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SOBRECARGA, MISIÓN INSTITUCIONAL DE LOS TRIBUNALES

SUPERIORES Y DESAHOGO DEL SISTEMA JUDICIAL.


Roberto Omar Berizonce ()

Sumario:
I. Sobrecarga de la tarea de la Corte Suprema y desnaturalización de su misión
político-institucional. II. En la búsqueda de otras soluciones. 1. Tribunales intermedios. 2.
El desahogo de las causas como objetivo del sistema de justicia. III. Los procesos
colectivos, repetitivos o “seriados” y los efectos de la sentencia. IV. La tutela de los
derechos supraindividuales –colectivos y difusos– e individuales homogéneos. Alcances
de la cosa juzgada. V. Los efectos vinculantes de las sentencias emanadas de la Corte
Suprema Nacional. 1. El principio de división de poderes o funciones estatales y la
“creatividad” judicial. 2. Antecedentes y tendencias en el derecho comparado
iberoamericano. 3. Vinculatoriedad vertical de los fallos de la CSN. 4. Los alcances
generales erga omnes de la cosa juzgada. La vinculatoriedad horizontal. 4.1. Efectos de
las sentencias de los jueces y tribunales inferiores. 4.2. Efectos erga omnes de las
sentencias de la CSN. 4.2.1. Derechos e intereses colectivos o difusos. 4.2.2. Derechos
individuales homogéneos; procesos repetitivos. VI. Conclusiones.

I. Sobrecarga de la tarea de la Corte Suprema y desnaturalización de su


misión político-institucional.
La misión institucional de la Corte Suprema es bien sabido no se reduce a
desempeñarse como un mero tribunal de justicia que dirime conflictos entre partes, sino
que a condición que exista un caso judicial, actúa y se erige en un propio y verdadero
“Poder de Estado”, como actor principal que influye decisivamente en el gobierno
contribuyendo a orientar, y aún a innovar creativamente en el quehacer de las restantes
ramas políticas, y sobremanera en la relación a la sociedad toda1.
El principal instrumento de que se vale el Alto Tribunal para cumplir su misión, la
vía del recurso extraordinario federal, en sus sucesivos desarrollos ha pasado desde una
etapa inicial restrictiva en cuanto a su ámbito y apertura a otras instancias de paulatino
ensanchamiento, por razones diversas, y que desembocaran en la actual situación de
intolerable sobrecarga y saturación de asuntos que ha conducido, desde hace algunos
años, a un virtual colapso de su capacidad de respuesta en términos razonables 2. La
doctrina de la arbitrariedad de sentencia, creada por el propio Tribunal, generosamente
acogida en diversos períodos3 terminó por ensanchar inusitadamente la funcionalidad del
recurso extraordinario, y no obstante el acentuamiento de las cargas técnicas de su


Publicado en El proceso civil en transformación, LEP, La Plata, 2008.
1
MORELLO A. M., El recurso extraordinario, 2ª ed. reelaborada con la colaboración de R. Rosales
Cuello, LEP/Abeledo-Perrot, Bs. As., 1999, pp. 7 y ss.; id., La Corte Suprema en el sistema político,
LEP, La Plata, 2005, p. 150-151.
2
Naturalmente el problema existe en todas las latitudes, más allá de las particularidades de cada
sistema. O. A. BAPTISTA DA SILVA afirma que en el fondo la raíz de la multiplicación de las vías
recurridas ha de buscarse en el sueño iluminista que no solo pretendía reducir lo político a lo
jurídico. El sistema procesal, y principalmente el régimen recursivo nos obliga a buscar, a
cualquier precio, la ilusión de una justicia perfecta, como si tan solo el último juzgamiento de la
última instancia fuese el guardián del secreto de una justicia divinamente perfecta... Mientras no
superemos esa concepción, recuperando la dimensión retórica del derecho como ciencia del
diálogo, “ciencia del convencer”, todo lo que se hiciere en materia de recursos, antes que
contribuir a la solución de la crisis, podría agravarla (A funçâo dos tribunais superiores, en STJ 10
anos. Obra comemorativa –1989-1999, Brasilia, 1999, pp. 154-155).
3
No pueden desconocerse los genuinos méritos de la doctrina de la arbitrariedad, notoriamente
consolidada, y que –como expresa MORELLO– no hizo otra cosa que darle vida al principio
preambular de afianzar la justicia, asignándole a la casación federal una función de carácter
dikelógico con el propósito de que ésta no solo ejerza el control de razonabilidad de las normas
generales, sino también la logicidad en la norma individual “sentencia” (El recurso
extraordinario, ob. cit., p. 680).
admisibilidad, resultó decisiva en el desborde inmanejable de los asuntos sometidos a su
decisión. Con la inevitable desatención de su misión institucional típica.
Aún a despecho de los frenos y condicionamientos que, infructuosa y
sucesivamente se fueron ensayando. En las tres últimas décadas se acudió primero a la
reinterpretación del requisito del superior tribunal de la causa cuya sentencia abre la
competencia de la Corte Federal 4; luego por vía legislativa la creación del denominado
“certiorari argentino”, que posibilita a la Corte, “según su sana discreción”, rechazar el
recurso extraordinario “por falta de agravio federal suficiente o cuando las cuestiones
planteadas resultaren insustanciales o carentes de trascendencia” (art. 280 CPCN, texto
ley 23.774 de 1990)5, que generara una riesgosa jurisdicción discrecional y el paralelo
“desfallecimiento” de la doctrina sobre arbitrariedad de sentencia 6. Por último, la
reciente doctrina que emplaza en instancia previa ineludible, como superior tribunal de
la causa, a la Cámara Nacional de Casación Penal 7; con el agravante que deja abierto
significativos interrogantes en punto a la capacidad de respuesta de la propia Casación
frente al nuevo desafío de abastecer su ahora mucho más dilatada competencia 8.
Todos ellos fueron inoperantes para frenar la avalancha de recursos y la
saturación del Tribunal llegó –especialmente desde el colapso económico de fines de
2001– a niveles insoportables que prácticamente se mantienen hasta la actualidad. Con
lo cual el gran interrogante hacia el fin del primer quinquenio del nuevo siglo sigue
siendo el mismo: ¿cómo liberar al máximo Tribunal del tan pesado lastre que arrastra y
posibilitar que, con una carga razonable y manejable, quede en condiciones de cumplir
más cabalmente su natural y decisiva misión político-institucional? Naturalmente, sin
menoscabar los límites de la razonabilidad de su competencia constitucional 9.

4
“J. L. Strada y otros”, Fallos, 308:490 (1986). Para el análisis de sus antecedentes y alcances:
MORELLO A. M., El recurso extraordinario, ob. cit., pp. 280-300; id., A casi veinte años de
“Strada”, El Der., supl. 23-6-2005. PALACIO L. E., El recurso extraordinario federal. Teoría y
técnica, 2ª ed. act., Abeledo-Perrot, Bs. As., 1997, pp. 99-116.
5
MORELLO A. M., El recurso extraordinario, ob. cit., pp. 583 y ss; id, Admisibilidad del recurso
extraordinario (el “certiorari” según la jurisprudencia), LEP, La Plata, 1997, passim. PALACIO L. E.,
ob. cit., pp. 26-30, 2008-212. Los datos estadísticos son naturalmente cambiantes, pero salieron
de madre a partir de la aguda crisis económico-social de fines de 2001. Para evitar distorsiones,
nos focalizamos en los guarismos correspondientes al año 2000; en ese período el número de
causas ingresadas en la C.S.fue de 6.802, de las cuales se fallaron 6.167; el 85 por ciento de las
mismas, aproximadamente, que tenían sustento en agravios canalizados por vía de la doctrina
de la arbitrariedad, en sus diversas variantes, fueron descartados por aplicación del certiorari,
con la sola mención del art. 280 CPN. Conf.: MORELLO A. M., constitución y proceso. La nueva
edad de las garantías, Abeledo-Perrot/LEP, Bs. As., 1998, pp. 138-141. La información actualizada
se puede ver en www.csjn.gov.ar. Para un análisis exhaustivo: ROJAS J. A., Enfoque sistémico de
la competencia de la CSN... en XXIII Congreso Nacional de Derecho Procesal. Libro de ponencias
generales y trabajos seleccionados, Mendoza, 2005, pp. 546 y ss..
6
MORELLO A. M., El recurso extraordinario, ob. cit., p. 674; id, Admisibilidad del recurso
extraordinario..., ob. cit., pp. 9-29; id, Constitución y proceso, ob. cit., pp. 350-359. Instrumento
exótico a los hábitos del foro, además de demostrarse insuficiente para descargar a la Corte del
cúmulo de trabajo que la ahoga, ha generado sospechas en cuanto a su discrecional utilización,
devaluando aún más la confianza de la gente en nuestro más Alto Tribunal (El recurso
extraordinario, ob. cit., p. 679).
7
CSN, 23-8-05, “Lucero C. A., s/ rec. de casación”, D. J., 21-12-05.
8
MORELLO A. M. y GONZALEZ CAMPAÑA G., La Cámara Nacional de Casación Penal como
Superior Tribunal de la causa a los fines del recurso extraordinario, nota a fallo cit..
9
La propia CS preservó los alcances de su competencia cuando declaró la inconstitucionalidad
del art. 19 de la denominada ley de solidaridad previsional n° 24.463, que le adjudicaba
irrazonablemente competencia para conocer en vía de recurso ordinario contra decisiones de
tribunales comunes de la materia (“Itzcovich M. c. ANSES, 29-3-05, La Ley, 2005-F, p. 356). La
atribución del Congreso para establecer las reglas y excepciones de la competencia apelada de
la CSN, debe pasar satisfactoriamente el test de razonabilidad: no debe ejercerse con el
propósito no declarado de bloquear el acceso rápido y sencillo de las personas a la justicia, ni
puede interferir con las funciones judiciales del tribunal (GELLI M. A., El caso Itzcovich..., La Ley,
2006, en prensa). Otra significativa restricción de los límites de la competencia de la CSN se
deriva de la reciente doctrina que limita el ámbito de su jurisdicción originaria (“Barreto A. D. y
otra”, 21-3-2006). Conf.: MORELLO A. M., La CSN y un doble blindaje, La Ley, 2006, en prensa.
II. En la búsqueda de otras soluciones
1. Tribunales intermedios.
La novedosa idea de creación de uno o más tribunales intermedios ha sido
impulsada por el maestro MORELLO10. Se propone desgajar del conocimiento de la Corte
Suprema los recursos que versan sobre toda la amplia materia pretoriamente cobijada
como sentencias arbitrarias e instituir, con competencia exclusiva para el tratamiento
de ellas, un Tribunal intermedio único para toda la Nación, con jerarquía inmediatamente
inferior a aquella y por encima de los tribunales superiores de Provincia y de las Cámaras
Federales y Nacionales de Apelación. Tendría “la última palabra” para dirimir
definitivamente dicho tipo de cuestiones; no ejercería funciones de casación de derecho
común, sino solo el control de razonabilidad de las sentencias que se denuncian viciadas
por arbitrariedad. Se le asignaría tan solo competencia negativa, por manera que
quedaría facultado a descalificar la sentencia mas no a resolver el fondo del litigio. Su
sentencia sería irrecurrible, salvo los casos del art. 14 de la ley 4811.
La propuesta del Tribunal intermedio único pretende superar las críticas que
acertadamente han merecido las “soluciones” hasta ahora predominantes 12. Tanto la
doctrina pretoriana de “Strada” como la reforma legal que introdujera el “certiorari”,
apuntaron básicamente a desagotar la competencia de la Corte para superar el ahogo
producido por el crecimiento sostenido de las impugnaciones que llegan a sus estrados.
La ley 23.774, por lo demás, intentó trazar una línea divisoria a fin de retener para el
tribunal tan solo la decisión de aquellas cuestiones institucionales trascendentes, en el
sentido de portadoras de un “grave interés institucional” o “gravedad institucional” 13,
que concentran lo que es su misión esencial 14. Empero una y otra se desentienden de la
suerte de los recursos, cuantitativamente harto superiores, que denuncian la
arbitrariedad de la sentencia. Precisamente para atacar este flanco tan débil, la
proposición del Tribunal intermedio como una propia casación constitucional, reaviva un
clásico debate sobre la constitucionalidad de este tipo de cuerpos, en el marco del
principio federalista adoptado por nuestra Carta Magna 15, cuestión que el proyecto

