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El poder del

pensamiento

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Henry Thomas Hamblin

El poder del

pensamiento

editorial

Henry Thomas Hamblin El poder del pensamiento editorial irio, s.a.

irio, s.a.

Introducción El poder del pensamiento, como dice Emerson, es un poder espiritual. Es el más

Introducción

El poder del pensamiento, como dice Emerson, es un poder espiritual. Es el más grande de los poderes que el hombre tiene a su disposición. El mundo actual en su estado presente es, simplemente, el resultado del pensa- miento colectivo de la humanidad; cada país en su estado actual, ya sea de paz y prosperidad, o miseria, crimen y anarquía, es el simple resultado de su pensamiento como

país; y cada individuo es como es, y su vida es lo que es,

y las circunstancias que lo rodean son como son, simple-

mente, como un resultado de sus pensamientos. En lo que

el hombre piensa se convierte; lo que un hombre piensa se

vuelve un manantial de fuerza que alimenta todas sus acciones; aquello que el hombre piensa atrae hacia él las cir- cunstancias y ambientes donde actuará; lo que el hombre piensa determina el tipo de amigos y compañeros que lo ro- dearán; lo que el hombre piensa decide si será feliz o desgra- ciado, tendrá éxito o fracaso, será afortunado o desafortunado,

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El poder del pensamiento tendrá prosperidad o será apresado por la pobreza, será odiado o

El poder del pensamiento

tendrá prosperidad o será apresado por la pobreza, será odiado o amado; lo que un hombre piensa puede hacerle vencer al destino o favorecer su fatalidad, puede hacerlo marchar a la par de su glorioso destino, o convertirlo en un proscrito y vagabundo sin rumbo por los desiertos lugares del mundo. Realmente, no hay límite para el poder del pensamiento, porque es un poder espiritual de gran potencial. Es el poder que distingue al hombre del bruto; es el poder por el cual nosotros podemos ascender hacia Dios; es el poder que puede tornar en victoria el fracaso en la batalla de la vida; es el poder que puede hacer posible el logro de la realización más elevada; es el poder con el cual pueden ser vencidas todas las dificulta- des, trascendidas las desventajas de nacimiento y heredi- tarias, embellecida la vida, e inspirada y saturada de la energía del poder que Dios nos da. Por el poder del pensamiento el hombre se bendice o maldice a sí mismo. Por él lleva su vida al éxito o al fra- caso, salud o enfermedad, felicidad o infelicidad, pobreza o prosperidad. Todo está en su mente y en el carácter de sus pensamientos. Cualquier cosa que haya en vuestra vida o la mía que se traduzca en desarmonía, torpeza, enfermedad o desdi- cha es el resultado de nuestros inarmónicos pensamien- tos. Vivimos en un universo donde rige el orden, pero no reaccionamos armoniosamente ante nuestro ambiente; no estamos en correspondencia con la ley y el orden ocul- tos que nos rodean. No es necesario que el universo cam- bie su ritmo; somos nosotros quienes debemos cambiar. Dentro de nosotros mismos está el desorden de nuestro

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Introducción

mundo individual —porque cada uno de nosotros vivi- mos nuestro pequeño mundo que hemos creado nosotros mismos—; por lo tanto, el desorden e intranquilidad que nos aflige, o aquello que nos falta y restringe nuestra vida, nunca puede vencerse a menos que medie un cambio de mente, hábitos y pensamientos, y de nuestra actitud men- tal. En las páginas que siguen intento demostrar cómo todos podemos cambiar, por la transformación de nues- tros pensamientos y nuestra actitud mental, y ponernos en armonía con la Divina Idea. Cuando esto sea realiza- do, nuestra vida florecerá como el rosal, y «podremos seguir hacia delante en el sendero de la paz; las montañas y colinas prorrumpirán en cánticos ante nosotros, y los árboles de las praderas aplaudirán nuestro paso».

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Capítulo I El pensamiento como causa de la acción Hay una mente consciente y una

Capítulo I

El pensamiento como causa de la acción

Hay una mente consciente y una mente subcons- ciente. La mente consciente reúne conocimiento y expe- riencia por medio de los sentidos. Aprende de los libros, de la conversación y por la experiencia. Razona y arriba a conclusiones. Finalmente, los pensamientos pasan a la mente subconsciente. La mente subconsciente es la men- te de la acción. Es responsable de todo lo que hacemos. Es el asiento de la memoria y del instinto. Es un depósito de tremendo poder y extraordinaria inteligencia; lleva a cabo los complicados procesos que se realizan dentro del cuer- po y que hacen posible la vida. El más sabio e instruido de los hombres no podría ni siquiera comenzar a profun- dizar sus maravillosos poderes; sin embargo, conocemos lo suficiente de su manera de obrar como para poder con- trolar nuestras acciones y por el control de nuestros actos

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El poder del pensamiento modelamos nuestra vida y vencemos aquello llamado destino. La mente subconsciente,

El poder del pensamiento

modelamos nuestra vida y vencemos aquello llamado destino. La mente subconsciente, aunque es tan maravillosa- mente inteligente y posee tan extraordinarios poderes, actúa enteramente por sugestión. Es decir, sigue ciega y fielmente los pensamientos que le envían. Por lo tanto, nuestros actos dependen de la clase de pensamientos que sustentamos. Si enviamos malos pensamientos a la men- te subconsciente, el resultado natural será que produzca- mos actos malos y destructivos. Si alimentamos pensa- mientos (le debilidad y el temor al fracaso), tendremos actos que nos conducirán inevitablemente al fracaso. Por otro lado, si sustentamos buenos pensamientos, el resul- tado será tener buenas acciones constructivas, y si éstos son pensamientos fuertes y llenos de fe en el éxito, se pro- ducirán las acciones vigorosas que llevan al éxito y la rea- lización. Es imposible pensar malos pensamientos y pro- ducir buenas acciones. Muchos lo han experimentado. Se han dicho: «Seré para los demás respetuoso y llevaré una vida sin tacha, pero en lo íntimo alimentaré pensamientos negativos, que guardaré en mi corazón porque me place, pero no los dejaré ir más lejos porque sé que la mala acción conduce al naufragio y al desastre. Por lo tanto, defraudaré hasta a mis mejores amigos. Externamente seré como debo ser, pero, en mis pensamientos alimentaré el mal. Mi vida será doble; para los demás seré una cosa y en el mundo de mis pensamientos algo muy diferente. ¡De este modo podré disfrutar del mal en mis pensa- mientos y escapar a sus consecuencias!». Tal persona no cuenta con el poder y fidelidad de la mente subconsciente.

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El pensamiento como causa de la acción

Cada mal pensamiento que se mantiene y se mira con agrado actúa como una poderosa sugestión sobre este paciente gigante hasta que ya no puede quedarse quieto y toma vida en la forma de una corriente de malas acciones, las cuales son una réplica exacta de los pensamientos que han sido alimentados. Esto explica por qué, muy a menu- do, gente que ha mostrado siempre una conducta ejem- plar de pronto se desvía y su vida se derrumba; simple- mente cosecharon el fruto de los pensamientos sembrados. Aunque lo antedicho es cierto para la mayoría que alimenta en secreto malos pensamientos, hay, sin embar- go, aquellos que ya sea por falta de coraje o de oportuni- dad, o no lo hacen o no pueden «desembocar» en la corriente de los malos actos. Por sus malos pensamientos se levantan ciertas emociones que no pueden ser satisfe- chas y que, por lo tanto, tienen que ser reprimidas. El efecto de esa represión es una crónica falta de salud que ninguna agudeza médica puede curar, o bien una enfer- medad orgánica que está más allá del arte de sanar. El lec- tor no debe imaginar, sin embargo, que todo aquel que sufre en esa forma se halla en el caso de aquel que ali- menta malos pensamientos, pero su práctica es cierta- mente uno de los medios por los cuales la gente puede, literalmente, destruirse a sí misma. Ese ejemplo ha sido dado, meramente, para ilustrar el efecto de los malos pensamientos, y la mayoría de la gente ha visto casos parecidos entre sus amigos y relacio- nes. Indudablemente, la mayor parte de mis lectores deberá estar por encima de este modo de pensar, pero la misma ley actúa en toda clase de pensamiento que se

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El poder del pensamiento envía a la mente subconsciente. Hay dos clases de pensa- mientos,

El poder del pensamiento

envía a la mente subconsciente. Hay dos clases de pensa- mientos, esto es, constructivo y destructivo, llamados, a veces, positivo y negativo. Las acciones de nuestra vida dependen de la clase de pensamientos que alimentamos y dejamos pasar a la mente subconsciente. Si permitimos a nuestra mente adherirse a pensamientos negativos, des- tructivos —y esto, desgraciadamente, es el caso más fre- cuente porque no exige ningún esfuerzo—, el resultado inevitable será la acción negativa y destructiva. Por otra parte, si pensamos pensamientos constructivos o positi- vos —y para ello se requiere un esfuerzo tan grande, a veces, como ascender una colina—, el resultado natural

será la acción positiva. Así, pues, el hombre que da curso

al odio y se apega a sus errores será llevado a pensar en el

crimen, y al albergar en su corazón pensamientos de esta índole, llegará el momento en que será impulsado a come- ter un crimen. Por otro lado, si el mismo hombre trata de alejar su mente de los pensamientos erróneos y mantiene la idea de perdonar, o, mejor aún, la del amor, o mantie- ne pensamientos de buena voluntad para aquel que le ha

herido, su vida será de felicidad y tranquilidad, y en este sentido elevado, será una vida coronada por el éxito. Además, un hombre que permite los pensamientos de temor y de debilidad, que teme que sus negocios vayan

a salir mal, que cree que lo persigue la mala suerte, que

teme la competencia a la que no se podrá enfrentar, es un hombre que, probablemente, fracasará, porque todas sus acciones serán temerosas, coloreadas por la duda y caren- tes de esa fuerza y decisión que son necesarias para el logro del éxito. En cambio, si elimina todo pensamiento

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El pensamiento como causa de la acción

negativo debilitante, todo pensamiento de probable fra- caso, y constantemente fortifica su mente con ideas que afirman la posibilidad de éxito —en otras palabras, envían fuertes sugestiones de éxito a la mente subcons- ciente—, un hombre tal tendrá éxito en la vida, porque su acción será firme y decisiva. Al enfrentarse con una gran dificultad podrá ver cómo de su mente subconsciente le llega una poderosa energía y estabilizante poder, gran coraje y determinación, todo ello por el simple hecho de haber sido alimentada por un recto pensar. Podría llenarse un libro con ilustraciones acerca de esta ley, pero en una pequeña obra como la presente los ejemplos dados cumplen su fin. La ley es inmutable: no se la puede engañar o eludir. Cualquier cosa que pensamos más tarde o más temprano se traduce en acción; y como nuestra vida depende de nuestras acciones, podrá verse que por el control de nuestros pensamientos es posible gobernar nuestra vida. Controlando nuestros pensamien- tos gobernamos nuestras acciones; por el gobierno de nuestras acciones podemos modelar nuestra vida y cir- cunstancias, y así, modificar nuestro destino. La vida no es una cuestión de casualidad o accidente; no es algo que esté fuera de nuestro control; es en gran medida el resul- tado o efecto de nuestros pensamientos. Por lo tanto, por el control de nuestros pensamientos —y esto, gracias a Dios, puede hacerse— podemos gobernar y dirigir nues- tra vida hasta un grado tal que pareciera inconcebible lograr. Como seres pensantes conscientes, creados, como dice la Biblia, a imagen y semejanza de Dios, o en otras palabras, siendo un microcosmos del macrocosmos,

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El poder del pensamiento poseemos uno de los más grandes poderes del universo, y ese

El poder del pensamiento

poseemos uno de los más grandes poderes del universo, y ese poder es el pensamiento. Nuestra vida depende de cómo usamos este maravilloso poder. El maquinista hace marchar su máquina hacia delante o hacia atrás, aunque

es el mismo poder el que usa para ambos casos. En la mis- ma forma, el pensar del hombre puede ayudar a construir

o

a destruir su propio carácter, ya sea que use bien o mal

el

potente poder del pensamiento. Depende de cómo uti-

lice este poder, si lo emplea para el bien o para el mal,

pues de ello resultará una vida exitosa, sana, feliz y armo- niosa, o falta de definitivas realizaciones, verdadero éxito

y felicidad. «Aquello que el hombre siembra, recoge.»

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Capítulo II Víctimas de la ignorancia Yo no creo que pueda haber mucha gente que

Capítulo II

Víctimas de la ignorancia

Yo no creo que pueda haber mucha gente que piense deliberadamente pensamientos negativos. Sin embargo, las hay. La mayoría de las personas tienen el propósito de hacer el bien y ser buenos (no bonachones). No obstan- te, la mayoría de nosotros somos, más o menos, pensado- res equivocados, y esto es debido, así lo creo con firmeza, principalmente a la ignorancia. Por no saberse general- mente que los pensamientos negativos son altamente des- tructivos, nosotros, ignorantemente, somos indulgentes con ellos, pensando que no pueden dañarnos. En realidad son muy destructivos los pensamientos de impureza, ira, deseo de venganza, odio, resentimiento, envidia, la per- manencia en el error, adherencia a la aflicción, al fracaso y a la desesperación; pensamientos de temor, desaliento, debilidad, penuria, enfermedad, malestar, decaimiento o

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El poder del pensamiento pensar en la mortalidad y la muerte. Destruyen la salud, la

El poder del pensamiento

pensar en la mortalidad y la muerte. Destruyen la salud,

la felicidad, anulan las circunstancias y la vida en todos sus aspectos. Destrozan el sistema nervioso, paralizan la recta conducta, minan la voluntad y ayudan a tomar las decisiones equivocadas. Se admitirá que esto es una cues- tión de vital importancia, sin embargo, ni los niños ni la gente en general es instruida en un asunto de tan pri- mordial trascendencia. A causa de esta casi universal ignorancia, la mayoría de nosotros asistimos indiferentes

a la presencia de los pensamientos negativos, aun en

detrimento nuestro. ¿Cuántos de nosotros, por ejemplo, comprendemos profundamente que es el pensamiento el que mata y no la falta de alimento en la mayoría de los casos de muerte producidos por inanición forzada? Si una persona, comúnmente, no consigue alimento, puede, en pocos días encontrar la muerte; sin embargo, si una persona ayuna voluntariamente para curarse de alguna enfermedad físi- ca, puede hacerlo, si el ayuno es llevado sabiamente, du- rante cuarenta o más días, no sólo sin dañarse sino obte- niendo resultados altamente benéficos para su salud. ¿Cómo es que en el primer caso unos pocos días de ayu- no forzoso termina en la muerte, mientras que el ayuno voluntario de seis semanas o más da un resultado positi-

vo? La respuesta es que, desde luego, lo que mata es el estado de la mente y el carácter de los pensamientos y no

la falta de alimento en el caso mencionado.

