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LO QUE LA IRA TE HEREDA

ERRNVPHGLFRVRUJ
Lo que la ira te hereda
Patricia Rosa Linda Trujillo Mariel
Médico Cirujano con Maestría en Medicina Forense
y Doctorado en Ciencias Pedagógicas en el área
de Reeducación y Readaptación Social.

ERRNVPHGLFRVRUJ
Editorial Alfil
Lo que la ira te hereda

Todos los derechos reservados por:


E 2008 Editorial Alfil, S. A. de C. V.
Insurgentes Centro 51–204, Col. San Rafael
06470 México, D. F.
Tels. 55 66 96 76 / 57 05 48 45 / 55 46 93 57
e–mail: alfil@editalfil.com
www.editalfil.com

ISBN 978–607–7504–24–5

Dirección editorial:
José Paiz Tejada

Editor:
Dr. Jorge Aldrete Velasco

Diseño de portada:
Arturo Delgado–Carlos Castell

Impreso por:
Solar, Servicios Editoriales, S. A. de C. V.
Calle 2 No. 21, Col. San Pedro de los Pinos
03800 México, D. F.
Septiembre de 2008
Acerca de la autora

La Doctora Patricia Rosa Linda Trujillo Mariel es Médico Ciru-


jano con Maestría en Medicina Forense y Doctorado en Ciencias
Pedagógicas en el área de Reeducación y Readaptación Social.
Estancias Posdoctorales en el área de Criminología. Doctorado
Honoris Causa en Ciencias de la Salud, en el área de Calidad de
Vida. Académica, e Investigadora de la Universidad Veracruza-
na. Maestra con Perfil Promep Nivel II y Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores Nivel I.

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8 Manual de transportación aeromédica (Acerca del autor)
Contenido

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
1. La Psique . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
2. Las necesidades humanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
3. Caracterización de la ira . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
4. Ira, la nube negra del entorno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
5. La realidad, la fantasía y los cuentos reales . . . . . . . . . . . . . 65
6. La ira te viste de blanco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
7. La ira del dolor y el dolor de la ira . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91
8. Lo que de la ira se aprende . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
9. La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos . . . . . . . . 123
10. La ira y el confort . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
Reflexión final . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149

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Introducción

Gran parte de mi vida la paso observando mi ambiente. Me gusta


socializarme y encontrar respuestas a mis inquietudes en la inter-
acción social. No soy una frenética participante de las festivida-
des. Pero sí aprecio el valor de estar en convivencia. A lo largo
de mi existencia me percaté de la importancia de la humildad, la
autenticidad, la confianza, el respeto y la comunicación como
elementos esenciales en la vida diaria.
El individualismo que se preconizaba como una actitud con-
sustancial del ser es superado por el trabajo en equipo. Y para tra-
bajar en equipo se requiere certeza, conocimiento, seguridad y
una gran paz interior. La aceptación de la pluralidad y las diver-
gencias son elementos claves para la tolerancia y el perdón.
Los tiempos actuales son día a día universidades de la vida. Se
aprende con el simple hecho de vivir. Y se aprende aún más si la
existencia va de la mano con la convivencia armónica con los de-
más. El triunfo y la derrota, la alegría y la tristeza, la salud y la

11
12 Lo que la ira te hereda (Introducción)

enfermedad son binomios que no se pueden ver separadamente


porque de todos se aprende. El ser humano, en este viaje diario
por la vida, expresa sentimientos, pensamientos y emociones que
caracterizan su propio devenir. Laborar durante veintisiete años
en el Instituto de Medicina Forense y de manera honoraria en
Centros de Readaptación Social o de Ejecución y Sanciones,
como algunos son actualmente nombrados, deja una gran ense-
ñanza. Primero, se aprende a valorar el gran don que la vida mis-
ma representa. Se aprende a vivir al día. A no tener deudas ni mo-
rales ni espirituales. A decir perdón siempre. A establecer
relaciones respetuosas, pero sobre todo con calidad y duraderas,
además de responsables y sustentadas. En el Forense, como cari-
ñosamente llamamos a nuestra institución de trabajo, se observa
lo que afuera no se conoce, expresiones como: “Yo esperaba de-
cirle perdón”, “No tuve tiempo para decirle te quiero”, “¿Por qué
se mató mi papá, mami?”, “Hoy le iba a decir lo importante que
era para mí y cuánto realmente lo quería”, “Lo pude haber cal-
mado, realmente no quería que se enojara”, situaciones que mar-
caron mi modo de relacionarme con los demás. Y el “70 veces
siete” que marca la Sagrada Escritura como medida para evaluar
cuántas veces perdonar queda más que claro cuando se analizan
las frases que día a día se repiten de manera incesante en un cen-
tro en el que se recibe a sujetos que fallecen por muertes violentas
o inesperadas en la mayoría de los casos. Un día me propuse no
quedarme más con lo que apreciaba, “debo compartirlo”, y por
ello hoy lo hago. Lo que la ira te hereda encierra vivencias, estu-
dios y aprendizajes reales. No oculta nada. Intenta comunicar de
forma sencilla, clara y directa lo que este sentimiento genera en
el ser humano.
Manifiesto mi agradecimiento a mi Creador por la oportuni-
dad que me brinda de llevar a la letra lo que sé, ya que considero
que este material puede apoyar a personas que luchan por tener
Introducción 13

una mejor calidad de vida. Y esta gratitud y reconocimiento se


extiende a todos los que viven en mi corazón.
Te invito a leer detenidamente lo que humildemente te presen-
to. Hay mucho que aprender de la ira; esto sólo es una visión, una
mirada que se brinda con el afán de servir.
Sinceramente

Patty
14 Lo que la ira te hereda (Introducción)
Dedicatoria

A los que viven en mi corazón.


Mis padres,
Gil y Lupita, que me dieron los valores y principios de actua-
ción. Y que hoy, como siempre, representan el ejemplo más sóli-
do de amor y lealtad.
Mis hijos,
Fuente de mi inspiración, alegría, orgullo y vida. Mis campeo-
nes favoritos, mi estirpe real celestial:

Mariella, Sophía y José David

De manera sincera, a todos mis amigos. Muy especialmente a


quienes me ayudaron a comprender que la vida es un ejercicio es-
piritual superior y me demostraron el gran don que representa te-
nerlos como un tesoro especial en mi existencia: Raúl, Luz del
Carmen, Esther, Martha, Rita, Javier, Ángel, Nacho, Olga y Ciro.
¡¡¡Gracias!!!

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16 Lo que la ira te hereda (Dedicatoria)

Y muy especialmente a mi esposo Jorge. Cielito, contigo


aprendí el verdadero significado del amor. Con fe, valentía y en-
tereza me das día a día la certeza de reescribir nuestra historia.
Por todo ello y por más... ¡¡¡Gracias, Cielo!!!
Mi agradecimiento a José Paiz, Carmen Granados
y el brillante equipo de trabajo de Editorial Alfil.
1
La Psique

Durante mucho tiempo fui una apasionada de la mitología griega.


Las historias de los dioses, sus aventuras, el contacto que tenían
con los humanos y sus logros, eran situaciones que realmente me
fascinaban. Leer la literatura griega era una aventura. Me trasla-
daba a los escenarios. Vivía y sufría las travesías y hazañas de los
héroes mitológicos. En ocasiones imaginaba incluso de forma
tan real los ambientes que podría aún describirlos y sentir las in-
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clemencias del tiempo que ellos experimentaban.


A veces me contrariaba mucho con los dioses romanos. Me en-
fadaba particularmente que los romanos robaran algunos aspec-
tos de los griegos. Pero entendía que finalmente eran los mismos
dioses con distintos nombres. Mis predilectos, obviamente, eran
Júpiter, el dios creador, Atenea, la diosa de la inteligencia, y
Afrodita, la diosa de la belleza. Para los romanos Zeus era Júpi-
ter, Minerva era Atenea y Venus Afrodita.

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20 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)

A la diosa Afrodita siempre le aprecié demasiadas característi-


cas humanas. Caprichosa, voluble, envidiosa, presumida y muy
impulsiva. Su mayor cualidad era su esplendorosa belleza. Le
agradaba ser la más hermosa del Olimpo y disfrutaba con ello. De
hecho, la llamada guerra de Troya inició cuando comprometen
a Paris las diosas Juno, Atenea y Afrodita para que él decidiera
quién era la más bella. Y lógicamente Paris decide sobre Afrodita
(Venus) y la batalla inicia.
Pero, ¿por qué Venus en el primer capítulo de un libro que trata
sobre la ira?
Bien, considero que todo empieza en el alma. Y el alma está
representada por la expresión más bella que existe en el humano.
Por ello, para entender cómo se manifiesta Psique en el ánimo
del hombre, les contaré la historia mitológica que más me enter-
nece dentro de los relatos griegos. Se llama la historia de Psique
y Cupido. Venus, hija de Júpiter, tuvo muchos hijos. Entre ellos
sobresale Cupido, al que se representaba por un pequeño de cara
regordeta con alas muy blancas que nunca crecía. De hecho, se
narra que sólo cuando estaba al lado de su hermano Anteros (que
significa pasión) Cupido adquiría las dimensiones de un hombre.
En la Tierra se vivían historias semejantes a las que se desarrolla-
ban en el Olimpo. Era una coexistencia bidimensional. Por una
parte la problemática humana, y por otra la que se derivaba de la
influencia divina. Dos mundos en dos ámbitos distantes y distin-
tos, pero con efectos semejantes. La capacidad de adaptación era
muy especial. El hombre se tenía que relacionar con el hombre,
con el ambiente y con los dioses.
En cambio, los dioses sólo tenían que ordenar. En ocasiones
los dioses se molestaban por las acciones humanas. Y en otras no
necesitaban los humanos ejercer ningún movimiento, su sola
presencia para algunos era desagradable y causa de enfado divi-
no. Tal fue el caso de la historia de Psique. Ella era la hija más
La Psique 21

pequeña de unos reyes que vivían en territorio griego. Sus dos


hermanas mayores eran sumamente bellas, pero la hermosura de
Psique superaba a la belleza de cualquier mujer en el planeta. Era
tan excelsa su belleza que los humanos le rendían culto. Muchos
afirmaban que era la Venus terrenal. Los honores se los dirigían
a ella y no a la diosa Venus, situación que paulatinamente fue
molestando sobremanera a esta caprichosa deidad.
Un día, cansada la diosa Venus de ver abandonado su templo
y ausente de honores y loores, solicitó la presencia de su hijo Cu-
pido. Él tenía un arco y unas saetas con las cuales condicionaba
que las personas se enamoraran definitivamente. Su madre Ve-
nus le ordenó que tocara a Psique e hiciera que se enamorara pro-
fundamente de un sujeto indeseable, del peor ser humano sobre
la faz de la Tierra, para que así pagará la insolencia de permitir
que la llamarán la Venus terrenal. Cupido, presto a la orden de su
madre, se dispuso a cumplir su misión.
Mientras tanto, en la Tierra, Psique, pese a su gran belleza, no
era feliz, se sentía sola. Sus dos hermanas mayores se habían ca-
sado y vivían en reinos lejanos de su lugar de origen. El rey, padre
de Psique, al apreciar la soledad de la joven princesa, acudió al
templo de Apolo a solicitar en el oráculo orientación para apoyar
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a su hija. Allí recibió una triste noticia. Su hija sí sería desposada,


pero por un monstruo alado que la mataría y la alejaría de su lado
para siempre. Que debía llevarla a lo alto de un monte, colocarla
sobre una piedra y allí depositarla hasta que llegara su marido.
Obedeciendo el rey la orden, se dispuso, en compañía de su espo-
sa y de buena parte de los habitantes del pueblo, a cumplir la dis-
posición del dios.
Psique, completamente resignada y en un intento por consolar
a sus padres de tan cruel destino, asumió con valentía su destino.
Se quedo sola tal y cual había indicado Apolo, y al poco tiempo
algo extraño sucedió. Un viento delicado la llevo al fondo del ris-
22 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)

co, allí apreció a lo lejos un hermoso castillo de construcción


extraterrenal. De extraordinaria y exquisita estructura y con los
más finos materiales se disponía la estructura del castillo. Por
dentro estaba invadido por grandes tesoros. Mas, sin embargo, no
existía guarda alguna que custodiara ni las riquezas que el centro
poseía ni al propio castillo. Psique, algo temerosa, se introdujo
y escuchó unas voces que le manifestaban que todo lo que veía
era suyo y que ellas estaban a su servicio. Al poco tiempo le ade-
rezaron una estupenda vianda. Le ofrecieron los más bellos vesti-
dos. Y en el castillo todo tenía un toque divino. Por la noche, en
medio de la obscuridad, se apareció su esposo, quien estuvo con
ella sin que jamás le mostrará la cara. Así, Psique dejo atrás su
soledad. Su familia no sabía nada de ello y sus padres se encon-
traban sumamente deprimidos. Por ello llamaron a sus hijas ma-
yores y éstas se ofrecieron a ir en su búsqueda. Entre tanto, el ma-
rido de Psique, quien no le revelaba su identidad y a quien sólo
veía por las noches, le ordenó no comentar nada sobre su relación
a sus familiares, porque le adelantó que vendrían sus hermanas
a verla. Y le dijo que ella ya llevaba en su vientre linaje y por tanto
debía protegerlo. Psique se emocionó y juró guardar respeto a su
marido no comentando nada con sus hermanas. Éstas llegaron al
sitio donde Psique había sido abandonada y el mismo viento sua-
ve que desde el risco llevó a la joven princesa al castillo fue el
encargado de llevar a sus hermanas a su lado. Las recibió con
gran alegría, les mostró todo lo que poseía y con respecto a su ma-
rido sólo argumentó que era un joven mancebo. Sus hermanas sa-
lieron con mucha envidia del lugar y cargadas de enormes teso-
ros. Se prometieron no comentar nada y fingieron llanto y
desesperación por no encontrarla. Ni a sus padres les comentaron
la dicha de Psique. El tiempo transcurrió y, así como crecía la feli-
cidad de Psique, se avivaba la envidia y el odio en sus hermanas.
Ellas tramaron regresar y obligar a Psique a matar a su esposo
La Psique 23

convenciéndola de que, si no se mostraba ante ella, era porque su


forma era monstruosa y debía cortarle la cabeza. Y así lo hicie-
ron. El marido advirtió a Psique de la envidia y malas intenciones
de sus hermanas, sin detallar lo que realmente ellas se proponían
hacer. Psique juró que no les haría caso. Pero no cumplió su pro-
mesa. Aterrada por los relatos macabros de sus hermanas, intentó
matar a su esposo. Pero al alumbrar su cara con lámpara de aceite
y ver que era Cupido, se quedó totalmente asombrada. Pinchó su
dedo con una saeta y esa gota de sangre fue suficiente para que
quedara completamente enamorada de él. Justo en ese momento
una gota de aceite de la lámpara que encendía la habitación cayó
en el ala de Cupido, quien por el dolor despertó. Se enojó mucho
al descubrir que su esposa había fallado y la dejó. Psique intentó
detenerlo, pero no le fue posible. Ahí empezó su peregrinar para
alcanzarlo. Sintió ira y planeó con argucia cómo vengarse de sus
hermanas, quienes presas en la codicia fallecieron en su afán de
usurpar el nivel de vida que tenía Psique. Cupido fue sancionado
severamente por su madre Venus, quien lo encerró para que no
saliera más y le prometió despojarlo de todo. Psique buscó la ayu-
da de otros dioses: Juno y Mercurio. Pero sólo pudieron orien-
tarla. En un momento de valor, acudió al propio templo de Venus,
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a quien pidió perdón por la osadía. La diosa le encomendó prue-


bas. Antes de cumplirlas la asoló con la tristeza y la desdicha,
quienes la maltrataron hasta que Venus decidió soltarla. Recibió
apoyo para cumplir las pruebas de los insectos más sencillos: las
hormigas, cuando Venus le exigió separar unas semillas. Poste-
riormente le exigió el vellocino de un río muy peligroso. Deses-
perada intentó suicidarse en el río, pero una caña verde que guar-
daba agradecimiento a Cupido y sabía que ella era su mujer le
animó y orientó para lograr obtenerlo. Con el vellocino se pre-
sentó ante Venus y ésta, enojada al ver que había superado su pe-
dimento, le impuso una nueva prueba. Para ello le pidió un vaso
24 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)

de aguas estígeas. Era algo totalmente peligroso y nuevamente


Psique cayó en la tentación de quitarse la vida. Aquí apareció un
águila real que era propiedad de Júpiter. Le ayudó porque había
recibido beneficio de Cupido, su esposo, y le trajo el vaso con
agua que la diosa Venus le había solicitado. Muy enfadada Venus
de que su nuera cumpliera, le puso un mandato muy difícil. Le
dio un cofre y le pidió que solicitara a Proserpina, diosa romana
de los infiernos, que le diera un poco de su belleza para con ella
lavarse la cara que había sido entristecida por la enfermedad de
Cupido. Y nuevamente Psique se propuso cumplir, pero cayó en
la depresión y, pensando que no tenía caso luchar más, ya que de
todas formas moriría, se subió a una torre muy alta para lanzarse.
En este momento la torre le habló y le dijo que le faltaba ya muy
poco. Le instruyó como entrar y salir del infierno y le advirtió que
no abriera el cofre cuando lograra lo que Venus le pidió. Psique
cumplió todo al pie de la letra, enfrentó a Caronte, superó la prue-
ba del perro de tres cabezas, estuvo en el palacio de Plutón y por
fin consiguió que Proserpina le pusiera en el cofre con suficiencia
la “divina belleza” que Venus pidió. Pero, al considerar que si to-
maba un poquito de esa “divina belleza” podía con ello agradar
más a Cupido en su ya cercano encuentro, abrió el cofre y al ins-
tante entró en sueño mortal. Entre tanto, Cupido, recuperado de
su dolencia, logró escapar de la cámara en la que estaba encerra-
do. Salió al encuentro de su mujer, espantó el sueño mortal, lo
metió en el cofre y reprendió a Psique por su curiosidad. Le orde-
nó que regresará al encuentro de Venus y le entregará su pedi-
mento, que él haría su parte para terminar todo el suplicio. Cupi-
do voló entonces al encuentro de Júpiter, su padre. Le contó todo
lo que sucedió en relación con Psique y su amor. Júpiter se con-
movió, admitió apoyarlo y, convocando una reunión de dioses,
ordenó el casamiento entre Cupido y Psique. Para ello volvió in-
mortal a Psique dándole un vaso de vino celestial. Las bodas se
La Psique 25

celebraron con real estilo y al poco tiempo nació la hija de Cupido


y Psique, que se llamó Placer.
Esta historia es mi favorita. Quiero iniciar con ella el conjunto
de comentarios que argumento en este libro, debido a que Psique
representa el alma.
El “alma” es terrenal. Porque está en nosotros. Cada ser ubica-
do en el contexto especial posee una “alma” que lo anima, lo dis-
tingue, lo hace único. Esa “alma” por naturaleza es hermosa. Es
totalmente bella, pura, incorruptible, perseverante, transparente
y digna de ser alabada. Con todas estas cualidades, es presa fácil
de los más bajos instintos, ya que su misma belleza le puede con-
dicionar soledad. Esta soledad se expresa cuando no reconoce su
valor.
Y así es el ser humano. Posee la más increíble e invaluable be-
lleza en su “alma, que con el simple hecho de poseerla lo llena
de valor, de un incalculable tesoro que lo debe convertir en es-
tirpe real.
Psique en la historia es una princesa. Y así es nuestra “alma”,
un ente real. Y si el “alma” es un ente real es por el gran e inmenso
valor que posee. Tristemente, la tendencia a la autodestrucción
que se genera por la falta de estima hacia la propia existencia con-
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diciona el no valorar la importancia de ser reales y de estirpe ce-


lestial por el simple hecho de estar vivos y, por tanto, tener
“alma”
Cuando no existe una concepción real de este celestial valor
la persona se siente sola. Psique era bella, hermosa y querida,
pero se sentía sola. Buscaba encontrar el amor y el valor en el ex-
terior. No era mala su intención, pero su proceder sí lo fue, porque
el encuentro con el amor no se da de manera total cuando no hay
seguridad en la propia persona.
Y Psique, pese a su gran belleza y valor, era insegura. Por tan-
to, dejó influir su proceder de las malas intenciones de sus pro-
26 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)

pias hermanas. Y falló en su actuación y perdió el valor al intentar


matar a Cupido. ¿Por qué no lo mató, si tenía todo para hacerlo?
Porque lo amaba. Y aun cuando su inseguridad era grande su
amor era real. Sin saberlo, Psique, al amar a Cupido, se estaba
amando al mismo tiempo. Cuando alguien se enamora se enamo-
ra de una parte que el sujeto a quien entrega su corazón le envía,
un reflejo de su propia persona. Y ese pequeño reflejo es el que
salva finalmente tanto a Psique como a Cupido. Cupido, el dios
romano del amor, tiene alas. Porque el amor es libre. No puede
estar encarcelado. Se da y se expresa sin límites, se da en abun-
dancia como en el caso de Psique, en el que le dio un castillo con
todos los tesoros, con todas las bondades, con todos los honores.
Así es el amor cuando es total. Pese a todo, aun cuando se está
en este “castillo”, si el “alma” no se considera valiosa lo puede
perder. Psique lo perdió. Pero el “alma” tiene la oportunidad de
rescatarse. Porque el ser humano siempre es capaz de perfeccio-
narse, de actualizarse, de volver a crecer y nacer las veces que sea
necesario si así lo quiere. Y esto es lo más importante. Todo lo
que sucede en el “alma” es resultado de la propia naturaleza del
sujeto y de la voluntad que el mismo exprese. El reto más grande
es descubrir que la naturaleza del “alma” es valiosa, noble, rica
y sobre todo fuerte.
Psique “mata” a sus hermanas. Sus hermanas representan las
malas emociones, las tendencias a la destrucción, la inclinación
del hombre por alejarse de la felicidad por temor a ser feliz. La
envidia, los celos, la mentira representan en la actuación de las
hermanas los más terribles males que pueden engendrarse dentro
de un mismo ser.
Cuando el sujeto los identifica y reconoce el daño que están
causando a su propia existencia los vence y se rescata. Y entonces
inicia la lucha por recuperar lo que perdió. No es una lucha fácil.
Implica mucho dolor, sufrimiento, paciencia, perseverancia y
La Psique 27

fortaleza. Pero sí se puede llegar a triunfar. Porque en el “alma”


se encuentra el valor para alcanzar la meta. Psique triunfó. Dejó
atrás a la mujer insegura, a la que no escuchaba los consejos del
amor verdadero. Apartó la incertidumbre y confió. Las hormi-
guitas, que son los primeros insectos que la ayudan, representan
la perseverancia, la unión y la fortaleza que dentro del propio ser
deben expresarse para clasificar las fortalezas y debilidades que
existen en cada persona. La caña verde del río que la orienta para
encontrar el vellocino exhibe la fuerza del contacto con la reali-
dad, la capacidad de observación no tan sólo del interior, sino del
ambiente que rodea a los sujetos. El águila es el símil del pensa-
miento, la capacidad de abstraerse y elevar al sentido más puro
y alto todas nuestras acciones. Y finalmente la torre es la fuerza
interior, el llamado enteos, el dios interior que habita en cada su-
jeto y que le da el entusiasmo y la motivación ante la fuerza más
destructora que se pueda enfrentar a nuestros ojos.
Psique logró la meta aun cuando prevalecían en ella la curiosi-
dad y la falta de respeto ante los consejos de quien le indicó que
no abriera el cofre de la divina hermosura. Psique aún pensaba
que lo exterior superaba a lo interior. Cupido, el dios del amor,
podía elegir a quien fuera, pero seleccionó a Psique, no por lo que
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veía en su exterior sino por lo que sentía de su interior cuando


compartía con ella la intimidad. La historia de Psique y Cupido
en detalle cuenta que, cuando ambos estaban juntos, Psique
siempre lograba convencer a Cupido porque le hablaba con pala-
bras dulces y suaves. Eso era lo que realmente le atraía a Cupido
de ella.
¿Por qué Júpiter accede que Cupido se quede con Psique?
¿Qué representa este acto? Representa el reconocimiento al amor
perfecto. Al amor capaz de entregarse, de dar la vida, de perdo-
nar, de aceptar, pero sobre todo de creer en el valor mismo del in-
terior del sujeto, venciendo barreras y perseverando hasta el fin.
28 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)

Y esto es el amor que el propio sujeto debe tener primero a su


persona. Sin ello el humano no puede valorarse. Y sin valor el hu-
mano se pierde. Busca encontrar satisfacción fuera de sí mismo
y se daña.
El amor perfecto representado por la unión de Psique y Cupido
engendra al Placer.
Y el Placer no visto como algo terrenal, sino como la satisfac-
ción del deber cumplir, el estado de bienestar. El equilibrio entre
el alma y el espíritu.
Y este equilibrio sólo se logra en la paz, sentimiento que se al-
canza cuando el ser humano aprende a convivir consigo mismo. En
una ruta que no termina sino hasta que se perfecciona el sujeto.
El estar bien, el sentirse bien y el hacer bien son cuestiones li-
neales y ascendentes que promueven el crecimiento del sujeto.
Particularmente aprecio mucha en esta historia mitológica la
fuerza que se le da al amor, representado en Cupido, el amor que
avizora el bien y previene el mal, el amor que se aleja cuando con-
templa que la persona, en este caso Psique, no respeta el acuerdo
y falla. El amor que rescata cuando aprecia que la persona perse-
vera, y el amor que es capaz de enfrentar incluso hasta la deidad
suprema para reclamar lo que considera que corresponda. Y el
amor que se eleva aun cuando estaba herido y “vuela” para resca-
tar a quien ama.
La representación entre dos enamorados no implica que se re-
quiera necesariamente a otro sujeto para este rescate.
La clave del buen funcionamiento en las personas, insisto, es
encontrar en su propio ser a Psique y a Cupido para con ello vivir
en el placer, es decir, en el bienestar que esta condición propicia.
En los sujetos que cierran sus puertas al amor y aprisionan su
Psique, en quienes no es posible creer que existe la posibilidad
del bienestar y por ello no permiten que Psique y Cupido se unan,
en ellos se expresa la ira.
La Psique 29