10
La idea nació hacia 1988 como casación regional, elaborándose proyectos primero para las
provincias del noroeste y patagónicas, y por último, como alternativa, el de un Tribunal
Intermedio único para todo el país (El recurso extraordinario, ob. cit., p. 669, nota 1). MORELLO
A. M. y ROSALES CUELLO R., La CS, el tribunal intermedio y los justiciables, La Ley, 1998-II, p.
894. Asimismo: KEMELMAJER DE CARLUCCI A. R., Un tribunal de casación para la R. A..., La Ley,
2001-D, p. 1230. ROSALES CUELLO R., Debido proceso, arbitrariedad y tribunal intermedio..., J.A.,
2003-IV, p. 1149.
11
El recurso extraordinario, ob. cit., pp. 677-688.
12
La idea de reducir legislativamente la competencia de la Corte para restringirla a la decisión de
ciertas cuestiones relevantes, o la creación de una sala Constitucional, son variables de dudosa
efectividad, analizadas en doctrina (SAGUES N. P., La congestión de causas en la CSN y en las CS
provinciales en XXIII Congreso..., ob. cit., pp. 456-457).
13
PALACIO L. E., ob. cit., pp. 265 y ss., 286-289.
14
Al mismo objetivo apunta en Brasil la reciente Enmienda Constitucional N° 45 de 2004, que
estableció en el recurso extraordinario, como carga del recurrente y requisito de admisión, la
demostración de la repercusión general de las cuestiones constitucionales discutidas en el caso,
autorizando su rechazo por la manifestación de dos tercios de sus miembros (art. 102, § 3,
Constitución Federal). Requisito similar existía con anterioridad cuando se exigía la argución de
relevancia. Como destaca ARRUDA ALVIM, la “repercusión general” presenta manifiestos puntos
de contacto con lo que en el derecho alemán constituye el recaudo de “significación
fundamental” y, en el derecho argentino, con la “gravedad institucional”. Se trata de una
exigencia que debe ser examinada como un anterius, preliminarmente, antes de entrar al
juzgamiento y, en su caso, sin influencia en el juicio sobre el mérito de la impugnación ( A EC N.
45 e o instituto da repercussâo geral en Reforma do Judiciario, coord.. T. Arruda Alvim Wambier y
ot., ed. Rev. do Tribunais, Sâo Paulo, 2005, pp. 63 y ss.). Asimismo MARCIO CAMPO H., A crise do
Supremo Tribunal Federal brasileiro e a proposta de um novo filtro para o recurso extraordinario:
repercussâo geral das questôes constitucionais, en Estudios Iberoamericanos de Derecho
Procesal. Libro homenaje a José Gabriel Sarmiento Núñez, C. J. Sarmiento Sosa compilador, Legis,
Caracas, 2005, 1ª ed., pp. 311 y ss.. BAPTISTA DA SILVA O. A., ob. cit., pp. 162 y ss..
15
DIAZ C. A., Instituciones de Derecho Procesal, Abeledo-Perrot, Bs. As., 1968, v. I, pp. 182-191.
intenta soslayar en tanto la competencia que le adjudica resulta propia de la justicia
federal, en cuanto referida exclusivamente al control de razonabilidad de la sentencias 16.
Quedan en pie, sin embargo, las prevenciones vinculadas con el real y efectivo carácter
de órgano último para resolver las cuestiones de arbitrariedad, en confrontación con los
criterios que eventualmente podría adoptar la Corte Suprema, como tribunal supremo,
para entrar a revisarlos17; como también las dificultades propias de la elección y
designación de los jueces, por el carácter federalista del nuevo Tribunal.
Ofrece menos flancos a la crítica, en cambio, la instalación de Tribunales
intermedios regionales que con el mismo propósito se crearían por acuerdos
interjurisdiccionales que expresamente prevé la Constitución Nacional (arts. 5, 124, 125).
En la región patagónica integrada por las seis provincias australes, se impulsa un
proyecto de creación de un Tribunal de Casación patagónico que cuenta con apoyo
doctrinario18 y amplio auspicio desde los sectores interesados.
2. El desahogo de las causas como objetivo del sistema de justicia.
El análisis de las distintas propuestas pone de resalto que todas ellas, sea el
emplazamiento de los órganos locales como Superior Tribunal de la causa para erigirlos
en “filtro” de las cuestiones federales –y, entre ellas, de la arbitrariedad de sentencia–,
ya el certiorari, sobretodo el negativo19, y aún la idea de los Tribunales intermedios,
apuntan aunque por distintos caminos, exclusivamente a resolver la asfixia del Alto
Tribunal que deriva de la sobreactuación producto del desborde cuantitativo de las
causas. Mientras el certiorari en aplicación desde 1990 solo persigue la reconducción del
ámbito de la competencia revisora de la Corte para, a través del alivio de su cometido,
rescatar su primigenia y genuina misión institucional –a imagen del itinerario seguido por
la Corte de los Estados Unidos–, aún a riesgo de declinar la atención de la masa tan
significante de las impugnaciones por arbitrariedad de las sentencias 20, en cambio la
doctrina pretoriana del caso “Strada” tanto como la idea de los Tribunales intermedios –
incluyendo la Cámara Nacional de Casación Penal–, de una u otra manera, se hacen
cargo de ese “rezago” tan significante, derivándolo sea a los tribunales superiores locales
ya a tribunales intermedios.
Sin embargo, todas estas “soluciones”, parécenos, apuntan más a los efectos del
fenómeno –la sobrecarga del Alto Tribunal 21–, que por otra parte es común a la inmensa
mayoría de los tribunales nacionales, locales y aún a los supranacionales, que a sus

16
Guarda similitud la evolución operada en el sistema brasileño, donde el Superior Tribunal de
Justicia fue creado en 1969 a partir de la desarticulación de las competencias antes ejercidas por
el Superior Tribunal Federal, transfiriéndose a aquel funciones de casación para la interpretación
uniforme del derecho federal común; Enmienda Constitucional n° 1/1969, art. 119, III (CAMARGO
MANCUSO R. de, Súmula vinculante e a EC N° 45/2004 en Reforma do Judiciario..., ob. cit., p.
704. Sobre el actual desborde del número exorbitante de las causas que llegan a ambos
tribunales: BAPTISTA DA SILVA O. A., ob. cit., pp. 145-146.
17
SAGUES N. P., Problemas de absorción de causas por el órgano supremo de control de
constitucionalidad, El Der., v. 177, p. 1004; id., La congestión de las causas..., ob. cit., p. 457.
RIVAS A., Reformas en las modalidades de intervención de la CS, en XIII Congreso,,,, pp. 470-
471.

18
MORELLO sostiene que implica una lógica y necesaria descentralización, como reafirmación de
la doctrina “Strada-Di Mascio” en el rescate de la competencia de los jueces provinciales y el
control de constitucionalidad federal en supuestos de arbitrariedad de sentencia. Asimismo:
KLASS R. J., La Corte de Casación Patagónica ¿una iniciativa posible?, La Ley, 2004-C, p. 1395.
MAIZTEGUI MARCO F., Afianzar la justicia en XXIII Congreso..., ob. cit., pp. 514 y ss.. SBDAR C. B.,
Competencia de la CSN en la misma ob., p. 556 y ss..
19
Sobre la teoría de la Corte “selectiva” y los obstáculos que impiden la adjudicación de criterios
discriminatorios dentro de su competencia: RIVAS A. A., Reformas en las modalidades de
intervención de la CS, en XIII Congreso,,,, ob. cit., pp. 464 y ss..
20
Por diversas causas –afirma Morello– el número de fallos arbitrarios obliga a su consideración,
porque de lo contrario resolvemos el problema de la Corte... pero dejamos en orfandad los otros
aspectos valiosos de la cuestión: no se satisface el deber de asegurar la defensa y el interés
tutelable del justiciable al quedar éste sin la debida solución (El recurso extraordinario, ob. cit., p.
675).
causas. Y ello conduce inevitablemente a trasladar el problema antes que a resolverlo.
Por razones diversas y complejas que aquí no cabe abordar, la sobrecarga no solo ahoga
a la Corte, también sufren la saturación los tribunales inferiores. La natural apertura de la
jurisdicción por el mayor acceso a la justicia fruto del mejor conocimiento de los
derechos de los ciudadanos, la valoración constitucional de ciertos derechos y garantías
preferenciados en la estimativa social, el fenómeno negativo de la exacerbación de la
ligitiosidad, entre diversos ingredientes y sin descartar otras razones con igual
incidencia, integran un cuadro de situación común cuyas líneas tendenciales dibujan
escenarios que, con tales características, cabe avizorar perdurarán y aún se acentuarán
en su proyección en los tiempos venideros.
En ese contexto, parece irrefutable que el descongestionamiento de las causas
debe erigirse en objetivo de todo el sistema de justicia, no solo como respuesta para el
agobio de los tribunales superiores. Las propuestas al uso son conocidas –estímulo de
medios alternativos de solución de conflictos, mejor preparación y concientización de los
operadores jurídicos, especialmente los abogados; perfeccionamiento de los recursos
humanos del Poder Judicial, capacitación, estímulos; el mejoramiento de la gestión de las
causas (case management) y un largo etcétera. Sintéticamente: si funciona de modo
adecuado la primera instancia, automáticamente se alivia la carga de los tribunales
superiores22.

III. Los procesos colectivos, repetitivos o “seriados” y los efectos de las


sentencias.
Existen todavía otros mecanismos procesales cuya operancia puede contribuir
eficientemente al objetivo central de evitar la multiplicidad de las causas. El propósito de
estas reflexiones es, precisamente, llamar la atención sobre ellos.
Interesa considerar en primer término dos tipos de conflictos que se relacionan
con la moderna litigiosidad de masas y que no han tenido respuestas adecuadas entre
nosotros: 1) los procesos colectivos y 2) los denominados procesos repetitivos o
“seriados”. En segundo lugar, se analizará los alcances vinculatorios de la cosa juzgada
en los procesos constitucionales y, especialmente, de la doctrina de los tribunales
superiores.

IV. La tutela de los derechos supraindividuales –colectivos y difusos– e


individuales homogéneos. Alcances de la cosa juzgada.
El reconocimiento y linaje constitucional de los nuevos derechos y garantías en el
texto de la reforma de la Constitución Nacional de 1994 –y en paralelo, las enmiendas a
las Cartas provinciales– que incluyen los denominados derechos de incidencia colectiva
(de consumidores y usuarios de bienes y servicios, medio ambiente) –arts. 41, 42– y su
tutela expedita y rápida a través del amparo –art. 43–, ha impulsado una litigación
singular, que puede avizorarse en crecimiento exponencial, que escapa a los clásicos
moldes procesales pensados para la tutela de los derechos subjetivos individuales.
Por otro lado, la habilitación constitucional explícita de la legitimación para la
defensa de aquellos derechos, que se acuerda con amplitud al afectado, al Defensor del
Pueblo y a las asociaciones que propendan a esos fines y estén registradas conforme a la
ley, ha posibilitado en la última década un incremento explosivo de las acciones
21
En realidad –afirma SAGÜES–, un enfoque correcto de la cuestión de la acumulación de
procesos en la Corte debería comenzar por definir qué tipos de procesos debe resolver, muchos o
pocos, y después adoptar la estructura adecuada (La congestión de las causas..., ob. cit., p. 452).
22
MORELLO A. M., Constitución y proceso..., ob. cit., p. 139. Más que restringir la competencia de
los tribunales superiores con mecanismos de selección de los recursos, que inevitablemente por
el camino de la “sana” discrecionalidad son propensos a desbarrancarse en la arbitrariedad,
debe repensarse el sistema recursivo de modo de recrear la devaluada jurisdicción de primer
grado (BAPTISTA DA SILVA O. A., ob. cit., pp. 162-163). No deja de ser sintomático que nuestros
legisladores pretendan reducir la morosidad de la justicia a través del perfeccionamiento del
sistema recursivo, sin jamás preocuparse con la causa verdadera del fenómeno que reside,
ciertamente, en el estilo de la función jurisdiccional, con el consiguiente menosprecio por la
jurisdicción de primer grado (p. 163). Desvío que ya denunciara CAPPELLETTI en 1968 ( Dictamen
iconoclástico sobre la reforma del proceso civil italiano en Proceso, ideologías, sociedad, trad. S.
Sentís Melendo y T. A. Banzhaf, Ejea, Bs. As., 1974, p. 278).
concedidas para su defensa. A despecho de las escasas previsiones legales –las
contenidas en la ley general del ambiente n° 25.675, de 2002, y en materia de
consumidores en algunas leyes provinciales “de implementación” de su tutela, como la
ley bonaerense 13.133, de 2004– ha sido una jurisprudencia atenta y a menudo
“activista”, aunque dispar, la que fijara en los trazos más gruesos los derroteros
procedimentales23. Haciendo pie en aquellos preceptos constitucionales –principalmente
a través del amparo colectivo 24– y en las normas contenidas en los tratados y
convenciones internacionales (arts. 8, 25 y conc., Pacto de San José de Costa Rica), se
fue encausando los conflictos colectivos.
Claro que ante tanta carencia normativa y la inseguridad jurídica que se genera,
deviene imperiosa la regulación de las cuestiones viscerales de la determinación de los
tipos procesales de cognición plena para el trámite de las distintas pretensiones, los
requisitos de las acciones colectivas y especialmente de aquellas destinadas a la defensa
de los derechos individuales homogéneos, el régimen de la litispendencia y el tan
singular de los alcances subjetivos de la cosa juzgada.
La concepción de los procesos colectivos para la tutela de los diversos derechos
supraindividuales e indivisibles –difusos y colectivos–, y aún los derechos individuales
homogéneos, “accidentalmente” colectivos 25, responde al imperativo del reconocimiento
de su dimensión social y político-institucional –piénsese en el resguardo de la ética
pública y en general, de las instituciones democráticas y republicanas– y a la necesidad
de hacer operativas las tutelas que promete la Constitución 26. Pero además, por
definición, atienden a la conveniencia de facilitar la labor judicial, descargando a los
órganos de la jurisdicción de una enorme masa conflictiva, que de otro modo –como
sigue ocurriendo actualmente– desembocan innecesariamente multiplicados y repetitivos
en sus estrados. La apertura del proceso colectivo y el juego especial de la litispendencia
sutura de hecho el ingreso al sistema de justicia de una infinidad de causas que, de lo
contrario, han de ser atendidas una por una, aunque provinieran de una causa común.
1. El objeto de los procesos colectivos en general, es la tutela de los derechos de
incidencia colectiva, definidos como aquellos que pertenecen divisibles o
indivisiblemente a una pluralidad de sujetos . Dentro de este concepto genérico se
27

