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LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS

OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA
TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

Encarnación Lemus
Universidad de Huelva

0. INTRODUCCIÓN
En ocasiones anteriores ya he subrayado la necesidad de equilibrar la visión del
proceso de la transición democrática como fenómeno interno con la dimensión
externa que, en el marco de final de la Guerra Fría e inicios de la Coexistencia
Pacífica, alcanzaba la desaparición de los regímenes autoritarios en la Península
Ibérica. Los primeros años de la dácada de los setenta componen una coyuntura his-
tórica extremadamente delicada e inestable, cuya observación hizo exclamar en los
debates del Parlamento Europeo correspondientes a la sesión de 25 de septiembre
de 1975 a M. de la Malène, portavoz del grupo demócrata, que la democracia retro-
cedía en todo el mundo –en África, Asia, América– como retrocedió en la Europa
del Este “[…] Nous constatons qu’en Espagne non plus, il n’y a pas de vèritable
démocratie, et nous souhaitons de tout coeur qu’elle s’établisse peu à peu dans ce
pays”1. No sólo conviene subrayar esa rápida contextualización que explica el inte-
rés fundamental de lo que acontece en la península, sino el procedimiento de demo-
cratización deseado, esa valiosísima formulación de “poco a poco”, que entiendo
totalmente reveladora.

1. Ver Sesión del Parlamento Europeo del 22 al 26 de septiembre 1975, p. 247.

Carlos Navajas Zubeldia (ed.), Actas de IV Simposio de Historia Actual, Logroño, 17-19 de octubre de 2002,
Logroño, Gobierno de La Rioja. Instituto de Estudios Riojanos, 2004, pp. 113-143.
ISBN 84-95747-77-4. 113
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En consecuencia, con el propósito de mostrar la implicación de las potencias


occidentales para evitar la desestabilización del bloque, cuya posibilidad ya se
había temido en el caso de Portugal, se ha acudido al desarrollo de una investiga-
ción empírica relativa a las posiciones de Francia, como potencia fronteriza e inevi-
table puente en la conexión de España con Europa Occidental, de EE.UU., en su
doble posición, como potencia hegemónica en el Occidente y, en el caso de España,
como principal sostenedor del régimen, en el marco del mantenimiento de los
acuerdos bilaterales, y, más en concreto, en la coyuntura de su renovación, a la que
se estaba procediendo en 1975, y de las Comunidades Europeas, como referente de
espacio político y económico en el que converger.

1. UNA INVESTIGACIÓN EMPÍRICA: ANÁLISIS


DE LA DOCUMENTACIÓN
Si en el momento actual, por su cronología, la investigación del tardofranquis-
mo y la transición aún permanece afectada por la aplicación de las normativas de
sigilo que las distintas administraciones nacionales aplican a la custodia de su docu-
mentación; de forma un tanto extraordinaria se ha podido acceder a los fondos ema-
nados por las respectivas presidencias de los dos países citados. Por las circunstan-
cias transcendentales que atravesaba la vida española y por los intereses que su evo-
lución a corto y medio plazo implicaba para los EE.UU. y para Francia, ambos pre-
sidentes prestaron mucha atención a las relaciones con España y cuidaron, de forma
particular, su contactos con don Juan Carlos en su tránsito de heredero de la Corona
a rey de España.

Si bien no se pretende simplificar, las presidencias aportarían uno de los com-


ponentes a la política exterior de sus respectivos países y no habría que identificar
ni su visión ni sus objetivos con las posiciones globales, porque éstas, de haberlas,
integrarían los puntos de vista de los ministros de Exteriores (Secretario de Estado),
los embajadores, el Gobierno en pleno, la Comisión de Exteriores del Parlamento,
los distintos partidos, los grupos de intereses, en particular, los empresariales y los
financieros, del Ejército y hasta de la opinión pública. No conviene olvidar que la
opinión pública constituyó una importante realidad a la que tener en cuenta a la
hora de construir una política exterior con España porque en los años de la transi-
ción demostró una evidente postura antiyanqui y antigala.

En suma, el Archivo Ford está custodiado en la Gerald R. Ford Library en Ann


Arbor, Michigan State, y cubre desde la investidura en agosto de 1974 hasta inicios

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de 1977. En el caso norteamericano no existió censura en relación con legajos ente-


ros, sino que fueron aplicando una desclasificación gradual según se solicitaban los
legajos, pero una parte considerable de la documentación era retirada. Se trataba de
documentos relativos a la conversación entre el embajador norteamericano en
Madrid, Wells Stabler, con el príncipe sobre la situación política interior el 24 de
abril de 1975; la conversación del embajador con el príncipe sobre la salud de
Franco el 22 de octubre de 1975; dos días después, 24 octubre, más información
aportada por el príncipe; también la llamada del vicepresidente al rey Juan Carlos
el 23 de noviembre de 1975.

La documentación está ordenada por los archivos personales de los asesores y


colaboradores y por los contenidos, así: Discursos Presidenciales y encuentros de
prensa. Viaje de Ford a Madrid, 29 mayo a 1 junio 1975 (Cajas 3, 4,9, 10); Viaje de
Juan Carlos a Washington: 1 a 3 junio 1976 (Cajas: 28, 34, 13). La documentación
más valiosa se encuentra en la sección White House Central Files con excelente
información relativa a la la posición de España en la estrategia de Seguridad
Internacional (Caja 23), los Comptes Rendus enviados por el embajador en Madrid
y los textos de las entrevistas sostenidas con diferentes personalidades sobre algu-
nos aspectos de la relación con España (Cajas 10, 11, 12) y las carpetas de telegra-
mas.

El Archivo de la Presidencia de la República Francesa está integrado en la


Sección Archivos Siglo XX. La Sección Giscard d’Estaing se extiende ente 1974 y
1981. En particular, la relación francoespañola se recoge en los Dossiers de V.
Giscard d’Estaing, Président de la Republique (Cajas 5 AG 3 / 303; 304; 307; 309
y 333) y en Dossier des conseillers diplomatiques du Président de la République
(Caja 5 AG 3 / 834).

Aunque la normativa fija en Francia un período de sigilo de treinta años, se ha


podido acceder a la mayoría de la documentación, aunque no al legajo relativo a la
presencia de Giscard d’Estaing en la entronización de Juan Carlos (5 AG 3 / 1401)
justificándose la negativa porque se trataba de documentos cuyo contenido puede
afectar a la seguridad del Estado y a la vida privada de las personas.

En el período consultado, la República de Francia está acreditada en Madrid por


dos embajadores: Robert Gillet y Emmanuel de Margerie y la sucesión entre ellos
se produce a finales de 1977. Al igual que en el caso anterior, destaca el interés de
les comptes-rendus enviados por ambos, así como también los que se redactan des-

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pués de las entrevistas de los distintos ministros franceses con sus homólogos espa-
ñoles. Sobresale la documentación emanada en los viajes oficiales, porque para pre-
pararlos se realizan valiosos estados de la cuestión en todos los ámbitos político,
económico (industrial y comercial), militar, relaciones bilaterales y siempre apare-
ce la adhesión a la Comunidad. Estos estados de la cuestión se preparan en un doble
plano: primero en el sentido de cómo está la situación; después, destacando qué se
desea conseguir y lo que previsiblemente quieren o pretenden los españoles.

En definitiva, con todo ello se va recomponiendo el hilo de las relaciones bila-


terales Francia / España o EE.UU. / España, y dentro de ello, la imagen de esos paí-
ses sobre lo que en España está sucediendo y la posición del país ante el proceso de
transición. En todo ello, y ya que Gerald Ford y Giscard d’Estaing mantienen
amplias relaciones con don Juan Carlos, se percibe particularmente focalizada la
figura del rey, y se constata su peso en la política exterior. También la figura de
Suárez es ocasionalmente tratada en la documentación francesa, en la norteameri-
cana, sin embargo, no tiene relevancia por la cronología.

Con la suma de los dos conjuntos documentales se puede ir reconstruyendo el


entramado de relaciones económicas, comerciales y estratégico-militares. En la
documentación norteamericana destacan, lógicamente, la negociación de la renova-
ción de los acuerdos militares (1975/1976) y el interés para la incorporación de
España a la OTAN. En tanto que, en la documentación francesa, un referente per-
manente será la situación del País Vasco, y, en paralelo con lo anterior, la entrada
de España en la CEE. En ambas documentaciones es recogido extensamente el
abandono del Sahara.

Por su parte, la documentación institucional de las Comunidades Europeas está


sujeta a un sigilo de treinta años; se han consultado, sin embargo, colecciones pri-
vadas que recogen la correspondencia de ciertas personalidades e instituciones pri-
vadas, como el Fondo Altiero Spinelli, el Movimiento Europeo o el Grupo
Socialista del Parlamento, que permiten ver el entramado de relaciones con España,
además de las series de Debates del Parlamento Europeo y la de Documentos pre-
sentados en las sesiones.

En definitiva, se trata de una investigación empírica de la que no es recomenda-


ble esperar ningún descubrimiento radicalmente nuevo. A estas alturas, las grandes
líneas de la transición están relativamente bien trazadas. Es posible, sí, a través de
los datos, recuperar los matices e iniciar el descenso desde esas grandes líneas a la

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reconstrucción de las circunstancias y los procedimientos en los que las decisiones


de la transición se van tomando. Se avanza, así, sobre una reconstrucción que pueda
permitir posteriormente una nueva generalización o teorización, pero entonces sí,
de forma contrastada.

