V I S O R revista literaria

Nº 12 - May./Ago. 2018

Reseñas: Marcelo Cohen / Jon Ugutz Zubizarreta Ensayos: Jacob
y el otro, de Juan Carlos Onetti / La ambigüedad del «tiempo»
en Por los tiempos de Clemente Colling , de Felisberto
Hernández / El sujeto contemporáneo en Hemingway Creación:
Núria Añó / Deniss Guerra Vázquez / Antonio Costa Gómez
/ José Manuel Viera Gutiérrez / Catalina León / Kalton Bruhl
© Revista Literaria Visor
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral Contenido
Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com
Editorial.................................................................3
Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena Reseñas..................................................................4
Noel Pérez Brey
Notas sobre la literatura y el sonido de las cosas.
Imágenes: Marcelo Cohen..............................................................5
Portada: NEyes Sara, mi vida por 37 kilos. Jon Ugutz Zubizarreta...6
www.flickr.com/photos/n_eyes/
Contraportada: François Porcheron

Contenido: Antonymes/Fuente: Flickr; Reseñas: Ensayos..................................................................9
Zoë Murdoch/Fuente: Flickr; Ensayos: Catalina Olava-
rría/Fuente: Flickr; Creación: Alexander Fenzl/Fuente:
Jacob y el otro, de Juan Carlos Onetti, por Cristian
Flickr. Rubio Villaró...............................................................10
La ambigüedad de la palabra «tiempo» en Por los
Diseño:
Noel Pérez Brey tiempos de Clemente Colling (1942), de Felisberto
Hernández, por Ana Sofía Arrieta............................15
Esta revista se edita desde Illescas (Toledo - España) a través El sujeto contemporáneo en los relatos de Hemingway,
de la siguiente dirección:
www.visorliteraria.com
¿iceberg como sus relatos?, por Victoria Beatriz Fer-
nández Herrera y Yaima Bermúdez........................22
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente direc-
ción de correo electrónico: Creación............................................................... 30
visorliteraria@gmail.com
En la sombra, por Núria Añó...................................31
Alcantarillas, por Deniss Guerra Vázquez..............35
@ visorliteraria @ visorliteraria El tren de Su Zhou, por Antonio Costa Gómez.......38
El cuervo de todos los días, por José Manuel Viera
Gutiérrez.....................................................................41
Todos los textos e imágenes publicados en este número son El gabán gris, por Catalina León..............................45
propiedad de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohi-
bida la reproducción total o parcial de los contenidos de esta Frente al espejo, por Kalton Bruhl...........................53
publicación en cualquier medio sin el consentimiento expreso
de los mismos. Por otro lado, esta publicación no se respon- Colaboraciones..................................................... 56
sabiliza de las opiniones o comentarios expresados por los
autores en sus obras.
EDITORIAL

La visibilidad en el cuento
Aquellos que sigáis la revista y leáis estos editoriales sabéis que no somos proclives
a dar consejos, en realidad, quizá esta sea la primera vez. Sin embargo, como algo de
experiencia tenemos en la tarea de leer y valorar relatos (con cada convocatoria sole-
mos recibir más de tres centenares de textos), acaso sea bueno enseñar algo básico a
quienes empiezan, y recordárselo a los que prefieren obviar ciertos recursos técnicos:
las narraciones deben hacerse visibles para el lector.
Es cierto que muchos de los trabajos que recibimos tienen gran calidad y de veras
que es muy difícil seleccionar y dejar un buen puñado de trabajos publicables por el
camino (al final, los gustos personales, la unidad del número de la revista en cuestión
y el espacio de este también son importantes), pero otros muchos pecan de un error
básico, de principiantes: la falta de visibilidad.
A la mayoría de lectores que conozco, entre los que me incluyo, una historia nos
engancha cuando se proyecta como una película en nuestra mente, en cambio, si las
escenas son confusas, abstractas, la magia de la literatura desaparece. Ciertos auto-
res llenan sus relatos de «amor», «libertad», «sentimientos», o se conforman con una
mera frase explicativa en vez de mostrar esas ideas con una acción. Sí, de nuevo la
diferencia entre decir y mostrar. Sabemos que es un concepto básico y que buena parte

Reseñas
de quienes participáis en nuestras convocatorias lo tenéis claro, pero la experiencia
nos demuestra que otros muchos no. Además, nunca viene mal recordarlo.
La narración debe estar, por tanto, repleta de detalles, de cosas tangibles, de olores,
de sabores, de acciones, y no de conceptos abstractos. Ambas opciones no son exclu-
yentes, ojo, pero lo que se dice hay que mostrarlo.
Tal vez yo no sea quién para dar consejos y no hagáis caso, estáis en vuestro dere-
cho, faltaría más, pero a lo mejor si os lo dice Joyce, por ejemplo, o vuestro escritor
favorito (de verdad, leedlo con atención) cambiáis de parecer*:
«Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba
la sopa espesa de menudillos, las mollejas de sabor a nuez, el corazón relleno asado,
tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, huevas de bacalao fritas. Sobre todo
le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor
de orina levemente olorosa»
Ulises, James Joyce
En serio, la «visibilidad» es una técnica narrativa básica, quizá no demasiado difícil
de asimilar, aunque dominarla requiera paciencia y mucha práctica. En contrapar-
tida, vuestros relatos se harán palpables, vívidos en la mente del lector, y este os lo
agradecerá. Haced visibles vuestros cuentos.
Noel Pérez Brey

*
Ejemplo tomado de: Zapata, Ángel, La práctica del relato, Ediciones y talleres de escritura
creativa Fuentetaja, Madrid, 1997. Subrayamos las palabras concretas, visibles, plásticas.

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RESEÑAS RESEÑAS

Notas sobre la literatura méritos. Pero, precisamente, entre las
muchas cosas que resalta Cohen, la li-
informes, cambiantes, contrarias a la
exactitud y, muchas veces, al pronósti-
Marcelo Cohen -alfarero, mago, bru-
jo, obrero, intelectual, sefardí, argen-
y el sonido de las cosas teratura pone en duda al lenguaje y, por co. Por eso, el concepto que llamamos tino, traductor, novelista, ensayista,
Marcelo Cohen ende, todo lo anteriormente menciona- “realidad” tiene esas mismas caracte- maestro, escritor: arte y majestad- los
do. rísticas indisociables; por tanto, ni la firma. Nos ofrece un horizonte que ya
Los clásicos de la literatura pueden De esta manera, no le queda más ca- literatura ni el arte podrán resumirse quisieran para sí muchos personajes
permanecer ocultos por los faros de la mino al lector-escribidor occidental, u nunca en un corpus teórico, o matemá- más reconocidos y reconocibles. A sa-
sociedad de consumo; porque no ilumi- oriental si cabe, que formar su propio tico, incuestionable, por muy elocuente ber, las estrechas nociones argumenta-
nan, sino deslumbran. Habrá que edu- santuario en el altar íntimo de su es- que este sea. les de introducción, nudo y desenlace;
car los ojos -y la lectura- a discernir el tantería e ir componiendo, por sí mismo Pudiera existir un lector ajeno a todo las obligadas aclaraciones al final que
fondo del cuadro que se nos muestra; y con vagas orientaciones, el alma de su esto, ferviente creedor en los santifica- resuelvan un argumento; las normas
será necesario poner en duda este cla- hogar -o el hogar de su alma. En función dos clásicos: desde Homero hasta Var- inquebrantables de lo que es escribir
roscuro y mirar con más atención los del hipotético yo y de sus circunstan- gas Llosa; que desprecie la posmoder- bien; todo eso salta por los aires y se
pormenores del vastísimo paisaje li- cias, cada cual irá tejiendo y destejiendo nidad y la vanguardia como cualquiera mezcla con el cosmos mediante unos
terario porque el arte, como el diablo, su sudario; quedando irremediablemen- que desprecia cuanto ignora. Llevado de ensayos exquisitos. Además, el dominio
está en los detalles. te inacabado con la siempre repentina la mano de la fatalidad, podría tener la del canal, o sea del lenguaje, es abru-
Harto conocido es que Borges reflexio- muerte. Quizá esta sea la razón por la gran suerte de hacerse con la obra de mador, lo cual nos otorga la confianza
nó sobre la naturaleza de los clásicos. cual la literatura actualizada, que no Cohen y respirar con la mente, que es suficiente para dudar lo justo y para al-
Propuso una definición milimétrica del actual, con todo lo que ya ha aprendido leer, los aromas de unos Ensayos que zar el vuelo en un espacio literario sin
concepto y, en el final del ensayo, habló a lo largo de los humanismos, se pre- narran, Miniaturas que ensayan, Cróni- fronteras.
así: «Clásico no es un libro (lo repito) ocupa poco por dejar los finales trepi- cas en miniatura y, finalmente, Cróni- Otro entenderá, quién sabe, lo que
que necesariamente posee tales o cuales dantes para Hollywood, los personajes cas que ensayan. Y ya de paso, aprender quiera.
méritos; es un libro que las generacio- elevados para quienes necesitan falsos también citas de algunos escritores ex- Pero este escribidor sentencia: Notas
nes de los hombres, urgidas por diver- heroísmos, las figuras relevantes para tranjeros de obligada lectura, reencon- sobre la literatura y el sonido de las co-
sas razones, leen con previo fervor y con los que anhelan la engañosa importan- trarse con otras obras que ya conocería, sas es un clásico.
una misteriosa cia, etcétera, etcétera. Entonces, algu- escuchar el jazz con los ojos y paladear
lealtad». Es in- nos genios-clásicos deben de ser perso- una prosa exquisita. © Ricardo Rodríguez Boceta
teresante citar nas normales que conocen el sabor del
el fragmento pan que comparte el mundo. Alejado de
por esas “diver- los focos cegadores, bajo la luz amable
sas razones” que de un invierno porteño, asesinado por el
han llevado a la cielo, quizás, como aquel poeta en Nue-
tradición a esta- va York, imagino escribiendo a Marcelo
blecer cánones, Cohen.
jerarquías, tra- De todos los letraheridos es conocido Sara, mi vida por 37 siglo víctima del trastorno de anorexia
nerviosa.
tados y dogmas el valor de la lectura; aunque cada uno kilos La obra se divide formalmente en
respecto a quie- le dé uno distinto. Los pensamientos Jon Ugutz Zubizarreta tres grandes capítulos. Bajo la misma
Notas sobre la literatura nes merecen o -entendidos como el misterio de toda la subyace, no obstante, una división más
y el sonido de las cosas no formar par- no-materia que albergamos detrás de la Sara, mi vida por 37 kilos, novela del real y compleja que da sentido al con-
Marcelo Cohen te del panteón frente y que, según los viejos filósofos, autor Jon Ugutz Zubizarreta, describe junto narrativo. El hilo conductor del
Malpaso Ediciones literario según sería el aquel que nos otorga la existen- el proceso de autodefenestración de una relato lo constituye el diario de la pro-
Barcelona, 2017 tales o cuales cia- se parecen a las nubes en el cielo: joven en el País Vasco del cambio de

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RESEÑAS

tagonista, Sara. El narrador omniscien- de conflicto ge-
te apenas sí supone una excusa para neracional entre
presentar al auténtico configurador de la adolescencia
la historia, el aludido diario de Sara. A y primera ju-
través de dicho diario -la posesión del ventud con el
mismo por distintos personajes con sus mundo adulto y
dudas por adentrarse en un foro de in- entorno que le
timidad ajeno que les afecta profunda- rodea. Aún sí
mente y les empuja a pasarlo a otras cabe la obra re-
manos y la propia y directa traslación fleja inclusive el
del contenido del mismo con una pri- drama mismo
mera persona que no admite concesio- del ser huma- Sara, mi vida por 37 kilos
nes-, se presenta al lector la magnitud no enfrentado a Jon Ugutz Zubizarreta
del testimonio y el alcance progresiva- las circunstan- Editorial Egarbook
mente trágico del mismo. En torno a cias que rodean Tarrasa, 2017
su tercio final, la narración deriva en su existencia y
modos aparentemente delirantes con marcan su destino y carácter. En fin,
los saltos de la protagonista desde su un texto que sea cual fuere el grado de
percepción más confusa e ilógica de la acceso del lector al mismo pretende al-
realidad hacia un mundo imaginario del canzar su sensibilidad sin dejar por ello
que realmente se siente partícipe. de invitarle a reflexionar.
La novela admite, además de la tras-
lación de la tragedia de la enfermedad, © Jon Ugutz Zubizarreta
una visión más profunda como ejemplo

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ENSAYOS

© Luis Pérez Ortiz
Fuente: cvc.cervantes.es

Ensayos
Jacob y el otro, de Juan Orsini, su representante: en Santa Ma-
ría florecen carteles de una apuesta, de
Carlos Onetti
un combate, «500 pesos 500 a quien suba
por Cristian Rubio Villaró
al ring y no sea puesto de espaldas en 3
minutos por Jacob van Oppen». El púgil
es un «gigante moribundo» de cincuenta
Empieza el relato por el desenlace:
años, el Príncipe, un vendedor de humo
al viejo Doctor de Santa María le traen
profesional capaz de fabular cosas como
un boxeador cadáver. Su colega Rius lo
que van Oppen «está mejor que nunca.
confirma, «no se moleste, está muer-
Acaso algún kilo de más… Nadie pue-
to». Pero el Doctor, esclavo de su propia
de ganarle, ni europeo ni americano».
leyenda, dice que no lo está, no todavía,
Juntos, desde un tiempo no explicita-
y que a él los enfermos se le mueren
do, deambulan por Latinoamérica en
en la mesa de operaciones. Muy bien.
completo desarraigo, de pueblo en pue-
Opera. El boxeador revive. El Doctor ha
blo, amparándose en la mística de un
obrado su magia, esa magia que quizá,
pasado glorioso en Europa, desafiando
solo quizá, le haga ser recordado lustros
el inexorable declive físico-mental del
después de muerto. Acto seguido da co-
antaño campeón, prorrogando, por así
mienzo la historia de Jacob van Oppen,
decirlo, el engaño. La gira, la tournée
luchador centro europeo, y el Príncipe