23
RIVAS A. A., propugna la flexibilización y profundización pretoriana de los criterios de admisión
de las acciones colectivas, como uno de los caminos para desahogar la labor de todos los
tribunales (Reformas..., ob. cit., p. 474).
24
MORELLO A. M., La tutela de los intereses difusos, LEP, La Plata, 1999, pp. 51 y ss.. MORELLO A.
M. y VALLEFIN C. A., El amparo. Régimen procesal, LEP, La Plata, 2004, 5ª ed., pp. 265 y ss.. SAFI
L., El amparo como trámite para el conflicto colectivo en XXIII Congreso..., ob. cit., pp. 118 y ss..
25
BARBOSA MOREIRA J. C., Tutela jurisdiccional dos intereses colectivos ou difusos en Temas de
Direito Processual, Tercera serie, ed. Saraiva, Sâo Paulo, 1984, pp. 193 y ss..
26
Han transcurrido más de tres décadas desde que CAPPELLETTI sostenía que la caracterización
de tales derechos e intereses –propios de consumidores, usuarios y, en general, colectivos, de
categoría y grupos no organizados o difícilmente organizables–, a menudo demasiado
“fragmentados” y “difusos”, deja al descubierto la insuficiencia de las formas tradicionales de
procedimiento y tutela jurisdiccional y plantea el desafío de articular nuevas vías y tipos
procesales, tanto como reformular conceptos y principios clásicos. Una tutela efectiva, y no sólo
nominal, de tales derechos “de incidencia colectiva” requiere permitir y hasta estimular el
“acceso” de los representantes (públicos y privados) de aquellos grupos desorganizados, de
contornos imprecisos y a menudo imprecisables, admitiendo una suerte de legitimación especial
y ampliada para estar en juicio por la totalidad de la clase o categoría del interés difuso que
defienden. En paralelo, afirmaba, se requiere articular vías y procedimientos no menos
singulares, apropiados para la tutela diferenciada de los derechos en juego, en los que se
involucran las responsabilidades de las partes, los poderes y deberes de iniciativa y de control
del juez y los efectos mismos de las decisiones por el alcance particular de la cosa juzgada
(Fundamental guaranties of the parties in Civil Litigation..., Stanford Law Rev., 1973, pp. 651 y
ss.; id., Formazioni sociali e interessi di grupo davanti alla giustizia civile, Riv. Dir. Proc., 1975, pp.
361 y ss.; id., Acceso a la Justicia como programa de reformas y como método de pensamiento,
en Rev. Col. Abog. La Plata, 1981, n° 41, pp. 162-164).
27
GIANNINI L., Tipología de los derechos de incidencia colectiva en XXIII Congreso..., ob. cit., pp.
48 y ss.. Docentemente explica GIDI que una publicidad engañosa en que se ofrece un producto
induciendo a error a los consumidores puede generar además de una acción penal, el
planteamiento de acciones civiles colectivas, solicitando el cese de la publicidad y la
insertan los derechos difusos, colectivos e individuales homogéneos, en atención a
criterios de titularidad, divisibilidad y origen del derecho material. Mientras los derechos
difusos pertenecen a una comunidad formada de personas indeterminadas e
indeterminables, son supraindividuales e indivisibles 28; los derechos colectivos
corresponden a una colectividad (grupo, categoría, clase) formada de personas
indeterminadas pero determinables, son igualmente supraindividuales e indivisibles. Se
trata de derechos esencialmente colectivos 29.
2. Los derechos individuales homogéneos son un conjunto de derechos subjetivos
individuales marcados por la nota de la divisibilidad, del cual es titular una comunidad de
personas indeterminadas, pero determinables, cuyo origen está en alegaciones de
cuestiones comunes de hecho o de derecho. De ahí que esencialmente constituyen
derechos individuales, aunque “accidentalmente” colectivos (BARBOSA MOREIRA). No
existe un derecho individual homogéneo, sino derechos individuales homogéneamente
así considerados para facilitar la protección colectiva cuando tienen un origen en común.
Desde el punto de vista funcional, las peculiaridades inherentes a cada derecho
individual son irrelevantes jurídicamente por lo que la defensa colectiva y la consecuente
extensión in utilibus de la cosa juzgada, presenta innegables ventajas de ahorro de
esfuerzos, tiempos y costos. Siendo que la titularidad corresponde a una comunidad
compuesta por los damnificados por el evento, el objeto de la acción colectiva en
defensa de los derechos individuales homogéneos es la tutela del bien indivisiblemente
considerado. Los derechos individuales se ejercitan en las ulteriores fases de liquidación
y ejecución de la sentencia colectiva30.
El origen común de un conjunto de derechos individuales se configura cuando la
“causa de pedir” sea la misma o al menos similar, situaciones “jurídicamente iguales”
respecto de cada uno de los titulares de los derechos individuales 31. Una publicidad
engañosa, la emisión de gases tóxicos a la atmósfera o la alteración contractual ilegítima
(cargos indebidos), la contaminación de acuíferos, la lesión al patrimonio cultural o
artístico, suponen violaciones de derechos supraindividuales (difusos o colectivos) que
así siempre acarrean daños a la esfera individual que por su origen común pueden ser
considerados homogéneos.
Como hemos de ver más adelante (infra V, 4.2.2), la amplitud del concepto cobija
a los denominados conflictos “repetitivos”, que dan lugar a procesos “seriados”, una de
cuya características distintivas es la gran dispersión de los actores 32. Por caso, demandas

indemnización del daño causado a la comunidad (para ser revertida a un fondo de derechos
difusos). A su vez, la empresa competidora afectada puede presentar una acción individual para
obtener el cese y la reparación de los daños sufridos. De su lado, los consumidores
efectivamente engañados y que han sufrido perjuicios individuales derivados del mismo origen
común (la publicidad engañosa), podrían plantear otra acción colectiva requiriendo una
condenación genérica que determine abstractamente la responsabilidad del oferente por los
daños individuales causados (acción colectiva en defensa de los derechos individuales
homogéneos); y, también, acciones individuales de reparación enlazadas con la acción colectiva
y para la determinación de los daños sufridos individualmente (GIDI A., Derechos difusos,
colectivos e individuales homogéneos en GIDI A. y FERRER MAC-GREGOR E., La tutela de los
derechos difusos, colectivos e individuales homogéneos..., Porrúa, México, 2003, pp. 28-29.
28
GIDI A., ob. cit., pp. 32-35.
29
BARBOSA MOREIRA J. C., Tutela jurisdiccional dos intereses colectivos u difusos, ob. cit., pp.
195-196.
30
GIDI A., ob. cit., pp. 35-36. Se trata de una de las categorías más polémicas en el derecho
norteamericano, la class action for damages (p. 285). Precisamente, porque es en tales procesos
donde se plantea más fuertemente la cuestión vinculada a la representación de los ausentes y el
resguardo del debido proceso.
31
Así si una empresa vende un producto adulterado a diversas personas esparcidas por el país, la
homogeneidad de los derechos individuales proviene del “origen común”; aunque deriven de
diversos negocios jurídicos o de prestaciones de servicios, están en igualdad jurídica y su
tratamiento unitario es posible porque sus eventuales diferencias resultan indiferentes (GIDI A.,
ob. cit., pp. 36-37).
32
Se ha señalado con razón que el atascamiento de los tribunales proviene en buena medida de
la avalancha de recursos “patronizados”, abiertos contra decisiones igualmente repetitivas en
casos absolutamente análogos; y también a la resistencia al tratamiento procesal unificado de
de contribuyentes por la inconstitucionalidad de normas fiscales, de jubilados,
beneficiarios de obras sociales, etc..
3. Tratándose de derechos colectivos o difusos, de naturaleza indivisible, la cosa
juzgada produce eficacia erga omnes o ultra partes, desde que por la propia naturaleza
de las cosas –la indivisibilidad– el resultado del juzgamiento habrá de ser uniforme para
todos. La sentencia estimatoria favorece de igual manera a todos los integrantes del
grupo; la desestimatoria necesariamente perjudica a cada uno de ellos. La hipótesis es
similar a la que se verifica en el litisconsorcio unitario o necesario. Por excepción, la
sentencia desestimatoria por insuficiencia de pruebas no hace cosa juzgada (secundum
eventum litis) y podrá reproponerse la demanda33.
En cambio, en los derechos individuales homogéneos la sentencia estimatoria
contiene una condenación genérica, fijando la responsabilidad civil del demandado por
los daños causados a los miembros del grupo. Hará cosa juzgada erga omnes,
beneficiando a todos los titulares de los derechos individuales. Si la sentencia fuere
desestimatoria producirá igualmente cosa juzgada, de modo que la acción colectiva no
podrá volver a plantearse, pero cada uno de los miembros del grupo tiene derecho a
proponer su propia acción reparatoria individual34
4. En nuestro derecho, la solución prevista por el art. 33 segundo apartado de la
Ley General del Ambiente –“la sentencia hará cosa juzgada y tendrá efectos erga omnes,
a excepción de que la acción sea rechazada, aunque sea parcialmente, por cuestiones
probatorias” –, consagra un principio propio de todas las acciones colectivas 35,
extendiendo in utilibus los alcances subjetivos del pronunciamiento. Y evitando de ese
modo el dispendio inútil de la jurisdicción. Estas ventajas se amplificarían con provecho
si se regulase el proceso colectivo para la tutela de los derechos individuales
homogéneos.
En verdad, en Argentina está pendiente el dictado de un ordenamiento específico
que estatuya sobre los procesos colectivos en general. Se trata, sin duda, de
procedimientos complejos36 pero de gran rendimiento en términos de ahorro efectivo de
esfuerzos, tiempos y costos para la jurisdicción, a los que la doctrina contemporánea le
ha dedicado los mejores esfuerzos inspirando el Código Modelo de Procesos Colectivos
para Iberoamérica37. Un exhaustivo debate se suscitó entre nosotros en el reciente XXIII
las demandas colectivas, que permitiría no solo la reducción en el costo-duración del proceso
sino además prevenir los males de la llamada jurisprudencia “lotérica”, de “lotería” (DE
CAMARGO MANCUSO R., ob. cit., pp. 690-691). Uno de los factores que caracterizan como
individual homogéneo un interés meta-individual (y, por tanto, permite el trato procesal
colectivo) es, en la doctrina brasileña, el de la “extraordinaria dispersión de los sujetos” (p. 691).
33
HITTERS, formula una tercería conceptual siguiendo a COUTURE; sostiene que si la acción es
repelida estamos en presencia de la res judicata formal, que permite a los afectados impetrar su
alteración a través de la otra vía procesal, en un proceso diferente (Alcance de la cosa juzgada
en los procesos colectivos, en XXIII Congreso..., ob. cit., pp. 90-92, 101).
34
PELLEGRINI GRINOVER A., Eficacia y autoridad de la sentencia: el Código Modelo y la teoría de
Liebman en GIDI A. y FERRER MAC-GREGOR E., ob. cit., pp. 255-260. GIDI A., Cosa juzgada en
acciones colectivas en la misma obra, pp. 261 y ss., 284-287. De todos modos, se ha sostenido
que en realidad la extensión de la cosa juzgada a todos los damnificados no es sino reflejo de
una eficacia subjetivamente universal (DINAMARCO C. R., Liebman e a cultura processual
brasileira, Rev. Proc., n° 119, pp. 282-283).
35
HITTERS J. C., Alcance de la cosa juzgada en los procesos colectivos, ob. cit., pp. 74 y ss..
GOZAINI O. A., Conflictos comunes en los procesos colectivos... en la misma ob., pp. 64 y ss..
36
MORELLO A. M., El proceso civil moderno, LEP, La Plata, 2001, pp. 413 y ss..
37
El Código Modelo fue aprobado por el Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal en 2004 y
se publicó en Rev. Der. Proc., Rubinzal-Culzoni, Bs. As., 2005-1. pp. 477-501. Existe una amplia
bibliografía: THEODORO Jr. H., Acciones populares y acciones para la tutela de los derechos
colectivos, Rev. Iberoam. Der. Proc., Nº 2, 2002, pp. 85 y ss.. Asimismo: PELLEGRINI GRINOVER A.,
WATANABE K. y GIDI A., Anteproyecto de Código Modelo de Procesos Colectivos para
Iberoamérica, en la misma rev., pp. 165 y ss.. GIDI A. y FERRER MAC-GREGOR E., coordinadores,
La tutela de los derechos difusos, colectivos e individuales homogeneos. Hacia un Código Modelo
para Iberoamerica, ed. Porrua, México – Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, 2003,
passim. GIDI A. y FERRER MAC-GREGOR E., coordinadores, Procesos colectivos…, ed. Porrua,
México, 2003, passim. GIDI A., Las acciones colectivas y la tutela de los derechos difusos,
colectivos e individuales en Brasil..., passim.
Congreso Nacional de Derecho Procesal, Mendoza, 2005, recogido en la publicación
oficial XXIII Congreso Nacional de Derecho Procesal, citado.

