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LA INFLUENCIA DE LA FILOSOFÍA Y LA CIENCIA EN EL SISTEMA ESCOLAR DEL CHILE DE

MEDIADOS DEL SIGLO XIX. EL CASO DE LOS TEXTOS ESCOLARES

MANZO GUAQUIL, Luis Esteban


Universidad de Valparaíso
luis.manzo@uv.cl

La presente ponencia se enmarca en la investigación financiada por la Universidad de Valparaíso, DIUV


Nº22/2011, denominada “Tapas Duras. Una indagación a los supuestos epistemológicos en los textos de
enseñanza secundaria de Chile a finales del siglo XIX y principios del siglo XX”. Dicha investigación se
encuentra en su fase inicial, esto es, la recolección, catalogación y levantamiento de datos concernientes a
los manuales y textos escolares de educación secundaria, además de la revisión de la bibliografía propia de
la época, como también de los autores que han tratado el concepto de los manuales hoy en día. En este
sentido, se advierte al lector, que lo que sigue a continuación no son elementos concluyentes sino más bien
ciertas conjeturas justificadas por las distintas lecturas hasta el momento realizadas, las cuales deben ser
contrapuestas de acuerdo a un método más global en la cual intervienen aspectos sociales, institucionales y
conceptuales. Cabe mencionar que el estudio de los textos escolares es aún incipiente en nuestro país, más
aún los que se refieren a finales del siglo XIX. La importancia de ellos se suscita, como más adelante se
verá, por la emergente producción nacional en detrimento a la importación de estos.

Algunos antecedentes históricos

A comienzos de la naciente república se da un interés inusitado por la reorganización del incipiente sistema
educativo, lo cual queda graficado en las discusiones y discursos proclamados en las reuniones públicas
institucionalizadas, para ese entonces. Para ello se evocará a dos extensas citas que explicitan los anhelos.

La primera corresponde al Primer Congreso Nacional de 1811, en la que se estipula lo siguiente:

Siendo la base de la pública felicidad la educación de la juventud, debe ser también objeto de una buena
constitución. Para empezar a preparar los materiales de esta grande obra, i sin aguardar a su conclusión i
tratar de que en lo posible logren desde ahora este bien los que carecen de él por falta de una enseñanza
que haga útiles a la patria sus talentos y aptitudes, se acordó prevenir a la junta de gobierno que mande
pasar a la secretaría del congreso todos los espedientes relativos a establecimientos públicos de esta
naturaleza, i principalmente el que estos días ha promovido el director de la academia de matemáticas
sobre la reunión de ella al colejio carolino i planteación de una escuela militar para los cadetes de todos
los cuerpos.1

La segunda, recogida por el historiador Barros Arana (1887), nos trae las palabras de Juan Egaña quien
proponía:

La obra de Chile debe ser un gran colejio de artes i ciencias, i sobre todo, de una educación civil i moral
capaz de darnos costumbres i carácter. Allí debe haber talleres i maestros de todas las artes principales,
incluso la agricultura; catedráticos, máquinas i libros de todas las ciencias i facultades desde las primeras
letras; majistrados i superiores que dirijan las costumbres. A más de los pupilos de artes i ciencias
sostenidos por el colejio, habrá enseñanza pública para todos los ciudadanos que concurran, dando de

1De aquí en adelante las citas se harán de acuerdo al texto de origen, por tanto se respetarán los usos de las palabras, como por ejemplo en este
caso del término “espediente” es vez de la actual “expediente”. Por tanto, no deben ser considerados como una falta a la ortografía
comer a medio día a los menestrales. Todas las villas i ciudades deben tener derecho a cierto número de
pupilos.

Dichos proyectos, ambiciosos para la época, nos muestran los ideales de la ilustración, que se plasman en
un vasto programa para la formación, desde temprana edad, de sus futuros ciudadanos y que requerían la
enseñanza de ciencias y disciplinas que aún no se conocían en el país. Más conocidas eran los planes que se
ceñían a la obra catequística, y para los más adelantados la enseñanza de la latinidad, teología y filosofía
escolástica. Por tanto, era un escenario que requería de profesores competentes en dichas nuevas materias
y también de las condiciones materiales para su ejecución, esto es de los libros, muebles e inmuebles
adecuados. Lo anterior, provoca el primer escollo ya que ninguna de las condiciones suficientes para su
concreción se podían hallar en la región como tampoco existían las condiciones económicas, debido al
estado paupérrimo de las arcas fiscales como municipales.