El proceso de democratización en España hay que entenderlo como transición


peninsular, porque los acontecimientos españoles suceden bajo el peso de la som-
bra de Portugal, tanto para la óptica norteamericana como para la europea. No obs-
tante, no existe para el caso español una intervención clara desde el exterior como
la hubo en el caso portugués, simplemente porque no fue necesaria; precisamente
como efecto de ese antecedente. Tal vez, en lugar de intervención, se desprende de
la documentación que suceda una supervisión.

Una cuestión clave está en cuándo y en qué marco se comienza a plantear la vía
del reformismo para canalizar la redemocratización española, la segunda sería en
qué ámbitos, dentro y fuera del país, nace el reformismo y si la posterior evolución
real de los acontecimientos se plegaba a dichos iniciales planteamientos reformis-
tas. He encontrado sobre todo esto una primera y tenue versión que nos llevaría a
remontarnos hasta 1971; se trata simplemente de una alusión en boca de Rafael
Calvo-Serer, en ese momento exiliado en París como consecuencia del cierre y las
represalias del régimen contra el diario Madrid. En tal situación expone un docu-
mento sobre la ausencia en España de libertad de prensa en la XXI Assamblée
Genérale de l’Institut International de Presse (París) el 4 de noviembre de 1971, y
que remite también a Robert van Schendel como secretario del Movimiento
Europeo y cuyo párrafo final me parece absolutamente revelador:

“Le chef de l’État espagnol sait que, sans liberté de presse, la Monarchie ne
pourra pas s’asseoir constitutionnellement, condition que les États Unis ont indi-
qué au successeur pour l’amitié de l’Espagne avec la première puissance du
monde. Il sait aussi que, sans liberté de presse, ne seront viables non plus ni l’in-
tégration dans la Communauté Économique Éuropéenne ni les bonnes rélations
avec le Vatican, ni la coopération normale au sein des organismes internationaux,
ni l’entrée dans l’OTAN”2.

2. IUE, Archives historiques des Communautés européennes, ME 1539 Relaciones entre el ME


y asociaciones y personalidades en España 1970/77.

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Si los hilos del reformismo vienen de atrás, queda claro que enlazan claramen-
te al heredero, y tanto a los principales grupos de interés como a los de oposición,
con una normalización de la inserción exterior española, componiendo esta finali-
dad un objetivo central del cuándo y cómo de la democratización española. Es
obvio que tendríamos que cuestionarnos también sobre el cúanto de democracia, y
distinguir así sobre iniciales proyectos de liberalización y el auténtico camino hacia
la democratización que no se abre hasta la aprobación de la ley para la Reforma
Política o, tal vez, pudiéramos emplear el hito, bastante simbólico, de la legaliza-
ción del PCE. Por tanto, para el cúando, cómo y cuánto de democracia en España,
el interés de la Administración americana y el de los europeos se activa a raíz de
unas circunstancias que se desencadenan entre 1973, 1974 y 1975, una coyuntura
especialmente bien definida por Fernando Morán en Una política exterior para
España al dibujar que en medio de cierta desestabilización de la bipolaridad –reti-
rada de Vietnam, guerra del Yom Kippour, enfrentamiento Grecia / Turquía, 25 de
Abril portugués–, se incrementa el interés geoestratégico de España como punto de
inflexión cultural y zona de contacto entre el Este y el Oeste, tanto como entre el
Norte y el Sur (1980, p. 21 y ss.). Concretamente, se constata que se produce, de
hecho, una relación muy directa de la Administración norteamericana con el prín-
cipe, desde 1974, y en ese marco, sí comienzan a programarse los pasos del refor-
mismo.

El papel de Francia es más discreto. No porque no estuviera dispuesta a inter-


venir; en realidad, Giscard d’Estaing intentó tutelar la construcción de un monarca
demócrata, sino porque, ante la estrategia de reducir al mínimo las relaciones con
España mientras estuviera Franco, se encontró que para noviembre de 1975 el
campo de las ascendencia política sobre España en aras a conducir el proceso espa-
ñol ya estaba copado: si los EE.UU. intervienen directamente sobre el rey y tenían
buenas conexiones con los reformistas moderados provenientes del franquismo, la
RFA se había ocupado de la oposición moderada, por la que lógicamente la presi-
dencia conservadora de Giscard sentía serias suspicacias.

En otro orden, se constata también la diferencia en los comportamientos de las


dos diplomacias: los norteamericanos enuncian exactamente lo que desean lograr y
dan su punto de vista sobre las diversas temáticas, a la espera de que sus observa-
ciones sean consideradas. La diplomacia francesa es más bien la diplomacia del
doble juego: nosotros queremos de España tal y tal, pero ella pretende esto otro.
Nuestras palabras irán inicialmente en cierto sentido para luego aceptar cierto grado

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de la opinión contraria, y a cambio de imponer lo sustancial de nuestras pretensio-


nes. Es también el doble juego entre el análisis en el despacho y la declaración
pública. Una dualidad muy marcada en temas como la integración en la CEE, la
posición ante la incorporación de España en la OTAN y, sobre todo, ante el futuro
del Sahara.

En el caso norteamericano, los objetivos interiores coinciden en esencia con lo


que la prensa refleja, sin embargo, ésta no deja ver la presión continua, al menos
entre 1975 y 1977. Lamentablemente el fondo trabajado no cubre ya la visita a
España del vicepresidente Walter Mondale, en abril de 1977; ni el viaje de Suárez
justo antes de las elecciones de 1977, una situación que dejó traslucir una evidente
dependencia y una cierta sumisión en tanto que el desinterés por la persona del pre-
sidente español, que no fue recibido por el norteamericano [Carter]; posteriormen-
te Suárez se traslada a Nueva York a finales del mismo año, para la firma de un
Pacto Internacional de respeto a los Derechos Humanos en la ONU, el 27 de
diciembre.

2. EE. UU.
Nos encontramos todavía en la etapa Kissinger y el mundo se halla claramente
concebido bajo un sistema bipolar en el que España y la península Ibérica no cons-
tituyen una pieza intercambiable, sino que tienen un destacado valor estratégico y
un interesante sentido económico. Insistiendo sobre todo esto se produce una
importante documentación cablegráfica enviada desde la embajada de los EE.UU.
de Madrid, básicamente a Kissinger, que encierra información sobre la situación
política interior, la situación económica, las relaciones internacionales de España y,
en menos grado, transmite cierta información social, propiamente dicha. Todo ello
encaminado a velar por los intereses geoestratégicos y económicos norteamerica-
nos situados en España.

Los puntos de máximo interés se relacionan con la política de Seguridad y por


ello con el mantenimiento de las bases militares, la necesidad de una moderniza-
ción del Ejército español y de su acercamiento a la Alianza Atlántica. Se dibuja con
una intensidad máxima la preocupación por la competencia con las posiciones
europeístas y ocasionalmente con una posible intensificación en el juego del com-
promiso con los No Alineados, una estrategia que viniendo desde atrás se acentúa
en la primera fase de la transición. Pero sin duda la mayor atención se concede a la

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descolonización del Sahara y, entre 1974 y 1975, a la conexión de Portugal con


España. Observaremos, pues, en qué grado se conectan la evolución de Portugal y
el futuro de España; los estímulos para que se proceda a una liberalización gradual
encaminada a afirmar su inclusión en el bloque occidental; las implicaciones de la
política exterior norteamericana en el tema del Sahara y también el papel del rey en
la conducción de la política exterior española.

El 25 de Abril coincide, como decía, con un debilitamiento ocasional de la esta-


bilidad de la OTAN en el Mediterráneo, en un momento estratégico curioso, la
Guerra del Yom Kippour; justo entonces, surge el cuestionamiento del futuro de la
base de Azores y también el bloqueo de la Alianza por el enfrentamiento de dos de
sus miembros, Grecia y Turquía, cuando se está produciendo el ascendente soviéti-
co en Libia y Argelia. Así se incrementa el interés estratégico de España y la idea
de incorporarla a corto plazo a la OTAN. Una situación inviable ante la negativa
occidental de normalizar relaciones con Franco, ante lo cual se trabaja por la libe-
ralización de España: para evitar una evolución a la portuguesa y para incorporarla
a Occidente, lo que para ellos significa, de hecho, a la política de defensa de
Occidente, es decir, a la Alianza.

Así, no es distinguible la situación en Portugal del futuro inmediato de España,


tal como deja ver el siguiente dictamen del Departamento de Estado enviado al
general Brent Scowcroft con fecha 20 de agosto de 1974:

“España está ahora en transición, económicamente, socialmente y política-


mente, porque la era de Franco se acerca a su fin. El general Franco está todavía
enfermo y hay mucha especulación si reasumirá su liderazgo activo. Parece haber
un amplio y creciente apoyo para una transición pacífica, mientras todavía
Franco esté vivo, hacia un nuevo régimen encabezado por su sucesor designan-
do, el príncipe Juan Carlos, que actúa ahora como cabeza del Estado.