Y a lo largo de estos comentarios y reflexiones que en conjunto


constituyen el texto presento lo que la ira es, lo que representa,
de qué manera se manifiesta y cuáles son las propuestas que com-
parto para lograr que nazca el PLACER y se restablezca la unión
de Psique y Cupido.
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30 Lo que la ira te hereda (Capítulo 1)
2
Las necesidades humanas

Cuando se habla de necesidad se hace alusión a carencia. Todo


lo que generamos en nuestra vida parte de la identificación de
algo que nos falta, que no tenemos. Así, las acciones que realiza-
mos están encaminadas a subsanar nuestro vacío.
Emocionalmente la mayor parte de los seres humanos eviden-
ciamos grandes carencias.
La visión del mundo es una construcción que se genera con
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base en la percepción de nuestros afectos. Los que recibimos y


los que damos. Pero ambos están en relación directa con lo que
captamos del entorno.
Desde que el ser humano se forma su estructura interior ya está
fincada. Heredamos talento y creatividad. Albergamos el poten-
cial de amar, de crear, de soñar, de interpretar, de crecer. Pero la
dirección que le damos a estas semillas está en dependencia di-
recta de lo que vemos y de lo que no vemos. Y ese ver, o no querer

31
32 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

ver, insisto, está íntimamente vinculado con la percepción que


genera la visión de lo que nos rodea.
La persona puede ser el profesional más brillante de la Tierra,
tener todos los reconocimientos del mundo. Pero, si no se percibe
como tal, tendrá una vida en la que sólo buscará desenfrenada-
mente reconocimiento, sin darse cuenta de que ya por el simple
hecho de ser persona lo tiene. Y este afanoso quehacer lo realiza
para obtener valor y subsanar su necesidad de afecto.
Más que tendencia a trabajar en exceso, a asistir a fiestas sin
medida o a realizar compras compulsivas, el ser humano arreme-
te por recibir un poco de afecto. Por ello genera tanta actividad,
que a veces lo desgasta.
Normalmente esta carencia parte desde la infancia. Las com-
paraciones que realizamos al ver lo que sentimos o captamos
como ideal, con lo que realmente vivimos, inicia desde muy tem-
prana edad. Y aun cuando no hay conciencia precisa de este acto,
sí hay consecuencias del mismo. Los pequeños imitan modelos.
Pero para crearlos primero requieren visualizarlos. Por ende,
toda conducta en un niño primero es idealizada. Su forma se da
en el contacto con el medio. La socialización que el niño vive
inunda su pensamiento y en ello su percepción, la percepción en-
tendida como el conocimiento propio de las cosas. Así, si un niño
percibe amor, quiere decir que lo sintió. Que este sentimiento lo
hizo suyo, que cree que es por tanto merecedor de amor. Si no es
así, el hombre seguirá en una pesquisa eterna. Y, desafortunada-
mente, escudriñará en el exterior lo que puede encontrar en su in-
terior.
Y añadirá a su exploración el pretexto de dar lo que otro nece-
sita. Es decir, cada sujeto tiene necesidades emocionales especí-
ficas. Éstas se dan por la estructura propia de la persona. Incluso
existen diferencias por edad y género. Sin embargo, pensamos
que nuestra necesidad es la misma que tienen otras personas. Y
Las necesidades humanas 33

manejamos nuestra conducta con el mejor de los ánimos para cu-


brir las necesidades de las otras personas. De esta forma creemos
que estamos actuando bien, ya que, subsanando nuestras necesi-
dades en función de otros, pensamos que actuamos bien. Y lo
peor del caso es que creemos que con ello nos sentimos bien. Lo
único que hacemos es restar valor a nuestras propias carencias y
“gritar” silenciosamente qué es lo que necesitamos que los otros
nos aporten. Estas necesidades, valoradas individual o grupal-
mente, conllevan el concepto de AMOR. ¿Y qué es el amor? Hay
una canción popular de alabanza que se basa en la primera carta
de san Pablo a los Corintios, en el capítulo 13, versículos del 1
al 13, que lo describe muy bien:

Si yo no tengo amor,
Yo nada soy, Señor.
Si yo no tengo amor
Yo nada soy, Señor.
El amor es comprensivo,
El amor es servicial,
El amor no tiene envidia,
El amor no busca el mal.
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

El amor nunca se irrita,


El amor no es descortés,
El amor no es egoísta,
El amor nunca es doblez.
El amor disculpa todo,
El amor es caridad,
No se alegra de lo injusto,
Sólo goza en la verdad.
El amor soporta todo,
El amor todo lo cree,
El amor todo lo espera,
34 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

El amor es siempre fiel.


Nuestra fe, nuestra esperanza
Frente a Dios terminará:
El amor es algo eterno,
El amor nunca pasará.

El análisis de este canto y del texto de Pablo del que se deriva es


muy especial. Describe cuáles son las características de la emo-
ción que conocemos con el nombre de Amor. El Amor es un valor
universal. Implica los siguientes conceptos:

S Comprensión.
S Servicio.
S Empatía.
S Bienestar.
S Tolerancia.
S Cortesía.
S Fortaleza.
S Autenticidad.
S Humildad.
S Caridad.
S Justicia.
S Perennidad.
S Respeto.
S Confianza.
S Fe.
S Paz.

Vamos a realizar un análisis del significado de todos estos térmi-


nos y con ello evidenciaremos realmente qué es el amor.

Comprensión:
(De comprehensión).
Las necesidades humanas 35

1. f. Acción de comprender.
2. f. Facultad, capacidad o perspicacia para entender y pene-
trar las cosas.
3. f. Actitud comprensiva o tolerante.
4. f. Fil. Conjunto de cualidades que integran una idea.
Real Academia Española.

Servicio:
(Del lat. servitium).
1. m. Acción y efecto de servir.
2. m. Favor que se hace a alguien.
3. m. Econ. Prestación humana que satisface alguna necesi-
dad social y que no consiste en la producción de bienes
materiales.
4. m. Der. Situación laboral o, sobre todo, funcionarial, en la
que una persona desempeña efectivamente el puesto que le
corresponde.

Empatía:
1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el
estado de ánimo de otro.
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

Real Academia Española.

Bienestar:
(De bien y estar).
1. m. Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien.
2. m. Vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo
bien y con tranquilidad.
3. m. Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen
funcionamiento de su actividad somática y psíquica.

Tolerancia:
(Del lat. tolerantia).
36 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

1. f. Acción y efecto de tolerar.


2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás
cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Cortesía:
(De cortés).
1. f. Demostración o acto con que se manifiesta la atención,
respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.
2. f. En las cartas, expresiones de obsequio y urbanidad que
se ponen antes de la firma.
3. f. Cortesanía.
4. f. Regalo (dádiva).
5. f. En el giro, días que se concedían a quien había de pagar
una letra, después del vencimiento.
6. f. Gracia o merced.
7. f. Tratamiento (título de cortesía).
8. f. Impr. Hoja, página o parte de ella que se deja en blanco
en algunos impresos, entre dos capítulos o al principio de
ellos.

Fortaleza:
(Del prov. fortalessa).
1. f. Fuerza y vigor.
2. f. En la doctrina cristiana, virtud cardinal que consiste en
vencer el temor y huir de la temeridad.
Real Academia Española.

Auténtico:
auténtico, ca.
(Del lat. authenticus, y éste del gr. auqentiküj).
1. adj. Acreditado de cierto y positivo por los caracteres,
requisitos o circunstancias que en ello concurren.
Las necesidades humanas 37

2. adj. coloq. Honrado, fiel a sus orígenes y convicciones. Es


un tío muy auténtico.
Real Academia Española.

Humildad:
(Del lat. humilitas, –âtis).
1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias
limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este
conocimiento.

Caridad:
(Del lat. caritas, –âtis).
1. f. En la religión cristiana, una de las tres virtudes teologa-
les, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo como a nosotros mismos.
2. f. Virtud cristiana opuesta a la envidia y a la animadver-
sión.
3. f. Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.
Real Academia Española.

Justicia:
(Del lat. iustitia).
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar


a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien
las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido
justicia.
5. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas
en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por
la divina disposición con que castiga o premia, según
merece cada uno.
38 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

Perennidad:
(Del lat. perennitas, –âtis).
1. f. Perpetuidad, continuación incesable.
Real Academia Española.

Respeto:
(Del lat. respectus, atención, consideración).
1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.
2. m. Miramiento, consideración, deferencia.
3. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.
4. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por
cortesía.
Real Academia Española.

Confianza:
(De confiar).
1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.
2. f. Seguridad que alguien tiene en sí mismo.
3. f. Ánimo, aliento, vigor para obrar.
Real Academia Española.

Fe:
(Del lat. fides).
1. f. En la religión católica, primera de las tres virtudes teolo-
gales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por
la Iglesia.
2. f. Conjunto de creencias de una religión.
3. f. Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una
multitud de personas.
4. f. Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de
algo. Tener fe en el médico.
5. f. Creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice
o por la fama pública.
Las necesidades humanas 39

6. f. Palabra que se da o promesa que se hace a alguien con


cierta solemnidad o publicidad.
7. f. Seguridad, aseveración de que algo es cierto. El escri-
bano da fe.
8. f. Documento que certifica la verdad de algo. Fe de solte-
ría, de bautismo.
9. f. Fidelidad (lealtad). Guardar la fe conyugal.
Real Academia Española.

Paz:
(Del lat. pax, pacis).
1. f. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
2. f. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contra-
posición a la guerra o a la turbulencia.
3. f. Tratado o convenio que se concuerda entre los gobernan-
tes para poner fin a una guerra. U. t. en pl. con el mismo
significado que en sing.
4. f. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con
otras, especialmente en las familias, en contraposición a
las disensiones, riñas y pleitos.
5. f. Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia. U.
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

m. en pl.
6. f. Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego,
opuestos a la turbación y las pasiones.
7. f. Genio pacífico, sosegado y apacible.
8. f. Portapaz.
9. f. Rel. En la celebración de la eucaristía según la liturgia
romana, rito que precede a la comunión, en el que toda la
asamblea se ofrece mutuamente un gesto de paz, como sig-
no de reconciliación. En otras liturgias, como la hispano–
mozárabe, se realiza antes de la presentación de las ofren-
das de la eucaristía.
40 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

10. f. desus. Salutación que se hace dando un beso en el rostro.

Con lo antes expuesto, el Amor es el concepto que engloba a la


mítica Psique, es decir, es la belleza total del ser humano; enten-
dida la belleza como la expresión máxima del potencial de cada
sujeto, me permito hacer una selección de significados y con ello
constato lo que me atrevo a escribir:

S El amor es facultad, capacidad o perspicacia para entender


y penetrar las cosas.
S El amor es la acción y efecto de servir.
S El amor es la identificación mental y afectiva de un sujeto
con el estado de ánimo de otro.
S El amor es el estado de la persona en el que le hace sensible
el buen funcionamiento de su actividad somática y psí-
quica.
S El amor es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de
los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
S El amor es la demostración o acto con que se manifiesta la
atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.
S El amor es ausencia de temor, que da fuerza y vigor.
S El amor es fiel a sus orígenes y convicciones.
S El amor es conocer las propias limitaciones y debilidades
y obrar de acuerdo con este conocimiento.
S El amor es tener actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.
S El amor es saber hacer lo que debe hacerse según derecho
o razón.
S El amor es un acto perpetuo.
S El amor es un acto de veneración.
S El amor es tener esperanza firme que alienta, anima y da
vigor para obrar.
S El amor es la confianza y certeza de lo que se espera.
Las necesidades humanas 41

S El amor es la vuelta a la amistad o a la concordia, es sosiego


y buena correspondencia de unas personas con otras, espe-
cialmente en las familias, en contraposición a las disensio-
nes, riñas y pleitos.
S El amor es algo muy personal que cada quien descubre sin
intentar hacerlo, en el momento menos pensado y tal vez
con quien menos se creía encontrar.

Por ello es una emoción distinta en cada persona, además de di-


versa. La coincidencia estriba en que todos en algún momento de
su vida han experimentado el deseo, la necesidad e incluso los
efectos del amor.
Pero ¿qué categorías pueden englobar el Amor cuando habla-
mos de la relación de pareja? En un intento de sintetizarlas se
encuentran las siguientes: confianza, aceptación, aprecio, admi-
ración, aprobación, ánimo, afecto, comprensión, respeto, devo-
ción, valoración, seguridad. El hombre siempre busca las seis
primeras. Y la mujer las seis últimas. Pero no por ello no requiere
uno u otro sexo de todas. ¿Qué es importante en este análisis? Pri-
mero considerar que hasta que se encuentran satisfechas las ne-
cesidades personales acorde al género, el sujeto puede reconocer
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

las que su pareja requiera.


Veamos esto en un ejemplo sencillo:

El hombre necesita La mujer necesita


principalmente: principalmente:
Confianza Afecto
Aceptación Comprensión
Aprecio Respeto
Admiración Devoción
Aprobación Valoración
Ánimo Seguridad
42 Lo que la ira te hereda (Capítulo 2)

La clave del éxito es primero estar satisfecho para amar más


y mejor. Es poco probable que un sujeto que no se ame y que no
sepa de qué manera hacerlo pueda tener éxito en su relación. Y
no tan sólo de pareja, sino en su relación con los seres que viven
en su entorno.
Y cuando alguien no sabe hacerlo y no encuentra de qué mane-
ra expresarlo se generan conflictos internos. Éstos son el origen
de la ira.
3
Caracterización de la ira

La ira es un sentimiento dañino que surge en el ser humano y se


apodera de él. No existe forma de evitarla naturalmente. Es decir,
puede considerarse como una expresión básica del hombre.
Un sujeto iracundo está lleno de fuerza. Su temperatura se ele-
va. Sus latidos cardiacos, el pulso y la presión arterial también.
Su único medio de expresión es la destrucción. Ésta puede gene-
rarse con palabras, gestos y/o acciones.
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

Cuando se presenta con palabras el sujeto dice todo lo que an-


tes no había pronunciado. Expresa la realidad de los sentimientos
ocultos hacia la persona en la que se detona su emoción. Y gene-
ralmente comenta sobre sujetos allegados a quien dirige sus pala-
bras. Normalmente siempre involucra en su “discurso” a gente
vinculada a su víctima, afectiva, social o laboralmente.
Cuanto más cercano emocionalmente esté el agresor a la vícti-
ma (por así llamarla), más fuerte en intensidad será la agresión.
Para que se dé una total explosión de ira se requiere de la partici-

43
44 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)

pación de la víctima, misma que no tendrá que ejecutar grandes


actos para avivar la acción en su violentador. El sujeto iracundo,
cuando “ataca verbalmente”, transforma su expresión y su porte.
Sus ademanes y gestos cambian. Se vuelven toscos, aunque muy
bien coordinados. Hay focalización de la agresión, bien a un ob-
jeto, bien a un sujeto.
Esta focalización verbal puede saltar a física en instantes. Para
que de verbal se transforma en física basta con que la víctima res-
ponda con una mirada o una frase lo que el “iracundo” proyectó.
De manera general, la agresión física la lanza el agresor a la
cabeza, bien sea a la cara o al cabello de la víctima. Si la víctima
tiene el cabello largo lo jala con fuerza, bien hacia atrás, bien ha-
cia adelante, para inmovilizar y humillar. Con una mano jala y
con la otra aturde. En ocasiones inicia con una bofetada.
Después con el tirón de cabello y la bofetada. Si la agresión
prosigue, irá al cuello y a la cara. Al cuello para tratar de estran-
gular, y a la cara para rasguñar. Si su nivel es muy alto contundirá
con puño cerrado. Y más aún, si logra tender en el suelo a la vícti-
ma, la pude patear. Si no, estrellará su cabeza en el piso tantas ve-
ces como quiera o resista la víctima.
La víctima generalmente actúa sin defenderse cuando existe
codependencia o excesiva sumisión.
De no ser así, podrá responder, incluso puede llegar a dañar
más, ya que la víctima se está defendiendo.
Las lesiones físicas que condiciona un sujeto iracundo gene-
ralmente son contusiones, equimosis, escoriaciones dermoepi-
dérmicas, esguinces, fracturas y en casos muy graves heridas
(por proyectil de arma de fuego o armas cortantes).
Estas alteraciones pueden presentarse aisladas o combinadas,
llegando a apreciarse todas.
La expresión de mayor agresión está relacionada con el tipo y
el sitio de la lesión. Generalmente el hombre provoca en una mu-
Caracterización de la ira 45

jer (sobre todo si está vinculado con ella afectivamente) lesiones


en cabeza y cuello, en primer lugar, y después en brazos, abdo-
men y piernas.
Lo peor que le puede pasar a una víctima es que el sujeto la ata-
que encerrándola en un cuarto, en la escalera o en un sitio pú-
blico.
En el cuarto la puede contundir sin misericordia. Está el sujeto
completamente bloqueado. Su único objetivo es destruir. No im-
portan los ruegos o los gritos de dolor. El agresor cumplirá su ob-
jetivo hasta saciarse.
En el ataque en la escalera el peligro mayor es que, cuando
agrede, puede tirar a la víctima por los escalones. Generalmente
lo hará de espaldas, es decir, de tal forma que la víctima caiga ha-
cia atrás.
En un lugar público, sobre todo si es la calle, el peligro es que
si existe una vía de autos proyecte a la víctima contra un vehículo
en movimiento o al pavimento. En ambas situaciones existe en-
tonces el riesgo de no tan sólo lesionarla, sino además de matarla.
La puede amarrar, amordazar, empujar, dilapidar...
Cuanto mayor sea el daño que le haga a la víctima, mayor será
la satisfacción del victimario.
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El problema en cuestión es que al finalizar el ataque la víctima


siempre es la culpable. El victimario dice que si la víctima no hu-
biera hecho tal o cual cuestión, jamás le habría hecho daño.
Además de que daña, construye la falsa idea de que lo hace por
culpa de la propia víctima. Hay otros que señalan voces que los
orientan. La realidad es que no admiten sus hechos como conse-
cuencia de su propia responsabilidad. A esto se suma que la fami-
lia o sus amigos cercanos jamás presenciaron un acto semejante
y por ende no pueden creerlo. Incluso lo protegen y lo niegan, y
se adhieren a la tesis del victimario de que fue la víctima la culpa-
ble de lo que el “pobre” victimario realizó.
46 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)

Tal vez ése es un grave problema. El victimario, como meca-


nismo de defensa, traslada su culpa.
Normalmente el victimario es una persona aparentemente nor-
mal.
Excesivamente cortés, educada y tolerante con personas de las
que depende, bien para una negociación o por situaciones de
compañerismo o autoridad. Jamás llega tarde, siempre es pun-
tual, atento, acomedido, bien portado, perfectamente combina-
do, con modales adecuados y una plática “profunda”.
Pero con su pareja (que generalmente es la víctima) es impun-
tual, olvidadizo, descuidado, poco o nada caballero y todo lo que
lo hace magnífico.
Casi le da a entender a la víctima que le hizo un favor muy
grande con estar a su lado. Es manipulador, farsante, egoísta, va-
nidoso, cruel, incluso mentiroso y falaz.
Llega a ser ladrón y tiende siempre a expresar características
de bisexualidad.
De entrada una misoginia marcada si su víctima es del género
femenino.
Tiende a ser perfeccionista y después de sus actos se refugia
con el protector ideal.
Así como sabe a quién confundir y agredir, sabe perfectamente
bien a quién puede manipular para obtener ayuda.
Después de agredir el sujeto elige dos caminos. En el primero
huye para evadir responsabilidades. En el segundo corre a la pro-
pia víctima.
Es algo bastante extraño: el victimario se siente la víctima. Y
escribo extraño porque él así lo cree. Y cuando cuenta, si es que
tiene el valor de contarlo, siempre es él el que cayó y fue des-
truido. A sus “ojos” la víctima generalmente es un ser perverso,
calculador y cruel que lo transformó en lo que ahora es. Él, que
nunca había agredido a nadie. Él, que siempre había sido ejemplo
Caracterización de la ira 47

de todos, es un sujeto denigrado por su “mala y cruel víctima”,


y todo esto como resultado de lo que se conoce como mecanismo
de ira.
Pero, ¿qué se siente el sujeto cuando está iracundo?
Primero, siente un gran coraje en contra de su víctima.
Segundo, esto se transforma en odio.
Tercero. El odio se transforma en deseo de destrucción.
Cuarto. Se identifica de tal forma con la víctima que asume que
si la desaparece, desaparecería al mismo tiempo que su ira, cues-
tión que es totalmente falsa.
La cara de un sujeto con ira es característica. Sus ojos se vuel-
ven exoftalmos, su mirada se endurece.
Las pupilas se dilatan. Su tez palidece al principio y después
se torna rojiza.
Transpira y eleva el tono de su voz.
Pierde la ubicación espacial. Pero sí ubica y controla perfecta-
mente su energía hacia el daño físico, material, social y psicoló-
gico de su víctima.
¿Por qué surge la ira?
Es un sentimiento que se expresa cuando una persona se siente
impotente ante la acción u omisión de otra. Y siente que lo suce-
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

dido era tan importante que pone en juego parte de su propia es-
tima.
La persona cae en estado de ira porque considera que el suceso
impacta en su propia existencia.
El estímulo que desata la ira es personal; cada persona tiene un
“detonador” y, por ende, un detonante distinto.
El detonante está en relación directa con la personalidad del
sujeto.
La personalidad no es una construcción aislada. Es la suma de
factores internos y externos que identifican a un sujeto a través
de un comportamiento cotidianamente expresado.
48 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)

La personalidad puede construirse y reconstruirse las veces


que sean necesarias. Se puede mostrar a los demás una parte del
todo. Pero sólo la familia o los amigos muy cercanos conocen
realmente cómo es el sujeto.
Pero ellos ni aún por cercanía pueden intuir cómo reaccionará
a los diversos estímulos. Es decir, no pueden predecir ni controlar
el comportamiento de un sujeto en determinada situación.
Sólo el sujeto puede saber cómo reaccionará. Y esto, si se ha
observado y bajo entrenamiento; si no es así, no tendrá control
alguno sobre su conducta. Si a esto se le añaden disfunciones en
su formación, bien sean por carencias de afecto, aceptación o ais-
lamiento social, su personalidad se dañará. Y más aún si su edu-
cación fue restrictiva y autoritaria. Ante esto, la incertidumbre de
la respuesta conductual ante un estímulo determinado es el prin-
cipal reto para ubicar el origen de la ira en cada individuo.
Por experiencia profesional, hay situaciones que de forma ine-
quívoca generan ira; son:

a. Que se dañe, altere o lesione a un sujeto y/u objeto de la


propiedad de otro, que tenga una ascendencia o siguiente
de valer.
b. Que se exhiba alguna carencia física, intelectual, social o
todos en una persona.
c. Que por alguna circunstancia, acción u omisión, se consi-
dere el sujeto aludido como un incapaz.
d. Que por su percepción alguien realice u omita ejercer al-
guna acción que le recuerde un episodio pasado dañino.
e. Que se ignore, altere o modifique alguna disposición que
él haya generado.
f. Que sea mandado, orientado o dirigido con una instrucción
que él considere inepta y que asuma que no le dará los re-
sultados que se prevean.
Caracterización de la ira 49

g. A nivel de relaciones personales, la falta de respeto, la infi-


delidad, la imposición, la burla, el descaro, la humillación
y los celos.

El sujeto percibe como dañino el estímulo, y esto es más es fuerte


cuando lo ejerce una persona que considera inferior a él, aunque
sabe que en realidad, por jerarquía o por las características de la
propia persona, es superior a él en todos los sentidos.
Tratando de esquematizar el escenario de la ira, se tiene:

a. El sujeto percibe el estímulo.


b. Lo identifica y percibe como dañino.
c. Se apertura la acción del sistema límbico.
d. Se genera una descarga de neurotransmisores y hormonas.
e. Al descargarse los neurotransmisores y las hormonas, se
aviva una respuesta que genera hipersecreción, hiperto-
nías, hiperventilación, hipertensión y taquipnea. El sujeto
presenta taquiplalia y cacofonía.
f. Se bloquea la neocorteza.
g. Se apertura la expresión de los instintos básicos. Se agrede
para “defenderse” de la percepción equivoca de daño.
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El dolor que genera la ira no es pasajero. Después de un ataque


de expresión violenta el sujeto libera una carga, pero genera una
nueva expresión de dolor.
Un sujeto que daña, lo que realiza es un “ajuste de cuentas”.
El individuo piensa que la vida le debe mucho. Y alguien debe
pagar.
La víctima es seleccionada cuidadosamente, generalmente
por mecanismos subconscientes. La persona deberá cumplir los
atributos requeridos para el “cobro pendiente”. Así, cada victi-
mario se siente gustoso por su selección. Generalmente “con-
quista” a la víctima.
50 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)

Son hábiles al extremo. Como subconscientemente saben lo


que buscan, conocen perfectamente de qué manera halagarla. La
“víctima” habitualmente tiene poca autoestima, sentimiento de
culpa exacerbado, codependencia y es brillante en un área de su
vida. Puede ser menor o mayor de edad. En raras ocasiones de la
misma edad.
La meta de la víctima es introducir un poco de afecto de su
vida.
Por ello acepta todo.
En la víctima el dolor parte del desamor. Muy probablemente
la desatención que vivió cuando menor.
El dolor en la víctima le permite caer en una situación maso-
quista voluntaria. Y afirmo voluntaria, porque el subconsciente
se apodera de la percepción y la víctima ve como normal y mere-
cido todo lo que recibe de su victimario.
En este juego de culpa el victimario traslada todo su dolor a su
capacidad violenta, lo que puede conducir a daños de gran mag-
nitud para ambos.
El surgimiento de la ira no tiene una fecha exacta. Lo ácido y
lo dulce equilibran una vida. En la ira lo ácido prevalece. Por qué
un sujeto elige reaccionar dañando es a veces fácil de explicar. To-
dos estamos conformados por arquetipos. Los arquetipos son pe-
queñas estructuras mentales que se exponen totipotencialmente.
Estos elementos se constituyen por influencias hereditarias,
biológicas, psicoafectivas y socioculturales económicas. Aun
cuando pertenezcamos a una misma familia, nuestra visión del
mundo es totalmente diferente.
Un sujeto está representado genéticamente por 23 pares de
cromosomas, 22 autosomas pareados y uno más que se denomina
par de cromosomas sexuales.
Cada cromosoma, a su vez, se estructura por una particular
mezcla de bases púricas y pirimídicas. Personalmente considero
Caracterización de la ira 51

que de estas especiales combinaciones metabólicas surge el ca-


rácter, y así como científicamente se comprobó que el talento y
la creatividad son perfiles heredados, afirmo que el carácter es
producto de la visión y la socialización del individuo y esta vi-
sión, parte del sentido de valor que cada sujeto posee. Considero
que ahí está el inicio de la ira. ¿Qué tan valioso soy?, ¿qué tan
valioso me considera mi familia?, ¿qué valor represento para la
sociedad en que vivo? Y tal vez la más importante, ¿de qué ma-
nera percibo yo mi valor?
Iniciaré el análisis de cada cuestión: ¿qué tan valioso soy?
Antes de contestar este planteamiento me debo preguntar:
¿Qué es para mí el valor?
El valor representa el aprecio sincero, honesto, desinteresado
y sin condiciones que brindo a alguien o a algo. Se considera que
algo o alguien vale en cuanto tiene cualidades, actitudes que ge-
neran un bien. Y cuando lo que realiza, independientemente de
que puede o no ser generado por otra persona, sólo cuando ellos
o ellas lo hacen, brilla.
Es tan simple como imaginar que la persona valiosa tiene
“polvo de hadas”, es decir, lo que toca lo hace diferente. Y no es
porque sea realmente diferente a los productos semejantes, sino
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

por la visión que del mundo su “toque mágico” proyecta.


