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PRIMERA FACE EN LA ENTREVISTA PSICOLOGICA

Iniciación de la entrevista psicología: ¿Cuál es el contenido general que presenta el


consultante en este momento de la entrevista? ¿Cuáles son sus actitudes y
expectativas? ¿Cuál es el objetivo principal de esta fase? ¿Qué actitudes por parte
del entrevistador deben hacerse manifestadas? Y ¿Cuáles son las técnicas
predominantes que ayudan al desarrollo adecuado de esta fase?

Al igual que cualquier otro tipo de encuentro humano, la entrevista psicológica se


inicia con un saludo. Desde ese primer encuentro se emplean formas adquiridas
socialmente por ambos participante, lo que le permite o facilita una interacción más
natural. En el momento de la iniciación de la entrevista hay que tener en cuenta
sobre cómo será expresado el saludo inicial, ya que se debe tener en cuenta lo que
son los estereotipos sociales de iniciación de la comunicación interpersonal para
cada sujeto pues esto le da cierto sello personal, cuyo sello imparte ciertas
manifestaciones a través de comportamientos no verbales tales como el tono de la
voz, la sonrisa, una serie de gestos, el dar la mano o no la mano, etc…
El saludo inicial actúa como un facilitador de la comunicación, ya que nos permite
ver ciertos comportamientos que podemos llegar a estereotipar tomando en cuenta
por ciertos matices personales.
Consideraciones
o
El entrevistador debe saber el nombre del entrevistado, su ocupación y
motivo por el cual vino a la entrevista.
o Se debe evitar elaborar a priori una imagen del consultante con base de
información diferente a la dada por el mismo consultante.
o La información de fuentes externas puede, en un momento dado, ayudar a
ampliar el contexto del consultante, siempre y cuando se la utilice oportuna y
adecuadamente.
o En lo posible, lo más conveniente es obtener información directamente del
consultante.
o Conocer las características del entrevistado antes que la problemática.
o Saber qué hacer con la exposición y comprensión de la problemática.
o Percibir los aspectos emocionales que acompañan la expresión verbal.
o El entrevistador debe expresar aceptación en forma no verbal.
o No conocemos cual será el sentido que el consultante va a darle a lo que se
le es comunicado.
o Saber que el cambio en el comportamiento del consultante no va ser
necesariamente en el momento de la entrevista.
o El consultante a medida de la entrevista el mismo realizara una introspección.

Brammer y shostron (1968, p. 108) indican que se debe cumplir ciertas condiciones
a fin de que la asistencia psicológica sea efectiva:
 Que el consultante se percate de la insatisfacción producida por la
discrepancia entre lo que quisiera hacer y lo que hace.
 Hacer que el consultante desee y espere lograr un cambio.
 Aceptación de los concomitantes emocionales que acompañan su
problemática.
 Que acepte los alcances y limitación de la intervención.
 Que acuda voluntariamente a la entrevista.

En las sesiones de entrevista se debe tener en cuenta aspectos como el lugar,


puesto que este debe ser acogedor y cómodo para el entrevistado, también tener
en cuenta las posiciones del entrevistado como la del entrevistador, pues se
recomienda que el entrevistador se coloque en forma diagonal, para que así la
percepción se de atenta y mutua y no por el contrario se de una percepción
investigadora, También se debe en casa sesión tomar un recuento de sesiones
pasadas.
El entrevistador debe tener buena sensibilidad en apreciar detalles y darles su
momento de intervención.
El tiempo es un factor muy importante puesto que se deben medir los tiempos, de
iniciación, retrospección he introspección, posibles soluciones de la problemática y
aquellos detalles que se dan en consulta, como puede ser que el entrevistado lleve
un libro, revista, cuadro, etc. Es muy importante que a la hora del entrevistador sacar
conclusiones tome en cuenta los factores de la persona, tales como, sus aptitudes,
esperanzas, deseos, esfuerzos, aspiraciones, realizaciones, experiencias,
búsqueda de nuevos horizontes, etc.

