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Palabras 1

Madrid, 10 de Abril de 2008

Lentamente, las cuerdas iban descendiendo el ataúd caoba en la fosa, entre sollozos la
gente despedía aquella mujer que había luchado hasta la extenuación por vivir. Que
había luchado contra todo aquello que le había ido sucediendo, que había superado
miedos y dolor. En fin, despedían a quien según las palabras del sacerdote había
definido como una gran mujer y una gran luchadora

Esther podía escuchar el golpeo de los puñados de tierra que los miembros de su familia
iban echando, aquel sonido seco, duro, cruel para sus oídos y que, de aquella manera le
hacía darse cuenta que estaba allí a los pies de la fosa y que estaba allí para despedirse
de quien había sido la mujer de su vida

El dolor en ese momento era tan persistente que la doblegó, teniendo que apoyarse en el
hombro de otra mujer quien le había dado la oportunidad de luchar contra lo que tanto
miedo provocaba en ella, hacer frente al amor, y fue el hombro de Teresa quien le sirvió
de alivio en aquella desesperación, las lágrimas cubrieron su rostro mientras un
desgarrador llanto se adueñaba de ella al sonido de las palas una y otra vez buscando en
la madre tierra la cantidad justa para ir una tras otra separándola de quien más había
amado

Teresa la abrazó, sabía lo que estaba sufriendo y sin palabras trató de aliviar en algo
aquel intenso dolor, y fue entonces cuando escuchó como con un hilo de voz quebrada
salía de su dolorido pecho un susurro repleto de rabia mientras la llamaba como si así
pudiera encontrar su voz como tantas otras veces
Palabras 2

E: Maca... Maca...

E: ¡Maca! (exclamó sentada en la cama sudorosa, con la respiración agitada y el miedo


clavado en los ojos) Tranquila Esther... ha sido una pesadilla... ha sido una pesadilla (se
repetía sin cesar mientras trataba de recuperar el ritmo tranquilo de su respiración, se
pasó la mano por la frente y se preguntó con un gesto de pánico) ¿O no?

Valencia 10 Abril 2005

-: ¡Qué te den!...

Tras aquellas palabras se vio a una chica correr por el pasillo terminando de abrocharse
la camisa a paso ligero y sin mirar atrás mientras mascullaba con tono herido casi a
punto de llorar:

-: La última vez... ¡la última! Hija de puta

El portazo fue tal que uno de los cuadros que estaban junto al marco de la puerta se
tambaleó, y el sonido retumbó hasta el cuarto donde otra chica que nada tenía que ver
con ella, dormía y a la que el grito y el golpe despertó

-: Otra vez... ¡joder!... ¡qué pesadilla de tía! (dijo con rabia) ¡Joder!

Dio dos vueltas en la cama para trata de coger el sueño pero entonces escuchó a su
compañera de piso gritar el nombre de la que había huido por el pasillo momentos antes
mientras también se iba vistiendo, pero por más que llamara a voz en grito a la que
primero pasó, no se oyó más nuevamente un portazo

-: ¡Joder!... (volvió a protestar tapándose la cara con la almohada)

Al rato se levantó de mala gana, miró el reloj las siete de la mañana de un domingo,
único día que podía descansar, resopló con total cólera, ¡nuevamente su querida
compañera la despertaba con uno de sus habituales números con alguna de sus novias!

-: ¡Ay que joderse! (protestó echando el almohadón con rabia sobre la cama)

Madrid 10 de Abril de 2005

A unos trescientos kilómetros de aquella casa, en una cama se deshacía del brazo de su
marido otra mujer, trataba de no despertarlo lo último que quería era eso, agradecía que
su sueño era profundo para poder soltarse de las garras que para ella significaban sus
brazos, sus manos. Se estiró en silencio, sus huesos protestaban a pesar de sus treinta y
un años, demasiado ruido para tan poca edad

Con paso cansado se dirigió hasta la cocina y una vez allí se preparó un café bien
cargado como le gustaba, sus ojos tristes se dejaron llevar a través de la ventana, la
Palabras 3

primavera dejaba ver una combinación de luces en el cielo de Madrid que le inspiraban
algo de calma y nuevas tramas para su novela. Apoyando su frente sobre el cristal
murmuró mentalmente:

-: Si no fuera por esta pesada tristeza... sería un amanecer perfecto

Valencia 10 de Abril de 2005

A la vuelta de su inútil persecución hacia la chica que se había marchado entre insultos
y lágrimas, cuando abrió la puerta se encontró con su compañera de piso sentada en la
silla de la cocina esperándola, su cara era de pocos amigos y lo entendía la acababa de
despertar, era comprensible nuevamente otro número con una de sus ex, porque a esas
alturas a ésta entendía que ya podía considerarla su ex. Le murmuró un culpable y
lastimero “lo siento” con una mueca en su rostro de niña buena que le dio pie a Sandra
para acribillarla sin miramiento

Sandra: ¿Lo sientes?, ¡estoy harta de los números que montas!, cuando decidí vivir
contigo te avisé que tu vida sexual en casa debía disminuir pero no me has hecho ni
caso. ¡Ni uno más!, lo siento pero ni un escándalo más, si te las quieres tirar ve a su casa
nada de traerlas aquí, estoy harta de ver chicas pasear desnudas por MI casa porque te
recuerdo que esta también es MI casa (decía casi fuera de si)

-: Tienes razón

Sandra: ¡Claro que tengo razón!, así que ahórrate tus entupidas palabras, o al menos, si
vas a liarte con varias, trata de no equivocarte al nombrarlas en la cama. ¿Fue eso? (su
amiga asintió) ¡Pedazo de burra!

Dio un golpe en la mesa y se fue

-: Joder...

Madrid 10 de Abril de 2005

Tras tenerse lástima de sí misma, tras asumir su vida desgraciada como hacía todos los
días desde que se levantaba y dejaba los deseos y vivencias tras de sí en las sábanas, en
los sueños prohibidos que se permitía vivir, volvía a trabajar con la taza de café en la
mano, con las gafas en la cabeza y la sensación de entrar al único lugar del mundo que
le pertenecía realmente. Se sentaba en su sillón azul y conectaba el ordenador, después
encendía una vela con aroma que le recordaba la brisa del mar y cogía su piedra azul
turquesa de la creatividad, mientras cerraba los ojos buscando la concentración y la
inspiración para poder comenzar esa novela que llevaba con cierto retraso y que
significaba su quinto trabajo, dejando a tras ya casi olvidado su primera novela con un
éxito abrumador

Sin embargo, llevaba cierto tiempo en que nada se le ocurría, en que la concentración se
diluía y la inspiración se escondía, el resultado eran esos nervios que le hacían dormir
Palabras 4

poco y mal, y perder totalmente su, en contadas ocasiones, el sentido del humor. La
desesperación en aquel momento le hizo lanzar contra la pared la piedra, cerrar los ojos
tras el sonido del impacto y apoyar sus codos sobre la mesa poniendo las manos en la
frente arrastrando el pelo hacia detrás con un sentimiento de perdida de sí misma que le
hizo murmurar abatida con lágrimas en los ojos

-: ¡No sé que voy a hacer! ¡No puedo concentrarme!

Valencia 10 de Abril de 2005

El sonido de la cafetera dio el paso a que las dos compañeras de piso volvieran a verse
las caras, sin apenas hablar, se sentaron una frente a la otra, un café bien cargado para
las dos, y unas tostadas que avisaron con un golpe seco que ya habían llegado a su punto
de combustión justo

-: De verdad lo siento mucho... te prometo que es la última vez

Sandra: ¡Esther eso ya me lo has dicho muchas veces!

E: De verdad se acabó, no puede ser, no puedo seguir así (parecía afectada por lo
sucedido)

Sandra: Esto no es manera de vivir, al menos trata de sentar la cabeza eres una cabra
loca y ya tienes treinta años

E: No lo puedo evitar (sonrió tímidamente) Me gustan mucho las mujeres

Sandra: Ya, pero joder, una cosa es que te gusten y otra es que como sigas así el
conflicto mundial está muy próximo gracias a ti con tanta nacionalidad pasando por tu
cama

E: Se acabó... con Ángela acabó ya

Sandra: Con Ángela se acabó hace mucho tiempo

E: Sí, me he dado cuenta que no tiene sentido seguir así. Y con las demás también,
necesito centrarme en el trabajo

Sandra: En el trabajo estás centrada ahí eres una máquina, donde necesitas centrarte
con esa novela

E: ¡Vamos Sandra no tengo ningún futuro!

Sandra: ¡No me digas!, ¿quién lo ha dicho?

E: Yo
Palabras 5

Sandra: ¡Ya hablo la sabionda!, permíteme que te diga que yo soy una lectora muy
agresiva, y digo que tú tienes futuro en esto, y si yo lo digo...

E: Hablo la sabionda dos (la interrumpió con una sonrisa mientras cogía una tostada y
la mantequilla)

Sandra: Eres una hija de puta, tu madre una santa, pero tú, una hija de puta. Si es que
con esa sonrisa a ver quien se te resiste

E: Por eso te quiero tanto porque sabes valorarme

Sandra: Pues menos mal que me quieres... sino, me despertabas de madrugada,


domingo por la mañana día para descansar y a ti no se te ocurre otra cosa que montar el
numerito

E: Yo también trabajo mañana, así que... (elevó los hombros sonriente)

Sandra: Pero que morro tienes tía. Por lo menos espero que me cuentes la batallita

E: Nada estábamos ahí en pleno auge y se me escapó otro nombre

Sandra: No puede ser

E: Mi debilidad

Sandra: Lo tuyo es de manicomio... pero no me extraña tienes toda la habitación llena


de sus fotos (se reía de ella)

E: Es que la tía está pa mojar pan (decía con gesto totalmente canalla)

Sandra: Y tú estás como una cabra. Podías quitar las fotos cuando vengan tus amantes,
al menos tener la decencia de no llevar a cabo tus fantasías sexuales en voz alta con
ellas

E: Si es que no lo puedo remediar... me pone muchísimo...

Sandra: Lo que yo diga, estás loca. ¿Nos vamos a la playa?, así damos un paseo hace
buen día para ello (le dijo dejando la taza en el fregadero)

E: ¿Estás loca?, me voy a dormir (le dijo mirándola como si hubiera dicho una auténtica
barbaridad)

Sandra: Hija de puta... (susurró al verla marcharse hacia la habitación)

Madrid 10 de Abril de 2005

El teléfono de su despacho sonó, era línea directa por lo tanto sabía quien estaba al otro
lado, su inseparable secretaría y mano derecha Teresa
Palabras 6

T: Hola cariño... no sabía seguro si ya estarías despierta. ¿Cómo estás Maca?

M: Bien, estoy bien

T: He pensado que igual te apetecía dar un paseo con otra madrugadora compulsiva

M: Está bien... total no me llega la inspiración

T: Maca no te fustigues ¿vale? (su tono reflejaba preocupación por ella)

M: Sí, venga paso a recogerte

T: De acuerdo

Llevaba trabajando tres años con ella y sin su compañía no habría podido soportar todo
lo que había soportado. Era más que su secretaria, su amiga, siempre estaba en los
peores momentos, siempre a su lado apoyándola sin desfallecer, en los viajes largos, en
los cortos, en las firmas, en las fiestas que tanto odiaba. Pero en todo momento ajena a
cual era el motivo real de su tristeza y sufrimiento

Se duchó en el otro cuarto de baño, con rapidez se vistió y salió sin hacer ruido de casa
dejando una escueta nota sobre la mesa de la cocina “Estoy con Teresa paseando”.
Después salió con el llavero entre sus manos jugueteando con él hasta llegar a la
esquina donde vivía Teresa

T: ¡Tiempo récord! (le dijo sonriéndole)

M: Ya ves... últimamente todo lo hago demasiado rápido (le guiñó un ojo)

T: ¿Churros?

M: De acuerdo, primero churros después paseo

T: Claro que sí

Llegaron a la churrería y tras firmar un autógrafo para una amiga se sentaron en la mesa
que solían tener preparada para ellas los domingos, intimidad y mucha tranquilidad. Una
vez les sirvieron Teresa la miró con pena

T: ¿Qué te pasa?

M: No puedo Teresa, no puedo escribir (decía sin poder esconder su desesperación)

T: Te estás obsesionando con eso, necesitas hacer algo... no sé... una locura, un cambio
de aires

M: Teresa (la miró sonriendo)


Palabras 7

T: Mira, podemos decirle a Luís que nos vamos a la casita de la playa a ver si así te
recuperas un poco

M: No cuela Teresa (sonreía al ver la expresividad de la mujer)

T: ¡Ay hija!... deberíamos poder hacer algo independientes de él

M: Bueno, lo que debo hacer es escribir y eso es lo que debo hacer (parecía que trataba
de convencerse)

T: Escribir es placer, tú misma lo dices en tus clases, no imposición Maca, y ahora


mismo lo que haces es imponerte la escritura (sus ojos la miraban seriamente como
tratando de hacerle reaccionar)

M: Lo sé (cerró los ojos y suspiró)

T: ¿Entonces?

M: No sé Teresa... estoy muy, muy perdida nunca había estado así

T: Bueno es cuestión de relax, puedo pedir unas sesiones para el balneario (le dijo no
muy convencida a que eso era lo que necesitaba)

M: Eso está bien (sonrió)

T: Bueno... al menos has sonreído

Madrid 11 de Abril de 2005

Aquel lunes iba a ser especial para Maca sin ella saberlo, estaba en su despacho tratando
de dar forma a sus pensamientos cuando Luis entró para hablar con ella, el hombre se
sentó frente a su ordenador y le pidió que le escuchara

M: Dime

Luis: Mañana partimos a Valencia

M: ¿A Valencia? (lo miró por primera vez con una mueca de máxima extrañeza)

Luis: Sí, vas a dar un curso allí

M: ¿Cómo qué un curso?, tengo trabajo (lo miraba seria)

Luis: Lo sé, pero pagan muy bien Maca, excesivamente bien, nos han pagado el
cincuenta por cien de los gastos de un hotel de lujo, el único problema es que yo tengo
que preparar las cosas para la feria que tenemos contratada en Zaragoza donde tienes
que ir a firmar ejemplares, así que iré y vendré
Palabras 8

M: ¿Vendrá Teresa, no?

Luis: Sí, no te preocupes


M: De acuerdo (trató de no reflejar en su rostro la alegría que sentía de estar sola)

Luis: Bien, prepara el temario y la maleta

A los diez minutos, Teresa estaba haciendo su maleta mientras Maca miraba a través de
la ventana con su habitual tristeza

T: Vaqueros ¿eh?

M: Sí por favor. ¿Teresa tú crees en los milagros?

T: Depende (Maca la miró decaída) Por ejemplo un tipo de milagro sería que tú fueras
feliz y, creo en él, ahora otro tipo sería que me toque la lotería y ya creo menos

M: No creo en la felicidad

T: Debes creer Maca, algún día me dirás soy feliz (le acarició suavemente la cara) Y ese
día olvidarás todo lo demás

M: Ojalá...

Y volvió su mirada a depositarla tras el cristal, el mundo se movía, las personas vivían,
pero ella hacía mucho tiempo que había dejado de vivir de alguna manera, unas
malditas fotos le habían servido para convertirse en lo que era, la amargura
personificada

Al día siguiente se sentaba en el asiento del avión que la llevaría a su nuevo trabajo, a
sumergirse en lo que le gustaba en ese mundo de la fantasía donde poder dar la visión
de un mundo en el que a pesar de todo se insistía en seguir creyendo, en ese mundo del
amor verdadero que ella nunca había podido disfrutar, la cobardía, el respeto y un miedo
atroz, le impedían luchar por lo que a pesar de todo pensaba existía en realidad, amor

El hotel donde se iban a alojar era el Hotel Balneario Las Arenas, era un hotel de lujo
con todas las comodidades de las que disfrutar sin embargo, a ella lo que más le gustaba
era que se encontraba cerca del mar, con un paseo impresionante por el cual poder
caminar y llenarse de la brisa marina, estar allí le reconfortaba y le hacía estar algo más
tranquila. La voz de Teresa le sacaba de sus pensamientos
Palabras 9

Hotel Balneario Las Arenas. Situado en la Playa de la Malvarrosa

Suit-habitación

T: Maca ¡qué balneario!, en cuanto el “cansino” se marche lo que vamos a disfrutar, por
cierto dice Luis que tenemos que ir al centro donde vas a impartir las clases, he estado
averiguando en Internet, y sí, es en el corazón de la ciudad

M: Estupendo (le ofreció una amplia sonrisa)

T: Bien, además han tenido el exquisito gusto de acomodarnos aquí en la playita...


paseo... chicos guapos... brisita... en fin... no nos vamos a quejar ¿verdad?

M: No seré yo desde luego (sonrió al ver su suspiro) Venga vamos... a ver si de esta
encuentras un novio valenciano, y te enseña a hacer paellas

T: Oye pues no estaría mal, pero mis paellas tienen su puntito ¿eh?

M: Sí, sí no digo que no pero no está nada mal mejorar. Venga no se enfade Luis

T: ¿Y cuándo no se enfada Luis?, hija podías divorciarte de él, ¡eso sería estupendo!

M: Ya Teresa... venga... vamos


Palabras 10

Al bajar lo vieron hablando como siempre por el teléfono móvil, su cara era de profundo
regaño, Maca la conocía de sobra porque casi siempre tenía el mismo gesto marcado en
aquel adusto rostro. Un hombre de cuarenta años de más de un metro ochenta, con
buena espalda, con pelo negro siempre engominado, en su mano derecha su inseparable
rolex, traje chaqueta y maletín de piel, el típico ejecutivo, con rostro serio y prisas, con
algo de dureza marcada en sus ojos ávidos de negocios redondos, y varios móviles para
poder tenerlo todo bien atado, el conjunto perfecto que muchas mujeres podían desear y
que sacaba de quicio a Maca, que con el tiempo, se había acostumbrado a vivir así,
como ella decía “a todo se acostumbra una, hasta a perder”

El taxi les esperaba en la puerta, las llevó cruzando la nueva Avenida de Francia donde
pudieron contemplar la modernidad en la que aquella ciudad había convertido su viejo
cauce del río Turia. Los ojos de Maca contemplaban la belleza de la zona y como poco a
poco iba cambiando de esa modernidad pasando al clasicismo de la Avenida del Antic
Regne de Valencia para llegar a la Gran Vía Marques del Turia, donde los árboles
antiguos con sus grandes raíces le daban la sensación de que en su vida no había ni
siquiera raíces pequeñas, y cuando la pena iba a volverla a invadir, las callejuelas
señoriales del Centro de la ciudad volvieron a captar su atención, y es que aquellas
calles eran algo que siempre le había llamado la atención de aquella ciudad, tan pronto
estabas en la época moderna con edificios casi irreales, como se encontraba con un
combinado de época antigua, sus fachadas, su barrio más gótico. Y Maca disfrutaba de
todo aquello fotografiando cada cosa que le llamaba la atención en su mente, quizá
podía ambientar la novela en aquella ciudad

M: ¿Cuánto tiempo vamos a estar Luis? (le preguntó distraída pensando aquella
posibilidad)

Luis: Una semana

El taxi paró sin darse cuenta Luis del gesto de victoria de Teresa hacia Maca, quien le
sonrió disimuladamente, una semana para poder perderse por la ciudad, hacer compras
innecesarias, ir al cine, comer pipas y chucherías. Teresa estaba contenta de aquella
circunstancia, sobre todo por esos días de libertad de Maca, ella sabía perfectamente que
aquel matrimonio a Maca le hacía infeliz, y cuando había tratado de averiguar porque
seguía junto a un hombre que para nada necesitaba a su lado, la escritora siempre
cambiaba de tema, era un misterio aquel lado de su vida y Teresa notaba que algo había
ocurrido, pero nunca ni en los peores momentos bajos de Maca había conseguido
averiguar que era lo que realmente le sucedía

Valencia 11 de Abril de 2005

En el hospital Clínico de Valencia, una enfermera entraba como siempre corriendo por
la puerta de Urgencias, la recepcionista la miraba algo enfadada

E: Lo siento Consuelo se me ha hecho tarde (se disculpó)

Consuelo: Eres un desastre... venga va... si no fuera que te quiero tanto, toma que
seguro ni has desayunado (le ofreció unas magdalenas)
Palabras 11

E: Eres un sol no sé que haría sin ti

Se marchó a cambiar para empezar su jornada. Cuando llegó su hora de descanso se


encontró con su amiga Sandra esperándola en cafetería, Consuelo le había dado el aviso
para que se reuniera con ella, le había dejado el recado de que algo importante tenía que
decirle. Al verla sonrió llevaba exactamente dos días sin tener problema alguno con una
mujer, había desechado las llamadas telefónicas, había conseguido anular su cuenta de
Hotmail en el ordenador de tercera mano que con esfuerzo y alguna guardia había
podido reunir el dinero y se había propuesto en serio dejar un poco de lado su vida
frívola y centrarse en el trabajo

E: Hola guapa

Sandra: Hola tesoro (le sonrió cerrando el periódico mirándola con los ojitos brillantes)

E: ¿Qué haces aquí, ha pasado algo?

Sandra: Pues sí

E: ¿Malo o bueno? (la miró preocupada)

Sandra: Creo que demasiado bueno

E: Te ha pedido relaciones formales el soso de Pascual, “el taronger” (naranjero)


(sonreía porque su valenciano era pobre pero gracioso)

Sandra: ¡Mira que eres tonta!, si es que no sé porque me preocupo de ti si lo único que
sabes hacer es burlarte de mí

E: Pero si sabes que eres mi ojito derecho y si tú quisieras más, serías todo mi cuerpo
(le hablaba con tono divertidamente provocativo mientras trataba de acariciarle la
mano)

Sandra: ¡Burra! (le reñía con el ceño fruncido) A mí con esas bromas no

E: Pues bien que te gusta saber ¿eh?

Sandra: Eso es otra cosa (sonrió divertida)

E: ¡Venga va que no tengo todo el tiempo del mundo!

Sandra: Mira esto (le entregó un papel)

E: A ver (conforme lo iba leyendo su rostro iba transformándose poco a poco) ¡Hostia!
¡hostia!... pero si es...

Sandra: La mujer de tus sueños, aunque sea hetero


Palabras 12

E: Tengo que apuntarme a este curso, nada más salir tengo que ir a apuntarme... tengo
que apuntarme... ¡es ella! (decía como loca)

Sandra: ¡Dios mío! (susurró al ver su exagerada y alterada reacción)


E: ¡Sí... es ella... es ella!

Sandra: Por favor que vergüenza a tu edad ponerte así como una locaza jovencita (se
burlaba de ella)

E: Es... es ella... es la mujer de mis sueños (la miró con cara de corderito degollado
mientras se ponía la mano en el pecho)

Sandra: Eres una payasa sin remedio. Esta noche toca fiesta espero que por una vez te
la montes sola

E: Oye (le dio un manotazo) Llevo dos días sin...

Sandra: Todo un récord, sí. Me voy antes de que me avergüences más

El tiempo transcurrió lentamente hasta que por fin llegó la hora de terminar, se duchó
con rapidez, se cambió y recogió el pelo en una coleta, no tenía tiempo de peinarse, en
el papel ponía plazas limitadas, tan solo diez, casi sin despedirse de Consuelo salió por
la puerta, se subió a su bicicleta y salió a toda prisa hacía la dirección que allí indicaba.
Llegó tras insultar a varios viandantes que se cruzaron por su carril bici, casi con la
lengua fuera, aparcó y notó como sus manos le temblaban al poner el candado, sonrió
por fin iba a poder ver cumplido su mayor sueño de conocer a la gran Macarena Wilson,
su escritora preferida. Entró hasta secretaría y se cruzó con una chica, al asomar su
cabeza, la secretaría le hizo una señal de espera porque estaba hablando por teléfono,
pasaron tan solo dos minutos pero le bastaron para terminar de comerse la uña de su
dedo pulgar, cuando por fin le hizo la señal de pasar, entró a toda velocidad

E: Hola (le entregó una de sus sonrisas especiales que ella sabía rozaban la cautivación.
La señora le devolvió la sonrisa) Verá es que vengo para apuntarme al curso intensivo
de la gran Macarena Wilson

Señora: Vaya que lástima, porque la chica que acaba de salir, ha sido la última en cubrir
la plaza

Valencia 11 de Abril de 2005

En la cocina de su casa, Sandra la veía a punto de llorar con un gesto tan compungido,
tan destrozada como le explicaba lo ocurrido, que hasta ella sentía pena por su amiga,
quien con Macarena Wilson era increíble su mala suerte

Sandra: ¿Y qué te ha dicho?

E: Que si hay una vacante la primera seré yo, pero claro ¡quién va a dejar pasar una
oportunidad así!
Palabras 13

Sandra: Pues hija, tú a mí me dices Isabel Allende y te comprendo, me dices Macarena


Wilson y... ¡qué quieres que te diga!

E: Es que está buenísima, es un bombón, tú no has visto un lunar que tiene en... (señaló
el pecho y mirando hacia el techo dicho con voz extasiada) Dios me pierde ese lunar

Sandra: ¡Eres una salida!, no te gusta como escritora te gusta como mujer

E: Pues claro, me leo sus libros sí, pero reconozco que es un poco empalagosa, tanto
amor, tanto amor

Sandra: Al menos sabes donde puedes localizarla

E: Soy capaz de pasarme allí las horas hasta que la vea y pedirle de rodillas si hace falta
que me deje entrar a sus clases

Sandra: Como te deje entrar, deberías avisarle que puede dejar de ser hetero para los
restos

E: Si me lo propongo, cae (le sonrió graciosamente)

Sandra: Eres de esas engreídas que da asquito, total porque ninguna se te ha resistido

E: Ya ves... por algo será (le guiñó un ojo)

Sandra: Recapitulando, no hay vacantes pero eres la primera de la lista de espera, con
un poco de suerte alguien se rompe una pierna

E: Ojalá (dijo apoyando sus codos sobre la mesa y poniendo sus palmas abiertas sobre
la cara)

Sandra: Lo que yo diga, como una cabra (se cruzó de brazos mirándola fijamente)

E: Esa mujer me vuelve loca, tiene una boca, y unos ojazos. ¡Además es la segunda vez
que me pierdo poder verla!

Sandra: ¡Es cierto no recordaba la firma de libros!

E: Sí, que el cerdo aquel no me dejo pasar

Sandra: Marido, el cerdo era el marido y tú perdiste los papeles

E: Marido y cerdo todo a la vez, además no me creo que sea su marido, ¡no puede tener
tan mal gusto!

Sandra: Me encanta la sensibilidad que tienes para hablar de la gente

E: Es cierto, no le pega para nada


Palabras 14

Sandra: Venga vamos a cenar

E: No tengo apetito estoy disgustada... no sé que voy a hacer para poder entrar. Tengo
que crear un plan
Sandra: Tendrías que ser realista, y pensar que podría irte muy bien para tu novela, no
que podría irte muy bien para tu entrepierna. A lo mejor así el Señor hacia un milagro

E: ¿Tú crees? (la miró con el ceño fruncido)

Sandra: Lo que creo es que eres capaz de ir a la Iglesia a poner una velita como si lo
viera (sonreía divertida)

E: Como disfrutas burlándote de mí, pero de alguna manera lograré su autógrafo. De


alguna manera (entonces susurró pensativa) Y quien sabe si algo más

Para Maca estar al tanto del lugar de trabajo y las inquietudes que tenían en él siempre
era importante, le gustaba conocer a la gente y poder intercambiar opiniones sobre
temática, tipo de lectura y demás. En el centro que iba a impartir estas clases era un
centro privado donde la gente trataba de sacar máximo provecho a sus destrezas con las
letras. Y a ella esa parte le encantaba, poder compartir su misma pasión era algo que le
hacía sentirse totalmente identificada, totalmente complacida. Les ofrecieron un
almuerzo muy ameno, y se dio cuenta que la Directora era una mujer apasionante de
mediana edad que estaba dispuesta a ayudar a quienes realmente quisieran llenar de arte
y letras espacios en blanco. Se le había ocurrido la magnífica idea de que sus alumnos
pudieran escribir un relato corto junto a Macarena, y que la gran escritora eligiera un par
de ellos para poderlos dejar repartidos por la ciudad, una práctica que estaba muy en uso
para los principiantes en ese difícil mundo de la escritura, aquella idea fascinó a Maca
quien rápidamente conectó con Mercedes la Directora

Mercedes: Estoy encantada de tu presencia Maca, de verdad te admiro mucho como


escritora

M: Gracias Mercedes

Mercedes: Puedes llamarme, Merche

M: Está bien Merche (le sonrió agradecida por el trato)

Luis: Maca el taxi (le dijo Luis entrando con el móvil en la mano)

M: Voy. Un placer Merche, espero que en esta semana consigamos llevar a cabo esa
estupenda idea para repartir literatura por la ciudad

Mercedes: De tu mano estoy segura que sí (le sonrió de manera cómplice)

M: Pues hasta mañana entonces


Palabras 15

Luis: ¿Ya? (las miró alternativamente)

M: Sí

Mercedes: Espera Luis, quería comentarte algo, me ha dicho la secretaría que tenemos
una persona en lista de espera, que no llegó dentro del plazo de inscripción (Maca la
miró algo aturdida esas cosas siempre la sorprendían tanto como le asustaban) ¿Qué te
parece Maca si le damos la oportunidad de entrar a formar parte del grupo?

M: Pues... (miró a Luis temiendo su respuesta)

Luis: No, dijimos ese número y es inamovible, en todos los cursos pasa no podemos
ampliarlo, si hay alguna baja pues entonces podrá ocupar la plaza ella

M: Pero...

Luis: Venga Maca... que el taxi espera

M: Gracias Merche

Mercedes: A ti guapa

Al salir del centro, Luis la miró fijamente sin hablar, pero esa mirada hablaba tanto que
Maca desvió sus ojos nuevamente a través del cristal, fuera del taxi la gente vivía,
dentro del taxi, su corazón apenas latía

Mientras tanto en el hospital una Esther cabizbaja hablaba con Consuelo de su mala
suerte, la mujer la contemplaba como si aquella mala suerte fuera tan tonta que hasta
contestarle le parecía una perdida de tiempo

Consuelo: Venga déjate de tonterías y ve a trabajar anda, que no puedo perder el tiempo
aquí con esas cosas tan ridículas

E: ¿Ridículas? Pero... pero... ¡Qué dura eres Consuelo!, no sé para que tienes ese
nombre, no es verdad...

Consuelo: No me toques las narices con el nombre ¡eh! te lo advierto (le dijo enfadada)

E: Si es que... vamos ni un mimo (le decía poniendo morritos) Ni un tranquila que todo
irá bien, ni siquiera un besito...

Consuelo: ¡Pero tú estás fatal!, ¡qué quieres que todo el hospital piense que he caído a
tus encantos como la mitad de ellas! (le decía puesta en jarras mirándola con el ceño
fruncido)

E: Perdona, medio hospital no ¿eh?, tres cuartos de las mujeres de este hospital han
probado el sabor salado que mana mi cuerpo... (le decía entre medio ofendida y medio
orgullosa, pero sobre todo muy divertida)
Palabras 16

Consuelo: ¡El sa...! (se detuvo abriendo sus ojos y con las manos puestas en la cabeza
le dijo) Dios cuanta paciencia soportarte... más que Consuelo debería llamarme
Angustias

E: ¿Y eso? (la miró manteniendo una sonrisa mientras enarcaba su ceja derecha)

Consuelo: Porque me las provocas con esas cosas... ¡alé a trabajar!

E: Pero si en el fondo estás loca por mí, reconócelo (le sonrió marchándose)

Consuelo: Espero que alguien te haga sentar la cabeza esa de loca que tienes...

Al girarse vio entrar a una mujer apoyada en un hombre, más trabajo y esa mañana
estaba siendo de lo más movidita, tras recogerle los datos, le hicieron pasar al box
donde el médico la revisara

Consuelo: ¡Esther!

E: Dime guapa

Consuelo: Anda cambia la cara que parece que estés con cólico nefrítico

E: Muy graciosa Angustias (le sacó la lengua)

Consuelo: Yo también sé bromear (sonrió satisfecha) Ve al box tres tienes que hacer
una cura

E: Voy. ¡Ah se me olvidaba!, a todo el que entre, le preguntas si está inscrito en el curso
de la gran Macarena Wilson, si alguno te dice que si, me lo dejas a mí. ¡Importante
Consuelo!, ¿vas a ir algún tipo de curso?, digamos... uno de literatura, si te dicen sí, tú
rapidito contactas con la enfermera García que al instante se encarga del paciente (lo
decía con gesto malévolo y voz muy melodramática)

Consuelo: Lo tuyo es enfermizo, me estás asustando (la miraba con los ojos abiertos de
par en par)

E: Y lo tuyo también. Pero me encanta

Era una parte de su relación esa manera de hablarse, de discutir, de retarse una y otra,
pero en el fondo Esther sabía que Consuelo era una de las pocas personas que la quería
a pesar de sus locuras, y sus aventuras, era la única que cuando la veía mal la apoyaba
sin reproches, se encargaba de ella y hacía un poco el papel de esa madre que no tuvo. Y
Consuelo sabía que si necesitaba algo, siempre estaba Esther que por muy mujeriega
que fuera, por muy desastre como ella la llamaba siempre estaba a su lado cuando la
necesitaba sacando lo mejor de ella. Y esa relación estaba muy por encima de prejuicios,
porque era una relación de amistad sincera
Palabras 17

Al llegar al box entró con su gesto algo melancólico, saludó a la paciente y se dispuso a
trabajar

Doctor: ¿Qué le pasa a tu maravillosa sonrisa?

E: Nada ¿por? (lo miró seria mientras preparaba el hilo y aguja para coser)

Doctor: Vamos... que sé el motivo... ya se sabe por todos los pasillos


E: ¡Cuánto chismoso hay! (la mujer en la camilla los miraba interesantemente) Seguro
que ha sido Consuelo, le encanta burlarse de mis cosas

Doctor: Se dice el pecado pero no el pecador

E: En este caso será se dice el chivatazo pero no la chivata (remarcó con fuerza el
artículo)

Doctor: Bueno señora a ver que parece que estamos en un mercado en lugar de un box
en el hospital (Esther sonrió negando con la cabeza mientras preparaba sus cosas para la
cura)... no es grave pero me gustaría que se quedara unas horas más señora, ¿la curas tú?
(le preguntó a Esther)

E: Sí

Doctor: ¡Oye a lo mejor se hace un milagro y puedes conocer a la gran Macarena


Wilson! (le dijo burlonamente) No sé algún ligue tuyo... o... yo mismo a cambio de una
cena

E: Tonto. Bueno a ver señora, usted ni caso no estamos tan locos como parecemos,
tranquila que no le voy a hacer daño ¿eh? son tres puntitos de nada. ¿Se encuentra bien?

En el hotel, mientras Maca se encontraba enfrascada en sus cosas en la terraza, su


marido leía la prensa sobre la economía mientras fumaba, el silencio lo rompió su
teléfono sonando insistentemente. De mala gana estiró su brazo para cogerlo ya que era
el personal, su gesto al ver el número fue de un profundo malestar

Luis: ¿Sí? Ya... está bien, gracias. ¡Maca! (la llamó pues estaba enfrascada en sus
apuntes, cuando lo miró le dijo con total despego) Teresa está en el hospital

M: ¿Teresa, qué le ha pasado? (se incorporó rápidamente)

Luis: Nada, un corte, deberías ponerte así si el que estuviera allí fuera yo (le cogió de la
cintura pero Maca lo rechazó, entonces él la apretó más fuerte contra su cuerpo) ¿Te ha
gustado Merche, eh?

M: Déjame

Luis: He visto como la mirabas


Palabras 18

M: Por favor Luis, llévame con Teresa (trataba de soltarse de sus garras)

Luis: No pases ni un milímetro la línea Maca (le dijo entre dientes mientras le miraba
los labios)

M: Te puedes ahorrar perfectamente tu comentario. ¿Me llevas?, ¿o voy yo?

Luis: Me gustas cuando sacas tu lado chulo, me gustas mucho... sí... (se pasó la lengua
por los labios mientras Maca entre cerraba los ojos sintiendo como siempre un profundo
asco por él)

M: ¿Me llevas, por favor? (insistió con gesto de malestar ante su actitud)

En el box, Teresa veía como la chica cosía su herida y como lo hacía con el ceño
fruncido como si estuviera o muy lejos de allí o muy concentrada en su trabajo, al
levantar la vista Esther le sonrió

T: Tiene razón el doctor ¿eh?

E: ¿Este doctor razón? (la miró graciosamente haciendo sonreír a Teresa)

T: Tienes una sonrisa muy bonita

E: Gracias

T: Oye ¿y que te ha pasado con la escritora ésa? (quiso saber)

E: Todos se burlan de mí porque me gusta

T: ¿Ah sí? (la miraba divertida aunque sin saber realmente hasta que punto le gustaba)

E: Sí (sonrió ampliamente) Lo que pasa es que ya van dos veces que me quedo sin
poder conocerla

T: ¿Y eso?

E: Una porque el estúpido que tiene por marido no me dejó pasar

T: ¿Su marido estúpido? (le preguntó arqueando las cejas)

E: Más que eso, asqueroso

T: Yo pienso igual (sonrió graciosamente y le preguntó de manera más amigable) ¿Y la


otra?

E: Me he quedado sin plaza para el curso

T: Vaya... (murmuró apenada)


Palabras 19

E: ¿A usted le gusta?

T: Sí, mucho

E: Si es que levanta pasiones

T: ¡Ni te lo imaginas! (sonrió divertida y orgullosa)


Doctor: Esther te reclaman en quirófano

E: Vale, ya voy. Bueno un gusto conocerla y cuídese

T: Es muy amable, y tiene una sonrisa preciosa (le dijo al doctor que entraba y al
cruzarse con Esther le sonrió guiñándole un ojo)

Doctor: Sí... y una gran enfermera con una vitalidad única. Bueno pues voy a esperar a
las pruebas que le he hecho y en seguida le doy el alta

T: Pero si no ha sido nada, un mal paso y el pobre taxista casi se muere de la impresión
por la sangre, pero nada más

Doctor: Ya hemos avisado a su familia

T: ¿A mi familia? (le preguntó alertada)

Doctor: Sí, claro, me gustaría descartar cualquier otra cosa que un mal tropiezo, me dijo
que se mareó

T: Porque no había desayunado bien y yo sin desayunar soy muy torpe (le decía
fastidiada)

Doctor: Bueno no se preocupe en una hora se podrá marchar

T: Ya (ponía gesto serio no le había gustado que avisaran estaba segura que a Luís.
Cuando vio que se marchaba lo llamó) Espere...

A la hora tal y como le había dicho el médico se levantaba de la camilla para marcharse,
al salir vio que la esperaba Luís con el ceño fruncido al ver su vendaje en la mano
izquierda

Luis: Vaya menos mal que ha sido la izquierda

T: Estoy bien, muchas gracias (le entregó una falsa sonrisa)

Luis: Venga vamos que tienes a Maca desesperada

En el hotel esperaba Maca ansiosa a que Teresa llegara, había salido a la terraza que
daba a un mar maravillosamente tranquilo allí con el ceño fruncido y los labios
Palabras 20

apretados miraba tratando de no pensar, hacía mucho tiempo que había llegado a la
conclusión de que era mejor olvidar, borrar y no recordar. Pero aquel mar le devolvió lo
que fue con tanta violencia, que se dejó llevar por esos recuerdos

Llegaba a toda prisa a su casa, se cambiaba y se marchaba para estudiar con su amiga
del alma Adela, se conocían desde pequeñas y desde entonces siempre tenían el mismo
sueño, llegar a ser alguien importante en la vida, les gustaba la posibilidad de ser
actrices aunque sabían que sus adineradas familias no les iban a dejar tan fácilmente
serlo, sus respectivas familias pensaban que el futuro de sus hijos debía desarrollarse
en los negocios familiares, que eran las grandes bodegas que tenían en Jerez, así que
cuando se reunían las dos amigas, dejaban sus mentes volar echadas en el fresco verde
del jardín, mirando las nubes y creando historias imposibles. Sin embargo en aquella
casa había algo más que a Maca la atraía tan irremediablemente como en secreto, era
una idea que la trastornaba y no era capaz de racionalizarla, cuando estaba allí le
encantaba coincidir con la hermana mayor de Adela, se llamaba Lidia, era una joven
de veinte seis años morena, con ojos negros típicamente andaluza, sus pechos bien
formados provocaban en Maca que su garganta se secara cuando se cruzaban, con
apenas diecisiete años no sabía explicar bien lo que le pasaba, tan solo le encantaba
sentir lo que sentía cada vez que pensaba en ella o la veía. El día que se marchó a
terminar su carrera a Madrid, para Maca fue un día horrible, su amor platónico se
esfumaba y seguro que en Madrid encontraba algún novio, aquella posibilidad le
provocaba dolor de estómago y noches enteras en vela

El día antes de que se fuera a Madrid Lidia, Adela la invitó a una merienda que daban
para despedirla, durante la misma, Maca la miraba a hurtadillas estaba tan guapa con
los rizos recogidos en un moño, con un cuello que podía imaginar su sabor al
recorrerlo con sus labios. Notaba su excitación, sus pulsaciones y también su tristeza
por su marcha y como un buen amor platónico que era, sabía que no era nadie para
ella, tan solo la amiga de su hermana

Lidia: Que sola estás guapa (le dijo Lidia sorprendiéndola en la parte trasera de la
casa)
M: Sí... es que... yo... bueno que... (no podía evitar sus nervios)
Lidia: Maca hija que siempre que hablas conmigo tartamudeas (le reñía con salero y
una sonrisa que a la joven le hacía sudar mientras se acercaba a ella) Volveré a veros
chiquilla no te pongas así
M: Ya... claro...
Lidia: Y eso a ti... ¿te alegra? (le preguntó con voz muy seductora mientras se acercaba
un poco más logrando así que Maca se pusiera tensa) Dime
M: Sí, claro (respondió más nerviosa todavía, aquellos ojos negros se estaban clavando
en su alma...)
Lidia: Lo sé... por tu forma de mirarme lo sé (pasó su dedo delicadamente por la
comisura de sus labios y Maca cerró los ojos) ¿Y sabes una cosa? (y en un susurró
ronco que hizo añicos su estabilidad le dijo) Me gusta mi niña, me gusta que me mires...

A Maca se le heló la sangre, sus palabras salieron de esa boca de algodón lentamente,
mientras sus pupilas casi dilatadas por el deseo se fijaban en los labios de la joven
Maca, quien tembló de pies a cabeza por aquel tantas veces soñado diminuto roce en
sus labios
Palabras 21

Luis: Ya estamos aquí

La voz fuerte de su marido la sacó de aquellos recuerdos, haciendo que todos volvieran
a su lugar, guardados bajo llave

M: ¡Teresa! (se apresuró hasta ella abrazándola y en aquel abrazo no solo iba implícito
la verdadera preocupación hacia Teresa, sino también, el miedo a sus recuerdos)
T: No pasa nada Maca, son unos exagerados... ni vieras como me han tratado (le decía
acariciando su mejilla, notando el temblor en su piel algo que hizo que Teresa la mirara
de manera extraña)

M: ¿Mal?

T: No, estupendamente, si ha sido una tontería, me ha dado un mareo y al apoyarme el


taxista llevaba no sé que cosa y me he cortado

Luis: Si quieres denunciamos al taxista (agregó mientras se sentaba y quitaba la corbata


de mala gana)

T: ¿Y para qué quiero yo denunciar al taxista? ¡Anda qué!, con lo que el hombre se ha
preocupado por mí

Luis: Tú sabrás (elevó los hombros en señal de pasotismo)

T: Claro que lo sé (le respondió con firmeza)

M: Teresa por favor (le dijo en voz baja mediando para que callara)

Luis: ¿Podéis iros a su habitación Maca? quiero descansar un rato

M: Claro (al salir le dijo) Joder Teresa podías ser un poco más fina

T: Uy... ¿más fina? (la miró como si no entendiera sus palabras)

M: Ya sabes a lo que me refiero (abrió la puerta con la tarjeta que le dio Teresa) ¿Te
duele mucho?

T: No... la chica que me ha atendido era un ángel hija, ¡un ángel!, unas manos que ni me
he enterado

M: Mejor. Ven siéntate voy a sacarte ropa limpia que la llevas manchada de sangre

T: Sí hija, ya sabes como es la sangre de escandalosa. Bueno cuéntame que tal la


reunión, esa mujer ¿cómo se llama?

M: Merche (sonrió dejándole una camisa sobre la cama mostrándosela y ante su


aceptación le dijo) Se le ve muy inquieta por el mundo de la literatura, me gusta su
forma de trabajar
Palabras 22

T: Es cierto, a mí me lo ha parecido

M: La lástima es que solo es una semana

T: Ya, sí, es una lástima porque me encanta poder mirar el mar (le dijo porque era lo que
realmente estaba haciendo en ese momento)

M: Ah si es por eso si quieres nos quedamos a vivir aquí (le dijo seria con una falda en
la mano)

T: ¡Eso quisieras tú, guapa!

M: Estoy pensando en quedarme

T: ¿Lo dices en serio? (su voz reflejó total sorpresa)

M: Sí, se me ha ocurrido una novela y... me encantaría ambientarla aquí en los años de
la guerra, sería cuestión de rebuscar historia para eso mucho mejor estar aquí ¿no crees?

T: Ya, pues... ¡crudito lo tienes! (le dijo ladeando la boca)

M: Hablaré con él

T: Tú habla, habla... que...

M: Teresa (le advirtió)

En el sofá de su casa una desanimada Esther comía sin parar galletas de chocolate el
Príncipe, mientras se enteraba de todos los cotilleos de la televisión, estaba allí tranquila
con gesto triste cuando sonó el timbre de su casa. De mala gana apartó el almohadón
que tenía sobre sus piernas y fue a abrir. Al mirar por la mirilla dudó en hacerlo, su ex
estaba allí, pero tras un suspiro finalmente abrió

E: Hola Ángela (le sonrió a pesar de las maneras con las que terminaron la última vez
que estuvieron juntas)

Ángela: ¿Puedo pasar?

E: Claro... tú dirás (le dijo mirándola con una mirada lasciva que encendía a aquella
mujer que no podía resistirse a Esther) ¿Sucede algo?

Ángela: Te echo de menos (susurró sabiendo que perdía los papeles ante aquella mirada
de Esther)

E: Ah (contestó sorprendida por su actitud, tratando de mantenerse firme. Había


decidido cambiar)
Palabras 23

Una hora más tarde, Sandra llegaba a casa con las bolsas de la compra, cansada y
enfadada porque el ascensor se había vuelto a estropear

Sandra: ¡Esta escalera es una auténtica panda de ineptos! Se estropea algo y... (un
sonido en forma de aullido le llegó nítidamente) ¿Otra vez?, la madre que la parió

Eran las nueve de la noche y Sandra estaba cenando sola en la cocina, los aullidos
habían continuado por un par de horas, hasta que escucho risas tontas y la puerta
cerrarse, al minuto estaba Esther frente a ella con una bata de seda

E: Buenas noches

Sandra: Deben serlo, sí. Sobre todo para ti

E: Sí... (sonrió abriendo la nevera)

Sandra: ¿Y?

E: ¿Y qué?

Sandra: Pues eso... (enarcó una ceja)

E: No ha estado mal. Me voy a duchar

Sandra: Es la hostia...

Maca estuvo gran parte de la tarde noche junto a Teresa, hasta que Luis la llamó para
cenar en el restaurante del hotel donde había quedado con la Relaciones Publicas de
Canal Nou, el ente autonómico para preparar una entrevista con la escritora. Se vistió de
una manera informal, unos pantalones vaqueros y una camiseta con un collar largo y
vistoso negro y blanco, los pendientes a juego pero pequeños, y un fular que rodeaba su
garganta. Odiaba el aire acondicionado. Cuando salió para encontrarse con Luis éste
siguiendo con su costumbre, se metió contra ella:

Luis: Vaya... siempre que sabes que te vas a encontrar con una mujer te pones
excesivamente guapa (sonrió pero Maca ya había aprendido a digerir sus puñales)
Espero no hagas tonterías

M: ¿Nos vamos?

La cena transcurrió con total normalidad, quedaron para el día siguiente hacerle una
pequeña entrevista para uno de los espacios culturales de la cadena. Estas entrevistas
eran de aquellas cosas que odiaba y disfrutaba por igual, odiaba porque se sentía
incomoda ante los medios de comunicación, como ella decía le encantaba la soledad
ante su ordenador, o la soledad ante la creación de una historia, pero esa parte más
publicitaria que tanto le gustaba a Luis, ella la odiaba. Tras la cena, subió a ver como
Palabras 24

estaba Teresa, quien dormía tranquila sin enterarse si quiera de su presencia, sus
ronquidos, le hicieron sonreír

Luis: Has tardado mucho (le dijo al verla entrar desde la cama)

M: Estaba tranquila

Luis: ¿Y qué hacías?


M: He arreglado un poco sus cosas se ha dormido trabajando

Luis: Es buena, si no fuera porque es una metomentodo sería mucho mejor

Como siempre Maca pasó de sus palabras, se metió en el cuarto de baño y se cambió,
antes de salir exhaló un profundo suspiro como hacía todas las noches antes de ir a la
cama, dejó las zapatillas, se quito la bata y cerró la luz de su mesilla de noche, él seguía
enfrascado en sus cosas

Luis: Cariño la bodega nos está dando beneficios impresionantes, debo reconocer que
tu hermano no es tan estúpido como creí (nuevo silencio por parte de Maca quien
frunció los labios cabreada ante el continuo desprecio con el que hablaba de su familia)
Aunque tendrás que reconocer ya a estas alturas que unirse a mí ha sido la salvación de
los tuyos (omisión por parte de Maca, él dejó los papeles a un lado y comenzó a besarle
el hombro) Sí... formamos un buen equipo, tenemos tantas cosas, casas, coches, dinero,
poder, fama...

Conforme iba diciendo las cosas que había logrado desde que se casaran, la iba besando,
sus grandes manos iban invadiendo la piel de Maca que cerraba los ojos hastiada, su
aliento le abrasaba y sus labios en lugar de besos que recorrían su hombro y su cuello
parecían clavarle un cuchillo allí por donde pasaban dejándole una herida abierta por la
cual la sangre bullía. Como siempre se dio la vuelta para terminar lo antes posible,
como siempre cerró los ojos y como siempre al acabar, un sentimiento de vacío y dolor
ocupaba su alma mientras él roncaba

12 Abril 2005

Al día siguiente era la cita con la televisión, Teresa que se había levantado pronto para
arreglar algunos papeles, la vio asomada en su terraza, vio el reloj... las agujas marcaban
las seis y media

T: ¿Por qué no me dirá la verdad?, ¿qué hay tras esa mirada pérdida?, ¿tras ese dolor?,
¿y sobre todo... que hay tras ese silencio?

Eran las preguntas que más se repetía desde que conocía a Maca, en esos tres años que
trabajaban juntas, la relación profesional del principio fue dejando paso a una relación
más estrecha. Le costó porque Maca era una mujer muy hermética a la que era difícil
acceder, la primera vez que la profesionalidad de Teresa quedó a un lado y apareció la
persona fue un ataque de nervios de Maca, había perdido los papeles en un hotel, Luis
Palabras 25

parecía enfurecido y Teresa no entendía el comportamiento de aquel hombre. No debía


esforzarse mucho para recordar la escena que había vivido con horror

Uno de los primeros días en los que Teresa comenzó a trabajar, estaban en un hotel en
Cádiz, era la feria del libro y Macarena Wilson era una de las escritoras más
solicitadas del momento, todo parecía estar en orden, se le veía sonreír y hacerse fotos
con sus mayoritariamente seguidoras. Al finalizar la sesión de firmas, había estado en
un apartado con una de las directoras de la Feria hablando. Cuando llegó Luis se la
llevó con rapidez agarrándola con fuerza del brazo hasta el hotel, ella les acompañó
unos pasos atrás consternada por lo que sus ojos estaban viendo, Luis parecía
realmente enfadado, Maca parecía realmente indignada pero también asustada. Teresa
se quedó en su habitación y la pareja se fue a la suya. Pasaron unos cinco minutos y se
oyó un golpe, Teresa agudizó su ya agudo oído y pudo escuchar como Luis le gritaba
sin miramiento, como le reprochaba y como Maca lloraba sin cesar, más golpes, y
finalmente el silencio, notaba como su corazón iba desbocado lo que estaba sucediendo
era algo muy grave y no sabía muy bien que hacer. Esperó que Luis se marchara para
llamar a la puerta, insistió con temor no podía dejarla no sabía si los golpes los habría
podido recibir ella

T: Maca soy yo... ¿puedes abrir? (Maca abrió con los ojos hinchados de llorar, el pelo
revuelto, y una mirada totalmente perdida) ¿Puedo ayudarte? (Maca negó con la
cabeza, Teresa asintió para marcharse, no quería insistir)
M: Espera (le dijo agarrándola del brazo) ¿Puedes pasar?
T: Claro (al pasar vio la habitación algo revuelta y como Maca comenzaba a
arreglarla ante su mirada algo atónita lo que supuestamente había sido las
consecuencias de la furia de Luis) Espera te ayudo
M: Gracias (dijo débilmente)
T: ¿Necesitas algo?, ¿quieres qué pida una tila?
M: No, solo quiero que me abraces

Y Teresa la abrazó, no fue el único abrazo, después llegaron muchos más, llegaron
abrazos desesperados en momentos agónicos, llegaron noches sin dormir a su lado en
silencio contemplando las estrellas, hablando de miedos, de sueños, de deseos, de
imposibles

M: ¿Crees en el amor? (le preguntó una noche después de haber llorado durante toda
la tarde encerrada en su habitación, y finalmente tras la insistencia de Teresa la dejó
pasar. Allí en silencio su fiel amiga la observaba con pena, hasta que Maca habló
sorprendiéndola) ¿En el amor de verdad?
T: Claro que sí (la miró algo contrariada y le preguntó con gesto serio) ¿Cómo tú, no?
M: No, yo no creo en el amor
T: Pero es imposible, escribes historias de amor
M: Pero no creo en él (le dijo seria frunciendo sus labios)
T: Eso es imposible, tus historias están cargadas de ternura, de pasión, de amor
M: Ya (bajó la mirada hasta la taza de café que tenía entre sus manos)
T: Maca... sé que ocurre algo que no me has contado, es evidente, no pretendo que me
lo cuentes pero... ¿merece la pena vivir así? (los ojos tristes de Maca la miraron para
responderle, Teresa asintió) Ahora entiendo porque escribes esos amores, porque son
justo lo que tú no tienes
Palabras 26

Entonces Maca comenzó a llorar, desde que se había casado con Luis era lo que más
había estado haciendo, llorar, y desde que Teresa estaba con ella, lo que más recibía
eran esos abrazos especialmente cariñosos repletos de ternura que lograban calmarla

A la hora que habían acordado Teresa salió de su habitación y se encontró que Maca
salía de la suya, iba con unos vaqueros, una camisa y el mismo fular envolviendo su
cuello. Teresa le sonrió como dando el visto bueno de que estaba muy guapa

T: Es que no me extraña que las y los fans caigan rendiditos a tus pies, no he visto una
mujer con tu belleza
M: Por favor Teresa... (decía algo cortada)

T: En fin... yo los entiendo ¿eh?

M: No tienes remedio (sonrió de lado)

T: Maca de separarte ¿nada? (le dijo de pronto a bocajarro) ¿Te lo has planteado?

M: Muchas veces Teresa, muchas veces (le dijo con una mueca de seriedad que le
macaba su dulce rostro en uno adusto) Pero... nada

T: Al menos... lo has pensado... vamos...

M: Ah, tengo que comentarte algo...

Y así se fueron por el pasillo del hotel hablando sobre lo que debía decirle

La hora de comer en casa de Esther se acercaba tras la ajetreada tarde que había llevado
con su ex, ésta y en compensación por no haberle contado nada a su compañera y
amiga, le preparó un arroz con pollo que tanto le gustaba

Sandra: Eres una pelota (le dijo al entrar y oler la comida)

E: ¡Aún te quejaras! (se acercó a ella y la abrazó)

Sandra: ¡Quita zalamera! Eso déjalo para tus ligues

E: Mira hemos quedado en lo que hemos quedado

Sandra: ¡Ah eso está muy bien! (le dijo burlonamente mientras se servía un vaso de
zumo de pomelo)

E: ¿Bueno y tú que?, ¿el soso ése se anima o no?

Sandra: A mí soso me lo dejas tranquilito, ¿eh?


Palabras 27

E: ¿Más? A este paso me va a tocar regalarte un consolador, el vibrador ya no te va a


servir

Sandra: ¡Burra eres por Dios!

E: Me voy a duchar y comemos, ¡no empieces sin mí!

Sandra: Si no fuera porque en el fondo eres maja, ¡te iba a esperar tu tía!

E: Ya lo sé, si es que... mis encantos ya se saben (reía abiertamente)

Sandra: Venga date prisa y te cuento

E: Sí, guapa

Esther se metió en la ducha repasando los momentos vividos con Ángela, le había
dejado muy claro que no iba a ser otra cosa que sexo, no estaban preparadas para nada
más, nada de historias raras, nada de malos rollos y mucho menos histerias. También
habían dejado claro que cada una podía hacer con su vida lo que quisiera, era una pareja
explosiva en la cama, pero un desastre fuera de ella. Estaba satisfecha, sí. Se estaba
secando el pelo cuando oyó gritar a Sandra como loca desde la cocina su nombre. Salió
corriendo y se detuvo mirando la televisión

Sandra: Te lo estoy grabando, las dos mujeres que tanto te ponen juntas, Empar
Recatalá y Macarena Wilson, ¿llevas bragas?

E: Calla

Su atención estaba completamente prestada a la televisión, allí una Macarena Wilson


sencillamente hermosa hablaba con esa voz que tantas veces Esther había imaginado
susurrarle al oído, no había voz como aquella pensaba Esther, ¿cómo sería escucharla
extasiada? ¿Cómo sería escuchar sus gemidos? En sus mejores fantasías Maca siempre
le pedía más y en ese momento en que la veía hablar sobre su último trabajo notó como
se humedecía, y terminó suspirando sin poder evitar esa sensación extraña que sentía
hacia aquella mujer

Sandra: La verdad que es mona pero tampoco para tanto...

E: ¿Quién?

Sandra: La Macarena, supongo que tiene tanto éxito por el dinero de sus padres y su
marido

E: Tiene éxito porque es una persona que escribe sobre lo que cree, el amor

Sandra: Ya...

E: Y además es muy guapa


Palabras 28

Sandra: Yo no sé que le ves, tiene la nariz grande, una papada ya algo pronunciada para
la edad que tiene, unas orejas algo llamativas, un tipo raro, parece patizamba, luego no
tiene pecho, no sé... no sé...

E: Todas esas imperfecciones son la que la hacen espectacular cariño... todas y cada una
de ellas la hacen apasionante... además con lo que escribe ha de ser de un caliente (se
reía pícara)

Sandra: ¡Pero tú te crees todo lo que cuenta!

E: La que escribe así, lo tiene que vivir ¿no crees?

Sandra: No necesariamente. ¡Qué hambre por favor! (se sentaba ante su plato de arroz)

E: Explícate

Sandra: Por algo es escritora ¿no?

E: Ya... pero experta en el tema

Sandra: Tu historia refleja el mundo interior que tú vives, porque es autobiográfica,


pero... no necesariamente tiene que reflejar con sus palabras lo que es, puede reflejar lo
que no es y quisiera ser

E: Mira cuando te pones tan trascendental no te entiendo. Creo sinceramente que la tía
es única en lo suyo, cinco libros, cinco éxitos, por algo es

Sandra: Porque su padre tiene mucha pela y si no vende libros los comprará él, luego
vas a la bodega del Sr. Wilson y deben estar allí apilados (decía burlonamente) Si
compra tres lotes de vino le regalamos el libro de la Wilson

E: Eres... (la miró entrecerrando los ojos ofendida por su ocurrencia)

Sandra: Vamos cariño que es una broma. De todos modos si a mí me gustaran las
mujeres, me quedaba con la Empar

E: Dame tiempo, cuando termine con una empezaré con la otra (ante el gesto de su
amiga rompió en una carcajada y la servilleta de Sandra terminó en su cara) Ya lo sabes,
soy irresistible ¡y mis feromonas trabajan a toda vela! (se marchaba saltando y dando
carcajadas)

Sandra: Como una cabra... pero mal ¿eh?

Esther llegaba a trabajar en el turno de noche, lo hacía con ese gesto resignado que no
podía evitar, aparcaba la bicicleta y entraba hasta donde Consuelo le esperaba con cara
de circunstancias

E: Buenas noches Consuelo, espero esta noche sea tranquila


Palabras 29

Consuelo: Tú estás mal de la cabeza, tantos pajaritos ahí dentro no te hacen ser realista
(la miraba seria y Esther al terminar de firmar se apoyaba sobre el mostrador mirándola
con esa sonrisa que desmontaba a muchas mujeres) Hoy es noche y sábado... ¿qué te
parece?, drogas, alcohol, accidentes... ¿te recuerda a algo?

E: Sí... pero te ha faltado algo más... sexo (le dijo bajito)

Consuelo: Mira hay un actor que lo están desintoxicando de eso... y a ti, no te iría nada
mal ¿eh?, aunque como le digo a mi hijo, dime de que presumes y te diré de que careces

E: Guapa si no fuera por lo que es, te plantaba un morreo que te ibas a enterar si eso es
presumir y carecer

Consuelo: ¡Ay! (decía en modo de rabieta)

E: Que desconsuelo mare... que desconsuelo...

Y divertida se marchaba a trabajar, era cierto un sábado por la noche daba poco tiempo a
descansar, pero siempre el trabajo comenzaba a partir de las doce de la noche ahí era un
descontrol tal, que a veces ella misma perdía la noción del tiempo. Pero hasta que se
hizo la hora, dejó aviso que estaba en el cuarto de enfermeras, allí había sacado un folio
y trazaba líneas sin cesar con el gesto bien concentrado, tanto que ni siquiera oyó como
se abría la puerta, y ante ella en menos de un minuto se detenía una mujer que bata
blanca. Al levantar la vista, sonrió mordiéndose el labio inferior en señal de deseo y la
mujer comenzó a desabrocharse la bata

Lorena: Tengo escasos veinte minutos

E: Lorena... en veinte minutos te hago diabluras

Eran las ocho de la mañana cuando finalizó el turno, estaba cansada dos operaciones y
una noche de lucha contra la muerte le habían dejado realmente extenuada. Al llegar a
firmar sus ojeras denotaban el cansancio

Consuelo: Venga vamos a desayunar con un chocolate caliente

E: ¿Qué te hace pensar que quiero desayunar contigo teniendo tanta chica guapa a mi
alrededor que me dan bola?

Consuelo: ¡Bola!... sabes lo que deseo, ¡qué te enamores! (se giraba para quitarse la
bata)

E: ¡Tan mal me quieres!

Consuelo: Será la única manera que dejes tanta tontería, yo tenía un primo que...
Palabras 30

Y así se marchaban juntas entre risas hasta la cafetería donde siempre que compartían
turno de noche desayunaban un chocolate caliente con churros, y allí habían hablado de
novias, sueños, hijos, marido, tan cercanas que se sentían parte la una de la otra siendo
conscientes de que siempre estarían allí

Consuelo: Me tengo que marchar ya, seguro que mi marido querrá ir a pasear

E: ¿Y tú qué quieres?

Consuelo: Descansar (dijo a modo de calvario)

E: Pues descansa

Consuelo: Como se nota que tú no has convivido, a veces hay que ceder ante los deseos
del otro

E: Pero a mí me parece que si los deseos del otro no te cuidan, eso es someterse

Consuelo: ¡Uy ya me salió la feminista!

E: No en serio Consuelo, en serio. No aguantaría yo que me dijeran lo que tendría o no


que hacer, el día que yo tenga pareja, eso lo tengo muy claro

Consuelo: ¡Ah pero piensas tener pareja! (le miraba divertida)

E: No... sabes que soy un desastre para eso... pero en el hipotético caso que se diera, a
mí no me mandaría

Consuelo: ¡Lo que te queda a ti por sufrir guapa! ya me gustaría a mí verte por un
agujerito cuando tengas pareja y te haga pasar por el aro (sonrió) Anda vamos que
quiero acabar pronto con el paseo para irme a dormir

E: ¡Hombres! (se quejó)

Se despidieron en la puerta con dos besos, esa manía de Consuelo de besar a todo el
mundo a Esther le hacía gracia, cuando estaba desencadenando su bicicleta la oyó que la
llamaba desde lejos, se giró pensando que le diría alguna de sus tonterías, sin embargo
allí estaba haciéndole señales con el brazo

E: Joder... no sí ahora tendré que ir (efectivamente Consuelo la reclamaba en la parada


del autobús) ¿Qué te pasa ahora?

Consuelo: Pues que justo cuando nos íbamos ha llegado un sobre para ti y me lo he
guardado en el bolso para dártelo pero se me olvidaba

E: ¿Una carta de triste enamorada que no puede vivir sin mí? (elevaba las cejas
provocando a la mujer)
Palabras 31

Consuelo: Ah pues no lo sé porque no lo he abierto (la miraba expectante para que


abriera el sobre) Lleva nada más que tu nombre

E: Sí, lo veo. Bueno pues nada... hasta mañana

Consuelo: ¿Y no me vas a decir quien es?

E: No... porque esto fijo que es de una admiradora (le guiñó un ojo y se fue)

Teresa no perdía detalle de todo lo que hacía, vio como cruzaba la calle y allí abría el
sobre, y de repente la vio como comenzó a gritar y saltar como loca, como miraba al
cielo, como se abrazaba así misma y como finalmente le hacía un gesto de alegría
desbordada

Consuelo: ¿Le habrá llegado el testamento de un tío rico? (murmuró mientras subía al
autobús

En casa, Sandra estaba preparándose para ir a comer a casa de sus suegros, su relación
era algo así anticuada, donde el muchacho había estudiado empresariales pero lo que
más le gustaba era trabajar en el campo, era un hombre serio pero cuidadoso con ella, la
respetaba y trataba contrariamente a los tiempos que corrían como una reina. Ella se
sentía feliz a su lado a pesar de que Esther siempre se metía con ella por su poca vida
sexual. En esos pensamientos la descubrió un grito de Esther. Se asustó pensando que
algo le había sucedido y se acercó hasta ella con rapidez, estaba llorando

Sandra: ¿Qué te ha pasado Esther?, ¡no me asustes por Dios! (la cogió por los hombros
con gesto preocupado)

E: ¡Un milagro!, ¡la vela funcionó!, ¡tu Virgen se ha portado de puta madre! (le decía
emocionada con los ojos acuosos y un pequeño jadeo al hablar)

Sandra: ¿Esther qué has comido, tienes fiebre? (le puso su mano en la frente)

E: La Virgen me ha dado su Bendición, es una fuera de serie la Tía (decía como si


realmente estuviera en trance)

Sandra: ¿Angustias, vómitos? (la acompañaba hasta la cocina)

E: Y a partir de hoy, creo en Ella (decía con contundencia dramática) No hay Dios, sino
Diosa

Sandra: ¿Diarrea, alucinaciones? (le iba preguntando mientras la sentaba en la silla de


la cocina)

E: Me siento... en una nube

Sandra: ¿Has vuelto a los porros? (le preguntó fuera de sí)


Palabras 32

E: Ella... ella...

Sandra: ¡Esther! (le llamó la atención con gesto de pánico al verla en ese estado)

E: Mira esto... no tengo palabras (decía emocionada dándole un papel)

Sandra: Querida Esther García, le mando esta carta para comunicarle que a partir de
mañana podrá usted incorporarse al curso intensivo de la escritora Macarena Wilson
(abría los ojos como platos y conforme iba leyendo su tono era más y más sorpresivo)

E: Sí (dijo extasiada abriendo los brazos poniéndose en pie y abrazándose a ella)

Sandra: Pero... (la separó porque era tanto el impulso que llevaba Esther que por poco
la ahoga, al separarla, la miraba sin entender)

E: La vela, bueno el velón que le puse que me costó un euro (decía abriendo los ojos
muchísimo como si hubiera hecho un esfuerzo con aquella ofrenda)

Sandra: Pero esto... (volvía a mirar el papel y con el mismo gesto de extrañeza la
miraba a ella)

E: La divina providencia... ¿no es fantástico?

Sandra: Pues voy a empezar a creer en los cirios... (decía boquiabierta)

E: ¡La voy a conocer Sandra! ¿te das cuenta? (decía fuera de sí entusiasmada)

Sandra: Me alegro... creo que si te aplicas, puedes aprender de verdad puede ser
interesante para ti

E: ¡Diosa! (le dijo abrazándose sonriente)

Sandra: ¡Diosa! (reían alegremente mientras se abrazaban con fuerza)

E: ¡Joder y hoy Domingo no puedo comprarme ropa!

Sandra: Ten cuidado no vaya a ser que como avergüences a la Diosa te vaya a castigar
(le dijo burlándose de ella)

E: ¡Mierda me tengo que depilar! (exclamó marchándose a su cuarto)

Sandra: Ya ves tú, en lugar de pensar en libros y letras, piensa en que se tiene que
depilar... ¡nunca tendrá arreglo esta xiqueta!

En uno de los Restaurantes de la playa se encontraba Maca junto a su marido comiendo


una sabrosa paella de marisco, frente a ellos el mar. Los ojos de la escritora volaban por
todos los sitios excepto a la figura de su marido. Éste bebía vino blanco y comía sin
parar de hablar y contarle cosas que para Maca no tenían ninguna importancia, porque
Palabras 33

era cuestión de negocios, además, aquel tema le provocaba un agudo dolor de estómago
porque le recordaba lo que tanto quería olvidar

Luis: ¿Vas a tomar postre?

M: No, me ha llenado mucho (le dijo limpiándose la boca)

Señor: Hola, disculpe que le moleste pero... ¿verdad que es usted Macarena Wilson, la
escritora?

M: Pues sí (respondió amablemente mientras Luis sonreía orgulloso)

Señora: ¿Podría por favor firmarme un autógrafo?, llevo aquí su libro

M: Claro como no (la señora le entregó el libro y el bolígrafo, Maca firmó sonriente)
Gracias

Señora: No por favor, las gracias se las doy yo

Luis: Bueno... hoy ya hemos logrado cautivar a otra más

M: ¿Tú quieres postre? (lo miró con la mirada vacía y voz inexpresiva omitiendo el
comentario)

Luis: No, un café

M: Vale. Quería comentarte algo Luis

Luis: Tú dirás

Camarero: ¿Van a tomar algo más los señores?

Luis: Un café por favor

M: Y la cuenta (agregó con voz tranquila y cierta sonrisa amable)

Camarero: De acuerdo

Luis: ¿Tienes mucha prisa, no te parece?

M: Mañana tengo que empezar un curso ¿lo recuerdas? (lo miró seria enarcando una
ceja)

Luis: Claro que lo recuerdo cariño

M: Quiero preparar algunas cosas. ¿Cuándo te vas?

Luis: El martes por la mañana. Te acompañaré y después me iré a Zaragoza para tener
todos los cabos bien atados
Palabras 34

M: Vale

Luis: Y ahora... gracias (le dijo al camarero) ¿Qué querías comentarme?

M: He cambiado de opinión sobre la novela

Luis: ¿Pero cómo vas a cambiar?, te han dicho que...

M: A ver (sus manos fueron un movimiento conjunto y contundente para cortarle)


Manteniendo el tema, pero ambientado en otra época, y en otro lugar

Luis: Ya... (la miraba con el ceño fruncido no era muy de ella esos cambios, aquello le
había sorprendido) ¿Y?

M: Quiero ambientarla aquí, en lugar de quedarme una semana me quedaré dos,


necesito recapitular información sobre la guerra

Luis: ¿Y qué coño vas a hacer aquí? (preguntó molesto)

M: Ya te lo he dicho... documentarme

Luis: ¿Una semana más?

M: Iré a Zaragoza a firmar pero volveré aquí

Luis: El sábado tenemos una fiesta

M: ¿Este sábado?

Luis: Sí. Debemos acudir creo que te va a ir muy bien para tu imagen, va de recaudar
fondos para niños enfermos

M: Vale, ¿es en Madrid?

Luis: Sí

M: De acuerdo, ¿arreglas tú lo de quedarnos una semana más aquí?

Luis: Yo no voy a poder... te había avisado ya que esta semana que viene tengo que ir a
Jerez es la reunión de bodegueros y no me fío de tu padre

M: Pues reserva para Teresa también, necesitaré su ayuda

Luis: ¿Y a qué te va a ayudar Teresa? (preguntó sonriendo de lado)

M: No sé si aún no lo sabes pero para hacer la novela que hice histórica fue gracias a
ella quien me sacó todas las fechas y datos que necesité
Palabras 35

Luis: Tendré que decirle que te vigile... porque digo yo... (dio un sorbo a su copa) ¿Esto
no tendrá nada que ver con otras cosas, no?

M: ¿Por qué no te quedas y lo compruebas tú mismo? (le recriminó mirándole con un


marcado odio en sus ojos)

Luis: Vale... pero si puede ser en tres días mejor, este hotel es muy caro. Joder y este
Restaurante... menuda clavada nos han pegado por una paella

Se dirigieron al hotel, él se acostó y Maca salió a la terraza, allí mirando el mar


encontraba algo que hasta ese momento no había sentido. Desconcierto, ansia, el alma
hambrienta y el corazón sediento

-: Para ya... para ya (se susurró con el rostro atormentado)

En cuanto pudo se bajó a la cafetería junto a Teresa, allí hablaban sobre lo espectacular
que había sido el amanecer aquel día, las luces, los colores de aquella playa a ambas las
tenían cautivadas. Sin embargo había algo más que tenía cautivada a Maca, era una
mujer que había tras Teresa, sobre unos cuarenta años, estaba leyendo su periódico pero
de vez en cuando, la miraba. Y aquella mujer que se estaba tomando un té, parecía
insistir con su mirada tanto que cuando coincidían Maca la apartaba con rapidez

T: ¿Estás bien, Maca?

M: Sí, claro (le contestó moviéndose en su silla)

T: Te noto nerviosa, como inquieta

M: No pasa nada ya sabes que cuando voy a dar un curso me da un poco de taquicardia

T: Ya, es normal. Bueno así que la chica ha debido recoger ya la invitación para el curso

M: Imagino que sí (dio un sorbo a su taza sin poder evitar unos ojos negros clavándose
en ella)

T: Te puso mucho impedimento Luís

M: No (“tan solo sexo” pensó para sí mientras sentía como su sangre se removía dentro
de ella a punto de estallar)

T: No, ¿o sí? (la miró con intensidad)

M: Ya sabes (dijo de manera desapegada)

T: No, no lo sé, pero lo puedo imaginar (la miró fijamente y Maca desvió su mirada)

M: ¿Cómo tienes la mano? (trató de no mirar a la mujer que detrás de Teresa la estaba
observando
Palabras 36

T: Me duele un poquito... pero solo un poquito (le sonrió)

Entonces llegó una mujer que le hizo una señal hacia donde estaba Teresa, que se
percató que llamaba a alguien, se giró instintivamente por si era a ella y vio como la
mujer de atrás suyo se ponía en pie, y se acercaban hasta dejarse un beso en la boca y
juntas marcharse, los ojos de Teresa se abrieron como platos ante el gesto y Maca al ver
su expresión sonrió

M: ¿Qué te pasa?

T: Lo que acabo de ver (le dijo escandalizada)

M: ¿Qué has visto? (sonreía porque sus gestos exagerados era algo que le hacía mucha
gracia de Teresa)

T: Espera (se sentó a su lado a modo de confesión y Maca seguía sonriendo) Dos
mujeres, se acaban de besar... pero en la boca ¿eh? ¡qué vergüenza! (decía
escandalizada)

M: ¿Por qué? (la miró fijamente con su sonrisa totalmente borrada)

T: ¿Cómo qué por qué? (esta vez quien la miró asombrada fue ella) Mujer... es
evidente... ¿no?

M: ¿Tú también eres de las que piensa que eso es una ofensa que dos mujeres se
quieran?

T: Pues... no sé... yo creo que no es lógico ni normal... alguna enfermedad deben tener
eso no es lo normal en todo el mundo, vamos (volvían sus ojos a abrirse mucho y
gesticular exageradamente)

M: ¿De verdad piensas eso? (la miraba con una mueca profundamente triste)

T: Pues... ¡ay Maca no sé! (hizo un ademán echándose para atrás)

Durante un rato guardaron silencio, después Teresa le propuso ir a dar un paseo por la
playa, era primavera y apetecía caminar, contemplar el azul del mar, del cielo, los niños,
la gente

T: ¿Maca y no has pensado tener hijos? Serías una madre estupenda (le dijo sonriendo
al ver como al acercarse un niño jugaba con él)

M: Alguna vez, sí (sonreía mientras la madre del niño le daba las gracias)

T: Nunca es tarde cariño (le sonrió)

M: Ya... hace cuatro años tuve un aborto


Palabras 37

T: No lo sabía

M: Ya. Hay muchas cosas que no sabes Teresa (su voz fue un susurro pero apagada
como si tras aquella frase hubiera algo horrible que pesaba sobre su alma)

T: Eso sí que lo sé

M: Venga vamos a tomarnos un helado (le sonrió)

Estaba entrando la noche cuando Esther salió de su cuarto preparada para trabajar,
Sandra que se estaba comiendo un bocadillo la miró con algo de perplejidad porque iba
cargada con dos bolsas

Sandra: ¿Y eso?

E: La ropa de mañana
Sandra: ¿Oye y cómo lo vas a hacer?, ¿puedes asistir a las clases?

E: Mañana me darán los horarios, pero bueno si no puedo cambio el turno no pasa nada
además ahora tengo cuatro días libres por las noches que he tenido guardia
Sandra: Menos mal

E: Pues ya está... ¡no me lo puedo creer Sandra! (volvía a ella la histeria del momento)

Sandra: Ni yo, la verdad (reía abiertamente al ver a su amiga tan feliz)

E: ¿Te imaginas?, voy a verla... voy a escucharla... voy a...

Sandra: Para, y sé inteligente por una vez

E: ¿Me estás llamando burra?

Sandra: Sabes que sí. No trates de conquistarla, no trates de mirarla como a una mujer,
cuando estés allí recuerda todo lo que has pasado para poder publicar tu novela. Por una
vez en la vida, saca provecho de la situación, no sé... hazte amiga no amante de ella,
como amiga quizá te pueda ayudar

E: Como amante me ayudaría más (le guiñó un ojo)

Sandra: Esther por favor... tienes talento, tan solo necesitas un empujón así que por
favor no hagas tonterías, está casada lo demás son películas que tú te has montado
insisto, no hagas tonterías y saca provecho de la situación. Recuerda que es una
oportunidad de la Diosa, y deberías aprovecharla

E: Vale mami... te haré caso

Sandra: A pesar de tu lado frívolo, eres buena gente y me gustaría que las cosas
salieran bien
Palabras 38

E: Lo sé... gracias (la abrazó) Te quiero mucho

Sandra: Suerte mañana

E: Ya te contaré

Sandra: Me la imagino, seguro se lleva la camiseta con mayor escote que tenga, y se
pondrá en la primera fila haciéndole caídas de ojos y demás... ¡le pueden las feromonas!

Cuando Esther cruzó la puerta de urgencias la esperaba Consuelo con gesto de total
intriga. Al verla, la enfermera sonrió divertida sabiendo lo que esperaba

E: Buenas noches

Consuelo: Buenas noches (la miraba expectante)

E: ¿Todo bien Consuelo?

Consuelo: Sí

E: Me alegro (le dedicó una sonrisa totalmente cautivadora) Bueno voy para dentro

Consuelo: ¡Eh oye... oye...! (Esther se marchaba muerta de risa) Será posible

Estaba cambiándose cuando le sorprendió que Consuelo entrara en su vestuario, al verla


se puso seria

E: ¿Qué haces aquí?

Consuelo: Mira no me vengas con milongas ni gaitas... ¿qué era lo de ayer que te
pusiste a saltar como loca?

E: ¡Ah eso! (sonrió mientras cogía su fonendo y se lo colgaba al cuello con total
parsimonia disfrutando del momento)

Consuelo: ¡Esther!

E: Nada importante para ti, claro, para mí sí

Consuelo: Vale... ya veo que disfrutas omitiendo su contenido, y yo preocupada por ti,
¡si es que no debería ni siquiera molestarme en sufrir por ti!

E: Vale... vale (la cogía del brazo viendo que había conseguido su propósito de hacerla
rabiar) No sé porque me llegó una nota diciéndome que me habían aceptado para el
curso de la gran Macarena Wilson (lo decía con voz repleta de emoción y gesto
elocuente)
Palabras 39

Consuelo: ¡Pero...!

E: ¿Quién te dio el sobre? (le preguntó sonriente)

Consuelo: Vino por mensajero. ¿Y no sabes quién te lo ha mandado?

E: Ni idea. Recuerdo que en la secretaría del centro les di todas las direcciones, pero, no
sé como me lo mandaron aquí

Consuelo: Que misterio ¿no?

E: Pues ahora que lo dices no me había parado a pensar en eso (decía con el ceño
fruncido)

Consuelo: Bueno cariño... sea como sea vas a ver cumplido parte de tu sueño, y espero
tengas la cordura suficiente como para aprovechar las circunstancias y no echarlas a
perder con tus dotes de conquista

E: ¡De verdad, eh! (le golpeó graciosamente el brazo)

Consuelo: Quiero verte convertida en toda una señora escritora, con letras mayúsculas,
y el primer paso es ese curso, así asalta todo lo que quieras menos el cuello de la
escritora
E: ¡Otra! ¡Cómo eres de verdad!, venga voy a invitarte a un café

Consuelo: ¿Cuándo seas famosa te acordarás de mí? (la miraba con gesto de
preocupación) Ya te veo entre entrevistas... focos... premios...

Y así se marcharon cogidas del hombro sonrientes soñando con todo aquello que un día
Esther le comentó que quería ser. Por largo rato pudieron seguir soñando despiertas en
cafetería compartiendo un café

En la cama Luis esperaba que su mujer entrara de la terraza, la veía como estaba metida
en sus papeles, ella era así, en cuanto comenzaba un proyecto sucumbía ante él, y
parecía que aquella ciudad le había motivado lo suficiente como para comenzar a
trabajar. Sin embargo, aquel cambio para quedarse una semana más, le había dejado
algo pensativo. Pero allí estaba tan metida en su trabajo que finalmente se fue quedando
dormido

Mientras Maca había comenzado a trazar cosas que pudieran ser una historia de amor
pero justo cuando estaba poniendo los nombres a los personajes, se detuvo y su mente le
jugó una mala pasada volviendo años atrás en el tiempo

Estaba llegando a casa de su amiga Adela, allí se habían puesto a estudiar sin
descanso hasta que decidieron bajar a la cocina a tomar algo. Estaba en ello cuando
Adela la dejó un momento sola para ir al lavabo entonces se le acercó la cocinera y
sacó de su bolsillo algo que le entregó sigilosamente
Palabras 40

Cocinera: Guárdalo y lo lees cuando estés sola, es para ti, solo para ti

Y recordó como deseaba que el tiempo pasara para quedarse sola, pero a la vez, como
le quemaba aquella carta en las manos, aquella sensación de pánico desmesurado con
una mezcla de ansía enfermiza, era un sentimiento que no había vuelto a sentir jamás.
Aguantó hasta la soledad de su cuarto, abrió la carta como si tuviera en sus manos un
tesoro, algo prohibido, reconoció sus nervios en el instante en que sus dedos
temblorosos recorrían lentamente uno de los bordes para abrirla, tragó saliva, no
imaginaba que podía haber dentro de aquel sobre, pero sin duda le bastaba tener
noticias de Lidia para sentirse maravillosamente alterada, le dolía el estómago, y tras
una exhalación profunda y definitiva leyó

“Hola guapa... no sé si me echas de menos, yo aún tengo el sabor de tus labios en mi


boca, dentro de un mes iré, me encantaría verte a solas, tú y yo
Hasta pronto Macarena”

Y Macarena sonrió, abrazó la carta y sonrió esperando que aquel mes pasara lo más
rápido posible, aunque no sabía muy bien que pasaría, solo cerraba los ojos y dejaba
que su imaginación dibujara el encuentro, repleto de cosas bellas, de caricias y besos y
así, recordó como aquella noche se entregó en silencio y soledad a esas imaginaciones
por primera vez en su vida

Sacudió la cabeza de un golpe seco, como si al levantar la cabeza la brisa pudiera


llevarse todos sus recuerdos, entonces miró hacia dentro y vio dormir a Luis, suspiró
poniéndose en pie mientras apoyaba sus antebrazos sobre la barandilla de hierro
cerrando los ojos y dejándose llevar por la brisa y el sonido del mar cómo si fuera la
manera de encontrar salida a todos sus problemas, como si fuera el instante de olvidarse
de todo y de todos, y entregarse cual sirena nocturna al mediterráneo, y dejándose mecer
por las olas llegar a aquella isla solitaria en la que un amor la estaba esperando para
llenarla de vida, de esa vida que no tenía en aquel balcón, en aquella habitación

13 Abril 2005

Los rayos del amanecer sobre el mar siempre tienen un color diferente, siempre llenan
todo de vida con mayor ilusión, al menos así pensaba Maca mientras veía como poco a
poco la ciudad iba despertando, como la gente iba apareciendo en la playa para caminar,
correr o paseando a sus mascotas, un escalofrío le hizo abrazarse a sí misma mientras
una débil sonrisa se marcaba en su rostro al ver como un cachorrillo jugaba con una
pelota que aparentemente era más grande que él

Luis: ¿Qué haces ahí? (le preguntó con tono grave)

M: Disfrutar del mar

Luis: Venga arréglate que hay que bajar a desayunar

Maca no le contestó, tan solo suspiró y se dio la vuelta para entrar y arreglarse sin más
conversación
Palabras 41

En el cuarto de enfermeras una nerviosa Esther no atinaba con el agua, primero


demasiado fría, después demasiado caliente, mientras su cabeza iba confabulando
situaciones que podían darse, y todas ellas acababan con la gran Macarena sumida a sus
encantos, reía sin parar, silbaba, cantaba, realmente estaba feliz

Consuelo: ¡Hacía mucho tiempo que no te veía así!

E: Estoy feliz Consuelito

Consuelo: ¡Ay... espero que me hagas caso en todo!

E: Tranquila, no me echaré al cuello de la gran escritora, ni le meteré mano en sus


pechos cuando menos lo espere, ni pasearé mi lengua por mis labios en total gesto
seductor

Consuelo: ¿Eso también lo haces? (la miró abriendo los ojos)

E: Es infalible Consuelito... si es que... si dejaras que te diera clases te iría mucho mejor

Consuelo: Oye que a mí me va estupendamente ¿eh?

E: Te iría mejor (le sonrió)

Consuelo: ¡Vas a pintarte Esther!

E: Claro... yo cuando voy a estudiar me aplico en todo

Consuelo: Bien... así me gusta (Esther sonrió traviesa) ¡Deberían dejarme estar a mí en
esa clase! Por cierto... todo el mundo se ha enterado de los suspiros de Lorena

E: ¿Y?

Consuelo: Debería darte vergüenza... sólo eso

E: Vamos Teresa, ella vino aquí y este es mi territorio eso lo sabe todo el mundo, si una
es buena y provoca esos gemidos... ¿qué quieres qué haga yo?

Consuelo: ¡Esther!

E: ¡Consuelo! (la imitó en el tono de riña)

Consuelo: Está casada

E: Eso díselo a ella, no a mí

Consuelo: No Esther, a ti también te lo digo, a ti también ¿te sientes orgullosa de eso?,


¿eh? (Esther la miró seria) Dime la verdad
Palabras 42

E: No Consuelo, no, le dije que se había acabado

Consuelo: Claro se lo dirías después de... Pero nunca acaba. ¿No crees que deberías
parar y pensar?

E: Ya lo he dicho Consuelo, quiero cambiar pero no voy a hacerlo de la noche a la


mañana (elevaba los hombros con gesto serio)

Consuelo: ¡Qué cruz tengo contigo!, eres como las almorranas

E: Pero más mona, ¿no? (le sonrió vacilante)

Maca llegó una hora antes del comienzo de sus clases, lo hacía con su pequeño portátil
appel, su cartera y su bolso bandolera, con vaqueros, camiseta y una cazadora a juego
con los zapatos de pequeño tacón. El pelo suelto y lacio, pintada suavemente y con la
mirada repleta de brillo por la ilusión que le hacía poder entregar a sus alumnos lo que
para ella era tan importante, el arte de escribir. A su lado su inseparable marido a su vez
inseparable igualmente del teléfono móvil. Y un paso atrás Teresa con su maletín y sus
cosas, traje chaqueta de falda, y blusa fresca con sus inseparables pendientes a juego
con el collar

Mientras Luis hablaba sobre negocios de la bodega, Maca entraba a su clase para dejar
algunas cosas y Merche comentaba algo con Teresa

Mercedes: Se nota que le gusta lo que hace

T: Sí, sí... totalmente... (la miraba orgullosa)

Mercedes: Además te digo una cosa Teresa ¿puedo tutearte?

T: Por supuesto

Mercedes: He tenido la suerte de contar con diversos autores, y déjame decirte que la
sencillez de esta mujer no la he encontrado en otros

T: Es que Maca es una persona muy sensible, muy especial

Mercedes: Y tan apasionada ¿o me equivoco?

T: Eso no te lo puedo decir (sonreía) Pero en todo le pone su mayor ilusión y mucha
tenacidad es una mujer muy comprometida con todo lo que hace. Oye y gracias por
dejar que la chica que me curó tan bien pudiera cumplir su sueño

Mercedes: Bueno realmente esta mañana han llamado para darse de baja un chico por
temas laborales, así que de todos modos no va a suponer problema para Luis que sé no
le gustaba la idea
Palabras 43

T: Ya hija, ya (asentía con mala gana)

M: Bueno ya lo tengo todo, ¿nos tomamos un café? (aparecía Maca con el rostro
brillante y los ojos repletos de luz)

Mercedes: Por mí encantada

T: Yo tengo que ir a la Biblioteca para el temario pero os acompaño

Mercedes: ¿Temario? (la miró asombrada)

Luis: ¿Dónde vais?

M: A tomar un café, ¿vienes?

Luis: Sí

Mercedes: Ah Luis... quería comentarte algo

T: ¿Cómo estás? (le preguntó bajito agarrándose a su brazo mientras Merche hablaba
delante con Luís)

M: Bien (sonrió)

T: Que ganitas de que se vaya (dijo con gesto de angustia mirando hacia Luis)

M: Como eres (sonrió divertida)


La hora de la cita en el Centro había llegado y los alumnos iban llegando, una de las
primeras en hacerlo fue Esther, estaba atando la bicicleta a uno de los hierros cuando
oyó una voz hablar fuerte tras ella, se giró y vio a un hombre engominado, que
reconoció enseguida

E: (“Joder... el tipo este no la deja a sol ni a sombra, claro, con lo buena que está debe
temer que se la roben... yo tampoco la dejaría”)

Antes de entrar se arregló, no sabía como vestirse así que trato de ser ella, la más
auténtica Esther, vaqueros camiseta dejando ver la mayor piel posible, bien ajustada a su
busto, botas y chupa de cuero. Sus ojos se abrían expectantes, se moría de ganas de
poder verla, de poder disfrutarla a su manera. Estaba en ello cuando una voz que sonó
tras ella la reconoció porque además la llamaba por su nombre, al girarse sonrió

E: ¡Teresa!

T: ¡Vaya te acuerdas de mi nombre!

E: Claro como no acordarme del nombre de una mujer tan atractiva como tú, sería un
pecado (sonrisa amable y repleta de complicidad)

T: Uy calla, calla que aún me pondré colorada (sonreía tapándose un poco la boca)
Palabras 44

E: ¿Cómo va la herida?

T: Bien, ¿me curaras tú verdad?

E: No Teresa, tendrás que ir a consultas externas a curas, allí te...

T: Pero yo quiero que lo hagas tú (le decía con el ceño fruncido)

E: Vale... el día que te toque ir me lo dices toma (cogió un papel que había pinchado
con una chincheta en un tablón y por detrás le apuntó su número y se lo entregó con una
sonrisa divertida y amable) Mi móvil así quedamos. ¿Y qué haces aquí?, vaya sorpresa

T: Sí ¿verdad?, aunque me temo que la sorpresa mayor te llegó ayer ¿no?

E: ¡Fuiste tú! (exclamó con los ojos tan abiertos como Teresa quien asintió) Joder
gracias Teresa, gracias (la abrazó con fuerza)

T: De nada guapa, gracias a ti porque con el miedo que tenía lograste que ni me enterara
¡venga que ya van a entrar!, ¡suerte!

E: Gracias Teresa de verdad... gracias

Y salió corriendo hacia el aula, al llegar vio que habían dos tiras de sillas para cinco
ocupantes cada fila, sin pensarlo se lanzó a por la primera fila pero justo en el momento
en que llegaba, otra chica le quitó el sitio, la mirada asesina de Esther, no la amedrantó
y terminó por sentarse con una sonrisa algo burlona que a punto estuvo de provocar que
Esther le estirara del pelo y la sacara de allí. Se sentó disgustada en la segunda fila pero
justo delante de la mesa donde suspiraba porque allí estaría el amor platónico de su
corazón y el deseo callado de su pasión

Cuando la puerta se abrió, su corazón se disparó en latidos sus ansías por verla
sobrepasaban la cordura, pero su segunda decepción fue en ese momento que no entró la
mujer de sus sueños, sino, una mujer de mediana edad con Teresa detrás, sin duda, había
tenido suerte de que Teresa trabajara en aquel lugar, sí, había tenido mucha suerte

Mercedes: Buenos días chicos y chicas... mi nombre es Mercedes soy la directora de


esta maravillosa aventura que vamos a comenzar...