Además, después de unos pocos días de «inanición» una persona, generalmente, se siente en un estado de gran debilidad y postración. No obstante, aquel que se

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Víctimas de la ignorancia

sometió voluntariamente a un ayuno, por lo general, con- tinúa su trabajo, y es sólo en la última etapa cuando tra- baja menos que lo habitual. Cierto respetable caballero que recientemente ayunó durante cuarenta o cincuenta días, detalles de lo cual fueron dados por los diarios, no sólo llevó a cabo sus tareas habituales sino también agregó a ello el hecho de haber escrito, durante ese tiem- po, un libro cuyo tema requería gran concentración y esfuerzo mental. Contrasta este caso con el de un hombre que, después de varios días de inanición, quedó reducido a una condición de colapso y agotamiento tal que, pron- tamente, seguiría el cuadro de la muerte, cuyo ejemplo nos muestra cuán grande es el poder de la mente y del pensamiento. En el caso de «inanición» el hombre piensa que se está muriendo, por faltarle qué comer, y que, con- secuentemente, su muerte está próxima. El ayunador piensa que su ayuno mejora su salud, y su salud mejora como consecuencia de ello, hasta llegar a vencer las enfer- medades (así llamadas) incurables. Se ha informado en los diarios, últimamente, sobre muchos casos de gente importante que se ha sometido a largos ayunos, logrando con ello recuperar rápidamente su salud. Pero esto, en modo alguno, es una cosa nueva. Yo tengo conocimiento de que este método de cura ha sido perfectamente cono- cido en ciertos círculos hace más de un cuarto de siglo, o más tiempo atrás quizá; pero su aspecto mental parece no haber sido valorado totalmente. No hay ninguna razón para que un hombre en esta- do de inanición, que ha sido bien alimentado anterior- mente, no pueda vivir el mismo tiempo que aquel otro

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El poder del pensamiento que está ayunando, y así podría hacerlo si pudiera con- trolar

El poder del pensamiento

que está ayunando, y así podría hacerlo si pudiera con- trolar sus pensamientos y pensar en la misma forma que lo hace aquel que ayuna. Pero, ante todo, debería estar convencido de que ayunar es beneficioso para su salud, y esto no sería fácil, porque la ignorancia y el prejuicio es difícil de quitar. También, a causa de que el hombre está inclinado a considerar el futuro con ansiedad es probable que se sienta consumido por la aflicción, temiendo que no pueda conseguir alimento después de haber traspasa- do el límite benéfico que pudo haberle brindado el ayuno. Pero el hecho que surge de todo esto es que no es la ausencia de alimento lo que mata al hombre, sino más bien su estado mental. Son sus pensamientos llenos de temor lo que lo matan, así como los pensamientos y la espera de curación mantenidos por el que ayuna le dan vida, fortaleza y habilidad para seguir su trabajo. No debe presumirse por estas pocas observaciones que estoy en favor de los ayunos incontrolados, porque un ayuno mal llevado puede producir mucho daño. Ayunar en ciertos casos es beneficioso, pero debe ser hecho bajo una experimentada supervisión. Hay mucha ignorancia también sobre otro punto, el cual se relaciona con la posibilidad de controlar el pensa- miento. No se conoce generalmente que nuestros pensa- mientos puedan ser controlados y regulados en forma parecida a la que un policía controla y regula el tráfico. Con sólo levantar una mano para, al instante, el tráfico detrás de él, permitiendo el paso de los vehículos que vienen por la calle transversal. Nuestros pensamientos pueden ser controlados y regulados de igual modo. Los pensamientos

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Víctimas de la ignorancia

indeseables, destructivos, pueden ser detenidos, mientras que los pensamientos deseables y constructivos pueden ser alentados a pasar. La gente dice: «No puede usted evitar esos pensa- mientos, ¿no es así?». Aceptan que uno no puede contro- lar sus propios pensamientos. No comprenden que uno puede deliberadamente cambiar el tema de sus pensa- mientos, lo mismo que se cambia el tema de una conver- sación. Todos nosotros variamos el tema de una conver- sación cuando nos resulta desagradable, pero ¿cuántos de nosotros cambiamos el tema de nuestros pensamientos del mismo modo deliberado, por el ejercitamiento de nuestra voluntad? Sin embargo, se puede hacer, casi tan fácilmente, con sólo HACERLO, en lugar de pensar y decir que no lo podemos hacer. No sólo es posible cambiar el tema de nuestros pensamientos, sino también dejar de pensar totalmente. Ambas cosas son el logro de algo de elevado valor y deben ser adquiridas por la práctica y el autocontrol; hasta el más débil de nosotros podrá adqui- rirlas si persiste tranquilamente en su esfuerzo. No necesitamos ser inteligentes, o altamente dota- dos, o salir de lo ordinario. Ciertamente, podemos estar mucho más por debajo del nivel común mental, de fuer- za de voluntad y dotes intelectuales; sin embargo, si tene- mos perseverancia, con el correr del tiempo, podremos conquistar nuestros pensamientos. Y cuando gobernamos nuestros pensamientos llegamos a ser amos de nosotros mismos, y cuando tenemos el dominio de nosotros mis- mos lo tenemos también de la vida misma; no por la oposición a la disciplina que significa sus experiencias,

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El poder del pensamiento sino manejándolas del mejor modo posible, manteniendo una mente calma y

El poder del pensamiento

sino manejándolas del mejor modo posible, manteniendo una mente calma y firme, una tranquila fe y un inaltera- ble espíritu.

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Capítulo III Víctimas de la sugestión Todos somos más o menos víctimas de la sugestión.

Capítulo III

Víctimas de la sugestión

Todos somos más o menos víctimas de la sugestión. Los individuos de mente fuerte y carentes de escrúpulos utilizan deliberadamente la sugestión para aprovecharse

de los demás. El consejero en la Corte dice al testigo: «Yo

y luego sigue la sugestión que puede

no ser verdadera o incluso falsa, pero que, sin embargo, pue- de vencer o confundir a un testigo, así como destruir la evi- dencia de una prueba. Así es como una mente fuerte domi- na a una débil por la fuerza de la voluntad y la sugestión. El hipnotizador sugiere a su víctima que una pieza de frío metal aplicada a su espalda desnuda es un trozo de hie- rro candente, e inmediatamente la piel se chamusca y se forma una ampolla como si realmente se tratara de un hie- rro al rojo vivo. O puede sugerir al sujeto que una copa de parafina es una deliciosa limonada, y éste beberla, gustando

le sugiero a usted

»

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El poder del pensamiento y pensando que es realmente limonada. Así, en estas y otras

El poder del pensamiento

y pensando que es realmente limonada. Así, en estas y

otras variadas maneras el hipnotizador demuestra cuán poderosa es la sugestión. Creo que en uno de los libros del doctor Schofield, se relata el caso de dos médicos muy conocidos, quienes para probar el poder de la sugestión, estando en un res-

taurante, llamaron a uno de los parroquianos y le dijeron que estaba seriamente enfermo y que debía irse a su casa

y guardar cama. El hombre, conociendo la reputación de

ambos médicos, los creyó, fue a su casa, se puso en cama

y murió. Es claro y caritativo suponer que ninguno de los

médicos esperaba otra cosa de ello que una ligera indis-

posición, lo cual aparecería como una acción poco sensa-

ta y reprensible, pero nunca de la gravedad que tuvo.

Se nos dice, día tras día, en las hojas de nuestros dia- rios, que debemos tomar tal o cual píldora. Podemos no prestar atención a la sugestión durante años quizá; sin embargo, tarde o temprano, nos encontramos ya sea tomando la píldora o aconsejando a alguien que lo haga. Vemos un hombre con los ojos llorosos, goteando su nariz y recurriendo al pañuelo. Su vista nos recuerda el resfriado, y el resultado, si no tenemos una mente positi- va, es que muy pronto nos atacará a nosotros también un fuerte resfriado.

Somos afectados por la sugestión en mil y una mane- ras. La recibimos por medio de la vista, el oído, el gusto,

el olfato y el tacto. Somos víctimas de ella a cada momen-

to, salvo que aprendamos a hacer positiva nuestra mente

y a prueba de toda sugestión, cualquiera que sea su forma.

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Víctimas de la sugestión

No tengo espacio más que para hacer mención de los modos por los cuales somos, inconscientemente, afecta- dos e influenciados por la sugestión. Los avisos que apa- recen en los diarios y revistas sobre medicinas de uso popular son el más potente y poderoso medio de suges- tión. Ya he mencionado el efecto que produce que se nos diga habitualmente en nuestro diario que tomemos una cierta clase de píldoras. Pero las ideas modernas de publi- cidad acerca de productos médicos «maravillosos» y dro- gas dañinas dejan dichos métodos muy lejos de ser vale- deros y tener fuerza sugestiva, yendo al campo negativo. Cuadros de gente resfriada, y de otros doblados por terri- bles dolores, sólo pueden tener un efecto, y éste es hacer que la gente imagine que sufre dicho mal. Yo recuerdo que siendo muchacho, leyendo un anuncio del día que estaba encabezado: «¿Es esta la nueva enfermedad que nos espera?», quedé tan afectado que llegué a convencer- me de que tenía la enfermedad a que se refería ese anun- cio, y que pronto estaría gravemente enfermo si no comu- nicaba a mis padres mis temores. Nunca olvidaré la gracia que les causé con mi confesión. Parecía que nunca dejarían de reír. Pero al reírse de mis temores logré man- tener una mente positiva hacia todos los anuncios de remedios que luego viera en mi vida. Muchos de mis lec- tores habrán leído los relatos humorísticos de Jerome K. Jerome en donde cuenta las experiencias tenidas al leer los síntomas explicados en un libro de medicina. Dice que en la época en que terminó el libro encontró que tenía todas las enfermedades habidas bajo el sol, excepto esa bolsa que se formaba en las rodillas a las sirvientas que

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El poder del pensamiento limpiaban los pisos arrodilladas en el suelo. Está escrito, sin duda,

El poder del pensamiento

limpiaban los pisos arrodilladas en el suelo. Está escrito, sin duda, para despertar la risa y divertir, pero contenien- do su pizca de verdad, la cual, si fuera comprendida por las masas, haría que los traficantes de medicinas «maravi- llosas» cerraran sus negocios. Por lo tanto, existe la llamada «sugestión de las masas». Todos nos sentimos inclinados a seguir los pen- samientos de la multitud, y tener las mismas emociones que gobiernan en cierto momento las masas populares. Para una persona positiva es muy fácil manejar los pen- samientos y emociones de una multitud. Es difícil para una persona que se halla entre la multitud no dejarse lle- var por ella. Por eso la gente que comúnmente es sensible, en las festividades patrias, se siente unida a las manifes- taciones de regocijo. También es la razón por la cual la persona que es paciente e incapaz de hacer daño a nadie en la vida privada puede, unida a la multitud, cometer actos de violencia y desorden. Es que, simplemente, la emoción de las masas hace presa del individuo, influen- ciándolo tan fuertemente que se deja manejar. Es un hecho que hay personas que son más fácil- mente influenciables por una sugestión que otras. Algunos son impasibles y flemáticos, y ante una suges- tión cualquiera quedan casi sin afectar. Otros, por el con- trario, son más sensitivos y muy nerviosos. Éstos son más fácilmente influenciados por la sugestión de cualquier cosa, siendo una fácil presa antes de que aprendan a resis- tirla. Esta gente suele pensar que son «insociables», y que la vida no ha jugado limpio al hacerlos tan sensibles. Pero no necesitan compadecerse por eso que más bien deberían

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Víctimas de la sugestión

agradecer, porque estas pesronas son las que más pueden

beneficiarse con la sugestión cuando se utiliza apropiada

y científicamente.

Finalmente, llegamos al tema de la tentación. Todos somos tentados en una u otra manera. Lo que puede ten- tar a uno severamente puede no afectar en absoluto a otro, pero cada uno es tentado en una forma peculiar coloreada por el propio temperamento. ¿Qué es la tenta- ción sino sugestión? No es necesario argüir sobre de dón- de, o de quién nos llega la sugestión; creemos que es más que suficiente con saber que somos víctimas de ella hasta tanto aprendamos a resistirla exitosamente. No hay sugestión más sutil que la tentación. Tiene tanta maña que aparece como imposible de poder notar en modo alguno. Aun en nuestros mejores momentos, cuando nos sentimos inclinados hacia nobles actos, surge en nosotros

la sugestión de ideas y motivos de naturaleza inferior. Si no queremos caer debemos ejercer una eterna vigilancia.