Si Franco retoma el poder y permanece hasta su muerte causará el panorama


del cuestionamiento del poder por muchos grupos que quieren reforzar su posi-
ción en la España postfranco. Sin embargo, el bloque mayoritario mantiene una
apuesta por la estabilidad y algunos grupos de oposición pueden unirse a los
moderados del presente régimen para impedir una ruptura abierta que polarizaría
la situación al punto de provocar la intervención de las FF.AA. La salida de estos
esfuerzos es incierta pero nuestra estimación es que la transición será relativa-
mente suave pacífica.

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Nuestros esfuerzos para facilitar que España entrara en la OTAN han tenido
poco éxito […] Tendrá que haber algún grado de liberalización que haga de
España un compañero aceptable a todos los miembros de la OTAN y de la CEE”3.

Desde el principio, pues, existe el propósito de inclusión en la OTAN. A mi


manera de ver, la idea debió de estar presente en la Cumbre Atlántica de 1975, pero
entonces el presidente Ford encontró la oposición frontal de los socios europeos del
norte: Dinamarca, Holanda y también de Gran Bretaña, aunque el posibilismo de
Alemania. Además, Franco retomó la Jefatura del Estado y el régimen intensificó,
si cabe, sus tendencias represivas.

En ese marco, el viaje de Ford a España adquiere una dimensión estratégica de


futuro a pesar de haber sido fuertemente criticado por la prensa occidental y en los
medios liberales, incluso norteamericanos. Los objetivos están claros, impulsar el
compromiso de España en la Seguridad Occidental, necesidad evidente porque en
la guerra de 1973 los norteamericano no fueron autorizados a utilizar las bases mili-
tares en España, de uso conjunto, contra los árabes. Aprovechando la Cumbre
Atlántica de Bruselas, a finales de mayo de 1975, la visita de Ford pretendía recon-
ducir las negociaciones del Acuerdo sobre las Bases y, en realidad, dejarlo firmado
antes de que Franco desapareciera. También se había tratado en Europa de sopesar
seriamente la normalización de la situación española en la Alianza. Situación que
encontró el rechazo frontal de los socios del norte de Europa y que obligó por ello
a reforzar las relaciones bilaterales convirtiendo el Agreement en Treaty, lo cual
implicaba un acuerdo formal bilateral discutido y aprobado por el Congreso y que,
por ello, era público y de mayor rango. Pero sobre todo, se trataba de abordar en
España una serie de preparativos que evitaran en este país, una evolución a la por-
tuguesa. En este sentido, Ford sostuvo la mayor de sus entrevistas con el rey e insis-
tió en que fuera a solas.

Hay indicios para creer que se habló de los caminos de la liberalización y tam-
bién se trató la posibilidad de que fuera el propio Franco el que abriera la reforma
a través de la aprobación de los partidos por el Gobierno de Arias Navarro. Es pro-
bable que esta temática también fuera tratada entre Ford y Giscard d’Estaing (aun-
que el texto de este encuentro no fue desclasificado). Desde luego, es un tema que

3. Departamento de Estado. Secreto. Memorándum para el general Brent Scowcroft, the White
House, 20 agosto 1974. Desclasificado 3 diciembre 2001, Box 12.

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está presente en las relaciones del presidente francés con el heredero, como se verá
más tarde. Si no se ha tenido acceso al contenido de esa citada entrevista sí a las
que Ford sostiene en Italia con el Presidente Giovanni Leone, con el Primer
Ministro Aldo Moro y con el Papa el 3 de junio de 1975 (texto parcialmente cen-
surado).

Las referencias a estos temas en la conversación entre Ford y Leone son mútliples:

F. “Estoy de acuerdo con usted en que el mayor peligro está en el


Mediterráneo considerando la situación portuguesa, la disputa entre Grecia y
Turquía, el período de transición en España. Necesitamos vigilar muy cerca el
desarrollo en el Mediterráneo y elaborar una estrategia clara para controlar el cre-
cimiento de la amenaza soviética”.

L. “aprecio su interés en España. En tal sentido, ruego a Kissinger que per-


severe en sus esfuerzos para mantener a España cerca de nosotros cuando Franco
desaparezca del escenario.

F. Encontré a Franco mejor de salud que la última vez que le vi [sepelio de


Carrero Blanco]. Tuve una interesante conversación con el príncipe Juan Carlos
y con algunos líderes. Observamos cuidadosamente la situación en el país.

L. Hizo lo acertado visitando España. Nosotros también permanecemos


observantes y tratamos de guardar buenas relaciones a pesar de las reticencias en
nuestra política interior”.

En la conversación con Aldo Moro se introduce un interesante cambio de matiz:

“[Se estaba tratando la evolución de Portugal y Moro desvía el tema] Por la


cercanía geográfica de España y Portugal, me gustaría referirme brevemente a
España. Comprobamos las contribuciones que España hace a la Seguridad de
Occidente. Sin embargo, por ahora no podemos ir más lejos. Nuestro partidos
políticos no apoyarían ningún vínculo político con la España de Franco […] cul-
tivamos contactos informales, pero no podemos llegar a acuerdos formales”.

Es evidente que se hace clara referencia a la voluntad de Ford de formalizar la


situación española en la Alianza. Pero también está detrás una doble actitud de las
democracias europeas, la de mantenerse limpiamente desligadas directamente de
Franco, pero animar a EE.UU. para que desempeñe por ellas ese juego.

Con Pablo VI y el cardenal Cassaroli el tema irrumpe más directamente, tam-


bién estaba presente Henry Kissinger. Pregunta Cassaroli:

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“¿Cómo podemos impedir que tenga lugar en España una situación similar
a la de Portugal?”
F. […] Creo que si entre todos ayudamos al pueblo portugués para que logre
una democracia real será un buen ejemplo de futuro para España.

K. Tenemos nuestras dudas sobre los métodos usados en algunos países euro-
peos en lo que respecta a Portugal […] Portugal podría desembocar en una com-
binación de Yugoslavia y Argelia. Si permanece en esas circunstancias dentro de
la OTAN, podría ser un mal ejemplo para Italia [se refería a que sería un aliento
para el Partido Comunista]”.

La contestación del Papa a esa precisión es ilegible porque está censurada. El


texto continúa:

F. Nuestra idea es que no podemos mantener un mal ejemplo en Portugal,


somos conscientes de su impacto en España. Si nosotros impulsamos a las fuer-
zas de derecha y contactamos con los sectores adecuados en España eso sería lo
positivo para la Alianza”4.

Se comprueba así en el prólogo de la transición, cómo las posiciones occiden-


tales velaban por los acontecimientos en España a la luz de la evolución portugue-
sa. En los meses siguientes se intensifica la actividad, que mantiene su atención a
los intereses estratégicos y al objetivo de que España intensificara sus lazos con el
Occidente y la única vía planteada corresponde al estímulo de lo que los textos
refieren como liberalización. Un telegrama de Kissinger a W. Stabler, el embajador
norteamericano en Madrid, el día 23, es decir, justo en la entronización de Juan
Carlos I, refleja interesantes detalles de la postura norteamericana ante el cambio
español:

“ […] El objetivo básico norteamericano en España continúa siendo el del


refuerzo de nuestra extensa relación de política y seguridad con una España más
estrechamente ligada a la Comunidad Atlántica […]

Nosotros no favoreceremos ninguna solución política ni partido dentro del


amplio ranking de pensamiento democrático, pero anticipamos que la transición
estará en manos de personas esencialmente conservadoras

4. National Security Adviser Presidential Country Files for Europe and Canada, Box 12, Top
Secret, Classified by Henry A. Kissinger, Declassified 3/12/2001.

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LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

[…] En nuestros contactos con sectores oficiales, incluidos los militares,


debemos hacerles a un tiempo partícipes de nuestros apoyo y comprensión inclu-
so cuando estimulamos su consentimiento para permitir la transición.
Necesitaremos enfatizar la continuidad y fuerza de nuestras relaciones bilatera-
les, así como subrayar la importancia que la sustancial (incluso si es gradual)
liberalización tiene para la plena participación de España en la Comunidad
Occidental”5.

Ahora bien, la denominada “gradual liberalización” no incluía, y de ello queda


clara constancia, la legalización del PCE, porque no entraba en lo que se sobren-
tendía como “democrático” y queda claro que el fin era la permanencia en la
Seguridad Occidental y que se ofrecía como recompensa la participación en la
“sociedad occidental”. Esta estrategia de intercambio recuerda enormemente el pro-
cedimiento anteriormente aludido por Calvo-Serer.

Después de la conexión entre España y Portugal y de la exposición del procedi-


miento reformista –liberalización gradual– para el cambio español, el tercer aspec-
to que destaca es cómo la Administración norteamericana articula la figura del rey
como eje del procedimiento liberalizador, si bien no supone una decisión improvi-
sada sino que la comunicación con el heredero procedía de atrás y desde 1974
Newsweek, Times o Washington Post han ido construyendo una imagen liberal del
sucesor, que sin embargo no era conocida en España. Desde 1975, la relación entre
Gerald Ford y Juan Carlos de Borbón es bastante fluida y continua. El 27 de abril
el general Brent Scowcroft dirige a Ford la indicación de que atienda la llamada del
rey de España, con las siguientes indicaciones:
“El rey ha requerido esta llamada. Probablemente querrá discutir el discurso
a la nación del Presidente Arias para el día 28 en el contexto de su próxima visi-
ta y la discusión en el Senado del Tratado entre EE.UU. y España. Su objetivo

5. “[…] The basic U.S. objective in Spain remains that of the strengthening our broad political
and security relationship whit a Spain more closely linked to the Atlantic Community […].
We favor no particular political solution or party within the broad range of democratic though,
but anticipate that the transition will be in the hands of essentially conservative people.
[…] In our contacts with official sectors, including the military, we must make them at once
confident of our support and understanding even as we encourage their willingness to permit
political evolution. We will need to emphasize the continuity and strength of our bilateral
relationship, as well as point out the importance that sustained (even if gradual) liberalization
has for Spain’s full participation in the Western Community”.
Departamento de Estado. Telegrama del Secretario de Estado (Kissinger) al embajador en
Madrid: 23 noviembre 1975.