Y cuando un sujeto puede ser realmente valioso, cuando es au-
téntico, la autenticidad es la que lo convierte en especial. Un ser
auténtico lo es cuando piensa, actúa y siente en una misma línea.
No tiene revés ni doble cara. Sus metas son claras. No teme en-
frentar nada. Sabe que va a triunfar y que aun no triunfando gana.
Así, un sujeto se considera valioso por su autenticidad. Y un
sujeto, si se percibe auténtico, no se preocupa ni siquiera por su
propio valor.
En sus acciones la satisfacción lo complementan de tal forma
que su actitud lo hace más hábil y más sabio.
52 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)

Tal vez la mejor característica de un ser auténtico es ser hu-


milde.
Y ser humilde significa saber dar y recibir ayuda. Saber acep-
tar los errores y reconocer la necesidad de corrección. Ser humil-
de representa la condición de mejora continua.
Así, ¿qué tan valioso soy? Se responde preguntando a nuestro
alrededor: ¿qué ejemplo dejo a mi paso? ¿Pienso, actúo y siento
en una misma línea? ¿Tengo interés de mejorar? ¿Cuánto me
amo? Y ¿cuánto estoy dispuesto a cambiar para mejorar mi im-
pacto con el medio ambiente? Y muy especialmente, cuánto y
cuántas veces soy capaz de perdonar.
A la primera persona que debo perdonar es a mi propia figura.
Sí, un ser valioso se perdona, se ama, se admite con defectos y vir-
tudes. No se queda “tirado” en el piso preguntando: ¿por qué fue?
Se levanta, se compromete consigo mismo y empieza a caminar.
No siempre un hombre valioso inicia siendo valioso. La mayor
parte de las veces parte su creación de una situación dolorosa.
De algo que lo lleva al subsuelo vital. De algo que lo entierra.
El hombre valioso, aun en potencia, es tan grande que esas visitas
al hondo más hondo que exista lo sacan más fuerte y más valioso.
Un hombre valioso sabe caer con gracia. Porque se levanta
riendo. Opaca con su sonrisa el dolor. Aleja con su mirada lo que
daña. Aviva con su paso su resplandor.
Un hombre valioso posee la mirada de un niño. Es viva, pícara
y encendida. Pero dulce, tierna y cariñosa. Tiene un pensamiento
ágil. Es intrépido por naturaleza. Anticipa su llegada. Y tiene fe.
Tengo una amiga especial, se llama Esther, al cuestionarla sobre
una persona valiosa, con sus palabras expresó: “es una persona
sencilla, alguien que cuando piensa o habla dice realmente lo que
es”. Coincide con mi percepción.
Pero quiero añadir que, aun cuando en el sujeto no se aprecie
de manera total su valor, es valioso. El simple hecho de estar vi-
Caracterización de la ira 53

vos nos convierte en sujetos dignos y valiosos. Tú vales. Todos


valemos mucho. Sólo hay que reconocerlo. No hay que distraerse
con tristeza, bajo ánimo o llanto, ni con depresión y sus causas.
Hay que ejercitar el valor y asumir que somos valiosos por dere-
cho, no por coincidencia.
¿Qué tan valioso me considera mi familia?
En ocasiones esto se asocia con hechos más que con senti-
mientos o actitudes. La familia considera de valor a alguna en
cuanto a su capacidad de dar. Cuando se puede dar un sujeto es
lo que le asigna valor.
El darse “al otro” es lo que refleja el valor.
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54 Lo que la ira te hereda (Capítulo 3)
4
Ira, la nube negra del entorno

Cuando hablamos de ira encontramos un espectro muy amplio de


definiciones. En el capítulo anterior se caracterizó de manera
muy general. Se describió el efecto e incluso el tipo de reacción
en un sujeto iracundo. En este apartado describiremos de manera
detallada qué es realmente la ira y debatiremos sobre las siguien-
tes cuestiones:

S
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¿Qué es la ira?
S ¿Por qué se produce?
S ¿De qué manera se expresa?
S Resultados de la ira... violencia familiar.

Iniciando en el orden señalado, les comento que la ira es una


emoción. Es decir, es la manifestación de una conducta humana
que puede considerarse en origen natural, que cumple una misión
definida en la dinámica de la personalidad del sujeto. Permite ex-

55
56 Lo que la ira te hereda (Capítulo 4)

presar su postura personal frente a una situación, además de ex-


poner su reacción ante situaciones límites.
Cuando se dice que la ira es un espectro conductual es porque
se engloba una gama de acciones que la caracterizan. Un espectro
representa un patrón definido de actos. Es un marco de acciones
muy bien delimitado que prioriza la descarga adrenérgica sobre
un objeto o un sujeto determinado.
Por tanto, es una vía de expresión. En sí la ira se puede conside-
rar como una manifestación sana cuando es eventual. Pero la
cotidianeidad de su expresión, que la lleva a ubicarse como una
característica del sujeto, es totalmente patológica. Es decir, en-
fermiza y perjudicial para el individuo y su entorno.
Si se buscan en el diccionario las diferentes acepciones de la
ira se encuentra:

1. Pasión del alma, que causa indignación y enojo.


2. Apetito o deseo de venganza.
3. Furia o violencia de los elementos.
4. Repetición de actos de saña, encono o venganza.

Cuando se expresa que la ira es una pasión del alma se asume que
la capacidad de razonar del sujeto quedó bloqueada. Un sujeto
que actúa pasionalmente es quien responde ante los instintos bá-
sicos de supervivencia, ricamente sustentados y magnificados
por los efectos de la emoción. Y quien así procede no reflexiona
sobre el tipo de conducta que está por ejercer. Mucho menos al-
canza a divisar el posible resultado de la misma. Está en un estado
que en inglés se llamaría black out.
La confusión domina la mente del hombre. Se ciega y procede
con furor en contra de quien considera el o la designada para reci-
bir su descarga.
A esto se añade una percepción de daño en la cual el más perju-
dicado es el sujeto iracundo. Se considera agredido, humillado,
Ira, la nube negra del entorno 57

minusvalorado. Es decir, totalmente carente de valor hacia quien


va a expresar su malestar.
En esos momentos su deseo de “sacar afuera” su enojo no en-
cuentra medida. Se convierte en un apetito voraz o deseo de ven-
ganza. Inicia con sentimientos de furia o violencia de los elemen-
tos que, acorde a su entorno mental, condicionaron su disgusto.
Y puede contundir, atacar e incluso privar de la vida al sujeto “di-
ana” por el simple hecho de sacar su encono.
En el capítulo 3 se particularizó sobre los factores que condi-
cionan la ira, así como de los elementos que la condicionan y
motivan. Rescatamos a manera de síntesis los aspectos más im-
portantes.
La ira puede ser condicionada por factores biológicos, psicoa-
fectivos, sociales o incluso por la combinación de dos o de todos
los factores.
Particularmente considero que la suma de los tres factores da
como resultado la expresión iracunda en un sujeto.
En el factor biológico sobresale el temperamento. Se sabe que,
junto con la creatividad, el temperamento se hereda. Y, por tanto,
la forma de reaccionar de cada individuo es de esencia ancestral.
Por otra parte, existen patologías y malformaciones que pueden
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promover una alteración en la descarga hormonal. Existen casos


en los que una hipersecreción adrenérgica y una baja producción
de serotonina explican la depresión y la conducta maniacodepre-
siva en un sujeto.
Al principio de la fundamentación de la criminología como
ciencia, Lombroso, padre de la antropología criminal, condicio-
naba incluso los rasgos físicos de un sujeto con tendencias a la
criminalidad. Y obviamente con franca predisposición a sacar
fuera su “mal genio”.
Pero el hombre no sólo es un ente biológico. También es un ser
psicoafectivo. Y la forma en la que se conforma la personalidad
58 Lo que la ira te hereda (Capítulo 4)

del individuo está en dependencia directa de sus relaciones y vín-


culos de amor.
Acorde a lo que se mencionó en el capítulo 2, el amor es un
sentimiento perfecto. Y quien no lo posee para sí mismo no puede
expresar una conducta ideal. Cuando se señala conducta ideal se
considera que es una persona que asume los valores sociales, los
principios de convivencia y, por tanto, existe en ella o él un códi-
go de ética en su comportamiento. No se requiere ser profesional
para asumir un código de ética. Como personas, debemos y tene-
mos el derecho de defender nuestros principios y expresar nues-
tros valores de forma colegiada, individual y grupalmente. Pero
siempre con una postura personal que enmarque un temperamen-
to educado. El carácter es el temperamento que pasó por el mode-
lado del ambiente, la conciencia social y la cultura contemporá-
nea.
Por ello el carácter de una persona es algo más que una expre-
sión. Es el resultado de un proceso oculto que reviste de gala el
accionar de cada sujeto.
Por tanto, la personalidad, la conducta y la ira tienen una línea
muy delicada que puede expresar malestar en formas muy diver-
sas.
La personalidad constituye el conjunto de factores internos y
externos que coinciden en tiempo y espacio de manera armónica
en la identidad de un sujeto.
La conducta es el resultado de esta combinación. Existen con-
ductas sociales, parasociales, asociales, antisociales y bipolares.
En todas se puede expresar la ira. Sin embargo, sólo en la con-
ducta social se controla de forma adecuada evitando el daño tanto
personal como social.
Por ello es importante valorar qué tipo de visión del mundo tie-
ne cada persona, ya que en base a éste se desarrolla la propia per-
sonalidad. La determinación de la construcción de la visión del
Ira, la nube negra del entorno 59

sujeto trae como resultado el tipo de personalidad que cada per-


sona manifiesta en su comunidad.
La visión del mundo está constituida por el conjunto de expe-
riencias, vivencias e interacciones que el hombre tiene con su
entorno. Manifestándolo de forma muy sencilla, es el color del
cristal que cada quien pone a su vida. Hay quienes todo lo ven co-
lor de rosa. Y son felices. Y hay quienes goza con ver un color
negro continuo y, aun cuando no vean con claridad, son felices
también. Existe otro grupo en el cual de momentos se ve todo
rosa y en otros todo obscuro. Y existe un grupo muy especial en
el que ni siquiera colores hay en su existencia.
Por ello, la expresión de la conducta está mediada por los re-
sultados que en su desempeño el hombre manifiesta en su con-
ducta. El entorno familiar y social es determinante.
La familia puede alentar el desarrollo de una visión normal y
compartirla. Pero no imponerla.
Si de la familia dependiera crear la visión del sujeto, se ten-
drían muy pocos estudios sobre prevalencia de la criminalidad.
Esto se afirma cuando la familia está constituida por integran-
tes que conciben su autovalor.
Cuando anteponen los principios de crecimiento y desarrollo,
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cuando saben levantarse de todas las caídas y cuando consideran


que las derrotas son la antesala del triunfo.
Si no es así, la propia familia puede generar la visión defor-
mada de la realidad.
La calidad de la familia se ve en la calidad de las relaciones y
triunfos en las relaciones de sus integrantes.
La funcionalidad perfecta en una familia no se mire en los ani-
versarios de bodas cumplidos, sino en la satisfacción y vida salu-
dable de sus miembros.
Hay familias extensas y nucleares. Las familias extensas las
constituyen padres, hijos, abuelos, tíos, primos, hermanos, todos
60 Lo que la ira te hereda (Capítulo 4)

bajo un régimen patriarcal en el que existe jerarquía de edad, en


el que todos trabajan como una comunidad y se apoyan para el
crecimiento. Muestran sentimientos solidarios y participan de to-
dos los problemas con el afán de resolverlos. Estas familias son
muy características en las poblaciones rurales o aisladas en las
que existe satisfacción entre el medio de subsistencia, que gene-
ralmente es la tierra, y las necesidades familiares. Si no es así, aun
cuando sean rurales su comportamiento es como el de las fami-
lias nucleares.
Las familias nucleares actuales priorizan el trabajo. General-
mente ambos padres trabajan y viven con sus hijos, conectados
de manera distante con sus demás familiares.
Los miembros son independientes, pueden vincularse en espa-
cios cortos pero operan normalmente, si son saludables sus inte-
grantes, con menor problemática que las familias nucleares, en
las que existe codependencia en alguno de sus miembros.
Estas familias nucleares que caracterizan la vida urbana hoy
en día también se extienden a las zonas rurales cuando los habi-
tantes no encuentran la subsistencia a través de las actividades
vinculadas con la Tierra.
Bien sean unas u otras, las familias tienen peso en el comporta-
miento de los hijos. Y por ende de la sociedad.
Una familia enferma genera entes enfermos que derivarán en
sociedades enfermas.
Una familia sana procrea entes sanos que lo demuestran con
su adaptación y construcción social favorable.
La sustentabilidad es sinónimo de sanidad. Un sujeto con si-
tuaciones no resueltas es candidato a expresar ira a corto plazo.
Y más aún cuando sus necesidades profesionales no son tampoco
subsanadas.
Y si a ello se le añaden unas altas expectativas de progreso
mermadas por la realidad de la mayor parte de los estados capita-
Ira, la nube negra del entorno 61

listas del planeta, la ira es más que una amenaza, es una realidad
temprana que pronto aparecerá.
Si la familia es el obstáculo para la realización del sujeto, se
abren dos posibilidades. La primera, que el sujeto se estanque y
no avance más. La segunda, que haga un lado a la familia y deli-
nee su crecimiento. Si es así, se generan nuevas opciones. Que
al crecer regrese a la familia y la apoye. Que al crecer se olvide
de la familia y despegue solo. Que al crecer lo haga con apoyo
de amigos que lo enriquezcan espiritual y/o materialmente. O el
menos grato de los casos, que al crecer lo haga con sujetos que
sólo promoverán en su vida la destrucción.
Si en el trayecto de estas rutas el individuo no resuelve sus ne-
cesidades, aparecerán nuevas, que, aunadas a un sentimiento de
culpa generado por el remordimiento de salir del seno familiar,
traerán como consecuencia una paulatina y ascendente propen-
sión a la ira en el sujeto.
La ira la puede promover hacia su propia persona, actuando
con irresponsabilidad hacia su cuidado personal, desvalorizando
su propia existencia pese a sus éxitos profesionales o desvalori-
zando la existencia de quienes lo rodean.
La sociedad, por tanto, después de la familia es un factor muy
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poderoso para propiciar que la ira se presente en un sujeto.


La sociedad delinea el tipo de personas que asume como valio-
sas. Nos dice cómo deben vestirse esas personas. Qué deben ha-
cer. Priorizan los hábitos destructivos como tomar, fumar, ser
anoréxico y comprador compulsivo. Tener una mansión, un carro
deportivo, un novio fuerte, alto y vigoroso o una novia delgada,
rubia y muy rica. Si tu quieres entonces tener “clase mediática”,
tendrás que vestir lo que el consumismo te invita diariamente y
cada segundo a realizar.
Y cuando escribo vestir, abarco todo lo que esto conlleva, des-
de la actitud hasta el calzado.
62 Lo que la ira te hereda (Capítulo 4)

La sociedad te dice de qué manera hablar. Qué idioma apren-


der, qué sitios visitar, a dónde se debe vacacionar. Qué universi-
dad tienes que cursar y hasta la especialidad o el posgrado que te
asegurará el “triunfo”.
Y si el sujeto, con una carencia de autovalor marcada, acepta
como “dogma” lo que el consumismo mediático proyecta, se
frustra si no lo alcanza. Y esa frustración al cabo del tiempo
deriva en ira.
Y esta ira se exacerba en la medida en que el tiempo transcurre
y no logra obtener lo que la mayoría alcanza.
Esta ira la refleja primero para consigo mismo y posterior-
mente para su entorno primario. Este lo representa su pareja, sus
hijos o sus compañeros de trabajo. Y en el peor de los casos todos.
Normalmente quien recibe la descarga de ira del sujeto es al
que considera más próximo. La ira siempre se descarga con quien
más amor muestra a la persona. Con el sujeto al que sentimos más
afín. Con quien podría ser nuestro espejo.
El espejo de nosotros es la persona a la que admiramos, pero
también a la que vemos con muchos defectos.
De pequeños escuchamos cómo padres, hermanos, maestros
e incluso amigos nos echaron en cara en momentos de ira pala-
bras altisonantes o poco cordiales.
Si las recuerdas, y te acuerdas de quien las dijo, podrás descu-
brir qué defectos ocultaba.
Si alguien te gritaba “inútil”, simplemente te exponía: tú eres
útil y yo no. Si alguien te gritaba “malo” o “mala”, sólo hablaba
en voz fuerte para autosancionarse.
Si esto fuera de dominio común se evitarían muchos proble-
mas.
Porque sabríamos con certeza que todo lo que los demás nos
“gritan” representa lo que ellos son o lo que a ellos le hicieron
sentir que son.
Ira, la nube negra del entorno 63

En muchas ocasiones damos peso excesivo al juicio de los de-


más. Lo hacemos con tal magnitud que no razonamos al reali-
zarlo. Y ¿saben por qué? Porque actúa la emoción.
Si yo considero a alguien con valor, es porque lo considero
emocionalmente importante para mí.
Si actúa la emoción, se bloquea el raciocinio. Y si mi padre o
mi madre me gritan “eres una tonta”, les creo. Simplemente por-
que ellos me lo dicen. Ellos son autoridad, los quiero y tienen más
experiencia. Esto no sólo lo creo, sino lo asumo como criterio de
vida y empiezo a actuar como tonta. Porque así me ven mis pa-
dres y así debo ser. Todos mis esfuerzos se encaminarán a parecer
tonta. Podré triunfar en cualquier aspecto profesional, pero en mi
ser personal siempre seré feliz siendo tonta. Y voy a buscar una
relación en donde mi pareja me diga: “eres una tonta”, y me voy
a sentir muy feliz. Porque me recordará con esa locución lo que
toda mi vida mis padres me dijeron. Pero un día, entrada en des-
ajustes emocionales, reaccionaré y expresaré mi ira ante la sola
mención de “tonta”, y pagaré las consecuencias de mi reacción.
Y lo mismo hará el varón al que le dijeron lo mismo o algo mucho
más ofensivo.
Porque la persona sabe que no lo es. Mas entra en conflicto
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reconociendo que es diferente a la percepción que sus seres que-


ridos tienen de él o ella. Y como los ama tanto, no quiere contra-
decirlos y calla. Y ahí se instala la ira, que va a crecer y estallar
contra quien menos se hubiera querido hacer.
Y así surgen los actos violentos. La violencia es un uso exce-
sivo del poder. En el área familiar es el abuso de la autoridad que
intenta controlar el pensamiento, la acción y la voluntad de los
miembros sin respeto a su libertad de acción. Se reconoce como
familiar porque se dirige contra uno de los miembros con los cua-
les se cohabita. Sin las características de reiteratividad y cohabi-
tación, es violencia familiar.
64 Lo que la ira te hereda (Capítulo 4)

Y la violencia familiar se vuelve un fenómeno cotidiano. El


padre le grita a la madre y a los hijos. La madre tunde a los hijos
para “educarlos”. Los hijos se pelean entre sí. La familia crece,
pero lo hace de forma enferma.
Cuando los hijos integran su propio camino buscan repetir los
patrones. Y lo logran. Los varones encuentran a su mamá como
pareja y reproducen en ella lo que vieron en su hogar, bien posi-
tiva, bien negativamente o en el peor de los casos con innovacio-
nes que superan la imaginación de la destrucción humana.
La inseguridad es el sentimiento que guía cada paso. La inse-
guridad conlleva los celos, los conflictos y por ende el germen de
la ira que inyectarán en cada hijo.
Si alguien no corta el fenómeno, lo único que engendrará es
dolor y destrucción.
La ira es, por tanto, un fenómeno biológico, un factor de afec-
tación psicoafectivo y una herencia social que menoscaba al ser
humano.
La ira es una nube negra. Y afirmo que es nube porque, des-
pués de aparecer la lluvia, desaparece y deja tras de sí problemas.
Problemas que dejarán a una persona sin paz hasta que el sol sale
y se recupera la calma.
5
La realidad, la fantasía
y los cuentos reales

Gran parte de los seres humanos crecemos en medio de historias,


tradiciones y leyendas.
En todas las civilizaciones existen narraciones que conllevan
la presencia de héroes míticos. De romances inspirados. De bata-
llas, victoriosos y vencidos.
Los que más trascienden son los que hablan de amores que su-
peraron todos los obstáculos, como el de Psique y Cupido. O
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como la famosa batalla de Troya. Y, particularmente de mi agra-


do, por el nivel de aventuras que ofrecen, la Ilíada y la Odisea.
Ulises, analizado en este tiempo, era un sujeto especial. Cum-
plía su misión y su carácter fiel era una actitud ejemplar. Y qué
decir de Penélope, su esposa. Mujer de hermosura singular que
cuando la sociedad la ve lejana a su esposo, creyendo que sería
imposible que él cumpliera su misión, le envía posibles candida-
tos para sustituirlos. Penélope los esquivaba hábilmente señalan-
do que los aceptaría hasta que terminaaá su tejido. Todo el día te-

65
66 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

jía Penélope, y por las noches de manera cuidadosa desbarataba


lo realizado con discreción y, por tanto, no terminaba nunca su
labor, dando con ello tiempo al regreso triunfante de Ulises, que
rescata su amor y cumple su objetivo.
En México tenemos la bella tradición del Iztacíhuatl y Popoca-
tépetl. Recuerdo que la primera vez que llegue a la tierra mexica
me impresionaron dichos volcanes. Mis tíos, Juan José y Lupita,
me narraron con detalle cómo estas maravillas naturales repre-
sentaban a dos enamorados. Hasta el día de hoy, cuando los con-
templo, imagino a la bella princesa dormida y al noble caballero
que vela por su sueño.
Tenía seis años cuando escuché por vez primera la historia y
aún la recuerdo con detalle.
Y qué decir de Romeo y Julieta. La ira entre las familias desen-
cadena la tragedia juvenil en la que, pese al amor de ambos jóve-
nes, se genera una serie impresionante de delitos.
Sheakspeare conocía muy bien los factores criminógenos. Sus
obras Macbeth, Otelo y particularmente Romeo y Julieta, son
buen ejemplo de ello.
Pero, ¿Sheakspeare era violento o lo era la sociedad en la que
vivía? ¿O se daban ambas situaciones?
En los argumentos de estas historias se expresa un alto índice
de ira, inseguridad e inconformidad que sustentaban violencia
familiar entre sus actores.
Analicemos uno de los que en párrafos anteriores citamos... la
violencia familiar.
Nadie se casa para tener problemas. Todos los sujetos, cuando
se casan, conllevan esperanza, ilusión y anhelos. La mayoría es-
peran tener un matrimonio para siempre. Feliz, en el que la histo-
ria de todos los cuentos se cumpla... “...y vivieron muy felices...”
En algunos casos sí es así. En otros, no. Todo empieza con la
elección de la pareja.
La realidad, la fantasía y los cuentos reales 67

La elección de la pareja para muchos define la ruta de su propia


existencia.
Nadie cuenta con un banco de datos para ubicar quién tiene an-
tecedentes de maltrato familiar.
Hasta el momento pocas son las entidades que niegan el casa-
miento a quienes se divorcian por maltrato o situaciones de vio-
lencia, situación que se aprobó en el Distrito Federal en México.
¿De qué manera llegamos al matrimonio? Con una ceguera to-
tal. El enamoramiento se considera una etapa psicótica.
El individuo aprecia lo que desea ver en la persona que ama
aun cuando sea totalmente distinta. En su afán de amar, cada suje-
to encuentra en la persona el ideal de lo que él o ella prepararon
como su príncipe o princesa en su prefabricado cuento de hadas.
Aunque muchos niegan esta hipótesis, la mayoría elige a la pa-
reja mucho antes de conocerla.
Esto explica por qué aun teniendo mejores opciones o simple-
mente diferentes, sólo existe el amor hacia una.
Cuando una persona se enamora empieza a mirar hacia ade-
lante. Se olvida del presente.
Sus imágenes giran en torno a lo que va a realizar.
Por tanto, si la pareja tiene un defecto asume que con el tiempo
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mejorará.
Si la pareja tiene un hábito o costumbre distinta, el enamorado
o la enamorada piensan: ya cambiará.
Y no siendo totalmente dogmática, expreso que sí hay quienes
cambian cuando tienen disposición. Pero hay quienes jamás van
a cambiar.
La persistencia de su compartimiento iracundo va de la mano
con su bajo índice de tolerancia y con sus creencias.
La fábrica mental está completamente saturada de lo que tiene
que hacer. Así, cada sujeto, con su “marca registrada”, hace lo
que mejor puede desde su visión.
68 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

