Está en la página 1de 2

De sol, de comparsa y rebeldía.

La claridad de un sol otoñal tiene esa curiosa mezcla de barniz y calor familiar, al cubrir los
espacios provoca que éstos reluzcan una destello particular, una especie de luz abrigadora que
insinúa en su derrame por la ciudad la esperanza de que el día estará acompañado de una
atmosfera regocijadora. Cerca del mediodía del jueves 19 de abril, la bahía de Valparaíso se
encargó de ser una muestra perfecta de aquella claridad. La mayoría de los pasos de cada uno de
los transeúntes movilizados tempranamente esa mañana tenían como destino principal la Plaza
Sotomayor, emplazamiento tradicional de la ciudad de Valparaíso y escenario predilecto de las
concentraciones populares. La convocatoria tenía como fin ser una evidente muestra de la
preocupación ciudadana por el tema educacional haciéndose manifiesto a través de una marcha
por las calles del puerto, dejando en claro la contundente advertencia: somos muchxs y estamos
organizadxs.

Los abrazos, el beso protocolar por el encuentro, las miradas serpenteantes buscando entre la
masa el rostro amigo, la ansiedad por la primera vez, la tensa espera por el inicio; todo detalle
prologaba un día auspicioso. El sol ya aguardaba en las alturas su tarea diaria de dar luz y ambiente
a cada una de las escenas del día, sin embargo, aquella jornada se mostraría cómplice del desfile
de formas, colores y sonidos que serian parte del elenco principal de la marcha por la Educación.
Los vítores se encajonaban en cada espacio callejero que fuera contorneado por la elevada
pronunciación de los edificios históricos de la ciudad, los marchantes ya se hacían camino por la
ruta trazada y éstos en una danza coordinada iban acomodándose cada uno y cada grupo en un
segmento del conglomerado. La estela de personas avanzaba a paso firme por cada calle del
puerto, entre los manifestantes se encontraban estudiantes secundarios, profesores,
universitarios, agrupaciones culturales; la mayoría de ellos convocados por la Mesa social por la
Educación, agrupación asamblearia coordinadora del evento.

La hora avanzaba y con ella más notorio era el despliegue de los manifestantes en la calle, cada
cuadra del centro de la ciudad era cubierta por una expresiva comunión de fervor y de alegría
haciendo del espacio público un escenario improvisado en el cual declarar sin miedo y de múltiples
formas el desprecio por una educación de mercado. Las consignas, los gritos, las declamaciones
eran regularmente acompañadas por una tenue sinfonía de silbatos, aplausos coordinados y de vez
en cuando de algún instrumento de percusión artesanal. Cada vez que había un pequeño espacio
de silencio, de concentración, o quizá, sencillamente de descanso resonaba como un eco
palpitante a la distancia un fuerte sonido de comparsa. Las miradas confundidas y curiosas
exploraban entre las agrupaciones el origen de la algarabía. El numero de persona agolpadas en
un sector de la marcha parecía argumento suficiente para ir en campaña de exploración entre la
multitudinaria manifestación. A medida que la aglomeración se hacía más densa con mayor
estruendo se oían los compases carnavalescos de la orquestina que hechizaba con su despliegue
musical una parte importante de la muchedumbre. Las miradas no tan solo eran concitadas sobre
el alegre y armonioso desenvolvimiento de lxs musicxs sino que se distribuían entre bailarinas y
figurines que daban un aire teatral a la avanzada de la comparsa. La Gritona es el nombre del
colectivo y cuenta con una amplia diversidad de participantes, siempre presentes en cada una de
las demostraciones de organización popular del puerto.

La amalgama de colores, movimientos y música hacían juego con el ambiente esperanzador que
circulaba entre la mayoría de los marchantes cuyos pasos cada vez se hacían más vigorosos al
momento de observar que no se camina solo, que hay otrxs que siguen la misma ruta y que si de
rebeldía se trata, se sospecha que es mejor la que se vive con fiesta y carnaval y no la que cubre
con tristeza y oscuridad las expresiones del pueblo. Comparsa La Gritona es un claro ejemplo del
deseo multicolor que subyace a la mayoría de las iniciativas que buscan remover las añoranzas de
una sociedad cansada de la exagerada mercantilización de la vida social. El sol otoñal de aquel día
no solo se encargó de bañar con luz acogedora las diversas expresiones de una sociedad
insatisfecha sino que dio brillo y candor a la reunión de múltiples voluntades que apuntan a
promover una recuperación comunitaria y organizada de las expresiones sociales.

Queda aun entre las calles de un puerto asolado por la rutina y el conformismo el eco y el susurro
de aquellos pasos invasores que poco a poco comienzan a dibujar en el suelo la nueva ruta por
donde pasará la alegre rebeldía, rebeldía que al parecer vendrá pregonada por tambores, platillos
y bronces.