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será animar al Rey en su esfuerzo para conseguir la mayor democratización en


España y establecer que usted está muy interesado en su visita de junio.
Resumen de los temas previstos:
El rey intentará forzar a Arias a anunciar un calendario de reformas si él rehu-
sara, le pediría su dimisión […].
El rey probablemente desea darle su versión de la situación. Esta probable-
mente preocupado de que si el discurso es inadecuado, la evolución en España
impactará adversamente sobre el Acuerdo EE.UU./España. El rey confiaba que
el acuerdo fuera ratificado antes de que él se dirigiera al Congreso el 2 de junio”6.

Conviene subrayar el día del contacto, Juan Carlos expone personalmente a Ford
lo que su presidente del Gobierno va a hacer público al día siguiente. El aludido 28
de abril corresponde a la presentación del proyecto de reforma limitada de Arias,
del que Juan Carlos, con razón, creía que parecería insuficiente a los Estados
Unidos y, en consecuencia, le preocupaba que el Congreso pudiera evaluar que el
futuro de la democracia española entraba en una vía muerta y no se ratificara en lo
que hasta ese momento se valoraba como el único éxito del nuevo régimen y de la
Monarquía, la transformación en Tratado –Treaty–, tras su discusión y aprobación
en el Congreso, del antiguo Acuerdo de las bases, que en virtud del régimen dicta-
torial no había conocido el rango de exposición y pública discusión en el Congreso
–Agreement–. Resulta también muy revelador que en esa fecha, finales de abril,
cuando los españoles conocían después de meses de espera el proyecto de reforma
política del gobierno Arias, el rey estuviera hablando de su dimisión con Ford, mer-
ced a que este gobierno no imprimía al cambio español el ritmo mínimo necesario
y no superaba la supervisión internacional, ya que tampoco había satisfecho las
expectativas europeas.

Efectivamente, tras el análisis de la situación española en la Comisión Política


del Parlamento Europeo, ésta presentó a la Asamblea del Parlamento el 12 de mayo
una resolución sobre España considerando que era “fundamental restablecer las

6. Está subrayado el párrafo siguiente: “Your purpose will be to encourage the King in his
efforts to realize greater democratization in Spain, and to state that you are looking forward
to his visit this June”.
Recomendación de que conteste llamada telefónica del rey de España, Confidencial.
Desclasificado, 3 diciembre 2001, National Security Adviser Presidential Country Files for
Europe and Canada, Box 12.

125
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

libertades individuales, políticas y sindicales y, en particular, legalizar rápidamente


la existencia de todos los partidos políticos”, además de que fuera “acordada una
amplia amnistía a todos los detenidos políticos y que los exiliados deben ser auto-
rizados a regresar libremente a su patria” (PE, doc. 100/76). En la discusión de la
resolución se criticó en la Asamblea el contenido del discurso de Arias del 28 de
abril: el recurso a un referéndum que enmascaraba una legitimación del régimen
monárquico, la exclusión del partido comunista, la composición de las futuras
cámaras con un Senado nombrado por designación, la inexistencia de libertad sin-
dical y el Parlamento terminó aceptando la resolución de la Comisión Política que
había sido defendida por Maurice Faure (P.E. Débats, Séance 12 mai 1976, pp. 118
y ss.).

En consecuencia, como ya se preveía a finales de abril, el rey hizo dimitir a


Arias tras su visita a los EE.UU. En la documentación interna preparatoria de esa
visita, se valora el viaje oficial de los reyes y su entrevista del 2 de junio con el pre-
sidente Ford en el despacho oval:

“[…] Su [de Ford] renovada expresión de apoyo a España, a través de declara-


ciones públicas y en las entrevista privada, servirá para reforzar el prestigio del rey
en el interior cuando intenta guiar a España en un camino de la democratización y
liberalización y la más estrecha asociación con la Comunidad Occidental de nacio-
nes”7.

En el tema concreto de la descolonización del El Sahara, los Estados Unidos


tuvieron buen cuidado en demostrar a Marruecos, que en el Magreb era su aliado
de confianza y en una eventual crisis con Argelia ayudaron decididamente a su
rearme, con absoluta independencia de las posiciones estratégicas que España
intentara jugar y el perjuicio que podría causarse de las reivindicaciones marroquíes
sobre el territorio español en África. En plena crisis sucesoria española, dirige
Kissinger este telegrama al embajador Stabler:

“Para impedir un enfrentamiento armado en El Sahara, fuimos cuidadosos en


no complicar las relaciones bilaterales entre EE.UU. y Marruecos […] Creemos

7. “Your renewed expression of support for Spain, through your public remarks and private dis-
cussions during this State Visit, will serve to strengthen the King’s prestige at home as he
seeks to guide Spain on a course of democratization an liberation, and into closer association
with the Western community of nations”, White House Central Files, Box 47, CO 139.

126
ENCARNACIÓN LEMUS

que ganaríamos poco y perderíamos mucho si la aventura sahariana causara que


Hassan II cayera o saliera sustancialmente debilitado […].

Como el gobierno de España fue informado en junio, ofrecimos al gobierno


de Marruecos 15 millones de dólares en crédito para la adquisición de equipa-
miento, no todo ha sido usado aún, los créditos para el presente años fiscal podría
alcanzar los 30 millones de dólares”8.

Comprobaremos luego las posiciones francesas sobre el Sahara y Marruecos.

3. FRANCIA

3.1. La imagen francesa de lo que en España está sucediendo

En cuanto a las relaciones bilaterales, con anterioridad a la muerte del general


Franco, ya la presidencia francesa comenzó a establecer una relación de proximi-
dad con el entonces príncipe al que se pretendía aconsejar, orientar o informar sobre
la necesidad de cómo conducir los destinos de España hacia una liberalización que
la enclavaran resueltamente en Occidente. Francia, o mejor el mismo presidente
Valèry Giscard d’Estaing, surgen como tutores o bien conductores en ese camino
de liberalización y en tal sentido la presencia del presidente de la República fran-
cesa en la ceremonia de entronización dejaba pronto ver tanto la connivencia como
el deseo mutuo de una inmediata y estrecha colaboración.

En gran medida, así fue. Francia funcionó como estímulo en el proceso gradual
de democratización y sin duda, de forma global también funcionó ese citado papel
de intermediario con Occidente, no obstante, las relaciones bilaterales significaron
algo mucho más trascendente que la pretendida tutela de la Presidencia francesa y
en su desarrollo irrumpieron fenómenos complejos como el terrorismo, la concu-
rrencia económica, la competencia en terceros espacios y, en suma, la disfunción

8. “[…] to avoid an armed showdown in the Sahara we were careful not to complicate bilateral
relations between the US and Marocco[…]. We believe […] that we would gain little and lose
much if Saharan venture caused Hassan to overthrown or substantially weakened.
As GOS was informed in January, we offered GOM $15 million in guaranteed credit for mili-
tary purchases, not all of which have yet been used, credits for present fiscal year might reach
$30 million”.
Telegrama de Kissinger al Embajador norteamericano en Madrid, infórmese a la embajada de
Argelia y de Rabat, 22 noviembre 1975. Secreto. Desclasificado el 3 diciembre 2001.

127
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

entre la convergencia en múltiples objetivos compartidos y la divergencia entre lo


que lo que España aspiraba a que fuera su actividad en el concierto mundial de
naciones y a lo que la propia Francia creía que debiera ser. Naturalmente la adhe-
sión a las Comunidades representa la principal esfera de esta divergencia a la que
nos estamos refiriendo, pero hubo otras como por ejemplo la compatibilidad entre
la bilateralidad hispano/francesa y la cada vez más directa vinculación hispano/nor-
teamericana9.