En el primer censo escolar que se realiza en 1812 en la ciudad de Santiago, obra encomendada al regidor
Tomás Vicuña, las cifras muestran que la realidad escolar es deplorable, pues tan sólo existen 7 escuelas en
condiciones insuficientes para la buena atención de sus estudiantes. Si bien, los posteriores reglamentos
tratan de reorganizar las escuelas, estas no llegan a concretarse por el clima inestable debido a las
constantes batallas por consolidar la república.

Posterior a 1818, las iniciativas para llevar en adelante los proyectos educativos, comenzaron a concretarse.
En ese momento se encomienda la labor de realizar cartillas para las nuevas materias, pero resultan ser
poco ventajosas debido a que sus autores carecen de los conocimientos y métodos adecuados.

Para tratar de romper con esa falta de regularidad es que Bernardo O`Higgins junto a Fray Camilo
Henríquez, fijan su atención en un método recién llegado a América del Sur, precisamente a la república
Argentina. El método es el mutualista, creado por el maestro cuáquero José Lancaster. Este se vale de los
estudiantes más talentosos y sobresalientes para sustituir al maestro en la enseñanza de cada ramo, en la
ejecución de los diversos ejercicios escolares, con sólo una breve preparación de sus monitores. Este es el
primer sistema de enseñanza oficial que se práctica de forma regular después de la consolidación de
república, creando para ello una escuela normal y los primeros textos de enseñanza, a través del silabario
metódico.

Hay varios aspectos que se deben señalar en este momento, y que van a ser parte constitutiva de la
conformación del sistema educativo chileno: el primero que se debe señalar es que el referente educativo va
estar marcado por la mirada hacia Europa; como segundo aspecto, hay que mencionar que en el caso del
método lancasteriano es creado en Inglaterra y es promocionado a los distintos continentes a través de la
“Sociedad de escuelas británicas i extranjeras”, lo cual explícita una tendencia por influir en las nuevas
repúblicas por medio de la internacionalición, algo que no va ser un fenómeno particular sino una tendencia
de las potencias; tercero, que los métodos no son simples instrumentos para la enseñanza sino que traen
aparejado creencias de diverso tipo. Hay que recordar que el método mutualista tiene una connotación
religiosa, y que incluso es parte de una sociedad protegida por la nobleza inglesa, especialmente por el
clero; como cuarto aspecto, que se relaciona con el primero, hay que decir que existe una apertura hacia
ciertas influencias y no a otras, en este sentido hay que puntualizar que quien primero apoya su inclusión en
América del sur es Simón Bolivar.(su mestro es rodriguez)