Y es a causa de esto por lo que se nos ha dicho en el más

grande de todos los libros y por el más grande de todos los maestros: «Vigila y ora para que no caigas en la tentación». Al concluir este capítulo permítaseme tocar ligera- mente la enseñanza de aquellos que han declarado que casi todas las cosas son producto de la sugestión. Su teoría es que nosotros sólo poseemos conciencia y que todo aquello que constituye nuestra vida es el resultado de la sugestión. Por lo tanto, ellos dicen, la pobreza es el resultado de aceptar la sugestión de pobreza; la enferme- dad viene de aceptar la sugestión de la enfermedad; aflic- ción es el resultado de haber aceptado la sugestión de la

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El poder del pensamiento aflicción, y así por el estilo. Para contrarrestar estas suges- tiones

El poder del pensamiento

aflicción, y así por el estilo. Para contrarrestar estas suges- tiones se recomienda una autosugestión de opuesta natu- raleza. A la persona agobiada por la pobreza se le aconse- ja que haga para sí mismo, en el momento de irse a dor- mir, toda sugestión de riqueza, prosperidad y plenitud. Si la mente subconsciente, o inconsciente como algunos la llaman, acepta la sugestión, la pobreza termina. La per- sona enferma hace lo mismo, pero utilizando sugestiones de salud, con un placentero resultado similar, si el sub- consciente o «poder mental» interno acepta la sugestión que se ha hecho obrar. Todo esto podrá parecer para la mayoría de los lecto- res como algo inoperante y engañoso. Sin embargo, aun- que el lector no esté preparado para aceptar tales enseñanzas en la forma cruda expuesta anteriormente, hay en ellas un apreciable grado de verdad. No obstante, no es aconsejable utilizar la mente subconsciente en esa forma. Muchos individuos sufren hoy en día los efectos de experimentos hechos sin conocimiento o experiencia.

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Capítulo IV El secreto de vencer moldeando y formando la vida como si fuera arcilla

Capítulo IV

El secreto de vencer moldeando y formando la vida como si fuera arcilla en manos del alfarero

¿Por qué es tan importante el recto pensamiento? Es importante porque influencia nuestras acciones y porque construye un carácter y una mente fuerte. Es importante porque de él depende el bienestar y el éxito de toda nues- tra vida. Es importante porque con el recto pensamiento podemos vencer la sugestión dañosa. Antes que nada, tenemos que comprender profunda- mente que nuestro pensamiento es la causa de nuestras acciones y decisiones. En gran medida a causa de esto nuestras circunstancias dependen de nuestros pensa- mientos. Por ejemplo, si nosotros no vencemos las difi- cultades de la vida en nuestros pensamientos, no podre- mos nunca vencerlas en la vida real. Con esto quiero decir

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El poder del pensamiento que debemos enfrentarnos valientemente a las dificulta- des y conquistarlas en

El poder del pensamiento

que debemos enfrentarnos valientemente a las dificulta- des y conquistarlas en el pensamiento, si es que queremos vencerlas realmente. En cierto modo es bueno aconsejar a la gente que no se cobije en sus temores y piense en cam- bio sobre cosas placenteras, pero se está expuesto a crear un hábito de pensar casi tan dañino como el de alimen- tarlo con la aflicción y preocupación irresoluta. Esta apli- cación negativa de lo que se llama un buen consejo es res- ponsable del fracaso de aquellos que dicen: «Yo he proba- do el recto pensar, pero no encontré ninguna diferencia.» La razón de «no encontrar diferencia» es que no es recto pensar en absoluto, sino más bien una forma equivocada de pensar. Tal gente afirma: «Nunca dejo surgir los pen- samientos erróneos acerca de mis dificultades; rechazo todo pensamiento sobre ellas». Así es, y justamente en esto yace la total dificultad. En lugar de afrontar osada- mente las preocupaciones de la vida y conquistarlas en pensamiento, huimos de ellas. Tan pronto como la mente se enfrenta con un pensamiento desagradable, un pensa- miento de algún deber enfadoso que tenemos que cum- plir, de una crisis que tenemos que afrontar, o de una difi- cultad que hay que vencer, la mente «espía» y sale dispa- rando en busca de algo placentero. Aquel que dice:

«Nunca pienso en mis dificultades» y se escapa de sus pen- samientos desagradables lo que está haciendo es no vencer nunca las dificultades reales que se le presentan. En ver- dad, lo que él considera recto pensar hace que no sepa tomar decisiones y actuar frente a ellas firme y sensible- mente. Debemos vencer primero en nuestros pensamien- tos si queremos realmente vencer en la experiencia misma.

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El secreto de vencer moldeando

El mundo podría ser dividido en dos tipos de gente:

los que conquistan la vida y los que son vencidos por la vida. Los que superan las dificultades de la vida son aque- llos que lo hacen primero en el pensamiento. Quienes son vencidos por las dificultades de la vida son los que no han vencido antes en pensamiento. Si alguien no ha practica- do deliberadamente la vigilancia de los pensamientos desagradables, sustituyéndolos rápidamente por otros placenteros, sigue estando en el aspecto pasivo, es decir, fracasará en su intento de vencer en el pensamiento la dificultad que se le presenta en la vida real. El secreto de vencer radica en lograr la victoria antes en el pensamiento. Si continuamente vencemos en el pensamiento, desarrollamos una mente llena de firmeza. Sin una mente fuerte es imposible salir victorioso en la batalla de la vida. Por otra parte, no hay dificultad, que tenga solución humana, que no pueda ser vencida por una mente firme. Ciertamente, si una mente fuerte es dirigida hacia cierto objetivo, no sólo tendrá éxito, sino que también podrá realizar las cosas más notables, supe- rando todo lo que antes pudo haber previsto o esperado. La mente se vuelve poderosa, aumentando en fortale- za continuamente, por medio del método de ir al encuen- tro de la dificultad en el pensamiento; enfrentándose deci- didamente a ellas, y luego poniendo el peso de la mente y la voluntad detrás para apoyarse. Entonces, el «hombre total» avanza, atravesando la dificultad y llegando al otro lado victoriosamente. Esto genera poder interno, que es acumulativo. Cuando nos vemos enfrentados con la difi- cultad del diario vivir, nos ayuda para lograr el éxito.

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El poder del pensamiento Todo eso es muy diferente de atormentarse por las cosas. Atormentarse

El poder del pensamiento

Todo eso es muy diferente de atormentarse por las cosas. Atormentarse es destructivo. Afligidos por nuestras dificultades no sólo estimulamos el temor, una de las emociones más destructivas, sino que creamos hábitos en el cerebro alrededor de los cuales nuestros pensamientos giran en interminable repetición. Por la práctica de la aflicción el cerebro queda así configurado o construido de modo que la preocupación y la aflicción llegan a ser un hábito. Es decir, tan pronto como hace su aparición un pensamiento de alguna amenazante preocupación, o algo no marcha bien en nuestra vida o trabajo, o nosotros pen- samos que alguna cosa ha ido mal o saldrá mal, o teme- mos que pueda resultar perjudicial, entonces, inmediata- mente las células utilizadas para la aflicción, completa- mente cargadas de energía nerviosa, esperan para explotar, y los pensamientos van y retornan alrededor de esos hábitos creados por nosotros. Por lo tanto, se produ- ce el adiós a nuestra paz mental, adiós al sueño, y, a veces, adiós a nuestra salud. Algunas personas son de naturaleza depresiva. Lo heredan de sus padres. El autor es uno de ellos. Otras per- sonas, en cambio, jamás se preocupan por nada. Si fueran sentenciados a muerte serían capaces de sentarse a leer un libro, y, probablemente, si tuvieran el verdugo a su lado, dirían: «¿Quiere esperar uno o dos minutos hasta que ter- mine este capítulo?». Una persona de mi conocimiento fue informada de que estaba sufriendo una enfermedad que terminaría por hacerle perder uno de los sentidos. «Ahora bien —se le dijo—, usted debe tratar de no afli- girse por eso.» Se rió con una risa franca y dijo: «No me

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El secreto de vencer moldeando

preocuparé, no pertenezco a una familia que se aflija; nosotros tomamos las cosas como vienen y vemos que no son tan terribles después de todo. Ellas siempre son com- pensaciones». Eso demuestra la sorprendente diferencia que existe entre la naturaleza y temperamento de la gente. Pienso, sin embargo, que es mucho mayor la proporción de gente que se preocupa que la que no lo hace. Como el tema de la aflicción y preocupación es tan importante debo dedi- carle un capítulo aparte. Pero aunque no debemos afligirnos por nuestras preocupaciones o temores imaginarios, debemos, sin embargo, afrontarlos decididamente en nuestro pensa- miento y voluntad. De ninguna manera debemos esca- parnos porque esto, probablemente, es lo más negativo y destructivo. Aquellos que no afrontan sus dificultades y que se mantienen escabulléndose sin buscar la salida real son, generalmente hablando, los que sufren las más grandes aflicciones. Evitando la salida verdadera en el pensa- miento se aumenta el motivo de la preocupación. A riesgo de repetirme debo insistir nuevamente sobre esta importante y vital verdad de que debemos vencer en el pensamiento. La enseñanza que nos propone mera- mente echar la preocupación de nuestra mente y pensar en cosas placenteras, o consentir en soñar despiertos, pue- de ser positivamente seguida, pero, como se practica comúnmente es del todo negativa. Aplicada en forma negativa debilita la voluntad, nos quita iniciativa y nos destruye nuestro propio poder de decidir y actuar. En lugar de eludir la salida cada vez que un pensamiento de

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El poder del pensamiento preocupación o dificultad amenace con aparecer en nues- tra conciencia, debemos

El poder del pensamiento

preocupación o dificultad amenace con aparecer en nues- tra conciencia, debemos afrontarlo valientemente, afir- mando así nuestra habilidad para vencer y salir victorio- sos. Si cada vez que el pensamiento se levanta le hacemos frente demostrando nuestro poder, capacidad de vencer y lograr el triunfo sobre él, cuando llegue el momento de enfrentarnos a la experiencia real, nos encontraremos con que tenemos el poder de vencer y salir victoriosos ante la propia experiencia. Hallaremos que nuestra mente es fir- me y que tiene una reserva de poder que nos sorprenderá a nosotros mismos. El hecho de afrontar los pensamientos de fracaso, dificultad y temor en el modo indicado tiene su efecto sobre la mente subconsciente. Ella recibe una directiva definida y realiza, qué es lo que se espera de su acción. Al ser un fiel servidor, no nos falla. Estas afirmaciones pue- den ser de varias clases y necesariamente deben variar de acuerdo con el tipo de la persona que las utiliza. Para alguien toda afirmación que no tenga carácter bíblico o devocional no le prestará ninguna ayuda. Para otro una afirmación de tipo «religioso» no le servirá de nada, mien- tras que una forma más psicológica podrá resultarle satis- factoria. Cada uno deberá elegir la forma que más le pla- ce. Quien comience con una forma psicológica puede, finalmente, adoptar una modalidad religiosa o devocio- nal. La forma que nos atrae en «el momento presente» es la forma correcta en el momento presente. Por lo tanto, cuando una persona dotada de mente religiosa se encuentra con un pensamiento relativo a una dificultad, prueba o temor, debe afrontarlo valientemente

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El secreto de vencer moldeando

con el pensamiento opuesto o afirmación: «Puedo hacer todas las cosas por medio de Cristo, que me fortalece; por lo tanto, avanzaré a través de esa preocupación en el poder de Cristo que es mío para poder usarlo ahora y siempre». Al mismo tiempo puede imaginarse a sí mismo atravesando la dificultad como impulsado por invisibles poderes. Con el correr del tiempo se forma un hábito mental de enfrentarse a todas las dificultades y temores mentalmente en un victorioso empuje. En lugar de esca- parnos mentalmente, las dificultades son afrontadas, natu- ral y habitualmente, por un «sentimiento» de salir victo- riosos en el ataque. Quien hace esto se vuelve muy fuerte, firme, perseverante, persistente y logra un «gran» carácter. Otro tipo puede no ser capaz de usar una forma de afirmación religiosa, pero puede utilizar algo similar en una forma diferente. Puede afrontar el pensamiento de temor o preocupación repitiendo, simplemente, las pala- bras «éxito», «victoria», «superación», al mismo tiempo imaginándose que él va venciendo triunfalmente la difi- cultad o temor, sostenido y fortalecido por poderes que no comprende pero que surgen dentro de él mismo. Por el cultivo de este hábito mental la vida cambia en gran manera, simplemente porque el carácter es mejorado más allá de todo conocimiento. En lugar de que las difi- cultades de la vida lo derroten, el estudiante triunfa sobre ellas. Cuando ha alcanzado una victoria encuentra nue- vos campos que conquistar, nuevos y hermosos panora- mas se abren ante sus ojos. Ve que puede moldear y pro- yectar las líneas de su carácter, y por este medio, modelar y dar forma a su propia vida.