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ENSAYOS ENSAYOS

—como le gusta denominarla a Orsini— Uruguay (1933), lo que impregnó su van de la mano y uno nunca termina mismo personaje. En directo no lo en-
no ha ido mal. Tampoco bien. Apenas obra del recuerdo de una desesperanza de entender gran cosa. Y ahí radica, en tendí. Con Onetti siempre ocurren estas
conservan dinero. Jacob bebe. Hay que permanente. Murió en 1994, en Madrid, parte, la gracia. cosas.
pagar hoteles, comida, pequeños sobor- exiliado desde mediados de los setenta, Antonio Muñoz Molina explica en su La pareja después del amor que re-
nos. Los combates siempre han sido rá- pasando los últimos años de su vida sin fantástica introducción a la edición de presentan Orsini y el luchador alcohó-
pidos —Orsini se ha asegurado de ello—, apenas levantarse de la cama y, des- Alfaguara de los Cuentos completos la lico es terrible como un telefonazo de
ningún rival de importancia, nadie que de luego, sin salir de casa. Orsini y Ja- manera correcta de leer a Onetti: «Leer madrugada. El paternalismo del Prín-
pudiera sobrevivir esos 3 minutos al cob reflejan la muy merecida fama que a Onetti no es difícil, según dice una su- cipe alcanza para cantarle a Jacob cada
abrazo del coloso. atesora Onetti por desprestigiar a sus perstición idiota: tan solo exige lo que noche, a modo de baladita de cuna, Lili
Y mientras tanto van Oppen aguarda personajes y personalizan, de igual ma- debería exigir siempre la lectura, una Marlen, la canción de guerra y amor
la llamada que nunca se produce, ese nera, el pesimismo crónico de un hom- atención incesante, un ensimismamien- por antonomasia. Pero el odio y el mie-
combate que le aparte de los villorrios bre crítico con su siglo —el XX, el de to que cancele cualquier otro acto, que do juegan fuerte: Orsini descansa siem-
y lo devuelva al mundo, a su ayer, a hierro— que se refugió en una particular suprima el mundo exterior. La mejor pre con un revolver bajo la almohada.
la élite. Orsini soporta los desengaños visión de la literatura, en un universo o la única manera de leerlo es echado Por si las moscas, y porque Jacob, pese
del gigante en las habitaciones de hotel propio y distinto, consciente de la im- en la cama, con mucho tiempo por de- a sus pasitos de mujer gorda y mira-
(y le llena el vaso de alcohol); luego se portancia del lenguaje, del estilo, pero lante, con una absoluta predisposición da infantil, aún salta infinitamente a la
pone paternal y le miente. Le miente y sin olvidar cuerpo y estructura. Su fa- de soledad y pereza». Pero aparte de cuerda y sus brazos custodian fuerzas
le llena el vaso. En ocasiones el Príncipe talismo lo inculcó al resto de sus hijos disfrutarlo acariciando la piel de uno de pretéritas. Eso sí, de las giras europeas,
tiene verdaderos problemas para deci- literarios. Así, los Brausen, Díaz Grey, sus libros u oliendo el aroma de las ho- del Jacob triunfador, de las arenas de
dir si hará primero una u otra cosa. La Larsen, Jorge Malabia, el viejo Petrus, jas es posible la inmersión onettiana a primera, de los hoteles de lujo, de los
narración avanza y aparece el Turco. etc., sangran por idéntico cuchillo. través del cine. Para los que no lo sepan titulares de prensa, del campeonato
Y su mujer. El Turco es una bestia, un El maestro noruego del relato cor- existe una estupenda película urugua- mundial y sus vicisitudes, algo que re-
ciclón de 100 quilos de peso, una fuerza to, Kjell Askildsen y sus protagonis- ya de Álvaro Brechner titulada Mal día cuerde a «los años anteriores a la gue-
natural de 20 años y grueso mostacho tas —abuelos en su mayoría, solitarios para pescar, fielmente basada en Jacob rra, al vientre hundido, a la piel bri-
bruno. Su mujer tiene el tamaño de un y sarcásticos, para los que el mundo no y el otro. Es un film del 2009 muy bien llante…», de todo eso, ya no queda nada.
pequeño barril de pólvora y es impla- despierta interés alguno— habitan simi- interpretado que funciona como un re- Pero siguen juntos. Orsini ya no se ve
cable; ansía el dinero del combate para lares calles y plazas, pues Askildsen y loj suizo. En realidad resultan muchos como el representante de un púgil, sino
la boda. Pronto entiende Orsini que ese Onetti convergen en este desánimo, en y variados los sistemas de descubrir al como un feriante paseando de aldea en
combate no debe producirse: el Turco esta interpretación nihilista de la exis- uruguayo, el mío, por citar un ejemplo, aldea un elefante. Y uno se preguntará,
va a destrozar a Jacob van Oppen, la tencia para acto y seguido, y de forma lo podemos llamar el método tertu- ¿cómo se aguanta tan triste espectácu-
humillación será pública y Orsini no irremediable, desligarse mediante esti- lia literaria. Cuando tenía 22 o 23 años lo? Y aquí, damas y caballeros, tal y
tiene (nunca ha tenido) 500 pesos. Con- los y procesos creativos diferentes. El asistía a un taller de escritura creati- como he apuntado anteriormente, entra
secuentemente, de ahora en adelante, autor noruego maneja una prosa sobria va en Barcelona, en la calle Finlandia. LA MENTIRA.
todos sus actos van dirigidos a la no y concisa, generadora de conflictos de Nuestro profesor, Joan Cardona, nos dio ¿Cuánto tiempo lleva el Príncipe en-
disputa del combate. El desenlace de la apariencia anodina, depósito de pregun- a leer Jacob y el otro y solicitó opinio- gañando a Jacob, diciéndole «Unos me-
historia, léanlo señores, es brillante. tas que un cada vez más incómodo lec- nes. Su lectura nos causó una impresión ses, unas semanas… Nada más. Después
Juan Carlos Onetti ha sido conside- tor va haciéndose poco a poco. Onetti rotunda, vivísima. En clase algo dijimos vendrán todos, estaremos con todos.
rado uno de los escritores claves del es barroco, un manierista aficionado al en esta dirección, reflexiones de taller. Iremos nosotros allá…»? ¿Cuánto más
“boom” hispanoamericano. Forma- oxímoron, esas palabras opuestas for- Tras los artificios Cardona nos desveló podrá Orsini engañar al Turco y a su
do como narrador en la década de los jadoras de complejidad y suspense en un secreto: el viejo Doctor que abre el mujer de dinamita? ¿Cuánto a los habi-
30 sufrió la pérdida de libertades que la descripción de situaciones, espacios y relato, y Jacob van Oppen, que lo cierra tantes de Santa María a base de puro y
supuso el golpe de estado de Terra en personajes. La maravilla y la confusión —y de que manera—, son en esencia el copa, propinas exageradas y ropas ele-

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ENSAYOS

Onetti, Juan Carlos (1997). tores de América.
Juntacadaveres. Madrid. Rodenas, Domingo, ed. (2008).
Premio Cervantes 1980. 100 escritores del siglo XX.
Onetti, Juan Carlos (1994). La Barcelona. Ariel.
vida breve. Madrid. Escri-

Cristian Rubio Villaró (Barcelona, España, 1981). Li-
cenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelo-
na y archivero de profesión; ha cursado estudios de escritura
creativa, relato y guión, obteniendo algunos premios por sus
relatos como el Primer premio en el «XXI Certamen Literari
de Nou Barris», el premio al mejor autor menor de 25 años en
el «XXV y el XXVI Concurso de Cuentos Villa de Errentería»,
1er premio en el «Certamen Literari Francesc Candel» (narra-
tiva histórica), finalista en el XVI Concurso de relatos cortos
«Juan Martín Sauras» y 1er premio de relato en el «II Certamen
Literari Grup d’Opinió Àmfora». Fue codirector de la Revista
digital de literatura «Preferiría no hacerlo».

gantes? ¿Cuánto lleva Jacob engañán- «Onetti siempre deja al lector la sensa-
dose a sí mismo? ¿Y a Orsini? ¿Cuánto ción de leer una de las creaciones más
lleva Onetti tomándole el pelo al lector? singulares de la literatura hispanoame-
Pero también, sobrevolando a LA ricana del pasado siglo…» pero también
MENTIRA, hallamos la indiferencia «una buena dosis de inmundicia y co-
moral, que es una versión elaborada del chambre».
hastío, además del asco, el cansancio
y el mito del héroe. En Onetti hay un Bibliografía
poco de todo. Menos alegría, eso sí que Askildsen, Kjell (2010) Cuentos. Ma-
no. Porque como dice José Manuel Ca- drid. Lengua de Trapo.
macho en su artículo del libro 100 es- Onetti, Juan Carlos (1994). Cuentos
critores del siglo XX (Editorial Ariel): completos. Madrid. Alfaguara.

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ENSAYOS ENSAYOS

con la de otro lector y juntos conformar (pág. 17). La memoria selectiva del su-
una secta donde se defienda tal o cual jeto que recuerda conmemora situacio-
cosa. nes de las que él mismo piensa o está
En «defensa» de esta ambigüedad del convencido que no tienen nada que ver
tiempo en el relato diré que se encuen- con Colling, pero no sabe el porqué. En
tra presentada en tres orientaciones realidad, guardan relación con su pro-
y que todas ellas tienen una estrecha pia vida. Al hablar de Colling, habla de
relación con el titulo mismo: Por los sí mismo, de su infancia y desde allí
tiempos de Clemente Colling. intenta reprimir la tristeza que empan-
Con respecto a la primera orienta- tana este periodo de su vida.
ción, el lector, al encontrarse con este Lo curioso es que estos recuerdos
relato totalmente nuevo, hará su pri- siempre se encuentran en relación a
mera lectura casi literal del titulo. Di- sonidos: una risa, un canto, un chisti-
remos que es solo una ubicación tem- do, la voz de Colling y la música. Esta
poral y nuestro único referente es un cuestión estética envuelve a su infan-
sujeto —un tal Clemente Colling— que no cia, y desde allí, el niño va gestando
conocemos. una representación de los adultos y el
Fuente: literariedad.co Esta hipótesis es sacudida en las pri- significado que tiene en su clase social:
meras líneas con las que se abre el re- el disfrute estético.
lato: Con respecto a lo primero, los adul-
«No se muy bien por qué quieren en-
tos o sus hermanas no tienen nombres
trar en la historia de Colling ciertos
propios y, por ello, son designados a los
recuerdos. No parecen que tuvieran
largo del texto siempre en relación a
La ambigüedad de la algo no tan nuevo. Podrán decir tam-
mucho que ver con él. La relación que
qué hacen o cómo son, exceptuando a
bién que es más importante la evoca-
palabra «tiempo» en Por tuvo ese época de mi niñez y la fami-
Petrona o Clemente Colling, sujetos que
ción del recuerdo, la estampada ideo-
los tiempos de Clemente logía de una clase social media alta en lia por quién conocí a Colling, no son
han sido sometidos a su reflexión con
Colling (1942), de Felisberto el discurrir del niño, ese prisma desde tan importantes en este asunto...»1
otra profundidad. Así dirá de su fami-
lia: «mi madre», «la que le tocó la cola
Hernández donde admira y analiza todo lo que ve (pág. 17)
al loro» (se refiere a su hermana me-
por Ana Sofía Arrieta y escucha; la figura de la mujer, o la Comprobamos que la historia es so- nor), «La de “Pobre María”» (se refiere
obsesión con los ciegos, o la mismísima bre este sujeto, Colling, y lo temporal a su hermana mayor). En la casa de
figura del maestro Colling. se refiere concretamente a la niñez de las ancianas: «las longevas», «La an-
«Si te hablara de algunas cosas que Sí, es cierto y no. Todas esas son ca- otro sujeto. Estos recuerdos de la niñez ciana madre», «El nene»; en relación al
vi y escuché en esos tiempos no te sor- tegorías de entrada al texto pero pueden solo obstaculizan el relato que quiere entorno de Colling dirá «los lazarillos»,
prenderían demasiado y en todo caso ser recuperadas a través de la cuestión emprender para «hablar» sobre Colling. «la madre de los Lazarillos».
te divertirían…» temporal. Por eso insistiré en que el ca- Según sean esos recuerdos, lentos o más Una idea que logra enlazar esta re-
(Carta en mano propia, Julio Corta- rácter de «lo no tan nuevo» pierde su veloces —cual obra musical— se apare- presentación casi universal de las per-
zar) categoría inquisitoria porque cada nuevo cen ante él sin que los solicite, una ex- sonas que transcurren por su infancia,
lector, vive —literalmente— una situa- traña red de relaciones disparadas por con el disfrute estético de su clase so-
Podrán decir que descubrir la am- ción personal e intima con cada rela- todos los costados: «Algunos, parece cial es la «inteligencia» acompañada de
bigüedad de la palabra «tiempo» en el to. Esa vivencia personal muchas veces que protestaran contra la selección que responsabilidad: todos los que gozan del
relato de Felisberto Hernández resulta puede coincidir casi misteriosamente de ellos pretende hacer la inteligencia» arte superior (en este caso considera la

