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HISTORIA DE LA COLONIZACIÓN DE LA AMAZONIA

El primer europeo que navegó cerca


al estuario del Río Amazonas fue el
florentino Américo Vespucci. En
1499, el navegante toscano, quien
se había separado de los barcos
liderados por Alonso de Ojeda en del
Río Damerara, en Guayana, se
dirigió hacia el sur y exploró la
actual costa brasileña hasta el Cabo
de San Agustín. Vespucci escribió,
en sus cartas al florentino Lorenzo
di Pier Francesco de Medici, que dos
ríos enormes desaguan en el océano
(las dos bocas principales del Río
Amazonas). Describió además los
indígenas que allí habitaban.
Vespucci fue entonces el primer
narrador de la geografía, de las etnias y de la fauna amazónica. Según él, los indígenas eran
muy numerosos y vivían en armonía y en paz con la naturaleza. A continuación se adjunta un
fragmento de una de sus cartas:

Creo que estos dos ríos son la causa del agua dulce en el mar. Acordamos entrar en uno de estos
grandes ríos y navegar a través de él hasta encontrar la ocasión de visitar aquellas tierras y sus
poblados; preparados nuestros barcos y las provisiones para cuatro días, con veinte hombres
bien armados nos adentramos en el río y navegamos a fuerza de remos durante dos días
recorriendo la corriente por aproximadamente dieciocho leguas, avistando muchas tierras.
Navegando así por el río, vimos signos muy evidentes de que el interior de aquellas tierras estaba
habitado. Entonces decidimos volver a las carabelas que habíamos dejado en un lugar inseguro
y así procedimos.

La sucesiva expedición para explorar las costas brasileras y el estuario del Río Amazonas fue
dirigida por el español Vicente Yánez Pinzón, que había sido el comandante de la Niña en el viaje
de Colón en 1492. Partió de Palos el 19 de noviembre de 1499 al mando de cuatro pequeñas
carabelas. El 26 de enero de 1500, mientras que la flota navegaba a doscientos kilómetros de la
costra brasilera, se dio cuenta de que estaba rodeado de agua dulce. Pensó que debía ser un
enorme curso de agua que entraba prepotentemente en el océano. Reconoció el estuario pocos
días después y bautizó a aquel río Santa María de la Mar Dulce. El viaje de Pinzón fue relatado
por el historiador milanés Pedro Mártir de Anglería, en su obra en latín, Décadas de orbe novo.
He aquí un fragmento:

Descubrieron que de grandes montañas fluía con enorme ímpetu un inmenso río de corriente
muy fuerte. Dijeron que dentro de aquel piélago hay numerosas islas selváticas, pero riquísimas
y con numerosas poblaciones. Contaron que los indígenas de estas regiones son pacíficos y
sociales, pero poco útiles para nuestros propósitos, tanto que no obtuvieron de ellos ninguna
ganancia suficiente, como oro o piedras preciosas. Para compensar la falta de ganancias, los
españoles se llevaron consigo treinta esclavos indígenas. Los indígenas llaman a esta región
Mariatambal, mientras que aquella situada al Oriente del río se llama Camamoro y a aquella
situada al Occidente se le dice Paricora. Los indígenas indicaron que en las regiones internas del
río se encontraban grandes cantidades de oro.

Después de aproximadamente un mes, otro español, Diego de Lepe, se adentró en el estuario