La influencia del método lancasteriano en el sistema escolar público fue notoria pero no logró la robustez,
debido a los sucesos políticos que hicieron que O´Higgins abdicara del poder, sin embargo a través del
presidente Francisco Antonio Pinto, se volvió a restablecer la escuela normal lancasteriana, pero ya para ese
entonces, las escuelas privadas como las conventuales comenzaban a proliferar en las distintas regiones del
país. Esto abre un nuevo capítulo, pues cada vez más la importancia de la educación privada se vuelve
patente, ya que tienden a suplir la falta de establecimientos propios del estado y de la municipalidades. Este
aspecto va a ser relevante más adelante, pues en ellos no sólo se va a imprimir un sello característico de
enseñanza sino que también va a tener un peso notable en la empresa editorial.
Un cambio en el escenario en la educación fue promovida por Manuel Montt, quién aprovechando la
inmigración de extranjeros, dispuso de los recursos para cimentar el sistema educativo. De ese modo se
creó la primera escuela normal en 1842, la cual estuvo dirigida por el Argentino Domingo F. Sarmiento, y la
Universidad de Chile bajo el rectorado del Venezolano Andrés Bello. Ambos intelectuales convergieron en la
idea civilizatoria, pero con enfoques distintos, pues el primero se focaliza en el fortalecimiento de la
instrucción primaria, como elemento fundamental para la educación del pueblo, mientras que el segundo
dirigió su mirada a la instrucción secundaria y universitaria, como prioridad para crear una elite intelectual,
más cercana a las oligarquías gobernantes. En este sentido, hay que señalar que no es posible hablar de un
sistema educativo en dicha época, de la forma como hoy la entendemos, ya que no existían los vasos
comunicantes entre una y otra, esto es, la instrucción primaria estaba dirigida al sector popular, quienes al
terminar (si es que lo lograban) veían culminada su enseñanza, mientras que la instrucción secundaria no
requería de la instrucción primaria, es más aquellos estudiantes que no tenían la educación necesaria para
ingresar debían cursar en la propia institución las asignaturas para habilitarlos para proseguir sus estudios
secundarios. Del mismo modo, no se establecía por necesidad que un estudiante de instrucción secundaria
pasará a la educación universitaria, pues para ingresar debía rendir exámenes. Esto se normalizó tiempo
después a medida que los reglamentos, normativas y leyes lo fueron estableciendo.

Si bien ambos intelectuales son americanos de nacimiento, su obra denota las lecturas de connotados
filósofos ingleses y franceses. En el caso de Sarmiento hay que mencionar que las obras editadas por
Arckermann llegan a sus manos, estos textos son parte de un proyecto editorial para los lectores americanos
y que incluían obras inglesas traducidas al castellano, los cuales fueron ocupados por parte de los sectores
más acomodados en los primeros años de la independencia de Chile. Con ello quiero resaltar que la
influencia inglesa se mantuvo en el tiempo, y se puede visualizar a través del uso de los textos mismos.

Una de las primeras políticas educativas innovadoras, que posteriormente se va a convertir en un elemento
sistemático, es el nombramiento de Sarmiento, en 1845, como comisario de educación en Europa y Estados
Unidos, con el objetivo de estudiar la organización escolar, sistemas y métodos de enseñanza. Transitó por
Francia, España, Italia, Prusia, Holanda, Londres y Estados Unidos, y de las anotaciones surgió la obra
titulada “De la educación Popular”. Esta obra fue parte de las indicaciones para la reforma educativa de
1848, impulsada por Manuel Montt. En este caso se habla de innovador, pues ahora es el Estado quien
designa los lugares hacia los cuales se debe acudir para revisar la organización, sistemas y métodos de
enseñanza, y posterior a un informe se elige cual es el más propicio para ser empleado. Con ello se puede
observar un rol más activo de las autoridades y de los intelectuales.

A partir de lo anterior, podemos usar el concepto de internacionalización, según (Caruso y Tenorth, 2011)
“…para describir las tendencias hacia la intensificación de las relaciones globales de interacción e
intercambio, la interconexión mundial en los campos de la comunicación social, y la armonía transnacional
de los modelos y estructuras sociales”. Se busca homologar, teniendo en cuenta las singularidades locales,
modos de organizar y estructurar a la sociedad con un claro énfasis en el modelo europeo del siglo XIX. La
modernidad se encuentra allá y ello es lo que se quiere emular. En este sentido Amunátegui (1898) dice
“Por excelentes i numerosos que sean los libros que importemos de las naciones a las cuales acatamos como
maestros del jénero humano, nunca satisfarán las exijencias derivadas de una situación particular”

Si bien el esfuerzo para crear los primeros Colegios y Liceos estaba dando cierto resultado, también la
cantidad de población en edad escolar iba aumentando. Andrés Bello, se lamentaba al recibir en su primera
memoria universitaria advirtiendo que tan sólo un tres por ciento recibía educación, por tanto se debían de
hacer cambios.

