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No está todo bien con Internet. Lo sabemos.

Sabemos también que elegimos hacernos


los distraídos, realizamos una dietética del consumo de tecnología, pero aun así, no está
todo bien.
Ya aprendimos el asunto de los doble ticks azules, a sacar la fecha y hora de última
conexión en el what´s up, todas las configuraciones berretas de seguridad de
Facebook… nos preocupa poco el tema de que nuestros gustos generen perfiles de
mercado, que nuestros datos sean vendidos a compañías como parte de una base de
datos infinita de consumidores potenciales porque sabemos que en definitiva no nos
importa el anuncio, somos lúcidos como para ir a comprar cualquier huevada porque
nos aparece el cartelito en Google. Igual, insistimos, sabemos que no está todo bien.
Claro, empezamos con la idea de que “bueno, en definitiva el Facebook permite tender
redes, (redes contra represivas, inclusive), generar encuentros potentes, podemos
chatear con miles y millones, promocionar nuestras cosas”. Igual no, no está todo bien.
Nos reímos con Capusotto cuando en sus reflexiones humorísticas incluye la plataforma
FaceButt y nos dice:
“Qué bueno que es llegar a casa después de una jornada larga de trabajo, conectarnos a
internet y volver a irse pero sin tener que salir. Porque gracias a la tecnología estamos a
full, a tope, a mil, sabiendo de todo lo que ocurre aunque sepamos que no nos sirve
absolutamente para nada. “
Y remata la parodia con el siguiente parlamento:
“Encontralo todo en Facebutt. Facebutt, la comunidad virtual en donde te podés enterar
de todo y de todos y donde te podés registrar dejando tus datos para que los guardemos
y un día ver si te podemos extorsionar o se los damos a la CIA para que te siga de cerca
si te hacés comunista.”
Nos matamos de la risa, lo miramos por youtube. Algo sigue ahí y no está todo bien.

La Hipótesis Cibernética de Tiqqun publicada recientemente por Heck Libertad nos


interpela, nos pregunta:
¿Hasta qué punto vemos en esas tecnologías un modo de gobierno y nuevas formas de
gestión de la vida? ¿Hasta qué punto ya no solo somos consumidores y usuarios de
productos y servicios, sino devenidos productores de información y participantes de
este nuevo modo de gobierno cibernético?
Wifi para todo el territorio argentino, era uno de los slogans de un candidato
presidencial en las pasadas elecciones.

¿Qué es la hipótesis cibernética, qué es eso que nos suena tan raro, y genera cierta
extrañeza e incomodidad?

La Hipótesis Cibernética

Así pues, la hipótesis cibernética es una hipótesis política, una nueva fábula que tras la
Segunda Guerra Mundial suplantó definitivamente a la hipótesis Liberal. De forma
opuesta a esta última, ella propone concebir los comportamientos biológicos, físicos y
sociales como integralmente programados y re-programables.
Más precisamente, ella se representa cada comportamiento como “pilotado” en última
instancia por la necesidad de supervivencia de un “sistema” que lo vuelve posible y al
cual él debe contribuir. Es un pensamiento del equilibrio nacido en un contexto de
crisis.
¿En qué consiste la hipótesis cibernética?, o en otros términos, ¿Cómo percibimos
cotidianamente la presencia de la cibernética entre nosotros?
En principio, estamos acostumbrados a ser usuarios y consumidores de diversas
tecnologías; sin embargo, la hipótesis cibernética aplicada a partir del final de la
segunda guerra mundial; nos convierte, ante todo, en emisores y productores de
información, la cual es captada y procesada en tiempo real, relacionada, y puesta en
valor. La publicidad deviene personalizada.
Tiqqun opone al paradigma cibernético, la hipótesis liberal, antecesora e integrada en la
nueva lógica cibernética; la economía liberal ponía en valor la riqueza en tanto materia
sedentaria, la cibernética, en cambio, apuesta por la circulación de la información en
tiempo real, y dicha información pasa a tener un valor que juega en los mercados, es
tratada como un código decodificable, controlable; reduce así el ser social a la pura
superficialidad de las conexiones y la transparencia de esas conexiones.
Las relaciones sociales se reducen así a enlaces, como los que nos permiten entrar a
más y más información en la web, nuestros vínculos con la máquina, con los demás y
con nosotros mismos se vuelven transparentes porque transcurren en la pura
superficialidad, los datos e información que cotidianamente producimos son
codificados, catalogados, y puestos a jugar en una compleja red de comunicaciones.

El capitalismo presente debe ser calificado como economía de la información. La


información ha devenido la riqueza a extraer y a acumular, transformando al
capitalismo en auxiliar de la cibernética.