Describiré qué es una marca registrada para que se exprese


más claramente por qué afirmo lo anterior. Una marca registrada
es un símbolo, nombre, palabra, diseño o dibujo que identifica al
o a los productos de un sujeto. Sólo el propietario puede usarla
y su uso tiene la autorización legal para ser ejercido. El dueño de
una marca puede tener muchos productos, muy variados en cuan-
to a procedencia. La marca es la que los distingue.
Y así es el sujeto. Puede hablar, sentir, comunicarse, pensar,
interactuar, pero todo con una misma “marca de registro”
Las marcas de registro tienen una vigencia de diez años. La
“marca de registro actitudinal”, toda la vida. Se puede modificar
si, insisto, si el sujeto quiere y tiene disposición. Pero si no es así,
nadie puede incidir de manera total en su comportamiento.
Y en la elección de la pareja se asume que a través del amor
se puede cambiar a un sujeto, y no siempre es así.
Sí hay medios para modificar la conducta. Y de muy variado
tipo. Tratamiento medicamentoso, terapia de conducta, trata-
mientos combinados e incluso el apoyo inmenso que el ámbito
espiritual da. De hecho, experiencias de transformaciones con-
ductuales se dan con una fuerza inaudita desde el área de la espiri-
tualidad. Entiéndase esta como la participación activa en grupos
de apoyo religiosos.
Y estos cambios del comportamiento son radicales. La única
clave es que el sujeto se dispuso para lograrlos.
La pareja promueve la orientación al cambio, mas en raras
ocasiones es responsable al 100% del mismo.
Esto se asume conscientemente. Sin embargo, en el momento
de una relación, es difícil que la pareja que participa de la misma
logre asumirlo.
De ahí lo complicado del asunto. La “marca” conductual hace
gala de su aparición justo al inicio de la relación y permanece a
lo largo de la misma.
La realidad, la fantasía y los cuentos reales 69

Generalmente se visualiza después de los primeros días de


vida en común. Y lo afirmo, ya que el “encanto” del cuento de
hadas prefabricado se torna en una realidad.
Las estadísticas actuales exponen que se incrementa el número
de divorcios a los tres años de inicio del matrimonio.
Y que es sumamente raro que se supere a favor esta cifra con
las condiciones actuales.
Esta alza en el número de divorcios se debe a que incrementó
el número de mensajes subliminales sobre “pareja ideal”, “sexo”
y “convivencia feliz” a nivel de los medios.
Las parejas que lo asumieron como cierto se vincularon y su
resultado fue un “final no feliz”.
La clave en la mayoría de los matrimonios que funcionan sin
episodios de ira es la aceptación total del cónyuge, el respeto a
su persona, actitud, principios y sobre todo el respeto a su propio
espacio.
Cuesta mucho trabajo entender que las personas requieren de
espacio.
Al principio en el noviazgo el espacio se hace uno. Más ade-
lante, el espacio regresa a ser de dos.
El matrimonio es un edificio en condominio.
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Cada miembro de la pareja requiere su espacio. Mas, en con-


junto, son uno mismo.
La dificultad estriba en asumir que, aun teniendo cada quien
su espacio, son un equipo.
Quienes así lo admiten prolongan sus días de casados. Evitan
efectos o manifestaciones de ira y son felices por siempre.
Quienes no, alimentan a los servicios jurídicos de asistencia.
Y, escribiendo en términos honestos, no hay problema sin solu-
ción.
Sé que hay personas que conciben el divorcio como el único
camino.
70 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

Pero si pensaran más con la neocorteza que con el sistema lím-


bico, encontrarían que existen otros medios para continuar una
relación.
Y siendo más firme, si realmente pensaran. Se confunde el
querer con el pensar. Y el pensar con el memorizar.
Pensar es construir una idea. Y en la construcción de una idea
participa un conjunto de fenómenos que engloban el total de la
“marca registrada” de cada sujeto.
Si el sujeto participa de una familia en la que los individuos
cuando fallan deben eliminarse, su primera alternativa es “divór-
ciate”.
Si en la familia están acostumbrados a conciliar, “conciliará”.
Y si no tiene antecedentes, lo más seguro es que con el apoyo de
una amistad tome la decisión que estará en dependencia de la
“marca registrada” de su amigo.
Por ello, la elección de la pareja es vital.
El amor es una creencia idealizada. Matizada por la historia
del sujeto. Bloquea el entendimiento. Condiciona errores de per-
cepción. Sin embargo, si es verdadero traspasa fronteras raciona-
les y condiciona cambios.
Acorde con Peter Tood, en un reporte de investigación en el
año 2007 sobre ¿de qué manera se elige a la pareja?, señala con-
tundemente que el hombre conserva el estilo de elección de la pa-
reja tal cual lo hacían los neandertales. Tood, científico de corte
cognitivista que labora en la Universidad de Indiana en Bloo-
mington, aborda el tema de las “leyes de atracción”. Da la expli-
cación de que el hombre prioriza el atractivo femenino. Las mu-
jeres le dan más peso al bienestar y la seguridad económica. Esto
explicaría por qué muchas personas animadas por este proceso
crean una falsa imagen de quien se enamoran.
Y otra cuestión por analizar es si lo que sienten es amor, deseo,
pasión o moda.
La realidad, la fantasía y los cuentos reales 71

Si no es amor verdadero, la emoción ante el primer desajuste


se transforma en ira. Y afirmo esto porque el amor es capaz de
perdonar y aceptar. Jamás daña, procura el bienestar.
Para los psicólogos sociales, la atracción interpersonal, sigue
razones psicosociales. Y de estos elementos depende la vida con
o sin ira.
Dentro de estos factores se señala:

S Atributos físicos.
S Personalidad.
S Status socioeconómico.
S Edad.
S Coincidencia en valores.
S Coincidencia cultural.
S Compensación de características, generalmente de perso-
nalidad.
S Certeza de conveniencia y convivencia idealmente perdu-
rable.

Algo que es indispensable señalar es que aun cuando se elija a la


pareja perfecta habrá diferencias. La respuesta del comporta-
miento del sujeto por su “marca de personalidad” es la que propi-
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ciará que se generen semillas de ira, o bien que se superen las con-
tradicciones.
Una relación es la unión de dos mundos. Y por ello la sumato-
ria de los mismos es más difícil cuando existe dogma en el pensa-
miento, actuación y acción de alguno de los miembros. O en el
peor de los casos en los dos. Ello deriva en expresiones de violen-
cia y en cuadros de ira.
Estas diferencias, si se abordan como áreas de oportunidades,
transforman la ira en crecimiento personal. Si se asume que toda
contradicción conserva un aspecto natural en una relación; si
además se piensa que permite mayor conocimiento entre los cón-
72 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

yuges, y sobre todo si existe la voluntad y la capacidad de ubicar


las diferencias como momentos de mejoría. En muchas ocasio-
nes visualizar los conflictos y las tensiones en la relación como
una posibilidad de mejora conlleva a mejores relaciones. Sin em-
bargo, si se enfrentan abiertamente sin ánimo de construcción,
sino en el sentido contrario, la ira encuentra el más adorable espa-
cio para su total expresión.
De los factores que con mayor frecuencia condicionan ira, se
pueden considerar:

a. El liderazgo autoritario de parte de alguno de los miem-


bros.
b. La imposibilidad de definir quién tomará las decisiones y
acciones finales en áreas trascendentes.
c. La planeación financiera en el hogar.
d. La planeación de vida y la educación y el cuidado de los
hijos.
e. El culto religioso.
f. La forma de ocupar el tiempo libre.
g. Una comunicación carente de eficacia.
h. Bajo control de impulsos.
i. Baja tolerancia a la frustración.
j. Egoísmo.
k. Falta de empatía.
l. Socialización escasa o nula.
m. Exceso de socialización.
n. Trabajo profesional priorizado vs. relación sentimental o
familiar.
o. Familia dominante.
p. Falta de espacio entre los cónyuges.
q. Inequidad en el desarrollo de la pareja.
r. Inseguridad.
La realidad, la fantasía y los cuentos reales 73

s. Celos.
t. La sexualidad y sus relaciones.

Cuando titulo este capítulo como fantasías, realidades y cuentos


reales, es porque en la ira se encuentran grandes ejemplos de fal-
sas expectativas con respecto a la pareja.
Muchos consideran que los cuentos de Disney, sobre todo los
de príncipes y princesas, son el arquetipo de la relación amorosa.
En Blanca Nieves, una chica de cuna noble que labora como
doméstica; el príncipe de un país lejano que se cautiva por su be-
lleza; el héroe que la salva se convierte en su amor verdadero. Y
termina el cuento... “...y vivieron felices por siempre”. Qué decir
de Cenicienta, en la que sucede algo similar; la diferencia es que
se añaden nuevos personajes. Finalmente, sucede lo mismo: “...y
vivieron felices por siempre...”.
Recientemente las producciones Disney se contextualizan y
lanzan la película en dibujos animados: “Encantada” en la que la
tradición cambia. El príncipe no se casa con la princesa. Se casa
con una persona normal. Y la princesa se casa con un sujeto nor-
mal. Cuando escribo persona normal, me refiero a un sujeto con
defectos y virtudes. No una princesa excelsa ni un príncipe en-
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cantador. Y hay fraseos subliminales muy fuertes, pero muy váli-


dos. La princesa Gissel acude a pedir auxilio después de que es
lanzada al mundo real. Se encuentra en un edificio que decía
“castillo” Ahí habita un padre soltero con una niña de seis años.
La princesa acompaña a su joven salvador a su oficina y llora
cuando aprecia que dos personas se van a divorciar sólo porque
una baraja de colección sobre un beisbolista es dañada. Se ve el
ejemplo muy sencillo. Pero así sucede. Hay matrimonios que ter-
minan por trivialidades. Ven con una respuesta iracunda un in-
menso obstáculo el ceder. Años después, cuando vuelven atrás su
mirada se arrepienten. Es muy contradictorio, pero así como los
74 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

sujetos se enamoran a primera vista, de la misma forma pueden


terminar una relación. Por una reacción iracunda intascendente.
Algo semejante sucede en la película “Shrek”, de Disney y Pi-
xar, en la que la princesa se casa con un ogro. Y el amor verdadero
hace que ella asuma de manera definitiva el aspecto de su amado.
Creo que esto es más real. Y es un buen ejemplo de lo que es
el amor: aceptación y respeto.
Pero cuando no existe amor verdadero, sino un “sueño de
amor”, la persona idealiza (reitero en el concepto) y se forma fal-
sas expectativas, primero de lo que es el amor y después de lo que
deben ser idealmente los enamorados.

a. Que la relación logrará brindarme la felicidad que equivo-


cadamente busco en otro, cuando está en mi propio ser.
b. Que todo lo que haga mi pareja lo hará para procurar mi
bienestar absoluto.
c. Siempre se asume que la pareja adivina y sabe lo que uno
no quiere, y que también conoce lo que uno anhela.
d. Que con sólo mirar a los ojos, se encuentra la respuesta a
todo lo que queremos o ellos quieren confesar.
e. Amor es igual al número de convivencia sexual frecuente.
f. Se piensa que en el amor jamás habrá conflictos.
g. Se asume que la pareja será cada día mejor y que sus defec-
tos quedarán atrás.
h. Se considera que la pareja debe estar unida con pegamento
inseparable de la otra persona. Que no se puede despegar
ni un centímetro.
i. Que la pareja será totalmente fiel y libre de tentaciones

Éstos son algunos de los muchos aspectos que se prefabrican y


se venden de generación en generación para el desarrollo de las
parejas.
La realidad, la fantasía y los cuentos reales 75

Aquellos que los asumen por cierto, obviamente se consideran


traicionados, insatisfechos, conflictuados con lo que tienen
como creencias y con lo que aprecian en la realidad.
De ahí la importancia de aceptarse y promover confianza en
la relación. Algo muy delicado es la identificación de diferen-
cias. Si éstas no se concilian, traerán como consecuencia caren-
cias que se van sumando y generan episodios de ira.
La fuerza de las palabras, los mitos y las creencias pueden
transformar a un sujeto “normal” en un destructor con marca re-
gistrada.
Qué se sugiere al respecto: hablar. Iniciar un conocimiento
amplio de los procesos de comunicación. Utilizar la asertividad.
No prejuzgar. Evitar el dogmatismo. Tener apertura para pro-
puestas de negociación. Controlar la emoción. Y ser empático.
Hay que saber decir, hablar y transmitir lo que uno siente. La
vieja frase “pensar antes de hablar” es más que verdadera en si-
tuaciones en las que se negocia un conflicto.
Razonar es básico. Antes de emitir un juicio hay que contex-
tualizar y ponerse en los zapatos del otro. Un padrino mío muy
inteligente, el Dr. Armando Magallanes, dice que sus máximas
de actuación son:
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1. No juzgues de primera intención.


2. No dejes camino real por verdadera.
3. No te metas en lo que no te incumbe.

Y creo que estos preceptos son válidos. Lo que más ira condicio-
na es el prejuicio que se hace de los pasos del otro. El dejar cami-
no real por verdadera lo interpreto como explotar sin control.
Esto conlleva a una vereda estrecha de amargura y daño.
Y finalmente, no somos dueños de la pareja, somos su comple-
mento idóneo. Por tanto, es válido sugerir, negociar, conciliar,
pero no controlar.
76 Lo que la ira te hereda (Capítulo 5)

La pareja tendrá que asumir las consecuencias de sus acciones.


Por tanto, si no se pide consejo, no se dé. Aunque sea evidente
el fracaso. Porque una actitud de sobreprotección a la pareja o a
los hijos es sinónimo de violencia. Es semejante a decir: “eres in-
capaz de hacer lo correcto, por ello yo te digo qué es lo conve-
niente”.
Uno de los grandes secretos para evitar explosiones de ira es
razonar. Si se razona y se contextualiza la reacción, evita una ex-
plosión iracunda que puede derivar incluso, cuando es muy se-
vera, en la muerte del cónyuge.
Laboro en el Instituto de Medicina Forense desde hace 27
años, y aquí aprendí a conocer los resultados letales de la ira.
Lo que escribo lo he vivido y presenciado. Conozco perfecta-
mente lo que puede y no puede hacer un sujeto iracundo.
Y también sé lo que puede y no debe hacer una persona que
vive a su lado.
Por ello las afirmaciones que redacto en este capítulo no son
sólo teoría. En algunas son experiencias vivenciales, que me per-
miten compartir la experiencia. No para corregir el camino del
lector, sino para abrir un nuevo camino en su búsqueda del cono-
cimiento y la calidad de vida ajena de manifestaciones de ira.
6
La ira te viste de blanco

La capacidad de recibir algunas radiaciones electromagnéticas


produce determinadas sensaciones en el organismo humano. És-
tas son captadas por los órganos de los sentidos. Dentro de ellas
destacan el sonido, el calor y la luz. Esta última provoca estímu-
los al incidir sobre el ojo. Así, la sensación que se percibe como
color es resultado de la frecuencia o longitud de onda que capta
el ojo.
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El color blanco traduce la activación de los sensores del ojo


por longitudes de onda variables. Este color el cerebro humano
lo interpreta como la mezcla de todos los colores, es decir, estí-
mulos luminosos de diferente longitud y velocidad.
De la interpretación del color el ser humano desprende dife-
rentes expresiones del ambiente, tanto interior, también denomi-
nado microambiente, como del exterior o macroambiente. Así,
los colores pueden transmitirnos infinidad de sensaciones, desde
la paz, pasando por la sensación de calma, hasta la ira. Goethe y

77
78 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

Kandinsky señalaron a lo largo de la historia el impacto del color


en la conducta humana.
Una cuestión peculiar del blanco es que representa el color con
la mayor sensibilidad frente a la luz. Es la suma o síntesis de todos
los colores. Es el símbolo de lo absoluto, de la unidad y de la can-
didez. Significa paz o rendición. Mezclado con cualquier color
reduce su croma y cambia sus potencias psíquicas. Generalmente
la del blanco es siempre positiva y afirmativa. Los cuerpos blan-
cos nos dan la idea de pureza y modestia. El blanco crea una im-
presión luminosa de vacío, positivo e infinito.
Y un sujeto bajo los efectos de la ira genera un espectro de to-
das las emociones. La ira implica muchas muchos sentimientos
encontrados, que son semejantes a las diferentes velocidades y
frecuencias de onda que exhiben los distintos colores que al mez-
clarse dan el blanco.
Iniciaré el análisis.
¿Qué siente un sujeto cuándo experimenta la ira? Primero
siente alta temperatura en su cuerpo. Calor, que lo inunda del co-
razón a la cabeza. Sus latidos cardiacos son más rápidos. Se
muestra ansioso. Torpe en acciones coordinativas ajenas a la fo-
calización de su ira. Su único pensamiento se centra en la persona
o en lo que le inspira esta emoción.
Empieza a idear de qué manera comprobar sus pensamientos
con respecto de quien le inspira ira.
Si se siente traicionado, se obsesiona por verificar el escenario
que en su pensamiento se creó. Se aferra a visualizar presencial-
mente cada detalle que existe en su interior.
Sus manos pueden o no estar sudorosas. Sus pupilas están dila-
tadas. E incluso puede iniciar un dolor de cabeza de tipo fronto-
temporal.
Puede sentir cómo late con fuerza su corazón. Y puede incluso
manifestar una opresión en el pecho.
La ira te viste de blanco 79

Su única finalidad es tener de frente a quien le inspira este tras-


torno emocional, bien para reclamarle, bien para cuestionarle o
bien para descargar toda su negativa emoción.
Generalmente los episodios de ira surgen sumados a falta de
oxígeno, baja de azúcar y exceso de tensión en la persona que la
experimenta.
Un fenómeno paralelo que esté generando episodios de ten-
sión puede avivar la presentación de la ira.
Es decir, no es necesariamente la víctima quien incita la pre-
sentación de la ira. La víctima es el sujeto “diana”, es decir, quien
recibe toda la fuerza de la emoción negativa. Pero no es necesa-
riamente quien la desencadena.
La víctima puede o no estar consciente de que sus actos influ-
yen en la explosión de la emoción. Cito de manera contundente
que, aun cuando esté informada de que sus acciones inciden en
la manifestación violenta de la conducta del sujeto, no es respon-
sable de la misma. Porque el único sujeto que debe responder a
sus acciones es quien las ejerce.
El victimario sin glucosa (azúcar) en su sangre, sin adecuada
oxigenación en su cerebro y con falla total de control y poca tole-
rancia a la frustración explota sin remedio enfrente de quien con-
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sidera que es la persona idónea.


Voy a exponer qué sucede cuando un sujeto carece de glucosa
en su sangre. Básicamente no tiene “combustible” adecuado para
funcionar. La glucosa es un compuesto orgánico constituido por
carbono e hidrógeno. Su estudio es la base de la química orgánica.
En su fórmula se conciben dos de los elementos principales en
la constitución de todos los seres vivos. Su biotransformación
está asociada con el crecimiento, la reproducción e incluso hasta
con la respiración que se genera a nivel celular.
Sus niveles en sangre aseguran la calidad de vida de un sujeto.
Una variación leve de 20 a 30% de su total deriva en fallas orgáni-
80 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

cas. Dentro de las manifestaciones de carencia de azúcar en san-


gre están dolor de cabeza, nerviosismo, sudoración, malestar ge-
neral, alteraciones en los niveles de relación, agresividad y
finalmente fatiga.
La producción de glucosa está en dependencia directa de lo
que se consume. Para producirla se requiere la presencia de oxí-
geno. Los alimentos que se dan al organismo son “quemados” en
presencia de oxígeno. Se origina entonces energía y se elimina
dióxido de carbono.
A este proceso se le denomina catabolismo, es decir, desdobla-
miento de nutriente elaborados a sustancias básicas prioritarias.
Cuando se consume alimento en exceso trae como consecuen-
cia acúmulo de grasa y desgaste energético excesivo. El indivi-
duo manifiesta poco ánimo para laborar.
En cambio, cuando se introducen al organismo pobres cantida-
des de nutrientes, los sujetos en primer término no cuentan con
adecuados niveles de energía para funcionar. En segundo térmi-
no, no tienen una adecuada vía para eliminar el dióxido de carbo-
no y, por tanto, tampoco una ruta idónea para la producción de
oxígeno que también se genera con el consumo de los nutrientes.
Estos nutrientes participan en la formación de todas las sustan-
cias útiles en el organismo, desde las que apoyan la defensa con-
tra microorganismos hasta las que generan acciones tales como
las hormonas o los neurotransmisores.
La adrenalina es una hormona que se expresa con gran fuerza
cuando el sujeto manifiesta ira. En su conformación orgánica la
adrenalina está constituida por un núcleo catecol. Este núcleo re-
quiere oxígeno y glucosa para su metabolismo.
La serotonina es un neurotransmisor que puede considerarse
de suma importancia en los estados depresivos. Su desbalance se
refleja actitudinalmente en los sujetos. Su metabolismo también
requiere la participación del oxígeno y la glucosa.
La ira te viste de blanco 81

La ideación y creación de pensamientos requiere ejercicio me-


tabólico. Por tanto, el razonamiento cabal está vinculado con un
metabolismo sano.
Me gustaría que reflexionaran acerca de qué manera procede
un sujeto que deambula vagando en completo estado de mendici-
dad por las calles. Camina, sí, pero ni siquiera sabe qué rumbo
lleva. Se encuentra en condiciones de higiene deplorables, y en
su mayoría hablan solos. No tiene una realidad que compartir.
Generó su propia realidad. Está intoxicado con los productos de
su metabolismo alterado.
Su irrealidad es su guía. Un sujeto así manifiesta claramente
la importancia del funcionamiento adecuado del metabolismo,
que a su vez está en dependencia de una nutrición óptima y de una
oxigenación ideal.
Un sujeto iracundo es como un “vagabundo con hambre”. Un
sujeto con hambre pierde el control. Es capaz de arrebatar e in-
cluso matar por un trozo de alimento. En este caso, el iracundo
tiene “hambre”, necesita saciar su ira. Y la satisfacción de su es-
tado la logra cuando desahoga toda su emoción con su víctima
o con lo que ella ama, aprecia o protege.
Y esto lo hace conscientemente. Sabe a dónde dirigir su ham-
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bruna. Y tiene el medio y el camino para saciarla. Véase entonces


por qué un sujeto que tiene antecedentes de poco control de im-
pulsos debe ser tratado con sumo cuidado cuando no ha comido.
No es un refrán más el que cita: “barriga llena, corazón conten-
to”. Si aun cuando el sujeto que tiene bajo control de impulsos
con un nivel de azúcar en su organismo apropiado requiere pru-
dencia en su trato, imagínelo ahora sin azúcar. Es altamente peli-
groso, porque se potencializa hasta en diez veces su capacidad de
dañar.
Un sujeto iracundo sin azúcar en sangre es como un francotira-
dor listo para disparar.
82 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

Y en este último segmento me detengo en el análisis: “listo


para disparar” No va a disparar si no encuentra el punto para ha-
cerlo. Si bien es cierto, insisto, que la víctima no es culpable de
la decisión que tome el victimario de agredirla, sí puede evitar la
agresión actuando con más inteligencia, preferentemente ejecu-
tando acciones sabias.
Para apreciar qué tan importante es el azúcar en el cerebro,
basta con recordar de qué manera se genera el metabolismo cere-
bral. Éste está constituido por el conjunto de pasos que permite
que el cerebro cuente con disponibilidad de glucosa y oxígeno.
En él intervienen elementos como el sodio y el potasio, que afec-
tan la síntesis del adenosín trifosfato (ATP), de la acetilcolina y
de los neurotransmisores que son específicos para que el cerebro
goce de una función normal.
El proceso así entendido requiere que se exprese una cantidad
fija de glucosa. Ésta se logra por la oxidación en condiciones ae-
robias y mediante el aporte del oxígeno propicia el ATP.
Es indispensable comentar que el ATP condiciona actividades
tales como:

a. Acciones neuronales que permiten los potenciales de ac-


ción para que se exprese la sinapsis.
b. Los sistemas que ejercen las bombas de sodio y potasio–
ATPasa.
c. Propicia la liberación, síntesis y recaptación de neurotrans-
misores.
d. Apoya en las llamadas funciones de rutina del cerebro.
e. Impulsa la neurotransmisión sináptica.
f. Actúa en la fosforilación proteica.
g. Condiciona la homeostasis iónica.
h. Interviene en los mecanismos de transporte de la glucosa
a través de la barrera hematoencefálica.
La ira te viste de blanco 83

De ahí la importancia del equilibrio de este importante elemento


en el cerebro.
Todo esto permite apreciar que la conducta no es la sola expre-
sión de un fenómeno aislado en el sujeto.
Por el contrario, es la suma de factores que a manera de un ra-
cimo de uvas descargan una acción. Si el “racimo” no está com-
pleto, la acción evidencia alteraciones.
Si dentro del “racimo” existe una parte afectada, pese a que sea
muy pequeña, se notará. Por ello la actuación de un sujeto en bue-
na parte depende del correcto balance energético cerebral. Se
puede asumir que las personas que tienen una buena actuación
tienen una expresión inteligente de su comportamiento.
Y actuar con más inteligencia implica conocimiento y sabidu-
ría. Conocimiento es poseer el material. Sabiduría es aplicarlo en
el momento y en el lugar adecuados.
La Biblia habla de la importancia de la mujer sabia en Prover-
bios. Y hace un exhorto completo a buscar la sabiduría como la
mayor joya en el capítulo dedicado a la sabiduría.
Y es verdad, el saber actuar en el momento clave puede no sólo
evitar una lesión, sino cambiar totalmente la vida de un sujeto y,
por ende, la de su entorno.
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¿Y por qué se avivó la ira? Porque el sujeto no tenía azúcar en


la sangre.
¿Y qué hay si a esto se le suma poco oxígeno o deficiencia de
oxígeno en el medio?
La situación se torna más delicada. Veamos qué hace el oxíge-
no en el cerebro.
Como se comentó en párrafos anteriores, la energía del cere-
bro se obtiene a través de la fosforilación oxidativa de la glucosa.
La forma en la que el cerebro requiere oxígeno está en función
de algunos factores. Dentro de ellos destacan la temperatura y el
flujo sanguíneo cerebral.
84 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