La reforma más sustancial de dicho siglo se va a realizar el año 1883, de la cual es producto la educación
secundaria, y como antesala de ello se nombra, un año antes de iniciada la Guerra del Pacifico, en 1878, al
abogado y educador José Abelardo Nuñez como comisionado por el gobierno para viajar a Estados Unidos y
Europa por un periodo de cuatro años con el objetivo de estudiar la organización y los métodos de la
enseñanza primaria y de cuya prolongada estadía resulto su obra titulada Organización de Escuelas
Normales, publicada en 1883 terminada la guerra. Con el mismo objetivo, el gobierno comisiona en 1881 por
un periodo similar a destacados maestros e intelectuales como Valentin Letelier y Claudio Matte, a recorrer
las aulas de Francia, Suecia, Inglaterra y Alemania. En los informes redactados por los llamados
Educacionistas, se sostendrá que el sistema pedagógico alemán es el más propicio para impulsar la reforma
al sistema de enseñanza.

Teniéndose presente en distintas esferas tales recomendaciones, se hicieron públicas en 1883 dos
propuestas en esa dirección. La primera se refiere a contratar profesores extranjeros que vinieran a dirigir
las escuelas superiores, donde se formarían los normalistas chilenos en los métodos modernos de enseñanza
y la segunda planteaba la necesidad de traer a especialistas extranjeros a las escuelas normales que
enseñaran los nuevos métodos pedagógicos y didácticos. La propuesta final recogió ambos elementos, esto
es, se enviaron normalistas al extranjero y se contrataron profesores extranjeros. Esto último con el
objetivo de que los futuros normalistas enviados, una vez concluidos sus estudios, pudieran paulatinamente
reemplazar a los profesores contratados para las escuelas superiores. Cabe mencionar que los informes de
los enviados fueron parte importante, como en su momento lo hizo Sarmiento, para la organización del
sistema educativo.

Más adelante, en 1884, se enviaron cinco preceptores normalistas para hacer estudios pedagógicos en
Europa por un periodo de cuatro años: dos de ellos se incorporaron al Seminario Real de Dresden y los tres
restantes se enviaron a realizar estudios pedagógicos en el Gimnasio Cantonal de Neuchatel, Suiza, los que
tras un tiempo se reunieron a sus compañeros de Sajonia. Según Muñoz Hermosilla, estos normalistas a su
regreso ayudaron con sus artículos en la prensa pedagógica a neutralizar la influencia exclusiva que ejercían
los profesores extranjeros .

En 1885, fueron enviados paralelamente dos normalistas más al Internado Normal de Boston, Estados
Unidos, donde realizaron sus estudios pedagógicos por un periodo de tres años. Además de contratar a dos
profesoras anglo-americanas para dirigir escuelas normales, se comenzó a discutir la ventaja de adoptar los
métodos norteamericanos con preferencia a los alemanes. El preceptor normalista José Muños Hermosilla
(1918) que había sido enviado a capacitarse a Suiza y Alemania, sostenía al respecto que “…será vano
empeño buscar esas pretendidas ventajas en las escuelas anglo-americanas. Los métodos más
perfeccionados fracasan cuando se aplican por profesores inhábiles o se carece de buenos medios auxiliares.
Lo que caracteriza al profesorado yanke es su adaptación al ambiente social i sobre todo su inventiva, su
injeniosa vulgarización de los conocimientos utilitarios. No son los métodos sino los sistemas de propaganda,
el arte de combinar las formas objetivas de instruir a la democracia lo que constituye la superioridad de sus
procedimientos”.

Independiente de que en 1889 serán enviado otros seis maestros normalistas a perfeccionarse a Europa -
cinco a Alemania a realizar estudios especiales de pedagogía y uno a Suecia a dedicarse al aprendizaje de
las técnicas manuales-, todo indica que el gobierno y la clase política no desea cerrar del todo la puerta a los
maestros y a la influencia pedagógica anglo-americana, ya que las ventajas y desventajas de este sistema
serán parte permanente del debate político y educativo de entre siglos.