por sesenta leguas. Tuvo contacto con numerosos indígenas y fue el primero en llamar Marañón
al gran río, probablemente utilizando un nombre indígena.
En 1500, un gran cartógrafo y piloto, el cantábrico Juan de la Cosa, diseñó el primer mapa del
Nuevo Mundo. En él se nota la enorme masa del continente americano y el estuario del Río
Amazonas, tal como fue descrito por los primeros navegantes.
El portugués Cabral tomó posesión oficial de Brasil en 1500, pero su colonización inició sólo en
1532, cuando Martin Alonso da Souza fundó la ciudad de San Vicente y construyó algunos puestos
militares en las cercanías de las actuales ciudades de Salvador y Río de Janeiro.
En 1494, el tratado de Tordesillas había dividido el mundo en dos esferas de dominio, una
española y otra portuguesa. Una línea imaginaria dividía al Nuevo Mundo en dos partes: las
tierras al occidente de esa línea (situada a 370 leguas al occidente de las islas de Cabo Verde)
eran de posesión española, mientras que las tierras al oriente de la misma eran de posesión
portuguesa (Brasil).
Teóricamente, el estuario del Río Amazonas, así como toda su enorme cuenca, cayeron bajo la
influencia española. Sin embargo, los españoles, durante los primeros treinta años del siglo XVI,
no estuvieron interesados en aquel vasto territorio, por varios motivos.
Antes que nada, porque se trataba de una tierra incógnita, aparentemente sin riquezas, pero
principalmente porque estaban obsesionados por encontrar un camino que les permitiera llegar
hasta las “Islas de las Especias”, situadas en Asia, para poder contrastar, de este modo, con el
predominio portugués.
El proceso de exploración que llevó a los españoles a arribar hasta las Molucas, islas rebosantes
en especias, se concluyó en 1521, cuando Magallanes, después de haber encontrado el camino,
situado al sur del continente, que permitía llegar hasta el “Mar del Sur” (Océano Pacifico), llegó,
después de otros meses de navegación, a las famosas islas.
Mientras tanto, los españoles habían consolidado su dominio en el istmo de Panamá y se
apuraban en conquistar el fabuloso reino de “Birú”, donde se decía que había enormes riquezas.
En aquella época, los conocimientos geográficos del Nuevo Continente eran aún muy
aproximativos. A partir de 1530, luego de la expedición del español Diego de Ordaz, quien
recorrió el río Orinoco y transmitió noticias de enormes tesoros escondidos en la selva
impenetrable, comenzaron a difundirse varias leyendas, como la de una ciudad de oro ocultada
en la jungla.
En aquellos años, Francisco Pizarro estaba conquistando Perú y gran parte de sus tropas estaba
ocupada en los enfrentamientos con los indígenas Incas y con el ejército de Diego de Almagro,
su rival. En los años siguientes a la conquista del Perú, la leyenda de colosales tesoros fue
ulteriormente revivida cuando el español Sebastián de Belalcázar, en marcha hacia el norte del
Perú, se encontró con un nativo, que le contó que uno de los caciques de una tierra situada más
al norte, solía sumergirse en un lago con el cuerpo cubierto de polvo de oro, lanzando varias
joyas de oro al espejo de agua, para complacer a la Divinidad. El territorio del que hablaba aquel
indígena era una meseta situada en el centro del actual territorio colombiano, tierra de los
Muiscas, que fue conquistada por el español Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537. La laguna,
llamada Guatavita, fue explorada a fondo pero, aparte de algunos pedazos de oro, no se localizó
ninguna ciudad escondida.
Sin embargo, la leyenda de El Dorado estaría viva desde entonces, e impulsó a otros aventureros
a buscar más allá del altiplano de los Muiscas, explorando los valles de los ríos Caquetá y
Putumayo, afluentes del Río Amazonas.
En aquellos años, Carlos V, para desadeudarse con los banqueros alemanes Wesler, de los cuales
había recibido préstamos, les había concedido aprovechar económicamente el interior de
Venezuela. Los primeros mercenarios teutónicos que se adentraron en la actual Amazonía
colombiana fueron Jorge Espira y Felipe de Utre.
Los alemanes exploraron vastos territorios correspondientes a los actuales departamentos
colombianos de Meta, Guaviare y Caquetá, pero se vieron obligados a devolverse hacia el norte
puesto que varios ataques de los indígenas les obstruían el paso hacia las profundidades de la
selva.
El primer aventurero que se adentró en la cuenca del río Madre de Dios, uno de los afluentes del
Beni, en la cuenca del Madeira, fue Pedro de Candia, lugarteniente de Francisco Pizarro. Estaba
en búsqueda de la legendaria ciudad de Paititi, lugar mítico donde los Incas habrían acumulado
sus tesoros después de la conquista española del Perú.
Después de los testimonios de algunas de sus concubinas indígenas, quienes le describieron una
provincia opulenta llamada Ambaya, se convenció de que era posible encontrar inmensos tesoros.
Partió a principios del 1538 del pueblo de Paucartambo, al mando de aproximadamente 600
hombres.
Avanzaron a través de la selva por unas 30 leguas hacia el oriente hasta un pueblo llamado
Abiseo, donde fueron atacados por feroces nativos y donde sufrieron muchísimas pérdidas. De
este modo, decidieron retirarse y regresar al Cusco.
En 1541, a una distancia de 49 años de la primera expedición de Cristóbal Colón, la cuenca
amazónica era aún un territorio virgen e inexplorado, si se excluyen las expediciones hasta ahora
mencionadas, las cuales, no obstante, no dejaron noticias geográficas claras, sino sólo confusas
descripciones de reinos riquísimos y de indígenas belicosos que practicaban el canibalismo.
En ese momento, el hermano de Francisco Pizarro, Gonzalo, recién nombrado gobernador de
Quito, decidió emprender una expedición hacia el oriente, en busca del país de la canela y de El
Dorado. El extremeño Francisco de Orellana se unió al viaje.
Prontamente se separaron en dos grupos, puesto que Gonzalo Pizarro regresó a Quito, mientras
que Francisco de Orellana continuó, con sus hombres, la exploración de la cuenca fluvial,
navegando en embarcaciones rústicas construidas por él mismo.
Fue la primera exploración del gran río que fue bautizado “Río Amazonas”, después de haber
visto una tribu de mujeres guerreras, como las Amazonas de la mitología griega. El capellán de
la expedición, Gaspar de Carvajal, dejó una preciosa crónica de la exploración, que fue
transmitida por el historiador español Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés en su Historia
General de las Indias.
Carvajal describió numerosos pueblos indígenas y recurrentes aldeas con extensos campos
cultivados, como si en la Amazonía hubieran vivido muchos cientos de miles de personas, antes
de la llegada de los europeos.
Francisco de Orellana logró llegar al océano, llevando a cabo el más grande viaje de exploración
fluvial de todos los tiempos.
Dándose cuenta de la importancia de su descubrimiento, viajó rápidamente a la corte del rey
Carlos V, pidiendo permiso para poder regresar a la Amazonía con una verdadera flota para poder
fundar ciudades e iniciar la conquista y colonización de aquellas tierras.
No obstante, en su segunda expedición, no tuvo fortuna y murió víctima de una enfermedad. Los
sobrevivientes abandonaron la Amazonía, que en los años siguientes volvió a ser un territorio
inexplorado y sin conquistar, aunque estaba, teóricamente, bajo la influencia española.
La siguiente exploración de europeos en la Amazonía tuvo lugar en 1560, cuando Pedro de Ursúa
emprendió una expedición desde la cuenca del Río Huallaga en busca de El Dorado. La
exploración se transformó rápidamente en un íncubo, cuando uno de sus hombres, el feroz Lope
de Aguirre, tomó el mando de la expedición luego de haber asesinado a su comandante.
Lope de Aguirre, quien él mismo se nombró “rey de la Amazonía”, continuó su loca marcha en
búsqueda del riquísimo reino perdido en la selva, y fue después juzgado en Venezuela, por haber
intentado convencer a sus hombres del propósito de independizar el Perú de España.
Después de su captura y ejecución, efectuada en 1561, la Corona española prohibió otros viajes
más allá de los Andes, probablemente para no difundir falsos mitos entre la gente y para no
incentivar la despoblación del Perú, el cual, a fines del siglo XVI, comenzaba a proporcionar plata
y otros minerales.
De cualquier modo, en 1561, el español Nuflo de Chávez fundó, en las cercanías del Mamoré, el
pueblo de Santa Cruz de la Sierra, en la actual Bolivia. De este lugar, situado en la cuenca
amazónica pero a una altura de cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, partieron en los
años siguientes importantes misiones de jesuitas, que exploraron el alto curso del Madeira, uno
de los más grandes afluentes del Río Amazonas.
En efecto, a partir de 1570, la Corona española autorizó un lento pero constante flujo de jesuitas
en los territorios del Virreinato del Perú. La meta principal del envío de jesuitas era la de
evangelizar a los nativos y la de transmitir informaciones importantes al gobierno español.
Mientras tanto la exploración de la Amazonía seguía.
En 1566, el español Juan Álvarez Maldonado recorrió el curso del Río Madre de Dios en búsqueda
de Paititi. El viaje fue un fracaso, pero Maldonado contribuyó, con sus exploraciones, al
conocimiento de esa parte de la selva amazónica considerada inaccesible hasta entonces.
Mientras tanto, a fines del siglo XVI, las crónicas de los aventureros habían aumentado
considerablemente los conocimientos geográficos del continente suramericano.
Algunos de ellos, después de haber escuchado lo que algunos nativos habían descrito sobre una
ciudad de oro situada en las cercanías de un gran lago, se dirigieron a la zona del norte de la
Amazonía, correspondiente al actual estado brasilero de Roraima. La fantástica ciudad, llamada
Manoa, habría sido construida en las cercanías del lago denominado Parime. Antonio de Berrío
fue el primer explorador que buscó a Manoa, a partir de 1583, pero sin éxito. Después, fue el
turno del inglés Walter Raleigh y de algunos de sus lugartenientes, quienes llegaron hasta la
actual frontera de Venezuela y Brasil, donde grupos de hostiles nativos les obstaculizaron el paso.
El último viajero que partió en busca de Manoa fue el inglés Thomas Roe, quien recorrió el curso
del Río Negro en 1611. Luego, nada más, a Manoa se la tragó su propio mito y fue olvidada por
más de tres siglos.
Sin embargo, en los últimos años del siglo XX, algunos geólogos que hacían parte del equipo de
Roland Stevenson, explorador chileno, demostraron que el lago Parime existió realmente y que
se secó a partir del 1300 de nuestra era. En la adyacente isla Maracá se encontraron muchas