Contenido de la primera fase


Como lo indica Brammer y Shostron (1968, p. 104) Por lo general el consultante
inicia la presentación de su temática en forma de una queja de un problema de una
pregunta, de una inquietud, pero como si se tratara de algo un poco ajeno a él
mismo, como si fuera un objeto diferente a él.
Puede referirse a sentimientos de inconformidad e insatisfacción, falta de
información, dificultades en las relaciones interpersonales, dudas acerca de algo
sobre sí o sobre la realidad circundante, o referirse simplemente a alguna razón por
la que asiste voluntariamente o ha sido enviado.
Será objetivo en otras fases el facilitarle al entrevistado apersonarse de tal temática
y desarrollarla dentro de la dimensión que le corresponde.

La psicología tiene unos elementos de la temática que se presentan y tienen que


ser ubicados inmediatamente en un contexto muy complejo, dada la naturaleza
misma de los procesos psíquicos, y en la naturaleza misma de la ciencia psicológica
y de la profesión de la psicología.
Cual sea específicamente el contenido presente en este momento el consultante
depende de muchas cosas: de la misma preparación que él tenga para la entrevista,
de su motivación, de las circunstancias reales y concretas del momento de iniciar la
entrevista, de lo que se haya propuesto obtener el consultante de ella, del nivel de
información que tenga acerca del proceso mismo de la entrevista, etc.
El entrevistador debe tener muy en cuenta el tipo de contenido que inicie el
consultante lo cual puede ser significativo, ya sea porque es lo que está más a flor
de labio y es más fácil para él expresar.