En concreto, al contrario que la visión americana, en el ámbito del Quai d’Orsay


y en el de la Presidencia no se espera nada positivo de la evolución española en los
últimos años de franquismo, vistos como un proceso de degradación en lo que se
estima como peligrosa inoperancia del príncipe. Se juzgaba que la carta del libera-
lismo tenía que jugarse en vida aún del general Franco y que, a principios de 1975,
se había perdido un tiempo precioso. En el marco de la visita a París del príncipe y
la princesa de España, el 21 de febrero de 1975, el embajador Robert Gillet envía a
Giscard su visión de la situación española en estos términos:

“En el mes de octubre último, él me ha confiado, en detalle, sus desavenen-


cias con Franco cuando éste ha decidido, tras su enfermedad, retomar las fun-
ciones: ‘Yo le he dicho que no contara conmigo para una segunda interinidad’.
En diciembre, en el curso de una larga entrevista, me ha expuesto de nuevos
sus dificultades con el Jefe del Estado. ‘Yo le he pedido que examine conmigo
los problemas de la sucesión, que me indique sus intenciones, que autorice el
principio de una liberalización para evitarme soportar todo el peso de las refor-
mas, etc. Él ha respondido con un silencio completo y cuando dice algo es para
manifestar su oposición a la creación de partidos políticos.
Si el príncipe juzga bien los hechos, confiesa no saber qué hacer en las cir-
cunstancias actuales. Hay que reconocer que su posición es incómoda, y que su
carácter o e mejor su falta de carácter (puede que él cambie cuando tenga res-
ponsabilidades) no le permite enfrentar una iniciativa personal que ponga fin a la
incertidumbre […].
Los esfuerzos de Arias Navarro para obtener la creación de “asociaciones”
han conducido al fracaso. Así se desvanece la posibilidad para los liberales, para
la derecha democrática, para los demócrata cristianos para los socialistas de
organizarse. El día de la sucesión, Juan Carlos puede encontrarse de cara a la

9. LEMUS, E. y PEREIRA, J.C. “Transición y política exterior (1975-1986)”, en PEREIRA,


J.C. (coord.), La política exterior de España, 1800-2003. Barcelona, Ariel, 2003.

128
ENCARNACIÓN LEMUS

derecha del régimen organizada, y la extrema izquierda organizada en la clan-


destinidad. Entre las dos, nada estructurado. Esto es lo que inquieta a Juan
Carlos”10.

No obstante, a finales de 1975, el estrechamiento de relaciones con Francia obe-


decía con toda lógica al reconocimiento de una cooperación real. En principio por
motivos históricos y culturales, los dos países estaban naturalmente llamados al
entendimiento, pero además, el fuerte desarrollo económico español desde la déca-
da de los sesenta había ido trazando un entramado de intereses industriales, tecno-
lógicos, financieros y humanos a los que se unía un acuerdo de 1973 de coopera-
ción militar bilateral que estaba dando satisfactorios frutos para ambos países.

Los intercambios comerciales mutuos se habían quintuplicado en los diez últi-


mos años y superaron en 1976 los doce mil millones de francos. Francia era la ter-
cera abastecedora de la economía española y su primer cliente. España era una de
las diez primeras potencias industriales del mundo y Francia buscaba la oportuni-
dad de establecer la más estrecha cooperación con ella. Es decir, como materia bási-
ca de unas más estrechas relaciones, Francia aguardaba un provecho económico
inmediato de las sólidas expectativas de crecimiento español a través del acerca-
miento político. España se encontraba en una fase de modernización económica,
Francia albergaba amplios intereses comerciales en esa coyuntura de renovación
con fuertes inversiones en comunicación viaria, concesiones a Renault automóvil y
maquinaria; construcción de los metros de Sevilla y Bilbao; en las comunicaciones
audiovisuales, cuando se estudiaba la concesión del segundo canal público de TVE
y la primera informatización de la administración española. En la nueva infraes-
tructura energética, con el proyecto de equipar las centrales en construcción y las
futuras, o la de intervenir en la modernización del armamento militar y en la flota
de Iberia, venta de Airbus. Por otra parte, España era un destino preferente para el
turismo francés y el intercambio humano se completaba porque muchos inmigran-
tes españoles residían en suelo francés, mientras que otros muchos se trasladaban
anualmente en un flujo de inmigración estacional anual.

De hecho, tras la muerte de Franco, la duda de que la democratización se halle


realmente encaminada perdura largo tiempo. Las fuentes de información francesa
son variadas y entre las visiones recogidas sobresale, por el interés de su persona,

10. 5 /AG (3)/ 834.

129
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

la de don Juan de Borbón. M. Gabriel Robin remite a Giscard d’Estaing, a la altu-


ra del 18 de marzo de 1976, la nota del embajador francés en la Alianza Atlántica,
en la que se recoge la conversación que mantuvo con don Juan a principios de
marzo sobre la situación política española:

Las palabras de don Juan fueron:

“Nada está decidido en España. Una explosión no será evitada si no se avan-


za: ¿cómo hacer una democracia sin demócratas? Es mi preocupación […] Mi
hijo tiene buena voluntad . Recibe consejos útiles de algunos pero no de todos. Y
cuando él indica buenas orientaciones, no está seguro de que se lleven a cabo.
Traducidas en los textos sus intenciones son a menudo deformadas y los ejecu-
tantes se encargan del resto […].
Sin duda hay en el gobierno hombres bien intencionados y las declaraciones
de Fraga Iribarne y Motrico me han producido buen efecto pero se comienza a
preguntar si no estaban hechas al gusto de la opinión extranjera”11.

Efectivamente tanto las informaciones del rey como las promesas de democra-
tización que los ministros, llamados liberales, dirigían al exterior sobre el futuro
español apenas concordaban con la realidad interna. De hecho, fue en medios de
prensa extranjeros donde el rey expresó más abiertamente su inclinación hacia la
liberalización, mientras que el interior, la prudencia o el temor a las reacciones del
búnker y aun de la nostalgia franquista del mismo gobierno, las promesas de cam-
bio fueron siempre atemperadas.

No mejoró la impresión francesa con el nombramiento de Suárez, a quien se le


juzgaba, como en el interior de España, la herencia del franquismo y, además de por
su procedencia, se desconfiaba por su falta de experiencia y, más aún, por su aisla-
miento y lo que se interpretó como ausencia de apoyo. Utilizando la información
del Marqués de Casa Pisaro nuevamente Robin envía un compte rendu a Giscard
fechado el 4 de octubre de 1976:

“M. Suárez es a los ojos de Casa Pisaro un gran desconocido en la política


española. No es él quien ha escogido a los ministros. A los que él había ofrecido
las carteras lo han rechazado, él había estado casi a punto de renunciar. Fue M.

11. Delegación de Francia en el Consejo de la Alianza, nota del embajador francés en la Alianza
a M. Gabriel Robin consejero técnico de la Secretaría General del presidente, 18 de marzo
1976, Bruselas.

130
ENCARNACIÓN LEMUS

OSORIO ministro delegado de la Presidencia quien logró superar las negativas a


Suárez y obtener la colaboración de un cierto número de personalidades que
componen hoy el gobierno y que provienen del horizonte democristiano.
Como este equipo no es el suyo, M. Suárez ha constituido un importante
gabinete que juega un poco el papel de un gobierno paralelo. Apenas hay, pues,
cohesión gubernamental y cada uno se pregunta en qué dirección quiere orien-
tarse Suárez12”.

El momento álgido de la relación se sella con la visita de los reyes a Francia. Es


cierto que se había levantado cierta suspicacia porque, en contra del parecer fran-
cés, el monarca había dejado notar la preferencia por los Estados Unidos al dirigir-
se hacia ese país en su primer viaje al extranjero. Pero se hizo valer que este era su
primer viaje europeo y quedó rodeado del máximo tratamiento político, diplomáti-
co y de comunicación. Por otra parte, el momento, desde el punto de vista político,
no dejaba de ser estratégicamente muy interesante, porque coincide con el lanza-
miento real del proceso democratizador, al principio del nombramiento de Suárez
en la etapa de preparación de la reforma política. Suárez mismo, recién nombrado,
se trasladó a París donde sostuvo un encuentro, el 13 de julio de 1976, con Jacques
Chirac, entonces jefe de Gobierno.

Tras la visita oficial que los monarcas realizaron entre el 27 y el 29 octubre


1976, la primera de un Jefe de Estado español en setenta años, el Ministerio de
Asuntos Extranjeros reconocía su doble importancia: de cara a España, porque “el
acercamiento a Francia y a través de ella con Europa, está indisolublemente ligado
al movimiento de liberalización y democratización”. El viaje a París tenía un valor
simbólico, su realización y el eco muy favorable que había recibido en la prensa
española mostraban, según la diplomacia francesa, que el rey había conseguido un
paso importante en su política de apertura interna y externa. Con respecto a su inte-

12. Paris, 4 octobre 1976.


Compte Rendu de Robin de un almuerzo con M. Michel FRANÇOIS-PONCET y el Marqués
de CASA PISARO. Es miembro del Consejo de Estado Español y ha desarrollado durante
años una carrera bancaria, es miembro de promoción y colega de varios altos cargos en la
Función Pública, ministros y personalidades.
“Comme cette équipe gouvernamentale n’est pas la sienne, M. SUAREZ a constitué un
important cabinet qui joue un peu le rôle d’un gouvernement “ bis ”. Il n’y a donc guère cohé-
sion gouvernamentale et chacun se demande dans quelle direction veut s’orienter M. SUA-
REZ”.

131
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

rés para Francia, se decía que se había logrado abrir un auténtico diálogo, en pala-
bras del presidente “Francia y España se habían encontrado de nuevo” y, sobre todo,
como evidencia de sintonía se acuerda celebrar visitas periódicas, cumbres al más
alto nivel entre los dos países. Si es cierto que a lo largo de los siguientes años se
celebraron frecuentes reuniones entre los responsables de los distintos Ministerios,
la verdad es que la sensación de esa luna de miel fue bastante fugaz13.