tumbas cuyos esqueletos estuvieron adornados en oro. ¿Fue ese el lugar de donde provenían las
Amazonas? Si así hubiera sido, la zona de la isla de Maracá, que aún existe en el curso del río
Uraricoera, en el Roraima brasilero, habría sido el verdadero Dorado.
Cuando, en 1578, el rey de España Felipe II fue reconocido también rey de Portugal, toda América
del Sur recayó bajo un único dominio.
Sin embargo, los portugueses, quienes veían la Amazonía como un territorio desaprovechado,
iniciaron una lenta penetración en el interior y ocuparon el estuario del Río Amazonas fundando,
en 1615, un fuerte, en un brazo del Río Amazonas (bahía de Guajarà), llamado Presepio de Castel
Branco (posteriormente conocido como Belem do Pará).
El adelantado fue Francisco Caldeira Castelo Branco, que se las ingenió para expulsar las naves
francesas y holandesas del estuario del gran río.
En efecto, los franceses eran muy activos en Brasil en aquellos años, puesto que habían
establecido varias sedes comerciales en el actual estado de Maranhao, como por ejemplo el
pueblo de San Luis, construido en 1612 en honor al rey Luis IX.
Mientras tanto, continuaba la lenta expansión de los jesuitas en la actual Amazonía ecuatoriana
y peruana. El primer religioso que se adentró en la zona fue el fraile Rafael Ferrer, en 1604.
En 1619, el capitán Diego Vaca de la Vega, fundó el pueblo de San Francisco de Borja.
En 1636, fue organizada una expedición del capitán español Palacios, que partió del actual
Ecuador, acompañado por un discreto número de religiosos. El objetivo de la empresa era
implantar misiones de jesuitas y verificar la real extensión de los territorios aptos para la
colonización. En la confluencia entre el Aguarico y el Napo, fue construido un pueblo que se llamó
Anta. Cuando los autóctonos se dieron cuenta de que los extranjeros estaban apoderándose de
sus tierras, atacaron, y muchos españoles, entre los cuales estaba Palacios, fueron asesinados.
Algunos regresaron a Quito en un increíble viaje, mientras que seis soldados y dos religiosos
navegaron, con muchos contratiempos, a lo largo de todo el curso del Río Amazonas, para llegar,
a mitad del 1637, a las colonias portuguesas del Pará. El gobernador Raymundo de Noronha se
interesó en la posibilidad de hacer el viaje de regreso y encomendó la empresa al cartógrafo
Pedro Texeira, quien partió al mando de 70 soldados y 2080 indígenas a bordo de 47
embarcaciones.
El capitán recorrió el Río Amazonas desde el estuario hasta los ríos Napo y Aguarico, donde
Orellana había iniciado su aventura noventa y seis años antes.
Luego de este viaje, el piloto de Texeira, el fraile Lauretano de la Cruz, produjo un mapa detallado
de la Amazonía, hoy perdido. En esta carta había minuciosas descripciones de la profundidad del
río y de su navegabilidad. Entonces Texeira, en diciembre del 1638, llegó a Quito, donde conoció
al padre Cristóbal de Acuña.
En 1639, Texeira y el religioso Acuña emprendieron un nuevo viaje. Navegaron por el Río
Amazonas siguiendo el curso de la corriente, llegando luego al Pará. Este viaje fue relatado por
el jesuita español Cristóbal de Acuña en su Nuevo descubrimiento del Gran Río de Amazonas,
publicado en 1641.
Otros jesuitas que se establecieron en la actual Amazonía peruana fueron los Padres Gaspar Cujia
y Lucas de la Cueva, quienes en 1638 fundaron el pueblo llamado Limpia Concepción de Jeberos.
Desde entonces se incrementó la lenta expansión de religiosos a lo largo de los ríos Ucayali,
Huallaga, Napo y Juruá.
A partir de 1640, los portugueses aumentaron la penetración al interior de la Amazonía y en el
mismo año Portugal obtuvo nuevamente la independencia de España.
Brasil recayó de nuevo bajo la Corona portuguesa, mientras que la Amazonía, teóricamente bajo
el dominio español, en realidad estaba colonizada cada vez más por los portugueses, quienes
incrementaron el comercio y fundaron otras sedes militares y comerciales, sobretodo en la zona
del estuario del gran río.
En aquel período no fueron raros los enfrentamientos con los indígenas, especialmente en la
confluencia entre el Río Negro y el Solimoes (parece que este nombre, utilizado por los brasileros
para indicar el Río Amazonas desde Tabatinga hasta su confluencia con el Río Negro, tiene que
ver con los indígenas Tupí Guaraní que allí vivían, aunque otras versiones sostienen que deriva
de las palabras portuguesas sò limões, solo limones, probablemente porque los terrenos
circundantes fueron utilizados para extensas plantaciones de limones en los siglos pasados).
Ajuricaba, un cacique de los indígenas Manaus, estuvo al mando de una tentativa de revuelta
indígena, rápidamente sofocada con sangre.
En 1648 se inició la expansión de los bandeirantes, grupos de colonos que partían desde zonas
deprimidas del Brasil y que se adentraban en el interior en busca de riquezas minerarias.
Estos aventureros, que se orientaban con la brújula y las constelaciones, como si estuvieran
navegando en un océano, construían fortalezas, embriones de futuros pueblos y luchaban con
los indígenas, intentando imponer su dominio. Inicialmente partieron de la ciudad de San Paolo
y siguieron el curso de los ríos Tiete y Paraná.
El primero de ellos que llegó a los territorios amazónicos fue Antonio Raposo Tabares, que partió
al mando de una expedición en 1648. Se adentró en el territorio del Mato Grosso y recorrió los
ríos Paraguay y Mamoré. Entonces siguió el curso del Madeira para llegar finalmente, en 1651, a
las orillas del Río Amazonas. En su viaje recorrió más de diez mil kilómetros y los relatos de sus
cronistas llegaron hasta Europa, estimulando nuevas empresas.
Mientras tanto, con los testimonios de los primeros religiosos presentes en la Amazonía, los
conocimientos geográficos de toda la cuenca fluvial aumentaron considerablemente.
En 1661, el padre jesuita João Felipe Bettendorf fundó el pueblo de Santarém, situado en la
confluencia del Río Amazonas y del Tapajos. En 1669, el capitán portugués Francisco da Mota
Falcao construyó, en la confluencia entre el Río Negro y el Río Amazonas, el fuerte San José de
Río Negro. El puesto militar asumió una importancia relevante en las décadas sucesivas y luego
fue llamado Manaus, nombre de una etnia indígena.
Prácticamente, desde entonces, los portugueses habían atravesado la famosa “línea de
Tordesillas”, la cual desde 1494 dividía el continente suramericano en dos zonas de influencia, y
habían colonizado gran parte de la cuenca fluvial.
Mientras tanto, los jesuitas estaban creando nuevas misiones, especialmente en la confluencia
del Juruá con el Solimoes.
Uno de ellos era el Padre Samuel Fritz, nacido en Bohemia en 1650, quien llegó a Quito en 1682
y posteriormente viajó al Amazonas. Vivió varios años en las tierras de los Omagua, en la actual
selva peruana. Luego de un viaje al Pará, comenzó a recoger varias informaciones sobre la
geografía del gran río y de sus afluentes y decidió diseñar su famoso mapa de la Amazonía, en
1707.
Entre 1691 y 1697, los portugueses Inácio Correia de Oliveira, Antônio de Miranda e José Antunes
da Fonseca se apropiaron de los enormes territorios del Solimoes.
Los portugueses introdujeron en la Amazonía nuevas culturas, como por ejemplo la del café. Esta
planta, que fue inicialmente difundida en Suramérica por los holandeses, fue importada por
Francisco de Melo Palheta, quien viajó por la Guyana francesa y exploró la parte norte del
territorio amazónico.
Francisco de Melo Palheta recorrió en 1723 el curso del Madeira, llegando a la actual región
boliviana del Beni y proporcionando importantes datos sobre una zona de selva completamente
inexplorada hasta entonces.
En 1726, Francisco Javier Morales exploró el Río Negro proporcionando informaciones geográficas
y científicas. En 1735, el francés Charles Marie de la Condamine, geógrafo y matemático, llevó a
cabo la primera expedición científica en Amazonía, que terminó en 1744 en la Guyana francesa.
Fue uno de los primeros exploradores que describió el canal Casiquiare, que pone en
comunicación al Río Negro con el Orinoco, uniendo, en efecto, las dos enormes cuencas fluviales.
La descripción de su viaje en Suramérica fue publicada en París en 1751.
Entre 1742 y 1749, los aventureros portugueses Manuel Félix de Lima y José Leme do Prado
navegaron el alto curso del Madeira y algunos de sus afluentes, en particular modo el Mamoré.
Estaban en busca de especias y establecieron lucrosos comercios entre el área del Cuiabá y la
ciudad de Belem do Pará.
En 1747, otro expedicionario, el portugués João da Sousa Acevedo, recorrió el curso del Tapajos.
En 1750, los jesuitas españoles, quienes estaban particularmente activos desde el alto curso del
Río Amazonas hasta sus confluencias con los afluentes Juruá, Putumayo, Napo y Marañón,
fundaron un pueblo, llamado Iquitos, más abajo de la confluencia entre el Ucayali (brazo principal
del Río Amazonas) y el Marañón.
Desde entonces, sin embargo, gran parte de la cuenca amazónica estaba controlada y colonizada
por los portugueses y por lo tanto en 1750, los españoles, con el tratado de Madrid, renunciaron
a la soberanía en gran parte de ella, estableciendo nuevos confines entre la colonia portuguesa
y aquella sometida a España.
La influencia de los jesuitas españoles empezó a ser vista con desconfianza por los portugueses,
que empezaron a expulsarlos con las incursiones de Belchior Mendes de Morais, en el valle del
río Napo, y a sustituirlos con misiones de religiosos portugueses carmelitanos y del orden de
Nossa Señora da Merced.
En 1755, los portugueses crearon la Capitanía de San José de Río Negro, que tenía como capital
al pueblo de Mariuá, la actual ciudad de Barcelos, en el Río Negro. La creación de la Capitanía
tenía como meta administrar los grandes territorios que, en parte, estaban aún inexplorados, e
impedirles a las naves extranjeras navegar por el Río Amazonas sin autorización portuguesa.
En 1759, todos los jesuitas españoles fueron expulsados de la Amazonía, puesto que fueron
acusados de sacar enormes provechos de sus intercambios comerciales con los indígenas.
Al final del siglo XVIII, productos como café, cacao, algodón y tabaco comenzaron a ser
exportados, dando una cierta vitalidad a la región.
En 1761 los portugueses fundaron el fuerte São Josè de Macapà, en el estuario del Río Amazonas,
para expulsar las naves inglesas y francesas de esas costas.
En 1774, el portugués Ribeiro de Sampaio exploró las bocas del Caquetá (Japurá para los
brasileros), un gran afluente del Río Amazonas, cuyas fuentes se encuentran en los Andes
colombianos y lo recorrió explorando su cuenca.