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El poder del pensamiento Algunas personas piensan formando cuadros menta- les. La naturaleza de sus

El poder del pensamiento

Algunas personas piensan formando cuadros menta- les. La naturaleza de sus vidas y el carácter de las cir- cunstancias que los rodean dependen del carácter de sus imágenes mentales. Por lo tanto, si son de preocupación, temor, fracaso, etc., deben ser vertidas a la imagen opues- ta. Mucha gente es dada naturalmente a imaginar cua- dros mentales negativos. Cuando piensan en el alquiler ya se imaginan que no van a poder pagarlo, y en sus tre- mendas consecuencias, como verse obligado a ventas for- zosas, al desalojo y cosas por el estilo. Cuando piensan en los negocios, si son propietarios, ven un cuadro de banca- rrota, se ven enfrentados a los tribunales, siendo interro- gados por el fiscal. Si pertenecen a la clase media y son empleados, imaginan que están sin empleo, que se que- dan sin hogar, y que pasan a ser uno de tantos miles de desocupados en busca de empleo, y sufriendo todos los males e incomodidades que tal posición acarrea. Si pre- sencian un accidente, se ven como la víctima, todo magu- llado contra la acera. Si ven o leen algo sobre un hospital, ya se ven internados, sujetos a una tremenda operación, o diciéndole adiós a sus llorosos parientes en el momento de despedirse para irse a un no menos terrible y descono- cido mundo. Desgraciadamente, permitir que tales imágenes ocu- pen la mente puede producir que se atraigan las mismas condiciones que se temen y visualizan, siendo, por lo tan- to, de la mayor importancia que todas esas imágenes mentales negativas sean invertidas a su forma positiva opuesta. Por este medio, no sólo son evitados los dañinos efectos que tales cuadros mentales producen sino que, a la

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El secreto de vencer moldeando

vez, pueden establecerse los estados positivos que opone- mos, pasando a ser nuestros en la experiencia diaria. Si en lugar de las imágenes mentales de fracaso, pobreza, desas- tre, accidente, enfermedad y muerte, éstas se transmutan en cuadros de éxito, prosperidad, salud, protección del peligro y una feliz vejez, estos deseables estados tienden a manifestarse en la vida en lugar de los indeseables que habrían aparecido si hubiéramos actuado de otro modo. Por ejemplo, si en lugar de imaginar que somos desposeí- dos de nuestros bienes por la justicia, o tener que «ven- derlo todo» por no pagar, mantenemos un cuadro mental de renta pagada, un confortable hogar, sin preocupacio- nes, este estado de cosas fácilmente se manifestará —mucho más quizá de lo que era de esperar—. Como for- mar imágenes mentales es probablemente el más podero- so medio de pensar, debe prestársele la mayor im- portancia. El efecto de su cultivo es producir un estado positivo de mente, una condición de cosas deseables. También construye el carácter, haciéndonos fuertes don- de antes éramos débiles y capaces de realizar muchas cosas que anteriormente éramos incapaces de emprender.

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Capítulo V ¿Somos creadores de nuestro propio mal? ¿Vivimos en un universo lleno de mal

Capítulo V

¿Somos creadores de nuestro propio mal?

¿Vivimos en un universo lleno de mal y somos las víctimas de un duro y maligno destino? ¿O vivimos en un universo regido por el orden cuyo principio subyacente es la ayuda y el amor? No podemos evitar que la mayoría de nosotros piense que lo primero es lo cierto y no lo último. Es por esta causa por lo que albergamos temores sub- conscientes; a causa de ello somos pesimistas, aunque externamente aparezcamos como lo contrario. ¡Quién puede decir cuán horrendos efectos son pro- ducidos por ese pesimismo interior! Como he dicho en otra parte, un mal pensamiento tiende a producir el mal. Un pensamiento sobre el fracaso atrae el fracaso; un pen- samiento sobre una enfermedad tiende a producir la enfermedad, y así sucesivamente.

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El poder del pensamiento Lo que se necesita es cambiar el modo de pensar, para

El poder del pensamiento

Lo que se necesita es cambiar el modo de pensar, para que así el cambio de pensamiento se produzca casi automáticamente. La realidad del asunto es que vivimos en un univer- so ordenado, pero nosotros no somos ordenados. No estamos en correspondencia con el ambiente real que nos rodea. El ambiente que nos rodea nos muestra un univer-

so perfecto y ordenado. La ley oculta de la vida es el amor

o la cooperación. El biólogo Rheinheimer enseña que en

toda la naturaleza, ya sea en la planta o el animal, cuan- do esta ley de cooperación es obedecida le sigue la salud

y el progreso, y cuando es transgredida viene la enferme-

dad y el desorden. Eso es, cuando se siguen prácticas de rapacidad y parasitismo, en lugar de entregarse al servicio

y la cooperación.

Primero tenemos que creer que vivimos en un uni- verso ordenado y que la vida está basada en el Amor. Tenemos, también, que creer y reconocer que la causa de nuestro propio mal, o del desorden de nuestra vida, se halla en nosotros mismos. Lo cierto del asunto es que no estamos en armonía con la vida y no vivimos obedecien- do su ley fundamental. Armonía, paz, verdadero éxito y vida libre de preo- cupaciones son posibles sólo en proporción al grado de correspondencia en que nos pongamos con la vida, con el universo ordenado en el cual vivimos, y que trabajemos en conformidad con la ley de la vida y del universo que es el amor, o asistencia cooperativa. Llegará el tiempo, como nos dice el profeta Isaías, en que esta ley será universalmente observada; cuando el

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¿Somos creadores de nuestro propio mal?

león comerá el mismo alimento que el buey, y cuando «no dañarán ni destruirán en toda mi santa montaña; porque

la tierra estará llena del conocimiento del Señor al igual

que las aguas cubren los mares». Este ideal establece un

largo camino que hay que recorrer, pero nosotros que

conocemos la verdad, podemos ponerlo en práctica aquí

y ahora. Haciéndolo no fallaremos en llevar armonía y

paz en nuestra vida, hasta un punto que no podría ser descrito. Podemos agradecer al Cielo cada día que vivimos en un ordenado universo; podemos orar diariamente para que seamos capaces de ponernos en correspondencia con él; podemos pensar y actuar todos los días de acuerdo con su subyacente principio o ley de cooperación y servicial asistencia. Nuestro primer pensamiento en cada circuns- tancia de la vida no será ¿qué puedo conseguir de ella?, sino ¿cuánto puedo ayudar? Esto, desde luego, es una tontería de acuerdo con las normas mundanas comunes, pero es realmente la más elevada sabiduría y conduce al logro de una vida de verdadera armonía, satisfacción y paz. Había una vez un sabio que vivía en un pueblo pequeño y a quien muchos iban a ver en busca de conse- jo e información. Cierto día, un recién llegado al pueblo fue hasta el lugar donde estaba el sabio y le preguntó:

«¿Qué clase de gente vive aquí?». El sabio respondió con otra pregunta: «¿Qué clase de gente es la que vive en el pueblo de donde vienes?». El recién llegado replicó: «Son unos miserables, hostiles, mezquinos, sin sentimiento de comunidad y es muy difícil convivir con ellos». «Bien dijo

el sabio—, esa misma clase de gente encontrarás aquí tam-

bién.» Al poco tiempo, otro visitante del sabio le hizo la

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El poder del pensamiento misma pregunta: «¿Qué clase de gente es la que vive aquí?».

El poder del pensamiento

misma pregunta: «¿Qué clase de gente es la que vive aquí?». El anciano replicó preguntando: «¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?». El segundo forastero respondió: «Eran personas espléndidas, bondadosas, bue- nos amigos y llenos de bondad. Siento haberlos dejado». «Entonces —dijo el sabio—, la misma gente encontrarás aquí». «Eso es una exageración», podréis pensar, pero con- tiene una gran verdad. Nuestro mundo individual —por- que cada uno de nosotros vivimos en un pequeño mundo de nuestra creación— es el reflejo de nuestra vida mental. Vivimos entre el odio y la discordia o entre el amor y la armonía, según sean nuestros pensamientos. Nuestra vida se llena de mal en la medida en que dejamos de armoni- zarnos con el Orden Divino, el cual es la única Realidad. La vida es esencialmente buena, aunque contiene muchos reveses y disgustos. Muchos de ellos, sin embar- go, son de nuestra propia creación. ¿No cosechamos a mediados de la vida y en la vejez el fruto de los errores y los pecados de nuestra juventud? La vida es buena, pero es una modeladora del carác- ter. Si nos ponemos en armonía con ella, soportando voluntariamente sus disciplinas, evitamos mucha miseria y sufrimiento. En otras palabras, dejamos de crear nuestro propio mal.

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Capítulo VI Un recto pensar y una actitud recta son la base del éxito y

Capítulo VI

Un recto pensar y una actitud recta son la base del éxito y la prosperidad

Los que tienen éxito en la vida poseen un determi-

nado tipo de mente. Es cierto que tienen ambición, visión

y poder directivo, capacidad de trabajo y una poderosa

voluntad. Además, nunca se dispersan en muchas cosas a

la vez, y aprovechan cada oportunidad que se les presen-

ta. Piensan en términos de éxito y realización, abundan- cia y prosperidad. La vida tiende, en el curso del tiempo,

a expresar el tipo de pensamiento habitualmente susten-

tado. Si pensamos asiduamente sobre el éxito y la pros- peridad, tarde o temprano, expresaremos en mayor o menor grado estas cosas en nuestra vida. Es decir, logra- remos el más grande éxito posible en nuestro caso. No todos podemos llegar a la copa más alta del árbol, pero cada uno de nosotros puede ubicarse de la mejor manera

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El poder del pensamiento posible de acuerdo con lo que le permita su particular genio

El poder del pensamiento

posible de acuerdo con lo que le permita su particular genio para ello. Salvo el caso de aquella gente peculiar que piensa que puede hacer cualquier cosa, aunque nada lo hace apropiadamente, cada uno de nosotros podemos realizar lo que nos proponemos en forma mucho mejor de lo que imaginamos. Hay en nosotros habilidades ocultas, no concebidas y que ni siquiera soñamos que podemos poseer. Nuestra capacidad parece aumentar a medida que crece nuestra responsabilidad. ¡La vida nos llama para grandes logros!, y el poder y la habilidad necesarios nos llegan en una forma sorprendente para nosotros, y pro- bablemente mucho más para nuestros amigos. Yo he conversado a propósito con un gran número de gente fracasada. Por gente fracasada quiero significar aquellos individuos que, a pesar de un sensato y duro tra- bajo y con deseos de progresar, caen siempre en el abismo del fracaso, no importa cuánto pueda uno ayudarles y a pesar de las espléndidas oportunidades puestas en su camino. En todos ellos he encontrado siempre el mismo tipo de hábito en su modo de pensar. Piensan en términos de penuria y derrota. A causa de ello, todas sus acciones y decisiones, sin que ellos lo sepan, son de una clase tal que los llevarán a la condición penosa y al fracaso. Hombres de igual habilidad no son igualmente afortuna- dos. Uno puede aparecer como un hombre de suerte, en tanto que el otro será considerado como un hombre desa- fortunado; pero yo estoy convencido de que la causa de la diferencia debe ser encontrada en la mente. Uno tiene la idea del éxito y feliz realización que actúa como un cen- tro alrededor del cual giran sus pensamientos, conscientes

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Un recto pensar y una actitud recta

y subconscientes, en tanto que el otro tiene una idea fija de temor al fracaso alrededor de la cual sus pensamientos giran continuamente. Uno es fortalecido e inspirado para la realización exitosa, mientras que los esfuerzos del otro están minados y sus energías debilitadas por una idea oculta de temor al fracaso y a la ruina. Ahora bien, aunque es cierto que uno puede haber nacido con un tipo de mente que lleva fácilmente al éxi- to, en tanto que otro puede haber heredado un tipo de mente con inclinación al fracaso, no se debe aceptar que necesariamente este último debe seguir siendo siempre un fracasado. Su tipo de mente se puede cambiar. Para lograrlo no debe uno anotarse como paciente de algún especialista o de un simple médico; hemos de hacerlo nosotros mismos, cambiando nuestros pensamientos. El que cambia sus pensamientos, gradualmente transforma su idea fija de fracaso en una idea de éxito. La actitud de la mente es así modificada y los pensamientos son entre- nados para fluir en una nueva dirección. Esto, con el tiempo, cambia al hombre todo, de modo tal que sube a la superficie como el corcho hundido en el agua cuando se lo suelta, en lugar de ir al fondo como una piedra; llega a lo que aspiraba como cúspide en su profesión u oficio, en lugar de precipitarse en el abismo del fracaso. Encuentra que si hay un enorme lugar en lo alto, la razón es porque son muy pocos los que utilizan su mente en un sentido constructivo. Se convierte en uno de los favorecidos por el simple hecho de haber usado su mente como un ins- trumento creador y no con el solo propósito de hacer una labor rutinaria.

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El poder del pensamiento No debe olvidarse que el verdadero éxito está basado en el

El poder del pensamiento

No debe olvidarse que el verdadero éxito está basado en el servicio. Sólo por nuestra cooperación servicial para con los demás podemos encontrar verdadera felicidad en el mundo, y ello es en sí el verdadero éxito. El dinero y la fama no tienen ningún valor si no nos brindan felicidad y satisfacción. El servicio y la ayuda mutua nos dan el más verdadero y duradero de los éxitos. Combinados con la eficiencia, nos hacen indispensables en nuestro ramo o función particular. Tarde o temprano la cualidad del carácter cuenta su propia historia. Aquellos que se encumbran rápidamente, riéndose de cuestiones tales como el servicio, la integridad, etc., generalmente se des- ploman más tarde hundidos en la ruina y el deshonor. Por lo tanto, nuestros pensamientos no sólo deben ser de éxito y feliz realización, sino también de servicio y ayuda. No debemos pensar tanto en «qué lograré de esto» como en «cuánto puedo ayudar», porque todo éxito sóli- do está basado en el grado de ayuda que prestamos a la comunidad. Mientras más serviciales somos más indis- pensables resultamos a los demás, y, por lo tanto, la recompensa, como regla general, es mayor. Aparte de todo esto, subsiste el hecho de que pen- sando en términos de éxito y realización, y manteniendo al mismo tiempo conciencia de abundancia y prosperi- dad, se atrae tales cosas hacia nosotros. La mente es cre- adora hasta un grado no soñado por la mayoría de la gen- te, y nuestros pensamientos atraen cosas hacia nosotros afines a ellos —oportunidades para una realización exito- sa y circunstancias favorables, por un lado, o de fracaso o necesidad por el otro.