Como era de esperar, y ya que Europa representaba el objetivo primordial de la


monarquía , el rey no dejó de mencionarlo en su discurso en el Elíseo:
“La collaboration franco-espagnole pourra ainsi s’élever comme un des som-
mets de la construction de l’Europe […]. Comme vous le savez bien, et comme
vous l’avez dit en une ocassion précédent, l’Espagne est un des pays fondateurs
de l’histoire de l’Europe. Nous appartenons spirituellement, économiquement et
politiquemente à l’essence européenne”14.

Sin embargo, sería el tema de la adhesión a las Comunidades el que más difi-
cultara y enrareciera desde 1977 a 1983 las relaciones bilaterales entre los dos paí-
ses y a ello se unió la falta de entendimiento en materia de cooperación policial
fronteriza para la persecución del terrorismo de ETA, así como otros motivos de
desencuentro de carácter económico –inversiones, acuerdos comerciales, en parti-
cular ventas de material militar, y acuerdos de pesca–.

Los diplomáticos franceses se quejaban de que los responsables españoles blo-


queaban todas las operaciones económicas y entorpecían las inversiones francesas

13. Communication pour le Conseil des Ministres, 10 novembre 1976.


Ministére des Affaires Étrangères. El rey y la reina han efectuado una visita del 27 al 29 octu-
bre 1976.
“En el plano interior español:
El acercamiento a Francia y a través de ella con Europa está indisolublemente ligado al movi-
miento de liberalización y democratización. El viaje a París tenía un valor simbólico. Esto es
tan cierto que la derecha franquista y los ultras del Consejo del Reino había intentado frus-
trarlo hasta el último momento, explotando los incidentes del País Vasco. La realización del
viaje, el eco muy favorable que ha recibido en la prensa española, muestran bien que el rey
ha conseguido aquí un paso importante en su política de apertura interna y externa.
Para Francia:
La acogida de la opinión y de la prensa, incluso en los órganos normalmente más reservados
respecto a Madrid, ha sido igualmente destacable: el interés por la reanudación de un autén-
tico diálogo con la nueva España ha superado ampliamente el marco oficial. Como ha dicho
el Presidente: “La France et l’Espagne se sont retrouvées”.
14. 3AGV 303 Archivos de la Presidencia, Visite officielle du roi de l ‘Espagne, 27 octobre 1976.

132
ENCARNACIÓN LEMUS

en España, prefiriendo socios norteamericanos o alemanes para la importante


modernización tecnológica que se estaba acometiendo. Así, Francia vio como en
poco tiempo la balanza comercial con España se tornaba rápidamente en deficitaria
al tiempo que incluso perdía, junto con las oportunidades económicas y financieras,
influencia política sobre el país.

En el marco de los preparativos del viaje del presidente Giscard d’Estaing –de
28 de junio a 1 julio de 1978–, el secretario Robin concluye en su dossier político
informativo, preparado el día 26:

“Se trata de saber si España se encerrará con respecto a nosotros en una acti-
tud de sorda rivalidad y de sospecha como M. Suárez ha dado a veces la impre-
sión o bien aceptará ver en una cooperación mutua con Francia una de las claves
de su futuro”15.

La versión pública de Giscard de esa reflexión se expresa en la rueda de prensa


del 30 de junio de 1978, ya en Madrid, donde obviamente tiene que desaparecer
todo la carga de reticencia:

“El objetivo de mi viaje era franquear una nueva etapa en las relaciones de la
Francia y España democrática. Este objetivo creo que ha sido alcanzado.
Confirmar las relaciones de amistad que existen […] Hemos pasado revista al
conjunto de problemas que nos interesan […] En ese espíritu he transmitido al
Primer Ministro la invitación que M. Raymond Barre me había pedido que trans-
mitiera para que visite Paris y él ha aceptado […]”16.

3.2. La imagen del rey

El 16 de noviembre de 1974 el embajador de Francia –Gillet– remite al presi-


dente un informe sobre una larga entrevista con el príncipe de España:

“He indicado al príncipe que debería desmarcarse del régimen. Eso era indis-
pensable para detener la degradación de su imagen personal y la de la realeza, de
por sí poco susceptible de levantar el entusiasmo en la población.

15. 5 /AG (3)/ 834. “Il s’agit de savoir si l’Espagne s’enfermera à notre égard dans une attitude
de sourde rivalité et de soupçon comme M. Suárez en a parfois donné l’impression ou bien si
elle acceptera de voir dans une coopération mutuelle avantageuse avec la France une des clés
de son propre avenir”.
16. Conferencia de Prensa de M. V. G. d’E. P. de la R., Madrid, 30 junio 1978.

133
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

Ese es el problema me ha respondido Juan Carlos: ‘¿Pero cómo? ¿Yéndome?


Eso no arreglaría nada. He expresado mis sentimientos públicamente en dos
recientes discursos, marco con mi actitud cada vez que puedo mi desacuerdo
sobre el inmovilismo. Pero no puedo ir más allá so pena de pasarme oficialmen-
te a la oposición.
Sé que me consideran una marioneta. Sé también que G. D’E ha dicho:
“L’Espagne, c’est foutu. Juan Carlos, c’est foutu”. Conozco bien la terminología
francesa para no ver en esas palabras una señal de descontento con mi persona.
Pero las cosas son más difíciles en el plano local de lo que se piensa fuera.
Le he dicho que por parte francesa estamos dispuestos a hacer lo posible por
ayudarle a él y a España a evolucionar sin sobresaltos. Que eso es tan de nuestro
interés como suyo. Que en sus dos viajes, 1970 y 1973, habíamos tratado de for-
tificar su personalidad ante la opinión pública. También que lamentaba que no
hubiera podido tener con el Presidente de la República la entrevista que había
planteado el mayo pasado.
‘También lo lamento yo. Ha habido hace unos días un proyecto de reencuen-
tro con M. Giscard D’ Estaing. Al margen de la cacería de Sologne donde estu-
vo mi padre. Pero no podía ausentarme en las circunstancias actuales. No era por
tirar a los jabalíes sino por entrevistarme con el presidente alemán y dejar ver que
existo al margen de Franco’.
¿Puede ser, he respondido entonces, que pudiéramos retomar la idea de un
encuentro con el Presidente? Podría ser en el marco de una visita privada a París,
corto y discreto, pero que llegara a la opinión pública francesa y española.
Después de un intercambio sobre el tema, el príncipe me ha indicado que me
autorizaba para hacer partícipe al Presidente de la República”17.

El texto deja ver el firme apoyo a la liberalización y cómo esta posibilidad


queda, desde la presidencia francesa, particularmente vinculada a la figura del prín-
cipe. Es un detalle más de cómo el presidente Giscard d’Estaing pretendió intensi-
ficar su ascendiente directo sobre el heredero y de que a veces jugó para ello con su
relación con don Juan. Naturalmente era esa relación predilecta la que se quería
subrayar con la venida al acto de proclamación de don Juan Carlos como rey de
España, el día 22. Ya antes, había querido marcar esa posición de guía:

17. Entretien entre M. GILLET, ambassadeur de France en E. et le PRINCE JUAN CARLOS, 14


novembre 1974.

134
ENCARNACIÓN LEMUS

“Presidence de la Republique.
Su Alteza Real.
Don Juan Carlos Príncipe de España.
Monseñor:
Con ocasión de la muerte de S.E. el Generalísimo Franco, quien desde hace
casi cuarenta años ha dominado la historia de su país, os dirijo mis más sinceras
condolencias. Adjunto la expresión de mi consideración y simpatía hacia usted y
la de la amistad profunda del pueblo francés por el orgulloso pueblo español.
Fdo. Valéry Giscard d’Estaing”.

Este es el texto del telegrama oficial de condolencia, pero existe otra versión
más personal:

“Ministère des Affaires Étrangères.


Chifrement.
Telegramme AmbaFrance.
Monseñor:
En el momento en el que está llamado a asumir las más altas funciones de
vuestro país, os presento la confianza y amistad del pueblo francés.
Usted me informó el jueves pasado de los principales datos de la situación
política en Madrid, he sido muy receptivo a esta atención.
Francia hace votos por el futuro de España que no tiene vecino más próximo
y más atento. Desea que la evolución de su país le conduzca a participar más
estrechamente, en todos los dominios, en la vida de una Europa a la cual ha apor-
tado mucho en diversos momentos de su historia.
Le ruego que acepte toda mi consideración y mis más personales sentimien-
tos de amistad.
Signé VGD.
“Il s’agit dans notre esprit d’un message de caractere personnel dont nous ne
nous attendons pas à ce qu’il soit rendu public [Añadido a mano]”.

Por tanto, como en el caso de los Estados Unidos, el rey se mantenía en un con-
tacto bastante directo con la Presidencia francesa. El fondo de todo ello radica en
su papel decisivo en la política exterior, al menos hasta 1980. Mi convencimiento
es que para poder desarrollar una política exterior plenamente occidental y tenien-

135
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

do al rey como impulsor de ese objetivo, se avanzaba hacia la democracia. Además,


esa occidentalización formó parte sustancial del consenso de la primera fase de la
transición.

La importante capacidad ejecutiva del rey no solamente es así valorada por la


Presidencia y sus secretarías, los embajadores y el Quai d’Orsay en relación con la
política bilateral sino en materia militar y económica. En todos esos ámbitos se
piensa que sus decisiones son fundamentales y se intenta que recomiende sobre los
intereses franceses a los responsables de los determinados ámbitos. A veces, sobre
todo en operaciones económicas de cuantioso alcance, relativas a la renovación del
armamento militar, la diplomacia francesa cree que el rey funcionará como un ele-
mento de refuerzo a sus posiciones para establecer así un contrapeso al predominio
norteamericano.

