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HUAYLAS

La cosecha ha sido inspiración no solo de la vida, sino también de las danzas, los juegos y las
canciones. En el Valle del Mantaro, en la quietud de la noche y sobre los montículos de cereales,
los jóvenes practicaban el waylarsh mientras separaban la semilla de la cáscara. Ellos bailaban
en círculo, compartiendo un vigoroso zapateo, y se entregaban al canto que nacía de los surcos
del alma.

La costumbre de danzar durante la cosecha nocturna se fue perdiendo con el tiempo. Los
mayores recuerdan que hasta la década de 1940 la celebración musical de los jóvenes formaba
parte de las costumbres rurales. Antes de esta fecha, los campesinos del Valle del Mantaro
fueron también testigos de cómo una danza del mismo nombre se exhibía en las fiestas
populares, como los carnavales de Huancayo.

Tiempos de cosecha

Los jóvenes que participaban en la faena colectiva eran convocados por el propietario de las
parcelas. En la noche practicaban las danzas formando rondas, que eventualmente se
desintegraban cuando se separaban para encontrarse encima del montículo. Jugaban tentados
por los pasos sutiles del erotismo, sin perder la alegría ni el sentido de la reciprocidad andina.

Testimonios recogidos por Raúl Renato Romero, autor de Identidades múltiples, describen
juegos como “la viudita”, en la que una joven que representaba a una viuda buscaba a alguien
para casarse. Otra variante era “el hombre viejo y la mujer vieja”, en la que él castigaba al
amante de su pareja. Mientras jugaban o danzaban, los participantes compartían canciones sin
acompañamiento musical.

El tema inicial del waylarsh era una introducción llamada quiyaway, que tenía cierta semejanza
con el harawi, que hablaba del amor no correspondido. La segunda parte, que era considerada
la principal, se repetía varias veces. El resto del repertorio eran huainos que se cantaban en
quechua. Se trataba de una frase musical corta y sencilla que se interpretada sin música.

El propósito del trabajo comunal que tenía un estilo ceremonial era culminar la cosecha de los
granos para atender la demanda del mercado en el plazo que lo solicitaba. Con el tiempo cambió
el proceso de la trilla debido a la presión de los clientes, quienes pedían los productos en menor
tiempo. Entonces se introdujeron maquinaria pesada e industrial que acabaron con la
costumbre.

El huaylas significa desorden, violencia, amor y arrebato.

Días de carnaval

El huaylas no solo es un término que se derivó del waylarhs, el ritual de la trilla nocturna, sino
es una danza de carnaval que recrea el antiguo mundo de los campesinos. Sobre su origen,
diversas voces han expresado sus puntos de vista, pero no han llegado a un consenso. La
especulación histórica y las diversas reinterpretaciones del pasado dominan las opiniones.

José Carlos Vilcapoma, autor de Waylarsh, amor y violencia de carnaval, asegura que es absurdo
buscar el origen de la danza en algunas de las comunidades o lugares del Valle del Mantaro.
“Como hecho folclórico mantiene anonimia y su carácter tradicional nos traslada hasta la
oscuridad del tiempo”. Agrega que su nombre significa desorden, violencia, amor y arrebato, de
manera individual y en conjunto.

La danza de carnaval, según Romero, era un fenómeno urbano y público. Hay testimonios que
cuentan al inicio los participantes del desfile solo llegaban a las afueras de la ciudad, pero con el
tiempo lograron penetrar. Así, las canciones y las danzas se popularizaron en la ciudad con el
aporte de las orquestas típicas. Después, el huaylas se convierte en un evento familiar.

José María Arguedas ha señalado, en 1968, que la música y el huaylas huanca han evolucionado
y que gozan de popularidad. “El waylarsh del Valle del Mantaro se convirtió de danza de cosecha
en danza de carnaval y de danza de carnaval en baile popular. Están en camino de convertirse
en patrimonio cultural, en vínculo nacionalizante de los peruanos, porque los wankas nunca
fueron sometidos a la servidumbre en la Colonia”.

Antiguo y moderno

En la actualidad el huaylas tiene dos estilos, el antiguo y el moderno, que se diferencian en la


música y en la vestimenta. En torno a estas variantes también se han desatado discusiones. Si al
antiguo lo cuestionan porque no ha logrado acoger en su propuesta el ritual de la trilla nocturno,
al moderno le critican por deformar lo auténtico y por inventar nuevos pasos y figuras
coreográficas.

Según Vilcapoma, el hecho de clasificarla en antiguo y moderno no responde a su estructura


dancística. “Ambos son partes del carnaval, espacio festivo mayor. Han surgido aquellos criterios
para denominar las influencias de las zonas altas, pastoriles y los del valle”. En general, a lo
antiguo se asocia con los campesinos, con la pobreza y con el pasado. En cambio, lo moderno se
relaciona con el mestizo, lo rico y lo actual.

Por su parte, Romero sostiene que ambas danzas representan a los campesinos huancas y sus
coreografías simbolizan el cortejo. En el antiguo la música es de tempo moderado y representa
el trabajo comunal en el campo. En cambio, el moderno es más rápido y los movimientos son
“vivaces”. Además, su vestuario es más colorido, vistoso y “limpio”.

Ambas vertientes se han convertido, como decía Arguedas, en verdaderas fraguas en donde se
funden en fuego y fortalecen nuestra nacionalidad.