Finalmente, se contratan maestros y maestras alemanas, quienes vienen a ocupar la labor magisterial, la
dirección de establecimientos educativos como las normales, y a formar parte del recién creado Instituto
Pedagógico (1889). La educación alemana no sólo genera una nueva manera de organizar la educación y la
escuela, sino que además trae consigo una visión científica y diferenciada de la didáctica (general y
especial), lo que resulta avanzado para la época. En dicho periodo, las “humanidades” comienzan a perder
relevancia en la enseñanza, mientras las ciencias comienzan a ganar cada vez más importancia en el
sentido y orientación de ésta, lo que es crucial para el desarrollo de las ciencias y la técnica. De esta última,
se espera el desarrollo económico del país, pues una de las críticas vigentes hasta ese momento es el
exacerbamiento de la enseñanza academicista en desmedro de la enseñanza práctica.

La adopción de la pedagogía alemana, tiene un elemento central, el cual se puede sintetizar en la


centralización del sistema. Párrafos anteriores mencionamos que difícilmente se podía hablar de un sistema
educativo en Chile, pues bien, éste comienza a adquirir su carácter al pensar la educación de forma integral.
Hasta ese momento el método de enseñanza era de tipo simultáneo, esto es, se enseñaban las lecciones a
un grupo heterogéneo de estudiantes, en cuanto a su edad, ocupando los mismos libros y el mismo
procedimiento. No había una división por edad o por el tipo de conocimiento que debía ser aprendido de
acuerdo al desarrollo.

El método concéntrico, el cual es parte de la pedagogía alemana, va a permitir ordenar los planes y
programas de estudio, agrupándolos de acuerdo a los ramos que pertenecían a un mismo tipo de
conocimiento de manera tal que el estudio empezara en el primer año y continuara en un desarrollo
progresivo hasta el sexto año. Con ello se evitaba estudiar de forma enciclopédica y sucesiva de un ramo,
atendiendo por un lado a la madurez intelectual del educando, y por otro, al flujo propio y lógico del
conocimiento que se debía enseñar. Este último, de carácter progresivo, teniendo en cuenta una de las ideas
centrales que marcan la modernidad, el avance inexorable al conocimiento de todas las verdades por parte
de la racionalidad científica (epistémica)

En palabras de Ulises Vergara (1953) “El sistema concéntrico significaba, entonces, la implantación de un
nuevo plan de estudios, de nuevos programa y nuevos métodos, en abierta pugna con el anterior modo y
como lo dejan establecidos los documentos oficiales de la época, se fundaba en la idea esencial de que
todos los ramos de enseñanza siguen direcciones paralelas, desde el primero hasta el último año, van
ensanchando paulatinamente su esfera y habilitan así al alumno para que, después de haber empezado
conociendo verdades elementales de las ciencias, abrace al terminar el curso la verdad completa en todas
sus manifestaciones”.

Como parte de este influjo de las ciencias, es que en Chile se instala, la corriente positivista, la cual va a
marcar un hito en la historia del pensamiento. Si bien, algunos educadores van seguir estas doctrinas, su
valor se ha amplificado en la historización, pues hasta el momento se han encontrado escasos textos
escolares que tengan esta vertiente. Quizá aquello, y lo planteo como hipótesis, se deba al giro que se
produce en la educación hacia al campo de las ciencias, pero ello no implica que esto sea un correlato
epistemológico y con referencia a un determinado paradigma. Parte de su dilucidación es el objetivo del
proyecto de investigación.

En dicho contexto, y con el aporte significativo de los profesores normalistas y secundarios que se
perfeccionan en el extranjero, es que se va a generar una empresa editorial de proporciones, que va a tener
como principales agentes, en cuanto a su autoría, a aquellos mismos que se forman a través de las escuelas
normales y al Instituto Pedagógico. El manual escolar cobra, entonces, relevancia al ser el apoyo del
docente y también el soporte que colabora en la normalización de los métodos y contenidos a enseñar.