En concreto, entre los consejeros y ministros de cada ramo al preparar los con-
tactos entre Giscard y el rey o bien a través del embajador se hacen llegar al rey las
indicaciones en tal o cual sentido para que él intervenga en el cierre de los contra-
tos: así en la oferta de Franatom para la construcción de centrales nucleares, tam-
bién en la de SECAM para la consecución del Segundo Canal en color español. De
manera especial, cuando se trata de operaciones de armamento en el que parece que
la decisión real es decisiva: ocurre para la compra de MIRAGE 1 y también la
adquisición del helicóptero Gazelle.

Tomo como ejemplo la negociación de los AIRBUS. Por acuerdo de 1971, el


Gobierno español se comprometió a que la compañía Iberia adquiera en 1975 5
Airbus y tomara 8 opciones para libramientos en 1975, 1976 y 1977. En contrapar-
tida, CASA recibió el 4’2% del trabajo del programa AIRBUS.

Según versión francesa, el 11 octubre 1974 Iberia remite a AIRBUS una carta
de denuncia del contrato tomando como justificación una cláusula en la que indi-
caba que la renuncia cabía si Airbus no había vendido en firme 50 aviones antes de
noviembre de 1973, pero argumentaban que la realidad radicaba en que los espa-
ñoles han preferido comprar BOEING, Iberia ha pedido 29 BOEING 727. Así que,
al preparar la visita de los reyes en octubre de 1976, el secretario de temas econó-
micos indica a Giscard d’Estaing:

“Sería conveniente que el Presidente dijera algo de este asunto al rey de


España y hay dos soluciones posibles, atenerse al acuerdo de 1971, llegar al com-

136
ENCARNACIÓN LEMUS

promiso pedir al gobierno español que se comprometa a que Iberia y Aviaco


pidan Airbus antes de 1977. De otra manera habrá que ‘repatriar’ el 4’2% de
CASA, las industrias alemanas están prontas a sustituir a los españoles”.18

Por otra parte, de alguna manera, la diplomacia francesa convierte a Suárez, a


efectos de la política bilateral, en la contrafigura del rey. Se cree que si éste des-
arrolla un papel de aliado, en cambio el presidente del Gobierno constituye la prin-
cipal traba para los intereses franceses. Además, no se hace inconscientemente el
juego de impulsar la capacidad real en materia de política exterior en el intento de
condicionar las decisiones de Suárez e, incluso, hacia noviembre de 1979 se aven-
tura que existe una marcada reticencia y rivalidad en este campo entre le monarca
y el presidente del Gobierno:

“El presidente español sabe que su visita a Francia se presenta difícil. Pero
desea afirmarse en el plano internacional y mostrar en Madrid que la dirección
de los asuntos exteriores delicados no es patrimonio del Rey. [Se dice] también
que sus relaciones con la Zarzuela no son tan buenas como antes”19.

3.3. La opinión de Francia en relación con la política exterior española

Cuando se habla globalmente de esa función de tutoría que Francia quiere des-
empeñar, en la práctica, dicha posibilidad implica el ejercer como guía en el cami-
no de la democratización, como cliente preferente en los intercambios comerciales,
como proveedor de tecnología, como guía cualificado cerca de la persona del rey,
pero muy principalmente como observador de la apertura de las relaciones exterio-
res españolas y como mediador en sus decisiones en este campo. Ya he indicado que
así fue con respecto a las Comunidades Europeas. En ese sentido la intervención
francesa se reveló tan decisiva y prolongada, determinó tanto la complejidad y difi-
cultad del camino de la adhesión de España a las Comunidades que he preferido no
introducirme en ese campo. Existe, en cambio, otro espacio geopolíticamente
importante y con respecto al cual no se consideró tan grave una indefinición de
futuro que se pensó que iba a ser coyuntural y sin embargo generó un vacío políti-

18. 5 /AG (3)/ 834, Visita del rey 27-29 octubre 1976, Dossier economique, M. J.P. Dutet.
19. Visita de Suárez, 26 y 27 noviembre 1979. Nota para el Presidente, 22 noviembre por P.
Leclercq: “la conduite des affaires extérieures délicates n’est pas l’apanage du Roi. C’est dire
aussi que ses relations avec la Zarzuela sont moins bonnes qu’auparavant”.

137
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

co que treinta años después persiste, el destino del Sahara Español y su repercusión
en la política del Magreb.

Francia interviene tanto como los Estados Unidos dificultando las ya de por sí
dubitativas decisiones españolas. Existe no ya una vigilancia sino un laborar inter-
no en pro de las tesis marroquíes, cuyos intereses resultan perfectamente enuncia-
dos el 28 mayo de 1975 con ocasión de una entrevista entre los ministros de
Exteriores Cortina Mauri y SAUVAGNARGUES en el marco de la OCDE. El
ministro francés resume la posición española reconociendo que lo que ha pasado en
los territorios portugueses, las nuevas tensiones que la crisis del petróleo ha hecho
surgir, el futuro de las relaciones de España con el Tercer Mundo mantienen a las
autoridades españolas en la voluntad de desprenderse del Sahara, que esperaban
que el Tribunal Internacional se inclinara por la autodeterminación y que esperaban
la solución en el marco de la Conferencia de Madrid20. Pero Francia defendía sus
posiciones, que se habían ido definiendo en una entrevista entre el rey de Marruecos
y Giscard d’Estaing, en la que París apoyaba la propuesta de una Conferencia alter-
nativa, en París y, al contrario que España, estimaba que: el que apareciera en esa
amplia región un Estado ficticio, sería un elemento de inestabilidad, coincidía con
Marruecos en el temor de que el previsto referéndum condujera a la independencia
y en que había que vigilar el factor argelino, se mostraba proxima a Marruecos y el
argumento para todo ello coincidía con el de EE.UU.: la necesidad de apoyar a la
monarquía en Marruecos y fortalecer esa alianza en el Mahgreb, en particular fren-
te a Argelia.

Tres años después, Francia seguía contrarrestando las conveniencias españolas


a base de alimentar los intereses marroquíes y, entre los preparativos de la citada
visita de la Presidencia a España, el 26 de junio de 1978 G. Robin presenta a
Giscard d’Estaing una interesante síntesis de la estrategia francesa. Se interpretaba
que España había considerado el Sahara occidental como un escudo ante las aspi-
raciones imperiales de Marruecos, por eso su acuerdo con Argelia tendía a crear un
estado ficticio donde pensaba preservar sus intereses esenciales. Definitivamente
había abandonado el Sahara en febrero de 1976. Frustrado en sus ambiciones, el
Presidente Boumediene había respondido denunciando el problema de las Canarias

20. “C‘est qui s’est passé dans les territoires portugais, les nouvelles tensions que l’affaire du
pétrole a fait surgir, l’avenir des relations de l ‘Espagne avec le Tiers-monde, tout cela entre-
tient les autorités espagnoles dans leur volonté de se dégager du Sahara espagnol”.

138
ENCARNACIÓN LEMUS

y las relaciones económicas entre los dos países que eran importantes para España,
por la importación de gas.

España estaba sometida a una doble presión, la oposición se inclinaba por el


Frente Polisario y el Gobierno tomaba medidas ambiguas o contradictorias. Por un
lado, buscaba reconciliarse con Argelia, sugiriendo una federación entre los saha-
rauis y Mauritania, algo a lo que Marruecos se oponía; pero, por otra parte, ratifi-
caba un acuerdo de pesca hispano-marroquí, en condiciones muy ventajosas, pero
que reconocía implícitamente la soberanía de Marruecos sobre esa parte del Sahara
(febrero 1978). Tras esta versión, se definía claramente la estrategia francesa:
“Habría que presentar las evidencia de que, a la larga, el imperialismo marroquí es
menos rechazable que el argelino y que el estado actual de las cosas garantiza mejor
la integridad de Canarias que un éxito de la tesis Boumediene”. La consolidación
de Mauritania también era vista como un obstáculo para el imperialismo marroquí.

Sin embargo, la versión de Giscard d’Estaing en la conferencia de Prensa de


Madrid el 30 junio de 1978 se aleja claramente de ese análisis interno. De hecho, a
la pregunta de si se había evocado en el rey el problema del Sahara Occidental y de
cuál era la posición francesa sobre esta región afirmó que no había tratado el tema
con el rey, textualmente, “porque no es una cuestión que concierna a las relaciones
entre Francia y España. Y se añadía que: Francia no era

“un miembro del acuerdo de Madrid, acuerdo firmado en esta ciudad y que
interesa a España, Marruecos y Mauritania. En lo que concierne a nuestros sen-
timiento sobre el fondo del problema, si surgiera una reunión de países directa-
mente interesados en la solución del problema, Francia sería favorable a esta reu-
nión, sería favorable a toda iniciativa que condujera a la búsqueda de una solu-
ción pacífica de las dificultades de la región. Francia considera que la existencia
de una Mauritania independiente y estable constituye una factor indispensable en
el equilibrio del área”.