La baja temperatura cerebral disminuye las necesidades de


oxígeno. Y lo mismo sucede con la temperatura cerebral y el flujo
sanguíneo cerebral. A menor temperatura, menor flujo y, por
ende, menor consumo de oxígeno.
A veces es poco creíble asumir qué importante es para un su-
jeto tener primero el equilibrio metabólico a través de los nu-
trientes y la oxigenación, y segundo descubrir qué trascendente
es saber derivar la frustración en situaciones que no generen
daño.
Esto es básico. Si alguien asume que puede funcionar sin ali-
mentarse debidamente, sin respirar adecuadamente y sobre todo
sin controlar su carácter, es un digno candidato para dañar a su
entorno. Y como en capítulos anteriores señalo, al dañar a su en-
torno se daña a sí mismo.
Las personas que se revisten de ira utilizan esta emoción como
un medio para aislarse de su realidad.
Es su fórmula mágica para decirles a los demás: “no te acer-
ques a mí, no soy importante, aléjate”. Muchos afirman que quie-
nes tunden (golpean) a otra persona no la quieren. Yo lo dudo. No
es que no la quieran. Simplemente no saben cómo quererla ade-
cuadamente. Retroceden a conductas primitivas y golpean para
obtener lo que consideran apropiado porque ellos particularmen-
te no se quieren. Y si no tienen claro qué es “querer” o “amar”
para sí mismos, difícilmente lo podrán proyectar a los demás.
En ocasiones el daño no lo generan con golpes o impactos físi-
cos. Lo hacen con contusiones emocionales. Ambas dañan. Pero
lastiman más las emocionales. Y duelen verdaderamente. Cuan-
do una persona recibe la agresión de su victimario, primero que
nada, no puede creerlo. Después siente miedo, terror por lo suce-
dido. La embarga un sentimiento de soledad, tristeza, aislamien-
to. Se siente traicionada, decepcionada, poca cosa. O mejor di-
cho, menos que una cosa. Se muestra a la defensiva con todos.
La ira te viste de blanco 85

Quiere ocultar el hecho. En ocasiones lo logra y miente. En una


ocasión leí que un sujeto adicto es quien miente para hacer lo que
quiere. Y en este sentido una víctima de violencia se constituye
como una verdadera adicta. Miente para continuar con quien
quiere estar. En su visión se siente triste pero con la capacidad de
perdonar, porque necesita de esa relación.
Muchos consideran que la relación entre víctima y victimario
se sostiene por situaciones económicas. Y no es así. En el estudio
que se realizó en las Agencias Especializadas en Veracruz se
constató que no es la condición económica el factor dominante
para que prosiga una relación en la que existe maltrato. Existe un
factor más poderoso que el económico. Es la dependencia emo-
cional. Una verdadera adicción. No son los hijos, ni el status, ni
el grado académico. Es el amor por el amor. El creer que, se ex-
prese como se exprese, lo importante es tener una relación. Una
vinculación que, aunque conforta momentáneamente a los cón-
yuges, es totalmente dañina, ya que sólo condiciona dolor en la
víctima y mayor ira en el victimario.
El victimario se siente responsable de la víctima. La golpea
porque no hace las cosas, ni siente, ni piensa, ni establece una re-
lación con el mundo como él quiere que la ejerza.
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De hecho, al cuestionar a los sujetos que contunden, ellos ex-


presan que es la “impotencia” lo que los lleva a agredir a la vícti-
ma. A veces se sienten humillados, menos valiosos y poco impor-
tantes. Y consideran que su víctima “no quiere dejarse ayudar”,
que su víctima sólo con ellos reacciona. Que no existe respeto en
la relación hacia ellos. Manifiestan que sí quieren a su víctima.
Que la aman, pero que cuando la golpean lo hacen porque no hizo
lo que ellos consideraban prudente que hiciera. O por el contra-
rio, porque realizó un acto que ellos no aprueban.
Cuando una persona cae en las redes de la ira se percibe como
única en el mundo. Se percibe como omnipotente. Y ese pensa-
86 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

miento lo domina. Se constituye como el único ser que tiene la


razón. Como el dueño de toda acción. Sabe perfectamente que su
ira se depositará en un sujeto débil. En un ser en el que sus carac-
terísticas personales son el temor, la inseguridad y la poca estima.
En el victimario, también llamado sujeto activo, la falta de
control o la carencia completa del mismo no es generalizada. Es
focalizada. El victimario iracundo tundirá a la víctima y a los
amigos y familiares de la misma que intenten oponerse.
De hecho, los golpes no pueden ser directamente a la víctima.
Puede tundir a quienes ella muestra predilección. En el caso de
los hijos, al más cercano a la mamá o al papá, en el caso de que
sea el varón el afectado. No requieren gran pretexto para estallar.
Después de tundir a alguien se justificarán. Darán razones para
su proceder. Y las fabricarán tan bien que se convencerán de que
su proceder fue el adecuado. Y asumen este criterio de tal suerte
que lo repiten de manera indefinida. Hasta que la víctima los deja
o hasta que la matan. O en el mejor de los casos, cuando asume
necesario cambiar de conducta.
La ira es un mal endémico que se inicia en un nicho y se ex-
pande a todo el entorno.
Cuando se señala que la ira te viste de blanco es porque al apa-
recer en el sujeto deja atrás todo lo bueno del mismo. Te viste de
blanco la ira porque borra de tu mente la conducta que aprendiste
a nivel del trato social. Mezcla, como se comentó al inicio del ca-
pítulo, todas las emociones, y las expresa de una forma grotesca,
hiriente, que daña.
Las transacciones sociales que a lo largo de su vida un sujeto
había ganado con esfuerzo las deja totalmente olvidadas. Apa-
rentemente su memoria queda en “blanco” y el comportamiento
que expresa con ira es totalmente inaudito.
La ira te viste de blanco, porque un sujeto bajo los efectos de
la ira olvida todo lo que siente por la persona a la que ataca. Deja
La ira te viste de blanco 87

atrás los buenos momentos, las ilusiones, las metas, las aspiracio-
nes y anhelos.
La ira te viste de blanco porque enmascara completamente la
verdadera realidad de la persona.
Y me atrevo a decir esto porque, después de que cesa el control
que la ira ejerce en el sujeto, la persona queda fatigada, está en
“blanco”, carente de fuerzas, libre de carga.
Además, el color blanco representa la absorción de todos los
colores. Es decir, el sujeto absorbe todo. No selecciona qué, de
lo que está sintiendo durante el episodio de la ira, lo va a dañar
a corto, mediano o a largo plazo.
La ira es un sentimiento que viste de blanco porque en él caben
todos los juicios.
La ira es una expresión que te viste de blanco porque, después
de una explosión, todos podrán notar sus efectos tanto en tu per-
sona como en la de las personas que dañaste.
Quiero cerrar este capítulo rescatando la función cerebral y
dando pistas para encontrar el por qué de la ira en su aspecto bio-
lógico. Por ello termino este apartado explicando lo que se consi-
dera el inicio de una conducta: la sinapsis.
La sinapsis es un proceso que permite la comunicación entre
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células del sistema nervioso, llamadas neuronas. Este proceso se


da igualmente entre las neuronas y otras células de la economía,
como son los miocitos (células musculares) y las células glandu-
lares. La palabra sinapsis significa “enlace”, y constituye un me-
canismo singular. Engloba acciones eléctricas, que son transfor-
madas en químicas. Ni la central eléctrica con las últimas
tendencias tecnológicas logra las transformaciones que dentro de
la neurona subsisten para generar un comportamiento.
Así, la sinapsis traduce funcionalmente uniones especializa-
das mediante las cuales las neuronas envían señales entre sí y con
las demás células de nuestro cuerpo.
88 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

Resulta inverosímil que una sola neurona establezca contacto


con por lo menos 1 000 neuronas más al mismo tiempo que re-
cibe más de 10 000 enlaces con otras células.
En los niños se considera que existen 1 000 billones de cone-
xiones sinápticas. Este número decrece con la edad. En la perso-
na adulta existe un promedio de 300 billones de enlaces.
Estos enlaces neuronales son los que constituyen las llamadas
redes o circuitos neuronales, mismas que contribuyen a la gene-
ración de la percepción, el pensamiento y el control de todos los
sistemas del cuerpo. Investigaciones actuales señalan que la si-
napsis no tan sólo se da en dos momentos, sino que se suma una
interconexión con los astrocitos que permite la comunicación ha-
cia el interior del sistema nervioso.
Véase ahora como se construye la sinapsis. Si es una sinapsis
de tipo químico se requieren los siguientes elementos:

S Una porción presináptica.


S Un espacio entre las células, también denominado hendi-
dura sináptica, de aproximadamente 20 nm.
S Una porción postsináptica.
S Un impulso nervioso.
S Sustancias neurotransmisoras.
S Vesículas presinápticas.
S Iones de calcio.
S Canales de calcio.
S Potasio.
S Se presenta un impulso nervioso.
S Las vesículas presinápticas se adhieren a la porción presi-
náptica de la neurona

Por cambios de membrana y polaridad condicionados en gran


parte por efectos de iones cálcicos, se apertura el contenido de las
La ira te viste de blanco 89

vesículas presinápticas hacia la membrana presináptica y de ahí


a la hendidura sináptica, vertiendo los neurotransmisores.
Todo esto, reitero, se logra por combinación de elementos ió-
nicos que, como el calcio y el potasio, condiciona la polaridad
para lograrlo.
Estando el neurotransmisor en la hendidura sináptica, se
adhiere a los receptores de la porción postsináptica y ello trae
como resultado una acción, que se expresa gracias al flujo de los
iones cálcicos cercanos a la membrana postsináptica, fenómeno
que condiciona cambio de polaridad en la membrana.
La despolarización del potencial condiciona excitación. La hi-
perpolarización promueve la inhibición. El tipo de sinapsis fun-
cionalmente considerada puede ser excitatorio, inhibitorio o
modulador. La diferenciación entre los distintos tipos está condi-
cionada por los tipos de iones que canalizan los flujos postsináp-
ticos, la calidad de receptores y, sobre todo, por los neurotransmi-
sores que participan en la acción.
En lo que respecta a las sinapsis eléctricas, la distinción princi-
pal es que no es el neurotransmisor el actor principal de su expre-
sión. Para que se desarrollen participa un grupo de iones que se
trasladan entre las células a través de uniones gap. Éstas son es-
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tructuras a manera de canales constituidas por complejos de tipo


proteico que derivan en conexinas. Las conexinas son células to-
talmente adheridas, de ahí su nombre. Finalmente, las sinapsis
eléctricas son menos plásticas, pero más rápidas que las quími-
cas.
En un sujeto que expresa ira las sinapsis se condicionan con
mayor rapidez debido a que el sujeto es hiperreactivo, es decir,
responde con extrema rapidez, generalmente superior al prome-
dio normal.
En las sinapsis de un sujeto iracundo la presencia de neuro-
transmisores con ligeros desequilibrios evidencia la falta de con-
90 Lo que la ira te hereda (Capítulo 6)

trol y la exagerada respuesta ante determinados estímulos. Estas


sensaciones el sujeto las reconoce subconscientemente como
propias.
Así, ante pequeños estímulos, se producirán fenómenos ner-
viosos que celularmente traerán como expresión la ira de quien
los padece.
7
La ira del dolor y el dolor de la ira

Experimentar dolor es una emoción totalmente especial. Genera


en el organismo un estado de desapego por sí y por el entorno.
El dolor es un espacio en el tiempo que ubica al sujeto en pausa
total.
Lo aísla, lo margina, lo segrega, lo daña.
El dolor puede ser interpretado, desde el punto de vista de la
medicina, como un indicador de lesión.
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Dentro del proceso de inflamación el dolor se presenta como


uno de los signos cardinales.
Bajo la óptica de los procesos de defensa del organismo huma-
no, el dolor protege.
Cuando una zona de la estructura de un individuo es alterada
de su forma original, condiciona cambios.
Éstos tienen la finalidad, primero, de advertir que algo está pa-
sando, y segundo, que esto que está pasando trae como conse-
cuencia un cambio en la conformación natural de un sujeto.

91
92 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

En la inflamación se puede entender mejor este fenómeno. La


inflamación es una respuesta tisular inespecífica y estereotipada
ante la entrada de un agente externo al organismo.
Es una respuesta porque su presentación está mediada por un
estímulo. Se denomina tisular porque se origina en un tejido hu-
mano vivo.
Cuando se le considera inespecífica es porque, independiente-
mente de la causa que la produzca, se va a expresar en los tejidos
humanos vivos.
Y es estereotipada porque en ella se presenta una serie de pasos
que están totalmente conectados entre sí. Fueron diseñados por
la naturaleza para cumplir de manera concatenada una serie de
acciones que permiten proteger al organismo.
El primer indicador de este evento es el “dolor”, que a través
de terminaciones nerviosas aferentes o sensitivas lleva el mensa-
je al gran decodificador, el cerebro.
El cerebro, órgano maestro de nuestra estructura, decodifica
e interpreta qué le dice el “dolor” y reacciona enviando un men-
saje a través de las vías nerviosas eferentes o motrices a la zona
que requiere la respuesta.
Cuando se estudia el dolor se expresan varias clasificaciones
para su mejor comprensión.
Se denomina agudo si es de aparición y desaparición rápida
(súbita).
Se denomina crónico cuando permanece a lo largo del tiempo
en la zona y no es modificado por ningún elemento.
Existe el llamado dolor irradiado, es decir, el que se extiende
a zonas en las que originalmente no existía daño.
Hay también el llamado dolor punzante, en el que el sujeto
siente que algo “late” en la zona dañada.
Cuando la persona manifiesta que tiene la sensación dolorosa
de que algo lo atraviesa se denomina dolor transfictivo.
La ira del dolor y el dolor de la ira 93

En algunas ocasiones el individuo manifiesta que siente que el


dolor lo “quema”; algunos le llaman dolor quemante.
Y estas variedades del dolor, sólo por citar algunas clasifica-
ciones, pueden generarse conforme se elabore el análisis de este
complejo fenómeno.
De manera muy resumida, esto es lo que sucede en el ámbito
físico u orgánico.
Si esto se muestra complicado, en el área psicoafectiva se
magnifica esta apreciación.
Normalmente una persona que cae en estado iracundo, desblo-
quea su control. Pierde textualmente la razón. Su emoción es más
fuerte que su entendimiento. Le sobrevienen de golpe sentimien-
tos de odio, desprecio, venganza y cólera hacia su víctima.
Se siente herido, traicionado, menospreciado, utilizado, impo-
tente y, en su afán de resarcirse por ese daño, desboca toda su fu-
ria en quien más confianza siente. Y en ocasiones en objetos de
esta persona o de personas vinculadas a la misma.
La fuerza que genera es muy superior a la que normalmente
expresa. En estado normal, un sujeto puede llegar a levantar con
entrenamiento hasta el doble de su peso. Un sujeto iracundo, sin
entrenamiento previo, levante el doble de su peso, con agilidad
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

y gran velocidad.
El único “botón” que se activa en su cerebro es: “siento dolor,
me siento herido, debo resarcirme... sólo me voy a cobrar lo que
me debe... o me quitó... o me privó...”.
Y explota, y como se citó en capítulos anteriores, arremete con
fuerza sobrehumana contra su víctima.
Sus primeros ataques son paulatinamente superados en fuerza
y agresividad en los subsecuentes. Esto, sobre todo, si la víctima
permite que continúen las agresiones.
Y esto lo subrayo, ya que actualmente existen mecanismos
legales probados para proteger a las víctimas. La mayor parte de
94 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

los mismos procura aislar del victimario a la víctima y a quienes


de manera cercana se relacionan con la misma. En el área del de-
recho se le llama aislar al pasivo del activo. Pero si los mecanis-
mos legales no son utilizados o son bloqueados incluso por la
propia víctima, existe el sentido de supervivencia. Éste debe acti-
varse o incentivarse a su activación en la víctima y dentro del área
de las personas que con ella conviven de manera frecuente.
Sin embargo, si todo esto falla y la víctima es agredida, se ex-
presa en un mismo evento un doble tipo de dolor.
La víctima siente un dolor psicoafectivo y físico. Al principio,
si la agresión fue muy fuerte, se podría pensar que es más fuerte
el dolor físico que el psicoafectivo, aunque la realidad demuestra
que, aun cuando las contusiones (golpes) pudieran lesionar seve-
ramente a la víctima, el dolor que prevalece es el psicoafectivo.
Este dolor se manifiesta dependiendo de la personalidad de la
víctima y de sus expectativas con respecto al victimario.
Para el caso de la víctima que sufre la afección de la codepen-
dencia, se manifiesta como una tristeza muy grande. En esta ex-
presión priva la incredulidad. La víctima no alcanza a creer, y
mucho menos a comprender, por qué la persona que ama, de la
que depende para vivir, la daña. Por qué el sujeto del que me ena-
moré, a quien entrego mi vida diariamente, mis ilusiones, mis
emociones y hasta mis sueños, me maltrata. La víctima se cues-
tiona: “¿Qué hice mal?...” Y a su mente llegan los recuerdos de
su vida pasada. Aprecia y reconoce todos los momentos que asu-
mió como felices. Vivamente podría describir desde el primer en-
cuentro hasta la primera mirada de amor que pensó recibir o que
dio a su “amado” y actual agresor.
Le duele, porque en él (escribo en sentido genérico, no precisa-
mente es un hombre el victimario, puede ser una mujer) había de-
positado su confianza, sus sueños, sus anhelos, pero sobre todo
su seguridad.
La ira del dolor y el dolor de la ira 95

Dependía de él para vivir. Para pensar. Para relacionarse. E in-


cluso hasta para ser.
Y que este sujeto que representaba su iceberg la dañe y poste-
riormente la abandone genera un fuerte desequilibrio en la muy
maltratada autoestima de la víctima.
La pregunta que gira de manera constante es: ¿por qué? Y lo
más triste de todo es que el dolor se convierte en culpa, porque
la víctima considera que se merecía lo que recibió. Esto porque
a su agresor lo visualizaba como lo mejor, lo más perfecto de la
creación. Y si alguien es perfecto, no puede dañar por dañar.
Debe dañar a lo imperfecto, es decir a ella o a él, según el caso.
El dolor que siente la víctima es exquisito. Es decir, es pene-
trante, punzante, profundo. Es un sentimiento que oprime el pe-
cho. Que eleva la temperatura y que condiciona opresión. Pro-
voca el llanto. Inunda de desesperación, falta de consuelo y
tristeza total a quien lo posee.
Algunos sienten el dolor tan intenso que pueden incluso acti-
var su autodestrucción inmediata.
Otros por ese mismo sentimiento agreden.
La característica más emblemática del dolor es que paraliza.
El bloqueo de un sujeto trae como consecuencia que minimice su
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expresión. Y no sólo ello, que se sienta incapaz. Cuando alguien


se visualiza como paralizado, pequeño e inútil, reitero, un sujeto
con dolor genera sentimientos de autodestrucción, entonces...
activa su adorable botón “rojo” y empieza a generar traumas.
La palabra trauma significa lesión. Y como en capítulos ante-
riores se citó, la lesión es un daño. Es la alteración de la estructura
normal de un elemento dentro del sujeto debida a causa externa.
La lesión se puede generar por varias vías:

S Por efectos directos de la autopercepción, lesión psicoa-


fectiva.
96 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

S Por efectos de la depresión hacia algún órgano blanco.


S Por efectos de la depresión hacia la expresión social del su-
jeto.
S Por efectos de la depresión hacia el aspecto laboral y profe-
sional del sujeto.
S Por efectos de la depresión hacia el aspecto económico del
sujeto.

Si la vía es el menoscabo de la autopercepción, el sujeto va a mi-


nimizar todo lo que realice. Pero también puede generar una pro-
yección y empezar a minimizar todo lo que los demás realizan.
En ocasiones puede, asimismo, iniciar un complejo de superiori-
dad que oculte su pobre autopercepción y empiece entonces a
ejercer maltrato en los demás.
Así, una víctima de maltrato en la que se exprese una vía de
daño en el ámbito de la autopercepción puede autodañarse o da-
ñar a los demás en compensación y, por consecuencia de las dos
cuestiones, al autodañarse y dañar se lesiona doblemente.
Cuando empieza a dañar a los demás para ocultar su pobre per-
cepción, esto condiciona que se aísle de los demás. El aislamien-
to le genere mayor trauma. Si percibió el fenómeno de maltrato
como consecuencia de su propia personalidad, se añadirá culpa.
La culpa, en el momento en que se sienta solo o sola, avivará
su sentimiento de aflicción con respecto a lo sucedido y justifi-
cará a su agresor.
El agresor siempre demostrará ante los ojos de la víctima razo-
nes para su proceder.
Haga lo que haga, realice lo que realice, ataque de la forma que
ataque, siempre tendrá un argumento a su favor desde los ojos de
la víctima.
Es una persona que fue trastornada en su destino por la presen-
cia indeseable de su ser. Así lo siente y lo vive la víctima, y este
La ira del dolor y el dolor de la ira 97

pensamiento daña aún más su percepción afectiva. Esto debido


a que intentará reparar el daño, entregando su propia vida al sacri-
ficio de resarcir al “pobre” agresor por su “mala suerte” de haber-
se cruzado su vida con una “cruel” víctima.
Es muy paradójico, pero pase lo que pase, lo afirmo de manera
contundente, la víctima siempre argumentará, disculpará y justi-
ficará a su agresor.
Muchos le llaman codependencia, otros estado psicótico, las
víctimas le llaman amor verdadero...
En la vía de afectación a un llamado órgano blanco el mecanis-
mo se expresa al principio de forma enmascarada.
El sujeto inicia con cuadros en los llamados sistemas diana
(sistemas más sensibles por afectaciones psicoafectivas deriva-
das de estrés postraumático y depresión).
Dentro de éstos se sitúan, por observaciones realizadas, los si-
guientes sistemas, en orden de frecuencia de lesión:

1. Sistema nervioso y piel.


2. Sistema endocrino.
3. Sistema cardiovascular.
4. Sistema digestivo.
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5. Sistema inmunitario.