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ENSAYOS ENSAYOS

música como arte superior) son seres (…) le es simplemente violento pene- En relación a la segunda orientación abre el relato (citada más arriba), que
inteligentes, los demás son seres vul- trar en un ambiente distinto; sino que acerca de la ambigüedad temporal, el demuestra que es imposible separar la
gares: Petrona escondía un matiz brutal, titulo nos remite a la figura del propio figura de Colling de todo lo que rodea a
«…yo pensaba que aquella cantidad de
persistente, burlón» (pág. 31) Clemente Colling. Desde esta orienta- la niñez de ese adulto que recuerda.
movimientos, (…) esparcidos en aque- Esta crueldad y chabacanería, la sal- ción la lectura sería la siguiente: los Asimismo, la cuestión de la otredad
lla cantidad de tiempo y tan oculto van de la hoguera por su «desarrollo del tiempos en los que se mece el persona- se dispara junto a otro asunto explici-
para mi mente infantil, debía corres- sentido estético de la vida» (Pág. 32). je de Clemente Colling. La preposición tado anteriormente como es la mirada
ponder al secreto de adultos muy in- La obra de arte para Petrona son las «por» del título deja una huella de sus- que tiene ese niño y el prisma con el cual
teligentes” (Pág. 19)”; Tal vez en esos personas, los observa y los juzga según titución donde se reemplaza la infancia juzga las cuestiones relacionadas con la
momentos fueran felices porque en sus movimientos mientras estos creen del chico por el tiempo vivido y que vive estética y el arte. Hasta su encuentro
las demás horas de su vidas tuvieran que contemplan el arte haciendo po- Colling en el presente del relato. con el maestro Colling, su concepto de
muchas ocupaciones (…) que suelen ses correctas según el estado al que se Colling no aflora por sí mismo, no arte era muy claro y conservador; el
tener las personas responsables...» «debe» (casi como un mandato musical) brota de los fondos del Averno, se cons- maestro desde lo físico y lo intelectual
(Pág. 24) llegar al oír una composición. De ahí su truye desde la «otredad»: «Clemente se presenta ante él como un «misterio
risa, que muestra no como resistencia Colling era conocido por El organista de de la contradicción»: Es ciego, tiene «vi-
«Además sentía el orgullo de estar en la iglesia de los Vascos o El ciego que cios», fuma o bebe, no es aseado, tie-
o desconocimiento, sino que se instituye
una cosa de la vida que era de estética toca en los vascos. De allí su fama». ne conductas extrañas y las frases que
como una comprensión total de la farsa
superior (…) que sólo correspondía a (pág. 37). Esta cuestión de la otredad se emite son calificadas por el chico como
a su alrededor.
personas inteligentes» (pág. 28) relaciona directamente con la frase que «vulgares». Y como si no fuera dema-
Así recuerda también a las longevas,
Pero su mirada inquisitoria de la ni- señoras mayores, que parecen llevar en
ñez se observa vencida desde su posi- sí mismas el pasado, mujeres de ex-
ción de adulto. Por eso, no cataloga a trañas actitudes con un sobrino ciego.
Petrona como una persona vulgar, sino Estos cuatro personajes dan la sensa-
que la considera una mujer que pue- ción al lector de haber sido sacados de
de «observar» la situación en la que se algún cuento clásico, no causalmente la
encuentra. El personaje es presentado descripción del lugar en donde viven es
a través de su risa chabacana, de sus más bien amena: «A mi costaba pensar
parodias a las ancianas longevas, como en algo terrorífico…» (pág. 22); tampoco
también conmemora episodios un poco casualmente son tres, un número muy
sensibles para el que recuerda (los sa- repetido en los cuentos infantiles. Otro
pos o el cuerno de la chiva). intertexto que se me figura posible es la
Petrona presenta otro tipo de «es- magnífica novela del escritor argentino
pectáculo alternado» en las tertulias. Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas:
Su risa reprimida por «pudor», se filtra la locura, el pasado, sujetos de extra-
entre música y conversación: ñas actitudes, un músico y una cabeza.
«En ese espectáculo, no solo aparecía, Además, son los sujetos que le presen-
la relación de la persona que llama- taran a Colling envolviéndose todo en
mos sana, saludable y que al iniciar una burbuja de «misterio» y «tristeza»,
contacto con ambientes superiores a dos de los estados del cuerpo y la mente
los que está acostumbrada a actuar, que más recuerda de ese periodo de su
esas energías (…) frenadas por pudor infancia.

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ENSAYOS ENSAYOS

hábito adquirido a través de la repeti- dar se convierte en una manera de ha-
ción constante. cer frente a esos recuerdos.
Además, la memoria se adapta siem- Con respecto a la tercera orientación,
pre a un mundo cambiante, y actualiza el título del relato es el título de una
las ideas o estados en coherencia con ese obra musical. En esta obra se conjugan
cambio. Colling recuerda pero no actua- todos los tiempos posibles: los tiempos
liza ese recuerdo, por eso se convierte históricos, personales o musicales; la
en un pésimo hábito, en una cuestión obra musical logra ser ejecutada a tra-
sin sentido a los ojos del niño. vés del proceso escriturario del prota-
Pero revelada desde la madurez del gonista.
protagonista, la memoria episódica de Esta vinculación de la ejecución mu-
Colling produce otra misteriosa contra- sical con la escritura también es deta-
dicción pero que se desliza hacia el inte- llada en los recuerdos de ese adulto:
rior de ese adulto que realiza el mismo «Tampoco era del todo mecánico, era
proceso que su maestro para recordar un gustador habituado a una rara or-
ciertos aspectos de su vida, necesarios ganización: ni injusto, ni frio, ni muy
para reafirmar su carácter y su perso- entusiasmado. Muy parecido a algunos
© Stella Maris nalidad. críticos literarios» (pág. 46); asimismo
Fuente: felisbertohernandez.blogspot.com El misterio de Colling son todos esos conceptualiza sobre la verosimilitud:
recuerdos de olores, sensaciones, sen- «(…) no pretendía hacer pasar como de
timientos, estados que rodean el entor- Beethoven lo que era de él. Precisamen-
no de su infancia. Cada uno ellos son te, el mérito estaba en que aquello no
pequeñas «sombras» que, según hacia fuera de Beethoven; y que sin embargo
siado para sumirlo en un océano de ex- tar cerca del maestro, pero no quiere donde se proyecten, «iluminarán» ese se pareciera» (Pág. 70).
trañeza, el maestro se aferra cada vez abrazarlo por miedo a que los bichos lo espacio, y ponen de relieve cuestiones También el relato tiene modalida-
más al pasado, descuidando su estado invadan. No es fortuito que, al trasla- no percibidas bajo la luz. des que las enlazan con las «tonalida-
actual: «Pero seguía viviendo ahora con darse el maestro a la casa del niño, sea des musicales». Los enlaces musicales
aquel tiempo de antes encerrado. Sa- él quien deba «lavarle los pies», como «De pronto no sólo los objetos tenían
detrás una sombra sino que también
siempre vuelven a la tónica (I) con la
biendo poco de uno y de otro (…); pero un ritual legendario y único medio de que empezó la composición; la tónica
vivíamos tiempos y vidas distintas». limpieza de pecado. Así, el maestro es los hechos, los sentimientos, las ideas
tenían una sombra. Y nunca se sabía
siempre da el matiz musical apropia-
(pág. 69). «perdonado» por su animalización, vol- do llevado a la Dominante (V) que da
Las conjeturas que realiza acerca viendo a ser un sujeto humano. Con una bien dónde aparecía ni dónde se colo-
caba. (…) Pero desde aquellos tiempos
tensión a la obra, y reposa luego en la
de este cambio en la vida actual de su ironía inicua, Colling «decía que se ba- tónica (I) nuevamente.
maestro incluye el abandono a sí mis- ñaba en la Sagrada familia —el colegio hasta ahora, el misterio ha vivido y
crecido en los recuerdos» (pág. 77)
La obra musical de este relato se
mo, que pronto descubre que no casual- donde iba a comer—» (pág. 74). abre con una tónica de misterio, pro-
mente es un abandono de «otros». La Otro misterio de la contradicción es Como vemos, el exceso de luz produ- vocada por la evocación de la figura de
contradicción que se plantea en relación el funcionamiento de la «memoria» de ce ceguera en el protagonista logrando Colling y los recuerdos de la infancia,
a este abandono total es el problema del Clemente Colling: «Él tenía mucha me- que perciba todo como una parcialidad, luego de fluctuaciones llega a la domi-
desaseo, que considero una impresión moria. Pero yo empecé a hacer poco y no como totalidad. Por ello es pre- nante, con la máxima tensión del rela-
muy fuerte de la clase a la que perte- caso de eso: eso era como una mala cos- ciso reconstruir ese pasado uniendo las to: Colling viviendo en la casa del niño,
nece ese niño: todos los pobres y aban- tumbre de él» (pág. 69). El recordar se «sombras-recuerdos» para tener una y nuevamente a la tónica, donde se re-
donados no se asean. El chico quiere es- vuelve una cuestión monótona y un mal mejor visión. El mismo acto de recor- suelve esa sensación de misterio y tris-

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ENSAYOS ENSAYOS

teza. Pero la última frase del relato, en protagonista y su maestro, y por ultimo
donde se refiere a una de las longevas, hemos afirmado que existe una relación
abre la posibilidad de volver a comen- musical con el proceso escriturario del
zar la obra desde un lugar específico; adulto que recuerda.
en música esto es representado por el
ritornello. Los recuerdos se repetirán a Notas
partir de un punto específico: las longe- (1) Hernández, Felisberto, Por los
vas, mujeres, por las que conoció a Co- tiempos de Clemente Colling, Novelas y
lling, y así hasta llegar nuevamente a Cuentos, Biblioteca Ayacucho, Caracas,
un nuevo ritornello donde los recuerdos Venezuela. Todas las citas referentes al
volverán a repetirse. texto principal se harán a partir de esta
A lo largo de este trabajo hemos in- edición.
tentado mostrar las tres orientaciones
de la ambigüedad temporal dentro del Bibliografía
relato de Felisberto Hernández. Por
un lado, hemos analizado la primera Cortázar, Julio. Carta en mano propia,
orientación relacionada con el tiempo prólogo a la edición de «Las horten-
de la infancia del protagonista y los re- sias y otros relatos», ED. El cuento de
cuerdos relacionados siempre a sonidos Plata, Caracas, 1985. https://www. Fuente: rtve.es
o movimientos físicos, o personajes es- elcuencodeplata.com.ar/en_los_me-
pecíficos, como su familia, Petrona o dios/372
las longevas; por otro lado, la segunda Hernández, Felisberto. Por los tiem-
orientación se refiere a los tiempos en- pos de Clemente Colling, Novelas y
tre los que se mueve Clemente Colling, Cuentos, Biblioteca Ayacucho, Cara- El sujeto contemporáneo en Time (1923), han sido característicos.
cas, 1985. Sobriedad, predominio del conjunto
los misterios de las contradicciones del los relatos de Hemingway,
sobre el detalle, economía de medios
¿iceberg como sus relatos? para lograr el máximo efecto y, so-
por Victoria Beatriz Fernández
bre todo, un lenguaje hablado, consti-
Herrera y Yaima Bermúdez
tuyen rasgos estilísticos fundamenta-
Ana Sofía Arrieta (Argentina). Estudiante avanzada de la carrera de Letras les de este maestro de la narración, la
en Universidad Nacional de Tucumán, se ha desempeñado como docente en nivel descripción y el diálogo. Los críticos le
Los estilistas en literatura nortea-
primario y secundario en el área de Música. acreditaban el haber iniciado la escue-
mericana, sin dudas, coinciden en que
Ex miembro del Proyecto de investigación subsidiado por el CIUNT titulado Ha- la de los «duros» de la literatura mo-
Ernest Miller Hemingway constitu-
cia los 400 años de la segunda parte del Quijote: Presencia hispánica en el espacio derna, tanto por su forma de expresión
ye un clásico de la literatura del siglo
multicultural de Tucumán. 26H/536, dirigido por la Dra. Elena Florencia Pedicone como por sus temas y personajes.
XX, además de uno de los más excel-
de Parellada. Cuatrienio 2014-2017, del ILE (Instituto de Literatura Española de La vida interior y las emociones las
sos escritores contemporáneos de Es-
la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT). Dentro del mismo proyecto, publicó presentaba mejor indirectamente; el
tados Unidos. Su estilo ha marcado a
el capítulo de libro titulado Hacia los 400 años de la Segunda Parte de El Quijote: poeta, dramaturgo y crítico literario
varias generaciones de literatos y perio-
una lectura vinculante con El cementerio de Praga de Umberto Eco, 2013. anglo-estadounidense, Thomas Stearns
distas; sus temas, desde la publicación
Eliot llamaba a esta «técnica literaria»,
de la primera novela Fiesta (1926) y de
el correlato objetivo (una acción o un
la primera colección de relatos In Our
objeto que permite al lector sentir la