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Un recto pensar y una actitud recta

La causa interna del éxito es, entonces, el estado de la mente. Por ello, en lugar de dejarla vagar por todos los sitios que se le antoje, debemos entrenarla para pensar constructivamente. Mientras otros emplean su tiempo libre en tonterías nosotros debemos, en cambio, utilizar la mente para que trabaje en términos de relaciones positi- vas. Podemos mantener un ideal en la mente de manera continua, alrededor del cual los pensamientos giren, natu- ral y fácilmente. Un pensamiento constructivo como ése nos impulsa a actuar y esforzarnos, mientras que la demás gente desperdicia su tiempo en los placeres. No es, sin embargo, una tarea difícil y produce un gran júbilo. Despierta nuestro entusiasmo, ante el cual toda tarea se hace comparativamente fácil. Tarde o temprano, justo cuando estamos listos para ello, la oportunidad se nos presenta en nuestro sendero, de forma tan segura como ocurre con la salida y la puesta del sol. Esta ley es infali- ble. Cuando estamos listos la oportunidad aparece. Al cerrar este capítulo debo haceros una advertencia. El éxito tiende a convertirnos en su esclavo y se erige en nuestro amo. Por lo tanto, es importante que elijamos, si podemos, la forma más elevada de éxito. Generalmente, sin embargo, no tenemos ocasión de elegir, porque nues- tra ambición, por así decirlo, nació con nosotros. Re- cuerdo el caso de un pobre muchacho de pueblo, con ins- trucción primaria, que hoy es misionero, hecho aparente- mente imposible para una persona en esa posición. Si él eligió su vocación o la vocación lo eligió a él es cosa impo- sible de afirmar, pero cualquiera sea el caso, su vida de incansable trabajo, autosacrificio y servicio, aunque para el

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El poder del pensamiento mundo aparece como irrisoria, sufriendo fiebre y sujeto a la pobreza,

El poder del pensamiento

mundo aparece como irrisoria, sufriendo fiebre y sujeto a la pobreza, le produce a él la más plena satisfacción. Quien lo encuentra en el servicio y tratando de hacer del mundo un lugar mejor para los otros que viven en él, tie- ne el verdadero éxito. Entonces, no importa que el éxito se convierta en su amo y él en esclavo, porque tal esclavi- tud deviene el mayor de los gozos y la más grande de las satisfacciones. Éstos son los tesoros que ningún dinero puede comprar y que siempre se escapan de aquellos que quieren adquirirlos por medio de la riqueza y la fama.

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Capítulo VII Efecto del pensamiento sobre la salud El pensamiento afecta a nuestra salud mucho

Capítulo VII

Efecto del pensamiento sobre la salud

El pensamiento afecta a nuestra salud mucho más de lo que generalmente se supone. Aunque es cierto que las taras hereditarias, los alimentos desvitalizados y un modo de vivir poco saludable desempeñan un rol muy impor- tante, yo pienso que el pensamiento es el más grande de los factores. Cuando digo «pensamiento» incluyo las emo- ciones, porque son levantadas por nuestros pensamien- tos, y sin embargo es posible evitar el despertar de la energía emocional entrenando al pensamiento para que trabaje con otros temas diferentes a los sugeridos por los deseos e impulsos primitivos. Generalmente, en las obras de este tipo se le dice al lector que debe dejar de pensar en la enfermedad, falta de salud, malestar, etc., y pensar en cambio en la salud, el vigor, la integridad física y cosas por el estilo. Éste es un

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El poder del pensamiento buen consejo porque dar vueltas sobre la enfermedad y la mala

El poder del pensamiento

buen consejo porque dar vueltas sobre la enfermedad y la mala salud crea una condición mórbida conducente a la enfermedad. Es importante pensar en uno mismo como sano, pleno, radiante, lleno de vida, gozo y energía. Una imagen mental así sólo produce el bien. Por eso, el prin- cipiante puede decir: «Tengo una salud radiante», y tratar de sentirse así, e imaginarse a sí mismo, mentalmente, como la imagen de la perfecta salud y vitalidad. Haciendo esto da el primer paso hacia el logro de una salud mejor. Aunque esto es bueno en cierto modo, no es de manera alguna un método ideal y, por lo tanto, tan pronto como sea posible deberán adoptarse métodos mejores. Sobre este tema hay mucho que decir, pues la causa de la mala salud o de la enfermedad es muy profunda. En este pequeño libro no se puede hacer un estudio a fondo de las causas subyacentes de toda enfermedad o desor- den, pero sí puedo mencionar dos o tres que son funda- mentales y de la mayor importancia. Primero deberá comprenderse que la salud es un estado de «normalidad», esto es, que es normal estar bien, y anormal no estar bien. Hay tres estados emocionales que nos roban la salud: 1) la sensualidad, 2) el resenti- miento y 3) la ansiedad. Estos estados pueden ser venci- dos o neutralizados cultivando el hábito de pensar pen- samientos de: 1) pureza, 2) buena voluntad (incluyendo el perdón y saber ver el otro punto de vista opuesto) y 3) tranquilidad. 1) Aunque los tratados médicos parecen atribuir la mayoría de las enfermedades a la sífilis y taras sifilíticas, yo pienso que una de las principales causas de la falta de

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Efecto del pensamiento sobre la salud

salud, si no de la enfermedad, es la impureza de pensa- mientos, o el dejarse llevar por pensamientos sensuales, pensamientos de lujuria y otros similares. Los males de la conducta sensual son bastante graves, pero creo que los malos efectos de ceder a los pensamientos sensuales y de amorosidad fácil son igualmente dañinos o quizá más. El mal desde el punto de vista de la salud, sin tener nada que ver con la moral, es que esos pensamientos generan «deseos» y éstos, a su tiempo, generarán energía emocional. Esta energía debe ser reprimida y esto es, probablemente, la cau- sa de muchos desórdenes corpóreos. Ahora bien, el hecho de reprimir o contener todo deseo natural como algo malo y sucio no es la mejor manera de enfrentarse con las dificultades. Esto general- mente empeora las cosas. El único modo perfecto es tras- cender estos asuntos. Debemos razonar nosotros mismos, viendo que no hay realmente nada en la sensualidad, que es el más grande de los fraudes que existen; y en cuanto al más elevado amor entre ambos sexos, si no puede ser nuestro, entonces, tenemos cosas de mayor importancia. Todo joven sabe que es mucho mejor levantarse tempra- no, ya sea para hacer algún trabajo o darse un baño, antes que quedarse en la cama pensando en cosas sensuales. ¿Acaso no es mejor, también, para una mujer levantarse temprano y dedicarse al jardín, o a cualquier otro hobby que le interese, en lugar de permanecer en la cama pen- sando en el amor que nunca será de ella? Lo mismo ocu- rre con los pensamientos. Los vagabundeos de nuestra mente deben extenderse, debemos pensar más allá de las cosas relacionadas con los sentidos y la emoción —no

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El poder del pensamiento importa cuán buenas, en sus formas más elevadas, pue- dan ser—,

El poder del pensamiento

importa cuán buenas, en sus formas más elevadas, pue- dan ser—, ocupándonos de las cosas más grandes y amplias posibles. Seguramente, ¿no es mejor pensar en cimas nevadas, actos de heroísmo, vidas de sacrificio por los demás, del gran universo, de las eternas verdades, del Gran Plan de Dios para el hombre, de nuestros viajes siderales a través del tiempo y el espacio, que en las cosas que despiertan nuestra emoción sexual, meros pensa- mientos amatorios, o deseos imposibles de satisfacer? Sí, mil veces mejor, no sólo desde un punto de vista moral, intelectual y espiritual, sino también desde el punto de vista de la salud. En lugar de reprimir los pensamientos de origen sexual, debemos pensar cosas que estén por enci- ma de ellos y las trasciendan. Haciendo así, transmuta- mos las fuerzas de la vida en las fuerzas intelectuales y espirituales. En lugar de reprimir o malgastar las fuerzas de la vida y nuestra energía nerviosa y emocional, la usa- mos para algo superior. Así nos hacemos no sólo más sanos y fuertes, sino también más nobles y grandes, tan- to en mente como en carácter. Además, logramos una mayor capacidad para resistir la adversidad y al mismo tiempo alcanzar éxito con nuestros esfuerzos. 2) Los pensamientos de bondad y perdón son ambos curativos y preventivos de la enfermedad. El odio, la veja- ción, sentir rencor, alimentar aversiones y prejuicios, mantener pensamientos ponzoñosos y de revancha, todo esto es destructor de la salud, así como también lo son el odio, la ira, la pasión y sentimientos similares. En lugar de ellos es posible cultivar pensamientos de benevolencia, clemencia, misericordia y no resistencia al mal que se nos

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Efecto del pensamiento sobre la salud

hace. Todos éstos generan corrientes curativas; también ayudan a mantener alejada la enfermedad y la mala salud, simplemente porque así nos ponemos en armonía con el subyacente motivo de la vida. La mayoría de nosotros, indudablemente, hace mucho tiempo que hemos dejado atrás la etapa de odiar. Podemos, es cierto, no tener deseos de odiar o injuriar a alguien, pero ¿acaso hemos dejado de lado nuestras pequeñas aversiones y resentimientos? Probablemente no. Quizá los habremos olvidado, pero todavía yacen enterrados, sofocados en las cavernas de nuestra mente, causando desarmonía, y luego se tra- ducen al exterior como enfermedad y trastorno. 3) No creemos que ningún médico podrá estar en desacuerdo con nosotros cuando declaramos que la preo- cupación, el esfuerzo vano, el malestar, el enojo, la ansie- dad y estados similares de la mente son la causa subya- cente, o al menos que contribuye en muchas graves enfer- medades. Muchos males graves se producen después de un período de lucha infructuosa, ansiedad y suspenso. Incluso las enfermedades debidas originariamente al alco- holismo y otros excesos son precipitadas por las preocu- paciones o la ansiedad. A despecho de los excesos en que pueda incurrirse, no hay enfermedad que pueda atacar hasta tanto hacen su presencia el fracaso, un disgusto, o alguna ansiedad y preocupación. En ese momento hacen su aparición. Pero también aquellos que no cometen ningún exceso sienten la aflicción, a pesar de su sobriedad y control. La desesperación y la angustia, la incertidumbre y la ansiedad que nos causa un hijo problemático; la

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El poder del pensamiento angustia y tremenda experiencia emocional que nos pro- duce una esposa

El poder del pensamiento

angustia y tremenda experiencia emocional que nos pro- duce una esposa infiel que nos abandona, o las intermi- nables preocupaciones financieras de un hombre de nego- cios que atraviesa momentos difíciles, todo ello derrumba el sistema nervioso, disipa las fuerzas y abre todo el siste- ma a la enfermedad. No pretendemos que lo que nosotros llamamos Ciencia del Pensamiento, o Recto Pensar, nos pueda capa- citar para evitar todas las preocupaciones de la vida, aun- que muchas de ellas son creadas por nosotros mismos, y en algunos casos, son la cosecha de nuestra errónea siem- bra del pasado, pero sí podemos decir que nos capacita para enfrentarnos con ellas de modo tal que no nos pro- duzcan tanto daño. Y esto es una gran conquista. Dos individuos pueden encontrarse con preocupaciones seme- jantes y en igual cantidad; uno de ellos las toma negati- vamente y las absorbe, y como consecuencia, se siente muy mal, infeliz, amargado y se hace tosco y áspero; mientras que el otro atraviesa las dificultades sin que lo dañen, y más bien hacen que suavice y refine su carácter. El hecho de enseñar a la gente cómo enfrentarse a la vida para salir triunfante en todas las experiencias es la parte más importante de nuestra labor. Hay muy pocos médicos que no aprecien esta faz de nuestra labor, porque saben que si un paciente puede descansar, relajarse, dejar- se estar y mantenerse tranquilo en los momentos difíciles, siendo, al mismo tiempo, confiado y positivo en mente y pensamiento, se recobrará rápidamente y se salvará de ser atacado por alguna de las muchas enfermedades que el

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Efecto del pensamiento sobre la salud

hombre tiene propensión a adquirir cuando disminuye su poder de resistencia por una causa cualquiera. El recto pensar es, en diverso modo un preventivo de la enfermedad, así como también un remedio en el senti- do de que lleva nuestra mente a un estado de reposo y paz. Fundamentalmente, la causa de todo desorden reside en nuestra separación del orden Divino. Si todos pudié- ramos ponernos a la par de lo Divino, no nos encon- traríamos con ningún sufrimiento o preocupación. La causa de nuestro sufrimiento reside en que no estamos en armonía o correspondencia con el perfecto orden Divino. Dios no nos castiga, somos nosotros mismos quienes lo hacemos, o más bien nuestro mal mismo nos castiga. El mal es nuestro propio castigo. Estar separado del orden Divino es lo peor. El hijo pródigo no fue casti- gado por su padre, sino que recibió el castigo en sí mismo al haberse separado del hogar paterno y vagado por leja- nas tierras. Cuando regresó fue perdonado, y todo fue armonía y gozo. Puesto en el lenguaje moderno, tenemos que dejar nuestra vida de separación en pensamiento, deseo, emociones y afecciones, del Centro de nuestra vida, que es orden y armonía, y hacernos uno con él. Esto quiere decir que, primero, hemos de tener el deseo de hacerlo, y luego, debemos poner todos nuestros pensa- mientos en línea con la Divinidad que mora en lo más profundo de nuestro corazón. Tales cosas, desde luego, serían imposibles de hacer si no fuera por el hecho de que quien aspira recibe ayuda del Cielo mismo. Todos los poderes de la oscuridad se levantan para detenernos, si pueden, pero hay UNO que

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El poder del pensamiento ha recorrido antes que nosotros el mismo sendero y que, al

El poder del pensamiento

ha recorrido antes que nosotros el mismo sendero y que, al ser tentado de igual modo, logró una gran victoria. «No yo sino Cristo», dijo san Pablo, y ése es el secreto del éxi- to en el control del pensamiento.