El sistema nervioso y la piel comparten un origen embriológico


común. Cuando el ser humano se forma derivado del desarrollo
del huevo o cigoto, se genera una estructura trilaminar. Este disco
embrionario se integra por tres capas. La más interna se denomi-
na endodermo, y de ésta derivarán todas las vísceras y órganos
internos en el ser humano.
La parte media del disco genera las estructuras de revestimien-
to, músculos y cartílagos. El segmento más externo del disco, que
se denomina ectodermo, derivará en el sistema nervioso y en la
piel.
98 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

De ahí la conexión tan importante que existe en ambos. Cual-


quier afectación nerviosa es reflejada en la piel. Y por ende, en
situaciones en las que la capacidad de respuesta de los sujetos es
superada, se expresa un desequilibrio.
Si bien es cierto que el ser humano está capacitado para su-
perar obstáculos y adaptarse al medio, la ausencia de esta percep-
ción genera un conflicto y de ello se genera un daño.
Describiendo de lo menos grave a lo más grave, se citan las le-
siones que el sujeto presentará como consecuencia de un evento
traumático en el área de la violencia familiar.
Iniciará con pequeños olvidos. Los olvidos le pueden o no ge-
nerar conflictos. La reiteración de las omisiones se acompañará
de la sensación de miedo.
El miedo irá asociado con culpa.
Se presentará de manera reiterada dolor de cabeza (cefalea).
Habrá hiperreactividad. Se iniciará un proceso de mecaniza-
ción y automatización. El sujeto, por ejemplo, si conduce un
auto, de repente se dará cuenta de que llegó a algún lugar sin per-
catarse de cómo lo logró.
Puede empezar a extraviar cosas, sobre todo elementos útiles:
llaves del auto, llaves de la casa, la oficina. Citas de labor, etc.
Si la afectación se hace evidente en el sujeto, no recordará
eventos que con anterioridad fijaba sin ningún problema incluso
sin realizar anotaciones de los mismos.
Llegará el momento en que, si no llevaba agenda, compre una.
Y lo más sorprendente, que la pierda.
Todos los mecanismos se alteran. Así, el daño que inicia en el
sistema nervioso es potenciado por la afectación en los órganos
de los sentidos. También se refleja en el sistema endocrino. Se
modifica desfavorablemente la secreción de neurotransmisores
y de hormonas. Por tanto, el sujeto cambia la base de su compor-
tamiento. El trastorno se aprecia inmediatamente, o bien su sem-
La ira del dolor y el dolor de la ira 99

blante es triste o distraído. Pero las personas que lo rodean notan


su afectación. Ésta es más grave cuando quienes la aprecian son
personas que no están directamente vinculadas con el sujeto, es
decir, que no viven con él.
Al afectarse el sistema nervioso y el endocrino se trastorna
todo. Hay cambios vasomotores que impactan en el sistema car-
diovascular y el respiratorio, provocando desde ligeros cambios
del ritmo cardiaco hasta situaciones de infarto.
En el área digestiva las personas presentan trastornos que pue-
den expresarse en los extremos, o bien se presentan fases de es-
treñimiento y situaciones en las que existe un exceso en el núme-
ro de evacuaciones. En el sistema urinario, generalmente se
incrementa el número de micciones. En el sistema inmunitario se
activa el llamado “botón rojo”, y se ha comprobado que gran par-
te de las enfermedades autoinmunitarias tienen un factor del sis-
tema nervioso asociado. Incluso la expresión de tumores en el
cuerpo humano es resultado de la necesidad de autodestrucción
que el individuo percibe en situaciones de depresión.
Las células linfocitarias de tipo T tienen dentro de su división
un grupo celular muy peculiar, denominado células asesinas.
Éstas se trastornan y promueven la destrucción de células propias
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y la formación indirectamente de células sin función específica


que condicionan la manifestación de enfermedades tumorales.
Con tantos trastornos, tan especiales y tan específicos, el indi-
viduo toma la decisión de acudir con un facultativo.
Si el profesional es capaz descubrirá con una buena historia
clínica que el sujeto tiene los efectos de la ira. Ello lo orientará
a tratamientos higiénico–dietéticos y terapéuticos para apoyar la
modificación de su conducta, todo esto con la interconsulta nece-
saria por el departamento de psicología.
Pero si el médico no es capaz o carece de ética, la situación se
torna muy grave para el paciente, porque en medio de su dolor,
100 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

y con la tristeza y depresión que conlleva, no tendrá la capacidad


para aceptar si lo que el médico prescribe es o no adecuado.
Un médico carente de ética iniciará con generar una carga ex-
cesiva de estudios y medicamentos al sujeto.
Lo preocupará aún más, ya que a la carga afectiva le sumará
una derrama económica no prevista y en algunos casos inaccesi-
ble. Y esto condicionará mayor dolor.
Una persona con problemas económicos, de salud, familiares
y con dolor como consecuencia de un hecho de ira opta por dos
caminos. Uno, se abandona completamente al dolor, esperando
que alguien la rescate. O lo enfrenta. Lo enfrenta pacíficamente,
busca ayuda, se restaura. O lo enfrenta de manera agresiva y se
convierte en un “vengador anónimo. Y como antihéroe todas sus
acciones las justificará hacia el resarcimiento de lo que cree que
perdió. Y sin darse cuenta se convierte en un sujeto deleznable.
Se transforma en una copia perfecta de quien lo dañó, pero
ahora con una expresión más violenta. Difuminando su malestar
hacia todo el entorno. Focalizando de manera puntual en todos
aquellos sujetos que le recuerden su malestar o que lo evoquen.
Muchos asesinos seriales tienen este origen.
En lo que respecta a la expresión social de la ira en el sujeto,
se comenta que se da nuevamente en dos sentidos. En el positivo
el sujeto busca ayuda. Se asocia en comunidades sociales. En
iglesias o templos. Busca socializar su dolor para mitigarlo. Se
vuelve un activista a favor de una causa noble. Se entrega a la
ayuda desmedida hacia los demás. Siempre está en la disposición
de entregarse y dar lo mejor de sí. Y de esta forma rescata su
dolor.
En sentido opuesto, puede tomar dos alternativas. La primera,
se margina completamente de la sociedad. Se aísla. Y lo hace de
muy diversas formas. La más sencilla es que se encierra en sí mis-
mo. Se aleja de la familia, de los amigos, hasta del entorno.
La ira del dolor y el dolor de la ira 101

Su comunicación es sólo consigo mismo. Ahuyenta de sí toda


posible relación. Forma barreras muy finas que impiden que al-
guien se atreva a modificar esta situación. Es semejante a las tor-
tugas. Cuando ellas se quieren proteger, se meten en su capara-
zón. Ahí se sienten seguras. De la misma forma, los sujetos que
sufren los efectos de la ira y lo traducen a nivel social se “prote-
gen” aislándose del medio.
En el otro sentido, el aislamiento lo genera el individuo convir-
tiendo su conducta en antisocial, parasocial o la que actualmente
está de moda, “bipolar”.
Si se expresa como antisocial, cada vez que alguien intente re-
lacionarse con él o ella lo va a atacar para que se aleje o le deje
solo. Si se transforma en parasocial, su conducta será tan aberran-
te que nadie querrá estar a su lado. Y si expresa su comportamien-
to como bipolar es poco probable que se acepte estar con un su-
jeto que cambia su ánimo aparentemente sin control.
La persona busca estar sola para protegerse. Teme ser dañada
nuevamente. Y por ello prefiere el aislamiento. Se siente insegu-
ra e incapaz de establecer nuevos nexos. O se queda con la perso-
na que tanto la ha maltratado para asegurar su no soledad, o se
aísla completamente por temor a ser dañada de forma reiterativa.
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Si logra afianzar su socialización dentro de un grupo de perso-


nas asertivas, saldrá adelante. Si no, lo único que condicionará
es su paulatina y creciente destrucción.
En lo que respecta a los efectos de la depresión en el ámbito
laboral y profesional, nuevamente se expresan dos vías. En la pri-
mera el sujeto, tratando de olvidar tanto dolor, se compromete al
100% con su ejercicio profesional. Encuentra en esta actividad
la seguridad, la confianza, el bienestar y, sobre todo, la posibili-
dad de generar un nicho de oportunidad para rescatarse. Vive fe-
liz en el trabajo. Se siente completamente aceptado. Y busca en-
tonces las condiciones para que esta aceptación sea cada día
102 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)

mayor. No va a detenerse. Tiene el ánimo suficiente para mante-


nerse “vivo” mediante esta inyección de ánimo. Este hálito de
vida que sólo el trabajo le da lo mantiene de pie ante las adversi-
dades. Muy probablemente se separa de la persona que lo dañó.
O en algunas ocasiones permanece. Bien de una forma o de otra,
el sujeto sabe que, si en casa le va mal, el trabajo le da más que
aliento para seguir vivo.
Se vuelve un trabajador compulsivo. Y generalmente esto le
trae como consecuencia un reconocimiento profesional. Una dis-
tinción tras otra. Y esto lo impulsará a seguir adelante. Sin darse
cuenta de que lo único que hace es evadir su problema. Mitigar
con “Aspirina” un gran mal. Dichoso será mientras trabaja y se
reconoce su labor. El día que es pausado en su actividad se en-
ferma.
El sentido contrario se expresa en el sujeto que, al manifestarse
completamente deprimido, deja a un lado sus obligaciones.
Vive para su pena. Y por su pena vive. No le importa nada más
que estarle contando a todos los que ve, independientemente de
si le conocen o no, que su dolor es el más grande del mundo. Que
es muy desdichado y que no vale la pena seguir adelante.
Que si trabajaba era por ella, o por él. Y por tanto, al no estar
él o ella, no tiene caso seguir adelante. Su productividad personal
baja. Su eficiencia y eficacia de la misma forma. Conclusión: por
mucha amistad que tengan sus jefes con él o ella, al poco tiempo
de expresar una conducta en contra de la responsabilidad profe-
sional perderá su puesto. Y finalmente hasta su trabajo. Iniciará
con pequeñas omisiones. Después generará conflictos en su em-
presa por su falta de carácter. Y por último caerá en una depresión
mayor cuando se vea sin empleo.
Las fases que describo no son absolutas. Es decir, una persona
en situación de trabajo excesivo, si comete un error por fatiga
mental, puede caer en desánimo y generar una depresión mayor.
La ira del dolor y el dolor de la ira 103

Así, también un sujeto que perdió el sentido para el trabajo puede


vislumbrar una esperanza y convertirse en un trabajador ince-
sante.
Sólo cuando se rescatan las personas logran el equilibrio entre
el trabajo y su propia vida que conlleva al bienestar.
En el ámbito económico la persona puede estar afectada por
deudas anteriores o bien por las deudas que su depresión propi-
cia, bien sean éstas consecuencia de tratamientos médicos o psi-
coterapéuticos o bien por efectos de dependencias hacia sustan-
cias adictivas.
A muchas personas les afecta más una alteración en la situa-
ción económica que en su salud, ya que por la postura social ac-
tual el hombre vale en cuanto tiene.
Y dado que el poder mediático se encargó de afianzar tal ase-
veración, todo lo que sucede alrededor del hombre tiene un costo.
Y el valor del mismo es el que traduce la valía de quien lo posee.
Por tanto, quien no cuenta con la suficiencia de recursos... no
vale.
Y si no vale opta por entregarse a alguien que se asume valio-
so, para que de esta forma adquiera la seguridad que la economía
mal entendida le brinda. Y en ocasiones el sujeto que se califica
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como valioso es totalmente dañino. Pero esto queda atrás, sólo


con pensar que la seguridad de su aporte económico dará una “se-
guridad” virtual a su actual situación. Y esto no sólo se puede dar
a nivel de vínculos con personas “valiosas”, sino también en si-
tuaciones no muy claramente lícitas en las que se pone en juego
un conjunto de elementos que privan a quien los consume de su
libertad.
Es un juego peligroso al que se acepta entrar, porque quien lo
realiza siente que no tener nada le permite arriesgarlo todo.
Y así la ira genera dolor. Y el dolor tarde o temprano, si no se
sabe encauzar, derivará en ira.
104 Lo que la ira te hereda (Capítulo 7)
8
Lo que de la ira se aprende

El ser humano es un ente en el que potencialmente se produce el


aprendizaje de todo lo que sucede a su alrededor.
Sea el ambiente interno o externo, la mayor parte de lo que se
vive genera estímulos susceptibles de ser aprendidos y, por ende,
transmitidos.
Aprender significa poseer un conocimiento que es capaz de re-
producirse y ejecutarse.
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El aprendizaje se expresa de muy diversas formas. Se aprende


a conocer, a realizar, a expresarse y finalmente a transformar.
Los teóricos del conocimiento lo dividen en base a los siguien-
tes aspectos:

a. En cuanto a la forma que aprendo, se establece un aprendi-


zaje de contenidos y un aprendizaje de procedimientos, es
decir, el aprendizaje de contenidos me indica todo el saber
teórico de una persona, animal o cosa. El aprendizaje de
procedimientos me indica de qué manera generar algo. No

105
106 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

se excluyen, ya que es poco probable encontrar un concep-


to que no implique a la teoría y la práctica por muy rígido
que sea nuestro pensamiento.
b. En lo que respecta a la intención de aprender se aprecia un
aprendizaje intencional, en el que tengo el firme propósito
de construir un conocimiento, en contra del llamado apren-
dizaje no intencional, en el cual “aparentemente” no tengo
la intención de aprender, mas, sin embargo, aprendo.
c. Hay aprendizajes que se obtienen con el ejercicio de un
tema dirigido, y a éstos se les denomina por descubrimien-
to. Y hay otros que se obtienen por una dirección concreta
que lo único que condiciona es que el sujeto obtenga lo que
se le brinda a través de una instrucción o un señalamiento.

Independientemente del tipo de aprendizaje que se utilice, el su-


jeto aprende. En las actuales formas de transmisión del conoci-
miento se está priorizando la integralidad del mismo.
Se habla de un modelo educativo integral y flexible. Se consi-
deran en este paradigma las cuestiones sobre saber qué es, saber
de qué manera realizar, saber actuar y, sobre todo, saber ser.
Se habla, por tanto, del saber epistemológico, del saber heurís-
tico, del saber axiológico y del saber holístico, que implica la in-
tegración del ente.
El saber epistemológico se refiere al conjunto de conocimien-
tos que permiten la definición clara del concepto. Se atribuye
todo el contenido teórico que expresa las cualidades de la temáti-
ca en cuestión, sea cual sea su origen.
Es totalmente descriptivo, y permite obtener el conocimiento
último de lo que se desea conocer.
Es de tipo universal. Su carácter se extiende independiente-
mente del contexto. Está sujeto a las adecuaciones del tiempo, el
espacio y la evolución cultural.
Lo que de la ira se aprende 107

Depende de la visión del mundo que la cultura tiene en una


época determinada.
Idealmente no es estático. Se constituye y se expresa en un len-
guaje que permite su observación independientemente de las
fronteras.
Generalmente sirve de modelo para todas las expresiones so-
ciales. Es perfectible y actualizable. Puede actualizarse, depen-
diendo del tipo de saber que lo conforma.
Está ligado a la evolución humana. Rescata en gran parte de
qué manera el ser humano construye su modelo de vida.
Se ve influenciado por los grupos dominantes sociales, es de-
cir, pese a todas las expresiones que puedan existir, la historia que
se queda es la que generó mayor impacto, de tal forma que las co-
rrientes educativas y los procesos de enseñanza–aprendizaje son
apreciados en cuanto a su proyección social.
La interpretación que de los mismos se da generalmente es ob-
jetiva, ya que sus planteamientos tienden a evitar la imparciali-
dad. La seriedad de la exposición de los mismos y la claridad son
las características más importantes.
El saber heurístico brinda las herramientas necesarias para
ubicar de qué manera realizar una actividad, es decir, bajo qué
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criterios llevo a la práctica un concepto y lo ejecuto. Es un cono-


cimiento que parte tanto de la experiencia como del conocimien-
to teórico.
Con sus resultados genera en gran parte la expresión dura de
la ciencia, pero es sumamente moldeable. Propicia la manifesta-
ción creativa y, pese a lo mecanizado de su desarrollo, es alta-
mente sensible.
En su origen está constituido por elementos que le impiden
desligarse completamente del saber axiológico, del heurístico y
del integral, ya que de una manera u otra, para entender cualquier
saber, se requiere necesariamente conocer su origen último, es
108 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

decir, la fuente de la cual emana el conocimiento, siendo éste el


quehacer principal de la epistemología.
Por tanto, pensar epistemológicamente conlleva una visión
hacia la axiología que fundamenta dicho pensamiento, hacia la
praxis que se orienta con el saber y a la integralidad del ser que
se manifiesta como una conjunción sui generis del todo.
El saber axiológico es un eje muy especial. La axiología repre-
senta el conjunto de valores y principios que enmarcan el com-
portamiento humano. Por tanto, la introyección de valores evi-
dencia el nivel de autoestima dentro del sujeto y también permite
constatar su grado de adaptación al medio, y a través del mismo
la capacidad intelectual del sujeto.
Se considera que la inteligencia de todo individuo se expresa
en la medida en que logra adaptarse a las circunstancias. Por tan-
to, un sujeto con un nivel adecuado de percepción acepta como
valiosos los preceptos que la sociedad delinea para la conviven-
cia en la comunidad.
La axiología expresa el conjunto de principios y valores que
se conciben dentro de un contexto determinado.
Parte de la moral, entendiendo a la moral como un concepto
de grupo.
El vocablo moral implica valores, normas y costumbres de un
individuo o un grupo humano determinado.
De manera frecuente se confunde con el concepto de ética. Sin
embargo, la ética es la moral entendida en cuanto al carácter o
manera de ser.
El estudio de la ética se remonta al hombre mismo. Entre sus
precursores se citan ejemplos en la cultura babilónica, con el
código de Babilonia. Este documento, conocido como el código
de Hammurabi, engloba el conjunto de preceptos que enmarcan
el deber ser de todo sujeto en sociedad. Afirmo que es mal llama-
do, debido a que se le otorga el nombre del rey Hammurabi,
Lo que de la ira se aprende 109

quien, a semejanza de Moisés en la cultura hebrea, recibió todos


estos mandatos del dios Sol.
El código de Hammurabi trasciende no tan sólo a los niveles
de comportamiento social, sino que todo profesional, indepen-
dientemente de su área, lo debe observar.
Después de la cultura babilónica, la cultura que desarrolló un
avance importante para la humanidad fue la egipcia. El florecien-
te Egipto, en apego perfecto con la naturaleza, consideraba el res-
peto a la división de clases, el culto divino y la armonía perfecta
entre lo que se veía y lo que se desconocía. Guardaban reverencia
por la sabiduría. Asumían como criterios de vida la prosperidad y
el aseguramiento de la misma aun después de la muerte. Con la
decadencia egipcia la cultura hebrea asume el liderazgo con im-
pactantes representantes, como Moisés, de origen hebreo, quien
es criado como príncipe en Egipto. Conocía perfectamente las
normas de comportamiento reales. Rebelándose contra la domi-
nación egipcia, asume el compromiso de ser el libertador de su
pueblo del dominio egipcio y encabeza la huida del pueblo he-
breo de Egipto.
Logra esta odisea y establece un conjunto de diez normas, lla-
madas “mandamientos”, que le fueron dictados por Dios para
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que la gente tuviera una convivencia perfecta. De ellos los tres


primeros guardan el respeto y la reverencia a Dios, y los siete res-
tantes a la convivencia hombre–hombre. A continuación analiza-
remos uno por uno.

S El primero habla de la alabanza al ser superior, lo que con-


cibe el reconocimiento de la finitud humana ante una crea-
ción suprema.
S El segundo, el reconocimiento de la autoridad del ser supe-
rior y, por ende, el respeto a los principios que su investi-
dura genera.
110 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

S El tercero, la veneración y el cuidado de los días que se de-


dican a la deidad.
Estos tres primeros se circunscriben al ámbito divino.
S El cuarto conlleva el respeto a la autoridad paterna, inclui-
dos en ella el padre y la madre.
S El quinto expresa la no destrucción del congénere.
S El sexto, la negación ante la posibilidad de cometer actos
que dañen la imagen.
S El séptimo prescribe la importancia del respeto de los obje-
tos ajenos.
S El octavo genera la opción de la autenticidad en dicho y en
los hechos.
S El noveno, el respeto hacia las relaciones sociales y de pa-
reja.
S El décimo, el reconocimiento de lo que no es propio y el
respeto a la capacidad de adquisición que los terceros tie-
nen.

Todos, absolutamente todos estos mandamientos, lo único que


transmiten es paz, es decir, la oportunidad de relacionarse sin
condicionar conflictos.
La aplicación de estos mandatos en la vida personal conlleva
a evitar trasgredir la libertad de terceros. Pero lo más importante,
conserva como valiosa la propia libertad. Vistos desde afuera, los
mandamientos ordenan la vida humana. La libran de agresiones,
violencia y, por tanto, de fenómenos de ira.
Tal vez si sólo se valoran como preceptos de una religión se
minimizan. Si se aprecian como un sistema que promueve la edu-
cación hacia los valores alcanzan su verdadera dimensión.
Con una observación detallada de los mismos se percibe que
alcanzan las aristas más especiales de los límites del comporta-
miento.
Lo que de la ira se aprende 111

Por ejemplo, el respeto a los padres no sólo se queda en el te-


rreno filial. Se extiende a las autoridades, es decir, a las figuras
que representan a los sujetos que encabezan acciones, situación
que en la Edad Media fue explotada y desencadenó terribles abu-
sos, pero que apreciada en un contexto amplio genera orden y
ubicación en los roles que socialmente se generan.
El quinto, que se refiere a “no matar”, abarca más allá del senti-
do de privar de la vida a un sujeto. Se extiende al ámbito de no
hablar sin fundamento de alguien, de evitar emitir pensamientos
que desvíen la percepción real de un sujeto, y sobre todo propicia
la situación de control que cada individuo debe utilizar en su con-
ducta.
“No matar” es sinónimo de no juzgar con prejuicio. “No ma-
tar” implica el no destruir con el pensamiento o el discurso la vida
o la labor de otro. “No matar” significa dar respeto a la persona.
Equivale a brindar atención, cuidado y buen trato a quien me
rodea, ya que el mandato “no matar” implica en su antagonismo
“apoyar la vida”.
En lo que respecta al sexto mandato, no cometer actos impu-
ros, va más allá de las relaciones sexuales eventuales, adúlteras
o sin propósitos definidos. Se enfoca en el sentido de evitar la au-
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todestrucción que implica el daño a la imagen de la persona.


Una imagen personal es la representación más simple que un
sujeto tiene de sí mismo.
Pero esta simple representación engloba el conjunto de expe-
riencias, herencia y fenómenos de socialización dentro de los
cuales se engloba la educación. Es decir, la simple representación
de un sujeto implica la elaboración de un conjunto de esquemas
que permiten distinguir lo que el individuo tiene de valor para
consigo mismo y para con los demás.
Un sujeto que se aprecia detecta que circunstancias le propi-
cian mayor o menor calidad de vida.
112 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

Además, se asume que estos factores están en dependencia con


la educación que hacia los valores tiene cada individuo.
Para muchos es muy fácil correlacionar este mandato con las
acciones vinculadas con las relaciones sexuales ocasionales.
Cuando se extiende más allá del comportamiento sexual de un
sujeto, una cuestión es lo sexual, que se ubica en la forma y los
medios en los que se media una relación física entre dos sujetos,
y otra la sexualidad, que engloba desde la percepción de género
hasta las perspectivas de extensión que éste tiene.
Por ello el no cometer actos impuros, que corresponde al sexto
mandato, implica la vida con valor y, por ende, la educación que
a ésta conlleva.
El séptimo mandamiento está estrechamente vinculado con la
no sustracción de objetos ajenos. El principio del valor es que re-
conozco que existen terceros. Además de ello me percato de que
los terceros tienen derechos y obligaciones. Tienen posesiones y
límites. Por ende, si soy un sujeto adaptado, identifico tanto las
posesiones como los límites. El reconocer los límites de actua-
ción o las posesiones de alguien no implica que no los pueda ob-
tener, alcanzar e incluso superar. Esta acción condiciona un valor
hacia la convivencia: respeto. El respeto es fundamental. La plu-
ralidad de pensamientos, las acciones que han generado los más
grandes enfrentamientos a lo largo de la historia de la humani-
dad, parten de un franco y abierto enfrentamiento hacia el respeto
de terceros.
Y la educación en los valores impide de manera sustentada que
esto se exprese.
El no robar, que señala el séptimo mandamiento, no sólo seña-
la los objetos materiales, como muchos asumen. Se ubica como
el no quitar la libertad. No negar la posibilidad de crecimiento.
No controlar a la persona. No dejarla fuera de la expresión de su
propia personalidad. No señalar de manera tajante qué debe o qué
Lo que de la ira se aprende 113

no debe hacer alguien sin fundamento real. Es no controlar la li-


bre voluntad de un tercero por la fuerza.
Si esto se visualiza tal cual, se centra en una de las expresiones
de maltrato familiar: el control, la imposición de la fuerza. El uso
desmedido del poder que conlleva ira y daño.
Por ello “no robar” va más allá de la percepción que sencilla-
mente engloba el verbo.
El octavo mandamiento consiste en “no levantar falsos testi-
monios ni mentir”.
La mentira es el antecedente más cercano a la ira. La ira se des-
encadena por un conflicto no resuelto. La ira expresa violencia,
y los sujetos, cuando mienten, también manifiestan un mal mane-
jo de emociones. De manera habitual se piensa que la mentira es
la salida fácil para un problema. No es así. Es el primer escalón
para muchos nuevos problemas. De todos ellos, por lo menos uno
condicionará un episodio de ira.
En muchas ocasiones se enmascara el verdadero propósito de
la mentira, que es el beneficio personal.
Una persona con ira es una persona que miente, porque al ha-
blar manifiesta cosas que ni siquiera siente realmente, sólo lo
hace por dañar.
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La mentira no tiene medida, es inconmensurable. Es antagóni-


ca a la autenticidad. Desafortunadamente, día a día se hace más
popular.
No es fácil mentir. Se requiere tener una personalidad trastor-
nada. Y no es fuerte lo que menciono, porque la mentira lo que
condiciona es el aislamiento de la realidad. Se construye un mun-
do falso. Se requiere mucha voluntad para que ese “espacio” sea
duradero, porque la mentira exige memoria, además de gran agi-
lidad, porque una mentira lleva a otra.
El clásico de Disney, “Pinocho”, es un buen ejemplo de lo que
pasa cuando se miente.
114 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

La imagen se deforma. En el cuento, cada vez que el pequeño


muñeco de madera dice algo que no es verdad obtiene como re-
sultado crecimiento de la nariz. Para algunos fisiognomistas la
nariz es el elemento anatómico del que depende buena parte de
la personalidad a nivel de imagen visual. Véase qué objetivamen-
te se presenta que la mentira altera la identidad de la persona.
Además, no es casualidad que el niño Pinocho estuviera construi-
do de madera. La madera es un elemento que se utiliza como ex-
celente comburente, es decir... se quema fácilmente. Y quienes
mienten se alejan de la realidad y se acercan a situaciones de mar-
ginación, desaliento y, sobre todo, a momentos no gratos cuando
son descubiertos.
Hay quienes, para que su “verdad” dure, siguen mintiendo el
resto de su vida.
Y todo esto condiciona personalidades deformes en las que
cualquier estímulo del medio que capten como amenazador para
descubrir la verdad condiciona ira en ellos.
La mentira, finalmente, establece una puerta falsa en la rela-
ción del hombre con el hombre mismo, porque quien miente, más
que mentirle a los demás, se miente a sí mismo.
Hay quienes mienten tan bien y tan frecuentemente que aca-
ban por creerse sus mentiras.
La mentira es una forma muy peculiar de violencia que genera
ira. No hay mentiras piadosas, porque la piedad es una virtud y
por tanto antagónica a la mentira. Mentir es dañino. Y no sólo se
miente con acciones. También se miente con omisiones. Y quien
oculta una realidad está omitiendo la verdad y por ende miente.
Mentir no es sano. Y quien miente, cuanto más lo haga, más
grande será el daño que provoque no sólo a su medio, sino a su
identidad.
El noveno mandamiento dice: “no desearás la mujer de tu pró-
jimo”. Cuántas series de televisión, películas y obras teatrales
Lo que de la ira se aprende 115

escritas y algunas de ellas clásicas se han derivado de la ruptura


de este precepto.
Quiero escribir comentarios al respecto de gente joven, de es-
tudiantes universitarios de diversas áreas, pero particularmente
inicio con uno que brindó un estudiante del área de ciencias de
la salud. Él comentó que considera que la infidelidad no es buena.
Que se puede ser infiel en una noche de excesos. Que podría dis-
culpar hasta tres noches. Pero una infidelidad mayor, aun cuando
no hubiera sexo, no la soportaría... le dolería mucho. Comentó
esta estudiante, que vivió una experiencia del otro lado de la mo-
neda, que fue “la otra” con un hombre mayor. Al principio sólo
era sexo. Después se enamoraron. Ella se sentía mal porque no
quería seguir la relación. Le costó mucho trabajo alejarse. Su
pareja no era realmente su pareja y ello lo admitía. De hecho, en
una ocasión le pidió que establecieran una relación formal, pero
ella no accedió. Su pensamiento fue: “no quiero iniciar una rela-
ción formal con alguien que rompió su relación formal por infi-
delidad para estar conmigo”
Me permito transcribir otro comentario, dentro de los muchos
que percibí, que particularmente tiene una moraleja profunda. Lo
escribió una jovencita del área de ciencias de la salud, quien ex-
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presa:
“Ser infiel es una decisión personal. Puedes ser infiel en el mo-
mento que quieras. El problema es que no te descubran o que no
te sean infieles a ti. Para todo hay un momento. Y cada etapa de
la vida se debe vivir al máximo. Pero, si elegiste iniciar una fase
de tu vida como un sujeto responsable, no es correcto ser infiel.
La infidelidad es una decisión propia. Pero cuando trasciende y
afecta a tus hijos deja de ser un juego y se convierte en una situa-
ción de juicio, debe pensarse. Nada ni nadie te debe señalar cómo
ser. Sólo tu conciencia. Piensa, ¿te gustaría que a ti alguien te fue-
ra infiel?”
116 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