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ENSAYOS ENSAYOS

emoción, sin nombrarla). siempre padeció. La depresión por la del Kilimanjaro, resalta uno, cuando se atrás cuando se marchó a lo que, qui-
Hemingway constituye el practicante vida norteamericana tras la crisis eco- trata la actitud del sujeto recién termi- zás, constituye el fin de su existencia.
por excelencia de una modalidad de la nómica de 1929 y su participación en la nada la guerra. «El regreso del soldado» Sin embargo, ¿quiénes serán los ver-
elipsis, que él mismo bautizaría «teoría guerra le convirtieron en el portavoz constituye una caracterización psicoló- daderos Harold y Krebs?
del iceberg»; en la que proponía que el más representado de la llamada «Ge- gica completa de lo que experimenta un Al regreso, el soldado puede ser Ha-
texto del cuento significaba, apenas, la neración Perdida». exsoldado de guerra. rold (tiene todas las posibilidades para
punta visible de una enorme masa su- La colección de relatos Las nieves del En este relato resulta interesante insertarse dentro de la sociedad), pero
mergida. Kilimanjaro constituye un clásico ejem- el juego que hace el autor a partir del no lo logra y parece no querer vivir bajo
Al seguir esta línea, se aprecia cómo plo del estilo directo, crudo, descarnado cambio de nombres: Harold y Krebs. esa máscara. Al mismo tiempo que vive
los personajes de Hemingway son fre- de Ernest Hemingway y de su apología Harold constituye el nombre original quiere ser desapercibido; por eso, no tie-
cuentemente hombres perdedores, afri- de unas formas de vida basadas en el del sujeto, un típico nombre norteame- ne intereses, solo sobrevivir. Tampoco
canos y afroamericanos, indios mar- riesgo y en la mitificación de concepcio- ricano que representa al individuo antes le preocupa el daño que pueda ocasio-
ginados en su tierra nativa, pobres nes viriles de la existencia. Los relatos de irse a la guerra, y el canon que debe nar en la familia, solo resuelve aparen-
inmigrantes europeos y sudamericanos, aquí compilados constituyen el perfil seguir para aparecer completo dentro tar su inserción para continuar con una
adolescentes inadaptados, ancianos des- psicológico completo de cualquier exsol- de la familia y la sociedad. En el re- vida lo más tranquila y apagada posible.
esperanzados y soldados veteranos que, dado de la guerra; sobre todo, relatan lato, la madre usa siempre el nombre El comenzar un trabajo nuevo re-
desmovilizados tras diferentes guerras, las carencias emocionales y afectivas Harold para referirse a su hijo: es la presenta la inserción en la sociedad, la
se ven mal acogidos por la madre pa- de estos una vez que retornan a su pa- imagen congelada de quien fue. productividad del ser social, la activi-
tria. En sus diferentes relatos, el perso- tria. En contraste, Krebs es el nombre dad cotidiana del individuo; sin embar-
naje se deja ver como un sujeto contem- Después de la Primera Guerra Mun- que utiliza el narrador para referirse al go, Krebs no posee ninguna intención de
poráneo; en constante crisis espiritual, dial, se comienzan a notar las repercu- personaje. Krebs constituye el nombre esforzarse para ser de utilidad dentro
ética, religiosa, moral y filosófica. siones psicopatológicas en los individuos; del individuo en su otra etapa: el des- de la sociedad.
Se trata en suma de una colección de de tal manera que, estudios realizados pués de la guerra; simboliza el ser en En otros relatos como «Las nieves
personajes, que incluye, como la vida en Inglaterra han demostrado que la su estado de dejación, aburrimiento de del Kilimanjaro» o «La vida feliz de
misma, junto a figuras relativamente quinta parte de los soldados británicos la vida cotidiana, de las pequeñeces y Francis Macomber» se aprecia cómo,
triunfadoras otras más tristes, hom- se vieron afectados por trastornos de la puerilidades de la sociedad, de sus tra- más allá de este movimiento escapista
bres frágiles, traumatizados, margina- guerra. diciones y apariencias. que se explicaba anteriormente, está el
les o fronterizos, y mujeres, que, como Los psicólogos Peña Galbán et al. Este individuo ha dejado de ser Ha- silencio como vía de evasión. El silencio
ellos, unas veces se muestran fuertes y (2007) señalan que la experiencia de rold y no se reconoce a sí mismo como de lo que no puede decirse, el dolor de la
otras no. vulnerabilidad y de peligro, de inde- el hombre de antes de la guerra. Ahora herida que no se ve.
Pero, ¿resulta o no intencional esta fensión y de terror, puede marcar en es Krebs: mentiroso, duro, abandonado; Harry (personaje principal en «Las
selección de personajes, que, en su ma- profundidad el psiquismo de las perso- en fin, ha adoptado la personalidad que nieves del Kilimanjaro») simboliza a
yoría, presentan un trauma irrepara- nas, en particular de los niños. Agregan le enseñaron en el Ejército. Representa un hombre que ha participado en la
ble? que, como es lógico, el espectáculo de la modelación de un hombre que, como guerra y lo que ha quedado de él son
Hemingway patentiza, en su produc- violaciones o torturas, de asesinatos o soldado, tiene que abandonar todas las solo fragmentos, incoherencias, necesi-
ción literaria, que el dolor es la única ejecuciones masivas, de bombardeos y alegrías y simplicidades de la vida en dades postergadas, anhelos oprimidos.
condición de la existencia y que los pla- arrasamiento o exterminio de poblados sociedad. Sin embargo, rememora pasajes de la
ceres se hayan notablemente vincula- enteros es casi por necesidad trauma- El personaje de este relato, regresó contienda con cierta añoranza, pues los
dos a los sufrimientos más íntimos de tizante, sobrepasa los mecanismos de años después de terminada la guerra a personajes de Hemingway escapan a la
nuestra alma. Su experiencia bélica, reacción del individuo a situaciones ex- su hogar, o sea, que intentó postergar guerra para evitar los yugos de la so-
dura y brutal, le agudizó enormemen- tremas. su regreso, su reencuentro con la socie- ciedad.
te esa lucha entre placer y dolor, que En la selección de relatos Las Nieves dad y con la familia que había dejado En el relato, Harry trata de apagar

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ENSAYOS

el recuerdo (no solo de la guerra, sino también de otros pasajes
importantes de su vida) y la experiencia con la buena vida que
le proporciona la posición económica de su esposa, aunque, evi-
dentemente, no lo logra.
En el mundo de Hemingway, la mujer representa vacío o pe-
ligro. Según sus propias palabras, no se puede amar a un sue-
ño; de ahí que, sus Marías y enfermeras perfectas no conviven
mucho tiempo con sus héroes.
Las heroínas «positivas» constituyen mujeres bellas, dis-
puestas a seguir al héroe hasta el infierno y la muerte, dedi-
cadas a él y solamente a él o en todo caso, a un futuro y a los
hijos. Representan mujeres perfectas; sin duda, un ideal, los
sueños del guerrero.
Pero, por desgracia, la palabra «perfectas» para Hemingway
significa inexistentes, huecas, reducidas al gesto de un «te quie-
ro», sin ninguna otra función en la vida que mirarse en los ojos
de su amado.
En «Las nieves del Kilimanjaro», la esposa de Harry se
comporta como una mujer sumisa, constituye el símbolo de
la esposa que mantiene y que complace todos los caprichos del
marido, con la aspiración de que este logre enamorarse de ella
algún día. En contraposición a este amor «desmedido» están
las otras, las «malvadas», las que tienen el poder en sus ma-
nos, y, se puede decir, que el héroe les tiene miedo. Hemingway
las presenta como seres interesantes, fuertes, apasionados,
destructivos.
Del otro lado, aparecen hombres que solamente son capaces
de amar sus propios sueños y que no los consiguen. Entonces,
prefieren el desafío de la caza, la pesca, los toros, a la vida en
pareja; hombres a los que el matrimonio destruye; hombres
que huyen a los cafés, a los bosques, a las montañas, a la gue-
rra para no crecer, para no ser adultos.
De manera general, en los cuentos se nota la fragmentación
del ser humano a partir del motivo del amor. Resulta signifi-
cativo por cuanto es el primero de los grandes temas literarios
y sobre todo humanos: motivo o sentimiento que interviene en
sus relaciones intrapersonales, de amistad, familiares, de ero-
tismo; que implica además comunicación, identificación, hu-
manismo y humanidad.
Hemingway nos presenta este sentimiento como otro de los
motivos de la desintegración del hombre; sin embargo, lo más
curioso resulta de la idea de que el amor, según el autor, no es

Fuente: theamericanreader.com visorliteraria.com | 26
ENSAYOS ENSAYOS

lo suficientemente fuerte para romper tencia de sus personajes es la alusión la guerra y la angustia frente a la in- o excursiones, este sujeto necesita rea-
con esa dejación del sujeto contempo- que hace, constantemente, a la bebida y certidumbre de la vida desencadenan la lizar actividades que lo distraigan de
ráneo, que sufre en su interior, y que a otros vicios. Estos constituyen sujetos crisis del ser humano. Surge, entonces, las verdaderas responsabilidades, tales
no encuentra qué hacer para dejar de borrachos, apostadores, que tratan de un sujeto cuyas ideas y posturas se des- como ir al juego, pasear, leer.
sufrir. aliviar su angustia interior (que como vanecen frente a un panorama devasta- Sin dudas, el mundo de Hemingway
Estos individuos se encuentran en se veía anteriormente suele ser diferen- dor: el sujeto contemporáneo. constituye un lugar doloroso, horrendo;
constante búsqueda, pero no logran te en los héroes: el miedo a la muerte, Hemingway nos presenta seres exis- identificado, en la mayoría de los casos,
«llenar» el enorme vacío interior que la soledad, el aburrimiento, la cobar- tencialistas, vacíos; que se aíslan de los con lugares extremos, rodeados de con-
dejó la guerra, este vacío constituye la día, etc.) acudiendo a prácticas vetadas convencionalismos de la sociedad y ha- diciones difíciles, como los paisajes de
causa fundamental por la cual no lo- en la sociedad. yan su hogar en la soledad del paisaje. duro calor en «La vida feliz de Francis
gran readaptarse a la vida en sociedad: Harry (en «Las nieves del Kiliman- Por ello, el individuo aparece alejado Macomber» o los paisajes de nieve en
la guerra dejó en ellos la capacidad (o jaro»), a pesar de su estado de descom- de la cuidad como centro de la civiliza- «Las nieves del Kilimanjaro».
discapacidad) de ver la trivialidad en posición, trata de ahogar sus penas y ción; en ocasiones, cansado de ella y en Otros escenarios serán los pueblos o
todos los asuntos de orden social. recuerdos con la bebida. En otros re- otras, en búsqueda de nuevas experien- campamentos, los de la montaña, los
Resulta curiosa la rápida adaptación latos, como «La vida feliz de Francis cias ante el aburrimiento que trae con- de la pesca. Tal caso coincide perfec-
del ser humano ante situaciones extre- Macomber» el autor también hace re- sigo una sociedad que conoce y que ya tamente con los lugares donde se de-
mas como la guerra, que de lo que se ferencia a la bebida como vía para olvi- ha desechado. Estas «distracciones» que sarrollan algunos de los cuentos serie
trata es de la supervivencia, de sobre- dar el fracaso, el miedo, la vergüenza y encuentra el hombre fuera de la ciudad de Nick Adams. «Campamento Indio»
vivir a pesar de tanta adversidad y en la desesperación del ser. constituyen el espacio de excitación y y «El médico y su mujer» desarrollan
las peores circunstancias, aun así, Peña Por ejemplo, en «El vendaval de experiencia límite, que saca al indivi- su trama en un pueblecito, justo al lado
Galbán et al. (2007) señalan que las re- tres días», Nick Adams y su amigo Bill duo de su existencialismo y, al mismo de un campamento indio; o sea, que la
acciones psicóticas se presentan con fre- beben una gran cantidad de whisky, tiempo, lo alimenta. civilización no estaba contemplada en
cuencia; el estrés del combate supone mientras relatan historia y rememoran Hemingway también hace ver a los este lugar y, mucho menos, los lujos de
una sobretensión psíquica, predominan- sucesos importantes de sus vidas, aun- protagonistas de sus relatos como suje- la gran ciudad.
do manifestaciones de ansiedad aguda o que muchos de ellos resultan bastan- tos en movimiento, en búsqueda cons- El hecho de que Hemingway utilice
pánico, confusión, trastornos disociati- tes triviales. Este relato constituye una tante. Deja ver su inestabilidad interior África como escenario fundamental de
vos y conversivos, abuso y dependencia continuidad de «El fin de algo», pues la y su incapacidad de sentar una familia, sus relatos simboliza su intensión de
de alcohol y drogas. ruptura de Nick y su novia resulta uno un lugar propio, un hogar de acuerdo describir la sociedad en su estado más
Engel y colaboradores (s.f.; como se de los hechos de los que conversan los con las normas de la sociedad. salvaje; sociedad que estará plagada de
citó en Peña Galbán et al., 2007) se re- dos amigos. De manera general, en el En estos relatos, la necesidad de mo- infidelidad, consorcio a conveniencia,
fieren al «Síndrome de la Guerra del relato se aprecia la despreocupación de vimiento de los personajes se aprecia a pérdida de escrúpulos, mentiras, inte-
Golfo», caracterizado por un hetero- estos chicos por la vida, por las respon- través de sus viajes; algunos de estos rés, engaño.
géneo grupo de síntomas en los que se sabilidades comunes dentro de la socie- individuos encuentran su hogar fuera Las nieves del Kilimanjaro se abre
destaca el dolor crónico, la fatiga, de- dad. de su tierra o en lugares insospechados, a una pluralidad de voces, intereses y
presión y otros síntomas. También se «Fuera de temporada» describe la como en el caso de «El río de los dos problemas, los representados por sus
describen en un alto por ciento el PTSD vida sin sentido de un exsoldado de gue- corazones». diversos protagonistas, que pertenecen
(abuso de sustancias) y el síndrome de rra. Peduzzi simboliza la humillación, «El regreso del soldado» muestra a distinta clase social, género, profe-
fatiga crónica. En el último de los ca- lo bajo que puede caer un hombre que, otra arista del asunto; ya que, como dije sión, grupo de edad, etnia y nacionali-
sos, estos trastornos psicológicos conlle- en su momento, sirvió dignamente a su antes, recrea la vida de un exsoldado dad. Y que comparten un destino común
van al suicidio. patria. de guerra, al regresar a su hogar. ¿Cuál en nuestro tiempo, el de ser usados por
Otro recurso que utiliza Hemingway El desmoronamiento de los valores sería en este caso la forma de evasión un sistema económico y socio-político
para representar el cambio en la exis- que sustentan la existencia, el terror a a la sociedad? Pues, en lugar de viajes capitalista, que los consume.