Un capítulo aparte, el cual no va a ser tratado en esta exposición pero si al cual se va a ser referencia, es el
que se relaciona con la educación privada. Esto es importante de señalar, pues al finalizar el siglo XIX
existen la misma cantidad de colegios y Liceos públicos y privadas. En este último, producto de la ley de
1883, después de un extenso debate sobre la libertad de enseñanza, se separan los colegios y liceos
públicos de los privados. Estos últimos se relacionan no con el sistema de cobro sino con el de creencias y
costumbres, es por ello que quedan subsumidos en dicha categoría no sólo los provenientes de colonias
extranjeras (producto de las constantes inmigraciones) sino también los confesionales (religiosos). Los
métodos usados así como los textos de enseñanza son particulares, pero a la vez pueden ser adoptados por
los colegios públicos. Pero, para que sean usados deben estar aprobados por el Consejo de Instrucción
Pública.
Algunos antecedentes de la manualística en Chile

Como ya se señaló, la enseñanza, desde las primeras implementaciones de las legislaciones que creaban las
escuelas normales, los liceos experimentales y de aplicación, la Universidad de Chile y la propia
institucionalidad de la educación, y que además regulaban los modos como debían proceder (régimen de
internados, planes y programas, características de los maestros, etc.) tuvo como principal objetivo el poder
crear ciudadanos para la naciente nación, lo cual involucraba un proceso de regulación y ordenación, el que
fue desarrollado principalmente por los maestros normalistas. Para apoyar la labor de formación de los
maestros como de los propios estudiantes se adoptaron, y en algunos casos se adaptaron, manuales
provenientes en su mayor parte de Europa. A finales del siglo XIX una serie de intelectuales cercanos a la
política, los educacionistas ( los hermanos Amunátegui, Valentín Letelier, Domingo Sarmiento, Abelardo
Núñez y otros), por concurso de las autoridades gubernamentales presentaron sendos trabajos para generar
un sistema educativo propio de la nación, lo cual se vio robustecido por las medidas implementadas para
que parte de ellos fueran pasantes en distintos países (Estados Unidos de América, Alemania, Inglaterra y
Francia) de tal manera que generaran la experiencia y el conocimiento suficiente y pudieran informar acerca
de fortalezas y debilidades de los distintos sistemas educativos, como también de disposición a la
contratación de maestros y maestras extranjeros (alemanes). Es en ese periodo que los textos escolares,
principalmente en la educación secundaria, cobran vigor, lo cual queda demostrado por la emergencia de
autores nacionales que en sus distintas disciplinas, si bien había algunos poliglotas que podían sostener en sí
mismos distintos tipos de conocimientos, crearon manuales tanto para la formación de maestros como para
los estudiantes. También por la consolidación y expansión de la imprenta (Santos Tornero, Nacional,
Universo, El Mercurio y otros) y de la empresa editorial, historia que surge a partir de la compra de la
primera imprenta realizada por fray Camilo Henríquez. Desde esta perspectiva la historia de los textos
escolares, recoge no sólo su propio quehacer sino también el pensamiento de los propios autores y del
cuerpo de creencias, científicas, religiosas y políticas contemporáneas.

Al revisar, en términos preliminares, los distintos textos escolares de finales del siglo XIX y principios del
siglo XX, se pueden constatar varios aspectos que parecen contradecir o no evidenciar, con la suficiente
fuerza, lo que supuestamente se desenvuelve en las distintas historias de la educación en torno a los
procesos de enseñanza y aprendizaje. En primer lugar los distintos de textos de enseñanza no tienen,
necesariamente, una relación correlativa entre los métodos de enseñanza impulsados y propuestos por el
ministerio de instrucción pública con respecto a la conformación de los textos de enseñanza. El estilo como
los contenidos dicen más bien de un tipo de preparación disciplinaria, ya que además, se hace hincapié en
los propios modos de investigar y de obtener conocimiento; En segundo lugar los distintos métodos de
enseñanza no tienen la misma dinámica con respecto a las disciplinas, artes o ciencias, es más bien que se
pueden observar dinámicas propias dentro de una determinada disciplina. Cabe mencionar la extensa
discusión entre la adopción de la gramática de Bello o de la Real Academia de la Lengua o el modo de
concebir el universo o la misma evolución biológica; en tercer lugar, los textos son elaborados por
académicos de la Universidad de Chile y/o reconocidos en sus áreas y/o autoridades de las escuelas
normales y/o bien profesores normalistas. Estos para ser oficiales deben ser reconocidos por el Consejo de
Instrucción Primaria, y las observaciones realizadas a los textos nos orientan a decir que la preocupación
estaba centrada en la formulación de los contenidos, más que el cuidado y la relación con los métodos
contemporáneos de enseñanza; En cuarto lugar, hay que observar que existen cambios sustanciales en la
manera de concebir la ciencia y las distintas disciplinas del siglo XIX en Europa y propiamente tal en Chile.
En este último punto, hay que indicar que se viven transformaciones que no sólo hacen referencia a nuevos
métodos científicos sino que cambian el rol de ciencia y de su importancia en la configuración de la
sociedad, tal es el caso de la eclosión del positivismo, el cual tardíamente llega a Chile pero que se
robustece al interior de la Universidad de Chile.

