Lo que Tauro aprende finalmente, no lo olvida nunca.
Nunca. Jamás. Si estos dos se, esmeran por aprender a perdonar (lo que nunca es fácil para los Toros) podrán
cogerse fuertemente de la mano el uno al otro (los Toros lo hacen todo fuertemente) y encontrarán la forma de
escabullirse de esos oscuros callejones sin salida. Conozco a una mujer Tauro cuya filosofía favorita es: «Toda
experiencia es una buena experiencia». Ésta es una actitud admirable, pero he observado que tiene algunas
dificultades para olvidar las malas.
Aprende de ellas, es cierto, pero a veces la lección que aprende consiste simplemente en volverle la espalda a la
persona o la situación, sin repetir nunca más la tentativa, y semejantes lecciones no le enseñan nada al corazón. El
sexo, desde luego, no es más que otra experiencia humana, pero inmensamente importante para los amantes o
consortes Tauro. Casi siempre su atracción inicial es fuertemente física, y la fusión mental y emocional viene después,
como la capa de miel cristalizada sobre una torta. Normalmente, éste no es el orden, ideal de prioridades para
abordar el amor total, pero cuando se trata de una pareja de Toros, el resultado es sorprendentemente bueno. O quizá
no tan sorprendentemente. Como para la persona Tauro media o típica el sexo es un ejercicio de sensualidad total, la
expresión física del amor entre este hombre y esta mujer puede transformarse gradualmente en un experimento casi
psicodélico… aunque la mayoría de los Toros (no todos, pero sí la mayoría) ponen mala cara apenas oyen mencionar
las drogas. Nadie que emplee una droga destinada a estimular la expansión mental, con el fin de aumentar sus
sensaciones, se aproximará ni remotamente al apogeo de la expresión y la experiencia sensual que alcanzan dos
Tauro que son almas gemelas (no todos lo son) al hacer el amor.
Un Toro de uno u otro sexo puede pasar horas y horas infinitas tumbado sobre la Tierra fecunda y fragante,
contemplando estáticamente el aroma de la piel del ser amado; el intrincado, delicado, mágico mapa sideral de las
líneas de la mano del ser amado; el tacto cantante del cabello suave; el sabor delicioso del lóbulo de la oreja… o el
atronador crescendo del corazón palpitante del ser amado. Los Tauro no suelen ponerse a recitar poesías (aunque
frecuentemente rompen a cantar) mientras hacen el amor, y no son desmedidamente sensibles a las connotaciones
emocionales más delicadas del sexo, pero ciertamente son receptivos a sus posibilidades sensuales. El Toro no
experimenta la carencia de un sexto sentido tanto como la mayoría de las otras personas, porque es muy consciente a
los otros cinco y está muy concentrado en ellos. Entre dos Toros bien avenidos pocas veces se producen
discrepancias serias en el contexto de la unión sexual, excepto quizá cuando uno de ellos se niega a hacer el amor
porque está enfurruñado (o enfurruñada) por algún motivo. Es entonces cuando le vendría bien el sexto sentido. Éste
ayudaría a uno de los Toros a desarrollar una mayor sensibilidad telepática acerca de la razón por la cual el otro se
muestra tan testarudo, utilizando su percepción extrasensorial para identificar lo que desea realmente el
temporalmente frígido… algo que yo puedo decirles que no se debe descuidar, cualesquiera sean las apariencias.
(Probablemente sólo se trata de un deseo secreto de hacerse rogar.)
En otras áreas de su relación, el hombre y la mujer Tauro tienen el potencial necesario para acumular una cantidad
apreciable de dinero y bienes materiales… que, creánme , se las ingeniarán para conservar. Ambos son
sentimentales, cálidos y cariñosos, y su comportamiento emocional es guiado apaciblemente por su regente adoptivo,
Venus, que influye sobre su naturaleza con mucha ternura y mansedumbre, aunque ocasionalmente también los tienta
y los induce a todo tipo de exceso, incluso en la alimentación, en la bebida, en la avidez de dinero, en el sexo y en
cualquier otro contexto que puedan imaginar.
Estos dos son igualmente fuertes, pacientes y emocionalmente estables… excepto durante aquellos muy esporádicos
accesos de furia ciega, que normalmente sólo se producen más o menos cada década, accesos en los cuales los
Toros se excitan realmente… ¡y entonces mucho cuidado! Como dije en un párrafo anterior, el hombre y la mujer Tauro
forman una pareja perfecta. En cuanto a los problemas de comunicación que puedan producirse de cuando en cuando
entre ellos, el Toro sabe perfectamente cómo decir «Lo siento» y «Te necesito» mediante el lenguaje de signos
taurinos… y su mujer Tauro sabe exactamente cómo interpretarlo. Tratándose de estos dos, un contacto de manos en
la oscuridad basta para eliminar la necesidad de pronunciar una sola palabra.

LA RELACIÓN TAURO- LEO


Los Toros necesitan mucha lealtad y mucho afecto para estar seguros de que los aman y aprecian. Los Leo necesitan
mucha veneración y muchos halagos para estar seguros de que los aman y admiran. Ni los unos ni los otros reciben
suficientes pruebas de que los adoran, nisiquiera de las personas compatibles que nacieron en sus propios
elementos (Tauro es Tierra, Leo es Fuego), y cuando los unos les reclaman a los otros, a cada rato, que los
«apapachen» emocionalmente, pueden terminar verdaderamente frustrados. Estos dos signos solares están en
cuadratura, lo que significa que no armonizan muy bien, a menos que el Sol y la Luna de sus respectivas cartas estén
en signos mutuamente bien avenidos. Como sucede en todas las configuraciones de signos solares 4-10, el aspecto
en cuadratura (Tauro está a 90 grados de distancia de Leo) es un generador de tensiones. Sin embargo, la vibración
4-10 suministra colosales recompensas de paz y armonía cuando las dos personas implicadas han demostrado la
paciencia y el desinterés necesarios para superar esta prueba kármica de almas en una relación de amor humano.
La tensión entre Tauro y Leo empieza así: Leo es demasiado egocéntrico para brindar a los fuertes y silenciosos
Toros la devoción y la obediencia absolutas que éstos reclaman durante la mayor parte del tiempo. Tauro es
demasiado testarudo para brindar a los vanidosos y altivos Leo la veneración incondicional que éstos reclaman
constantemente. Ambos son signos fijos, de manera que los dos son buenos organizadores, y tanto el uno como el
otro disfrutan de una dosis inusitada de fiabilidad emocional. Pero también son capaces de ser… bueno, fijos. En
inglés, «fijo» ( fixed ) es sinónimo de «terco». (Para que conste, los otros dos signos fijos son Acuario y Escorpión.) A
veces, el fogoso Leo recurrirá al Tauro más sereno y estable para enfrentar una situación desagradable, y después le
quitará todo el mérito de la hazaña al Toro. Sin embargo, esto no fastidiará a Tauro tanto como fastidiaría a un signo
más egoísta. Lo que menos les interesa a los Toros es la gloria personal. No le volverán sus anchas espaldas, si se la
ofrecen, pero pueden vivir sin ella. A Tauro le interesa más la recompensa monetaria y el sosiego emocional. Conozco
a un hombre Leo que estuvo tiernamente consagrado durante muchos años a su esposa Tauro inválida. Ésta
sobrevivió a la mayoría de los médicos que pronosticaban su muerte más o menos cada seis meses, y siguió
administrando su hogar desde el lecho durante un período que triplicó su expectativa de vida.
Fue al León a quien le atribuyeron el mérito de la formidable resistencia de su esposa. Al fin y al cabo, ¿no era él
quien le suministraba los mejores cuidados posibles, cuidados tiernos, cariñosos y expertos, en condiciones que
habrían abrumado a un hombre más débil, o le habrían provocado un colapso mental? Sí, era él. Pero la voluntad de
hierro taurina también fue al menos parcialmente responsable del milagro médico. Curiosamente, aunque reñían y
discutían constantemente por muchas otras cuestiones, ella aceptaba en silencio y sin un asomo de resentimiento que
los méritos de su coraje los acaparara él. Sabía muy bien cuánto le debía a él, y también sabía cuántos esfuerzos le
habían costado a ella, a lo largo de los años, su vigor y su vivacidad. Pero Tauro casi nunca protesta ni polemiza
cuando lo eclipsa el ego de Leo. Ella le permitía monopolizar los aplausos, incluso lo alentaba a monopolizarlos, y
sonreía para sus adentros. Sin embargo, se negaba a rendirle pleitesía, lo cual lo convertía en un monarca muy
desdichado, que quizá nunca le perdonó esa reticencia. Pero los aplausos se los cedía.
Un área de acuerdo potencial entre Tauro y Leo es la de la promoción y la construcción. Leo se complace en
promover planes grandiosos e ideas descomunales, y a todos los Toros les encanta contemplar los beneficios
económicos de las que podrían ser las simientes del imperio taurino que siempre están edificando en sus mentes. La
marcha de Tauro es estable, perseverante, implacable. Los obstáculos no turban ni ofuscan a los Toros como a Leo,
porque los Tauro aceptan que la limitación y la demora forman parte del precio que deben pagar por el éxito final. Uno
de los lemas favoritos de los Toros es: Si hay algo que merece ser hecho, merece que lo hagamos bien… Los Leo,
que son amantes fanáticos de la libertad, se niegan a aceptar, o incluso a reconocer, las limitaciones. Su actitud es
siempre optimista y resuelta. Ni siquiera se les ocurre pensar que no pueden ganar todas las fichas con un majestuoso
y glorioso tiro de dados, ya sea que el León o la Leona esté jugando a los negocios, la amistad, el romance, el
matrimonio… o a un juego de azar. Los grandes felinos casi siempre correrán un albur: «Juntarán todas sus
ganancias, y las arriesgarán a cara o cruz / y perderán, y volverán a empezar desde el principio / sin soltar jamás una
palabra que delate su pérdida».
Los Leo nunca sueltan una palabra que delate su pérdida porque se convencen a sí mismos de que no han perdido.
Todo es un espejismo. Tauro, para decirlo con circunspección, no es ni remotamente tan propenso a correr un riesgo,
ya sea que esté en juego su dinero o su corazón. Y cuando pierde, el recuerdo de la perdida lo acompaña durante
mucho, mucho tiempo… el suficiente para que el Tauro le saque provecho a la experiencia. Sin embargo, si la suerte
no los acompaña, el Toro y el León o la Leona dan muestras análogas de desdén por su infortunio. Ninguno de ellos
suele hacer mucha alharaca, aunque es posible que ambos derramen en privado algunas lágrimas de angustia. A Leo
y a Tauro les disgusta por igual llorar en público o confesar francamente sus fracasos. A la larga, el Toro opina que el
sistema más seguro para doblar el dinero consiste en hacerle un pliegue y volver a guardarlo en el bolsillo. Esta actitud
sintetiza bastante bien la filosofía taurina sobre los juegos de azar, ya sea en el plano romántico o en el monetario.
Cuando los Toros son jóvenes, piensan que lo más importante y vital de la existencia es la seguridad de tener fondos
en el banco, asociados con el amor leal de una persona del sexo opuesto. Cuando maduran, están convencidos de
ello.
De lo único que están convencidos los Leo es de su propia capacidad para materializar este fenómeno. No es extraño
que cuando la ternura y la nobleza espiritual de los Leo se fusionan con la fe de éstos en sí mismos, atraigan a los
demás, incluida la diosa Fortuna, que a menudo los cubre con una plétora de amor y oro. Todos los Leo son grandes
felinos, dotados de enormes corazones y de una fuerza prodigiosa, que a veces se ven a sí mismos como gatitos
abandonados cuando los demás no les devuelven constantemente el reflejo de las imágenes de sus propios egos, y
cuando no los alimentan con halagos desmedidos. (Pero los halagos deben ser sinceros: excepto cuando tiene un Sol
natal «mal aspectado», Leo desenmascara las falsas lisonjas con tanta perspicacia como cualquier monarca al que
pretenden embaucarlo con zalamerías.) Aunque Leo quiera mandar, y aunque a veces los Leones o Leonas pongan
involuntariamente a prueba la paciencia de los Toros, a estas personas orgullosas también les complace proteger a
los seres amados, y cubrirlos de obsequios y de afecto. ¿No es ésta la actitud de todos los buenos reyes y reinas
respecto de sus súbditos? A Tauro lo (o la) complacerán secreta y profundamente este talante protector y este afecto y
la bondad y el afecto más que los hombres, mujeres y niños Tauro. Sus corazones leales, fiables, están ávidos de la
una y el otro. Ésta es otra hermosa similitud entre los dos. Los corazones de Leo y de Tauro son igualmente leales. A
menudo, la cálida cordialidad y el interés que demuestra Leo harán que Tauro se sienta abrigado y seguro. Por ello
ambos gravitan hacia el mismo círculo de empatía.
El conflicto sólo se desencadena cuando Leo comienza a dar esas órdenes majestuosas que Tauro interpreta como
un abuso. Después de un tiempo, el Fuego refulgente de Leo puede chamuscar la resistencia del Toro, hasta que el
Tauro sepulta al León o la Leona bajo una tonelada de terquedad terrena y de reacciones negativas. Pero Leo es
gobernado por el Sol, que simboliza el calor y la luz, la gran fuerza vivificante del Universo. Los Tauro son mansamente
gobernados por Venus, que simboliza la paz, el amor y la armonía musical de las esferas. Estos dos cuerpos celestes
hacen girar el mundo, entre ambos. Los demás sólo prestan una función de apoyo. El Sol es vida. Venus es amor.
¿Hay algo más ?.