Nosotros estamos más familiarizados con el termino neoliberalismo, que en definitiva,


es, según Tiqqun, el híbrido que resulta de injertar en la base del utilitarismo
económico que caracterizaba a la economía liberal, la hipótesis cibernética; dicho de
otro modo, si el llamado modelo extractivista alude al aprovechamiento de las materias
primas y a la idea de extraer la mayor cantidad posible de las riquezas naturales del
planeta, bajo el paradigma cibernético, de lo que se trata es de extraer la mayor
información posible de la sociedad, tanto de cada uno, en relación con los demás y con
su entorno.
Para dar un ejemplo vinculado a lo cotidiano, nuestros datos personales con los que nos
registramos en diversos espacios de la web, luego son utilizados y se ponen en valor
como bases de datos de potenciales futuros clientes de empresas que están ávidas de
información sobre perfiles de consumidores de sus productos y servicios.

El gobierno cibernético

Lo que se oculta con Google, bajo las apariencias de una inocente interfaz y de un
motor de búsqueda con una rara eficacia, es un proyecto explícitamente político. Una
empresa que cartografía el planeta Tierra, enviando equipos a cada una de las calles
de cada una de sus ciudades, no puede tener intenciones meramente comerciales.
Nunca se cartografía sino aquello que uno medita adueñarse.

Con solo echar un vistazo a los orígenes de Internet, por dar un ejemplo, o cómo la
computadora y la bomba atómica nacen de un mismo movimiento en la plenitud de la
segunda guerra mundial, Tiqqun hecha luz sobre cómo la hipótesis cibernética está
íntimamente ligada a la estrategia militar, y a la idea de protección y conservación del
gobierno. El ejército militar estadounidense, tomó como modelo, para crear una red
electrónica de comunicación descentralizada, el diagrama de las autopistas
interestatales, para prevenir un ataque a sus bases, y que no se pierda la comunicación
entre las autoridades de mando militar.
El GPS nos ubica, nos guía, nos orienta, nos dirige; es una máquina de dar respuestas,
ya no hay más problemas. Un taxista despistado que sólo escucha el GPS para
orientarse en las calles de la ciudad; de pronto, al doblar en una esquina y tomar una
avenida, descubre atónito que había doblado en contramano… esa luz que parece
guiarnos y orientar nuestra conducta cotidianamente, puede que sea la luz de los faros
de un camión que se nos viene encima.
La pregunta que puede surgirnos es ¿Qué hacer ante tanto avasallamiento? ¿Cómo
contrarrestar los avatares cibernéticos que nos mantienen controlados, vigilados,
interconectados?

Política Cinética

La cibernética propone un movimiento vertiginoso. Un movimiento inmóvil, los


estímulos son automáticos. Tu foto de Facebook ya tiene los likes de 20 amigos.
Ante la instantaneidad de la velocidad que solidifica los flujos en un sistema, en una
objetividad que todo lo absorbe es necesario una política cinética, la lentitud forma un
flanco contra el Capital. Ralentizar, generar otros ritmos.
Generar encuentros que pongan en relación las formas-de-vida entre sí implica ir más
allá de la información (posts, estados, perfiles); la ralentización es la resistencia de la
relación a la interacción.
El encuentro va más allá de la información para proponer una manifestación de
intensidades entre las formas-de-vida presentes en cada uno.
La velocidad subleva a las instituciones. La lentitud corta los flujos. El problema de la
política cinética, dice Tiqqun es el de abandonarse a una pulsación, explorar
intensificaciones distintas. Es una política del ritmo, de la renguera… generar ritmos
propios, otros acentos, otras intensidades. El ritmo de la desconexión. El sabotaje ludita
es una posibilidad menos necia de lo que nos hicieron creer.

La Niebla

La gestión de la luz, de lo oculto y lo develado, lo visible y lo invisible, es el alfa y el


omega de las técnicas específicas de poder a lo largo de la historia. No es casual que en
este tiempo mostremos todo lo que hacemos sin necesidad de rituales confesionales o de
tortura. Nadie nos pregunta que comimos, nadie nos pregunta a quién votamos, o qué
leemos o a qué concierto fuimos. Lo mostramos solitos bajo una premisa oculta que
pocas veces aparece en el discurso pero que insiste en la lógica cibernética. Mostramos
todo porque no tenemos nada que ocultar.
Tiqqun propone la niebla.
La niebla es el vector privilegiado de la revuelta. La niebla conmociona todas las
coordenadas habituales de la percepción. Provoca la indiscernibilidad de lo visible y
de lo invisible, de la información y del acontecimiento.
La niebla se conquista. Siglos de modernidad e iluminismo nos han dotado de una
extraña preferencia por la luz y sus metáforas. Ante la luz (que baña y permite
visibilizar algunas de las cosas del mundo) Tiqqun propone la niebla. Y la niebla se
conquista por la reapropiación de la violencia.
Decir que la revuelta tiene que hacerse niebla significa que tiene que hacerse opaca
para salir adelante, de la misma manera que la opacidad tiene que hacerse ofensiva
para durar: esta es la clave de la revuelta invisible.