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Capítulo VIII El poder de atracción del pensamiento Hay dos proverbios muy antiguos que son

Capítulo VIII

El poder de atracción del pensamiento

Hay dos proverbios muy antiguos que son bien cono- cidos y a menudo citados, pero cuya profunda importan- cia psicológica no es quizá plenamente apreciada. Éstos son: «Pájaros de igual pluma vuelan juntos», «Dime con quién andas y te diré quién eres». El origen de esta atrac- ción se encuentra en gran medida en el pensamiento del hombre. Si tenemos pensamientos de un cierto tipo, atra- emos hacia nosotros gente de un tipo similar de pensa- miento. Somos reunidos por las invisibles fuerzas de la atracción. Es cierto que el carácter de nuestros pensa- mientos, con el correr del tiempo, queda impreso en nues- tro rostro, de tal modo que todo el mundo puede ver si somos puros o ruines; pero es principalmente el poder de atracción del pensamiento lo que atrae a la gente hacia nosotros.

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El poder del pensamiento Nuestros pensamientos no sólo atraen a la gente de su índole,

El poder del pensamiento

Nuestros pensamientos no sólo atraen a la gente de su índole, sino también a otros pensamientos de tipo similar, y hasta a oportunidades y circunstancias. La men- te humana, aunque en un sentido puede ser llamada cre- adora, es más un receptáculo del pensamiento que un generador de éste. Tenemos, por así decirlo, dos puertas en nuestra mente, una abierta a una corriente de pensa- mientos celestiales, buenos, hermosos, ennoblecedores, saludables y benéficos; la otra, abierta a una corriente de pensamientos indeseables, debilitadores y destructivos. Es imposible tener ambas puertas abiertas al mismo tiem- po. Cuando tenemos pensamientos de pureza, integridad, caridad, etc. —en otras palabras, pensamientos de carác- ter celestial—, la puerta del Cielo y todo lo que es her- moso queda abierta, permitiendo entrar un flujo de pen- samientos similares. Por eso la oración tiene tanto valor. La oración levanta el pensamiento y concentra la aten- ción, también el corazón y la afección, hacia el Cielo. En respuesta retorna un flujo o reflujo de vida Divina, pen- samientos e ideas de lo Divino. Aquel que persevera en esta práctica, con el tiempo, sufre un cambio por este influjo Divino, como si estuviera dotado de una mente celestial. Entonces, la otra puerta que conduce a todo lo que es indeseable queda cerrada para siempre. Durante la etapa de transición, la puerta que deja entrar la corriente de los malos pensamientos puede entreabrirse y, enton- ces, somos conducidos a aquello que conocemos como tentaciones. Si tratamos de cerrar la puerta y luchar con- tra esas fuerzas atacantes, pensamientos, o sugestiones del mal, vemos que la puerta se abre más todavía. La única

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El poder de atracción del pensamiento

manera de encarar la situación en forma efectiva es elevar los pensamientos, la atención y el corazón hacia el Bien y la Realidad Celestial. Cuando nuestra atención está fijada en esta forma sobre la Realidad o el Cielo, Dios o Cristo, dicha puerta vuelve a cerrarse de nuevo. La sola razón por la cual la puerta se abre es que nuestra atención en el Bien y lo Puro se debilita de tiempo en tiempo. El reflejo de lo Divino, sin embargo, continuamente nos fortalece y nos cambia, por lo cual se va acrecentando enormemente nuestra posibilidad de mantener nuestros pensamientos en un plano celestial; y esto, a su vez, mantiene la otra puerta más efectivamente cerrada. El aspecto negativo de todo esto es que si permitimos que siga abierta la puerta de la debilidad y el mal, la puer- ta del Divino Bien queda cerrada. El Cielo, a pesar de todas sus buenas intenciones y deseos, no puede ayudar- nos si nuestros pensamientos y nuestra atención se ocu- pan de las cosas inferiores. Así es como podemos apreciar el valor de la fe. Si levantamos nuestro corazón y nuestros pensamientos por encima de nuestras preocupaciones, abrimos la puerta a la palabra celestial, y fluye en nuestro interior como una inundación de nueva vida, poder y bien, permitiéndonos vencer dicho estado. Pero si miramos y moramos en nues- tras preocupaciones y aflicciones, la puerta que conduce al Cielo permanece cerrada, permitiendo así la entrada a la corriente de pensamientos debilitantes y destructivos. Por lo tanto, rechazando la actitud de cobijarnos en nues- tras preocupaciones y dificultades, mirando con fe hacia el Cielo y pensando en la Divina Perfección o Realidad,

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El poder del pensamiento quedamos liberados doblemente: primero, se cierra la entrada a la corriente

El poder del pensamiento

quedamos liberados doblemente: primero, se cierra la entrada a la corriente de malestar espiritual, y, segundo, nos abrimos a una constante corriente de influencias celes- tiales. No sólo atraemos hacia nosotros una de las dos corrientes de pensamientos e influencias ya descritas, sino que creamos, también, en nosotros una atmósfera de atracción o repulsión. Esta atmósfera, aura o magnetismo personal atrae a las personas o circunstancias, o bien las aleja. Si dos hombres, uno con una atmósfera atractiva y el otro con una que no lo es, estuvieran a cargo de un pequeño negocio y se les diera igualdad de oportunida- des, el primero hará mucho más negocio que el último, simplemente porque sabrá atraer a su clientela, atenderla amablemente, aceptar sus recomendaciones y mantener su favor. Producirá una atmósfera viviente en donde el otro hombre con una atmósfera de repulsión hubiera fra- casado. Lo mismo ocurre con cualquier profesión. Un médico, un abogado, un sacerdote, puede atraer una enor- midad de gente si posee una atmósfera atractiva, en tan- to que tendrá muy pocos que lo sigan si su atmósfera es repulsiva. Para crear o desarrollar una atmósfera atractiva debe- mos sentir afección para con los que nos rodean, hemos de sentirnos ansiosos de servirlos y ayudarlos, y pensar pensamientos rectos. No hay necesidad de recurrir a la zalamería —ciertamente, esto debe ser evitado a toda cos- ta—; en cambio, debemos recordar que mientras es sincero nuestro deseo de servir, no importa cuál sea nuestra pro- fesión o posición, somos el imán y los demás son atraídos

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El poder de atracción del pensamiento

hacia nosotros, no por compulsión o contra su voluntad, sino por el magnetismo de nuestra bondad y de nuestra interna amistad y cordialidad. También debemos tener en nuestra mente el concep- to de que estamos atrayendo a los demás, no para servir nuestros propios fines egoístas, sino para acogerlos ampliamente, ayudarles y procurar que sean felices. Un empresario de pompas fúnebres tenía una simpatía tal que no había quien pudiera competir con su negocio. Su simpatía atraía a la gente porque era REAL. Si hubiera sido de aquellos que se hacen pasar por lo que no son, no podría haber hecho sentir su sinceridad y hubiera sido dejado de lado por embaucador o hipócrita. No procura- ba hacer negocio de su simpatía, hubiera hasta odiado tal pensamiento; simplemente no podía evitar ser notable- mente simpático, y esto ocurría porque tenía un gran corazón lleno de afecto hacia todos los que se hallaban oprimidos por la angustia y la desesperación. Por lo tan- to, podemos atraer a la gente por el simple hecho de dese- ar ayudarle a encontrar su bienestar. Si eso nos da pros- peridad, no podemos evitarlo, pero nuestro objetivo debe ser ayudar y servir. Algunos lectores dirán que esta enseñanza es casi imposible de practicar. Afirmarán, y correctamente, que tan pronto como uno comienza a pensar con rectitud y aspirar a cosas mejores queda, aparentamente, bajo una invasión de todos los poderes del mal, y que parece que hasta las compuertas del infierno fueron abiertas para perderlo bajo su aplastante flujo, haciendo así imposible todo progreso. Esto es bastante cierto, pero la cuestión

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El poder del pensamiento tiene otro aspecto y es que aquel que aspira recibe ayuda

El poder del pensamiento

tiene otro aspecto y es que aquel que aspira recibe ayuda de lo alto. Cada vez que miramos hacia arriba, elevando nuestros pensamientos hacia un plano superior, fluye hacia nosotros una corriente de vida y salud, fortaleza y bendiciones. No importa cuánto hayamos sido tentados; recibiremos mucha mayor fuerza de nuestro Hermano Mayor que superará el poder del mal que nos asalte. El Gran Uno está ante nosotros, conquistando y venciendo, y Él es quien puede y nos ayuda en todos nuestros esfuer- zos por alcanzar las cosas mejores y las más elevadas. «Porque más grande es Aquel que está en ti que aquel que está en el mundo.»

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Capítulo IX El control del pensamiento y el logro de lo espiritual En este librito

Capítulo IX

El control del pensamiento y el logro de lo espiritual

En este librito he insistido demasiado, quizá, en el logro de lo material; pero la principal razón de hacerlo así es que nuestro deber es servir a nuestra época y nuestra generación, y ser tan grande y útil en el servicio como nos sea posible. Yo no abogo por el éxito egoísta. Debemos ambicionar, no cuánto puedo conseguir sino cuánto pue- do dar, sirviendo y haciendo todo lo que podamos en favor del mundo. Por lo tanto, el éxito y el logro por el cual yo abogo no es en absoluto hacer dinero o conseguir una destacada posición, sino que con ello quiero significar la entrega de nuestra vida a la misión de servir, o a otras formas de sacrificio de sí mismo y de devoción hacia nues- tros semejantes. No importa cuál es nuestra profesión; lo que interesa es el poder y el control del pensamiento. Un

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El poder del pensamiento joven puede hacerse misionero a pesar de la oposición y desaliento,

El poder del pensamiento

joven puede hacerse misionero a pesar de la oposición y desaliento, simplemente porque su mente es firme y sus pensamientos están dirigidos hacia la meta que ambicio- na. Las aparentemente insuperables dificultades serán vencidas, tan sólo por el hecho de haber dirigido y enfo- cado sus pensamientos hacia el objetivo deseado. Si su mente hubiera sido vacilante y hubiera dejado vagar sus pensamientos, nunca habría satisfecho su ambición. Debo señalar que si perseguimos el éxito de todo corazón, éste se convierte con el tiempo en nuestro dueño. Al principio vemos que el éxito es como un pájaro asustadizo, evasivo y difícil de cazar. Nos hace correr detrás de él, demandándonos siempre el autosacrificio y cada vez más sacrificio, hasta que nos vemos embarcados en una vida llena de responsabilidades y de comparativa importancia, de la cual no podemos renegar o desertar con decencia. Entonces vemos que el éxito en lugar de ser nuestro servidor se ha convertido en nuestro amo, y noso- tros nos hemos transformado en un esclavo. Por ello es de importancia que limitemos nuestras ambiciones materia- les. No hay ninguna razón, sin embargo, para limitar nuestra ambición espiritual, porque si tenemos éxito en nuestra búsqueda de Dios lo único que nos espera es gozo, tras haber visto ya que el éxito material sólo se con- vierte en amo y nosotros en su esclavo. No se acepta generalmente que pueda ser logrado un nivel espiritual sin el control del pensamiento que es el resultado del entrenamiento de la mente. El hermano Lorenzo es un ejemplo evidente de ello. Él es un gran exponente de la práctica de la «Presencia de Dios». Este

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El control del pensamiento

humilde servidor de Dios, trabajando diariamente en la cocina del monasterio, entre sus ollas y sartenes, coci- nando y fregando, descubrió que entrenando sus pensa- mientos para que afluyesen continuamente hacia Dios podía llegar a sentir permanentemente su presencia. Tan clara fue esta realización que el hermano Lorenzo com- probó que era mucho más consciente de la Divina Pre- sencia mientras fregaba las grasientas ollas y sartenes que cuando iba a su celda con el expreso propósito de entre- garse a sus ejercicios devocionales. Este humilde herma- no, que carecía de instrucción libresca, llegó a ser un san- to (aunque no ha sido llamado como tal) y maestro de muchos, por el simple hecho de dirigir sus pensamientos a Dios y perseverar en su práctica a despecho de la ten- dencia del pensamiento a vagabundear y no concentrarse. Orar es posible para nosotros si poseemos cierto gra- do de control en nuestros pensamientos. Tenemos que dirigir nuestra atención hacia Dios y ésta forma una esca- la por la cual ascienden nuestros pensamientos a Dios. El control del pensamiento consiste, realmente, en fijar la atención en un objeto dado y tratar de mantenerla sobre él. Todo el tiempo que fijemos nuestra atención en Dios será un tiempo dedicado a la ascensión de la escala que nos conduce hacia lo alto. Aquellos cuyo poder de fijar la atención y de contro- lar los pensamientos es tan débil que llegan a creer que carecen completamente de él deben repetir sus plegarias. Esto no es tan bueno como orar con todo fervor, pero es comenzar y dar el primer paso hacia la correcta dirección. Aquel que «dice» o repite sus oraciones, día y noche,

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El poder del pensamiento posee un lazo de conexión con el Cielo que no tienen

El poder del pensamiento

posee un lazo de conexión con el Cielo que no tienen los que no lo intentan. Pero orar dirigiendo la atención y pen- samientos hacia Dios es, realmente, algo muy diferente. Es algo muy grande, un ejercicio espiritual de un grado muy elevado. Sin embargo, no es fácil de llevar a cabo, porque entre tanto nuestro pensamiento no sea discipli- nado, su tendencia es el vagabundeo. Las preocupaciones de la vida, o nuestras ambiciones, desvían nuestros pen- samientos, de modo que pronto vemos que nos encontra- mos pensando en las cosas materiales en lugar de las espi- rituales. Nuestros pensamientos, desde luego, deben ser traídos una y otra vez al tema de nuestra preferencia has- ta crear el hábito de concentrarlos, con lo que será posi- ble, entonces, la oración real. Hay muchos grados en la oración real. Está la ora- ción que suplica, la oración que alaba y agradece, la ora- ción de meditación y la oración de contemplación. Las últimas dos son muy avanzadas, y son posibles sólo cuan- do se ha alcanzado un grado muy desarrollado en el con- trol del pensamiento. No es sólo durante la oración, sin embargo, cuando se hace necesario el control del pensamiento para conse- guir y desarrollar las facultades y poderes espirituales, ya que lo necesitamos tanto más durante el día, cuando esta- mos ocupados con el «lodo y la escoria de las cosas». También podemos llevar a cabo la experiencia del herma- no Lorenzo, quien descubrió que el trabajo que le disgus- taba, visto desde el punto de vista común, se convirtió en una tarea gozosa gracias a la Divina Presencia. Además, tareas que anteriormente le resultaban difíciles y más allá