El desear la pareja de otro trae como consecuencia una ruptura


con la paz. Muchas personas inician con un juego de miradas.
Otras con los llamados contactos por Internet.
Muchas más utilizan vías telefónicas a través de mensajes.
Hoy en día hasta por los radios se puede generar un episodio de
infidelidad. Esta peculiar manifestación no positiva del compor-
tamiento humano encierra una profunda soledad.
El sujeto que es infiel es un sujeto que miente. Primero se
miente a sí mismo. No es capaz de reconocer que la relación que
tiene no funciona. Pero tampoco es lo suficientemente fuerte
como para romper e iniciar una nueva. Tiene sentimientos encon-
trados: temor de perder la estima de la relación en la que es infiel,
ira por no tener el valor de hacerlo, pena de ser descubierto, inse-
guridad de que su “nueva pareja” realmente le sea fiel, y siente
que lo que genera no es realmente su culpa, sino culpa de la pareja
original que no supo retenerlo. En su contacto tanto social como
sexual con su primera pareja, cualquier situación, por mínima
que sea, detonará un episodio de ira. Se sentirá aludido, señalado,
sucio. Por tanto, podrá violentarse con facilidad ante la expresión
más inocente que la pareja original genere. Todo esto debido a
que su subconsciente lo señala y le grita lo incorrecto de su proce-
der, sobre todo cuando es la primera vez que se expresa como in-
fiel. Y apunto primera vez, porque quien es infiel una vez puede
serlo siempre, a menos que quiera cambiar.
Querer es la clave para el cambio. Y si el sujeto apunta toda su
energía para lograrlo, lo hará.
La ira, por tanto, se expresará tanto para con su pareja original
como para sí mismo, y en algunos casos hasta con la pareja se-
cundaria. Puede trascender a los hijos y a su entorno, ya que senti-
rá que todo y todos lo señalan.
El último mandamiento describe: “No codiciarás los bienes
ajenos”. La falta de aceptación. La carencia del reconocimiento
Lo que de la ira se aprende 117

de los límites personales. La codicia va de la mano con la concu-


piscencia y con la envidia. La concupiscencia se refiere a la ten-
dencia que tiene el ser humano a realizar el mal, y la envidia es
el aspecto de un sujeto que anhela un bien de otro que no le perte-
nece. El anhelo que tiene por lo que no es propio se torna enfer-
mizo. Es una emoción malsana que lo invade, y considerándose
inferior a quien lo posee genera ira interior y exterior por tal
motivo. Así, por la envidia, se condicionan ira, violencia, odio,
es decir, todos los grandes males y perjuicios que lastiman a una
persona. La lesión es bidireccional, porque quien envidia tam-
bién se daña al percatarse de que por las vías que considera apro-
piadas jamás llegará a ser o a obtener lo que desea. La envidia
procede del orgullo, y el orgullo condiciona una negación en el
sujeto que le impide buscar auxilio para superar sus defectos.
Mientras el orgullo persista, la codicia se afianza y la ira se aviva.
La envidia no se circunscribe a cuestiones materiales. Se ex-
tiende al poder, la jerarquía e incluso hasta la personalidad, fun-
ciones, imagen y apariencia de otros sujetos.
En las personas que codician existe una falsa idea de su per-
sona. O bien se consideran sobrenaturales y merecedores de todo
lo que existe, o se consideran tan poca cosa que sólo “arrebatan-
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

do” podrán obtener lo que anhelan. Un pensamiento codicioso


puede ser paralizante, es decir, trae como consecuencia la falta
de generalización de estrategias que apoyen la expresión del po-
tencial que cada sujeto reviste. La codicia lucha con la humildad
y generalmente, en los sujetos que la poseen, la humildad queda
relegada.
Hay una cita bíblica en el Evangelio de San Mateo (6, 21) que
señala: “Dónde esté tu tesoro, allí está también tu corazón”, es
decir, lo que tú valores como importante es lo que traduce tu pro-
pio valor. Y es muy profunda en su expresión. En el ámbito de
la codicia se puede perder la categoría axiológica que enmarcó
118 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

la conducta original del sujeto. Tal vez simplificando la cita de


san Mateo se puede expresar: “tu corazón refleja tu riqueza”. Y
esto, como toda conducta, para ser medida se apreciará a través
de las acciones y el comportamiento humano.
Aquí valdría la pena retomar las palabras de San Gregorio
Magno, que a la letra dicen: “De la envidia nacen el odio, la male-
dicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal ajeno y la tris-
teza causada por su prosperidad”.
La interrogante, por tanto en cuestión sigue siendo: ¿Qué de-
sencadena la ira en un sujeto? La respuesta no tan sólo permitirá
prevenir la expresión de la misma, sino además evidenciará la
calidad del sujeto que la ostenta, si su problema es no tener poder,
placer o riqueza, o si su problema es no poseer las características
actitudinales que enmarcan en determinado sujeto el triunfo que
le rodea.
Hay quienes anhelan el poder para ayudar. Y hay otros que lo
reclaman para reprimir y violentar. Es clara la ira que ocultan y
triste la forma de vertirla al entorno.
Todos somos capaces de transformar y de modificar tanto
nuestra persona como nuestro entorno.
Los que se asumen valiosos lo creen y lo llevan a la práctica.
Quienes dudan sólo se quedan con el deseo. Pero aquellos que no
lo creen pasarán su vida lamentando que no tienen lo que el ve-
cino más próximo ostenta.
Y todo esto que se comenta a lo largo del capítulo se aprende.
Se enseña en casa, de manera directa o mediante los actos de los
progenitores, hermanos o la llamada persona importante para el
individuo.
Se reafirma con los premios, castigos o recompensas que al-
canza el sujeto.
Se puede reelaborar una conducta, bien para su construcción
o bien para su destrucción.
Lo que de la ira se aprende 119

Todo esto va de la mano con la calidad y los valores que se con-


sideran valiosos y de utilidad en el contexto de expresión vital
primario en cada persona.
El aprendizaje se da por ensayo y error en la mayoría de los ca-
sos. Desde pequeño el niño puede grabar que hacer una pequeña
rabieta traerá como consecuencia el cumplimiento de su deseo,
y esto lo va grabando.
Lo mismo el niño que lastima a otros y, para evitar que lo haga,
recibe un regalo que no promoverá su buen comportamiento. Por
el contrario, traducirá que cada vez que dañe a algún congénere
obtendrá una retribución positiva. Y esto también se graba.
Y se puede enseñar aun sin realizar ningún acto. Los pequeños
que lastiman a otros son reportados a sus padres. Éstos, en lugar
de sancionar la conducta antisocial de su hijo, la celebran. Seña-
lan que su hijo “se sabe defender” e incluso lo felicitan. Algunos
más ni siquiera los felicitan, los ignoran y brindan el mensaje de
que “hagas lo que hagas, de todos modos no eres importante para
mí”. Y daña más la indiferencia que una sanción pecuniaria o fí-
sica. El individuo aprende entonces que, haga lo que haga y dañe
a quien dañe, no va a pasar nada.
A otros pequeños les enseñan: “más vale ser temido que ser
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querido”, como si fueran Maquiavelo. Ésta es una idea peyorati-


va de este importante autor ante la personalidad de los seres hu-
manos en la cual se minimiza el potencial del amor, y se hace evi-
dente que el temor es lo que mueve a los sujetos. En algunos
casos, en los que el individuo no se considera con valor propio.
En otros es el amor entendido como el deseo, la expresión, el res-
peto, la confianza, la comunicación, pero sobre todo el aprecio
por uno mismo, lo que alcanza los más grandes logros y, por tan-
to, vence al mayor de los retos.
La naturaleza humana en esencia fue creada para ser perfecta.
El problema es la inseguridad y la incertidumbre que se tiene al
120 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

respecto. Un mal entendimiento de la cultura religiosa limita el


potencial del ser, pero cada persona tiene la oportunidad de amar-
se y, por ende, de expresarse en el nivel más sublime de la crea-
ción.
Cuando los sujetos no se logran percibir en esta importante ta-
rea se destruyen, tal vez no con lesiones físicas, pero sí con tram-
pas psicológicas que los llevan a actuar en contra de sí mismos
y, por ende, en contra de la sociedad.
Tal vez el error mas grande de la naturaleza del ser social es
pensar que está solo y que por ello, cuando algo le sucede a al-
guien, sólo allí queda el daño. Y no es así. Todos formamos parte
de todos, y por ello lo que le sucede a uno le sucede a todos.
Que la sociedad actual enseñe como imperativo el ser violento,
iracundo y temido, trae como pronóstico a muy corto plazo el de-
clive y la debacle de la humanidad, porque quien enseña a amar
se ama y quien promueve la paz se enriquece. Pero aquel que
aprecia a la paz como obstáculo y al amor como debilidad logra
que la capacidad de expresión de su talento genere el botón rojo
de su autodestrucción. Y si un humano se destruye expresa el ini-
cio de la destrucción de todos.
Es como un juego de dominó en el cual se ponen de pie las fi-
chas. Cuando mejor formadas están, si algo las mueve, todas se
caen. El impacto que condicionó la caída no afectó a todas, sólo
movió a una, pero esa fuerza bastó para consumar la caída de
todas. Y si no se frenan las expresiones de ira y violencia en los
sujetos con estrategias de calidad acabarán como en el caso de las
fichas de domino, “tirando” a toda la sociedad.
La clave es la educación. Pero no cualquier tipo de educación,
sino la educación que aprecia a los valores, al arte y a la natura-
leza con el carácter de sustentabilidad.
Mientras el ser humano no se responsabilice de los mecanis-
mos a través de los cuales se difunde el conocimiento, no se lo-
Lo que de la ira se aprende 121

grará modificar la tendencia autodestructiva que la ira social ac-


tual revela.
Los medios de comunicación son una buena fuente de transmi-
sión de ideas. Desafortunadamente, el poder mediático es sub-
empleado y está orientado al consumismo, que en sí representa
una arista importante de destrucción.
No se consume lo que se requiere. Se promueve la compra de
lo que paraliza, destruye y divide.
Apreciemos tan sólo la mala combinación que existe entre
eventos deportivos y alcohol. Eventos culturales y cigarros.
Eventos educativos y refrescos. Eventos infantiles y juguetes.
Y no porque los juguetes sean malos, sino porque estos últi-
mos, para ser adquiridos, implican un esfuerzo económico que
para la sociedad actual está reducido a un sector muy limitado.
Con ello el ser humano crece asociando alcohol, dinero, taba-
co, poder y status dejando atrás los valores universales. En la es-
cuela es más fácil que los niños conozcan a los jugadores de la
selección deportiva nacional que a los pensadores que basaron
sus escritos en la naturaleza de la bondad humana.
Se pierden muchos recursos en discursos y en tareas para cons-
truir planes educativos ad hoc. La interpretación de la educación
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

y sus fundamentos son buenos. La integralidad del ser con el co-


nocer, el hacer, el valer y el existir se plasma con claridad. La difi-
cultad es romper el paradigma de autodestrucción que incluso los
propios educadores poseen grabado como dogma.
En la medida en que las personas se consideren valiosas y con
valor se podrá concebir un proceso educativo de calidad en el
cual la ira sea entendida como una emoción que puede modelarse
y no como un factor de dominación. Esto permitirá replantear la
expresión de Maquiavelo y generar una nueva conceptualización
del temor en la cual el temor sea apreciado como la reverencia.
Y así, “más vale ser temido que amado” se entenderá: “más vale
122 Lo que la ira te hereda (Capítulo 8)

ser reconocido que amado” Y este reconocimiento partirá de la


capacidad que tenga la persona para valorar lo importante que es
por el simple hecho ser un individuo.
9
La ira, la impotencia y los
conflictos no resueltos

Estos dos sentimientos van de la mano de forma muy estrecha.


Normalmente uno desencadena al otro.
Cuando un sujeto tiene poca capacidad de adaptación se consi-
dera impotente. La impotencia es un sentimiento que traduce fal-
ta de visión y de estrategia. La impotencia encierra un conjunto
de temores sobre el proceder, actuar o pensar de un sujeto, temo-
res que pueden ser reales o irreales y que el individuo percibe en
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

la mayoría de los casos de forma inconsciente.


Otra característica de la impotencia es que convierte en parcial
el pensamiento del sujeto y modifica la capacidad de autocrítica.
Ubica al sujeto en situación de víctima aunque en la realidad
se comporte como victimario. Su actitud, aunque de fortaleza
ante los demás, en realidad es débil y evidencia una muy baja
autoestima. Las personas que se consideran impotentes tienen di-
ficultad para encontrar elementos positivos en las situaciones
que los rodean. Generalmente todo lo ven negativo.

123
124 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

Si se analizaran bioquímicamente, es muy seguro que mostra-


rían alteraciones a nivel de los neurotransmisores y del metabo-
lismo de la glucosa.
Lo mismo sucedería con las llamadas “endorfinas”, que muy
probablemente tendrían un nivel muy bajo de producción en es-
tos sujetos.
La mayor dificultad en la persona que se siente impotente es
que no asume el control de su vida. Culpa a terceros de todo lo
que no obtiene. Se sobrevalúa en ocasiones para compensar sus
carencias y aun detectando sus áreas de oportunidad no las traba-
ja. Considera que otros deben reconocer sólo sus talentos y su ex-
celsa capacidad.
Esto trae como consecuencia que no busca soluciones concre-
tas a los problemas que sabe que debe enfrentar. Si las genera, las
mantiene en la imaginación. Esto le resta fuerzas. Además, esta
postura reforzará sus sentimientos de autocompasión.
Una persona que se siente impotente lo delata hasta en su for-
ma de hablar. Usualmente en su vocabulario se encuentran pala-
bras como: “nunca”, “siempre”, “jamás”, “definitivamente”,
“deliberadamente”, “totalmente”
Son individuos que no asumen que toda situación es relativa
y por tanto con viabilidad para ser resuelta.
Lamentablemente, las personas impotentes generan actitudes
autocompasivas e ira. Disminuyen la imagen de la persona.
El principal problema de la ira que se deriva de la impotencia
es generar superioridad a favor de la propia imagen, actitud de
falta de humildad, de totipotencialidad, cuando en realidad hay
una gran carencia interior, por lo que su espectro de actuación se
limita a dos áreas: autocompasión e ira. Cargado de tanta emo-
ción, el sujeto impotente entra en conflicto.
¿Qué es un conflicto? Recuerdo un ejemplo que puede descri-
bir claramente cuál es su significado. Un sujeto está justo en me-
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 125

dio de dos personas que tiran de él con la misma fuerza en distinta


dirección.
Si se analiza etimológicamente, acorde con el Diccionario de
la Real Academia Española de la Lengua, la palabra conflicto
proviene del latín conflictus, que significa lo más recio de un
combate. Por tanto, conlleva posturas opuestas, antagonismo y
oposición de intereses.
Un conflicto existe sólo en la percepción de quien así lo ve, es
decir. es una percepción que se presenta individual pero que si su
magnitud es mayor puede trascender y evidenciar colectivamen-
te su presencia.
La clave para entender el concepto del conflicto es analizar de
qué manera se constituye:

a. La persona o grupo de personas que tienen la capacidad


para identificarlo y percibirlo.
b. La situación que ocasiona daño o que potencialmente pue-
de dañar.
c. Las fuerzas antagónicas que rodean la situación de daño.
d. La participación de dos o más personas o grupos que inter-
actúan bidireccionalmente.
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e. El conflicto se desarrolla dentro de un proceso de comuni-


cación independientemente de la modalidad de la misma
(oral, escrita, corporal, iconográfica, etc.).
f. La oposición de intereses.

Los conflictos por sí mismos no generan la conducta problemá-


tica. Lo que condiciona el daño, es decir, la expresión de la ira,
son los productos del conflicto.
Social y funcionalmente se distinguen dos tipos de conflictos.
Los llamaremos euconflictos y disconflictos.
Los euconflictos son aquellos que permiten dar respuestas no-
vedosas ante situaciones que requieren análisis constructivos.
126 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

Ejemplos: procesos de autoevaluación, concursos de creativi-


dad, toma de decisiones, innovaciones en producción.
Los disconflictos son los que expresan en sus productos todos
los sentimientos y actitudes negativas del ser humano. Afectan
el equilibrio emocional y físico de las personas. Ejemplos: la fal-
ta de claridad en una elección trae como consecuencia descon-
fianza, agresión e ira.
El estudio de los conflictos no es novedoso. Todo esto porque
los conflictos surgen con el proceso de socialización del hombre
mismo.
Actualmente se consideran tres teorías para su estudio, las que
se esquematizan en el cuadro 9–1. Del análisis de este cuadro se
desprende:

S El conflicto es una situación natural en el proceso de convi-


vencia humana.
S La visión que sobre él se tenga tendrá un impacto en sus
resultados.

Por tanto, los conflictos vistos de manera objetiva no son ni total-


mente buenos ni absolutamente malos.
Partiendo de que todos constituimos un todo, si una parte de
ese todo es afectada por un conflicto, entonces todos somos afec-
tados por el mismo.
La productividad impera actualmente. Se da un peso muy
grande al desarrollo de la competitividad. No se entiende a la
competitividad como la eficacia, la eficiencia y la satisfacción,
sino como la innovación y creatividad para resolver una cuestión
que brinde con sus resultados una nueva respuesta a una proble-
mática común.
La sociedad actual, por tanto, promueve el conflicto.
La pregunta es: ¿estamos todos preparados para enfrentar las
situaciones de conflicto sin expresar violencia?
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 127

Cuadro 9–1. Contrastación de las teorías


sobre los conflictos humanos
Teorías de Año de Características de Enfoque principal
conflicto creación visualización
Tradicional 1930–1940 El conflicto es nega- Debe evitarse toda si-
tivo tuación de conflicto
Genera destrucción, Se perjudica individual
violencia y daño y colectivamente a
quienes lo sufren
Debe evitarse Genera procesos irra-
cionales
Parte de una mala co- Deben atacarse sus
municación, falta de causas para resol-
franqueza y caren- verlo
cia de autenticidad
Propicia estatismo
Humanista Finales de Es un proceso natural No siempre es malo
1940 a dentro d
d de la
l convi-
i Puede beneficiar a los
1970 vencia social que grupos que lo
debe aceptarse enfrentan
Interactivo De 1970 a Aceptación del con- Se sostiene que las
la fecha flicto como algo po- situaciones de con-
sitivo y productivo flicto positivo pro-
Se recomienda el fo- mueven ell cambio,bi
mento del conflicto la innovación y la
sobre todo a nivel creatividad
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organizacional

La respuesta se hace evidente cuando un sujeto impotente cae


en situación de conflicto y contunde a la persona que considera
que se lo genera.
Por tanto, es conveniente analizar cómo debe resolverse un
conflicto, ya que si esto se logra se podrá entonces evitar el resul-
tado del mismo, que para el caso del estudio que realizamos es
la expresión violenta de una conducta a través de la ira y conse-
cuentemente del daño social.
128 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

En 1992 Roger Fischer y William Uri se atreven a presentar en


su libro Si... de acuerdo, cómo negociar sin ceder una alternativa
de estudio para los conflictos que resulta interesante compartir.
Estos autores señalan que para entender un conflicto hay que ana-
lizar prioritariamente por qué los sujetos actuaron de determi-
nada forma ante el conflicto, es decir, conocer por qué un sujeto
actuó de una forma cuando tenía mil opciones más.
Por ejemplo: un sujeto que maltrata y contunde a su pareja, al
ser cuestionado sobre el por qué de su actuación contesta: “...lo
hice porque me sentí impotente de hacerle entender que lo que
piensa de mí no es cierto...”.
¿Era ese comportamiento la única opción? Él podría argumen-
tar qué había intentando platicar, qué ya habían platicado en de-
masía, pero que la pareja insistía en pensar lo mismo sobre él.
Aun así, era la única opción.
Tal vez la primera pregunta es: ¿realmente se quiere resolver
el conflicto o se quiere evadir?
Cuando surge una situación problemática el sujeto tiene varias
opciones:

1. Enfrenta la situación.
2. Pide auxilio para enfrentarla.
3. La omite.
4. La evade.
5. La negocia.
6. Se adapta.
7. La estudia y la supera.

Estas opciones las podemos desarrollar como sigue:

1. Enfrenta la situación; en esta opción el sujeto sabe primero


que existe un conflicto. Lo reconoce y lo identifica, analiza
sus pros y contras y actúa en consecuencia.
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 129

2. En la segunda, sabe y reconoce el conflicto. Lo identifica,


considera los pro y contras del mismo. Pero acepta sus li-
mitaciones y solicita que alguien le apoye para dar una me-
jor solución a lo que la vida le plantea.
3. En la tercera opción lo omite. Simplemente ve que es con-
flicto pero lo ignora. Puede o no ser benéfica esta actitud,
ya que lo que se ignora se acumula y traería como conse-
cuencia que se fuera gestando una gran bola de nieve, de
tal forma que ante un conflicto nuevo estallaría el sujeto de
manera descomunal.
4. Lo evade, sabe que existe, pero no lo enfrenta; deja que
pase y, aunque no lo omite, no le da una solución, esperan-
do que alguien lo haga o que algo suceda.
5. En la quinta opción el sujeto reconoce, identifica y se apli-
ca para resolver el conflicto. Destaca qué puede y qué no
puede hacer y lo ofrece a la parte contraria para que de la
conciliación se obtenga un bienestar común.
6. En la etapa de adaptación, aunque pareciera que es óptima,
puede generarse también gran cantidad de conflictos. Una
de las dos partes cede para que la otra se sienta satisfecha.
El problema aquí no es que ceda, sino cuánto tiempo va a
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ceder y va a “soportar” que sus intereses y necesidades


queden a un lado por la otra persona. Hay quienes lo toleran
toda la vida, pero lo pagan con su salud. Y hay quienes lo
mantienen cierto tiempo pero ante el menor estímulo lo sa-
can a flote y expresan un altísimo nivel de ira comprimida
que incluso puede llegar a ser fatal. Hay sujetos que conte-
niendo su nivel de ira de forma habitual los alcanza un estí-
mulo, tal vez un nuevo conflicto, y es suficiente para que
estalle y llegue a lesionar gravemente al oponente. Cito un
ejemplo tristemente reciente y real: en un hogar de ancia-
nos de un municipio cercano de características urbanas y
130 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

con una escolaridad promedio media superior cohabitaban


tres adultos plenos. Dos de ellos era extraordinariamente
bromistas. Tenían ambos problemas de hipoacusia. Por
tanto, escuchaban la televisión y la radio en volumen alto.
Eran aficionados y adictos a las transmisiones continuas y
sólo hasta altas horas de la noche los desenchufaban. Com-
partían el cuarto con un tercer sujeto de apariencia extre-
madamente apacible. Utilizaba un bastón. En ocasiones
manifestaba su disgusto por el excesivo uso de la televisión
y la radio, pero hasta allí se ubicaba el asunto. En una oca-
sión el asilo celebraba una festividad especial. Todos los
custodios estaban entregados al festejo y los adultos plenos
estaban relativamente solos. El anciano del bastón llegó a
su cuarto, en el que los ancianos bromistas tenían nueva-
mente la televisión en un volumen alto. Cuando él les pidió
que la apagaran los ancianos manifestararon su negativa,
actitud que habitualmente observaban. El anciano del bas-
tón no dijo nada. Tomó su bastón y empezó a apalearlos
hasta que los mató. ¿Era necesario matar a dos compañeros
de cuarto por esta situación? ¿Por qué no pidió que lo cam-
biaran de habitación?, o simplemente, ¿por qué no reportó
al responsable lo que sucedía para sustentar su molestia y
su traslado? ¿Lo más sencillo era matar?
7. La opción de la estudia y la supera exige un alto grado de
control emocional y una percepción normal, un nivel de
conciencia libre de prejuicios, además de una socialización
plena. Un conflicto surge porque el sujeto lo percibe como
algo personal. Si no se percibe así, simplemente no hay
conflicto. Recuerdo la letra de una canción muy popular
hace algunos años en México: “...entre tú y yo, no hay nada
personal...”. Siento que ésa es la gran clave. Un amigo muy
querido, de nombre Raúl, me regaló las copias de un libro
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 131

que se denomina “Los cuatro acuerdos”, que cito a conti-


nuación de la obra de Miguel Ruiz:
a. Sé impecable con tus palabras.
b. No te tomes nada personalmente.
c. No hagas suposiciones.
d. Haz siempre lo máximo que puedas.