MUJER TAURO HOMBRE LEO


Ella le había creído en aquella época, pero ahora que estaba casada y rebosante de sentido común, dudaba mucho
que existiera semejante persona. Toda mujer Tauro tiene afinidad con la música. Su voz es sonora, musical. Algunos
Tauro componen música, la dirigen o la cantan… y todos disfrutan de ello. Escuchar sus acordes sedantes apacigua a
los Toros. ¿Cómo es posible, entonces, que se produzca una fricción cuando un hombre Leo, casado con una mujer
Tauro, desea tocar una pieza musical? Pues sí, es posible. Y a esto se refiere la astrología cuando afirma que sus
Soles natales están en cuadratura. Ésta es la difícil y tensa configuración de signos solares 4-10, que puede implicar
un desafío, pero que es más rica en recompensas que todas las otras si uno enfrenta los desafíos con coraje y los
vence. Episodios que nunca podrían asumir un cariz desagradable entre otras dos personas cualesquiera, fundados
sobre situaciones que deberían ser armónicas por naturaleza, pueden entrar en erupción volcánica cuando se trata de
un Leo y un Tauro, a menos que exista entre ellos un aspecto Sol-Luna inusitadamente favorable.
Hace un par de años, estaba visitando el hogar de una pareja, que había sido excepcionalmente leal y cariñosa
durante muchos años. Ella es Tauro. El es Leo. Ella es profesora de karate. El es poeta y se dedica a la venta de
obras de arte orientales. Aquella noche, después de disfrutar de una cena deliciosa que había preparado la esposa
Tauro, los tres entablamos una discusión sobre temas musicales, y el León y yo descubrimos que a ambos nos
encantaba una versión particular del «Ave María». Cuando él colocó la canción, observé que la esposa Tauro había
desaparecido. Súbitamente, oí un portazo… violento. El hombre, ligeramente avergonzado, explicó: «Ella no soporta
cuando coloco la música en alto, así que supongo que se ha ido a la cama». Esto me chocó tanto que no pude
concentrarme en la música. ¿Que una Tauro normalmente cortés y hospitalaria fuera grosera con una invitada? ¿Que
una mujer regida por Venus odiara la música? Astrológicamente imposible. A la mañana siguiente, a la hora del
desayuno, la encontré tan cautivante y aplomada como de costumbre, y cuando le pregunté por qué aborrecía la
música, respondió plácidamente: —Oh, si no la aborrezco. Adoro la música. Siempre la he adorado, desde que era
niña. —¿ Entonces por qué…? —empecé a preguntar. —Te refieres a lo que sucedió anoche —dijo fríamente—.
Sencillamente no soporto estar presente cuando mi esposo pone la música tan alta. Insiste en levantar tanto el
volumen que ahoga todos los otros tonos, y me lastima los oídos. Creo que levantar tanto el volumen es realmente
desagradable, pero es imposible razonar con él, así que ahí termina la discusión. —La resignación de Tauro a lo
inevitable—. Dime —añadió–, puesto que eres astróloga… ¿su horóscopo indica que es sordo? (El humor taurino,
nunca sutil.)
No, él no es sordo. Sólo expresaba su anhelo leonino de hacerlo todo en gran escala, a pesar de que este León
específico pertenece a la categoría del Gatito tímido. Cualquiera que sea su tipo, el hombre Leo no soporta hacer las
cosas a medias, y esta compulsión está totalmente desvinculada de su idiosincrasia (si es un Leo con una
personalidad exterior más plácida, menos extravagante). Si se trata de una casa, ha de ser vasta y lujosa, con una
madriguera privada para él (la sala del trono, por así decir). Si se trata de una mujer, ha de ser simultáneamente bella
e inteligente. Si se trata de una sortija debe ser deslumbrante, para que la vean desde el otro extremo de la
habitación. Cuando el León llora, derrama torrentes copiosos de lágrimas. Cuando ríe, prorrumpe en largas y sonoras
carcajadas. Cuando escucha música, necesita que ésta retumbe portentosamente, hasta llenar su corazón y su alma y
sus oídos. Y cuando está herido, ruge dramáticamente, o se ruboriza furiosamente en un arrebato de bastante
frecuencia mientras los visitaba a él y a su esposa Toro. Normalmente, una mujer Tauro nunca se opondrá a que su
pareja la haga escuchar música, cualquiera que sea el volumen. Sin embargo, conozco a otra mujer Tauro que
suspiraba extasiada cuando su León la cortejaba con música, mientras eran novios y concurrían a la universidad…
hasta que empezó a aburrirse cada vez que él tocaba y cantaba para ella después de que se casaron.
Verán, lo que exhibían estas dos mujeres Toro no era una hostilidad taurina a la música. En ambos casos, la música
era sencillamente la vía de desahogo para la cuadratura de tensión que existía entre ellas y sus consortes Leo. Tanto
cuando el Leo individual posee el aplomo emocional necesario para merecer su comparación astrológica con un rey,
como cuando no lo posee, ésta es igualmente su ambición íntima: gobernar a quienes lo rodean, incluyendo
categóricamente a la consorte del León. La chica Tauro desea instintivamente someterse a su hombre, acompañarlo
fiel y lealmente contra viento y marea. Pero ser gobernada le suena sospechosamente a ser apremiada, y ningún Toro
tolera que lo apremien. Aunque las mujeres Tauro son capaces de manifestar una devoción profunda y perdurable y un
tierno amor, no reparten cumplidos infundados, son totalmente reacias a lisonjear, y piensan que la veneración es algo
en lo que sólo incurren los débiles mentales. Como todos los Leones necesitan y reclaman cumplidos, lisonjas y
veneración, está claro qué es lo que le falta a menudo a la relación entre ambos. Los Leo son seres vehementemente
orgullosos, fogosos, que blanden sus propias batutas y se niegan a ser segundones de los demás. Incluso el Leo que
pertenece a la categoría de los Gatitos tímidos se siente consumido por el rencor cuando le niegan el lugar que le
corresponde al Sol, preferentemente unos kilómetros por delante y por encima de cualquier otro que pueda estar
absorbiendo sus rayos.
Al fin y al cabo, el Sol es su regente, y por ello es tan noble y generoso, a pesar de que de cuando en cuando se
muestra arrogante y exhibe una actitud chocante de superioridad. Para él, el Sol no es el centro del Universo,
alrededor del cual giran todos los otros planetas. Leo es el centro del Universo, alrededor del cual giran su familia (y,
ojalá, sus amigos)… o será mejor que giren, si no quieren que los petrifiquen y los ignoren por haber cometido el
pecado de no tributar el debido respeto a la corte. Aunque el talante de este hombre es innegablemente imperioso, y
por tanto a veces un poco despótico, después de una reyerta es un amante dulce y magnánimo. Su nobleza de espíritu
leonina determina que le parezca natural querer besar y reconciliarse. No sabe enunciar elegantemente las disculpas
verbales. Éstas destruyen su vanidad. Pero demostrará que está sinceramente compungido mediante diversas
proposiciones románticas. He aquí la razón por la cual estos dos captan a menudo más empatía y armonía mutua en
su relación sexual que cuando intentan tocar juntos.
Ella se mantendrá impasible e inmune a las palabras floridas y los argumentos persuasivos. Las largas
conversaciones la aburren, porque sólo siente a través de los sentidos. Tauro quiere acción, no palabras. Así que ella
responderá estupendamente a sus actos apasionados de amor, y todo saldrá a las mil maravillas. A menudo se
reconciliarán después de una pelea sin que el orgulloso León deba perder su dignidad. Hacer el amor no está nunca
por debajo de su dignidad, y poco importa que la riña con su amada haya sido muy violenta… o muy reciente. Él
necesita una mujer capaz de aceptar y de abarcar el afecto y la pasión profundos que él está en condiciones de
brindar, y ésta llena dicho requisito. Los talentos sensuales de ella para el erotismo ciertamente tampoco le
desagradarán. Lo harán «sentir como un rey», expresión que muchos Leo emplean para describir su goce sexual con
la mujer apropiada. Sin embargo, el laconismo de ella no es igualmente sedante para el León, fuera de la alcoba. Es
posible que ella se muestre menos que estática cuando él se excite emocionalmente y necesite un público atento,
aprobatorio. Es posible que ella incluso bostece en medio de sus arengas dramáticas, y nada puede destruir tan
cruelmente el ego sensible de este hombre como el hecho de que un súbdito rebelde le dé una muestra evidente de
aburrimiento… sobre todo cuando dicho súbdito es la mujer amada. Si ella realmente desea conservar a este hombre
por siempre jamás (y toda mujer Tauro busca la certidumbre de la estabilidad romántica) le aconsejamos que beba
jarras de café negro, y que tenga la precaución de mantenerse bien despierta mientras su León está en escena.
La queja más común del León contra la chica Tauro consiste en que ésta carece de entusiasmo. A menudo él siente
ganas de sacudirla para que reaccione, y de gritarle: «¡ Di algo! ¡Haz algo! Haz cualquier cosa. Pero no te quedes ahí
sentada». La queja más común de ella contra él se puede resumir en cinco palabras shakespearianas de uso
doméstico: «Mucho ruido y pocas nueces». A él le encantarán la forma en que ella puede transformar una tienda llena
de filtraciones en un castillo confortable, su talento para estirar un dólar como si fuera masilla, y su humor fecundo…
aunque no apreciará los chistes que pongan en ridículo su majestuosidad leonina o que socaven su ego. Ella se
enternecerá con los abrazos de oso de su León, y admirará vehementemente la capacidad de él para organizar sus
propios sueños en una realidad de mármol y alabastro. Por supuesto, a ella no la hará nada feliz su propensión al
despilfarro, ni su necesidad de salir a pasar revista a las tropas cada vez que experimente deseos de sentirse
aplaudido por la multitud. Siempre tendrán crisis periódicas de tensión. Al fin y al cabo, ambos son signos fijos. Sin
embargo, el respeto secreto que sienten el uno por el otro despliega a veces una alfombra inesperadamente mullida,
apaciguadora, bajo sus diferencias de opinión.
Esta dama no se da el lujo de exhibir a menudo una cólera visible. Es paciente, alegre, y está dispuesta a soportar
una fuerte dosis de necedad, junto con las aflicciones de la vida sin demostrar un exceso de emoción. Pero cuando se
encoleriza de veras, sin medias tintas, es mejor no cruzarse en su camino. Conviene irse, por ejemplo, al otro extremo
de la ciudad. O quizás incluso a otra ciudad o Estado, hasta que se sosiegue y se calme… cosa que nunca dejará de
ocurrir, finalmente. La mujer Tauro siempre se avergüenza tremendamente de su propia debilidad, después de
haberse dejado arrastrar por una pataleta emocional (durante la cual su voz de Venus, «cremosa y suave», se
asemejará más a la de un sargento instructor que cuando era joven tomó clases para convertirse en cantante de
ópera: potente y enérgica), y por ello es posible que más tarde se comporte como una amante excepcionalmente
tímida y afectuosa, con el fin de compensar su berrinche. Pero el León no deberá dejarse engañar por la dulzura que
seguirá a la pelea. Ella recuerda qué fue lo que él hizo para exacerbar su cólera taurina, y seguirá recordándoselo
durante años… y años… y años. Los Tauro sólo tienen accesos muy esporádicos de ira desenfrenada y furibunda… a
veces no más de una o dos veces en toda la vida. Pero lo que importa no es la cantidad sino la calidad. Volcánica.
La dama Toro saca a relucir su temperamento más a menudo de lo previsto sólo cuando se siente constante y
continuamente azuzada por los modales autoritarios de un Leo que la sermonea y regaña periódicamente, y que
después, cuando ella no acata todos sus caprichos, le vuelve la espalda y está enfurruñado durante largas
temporadas. Semejante conducta puede producirle una furiosa frustración a cualquier signo de Tierra, si se prolonga
durante mucho tiempo. Esta mujer tiene algo más que su temperamento y su obstinación taurinas . Sus otros
componentes son la entereza, el coraje, la ternura, la devoción inconmovible, la placidez, la serenidad y unas
emociones profundas, muy profundas. Es inmensamente afectuosa y generosa, y su aptitud natural para reírse de sí
misma es una de sus cualidades más cautivantes (a menos que tenga un signo lunar o ascendente Leo, Escorpión o
Capricornio… en cuyo caso le resultará difícil forzar una risita cuando ella sea el blanco del chiste). Ésta es una mujer
a la que hay que tomar en serio. Es sensata, práctica y nunca finge ser lo que no es.
Es auténtica, genuina, veraz y de fiar… y vale la pena conservarla. En cuanto a él, tiene algo más que su orgullo, su
vanidad y su egocentrismo. Sus otros componentes son el brillo del Sol, la esperanza y la confianza. Su sabiduría y su
benevolencia no tienen par, cuando siente que lo necesitan de veras. El León enfrentará valerosamente a un ejército
para defender lo que en el fondo del alma considera justo y verídico… así como luchará contra cualquier fuerza que
amenace a la mujer que ama, aunque la batalla parezca desigual y aunque él no parezca tener ninguna probabilidad
de triunfo. Cualquiera que sea el dolor que ella experimente —físico o emocional— dicho dolor es el enemigo jurado
del Leo, algo que debe derrotar para demostrarle a su dama lo que él vale. Más o menos como los caballeros que
combatían a las órdenes del Rey Arturo. Con la diferencia de que el Leo es al mismo tiempo caballero y rey.
En su imaginación, vive en la Época de la Caballería Andante, en la Era del Romance. Pertenece a otro siglo, a otro
tiempo… en que aún quedaban mundos por conquistar, visiones en pos de las cuales marchar, y sueños para soñar.
Se esfuerza por acomodarse de la mejor manera posible al hecho de haberse extraviado en algún tramo de la
secuencia cronológica, en un país extraño donde no necesitan su liderazgo y donde no aclaman sus ideales. Incluso su
blanco corcel ha desaparecido. Y el Santo Grial es sólo un recuerdo muy lejano. Leo, el Corazón de León, está por
tanto más herido y más espiritualmente solo de lo que podrían sospechar quienes sólo ven su armadura superficial de
arrogancia. Aunque este hombre y esta mujer enfrenten muchos obstáculos para alcanzar la armonía emocional en su
convivencia, se ayudarán el uno al otro, contra todo el mundo si ello es necesario. Cuando el destino les depare
aflicciones o tragedias, ninguno de los dos fallará la prueba de lealtad. Y ésta puede ser la canción más perdurable de
la vida… con o sin música de fondo.
HOMBRE TAURO MUJER LEO
¿Un Toro puede aspirar a tener una reina? La mayoría de los Toros están más cómodos en un bazar de porcelanas
que en presencia de la realeza, y ya saben lo ofuscados que se sienten en el bazar. No los asustan la ostentación,
pero las reverencias y los pies que se arrastran y las idas y venidas de carrozas doradas, y las coronaciones que
duran días, mientras todos se achispan y dejan de trabajar. Implican sencillamente «demasiado ajetreo y pompa»
para el sensato Tauro. No menosprecia la belleza. La mayoría de los Tauro poseen un talento latente (o manifiesto)