E: (“¡Qué pesada la tía!, ¿pero dónde demonios esta mi chica?... Dios que me pongo
solo de pensarlo... respira Esther... respira... que vas a sudar y se te va a ir todo el
maquillaje, eso es... eso eso... Calma... y la petarda esta que me ha quitado el sitio la
madre que la parió, ahora mañana de una patada en el culo la sacó de ahí ¡no te jode!,
me va a tapar porque cuando se ponga de pie... uf... uf... vamos las cataratas del
Niágara con lo que corre por ahí bajo no tiene comparación. Uf Macarena si es que
tienes bonito hasta el nombre”)
Palabras 45

Mercedes: Y sin más ya os presento a la gran Macarena Wilson que nos va a llevar por
ese maravilloso mundo de las letras y del que estoy segura va a ser uno de los viajes
más importantes de vuestras vidas

La puerta se abrió, tras ella llegaba una chica joven que acompañaba a Maca, una Maca
que estaba guapa a rabiar, con su estilo bien marcado, con su melena y ese gesto mezcla
de timidez e ilusión, todavía le daba un aura de belleza mayor

E: ¡Mi madre! (musitó para sí al verla parada frente a ella)

Tras las presentaciones, por fin la pesada de Merche se marchó dejando a Maca allí
delante de sus alumnos que la miraban con admiración. Tras su presentación con tono
calmado y una sonrisa encantadora, fue el turno de ir presentándose uno a uno y
comentar que era lo que esperaban de aquel curso y si habían tenido oportunidad de
publicar algo mientras lo hacían, Maca les prestaba total atención y en más de una
ocasión les entregaba una sonrisa minúscula pero tan significativa para ellos al escuchar
sus sueños que hacía que todos se mostraran por un instante importantes

Conforme se acercaba el turno de Esther, ésta más la miraba intensamente, Maca lo


notaba, notaba aquella mirada que tantas veces en lugares diferentes de su vida había
sentido y de la que tantas veces había huido

E: Hola, yo me llamo Esther García

M: (“Vale tú eres la de la sonrisa maravillosa que me dijo Teresa... (se dijo a sí misma
al verla, tenía curiosidad por saber quien era aquella mágica mujer de la que le había
hablado su fiel amiga) Pues va a ser verdad, ¡menuda sonrisa!”)

E: Trabajo en el hospital, soy enfermera pero mis ratos libres los dedico a dos cosas en
especial, a escribir y al amor
M: ¡Vaya! (no pudo evitar el comentario, logró sorprenderla a ella especialmente pero
también al resto de la clase)

E: Soy una enamorada de su literatura, y una enamorada de su arte porque al fin y al


cabo, soy una enamorada del amor (su voz bien modulada y sus ojos clavados en los de
Maca, hicieron del momento especial como si tan solo estuvieran las dos, sin darse
cuenta Maca quedó atrapada por aquella intensa mirada) Y no tengo nada publicado
pero no porque no lo haya intentado ¿eh?, que mis pies con ampollas pueden decir lo
mucho que anduve por las editoriales de Madrid buscando una oportunidad. Así que
espero de este curso, aprender lo suficiente como para poder seguir intentándolo, y
estoy segura que siendo usted quien nos enseñe, será una experiencia maravillosa

Le sonrió, Maca le devolvió la sonrisa de lado con una leve inclinación de cabeza, no
sabía muy bien de todo lo que le había contado que le había impresionado más o si,
había sido el conjunto de aquella joven que seguía mirándola de aquella manera tan
intensa, tan abrumadora y sobre todo, tan incitante

Se esforzó por escuchar los otros tres alumnos que faltaban por explicar sus
experiencias, pero aquella mujer le había dejado tocada
Palabras 46

M: Bueno... ahora ya nos conocemos un poco más, prometo tratar de recordar vuestros
nombres pero es que... os confieso que soy muy despistada (dijo mientras se pasaba la
mano por la melena de forma natural provocando en Esther un suspiro inaudible para el
resto) Pero bueno... creo que como bien ha dicho ¿Esther?

E: Sí (sonrió ampliamente, bien de su nombre no se había olvidado)

M: No es fácil tratar de publicar, a mí también me costó lo mío pero sin duda, para mí,
poder ayudaros modestamente en lo que yo pueda, es algo muy importante, y os animo
a escribir, a escribir aunque no sea para publicar a grandes masas, ahora tenemos el
maravilloso mundo de Internet donde podemos encontrar rincones para todos, lugares
donde escribir para la gente que nos quiera leer puedan hacerlo. Escribir es el arte más
maravilloso que existe, tener una página en blanco y llenarla de palabras y con ellas
crear historias, es para mí y espero que para vosotros también, un placer

E: (“Joder como habla... y que voz... si es que me tiene entregada...”)

M: Empezaremos con algo sencillo, cada uno de vosotros que desarrolle una pequeña
narración sobre el Mar, escribir lo que os provoque, realmente escribir es eso, abrir
nuestra alma y entregar lo que sentimos

E: (“Yo te abría otra cosa, guapa” pensó mirándola con un brillo especial en los ojos)

M: Esto... (carraspeó ante la mirada de aquella alumna)... cada uno que escriba lo que
sienta cuando se detiene en la arena y disfruta de la visión tan maravillosa como es la
inmensidad del mar

E: (“Pues yo siento lo mismito viendo el mar que mirándote a ti, excitación a tope”)
M: Y a partir de ahí comenzaremos a trabajar ¿os parece bien? (les preguntó asintiendo
con un gesto que trataba de encontrar la aceptación del resto, que sonrientes dieron por
buena aquella idea) Eso sí, mis clases no son para que yo hable nada más ¿eh?

E: (“Pues que pena porque hija... tienes una voz que susurrando en la cama debes
poner a una fácilmente a punto de caramelo, joder”)

M: Me gusta que intercambiemos opiniones, porque yo no lo sé todo, apuesto que


muchos de vosotros sabéis más que yo, pero no se os ha dado la oportunidad. Así que ya
sabéis, esto es una clase para compartir y aprender juntos. Cuando queráis podéis
empezar

Maca no era nada ególatra, más bien todo lo contrario, era algo que a Luis le daba
mucha rabia pero no había podido cambiar en ella, era lo único que no había podido
cambiar en una mujer sencilla que disfrutaba de su trabajo pero no alardeaba de él ni de
sus grandes éxitos, y quizá por esa razón la gente quedaba boquiabierta cuando la
entrevistaban, o cuando como en esa ocasión daba un curso a gente que esperaba
aprender, y que en las primeras de cambio, todos, se percataron que ella no iba a perder
el tiempo hablando de si misma, que estaba allí para enseñarles para compartir la pasión
por algo que llevaba en sus venas, la novela
Palabras 47

Se había sentado para ella misma escribir sobre el mar, estaba haciendo lo mismo que
los demás y eso, a todos les llamó la atención, su naturalidad había embargado toda el
aula, su aura de calma había logrado crear un ambiente muy ameno para todos, excepto
para una alumna que no podía evitar mirarla, se sentía tan eclipsada por ella que no era
capaz ni siquiera de escribir, allí la tenía y si hacía un mínimo esfuerzo podía imaginar
que en aquel lugar no había nada más, que la gran Macarena estaba allí para ella sola.
Suspiró con ese sentimiento de admiración profunda mirándola insistentemente, hasta
que por un segundo Maca levantó la mirada quizá algo extrañada de sentirse observada
y los ojos de ambas se quedaron atrapados por segundos, hasta que Esther le dedicó una
medio sonrisa tan maravillosa que a la escritora el corazón le dio un pequeño pero
intenso latido

Esther agachó la mirada para escribir porque en su interior se estaba librando una batalla
gracias a Consuelo y Sandra, sus palabras no la dejaban disfrutar como a ella le gustaba
hacer de una mujer, precisamente una mujer que siempre le había hecho sentir millones
de emociones y que en esos momentos la tenía delante

M: Bueno... ¿ya lo tenéis? (la mayoría contestó que si) Estupendo pues ahora me ponéis
vuestros nombres, y los recojo ¿vale?

Los alumnos obedientes y orgullosos de poder compartir con ella su pequeño trabajo,
ofrecieron con sonrisas sus escritos de un folio conforme Maca pasaba por sus mesas y
les recogía el papel, al llegar el turno de Esther, vio que había escrito tan solo tres líneas
pero le ofrecía el papel firmado y con una sonrisa tan maravillosa como la anterior,
Maca le devolvió el gesto

E: (“¡Ay mare que se me va a notar... ay que me pongo directamente, eh! ¡venga Esther
nada de números, relájate ya tendrás oportunidad de ponerte en otro momento mejor y
con ella entregadita a ti!” resopló sin poderlo evitar)
Cuando Maca terminó de recoger todos los folios, se acercó con ese caminar suyo tan
especial, Esther se había ladeado un poco en la silla para poder observarla bien,
sonriendo al recordar que Sandra le había dicho que era un poco patizamba, y sí, tenía
razón, pero era una maravillosa patizamba. Al girarse Maca, la sorprendió y Esther tuvo
que colocarse con rapidez como si hubiera buscado algo en el suelo, el gesto hizo que
Maca la miraba con el ceño algo fruncido. Tras unos segundos se sentó nuevamente en
la mesa, con un porte muy relajado y natural, entonces tomó aire y empezó nuevamente
a hablarles

M: Sé que todos estamos aquí porque amamos la literatura, y cada uno de nosotros
somos escritores a nuestra manera, habrá a quien le guste la novela romántica, como a
mí (sonrió) Habrá a quien le guste la novela negra, o la histórica, o habrá gente que tan
solo le guste escribir relatos cortos, costumbristas, o incluso artículos, pero para
cualquiera de estas maneras solo hay una manera de llegar a los demás, y es escribir con
el corazón, con lo que eres con lo que hay en ti, pero siempre entregando en cada relato
o historia el alma. Habrá veces que nos salga mejor, otras peor, pero cuando escribimos
de esa manera habrá algo que será mucho más interesante que el éxito, que el dinero que
puedes o no ganar, y eso no es otra cosa que el transmitir lo que uno siente y si lo
Palabras 48

logras, es como si en un segundo efímero pudieras rozar con la yema de los dedos la
felicidad

Aquella introducción en un solemne silencio, con un tono pausado y casi susurrante


llegó a emocionar a Esther, los gestos, los labios, las manos gesticulando, era casi la
perfecta imperfección. Y todo cuanto decía y que ella misma había logrado
experimentar, le unía de manera inquebrantable a la escritora que seguía hablando y que
con aquella voz tan seductora y sensual, parecía envolver a todos y cada uno de los
presentes como si lograra hipnotizarlos con sus palabras

M: Cada uno tenemos un gusto por algo, a veces por experiencia propia os digo, es
mejor no dedicaros tan solo a un tema, y en eso vamos a trabajar. Podemos escribir casi
de cualquier cosa, y ese casi que parece imposible no lo es, el escritor trabaja tanto con
la mente como con el corazón, pero también con la investigación, y si uno investiga,
aprende y es capaz de desarrollar el tema que ha elegido a pesar de la dificultad de no
ser un tema con el que nos podamos sentir cómodos, la satisfacción es mucho mayor,
por eso, siempre digo lo mismo, cada autor debe defender sus ideales hasta que alguien
nos demuestre que verdaderamente estamos equivocados, y solo entonces, podemos
pedir que se nos deje demostrar que lo estamos, no hay un imposible para un escritor
cuando lo que escribe es lo que desea y lo que le pide el corazón, porque no solo
escriben con el corazón aquellos que hablan de amor, también los que hablan de
cualquier sentimiento, de cualquier trama, si no sentís lo que escribís, no sois sinceros
con vosotros mismos y por lo tanto no lo seremos con nuestros lectores

Se daba cuenta de que todo el mundo la miraba expectante, no tenía nada anotado
porque sus clases partían de su corazón, de su pasión por lo que hacía, ya llegaría el
apartado de los apuntes, de las cosas más técnicas, pero por lo pronto se mostraba tal y
como le gustaba, aquella era la verdadera Maca, la pasional, la sensata, la sincera, la
tranquila, aquella era la Maca que un día decidió matar, y que nunca le dio oportunidad
de salir, y que cada vez que los recuerdos llegaban con el temblor de su cuerpo tan solo
los observaba desde fuera de la escena, y trataba de no sentir, de no verse reflejada en el
corazón. Sin embargo, a veces le era tan complicado que justo los recuerdos salían
cuando bajaba la guardia, y en ese momento en que hablaba tan de corazón, notaba que
su piel se estremecía ante su falta de tantas cosas que cuando sus ojos fueron a dar con
los de Esther, aquel estremecimiento, fue mucho mayor y por segundos siguió hablando
mientras la miraba fijamente

M: A veces escribimos lo que somos, y no por eso hay que avergonzarse, cada
personaje es un hijo nuestro, cada libro lo es, pienso aunque está claro que puedo estar
equivocada (su sonrisa y su mano en el pecho formaron un gesto tan tierno que Esther
suspiró apoyando sus codos en la mesa y sus manos en el mentón) Pienso que cada
autor puede volcar en un papel desde sus vivencias, hasta sus sueños, y en ese punto
creo que todos escribimos algo de lo que somos o soñamos. ¿Estáis de acuerdo?

Juan: ¿Tú crees que eso no nos deja un poco en ridículo?, que alguien pueda llegar a ti
por medio de tus personajes

M: ¿Juan verdad? (le preguntó sonriendo)


Palabras 49

Juan: Sí, Juan (le devolvió la sonrisa)

M: Yo creo que no, además, un escritor no puede escribir pensando en que la gente
puede pensar de él, por ahí se pierde la autenticidad de uno mismo, la esencia

Paloma: Soy Paloma

M: Gracias (sonrió como aceptando que no se acordaba de su nombre)

Paloma: Yo creo que cuando escribo algo es porque lo siento, y a veces es cierto que si
alguien cercano a mí lo lee, me dice, eres tú y en parte me gusta porque entrego lo que
soy

M: Exacto

E: Es algo así como desnudarnos nos guste o no, ¿verdad? (la miró nuevamente con
tanta intensidad que Maca dudó un segundo en la respuesta, había juntado sus labios de
manera que Esther pensó “Joder que morritos, señor, ¡deberían estar prohibidos!”)

M: Sí, es como desnudar el alma

E: ¿Y sirve para cerrar heridas?, ¿o para revivir amores o dolor? (seguía mirándola con
fijación)

M: Algo así, es como dar carpetazo a un pasado o dar oportunidad a un futuro cuando
escribes algo. ¿Tú lo has experimentado, Esther?

E: Digamos que sí, en parte es un alivio poder sacar de ti las cosas que no puedes contar
a nadie en voz de otros personajes, es como esa válvula de escape que no todo el mundo
puede utilizar, a veces he querido decir algo a alguien determinado y un personaje lo ha
hecho por mí

M: Eso si que es saber utilizar la escritura (sonrió el resto de la clase le acompañó)


E: ¿Puedo tutearte? (le preguntó ante la sorpresa de Maca)

M: Claro por favor, tú y todos, o me siento vieja

E: Creo que cuando he tratado de publicar y nadie me ha ayudado, cuando me he


venido abajo lo mejor que he tenido para superar la decepción ha sido otro libro, o como
tú decías otro relato, es lo mismo que cuando he amado y he dejado de amar, lo mejor
que he sabido hacer es escribirlo, despedirme por carta. Es utilizar un papel como medio
de comunicación cuando la comunicación no sale, cuando no tengo palabras para hablar
¿entiendes?

M: Sí, claro que te entiendo (su voz sonó grave, y su pecho con un movimiento débil
demostró una exhalación de aire pesado quizá, aire que como Esther le estaba diciendo,
necesitaba salir y comunicarse, gritar, pero no sabía como) A veces, escribir nos ayuda a
ser mejores
Palabras 50

Y así hubo un silencio que pareció llenar las mentes de cada uno de los presentes en el
aula. Mientras dos mujeres se miraban intensamente

La clase llegó a su fin, a todos incluida Maca se le había pasado el tiempo demasiado
rápido, efímero, como cuando las cosas están siendo tan agradables que se hace todo
demasiado corto. Al decir que podían recoger, Esther se levantó con la idea de ir hacia
ella, pero en ese instante la puerta se abrió y entró Luis

Luis: ¿Cómo ha ido? (preguntó seco y distante)

M: Muy bien (su respuesta igualó su tono)

Luis: Me alegro. Vamos que tenemos una reunión

M: ¿Y Teresa?

Luis: En la Biblioteca

M: Hasta mañana chicos (les saludó con una sonrisa)

Todos: Hasta mañana (respondieron al unísono)

Y la vieron marcharse mientras entre ellos intercambiaban las impresiones que les había
causado aquel primer contacto, todos excepto Esther que seguía mirando hacia la puerta
con gesto de enfado, entrecerrando los ojos como si con eso pudiera fulminar la figura
de aquel hombre que llevaba cogida de la cintura a quien para ella era en ese momento
un imposible

Salió esperando encontrarse a Teresa, pero no estaba se marchó hasta su bicicleta


pensando que la mujer debía haber terminado su trabajo, se subió y tras asegurar su
mochila empezó a pedalear repasando cada momento que había vivido en aquel aula
mágica

En el taxi una más que tensa Maca escuchaba las indicaciones de su marido, se alegraba
que al día siguiente tuviera que marcharse para perderlo así de vista, entonces sus ojos
se elevaron dejando de mirar sus manos entrelazadas en actitud defensiva como siempre
cuando estaba a su lado, pero en ese instante en que elevó un poco su cabeza y a pesar
de que un mechón de su cabello caía sobre la parte izquierda de su rostro, vio mientras
el taxi se detenía en un semáforo, como pasaba una chica en una bicicleta, una chica que
reconoció y que llamó mentalmente

M: Esther...

Comieron junto a Teresa, y por fin Luis desapareció a dormir mientras ella se quedaba
con su amiga en esa cafetería que tanto le gustaba porque a través de las cristaleras
podía contemplar el mar de una manera apoteósica, casi insultante

T: ¿Y qué tal Esther?


Palabras 51

M: ¿Esther? (le preguntó como si no supiera de quien le hablaba)

T: Sí, la chica que me curó. ¡Mira que eres despistada, eh!

M: Ah... pues interesante, tiene una manera de ver la escritura muy interesante

T: Parece muy sensible

M: Sí. ¿Podrá venir a las clases?, con esos horarios tan raros que tienen en los
hospitales (la miraba mientras bebía un sorbo de su té)

T: Pues... no lo sé... la verdad que no lo sé, pero bueno tengo el teléfono por si se lo
quieres preguntar

M: ¿Te ha dado el teléfono? (le preguntó con demasiado entusiasmo, tanto que ni ella
misma supo entender porque)

T: Sí, hemos quedado que iré a quitarme los puntos cuando ella esté

M: Te voy a acompañar ¿eh? (le apuntó con el dedo de manera autoritaria)

T: ¡Pero si no es nada!

M: No te perdono que no me llamaras, tantas veces he ido yo al hospital y tú siempre


has estado allí

T: No era lo mismo (le dijo con cierta tristeza)

M: Es cierto (copió su tristeza)

T: Tengo mucha información cariño (le sonrió tratando de quitar de su rostro ese gesto
apenado que tan bien conocía)

M: ¡Es cierto! (sonrió) Bien tengo que repasar algunos ejercicios que me he traído
T: ¡Ya les has puesto deberes! Seguro que todos han tratado de impresionarte, si lo sabré
yo (sonreía divertida)

M: Bueno... ya sabes... a veces rebuscan tanto lo que escribir para lucirse que no les
entiendo (reía divertida) ¿Recuerdas aquel chico que escribió en prosa el ejercicio del
Mar?

T: Dios sí, sí que lo recuerdo... (se reía)

M: Lo sencillo es siempre lo que más llega, lo rebuscado lo que más cansa

T: Que bien hablas hija... ¿y cuántos van a salir enamorados de este curso?, he contado
a cinco chicos
Palabras 52

M: Mira que eres mala ¿eh? (reía sin parar)

T: Aún me acuerdo el tipo aquel que Luis casi lo mata

M: Pobre...

T: Pues sí... Era mono (rió)

M: Bueno vamos a trabajar ¿no te parece?

T: Sí

M: ¿Cuánto vas a dormir?

T: Una horita

M: Está bien, dentro de una hora estoy aquí ¿vale?

T: De acuerdo. Nos vemos en este maravilloso rincón

Teresa se marchó dejándola sola, tras firmar el gasto que habían consumido, se puso las
gafas de sol y salió a pasear por la playa, se quitó los zapatos y comenzó sin dudar a
meterse en la arena, el contacto fino en sus pies le hizo sonreír como si sintiera un
millón de cosquillas, tras la sonrisa dirigió su mirada hacia el mar, allí ante lucía
majestuoso. No lo dudó, se sentó sobre la arena más próxima al agua y la espuma, y
cerró los ojos dejándose llevar por el sonido y la brisa que su rostro y sus sentidos iba
recibiendo

Su cuerpo eran unas castañuelas, Lidia le había mandado una nota citándola para
verse a solas sin la pesada de su hermana, y es que hacía tres días que estaba en Jerez
y todos los momentos en los que Maca había ido, le había sido imposible hacer nada
más que no fuera un intercambio de miradas, de sonrisas y por parte de Maca de
sonrojos. Sin embargo, en ese momento estaban allí, a escasos minutos de encontrarse
en una taberna a las afueras de la ciudad, a la zona donde ninguno de sus parientes
podrían encontrarlas, la zona hippie. Cuando Maca llegó conduciendo su moto, dejó a
un lado su cazadora, el casco lo anudó a la rueda, y al levantarse se apartó el pelo de
la cara con un gesto muy coqueto, se cruzó la bandolera con la chaqueta en la mano y
empujó la puerta del local. Agradeció que fuera algo oscuro y tenebroso, así nadie
podría reconocerla, se fijó en la zona que Lidia le había explicado que estaría y
efectivamente allí la vio, era un apartado bastante retirado debajo de un cuadro donde
un caballo pisoteaba a su jinete con gesto sádico, el cuadro hizo que Maca sintiera un
escalofrío que fue mucho mayor cuando vio a una chica sentada demasiado cerca de su
amor platónico

M: Hola (las saludó con dudas)


Lidia: ¡Maca cariño! (se levantó con total espontaneidad abrazándola fuerte mientras
le hablaba con alegría) ¡Qué ganas tenía de verte!, ya dudaba de si te habías rajado.
Anda ven siéntate
Palabras 53

M: Gracias se me hizo un poco tarde, lo siento (no supo que decir porque Lidia estaba
tan bella, tan hermosa que no podía evitar mirarla)
Lidia: Te presento a Mónica una amiga que ya se iba
Mónica: Adiós Maca... bueno cielo... lo dicho
Lidia: Tranquila (le sonrió cómplice mientras la chica le dejaba un suave beso en los
labios que sorprendió a Maca) Bueno ¿qué quieres beber?
M: Una cerveza
Lidia: Oye eres menor, ¿no?
M: ¿Y? (le preguntó enarcando la ceja como si realmente estuviera controlando la
situación)
Lidia: Ese gesto despierta en mí una oleada de pasión bestial, nena (le susurró y el
roce del cálido aliento de Lidia, provocó en Maca un fuerte rubor) Te he traído una
cosa
M: ¿A mí? (pregunto ruborizada)
Lidia: Claro tonta, sé que pasado mañana es tu cumpleaños, y sé que... cumplirás tu
mayoría de edad
M: Sí (sonrió mirando aquellos ojos negros azabache que tanto fuego lanzaban
transformándose en dos luces rojas que llegaban a abrasarle su entrepierna) No pensé
que te acordaras
Lidia: Lo sé todo de ti, nena (le acarició con una injusta lentitud su flequillo) Toma,
ábrelo
M: Gra... gracias (dijo tartamudeando por la cercanía de su otra mano en su muslo. Al
abrir la caja, vio un conjunto de ropa interior negra con encajes, Maca la miró
totalmente petrificada mientras sonreía) Yo... esto... joder...
Lidia: Quiero que lo lleves para mí (y sin más volvió a dejar un beso en sus labios)
Para la próxima cita. ¿Te parece bien? (le guiñó un ojo y Maca asintió)

Pero el tiempo les mantuvo separadas durante dos años y medio, primero Lidia que tras
unas notas repletas de fracasos, sus padres la enviaron a un internado de París donde
logró sacarse la carrera, no solo la de empresariales sino también, la de
rompecorazones. Por su parte Maca tuvo que marcharse a estudiar a Londres, sus
padres le dieron los mejores estudios, siempre y cuando se olvidara de las tonterías y
pájaros que llenaban su cabeza

A los dos años y medio, coincidieron en la boda del mayor de los Wilson. Maca se
había puesto el modelo negro de encaje mientras cerraba los ojos e imaginaba como se
lo quitaría Lidia, nerviosa, con ansias locas de verla se reunió con toda su familia en la
ostentosa Iglesia donde se celebraba el enlace, sus ojos abarcaban todo el espacio
posible, pero la figura de Lidia no aparecía, sí lo hacía la de su hermana Adela quien
la saludó sonriente

Durante la ceremonia en su cabeza no había otra cosa que no fuera el pensamiento con
aquella mujer que seguía siendo su amor platónico. Apunto de cumplir los veinte, aún
no sabía que era un beso enamorado, porque los únicos que había recibido eran en
sueños

Al llegar al gran restaurante donde se celebraba el convite, la vio, entre una marea de
personas pero la vio, allí sus ojos se cruzaron y sonrieron, a Maca se le disparó el
corazón, sin poderlo evitar
Palabras 54

Pedro: Maca hija permíteme por favor que te presente a este muchacho que nos va a
sacar los mayores beneficios de la empresa, Luís, te presento a mi hija Macarena
Luis: Encantado (le sonrió aquel joven con el pelo engominado mientras le besaba la
mano)
M: Igualmente (dijo sin prestarle casi atención)
Pedro: Vas a poder verlo muy asiduamente porque va a quedarse en nuestras bodegas
M: Ah (pero ella no quería ver a nadie que no fuera Lidia)
Luis: ¿Buscas a alguien?, ¿puedo ayudarte? (le preguntó al quedarse a solas, ya que
Pedro fue requerido por alguien y se disculpó educadamente para dejarlos solos tal y
como era su intención...)
M: No, no... nos vemos ¿eh?

Y se marchó en busca de Lidia, justo cuando estaba a unos metros la detuvieron las
amigas de su madre, la habían visto con aquel apuesto joven unos años mayor que ella
pero perfecto para formalizar un noviazgo;, horrorizada las miraba porque odiaba
aquellas mujeres tan cotillas, y con estilo y su bordería clásica les dijo

M: Es asunto mío, no creo que a ninguna os importe si debo o no formalizar nada con
nadie. Hasta luego

Y como siempre que hablaban con ella, todas terminaban criticándola no sabían muy
bien a quien se parecía, siempre con un porte borde y distante parecía no pertenecer a
una gran familia. Y ajena a todo cuanto decían, Maca salió hasta la terraza porque le
pareció ver salir a Lidia

Lidia: ¿Me buscabas? (le preguntó justo colocándose tras ella)


M: Hola (la miró y sonrió ampliamente tras un ligero temblor por esa mezcla de
sobresalto y excitación...)
Lidia: Como has cambiado, los años te sientan estupendamente (la miró
descaradamente de arriba a bajo)
M: ¿Qué tal estás? (se moría por abrazarla)
Lidia: No me puedo quejar, o si, me quejo porque me han tenido apartada de ti, y eso es
una condena
M: Lo sé (cerró los ojos sintiendo ansias por lanzarse a su cuello)
Lidia: He pensado muchísimo en ti, cariño (le acarició mínimamente la mano)
M: Y yo... (se pasó la lengua por los labios que se habían secado fruto de la excitación
que sintió)
Lidia: No hagas eso
M: ¿El qué?
Lidia: Lo que acabas de hacer o... no tendré piedad y te besaré aquí mismo
M: Me gustaría que lo hicieras (le dijo sin pensarlo mezclando su dedo índice con el
suyo)
Antoine: Bonjour, bonjour (apareció un muchacho tras ellas y pasó la mano por la
cintura de Lidia dejándole un beso en la mejilla demasiado cariñoso, haciendo de ese
modo que los ojos de Maca se abrieran como platos)
Lidia: Antoine...
Antoine: Eres mala, no me presentas a esta preciosidad
Palabras 55

Lidia: Macarena Wilson, la mujer más bella que hizo Dios en la Tierra y la puso ante
mí (decía con la mirada encendida por el deseo)
Antoine: Mademoiselle (le besó la mano mientras apretaba a Lidia contra él)
M: Perdonar tengo que volver a la fiesta

Una lágrima recorría su mejilla, hacia diez años de aquella fiesta, diez años y podía
sentir lo que su corazón en aquel momento sintió, decepción y dolor, el mar la acunó
con su murmullo y la brisa se encargó de hacer desaparecer su lágrima. En la arena
escribió su nombre, Lidia, y el mar se encargó de borrarlo, guardando la esperanza de al
igual que el mar, borrar aquel nombre un día de su corazón

En la cafetería había retornado de su siesta Teresa, su gesto era preocupado y miraba


insistentemente hacia fuera del ventanal, tanto que pensó que iba a terminar con el
cuello como si fuera una jirafa alargado y los ojos fuera de sus órbitas, Maca llevaba un
retraso de diez minutos a su cita, y lo que era peor, alguien más la estaba esperando

Cuando la vio llegar suspiró, se puso en pie haciéndole una señal aquel gesto de Maca le
dio a entender que la melancolía se había vuelto a instalar en ella, y la tristeza que sentía
cada vez que la veía en ese estado, le llegaba como siempre al alma. Sin embargo,
cuando Maca se encontró con sus ojos sonrió volviendo a engullirse ella misma en su
propio caperuzón, y como siempre hacía Teresa ya que el tiempo le había enseñado a
eso, como siempre omitió su melancolía

T: Hija... hija... (hacía aspavientos exagerados como era costumbre en ella)

M: ¿Qué te pasa? (le preguntó sonriendo)

T: Te está llamando desesperado Luis (sus ojos se abrieron como platos)

M: ¿A mí?, que raro no me ha sonado el... ¡joder lo llevo desconectado!, se me habrá


terminado la batería

T: Eres un trasto, un desastre cuando dejas de ser la que no eres y sale tu verdadero yo
(se abanicaba con la servilleta exageradamente)

M: Si sé lo que has dicho que me maten

T: Pronto morirías, lo que pasa es que no quieres saber... ¡bueno a ver!,


tranquilicémonos

M: Eso tú que yo estoy muy tranquila (seguía sonriendo, aquella mujer era fantástica)

T: ¡Cuántas veces te he dicho que los teléfonos comen igual que tú y yo!

M: ¿Comen? (le preguntó asintiendo con la ceja enarcada) Ya

T: Tú comes alimento para funcionar ¿no, guapa? (Maca asintió) Pues él tiene que
comer electricidad para funcionar, ¿y cómo come un móvil?
Palabras 56

M: Espera no me lo digas (apoyó su pulgar e índice sobre el ceño fruncido, para


después de modo divertido decirle) ¿Enchufado a la pared?

T: No me vaciles ¿eh? (la miró seria)

M: ¡Venga Teresa! (dio una carcajada)

T: Desde luego no sé ni porque me preocupo de ti, ¿sabes dónde tienes el cargador?

M: En la habitación

T: Esto ya es porque se va el cansino y te estás liberando, ni te cuento cuando no esté y


tengas libertad no vas a encontrar ni la cabeza

M: ¡Teresa no me hagas enfadar!

T: Pero si tú eres incapaz de enfadarte (le dijo con cierta sorna)

M: No me conoces tan bien como crees (la miró fijamente y el gesto de Teresa le dio a
entender que había visto algo en su mirada oscuro, sombrío, quizá por primera vez
desde que se conocían. Y como siempre huyó) ¡Vamos a trabajar!

A mitad tarde Sandra llegó a su casa con el maletín del ordenador y una bolsa de ropa,
al entrar esperaba encontrarse con Esther durmiendo por el cansancio de la noche y la
mañana, pero lejos de eso, la encontró en la cocina con un libro sobre la mesa y la
mirada perdida en un plato que había delante de suya vacío. Miró de lado el libro y
sonrió

Sandra: Estás mal ¿eh? al final vas a lograr asustarme ¿no serás una psicópata?

E: Vete a la mierda capulla

Sandra: No voy a preguntarte que tal te ha ido... se nota en tu mirada... que estás muy
enamorada (le cantaba de forma graciosa hasta que Esther le lanzó la servilleta en la
cara haciendo que se detuviera su risa) Eh... ¡malasombra!

E: No te burles... yo no estoy enamorada

Sandra: Es cierto... solo calentada (dio otra carcajada mientras Esther la miraba entre
cerrando sus ojos) No me mires así, es la verdad
E: Tiene una voz... ¡joder Sandra!, es que esa tía me susurra al oído así y me corro sola

Sandra: ¡Qué animal eres! (la miró poniendo gesto serio)

E: No sé es... es...

Sandra: Mira Esther voy a decirte una cosa fuera de bromas


Palabras 57

E: No me vengas con...

Sandra: Si te vengo con... yo sé que no eres como te muestras, te conozco tus manías,
tus virtudes y defectos, eres una tía estupenda que tiene unas feromonas trabajando a
todo tren y que provoca verdaderas pasiones en las mujeres. No has querido a ninguna
mujer de verdad, dices eso de que no crees en el amor para convencerte, te he visto
tonta por muchas tías, pero nada comparado con esto, sé que me hablas de sexo para que
no me dé cuenta que esa mujer roba tus sueños, pero no los húmedos, sino, mucho más
allá

E: Desde luego a veces me pregunto ¿por qué no te haces escritora? te montas unas
historias alucinantes

Sandra: Pon los pies en la tierra Esther, esa mujer es de la que menos te tienes que
enamorar

E: ¿Enamorarme?, ¡anda ya! (sonrió como si Sandra le hubiera dicho una burrada) Solo
es... un capricho... un deseo...

Sandra: Tienes miedo a enamorarte, por eso usas el sexo como manera de vida, porque
tienes miedo a sufrir como viste sufrir a tu madre (le habló de manera contundente
mientras la miraba sin apartar sus ojos de los suyos, sabiendo que ponía el dedo en la
yaga)

E: No me hables de ella (le dijo cerrando los ojos) Tengo que irme

Sandra: Esther, afronta esa verdad o siempre tendrás ese miedo en tu corazón y estoy
completamente segura que la escritora no será la mujer de tu vida, pero, quizá llegue esa
mujer y no seas capaz de dejarla entrar en tu corazón. La historia de tu madre no tiene
porque repetirse contigo, tu madre tenía muchos problemas

E: ¡Vale ya! (le dijo levantándose de la silla)

Sandra: Poca gente se suicida por amor... tu madre se suicido por miedo a no saber
afrontar la vida, y ese miedo es el mismo que tienes tú al amor

E: ¡Mira Sandra ejerce tu profesión con otra pero a mí no me toques las narices! (le dijo
marchándose enfadada)

Sandra suspiró sabía que Esther tenía una visión equivocada de lo que podía llegar a ser
el amor, entendía que enamorarse era sufrir de igual manera que su madre lo hizo, la vio
marchitarse poco a poco porque se había quedado sin el hombre de su vida, él la había
engañado, y no lo había superado, un día de los que Esther regresaba del Instituto la
encontró con las venas cortadas sobre un charco de sangre. Sandra que ya estaba a su
lado, la oyó jurar que nunca le pasaría a ella nada igual porque nunca le daría a nadie la
oportunidad de hacerle daño por amor, del mismo modo que su padre había destrozado
la vida de su madre y la suya
Palabras 58

La voz acerada de Luis hizo que Maca se sobresaltara al salir del ascensor, como
siempre que lo veía su cuerpo se tensaba de tal forma que parecía que los músculos iban
a rompérsele, se preparaba para la confrontación y sus ojos se enturbiaban como si un
velo descendiera en ellos volviéndolos oscuros

Luis: Te he estado llamando

M: ¿Qué quieres? (le preguntó con ese tono frío y casi duro con el que le hablaba
cuando estaban solos)

Luis: He quedado mañana para comer con un productor de aquí, está interesado en
hacer una película para la televisión sobre tu novela “Odio en la sangre”

M: Ya sabes que no me interesan esos proyectos

Luis: Mira, pagan muy bien y es lo que debe interesarte

M: Luis, estoy harta de escucharte esa cantinela (le dijo enfadada mientras Teresa
agachaba la cabeza y pasaba de largo al pequeño salón de la suite)

Luis: Vas a ir a esa reunión y te vas a mostrar encantada de ese proyecto (remarcó las
palabras con furia en sus ojos)

M: No Luis, no

Luis: Maca no te pongas chula ¿vale?, vas a ir y punto, ¿de acuerdo, nena?

Los ojos de Maca echaron fuego, su cuerpo sintió el golpe de aquella palabra que tanto
le gustaba utilizar a Luis sabiendo que provocaba en ella, el mismo efecto que si la lava
de un volcán la bañara, apretó los labios, las mandíbulas se tensaron, se marcharon los
pómulos y sus puños se cerraron notando como se clavaba sus uñas a pesar de llevarlas
cortas. Tragó saliva dio media vuelta y salió de la habitación

Teresa oyó el portazo, y le recordó a otra discusión en otro hotel en otro tiempo, pero
con el mismo resultado. Maca llorando saliendo del cuarto ante la sonrisa de Luís

Estaban repasando lo que tenía escrito hasta el momento, Teresa se encargaba de


corregir fallos, licenciada en Filosofía y literatura, para ella haber conocido a
Macarena Wilson había sido un placer, trabajar con ella era sumamente fácil aunque lo
que más le llamaba la atención era su enigmática personalidad. Ambas se encontraban
enfrascadas en la lectura cuando la puerta se abrió y entró Luis

Luis: Teresa tenemos que hablar, déjanos solos (le dijo como siempre autoritario en sus
modos)
T: Me llevo esto Maca, creo que con un par de comas lo tenemos resulto (le dijo con
cierto gesto de temor por la presencia de aquel hombre)
M: Gracias Teresa
T: Hasta ahora
Palabras 59

Teresa salió con los papeles en la carpeta, siempre tan cuidadosa, con un chal sobre
sus hombros, y cuando fue a marcharse algo le hizo detenerse, sabía que aquella
actitud de Luis traería problemas para Maca, quien a pesar de no contar nada de su
historia, despertaba en ella un sentimiento total de maternidad hacia ella. Se oían
susurros por parte de Luis, oyó a Maca contestar algo, y Luis seguir hablando, Maca
elevar la voz y entonces la voz estruendosa de él llenar la habitación, fue tal la
impresión que Teresa dio un salto hacia detrás, como si aquella voz pudiera golpearle.
Después escuchó nítidamente como le llamaba “nena” y ese nombre lo dijo con tanto
odio, tanta rabia que oyó el sollozo de Maca y como le decía:

M: ¡Cállate!, no lo vuelvas a decir


Luis: ¿No te pone?
M: ¡Hijo de puta! (le espetó con el gesto de Teresa de pánico nunca la había escuchado
insultar a nadie)
Luis: Aquí la única hija de puta que hay eres tú, ¡te lo dije una vez te encerraré si
vuelves a intentarlo si quiera!, ¡te quedarás sin ver el sol ni sentir la brisita! ¿me oyes?
(le reprochaba con los ojos encendidos en cólera, tras una pequeña pausa le espeto
entre dientes) Nena
M: Te odio... ¡me das asco! (le gritó sin poder evitar que las lágrimas corrieran por su
rostro)
Luis: Más asco me das tú a mí cada vez que lo recuerdo
M: ¡Pues si te doy asco déjame!, vete de mi lado no sé que haces aquí
Luis: Haz lo que te digo y no me provoques, nena

Teresa oyó sus pasos acercarse a la puerta, miró a un lado miró a otro y salió
corriendo hacia el pasillo, le vino justo para esconderse y ver pasar a una llorosa
Maca que bajaba las escaleras precipitadamente. Aquella imagen tardó mucho en
borrársele, porque la que salió de allí, la mujer destrozada y humillada que salió del
cuarto, era un despojo y ella, allí en medio del pasillo sin saber que era lo que sucedía,
se quedó con una mueca de profunda tristeza y dolor por no poder ayudarla

Cuando salió Esther preparada para marcharse a trabajar, llamó a la puerta de la


habitación de Sandra, ésta la hizo pasar, la vio sentada sobre la cama con el ordenador
sobre sus piernas, las gafas puestas y un bolígrafo entre los dientes

E: Me he pasado, lo siento

Sandra: No quiero que lo sientas quiero que lo entiendas

E: Sé que lo dices por mi bien Sandra, pero te juro que... no necesito que me lo digas

Sandra: Si cambias, no te lo diré pero no puedo dejar que siempre vivas entre sueños
E: La vida es sueño, lo dijo Calderón

Sandra: La vida es vida, vívela, lo dijo la Madre Teresa de Calcuta (la miró
intensamente por encima de las gafas)
Palabras 60

E: Ya la vivo Sandra

Sandra: No, no la vives, lo que haces es sobrevivir, pasar de puntillas

E: Bueno me voy, te veo mañana

Sandra: ¿Ya la has invitado a café?

E: No, el asqueroso del marido la sigue a todos lados (decía con el labio superior algo
elevado)

Sandra: Puede ser interesante, podría decirte y encaminarte por los lugares adecuados
para ser escritora, enfócalo por ahí por favor

E: De acuerdo. Te haré caso, al menos lo intentaré (le sonrió con tristeza) Hasta mañana

Sandra: Que te sea leve el turno

Tras pasear, tras tratar de encontrar la calma para llevarse la furia con la que
normalmente Luis acertaba a hostigarle, volvió con el rostro serio, las mejillas pálidas y
los ojos rasgados, sin duda había llorado. Al entrar en la habitación, suspiró aliviada
porque estaba vacía, se dirigió directamente hasta su cartera y salió al balcón para leer
lo que sus alumnos habían escrito sobre el mar. Fue a la ducha y se duchó cerrando los
ojos tratando de dejar su mente en blanco, puso la radio, escuchar las noticias del
mundo le iba bien, era un ejercicio para mantenerla conectada al mundo presente y
desconectada del pasado. Una vez con la ropa más cómoda puesta, se sentó mirando al
mar mientras leía los folios que entre unas manos aún temblorosas sujetaban. Conforme
iba leyendo a veces no podía dejar de sonreír y recordar las palabras de Teresa, “quieren
impresionarte”

Y hubo alguien que lo logró, que la dejó sin palabras, que la dejó tan aturdida que al
finalizar la lectura, miró el mar y una lágrima resbaló por su mejilla

“Para mí ver el mar significa lo mismo que mirarte a ti, tanta belleza me eclipsa, tanta
magia me abruma y tantos secretos guardados, provocan en mí anhelos por ser
hallados”

Aquellas palabras no las podía sacar de su cabeza, eran tres líneas y en esas tres líneas
había conseguido impactarle lo suficiente como para que no escuchara a Teresa durante
la cena, y ésta quiso asegurarse bien antes de hacer lo que tenía pensado hacer

T: ¿Te vas a divorciar, verdad?

M: Sí
T: ¿Y toda la pasta me la vas a dar a mí?

M: Sí (decía mirando lo que tenía en el plato apenas levantando la cabeza)


Palabras 61

T: ¿Y a qué estos pendientes tan horribles que les tienes manía me sientan de muerte?

M: Sí Teresa (entonces notó como una miga de pan le golpeaba la frente, alzó la mirada
y miró con la boca algo abierta a Teresa) ¿Qué haces?

T: Despertarte

M: Te estaba escuchando

T: Pues entonces te has tomado algo porque me has asegurado que te divorcias, me vas
a dar a mí todo el dinero que ganes y estos pendientes que odias me sientan de lujo,
bonita (la miraba con una mano en la cadera y su voz algo irritada pero bajo control)

M: Lo siento Teresa

T: Casi... casi... ¡cómo para no sentirlo!

M: Estaba pensando en otra cosa, lo siento

T: Mira cariño, sabes que no me meto en tus cosas (Maca enarcó una ceja con el clásico
gesto de incredulidad ante algo que era falso) Vale pero es porque tú no sueltas prenda y
sé que no eres feliz, estoy a tu lado Maca, me encantaría que confiaras en mí (la miraba
fijamente hablándole con un tono cariñoso y lleno de calor) Pero bueno... tú sabrás no
digo nada...

M: He leído el ejercicio que les puse a mis alumnos (le dijo cambiando el tema con
rapidez)

T: ¡Imagino!

M: La verdad es que hay muy buen nivel. Y me han sorprendido

T: ¿Muchas tonterías y revueltas?

M: No, al contrario, demasiado directa

T: Oye... y ahora sí por puro cotilleo... ¿qué tal mi enfermera?

M: Bueno... tu enfermera es una de las directas (dijo asintiendo mientras al nombrarla


se formaba en su mente su sonrisa)

T: Me alegro

M: ¿Te apetece dar un paseo?

T: ¿A quién puede no apetecerle tal cosa? (dejaba la servilleta sobre la mesa después de
dejar todo el carmín en ella)

Luis: Buenas noches. ¿Subes a dormir?


Palabras 62

M: No, voy a dar un paseo con Teresa (le contestó sin mirarle)

Luis: ¿Un paseo a estas horas?... me voy a la cama

T: Mira... ya sé a quien

M: Teresa (le sonrió de lado)

T: Si es que yo ahora veo pasar un perro verde por delante mía, y lo veo más normal
que a éste. Vamos

Hablaron mucho durante el camino, a Maca le gustaba dialogar con Teresa porque sabía
que le entendía, pero aún así, era incapaz de contar cosas de su vida, era incapaz de
contarle las cosas que realmente la hacían infeliz. Al subir a su habitación, Luis dormía,
y ella lo agradeció. Se metió en el cuarto de baño para cambiarse, al salir cogió el folio
de aquella alumna y volvió a leer mentalmente en silencio sus palabras a pesar de que
en la terraza primaba la oscuridad

14 Abril 2005

Llegaba el final del turno en el hospital, una noche muy movida con muchos clientes,
como les gustaba llamarlos Consuelo, y una agotada Esther frente al espejo trataba de
esconder sus ojeras, pintarse y mostrar su mejor cara

Consuelo: Está casada (le dijo y ante la mirada seria de Esther a través del espejo,
Consuelo sonrió victoriosa) Me encanta fastidiarte un poquito...

E: Lo sé y te aseguro que si no te quisiera tanto, ni te hablaría

Consuelo: ¿Me lo vas a contar?

E: ¿Qué cosa?

Consuelo: Se rumorea que esta noche le has dado un corte a “la médico” (acentuó
mientras elevaba sus finas y depiladas cejas) ten cuidado no vaya a crearte problemas

E: Quiero cambiar Consuelo... ¿tú crees que podré? (la miraba seria)

Consuelo: ¡Alabado sea el Señor!

E: ¡Alabada sea la Señora! (le rectificó ante la mirada de Consuelo agregó divertida)
Para mí es Diosa, me ha ayudado y me quiero centrar en la conquista de mi Macarena...
ya sabes “dale alegría a tu cuerpo Macarena... que tu cuerpo es pa darle alegría y...”
(canturreaba con su sonrisa más traviesa marcada en su rostro)
Consuelo: ¡Esther! (le riñó con gesto muy serio)
Palabras 63

E: Me encanta fastidiarte un poquito... pero es que... está buenísima y ahora no puedo


perder el tiempo con mujeres que ya me sé hasta su último lunar

Consuelo: ¡Ay Dios!

E: ¡Diosa!, y en este momento me voy a por la mía, a ver si hoy puedo meterle mano

Y muerta de risa se marchaba de allí subiendo a su bicicleta mientras silbaba y


comenzaba a pedalear, con alegría y felicidad, con ansias de llegar y volver a sumergirse
en la voz que era como el mar cuando estaba en calma, se moría por saber como sería
cuando se tornara bravío

E: (“En el fondo Sandra tiene razón, pero es lo que hay, hasta hoy me ha ido bien así
no sé porque tengo que cambiar... ¡Ay Macarena Wilson! Si me dieras una oportunidad
lo que te iba a enseñar”)

Cuando llegó a la clase vio que la chica que se sentaba delante suya estaba sentada ya,
su mueca fue de fastidio, ella que pensaba quitarle el sitio se tuvo que volver a sentar en
la segunda fila. Nuevamente los nervios... nuevamente las ansias por verla entrar con su
andar, con sus vaqueros... se moría de ganas de tenerla delante. Y en cuanto la puerta se
abrió sus ojos se dirigieron directamente a su figura, entraba sonriendo, nuevamente la
melena al viento, su rostro poco maquillado parecía cansado, y eso llamó su atención. Si
algo tenía Esther era un sexto sentido para percibir las cosas que los demás en otras
personas no veían

M: Buenos días

Todos: Buenos días (le contestaron todos con educación)

M: ¡Qué magnifico día hace fuera!... sois afortunados con los rayos del sol, y la luz del
mar el cielo es puro arte (la gente sonrió)

E: (“Como se nota que es artista, ve una maravilla en lo que la mayoría de gente ni


advierte... ¡ay!” suspiró sin esforzarse para que no se oyera su suspiro)

M: Ayer estuve leyendo vuestros sentimientos sobre el mar (pasó de largo su vista sin
fijarla en Esther) Creo que tengo una clase muy aventajada, la verdad me dio mucho
gusto darme cuenta que tengo ante mí a gente que puede aprender y sobre todo, puede
disfrutar (sonrió mostrándose encantada ante tal hecho y volvió a mirar a todos sin
detenerse en Esther) Así que creo que voy a saltarme algunas cosillas que son un tostón,
y voy a ir directamente a explicaros así de forma rápida lo que para mí es primordial a la
hora de la metodología de escribir. Silencio, soledad y calma. La manera de enfocar la
historia, personajes y como desarrollarlos, ¿de acuerdo?

Todos la escuchaban atentamente mientras daba un pequeño monólogo de cómo se


podría afrontar la manera de empezar una novela, de cómo hacer un planteamiento,
investigaciones y retos. Hablaba sin mirar casi a Esther, y Esther lo había notado, ella
sin embargo la miraba de manera descarada, y con una sonrisa en sus labios que hacían
que Maca cada vez que no quería mirarla, acabara haciéndolo
Palabras 64

M: Bueno faltan veinte minutos, me gustaría que me explicarais un poco como trabajáis

Raúl: Soy Raúl, bueno yo me dedico a escribir relatos cortos de terror

M: Interesante (sonrió)

El chico comenzó a exponer su manera de trabajar, todos lo escuchaban atentamente


excepto Esther, que notaba como Maca se ponía nerviosa al mirarla, y cuando
terminaron después de intercambiar opiniones sobre lo que Raúl contaba, todos fueron
recogiendo las cosas sobre el pupitre, a Esther el corazón le iba a toda máquina, para su
suerte no había entrado su marido, así que decidida se lanzó hasta su profesora
idolatrada

Por su parte, Maca la vio acercarse mientras la observaba con una mirada disimulada
que le hizo al ver su proximidad ponerse en actitud defensiva, le sonrió sin demasiada
gana, más por compromiso que porque realmente le interesara intercambiar una
conversación con ella. Toda ella se había puesto en guardia

E: Hola (le sonrió de esa manera suya tan cautivadora y sensual)

M: Hola (le contestó con cierta frialdad adquirida por los años)

E: Soy Esther

M: Lo sé, me acuerdo de ti

E: Me alegro (la miraba pero Maca recogiendo los papeles le rehusaba aquellos ojos
encendidos, pasó su lengua por el labio inferior mientras le decía algo descaradamente)
Verás... me debes algo y he venido a pedírtelo

M: ¿Perdona? (le preguntó descolocada mientras dejaba caer los folios en su carpeta y
la miraba fijamente

E: Pues... eso... hace dos años estuve a punto de conocerte (Maca la miró con el ceño
fruncido) Llegué tarde a la firma de libros, bueno, faltaba un minuto para cerrar, cuando
iba a pasar tu querido marido, me negó la entrada, así que me pille un cabreo del quince,
como ves, me debes una firma y un café para compensar el agravio sufrido (sonrió
divertida...)

M: Ah... vale (estaba descolocada no solo por la historia sino, por la forma que tenía de
mirarla) Bueno pues la firma está hecho, el café lo siento pero tendrá que esperar

E: ¿Tienes algo que hacer?

M: Sí (se dispuso a caminar)

E: Bien, pues me lo debes (le guiñó el ojo interponiéndose en su camino) Por cierto...
¿qué tal mi descripción del mar?
Palabras 65

M: Francamente, creo que era el mar lo que debías describir

E: Eso hice ¿no te gustó? (su pregunta iba cargada de sensualidad nuevamente y
nuevamente captó el cierto nerviosismo en la escritora) ¿No?

M: No me gustó el contexto... la forma es buena, pero... aquí estamos para aprender


cosas y no perder el tiempo ¿no? (la miró con dureza marcada en sus ojos)

E: Según para quien no es una pérdida de tiempo, al menos no para mí

M: Pero para mí sí, pero tú veras eres tú la que lo vas a desaprovechar yendo por ese
camino. Lo siento tengo que irme (le dijo sin moverse pero con actitud cortante)

E: Vale... me sigues debiendo el café (y salió de allí con la sonrisa puesta en los labios
dejando a Maca algo aturdida, boquiabierta)

Al ir a salir por la puerta del Centro, se cruzó con Luis quien en su ímpetu le golpeó el
hombro, haciendo que la enfermera se acordará no muy agradablemente de la madre de
aquel hombre. Furiosa por su presencia salió para quitar la cadena de la bicicleta, estaba
en ello cuando los vio salir, los ojos de Maca no pudieron evitar buscar la figura de
Esther que en ese momento subía a la bicicleta y al encontrarla le sonrió, rápidamente
Maca apartó la vista de ella subiéndose a un coche que se la llevó de allí con rapidez

Sandra esperaba en al cocina su llegada, tenía preparados unos macarrones con atún, los
preferidos de Esther, la esperaba mientras escuchaba las noticias en la televisión

Sandra: Cada vez este mundo está más loco... no sé donde vamos a ir a parar (entonces
escuchó la puerta cerrarse) Estoy en la cocina Esther

E: Hola... ya estoy aquí (dejó la mochila y cogió un trozo de tomate de la ensalada que
estaba preparando su amiga)

Sandra: ¡Vaya manía, eh!, no puedes esperar (le riñó como hacía siempre)

E: Me muero de hambre estoy desde las siete y media sin comer nada

Sandra: Venga va... que ya está todo. ¿Qué tal la noche?

E: Movida

Sandra: ¿La clase?

E: Increíble

Sandra: ¿Y la gran Macarena Wilson? (la miraba expectante)

E: Extraordinaria
Palabras 66

Sandra: ¿Ya le has invitado a un café?

E: Sí

Sandra: ¡Joder... tú no te cortes! ¡qué barbaridad!

E: Voy a lavarme las manos (se giró y antes de salir la volvió a mirar para decirle con
rotundidad) ¡Ah!, es lesbiana

La reunión no había ido del todo mal, pero ella deseaba que terminara cuanto antes
porque eso significaba que perdía de vista a Luís. Al llegar al hotel, se sentó en la
terraza pensativa mientras él preparaba la maleta e iba hablando con su móvil, Teresa
estaba sentada a su lado en silencio, sabía respetar aquellos momentos donde Maca
desconectaba del mundo y se sumergía en uno personal y lejano, que prácticamente
nadie conocía ni tenía acceso a él

Luis: Me voy. Te llamaré para saber como van las cosas

M: Vale (le dijo con distancia)

Luis: Acompáñame a la puerta

T: Bueno yo me voy a la habitación ya. Que tengas buen viaje

Luis: Vigílala, no me gustaría que le pasará nada en mi ausencia (le dijo al pasar por su
lado)

T: Buen viaje (mientras pensaba “desgraciado que no le ocurra nada en tu ausencia, si


todo le ocurre con tu presencia”)

Luis: Espero que no tenga que enterarme de nada extraño (le dijo mirándola duramente)

M: ¿Te vas? (le preguntó suspirando de mala gana)

Luis: ¿Tantas ganas tienes de que me vaya?

M: Sí

Luis: ¿Con quién has quedado? (Maca lo miró con desgana mientras fruncía los labios)
Aunque no esté aquí, te estaré vigilando, ¿lo sabes?

Se marchó y Maca cerró los ojos suspirando con gesto liberado, giró sobre sus talones
con rapidez y se dirigió hasta el teléfono, marcó un número y esperó contestación

M: Hola, si, soy Macarena Wilson estoy en la habitación quinientos veinte, ¿podrían
cambiarme las sábanas por favor?, gracias
Palabras 67

Resopló mientras cerraba nuevamente los ojos y sentía la libertad, la saboreaba, la


disfrutaba

Durante la cena Sandra había tratado de sacarle información a una Esther que reía sin
parar con los interrogatorios de su amiga que seguía mirándola sin creerse del todo lo
que le había dicho. A la altura del café sentadas en el sofá, Sandra ya no volvió a
preguntar, pero para finalizar le dijo

Sandra: Creo que me has tomado el pelo

E: ¿Sobre? (le dijo tras dar un bocado a una galleta de chocolate)

Sandra: No hables con la boca llena, así no vas a conquistar a toda una escritora (decía
de manera exagerada)

E: Es lesbiana, bueno puede que sea bi. Pero entiende (dijo tajante)

Sandra: ¡Ah!, me asombras... tú sobre sexo y gustos sexuales lo sabes todo

E: Se nota Sandra (la miró fijamente convencida de sus palabras)

Sandra: Pues yo debo ser muy pardilla (ante la mirada interrogante de Esther agregó
levantando su mano izquierda) Deja ni contestes. Esa mujer está casada ¿qué te hace
pensar que le gustan las mujeres?, ¿te lo ha dicho?

E: No hace falta que me lo diga de palabra, con ciertos gestos me lo ha confirmado

Sandra: Acabáramos (dijo nuevamente exagerando su voz)

E: Le escribí algo que era muy tentador

Sandra: ¡Ay Dios!

E: Nos preguntó que sentíamos al ver el mar (le dedicó una medio sonrisa muy pero que
muy provocadora)

Sandra: La pobre no sabe que manejas la palabra como quieres, que las dejas a todas
tontitas

E: Le dije que sentía lo mismo que mirándola a ella

Sandra: ¡Pero tú estás fatal! (le recriminó un tanto enfadada al saberlo)

E: Y no me mira

Sandra: Normal

E: A ver yo te digo eso y tú lo lees ¿vale?


Palabras 68

Sandra: Sí (asintió dando un bocado ella a un pastel de manzana) Que bueno por
favor... es que mi suegra cocina de muerte, me voy a poner como una vaca si se viene a
vivir con nosotros

E: Ni se te ocurra, meter a la suegra en casa. ¡Joder si es que el taronjer es más


tradicional que la hostia!

Sandra: No te metas con mi taronjer y sigue

E: Pues eso. Lo has leído, ¿me mirarías?

Sandra: Depende. Si lo que has hecho con tu manejo de la palabra ha sido provocarla,
yo te miraría con ganas de asesinarte

E: Claro pero de una u otra manera me mirarías, ella no, ella rehuye mi mirada

Sandra: A saber como la miras, pobre, compasión le tengo

E: Entiende

Sandra: ¿Y?

E: Pues eso... que tengo una oportunidad

Sandra: ¡Pero vamos a ver Esther! (le decía ya quejosa mientras subía sus piernas al
sofá cruzándolas) Tú lo que tienes que mirar no es si entiende o no, tienes que mirar que
es una oportu...

E: Lo sé, lo sé, no empieces (la miró seria) Ahora no tengo dudas, por lo tanto puedo
actuar

Sandra: Mira me encantaría que te parara los pies

E: Ya veremos

Sandra: Está casada

E: ¿Y eso desde cuándo es impedimento?

Sandra: Se le ve una mujer sensata, que lleva mucho tiempo casada con ese hombre

E: Ocho largos años, pero no es feliz

Sandra: ¿Eso también lo ves tú? (la miraba atónita)

E: Sí. Tiene unos ojos impresionantes pero siempre están triste y apagados, si fuera feliz
con su marido se le notaría, porque cuando habla de su trabajo, cuando nos explica
sobre él sus ojos brillan, se le nota feliz
Palabras 69

Sandra: Yo alucino contigo de verdad, alucino, a veces me recuerdas a Mercedes Milá

E: ¿Y eso?

Sandra: Ni idea... pero vamos... clavadita con esos arranques de explicaciones sobre lo
que tú crees, vamos como si lo que dijeras fuera a misa. Claro... como la Milá

E: No es feliz quizá porque no es lo que quiere, yo me presto si quiere probar

Sandra: No sé cuando me das más miedo, cuando hablas en serio o cuando hablas en
broma. Me voy a dormir, mañana tengo un día duro

E: Yo tengo fiesta cuatro días, me viene de lujo

Sandra: ¿De lujo, para qué?

E: Para conquistarla, seducirla, volverla loca no sé... algo de eso...

Sandra: Buenas noches... contigo es imposible, yo me rindo

E: Buenas noches guapa. Pues yo no me rindo... no señor

Se levantó y buscó su novela, aquella que tanto le gustaba a Sandra, era un drama sobre
amor, su protagonista una joven que vivía en el mundo de la droga, la bebida y el
desamor, un alma abandonada que sentía que la vida no era nada, cajera de un
supermercado, que los fines de semana no salía de la discoteca a no ser que fuera para
llevarse a la cama a alguna chica. Una novela desgarradoramente cruel, pero tan intensa
que ella misma cuando la leía recordaba lo dura que había sido su vida, y recordaba que
la había escrito para no ahogarse con todos sus recuerdos y su mísera persona, hasta que
un día Sandra se detuvo en una calle y se la llevó, la protagonista era ella y su oscuro
pasado. Tras exhalar un profundo suspiro, buscó en un lugar recóndito de su alma fuerza
para leerlo y enfrentarse a lo que había vivido, quería retocarla para captar la atención
de Macarena

En la puerta Maca, agradecía a la muchacha de servicio que le hubiera cambiado las


sábanas, una vez se quedó sola con una sonrisa de satisfacción encendió la televisión
poniendo el canal de música algo casi imposible cuando estaba Luis, tenía encendida la
luz nada más la de la mesita bajando su intensidad y dejando un ambiente tenue. Tras
una larga y tranquila ducha donde se permitió seguir el ritmo de alguna canción se puso
un camisón que apenas llevaba cuando dormía con el cansino, sonrió la decirlo en voz
alta, colonia, se miró al espejo y sonrió de lado

M: ¡Aprovecha! (se dijo a si misma sonriendo. Estaba con esa sonrisa de vencedora
cuando sonó el teléfono de la habitación sabía quien era y contesta echándose por
encima de la cama contestó) ¡Hola Teresa!
Palabras 70

T: ¡Sabía que me ibas a gritar! (exclamaba contenta) Mañana había pensado comer
después de tus clases y marcharnos por ahí a gastarnos dinero y comer pipas

M: ¡Me encanta la idea!, me ha dicho la chica del servicio que han abierto algo muy
interesante una especie de zoo

T: ¿Un Zoo?

M: Sí, me apetece mucho Teresa (le decía sonriendo y modulando su voz)

T: ¡Está bien! Iremos... ¿ya te has cambiado las sábanas?

M: ¡Que manía tienes en saberlo todo!

T: ¡Hija qué quieres!, llevo algún tiempo contigo ¿no?, bueno que descanses y seas feliz

M: Espera... espera...

T: Dime

M: Estoy preocupada por tu corte, deberías llamar a Esther y decirle si mañana te lo


puede mirar, recuerda que mañana tengo menos horas y así te lo cura

T: ¿Esther?, ¡ah la enfermera! (dijo cayendo en la cuenta mientras se miraba la mano)


Pero si no es nada

M: Teresa me quedaré mucho más tranquila

T: Está bien...

M: ¿La vas a llamar? (insistió)

T: ¿Ahora?

M: Claro mujer... así mañana te puede ver y yo me quedo tranquila

T: ¡Ay hija cuando se te mete algo en esa cabezota!

M: Llámala, buenas noches Teresa

T: Buenas noches que hoy vas a dormir a pierna suelta (sonreía divertida)

M: Eres mala (entonces sonó su móvil y la sonrisa se difuminó) Te dejo

T: Ya lo he oído, ¡el cansino, Dios!

M: Hasta mañana (a Maca aquel comentario que hacia referencia a Luis siempre le
causaba una sonrisa, carraspeó y con tono frío contestó la llamada) Dime
Palabras 71

Luis: ¿Por qué has tardado tanto?

M: Estaba en el lavabo

Luis: He llegado

M: Me alegro

Luis: Mañana te llamo

Al colgar, suspiró miró hacia el cielo y se acostó en la cama, buscó la manera de


colocarse en aquella enorme cama que olía a limpio, se enroscó con la almohada y se
dejó llevar como hacía siempre. Cuando estaba sola revivía los momentos pasados, y
cuando llegaba al final volvía a empezar, era una obsesión casi enfermiza, pero que
estaba allí escondida agazapada para asaltarle en cualquier instante sintiéndose
vulnerable ante su fuerza para derribarla una y otra vez

En su casa Esther llevaba los cascos puestos, con el lápiz entre los dientes mientras leía
atentamente sin percibir nada de lo que a su alrededor sucedía. Por eso cuando Sandra le
tocó el hombro se dio un susto tremendo dando un salto en la silla

Sandra: Lleva un ratito sonando guapa. Número desconocido igual es la gran Macarena
que quiere proponerte que vayas a su cama (le dijo irónica)

E: Podría ser (sonrió) ¿Diga?

T: ¿Esther?, no te habré despertado, ¿verdad?

E: No, ¿quién es?

T: Soy Teresa

E: ¡Teresa guapa!

Sandra: Si es que la tía sabe camelarlas (mascullaba mientras se retiraba a dormir)

T: Que he pensado si mañana podrías mirarme la herida

E: ¿Mañana? (“joder mañana justamente... claro ahora no me puedo negar”) Bien, yo


mañana no trabajo sería quedar a una hora y te veo allí mismo en urgencias

T: Gracias... ¿a qué hora te viene bien?

E: (“A ver mañana invito a comer a Macarena... pues... a ver...porque con un poco de
suerte, lo logro”). Mañana la clase empieza a las doce, si quieres te espero en urgencias
a las once

T: Perfecto, me viene estupendo


Palabras 72

E: ¿Sabes dónde es, verdad?

T: Sí, sí. Pues hasta mañana y gracias


E: De nada, adiós guapa. ¡Joder ni me acordaba yo de esta mujer!... veamos... ¿por
dónde iba?

Rebuscó en sus papeles y una vez puesto el mp4 en marcha, cogió el lápiz y se puso a
repasar

En la cama Maca, bañada por la luz que entraba del reflejo de la luna en el mar, con la
terraza abierta arropada por el sonido suave de la brisa mezclándose con las olas
rompiendo en la orilla, arrastrando a su paso multitud de minúsculos brumos de arena, y
ella allí sobre su cama imaginando que una de esas olas llegaba hasta allí y la arrastraba
mar a dentro, suavemente mientras la mecía y la brisa cantaba un arrullo que
perfectamente podía ser el canto de una sirena. Con el cuerpo inerte sobre la cama con
los brazos en cruz sobre la almohada, las manos abiertas, los ojos cerrados y un pequeño
camisón que a penas cubría su sexo libre de cualquier candado, de cualquier prisión
para no ser molestado en alguna noche donde se le pedía mostrarse abierto a un mundo
equivocado, a la persona equivocada

Se dejó llevar nuevamente por esa marea que su interior arrastraba como si fuera un
lastre, como si fuera un ancla bien amarrada en su corazón para no dejar el dolor a un
lado y poder vivir en un mar repleto de calma, sin esas agitadas y gigantes olas que una
y otra vez la sacudían sin remedio. Se veía como el náufrago en la isla esperando que
alguien o algo pudiera liberarle de aquella prisión que era vivir en un mundo
equivocado. Y sintió como con el arrullo de las olas y la brisa se iba dejando llevar y
volvía a ser ella, la Maca que un día fue pero que le prohibieron seguir siendo

Tras dejar a la pareja en el balcón, Maca volvió a la fiesta para sentarse en un lado,
ellos volvieron a la pista mientras bailaban se magreaban todo lo que podían sin evitar
nada. Junto a Maca se había sentado, Adela quien iba explicándole cosas de aquel
muchacho que había presentado su hermana como su novio formal, por fin parecía que
había sentado la cabeza, y fue primero un güisqui, después una margarita y finalmente
un ron bien cargado lo que le fue calmando los celos desmesurados que iba sintiendo al
verlos bailar, sus ojos no se apartaban de las manos de aquel hombre que acariciaba el
cuerpo que ella nunca había podido acariciar y que sin embargo sabía de memoria de
tantas veces como lo había dibujado en la oscuridad. Cuando la vio separarse de él, y
perderse por el pasillo dio el último trago a su copa y se puso en pie, echó la culpa a
los tacones por el ligero traspiés, y fue directa tras ella, la vio meterse en uno de los
muchos lavabos que habían en aquel salón, y entró, acababa de cerrar la puerta, se
apoyó sobre la pila porque se sentía algo mareada, apartó el pelo de su cara y se giró
mínimamente para verse reflejada en el espejo, lo que vio, era una joven encendida por
los celos, demasiado joven y demasiado celosa. Apartó la mirada con rapidez, ¿aquella
mujer merecía la pena?

Lidia: Hola nena (le sorprendió en sus pensamientos al abrir la puerta y verla allí,
pasó por su lado y con lentitud abrió el grifo dejando que el agua cayera entre sus
Palabras 73

manos notando como los ojos de Maca no se separaban ni un segundo de ella) ¿No vas
a decirme nada?
M: ¿Estás enamorada de él? (su voz tembló preguntando insegura con la voz quebrada
como si con la pregunta fuera acompañada con un ruego de que fuera mentira, los ojos
de Lidia la miraron de manera que le hicieron agachar los suyos)
Lidia: Eres muy joven e inocente Maca, en la vida no hay historias de amor, ¿crees que
yo estoy enamorada de él? (le puso la mano suavemente en la barbilla obligando a que
una Maca avergonzada la mirara) No, pero lo necesito para mi libertad, para que
todos sepan que soy una mujer honrada que no me voy tirando a las mujeres, y ellos no
saben que Antoine me deja mirarlas y tocarlas (le musitó con voz dulce y muy
empalagosa mientras su dedo recorría suavemente el labio inferior de una Maca que
cerró los ojos y suspiró) Pero yo a quien quiero tocar es a ti Maca...
M: Lidia... me han dicho cosas horribles de ti (susurró a modo de amarre para no
dejarse llevar ante sus caricias que le estaban haciendo perder el control)
Lidia: ¿Por eso te has puesto el conjunto que te regalé? (su mano envolvió la cintura
de una Maca que suspiró deseosa de más)
M: No... yo...

Las palabras sobraron en ese instante y la locura se apoderó de los labios, frenéticos
de ambas, chocaron echando chispas, las manos se golpearon por el ansia de tocar el
otro cuerpo, Maca notó como la lengua caliente de Lidia entraba en su boca sin
reparos, sin dudas, arrolladoramente cálida luchando contra la suya, las respiraciones
jadeaban, pronto la mano más experta de Lidia tocó su pecho por encima del vestido y
el sujetador de encaje negro, apretó con fuerza el pecho mientras Maca apretaba las
nalgas de la otra, dieron una vuelta entre movimientos de labios fieros, entre
chasquidos de labios enrojecidos por la presión, entonces Lidia puso contra la pared a
Maca, la respiración se había elevado tanto que parecía se iban a ahogar, justo en el
momento en que desde fuera les llegaron una risas escandalosas y les dio el tiempo
justo para separarse, Maca necesitaba huir, la mezcla del alcohol con los besos de
Lidia le habían provocado un mareo que estuvo a punto de derribarla, y allí Lidia la
miraba ávidamente hasta que la joven muchacha se metió en el lavabo y comenzó a
vomitar. Entre arcadas Maca lloraba, sin saber porque pero lloraba se sentía atrapada
en una araña de la que le era imposible escapar y Lidia era la araña que con arte y
habilidad terminaría comiéndosela

Al día siguiente se despertó cerca de la hora de la comida, la jaqueca era de las


fuertes, nuevamente ganas de vomitar, nuevamente el mareo ella que no estaba
acostumbrada a beber se había pasado tanto que creía en breves instantes se iba a
morir. Cuando reunió las fuerzas suficientes se dio una ducha, las dos menos cuarto de
la tarde y ella sin aparecer, supuso que su madre le reñiría, aunque tenía cierta
permisibilidad por ser el día después de la boda de su hermano. Al bajar, escuchó una
voz que llegaba desde el comedor, no estaba segura pero supuso que alguien había allí
y seguro que estaba allí para comer, al asomarse lo vio, se acordaba de él por el pelo
engominado

Pedro: Hija cariño... acompáñanos ¿recuerdas a Luis?


M: Sí (dijo con desgana)
Rosario: Vamos a comer, así que siéntate aquí con nosotros
Palabras 74

M: Yo... (ante la mirada de su madre dijo) Está bien


Pedro: Vamos muchacho (le dio un golpe en la ancha espalda)
Rosario: Hija por favor... este chico puede sacarnos de los apuros en los que nos
encontramos... por favor...
M: ¿Y qué quieres que haga yo? (le preguntó mirándola fijamente de mala manera)
Rosario: Simplemente que seas amable, ¿no es mucho pedir, no? (le dijo seca y
cortante)

A los dos días Maca cogía un avión y se marchaba hacia Londres con una angustia
tremenda por no haber podido hablar con Lidia después de aquel corto desfogue loco
en el lavabo

Durante el vuelo sus pensamientos fueron miles, no cesaba de darle vueltas a aquellos
besos, a aquellas caricias, suspiraba una y otra vez porque pensaba que iba a ahogarse
por sus dudas y miedos. Una vez en Londres al llegar a su casa, recibió de la portera
un telegrama que amablemente recogió con algo de desgana, se quitó la cazadora de
cuero, se sacó las botas y se apretó un poco los pies, le dolían aún estaban castigados
por el esfuerzo de los zapatos de la boda y aquel tacón de aguja. Tras echarse en la
cama, miró el telegrama y lo leyó en voz alta:

“Me muero por besar tus labios. Tu boca me ha dejado un sabor divino. Espero que no
tardes en volver. Ansío tocarte, nena”

Le bastó aquel telegrama para sonreír y que sus ojos brillaran de una ilusión
incontrolable, aquella mujer con tan solo un beso y unas palabras conseguía que todo
su cuerpo se enardeciera, que toda ella sintiera las ganas de correr hacia su encuentro

Sin embargo tuvieron que pasar seis largos meses hasta que por fin, Maca volvió con
aquel titulo que sus padres querían y además, con otro que ellos no sabían, se había
propuesto ser escritora, y estaba decidida a ello había luchado mucho por conseguir su
meta, aquello que no era una ilusión perdida, sino, una realidad

En el aeropuerto le estaba esperando el mismo chico engominado, al verlo, frunció su


ceño, era habitual que fuera a recogerla Pepe, el chofer de la familia, así que aquella
visión no le hizo gracia alguna

Luis: Hola
M: Hola (saludó con distancia)
Luis: Vengo a por ti
M: ¿Y Pepe?
Luis: Ya no trabaja con nosotros
M: ¿Nosotros?
Luis: Sí. Vamos

No hubo más palabras, tan solo un silencio pesaroso en el coche, Pepe no estaba con
ellos, no conseguía entender que había pasado en seis meses, y sobre todo, no
conseguía entender que hacía en el coche con aquel tipo al que no sabía muy bien
porque, no podía soportar
Palabras 75

Al llegar a casa, su madre un tanto desmejorada salió a recibirla, las cosas parecían
que no tenían nada que ver como el día que ella se marchó y dejó aquella casa, tras
dejar la maleta y saludar a su padre que parecía estar bastante serio y preocupado
subió hasta su cuarto pensativa tratando de que Guillermina le contara algo que no fue
posible... Maca no entendía nada hasta que tras estar más de una hora en casa tuvo la
oportunidad de hablar con su padre

Pedro: No pasa nada


M: ¡Papá qué no soy una cría! (le dijo enfadada)
Pedro: Estamos a punto de la quiebra (notó el temblor en su voz)
M: ¿Cómo? (abrió sus ojos como platos, bien era cierto que a ella no le importaba
mucho los millones de su padre, pero de ahí a saber que estaba a punto de arruinar su
negocio y su vida) Pero... no lo entiendo
Pedro: Una mala época y una mala negociación, tu hermano no ha acertado en el
mercado, y eso se paga. Estamos a un paso de la quiebra
M: ¿Pero... va a pasar algo... no sé... no entiendo nada? (reía desconcertada)
Pedro: Luis se dio cuenta que algo había mal
M: Ese tipo no me gusta nada
Pedro: Maca es quien nos está ayudando, él tiene viñedos y sabe de esto
M: Ya... pero me cae como patada en el hígado
Pedro: Es el único que nos puede salvar de la quiebra y de la ruina de esta familia
Maca (entonces un dolor fuerte en el pecho le hizo doblegarse)
M: ¡Papá! (se apresuró a ir hacia él)
Pedro: Bolsillo... bolsillo (repetía nervioso)
M: Sí... ¡mamá! (llamó a voz en grito al meter la mano encontró unas pastillas y su
padre le hizo un gesto para que le diera una) Aquí están abre la boca
Rosario: ¡Dios mío Pedro!

Así se enteró que le había dado un infarto y a punto había estado de morir, que las
cosas estaban a punto de estallar, que las inversiones se habían ido a pique, y que tan
solo podían salir de aquel agujero si Luis conseguía ayudarles. Pero a Maca, aquel
tipo le caía mal y a pesar de que sus padres le dijeron que debía respetarlo porque
dependían de él para salir de aquel embrollo, ella no podía soportarlo las veces que se
cruzaba con él

Llevaba allí un par de horas con todo el ajetreo, los nervios y el dolor de averiguar que
todo lo que sus padres habían levantado, estaba a punto de caer irremediablemente.
Estaba enfrascada entre sus pensamientos y miedos cuando el sonido del teléfono la
sobresaltó, agradeció ver que era Adela. Quedaron en verse después de comer, y para
cuando se vieron, Maca ya había tenido un cruce de palabras con el tal Luis que
parecía el amo de su casa, de sus tierras y de la vida de los Wilson. Al ver a su amiga
un abrazo sincero acompañado de un grito mutuo feliz

M: Vamos... tenemos tanto de que hablar

Y fue cierto, hablaron por largo rato de ellas, una vez puestas al día sobre sus vidas,
Maca preguntó como lo más normal del mundo
Palabras 76

M: ¿Y tu hermana?, ¿aún está fuera?


Adela: No, está aquí, la verdad que ha tenido mucha suerte, es directora del banco de
Jerez, ¡la tía no veas lo que está ganando!
M: ¡Vaya me alegro mucho! (sonrió) ¿Y sigue con aquel tipo, el francés?
Adela: ¡Qué va!, después de ese ha tenido como tres más, es una cabeza loca... no sé es
rara, mi madre dice que está enferma que no es normal lo que hace
M: Bueno... (no supo muy bien que decir, debía asimilar lo que le acababa de contar,
recordando la voz de Lidia mientras le hablaba del francés)
Adela: Oye... hablando un poco de todo, el tipo ese que lleva las cuentas de tus padres
¡has visto lo bueno que está!
M: ¡Por favor Adela! (la miró con gesto de hastío)
Adela: Oye... pues está muy bien

El rumor que la Wilson había llegado a su mansión se hizo pronto eco en el pueblo, y
llegó como agua fresca a los oídos de Lidia. Maca recibió un sms en su móvil

SMS: Hola nena, me encantaría verte... ¿y a ti?, ¿te gustaría verme?

Maca no pudo más que sonreír ampliamente a pesar de todo lo que Adela le había
contado, ella había dicho que los utilizaba a los hombres para poder vivir como le
gustaba, ¿cuántas mujeres tendría?, a lo mejor pensaba, ella podía cambiarla y que
fuera nada más suya, podría hacerle entender que juntas podrían tener una bonita
historia de amor. Con la sonrisa en los labios le contestó:

SMS: Hola, me muero por verte, esta tarde voy a estar sola en casa ¿quieres venir?

Maca suspiró en la distancia del tiempo, una mano se aferró a la sábana, cerrando los
ojos y dejándose llevar por las sensaciones que recorrían su piel, sus terminaciones
nerviosas, su sexo palpitaba cada vez que los recuerdos la inundaban, y era su manera
de dejarse llevar por aquellas olas, el placer solitario, el placer único para ella, mientras
siguió recordando al tiempo que las caricias de su mano derecha seguían siendo cada
vez un poco más rítmicas

Cuando terminó Esther de corregir una parte de su novela, se levantó con cuidado de no
despertar a Sandra, dio un tragó de agua bien fresca y pensativa se marchó a su
habitación, al cerrar se quedó mirando aquel tablón de corcho donde tenía un collage de
imágenes de Maca, de toda clase, Maca sonriendo, Maca escuchando, Maca hablando
ante un micrófono, pasó lentamente la yema de su dedo índice sobre aquel variado de
fotos, y al hacerlo una sonrisa en sus labios dibujaba la felicidad de poder decir que la
había conocido, y entonces como si sus ojos al verla lanzaran por todo su cuerpo
millones de diminutas descargas que se concentraron en su sexo, sintió el deseo
nuevamente por ella, cerró los ojos y la imaginó, tragó saliva por pura sobre vivencia,
podía escuchar su voz explicando cosas que la transportaban a un mundo único de las
palabras, y allí entre ellas podía imaginar como Maca se acercaba a ella sonriéndole de
lado, podía saborear en sus labios aquellos que veía moverse en las clases, perfectos,
carnosos, y suspiró echando un poco la cabeza hacia detrás, notó como su pecho se
movía lentamente y como toda ella sentía la necesidad de que aquella mujer que su dedo
índice seguía acariciando saliera de la fotografía y la hiciera suya
Palabras 77

E: Macarena... Macarena... te necesito...

15 Abril 2005

Los rayos del sol entraban por la ventana que Maca había dejado abierta de la terraza,
dormía abrazada a la almohada con la sábana medio echada sobre su cuerpo de forma
desigual. Dormía placenteramente, a pesar de que el final de su orgasmo había
terminado como tantas otras veces, con lágrimas y sabor a sal en sus labios, una sal
diferente, y un dolor rutinario

Las costumbres cambiaban nada más se marchaba Luis, Teresa se hacía cargo de aquella
mujer que parecía otra, así era ella, la encargada de ir a su habitación y llamarla,
entonces era cuando se volvía un poco madre, le consentía por todo lo que sabía que
Luis le prohibía

T: Maca... Maca cariño despierta que tenemos muchas cosas que hacer

M: Mmmmm (protestaba)

T: ¡Venga nada de protestas!, he pedido el desayuno aquí para tomarlo en la terraza (iba
quitando ropa de aquí, de allá) Eres un desastre cuando te quedas sola, no sé pareces dos
personas en una, y eso que no eres Géminis. Vamos... levanta...

M: Un poco más Teresa...

T: Mira a mí me daría igual, pero... si quieres que recorramos esa Calle Colón llena de
tiendas y los aledaños, tenemos que darnos prisa (decía mirando el techo e
imaginándose mientras compraba con una sonrisa en los labios. Miró a Maca pero no se
había movido de la cama. Entonces insistió) Hemos quedado con Esther ¿recuerdas?,
me tiene que curar

M: Es verdad (se retiró la sábana y le dejó un beso en la sien a Teresa que le sorprendió
tanto como su manera de levantarse) ¿Ya traen el desayuno?, tengo un hambre... me
comería un león

T: Lo que yo diga, si es que es irse el cansino, y ser otra... (Maca comenzó a canturrear
bajo la ducha) ¡Lo que yo diga!

M: ¡Teresa! (la llamó elevando la voz)

T: ¿Qué? (contestó mientras sacaba del sofá el sujetador)

M: ¡Qué tengo hambre!, meteles prisa

T: ¡Jesús!... hay que ver lo que cambia cuando es libre... ¡Jesús!

Desayunaron en la terraza con los comentarios sobre lo bello que era el mar, el día, las
ganas de vivir que daba levantarse y tener aquella inmensa maravilla frente a ellas,
Palabras 78

Teresa la miraba mientras se repartía la mermelada en su tostada, entonces veía a la


Maca que desconocía, los ojos le brillaban, el tono de voz era sosegado y más alegre,
los músculos de la cara se mostraban serenos, toda ella parecía estar en paz

M: Me encanta este lugar

T: Es caro ¿eh?
M: Como todo lo bueno. Venga vámonos, doy la clase y nos venimos al balneario nos
metemos ahí en la piscina de burbujas y que nos den un masaje de esos que te dejan más
muerta que viva

T: ¡Para o no voy a tener bastante con una servilleta para la baba! (decía con los ojos
cerrados como si estuviera en éxtasis)

M: Primero iremos a comprar, luego al hospital y después de la clase comemos y nos


venimos al balneario

T: Te recuerdo que comemos con Merche

M: ¡Es verdad!, ¡qué pedazo de mujer, eh! Lo reúne todo, guapa, inteligente, con
carácter (silbó ante la mirada atenta y la ceja enarcada de Teresa, al darse cuenta de su
mirada Maca abrió sus ojos y le preguntó) ¿Qué pasa?

T: ¿Te parece guapa? (la miraba atónita)

M: Pues sí, igual que tú

T: ¡Anda! Que debo estar del guapo subido yo ¿eh?, en mi juventud lo era, sí pero entre
ayer y hoy...

M: ¿Qué pasó ayer?, no me has contado nada (le habló con la boca llena algo que
sorprendió a Teresa ante su mirada Maca sonriendo le dijo) Tengo hambre

T: ¡Jesús! Pues ayer mi enfermera particular me dijo que estaba muy guapa, vamos...
que era muy guapa

M: ¿Esther?

T: Sí

M: Ah

T: Por cierto... llegamos tarde

El taxi las dejó en pleno centro, aquel centro que era algo especial con tantas tiendas en
todas las calles, calles señoriales unidas con las calles más antiguas de la ciudad.
Recorrieron la calle Colón de arriba a bajo, primero entraron a Zara, pasaron por
Mango, y Teresa se reía porque Maca solo podía comprarse ese tipo de ropa cuando iba
Palabras 79

sola, divertidas y cogidas del brazo pasearon deteniéndose en una casa de deporte, cuyo
nombre Teresa por mucho que se lo repitió Maca, fue capaz de repetir en condiciones

M: Venga Teresa cómprate estas Nike, son de tu estilo puro colorines

T: ¿Me estás tomando el pelo, verdad? (le decía al ver unas zapatillas rojas y blancas
demasiado escandalosas)

M: Para nada hacen juego con tus collares


T: A mis collares los dejas en paz ¿eh?, ¡además!, ¿para qué quiero yo unas zapatillas?

M: ¡Yo que sé! (exclamó muerta de risa) O si mira, tendremos que pasear y lo haremos
vestidas con un chándal y las zapatillas todas pijas ¿te parece?

T: ¡Por el amor de Dios Maca! (decía todo escandalizada)

M: Venga... venga... y repite conmigo Foot Locker... vamos Teresa (le decía muerta de
risa)

Tras la tienda de deportes decidieron parar en una tienda de dulces, llenaron dos bolsas
hasta arriba, todas las golosinas variadas que quisieron, todos los colores, los sabores y
como dos niñas que se escapan por primera vez a una tienda, disfrutaron el momento
entre risas y comentarios hacia Luis

T: ¡Mira hablando de papa de Roma!, ¡por el móvil asoma! (ella misma se reía sin parar
por su propia gracia)

M: Dime. Estoy con Teresa ¿de compras?, no estamos trabajando en la nueva novela...
ah... estupendo. Adiós

T: Sí, sí la nueva novela

M: ¿Has visto lo que tenemos enfrente? (le preguntó sin hacer caso de su comentario
mientras Teresa esforzaba su vista para captar lo que Maca le enseñaba) Ágatha... la
tienda de tus collares, ¡vamos voy a regalarte uno a juego con el chándal y las
zapatillas! (le decía repleta de felicidad)

T: ¡Maca qué tenemos que ir al hospital y a dar clase!

M: Iremos... iremos... ¿te hace un jamoncito?

Una hora más tarde hacían su entrada en la Recepción de Urgencias del Hospital, se
tuvieron que apartar porque era tal la masificación de gente que no sabían muy bien
donde ponerse

M: Nunca he soportado esto (le dijo en voz baja)

T: Ni yo... pero me dijo que aquí


Palabras 80

M: Ya, ya, si no digo nada (decía tras arreglarse un poco el pelo)

T: Voy a avisar que estoy aquí

M: Yo te espero

T: Sí. Hola señora. Verá estoy esperando a la enfermera Esther García he quedado con
ella y...

Consuelo: Esther tiene el día libre (le dijo Consuelo mirándola por encima de las gafas)
T: Pues sí pero... hemos quedado que me miraría los puntos y...

Consuelo: ¿Está usted segura?

T: ¡Como no voy a estarlo si hablé con ella anoche!

Consuelo: Pues es que no ha llegado pero vamos que... ni me extraña ¿eh? Que siempre
llega tarde a todos los sitios

T: Vaya pues yo tengo prisa

Consuelo: Pues usted misma. ¡Mire al final va a tener suerte! (le indicó hacia la puerta)

Una casi desbordada y fuera de sí Esther entraba por la puerta, pero eso sí, con su
amplia sonrisa al ver a Teresa, la mujer al verla sonrió sintiendo un profundo descanso

E: Hola Teresa (saludó mientras pensaba “joder viene sola”)

T: Hola

Consuelo: No me habías dicho nada (le dijo mirándola seria)

E: No, se me olvidó (estaba firmado una hoja cuando levantó la mirada y vio como
Consuelo miraba con la boca abierta algo tras ella, el gesto de Esther fue de sorpresa por
la mujer) ¿Pasa algo?

M: Hola Esther

Bastó la voz de Maca para que todo lo demás se borrara, dejó de ver a Consuelo y su
gesto de “No me lo puedo creer, es ella”, dejó de escuchar el resto de sonidos,
impresoras, voces de pacientes malhumorados, de familiares quejosos, del guardia de
seguridad tratando de imponer orden, porque la voz de la mujer de sus sueños había
anulado todo lo horrible del entorno y le había dejado aquella sensación de frescor al
escucharla. Se giró despacio aún con la sorpresa reflejada en el rostro

E: Ho... ho... hola Macarena (dijo un tanto nerviosa pero con su sonrisa plena)
Palabras 81

Consuelo: Aparta (le dijo Consuelo dando un suave golpe a Esther en el hombro para
que se hiciera a un lado ya que al girarse se había puesto delante de la recepcionista.
Entonces le preguntó con voz sobresaltada) ¿Es usted Macarena Wilson?

M: Sí (sonrió de manera que hechizó a Esther)

Consuelo: ¡Amparo quédate aquí! (elevó la voz como loca saliendo del mostrador
mientras Esther continuaba mirándola con gesto bobalicón, y Maca mantenía su sonrisa,
ante una Teresa pérdida por lo que estaba ocurriendo) ¡Menudas ganas tenía de
conocerla!, ¡no sabe lo que aguanto yo a ésta con usted!, ¡no lo sabe! (gesticulaba
exageradamente)

E: Consuelo por favor (le dijo bajito al ver que perdía la compostura ante la gran
Macarena Wilson)

Consuelo: ¿Me podrá firmar un autógrafo?

M: Claro que sí (sonreía mirando a la mujer que se giró con rapidez cogiendo un papel
y con destreza arrebataba el bolígrafo de la mano de Esther) Gracias

Consuelo: ¿Tiene tiempo para un cafecito? (le preguntó mientras observaba como
firmaba el autógrafo)

M: Pues...

E: ¡Consuelo! (la riñó) Tenemos que curar a Teresa

Consuelo: Bien, pero por favor... me daría la oportunidad de un café a modo de


confesionario (Maca miró de soslayo a una Esther a quien los colores se le habían
instalado en sus mejillas) El próximo día que venga a curar a la señora

M: Claro, ¿por qué no?

E: Bueno ya está bien Consuelo. ¿Nos vamos? (le preguntó a Teresa que mantenía una
sonrisa en sus labios orgullosa de que Maca fuera así de cercana para todos)

T: Sí, sí

Consuelo: Muchas gracias ¿eh?, es que no sabe usted lo que yo tengo que soportar
con...

E: ¡Consuelo quieres ponerte a trabajar! (la miró taladrándole con aquellos ojos que si
pudieran la asesinarían)

T: La verdad que tenemos un poco de prisa

E: Claro, claro... lo ves


Palabras 82

Consuelo: Ya... ya... pasen... pasen (le sonrió divertida a una Maca que parecía
encantada con aquella mujer)

E: Por aquí

Las dos la seguían mientras unos y otros la iban saludando, Maca no perdía detalle de
nada pero guardaba un silencio y una compostura que volvía a parecer la Maca oscura.
Esther abrió la puerta para que pasaran y justo cuando entró Teresa y lo iba a hacer
Maca, se miraron un segundo fijamente pero el instante entre ellas lo rompió una
enfermera que se detuvo diciéndole

Clara: Esther cariño... ¿recuerdas la cena que tenemos pendiente?

E: Por supuesto Clara (le dijo con cierto tono seductor)


Clara: No la olvides, que el postre me gustó mucho

E: Repetiremos sin duda (le guiñó el ojo y al cerrar la puerta dijo tras exhalar un
profundo suspiro para tratar de acompasar su descontrolado corazón) ¡Bien empecemos!

Maca había escuchado aquel corto diálogo, tragó saliva y apretó los puños, necesitaba
control, no podía perder ni un momento ese control que llevaba ejerciendo sobre si
misma algo más de siete años. Al final, lo había conseguido y era algo así como una
experta en situaciones complicadas se había acostumbrado a su propio mundo

E: Lo siento es que Consuelo es un poco pesada

M: Pues no me lo ha parecido, ¿verdad Teresa?

T: No, no para nada (agregaba con cara de susto al ver la herida)

E: Esto está estupendamente Teresa (le dijo sin separar los ojos de la piel de Teresa,
notaba como su cuerpo se tensaba tan solo de pensar que delante suya estaba la mujer de
sus sueños y entonces le preguntó) ¿A ti qué te parece?

M: Pues... no sé... no entiendo mucho

T: Yo sí la veo bien, sí (dijo ella algo más tranquila)

E: Y no te va a quedar herida, ¿eh?

T: Mujer... ya me dijo el doctor que me atendía la mejor enfermera (Esther mostró una
sonrisa amplia y maravillosa, haciendo que Maca por un momento tuviera que
parpadear con fuerza)

E: Te voy a poner un apósito y ya, mueve la muñeca a ver (Maca se había cruzado de
brazos sin darse cuenta de manera defensiva observando atentamente todo cuanto
pasaba delante suya) Muy bien no hay problema, pues nada Tere ¿puedo llamarte Tere?
Palabras 83

T: Ay mujer... sí... sí (decía abrumada por aquellos ojos mirándola con intensidad, de
manera instintiva Teresa se puso la mano en el pecho mientras Maca entre cerraba los
ojos)

E: Pues Tere voy a dejarte el apósito y en un par de días vienes y te quito los puntos.
¿Te parece bien?