V. Los efectos vinculantes de las sentencias emanadas de la Corte


Suprema Nacional.
Otro camino hasta ahora escasamente explorado es el que deriva de la
expansión de efectos de las sentencias de los superiores tribunales y, particularmente,
de los emanados de la Corte Suprema.
1. El principio de división de poderes o funciones estatales y la
“creatividad” judicial.
Ha transcurrido casi medio siglo desde que BIDART CAMPOS 38 sostuviera que la
extensión del efecto vinculatorio de las sentencias judiciales no vulnera en nuestro
sistema ningún principio constitucional, sino que por el contrario atiende al valor
seguridad y a la vigencia efectiva del derecho a la igualdad jurídica. Si se instaurara el
alcance obligatorio de las sentencias, sea las emanadas de la Corte Suprema, ya en uso
de las facultades de casación o fallos plenarios, no solo para los jueces sino también para
los particulares –afirmaba–, se lograría un avance jurídico de indudable progreso, sin
comprometer ninguno de los principios de la Constitución.
Sin embargo, la cuestión dista de ser pacífica en la doctrina constitucional. Se
trata en esencia de los alcances del principio de división de poderes –mejor, de
distribución de funciones estatales– y si está implícitamente comprendida entre las
atribuciones del Poder Judicial la posibilidad de conceder a sus propios pronunciamientos
alcances generales –efectos erga omnes– que vinculen a quienes no fueron parte del
proceso, para asegurar la virtualidad de la garantía de igualdad.
Una tendencia tradicional mantiene la profesión de fe en el carácter
excluyentemente legislativo de toda norma abstracta que se imponga con carácter
general. De ahí que le estaría vedado a los jueces, aún a los del Alto Tribunal, acordar a
sus decisiones efectos ajenos a la función típica que en el diseño de los poderes le
corresponde, reducida a la aplicación en concreto de la ley a los casos planteados.
Desde otra perspectiva, afírmase que la legislación se concibe como una función
que crea “derecho nuevo”, no siendo de su esencia ni la generalidad ni la
obligatoriedad39. El juez que dicta una sentencia que surte efectos generales y que se
erige en norma obligatoria para los demás jueces inferiores y aún para los particulares,
no ejerce actividad legislativa porque no elabora un derecho original. La sentencia es
típicamente norma jurídica que decide una situación particular, esencia que no pierde
aunque produzca efectos generales 40 al extender su vinculatoriedad a todos quienes por
encontrarse en idéntica situación jurídica son alcanzados, aunque no hayan sido partes
en el proceso, por los efectos diseminados de la cosa juzgada. La misión del juez no se

Asimismo, PELLEGRINI GRINOVER A., WATANABE K. Y GIDI A., Proposta de Código Modelo de
Processos Colectivos para Ibero-américa..., Rev. Iberoam. Der. Proc., 2003, n°3, pp. 165 y ss.;
MARINONI L. G., Acciones inhibitoria y de resarcimiento en forma específica en el “Anteproyecto
de Código Modelo...”, Rev. Iberoam. Der. Proc., 2004, n° 4, pp. 193 y ss.; Exposición de motivos.
Anteproyecto de Código Modelo..., Rev. Iberoam. Der. Proc., 2004, n° 5, pp. 19 y ss.; PELLEGRINI
GRINOVER A., Pareceres sobre as propostas de emendas presentadas ao Anteproyecto..., en la
misma rev., pp. 67 y ss.; CASTRO MENDEZ A. G. de, Relatorio General Processos Colectivos..., en
la misma rev., pp. 155 y ss.; BEJARANO GUZMÁN R., VIII Congreso Internacional... Relatorio
General. De los proveimientos jurisdiccionales..., Rev. Iberoam. Der. Proc., 2004, n° 6, pp. 51 y
ss.; SAID A., VIII Seminario... Los procesos colectivos. El anteproyecto..., en la misma Rev., pp. 99
y ss.; LANDONI SOSA A., XIV Jornadas Iberoamericanas. La acción colectiva para la tutela de los
intereses difusos..., en la misma Rev., pp. 123 y ss..
38
Relaciones de la jurisprudencia vinculatoria con la división de poderes y la igualdad jurídica, La
Ley, v. 98, pp. 750 y ss.. Asimismo, Problemas constitucionales y procesales de la jurisprudencia
divergente en Rev. Arg. Der. Proc., La Ley, 1968-1, pp. 7 y ss.; id., Igualdad ante la ley y
desigualdad en su aplicación, El Der., v. 78, p. 512; id., Manual de la Constitución reformada,
Ediar, Bs. As., 1997, pp. 414, 415 y ss..
39
Relaciones de la jurisprudencia vinculatoria..., ob. cit., p. 750 y ss..
40
YMAZ E., Límites subjetivos de la cosa juzgada, La Ley, Bs. As., v. 77, pp. 858 y ss..
transforma, no crea derecho, ni siquiera cuando su sentencia adquiere carácter general y
obligatoriedad erga omnes41.
El deslinde, siempre polémico, entre las funciones jurisdiccionales y legislativas 42
no puede prescindir, por lo demás, de considerar como dato de esencia –histórico y
sociológico– la cada vez más creciente influencia de la jurisprudencia en la sociedad de
nuestros días43, a impulso y fruto de una serie de factores, incluyendo: a) un mayor
“activismo” judicial en la interpretación del derecho, con su ínsito grado de
discrecionalidad y consecuente creatividad; b) la creciente “inflación” y “balcanización” y
consecuente desvalorización del marco normativo, producto de la “difuminación” de la
ley, cada vez más “lagunosa” y plagada de preceptos “abiertos”, flexibles, conceptos
indeterminados44; c) el propio inmovilismo del legislador, que a menudo traslada a los
jueces misiones más propias de aquel, para que asuman funciones de “suplencia
judiciaria”; d) el impulso de una demanda de justicia progresivamente amplificada y
cualitativamente más compleja que coloca a los jueces –no pueden ser “fugitivos de la
realidad”– en la obligación de atender, ante requerimientos siempre perentorios de
efectividad de las garantías. Al punto que –como expresa CAPPELLETTI 45– los jueces se
han convertido en partícipes principales de una nueva concepción de “gobierno
limitado”, particularmente a través de una interpretación legal más creativa y más
responsable política y moralmente. La sociedad espera de ellos que sean eficientes
custodios de la efectividad en concreto de los derechos de las personas, en un escenario
crecientemente “globalizado”.
Bien que en el fondo, el debate sobre los poderes del juez y específicamente los
alcances y límites del ejercicio del control de la constitucionalidad y legalidad de los
actos de los restantes poderes, aparte de los aspectos constitucionales, remite a
cuestiones tan profundas como la de su legitimación democrática y, por ende, del

41
BIDART CAMPOS G. J., Relaciones de la jurisprudencia vinculatoria..., ob. cit., p. 750. En la
colisión entre normas constitucionales e infraconstitucionales no existe sino una oposición
“objetiva”, lo cual no puede generar un conflicto “subjetivo” entre los poderes involucrados sino
una simple contradicción normativa que se supera con la interpretación, función ordinaria del
Poder Judicial que se ejerce en el marco de la prudencia y razonabilidad. Cuando la interpretación
proviene del órgano máximo instituido por la Constitución, su decisión no puede sino revestirse
de una fuerza expansiva acorde con la función de “intérprete final” propia de los órganos
supremos (MORELLO A. M. y QUEVEDO MENDOZA E., Efectos generales de determinadas
sentencias de la Corte Suprema, J.A., 2003-I, p. 1270).
42
DIAZ C. A., Instituciones de Derecho Procesal, t. II-A, pp. 6-7. PALACIO L. E., Derecho Procesal
Civil, ob. cit., v. I, pp. 334-335. En verdad, la distribución de funciones descongestiona la
voluntad gubernativa, superando la concepción racionalista extrema y manteniendo el principio
de la separación de poderes dentro de sus cauces reales. La evolución histórica en Argentina
ratifica que aún operante dicho principio, de todos modos y a partir de la admisión del control de
constitucionalidad de los actos de los demás poderes, la Corte ejerce poderes implícitos que
llevan a admitir, incluso, la facultad de emitir sentencias que, en cierto casos, estén revestidas
de vinculatoriedad erga omnes (BIDART CAMPOS G. J., Relaciones de la jurisprudencia
vinculatoria..., ob. cit., pp. 750-751).
43
CAPPELLETTI M., Giudici legislatori?, Milano, Giuffré ed., 1984, passim. Más recientemente:
PICARDI N., La vocazione del nostro tempo per la giuridizione en Studi di Diritto Processuale in
onore di Giuseppe Tarzia, Milano, A. Giuffrè ed., 2005, v. I, pp. 183-186.
44
PICARDI N., I mutamenti del ruolo del giudice nei nostri tempi, en Derecho Procesal en vísperas
del siglo XXI. Temas actuales en memoria de los Profs. I. Eisner y J. A. Salgado, coord. R. Arazi,
Ediar, Bs. As., 1997, pp.398-401. La “inestabilidad” de la ley no es sino una consecuencia de las
aceleradas mutaciones colectivas, lo que no constituye en sí mismo un suceso negativo como
suele afirmarse desde posiciones conservadoras, que descreen del parlamentarismo. MORELLO
A. M., Recientes tendencias… en El juez y la magistratura…, ob. cit. pp. 63 y ss..
45
CAPPELLETTI M., discurso de clausura del VIII Congreso Internacional de Derecho Procesal,
Utrecht, 1987, en Justice and Efficiency. General Reports and Discussions, ed. Wedekind-Kluwer,
Deventer-Amberes-Boston, 1989; asimismo, Algunas reflexiones sobre el rol de los estudios
procesales en la actualidad, en Rev. Jur. Jus, La Plata, n° 39, pp.3 y ss..
derecho jurisprudencial, y la “cuota de poder” que le corresponde al judiciario 46 en
correlato con la responsabilidad de los jueces47.
Ha de convenirse, sentado la creatividad consustancial a la tarea hermenéutica
del juez, que no existe sino una diferencia de grado y no de esencia, entre la creatividad
legislativa y la judicial; aún cuando los jueces no crean ex novo el derecho48. Por otro
lado, admitida la distinción entre ley en sentido formal y ley en sentido material,
comprensiva ésta última, entre otras especies, de los reglamentos generales, parece
evidente que no son la generalidad ni la obligatoriedad caracteres de esencia propios y
exclusivos del quehacer legislativo. El reglamento general, función típica del ejecutivo,
goza también de esos caracteres y no menoscaba la división de poderes. Lo mismo cabe
afirmar respecto del efecto vinculante erga omnes de las sentencias de la Corte en
ciertos casos49.
2. Antecedentes y tendencias en el derecho comparado iberoamericano.
Es conocida la diferencia fundamental que separa los sistemas del common law
anglosajón y del derecho continental europeo –al cual se adscriben los iberoamericanos,
en general–. Al margen de las recientes aproximaciones entre unos y otros, queda en pie
la premisa que en estos últimos el valor de la sentencia no reside tanto en la autoridad
del tribunal del que procede, aunque éste sea el de mayor jerarquía, sino que su fuerza
deriva ante todo de los argumentos o razones en que se funda; como que
ortodoxamente no existe el concepto de “precedente o jurisprudencia vinculante” 50,
siendo la ley la principal fuente formal del derecho.
Sin embargo, en Iberoamérica varios países adoptaron sistemas mixtos en los
que el control de constitucionalidad aunque difuso se asienta prevalentemente en los TS
nacionales o federales, erigidos en guardianes supremos de la Constitución 51, con
poderes implícitos desenvueltos en sus propias doctrinas y por operancia de los cuales se
verifica un creciente ensanchamiento de sus potestades, que se desplazan hacia los
límites mismos de la obligatoriedad rationi imperio de sus pronunciamientos en materia
constitucional, con virtualidad no solo vertical sino también horizontal.