Este libro traduce la sabiduría tolteca que se reflejaba en los hom-


bres más sabios, los “nahuales” Aquí el médico Ruiz describe
que al seguir estos acuerdos se logra el equilibrio interior que lle-
va a la felicidad.
Este estado se logra cuando el ser humano se libera de prejui-
cios, dado que cada sujeto tiene una visión particular del mundo
que en ocasiones no es la real.
Si este ensayo de Miguel Ruiz presenta realmente el compor-
tamiento de los nahuales toltecas, veo extremadamente difícil
que tuvieran conflictos, porque estas pautas son las que describen
el ser ideal de una persona.
Cuando se refiere a Sé impecable con tus palabras va más allá
del sentido literal de las frases. Personalmente considero que se
refiere a los procesos de comunicación. Gran parte de los conflic-
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tos surgen por la ambigüedad de los términos y por la ignorancia


en la construcción de los mismos. El sentido que se da a los ele-
mentos de la comunicación puede ser fácilmente alterado y traer
como consecuencia un conflicto, una discusión y por ende un
daño.
No te tomes nada personal lo interpreto como “ten seguridad
en tu persona”. Digan lo que digan los demás, tú eres tú. Nada
puede desviar tu control, tu forma de actuar, tu esencia. Tú no tie-
nes derecho a desviarte. Y el no tomarse nada personal evita los
conflictos, ya que, reitero, los conflictos surgen cuando el sujeto
percibe que son personales.
132 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

La percepción que se tiene del mundo es propia, está general-


mente vinculada a los valores, principios, pensamientos, educa-
ción y cultura del sujeto. En algunas ocasiones el sujeto los cam-
bia conforme a su evolución. Pero en esencia permanecen. Si el
individuo es inseguro, será un ser conflictuado de manera conti-
nua y, por ende, con gran propensión a causar daño por el tipo de
visión que expresa.
No hagas suposiciones. Por formación, particularmente tengo
una gran tendencia a generar hipótesis. El problema no es que se
generen, sino que se establezcan como rutina de vida. El hacerlo
trae como consecuencia dos situaciones. Una, que se vive total-
mente suponiendo, es decir, todo es y no es real. Y la otra, que se
intente de manera continua comprobar lo que se supone llevando
al plano de la realidad de manera forzada lo que se asume como
cierto aun cuando no lo sea. Esto es causa de graves, gravísimos
conflictos. Recuerdo una tragedia que se vivió en mi región hace
dos décadas. Un sujeto de reconocido prestigio estaba casado con
una mujer sumamente bella, ambos profesionales reconocidos
con un status socioeconómico alto. Una mañana el sujeto, des-
pués de salir a trabajar, regresa y asesina a su esposa con más de
tres impactos de proyectil de arma de fuego y posteriormente se
suicida. Tenían dos hijos. El sujeto suponía que su esposa lo en-
gañaba.
Éste es un ejemplo muy impactante de lo que las suposiciones
pueden promover cuando son combinadas con la ira y el bajo
control de impulsos.
Haz siempre lo máximo que puedas implica el no limitarse. El
no creer que se ha dado todo. Y aquí bien vale la pena considerar
el enfoque interactivo para enfrentar los conflictos. Los eucon-
flictos, como les llamo, son la clave para las ideas creativas, la
innovación. Son los que motivan la dinámica de la evolución y
la solución grata de una situación problemática. Esta máxima
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 133

promueve la superación y el crecimiento, que obviamente son


antagónicos a la expresión violenta del ser.
Así, con estas sugerencia de análisis se puede conocer y apre-
ciar la forma de expresión de un fenómeno que, como el conflic-
to, es dinámico.
Y quiero puntualizar esto. Un conflicto no se queda. Por el
contrario, si no se resuelve se mueve. Por ello, apreciando qué
sucede y bajo qué condiciones de contexto se enmarca se debe
orientar con un sentido práctico para que sea entonces un elemen-
to que permita su solución.
En base a lo anterior, se analizan los factores que se consideran
causas, uno por uno. Cuanto más detallado sea el análisis, más
firme será su posible respuesta.
Un ejemplo con respecto a lo anterior: un sujeto, después de
estar sometido a una jornada laboral de tensión extrema, en la que
no siente reconocimiento, satisfacción ni aprecio por lo que rea-
liza, llega a su casa a altas horas de la noche. La pareja le cues-
tiona el por qué y él contesta con agresión verbal, psicológica y
finalmente física.
La agredió por la forma de preguntar, porque le preguntó o
porque fue el pretexto para “sacar afuera” toda la ira reprimida
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que ante su impotencia no pudo desplegar en el sitio y en el lugar


adecuado.
Así, el estudio de las causas de un conflicto trae como conse-
cuencia las alternativas de solución.
Un conflicto debe ser estudiado en persona, tiempo y espacio.
El análisis se propone en el cuadro 9–2.
Es pertinente que para el análisis de un conflicto se genere un
protocolo. Que sea la metodología científica de carácter social la
que guíe el estudio.
No se debe establecer una ruta totalmente dogmática. Es impo-
sible ver al conflicto rígidamente o considerarlo estático.
134 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)

Cuadro 9–2. Elementos de análisis


ante una situación de conflicto
Persona Tiempo Espacio
Edad Hora en la que surge Ambiente
Género Día Luz
Estado civil Mes Características de decora-
ción del ambiente
Escolaridad Año Olor
Empleo Vinculo o nexo con algu- Higiene
na celebración en es-
pecial
Puesto Estación Ruido
Rol familiar que Presencia de algún cam- Ubicación espacial del sitio
desempeña bio meteorológico del suceso
Cultura Fase lunar Colores predominantes
Religión Calidad de humedad en Piso
el ambiente
Principios y va- Intensidad de los rayos Techo
lores básicos solares
Personalidad Temperatura ambiente Presencia o no de ventanas
Grado de salud Temperatura a la sombra Comunicación espacial
Temperamento Grados de precipitación Comodidad del lugar
pluvial
Carácter Detalles astronómicos Acceso
sobresalientes
Actitud Eventos especiales Ubicación

Es conveniente expresar que es un fenómeno natural de la con-


ducta humana, y por tanto no existe una ley para controlar sus al-
cances, pero sí para apoyar su percepción y prevención.
Una persona impotente, que entra en conflicto, deriva en ira.
Mas, si este sujeto socializa su impotencia, solicita apoya para
resolver su problema y acude para gestar una modificación pau-
latina de su actitud, derivará en crecimiento personal.
Lo más importante de visualizar la ira es que es un estado per-
sonal. Lo mismo sucede con la impotencia y el conflicto.
La ira, la impotencia y los conflictos no resueltos 135

Resultan de la representación que cada individuo tiene de su


persona. Todos tenemos cuatro formas de ser apreciados. La pri-
mera es de qué manera cada quien se aprecia. La segunda es de
qué manera nos aprecian quienes nos aman. La tercera, de qué
manera somos apreciados por quienes no tienen nexos afectivos
con nosotros. Y la cuarta es de qué manera somos realmente.
La impotencia es sinónimo de inseguridad. El conflicto es el
resultado de una percepción personal de lo que el individuo con-
sidera real.
Y la ira, por tanto, cuando deriva de inseguridad e irrealidad,
condiciona severos daños.
No existen conflictos pequeños o grandes de manera estereoti-
pada. Cada quien les da la magnitud que su propia percepción ge-
nera.
Lo que sí se puede medir es el producto del resultado de los
mismos. Cuando se vuelve material el resultado de la ira y se
aprecia como un conflicto en un sujeto que se siente impotente
puede incluso cambiar el curso de la historia, no de un individuo
en particular sino de toda la humanidad.
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136 Lo que la ira te hereda (Capítulo 9)
10
La ira y el confort

El confort es entendido como bienestar. La palabra bienestar sig-


nifica literalmente “estar bien”, sentirse bien.
¿Qué hace con un ser humano se sienta bien? Esta percepción
depende de cada sujeto. Está fundamenta en el conjunto de prin-
cipios, valores y aprendizaje sobre la comodidad.
La palabra confortable puede ser sinónimo de hogar, paz, tran-
quilidad, dulzura, alegría, amistad, bien y belleza.
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Para otros es sinónimo de protección, serenidad, seguridad y


cobijo.
Generalmente se asocia con un estado óptimo, una situación
en la que existe un equilibrio en la persona, en el ser con el ser
y en el medio con el ser y los otros seres.
Este equilibrio, por tanto, es construido. No se da simplemente
en el ambiente. El entorno puede ser armónico. Mas si el sujeto
no tiene posibilidades de encontrar su punto medio, pese a que
el ambiente que lo rodea sea ideal, no sentirá confort.

137
138 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

Una acepción particular del confort se refiere a sentirse cómo-


do, es decir, estar a gusto o de acuerdo con lo que se percibe como
bueno.
Es un sentimiento individual, ya que la sensación se asimila de
manera personal, si bien es cierto que existen situaciones que
propician la comodidad de un grupo de sujetos. Hay episodios
que sólo hacen sentir cómoda a una persona y el resto permane-
cen indiferentes o no lo están.
Cuando coincide un grupo de sujetos en situación de comodi-
dad se opina que el ambiente es confortable.
Hay personas que generan su propio ambiente. Aunque apa-
rentemente son sociales, sus acciones hacia el manejo interior de
sus emociones y la expresión de su conducta revelan lo contrario.
De pequeña escuchaba mucho el título de un libro, que era Yo
estoy bien, tú estás bien. Me llamaba la atención, pero no lograba
comprender cuál era el significado de esta frase.
Hoy comprendo que sólo cuando me siento bien puedo propi-
ciar que el que está a mi lado esté bien. Y más aún, que el bienes-
tar de otro me brinda placer. Me hace sentir bien.
El concepto actual es ganar, ganar. Yo gano en la medida en
que los demás ganan. Es un sentido de integración en el cual sé
que todas mis acciones, cuando están encaminadas a generar un
bien, se traducen en un bienestar de la sociedad.
Por ello, si yo gano, tú ganas y ellos también. Se involucra un
estado de negociación en el que todos obtienen beneficios y en
el que la negociación trae como consecuencia una mejora incluso
en las relaciones personales. Esta teoría, desarrollada por el Dr.
John Nash, físico matemático y ganador del premio Nobel en
1994, enseña que la integración del hombre hacia la construcción
positiva del entorno genera bienestar.
En los sujetos que poseen ira su percepción de bienestar es co-
ntraria al colectivo.
La ira y el confort 139

Son individuos a los que les gusta vivir en el confort de su rea-


lidad. Crearon su mundo. Establecieron las barreras de su “pue-
blo” y gestaron los mecanismos para abrir y cerrar las brechas
que consideran de importancia para su propia existencia.
Son sujetos a los que les gusta estar bien con los de afuera, es
decir, con los que no existe algún lazo afectivo. Les gusta sentirse
reconocidos, admirados, respetados e incluso ser apreciados
como magnánimos. En pocas palabras, ser visualizados como
“gente grande”
Para los de adentro, es decir, para sus “seres queridos”, no lo
son. Para ellos es todo lo negativo de su apariencia, su falta de
control, sus carencias afectivas, su tristeza y sobre todo su ira.
Es confortable vivir así. Los de adentro tendrán que soportar
el “lado obscuro” del “superhéroe” y por imagen cuidarán que
este “gran hombre” lo siga siendo para todos los demás.
Su apariencia construida con mentiras, falsas expectativas e
ideales erróneos, se vende con mucha facilidad. Son las personas
“buenas”, las “más amables”, en ocasiones las más productivas
y caritativas. Son “las ovejitas blancas, con piel de lobo”. Sus
amigos cercanos pueden ser confundidos. Su familia no.
Las relaciones que establecen son totalmente sociables. Priori-
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zan la competencia hacia la adquisición de nuevos logros.


Dan su vida para el núcleo que consideran más importante, que
es el trabajo. Y lo justifican como un logro para su “familia”. A
ésta la tienen olvidada, reducida a espacios de tiempo corto. A
medias palabras, a medias verdades, a medios afectos, pero sobre
todo a mentiras en su actuación.
Visten con gran pulcritud. Su apariencia es muy importante.
Traducen en su forma de hablar el disfraz mejor estructurado
para engañar incluso al más docto.
Fabrican su personalidad con segmentos robados, es decir,
sustraen cualidades no propias que “adhieren” con paja a su vida.
140 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

Y por ello, ante el menor viento, se caen y se revelan tal y como


son.
Su forma de construir la realidad está mediada por el poder, la
envidia, la avaricia, la riqueza y el placer.
Si vivieran en Grecia en la época antigua podrían ser ejemplo
de la escuela hedónica. No tienen principios, aunque difunden y
promueven su guarda.
Desconocen lo que son el respeto, la fidelidad, la confianza y
el cariño. Y afirmo que los desconocen porque tienen una con-
ceptualización errónea de lo que ello significa. El que a unas per-
sonas muestren respeto y a otras no segmenta la expresión real
de un significado, aunque defienden completamente estos con-
ceptos de forma tal que quien los oye cree que los poseen. Esto
es, son muy buenos actores.
Tienen esquemas muy estudiados para comportarse “bien”
con los demás.
Asumen poses, comportamientos y actitudes que ellos piensan
de importancia social. Leen las noticias sobresalientes. Consul-
tan los temas de interés. Compran los libros de moda.
Saben perfectamente qué les agrada escuchar a las personas.
Y siempre están dispuestos a dar una orientación o consejo
“sano” a los demás.
Sus acciones son mesiánicas, las de los otros, simples activida-
des. Critican ferozmente la violencia e incluso hasta pueden en-
cabezar marchas en contra de la misma después de que en su ofi-
cina han maltratado severamente a sus asistentes.
Son como las “aguas mansas”, llevan dentro un historial de
conflictos tan severos que al menor disturbio afloran.
No participan en competencias deportivas porque saben que
perderán. Esto es muy sencillo, no saben trabajar en equipo. Se
sienten superiores. Consideran que su sola persona podría ganar
el partido. Por ello, no juegan porque no tienen similares.
La ira y el confort 141

Todo esto tiene como antecedente un mal concepto del indivi-


dualismo. En la interpretación deformada del mismo, el sujeto
considera que sólo él es valioso. Y que nada ni nadie puede atre-
verse a modificar su visión.
Si algo dicen es porque así debe ser. Si algo hacen, es porque
es lo mejor que puede hacerse al respecto. Y si algo piensan debe
ser establecido como dogma.
Disfrazados de “blancos corderos”, capturan a sus víctimas.
Establecen en las mentes menos favorecidas una relación de do-
minación. En este momento recuerdo a la madrasta de Blanca
Nieves, el cuento clásico de Disney en el que la reina madrasta
de Blanca Nieves transforma su figura elegante, esbelta y bella
en una apariencia de mucha necesidad, todo para ocultar sus ver-
daderos propósitos: daño y destrucción.
Son tan capaces para generar el mal que deslumbra su creativi-
dad. Su capacidad analítica es estupenda. Su hemisferio izquier-
do funciona de forma especialmente deslumbrante. Son fríos e
insensibles.
Con respecto al nivel de conocimientos que ostentan, se los
apropian de tal forma que pareciera que por ellos fueron descri-
tos. Y son excelentes narradores de historias, en las que general-
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mente si no son los héroes son las víctimas del evento. Crean de
la realidad una fantasía. La habitan y, lo peor de todo, la venden,
y hay quienes pagan por tenerla.
Se apropian con tal fuerza de las cosas o de las personas que
consideran de utilidad que las pueden llegar a robar por com-
pleto. Es decir, aquellos que quedan atrapados en sus redes pier-
den su esencia. Sin embargo, cuando se dan cuenta de que su
“víctima” empieza a despertar y quiere por tanto salir de su “he-
chizo”, arremeten con una desmedida preocupación, bien para
conquistar nuevamente o para forzar a que no se aleje del control
que él establece.
142 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

Para sujetar a otro, es implacablemente astuto. Y consciente o


no propicia una lesión. Ésta varía; al principio no es física. Inicia
como un férreo apropiamiento de la persona y de lo que ésta po-
see con el pretexto de apoyar y promover mejoras, acciones que
se expresan como estrategias de control. Una dominación que es
tan grande que condiciona en los sujetos débiles una sumisión
total a su autoridad.
Dada su percepción de jerarcas universales, establecen reglas
de convivencia en las cuales todos deben rendirles pleitesía. Y
¡ay de aquel mortal que intente romperlas! Lo puede pagar hasta
con su vida. Y si no, visualicen las pandillas o bandas delictivas.
Toda situación que sea contraria a su visión condiciona ira. Y
quien genera la condición es el culpable, ya que ellos son tan per-
fectos que no pueden admitir que en su interior exista la ira.
Generalmente asumen posturas de ultraintelectualidad. Se
aprecian por las calles buscando el reconocimiento. Memorizan
algunas frases célebres y graban procedimientos que repetirán a
lo largo de su existencia. Esto los hará especialistas y doctos ante
los ojos de los no expertos. Y cuando alguien los cuestiona sobre
su saber se tornan iracundos como mecanismo de defensa para
ocultar su ignorancia. Se ofenden y se repliegan para ocultar sus
defectos. Y, dado que tienen la “admiración” de un conjunto de
sujetos con nula autoestima, se sienten fuertes.
Son incapaces de aceptar los cambios. Son individuos que no
tratan con los demás. Se aíslan. Y esta actitud la expresan, por el
temor fundado de que los sujetos con los que se relacionan sean
mejores que ellos. Es decir, tienen temor de ser descubiertos. Y
por ello forman barreras muy consolidadas que impiden que
otros se acerquen. Su defensa siempre es la ira. Y su mecanismo
de defensa es buscar posturas de jerarquía y poder.
Habitualmente se revisten de una “humildad” disfrazada. Y
para los ojos de los no muy agudos se aprecian como “víctimas”
La ira y el confort 143

de las circunstancias. Jamás admiten ser culpables de nada. Por


el contrario, son “víctimas perfectas”.
Son envidiosos en gran medida. Utilizan su poder para des-
truir. Merman el potencial de otros con sus actitudes.
No reconocen los triunfos ajenos. Son resistentes a la humil-
dad y son genuinos anfitriones de la soberbia. Son sarcásticos y
la burla la utilizan como instrumento de poder.
Aunque pueden o no ser de un status económico sencillo,
siempre se sienten superiores a los demás.
Si son de provincia, se visten de capitalinos. Si son capitalinos,
se pronuncian como fronterizos. Y si no son nacionales, se afian-
zan en su calidad de extranjeros para ganar ese reconocimiento
por el cual viven.
Todo lo que generan, incluso hasta el aire que respiran, es mil
veces mejor que el que existe en el ambiente.
Una característica importante es que siempre piensan en dos
sentidos. En el primero, todo lo que sucede, si es bueno, fue pro-
movido por ellos.
Y en el otro sentido, si no es bueno, simplemente fue porque
no lo hicieron. En síntesis, porque fue realizado por otras perso-
nas sin su excelsa participación no vale ni siquiera la pena de co-
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mentarse.
Son personas que dañan de cualquier manera. En ocasiones
por la “espalda” y en otras de frente.
Habitualmente, cuando dañan de frente, no tan sólo lo hacen
psíquica, sino física o intelectualmente.
Si se les reclama el daño o se les pide cuentas por su conducta,
la niegan. Se confinan. Asumen una postura victimal. Se consi-
deran señalados, abusados, oprimidos, indefensos. Y promueven
ante su “mundo” que su víctima en realidad es el victimario.
Ellos jamás admitirán ser los “malos del cuento”. No lo pue-
den hacer, porque en su vida confortable, siempre son los buenos.
144 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

En su tendencia hacia las relaciones desiguales siempre busca-


rán “víctimas” con características de codependencia y poca auto-
estima, por la simple razón de que son más viables para ser daña-
das. Y con ello son los “depósitos” ideales para su ira.
Sus conflictos sociales, psicológicos, personales e incluso
económicos, alguien los tiene que pagar. Y normalmente ese al-
guien es un ser querido. Un ser que está cerca.
Actuará sin piedad, sin remordimiento, sin normas. Y no mos-
trará arrepentimiento. Por el contrario, buscará que la víctima le
pida perdón. Y sólo así será feliz.
Nunca reconocerá que su rol es el equivocado. Para él, el mun-
do fue hecho a su medida. Y todo lo que no se hace, se piensa o
se dice conforme a su espectro irreal de vida confortable simple-
mente carece de validez y no existe.
Genera un código de valores en el cual primero es él, después
es él y al final es él. Y no en el sentido de crecimiento personal
o de afirmación de identidad, sino en el criterio de superioridad,
control, poder y egocentrismo malsano.
Todos los eventos que se generan en la existencia diaria son
motivo de cuestionamiento. Para el caso del sujeto iracundo, lo
más grave siempre le sucedió a él. Lo más hermoso, siempre le
sucederá a él y lo más triste, las pruebas más fuertes, los logros
más grandes e incluso los retos invencibles, siempre serán vincu-
lados a su existencia.
El egoísmo va de la mano con su personalidad. Pueden tener
una apariencia no grata, pero para ellos es la mejor de las aparien-
cias.
Su espíritu está repleto de rencor, ira, soberbia, egoísmo, envi-
dia, celos, avaricia y temor.
Y todas estas expresiones del ser, con una habilidad suprema,
las modifica para convertirlas en lo que él considera positivo.
Al rencor, le nombra resarcimiento lícito del daño.
La ira y el confort 145

A la ira, capacidad de respuesta inmediata.


A la soberbia la denomina dignidad humana.
Al egoísmo le llama individualidad.
A la envidia la considera como una carencia en el reconoci-
miento de su potencial.
A los celos, protección para que la persona no sea dañada por
otras.
A la avaricia, capacidad de cuidado extremo por las cosas.
Y al temor, la necesidad de que los demás ejecuten al 100% las
acciones conforme al bien máximo que se logra cuando él dirige.
Normalmente el sujeto iracundo minimiza sus defectos y eleva
en grado enfermizo sus virtudes.
Expresa odio por las personas que tienen los puestos que él
quisiera tener. Y si logra relacionarse con ellas, sólo se encarga
de adularlas para comprometerlas.
Realiza actos que van en contra de la moral y los encubre con
el sello de la “modernidad”.
Pierde la noción de contexto. Prioriza la necesidad personal,
versus la necesidad grupal.
Si le dieran a elegir entre su familia y el trabajo, elegiría a este
último aunque en la vida diaria manifestará abiertamente lo con-
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trario.
Los puestos en los que se desarrolló los maximiza. Así los re-
sultados de sus productos serán elevados.
Requiere continuo reconocimiento, así como en un reloj de
arena el polvo desciende lenta pero permanentemente. De la mis-
ma forma deberán ser los halagos para él.
Nada en el mundo es más triste que una locación sin su per-
sona. Nada en el contexto es válido si no cuenta con su aproba-
ción.
A los sujetos que estereotipa por siempre quedarán así señala-
dos.
146 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

Pero ¡ay de aquellos que considerados por él como valiosos se


atreven a enfrentarlo! Pagarán con su “vida” tal desafío.
Siempre saben dónde y cómo comprar. Tienen la firme convic-
ción que son carismáticos.
Darían su vida porque alguien los volteara a mirar todo el
tiempo.
Generalmente buscan tener relaciones con personas de menor
rango o que consideran en desventaja con respecto a su persona.
Todo ello para ser ellos siempre superiores.
Son seres muy tristes. Basan su confort en el dolor de alguien.
Se enojan con suma facilidad y son capaces de destruir con las
propias palabras a quienes los rodean.
Con la finalidad de ser observados y temidos, siempre llevarán
una postura contraria en su entorno. En ocasiones algunos lo ma-
nifestarán con su vestimenta. Otros con su apariencia y algunos
más con su forma de relacionarse con los demás.
Todo lo que realizan es con un fin: su confort.
Jamás admitirán este planteamiento. Para ellos sus acciones
siempre están mediadas por el sacrificio, la entrega, la bondad y
el gran amor que tienen a su familia, pareja o amigos.
Puede tener pareja. Y si la tiene intentará destruirla si ve que
compite con él. Si no, la considerará su aliada y la hará, sin que
la persona se dé cuenta, cómplice de sus acciones.
En el caso de no tener pareja, el sustituto es el amigo cercano.
De éste hablará todo lo que pueda sobre su persona, familia, tra-
bajo, modo de relacionarse y hasta de su propia personalidad.
Pero cuando está frente al amigo o amiga, será el ser más dulce
del universo. El que más apoya, el que aconseja y el que siempre
está dispuesto a apoyar.
Puede ubicarse como “tapete de otras personas”, pero jamás
de su familia o núcleo social primario.
A él le tienen que rendir. Él jamás se rendirá.
La ira y el confort 147

El confort lo entiende como un merecimiento dado por su pro-


pia cualidad de ser. La Real Academia Española de la Lengua
describe como confort a algo que nos provoca bienestar y como-
didades.
Este término generalmente se aplica para objetos que rodean,
casas habitación y/o aparatos, por citar algunos elementos.
El sentido actual del confort es “sentirse bien en el momento
actual sin importar lo que se piense o lo que piense el mundo alre-
dedor de ese momento o ese contexto”.
Un individuo que vive en un egocentrismo letal sólo piensa,
siente y orienta su bienestar hacia su persona, olvidando que su
ser se integra dentro del ser de la comunidad.
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.
148 Lo que la ira te hereda (Capítulo 10)

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Reflexión final

La ira es un sentimiento natural. La expresión de su alcance está


medida por el producto de su ejercicio y sus resultados.
Al ser completamente humana, tiene una característica espe-
cial... es única.
Su expresión, elaboración y extensión están mediadas por la
personalidad de cada sujeto.
El alcance en el que se expresa no es mensurable de manera
E Editorial Alfil. Fotocopiar sin autorización es un delito.

objetiva, ya que cada caso tendrá un peso específico dependiendo


de la visión de quien valora el evento.
Lo que la ira te hereda, por tanto, obedece a la percepción per-
sonal de cada quien.
Para algunos será violencia, destrucción, daño, lesión, muerte,
soledad.
Para otros representa aprendizaje, oportunidad de cambio,
situación de superación, ocasión de despegue hacia una nueva
forma de vida.

149
150 Lo que la ira te hereda (Reflexión final)

Si la ira está en ti, de ti depende su herencia.


Y si la ira está en ti lo está también en el entorno, porque todos
somos uno y uno somos todos.
En la medida en que asumamos que la actuación responsable
conlleva una vida de calidad se logrará una existencia de bienes-
tar y sustentabilidad.
La percepción de integración, conciencia social, mejora conti-
nua y vida familiar no es irreal. Estriba en el trabajo intraperso-
nal, interpersonal, intragrupal e intergrupal de quienes participa-
mos en este periodo de existencia.
No hay mañana sin presente ni presente sin historia. Nada está
completamente terminado. Todo se actualiza.
Si crees que puedes cambiar, tu mundo cambia.
Sólo hay que intentarlo. Y la herencia de la ira será un jardín
de flores bellas en el cual la paz, la armonía, el conocimiento, la
autoaceptación y la resiliencia propiciarán un ambiente en el que
todos desearán estar.
Si quieres ser feliz, lucha por lograrlo. Los límites los tiene tu
mente. Lo demás no existe en la realidad. La vida que tú quieras
tener, diséñala y trabaja con constancia, y la alcanzarás. Yo sé que
se puede y sé que podrás. Inicia hoy.

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