T: Sí, ¿dolerá? (le preguntó angustiada)

E: Para nada te lo digo yo (le guiñó el ojo y se giró para buscar el apósito, Teresa miró a
Maca quien miraba fijamente los movimientos de Esther) Ya lo tengo. Oye no es por
nada pero me encantan los pendientes que llevas

T: Gracias... ¡ves bonita no todas piensan cómo tú! (Maca sonrió de lado mínimamente)

E: ¿No te gustan sus pendientes? (la observaba detenidamente a punto de caer


fulminada ya no solo por la risa sino, porque en el ligero movimiento que hizo al
cambiar de apoyo con su pie se percató, de aquel lunar que le iluminaba las noches de
pasión pensando en ella y sintió como su cuerpo se erizaba)

M: Eso dice ella (dijo secamente)

E: Ya está Teresa (la miró sonriendo)

T: Gracias hija, estaba un poco harta de la venda

E: Pues ya está... fuera venda...

M: Nos vamos... hasta luego (le dijo haciendo que Teresa saliera antes)

E: Espera (la detuvo sin tocarla, Maca la miró de lado mientras Teresa hablaba con
Consuelo que esperaba fuera) ¿No hay café?, ¿o mejor una comidita juntas? Después de
lo que acabo de hacer (le preguntaba con tono seguro y seductor, con mirada descarada
y evaluadora)

M: No, no hay

E: Venga... podemos irnos juntas y ya vamos a clase

M: Pobre Consuelo (dijo con una medio jocosa sonrisa)

E: ¿Y eso?

M: Por lo que veo no aceptas un no por respuesta... eso debe ser bastante pesado de
soportar (le decía con distancia, pero su rostro sereno)

E: Esto es por mi descripción del mar

M: ¿Qué mar? (le preguntó irónica)


Palabras 84

E: Anda ven (le dijo para que se acercara pero Maca no lo hizo, así que fue ella quien
con dos pasos se puso a su altura mientras Maca la miraba especulativamente) Deberías
estar contenta de que te comparen con el mar

M: ¿Tú crees? (la miró desafiante)

E: Sí (trató de aguantar el envite de Maca, pero su aparente frialdad le hizo dudar y al


ver que le estaba ganando claramente sonrió y le dijo en tono desenfadado) Tranquila,
no pasa nada, total... tampoco es para tanto ¿no?, comer contigo o tomar un café no sé
hasta que punto puede ser divertido. Nos vemos luego, profe

T: ¿Ya Maca?

M: Ya Teresa (dijo tras un suspiro que tuvo que maquillar para no demostrar que le
había herido la contestación de Esther)
Durante la comida, Teresa notó que a Maca algo le había pasado que se mostraba
pensativa y distante. Cuando Merche se marchó, ellas se quedaron un rato más pero con
un pesado silencio, un silencio que Teresa trató con cuidado porque con ella siempre
tenía que ir con pies de plomo de romper mientras se llevaban los platos

T: Pensé que ibas a invitar a Esther a comer con nosotras

M: ¿Y eso?

T: Mujer... me ha curado en su día de descanso y fue cosa tuya ¿eh?

M: Bueno... (frunció los labios algo molesta)

T: No pasa nada, otro día

M: Sí, otro día (bebió de su cerveza)

T: ¿Puedo decirte algo?, si quieres me contestas sino, no lo hagas pero ya no puedo


más. ¿Por qué estás con él? Es una pregunta que no ceso de repetirme, no lo amas, no
eres feliz, te vuelves sumisa y te anula, eres diferente, te muestras triste, taciturna,
lejana, te anula como persona. ¡Qué diablos haces con un tipo que no te merece!

M: Se nos hace tarde Teresa, voy al lavabo

T: De acuerdo (aceptó con resignación y un chasquido de su lengua su negativa a


hablar)

Cuando entró al lavabo cerró el pestillo haciendo un ruido seco, el mismo ruido seco
que le hizo su corazón, tenía que tener cuidado mucho cuidado, no podía dar un paso en
falso, las consecuencias podrían ser terribles. Quizá la brisa del mar le había envuelto y
le había dejado demasiado expuesta a todo, hasta a las preguntas de Teresa, algún día
tendría que decirle la verdad, era la única persona que le había mostrado interés en
ayudarla y sin embargo le era tan difícil decirle la verdad. Debía sacar ese carácter que
Palabras 85

un día tuvo, ¿dónde había perdido las garras?, ¡dónde estaba su fuerza!, entonces apoyó
la cabeza contra la madera de la puerta y lo recordó

M: “En una habitación”

Al llegar Esther a clase, lo hizo con el firme propósito de no volver a pedir nada a Maca,
su plan de acercarse a ella le estaba alejando, quizá se había confiado en dar aquel paso
al hablarle tan abiertamente en tres líneas, quizá no era como ella pensaba y se estaba
equivocado. Sin embargo juraría que la había mirado con intensidad y eso tan solo era
debido a que Maca podía ser...

Raúl: Hola ¿Esther? (le preguntó Raúl sacándola de sus pensamientos)

E: Sí, sí

Raúl: Perdona quería decirte que el otro día me encantó tu exposición

E: Vaya, pues muchas gracias (sonrió agradecida)

Raúl: Sí

E: A mí también la tuya y esas novelas de investigación (ante el gesto de Raúl muy pero
que muy sorprendido elevando sus cejas y sonriendo, preguntó) ¿No?

Raúl: Yo escribo historias de terror

E: Ah, vale... me has pillado (amplia sonrisa de ups)

Paloma: Hola (apareció Paloma sonriendo)

E: Hola (se daba cuenta que estaba tan metida en observar a Maca que no sabía nada de
nadie)

Raúl: Tienes razón Paloma (seguían hablando él y la chica)

E: Oye se me acaba de ocurrir algo (les dijo sin hacerles caso a lo que ellos hablaban)
Podíamos invitar a Macarena a cenar, no sé... ¿qué os parece?

Raúl: Pues...

Paloma: Sí, me parece estupendo yo creo que no va a negarse, es una tía encantadora

E: Sí lo es, sí (Esther entre cerró los ojos mirando a aquella Paloma seriamente con
ganas de hacerle tragar el chicle que llevaba)

Raúl: Perfecto, conozco un sitio en el Barrio del Carmen que nos puede hacer
descuento y tener intimidad, para que ella no se sienta mal

E: Perfecto (sonrió)
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Raúl: Claro (le devolvió la sonrisa) ¿Se lo dices tú?

E: ¿Yo?

Raúl: Parece que conectas muy bien con ella (sonrió mirándola intensamente)

E: Mejor decírselo vosotros (le devolvió la sonrisa y una leve inclinación de cabeza

En ese momento Maca entraba por la puerta, sus ojos captaron aquella imagen, Raúl
sonriendo a Esther. Al verla entrar todos la saludaron y se sentaron ávidos de sus
palabras. Esther lo hizo mirándola fijamente, Maca sacó un folio, se sentó tal y como le
gustaba sobre la mesa, y Esther captó que llevaba botas altas, le gustó nunca la había
visto así en las fotografías, siempre traje chaqueta, incluso en las firmas que había
estado, nunca la había visto de aquella manera tan juvenil vestir, y le encantó

M: Bueno... hoy vais a trabajar algo muy importante vamos a empezar a escribir
historias, pero para ello voy a contaros algo que creo os puede servir. Como sabéis hay
miles de escritores cada uno diferente a los demás, algunos parecidos, otros únicos, y
eso se debe al estilo que cada escritor usamos (sonrió, Esther la devoraba con la mirada,
Maca la esquivó) Yo siempre digo que nuestro estilo es como la huella dactilar que
dejamos en un texto, expresa la forma de ver el mundo y cada uno tiene uno propio que
para los ojos de los demás son reconocibles y únicos cuando nos leen. Proust, Marcel
Proust decía algo que a mí siempre me ha encantado, el decía “el estilo no es un adorno,
como creen algunos; tampoco es cuestión de técnica; es como (como el color del pintor)
una cualidad de la visión, la revelación particular del universo que cada uno ve, y que
no ven los demás. El placer que nos da el artista es revelar un universo más”

E: (“Joder como habla... joder como dice las cosas...” pensó para si Esther que sentía
ante aquella voz un éxtasis embriagador)

M:... el estilo es la forma que tenemos para contar una historia (proseguía Maca ante la
atenta mirada de todos) El instrumento para desarrollarlo es el lenguaje. Y mi consejo es
que cuando estamos escribiendo y tratando de imprimir nuestro propio estilo no
busquemos escribir bonito sino, que sea lo suficientemente invisible al lector porque
entonces el lector se ha metido dentro de la historia, simplemente hay que buscar la
forma de transmitir lo que sentimos

E: (“Si ahora mismo tuviera que escribir lo que siento, pa una porno guapa” exhaló
disimuladamente un suspiro)

M: Vosotros que empezáis aunque por lo que he visto ya vais teniendo estilos propios
como es lógico, lo normal es que empecemos copiando a los que nos gustan, es
inevitable hasta que poco a poco vamos soltándonos. De tal manera os digo que hay que
tener claros cuales son las tres características esenciales a la hora de escribir, claridad,
ritmo y unidad

E: (“Uf veo con claridad que te daba un chupeton en ese cuello, madre mía, el ritmo lo
iba incrementando y acabábamos unidas te lo digo yo... (se removió un poco en su silla)
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Venga Esther joder... que estás aquí para lo que estás... no pierdas tiempo imaginando
cosas... además tienes que aplicarte porque la redacción del mar no le ha gustado, hay
que reconquistarla de otra manera y ya han pasado dos días, así que céntrate”)

M:... lo mejor es relajarnos y disfrutar de lo que hacemos, yo siempre digo lo mismo,


La escritura es un placer, en el momento en que pasa a ser una obligación, ya no se
disfruta, recordarlo, escribimos por placer

E: (“Placer... que bonito suena en su voz” carraspeó)

M: Ahora voy a exponeros un esquema (se levantó de un ligero salto y cogió el


rotulador encaminándose hacia la pizarra, comenzó a escribir mientras hablaba)

E: (“No sé como está mejor, si por delante o por detrás... a ver... a ver... palabras
vamos copia, copia” mordía la tapa del bolígrafo en su boca)

M: Las palabras nos llevan a la claridad, las frases al ritmo, y los párrafos a la unidad,
fluidez. Todo ello es lo que necesitamos para nuestra narración
E: (“Que letra más bonita... eso es fluidez... bien ya lo tengo” la miraba sonriendo)

M: Un consejo antes de empezar a trabajar hoy, os recomiendo que siempre que


escribáis hagáis lo que llamamos “vocerío” (guardó silencio y sonrió al ver las caras de
todos) No, no estoy loca, es eso que necesitamos todos para encontrar detalles que se
nos escapan al escribir (los miró y sonrió sin poder evitar poner un gesto coqueto que
hizo silbar a los adentros de Esther) Me explico, una vez terminado el texto leerlo en
voz alta las veces que haga falta, en mi caso tengo un despacho donde me encierro y
tengo mi particular “vocerío”, pero tengo compañeros que dicen que donde mejor
vocean es en “el cuarto de baño”

Todos rieron, y comenzaron a preguntarle sobre esta técnica, Maca hablaba y sonreía,
pero la presencia de Esther con esas miradas tan intensas le hacían sentirse algo
inquieta, si bien a los ojos de los demás no se notaba nada, ella sabía que estaba en
guardia porque las palabras de Esther habían sido demasiado directas

M: ¿Hasta aquí os ha quedado clara la explicación?

Raúl: ¿Es malo copiar estilos?

M: No, pero recuerda que los escritores dependemos de un público, y a veces si tu estilo
es demasiado parecido al de otro escritor, pueden pensar que no estás a la altura

Lola: Hola soy Lola

M: Gracias (sonrió a carcajadas porque también había olvidado su nombre)

Lola: ¿Qué estilo suele triunfar? (preguntó ante la mirada de reojo de Esther)

M: No hay un estilo propiamente dicho que podamos utilizar como ejemplo a seguir, yo
creo que triunfan los estilos que transmiten lo que sientes, lo que os decía el otro día, si
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tú sientes algo y al escribirlo consigues que quede perfectamente entendible y sabes que
eso va a transmitir al lector sensaciones, entonces tu estilo es válido. Os confesaré algo,
yo tengo mi propio estilo, pero sé que si mi próxima novela no es algo dramática, no es
de amor y no es con final más o menos feliz, quizá no guste a mi público que me sigue
fiel justamente a eso

E: ¿Y siempre transmites lo que sientes? (le preguntó sin poderlo evitar, sin duda la
pregunta llevaba trampa. Maca lo captó y sus ojos se clavaron en los de Esther) Porque
si es así, yo creo que si escribes sobre una chica que ha ido a la luna y lo sientes, dará
igual que no sea una historia como las anteriores tuyas ¿no?

M: Puede (irguió la espalda a modo de defensa)

E: También hay que arriesgarse a cambiar, en la vida nos arriesgamos continuamente en


otras cosas, ¿es tan complicado arriesgarse en esto? (su voz transmitió calma pero para
Maca sus palabras era puñales lanzados a quemarropa)

M: Si dependiera solo de ti sería bueno arriesgar, pero si eres escritora dependes de


otros y entonces todo es más complicado. Pero bueno... eso ya es otra cuestión que
abordaremos otro día (carraspeó dándose la vuelta y dirigiéndose nuevamente a la
pizarra continuó sin mirarles) Os doy tres palabras, el motor de un texto puede ser un
sentimiento concentrado en una palabra, os doy estas tres palabras “dolor-angustia-
pena” cada uno tiene matices que los diferencian, ¿estáis de acuerdo, verdad?, escribir
es también estar atento a los matices. Por ello os doy treinta segundos donde vais a
imaginar una situación donde aparezcan estas tres palabras, cuando yo os diga
escribiremos lo que hemos imaginado... ¡empezamos!

Al finalizar la clase, lo hicieron todos con muy buen sabor de boca, aquella clase les
había dado mucho juego, y habían aprendido aspectos fundamentales de la escritura.
Pero mientras todos se marchaban, Maca esperaba tensa la aproximación de Esther para
insistir en el tema del café, se sorprendió cuando la miró a hurtadillas y vio como
recogía sus cosas y se marchaba. Soltó un suspiro de alivio mientras se mordía el labio
inferior

Eran las siete de la tarde cuando Esther llegó algo desanimada a su casa, algo
enfuruñada consigo misma, al entrar, Sandra la esperaba y al ver su cara le hizo una
mueca que bien podía ser una pregunta

E: No me pasa nada... solo estoy un poco cabreada, voy a cambiarme

Entró a su habitación y dejó la mochila sobre la cama, sus ojos abatidos, oscuros se
quedaron fijos en las fotografías que habían colgadas en su corcho, Maca sonriente en
muchas de ellas, con gestos relajados, en algunos momentos de las clases había
reconocido aquellos rasgos de las fotografías, pero, sin embargo pensaba que iba a ser
mucho más fácil llegar a ella y la realidad había resultado muy alejada de sus sueños.
Exhaló un profundo suspiro, trató de relajar sus nervios, habían pasado tres días y no
había conseguido nada y sin embargo, había notado la mirada de Maca cuando curaba a
Teresa, una mirada que le hizo sentir ese latido especial del corazón al notarse vigilada
Palabras 89

Sandra: ¿Qué te pasa, Esther? (le preguntó desde el marco de la puerta al verla parada
frente a las fotos)

E: Sandra... tú que crees en el amor ¿cómo te gustaría que te conquistaran?

Sandra: Esther (su tono sonó a advertencia seria)

E: Por favor, es para mi nuevo trabajo. Tengo deberes (se giró mirándola mientras
sonreía alzando graciosamente sus cejas)

Sandra: Pues me gustaría que hicieran como hace mi chico, con palabras bonitas,
dándome mi lugar, respetándome, compartiendo una noche estrellada en silencio
paseando por la ciudad, hablando de cualquier cosa, demostrándome amor. Siendo como
es, natural, sencillo, apasionado

E: ¿El taronger apasionado? (preguntó mirándola absorta)

Sandra: No todos vemos el sexo como si fuera algo salvaje que tuviéramos que morir
en el intento, ¿tú has probado a hacer el amor?
E: No, ya sabes que yo fo...

Sandra: ¡Vale! (alzó una mano cortándole en seco) No sabes lo que te pierdes, pero
estoy segura que el día que decidas olvidarte de todo y mostrarte como eres sin más que
encandilar a la otra persona por un rato, lograrás que se enamoren de ti. Porque por lo
que se ve, sexualmente hablando eres una máquina (sonrió)

E: Así que naturalidad, respeto y... (la miró entrecerrando los ojos a modo de duda)

Sandra: Amor... ternura... sensibilidad

E: Voy a ducharme y cenamos

Sandra: ¿Muy dura la clase de hoy?

E: Bastante

Sandra: Y luego los deberes

E: Sí, luego. Amor... ternura y sensibilidad (se repitió delante del espejo mientras se
miraba con cierta dureza)

En la piscina de hidromasaje una exaltada Teresa gritaba de gustito ante la fuerza de los
chorros mientras Maca la miraba feliz y sonriente, tras estar un ratito tumbadas mirando
el techo, relajadamente cada una pensando en sus cosas, se pasaron por el circuito de
chorros fríos, calientes, directos, circulares, todos y cada uno de ellos eran recibidos por
un gritito gracioso de Teresa que hacía sonreír una y otra vez a Maca. Al finalizar el
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circuito pasaron hasta una sala donde les esperaban para darles el masaje que habían
elegido entre risas y comentarios más o menos picantes

En la camilla Maca se dejaba llevar por las manos de aquella masajista que había puesto
música suave, el sonido del mar justo lo que necesitaba para suavizar su tensión, a pesar
de que al hacerlo sabía que volvía a su infierno particular, allí donde quería huir y que
irremediablemente caía una y otra vez sin poder hacer otra cosa que no fuera dejarse
llevar como si fuera la hoja que arrastra el viento y como tal, guiada por las manos
expertas que le iban aflojando demasiado sus músculos comenzó a pensar, que un día
ella no fue así

M: (“No... no lo hagas... aún no. Necesitas encontrar las fuerzas... recuperar el


carácter no puedes seguir así, es imposible no eres una marioneta debes luchar Maca...
no eres tú, llevas siete años escondida, muerta de miedo dejando pasar los días, las
noches... ¡qué puedo hacer!, ¿dónde me puedo encontrar?”)

Quizá llevada por el masaje y las mil sensaciones que sentía un recuerdo volvió a su
mente dejándole el sufrimiento a flor de piel

Pedro: ¡Te he dicho que no! (le dijo enérgico)


M: Y yo te digo que sí, papá (le hablaba con fuerza y seguridad. Se pudiera decir que
era su misma energía, como mirarse en un espejo)
Pedro: Eso no es porvenir para una Wilson
M: Me da lo mismo... no quiero tu dinero, no quiero vuestra ayuda... soy lo
suficientemente mayor para luchar en la vida (se mostraba tan segura de si misma con
tanto coraje que ni siquiera le temblaba la voz)
Pedro: ¡No tienes ni idea de lo que es la vida!
Rosario: ¡Ya está bien por favor! (medió entre ellos como tantas otras veces)
M: Lo siento, tengo la carrera que tú querías, y la que quería yo. Y no voy a dejarme
pisotear por vosotros, lo siento pero no
Rosario: Maca por favor...
M: ¿Qué? (la miró seria) Es mi vida mamá... y la quiero vivir como yo quiera,
descubrirla como es, por eso no voy a dejar que nadie ni siquiera vosotros maneje mi
vida

Y en aquella camilla se percató que aquella Maca no tenía nada que ver con la del
momento, que su coraje se había diluido, su fuerza se había ido perdiendo por el
camino, y una mujer con tan solo una mirada, le había hecho darse cuenta que quien
guiaba su vida era la palabra, miedo. Sin poderlo evitar rompió a llorar asustando por la
fuerza del llanto a la masajista

Una vez habían cenado se subieron a la terraza del cuarto de Maca, ya que Teresa tenía
una habitación diferente, una de las más modestas dentro del lujo del hotel, allí en
silencio escuchaban el sonido del mar. Hasta que Maca rompió el silencio

M: Hoy una alumna me ha dicho algo que me tiene reflexionando sin cesar (decía
arrastrando las palabras con los pies apoyados en el asiento de la silla y su barbilla sobre
las rodillas, mientras sus brazos abrazaban sus piernas)
Palabras 91

T: Me he dado cuenta, ¿qué te ha dicho?

M: Me preguntaba porque mantenía el mismo tipo de estilo en mis novelas, y me decía


que porque no arriesgar a cambiarlo

T: Eso perdona bonita, te lo he dicho yo muchas veces

M: Lo sé (sonrió mirándola de lado) Pero todo ha empezado porque les comentaba que
hay que escribir lo que sientes

T: Ya... y tú sientes tristeza y escribes cosas tristes. Es simple Maca

M: Puede... pero esto me hace pensar que quizás alguna vez debería arriesgar

T: ¿Sabes qué haría yo si estuviera en tu lugar? (Maca apoyó la cabeza en el respaldo y


la miró con un gesto que le advertía que sabía lo que iba a decirle) Me divorciaría del
cansino y lucharía por vivir la vida como me diera la gana sin imposiciones ni miedos

M: No es tan sencillo Teresa, si lo fuera, te aseguro que ya lo habría hecho

T: Recuerdo una vez que tu abuela Guillermina me dijo algo que me impactó

M: ¡Cómo la echo de menos! (suspiró abrazándose más y más a sus piernas)

T: Pues es fácil, ya sabes... ve a Santiago y le haces una visita

M: Sí, lo haré, lo tengo pendiente desde este verano

T: ¿No quieres saber lo que me dijo?

M: Mi abuela Guillermina, sin ser mi sangre, tan solo siendo mi tata y ya vieja, sabía
mucho de mí, creo que es la única que lo sabía todo de mí (decía mirando como la luz
de la luna se reflejaba en un espacio pequeño de mar, dándole una belleza a la noche
especial) La única

T: Me dijo que habías perdido la esencia de tu ser, y nunca serías la misma hasta que
volvieras a encontrarla (Maca sonrió) ¿Y yo me pregunto, por qué no la buscas?

M: Porque no puedo... aunque debería

T: ¿Puedo ayudarte? (la miró con total entrega de amistad, porque era para ella
realmente importante ver que saliera de aquel pozo en el que estaba metida)

M: No, nadie puede ayudarme. Pero estando a mi lado, consigues darme tranquilidad
Teresa, la verdad que no sé que haría sin ti

T: ¡Vaya!... eso si es una sorpresa


Palabras 92

M: Venga Teresa... ¡te gusta tanto que te regale los oídos!

T: No... simplemente que no exteriorizas nada de lo que sientes, no sé... nunca sé lo que
piensas solo sé como vas a actuar por tus gestos, tus miradas, pero jamás sé lo que
piensas

M: Soy hermética, ¿no?

T: Contigo sí, todo lo que hace referencia a ti sí. ¿Y por casualidad esa alumna sabe que
te ha tocado la fibra?

M: La verdad que la alumna es un poco toca narices, la mosca cojonera ya sabes...

T: ¿Pero con una sonrisa encantadora? (le dijo enarcando su ceja izquierda mientras
dibujaba una sonrisa)

M: Demasiado encantadora

T: Me voy a dormir. La chica es lista

M: Y escribe de fábula, es una pena que no se centre en eso, y sí lo haga en otras cosas

T: ¿Ah, sí?, ¿cuáles?

M: Pues... creo que le gusta demasiado... ligar (le dijo a modo de confesión)

T: ¡Vaya!, ¿y tú como lo sabes?

M: Teresa es obvio, porque lo he visto (le dijo a la defensiva)

T: Vale... vale... Bueno te voy a dejar corregir que tengo sueño, estoy cansada

M: Mañana a las siete arriba iremos a pasear

T: ¿Y tengo qué ponerme esas zapatillas? (preguntó con horror)

M: Pues claro Teresa, debemos estar a la altura (hizo un juego gracioso de cejas)

T: Mira... yo lo único que sé es que ese masaje que me han dado me ha dejado
inservible

M: Menos mal que no tienes que funcionar (dio una carcajada)

T: Menos mal hija... menos mal (abría como platos los ojos)

Al quedarse sola, se apresuró a ir a por las notas que le habían dado, se obligó a tener
cordura, y corregirlos uno a uno, por orden, sin ningún tipo de ansia pero al abrir la
carpeta no pudo más que lanzarse en busca de un nombre
Palabras 93

M: Esther García... veamos... Esther García con que me sorprendes hoy

Sus manos se aferraron a la fina hoja de papel, sus ojos cristalinos y limpios se
empeñaron en captar atentamente cada enrevesada letra, su cabeza olvidaba todo cuanto
había pensado con anterioridad y se dejaba guiar por el sentido auditivo, un aire
inesperado había hecho que el mar calmado se volviera algo fiero, las olas rompían con
fuerza contra la arena y las rocas, ¿lo harían aquellas palabras contra su corazón?

“Me senté en un banco observando el mar, una angustia se había instalado en mi


corazón sabía bien el por qué, pero era tal el dolor que en mí el abandono de tu amor
me impregnó, que no sabía que debía hacer con él, con mi vida, hasta que despacio mis
pies traspasaron la frontera del cemento y la arena, caminaron sintiendo como ésta se
mezclaba entre mi piel, y después sentí la dureza de aquella parte mojada, mis huellas
se quedaron allí observándome, casi burlándose, hasta que el mar llegó llevándose lo
que yo momentos antes había sido, una huella en esta vida que vuela sin cesar,
entonces alcé mis cansados ojos y lo vi, el mar, mezclándose con el sol, y el astro rey
que parecía hundirse en el horizonte y allí con mis pies bañados, hundidos, sentí la
mayor pena que en toda mi vida había sentido, recorría mis venas, alcanzaba mi
corazón, mi cabeza y finalmente penetraba mi alma. Y de igual manera como el sol se
hundió en el mar desapareciendo de mi vista, así hiciste tú, hundiéndote en mi dolor
desapareciendo de mi vida, dejando la huella más honda que nadie dejó, la de la
profunda pena de perderte como la huella que borró el mar”

Levantó la vista y sus ojos se esforzaron por no llorar, se había emocionado con sus
palabras, le habían llegado al alma como hacía mucho tiempo que no hacía nadie, pero
más se había sorprendido, sin duda Esther García quizá había captado su indirecta, no le
había vuelto a molestar tras la clase, si bien para ella en cierto modo con aquella
pregunta sobre el cambio de estilo, y arriesgarse en la vida, le estaba invitando a algo. O
quizá simplemente eran imaginaciones suyas, sabía que hablaba a la gente de ella,
Consuelo se lo dijo, era una admiradora más, pero con tal frescura que había intentado
llamar completamente su atención. Suspiró, sin duda el trozo era intenso y aquel
sentimiento de pena ella también lo había sentido, sabía de lo que hablaba. ¿Lo estaría
haciendo a propósito? El sonido del teléfono le volvió a sobresaltar

M: Dime (contestó con tan pocas ganas como siempre)

Luis: ¿Cómo va todo?

M: Bien

Luis: He conseguido un buen contrato y una entrevista

M: Vale

Luis: ¿Has empezado ya con la nueva novela?

M: Estaba en ello ahora

Luis: Pues más vale que empieces, te vas a presentar al premio Planeta
Palabras 94

M: ¿Qué? (le preguntó aterrada)

Luis: He movido hilos son cien millones, y una publicación extensa, llegaríamos a
América Latina también, así que te quiero trabajando a toda vela

M: Pero... (no salía de su asombro)

Luis: Tienes exactamente nueve meses, cariño... ya que no has querido darme hijos,
imagina que éste es nuestro hijo que nos dará muchas alegrías, me lo debes (Maca cerró
los ojos se mordió el labio inferior pero guardó silencio) Que pases buena noche, ya sé
que estás sola, así me gusta

M: Cabrón (susurró al colgar. Echó el teléfono sobre la colcha y resopló con rabia)

En casa de Esther el ambiente no era mucho mejor, allí la enfermera se había aferrado a
una caja de magdalenas y una tras otra iban cayendo en su estómago, así como algún
pellizco de la tabla de chocolate. Sandra la observaba, y guardaba silencio, cuando se
enfadaba era mejor dejarla a su aire porque si le decía algo acabarían discutiendo y era
lo que menos le apetecía, Esther era cabezota y caprichosa cuando se lo proponía y esos
defectos a su amiga le hacían perder los nervios

Sandra: Me voy a dormir. ¿Mañana tienes curso por la mañana?

E: Sí (dijo sin mucho énfasis)


Sandra: Bien, pues nada... nos vemos a la hora de comer

E: Vale

Sandra: Hasta mañana

E: Buenas noches

Cuando se quedo sola, miro la caja de magdalenas y la cantidad de envoltorios que


habían desparramados por el sofá, resopló con cierta rabia, no podía dejar de pensar en
como Maca le había hablado en la consulta del hospital, pensaba que con aquel gesto
hacia Teresa le daría una oportunidad, pero no, fue al contrario. Aquella circunstancia
aún cegó más el orgullo de Esther, que veía como un reto conseguir que Maca se
mostrara tal como era, estaba segura no le cabía ni la más mínima duda

E: Con acostarme contigo una vez, me sentiré satisfecha (murmuró mientras volvía a
ver el vídeo de la entrevista de Maca) Solo una Macarena, y seguro ese instante seré
feliz

La noche ya era cerrada, las estrellas no aparecían en el cielo pero la luna era tan
majestuosa que no le hacía falta su compañía. Maca dejó abiertas las cortinas para poder
contemplar la noche, cogió el mando de la televisión para cambiar y poder ver algo que
Palabras 95

fuera interesante buscando algo de relax. Al cambiar, se topó con una película porno, en
la pantalla dos rubias exuberantes disfrutaban de un sexo salvaje, ella las miraba con los
ojos bien abiertos, con los labios algo fruncidos y de repente su cabeza voló entre las
nubes que formaban sus recuerdos, haciendo que sintiera un calor abrasar su bajo
vientre, cambió el canal. Nada era atractivo, así que finalmente desconectó el televisor y
con un solo movimiento ágil se acostó, lo hizo de forma que podía ver a través de la
puerta de la terraza la luna y escuchar el mar, quería así dormirse pero comenzó por dar
una vuelta, después otra y finalmente se levantó, abrió su neceser y sacó el bote de
pastillas que le ayudaban a dormir, se tomó una y con la sensación de desespero que se
había instalado en ella trató de dormirse. Pero lejos de lograrlo, su cabeza comenzó a
funcionar

Se había cambiado tres veces, estaba sola en casa y no cesaba de ir de un lado a otro,
había puesto en su cama sábanas nuevas, sus preferidas, perfume en los sitios más
estratégicos y notaba como su corazón latía frenéticamente. Miraba el reloj sin cesar y
esperaba en el jardín donde había preparado una mesa decorada especialmente para la
ocasión, el rugir del motor del Audi llegó a ella nítidamente, suspiró por fin iba a poder
hacer lo que llevaba años esperando. Salió a su encuentro con su maravillosa sonrisa,
la melena al viento y sus inseparables vaqueros con una camiseta escotada, dejando su
lunar a la vista de su interlocutora. Lidia bajó espectacular una falda ceñida con un
top que remarcaba sus pechos de una manera más que sugerente, el pelo recogido en
un moño tal y como le gustaba verla a Maca, y un ramo de rosas rojas en la mano.
Ambas sonrientes pero sobre todo Maca nerviosa. Al llegar hasta ella Lidia no se cortó
lo más mínimo y le dio un beso en los labios

Lidia: Hola princesa, estás muy guapa


M: Hola (amplia sonrisa envenenada en un amplio deseo que recorría ya su piel ante el
fino roce) Tú también. Gracias por las rosas
Lidia: A una mujer guapa siempre se le llevan rosas
M: Pues lo siento... yo no tengo rosas y tú las mereces
Lidia: Tenía muchas ganas de verte (pasó su mano por su cintura y con una mirada
ardiente apuntilló) Estas tan hermosa
M: Tú también... ¿vamos?
Lidia: Donde tú quieras, nena

Pasaron dentro de la cocina para que Maca pudiera poner las flores en un jarrón, tras
su espalda una Lidia que la miraba embelesada, en esos años la chica que le había
gustado se había convertido en una mujer atractiva, una mujer como a ella le gustaban,
no quiso perder tiempo y pegó su cuerpo al de la joven Macarena, pasó sus manos por
la cintura de ésta apoyando su barbilla en su hombro, pues Lidia era más alta que ella
y los tacones se lo habían puesto fácil

Lidia: Nena como te echaba de menos (le dijo con la voz ahogada por el deseo
mientras sus manos se abrían como las alas de la mariposa, abarcando más espacio del
cuerpo que tanto deseaba)
M: Y yo... no podía dejar de pensar en ti (respondió a duras penas pues el deseo se
había detenido en su garganta)
Lidia: Ven... necesito besarte... tocarte... hacerte mía
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M: Lidia (se giró apoyando su trasero en el fregadero mientras veía el fuego encendido
en aquellos ojos negros, y puso sus manos en la cintura de una Lidia que la apretó
contra si con un gesto duro haciendo que Maca entre abriera más su boca provocando
en sus labios un gesto repleto de carga sexual) ¡Ah!

La lengua de Lidia entró en su boca de manera arrolladora, la calidez que había


sentido en otra ocasión Maca volvió a invadirla en ese instante, notaba como su lengua
buscaba todos los rincones de su boca, como los labios prácticamente la succionaban,
y sus manos recorrían su espalda como si fueran dos bolas de fuego abrasando su piel,
Maca notaba como sus pechos se habían endurecido y al contacto de la lengua de Lidia
recorriendo su cuello elevó un suspiro que inundó todos los rincones de la casa

M: Espera Lidia... espera (decía jadeando)


Lidia: No puedo... me correría solo de tocarte (le decía apretando los dientes) Quiero
hacerte mía, y quiero hacerlo ya
M: Si... pero vamos a mi cuarto por favor (rogó mientras tocaba la mejilla de Lidia con
total amor)
Lidia: Vale... vale... lo que tú quieres nena... pero ya...

Le apremiaba la urgencia de tenerla, de recorrer su cuerpo y cuando la mano de Maca


la estiró hacia la habitación, Lidia sintió que su cuerpo florecía entre miles de rosas,
irguiéndose la más bella

Entraron al cuarto tanta era la prisa que durante el camino Lidia tiró de ella en dos
ocasiones para apoyarla sobre la barandilla de la escalera y besarla, tocarla, Maca se
sentía tan feliz como desconcertada, sentía cierto desasosiego pensando si estaría a la
altura de aquella mujer con tanta experiencia, pero en cuanto Lidia la abrasaba con la
lengua o las manos, su respuesta era inmediata, fiera, a pesar de tratar que fuera
calmada y tierna, notaba como su pulso se había centrado bajo su vientre, y como los
músculos se tensaban cada vez más ante el paso de los besos. Se detuvieron en la cama
allí Lidia se separó de ella mirándola con lujuria, el pecho de Maca subía y bajaba a
toda vela como si el carbón en la maquinaria se estuviera quemando a toda velocidad,
Lidia echó para atrás su cabeza y con un tono de voz controlado pero al mismo tiempo
grueso por el deseo le dijo

Lidia: Desnúdate poco a poco...

Maca obedeció con una tímida pero provocativa sonrisa en sus labios, Lidia se mordió
el labio inferior, mientras tragaba saliva y sus ojos ávidos de encontrar la desnudez de
la mujer que tenía delante seguía el movimiento lento de aquellos finos dedos
quitándose la ropa

Lidia: Muy bien... sigue nena... sigue así (su respiración comenzó a agitarse)
M: ¿Y tú? (le preguntó acercándose con el vaquero y el sujetador, Maca actuó decidida
a ser ella también quien pidiera) Me muero de ganas por verte
Lidia: Todo a su tiempo (sonrió de lado como si estuviera venciendo la batalla)
M: Lidia (susurró mientras sentía un éxtasis embriagador al desnudarse para ella)
Lidia: Eres preciosa (pasó sus dedos por la clavícula de Maca quien sonrió)
M: ¿Quieres más? (le preguntó retirándose mientras Lidia se sorprendía por su gesto)
Palabras 97

Lidia: No juegues conmigo nena... aquí mando yo


M: Eso... lo veremos

Se lanzó a sus labios perdiendo toda preocupación de no saber actuar, sorprendiendo a


una Lidia que apretó el cuerpo de Maca contra el suyo mientras se dejaba besar con
toda su pasión, y fue entonces cuando sus manos buscaron el pantalón de Maca, lo
desabrochó y la separó

Lidia: Quiero verte desnuda


M: Quítate la camisa... me muero de ganas Lidia
Lidia: Eso es lo que quiero... que te mueras de ganas y placer (le susurraba con la
mirada ardiente mientras desesperada por la lentitud de Maca se desabrochó la blusa
mostrándole sus grandes y potentes pechos)
M: Ah (gimió al verlos y la mano de Lidia tiró de ella hasta poner su boca en sus
pezones)
Lidia: Eso es nena... eso es... todos tuyos lámelos... así muy bien... así (decía mientras
metía sus dedos por la melena de Maca)
M: Lidia... (se había quitado el pantalón y estaba con las bragas y sus pechos duros y
sus pezones erectos mostrándose a su amante)
Lidia: Nena... que bonitos... sí... para devorarlos...
M: ¡Oh!, Lidia... (exhaló un profundo suspiro y ante la caricia de la cálida lengua de
Lidia, su respiración comenzó a agitarse por momentos)
Lidia: ¿Te gusta?
M: Sí... sí... (decía con la boca seca la melena cayendo sobre la espalda pues su cabeza
había caído hacia tras levemente por el deseo)
Lidia: ¿Estás caliente, nena?
M: Compruébalo tú... (le dijo con la voz entrecortada mientras notaba como la mano
de Lidia separaba la braga y rozaba el vello de su sexo provocando en ella un gemido
callado pero intenso) Mmmm
Y entonces Maca se removió en la cama, a un lado, a otro, podía notar como su piel se
estremecía, como sus músculos se tensaban podía notar a pesar del tiempo sus manos
acariciándola y era el punto final, donde sus recuerdos le hacían estallar en un llanto,
cada vez, cada noche, cada día, cada instante que llegaban a ella los recuerdos le
azotaban como si un látigo golpeara una y otra vez su espalda obligándola a caer de
rodillas. Era tanto así, que en aquella cama del hotel comenzó a tiritar y llorar, comenzó
a sufrir hasta límites insospechados, era la tortura más maravillosa que se podía imponer
como castigo, pero aquella vez algo interfirió en su mente en los recuerdos justo cuando
lloraba amargamente, algo que hasta ese momento no había sucedido su propia voz
recitando “alcé mis cansados ojos y lo vi, el mar, mezclándose con el sol, y el astro rey
que parecía hundirse en el horizonte y allí con mis pies bañados, hundidos, sentí la
mayor pena que en toda mi vida había sentido, recorría mis venas, alcanzaba mi
corazón, mi cabeza y finalmente penetraba mi alma”

M: No... no... otra vez no... ¡ya está bien! (decía sentándose en la cama atormentada
tapándose los oídos como si así pudiera acallar la voz) Resurge Maca, deja de ser
humillada... ¡resurge por favor! Por favor que ocurra algo... necesito salir de esto...

Rompió a llorar entregándose al dolor máximo, sintiendo como a cada latido de su


corazón, se le iba clavando más y más el pasado, más y más los recuerdos
Palabras 98

16 Abril 2005

El jueves había llegado con fuerza, se había levantado un viento que sorprendió a las
dos mujeres en su paseo, ambas con las manos metidas en sus bolsillos en silencio iban
caminando, el mar estaba revuelto y era un maravilloso espectáculo verlo bravío.
Desayunaron con rapidez, se fueron juntas con el taxi y Teresa dejaba primero a Maca
en el aula mientras ella se marchaba a recabar más datos para la novela que tenían en
mente ponerse a trabajar

Al llegar lo primero que hicieron sus ojos fue buscar la parte derecha de la entrada, allí
se colocaban las bicicletas, efectivamente estaba la suya, suspiró sin saber muy bien
porque. Entró como siempre con su sonrisa pero en lugar de acceder a la clase, se
marchó directamente al despacho de la directora

Mercedes: Pasa guapa, pasa...

M: ¿Tienes cinco minutos? (le preguntó amablemente con su cartera en la mano)

Mercedes: Sí, claro. ¿Sucede algo?

M: Quería hacerte una propuesta

Mercedes: No sé lo que será, pero espero me guste (le devolvió la amplia sonrisa que
Maca le había entregado) ¿Café?

M: Sí por favor, dos cucharadas de azúcar

Mercedes: Tú dirás
Mientras en la clase ya se encontraban todos hablando sobre sus proyectos y
conociéndose algo más, Raúl insistía con la cena y al final todos pensaron que era mejor
decirlo en clase y que mejor que el viernes donde la mayoría descansaban al día
siguiente. Para cuando Maca entró, vio a Raúl sentado junto a Esther hablándole
mientras ella sonreía abiertamente

M: Buenos días a todos

Todos: ¡Buenos días Maca!

M: Que cambio de tiempo ¡eh! (les dijo mientras sacaba la silla, se quitaba la chaqueta
de punto que llevaba y dejaba el maletín sobre la mesa) Pero aún así la verdad que el
cielo tiene una luz especial

Raúl: Maca queríamos decirte algo

M: Claro yo también tengo que comentaros algo. Pero tú primero (se sentó en la mesa
como le gustaba y volvió a sentir la mirada furtiva de Esther sobre ella)
Palabras 99

Raúl: Nos gustaría poderte invitar a una cena. Nos gustaría mucho poder compartir
contigo un rato fuera de aquí

M: ¿Una cena?, a ver... ¿cuándo sería?

Paloma: El viernes (apuntó Paloma sonriente)

E: (“Que diga que sí” pensó para sí Esther)

M: Vale no hay problema (todos sonrieron la primera Esther que asintió cuando le miró)
Bueno ahora yo, acabo de hablar con Merche, y le he dicho si habría algún tipo de
problema por extender una semana más el curso (el grito de sorpresa de todos fue
unánime, Esther sintió cosquillas en su estómago, las cosas habían cambiado de repente)
Creo que hay muy buen material y podríamos trabajar juntos para conseguir nuevas
metas, sabéis que hay una opción que es que el Centro os iba a publicar una novela corta
(todos asintieron y la escuchaban atentamente)

E: (“Que tía... tiene una incontinencia verbal que asusta, ni una duda, toda seguridad,
¡madre mía Esthercita, madre mía que mujer tienes pa disfrutar!, ¡ay... qué calor!”)

M: He hablado con Merche, y le ha parecido buena mi idea, hacer tan solo un libro de
relatos cortos de cada uno de vosotros, para eso, hay que trabajar duro para que los
relatos tengan calidad y además os sirva como escaparate hacia el exterior. Mi consejo
es que una mínima oportunidad que tengáis, la aprovechéis no se sabe nunca por donde
nos va a venir la suerte, hay que trabajarla. Y por eso estoy dispuesta a quedarme una
semana más, siempre y cuando os parezca bien (sonrió de lado con cierta modestia)

E: (“Más que bien... tengo una semana más de tiempo... ves, tú toda preocupada porque
ya es jueves y mañana la dejabas de ver... y ahora la tienes una semana más, contando
también la cena”)
M: De acuerdo pues hoy vamos a trabajar sobre los personajes (se levantó y sacó un
folio) A última hora de la clase hablaremos de vuestros escritos

Durante la clase, a penas miraba Maca a Esther, es más, conforme pasaban los minutos
Esther iba diluyéndose más y más en su asiento, había preguntado en varias ocasiones
cosas a los alumnos, y cuando Esther levantaba su mano, Maca siempre daba el turno a
algún otro, trataba de relajarse y no demostrar sus pensamientos pero si Esther tenía un
fallo es que en sus ojos se leía el mundo interior, y su rostro no sabía enmascarar sus
sentimientos

M: Uf se nos ha ido el tiempo, mañana hablamos de vuestros escritos y haremos dos


grupos en clase para trabajar los personajes y sus creaciones ¿de acuerdo?... hasta
mañana, que descanséis

Paloma: Maca ¿puedo hablar un momento contigo?

M: Sí, claro
Palabras 100

Su sonrisa se clavó como un puñal en las entrañas de Esther, ¿le había regalado alguna
sonrisa así a ella?, había escrito lo que sentía y sin embargo no le había servido para que
Maca dejara de mirarla mal, o peor aún, de omitirla. Llegó a casa enfuruñada, Sandra no
estaba así que cogió el teléfono para llamar en el mismo instante en que Sandra entraba
y la escuchaba

E: ¿Ángela?, hola guapa me preguntaba si tienes algo que hacer esta noche... ah... no
me apetecía ir al Femme Fatale... vale pues nada en otra ocasión, nos vemos, chao
(apoyó su móvil en la barbilla con gesto decaído)

Sandra: ¿Te ha plantado?

E: Oye Sandra esta noche nos vamos tú y yo de fiesta (dijo de manera resolutiva)

Sandra: De eso nada monada, conmigo no cuentes (se iba hasta su habitación)

E: ¿Y por qué no? (la perseguía hasta sentarse en la cama mientras ella iba quitándose
los zapatos)

Sandra: ¿Te recuerdo la última vez?

E: Pero si haces siglos que no vienes, ¿y qué pasa porque te toquen el culo o te
piropeen, eh?

Sandra: No me vengas con esas Esther, que tú tengas necesidad de que te suban el
ánimo no es asunto mío. ¿La escritora es dura de roer, no?

E: No es eso (ante su mirada insistente mientras enarcaba una ceja le dijo) Bueno... un
poco...

Sandra: Debió asustarse con lo del mar. Y eso que aún no te conoce...

E: Es idiota

Sandra: ¡Oye que es tu idolatrada Macarena Wilson!

E: Si vieras, cuando le hablo yo gesto serio, va una lameculos como la Paloma ésa, y
una sonrisa pa derretir un glaciar ¡coño!

Sandra: Mira cuando empiezas con tus tacos me asustas

E: Venga Sandrita va... (le decía con voz ñoña)

Sandra: No, no lo vas a conseguir... (se estaba quitando los pantalones)

E: Venga... va... solo un ratito

Sandra: Me conozco tus ratitos, la última vez tardaste cinco minutos en abandonarme
Palabras 101

E: Tenía que ir al excusado

Sandra: Bonita... al excusado no se tarda hora y media

E: Había cola (reía con mirada divertida y gesto totalmente endiablado)

Sandra: ¡Eres de lo peor!, así que paso... no voy

E: Sandrita ¿no te doy penita? (Sandra la miró seria y Esther volvió a ponerle morritos
tratando de causarle pena) ¿Ni un poquito?

De lado a lado de la habitación caminaba Teresa como si le hubiera dado un ataque


repentino de nervios, con una mano en los riñones, y la otra en la frente negando cada
dos pasos con la cabeza. Maca la miraba divertida mientras conectaba su portátil

T: ¡Nos mata! (exclamó de repente) no quiero ni contestar como me llame,


¡definitivamente te has vuelto loca!, no era eso lo que yo te vengo diciendo, no es que lo
provoques es que lo dejes

M: Teresa no seas exagerada (ladeó su cabeza con una mínima sonrisa marcada en sus
labios)

T: Es una de las pocas veces que veo desobedeces al cansino, y encima lo haces cuando
no está con lo cual querida, ¡nanis babis!

M: ¿Cómo? (la miró riéndose como loca)

T: Lo dice Federica mi sobrina

M: ¡Ah... tu sobrina! (le decía con un leve movimiento de barbilla)

T: Creo que quiere decir nada de nada


M: Vale, entendido

T: ¡No se te podía ocurrir otra cosa! (entonces sonó el móvil de Teresa parecía que el
vibrador del teléfono se había vuelto loco, lo miró aterrada) Míralo, mira como salta el
pobrecito, ¡un león me voy a encontrar!

M: Anda deja ya contesto yo. ¡Dime! (contestó tajante la respuesta de Luis fue tal que
se separó el teléfono de la oreja y le dijo con tranquilidad) No me grites Luis, te dije que
me quedaba una semana más ¿no?, pues ya está. Sí... no he negociado nada de eso te
encargas tú ¿no? pues ya está... negocias, pero ni se te ocurra pasarte de lo que yo he
propuesto. Que no Luis, que no... pues eso... ya hablaremos

T: ¿Muy mal? (le preguntó con sus ojazos abiertos de par en par y la sensación de temor
por lo que pudiera acontecer)

M: Como siempre, tranquila


Palabras 102

T: Ya eso lo dices porque está lejos, y cuando no lo tienes al lado estás mejor... pero...
deja... deja que vuelva

M: Bueno me voy a duchar, me apetece salir un rato

T: Vale... yo no sé nada

M: Gracias Teresa (le dijo sonriendo)

T: Tú vas a estar en la cama desde ya, ¡vamos como que te he puesto yo el pijama y
todo!

M: Anda no exageres (reía divertida)

T: Buenas noches

M: Buenas noches

T: Y recuerda, que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda (le guiñó un ojo y
se fue)

M: Ay Teresa, Teresa... a ver... vamos a ver (miró la pantalla y tecleó en google) Buscar
lugares de ambiente...

Le dio a intro y se fue a la ducha con la sonrisa marcada en su rostro

Eran las diez y media de la noche cuando la puerta del pub se abrió, tras ella una Esther
vestida con vaqueros y camiseta y una bandolera hippie cruzando su pecho entraba al
lugar con su sonrisa amplia y generosa, tras ella una Sandra cabizbaja y resignada
cerraba la puerta

E: ¡Ey mira hay marcha ya! (gritaba como loca)


Sandra: Un ratito ¿eh?

E: Que sí, que sí. ¡Vamos la noche es nuestra! (la cogió de la mano y tiró de ella. Al
llegar a la barra ya había besado a cuatro mujeres en los labios ante el gesto de Sandra
que cada vez que lo hacía cerraba los ojos) Guapa nos pones dos pelotazos

Camarera: Claro que sí preciosa

Sandra: Esther...

E: ¡Has visto hay movida y eso que es prontísimo! (decía alterada mirando alrededor)

Sandra: ¿Es necesario que te vayas besando así?

E: Vamos no seas estrecha, deja los prejuicios a un lado... (decía emocionada)


Palabras 103

Sandra: No es por eso, bien lo sabes...

E: Bueno brindemos por nosotras

Sandra: Me has prometido que no ibas a beber

E: Solo uno... venga brindemos por... ¡un buen polvo! (alzó la copa muerta de risa) Que
tu taronger trabaje bien tu zona baja
Sandra: ¡Qué burra eres!

E: ¡Vamos a bailar!, yujuuuuu (gritó como loca tirando de la mano de Sandra haciendo
que se derramara un poco de la bebida)

Sandra: Esther... Esther... perdón (se excusó ante una chica a la que había empujado)

Chica: No pasa nada guapa... tranquila

Sandra: ¡Ay señor! (murmuró)

E: Venga a mover el esqueleto Sandra, que te me vas a quedar encartonada muy joven
(decía mientras bailaba y cantaba)

Sandra: Esther...

E: ¡Qué! (elevó la voz)

Sandra: No me dejes ¿eh?

E: ¿Tienes miedo? (sonreía divertida mientras movía sus hombros y pecho de manera
tan graciosa como provocativa)

Sandra: La chica con la que he tropezado... no para de mirarme


E: ¡Has ligado!, si es que tienes un encanto amiga mía... deberías dejarlo salir más.
Muevo la cabeza. Muevo el pie... muevo la tibia y el peroné, toma, toma, dale al culo
Sandrita que eso pone mucho al personal

Sandra: Bailando... me paso el día bailando (cantaba animada también Sandra que
siempre que salía con Esther terminaba dejándose llevar y volviéndose un poco loca
como su amiga)

E: ¡Guapa! (le piropeó al ver como movía graciosamente su trasero mientras ambas
reían, cantaban y bailaban como locas)

En una de esas estaban cuando la puerta del pub se abrió, Esther y Sandra en ese
momento habían detenido su baile, extenuadas de tanto saltar y cantar, habían decidido
darse un respiro. Sandra miraba como dos chicas se estaban besando mientras bailaban
una canción lenta y cuando fue a chivarse a Esther, su rostro le llamó la atención, sus
ojos abiertos, su boca con la expresión de máxima sorpresa parecía que había visto un
Palabras 104

fantasma, así que Sandra se movió un poco hacia la derecha donde se encontraba Esther
mirando la puerta, y al ver de quien se trataba se quedó tan impactada como su amiga

E: ¿Estás viendo lo mismo qué yo?

Sandra: Sí, hija sí

E: Pero...

Sandra: ¿Qué hace aquí? (preguntó alertada)

E: Ni idea... la verdad no esperaba verla

Sandra: Bueno, relájate...

E: Joder Sandra...

Sandra: ¡Te ha visto!

E: ¿Sí? (preguntó dándose la vuelta)

Sandra: Sí... viene hacia aquí... (decía nerviosa)

La música en el lugar había empezado a sonar delicadamente de nuevo, un buen tema


para bailar agarradas, Esther había cerrado los ojos tratando de controlar la situación, y
a Sandra no se le ocurrió nada mejor que cogerla y ponerse a bailar

E: ¿Qué haces?

Sandra: Calla y baila (pasó sus manos por la cintura de Esther que seguía alterada)

E: ¿Viene?

Sandra: Sí
-: Hola preciosidad (apareció una voz tras ellas)

E: ¡Vaya cuánto tiempo sin verte! (le dijo con indiferencia)

-: Hola Sandra

Sandra: Hola

-: ¿Qué tal Esther?

E: Muy bien...

-: ¿No me vas a preguntar cómo estoy yo?

E: Francamente, no me importa
Palabras 105

-: Oh... que lástima...

Sandra: ¡Te importa dejarnos Lidia!

Lidia: ¿Molesto? (preguntó risueña)

E: Sí, bastante

Lidia: No lo creo nena

Sandra: Escúchame (dejó a Esther y se encaró con ella)

E: Sandra por favor... déjala no merece la pena

Sandra: Ni te acerques a mi chica (los ojos de Esther se abrieron de par en par aunque
trató de disimularlo) ¿Te ha quedado claro?

Lidia: ¿Tu chica? (dio una carcajada)

Sandra: Sí (y sin dudarlo la cogió por la cintura acercándola a ella, y cuando Esther la
miró sonriendo mínimamente Sandra le plantó un beso en los labios que dejó a su amiga
totalmente atónita) Y ahora si no te importa, vamos a seguir bailando

Lidia: Muy bien... veo que ya te sirve cualquier cosa Esthercita

E: Vete a la mierda capulla

Lidia: Vaya... nena... vaya humos querida (le dijo entre dientes de una manera que
chirriaba tanto que a las dos amigas les produjo el mismo escalofrío) Tú te lo pierdes,
voy a estar dos días aquí... si te arrepientes que lo harás, me llamas

Sandra: Largo de aquí

Lidia: Ridícula (le dijo entre dientes)


Sandra: Será imbécil la tía (al ver como Esther la miraba mientras se iba le dijo)
Esther... es Lidia ¿recuerdas?

E: Sí, claro

Sandra: Pues nunca te olvides del tiempo que tardaron en cicatrizar tus heridas

E: Calla por favor (le dijo cerrando los ojos con dolor)

Sandra: Vale... pues recuérdalo (su tono era firme y de profunda advertencia

E: Oye... ¿desde cuándo besas así?... me ha gustado ¿podemos repetir?

Sandra: Vete a la mierda... voy a por algo fresco, me ha dado calor (decía sofocada)
Palabras 106

E: Claro... es que... mi boca... (movía graciosamente la cabeza)

Sandra: Tú no, la angustia de verla aquí. Vamos no te separes de mí

E: Ya tiene presa... así que tranquila (dijo siguiéndola)

En el cuarto del hotel, Maca sujetaba en sus piernas el ordenador, había estado mirando
aquellos lugares donde podía pasear, pero nuevamente el miedo pudo con ella, terminó
por desconectarlo después de borrar el historial para no dejar rastro en su portátil, sabía
que Luis lo controlaba todo, incluido su ordenador y sin más empezó a trabajar con los
apuntes que Teresa le había llevado, aquella noche no daría tregua a sus recuerdos.
Aquella noche, no. Tras repasarlo todo, y tomar unas notas de lo que para ella ya era el
inicio de su nueva novela, recogió el móvil, la tarjeta y salió de la habitación

Las chicas en el pub, habían vuelto a sentirse tranquilas tras el sobresalto del
reencuentro de la mujer que más daño había hecho a Esther. Bailaban divertidas con un
grupo de chicas, amigas de la enfermera. Tranquila porque la había visto marcharse,
Sandra se había relajado hablando y bailando con aquellas chicas, cuando se dio cuenta
Esther no estaba

Sandra: Oye Cris... ¿y Esther?

Cris: ¿Tú qué crees?

Sandra: ¿Qué? (abrió sus ojos como platos)

Cris: Una morena la estaba mirando todo el rato, y mira... ya no está ni la morena ni
Esther

Sandra: ¡Mira qué le dije que...!

Cris: Venga tranquila que sabe cuidarse


Sandra: Sí... ese es el problema que sabe cuidarse y cuando le hacen perder el control y
se vuelve vulnerable, me la matan

Cris: Vamos... ya se ha ido. Hacía mucho tiempo que no venía por aquí

Sandra: Ya...

Cris: ¡Venga te invito a una copa y te llevo a casa!

Sandra: Gracias Cris

Pero la presencia de Lidia le había dejado a Esther un mal sabor de boca, iba en el coche
de la chica morena y sus recuerdos la iban llenando de amargura
Palabras 107

Aquella mujer le había sorprendido un día en la discoteca, la veía tan segura, con ese
acento andaluz, con esos ojos azabache, con una sonrisa que siempre pensaba debería
estar prohibida y que la cautivó en apenas minutos, por aquel entonces, Esther
manejaba a la perfección ese lado suyo de dominar las situaciones, de sentirse
tranquila ante las mujeres, siempre se le daban bastante bien, y ante la mirada
insistente de Lidia con algún gesto provocativo y sensual, la llevaron a marcharse con
ella hasta su hotel. Durante el camino le había desatado en un deseo febril sin apenas
rozarla. En el ascensor se dio cuenta que iba a ser una experiencia diferente, Lidia se
había acercado hasta su boca y se había detenido a un milímetro de ella, sin rozarla,
tan solo provocándola

Lidia: Salvada por la campana, nena (le dijo ante la señal del ascensor)
E: Lo mismo digo (respondió con su mismo tono encendido)

Sin embargo una vez entraron en el cuarto todo fue diferente, Lidia se sirvió una copa
de champán y con calma se sentó en el diván, Esther se había quedado de pie en medio
de la amplia habitación sin saber muy bien que hacer, hasta que la voz fría de Lidia le
ordenó que se desnudara, lo hizo

Lidia: ¡No tan deprisa... me gusta ver como te desnudas... hazlo despacio, me excita!
(le ordenó)

Esther la miró con dudas y por un segundo pensó en darse media vuelta y marcharse,
pero su juventud y sus ganas de probar diferentes cosas, unido a su peligroso mundo
interior, la empujaron a ir poco a poco quitándose la ropa mientras veía como Lidia
metía un dedo en la fría bebida y lo pasaba por sus labios, Esther notaba como sus
muslos se tensaban y su boca se secaba

Lidia: Eso es... lo estás haciendo muy bien (le dijo mientras abría sus piernas
haciéndole entender de su excitación)

Esther quedó completamente desnuda ante ella, Lidia sonrió de lado dejando la copa
sobre la bandeja, y se desabrochó la camisa lentamente sin dejar de mirar a Esther
mostrándole a ésta, su ropa interior, un sujetador negro de encaje mientras su dedo se
deslizaba por su vientre duro, y sus caderas se movían tan insignificantemente que
Esther tuvo que exhalar un suspiro reconociendo que aquel juego la estaba poniendo
frenética

Lidia: Ven aquí y ponte de rodillas (volvió a mandar)

Y Esther hechizada por sus propios latidos en su sexo humedecido, llegó y obedeció,
Lidia se había quitado el pantalón y con sus manos en la cabeza de la joven la obligó a
poner su boca sobre las bragas

Lidia: No dejes nada, nena... nada...

Esther sacudió la cabeza volviendo al presente, la chica morena que todo había que
decirlo era muy guapa, le estaba hablando. Sacudió un poco la cabeza y tragó saliva
para olvidar aquella primero humillación que sintió y le dijo
Palabras 108

E: ¿Decías?

Alba: Que me da miedo el lugar

E: Vamos los muertos no hacen nada, la que te va a hacer soy yo y estoy muy viva.
Alba

Alba: Oh... Esther... no sabes las veces que he ido a ese lugar esperando verte (confesó
entregándose totalmente a ella con ese comentario)

E: Suele pasar (sonrió mientras con el coche en marcha dirigiéndose al cementerio y


deshaciéndose del cinturón, introducía su mano derecha en los voluminoso pechos de la
chica quien gimió) ¿Te gusta?

Alba: Sí... sí... (se aferró al volante mientras se mordía el labio inferior)

E: No pierdas el control del coche... te va a gustar mucho, ya lo verás (desabrochó su


cinturón así como el botón del pantalón que afortunadamente no era de vaquero y podía
meter con facilidad su mano. Al contacto la morena gimió más fuerte) Vaya... si que me
necesitabas

Alba: ¡Oh Esther!...

E: ¿Qué? (la miraba sonriente)

Alba: No pares

E: No iba a parar

Alba: Joder podría ser automático el coche

E: No tiene gracia hacerlo en un automático (imprimió más ritmo a su dedo)

Alba: ¡Ah, ah! (gritó al notar como la frotaba mientras se aferraba más aún al volante y
su pierna izquierda pisaba fuerte contra el suelo a la vez que su espalda se clavaba
contra el asiento

E: Eso es... así... me gustas (se lanzó sin miramiento a su cuello mientras lo lamía)

Alba: Esther... Esther...

Cuando llegó a su casa, una enfadada Sandra la esperaba en el sofá, tan solo hacía cinco
minutos que la esperaba. Al escuchar las llaves se sentó y suspiró

E: Hola... ¿qué haces despierta?


Palabras 109

Sandra: Pues mira... porque una hija de puta que dice ser mi amiga, me ha abandonado
en medio de un pub de lesbianas

E: ¿Y quién te ha rescatado?, ¿Cris?... se lo he dicho... así que no me vengas con


reproches que te he dejado niñera (le dijo como si nada pero con el brillo de sus ojos
apagado mientras iba a la nevera y sacaba un refresco) Mañana trabajo ya... ¡qué
mierda!
Sandra: ¿Estás bien? (reconocía en su mirada un pequeño advertimiento de que no
preguntara más allá de esa pregunta circunstancial)

E: No... pero pasará

Sandra: Olvídala ¿vale?, solo fue una mala experiencia (le acarició con cariño el pelo
mientras Esther se dejaba caer sobre su hombro)

E: Sí... solo fue eso (trató de convencerse)

Sandra: Lo has hecho bien xiqueta...

E: Si no llega a ser por ti

Sandra: ¿Y para qué están las amigas?

E: ¿Para besar?

Sandra: Idiota... deja el temita que te conozco (le dijo estrechándola fuertemente contra
ella mientras sonreía con pena, sabía que la aparición de aquella maldita mujer, le había
afectado)

E: Mañana voy de cena con Macarena (su voz sonó algo inexpresiva)

Sandra: Bien... ¿y?

E: Hoy cuando estaba tirándome a Alba, pensaba que era ella y no te cuento como me
he puesto... creo que su forma de tratarme me alienta
Sandra: Mira Esther, no voy a dejar que te des otro tortazo, esa mujer está casada
seguramente no quiere nada con ninguna mujer a pesar de lo que tú digas y quizá tú
tienes una oportunidad de que alguien vea tu talento, insisto, no lo desaproveches

E: No lo voy a desaprovechar, pero... tampoco voy a dejar de intentarlo...

Sandra: Estás obsesionada con ella... y de ahí no saldrá nada bueno, ¿te recuerdo cómo
te salió tu obsesión por Lidia?

E: Vale ya con ésa hija de perra (le dijo gritando y separándose de ella bruscamente)

Sandra: Está bien Esther... yo lo único que quiero es que no sufras, ¿vale?

E: Lo siento (le dijo haciendo una mueca de disculpa y su rostro reflejó tristeza)
Palabras 110

Daba vueltas en la cama, verla nuevamente le había desconcertado de manera que no


podía conciliar el sueño, los recuerdos llegaban a ella de forma descontrolada, se
levantó a beber un vaso de leche y decidió quedarse en el comedor sentada cerca de la
ventana observando la cerrada noche, apoyó su brazo en el respaldo y sobre él la
barbilla, sus ojos soñadores observaban el cielo como esperando alguna señal de algo,
algo que pudiera darle el valor de enfrentar a sus fantasmas, algo que le diera el valor de
vivir la vida de otra manera, de olvidar lo que habían sido unos años perdidos, unos
años que le habían marcado a fuego la más grande humillación en sus entrañas

Miraba el cielo y pensaba en la oportunidad que tanto le había dicho Sandra, sonrió al
pensar en ella siempre pendiente y a su lado, la había sacado de un oscuro pozo en el
que la vida se había empeñado en empujarla, y quizá sabiendo lo que allí había en
aquella oscuridad vivía de ese modo, a pesar de reconocer que quería cambiar no sabía
cómo hacerlo, sabía que debía luchar y dejar de pasar por la vida de puntillas, y quizá la
oportunidad la tenía realmente en ese curso, en aprender al máximo pero en ese curso
también estaba la mujer que tantas veces había soñado que temblaba entre sus brazos,
mujer de quien seguía pensando que le había provocado algo con aquella descripción
del mar y que por ello, estaba enfurruñada con ella, por eso la omitía y aquel
pensamiento le sirvió para tranquilizarse, para coger fuerzas y marcharse a la cama,
necesitaba estar tranquila, necesitaba olvidar aquella visión que había tenido de aquella
maldita mujer

E: Vale Esther... ya está bien de pensar... tú no le das vueltas a las cosas, eres práctica
¿vale?, pues ale bonita, a dormir que mañana tienes que estar explosiva para la gran
Macarena Wilson, para que muerda el polvo

Con una sonrisa tras un profundo suspiro se fue a la cama, no sin antes de acostarse
acariciar una de las fotografías donde Maca sonreía y miraba la cámara con una de sus
miradas seductoras

E: ¡Ay Macarena... Macarena!

17 Abril 2005

Un rayo de sol jugueteaba en el rostro de Maca, la melena revuelta sobre el rostro que
tapaba un gesto de enorme serenidad. Aquel rayo insistente que parecía se había
empeñado en navegar por su bello rostro, finalmente le molestó y se removió de manera
que al girarse tras un pequeño gruñido de malestar abrió sus ojos, un olor extraño le
llegaba hasta su olfato, con el ceño fruncido y con incertidumbre abrió sus ojos. Al verla
se sobresaltó

El olor a café despertó dulcemente a una cansada Esther, tenía un día duro por delante,
el curso, trabajar y por la noche irse de fiesta, en esa fiesta a pesar de que no quería
pensar en ello, tenía muchas esperanzas puestas
Palabras 111

Sandra: Buenos días

E: Buenos días Sandra, ¡mira qué te sale bien el café!

Sandra: Pelota (sonrió) ¿Has descansado?

E: Sí, sí... ¿y tú?

Sandra: Bastante, sí (sonrió marcando la dulzura su rostro)

E: Sin pesadillas de mujeres que iban persiguiéndote (le dijo de carrerilla aguantándose
una sonrisa)

Sandra: ¡Desde luego no sé porque te tuve que contar aquella pesadilla! (exclamó
molesta mientras Esther reía de buena gana) Además era normal ¿no? La primera vez
siempre impone

E: Sí guapa, sí

Sandra: ¿Puedes sacar las tostadas?... digo si no te vas a herniar

Ambas se miraron rompiendo en una carcajada, las amigas estaban más unidas que
nunca y esa mañana ambas se dieron cuenta que ante la adversidad lo mejor era la
unión, lo habían vivido en el pasado, y lo seguían viviendo en el presente

Cuando el sonido del despertador sonó Teresa ronroneó contra él pero tan finamente que
Maca no pudo más que reír como loca. La secretaría al escuchar su voz, se levantó el
antifaz de un ojo y miró fijamente a la escritora que reía sin parar

M: Eres fina hasta para protestar

T: ¡Anda! (dijo quejosa con un ojo muy abierto y el otro tapado)

M: Buenos días pirata Teresa

T: Si te vas a burlar es la última vez que te dejo dormir conmigo ¿eh? (la amenazó seria)

M: Si es que estás muy graciosa

T: Pues mira tú... (entonces sonó el teléfono de Maca y Teresa con un movimiento
ligero se apartó el antifaz protestando de mala gana mientras iba al lavabo) ¡Qué
cansino! Son las ocho y media ¡demonios!

Maca sonrió ante su comentario ¡cuánta razón tenía Teresa!, era como un pulpo
estuviera donde estuviera tenía que tenerlo controlado, tenía que tocar todo con sus
repelentes tentáculos. Tomó aire para contestar lo más segura posible, su voz le seguía
provocando la misma ansiedad
Palabras 112

M: Dime. Sí estamos desayunando... vale... ¿y eso?... de acuerdo

T: ¿Qué ordenes tenemos? (salía Teresa del lavabo secándose las manos)

M: El sábado por la mañana tengo que volar a Madrid... bueno... tenemos hay una fiesta
y tenemos que acudir

T: ¿Yo también? (la miró sorprendida)

M: No (sonrió con tristeza y sin poder evitar el tono apenado agregó) Desgraciadamente
no. ¿Nos vamos a pasear?

T: Sí

M: Ah... esta noche vienes a la cena ¿eh? (se puso las zapatillas levantándose ella de la
cama)

T: ¿Yo?, ¿y qué hago yo allí? (preguntó asombrada mientras abría los ojos y ponía
gesto descolocado)

M: Pues lo mismo que yo, divertirnos. Ah nada de traje chaqueta ¿eh? te quiero muy
mona y predispuesta a todo

Maca se marchó divertida mientras Teresa la miraba sentada en la cama negando con la
cabeza, Valencia parecía sentarle bien, sin duda estaba mucho más tranquila o... estar
sola sin la presencia negativa y aniquiladora de su marido le hacía sin duda bien. Teresa
sonrió de lado

T: Lastima que nos deje libres tan poco tiempo

Bajaron a pasear por la orilla de la playa mientras Maca le iba contando cómo sería el
desarrollo de su novela, los personajes y como siempre hablaba repleta de ilusión y
entrega a su próxima obra. Después desayunaron y subieron a la habitación, para
prepararse y acudir a la clase, antes de salir, Maca volvió a leer atentamente la carta de
Esther, sin duda era un desafío terrible para si misma, y tan solo rogaba que la cena
fuera tranquila y que se sentara lo más lejana a ella, no quería problemas necesitaba
seguir con esa vida por encima de muchas cosas incluso de ella misma

Al llegar al Centro, Maca no pudo evitar el mismo gesto que había estado haciendo
durante los últimos tres días sin darse cuenta, sus ojos buscaban la bicicleta que le hacía
suspirar y exhalar profundamente aire como si buscara fuerza en sus entrañas para
seguir en pie sin flaquear, sin dar muestras de debilidad

M: Buenos días (les saludó de manera cariñosa con una sonrisa amplia en sus labios)

Todos contestaron a la escritora tras su entrada exuberantemente sencilla, Esther tuvo


que suspirar como hacía siempre que la veía era cómo si al contactar sus ojos con
aquella figura, todo su interior se revolucionara sin poder hacer otra cosa que no fuera
dejarse lleva y sentir todo lo que provocaba en ella
Palabras 113

M: ¿Qué tal estamos?, bonito día ha salido hoy. Vamos a ver, antes de empezar la clase
con los ejercicios que he preparado para vosotros, voy a repasar los ejercicios que me
habéis entregado (miró a todos notando como especialmente los ojos de Esther la
miraban de manera lasciva sin tapujo alguno. Entonces se giró abriendo su carpeta y
sacando de ella los ejercicios, exhaló un suspiro mínimo que paso desapercibido para
todos, excepto para Esther que percibió el ligero movimiento de su espalda. Maca
finalmente se giró diciendo) Bueno... bueno...

Empezó entregando los ejercicios a los alumnos, lo hacía con una sonrisa parecía que ya
se había aprendido todos los nombres, no se equivocó, hasta que llegó el turno de Esther
y se lo dio sin apenas mirarla

M: De acuerdo, cada uno me ha descrito lo que sentimentalmente sentía al leer esas


palabras que os di, reconozco que me han llamado la atención positivamente casi todos
vuestros escritos. Ahora bien, Esther, quería preguntarte algo (Esther sonrió levemente
seducida por aquella voz preparada para cualquier halago) ¿Tú crees que estas tres
palabras necesariamente tienen que ir encadenadas a un drama?

E: Pues... (dudó si contestar no le gustaba como la miraba)

M: Creo que tu ejercicio podía ser mucho más interesante de lo que es, y te lo digo
porque es un caso típico de quien utiliza las palabras para llamar la atención de una
manera tan intensa que llega a cansar, es una redundancia bastante cansina, agota, es el
caso típico de querer simplemente llamar la atención, insisto, no de narrar. ¿No te
parece?

E: Bueno... era lo que me inspiraron aquellas palabras

M: Pero es lo sencillo, tres palabras unidas a un tremendista texto, es mucho más


impactante el texto de muchos de tus compañeros, así que tendrás que trabajar más ¿eh?
Bueno vamos con las tareas de hoy

Dicho esto, se giró mientras Esther sentía que algo en ella se iba desvaneciendo parecía
como si la silla se hubiera ido engullendo a su persona, escuchaba la voz de fondo de
Maca mientras su pensamiento bullía como si dentro hubiera una hoguera a toda
marcha, como si las palabras de aquella mujer le hubieran provocado una ausencia a su
razón y no pudiera pensar. No le habían hundido sus palabras, le habían hundido sus
gestos, su actitud, su mirada

A Maca no le pasó desapercibido el gesto de Esther, una parte de ella respiraba aliviada
mientras la otra se preguntaba hasta cuando esa defensa. Pero no podía decaer y de
aquella manera calculada había tratado de conseguir que la cena de la noche no fuera
para ella ninguna oportunidad a nada, quería distancia y en aquel momento la había
conseguido

Cuando Esther salió de la clase apenas cruzó unas palabras con Raúl, cogió su bicicleta
y a toda velocidad jugándose el físico suyo y de algún viandante, prácticamente volaba
sobre el asfalto su gesto serio, sus cejas fruncidas al igual que sus labios
Palabras 114

En el mostrador del Hospital, Consuelo estaba ordenando unas historias cuando la vio
entrar, su gesto le llamó la atención, Esther era un libro abierto no sabía disimular
cuando algo iba mal, eso unido a que la Recepcionista la conocía perfectamente le hizo
acodarse sobre el mostrador retirándose las gafas

E: Hola

Consuelo: Hola. Traes cara de funeral, ¿quién se ha muerto? (le preguntó mientras
Esther firmaba)

E: Macarena Wilson

Consuelo: Macarena (musitó viendo como se marchaba) Oye... oye... ¿pero cuándo?...
pobrecita con lo joven que era... ¿Silvia te has enterado que se ha muerto Macarena
Wilson?

Silvia: ¿Quién es ésa? (le preguntó desinteresadamente la enfermera)

Consuelo: Una escritora

Silvia: Ni idea... pero que nos lleve muchos años por delante

Consuelo: ¿Y como habrá sido?, ¡Juan déjame el periódico! (el hombre se lo dio con un
gesto de asombro que no pudo evitar) A ver... a ver... sucesos... nada, igual ha sido esta
mañana... ¡ay señor!... anda Aniceto búscame que tú con eso de los deditos eres un as,
noticias sobre el fallecimiento de Macarena Wilson, en la internete

Aniceto: ¿La escritora?, ¡con lo joven que era! (murmuró el celador afectado)

Consuelo: No somos nadie, Aniceto... no somos nadie... la muerte ya se sabe no


entiende de edades

Aniceto: Pues no (le dijo tras mirar la pantalla)

Consuelo: Ya te lo digo yo que no


Aniceto: Y yo a lo que te digo que no es que no aparece nada, lo último que aparece es
que está dando un curso en Valencia, y una entrevista

Consuelo: ¿Estás seguro? (le preguntó con el gesto muy pero que muy preocupado)

Aniceto: Míralo tú misma

Consuelo: Deja, deja que yo esos chismes me marean. ¿Entonces? (se preguntó
intrigada mirando hacia el interior pensando en Esther) ¿Qué ha pasado?
Palabras 115

El teléfono sonaba insistente en una pequeña casa situada muy cerca de Santiago de
Compostela, una mujer mayor apuraba sus lentos pasos para llegar, sabía bien quien era,
la única persona que podría llamarla era ella. Y con una sonrisa contestó tras sentarse en
una mecedora

Guillermina: Hola Maca

M: Hola tata (sonrió ampliamente como si aquella voz le insuflara los pulmones de aire
fresco de aquella montaña tan verde que al cerrar los ojos podía imaginar) ¿Qué tal
estás?

Guillermina: Bien mi niña, bien... más vieja que ayer... ¿y tú?

M: Estoy en Valencia tata, dando un curso y... la verdad que muy bien (decía contenta

Guillermina: Noto cierto temblor en tu voz... ¿pasa algo?

M: Tata... tengo que hablar contigo no puedo más (murmuró apoyando su frente contra
la pared con gesto compungido con aquella pregunta le había derrotado)

Guillermina: Claro, para eso estoy aquí ya lo sabes cariño...

M: Quiero ir a verte, muy pronto tata

Guillermina: Sí, sé que lo necesitas por el requiebro de tu voz

M: No hay nadie que me conozca mejor que tú (sonrió mientras tristemente se formaba
un puchero en su barbilla)

Guillermina: Lo sabes bien (sonrió) Venga cuéntale a tu tata vieja que le ocurre a mi
niña preciosa

M: Verás... es algo que... no sé muy bien como explicar (se mordía el labio inferior)

Guillermina: Su nombre

M: No tata, no (se apresuró a negar con una sonrisa)

Guillermina: ¿Hasta cuándo mintiéndote?


M: Tata yo... (suspiró con dolor en su alma)

Guillermina: Hasta que no dejes volar en libertad ese gorrión que tienes dentro de ti, la
vida será ese infierno en el que vives, tienes fuerza y coraje, ¡demonios Maca!... que
cada quien se enfrente a su vida con sus propios errores...

M: Yo también los cometí

Guillermina: Enamorarse jamás es un error, mi niña


Palabras 116

M: ...

Guillermina: Créete de una vez quien eres... no sigas castigándote vive y disfruta la
vida cariño, solo se vive una vez y cada minuto perdido vuela tan rápido que no lo
vuelves a recuperar (hizo una pausa donde sus cargados pulmones se escuchaban a
través del teléfono) Maca solamente tú puedes salir de ahí donde te encuentras, yo
puedo aconsejarte como buscas con cada llamada pero la única que puede salir de donde
estás eres tú, no cierres los ojos, derriba la muralla de una vez por todas Maca o un día
te arrepentirás de haber sido cobarde

M: No es tan fácil Tata (musitó con el ceño fruncido)

Guillermina: Claro que lo es cariño... tan solo tienes que dejar que tu corazón te guíe,
que tu corazón hable y te indique lo que quiere y hacerle caso mi vida

M: A veces tengo la sensación de que debería hacerlo sin tener un motivo

Guillermina: ¿Ese motivo que ha aparecido sin más en ese curso, en esa ciudad?

M: No lo sé tata, despierta curiosidad y odio al mismo tiempo

Guillermina: Pues olvida el segundo y averigua que tipo de curiosidad despierta en ti


porque eso ya es mucho

M: Bueno tata... me tengo que ir a la cena

Guillermina: Aprovéchala, no dejes pasar ni una sola oportunidad, piensa en ti, primero
en ti y después en ti, en lo que sientes y de una vez por todas mi niña, eleva el vuelo y
deja a ese malaje en el infierno

M: No sé que haría sin ti (sonrió) Tengo suerte, tú y Teresa sois para mí muy
importantes

Guillermina: Pero ninguna somos tan importantes como para darte lo que necesitas, al
menos yo (decía con una gran carcajada y sus pesados pulmones hicieron acto de
presencia)

M: ¿No estarás fumando, eh? (le preguntó sonriente aunque trató de ser una riña)

Guillermina: ¿Y si fumo, qué?, de algo me tendré que morir


M: No tienes remedio. Iré a verte muy pronto tata

Guillermina: De acuerdo aquí estaré

M: Te quiero, ¿lo sabes, verdad?

Guillermina: Sí, lo sé (sonrió asintiendo con enorme cariño el que sentía por aquella
niña que se hizo mujer) Y yo también te quiero mucho. ¡Venga a la fiesta!
Palabras 117

M: Sí que voy a llegar tarde

Guillermina: No busques ser otra cosa que tú misma, ¿vale?

M: Sí tata. Gracias

Al colgar, sintió nuevamente ese sentimiento de orfandad, ese sentimiento que le cubría
el alma cuando dejaba de hablar con ella, había sido en su vida mucho más importante
que sus padres, que sus hermanos, que incluso sus abuelos. Era una mujer sencilla de la
que aprendió muchas cosas, con la que habló muchas noches hasta altas horas de la
madrugada. Sacudió su cabeza y se fue a la ducha, puso música, subió el volumen y se
dejó sucumbir por el chorro de agua

Su tata, como ella le llamaba de pequeña porque no sabía decir su nombre, se había
encargado de criarla, de hacerle entender lo que estaba bien y mal, la que le demostró a
donde llevaba ser caprichosa como su madre, la que le guió por la vida y la que un día la
encontró sin fuerzas en medio de las tierras

Llovía a cántaros y Guillermina estaba preocupada por su niña, tenía veinte y tres
años, y aún seguía pensando que era una niña, aquel día ella había ido al pueblo para
pasar el día con su prima, y al volver había encontrado la habitación revuelta de una
manera que le asustó. Estaba sola porque los padres de Maca habían ido de viaje a
Argentina, sus hermanos cada uno viviendo su vida y no podía avisar a nadie de su
preocupación, dándose cuenta que nadie se preocupaba por aquella joven que llevaba
unos días muy extraña, muy silenciosa, muy taciturna. Cogió el paraguas tras tres
horas de larga espera y fue a buscarla, sus botas de agua le sirvieron para adentrarse
por el barrizal que se volvía la parte de atrás de las caballerizas, sabía que era el sitio
donde Maca acudía cuando algo le preocupaba, cuando algo le hacía daño. La había
visto muchas veces allí, siempre enfadada, y cuando ella llegaba Maca explotaba era
con la única que se atrevía a quejarse del trato de sus padres, de sus problemas, a la
única que le gritaba su furia. Y su tata estaba allí en silencio para una vez finalizaba la
explosión abrazarla y darle calor. Sin embargo aquel día algo le decía que las cosas no
iban bien, y no se equivocó cuando llegó y la vio sentada bajo un árbol, con las piernas
abrazadas a su cuerpo, con el pelo pegado a la cara, totalmente empapada, con la
barbilla temblando y un gesto que alertó tanto a la mujer que dejó a un lado su
paraguas y se agachó hasta ella

Guillermina: Mi niña... ¿qué te pasa?, no me asustes por la Virgen del Carmen... (pero
Maca no le contestó estaba como ida, entonces le cogió la barbilla y le obligó con
suavidad a mirarla) ¿Te han hecho algo? (Maca negaba con la cabeza pero se
derrumbaba en el pecho de aquella mujer que la abrazó sintiendo su dolor en sus
propias entrañas) Vamos mi niña... llevas unos días mal, con ojeras, no duermes lo sé...
¿qué te preocupa?, ¿quién te tiene así?
M: Mi vida se ha terminado (musitó entre lágrimas)
Guillermina: ¿Pero qué dices cariño? (preguntó tan asustada como desconcertada) Si
apenas estás viviendo tienes toda la vida por delante para lograr esos sueños tan
maravillosos que tienes en mente. Cariño...
M: Voy a casarme con Luis
Palabras 118

Guillermina: ¿Qué? (preguntó atónita sin entender nada, Maca asintió con la cabeza
rompiendo a llorar de manera tan fiera que a Guillermina se le clavó en su pecho el
dolor”)

Años después podía seguir notando el mismo dolor y angustia que en aquel momento

Guillermina: Maldito Luis... sólo espero que Dios te dé el castigo que te mereces... y lo
veré y entonces podré morirme tranquila (susurró con toda la rabia que seguía sintiendo
por él)

En el hospital Esther trabajaba con seriedad excepto cuando tenía que atender algún
paciente, su especialidad eran los niños y siempre quedaban encantados con ella. Había
sido una de esas tardes complicadas donde todo sale mal, así que cuando tuvo un
descanso se sentó en la cafetería removiendo un café solo

Consuelo: A ver si vas a hacer un agujero y aún tenemos un percance, deja de mover la
cucharita guapa (le dijo mientras se sentaba y sacaba de su bolsa un pastel de manzana,
lo partía y le daba un trozo a Esther como siempre, pero ésta lo negó) ¿Qué te pasa?

E: Nada no tengo hambre

Consuelo: ¿De qué a muerto la Wilson para ti, de desamor, de desencanto? (le preguntó
dando un bocado al pastel)

E: No estoy para coñas (le dijo mirándola fijamente mientras enarcaba una ceja)

Consuelo: Ya... así que te ha dado calabazas

E: Es una imbécil y punto (dijo tajante)

Consuelo: Si es que ya lo digo yo, del amor al odio hay un paso

E: Me ha puesto en ridículo delante de toda la clase

Consuelo: ¡Uy! ¿a ti, y eso?

E: Porque desde lo del mar me tiene entre ceja y ceja

Consuelo: Claro y a ti te gustaría estar entre pierna y pierna (nuevamente los ojos de
Esther se clavaron en los suyos de forma fiera) Esther... ¿qué esperabas? Yo estoy
encantada que alguien te plante cara

E: Ya veo lo que me quieres

Consuelo: Precisamente por eso Esther... tienes que cambiar y ya va siendo hora

E: Macarena Wilson no sabe que ha hecho


Palabras 119

Consuelo: La que no sabe lo que has hecho eres tú. ¿La cena es hoy?

E: Sí, pero no voy

Consuelo: Sería una buena ocasión para hablar con ella tranquilamente y pedir
disculpas por tu osadía ¿no te parece?

Cuando Maca salió de la ducha, vio que Luis le había llamado, resopló con cansancio
ver tan solo su número en el teléfono le producía una angustia terrible. Se había vestido
de una manera bastante informal, vaqueros, fina camisa de seda negra de manga larga y
unas botas que se permitió la osadía de llevar aquella noche. El tiempo era agradable
por esas fechas y ella lo aprovechó, una vez vestida y ligeramente maquillada con el
pelo suelto, se miró en el espejo sonriendo, no sabía que quería buscar ni siquiera había
querido hacer caso a una voz que le decía cosas que no deseaba escuchar

Tras exhalar un profundo suspiro, llamó a Luis

M: Dime

Luis: ¿Dónde estabas?

M: En la ducha

Luis: Mañana tienes que ir al aeropuerto a las doce

M: De acuerdo

Luis: Procura no perderlo

M: Lo intentaré, haré un esfuerzo enorme para no perderlo ¿vale?

Luis: Maca (le advirtió)

M: ¿Qué? (le preguntó cansada con ansias de colgar)

Luis: No pierdas ese avión

M: Gilipollas (murmuró cuando él le colgó como era costumbre. Entonces llamaron a la


puerta y Maca sonrió quitándose aquella pesada rabia de su interior) ¡Teresa!

T: Anda Maca... ¿botas altas? (la miraba atónita)

M: La noche es joven Teresa (le decía sonriendo ampliamente)


T: Estás muy guapa

M: Tú también, esos pantalones te sientas de escándalo ¡ves no es tan difícil!

T: Son los únicos que tengo. ¿Y mis pendientes y collar?, ¿me he pasado?
Palabras 120

M: Sí, Teresa, el collar lo dejas aquí

T: ¿Tú crees?, es tan mono

M: Demasiado verde Teresa y no quiero que te confundan con un prado (le decía
cerrando la puerta tras coger el bolso)

T: Eres tonta... ¿eh?

M: Vamos anda

T: ¿El cansino sabe esto?

M: Esta noche prohibido nombrarlo

T: Lagarto... lagarto

Y con una carcajada ambas se fueron. Recorrieron gran parte de la ciudad de noche, y
era un lujo para ellas hacerlo, aquella ciudad tenía tanta iluminación, los monumentos le
daban una belleza casi mística, y ambas disfrutaban del recorrido hasta llegar al Barrio
del Carmen donde tenía lugar la cena

T: He traído el mapa

M: Estás en todo

T: Sí porque tú guapa...

M: Soy un desastre tienes razón (se quejó sonriendo)

T: A ver... esta calle y después la tercera a la derecha

M: Vale... pues vamos allá

T: ¡Cuánta gente!, que animado está esto (decía mientras la gente paseaba por la calle
yendo y viniendo de manera libre)

M: Sí... está muy animado (sin saber porque unos nervios se apoderaron de su
estómago)

T: Uy por aquí...

M: Mira allí están (los señaló sonriendo) Mira Merche ya está

T: Sí... ¡ay si estoy nerviosa y todo, seré tonta!


Palabras 121

M: Tranquila Teresa, relájate y disfruta. Hola (saludó uno por uno a sus alumnos
mientras Teresa hacía lo mismo. Sin embargo los ojos de Maca buscaban a alguien que
no hallaba) Bueno... que lugar más espectacular ¿no?

Paloma: Sí Maca... te aseguro que es uno de estos sitios donde es un placer cenar

M: Pues muy bien (miraba pero no quería preguntar)

T: ¡Uy!... Maca (le estiró del brazo)

M: Dime

T: No está Esther

M: No. No está (dijo mirando como si la buscara por primera vez)

T: Oye chicos... ¿y Esther?

Raúl: Trabajando

M: (“No va a venir (se dijo mientras su expresión se turbió algo) Vale Maca tranquila,
así mejor... mucho mejor”)

Raúl: Si os parece vamos entrando

T: Que lástima, no viene Esther (le dijo a Maca)

M: Pues sí... una lástima (murmuró para sí)

Se sentaron en la mesa que les habían adjudicado entre risas y comentarios sobre el
lugar, un bar pequeño pero decorado con gusto exquisito, repletos de cuadros donde los
protagonistas eran los árboles en diferentes maneras, amplios mares y sencillas flores, a
Maca le llamó la atención aquellos cuadros simples, sencillos pero hermosos, sonreía
observando y leyendo las señas de cada uno de ellos, al igual que el precio había uno
que le había captado por encima de los demás estaba allí mirándolo cuando oyó una voz
que le decía

E: Es mi favorito... tiene lo que más me gusta... todo y nada... fuerza y debilidad... en


fin... maravilloso, buenas noches (le sonrió y se dirigió a la mesa)

M: Pero... (se dio cuenta que su sorpresa al verla fue tal que le salió la duda en voz alta)

T: Maca cariño...

M: Si, voy

T: Esther pensaba que no venías (le dijo mientras se sentaba)

E: Sí, he podido arreglar la guardia


Palabras 122

T: ¿Muchos enfermos? (Maca se sentaba en ese momento junto a Teresa)

E: Como siempre, sí (le guiñó un ojo) Estás muy guapa Teresa

T: ¡Ay! (le dijo con algo de rubor mientras Maca miraba a Esther enarcando una ceja)
Que cosas tienes

Esther se sentó en frente tres sitios más a la izquierda de donde lo hacía Maca, y a su
lado se sentó Raúl. La cena constaba de varios platos de sabrosas picaditas, el ambiente
era de complicidad entre todos, hablaban sin parar, reían, Teresa que estaba secundada
por Merche y Maca, se divertía como la que más y tras el vaso de vino, se animó a
contar anécdotas que ni la propia Maca sabía. Durante el rato que estuvieron cenando,
Esther no miró ni una sola vez a Maca, y eso lo pudo comprobar la escritora, que sí lo
había hecho en alguna ocasión a pesar de su prohibición constante, aquella inquietud
sobre la enfermera le causaba a su vez, una pequeña incomodidad pero entonces la voz
de su tata le llegaba tan nítida como si el viento se la susurrara, descubre que hay en ti
que parte es mayor, el odio o la curiosidad, y sin duda lo segundo estaba en aquella cena
apareciendo de manera insistente. La veía sonreír con Raúl, hasta porque no reconocía
cierto tonteo, y cuando durante la noche se levantó para hablar por teléfono a Maca le
picó mucho más la curiosidad, no sabía apenas nada de ella, tan solo intuía por miradas,
por frases, por el manejo de las palabras en ese mensaje subliminal que le había
entregado en cada escrito y quizás era eso lo que le hacía tener esa especie de misterio
hacia ella

M: ¿Qué... te lo estás pasando bien, eh? (le preguntó sonriente)

T: Sí, sí, uy la de cotilleos que me estoy enterando... (reía)

M: Me alegro

T: ¿Y tú qué tal?, ¿tenemos algún santo varón interesante?

M: No... no he visto ninguno

T: Oye pues el Raúl está muy bien ¿no?

M: ¿Te gusta? (dio un sorbo a su café)

T: ¿A mí? (le entró una risa floja)

M: Vamos Teresa... para hacerle un favorcillo (le decía mirándola seria pero con brillo
en sus ojos)

T: Perdona, el favorcillo me lo haría él a mí (rompió a reír como Maca ambas contentas


y sobre todo sintiendo libertad)

E: (“Joder cuándo sonríe es para echarse a babear... uf... aguanta Esther ni un solo
paso en falso guapa... la noche tiene que ir como la has planeado... respira”)
Palabras 123

Paloma: ¡Bueno venga que aquí ya van a cerrar ahora nos vamos a mover el esqueleto
un rato, no! (dijo en voz alta)

T: Uy yo no ¿eh Maca? (le dijo bajito)

M: ¿Por qué no? (la miró fijamente)

T: Porque nunca me han gustado esos sitios, me siento incomoda

M: Pero si viene Raúl

T: ¡Anda ya!

Mercedes: Teresa yo tampoco voy que mañana trabajo. Así que nos podemos ir juntas
si quieres

T: Muy bien... porque a mí me dejas aquí y puedo aparecer en Madrid directamente


(decía alegre)

M: ¡Uy el vino... uy el vino Teresa! (le decía sonriendo)

Paloma: ¿Maca, tú vienes, verdad? (le preguntó mientras sacaban el dinero para pagar)

M: Sí, claro (sacó su billetera)

Paloma: No creas que te vamos a dejar pagar ¿eh?, eres nuestra invitada

M: Eso no es justo

Raúl: ¡Claro que lo es! (dijo sonriente) Venga vamos, vamos Esther

E: Sí (sonrió ampliamente ante la mirada de Maca que vio como se iba riendo de algo
que Raúl decía)

T: Maca

M: ¿Qué?

T: ¿Te levantas?

