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Alexis Ibarra Choque

14 de marzo de 2014
La noche era fría, maría se acostó tarde porque estaba esperando a que llegue Jack; su marido.
Tres horas después sintió como Jack se acostaba a su lado sin hacer ruido, tal vez no quería
despertarla, pensó ella.
También pasó por su mente el hecho de que él no haya hecho ruido en la puerta al entrar, ya
que aquella puerta rechinaba muy fuerte al abrirse, Pero lo dejó pasar.
Dentro de un rato sonó el teléfono en la cómoda,
- Jack, puedes contestar el teléfono?,...,-pero él no le respondió, tal vez llegó rendido del trabajo
y se quedo dormido profundamente, pensó ella
-Jack, por favor contesta-le volvió a decir todavía somnolienta ,hasta que se rindió y decidió
contestar ella.
Pasó la mano por encima del bulto que formaba su marido y agarró el teléfono,.,
-hola? quien habla?- preguntó restregándose los ojos,.
-hola, maría, soy Jack, llamo para decirte que voy a llegar en un par de hora, todavía sigo en la
reunión con los ejecutivos-
no se escuchó nada más que el teléfono cayendo al suelo,. y sólo quedó la duda de qué era
aquello que formaba el bulto al lado de la cama....

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7 pm me encontraba saliendo de la universidad con dirección a mi cuarto,.8:30 me encontraba
chateando por facebook, eran ya las 11 pm ,me acorde que al dia siguiente tenia que madrugar
pues tenia laboratorio de quimica, así que decidí acostarme,.. apagué la luz y me metí en la
cama, con la mirada en el techo me ponía a pensar en mi familia, ya que aqui estoy solo y no
hay nadie con quien conversar en las noches,..bajé la mirada y la situé en la esquina de mi
cuarto, estaba oscura, a pesar de la luz que entraba por la ventana,. pude divisar una silueta
entre la oscuridad, en ese momento me levante a prender la luz, no había nada. haciendo caso
omiso de aquello me acosté y cerré los ojos tratando de conciliar el sueño,. pasaron como 30
minutos y yo tenía la sensación de que aquella silueta seguía en la esquina de mi cuarto
observándome, media hora mas y yo seguía despierto pero con los ojos cerrados tratando de
dormir un poco,. no soy muy religioso,. y tampoco "CREO" en fantasmas ni apariciones o esas
cosas,lo cierto es que esa noche nunca la voy a olvidar,. 12:15 am empezaba a quedarme
dormido cuando sentí un leve peso en mi cama, como si alguien se hubiese sentado a mi lado,
yo estaba con los ojos cerrados y por alguna razón no podía abrirlos, tenía las manos sobre mi
pecho y tampoco podía moverlas, algo o alguien me las estaba sujetando con una fuerza
sobrehumana, luego sentí una ligera respiración al costado de mi cara y en mi oido un susurro
como si estubiera tratando de pronunciar la palabra "P" ,. yo en ese momento intentaba
liberarme del agarre y con la poca fuerza que me quedaba logré pronunciar la palabra BASTA!!
pude abrir los ojos y la vi,. una sombra que formaba la silueta de una persona y en su cara dos
ojos rojos que me miraban fijamente,. bastó solo un parpadeo para que aquella sombra
desapareciese, corri a encender la luz y pude ver en mis brazos unas marcas en la region desde
donde me estaba sujetando aquella cosa,. no era un sueño, lo sé porque cada noche logro
distinguir una silueta en la esquina de mi cuarto, no se que quiere pero yo no pienso
preguntarle,. solo sé que cuando caduque el contrato de alquiler,. me voy de esta casa,. no es
que le tenga miedo,. es solo que no me deja dormir, y si por alguna razón me sigue, entonces
empezaré a "CREER"...