En 1799, el barón Alexander Von Humboldt, naturalista prusiano, viajó a Suramérica junto con
su amigo Aimé Bonpland, botánico francés. Los dos científicos definieron la exacta ubicación del
canal natural Casiquiare, y llevaron a cabo interesantes estudios sobre la fauna amazónica.
Fueron los primeros en describir al electrophorus electricus, pez que puede emitir descargas
eléctricas de hasta seiscientos voltios.
Otra célebre expedición en la Amazonía fue emprendida en 1817 por el naturalista alemán Johann
Baptiste Von Spix junto con el médico y antropólogo alemán Karl Friedrich Philipp Von Martius.
Los dos investigadores estudiaron a fondo la enorme biodiversidad de la cuenca fluvial.
En aquel período, mientras que los naturalistas exploraban la selva, el movimiento
independentista brasilero tomaba cada vez un mayor poder.
En 1822, cuando Brasil proclamó su independencia de Portugal, la Amazonía brasilera fue
administrada con el nombre de Grao Pará. En 1832, los pueblos que allí vivían intentaron
independizarse del recién constituido imperio de Brasil, que tenía como líder a Don Pedro I. Esta
revuelta, llamada Cabanagem, del nombre de las casas pobres situadas sobre las orillas del Río
Amazonas, tuvo como inspirador al activista político João Batista Gonçalves Campos, quien luchó
contra el gobernador del Grao Pará, Bernando Lobo de Souza.
La tentativa de independencia fue sofocada con sangre, aunque la provincia brasileña
“Amazonas” obtuvo en 1850 el estatus de autonomía.
Al mismo tiempo, también otras posesiones españolas, declararon su independencia. En 1819,
Simón Bolívar fue nombrado presidente de la “Gran Colombia”, enorme región que comprendía
a los actuales estados de Colombia, Panamá, Venezuela, Ecuador y parte de la actual Amazonía
peruana y brasileña.
Cuando, en 1831, la “Gran Colombia” se disolvió, los estados que la formaban declararon su
independencia y empezaron a administrar las respectivas provincias amazónicas.
El Perú, que declaró su soberanía de España en 1819, administró su región amazónica desde el
puerto de Iquitos, que en 1864 obtuvo oficialmente el estatus de capital del departamento de
Loreto.
Bolivia se declaró estado soberano en 1842 y administró sus territorios del Beni y de Santa Cruz,
donde surge la actual ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
En 1852, el emperador de Brasil, Don Pedro II, autorizó la constitución de la “Compañía de
navegación y de comercio de la Amazonía”, con el objetivo de incrementar los flujos comerciales.
Posteriormente, en 1866, para ampliar los negocios, el Río Amazonas se abrió al tráfico marítimo
internacional.
También en la segunda parte del siglo XIX, la Amazonía fue objeto de estudio por parte de
numerosos científicos.
A partir de 1860, el británico William Chandless emprendió varios viajes recorriendo el curso del
río Purús, uno de los afluentes del Río Amazonas. Tuvo contacto con un grupo de autóctonos y
estudió su lengua, el Arua, hoy extinguida.
Por los mismos años, el francés Jules Crevaux recorrió el curso del Putumayo, proporcionando
importantes informaciones sobre los pueblos y la geografía de su cuenca.
En 1879, llegó a la Amazonía el geógrafo y fotógrafo italiano Ermanno Stradelli. En los años
siguientes, se interesó en el estudio de las lenguas indígenas de la zona del Río Vaupés, afluente
del Río Negro. En 1881, se ocupó en recopilar el libro del indígena Maximiliano José Roberto La
leyenda de Yurupary, publicado después en el Boletín de la Sociedad Geográfica Italiana en 1890.
Del 1882 al 1884, participó en varias exploraciones en el Vaupés y en la zona fronteriza de Brasil
y Venezuela. Luego de un viaje por Italia, regresó a la Amazonía, donde murió en 1926.
En 1883, el profesor Barbosa Rodríguez fundó el jardín botánico de Manaus y tuvo el mérito de
catalogar y estudiar una vastísima variedad de plantas.
En 1884, el etnólogo alemán Karl Von den Steinen exploró el alto curso del Río Xingú y
posteriormente ofreció importantes datos sobre los pueblos indígenas y la flora y fauna de estos
territorios.
A finales del siglo XIX, empezó a adquirir importancia la explotación del árbol de goma (hevea
brasiliensis o seringueiras), del cual se obtenía caucho apto para numerosos usos industriales.
Luego de la prosperidad económica derivada de la exportación de caucho, del cual la Amazonía
tenía virtualmente el monopolio mundial, Manaus se convirtió en un centro importante y su
población comenzó a crecer. En 1884, fue construido el Teatro Amazonas y otros importantes
edificios.
La población de la Amazonía se quintuplicó del 1870 al 1900, pasando de cincuenta mil a
doscientos cincuenta mil personas.
En la provincia imperial amazónica fue proclamado el fin de la esclavitud en 1884. Cinco años
después en Brasil se abolió el imperio y se formó una república.
En aquellos años, la expansión económica derivada del aprovechamiento de la goma reclamaba
inmigrantes de todas partes del Brasil que esperaban un futuro mejor. Sin embargo, el ciclo de
la goma no duró mucho, puesto que algunas semillas de hevea brasiliensis fueron sembradas
con éxito en el sur oriente asiático. La economía amazónica entró en una profunda crisis en 1913,
ya que el precio de la goma cayó después de su explotación a gran escala en Malaysia.
Mientras tanto, desde principios del siglo XX, la Amazonía volvió a fascinar a arqueólogos y a
aventureros, cuyo interés ya no radicaba en buscar una ciudad de oro (El Dorado de los Incas,
Paititi), sino en demostrar que en la Amazonía prosperó una cultura primigenia en épocas
antiguas, de la cual se desarrollaron todas las demás.
El explorador más importante del siglo XX fue el inglés Percy Harrison Fawcett, quien se adentró
varias veces en la selva del alto Xingú (afluente del Río Amazonas), donde, según él, estaba
escondida una mítica ciudad antediluviana llamada Z. Fawcett no regresó jamás de su última
expedición, en 1925. A raíz de su desaparición se crearon varios mitos, como el que cuenta que
él se quedó en una tribu de indígenas blancos, en los alrededores de la Serra do Roncador.
La Amazonía seguía encantando a los exploradores y a los investigadores, pero comenzaba
también a llamar la atención de las grandes multinacionales mineras, las cuales, a partir del
1930, intentaron obtener lucrosos contratos con el gobierno brasilero.
En la posguerra, con la intención de revitalizar a la región, el gobierno brasileño incentivó la
construcción de carreteras, como la Manaus-Boa Vista o la Manaus-Porto Velho.
En 1966, se decidió la construcción de la vía transamazónica, que conectaría el estado de
Amazonas con el de Pará. La vía, con una longitud de aproximadamente dos mil trescientos
kilómetros, se terminó en 1972, pero no fue nunca plenamente utilizada puesto que no estaba
asfaltada y era por tanto totalmente inutilizable durante la estación de lluvias.
Desgraciadamente, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en la Amazonía se incrementó el
proceso de deforestación.
Hay que distinguir entre los pequeños propietarios de tierras, que a veces talan árboles para
vender la leña, con el fin de afrontar persistentes problemas de miseria, y las grandes
multinacionales, que lo hacen con métodos mecanizados, para después cultivar soya o maíz,
empobreciendo los suelos.
Los primeros deberían ser subsidiados, tanto para que no deforesten, como para que cultiven las
plantas más adecuadas a los diferentes tipos de suelos.
Los efectos de las talas de bosques efectuadas a gran escala son catastróficos. Primero que todo,
grandes áreas forestales son destruidas por medio de incendios, con una consiguiente emisión
en la atmósfera de enormes cantidades de óxido de carbono, el principal responsable del efecto
invernadero.
Como las selvas contribuyen a regular la cantidad de anhídrido carbónico presente en la
atmósfera, cuando se destruyen, se disminuye la capacidad del planeta de absorber este gas.
Además, la deforestación favorece a la erosión de los suelos con consiguientes formaciones de
derrumbes. Otro de sus efectos devastadores es la pérdida de la biodiversidad. Mientras que la
vegetación es destruida, los animales pierden su hábitat, sucumben y se extinguen para siempre.
Además se disminuye la evapotranspiración, que a su vez reduce la humedad en la atmósfera,
con la consiguiente desertificación de vastas áreas.
Otra consecuencia es el declive y a veces la extinción de algunos grupos indígenas que desde
milenios vivían en armonía y simbiosis con la naturaleza.
En la mayoría de los casos, los propietarios de tierras talan bosques para vender la enorme
cantidad de leña que obtienen, o para explotar los terrenos para los cultivos o la ganadería.
Actualmente, en Brasil, en la mayoría de los nuevos terrenos deforestados se cultiva soya.
Se calculó que la deforestación causó, del 1970 al 2005, la pérdida del 20% de toda la selva
tropical (un área casi tan grande como dos veces España). Por consiguiente, la destrucción anual
fue, en este periodo, de aproximadamente veinte mil kilómetros cuadrados.
Si este ritmo continuara, en menos de dos décadas se podría perder otro quinto de ese
ecosistema, un enorme desastre ambiental.
La última amenaza a la integridad de la selva es la biopiratería: el acceso ilegal a recursos
biológicos y genéticos con el fin de explotarlos económicamente.
Cada vez más, científicos sin escrúpulos del norte del mundo se introducen en los territorios
indígenas y, después de haber obtenido su confianza, se apropian de conocimientos antiguos,
relacionados con el uso de las plantas medicinales o de sustancias contenidas en el cuerpo de
animales (anfibios, reptiles, insectos). El uso de estos principios activos es después registrado
en el exterior sin autorizaciones del gobierno, infringiendo la soberanía territorial. Las sustancias
obtenidas ilegalmente son después usadas para la producción de medicamentos cosméticos, a
veces después de someterlas a modificaciones genéticas.
Los bio-piratas no sólo causan la destrucción de especies animales, que son después explotadas
desconsideradamente, sino que con su presencia no autorizada en los territorios indígenas,
causan frecuentemente shocks culturales y sociales, además de la difusión de enfermedades
contra las cuales los nativos no tienen suficientes anticuerpos.
Como se ve, el destino del hombre está estrechamente conectado al futuro de la Amazonía, que
todavía hoy es la selva tropical más grande del mundo. En mi opinión la selva amazónica debería
ser declarada patrimonio de la humanidad, y los países del mundo deberían financiar su
sustenibilidad. Solo en esta manera este paraíso será preservado para las generaciones futuras.