Y es que la visión de Esther sonriendo anulaba su condición de odiarla, de omitirla tan


solo la atraía de manera irremediable y eso creaba en ella una fuerte contradicción, tal
era así que como en ese momento que Teresa la llamó, se había quedado atrapada en ella

Una vez todos salieron a la calle, Teresa y Merche se despidieron de ellos con besos y
risas, como no cuando Teresa besó a Raúl sin poderlo evitar la mujer se enganchó al
cuello del muchacho con la risa de todos. Después besó efusivamente a Esther

T: Guapa
Palabras 124

E: Guapa tú. Oye... ¡te gusta, eh! (Maca no dejaba de mirar la escena, sin poderlo evitar
que alguien pudiera sentirse tan cerca de Teresa le molestaba y precisamente si era
Esther, entonces mucho más) Dime

T: ¿Se ha notado mucho? (le preguntó poniendo su mano en la boca de manera


divertida)

E: No mucho, vamos, de hecho solo lo he notado yo (le guiñó el ojo)

T: Menos mal (la volvió a abrazar sonriente, Maca no pudo más y se acercó a ellas
mientras le decía) ¿Cuándo me quitas los puntos?

E: Pues...

M: Teresa, Merche te está esperando (le dijo de golpe con seriedad)

T: ¡Ay es verdad!

E: ¿Oye Teresa por qué no te vienes?, será divertido

M: No, ella se va al hotel que no está muy bien

T: ¡Ay Esther, Maca tiene razón a mi edad ya no hay que ir por ahí en estas condiciones!

E: Eso son tonterías (ante la sonrisa de Teresa y el enfado de Maca agregó) Bueno...
mañana puedes venir por la tarde a la hora que quieras y te arreglo la herida

T: Estupendo... me lo anotaré

E: No te preocupes si quieres te llamo, y si no tienes nada que hacer nos tomamos un


café (hablaba con la sonrisa en los labios omitiendo la presencia y el gesto duro de
Maca)

T: ¡Sí! (exclamó feliz)

M: Venga Teresa, Merche te espera

T: Adiós Esther

E: Adiós guapa

T: Está chica es un sol, ¡qué manera de subirte el ego! (le dijo a Maca muerta de risa)

M: Sí, un sol (murmuró con cierto malestar)

Una vez Merche le aseguró que llevaría a Teresa hasta el hotel y se encargaría de subirla
a la habitación, Maca se marchó más tranquila con los demás, al regresar, vio a un lado
a Esther mandando un mensaje, no le había gustado nada su actitud con Teresa, y
esperaba de algún modo que no se acercara a ella tras la humillación de la mañana.
Palabras 125

Aunque sin duda durante la cena le había mareado un poco su actitud, alejada a ella,
sonriente con los demás sobre todo con ese Raúl, y sin embargo su saludo había sido
amable y casi cariñoso. Sin duda su comportamiento con Teresa le había molestado
mucho y sin saber muy bien porque imaginó, que lo había hecho a propósito

M: (“Maca... deja de imaginar... disfruta de la noche”)

E: (“No le ha gustado nada que Teresa se acercara a mí... pero juraría que le gusta
mirarme”)

M: (“Bueno... tú sigue pasando de ella... a disfrutar, recuerda, control”)

E: (“Vale, espero que mi jugada salga bien, no hay quien me gane en esto Macarena
Wilson, no sabes lo que has hecho”)

Entraron a un local del Barrio del Carmen, estaba prácticamente lleno la música sonaba
con fuerza, los focos iluminaban a un lado y a otro con formas circulares, de vez en
cuando se deslizaban entre la gente que aparecían bañados por la luz, todos juntos se
marcharon hacia un lado de la pista donde había un pequeño rincón libre

Raúl: ¿Quién me acompaña a por bebidas, Esther?

E: No, yo espero (le sonrió y ante aquella sonrisa Raúl tan solo hizo una caída de ojos
que le pareció estúpida a Maca)

Paloma: Venga vamos...

Se marcharon unos cuantos mientras los demás se quedaban junto a Maca que trataba de
no mirar a una Esther que sí la miraba insistentemente aprovechando la oscuridad. Le
seguían incomodando aquellos ojos que sabía se fijaban en ella, y agradeció que
regresaran los demás para poder sentarse. Brindaron entre risas y con una gran alegría,
para después salir a bailar todos juntos, Esther procuró ponerse justo en el lado contrario
de Maca, y ésta lo agradeció, consiguiendo no mirarla ni una sola vez durante el rato
que estuvieron bailando. Después cuando apareció una balada para los románticos,
todos se retiraron a las mesas para descansar un rato, y seguir contando entre risas
anécdotas a gritos. Estaban en ello cuando una mujer se acercó a la mesa con una
sonrisa ciertamente provocadora, cuando los ojos de Maca la contemplaron sin poderlo
evitar se quedó mirándola, era realmente hermosa, llevaba una melena castaña bien
cuidada, un ajustado pantalón que remarcaba una silueta casi perfecta, unos pechos
redondos y bien ajustada una camiseta para remarcarlos, su rostro maquillado y unos
ojos que sin duda parecían dos trozos del cielo. La chica se podía decir que era de esas
esculturales que no dejaba indiferente a nadie, se notaba que le gustaba ser la atracción
de donde estuviera. Maca bebió de su copa pero se detuvo cuando vio como Esther se
levantaba y atónita veía como se besaban en los labios, era un pico, pero reconocía
perfectamente la forma de besarse, las sonrisas y mucho más cuando se fueron juntas a
bailar. Estaba tan abrumada por la manera de bailar de Esther, y por lo que entendía
perfectamente eran miradas apasionadas que le transportaron en el tiempo, que no
escuchaba los comentarios de todos referentes a ellas dos, Maca no cesaba de mirar
aquellos dos cuerpos moviéndose sonrientes, de vez en cuando una caricia, de vez en
Palabras 126

cuando un beso, sintió un mareo que no se detuvo a analizar, no debía analizar nada ni
siquiera como tuvo que cruzar sus piernas ante una pequeña llamarada que incendio su
parte más íntima, con firmeza se impuso apartar la mirada de allí, y mirar el reloj

M: Bueno chicos... yo me retiro mañana tengo que coger un avión y necesito estar
despejada (decía a modo de disculpa con una bonita sonrisa en su boca)

Cuando los ojos de Esther volvieron hacia la mesa, su sonrisa se borró y se detuvo del
baile. Buscó la figura y la vio perfectamente saliendo del local

E: Ángela me voy

Ángela: ¡Pero Esther!

E: Quedamos otro día ¿vale? (le decía apresuradamente mientras dejaba un beso en sus
labios y se marchaba a la mesa donde les dijo) Me voy

No le hicieron mucho caso, aunque tampoco les dio tiempo a decirle nada, salió
corriendo miró a un lado, miró a otro con el ceño fruncido pero no la vio, dos personas
que pasaban junto a ella le golpearon al darse la vuelta de golpe

E: Perdón, perdón (se disculpó) Joder Maca...

No lo dudó y se subió a una de las bolas que a modo de prohibición para que los coches
aparcaran estaba en la calle, así pudo alcanzar su figura, andando con las manos en los
bolsillos de su chaqueta, su andar denotaba poca gana y eso le hizo correr hasta ella sin
pensarlo con la chaqueta en la mano. Cuando estaba a punto de llegar a ella la llamó
para que se detuviera

E: Macarena... Macarena... espera (la escritora al escuchar su nombre se detuvo, se giró


y la vio llegar a las carreras con la camiseta caía de su hombro izquierdo y el tirante del
sujetador al aire) ¡Uf!, casi no te pillo, ¿cómo te han dejado salir esa pandilla de
estúpidos sola?, bueno perdona, perdona (se recomponía) Mi nombre es Esther, Esther
García, soy enfermera y me he apuntado a tus clases porque la pasión de mi vida es
escribir

Maca la miraba atónita, tenía delante suya la mano extendida de Esther que no dejaba de
sonreír, ella acurrucó un poco sus ojos, negando suavemente con la cabeza y girándose
para marcharse

E: Vale lo reconozco (la detuvo) Empecé mal contigo, y quiero intentarlo otra vez.
¿Puedo? (la miró sonriendo con un gesto que aunque trato de suavizar le salió su lado
más provocador, ante el silencio de Maca agregó) No voy a dejar que vayas sola

M: Puedo hacerlo perfectamente soy mayorcita (respondió seria con tono altamente
crispado)

E: Ya sé que puedes hacerlo, pero ir sola por esta parte de la ciudad no es lo mejor, y
menos si eres una chica. Y sobre todo si eres una chica tan guapa (dijo modulando el
Palabras 127

tono para no herir su fragilidad, cuando la miró Maca le ofreció una embaucadora
sonrisa) ¿Te acompaño hasta un taxi, puedo?
M: Sé apañarme sola, gracias

E: Vale

Maca comenzó a caminar y a su lado en silencio lo hizo Esther, Maca la miraba de reojo
con gesto molesto

M: ¿No entiendes cuándo se te dicen las cosas?

E: Sí, claro que entiendo pero... me quedo más tranquila

M: Eres una cabezota, ¿puedes dejarme? (la miraba con un enfado considerable)

E: Sí, te dejo, pero te dejo en el hotel. Teresa me ha dicho que te cuide y no voy a dejar
que vayas sola, no sea que te pase algo y luego me la cargue yo, además vas por la
dirección contraria, por aquí tienes un buen pateo, ahora si vamos justo al revés,
llegamos en un momento

M: ¡Uf! (resopló con cierto malestar dando la vuelta)

Comenzaron a caminar en silencio, Maca con sus manos en los bolsillos siguiendo los
pasos de Esther que por dentro se iba convenciendo de tener un poco de paciencia,
aunque sentía el deseo recorrer por sus venas ante la proximidad de una Maca que a
pesar de querer aparentar tranquilidad, no podía evitar sentir unos nervios y las
imágenes del baile en su cabeza

E: Ya estamos, es este (le dijo señalando un Ford Ka gris plateado, ante la mirada de
Maca sonrió) Es pequeñito y mono como yo

A Maca aquel comentario le hizo gracia, y a pesar de no querer sonreír, sus labios le
jugaron una mala pasada y dibujaron esa sonrisa que a Esther le supo a gloria. Abrió la
puerta dejando el bolso y la chaqueta en la parte de detrás, se ladeó un poco a la derecha
en el mismo momento en que Maca entraba en el coche golpeándola en la cabeza

M: Lo siento (dijo tratando de acomodar sus largas piernas allí dentro)

E: Jo podías avisarme de que te ibas a tomar la venganza (decía con un ojo cerrado
frotándose la cabeza, al ver sus problemas para sentarse comenzó a reírse a carcajadas)
Disculpa es que... claro el asiento está para mi altura... ja ja ja... perdona voy a echarlo
para atrás

M: No le veo la gracia (decía seria encartonada allí entre el asiento y la guantera, justo
en el momento en que Esther se apoyó delicadamente en su asiento y pasó su cuerpo por
delante de Maca rozando suavemente con su brazo apoyado la pierna de Maca y con su
otro brazo el pecho izquierdo. Provocando que ésta se sintiera totalmente incómoda)
Puedes decirme donde está la palanca sería más sencillo
Palabras 128

E: Ahora haz fuerza hacia detrás con los pies (al hacerlo Esther se dejó caer sobre sus
piernas) Lo siento, au... lo siento...

M: ¿Lo haces todo siempre tan difícil? (la miraba algo enfadada)

E: Normalmente no, incluso creo que casi nunca... pero... (elevó los hombros divertida)
Dime donde vamos

M: Al hotel de Las Arenas (Esther silbó ladeando la cabeza mientras salía del
aparcamiento) ¿Qué?

E: Nada... nada... bueno el hotel ¿eh?

M: Sí (se puso el cinturón) ¿Y tu cinturón?

E: ¡Es verdad siempre se me olvida! (se giró para cogerlo)

M: ¡No sueltes el volante loca! (le gritó algo asustada al verse en plena avenida rodeada
de coches)

E: Tranquila está controlado

M: Ya... (volvió a resoplar)

E: Tranquila ¿vale? Te voy a dejar sana y salva en casa

M: Eso espero

E: Yo también. Ah por cierto antes me he presentado y tú no (Maca la miró con un gesto


de “¡venga ya!”) Vale... de acuerdo no importa yo lo sé todo de ti. Ah... (ante su silencio
agregó) Antes se me ha olvidado decirte algo

M: ¿El qué?, ¿qué estás como una cabra? (la miró enarcando su ceja derecha y con ese
gesto provocando en Esther un suspiro) No hace falta eso ya lo sé yo

E: No, que soy lesbiana

M: Ah (nuevamente sintió como sus venas se alteraban) ¿Crees que a mí me importa?

E: No lo sé pero así ya lo sabes todo de mí

M: Si, también sé que no sabes atajar una crítica (le dijo sin mirarla)

E: ¿Perdona? (le preguntó entrecerrando los ojos) Si lo dices por lo de esta mañana, no
creo que haya sido una crítica, sino, una humillación sin fundamentos

M: Para ser escritora debes soportar lo bueno y lo malo Esther, con o sin fundamentos y
tú más bien parecías una niña con pataleta
Palabras 129

E: Y tú me has recordado a la Señorita Rotermeller

M: Ja (no lo pudo evitar dando una molesta carcajada) Vaya simpleza la tuya

E: ¿Me estás llamando simple?

M: Sí, totalmente

E: Vaya...

Hubo silencio, Esther miraba fijamente las avenidas que iban pasando pero no veía
nada, sin embargo Maca lo admiraba todo por un momento olvidándose de la persona
que tenía junto a ella

M: Es preciosa la ciudad de noche (Esther no contestó) Me encanta

E: Sí

M: ¿Otra pataleta infantil para no hablarme? (la miró divertida, sin saber muy bien
porque se estaba recreando con la situación)

E: No guapa, pensaba que a veces cuando no conoces a una persona pero sabes tanto de
ella, te haces una idea aproximada de cómo puede ser (cambió de marcha a duras penas
ante la mirada de Maca hacia su mano que luchaba por meter tercera) Y después cuando
la conoces, ese castillo de arena que has creado es como si una ola, llegara y se lo
llevara por el desengaño. ¿Te ha pasado alguna vez? (le preguntó con frescura)

M: Alguna, sí (contestó tras un prolongado silencio)

E: Es una lástima (hizo una acertada y dolorosa pausa) Pues sí, la ciudad de noche es un
encanto pero apuesto lo que quieras a que no la has disfrutado. ¡Ya hemos llegado a tu
lujoso hotel! (le dijo contenta con su voz cantarina y la mejor sonrisa)

M: Vale (se quitó el cinturón y le dio al seguro para abrir la puerta)

E: Espero te lo hayas pasado bien porque de eso se trataba. Y sobre todo espero que me
des la oportunidad de rectificar mi actitud que sé no ha sido la mejor, pero, que en esta
semana que me queda trataré de demostrarte que no soy como piensas, y que sí se
aceptar una crítica cuando se me hace constructivamente (guardó silencio mientras
Maca la miraba fijamente a los ojos) Hemos llegado Macarena

Tardó unos segundos en reaccionar pero finalmente le dio al seguro y abrió la puerta
saliendo del coche, cerró encaminándose hacia el hotel, mientras Esther en el interior la
veía con su andar que tanta gracia le hacia, pero que no marcaba ninguna sonrisa al
contrario su gesto era serio. Esperaba una oportunidad, y su cambio de actitud tampoco
le acercó a ella, agachó un segundo la cabeza negando levemente, mientras su mente la
llamaba sin cesar, cuando la levantó vio como Maca se detenía en seco y tras unos
Palabras 130

segundos de dudas giraba sobre si misma y volvía hacia ella. Esther sonrió y tras dos
golpes en la ventanilla por parte de Maca, accionó el mando a distancia para bajarla

M: Gracias por traerme

E: De nada (le ofreció su mejor sonrisa)

M: Hasta el lunes (sonrió mínimamente)

Esther subió la ventanilla y entonces si la vio como con paso ligero llegaba hasta la
entrada del hotel donde el señor que había allí con gorro negro alto, la saludaba y le
abría la puerta para dejarla pasar. Cuando la perdió de vista gritó como loca

E: ¡Sí, sí, sí, sí!

En el ascensor se miró en el espejo, su rostro era serio, se miró fijamente como si


siguiera sin reconocerse, como si la imagen que le devolvía aquel maldito no fuera ella,
no había nada que le hiciera reconocerse. Agradeció que la puerta se abriera y pudiera
salir de allí como pies con polvorosa, necesitaba respirar su propia visión le creaba
angustia una angustia que le secaba el alma. Sus nervios, sus miedos, sus esperanzas
parecía que todo se hubiera puesto de acuerdo para salir de aquel rincón donde ella las
tenía tan educadamente guardadas. Sintió como el desasosiego se apoderaba de ella, y
tuvo la necesidad de ir hasta el cuarto de Teresa, abrió para rogarle que le dejara meterse
junto a ella en su cama, como cuando le llegaban esos brotes de incontinencia
sentimental y no sabía como huir de ellos, pero en aquella ocasión, Teresa debido a la
bebida yacía en la cama roncando como un rinoceronte y cruzada de tal modo que no
pudo meterse a su lado. Salió de allí entrando en su habitación, miró el reloj eran cerca
de las cuatro de la mañana y debía al día siguiente coger un avión, al recordar que debía
volver junto a su marido, esos sentimientos de angustia se tornaron en la pesadilla que
seguía viviendo día tras día. Y sus recuerdos volvieron a azotarle las entrañas

En la habitación de su mansión, tras una noche donde lo único que había podido hacer
era llorar, la estaban vistiendo para la boda glamorosa y repleta de falsedad que iban a
celebrar. Ante ella con el gesto apagado su madre, y con los ojos repletos de ira su tata.
La modista no cesaba de hablar de lo maravillosa que iba a ser la boda a pesar del
gesto pétreo de Maca. Hasta que al final, la tata no pudo más y sacó del brazo a
Rosario

Guillermina: ¡Detén esto por el bien de tu hija!


Rosario: No puedo Guillermina (le decía angustiada)
Guillermina: Sabes que va a ser su ruina como persona
Rosario: No puedo hacer nada (su angustia crecía reflejada en su rostro)
Guillermina: Va a vivir un infierno Rosario ¡por el amor de Dios! Habla con Pedro
Rosario: Yo la ayudaré
Guillermina: ¿Tú la ayudarás cuando se meta esta noche en la cama con ese hijo de
puta? (le recriminó en voz baja con las venas de la garganta marcadas por la ira)
Rosario: Por favor Guillermina (entonces se oyó un golpe dentro de la habitación y al
entrar vieron a Maca en el suelo) ¡Hija!
Palabras 131

M: Me he mareado (dijo débilmente)


Rosario: Guillermina por favor trae una tila doble
Guillermina: Eso no lo va a quitar una tila doble (seguía con el ceño fruncido y la
cólera marcada en sus ojos)
M: Estoy bien mamá... tranquila (le dijo frotándose la frente)
Rosario: Hija (murmuró con la mirada repleta de dolor)

Y aquel nuevo golpe le provocó un nuevo llanto desgarrador mientras llamaba a


Guillermina mientras se aferraba a la almohada con las lágrimas rodando por sus
mejillas, trató de calmarse poco a poco, trató de recobrar la tranquilidad que su nervioso
pecho demostraba pero no lo lograba, trató pero sin éxito alguno pudo atajar las
lágrimas

E: ... pensaba que a veces cuando no conoces a una persona pero sabes tanto de ella, te
haces una idea aproximada de cómo puede ser... Y después cuando la conoces, ese
castillo de arena que has creado es como si una ola, llegara y se lo llevara por el
desengaño, claro. ¿Te ha pasado alguna vez?

Y aquella voz clara y cristalina de Esther le llegó otra como si pudiera advertirle

Guillermina: Muéstrate a la gente como eres, no como quiere Luis que seas
M: Vamos tata...
Guillermina: No te das cuenta pero tu amargura y defensa hacen que te muestres a la
gente como no eres
M: Eso no me importa tata
Guillermina: Debería... ¿acaso no vives de la gente?
M: Sí pero...
Guillermina: Busca la libertad Maca, solo con ella lograrás demostrar lo que eres,
cuando te quites todas las privaciones y prohibiciones que te ha metido en tu interior
Luis, te has vuelto vulnerable a él y sus artimañas te han convertido en lo que no eres,
en lo que nunca fuiste

Su tortura parecía no tener fin, los pucheros en su barbilla se continuaban, al igual que
las lágrimas, no podía detener el llanto y envidió a Esther, la envidió con todas sus
fuerzas, la envidió hasta dolerle el alma y aquel sentimiento nuevo en ella le hizo llorar
más amargamente

18 Abril 2005

El sol la descubrió sentada en la cama acurrucada, no había podido dormir, se levantó y


metió en la ducha esperando que el agua le despejara la tortuosa noche, se vistió y pasó
a la habitación de Teresa que seguía como la noche anterior, sonrió y dejó un sobre con
una nota en la mesilla. Tras un suspiro dio media vuelta y salió de la habitación, antes
de irse, echó una ojeada por última vez
Palabras 132

Para ser un sábado, Esther se había levantado pronto, sabía que estaba sola porque su
amiga se había ido a casa de su novio a dormir, había preparado un café pensativa, había
ido de un lado a otro de la casa con una camisola y sus calcetines de Piolin, había
escrito algo en un folio en blanco y finalmente tras quemársele las tostadas se sentó a
tomar café

Sandra: Eres un desastre te dejo sola un día y mira lo que desayunas

E: Que tonta eres, ¿has dejado de ser virgen?

Sandra: No, mi himen sigue intacto

E: Se va a caer de puro aburrimiento

Sandra: ¡Qué sabrás tú! (le dijo medio enfadada medio sonriente) Bueno... voy a
cambiarme que tengo comida familiar

E: Que horror

Sandra: No es tan malo, reunirse de vez en cuando no es tan malo (le dijo sonriente)

E: Sigue siendo un horror

Sandra: Ya, pero es que a mí el horror me lo parece estar sola un sábado, o un


domingo, guapa

E: Tengamos la fiesta en paz (le dijo mientras se ponía dos trozos de pan nuevamente en
la tostadora)

Sandra: Hablando de fiestas, ¿cómo te fue?

E: Creo que mejor de lo esperado

Sandra: ¿Ya?

E: ¿Ya, qué? (la miró con el ceño fruncido)

Sandra: Ya ha caído, digo

E: Está a punto, la he dejado a puntito

Sandra: Pero no ha caído aún y eso me gusta, se resiste (dijo sonriendo)

E: Pero vamos... dale un suspiro

Sandra: ¿Qué pasó para ese cambio de quererla matar a tenerla a un paso?

E: Estrategia, mi cabecita que ya sabes


Palabras 133

Sandra: ¿Y tu corazón, cuándo le vas a dar oportunidad?

E: No vengas con eso. Reconozco que no es como las demás

Sandra: Es que yo sigo pensando que no es lesbiana y te vas a dar un morrón

E: Bueno ya veremos. ¿Sabes a quién vi?

Sandra: Di, ¡las tostadas Esther! (se levantó para sacarlas de la tostadora)
E: Pareces tonta con esos saltitos (reía sin parar)

Sandra: Eso encima cachondeito porque la señora está en Estherlandia

E: Pues vi a Ángela, estaba de muerte

Sandra: ¿Tengo que creer que llego por casualidad?, mira que a mí con tus estrategias
no ¿eh?

E: Le mande un mensaje y vino. Los celos es la mejor manera de hacer reaccionar a


quien quieres hacer reaccionar (decía moviendo las cejas)

Sandra: ¿Celos con Macarena?, lo que yo diga bienvenida a Estherlandia

E: No me creas... ya me darás la razón no importa

En el hospital Esther había tenido que entrar a una operación urgente, le había llevado
casi dos horas y cuando salió aprovechó para tener su descanso

Andrés: Esther... Consuelo te busca, dice que vayas que tienes a alguien esperando

E: Gracias Andrés... será Teresa... (sonrió)

Al llegar a la cafetería tal y como le dijo Consuelo, la vio allí tomándose un café su cara
denotaba su exceso de la noche anterior

E: Hola guapa (la saludó sonriendo mientras le dejaba un beso)

T: Hola Esther (dijo con voz baja)

E: Teresa voy a tener que hacer algo no puede ser que una noche te deje así

T: Me acabo de levantar, ¿sabes que es eso para mí? (decía horrorizada)

E: Yo tengo el remedio

T: ¿Ah, sí? (la miraba expectante con su sonrisa repleta de cariño)

E: Sí, salir más, esta noche te vienes conmigo y...


Palabras 134

T: No, no, no (decía moviendo sus manos graciosamente) Calla

E: Era broma (le decía sonriendo ante su gesto)

T: Uf ni me he enterado cuando se ha marchado Maca

E: ¿Se ha marchado? (le preguntó asombrada pues no había dicho nada)

T: Sí hija (su gesto fue de pena)


E: Ya (se moría por saber pero pudo imaginar que se había marchado con su marido.
Tras suspirar le dijo a Teresa con voz alegre tratando de animarla) Bueno vamos a
quitarte esos puntos

T: ¡Ay que miedo!; mira, para lo único que me ha servido emborracharme ha sido para
no recordarlo

E: ¡Venga vamos! (se levantó con una sonrisa quitando importancia a la cura)

T: Tienes una sonrisa...

E: Forma parte de mi encanto personal, ¿no te lo ha dicho Macarena?

T: No, Maca no me ha dicho nada... ella es... distinta

E: ¿Tú crees? (le preguntó poniéndose en marcha)

T: Sí

Entraron a uno de los cuartos de cura donde se preparó las cosas, la cara de Teresa era
todo un poema, y Esther no podía más que sonreír

E: No te vas a enterar, ya lo verás

T: En mi vida me habían tenido que dar puntos

E: Eso ya es raro ¿eh?, ves esto (señaló su barbilla y luego su ceja) Son puntos

T: Madre mía

E: Sí era un demonio de pequeñita según dice mi madre

T: Pues no tienes pinta ¿eh? (le decía seria)

E: Gracias, ahora de mayor soy un ángel (ambas sonrieron. Pero entonces Esther se
puso seria y le dijo frunciendo el ceño) Oye Teresa voy a preguntarte algo si quieres me
contestas sino...

T: Vale
Palabras 135

E: ¿Por qué está casada Macarena con ese tipo? (la pregunta hizo que Teresa pusiera
gesto de sorpresa) A ver no es por nada en especial pero parece mentira que una mujer
como ella esté casada con un tipo como él

T: Yo también me lo pregunto, tú no sabes como es

E: Tiene pinta de cabrón

T: Tú lo has dicho (asintió con rotundidad)

E: Además yo la veo como si no fuera feliz

T: Las escritoras debéis tener un sexto sentido

E: Bueno con mirarle a los ojos ya basta

T: No es feliz, yo llevo con ella casi cuatro años y te puedo asegurar que no la he visto
feliz nunca, nada más cuando tiene un proyecto como el vuestro

E: Se nota que le apasiona (sonrió al recordar su porte dando clase)

T: Sí, pero la vida no puede ser sólo trabajo

E: Desde luego

T: No sé que le ata a él porque desde luego jamás los he visto darse un beso, o
mostrarse cariñosos... (se mostraba triste y pensativa) Me encantaría saber cual es el
secreto que guarda

E: Sí (la miraba fijamente con total atención)

T: Bueno... pero eso es algo suyo y ni tú ni yo vamos a poder hacer nada (dijo al ver la
atención en los ojos de Esther)

E: Tienes razón, ¡pues ya está!

T: ¿Cómo qué ya está? (le preguntó sorprendida)

E: Claro, ¿no sabes que el mejor remedio para las curas es una charla tranquila?

T: Cuando me llame Maca le voy a decir que eres un ángel y no solo con tu sonrisa

E: ¿Eso dice ella? (sonrió)

T: No, eso digo yo, ella ya sabes... no es muy dada a contar cosas

E: Lo debe dejar todo para las novelas (recogía las cosas)


Palabras 136

T: Sí

E: ¿Oye Teresa Macarena va a volver?

T: No, mañana por la noche (sin duda su voz le demostraba su queja)

E: Si me das dos horas termino mi turno y cenas conmigo, así no estás sola, ¿te parece
bien?

T: ¡Por supuesto!, ¡más que bien! (se mostraba encantada con la propuesta)

E: Estupendo

T: Oye espera

E: ¿Qué pasa? (la miró preocupada)

T: ¿No querrás ganar mi simpatía para que Maca te ayude a publicar, no?

E: ¡Cómo puedes pensar eso Teresa! (le dijo puesta en jarras con el gesto muy serio)

T: ¡Deja es que algunos lo han intentado! (reía mirándose la mano)

E: Pues yo no, te lo aseguro (decía realmente segura)

Tras decirle Teresa que se iba de compras y que la esperaba en la salida, Esther siguió
con su trabajo, aunque eso sí, mostrándose sin poderlo evitar muy pensativa. Ella
siempre se había hecho la misma pregunta ¿qué podía unir a Maca con ese hombre?,
Sandra cuando lo comentaban hablaba que muchas parejas se unían por interés, pero sin
duda, si eso fuera cierto, Maca se mostraría feliz o tendría aventuras, y se había dado
cuenta que Teresa no le mentía al decirle que Maca no era de ese tipo de mujeres, así
que algo había que sin duda la tenía unida a aquel hombre que ella odiaba con todas sus
fuerzas. Fue a farmacia a hacer el pedido y cosa extraña en ella no pudo dejar de pensar
en Maca, ni siquiera le había dicho a Teresa nada sobre ella, y estaba segura que algo le
provocaba. Suspiró intrigada más todavía por aquella mujer, o era muy reservada o es
que realmente su vida se resumía en la escritura

E: ¿Qué escondes Maca? Porque yo sé que debajo de esa fachada fría, hay una mujer
por descubrir... ¡todo un reto para mí! (sonrió de lado mientras ladeando la cabeza
decía) ¡Sí señora!

A Maca ir con un vestido largo negro, escotado lo suficiente y con el pelo recogido,
maquillada y con unos zapatos a juego y de tacón, no le emocionaba lo más mínimo, y
mucho menos si a su lado iba un engominado con traje de frac que le provocaba tanta
tirria que le daban ganas de quitarse los tacones y volver a Valencia andando. Pero era
lo que tenía su profesión, debía entrar en ese juego para poder optar a otras cosas. Como
siempre le sacó de sus pensamientos la voz dura y prepotente de su marido
Palabras 137

Luis: Recuerda decir que el próximo trabajo va a llevar una parte de tus ingresos para la
Asociación del Cáncer (Maca no contestó) ¿Me has escuchado?

M: Perfectamente

Luis: Mira, no sé que es lo que te pasa ni que te crees pero últimamente estás
comportándote de una manera que sabes no me gusta. No me hagas cambiar de opinión
y anular el cursillo

M: ¿Qué quieres que diga que mis ingresos van a ir a la Asociación?, muy bien pues lo
diré, ¿algo más tengo que repetir?

Luis: Maca...
M: Luis por favor déjame ¿vale?... déjame

Él resopló aflojándose la pajarita mientras Maca en su interior imaginaba una muerte


por asfixia. Cuando llegaron le abrieron la puerta del coche y una lluvia de flashes
golpeó su rostro. Pasaron por la alfombra roja hasta que una de las encargadas les hizo
colocarse bajo unos carteles para hacer la foto. Luis pasó su mano por la cintura de su
mujer, ésta tuvo que sonreír forzadamente mientras él se mostraba orgulloso y feliz con
ese mundo que tanto le gustaba

-: Ya pueden pasar (les dijo la mujer)

Luis: Perdona es que quieren hacer unas preguntas a mi mujer

-: Pero si hemos dicho que nada de publicidad

Luis: Lo sé, lo sé... no va a hacer publicidad

M: Luis

Luis: Vamos (le ordenó)

Pedro: ¿Macarena qué tal se encuentra?, hacia mucho que no la veíamos

M: Bien, bien me encuentro bien, gracias

Pedro: ¿Ya tiene preparada su próxima novela?

M: Estoy en ello, estoy trabajando en el que va a ser mi próximo trabajo

Pedro: ¿Otra historia de amor, verdad?

M: Sí, claro (entonces la mano de Luis apretó el brazo de Maca) Y los fondos que
recaude irán a parar a esta Asociación que hacen un trabajo muy importante. Y ahora si
me disculpáis (al salir de aquella nube de periodistas le dijo en voz baja pero repleta de
enfado) No hacía falta, no soy tu muñeco parlanchín sé perfectamente cuando debo
hablar
Palabras 138

Luis: Nos están esperando

Entraron donde todo el mundo se aglomeraba en el hall, allí saludaron a un sin fin de
personas relacionadas con el mundo del espectáculo, de las letras, del deporte, de la
política, lugar donde Luis se sentía cómodo hablando con unos y otros, averiguando
cosas para sus negocios personales mientras Maca hablaba con sus colegas o algunas
amigas que se habían dado cita allí, necesitaba relacionarse con alguien mantener la
cabeza ocupada sacar los fantasmas que le habían visitado a lo largo de la noche

Ajenas a lo que ocurría en Madrid, Esther y Teresa comían en un Restaurante


vegetariano, Teresa se sentía muy cómoda con la enfermera, que se dejó interrogar
duramente por ella al llegar los postres
T: ¿Entonces no te gusta Raúl?

E: No, Teresa (sonrió pensando “a mí me gusta tu Macarena”)

T: Pues es una lástima ¿eh?, Maca me comentó el otro día que hablabas mucho con él

E: ¿Ah, sí? (se acodó en la mesa mientras devoraba su helado de chocolate)

T: Sí, vamos, yo pensaba que te gustaba porque la otra noche estaba a tu lado

E: Ya, pero no me gusta Teresa

T: ¿Seguro?

E: Segurísimo

T: ¿Tienes novio? (le preguntó interesada con los ojos abiertos como platos)

E: No, Teresa

T: Haces bien. Yo tampoco (dijo graciosamente)

E: ¿A ti te gusta Raúl?, porque si es así te preparo una cita (le decía sonriendo
moviendo la cuchara)

T: ¡Pero qué dices! (exclamó haciéndose la escandalizada)

E: Pues no veo porque no

T: Esther hija que soy muy mayor

E: ¿Y eso qué tiene que ver?, esos son prejuicios estúpidos impuestos por los hombres
para que las mujeres nos sintamos humilladas por ir con chicos jóvenes y potentes, así
ellos se pasan por la piedra a las jovencitas sin ningún pudor, y eso está bien (Teresa la
miraba fijamente algo asombrada) Lo siento es que cuando me sale mi vena feminista
Palabras 139

T: Creo que tienes toda la razón, pero yo pues la verdad no soy tan moderna para algo
así

E: ¿Por qué?

T: Porque soy mayor y no sé... me sentiría ridícula

E: Ellos son ridículos ¿y?

T: No sí... realmente tienes razón (asentía aunque no muy convencida)

E: ¡Pues ya está! (dijo de forma definitiva)

T: ¡Ya está nada, eh! (le advirtió muy seria)


E: ¡Ay tonta!... bueno a ver... ¿mañana vuelve Macarena?

T: Pues no lo sé, si su marido quiere sí

E: ¿Cómo puede estar supeditada a él?, no lo entiendo parece una mujer fuerte e
independiente...

T: Ya...

E: La veo tan... sumisa... (tanteó el terreno)

T: Sí (decía con tristeza)

E: ¿Ha probado a echarse un amante?

T: ¿Maca?, ¿Maca un amante? (la miraba escandalizada)

E: Eso he dicho, sí (su respuesta era natural aunque le llamó la atención la reacción de
la mujer que la miraba como si hubiera dicho una locura) Un amante Teresa... otra
persona que le dé lo que él no le da

T: Ni loca, no lo tuvo y no creo que lo tenga, Maca no es de ese tipo de personas

E: ¿Tú crees que se acuesta con su marido?

T: Sí, eso te lo puedo asegurar, he aprendido a detectar cuando (al decirlo se arrepintió
al ver el gesto de Esther) Bueno... ya es tarde y debo irme al hotel

E: Vale, te acompaño. ¿Quedamos mañana para comer?

T: ¿No trabajas?

E: Sí pero de mañana
Palabras 140

T: ¡Ay que lío de horarios tienes! (pidió la cuenta)

E: Deja que esta la invito yo (le guiñó el ojo) Si es un lío total, espero cambiar de vida y
trabajo pronto

T: ¿Ah, si?, ¿tienes algo mejor?

E: Bueno tengo esperanzas en una novela

T: ¿Y de qué va? (preguntó mostrándose expectante ante la noticia)

E: La historia es dura y bastante fuerte

T: Anda... ¿me la dejarás leer? (le preguntó divertida)

E: ¿Quieres?, ¿pensé que ibas a decirme que te había invitado a cenar para que leyeras
mi novela?

T: Da igual, me caes bien así que haremos un trato, yo leo tu novela te doy mi opinión y
según vea posibilidades le comento a Maca

E: No, no, no quiero que Macarena la lea

T: ¿Y eso?

E: Porque no quiero que me ayude

T: Vaya... eres la primera alumna que dice algo así

E: No en serio, llevo mucho tiempo preparándome, y quiero conseguirlo sola

T: Hay mucho salvajismo en el mundo editorial Esther, no es fácil, tienes que escribir
una novela que sea un auténtico bombazo si quieres llegar lejos, y no siempre se llega a
la primera o liarte con alguien que te ayude, o... bueno... tener suerte en esto muchas
veces no importa si eres o no bueno

E: No tengo prisa (sonrió)

T: De acuerdo, de acuerdo... ¿cuándo la podré leer?

E: La estoy retocando, cuando la tenga terminada serás la primera en leerla

T: Bien. Entonces quedamos para comer mañana

E: Estupendo

En Madrid la cena había transcurrido entre un mar de voces, Maca comenzó a acusar el
agotamiento de la noche anterior, las voces la mareaban, el poco vino que había bebido
Palabras 141

había causado en ella un efecto como de estar flotando subida a una noria, y tan solo
tenía ganas de marcharse, se sentía incomoda, vigilada y enrarecida

M: Luis (lo llamó cuando estaban entregando los premios)

Luis: ¿Qué?

M: ¿Podemos irnos ya?

Luis: ¿Irnos?

M: Sí, me encuentro mal (decía con voz apagada)

Luis: ¿Mal de qué?, la fiesta aún no ha terminado

M: Tengo ganas de vomitar Luis

Luis: ¡Joder Maca siempre igual!

M: Si quieres quédate tú, pero yo me voy a casa

Luis: Ni se te ocurra levantarte ahora, espera que terminen los premios y nos vamos
(dijo con fastidio)

Pero a Maca todo le daba vueltas, no sabía que era lo que realmente le estaba pasando
quizás no haber comido a penas durante todo el día unido al cansancio le estaban
provocando un malestar que se sentía a punto de estallar. Se le hizo eterna la entrega de
premios y tan solo cuando comenzaron a desfilar algunas personas, Luis accedió a
marcharse, poniendo como excusa que su mujer estaba indispuesta

Llegaron a casa con el tiritar de Maca en el coche, con ganas de vomitar y el corazón
palpitando a tope, tuvo que ayudarla Luis a subir y al llegar a la habitación se dirigió
hasta el lavabo y se puso a vomitar, de mala gana, Luis cogió sus cosas y se fue a otra
habitación dejándola sola, algo que agradeció cuando como pudo se metió en la cama y
comenzó a temblar. Asustada, nerviosa y cansada se aferró a la sábana cerrando
fuertemente los ojos obligando al sueño que llegara a ella

En otra cama, Esther dormía con angustia, su rostro marcaba que algo no iba bien en
aquel cuarto, sudaba y sus puños se habían apretado contra las sábanas arañando casi
con sus uñas su propia piel

Una pesadilla la envolvía, estaba allí bajo los golpes continuados, al principio
divertidos, después placenteros pero finalmente violentos, quería que aquel látigo de
nueve colas se detuviera en su camino por su espalda, pero la mano que lo empuñaba
no tenía suficiente, sus manos atadas, sus pies atados, sus piernas separadas, su cuerpo
desnudo y el látigo cayendo una y otra vez sobre ella, su voz ahogada no salía de su
garganta, el sudor se mezclaba entre finos hilos de sangre que se deslizaban por la piel
de la espalda, sentía el dolor, sentía el sonido sordo del golpeo, y como las fuerzas le
Palabras 142

iban fallando, como iba perdiendo la conciencia, y como caía en un abismo sin poder
hacer nada, sin poder oponer resistencia, nada más que dejándose caer mientras una
voz le decía:

Lidia: Nadie te levantará... nadie que no sea yo

E: NOOOO (gritó con la garganta seca) Esther... solo es una pesadilla... una pesadilla

Se repetía con los ojos cerrados, con el sudor recorriendo su cuerpo, con un ligero
temblor en todo él, con la garganta seca hasta que finalmente se dejó caer en el colchón
cerrando los ojos y aferrándose a la nada. Tratando de no recordar lo que había borrado
con facilidad

E: No pienso darte ese gusto, Lidia

En la habitación del hotel Teresa se había enfrascado en preparar los documentos que
Maca le había pedido, y lo hacía porque esperaba como siempre que le llamara para
decirle que todo había ido bien. Sin embargo cuando se percató de la hora su gesto fue
de preocupación, eran las dos menos cuarto de la noche y no había llamado, suspiró
pensativa no sabía muy bien que hacer

T: ¿Y yo qué hago?, ¡claro un mensaje! así si está con el cansino no se molestará porque
le llame, ¡anda que...! ¡lo que una tiene que aguantar! Cansino por Dios... veamos (se
puso las gafas para ver mejor las teclas, con los labios juntos y algo hacia fuera) Maca...
nunca me acuerdo donde demonios está el interrogante, a ver... dime si estás bien... o
mañana me dices algo. Besos. Tu Tere. Darle a... (buscaba con el dedo moviéndose por
las teclas) Enviar. Perfecto mientras me arreglo a ver si contesta

Pero cuando salió el móvil no había recibido respuesta ninguna, dio un chasquido con la
boca, abrió la cama y se acostó con su redecilla puesta pensando en que no pasaba nada
y que tal vez debía estar cumpliendo a su marido

19 Abril 2005

El agotamiento había provocado en Maca un sueño profundo, se despertó a las siete de


la mañana con el estómago algo revuelto y unas enormes ganas de ir al lavabo. Una vez
echó de la cadena, se miró al espejo, su rostro era todo un poema, ¿estaría así su alma?,
se lavó la cara y salió con los pies cómo si fueran de plomo hasta la cama, suspiró
profundamente mientras ponía una mano sobre sus ojos, llevaba tantos días sin
acostarse en su cama, pero entonces siempre le llegaba a ella la sensación de que no
tenía nada suyo, resopló más fuerte y vio el móvil en la mesita de noche junto a la foto
que tenía allí de Guillermina y un perro, sonrió

M: Teresa seguro que me ha llamado (murmuró pensativa. Abrió el mensaje cuando le


dio la señal y leyó con una sonrisa en los labios. Era demasiado pronto para llamarla y
se dio la vuelta para volverse a meter entre las sábanas) ¿Qué voy a hacer?, algo tengo
que hacer...
Palabras 143

Eran cerca de las diez de la mañana cuando en la cafetería Consuelo y Esther


desayunaban muertas de risa

E: Entonces eso, la lleve a su casa y la dejé en el hotelazo, ni te cuento espero poder


probarlo

Consuelo: Y yo espero que no

E: Es más mona (le sonrió graciosamente)

Consuelo: Tú eres lo más raro que me he echado a la cara, y mira que estando en
Recepción me he echado a la cara gente rara

E: ¿Por qué soy rara?, no te entiendo venga sorpréndeme ¡guapa! (le guiñó divertida un
ojo)
Consuelo: Igual la matas que igual le llamas mona con esperanzas de probar su cama, y
te aseguro Esther que esa chica está casada, y la prueba de que no es nada como tú
imaginas, es que está con su marido en su hogar

E: Bueno eso dices tú

Consuelo: Antes la he visto en la televisión, estaba guapísima y muy acaramelada con


su marido

E: Pues me alegro, si yo solo la quiero para pasarme ratos buenos... debe ser una fiera
en la cama

Consuelo: ¡Qué pesada!

Sandra: Buenos días

E: Ay la Virgen (dijo jocosa ante la mirada de Sandra rectificó la sonrisa) Hola Sandra

Consuelo: Siéntate cariño, a ésta ni caso. Cada día está peor

Sandra: ¿De qué hablabais?

Consuelo: ¿Tú que crees?

Sandra: ¿Macarena Wilson?

Consuelo: Sí, hija sí, ¡qué cruz!

Sandra: Pero es que yo ya creo que es una obsesión

Consuelo: Totalmente, nada sano además


Palabras 144

Sandra: Y es que no le va a hacer ni caso

Consuelo: No se merece otra cosa

E: Bueno ya veo que al menos os sirvo como tema de conversación. Y ahora os dejo
con vuestras cábalas, eso sí, el día que me la tire ni os vais a enterar (se levantó y se fue
después de sacarles la lengua)

Consuelo: Deberíamos hacer algo (le dijo preocupada)

Sandra: Y lo peor no sé si te lo ha dicho es que volvió a ver a ya sabes (Consuelo abrió


los ojos como platos) Menos mal que estaba yo delante, la verdad que a Esther le
cambió la cara nada más verla

Consuelo: ¿Y qué hacía aquí?, ¿no vivía en Jerez?

Sandra: Pues sí, era directora de un banco de Jerez, si me hubiera dejado en su


momento Esther, todo el mundo se hubiera enterado de la clase de mujer que es
Consuelo: Ya, pero por aquel entonces lo que necesitábamos no era eso, era sacar a
Esther de donde estaba (decía con pena al recordarlo)

Sandra: Cuando la vi, sentí como me hirvió la sangre

Consuelo: Me encantaría que de verdad encontrara a alguien que le hiciera entender


que la vida no puede ser vivida así (decía mirando a Sandra)

Sandra: Esther nunca cambiará Consuelo, porque tiene miedo a cambiar y estar en un
mundo donde ella no controla la situación, y estar enamorada de otra persona para ella
significa eso... sufrir

Consuelo: Más que sufrió con ésa desgraciada

Sandra: Sí, pero... ella no lo ve así. ¿Y sabes lo qué me da más miedo? (Consuelo la
miró fijamente) Que con esta escritora se está obsesionando mucho, y lo normal es que
la mujer que está casada le dé de lado, y Esther se nos venga abajo otra vez

Consuelo: Si es que... ¿cómo se llama eso? feomonas...

Sandra: Feromonas

Consuelo: Debe tener sobrecarga de ellas...

Ambas se miraron y aunque sonrieron, aquella actitud de Esther con Maca les había
llamado la atención a ambas, con ninguna mujer la habían visto en ese estado, incluso
por separado llegaron a pensar que si realmente podía estar algo más que obsesionada
por ella, ¿enamorada?, les preocupaba la enfermera y allí se quedaron un rato más
hablando sobre la situación y como podrían ayudarla
Palabras 145

Mientras tanto, Teresa había desayunado y había decidido dar un paseo por la orilla de
la playa, pensativa caminaba observando como la gente paseaba al igual que ella, como
los perros entraban y salían del agua felices, como algunos niños jugaban al fútbol y sus
gritos le hacían ver que por esos instantes el mundo dejaba para ellos de existir. Sin
embargo una preocupación le hacía no sentirse bien, le extrañaba que Maca no le
hubiera mandado un mensaje ni la hubiera llamado, aquella mujer le preocupaba
seriamente. Pero justo cuando miró la pantalla del teléfono pudo ver como le llamaba.
Sonrió y descolgó con prisas

T: ¡Maca hija!

M: Hola Teresa, buenos días siento si no te he llamado pero me he dormido

T: Tranquila... lo he imaginado...

M: ¿Qué tal fue la cura?

T: Muy bien esa chica es mano de santo. Cené con ella

M: ¡Ah... vaya.! (no pudo evitar reflejar su desencanto)

T: Uy pareciera que no te ha sentado bien

M: No, no... ¿estás en la playa?

T: Sí

M: Que envidia (se mordió el labio inferior)

T: ¿Cómo estás, te noto bajita?

M: Anoche me sentí mal Teresa por eso no te dije nada, tuvimos que volver antes de la
fiesta

T: ¿Qué te pasó?

M: No sé... la verdad

T: ¿Cuándo vienes Maca?

M: Tengo el avión a las tres de la tarde

T: Que lástima

M: ¿Por qué? (sonrió)

T: Voy a comer con Esther... podrías habernos acompañado

M: ¿Otra vez con ella? (preguntó ya sin ocultar su malestar)


Palabras 146

T: Pues sí... ¿hay algún problema, Maca?

M: No, solo que... bueno no me gusta mucho ten cuidado con lo que te dice

T: ¿Y eso? (se mostró realmente sorprendida)

M: No sé... solo es un presentimiento

T: Pero si es un encanto Maca... ¡mira qué eres quisquillosa con las personas! (le
recriminó) Oye ¿por qué no adelantas el vuelo y te vienes?

M: Voy con Luis

T: ¡Pero no tenía lo de los viñedos!

M: Sí, pero sale mañana por la tarde desde Valencia

T: ¡Pero qué cansino es! (protestó con rabia)

M: A la noche te veo Teresa... porque supongo que llegarás tarde ¿no?

T: Pues no creo porque es una comida y nada más

M: A la noche hablamos Teresa

Al colgar le quedó una sensación extraña, ¿y si Esther le decía lo que intuía?, Teresa
había sido reacia a las dos mujeres que se habían besado delante suya, ¿qué pasaría si
ella le confesaba que era lesbiana?, ¡la abandonaría! Un miedo atroz empezó a correr
por sus venas, no podía perder a Teresa también, ¿y si Esther aprovechaba para utilizar a
Teresa y sacar información sobre ella?

M: Joder... ¡vale ya! No eres una niña, nada va a pasar deja a un lado el miedo a que te
descubran (decía enfurecida contra ella misma)

Luis: ¿Hablando sola? (le preguntó entrando vestido cómodamente)

M: Sí... sola

Luis: Voy a jugar al golf, vengo para recogerte a la una

Y sin más se marchó, y sin más Maca se sintió nuevamente perdedora y sin saber muy
bien porque, la imagen de Esther llegó a ella de manera intensa. Cerró los ojos
apretando los puños tratando de serenarse porque nuevamente un ligero mareo logró
hacerle titubear a su cuerpo
Palabras 147

La jornada en el hospital había terminado sin grandes complicaciones, Consuelo estaba


preparando la hoja de firmas para los que tenían que entrar en el turno de noche cuando
vio como entraba Teresa, se apartó las gafas y ciñó su frente

Consuelo: Hola Teresa (la saludó sonriente)

T: ¿Qué tal Consuelo?

Consuelo: Bien... acabando hija que un domingo trabajar es un poco más agobiante que
los días normales

T: Sí, lo imagino, los demás en la playa y tú a trabajar, un horror vamos (le dijo con
sonrisa amable)

Consuelo: ¿Te sucede algo?

T: No, no, había quedado con Esther para irnos de comida

Consuelo: Ah estupendo... pues no debe de tardar

T: No importa tengo todo el tiempo libre del mundo, mi jefa no está

Consuelo: La he visto en la tele, ¡mira qué es guapa, eh!


T: Sí

Consuelo: Y su marido es un hombre muy atractivo y elegante también, ¿eh? (decía


sabiendo muy bien lo que estaba preguntando)

T: Pues... sí (contestó con desgana)

Consuelo: Hacen muy buena pareja

T: Pues... (ya no contestó)

Consuelo: ¿Y niños?, porque es lo único que les falta

T: Ni idea (dijo totalmente convencida de que por lo que sabía no iban a llegar)

Consuelo: Que lástima... aunque es joven

E: Hola ya estoy aquí (apareció con una amplia sonrisa Esther) ¿Qué tal Teresa?

T: Aquí hablando con Consuelo y con un poquito de hambre

E: Ah bueno... pues eso hay que remediarlo... Consuelito cariño... guapa... tesoro...

Consuelo: No (dijo escuetamente)

E: Anda
Palabras 148

Consuelo: Que no

E: Que dura eres... ¿nos vamos Teresa?

T: Sí, claro. Hasta otro rato Consuelo

Consuelo: Si puede ser mejor fuera ¿eh? Y hablamos con calma

T: Sí, sí

E: Adiós

Consuelo: Adiós... (cuando se quedó sola pensó “¿Qué estás tratando de hacer
Esther?, ganarte a esta mujer para llegar a la escritora... ¡ah no! y aún me dice estoy
convencida que quería saber si saqué información... pero no, la información que he
sacado no me gusta, no me gusta porque creo que tienes razón Esther... Macarena y ese
tipo ná de ná”)

La comida entre Teresa y Esther pasó de una manera muy amena, divertida y las locuras
de la enfermera le hacían reír a una Teresa que se sentía muy cómoda con ella. A su vez
Esther, sentía que la mujer que tenía enfrente era muy parecida a Consuelo, y le hacía
mucha gracia la manera de hablar que tenía, y sobre todo, la manera con la que protegía
a Maca
T: Gracias por acompañarme Esther

E: Esto es un lujo, llegar hasta aquí y pasear por la playa

T: Sí que lo es, sí

E: Bueno pues si te apetece otro día lo repetimos

T: Ahora ya con Maca aquí, lo tengo más complicado hay que trabajar

E: Imagino, ¿os vais a marchar una vez finalice el curso?

T: Sí, nos queda una semana aquí y tenemos que tener material preparado para la novela
de Maca

E: Claro, que apasionante ¿no? (le dijo con la emoción reflejada en los ojos)

T: ¿Sabes una cosa Esther?, te pareces a Maca, ambas compartís esa pasión por lo que
tanto os gusta, te pareces mucho a la Maca que cuando quiere deja salir su verdad hacia
fuera, cuando nos deja compartir su pasión (hablaba con esa ternura infinita por ella)
Bueno... me voy que ya habrá llegado

E: Está bien, bueno Teresa un placer ¿eh?... y lo repetiremos (sonrió)


Palabras 149

Al entrar al hall del hotel, vio a Luis sentado hablando relajadamente por el teléfono,
hizo una mueca de malestar al verlo y darse cuenta que no podía evitar pasar por delante
suya, dudó un instante y en esa duda, él se levantó y salió hacia una de las puertas,
suspiró tranquila y a toda prisa subió hasta el cuarto de Maca. Llamó con la alegría
reflejada en su rostro al verla, pero su sonrisa marcó en su rostro una mueca de duda al
ver su rostro serio

T: Hola

M: Vaya... ya era hora que aparecieras (le soltó de golpe retirándose de la puerta para
que Teresa pasara) ¿Hasta ahora has estado con ella?

T: Pues sí Maca... ¿pasa algo? (la miró ladeando un poco la cabeza al ver su reacción)

M: Pasa que no me gusta esa mujer. ¿De qué habéis hablado si puede saberse? (la
miraba fijamente con la seriedad en el rostro)

T: De cosas Maca... no sé... (elevaba los hombros mirando totalmente atónita a una
Maca desconocida)

M: ¿De mí?

T: No... de ti no, ¿debería?

M: ¡Oh Teresa! ¡no quiero que hables con ella de mí, no quiero que se acerque a mí por
mediación tuya!, ¡no quiero que te juntes con ella! ¿está claro?

T: Muy claro... sí, al final tanto juntarte con tu marido te va a volver como él, ¡ya te
queda menos, bonita!

Y con el paso ligero se marchó de la habitación, con el ceño fruncido, con una sensación
de no entender nada de lo que a Maca le estaba pasando y sobre todo no entender
porque había reaccionado de aquella manera, entró a su habitación con la sensación de
haber chocado contra un muro. Dejó su bolso y se quedó pensativa en medio del cuarto
puesta en jarras golpeando el suelo con la punta de su pie nervioso

T: ¿Pero qué le pasa? (se preguntó en voz alta. Dos golpes en la puerta le hicieron
girarse con gesto disgustado. Abrió y allí estaba Maca)

M: ¿Puedo pasar?

T: Pasa (le dijo seria haciéndose a un lado mientras la escritora pasaba y se detenía
agachando la cabeza)

M: Lo siento (su voz mostró realmente arrepentimiento)

T: Ya me explicarás si puedes claro, a que viene esta actitud Maca (la miraba sin
entenderla, preocupada por su reacción)
Palabras 150

M: Soy una estúpida lo siento

T: No lo eres, no pretendas darme esa excusa, si algo tienes es tu inteligencia, y si


reaccionas así es por algo, ¿me lo vas a contar?

M: No me gusta esa Esther, lo siento

T: Vale, estás en tu derecho de que no te guste, ni te caiga bien pero no creo que debas
hablarme así Maca (entonces endulzó el tono y le tocó la barbilla que había agachado)
Mírame cariño... ¿qué te pasa?

M: No lo sé (negó con la cabeza mientras un puchero se formaba en su barbilla y


terminaba abrazándose a Teresa)

T: ¡Ay Maca... qué vamos a hacer!

Era bien entrada la noche cuando llegó Esther a su casa, Sandra estaba viendo la
televisión cuando oyó como entraba silbando. Aquello era síntoma claro que algo había
estado haciendo que la había dejado muy satisfecha

E: Hola (sonrisa amplia y generosa) ¿Por qué me miras así?

Sandra: Porque según mis fuentes estabas con Teresa la secretaría personal de
Macarena Wilson, y ahora te veo entrar de este modo y me pregunto, ¿te has acostado
con Teresa?

E: Mira que eres idiota, y a Consuelo ya le vale, le digo que averigüe y nada de nada
ahora para pasarte el parte de mi vida si está lista

Sandra: Contéstame Esther

E: Mi vida privada es mía

Sandra: ¿No ha sido Teresa?

E: ¡Tan mal gusto crees que tengo!

Sandra: No, me asusta otra cosa

E: Habla listilla

Sandra: Tus planes tienen algo que ver con esta mujer

E: Podría, sí

Sandra: ¿Crees que eso es legal?


Palabras 151

E: Vale, confieso, la otra noche deje a Ángela sin su trocito de cielo, hoy se lo he dado,
¿contenta?. Me voy a duchar

Sandra: Solo te voy a decir una cosa Esther (le dijo en voz alta haciendo que la
enfermera se detuviera en pleno pasillo) Una vez te costó mucho salir del infierno en
que te metiste, no vayas a tropezar con la misma piedra Esther, ten cuidado con lo que
haces

Desde el sillón escuchó el respingo de su amiga, no le gustaba el cariz que estaba


tomando la situación, lo que en un principio le había parecido anecdótico, con el paso
de los días la actitud de Esther le estaba preocupando precisamente a ella que era quien
mejor sabía de los descontroles de su amiga. Sin poderlo evitar una angustia se apoderó
de ella haciéndole recordar

Una noche tras una de las juergas en las que siempre andaba metida Esther, la
encontró en el sofá echada, como siempre borracha

Sandra: Esther... Esther... son las dos de la tarde... despierta


E: Uf (se notaba su resaca a miles de kilómetros)
Sandra: Menuda has pillado... ¿a ti te parece normal?
E: Deja de hacerte la madre conmigo
Sandra: No si encima eres imbécil tú y más yo por preocuparme de ti
E: He conocido a la mujer de mi vida (dijo poniéndose la mano en el pecho)
Sandra: ¿Qué?
E: Sí, jerezana, morena, guapa, con un tipo hasta allá y con un arte en la cama que por
poco me mata (decía cerrando los ojos recordando el momento en que la cama del
hotel quedo pequeña para ambas) Es la mujer de mi vida, me he enamorado
Sandra: A ver... nadie se enamora en una noche porque la otra sea una fiera en la
cama
E: Yo sí. Es maravillosa, si vieras como habla... uf...
Sandra: Esther... (le advirtió)
E: Si oyeras mi nombre en su boca...
Sandra: ¿Y te has emborrachado así con ella?
E: Sí, ha sido superior... (entonces su móvil sonó y sonrió) Es ella

Aquella cita siguiente fue una de tantas, un día Esther no fue a trabajar y tampoco
había dejado aviso

Sandra: No Consuelo, no sé dónde está


Consuelo: ¿No estará con su novia?
Sandra: No creo... no creo que pueda venir de Jerez cuando le dé la gana... recuerda
que según Esther está haciendo prácticas en un banco
Consuelo: Ya. Pues Esther no ha venido y cuando se fue de aquí anoche se despidió
hasta hoy
Sandra: Joder... donde estará
Consuelo: El móvil desconectado
Sandra: Madre mía. Voy a casa... ahora hablo con mi jefa a ver si puedo irme
Consuelo: Nada más sepas algo me lo dices
Palabras 152

Pero Esther no estaba en casa, y por más que llamaba al teléfono no había respuesta. A
las tres horas apareció demacrada, con gesto ausente y con ganas de ir a dormir, ni
siquiera recordaba que debía ir a trabajar. El día siguiente no contó nada, Sandra no
pudo sacarle nada de lo que había sucedido ni el porque se había ausentado así del
trabajo. Esther parecía más alejada que nunca de su mundo. Sandra y Consuelo
comenzaron a sospechar cuando cada dos fines de semana, Esther desaparecía,
cambiaba las guardias, se marchaba de casa y volvía el lunes en el mismo estado.
Sandra la escuchaba vomitar a veces, pero el lunes volvía a trabajar y como si nada
pasaba las dos semanas tranquila aunque colgada del teléfono

E: Me voy Sandra
Sandra: Esther (trató de advertirle)
E: Hasta el lunes
Sandra: Esther si pasa algo no tengo modo de localizarte
E: No va a pasar nada
Sandra: ¿Qué es lo que está pasando con esa mujer, Esther?
E: Nada... es mi pareja Sandra
Sandra: Ya pero una pareja que te deja afectada y mal
E: Eso son tonterías
Sandra: Esther... me tienes preocupada
E: ¡No seas exagerada! (le reprochaba como últimamente lo hacía, su carácter dulce
había cambiado mucho)

Y se iba, pero aquel fin de semana, fue diferente a los fines de semana que durante seis
meses había estado llevando. El domingo por la tarde alguien llamó a la puerta de casa
de Esther

Sandra: Voy... ¿quién? (preguntó sin ver a nadie por la mirilla. Entonces insistió)
¿Quién es? (la misma respuesta, pero algo llamó su atención en el suelo y abrió
precipitadamente la puerta encontrándose a Esther tirada en el suelo) ¡Esther, Dios
mío Esther!
E: Ayúdame (salió un hilo de voz)
Sandra: ¿Qué te ha pasado?... ¿qué es esto?, sangre (dijo al mirarse la mano que tenía
apoyada en la espalda de Esther)
E: Ayúdame (volvió a rogarle temblando aferrándose a su cuello)
Sandra: Vamos... vamos... ¿pero quién te ha hecho esto?... ¡quién!
E: Lidia

Aquel recuerdo de su amiga repleta de sangre le erizó la piel, aquella Esther en el suelo
convertida en un trapo era una visión que le había quedado muy patente, y no quería
volver a tener que curar heridas no en su piel, pero sí quizás, en su alma

20 Abril 2005

Una nueva semana empezaba para todas en sus casas y en el hotel. El día parecía que
iba a llenar todo de color, la luz del sol atestaba las calles de la ciudad y se reflejaba con
rabia en el mar, provocando unos destellos de luz que enardecían las emociones de una
Maca que llevaba sin dormir otra noche más
Palabras 153

Cuando bajó a reunirse con Teresa, ésta le estiró disimuladamente del brazo mientras
Luis hablaba con el conserje

T: ¿Pero éste no se iba?

M: Sí, ahora a media mañana

T: ¿Y cuándo vuelve?

M: No lo sé

T: ¿Y no se lo vas a preguntar? (la miraba incitantemente)

M: No lo sé Teresa, no lo sé

T: Vale... vale... (se disculpo al verla tan nerviosa)

Luis: Vamos

Cuando llegaron al Centro, Maca se dejó llevar por sus ojos que buscaron una vez más y
encontraron la bicicleta de Esther. Al entrar a clase lo hizo con una amplia sonrisa que
iluminó la estancia, tras dejar su cartera en el respaldo de la silla, saludó de manera más
cercana a los alumnos, hablaron un poco del tiempo, del sol y después pasaron a
centrarse en la clase. Como le gustaba hacer Maca se apoyó sobre el borde de la mesa
con lo que provocó en Esther que su lengua pasara lentamente por sus labios

M: Bueno, ya estamos en la recta final del curso, y vamos a afrontarlo pensando ya en


esa oportunidad que se os va a dar. La semana pasada trabajamos lo que era plantear una
novela, sus personajes, narrador y como desarrollarla, creo que con los ejercicios que
me habéis estado haciendo, me habéis demostrado que podemos hacer algo de calidad,
porque la base la tenéis. Yo voy a estar aquí y os voy a ayudar a todos a dar el enfoque
que penséis mejor a cada historia, cada uno haréis el relato que os apetezca, no más de
veinte folios es la condición. El tema puede ser cualquiera cada uno puede elegir
libremente, personajes, trama, puede ser un monólogo, puede ser un relato, lo que más
os guste. Eso sí, ahora comenzaremos conjuntamente a dibujar el proyecto. Os voy a dar
un tiempo, no sé si durante el fin de semana habéis podido trabajarlo, imagino que unos
sí, otro no (miró a Esther fijamente, Esther le sonrió. Maca carraspeó) Pues vamos a
empezar con algo sencillo, quiero que cada uno me desarrolle el tema que va elegir en
dos líneas, de momento la trama, después iremos desarrollando personajes, entorno y
demás. Yo mientras voy preparando el prólogo

Paloma: ¿Vamos a tener un prólogo tuyo? (le preguntó ilusionada)

E: (“Esta tía es tonta” pensó mientras ponía gesto de hartazgo de ella)

M: Sí, para mí va a ser un orgullo hacerlo, así que venga... a trabajar


Palabras 154

Cada uno se puso a trabajar en lo que Maca había pedido, ella tenía un bolígrafo y un
papel, Esther no le perdía detalle pues ella la trama ya al traía de casa hecha, le gustaban
sus manos, su estilo era fino y sus trazados sobre el papel le dejaban ver la destreza de
pensamiento, la facilidad de creación con la rapidez que trabajaba. Su gesto
concentrado, sus labios unidos casi apretados, sus ojos sin separarse del folio toda ella
era la clásica modelo para crear una obra maestra en pintura. Esther apoyó el codo sobre
el pupitre y la miraba fijamente, sin cortarse un pelo, mientras su mente trabajaba en
otros fines

E: ¿Cómo sabrá su piel?, ¿cómo será desnudarla poco a poco?... mmm me lo puedo
imaginar, debe ser suave, tierna, ¿y sus labios?, ¿cómo besaran? No puedo esperar
mucho tiempo... imagina (entonces cerró los ojos e imaginó)

Maca acercándose a ella con una sonrisa suave marcada en sus labios, poniendo su boca
en la oreja de Esther susurrándole algo, Esther asintiendo hechizada por aquella voz de
terciopelo, sintiendo como su sangre se removía expectante a que todos se fueran, y
entonces Maca cerraba la puerta, se deshacía la coleta que llevaba hecha, se
desabrochaba la blusa despacio, muy despacio mientras Esther se levantaba de la silla, y
se acercaba a ella, Maca la miraba de una manera tan provocativa que Esther notaba
como se encendía toda ella de golpe y entonces...

M: Esther... ¡Esther!

E: ¡Ah perdona!, ¡perdona estaba pensando en la trama! (le dijo alterada)

M: Ya... es que es justo lo que te he preguntado

E: Oh perdón (sonrió) Mi historia va a tratar de una mujer buscando su destino, tratando


de encontrar lo que un día fue y por razones de la vida, perdió

M: Vale (su corazón latió fuertemente) ¿Tienes pensando como la vas a desarrollar?

E: Sí, sí, contada por ella misma

M: De acuerdo

Mercedes: Maca por favor... ¿puedes salir un momento?, disculpad chicos

M: Sí, claro, ahora vuelvo (puso gesto irremediablemente de “salvada por la campana”)

Todos comenzaron a hablar de sus historias mientras Esther pensaba en su reacción, por
lo que notaba y por lo poco que había podido sacar a Teresa, era algo así lo que podía
haberle pasado

M: Disculpad, bueno... sigamos... ¿Raquel?, ¿nos comentas tú, por favor?

El final de la clase llegó y todos tenían ya los primeros proyectos sobre lo que iban a
escribir, se marchaban contentos y muy activos hablando de esa ilusión de poder
publicar su primera historia. Una de las últimas en marcharse fue Esther, recogió sus
Palabras 155

cosas lentamente, mirando de vez en cuando a Maca que hacía lo mismo recoger sus
cosas mirar de vez en cuando a Esther, una de las veces sus miradas se golpearon, para
rápidamente desviarse

Con un sentimiento extraño, Esther comenzaba a desencadenar su bicicleta, por un lado,


había podido notar el temblor en Maca cuando la nombró, por otro, había visto su
manera dura de mirarla. Aquella historia estaba empezando a superarla, quizá Sandra
tenía razón y debía olvidarse de la escritora, quizás era demasiada mujer para ella, o tan
solo, era una mujer que no merecía la pena. Y sin embargo cada vez que ese
pensamiento trataba de imponerse en su mente lo rechazaba de inmediato, Macarena era
una mujer interesante, a la que estaba segura sí merecía la pena descubrir. Metió su
cadena en la mochila justo cuando oyó su nombre

T: Esther

E: ¿Qué pasa? (le preguntó con gesto serio al verla asustada)

T: Maca se ha desmayado, por favor ven...

E: Vamos

Salió tras ella corriendo hasta el cuarto donde le había dado el desmayo, cuando Esther
llegó todavía permanecía medio caída en el sofá con los ojos cerrados

E: ¿Le ha pasado esto alguna vez, Teresa? (el preguntó mientras le tomaba el pulso)

T: No... así no...

E: A ver Merche súbele las piernas

Mercedes: Sí

E: ¿Tiene alguna enfermedad?

T: No, no es muy sana (decía con la mano en el pecho)

E: ¡Maca... Maca! (le golpeaba la cara)

T: ¡Ay señor!

E: Tranquila Teresa. ¿Tienes un aparato de la tensión Merche? (seguía golpeando


suavemente sus mejillas)

Mercedes: Sí, sí, el mío que llevo encima

E: Vale... Maca despierta... venga...

T: Y si te doy agua fría


Palabras 156

E: ¿Para qué? (la miró mientras Merche le daba el aparato)

T: No sé... estoy nerviosa

E: Tranquila... a ver (le puso el aparato mientras Maca se movía lentamente) Está
reaccionando

T: Gracias a Dios...

M: ¿Qué pasa? (preguntó al ver a todas allí) Que mareo

E: No te muevas y no hables

M: Pe...

E: Por favor... vale esto es una bajada de tensión. ¿Has comido, bien?

M: No he desayunado

E: ¿Estás sin comer nada? (la miró enarcando una ceja)

M: No es nada... estoy bien...

E: No, no lo estás. No te muevas (le dijo cuando se iba a levantar)

T: Cariño... por favor... estate tranquila ¿vale?


M: No es nada solo es... (entonces Esther le tocó su muñeca para tomarle las
pulsaciones, Maca sintió que su piel se estremecía ante su contacto) Por favor...

E: Eres una cabezota ¿eh? (entonces sonó su móvil y Esther miró hacia el lugar donde
provenía el sonido) Un móvil

T: Ese es Luis Maca (dijo apurada)

E: Pues dile que no se puede poner

T: Pero...

M: Dame el teléfono

E: No vas a hablar, dile que esta en clase y no se puede poner. Y lo mejor es que os
salgáis y me dejéis sola con ella

Mercedes: Creo que es lo mejor

E: Merche por favor puedes traer un café bien cargado con azúcar

Mercedes: Claro
Palabras 157

T: Hola Luis... sí... no (se oía su voz perderse tras la puerta)

Y allí se quedaron solas... Maca tumbada en el sofá, y Esther a su lado sentada en una
silla que le habían puesto para que estuviera más cómoda. Maca cerró los ojos
queriendo omitir la presencia de aquella mujer y Esther la miró preocupada

E: Creo que sería bueno que te acercaras al hospital para que te hicieran un estudio (le
dijo con amabilidad)

M: No hace falta solo es hambre

E: Bueno... por hambre una no se desmaya te lo aseguro, o yo iría por ahí cayéndome
diariamente al suelo (le dijo con una sonrisa)

M: No hace falta (insistió con su tono un poco más conciliador)

E: ¿Te ha pasado esto alguna vez? (la miró con detenimiento)

M: Alguna

E: ¿Te han visto los médicos?

M: No. No me gustan

E: A mí tampoco y créeme lo que te digo, trabajo con ellos (le sonrió)

Mercedes: Aquí traigo el café


M: Gracias Merche

E: Espera levántate con cuidado (la ayudó cogiéndola de las manos) Eso es... ¿qué tal?,
¿mareo verdad?

M: Uf (resopló) Un poco

E: Es normal tienes la tensión por los suelos

T: ¡Maca hija...!

M: Tranquila Teresa estoy bien (le dijo con suavidad)

T: No, no lo estás, anoche tenías muy mala cara

M: Estoy bien, de verdad me tomo esto y nos vamos a comer

E: Yo no es por ser mosca cojonera pero creo que debería ir al médico

Mercedes: Maca por favor, déjame que te lleve al médico de nuestra mutua, por favor,
me voy a quedar mucho más tranquila
Palabras 158

M: De verdad no hace falta. El sábado me encontré mal, no estoy bien desde entonces
no comí mucho, y por la noche estuve vomitando. Eso es todo

E: No me extraña que te desmayes. Si has tenido vómitos el potasio debes tenerlo por
los suelos

T: Maca por favor vamos y yo también me quedo más tranquila

Mercedes: Venga, sí (insistió con cara de preocupación)

M: Está bien

T: Ay... gracias Esther de verdad, ¿nos acompañas?

M: No hace falta, tendrá cosas que hacer ¿no? (la miró inquieta)

E: Bueno si vais a la mutua, allí hay gente especializada Teresa, os acompaño hasta el
taxi y me voy

M: No hace falta de verdad, con ellas dos me apaño

E: Vale pues... entonces me voy pero que explique todo lo que le ha pasado Tere, ¿vale?

T: Te acompaño

M: ¡Esta tía es gilipollas!, se cree que soy una niña y tiene que decírselo a mi madre,
¡no te jode! (explotó enfurecida)

Merche elevó los hombros algo desconcertada por su forma de hablar, nunca le había
escuchado levantar la voz, ni siquiera decir un taco y en aquel momento su tono fue
crispado y repleto de rabia, Merche la miraba sin saber muy bien que decirle mientras
llamaba a un taxi

Fuera, Teresa acompañaba a Esther quien volvía a sentir esa dualidad hacia Maca

T: Te lo agradezco Esther

E: No es nada Tere, pero tiene el pulso débil, y debería verla un médico seriamente ¿eh?
(le decía detonando su gesto cierta preocupación)

T: Sí, sí... es que... cada vez que va con Luis a algún sitio sola, siempre le pasa algo

E: ¿Es su marido, no?

T: Ay Esther... si tú supieras... en fin... me voy con ella

E: De acuerdo, luego te llamo. Y por favor Teresa, tranquila ¿vale?

T: No sé que haría sin ti Esther, gracias eres un encanto


Palabras 159

E: Hasta luego (le sonrió amablemente encaminándose hacia su bicicleta pensativa, era
evidente, y cada vez lo tenía más claro, algo no funcionaba en su vida. Al llegar a la
bicicleta exclamó) ¡Hostia mi bici!, ¡me la han mangao!

En casa le explicaba a una divertida Sandra el asunto de su bicicleta, una Sandra que rió
mucho más cuando sacó la cadena y el candado

Sandra: Mira cuando te compres otra, no vas a necesitarlo, al menos mira el lado
positivo

E: No me toques las narices (la miraba seria pero ante la risa de su amiga acabo riendo
de buena gana ella también) Bueno voy a llamar a Tere a ver que le han dicho

Sandra: Oye pero... lo del marido ¿entonces qué?

E: Ni idea (elevó los hombros) Pero lo tengo clarísimo, ese matrimonio no es normal. Y
ella no es feliz

Sandra: Pobre... se le ve buena gente

E: Porque no la conoces, tiene una mala baba que para que (decía seria) Con lo tierna
que parece... ¡menudo genio!

Sandra: Pues a mí me cae muy bien ¿qué quieres?

E: Antes no decías eso, te cae mejor Empar ¿recuerdas? (le decía desafiándola con la
mirada)
Sandra: Ya pero es que antes pensaba que iba a caer en tus redes con rapidez, y no solo
no ha sido así, sino, que te mete caña, es mi ídola

E: Que fuerte (murmuró herida por el comentario)

Sandra: Así te centraras en lo que debes, saca lo mejor de ti cariño... tienes mucho para
dar

E: Voy a llamar a Teresa (marcó el número y esperó) ¡Tere!, hola soy Esther...

Sandra: Bueno... al menos parece que no se ha vuelto tan loca como creía por la
escritora, menos mal (suspiró aliviada)

En el cuarto del hotel, Maca veía como Teresa hablaba con mucha soltura con Esther,
hasta se reía

T: ¡No me digas! (exclamó de pronto poniendo su mano en la boca algo que hizo que
Maca la mirara con atención) Madre mía Esther... cuanto lo siento de verdad... ¿y ahora
qué?... uy... uy... claro evidente
Palabras 160

M: (“Mucho está conectando con Esther... a que mala hora la acepté en el curso... si lo
llego a saber me quedo calladita, joder”)

T: Pobrecilla (le dijo sacándola de sus pensamientos. Como vio que no le preguntaba le
dijo) Le han robado la bicicleta, es que cuando le dije que estabas mal, había quitado el
candado y se la han robado

M: Tan lista que se cree, parece tonta

T: Bueno... no sé que te ha hecho pero desde luego no he visto en ti antes, esta tirria por
nadie

M: Pues mira Teresa, ya lo has visto alguna vez tenía que ser la primera

T: Voy a pedir la cena, me ha dicho que lo que te han dado es muy bueno ¿te lo puedo
decir?

M: Tengo hambre

T: Tampoco conocía ese lado infantil tuyo... voy a por la cena

En casa de Esther

E: Pues nada, tiene anemia y un poco de taquicardia, si es que con tanta mala leche no
sé como no le revienta el hígado

Sandra: Ay... Esthercita... baja de tu nube

E: Es verdad, ¿crees que me dio las gracias por interesarme por ella?

Sandra: ¡Pero qué mal educada!

E: ¿Te burlas? (le preguntó enarcando una ceja muy seriamente)

Sandra: Para nada... pero no sé que quieres, después de lo que hiciste

E: Mira Sandra, la lleve al hotel la otra noche, me volví a presentar porque pensé que
todo lo había hecho mal, le he dado otra oportunidad pero sigue con las mismas... ¿y
sabes por qué?, porque ella entiende, pero no está encerrada en el armario ¡no!, está
metida en un baúl dentro del fondo del armario (decía cada vez subiendo el tono de voz
con más rabia y marcándosele las venas en su garganta)

Sandra: Pues si la chica está ahí, la dejas, tú no eres nadie para rescatarla, aunque hayas
sacado ya a más de una del armario, que pareces la Robin Hood de los Armarios

E: Estás como una cabra (le decía divertida) Bueno... ¿y tú? Ya está bien de hablar de

Palabras 161

Sandra: Yo muy bien gracias, mi vida no es tan interesante como la tuya, señora
escritora

E: Dame tiempo... y verás (le guiñó el ojo divertida) Habré saboreado las mieles del
triunfo tanto, como la piel de Macarena Wilson

Cuando Teresa se marchó a dormir en la cama con su redecilla en la cabeza, le daba


vueltas a las reacciones que últimamente había tenido Maca sobre todo provocadas por
Esther. No lograba entender que pasaba, porque sin duda, ese lado tan aniquilante de su
jefa no lo conocía, las preguntas se sucedían en su mente. Y el camino hacia donde le
llevaban no le cabía muy bien en su cabeza, siempre Luis prohibiendo que ninguna
mujer estuviera cerca suyo si no estaba él, siempre preguntando a Teresa en las firmas
cuando él no estaba, siempre diciéndole que la vigilara, no entendía porque, aunque
aquel pensamiento había creado en ella mil dudas, mil preguntas que no podría hacer y
que estaba segura no iba a obtener respuestas, pues como ella bien había dicho Maca
seguía siendo un enigma de que algunas pistas le iban haciendo pensar, pero que seguía
tan intrigada como alejada de la verdad, eso era lo único de lo que estaba segura

21 Abril 2005

Al día siguiente, cuando Maca volvió lo hizo con mejor cara gracias a una pastilla que
le habían dado había podido dormir toda la noche, eso sí, en compañía de Teresa, se
percató que efectivamente no estaba la bicicleta de Esther, sonrió de lado negando con
la cabeza. Cuando llegó Merche la acompañó hasta dentro preocupándose por ella

M: De verdad Merche, estoy bien. Te lo agradezco solo fue cansancio

Mercedes: Maca quiero que a cualquier cosa que necesites me lo digas


M: De acuerdo, pero tranquila

Mercedes: Vale

M: Voy a mi clase, oye es un lujazo trabajar con este grupo ¿eh?

Mercedes: Me alegro mucho, de verdad

M: Hasta ahora. Buenos días (al entrar vio que la silla de Esther estaba vacía, era la
única que no había llegado y eso le creó cierta zozobra) ¿Qué tal?

Paloma: Nos hemos enterado de lo de ayer Macarena, ¿qué tal estás? (le preguntó
Paloma muy melosita)

M: No fue nada una bajada de tensión, estoy bien gracias os...

E: Hola, siento llegar tarde


Palabras 162

M: Bueno... al menos podías llamar antes de interrumpirnos

E: Oh, es cierto, ¿no he llamado? (le preguntó graciosamente haciendo que la gente
sonriera) Lo siento Maca, lo siento chicos...

M: Vale siéntate (“¿Maca?, ¡y a ti quién te ha dado permiso para llamarme Maca”)

Raúl: ¿Todo bien? (le preguntó bajito)

E: Sí, guapo, todo bien (le respondió de igual modo)

Paloma: ¿Puedes callarte? (se giró con los ojos repletos de ira Paloma mientras Maca se
daba la vuelta

E: ¿Por qué no te callas tú?, ¿eh? (le respondió con esas ganas que tenía de cogerle del
pelo)

Paloma: Porque tú eres la que has entrado tarde, pero bueno, que puedo esperar de ti (le
dijo con menosprecio girándose)

E: ¿Cómo?

Paloma: ¡Au! (gritó porque Esther le había estirado del pelo)

M: ¿Qué pasa? (les preguntó observando el gesto duro de Esther reflejado en su cara)

E: Pues eso digo yo... ¿qué te pasa guapa? (le dijo con el mismo tono)

Paloma: Nada, no me pasa nada

M: Vale pues... seguimos

Al acabar la clase, Maca recogió algunos borradores que le habían entregado ya entre
ellos el de Esther quien había salido con prisas porque se iba a trabajar, pero antes de
abandonar su pupitre, Maca pudo ver como le decía a Paloma con cara de muy pocos
amigos

E: Tú y yo ya hablaremos

Paloma: No tenemos nada de que hablar

E: ¿Por qué preciosa?, quizá porque soy lesbiana

Paloma: Por eso precisamente

E: Vaya... que lástima la señora prejuiciosa le repelen las lesbianas...

Paloma: Déjame en paz


Palabras 163

E: Claro que te dejo en paz, lo último que necesito es perder el tiempo con gente como

Testigo del diálogo había sido una nerviosa Maca, tragó saliva ante la seguridad y
defensa de Esther, y miró con ojos recriminatorios a una Paloma que parecía sofocada y
con la que Raúl y algún otro mediaban para que procurara disculparse por lo acontecido

Durante la comida para Maca aquella imagen segura y fuerte de Esther, le hizo estar
ausente de todo cuanto Teresa le contaba sobre la información que había recaudado para
la novela

En el hospital, Esther terminaba su turno, Consuelo ese día no había ido a trabajar y se
había escapado de la buena bronca que le quería dar por no sacar información sobre
Maca tal y como le había pedido Esther. La tarde había sido muy movida y sentía que le
dolían los huesos desde la cabeza hasta los pies, soñaba con llegar a casa y tumbarse en
el sofá mientras Sandra hacía la cena. Iba pensando en eso cuando oyó como alguien la
llamaba

-: ¡Esther!, ¡Esther!

E: Pero... (no supo como contestar ante lo que vio nada más pudo entregar una amplia
sonrisa de incredulidad)

Sus ojos captaron a Maca con una bicicleta nueva y una sonrisa que nunca había visto
desde que se habían conocido, ni siquiera en alguna foto, sonreía de verdad, le brillaban
los ojos y Esther sin saber porque sintió un leve temblor de emoción ante aquella
belleza que tenía delante pero sobre todo, ante lo que había descubierto

E: ¿Y esto?, ¿ahora vas en bicicleta?

M: Ya me gustaría, hace años que no monto, pero me dijo Teresa que te habían robado
la tuya y... me sentí culpable
E: Para nada fue una coincidencia, nada más (le decía algo nerviosa tratando de quitar
importancia)

M: Bueno pero fue por ayudarme a mí (sonrió asintiendo con los labios prietos y una
bonita sonrisa dibujada en su rostro) Macarena Wilson, soy escritora, puedes llamarme
Maca, y estoy casada

E: Ja ja (dio una carcajada ante la espontaneidad que acababa de tener Maca con ella y
que ni por asomo esperaba)

M: ¿Era así, no?

E: Sí (sonreía) Bueno el final podría ser otro pero... no se puede tener todo (elevó sus
hombros en señal de resignación)

M: Pues sí (sonrió como si algo se hubiera liberado de ella)


Palabras 164

E: Oye en serio no puedo aceptarla, tú no tienes la culpa

M: Bueno no es exactamente un regalo, verás... no soporto que la gente llegue tarde a


mis clases, es por eso (le dijo con cierta ironía)

E: Vaya (enarcó las cejas ladeando la cabeza y sonriendo)

M: ¿Qué? (sonrió de igual manera)

E: Eres irónica... que gracia... eso se merece una cerveza con unos tacos de jamón y un
buen queso, que tienes que alimentarte bien ¿te hace?

M: La verdad que no tengo mucho tiempo, tengo que empezar con la novela y... (ante su
gesto agregó) Pero si tengo tiempo para una cerveza y esos tacos de jamón no quiero
parecer grosera

Los nervios de Maca se pusieron a flor de piel, porque no darse una oportunidad, no iba
a violarla, no iba a obligarle a nada, sí era lesbiana, pero no quería decir que fuera a
arrasar con todo lo que ella había construido. Podía bajar su autodefensa. Lo había
meditado bien, había algo que le atraía de aquella mujer y porque no averiguar que era
tal y como su abuela le había dicho tantas veces. Aunque dar ese paso le había costado
varias horas de aceptación, de luchas contra miedos, allí estaba junto a la bicicleta que
había quedado entre medio de ellas y parecía ser el escudo protector de la escritora

Llegaron a una tasca que había en la Avenida Blasco Ibáñez, una avenida que eclipsaba
a Maca por su majestuosidad en cuanto se refería a árboles, grandes y fuertes, al final el
parque de los viveros seguían entregando al ser humano momentos de paz y reflexión
ante tanta locura de asfalto, de hombres y mujeres con prisas

E: Apuesto a que no has ido al parque (le dijo al ver como lo miraba)

M: No, la verdad que no he ido a muchos sitios


E: Pues es una lástima, es un sitio para pasear y pensar, inspira mucho

M: Tendré que conocerlo (dijo con apariencia tranquila pero por dentro los nervios
seguían a flor de piel) Yo quería disculparme porque creo que...

E: Oye, nos acabamos de conocer ¿no? (le preguntó sonriendo destellando su hechizo)

M: Sí es cierto (trató de resistirse a él)

E: ¿Cómo vas de tu desmayo? (cogió un pincho de jamón)

M: Nos acabamos de conocer ¿recuerdas?

E: Vale me has pillado (sonrió y por primera vez Maca lo hizo también divertida)
Palabras 165

M: Quería comentarte algo de esta mañana

E: ¿Lo de Paloma? (Maca asintió) Lo siento es que le tengo muchas ganas a esa tía, sé
que no debí ponerme así (Maca echó su melena para atrás y al hacerlo la blusa que
llevaba se movió dejando al aire su lunar y los ojos de Esther fueron directamente a
posarse en el canalillo que se mostraba)

M: ¿Y por qué le tienes ganas? (al ver sus ojos mirarle se sintió tan incomoda como
halagada)

E: Eh... esto... (carraspeó apartando los ojos rápidamente) Cosas nuestras

M: Ah, vale. Bueno que sepas que no me parece bien lo que ha dicho

E: Tranquila, me sé de memoria esos ataques de pureza (gesticuló con las manos en


plan exagerado)

M: Ya (no supo que más podía decirle tan solo la miraba mostrando sin poderlo evitar,
su admiración)

De pronto se hizo el silencio entre las dos, Esther bebió de su cerveza observando cada
gesto, cada mueca, cada suspiro disimulado de Maca, y ésta notaba como era observada
al milímetro, y el miedo en su interior se hizo mayor

M: Bueno ya se me está haciendo un poco tarde, creo que me voy a marchar

E: Sí, mañana tenemos que madrugar (sonrió)

M: Es cierto (la miró esperando que le comentara algo de su escrito)

E: Bueno... pues... nos vamos

M: Sí (sonrió nerviosa) Espera me gustaría invitarte

E: Ah no... estás en mi territorio, prefiero que me invites en el tuyo


M: ¿En el mío?

E: Sí mujer, en el tuyo... en ese pedazo hotel que siempre que paso me dan ganas de
pedir una habitación (sonreía alegre)

M: Ah vale (sonrió también)

Finalmente pagó Esther, al salir Maca metió sus manos en los bolsillos mirando
alrededor, mientras Esther sacaba la portentosa cadena que llevaba la bicicleta incluido
en el regalo de Maca

E: Joder con esta cadena no me la van a robar ¿eh?

M: Eso espero, ya sabes que odio que lleguen tarde (le volvió a decir)
Palabras 166

E: Ya sé, ya (la miraba fijamente a los ojos) De todos modos me parece demasiado

M: Venga no lo vuelvas a decir. Voy a ver si consigo un taxi, por aquí he visto que
pasan muchos ¿verdad?

E: Sí, sí, además al final de esta avenida vas a salir a tu hotel, en nada estás allí

M: Bien, gracias

E: Oh no gracias a ti guapa (lo dijo tan contundentemente que notó como Maca
apretaba sus manos dentro de los bolsillos por el movimiento de la tela. Tras esperar el
tiempo suficiente como para que Maca asimilara ese guapa, agregó) Oye se me está
ocurriendo algo

M: A ver (no podía evitar una sonrisa porque los gestos de Esther eran de tan granuja
que lo que antes le parecía irritante, en ese momento le pareció divertido)

E: Mañana tengo libre la tarde ¿qué te parece si te consigo una bicicleta y nos vamos
por ahí a ver la ciudad?

M: ¿En bicicleta? (preguntó alertada enarcando su ceja derecha formando un gesto tan
canalla como el que anteriormente había hecho Esther)

E: Claro... has dicho que hace mucho tiempo que no vas en bicicleta, y te gustaría ¿no?
pues nada aquí está Esther para acompañarte en bicicleta (reía divertida “Joder que
peligro tiene haciéndome ese gesto, me lanzaría a su boca ahora mismo”. Tras borrar su
pensamiento agregó con tono amigable) Siempre y cuando te apetezca, claro

M: La verdad que sí... mucho

E: Pues cuando tú quieras

M: Bueno seguramente el domingo ya me marcho... y tú tendrás que trabajar...

E: Bueno pero será un ratito, digo yo que podrás ¿no? (le guiñó el ojo)
M: Vale (sonrió) Bueno... me voy...

E: Bien... mi bici y yo te acompañamos, bueno tendré que ponerle nombre, todas mis
bicis han tenido un nombre... a ver... a esta con tu permiso le voy a llamar Maca,
¿puedo?

M: Es tuya (le dijo algo sorprendida elevando los hombros)

E: De acuerdo pues nada, quedas bautizada como Maca. Aunque cuando diga me voy a
subir a Maca me van a mirar mal

Tras la carcajada que a Maca le pareció fantástica, consiguieron en seguida un taxi, le


saludó al verla marchar y en voz alta se repitió
Palabras 167

E: Amor, ternura y sensibilidad. Si... Sandrita tiene razón

Mientras iba pedaleando por la ciudad, con el viento golpeando su cara, algo iba
naciendo en su interior, algo que no quería poner nombre algo que le iba cambiando su
gesto según avanzaba su camino hacia casa, su ceño se había mostrado meditabundo, su
boca tensa, y su frente arrugada por el gesto de la meditación. Entonces tras un suspiro
hondo, dio media vuelta y se desvió de su camino. Cuando llegó al destino tocó un
timbre y una voz de mujer contestó, parecía estar comiendo

E: Hola Ángela hay algo para comer para esta pobre hambrienta

Ángela: ¡Esther! (mostró su alegría) Todo lo que tú quieras

Esther sonrió ampliamente y empujó la puerta, no sin antes dar una última mirada de
reojo a Maca, su bicicleta

En el cuarto de su hotel, Maca leía atentamente un borrador, estaba en ello cuando


llamaron a la puerta, sabía quien era

M: Pasa Teresa (dijo alzando la voz, la mujer hizo uso de su tarjeta para abrir la puerta y
al entrar le sonrió) Hola guapa, ¿estás bien?

T: Sí, pero me voy a dormir y quería saber si necesitabas algo

M: No, nada tranquila, duerme

T: ¿Qué tal los borradores?

M: Uf (ladeó la cabeza) Más que bien, sobre todo uno

T: Vale... ¿alguien con posibilidades?

M: Léelo tú misma y mañana me dices, es corto, pero conciso creo que no he tenido una
alumna que me haya entendido tan bien mis clases

T: ¿Esther García? (la miró con sus ojos un poco dubitativos por su reacción)

M: Sí, Esther García... ya me dices mañana

T: ¿Te cae mejor? (le preguntó mirándola con interés)

M: No es cuestión de eso, es cuestión de que es muy buena, en serio. Una cosa no quita
la otra

T: Vale... pues voy a leer, si necesitas algo ya sabes...


Palabras 168

M: Tranquila estoy bien, me he tomado las pastillas, he tomado ese pedazo de carne que
me han puesto y después toda la verdura, ¿Contenta?