por la forma artística, que se manifiesta en la pintura, la danza, la escultura o la música. Pero su mayor talento consiste
en mirar el mundo a través del cristal del espíritu práctico. Guarda su dinero y sus emociones para una buena causa, y
derrochar el uno o las otras en alfombras rojas y coronas no es, desde su punto de vista, una buena causa.
La chica Leo busca a un hombre que la vea como una reina, y que (además de venerarla adorarla) pueda
suministrarle el tipo de vida que ella sabe que merece. Anhela un amante o consorte que le permita vivir en las
condiciones a las que ella le gustaría acostumbrarse, rodeada de lujo y de amigos cultos… lo cual implica una
existencia desbordante de ropas elegantes, fiestas y conversaciones sustanciosas, con sortijas en los dedos de sus
manos, cascabeles en los dedos de sus pies, y quizás un ocasional viaje costoso. Es comprensible, entonces, que se
sienta un poco tensa e inquieta si el hombre Tauro que ama pretende que ella permanezca en un pequeño
apartamento, sirviéndole cerveza y pasapalos , mientras él mira la televisión y revisa el celular. Qué mundano y vulgar.
Así que una noche ella le da una sorpresa. Le trae una jarra de su bebida preferida helada y le alcanza la revista
abierta en las últimas páginas que corresponden a las listas de casas y apartamentos en venta y le calza
amorosamente un par de abrigadas, confortables y modernas pantuflas. Él reacciona con un suave murmullo de
gratitud y le sonríe afectuosamente.
A la noche siguiente, cuando ella llega tarde de la peluquería (porque el Tauro no le dio dinero para el taxi, y el metro
estaba abarrotado), él continúa sentado allí, gruñendo porque se ha retrasado, con su cerveza y su comida, mirando la
TV. Las pantuflas eran demasiado ajustadas, y además piensa que los hombres que usan pantuflas en casa son
afeminados. ¿La revista? ¿Qué revista? ¿Las listas de casas? ¿Qué listas de casas? Más tarde, ella encuentra la
revista pulcramente desplegada bajo el recipiente donde el gato hace sus necesidades, en la despensa.
Evidentemente alguien tiene que ceder. Y no será el Toro. Los Toros no se repliegan. Se mantienen en sus trece… o
arremeten. Será mejor que ella se resigne a que su amante o consorte taurino se mantenga en sus trece y que no lo
provoque hasta hacerlo arremeter. Creánme . Igualmente, si ella está dispuesta a esperar, y no lo acosa, es posible
que algún día le suministre todo lo que anhela, incluidas las sortijas en los dedos de las manos y los cascabeles en los
dedos de los pies… y quizá hasta una hermosa casa. Es posible que él no alcance su meta de seguridad de la noche
a la mañana, pero ella nunca encontrará un hombre con más probabilidades de poner algún día a sus pies (siempre
que cuente con la impagable ayuda de ella) un reino de su exclusiva propiedad para que lo gobierne. Sólo hay que
darle tiempo y no regañarlo.
Para el Toro, cuanto más espectacular, mejor. Tienen la afición de Venus por los «lujos necesarios» de la vida. Ella
quedará hechizada, y ronroneará como una gatita. Quizás entonces comprenderá que los pies de él, aunque sólo
estén enfundados en los calcetines, lo llevan en la misma dirección, y que llegará a la meta si ella lo ayuda en su
marcha parsimoniosa, en lugar de ponerle obstáculos. Éste podría ser precisamente el hombre que tal vez un día le
regalará a la Leona su propio yate, para celebrar su cumpleaños. (Quizá será mejor que ella imagine que se lo
regalará en su aniversario de bodas. Es probable que él se muestre mucho más sentimental respecto de la segunda
fecha que respecto de la primera.) Cuando el Toro haya cumplido finalmente la misión que tiene reservada en la vida
—un hogar confortable, una abundante colección) — la Leona lo circundará con sus propios toques de riqueza.
Cuidará que él esté cómodo y abrigado, que se pasee en calcetines sobre alfombras mullidas, bajo luces tenues, al
son de violines, sofocado por atenciones constantes y sumido en una existencia plácida y serena. Nada podría hacerlo
más feliz. Pero mientras él aún esté asentando los cimientos y excavando el hoyo para la piedra angular, no querrá
distraerse en ceremonias palaciegas. Le disgustará que pretendan que asista a fiestas, que haga malabarismos
políticos con las amigas de ella, y que se someta a los caprichos de su reina y que le pase el plumero al trono. La
extravagancia de halagar constantemente su orgullo y de adular su ego le parecerá una bochornosa pérdida de
tiempo, y a los Toros no les agrada derrochar el tiempo, así como no les agrada derrochar el dinero (no les agrada
nada, como ya saben).
Aunque estos dos signos solares están en cuadratura, y por tanto son capaces de chocar violentamente en razón de
sus discrepancias, su relación será estupenda si tienen la paciencia necesaria para esperar que en las nubes
aparezcan los ribetes plateados. Disfrutarán mucho haciéndose compañía el uno al otro mientras se pasean por los
aposentos de las torres, les echan comida a los cisnes del lago, comparten cenas románticas a la luz de las velas,
alzan el puente levadizo que atraviesa el foso, y tiran de los cordones de terciopelo para llamar a los criados que
vendrán a descorrer las sábanas de raso de sus camas de dosel importadas. Sí, he dicho camas… en plural.
Probablemente tendrán cuartos separados, porque la Leona querrá disponer de su propio tocador. Al fin y al cabo,
necesita un lugar donde guardar sus cremas, lociones, perfumes, aceites de baño.
Si son pacientes… bueno, Tauro es paciente, así que por lo menos la mitad del problema está resuelto. Sin embargo,
ella es un signo de Fuego, y los signos de Fuego son un poco escasos de paciencia. Como consecuencia de ello, el
período preliminar de edificación del castillo está un poco recargado de sobresaltos y de tensiones traicioneras, cuyas
dimensiones oscilan entre las de pequeños hormigueros y las de montañas colosales. En el interín , mientras sueñan
con sus dos monogramas entrelazados dentro de un corazón grabado en su platería y bordado en sus sábanas y
estampado en sus porcelanas, podrán distraer las pocas horas de
ocio de las que disponga el Toro, haciéndose el amor. Ésta podría ser una de las pocas circunstancias en que
armonizarían totalmente. Por otro lado, podría no serlo. Depende mucho de la relación Luna-Sol entre sus horóscopos.
En el lado positivo de la armonía luminaria de sus natividades, encontramos la compatibilidad física que pueden
alcanzar juntos. La mujer Leo es orgullosa y altiva, incluso distante, con los desconocidos. Pero cuando la rodean los
brazos del hombre que ama realmente, se convierte en una Leona apasionada, que en verdad rezuma afecto y
sexualidad. El Toro no reñirá con ella cuando la Leona le pase sus manos delicadas por el cabello, le sobe la piel, le
masajee la espalda, le bese la oreja y le acaricie la mano.
El hombre Tauro es casi desoladoramente vulnerable al tacto, la voz y el aroma de esta mujer, y puesto que casi todas
las mujeres Leo adoran el perfume, él lo inhalará satisfecho, en su estado de éxtasis más dichoso. La fuerza de este
hombre es portentosa, pero siempre corre peligro de convertirse en un Sansón entre las zarpas de una Dalila sensual
y leonina. Está regido por Venus, y nada le produce tanto sosiego mental y espiritual como el hecho de colmar sus
profundos y terrenales deseos románticos con una Leona apasionada… excepto el hecho de contar un fajo de
flamantes billetes verdes, o de olfatear un pastel de manzana casero, recién salido del horno. Por el lado negativo, si
el intercambio de energías del Sol y la Luna de sus respectivas cartas natales en cuadratura o en oposición, su
armonía sexual necesitará grandes ajustes. Es posible que él se canse lenta y gradualmente, pero muy
definitivamente, de hacer esfuerzos por satisfacerla y por alimentar su ego insaciable, si ella lo obliga a dormir
frecuentemente solo —o a encontrarse con su espalda aburrida en el lecho—porque él no la ha hecho sentir
suficientemente venerada durante el día como para que ella piense que se ha ganado el privilegio de disfrutar de sus
favores regios durante la noche.
O quizá será ella quien se cansará lenta y gradualmente, pero muy definitivamente, de desear secretamente que él
ponga más empeño en satisfacer sus necesidades físicas haciéndola sentirse adorada y vehementemente deseada,
en el aspecto sexual. Es posible que la técnica que emplea el Toro para hacer el amor, sensual, práctica y a veces
poco imaginativa, la deje despierta a su lado, durante horas y horas, soñando con el Príncipe que nunca viene a
conquistar su corazón anhelante… derramando lágrimas silenciosas que no le deja ver, por orgullo, y de las que
tampoco le habla, por la misma razón. Y es posible que después de un tiempo la Leona cordial, entusiasta y
afectuosa, se convierta en un ser totalmente frígido. La frigidez es un peligro que siempre acecha a la mujer Leo
instintivamente apasionada. Si la descuidan continuamente, abandonará los ensueños y deseos fogosos de su
juventud y se congelará hasta asumir el frío desapego de la idiosincrasia leonina, que es un mecanismo de defensa
contra natura, siempre muy triste. Desapego porque… ¿qué reina dejará adivinar que no le rinden total pleitesía? Ni
siquiera el príncipe consorte que la ha defraudado tan trágicamente tendrá derecho a vislumbrar su corazón
destrozado, ni a descubrir que ella está tremendamente vacía y sola.
El falso orgullo es el Waterloo de todo Leo. Es la combinación entre la terquedad de él y el falso orgullo de ella lo que
los mantiene a ambos inquietos (o resignados) e insatisfechos. De alguna manera, no existe una comunicación
sincera entre ambos. Así que nunca discuten los desencantos individuales que sufren a la hora de la posesión mutua,
hasta que el amor se esclerosa transformándose en una especie de cómoda familiaridad y compañerismo… o se
destroza y conduce al divorcio. A veces uno de estos dos amantes o consortes se evadirá mediante el alcohol, o las
aventuras fortuitas. Pero en general, no. Ambos son básicamente demasiado honrados para ser desleales,
demasiado conscientes de sus reputaciones para hacer papelones en público… y al mismo tiempo demasiado terco
(él) y demasiado orgullosa (ella) para buscar una solución, tierna y afablemente… juntos. Sin embargo, nunca es
demasiado tarde para que la confesión y la humildad recíproca forjen un milagro inesperado. Ambos deben empezar
por recordar cómo eran sus relaciones cuando se enamoraron por primera vez. La evocación los enternecerá… y
podrán avanzar a partir de allí.
A este hombre no lo complacerá que su mujer le sirva comidas refinadas ni que lo obligue a comportarse
remilgadamente en casa o en público. Ella lo descubrirá la primera vez que él le grite, durante la cena: «¿ Dónde está
el frasco de ketchup ?». y tú dices que esto es un bocadillo? Llévalo de vuelta a la cocina y agrégale unas capas más
de relleno». O: «¿ Qué te parece si me sirves una jarra de café, mujer? Estas tacitas de porcelana me ponen
nerviosillo». No preguntéis de dónde sacó la palabra «nerviosillo». Los Tauro se las apañan para inventar palabras
que tienen un acento suave, mimoso, ya sean insultantes o elogiosas. ¿Alguna vez un Toro les llamó «Cariño»? Oírlo
es una experiencia de sensualidad total, lo cual no debe extrañar a nadie, porque todos tienen esa voz profunda,
melosa, pastosa, con la que no puede competir ningún otro hombre, excepto los Escorpión.
Ella lo acusará de ser a veces un poco rústico, y casi siempre obstinado, como en verdad lo es. Él la acusará de ser
altiva, soberbia y petulante, como en verdad lo es. ¿Qué hay que hacer, cuando las peores acusaciones contra el otro
son justas y veraces? Es sencillo. (No fácil, pero sí sencillo.) Ella deberá comprender que la «rusticidad» de él no es
más que un testimonio de su idiosincrasia mundana, bastante digna de fiar, y de su desprecio por lo frívolo y por lo
que no es auténtico… o sea, por lo falso. Será bueno que ella lo imite. Ella también deberá admitir que la obstinación
de Tauro es una prueba de la fortaleza de su carácter, y deberá dejar de estimularla deliberadamente con su
comportamiento de reina consentida, que pone mala cara cuando no puede salirse con la suya. Ella siempre podrá
vencer su obstinación, con asombrosa facilidad, si lo intenta, con sólo abrazarlo y besarlo y estrujarlo hasta dejarlo
nuevamente conforme. Él debe comprender que la altivez de ella no es más que su protección innata contra el riesgo
de exponer sus temores de ineptitud imaginaria, que la humillarían y la someterían a una penosa situación de ridículo, y
debe cesar de generarla deliberadamente con su negativa a reconocer la superioridad muy concreta de ella como
mujer… y su necesidad profundamente implantada de sentirse inmersa en halagos extravagantes. Él siempre podrá
entenderse con ella muy fácilmente si la saca más a menudo a refulgir en público, y si le demuestra —sobre todo si le
dice que sabe lo afortunado que ha sido al casarse con una dama excepcional, en todos los sentidos. (Toda mujer
Leo es precisamente eso, sin que importen sus pequeños defectos.) Su Leona es inmensamente capaz de dar y de
recibir amor, con la única condición de que la valoren debidamente… y la amen a cambio. Cualquiera que sea la edad
del Toro, éste es en el fondo de su alma un osito de juguete, el bebé simbólico del Zodiaco, regordete, que aún está
en la etapa de ocupar una sillita alta. Una vez conocí a una mujer Leo que no podía ver a su marido Tauro como una
especie de «osito» ni como un individuo que inspirara algún tipo de ternura. Sólo lo veía como un hombre terco,
maduro, que creía únicamente en «las cosas prácticas» y que pensaba que todos los sentimientos eran una bazofia
tonta y sensiblera. Un día, la exhorté a llevarle a casa un gran Toro relleno de crin, o peludo. Uno de esos juguetes que
normalmente regalamos… sí, a los bebés. Él gruñó. Nada más. Ni siquiera dijo «gracias». Se desentendió totalmente
de la imagen hirsuta de sí mismo… durante semanas. La Leona ofendida y agraviada lo colocó sobre el televisor,
donde era inevitable que él lo viera constantemente, pero ni siquiera así le sacó una palabra al Tauro flemático.
Entonces él se enfermó. Una mañana, mientras su esposo enfermo dormía, ella quitó distraídamente el Toro de
juguete de encima del televisor, al limpiar. Cuando el Tauro se despertó, su rugido retumbó por toda la casa. «¿ QUÉ
SE HA HECHO DE MI TORO? ¿DÓNDE HAS PUESTO MI TORO?!», vociferó. Así ella aprenderá. El Toro y la Leona
tendrán que empezar a escuchar la voz de sus respectivos corazones silenciosos, suplicantes… cuando lo que ella
dice realmente, detrás de su arrogancia, es: «Por favor, demuéstrame cuánto me amas»… y cuando lo que él dice
realmente, detrás de su pétrea terquedad, es: «Por favor, prométeme que te quedarás conmigo y que no me
abandonarás nunca».