Dentro del contexto de la reforma de de 1867, en cuanto al ordenamiento y uniformización de la educación


primaria como secundaria, hay que decir que 18 de abril de 1868 se establece el decreto que manda adoptar
los libros de estudio que debían servir de textos en las escuelas. Se mandó a distribuir gratuitamente a fin
de uniformar la enseñanza y regularizar la concurrencia de los niños. Esto último resulta ser relevante, pues
evidencia algo que había sido llevado a cabo pero sin una sistematicidad, esto es que los textos son parte
crucial en la regularización de los conocimientos y que requieren un tipo de tratamiento que va a tener su
propia lógica en cuanto a construcción del texto. El texto, como fenómeno contrapuesto de lo oral, es parte
de la modernidad.

Abundando un poco sobre el texto en si, se puede decir que juega un rol importante, pues en él prevalece
una economía con potencialidades que se pueden analizar desde varias aristas. Detallo algunas de las
aristas: a) el texto se específica en un modo especial de soporte propio de las técnicas de aquella época, la
impresión resulta ser elegante y duradera. No está hecha para quedar olvidado en los anaqueles de las
bibliotecas, sino para ser usado constantemente. Puede ser transportado fácilmente en el bolsillo, bolso o
llevado con un cordel, pues al tener tapas duras se evita el deterioro inmediato; c) Tiene un costo para el
que desea leerlo, y en ello va parte del negocio de los talleres de la imprenta, no es gratuito; El contenido
pervive tras enumeradas ediciones, y lo que se agrega es escaso. El patrón epistemológico de lo absoluto,
que se mueve también con la ilustración, lo traspasa. Lo que se contiene es lo que se sabe; d) No cualquiera
escribe, sino un determinado grupo que corresponde a la élite, que tiene una estrecha relación con la
aristocracia. En cuanto a los textos de enseñanza quienes escriben son los principales exponentes de las
ciencias y las disciplinas que se desarrollan en la institución superior y academias militares. Hay que indicar
que parte de ellos trabaja en los establecimientos educativos existentes, y aún así los textos deben ser
revisados por el consejo de instrucción primaria, y además, y eso hay que indagarlo pues no hay certeza del
mecanismo ni de su institucionalización, están avalados por profesores, rectores y otros académicos, quienes
no avalan al que escribe sino a lo contenido. En ese punto quiero recalcar que no se trata de un formalismo,
sino más bien de un interés en la comunidad sapiente por hacer comunicaciones de las distintas obras en
curso. No se trata de un empresa individual, sino que es parte de algo mayor. En ello también se transmite
el carácter de la ilustración. Dichos textos resultan ser laicos, pues la enseñanza religiosa está consagrada a
los distintos ámbitos catequísticos y de instrucción religiosa. En los textos de enseñanza se enseña la
disciplina o ciencia propiamente tal, planteándose de una forma objetiva y laica. e) En parte de ello se puede
encontrar escrito a través de gramática y otros por lo fonológico. Uno obedece las reglas gramáticas y es
más bien sintáctico, la otra pone atención a la forma como se habla y por tanto escrito es fonológico. Es
famosa la polémica entre Bello y Sarmiento, lo cual muestra sus distintas concepciones de educación y de
llevar a cabo el proceso civilizatorio.