46
CAPPELLETTI M., Giudice legislatori?, ob. cit., especialmente pp. 82-96. Si corresponde a la CSN
el rol de “intérprete final” de la Constitución, no parece excesivo reconocer fuerza expansiva a
sus prounciamientos sobre materia constitucional, para vincular la cosa juzgada a todos los
sujetos que resultan alcanzados por el precepto que es declarado inconstitucional. Lo que, en
definitiva, contribuye a reforzar la seguridad jurídica y restablecer la confianza en el papel que
corresponde desempeñar a la CSN (MORELLO A. M. y QUEVEDO MENDOZA E., ob. cit., 1271-
1272).

CAPPELLETTI M., La responsabilidad de los jueces, Jus, La Plata, 1988, trad. S. Amaral, passim.
47

GIULIANI A. y PICARDI N., La responsabilità del giudice, Giuffré ed., Milano, 1995, passim.
48
CAPPELLETTI M., Giudici legislatori?, ob. cit., especialmente pp. 72 y ss.. LIEBMAN E. T., A forza
criativa da jurisprudença e os límites impostos pelo texto de la ley, Rev. de Processo, Sâo Paulo,
n° 43, p. 59.
49
BIDART CAMPOS G. J., Relaciones de la jurisprudencia vinculatoria..., ob. cit., p. 752. La
dictadura no vendrá del Poder Judicial porque sus sentencias sean obligatorias con alcance
general, sino de los desbordes del Poder Ejecutivo (ob. y pag. cit.).
50
VAZQUEZ SOTELO J. L., El rol actual de la jurisprudencia y los métodos de uniformación.
Relación general por Europa, en VII Seminario Internazionale su: Sistema giuridico
latinoamericano e processo. Uniformazione del diritto, Roma, 2004. OTEIZA E. D., El rol actual...
Relato general por América Latina, en VII Seminario Internazionale..., cit.. OVALLE FAVELA J.,
Tradiciones jurídicas y proceso civil: sentencia, precedente y jurisprudencia, en Derecho Privado,
J. Adame Godar coord.., UNAM, México, 2005,pp. 445 y ss.. Sobre el problema político en la
alternativa entre casación y revisión: TARUFFO M., El vértice ambiguo. Ensayos sobre casación
civil, Palestra ed., Lima, 2005, trad. Monroy Palacios J. J. y Monroy Gálvez J., pp. 49-54.
51
La incorporación de las Cortes Constitucionales y la aceptación de la competencia de los ST
para juzgar casos constitucionales es un intento de reversión de una tendencia negativa, por
falta de una tradición de respeto hacia la función de los jueces en América Latina; y significa
develar el verdadero sentido del juego de poderes establecido en las Constituciones (OTEIZA E.
D., El rol actual..., cit.).
A. En Brasil, los tribunales superiores –el Supremo Tribunal Federal (STF) y el
Superior Tribunal de Justicia (STJ)– padecen también el gravísimo problema de la
sobrecarga52. Las soluciones se fueron tentando primero a través de reformas orgánicas
y la distribución de competencias entre los tribunales superiores 53 y luego mediante
mecanismos específicos, la “argución de relevancia” y su reciente versión a través del
instituto de la “repercusión general” como requisito para la apertura de la competencia
de los tribunales superiores54 y las denominadas “súmulas” vinculantes55 –paradigmático
en un sistema de raíz continental europeo–.
El STF instituyó la súmula de la jurisprudencia predominante por enmienda de
1963 a su régimen interno, con la finalidad de compendiar y publicar las tesis jurídicas
56

y acordarles efectos vinculantes respecto de los tribunales inferiores. Por otro lado, “la
citación de la súmula”, por el número correspondiente, dispensa ante el Tribunal la
referencia a otros pronunciamientos; el ministro relator puede archivar o rechazar la
petición o recurso, cuando contraría la jurisprudencia predominante del Tribunal
consagrada en la súmula (ley 8038, de 1990).
La jurisprudencia constante en la súmula no se torna, por eso, inmutable. Se
prevé su revisión, por iniciativa de cualquier ministro. El STF ha abandonado numerosas
veces sus propias tesis incluídas en la súmula. Por otro lado, las súmulas no tienen
obligatoriedad asimilable a la ley57. Además, el CPC extendió la súmula a los demás
tribunales del país (art. 479)58.
La reciente enmienda constitucional N° 45/2004, insertó el art. 103-A de la
Constitución Federal (CF) disponiendo que el STF podrá, de oficio o por provocación,
después de reiteradas decisiones sobre materia constitucional, aprobar súmula por el
voto de los dos tercios de sus integrantes que, a partir de su publicación oficial, tendrá
efecto vinculante en relación a los demás órganos del Poder Judicial y a la administración
pública directa e indirecta, en las esferas federal, estadual y municipal 59, como también
proceder a su revisión o cancelación, en la forma establecida en la ley. §1°. La súmula
tendrá por objetivo la validez, la interpretación y la eficacia de normas determinadas,
acerca de las cuales haya controversia actual entre órganos judiciales o entre ellos y la
administración pública, que acarrée grave inseguridad jurídica y relevante multiplicación
de procesos sobre cuestión idéntica 60. §2°. Sin perjuicio de lo que establezca la ley, la
52
Destaca O. A. BAPTISTA DA SILVA que los recursos ingresados a la Suprema Corte crecieron
1.856% entre 1940 y 1997. Solo en 1998 se recibieron 47.319, cuando el STF funcionaba ya
como corte constitucional, y el STJ asumía las funciones casatorias (A funçâo dos tribunales
superiores, ob. cit., pp. 156).
53
BARBOSA MOREIRA J. C., Cometários ao código de Processo Civil, 12ª edic., R. de Janeiro 2005,
v. V, pp. 31-35.
54
ARRUDA ALVIM, A EC N. 45..., ob. cit., pp. 63 y ss.. BAPTISTA DA SILVA O. A, ob. cit., pp. 145 y
ss.. GARCIA MEDINA J. M. y otros, ob. cit., pp. 373 y ss..
55
GUSMÂO CARNEIRO A., A funçâo da jurisprudencia e os metodos de uniformaçâo..., Rev.
Iberoam. Der. Proc., n° 7, 2005, pp. 137 y ss.. BARBOSA MOREIRA J. C., ob. cit., pp. 4, 26-28.
ARRUDA ALVIM, ob. cit., pp. 63 y ss., BAPTISTA DA SILVA O., ob. cit., pp. 158 y ss., donde critica el
sistema de la vinculatoriedad. GARCIA MEDINA J. M. y otros, ob. cit., pp. 373 y ss.. CAMARGO
MANCUSO R. de, ob. cit., pp. 685 y ss..
56
Inicialmente el STF aprobó 370 enunciados instituidos por la Enmienda de 1963; fue
gradualmente aumentando hasta alcanzar a 621 en 1984, recién en 2003 se reinició, habiendo
sido emitidas hasta la n° 736, en sesión del 26-11-03. Por otro lado, el derecho “sumular” ya está
recepcionado en la propia administración (CAMARGO MANCUSO R. de, ob.cit., p. 690-692).
57
BARBOSA MOREIRA J. C., ob. cit., pp. 26-27. BAPTISTA DA SILVA O., ob. cit., pp. 160-163.

Sobre los antecedentes de la sumula en el derecho portugués y después en el derecho patrio:


58

BAPTISTA DA SILVA O., ob. cit., p. 158, 161. CAMARGO MANCUSO R. de, ob.cit., pp. 687-688.
59
En cambio, no vincula al Poder Legislativo que puede sancionar una ley contraria a la súmula
(GARCIA MEDINA J. M. y otros, ob. cit., p. 378).
60
Son las causas repetitivas donde la litis jurídica es siempre la misma, aunque las partes son
distintas y los procesos se multiplican (ob. cit., pp. 385-386).
aprobación, revisión o cancelación de súmula podrá ser provocada por aquellos que
pueden proponer la acción directa de inconstitucionalidad 61. §3°. Del acto administrativo
o decisión judicial que contraríe la súmula aplicable o que la aplicare indebidamente,
cabrá reclamación al STF 62 que, juzgándola procedente, anulará el acto administrativo o
casará la decisión judicial reclamada, y determinará que otra sea dictada con o sin
aplicación de súmula, conforme al caso. Las súmulas ya existentes del STF solamente
producirán efecto vinculante después de su confirmación por dos tercios de sus
integrantes.
La súmula instituida para el STF produce efectos vinculantes erga omnes y –
como destaca ARRUDA ALVIM63– tiende a minimizar la carga de trabajo no solo del STF,
sino también de otros órganos judiciales, de la administración pública, y aliviará la
sobrecarga de la justicia en general. En cuanto a STF, la súmula, aunada al requisito de
la “repercusión general” que minimiza cuantitativamente el acceso al tribunal, se espera
contribuirá para establecer condiciones objetivas propicias a fin de que el STF pueda
asumir su misión esencial de producir decisiones paradigmáticas sobre las cuestiones
fundamentales. Por lo demás, el sistema desempeña un papel relevante para preservar
la seguridad y previsibilidad jurídica salvaguardando el principio de isonomía, que
presupone la igualdad de todos no solo frente a la ley sino, además, ante la justicia, de
modo que no se decida diferentemente los casos idénticos. A ello propenden los
mecanismos de uniformización de la jurisprudencia, las acciones colectivas y el sistema
de súmulas vinculantes64.
B. Otro antecedente significativo existe en México donde la ley de amparo
impone a la Suprema Corte, en pleno o a sus salas, la resolución de contradicciones
entre las tesis sustentadas por los tribunales colegiados en los juicios de amparo,
aprobar el texto y numerar de manera progresiva las tesis jurisprudenciales 65. Como ha
señalado FIX ZAMUDIO66, todas las reformas constitucionales y legales desde 1988
tuvieron como objetivo combatir el rezago que afectaba a la SCJ, transfiriendo de manera
paulatina a los tribunales colegiados de circuito la atención de un número creciente de
amparos, siguiendo criterios sociales, económicos, así como de interés público,
reservando al alto tribunal la atención de aquellos de mayor significación institucional.
Con las reformas constitucionales de 1995 y 1996, la SC recuperó su carácter de
intérprete final de las disposiciones constitucionales, convirtiéndose en un tribunal
especializado de naturaleza constitucional 67. Actualmente, un nuevo proyecto de
reformas constitucionales y de la ley de amparo trae una innovación de la mayor
trascendencia, cual es la relativa a la declaración general de inconstitucionalidad y de
interpretación conforme, que implanta la declaración general de inconstitucionalidad en
el juicio de amparo contra normas generales 68. Como se ve, la tendencia es también en
61
De acuerdo al art. 103 CF pueden interponer la acción directa de inconstitucionalidad el
Presidente de la República, las mesas del Senado, de la Cámara de Diputados y de la Asamblea
Legislativa, el Gobernador del Estado o del D.F., el Procurador General, el Consejo Federal de la
Orden de los Abogados de Brasil, los partidos políticos con representación parlamentaria y las
confederaciones sindicales o entidades de clase nacionales. Se ha criticado que no se encuentren
legitimadas las propias partes (GARCIA MEDINA J. M. y otros, ob. cit., p. 385), aunque no está
excluido que la ley las legitime.