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ENSAYOS

Es decir, Las nieves del Kilimanjaro la contemporaneidad?
es, además de un temprano y perfecto La respuesta está -¿acaso?- en cada
ejercicio de estilo, un mosaico en el que uno de nosotros, -¿fríos?- sujetos con-
se recoge tanto una crítica a los Esta- temporáneos.
dos Unidos de aquel tiempo como una Por último, una nota importante: Al-
celebración a la pluralidad del conjunto gunos escritores localizan la escritura
humano de ganadores y perdedores que en el alma; otros en el cerebro; algu-
poblaba el país. nos en el corazón, otros en las tripas
Adentrase al mundo real es adentra- o los testículos. Hemingway descubrió
se también al sujeto contemporáneo, un que el lugar de su escritura estaba en
hombre indolente, indiferente, holga- los músculos. Por eso, su manera fa-
zán, apático y frío. Sobre todo, frío. vorita de referirse a la escritura des-
Frío hacia los semejantes, en quienes mañada o débil era con palabras como
no ve sino su propio yo que no logra ser. blanda, grasosa, floja. Cuando sintió que
Y frío consigo mismo: es un individuo su cuerpo y su escritura se habían vuel-
doliente que se manifiesta congelado to fofos sin remedio, se suicidó.
hacia el cambio, hacia el avance espi-
ritual y psicológico. Un pobre hombre Bibliografía
contemporáneo que ni siquiera sabe que Galbán, L. Y. P., Artola, A. E., Her-
el frío más intenso, como el del iceberg nández, J. C., & Hidalgo, T. G. (2007).
produce la herida del fuego.
Hombres así son los que Hemingway
explora, pero… ¿hasta qué punto son
La guerra como desastre. Sus conse-
cuencias psicológicas. Revista de Hu-
Creación
manidades Médicas, 7(3). doi: scielo.
icebergs?, ¿hasta qué punto el escritor sld.cu/scielo.php?script=sci_arttex-
los comprende?, ¿y hasta qué punto no t&pid=S1727-81202007000300005
es esta misma actitud la mayor rebel-
día contra los controvertidos tiempos de

Victoria Beatriz Fernández Herrera (Cuba). Estudiante de Periodis-
mo, 3 año, en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, Villa Clara,
er

Cuba. Ha colaborado con diversos órganos de prensa nacionales, entre los que
destaca Cubasí. Estudió en Pre-Universitario Osvaldo Herrera y reside en Santa
Clara, Villa Clara, Cuba.
Yaima Bermúdez (Cuba). Profesora Titular del Departamento de Periodis-
mo de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas , Villa Clara, Cuba.
Estudió en IPVCE de Villa Clara. Licenciada en Letras en la Universidad Central
«Marta Abreu» de Las Villas, Villa Clara, Cuba. Ha colaborado en diversas revis-
tas literarias nacionales e internacionales. Reside en Santa Clara.

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CREACIÓN

En la sombra
por Núria Añó

Ella estaba en el patio, sentada próxima a la entrada cuando
volvió a enhebrar la aguja y la fue pasando por entre aquella
tela gruesa; solo que se acababa de pinchar. El marido había
vuelto temprano del trabajo y la hallaba en el preciso instante
que llevaba su dedo gordo a los labios; al mismo tiempo, como
si la viese perfilada suavemente por algún hilo dorado, en me-
dio de aquella luz espléndida de media tarde. Sonaba alguna
melodía de la época en aquel espacio concreto donde, según el
movimiento que hiciera, o si repentinamente doblaba la tela,
caían pedacitos de aquel tejido al suelo. «¿Qué?», exclamó solo
con la mirada. «¿Eh?», también él, como si anduviera distraí-
do. De súbito el hombre entró y se alejó hasta que abrió una
puerta. Enseguida sus manos se elevaron hacia algún estante,
justo entonces sus dedos fueron rozando la funda polvorienta
de una vieja máquina de escribir; luego la bajó.
Cuántas veces a ella, que escuchaba distraída el sonido insis-
tente de las teclas, le hubiese gustado saber qué estaría escri-
biendo en aquel preciso momento. Mas sabía que debía aguar-
dar, y su rostro se perdía de nuevo entre un montoncito de ropa
pendiente de acabar. Y, sin embargo, tan a menudo, en vez de
encontrarle cabizbajo en la mesa, habría preferido no saber
leer, no saber nada de nada, y que él le hubiese contado otra
historia. No precisamente aquella que tenía que ver con escribir
libros. Por lo demás, cuánta incertidumbre...
De momento él no podía dejar el trabajo en la fábrica. De
momento. Pero algún día triunfaría, si en más de una ocasión
incluso lo había soñado y en sueños le parecía que viajaba por
todo el mundo. ¿No se veía ella igual? No, ella por lo común
seguía cosiendo dobladillos... Pero él, que destinaba un montón
de horas, ¡y lo único que quería era hallar el modo de publicar!
Si bien hasta la fecha no había gustado lo que escribía, ahora
ya lo sabía, y quizá lo más justo fuese abandonar. En efecto,
qué se sabía él de escribir cosas tan diferentes, de aquellas que
los editores soñaban tener en sus mesas de despacho antes de
exprimir al autor de veras.
Y entonces aquello que diría en voz baja. «¿Cómo has di-
cho? ¿Eh? ¿Nada? ¡Pero cómo qué nada! Ah, eso. Escribir a la

31 | visorliteraria.com © Skubmic
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

parecía que uno había nacido hacía ya rosales floridos le vio sonreír y al abrir
muchos años. el sobre, llorar como a un niño. Llevaba
Con sus amigos hablaba de escrito- un jersey marrón de lana y dos peque-
res y libros que le maravillaban, co- ños agujeros en el codo que ella reforza-
menzando por aquellas lecturas que le ría con hilo y aguja. Si todo en la vida se
habían marcado a una edad tempra- solucionara con un zurcido... El mundo
na, poco después ya practicaba con los estaría lleno de ellos.
primeros cuadernos y la tinta corría Mas un par de kilómetros atrás, en la
página tras página. Cosas sencillas de ambulancia, él ha dicho: «Al final me
juventud, aunque se vislumbraba que voy a morir sin haber publicado». De
llegaría lejos, que había nacido para súbito ella se ha encogido de hombros,
aquello. Tan a menudo le devolvían su como si no tuviese importancia. Quizá
manuscrito más reciente con alguna porque es ahora cuando se da cuenta
carta breve que le adjuntaban. Enton- que ya no está y se estremece. Fuera
ces aquella ilusión por las cosas se veía todo apunta que se trata de un día boni-
de nuevo aplazada, reducida en la som- to, de aquellos que por fuerza ha de ser
bra, cualquiera de aquellos días en los soleado. Pues es la feria del libro, el día
© Martín Carballo que, al abrir la puerta, recibía una nue- en que autores, editores, agentes, lecto-
Fuente: Flickr va respuesta. Antes de saber cuál sería, res y transeúntes pasean entre libros.
su mujer expresó que nada de lo que le Luego al día siguiente ya puede llover.
dijeran, le afectara; pues ella sí creía Qué más da.
en él. Y allí, muy próximo a aquellos

moda...» Pues ahora sí que la había de- aquella cantidad de palabras viajaba de
cepcionado. Y luego qué haría si se podía un lado a otro, anhelando que aquel pro-
saber, ¿es que no le quedaba ni una pizca yecto interesara a alguien. Palabras y
de orgullo? Bueno, tampoco era eso lo más palabras, algunas anotadas duran- Núria Añó (Lleida, España, 1973). Cursó estudios de Filología Catalana y Len-
que pretendía decir. Si ella no esperaba te el descanso de su otro oficio; otras, gua Alemana. Compagina la escritura con la traducción, además de la partici-
el triunfo, más bien la satisfacción de con ayuda de su mujer. Aquella que se pación en coloquios y becas internacionales, donde suele hablar de su obra, de
su marido, el poder ver un día su obra movía lentamente por el jardín, y él, creación literaria, cine, ciudades o bien analiza la obra de escritores como Elfriede
publicada. Si bien es cierto que uno ya fatigado, también se quitaba sus gafas Jelinek, Patricia Highsmith, Karen Blixen, Salka Viertel, Alexandre Dumas (hijo)
intuía que resultaba complicado al no de pasta, aunque de pronto la veía, po- o Franz Werfel. Algunos de sus relatos, artículos y ensayos han sido publicados y
tener enchufe. Algo difícil de conseguir, dando los rosales, llevaba una bata gris traducidos al español, francés, inglés, italiano, alemán, polaco, chino y letón.
incluso teniendo buenos conocimientos y blanca. Luego, ella se giró de perfil y La novela Els nens de l'Elisa (Omicron, 2006) queda tercera finalista en el XXIV
de electrónica. ya apuntaba su tripa en avanzado esta- Premio de las Letras Catalanas Ramon Llull. Siguen L'escriptora morta (Omi-
Pero un día llegaba el olor de la obra do de gestación. Por más que él seguía cron, 2008), Núvols baixos (Omicron, 2009) y La mirada del fill (Abadia, 2012).
nueva que ya se encuadernaba y em- con lo suyo, su mirada de nuevo enfoca- Gana el XVIII Premio Joan Fuster de Narrativa Ciutat d'Almenara y ha sido dis-
paquetaba. Mientras ella lo veía feliz y da hacia la mesa de madera, tratando tinguida con las prestigiosas becas internacionales: Nuoren Voiman Liitto (Finlan-
más apasionado que de costumbre, so- de inmortalizar algún momento previo, dia, 2016), Shanghai Writing Program (China, 2016), Baltic Centre (Suecia, 2017),
bre todo cuando la cogió y quería bai- y al fondo de aquella alcoba, muchos IWTCR (Grecia, 2017) o Krakow UNESCO City of Literature (Polonia, 2018). Más
lar con ella, en aquel baile que se podía libros. Si por la cantidad de obras que información en www.nuriaanyo.com
titular: de aquí va a salir algún hijo. Y aquel hombre albergaba en los estantes,

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CREACIÓN CREACIÓN

dos hasta las barbas, con cubetas, esco- postes de luz una venta de «garaje»,
bas, cuerdas, palos, pinzas, alambres, agendada para el próximo fin de sema-
guantes y una linterna. Los vecinos y na. Habían limpiado y reparado todo
sus familias les despedían agitando pa- lo que encontraron. Les dieron pares a
ñuelos por las ventanas y los hombres los zapatos, sacaron brillo a los anillos,
muy serios no aligeraron el paso. Al cocieron los pantalones, afinaron las
llegar a la coladera, el más fornido de cuerdas de la guitarra, bañaron al gato;
todos, hizo galante uso de su fuerza y dejaron todo como nuevo. Fue un éxito
de unos tirones quitó la tapa, los demás la venta, se repartieron el dinero entre
hombres apuntaban sus armas por si todos.
algo inesperado abandonaba las oscuras Los primeros días después de la últi-
residencias de las aguas negras. ma brigada, la señora Malacara, due-
Entrados ya en ritmo habían llenado ña de la dulcería, dijo que la alcantari-
todas las cubetas con lodo, muchos pa- lla quedó tan despejada que, solamente
los se habían roto y las cuerdas estaban porque la lluvia mojaba los autos y los
a punto de tronar. La geografía inter- árboles goteaban, es que se enteraban
na de la coladera había sorprendido a de que llovía en la colonia, ya el agua
© Dario Valderrama los hombres. Bajaba según sus cálculos, era arrastrada con ferocidad a lo largo
Fuente: Flickr solo un metro y medio y después avan- de la calle y el piso no quedaba ni mo-
zaba horizontalmente dos más. jado.
Como si supieran lo que iban a encon- Era tanta la eficiencia de la desta-
trar no chistaron ni de sorpresa ni de pada coladera, que hace algunos meses
espanto cuando sacaron de allí varios durante el último chubasco, una fami-
Alcantarillas se asomaban por ventanas y balcones zapatos, un vestido de novia, latas de lia que salía de misa casi era tragada
por Deniss Guerra Vázquez para señalar a ningún lugar siguiendo cerveza, cientos de colillas, un gato, la por esta, de no ser porque el chico que
la corriente. mitad de una escoba, una guitarra, el siempre carga el palo tres veces más
Después del incidente, la señora Ma- cabello que Julio ató y dejó ir por la tar- alto que él, pasaba y les salvó.
Se inundó la calle hace dos semanas lacara, cada que sentía una gota venir ja de la cocina, tres anillos y dos pan- En el rescate, la señora y el señor
debido a una tromba que cayó en la co- del cielo, cerraba su changarro con cal talones. Todo eso a solo medio metro de perdieron sus anillos de bodas, una de
lonia. La dulcería fue casi pérdida total. y lodo, mientras que algunos colonos la coladera y ya eran casi las ocho y la las hijas su anillo de compromiso y su
Bolsas de frituras, obleas, bombones y ya estaban decidiendo ir a destapar luz comenzaba a faltar. vestido recién remendado por la cos-
paletas flotaban en aguas negras rum- las coladeras. La comitiva fue convo- Al domingo siguiente siguieron con turera cerca de la iglesia. El de la re-
bo al callejón de la iglesia. La señora cada para voluntarios. Se reunieron en su brigada de limpieza y además de las faccionaria lanzó una llanta para que
Malacara salió gritando desconsolada, el quiosco del mercado no más de diez ya esperadas cubetas de lodo, reunie- la familia saliera a flote, pero el agua
intentaba recoger cajas y secar los cho- personas; entre ellos, un chico con un ron más tiliches. Lo mismo un domingo la arrastró hasta el fondo de la calle
colates, pero al ver todo arruinado se palo tres veces más alto que él, mien- más. No dijeron a los vecinos la canti- dando con la coladera. De la impresión,
dio por vencida. tras que el resto llevaba solo chismes dad de cosas que rescataban de la al- los borrachos de la colonia dejaron caer
Las casas sacaban por sus puertas si- y críticas al municipio. Entre dimes y cantarilla y mencionaban solo los litros sus cervezas creyendo que lo que veían
llas, mesas, cojines y algunos zapatos. diretes se acordó destapar únicamente de lodo. era efecto del alcohol y uno de ellos en
La gente improvisaba bermudas con las coladeras de su calle. Nadie chistó. Pasaron varias semanas después de lugar de cerveza acariciaba a un gato,
sus pantalones de mezclilla. Casi todos El domingo muy temprano salieron que los hombres habían terminado de que por imitar a los bebedores lo sol-
los vecinos de los condominios aledaños de sus casas los voluntarios, iban arma- limpiar, cuando anunciaron en varios tó junto con las latas. Trataron de re-