Actitudes del consultante en esta fase


El entrevistado desde el primer momento está en una actitud de expectativa de ser
ayudado en esclarecer, precisar, determinar y decidir los caminos a seguir respecto
a uno o varios aspectos de su vida.
Esta expectativa de ser ayudado puede en este momento llevar al consultante a
actuar como si todo fuera a depender exclusivamente del entrevistador. El
consultante debe ir asumiendo una serie de responsabilidades en este proceso
como consujeto del análisis y de la apertura de alternativas y que, en último término,
es él quien va a tomar las decisiones. En esta primera fase las expectativas del
entrevistado se refieren a qué cree él que va a pasar en la entrevista, y que espera
él obtener de ella.
Decir en forma concreta y específica qué espera cada uno de los entrevistados no
es posible, debido a que en cada caso particular, se ponen en juego todas las
dimensiones y variables, es decir, no hay una relación estándar para todas las
entrevistas.
Existen unas expectativas comunes en toda situación de entrevista de acuerdo con
la naturaleza misma de ésta. Tales expectativas son: En primer lugar, el
entrevistado espera ser aceptado como persona y como es él, quiere esto decir que
él espera se le presta atención, se le dedique el tiempo necesario en condiciones
apropiadas; espera ser escuchado, ser respetado y apreciado.
En segundo lugar, espera que se entienda el sentido propio en que él expresa
ciertos contenidos, ciertas inquietudes, ciertos sentimientos; que no se tergiverse su
mensaje añadiéndosele o restándosele, ubicándolo dentro de contextos diferentes.
En tercer lugar, para ser entendido ayudado, busca poder confiar en el entrevistador
con plena seguridad, es decir, poder comunicarle una serie de aspectos sin temor
a que éstos sean divulgados, y busca comunicarle una serie de aspectos sin temor
a que éstos sean divulgados, y busca por lo tanto, que éste le dé muestras explicitas
de que todo lo que va a tratarse dentro del proceso de la entrevista va a ser
mantenido a un nivel estrictamente confidencial.
Otros factores que influyen sobre las expectativas del entrevistado son los
siguientes: El primer factor es, la forma como se ha llevado a cabo la solicitud de
los servicios del entrevistador, es decir, la forma como se ha llevado a cabo la
referencia del consultante al entrevistador. Es diferente la situación, y
probablemente las expectativas, en el caso en el que el entrevistado acuda por sí
mismo, por propia iniciativa, al caso en que haya sido enviado y se haya visto en
cierta forma obligado. En el caso de la asistencia voluntaria probablemente sus
expectativas respondan más a una motivación del sujeto, lo cual facilitará el avance
mismo del proceso y una búsqueda más eficiente de aquello que satisfaga estas
expectativas; mientras que en el caso de ser enviado, y de asistir a la entrevista con
carácter de obligatoriedad por orden de terceros es probable que sus expectativas
sean diferentes, y que se produzca un temor a que no se vaya a responder a las
expectativas de ayuda.
Esto no sólo dificultaría la relación sino que, además, en este caso se haría un
perjuicio a la imagen de la entrevista y a la imagen misma del servicio psicológico.
Un segundo factor que influye poderosamente sobre las expectativas de los
entrevistados es la imagen que estos tengan del servicio de psicología y del
entrevistador. El psicólogo tiene que estar muy alerta a fin de impartir en distintas
formas de información apropiada dar una idea clara, nítida de sus funciones y de
su papel dentro de la institución. La mejor manera de dar una información es a través
de la misma actividad eficiente y de una actitud abierta.
Un tercer factor que influye sobre las expectativas del consultante en caso de haber
sido enviado son el modo cómo y las circunstancias cuando se hizo la referencia.
Si le han enviado en tono de amenaza o como castigo, o se lo ha puesto como
alternativa ir al entrevistador o perder el puesto, etc., puede esto influir
negativamente.
Un cuarto factor que influye sobre las expectativas sobre las son las experiencias
previas que ha tenido el consultante con otros entrevistadores, y en general con
otras personas.
El procedimiento ordenado y el empleo apropiado de las técnicas tienen como
objeto facilitar el esclarecimiento de estas actitudes y facilitar el que la entrevista
misma responda apropiadamente a las expectativas del entrevistado. Las técnicas
son simplemente un medio, no un fin, así como la entrevista es un instrumento, un
medio, no un fin, para facilitar el estudio de la temática del consultante.
Actitudes del entrevistador en esta fase
El entrevistador debe responder a los objetivos de esta primera fase: establecer una
relación de mutua confianza, una relación confortable, facilitar la comunicación y
responder a las actitudes y expectativas de ayuda del consultante.
Para ello ponen en juego sus cualidades personales, sus conocimientos científicos
y sus principios éticos. En esta combinación de estos factores lo que va a garantizar
la efectividad en la entrevista.
En cuanto a las características personales se refiere, el comité de entrenamiento en
psicología clínica de la APA (1947, p. 541) ha indicado unas cualidades del
psicólogo a fin de desempeñarse con propiedad en la entrevista.
Tales características son:
1. Poseer una habilidad intelectual y una capacidad de juicio superiores.
2. Poseer originalidad, ser persona recursiva y versátil.
3. Mantener una constante e infatigable curiosidad y deseo de enseñarse a sí
mismo.
4. Un profundo interés por las personas como individuos y no como material de
manipulación, una consideración y respeto por la integridad de los demás.
5. Una fina percepción o insight acerca de las características de su propia
personalidad y poseer un sentido del humor.
6. Una sensibilidad ante lo complejo de los procesos motivacionales.
7. Tolerancia, es decir, no arrogancia.
8. Habilidad de asumir una actitud ‘’terapéutica’’, habilidad para establecer una
relación de calor humano y efectiva con otros.
9. Laboriosidad, hábitos de trabajo metodológico y habilidad para tolerar
presiones.
10. Aceptación de responsabilidad.
11. Tacto y cooperatividad.
12. Integridad, autocontrol y estabilidad.
13. Capacidad y sentido discriminativo de los valores éticos.
14. Un amplio campo de bases culturales, ser una ``persona educada``
15. Profundo interés por la psicología especialmente por sus aspectos clínicos.
Para responder a las expectativas del consultante y lograr desarrollar una relación
eficiente el entrevistador debe desarrollar las siguientes actitudes
1. Debe presentarse con gran naturalidad, con gran espontaneidad, como una
persona empeñada en ayudar a los demás en un contexto profesional pero
que, como ser humano, tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles; como
persona que está también en proceso de desarrollo, y tiene capacidad de
desarrollo; como persona abierta a nuevas inquietudes y con capacidad
también de aprender de sus consultantes.