El piso de arriba
Cuando era niño mi familia se mudó a una casa vieja y enorme de dos pisos, con espaciosos
cuartos vacíos y tablones que rechinaban. Mis padres trabajaban, así que usualmente me
quedaba solo al venir de la escuela. Un día que llegaba un poco tarde, la casa todavía estaba
oscura. «¿Mamá?», llamé, y la escuché decir con voz cantarina «¿Siiiiiií?» desde el piso de
arriba. La llamé de nuevo mientras subía las escaleras para ver en qué habitación se encontraba,
y de nuevo me respondió con un «¿Siiiiiií?».
Estábamos redecorando para ese tiempo, y no sabía ubicarme entre ese laberinto de
habitaciones, pero ella estaba en una de las más alejadas, al final del pasillo. Me sentí
intranquilo, pero supuse que era normal y me dirigí a ver a mi madre, sabiendo que su cercanía
apaciguaría mis miedos. Justo cuando tomé la perilla para entrar en la habitación, escuché la
puerta principal abrirse y a mi mamá decir, «Cariño, ¿estás en casa?» con una voz alegre. Di un
salto hacia atrás, sobresaltado, y corrí hacia las escaleras para ir con ella; pero cuando volteé
desde los primeros escalones, la puerta de esa habitación se abrió lentamente haciendo un
quejido. Por un breve instante, pude ver algo ahí adentro. No sé lo que era, pero me estaba
mirando.
ella regresó a su trabajo habitual en el hospital despues de un mes de vacaciones, salió del
ascensor y se dispuso a dirigirse a su escritorio para recibir a los primeros pacientes...................
en los pasillos se encontró con el doctor cardenas, el cual la saludó como siempre con una gran
sonrisa en los labios y se fué hacia el auditorio del hospital,. " debe haber alguna reunion"
pensó ella, y siguió caminando............ Cuando llegó la noche y la jornada de trabajo habia
terminado, se dirijía al ascensor para luego irse a su casa, en el camino pasó por el auditorio y
se volvió a encontrar con el doctor cardenas, el cual la miró fijamente a los ojos,. todo su
cuerpo se estremeció,. un frio recorrió sus mejillas,. aquel silencio solo fue cortado por la
palabra "adios" que salio de la boca de aquel medico ya anciano,.,. esa noche ella no pudo
dormir,. pensó que la reunion ,talvez, habia sido de malas noticias para cardenas, ya que se
había borrado la sonrisa que tenia en la mañana......... Al día siguiente volvió al trabajo y se
dispuso a saber que es lo que había pasado,. se encontró con una de las enfermeras que atendian
en el consultorio del doctor y le preguntó por él, la cual le respondió que hacía dos semanas que
cardenas había sufrido muerte cerebral y que dos dias atras habia fallecido,., que se realizó un
homenaje de cuerpo presente el dia anterior en el auditorio,.,.,...........aveces un adiós resulta ser
muy diferente de un hasta pronto,,.,.,., yo prefiero decir hasta pronto,.,.,.
Alexis Ibarra Choque
25 de septiembre de 2014
La certeza, como un acero helado, abría su mente y se instalaba en el centro de su ser...
Aquella mañana de octubre, varios días después de aquel sueño revelador, sintió que su cuerpo
se hacía trizas: su padre había sido encontrado descuartizado en un baldío. Era obra del
monstruo, nadie lo dudaba.
Si el monstruo había asesinado a su padre, entonces el monstruo no era su padre... Sintió miedo.
Por primera vez sintió miedo y decidió no seguir investigando.
No lloró por su padre, pero tampoco sintió alivio. No sabía lo que sentía. No sabía si aún sentía.
Esa misma noche, mientras en la habitación grande de la casa velaban a su padre, salió al patio.
Allí, como en un extraño pacto consigo mismo, decidió renunciar a descubrir al monstruo.
En un rincón del patio, detrás de la herrería, quemó el cuaderno donde había anotado todos los
detalles que iba ávidamente acopiando sobre el monstruo. En el aljibe profundo y abierto,
haciendo añicos las estrellas ocultas en el fondo, arrojó la máscara y el serrucho.
HISTORIA ESCRITA POR Domingo Alberto Bosio Rubio
.........................FIN...........................................