LA RELACIÓN TAURO-LIBRA
Cualquiera que desee entender una asociación entre Tauro y Libra (actualmente regidos ambos por Venus) deberá
contemplar los elementos. Éste es el primer paso para saber quién ocupa el primer lugar y quién el segundo en
cualquier competición entre dos individuos muy distintos entre sí. No lleguen a la conclusión apresurada de que el
terrenal Tauro es mucho más fuerte que el aéreo Libra, y que a ambos podría reducirlos a cenizas un signo de Fuego
rugiente como Aries, Leo o Sagitario. Tanto la Tierra como el Fuego pueden parecer más peligrosos que el Aire. La
Tierra es ciertamente más pesada. El Fuego es ciertamente más devorador. Todos sabemos el daño que puede
causar un terremoto, o un volcán llameante. Seguramente una masa de Aire (la esencia de Libra), tan etérea como es,
y constantemente en movimiento, no puede causar mucho daño, cuando se la compara con una sólida montaña de
Tierra, como Tauro.
Para descubrir la verdad deberán recurrir a la física y la química. El aire es el principal sustento de la vida. Todos
necesitamos aire para respirar, y por tanto es reconfortante, para no decir útil tenerlo a mano. ¿Pero saben que,
estadísticamente, el aire mata a más gente todos los años, de una manera u otra, que todos los otros elementos
juntos? Tal vez el aire sea invisible. Tal vez no tenga forma definida, y ciertamente no parece capaz de afectar a algo
tan material como la Tierra. Sin embargo, si alguna vez han paseado entre los cocoteros de las islas mientras las
azotaba un tifón, sabrán que las cosas no son siempre lo que parecen ser. Especialmente el Aire. Y especialmente
Libra, el cardinal de los tres signos de Aire (los otros dos son Géminis y Acuario). Libra representa el elemento
astrológico Aire en su forma más activa. Fin de la lección. Fin de la moraleja. ¿Fin de la advertencia? Sí, mejor así…
fin de la advertencia para aquellos Toros que creen que pueden pisar con fuerza la Balanza de Libra y someter a estas
apacibles personas. Libra no es en absoluto pasivo, queridos Toros. He aquí a esta persona absolutamente
encantadora (excepto cuando él o ella representa el papel de «cocodrilo malhumorado»), esta criatura con hoyuelos,
hermosa (o hermoso), con ojos brillantes, sagaces, con una sonrisa que entibia las fibras del corazón, y de espíritu
sereno, expresión mansa e inocente… y voz que trae vagas reminiscencias del repicar de las campanas de una
iglesia en las alturas de los alpes suizos. Claro que una persona obviamente tan dulce y afable no podría entrañar una
amenaza. Ah, pero los modales sosegados de Libra no son más que el suave camuflaje merced al cual la aguzada
lanza de la mente lúcida y lógica de Libra puede penetrar con un mínimo de resistencia. Libra sabe muy bien que la
inmadura temeridad de Aries, la ruda franqueza de Sagitario, la arrogancia de Leo… y la inconmovible testarudez de
Tauro, no son más que obstáculos levantados en el camino del éxito.
Redundan en perjuicio del objetivo personal concreto: ganar la controversia y salirse con la suya, que es lo único que
cuenta en última instancia para Libra. Y deben admitir que este tipo de deducción es, por sí misma, una clara e
inatacable muestra de la lógica de Libra. Los caballeros Libra se parecen mucho a las damas de su mismo signo, en
este contexto. ¿Dicen que Venus también rige a Tauro? Sí, pero con serias reservas. Por tanto, si bien los Toros
también disfrutan de la dulzura, la ternura y la delicadeza de Venus, ésta no les dispensa todos sus favores (por
ejemplo, su estrategia secreta) como a los Libra. Más o menos así como la mujer no les cuenta sus secretos a todos
los hombres que guía y sobre los cuales influye… sino sólo a su auténtico amante, el que posee su corazón.
La idiosincrasia del hombre, la mujer o el niño Tauro medio tiene un componente de inercia general que hace que los
Toros acaten instintivamente las costumbres de su comunidad, oficina, escuela o círculo familiar, las convenciones de
la sociedad y las leyes de su gobierno. Sin embargo, si interrogan a fondo a los Toros, descubrirán que éstos no
obedecen necesariamente porque crean que aquellas personas y leyes tengan razón y sean justas. Lo hacen porque
los Tauro típicos están convencidos de que desdeñar las convenciones o trasgredir las leyes puede generar
problemas y conflictos, y Venus les advierte a los Toros que eviten semejante estado de cosas a cualquier precio…
consejo que también imparte a los Libra: Lo que sucede es que estos dos lo reciben y lo aplican de manera distinta.
Cuando a un Tauro lo colocan en una situación límite, no le falta fuerza ni coraje. Muy lejos de ello. A la hora de la
contienda. los Toros de cualquier edad, y de ambos sexos, defenderán ferozmente sus principios personales y a sus
seres queridos. ( iLes conviene creerme!)
Pero a Tauro le parece totalmente absurdo remover las aguas o arriesgar una agitación violenta sólo para ganar una
controversia de menor cuantía. Libra no opina lo mismo. La razón misma de existir del individuo Libra, cuyo símbolo es
la Balanza equilibrada en un punto de perfecta armonía y justicia, consiste en ganar una discusión o un dictamen
intelectual, aunque su cuantía sea menor, mayor o intermedia. Si se planteara cualquier tipo de tema polémico, los
Tauro típicos se limitarán a bostezar, o a encogerse de hombros, y explicarán mansamente (con esa voz sustanciosa,
melosa, que compite en atractivo con la voz untuosa y cremosa de Libra) que les resulta totalmente indiferente lo que
sucede respecto de una cuestión demasiado insignificante para despertar su interés… o demasiado trascendente
para concernirles. Pero no existe nada que por ser demasiado insignificante o demasiado trascendente, no necesite
que Libra lo sopese y lo juzgue cuidadosamente.
¿Hay que pintar el cuarto de baño de color rosa o de color verde? ¿Debemos entablar un juicio? ¿El cepillo de
dientes eléctrico limpia mejor? ¿La policía debe apalear a los jóvenes que se limitan a expresar su idealismo y su
odio a la hipocresía? Por otro lado, ¿es justo que los jóvenes insulten a los policías llamándolos «cerdos» cuando se
limitan a cumplir con su deber y mantener el orden? ¿Debemos tolerar la censura en un país consagrado a la libertad
de palabra y pensamiento? Por otro lado, con toda justicia, ¿la ausencia de una censura básica es responsable de la
degeneración moral de nuestra juventud? Pero, reconsiderando, ¿cómo puede haber libertad si existe algún tipo de
censura? ¿El jogging es saludable o perjudicial? ¿Debería imponerse el uso generalizado de la energía solar (en lugar
de la nuclear) y de los inodoros sin agua… por serias razones ecológicas? ¿Acaso algún día conocerán a este siglo
como la «Edad Oscura» de la medicina? ¿Si pinto el cuarto de baño de color rosa, en lugar de verde, desentonará
con las toallas amarillas? ¿Si lo pinto de color verde, en lugar de rosa, parecerá un cuarto de hospital?
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Ahora entiendan por qué los Libra deben descansar mucho. No es justo llamarlos flojos. Cuando alguien desarrolla
tanta actividad mental desde el momento en que se despierta por la mañana y no puede decidir por qué lado se
bajará de la cama, hasta que se acuesta por la noche y no puede decidir si se pondrá la mitad superior o la mitad
inferior del pijama, es lógico que de vez en cuando se sienta un poco hastiado y exhausto. Para no decir un poco
nervioso. La mayoría de los Tauro quedan hastiados y exhaustos de sólo escuchar cómo un Libra sopesa todas estas
alternativas. A los Toros les parece demencial. Lo que sientes (y por tanto sabes) es lo correcto. No permitas que
nadie te aparte un ápice de tu posición… y NO HABLES DEL TEMA. Ésta es la filosofía del Tauro medio o típico
acerca de las decisiones, en apretada síntesis. Para los Toros, la polémica perpetua es la ocupación más inútil,
ruinosa y por consiguiente pecaminosa que se pueda imaginar. Nunca nadie gana realmente una discusión, excepto
la persona que consigue dormirse y roncar hasta que termina. Nunca nadie sale victorioso de una controversia,
¿verdad?
Las discusiones con los Tauro que Libra inicia, manipula y finalmente gana, pueden abarcar todos los temas, desde
los políticos a los religiosos. Respecto de estos últimos, una vez escuché involuntariamente una conversación entre un
sacerdote católico Libra (jesuita, por supuesto) y un obstinado joven Toro, que había rechazado tercamente una beca
para estudiar en la Universidad y que estaba empecinado en convertirse en futbolista profesional. Observen que ni
siquiera se menciona el tema del fútbol.
Comienzo del conflicto:
LIBRA: (empezando). Supongo que alegas creer en Dios.
TAURO: Claro que sí.
LIBRA: ¿Entonces por qué no rezas, para que Él te dicte tu vocación, si no sabes con certeza si quieres o no estudiar
derecho?
TAURO: Estoy seguro de que no quiero estudiarlo. (Libra pierde el primer round. Pero no importa. La treta no sirvió.
Esta vez.)
LIBRA: (siempre adelante). Pero, ¿por qué no rezas, por si te has equivocado?
TAURO: Porque me sentiría ridículo, por eso. Rezar no es científico.
LIBRA: ¿Y sin embargo dices que crees en Dios?
TAURO: (tercamente). Claro que sí. Ya se lo he dicho.
LIBRA: (parsimoniosamente). ¿Entonces por qué no crees que Él es suficientemente sabio y misericordioso para
LIBRA: (parsimoniosamente). ¿Entonces por qué no crees que Él es suficientemente sabio y misericordioso para
guiarte?
TAURO: Porque nunca he oído hablar a Dios. Nadie lo ha oído. No es científico.
LIBRA: ¿No crees que Él puede contestar las plegarias? ¿Un Dios en el que tanto crees? ¿Cómo es posible que Dios
sea tan impotente?
TAURO: Acabo de decírselo. Nunca lo he oído hablar. Científicamente, es imposible que hable.
LIBRA: Ya veo. No estarás conforme hasta que Dios se te aparezca en carne y hueso y te diga: «¡ Eh! ¿Por qué no
estudias ciencias? ¡Serías un científico estupendo! Olvida el derecho, jovencito. Tu destino está en otra parte».
Quieres que te hable como le habló a Moisés, detrás de la zarza ardiente.
TAURO: (auténticamente pasmado). ¿Cómo se dio cuenta de que prefiero ser científico y no abogado?
LIBRA: (luciendo una celestial sonrisa victoriosa, típica de Venus). Porque esta mañana recé por ti, en la misa… y de
pronto Dios se lo reveló a mi inconsciente. Como ves, contestó a mi plegaria, sin pronunciar una sola palabra.
TAURO: ¡Caray! Está bien, padre. A partir de ahora, rezaré cada vez que deba tomar una decisión. ¿Puede ocuparse
de que me pasen la beca de la facultad de derecho a la de biología? Ni siquiera estaba seguro de lo que deseaba
hacer hasta que usted me lo hizo ver. ¿Diría que ésta ha sido una revelación divina?
LIBRA: Eso es precisamente lo que ha sido, mi joven amigo. Esto es lo que logra la oración. Mañana consultaré con
un colega mío y te daré la respuesta antes de la noche. Fin del conflicto.
Los Libra utilizan lo que se denomina «método socrático» de discusión. Hay que observarlos con detenimiento. Y
escucharlos con cuidado. El Tauro que pone mucho empeño en resistirse y no presta atención a la lógica de Libra,
puede tropezar con su propia obstinación. Ésta es una asociación influida por la configuración de signos solares 6-8,
lo cual significa que Tauro representa, para Libra, la octava casa astrológica de misterio intrigante (entre otras cosas).
Por supuesto. A Libra le encantaría resolver el misterio y descubrir cómo se las apañan los Toros para mantenerse tan
tranquilos e impasibles en medio de las controversias privadas y públicas que bullen en derredor, tan indemnes a los
traumas mentales, tan ofensivamente capaces de dormir durante toda la noche, como plácidos bebés, sin sufrir nunca
el insomnio de la toma de decisiones que tortura a los Libra, a veces hasta la madrugada… cuando el Buen Dios
sabe que necesitan su sueño de belleza, su descanso, tanto como los Tauro, y aún más, para conservar su equilibrio.
Libra representa, para Tauro, la sexta casa astrológica de servicio, entre otras cosas. Por supuesto. ¿Acaso nuestro
científico Tauro en ciernes no se las arregló de alguna manera para conseguir que el cura Libra le prestara el servicio
de mover algunas influencias, en su beneficio? Con sólo comentar en broma que quería ser futbolista profesional.
Cuando este Toro nació, su Sol natal estaba en Tauro, pero la Luna y el ascendente estaban ambos en Libra.