En este sentido se va a sostener que los textos y manuales de enseñanza tienen características y
propiedades (como por ejemplo: Elección y delimitación de contenidos, intencionalidad (educativa,
ideológica, filosófica), concordancia entre un saber académico y uno pedagógico y otros) que le dan una
complejidad en cuanto a su conformación textual y documental, como también la relevancia al ser un
insumo necesario en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Lo anterior, permite el poder analizar y
comprender los supuestos epistemológicos (concepción de ciencia y su caracterización), filosóficos
(principales influencias y corrientes), ideológicos (pensamiento político-social) de un época determinada.

También se va a sostener que los textos y manuales de enseñanza tienen rol importante en la
implementación del sistema educativo, por tanto no son inocuos. En este sentido se puede decir que
sostienen una regularidad en el proceso de enseñanza, ya que permiten articular de forma homogénea un
cierto contenido (como en el caso de la adopción de la ciencia de corte positivista por sobre la filosofía y las
humanidades) y el método (en el caso de la implementación del método concéntrico), como también que
son parte primordial en el proceso de alfabetización, aspecto que resulta ser relevante en el momento de
desplazar lo oral por lo escrito. Su inclusión es una decisión política en el proceso civilizatorio. Su
conformación, si bien tiene elementos comunes, es singular al tipo de teoría o paradigma pedagógico.

Humberto Quiceno en su artículo “El manual escolar: pedagogía y formas narrativas”, nos indica que el
manual escolar o manual para la enseñanza ha pasado por, al menos, tres momentos o transformaciones
importantes. En primer lugar, el manual fue pensado como una instrumento técnico de escritura muy
vinculado a la enseñanza en las escuelas y más propiamente a las lecciones del maestro. Se usaba sin
reparar es su configuración interna, en su relación con el lenguaje y con la escritura; de él se tenía la idea
que podía ayudar a transmitir la palabra del maestro. Esta forma de ser pensado el manual estaba en íntima
relación con la forma como también se pensaba la enseñanza y la propia escuela. Un segundo sentido o
razón de ser del manual escolar apareció cuando se descubrieron las reglas internas del manual, es decir,
cuando la preocupación recayó ya no en la simplificación o reducción de la palabra, sino en la importancia
del manual por sí mismo. La escritura del manual pasó a ser una escritura con la misma dificultad que tenían
otras, como, por ejemplo, la científica o la filosófica. Esta segunda transformación del manual está vinculada
a la relación que se dio entre él y el método. La tercera transformación del manual está relacionada con la
pérdida del sentido representativo del manual. Este ya no puede ser portador de un método universal, el
método de los métodos. Este descubrimiento fue hecho por los pedagogos, ya no humanistas, sino filósofos
y escritores de finales del siglo XVIII. Cuando la enseñanza pasó de ser arte a ser parte de una
interpretación científica, el manual modificó su estructura narrativa; ésta se volvió compleja y
multidisciplinaria. Esta última, es la que se suscita en los autores chilenos de finales del siglo XIX y principios
del XX, como se puede apreciar por la serie de características que se evidencian en los textos, sus
contenidos y los métodos utilizados.

Por último, Luis Agaján y Omar Turra nos dicen en referencia a la función manifiesta de los textos escolares
que estos buscan “…reproducir datos de la realidad lo más fielmente posible, reproducir fundamentalmente
conocimientos ya creados en el contexto de la investigación, de la ciencia, seleccionándolos, filtrándolos.
Una característica del texto escolar es que tiende a simplificar, filtrar contenidos, por ejemplo: no es lo
mismo la química que se enseña en secundaria que aquella que se crea y se estudia en un instituto de
investigación; tendrán distintos niveles de abstracción, de profundidad, de rigor .” (2009, p.89) El
conocimiento situado en el texto escolar no es el mismo que el académico, por tanto su tratamiento e
investigación debe realizarse a partir de una teoría que permita atenderla en su extensión.

Para terminar quisiera decir “que la letra no sólo con sangre entra”, pues dichos procedimientos fueron
censurados desde la conformación del sistema educativo hasta relegarlos. La inteligencia de aquella época
procuró mejores métodos, más asociados a los distintos aspectos que conforman la existencia del ser
humano, hasta volverlos una necesidad. La necesidad del texto.
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