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Alexis Ibarra Choque


12 de septiembre de 2014
Desde que había decidido descubrirlo, sus antenas registraban todos los detalles y sus manos
anotaban todo en un pequeño cuaderno que no mostraba a nadie.
Fue elaborando hipótesis que luego descartaba. Así pasaron por su mente sus compañeros de
curso casi uno por uno. Menos Luis, casi tan infeliz como él mismo, y Raúl que tenía una
extraña nobleza y nunca lo había mortificado directamente. Bueno, claro, sí indirectamente,
porque Raúl era un ‘ganador’ en todo, y su misma presencia lo mortificaba... Pero eso era otra
cosa. Él sabía distinguir. No, Raúl y Luis no. Menos aún cuando precisamente Raúl sufrió un
ataque a manos del monstruo. Raúl tenía un rostro hermoso y varonil a la vez. A pesar de que
solamente pudieron verlo luego de varios días, cuando ya la herida cicatrizaba, todos, pero
especialmente las muchachas, se llenaron de espanto. Podría decirse que casi le abrió la cara en
dos. Su mejilla fue ‘rehecha’ a duras penas y sin mucho éxito: ya nunca volvería a ser el
mismo.
Un día sintió que se estremecía: ¡su padre! ¿No tenía acaso su padre una herrería al fondo,
donde nunca lo dejó entrar, porque ese lugar era “para hombres y no para maricas”? ¿Y no
andaba el monstruo con un serrucho? Él mismo había visto cómo su padre reía y parecía
disfrutar de todo lo perverso. Cuando le contaban cosas del monstruo parecía feliz. Era como si
lo mirara a él. Sí: él sentía que su padre lo miraba como diciéndole: “marica, ¿tenés miedo?
¿No ves que esto es cosa de hombres?” Empezó a observar a su padre. Un extraño placer lo
atormentaba pensando en ser precisamente él quien lo desenmascarara... ¿Por qué su padre salía
siempre de noche? ¿Por qué ni siquiera su madre sabía dónde iba? ¿Por qué tantas veces,
cuando volvía, oía llorar a su madre y hasta oyó varias veces que su padre la golpeaba? Claro,
él nunca la defendió: se acurrucaba en un rincón de su camita y allí se quedaba. Ni siquiera
lloraba, por temor a despertar contra él el enojo de su padre. Pero ¡claro!: ¿cómo no lo
comprendió antes? Su madre conocía el secreto de su padre y por eso él le pegaba, para que
callara. Por eso su madre no reía cuando contaban las andanzas del monstruo...
Desde que comprendió la verdad, la obsesión pareció ceder a otro sentimiento que nunca pudo
definir. Era como un temor febril y un placer morboso. Observaba a su padre en todo momento.
Sus gestos, sus fanfarronadas (que ahora le dolían menos que antes: él no era menos ya que
conocía su secreto), sus movimientos, sus salidas.
Una noche soñó con el monstruo. Fue un sueño torpe, que parecía no tener relación directa con
lo que había oído sobre el monstruo. Fueron imágenes confusas y de repente, el monstruo reía y
él sentía que ya no podía huir de él. Estaba en sus manos y lo cortaba pero no con un serrucho:
era algo así como una sierra de carnicería. Él veía con horror que su cuerpo era rebanado en
rodajas gruesas, transversalmente, pero no sentía dolor ni se moría, solamente miraba impotente
entre las manos poderosas. Allí lo vio con mayor claridad aún: eran las manos de su padre, era
su indiferencia y su desprecio. Era él... Un grito sordo y largo hizo desvanecer las imágenes del
sueño y se despertó oyendo, casi como un eco de la memoria, su propio grito... El sudor lo
bañaba íntegro. La certeza, como un acero helado, abría su mente y se instalaba en el centro de
su ser... CONTINUARÁ,.,.,.,.,.
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Alexis Ibarra Choque


8 de septiembre de 2014
El monstruo del Serrucho
Siempre fue débil y tembloroso. Ahora, con sus catorce años, su aspecto blanquecino y su
contextura casi ridícula por lo blanda y desgarbada, empezaba a despertarle algún sentimiento
extraño hacia sí mismo. No tenía amigos, es verdad, pero en el colegio veía y lo veían, y a
menudo era objeto de burlas por compañeros de su edad, con espaldas anchas y barbas
incipientes que eran contundente testimonio de virilidad.