MUJER TAURO HOMBRE LIBRA


Ella está triste por algo. No importa por qué. El mundo es tenebroso y lúgubre, y no hay esperanzas de que algo
cambie. La vida – es concreta, la vida es formal, la vida es seria, la vida es monótona… y la vida es ciertamente
negativa. Es una chica Tauro, entregada a uno de sus raros pero siempre muy profundos- y melancólicos accesos de
impotencia. Aparece un hombre Libra. Se sienta plácidamente junto a ella, le toma delicadamente la mano, y la mira
tiernamente, en silencio, después de ofrecerle la mano, y la mira tiernamente, en silencio, después de ofrecerle su
pañuelo enorme, limpio. Ella sigue con el ceño fruncido, sumida en su abyecta desolación. ¡Los hombres! Los
hombres forman parte del desastre general. Y he aquí a otro de ellos, que trata de seducirla. Pero esperen un
momento. Éste no pronuncia una palabra. Se limita a permanecer sentado junto a ella, muy cerca… vertiendo
mansamente un bálsamo de sosiego, como si fuera aceite de oliva, y contemplándola con… ¿acaso con adoración?
Fuera lo que fuere, es romántico. Entonces, después de un largo rato, él habla. «No te preocupes, cariño. Mañana te
sentirás mejor.» Su voz parece un jarabe de caramelo suave como la crema… ¡y, oh, cuánto le gusta a ella el jarabe
de caramelo suave como la crema! (A él también, aunque es muy malo para los dos.) Pero ni siquiera esto le levanta
el ánimo. No. La vida es concreta, la vida es monótona, la vida es una inmensa nada. La vida te engaña y te deprime.
Las dos cosas. «No, mañana no me sentiré mejor. No. No. No.»
Libra vuelve a hablar, siempre dulcemente. «Eres tan bella cuando estás triste. Las lágrimas hacen refulgir tus ojos
como si fueran verdes esmeraldas. Si no me destrozara el corazón saber que eres desdichada, me gustaría verlos
siempre cuajados de lágrimas. Veamos cómo son cuando ríes.» La vida es concreta, la vida es… bueno, se está
poniendo más interesante. Pero… «No, no puedo reír. Quiero, pero no puedo. Sencillamente no puedo.» «Debes reír.
Cariño, si confías perseverantemente y a fondo, ocurrirán muchas cosas estupendas. Ni uno solo de tus sueños dejará
de materializarse, si conservas tu equilibrio emocional y miras el lado bueno.» Ahora, él sonríe. La sonrisa de Libra es
un arma letal que habría que prohibir, para que los hombres Libra nunca puedan utilizarla para aprovecharse de las
pobres chicas Tauro, que se derriten y se convierten en un flan trémulo y chasqueante cuando les demuestran afecto y
las valoran sinceramente. Pero hasta ahora no la han prohibido. Así que… él sonríe. «El día de mañana será mejor. Lo
será realmente. Ya verás.» «No, no lo será. Quiero que sea mejor, pero sé que no lo será.» Entonces él la besa. Lo
será. Todo será mejor el día de mañana. El sol brillará, se abrirán las flores, el rocío las perlará… y la chica Toro
estará profunda y eternamente enamorada de un seductor que sólo pretendía ser amable y que posiblemente se
quedará perplejo cuando descubra que ella ha interpretado su sentimiento romántico como un contrato inapelable de
lealtad, en las buenas o en las malas. en tiempos de salud o enfermedad, de riqueza o pobreza, que estará vigente
siete días por semana, doce meses por año, durante tantos años como los que dure la vida de ambos. «Sí, quiero.»
La voz que acaban de oír es la del hombre Libra, que se dirige al sacerdote. No se atrevió a lastimarla, y no supo qué
excusa darle, así que pensó: «¿ Y qué importa?». (Normalmente los Libra no blasfleman ni maldicen. ¿Cómo prostituir
esa voz celestial con obscenidades?) Por lo menos no blasfeman cuando son suficientemente jóvenes para decir «Sí,
quiero» por primera vez. Después de cometer unos pocos errores conyugales es posible que maldigan
ocasionalmente la institución matrimonial que tanto los magnetiza. Así que… ¿qué importa? ¿Por qué no aspirar el
perfume de las flores, y dejar que ella lo arrope por la noche con besos apasionados entre las suaves mantas del
amor? «¿ Por qué no? ¿Por qué no habría de casarme con ella? ¿Al fin y al cabo se trata de mi vida, no es cierto? El
matrimonio es algo maravilloso, ella es una chica bonita, ¿y entonces qué tiene de malo casarse con ella?» ¿Ven? Él
ya pretende iniciar una discusión, como un buen Libra. Nadie dijo que no debe casarse con ella. ¿Acaso oyeron que
yo lo dijera?
Es posible que el amante Libra descubra que ha procedido correctamente al no decidirse a utilizar sus poderes de
seducción para zafarse de los ardides femeninos y cautivantes de la chica Tauro. Probablemente serán dichosos
como dos tórtolos mientras se pasean, tomados de la mano, de habitación en habitación, por su cabaña rural tapizada
de rosas.. , o si sus sueños han quedado fugazmente aplazados, por su apartamento en la ciudad. EL ESTUDIO-
BIBLIOTECA-SALA DE ESTAR-RECIBIDOR: Aquí están totalmente de acuerdo. A ella le encantan las telas
opulentas, de colores suaves, la combinación de belleza y lujo en virtud de la cual una habitación parece cálida y
confortable. A él le encantan los tonos pastel armoniosos , muchos anaqueles atestados de libros, los muebles poco
llamativos y sosegantes . Quizá tengan un altercado circunstancial por el antagonismo entre lo tradicional y lo
moderno, o por una silla o una lámpara o algo parecido, pero en general… están de acuerdo. La computadora cuesta
una pequeña fortuna, pero los enloquece a ambos. ¿Quién puede vivir sin música y sin tecnología? Ni Libra ni Tauro
(aunque a él no le gustará escucharla a un volumen demasiado alto).
LA COCINA: Siguen tomados de la mano, sumidos aún en una atmósfera de armonía. Ella adora cocinar (si es una
Tauro típica), y aunque es posible que le gusten alimentos tales como las berenjenas, las papas y las verduras, se
complace en estimular el paladar de él con los platos más exóticos que lo transportan a un estado de arrobamiento
gozoso (y quizá también con bastante frecuencia al gimnasio para eliminar —y quemar— las calorías). Es posible que
después él pase unas cuantas horas en el centro, con sus amigos. Ya saben… una conversación entre hombres. Pero
estará de regreso para saborear la próxima comida que ella le prepare.
EL DORMITORIO: En esta habitación, es posible que no se conformen con tomarse de la mano. Probablemente
pasarán la noche —todas las noches— fuertemente abrazados, extasiados ante la comprobación de que por fin ha
concluido la larga búsqueda de alguien que comprenda que el amor es lo más importante del mundo. Para él, esa
persona es ella. Para ella, esa persona es él. Ambos están regidos por Venus, así que nada deberá preocuparlos
menos que sus problemas sexuales. Pero es posible que, a veces, él exprese físicamente su amor en condiciones
que a ella le parecerán un poco etéreas. Quizás ella anhele interiormente que él ponga un poco más de énfasis en lo
físico, y un poco menos en los complejos estados de ánimo eróticos e imaginativos que Libra enuncia tan
brillantemente en términos verbales. Quizás él anhele interiormente que ella ponga un poco más de énfasis en las
formas imaginativas y poéticas del amor, y un poco menos en el simple contacto vulgarmente corporal. Sin embargo,
se encontrarán en un punto intermedio entre el cuerpo, la mente y el alma… y probablemente descubrirán que su
relación es mucho más satisfactoria que la de la pareja común que vive en una sola dimensión romántica.
EL CUARTO DE BAÑO: Seguirán haciéndose cariños y arrullándose complacidos. O mejor dicho, él le hará cosas y la
arrullará… y ella mugirá suavemente. Él adora los baños y las duchas prolongados y sibaríticos, las alfombras
esponjosas, las toallas gruesas, las lociones de afeitar costosas, y las pastas dentales con todos los colores del arco
iris para su sonrisa de Libra. Ella adora los aceites de baño burbujeantes, los polvos, los perfumes, las alfombrillas
gruesas, las toallas esponjosas y los jabones aromáticos. Casi no hay un metro cuadrado de espacio, dentro de la
casa o alrededor de ésta, donde discrepen. Excepto tal vez en el porche de entrada. Es posible que sea allí donde ella
se siente en la escalera y espere… y espere… y espere a que él regrese aquellas noches en que ha ido al gimnasio a
quemar calorías… y después al centro, a reunirse con sus amigos. (Sus amigos de sexo masculino. Esto es lo que ella
ruega que sean.) Y quizá también discrepen en el sótano.
El lavadero es el recinto donde ella pasará mucho tiempo ayudándolo a conservar su reputación de apuesto seductor
Libra. Este tipo de carisma exige contar con pilas de camisas y medias limpias. Deben estar pulcramente doblados, y
correctamente apilados en los cajones. Él se pone nervioso cuando sus medias no casan, o cuando sus suéters
nuevos destiñen sobre sus camisas inmaculadamente blancas. Es posible que entonces él adquiera la costumbre de
regañarla un poco, seductoramente. Bueno éste sí que es un problema. ¿En qué consiste? ¿Ella pasa tanto tiempo en
el lavadero porque está harta de esperar su regreso en el porche de entrada… después de que él se ha ido… porque
está harto de que ella pase tanto tiempo en el sótano? Entonces tal vez el culpable sea él. Por otro lado, tal vez la
culpable sea ella. ¿Quién empezó? Él empezó, por salir demasiado. No, ella empezó, porque lo hizo engordar con sus
postres. ¿O empezó él, cuando le exigió que sus armarios estuvieran tan impecables como los de Ives St. Laurent,
cuando el príncipe va a seleccionar su ropa? Él le usó las toallas esponjosas y el jabón aromático… ella le usó las
alfombras gruesas y el talco.
Él invirtió sus ahorros conjuntos en la cuota de ingreso de un club y en un carro nuevo que compró para darle una
sorpresa, pero ella no se mostró sorprendida sino que se molestó, y estuvo enfurruñada durante semanas. Parece
confuso, pero Libra lo arreglará todo con su lógica afable y clara… a menos que después de un tiempo ella se
empecine y deje de escucharlo. A veces los hombres Libra se comportan como si trataran de extraerle a la vida hasta
el último gramo de conocimiento y hasta la última gota de placer… leyendo best sellers , dialogando con intelectuales,
cuidando de no perder una película, una pieza teatral, un concierto… embebiéndose en la admiración de las chicas
guapas durante las fiestas… y embebiéndose en otras cosas. La mujer Tauro prefiere quedarse en casa y
acurrucarse, y asistir quizás a reuniones sociales una vez por semana. No puede convertir el jogging en una forma de
vida. Necesita otras distracciones, y la mayoría de éstas residen en la contigüidad de ellos dos: caminar por los
bosques o salir de camping, remodelar la casa, buscarle sentido al presente para poder edificar el futuro, comprar una
casa en el campo y dejar la locura de la metrópolis. Ella no ha nacido para los edificios. Nació para el aire fresco… y
los caminos que recorrerá, tomada de la mano, con el hombre que ama. No todos los hombres Libra pertenecen a la
categoría de los playboys. Aunque muchos, sí. Pero playboy o no, insistirá en mantener aguzado su intelecto, y uno de
los medios para lograr este fin consiste en ser gregario.
Si ella desea seguir representando esas escenas felices con él en la sala, en el cuarto de baño, en la cocina y en el
dormitorio, tendrá que resignarse a confraternizar con los demás en los entreactos. Es posible que él prefiera estudiar
las civilizaciones antiguas, incursionar en una de las artes, u obtener uno o dos títulos más, en lugar de perder el
tiempo en un club nocturno saturado de humo. Pero cualquiera que sea el lugar y la forma en que él desarrolle la vida
social, ella deberá salir del sótano, deberá abandonar la escalera, deberá ponerse su vestido más elegante y deberá
acompañarlo… sin poner mala cara. Quizá no disfrutará tanto como él, pero tendrá que fingir que disfruta, si pretende
engatusarlo, con su magnífica paciencia, para que algún día se mude donde sea. Ella deberá tratar de tomarlo a risa,
con su estupendo sentido del humor. Al fin y al cabo, el mañana será mejor, ¿recuerdan? Probablemente será mejor si
existe un aspecto Sol-Luna armonioso entre sus respectivas cartas natales. Si no, bueno… es posible que el mañana
sea peor. Pero, por otro lado, nada es perfecto. ¿Y acaso no es esto lo que se prometieron recíprocamente? En las
buenas… o en las malas.
«No —responde el hombre Libra, tristemente—. El mañana no será mejor, estoy seguro de ello. La vida es concreta,
la vida es formal, la vida te engaña y te deprime, y es rotundamente la nada. Yo soy rotundamente la nada.» La voz de
ella fluye cual un jarabe de caramelo suave como la crema, cuando lo apacigua. «No eres rotundamente la nada,
cariño. Eres bello y brillante, y… tus ojos refulgen como esmeraldas cuando están cuajados de lágrimas. Si confías
perseverantemente y a fondo, ocurrirán muchas cosas estupendas. Deberemos conservar nuestro equilibrio
emocional y mirar el lado bueno de las cosas.» Entonces ella sonríe, con una sonrisa deslumbrante, y el corazón de él
da un vuelco. «Esos son unos pensamientos hermosos, querida. Muy sabios. ¿Dónde aprendiste esta bella filosofía
de la vida?», pregunta él, devolviéndole ahora la sonrisa. «… de alguien que conocí, hace mucho, mucho tiempo. Él
me enseñó todo lo que sé acerca de la vida… y el amor. Lo echo de menos. Ojalá pueda volver a encontrarlo. Ojalá
venga a casa.»
Curiosamente, están de nuevo el uno en brazos del otro. Ahora deberíamos dejarlos solos, porque él acaba de
susurrarle en el cuenco de su oreja semejante a una flor: «He venido a casa… para quedarme.» Pero esperen.
Escuchemos un poco más. Ella suspira, suelta suaves mugidos de satisfacción. «¿ Te parece que la semana próxima
podrías tomarte un día de descanso, para ir al campo y ver algunas de las granjas que están en venta?» «¿ Por qué
esperar hasta la semana próxima? Vayamos ahora mismo.» Sí, mañana será mejor. No perfecto, pero mejor.
Después de que se hayan mudado al campo, él levantará una noche la mirada hacia ella, cuando estén sentados junto
al fuego, y empezará a aguzar nuevamente su lógica y su intelecto de Libra. «¿ Sabes en qué pensaba? En aquella
promesa… « ocurrirán muchas cosas estupendas». Sí, ocurrirán, y después pasarán. Nada dura eternamente. Todo
cambia siempre. Por ejemplo en aquella advertencia: «incluso esto pasará». Supongo que «esto» incluye la tristeza,
así como la alegría. Si tienes paciencia y esperas, la alegría vuelve.» ¿Ven? Pero no hace falta que él le enseñe a
«tener paciencia». La paciencia es el poder secreto de ella, sobre la vida, y sobre el amor… y sobre él.