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cuperar algunas cosas con una escoba, pudo alcanzar. Al estar ya todos sanos
pero se rompió y la mitad se perdió en y salvos sobre la banqueta, se dieron
la corriente. Al igual la guitarra de los cuenta de que algunos habían perdido
jóvenes del coro que venían saliendo de zapatos. A pesar de los objetos extra-
la misa de diez; después de que uno de viados, la alcantarilla atragantada y
ellos se tropezará con el palo largo que la calle arrasada, los colonos le agra-
sostenía a la familia y en su intento de decieron al joven que carga siempre un
no caer, soltó el instrumento que lleva- palo tres veces más alto que él. Mien-
ba en las manos. tras tanto se iba acumulando el agua
Los voluntarios que ayudaban a res- de nuevo por las estrechas callecitas.
catar a la familia usaron el cordón de Poco les duró el gusto, pero de no ser
un tendedero para atarse y no irse con por aquel chico, esa familia habría apa-
la fuerte corriente, pero no vieron que, recido en un cuento de algún escritor
al descolgar el cordón, dos pantalones argentino mientras buscaba un cabello
que aún se secaban cayeron y nadie los anudado a través de los drenajes.

© Joanne Wan
Fuente: Flickr
Deniss Guerra Vázquez (México, 1991). Originaria de la ciudad que según
expertos «la vida no vale nada». Psicóloga de profesión. Entre otras aficiones, es
amante del té y las palomitas de maíz. Coautora de las antologías, Plectro Solar,
Enealogías, Psicopatología del verso (Grupo Cultural Macondo) y Letras fantásti-
cas (Phaino Editores). Coordinadora del proyecto Ecos y autora de Cien formas del El tren de Su Zhou migas de pan en el río. Celebrábamos
por Antonio Costa Gómez nuestro aniversario al lado de nuestros
tiempo y otras atemporalidades. Actualmente residente en CDMX. hijos tomando tarta Song y cambiando
las velas en el Buda de Jade.
Regreso por la noche en el tren de Y de pronto un día ella oyó hablar de
Suzhou a Shangai. Paso por delante del ese hombre. Muchas veces he deseado
último jardín, veo los estanques en la matarlo, y en otras me dolía la curiosi-
sombra, y me acuerdo de ella. Es un dad por conocerlo.
momento fugitivo, el tren bordea las Ella era una mujer tranquila, cum-
verjas en penumbra, sus líneas se re- plía sus deberes, se ocupaba del bienes-
flejan en el río, y sé que nunca volve- tar de la casa y sabía dirigir a los cria-
rá a repetirse esta sensación. Nunca la dos. Tenía muy buen gusto para elegir
amaré como ahora. mis ropas, sobre todo cuando tenía que
Yo soy un funcionario retirado de los ir a las celebraciones de gala. Sabía ha-
ferrocarriles chinos, tengo setenta años. cer infusiones para mis accesos de me-
Durante cuarenta años viví en calma lancolía y los sábados por la tarde me
y en armonía doméstica con mi esposa acariciaba los pies.
Lin. Los domingos íbamos a pasear por Ese hombre era un poeta o un vaga-
el bulevar de las tiendas y tirábamos bundo, venía del Este, algunos decían

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CREACIÓN CREACIÓN

que era un sabio, otros que tenía el ros- prichosa e incoherente. Se empeñó en Llegó a la última votación del Premio Nadal 1994 con Las campanas. Estuvo en-
tro blanco. No hablaba como los demás, llenar de orquídeas las habitaciones y tre los finalistas del Premio Herralde en 2014 con El misterio del cine. Y entre los
ponía un secreto en todo lo que decía. quiso incitarme a hacer el amor junto finalistas del Azorín en 2018 con El saber apasionado. Ha sido traducido al francés
Los que le conocieron dicen que sus ma- a la ventana. Su comportamiento me y al rumano. Le gusta Jacqueline Bisset y el vino tinto.
nos se movían como extraños pájaros. producía angustia y desconcierto. Había
El decía a las personas, en algunas elaborado a lo largo de tantos años unas
fiestas, que no se conocían a sí mismas. costumbres protectoras que ahora ella
Que nadie sabe quién es, ni siquiera en quería romper.
sus sueños. Y empezaron a decir que Todo acabó cuando me hizo una ca-
él hacía que las personas descubrieran ricia en el cuello que casi me hizo es-
quiénes eran realmente. Sobre todo lo tallar. Yo me indigné y ella me puso
hacía con mujeres. Las llevaba al ano- una mirada llena de camelias blancas.
checer en tren a Suzhou y todo ocurría Al día siguiente se marchó de casa. Me
en el tiempo en que el tren bordeaba los sentí perdido y devastado.
jardines junto al canal. De pronto descu- ¿Por qué ese hombre quiere descubrir
brían quiénes eran y sentían una enor- cómo somos en realidad? Eso es un pe-
me sorpresa. A una joven razonable le ligro, una amenaza imprecisa. Es como
hizo ver que en realidad tenía envidia querer saber que las rosas son en rea-
y destrucción. A una señora anodina, lidad dragones o que en el agua flotan
que había llevado una vida aburrida, seres melancólicos.
le mostró que llevaba dentro bellezas Pero entonces, mientras la añoraba
arrebatadoras. Momentos después un de un modo salvaje, yo también empecé
hombre se enamoró de ella en el tren. a sentirme raro. Hacía cosas que nunca
Mi esposa oyó hablar de ese hombre había hecho. Me quedaba mirando des-
y acudió a visitarlo. El hombre la llevó medidamente el jardín desde la puer-
como a las otras en el tren a Suzhou. ta. Sentí que culebras de desdicha des-
Era una noche de primavera y tembla- pertaban en mí. Y se me ocurrió coger
ban los mosquitos. El olor de las came- el tren a Suzhou que había cogido ella.
lias se arremolinaba en el aire. Y en Entonces sentí que el que yo era de ver-
ese momento sintió una lucidez. Se dio dad amaba a la que ella era de verdad.
cuenta de que en realidad era pasional Acaricié con la vista las verjas que ella
y creativa. había mirado. Pero no volverá.
Cuando volvió, yo la encontré ca-

Antonio Costa Gómez (Barcelona, España, 1956). Creció en Lugo. Es licen-
ciado en Filología Hispánica y en Historia del Arte. Ha publicado libros de todos
los géneros: El tamarindo, Las campanas, La reina secreta, La seda y la niebla,
Las fuentes del delirio, La calma apasionada, Mateo, el maestro de Compostela,
El fuego y el sueño.

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CREACIÓN

El cuervo de todos los días
por José Manuel Viera Gutiérrez

El soldado Baumann se pregunta qué lugar ocupan los hom-
bres débiles en un mundo como ese. Piensa que quizás lleva
demasiado tiempo acostumbrado al sonido del cuerpo desnudo
de Amelia Bobensky deslizándose bajo las sábanas. «Puede que
no necesite nada más, que además de un tipo débil también sea
un conformista», se dice. Al otro lado de la ventana del case-
río se intuyen las primeras luces del día bajo una espesa capa
de nubes. Ulrich Baumann tiene la sensación de que la bala de
aquel francotirador polaco no solo le rozó el hombro, sino que
le atravesó la cabeza por nueve sitios diferentes. Recuerda la
leyenda de las balas embrujadas, y aquellas historias que sus
camaradas contaban alrededor de una hoguera durante las no-
ches de guardia. «En el frente se acaba perdiendo la perspec-
tiva de casi todo», piensa Baumann con el gesto torcido. Una
extraña idea le viene a la mente. De pronto cree que quizás no
fue ese soldado polaco el que murió entre las ruinas de aquel
edificio, sino que es él quién quedó en aquel lugar con una mue-
ca congelada de espanto. Ulrich Baumann agita la cabeza. A
través de la ventana observa los campos de cultivo nevados que
se pierden en el horizonte. Mira hacia la entrada de la granja y
comprueba que el cuervo de todos los días aún no se ha dejado
ver. Baumann siente un repentino peso sobre su cabeza. Quie-
re creer que a esas alturas su nombre ya engrosará la lista de
bajas del Reicht, en lugar de aparecer en el cuaderno donde el
teniente Schneider toma nota de los desertores. Sin embargo,
lo que más le inquieta no es que algún batallón rezagado de la
Wehrmacht se acerque por allí, o lo que podría ocurrir cuando
los rusos tomen esa zona de Polonia. Sin duda son dos incógni-
tas que enturbian la extraña ecuación en la que se ha conver-
tido su vida, pero ninguna de ellas es la que más le angustia al
despertar.
Baumann se levanta de la cama, se viste despacio y baja las
escaleras. El aire del salón le parece tan enrarecido como el in-
terior del reloj de cuco que lleva meses sin funcionar. Baumann
enciende el fuego de la chimenea, calienta agua y prepara café.
Al otro lado de los cristales apenas se distingue el camino que
lleva hasta la granja, oculto bajo un manto de nieve. Baumann

© Huckberry visorliteraria.com | 42
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