La colonización del Amazonas (II)


Catarata en Perú

Selva del Perú (ilustrada por el célebre francés Riou, dibujante que ilustró
varios libros de Julio Verne y Edgar A. Poe)

Como mencionábamos en el post anterior, el proyecto de colonización a gran escala


planteaba inicialmente como principal tierra de destino la vertiente oriental de los Andes,
es decir, los valles del Amazonas. Zona rodeada de misterios y leyendas (inclusive en la
actualidad), escasamente poblada y que durante la colonia había recibido poca atención, se
presentaba dada la vastedad de sus regiones para el asentamiento de numerosas colonias.

Claro está, que para este asentamiento dadas las características de la ausencia de caminos,
las rutas de comunicación se planteaban por vía fluvial. Es así que para 1853, el año el que
se produjo el primer intento colonizador de la Amazonia, se lleva a debate en el Congreso
la ampliación de un Tratado de Navegación ya suscrito en 1851 con el Imperio del Brasil;
dentro de lo debatido se hallaba el tema de la navegación fluvial, sobre la exclusividad de
las contratas y acá extraigo algunos artículos de un proyecto de contrato presentado para
su aprobación:
Los abajo firmados, ciudadano de la república del Perú D. Evaristo Gomez Sanchez,
encargado por su gobierno del canje de las ratificaciones de la convención de comercio y
navegación fluvial, celebrada entre la dicha república y el imperio del brasil, y al ciudadano
brasileño D. Ireneo Evangelista de Sousa, en calidad de Presidente de la compañía de
navegación del Amazonas, formada en esta plaza de Rio de Janeiro en 9 de setiembre del
corriente año -1852- desean arreglar de manera ventajosa para el Perú y la empresa el
modo de llevar a cabo la expresada navegación del Amazonas y la de los ríos interiores de
la República concluyentes de aquel, han convenido y ajustado lo siguiente, que queda
pendiente de la aprobación del gobierno del Perú:
Art.4 – cuando los barcos de vapor de la compañía no completasen el viaje redondo, que es
de la ciudad de la Barra en la embocadura del río Negro, al punto de Nauta, y de éste otra
vez a aquella ciudad, se abonará tan sólo a la Compañía, la cantidad correspondiente a la
distancia navegada, calculada por el número de millas en relacion al precio del viaje
redondo.
Art.17 – Como en el fin del tercer año de esta contrata el Gobierno del Perú y la compañía
de navegación y comercio del Amazonas deben tener ya una experiencia tal de la empresa,
que los ponga en actitud de renovar a aquella y extenderla a mayor número de años, el
Gobierno del Perú por su i o petición de la compañía, lo declarará así, procediéndose en
consecuencia a la renovación del contrato, con las modificaciones que se creyesen
oportunas. En este caso, la compañía se obliga a fundar en el litoral del Perú,
que baña el Amazonas, y en las márgenes de los ríos interiores de la
República, diez colonias de extranjeros que deberan ser de la nación que el
Gobierno peruano designe. Para este fin se darán gratuitamente a la
compañía la porción de terreno necesario.
Art. 18 – Las colonias que la compañía funde gozarán de las mismas ventajas y exenciones
económicas que se concedieren a iguales establecimientos en la República del Perú o
mayores, y mas especiales si las circunstancias especiales o las conveniencias públicas y de
la compañía asi lo exigieran. Además de esto, el gobierno del Perú protegerá a la compañía
en todo cuanto tienda a facilitar los contratos, venida y establecimiento tanto de los
colonos mencionados como de los misioneros que eche mano para el mayor éxito de la
colonización, y removerá cualesquier embarazos que se opongan a la marcha y
desenvolvimiento de la misma, precediendo la solicitud de la compañía.
Art. 19 – Conviniendo a la empresa de inmigración y colonización de las vastas regiones del
interior del Perú y a la exportación de sus raras producciones que aquellas y estas sean
conocidas del mundo todo, especialmente de las naciones industriosas de la Europa, la
compañía deberá procurar con el mayor ardor que sean conocidas aquellos territorios y
esos productos, haciendo publicaciones por su cuenta mediante la prensa,
exportando en sus barcos las muestras de los frutos que constituyen la riqueza entre los
tres reinos de la naturaleza y adoptando cuantas medidas estén a su alcance.