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El control del pensamiento

de su capacidad fueron posibles para él una vez que aprendió que el Señor le ayudaba con Su presencia. Dirigiendo nuestros pensamientos y aspiraciones fre- cuentemente hacia nuestra Íntima Divinidad, somos en gran medida ayudados y fortalecidos. Además, con el tiempo, nuestro trabajo, que podía disgustarnos por su naturaleza, se transforma y se hace placentero por la rea- lización del hecho de que ha sido convertido en un acto de servicio y amor a nuestros semejantes. Así nos hace- mos conscientes de un nuevo sentimiento de comunidad y camaradería. No estamos solos, porque existe el Uno con nosotros que nos está ayudando a hacer de la vida algo más noble, a transformarnos en trabajadores y servi- dores más fieles, capaces de hacer cosas que tengan un motivo elevado. El resultado de todo esto es que construimos un carácter nuevo y más fino, y esto es eterno porque el ca- rácter nunca muere. Y además, nos convertimos en cria- turas enteramente nuevas. Podemos no ser religiosos, como se entiende generalmente el serlo, o beatos, pero el hecho es que nos hacemos más nobles, más sinceros, constituimos tipos más afinados de mujeres y hombres a los cuales el mundo tendrá que darles las gracias. La vida interna o espiritual es verdaderamente real. Dos individuos pueden sentir el despertar espiritual, y lle- vados por ello desear vivir una vida más noble y elevada. Uno de ellos puede tener éxito, y el otro quizá, después de recia lucha, volver a la vida de antes. La razón es que el primero mantuvo encendida la llama de su vida interior, mientras que el último la dejó apagar. El primero perseveró

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El poder del pensamiento en la verdadera oración y en dirigir sus pensamientos hacia Dios,

El poder del pensamiento

en la verdadera oración y en dirigir sus pensamientos hacia Dios, colocándolos continuamente en cosas mejores y más elevadas; el otro, entre tanto, se hace negligente en sus oraciones, no controla sus pensamientos, por cuyo motivo su vida espiritual se marchita y muere por falta de alimento. Entonces le llegan las tentaciones como una inundación y la batalla es tremenda para uno que no ha sido fortificado en la oración. Así, retorna y se entrega a la antigua vida sin esperanzas, simplemente porque ya ve que para él no hay posibilidades de hacer un esfuerzo que le haga avanzar. La culpa no es de la tentación por ser demasiado fuerte, sino por el hecho de haberse desconec- tado del Único Manantial del infinito poder, al haber des- cuidado sus oraciones, y haber caído en la falta de perse- verancia en el control de sus pensamientos. Si se tiene en cuenta la importancia de entrenar el pensamiento para dirigirlo de las cosas indignas a aquellas que son nobles, verdaderas, hermosas y realmente de valor, ¿puede sorprender a alguien el hecho de que yo escriba libros y publique una revista dedicándome a este tema?

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Capítulo X La manera de conquistar el miedo El miedo es, probablemente, la causa de

Capítulo X

La manera de conquistar el miedo

El miedo es, probablemente, la causa de más desven- turas en la vida, quizá mucho más allá de lo que podemos imaginar. Una especial protección parece que ampara a aquellos que no tienen miedo en absoluto. Es un hecho bien conocido que un perro no ataca a aquel que no sien- te por él miedo alguno. Mi limitada experiencia en los deportes es de que si uno no tiene miedo, por más osado que pueda ser, sale del paso sin siquiera haberse hecho un rasguño. Es mi opinión de que los leones de la cueva en don- de echaron a Daniel no le hicieron daño porque éste no sentía miedo. El Señor sólo necesitó quitar por completo su miedo para que Daniel quedara perfectamente prote- gido. Pruebas como éstas pueden hallarse en los misione- ros. Cuando se encontraban con tribus de caníbales armados,

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El poder del pensamiento sedientos de sangre, no sentían miedo en absoluto y avan- zaban

El poder del pensamiento

sedientos de sangre, no sentían miedo en absoluto y avan- zaban desarmados hacia lo que parecía una muerte cier- ta, tan tranquilos como quien se enfrenta a un rebaño de ovejas o atiende una reunión de feligreses. En ninguno de estos casos los misioneros fueron dañados. Además, la ausencia de miedo no es sólo una protec- ción para desastres en momentos de peligro, frente a ani- males feroces o en presencia de criminales, sino que nos protege también de las infecciones y contagios. Napoleón visitaba a los atacados por la infecciosa epidemia para demostrar a los demás que la enfermedad no podía atacar

a quien no tenía miedo de ella. Yo tuve ocasión de cono-

cer a alguien que visitaba a personas atacadas de viruela

y otras enfermedades infecciosas, en los hospitales dedi-

cados a estas enfermedades, pero que nunca se contagió,

aunque acostumbraba arrodillarse al lado de las camas y

rogar por los pacientes, inhalando microbios por millo- nes. Su única salvaguardia eran sus pensamientos: recha- zaba la posibilidad de que los microbios pudieran atacar-

le y dañarle; en otras palabras, confiaba en Dios, y por lo

tanto, no sentía miedo en absoluto. Demostraba la abso- luta verdad del salmo 91. Así es como podemos ver, en cierto sentido, que no son los microbios la causa de que seamos presa de una enfermedad epidémica, sino que el factor decisivo es el pensamiento de miedo que nos embarga. Dos personas están expuestas a la misma infección. Una contrae la enfermedad; el otro no es afectado. ¿Por qué? Puede decirse que el que se salvó es más robusto y fuerte, pero no siempre es así, porque frecuentemente el fuerte cae y

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La manera de conquistar el miedo

el débil no. Puede agregarse, además, que el que no se enfermó poseía mayor poder de resistencia. Así es, pero ¿no es una cuestión debida principalmente a la mente? Aquel que tiene una mente más positiva es el que permanece inmune a la enfermedad. Aceptando la necesidad y lo deseable que es el hecho de no sentir miedo, ¿cómo podemos vencer nuestras fallas hereditarias? La mayoría de nosotros alimentamos algún temor, porque aunque seamos intrépidos en cierto senti- do hay algunas cosas que tememos en lo profundo de nuestra mente. Podemos ser físicamente valientes y, sin embargo, tener miedo en nuestros negocios, profesión o empleo. El escuálido espectro de la desocupación, de la bancarrota, del fracaso en el propósito de hacer el bien puede perseguirnos día y noche. Por otra parte, podemos ser individuos que no tememos tales cosas, y, no obstan- te, tener miedo a la enfermedad, a la infección, al conta- gio, a las corrientes de aire, etc., de modo tal que cada epi- demia nos llena de aprensión y miedo. ¿Cómo, entonces, esos temores deben ser vencidos? Exactamente en la mis- ma forma en que se calma a un pequeñuelo que puede despertarse durante la noche y sentir miedo de la oscuri- dad. Podría decírsele primero: «Nada tienes que temer». Entonces, debe razonarse con él, mostrándole que la habitación es la misma con o sin luz, y que su miedo es sólo mental. Y si esto no es suficiente, se le puede decir:

«Me quedaré contigo y te tendré de la mano, así sabrás que no hay de qué asustarse y que todo está bien». Sintiendo nuestra presencia con él, y teniendo fe en que

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El poder del pensamiento nuestra presencia y poder lo protegerán, pronto quedará completamente dormido. Ahora

El poder del pensamiento

nuestra presencia y poder lo protegerán, pronto quedará completamente dormido. Ahora bien, nosotros debemos someternos al mismo tratamiento. Somos criaturas muy complejas y, realmente, podemos argüir y razonar con nosotros mismos. Debemos proceder en la misma forma como lo haríamos con un niño. Antes que nada, nos diremos: «Nada hay en el uni- verso que pueda causarme miedo». Esto no es simple palabrería; es declarar la pura Verdad. No quiero decir con esto que nosotros somos tan fuertes que podemos afron- tar y vencer todos los poderes del mal. Lo que quiere decirse es que habiéndonos puesto del lado de los ángeles, éstos se han puesto de nuestro lado también. Esto signi- fica que nos hemos alineado con la interna armonía del universo, el Divino Orden que nadie puede destruir y sobre el cual no hay fuerza de desorden que tenga poder alguno. Esto quiere decir que detrás de nosotros está todo el poder de las ocultas Fuerzas Divinas empujándonos hacia la gloriosa consumación diseñada y planeada por nosotros en las profundidades de la Mente Divina y el Corazón del Infinito Amor. Por lo tanto, podremos después emplear las palabras de Eduardo Carpenter: «Todas las Fuerzas Divinas me impulsan aceleradamente a la consecución de mi eterno gozo». Porque haciendo esto podemos sentir y realizar que es exactamente como se ha declarado; que hay real- mente Fuerzas Divinas detrás de nosotros que nos impul- san a seguir avanzando para conquistar una vida más ple- na y rica, acercándonos a las cosas mejores y más eleva- das. Si uno encuentra que esta declaración o invocación

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La manera de conquistar el miedo

es demasiado avanzada o «fantástica» para él, puede ele- gir tranquilamente palabras propias que serán efectivas para su caso. Pero debe seguirse el mismo proceso. Es mejor usar, primero, lo negativo, y, luego, lo positivo. Sin embargo, como nuestro imaginativo hijito que sentía miedo de la oscuridad, nosotros podemos sentir la necesidad de algo más. Él quería que nos quedáramos a su lado tomándole la mano; así podía sentir y comprender que con nuestra presencia lo protegíamos. En la misma manera podemos nosotros invocar y realizar la Presencia de lo Omnipotente y Eterno. Existe el Uno que ha con- quistado al mundo y batido todos los poderes del mal, que ha glorificado Su humanidad y abierto la Senda para nosotros por medio de su propio sacrificio, y ha dicho:

«Nunca te abandonaré», y «Siempre estoy contigo, aun hasta el final».

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Capítulo XI No hay que exigir, sino obedecer Es muy natural que el principiante que

Capítulo XI

No hay que exigir, sino obedecer

Es muy natural que el principiante que ha descu- bierto el inmenso poder del pensamiento crea que todo lo que tiene que hacer es usarlo conforme a su propia volun- tad. Quizá no haya error más grande que ése. Justamente a causa de su poder y sus enormes efectos es tan impor- tante que entrenemos nuestro pensamiento para ponerlo en armonía con las leyes internas del universo. Cada uno de nosotros es parte de un todo. Dios es nuestro Padre o Centro y cada hombre es nuestro hermano. Debemos ser- virnos mutuamente. Hasta que realizamos esto nos encontramos fuera de esa armonía que reina en la vida y el universo, no sólo en acción sino también en el pensa- miento; porque si nosotros tenemos una idea errónea de la vida, todos nuestros pensamientos deberán ser natu- ralmente erróneos a su vez.

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El poder del pensamiento Se ha dicho que podemos conquistar la naturaleza únicamente siguiendo sus

El poder del pensamiento

Se ha dicho que podemos conquistar la naturaleza únicamente siguiendo sus leyes. Es igualmente cierto que podemos conquistar la vida sólo por la obediencia de las leyes de la vida. Si no pensamos en armonía con el moti- vo de la vida, nos convertimos en manchas ulcerosas sobre el cuerpo Cósmico. Sólo cuando nos convertimos en hermanos de la humanidad, viviendo en armonía con las leyes de la vida y el gran esquema de todas las cosas, podemos experi- mentar la armonía dentro de nosotros mismos y es sólo entonces cuando nuestra vida, en el más elevado sentido de la palabra, ha logrado su fin real verdaderamente. Es posible tener exigencias para con la vida y lograr lo que se pide. Esto nos conduce a la realización, pero se consigue sólo a costa de duro trabajo y sacrificio. Todos debemos pagar por lo que obtenemos. Aquellos que no quieren pagar no están en condiciones aún para recibir. Por eso el logro de las cosas exige tanto de nuestro carác- ter —paciencia, perseverancia, firmeza, sacrificio— que llega a ser un verdadero constructor de nuestro carácter. Mantener nuestro éxito y permanecer sin mácula exige mucho más de nuestro carácter que lo que nos exigió su logro. Pero todo logro que haya sido alcanzado en la vida con un propósito egoísta, sin ningún pensamiento para los demás, sin ningún pensamiento hacia Dios, no nos producirá armonía ni felicidad. Ninguna felicidad, paz o armonía puede resultar de exigencias egoístas para con la vida. Es cierto que hay una época de nuestra vida en que todas las cosas parecen estar al alcance de nuestra mano, y nos sentimos dueños de

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No hay que exigir, sino obedecer

nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Esto puede ser un acicate que nos aliente a buscar la realización y la conquista, y nos haga enfrentarnos con experiencias que nos sirvan de preparación para cosas aún mayores. Todo esto es bueno en tanto siga así, y puede ser una fase muy necesaria para nuestra vida, pero más tarde o más tem- prano seremos conscientes de que aunque en un sentido podemos ser dueños de nuestro destino, ya que podemos elegir entre el bien y el mal, sin embargo, durante todo el tiempo «hay una Divinidad que bosquejó nuestros fines, aunque sin quitar las asperezas, para que nosotros los logremos». Hay una armonía interna a la cual debemos corresponder. Pertenecemos al todo, en el cual tenemos un lugar, y del que somos parte. Podemos ponernos en armonía con ese «todo», convirtiéndonos en individuos menos egoístas y más universales. En otras palabras, debemos amar a Dios y amar a nuestros semejantes. En lugar de forzar nuestra voluntad frente a la vida, en lugar de hacer que nosotros seamos el centro alrededor del cual todo debe girar, en lugar de exigir y obligar, si deseamos encontrar felicidad real y satisfacción real, debemos amar y servir a Dios y al hombre, a la vida y al mundo, y éste es el modo de ponernos en armonía con el Todo. La ley interna de la vida es el amor, pero es mejor para nosotros considerarla como cooperación. En el grado que pensemos, actuemos, trabajemos y sintamos de acuerdo con esta ley, encontraremos verdadera felicidad, paz, satisfacción y cosas que son más preciosas que los rubíes que no hay fortuna en la Tierra que pueda com- prarlos.