T: Mucho... pero a mí no me preocupa tu alimentación

M: ¿Ah no? (la miró con una pequeña sonrisa)

T: No, me preocupa la vuelta de Luis, porque para eso no tenemos remedio

M: Tranquila no te preocupes que todo está bien (trató de sonreírle)

Al quedarse sola, se frotó la nuca, movió su cuello y parpadeó pues la vista se notaba
algo cansada. Sin embargo estaba tan bien que necesitó comenzar a dar forma a lo que
llevaba en su mente, estaba ya todo en su cabeza, no necesitaba más que el ordenador y
una chuleta con los nombres de los personajes, se había leído la documentación que una
aplicada y efectiva Teresa le había pasado, se había tomado sus apuntes, había
esquematizado los momentos exactos en los que quería situar la novela pero la historia
principal la tenía ya en mente. Sus dedos comenzaron de manera ágil a teclear, volvía a
ella la inspiración, no era necesario parar, todo salía de una manera fluida y para su
gusto perfecta, con la música de fondo ésa que tanto le relajaba, hasta que su móvil sonó
y vio de quien se trataba

M: Joder (protestó si poderlo evitar) ¿Dime?

Luis: ¿Cómo van las cosas?, ¿Estás trabajando?

M: Sí

Luis: De acuerdo... ponte las pilas Maca tienes nueve meses para crear una obra
magistral

M: Estaba en eso cuando me has molestado, ¿qué quieres?

Luis: Saber que estás trabajando en lo que debes, nena

M: Pues ya lo sabes (su voz se tornó agria nuevamente y su estómago se encogió)

Luis: Hasta pasado mañana


M: Hijo de puta tengo que encontrar la manera de perderte de vista... ¡cómo sea! ¡y ya
estoy tardando demasiado!

La rabia se había apoderado de la inspiración y tanto fue así que se levantó para
ducharse, ponerse el camisón y meterse en la cama, volvió a dejar abierta la puerta de la
terraza, un escalofrío rasgó su piel la brisa de la mar entraba con fuerza. Apoyó su
cabeza en la almohada, buscó acoplar su cuerpo en el colchón, se puso la sábana
alrededor del pecho poniéndose en posición fetal, suspiró, y el recuerdo de la sonrisa
maravillosa de Esther llegó a ella, notaba como su respiración iba en aumento, como sus
piernas se tensaban porque por su bajo vientre cayó una pequeña descarga, cerró los
ojos mientras suspiraba nuevamente, su mano se apretó firmemente sobre su muslo
Palabras 169

trataba de dejarla ahí, quieta, pero aquel calor que emanaba su cuerpo iba a más,
provocando en ella casi un estado febril, suspiró entre abriendo un poco la boca, y dio
libertad a su mano, entonces notó la excitación apretó más los párpados, suspiró, se
mordió un labio, su respiración comenzaba a elevarse mientras iba descubriendo su
propia humedad, una humedad huérfana, solitaria, que buscaba ser compartida pero que
no había encontrando aún su compañera, mientras llegaba esa compañía deseada sería
otra vez más una experiencia anacoreta. Pero lo necesitaba hervía su sangre, hervía su
piel pero su mente le gastaba malas pasadas, estaba Esther, estaba una Lidia excitante,
un Luis enfuruñado, una Lidia descontrolada y una Esther avasalladora, y fue llegando
entre imágenes a un orgasmo doloroso, no válido, tan huérfano tan frío como todos los
que había tenido, ¿algún día sentiría lo que realmente debía sentir?

La noche iba cayendo como un telón al finalizar una obra de teatro, pero en casa de
Ángela, la escena estaba por empezar. Esther entre besos desbocados, caricias ardientes
y palabras sugerentes, la había llevado hasta el sofá, allí Ángela se dejaba hacer
tumbada hacia arriba mientras Esther se subía sobre ella

Ángela: Esther...

E: Tócame, estoy a punto cariño (le susurró con voz urgente por la imperiosa necesidad
que sentía)

Ángela: ¿Sí?, ¿ya? (sonreía provocadoramente mientras le metía con rapidez la mano
apartando la braga, pensó que con poco le había llevado al Olimpo sin querer imaginar
que como ocurría otras veces, Esther se entregaba a otro ser)

E: Eso es... eso es (musitaba cerrando los ojos, moviendo rítmicamente sus caderas,
hacia delante y hacia tras mientras una de sus manos apretaba de manera enérgica el
almohadón del respaldo del sofá) Sí... así... así...

Ángela: Me gusta verte así, me encanta Esther

E: Sigue... sigue (cerraba los ojos entre abría la boca, se pasaba la lengua por los labios,
sentía que necesitaba llegar al punto donde podía morir, y en eso Ángela era toda una
experta) Sí... ah... ah...

Ángela: Dámelo cariño... dámelo (apretaba fuertemente su mano libre contra el muslo
de Esther mientras su otra mano seguía frotando rítmicamente su sexo)
E: Ya... ya... ah (gimió como si su corazón fuera a estallar en mil pedazos)

Ángela: Esther... cariño...

Siguieron durante un rato más, como el sofá se les hizo incómodo se echaron en el
suelo, devoraron sus pieles, sus labios recorrieron cada centímetro del otro cuerpo, hasta
que el cansancio les venció, entonces entre susurros ya en la cama abrazadas Ángela le
dijo a Esther:
Palabras 170

Ángela: Sé que no quieres que volvamos Esther, sé que lo nuestro como pareja es
imposible, pero... te echo de menos... no tenerte es...

E: Ángela esto lo hemos hablado ya muchas veces... no quiero más que esto y lo sabes
no estropees el momento (le dijo seria con el ceño fruncido)

Ángela: Está bien... olvídalo

Esther en cuanto notó que Ángela dormía se dio la vuelta, el cansancio de un día largo e
intensivo finalmente venció sus miles de pensamientos, pero en ella, esos pensamientos
cobraban vida en los sueños

Se vio así misma siete años atrás, pero en lugar de ser ella quien revivía la experiencia,
lo hacía Maca

La vio llegar a su cita con Lidia, aquel fin de semana le había prometido emociones
fuertes, y Maca llegaba de igual manera que llegó ella, con unas ganas terribles de
besarla

M: Lidia... te besaría aquí mismo sin fin


Lidia: Nena... espera un momento ¿eh?, ¿te has puesto algo de cuero?
M: Sí, tenía estos pantalones (sonreía divertida mientras la veía a ella enfundada en
cuero entonces le preguntó con los ojos turbios por la excitación) ¿Vas a volverme
atar?, me encanta cuando me lo haces así atadas las manos
E: ¡No Maca... no!, huye no entres en su juego... huye (se veía tras ella sin embargo no
le hacía caso, la veía con sus ojos preocupados porque Maca tal y como ella en su
momento, estaba hechizada por el encanto de aquella mujer)
Lidia: Nena... esta noche vamos a vivir algo mucho mejor (sonrió)
M: ¿Sí? (preguntó sugerente)
Lidia: Sí, vas a ser muy pero que muy feliz a mi lado... te lo prometo (le acarició la
cara con una mueca mezclada entre fiereza y pasión)
M: Me muero de ganas
E: ¡No... no!... no te dejes embaucar... huye Maca... no es lo que parece... es el demonio
(gritaba desesperada Esther mientras se movía en la cama)
Lidia: ¿Preparada?
M: A tú lado, siempre

Y las veía marcharse en un taxi, sabía perfectamente el lugar donde la llevaba, la


angustia crecía en ella, el sudor recorría su frente, era el principio del infierno

E: Maca por favor no vayas, no entres en su juego o te destruirá, ven conmigo Maca...
ven (le decía pero la figura de Maca en su sueño parecía no verla)
M: ¿Qué es esto? (preguntó al ver que se detenían en un local que parecía demasiado
secreto)
Lidia: El paraíso
E: ¡No Maca... es el infierno!; no entres... no entres (repetía Esther sabiendo lo que
había detrás de aquella pequeña puerta de madera con un picaporte bañado en oro) No
por favor no...
M: Pues lo tenemos todo, tú, yo y el paraíso
Palabras 171

Lidia: Así es nena (le dijo atrayéndola hasta ella y besándola con pasión) Me
enloqueces
M: Y tú a mí

La puerta se abrió, la oscuridad y el humo se mezclaron con sus cuerpos, Maca miraba
alrededor todo eran mujeres, mujeres desnudas o vestidas pero que llevaban en su
cuerpo piezas de cuero, la mano de Lidia paseaba por su espalda, llegaba hasta su
trasero y lo acariciaba lentamente. Maca veía a mujeres en dúos o tríos, besándose,
tocándose, otras tan solo mirando lo que hacían las demás no podía pensar con
claridad, todo lo que veía le sobrepasaba su racionalidad

Lidia: Toma nena, ahora empieza lo bueno, vamos a un sofá (le dio una bebida)
M: Lidia... ¿qué es esto? (le preguntaba algo nerviosa mirando a su alrededor)
Lidia: Cariño si te gusta lo que hacemos solas tú y yo, más te va a gustar lo que vamos
a ver, un espectáculo maravilloso, donde una dómina va a demostrar como se debe
tratar a una mujer débil (la miró intensamente) Como nuestros juegos, ¿recuerdas?
M: Sí pero...
Lidia: Nena... relájate y disfruta (metió su mano sin ningún titubeó por debajo de la
camisa) Venga toma un buen sorbo
E: No Maca... por favor no le hagas caso, vete de ahí... no... no (decía a punto de
llorar)
M: Lidia... (la miraba sin entender muy bien)
Lidia: Estás conmigo (entonces la obligó a sentarse sobre ella a horcajadas mientras
tan solo la miraba con avidez provocando en Maca un repentino deseo) Eso es...
Chica: Hola... (apareció una chica a su lado)
Lidia: Hola
Chica: Me gusta tu chica...
Lidia: A mí también
Chica: Mucho (entonces comenzó a tocarla ante la pasividad de Lidia mientras Maca
la miraba sin entender pidiéndole explicaciones)
Lidia: Haz que esté a punto para mí (le dijo sonriendo de lado a la chica mientras le
tocaba la cara)
M: Pe...
Lidia: Tranquila nena... te va a gustar
E: No... por favor... no lo hagas o estarás perdida (su pecho se movía
desesperadamente las imágenes de su sueño eran tan reales como ella las vivió)
Lidia: Déjate llevar, toma bebe (le dio de su copa un sorbo mientras la chica le
desabrochaba la camisa, y le tocaba) Muy bien... lo estás haciendo muy bien mi vida...
tienes que aprender
E: No Maca no te dejes engañar te va a destruir, ven conmigo... ven conmigo... (le
decía tratando de darle la mano pero no había manera de llamar su atención)
¡Escúchame por favor! Te está drogando Maca...
M: Ah (gimió al notar la lengua de aquella desconocida lamiendo sus pezones)
Lidia: Sigue así, despacio (le ordenaba Lidia mientras la miraba fijamente)
M: Lidia
Lidia: Cariño... muy bien... eso es... te quiero a punto para mí. Hazlo más despacio...
no quiero que se corra tan rápido
Palabras 172

Entonces un sonido asustó a Maca, pero era tal el calor que sentía en su cuerpo, la
mirada de Lidia, la boca de aquella desconocida, la bebida que había tomado, se sentía
mareada, giró la cabeza hacia el lugar donde provenía el sonido y vio a una mujer
vestida de negro con una melena rubia y un látigo en la mano, oía lejana la voz de
Lidia, notaba las caricias cada vez más profundas de aquella otra mujer, y mientras sus
ojos se contraían viendo como aquella rubia tenía a una mujer atada y desnuda, con un
escueto tanga de cuero jugando con el látigo en su cuerpo, metiendo y sacando el
mango de su sexo, Maca sentía irremediablemente arder su cuerpo, sin saber porque
sintió deseos de que todo aquello siguiera

E: No, no te dejes engañar Maca... ¡por favor!


M: Ah (soltó un gemido grave)
Lidia: Para... (le indicó a la otra apartándola con brusquedad del cuerpo de Maca y
con los ojos rojos de deseo le susurró) Ahora eres mía nena... ahora me vas a dar todo
a mí ¿verdad? (le había estirado del pelo la cabeza hacia detrás, de tal modo que los
pechos duros y los pezones erectos de Maca quedaban justo a la altura de su boca,
mordió los pezones, mientras Maca aullaba de dolor, pero entonces noto su mano con
algo duro que había sacado de dentro de su pantalón y como con firmeza se lo
introducía en ella y la respiración jadeante de Lidia sobre su pecho, le soltó el pelo
para arañarle la espalda, y entonces Maca pudo ver a la chica que le había estado
tocando como estaba gimiendo mientras ella misma enfriaba su ardiente sexo, no
quería gemir, pero no podía soportar tanto placer en su garganta, tanto éxtasis) Grita
quiero oírte... ¡grita!
E: No lo hagas o estarás perdida... es lo que quiere dominarte... no lo hagas Maca... no
(decía fuera de sí)
Lidia: Vamos nena... vamos...
M: Mmmmmmmmmmm (explotó finalmente en un grito que salía de sus entrañas con
convulsiones y resoplos)
Lidia: Eso es... para mí... para tu dueña... (decía jadeante mientras soplaba y sus ojos
volvían a ver el espectáculo)
E: Estás perdida... perdida Maca... como lo estuve yo (murmuró abatida con los ojos
llenos de lágrimas sabiendo el infierno que le quedaba por pasar)
Lidia: Muy bien nena... muy bien... ¿ves el látigo?, ves como azota su precioso cuerpo
M: Sí... necesito beber un poco (le decía jadeante sin percatarse si quiera que tenía los
pechos al descubierto
Lidia: Claro que sí... bebe... con ese látigo vamos a jugar tú y yo... y nos lo vamos a
pasar en grande... nena

E: NO... NO (se sentó en la cama con la respiración agitada, la peor vivencia de su vida
volvía a ella en el rostro y cuerpo de Maca, su respiración se volvió jadeante, sudaba y
sus ojos se llenaron de lágrimas)
Ángela: ¿Qué pasa, Esther? (le preguntó asustada al verla)

E: Nada duerme, ha sido una pesadilla. Maldita mujer... maldita seas Lidia pero acabaré
olvidándote

22 Abril 2005
Palabras 173

La clase esperaba la llegada de Maca que lo hizo de una manera espectacular, llevaba la
melena recogida en una coleta, en su rostro se percibía un poco de maquillaje que le
daba cierto aire de artista de cine, con un foular rodeando su cuello y una camiseta de
las que no acostumbraba a llevar, con botas y un aire muy desenfadado. Al ver a Esther
se dispararon sus latidos recordando inevitablemente lo sucedido en su cama la noche
anterior. Tras los saludos correspondientes e intercambios de opinión llegó el momento
de impartir la clase

M: Bueno, hasta hoy hemos visto de una manera muy comprimida todo lo que rodea al
arte de escribir, reconozco que en estos cursos lo importante es más lo que vosotros
podéis utilizar para mejorar vuestra técnica que lo que yo os pueda ayudar, os guío en el
camino para que mejoréis, pero la verdad es que los borradores que leí anoche me
gustaron bastante sois una clase muy aventajada (hizo una pausa donde suspiró
mirándoles con gesto que rozaba la ternura) Pero la literatura, la escritura son más cosas
que estás clases sobre los verbos, frases, palabras, cuando ya tenéis ese cuadro en la
mente y sabéis manejar los diferentes colores para crear algo hermoso, os recuerdo lo
que decía Proust, también debéis educaros para otras cosas, es lo más complicado,
defender vuestras ideas, no debéis dejar que nunca nadie manipule vuestras historias,
nadie tiene el poder de querer cambiar lo que a vosotros os ha nacido, es como un hijo,
lo pares y lo educas, pero también le das libertad, lo respetas eso es lo que tenéis que
buscar, los libros son como esos hijos, los gestas, los alimentas de calor, les das toda la
ternura que hay en ti, te enfadas, riñes contigo misma, sonríes o lloras, te dan disgustos
pero es tuyo y lo defiendes hasta la extenuación (Esther sintió como al escucharla los
ojos se llenaron de lágrimas en el silencio más sepulcral que jamás había escuchado,
roto en millones de partículas al aparecer la voz susurrante y apasionada de Maca) Pero
también debes ser consciente de que tu obra no puede gustar a todo el mundo, debes
mostrarte flexible con las críticas, aceptarlas pero eso no significa mostrarte sumisa a
ellas, por cada idea de un libro que has escrito hay que luchar y defenderla, para cuando
lo ves en una librería sientas ese sentimiento materno o paterno que te permita suspirar
y emocionarte. Y eso pasará con cualquier libro, el primero, el segundo, o con cualquier
relato que querías hacer, para millones de personas o para cientos, da igual, lo que
plasmáis en un papel es vuestra alma y eso, es la mayor satisfacción que un escritor
puede sentir

Si en ese momento alguien se hubiera avanzado a dar un aplauso, seguramente los diez
alumnos se hubieran puesto en pie para aplaudir, lo había dicho de una manera simple,
pero con tanta pasión que a cada uno de ellos les había penetrado por los poros de su
piel haciéndoles sentir participes de esa ilusión que era crear una propia historia

M: Bien, teniendo esto en cuenta, vamos a volver a trabajar sobre los borradores, los
que me habéis entregado están muy bien y voy a ir uno a uno trabajando con vosotros,
dando mi punto de vista siempre sobre la semántica, la creación, pero nunca sobre la
historia es vuestra historia ¿de acuerdo?, mientras estoy con uno de vosotros los demás
os ponéis a trabajar, no nos queda mucho tiempo, cualquier duda me lo decís

Cuando llegó a Esther se sentó como había hecho con todos, Esther le sonrió
amablemente, mirándola con ternura y respeto, sin dejar que sus ojos viajaran hacia sus
pechos, se obligó a mirarla a los ojos
Palabras 174

M: Leí tu historia y me parece muy buena (Esther sonrió y al moverse, Maca se percató
de un bocado en su cuello, por un momento luchó contra su turbación que sin saber
porque le había entrado al verlo) Creo que es muy interesante el desarrollo, está bien
ambientada, los personajes están bien estructurados, y sobre todo, tienes un uso de
lenguaje muy sencillo, manejable y fluido

E: ¿Esto es por lo otro? (le preguntó bajito sonriendo. Ante el gesto de Maca agregó)
Por la bronca injustificada, digo

M: Bueno, reconozco mi culpa, no debí pero me molestó mucho tu escrito, me pareció


una falta de respeto a tu profesora (le dijo seria pero con el rostro relajado) Así que te
pido disculpas por ello

E: ¿Una cena?

M: ¡No pierdes el tiempo, eh! (le soltó de pronto sin medir sus palabras, entonces
carraspeó y le dijo) No, no puedo

E: Mañana

M: No, ya vamos esta tarde al paseo ¿no?

E: De acuerdo... pero sólo quería compartir contigo más cosas, me encanta como
hablas, la pasión que tienes por la escritura, antes me has emocionado (le decía con total
sinceridad)

M: Bueno que... aquí estoy para ayudarte no para que me agasajes (le decía algo cortada
pero con sus ojos brillantes porque en aquella confesión de Esther había visto algo que
la enfermera no le había permitido ver hasta ese momento, ternura) Pues... eso... (ante la
sonrisa de Esther le dijo) Sigue asió... lo haces muy bien

E: Gracias (le volvió a sonreír ampliamente mientras pensaba “Dios eso me lo dices en
la cama y creo que me desmayo. Lástima... poder llevármela a cenar y luego al Mos de
Eva y... ¡mambo toda mía!”)

Cada una al salir se fue hacia su lugar correspondiente, habían quedado en verse a las
cinco de la tarde porque Esther se había cambiado el turno con una compañera que le
debía horas. Maca había insistido en ir ella hasta donde Esther quisiera, pero la
enfermera había insistido a su vez en decirle que esperara en el hotel que ella llevaría en
el coche las bicis, algo que hizo sonreír divertida a Maca al recordar lo pequeño del
coche

Comió de buena gana ante la mirada divertida de Teresa, en lugar de descansar sentía
tantas ganas de escribir que mientras ella hacía la siesta Maca estaba sentada a su lado
escribiendo, al despertarse le leyó lo que llevaba ya de historia y al finalizar Teresa le
dijo

T: Comienzo bárbaro, habría que retocar alguna cosilla pero... impresionante


Palabras 175

M: Estoy sembrada Teresa ¡sembrada! (decía feliz)

T: Pues yo que me alegro hija...

M: Bueno te dejo a ti con el repaso voy a cambiarme

T: De acuerdo... ¿a qué hora te vas?

M: A las cinco (sonrió feliz)

T: Bien. Me quedo yo trabajando con tu novela

M: Gracias eres un tesoro (le dejó un beso ante su gesto de sorpresa)

T: (“¿Qué le ha cambiado así con Esther?... bueno me alegro que se lleven bien, son de
la misma edad más o menos y bueno, se entenderán porque tienen que entenderse les
mueven las mismas sensaciones con la escritura” pensó mientras la vio marcharse un
tanto sorprendida por su reacción dado que Maca era muy poco expresiva)

Maca se estaba poniendo el chándal, se miró al espejo y se lo quitó, se puso unos


pantalones de lino y una camiseta con un suéter por encima, la gorra, se hizo una coleta
y las gafas de sol

M: Maca... ¡cuánto tiempo sin vestirte así! Bienvenida otra vez a la vida (sonreía
divertida mirándose en el espejo. Justo entonces se abrió la puerta y era Teresa, al ver su
gesto le preguntó alertada) ¿Qué pasa?

T: Lo siento Maca pero no vas a poder salir

M: ¡Cómo que no! (Teresa negó con la cabeza y el gesto triste) ¿Pero... por qué?

T: Luis te ha mandado unos fotógrafos de Zaragoza de una revista, van a hacerte una
entrevista para publicar un reportaje

M: ¡Qué! (la miró incrédula)

T: Así es (ante su gesto y su rabia que no pudo evitar Teresa le dijo) Mira, tienes dos
opciones, la primera, llamas a tu marido y lo mandas literalmente a la mierda y acabas
con esto, la segunda, haces el reportaje

Teresa la miraba expectante viendo como Maca se quedaba un poco pensativa, aquellos
segundos fueron para la mujer de nervios porque decidiera lo que decidiera iba a crear
problemas. La vio desviar la mirada hacia un lado, morderse el labio inferior y
finalmente cerrando los ojos le dijo

M: Por favor llama a Esther

T: Sí (asintió con tristeza)


Palabras 176

En el coche con gesto serio Esther se despedía de una Teresa preocupada, miraba por el
retrovisor las bicicletas que le habían costado tanto subir al coche y sintió que todo
estaba en su contra, sintió algo confusa que Maca una y otra vez tuviera que hacer las
cosas según su marido, recordó las palabras de Teresa, y murmuró con rabia

E: Hijo de puta. Siempre jodiéndome la oportunidad

La sesión fotográfica fue dura, a Maca no había manera de sacarle un gesto dulce, ni
una sonrisa, tanto el periodista, maquillador como el fotógrafo, se mostraban algo
inquietos por su actitud seria y algo distante. Tuvo que ser Teresa quien separándola de
ellos en uno de sus cambios de ropa le dijera:

T: Cariño piensa que ellos no tienen culpa

M: Lo sé... pero no puedo más Teresa

T: Vale, luego si quieres hablamos, pero ahora pon tu mejor cara piensa que es para tus
fans

Maca sonrió al pensar en sus fans pero recordó a Esther instintivamente cuando le dijo
aquello, ella lo iba a ver, pero entonces, recordó aquel bocado que llevaba en el cuello y
el que le había molestado, sin duda había pasado un rato de pasión, nunca ella había
recibido algo así, y sintió deseos e imaginó sin poderlo evitar a Esther mordiendo su
cuello dulcemente, tuvo que recomponerse, sintió que sus piernas temblaban y tuvo que
esforzarse por borrar todo aquello deseando con fuerzas que el domingo llegará lo antes
posible. Desgraciadamente necesitaba huir

La tarde para Esther pasó lenta y aburrida, sobre las diez se marchó a trabajar y tras
despedirse de Sandra que justo entraba en casa, llegó hasta el hospital. Allí Consuelo
estaba acabando la jornada

Consuelo: Hola guapa ¿qué tal ha ido?

E: No ha ido

Consuelo: ¿Cómo que no?

E: Tenía un reportaje (respondió amargamente)

Consuelo: ¿Un reportaje?, pero no había quedado esta mañana contigo (la miraba con
dudas)
E: Sí, pero por lo que me dijo Teresa, fue algo del marido

Consuelo: ¡Jesús!, pero si se le ve una mujer muy independiente y segura de si misma

E: Pues ya ves, no todo es lo que parece


Palabras 177

Consuelo: Bueno pues nada, mañana vas

E: Mañana no podía

Consuelo: Pues nada, a ti lo que te interesa es...

E: Me voy a trabajar Consuelo, encima tengo que hacer seis horas... ¡manda huevos!

Consuelo: Ay señor... oye... oye... (la llamó cuando se iba)

E: ¿Qué?

Consuelo: ¡El cuello Esther... El cuello! (le dijo escandalizada al ver la marca)

E: Jeje (sonrió divertida mientras se marchaba por el pasillo pensó “¿no se habrá
puesto celosa?, ¡Esther... celosa de qué!... ya paso de ella... un mito más que cae...
desde luego cuando sea una escritora famosa no seré así”)

Eran las once y media cuando se marchó al cuarto de enfermeras una vez finalizada la
ronda y comprobar que todo estaba bien, iba siendo una noche tranquila y quiso dar los
últimos toques a su historia. Estaba en ello cuando su teléfono móvil sonó, vio en la
pantalla reflejado el número de Teresa, sonrió

E: Teresa dime guapa

M: Soy yo... Maca (respondió con cierta duda)

E: Ah... perdona... no sabía que... perdona

M: Tranquila (sonrió nerviosa poniendo sus dedos índice y pulgar sobre el puente de su
nariz) Siento lo de esta tarde

E: Tranquila no pasa nada

M: No sabía que tenía ese reportaje

E: Ya (le dijo no muy convencida)

M: Lo siento de verdad (insistió)

E: No pasa nada (guardó silencio pero por el tono de voz de Maca pudo percibir que
estaba algo nerviosa)

M: Verás... había pensado que... podría compensarte ¿qué te parece?


E: De verdad que no me tienes que compensar (le contestó segura y un poco harta de
ese ahora si luego no)
Palabras 178

M: Bueno... (se quedó algo decepcionada, volvió a morderse el labio creando un


silencio entre ellas algo incómodo) Vale pues no te molesto más...

E: No me molestas (le dijo melosa)

M: ¿Estás trabajando?

E: Sí pero ahora mismo estaba tranquila

M: Ah (deseaba no dejar de hablar con ella, notó como su corazón se aceleró de repente
desbocado, nervioso)

E: ¿Y tú que haces qué no duermes?, debe ser tarde para ti ¿no?

M: Bueno... no soy una vieja para acostarme tan pronto ¿eh? (le dijo sonriendo de lado)

E: Anda se me había olvidado tu sentido del humor (sonrió también)

M: Muy graciosa (“no me cuelgues por favor” se dijo a sí misma cerrando los ojos)

E: ¿Quieres algo más?

M: No, bueno, yo... de verdad que no me gusta faltar a mi palabra

E: Oye (le dijo sonriendo le estaba gustando como a lo largo de la conversación había
ido cambiando su tono)

M: ¿Qué?

E: ¿Ya no vas a insistir más?

M: ¿Perdona? (si Esther hubiera visto su rostro en ese momento hubiera sonreído de
felicidad)

E: ¿Ya no vas a volver a insistir para que coma contigo?

M: Pues... no sé...
E: Hija que poca gracia tienes (le soltó con total frescura) ¿A qué hora quedamos?

M: ¿Al salir del Centro? (su voz mostró entusiasmo, un entusiasmo que tan solo había
escuchado Esther en sus clases)

E: Vale (sonrió victoriosa)

M: Pues... bueno te dejo trabajar

E: Por mí no te preocupes estoy encantada, al menos estoy acompañada (sonreía


mientras hablaba)
Palabras 179

M: Claro a mí consta (soltó con sorna)

E: Pues sí (sonrió entusiasmada) Mira... me llaman, todo lo bueno siempre acaba


demasiado pronto

M: Te dejo (sonrió)

E: Vale, hasta mañana guapa

M: Hasta mañana

Se acurrucó en la cama, aquella mujer provocaba en ella un escalofrío que tan solo otra
había despertado, se aferró a las sábanas pensando en que era lo que realmente quería de
aquella comida, y se obligó a si misma a pensar que divertirse un rato, conocer a gente y
olvidarse de su vida melancólica y rutinaria. En esas estaba cuando pasó Teresa

T: ¿Qué tal cariño?

M: Bien Teresa

T: Me alegro. ¿Ya puedo llevarme el móvil?

M: Sí, gracias (ante la mirada de Teresa, Maca sonrió) Vale, te entiendo... hemos
quedado para comer mañana

T: Bien, no sabes lo que me alegro, creo que te iría bien haceros amigas, Maca

M: Bueno solo es una comida de cortesía

T: Como sea, Esther es muy maja y creo que con su sonrisa te puede ayudar mucho

M: ¿Ayudarme? (la miró con los ojos nuevamente nublados)

T: Eso he dicho, Maca yo no soy nadie para decirte esto pero...

M: Teresa (la miró como quien advierte un “sabes que eso no es así”)

T: Hacía mucho tiempo que no te veía sonreír, que no veía esa parte de ti que tanto
escondes bajo la amargura, yo me plantearía seriamente la vida, eres joven y pareces
que vives sumida a lo que tu marido dice, cuando él no está a tu lado eres mejor en
todos los aspectos, sé que tendrás motivos para no volar en libertad y sola, pero, sean
cuales sean tus motivos, yo me los plantearía muy en serio, eres fuerte Maca más de lo
que piensas porque si no lo fueras, no hubieras aguantado esto

M: Ya Teresa, pero la vida no siempre es fácil y son demasiadas cosas en mi contra

T: De acuerdo, de momento ya me alegro de que mañana salgas con Esther


Palabras 180

M: Gracias... solo es una comida

T: Pero ya es algo, ¿además qué más debería ser? (le preguntó sonriendo le dejó un
beso y se marchó) Buenas noches

M: Buenas noches... (cuando se quedó sola cerró los ojos pensativa, el secreto que
durante tanto tiempo había guardado, le quemaba en la garganta necesitaba su ayuda y a
pesar de saber que no lo iba a entender por su reacción, murmuró poniendo su mano
debajo de la cabeza) Debería contárselo... quizá mañana

Cerró sus ojos algo derrotada, el día había sido intenso y esas sesiones fotográficas las
odiaba tanto que acababan con sus nervios. Se abrazó a la almohada tratando de no
pensar en nada, pero se daba cuenta que su cuerpo estaba demasiado alborotado, hacia
mucho tiempo que no sentía los deseos de los últimos días, hacía mucho tiempo que no
sentía ese calor que se había instalado de manera sutil recorriendo su tenso vientre.
Sonrió, cerró los ojos y voló en solitario

En el vestuario, Esther miraba el teléfono con una sonrisa tonta, hasta que se dio cuenta
y cerró los ojos negando con la cabeza, sin duda, estaba soñando despierta, pero diría
que había notado un requiebro en la voz de Maca que se había convertido en seductora,
le gustó. Y entonces sonó nuevamente el teléfono, su sonrisa fue mucho mayor al ver
reflejado el número de Teresa. Carraspeó antes de hablar y con voz totalmente tierna le
dijo para tratar de envolverla

E: Dime guapa, soy toda oídos para ti

T: ¿Esther? (preguntó alzando la voz un tanto impactada por como le hablaba)

E: Te... Teresa guapa... (carraspeó un tanto cortada)

T: ¡Ay no me habías parecido tú!

E: Jeje (sonrió graciosa sin saber muy bien que decir) Ya ves... ¿qué te pasa?

T: Maca me ha dicho que va a ir a comer contigo

E: Pues sí...

T: Hija de verdad... mira sé que si se entera me mata por eso cuento con tu silencio

E: Claro, ¿qué sucede? (se removió un tanto en el banco donde estaba sentada)

T: Verás... te llamo por Maca es sobre Maca

E: Imagino (ponía su ceño fruncido)

T: Mira Esther, no te conozco mucho pero lo poco que nos conocemos me has dado
muestras de persona sensata, y bueno... yo estoy preocupada por ella, hace mucho
Palabras 181

tiempo que está mal, desde que se casó, ella no es feliz (“¿Cómo va a ser feliz?, creo
que la clave Teresa es que entiende pero tiene que estar casada con ese cerdo” se decía
para sí mientras escuchaba con el tono preocupado de voz a Teresa) Nunca ha tenido
amistades que no sean las de Luis, nunca ha hecho vida propia, ayer lo de ayer (se
sentaba mientras ponía su mano sobre la barbilla) es solo un ejemplo de lo que es su
vida... y yo quiero que sea feliz, ¿me entiendes?

E: Sí Teresa, se nota que la quieres mucho, pero... ¿qué pinto yo?, porque si me lo estás
diciendo a mí es porque quieres algo de mí

T: Maca necesita una amiga como tú (“No, Maca lo que necesita es un buen polvo
conmigo que la vuelva loca” pensaba Esther) No sé... hablar... poder confesar lo que
lleva dentro, a mí no me lo cuenta y sé que es algo grave, ¿crees que te lo podría contar
a ti?

E: Pues no sé Teresa... yo no tengo confianza con ella, yo no le contaría mis cosas

T: Ya pero... Esther, necesita ayuda y tú eres muy simpática y agradable

E: Y guapa (añadió divertida pero al notar su silencio agregó con rapidez) ¿O no?

T: Sí

E: A ver Teresa que solo es una manera de hablar te noto muy tensa

T: Es que me gustaría tanto que dejara al maldito tipejo ese

E: ¿Cuándo vuelve?

T: Pasado mañana

E: Bueno... yo no creo que pueda hacer milagros ¿eh?

T: ¿Pero lo intentaras?

E: ¡Porqué eres tú, eh! (le decía con énfasis)

T: Gracias Esther... seguro que con tu ayuda igual logramos algo

E: Espero lograrlo Teresa, espero lograrlo (le decía sonriendo para si) Bueno te voy a
dejar...

T: Ay perdona que estás trabajando

E: Sí, venga duerme tranquila y mañana te veo, ¿vale?

T: Ay Esther... es que... me duele verla así


Palabras 182

E: Tranquila. Buenas noches (al colgar se quedó pensativa parecía que todas las piezas
del puzzle en su mente iban acoplando, con su llamada para la comida, quizá se dio
cuenta que tenía la carta ganadora en su mano) No eres feliz con ese tipo, un tipo que no
te pega para nada, Teresa me pide ayuda pero no sabe que yo soy lesbiana, ni siquiera lo
imagina de ti, he notado su corte con mi belleza... creo que sí, que tengo razón, ¡lo eres!
Y la vida te ha puesto ante mí para por una vez cumplir un sueño, tenerte para mí

Sin embargo al decir esa frase a su mente llegó otra voz diciendo las mismas palabras, y
sintió como su interior se removía, sintió como su piel sufría un escalofrío de pies a
cabeza y como su estómago se contraía una y otra vez. Pasó su mano por la frente
levantándose para aclarar su cara, ella no era así, ni Maca era una pieza a la que cazar,
ni que vender era una persona que no sabía mucho del mundo en el que Esther se movía,
en el que se había movido, y en el que le habían causado tanto daño, podía verse
reflejada en ella, una novata para un mundo de fieras

E: No podría hacerte daño, a ti no, eres diferente a las demás, diferente en todo olvida lo
que dijiste Esther, ella no es lo que tú fuiste, una pieza de museo para una coleccionista

La hora de la cita se acercaba y Esther se vestía con diligencia, quería sorprenderla,


era una mujer única, su primera vez con ella había sido tan diferente al resto que le
había obnubilado. Volvía a visitar la ciudad tras una semana de separación donde
Esther había recibido un gran ramo de rosas amarillas, y una nota diciendo tan solo
“Exclusividad”, se moría de ganas por encontrarla y que le desvelara aquel misterio
que había sido para ella la primera noche, la tarjeta y un escueto mensaje donde le
avisaba que iba a estar en su ciudad y quería verla

Lidia no se escondía ante nadie, y cuando la vio le dio un beso en los labios que causó
un revuelo en la sangre de Sandra, aquella mujer no le gustó, tenía algo en su mirada
que no le había gustado, pero entendía perfectamente que Esther estuviera cegada por
su esplendorosa luz, una luz que manaba en su rostro fresco, su mirada segura, su
cuerpo casi perfecto, su melena negra azabache y sobre todo la seguridad que tenía en
cada uno de los movimientos que hacía. Se montaron en un mercedes descapotable, y se
perdieron por la ciudad, durante la cena, Esther le contó como estaba preparándose
para sacarse el titulo de enfermera, iba a empezar a estudiar tras unos años de dudas
donde había perdido mucho tiempo, Lidia la escuchaba captando todas y cada una de
las palabras que aquella joven muchacha que se había vestido para ella, le estaba
diciendo

Lidia: Vamos al hotel, ¿o prefieres ir a bailar?


E: No, lo que tú prefieras
Lidia: ¡Por favor me trae la cuenta!
E: Déjame que esta vez te invite yo (le dijo mirándola con una amplia sonrisa)
Lidia: No, nena... tú me vas a regalar una noche de locura ¿verdad?

Su mirada ardiente, sus labios carnosos y humedecidos por el paso lento de su lengua,
hicieron que Esther sintiera sin remedio la excitación en todo su cuerpo

Llegaron al hotel y el ascensor fue un camino repleto de besos, de caricias, una vez en
la habitación tras el ritual que a Esther tanto le gustaba de desnudarse lentamente para
Palabras 183

Lidia, pasaron a tocarse, a besarse hasta que la mujer se acostó sobre Esther
cogiéndole de las manos y apretando sus muñecas

Lidia: Eres mía, sólo mía


E: Sí (decía extasiada)
Lidia: Si me entero de otra cosa me enfadare mucho... (pasó su lengua por los labios de
Esther quien sonrió) Pero mucho...
E: No, soy tuya (con un movimiento suave acercó sus caderas a las de una Lidia que la
rechazó) Sólo tuya
Lidia: Vamos a jugar, será divertido, ¿quieres?
E: ¿A qué?
Lidia: ¿Tú confías en mí? (le preguntó sonriendo mientras la besaba en el cuello)
E: Sí
Lidia: Pues juguemos

Se levantó yendo hacia el armario de donde sacó una bolsa, introdujo la mano derecha
en ella sacando unas esposas, los ojos de Esther se abrieron como platos mientras
elevaba las cejas en señal de desconcierto. Lidia volvió a sacar otras esposas con una
sonrisa

Lidia: Lo vamos a pasar muy bien nena

Y allí en aquella cama del hotel, Lidia comenzó a jugar con Esther, la ató de muñecas y
tobillos, le hizo el amor de una manera que a la joven a punto estuvo de volverla loca,
disfrutaba de su maestría, de sus formas de amarla una y otra vez, de sus caricias

E: ¡Para Lidia, por favor! (gritó la última vez con el pecho a punto de estallar, con la
respiración agitada, el pulso casi a punto de desbordarse)
Lidia: Eso es... eso es... (la besaba con delicadeza haciendo que el cuerpo de Esther
temblara mientras le quitaba las esposas de las muñecas) Muy bien niña... eres la que
más ha soportado... sí... he elegido bien...
E: Lidia (musitó casi sin fuerzas)

Volvió a echarse agua sobre la frente, trató de relajarse y al mirarse al espejo se percató
de sus ojos, tristes, apagados y fue entonces cuando recordó a Maca

E: Jamás haría algo así contigo Maca... no sé realmente que me inspiras pero... jamás te
haría algo así

23 Abril 2005

Cuando Esther llegó a su casa, vio que Sandra todavía estaba en ella. Sonrió al verla
enfrascada en alguno de sus casos de ese día, siempre solía trabajar antes de acudir al
trabajo

E: Buenos días...

Sandra: Buenos días guapa, ¿qué tal la noche?


Palabras 184

E: No ha estado demasiado mal, dos navajazos, un cólico de riñón y varios amagos de


infarto

Sandra: Bueno mira... algo es algo... no ha muerto nadie

E: No (dejó una bolsa sobre la mesa)

Sandra: ¿Y eso?

E: He comprado el desayuno, churros, sabía que no te habrías ido y como no voy a


venir a comer pues... (la miró sonriente mientras sacaba los churros)

Sandra: Ahora viene cuando me toca preguntar ¿no?

E: Sí (sonrió ampliamente con gesto de felicidad)

Sandra: ¿Con quién vas a comer?

E: Alguien que ni te imaginas

Sandra: Vaya... ¿la radióloga nueva?

E: No

Sandra: ¿La Pediatra? (la miraba fijamente) Ésa que decías en dos semanas cae y han
pasado cuatro

E: Reconozco que ahí fallé, no estuve acertada con mis cálculos. Pero no, aunque está a
punto ¿eh?

Sandra: La enfermera nueva no puede ser es muy jovencita y tan jóvenes no te van

E: No...

Sandra: Me rindo (dijo echándose para atrás en la silla mientras resoplaba)

E: Macarena Wilson Fernández (dijo con total solemnidad)

Sandra: ¿Qué? (volvió a incorporarse en la silla)

E: Como lo oyes, ella misma me ha dicho de quedar a comer

Sandra: ¡Pero si ha anulado la salida con las bicicletas! (le decía incrédula)

E: Pues sí, pero ha sido por su marido... en fin... la vida a una de vez en cuando le da lo
que se merece, y yo, yo, bonita, me la merezco por adorarla tanto (decía con la mano en
el pecho con total dedicación dramática)
Palabras 185

Sandra: ¡Pero qué fuerte! (murmuró)

E: Voy a ducharme y me voy al curso, que hoy empezábamos más tarde

Sandra: Oye... pero habéis quedado para comer y...

E: Y lo que surja que ya sabes que es... ¿no? (le guiñó el ojo divertida) Me voy

Sandra: No me lo puedo creer, no si al final verás...

En la clase, Maca estaba hablando con Merche, ante ellas algunos alumnos que ya
habían llegado y se iban sentando, los ojos de la escritora no pudieron evitar que se
desviaran de Merche para llegar hasta una Esther que entraba sonriente y hasta se
atrevió a guiñarle un ojo, acto que hizo que Maca separara rápidamente sus ojos de ella

Mercedes: Bueno chicos, ya que estáis aquí todos, quería deciros que pasado mañana es
el fin del curso intensivo, hemos preparado una pequeña recepción para todos a las ocho
de la tarde, creo que de esta manera nos despedimos como debe ser de nuestra querida
Macarena, y así le podremos agradecer su apoyo a este proyecto que nació con mucha
ilusión y que el paso de los días ha dado sus frutos. Solo espero que no tengáis
problemas para acudir, si fuera así, trataríamos de buscar otro horario. Y ahora
Macarena te dejo con tus alumnos

M: Gracias (le sonrió amablemente mientras Merche se despedía de ellos. Al quedarse


sola, elevó las cejas con gesto divertido) Y eso que no sabe la calidad que hay ¿eh?, creo
que va a alucinar pepinillos cuando lo sepa

Lo dijo a modo de romper un poco la solemnidad de las palabras de Merche y logró


sorprender a todos que dieron una carcajada ante su comentario, nadie podía imaginar
que Maca pudiera utilizar esas expresiones tan cotidianas. Pero sin duda, la que más
sorprendida estaba era Esther, la miraba sabiendo que en pocas horas iba a poder
compartir con ella una comida, siempre y cuando su marido no jorobara la cita. La
miraba fijamente, sonriente tratando de controlar un nerviosismo que había aflorado en
ella y del cual no podía permitir que ocupara espacio en su interior

M: Hoy vamos a trabajar todos en conjunto, creo que es bueno y nos vamos a encargar
de defender nuestro proyecto y lo que tenemos en mente y escrito, así que sin hacer
mucho ruido porque os aseguro que no lo soporto

E: (“Si es que es fina hasta para eso... ¡ay cuánta tontería te quitaba yo de una sola
vez, guapa!”)

M: Venga manos a la obra

Todos se dispusieron a hacer un círculo tal y como ella lo había indicado, sin ruido y
con algún que otro comentario gracioso que hizo sonreír a Maca. Así todos juntos se
pusieron a trabajar, uno explicaba su trama, su proyecto y cuando lo tenía bien
explicado, leía el trozo que había desarrollado. Maca sonreía porque los veía que
Palabras 186

aprovechaban bien el tiempo, tomaban notas, subrayaban, borraban, pero todos se


mostraban contentos de sus trozos, si alguno no llegaba a lo esperado, Maca anotaba su
nombre y a su lado un AYUDA. Hasta que llegó el turno de Esther, explicó
perfectamente su trama ante la expectativa de todos que pensaban iba a desarrollar una
historia morbosa, algo que Maca pudo entender por algún comentario que atajó ella
misma con rapidez, ante la mirada agradecida de Esther, cuando comenzó a leer su
pequeño relato, Maca quedó absolutamente atraída por sus palabras, por su tono de voz
el que parecía diferente al que utilizaba, sin duda era otro factor a favor de Esther, los
diferentes registros de voz. Maca se mostraba encantada con el relato, parecía que la
enfermera había sido capaz de captar el interés de todos, incluida Paloma que tanta
aversión sentía hacia ella

La clase finalizó con un ambiente muy relajado, Maca parecía muy diferente a como se
había mostrado otros días, algo triste y con una sonrisa forzada, en ese instante en que
se levantaba con sus anotaciones, lo hacía con una amplia y sincera sonrisa, con su
rostro tranquilo, aquello hizo que Esther sonriera antes de salir dejándole un guiño
simpático

Fuera, se despedía de los demás alumnos, no había visto a Teresa y en el fondo pensó
que sería agradable poder comer con ella, pero estaba segura que no lo haría, que dejaría
a Maca disfrutar sola de la comida. Y así lo entendió cuando Maca se despidió de una de
las trabajadoras del Centro y se quedó parada delante suya con una pequeña sonrisa

M: ¿Nos vamos?

E: Claro que sí (sonrió amablemente)

M: ¿Dónde tienes la bici?

E: En casa, donde quiero llevarte se va en coche

M: ¿Con tu coche?

E: ¿Tienes algún problema? (la miró seria pero en el fondo divertida)

M: Aparte de por su pequeño tamaño, nada más

E: Que mala eres... venga vamos...

M: Vale

E: ¿No preguntas dónde? (le llamó la atención su silencio mientras Maca se ponía la
bandolera)

M: No... me dejo llevar por ti... a ver si eres tan sorprendente como decías

E: ¿Me retas?

M: Digamos que (la miró mordiéndose el labio inferior) Sí


Palabras 187

E: De acuerdo (le entregó una sonrisa enorme que trataba de eclipsarla) ¿Nos vamos?

M: Por mí...
Ambas sonrieron y se marcharon hasta la calle de detrás para subir al pequeño Ford Ka,
cuando Maca se sentó se dio cuenta que el asiento volvía a estar en otra altura y
rápidamente pensó en el bocado que Esther llevaba en su cuello, sin darle opción fue
ella misma la que tiró de la palanca para correr el asiento hasta su comodidad

E: Vaya... veo que aprendes rápido (le decía sonriendo)

M: Sí

E: Bien... veamos. ¿Has estado en la albufera?, ¿la conoces?

M: Pues la he escuchado nombrar pero no, no he ido

E: ¿Qué comidas te gustan a parte de la pasta, el pescado y las verduras?

M: Veo que sabes mucho de mí

E: Sí (sonrió nuevamente mientras se detenían en un semáforo y la observaba)

M: Me gusta todo. Soy buena para la gastronomía

E: Pues entonces te vas a comer algo que creo no has disfrutado en tu vida, arroz con
carranc

M: ¿Y eso qué es?

E: Cangrejo, arroz caldoso con cangrejo, está de muerte (decía como si realmente
saboreara en ese instante la comida)

M: Bueno me gusta el arroz y me gusta el cangrejo

E: Ya, pero seguro no lo has comido en un lugar como el que te voy a llevar

M: Pues no lo sé, tendré que... (en ese momento sonó el móvil de Esther)

E: Anda... mira en mi bolso por favor tengo el móvil allí

M: ¿Pero vas a contestar? (le preguntó atónita)

E: Pues claro... nunca se puede dejar pasar por alto una llamada, puede ser interesante

M: Pero vas conduciendo (le decía asombrada)

E: No importa, lo domino. Gracias guapa (le dijo con una sonrisa marcada en sus labios
al recibir el teléfono) ¡Sandra guapa!
Palabras 188

M: (“Vaya... todas somos guapas para ella” se dijo para si mientras miraba al frente)

E: No, voy camino de la albufera. ¡No me lo puedo creer!, oye... ya sabes lo que
tenemos que hacer ¿no?, celebración por todo lo alto, noche loca
M: (“Parece que todo lo arregla con noches locas como con la que bailaba el otro día,
¿será la misma?, no... aquella era una tal Ángela” se notó algo incomoda sobre todo
por recordar su nombre)

E: Vale guapa, sí, yo siempre me porto bien (le decía sonriente) Adiós. Toma, gracias
¿eh?

M: De nada pero esto es multa segura (le dijo mirándola fijamente)

E: Ya... pero tengo una amiga en la poli que me quita las multas

M: ¿Amiga o amante? (le preguntó sin controlar su espontaneidad)

E: ¿Qué te hace pensar eso? (le preguntó encantada)

M: Bueno... vosotras sois así ¿no?

E: ¿Nosotras?, te refieres a... ¿nosotras las lesbianas? (esta vez su pregunta iba con
doble intención)

M: Sí (Maca la captó pero no quiso caer en ella, se había metido en terreno complicado)

E: No todas, es como algunos heterosexuales ¿vosotros sois todos tan maravillosos


como tu marido y tú? (le mandó un dardo algo envenenado)

M: Pues no sé los demás (contestó molesta)

E: No sé Macarena, bueno... ¿te puedo llamar Maca, verdad? (trató de mostrarse


conciliadora pues notaba su incomodidad)

M: Sí

E: Yo creo que en general los seres humanos vivimos como podemos, unos mejor que
otros, claro

M: En eso te doy la razón

E: ¿Tú crees en el amor eterno?

M: Me gustaría sí, pero creo que es una utopía

E: ¡Mira ya somos dos! (le dijo contenta como tratando de relajar un poco más el
ambiente)
Palabras 189

M: Pues mira tú que bien (entonces sonó su móvil, sin poderlo evitar sonrió siendo su
sonrisa captada por Esther) Hola Teresa, sí aquí estamos... ah vale... se lo diré, claro.
Vamos a la albufera... ya... tranquila ahora llamo

E: Un beso enorme Teresa, guapa (le gritó sorprendiendo a Maca)

M: Ya la has oído, de acuerdo tranquila

E: Una gran mujer Teresa

M: Espero que lo tengas en cuenta, ¿no querrás ligar con ella, no?

E: No está nada mal, ¿eh? (sonrió) Es más le animé a salir a divertirse pero no quiso, te
confieso que me parece una gran mujer

M: Ya (asintió guardando el móvil)

E: ¿Tú opinas como yo, no? (la miró de reojo ante el silencio de Maca agregó) De
Teresa, hablo de Teresa, es una tía encantadora

M: Sí, lo es

En el hotel una nerviosa Teresa trataba de ordenar un poco los papeles, había recibido la
llamada de un Luis algo cabreado por lo que se había enterado había sido una sesión
fotográfica algo irreverente por parte de Maca, no sabía muy bien que hacer ya le había
avisado a ella y solo deseaba que Esther pudiera animarle

T: Si a mí no me quiere contar nada, espero que con Esther sí lo haga, pero claro... es
todo tan extraño, me extraña el comportamiento que ha ido teniendo Maca con ella con
el pasar de los días, al principio parecía que le molestaba algo de ella, luego parecía
caerle mejor, después fatal y ahora se va a comer con ella por haberle atendido en el
curso. Francamente estos cambios no son muy dados por parte de Maca, pero bueno,
bienvenidos sean si consigue distraerse un poco que la pobre... bien merece pasar un
rato de risas y eso con Esther lo tiene asegurado. Ay que ver... ¡quién me iba a decir a mí
que! (entonces sonó su teléfono móvil nuevamente y se alertó) ¡Otra vez el cansino,
seguro!, ¡anda Rosario! ¿Sí Rosario?

Rosario: ¿Qué tal Teresa?

T: Muy bien, aquí saboreando las ideas de tu hija para la próxima novela

Rosario: He tratado de hablar con ella pero no he podido

T: ¿No?, bueno yo acabo de hablar hace un rato... igual no tiene cobertura... no sé

Rosario: ¿No está contigo? (le preguntó seria)

T: No, ha ido a comer con una alumna


Palabras 190

Rosario: ¿Luis lo sabe? (preguntó rápidamente)

T: Pues... ¿debería? (le preguntó con cierto malestar)

Rosario: No, claro

T: Es algo intranscendente, tu hija necesita distraerse

Rosario: Ya... pero hay distracciones que no debería llevar a cabo y pensé que se le
había pasado

T: ¿Pasado?, ¿el qué?

Rosario: Nada, cuando la veas le dices que me llame por favor

T: Claro (cuando colgó miró hacia el horizonte) ¿Qué guardan?, ¿qué pasará con Maca
para que siempre esté tan pendiente de lo que hace y si lo sabe Luis?... cada día pienso
más claramente que algo sucio hizo el cansino para ganarse a Maca, y que Maca algo
guarda, ¿tendrá relación con? (abrió los ojos como platos) ¿Con las mujeres? ¡Bah!
¡menuda tontería!, anda que... Teresa... Teresa... ¡menudas cosas tienes!

Durante el resto de la corta distancia que separaba la Albufera de Valencia, el silencio se


hizo reinante, los extensos campos de arroz atrajeron lo suficiente a Maca como para
recrear cada milímetro de paisaje en su cabeza, tan sumida estaba en ello que Esther
mientras cedía el paso en una de las rotondas la miraba con detenimiento

E: Imaginando paisajes para tu nueva novela, me ha comentado Teresa que la vas a


ambientar aquí

M: Sí, la verdad que hay mucha historia en esta ciudad, y lo que no es la ciudad, esta
parte es impresionante

E: Ahora vamos a pasar por el Saler, te va a gustar si disfrutas de la naturaleza

M: Muy bien

No supo realmente que otra cosa contestar, los nervios del principio del viaje se habían
ido relajando, no habían vuelto a tocar el tema delicado que podía ser para Maca si le
hacía alguna referencia personal, que como siempre hacía, negaría cualquier posibilidad
de aceptar lo que durante tantos años había guardado como su máximo secreto. Pero sin
duda, entendió que Esther podría ayudarle mucho a ambientar la novela y prefirió llevar
la conversación por ahí, alejando posibles fantasmas

M: Oye Esther... ya que veo Teresa se ha ido de la lengua...

E: No te enfades ¿eh? (le interrumpió elevando un dedo graciosamente) Teresa es muy


maja, ah bueno y antes de nada quería comentarte una cosa, si me permites
Palabras 191

M: Tú dirás

E: No quiero que lo malinterpretes (agradeció que hubiera un poco de retención para


poder mirarla y decirle) Le pregunté si podría darme su opinión acerca de mi novela

M: ¿Y? (asintió mirándola fijamente a los ojos)

E: No trato de buscar un favor si es lo que piensas

M: No he pensado eso (seguía mirándola fijamente)

E: No quiero ayuda, tan solo me gustaría que una mujer como ella me diera su opinión,
creo que es sensata, sincera y muy inteligente

M: Vaya sí que te han dado las cenas y comidas con ella

E: ¿Celosa? (sonrió poniendo en marcha nuevamente el coche)

M: No. Creo que eres sincera

E: Gracias (sonrió realmente sorprendida)

M: ¿Y yo no voy a poder leerlo?

E: No es de tu estilo

M: ¿Y por eso no puedo leer la novela? (la miró seria con la boca medio abierta y el
ceño fruncido y divertida añadió) ¡Pero tú qué te crees que leo yo!

E: Ja ja ¿novelas de Corin Tellado? (le preguntó sonriente ante la sonrisa también de


una Maca que se mostraba más relajada) No, no quiero ayuda, solo opinión. Tú ya me
has dado bastantes opiniones. ¡Mira hemos llegado! (le dijo aparcando)

Bajaron del coche y Maca vio sorprendida la enorme extensión de agua que había ante
ella, las barcas, las aves, las cañas, y una típica Barraca. El sol en el horizonte
reflejándose sobre aquel agua de color diferente, era una estampa única y maravillosa

E: Este fue el feudo de Vicente Blasco Ibáñez, ¿lo has leído?

M: Sí, me gusta mucho

E: Mi preferida es Cañas y Barro

M: La mía también (sonrió divertida) ¿Esto es una Barraca?

E: Sí, es típica, venga luego cuando acabemos el paseo nos invitaran a una horchata

M: ¡Una horchata!, ¡me encanta la horchata! Oye y nos darán esas cosas para mojar (le
Palabras 192

decía graciosamente)

E: Fartons, se llaman fartons (le decía sonriente al ver en su rostro reflejada su ilusión)

Bajaron hasta el embarcadero donde de encontraban las barcas que esperaban para
pasear a los turistas por aquella zona de agua que tanta historia guardaba, que tantos
secretos tenían con el paso del tiempo, Maca seguía a Esther, la miraba entre divertida y
algo nerviosa, nuevamente se había mostrado muy diferente a como lo hacía cuando
trataba de impresionarla. Era curioso, le atraía de igual manera que le asustaba, y le
asustaba de igual manera que le provocaba. La vio hablar con un hombre que llevaba
unas zapatillas peculiares, un sombrero de paja y se notaba que iba vestido con ropa que
se usaba en la huerta, lo que más le llamó la atención fue una sonrisa al ver como Esther
le decía algo y los ojos del hombre mirándola y asintiendo

E: Venga vamos

M: ¿Pero no vamos a comer? (le preguntó intrigada)

E: Claro, en la barca... (le dijo divertida) Venga va...

M: ¿En la barca? (la miraba boquiabierta)

E: Sí (sonrisa amplia y maravillosa) ¿No tendrás miedo?

M: Claro que no

Por un momento Maca la miró con dudas para después tras un suspiro encaminarse
hasta la barca y ayudada por aquel hombre tan simpático, subirse. Al entrar vio aturdida
como en medio había una pequeña mesa con un mantel a cuadros rojos y una cazuela de
barro tapada con una especie de tapadera del mismo material, dos copas y una botella de
vino, Esther la miraba encantada, sabía que la había sorprendido

E: ¡Cuándo quieras Antonio! (le dijo al hombre satisfecha)

Antonio: ¡Vamos allá!, que tengáis una buena comida, chicas (les dijo con un acento
valenciano que denotaba no hablaba demasiado castellano poniéndose en un extremo de
la barca

E: ¿Qué te parece?

M: Impresionante de verdad, imagino que esto debes hacerlo mucho ¿no?

E: Jaja (rió de buena gana mientras se sentaba sobre un cojín. Y la miraba con
curiosidad) Lo hacía sí, era el lugar idóneo para sorprender a una chica

M: Ya me lo parecía a mí (le dijo con cierta sonrisa irónica mientras se sentaba igual
que ella)
Palabras 193

E: Pero hace mucho tiempo que he desistido (abría la tapa) Y ahora cuando vengo, lo
hago para disfrutar del paseo, del entorno

M: ¿Y eso?, ¿por qué has desistido? (la miraba con curiosidad)

E: Bueno ahora tengo otras técnicas además, no hay quien se resista a este encanto de
mujer (le decía sonriéndole con la tapa en su mano)

M: Ah eso es un punto muy importante, sí

E: ¿Te burlas? (volvió a sonreírle de lado volviendo a ella su lado más cautivador)
M: Para nada

E: De todos modos tranquila ¿eh?, que a ti no te he traído aquí para conquistarte

M: Uf no sabes el peso que me quitas de encima... no sabía si irme nadando con los
patitos

E: ¡Pero bueno! (dio una carcajada acompañada por una Maca que resultó simplemente
encantadora) Venga trae el plato y te confieso algo

M: Que pinta tiene más buena

E: Sí, lo hace un restaurante que está muy cerca de aquí, Antonio me lo trae, también
podía haber elegido all i pebre, que es una comida muy típica de aquí. Pero he preferido
este arroz. El all i pebre lo dejaremos para una cenita

M: ¡Cómo huele! (susurró mirando el plato)

E: Anda pruébalo veras que delicia

M: Mmmmmm está de muerte

E: Es casi orgásmico (le dijo guiñándole un ojo)

M: Sí tienes razón, tengo que traer a Teresa para que lo pruebe

E: ¿Os lleváis muy bien, eh? (se ponía ella arroz dejando el cangrejo para después)

M: Sí, la verdad que me ayuda mucho

E: Imagino (sonrió y al ver que Maca volvía a formar una arruga en la frente cambió de
tercio) Pues podríamos venir las tres, sería divertido

M: Sí, la verdad que sí (sonrió) Oye y el pan de muerte también ¿eh?

E: Anda no te cortes y moja en el caldito


Palabras 194

M: No si no me corto (sonreía mojando el pan) ¿Qué me ibas a contar?

E: Ah sí (se limpió los labios con un movimiento muy seductor que Maca apreció) Un
día traje a una chica que bueno tenía dudas (guardó silencio Maca no le dijo nada ante
su mirada) He dicho dudas

M: Sí ya he escuchado, dudas

E: Vale (carraspeó) Tenía dudas sobre si quería o no acostarse con una mujer digamos
que yo la estaba iniciando

M: Das esa impresión, sí


E: ¿Ah sí?

M: Pues sí, ¿oye me puedes poner un poco más? Como eres la anfitriona (sonrió
nuevamente y a Esther se le iluminó el cielo, y se le agudizó un pinchazo en su bajo
vientre. Maca notó su gesto) ¿Te pasa algo?

E: No, nada, nada que me parece que eres tú una tía muy cachonda y no lo aparentas

M: Ya sabes... esto es como todo, las personas no siempre somos lo que aparentamos

E: ¿Lo dices por ti o por mí? (le preguntó alzando una ceja sin cortarse mucho
dedicándole una mirada lasciva)

M: Por las dos (cerró los ojos de manera deliciosa) Esto del caldo ya es... más que
orgásmico. Pero bueno me cuentas o no

E: Esto... sí, claro (“Joder me está dejando fuera de juego, ¿está tonteando conmigo o
son solo mis ganas? ¿me está vacilando?” se preguntaba un tanto asombrada por la
actitud de Maca que disfrutaba la comida)

M: Oye el vino buenísimo

E: Ya con lo que tú entiendes de vino, pensé que debía escoger el mejor, claro

M: ¡Uy que va!, yo no sé nada de vinos, siempre fui bastante torpe para eso

E: ¡Me dejas contarte mi historia! (la miró con una sonrisa divertida)

M: Perdón, ¿me pasas las tenazas? (“Joder... que gustazo hacia siglos que no comía tan
bien... eh Maca... reconócelo, va... no solo por la comida vale también la compañía, ya,
pero vale olvídalo inmediatamente” carraspeó sin darse cuenta de que su pensamiento
había reflejado algo en su rostro como momentos antes le había ocurrido a Esther)

E: ¿Te pasa algo?

M: ¿Por?
Palabras 195

E: No sé, has cambiado el gesto

M: Las tenazas no han sido mi fuerte nunca (ponía gesto de fuerza)

E: Pobre cangrejo, menos mal que está muerto porque eso es peor que una tortura china

M: Ja ja (dio también una carcajada)

E: Pues a lo que iba

M: Eso la chica que dudaba

E: Así es, pues la traje aquí con Antonio, todo iba muy bien, que si un poquito de arroz,
que si toma pan con tomate, que si esto, ya sabes (“Más quisiera saber” se dijo Maca
para si) Y en esas estábamos cuando le metí mano, justo en el momento en que se
tragaba un trozo de cangrejo, casi se me muere aquí, Antonio y yo no podíamos con
ella, hasta que al final con la maniobra logré que se desencajara el trozo de su garganta,
cuando bajamos por fin le dije, menudo susto me has dado, y me soltó que era una
asesina en potencia ¿qué como se me ocurría meterle mano y darle un trozo de cangrejo
a la vez? (le explicaba muerta de risa con la compañía de la risa de Maca) No te rías lo
pase fatal, yo creí que se moría aquí

M: Que fuerte (reía de buena gana)

E: Total que creo que cada vez que vea un trozo de cangrejo debe odiarme (sonreía
divertida)

M: No me extraña, yo también te odiaría. E imagino que las dudas se le irían rápido

Entonces hubo un nuevo silencio, el sol salvó aquel momento porque ambas miraron su
majestuosidad reflejándose sobre el agua, un momento donde dos mujeres sintieron que
algo sucedía entre ellas, que algo cruzaba el aire, el mar o todo a la vez y se instalaba
entre las dos, les ayudó que una de las patas del cangrejo que trataba de partir Maca
salió volando con dirección a la cara de Esther que lo esquivó de milagro

E: Ey... no me agredas o pensare que eres una asesina en potencia (reía)

M: Lo siento... (se tapaba la boca con el reverso de la mano)

E: Bueno volviendo a lo interesante, no quiero pecar de nada malo, pero puedo decirte
algo que si no lo hago reviento

M: Mal sitio para reventar (la miró con cierto descaro dando un sorbo a la copa de vino)

E: ¿Qué hace una mujer cómo tú, casada con un tipo como ese? (se lo preguntó de
carrerilla antes de beber de su copa de vino)

M: Pues vivir (le contestó con algo de seriedad)


Palabras 196

E: Ya... no te pega para nada, que lo sepas, siempre lo he pensado

M: Ah, y para ti ¿quién crees que me pega? (le preguntó)

E: Cualquier persona que te haga feliz

M: No siempre la vida es como uno quiere, a veces la vives como puedes (respondió
con seriedad)

E: Si fueras un personaje de una de tus novelas, estoy segura que lucharías por dejarlo

M: Bueno... no siempre escribo lo que soy o lo que me gustaría ser, hay veces que el
sentido común como dice Teresa hay que aplicarlo a las novelas
E: ¿Soñaste un día tener todo lo que tienes? (la miró con dulzura apoyando sus codos
sobre la mesa de madera)

M: No, ni de lejos yo lo único que quería era escribir lo demás no va conmigo

E: Se notaba en la fiesta, ahora, déjame decirte que estabas guapísima

M: Gracias (le sonrió ampliamente mientras se alertaba ella misma “Macarena...


Macarena”)

E: De nada (le devolvió la sonrisa mientras trataba de relajarse “Uf Esther... uf Esther”)

Salieron de la Albufera disfrutando del paisaje, escuchando las anécdotas y leyendas


que sobre ella Antonio les contó. Al llegar nuevamente al embarcadero, Esther la llevó
hasta la Barraca donde una señora que también la conocía, por el abrazo y el saludo a
Maca, les sirvió Horchata y Fartons para la delicia de Maca quien, se fijaba en todos y
cada uno de los rincones de aquel lugar que tantas y tantas historias guardaba. Entre
risas, recordando cosas de los momentos vividos fueron hasta el coche y con él, pasaron
hasta la playa del Saler, donde una extensa pinada con sus dunas y arena fina, daban
para los ojos de Maca un encanto a aquel lugar. Pasearon un rato hasta entrar en un
restaurante para ir al lavabo y tomar café. Hablaron de lo que habían visto sin percatarse
que eran cerca de las seis de la tarde. Al salir seguían sonrientes, sin duda, había sido un
descubrimiento para ambas aquel día

E: ¿Y ahora dónde quieres ir?

M: Me dijiste que me ibas a llevar al parque aquel de donde tú trabajas

E: ¡Los Viveros! (asintió contenta al mismo tiempo que sonaba un pitido que le avisaba
de un mensaje) Perdona

M: Sí, claro (Maca se giró y mantuvo las manos en los bolsillos mientras disfrutaba del
mar)
Palabras 197

E: “Recuerda, amor, ternura y sensibilidad. Y a poder ser, sentido común. Un beso”.


Sandra (suspiró mirando a Maca, su perfil era hegemónico, toda ella parecía una bella
foto para retratar en un cuadro y admirarla todos y cada uno de los días) ¿Nos vamos?

M: Sí. ¿A todo esto que hora es?

E: Pues a ver... uy si son seis y media

M: Vaya... si que ha pasado pronto el día

E: Eso es buena señal (le dijo con algo de prepotencia)

M: Tengo que hacer una llamada

E: Claro te espero en el coche. (“Seguro que está llamando a su marido, joder, juraría
que durante todo el rato ha estado tonteando conmigo... y esta clarísimo que le gustan
las mujeres, no hay más que ver como me miraba. Vamos Esther que ya estás cerca...
vamos”)

M: Ya (entró en el coche metiendo el teléfono en el bolso)

E: Oye se me ocurre algo, ¿mañana por la tarde tienes algo que hacer?

M: Tengo una reunión con Merche para finalizar los textos

E: ¿A qué hora acabarás? (arrancó el coche y al meter primera se le caló, ante la mirada
de Maca elevado sus cejas de manera graciosa le dijo) Cosas que pasan

M: Sí, sí (mantenía una sonrisa en los labios de cierta burla) Pues no sé... no te lo puedo
asegurar, comeremos con ella y luego hablaremos de los textos

E: ¿Mañana está tu marido aquí?

M: No, viene pasado

E: Me encantaría poder llevarte a que veas algo mágico pero tiene que ser por la noche
y según las noticias, hará calor justo lo que necesito

M: ¿Necesitas que haga calor? (le preguntó mirándola con cierta intranquilidad)

E: Sí, pero no para lo que piensas (le sonrió divertida) Es para otra cosa

M: Nos llevaremos a Teresa, así que salga y se distraiga (“Estoy utilizándola de


escudo... ¿no, o sí? Pensó algo nerviosa)

E: Perfecto (le sonrió mientras pensaba “Hostia ya la he cagao”)


Palabras 198

Albufera Barraca

Volvió a existir un momento donde el silencio fue protagonista, quizá porque ambas
estaban saboreando la sensación de haber compartido un momento muy amigable, si
bien era cierto, que algunas veces habían utilizado la doble intención en algunas de sus
palabras, la mayoría de tiempo, había sido plácido y divertido

E: ¿Me puedes decir algo que me has dejado caer antes y no has terminado?

M: Tú dirás

E: ¿Cuándo has dicho que no somos lo que aparentamos, y me has dicho las dos, a qué
te refieres conmigo? (se incorporó a la carretera tras poner el intermitente de la
izquierda y poco a poco fue incrementando la velocidad)

M: Pues me refiero que pareces una devora mujeres, demasiado prepotente en algunas
ocasiones, te gusta figurar de ahí el rebote que se pilló Paloma (hablaba mirando la
carretera) Y cuando por ejemplo te comportas como creo eres, puedes llegar a ser muy
soportable

E: ¿Ah sí?, ¿y cuándo he sido yo soportable para ti?

M: El día que me desmayé, creo que fuiste profesional conmigo, pero también cercana

E: ¿Crees que soy mejor cuando sale mi vena de enfermera?

M: Creo que escondes algo de ti, de igual modo que yo también escondo algo de mí,
creo que llevas un disfraz

E: Vaya... eres la primera persona que me dice eso (la miró de lado)

M: Mira la carretera (le dijo con una tímida sonrisa)

E: ¿Tú también escondes cosas, verdad?


Palabras 199

M: Sí, claro

E: ¿Y sabes que Teresa está preocupada por eso que escondes?

M: ¿Te lo ha dicho ella?, ¿te ha pedido ayuda para desvelar mis secretos? (le preguntó
tratando de mostrar ironía en su tono)

E: Sí (sonrió) Pero no le riñas ¿eh?

M: Nunca reñiría a Teresa, sé que le debo muchas explicaciones pero... no siempre es


fácil

E: Somos dos farsas a los ojos de los demás (susurró despacio)

Pero Maca ya no contestó, ni ella volvió a hablar, a Esther aquellas palabras de Maca le
habían dejado casi tan muda como a Maca las primeras que le dedicó, cuando esperaba
ser ella la que le derrumbara sus enigmas le había dado donde más le dolía poniendo
justo el dedo en su propia llaga

Llegaron a los Jardines de los Viveros, Maca se mostraba encantada y aunque Esther
trataba de mostrarse como siempre, no podía dejar de pensar en que Maca la había
desarbolado

M: ¡Qué cantidad de historia en estos árboles!... es un jardín impresionante

E: Sí, mi madre me traía cuando era pequeña

M: A mí nunca me llevaban a jardines así, por eso creo que conforme los voy
descubriendo... espera... oye puedes hacerme un favor (se detuvo de repente mientras
caminaban)

E: Claro, tú dirás (la miró algo sorprendida al ver su cambio)

M: Se me ha ocurrido algo y necesito escribirlo (abrió su bolso y sacó un papel con un


lápiz) ¿Me puedes hacer de mesa?

E: ¡Qué morro! Pero será un placer participar en tu historia con mi joroba (decía riendo
y haciendo a la vez una pequeña reverencia)

M: Lo pondré en agradecimientos (contestó jocosa)

E: ¡Qué tía!... eres un poco borde (pero Maca no le contestó notaba como desplazaba el
lápiz, notaba su brazo apoyado en la espalda, y podía imaginar ese gesto que tanto le
gustaba formado en su cara) Debo callarme, estás concentrada. Lalalalala (comenzó a
silbar y cantar ante la risa de Maca)

M: No puedo escribir si sigues cantando y además tan desafinada (decía divertida y en


ese movimiento se le cayó el lápiz fue a agacharse en el mismo instante que Esther,
Palabras 200

acabando las dos por darse con ambas cabezas, Esther finalmente cayó de culo muerta
de risa mientras Maca se disculpaba frotándose la frente) Lo siento

E: Au... Dios que golpe (decía sin parar de reír)

M: Eres de lo que no hay (se frotaba la frente)

E: Me he hecho doble daño que tú, todo por querer ser amable

M: Sí, es cierto si no me hicieras reír. Venga levanta (la miraba desde lo alto)

E: Ayúdame ¿no?, estoy doblemente golpeada

M: Que geta tienes, venga va (le entregó la mano y tiro con fuerza, Esther aprovechó
rauda y veloz para dejarse llevar prácticamente hasta sus brazos. Se quedaron mirando
por un segundo, justo el tiempo que una duda inundó la sangre de Maca, porque al
segundo siguiente se separaba de ella)

E: Gracias (le sonrió mientras se espolsaba la arena de su culo)

M: De nada (notó un agudo calor en todo su cuerpo, localizado mayormente en su bajo


vientre)

E: Se me está ocurriendo algo. Deberíamos llamar a Teresa, la pobre está sola en el


hotel

M: ¡Muy buena idea!

E: Yo entro a trabajar a las diez, hasta esa hora más o menos podría estar con vosotras

M: Ah, yo te iba a decir que nos llevaras a ese sitio... pero bueno... mañana

E: Sí, mejor mañana. ¿La llamas?

Teresa aceptó encantada la petición de Maca, avisó a un taxi y en un cuarto de hora se


presentó en la puerta donde había sido citada, llegaba arreglada como era su costumbre,
con un collar grande y pendientes a juego totalmente escandalosos. Al verlas les ofreció
su mejor sonrisa y se mostró encantada de pasear por aquella zona de la ciudad

E: Si os apetece pasamos al museo... creo que es uno de los más coquetos que tenemos

M: ¿Te apetece Teresa?

T: Claro, si os apetece a vosotras (dijo mirándolas a una y otra)

E: Y luego os invito que hay una heladería por aquí detrás que te pone unas copas de
helado que están de muerte

M: Esa idea me gusta más


Palabras 201

Mientras les iba explicando cosas de la ciudad, aquel hermoso río seco que se convertía
en un pulmón para los ciudadanos, un lugar donde poder disfrutar de un paseo relajado,
rodeado de monumentos, y edificios significativos para todos, donde Maca escuchaba
atentamente y Teresa pensaba:

T: (“Vaya cambio, si hasta hace bromas, sonríe y se muestra complacida... ojalá


pudiera ser una amiga para ella, ojalá pudiera ayudarla, porque la verdad oye, se
llevan fenomenal”)

La noche ya era protagonista cuando una callada Maca y una pensativa Teresa, llegaron
al hotel, habían dejado a Esther en la puerta del hospital y habían decidido cenar juntas
en el restaurante

M: Oye Teresa, podíamos hacer otra cosa

T: Tú dirás

M: Cenamos y nos vamos al spa, hay espectáculo de luces a estas horas y me hace
ilusión que lo veas
T: ¿Después de cenar?, ¿no nos cortará la digestión? (le preguntó con el ceño fruncido
realmente preocupada)

M: ¡Qué antigua eres! (sonreía divertida)

T: ¿Antigua? Ay hija... que eso es muy malo (entonces sonó el móvil de Maca) Es igual
de malo que ése que te llama

Mientras en la puerta de casa de Esther, Sandra se despedía de su novio, como siempre


varios besos y esperarse a ver como se subía a la moto y se alejaba. Al subir se encontró
con una Esther sentada en el sofá abocada a una caja de galletas de chocolate y coco.
Sabía que aquel no era un buen síntoma y desde luego lo tenía claro, no contaba con
verla allí. Así que como en esos momentos sabía, fue cautelosa

Sandra: Buenas noches

E: Hola... ¿así que pedida de mano? (le preguntó seria)

Sandra: Sí, espero que vengas

E: ¿Cuándo es?

Sandra: El sábado. Mis padres van a venir pero quiero que estés tú (le dijo con gesto
tranquilo mientras se sentaba junto a ella) ¿Puedo?

E: Claro (le sonrió)


Palabras 202

Mientras masticaba la galleta emitió un ruido que denotaba su exquisitez, Esther por su
parte seguía guardando silencio

Sandra: Me voy a la cama Esther, estoy molida y quiero ir mañana a comprarme un


vestido

E: Buenas noches

Sandra: Buenas noches

Sandra la conocía perfectamente y sabía que era mejor dejarla, cuando sus planes se
giraban era mejor que cuando ella quisiera se los contara, pero había algo extraño en
ella que le llamó la atención pero no fue capaz de adivinar. Ni siquiera imaginar. Y
mucho menos, quiso recordar

Había llegado un día tras una jornada bastante dura de exámenes, la encontró sentada
en el sofá con una caja de pañuelos y unas galletas, sabía perfectamente porque estaba
así, y allí aprendió a entenderla mejor

Sandra: Buenas noches


E: Hola
Sandra: ¿Puedo?
E: Claro
Sandra: Así no puedes seguir Esther, esa mujer va a volverte loca
E: Déjame Sandra
Sandra: No si dejarte, te dejo, pero creo que te estás equivocando... estás enganchada
a ella
E: Me he enamorado, ¿vale?
Sandra: Vale
E: Pues ya. Me he enamorado hasta las trancas y voy a luchar por esa mujer
Sandra: Una tía con la que te ves los fines de semana o solo cuando a ella le apetece,
que además juega a esposarte, a golpearte, a emborracharte a...
E: ¡Ya está bien!; ¿yo opino sobre cuándo y como follas? (le dijo alterada)
Sandra: No, tienes razón, puede que el amor sea ciego de verdad
E: ¡Déjame en paz por favor!, me he enamorado y voy a luchar por ella ¿vale?

Su mirada era furiosa, y su gesto tan triste que le dolió en el alma, aquella maldita
Lidia no sabía que Esther era una mujer única, que se había enamorado y le estaba
dando su vida, tras negar con la cabeza, se marchó dejando a Esther en el sofá
comiendo galletas de chocolate y coco

En una de las piscinas mientras el agua golpeaba a una divertida Teresa y a una más que
relajada Maca, ésta se mostraba pensativa. No habló mucho, tan solo reía con las
locuras de Teresa

T: Has visto el socorrista, sería capaz de ahogarme porque me salvara (le decía bajito y
con tono juguetón)
Palabras 203

M: Joder Teresa me moriría de la risa y debería salvarnos a las dos

T: Puede ¿eh?... ¿has visto que bíceps? Puede con las dos...

M: Sí, puede

T: ¡Ay qué bien hija mía... qué bien! (cerraba los ojos haciendo gesto de placer)

M: Hay que aprovechar Teresa que se nos acaba

T: Me encantaría poder quedarme un poco más

M: Difícil lo tenemos

T: Oh... que lástima...

M: Tengo que llevarte a comer donde hemos comido hoy

T: Perfecto

M: Ah y mañana por la noche te vienes ¿eh?

T: ¡Pero Maca qué pinto yo!


M: No me vengas otra vez con esas, mira que la noche de la fiesta lo pasaste de lo
mejor

T: Pero son cosas vuestras... además creo que yo no sigo vuestras indirectas

M: ¿Qué indirectas? (la miró sorprendida por el comentario)

T: No sé Maca, se nota que os compenetráis muy bien ¡qué quién lo iba a decir!, ¡vamos
yo no hubiera dado ni un céntimo, eh!... no Maca... es mejor que vayas con ella sola y te
diviertas, que vayáis a bailar y todo eso... me alegro de verte tan bien con ella, de
verdad. ¡Uy mira que chorrito sale del techo más gracioso!

En la cama, Maca daba vueltas hasta que definitivamente se dijo:

M: Mañana se lo tengo que contar... ella me comprenderá... de mañana no pasa

26 Abril 2005

Un olor a café penetrante despertó los sentidos de Sandra que dormía abrazada a la
almohada mientras poco a poco se desperezaba. Se levantó tras un profundo bostezo, se
dirigió al lavabo y después salió hasta la cocina donde una pensativa Esther observaba
como salía el humo de su taza
Palabras 204

Sandra: Buenos días

E: Buenos días guapa

Sandra: ¿Tenemos algo para acompañar este café?

E: No tenía apetito pero si quieres hago unas tostadas (su tono era abatido y su frente
mostraba una arruga, la arruga de la preocupación la llamaba Sandra)

Sandra: No tranquila, ya las hago yo

E: Anoche no me acosté con Maca (Sandra la miró asintiendo con algo de tristeza) Es
una tía peligrosa

Sandra: ¿Cómo?

E: Sí, muy peligrosa

Sandra: Dios Esther... no me digas que a ésta también le gusta el sado porque vamos te
prohíbo salir de casa (dijo mientras ponía sus codos en la mesa y las manos sobre la
frente)

E: No, ¡qué va! (rió de buena gana)

Sandra: Joder que susto

E: Es absolutamente encantadora cuando quiere, lesbiana, y encantadora, pero el marido


que es lo más cabrón que he conocido y no porque ella le ponga cuernos, porque no lo
hace, sino porque algo hay oculto entre ellos, la tiene convertida en un pelele. Deberías
verla cuando actúa como ella es, y me muero de ganas por verla actuar como ella siente

Sandra: ¿Te lo ha dicho ella?, quiero decir todo esto lo has hilvanado tú en tu mente
¿no?

E: Está clarísimo

Sandra: ¿Y por qué es peligrosa?

E: Porque es observadora como buena escritora y ayer me sentí como el cazador cazado

Sandra: Ya... ¿ha perdido interés para ti?

E: No, solo que ahora sé que ella también sabe jugar. Y eso lo hace más excitante, pero
a la vez, arriesgado

Sandra: ¿Y qué piensas hacer?

E: Anoche le mentí, me dejó muy tocada y pensé que si me iba con ella, me ganaría la
batalla
Palabras 205

Sandra: No te entiendo

E: Vino Teresa, y con Teresa es diferente, temí que yo no pudiera serlo, yo no tengo
porque esconder nada, sin embargo ella parece que domina mucho esa técnica,
asombrosa cuando está sola, complicada cuando no lo está. Así que le dije que trabajaba
cuando me di cuenta que podía jugar a excitarme, a comprometerme tan solo con
mirarme

Sandra: A ver Esther cariño... cuando rebuscas tanto... me puedes

E: Pues eso Sandra que es un enigma que me encantaría descubrir pero que al mismo
tiempo, debo tener cuidado en las formas, creo que su secreto es que nadie sabe que le
gustan las mujeres, por lo tanto si yo lo descubría de alguna manera, me iba a quedar sin
probar su piel, ¿entiendes ahora?

Sandra: Que manía Esther...

E: Además, sé que le importa mucho Teresa, es una persona importante para ella, y te
aseguro que la entiendo es una gran mujer

Sandra: ¿Teresa?, ¿su secretaría personal?

E: Sí, va a leer mi novela

Sandra: Vale... pues entonces ¿te puedo aconsejar? (Esther asintió mientras bebía)
Sabes que es un secreto que es lesbiana o bisexual porque si se acuesta con su marido,
sabes que delante de Teresa es diferente, sabes que quizá no quiera tener nada con
ninguna mujer a pesar de ser lesbiana... y a ti Teresa te puede ayudar, ¿por qué en lugar
de buscar su piel, tan solo buscas su amistad?

E: ¿Crees que Macarena Wilson querría ser mi amiga?

Sandra: Ha ido a comer contigo, anoche estuvisteis juntas (decía como algo evidente)

E: Mañana vamos a cenar

Sandra: ¿Qué mas esperas?... si dices que no quiere que se sepa cual es su secreto...

E: Igual quiere que yo sí lo sepa (decía mirándola fijamente)

Sandra: Ella debe saber que tú lo sabes

E: Sí de eso estoy segura

Sandra: Pues deja a un lado la obsesión de querer acostarte con ella, y mira de
mantener una amistad, ¿te lo has pasado bien con ella?

E: Sí, la verdad que muy bien


Palabras 206

Sandra: ¿Has hablado de sexo?

E: ¿Cómo crees que iba a hacer algo así?, además ella piensa que soy una devora
mujeres

Sandra: Razón no le falta

E: No sé... nunca me he comido mucho el tarro con las mujeres

Sandra: Y con ella no paras... reconócelo

E: Así es... bueno me ducho y me voy que hoy es el último día de clase con esa
maravillosa y peligrosa mujer, ¿no es excitante la mezcla?

Sandra: Mira, tú por lo que más quieras ten preparado un vestido o traje o como
quieras para el sábado porque quiero que estés en mi pedida de mano

E: Tranquila lo estaré

Sandra: Gracias (le sonrió)

E: Eres mi amiga ¿no?, aunque te siento como mi hermana (le besó la frente saliendo de
la cocina, aunque volvió a entrar para decirle) Mi hermana tonta porque a tu edad tener
el himen intacto con novio cuatro años... ¡no te pega para ser mi hermana!

Sandra: Idiota eres (le tiró divertida la servilleta)

La voz de Teresa tratando de despertarla, le llegó como si fuera parte de su sueño, la oía
renegar sobre la ropa echada sobre el sofá, sobre ese cepillo de dientes y la pasta abierta,
Maca sonreía

T: Es que esto debería verlo tu maridito, estos cambios porque claro cuando él está nada
de esto, pero claro, si encima se lo decimos aún será más cabrón de lo que es, palabras
de Esther muy acertadas, por cierto

Al escuchar el nombre de Esther aquella media sonrisa se borró, tenía un problema,


debía hablar con Teresa sobre su secreto, pero entonces le daba una especie de corriente
por la espalda que le hacía temblar por la reacción que pudiera tener la mujer. Pero al
mismo tiempo llegó a ella la sonrisa amplia y fresca de la enfermera y todo el miedo se
disipó

M: Buenos días Teresa

T: Buenos días tesoro. He dormido como loca

M: Yo también (se desperezó) ¿Desayunamos en la terraza?


Palabras 207

T: No, hoy no guapa (la vio meterse en el lavabo y alzó la voz) Nos han invitado a un
mirador que hay en la parte superior...

M: ¿Quién? (gritó desde dentro mientras ponía gesto de descanso al orinar) Ufffff

T: Eso es cosa mía (decía divertida mientras iba quitando papeles) Jesús... vaya manera
de dejarlo todo por el medio... esto es un acto de rebeldía para estudiar, muy aseada con
el...

M: ¿Ya me estás poniendo a caldo? (se había apoyado en el marco de la puerta cruzada
de brazos mientras la miraba sonriente)

T: Sí. Venga vamos

M: ¿Así... sin saber quién?

T: Sí, así, sin saber quien

M: Déjame adivinar... alguien cuyos músculos son muy pero que muy prominentes (le
decía tratando de aguantarse la risa, algo que no pudo por mucho tiempo, al ver la cara
de susto de Teresa) ¡Te vi hablando con él cuando salimos de la piscina!

T: ¡Un momento! (levantó el dedo) Solo le estaba preguntando para mi dolor de


cervicales

M: Ya... ya... Teresa... si no hace falta que me des explicaciones, de verdad

T: Pero... (la vio pasar a la ducha notando como se ponía colorada)

M: ¡Por cierto!, ¿qué tal tienes hoy las cervicales?

Dicho esto otra nueva carcajada sonó en el lavabo ante una negación de cabeza de
Teresa

En la clase todos esperaban la entrada de Maca, era la despedida y sin duda a todos les
había dejado una huella en su alma. Al verla entrar para Esther se le hizo más de día
todavía, aquella mujer de rostro relajado, era muy distinta a la mujer que entró la
primera vez en aquella aula, lo mismo le estaba pasando a Esther, Maca lo vio, la
mirada lasciva del primer día, no aparecía en ese momento en que sus ojos se cruzaban
y algo en su interior le dio tanta paz que mostró una de sus mejores sonrisas

M: Bueno, hoy es uno de esos días que más odio, pero como todo en la vida llega

E: (“Y nuestro momento también llegará” pensó sonriendo)

M: He estado valorando vuestros borradores y yo creo que todos y cada uno de vosotros
tenéis la posibilidad de ser lo que sentís, escritores, no importa la cantidad de gente que
nos lea, siempre lo he dicho, yo por ejemplo tengo tras de mí empresas que me dan
Palabras 208

publicidad, llegó a muchos sitios gracias a esa publicidad, pero cuando no la tenía y
cuando empecé a escribir, me sentía más orgullosa todavía de lo que hacía, mis amigas
más cercanas me leían, y algún editor al que buscaba y me decía que no valía pero que
siguiera intentándolo, os lo repito uno se siente escritor y escribe no importa demasiado
si a mucha gente o poca, pero debéis sentirlo en vuestra alma, y sobre todo debéis de
escribir por placer, nunca por obligación porque en ese momento vuestra alma ya no se
sentirá libre, no os sentiréis escritores

E: (“Joder Esther... que vas a llorar”)

M: Por eso hoy que acabamos solo quiero que os sintáis escritores espero que este curso
os haya servido para ello, para crecer aunque francamente sois muy buenos. Ahora,
vamos a retocar algunas cosas, después haremos una clase más de intercambiar
proyectos que como os dije siempre es bueno tener en mente

E: (“Uf no puedo contarte mi proyecto más inmediato o te me desmayas... si es que mi


coñete me hace la ola ante esa voz” decía moviéndose un poco en el asiento)

M: Bien... ya sabéis no me hagáis ruido pero pongámonos todos juntos (sonrió)

Finalizó la clase con todos alrededor de Maca quedando para la fiesta, dándole las
gracias por las clases, y a pesar que esperaba la despedida de Esther, ésta le guiñó el ojo
y salió de las primeras

Mercedes: Esther... déjame decirte algo

E: Sí
Mercedes: He leído tu relato, impactante de verdad

E: Muchas gracias

Mercedes: Me gustaría pedirle a Maca a ver si pudiera ayudarte en...

E: Merche se lo agradezco pero... no... no es una prioridad publicar (le decía con gesto
agradecido)

Mercedes: Pues es una verdadera lástima

E: Ya... pero es una afición, nada más, de todos modos gracias

Mercedes: Si lo piensas y algún día quieres probar suerte, ponte en contacto conmigo
¿vale?

E: Claro, claro, gracias

Paloma: Mírala Raúl, debe estar tratando de que le publiquen algo... estoy segura

Raúl: Paloma eres bastante pesada con este tema, déjalo ya


Palabras 209

Mercedes: Muchachos gracias, gracias por venir a mi curso...

Allí se quedó agradeciendo uno por uno a todos su presencia y citándolos para el día
siguiente, hasta que llegó Maca y fue hacia ella orgullosa y muy agradecida por su
presencia

M: Vamos Merche no tienes porque agradecerme algo que me hace feliz

Mercedes: Ay... pero todos han hablado tan bien del curso... podríamos negociar otro
¿qué te parece?

M: Me parece muy bien

Mercedes: ¿Mañana estará Luis en la fiesta?

M: Sí

Mercedes: Pues entonces lo negociamos...

No oyó mucho de lo que vino después de aquella contestación, porque por un momento
se percató que su pesadilla estaba a punto de llegar al día siguiente, que su libertad
estaba a punto de quebrarse y tan solo la presencia de una feliz Teresa, le apartó ese
pensamiento para empujarle a otro, debía hablar con ella

En el hospital, Consuelo estaba escuchando a Esther quien le contaba como había


comido con Maca, la mujer la miraba atónita sin creer mucho sus palabras pero
finalmente diciéndole:

Consuelo: Si no es porque sé que llevas allí a tus ligues, no me creía la historia

E: ¡Y eso!, vamos Consuelo tan poco confías en mí

Consuelo: No es eso... que yo ya sé el poder de convicción que tienes (dio un chasquido


a modo de fastidio y arrancó una sonrisa por parte de Esther) Pero tenía esperanzas de
que Macarena no cayera

E: Pero si solo comimos (ante su mirada agregó) Comida Consuelo, arroz

Consuelo: ¡Esther! (la riñó)

E: Me encanta ver como te sonrojas... ganas mucho (entonces sonó su móvil y le dijo)
Ponte las gafas y lee

Consuelo: A ver (el teléfono seguía sonando) ¡Anda!... Maca


Palabras 210

E: La misma. ¡Hola guapa! Estoy aquí con Consuelo... sí... ah estupendo yo acabo en
dos horas... vale, hasta luego guapa (ante la mirada de Consuelo tan solo pudo sonreír
de buena gana) ¡Anda cierra la boca!

A Maca le dio tiempo para ir al hotel, rebuscó en su armario sabía perfectamente lo que
quería y lo encontró, se duchó y se vistió con rapidez, sin dejar de sonreír, sin dejar de
sentir cosquillas en su vientre y mariposas en su estómago. Se maquilló suavemente
pero dando un énfasis en su rostro que hasta ella al mirarse pensó que estaba mejor que
nunca una sonrisa vencedora se marcó en su rostro y entonces dio una última revisión a
toda ella, se puso delante del espejo dando el visto bueno ante su reflejo, vaqueros,
botas altas, una camiseta que justamente dejaba ver lo que sabía atraía a Esther, y un
cinturón ancho, el pelo suelto y a pesar de toda aquella seguridad que aparentaba el
espejo, un interior de mantequilla. Se despidió de Teresa por teléfono, no quiso verla, no
quiso que la viera con esas ansias por llegar al Hospital. Sabía que le había asombrado a
Esther con su idea de ir a por ella sin el coche, pero quería por una vez llevarla a su
terreno, saber si podía o no dar un paso hacia delante. Tuvo que exhalar un profundo
suspiro para dominar todo aquello que la desestabilizaba, hasta que una sonrisa tras
morderse el labio inferior, le dio el valor suficiente como para ir en busca de su primera
experiencia

M: Cierra los ojos de la razón, y déjate llevar por las emociones...