Dicho contrato no fue suscrito, ni ninguna empresa intentó establecer colonias amazónicas
excepto el tema tratado anteriormente sobre los italianos de Chanchamayo traídos por M.
Kenzie alrededor de 1890. Un punto importante para hacer efectiva y dinámica la
colonización del Amazonas es la navegación fluvial y lo que ello necesita, los barcos. Para
esto el Perú suscribió en 1851 un tratado internacional con el Brasil, estableciendo la libre
navegación a lo largo del río amazonas, exonerando de los derechos de importanción a los
vapores de ambos estados que los surcasen, comprometiéndo a ambas naciones a contratar
conjuntamente los servicios de una compañía de vapores la cual debía hacer viajes
regulares desde Belén de Pará (en la desembocadura Atlántica del Amazonas) hasta el
puerto peruano de Nauta; para ello el gobierno peruano encargó la construcción de dos
vapores en Estados Unidos en 1853 y el Brasil contrató los servicios de la Amazon
Navigation Company, la cual en el curso de los cinco años siguientes la compañía sirvió a
ambos países siendo subsidiada por estos.

El 14 de marzo de 1854 llegaron a Loreto los vapores peruanos "Tirado" y "Huallaga" -los
primeros que con bandera peruana surcaron el Amazonas- de 80 y 50 toneladas
respectivamente, hechos en Estados Unidos, y demostraron estar mal diseñados para su
empleo en la región. Fueron construidos a propuesto de José Whitmore y vinieron en
piezas para armarse en Pará. El 18 de marzo de 1853 Whitmore presenta su propuesta de
construcción, ofreciendo mediante la entrega de 75 000 pesos construir dos barcos de
vapor de río del tonelaje antes mencionado, aceptándose dicha propuesta con las
condiciones de que cada vapor tenga montado un cañón de calibre igual al de la fragata
"Amazonas", a fin de que representen en los puertos fronterizos y ríos interiores la
autoridad nacional y que exploren estos ríos, iniciando el comercio fluvial en toda su
longitud, facilitando la comunicación acuática por el Pozuzo y el Huallaga, evitando las
dilaciones y penalidades del camino de aquel entonces existente entre el Departamento de
La Libertad y de Amazonas.

Sobre el destino de estos dos vapores, Mateo Paz Soldán en su "Geografía del Perú" (1862)
describe lo siguiente:

"El río Huallaga: Bastante caudaloso, desciende de las alturas del Cerro de Pasco, es
bavegable por barcos de vapor hasta los Pongos de Chasuta, desemboca en el Marañón
cinco leguas más abajo del puerto de La Laguna. El Vapor Tirado ha surcado ya este río,
desde la unión con el Marañón hasta el puerto de Yurimaguas, sin encontrar embarazo
alguno en él..."

"En el año de 1853 el Gobierno del Perú, queriendo proteger la industria naciente de la
provincia litoral de Loreto, mandó construir a los Estados Unidos dos pequeños vapores, el
Huallaga y el Tirado, con el objeto de facilitar la navegación de los ríos de la provincia que
nos ocupa; pero desgraciadamente por su mala construcción, se perdieron
prontamente, quedando abandonados desde el año de 1856, cuyos restos se
pueden ver todavía sobre las playas de Nauta y de Omaguas..."

Luego de una guerra con Ecuador, en 1861 el Perú contrató la construcción en Inglaterra
de cuatro embarcaciones, los vapores Morona, Pastaza, Napo y Putumayo, los dos últimos
encargados de la exploración y cartografía del Amazonas y los dos primeros destinados al
comercio fluvial interno y al uso militar -en 1860 el tratado de libre navegación con Brasil
fue cancelado-.
Indio con cerbatana

Luego del fracaso de la expedición de 1853, se replanteó la estrategia colonizadora, dándole


preferencia a la colonización de los valles más próximos a los Andes, como el proyecto de
Pozuzo, cuyo gestor fue Kuno Damian Schutz, noble de Camberg y nacionalizado peruano
en 1853. En su interesante libro "Der Amazonas" describe la experiencia que vivió dicho
año y luego en 1857, al suscribir el contrato que terminó en el establecimiento de la colonia
de Pozuzo:

"Esta colonia -Pozuzo- fue fundada por mí mismo en 1857, cuando cometí el error de creer
en la consistencia y en las promesas de un gobierno criollo, que no cumplió sus contratos
sino muy imperfectamente, sobre todo en lo relativo a la construcción de caminos."

"Kuno Damián barón de Schutz y Holzhausen... en setiembre de 1852 desembarcó en el


Callao y se unió conforme al deseo del primer Ministro peruano -Tirado- a la expedición
que enviaba el gobierno en 1853 a fundar una colonia en el bajo Marañón en la frontera
con Brasil. El camino que siguió la expedición fue de Trujillo, Cajamarca, Chachapoyas,
Moyobamba en el Huallaga, de aquí se ganó el Marañón en balsas. En Caballococha se
separó el barón de la expedición y navegó el Amazonas en canoa hasta Manaos, desde
donde hasta la desemboadura del río aprovechó un vapor. En este penoso viaje a través de
América del sur adquirió la convicción el infatigable zapador de que la comarca del bajo
Marañón y sus afluentes estaba apropiada para una colonización europea y presentaba
favorables aspectos...
Dama de la localidad de Nauta

Dentro de la segunda expedición colonizadora de 1853 se encontraban varios extranjeros.


En el Registro Oficial de dicho año se señala lo siguiente:

Lima, julio 25 de 1853. Debiendo marchar al territorio de Loreto de cuenta del Estado y en
calidad de pobladores los norte-americanos Juan Dimiddie, Alejandro Ros, Jorje Enrique
Hayden, Andrés J. Hazen, Enrique Freeze, Enós Cowles, Jorje Lord, Santiago L.
Davenport, Eliás Kicktor, Guillermo Hogan, Enrique Hardi, J.H. Lee, G. Clark, Isaac N.
Lay, Santiago Smith, Andrés Hathacoay y Juan Bruce: los italianos David Rondaneli y
Agustín Cordiglia: los escoceses Samuel Anderson y Guillermo Muir, y el chileno José
Vildózola, se les concede con arreglo al artículo 168 de la Constitución, la calidad de
ciudadanos por naturalización: expídaseles la correspondiente carta y publíquese. Rubrica
de S.E. – Tirado.

Qué fue de ellos, no lo sabemos. En base a lo que se comentó en el post anterior,


probablemente abandonaron el Perú con rumbo a Brasil o regresaron a Lima. Otras
propuestas recibidas para la colonización del Amazonas fueron las de Mauricio Kiechbach,
quien en 1860 ofreció traer a 20 000 alemanes en un plazo de tres años, con rumbo a la
localidad de Nauta, gozando los inmigrantes de numerosas franquicias y exenciones
militares y aduaneras; dicha propuesta jamás se concretó, en parte por la negativa de los
estados alemanes de permitir una inmigración de sus ciudadanos a territorios tan
despoblados y de una manera tan desorganizada (concepción esta ganada por la triste
experiencia de los alemanes de Rodulfo). Para 1862 el francés Félix Reneaut ofrece
también colonizar el Amazonas, sin embargo su prpuesta fue denegada dado que él y sus
asociados no ofrecían las garantías necesarias para asegurar el cumplimiento adecuado del
contrato colonizador.
---------------------------
(1) La Frontera domesticada: Historia económica y social de Loreto 1850-2000. Fernando
Santos y Frederica Barclay. Fondo Editorial de la PUCP, 2002.
(2) La inmigración en el Perú. Juan de Arona 1891.
(3) Colección de leyes, decretos, resoluciones y otros documentos referentes al
departamento de Loreto. Tomo V. Carlos Larrabure y Correa. Monumenta Amazónica,
CETA 2007.
(4) Rejistro Oficial 1853
(5) Der Amazonas: Wanderbilder aus Peru, Bolivia und Nordbrasilien. Damian Freiherr
Schutz zu Holzhausen, 1883 (Ilustraciones tomadas de este texto).
(6) Los ríos de la Amazonía peruana: estudio histórico-geográfico, político y militar de la
Amazonía peruana y de su porvenir en el desarrollo socioeconómico del Perú. Guillermo S.
Faura Gaig, 1964.

La colonización del Amazonas (I)

Mapa del Amazonas

Una vez obtenida la independencia, la entonces joven República del Perú se embarcó en
una corriente que recorría el continente, el tema de la inmigración.