Fue encogiéndose cada vez más. Su miedo no aumentó ni disminuyó: era en él casi connatural
y solamente se encogía y temblaba con él.
Las primeras noticias del monstruo del serrucho lo tomaron casi sin sorpresa: sus compañeros
de curso los tenían acostumbrados a todo. Inventaban cualquier excusa para hacer gala de
valentía y poner en evidencia el temor de las muchachas (también el suyo, lamentablemente y
para mayor alborozo de los graciosos mastodontes). Ellos seguramente estaban detrás de todo
esto. ¿Por qué esos muchachones fuertes y seguros, triunfadores en todo, le dolían tanto? Un
día comprendió que le recordaban a su padre. Nunca lo había notado antes, tal vez porque antes
eran aún niños y ahora, con una estatura mayor, una voz más grave y esa actitud prepotente que
nunca comprendió en su padre, la asociación se le hacía transparente, casi inevitable. ¿Por qué
su padre lo habría despreciado siempre? Era él el menor de cuatro hermanos, pero él era el
único varón. Cierto día se enteró, sin querer, que su padre sólo esperaba ‘el machito’.
Absurdamente se sintió feliz: él había sido esperado especialmente por su padre. Luego, fue
descubriendo que su padre no lo trataba como él hubiera creído y querido. Un día le dijo:
“marica, más me hubiera valido otra hembra a semejante marica...” Allí comprendió: él era la
decepción final. Cuando el varón tan esperado llegó, no era lo que su padre hubiera querido.
¡Qué feliz sería su padre si su hijo fuera como sus compañeros de curso!. Eso lo llenaba de una
rara melancolía que a veces derivaba en rabia. Al recordar esto, volvía a dejarse llevar por sus
angustias secretas vividas por años en el Colegio.
Lo peor eran los recreos: allí todo estaba a disposición para las destrezas, las bromas pesadas, la
sutil competencia varonil ante las chicas del curso, que lo miraban a veces con lástima, otras
con algún sentimiento que él no sabía o prefería no definir... Allí también, en los recreos, las
bromas sobre el monstruo del serrucho daban pie para poner en evidencia su fragilidad, su
desmembrada arquitectura corporal, su poquedad...
Un día ocurrió algo que cambió su intuición primera: Daniel, el ‘patrón’ del curso, llegó
desencajado. Contó que el monstruo del serrucho lo había atacado. ¿Una chanza de Daniel?
Parecía que no, porque no bromeó con ello en ningún momento. A partir de ese día, una
obsesión anidó en su débil cerebro y ya no se movió de allí: él descubriría al monstruo. ¿Una
patriada personal para demostrarse a sí mismo y a los demás que no era tan timorato como
parecía? ¿Un modo de ‘escapar para adelante’, ya que el monstruo había comenzado a llenarlo
de un temor extraño que proyectaba su sombra hacia las noches, y que robaba su sueño o lo
llenaba de extrañas imágenes?
No se detuvo a investigar los motivos. Una extraña vitalidad corría ahora por sus venas con un
ardor frío. Comenzó a informarse más. Ya eran muchos los que lo habían visto. En general, no
le daban tanta importancia (al menos, no le daban tanta importancia como él le daba, o como él
hubiera deseado, en fin: algo sufría en él cuando comprendía que no le daban al monstruo tanta
importancia. Claro, cuando él lo descubriera, su triunfo sería mayor, su reivindicación social
sería mayor cuanto mayor fuere el temor con que el monstruo tenía a todos acobardados). Supo
que usaba una careta grotesca, que en la oscuridad aparecía como de leopardo, según algunos,
como de un pobre diablo, según otros.
Desde que había decidido descubrirlo, sus antenas registraban todos los detalles y sus manos
anotaban todo en un pequeño cuaderno que no mostraba a nadie. continuará,.,.,.,.,.,.,
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