Dentro de su espontaneidad el entrevistador pone de manifiesto en forma


explícita que, bien su propósito y su preparación están en función de dar
ayuda a los demás, no posee, sin embargo, soluciones o fórmulas mágicas;
y que su tarea es un continuo aprendizaje y re-aprendizaje en el cual está
empeñado. Y que su función es ayudar al consultante a llevar a cabo también
nuevos aprendizajes.

Busca entonces una gran flexibilidad en la entrevista que permita ampliar las
ideas y adquirir nuevas formas de percepción, de apreciación y de acción, y
nuevos caminos de facilitar cambios pertinentes.

Puesto que están en juego las características de los dos participantes, el


desarrollo de la entrevista se basa en este intercambio dinámico de dos
existencias que establecen una relación peculiar entre ellas más que en una
``orientación teórica`` del entrevistador, o ``escuela``.

Al hablarse de espontaneidad se hace énfasis en que la entrevista no es un


proceso mecánicamente rígido en la que se aplican formulas estándar sino
que es un proceso en el cual el entrevistador aplica los procedimientos y
técnicas científicos para facilitar libertad de movimiento y seguir de cerca las
variaciones y direcciones que está llevando a cabo el entrevistado. De modo
que una personalidad madura, autónoma y responsable conjuntamente con
una sólida preparación científica garantiza resultados positivos en la
entrevista.

Facilita la espontaneidad el poseer cierto nivel de familiaridad con ambientes


culturales variados, pues esto permite una precepción más amplia y una
mayor movilidad al entrevistador.

2. El entrevistador debe presentar un gran sentido de preocupación y de


cuidado por el entrevistado, lo cual es una manifestación del respeto que
tiene por su persona. Si se quiere alcanzar una buena aceptación, si se
quiere hacer que él se percate de que es aceptado y respetado, hay que darle
muestras objetivas de ello; y si se quiere que el mismo entrevistado logre una
aceptación de sí mismo es preciso darle manifestaciones de esta aceptación,
a fin de que, por procesos de aprendizaje imitativo, logro llegar a una
autocompresión y una autoaceptación.
Se sabe que personas a quienes se ha dado cuidados y efecto
principalmente en su desarrollo temprano, desarrollan a su vez un
sentimiento de aceptación de sí mismos y de los que los rodean. Este
aprendizaje se logra a través de toda la vida, pero el entrevistador también
puede facilitar este aprendizaje.
3. El entrevistador debe dar muestras de calor humano y de amistad. No todo
mundo es igualmente atractivo para todas las personas. Sin embargo, la
aceptación de una persona como es implica que, en casos (que son
extremos) en los que, hechos todos los esfuerzos y utilizados todos los
medios para lograr una buena relación, el entrevistador se percate de que
definitivamente no puede establecer una relación adecuada termine la
relación.
En tales casos debe terminar la relación después de la primera sesión y
buscar los medios para referirlo a otro entrevistador o a otro profesional y aun
indicarle que de su parte no está en ese momento en capacidad de prestarle
su colaboración. Es preferible, a continuar una pseudo-relaciòn que
posiblemente tenga efectos negativos.
Es necesario, sin embargo, tener en cuenta el tiempo; muchas veces la
primera impresión es negativa pero pasados unos minutos, ampliándose un
poco la comunicación se ve que esa falta de atracción era simplemente algo
pasajero. Ayuda a obviar esa impresión negativa el colocarse el entrevistador
en el marco de referencia interno del consultante.

Cuando se habla de calor humano se refiere a la sensibilidad y a la


reciprocidad en la amistad, a la facilidad de relacionarse con la gente, y la
aceptación incondicional del consultante. Al respecto Truax y Carkhuff (1964)
hablan de calor humano no posesivo y han elaborado una escala para
medirlo. Manifestación de este calor humano es una sonrisa natural y
espontánea.

4. otra actitud en el entrevistador ha de ser carencia de autoritarismo y de


apariencia de juez; ha de permitirle al consultante desarrollarse por sí mismo.
Esta permisividad permite al consultante ser más espontaneo en sus
expresiones sobre todo de carácter emocional, le facilita una mayor
autocompresión y una autoaceptación, e igualmente permite al entrevistador
percibirlo, comprenderlo y aceptarlo.