se acerca hasta el piano y deja una pi- y mira la foto de Amelia que guarda su pitillera. Baumann percibe el ligero borrosa. Baumman deja las manos sus-
tillera plateada sobre él. Espera un ins- en su interior. Coge un cigarrillo y lo peso de aquel objeto plateado dentro de pendidas sobre el teclado. Se retira el
tante. Enseguida aparece el cuervo de enciende. Con la primera bocanada de la chaqueta. «Tendré que deshacerme cigarrillo de los labios y lo deja caer
todos los días. Se posa sobre la verja humo llega a su mente la cara de aquel de ella», se dice. «Algún día». en la taza de café. Un delgado hilo de
de la entrada y se acicala las plumas. francotirador polaco que desea fumar Mientras toca, la melodía lo sumerge humo sube por el aire de la estancia y
Una estrecha franja de luz ilumina la antes de que el teniente Schneider le en una especie de trance que lo man- se mezcla con el eco de las notas que
fachada de la casa y alcanza la piti- ordene ejecutarlo. Baumann recuerda tiene apartado del mundo. Cuando las aún resuenan en el interior de la casa.
llera haciéndola brillar. El pájaro mira cómo el polaco da un par de caladas notas de Lohengrin han ocupado cada Mientras Baumann se masajea los ojos,
hacia el interior de la vivienda con sus muy hondas y luego cierra los ojos con rincón de la estancia, el cuervo de todos de lo más hondo de su mente surge un
enormes ojos negros. Coloca la cabeza fuerza al verlo desenfundar una Luger. los días regresa a la valla de la entra- extraño destello: «Interpretar a Wagner
en distintas posiciones, como buscan- El eco de aquel disparo retumba en su da. Baumann siente una presencia que hubiera sido suficiente para conquis-
do la mejor perspectiva para observar. cabeza. Baumann vuelve hacia el piano lo observa. Al levantar la mirada, el tar Polonia», piensa. Antes de abrir los
Baumann coge la pitillera y la guarda sosteniendo el cigarrillo entre los labios. humo del cigarrillo se le mete en los párpados, hasta sus oídos llega un gra-
en la chaqueta. Al instante el cuervo le- Sus dedos pasean con destreza sobre las ojos. La figura del cuervo se muestra jeo salvaje que se pierde en la distancia.
vanta el vuelo. Baumann lo sigue con la teclas. No solo necesita que las notas
mirada hasta que lo pierde de vista en sofoquen aquel recuerdo, sino también
el cielo plomizo. Masculla algo y luego el sabor amargo que en ese momento le
se acerca hasta la chimenea y se sirve invade la boca.
café. Se calienta las manos con la taza, Al soldado Baumann no le inquieta José Manuel Viera Gutiérrez (España). Se inició en la narrativa hace
da un sorbo y toma asiento frente al demasiado la posibilidad de ser fusila- unos cinco años. Ha realizado un par de cursos presenciales de Fuentetaja en Se-
piano. Deja la bebida junto al atril y se do por un pelotón de la Wehrmacht, ni villa. Posteriormente un periodo de coaching literario con un par de escritores de
inclina hacia el teclado. Comienza a ha- que los rusos aparezcan un día de pri- la zona. Ha participado en varios concursos del club de escritura de Fuentetaja.
cer sonar algunas notas de Lohengrin. mavera cuando el camino de la granja En 2016 resultó ganador en uno de ellos, en concreto en el «I Concurso de Historias
Las ejecuta con suavidad. El vaho de su esté despejado. Sabe que es muy proba- del Trabajo» con un relato titulado Días de Roma. También ha sido finalista del
respiración parece difuminar las teclas. ble que esto último suceda. «Mi presen- «I Concurso de Historias de la Calle» con el relato En noches como esta. Finalista
El sonido le resulta impreciso. Aún tie- cia en la granja no tardará en levan- también del «I Concurso de Historias del Viaje» con el relato Aire, y del «II Con-
ne los dedos entumecidos. Se detiene. tar sospechas. Algún vecino del pueblo curso Historias del Viaje», con el relato Al otro lado del Neva. https://clubdeescri-
Abre y cierra las manos varias veces alertará a los bolcheviques al verlos tura.com/perfil/17507/jose-m-viera/
y continúa tocando. No sabe muy bien llegar. Seguro que muchos ya se pre-
por qué ha escogido esa pieza. «Qui- guntan quién es ese tipo mudo y con el
zás fue la melodía la que me eligió», rostro desfigurado por el miedo que vive
se dice irónico. Un acorde mal pulsado en la granja de los Bobensky», cavila
lo obliga a parar una vez más. Desde resignado. Sin embargo, lo que más en-
la planta de arriba le llega el sonido de sombrece el rostro de Baumann es que
los muelles de la cama. Baumann mira algún día se desvele que mientras re-
hacia el techo y aguza el oído. Imagi- gistraba el cadáver del soldado polaco
na a Amelia Bobensky retozando entre encontrara aquella foto de Amelia sen-
las sábanas. Poco después todo queda tada frente al piano, y luego la dirección
en silencio. Ahora solo percibe el silbido de la granja impresa en un sobre. Y que
del viento colándose por un resquicio de en lugar de dejar pudrirse aquella ima-
la ventana. Introduce una mano en la gen junto al cuerpo de ese infeliz, deci-
chaqueta y extrae la pitillera. La abre diera ponerla a salvo en el interior de

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CREACIÓN

El gabán gris der el producto,
por Catalina León por lo demás,
poco vendible,
Baeza es la ciudad de los perros. To- si se compa-
dos ladran a la caída de la tarde. Es raba con otros
posible oírlos desde cualquier calle, des- hoteles de la
de todas las plazas. El atardecer es en zona, famosos
Baeza una hora triste, indecisa, ajena por su gastro-
a esta ciudad llena de contrastes. Una nomía. Pero no
ciudad de piedra que avanza por entre me importa-
un mar de olivos; un océano verde y ru- ba. Quizá pen-
moroso que dibuja a las claras la no- sé entonces que
che y el día. Pero la tarde… ¡ay, la tar- aquel ambiente
de¡ Las esquinas se llenan de ladridos, caduco podría
en un guirigay que no cesa, en un caos servir como
asfixiante de sonidos que te asaltan de acicate para
pronto y resultan inexplicables. mi inspiración
Cuando hace unos pocos años llegué a que, dondequie-
Baeza para asistir a unas conferencias ra que estuvie-
en su Universidad de Verano ya perci- se, me había
bí esos sonidos la primera tarde. Era abandonado
un mes de agosto caluroso y seco como hacía tiempo.
suelen serlo en Andalucía. Yo andaba, No obstan-
al principio, despistada y somnolienta, te, pasando los
poco habituada a aquel calor casi este- días, creí apre-
pario, proviniendo, como es mi caso, de ciar cierto aire
una ciudad pegada al mar. No conocía particular en
apenas a nadie y tampoco me encon- aquel sitio y,
traba con el mejor ánimo para entablar en una ocasión,
relaciones. Estaba cansada y al borde invadida por la
curiosidad, pedí a la criada que me de- la calle, con la particularidad, común produjo un desasosiego inexplicable. En
de una crisis.
jara echar un vistazo al que llamaban a todas las habitaciones de la primera un descuido de la criada, que se entrete-
Tomé una habitación en el Hostal Co-
«cuarto de don Antonio». Era un recinto planta, de estar muy cerca de la altura nía aireando la cama, abrí el armario.
mercio, un establecimiento céntrico y
amplio, pero muy austero, que hacía las del pavimento. Así los transeúntes, si Estaba limpio y vacío, excepción hecha
viejo, además de incómodo. Me dieron
veces de dormitorio y de salita. Conte- levantaban la vista, podían ver sin ape- de un gabán gris de mezclilla, colgado
un cuarto de la primera planta, junto a
nía una cama alta, de una madera que nas esfuerzo los pies del huésped. de forma cuidadosa en una pesada per-
una estancia que, me aseguraron, había
me pareció nogal; un armario grande, Confieso que recorrer aquella alcoba cha de madera y muy escondido de la
servido de morada al poeta Machado
con las puertas acristaladas cubiertas me impresionó y que su sencillez me vista general que el armario ofrecía al
en sus primeros tiempos de profesor de
por un fino visillo; una mesa de traba- encogió el ánimo. Encontrarse frente a abrirse. Supuse que no era de nadie o
Francés en el Instituto de la ciudad. En
jo y un sillón enorme, de gastado cue- frente con los objetos y los muebles que que alguien lo había olvidado allí. Pero
realidad supuse que aquella aseveración
ro marrón. La habitación se ilumina- fueron testigos de un período de la vida no quise preguntarle nada a la criada
era solo un reclamo, una forma de ven-
ba a través de un ventanal que daba a del poeta, me llenó de inquietud y me por no reconocer que había estado cu-

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CREACIÓN CREACIÓN

rioseando. Ni siquiera dije nada cuan- nebrosa y muy fresco para el verano, momentos de relación entre los clientes Todo aquel ambiente tenía por fuerza
do me aseguró, ante mi asombro, que sembrado de anchos sillones y mesitas apenas existían, pues no se servían co- que despertar mi interés, así que lo as-
aquella habitación no había vuelto a ser minúsculas. Siempre estaba solitario. midas, ni siquiera desayunos. Los úni- piré con fuerza, me imbuí en aquel aire
ocupada por huésped alguno desde que En el hostal debía haber por entonces cos seres humanos que traté durante mi como quien acude a una cura de salud
don Antonio la dejara para instalarse más huéspedes, según supuse, segura- estancia allí fueron el recepcionista y la en un balneario. Me imaginaba, en las
en una pequeña casita de la plaza. mente viajantes, agricultores pudientes criada. El primero era ya muy ancia- horas muertas de las siestas, entregan-
Desde luego el Hostal Comercio era que intentaban cerrar tratos, o algún tu- no, superviviente de todas las modas, do a mi regocijado editor un voluminoso
todo menos moderno. Nada de su in- rista, atraído por la belleza de la ciudad educado y taciturno. Tenía una curio- fajo de folios escritos que cobijaban una
terior tenía paralelismo alguno con su y sus contornos. Pero no llegué a ver a sa nariz, una nariz de libro, aguileña fantástica novela, mi mejor obra hasta
nombre, de reminiscencias económicas ninguno de modo que el salón se man- y torcida. Pasaba la mayor parte del la fecha, alabada por crítica y público,
y, por ello, prácticas y utilitarias. Más tenía siempre en la misma soledad, en tiempo en la recepción, pequeño habitá- capaz de despejar todas las dudas sobre
bien parecía estar anclado en los prime- un silencioso compás de espera. En rea- culo de madera y cristal, alumbrándo- mi valía literaria, dudas que aún no ha-
ros años del siglo pasado. Sus escaleras, lidad, tampoco necesitaba ver a nadie, se con la luz de un incongruente flexo, bían surgido en los demás, pero que yo
amplísimas, tenían anchos escalones es más, prefería la soledad a otra cosa. inclinado sobre la mesilla que servía de tenía a flor de piel.
bordeados de madera y un pasamanos En la primera y la segunda plan- soporte al libro de clientes y a algunos Porque yo era la única que conocía
coronado en los extremos por bolas de ta se disponían las habitaciones de los folletos turísticos. Hablaba en un tono las largas horas sentada ante las pági-
metal muy limpias. Los suelos eran de huéspedes, hasta un total de dieciséis, bajo, vocalizando mucho y abría exage- nas en blanco; las caminatas junto al
mármol gris, con baldosas de pequeño grandes y cada una con un cuarto de radamente los ojos, pero mantenía las mar en las que intentaba recrear, sin
tamaño, hundidas en algunos extremos; baño casi tan enorme como ellas. Los manos quietas, estáticas, y los brazos éxito, cualquier asunto que, luego, se
las ventanas tenían cierres de ma- inmóviles, pegados al cuerpo. me escapaba de los dedos sin poder con-
dera y visillos de encaje; el mobilia- Por su parte, la criada se movía muy vertirlo en palabras. Conocía el vacío
rio entero era pesado, oscuro, añejo, despacio y rara vez se atareaba, aunque de no saber qué decir, de no tener nada
remitiendo a tiempos pasados, tran- todo aparecía muy cuidado y a punto. que decir. Conocía esa especie de dolor
quilos, a ecos perdidos, a voces que Más que una criada al estilo de las que intranquilo que surge cuando las pala-
se habían ya quedado huecas. conocemos en el sur me recordaba un bras se quedan atascadas en la cabeza
Estaba situado en una calle muy mayordomo inglés, de esos que te so- y aún más, cuando los pensamientos no
estrecha, al sur de la gran plaza que bresaltan de pronto detrás de las puer- se traducen en palabras. Sentía la pér-
ocupaba el centro de la ciudad. Era tas o emergiendo de los pasillos. Nunca dida del lenguaje, el abismo de silencio
una zona muy tranquila, con esca- la veías venir de lejos, sino que su pre- que acontece a los escritores alguna vez
so tránsito de vehículos y ocupada, sencia tomaba forma solo en distancias en su vida.
en gran parte, por grandes casonas muy cortas. Hablaba poco, pero emitía Quise, por salir de la monotonía y
familiares y comercios de tipo tra- prolongados suspiros cuyo origen no lo- vadear la crisis que me rondaba, res-
dicional. Había tiendas de encajes, gré conocer. pirar el aire de Machado. Recorrí las
pañerías, tahonas, joyerías y las con- De mis escasas charlas con estos per- calles de la ciudad, visité las iglesias
sabidas cafeterías y una farmacia. sonajes extraje la absurda idea de que y conventos, escuché en la gran plaza
Pero hasta esta última tenía su sa- ya cuidaban el Hostal en la época en alargada los conciertos de las bandas de
bor particular representado por los la que Machado moraba allí, tal era la música en las mañanas de los domingos
botes de cerámica pintados a mano exactitud con la que relataban sus cos- y subí al mirador para, en el atardecer,
de sus estantes y por sus ventanales tumbres, sus andanzas, sus preferen- absorber el fondo de aquel paisaje repe-
de hierro forjado. cias de todo tipo. Aquello era imposible, tido, olivos, siempre olivos, y los ecos
En la planta baja se hallaba el es- lo sabía, pero no pude desechar esa im- de los perros que ladraban en todos los
pacioso salón, de una oscuridad te- presión tan nítida. momentos del crepúsculo.

