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Pierre Hadot: ¿Qué es la actitud filosófica?

Se entiende por actitud filosófica una toma de postura frente al mundo, al saber, a la sociedad y a sí mismo.
Es la actitud que asume quien busca “pensar por sí mismo”, al ser crítico frente a los supuestos que
fundamentan a las sociedades y al sujeto. Formar la actitud filosófica es formar el hábito de “pensar por sí
mismo”, tal como lo reza modernamente el lema kantiano; es fomentar el placer por el saber (del latín
sabor), por la investigación al avivar el asombro (Aristóteles). En síntesis, es cultivar desde la actitud
filosófica una vida práctica, que en el mundo antiguo se caracterizaba por unas tecnologías propias para
su consecución, reflejadas en el arte de vivir en un ser que se gobierna a sí mismo, en un estilo de vida
único, como llegó a formular Foucault en sus últimos escritos. Es decir, una ética y una estética de la
existencia. En palabras de Werner Jaeger, Paideia (1997, p. 1031): “La obediencia del alma al logos es lo
que llamamos dominio de sí mismo”.

Formar la actitud filosófica significa colocar como objetos de reflexión e investigación los supuestos con
que trabajan las disciplinas y los participantes en el proceso educativo, estableciendo un puente entre el
saber cotidiano y el saber de las disciplinas para que el proceso educativo sea vital y responda al contexto
en el cual se desenvuelve en un saber-hacer. En otras palabras, es hacer del conocimiento y del proceso
de enseñanza y aprendizaje un asunto de investigación constante en permanente cambio y actualización,
en el cual el sujeto asuma por sí mismo los procesos que ameritan su transformación, en un mundo inmerso
en procesos de globalización que exige de él desde principios autónomos, conocerse, cuidarse y
gobernarse a sí mismo, en la constitución de una democracia que ha de tener al otro como referente de
vida, de cooperación y de construcción de sociedades justas, disensuales y plurales.

¿Cuándo y por qué la actitud filosófica debe estar presente en el proceso educativo, ético y político?
¿Cuáles son las condiciones para su desarrollo? ¿Hasta dónde, en el impulso de la cultura en la cual se
encuentra inscrito el sujeto, el ethos, la moral, la política, la libertad, la ciencia y la vida misma, está
presente la actitud filosófica? Son en esencia estos interrogantes, la preocupación y el derrotero sobre el
cual gira este trabajo y de hecho conducen a revisar la filosofía de la práctica educativa, y por lo tanto
reivindicar una nueva actitud reflexiva y crítica de la educación y del sujeto contemporáneo. Es decir, hoy
la solución a los graves problemas que aquejan a la humanidad pasa por la mirada que se tiene del sujeto.

En el campo de la filosofía, la actitud filosófica aparece en la antigua Grecia, con sus más notables
pensadores; y entre ellos se destaca Sócrates que ironizando la sabiduría de sus coetáneos les responde
con una célebre frase, “Yo sólo sé que nada sé”, para conducir inductivamente su reflexión en la búsqueda
del conocimiento de sí mismo. Encontrarse a sí mismo se logra a través del continuo indagar a sus
semejantes, enfrentándose a otras opiniones para construir su propia visión del mundo: la verdad; desde
luego, sin estar al margen de la ley, respetando las tradiciones y costumbres. En Sócrates el indagar
concreta su actitud filosófica en la necesidad de educar a los jóvenes en el arte del diálogo y la capacidad
de interrogar y reflexionar en la búsqueda de la verdad. Es, en esencia, la figura del filósofo maestro.
Siguiendo los caminos de su maestro, Platón fue otro notable de los antiguos que en el orden del
conocimiento, orienta el indagar del individuo para deducir la verdad sobre el mundo de las ideas. Gesta
ese gran instrumento metodológico: la dialéctica, con la cual recuerda la verdad. Indagar precede a todo
tipo de actividad humana, pues para Platón, si bien es cierto el conocimiento está en el interior del hombre,
éste pregunta porque no conoce y es menester encontrar la verdad con una actitud crítica frente a la
opinión (doxa).
En este sentido, para Aristóteles la actitud filosófica como verdad es fruto del alma y de los hábitos como
virtud; esta última la divide en arte, ciencia, prudencia, intuición y sabiduría. Las cuatro primeras son de
orden práctico y la quinta es la excelencia, que se caracteriza por ser rigurosa y por tener experiencia,
porque va más allá de los meros bienes humanos, va hacia el sentido y la verdad de todo principio, “pues
así también la sabiduría produce la felicidad, porque siendo una parte de la virtud total, hace al hombre
dichoso por su hábito y por su acto”, que se consuma en la obra que es la vida misma. La sabiduría es el
fin y la ética el medio. La actitud filosófica vendría a ser una virtud o una disposición, que es un hábito
acompañado de razón cuando se lleva a cabo. Todo esto nos permite decir que la actitud filosófica es la
mejor manera de conducirse en la vida, que da un temple al estado de ánimo, una continencia que evita
desfallecer, es fruto de una elección que es la norma recta en la vida, que está sujeta a reflexión en
aspectos concernientes al saber y al vivir en comunidad.

La actitud filosófica se encuentra en hombres que:


1. Viven de acuerdo consigo mismos. Es la vida como obra.
2. Se afanan por hacer el bien en su vida práctica.
3. Quieren vivir y conservarse a ellos mismos. Es seguir siendo lo que se es.
4. Aman el saber.
5. Vuelven su vida un arte, son sus propios artesanos.
6. Reflejan en su vida el obrar y el pensar.

La obra, que es la vida modelada como acto, es amada y apreciada por el artista, pues lo más deleitoso
y bien hecho es el acto mismo, es la amistad que se lleva a cabo con el saber, en nuestro caso la
disposición de actitud hacia la filosofía, ya que todo hombre revela lo que él es por medio de la
disposición que le permite asumir la vida como riesgo, pensarla distinto a como se la piensa y llegar a ser
un creador. Es decir, rompe con la reproducción del vivir y del pensar como mera repetición (…).

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