A diferencia de otros países como Estados Unidos, Argentina y Brasil, el Perú presentaba
una geografía accidentada, en donde las planicies o pampas no son muy abundantes. En la
costa del Pacífico, la región con mayores vías de comunicación tanto terrestres como la
ventaja del mar, la norma eran las haciendas, grandes extensiones de terreno dedicadas
generalmente a cultuvos agrícolas y en unos pocos casos, a la ganadería. Esta región
natural del Perú ya se hallaba copada por la oligarquía descendiente de los españoles y por
los nuevos propietarios, generalmente caudillos militares y comerciantes, quienes más que
inmigrantes dispuestos a convertirse en pequeños propietarios, necesitaban mano de obra
barata ("semi-esclava"); los intentos de asentar una colonia en la región fueron funestos,
tanto en el caso de las familias vascas de Talambo como los napolitanos traídos por Tomás
Caivano a Ica, debido a las condiciones que se les imponían, similares a los coolíes,
condiciones que los europeos no aceptaban de ningún modo.

En la región andina, contrariamente a lo que se propugnaba como causa de la necesidad de


la inmigración, no existía un "vacío demográfico" el cual llenar con inmigrantes. Las
ciudades como Arequipa, Cusco, Puno, Ayacucho y Cerro de Pasco contaban con
suficientes peruanos como para no caer en la idea de la falta de población, y básicamente el
negocio era la agricultura en pequeña escala y la metalurgia. En 1845 el empresario de
Breslau (actual POLONIA) Carlos Pflucker trajo un contingente de diecisiete operarios
alemanes procedentes del Hartz (región metalúrgica en Alemania central) para trabajar en
Cerro de Pasco. Sin embargo, desavenencias con las autoridades locales y el sistema de
trabajo hicieron fracasar el asentamiento de estos mineros extranjeros, con juicio de por
medio, puesto que la idea era traerlos a manera de prueba para luego traer más
inmigrantes alemanes.

En cambio, en la provincia conocida en aquel entonces como Provincia Litoral de Loreto,


con escasos centros poblados y con una vasta cantidad de regiones inexploradas, fértiles y
calurosas -cuando no endémicas de paludismo- pobladas de nativos amazónicos
parcialmente contactados y con grandes ríos navegables que formaban una red de
comunicación natural y confluían dando origen al Amazonas, el cual por la ruta del
entonces Imperio de Brasil, llevaba al Atlántico, se pensó como la región ideal para asentar
colonos europeos.

En base a ello se dió la ley del 21 de noviembre de 1832 por la que se estipulaba conceder
gratuitamente a todos los que quisiesen establecerse en la región, peruanos o extranjeros,
los títulos de propiedad de terrenos, desde dos hasta cuarenta fanegadas, de acuerdo a la
capacidad de cultivo que tuviesen los nuevos propietarios. Y para el 25 de enero de 1843 se
le encarga a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas del departamento de Junín,
que fomenten y protejan cada una por su parte, la empresa propuesta por el P. Fr. Manuel
Plaza de abrir el camino del Pozuzo a Pasco y de mejorar el del Mairo al Pozuzo,
proporcionando los auxilios necesarios para llevar a cabo estas obras, con miras a un
futuro asentamiento de colonos. El 24 de mayo de 1847 en sesión congresal se votan 100
000 pesos para el reconocimiento de los ríos cuya navegación pueda facilitar las
comunicaciones del interior con el Atlántico, 25 000 pesos para el camino del Cerro de
Pasco al Pozuzo por la montaña de Huancabamba, y 25 000 pesos para el camino de
Huánuco al Mayro.

Muy pocos europeos se aventuraron por su cuenta y riesgo a establecerse en dichas


regiones, incomunicadas y rodeados de peligros como ataques de indígenas, animales
salvajes, lluvias torrenciales y enfermedades endémicas. Hasta que llegó la primera
inmigración alemana, de la mano del agente Antolín Rodulfo, con los funestos resultados
que hemos reseñado en un post anterior. Sin embargo, un grupo de estos inmigrantes en
1853 formó parte de dos expediciones destinadas a colonizar las regiones de Tarapoto y
Moyobamba.
Moyobamba

Dichas expediciones partieron de Lima acompañados del alemán Cosme Damian Schutz, a
la sazón residente (y con carta de ciudadanía) en el Perú quien se hallaba asociado con el
empresario minero Manuel Ijurra, negociando un contrato con el Estado para traer
inmigrantes alemanes. El 1 de junio de 1853 se les expide las cartas de ciudadanía
correspondientes a los europeos Carlos Federico Dominico, Guillermo Baner, Juan Kroger,
Carlos Kuhn, Guillermo Wersh, Federico Wersh, Augusto Forgens, Guillermo Tuppen,
Augusto Kroll, Augusto Lorenzen, Juan Torbom, Juan Mishlenstadt, Luis winterstein,
Cristobal Holz, Guillermo Jakobi, Augusto Hachmeister, Guillermo Dorovends, Federico
Gartner, Guillermo Hanenstein, Juan Wakob, Augusto Gellert, Guillermo Possert, Julio
Enrique Behrens, Federico Bathmann, Guillermo Schsof, Francisco Gruber, Carlos
Botlman, Enrique Locher, Augusto Siegnitz, Federico Brending, José Jungmann, Gustavo
Holzel, Federico Kleefus, Guillermo Reinecke, Carlos Tuhrmann, Adam Jhelsheimer,
Gustavo Enrique Mollard, Antonio Kramer, Carlos Kleist, Juan José Bernard, Tomás
Macvary, Pedro Ripoli, quienes marchaban a colonizar Loreto.

Sobre la ruta y destino de los colonos, Raimondi en su obra de 1862, "Apuntes sobre la
provincia litoral de Loreto" lo siguiente:

Estos colonos salieron de Lima para el Cerro de Pasco, de donde pasaron a Huánuco,
después marcharon a pie hasta Tingo María y bajando por el río Huallaga, se introdujeron
en Tarapoto y Moyobamba. Imagínense ahora los trabajos que habrán pasado, solamente
en el camino de Lima al Cerro, hombres que nunca tal vez, habían montado un caballo y
atravesar la encumbrada cordillera, sin tener la menor idea de que en Perú hay lugares más
fríos que los de Europa de donde venían. Después de esta primera prueba, marchar a pie
por caminos muy escabrosos, bajar el Huallaga con todos sus peligrosos malos pasos, en
pequeñas embarcaciones que se voltean al menor movimiento, sufriendo mil privaciones,
no hallando sino plátanos por alimento, expuestos a las fuertes lluvias y continuamente
atacados por los murciélagos, los mosquitos y los zancudos. El colono que sufre todos estos
trabajos en el camino pierde todas las dulces ilusiones que se había formado del lugar
donde va a establecerse, pensando que tal vez, tendrá que vencer obstáculos mayores, de
los que está pasando en el camino, y como en la ruta que hemos señalado, se va siempre
marchando, de mal en peor, el colono llega a perder todas sus esperanzas y a la primera
ocasión favorable se dispersa. Esto es lo que ha sucedido con las expediciones enviadas en
1853 de las que solo 3 o 4 individuos llegaron hasta Moyobamba.

Arona en su célebre monografía relata referente a estas expediciones lo siguiente:


"Se gastó una crecida suma (dice el ministro Manuel Morales en 1858) en remitir dos
expediciones completas de alemanes y de algunos peruanos para reunirse a ellas, pero
como los terrenos no habían sido preparados oportunamente, y como aquellas regiones
están separadas por inmensos desiertos de los pueblos civilizados de la República, esos
colonos cuya mayor parte eran aventureros corrompidos, se dispersaron, llevándose los
instrumentos y provisiones que habían recibido en la capital."

Río Amazonas

Sin embargo, revisando la colección de documentos referentes al departamento de Loreto


compiladas por Carlos Larrabure Correa en 1905, encuentro una versión muy diferente a
las dos versiones anteriores.