Se discute la naturaleza jurídica de la reclamación. Para GARCIA MEDINA J. M. y otros, se trata


62

de una acción en la que será parte el Ministerio Público (ob. cit., p. 387).
63
Ob. cit., pp. 65-67. La fuerza vinculante de las decisiones del STF no puede cuestionarse por la
propia naturaleza de su función (GARCIA MEDINA J. M. y ot., ob. cit., p. 380 y nota 13).
64
GARCIA MEDINA J. M. y otros, ob. cit., p. 379-384.

OVALLE FAVELA J., Tradiciones jurídicas y proceso civil..., ob. cit., pp. 454-458, donde relata sus
65

antecedentes a partir de la ley de amparo de 1882.

Estudio de la defensa de la Constitución en el ordenamiento mexicano, ed. Porrúa-UNAM,


66

México, 2005, pp. 274 y ss..


67
FERRER MAC-GREGOR E., Ensayos sobre Derecho Procesal Constitucional, ed. Porrúa, México,
pp. 48 y ss..
68
FIX ZAMUDIO H., ob. cit., pp. 289-292.
México a expander los efectos subjetivos de la cosa juzgada derivada de las sentencias
de los Superiores Tribunales sobre materia constitucional.
C. Igualmente, en Colombia, a partir del texto constitucional de 1991 la Corte
Constitucional ha dado un giro hacia el establecimiento de la doctrina de precedentes69,
que progresivamente se va expandiendo, en especial a partir de 1995, al asumir la Corte
atribuciones para fijar la doctrina constitucional como regla de obligatoria observancia
por parte de los jueces inferiores, cuando está en juego la interpretación del contenido y
alcance de los derechos fundamentales. Las sentencias de constitucionalidad producen
efectos erga omnes y vinculan frente a casos futuros70.
D. En conclusión, puede advertirse la existencia de una clara tendencia en la
legislación de diversos países iberoamericanos que están regidos por sistemas mixtos,
con raíces dentro de la familia del civil law continental europeo71, en el sentido de
acentuar el rol político institucional de los TS, entre otros mecanismos a través del
reconocimiento de efectos vinculatorios a sus decisiones en relación a terceros, cuando
se resuelven cuestiones constitucionales en general y bajo ciertas condiciones formales
que se establecen en la Constitución o la ley.
3. Vinculatoriedad vertical de los fallos de la CSN.
Desde que la interpretación jurisprudencial que la Corte hace de la Ley
Fundamental integra el derecho federal con el mismo rango que la propia Constitución 72,
los tribunales federales inferiores y también los provinciales deben ajustar sus decisiones
sobre puntos regidos por la Carta Magna a los pronunciamientos de aquella, sin que se
menoscabe la estructura federal ni la propia independencia de los magistrados. Cuestión
que ha sido pacífica en la doctrina del Alto Tribunal 73, aún durante la vigencia de
preceptos legales que establecieron que sus fallos eran “de obligatorio seguimiento” por
los jueces inferiores en causas análogas –ley 24.463, art. 19 74–. Sin embargo, siempre
dejó a salvo la posibilidad de apartamiento en ciertas condiciones 75; de ahí que el aludido
69
PARRA QUIJANO J., El rol actual de la jurisprudencia y los métodos de uniformación, informe
colombiano al VII Seminario Internazionale..., Roma, 20-22 mayo, 2004, cit..
70
Ob. cit..
71
Viene al caso referir la fallida propuesta de reformas del Tribunal Supremo Español en atención
a sus funciones constitucionales, aprobada en su sesión del 23 de mayo de 2000, que
propugnaba el “valor vinculante” de la jurisprudencia de dicho tribunal. Sobre le debate
suscitado y, en general, las opiniones contrarias: VAZQUEZ SOTELO J. L., El rol actual de la
jurisprudencia..., ob. cit..
72
BIDART CAMPOS G. J., Problemas constitucionales..., ob. cit.,pp. 11-12.
73
Se ha señalado reiteradamente el deber que tienen las instancias ordinarias de conformar sus
decisiones a las sentencias de la Corte dictadas en casos similares (Fallos: 307:1094; 312:2007;
316:221; 318:206; 319:699; 321:2294), que se sustenta tanto en su carácter de intérprete
supremo de la Constitución Nacional y de las leyes dictadas en su consecuencia, como en
razones de celeridad y economía procesal que hacen conveniente evitar todo dispendio de
actividad jurisdiccional (arg. Fallos: 25:36; 212:51 y 160; 256:20; 303:1769; 311:1644 y 2004;
318:2103; 320:166; 321:3201 y sus citas).
74
Causa L 202 XXXIV, “Luaces Lago Antonio c. ANSES”, 16-3-99. El art. 19 de la ley 24.463,
denominada de “solidaridad previsional”, estableció la competencia de la CSN para conocer por
vía de recurso ordinario de las impugnaciones contra sentencias definitivas de la Cámara Federal
de la Seguridad Social, agregando que los fallos de la CSN “serán de obligatorio seguimiento por
los jueces inferiores en causas análogas”. Lo que se complementa con el art. 20 que habilita el
Alto Tribunal para rechazar in limine el recurso interpuesto, sin otra fundamentación, en los
supuestos en que se pretenda desconocer lo decidido en casos análogos por la Corte Suprema.
Después de su declaración de inconstitucionalidad, el art. 19 fue derogado por la ley 26.025, de
2005.
75
Esa doctrina no ha importado privar a los magistrados de la facultad de apreciar con criterio
propio las resoluciones del Tribunal y apartarse de ellas cuando mediaban motivos valederos
para hacerlo, siempre que tal apartamiento hubiera sido debidamente fundado en razones
novedosas y variadas (Fallos: 262:101; 302:748; 304:898 y 1459; 307:2124; 312:2007;
321:3201, entre otros). Es atribución de los jueces ordinarios de la causa ponderar los hechos,
establecer el derecho aplicable y –en su caso– subsumir la solución del debate al precedente
dictado en cuestiones similares. La libertad de juicio de los magistrados en el ejercicio de sus
funciones es tan incuestionable como la autoridad definitiva que tiene la interpretación de la
precepto no es inconstitucional, pues no obsta al recto ejercicio de la libertad de juicio
que es, en principio, propia de los jueces76.
En definitiva, y más allá de ciertos vaivenes en la doctrina de la CSN 77, se admite
con esos alcances la obligatoriedad vertical de los pronunciamientos del más Alto
Tribunal, lo que ha llevado a aseverar que el apartamiento de sus fallos por parte de los
tribunales inferiores tiene efectos similares al que produce en los países del common law
y que la CSN aplica de hecho y por vía de sus poderes implícitos, el principio stare
decisis78.
4. Los alcances generales erga omnes de la cosa juzgada. La
vinculatoriedad horizontal
De todos modos, la Corte solo decide en los procesos concretos que le son
sometidos, y su fallo no resulta por regla obligatorio para casos análogos. La
vinculatoriedad vertical de su doctrina, con constituir un elemento significativo para la
uniformación jurisprudencial y la seguridad jurídica, es insuficiente para asegurar el
principio constitucional de igualdad. La clásica igualdad ante la ley se ha transformado
en igualación ante la justicia. No es bastante la igualdad de todos ante la ley, es
imprescindible que, además, ese principio se respete en los actos de la administración –
reglamentos normativos generales– y en la aplicación concreta a través del proceso y la
sentencia. De ahí que esa preciosa garantía se quiebra no solo por la distinta
interpretación que de un mismo texto y en igualdad de circunstancias puedan realizar
tribunales diversos79, sino también y principalmente, si las decisiones judiciales sobre los
derechos tutelados por la Constitución se aplican a unos y no a otros, en igualdad de
condiciones, por virtud de los límites subjetivos de la cosa juzgada inter partes.
Anticipamos nuestra tesis: a) las sentencias de los jueces inferiores o comunes
producen efectos erga omnes cuando recaen sobre derechos colectivos o difusos (supra
IV); b) las sentencias emanadas de la CSN en ejercicio del control de constitucionalidad y
de sus poderes implícitos, pueden extender subjetivamente sus efectos erga omnes para
vincular a los terceros que, aunque no hubieren intervenido como partes formales en el
proceso, se encuentran alcanzados por la virtualidad de la cosa juzgada, sea por tratarse
de derechos colectivos o difusos (indivisibilidad de la causa y, por ende, indivisibilidad de
los efectos de la sentencia), o ya si están en juego derechos individuales homogéneos,
incluyendo los que derivan en procesos repetitivos.
4.1. Efectos de las sentencias de los jueces y tribunales inferiores.

Constitución Nacional por parte de la Corte Suprema, cuyo leal acatamiento es indispensable
para la tranquilidad pública, la paz social y la estabilidad de las instituciones (Fallos: 212:51, 160
y 251; 321:2114).

CSN, 21-3-2000, La Ley, 2000-C, p. 316, con nota de W. F. Carnota, Los parámetros de la debida
76

obediencia judicial.

SAGUES N. P., Recurso extraordinario, Depalma, Bs. As., 1984, v. I, pp. 170-177; 4ª ed. Astrea,
77

Bs. As. 2002, v. I, pp. 185 y ss..


78
BIANCHI A., Control de constitucionalidad, Abaco, Bs. As., 2001, 2ª ed., v. I, p. 353, 362-369. La
división en este aspecto entre los dos sistemas o tradiciones jurídicas –common law y civil law–
hoy es más aparente que real, y hasta podría considerarse desactualizada (pp. 363-365). El
control difuso de constitucionalidad iguala a los sistemas jurídicos del common law y del derecho
legislado, pues existe una Constitución suprema y una corte que es su intérprete final (SOLA J. V.,
Control de constitucionalidad, Abeledo-Perrot, Bs. As., 2001, p. 213.
79
Como criterio general, la CSN ha sostenido reiteradamente que la garantía constitucional de la
igualdad no queda comprometida por la desigualdad de hecho que surge de la aplicación de la
ley (La Ley, t. 22, p. 613; t. 81, p. 261; entre otros). Precisamente con sustento en tal doctrina,
GARAY A. F. afirma que los problemas atinentes a la jurisprudencia contradictoria no guardan
estrecha vinculación con la garantía de igualdad ante la ley (La igualdad ante la ley, ob. cit., pp.
93 y ss..). Sin embargo, ha admitido el Tribunal tratándose de la tutela de derechos preferentes
en la valoración constitucional, que las desigualdades surgidas como consecuencia de la
aplicación de una ley previsional, no pueden resolverse sino tendiendo a alcanzar mayores
niveles de bienestar (Fallos, 304:1340). Criterio igualador aplicable también en cuestiones
procesales, desde que las deficiencias de esta índole no pueden jugar en contra de derecho
previsional del beneficiario (doct. de Fallos, 315:1314).
Las sentencias de los jueces y tribunales inferiores o comunes, como regla, solo
producen efectos inter partes, salvo las que recaen en acciones colectivas para la tutela
de los derechos colectivos o difusos en las que al adquirir firmeza, por su propia
naturaleza, se expande subjetivamente erga omnes la virtualidad de la cosa juzgada, por
las razones ya explicitadas. En cambio, semejante efecto resulta ajeno a los
pronunciamientos dictados en acciones sobre derechos individuales homogéneos, a falta
de una regulación legislativa que lo consagre y porque los jueces y tribunales inferiores
no participan de los atributos y poderes implícitos de la Corte Suprema.
4.2. Efectos erga omnes de las sentencias de la CSN.
Si bien la vinculatoriedad es propia y de esencia de las sentencias emanadas de
los tribunales constitucionales al estilo europeo 80, no cabe descartar ab initio en los
sistemas adscriptos al modelo de control de constitucionalidad de origen
norteamericano, el efecto similar que se le reconoce a los pronunciamientos de los TS
europeos, al menos en ciertos y acotados supuestos.
Por su naturaleza, la jerarquía del órgano del cual emanan, su condición de
intérprete supremo de la Constitución Nacional y las finalidades del control de
constitucionalidad que le compete, las sentencias de la CSN producen efectos de
acatamiento vertical –sometimiento y uniformación de la jurisprudencia– y, también, en
determinados casos, de acatamiento y expansión generalizada, efectos erga omnes.
Son las mismas razones que sustentan la extensión vertical –intérprete
supremo, seguridad jurídica, igualdad ante la ley o jurídica, celeridad y economía
procesal–, las que mutatis mutandi brindan soporte genérico a la extensión subjetiva u
horizontal de la cosa juzgada emanada de sus decisiones.
4.2.1. Derechos o intereses colectivos o difusos.
Cuando el pronunciamiento de la Corte recae sobre acciones colectivas, el caso o
causa judicial concreta cuya existencia constituye en nuestro ordenamiento condición
esencial para habilitar el ejercicio de la jurisdicción 81, está constituido precisamente por
los derechos colectivos o difusos cuya tutela se persigue. Son verdaderos “intereses
titularizados”82 que se caracterizan por su supraindividualidad y naturaleza típica
indivisible (supra IV, 1). Presentados y admitidos cualesquiera de los legitimados que la
propia Constitución Nacional habilita (art. 43), y sustanciado en forma el proceso, la
sentencia de la Corte que resuelve cuestiones constitucionales –y también, la emanada y
firme de jueces inferiores o comunes– produce al pasar en cosa juzgada, como regla,
efectos erga omnes83, alcanzando a todos los terceros que se encuentran en la misma
situación jurídica indivisible invocada por quien o quienes promovieron la acción
colectiva.