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CREACIÓN CREACIÓN

que siempre reproducen los libros de todos y que no quiere revelar. Descubrí
literatura del bachillerato. Creí notar que la ciudad había llegado a ser una
el amor de Leonor, la mujer-niña pre- parte de él mismo y que, como contra-
maturamente perdida, y la desolación partida, en sus calles y en sus plazas se
del exilio. Entendí el significado de esa había quedado impregnado para siem-
pobreza digna que siempre arrastró el pre su eco, el eco que algunos llaman
poeta y hasta percibí la confusa mezcla machadiano, ese cierto estoicismo dis-
entre la luz del sur y la aridez castella- tante, pero no indiferente; esa ternura
na que traspasa su poesía. irónica; ese entender que el tiempo nos
Un día me llevaron a visitar una casa, recorre… La ciudad lo sabía y, a poco
en una calle muy ancha y tranquila, con que uno se fijara, también acababa des-
naranjos a ambos lados, en las aceras. cubriéndolo.
Allí había vivido Machado tras sus pri- Su nombre estaba presente en el Hos-
meros tiempos de huésped en el hostal. tal Comercio. Allí estaba sentado en el
En la puerta, una sencilla placa de ce- sillón de cuero del salón, el de la esqui-
rámica recordaba este hecho. Era una na; allá, enfilando lentamente la calle
fachada blanca y amarilla, al estilo de de piedra en dirección al instituto; en
otras andaluzas, con un pequeño balcón otro momento, cerraba cuidadosamen-
Fuente: elcultural.com central y dos ventanas cuadradas en las te la puerta de aquella habitación de la
que había flores. primera planta; por las noches, se in-
Otra vez, visité una librería de viejo clinaba sobre un cuaderno en la vieja
que estaba en la calle Bailén. El librero mesa de nogal; siempre estaba allí don
se llamaba Benito Valle y se entretuvo Antonio, con su gabán gris, su sombrero
Un día me llevé allá arriba uno de que volvían ahora con claridad inusita- sacando de sus estantes pequeños libros de fieltro, su pausado hablar mientras
sus libros y lo releí con aquel escenario da: «campo, campo, campo, y entre los con hojas muy finas, que contenían edi- miraba fijamente a los ojos,…
de fondo como si fuera la primera vez. olivos, los cortijos blancos…»; «anoche, ciones raras de las obras de don An- Aquel gabán gris que había visto col-
Otro libro me acompañaba en el aperi- cuando dormía, soñé, bendita ilusión…»; tonio. Me hice buena amiga de Benito gado en el armario llegó a obsesionar-
tivo y en el almuerzo, que solía llevar «una noche parda y fría, de invierno, los Valle que era, a más de machadiano de me. ¿Sería posible que, contra lo que yo
a cabo en una casa de comidas de la colegiales estudian…». Tenía esos versos pro, un interesante erudito y bibliófilo. sabía, en alguna ocasión el cuarto hu-
calle de San Francisco. Sus versos me grabados en mi cabeza y me sentía cada Algunas tardes me sentaba con él en la biera sido ocupado por otro huésped? La
seguían por toda la ciudad. Los revivía vez más partícipe de la tranquila fres- trastienda de la librería, tranquila de criada lo había negado con toda convic-
en lo alto del mirador, en las cercanías cura del Hostal Comercio. ordinario en cuanto a clientela, y le es- ción y lo mismo el anciano recepcionis-
del palacio de Jabalquinto, en el esplén- Su quietud, sus fotos antiguas, el olor cuchaba contar sucedidos inéditos de su ta. ¿Podría ser, entonces, que aquel ga-
dido patio del instituto, en sus pasillos de las paredes cubiertas de un fino ta- larga vida en torno a los libros. bán se hubiera dejado allí por descuido,
y aulas; los tenía presentes en la seque- pizado de un papel que ya no era posi- Las charlas con Benito Valle y mis en una de esas operaciones de limpieza
dad del aire cuando el sol caía a fuego y ble encontrar en otra parte; todo lle- paseos por Baeza me enseñaron que el que se acometen de temporada en tem-
en el sonido duro de mis pasos sobre el gaba a producirme un estado de ánimo tiempo en que Machado vivió allí fue porada? Pero, aún así ¿a quién perte-
asfalto de piedra en la hora de la siesta. especial, una sensación de cercanía que muy especial para el poeta y para la necía?. Y, sobre todo ¿por qué no me
A veces me sorprendía a mí mis- me hizo comprender, como no lo ha- ciudad. Y que, aún ahora, la ciudad lo habían comentado nada de la prenda ni
ma recitando esos versos en alta voz, bía hecho antes, al viejo profesor. Me sabía. Lo sabía y conservaba el tono el recepcionista ni la criada? El tema
repitiendo de manera involuntaria pe- paraba a contemplar la foto que pre- cauteloso de quien sabe guardar un se- del gabán no había sido sacado nunca
queñas estrofas que aprendí de niña y sidía el vestíbulo, muy semejante a la creto, de quien conoce algo preciado por a colación y mis preguntas acerca del

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CREACIÓN CREACIÓN

armario y del cuarto eran todas indi- con la extraña criada. Puso el grito en el cuatro ciudades formaban un caleidos- en torno a los nidos. Quizá sería posi-
rectas. cielo por mi atrevimiento, me reprochó copio de formas, una curiosa unión de ble volver a ser de nuevo como antes,
Más de una vez estuve tentada de el desobedecer sus instrucciones de no signos y al fondo, palabras, las palabras o quizá cierta nueva y extraña cualidad
volver a la estancia, pero no me atreví, tocar nada y, cuando se apaciguó, negó del poeta, solo palabras, bajo un cielo se había instalado en mí y ya no iba a
pues no estaba segura de contar con el de todo punto que existiera nada dentro azul y raso. Las cosas encontraban su dejarme.
beneplácito de la criada. Tampoco podía del armario, poniendo como testigo de sitio y el cuadro quedaba dibujado, listo, En estas tuve que abandonar Baeza,
pedirle que me llevara allí y que abrie- cuanto decía al recepcionista que, según nítidamente claro. El mosaico final era, la ciudad de los perros. Mi tiempo allí
ra el armario, lo que sería tanto como ella, era garante de su celo en la lim- al tiempo, misterioso y evidente, pero se había acabado. Antes de irme del
reconocer que me escapé de su vigilan- pieza y el orden. Estuvo a punto de lla- condensaba todo el largo devenir de una hostal le busqué las vueltas a la criada
cia en aquella ocasión. Por momentos marme visionaria y, como la discusión vida. y volví a entrar, sola, en el cuarto de
dudé también de haberlo visto, pero fue no parecía tener fin, subimos a la pri- Al cabo de algunos días me sorprendí don Antonio. Sigilosa, abrí aquel arma-
solo una duda pasajera. Estaba seguro, mera planta desde el salón donde nos a mí misma cogiendo unas cuartillas y rio y volví a encontrarme perfectamen-
yo misma lo había tocado y tenía en el encontrábamos y registramos, mejor, un bolígrafo. Empecé a tomar notas, a te colgado de su percha, gastado, pero
recuerdo su desgastada rugosidad, su registró ella, el armario. El gabán gris cuajar impresiones. Describí persona- dispuesto aún para el uso, el gabán gris.
peso y esa clase de olor, mezcla de ma- no estaba ni había allí percha alguna. jes, espacios físicos, me saturé de nuevo Lo dejé allí, convencida de que era para
dera, tejido y manzanas, que nos asalta Estaba absolutamente vacío y limpio, de palabras, que volvían a acompañar- siempre, alineado en el fondo del arma-
al abrir un baúl largo tiempo cerrado. según yo ya había apreciado en la otra me porque no era cierto, ahora lo veía, rio. Luego volví junto al mar, llamé a
Yo lo había visto y tocado pero no sabía ocasión, cuando la misteriosa prenda que se hubieran marchado para siem- mi editor y le tranquilicé. Él, siempre
nada más. En realidad, más que saber, apareció ante mis ojos. pre. Las palabras tomaban forma en el práctico, me preguntó enseguida cómo
cada vez tenía más preguntas y de res- El recepcionista se había unido a la papel, anidaban en los párrafos como iba la novela y qué título tendría. «El
puesta más imposible. expedición y apostillaba todo lo que alegres bandadas de pequeños pájaros gabán gris», le dije sin pensarlo.
Todos estos pensamientos me dis- afirmaba la criada. Según ellos, allí
traían de mis problemas. Dejé de pen- nunca existió nada; según yo, había des-
sar por un tiempo en que las musas me aparecido. Tuve que calmar el enojo de
habían abandonado. Me olvidé de mi los dos por dudar de su palabra, pro-
editor, de mi novela, de las conferen- meterles que no iba a seguir husmean- Catalina León (España). Profesora, orientadora escolar, investigadora de fla-
cias a las que pensaba asistir y de todo do y pedirles disculpas. Sospecho que, menco y, sobre todo, amante de la lectura y de la escritura. Ha publicado varios
lo que no fuera aquel misterio, al que al final, se les pasó por la cabeza que libros sobre flamenco (El flamenco en Cádiz, Editorial Almuzara, 2006; Manolo
en mi cabeza yo ya denominaba el mis- yo estaba loca. La cosa quedó así, pero, Caracol, cante y pasión, 2008, Almuzara, entre otros) y colabora con la revista
terio del gabán gris. Volví, como medio en mi fuero interno, yo seguía estando The Cult en reseñas de cine clásico, artículos sobre educación y reseñas de libros.
de distracción, a releer todo Macha- segura, había visto el gabán gris y lo Su blog: Una isla de papel (http://unaisladepapeles.blogspot.com.es/) contiene re-
do, quizá buscando alguna clave, algún había tocado. señas, escritos, y enlaces con mi literatura.
acróstico, alguna suerte de ayuda a mi Todo aquello quedó relegado al olvido.
enigma policíaco. Pero junto a sus pala- Decidí continuar conociendo a Machado
bras me acompañaba una y otra vez la a través de Baeza y dejar a un lado mis
imagen del gabán gris que, a veces, co- aficiones detectivescas. Y entonces ima-
braba vida propia y envolvía el sencillo giné en un nuevo ejercicio, en una vuelta
traje oscuro y la camisa blanca, un poco de tuerca, una constelación de nombres
arrugada, de Machado cuando recorría unidos en torno al suyo: probé a añadir
despacio el camino entre el hostal y el otros nombres a Baeza; la helada sonri-
instituto. sa de Soria, la estallante viveza de Sevi-
Un día me atreví a abordar el tema lla, la soledad última de Colliure… Las

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CREACIÓN

Frente al espejo
por Kalton Bruhl

Hace media hora que sostengo una vela encendida frente al
espejo del baño. En aquella vieja revista de misterio leí que, si
uno se concentra lo suficiente, puede ver a personas fallecidas.
Ya se ha consumido la mitad de la vela y la cera se ha endu-
recido en mis dedos. Debo concentrarme más. Dirijo la mirada
al centro de la llama, allí donde el color es un azul intenso. De
pronto, la llama se queda inmóvil. Siento cómo los vellos de la
nuca se me van erizando. Hay alguien detrás de mí. Sé que no
debo voltearme, que la imagen solo puede manifestarse dentro
del espejo. Se acerca. Sus facciones se van definiendo. No puedo
evitar que las lágrimas caigan. Papá está diferente: ya no se ve
desprolijo ni tiene esa mezcla de tristeza y desconcierto en la
mirada. Lleva el pelo engominado y parece recién afeitado. En-
trecierro los ojos para ver mejor: ¡hasta lleva un traje nuevo!
No puedo creerlo, jamás vi a mi viejo tan bien vestido. No sé
qué decirle. Yo me imaginaba a un espectro lloroso y derrotado,
pero me encuentro con un fantasma que es la pura imagen del
éxito. Todavía puedo escuchar los insultos de mamá. Yo me es-
condía detrás de un sillón. Papá se quedaba callado y bajaba la
cabeza. Era un experto en perder empleos, pero nunca perdía
los estribos. Cuando mamá se cansaba de gritarle se sentaba
a ver un poco de televisión. Luego, cuando mamá se había ido
a dormir, buscaba algunas sobras en la cocina. La vida era
difícil, para él, para mamá, para todos. Mamá se arrepentía
a cada momento de haberlo escogido como esposo. A mí nadie
me preguntó si quería que él fuera mi padre. Fueron años de
miserias y privaciones, durante los cuales me iba a la cama
con la esperanza de despertar en otro lugar, junto a otra fa-
milia. El tiempo ha pasado y sigo en la misma casa. El sueldo
que gano en el restaurante de comidas rápidas se diluye en los
medicamentos de mamá. El único lujo que puedo permitirme
es un paquete de cervezas los domingos por la tarde. Quise ver
a papá para buscar un poco de consuelo. Él era el prototipo del
perdedor; pero ahora lo encuentro con la pinta de un capo de
la mafia. Papá sonríe y coloca los pulgares bajo las solapas de
su traje. No puedo soportarlo más. Le lanzó una mirada llena
de rencor y apago la vela. Salgo del baño hecho una furia y co-

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Fuente: Flickr
CREACIÓN COLABORACIONES

rro a la habitación de mamá. Ella es la verá papá lo que es bueno. Encuentro a
única que puede borrar esa sonrisa de mamá dormida. Voy a despachármela
estúpida suficiencia del rostro de papá. rápido, con un solo golpe. Tampoco es
Ella sabe cómo ponerlo en su lugar. Ya cosa de que sufra.

Colaboraciones

Kalton Harold Bruhl (Honduras, 1976). Ha publicado numerosas obras, en-
tre las que destacan los libros de relatos El último vagón (2013), Un nombre para La Revista Literaria Visor se centra en diversos aspectos del relato corto. Está
el olvido (2014), La dama en el café y otros misterios (2014), Donde le dije adiós estructurada en tres bloques fundamentales: reseñas literarias, ensayo y creación.
(2014), Sin vuelta atrás (2015), La intimidad de los Recuerdos (2017); Novela: La Toda colaboración será bien recibida en cualquiera de estos campos siempre que
mente dividida (2014). Es premio Nacional de Literatura «Ramón Rosa» y miem- sea original, inédita, escrita en español y relacionada con los distintos aspectos del
bro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, Correspondiente de la relato breve. Los textos deben remitirse en fichero adjunto y en formato Word,
Real Academia de la Lengua. junto a una breve reseña bio-bibliográfica de no más de diez líneas, a la siguiente
dirección de correo electrónico:

visorliteraria@gmail.com

El consejo editorial leerá todas las colaboraciones enviadas, reservándose el de-
recho a su inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto
alguno del proceso de selección, y solo se mantendrá correspondencia con aquellos
autores cuyos textos sean elegidos.
Los autores son siempre los titulares de la propiedad intelectual de cada una de
sus obras y solo ceden a la Revista Literaria Visor el derecho a publicar los textos
en el número correspondiente.
Además de responder a los estándares adecuados de calidad artística y de re-
dacción, los requisitos de publicación serán los siguientes: para reseñas literarias,
los textos no sobrepasarán la extensión de una página; para ensayos, no más de
10, y para creación, no se excederán las 12 páginas. En todos los casos, los textos
se redactarán en A4, con letra tamaño 12, doble interlineado y, de haberlas, notas
al final del documento.

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VISOR revista literaria

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