Por último, en relación con la OTAN, si antes había ya indicado que la política
francesa mantuvo siempre una posición de alerta ante el incremento de la relación
española con los EE.UU., la posible incorporación de España a la Alianza Atlántica
añadía un motivo más de inquietud en este sentido, porque implicaba tanto el
refuerzo de los lazos entre España y América del Norte como la consolidación de
una nueva política exterior española más extensa y vinculada a otros estados miem-
bros, pero en particular se recelaba de la conexión con Alemania.

139
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

El 14 de abril de 1978, el embajador de Margerie envía un estado de la cuestión


a Jacques Andreani, ministro plenipotenciario Director de Europa. Según el cual, la
coyuntura dejaba ver que tras la celebración de la reunión de la OUA en Trípoli
sobre la situación de Canarias y el cuestionamiento de su futuro español y la ame-
naza de que el tema fuera retomado en la inmediata reunión de jefes de Estados afri-
canos en Jartún, los españoles estaban sorprendidos por la inactividad de los
gobiernos moderados del entorno y se preguntaban de qué habían servido años de
tradicional amistad con los Países Árabes. En ese marco, había cambiado rápida-
mente la posición ante la OTAN y en el Gobierno se había reforzado la idea de la
conveniencia de adscribirse a la posición fuerte de la Seguridad Atlántica. Además,
el embajador se mostraba convencido de que España se preparaba para una políti-
ca de desarrollo nuclear y aconsejaba que si estaba en lo cierto:

“[…] nosotros no deberíamos desear para España en el seno de la OTAN un


estatus especial detrás del cual alimentar sus ambiciones. Por tanto la pertenen-
cia plena en condiciones análogas a las de la República Federal de Alemania o
Italia sería la mejor solución. Aunque se tome una posición en este sentido no
debería ser formulada públicamente. Podríamos decir que “ Francia ve con sim-
patía natural que España desee entrar en una alianza de las que nosotros forma-
mos parte, pero que, por razones que nos son propias estimamos no poder for-
mular juicio en lo que concierne a la actitud de los otros; al contrario, nuestra
concepción de independencia nos lleva a evitar toda sospecha de injerencia en los
temas de los otros […] Es necesario impedir que España se entusiasme con la
esperanza de un estatus particular a la francesa”.

Meses después, en el marco de la preparación del viaje del presidente francés a


España, el ya utilizado informe del Secretario Robin, el 26 de junio de 1978, reco-
noce que las relaciones entre españoles y norteamericanos son estrechas en todos
los ámbitos, pero que la entrada en la OTAN es todavía un dilema si bien el gobier-
no se ha declarado favorable, pero no ha dicho nada de plazos ni parece tener pri-
sas, en principio porque hay preferencias inmediatas que lo desaconsejan, tanto el
final de 1978 y el principio de 1979 serían tiempos de nuevas consultas electorales
y para 1980 Madrid preparaba la Conferencia de la CSCE, así que hasta después de
todo eso, el gobierno no podría abrir seriamente un debate sobre la incorporación.
Sobre este estado de la cuestión se añadía:

“A nosotros el statu quo nos favorece: facilita las relaciones bilaterales, con-
tactos de Estados Mayores y provisión de armamentos. Francia sirve de interme-
diaria con el dispositivo aliado.

140
ENCARNACIÓN LEMUS

La entrada en la OTAN jugará a favor de los EE.UU. y de Alemania, y nos


plantearía problemas en el sentido de que la medida y la continuidad entre
España y sus aliados no puede establecerse nada más que a través de nuestro
territorio.
La participación en la Alianza solamente, como en el modelo francés, podría
darse por la voluntad de España de reservarse como Francia la opción nuclear
militar.
Nuestra sugerencia [a las autoridades sobre este particular] será que se nos
consulte llegado el momento”.

Como anteriormente, podemos comparar de nuevo la visión anterior con el reco-


nocimiento público en la dicha conferencia de 30 de junio en Madrid:

“Q. ¿Piensa si es posible establecer una cooperación política de E. con la


OTAN? o ¿Piensa que será necesario prever una integración militar?
Le P. En primer lugar. Sobre la primera cuestión el que España forme parte
de un sistema general de seguridad que es el nuestro en Europa occidental, la res-
puesta es positiva. Nuestros intereses generales de seguridad son evidentemente
los mismos. Además, existe en materia de seguridad exterior una cooperación
regular entre F. y E. La cuestión de saber cómo E. debe definir su actitud vis-à-
vis con la OTAN es una cuestión que no nos concierne directamente, pertenece a
la soberanía y a la apreciación de las autoridades españolas. Os recuerdo nuestra
posición de estar integrado en la Alianza y por razones precisas no en el disposi-
tivo militar integrado de la Alianza. Si hemos tomado esa actitud es porque pen-
samos que es la buena, pero no puedo sustituir las decisiones de las autoridades
españolas en este punto”.

4. CONCLUSIONES
Andando el tiempo, hoy entendemos que España volvió a rozar en el pasado
siglo XX la historia universal por tercera vez –en el 98, en 1936 y en 1978–. Sin
duda, este primer caso fundamental –después de República Dominicana– de transi-
ción desde una dictadura a una democracia, mediante un proceso pacífico –sin pér-
dida de una guerra, sin imposición exterior, por vía de la transacción y la progresi-
va liberalización del autoritarismo precedente– se ha convertido en uno de los más
importantes fenómenos políticos del último tercio del siglo. Y lo ha sido no por la
importancia del proceso hacia el interior: lo cual ya era bastante en sí misma, al aca-
bar con una dictadura militar en un país de sólida cultura occidental y al cerrarse

141
LA PRESENCIA DE LAS POTENCIAS OCCIDENTALES EN EL ARRANQUE DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA

así la vida de alguien que fue un mito, o tal vez un contramito, entre las grandes
personalidades políticas del malogrado siglo XX. Lo ha sido, sobre todo, porque
constituye un hito de cara al exterior, una fórmula de aplicabilidad constatada y
constatable, una llave para las futuras democratizaciones en el marco de un inalte-
rable mundo liberal capitalista, un logro de la distensión y, desde luego, un paso en
firme hacia el nuevo orden mundial y la superación globalizante y globalizadora de
las dictaduras.

Aunque el tiempo haya ido cargando de significado e interés, por su amplio eco,
la democratización española, la atención hacia España, entre noviembre de 1975 y
diciembre de 1978, aun siendo grande, no tiene comparación con el interés, la pre-
ocupación y la movilización que para EE.UU., Francia, y presumiblemente
Alemania provocó la portuguesa revolución del 25 de Abril. Bien es cierto, que
desde la óptica occidental uno y otro proceso no parecen separables y en ese senti-
do, en los dos archivos presidenciales, me han servido conjuntamente una y otra
documentación: porque en 1974 y en 1975 la visión sobre la ruptura portuguesa no
se apartaba en los gobiernos occidentales del futuro inmediato de España, por ello
con anterioridad ya he dicho que hay que hablar de una Transición Ibérica.

Sobre Portugal la vigilancia internacional fue continua, precisamente porque su


evolución la apartaba políticamente de su ubicación en el bloque occidental, y así
nunca he encontrado en relación con España, nada parecido a lo siguiente:

“París 26 de agosto 1975.

Ministerio de Asuntos Exteriores, Dirección Europa Meridional.

Demanda americana de intervención cerca del Presidente Costa Gomes para


que separe de su gobierno al general Vasco Gonçalvez.

Demanda americana para que, como ha hecho Carlucci en Lisboa, los fran-
ceses también presionen al presidente Costa Gómez para que se deshaga de su
primer ministro, también ha ido lo mismo al Reino Unido, Alemania y a los
Países Bajos.

Los norteamericanos piensan que la dinámica que había acercado a los mode-
rados al poder en Portugal está perdiendo su fuerza, y que la inacción hará más
difícil evitar que la minoría totalitaria ocupe el poder.

En su gestión cerca de Costa Gomez, Carlucci no ha ocultado que el gobier-


no norteamericano no contemplaba conceder una nueva ayuda a Portugal si el

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ENCARNACIÓN LEMUS

general Gonçalvez no era separado del poder y que la Alianza no podría conser-
var en un seno un gobierno de influencia comunista.
M. de COURCEL brevemente ha recordado a su interlocutor la actitud de
prudencia adoptada por Francia en relación con Portugal. Nos ceñimos a no inje-
rencias en los affaires de los demás. No contemplábamos acordar una ayuda
financiera al gobierno actual de Lisboa. Habíamos mostrado nuestra simpatía
afrontando sobre el plano humanitario el transporte de un cierto número de refu-
giados de Angola.
Al mediodía la embajada alemana en Portugal ha dado a conocer que una
demanda norteamericana idéntica ha sido enviada al Secretario de Asuntos
Extranjeros. Esta había pedido que los Nueve subordinaran su ayuda a la conso-
lidación de la democracia en Portugal. Aunque tal movimiento no sea decisivo,
puede temerse que el efecto sea el contrario y no ayude a los moderados. Porque
la publicidad hecha en la Radio portuguesa a esta gestión –considerada secreta–
muestra el uso que podrían tener intervenciones de este tipo”.

Efectivamente, la política comunitaria actuaba también directamente sobre el


Portugal revolucionario, aunque con diferentes criterios que los EE.UU.; durante
1974 y 1975 la Asamblea aprobó en seis ocasiones la concesión de créditos a
Portugal.

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