80
HERNÁNDEZ VALLE R., La vinculatoriedad de las resoluciones de la Sala Constitucional, en Rev.
Iberoam. Der. Proc. Const., Porrúa, México, 2004, n° 1, pp. 45 y ss.. NOGUEIRA ALCALA H.,
Consideraciones sobre las sentencias de los tribunales constitucionales y sus efectos en América
del Sur en Rev. Iberoam. Der. Proc. Const., cit., n°2, pp. 71 y ss..
81
PALACIO L. E., El recurso extraordinario federal, ob. cit., pp. 30-33. Desde antiguo ha sostenido
el Alto Tribunal que el Poder Judicial de la Nación conferido a la CSN y a los tribunales nacionales
por los arts. 94, 100 y 101 CN se define, de acuerdo con invariable interpretación –que el
Congreso argentino y la jurisprudencia del Tribunal han recibido de la doctrina constitucional de
los Estados Unidos– como el que se ejercita en las causas de carácter contencioso a las que se
refiere el art. 2 de la ley 27. Tales causas son aquellas en las que se persigue en concreto la
determinación del derecho debatido entre partes adversas; o la protección de intereses de
suficiente concreción e inmediatez como para suscitar un “caso” o “controversia” (Fallos,
307:2384, entre otros). De ahí que el fin y las consecuencias del “control” encomendado a la
justicia, requieren que ese requisito de la existencia de un “caso” o “controversia judicial” sea
observado rigurosamente para la preservación del principio de la división de los poderes, según
lo expone el juez Frankfurter, con fundamento en la jurisprudencia norteamericana (341 U. S.,
149) (Fallos, 242:353, entre otros).
82
Es que en los procesos colectivos, la representatividad no implica representar a uno o varios
sujetos, sino más bien, intereses titularizados. Eso hace flexible la apertura para el ingreso o
egreso de los participantes (opt in/out) (PEREZ RAGONE A. J. D., Contornos de la justicia
procesal... en Genesis – Rev. Dir. Proc. Civ., Curitiba, n° 36, 2005, p. 383.
83
BIANCHI A., Control de constitucionalidad, ob. cit., p. 60, 124-127. HITTERS J. C., ob. cit..
Sin embargo, la tutela de los derechos de incidencia colectiva se ha visto
sensiblemente menguada por la persistencia de criterios extremadamente restrictivos en
la admisión de la legitimación de los accionantes en correlato con la existencia de caso o
causa judiciable, cuando se persigue la tutela de garantías vinculadas al sistema político-
institucional en general84. No se ha aquilatado, en general, la trascendencia de las
acciones que ponen en marcha derechos públicos subjetivos en resguardo del sistema
constitucional. El interés institucional es ontológicamente colectivo, de ahí que su
defensa atañe directamente a todos y cada uno de los miembros de la comunidad y no
puede negarse el interés concreto de cualquiera de sus integrantes para reclamar en
nombre del grupo, sobre todo si –como acaece en nuestro derecho– no existen reglas
que transfieran formalmente la representación, de un modo excluyente, a ciertos
miembros representantes (v. gr., si con exclusión de los ciudadanos, la acción de
inconstitucionalidad se confiere a organismos públicos o a una porción de
parlamentarios, etc.).
4.2.2. Derechos individuales homogéneos; procesos repetitivos.
Más compleja aparece la solución en el supuesto de las sentencias recaídas en
acciones tendientes a tutelar simples derechos individuales homogéneos. La falta de
reconocimiento legal de esta categoría de derechos, viene sustentado una doctrina
jurisprudencial de la Corte adversa a la admisión de la legitimación procesal colectiva 85,
si bien no exenta de severas críticas86.
a. No obstante, son varias las razones que se alinean 87 para sostener los efectos
generales de las sentencias de la Corte sobre materia constitucional recaídas en lo que
genéricamente se denomina derechos individuales homogéneos, incluyendo aquellos
generadores de procesos o causas repetitivas (por caso, reclamos de
inconstitucionalidad en materias previsionales, de la seguridad social, cuestiones
fiscales, etc.). No se trata de sentencias que acogen y tutelan derechos colectivos o
difusos, sino de aquellos supuestos en que existe tan solo un conglomerado de intereses
o derechos individuales que provienen de un origen común, del que son titulares
subjetivos los propios miembros del grupo, categoría o clase (así, los contribuyentes de
un impuesto o gravamen determinado, beneficiarios de la seguridad social, jubilados
bajo un mismo régimen, etc.). Supra, IV, 2.
En estos casos la fuerza expansiva y efectos generales de la cosa juzgada
derivada de los pronunciamientos de la Corte Suprema encuentra sustento no solo en su
rol de “interprete final” de la Constitución y la naturaleza típica del control de
constitucionalidad, los poderes implícitos que le son inherentes, las razones prácticas y
funcionales de celeridad y economía procesal que lo aconsejan (supra nota 32), sino

84
Así, entre otros, cuando se negó legitimación a los ciudadanos que invocando el carácter de
electores pretendían la inconstitucionalidad de la ley que disponía la reforma de la Constitución
Provincial de Buenos Aires mediante plebiscito (CSN, Fallos, 313:594), Conf. la nota crítica de
BIDART CAMPOS G. J., El ciudadano elector: un convidado de piedra, El Der., v. 138, p. 341.
Asimismo: voto en disidencia del Dr. FAYT en la causa mencionada. Algunos ST provinciales han
recogido criterios más abiertos: MORELLO A. M., Una trascendente contribución de la CS de
Mendoza..., J. A., 1989-III, p. 876. MORELLO A. M., SOSA G. L., BERIZONCE R. O. y TESSONE A.,
Códigos Procesales..., cit., v. VII-B, pp. 443-446.
85
CSN, 26-8-2003, DJ, 2003-3, p. 183; 7-10-2003. Estaba en discusión la legitimación invocada
por entidades que agrupan a profesionales para cuestionar la validez constitucional de normas
fiscales que discriminaban según categorías de contribuyentes. La Corte negó la legitimación
colectiva por considerar que se trataba de derechos de carácter patrimonial cuyo ejercicio
competía exclusiva e individualmente a cada uno de los contribuyentes.
86
MORELLO A. M., Los derechos subjetivos homogéneos. Su tutela procesal en MORELLO A. M.,
SOSA G. L. y BERIZONCE R. O., Códigos Procesales..., ob. cit., v. X-A, Actualización, Bs. As., 2004,
pp. 529 y ss.. MORELLO A. M. y QUEVEDO MENDOZA E., ob. cit., 2003-I, pp. 1268 y ss..
87
¿Cuáles fundamentos legitiman que en los casos sustancialmente idénticos, es necesario armar
y desarrollar nuevos procesos que serán resueltos de manera similar? ¿por qué recargar a la
jurisdicción con ese sambenito que despilfarra tiempo, dinero y estrés..., si la Corte se va a
remitir a lo ya juzgado en el precedente piloto? De ahí que subrayemos la conveniencia de
reconocer a la sentencia de Corte un “radio ampliado de consecuencias” (MORELLO A. M. y
QUEVEDO MENDOZA E., ob. cit., p. 1269).
también y decididamente en la necesidad de salvaguardar el principio constitucional de
la igualdad, concebido como igualdad real, concreta y efectiva88.
b. A despecho de la persistencia de la doctrina que desconoce la titularidad sobre
la relación sustancial y niega la existencia en tales supuestos de causa o caso judicial
concreto89 que habilite la competencia de la Corte, parécenos que concurren igualmente
“intereses titularizados” que participan, siquiera “accidentalmente” de la condición de
los derechos colectivos y difusos, en cuanto homogéneos y provenientes todos de un
origen común (supra § IV); y, por ende, sujetos a tutela como regla bajo cánones
similares. Ante la falta de adjudicación de una legitimación extraordinaria excluyente, no
cabe obturar la habilitación procesal de cualquier afectado que se presente planteando
acción colectiva en beneficio de todos quienes integran el grupo o categoría.
El caso o cuestión judicial presenta singularidades propias en las acciones de
tutela de los derechos individuales homogéneos, que permiten encuadrarlos entre los
“intereses jurídicamente protegidos”. No existe sino una diferencia circunstancial,
aunque no de esencia, entre los “intereses de orden personal, particular y concreto” 90 y
los derechos individuales homogéneos, desde que éstos en definitiva están
jurídicamente protegidos. Se trata de “asunto susceptible de ser llevado ante los
tribunales de justicia mediante algunos de los procedimientos establecidos”, en palabras
de la propia Corte91.
c. Por otro lado, la expresión genérica “derechos de incidencia colectiva” que
consagra el art. 43 de la CN, del texto reformado en 1994 92, debe interpretarse en el
sentido amplio, de modo de entender comprendidos los derechos individuales
homogéneos con los alcances delineados por la doctrina, atendiendo a la dimensión
social de la afectación93 que se trasunta habitualmente, más allá de la primigenia raíz
individual.
d. No se trata tampoco de conferir a las sentencias de la Corte virtualidad
derogatoria de la ley, sino tan solo reconocer sus efectos expansivos para que la cosa
juzgada pueda ser alegada por terceros que, sin haber sido partes en el proceso,
invoquen como causa de sus pretensiones un status de hecho o de derecho idéntico al
que motivara el pronunciamiento.
La propia CSN ha dado un paso significativo en ese camino al decidir una causa
en la que se cuestionaba la constitucionalidad de preceptos de la ley de educación
superior y los alcances de la autonomía universitaria, en relación con distintos cursos de
ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires 94. El
88
Ha quedado definitivamente asentado que la cuestión de la igualdad ante la ley se traduce
ahora en el tema de la igualdad ante la justicia (DEVIS ECHANDIA H., Estudios de Derecho
Procesal, ed. ABC, Bogotá, 1979, pp. 189 y ss.); y el derecho formal de acción se ha transformado
en una facultad con un contenido material que debe asegurar su ejercicio eficaz (FIX ZAMUDIO
H., Ejercicio de las garantías constitucionales sobre la eficacia del proceso en IX Jornadas
Iberoamericanas de Derecho Procesal, Madrid, 1985, n° 46).
89
La CSN ha reiterado la aplicación de su doctrina en supuestos similares a los que analizamos.
Así, en Fallos, 321:1252, “Prodelco”, sentencia del 7-5-98, referido al “rebalanceo” de tarifas
telefónicas; sentencias citadas en nota 85, entre otras. Sin embargo, en precedentes posteriores
puede encontrarse atisbos concretos de apertura. Conf.: MORELLO A. M. y VALLEFIN C. A., ob. cit.,
pp. 291 y ss..
90
Fallos, 321:1286 y sus citas.
91
Fallos, 186:97; 193:115.
92
MORELLO A. M. y VALLEFIN C. A., El amparo..., ob. cit., pp. 288-299.
93
MORELLO A. M., La tutela de los intereses difusos, ob. cit., pp. 51 y ss.. MORELLO A. M. y
VALLEFIN C. A., ob. cit., pp. 289-290. Como afirma QUIROGA LAVIE, los derechos de incidencia
colectiva incluyen los derechos individuales divisibles y mensurables, en relación con el objeto
materia de su prestación, cuando resultaren equivalentes entre sí y la afectación que han sufrido
ha sido producida por un acto administrativo único aplicable a un sector o grupo determinado de
personas (QUIROGA LAVIE H., El amparo colectivo, ed. Rubinzal Culzoni, Bs. As., 1998, p. 32. En
el mismo sentido: GORDILLO A., Tratado de Derecho Administrativo, FDA, 4ª ed., v. 2, cap. II.
94
“Monges A. M. c. UBA”, 26-12-96, Fallos, 319:3148 o El Der., v. 173, p. 262. Como ha afirmado
BIANCHI, se trata de una importante cabecera de playa dentro de las fortificaciones de la tesis
tradicional (Control de constitucionalidad, ob. cit., p. 352). En sentido similar, CASSAGNE J. C.,
reconocimiento de la constitucionalidad de los preceptos en cuestión y consecuente
validación de uno de los cursos, obligó al tribunal a extender los alcances del
pronunciamiento hacia los terceros 95, a fin de no causarles perjuicios y aún cuando “se
hallaban ajenos al conflicto”. La única razón esgrimida fue “la naturaleza de la materia
de que se trata”, que en verdad se trataba de reglar situaciones y derechos que, aunque
individuales y subjetivos de cada uno de los innumerables aspirantes que ese año
pretendían ingresar en la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires,
integraban –junto con los que invocó la actora– un conjunto de derechos provenientes
de un origen común. Es por requerimientos prácticos de tipo funcional que la solución
judicial ha de ser única, general e indistinta para abarcarlos a todos, aún a los derechos
de aquellos que no fueron parte en el proceso constitucional 96 y que se beneficiaron con
el pronunciamiento.
Interesa en este punto traer a colación la doctrina sentada por el más alto
tribunal de la Provincia de Buenos Aires en un caso singular 97. La Suprema Corte (SCBA)
había declarado de modo reiterado la inconstitucionalidad de un reglamento que impedía
la afiliación en la obra social estatal de los esposos de las beneficiarias, ordenando en
cada caso la incorporación de los requirentes al régimen asistencial. Al tiempo de
pronunciarse en un nuevo litigio por la misma causa, se contabilizaban más de
setecientas actuaciones en trámite que esperaban una decisión similar; asimismo,
habían sido consentidas las anteriores sentencias. El tribunal al decidir, además de
reiterar la declaración de inconstitucionalidad del precepto, ordenó al Poder Ejecutivo
provincial –por mayoría– que dentro del término de ciento cincuenta días, “revise y
derogue o modifique las disposiciones reglamentarias invalidadas, arbitrando los medios
necesarios para poner fin a las situaciones de discriminación entre sus afiliados directos
originadas por la norma reglamentaria controvertida...”. Se descartó el efecto erga
omnes y los alcances abrogatorios de la sentencia de inconstitucionalidad, desde que no
se había deducido en el caso una acción colectiva sino individual, optándose en función
de las particularidades del asunto por una posición intermedia que implicaba la
expansión indirecta de los efectos de la sentencia, por razones de economía procesal y
eficacia de la prestación jurisdiccional.