Hay, sin embargo, que anotar que una permisividad exagerada, es decir, falta
de límites de tiempo, de lugar, de actividad y de comportamiento puede
aumentar la tensión y aun la ansiedad del entrevistado, ya que dentro de las
perspectivas del consultante está, por una parte, la de encontrar una persona
más madura, mejor organizada, más estable, y por lo tanto, ante ciertas
situaciones y comportamientos propios espera una guía acerca de lo más
pertinente y apropiado de hacer y, por otra, dentro de la naturaleza ética del
ejercicio profesional se espera que el entrevistador asuma seriamente sus
responsabilidades y realice en forma seria y madura sus intervenciones, y
así su comportamiento guie el del consultante en la entrevista por el
mantenimiento de mutuo respeto.
De esta manera también se salvaguarda el prestigio profesional y personal
del entrevistador. En esta forma el consultante percibe al entrevistador como
una persona seria que se encuentra a la altura que él espera; y, poco a poco,
se percatará entonces que no es necesario utilizar una fachada y que puede
confiar y ser sincero en su comunicación.

5. Otra actitud central es la de brindar confianza y seguridad. El entrevistador


debe hacer esfuerzos por manifestar respeto por la privacidad del
consultante, de modo que se sienta él seguro de que puede confiar, de que
lo dicho en la entrevista no trascenderá por ninguna razón y bajo ninguna
circunstancia el ámbito mismo de los participantes. Aquí es necesario anotar
que desde el punto de vista ético, como lo indican los códigos de la FCP
(1964) y de la APA (1967) una obligación cardinal del psicólogo es el respeto
por la integridad del consultante y por la protección del bienestar del
consultante (séptimo principio, p. 34); y el psicólogo debe salvaguardar la
información confidencial profesional en absoluta reserva (sexto principio, p.
29).
En entrevista no debe grabarse la información dada por el consultante sin su
conocimiento, y sin su previo permiso. Algunos aún pueden sentirse
incomodos de que se tomen notas; en todo caso, debe indicarse y explicarse
al entrevistado la necesidad de anotar algunos puntos centrales que pueden
prestar ayuda en sesiones posteriores, y de todas maneras se debe pedir su
consentimiento para tomar y mantener tales notas, las cuales deben
presentarse (reflectarse) al final al consultante para que sepa que quedó
anotado y que no se anotó.

Hay que indicar también que en ningún caso se puede utilizar a modo de
ejemplo o de elementos de explicación en clases, conferencias o coloquios,
etc. información confidencial o experiencias con consultantes. Cualquier
ilustración debe presentarse de modo que sirva a los intereses de los
consultantes, es decir, en una forma completamente anónima y general, de
modo que no den ninguna pista sobre la identidad del consultante.
6. El entrevistador requiere desarrollar una actitud de humildad para aceptar su
inseguridad, su falta de claridad al comienzo y durante un tiempo del proceso
la entrevista, lo cual es comprensible y explicable dado que es precisamente
uno de los objetivos de la entrevista él logra claridad, aclaración, nitidez y
esto no se hace de un momento a otro; de modo que esta situación de
confusión y a la iniciación de la entrevista se debe a la misma naturaleza de
ésta y hay que aceptar tales limitaciones. Se espera que la situación se
cambie a medida que se avanza en el proceso.

7. Otra actitud en el entrevistador debe ser la flexibilidad de movimiento natural


y fácil dentro de su rol de entrevistador, y dentro del empleo de las técnicas;
ya que unas veces debe colocarse en un plano mucho más objetivo,
mantener cierto nivel de distancia para poder percibir el contexto del
consultante, y en otros momentos debe poner más en juego ciertas actitudes
personales para lograr un mayor acercamiento y facilitar mejor la
comunicación para obtener una información en la forma más apropiada.