Para Esther la tarde se hizo muy larga, muy lenta, muy pesada, no podía evitar una
sonrisa de vez en cuando al pensar que había sido Maca quien había montado por esa
vez la salida. Llegó hasta el mostrador con las carpetas en la mano

E: Toma... solo tienes que archivarlas

Consuelo: ¡Eh, eh, eh! (la llamaba agitando la mano)

E: ¿Qué quieres Consuelo no tengo tiempo?

Consuelo: Quiero que me prometas que me lo contaras mañana

E: Vale (sonrió echando a correr hacia el vestuario al mirar el reloj masculló) Joder...
aún me tengo que duchar y todo...

Mientras Consuelo cogía las carpetas y se daba la vuelta para ordenarlas sobre la mesa
interior, entraba por la puerta Maca, al ver la figura de la mujer sonrió, la sentía cercana
sin saber muy bien porque

M: Hola (Consuelo se giró y al verla se quitó las gafas manteniendo un gesto con la
boca abierta) ¿Qué tal Consuelo?

Consuelo: ¡Maca cariño! (exclamó con alegría saliendo del mostrador y plantándole
dos sonoros besos) ¿Qué tal estás?, ¿cómo te ha ido por la ciudad?... estás monísima
Palabras 211

¿dónde vais?... bueno... bueno... ¡me callo! (dijo divertida al ser consciente de su batería
de preguntas)

M: Tranquila estoy acostumbrada a ellas (le ofreció una sonrisa amable) Estoy muy
bien, y la ciudad me encanta tiene algo que me atrae, lo de monísima bueno, se hace lo
que se puede, y vamos a un lugar que creo a Esther le gustará

Consuelo: ¡Hija que memoria! (sonrió asombrada)

M: ¿Has visto? (sonrió graciosa y entonces miró hacia un lado, hacia otro y se acercó
un poco más a la mujer para preguntarle) ¿Recuerdas qué me debes esa charla de
Esther?

Consuelo: Sí (sonrió ampliamente sintiéndose cómplice de ella) Es cierto... ¿tenemos


tiempo?

M: No sé cuanto tarde Esther

Consuelo: Si es por eso... tenemos tiempo. Aunque seguro que me mata

M: Será nuestro secreto (le entregó otra sonrisa cómplice)

Llevaban media hora sentadas en la cafetería cuando Esther las encontró, al ver como se
reía Maca todo el enfado por estar junto a Consuelo se le difuminó, terminando por
acercarse con una sonrisa maravillosa en sus labios

E: ¡Vaya!... ¡qué, cotilleando, no!

M: ¡Cómo lo sabes!

E: ¿Entonces qué hacemos, nos vamos o seguimos?


M: Te estaba esperando (le sonrió poniéndose de pie ante su movimiento, Esther vio
como mostraba un escote generoso donde su lunar sobresalía de manera provocativa)
Por mí nos vamos

Consuelo: Oye Maca ¿me mandaras el libro, verdad?

M: Por supuesto

Consuelo: Firmado

M: Dalo por hecho

E: ¿Ya o me siento? (le preguntó mirándola con las cejas enarcadas)

M: Ya, impaciente

Consuelo: ¡Qué os divirtáis!


Palabras 212

Salieron sonrientes del Hospital cruzándose con una ambulancia que entraba en ese
momento, la cara de Maca le dejó bien a las claras a Esther que aquellas situaciones no
eran de su agrado, y es que, la enfermera pensó que alguien tan sensible debía sufrir por
cualquier acontecimiento aunque no tuviera nada que ver con él

E: Bueno... pues tú dirás

M: Sí, vamos a coger un taxi (le dijo segura)

E: Ah. Vale

No dijeron nada más, Esther se dejó llevar por una Maca que se sentía plenamente
encantada, recordando haciendo un gran esfuerzo cuando había sido la última vez que
había tenido aquella sensación, pero el recuerdo estuvo a punto de amargarle la noche,
porque fue en el mismo momento que perdió la libertad para siempre

M: ¿Qué tal ha ido la tarde? (le preguntó dentro del taxi)

E: Movida, dos operaciones largas y complicadas

M: Debes tener mucha vocación, yo creo que no podría me implicaría demasiado

E: Eso es lo malo, si lo haces estás perdida (la miraba sonriente)

M: ¿Qué? (le preguntó sonriendo ella también)

E: Me hace gracia, que seas tú quien quiera sorprenderme

M: Yo doy muy buenas sorpresas también ¿eh?

E: Ya... lo imagino (la miró sin esconder una mirada lasciva entonces Maca apartó la
suya hacia la ventana y Esther rectificó) Vamos a ir a una de las calles con mayor
encanto para mí

M: Pues me alegro que así sea (entonces como siempre sonó su móvil) Dime. Sí, de
acuerdo, vale

E: Vaya diálogo (le susurró ante el gesto de Maca agregó) Menos mal que conmigo no
eres así

M: La verdad que sería un aburrimiento de cena si lo fuera ¿no crees?

E: ¿Toque de atención? (le preguntó sonriente)

M: Tú misma

El taxi les llevó hasta la calle Conde Altea, una de las más importantes de la zona
céntrica de la ciudad, y allí donde todo cuanto sucedía era del más elevado nivel. Se
Palabras 213

detuvieron delante de un Restaurante muy selecto, los ojos de Esther se abrieron como
platos

E: ¿Aquí?

M: Sí (la adelantó presentándose al camarero)

Camarero: Por aquí señora Wilson

M: Gracias

Camarero: Es un orgullo para nosotros contar con su presencia

M: Muchas gracias

Camarero: Señora (le dijo a Esther)

E: Hola

Otro camarero apartó la silla de Esther y se sentaron, ambas se miraron sonrientes

E: A ti te ha quitado la silla el jefe... a mí el pringao

M: ¡Pero qué bruta eres! (le dijo muerta de risa)

E: Las cosas cómo son guapa

M: Bueno mira la carta

E: Vaya (soltó tras un silbido pronunciado) En mi vida he comido en un sitio así

M: Ves como soy buena dando sorpresas (la miró fijamente con intensidad)
E: Espero poder igualarte yo

El camarero hizo aparición tras colocarles unas rosas sobre la mesa les preguntó que
iban a pedir

M: Pues a ver yo... es que tiene que estar todo riquísimo

Camarero: Gracias, es lo que tratamos

M: Pues yo... de primero, Gazpacho de pimiento rojo y sardina marinada

Camarero: De acuerdo. ¿La señora?

E: Veamos que esto suena muy bien, Sofrito de pan con setas de cardo silvestre, acelgas
y conejo (Maca la miró sorprendida y le dijo en voz baja) Me encanta el conejo

Camarero: De segundo señora Wilson


Palabras 214

M: Arroz verde con berberechos, almejas y puntillas (ante la mirada de Esther agregó
en voz baja) Me encanta el arroz

E: Pues yo lo mismo, me encantan las almejas

Camarero: De acuerdo. ¿Alguna cosa más?

M: ¿Algo más? (la miró como desafiándola divertida)

E: Sí, una ración de Ciruelas, Stilton, romero y nueces

Camarero: El vino si me permiten se lo ofrecemos y regalamos nosotros señora Wilson

M: Gracias pero...

Camarero: Por favor (le hizo una pequeña reverencia)

E: Vaya... que mono... (sonrió divertida)

M: ¿Te gusta el sitio?

E: Me encanta, vamos que... diría yo que hasta podría ser una cena romántica ¿no?

M: Podría...

El silencio de ambas y la mirada perdida de Maca, fue traducida a cada una por sus
pensamientos

M: (“Maca detente no te lances... por favor... poco a poco... ¿por qué no vas a poder
disfrutar de una velada así?”)

E: (“Bien Esther... respira hondo porque viene dispuesta a todo, esta noche mojas”)
M: (“Pero no se lo pongas nada fácil Maca, que le brillan los ojitos, dios otra sonrisa
más y me da algo aquí mismo”)

E: (“Uf Esther, que te va a dar un yuyu de los gordos mujer, es que encima la tía se
pone una camiseta... no mires el lunar... no lo mires...”)

M: (“Le pierde el lunar (sonrió para si) Calma Maca... calma”)

E: (“Venga Esther, calma, que la tienes a tus pies”)

Mientras en el hotel a Teresa le sonaba el móvil

T: Oh no... Luis... ¡ay señor!... ¡ay señor! (decía nerviosa)


Palabras 215

En el restaurante la tensión sexual entre ambas se podía cortar con un cuchillo, ya no


por la picarona de Esther, sino, por las miradas, los movimientos corporales de ambas, y
aunque hablaban de literatura todo podía resumirse en dos frases

M: (“Me lanzaría a sus labios, ¡qué ganas de besarla!”)

E: (“Espero que comas rápido para llevarte al lavabo y ponerte al día”)

Cuando el camarero les llevó el primer plato de la cena, corrió unas cortinas de gasa
para dejarles más intimidad, los ojos de ambas se quedaron atrapados, y lo único que
supieron hacer fue dar una carcajada que les sirvió para relajarse

E: Este sitio es impresionante

M: Me encanta

E: ¿Lo conocías? (se llevó a la boca lentamente la cuchara mirando a Maca)

M: Esto... no, no... me lo han recomendado en el hotel

E: Pues han acertado (“eso sí, me da a mí me voy a dejar el sueldo”) Oye esto está de
muerte

M: Sí, la verdad que sí

En el hotel Teresa estaba con el teléfono en la mano, carraspeó delicadamente para


tranquilizar la voz, fue corriendo a cerrar la puerta de la terraza para que no pudiera
escuchar el mar no quería darle pistas que ni ella misma sabía cuales podían ser

T: ¿Luis, dime?

Luis: A ver necesito para mañana unos papeles

T: Muy bien, ¿cuáles?

Luis: Todos los cursos que ha dado Maca este año

T: De acuerdo

Luis: Mañana por la mañana nos vemos. Los quiero para entonces. Adiós

T: Adiós (dijo finalmente suspirando aliviada ante la petición) Bueno... debe creer que
está en la cama durmiendo... espero que no haga locuras que la puedan delatar, una
canita al aire no hace daño siempre y cuando no se sepa, confío plenamente en Esther

La velada para ambas había sido mucho más interesante de lo que pensaban, habían
hablado de muchas cosas no solo de literatura, también de música dándose cuenta que
Palabras 216

no tenían nada que ver en gustos musicales, ni en actores, ni actrices, sin embargo las
diferentes formas de ver la vida, no impedían que en esencia fueran muy parecidas

E: Oye pues no eres tan rottermeller como pensaba (le dijo mientras se tomaba un café)

M: Ja ja (dio una carcajada divertida mostrándose natural)

E: En serio (insistió sintiendo bajo su vientre como la sangre se iba alterando)

M: Bueno, reconozco que no eres tan avasalladora como pensaba (bebió el café
enarcando su ceja derecha) Eso sí, eres muy pero que muy picante

E: ¿Y eso es malo?

M: No, si sabes utilizarlo correctamente

E: Bueno eso no depende de mí, hay gente que se siente aludida y no es ni por asomo
mi intención, lo que pasa que entre tú y yo (se apoyó en la mesa alzándose un poco de la
silla, y con gesto totalmente canalla le dijo bajando la voz) Que hay mujeres que sienten
necesidad de ver más allá de mis palabras, pero no son capaces de reconocerlo (le guiñó
el ojo) Voy al lavabo

M: Vale (al levantarse Esther y quedarse sola, la sonrisa que tenía en los labios se borró
“Vale Maca eso va por ti... cazada la indirecta... ¿haremos algo, no?” se preguntaba
nerviosa moviendo la pierna)

Maca pagó y cuando Esther salió vio que la esperaba en el hall del Restaurante, llegó
con gesto de enfado algo que arrancó una carcajada a Maca que le dijo
desenfadadamente

M: Cuando seas escritora y famosa, ya me invitarás tú

E: Eso está hecho. ¿Nos vamos?

M: Claro
Llamaron a un taxi y Esther dio una dirección conocida para Maca, sonrió, pero no
dijeron nada, iban sumidas en sus pensamientos, una dándole vueltas sin parar a lo que
podía pasar después y sintiendo como su corazón se aceleraba de manera frenética; la
otra pensaba que lo que tanto la excitaba en solitario estaba a punto de suceder y con un
poco de suerte, esa misma noche podría hacer realidad su sueño. En un momento dado
ambas se miraron y sonrieron como si pudieran imaginar los pensamientos de la otra.
Aquel preciso instante lo rompió el sonido del móvil de Esther, Maca la miró de reojo y
vio como sacaba el teléfono y lo desconectaba. Alguna mujer la estaba llamando, estaba
segura y le vino a la mente con frescura, la mujer con la que bailaba en la pista, como se
rozaban los dos cuerpos y como se miraban. Tuvo que exhalar un profundo suspiro
porque no iba a negarse que se moría de ganas de vivirlo ella en su propia piel

E: ¿Estás bien?
Palabras 217

M: Sí, ¿por qué? (la miró segura de si misma)

E: Te he visto suspirar

M: Me da pena marcharme de este lugar. Si me preguntas, no sabría decirte si me gusta


más de día con la luz natural, o de noche tan espectacular

E: Vaya que pena... pensé que ibas a decir por la compañía

M: Uy... he sido desconsiderada... disculpa

E: Me lo pensaré (sonrió divertida) Oye... ¿sabes a mí lo que me da pena?

M: ¿Qué?

E: Que justo ahora que te vas, he descubierto otra Maca diferente a la encorsetada. Y
me gusta mucho. Gustar en el sentido de gustar no de...

M: Ya, ya te he entendido (“podrías dejarla que te lo dijera ¿o qué?, te vas a


desmayar”)

E: Pues eso... una lástima

M: Tú lo dijiste una vez, en la vida todo no se puede tener

E: Pero se puede intentar tener (agregó mirándola penetrantemente) Al menos ese es mi


lema, vivir al día y luchar por lo que quieres

Taxista: Hemos llegado

E: Gracias... de ninguna manera baja o te echo del taxi (se mostró enfadada al ver que
iba a pagar)

M: Vale... vale (sonreía y ante lo que vio se quedo maravillada)

E: Es impresionante, pareces un granito de arena entre millones de una playa


M: Sí

E: Pues esto no es nada, vamos

Antes ellas la inmensidad de la Ciudad de las Artes y las Ciencias con su majestuosidad,
con su sencillez y provocación de búsqueda de la belleza imposible. Iluminada y con la
tranquilidad de la noche, era todavía mucho más atrayente que lo era de día, la gente
paseaba con sus perros o sin ellos, era un lugar de reunión. Gente de diferentes culturas,
gente de diferentes edades que allí paseaban y disfrutaban de la belleza del lugar y la
frescura de la hierba, la gente joven echada hablando, bebiendo o simplemente
dejándose llevar por la pasión, la gente más mayor sentadas en bancos, como ojos
escudriñadores observando lo que los demás hacían, alguno con la morriña suficiente de
no haberlo hecho en su vida, otros con las ganas de volver a ser joven. Y ellas dos,
Palabras 218

paseando lentamente en silencio, dejándose embriagar por lo que en ese instante veían
sus ojos

M: ¿Vienes mucho aquí?

E: Bastante, sobre todo en verano, hacen conciertos de blues, también cada dos por tres
hacen algún castillo, mira faltan diez minutos para las doce igual ante tu presencia
deciden echar un castillo (elevó los hombros con gesto simpático sabedora ante lo que
había visto momentos antes)

M: ¿Castillos son? (preguntó curiosa)

E: Fuegos artificiales

M: Ah vale, me encantan (sonrisa sincera acompañada por una leve elevación de sus
hombros mientras sus manos se aferraban a los bolsillos de los pantalones)

E: ¿No te dan miedo?

M: No, me gusta ese arte de las luces confundiéndose con la noche

E: Vaya yo que pensé que me dejarías abrazarte para combatir el miedo (la miró
sonriendo ante su gesto) Es broma, me encanta los gestos que pones cuando te digo algo
así, de verdad

M: Y a ti nadie te ha dicho que te va a pasar como el cuento del lobo...

E: ¿Qué me coma la loba? (le preguntó dando una patadita a una piedra)

M: Sí, algo así

E: Por mí encantada. Mira es allí

M: Que fresca eres (le dijo muerta de risa)

Entraron por uno de los pasillos que llevaba al Museo Príncipe Felipe, lo bordearon
llegando al final del mismo, ante ellas toda una panorámica hermosa, la noche, la luna y
la luz, unido a la inmensa piscina que rodeaba el museo, el agua clara y con la ligera
brisa que llegaba a aquella parte de la ciudad producía el efecto de que unas diminutas
olas, se formaban en ella

E: Ven, sentémonos aquí, quítate las botas

M: ¿Las botas? (la miró realmente alucinada mientras veía como se sentaba al borde de
la piscina

E: Sí, ¿o piensas entrar en ella con las botas puestas?

M: ¿Entrar?, Esther... (miró alrededor) No creo que se pueda entrar ahí


Palabras 219

E: Claro que no, pero para que están las normas, para saltarlas ¿no crees?, además solo
vamos a meter los pies

M: Ni eso creo que esté permitido

E: ¿Tú no haces nada fuera de lo permitido? (Maca dobló un poco la cabeza mirándola
con gesto dubitativo) ¡Vaya rollo!

M: ¿Está fría? (preguntó dejándose llevar por el ímpetu de Esther, dejándose arrastrar
porque aquella noche se sentía por primera vez en libertad)

E: Está maravillosamente bien. Venga... lenta...

M: Oye no te metas conmigo (le respondió seria pero sonriente por el leve manotazo de
Esther en su brazo)

E: Oys usted perdone

M: Está fresquita (decía sonriendo)

E: Y ahora, mira (le señaló graciosamente con las cejas hacia el Palau de les Arts. Tras
él una hermosa luna se asomaba) ¿Es o no mágico?

M: Es absolutamente maravilloso (decía boquiabierta mirando hacia el frente)

E: Sí, un momento único (susurró mirándola, el perfil de aquella mujer era dentro de lo
imperfecto casi irrealmente perfecto, tanto que las maravillas que tenía alrededor
parecían minucias ante el perfil de Maca, le encantó quedarse atrapada en ella, y cuando
se percató que volvía a mirarla le sonrió) Pero aún hay más. ¿Has gritado alguna vez al
exterior?

M: ¿Gritar?

E: Quiero decir, dentro de nada van a disparar un gran castillo, el final, cuando parece
que te van a explotar los oídos, hay algo que te provoca gritar todo lo malo que llevas
dentro, no sé, algo así como si sacaras lo que duele
M: Lo he hecho en la montaña, pero nunca en plena ciudad y menos en un lugar como
este (miraba alrededor)

E: Y que más da el lugar, lo que importa eres tú (movía graciosamente los pies en el
agua)

M: Yo soy muy cortada para esas cosas

E: Y yo también

M: ¿Pretendes qué me lo crea? (la miró enarcando su ceja derecha)


Palabras 220

E: (“Dios como no deje de poner ese gesto... voy a diluirme... y ni salvaslip llevo” elevó
los hombros mientras le decía) Tú misma

M: ¡Ay! (gritó al verse sorprendida porque no esperaba aquella explosión)

E: Ja ja (reía divertida) Primer aviso

M: Joder que susto

E: ¡Vaya si sabes decir tacos! (le salpicaba con el agua)

M: No te pases, ¿eh? (le echó ella también agua)

E: Vale, vale (reía abiertamente) Va el segundo

M: Sí, ahora lo veo (siguió el rastro de la salida que surcaba el espacio para finalmente
explotar en el cielo oscuro iluminándolo con un gran resplandor) Es impresionante

E: Sí. Ya te lo he dicho

M: La mezcla de color, de luz

E: Y el olor, a mí me pone (Maca la miró) Si... es una de las propiedades de la pólvora

M: (“Joder pues si es verdad... solo me falta eso”) Ah, no lo sabía (dijo mirando la
explosión de colores rojo, azul y verde en el cielo sobre el fondo del Palau de les Arts)

E: Cuando yo te diga, coge aire y grita

M: Vale (aceptó divertida mientras observaba que la gente se paraba a mirar los fuegos
y parecían omitir la presencia de ambas)

La explosión de luz y color, de sonido empezó a coger ritmo, Maca miraba todo
embobada, el frescor que sentía en sus pies, el calor y humedad de su propio cuerpo
contrastaba fuertemente en su interior, las luces reflejándose en los cristales de la
enorme mole que había ante ellas, reflejándose de una manera casi mágica en los miles
de azulejos que forman el mosaico de cada edificio. Esther la observaba divertida, sabía
que estaba consiguiendo gracias a aquel castillo improvisado el efecto deseado

E: Ahora (le gritó)

Y a la vez como dos locas en plena noche de Valencia, sacaron con un grito prolongado
mientras el terremoto aéreo formaba una musicalidad continuada y explosiva un grito
que salía de sus entrañas. Unieron como si fuera pólvora propia, cada una lo que en ese
momento les oprimía el alma, y así al terminar ambas se miraron con la respiración
jadeante pero un brillo especial en los ojos

E: ¿Bien?
Palabras 221

M: Muy bien

E: Vale confieso (le dijo divertida mientras Maca suspiraba sintiéndose más libre
todavía) El pirotécnico es amigo mío, le he dicho que venía contigo y lo ha echado en tu
honor

M: ¿Pretendes qué me crea eso? (volvió a preguntar enarcando la ceja)

E: ¿Sería bonito, no? (“joder con la ceja”)

M: Sería, pero has tenido mucha suerte (dio una carcajada)

E: ¡En el fondo me gusta tu puntito de maldad!

M: Y a mí (se miraron sonrientes, mientras, Maca se pasaba la lengua por los labios
atrapando los ojos encendidos de Esther) Bonita noche

E: Inolvidable

M: Siempre puede ser mejor (dijo mirando la luna)

Palau de les Arts-Hemisferic Museo Príncipe Felipe


Palabras 222

Palau de les Arts visto por Maca y Esther

Esther la miró con cierto gesto de suspicacia, suspiró mirando la luna, de igual modo
que lo hacía ella pensativa, sin poderlo evitar en su mente se dibujaron mil imágenes
diferentes, trató de encontrar algún momento en el que hubiera estado de aquella manera
tan especial con una mujer, no lo pudo evitar, tembló

M: ¿Tienes frío?

E: No, ha sido un escalofrío de emoción

M: Oye... tienes suerte de tener un lugar así

E: La verdad que sí, en verano cuando hace mucho calor es un lugar idóneo para
refrescarse y charlar o pensar

M: Que suerte (insistió)

El silencio volvió a llenar el espacio que compartían, los pensamientos volaban trataban
de controlar la mayor parte de ellos, aferrarlos en sus manos, no dejar que fueran más
allá de la puerta de su corazón, no podían dejar que ellos se mezclaran por su sangre,
recorrieran las venas llegando más allá de la razón, no podían jugar con algo que a
ambas les había hecho perder. Era momento para hacer algo

M y E: Que...

M: ¡Vaya! (exclamó sonriente al coincidir ambas a la vez)

E: Perdona

M: No, no di

E: No, di tú, lo mío era una tontería


Palabras 223

M: Ah, vale (hizo una mueca graciosa que embelesó demasiado a Esther) Te iba a decir
que si te apetece venir al hotel

E: ¿Al hotel? (abrió los ojos como platos y sin darse cuenta como un acto reflejo, su
pierna dio una leve patada al agua y los ojos de ambas llegaron hasta sus pies)

M: Bueno me dijiste que querías conocerlo (casi parecía disculparse por ser tan osada)

E: No, no y lo quiero conocer, tú no sabes lo que es pasar todos los días por ahí en
verano, y no poder ni asomarte

M: Vale, pues venga... no hablemos más

E: De acuerdo (dijo contenta sacando inmediatamente los pies de la inmensa piscina)

M: Pero para venir, tengo que pedirte algo (su gesto se entristeció de repente)

E: ¿Qué? (la miró frunciendo el ceño mientras con un pañuelo de papel se secaba los
pies)

M: Verás... tenemos que trazar un plan para que tú puedas entrar (aunque trató de que
no sucediera, su voz tembló por el miedo, por el sentido del ridículo que estaba
haciendo)

E: ¿Un plan?

M: Sí, mi marido es un poco pesado y...

E: Vale (la detuvo viendo su incomodidad “a ver si ahora después de todo, se me va a


echar para atrás por culpa del cabrón ese”. Con tono alegre y distendido como si no
ocurriera nada le dijo) ¿Y eso es un problema para nosotras? (Maca la miró sonriendo
de lado entendiendo su pregunta) Somos dos escritoras repletas de arte, así que... de
aquí al hotel tenemos tiempo para trazar un plan, toma

M: Gracias

Cogió un pañuelo que le ofrecía y sonreía agradecida por la comprensión de Esther que
parecía encantada de trazar un plan, así buscando situaciones divertidas, algunas irreales
pero que hicieron reír de buena gana a Maca sobre todo por la idea de Esther de colarse
metida en el carro de las sabanas sucias, o la misma Maca que le dijo de echarle una
sábana desde su balcón, así, viendo a ver quien inventaba el plan más osado, llegaron
hasta el hotel, pasearon un rato y finalmente cogieron un taxi que les dejó a Maca
metros antes de la puerta, a Esther en la misma puerta

El portero abrió la puerta, fue a por la maleta pero una amplia sonrisa de Esther le dejó
helado, no había maleta, el muchacho de Recepción, con toda su simpatía le preguntó
algo turbado de su presencia
Palabras 224

E: Hola buenas noches, quería una habitación

Recepcionista: ¿Individual? (miraba disimuladamente hacia fuera)

E: Sí, vengo sola no hace falta que busque, vengo sola y me han mandado la maleta a la
conchinchina, vamos que estoy de un humor de perros, solo tengo ganas de acostarme,
así que le agradecería mucho que fuera ágil (le guiñó un ojo)

Recepcionista: Necesito su carné señora

E: Por supuesto... ah y voy a pagar por adelantado, ah y me gustaría que me avisaran


mañana por la mañana que tengo que ir a la estación de trenes

En ese instante entraba Maca por la puerta con la reverencia del portero ante su sonrisa,
ésta se acercó lentamente hasta el mostrador donde veía perfectamente la figura de
Esther, y sentía una atracción que cada vez era más incontrolable, sabía que si entraba
en la habitación con ella, no saldría de allí. El plan de ir a otra habitación le daba la
tranquilidad suficiente como para dejarse sentir aquel deseo urgente en su entre pierna

Recepcionista: Buenas noches señora Wilson

M: Buenas noches

Recepcionista: ¿Me permite que le entregue la llave a la señora? (le preguntó a Esther)

E: Hombre pues... dele ande, dele... que total por un poco más de retraso. Es que me
han perdido la maleta (le dijo a Maca que tuvo que aguantar una sonrisa)

M: Cuanto lo siento

E: Fíjese que horas de llegar y mañana me voy en tren, sin maleta, sin mi pijama de
ositos... no si... ¡mataría a los de Iberia!

Recepcionista: Tenga señora (le entregó la llave algo apurado por las explicaciones de
Esther)

M: Gracias, bueno espero que se solucione pronto

E: Gracias yo también. ¿Ya, guapo?

Recepcionista: Me firma aquí, por favor (le dijo señalándole el papel mientras Maca se
iba hacia el ascensor)

E: Uf... gracias... estoy muerta...

Recepcionista: Que pase buena noche

E: Por favor me avisarán a las diez (insistió)


Palabras 225

Recepcionista: Claro

E: Buenas noches
Recepcionista: Buenas noches señora, que tenga una estancia agradable

E: Eso espero (“coño me dejo medio sueldo por un polvo... pero un lujazo de polvo,
espero”)

Llegó hasta el ascensor donde Maca esperaba pues había ido a coger unos folletos
observando de reojo lo que Esther tardaba para coincidir en él. Se pusieron una junto a
la otra mirando como bajaba la flecha, hasta que las puertas se abrieron, entraron
marcando Maca su piso, Esther pasó y se apoyó en un lateral. Cuando se cerraron las
puertas, Maca miró a Esther, Esther miró a Maca y bastó para estallar en una risa
descontrolada y divertida

E: Que cara de espanto tenía el pobre

M: Eres mala, le has puesto en un compromiso

E: Lo sé... pero es que soy divina...

M: Y una gran mentirosa, me he dado cuenta ¿eh?

E: En el fondo, todos somos mentirosos... ¿no crees?

Y allí estaban los ojos brillando, diciendo tantas cosas, sintiendo los latidos de los
corazones a toda vela, el plan era enseñarle la suite y Maca había pensado pedirle ver la
otra habitación que ella quiso pagar pero Esther no la dejó, sería la excusa perfecta para
dejarse ir. Allí dentro del ascensor el calor las invadía por momentos, Esther se moría de
ganas de lanzarse a su cuello, Maca de tocar su piel, cerraba los ojos imaginando su
calidez, podrían haber gemido cada una por separado, el deseo era tal que les latía
fuertemente en el centro de su ser. Cuando por fin las puertas se abrieron llegaron al
final del principio del clímax, tal fue así que Esther cuando salió primero Maca rebufó
sintiendo como hervía su sangre. Maca por su parte agradeció salir de allí dentro, sentía
que su interior la iba asfixiando por momentos. Al pasar por una de las puertas del
pasillo se giró y le hizo una señal hacia un lado susurrándole

M: Es la habitación de Teresa

E: Ah (“joder encima me susurra, nada si es que como me roce ya me corro y a ver


guapa como se lo explicas (se decía a si misma con la respiración algo alterada) “Vas a
quedar fatal... fatal”)

Al llegar a la habitación, Maca pasó la tarjeta y abrió, puso la tarjeta en el cajetín y las
luces se encendieron, el gesto de Esther fue de verdadero impacto, y eso le ayudó a
calmar su ardiente deseo, a Maca por el contrario, al verla así, todavía se encendió
mucho más, su boca abierta, sus ojos mirándolo todo le daban ganas de engancharla allí
mismo, pero... necesitaba racionalidad, no podía aventurarse a nada, paso a paso,
tranquilidad. Y así se fue tensando todavía más a pesar de querer encontrar lo contrario
Palabras 226

M: ¿Te gusta?

E: Dios esto es una pasada (decía tras un tenue silbido dándose una vuelta) Y solo es el
salón

M: Sí, bueno lo mejor es la terraza, anda ven (entraron por la puerta que separaba una
estancia de otra y Esther quedó boquiabierta al ver la cama) Debo reconocer que no está
nada mal

E: ¿Nada mal? ¡joder Maca!... ¿no te pierdes ahí?

M: Sí... la verdad que es enorme, lo agradezco (se le escapó y al darse cuenta de la


mirada de Esther sonrió volviéndose hacia la terraza) Esto es el mejor tesoro que tiene
este hotel

E: ¡Vaya vista!... fíjate la luna sobre el mar (le decía apasionadamente)

M: Sí (la miraba sin separar los ojos de ella sintiendo sus latidos repartidos por todo su
cuerpo, hasta notó la dureza de sus pechos, no tenía remedio)

E: Es flipante (sonrió al mirarla vio en sus ojos el brillo del deseo, su mirada se había
vuelto ardiente y sus ojos estaban henchidos de un fuerte deseo. Varió su tono y se
aproximó a ella apoyándose en la barandilla) Esto es un lujo... ya no el hotel, sino esta
vista, sentirte libre, diminuta pero libre ante tanto poder

M: El poder del mar (susurró apartando los ojos de Esther, le escocían)

E: ¿Has hecho el amor en el mar desnuda y de noche?

M: No (le dijo con tristeza adivinando que ella sí, y se sintió ridícula nuevamente)

E: Te lo recomiendo, es una sensación única y maravillosa

M: Debe serlo, sí

E: Sí

Volvió el silencio porque había tantas cosas que callar, tantas cosas que no pedir, tantas
palabras prohibidas volando en sus mentes, que se podía sopesar entre ellas, pero del
mismo modo ese silencio se podía volver en cualquier momento un grito de esperanza
para una, y de victoria para otra. Sin embargo lejos de aquello, Esther se giró lentamente
sabiéndose vencedora irremediablemente, los ojos de Maca habían explicado lo que ella
no se había atrevido

E: Tienes unos ojos maravillosos, a la luz de la luna se podría decir que hablan
demasiado, ¿pero sabes que no me gusta? (Maca no la miró tan solo agachó la cabeza
sintiendo que la luna le había hechizado y no podía relevarse contra lo que sentía, estaba
cansada de luchas, de miedos, de raciocinios, se estaba dejando embriagar por sus
Palabras 227

palabras, por su tono que parecía el de un hipnotizador. Esther se aproximó un poco más
quedándose de lado a tan solo un paso de ella) No me gusta ver tristeza en ellos, ni me
gusta cuando me demuestran que no eres feliz, odio ver que se apagan, odio ver en ellos
ese estado de querer y no poder, sin embargo, te juro que me vuelven loca cuando se
muestran sensibles y sinceros, cuando realmente eres tú, una mujer apasionante por
descubrir...

La mano de Esther rozó suavemente su barbilla, Maca no se resistió en girarse para


mirarla, y esos ojos que encontró Esther eran los que tanto le gustaban, sin más, sin
dejar que pensara, sin dejar que dudara, sin dejar que la razón pudiera al deseo se fue
acercando lentamente con una ligera sonrisa en los labios mientras con tono abrasador
para Maca le dijo:

E: Cuando me miran así me hacen perder la razón

Y allí acabó el mundo en que Maca había vivido durante 7 años, allí en aquel balcón
con el ruido del mar de fondo, con las olas golpeando la arena, formando una sinfonía
perfecta en la oscuridad de la noche, con el reflejo de la luna en el mar, con la brisa
salada golpeando a la pareja que primero de manera débil rozaron sus labios, los labios
temblorosos de Maca unidos a los labios expertos de Esther, las manos cobraron vida, y
en un momento de lucidez, Maca sacó del balcón a su amante, era un escenario único
para explotar en el deseo que sentían, pero, complicado para una famosa escritora

27 Abril 2005

El sol comenzó a jugar con dos cuerpos desnudos sobre la cama, tapados de manera
anárquica por la sábana blanca, como si fuera su capricho inundó la pierna de Maca que
se cruzaba con la de Esther, una Esther que dormía placidamente boca arriba mientras
Maca lo hacía de lado con su mano sobre el vientre de la enfermera. Exhaustas habían
llegado al amanecer donde Maca antes de dormir le había susurrado a Esther

M: Esther... deberías irte...

E: Ya me voy... por cierto... para ser tu primera vez... me has matao

Había contestado segundos antes de quedarse profundamente dormida por el cansancio


y el placer, mala combinación para unas amantes cuando deben esconder la noche de
pasión

Sin aviso, a traición, como suele suceder la puerta de la habitación se abrió con
solvencia, un maletín quedó en el sofá y unos pasos decididos entraron hasta quedarse
parados en seco ante la cama, y una voz repleta de furia apareció

-: ¡MACA!

La voz despertó de golpe a las dos mujeres que se incorporaron en la cama algo
desorientadas por el grito
Palabras 228

-: ¡ESTHER!

Los ojos echaban chispas, la cara de Maca era de terror, un bostezo en Esther que se
dejó caer nuevamente sobre el colchón, su cuerpo poco podía responderle y su cabeza a
esas horas y sin un café menos aún

M: ¡Teresa! ... espera... Teresa espera (decía tapándose mientras la mujer se marchaba a
toda prisa de la habitación con un gesto repleto de furia, y rojo como un tomate) ¡Joder,
no!... ¡joder!...

Se vistió a toda máquina, jadeando por el miedo que le ahogaba, dentro de lo malo
podía haber sido mucho peor, con el pelo revuelto al que inútilmente trató de arreglar,
con los ojos hinchados, y los dientes apretándose unos contra otros para controlar el
pánico terminó de arreglarse con lo primero que estaba a su alcance

M: Esther... Esther... vamos márchate mi marido está a punto de llegar... por favor...

E: Que...

M: Esther (la movió fuertemente)

E: ¿Qué? (respondió aún con los ojos cerrados)

M: Debes marcharte, vete por favor (decía apurada y con el miedo reflejado en su
rostro)

E: Ya... ya voy (decía rascándose la cabeza mientras la veía marcharse a toda prisa)
Joder... no puedo con mi cuerpo... menuda fiera

Dicho esto, volvió a dejarse caer en la cama, en una cama ajena a ella pero que le había
convertido sus sueños en realidad, y con ellos, se había sentido la mujer más feliz del
mundo

Maca corrió por el pasillo los pocos metros que la separaban de la habitación de Teresa,
no sabía que decirle, no sabía como hablarle ¿la dejaría?, ¿la abandonaría? ¿le daría de
lado? ¿le odiaría? Todas sus preguntas se agolpaban una tras otra en su mente y su
estómago comenzó a sentir los golpes continuados de aquellas preguntas y posibles
reacciones de Teresa como si fueran los puños de un adiestrado boxeador que la estaban
dejando sin aire

Llamó a la puerta varias veces y tras su insistencia la mujer abrió, lo hizo con el ceño
fruncido, con un gesto de no compartir lo que acababa de ver, con la sensación de
desconocer a aquella nueva Maca que se presentaba ante ella con una mueca de miedo
reflejada en su rostro. Teresa se dio la vuelta y Maca entró

M: Teresa por favor... Teresa (insistía)

T: No me tienes que dar explicaciones, nunca me las has dado, lo siento no debí entrar
(le decía con cierta distancia)
Palabras 229

M: No me hables así por favor... iba a hablar contigo, te lo iba a contar

T: Pues no es necesario (se daba la vuelta todavía alterada por lo que había visto)

M: Para mí, sí lo es (le dijo poniéndose frente a ella con gesto de necesidad)
T: No voy a decir nada, no te preocupes

M: ¡Al diablo con eso Teresa! (alzó la voz, Teresa la miró sobresaltada) Lo siento, no
quería gritar

T: Ya... bueno... no sé Maca... no sé (se notaba su zozobra mientras se rascaba su frente)

M: ¿Puedes sentarte y escucharme, por favor? (le rogó)

T: Te he dicho que...

M: Teresa eres la persona más importante que tengo, la que siempre está a mi lado, te
juro que te lo iba a contar porque no podía soportar más vivir así como lo hago, pero tu
reacción del otro día me hizo echarme hacia atrás (Teresa frunció su frente) Cuando
viste a las dos mujeres besándose

T: Ah (susurró abatida recordó el momento, y suspiró)

M: Teresa... soy lesbiana, y... por eso mi vida es un infierno...

T: No lo entiendo... quiero decir... entiendo ahora muchas cosas pero... no entiendo que
haces casada entonces (la miraba fijamente hablándole con temor y mostrándole sin
tapujos su desconcierto)

M: Es una larga historia, me enamoré de una mujer, me enamoré hasta límites


insospechados, era muy joven y ella me llevaba unos cuantos años y mucha experiencia
de ventaja. Era hermana de mi mejor amiga, cuando iba a su casa para mí era una locura
porque aunque no quisiera siempre acababa atrapada en ella, se dio cuenta que la
miraba, que me gustaba y fue haciéndome creer que era importante en su vida, yo que
desconocía todo aquel mundo y que además sabía que mis padres eran contrarios a esta
situación, por un amiga de la familia a quien rehusaron, vivía un calvario (tragó saliva,
cerró los ojos y la libertad que había sentido horas antes volvía a perderse en ella) Me
mandaron a estudiar fuera, hice todo cuanto ellos querían con la sola idea de una vez
llegar a España, instalarme en Madrid y buscarme la vida como escritora, pero... estaba
ella y... me tenía atrapada (Teresa la miraba con gesto de pena) Ella era todo lo que a mí
me hubiese gustado ser, al menos eso pensaba, también es cierto que tenía fama de ser
una cabra loca, yo lo sabía pero no lo veía tenía el pensamiento de que si estábamos
juntas cambiaría. Un día que me quedé sola en casa la llamé, quedamos, tenía una
necesidad de estar con ella Teresa, lo había soñado tanto, lo deseaba tanto (alternaba
mirarla a ella y mirar al suelo, sus manos removían un pañuelo de papel y su nariz se
encontraba taponada por el llanto. Tragó saliva y agregó) Por supuesto, vino, nos
besamos traté de poner conocimiento, traté de hacer las cosas bien pero me llevó a la
Palabras 230

habitación porque ambas deseábamos lo mismo (se detuvo y sus ojos se llenaron de
lágrimas, Teresa se tensó)

T: Maca (le susurró pensando que iba a conocer aquel secreto que llevaba siempre
encima)

M: Bueno... nunca he contado esto a nadie, salvo Guillermina, claro


T: Mira no tienes que contármelo, de verdad Maca tú... (no sabía muy bien como
hablarle, que decirle)

M: Por favor Teresa, necesito contártelo lo iba a hacer (le decía angustiada mirándola y
mostrándole todo aquel dolor que sentía)

T: Vale pero... no me gusta verte así (le dijo con pena)

M: Tuve la mala suerte de que, cuando ella y yo estábamos desnudas envueltas en la


pasión, Luis apareció (Teresa contuvo la respiración, abrió los ojos y su cabeza
rápidamente empezó a trabajar “¡ahora lo entiendo!”) Le dijo que se fuera a ella, y a mí
me desafió, le dije que no era nadie para meterse en mi vida y me dijo que iba a ser
todo, que me iba a casar con él, yo me reí y le ataqué, pero al día siguiente llegó a mi
casa con un sobre, me hizo entrar en el despacho y me enseñó unas fotografías que nos
había sacado sin yo darme cuenta (agachó la cabeza)

T: Dios mío, que mezquino (murmuró poniendo una mano en su boca)

M: Yo traté de evitarlo, pero me amenazó que si no me casaba con él, mi padre que en
ese momento estaba en sus manos para poder mantener las bodegas, pagaría mi
decisión, todo el mundo sabría que me había liado con ella y lo que eso conllevaba
porque todo el mundo sabía que clase de persona era ella. Mostraría las fotos donde
ambas estábamos desnudas y me asusté, la única solución que vi fue pedirle ayuda
precisamente a ella. Cuando fui a hablar me dijo que yo tan solo era un pasatiempo, una
jovencita más a quien desflorar, un capricho, uno de tantos (su voz estaba cargada de
resentimiento, apagada y brusca, Teresa nunca la había visto así y sintió una profunda
pena) Me dio de lado, no quiso saber nada de mí y aquello me sumió en la
desesperación, no fui capaz de luchar, no sabía ni siquiera por donde empezar

T: Pero Maca... no puedes vivir así es inhumano

M: No puedo hacer otra cosa Teresa, he intentado dejarlo pero no puedo... no tengo
dinero, no tengo donde ir, no tengo nada todo figura a su nombre, las cuentas, el piso, el
coche, me ha quitado todo, hasta la identidad (dijo finalmente arrastrando las palabras
con máximo dolor)

T: Pero... (no sabía que decirle sabía que él era capaz de eso, su corazón latió rápido por
los nervios) ¿Lo que ganas de los libros?, ¿las entrevistas?

M: Nada Teresa... se aprovechó que cuando me casé con él sólo quería morirme, no me
importó nunca lo que hacía, ni me importó la manera que tuvo de que yo publicara la
Palabras 231

primera vez, él puso el dinero, él compró el agente y de esa manera hizo que yo fuera lo
que él quería

T: Cabrón es poco (murmuró atónita)

M: Si me separo de él, lo pierdo todo si fuera eso no me importaría, pero él es el dueño


de las bodegas de mi padre, el socio mayoritario y sé que lo arruinaría

T: Estás arruinando tu vida Maca


M: Lo sé... (dos lágrimas cayeron de sus ojos al cerrarlos con dolor)

T: Maca...

M: Mira... llevo siete años negándome a mí misma la oportunidad de vivir, y siempre


mirando a otro lado

T: Por eso los enfados de Luis

M: Está obsesionado en no dejarme sola, esto que ha hecho no es lo habitual, siempre


piensa que le voy a engañar

T: Pues mira... por esta vez ha tenido razón (le dijo sin poder evitar poner gesto de
cierto fastidio)

M: Teresa, he intentado evitarlo, te lo juro no sabes lo que es vivir así, por eso no quería
que te acercaras a Esther, porque ella el primer día me mostró su interés sin tapujos y
como podía iba resistiendo, tengo desde hace siete años amurallado el corazón y el
deseo, pero ella lo ha hecho añicos

T: Ahora entiendo muchas cosas

M: Lo siento Teresa, debí hablar contigo antes y decirte la verdad, no quería engañarte

T: Maca yo... mira no sé, no me pidas que lo entienda, no me pidas que lo acepte, lo
siento no soy capaz de entender esto, lo que eres (le decía con temor)

M: Lo sé

T: No sé ahora mismo estoy desubicada, ahora mismo estoy atónita ante tanta
información, ante lo que he visto

M: Lo siento (cerró los ojos sintiéndose mal)

T: ¿Se ha ido Esther? (le preguntó tras unos minutos de pausa donde no se miraron)

M: Imagino que sí
T: ¡Imaginas! Maca... Luis está a punto de llegar...

M: Es cierto... voy a asegurarme que se ha ido y... (se levantaron las dos como si fueran
Palabras 232

dos extrañas, Maca necesitaba un abrazo pero Teresa se sentía paralizada) Me voy

T: Dios mío... ¡qué dramón! (exclamó poniéndose la mano en la frente) ¿Qué hago?

A Maca la posibilidad de que Luis llegara y Esther aún estuviera allí le hizo sentir un
torbellino de miedo, abrió la puerta y efectivamente allí la vio, en la cama dormida.
Como si se hubiera vuelto loca se apresuró a recoger toda su ropa, y a despertarla sin
ningún miramiento

M: Esther... Esther... (la movía con fuerza)


E: ¿Qué pasa? (se sentó aturdida y asustada)

M: Tienes que marcharte, mi marido está a punto de llegar... por favor... vete

E: Ya... ¿ya?...

M: Sí, date prisa (dicho esto se dio media vuelta y se metió en el cuarto de baño)

E: Joder... joder... joder...

Justo en ese momento un taxi dejaba a Luis en la puerta, al entrar preguntó por las
novedades y el Recepcionista le dijo que todo correcto, no había habido ninguna
novedad, su esposa no había llegado acompañada por nadie en ninguna ocasión, ante la
información, le entregó un sobre mientras recogía la tarjeta que el recepcionista aceptó
con una sonrisa de satisfacción

Mientras, Esther se vestía a toda prisa a saltos muerta de miedo, lo que menos quería era
encontrarse con el tipo aquel, mascullaba sin parar dándose algún que otro golpe y
cuando por fin estaba vestida, se detuvo delante de la puerta del lavabo y escuchó
nítidamente como Maca lloraba, le hubiera gustado al menos marcharse de otra manera
pero no tenía tiempo que perder, abrió la puerta y justo cuando salía se abrieron las
puertas del ascensor

En su habitación, Teresa se había sentado al borde de la cama, trataba de procesar toda


la información que Maca había soltado sin pensarla, había tenido una novia, o como se
pudiera llamar aquella mujer, que lo único que había hecho era burlarse de ella y
encima, había sido descubierta por Luis y obligada a casarse, entonces entendía las
palabras de Guillermina cuando le decía “mi niña es un pájaro herido, le gustaba volar,
pero le han cortado las alas”. Se levantó algo desesperada y muy angustiada, porque
Maca se había quedado embarazada

T: Claro... por eso sé cuando tiene que cumplirle, por eso lo sé, porque la pobre debe
vivir un infierno uf (cerró los ojos tratando de no imaginarlo) ¡Dios mío!...
Palabras 233

Maca cuando escuchó cerrarse la puerta de la habitación, se apresuró a llamar a las


camareras para que hicieran la cama, para que arreglaran la habitación, abrió de par en
par la puerta de la terraza, las cortinas y dejó que la fresca brisa de la mañana entrara.
Repasó todo para asegurarse que Esther no se había dejado nada, con el susto del
momento había olvidado por completo todo lo vivido la noche anterior, en ese instante
solo le preocupaba borrar huellas, borrar cualquier síntoma de que algo podía haber
pasado en aquella habitación, algo, que sin duda podía llevarle a mayores problemas

Al cerrar la puerta Esther, y ver como se abría las puertas del ascensor a la vez, sintió un
pánico desmesurado, con rapidez corrió pasillo hacia la derecha y lo único que se le
ocurrió fue llamar desesperada a la puerta que recordaba era de Teresa, la mujer abrió
sobresaltada, allí estaba Esther, su mirada le mostró una incomodidad al verla

E: Déjame pasar (le dijo entrando de golpe)

T: ¿Qué haces aún aquí?

E: Mira Teresa déjame respirar un momento y te lo cuento (puso su mano sobre el


pecho tratando de controlar el ajetreo de su respiración)

T: Pensar que confiaba en ti, que he confiado la amistad de Maca en ti para que la
ayudaras (le reprochó con gesto muy serio)

E: ¿Tendrás queja? (decía con la mano en el pecho sintiendo un peligro tan fiero como
emocionante) La he ayudado

T: ¿De qué manera Esther?

E: La que ella me pidió

T: No lo puedo creer, no lo puedo creer... Maca... es... (se calló)

E: Lesbiana, sí dilo no te vas a morir, ni te va a dar una reacción alérgica

T: Ya veo que te lo tomas a pitorreo (le recriminó ofendida)

E: No, pero me jode mucho la gente que ni siquiera puede nombrarlo. Maca es la misma
de siempre, yo soy la misma que cuando me has conocido Teresa, ¿te importa con quién
se acueste?

T: Mujer... (la miró seria)

E: Pues me decepcionaría mucho que te importara que se acueste con quien ella quiere
y que, no lo hiciera que esté con ese cretino, pero tú misma Teresa... no pensaba que
fueras así (le decía convencida, seria y muy convincente)
Palabras 234

Cuando Luis por fin dejó al director del hotel con quien había coincidido y se habían
ido a tomar un café, subió a encontrarse con Maca, al entrar dejó el maletín sobre el sofá
y se aflojó la corbata al mismo tiempo que entraba. Allí la vio enfrascada en unos
papeles con el gesto serio y la habitación arreglada

Luis: Vaya... esperaba encontrarte acostada

M: Hola (su tono le decía con que ánimos llegaba, y eso le provocó que su estómago se
contrajera haciendo que a su boca llegara un sabor amargo)

Luis: No vas a levantarte

M: Estoy trabajando (le dijo sin mirarlo)


Luis: Vengo todo el camino pensando en ti, y después de unos días de ausencia,
deberías ser considerada conmigo ¿no crees? (la mirada de Maca le respondió con un
tajante “¡vete a la mierda!” que le enfadó lo suficiente como para cogerla del brazo sin
apretar pero con la suficiente fuerza para levantarla y ponerla frente a él) Te he echado
de menos, nena

Y allí empezó un torrente en el interior de Maca, comenzó a sentir como toda ella se
volvía una piedra, al notar la lengua de su marido invadir su boca, sintió profundas
ganas de vomitar, pero entonces como si fuera una película, en su cabeza fueron
llegándole imágenes distintas, cuando su marido le tocó con fuerza un pecho, no era su
mano quien la tocaba, era la mano sedosa de Esther rodeando su piel, era la caricia más
tierna que nadie le había dedicado, ni siquiera cuando su marido arremetió contra ella
con fuerza apoyándola contra la pared, en su imagen llegaba la suavidad de Esther
envolviéndola en la más frenética de las locuras, y cuando su marido besó su cuello,
notó como su piel no respondía como lo había hecho horas antes, ante los labios
ardientes y delicados de Esther, tan solo la sacó de su ensimismamiento cuando él la
obligo a meter la mano en su calzoncillo, cuando la obligó a atrapar su sexo, entonces
todas las miserias de Maca pudieron con el éxtasis que había vivido horas antes, otra
humillación más mientras lo escuchaba jadear su mano le aprisionaba la obligaba a
frotarlo cómo una fiera salvaje, cómo pudo logró separar su cabeza de la suya, le
molestaba aquel perfume, odiaba el olor a hombre que llegaba hasta ella. Entonces se
miraron, y Luis se encontró con una mirada inexpresiva, no había odio, ni rencor, ni
asco, como otras veces, aquel gesto le descolocó, y cuando llegó a su propio orgasmo,
sus ojos se entrecerraron observando a su mujer, algo en ella había diferente

Cuando Esther se iba a marchar de la habitación de Teresa, ésta la detuvo en la puerta

T: Espera Esther por favor

E: Dime

T: No es fácil para mí, lo siento, he sido educada en unos términos que...

E: Me sé esos términos Teresa (le dijo decaída)


Palabras 235

T: Ayuda a Maca

E: Ya lo he hecho. Nos hemos pasado una noche maravillosa

T: ¿Una noche?, ¿y ya? (la miraba atónita con una sonrisa algo socarrona) ¿No significa
nada más?

E: A ver Teresa, ven siéntate (le dijo con calma) Te aprecio mucho, creo que Maca tiene
mucha suerte de tener alguien como tú de verdad, pero ¿no pretenderás qué me case con
ella por haberle hecho el amor? (la miraba atónita)

T: Claro es que vosotras...

E: A ver cariño... repite conmigo. Lesbiana


T: ¡Esther no te burles de mí!

E: No me burlo de ti, sí de tus argumentos. Maca tiene una vida que vivir y otra que
descubrir, yo le he ayudado, mi función acaba ahí

T: ¿No significa nada para ti?

E: ¡Ay Teresa! Eres una romántica... ¿qué piensas que me he acostado con ella porque la
amo profundamente?, ¿por qué ella me ama a mí?, no, tan solo hemos pasado una noche
estupenda porque nos apetecía follar

T: No creo que para Maca lo sea (le contestó ofendida por aquella palabra)

E: Bueno no soy tan mala en la cama, y te aseguro que...

T: ¡Calla por favor! (le dijo cerrando los ojos ya no podía soportar más aquellos
vocablos)

E: Maca te necesita Teresa, más de lo que ella misma puede pensar, hasta ahora no tenía
un motivo para dudar, solo indicios, pero cuando una mujer prueba las delicias de hacer
el amor con otra mujer, es incapaz de dudar porque todo se aclara

T: Ese maldito hijo de puta (arrastró las palabras con tanto odio que Esther la miró con
pena)

E: Por eso Teresa, porque es un hijo de puta

T: No lo puede dejar... la tiene bien cogida

E: No me cuentes nada Teresa... bueno... me voy tengo que ir a trabajar (sentía la


necesidad de huir no quería implicarse en nada más)

T: ¿Te vas así?

E: ¿Qué quieres Teresa? (la miraba fijamente)


Palabras 236

T: ¿No la vas a ayudar?

E: Yo no puedo ayudarla

T: Pero si empujarla a un infierno mayor, ¿no?, ¿era lo qué buscabas conmigo?


Acercarte a mí para ganarte su confianza, ¿sólo querías acostarte con ella?, ¿era eso?,
¿solo ha sido para ti lograr su cuerpo? (las preguntas iban tomando un cariz
envenenado, su tono crispado no dejaba ninguna duda de la ira que sentía hacia Esther
en ese momento)

E: Me voy Teresa

T: No puedes negarlo ¿verdad?


E: No, no puedo negarlo (lo dijo con tristeza, con pena y despacio se marchó, pero
cuando fue a salir, se detuvo se giró mirando a Teresa a los ojos, pero entonces tan solo
pudo agachar la mirada) Adiós

Teresa sintió rabia ante aquella explicación de Esther, la odió de una manera irracional,
la odió por acercarse a ella, por ser tan torpe de no ver lo que buscaba pidiéndole ayuda,
sintió que su interior se revelaba contra ella

En su calvario particular, Maca seguía aprisionada entre la pared y el cuerpo de su


marido, la miraba fijamente mientras su mano atrapaba el rostro de la escritora, la
acariciaba sin sentir otra cosa que dominio sobre ella, sus ojos así lo mostraban

M: Déjame, ¿ya has acabado, no? (le dijo con tranquilidad)

Luis: Sabes que no

M: Pues lo siento, pero sí (con agilidad se apartó de su cuerpo y entró en el lavabo)

Luis: Eso ya lo veremos

Maca entró y lo primero que hizo fue abrir el grifo y lavarse las manos, no se miraba
pero cuando levantó la vista aquel gesto de asco le llegó al alma, le llegó en forma de
dolor que la doblegó por un momento, había pasado del cielo al infierno, ahora ya sabía
lo que era, y su mente se obligaba a no pensar más allá de lo que acababa de suceder,
entonces las lágrimas se sucedieron, una sensación de ahogo llegó a ella justo en el
momento en que Luis entró, al verla se asustó, nunca la había visto así

Luis: ¿Qué te pasa Maca?, ¡respira!... joder

La puerta de Teresa sonó con fuerza, al abrir vio ante sí a un desencajado Luis y se
asustó

Luis: Corre a Maca le pasa algo


Palabras 237

T: Dios mío

En el despacho Sandra esperaba alguna noticia de Esther, sabía que por fin habría salido
con su idea de tener a la mujer que tanto deseaba, pero algo le había llamado la atención
de sus continuas charlas, ya no parecía un objeto para ella, nunca había dado vueltas a
sus relaciones esporádicas, aquello que le hacía sentir Maca sin duda, era diferente a lo
que hacía y como se comportaba con las demás, la Esther astuta y ligona, hubiera
desistido de cambiar su actitud por una mujer, sin embargo, por Maca lo había hecho y
aquello le provocaba un sin fin de preguntas y dudas

Cuando su puerta sonó sacudió sus pensamientos sobre su amiga

Sandra: Adelante

E: Hola

Sandra: ¡Esther!... ¿qué pasa?... tienes mala cara

E: No, no pasa nada... bueno si pasa pero no es conmigo

Sandra: ¿Quieres tomar algo?

E: No, si me voy a trabajar en nada

Sandra: ¿Qué ha pasado?, estás rarita

E: Me he acostado con Maca

Sandra: Imaginaba que cuando llegara el momento me lo dirías con dos pompones,
feliz de haber logrado tu propósito. ¿Qué ha pasado para que no sea así?

E: Hasta esta mañana todo iba muy bien, hemos pasado una noche salvaje, es una mujer
apasionada tal y como yo imaginaba, era la primera vez que se acostaba con una mujer,
pero vamos... aprendió rápido, no hablamos mucho, prácticamente nada, nunca había
hecho el amor con una mujer así, en silencio, a lo sumo algún gemido, algún quejido.
Ha sido una experiencia intensa, los ojos decían las cosas, su mirada era... desesperada...
como si su interior estuviera sufriendo, no sé...

Sandra: Está casada

E: No tenía nada que ver con eso, creo

Sandra: ¿Entonces?

E: No sé, creo que es una mujer atormentada, en la cama se sabe, y ella me ha dado la
impresión que estaba descubriendo el sexo por primera vez. Esta mañana, nos ha
descubierto Teresa
Palabras 238

Sandra: Joder... por un momento pensé que ibas a decir el marido (le dijo con gesto
asustado)

E: Casi

Sandra: ¡Joder Esther! (se tapó la cara) ¿Pero qué necesidad tienes tú de meterte en
estos líos?

E: Lo peor ha sido que Teresa no sabía nada y es un poco, o un bastante homófoba

Sandra: ¡Ale... éramos pocos y parió la abuela!

E: Me ha recriminado que lo único que buscaba era tirarme a Maca (su amiga asintió
elevando las cejas) No he podido defenderme

Sandra: Evidente
E: Y aún así me ha pedido ayudar a Maca...

Sandra: ¿A qué?... el problema es que ella no sabía que tú eres una Robin Hood de los
armarios... y la mujer se piensa que la vas a rescatar cual princesa en la Selva de las
garras de su marido que es el malo

E: Me siento mal Sandra

Sandra: Ya lo veo

E: Bueno ya me pasará

Sandra: Aprecias a Teresa y te ha fastidiado que te dijera la verdad

E: Es que, nunca he dado explicaciones a nadie... y cuando ella me las ha pedido, todo
lo bueno de esta noche se ha diluido, me ha coaccionado mi libertad

Sandra: Tu libertinaje Esther

E: Vale, mi libertinaje (decía algo enfurecida)

Sandra: ¿Sólo ha sido eso? (Esther agachó la mirada, Sandra insistió) Tú solo estarías
así si te hubieran herido en tu orgullo, y eso tan solo pasó una vez

E: ¡Odio que me conozcas tan bien, joder! (protestó con rabia girando la cara hacia la
izquierda posando sus ojos en un cuadro donde un mar le recordó la comida en la
Albufera)

Sandra: Es lo que tiene. Ya veremos cuando no me tengas a tu lado

E: ¿Piensas dejarme? (le preguntó volviendo a mirarla con gesto serio)

Sandra: Me van a pedir matrimonio ¿recuerdas?


Palabras 239

E: ¡Odio al taronger! (volvió a quejarse)

Sandra: Estás tocada y casi hundida Esther. ¿Qué ha pasado?

E: Esta mañana, Maca me ha omitido, me ha tratado como si no hubiera existido, ¡y eso


me ha jodido! (elevó la voz)

Sandra: Esther... no tienes arreglo. Teresa te dice la verdad en tu cara pero aún así te
pide ayuda, Maca te omite, ¿no te das cuenta que estás tomando tu propia medicina?,
¿cuántas veces has omitido tú a Ángela, y a alguna más sin pestañear?

E: Pero no es igual

Sandra: ¿Por qué?

E: Joder porque no... porque Maca estuvo todo el tiempo buscándome, porque estuvo
tonteando conmigo, porque era lo que ella quería acostarse conmigo no es para que me
lo pague así

Sandra: Y tú con ella. Estáis en paz, habéis empatado

E: ¡Me voy! (se levantó enfadada)

Sandra: Yo que tú buscaría realmente que te ha puesto de tan mal humor. Cuando has
saboreado la victoria y no la puedes disfrutar

Esther se marchó, se obligó a no pensar caminaba con el ceño fruncido, necesitaba borra
ese mal sabor de boca. Llegó al trabajo y agradeció que Consuelo estuviera hablando
por teléfono, pasó de largo, aún le quedaba media hora para cambiarse, dejó sus cosas
en taquilla, se cambió, se puso una de sus camisetas escotadas y fue camino de uno de
los despachos. Al abrir la puerta, su mejor sonrisa, su porte más seductor y una mirada
ardiente

E: ¿Cómo estás Lorena? (cerró la puerta tras de sí pasando el pestillo)

Lorena: Vaya sorpresa (sonrió agradablemente al verla recostándose sobre su sillón)

E: Ya ves... pasaba por aquí y me preguntaba... (se pasó lentamente la lengua por los
labios sabiendo que aquel gesto enloquecía a la mujer) Si te apetecería algo

La sonrisa de la médico, le dio luz verde para actuar dejando escapar de su interior una
pasión desmedida que volvió loca a la mujer

Cuando el médico salió de la habitación les habló a Teresa y Luis que esperaban allí,
Luis con gesto serio, Teresa con miedo y nervios
Palabras 240

Doctor: Bueno ha sido un ataque de ansiedad, ahora está tranquila, le he dado un


relajante

Luis: Hoy tiene un compromiso que no puede eludir

Doctor: ¿Cuándo? (le preguntó mientras se ponía la chaqueta)

Luis: A las ocho

Doctor: No hay problema...

Luis: Gracias doctor, le acompaño

T: ¿Puedo pasar con ella?

Doctor: Sí, claro

T: ¿Luis?
Luis: Sí, sí (le dijo con el ceño fruncido)

Al entrar la vio acostada tapada con el cubre con la mirada perdida hacia el mar, Teresa
al verla sintió una pena profunda, ¿pensaría como ella, qué Esther nada más había
aprovechado la ocasión para acostarse con la escritora?, un escalofrío recorrió su
espalda

T: Maca... ¿estás durmiendo?

M: No

T: Estoy aquí (se sentó a su lado acariciando su cabeza) Ya ha pasado... ya está

M: Nada ha pasado... todo está igual (murmuró con dolor)

T: Descansa, trata de descansar estoy contigo

M: No me dejes sola con él, por favor

T: Tranquila. Descansa

A Teresa se le abrieron las nubes oscuras y pesadas que se habían puesto sobre ella
desde el momento en que había visto dos cuerpos desnudos de mujer abrazados, quizá
no era contra Esther contra quien debió sentir la rabia, sino, sobre Luis, ese maldito
hombre que después de saber a pinceladas lo que había ocurrido, de haber chantajeado,
humillado y maltratado toda la vida que llevaba junto a Maca, era más culpable de su
dolor, más cretino por su tratamiento hacia ella y mucho más cruel que lo había sido
Esther

T: Maca... ¿duermes?
Palabras 241

M: No Teresa

T: Quiero decirte una cosa antes que venga Luis, quiero que la pienses (susurraba pero
su voz trataba de mostrarse firme)

M: ¿Qué? (se dio la vuelta y la miró con los ojos vacíos, y el ceño fruncido)

T: No necesitas dinero, no necesitas casa, no necesitas nada para dejar a ese pedazo de
manipulador

M: ¿Cómo que no Teresa? (sonrió incrédula con sus ojos tristes)

T: Maca, yo tengo dinero, tengo una casa, te ofrezco todo lo que tengo con el corazón
en la mano a cambio de nada, bueno sí, a cambio de verte feliz como te he visto estos
dos últimos días ¿qué dices?, ¿eh?

Ante su silencio mientras fruncía los labios, Teresa agregó

T: Maca... es tu oportunidad... dejarlo, huir de él y sus manipulaciones... ser feliz cariño


M: Gracias (le dijo emocionada con los ojos repletos de lágrimas)

T: No quiero que me lo agradezcas, quiero que lo hagas (insistió con fuerza y coraje)

M: ¿Y mis padres?, mi madre es la única que sabe la verdad porque Guillermina se lo


contó, y en lugar de ayudarme, me presionó para que me casara

T: ¡Anda que tu madre también! (le dijo molesta)

M: No puedo hacerlo... hasta que no tenga la seguridad de que puedo lograr una manera
de que mis padres no pierdan sus bodegas por mi culpa

T: No sé toda la verdad pero, no creo que tú tengas la culpa de eso, si las pierden será
por ellos mismos y porque Luisito no es trigo limpio

M: Debo hacer las cosas bien... yo también tuve la culpa por darle un motivo para
utilizarme

T: ¡Maca piénsalo!

M: No puedo implicarte a ti... de momento no puedo (dijo desanimada)

T: ¿Y Esther?... ¿para ti también ha sido una noche?

La puerta se abrió y ambas se callaron, Maca cerró los ojos y Luis se sentó en la mesa
del salón dispuesto a trabajar. Una de las veces que entró la vio dormida y le dijo a
Teresa

Luis: Puedes irte Teresa


Palabras 242

T: No me voy a mover de aquí hasta que Maca no despierte

Luis dio media vuelta y siguió trabajando, Teresa pensando

T: (“No voy a dejarte las cosas fáciles, antes que tus maniobras repulsivas está Maca,
vale es eso... Esther tenía razón, lo puedo decir lesbiana, sí, vale, ¿y qué?, ahora más
que nunca me necesita no es hora de prejuicios ¡pero qué pedazo de desgraciado es!,
aprovecharse de esa manera, claro, así está de amargadita mi pobre Maca (la miraba
con gesto serio, y su mano algo temblorosa alcanzó para acariciar su frente y poner bien
su mechón de cabello) Dios mío debe ser un infierno estar con una persona así de
repugnante a tu lado... ¿cómo la puedo ayudar?... quizá si hablo con Guillermina, sí,
ella puede guiarme, estoy segura... ¡claro por eso tiene tanto odio a Luis!, por eso la
quitó del medio, ¡desgraciado! Mira me sube acidez del estómago cada vez que lo
pienso. Y encima Rosario, claro tan estirada ella, seguro que por no perder su posición
es capaz de anteponer la felicidad de su hija... ella me dio la advertencia... uf... y
encima Esther... no pensaba yo que fuera de esa manera ha utilizado a Maca para una
noche de juerga... ¿pero y Maca?... les vi buena conexión... ¿se habrá enamorado
Maca o... será cómo Esther? (resopló con actitud algo nerviosa y el ceño fruncido) ¡Ay
que lío con lo tranquila que estaba yo con mis correcciones y ahora pasar esto! Pero
sobre todas las cosas el desgraciado ese no debe enterarse de nada, y tú Teresa, a
ayudar y opinar poco sobre eso... vale sí... sobre que es lesbiana”)

En el hospital Esther había evitado a Consuelo a base de entrar a quirófanos, hacer


pedidos, curas, todo lo que tuviera su mente bien ocupada no quería recordar, no quería
pensar tan solo quería justamente no sentir

Consuelo: Vaya... vaya... así que huyéndome (le dijo asomándose al cuarto de
Farmacia)

E: Estoy ocupada Consuelo

Consuelo: Ya... y... digo yo ¿eso tiene algo que ver con Macarena?

E: Está bien, tú ganas, no pasó nada

Consuelo: ¿Nada?

E: Nada, absolutamente nada (le contaba sin mirarla)

Consuelo: Ahora entiendo tu cara... pero Esther... no es para que te lo tomes así

E: ¡Me lo tomo como me da la gana! (le dijo enfadada)

Consuelo: ¡Oye a mi no me contestes así que te meto una colleja, eh!

E: Estoy ocupada ¿no lo ves?


Palabras 243

Consuelo: Veo que te pasa algo, veo que hacía tiempo que no tenías esa cara de cordero
degollao, eso es lo que veo (le decía preocupada ante la mirada de Esther agregó) Y veo
que me ocultas algo

E: Vale, me he tirado a Lorena en su despacho

Consuelo: ¡Esther! (la ofensa fue mayor de lo esperado para Consuelo quien la miró
entrecerrando los ojos y le dijo) ¿Otra vez vuelves a las andadas?

E: No haber insistido...

Consuelo: Eres... eres... (dio media vuelta saliendo de allí)

E: Soy gilipollas, eso soy (musitó con rabia)

Se acercaba la hora de marcharse del trabajo, tenía que ir a casa a cambiarse para acudir
a la fiesta de despedida del curso, había estado barajando la posibilidad de no ir, pero
ella no era de las que evitaba enfrentamientos, se sentía herida por la reacción de Maca,
y algo desconcertada por su propia reacción, pero sin duda, no iba a dejar pasar la
oportunidad de verla nuevamente cara a cara, y por que no, tratar de desafiarla, no iba a
permitir a nadie volver a jugar con ella

Fuera en rotonda una Sandra preocupada por Esther acudió al hospital para ver que tal
estaba y tratar de animarla un rato. Al llegar vio cómo Consuelo estaba recogiendo sus
cosas para marcharse también, sonrió, aquella mujer la cotilla del Hospital, era sin
embargo una de las personas que más y mejor la habían ayudado con Esther. La
apreciaba y sin duda, sabía que no estaba muy lejos el momento de volverla a ayudar

Sandra: Hola Consue

Consuelo: ¡Sandra cariño!, espera guapa que ya salgo (le dijo despidiéndose de su
compañera que había llegado para revelarla)

Sandra: ¿Cómo va todo?

Consuelo: Tu presencia aquí me dice que tenemos problemas con la cabeza hueca de
Esther

Sandra: Sí (hizo una mueca de tristeza)

Consuelo: Ya me ha dicho que nada de nada. Si es que no sé porque tiene que acostarse
con todas las mujeres que quiere... bueno si lo sé, pero claro no está acostumbrada a una
negativa y por eso hoy lo de Lorena (como era su costumbre, no se mordía la lengua)

Sandra: ¿Una negativa?, ¿Lorena? No entiendo

Consuelo: Me dijo que Macarena no había caído

Sandra: ¿Eso te dijo? (le preguntó algo contrariada)


Palabras 244

Consuelo: Sí

Sandra: Pero si ha pasado toda la noche con ella, ¿y esta mañana ha estado con
Lorena?

Consuelo: Pues eso me ha dicho... (contestaba sin entender nada)

Sandra: Creo que Esther está cometiendo una locura más. ¿Sabes lo que creo
Consuelo?

Consuelo: No

Sandra: Que Esther siente algo más que deseo por la escritora, está así porque esta
mañana cuando las descubrió su secretaría, Maca se enfadó o se sintió mal y la echó a
cajas destempladas, no sé que esperaba de ella lo que sí sé es que está tocada

Consuelo: No puedo creer que se haya enamorado... ya sabes...

Sandra: Bueno no le llames enamoramiento, mejor ilusión o gusto, sí creo que esa
mujer le gusta más allá de su lunar y más allá de todo cuanto ha soñado con ella, ¿tiene
relación qué hoy vuelva con Lorena?, ninguna, Esther elimina sus sentimientos a base
de sexo desinteresado, de eso nunca se va a poder curar es una costumbre, una forma de
evadir sus sentimientos, no hay más que verla (le hizo una señal con las cejas hacia
detrás allí estaba Esther con una cara totalmente apagada) Mal vamos Consue, mal
vamos

La mujer la miró con gesto de pena, ¿sería verdad que se había enamorado?, Esther
hacía mucho tiempo que no sentía nada hacia ninguna mujer, nada más que disfrutar de
un buen rato, ¿por eso había buscado a Lorena? Su mente se hacía mil preguntas porque
sin duda Esther no era la misma de siempre, y eso conociéndola era un mal síntoma

E: ¿Qué haces aquí Sandra?

Sandra: Pasaba y me he preguntado si ya tienes el conjunto para mi pedida. Por cierto


Consuelo mañana es mi pedida

Consuelo: ¡No me digas... no me habías dicho nada! (exclamó feliz)

E: Claro, si dejarais de hablar de mí (dijo con tono agrio ante la mirada de las dos
suspiró diciendo) No, no lo tengo, pero ahora me voy a casa tengo que ir a la despedida
del curso

Sandra: ¿Y mi despedida? (la miró con cara de pocos amigos)

E: Mañana por la mañana me voy a Zara y me compro algo, tranquila

Sandra: Bueno... no va a ser una gran fiesta pero... me hace ilusión ir mona
Palabras 245

Consuelo: Si hija a los suegros hay que entrarles bien desde el primer momento

E: Bueno yo me voy

Sandra: ¿No me esperas? (le preguntó sorprendida ante su reacción)

E: Sí, va, vamos tengo que arreglarme aún y todo

Lorena: Hasta mañana Esther (le ofreció una sonrisa amplia que invitaba a “mañana
repetimos”)

E: Hasta mañana Lorena

Consuelo: ¡Pelandusca! (susurró Consuelo y ante la mirada cansada de Esther le dijo)


Sí, y tú tonta. Hasta mañana

Sandra: Venga vamos... ¿tienes la bicicleta?

E: No

Sandra: Mejor demos un paseo

Durante unos minutos no dijeron nada tan solo compartían el silencio en el paseo
E: ¿Estás nerviosa? (trató de desviar cualquier pregunta que pudiera recabar sobre ella)

Sandra: Sí, y sé que es una tontería

E: No lo es, vas a cometer la mayor locura de tu vida, es para estarlo (se puso la
bandolera cruzada y la chaqueta sobre su brazo derecho)

Sandra: Amar a alguien no es una locura, y el compromiso tampoco

E: Sabes perfectamente que podríamos discutir sobre eso horas

Sandra: Lo hemos hecho sí, pero sigo sin convencerte (sonrió con tristeza)

E: Y no lo harás

Sandra: Yo no, la vida quizá sí

No hablaron más, no hubo nada más que decir, a veces cuando a Esther le entraba la
melancolía, paseaban por la ciudad sin hablarse, tan solo acompañándose sabiendo que
a pesar de todo la una o la otra, siempre estaba ahí. Y muchas veces lo había dicho
Esther y era un sentimiento real, eran como hermanas. Por eso en un momento dado
dejó salir algo de su corazón

E: Voy a echarte de menos

Sandra: Y yo
Palabras 246

Siguieron el camino, en silencio...

En la habitación, Teresa seguía inamovible del lado de Maca, no hacía otra cosa que
mirarla y pensar, miraba el mar y la miraba a ella, dormía tranquilamente con un gesto
relajado, sabía que Luis no sospecharía nada, simplemente era otro ataque más, pero
ahora ella sabía porque, al escucharlo entrar sintió una acidez en su estómago que le
provocó mirarlo duramente

Luis: Habrá que despertarla Teresa

T: Aún es pronto

Luis: No ha comido, tendrá que comer (se acercó a ella y si Teresa hubiera podido le
hubiera gritado que no la tocara pero se mordió la lengua) Está muy pálida

T: Sí

Luis: Márchate a cambiarte yo me quedo con ella (le ordenó)

T: Está bien... si pasa algo me llamas

Luis: Claro
Teresa se fue maldiciéndolo en su interior, y él se sentó junto a Maca mirándola con los
ojos tristes, tras un suspiro acarició con lentitud su cara sin perder detalle, ante la caricia
Maca se movió

Luis: ¿Maca cómo estás?

M: Mejor

No le dijo nada más se levantó de la cama y siguió con su trabajo, mientras Maca sentía
como le dolía el cuerpo, al moverse, sonrió por un segundo volvió a sentir la felicidad,
miró su teléfono Esther no había llamado y respiró, había sido un falló tener el teléfono
encendido y lo peor, que Luis estuviera allí

M: ¿Y ahora qué? (se preguntó tapándose la cara con las manos)

A los diez minutos de hacerse la pregunta, Teresa apareció en el cuarto, la miró con algo
de temblor en sus ojos, Maca sintió algo de miedo Teresa no podía cambiar, no podía
evitarla por lo que realmente eran sus sentimientos

Luis: Teresa voy a tomar algo, mandaré que suban la comida a Maca, ¿tú quieres algo?

T: No

Luis: De acuerdo
Palabras 247

Al salir Maca se levantó, Teresa vio su palidez seguía algo mareada y se acercó a
sujetarla pues se había tenido que sentar al borde de la cama

T: ¿Estás mejor?

M: Sí, un poco mareada

T: Maca... ¿ya lo has pensado? (la miró fijamente colocándose delante suya)

M: ¿El qué? (no sabía muy bien de lo que estaba hablándole se sentía cansada y
derrotada)

T: De lo que te dije, de venirte a mi casa, de que podemos salir adelante con mi dinero,
no necesitas a Luis Maca, lo que necesitas es vivir y yo quiero ayudarte, tus padres
saldrán adelante tienen dinero y por perder unas bodegas no van a morirse, en cambio
tú, si sigues así perdiendo tu vida acabaras muriéndote de pena, cariño (Maca se
conmovió de tal modo que no pudo más que abrazarse con fuerza a Teresa llorando
agradecida, llorando con el sentimiento de que no le iba a abandonar y aquello para ella
era una de las cosas más importantes) Yo estaré a tu lado Maca... eres inteligente,
escribes de una manera que a la gente atraes, puedes seguir escribiendo y volviendo a
manejar tu vida libremente sin opresiones (trataba de convencerla)

M: Teresa... lo dejaría todo, dejaría lo que más amo en la vida que es escribir si con eso,
pudiera perderlo a él
T: No tienes que dejar nada que no sea él (la miraba a los ojos con pena) Tienes que ser
la misma, la misma no, la auténtica Maca, la que sonreía ayer, la que ha salido a
divertirse (se lo decía sin poder evitar emocionarse) No sé lo que haya sido Esther, si ha
sido una noche yo no soy muy de esos pensamientos, ella me dejó claro que...

M: ¿Qué te dijo? (le preguntó con unas ansias marcadas en sus ojos, en su mirada algo
desconcertada)

T: Hablamos, bueno me convenció tengo que decirte la verdad, se sentó enfrente mía y
me habló muy claro, vamos, demasiado claro

M: ¿Pero qué te dijo? (la miraba algo aturdida justo cuando la puerta se abría, y sus ojos
le pedían respuesta rápida)

Luis: Hola... he pensado que mejor como aquí contigo

M: Voy... voy a ducharme...

T: Voy a prepararle la ropa

Maca estaba bajo el chorro potente de agua, golpeaba su cara sin piedad, una piedad que
ella no suplicaba había aprendido a vivir sin ilusiones, a vivir día a día con lo que tenía,
pero había cometido una gran equivocación la noche anterior que le había dejado con el
alma al descubierto, ahora sabía que era lo que no tenía, de lo que carecía su vida y no
estaba segura de poder seguir sin ello. Trató de no llorar pero le fue imposible, ¿qué
Palabras 248

habría dicho Esther que había sido?, una aventura más lo tenía claro, ella era una más de
su larga lista, y sin embargo Esther había sido su primera mujer, su primera experiencia
maravillosa, sus primeros besos apasionados, sus primeras caricias dulces dadas y
recibidas, Esther había sido demasiadas cosas para ella en esa, su única noche

Al salir comió algo junto a Luis, Teresa le había preparado la ropa y había vuelto a su
habitación, él parecía más decidido que nunca a no dejarla sola y eso todavía molestaba
más a la escritora que se había quedado con las ganas de saber que había dicho Esther, a
pesar de imaginarlo, quería escucharlo para sepultar nuevamente la pequeña llama que
había nacido en su corazón

Esther ajena a todo cuanto estaba pasando, se había duchado y maquillado, no dudó ni
un segundo en la ropa que iba a llevar, se arregló el pelo en una coleta, mostrando
alegremente su cuello, y cuando salió hasta el comedor para coger su bolso, Sandra
silbó murmurando

Sandra: Pobrecilla las va a pasar canutas en cuanto te vea... quieres jugar ¿eh?

E: Quiero ganar, como he ganado siempre (la miró a los ojos con una sombra que cubría
sus pupilas)

Sandra: Recuerda... hay que saber perder para ganar

E: Sólo espero que no haya tenido problemas con su marido (dijo sin pararse mucho a
pensar)

Sandra: Vaya... ¿de esa manera quieres ganar? Preocupándote por ella

E: ¡De verdad a veces te odio con toda mi alma! ¡me voy!

Sandra: Ya me contaras... te espero despierta ¿eh? (le grito hasta escuchar el portazo)
Pobre Macarena, espero sea fuerte

Durante el camino en el taxi, Maca no había quitado su mirada de la ventanilla, en aquel


vehículo se podía cortar el aire con un cuchillo, la tensión era tal que Teresa había ido
durante todo el rato, sacándose y metiéndose el anillo de su dedo, le daba vueltas, y
trataba de respirar para tranquilizarse. Cuando llegaron y Luis pagó la carrera al bajarse
tuvieron escasos diez segundos para ellas y Maca lo aprovechó

M: Por favor Teresa, que no se me acerque Esther

Luis: ¿Bajas?

M: Bajo (contestó)

T: ¡Ay Jesús... ay Jesús! (repetía sin cesar para sí)


Palabras 249

Maca llevaba un traje chaqueta, volvía a ser la esposa escritora de un gran caballero
engominado, y con traje chaqueta a jugo con la corbata y la camisa. Zapatos de tacón
que le acercaban a Luis algo más, cogida de su brazo y a pesar de todo con gesto que
aparentaba tranquilidad para cualquiera que no la conociera profundamente. Al entrar,
una gran arreglada Merche fue hasta ella, el salón donde se celebraban las entrevistas, y
ruedas de prensa, a pesar de ser pequeño, estaba acondicionado dando la sensación de
estar en un lugar muy cuidadoso y que les ofrecía un alto festín

Mercedes: Maca... que ganas de que llegaras, hay mucha gente y quiero presentarte a
todos

M: De acuerdo (sonrió)

Luis: Vamos

T: (“Vamos dice... eso digo yo... vamos a liarla ¡Jesús!”)

Tanto los ojos de Maca como los de Teresa lo primero que hicieron al entrar fue buscar
la figura de Esther, había gente era cierto, pero estaban repartidos de manera que era
sencillo ubicar a los alumnos, los rostros de la gente y ambas se habían percatado que
no estaba. Maca sintió un pinchazo en el corazón, Teresa un gran alivio, pero su alivio
duró lo que duró su suspiro, porque por la puerta entraba una elegante Esther, a pesar de
ir con vaqueros, botas elegantes de tacón negras, un cinturón ancho y una camiseta que
dejaba bastante piel al descubierto, con un recogido espectacular que le daba un toque
muy seductor, unido a su gran sonrisa cautivó a más de un caballero de los invitados la
entrar

Raúl: ¡Esther estamos aquí! (la llamó Raúl)

E: Hola (sonrisa amplia y muy divertida) Oye cuanta gente ¿no?

Raúl: Sí, Merche ha invitado a gente importante de las editoriales (le hacía señales con
las cejas mientras le entregaba también una gran sonrisa) De aquí podemos sacar tajada

E: Eso espero, sacar tajada (le dijo divertida ante la mirada de Paloma, a quién le guiñó
el ojo graciosamente)

A Teresa los ojos no se le cayeron al suelo, porque estaban bien seguros dentro de sus
órbitas pero conociendo un poco a Esther, podía entender perfectamente que había
llegado con cierto aire de provocación, con disimulo miró a Maca que justamente estaba
de espaldas a ella y no la había visto aún, aquello provocó que la boca se le secara y
tuviera que arrebatarle al camarero una copa de jerez, bebiéndola de un solo trago,
necesitaba calmar no solo su sed, sino también, sus nervios. Esther sonreía sabía que su
sonrisa mareaba a cualquiera y aunque veía que Maca estaba de espaldas, esperaba el
momento en que se girara sin perder detalle

T: ¿Podemos hablar un momento Esther?, os la robo ¿eh, chicos? (les dijo al grupo
tratando de mostrar una sonrisa lo más convincente posible mientras cogía del brazo a
Esther y se la llevaba de allí)
Palabras 250

E: Vaya... pensé que no querías hablarme nunca más (le dijo bebiendo de su copa)

T: Por favor Esther... voy a pedirte algo

E: Mira a ver que me pides, que luego te arrepientes

T: Muy irónica (le demostró estar enfadada con ella)

E: ¿Ah, qué no?, me pediste que ayudara a Maca y lo he hecho ¿no?

T: Mira Esther, por favor por lo que más quieras no vayas a poner en un compromiso a
Maca estando aquí el marido... no sabes lo que...

E: Te dije que no quiero saber, no es mi problema, fue una noche Teresa... aunque por
mí repetiría sin duda (sonrió de lado mientras miraba a Maca)

T: Por favor no te acerques a ella, por favor

E: ¿Te lo ha pedido?

T: Sí, por favor (le rogaba con los ojos)

E: Yo no me voy a acercar, será ella Teresa quien lo haga, ella... ya lo verás (le guiñó un
ojo mirándola de arriba a bajo y diciéndole con total frescura) Estás muy guapa esta
noche Teresa, muy guapa, si

T: ¡Bueno! (se quejó ante el comentario)

Esther volvió hacia su grupo y volvió a ponerse de manera que controlaba a Maca, justo
cuando ésta se volvió sus ojos se encontraron, Teresa dio otro trago a la copa mientras
llamaba al más alto responsable de la Humanidad en busca de ayuda Divina. La
enfermera inclinó levemente la cabeza hacia delante, la escritora suspiró

Mercedes: Esther... mira ven quiero presentarte a alguien

E: Claro... ¿tú dirás?

Mercedes: Es un editor está buscando una escritora de calidad que sea novel, y le he
hablado de ti (le decía entre susurros)

E: Ah, estupendo

A Maca le tocó el turno de hablar con los encargados de repartir los libros, les hablaban
tanto a ella como a Luis de los experimentos que habían estado haciendo, pero los ojos
de la escritora, no fueron capaces de no mirar hacia donde Esther hablaba muy divertida
con un chico joven y muy desenfadado, suspiró y de repente un flash llegó a su cabeza
Palabras 251

“Esther desnudándola, sus manos acariciando sus pechos sobre el sujetador, sus bocas
unidas, sus lenguas reconociéndose, sus manos tratando de tocar la mayor parte de piel
posible. Maca suspirando al notar la lengua de Esther recorrer su cuello, ella misma
tratando de encontrar y acertar con el maldito botón del pantalón que se resistía. Y allí
estaba la escritora reaccionando a las manipulaciones que Esther le dedicaba dejando de
repente de estar tensa, aflojando sus músculos y sintiendo como se iba soliviantando el
deseo, y fue entonces cuando sintió una necesidad moribunda de beber de sus labios
para saciar esa sensación de calor que la invadía por momentos, y que Esther, con
sabiduría la estaba llevando a la locura”

Maca cerró los ojos, mal momento para recordar el mejor momento de su vida, bebió de
su copa pero aquella risa que llegó a sus oídos de Esther la emborrachó nuevamente
haciendo que su corazón latiera rápido y su sangre transportara ese sentimiento de
agitación ante ella. Y tuvo que mirarla de nuevo, allí reía divertida con aquel joven

Luis: ¿Te encuentras bien? (le preguntó algo nervioso)

M: Sí

Luis: Estás un poco pálida

M: Estoy bien (bebió de nuevo zanjando la conversación)

Esther dejó aquel hombre cuando vio como Maca se quedaba sola cogiendo un canapé,
con habilidad y sin aparentar ninguna necesidad aunque las tuviera todas, se puso a su
lado

E: Hola

M: Hola (contestó sobresaltada mirándola de soslayo)

E: Me gustas más cuando vas con vaqueros aunque, francamente, así no estás nada mal

Cogió un canapé y dejó la compañía de Maca quien se había quedado petrificada,


mucho más lo había hecho Teresa que había enrollado su dedo en el lazo que rodeaba el
cuello de su camisa con gesto de espanto

Para Esther volver con el resto de la clase fue un alivio, había notado como sus
pulsaciones se habían alterado a galope al acercarse a Maca, y mientras sonreía tratando
de no mirar como su marido la cogía por la cintura su mente la sacó de allí

“Una vez tumbadas en la cama, ambas desnudas su gozo fue mayor cuando sus labios
ocuparon primero un pezón y después el otro, cuando con su lengua los acarició
sensualmente sin perder de vista a la mujer de sus mejores fantasías, allí estaba abierta
de piernas rodeando con sus talones los muslos de Esther, dejándose cubrir por ella
como un suave manto de pétalos de rosa. Y conforme incrementaba el ritmo de su
lengua en sus pechos, también incrementaban los movimientos de las caderas de Maca,
y sus manos jugando por su pelo, entonces los labios de Esther buscaron con ansía su
piel, llenándola de besos, succiones, lamidos, pequeños mordiscos notando cómo las
Palabras 252

impacientes manos de Maca querían tocarla con premura, recordó el calor como la
inundaba, y como sabía que estaba sucediéndole lo mismo a la escritora”

Esther tuvo que beber de su copa sentía ese fuego interior nuevamente quemándole la
piel

Mientras en un descuido de Luis, Teresa se acercó a Maca con actitud nerviosa, le pasó
la mano por el antebrazo tratando de darle calor, pues notaba que era lo que le faltaba en
aquel momento

T: ¿Todo bien?

M: Sí, todo bien. Teresa relájate que te va a dar algo

T: Por un momento casi me pongo a gritar

M: Tranquila, Esther no haría nada indebido

T: ¿Y por qué me has dicho que no se acerque? (la miró sin comprender)

M: Es más por mí que por ella

T: Vaya...

Mercedes: Maca guapa, vamos a dar un pequeño discurso, ¿te apetece decir algo?

M: Sí, claro, será un placer

T: No entiendo nada (musitó para sí dando otro trago a la copa)

Merche se acercó a un micrófono que había en uno de los laterales de la sala, todos se
pusieron en frente para poder captar sus palabras, justo a su lado estaba Maca, con un
gesto relajado y una pequeña sonrisa, pero en un segundo, su marido se puso a su altura

E: (“Hijo de puta (pensó para sí) No sabes lo que tienes y no mereces cabrón”)

Merche comenzó a hablar, pero a Esther la figura de Maca la atraía sin remedio y volvió
a ver las imagines nítidas en su cerebro

“Daban vueltas en la cama, sabía que era la primera vez de Maca, no había dudas pero
también había notado que estaba dispuesta a aprender rápido, sin mucho preámbulo dejó
deslizar su dedo hacía el vientre de Maca, ésta lo alzó dejándole claro su ansía, Esther
sonrió sin dejar de mirarla a los ojos, pero la escritora justo en ese momento los tuvo
que cerrar, era la primera vez que alguien la rozaba deseándolo, no pudo evitar un
suspiro, un gemido medio ahogado que a Esther le supo a gloria. Y allí estaba
observándola mientras tocaba su humedad, los músculos de su propio estómago se
retorcieron al verla, la excitación que estaba sintiendo era única, y su sexo latía
dolorosamente en lo más hondo al ver cómo Maca se excitaba, como las venas de la
garganta se hinchaban, como echaba para atrás su cabeza, como sus pechos se alzaban,
Palabras 253

como sus pezones erectos despejaban cualquier duda, y ella allí acariciando lentamente
su clítoris sintiendo que se moría de placer, tan solo recordaba haber tenido esa
sensación una vez en su vida, y la borró con rapidez. No había palabras, no había
susurros, tan solo había una necesidad de placer arrolladora. Y ella quería conocer el
tacto de aquel cuerpo que tanto había soñado, quería conocer al milímetro el tacto de
aquella piel suave y caliente que estaba devorando. Y siguió llevándola al paraíso hasta
que vio como su cuerpo se crispaba ante la inminente llegada de un orgasmo
avasallador. Y cómo Maca tembló y apartó su experta mano de su sexo aún tembloroso
estrechándola fuertemente contra ella (como un movimiento reflejo, Esther movió su
mano como si pudiera notar su caricia, sin separar los ojos de Maca que seguía
imperturbable mirando a Merche con una sonrisa que agradecía sus palabras, Esther
suspiró) Maca la llenó de caricias y besos, indagó sobre la piel de una mujer el camino
del placer, sus manos viajaron a través de su piel, Esther cerraba los ojos al sentir aquel
maravilloso tacto que le estaba haciendo perder el control de la situación, durante algún
tiempo había sido a base de golpes capaz de soportar el camino largo y lento hasta llegar
al placer, pero en ese instante en que Maca le besaba en el cuello y dejaba rodar sus
dedos entre sus pechos, sintió como una necesidad urgente demandaba su sexo y
terminó por acompañar la mano de la escritora hasta aquel lugar donde por primera vez
Maca llegaba y se dejaba impregnar, mientras sus ojos se movían nerviosos mirando
penetrantemente aquellos otros ojos que le gritaban lo mucho que estaba disfrutando”

Raúl: Al final me voy a creer que somos buenos y todo (le dijo Raúl sacándola de su
ensimismamiento)

Los aplausos dieron paso a la escritora, Merche la miraba realmente emocionada por su
ayuda mientras los ojos jueces de tantas miradas de Luis la vigilaban, Teresa lo captó
por primera vez, ahora que sabía la verdad entendía muchas cosas, muchas miradas, ese
miedo de Luis reflejado en sus pupilas, miedo a saber que de alguna manera Maca
podría dar el paso que él temía. Y suspiró

E: ¿A qué te gusta más cuándo está conmigo? (le preguntó Esther sacándola a su vez de
sus pensamientos, ante su mirada dura Esther le sonrió de manera conciliadora) Anda
relájate que estás acabando con tu pobre lazo (le señalaba el dedo que una y otra vez
daba vueltas sobre la tela

M: Bueno ya os lo he dicho muchas veces, pero os lo vuelvo a repetir, para mí ha sido


un placer compartir el tiempo con vosotros, creo que ahora que están aquí la gente que
os puede echar una mano, deberían saber que habéis sido un grupo de los mejores que
he tenido en mis años de cursos, y os aseguro que he tenido unos cuantos

T: Demasiados (se quejó Teresa a Esther)

E: Sí, hay que ganar dinero ¿no? (Teresa la miró con un gesto de “si tú supieras”) Me lo
imagino

T: No, no te lo imaginas
Palabras 254

M: La verdad que me siento muy orgullosa de vuestro trabajo, y también de haber


podido aprender cosas a vuestro lado, ¡y no me enrollo más!, tan solo os repito lo que os
he ido diciendo, escribir es un placer, disfrutadlo

Los aplausos volvieron a invadir la sala, y a Maca la sonrisa se le volvió sincera, mucho
más cuando vio como la miraba Esther y la aplaudía, se sintió bien, y una exhalación
profunda le ayudó a digerir muchas cosas. Tuvo que aguantar los saludos de la gente sus
palabras, mientras su mente volvía a fallar y le transportaba a donde tanto había
disfrutado:

“Esther se había quedado dormida, era casi perfecta, la miraba sin cansarse le acariciaba
sin tocarla, la miraba y la deseaba, había conseguido lo que tantas noches y tantos días
se había ido preguntando, ¿alguna mujer le haría sentir?, pues allí estaba la persona que
lo había logrado, en su cama, llevándola a la locura más apasionante que jamás había
vivido, le gustaba cuando reía, le gustaba cuando la miraba, pero le encantaba mirarla
dormir, era tan frágil entonces, era como un ángel a quien ella quería adorar, y cuidar.
Finalmente antes de dormirse le dejó un suave beso en los labios, y pasó su mano por la
cintura desnuda y aún caliente del esfuerzo y la pasión, estrechándola fuertemente
contra ella como si de ese modo, no pudiera perderla jamás”

T: Has estado muy bien (entonces Maca le dijo algo en voz baja al oído, que a Teresa le
dejó boquiabierta) ¿Estás segura Maca?