Acerca de la eficacia erga omnes de las sentencias anulatorias de reglamentos, El Der., v.


185,pp. 703 y ss., con remisión a las opiniones de BIDART CAMPOS y BOSCH, entre otros. La
opinión contraria desde una postura administrativista, puede verse en MAIRAL H. A., Los efectos
de las sentencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, El Der., v. 177, pp. 795 y ss.,
donde considera que los efectos del fallo estuvieron dirigidos a los órganos administrativos, de
manera que la expansión a los alumnos se debe al acatamiento de la sentencia por tales órganos
(p. 799). Asimismo: GARAY A. F. y TORANZO A., Los efectos de las sentencias de la CSN, J.A., 2-
11-05.
95
Sostuvo el Alto Tribunal que “dada la naturaleza de la materia de que se trata, corresponde
declarar que la autoridad de esta sentencia deberá comenzar a regir para el futuro, a fin de
evitar perjuicio a los aspirantes a ingresar... quienes, aún cuando se hallaban ajenos al conflicto
suscitado, ante la razonable duda generada por éste, asistieron y eventualmente aprobaron...
[los cursos respectivos]. En tal sentido..., cada estudiante podrá proseguir el régimen por el que
hubiere optado, con los efectos para cada uno previstos” (consid. 34).
96
El argumento del efecto indirecto del fallo a través del acatamiento del órgano administrativo,
desarrollada por MAIRAL (ob. cit., p. 799), o del obiter dictum para evitar la inseguridad jurídica
(GARAY y TORANZO), resulta sesgado desde que omite considerar el derecho de los alumnos de
prevalecerse directamente y por sí de los derechos que derivan de la decisión de la Corte, frente
a la universidad y aún judicialmente, si la universidad no la hubiere acatado. La sentencia en
realidad producía efectos inter partes en relación a la Universidad y a la Facultad de Medicina y a
la accionante Monges; y también erga omnes respecto de todos los demás estudiantes que se
encontraban en la misma situación de la actora. Sobre la interpretación de la Cam. Nac. Contenc.
Adm. Fed. al aplicar el precedente en los casos concretos, sent. Sala I, 27-11-97, El Der., v. 177,
pp. 795 y ss..
Tampoco resulta convincente, por las mismas razones ya señaladas, la afirmación que
descarta el efecto erga omnes del fallo, limitando el sentido del mandato y su autoridad a la
satisfacción de una obligación judicial de dar pronta y eficaz respuesta a un reclamo urgente
universitario (PALACIO DE CAEIRO S. B., El recurso extraordinario federal, La Ley, Bs. As., 2002, p.
204).
97
Causa I. 2162, 23-12-2003, “Fernández Viviana B. y ot. c. Prov. de Bs. As.. Inconstitucionalidad
art. 19 inc. b, decreto 7881/84”.
Claro que la demorada sanción de un régimen legislativo general de las acciones
de incidencia colectiva98, incluyendo los derechos individuales homogéneos, disiparía
todas las dudas que se vienen generando. Mientras tanto, una interpretación integrativa
del texto constitucional de 1994 más funcional debería salvaguardar la virtualidad de
tales derechos.
La propia doctrina de la CSN que ha ensanchado de modo considerable el ámbito
de caso o cuestión judicial –así, cuando admitió la acción meramente declarativa de
inconstitucionalidad99–, es menester que se expanda en su proyección natural y
asumiendo, también, la concurrencia de ese requisito esencial a fin de conocer en las
acciones para la tutela de los derechos individuales homogéneos. Y la misma apertura
cabe esperar se consolide en punto a la legitimación, al cobijo de una interpretación
amplia, funcional y teleológica de los arts. 43 y 86 CN., para dar mayor cabida a la
legitimación extraordinaria de las asociaciones representativas y del Defensor del Pueblo
de la Nación100 y aún a los afectados que se postulen para la tutela de los derechos del
grupo o categoría.

VI. Conclusiones.
1. La pervivencia del fenómeno de la sobrecarga en las tareas propias de la CSN
y de los TS en general, con el correlativo e inevitable desmedro del cabal cumplimiento
de la misión político-institucional del Poder Judicial, evidencian palmariamente la
insuficiencia de los remedios arbitrados hasta el presente –acentuación pretoriana de las
cargas técnicas del recurso extraordinario federal, certiorari “criollo”, descarga o “filtro”
en tribunales superiores e intermedios en general–.
2. El fracaso rotundo de todas esas medidas puede justificarse como un equívoco
metodológico, desde que apuntan más a los efectos de la saturación de asuntos que
padece la CSN que a sus causas verdaderas y profundas, que son las mismas que
atosigan y ahogan a todos los tribunales inferiores del país. El flujo siempre creciente de
litigiosidad y aún la complejidad más pronunciada de los asuntos, la proliferación de los
conflictos colectivos o “seriados”, junto con otros motivos operantes de no menos
significación, imponen un sustancial cambio de estrategia: asumir que el objetivo
principal debe ser el desahogo y la descarga del sistema general de impartición de
justicia, como condición y presupuesto de la descongestión de los tribunales superiores.
3. En ese escenario y con tales miras, deviene imprescindible la regulación de los
procesos colectivos para la tutela de derechos supraindividuales colectivos y difusos,
incluyendo los denominados derechos individuales homogéneos –especies todos de los
derechos de incidencia colectiva que consigna la CN reformada en 1994, art. 43–.
Precisamente la posibilidad de canalizar por esas vías los conflictos de masas y
sobremanera el alcance y efectos extendidos erga omnes que por su naturaleza
(derechos colectivos en general) o por accesión pragmática (derechos individuales
homogéneos “accidentalmente” colectivos, causas “seriadas” o “repetitivas”),
corresponde adjudicar a la cosa juzgada recaída en tales procesos, ha de contribuir de
modo decisivo para el logro de aquellos objetivos. Claro que en conjunción con otras
medidas que aliente la técnica procesal más actualizada; principalmente, las previsiones
de la representatividad adecuada y la relevancia social de la tutela colectiva, como
requisitos de la acción, el aseguramiento del debido proceso a todos los interesados, y
otros mecanismos adecuados.
4. Las tendencias que se avizoran en las recientes legislaciones de los países
iberoamericanos, especialmente en Brasil, México y Colombia, ponen de resalto la
búsqueda de soluciones pragmáticas y creativas como respuesta al fenómeno común de
98
Ello aventaría las reservas planteadas recientemente por MORELLO en punto a la expansión de
la cosa juzgada en relación a los terceros que no han sido partes, en conexión con los requisitos
de la legitimación extraordinaria (La expansión subjetiva de contrato y sentencias. A propósito
de los APE y los procesos colectivos, El Der., 17-3-2005).
99
Fallos: 307:1379, entre otros. ROSALES CUELLO R., Acción declarativa y control de
inconstitucionalidad..., J.A., 2000-IV, p. 1349. Esta acción en su evolución ha puesto en jaque el
sistema clásico de control de constitucionalidad (BIANCHI A. B., Control de constitucionalidad, ob.
cit., v. I, p. 390).

QUIROGA LAVIE H., El amparo colectivo, ob. cit., passim. VERBIC F., La (negada) legitimación
100

activa del Defensor del Pueblo..., ob. cit., pp. 158 y ss..
la sobrecarga del sistema judicial. Instituciones como la de las “sumulas” vinculantes
brasileñas, las tesis jurisprudenciales vinculantes y aún la declaración general de
inconstitucionalidad en el amparo mexicano o la doctrina de precedentes colombiana,
merecen la mayor atención desde que se gestaron en sistemas que, como el nuestro,
provienen de la tradición continental europea apegada a la supremacía de la ley, lo que
no ha impedido el paulatino reconocimiento del efecto extensivo y vinculatoriedad
vertical y horizontal erga omnes de los pronunciamientos de los tribunales superiores en
ejercicio del control de constitucionalidad.
5. No cabe excluir ab initio el alcance erga omnes de las sentencias que dicta la
CSN cuando en ejercicio del control de constitucionalidad y de sus poderes implícitos,
decide cuestiones que, por su naturaleza y materia sobre que recaen (derechos de
incidencia colectiva, en general) surten efectos indivisibles que se extienden
necesariamente aún para quienes no han sido partes formales en el proceso. La
salvaguarda del principio de igualdad ante la justicia (isonomía) justifica, en último
análisis, la fuerza expansiva de sus sentencias.
6. Es exacto que para lograr una mejora en la calidad institucional los poderes
del Estado han de articular sus relaciones de convivencia y que el Poder Judicial, en
cuanto debe controlar el cumplimiento de las disposiciones constitucionales, juega un
papel preponderante en la dinámica del gobierno del Estado 101. Los jueces, y
especialmente, los que integran los TS –como afirma CAPPELLETTI– se han convertido en
los directores de una nueva concepción de “gobierno limitado” por los mandatos
constitucionales, que ejercen sobre todo a través de una interpretación legal más
creativa y más responsable moralmente 102. Sin embargo el fenómeno de la creciente
“jurisdiccionalización de las disputas” no puede justificar el “imperialismo judicial” que
desarticule la división de los poderes; ni autoriza a los jueces a sustituirlos en la
evaluación de las razones de oportunidad y conveniencia de las normas que edictan
aquellos103.
Como expresara el juez JACKSON a propósito de las atribuciones de los jueces:
“nosotros no poseemos la palabra definitiva por ser infalibles, sino que somos infalibles
porque nuestra decisión es definitiva”. Y si a alguien hay que adjudicar la “última
palabra”, la elección a favor de los jueces no debería ser cuestionada desde que existen
mecanismos adecuados para hacer valer sus responsabilidades.
Pero si ello exige ponderación, prudencia y mesura, no excluye atender que la
finalidad esencial del control de constitucionalidad confiado a los TS es asegurar la
preeminencia de la Ley Fundamental y tornar efectivos todos los derechos y garantías
que ella consagra.

101
OTEIZA E. D., ob. cit., cap. VII.
102
Discurso de clausura del VIII Congreso Internacional de Derecho Procesal, Utrecht, 1987,
Algunas reflexiones sobre el rol de los estudios procesales en la actualidad, JUS, La Plata, n° 39,
pp. 3 y ss..

La regla se repite monocordemente en la doctrina de la CSN: el respeto a la distribución de


103

cometidos de las ramas del Estado es un principio fundamental de su estructura política y


organización jurídica (Fallos: 324:3184), por lo que cualquier desborde reviste la mayor gravedad
para la armonía constitucional y el orden público (Fallos, 311:2580; 321:1252, entre otros).