HOMBRE TAURO MUJER LIBRA


La mujer Libra es imprevisible. Nunca sabrás cómo se las ingeniará para salirse con la suya. De lo único que pueden
estar seguros es de que lo logrará. «¿ Cómo? —exclamarán—. ¿Una chica dulce y femenina como ella es
mandona?» Sí, una chica dulce y femenina como ella es mandona. Pero esto no significa que debe proclamarlo
haciéndoselo estampar en su biquini: «Mandona». (Alguien podría pensar que es una mujer Toro.) La mujer Libra es
regida por Venus, el manso planeta de la paz y el amor y la belleza y la armonía… todos esos elementos deliciosos. El
hombre Tauro también es regido por Venus. Pero Tauro es un signo femenino. Y Libra es un signo masculino. Esto no
la convierte a ella en una chica masculina, así como no lo convierte a él en un chico femenino. Las implicaciones son
más profundas. Al hombre siempre le resulta más fácil nacer bajo un signo masculino, y a la mujer bajo uno femenino.
Así hacen con más naturalidad lo que les aflora naturalmente. Sin embargo, no es necesariamente infortunado que las
cosas sucedan al revés. Generalmente, la vibración masculina sólo infunde más bríos a la mujer… y la vibración
femenina infunde más sensibilidad al hombre. No hay nada de malo en el hecho de que los sexos intercambien
algunas virtudes.
El peligro consiste en exagerar. Probablemente estos dos no pecarán por exceso. Quizá pecarán por defecto. Entre
todos los hombres nacidos bajo un signo solar femenino, el Toro es el menos proclive a exagerar las cualidades
femeninas de pasividad, mansedumbre, sumisión, y otras parecidas. Éstas sencillamente compensan su virilidad y
terquedad con elementos de dulzura y ternura, siempre que no ponga demasiado énfasis en su papel de hombre de
las cavernas. La chica Libra tendrá más dificultades para lograr su equilibrio sexual. Al fin y al cabo, su símbolo es la
Balanza, y las balanzas tienen un delicado mecanismo de ajuste. Es posible que su sentimiento innato de justicia e
imparcialidad, sumado a las vibraciones de su signo solar masculino, la induzcan a anunciar: «Cariño, he resuelto
afiliarme a un grupo feminista. Vamos a organizar una manifestación». Es posible que la consideración innata de él
por el comportamiento convencional, sumada a su respeto por la autoridad y a sus firmes convicciones sobre la
función de la mujer en la vida, lo induzcan a responder: «Vas a hacer un papelón delante del Presidente, y yo te
liberaré encadenándote a la cama hasta que adquieras un poco de sentido común, mujer». Frente a una actitud tan
despótica, la Venus de Milo puede convertirse en Hércules, y su Balanza puede inclinarse precariamente de lo
femenino a lo masculino.
Una chica Libra es casi siempre hermosa. Aunque sus facciones sean vulgares, su sonrisa francamente deslumbrante
los hará pensar que es bella. Tiene hoyuelos, su mirada es dulce, su voz es clara y encantadora, sus modales son
elegantes. Deja que le aparten galantemente la silla, que le abran la puerta, y que le lleven los paquetes, todo ello con
un aire de cautivante indefensión. Exteriormente, es un ángel de feminidad. Interiormente, actúa impulsada por los
principios masculinos de su signo cardinal de liderazgo: fuerza, energía, coraje, acción positiva, penetración,
conquista y dominación. Puede manejar su propia carrera, y es especialista en obtener todo lo que desea de la vida…
o de un hombre. Esto no significa que sea invulnerable al sufrimiento, pero está protegida por una armadura más
resistente de lo que parecerían sugerir sus modales… y se recupera rápidamente.
El corazón destrozado de Tauro se recupera lentamente. Mayor razón entonces para que antes de trabarse en juegos
románticos con una mujer Libra se asegure de que conoce las reglas del juego. El Toro sólo toma decisiones después
de reflexionar cuidadosamente. No le gusta discutir una situación antes de haberse formado un juicio. Entonces
procede con circunspección y rara vez cambia de idea. Ella procede con idéntica circunspección y también es raro
que cambie de idea. Una vez que ella toma una resolución, la pone en práctica con increíble energía y tenacidad. Por
eso no entiende por qué la gente la acusa injustamente de ser indecisa. Lo que le da esta reputación inmerecida es el
tiempo-que dedica a sopesar y evaluar antes de decidirse. Tauro utiliza sensatamente -el período de toma de
decisiones para dedicarlo a la contemplación silenciosa. Libra lo utiliza intelectualmente para entablar largas
discusiones sobre los pros y los contras, que pueden prolongarse hasta altas horas de la noche. Es posible que ella
tenga oportunidad de indignarse porque él pone poco entusiasmo en hacer aportes a la maratón oratoria.
ELLA: Soy partidaria de la legalización del aborto… o eso creo. ¿Te parece que alguien tiene derecho a decirle a una
mujer lo que debe hacer con su propio cuerpo?
ÉL: Nunca pensé en eso. Nunca nadie intentó decirme lo que debo hacer con mi cuerpo.
ELLA: Pues entonces piénsalo. ¿Qué harías si alguien te violara y después descubrieras que has quedado
embarazado?
ÉL: (bostezando). Cambiaría de nombre. Me llamaría Elvira en lugar de Pedro.
ELLA: Por favor, hablo en serio, cariño. ¿Crees que hay que permitir que la Iglesia Católica movilice sus influencias
políticas contra el aborto legal, y que lo califique de asesinato?
ÉL: Según la Biblia y la Constitución, hay que permitirlo.
ELLA: Quizá tienes razón. Por otro lado, ¿qué me dices de la explosión demográfica?
ÉL: (bostezando de nuevo) Más vale prevenir que curar. Eso era lo que decía mi abuela.
ELLA: Es cierto. Un aborto puede dejar cicatrices emocionales tanto a la mujer como al hombre. Desde el punto de
vista metafísico, no se le debe negar a un alma su vía de nacimiento. Claro que, por otro lado, si la chica es soltera y
sus padres se niegan a ayudarla…
ÉL: Ingresa en un hogar para madres solteras. Oye, ¿estás embarazada?
ELLA: ¡Ah! Ahí está la clave. ¿Te parece que esos hogares influyen sobre la decisión de la chica respecto de la
adopción, por oposición al aborto, por oposición a la posibilidad de conservar a su hijo? Ciertamente no es justo
que… ¿Pedro?
¡Pedro! ÉL: ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-ZZ-z-z-z- zzzzzz
Ella no debe juzgarlo con excesiva severidad. Él hizo lo posible. Pero apenas se convenció de que el problema en
discusión no le concernía personalmente, dejó de interesarle. A ella le resultaría muy fácil despertarlo: le bastaría
encender las luces y transmitirle un mensaje silencioso acerca de un tema que sí le atañe, íntimamente… hacer el
amor. El hecho de que no haya conseguido estimularlo e inducirlo a formular apasionadas declaraciones y opiniones
amor. El hecho de que no haya conseguido estimularlo e inducirlo a formular apasionadas declaraciones y opiniones
verbales no significa que no podrá estimularlo físicamente. Al Toro siempre se lo puede inducir a ser apasionado
respecto de la pasión. A menudo el magnetismo físico que existe entre este hombre y esta mujer es muy poderoso.
Probablemente es la base de la atracción inicial, y pocas veces la familiaridad generará desdén. Es más probable
que haga más profunda la expresión sexual de su amor. Tal vez la actitud de él sea un poco demasiado abstracta para
las necesidades sensuales, prácticas, de ella. Sin embargo, ambos son románticos sentimentales que saben fusionar
el erotismo con el afecto para alcanzar la satisfacción total en común. Ésta es una configuración de signos solares 6-8
que hace resaltar la curiosidad y el disfrute sexual… y que también pone énfasis en la devoción y la cooperación
desinteresadas. Innegablemente, el hombre Tauro es a menudo una gran bendición para la mujer Libra. Su sola
presencia sosiega el espíritu inquieto de ella. Y nadie puede guiarla con más seguridad y en condiciones más fiables
que el Toro en medio de esos trances de indecisión a veces angustiosa, que son tan propios de Libra. La ternura y el
humor de él, su fiabilidad y su sentido común, son a menudo ni más ni menos que las cualidades que ella buscaba en
las nubes lejanas. Al fin y al cabo, incluso los pájaros reposan en los árboles de cuando en cuando… y construyen sus
nidos allí, donde se sienten a salvo y seguros… aunque les guste mucho volar.
Otra cualidad bastante atractiva de estos dos consiste en que el innato optimismo de ella puede compensar
maravillosamente la tendencia innata del Toro al pesimismo. Cuando el hombre Tauro está sumido en los abismos de
la depresión, nadie puede reanimarlo tan fácilmente con esta mujer encantadora. Es posible que él se rebele, si
intenta arrastrarlo a su torbellino social, o si pretende hacerle inflar los globos con las consignas que ella enarbola en
las manifestaciones de protesta. Pero será un amoroso osito de juguete cuando lo engatuse con su ancha sonrisa y lo
estimule con su voz almibarada. Él admirará en privado su inteligencia (la de ella), siempre que ella reconozca la
superioridad masculina. Es muy raro el Toro que cree sinceramente, en el fondo del alma, que los hombres y las
mujeres son iguales en todos los sentidos. El hombre Tauro se enorgullecerá de que su dama Libra maneje las cosas
con tanta desenvoltura. Lo importante es evitar que el Toro descubra que el verdadero talento de ella consiste en
manejarlo a él.
TAURO: Supongo que piensas que necesito una afeitada. Bueno, acabo de volver de hacer camping durante tres
días, ya sabes, y…
LIBRA: ¡Cariño, me parece una idea maravillosa! ¿Por qué no me dijiste que pensabas dejarte la barba?
TAURO: ¿La barba? ¿Para parecer un hippie chiflado? ¿Yo? Has perdido la cabeza, mujer. ¡Nunca!
LIBRA: Eso podría sucederle a otros hombres. Pero tú te parecerás a uno de los apóstoles. ¿Cuánto tardará en crecer
totalmente?
TAURO: Pero si me disponía a afei … esto, bueno, calculo que tardaría unas semanas. Uno de los apóstoles, creo
que a… Mateo. O quizás a Marcos…
LIBRA: ¿Cuándo decidiste dejártela, cariño?
TAURO: Oh, ya sabes cómo son las cosas, cuando estás sentado en el bosque, junto a la fogata del campamento. A
veces eso te da una perspectiva de la vida.

LA RELACIÓN TAURO-ACUARIO
Los Aguadores sienten el verano en primavera, y el invierno en otoño, adelantándose siempre una estación a todos
los demás. Su visión típica de Urano, que abarca los años, las décadas e incluso los siglos, les permite disfrutar de
una o dos dimensiones adicionales, y esto explica la expresión vaga de sus ojos. La rara facultad de escrutar el
mundo del mañana sin perder la nítida conciencia del mundo de hoy implica la participación de la inteligencia, el
instinto y la imaginación, que funcionan al unísono como una trinidad, plácida y simultáneamente. Cuando los Piscis
espían el mañana, a menudo descuidan el presente, y las fugaces vislumbres del futuro que tienen esporádicamente
los Sagitario son ni más ni menos que eso: breves pantallazos proféticos. Los Escorpión se apasionan tanto por la
dimensión en la que flotan, cualquiera que ésta sea, que no pueden prestar atención a las otras al mismo tiempo. Sólo
los Aguadores son capaces de hacer malabarismos con la inteligencia, el instinto y la imaginación como trinidad,
permitiéndoles formar una imagen tridimensional y perfectamente sincronizada del pasado, el presente y el futuro.
Ahora entienden por qué a Acuario lo llaman el «signo del Genio».
Sin embargo, algunos hombres y mujeres Acuario disfrutan tanto en el mañana, o en el ayer, que olvidan su talento
para la sincronización, y resuelven quedarse allí de visita durante un tiempo, en sus cuerpos astrales, mientras dejan
atrás sus cuerpos carnales para que se las apañen como puedan durante su ausencia, deambulando como zombies ,
sin oír ni ver, y articulando sólo un murmullo ininteligible. ¿Entienden por qué a Acuario también lo llaman el «signo de
la Locura»? ¡Ah, el Genio y la Locura! Son inseparables, como el perro y las pulgas, y todo Acuario que transite por el
mundo es lo primero, al mismo tiempo que lo hostiga, de tiempo en tiempo, la segunda… o la acusación de
padecerla. Los Acuario saben muy bien que poseen esta doble naturaleza, por mitades, y todos reaccionan con una
indiferencia casi maravillosa, y reconocen alegremente sus excentricidades. Los Acuario pueden hacer un extenso
viaje por el éter. El mecanismo de la máquina del tiempo que llevan en la cabeza puede atascarse, quizás en otro
siglo, y dejarlos atrapados en una torsión espacial (una especie de agujero en el cielo), y no regresar. Pero
regresarán. Él o ella regresará .
Los Aguadores siempre practican una cuenta atrás desde el mañana, y reaparecen más vivaces que cuando partieron
en sus cápsulas mentales. Los Acuario que conservan más a menudo el equilibrio entre todas las dimensiones y que
se pierden con menos frecuencia en una torsión espacial son los profetas, visionarios, cerebros creativos y genios
inventivos de la humanidad masculina y femenina. Ellos y ellas recogen las aguas de la sabiduría y la verdad suprema
de los profundos pozos del mañana y la derraman en un flujo continuo, con sus extravagantes disfraces de locos, ya
sean éstos científicos e inventores, o músicos, artistas, escritores, políticos, taxistas, barberos y jefes indígenas. Esto
explica más o menos el «dónde está la cosa» de Acuario: «la cosa» es su conciencia y el «dónde» es la triple
dimensión del tiempo y el espacio que ellos visitan.
En cuanto a los Toros, podemos sintetizar muy rápidamente su posición en el tiempo y el espacio. Tauro está, sólido y
tangible, en el aquí y el ahora. Poco importa el «de aquí para atrás» y el «de aquí en adelante». Generalmente, tanto a
los Toros les resulta más que suficiente una sola dimensión. Por lo que concierne a estos hombres y mujeres, ya hay
bastantes problemas para resolver en este nivel, en el presente, sin necesidad de revolotear buscándolos en otros
niveles del pasado o el futuro. Quizás el mañana fue hecho para algunas personas. Pero es posible que al Tauro
nunca le llegue. Hay que ocuparse del hoy. Incluso los rarísimos Toro «videntes» están pegados a la Tierra. Asimismo,
el vidente Tauro sólo esparce predicciones para convencer a la gente de que debe comportarse sensatamente ahora
mismo, y de que debe prepararse, con espíritu práctico, para cualquier emergencia que el Toro haya vislumbrado en
el futuro. A diferencia de Acuario, Tauro no es extravagante ni chiflado. Tauro personifica los cuadros realistas de
Norman Rockwell … en su totalidad. Los ojos de Tauro no contienen la expresión vaga de Acuario. Son dulces,
serenos… y a veces duros, cuando el Toro se enfurece (cosa que no sucede muy a menudo, pero que cuando ocurre
compensa su rareza con su intensidad).
Sin embargo, los Tauro, como los Acuario, mascullan frecuentemente monosílabos ininteligibles, como «Sí», «No»,
«Ajá», « Hum » y « Grrmmmmmfff ». De modo que en este contexto existe una vaga semejanza entre ambos. Los dos
nacieron bajo un signo fijo, en razón de lo cual también tienen en común una cierta tenacidad (que tal vez prefieran
llamar obstinación). Exceptuando estas similitudes, son todo lo distintos que pueden ser dos seres humanos, sin por
ello dejar de reconocerse como habitantes del mismo planeta. (Aquí hay que admitir, con toda sinceridad, que a veces
Tauro y Acuario no se reconocen como habitantes del mismo planeta.) Tauro desea mantener el statu quo. Acuario
desea alterarlo. Imaginen a estos dos, mirándose desde extremos opuestos de una habitación, o desde aceras
opuestas de la calle. Acuario, la bola de cristal saltarina… y Tauro, el terrón de tierra adorable pero sólidamente
implantado. Es difícil imaginar el diálogo que entablarían, si resolvieran acercarse, ¿verdad? O sea, al fin y al cabo,
¿qué le dice un terrón de tierra, adorable pero sólidamente implantado, a una bola de cristal saltarina? ¿
Grrmmmmmfff ? ¿ ¿¡ Hola!??? Bueno, permitan que les informe que, dejando de lado lo que puedan pensar, que este
intercambio de saludos nunca transmitirá, por cierto, todo lo que cada uno de ellos sabe.
Tauro, no suele ser, una máquina parlante, que divulga todos sus conocimientos entre los desconocidos. Sin embargo,
los datos prácticos y el sentido común que los Toros han acumulado cautelosamente y almacenado sistemáticamente
en sus cabezas son igualmente poderosas herramientas mentales cuando resuelven aguzarlas y montar una casa, un
imperio financiero, una carrera… o un medio inconmovible para conquistar el amor y la amistad. Realmente todo lo
que Tauro sabe no se reduce a un « Grrmmmmmfff ». Pero esto puede ser todo lo que los Toros están dispuestos a
comunicar al Acuario en un primer encuentro, hasta haber tenido tiempo de decidir si el Aguador es digno de la
energía indispensable para mantener otras conversaciones. En cuanto a Acuario, los hombres y mujeres regidos por
Urano siempre saben mucho más que lo que dejan derramar de sus pequeños cántaros marrones. Cuando están en
tierra firme, utilizan un dispositivo mezclado de palabras (invisible, por supuesto) merced al cual sus conversaciones
típicas de Urano suenan a menudo como al revés, a toda velocidad. ¿No lo han notado? Tauro sí lo ha notado, con
frecuencia, y suelta un gruñido o un « Grrmmmmmfff » de disgusto, negándose a lidiar con semejante tontería.
O… ¿acaso los Aguadores se limitan a accionar sus interruptores a ratos, cuando desean extirpar un pensamiento,
una idea, un sentimiento o un concepto demasiado avanzado para la comprensión del vulgar mortal? Sea lo que fuere,
lo importante es que Tauro y Acuario se comunicarán entre sí exactamente como se comunican con el resto de
nosotros… a su hora y a su manera. Ésta es una configuración de signos solares 4-10, lo cual significa que la
compatibilidad y la comprensión entre éstos dos sólo se logra con esfuerzo… y es recompensada, cuando al fin se
materializa, con la agradable sensación de haber conseguido algo valioso. Suponiendo que hayan roto el hielo con un
« Grrmmmmmfff » y un «¡ Hola!», ¿cómo demolerán luego las apocadas barreras de Tauro, y el desapego de Acuario,
para entrar en acción como una unidad? Esto depende de muchos factores. Para empezar, los Tauro son mucho más
circunspectos que los típicos Aguadores, cordiales y gregarios. Incluso los Acuario tímidos consideran que todos son
sus «amigos», desde el cartero hasta el Presidente. Ya es bastante que estos individuos atinen a reconocer la
diferencia entre chicos y chicas, vértice y base, arriba y abajo, negro y blanco, frío y caliente, etcétera, etcétera.
El Acuario típico no tiene prejuicios a la hora de elegir compañeros. «Compañero» es una palabra que la gente de
Urano utiliza para describir a amantes, parejas, esposas, gatos, perros, ardillas, niños, vecinos, delfines, parientes y
así hasta el infinito. Todos son «compañeros». A veces cambian este término por «mi camarada», «mi viejo
compañero», «mi buen compañero», «mi amigo»… pero nunca por «mi mejor amigo». Los Acuario tienen tan pocas
preferencias respecto de sus amigos como espíritu selectivo para elegirlos, así que nunca nadie se convierte en el
«mejor amigo» de un Acuario. Tauro es sólo uno más en medio de la multitud. Los Toros pueden tender su copa vacía,
si lo desean, y los Aguadores se la llenarán. Pero los hombres y mujeres (y niños) regidos por Urano no soportan los
largos silencios y los accesos de mal humor del Toro. En el mundo hay demasiados sedientos que necesitan de su
tiempo y atención, y que también necesitan beber largamente de las aguas de la sabiduría uraniana .
El Tauro medio tarda varios años en encontrar un amigo, un auténtico amigo, sin contar los familiares y conocidos
fortuitos. Acuario tarda aproximadamente sólo cinco segundos en exclamar: «¡ Hola, compañero!». Entonces les ha
contado, según creas, todo lo que él (o ella) sabe, en el sánscrito de Urano, claro está, o quizás en jeroglíficos de
Acuario… así que ahora son amigos, ¿verdad? Tauro desconfía de las amistades que se forjan rápidamente, que se
toman a la ligera y que están definidas en términos tan ambiguos. Si estos dos aprovechan una relación armoniosa
Sol-Luna-ascendente entre sus cartas natales, finalmente empezarán a hablar el mismo idioma, y podrán
comunicarse. Incluso sin la ayuda de un intercambio favorable de luminarias ascendentes, y de otros aspectos
armoniosos de sus horóscopos, aprenderán muchas lecciones valiosas el uno del otro, y su educación recíproca
podría ser divertida y crepitante, además de ser mental y emocionalmente estimulante… y podría contribuir a la
expansión de sus almas. Las almas también necesitan ejercitarse, como los cuerpos. Éste es el objetivo de la
vibración 4-10.
Si sus respectivas luminarias y ascendentes están en cuadratura u oposición, es posible que estos dos signos solares
tengan que aprender a protegerse durante los cuerpo a cuerpo. A los Toros los irritará el aire de etérea
despreocupación de los Acuario, que tal vez parecerán estar mirándolos con desdén y condescendencia desde lo alto
de las nubes. Los Aguadores necesitarán sujetarse con fuerza para no resbalar sobre el límite inestable que separa el
genio de la locura, cuando los terrenales Tauro les hagan sentir que arrastran tras de sí el peso muerto de la
desaprobación del Toro durante sus viajes al espacio exterior. ¿Por qué un Toro no habría de poder retozar
alegremente con un Aguador? En los reinos de la tolerancia y el regocijo, los gatos pueden tocar el violín, y… ¡ Tra -la-
la! ¡Un Toro sí puede saltar sobre la Luna!* Acabo de consultar mis notas, y varios astronautas pertenecían al signo
solar Tauro. ¿Qué me cuentan? La vida está llena de sorpresas, como les podrá informar cualquier Acuario. Aunque
no se lo preguntes.