M: En mi vida lo he estado tanto

Teresa pensaba exaltada que aquello era una locura, caminaba despacio entre la gente
que se había unido al evento, no sabía de donde salía tanta, o realmente lo que no sabía
era si había estado siempre allí pero sus ojos tan solo habían captado los movimientos
entre Maca y Esther

T: (“Y ahora quiere verla... encima Esther tiene razón y ha sido ella... ¡esto me llevará
al infarto!... ¿y ahora dónde se ha metido Esther?”)

En el grupo donde Maca estaba y donde Luis reía orgulloso de las palabras de uno de
los mayores editores del negocio, aprovechando la coyuntura que existía, ella le tocó
suavemente el brazo y le dijo en el oído:

M: Voy al lavabo

Luis: De acuerdo

Y se fue por una puerta, justo cuando Teresa encontraba a Esther en la otra punta de la
sala, al verla llegar hacia ella, Esther sintió como su corazón dio un latido esperanzador,
no quiso buscar a Maca con sus ojos, tan solo sonrió a Teresa

Maca estaba en el lavabo se miraba en el espejo y sentía su corazón latir a toda mecha,
sentir tantas cosas le hacían pensar que estaba andando sobre un hilo demasiado fino
como un fonambulista y que, en cualquier momento tras un paso en falso era tan
Palabras 255

probable la caída que sentía esa emoción a enfrentarse a sus propios miedos, emoción,
que jamás antes había aparecido en ella. Resopló tratando de esa manera de estar lo más
tranquila posible. Cuando la puerta del lavabo se abrió, giró lentamente la cabeza hasta
que sus ojos se encontraron con la figura de Esther, una Esther que dio un paso el justo
para pasar y desplazarse hasta la izquierda quedándose apoyada sobre los ladrillos de un
rosa suave, tras apoyarse, cerró la puerta, Maca se había quedado quieta frente a la
grifería observándola, la enfermera que en eso de las artes de provocación se las sabía
todas se percató de inmediato que se había desabrochado un botón de la camisa, un
botón que momentos antes estaba bien abrochado. Así que ella también decidió jugar
sus bazas, levantó el cuello, y lentamente humedeció sus labios. La tensión sexual del
momento hablaba a gritos en el silencio, los cuerpos tensos y esperando cualquier
mínima señal para ejecutar lo que movía su corazón y pensamiento, el deseo, un deseo
aplastante ante la lógica y la racionalidad. Maca imitó el gesto de Esther, no iba a
quedarse atrás, no les separaban más de cinco pasos. La espera de quien rompía el
silencio era pesada, Esther se dejaba llevar como había hecho la noche anterior por
Maca, por lo que ella quería aunque sus ojos hinchados de deseo estaban provocando en
la escritora que su respiración fuera en aumento, que sus pechos se movieran con un
ritmo algo mayor de lo normal, el espejo chivato y enemigo de ambas, les hizo ver que
más que una batalla, era un tratado de paz

M: Hola (le dijo con voz segura y gruesa)

E: Hola (sonrisa de medio lado, agachando la cabeza levemente para mirarla con una
ceja enarcada, como esperando acontecimientos para actuar de una u otra manera)

M: Quería disculparme por lo de esta mañana (su voz fue menos gruesa e incluso
ligeramente temblorosa, su actitud reflejaba su tensión, tenía la mano apoyada en el frío
mármol necesitaba sujeción para no caer, pero ella no notaba el frío y tuvo que despegar
la mano de él porque le abrasaba)

E: No me acuerdo, ¿de qué? (ladeó un poco la cabeza separando un poco sus labios
jugando con la expresión más seductora que ella sabía tenía y manejaba a la perfección)

M: Creo que no ha sido la mejor manera de despedirnos (dio un paso mientras se


mordía el labio inferior)

E: Bueno... cosas que pasan (le restó importancia mientras sus ojos se adueñaban de
aquella boca)

M: Pero a mí no me gusta quedar mal con la gente (trataba de mediar sus palabras,
mientras deseaba tocar aquella piel que veía, aquel cuello que la llamaba)

E: ¿Y?, ¿qué piensas hacer?, porque no has quedado mal, has quedado fatal (despegó su
cuerpo de la pared, sus manos pedían tocar, acariciar, su respiración sin poderlo evitar se
alteró)

M: Lo estoy haciendo, disculparme


Palabras 256

E: ¿Algo más? (nuevamente la lengua viajó por sus labios, y Maca siguió ese viaje con
su boca entre abierta, sus cejas elevándose un milímetro por el deseo agudo que su
entrepierna sentía)

M: Por mi parte nada más, ¿por la tuya? (esta vez quien la desafío fue ella, con una
mirada intensa, ardiente)

E: No... no tengo nada que decir (el espejo dejó fuera a Esther, pero ella veía como
Maca apretaba una de sus manos, sobre su pantalón)

M: Pues...

E: Adiós (lo dijo de manera como si diera el veredicto final sin derecho a réplica)

Fuera Teresa iba de una parte a otra con el corazón latiendo a todo motor, parecía el
coche de carreras de fórmula uno, pero con un motor a punto de romperse, miraba por la
ventana y controlaba los pasos de Luis, parecía estar enfrascado con Merche en una
discusión, sabía que aquello le ayudaba pero no podía estar mucho tiempo, el reloj
contaba cinco minutos ya, y a lo sumo, las sospechas llegarían pronto si Maca no salía.
Además veía como Paloma buscaba insistentemente, y al ver que miraba hacia donde
ella estaba, se temió lo peor

Tras acabar con el adiós, Maca dio dos pasos para marcharse, Esther se quedó
inamovible, la mano de la escritora alcanzó algo temblorosa el pomo de la puerta,
Esther seguía mirándola penetrantemente, mientras la deseaba con todas sus fuerzas y
luchaba por no detenerla, sabía que debía dejarla actuar, debía entender lo que había
pasado y ser valiente, la noche anterior lo fue, ¿lo seguiría siendo? Cuando la mano de
Maca giró el pomo hacia la derecha, algo en su interior la obligó a detenerse, giró
lentamente su cabeza hacia la izquierda mirando con el ceño fruncido a Esther quien la
miraba fijamente sin titubear, mostrándole lo que realmente sentía, un deseo enfermizo.
Maca volvió a agachar la mirada para salir, para marcharse de aquel lugar perdiendo una
vez más, Esther se daba cuenta de su lucha, se daba cuenta lo que estaba sufriendo por
sus ojos, y cuando fue a mover su mano para detenerla, no le hizo falta, Maca se
abalanzó sobre sus labios, dejando que la espalda de Esther se golpeara contra la pared,
los besó casi hasta desgarrarlos, lamió su lengua, mientras sus manos puestas en la cara
la rozaban con toda la suavidad del mundo mientras Esther no se quedaba atrás
convirtiendo aquellos segundos, en un beso apasionado y deseado

Fuera Teresa vio como se dirigía hacia ella Paloma, había llamado con los nudillos pero
no le habían hecho caso, así que abrió la puerta y al hacerlo las encontró allí besándose
con locura, dio un grito ahogado mientras abría los ojos como platos y al segundo los
cerraba no queriendo ver lo que estaba viendo. Y a bocajarro con voz histérica les
gritaba:

T: ¡Viene una alumna!


Palabras 257

Fue suficiente para que Maca se separara, mirara un segundo a los ojos de Esther y
saliera de allí seguida por una Teresa que miró duramente a la enfermera

Paloma: Hola Macarena (pero Maca pasó de largo al igual que Teresa) Vaya... que
raro...

Paloma entró al lavabo mirando por si había alguien, había una puerta cerrada y otra
abierta, supuso que en la cerrada había alguien, y cuando se arrodilló a mirar
sospechando quien podía ser, la puerta se volvió a abrir

T: ¡Qué te pasa!, ¿te has caído?, ¿te has mareado? (le preguntaba levantándola ante la
sonrisa de Esther que se había subido al lavabo “Muy buena Teresita... muy buena...
¡que tía!” Pensaba Esther)

Paloma: No, no, es que me estaba arreglando el pantalón (contestó algo avergonzada)

T: Ah... vaya ¿vas a entrar? (elevó un poco la voz)

Paloma: No, voy a este

T: Ah... uf no puedo más

Teresa empujó la puerta del lavabo y entró, allí una Esther que trataba de taparse la boca
para que no se escuchara su risa, y una Teresa que la miraba con gesto de espanto y
querer asesinarla, mientras se abanicaba con la mano sin saber que hacer. Entonces
Esther bajó de la taza del water, se bajó los pantalones y se puso a orinar mientras una
Teresa avergonzada se daba la vuelta para no mirarla mientras pensaba

T: (“¡Pero con quién te has juntado Maca!... ¡será ordinaria y tendrá poca
vergüenza!... ¡Jesús, María y José!”)
Una vez Maca se había limpiado los labios, y vuelto a pintar mirándose en el reflejo de
uno de los cuadros que habían antes de entrar al salón, llegó hasta donde estaba su
marido, éste le dijo que se marchaban que era tarde, comenzó a despedirse de la gente,
con el gesto compungido sobre todo con Merche, justo estaba por irse cuando Paloma
llegó algo aturdida por lo sucedido en el lavabo, tras ella llegaba Teresa arreglándose la
blusa. Se despidió de Paloma y finalmente salió acompañada de su marido y Teresa

Mercedes: Chicos... de verdad... gracias... habéis conseguido que Macarena Wilson


marque a todos nuestras vidas. Gracias no tengo palabras

El camino de vuelta al hotel se hizo del mismo modo que la ida, aunque Teresa llevaba
sus mejillas tan coloradas que estaban a punto de explotar, y el lazo algo rasgado de
tanto enroscarlo en su dedo, algo abrumada miraba a Maca de reojo y ésta ausente del
lugar donde estaba tan solo pensaba en la calidez de la boca de Esther

En uno de los bares de ambiente de la ciudad, la enfermera bailaba con una copa en la
mano, mientras se dejaba acariciar por una rubia, bebía y sonreía a la chica del
Palabras 258

momento, a la que había ido a buscar para ahogar pensamientos, para borrar
sensaciones, no importaba quien era, no importaba su nombre, en un momento dado
Esther la miró con gesto inquisitivo y la rubia por fin actuó, se mezclaron en un oscuro
rincón de aquel lugar, estaba haciendo el amor mientras una rabia se apoderaba de ella,
y su mirada se volvía oscura como la de un lobo en la noche

Chica: Esther... para...

E: No...

Chica: ¡Esther coño! (le dijo apartándola de un empujón)

E: Lo... lo siento (decía jadeante y asustada)

Salió de allí con la boca seca, con el corazón agitado, caminaba como alma que lleva el
diablo, había perdido el control convirtiéndose en una Lidia cualquiera, aquello le
aterraba de igual modo que lo que había sentido en el cuarto de baño junto a Maca. Al
llegar a casa a las tres de la mañana, agradeció que Sandra no estuviera esperándola.
Fue directa al lavabo y vomitó, al finalizar se apoyó contra la puerta con la respiración
jadeante, cerró los ojos tragando el mal sabor de su boca, se lavó los dientes con fuerza
y al salir se tumbó en la cama sin siquiera destaparla

E: ¿Qué estarás haciendo?

En su hotel, de lado dando la espalda a su marido con los ojos abiertos de par en par, y
el brazo pesado de éste como una losa sobre ella, trataba de calmar su agitado corazón,
las palpitaciones eran fuertes, y rotundas, cerraba los ojos tratando de calmarse pero...
no era posible ante tantas emociones, sensaciones y sentimientos. Puso el dorso de su
mano bajo su oreja y pensó

M: (“¿Estará sola?”)

Cuatro horas antes de que ambas quedaran preguntándose la una por la otra, Teresa con
el agobio de la noche, con los nervios, había llegado a la habitación y se había sentado
sobre la cama resoplando como si fuera una locomotora vieja, con la vista fija en el
suelo mientras en su cabeza se repetía una y otra vez la misma imagen aquel beso
apasionado que pudo ver lo que su vergüenza le permitió, dos segundos

T: Tengo que hablar con Guillermina...

Y así lo hizo, se quitó los zapatos se quitó la camisa con su lazo enrollado de tanto subir
y bajar por su dedo, se puso cómoda y después tras un suspiro prolongado marcó su
número de teléfono. Espero

Guillermina: ¿Sí? (apareció la voz ronca de la mujer)

T: Guillermina soy Teresa (le dijo amablemente)


Palabras 259

Guillermina: ¿Qué le ha pasado a mi niña? (preguntó alterándose al segundo)

T: Nada, nada Guillermina (se apresuró a aclararle ante el respiro que oyó
perfectamente de la mujer) Tranquila es que quería hablar contigo

Guillermina: Espera que me enciendo un cigarro

T: Guillermina (le dijo con todo de riña)

Guillermina: ¿Tú también me vas a reñir? (decía mientras sacaba su ducados y lo


encendía entre toses)

T: Ay Jesús...

Guillermina: No he estornudado

T: Tú siempre tan graciosa (reía)

Guillermina: A ver... es lo único que me queda, este jodido dolor de huesos y la gracia

T: No digas eso

Guillermina: Diré lo otro (respondió haciendo una mueca de fastidio)

T: Ay... ¡qué mujer!

Guillermina: ¿Me has llamado para esta conversación de besugos?

T: No, tienes razón (suspiró cogiendo fuerza) Te llamó porque sé la verdad sobre Maca
(Guillermina se puso en tensión, abrió los ojos y esperó un segundo) ¿Estás ahí?

Guillermina: ¿Lo sabes?, ¿ha pasado algo con Luis?

T: No, verás... en el curso hay una chica que bueno... es...

Guillermina: No lo digas como si hablaras de un secreto, es algo tan digno como lo


demás

T: Lo sé pero es que...

Guillermina: ¿No irás a abandonar a mi niña porqué sea lesbiana? (su pregunta sonó
totalmente ofendida)

T: No, claro que no

Guillermina: Ella te necesita

T: Ya... (contestó algo sorprendida)


Palabras 260

Guillermina: Teresa eres la única persona que tiene acceso directo a ella (le habló
nuevamente con esa necesidad que a pesar de su voz cargada por los pulmones llenos de
humo, le salió suplicante y sedosa)

T: Lo sé... solo que no esperaba algo así (decía sin poder ocultar todavía su
aturdimiento)

Guillermina: Le noté que algo le pasaba, pero no pensé que fuera capaz de hacer nada,
que otra vez se quedaría en una oportunidad perdida (decía seria)

T: No, la verdad que no ha perdido la oportunidad al menos de pasar una noche

Guillermina: ¿De verdad? (le preguntó cambiando de nuevo su actitud y hablando


alegre)

T: Sí, con una chica del curso

Guillermina: ¡Alabado sea Dios, ha escuchado mis plegarias!

T: ¿Le rezas a Dios para eso? (preguntó sorprendida)

Guillermina: Pues claro, y Dios me ha dado mi segunda plegaria la primera aún no


pero dale tiempo

T: ¿Puedo saber cuál es?

Guillermina: Que el hijo del demonio de Luis desaparezca de la faz de la tierra (dijo
con rotundidad la vieja mujer que por su tono se podía percibir su odio)

T: Por eso llamo Guillermina, por eso

Guillermina: Imagino. ¿Qué quieres saber?


T: Maca me contó pero... (se calló cómo pidiendo un poco más de ayuda por su parte)

Guillermina: Fue una desgracia para mi niña, aunque si yo hubiera sabido que la mujer
que la tenía así era la diabla de Lidia, no la hubiera dejado ni a sol ni a sombra, no sé
cual de los dos es más hijo del demonio. Pero ella se enamoró, hubiera sufrido una
decepción con ella, y hubiera podido seguir volando en libertad, pero con él, lo único
que está haciendo es sufrir, cada vez más y ella se deja llevar sé que lo único que puede
hacerle reaccionar es que aparezca alguien en su vida que le haga sentir nuevamente las
ganas de vivir, de sentir, de amar (Teresa escuchaba con atención a la mujer que se
notaba el inmenso cariño que sentía por ella) Es un desgraciado, me separó de ella
porque sabía que yo era quien le animaba a dejarlo, quien le decía que debía olvidarse
de sus padres, de las bodegas y debía irse (entonces con pena susurró) Sabía que viviría
un infierno si no lo hacía

T: Lo está viviendo siete años ¿verdad?


Palabras 261

Guillermina: Sí, aún recuerdo cuando tuvo que intimar con él, la pobrecita mía no
cesaba de llorar, ella se resistió pero él, el cabrón le hizo entender que debía cumplir
todo en el matrimonio, después estuvo tiempo sin tocarla, era como una vez obligada y
humillada hacerle cada noche que sintiera un temblor en su piel por lo que podía volver
a pasar, un castigo por ser como es

T: Dios (cerró los ojos entendiéndolo perfectamente)

Guillermina: Y fue así, no la dejaba tener amigas, la separó de todas y cada una de
ellas, siempre trataba él con la gente a ella le tenía para escribir, escribía porque era la
manera de vivir, pero hasta que eso llegó estuvo algo más de cuatro meses sumida en
una depresión Teresa, que yo pensé que se me moría

T: Pobrecita (musitó con lágrimas en los ojos)

Guillermina: Todo se removió en ella, todo, se volvió apagada, la sonrisa se esfumó, su


lado borde ése que todo el mundo temía, despareció, la fuerza se extinguió, yo la miraba
y la veía consumirse, por eso decidí que durante una temporada me la llevaba a mi tierra

T: ¿Te dejo?

Guillermina: Sí, aunque venía cuando menos lo esperábamos, se presentaba allí, lo


miraba todo con ojos malignos, olía su ropa, vigilaba quien entraba o salía cuando
estaba allí, estuvimos tres meses donde Maca se recuperó, yo le ayudé y cuando volvió
le dijo que se iba a divorciar, que no podía vivir así, había engordado, estaba fuerte,
valiente (se detuvo porque el recuerdo de ver la escena en su cabeza le hacía añicos el
corazón)

T: ¿Y?

Guillermina: Me echó de casa, rompió toda la posibilidad de que Maca y yo


pudiéramos hablarnos, vernos, me sacó de su vida y creí que me moría sin mi niña, era
mi ojito derecho. No supe de ella en un mes y para cuando supe, me confirmó que
estaba embarazada, yo sabía lo que aquello significaba, por un lado una mujer como
Maca que le encantan los niños, estaba feliz, pero por otro lado, sabía lo que habría
pasado y sentía hervir las venas. A los dos meses me llamó para decirme que había
abortado y que la vida no tenía sentido para ella se abandonó definitivamente (cogió aire
para relatar la parte más dura que ella había vivido) Al darse cuenta la clase de vida que
le esperaba a su lado, no lo dudó, trató de suicidarse, para nuestra suerte entraba en ese
momento una de las criadas y al ver que se estaba tomando las pastillas logró pedir
socorro, llegó Luis, le arrebató las pastillas, la llevó al médico, y amenazó a la sirvienta
que si decía algo la despedía. Y el acoso por su parte aún fue mayor, no la dejaba sola ni
un segundo, la tenía siempre vigilada pero era un muerto en vida, su alma estaba vacía.
Yo la llamaba, hasta que un día se presentó aquí con él, la vi mejor, pero sin ser ella

T: ¿Y él te dijo algo?

Guillermina: No, solo me dijo que quería que trabajara Maca en su novela en una casa
que tengo en el castro de Rei
Palabras 262

T: Típico suyo... es un cretino

Guillermina: Mucho peor que eso

T: La tiene dominada, yo he escuchado sus discusiones Guillermina, y sufro mucho

Guillermina: ¿Le sigue llamando nena? (preguntó con la voz quebrada y una mueca
terrible en su rostro que reflejaba un dolor intenso)

T: Sí, nunca he sabido porque, pero esa palabra a Maca la trastorna

Guillermina: Esa palabra le decía Lidia, nena, y él la usa para clavarla en el corazón,
cuando él se enteró que había ido Maca ha pedirle ayuda a la maldita mujer para no
casarse, fue como el castigo que podía infligirle a Maca recordarle quien es
verdaderamente, y lo que él ha anulado convirtiéndola en una marioneta. Por eso
Teresa... por eso... mi niña solo volverá a ser ella si encuentra una mujer que le ayude a
salir de ahí

T: Ya, el problema es que la mujer que ha encontrado solo quería lo que quería

Guillermina: Pero lo ha logrado Teresa, y para eso ha debido mover muchas cosas en
Maca

T: Son siete años, claro (decía un poco más convencida)

Guillermina: Siete años negándose cualquier oportunidad, y las ha tenido Teresa,


¿sabes por qué echó Luis a la anterior secretaría?

T: Me dijo que porque era muy vaga

Guillermina: Se le metió en la cabeza que quería acostarse con Maca, que se había
enamorado de ella

T: ¿Y era cierto?
Guillermina: Sí, lo era, el desgraciado tiene un olfato. Por eso te contrató a ti, porque tú
no supones un riesgo para él

T: No entiendo

Guillermina: Tú eres mayor, permite que lo diga así, tú no representas ningún peligro...
eres religiosa, eres antigua una mujer que no va a ver natural lo que pasa, y es lo que él
quiere. Y hasta le habrá amenazado a Maca si ve que te llevas bien con ella a contarle su
verdad para que tú te escandalices (su tono era duro y afligido)

T: Desgraciado (dijo elevando la voz algo ofendida)

Guillermina: ¿Pero es o no?


Palabras 263

T: Sí, mayor soy, religiosa también

Guillermina: Y piensas que no es normal lo que le pasa a Maca, por eso me llamas a mí

T: ¡Mecachis! (renegó finamente)

Guillermina: Pues por eso estás a su lado, y por eso necesito que sigas estando a su
lado. Ahora háblame de esa chica

T: Es una fresca, me ha estado utilizando a mí para llegar a Maca (se mostraba


ofendida)

Guillermina: Inteligente, bien (encendió otro cigarro)

T: Tiene una sonrisa que embruja

Guillermina: Estupendo. ¿Qué opina de Luis?

T: Le llama cabrón

Guillermina: Ja ja ja (explotó en una carcajada y comenzó a toser como loca)

T: Guillermina... ¡no fumes!

Guillermina: ¿Cómo se llama?

T: Esther

Guillermina: ¡Me gusta ésa Esther!

T: ¡Pero si solo ha sido una noche!... ¡solo eso! (exclamaba casi fuera de si) Ahora...
esta tarde casi me da un patatús

Guillermina: ¿Y eso?
T: Pues las he encontrado besándose en el lavabo, pero nada de un beso y ya ¿eh?,
¡Dios mío pedazo beso! (decía escandalizada ante las toses de Guillermina que reía
divertida) Imagino que me acostumbraré pero no me hace ninguna gracia Esther para
Maca

Guillermina: Ay que me muero (decía riéndose) A ver ¿fue anoche?

T: Sí

Guillermina: Dame detalles, ¿ese beso dónde se lo dieron?

T: En el lavabo, después de que Maca primero me dijera que no se acercara Esther a ella
y después me pidió con los ojos turbios de deseo que le dijera que se acercara

Guillermina: ¡De puta madre!


Palabras 264

T: ¡Guillermina! (la riñó seria por la palabrota)

Guillermina: Me gusta... Teresa, ayúdala yo no puedo, pero tú sí, Maca te necesita no


puede seguir así

T: Le he ofrecido todo Guillermina para que deje a ese degenerado... pero no quiere

Guillermina: No es fácil para ella, porque sigue pensando que es su culpa lo que pasó,
su padre está enfermo, y aunque no se llevan digamos que demasiado bien, no quiere ser
la causante de un disgusto tan grave para ellos

T: Pero no entiendo como su madre no la ha ayudado, al revés, si vieras el otro día lo


que me dijo

Guillermina: Rosario está muerta de miedo, su posición la vuelve egoísta en lugar de


apoyar a su hija, de echar a ese cretino de su vida, le pide que vaya con cuidado, que le
dé un hijo, que sea buena con él porque él a pesar de que sabe lo que es ella, está a su
lado y eso no todos los hombres lo harían. Ella no quiere perder esa maldita posición

T: No entiendo como una madre puede ser así

Guillermina: Ni yo

T: Aunque Guillermina, me consta que Maca te tiene a ti como madre (le dijo con
emoción y gesto dramático)

Guillermina: Lo sé. Fuimos todo, y ahora desde que se casó tengo que conformarme
con migajas, pero yo sigo rezando porque el desgraciado se muera, no se merece nada
mejor. Y tengo que verlo estirar la pata antes que yo

T: Bueno es tarde... y... te estaré robando horas del sueño

Guillermina: Teresa tengo ochenta y dos años, y lo único que me estás jodiendo es la
película porno, pero vamos... no hay problema cómo son repetitivas (dio otra carcajada)
T: ¿Hablas en serio? (preguntó con los ojos como platos)

Guillermina: ¡Pues claro! Va a resultar que eres una mojigata de verdad ¿eh? (le dijo en
tono burlón) Por favor Teresa, te lo ruego, ayuda a Maca, si fue ella quien buscó a
Esther en ese lavabo, eso quiere decir mucho

T: Pero Esther nada más busca lo que busca

Guillermina: Da igual, lo que busca también lo necesita Maca... ayúdala por favor

T: No sé yo si Esther le conviene

Guillermina: Le conviene, desde el momento que ve a Luis con nuestros propios ojos.
Buenas noches
Palabras 265

T: Buenas noches Guillermina... gracias por ayudarme a entender mejor la situación

Guillermina: Mi niña ha sufrido mucho... necesita ayuda

T: De acuerdo. Buenas noches

Al colgar, suspiró pensativa, más información que administrar pero sin duda toda la
llevaba a una sola idea mientras se abanicaba exageradamente

T: Pobre Maca... pero Esther... no sé... ¡menudo morreo se estaban pegando! ¡Jesús!

28 Abril 2005

La luz del día sorprendió a Esther con los ojos abiertos, escuchó como Sandra se
duchaba, y trató de cerrarlos para no tener que contar nada a su mejor amiga

E: (“¡Que beso mi madre!” se dijo aún sintiendo alteración en su cuerpo)

Mientras tanto, Maca estaba despierta pensativa, se levantó despacio cogiendo el


ordenador y marchándose a la terraza a escribir, Luis la observaba como siempre que
habían discutido, o Maca había pasado una crisis él dejaba pasar las horas, los días sin
infligirle más castigo, la trataba como si nada hubiera pasado y sabía perfectamente que
aquello todavía trastornaba más a Maca

Luis: Vamos a desayunar

M: No tengo hambre

Luis: Sin hambre, dúchate y te vas a pasar el día por ahí de compras, yo tengo asuntos
que arreglar

M: Está bien

Se levantó desconectando el ordenador, aquellas palabras de Luis le alegraron


suficientemente el corazón como para quedarse y que él lo notara. Luis, sin esperar a
nada, conectó el ordenador, esperó mientras Maca se duchaba y revisó todo cuanto
había en él, el historial de Internet, sus archivos, fotos y música, una vez todo rastreado
y quedándose tranquilo, desconectó y mirando el mar sonrió

Luis: (“Si... la tengo doblegada... sólo serás mía”)

E: ¡Vaya beso... joder!


Palabras 266

La puerta de la habitación de Esther se abrió, Sandra entró algo nerviosa y al encontrarla


en la cama dudó si decirle o no, pero quería marcharse tranquila de que recordaba la cita
que tenía con ella

Sandra: Esther... ¿estás despierta?

E: ¿Qué?

Sandra: Me tengo que ir ya, pero recuerda por favor... a las tres hemos quedado ¿eh?

E: Sí

Sandra: ¿No vas siquiera a decirme que tal estoy? (le preguntó sonriente mientras se
ponía junto a la cama)

E: Demasiado buena... no debería dejarte “el taronger” salir así

Sandra: Tonta... (le sacó graciosamente la lengua)

E: Tengo sueño Sandra

Sandra: ¿No vas a contarme qué tal?

E: Es muy largo y tú tienes que ir a ver a tus suegros. A la noche cuando volvamos entre
cotilleos de la familia de “el taronger” hablamos

Sandra: Esther por favor... no vayas a pasarte ¿eh? (le decía con el dedo amenazante al
aire)

E: Tranquila guapa, dame un beso (Sandra le dio un beso en la mejilla) Hoy no voy a
tener otro como el del otro día ¿eh? (le guiñaba el ojo graciosa)

Sandra: No. No te duermas que te conozco

E: Te prometo que voy, tranquila. ¡Sandra! (la llamó cuando salía de su cuarto, ésta se
giró y la miró con gesto sereno) Te quiero

Al quedarse sola, sus ojos no pudieron evitar mirar hacia la derecha de su cama, allí
estaba, entrecerró sus ojos sintiendo un miedo desbocado en su alma, había algo que le
estaba haciendo fallar, y un suspiro profundo la ayudó a recomponer su interior

E: Ya te vas... será mejor... ya te he tenido y ha sido fantástico...

Se levantó y poco a poco fue quitando una a una las fotografías de Maca, las guardó en
una carpeta azul de cartón y en la tapa con un rotulador negro remarcó “FIN,
MACARENA WILSON”
Palabras 267

El desayuno entre Luis y Maca fue tenso, ninguno habló, ni siquiera se miraron como
era habitual en ellos, al finalizar Luis acompañó a su mujer hasta la habitación, recogió
unos papeles y los metió en su maletín, después sin decir palabra se acercó hasta ella
que se había sentado frente al ordenador y le dejó un beso sobre el pelo, sin cruzar
palabra alguna se fue. Maca lo miró y suspiró con una alegría incontenible, se levantó
corriendo y cogió su chaqueta, fue hasta la puerta para abrirla primero escuchó para ver
si se había marchado y cuando fue a abrir la puerta, escuchó claramente la voz de
Teresa, sabía que estaba hablando con ella, y cerró los ojos con fuerza. La espera se le
estaba haciendo eterna. Decidida cogió el teléfono y marcó un número

Teresa cerraba la puerta en el mismo instante en que sonaba su móvil, fue algo
contrariada ante las ordenes de Luis, al ver que era Maca abrió los ojos como platos

T: ¿Maca, qué pasa?, si ya se ha ido... ¿cómo?... ¿y cómo voy a saber yo eso?... Maca
por favor... ¡está bien! (le dijo algo alterada) ¡Se ha vuelto loca definitivamente!

Se había terminado de bañar, Esther se llenó la bañera de agua caliente y dejó unas
frutas en el interior, olía a limón, le encantaba esa mezcla sobre su piel del ácido y agua
caliente, se puso una toalla sobre los ojos y una sinfonía cualquiera de Mozart tocaba
para ella. Tan solo quería descansar, olvidar y prepararse para ir con Sandra, pero su
mente era un puzzle que una y otra vez le hacia malas pasadas

Lidia: Esther... quiero que sientas lo que es estar a un paso de la muerte y sentir placer
E: Lidia, por favor no más... quiero amarte...
Lidia: El amor no existe... solo existe el placer (entonces dejaba caer sobre ella la
fuerza de su mano que se aferraba a un pequeño látigo) Ahora háztelo que te vea
nena... háztelo sintiendo la muerte en tus espaldas, el placer en tu sexo... (susurraba
con voz chirriante al oído de una Esther envuelta en sudor mientras introducía su
lengua en la oreja de la enfermera)
E: Lidia... (sus ojos se mostraban bañados en lágrimas) Te quiero
Lidia: No necesito que me quieras, necesito ver como te follas y que me pongas como
sabes... vamos... nena... vamos

Se quitó la toalla arrojándola a un lado. Suspirando mientras volvía a cerrar los ojos

E: Podría mirarte sin cansarme Maca... eres preciosa... no debería existir tal
perfección eres un peligro y he aprendido a no amar... no quiero sufrir (su mano
acariciaba su rostro, la escritora descansaba sobre su pecho) Eres demasiado peligrosa
y fácil de caer en tu tela de araña, aunque tú no sepas que existe

Abrió los ojos

M: Esther... Esther... (la movía con fuerza)


E: ¿Qué pasa? (se sentó aturdida y asustada)
M: Tienes que marcharte, mi marido está a punto de llegar... por favor... vete
E: Ya... ¿ya?...
M: Sí, date prisa (dicho esto se dio media vuelta y se metió en el cuarto de baño)
E: Joder...
Palabras 268

E: ¡MIER-DA! (se quejó ante sus recuerdos)

Definitivamente no había sido una buena idea el baño. Salió con el albornoz, se fue
hasta la cocina y se tomó un vaso de zumo fresco, después no con demasiadas ganas se
vistió, un pantalón negro de tela, con una camisa verde botella, maquillada lo justo y el
pelo recogido en una desenfadada coleta, se miró por última vez y murmuró:

E: Vamos allá... que no se diga

Abrió la puerta para salir y justo delante suya tenía a Maca a punto de llamar a la puerta

M: Hola (le dio algo nerviosa)

E: ¿Maca?... ¿qué haces aquí? (le preguntó con una mezcla de sorpresa y gusto)

M: Pues... venía a despedirme

E: ¿No nos despedimos ayer? (le preguntó enarcando una ceja mostrándose indiferente)

M: Ya pero... ¿te vas? (no supo que decirle se veía allí parada frente a ella con unas
ganas enormes de besarla pero cortada por la reacción fría de Esther)

E: Pues sí, me iba, pero bueno, tengo un cuarto de hora... para poder despedirte en
condiciones... que parece ayer te quedaste corta. Anda pasa

Maca captó en seguida lo que Esther trataba de transmitirle, vio como dejaba sobre la
mesa su chaqueta y su bolso, no era la misma Esther de la noche que para ella había
sido mágica y le llamó la atención su modo de actuar, quizás ella también debería
cambiar

E: ¿Y bien? (le preguntó manteniendo su actitud fría mientras se cruzaba de brazos)

M: Quizá debería irme (le dijo con tono contundente)

E: ¿Y eso? (la miró sin entender muy bien)


M: Bueno... puede que no te hayas enterado pero... yo no soy mujer de un cuarto de
hora (le contestó ladeando un poco la cabeza y la boca, mientras mantenía una sonrisa
muy típica en ella de chulería)

E: ¿Ah no?

M: Sabes que no... así que me despido de ti ahora, hasta la próxima ocasión que nos
veamos, Esther (cuando fue a abrir al puerta con resolución, Esther puso su mano
obligando a cerrar, Maca ladeó la cabeza la miró enarcando una ceja y preguntando ésta
vez, sí, con su misma frialdad) ¿Qué sucede?
Palabras 269

Mientras por la calle paseaba arriba y abajo Teresa, en un momento dado, le dio la
impresión de que Luis estaba por allí, no sabría muy bien que decir, o porque, pero le
pareció verlo en una esquina

T: (“Dios mío... ¿será capaz de perseguirnos?, ¿de poner a prueba a Maca?, ¡ay
Teresa que hacemos!... juraría que es él, quizá debería subir... ¿o no?... no mejor no
¿qué voy a hacer yo mientras ellas están dale que te pego?... no... ¿y si me acerco?, sí,
¿y si es él y me ve a mí pero no a Maca?... ¡con lo tranquila que yo vivía!” se dijo para
si) Debo hacer algo... debo hacer algo...

Decidida se fue por la calle que había justo enfrente, mientras caminaba con paso firme,
rezó para que hubiera otra calle que le permitiera salir hasta donde había visto a Luis, al
ver que había aquella ansiada calle apremió su paso y con sofocación mientras pensaba
en que no la viera fue hasta donde quería, allí estaba el hombre, se fue acercando con
cuidado, sí, era él, estaba segura que era él. No sabía que hacer, quiso avisar a Maca
pero quizás eso le traería mayores problemas podía decirle cualquiera excusa pero no
sabía muy bien cual, se la jugó, terminó por acercarse a él y justo cuando estaba a su
altura se giró propiciándole un buen susto

T: Lo siento disculpe... lo siento (decía con sus mejillas rojas a punto de explotar)

Hombre: Tranquila señora no pasa nada

T: ¡Qué estúpida... lo siento!

Hombre: Venga le perdono si me compra un cupón

T: ¿Uno?, deme cinco... (decía sofocada)

Hombre: De acuerdo aquí tiene, suerte para esta noche señora

T: Muchas gracias (le dijo al vendedor de la ONCE)

Al alejarse de él suspiró con rotundidad, no lo podía creer había confundido a un pobre


hombre vendedor de cupones de la ONCE con Luis y lo peor era el susto que le había
dado al hombre. Aquello le hizo entender que estaba obsesionada y que mejor que ir a la
cafetería y esperar sentada lo más tranquila posible a que Maca bajara

Pero Maca no podía bajar porque la mano de Esther le impedía abrir la puerta, no se
decían nada pero parecían desafiarse con la mirada, con las actitudes que cada una había
tomado, con los movimientos de sus cuerpos una deseando lanzarse a la otra, y la otra,
deseando que se marchara, una tratando de controlar su corazón y la otra dejándose
llevar por él, una y otra, ambas cara a cara desafiándose, o simplemente estudiándose.
Maca miraba los labios de Esther con descaro, no iba a perder, no sabía que iba a ganar
con aquello pero de momento ya había conseguido vencer muchas cosas para poder
llegar hasta su casa y no estaba dispuesta a perderlas. Mientras tanto, Esther se defendía
de aquella mirada ardiente, tratando de demostrar que poco le importaba, a pesar de que
Palabras 270

su corazón cada segundo iba aumentando su intensidad, ¿qué iba a perder?, solo sería un
encuentro más

E: Sígueme (sonó su voz categórica y todo lo gélida que pudo)

Le dijo sin más girando sobre sus talones y avanzando por el pasillo, y Maca la siguió,
no sabía si al infierno o al cielo, pero la siguió, y cada paso firme de Esther hacía que su
decisión fuera tomando mayor fuerza en su interior, sí, la quería volver a tener no había
duda, pero sabiendo muy bien donde estaba el límite, ella pondría la barrera necesaria
para no caer en la temida red que el encanto de Maca llevaba consigo

Al entrar en la habitación volvió el desafío, la tensión entre ellas podía medirse, podía
tocarse en el ambiente, la mirada era ardiente en cada una de ellas, se miraban a los
ojos, a los labios, nunca antes a Esther le habían retado de aquella manera y mucho
menos Maca había sentido aquella locura a la que la estaba llevando la enfermera. Sin
tocarse tan solo con una mirada la respiración iba aumentando, poco a poco, la caja
torácica de cada una de ellas iba moviéndose con mayor frecuencia, eran segundos, a lo
sumo un minuto pero aquel terrible reto era maravillosamente tortuoso. Esther se acercó
un paso a Maca mirándola con avidez sin tapar nada, y Maca hizo lo mismo

M: Esther...

E: Me muero de ganas por besarte (le musitó sin rozarla pero mirando fijamente los
labios entre abiertos de Maca)

M: Hazlo ya por favor... (rogó con la voz cargada de deseo)

E: Maca... (se mordió el labio y dio un pequeño paso hacia ella, parecía que iban a
bailar un vals, parecía que iban a unirse para bailar un delicado vals vienés, pero la
energía que manaban ambos cuerpos era tanta y tan feroz que Esther demostró que no
iba a ser tan delicado y le dijo con la respiración entre cortada por el ardiente calor que
sentía) Te deseo... te deseo con locura

M: Y yo... (arrastró las palabras mientras la miraba insistentemente notando como su


sexo presionaba contra su ropa interior, notando como sus pezones se habían clavado en
el sujetador entonces cerró los ojos y tan solo dejó salir un pequeño murmullo pero con
una gran dosis de pasión) Date prisa por favor

Ya lo habían dicho todo entre susurros repletos de pasión, de fuego, de deseo abrasador.
Sus labios por fin se abrieron para encontrarse, y el encuentro fue feroz, sediento y
buscaron la manera de calmar la sed, por varios segundos sus bocas, lenguas y manos
llenaron todo el espacio posible, todo el espacio que existía para tentar a la locura, sus
ojos cerrados, y el sonido de los chasquidos de sus labios una y otra vez, repetitivos de
sus bocas, de sus lenguas, de sus gemidos ahogados en la boca ajena. Hasta que Esther
se separó, sentía como se humedecía sin remedio, como su cuerpo pedía más y vio lo
que buscaba, encontró lo que anhelaba, en los ojos de Maca reflejado mucho más que
lujuria

E: Maca...
Palabras 271

M: Esther...

Las manos siguieron hablando, fuera la camisa de Esther, echada por encima de la
cabeza de Maca, cayendo graciosamente mientras se columpiaba sobre la lámpara de la
mesa. Fuera la camisa de Maca al suelo directamente suicidándose por la velocidad de
la angustia de tocar y tocar la piel deseada, así sucesivamente las piezas volaron por uno
y otro lado, por último mientras Esther desabrochaba el sujetador de una más que
excitada Maca, ésta se quitaba los zapatos y viceversa. El vals duró los pocos segundos
que tenían de distancia hasta la cama entre besos apasionados y manos que apretaban
pechos, y entonces las dos orquestas que conformaban sus interiores comenzaron a
interpretar la banda sonora del placer más brutal al unísono

Esther una vez en la cama dejó que su mirada resbalara por aquel cuerpo algo tostado
por el sol, por aquellos pechos que aunque pequeños eran suficientes para enloquecerla,
miraba aquel pubis, finamente depilado, y Maca ante aquella mirada sentía como iba su
deseo enardeciendo más y más, sus manos tocando los muslos de la mujer que le había
vuelto loca, la que le había hecho echarse sin paracaídas del avión, la que con una
pasión desmesurada comenzaba a lamerle el vientre, algo que hizo que de su boca
saliera un profundo gemido, sus dedos jugaban con sus pezones que se mostraban
encantados, mientras las caderas de Maca trataban de seguir el compás de la banda
sonora, y allí estaba Esther como directora dispuesta a entregarle lo que había venido a
buscar a su casa, a su cama, y allí estaba Maca como si fuera una partitura la cual
interpretar dispuesta a recoger todo lo que ella quisiera, sin pensar en otra cosa que no
fuera desearla, sentirla, sentirse complacida en lo que antes habían sido sueños, en lo
que antes habían sido imposibles y que la enfermera de la noche a la mañana lo había
vuelto realidad

M: Esther... te necesito... no puedo más...

E: Eres preciosa, tan apetecible, me gusta tomarte sin prisas

M: ¡Ah! (gimió sin remedio)

Y así fue, Esther paseó su lengua por los muslos internos de una Maca que con sus
manos apretaba las sábanas, la enfermera no perdía detalle de sus movimientos, sabía
que estaba produciendo en ella un alud de sentimientos y emociones, le encantaba
aquella visión de la mujer que poseía entregada a ella, pero disfrutaba mucho más con
Maca que con ninguna otra

E: Voy a llevarte al cielo, princesa

M: ¡Ah!

Otro gemido salió de su garganta a pesar de tratar de amortiguarlo, su respiración se


había vuelto agitada y se sentía embriagada de placer, una mano se entremezcló en el
pelo de Esther que con besos suaves se hizo dueña de su sexo, lo besó tan despacio, con
tanta suavidad que a Maca la iba trastornando ya definitivamente sin remedio
Palabras 272

M: Sí, sí... sí Esther...

Aquellas palabras entrecortadas por la pasión desmesurada que estaba provocando en


ella, le provocaba a Esther un placer que notaba como el calor la invadía por momentos
a ella misma. Y con esa calor la tomó, su lengua viajaba de norte a sur y de este a oeste,
lo hacía con esmero y a la vez decisión y firmeza, una y otra vez regalando millones de
pequeñas descargas que provocaban en Maca una sensación de maravillosa vivencia,
Esther la vio con la cabeza echada hacia atrás y los tendones del cuello destacados como
cables tirantes, los dientes apretados y notó como buscaba su mano, una mano que
estaba en el muslo de la escritora apretando lo justo para provocar nuevas sensaciones
en ella, entrelazó sus dedos y aquel roce súbito hizo que Esther por esa vez sintiera
como su vientre se retorcía con súbita lujuria, y vio despertar un fiero deseo que seguía
ardiendo en su interior, tan solo por el roce de sus dedos

M: Esther...

Maca susurró su nombre con tanta suavidad, con tanta ternura mientras respiraba
dificultosamente con los dientes apretados, retorcida sobre la cama con las piernas
rígidas y abiertas de par en par, dándose a ella, recibiendo algo tan hermoso que sentía
ganas de llorar de felicidad, sintiendo conforme las caricias de Esther iban
incrementando el ritmo cómo iba subiendo el fuego por toda su espina dorsal

E: Grita... quiero escucharte (le musitó sobre su sexo)

Y aquello fue como si abrieran en ella la barrera de la libertad, y seguía escuchando la


maravillosa banda sonora de caricias, gemidos, aullidos, murmullos, sonidos de besos
mientras atrapaba su sexo, una música celestial para sus oídos y los de Esther quien
apretó más sus manos en los muslos de Maca haciendo que arqueara su espalda,
sintiendo como era incapaz de contener el placer que sentía, haciendo que sus gemidos
cada vez mayores se mezclaran en el aire con los de Esther que iba sintiendo su propio
deseo ante la visión de una Maca a punto de enloquecer. Y cuando notó como llegaba al
orgasmo, la observó mientras Maca gritaba sin poder controlar su voz empujada a ello
por los desgarradores espasmos que la traspasaban una y otra vez

E: No puedo esperar (le susurró)

M: Ven (su voz sonó totalmente extasiada y su mirada estaba envuelta en una sombra de
felicidad)

Pero Esther era cierto que no podía esperar, acopló su sexo humedecido en el vello del
pubis de Maca, sus movimientos fueron demasiado rápidos estaba demasiado cerca del
orgasmo, y ante ella su diosa contemplándola mientras sus manos apretaban y ayudaban
con sus movimientos, encantada de sentir aquella calor sobre ella, entonces deslizó una
mano hasta uno de los pechos de Esther atrapándolo con fiereza, jugando con su dedo
pulgar y el pezón, mientras las manos de Esther apoyadas sobre la cama se agarraban
con fuerza al colchón a las sábanas mientras gemía sin parar, Maca seguía imprimiendo
fuerza sobre el pezón y a la enfermera le pareció que las puertas del cielo se abrían ante
ella, notando como la flecha del orgasmo le llegaba a lo más hondo de su ser soltando
un grito que cómo ella misma se dio cuenta, no era habitual
Palabras 273

Tuvo que dejarse caer al lado de Maca, jadeando como una pesada locomotora, mientras
la escritora trataba una y otra vez de recuperar el ritmo de su respiración, si su
experiencia había sido brutal, el sentir como Esther llegaba hasta el final sobre ella, le
había desatado nuevamente la respiración

M: ¿Estás bien? (le preguntó al ver que se ponía una mano en la frente)

E: Sí (respondió sin mirarla. Entonces Maca comenzó a recorrerla con sus labios, Esther
sonrió, sintió como se acoplaba sobre ella, como sus manos le acariciaban y le dijo sin
parar de sonreír) ¿Quieres matarme, es eso, verdad?

M: No (sonrió ella también y por primera vez, se miraban con calma a los ojos) Quiero
no salir de esta habitación, quiero sentirte una y mil veces, quiero que el mundo siga
pero tú y yo nos bajemos de él (le musitaba con una voz tan maravillosa y envenenada
para Esther que lo único que puedo hacer fue tragar saliva y acariciar su cara con el
reverso de la mano) Quiero que me hagas sentir y hacerte sentir a ti

E: Que bien hablas... pero ¿sabes? queremos lo mismo (sonrió de lado arrastrando las
palabras y mirando aquellos bellos ojos)

M: Pero no en un cuarto de hora, no me subestimes (le dijo recordándole su frase


mientras Maca enarcaba una ceja y dejaba que su mano con libertad, se colara entre los
muslos de Esther)

E: Tienes razón... no en un cuarto de hora

En la cafetería una desatada Teresa no sabía ya que hacer, se había tomado un café,
había pedido una valenciana que le volvían loca mojándola como luna poseída en el
tazón de café haciendo malabarismos para que entrara, y se había puesto a observar a la
gente de aquella atestada cafetería. Así se había distraído por un buen rato, hasta que
miró el reloj, se le había ido el tiempo, pero Maca llevaba más de una hora con Esther

T: (“¡Claro para ponerse al día tras siete años!... ¡ay Teresa que tú no estás preparada
para esas cosas! (se repetía mirando el reloj) ¿Estarán todo el tiempo haciéndolo?, ¿y
cómo lo harán?, ¿y qué harán?”) ¡Camarero! (alzó la voz nerviosa ante sus preguntas)

Camarero: Usted dirá señora

T: Un café con un chorrito muy pequeño de ron por favor, no espere

Camarero: Claro lo que usted quiera (le sonrió haciéndole una pequeña reverencia)

T: Que el chorrito sea grande, ¿eh? (le dijo bajando la voz)

Camarero: Marchando para la hermosura de la cafetería (le guiñó un ojo)


Palabras 274

T: Ay (suspiró halagada “¿No tienes bastante ya, Maca? si al final verás tú... Luis nos
va a descubrir a ella no sé que le hará pero a mí me mata”)

Camarero: Aquí tiene su café tocado (le dijo bajito)

T: Muy amable (suspiró removiendo el café justo cuando sonó su móvil)

Mientras todo esto pasaba, en un restaurante había una silla vacía, el gesto de Sandra era
de consternación, no quería amargar su fiesta, pero Esther le había fallado justamente en
lo único que le había pedido, en estar presente el día más feliz de su vida, el gesto en su
cara reflejaba la tristeza y su novio, que la conocía perfectamente le había dejado un
beso en la mejilla a modo de recompensa

Sandra: Empecemos (le dijo al ver que pasaba la hora y no había llegado)

En la cafetería los ojos de Teresa se abrían como platos

T: Pero Maca... por el amor de Dios... nos va a pillar tu marido... por favor ¿cómo voy a
estar tranquila?, no te rías a mí no me hace gracia. ¡Y qué quieres que haga yo en cuatro
horas! (le dijo exaltada) ¡Ay Jesús Maca... ay Jesús!

En la cama, Maca cortó la comunicación muerta de risa

E: ¿Está atacada aún?

M: Sí, pobre (susurró riendo mientras Esther la echaba en la cama y subía sobre ella)
Me encanta

E: ¿Qué esté atacada? (le besó la punta de la nariz)

M: No, que estés así (le acarició el pelo)

E: A mí también me encanta

M: Pero hay algo qué me gusta más (le dijo entrecerrando los ojos)

E: ¿Qué?

M: Esto (entonces le dio la vuelta y subió sobre ella ante la carcajada de Esther que veía
como Maca se sentaba sobre su vientre observándola) Esto me gusta mucho más

Los ojos hablaron de un código entre ellas, Esther sonreía, le gustaba dejarse dominar
por Maca, era toda ternura y pasión, una mezcla que provocaba en ella un sin fin de
sensaciones
M: Y hay algo... que me gusta más aún (musitó con su voz aterciopelada)

E: Sea lo que sea, hazlo


Palabras 275

La sonrisa de Maca le dio a entender lo que iba a pasar, Esther suspiró decidida a recibir
todo cuanto quisiera, al ver que Maca apoyaba sus manos en la cama y separaba su
cuerpo del suyo, abrió sus piernas entregándose a ella con total dedicación, la escritora
sonrió entusiasta de ver que provocaba en ella la misma sensación que ella vivía cada
vez que Esther la tomaba. Despacio posó sus labios sobre la piel erizada de la enfermera
que al contacto suave y cálido cerró los ojos, no habían ataduras, ni látigos, ni sensación
de perder, tan solo había una inmensa sensación de paz, de calmar y deseo

E: Maca (susurró su nombre mientras cerraba los ojos transmitiéndole a ella lo que
sentía, esa calma y deseo al mismo tiempo que la escritora le encantó sentir) Maca...
hazme tuya...

Y fue una orden suave, tierna, no rozaba la súplica que tantas otras veces su garganta
sacó, fue un murmullo entregado pero con una entrega tan dulce, tan deliciosa que sintió
como si toda ella se fundiese en el cuerpo de Maca, sus labios avanzaron como una
pluma suavemente sobre su piel, notó como su lengua rozaba tan sutilmente su vientre
que no pudo evitar un gemido aún con los dientes apretados, los labios fruncidos, allí
estaba Maca transportándola hacia un valle verde y fresco, donde la sensación de
sentirse libre le hacía entregarse a ella sin aquellas barreras que había tratado de poner,
era la dulzura personificada, era la sensibilidad, la ternura. Suspiraba sin recelos, dejaba
sacar de sus pulmones todo el aire y daba libertad a su voz. Cuando por fin los besos
fueron acercándose a su pubis, Esther encorvó su espalda para entregar lo más rápido
posible su sexo palpitante y hambriento de caricias. Y Maca lo notó, notó como su piel
se erizaba como sus caderas la buscaban sin descanso, sonrió, exhaló un profundo
suspiro, sin pensar en otra cosa que no fuera llenarla de placer, sus labios hicieron por
primera vez el recorrido que antes había experimentado ella, sabía cada paso lo que iba
a sentir, y disfrutaba de ello, le acarició suavemente con su lengua provocando otro
gemido ahogado pero de mayor intensidad, sonrió y ella misma sintió el placer y el
deseo mezclado palpitando en el centro de su ser. Fue paulatinamente variando el
recorrido, consciente de que cada vez Esther se dejaba llevar por ella un poco más, sus
exigencias las notó cuando posó sus manos en su cabeza empujándola contra su sexo, lo
atrapó con los dientes suavemente, provocando que Esther quitara las manos de su
cabeza y se acodara sobre el colchón, quería disfrutar de verla allí haciéndole el amor de
una manera tan exquisita

E: No pares Maca... joder... me estás poniendo muchísimo... ¡qué bien lo haces Maca!

Y Maca sonrió, ese poder que le daba verla, ese poder que le daba sentir sus espasmos,
sentirla abierta como una rosa para ella, le daba un poder que no había sentido jamás,
sentirse dueña de alguien, dueña de sus emociones, dueña de sus sensaciones, amarla y
hacerle sentir el placer que ella misma había experimentado, le hacían sentirse libre y
feliz

E: No puedo más... Maca... Maca...

Y así Maca cogiéndole la mano la llevó a la locura más maravillosa que había vivido
E: Uf...
Palabras 276

M: Oh Esther... (respondió dejándose caer sobre ella)

Ya había pasado dos horas y Teresa no sabía muy bien que hacer, había paseado, había
entrado a tiendas, hasta que un hambre portentosa apareció en su estómago decidida a
parar aquella sensación de apetito feroz, se pidió dos platos del menú más una ensalada,
allí sola miraba por la ventana, el día había salido terriblemente bello y lo había podido
disfrutar, si bien lo había hecho en soledad, entonces su mente volvió a recrearle dos
cuerpos de mujer desnudos y resopló, en el mismo instante en que su móvil sonó, ante
lo que vio en la pantalla no pudo evitar un gritito que hubiera sido gracioso si no fuera
porque también la acompañó una queja profunda:

T: ¡La madre qué me parió!... ¡ay mamá perdóname!, ya no sé ni lo que digo (se decía
nerviosa mirando la pantalla del teléfono mientras se mordía una uña) ¡Y ahora qué le
digo yo a este elemento! (tras un suspiro contestó tratando de aparentar la mayor calma
posible) Hola Luis dime

Luis: ¿Dónde está Maca?, la estoy llamando al móvil y lo tiene desconectado (su voz
apareció furiosa, desconfiada hablando a gritos con un tono altamente crispado que
como siempre anunciaba problemas y represalias)

T: ¿Desconectado? (“piensa... piensa Teresita, piensa”)

Luis: Eso he dicho

T: A ver Luis, Maca está en el lavabo (trató de aparentar tranquilidad) Y el lavabo está
en el sótano, lo más probable es que no haya cobertura, no te preocupes que nada más
suba, le digo que te llame

Luis: ¿Dónde estáis?

T: (“¡Ay Dios mío que esté se planta aquí!... ¿qué hago... qué hago?” decía apurada
pensando una respuesta coherente) Pues no lo sé Luis, estamos por el centro ya sabes,
hemos ido de tiendas

Luis: De acuerdo, que me llame inmediatamente

T: Sí. Descuida (colgó y se puso la mano en la frente desesperada sin saber muy bien
que hacer) ¿Qué hago Dios mío?

En casa de Esther, Maca seguía recibiendo besos y caricias de igual modo que ella las
entregaba, la enfermera estaba sobre ella y la escritora la tenía fuertemente abrazada
contra su cuerpo

M: Que delicia (le susurró mientras Esther jugueteaba con su nariz por el cuello de
Maca quien cerraba los ojos de tanto placer)

E: Sí... eres como un dulce de chocolate para mí


M: ¿De verdad? (sonrió) Nadie había hecho una comparación como esa
Palabras 277

E: Estás para rechuparte (se acodó sobre la almohada mirándola divertida. Pero por un
momento la mirada de Maca le borró su sonrisa) ¿En qué piensas?

M: Nada (pero su tono no fue lo suficientemente convincente para Esther quien le hizo
una mueca de no creerse su respuesta) ¡Ay Esther!

E: ¡Anda mi teléfono espera! (Maca no pudo evitar sentir un pinchazo en su estómago,


movió algo su boca hacia la izquierda como tratando de controlar ese sentimiento que se
había apoderado de ella, Esther ni siquiera la vio) ¿Dígame?

T: ¡Esther! (gritó como loca)

E: Joder Teresa me has dejado sorda (Maca la miró sorprendida)

T: Que se ponga Maca... rápido... que se ponga Maca (decía alterada)

E: Toma (le dio el teléfono una sonrisa y un beso para decirle) Sigue alterada

M: ¿Qué pasa Teresa? (se sentó en la cama mientras Esther le besaba el hombro
desnudo)

T: Luis... Luis...

M: ¿Luis qué? (al escuchar el nombre Esther separó sus labios de la piel que tanto le
gustaba besar) Dime

T: Te ha llamado, está hecho una furia... dice que tienes el teléfono desconectado ¡pero
cómo se te ocurre!

M: Yo no lo he desconectado Teresa... tranquilízate por favor (decía apurada)

T: Pues ya puedes llamarle o nos hace picadillo, estaba muy cabreado le he dicho que
estabas en el lavabo del sótano y por eso no tenías cobertura

M: Joder Teresa que inventiva tienes (le dio sorprendida pero a la vez algo angustiada,
Esther se había separado de ella y la observaba)

T: ¡Maca... tengo miedo por ti!

M: No pasa nada tranquila... ahora le llamo, de verdad tranquila

T: Pero aquí hay mucho follón y lo ha escuchado y...

M: Teresa tranquila (insistió)

T: Maca por favor ten cuidado


Palabras 278

Al colgar se quedó pensativa unos segundos, Esther seguía observándola, se estiró para
alcanzar el teléfono que estaba en la mesita, efectivamente el móvil estaba
desconectado. Le pareció extraño, trató de conectarlo pero no funcionaba

M: Mierda me he quedado sin batería (dijo agobiada)

E: ¿Qué pasa?

M: Mi marido ha llamado a Teresa porque no me ha localizado y se supone que estoy


con ella (su voz sonaba algo temblorosa)

E: Vaya... para mentir hay que saber hacerlo (sonrió de lado)

M: Es la primera vez que lo hago (la miró con algo de malestar “sin duda tú debes ser
maestra en mentir” se dijo)

E: Saca la tarjeta del móvil, llama con el mío (le dijo abriendo la tapa trasera de su
teléfono)

M: Gracias

E: Ven a la cama, no te vayas a constipar (le dijo mientras Maca le daba la tarjeta y le
dejaba un beso en la sien) Toma... voy al lavabo

Esther salió de la habitación pensando que Maca no estaba preparada para lo que
sucedía entre ellas, al llegar frente al espejo con la bata puesta, suspiró, menos mal que
se iba, menos mal que se separaban que al día siguiente se alejaba de ella y no seguiría
viéndola

E: Joder... (susurró con rabia)

En la cama sentada y tapada con la sábana, Maca marcó el número de su marido

M: Dime

Luis: ¿Dónde estabas? Te he estado llamando

M: Pues estaba en el lavabo y bajo no debe haber cobertura

Luis: ¿Y Teresa?

M: Comiendo

Luis: ¿Dónde estáis?

M: ¿A qué viene este interrogatorio? ¿qué pasa, qué ahora te ha dado por interrogarme?

Luis: No te pases Maca, sólo quería saber como estás


Palabras 279

M: Bien
Luis: ¿Por qué no oigo nada?

M: Porque todo el mundo se ha callado al saber que voy a hablar con mi marido, es un
acto de buena voluntad (le dijo con voz acerada)

Luis: Maca... (se mordió los labios, no quería discutir pero... estaba desconcertado por
la forma de hablar de su mujer) Quiero que en media hora estéis en el hotel

M: Pues no va a poder ser, vamos a comer tranquilamente y cuando terminemos,


iremos. Quiero pasear

Luis: Maca tenemos una cena y mañana a primera hora volamos a Madrid

M: ¿Una cena?

Luis: Eso he dicho, tienes que arreglarte es una cena de negocios, no de placer (le dijo
de modo dañino) Solo habrá hombres

M: ¿Algo más?

Luis: Sí... no te pases Maca... no te pases

Al colgar su gesto era de un profundo hastío, se mordió el labio y volvió a llamar a


Teresa para que se tranquilizara. Después, sacó su tarjeta y la puso en su móvil
moribundo

E: ¿Cómo sigue Teresa?

M: Uf... atacada...

E: Dale tiempo (le dijo sentándose sobre ella, haciendo que Maca abriera sus piernas y
retirara la sábana, Esther se acopló entre ellas) Estás fría

M: Sí (la miraba con los ojos envueltos en una sombra que no pudo evitar)

E: Será cuestión de calentarte, ¿no crees? (su mirada lasciva llamó la atención de Maca,
hacía mucho que no la miraba así)

M: Mañana me voy Esther (le dijo con gesto triste. Esther trató de mostrarse lo más
impasible posible) Yo...

De pronto se abrió la puerta con fiereza, tal que a ambas les asustó dando un pequeño
grito, Maca escondió su cara en el cuello de Esther pero le alcanzó a ver la figura de una
mujer mirándola desde la puerta con gesto muy duro

E: Sandra espera (se separó con rapidez de una contrariada Maca que no entendía nada
y se levantó para salir tras ella mientras se ponía una camisa larga) ¡Mierda no!...
Sandra...
Palabras 280

Maca se levantó enfadada, ¿quién era esa mujer y por qué tanto malestar reflejado en su
mirada? No quiso responder a su pregunta y se vistió con rapidez, no quiso sentir la
rabia que le encendía interiormente pero la estaba sintiendo de una manera que le
provocaba que su rostro se enrojeciera de modo irremediable. Justo cuando estaba por
salir notó como Esther llegaba

E: Espera Maca

Teresa había recibido la llamada de Maca y aunque trató de tranquilizarse no lo


consiguió hasta que un rato después la veía llegar donde le había dicho que la esperara.
Su cara era todo un poema, y Teresa se asustó precipitándose hasta ella

M: No pasa nada Teresa, tranquila

T: ¿Qué no pasa nada?, ¿no te has visto la cara, verdad?

M: Necesito caminar (le dijo con el ceño fruncido)

T: Vamos... tenemos que volver al hotel, nos está esperando Luis

M: Vamos caminando, por favor

Se marcharon con paso ligero, Maca con el ceño fruncido, Teresa con el ay en el
corazón al verla, pero expectante a que ella le dijera algo y así fue

M: Joder Teresa... no me lo puedo creer

T: ¿Esther?

M: Sí, estábamos juntas y ha aparecido una mujer en la habitación

T: ¿Una mujer?

M: Sí, ella se ha ido detrás suya llamándola nerviosa, yo me he vestido porque sentía
que sobraba, y cuando me marchaba me ha detenido para decirme que era una amiga,
que comparte piso con ella (no la miraba pero su tono de voz era preocupado)

T: Ya... ¿y la crees?

M: ¿Sabes cuál es mi preocupación? (se detuvo mirándola)

T: No

M: Más que si es o no su amiga, que me marcho mañana y no la voy a ver

T: ¿Tú quieres seguir viéndola?


Palabras 281

M: Uf Teresa... (se detuvo con la frente fruncida y mirando alrededor)


T: Esther... me dio la impresión que disculpa que te diga esto Maca, pero... que es un
poco ligera

M: Un poco bastante (sonrió de lado)

T: ¿Aún así quieres seguir viéndola?

M: Sí, aún así... sé que es una locura pero... no sé que voy a hacer, ella no me ha dicho
nada, ha dicho “bueno... así son las cosas”

T: ¿Y ya está?

M: Sí, ya está (le dijo apenada)

T: Mira cariño (se enganchó a su brazo y aquel tacto a Maca le supo a gloria) Tenemos
que ser realistas, tienes un marido que es mejor darle de comer a parte y ver como nos
deshacemos de él (Maca sonrió) No te vayas a liar ahora con una mujer que no te
conviene para nada

M: Es maravillosa (murmuró) Solo haría falta sacarle el escudo que lleva... ha debido
de pasarlo muy mal para ser así, porque tiene una mirada cristalina por mucho que
quiera ensombrecerla

T: Pues a mí me ha dolido mucho que me haya utilizado (dijo quejosa)

M: No te ha utilizado (sonrió)

T: ¡Pero si tú misma me advertiste! No, para mí es una fresca, lo siento

M: Vale, pero es una fresca maravillosa y con una sonrisa que ni te cuento... (le dijo
sonriendo ampliamente)

T: Eso, no me cuentes. Cuéntame del otro... del fiera...

Y así le fue explicando como había hablado con Luis, entre risas descontroladas de las
dos al decirle como había tenido que cambiar el teléfono de Esther para poder llamarlo,
a lo que como siempre, Teresa le decía que el teléfono también comía

Mientras, en casa de Esther la tensión entre ambas amigas era palpable a distancia. Una
vez se había vestido se dirigió hasta la cocina donde estaba Sandra cambiada con el
pijama preparándose una tila. Se pasó la lengua por los labios tratando de encontrar la
disculpa correcta. Tras unos segundos en silencio ambas, finalmente Esther habló

E: Lo siento Sandra... de verdad

Sandra: Tranquila... no importa (le dijo sin mirarla)


Palabras 282

E: Si que importa, me importa (se acercó hasta ella con gesto apenado)
Sandra: No Esther, si te importara, habrías venido, pero veo que no. Sabías que era un
momento muy importante para mí, pero no, tú has preferido ocupar ese momento en
otra cosa (Esther cerró los ojos ante la mirada dura de su amiga) No me pongas esa cara,
no importa ya te lo he dicho (se salió hasta el comedor)

E: Joder (susurró tapándose la cara entendiendo su enfado. Salió y se sentó a su lado)


Lo siento

Sandra: Déjalo ya

E: Vino Maca y... no sé... no sé que me pasó

Sandra: ¿Qué te va a pasar?, lo de siempre, una mujer se te abre de piernas y olvidas el


mundo. Ya está

E: No me hables así, vale comprendo que estés enfadada pero ya vale (gesticuló un
poco con sus manos)

Sandra: No Esther... no lo comprendes (la miró con la mirada apagada) ¿Y sabes por
qué no lo comprendes?, porque no eres Esther García

E: Sandra...

Sandra: No, Sandra no... al menos déjame que me queda a gusto, eres la Esther frívola,
la Esther fría, la Esther que busca tirarse a las mujeres como si fueran juguetes, juegas
con ellas y cuando te has hartado los dejas a un lado y te olvidas, eres la Esther
jodidamente hija de puta que he conocido (Esther la miró enfadada) Sí, Esther, eres una
persona que no mide la consecuencia de sus actos, que no quiere implicarse en nada, ni
con nadie, pero que no duda en pisotear a las mujeres, ¡si fueras un hombre te diría que
eres un chulo!

E: ¡Ya está bien! ¿vale?

Sandra: No Esther, no está bien... yo quiero a mi amiga de siempre... yo quiero a la


Esther que se preocupaba por todo, que me llamaba y me preguntaba como si fuera mi
madre, yo quiero tener a la Esther que ayudaba a la gente, a esa Esther que acogió a un
perro porque le habían atropellado aún en mi contra, y lo tuvimos aquí, a la que luego
trajo a un gato porque estaba ciego, quiero a mi amiga, a la que antes de cruzarse con
una hija de puta que le desgració la vida existía. Aquella Esther hubiera venido a la
comida porque era amiga, aquella Esther es a la que quiero, y no por una comida (se
levantó enfurecida) No, sino, porque aquella Esther era una tía de puta madre a la que
quería con toda mi alma

E: Vale ¿ya está?, ¡ya te has quedado bien! (le dijo con gesto duro)

Sandra: ¿Qué pretendes hacer con la escritora?, ¿hundirla? (omitió su postura y sus
palabras)
Palabras 283

E: Me voy a la cama
Sandra: No, no te vas a la cama porque aún no he terminado, me encantaría que esa
mujer te destruyera, me encantaría que llegara a tu corazón a tu alma, y que vieras lo
que eres, me encantaría que Macarena Wilson, rescatara lo bueno que hay en ti, porque
así no vales nada Esther, y sin embargo puedes valer mucho. Sabías que cuando se
estaba despidiendo te estaba pidiendo a gritos que le dijeras de veros otra vez

E: Mira Sandra... por hoy ya te he aguantado bastante, no tengo porque seguir


haciéndolo, siento haberme olvidado de la comida, siento que se me haya ido el tiempo,
ya has descargado tu furia, muy bien, ¡pero ya no me toques los cojones!

Sandra: Te los tocas tu misma (le dijo sin dejar de mirarla) Quizá deberías decirle que
eres cobarde, que no crees en el amor, y que nunca serás Esther García, sino, la piltrafa
que dejo Lidia echada en el suelo y la hija de puta en la que la convirtió para no sufrir
tú, te importa un rábano si sufren las demás. La tienes delante y no lo ves, ¿o cómo
siempre, no lo vas a reconocer?, no claro, ahora te pondrás tus mejores galas y te iras en
busca de cualquier tía a la que tirarte y borrar cualquier cosa que llegué a ser un peligro
en tu corazón

Se dio media vuelta y la dejó sola en el comedor, Esther cerró los ojos con rabia, tragó
saliva con fuerza, resopló mirando al techo y después se pasó la mano por la cara. Y
entonces recordó:

E: Espera Maca
M: Me tengo que ir
E: Vale pero... que... quiero que sepas que es mi amiga Sandra, vivimos juntas
M: No me tienes que dar explicaciones (le decía nerviosa sin mirarla)
E: No te las doy, simplemente aclaro la situación
M: Un poco comprometida, sí (entonces hubo silencio entre las dos, Maca la miraba
mordiéndose el labio inferior, en actitud indecisa) Verás Esther... me marcho mañana...
(se le quedó mirando)
E: Sí lo sé
M: Y... bueno... no te voy a ver (elevó los hombros con tristeza)
E: Bueno... así son las cosas (lo dijo de una manera despreocupada)
M: Si (sus ojos se entristecieron de repente, Esther seguía guardando silencio) Me
voy...
E: Cuídate

La última mirada de Maca estaba repleta de tristeza, lo recordaba perfectamente, pero


era mejor así. En ese momento, las palabras de Sandra se unieron a la mirada de Maca,
trató de olvidarlo, y decidió marcharse, pero entonces vinieron a ella las palabras de
Sandra como un castigo, si era cierto, era lo que iba a hacer, ir a la discoteca y
cualquiera de las que allí habían le quitaran cualquier sensación que pudiera despertarse
en ella, ¿y qué?, nada, no pasaba nada, Maca no era distinta a las demás, Maca era una
más con la que había disfrutado, con la que había sentido diferente, sí, pero nada más.
Se vistió y dispuesta a todo se marchó sin despedirse si quiera de Sandra

Sandra: Uf Esther (musitó tras un suspiro al escuchar la puerta)


Palabras 284

La tarde estaba llegando al ocaso cuando Maca y Teresa entraban por la puerta del hotel,
el recepcionista les sonrió y al segundo descolgaba el teléfono para avisar a alguien

M: ¿Has visto?, el recepcionista lo está avisando

T: ¡Ay Maca! si es que... no sé cómo lo soportas

M: Bueno... todas estas cosas inservibles que hemos comprado, ¿las guardas tú? (le
preguntaba mirando las bolsas que llevaban pues antes de llegar al hotel se habían
percatado que no llevaban nada en sus manos para demostrar las compras) Espera está
no que es la que llevo cosas de papelería

T: Vale. Maca alegra la cara por favor

M: Gracias Teresa

T: Maca

M: ¿Qué?

T: ¿De verdad te interesa Esther? (Maca no le contestó tan sólo sonrió) Ya hemos
llegado. Suerte

M: Gracias

Se despidieron con una sonrisa mientras Maca abría la puerta para entrar, desde la
puerta podía captar la energía negativa que existía dentro del cuarto, sabía que Luis la
esperaba con su mal gesto quizá leyendo un periódico, quizá con el ordenador. Exhaló
un silencioso suspiro y entró con el corazón latiendo a todo tren, quería pensar en
Esther, para tranquilizarse, pero fue peor, la sensación de que había perdido se hizo más
patente

M: Hola

Luis: ¿Crees que está son horas de llegar? (le preguntó mirándola por encima del
periódico, aunque había apartado un poco para contemplarla mejor)

M: Falta una hora para la reunión. Me da tiempo de sobra (dejo sobre la mesita una
bolsa)

Luis: Llevo dos horas esperándote

M: Te he avisado

Luis: Y yo te he advertido que vinieras antes (se levantó del sofá, aquel gesto como si
fuera un león utilizando como táctica la fuerza para cazar a su presa, no impresionó a
Maca que sacó las cosas de la bolsa) Te estoy hablando no me des la espalda
Palabras 285

M: Luis... déjame en paz, he venido para la reunión ¿no?, pues déjame en paz (le dijo
con gesto de asco)

Luis: ¿Qué te pasa, eh? (le cogió del brazo hablándole entre dientes con los ojos
transformados como si fueran los del lobo macho hambriento) Últimamente estás muy
revoltosa

M: Suéltame (lo miró con odio)

Luis: Sabes que me vuelves loco cuando me miras así (se pasó la lengua por los labios)
Lo sabes

M: No sé si soy yo, o es que realmente estás loco (se zafó de su brazo y se metió en el
lavabo)

Luis: No juegues con fuego Maca, porque luego te quemas y te desmayas

M: Sólo quiero que me dejes en paz

Luis: Y yo quiero otra cosa (se puso tras ella desabrochándose los pantalones)

M: Lo siento pero llegamos tarde a la reunión (trató de aparentar calma, una calma que
perdía al escuchar el sonido nítido de la cremallera deslizándose)

Luis: Si es por eso... no me importa (la cogió de la cintura atrayéndola hasta él Maca
cerró los ojos y suspiró) ¿A qué hueles? (Maca no contestó sintiendo que el corazón le
daba un vuelco él insistió dándole la vuelta) ¿A qué hueles te he preguntado?

M: A colonia barata

Luis: Mírame (le tomó por la barbilla mirándola a los ojos)

M: ¿Empiezas o acabas?

Luis: Quítate la blusa (Maca le hizo caso se la quitó con desgana, Luis comenzó a
tocarle el pecho con su mano que al tacto le parecía áspera mientras él la observaba con
atención) ¿Qué es esto?

A Esther caminar le hizo bien, se le fue pasando la rabia contenida y consiguió apartar
de su cabeza a Maca a base de pensar con quien podría pasar la noche. Había llegado a
una tasca donde solía acudir un grupo de amigas con las que había compartido
momentos tórridos, no había más que esperar, entró con la sonrisa de oreja a oreja al ver
que allí estaba Ángela, ésta a su vez, le sonrió con picardía

E: Buenas noches... ¡pero Ángela qué guapa estás!

Ángela: Tú también
Palabras 286

E: ¿Puedo sentarme a tu lado?


Ángela: Claro... no hace falta que preguntes

Durante la cena rieron con las locuras que contaban unas y otras, también con los
cotilleos y algunas parejas que se habían roto, pero también, durante la cena, Esther
había tocado sin apuro alguno a Ángela, haciendo que ésta estuviera encantada y
sabedora de cómo acabarían se mostraba risueña y feliz

Ángela: No sé si voy a llegar a casa, ya notó la humedad del deseo en mí (le susurró
con voz ardiente)

E: Claro que llegarás (le sonrió divertida)

Ángela: ¿Vamos directamente?

E: Me apetece mucho ir a bailar

Ángela: Uf pues deja el pie en tierra o no respondo (le decía bebiendo mientras sonreía)

E: Lo dejaré solo si... estás completamente segura de ello (entonces sonó su móvil)
Vaya... perdona... (al ver la pantalla su gesto fue de total perplejidad)

En el lavabo, Luis había encontrado en Maca un pequeño morado, ésta le había


recordado su furia y como no solo le había hecho ese morado, sino otros, Luis sonrió de
lado y unió su boca a la de una Maca que no respondió, ni a su boca, ni a sus manos, ni
siquiera cuando le hizo arrodillarse ante él, ni siquiera cuando le mandó que le hiciera
una felación como a él tanto le gustaba y ella tanto odiaba, hacía tiempo que Maca había
logrado evitarlo, al arrodillarse, un temblor recorrió su cuerpo como si una bala
atravesara su corazón haciéndolo añicos

Luis: Venga nena... que no se diga... vamos... (le puso su mano en la cabeza para
atraerla cuando sonó su móvil) Joder...

Salió con prisas mientras Maca resoplaba pensando que le habían salvado por poco, se
había puesto sus manos sobre los muslos y aunque trató no podía dejar de temblar, se
levantó con el gesto de horror marcado en su cara mientras en su corazón se había
marcado un dolor intenso, otra nueva humillación, entonces se miró con rabia, se miró
odiándose a ella misma, y terminó por girarse para no verse

En la Marina Real Juan Carlos I, en un local muy bien ambientado, con sofás blancos
junto al mar donde tomar unas copas, se habían encontrado dos mujeres, mirándose a
los ojos, estudiándose

T: Hola (saludó con corte regia Teresa)

E: Hola Tere (respondió tratando de no reírse)


Palabras 287

T: Necesito hablar contigo

E: Bien... ¿nos sentamos o aquí de pie?

T: No, mejor sentarnos

E: Que noche más bella (al ver que Teresa no estaba para esas cosas le dijo justo en el
momento en que venía un camarero muy bien vestido con un pelo engominado y una
barba perfecta ) Tú dirás guapa

Camarero: Hola señoras, ¿qué van a tomar?

T: Yo, un whisky doble (Esther la miró sorprendida) ¿Qué?

E: Nada, nada... yo lo mismo

Camarero: De acuerdo

T: Tantas emociones no puedo sobre llevarlas yo sola (le dijo a modo de disculpa)
Bueno, no sé porque te digo eso, no debe importante un pimiento

E: Tere

T: Me llamo Teresa, Tere es demasiado amigable

E: Vale, entiendo, Teresa (“bueno otra que me viene encima, pero no la voy a soportar
que con Sandra ya he tenido bastante... ¿dónde estará Maca?... bueno... que más da”)

T: He venido para hablarte de Maca

E: Me lo temía

T: ¿Ya te has cansado de ella? (la miró duramente)

E: Mira Tere, o mejor dicho Teresa (el camarero llegó y Esther guardó silencio mientras
dejaba las bebidas sobre la bajita mesa, al retirarse siguió) No tengo porque darte
explicaciones de nada, no lo he hecho en mi vida, y no lo voy a hacer ahora contigo

T: No vengo para que me des explicaciones, vengo para pedirte ayuda

E: Ya te ayudé y no te gustó

T: Pero sí a Maca y eso es lo que importa (dijo sin ocultar su fastidio, Esther no dijo
nada) Sé que no soy nadie para recriminarte ni a ti ni a ella, sé que no quieres saber nada
de lo que le ocurre, de lo que el desgraciado hijo de puta de su marido le hace

E: Vaya la bebida te suelta la lengua (le soltó de golpe con gesto de sorpresa mientras
enarcaba una ceja)
Palabras 288

T: La bebida no Esther, la verdad de Maca que yo desconocía

E: Te dije una vez que no quería saber nada, ella y yo nos lo hemos pasado bien, punto
T: ¿Y si yo te digo qué quiero que sigas haciendo que ella se lo pase bien? (se había
acodado a modo de confesión ante el gesto de Esther agregó) Me repatea pedírtelo a ti,
pero no tengo a nadie mejor

E: Perdona... ¿con quién crees que estás hablando?, ¿con una puta? Que quieres
contratarme para que Maca tenga orgasmos lésbicos a falta de los otros

T: Los otros también los tiene, por imposición (le soltó rápidamente para que Esther se
enterara) Solo te pido que no la abandones

E: Lo siento pero no sé que pinto yo, lo siento pero no me voy a prestar a esa bajeza me
queda poca dignidad pero aún es algo

T: Si la ayudas, si vas con ella, si consigues que sea feliz aunque sean unos ratos,
prometo que te publicaran la novela

E: Eso es chantaje

T: No me dejas otra opción, no quieres hablar de Maca ni saber nada, sé que ella te
interesa, más de lo que tú me quieres hacer ver

E: Eso lo dices tú

T: Eso lo dicen tus ojos, por mucho que quieras disimular, Maca te gusta y cuando la
ves con él se nota tu rabia, si supieras...

E: Vale... ¿y qué tengo que hacer? (la volvió a cortar sin querer saber)

T: Ni idea. Tú eres la promiscua. Lo único que te voy a pedir es no hacerle daño

E: Ya te vale Teresa... ya te vale...

T: ¿Quieres respeto?, hazte respetar. Que precioso lugar... sí... precioso

Estuvieron un rato más allí sentadas en silencio, Esther sentía que había una fuerza que
la empujaba para saber que había en ese matrimonio, no le hacía falta saber mucho, pero
algo sin duda fuerte para que una mujer como Maca no hiciera nada al respecto. Otra
vez había una disyuntiva ¿qué tenía que perder?, nada, estar con Maca no era para nada
malo, y además poder publicar la novela sin duda no había nada que perder y mucho
que ganar. Sin embargo había una sombra en ella que la perseguía al caminar, no era su
imagen proyectada en el suelo, cuando se detuvo para buscar un taxi, se giró mirándola,
se parecía demasiado a una mujer. Una mujer que podría ponerle en apuros. Apartó la
mirada y al ver la luz verde, elevó la mano y entró en el taxi sintiéndose protegida, hasta
que el taxista dio la vuelta y pasó por delante del hotel, no pudo evitar que sus ojos
buscaran hacia arriba como si pudiera ver lo que buscaba, ¿para qué la buscaba
realmente?
Palabras 289

En la cama Maca repasaba la cena con aquellos hombres, recordaba como desconectó
de ellos, los tantos por cien, las editoriales, nuevos contratos, nuevas entrevistas, los
contenidos, el premio Planeta, todo era un sin fin de nombres y números que a ella
como escritora no le interesaban lo más mínimo, desconectó para viajar por una piel,
por una suavidad, por una sonrisa, una carcajada, por aquella mujer que le había hecho
perder los estribos, que le había provocado un alud de emociones en su interior, ¿cómo
podría seguir?, sin duda veía la dificultad a la que iba a enfrentarse, en Madrid le iba a
ser muy complicado escaparse sola. Entonces volvió a ella el momento vivido en el
cuarto de baño con Luis, la sensación de repugnancia, debía detener aquello, no podía
seguir así, su máxima prioridad era poder deshacerse con tacto pero firmeza de quien a
su lado dormía roncando sobre su oreja y abrazando su cuerpo

También en su cama Teresa estaba sin poder dormir, no estaba segura de haber hecho lo
correcto, daba vueltas pensativa con las palabras que Guillermina le había dicho, quizá
se había dejado influenciar por ella, quizá Esther no era lo mejor para Maca. Sin
embargo, durante la conversación, había captado algo en Esther que le había dado cierta
tranquilidad de igual modo que el día de la fiesta había visto su malestar cuando estaba
Maca con Luis, y a eso se quería aferrar, aunque no tuviera nada claro que no iba a
sufrir Maca junto a ella

T: Duerme que mañana viajas

Metió la llave en la cerradura, entró sin hacer ruido rezando en parte para que Sandra
estuviera dormida, pero en parte necesitaba contarle las cosas que le habían pasado, así
que al ver que estaba la luz apagada, decidió ir hasta su habitación. Sandra estaba en su
cama de 1.35, sin dormir pero guardando silencio, Esther se asomó, pero se volvió a
marchar. Sandra suspiró, mirando el reloj las dos de la mañana. Entonces se volvió a
abrir la puerta y vio como se acercó hasta la cama, acostándose a su lado en silencio

29 Abril 2005

La mañana del domingo llegó algo nublada y con una suave brisa que había levantado
algunas olas en el tranquilo mar, aquella fue la última visión que los tristes ojos de Maca
se llevaron de su estancia, del lugar donde le habían hecho feliz

Luis: Nos vamos

Cerca de las doce se levantó Esther, lo hizo con gesto serio, porque Sandra no estaba en
la cama, ni tampoco parecía en la casa, le preocupó, miró el armario y vio que su ropa
seguía allí, ¿por cuánto tiempo?, aquella pregunta y darse cuenta que la iba a perder le
hizo sentir miedo, siempre había estado a su lado, siempre le había sacado de cualquier
apuro, y saber que no iba a estar le hacía sentir un vacío intenso en el corazón.
Palabras 290

¿Egoísta?, sí, claro, en eso también la había convertido el tiempo, en egoísta. Se duchó y
comió algo ligero, no tenía apetito

E: ¿Qué voy a hacer?... Maca puede significar para mí lo mismo que Lidia, ambas son
igual de peligrosas, y al fin y al cabo, me da igual la novela, no tengo porque hacerlo,
pero por otro lado, acostarme con ella es una delicia, y no es un compromiso, por lo que
se ve no va a dejar a su marido, algo grave ha ocurrido pero eso no me incumbe, solo
me interesa ella, no está mal ir a Madrid de vez en cuando, estar con ella, tener un buen
polvo y después venir. ¿Por qué no lo voy a hacer?, mira eso que me llevo, estoy a salvo
por ese lado, puede estar muy bien... ahora... tengo que tener mucho cuidado... mucho...
¡joder Sandra dónde coño estarás!... uf... tiene tanta razón, pero ¿de qué me sirvió ser
Esther García?, ¿de qué me sirvió ser buena persona?, no quiero volver a mirar a
ninguna mujer con el corazón, a ninguna (entonces se levantó a por el teléfono y marcó
un número) ¡Sandra!

Sandra: Dime Esther

E: ¿Dónde estás?

Sandra: En casa de Miguel... ¿por?

E: Estaba preocupada

Sandra: Tranquila voy a estar aquí (le hablaba con voz cortante)

E: Vale yo me voy a trabajar

Sandra: De acuerdo

E: ¡Sandra!

Sandra: Dime

E: Te quiero (le dijo cerrando los ojos con necesidad)

Sandra: Que tengas buena tarde

Al colgar sintió unas enormes ganas de llorar, y entonces su mente le dibujó un avión
rumbo a Madrid, Macarena Wilson se alejaba de ella, a esas horas, ya debía estar
llegando y ella, allí, sola justo lo que más le aterraba la soledad, era lo que tenía.
¿Nuevamente egoísta?

E: Lo soy, soy una egoísta de mierda...

Al llegar a su amplia casa de la Moraleja, Maca sintió nuevamente las cadenas que allí
le ataban, no solamente perdía la compañía de Teresa, sino, que perdía la cierta libertad
que había estado viviendo. La sirvienta, le recibió explicándole lo que había estado
haciendo, y tras escucharla decidió darse una ducha y ponerse a trabajar. Ella en un
Palabras 291

despacho, él en otro, y así sería hasta la hora de comer, allí encerrada como decía la
copla, “En una cárcel de oro”

4 Mayo 2005

Habían pasado cinco días donde no había tenido noticia alguna de Maca, tampoco de
Teresa. Tanto Consuelo como Sandra habían notado en ella cierta zozobra, cierto aire
despreocupado que sabían podía tratarse de algo relacionado con la ausencia de Maca.
Lo habían hablado entre ellas porque en el hospital le habían llamado la atención por
algunos fallos que había tenido, fallos sin importancia pero que daban muestras de que
su cabeza no estaba en el trabajo. Y aquello solamente le había sucedido una vez, una
vez de nefasto recuerdo para las tres. Sus cinco días habían pasado entre descuidos, pero
también con el teléfono siempre encima, con poco apetito y ojos soñadores que le
habían impedido ir a ninguna fiesta, ni siquiera buscar a Lorena. También había
ocurrido algo nuevo para ellas, sus ganas de escribir habían vuelto a ella de una manera
feroz, era como sumergirse en el mundo que ella creaba para no recordar el que ella
tenía

Estaba trabajando con ganas de terminar y marcharse a su casa, para continuar con la
nueva novela, novela que para Consuelo era una cura de sexo

E: Me voy a casa a trabajar

Consuelo: Muy bien. ¿Ya tienes el traje para la boda?

E: ¡No me lo recuerdes!, me quedan dos meses para perderla

Consuelo: ¿Ya está menos cabreada contigo?

E: Joder Consuelo, sé que fue una putada, ya no sé como disculparme, ayer hasta le hice
lentejas (decía abriendo sus ojos como si fuera un hecho épico)

Consuelo: ¡Madre mía, tú lentejas!

E: Sí, me salieron de muerte

Consuelo: Pues es que tiene razón Esther, no puede ser que...

E: Para Consu, que te veo venir. Bueno me voy con Maca

Consuelo: ¡Anda que ponerle Maca a la bici! (le decía negando con la cabeza)

E: Pues a ella le encantó... bueno eso... y otras cositas, claro (le guiñó el ojo
marchándose con una sonrisa brillante)

Consuelo: No sé... no sé... ¿será verdad qué ha despertado algo en ti?


Palabras 292

En Madrid, Luis estaba en su despacho trabajando, sabía que Maca estaba en el suyo
con Teresa, pero lo que no esperaba era verla entrar con un chándal y zapatillas de
deporte

Luis: ¿Qué haces vestida así?

M: Voy a andar con Teresa


Luis: ¿Así? (sonrió de lado)

M: Sí, bueno no vengo para que me digas como tengo que salir vestida, cosa que sé
perfectamente vengo a decirte que tenemos que ir a Valencia

Luis: ¿A Valencia?, ¿a qué? (le preguntó mirándola desconfiado)

M: Necesito más información

Luis: ¡Vamos Maca!... ¡ya tuviste suficiente tiempo!... (se quejó)

M: ¿Ya no recuerdas el tiempo que me tuviste encerrada en aquella horrible casa tuya
de campo, para ambientar la novela? (le preguntó con la cara repleta de furia)

Luis: Siempre me lo tienes que echar en cara

M: Sí, necesito información, fotos y algunas cosas más. No te pido que reserves el
mismo hotel, con uno mucho más sencillo nos vale

Luis: ¿Cuándo piensas ir? (le preguntó burlonamente)

M: Mañana

Luis: Está bien... mañana irás

M: Nos tenemos que llevar a Teresa, necesito su ayuda

Luis: Por supuesto, vendrá Teresa

M: De acuerdo

Salió y fuera la esperaba una atacada Teresa, la miró con gesto de interrogación pero sin
mencionar palabra, Maca le hizo un movimiento suave con al cabeza para que la
siguiera, una vez fuera de su casa le dijo:

M: Ha dicho que sí

T: ¡Jesús, María y José!

M: Me muero de ganas de verla (decía con la ilusión reflejada en su rostro y en sus


ojos)
Palabras 293

Al llegar Esther a su casa, se encontró con Sandra preparando la mesa, la saludó y se fue
corriendo al lavabo, la relación entre ellas era bastante fría por más que Esther quisiera
acortar las distancias

E: Ya estoy aquí. Sandra... ¿mañana vas a la prueba del vestido?

Sandra: Sí, es mañana (la miró extrañada de que se acordara)


E: Me he pedido el día como asuntos propios, ¿podré acompañarte? (dio un buen
pinchazo a la ensalada llevándose un trozo enorme de lechuga, y sonrió)

Sandra: Vaya... pensé que no te acordabas

E: ¿Para qué estamos las amigas? (se puso la lechuga en la boca y le dijo con dificultad)
A parte de para a veces fallar

Sandra: No hables con la boca llena (le riñó con una sonrisa) Lo siento Esther, creo que
me pasé

E: No te pasaste, me dijiste la verdad (volvió a pinchar más lechuga) Mmmmm

Sandra: A veces la verdad no es tan necesaria de decir... hay cosas que no se deben
decir

E: A mí sí, porque tú me haces pensar. Y sé que si hubiera sido al revés, me habría


jodido mucho que no vinieras

Sandra: Hay algo que te dije y de lo que sí me encantaría que hicieras. Que volvieras a
ser tú

E: Ya... esta pimienta es un poco fuerte ¿no? (tosió mientras apuraba el vaso de agua)

Sandra: Vale captado, no quieres que vaya por ahí

E: Sandra... ¡me jode que me conozcas tan bien!, pero a veces, me encanta

Comieron entre risas, porque Sandra le contó como había sido la comida y las veces que
tuvo que morderse la lengua porque todos hablaron mal de ella, a su madre nunca le
gustó que viviera con una liviana tan frágil de bragas, y esos comentarios, eran para
ellas dos en ese momento el bálsamo para como sólo puede conseguir el sentimiento de
amistad, olvidar todo y volver a confiar la una en la otra

Cuando Esther sacó las pastas para el café, se sentó a un lado del sofá cerca de Sandra
que tenía una hora para volver al trabajo. La miró varias veces pero no le dijo nada,
hasta que Sandra le soltó

Sandra: Va di, ¿qué pasa?