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El poder del pensamiento Veamos, entonces, por qué debemos entrenarnos en tener pensamientos de buena

El poder del pensamiento

Veamos, entonces, por qué debemos entrenarnos en tener pensamientos de buena voluntad en lugar de odio o resentimiento; de cooperación y no de adquisición egoís- ta; de servicio más que de conquista personal. Sólo así nos convertimos en hermanos de la humanidad y podre- mos entrar en correspondencia, o en un estado de unidad, con la armonía interna que es la Divinidad. Vivimos en un universo donde reina el orden, porque detrás del desorden existente en la superficie de la vida está el interno Orden Divino. El Orden Divino puede ser expresado externamente por todos los hombres si se ponen en armonía con él. Pero el «yo» se levanta en el camino. El amor, la cooperación, la buena voluntad son la clave por la cual el hombre puede abrir la puerta que lo conduce a la armonía interna y al orden interno; y aquel que lo consigue puede facilitar a sus hermanos la manera de lograrlo también. Hay una psicología que se está enseñando actual- mente sobre todo en América, que es dañina y destructi- va. Enseña el uso erróneo de la mente por medio de la sugestión. La mente y la voluntad son usadas para obligar a los demás a «actuar» según el deseo del «operador». Por ejemplo, un vendedor desea tener una orden del jefe de compras de cierto negocio. Mientras este último está estudiando el asunto, el vendedor ejercita una fuerte sugestión mental para que le firme la orden. A menos que el comprador tenga conocimiento de ello, será compelido a actuar en contra, quizá, de su buen sentido y voluntad. Esta práctica de coerción mental es realmente criminal, aunque en el momento presente no sea legalmente considerada así.

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No hay que exigir, sino obedecer

Es practicada de muy variados modos, pero quien sufre más es el que usa este método y no su víctima. Némesis vigila a todo aquel que usa de mala manera su poder men- tal. No podemos nunca actuar en contra de las leyes de la vida sin sufrir duramente a causa de ello. Esa mala prác- tica del poder mental que he descrito está en completa oposición con la interna ley de cooperación antes men- cionada, y, por lo tanto, trae consigo desorden y sufri- miento.

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Capítulo XII Primeros pasos ¿Quién ha menospreciado las pequeñeces del día? — ZACARÍAS , IV

Capítulo XII

Primeros pasos

¿Quién ha menospreciado las pequeñeces del día?

ZACARÍAS, IV 10

No podemos de repente convertirnos en adeptos del recto pensar y del control del pensamiento. Todos tene- mos que ir creciendo poco a poco, comenzando con el esfuerzo inicial y tratando de lograr fortaleza y altura. En otras palabras, todos debemos empezar de una manera aparentemente pequeña y humilde. Digo «aparentemen- te» a propósito, pues parece ser algo insignificante el hecho de tener deliberadamente pensamientos opuestos en carácter a aquellos que nuestros sentimientos o nues- tra naturaleza inferior nos urge a pensar; sin embargo, es una gran tarea, y si tenemos éxito, será una gran realiza- ción. Podrá parecer algo sin importancia que tengamos

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El poder del pensamiento pensamientos de buena voluntad acerca de alguien que nos ha injuriado,

El poder del pensamiento

pensamientos de buena voluntad acerca de alguien que nos ha injuriado, o trastornado con su actitud, pero es, realmente, algo tremendo y de eterna importancia. Si damos curso meramente a nuestra naturaleza terrena, nos ponemos a la par de las bestias, aliándonos con la morta- lidad, decadencia y muerte. Pero si tenemos pensamien- tos de bondad deliberadamente, empezamos a recorrer el sendero de la liberación y la libertad, que no tiene fin, alcanzando hasta las estrellas. Puede parecer algo sin importancia el pensar delibe- radamente sobre lo puro y noble, en lugar de tener pen- samientos de sensualidad; sin embargo es, en realidad, una gran labor, pues los pensamientos de esta última cla- se son la raíz principal de la infelicidad, la debilidad y el miedo del hombre. Puede parecer una tontería tener pensamientos de firmeza y conquista en la lucha frente a una aparente fla- queza o fracaso, pero no lo es después de todo, ya que el éxito en nuestra vida depende en gran medida de ellos. Puede parecer una pequeñez pensar deliberadamen- te en Dios y las cosas eternas en lugar de tener pensa- mientos acerca de la mortalidad y las cosas temporales; pero, sin embargo, es de mucha importancia hacerlo, pues solamente así podremos entrar en la vida eterna, hacién- donos uno con aquello que no conoce ninguna decadencia. Puede parecer que no tiene importancia el hecho de pensar deliberadamente en nuestra unión y unidad con el Origen de toda Luz y Vida, en lugar de considerarnos separados y solos; pero esto también es una cuestión

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Primeros pasos

importante, porque por medio de ella conseguimos la rea- lización de la Verdad. Puede parecer una pequeñez pensar deliberadamen- te en cosas relativas a la salud, plenitud y gozo de vivir, en lugar de pensar continuamente sobre lo relativo al males- tar, enfermedad y muerte; el resultado de tal modo de pensar va mucho más lejos, porque de él depende bastan- te nuestra salud y tenemos que recordar que sin salud es muy poco lo que podemos realizar. Pero aunque es cierto que hemos emprendido una gran aventura, tenemos que comenzar con las cosas pequeñas, satisfaciéndonos con los pequeños resultados. Esto es, satisfaciéndonos en cierto sentido, no en otro. Tenemos que estar conformes al principio con ganar pequeñas victorias, simplemente porque nos es imposible tener grandes éxitos; pero en el fondo de nuestro corazón ansiemos las grandes conquistas y tengamos el propósito de realizarlas una vez que nos hayamos fortalecido sufi- cientemente. Nuestra parte mejor, que es eterna y celestial, y que es nutrida por el recto pensar, en armonía con las leyes y prácticas del Cielo mismo, es al comienzo de nuestros esfuerzos, por así decirlo, como un indefenso bebé. Nuestra parte inferior que es «natural» (pertenece a la naturaleza inferior), es fuerte y bien desarrollada. ¿Cómo, entonces, podrá el pequeño bebé, de naturaleza bonda- dosa y celestial, vencer al fuerte tirano de lo inferior? No podría hacerlo por sí solo. Fracasaría si no fuera por el hecho de que puede beber en las fuentes inagotables de la vida y el poder. Cada vez que elevamos nuestro pensar

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El poder del pensamiento sobre las cosas del tiempo y de los sentidos hasta el

El poder del pensamiento

sobre las cosas del tiempo y de los sentidos hasta el reino eterno del bien, lo bello y lo verdadero, abrimos nuestro corazón para recibir el influjo de la vida y el poder Divino. Cada vez que tenemos pensamientos celestiales y de fuerza en lugar de aquellos que envilecen o debilitan, nos aliamos con lo celestial; y entonces todas las Divinas Fuerzas nos impulsan y ayudan.

Por lo tanto, aunque la naturaleza nueva y celestial sea débil, y la vieja naturaleza fuerte, la primera gana con

el

correr del tiempo, pero tenemos que ser perseverantes

y

fuertes, elevando nuestros pensamientos a las cosas

mejores y que nos elevan, manteniendo los más seleccio- nados pensamientos que podamos, no obstante la presión que nos hagan los hábitos viejos de pensar en las cosas mezquinas y bajas. Finalmente, la nueva naturaleza, por así decirlo, absorberá a la vieja naturaleza, pero esto es motivo para mantenerse firmemente a lo largo de una lucha sin cuartel. Lo que llamamos recto pensar no es sólo el hecho de tener pensamientos positivos en oposición a los negati- vos. Es esto y mucho más. El recto pensar tiene diferentes significados para los diferentes individuos. Para el princi- piante consiste en pensar cosas positivas en lugar de las negativas, y al mismo tiempo pedir ayuda al Cielo. El pensamiento negativo y su correspondiente opuesto posi- tivo son los polos negativo y positivo de la misma cosa. Podemos vivir en cada uno de los extremos, según sean nuestros pensamientos. A renglón seguido se da una serie negativa de pensamientos en una columna con su contra- parte positiva, la cual tengo la esperanza que pueda servir

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Primeros pasos

como clave para aquellos que en el futuro deseen lograr el recto pensar y la capacidad de vencer.

NEGATIVO

POSITIVO

La vida es mala y cruel. ¿Qué cosa terrible o que mal podrá ocurrirme en cualquier momento? ¿El fra- caso, la bancarrota, la pérdi- da de mi empleo, ir a parar a un hospicio, una enferme- dad, accidentes, operación quirúrgica, hospital, quedar desamparado?

La vida es buena y siempre se esfuerza en brindarme el más elevado bien. Ningún mal me puede alcanzar; nada me puede dañar o des- truir. La bendición Divina me acompaña en todos mis asuntos; la bendición que me hace rico y no deja que me llegue una sola aflicción más. La vida de Dios me lle- na con salud, fortaleza y alegría de vivir.

Si uno se sentara y meditara sobre la serie de pensa- mientos negativos, sobre todo encontrándose abrumado por una «aflicción» de primera clase, el resultado sería el incremento de nuestros temores y, en el mejor de los casos, no saldríamos de nuestra depresión. Pero si, en cambio, meditamos y nos establecemos sobre las frases dadas en la columna de los pensamientos positivos, veremos cómo nos fortalecen y nos aprestan nuevamente para

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El poder del pensamiento seguir la lucha por la vida. No solamente esto, pues aquel

El poder del pensamiento

seguir la lucha por la vida. No solamente esto, pues aquel que permite que su atención sea tomada por la serie nega- tiva y que su mente se sumerja en ella acepta la sugestión adversa, que, en su tiempo, manifestará lo temido. En cambio, si uno se afirma sobre los pensamientos positivos dados en la segunda columna, se echa afuera la sugestión negativa y la Verdad dadora de vida ocupa su lugar. Aquel que puede hacer esto se vuelve fuerte y firme, y las cosas que afirma en lo positivo, con el correr del tiempo, se cris- talizan en su vida y experiencia. Cada día debe dedicarse cierto tiempo tranquilo (los mejores momentos son por la noche y por la mañana tem- prano) a meditar sobre los pensamientos positivos dados anteriormente, y sobre otros semejantes que a uno le plazca. Pero también, durante el día, es necesario alejar la sugestión adversa, y en estos casos debe actuarse rápida- mente. El tiempo dedicado a la meditación ha de ser lo suficientemente largo como para que pueda sernos útil en medio de la lucha y las lágrimas del diario vivir. Necesitamos tener la capacidad de poder dar a tiempo un golpe sobre la cabeza de la sugestión negativa y reempla- zarla por la declaración positiva de la absoluta Verdad. A continuación podremos encontrar varias sugestiones del mal, con su contraparte:

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Primeros pasos

SUGESTIONES

AFIRMACIONES DE LA VERDAD

DEL MAL

Malestar, enfermedad, salud.

Dios es mi salud.

Pobreza, penurias.

Dios es mi provisión abun- dante e imperecedera.

Fracaso.

Dios es mi éxito (o Dios es en mí el poder de lograr la realización de mi objetivo).

Odio, resentimiento.

Dios es el amor en mí (cam- biándome y expresándose a través de mí).

No es una exageración decir que aquel que ponga en práctica la enseñanza dada anteriormente transformará su vida, surgiendo en él lo mejor que tiene. Si nuestra vida es difícil y nuestro ambiente depresivo, no adaptable a nuestra manera de ser, no es esto lo que debemos cam- biar. Lo peor que puede suplicar el hombre es que su vida se le haga más fácil y cómoda. Aquel que dice: «Sólo si las circunstancias que me rodean fueran diferentes podría yo progresar» perpetúa su miseria y queda más atado con las cadenas que sellaron su esclavitud. Nunca debemos rogar por tener una tarea a la altura de nuestras fuerzas, sino tener fuerzas para afrontar las tareas que se nos presen- tan. Somos nosotros quienes debemos cambiar y no nues- tras circunstancias. Tenemos que vencer nuestras circuns- tancias y limitaciones, creciendo por encima de ellas.

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El poder del pensamiento Cuando nosotros cambiamos, cambian nuestras circuns- tancias y ambientes. Podemos construir

El poder del pensamiento

Cuando nosotros cambiamos, cambian nuestras circuns- tancias y ambientes. Podemos construir nuestro carácter sólo según lo logrado en la conquista de nuestros pensa- mientos.

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Índice

Introducción

7

I. El pensamiento como causa de la acción

11

II.

Víctimas de la ignorancia

17

III.

Víctimas de la sugestión

23

IV.

El secreto de vencer moldeando y formando la vida como si fuera arcilla en manos del alfarero

29

V.

¿Somos creadores de nuestro propio mal?

39

VI.

Un recto pensar y una actitud recta son la base del éxito y la prosperidad

43

VII.

Efecto del pensamiento sobre la salud

49

VIII. El poder de atracción del pensamiento

57

IX. El control del pensamiento y el logro de lo espiritual

63

X. La manera de conquistar el miedo

69

XI. No hay que exigir, sino obedecer

75

XII. Primeros pasos

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