MUJER TAURO HOMBRE ACUARIO


Muy pocas cosas toman por sorpresa al hombre Acuario, dado su naturaleza intuitiva. Igualmente, es posible que no
esté preparado para lo que le ocurre después de retozar durante un tiempo con una chica Tauro. Hélo aquí: un hombre
con sólidos principios éticos (tal vez sean peculiares, pero son los suyos, y son sólidos… o más exactamente, fijos).
Tiene una gran sensibilidad humana. Le interesan todos, no alimenta prejuicios contra el sexo femenino, el sexo
masculino o las personas de cualquier otro sexo. Sin embargo, observen el dolor que le ha causado a ella,
inadvertidamente. ¿Cómo puede haberla lastimado? Se habían divertido tanto juntos en el zoológico. Él sólo trataba
de ser su hermano mayor. Su amigo. Su camarada. Su compañero. La chica Tauro fue formada para el romance por
la Madre Naturaleza, y ésta es una mujer que no discute con la Madre Naturaleza. El cometió su error en el comienzo
mismo de la relación con ella. La primera vez que concentró su atención caprichosa pero zalamera en ella, cuando le
formuló preguntas chocantes de naturaleza íntima y ella se echó a llorar, debería haber hecho un esfuerzo especial…
para notar que se trataba de una mujer. Ciertamente ella tenía conciencia de que él era un hombre. Lo había notado
desde el primer momento. Y entonces la aritmética romántica le pareció muy simple: un hombre más una mujer, igual
al éxtasis… en varios niveles, entre los cuales no es de menospreciar el de la satisfacción sensual del tacto.
Los Acuario que lean esto tal vez necesitarán una interpretación de la palabra «tacto». Ésta significa besar, abrazar,
tomarse de la mano y muchas otras cosas. Significa, por ejemplo… bueno, el contacto corporal humano. Piel contra
piel. El contacto corporal humano es algo que no todos, pero sí muchos Aguadores, temen como si fuera la peste
negra. No se trata de que los Acuario sean enemigos del tacto en sí mismo, pero este lleva a… ¿cómo es que lo
llaman?… a la transformación de dos en uno. O a algún desatino parecido. Acuario se siente más seguro cuando los
dos siguen siendo dos. Así, sabe con certeza dónde está plantado. Sólo. Libre de obligaciones y sin peligro de perder
su individualidad. Si andas por el mundo tocando a la gente, y sobre todo a la gente de sexo femenino, ¿quién sabe lo
que te espera? A lo mejor él se consagraba a ella con el fin de desmontarla para investigar cómo hacía tic o tac,
movido por la misma fascinación que le inspiran todas las formas de experimentación. Pero ella no se dio cuenta de
que sólo era una cobaya de laboratorio para la curiosidad de él. Cuando la invitó a comer helado en su casa, le
pareció algo loco. Igualmente, era una chifladura maravillosa, y cuando ella analizó el asunto minuciosamente (como
siempre lo hacen los Tauro), resolvió que no invitaría a cualquier chica a compartir el techo con él. Entonces llegó a la
conclusión de que esto probaba que la amaba.
Quizá sí la amaba. Pero el hombre Acuario tiene la costumbre de trasmutar el amor a-primera-vista en amistad, para
verificar así su valor intrínseco, y de dejar que después se herrumbre tal como está. Para la chica Tauro, semejante
desidia en el campo de las necesidades emocionales mutuas es el mejor sistema para convertirse en un auténtico
fracasado nato. Está convencida de que el verdadero amor sólo llama una vez (y en algunos casos ni siquiera eso) en
la vida. ¿Por qué arriesgarse a perderlo, negándose a reconocerlo y a darle una oportunidad? Desde el punto de vista
astrológico tiene razón. El verdadero amor (entendido como la unión de almas gemelas) es una experiencia rara y
hermosa. Es triste dejarlo escapar y tener que correr en pos de él en una encarnación futura. Y aunque Acuario es el
regente natural de la undécima Casa astrológica del «amor kármico », a muchos Acuario se les escapa. Están a la
par de los Virgo y los Sagitario por su propensión a la soltería y por su deseo de eludir el encierro en la institución del
matrimonio. Por supuesto, esto tiene compensaciones. También evitan los errores. Y es bueno evitarlos con esta
combinación de signos solares, dado que se trata de una vibración 4-10. Si por casualidad incurrieran en un error y se
casaran, costaría mucho trabajo desenredar el nudo.
Hay excepciones, pero la chica Tauro media que tiene una relación desdichada con un hombre Acuario corre más
riesgo que él de quedar aniquilada. Una vez que ella se enamora, pretende que el romance dure una eternidad y tres
días más. Ésta también habrá sido la intención inicial de él, frustrada por su propensión a las excentricidades,
propensión que es posible que ella no prevea pues ni siquiera él puede predecirla y el cielo sabe que tampoco puede
explicarla. Él es un signo solar fijo, así que es concebible e incluso posible que se conforme con compartir toda la vida
con la mujer apropiada. Pero si no se conforma, sus vibraciones de Urano determinarán que la ruptura final le resulte
mucho más soportable a él que a ella. Acuario se adapta fácilmente al cambio cuando éste es necesario (a veces
cuando no lo es), a pesar de la naturaleza fija de sus hábitos cotidianos y personales. Tauro no. A ella la asusta el
cambio. Éste implica lo nuevo, lo desconocido, lo que ella no ha probado y lo que no le resulta familiar. Se siente
emocionalmente inmune, segura y protegida en los brazos de su amante, una vez que existe intimidad entre ambos.
Está acostumbrada a él. Tal como está acostumbrada a su peinado, a sus vaqueros desteñidos, a sus viejos discos, a
su cafetera destartalada y a sus domadas zapatos de tenis… con sentimientos mucho más profundos, se entiende.
Aunque la convivencia con él esté llena de fricciones, hasta el punto de ser insoportable, ella se resistirá a poner fin a
su desventura mediante la separación o el divorcio mientras piense tercamente que aún quedan esperanzas. Hay que
admirar su perseverancia. Pero cuando finalmente resuelva dejarlo, si lo resuelve, se irá. Y nada la hará volver. Esto, si
lo dejó en serio y si su partida no ha sido un último recurso desesperado. Si lo ha sido, es probable que su fe y sus
esfuerzos tengan recompensa, porque la ruptura temporal quiebra la monotonía y obliga al Aguador a interesarse de
nuevo por la escena cambiante. Ésta es una estrategia que algunas chicas Tauro utilizan con éxito. Incluso pueden
llegar al extremo de fingir amoríos con un apuesto gigoló, lo cual a menudo sirve para rescatar bruscamente al Acuario
de su mundo extraterrestre y para hacerle pensar que quizás está perdiendo algo más que una cómoda amistad. Es
posible que él empiece a sentir todas las noches sofocos y escalofríos alternados, al recordar el gracioso mohín que
hacía al reírse, la forma en que desafinaba al cantar bajo la ducha —y cómo usaba su propia toalla—, la dulce
expresión somnolienta que aparecía en sus ojos los domingos por la mañana, sus panqueques, los suaves mugidos
femeninos que emitía cuando la amaban debidamente, sus chistes excéntricos, su cabellera refulgente, su piel
perfumada, su… bueno, quizás era algo más que una simple camarada. Era estupenda cuando le masajeaba la
espalda, cuando tenía fe en las visiones de él, cuando lo hacía sentir cómodo, cuando se reía de la pobreza, cuando le
hacía desaparecer las jaquecas, cuando hacía sopa, cuando hacía durar el dinero, cuando hacía el amor… sí, era algo
más que una compañera. Era algo sin igual.
Entonces pedalea hasta el apartamento de ella, le lleva su gato como ofrenda de paz, le pone en la mano un ramillete
de flores, le sonríe de soslayo y pregunta tímidamente: «¡ Oye, guapa! ¿Quieres volver a jugar conmigo al marido y la
mujer?». Sin embargo, si ella no ha empleado la ruptura como una estrategia romántica, si aquélla es, en cambio, el
producto de una cuidadosa reflexión, él puede llevarse de nuevo el gato y meterse las flores en el bolsillo. Cuando un
Toro se va, se va. A él le resultaría más fácil mover una montaña que hacer cambiar de idea a una mujer Tauro e
inducirla a repetir el ensayo. El verdadero amor (entendido como la unión de almas gemelas) es una experiencia rara
y hermosa. Es triste dejarlo escapar y tener que correr en pos de él en una encarnación futura. Y aunque Acuario es el
regente natural de la undécima casa astrológica del «amor kármico », a muchos Acuario se les escapa. Están a la par
de los Virgo y los Sagitario por su propensión a la soltería y por su deseo de eludir el encierro en la institución del
matrimonio. Por supuesto, esto tiene compensaciones. También evitan los errores. Y es bueno evitarlos con esta
combinación de signos solares, dado que se trata de una vibración 4-10. Si por casualidad incurrieran en un error y se
casaran, costaría mucho trabajo desenredar el nudo.
Sin un aspecto Sol-Luna favorable entre esta (o cualquier otra) configuración de signos solares 4-10, la brisa más leve
puede sacudir la barca, y provocar un naufragio. Como los reflejos de Urano son más rápidos que los de ella, es
posible que él reanude la navegación antes de que ella tome conciencia de lo que ha ocurrido, y entonces quedará
flotando a merced de un mar de emociones, sin salvavidas. Y ella pertenece al elemento Tierra y no al elemento Agua.
Por eso los Toros corren más peligro que los Aguadores cuando el amor se estrella en los arrecifes. Sin embargo, con
la asistencia planetaria de un aspecto Sol-Luna armonioso en sus cartas natales, podrán sobrevivir a las tempestades
y urdir un deslumbrante edredón multicolor de vida y amor, relleno con las suaves plumas de la comprensión y el
afecto, que los mantendrá abrigados y calientes mientras riñen y se besan y se reconcilian periódicamente.
Es posible que su relación sexual sea frustrante e insatisfactoria , a menos que ella complazca la necesidad de
cambio que experimenta él, imitando su locura. Si para darle una sorpresa él se mete en la cama luciendo una
máscara con las facciones del Pato Donald, o suelta su gato bajo las mantas y ésta le mordisquea los dedos de los
pies, ella no debe enfurruñarse tercamente ni debe irse a dormir a la habitación de huéspedes. Debe sobresaltarlo a
su vez con sus propias sorpresas. Por ejemplo, debe entretejer los dientes de león con su cabellera cuando va a
acostarse; o debe confeccionar una manta con viejas banderas, conectándola con una cajita de música, o quizá debe
pintar en el cielo raso estrellas y galaxias luminosas, como las del Planetario, para que él pueda tumbarse en la cama
y buscar la Osa Mayor mientras hacen el amor. Cualquier cosa con tal de variar. Él deberá tomarse tiempo, y ser
paciente, para entender y satisfacer el profundo anhelo de afecto y de sensualidad que experimenta ella en el acto
amoroso. La chica Tauro necesita demostraciones de amor no sólo durante la unión sexual.
Pero si la chica-mujer Tauro se esmera un poco más por ser tolerante con las peculiaridades sexuales, emocionales y
románticas del Aguador, éste puede ser un amante sensible y considerado. Ella deberá comprender que la pasión de
Urano es mental, además de física, y deberá hallar medios imaginativos para combinar los deseos abstractos de él
con las necesidades sexuales de ella, más centradas y tradicionales. Excitar a este hombre hasta el punto de la pura
pasión sideral implica un desafío constante, pero vale la pena esforzarse porque Acuario puede aportar a la unidad
sexual una magia inesperada, que estimula el corazón y el alma, además de los sentidos físicos.
Estos dos son distintos. Ella es mujer. Él es hombre. A ella le gustará que él la trate como mujer. A él le gustará que lo
traten como hombre. Ella se lo merece. El, tal vez no. (Pero los hombres son seres lúgubres… los chicos son más
divertidos.) A ella le gustan las alfombras mullidas y los muebles opulentos, panzudos. A él le da lo mismo acampar en
una tienda. A ella le gusta frotarse la piel con un cepillo de espalda perfumado, en una bañera con agua, saturada de
aceites aromáticos. A él le gusta azotarse la piel con hojas de bambú, al estilo japonés, en la ducha. Ella está
sintonizada con la paz y el sosiego… que él llama aburrimiento. Él está sintonizado con la emoción y la controversia…
que ella llama manicomio. Es posible que al fin ella pierda los estribos y la paciencia, normalmente bien controlados, y
le diga que se busque a otra para que le arranque las astillas que se le claven. Sin embargo, si él consigue enseñarle
a volar un poco, y si ella consigue enseñarle a disfrutar en su compañía (la de ella)… bueno, ¿quién sabe? «Si» es una
palabra pequeña, con un significado inmenso. Pero «amor» es una palabra de cuatro letras, dotada de infinito poder.