E: Nada (sonrió)
Palabras 294

Sandra: Sí, claro... nada...

E: Vale te lo cuento pero no quiero que saques conclusiones equivocadas, este tema me
tiene algo desconcertada

Sandra: Este tema o ¿Maca?

E: Maca, sí
Sandra: Se te nota

E: ¡Anda ya! (le dijo sonriendo pero sus ojos mostraron cierto temor a lo que realmente
se pudiera notar)

Sandra: Uf Esther... que estás pero no estás, que eres peor de lo habitual, que el otro día
me encontré tus bragas sobre la encimera (decía con gesto de asco)

E: ¡Pero qué dices!

Sandra: No, claro, y ¿has encontrado tu zapatilla esa horrorosa de tantos colores?

E: No (la miró sorprendida)

Sandra: Claro está en el balcón, detrás de los geranios, debió caérsete y allí está la
pobre haciendo plegaria

E: Tú encantada, claro

Sandra: A ver... esa era la anterior Esther

E: Sandra deja de separarme, sólo hay una

Sandra: Una sin esencia, pero bueno, no vamos a discutir por esto ahora. ¿Qué pasa?

E: Verás... antes de marcharse Teresa me hizo una propuesta

Sandra: Sí

E: Yo seguía acostándome con Maca, y ella me ayudaba a publicar mi novela

Sandra: ¿Dirías qué no, verdad? (le preguntó pero Esther se mordió el labio) ¡Pero
Esther!, ni dignidad tienes ya ¡joder!... ¿cómo vas a hacer eso?

E: No es tan malo

Sandra: No, claro. Te vendes nada más


Palabras 295

E: Nada de risitas ¿vale? (Sandra asintió) Creo que Teresa recapacitó de lo que me
había pedido, ella me dijo que Maca se pondría en contacto conmigo, me diría de ir a
verla a Madrid, y yo le diría que sí

Sandra: Pero esa llamada no ha existido

E: Eso es

Sandra: Y tú estás un tanto desesperada

E: A ver no por lo que tú crees, a mí me gusta Maca como mujer, me lo paso de muerte
con ella en la cama, pero también es una oportunidad para mí, ella está casada no va a
dejar a su marido, yo puedo ser su amante, y no me importa ya sabes que no soy celosa

Sandra: Eso habría que verlo

E: Lo estás viendo, pero claro, tampoco quiero ser una hija de puta, había pensado
llamar a Teresa y decirle que no quiero ese trato, que yo me acuesto con Maca pero sin
trato, que no me importa, vaya...

Sandra: Ah... muy bien... ¡qué haces una obra de caridad, eh! (se había cruzado los
brazos sobre el pecho)

E: No hago daño a nadie

Sandra: Si no te enamoras, no, claro, pero si te enamoras habrá un día que no te valga
con ser su amante. Y déjame decirte, que puede que no te des cuenta, que por eso
cuando ella se despidió de ti no tuviste el valor de decirle que querías verla, porque te
aterra que sucediera eso, pero... Maca no te ha dejado indiferente

E: Es cierto, me parece una mujer interesante, guapa, elegante, con un tipo que me
vuelve loca ese desconcierto que tiene al andar, esas formas inexactas, pero sus ojos y
su boca, son una delicia. Y que decirte cuando actúa en la cama... pura pasión, era su
primera vez

Sandra: ¿Su primera vez? (la miró extrañada)

E: Con una mujer sí, no había estado con otra mujer...

Sandra: Pobre... que horror, tener que estar casada ¿sabes si le cumple al marido?

E: Joder Sandra... yo que sé... bueno Teresa dijo que había aprendido a ver en su rostro
cuando sí

Sandra: No entiendo... ¿y no sabes nada más?

E: No (se puso una galleta en la boca)


Palabras 296

Sandra: ¿No quieres saber, verdad? (Esther negó con la cabeza) Claro porque quieres
ser amante pero ciega y sorda, sin inmiscuirte demasiado en ella

E: No quiero marrones en mi vida Sandra

Sandra: Eso es imposible y lo sabes

E: Imagino que lo debe pasar fatal, pero prefiero pensar de otro modo, que yo, puedo
hacer que se lo pase de miedo, ¡tendrías que haber visto como me pedía más! Creo que
nunca me habían abatido como ella, ¡joder!

Sandra: Era lo que decías, escribe apasionadamente, es apasionada


E: Ni te cuento (dio una carcajada) En fin... no me ha llamado así que igual, ella ha
tomado la decisión de no verme más y Teresa solo perdió los papeles

Sandra: ¿Y por qué no le llamas?

E: ¿Yo?, ¡eso nunca!, si quiere algo será ella quien me llame (entonces sonó su móvil y
de un salto fue a por él)

Sandra: ¡Joder! (susurró al verla salir corriendo)

E: Mierda que no llego (pero al ver la pantalla un suspiro de decepción la inundó) Hola
Ángela... ¿hoy? No mañana tengo que ir con Sandra al traje de boda (salió hacia donde
estaba su amiga) Pasado mañana, sí, me hará bien salir. Hasta mañana guapa

Sandra: ¡Menuda carita de decepción!, ahora... yo no he dicho nada ¿eh?

E: Borde eres... te dije que nada de burlas

Sandra: Me encantaría que Maca pudiera responderte cariño... que no fuera una más

E: Bueno... a mí con que me deje probar su néctar de vez en cuando me vale

Sandra: Ya

E: ¿Ya qué?

Sandra: Pues eso... que ya...

E: Me voy a la ducha

Sandra: Falta te debe hacer... ¡terremoto a la vista! (se dijo a si misma al verla marchar)

Mientras en el despacho de Luis, aparecía un ciclón de verdad, nuevos problemas en la


bodega, le hacían no poder acompañar a Maca, se mostraba enfadado, crispado con su
cuñado, y como un búfalo que en la nieve respira, de igual modo le salía a él la ira por
las fosas nasales
Palabras 297

Ansioso esperaba la llegada de la pareja, y a ambas les sorprendió cuando la sirvienta le


dijo a Teresa que debía ir al despacho, Maca fue a encaminarse hacia allí pero la mujer
detuvo diciéndole que eran asuntos de negocios y quería hablar nada más con ella.
Ambas se cruzaron una mirada de preocupación

Al llegar al despacho, el corazón a Teresa le iba a golpes, ¿se habría enterado de algo?
¿la requería por algo que había sabido y le iba a reprochar a ella? ¿la echaría del
trabajo? Eso no lo soportaría, que volviera a hacerle a ella lo mismo que a Guillermina,
así pues, ante la puerta se santiguó, miró al cielo imaginario que había por encima del
techo de la casa, y tras una fuerte exhalación llamó

Luis: ¡Adelante!
T: Madre de Dios (musitó al escuchar su tono, al notar que estaba cabreado, volvió a
exhalar aire, pensando únicamente en Maca) ¿Me has llamado?

Luis: Siéntate (siguió hablando por teléfono) Me da lo mismo, ¡tienes que hacerlo cómo
yo te digo y punto!

T: (“Uy... mal vamos... por favor que no haya notado nada en Maca”)

Luis: Eres un inepto y te voy a sacar de ahí, ¡ni tu hermana ni hostias!, podías parecerte
a ella, tú no tienes ni puta idea de trabajar (le gritó alterado) Y si estás ahí es por ella,
tenlo claro

T: (“¿También tendrá que acostarse con él por eso?... ¡pobre Maca!”)

Luis: Inepto (dijo colgando el teléfono, tras pasar sus manos por la cara miró a Teresa)
Lo siento

T: ¿Puedo ayudarte?

Luis: ¿Puedes hacer que el hermano de Maca sea menos inútil? ¡vaya tipo! (se quejó
poniendo sus manos en las sienes. Ante el silencio de Teresa le dijo echándose hacia
detrás) Tengo que hacerte una pregunta, ¿tú qué piensas de los homosexuales?

Aquella pregunta a bocajarro provocó en Teresa la misma sensación que si hubiera


metido los dedos en un enchufe, la descarga que sintió cruzar su espina dorsal le hizo
tensarse sobre la silla, y se imaginó a si misma como aquellos dibujos animados donde a
los protagonistas les resbalan gotas de sudor tan perceptibles por su lentitud, así se
sintió ella, trató de controlar todas aquellas sensaciones apretando una mano contra la
otra, era la única manera que podía controlar sin que Luis pudiera notar su rigidez

Luis: Disculpa Teresa, sé que esta pregunta te ha debido sorprender, pero... para mí es
de vital importancia sobre algo que me han propuesto hacer y tengo dudas

T: Pues... la verdad (transformó su gesto de seriedad en tedio, ladeó su labio formando


esa mueca que ella sabía retransmitía lo que Luis quería ver) Yo no los entiendo, ni los
acepto... ¡vamos qué! Para mí unos frescos que quieren vivir del cuento... promiscuos...
Palabras 298

una enfermedad que no les interesa curar, ah pero... ¡ellas peor, eh! (se santiguó “me
habré pasado al santiguarme, ay que este sinvergüenza sabe algo de Maca... ay que ya
tenemos el lío armao”)

Luis: Bien...

T: ¿No pretenderán que Maca escriba algo sobre “eso”? (preguntó acertadamente
aterrada con su mano en el pecho, muy pero que muy ofendida

Luis: No, no... era algo relacionado con eso pero... yo no quería ser muy injusto y
quería saber tu opinión

T: Pues ya la sabes... indecoroso, injustificable e inaceptable (“ya no hay más con la


“i”... ay Teresa no te pases, lo que vas a tener que tragarte como un día éste se entere”
Luis: Verás... sé que tú también me miras mal (Teresa pensó “pues hay otras que rezan
por tu muerte, guapo”) Hubo un tiempo donde traté que Maca me amara, fui
considerado con ella, le regalaba diamantes, rosas, los mejores lugares para comer,
cenar, quería que se sintiera una princesa pero ella nunca me lo puso fácil. Yo la amo
desesperadamente, y sólo quiero su bien, a veces sé que soy duro pero tengo mis
motivos para serlo (“Cabrón... ¿qué motivos?... ay si es que desde que sé la verdad...
me estoy volviendo una deslenguada”) Pero que no te quepa duda de que la amo y no
habrá nadie que la ame como yo. Sé que no te importa

T: Son cosas vuestras y yo nunca me he metido (le dijo con seriedad, frialdad y cierto
distanciamiento)

Luis: Lo sé... pero tú quizá nada más sepas una parte de la historia

T: Yo no me inmiscuyo entre vosotros, mi relación con Maca es profesional y cuando


sale de ese terreno es para comprar ropa o complementos (le dijo con gesto serio)

Luis: Pero no quiero que me veas cómo el malo

T: ¿Tanto te importa cómo yo te vea Luis? Lo único que veo, es que Maca está
deprimida y que estos días en la playa le han sentado muy bien

Luis: Ella es así, su carácter es depresivo (“Ja, lo que tengo que oír, no te mando a la
mierda porque encima aún perdería yo y por supuesto Maca” pensó Teresa mientras
ponía gesto compungido que Luis captó) Yo ya he hecho todo lo que tenía en mi mano
Teresa, yo quiero que sea feliz, pero... me hizo mucho daño como hombre, y no todos lo
hubieran perdonado. En fin para lo que te he llamado no era para justificarme, sino
porque no voy a poder ir a Valencia (“Yupi... ole... ole y ole... ¡toma ya!” y aunque
parecía Alonso celebrando la victoria de una carrera, ella mantuvo un gesto
imperturbable) Pero quiero que vigiles a Maca, ella no debe saber que te pido esto, y
créeme Teresa es por su bien, nunca antes te lo había pedido, pero no quiero que salga
sola a ningún lado, y con tu permiso voy a coger una habitación para las dos

T: A mí eso no me molesta
Palabras 299

Luis: Vale... Teresa... confío en ti (le dijo con un tono que a Teresa si no fuera por lo que
lo odiaba, le hubiera llegado al alma)

T: ¿Algo más?

Luis: No, yo os llamaré

T: De acuerdo. Si viera algo raro te aviso... imagino por donde van los tiros

Luis: Gracias Teresa... siempre me has parecido una mujer inteligente

T: ¿Algo más?

Luis: No

T: Adiós

Al quedarse solo en el despacho resopló pasándose la mano por la cara, a veces aquella
actitud de Maca le desesperaba, pero sabía que quien más tenía que perder era él, por
eso no trataba de castigarla demasiado, pero la amaba tanto la deseaba tanto que no
podía evitar tocarla, besarla, desearla y justamente aquello era lo que más le dolía, que
siempre recibía como respuesta la indiferencia de Maca. Sus ojos duros se volvieron
como gelatina cuando buscaron hacia la izquierda de su mesa un retrato donde se
encontraba una Maca sonriente, una sonrisa que jamás le dedicó a él

En el comedor la esperaba Maca, pero Teresa tras un gesto con sus cejas le dio a
entender que no iba a hablar

T: Bueno Maca... me voy a casa, Luis te dirá

M: De acuerdo

Justamente cuando iba a dirigirse hasta el despacho sonó el teléfono de casa, como
pasaba por su lado, contestó ella

M: ¿Sí?

Rosario: ¡Hija! (apareció la voz desesperada de Rosario)

M: ¿Qué pasa? (le preguntó alertada, no lo podía evitar, siempre que llamaba así
pensaba que a su padre le había ocurrido algo)

Rosario: Tu marido... acaba de despedir a tu hermano... por favor (llanto desconsolado)


Haz algo, habla con él

M: ¿Qué ha hecho esta vez? (preguntó cerrando los ojos pues ella sabía perfectamente
que era un desastre para los negocios)
Palabras 300

Rosario: Nada... tu marido que es muy duro

M: ¡Vaya! (sonrió de lado su tono fue tan irónico que su madre captó la indirecta)
Cuando hace algo con mi hermano es duro... bueno mamá pues mira, yo no puedo hacer
nada, es más, ya he hecho bastante, cada uno que aguante su vela ¿no se dice así?

Rosario: Es tu hermano

M: Lo sé mamá... lo sé... ¿quieres algo más?

Rosario: ¿No vas a hacer nada?

M: No

Rosario: ¡No te entiendo! (y colgó)


M: ¿Cuándo lo has hecho? (le preguntó al teléfono como si pudiera escucharla aún su
madre

Cerró los ojos nerviosa, nueva discusión se avecinaba, seguro que Luis le pediría algo a
cambio de incorporar a su hermano a la dirección de las bodegas, aquello le hizo sentir
un malestar en la boca del estómago. Pasó la lengua por sus labios y se dirigió hasta el
despacho. Abrió la puerta sin llamar y lo vio mirando por la ventana con las manos
detrás en la espalda, al escucharla se giró lentamente

M: ¿Para qué querías hablar con Teresa? (le preguntó en la distancia con gesto adusto al
igual que su tono de voz)

Luis: Cosas de negocios

M: Ya (asintió contrayendo duramente la barbilla)

Luis: He conseguido un hotel para dos noches

M: ¿Cuándo nos vamos? (lo vio acercarse y sin poderlo evitar como siempre le pasaba,
sus tendones, músculos, nervios y piel, se ponían en alerta)

Luis: Yo no puedo acompañaros (se detuvo mirándole los ojos penetrantemente, Maca
le aguantó la mirada) Mañana tenéis un vuelo a las tres de la tarde

M: De acuerdo. ¿Algo más? (le preguntó mientras él pasaba sus dedos con suavidad por
los labios de Maca, ésta aguantó sin pestañear)

Luis: No sé si voy a soportar tantos días sin verte (susurró con una calidez inusual en
él)

M: Voy a prepararme las cosas

Luis: ¿No vas a preguntarme por tu hermano?, sé que acaba de llamar tu madre (le dijo
al ver que ella pasaba por su lado)
Palabras 301

M: No Luis, si lo has echado será por algo (le dijo convencida)

Luis: ¿No vas a pedirme qué lo meta otra vez en las bodegas?

M: ¿Francamente? (lo miró contrayendo la barbilla en un gesto muy suyo) Me da igual

Luis se sintió pequeño, aquella reacción de Maca no la esperaba, otras veces había
sucumbido a lo que él le pedía para reorganizar las bodegas, en ese momento le aterró la
frialdad de Maca. Se quedó pensativo con el ceño fruncido y sintió por primera vez en
siete años que Maca no era Maca, que algo había en ella tanto en su mirada como en su
actitud que le hizo sentirse aterrado

En su casa, frente al viejo ordenador y el lápiz sujetándose en la oreja, se encontraba


una Esther enfrascada en la novela, tomaba apuntes, escribía, miraba por la ventana,
volvía a escribir, y aunque no lo quería reconocer pensaba en Maca

E: (“¿Por qué no me llamara?”) ¡joder Esther ya vale con el temita, ya vale! (se riñó
así misma

Sandra: ¡Esther!

E: Dime

Sandra: Me acaba de llamar Consuelo que nos invita a cenar

E: ¿Consue?, ¿mi Consue?

Sandra: Sí, la misma

E: ¡Uy terror! Si todo lo hace salado... me quedo

Sandra: Gallina

E: No estoy para soportar un tercer grado, no (movía graciosamente el dedo)

Sandra: Quiere invitarme por la boda

E: Sí, sí, y luego aprovecháis y me bombardeáis, que no que no (asentía convencidísima


mientras sonreía)

Sandra: No tienes arreglo ¿eh?

E: Me conozco yo a al Consue, vamos como que te podría yo hacer un libro de


instrucciones suyo

Sandra: Está bien, pues nada... me voy (respondió resignada aunque con una sonrisa de
oreja a oreja)
Palabras 302

E: Si me chillan las orejas sabré porque

Sandra: Serán los oídos

E: No, las orejas, que vosotras sois tan bestias que con los oídos no hay suficiente

Sandra: De acuerdo... como quieras... luego no me preguntes

E: Tranquila... no lo haré

Sandra: Veremos lo que tardas guapa. No he escuchado el móvil, ¿nada de la princesa


que hay que rescatar?

E: No sé porque te he dicho nada... ahora no vas a parar ya con la coña...


Sandra: Si te llama por favor, me pones al corriente

E: Vale, para cotillear a gusto

Sandra: Eso mismo, o no, mira algo mejor, vienes y nos lo cuentas (le sacó la lengua y
se fue)

E: Que fuerte (musitó pero entonces miró el teléfono) Si le llamo va a pensar que estoy
deseándola como loca, así que mejor... esperar... seguro que te llama Esther... que la
dejaste muy pero que muy satisfecha. Y yo ni te cuento... joder... pedazo corridas me
pegue... si es que la tía... uf solo de pensarlo ya me pongo... uf... respira Esther... que
estás escribiendo y no puedes perder tiempo... pero es que oye... para ser la primera vez
la tía me dio que no veas, imagínate si le enseñas un poco más, ¡me mata! No sí... ya te
digo bien caliente me estoy poniendo solo de pensarlo, oye mira, pues eso que me llevo

Cerró los ojos abandonándose a las imágenes que llegaban de Maca a su mente mientras
dejaba que su mano indagara lo que con tanto mimo había descubierto la escritora

-: Maca... sigue... mmmmmm

Cuando Teresa llegó a casa, pensó en llamar a Esther, Maca no había mencionado nada
sobre ella, pero la había visto lo suficientemente pensativa y melancólica como para
saber que pensaba en la enfermera. Le había quedado muy claro, porque quería volver,
quería estar a su lado otra vez y por una vez, su hermano le había hecho un gran favor
sin él saberlo. Allí pensativa mientras preparaba la maleta, recordaba las palabras de
Luis, para él su forma de amar era para Teresa la de un psicópata, no entendía después
de todo lo que Guillermina y Maca le habían contado, que se comportara así, no podía
justificar con su amor el maltrato que le daba a su mujer, quizá cuando explotaba era por
celos, sí estaba segura, pero sin ningún derecho, en el amor se siente a partes iguales, y
sin ninguna duda Maca no sentía más que asco por él. El sonido del teléfono le
sobresaltó. Allí estaba Maca
Palabras 303

T: No, no me ha dicho hotel, sí... tranquila Maca, lo tengo todo pensado... sí... es cierto
(dio una carcajada) Me estoy volviendo una especialista en montajes, tú tranquila que
yo se lo digo, ¿qué no?, está bien como tú quieras

En el momento en que desconectaba la llamada cerró los ojos suspirando, la sonrisa de


Esther llegó a su mente, mientras que a su habitación que era su realidad, lo hacía Luis

Horas antes en casa de Consuelo con una pierna de cordero al horno, patatas y un buen
vino, las dos mujeres y el marido de la recepcionista hablaban sin parar de la crisis que
parecía azotar el mundo entero, excepto España

Marido: Ya llegará, ya (dijo el marido sabiondo) Pero bueno, yo me voy a la cama y os


dejo con vuestras cosas. Hasta mañana)

Sandra: Buenas noches

Consuelo: Buenas noches. Deja que cuando vea a Esther me va a escuchar ¡no querer
venir!

Sandra: Está centrada en la novela

Consuelo: ¿La novela?, ¡vamos! Eso lo hace para no pensar, estos cinco días en el
hospital ha sido una tumba, Esther vamos a almorzar, no tengo hambre, Esther vamos a
tomar café, no tengo tiempo, y tú sabes que si algo no tiene Esther es inapetencia. Y
lleva así toda la semana (decía abriendo mucho los ojos)

Sandra: Pero ella no lo va a reconocer

Consuelo: Es una cobarde

Sandra: Mira Consuelo, yo te digo la verdad, me parece bien que ponga tierra de por
medio, Macarena está casada, parece ser que hay algo ahí con el marido que no lo puede
dejar, por lo tanto si Esther se mete en medio, la que va a salir fatal es ella

Consuelo: Visto así (elevó los hombros ladeando la cabeza)

Sandra: Me encantaría poder hablar con Maca, solo la he visto desnuda

Consuelo: ¡Y qué tal tiene el cuerpo! (le preguntó acodándose en la mesa)

Sandra: Para fijarme estaba yo, vamos Consuelo que no es agradable abrir una puerta y
encontrarte a dos mujeres en pre calentamiento (decía con gesto de apuro)

Consuelo: No es la primera vez que las ves, Sandra

Sandra: Joder Consuelo, que yo a la escritora le tenía cierto respeto, como para mirar
(decía escandalizada)
Palabras 304

Consuelo: No sé en que va a terminar todo esto, pero lo que sí sé es que Esther hacía
mucho tiempo que no estaba así

Sandra: No, en eso tienes razón, en casa trata de disimular y que yo no me de cuenta,
pero... mira el teléfono, se enfada si no hay mensaje o llamada, no sé... ella me ha
querido vender que lo que quiere es ser su amante no quiere nada más que disfrutar de
momentos y ya

Consuelo: Oye Sandra que tú y yo conocemos a Esther y... quizá nuestras ganas de que
la vida le sonría nos lleven a especulaciones inciertas

Sandra: ¡Joder Consuelo que nivel!

Consuelo: Es que trabajar de Recepcionista da para mucho (decía orgullosa)

Sandra: Ya veo ya... pero mira... puede que tengas razón no sé porque yo me hago
ilusiones, mientras Esther no cambie su interior y sus ideas, no habrá mujer que le haga
feliz
Consuelo: Así es... el problema es Esther... (dijo con pena)

Sandra: Maldita hija de puta que le destrozó la vida, cuando la vi, te juro que por poco
me da un ataque

Consuelo: Vamos la veo yo y me da

Sandra: Me da miedo que vuelva. Por eso quizá también me agarro a la escritora

Consuelo: No creo que Lidia vuelva, ya la destrozó, ya le demostró que podía


dominarla, que podía con su auto control, la destrozó ¿para qué iba a volver?

Sandra: Porque la vio bien, la vio risueña y bien, y ese tipo de personas que disfrutan
así, deben de disfrutar mucho más si consiguen volver a castigar y destruir a quien ya lo
hizo

Consuelo: Yo espero que eso no ocurra, que Esther sepa que tiene que cambiar por su
bien y que quizás a pesar de todo Maca tenga la llave

Sandra: No sé... ojalá tuviéramos razón. Pero con Esther nunca se sabe que pasa por su
cabeza, y mucho menos por su corazón

La noche en Valencia era agradable, la ligera brisa que corría por las calles era lo
suficiente como para no sentir agobio y pasear, pero en la terraza, Esther no pensaba en
pasear, en la terraza Esther miraba el cielo estrellado con una copa de ginebra en la
mano. Miraba las estrellas, sus formas, sus movimientos, si veía una pasar le pedía
divertida un deseo que sabía sería imposible de cumplir. Miraba la ciudad tranquila,
miles de luces, vidas en las fincas que a su alrededor se levantaban, gente que vivía o
gente que sobrevivía, gente que estaba, o gente que se había marchado. Dio un trago a
su copa justo cuando notó como la ausencia de su madre se clavaba en el pecho, lo que
más echaba de menos era poder refugiarse en ella, de niña no tenía suficientes brazos
Palabras 305

para abrazar a su hija, y aquel abrazo lo necesitaba en el momento en que miraba y veía
una estrella parpadear

E: ¿Por qué nunca me abrazaste después, mamá? ¿por qué decidiste que el amor por tu
marido era más importante que el amor por tu hija? Nunca lo entenderé, nunca me
alcanzará la vida para entender porque (decía con los ojos repletos de lágrimas) ¿De qué
te sirvió amar? Yo también soy tan egoísta como tú, tú te quitaste la vida sin pensar en
mí, ni en lo que podría pasarme, te importé una mierda, de igual modo que a mí me han
importado una mierda las mujeres que he ido dejando en el camino (una lágrima cayó
en ese momento resbalando por su mejilla) Estoy sola, sin tu abrazo mamá, ni tu calor,
con mi dolor, y mi soledad... (dio un respingo en forma de sonrisa quejosa) ¡Y a ti qué
coño te importa!, ¿verdad mamá?

Bebió su último trago y bajó hasta su casa, se cambió y acostó mirando el móvil una vez
más, para después con desgana desconectarlo y abrazarse a la almohada dejándose
llevar por sueños todavía por cumplir, entregándose a la historia de su novela, a sus
personajes, creando y creando novela, buscando y admirando palabras, y entre palabras
y personajes, se colaba una imagen de mujer

5 Mayo 2005

El avión era un medio de transporte que no gustaba mucho a Maca, ni tampoco a Teresa,
pero en ese momento en que surcaba los cielos azulados de Madrid, olvidó todo lo que
tenía que olvidar, centrándose nada más que en lo que iba a vivir. En Valencia le
esperaba la pasión, la ternura, al recordar algún momento de sus orgasmos, pudo verse
perfectamente agitada con los ojos cerrados con el pelo revuelto y los soplidos que
trataba de controlar una muerte casi segura, se removió un poco en el asiento. Su sexo
parecía últimamente demasiado fácil para excitarse, no recordaba nada igual desde
Lidia, ¿qué habría sido de ella?, poco sabía más que trabajaba en un banco, y seguía
soltera. Pero después de su traición con Luis, se juró a si misma que nunca más la
buscaría, pero entonces, su mueca en el rostro se transformó, desde que había estado
con Esther, no había vuelto a tener esas pesadillas horribles, ni siquiera se había
castigado con sus recuerdos a su lado, no había vuelto al principio de su película, no
había rebobinado en su cerebro ni un solo momento. Sonrió. No sabía muy bien que
podría ser Esther en su vida, pero de momento ya había logrado tantas cosas que se lo
debía, entonces su sonrisa llegó a su cabeza

M: (“Uf... vaya sonrisa”)

Y así hasta llegar a suelo de la ciudad bañada por el Túria, cruzaron entre un atasco
importante que según el taxista les aseguró las entradas a la ciudad a esas horas eran
tercer mundistas, cruzaron el centro de la ciudad, esta vez el Hotel estaba apartado de
las grandes avenidas, casi como castigo lo eligió lejos del mar, justo en la otra parte de
la ciudad, donde el taxista les aseguró que por la noche no era muy saludable salir por
aquella Avenida de las Cortes, donde una Dama de Elche de hojalata azul les vigilaba
mientras el hombre les indicaba que mucho lujo, mucha tontería pero los drogatas iban
y venían sin miramiento robando a todios, según fueron sus palabras. Ellas se cruzaron
la mirada varias veces, en todas ellas, la imagen de Luis marcaba los hechos
Palabras 306

Al llegar al hotel, un recepcionista muy amable les entregó la llave y les dio la
bienvenida, el hotel era bueno, pero sin lujos, Maca lo agradeció y sonrió cuando al
entrar vio dos camas juntas

M: Que hijo de puta (murmuró)

T: Lo ha tratado todo muy bien para su ausencia

M: Eso parece

T: Deberías llamarle para avisar que hemos llegado

M: Luego

T: Maca... por favor... no le hagas rabiar porque son dos días que no va a estar aquí y
mejor tenerlo a buenas

M: Pues se va a joder, porque no vamos a volver cuando le dije

Teresa la miró con gesto de desconcierto, no sabía si reír o llorar, no sabía si aquello era
una buena noticia o acabaría siendo el fin de todo. Aunque con tranquilidad se pusieron
a deshacer las maletas y arreglar la ropa en el armario

La mañana para las amigas Sandra y Esther había sido de lo más divertida, probarse el
traje de novia, el suyo, todo habían sido risas, los zapatos de tacón, Esther haciendo la
payasa y caminando como si fuera un pato, Sandra muerta de risa y la dependienta que
las miraba sonriente porque no le quedaba otra, no porque aquellas dos locas le hicieran
gracia alguna

E: No me noto los pies

Sandra: Ni yo (se dejaron caer en el sofá) Menos mal que me he elegido un traje
sencillo

E: Joder... yo te digo una cosa hija, con ese precio del vestido yo ya no me caso
(entonces frunciendo el ceño le dijo muy seria ante la sonrisa de Sandra) ¿Tú no te das
cuenta que esto todo es un montaje?, seguro que la Iglesia está tras cada venta de
vestido de novia con un tanto por cien

Sandra: Estás loca

E: Sí, sí (se quitaba los zapatos y miraba el reloj) Bueno me da tiempo a descansar un
rato, ducharme y prepararme

Sandra: ¿Otra vez con Ángela?

E: ¿Pasa algo? (respondió a la defensiva)


Palabras 307

Sandra: Últimamente sales mucho con ella ¿no?

E: Es que últimamente está muy buena

Sandra: Ya (asintió poniendo gesto de dudas)

E: ¿Qué?

Sandra: Llámame pesada pero... ¿no estarás apagando otro fuego con su llamita? (le
hizo un divertido juego de cejas)

E: No sé a que te refieres, pero no, salgo con Ángela porque me encanta tirármela (le
dijo con ese gesto suyo tan de viciosa que sabía a su amiga la ponía enferma y ante su
reacción dio una carcajada)

Sandra: ¡Qué basta por Dios!... no sé que ha visto en ti la escritora, tan fina ella (Esther
la miró entre cerrando los ojos) No me mires así

E: Bueno... voy a tomarme un zumo, ¿quieres tú?

Sandra: Sí por favor. ¿Huyes?

E: No, tengo sed, recordar a Ángela y la noche que me voy a pasar, me ha dado sed, uf
¡vaya par de tetas que tiene!

Sandra: ¡Esther!

Le lanzó un almohadón del sofá mientras la enfermera se marchaba dando saltitos y


riendo sin parar. Sandra renegó durante un buen rato hasta que volvió con el zumo y le
dio un beso. Aquello fue suficiente para cambiar de tema y seguir charlando durante un
rato

Mientras en el hotel, Teresa había logrado lo que Maca había insistido, una vez le
confirmó como estaban las cosas salieron de la habitación. Maca lo hizo con la sonrisa
en los labios, sus vaqueros, una camisa y una chupa de cuero negra, que adoraba y que
tenía escondida, unas botas y una bandolera, su melena bien peinada, un poco de
maquillaje y muchas ilusiones puestas. A su lado, Teresa, bien vestida con sus clásicos
trajes chaqueta de falda, y fue ella quien se acercó sonriente al recepcionista y le pidió
educadamente un taxi

T: Muchas gracias hijo

Salieron, subieron y dio una dirección Teresa

T: Pero no baje la bandera... luego sigue


Palabras 308

En su casa Esther, tras beberse el zumo y seguir burlándose de las extravagancias de la


boda de su amiga, se duchó, llevaba puesto el albornoz cuando el timbre de la puerta
sonó. Miró hacia dentro pero no vio a Sandra

E: ¿Estás ahí Sandra?

Sandra: No... abre, que estoy a punto de bañarme (le gritó desde el fondo de la casa)

E: Joder... que morro tienes siempre me toca abrir a mí... (fue mascullando hasta llegar
y abrir la puerta y ante lo que vio, solo pudo exclamar un sonoro e impactante) ¡Joder!

Consuelo: ¡Vaya manera de recibirme!

E: No lo digo por ti Consue, lo digo por ese pedazo jamón

Consuelo: Bueno bonita que pesa

E: ¿Y eso?

Consuelo: Regalo para la novia (dijo pasando hacia la cocina)

E: Y la compañera de piso (agregó sonriente tras ella)


Consuelo: No

E: ¿Cómo qué no?

Consuelo: Lo que yo te diga... esto es para la novia y el novio

E: El taronger déjalo que pedazo huevón, menuda mujer se lleva, con eso ya tiene
suficiente

Consuelo: Petarda eres

E: Sí

Consuelo: Además de cobarde, claro (dejó el jamón sobre la mesa de la cocina)

E: Me voy a cambiar, Sandra se está duchando así que acomódate pero con la boca
callada

Consuelo: Huye cobarde...

E: Mira que te gusta tocarme la moral

Consuelo: Es mi hobby sí, muy placentero, por cierto

E: ¡Qué fuerte!... ¿sabes qué llevo muy adelantada mi novela?

Consuelo: ¿La puedo leer?... venga... Esther (le miraba con carita de suplica)
Palabras 309

E: No, aún no, dentro de poco te la daré ya sabes que me gusta que la leas tú antes que
nadie

Consuelo: ¿Va de tu ligue?

E: ¿Cuál de ellos? (le preguntó con su característica pose chulesca)

Consuelo: ¿Ligue?, solo uno, la escritora

E: No, ésa no es un ligue, es un divertimiento (se agachó hasta su altura y le dijo


susurrando) Ni te cuento lo caliente que es

Consuelo: ¡Esther!

E: Ya vuelvo (le dijo feliz sonriendo pues le encantaba tanto a Consuelo como a Sandra
hacerles rabiar con el tema) Sandra fuera esta Consue

Sandra: Vale... ya salgo

E: Y nos ha traído un jamón, tiene una pinta (le decía desde la puerta)

Sandra: Ya salgo
E: ¿Puedo entrar? (sonreía)

Sandra: No... que luego te aceleras...

E: Sois muy crueles conmigo... con lo buena que estás... no sabe el taronger ese lo que
se lleva... ¡no lo sabe!

Sandra: Claro que lo sabe tonta (le dijo saliendo liada con una toalla) Por eso me ha
pedido

E: No lo soporto. Hacerte llegar virgen al matrimonio. ¡Qué horterada!, ¡qué os den un


premio macho!

Sandra: Anda calla que no sabes lo que dices

E: Voy a vestirme para Ángela... me muero de ganas... de tocarla... de tener frente a mí


ese par de... mmmm, mejor me callo

Sandra: Eso... mejor calla

Cuando Sandra y Consuelo se reunieron en la cocina, hablaron del jamón y de la loca de


Esther

Consuelo: ¿Sin noticias?

Sandra: Sin noticias


Palabras 310

Consuelo: ¿Y eso es bueno o malo?

Sandra: Ella se va con Ángela (la miró enarcando las cejas)

Consuelo: Malo

Sandra: Malísimo

E: ¿Ya estáis rajen, rajen de mí? (dejó el bolso sobre la mesa)

Consuelo: Sí, ¿pasa algo?

E: Nada... bueno que yo me voy. No me esperes despierta mami (dijo sonriendo feliz)

Sandra: No lo haré... hija...

Consuelo: ¿Por qué no te quedas con nosotras?, anda Esther...

E: No, la noche es joven y yo también, ¡hay que vivirla! Hasta mañana

Sandra: Hasta mañana

E: Consue... cuídamela
Esther se marchó y al cerrar la puerta suspiró, volvió a exhalar un profundo suspiro y
finalmente miró el teléfono, sin noticias

E: Tú misma guapa... tú te lo pierdes

Salió del edificio con el ansia de pasear, caminar le hacia bien le bajaba las ansias
enloquecidas de cometer una locura

Tenía la noche por delante, Ángela cómo siempre predispuesta, y ella con más ganas
que nunca de olvidar su lucha interior entre música, humo y mujeres

En la cocina, pasaron un rato más hablando Consuelo y Sandra, cuando por fin
Consuelo decidió marcharse porque tenía que trabajar, Sandra pensó que era mejor
cenar y ver alguna peli de las de antes. Había estado rebuscando en el estante que Esther
tenía muy bien ordenadito por actrices, directores y temática. Si algo tenía era que a
parte de la literatura, le apasionaba el cine en blanco y negro, como no, la Garbo y su
colección entera estaba allí en el primer lugar, pero ella buscó algo más relajado, le
apetecía reírse un poco y a la vez no pensar mucho

Sandra: Aquí está... “Un hombre tranquilo”... sí... Marueen O’hara y John Wayne... la
mezcla perfecta

Estaba preparándose la ensalada cuando sonó el timbre de la puerta, se secó las manos
con el trapo y se arregló un poco el chándal pensando que podía ser Consuelo. Sin
Palabras 311

embargo al mirar por la mirilla vio una mujer que parecía algo nerviosa, con las manos
en los bolsillos de sus vaqueros y mordiéndose en actitud algo inquietante el labio
inferior. Con el asombro de verla allí, abrió la puerta

Sandra: Hola

M: Hola (respondió algo cortada al recordar como les había descubierto a Esther y a
ella)

Sandra: Lo siento pero Esther no está (le dijo con cierto temblor en su voz)

M: ¿Va a volver? (preguntó con tono parecido)

Sandra: No (fue un susurro que no quiso lastimar a Maca porque vio su gesto) No
volverá pronto quiero decir

M: Ya, vale... pues... nada... solo pasaba para saludarla (dijo a modo de disculpa
sintiéndose estúpida)

Sandra: Bien... pues... se lo diré (no quedó mucho mejor)

M: Adiós

Sandra: Adiós

Cerró la puerta con cierta mueca de consternación al ver la reacción de la escritora,


cuando reaccionó y abrió, ya no estaba

Sandra: Creo que... he perdido una buena oportunidad de saber que busca en Esther,
porque lo que tengo claro, es que está haciendo que Esther se enfrente a si misma sin
saberlo. ¿Y ahora qué hago?

El ruido de la calle, los coches pitando en un atasco, los ladridos de los perros, el
camión de la basura provocando el atasco, los gritos de los basureros a quienes tocaban
el claxon, todo aquel barullo insistente no era recibido por el cerebro ni los oídos de
Maca, en ella tan solo existía un sonido, unas palabras

“No está... no vendrá”

De pronto el miedo se apoderó de ella, había puesto toda su alma en las manos de una
mujer que no sabía hasta que cierto punto no iba a cerrarlas y aprisionarla ahogándola
de nuevo, empujándola nuevamente a la locura. Había sido un capricho lo sabía, pero no
sabía que tan pronto la olvidaría, había sentido la lona porque las palabras de Sandra,
habían actuado como el gancho del más experimentado boxeador sobre su rostro.
Cuando se dio cuenta, llevaba un buen rato caminando y no tenía ni idea de donde
estaba, no sabía hacia donde ir, era el fiel reflejo de lo que su interior en ese instante que
se detuvo sentía, ¿hacía donde caminar? ¿qué dirección tomar? Suspiró con rabia, todo
Palabras 312

para nada. Y llamó a un taxi con los ojos vidriosos, con el alma rota en mil pedazos,
¿por qué no lo iba a reconocer?

Mientras, Teresa salía de la Basílica, había quedado en un punto con Maca para volver
juntas las dos y Esther. Aún le faltaban dos horas, lo que sabía Maca había calculado iba
a durar su primer encuentro y su explosión, pensar justamente en ello mientras salía de
rezar, le hizo sentir vergüenza, no lo podía evitar, y eso, que reconocía le había pedido
ayuda a aquella imagen de la Virgen de los Desamparados, que pensaba le iba al dedillo
el nombre a Maca, porque más desamparada que ella, no conocía a nadie por quien
rezar. Así que trató de relajarse entrando a una tienda que había de camino al Miguelete,
donde la variedad de cruces, imágenes de la Virgen, de Jesús, rosarios y demás, la tuvo
alejada de los pensamientos sobre Maca. Se compró un rosario pequeño con la imagen
de la patrona de la ciudad, esperaba que les diera suerte. Al salir vio como la gente iba y
venía a pesar de la hora, observó la Catedral desde el centro de la Plaza de la Reina, le
pareció un entorno coqueto y muy bien cuidado, se maravillaba de las herencias que
habían dejado en el pasado y que ella miles de años después podía disfrutar con la vista.
Hizo un gesto un tanto apenado porque a pesar de estar distraída, sabía que había un
tema difícil de superar y era que Maca había escrito poco y le preocupaba, le
preocupaban las malas maneras de Luis si no tenía material, la presionaba sin descanso
agotándola tal y como estaba antes del viaje a Valencia. Pero claro, ahora tenía doble
preocupación, porque Luis la agotaba mentalmente y Esther la iba a agotar físicamente

T: No si... esto lo que quiere decir es... problemas... y más problemas... y me lo veo
venir, ¡una tragedia!, lo que yo diga... con el carácter que tiene Luis, con la postura que
ahora tiene Maca... ¡tragedia al canto!... y yo en medio, de aquí a la tumba

Ajena a todo cuanto pasaba, Esther cenaba divertida con Ángela y el mismo grupo de
amigas que salían juntas, durante la cena en una pequeña tasca de ambiente, en el
Carmen, se habían estado besando sin pudor, tocándose y mirándose con un deseo que
por poco derrite los hielos de la Sangría

E: ¡Vamos de fiesta chicas!... que no se diga que somos ya unas carrozas

Rosario: Yo tengo que madrugar mañana así que no os acompaño

E: Bueno primera rajada (le sacó la lengua a su amiga Rosario) ¿Y tú Ángela también
tienes que madrugar?

Ángela: No cariño... yo voy donde tú vayas

E: Eso está bien (le entregó una amplia sonrisa repleta de brillo y sensualidad) ¡Venga
vamos!

Ángela: Esperarme fuera voy al lavabo


Palabras 313

Al salir, Esther notó como su teléfono vibraba, se extrañó y al principio lo omitió pero
después, le vino a la cabeza Sandra pensando que podía haberle pasado algo. Al ver la
pantalla se temió lo peor, allí estaba efectivamente Sandra

E: ¿Qué pasa? (le preguntó asustada)

Sandra: Esther joder ya era hora llevo más de hora y media llamándote

E: He visto las perdidas, sí. ¿Qué pasa? (insistió asustada)

Sandra: Ha estado aquí Maca

E: ¿Cómo?, ¿cuándo? (preguntó sin poder evitar que su estómago se contrajera)

Sandra: Nada más irte tú

E: No puede ser (sonrió incrédula)

Sandra: Y tanto que puede ser, ella misma en persona me ha dicho que te quería saludar

E: Ah... y... ¿te ha dicho dónde está?...

Sandra: No, la verdad me quede tan parada que no. ¿Pero la puedes llamar, no?

E: ¿Llamar, para qué?

Sandra: ¡Cómo que para qué! Esther que ha venido a casa a buscarte (le decía casi
fuera de sí)
E: Pues que hubiera avisado Sandra, yo no tenía ni idea y tengo mi noche para
disfrutarla

Sandra: Tú misma Esther... yo sólo quería que lo supieras

E: Vale pues ya lo sé, ahora si quiere algo que me llame ella

Sandra: ¡Ay Esther!

Ángela: ¡Ya estoy aquí mi amor! (le dio un grito Ángela)

Sandra: Alé... ya la tienes ahí, que disfrutes (colgó con rabia negando una y otra vez)
No te enteras Esther... no te enteras

Ángela: ¿Ha pasado algo? (Esther no le contestó) Esther

E: Vamos...

Por fin Teresa vio llegar a Maca y sola, ya no sólo sus pasos le denotaron que no estaba
muy bien, sino, al verla sola entendió que algo había pasado. Su mueca reflejó unas
Palabras 314

facciones preocupadas que al verlas Maca le sonrió de lado, elevando levemente un


hombro

M: Debí llamarle

T: ¿Ha salido?

M: Sí, ¿vamos?

T: Claro

No le dijo nada más, la mirada triste de Maca en el taxi le dio a entender que no estaba
para hablar mucho, que era mejor apoyarla y esperar a que saliera de su mutismo, y es
que Maca era así, orgullosa, reservada de sus cosas, a veces con carácter agrio y tan solo
se le podía ayudar dejándola sola

Al llegar al hotel el recepcionista las miró y sonrió. Teresa entendió que pronto pasaría
nota, “han llegado las dos”. Y le repateó el hígado

T: ¿No vas a cenar?

M: No

T: Oye Maca... he conseguido algo y... no sé quizá te apetezca dormir sola (Maca la
miró seria sin entender) Los años al lado de tu marido me han enseñado como se ha de
actuar, toma

M: ¿Y esto?

T: La tarjeta de la habitación que reservé para Esther

M: Nos van a pillar Teresa (le dijo no muy convencida aunque encantada con una
sonrisa cómplice)

T: Mira... tú entra y descansa, imagino que querrás estar tranquila esta noche y pensar,
el resto me lo dejas a mí, eso sí... solo te voy a pedir una cosa

M: Tú dirás

T: ¿Crees que Esther merece la pena?

M: No lo sé Teresa, sólo sé que mi corazón me pide verla, pero no lo sé

T: Ya... pues nada... a dormir

M: Voy a coger mi cepillo de dientes

T: Procura que nadie te vea


Palabras 315

M: ¿Cómo has hecho estas cosas? (se reía)

T: Leer novelas de suspense ayuda, dar esquinazo a Luis, es un placer y me quedan


pocos placeres a mi edad (le dijo orgullosa de lo que había conseguido)

M: Te quiero (la abrazó feliz cerrando los ojos mientras la estrechaba entre sus brazos)

T: Yo también (le sonrió emocionada)

Primero salió Teresa, miró a un lado y luego al otro con gesto de detective, no había
moros en la costa, así que le hizo la señal a Maca para que pasara a la habitación donde
pudiera estar relajada, aunque quiso que se llevara el ordenador eso le ayudaría a no
pensar y ponerse a escribir, a Maca no le parecía capaz de hacerlo, pero no quiso
desobedecerla después de todo lo que había hecho por ella. Entró en la habitación, cerró
la puerta tras de si y suspiró. Otra vez sola cuando pensaba que aquella noche podría
compartirla

Con el gesto serio, las manos en la cadera y la punta de su pie golpeando el suelo de
manera seguida y rítmica, se encontraba Teresa. Decidida sacó su móvil y marcó un
teléfono

T: ¡Guillermina!

Guillermina: ¿Sí?... espera que no te oigo

T: ¡Pero Guillermina y esos gritos!... pero... pero... (decía con los ojos abiertos de par en
par)

Guillermina: Ya... es que estos chinos venden películas porno pero están muy mal de
sonido... ya está... habla
T: ¡Jesús Guillermina... Jesús!

Las mujeres hablaron ajenas a que Maca también había recibido una llamada, descolgó
tumbada en la cama mirando el techo

M: Dime

Luis: ¿Qué habéis hecho?

M: ¿No lo sabes ya? (le preguntó molesta)

Luis: Maca...

M: ¿Qué quieres?, tengo sueño y estoy cansada

Luis: Aprovecha el tiempo Maca porque no creas que vas a estar más de lo que hemos
hablado
Palabras 316

M: ¿Algo más?

Luis: Espero que te portes bien, nena...

Maca colgó con rabia, cerró los ojos apoyando sus manos sobre la frente, y entonces
sintió pena por si misma y rabia por Esther, ella haciendo su vida y su vida era estar con
alguna mujer, mientras sus estúpidos anhelos la habían empujado hasta los brazos de
una mujer que no valoraba nada, se sentía vacía tremendamente vacía y dio un golpe
con su cabeza en la almohada...

M: De todos modos era una locura...

Habían pasado cuarenta minutos desde la llamada de su marido, lo sabía porque había
puesto en marcha el ordenador y sus ojos lo único que habían hecho había sido seguir
los pasos de los números, la caída uno tras otro de los minutos, el peso de la soledad en
aquel cuarto

M: Mierda

Pero entonces dos golpes en la puerta de la habitación le sacaron de su


ensimismamiento, claro como no, Teresa no le había dado las buenas noches y no tenía
tarjeta para entrar, se levantó y cuando se estaba acercando a la puerta, ésta se abrió.
Maca se quedó paralizada al ver a Esther allí con su sonrisa más provocadora y su pose
más sensual incitando en ella cierto malestar

E: Hola guapa...

La vida a veces hay que vivirla a golpes, al día, con lo que se tiene como se pueda, a
veces como nos gustaría y a veces como odiamos. Pero hay que vivirla y ser valiente.
Dar un paso, otro, sin miedo a equivocarse, porque si te equivocas pero lo has intentado
nunca tendrás una duda de ti misma, si no lo haces siempre te verás como una
perdedora. Si tú crees en lo que haces, en lo que sientes, hazlo... después... el tiempo
dirá si te has equivocado o acertado, pero hazlo

Ese era el consejo que le dio Guillermina hacia muchos años a Maca, y fueron las
palabras que le dijo a Teresa

T: ¿Quieres decir que... debo llamarla?

Guillermina: Quizá debería haberlo hecho Maca antes de ir

T: Pero es que Guillermina... esa mujer no es trigo limpio y creo que puede hacer
mucho daño a Maca

Guillermina: Pero Maca ahora mismo está mal por ella, porque quería estar a su lado...
eso es lo que importa, Teresa... vive el ahora, mañana puede que haya un pirado que te
meta una bala en el cuerpo, o puede que se te caiga una maceta en la cabeza, o te
pueden pasar miles de cosas que no puedes manejar, Maca hoy quiere estar con ella,
Palabras 317

déjala porque no creo que Esther sea peor que Luis, o peor de lo fue Lidia. Es una chica
díscola, bien, quizá hasta le venga bien a Maca

T: No estoy segura (mostraba sus dudas)

Guillermina: Ni yo... ni Maca... pero es lo que siente. ¿Sabes? Me siento muy orgullosa
de ti Teresa, yo que te hacía poco menos que una beata... ¡hay que ver lo que has
cambiado! (sonreía divertida con su pecho bien cargado)

T: No me hables Guillermina que yo no estoy preparada para esto y en una de ellas, me


da un ataquito... ya verás...
Guillermina: Nada de ataques, hay que darle donde más le duele a ese cabrón...

T: Y si se entera... ese es mi miedo... si se entera y le hace algo a Maca, estamos


vigiladas

Guillermina: Pero tú eres más inteligente que él, me lo has demostrado... así que
tranquilidad y buenos alimentos

T: ¡Bueno... pues la llamo!

Y así fue, Esther estaba justo en ese momento diciéndole a Ángela

E: Lo siento Ángela tengo que ir a casa, Sandra necesita que vaya (sonó su teléfono)

Ángela: Pero... ¿ahora? (la miraba decepcionada)

E: Sí, ahora. ¿Teresa?, ¿qué pasa? (Ángela se giró indignada mientras Esther la veía
alejarse con gesto de pena) ¿Ahora?
T: Por favor Esther... ha ido a buscarte a casa y... (su voz sonaba dura no era un ruego se
mostraba distante quizá demostrándole a pesar de todo, que no estaba para nada de
acuerdo con lo que estaba haciendo, pero tenía que hacerlo)

E: Vale, dime donde estáis y que tengo que hacer

Y allí estaba frente a Maca con su sonrisa encantadora tratando de desmontar la


aparente frialdad de la mujer que tenía delante

E: ¿Cómo estás?

M: Bien... ¿qué haces aquí? (le preguntó tratando de controlar sus ansias locas que
provocaba en ella)

E: Pues... un pajarito me ha dicho que andabas por aquí (se le fue acercando conforme
hablaba)
Palabras 318

M: Ah (le entraron unas ganas terribles de reprocharle pero por un segundo su cordura
le recordó que no tenía ningún derecho a ello. Entonces cambió su actitud enarcando su
ceja derecha y con gesto canalla mientras con la punta de la lengua se lamía la parte
inferior del labio le preguntó) ¿Y?

E: Pues... nada... (le encantaba cuando se mostraba juguetona y dejó de esperar a que
Maca actuara, aquella noche necesitaba actuar ella, sin dudarlo su dedo índice se paseó
por su escote rozando suavemente la piel de una Maca que no pudo evitar que se
erizase) Me preguntaba si... me habías buscado para algo importante...

Esther sonrió de lado sintiéndose nuevamente vencedora, Maca había cerrado los ojos
se había dejado llevar por aquel dedo que ahora rozaba su pezón erecto aún por encima
de la ropa y el sujetador, suspiró, sintió el deseo, el calor inundar su cuerpo, entonces
abrió sus ojos ante ella, la enfermera la estaba empezando a llevar por el maravilloso
prado verde, allí donde encontraba la paz

E: ¿Era importante?

M: Debe serlo para ti, cuando has venido...

E: Es que... (se acercó a ella sus labios estaban a punto de rozarse, Maca los miraba con
su mirada lasciva por el deseo, Esther hacía lo mismo) Soy así... blandita y quien
necesita de mis mimos y... (se mordió el labio en actitud más seductora todavía
haciendo que el pecho de Maca tras una exhalación profunda ascendiera y descendiera
como ella quería)... pues eso... aquí estoy... princesa para llevarte al reino de los cielos

No hicieron falta ni más palabras, ni más miradas, de repente en un segundo la calma, la


paz, se tornó pasión, besos rápidos, besos profundos, chasquidos de labios fieros, lengua
buscando lengua con ansía, con brío, manos vacías buscando llenarse de caricias
rápidas, veloces, profundas, fuertes, ropa que sobraba perdiéndose por el camino a toda
prisa quedando desperdigada, piel buscando la otra piel, gemidos, suspiros, aullidos,
arañar la espalda, apretar con fuerza un cuerpo contra otro, más gemidos, más suspiros,
súplicas, orgasmos, besos dulces, caricias lentas, respiraciones encontradas, besos finos,
y más finos, y más suaves, ojos cerrados, manos quietas, brazos rodeando cuerpos... y
por fin... la calma

A mitad noche, Maca se despertó, aún dormida sabía que la mano que rodeaba su pecho
derecho, no era la de Luis, él nunca le acariciaría así, tan suavemente, aún su cuerpo
estaba recuperándose de la pasión, pero sus ojos al despegarse sabían que se iban a
encontrar con ella. Así fue, dormía con su mano agarrando suavemente su pecho, con la
otra metida bajo la almohada y su cara pegada a su hombro, así, con la respiración lenta
y tranquila, parecía un ángel, le daban ganas de protegerla sin saber muy bien porque, le
daban ganas de abrazarla fuerte y no dejarla escapar. La miraba y no se cansaba de
hacerlo, la tenía allí finalmente había ido, aquello para ella había significado un cambio
total, al principio al verla, no pudo evitar la sensación de malestar al pensar en que
estaría haciendo, pero al segundo con aquella sonrisa traviesa que le mostraba todo se
difuminó. Y allí estaba mirándola con una sonrisa tranquila, no quería dejar de mirarla,
no quería apartar sus ojos de ella, su piel con algo de color por el sol, su respirar
Palabras 319

tranquilo, toda ella le parecía hermosa, sus manos algo gruesas, pero que acariciaban
con tanta sabiduría que parecían hechas para ello, su piel fina, su cabello revuelto que
momentos antes había acariciado con ternura, todo el conjunto le gustaba, le eclipsaba
su sonrisa, lo reconocía le bajaba la guardia y olvidaba todo lo que debía olvidar, esos
labios que había devorado ¿cuántas lo habrían hecho con anterioridad? Le pareció
psicópata pero sintió unos celos abrasadores en su alma, en su corazón, una rabia por no
haberla encontrado en el momento adecuado, era fácil enamorarse de una mujer como
ella, y era tan fácil como peligroso, lo sabía, lo reconocía, pero... no quería evitar sentir
ese maremagnum de emociones que sentía en su interior. Y allí estaba mirándola,
sintiéndose grande y fuerte, sintiendo como si pudiera volar alto y libre, como si las
cadenas que la amarraban a la tierra por arte de magia, de la magia de Esther hubieran
desaparecido

M: No puedo exigirle nada... a ella no... pero a mí... a mí ya va siendo hora de hacerlo

Finalmente el sueño le venció, aferró su cuerpo al de Esther sintiéndola, y por primera


en vez en mucho tiempo, durmiendo tranquila, notaba su corazón como iba
entregándose a la calma, hacía mucho tiempo que eso no sucedía, recordaba mientras se
dejaba llevar por el sueño, sus principios con Luis, la primera vez que tuvo que aguantar
que la tocara, fue un calvario que él se encargó de infringir lento y largo, después cada
noche el corazón se desbocaba pensando que él la volvería a tocar, lograba hacer que
temblara tan solo al escucharlo entrar a la habitación, tuvo que pasar mucho tiempo para
poder controlar todo aquel miedo y asco que le provocaba, había aprendido a dejarse
avasallar por su sexo, sin sentir, sin abrir la boca, había conseguido que él se cansara de
intentarlo, siempre pensaba que debía tener otra, porque de lo contrario no era posible
soportar tantas veces su rechazo. Y así se fue durmiendo con el ceño fruncido volviendo
a sentir que las cadenas de Luis volvían a engancharla a la tierra

6 Mayo 2005

Fue un sonido el que hizo que ambas se movieran, estaban estrechándose la una a la
otra, pero ninguna se separó, aquel pitido seguía insistiendo hasta que por fin Maca salió
de su estupor y entendió que era su móvil

M: Mierda...

E: Mmmm (protestó ante el movimiento de Maca que la despertó de golpe)

M: ¿Dime mamá?

Rosario: ¡Por qué has tardado tanto en contestar!

M: Estaba durmiendo... ¿qué quieres? (bostezó y Esther sonrió, le gustaba ver a la


famosa escritora haciendo algo tan cotidiano, al verla Maca le sacó la lengua)

Rosario: Tu marido... ¡tienes que hacer algo! (a la enfermera le llegó la voz de aquella
madre histérica)
Palabras 320

M: No voy a hacer nada

Rosario: Ha venido como si pudiera manejarlo todo... está haciéndonos la vida


imposible...

M: Mamá, no es mi problema

Rosario: ¡Cómo que no!, ¡es un monstruo!

M: Bueno... bienvenida a la realidad (tocó con suavidad y lentitud la cara de Esther que
sonrió)

Rosario: Tu hermano... ha echado a tu hermano

M: Mamá... me he pasado toda la noche escribiendo (le guiñó un ojo a Esther mientras
ésta sonreía traviesa y se obligaba a tener las manos bajo de su cabeza para no tocarla),
estoy cansada, sé de sobra como es mi marido... quizá los que no lo sepáis seáis
vosotros

Rosario: No puedes hacernos esto

M: Yo no he hecho nada...

Rosario: ¡Te parece poco lo de esa mujerzuela!

M: Eso... eso mamá... bueno para que te voy a explicar nada... estás histérica porque
han tocado a tu hijo... así que cuando estés tranquila si quieres te explico mis siete años
a su lado. Hasta luego

E: Vaya...

M: Buenos días (sonrió)


E: Buenos días mentirosa

M: Sí (sonrió de lado) Lo siento es que... bueno Luis está...

E: Shhhhh (le puso el dedo índice sobre los labios y sus ojos le dijeron lo que su voz no
se atrevió “no quiero saber nada”, entonces de golpe se subió sobre ella) ¿Qué vas a
hacer hoy?

M: Pues... (le acarició la frente)

E: Podríamos quedaros aquí (la besó mientras le decía suave) Haciendo el amor

M: Lo siento pero no puedo... tengo que salir sino Luis...

E: Ah vale... no se hable más (comenzó a mover sus caderas y Maca con una sonrisa
altamente provocadora abrió sus piernas para que se acoplara sobre ella) Ya veo que me
entiendes
Palabras 321

M: ¿Qué vas a hacer tú? (le contestó pero ante el roce de sus sexos y sintiendo la
humedad de Esther gimió levemente)

E: De momento, seguir en lo que estoy

M: Bien... sigue... porque me parece muy bien (sus manos se posaron en el trasero de la
enfermera apretándolo con fuerza)

E: Maca... me pones muchísimo... (Maca la besó con pasión estirando suavemente entre
sus dientes el labio inferior de Esther que le preguntó con afán) ¿Te gusta?

M: Sí, claro (la miraba lascivamente)

E: ¿Alguien te ha hecho el amor así como yo?, ¿eh? (jugueteaba con su oreja, lamiendo
su mejilla)

M: No Esther... (se mordió el labio mientras tragaba saliva)

E: ¿Te gusta?, dímelo, venga... quiero oírte (apretaba más y más su sexo mientras iba
imprimiendo un mayor ritmo notando como ambas se excitaban al máximo)

M: Me gusta Esther... me encanta que me hagas el amor

E: Eso es... así... bien mojada... me gusta cuando te mojas

M: Y a mí sentirte así (musitaba sintiendo que su pecho iba a estallar apretando con
fuerza sus glúteos)

E: Así Maca... así... siéntelo, siéntelo

Entonces sintió como si se transformara, como si años atrás se viera de la misma manera
en la que se mostraba Maca, indefensa, en sus manos, y sintió como podía dominarla,
como podía hacer de ella cualquier cosa, ese poder que nunca había tenido sobre nadie,
había tenido mujeres a su merced, muchas, pero ninguna tan sumisa cómo Maca,
aquello le hacían encenderse mucho más, sentía ganas de morderla, ganas de atarla, al
ver su rostro enrojecer, sentía como sus músculos le pedían más y más, quería poseerla
de una manera absoluta, quería escucharla suplicar, y tenía que luchar contra si misma
para no hacerlo, pero era tal sus ansias, tal su poder en ese momento de dominio que
cesó sus movimientos mientras con la voz grave y jadeando le susurró a una Maca algo
desconcertada y a punto de llegar al clímax

E: ¿Quiere qué siga?

M: Esther... por favor... no me hagas esto... (sentía como su sexo palpitaba


dolorosamente)

E: Pídemelo (entonces su lengua paseó por los labios sedientos de Maca mirándola
fijamente con el rostro contraído)
Palabras 322

M: Esther... por favor... házmelo...

E: Así no...

M: Esther...

E: Sí cariño (la miró y entonces se horrorizó de sí misma ante la mirada de Maca son
sus ojos algo nublados por la incomprensión de lo que le ocurría del cambio que había
en Esther, aquella mirada bajo al subsuelo el poder que había sentido momentos antes)

M: Esther... quiero que...

E: No digas nada (la besó mientras dejaba caer su cuerpo, mientras su interior se
peleaba contra si misma mientras su mente le recriminaba, mientras llegaban juntas a un
orgasmo que ella no disfrutó, mientras se veía con la cara de Lidia, mientras al acabar,
se separaba de Maca diciéndole) Lo siento... ahora vuelvo

En el lavabo, al mirarse en el espejo sintió pánico de sí misma, sintió como un remolino


de emociones todas ellas vengativas se apoderaban de su alma, como si fueran un
asesino que se apodera de su victima sin darle otra opción que morir. Volvió a mirarse y
por primera vez en mucho tiempo pudo sentir un odio que había guardado y que no
había superado. Cerró los ojos y al volverlos a abrir y ver su reflejo en el espejo sintió
cómo las venas aprisionaban su corazón de forma insoportable, por primera vez en su
vida, se odiaba a ella misma por lo que acababa de sentir mientras hacía el amor a Maca

En la cama con cierto desconcierto y la respiración completamente descontrolada yacía


Maca aún sudorosa por el esfuerzo, mezclando el sudor con aquella humedad que Esther
provocaba en ella, se levantó porque le había parecido escuchar que lloraba, no entendía
muy bien que le había pasado pero, sin duda había sufrido un cambio de actitud
mientras hacían el amor que no lograba entender

Se acercó sigilosamente hasta la puerta del lavabo, puso atención con el ceño fruncido,
no se oía nada y sin embargo podría jurar que había escuchado un sollozo. Preocupada
puso la mano sobre la puerta y le preguntó con temor:

M: ¿Estás bien, Esther?

E: Sí, ya salgo (dijo con aparente normalidad)

M: Venga... que necesito entrar (le dijo sonriendo al notar que nada pasaba)

E: ¡Si está abierto! (le dijo mientras abría la ducha y volvía a esconderse de si misma
ante Maca)

M: ¿Qué haces?

E: Ducharme... venga mea y entra conmigo


Palabras 323

M: Esa idea me parece buenísima

E: Tendré que irme (le dijo tocando el agua caliente) Que buena

M: ¿Te vas a ir? (ante su mirada desconcertada agregó mientras se sentaba en el water)
Ya, claro sé lo que te dije pero... había pensado algo

E: ¿El qué?

M: ¿Te acuerdas que dijimos de llevar a Teresa a la Albufera? (al terminar, se limpió,
echó de la cadena mientras bajaba la tapa)

E: ¡Es cierto! (sonrió, el agua se había llevado afortunadamente sus lágrimas)

M: Pues... ¿tú trabajas?

E: No, tengo libre

M: ¿Qué te parece? Mmmm tienes razón (le decía mientras pasaba sus manos por la
cintura de Esther y bebía de las gotas que habían en su cuerpo)

E: ¿En qué tengo razón?

M: Que está buenísima (sonrió) Como tú

E: Pues... depende de lo que nos cueste ducharnos (se apoyaba sobre su hombro
moviendo de un lado a otro sus caderas haciendo que Maca se rozara con ella)

M: No tenemos prisa (introdujo su lengua en la oreja provocando un gemido en Esther


mientras cerraba los ojos) Ninguna prisa, mi amor

Desde que se había levantado, Teresa no sabía muy bien que hacer, bajar a desayunar
sola podía levantar sospechas, pero claro, perfectamente Maca podía estar durmiendo y
ella desayunar. Primero pensó en llamar para saber si bajaba o no, después claramente
declinó aquel pensamiento, si ella no había pasado a su habitación era porque no habían
terminado. Resoplando como una yegua vieja de paseo, se metió en el cuarto de baño
para arreglarse un poco y bajar definitivamente a desayunar. Estaba pintándose los
labios cuando un gemido de la otra parte del lavabo hizo que del movimiento se llevara
el lápiz de labios rojo por fuera haciéndose una raya en su mejilla derecha

T: ¡Pero bueno! (dijo tras un chasquido)

Resopló tras limpiarse y cuando comenzaba nuevamente a dibujar sus labios otro grito
más nítido aún le llegó haciendo que se detuviera esta vez sí a tiempo de volver a salirse
de su camino
Palabras 324

T: Dios mío se van a enterar todos (decía escandalizada y fue mucho peor cuando
reconoció la voz perfectamente de Maca) ¡Por la Virgen del Perpetuo Socorro!...
¡Socorro!, eso voy a tener que pedir...

Salió a toda prisa del lavabo, con la respiración agitada, nunca antes había escuchado a
Maca aún habiendo compartido habitaciones continuas, tan solo la había escuchado
llorar, gritar o silencio absoluto cuando estaba con Luis, sin embargo, en aquel instante
conoció algo más de ella. Se abanicó un poco con el libro de bienvenida del hotel y salió
zumbando hasta el ascensor

Al subir la encontró sentada al borde de la cama, la miró con atención porque por su
gesto parecía que algo no funcionaba. ¿Se habría marchado Esther dejándola de
nuevo?... temió preguntar y entonces la mirada de Maca le hizo entender que sí, pasaba
algo

T: Hola

M: Hola Teresa, ¿puedes sentarte un momento?

T: Claro (seguía con el mismo gesto)

M: Quiero decirte algo

Cuando el taxi dejó a Esther en su casa, pasó por el horno para comprar un panquemao
que sabía le volvía loca a Sandra. Subió las escaleras sin dejar de sonreír y al llegar a
casa la encontró hablando por teléfono

E: Hola guapa (le susurró mientras le dejaba un beso y le enseñaba lo que le había
comprado)

Sandra: Vale cariño... muy bien... no sé ya te digo luego cuando vengas. Adiós mi vida.
Yo también

E: ¡Cuánta tontería!, mi vida... mi amor... yo también te quiero (se burlaba haciendo


caras)

Sandra: ¿Vas a desayunar? (le preguntó omitiendo sus burlas y viendo como se
preparaba un café con leche)

E: No he desayunado... bueno sí, pero lo que he comido no me ha dado para nada (le
guiñó un ojo sonriendo)

Sandra: Lo tuyo con Ángela va a explotar, te lo advierto

E: ¿Quién ha dicho Ángela? (le preguntó divertida)


Palabras 325

Sandra: ¡Maca! (se sentó de prisa esperando la contestación que se hacía de rogar
porque Esther se acababa de meter en la boca un trozo de panquemao mojado en el café
con leche) ¡Habla!

E: Espera (le dijo con la boca llena) ¡Coño qué me atraganto!

Sandra: No espero... ¡Dios me he pasado toda la noche pensando que la traté fatal!...
me quedé tan cortada al verla... lo que menos esperaba era verla aquí

E: Ya ves... tú que dudabas de mis encantos... y no puede resistirse

Sandra: Claro y tú encantada

E: Pues sí, si es que Esther García es mucha Esther (le dijo moviendo alegremente las
cejas) Hemos follado toda la noche, la he dejado muertecita, pero es insaciable esta
noche quiere más, y yo como buena samaritana, le daré lo que quiera

Sandra: No tienes remedio

E: Mira... ni lo quiero tener, ella quiere sexo, yo también ¿qué diferencia hay entre ella
y yo?, bueno ella está casada pero ése es su problema no el mío, yo estoy libre y si se
pone a tiro, no voy a dejar pasar la ocasión ¿no crees?

Sandra: No, claro

E: Pues ya está, ahora me voy a duchar y me arreglo que me voy con ella a pasar el día
por ahí

Sandra: ¡Vaya! Pensé que nada más quería follar igual que tú, eso sí me extraña, que te
vayas a pasar el día con ella no me lo esperaba Esther, no, no me lo esperaba (le decía
mirándola fijamente)

E: No le des la vuelta Sandra

Sandra: ¿Yo?... por favor Esther... ¿por qué iba a darle la vuelta?... algo extraño hay,
pero ya vendrás a mí, lo dicen tus ojos
E: ¡Me voy! (salió seria hacia su habitación, suspiró, y de pronto recordó lo que había
pasado, se sintió sucia sin dudar volvió hacia Sandra, se sentó nuevamente y le dijo)
Hoy me he comportado como Lidia lo hacía conmigo, he estado a punto de convertirme
en ella disfrutando de ver a Maca en mi mano, dispuesta a hacer todo cuanto yo le
dijera, me he sentido tan bien en ese momento, la tenía a mi merced, me he sentido
dueña y me han entrado ganas de golpearla, de morderla, de atarla y disfrutar de ella
(Sandra la miraba entre una mezcla de horror y pena, horror porque sabía lo que aquello
significaba, y pena, porque estaba segura que aquella acción le habría hecho mucho
daño a la propia Esther) Me he sentido tan sucia que... necesito ir con ella, limpiar en
algo ese sentimiento Sandra...

Sandra: Puedes engañarte todo lo que quieras, puedes cerrar los ojos de tu corazón,
pero Maca está moviendo muchas cosas en ti
Palabras 326

E: He perdido el control Sandra ¿sabes lo qué significa eso?

Sandra: Que no has olvidado, que no has superado el castigo sufrido

E: Es algo peor (la miró con un gesto tan triste, tan repleto de tristeza que Sandra
instintivamente le cogió la mano) He estado a punto de hacerle a Maca, lo que tanto
daño me hizo a mí

Sandra: Pero no lo has hecho Esther, no lo has hecho (la miró con pena mientras
apretaba su mano)

E: Nunca me había pasado esto Sandra, te lo juro

Sandra: Porque nunca nadie te había removido tu interior, nadie había causado en ti lo
que causa Maca, es así de sencillo

E: Yo no quiero hacerle daño físico. No lo soportaría ella es débil

Sandra: ¿Has hecho alguna vez daño físico a alguna mujer?

E: No (dijo bajando la cabeza) A parte de a mí misma no

Sandra: Pues ya está

E: Pero lo de hoy (insistió con el ceño fruncido)

Sandra: Quizás un toque de atención de tu mente, puede que sientas algo por Maca (la
miró con detenimiento sabiendo que aquello no era un buen camino para hablar con
Esther)

E: No, me gusta mucho, me lo paso muy bien con ella, me encanta hacer el amor con
ella... no sé... más no

Sandra: Ahora mismo acabas de bajar la guardia (le dijo sonriendo)

E: ¿Por? (la miró con dudas)


Sandra: No has dicho me gusta follármela, has dicho, me encanta hacer el amor con
ella (le sonrió

E: Bueno... me voy o llegaré tarde

Sandra: No tengas miedo Esther

E: No quiero convertirme en lo que tanto odie (su cara mostraba un pánico casi
enfermizo)

Sandra: Jamás podrás serlo (le dijo de manera contundente)


Palabras 327

E: La verdad... no sé que voy a hacer sin ti Sandra... y me siento fatal por haberte
fallado

Sandra: Eso ya está olvidado Esther, yo solo quiero recuperar a mi amiga

E: Gracias por serlo

Sandra: Venga... vístete y trata de abrir un poco tu corazón, ¡no solo tus piernas! (le
dijo cómo la madre que riñe a su hija tras una fechoría)

E: ¡Eres la hostia! (la abrazó y aquel gesto tan espontáneo aún le dejó más claro a
Sandra la lucha que debía batirse en su interior) Que lástima que te vayas con el
taronger, podías venirte con nosotras

Sandra: En otra ocasión, porque imagino que volverá, claro

E: Claro (le dijo con gesto y tono convincente)

Mientras Esther trataba de sacar fuera algo de su interior, Maca seguía sentada al borde
de la cama, Teresa cogió la silla y la puso en frente suya, no podía dejar de recordar el
gemido que le oyó, parecía otra, aquel lado que ella desconocía y que le había causado
sin poder evitarlo estupor. Allí sentadas parecía que todo se había detenido, tan solo se
escuchaba el sonido de una gota que caía lentamente del grifo, era como el invitado a
aquel momento de conversación

T: Bueno... pues tú dirás hija

M: Teresa he tomado una decisión, quiero que únicamente tú la sepas (le decía
mirándola fijamente con gesto serio y decidido)

T: Muy bien

M: Voy a escribir la novela, una vez la termine y supuestamente gane el premio, me


separaré de Luis

Los ojos de Teresa no daban más de sí para abrirlos y mostrarle la mezcla entre
sorpresa, miedo y felicidad, imposible demostrar todo lo que sentía, se sentó al borde de
la silla por el impacto de la noticia, por el impacto de ver a Maca tan decidida

T: ¿Lo has pensado bien?

M: Mucho, esta noche me he dado cuenta que no puedo seguir así, negándome el
derecho a ser feliz, el derecho de vivir la vida como quiera y no cómo me la imponga
nadie

T: ¡Muy bien!

M: Tengo que trabajar muy duro para terminar cuanto antes la novela
Palabras 328

T: Bien, la verdad que no me esperaba esto...

M: Yo tampoco, pero Esther me ha hecho darme cuenta que no soy una marioneta, que
tengo sentimientos, que no puedo dejarme arrastrar de este modo por la vida (decía
tranquilamente pero con rotundidad)

T: Me alegro. ¿Has pensado en las consecuencias?

M: Teresa no las he pensado día tras día cuando me he estado dejando humillar y
manipular

T: ¿Lo haces por ti sin involucrar a Esther? (la mirada apagada de Maca le hizo agregar
con un suspiro) Sé que no me importa porque lo hagas, lo importa es que lo puedes
hacer, pero... me preocupas con ella

M: Ya te lo he dicho Teresa, me siento bien a su lado, quizás esto sea una locura no sé,
pero es la locura que en este momento me está haciendo sentir que estoy viva. Y no por
el sexo, que también lógicamente, sino, por muchas más cosas, cosas que habían en mí
y no sabía, sentimientos que había olvidado existían Teresa, mi propia fuerza, llevo un
buen rato pensando porque cojones me dejé vencer (Teresa la miraba con una sonrisa
pero sus ojos acuosos demostraban que entendía perfectamente sus palabras) ¿Sabes?,
Esther le ha dado color a mi vida, si tuviera que definirla sería... he vivido en tonos
grises, y ahora ella, me ha mostrado toda la gama de colores

T: Ojalá todo salga bien (le cogió sus manos con sentimiento) Pero pase lo que pase
quiero que sepas que siempre estaré a tu lado

M: Gracias Teresa, lo sé

T: Esto no es vida Maca

M: Ahora lo sé, pero necesitaba verlo (le dijo con su sonrisa de lado)

T: Pues entonces, tenemos que trabajar (ladeó su cabeza)

M: Si pero eso será mañana, hoy nos vamos a disfrutar


En el portal de su casa una desconcertada Consuelo esperaba la llegada del Ford Ka de
Esther, al verla la enfermera tocó el claxon con una gran sonrisa

E: ¿Preparada?

Consuelo: Vamos a ver... ¿qué quiere decir esto?

E: ¿Qué cosa? (puso el intermitente para incorporarse al carril)

Consuelo: Que me llames a las prisas para acompañarte

E: Si es que no sé como hacer las cosas, si te invito mal sino, peor


Palabras 329

Consuelo: A ver Esther que nos conocemos mucho tiempo ya ¿eh?

E: ¿Qué hay de malo que vengas a comer con nosotras?

Consuelo: Pues no es que sea malo, solo que es sorprendente, cuidado coche que sale
de la derecha

E: Vas a comer con la gran Macarena Wilson

Consuelo: Eso es lo que me extraña, semáforo en rojo

E: ¿Por qué?

Consuelo: Pues porque tú nunca me has llamado para ir con tus ligues. Verde

E: Pues siempre hay una primera vez

Consuelo: ¿Dónde está el gato?, cuidado el de la moto

E: Pues que su marido la vigila, y no puede ir conmigo sola, así que hemos preparado
una excursión, tú y Teresa, y nosotras dos

Consuelo: ¿Una excursión?, cuidado la bicicleta

E: ¡Quieres dejar de hacer de Luis Moya!

Consuelo: ¿Cómo me has llamado?

E: No recuerdas aquello de ¡arranca por Dios!, ¡arranca! (decía muerta de risa)

Consuelo: Tú no estás bien, no

E: Después de una noche de sexo salvaje dame una tregua ¿eh?

Consuelo: ¡Dios mío! (musitó tapándose con una mano los ojos) En fin... no me va a
costar nada de mi bolsillo ¿no? mira que andamos mal

E: No te preocupes. Ya estamos

Habían quedado en una calle cercana al hotel, todo al milímetro preparado, todo para
lograr que nadie pudiera informar si Maca salía o no con alguien. En el coche una
divertida Esther les esperaba junto a Consuelo que no entendía muy bien su función
pero estaba encantada de ir

E: Sólo te pido una cosa

Consuelo: Dime
Palabras 330

E: Si Teresa te pregunta cosas de mí, tú, no abras la boca

Consuelo: Me lo temía

Ante la mirada divertida de Esther Consuelo negó con la cabeza mirando al cielo, tras
los saludos, llegó el momento de poner el coche en marcha, eso sí, Maca primero echó
el asiento para tras ante la sonrisa de una Esther que al recibir dos besos en las mejillas
había aprovechado para decirle lo guapa que estaba

La complicidad entre las cuatro funcionó en seguida, Maca sonreía mirando de soslayo
a Esther veía como Consuelo se habían incorporado al grupo con total normalidad sin
hacer preguntas, ¿haría siempre lo mismo con las novias de Esther?, bueno ella no podía
ni considerarse siquiera su novia, pero le daba igual en aquel pequeño coche, era feliz

Comieron en el Restaurante de la playa “La Pepica”, una de las camareras conocía a


Esther y les había reservado una mesa con vistas al mar, el comentario de Maca a Esther
sobre la chica, le había arrancado una sonrisa muy canalla, tanto que Maca no pudo ni
siquiera enfadarse. La comida transcurrió entre anécdotas que contaba Consuelo y
Esther del hospital, pocas que podía contar Maca, pero sobre todo, la que se destapó fue
Teresa que les sorprendió a todas con su propia historia

T: Sí, sí (decía sonriendo) Yo quería ser chica de revista, me colaba en las pruebas
porque me enteraba de todas, me cosía yo los vestidos, porque robaba la tela a una tía
mía que tenía una casa de modista, y cosía a las ricas de la ciudad, y allí me veías a mí
cosiéndome la ropa metida en la cama con una linterna en la boca. Un día llegué a una
prueba para Celia Gamez, yo estaba tan nerviosa, me hicieron bailar, claro, lo hice de
maravilla y me dijeron que bailara con el grupo, ¡qué excitación! (todas la miraban entre
risas y boquiabiertas) Entonces, como también robaba los zapatos, estaba yo bailando
cuando de repente uno de ellos salió por el aire porque no habían de mi número y le
golpeó al coreógrafo que nos hacía la prueba en la cabeza

E: ¿Y? (se mostraba encantada con la anécdota y con los gestos de Teresa para contarla)

T: Pues nada, el hombre muy cabreado preguntó de quien era el zapato

M: Joder no sé dio cuenta a quien le faltaba

T: No, y ahí me ves salir a mí desde la última fila toda colorada diciendo, mío. ¡Y me
echo!
Consuelo: ¡Oh, qué mala suerte!

T: Pues sí... pero yo seguí con mis trece. Y un día me dieron trabajo en un conjunto de
una Vedette de tercera. ¡Qué feliz fui!... solo actué una vez pero fui tan feliz...

E: ¿Y eso?, ¿otro zapato?

M: ¡Pero qué mala eres! (le golpeó suavemente el codo mientras Esther le sonreía
divertida)
Palabras 331

T: No hija, de pronto escuché de la primera fila ¡Manolo esa es nuestra hija!...

Consuelo: ¿Tus padres?

T: Los mismos... y me quede sin conjunto pero con el habito de monja

M: ¡Pero qué me estás contando! (le dijo casi escandalizada Maca sin poderse creer lo
que estaba escuchando)

T: Sí, hija, me metieron monja

E: No lo puedes negar Teresa

T: ¿Y por qué si se puede saber bonita? (la miraba seria ante la sonrisa de Maca)

E: Teresa... (le dijo moviendo la cabeza y las manos como si fuera tan evidente que no
fuera necesario seguir)

Camarera: Hola chicas... os traigo un detallito de la casa para las guapas...

E: Gracias Sol, tu nombre va que ni pintado para ti (Maca la miró poniendo un gesto de
circunstancias)

Sol: Ya lo sabes guapa... (le guiñó un ojo)

M: Pues nada... vayamos a por el detallito que nos ha traído ¿Sol? (le preguntó a Esther)

E: Sí, Sol (contestó sonriente)

Y después de aquello se marcharon con el pequeño pero confortable Ford Ka hasta la


Albufera, lugar donde Teresa se quedó prendada por pisar territorio privilegiado de
Blasco Ibáñez, y donde Maca comenzó a hacer fotografías de una máquina que se había
comprado en el Corte Inglés exclusivamente para poder tener material. Sacó fotos en
color pero tan bien en blanco y negro, Esther le hizo algunas a ella, algunas a las demás
y como no, Teresa les sacó a la pareja unas cuantas. Al finalizar el paseo donde
disfrutaron de un apasionante atardecer, entraron en la Barraca para tomarse una buena
horchata con fartones

M: Espera quiero sacar bien la forma de la Barraca

E: Dame yo te la hago

M: Bien (entonces vio que Esther le había sacado una foto de su trasero) ¿Qué haces?

E: De está quiero una bien grande (le dijo sonriendo ante la carcajada de Maca) Te hago
la foto y entramos rapidito

M: ¿Tenemos prisa?
Palabras 332

E: Yo sí, tú no sé (le decía mientras hacia fotos)

M: ¿A qué tienes prisa? (respetaba la distancia porque no quería hacer nada mal hecho,
pero se moría por tocarla)

E: De besarte

M: ¿Y crees que me vas a besar?

E: ¿Tienes dudas?

Maca sonrió como dando por sentado que se las apañaría para que ocurriera así, y así
fue nada más entrar le dijo a la dueña de la Barraca que iba a mostrarle a Maca la cocina
y se fueron bajo la atenta mirada de Teresa

Consuelo: Ay... Teresa tengo tanta Fe en que Maca ayude a Esther

T: ¿Cómo? (ellas ya se habían puesto a la faena, Esther había apoyado a Maca sobre la
mesa y la besaba con ansias las mismas que Maca tenía por besarla) Perdona no te he
entendido

Consuelo: Esther ha sufrido mucho... muchísimo, era una chica estupenda, y ahora
también pero... tuvo muy mala suerte (Esther metía mano a Maca con suavidad y Maca
se puso a reír como loca mientras se apoyaban las frentes) Su madre se suicidó cuando
era una cría, ella la encontró muerta, después de aquello vivió como si no le importa
demasiado la clase de vida que llevaba, lo ha probado todo... pero en especial hubo una
mujer que le destrozó la vida

T: Pues no lo parece (le dijo sin poder evitar ese resquemor que seguía sintiendo por
ella)

Consuelo: Todo cuanto hace es por defenderse (Maca abrió sus piernas y atrajo a Esther
con una mirada felina que hizo que la enfermera se dejara llevar por sus labios) Necesita
que una mujer le demuestre que puede creer en el amor

T: No creo que ella busque eso...

Consuelo: Claro que lo busca, Esther podría ser aquel recuerdo que nos has contado,
cuando querías ser chica de conjunto y hiciste de todo para conseguirlo pero no te
dejaron, Esther es igual a ella tampoco la dejaron creer en el amor (la puerta se abrió y
las vieron salir muertas de risa) Yo la prefiero granizada en verano, para el calor... ya
sabes...

T: ¿Qué? (preguntó sin entender muy bien a qué venía aquello)

M: Es una preciosidad...
Palabras 333

T: Se nota, se nota (le hizo un gesto para que se limpiara los labios, Maca sonrió) Oye
yo quiero llevarme esta horchata, en Madrid hay horchaterías pero ninguna tiene esta
maravilla

E: ¿Y qué me dices de los fartones?

T: Que voy a reventar

E: Venga Maca...

M: No, la verdad que no quiero tomar nada más, la paella me ha llenado mucho y tengo
un poco de malestar

Consuelo: ¿Quieres una pastilla?

E: ¡Ya estamos Consue!, cuantas veces debo decirte que no puedes ir por ahí
repartiendo medicamentos como si fueran caramelos

Consuelo: ¡Qué exagerada eres!

E: ¿Ah, claro, ahora soy exagerada? (hablaban entre ellas)

T: ¿Estás bien Maca?

M: Sí, no es nada, solo un poco de malestar

Para volver, hicieron los mismos pasos, Esther dejó a Maca y Teresa cerca del hotel,
mientras iba a dejar a Consuelo hasta su casa, al llegar, la mujer no bajaba, Esther se
temía que iba a darle el discurso que tanto se sabía de memoria. La miró, después miró
el reloj y le dijo:

E: Venga suéltalo que he quedado a cenar con ella

Consuelo: Me gusta Maca para ti

E: Ya, y a mí también

Consuelo: Pero yo digo más allá del rol que estás haciendo ahora

E: ¿Rol? (la miró impactada por aquella frase)

Consuelo: De amante

E: ¡Por favor Consuelo!... a veces me pregunto porque escribo y no lo haces tú

Consuelo: Bueno... porque tú eres muy buena y lo mío es otra cosa, es ver realidades...
en fin... me voy... pero lo hago muy contenta

E: Y yo que me alegro
Palabras 334

Consuelo: Creo que por fin... has encontrado la horma de tu zapato

E: La horma de mi zapato (murmuró) ¿Y qué hacemos con el maridito?... en fin... lo


importante es que esta noche la tengo para mí... ¡me encanta como mujer!... uf... venga
relájate que no te puedes poner solo de pensarlo

Cuando llegó se dirigió hasta Recepción y pidió su llave, el recepcionista le sonrió y ella
le guiñó el ojo, subió en el ascensor jugueteando con la tarjeta entre sus dedos, mientras
a su mente llegó la conversación con Consuelo, se miró en el espejo y aquel gesto que
vio reflejado no le gustó demasiado. Exhaló un fuerte suspiro y negó con la cabeza, para
cuando se abrieron las puertas salió decidida para encontrarse con su amante. Abrió la
puerta y allí estaba sentada en la cama escribiendo en su ordenador

E: Bueno... cuantas veces he pensado cómo escribirías... me encanta verte así (le dijo
apoyándose sobre el armario)

M: ¿Y piensas quedarte ahí? (la miró sonriente)

E: No sé... ¿si me acerco... obtendré algo?

M: Prueba (grabó lo que había escrito y cerró el ordenador haciéndolo a un lado)

E: Sabes que le has caído estupendamente a Consuelo (le dijo acercándose hasta la
cama)

M: Y a mí ella (la miraba sonriendo)

E: ¿Te encuentras bien? (le preguntó mirándola fijamente)

M: ¿Por?

E: No sé es defecto profesional (se detuvo a los pies de la cama) Te noto algo pálida

M: Bueno tengo un ligero dolor, pero nada que no se pueda superar. Además... quien
mejor que una enfermera para reconocerme (se empezó a desabrochar su camisa)

E: Mmmm (dejó a un lado el bolso y decidió subirse a la cama)

M: ¿No?

E: Creo que tienes mucha razón. A ver... esto me sobra también aunque es monísimo,
me encanta la ropa interior negra ¿lo sabías?
M: Sí, lo sabía

E: No (dijo de repente)

M: ¿Qué?
Palabras 335

E: Consuelo (entonces la carcajada de Maca le hizo precipitarse hasta ella) ¡Me las vas
a pagar!

M: Au (se quejó ante las cosquillas)

E: ¿Qué te pasa?

M: No, nada, un dolor aquí (dijo frunciendo el ceño)

E: A ver...

M: No es nada he comido mucho y estoy un poco empachada (la miraba intensamente)

E: Pues en ese caso debo reconocerte, en profundidad (le dijo acercándose hasta su boca
y besándola con pasión) ¿Dónde te duele más?

M: Aquí (cogió la mano de Esther llevándola sobre su braga) Y cada vez que te acercas,
me duele mucho más

E: Tengo remedio para eso (musitó de igual manera que Maca había hecho con ella con
total éxtasis embriagador)

Pasaron su rato de pasión nuevamente Esther se comportó como siempre, no volvió a


convertirse en lo que odiaba, aunque, había algo en Maca que le hacía perder la cordura,
pero por esta vez, había sido capaz de controlarse. Estaba dormida cuando escuchó a
Maca vomitar, agudizó el oído y sí, se levantó pero el lavabo estaba cerrado

E: Maca déjame pasar

M: No

E: Vamos que soy enfermera... a ver... (cuando Maca abrió la miró y le dijo preocupada)
Debes tener fiebre

M: Me encuentro fatal... me duele mucho Esther... mucho...

E: ¡Voy a llamar a una ambulancia! Ven... ven

Hasta la habitación llegó Teresa, que había sido llamada por Esther al ver a Maca
retorciéndose de dolor, se asustó, mientras Esther hablaba por teléfono con alguien y
Maca volvía a vomitar

E: De acuerdo, voy para allá. Teresa tiene toda la pinta de una apendicitis, he llamado a
la ambulancia de mi hospital y a una doctora para que la opere yo voy para allá (le decía
mientras Maca se recuperaba del esfuerzo y Esther echaba la bolsa)

T: ¡No puede quedarse aquí! (decía exaltada)


Palabras 336

E: ¿Por qué?

T: ¡Esther está no es su habitación!

E: Joder... es verdad...

T: ¿No habrás dicho que vengan a esta habitación? (le preguntó asustada)

E: ¡Coño sí! Me cago en la puta (volvió a llamar) Vamos mientras la llevamos... Juan
escucha que me he equivocado de número de habitación, pregunta bajo) Venga Maca

M: Oh que daño (se quejaba doblegándose de dolor)

E: Vamos anda despacio

M: No puedo

T: Espera (cerró la puerta en las narices de Esther)

E: ¿Y ahora qué? (la miró desesperada)

T: Está el de Recepción ahí

M: Ohhh (volvió a quejarse)

E: Está bien... vamos a ver ¿puedes ir con Teresa?

M: Creo que sí (decía frunciendo el ceño de dolor)

E: Yo me lo llevo, vosotras pasáis y os veo en el Hospital

M: No me dejes sola Esther

E: Lo siento pero es mejor que yo me vaya para allí, así voy pidiendo quirófano

T: ¿Seguro que es apendicitis?

E: Sí Teresa, tiene fiebre, vómitos y dolor abdominal... vamos... que de 100 números le
han tocado 101

M: Ohh... me da miedo...

T: Vamos Maca... tranquila cariño

E: Os espero allí

Esther salió y vio como el recepcionista golpeaba la puerta de la habitación donde


supuestamente estaba Maca, después de hablar con él, consiguió a base de mentiras casi
obligarlo a bajar a Recepción pues le estaba diciendo que iba a poner una queja, y no
Palabras 337

estaba nada de acuerdo con las cosas que habían en su cuarto, Teresa aprovechó para
llevarse a Maca hasta la cama, después pasó nuevamente y se llevó la ropa que quedaba
y el ordenador, con el miedo en su cuerpo, jadeando y con perlas de sudor sobre su
frente por el esfuerzo

T: ¡Ay Jesús qué de esta nos pillan!

Cuando la ambulancia llegó al hospital, Maca vio aliviada a Esther ya enfundada en el


pijama de quirófano, se la llevaron a toda prisa hasta el box donde se presentó una
doctora

Paula: Hola señora Wilson

M: Llámeme Maca por favor (le decía jadeante)

Paula: Vale Maca soy la doctora Paula Martínez (le decía mientras la reconocía)

E: Tranquila que no te voy a hacer daño (le dijo Esther con una sonrisa amplia y
tranquila mientras le ponía una vía)

Paula: Esto está muy claro Esther