En este documento, se consignan las comunicaciones oficiales referentes al destino de los


colonos alemanes y los hechos ocurridos durante su recorrido. Por ejemplo, el Prefecto de
Amazonas Santiago Rodríguez el 30 de mayo de 1853, le informa al subprefecto de
Moyobamba que se dispone a partir una expedición de colonos alemanes quienes saldrán
del Callao por mar rumbo a Huanchaco, de donde partiran a pie a Trujillo, Cajamarca,
Chachapoyas, Moyobamba y luego a Balsapuerto, lugar donde serán embarcados a los
puntos donde los establezcan Ijurra y Schutz, y le solicite les brinde las atenciones del caso,
tales como provisiones, bestias de carga, guías locales, instrumentos de labranza y semillas.
Como vemos esta ruta difiere bastante de la señalada por Raimondi.

El Prefecto de Amazonas le comunica al subprefecto de Moyobamba el 30 de junio de 1853


que los inmigrantes alemanes destinados a colonizar Mainas han llegado el 27 de junio el
puerto de Marañón de Balsas, en un número inferior a cien individuos, número que estima
se incrementará con pobladores locales que se unan a la expedición. El 25 de julio el
Gobernador de Mainas Francisco Alvarado comunica al gobernador del pueblo de
Muniches que se halla próxima la expedición colonizadora compuesta de 300 personas
destinados a poblar las riberas del río Marañón y el Napo, ordenándole que les brinde los
auxilios necesarios y las canoas para la navegación y transporte fluvial.

Para la quincena de agosto de 1853 el Prefecto de Amazonas comunica al subprefecto de


Moyobamba el envío de una segunda expedición de colonos, dirigidos por José Monteza,
compuesta por 56 hombres, 2 mujeres y 5 niños, quienes saldrán del Callao rumbo a
Huanchaco y luego por tierra hasta Loreto, en donde se les unirán 33 personas más,
solicitándoles las mismas atenciones brindadas a los colonos dirigidos por Ijurra y Schutz
de la primera expedición. El 28 de agosto llega esta segunda expedición a Chachapoyas
conducida por Monteza con 51 inmigrantes, habiéndose diseminado el resto en La
Libertad, diez colonos más se unen a la misma y parten el 15 de setiembre rumbo a
Moyobamba, llegando a esta localidad y embarcándose a Balsapuerto el 8 de octubre.
Hasta ahí cesan los datos referidos al viaje de las dos expediciones.

Pero dos años después, el 15 de Julio de 1855, el gobernador general del litoral de Loreto,
Francisco Alvarado, redacta un informe sobre el estado de las colonias al ministro de
estado en el departamento de gobierno, de donde extraigo lo siguiente:

... En contestación y aprovechando de la confianza con que S.E. se digna honrarme, debo
decir a US. que la primera colonia que remitió el gobierno anterior, fue compuesta de
hombres inmorales y corrompidos, que atropellando a las autoridades y maltratando a los
pueblos desde Trujillo hasta este litoral, solo sirvieron para hacer un gasto inconsiderado
al erario nacional, y después de colocarse en el pueblo de Caballo-cocha, adonde fueron
destinados de orden suprema, se ocuparon sólo de destruir aquella población cometiendo
toda clase de excesosm sin que el poder de la autoridad ni la persuación, hubiesen sido
suficientes para inclinarlos al trabajo ni a la más leve industria en el país, hasta que se
marcharon para el Brasil en diferentes fracciones... de 96 individuos que
desgraciadamente ingresaron a estos valles y se situaron en Caballo-cocha, solo ha
quedado un ruso con su esposa, nombrado Augusto Crolk, de ejercicio sastre y hombre de
bien, y un francés nombrado Luis Floré con seis personas de familia, situado en el pueblo
de Pebas, pero hombre inmoral y corrompido...

... La segunda colonia conducida por José Monteza, en número de sesenta individuos, los
más, jóvenes de volante e incapaces de cultivar la tierra, llegaron hasta este punto sin
recursos de ningún género... y hallándose en la imposibilidad de poder trabajar,
contramarcharon por fracciones, ocasionando mil molestias a los pueblos, y sólo ha
quedado en este lugar una desgraciada familia compuesta de seis personas, que no pueden
trabajar en ninguna cosa ni avenirse con el temperamento, ni con las malas comodidades
que este lugar refiere.

Las dos colonias han desaparecido pues, dejando amargos recuerdos en todos estos
lugares, después de haber hecho un gasto considerable al erario nacional, y la mayor parte
de los primeros ha aumentado la población del imperio del Brasil..."

Vemos aquí claramente cómo existe una contradicción entre Arona y Raimondi sobre el
destino de estas expediciones en cuanto al número de colonos que llegaron a su destino (3
o 4 versus 96 y 60), aunque ambas versiones coinciden en el fracaso de este intento
migratorio.

Pese a este infructuoso intento -es discutible achacarlo al caracter o a las "malas
costumbres" de los colonos en contraposición a achacarlo a la escasa o nula previsión del
estado para la colonización- aun el gobierno continuaba sus planes de colonización en la
región de la montaña. Producto de este empecinamiento se originó años después la colonia
tirolesa y prusiana de Pozuzo, la cual estuvo aislada del resto del país prácticamente cien
años y que aun hoy en día es difícil llegar en época lluviosa.
Incluso hasta una fecha tan posterior como 1890, en un informe redactado por Samuel
Palacios sobre la colonización de Caballococha se menciona lo siguiente:

Para el verdadero y sólido progreso del departamento de Loreto y para que el Perú pueda
aprovechar de las inmensas riquezas que se hallan en estas agrestes regiones, es
indispensable que se establezca una gran corriente inmigratoria, que inyectando fuerza y
poderosa savia, convierta al indio en elemento de actividad y lo saque de la gran apatía en
que se encuentra… siempre que se trata de colonizar una región, es indispensable fijarse en
que los inmigrantes puedan fácilmente adaptarse a las condiciones del nuevo país en que
van a residir. Por eso y teniendo en cuenta el clima y demás condiciones de Caballococha
creemos que pueden fácilmente adaptarse allí inmigrantes oriundos de los países
meridionales de Europa y septentrionales del Africa. Esos individuos encontrarían en los
terrenos de Caballococcha condiciones muy análogas a sus lugares de nacimiento y en poco
tendrían que variar su género de vida y costumbres.

Sin embargo, en el siglo XIX también hubieron voces disonantes sobre este proyecto de
colonización amazónica, como la de Manuel Pardo en la Revista de Lima (1860):

"
En otro lugar hemos tenido ocasión de manifestar cuan peligroso y absurdo es dedicar la
inmigración europea a poblar los territorios del Amazonas y cuanto más fácil y racional
sería hacer seguir en el Perú a la inmigración europea el mismo camino que en todas partes
ha seguido, esto es llamarle hacia la parte poblada de nuestro territorio, donde cuenta con
cuantos elementos necesita para ejercer sus industrias y donde al mismo tiempo que es
muy conveniente puede hallar ella misma condiciones de prosperidad más seguras que en
el corazón de nuestras montañas… "

Y por supuesto, la de Arona en su celebérrima monografía, en donde califica el sueño de


colonización amazónica como "las mismas palanganadas de siempre, en tierras que de
feraces no tienen nada sino FEROCES" sumada a la voz de Pedro Gález en su Proyecto de
Inmigración de 1872, en donde señala que los contratos de inmigración previos habían
sido de malísimos resultados y celebrados con empresarios particulares, escasos de medios
y de relaciones para traer inmigrantes, cediéndoles a los inmigrantes terrenos baldíos en la
montaña: "los individuos, venidos a consecuencia de estos contratos han desertado en
parte, y los demás han sido transportados a esos sitios más o menos aislados, aunque
fértiles, y de allí se les ha dejado sin medio seguro de fomento de progreso ni de orden."

Esta en consecuencia, la frustrada y negligente colonización del Amazonas, explica el


fracaso de las políticas inmigratorias del estado peruano en el siglo XIX.

----------------------
(1) Juan de Arona. La inmigración en el Perú (1891)
(2) Carlos Larrabure y Correa. Colección de leyes, decretos, resoluciones y otros
documentos oficiales referentes al departamento de Loreto (1905)
(3) Antonio Raimondi. Apuntes sobre la provincia litoral de Loreta (1862)
(4) Manuel Pardo. Inmigración vascongada. Revista de Lima (Agosto, 1860)
(5) Pedro Gálvez. Proyecto de inmigración al Perú (1872).

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