8. Otra actitud del entrevistador debe ser la genuinidad y autenticidad. A fin de


facilitar una autoconfrontación del consultante, el entrevistador tiene también
que ir elaborando una autoconfrontación en el sentido de ir continuamente
chequeando o revisar sus percepciones, sus apreciaciones e intervenciones.

Es por lo tanto, esencial para lograr eficientemente desarrollar estas actitudes


y explicárselas al consultante el que el entrevistador concentre toda su
atención y sus esfuerzos en tratar de ver al consultante como éste se ve
desde su propio punto de vista.

9. El entrevistador debe buscar siempre objetividad. Ser objetivo implica que el


entrevistador no busca adoctrinar, presionar o enseñar sino hacer un análisis
racional de la temática del consultante y no intenta forzar soluciones o
imponer valores al consultante.

Esta objetividad da seguridad al entrevistador sobre el diagnostico que hará


luego, ya que le permite estar en capacidad de diferenciar lo que pertenece
al entrevistado y lo que es fruto del mismo entrevistador y, además, permite
hacer un análisis discriminativo y ponderativo de los diferentes aspectos o
variables de la temática del consultante, es decir, alcanzar un entendimiento
diagnostico en otra fase más adelante del proceso de la entrevista.

El entrevistador debe comprometerse emocionalmente hasta el punto


necesario para comprometer también al consultante emocionalmente, pero
debe mantener una distancia y una reserva necesaria y apropiada, de modo
que pueda aceptar las actitudes y sentimientos expresados por éste sin
reaccionar en una forma personal a ellas, pues si se involucra mucho
emocionalmente le será difícil ser objetivo.

Objetivo de esta fase


El aspecto de la relación en la entrevista hace énfasis en el acercamiento emocional
más que en la misma comprensión racional, y es este acercamiento emocional el
que caracteriza y lo que se busca como objetivo de esta primera fase.
Así, pues, se pretende establecer esta relación emocional que algunos denominan
raport, caracterizada por la confianza mutua, el respeto mutuo, la atracción mutua,
la aceptación mutua, la espontaneidad y la genuinidad, con miras a lograr una mutua
percepción transparente, a través de una comunicación clara.
¿En qué consiste en sí la relación en la entrevista? Pepinsky (1954, p. 171) define
la relación como “un constructo hipotético para designar el carácter afectivo inferido
de la interacción observable entre dos individuos”. Se enfatizan en esta definición
los aspectos afectivos o emocionales de la interacción, que son aspectos esenciales
junto con otras características mencionadas antes, como el aspecto único de la
relación, determinado por las características personales de los participantes; la
estructura y organización misma de la entrevista como tal, y el equilibrio entre la
objetividad y la subjetividad, de modo que haya un balance entre los aspectos
emocionales involucrados en la relación y el análisis racional de la temática; tal
equilibrio caracteriza la relación de observador participante.

Técnicas predominantes en esta fase

Las técnicas utilizadas por el entrevistador en esta fase son aquellas que le
permitan explicar muy claramente sus actitudes indicadas anteriormente.

Las técnicas principales son las así llamadas de aceptación que consisten en
expresar verbal y no verbalmente al entrevistado que le estamos dedicando
nuestro tiempo. En forma práctica consiste en expresar verbalmente sonidos
tales como uh-hum! … continúe por favor… etc.; y no verbalmente, dando
una expresión facial de interés genuino por lo que nos está diciendo, un tono
e inflexión de la voz apropiados, no amanerados, espontáneos, y
manteniendo una postura general natural.

Otra técnica es la de la percepción atenta de los contenidos verbales y no


verbales del entrevistado, mostrándole una atención sincera y mostrándole
que es importante su presencia, que no tenemos ningún afán por despachar
cualquier asunte rápidamente; al manifestarle tales comportamientos de no
tener prisa por salir del asunto, y de disponer de tiempo para dedicárselo
totalmente se espera lograr en el consultante hacerlo sentirse tranquilo, sin
prisa, con calma.

De modo aquí las técnicas aquí tienen un carácter no verbal; es


fundamentalmente un comportamiento no verbal de atención, calma y espera
por parte del entrevistador. Juega un papel importante el silencia.