Hombre TAURO Mujer ACUARIO


La Acuario es una mujer muy especial, que necesita a un hombre muy especial. Claro que también se podría decir que
es una mujer rara, que necesita a un hombre excepcionalmente paciente. La mayoría de esos individuos deberían ser
Toros, que se hacen autobombo recordándote que entre sus muchas virtudes se cuenta la paciencia excepcional. La
personalidad de la Aguadora es singular, y para la mayoría de nosotros singular equivale a especial. Pero para un
signo de Tierra, singular significa, normalmente, raro. Extraño. Inverosímil. Se trata sencillamente de un problema de
definición. Lo importante para el Toro es recordar que esta dama es diferente. Intriga al Tauro masculino porque es
misteriosa. No se trata del misterio que él intuye en torno de la mujer Escorpión… el misterio que le hace preguntarse
si es perversa o pura, si es fría o ardiente. En el caso de la dama de Urano, el misterio consiste en preguntarse si
existe realmente. Esto lo fascina. Y con razón. Ella tiene un talante deliciosamente ambiguo. Naturalmente. Nació bajo
un signo de Aire. Es difícil de definir. Por ejemplo, cuando comienza una frase y la deja truncada flotando en el aire…
cuando tiene la mirada perdida en lontananza mientras él le dice «Te amo»… y cuando le resulta difícil recordar cómo
se llama él. Cosas por el estilo.
Más tarde, el Toro descubrirá que ella estaba más que presente y alerta en aquellas circunstancias en que creía que
su atención andaba a la deriva. No se perdió ni un detalle. Su aparente distracción es sólo una señal de que anda
vigilando mentalmente, esperando que la realidad se ponga a la par del punto al que ella ya ha llegado…
adelantándose a todo. La mujer Acuario se siente tan aburrida cuando un hombre no puede viajar por su circuito
eléctrico, que instantáneamente se desvanece o sintoniza otro canal. Puede estar aquí… o puede estar allá… pero
aquí o allá siempre está muy distante. Como esta dama es tan individualista respecto del romance como respecto de
todas las otras cosas, dicta, a medida que avanza, sus propias reglas sobre el amor. Cualesquiera que éstas sean,
tanto si son puritanas como si son permisivas según las pautas de los demás, es fiel a ellas, y a sí misma. Es
precisamente esta virtud de la honestidad y la integridad consigo misma la que hace que el Toro se sienta atraído por
la Aguadora como por un imán, y la que lo induce a tolerar con asombrosa frecuencia sus reglas románticas, aunque
éstas vayan contra la naturaleza del Tauro. Él la ve claramente como una de las pocas personas realmente honestas
que quedan en el mundo. Una de las pocas personas éticas, formales, dignas de confianza… eh, alto, aguarden un
poco. No sigas. Es honesta y ética. Pero te meterás en aprietos, Tauro, si crees absolutamente que esta mujer es
formal y digna de confianza.
Es cierto que tiene intenciones y objetivos fijos, pues nació, como el Toro, bajo un signo fijo. También es una excelente
organizadora (a pesar de su engañoso atolondramiento) y le gusta, como a él, economizar y acumular cosas. No
porque sea ahorrativa… ni por ninguna de esas razones sensatas y prácticas (para los Toros). Economiza y acumula
cosas que casualmente estimulan su fantasía. Es aficionada a las antigüedades (el Toro es aficionado a romperlas) y
guardar toda clase de trivialidades, como su viejo sombrero de mosquetero, la pipa de su padre, la foto que una
amiga le tomó cuando se bronceaba bajo el sol. Deja de piafar y bufar, he dicho una amiga y no un amigo… y la
mayoría de las chicas regidas por Urano no son recatadas cuando están en compañía de personas de su mismo sexo,
en el bosque, y no hay un alma cerca. Algunas de ellas tampoco son excesivamente recatadas en medio de las
multitudes, pero no hablemos de estas Aguadoras… pueden apostar sus recuerditos a que el Toro no se ha
enamorado de una de las que pertenecen a esta categoría. Es posible que su afición por las antigüedades (si se trata
de una Acuario típica) fastidie al Toro hasta el punto de producirle una gran frustración y una tremenda exasperación.
(Todo en el Tauro es grande o tremendo, nunca pequeño ni minúsculo.)
Tal vez este hombre disfrute de la tradición del pasado, y de los muebles de calidad, creados por artesanos para que
duren más de tres semanas, pero no lo atraen esas antigüedades frágiles y exquisitas que se descalabran cuando te
sientas en ellas. Más de un Toro se ha desplomado al romper el asiento de la silla del siglo XVIII que compró su
consorte Acuario… mientras leía las cotizaciones de Bolsa en el periódico de la tarde. Y les digo que un Toro que ha
caído sobre su lomo —pesadamente— después de haber atravesado el asiento de una silla puede ponerse muy
irascible. Es capaz de alzar la silla agresora y de reducirla a astillas, y de destrozar simultáneamente los sentimientos
de ella al vociferar: «¡ SACA ESTAS… ( obscenidades ) RIDÍCULAS BASURAS DE MI CAMINO ! CON LO QUE
GASTASTE EN ESTE… CACHIVACHE PODRÍAS HABER LLENADO LA CASA DE MUEBLES SÓLIDOS Y
ÚTILES. MAÑANA POR LA NOCHE QUIERO ENCONTRAR EN ESTA HABITACIÓN Y EN ESTE MISMO LUGAR UN
SILLÓN RECLINABLE… Y SERÁ MEJOR QUE ESTÉ AQUÍ CUANDO VUELVA DE TRABAJAR, AUNQUE LO
TENGAS QUE TRAER DESDE LA TIENDA SOBRE TUS ESPALDAS, MUJER». (Los hombres Tauro siempre
mandan en sus casas.)
¿Y cómo reaccionará esta mujer del signo de Aire Acuario ante el furioso arrebato de su Toro por la silla? Es muy
probable que le pregunte: «Escucha, ¿cuál es la palabra de seis letras que rima con cerda?». (Ella está resolviendo
un crucigrama en la sección del periódico que él no lee.) Sulfurado como está, es posible que él le conteste una
grosería. De pronto a ella se le ilumina el rosto y exclama: «¡ Ya lo tengo! ¡Cuerda! Debo usar una `C’ porque en la
vertical tiene que resultar ‘Cascarrabias’. Entre paréntesis, ¿sabes lo que significa ‘cascarrabias’? Es una palabra
que se aplica a la persona que se encoleriza por poco motivo. Me gusta. Creo que a partir de ahora te llamaré así, en
lugar de tu nombre. Cascarrabias». Él la mira en silencio, sin saber qué decir. Entonces, súbitamente, sin aviso previo,
cae un rayo típico de Urano, y ella le arroja el periódico a la cara, mientras aúlla: «Trae tu… silla a casa sobre tus
espaldas, Cascarrabias. Mañana me iré a hacer camping, sola… y tardaré una semana o más en volver. No me
llames, te llamaré yo si tengo ganas, ¡y probablemente NO LAS TENDRÉ!». Ella da un portazo, monta en su carro,
arranca y sale disparada calle abajo, rumbo a ninguna parte, para ir a reflexionar «serenamente».
Estas son las reacciones que hay que prever cuando dos personalidades fijas tienen una desavenencia y una de las
dos (la de ella) es susceptible de tener esos súbitos e inesperados estallidos de Urano. Recordemos que a éstos dos
los gobierna la tensa influencia de la configuración de signos solares 4-10, y esta energía vibratoria perturbadora los
agita a menudo, enfrentándolos entre sí. Ambos deben tener conciencia de que pueden perder los estribos cuando
menos lo esperan. El Toro siempre nos sorprende y nos horroriza cuando se enoja de veras, sencillamente porque sus
accesos de ira son muy esporádicos. La mujer Acuario también es proclive a sorprender y horrorizar a su amante o
marido con su cólera, sencillamente porque está regida por Urano, y casi todo lo que la induce a hacer su planeta lo
hace sin aviso previo. Volverá a casa más o menos al cabo de quince minutos, sosegada, y le traerá un regalo, una
ofrenda de paz… quizás un cachorrillo que encontró merodeando, sin hogar. Si el cachorrillo es tibio, suave y mimoso,
probablemente su hombre Tauro se ablandará, y lo abrazará —y la abrazará a ella— y le dirá que pueden conservarlo,
siempre que ella prometa educarlo. Ella lo prometerá, dulcemente… y volverá a reinar la paz. Pero es posible que ésta
sea sólo una tregua temporal, a menos que exista un aspecto armonioso entre los Soles y Lunas ascendentes de sus
cartas natales. Si no es así, ambos tendrán que aprender a autocontrolarse y deberán comprender que «inestable» no
es una palabra de nueve letras que rima con felicidad.
Volvamos a sus respectivas propensiones a acumular cosas. (La explosión 4-10 suele desquiciar la ilación de los
pensamientos.) Al igual que ella, el Toro es aficionado a atesorar viejos recuerdos, en forma de trastos, si bien
argüirá, ruborosa y tercamente, que tienen una aplicación práctica. No la tienen, pero ella debe permitir que él piense
que sí. (Los Cangrejos también se complacen en atesorar objetos, pero por otras razones. En parte por
sentimentalismo, sí, pero sobre todo porque se les atascan las pinzas y no pueden soltarlos.) Pues bien. Ella y él
tienen signos fijos, así que los dos son buenos organizadores y tienden a acumular cosas. Sin embargo, cuando se
trata de la virtud de la fiabilidad, Acuario es la oveja negra de la familia de los fijos. (Oveja negra no es un término
peyorativo… se trata de las ovejas que tienen la audacia de ser distintas, como saben.) Los otros tres signos fijos —
Tauro, Leo y Escorpión— son debidamente fiables, pero es aquí donde Acuario salta de la barca.
Ella hará lo imposible por cumplir una promesa, y desarrollará un esfuerzo hercúleo para llegar puntualmente a las
citas. Raramente se retractará de algo que ha dicho, si lo sentía de corazón en el momento de decirlo, y todo esto es
admirable. Pero las excentricidades de su indumentaria y sus modales, los súbitos zigzagueos de su conducta tan
propios de Urano, sus cambios inesperados y las sorpresas que se deleita en dar, no se pueden describir como
fiables. Sólo se pueden describir como desconcertantes. El hombre Tauro es generalmente convencional, su
comportamiento es previsible, no le gusta zigzaguear, y ni siquiera su peor enemigo podría llamarlo excéntrico. El Toro
es un conformista de alma, y es por ello que la era de Acuario le produce una ofuscación silenciosa pero
desesperante. ¿Quién puede lidiar con estos jóvenes enloquecidos, con la revolución sexual, los tumultos, las
protestas contra el Gobierno, la gente que corre desnuda y las mujeres que tienen la temeridad de pensar que son
iguales a los hombres, cuando cualquier buen curso de anatomía prueba que esto es ridículo?
Así que Tauro se queda pacientemente sentado, cavilando y preocupándose interiormente, protegiendo su propiedad
de los maníacos desorbitados y anónimos que corren por las calles, y buscando desesperadamente, como Diógenes,
a un hombre honesto. O por lo menos a una mujer honesta. Entonces aparece la chica Acuario, que enarbola el coraje
refulgente de sus convicciones, y él piensa que la búsqueda ha terminado. ¿Pero, y sus excentricidades? ¿Y esas
ropas extravagantes que usa, su peinado peculiar, sus extraños asertos y su simpatía por esos maníacos peligrosos y
alucinados? ¿Acaso no tiene el sentido común suficiente para alarmarse por lo que sucede en el mundo circundante
sólo porque no es más que una mujer? Quizá necesita que él la proteja. No niego que tal vez necesita protección. Pero
la razón por la cual no se alarma es otra: al fin y al cabo, la era de Acuario es su era, y como ella misma es Acuario,
sabe que nunca es indispensable adaptarse a nada, a menos que lo desees. Ella siempre se ha conformado con vivir
junto al mar, sin atacar a quienes prefieren las montañas. Siempre se ha peinado como a ella le gusta sin que la
preocupara si sus amigos eran calvos o usaban trenzas. ¿Qué tiene de malo el hecho de ir el domingo a la iglesia y
comer inmediatamente después con un ateo? Si al menos pudiera hacerle entender a él que no tiene por qué
ofuscarse tanto por lo que sucede… y que sólo se trata del comienzo de una fabulosa era nueva en la que cada cual
podrá desarrollar su propia personalidad, y ser conservador o liberal, andar descalzo o con botas, usar melena o
cortarse el pelo al rape.
Sencillamente se trata de vivir, y dejar vivir. Bueno, Tauro entenderá esto último. Él está muy dispuesto a vivir y dejar
vivir, siempre que pueda refunfuñar un poco cuando algo no le place. Ambos son propensos a «ser tolerantes», pero
deberían aplicarse ‘esta filosofía a sí mismos, además de aplicársela al mundo. Como sucede en todas las parejas 4-
10, cada uno de ellos coarta un poco la idiosincrasia del otro, y esto duele. La propensión acuariana de ella a lo
abstracto se extiende a su sexualidad, y como las necesidades sexuales del Toro no tienen nada de abstracto, esto
puede provocarles un poco de insomnio. Ella no está obsesionada por la sensualidad y el erotismo, aunque ambos
pueden inspirarle bastante curiosidad. Su actitud respecto del acto amoroso es etérea y complicada; la de él es
simple y terrenal. El deseo físico nunca es tan fuerte ni tan profundo en Acuario como lo es en Tauro. Sin embargo, en
la naturaleza cálida y afectuosa del Toro hay algo que a ella le toca el corazón, y le hace sentir deseos de complacerlo.
Y en las pasiones poco convencionales de ella, tan honestas y francas, hay algo que despierta en el hombre Tauro una
mansa tolerancia, una especie de arrebato protector, que ciertamente no mitigará su virilidad. Es posible que una
noche ella lo abrume con su vehemente sed de amar, y que la noche siguiente parezca alejarse flotando de su
contacto. Tal vez él no se dé cuenta de que el deseo físico de ella pudo ser estimulado por la forma graciosa en que él
silbaba mientras pelaba torpemente una naranja para el desayuno (horas antes de acostarse), y pudo ser sofocado
por una noticia que oyó, inmediatamente antes de cenar, sobre los muchos millones de niños y de recién nacidos que
mueren de hambre a toda hora, en todo el mundo.
Y tal vez ella no se dé cuenta de que su Toro necesita algo más que unas pocas palmadas y abrazos para quedarse
conforme. Necesita que le rasquen la cabeza (literalmente), que le tomen la mano, que le besen la nariz y le llenen los
oídos de palabras dulces, tiernas… con mucha regularidad. Aunque el hombre Tauro esté rodeado de mucho amor,
siempre quiere más. Sin embargo, aunque la chica Acuario le tenga veneración, se siente obligada a compartir su
amor con sus amistades y con toda la humanidad, en general. A veces, a estos dos puede parecerles que no hay
suficiente amor para seguir subsistiendo. Nunca lo hay, cuando lo recibes. Sólo cuando lo das. La reserva es
inagotable.

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