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Las facetas de la Revolución Mexicana

Entre las muchas formas en que se ha mirado a la Revolución Mexicana a través de sus
procesos y personajes, "hoy, dada la situación política contemporánea, se buscan
continuidades, personajes moderados, conciliadores, constructores, y ya no los destructores
o radicales" que hace algunos años fueron el interés primordial de los investigadores, dice
el historiador Javier Garciadiego Dantan (México, DF 1951) académico por más de 20 años
y actual director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana.

Estudioso de perspectivas político culturales de la revolución poco analizadas -tal como la


participación universitaria o el estudio de los grupos que estaban en contra del movimiento-
Garciadiego Dantan inició su trayectoria en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM;
sin embargo, cuenta, "en un tiempo cuando las elecciones tenían poco peso, el
cumplimiento de las leyes era laxo, los políticos no se preocupaban por la opinión pública
porque era un régimen autoritario y no había competencia política, era poco motivante
estudiar ciencias políticas.

"Dado que el sistema político mexicano se legitimaba históricamente, muchos politólogos en


ese tiempo nos inclinamos hacia la historia para encontrar una explicación". Así,
Garciadiego emprendió un doctorado en la materia en El Colegio de México, "en el que
encontré nuevas herramientas teóricas y metodológicas además del marxismo, que era la
escuela principal enseñada en la Facultad de Ciencias Políticas y que me dejaba muchas
dudas sobre la historia".

garci_diego_11nb Además, como el doctor Javier Garciadiego consideró que para entender
la Revolución Mexicana tenía que acercarse a otras perspectivas, inició un segundo
doctorado en historia en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, bajo la tutela de
Friedrich Katz, con un enfoque comparativo.

Hay temas paralelos, apunta el investigador, que permiten valorar y analizar la Revolución
Mexicana desde distintos ángulos además de las áreas estudiadas típicamente, como lo
fueron los grupos radicales del movimiento. "Por ejemplo, yo estudié el papel de los
sectores medios urbanos, es decir, cómo participaron estos sectores, específicamente los
estudiantes y profesores universitarios, ya que en otras revoluciones estos grupos han
tenido una enorme participación".

El historiador no sólo analiza los sectores no radicales, sino también los sectores
contrarrevolucionarios. La tesis doctoral de Garciadiego en El Colegio de México -que
posteriormente también fue dirigida por Katz-, señala que además del grupo
contrarrevolucionario de Victoriano Huerta, quien llegó al poder, también hubo otros
sectores que, aunque relativamente fallidos, determinaron el curso de la revolución y su
resultado final. "Al Estado mexicano posrevolucionario le costó muchas concesiones
establecer la paz. Entonces, lo que surgió de la revolución en 1920 no es solamente el
movimiento que venció a Díaz o a Huerta, sino el que tuvo que negociar con estos grupos
contrarrevolucionarios regionales, lo que explica en gran parte la naturaleza del Estado
mexicano contemporáneo".

Garciadiego afirma que la Revolución Mexicana fue una revuelta popular no radical, lo que
resulta curioso si se compara con otros movimientos similares en el mundo, que por lo
general fueron radicales, "no así la mexicana, debido al componente de las clases medias
desde el inicio del movimiento y a las posteriores negociaciones con los sectores
contrarrevolucionarios".

Otro interés de Javier Garciadiego han sido las biografías. Una parte de este trabajo se liga
a su inclinación por los contrarrevolucionarios, ya que "la revolución no solamente fue hecha
por hombres buenos e idealistas, sino que también hubo mucho matarife". De esta manera
el investigador rastreó a "dos personajes horrendos", Higinio Aguilar y Gaudencio de la
Llave, a quienes llama "porfiristas eminentes", porque venían del gobierno y del ejército de
Porfirio Díaz y se reciclaron con la revolución, pero aun cuando tuvieron un papel
importante, apunta, son considerados personajes "feos, menores y vergonzantes".

Otros dos proyectos biográficos de Garciadiego en vías de conclusión son sobre personajes
totalmente contrarios a los anteriores: Alfonso Reyes y Manuel Gómez Morín. Sobre este
último afirma: fue un personaje desconocido durante muchos años, "sólo para iniciados,
pero hoy goza de un interés reciente. Algunos con fines oportunistas, pero otros con un
interés auténtico por descubrir y recuperar toda una línea de la historia nacional".

El investigador enfatiza finalmente que es muy importante que México tenga una historia
más difundida, compartida y plural. "Me interesa mucho que se conozca y comprenda el
siglo XX mexicano, porque yo soy un historiador a quien le interesa explicar el presente a
través de la historia"